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Steven Garces Fuentes

Viernes, 27 de julio del 2018

Universidad Central del Ecuador


Sociología de Género

La maternidad solitaria: ¿Qué significa ser madres solteras y cómo gestionan la


ausencia del padre?

Éste ensayo analiza el significado de ser madre soltera desde el propio testimonio de las
mujeres cabezas de hogar y la forma en la que asumen y gestionan secundariamente la
ausencia de una figura paterna –simbólicamente- presente. Por otro lado, se caracteriza el
tipo de familia que constituye una madre como cabeza de hogar, así como las condiciones y
limitantes que estructuran su vida cotidiana.

Para construir este análisis es necesario asumir ciertas características en común que
presentan dichas mujeres en sus relatos de vida como patrones que se mantienen o se repiten,
pero, bajo dinámicas diferentes. En principio, se asumirá el concepto de familia monoparental
como forma general descriptora que permite comprender cómo y bajo qué forma se
constituyen éstas familias conformadas por las madres como cabezas de hogar -y al cuidado
de sus hijas/os- así como en qué sentido el mismo concepto camufla las relaciones de género
dando una prioridad trascendente a la figura paterna , donde los hombres mantienen -aún en
su ausencia- lo que Rossana Barragán denomina “patria potestad”1.

Finalmente, se explica cómo los patrones presentes en la forma en la que se gestiona la


maternidad dan lugar a aspectos estructurales que contribuyen a la construcción del mundo
social de las madres en términos de desigualdad, manifestándose desde la subordinación en
el hogar (como forma de dominación cotidiana) hasta en la discriminación laboral por
cuestiones de género, raza e inclusive clase, es decir, “la propia experiencia de las mujeres
como manifestación de la interseccionalidad” (Williams, 2012, pág. 91).

1
Para Barragán la patria potestad remite al poder y autoridad que tienen los padres sobre su linaje, sobre sus
esposas o convivientes, además que legitima la diferenciación y la violencia sobre las mujeres (Barragan, 1997,
págs. 412-413)
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Familias “monoparentales” o el significado mitificado de ser madres solteras

En los últimos años, debido al cambio constante en las dinámicas de la sociedad, las
familias han sufrido transformaciones estructurales y de roles, ya sea por factores sociales,
económicos, culturales, políticos, etc. Esto ha permitido una emergencia de nuevos tipos de
familias que superficialmente -o dentro de lo inmediatamente perceptible- parecerían asumir
nuevas formas de comportamiento en cuanto relaciones sociales, normas de convivencia
familiar y sobre todo capacidad de desenvolvimiento de las mujeres que asumen el mando
del hogar, es decir, de las madres que -por cualquier circunstancia- gestionan su hogar y su
maternidad en ausencia del padre, no obstante, existen patrones que con el paso del tiempo
se repiten e inclusive legitiman con mayor fuerza la diferencia de las mujeres respecto a los
hombres en tanto cabezas de hogar, esto, se ejemplifica con lo monoparental.

La familia monoparental es aquella que se constituye por uno de los padres y sus hijas/os;
puede tener diversos orígenes, ya sea porque los padres se han separado y los hijos quedan
al cuidado de uno de los padres (que es por lo general la madre) o también puede originarse
porque la madre es soltera, y asume sola la crianza de sus hijas/os pues, generalmente, el
hombre se distancia y no reconoce su paternidad por diversos motivos y, por último, una
familia monoparental por el fallecimiento de uno de los cónyuges (Cohene, 2012, pág. 13).

La familia monoparental -desde tal perspectiva- encabezada por la madre puede significar
tanto su liberación relativa por su capacidad adquisitiva2, que se “sitúa en la naturaleza,
cantidad y, a veces, cualidad de los bienes conquistados, poseídos” (Irigaray, 1992, pág. 70).
Y, por otro lado, puede mostrar la incapacidad de acceder a un estatuto subjetivo, individual
y valorable por su condición de mujer (Irigaray, 1992). Es decir, para éstas mujeres –dentro
de lo relatado en su historia de vida- existe una caracterización común, una doble dimensión
en cuanto el significado de ser madre soltera: la primera responde a las dificultades más

