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la primera parte, sanciona las siguientes y Tia, ha venido a demostrar que lo que sí
adquiere solidez en sí misma especulando hay es otro modo de enfrentarse a la
con esa incalificable forma de diluir el poesía.
tiempo que es escribir y leer literatura, con
una claridad casi contemplativa y totalmen- Guillermo Sheridan
te demudada que sería vano intentar ejem-
plificar sin atentar a la secuencia total y a • JO!ge AguiJar Mora: No hay otro cuerpo, Co-
la densa seriedad del problema que subyace leccion "Las dos orillas", Ed. Joaquín Mortiz
México, 1977, 123 pp. '
la sección toda: ¿por qué escribir? ¿para
quién? ¿con quién? Decía con razón su
autor que era impublicable: el riesgo de
sacar al aire las maneras de enfrentarse al
papel asustan siempre, descentra y tamba-
lea, por más que el autor salga con lo que
Por una literatura
de airoso tiene toda su pervivencia: hay un
poema muy próximo al cerco de la tautolo-
menor
gía cuya última línea ya advierte la nueva
actitud: "no hay espejo que mire al pensa-
miento"·, primeras señales de lo que confIT- recapitulación y el claudicamiento iluminan Extraña complicidad la que hace decir a
ma el lector en la sección última, que el ahora el sentido de los primeros poemas. Gilles Deleuze y Félix Guattari: "Como
poeta (no creo que la palabra le guste a Pero no es sólo el itinerario de la logorrea cada uno de nosotros era al mismo tiempo
Aguilar Mora, pero en fin) tiende a la al sentido sino también el de la exigencia al varios, había ya un exceso de gente (...)
discreción, a la mesura expresiva de toda abandono, es decir, de la abstracción al resulta agradable hablar como todo mundo,
poesía concebida como el sucedáneo del cuerpo, cuyas incitaciones y dobleces pare- .y decir sale el sol, aunque todo el mundo
silencio o de la muerte; depredadora y cen ocultar la hasta ahora evasiva realidad sepa que es sólo una manera de hablar. No
tullida, la memoria -el otro asunto, el de tiempo, olvido y memoria: y, además, para llegar al punto en el que deja de
original- y el olvido se rinden ante la cataliza la escritura: decirse yo, sino aquél en donde no importa
evidencia del tiempo de la escritura como que se diga, o se deje de decir yo. No
el tiempo real (" ...si encontrara otra ma· la metáfora muere como las palomas somos ya más nosotros m~mos. Cada quien
nera de morirme") que no es sino el de las ciegas reconocerá a los suyos. Hemos sido ayuda-
repeticiones. Libro angustioso, "Cuando el sentido no muere, es de polvo, dos, inspirados, multiplicados." (Cf. Rizo-
conocí a Roland Ba!thes" es el libro de las eso sí, la vida sabe a leche, ma en Revista de la Universidad, oct. 1977)
repeticiones. Todo parece resumirse en la seca, blanca como las sábanas a tientas Ningún libro es atribuible, nos dicen, por-
tautología, en la repetición, en lo idéntico que el sujeto y el objeto del enunciado
del olvido y la memoria que recuerdan están irremediablemente perdidos en el
nuestra cara cuando olvidamos o recorda- "Bruma del azar feroz" (1976) es un hbro, mundo ordenado y significativo de la litera·
mos. Incluso la forma reincide y se parafra- el fmal, el breve, el pergeñado, sobre el que tura clásica. Sin embargo, el conjunto de
