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Universidad Central del Ecuador

Carrera de Sociología

Teoría Política IV

Steven Garces Fuentes

Viernes, 26 de enero de 2018

Charla Magistral: Dr. Manuel Alcántara

Manuel Alcántara desarrolla una reflexión a partir de componentes teóricos que permiten realizar
una lectura del panorama político del país, no obstante, es preciso y riguroso -al hablar del marco
interpretativo- que solo puede ser entendido desde la debida interpretación de la propia historia
del Ecuador, que, a su criterio, representa una de las democracias más participativas a nivel
regional (once consultas en aproximadamente cuarenta años).

Por consiguiente la dinámica plebiscitaria no puede remitirse a la lógica de funcionamiento del


electorado así como de la política sino en la comprensión de los límites de la democracia de ahí
que Alcántara plantea la democracia participativa como una moneda de doble cara donde es
indispensable la mutua relación de participación y representación, esto significa que debe ser
representativa en cuanto las personas participan, pero la consecuencia de la deliberación electoral
también recae o puede concluir en una crisis democrática, no obstante, -sugiere- lo que se espera
es una democracia avanzada donde los ciudadanos estén informados y participen según la
legitimación planteada hacia el propio electorado para poder tomar grandes decisiones políticas.

En este punto, la situación electoral planeada hacia los ciudadanos puede ser convocada desde el
poder, así como del mismo soberano (por medio de firmas o de instancias mediadoras). Para
Alcántara se puede referir a puntos de equilibrio siempre y cuando la convocatoria muestre una
tendencia democrática, es decir una correlación entre el poder y el pueblo. De ahí que para
referirse al panorama político ecuatoriano observe que la finalidad de la convocatoria a consulta
popular tenga el propósito de cambiar la constitución que es el reflejo de la soberanía popular, así
como el mismo carácter consultivo de la votación, es decir, remitiéndose al ámbito vinculante para
determinar una acción política o un programa a seguir. En esa misma línea una variable esencial es
el tiempo en el que se llama a consulta, es decir, las convocatorias tienen estrecha relación al
escenario político y en ese mismo aspecto la misma búsqueda de la legitimidad de quien o quienes
se encuentren en el poder, de ahí que dentro de las características de este tipo de consultas tenga
relevancia la deliberación pero de forma limitada, donde los problemas complejos se remiten a
soluciones binarias, reduccionismo político, que, por consecuente, conduce a la segmentación de
las ofertas, partidizando el proceso deliberativo que podría visibilizar la dinámica de las consultas.

Dentro de su misma lectura, Alcántara se remire a casos comparables como el Brexit, el proceso
de paz de Colombia y el proceso Catalán, estos ejemplos sugerirían una especie de “Teoría general
de la Consulta Popular” donde para cada caso encontramos la reafirmación del liderazgo
gubernamental mediante excusas que no necesariamente deben vincular al pueblo pues la
consecuencia es que problemas políticos se transformen en problemas moralistas; el ego político
juego un papel fundamental –en el caso colombiano- el mensaje plebiscitario no es claro y desde
un puno de vista técnico el pueblo no necesita ni vincularse ni elegir, pues existen otros
mecanismo políticos que permiten soluciones más eficientes.

Por otro lado, debe comprenderse que la consulta es un proceso de negociación en donde las
reglas del juego político deben ser claras, pues (como en el caso catalán) el resultado por más
eficiente que sea en términos vinculantes terminara siendo ilegítimo, es decir, no hay un
reconocimiento político, por ende, soberano.

Alcántara concluye que dentro del proceso plebiscitario existe un claro componente político,
donde se buscan satisfacer necesidades mediante legitimaciones individuales –cuando la iniciativa
viene desde el poder- así como un grupo de interés cuando es mediado desde el soberano, de ahí
que debe comprenderse que el panorama política actual minimiza problemas complejos
volviéndolos binarios así como pone en cuestión los propios derechos del pueblo, de ahí que es
necesaria una lectura de los límites democráticos ecuatorianos.