2
“Poseer bienes equivalentes a los de los hombres no resuelve la cuestión del género para las mujeres de, desde
el momento en que tales bienes no pueden llevar la marca de sus propietarias sujetos […] generalmente pierden
su valor cuando son susceptibles de ser propiedad de las mujeres o manipulados por éstas” (Irigaray, 1992, pág.
70)
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obvias, como la soledad, la falta de recursos económicos e inclusive la vergüenza por no


tener un hogar constituido pero que finalmente se salda con un sacrificio que vale la pena por
los niños, la otra, en cambio, tiene que ver con la constante imposibilidad, hostigamiento, de
la sociedad en general que asume el significado de madres solteras, como una ridiculez, pues
aún si existiera cierta independencia como madres, para los hombres una mujer sola, no
puede frente al mundo, la condenan como madre primero, luego como frágil para siempre;
para Irigaray la autonomía no impide que el orden cambia, pues:

El orden patriarcal es el que ha reducido las mujeres a la maternidad. […] La organización


social, la administración de la política, de lo religioso, de los intercambios simbólicos, en
pocas palabras de las cosas espirituales serias siguen en manos de los hombres (Irigaray,
1992, pág. 73).

Esto responde a que los hombres o la sociedad en general asumen que ser madre es saber
ocuparse de cosas materiales y no espirituales, y que las mujeres lo hacen mejor siempre,
pues la maternidad es exclusiva de las mujeres, ahí el problema de la mitificación, el
desconocimiento de su identidad como mujeres, luego como madres por parte de los hombres
–incluyendo los ausentes- y por supuesto, la condena de que “las mujeres no son más que
rehenes de la reproducción de la especie […] su derecho a la vida exige que puedan disponer
legalmente de sus cuerpos y de su subjetividad. (Irigaray, 1992, pág. 76)

De ahí que los hogares monoparentales no correspondan a la realidad de sobrellevar la


maternidad en ausencia de la figura del padre, pues en realidad no resuelve las tensiones de
una estructura socio-cultural, por ende, no responde a la identidad de las mujeres madres,
sino a la desprotección, la opresión sexual, la violencia física, es decir, a la subordinación y
opresión femenina, socialmente aceptada3 y legitimada que relativiza el papel de las mujeres
en relación con lo que el padre o el hombre podría hacer “mejor”.

3
Para Segato citada por Salazar es aceptado socialmente porque es difícil de percibir por manifestarse casi
siempre solapadamente confundida en el contexto de relaciones aparentemente afectuosas, se reproduce al
margen de todos los intentos de librar a la mujer de situación de opresión histórica” (Segato, 2003, pág. 8 en
Salazar 2008, pag.40)
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La vida cotidiana de las madres cabezas de hogar ¿Ventajas o desventajas?

Si bien acierta Williams cuando argumenta que muchas de las experiencias a las que se
enfrentan las mujeres se basan en discriminación racial o de género, y que afectan sus vidas
en varias dimensiones que no son perceptibles al ser relaciones de dominación complejas
menciona que:
“también tienen que enfrentarse a otras formas de dominación cotidianas, que aparecen como
capas múltiples, que a menudo convergen en las vidas de estas mujeres, dificultando que
puedan crear alternativas para enfrentarse a la pobreza, la responsabilidad del cuidado de
niños y niñas, y la falta de habilidades laborales” (Williams, 2012, pág. 91).

No obstante, en la vida cotidiana de las mujeres madres cabezas de hogar paulatinamente


existe una mayor movilidad en cuanto las facilidades para asistir a reuniones sociales, bailes
o paseos que son situaciones que no ocurrían en el pasado, es decir, se visualizan para ellas
mayores oportunidades en tanto no dependen de un hombre e inclusive de alguien más que
ayude en el hogar, sin embargo, admiten que el control sobre ellas lo ejerce la “familia” a
través de hermanos o padres, situación paradójica, y que constituye uno de los principales
problemas que enfrentan aquellas que no cuentan con vivienda propia, por ejemplo, o con
características que no denoten su maternidad físicamente4.

También llegan a identificar diferencias de acuerdo a la edad y condición civil, por


ejemplo, aseveran que existe una diferencia entre las viudas señalan y las madres solteras y
divorciadas pues son ellas las que “tienen mayor libertad de salir a trabajar, nadie se lo impide
y a una viuda en cambio no”. Lo que significa que en el caso de las madres cabezas de hogar
viudas ausentarse del hogar implica baja valoración social y daños a su reputación, no por su
integridad como mujer sino porque la figura del hombre sigue teniendo peso e inclusive a
pesar de su ausencia, es capaz de limitar y denigrar a la mujer5 madre en vista de otros.