sea a sí misma: memory recall, memory cualquier disquisición sería tergiversadora. obras que han escrito aparece con sus nomo
recall, memory recall (como se titulan dos Compuesto de ocho poemas y una rumba bres, y nosotros no podemos separarlos aún
de las cuatro secciones), hasta provocar la da cuenta de un cálido y desapegado en· de una nueva "manera de hablar", de un
hilaridad o el escalofrío. Los dos libros de cuentro erótico con la solidez y el delicioso nuevo discurso al cual apenas nos estamos
1976 aparecen entonces como los del su· abandono que algunas veces lograron Sabi- acostumbrando a leer. Fabricamos un "Dios
perviviente de la estación infernal. Recogi- nes o Efraín Huerta. En ella, el cuerpo para los temblores"; las tendencias críticas
dos, desdeñosos, franciscanos, pierden en capitula, cede a los embates del desasosiego y metodológicas que nos rigen ignoran aún
longitud lo que ganan en expresividad: con la medrosa frescura de la fugacidad del que un libro es una multiplicidad, y que
coito, que devalúa y que intriga. La escritu- como tal, la significación y el valor de una
ra y el cuerpo se asechan y se hipostasian y obra es una cuestión secundaria. ¿Cómo
No te veo escritura entre una y otro está el secreto. funciona un libro, cómo se relaciona incan-
y algo que es mi propio fin Crónica de una serie de flaquezas y de sablemente con un mundo exterior, cómo
se desprende de mí entra en contacto una máquina literaria con
intemperancias, No hay otro cuerpo es tam-
para llamarme bién el hallazgo feliz en cuanto que es otras máquinas (la guerra, el amor, la buro-
fuente de significación de que no hay otro cracia, el fascismo) o con una máquina
Querer ser testigo de lo que hace el ojo lenguaje, de que nada más somos uno, de abstracta desprovista de un valor y una
izquierdo, no poder ser el cuerpo de la que el cuerpo es nuestro pero es también significación concretos? El campo casi vir-
amante y por eso detestarlo. Lo que en los nuestro doble, como el lenguaje. Pero lo gen que abren estas preguntas, se proyecta
primeros libros era dispersión y derroche es que es también importante es que, dentro en el trabajo de Deleuze y Guattari como
ahora simbiosis y recogimiento. En un poe- del actual panorama de la poesía que en una manera de decir que la literatura ya no
ma declara: "vivo en la torre disfrazada, / México pasa por ser '1 oven" , Jorge Aguilar es un ente que podamos pensar aislado; más
tanta metáfora para olvidar mi leche". La Mora, en este libro emocionante y necesa- aún: que ya no existe sino en y por el

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exterior. Es una sola red la que se va rimentación, a la cartografía del rizoma. Edipización del universo, desterritorializa-
tejiendo, una madriguera que se construye Pero si bien este rizoma ofrece por ción de Edipo, conexión a una madriguera,
a base de túneles, entradas y salidas. El defmición "múltiples entradas", ¿por dón- a un rizoma.
Antüidipo, Rizoma y Kafka. Por una /itera- de comenzar? En El castillo aparece en los Deleuze y Guattari nos revelan en este
tura menor están permanentemente involu- primeros capítulos el retrato de un portero pasaje a un Kafka cómico que ríe todo el
crados el uno en el otro, se entrecruzan con la cabeza inclinada. Ambos motivos, el tiempo, un Kafka alegre "desde el punto de .
