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EL ÁMBITO PÚBLICO COMO HORIZONTE PARA PENSAR LA

PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y UN PLURALISMO AGONAL


MUSTO, Maximiliano Exequiel
UNER
DISCURSO Y NARRATIVAS DE LA DEMOCRACIA ACTUAL

INTRODUCCIÓN
El intento por analizar el espacio público como aquel que nos permite potenciar el ejercicio
de la ciudadanía y desandar los procesos individualizantes que ahonda el neoliberalismo, no
resulta ser tarea fácil. Menos aún, en un contexto donde el espacio público respecto del
privado yace desdibujado por la exposición y utilización del desarrollo comunicacional que
imprimen las redes sociales. Sin desconocer esta realidad, lo cierto es que estas últimas no
consiguen reemplazar el espacio público como tal.
Más allá de ello, en esta introducción pretendo desarrollar la importancia que merece el
“ámbito público” como el amplio espacio común donde confluyen las diversas ideas y, al
mismo tiempo, que puede ser propicio para lograr interpelar a la “participación ciudadana”.
Pasaré por un recorrido teórico recuperando postulados de la teoría política y republicana de
A. Tocqueville, H. Arendt, Habermas para analizar el amplio espacio común, y, C. Mouffe, J.
Ranciere para pensar la política y una democracia más plural.
Son tiempos donde pareciera que la política sólo debiese entenderse desde el conflicto
generando antagonismos en polos extremos, como siempre ocurre, al menos, en nuestro país.
Para ello también recuperare dos referencias empíricas que se relacionan con el espacio
público porque se desarrollan en él, tales son:
1. La Presupuestación Participativa como estrategia gubernamental (de arriba
hacia abajo), donde indagare la experiencia desarrollada en Porto Alegre a fines
de los años 80 en (Brasil), mediante la cual se pretende interpelar a la
participación ciudadana y la discusión del presupuesto en asambleas ciudadanas y
regionales en el espacio público, retomando postulados de Boaventura De Sousa
Santos, y dando cuenta de ello con los postulados de la teoría política y
republicana; y,
2. Los movimientos feministas retomando el espacio-extrainstitucional
fortalecido en un contexto de debate sobre la despenalización del aborto
(Argentina). Pensando la estrategia ciudadana de la opinión pública en el espacio
extrainstitucionalizado (de abajo hacia arriba).
Ambos procesos me permitirán reflexionar el ámbito público como un espacio heterogéneo,
abierto, democrático y plural, como propuesta que nos permita reflexionar sobre una
posibilidad de desandar o desarticular el sentido que el neoliberalismo ha socavado, logrando
efectos de despolitización e individualización que implican, a mi entender, un riesgo para las
democracias modernas y un ascenso y consolidación de las “Nuevas Derechas”. ¿Será que lo
que hay que repensar es el tradicional código binario: representantes-representados para
mejorar los mecanismos de representación y de las instituciones democráticas a fin de que
interpelen a la participación extra-institucional? ¿Es posible proponer una alternativa a la
crisis de participación que profundiza el neoliberalismo? ¿Es posible recrear el ágora
ateniense? ¿Se puede interpelar a la participación que vaya más allá de los procesos
electorales?
Son preguntas que propongo responder con reflexiones propias y conforme a los postulados
de los autores que realzan el espacio público y potencian la democracia desde un sentido más
pluralista y deliberativa.
Pensar en “la participación” que logre ir más allá de los términos electorales, puede ser una
arteria que proponga la utilización del espacio público de manera diferente.
Son tiempos, en los que se hace necesario impulsar la reflexión conjuntamente con las
herramientas epistemológicas que nos brinda el ámbito académico, y lograr así, poner en
tensión para repensar “lo viejo”.
Sin dudas, que no es tarea fácil reflexionar sobre los procesos de individualismo y
despolitización que generan sentido, y son propios del neoliberalismo, aunque encuentro en
este ejercicio la posibilidad de intentarlo.