4
Los aspectos económicos —acceso al empleo, vivienda y riqueza— confirman que las estructuras de clase
juegan un papel importante a la horade definir las vivencias de las mujeres […] Pero sería un error llegar a la
conclusión de que es simplemente una cuestión ligada a la pobreza. En realidad se intersectan las diferentes
estructuras, donde la dimensión de clase no es independiente de la de raza o género. (Williams, 2012, pág. 92).
5
En el caso de las madres cabezas de hogar, encontramos que, en las madres solteras, divorciadas y algunas
abandonadas, los procesos de cambio se remiten a la autonomía, a través de la “superación personal y mejorar
la calidad de vida”.
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Para Irigaray, esta forma de superación se asimila a que las mujeres gozan ahora de ciertos
derechos que antes no tenían ya sea por adquisición de bienes, o autonomía relativa, sin
embargo, este aparente progreso, es en realidad insuficiente y frágil pues “la afirmación de
que hombres y mujeres están ahora igualados o en vías de estarlo, se ha convertido
prácticamente en un nuevo opio popular desde hace poco. Hombres y mujeres no son iguales,
y orientar el progreso en este sentido me parece problemático e ilusorio” (Irigaray, 1992, pág.
75).

Conclusiones

Las madres solteras que asumen la maternidad, así como la gestión del hogar, en ausencia
de la figura paterna reconocen enfrentarse a múltiples dificultades al momento de insertarse
y mantenerse en el espacio laboral principalmente, es decir, las dificultades de peso son las
dificultades económicas, puesto que son ellas solas quienes deben satisfacer las necesidades
de su familia y mantener su hogar lo que termina en la inevitable obligación de aceptar
empleos con jornadas de medio tiempo, por ende la reproducción constante en términos
laborales percibiendo una remuneración menor al de una persona que trabaja en jornada
completa, así como el acoso permanente de la sociedad una vez que perciben que no es
simplemente una mujer, sino una madre, desprovista de un hombre, es decir, la
deslegitimación de su integridad por su condición.

Finalmente, la figura del padre, dice, jamás es sustituida, sino reprochada, lo que resulta
un fenómeno interesante pues, a pesar de que la crianza de sus hijos no tuvo mayores
inconvenientes por la ausencia del padre, cuando el silencio se rompe respecto a la ausencia
de dicha figura es cuando la autoridad de la madre tiene mayor peso, esto, parte de la
característica de una familia monoparental que empezando desde dicho concepto permite que
a pesar de la ausencia del padre, el hogar, las normas de convivencia e inclusive el mismo
trato a la madre sea construido desde un orden jerárquico que prioriza al hombre sobre la
mujer, sobre la misma madre.
Steven Garces Fuentes
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Bibliografía del curso


Barragan, R. (1997). Miradas indiscretas a la Patria Potesad, articulacion social y conflictos de
genero en la ciudad de la Paz, siglos XVIII-XIX. En D. Arnold, Mas alla del silencio (págs.
407-454). La Paz: ILCA-CIASE.

Castellanos, R. L., Martelo, E. Z., & Corona, B. M. (Enero de 2007). Jefas de hogar: cambios en el
trabajo y en las relaciones de poder. 195-218. Obtenido de
http://scielo.unam.mx/pdf/polcul/n28/n28a9.pdf

Irigaray, L. (1992). Yo, tu, nosotras. Obtenido de http://kolectivoporoto.cl/wp-


content/uploads/2015/11/Irigaray-Luce-Yo-tu-nosotras..pdf

Williams, K. (2012). Cartografiando los margenes. Interseccionalidad, politicas identitarias, y


violencia contra las mujeres de color. En R. P. (comp), Intersecciones: cuerpos y
sexualidades en la encrucijada (págs. 87-122). Barcelona: Bellaterra.

Bibliografía adicional

Varea, Soledad (2007). Voces ausentes: maternidad adolescente y violencias en Quito.


Maestría en Ciencias Sociales con mención en Género y Desarrollo; FLACSO sede Ecuador,
Quito. 96 p.

Serrano Flores, Alexandra Patricia. 2016. Entre el sacrificio y la trascendencia: análisis sobre
la construcción social de paternidades y maternidades en Quito. Tesis de maestría, Flacso
Ecuador.

Salazar Muñoz, Wendy Carolina. 2014. La agencia, más allá de la sobrevivencia:


transformaciones de la subjetividad de mi madre a través de la violencia, maternidad y
migración. Tesis de maestría, Flacso sede Ecuador.

Cohene, C. A. C. (2013). La familia, primer y último recurso: cuatro tipos de familias y


capital social en sectores populares de Quito (Tesis de Maestría en Ciencias Sociales con
mención en Desarrollo Local y Territorial). FLACSO Sede Ecuador, Quito.