constantemente para oponerse y relacionar- retrato y la cabeza baja, se repiten persis- vista del deseo" ("Nietzsche, Kafka, Be-
se; nuevas máquinas, también, acuden a tentemente en la obra de Kafka. Un acto ckett, no importa quién: aquellos que no
ligar sus líneas con ellos. Sólo queda una de sumisión que tiene su contrapartida con los lean con muchas risas involuntarias y
condición: no hay aquí ninguna escuela, el movimiento de erguir la cabeza, también con escalofríos políticos lo deforman to-
porque "las escuelas, las sectas, las capillas, constante en su obra, sólo que ahora la do.") Y a través de esta amplificación
las iglesias, las vanguardias y las retaguar- expresión que lo contiene no es una imagen cómica del Edipo, la cabeza inclinada se
dias siguen siendo árboles que, tanto en su visual (el retrato), sino una evocación del conecta con otros tipos de sumisión: del
elevación como en su caída ridículas, aplas- sonido que emana del campanario que re- triángulo padre-madre-niño, se pasa al de
tan todo lo que, de alguna importancia, cuerda de su infancia. De aquí surgen dos padre-empleado-niño, juez-abogado-acusado,
está sucediendo". ecuaciones: cabeza agachada/retrato (o fo- alemanes-checos-judíos, etc. Es en este des-
Pero si bien no se pretende hacer una to, en otras ocasiones), que corresponde al doblamiento sucesivo de los triángulos don-
escuela, el Kafka, de Deleuze y Guattari deseo bloqueado, a la territorialización o de se perfilan las futuras potencias diabóli-
abre nuevas posibilidades críticas. No se reterritorialización; y la cabeza erguida/so- cas (el americanismo, la burocracia rusa, el
trata de una obra que se añade, con un nido musical, que presenta ahora un deseo fascismo) de las que Lukács, aunque por
lugar privilegiado o no, al inmenso arsenal que se levanta, imagen de la desterritoriali- muy distintas razones, se había dado cuen-
bibliográfico kafkiano. En primer lugar, no zación. En el plano del contenido, bajar o ta al oponer a Kafka con Thomas Mann.
es propiamente una monografía; en segun- alzar la cabeza, la oposición resulta deter- Nuevamente el devenir-animal como única
do lugar, no participa de las luchas inter- minada por una lógica binaria, árbol-raíz, salida. Pero ya que el peligro de una regre·
pretativas, ya muy definidas en bandos o no libro-rizoma. En el plano de las expre- sión edípica no queda conjurado, pues el
vertientes, de un Kafka a través de su obra siones, por el contrario, la oposición retra- devenir animal está aún demasiado territo·
y/o su vida; y consecuentemente, en tercer to/sonido se dispara hacia puntos divergen- rializado en los cuentos, la novela ofrece
lugar, quedan excluidos por principio los tes. Mientras que en la imagen inmóvil del una nueva salida: tratar problemas más
paradigmas críticos que han encerrado a retrato se produce un "bloqueo funcional", elevados, conectar esa máquina literaria con
Kafka en concepciones teológico-religiosas, deseo que juzga y condena, sumisión, el dispositivos concretos socio-políticos de
psicoanalíticas, simbólicas o alegóricas. .sonido se desterritorializa para convertir al mayor complejidad.
Deleuze y Guattari abren su obra con hombre en mono, ratón, escarabajo (" ¿y si Los motivos que sirvieron a Deleuze y
una pregunta cuya respuesta inmediata será nos volviéramos animales o vegetales por Guattari como entrada a la obra de Kafka,.
material de su siguiente obra: Rizoma. literatura, lo que por supuesto no quiere adquieren pronto una funcionalidad que
"¿Cómo entrar en la obra de Kafka? Es un decir literariamente? ¿No es, en principio, desemboca en la concepción de una litera-
rizoma, una madriguera." A diferencia del a través de la voz que uno se transforma en tura menor. Mencionan tres características.
libro-raíz -libro clásico y significativo que animal?" Rizoma) La metamorfosis es un En primer lugar, no se trata de una literatu-
se desenvuelve según una lógica binaria; claro ejemplo de este devenir-animal de ra escrita en un "idioma menor", sino de la
imagen del mundo ordenado- y del libro- Gregorio Samsa por literatura: un puro que realiza una minoría en una lengua
raicilla -que pese a su aparente multiplici- sonido intensivo, una voz desterritorializada mayor, una literatura marginal que experi-
dad conserva siempre un centro rector y que hace que las palabras de Gregorio sean menta una lengua ajena: los judíos checos
que procede también por dicotomía; ima- sólo un graznido sin posible articulación en alemán, los negros de EE. UU. en inglés,
gen de un mundo sin eje, en caos-, el lingüística. los chicanos en español o inglés, etc. Se
libro-rizoma deja ya de ser un reflejo del La Carta al padre es también un retrato trata, evidentemente, de lenguas que sufren
mundo para constituirse una multiplicidad de cabezas inclinadas. El Edipo clásico freu- un proceso de desterritorialización. En se-
plena de líneas que convergen, aunque diano que se gesta al principio de la Carta, gundo lugar, en toda literatura menor cual-
pertenezcan a naturalezas muy diferentes o se transforma pronto en un Edipo perverso, quier problema aparentemente individual es
a estados de no-significación. El ámbito diabólico: primero, Kafka culpa al padre, político. Kafka mismo lo dice: "Aquello
propicio para el desarrollo de un rizoma luego rectifica y lo declara inocente, y que, dentro de las grandes literaturas, se
está en un mundo externo heterogéneo, después, deliberada y perversamente, hace produce en la parte más baja y constituye
donde no hay un centro que se divida ni al padre decir que es él quien se jacta de un sótano del cual se podría prescindir en
una estructura única que lo dibuje. En inocencia y quien culpa al hijo. No es aquí el edificio, ocurre aquí a plena luz; lo que
Katka, la máquina literaria se expande ha- la culpabilidad, que tanto ha desvelado a allí provoca una concurrencia esporádica de
cia muy diversos regímenes de signos a los psicoanalistas de Kafka, lo que importa. opiniones, aquí plantea nada menos que la
condición de que nada haya en ella que sea Con este proceso, sólo se ha logrado amplio decisión sobre la vida y la muerte de
susceptible a la interpretación; no hay ocul- ficar ese retrato del padre hasta lo absurdo. todos" (Diario). Una tercera característica,
tos sistemas simbólicos o metafóricos, her- y ante ello, solamente queda una posibili- ligada con la anterior, consistiría en que la
menéuticas secretas, asociaciones de ideas, dad de salida: que el hijo abarque los enunciación individual se transforma en
estructuras: Kafka se ofrece sólo a la expe- terrenos que han estado vedados al padre. "enunciación colectiva"; literatura revolu-

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tus- no es una extravagancia ni la simboli.


zación de una soledad espiritual sino la
imagen de una realidad verificable". En
efecto, la realidad que Rulfo narra empieza
un instante después de que la muerte se ha
posesionado del mundo: la revolución me·
xicana. El campo, la tierra, está plagada de
muerte, y es verificable. Es la realidad que
queda después del Luto Humano de Re·
vueltas, hemos vuelto al páramo originario
y el diluvio ha terminado, todos se han ido
(se han muerto), hasta los zopilotes.
y se ha quedado la tierra, desnuda,
desértica, sin habitantes. El reino del silen·
cio, el reino de los muertos que poblarán
Comala. La realidad no se desdobla, es
múltiple. Los muertos no son muertos, los
recuerdos no son memoria sino realidad
cionaria, producto y productora de una una cartografía, un deseo que se crea y se viva, evidente.
solidaridad. "La literatura -añade Kafka- mueve en la madriguera de Kafka. Rufmelli en su prólogo señala, atisba, no
es cosa del pueblo" (piaría). La máquina - Deleuze y quattari no son arqueólogos. es lapidario (y tal vez sea esta su mayor
literaria kafkiana anuncia, pues, una futura La literatura menor no está reservada a su virtud), hace mención a las lecturas que
máquina revolucionaria. (No hay que con- discurso sobre Kafka, queda una posibili· Paz, Fuentes, Arreola han hecho de Rulfo
fundir: Si Chomsky, por ejemplo, se adhie- dad: "Servirse del polilingüismo en nuestra y señala otros caminos; no sin señalar que
re valientemente a la defensa de los que se- propia lengua, hacer de ésta un uso menor la lectura referente, histórica, sociológica es
negaron a ir a Vietnam, no por ello su o intensivo, oponer su carácter opresivo a la condición de posibilidad, sin dejar de
teoría generativa es revolucionaria; por el su carácter opresor, encontrar los puntos de bastarse a sí misma, de la crítica interpreta-
contrario, pertenece aún a la herencia del no-cultura y de subdesarrollo, las zonas de tiva y de la crítica de la imaginación.
libro ra íz). tercer mundo lingüísticas por donde una Señala, atisba, y como prólogo cumple su
Kafka inventa la lengua alemana de lengua se escapa, un animal se injerta, un función: no ata cabos, suelta hilachas, nos
Praga. No es suficiente pertenecer a esa dispositivo se conecta (...) Soñar, en sen· muestra las costuras, nos deja seguir cami-
minoría checa judía de Praga proveniente tido opuesto: saber crear un devenir·merwr. nos diferentes, algunas veces ambiguos, ve-
del campo. Se hace imprescindible que deli- redas apenas, caminos abiertos con pico y
beradamente se excluya cualquier metafori- Francisco Hinojosa pala, avenidas enormes en otros casos.
zación o simbolización, que esa lengua ex- Otro camino: las referencias, y es aquí
. traña sea utilizada con un máximo grad'o de Giles Deleuze y Félix Guattari. Kafka. Por donde Rufinelli resulta muy acertado.
sobriedad, que sólo tenga un valor intensi- una literatura menor, Ed. Era, México 1978. Cuando señala afinidades de Rulfo con
vo. "El animal no habla 'como' un hombre, (Colección Claves), traducción de Jorge
otros escritores, en especial las que tiene
sino que extrae del lenguaje tonalidades sin Aguilar Mora.
con el suizo Ramus y el francés Giono, con
significación: las palabras mismas no son 'co- el lenguaje y su relación con el medio
mo' animales, sino que trepan por su cuenta, (evidente en Ramuz y el habla ¿costumbris-
ladran y pululan, ya que son perros propia- ta? de los montañeses). Ya Rufinelli había
mente lingüísticos, insectos o ratones."
Rulfo: mostrado perspicacia al hablar de Revuel·
El Kafka de Deleuze y Guattari no .búllelo, búllelo, que se tas, donde sitúa y deslinda la influencia de
propone con esto un método de análisis, y Faulkner en su narrativa, aproximándolo a
menos aún un análisis exhaustivo. No es nos está enfriando los novelistas rusos del diecinueve. En Rul·
siquiera un ensayo literario estrictamente fo, nuevamente sitúa a Faulkner: "Se ha
hablando. El retrato del portero con la mencionado muchas veces, como influen-
cabeza inclinada que aparece en el mesón La realidad se pone en evidencia en sus dos cias literarias de Rulfo, autores como Wi-
de El castillo, ha sido sólo una entrada al caras (real, imaginaria) de la misma manera: lliam Faulkner, Jean Giono, C. M. Ramuz;
rizoma que, como vemos, no se correspon- dejándonos a la intemperie, sin refugio po- el primero tal vez por sus técnicas: el
de únicamente con una máquina literaria. sible en un estado anterior a su constata. perspectivismo que destruye cualquier no-
Kafka. Por una literatura menor propone ción, congelados en su misma evidencia. ción monolítica de lo real, el monólogo
una nueva lectura -o una nueva manera de Jorge Rufinelli, en el prólogo que prece. interior que no sólo revela en forma directa
leer- que rechaza todos esos mitos que- la de las obras completas de Juan Rulfo el torrente de pensamiento sino las maneras
crítica va heredando. Lo kafkiano deja de señala: "la imagen literaria que compone l~ ideológicas de estar ante la realidad".
ser ya un término común. Sólo hay una obra de Rulfo -la soledad de los pueblos,
La edición de las Obras completas de
política de Kafka, una máquina? máqui!!as soledad tan marcada que en ellos ni siquie- Juan Rulfo, incluye, además de El llano en
que entran en juego, una experzmen taclOn, ra quedan animales, sino fantasmas, espíri- llamas y Pedro Páramo, el prólogo ya meno

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