DESARROLLO
En el siglo XIX, Alexis de Tocqueville en su obra principal “La Democracia en América”,
visualiza un hecho trascendental: la tendencia de las sociedades modernas a la igualdad de
condiciones, es decir, la tendencia a la democracia. Si bien, lo novedoso de la obra del
francés es la democracia, como un fenómeno imparable, lo que me interesa señalar, es cómo
se desarrolla en ella el Principio de la Soberanía del Pueblo que visualiza Tocqueville en el
municipio de “Nueva Inglaterra” y ofrece así un nuevo espectáculo en el que se combinan las
bases de un Estado Social que terminará por penetrar en la confederación entera, donde la
república, se alienta en el municipio en el cual no es admitida la ley de representación.
“En la plaza pública y en el seno de la Asamblea General de Ciudadanos es donde se
tratan como en Atenas los Asuntos de Interés General”. (Tocqueville, 1980:42)
En los municipios impera una vida política activa, real, íntegramente democrática y
republicana donde los poderes municipales han alcanzado un grado de desarrollo que el
pueblo ejerce su poder de forma tan inmediata.
La mayor parte de los poderes administrativos está concentrada en un corto número de
individuos que se eligen cada año: los “SELECT-MEN” quienes se involucran en aquellas
situaciones que conciernen a la dirección municipal siendo ellos los “portadores” de la
voluntad popular, y no el partido político, como señaló A. Gramsci.
“Supongamos que se trata de establecer una escuela; los select-men convocan para cierto
día, en un lugar indicado de antemano, a la totalidad de los electores; allí exponen la
necesidad que se siente, dan a conocer los medios de satisfacerla, el dinero que hay que
gastar y el lugar que conviene escoger. La asamblea, consultada sobre todos estos puntos,
adopta el acuerdo, fija el lugar, vota el impuesto, y confía la ejecución de su voluntad en
manos de los select-men”. (TOCQUEVILLE, 1980:61)
En municipio americano, se ha procurado desparramar el poder donde la Asamblea
Municipal, elije otros diecinueve magistrados municipales que se encargan de los demás
detalles administrativos, a fin de interesar a la gente en la cosa pública. Tal es así, que en él,
como en todo lo demás, el pueblo es el origen de los poderes sociales.
Se puede observar entonces, cómo a partir de las asambleas de ciudadanos/as/es donde se
debate lo concerniente a los asuntos comunes, los/as/es ciudadanos/as/es toman intervención
en la cosa pública, vale decir, se involucra en los asuntos públicos a partir del debate en el
espacio común.
Siguiendo con la línea de análisis, es relevante señalar lo que Hannah Arendt denominó como
“esfera pública”, vale decir, lo común. En ella “lo público” aparece, como aquello que puede
ver y oír todo el mundo, vale decir, tiene la más amplia publicidad posible. Al mismo tiempo
que el término público, es tal, en tanto es “común a todos” y nos diferencia del propio ámbito
privado (propiedad) ante una ausencia de los demás.
Precisamente, es allí, donde se desarrolla la acción que Arendt ubica en la condición humana
de LA PLURALIDAD, como condición absoluta de toda vida política, donde todos somos
humanos, pero nadie es igual a cualquier otro.
Parafraseando a Arendt, acción y estar juntos pareciera fundamentar el zoon-politikon
aristotélico por animal social o socialis.
De esta manera, la ESFERA PÚBLICA, puede pensarse como “espacio común” para
discernir sobre la cosa pública o los asuntos comunes, y como el espacio donde se confluyen
los diferentes pensamientos e identidades, es decir, la pluralidad política con sentido agonal.
El espacio de aparición cobra existencia, siempre que los hombres se agrupan por el discurso
y la acción, y, en consecuencia, procede de toda formal constitución de la esfera pública y de
varias formas de gobierno.
En estas líneas de pensamiento, es donde A. Tocqueville, H. Arendt y J. Habermas van a
entender “el poder” como ejercicio que mantiene viva la existencia del espacio público “de
abajo hacia arriba”. Así, el poder, se origina entre los/as/es ciudadanos/as/es cuando actúan
juntos/as/es y desaparece al momento que se desconcentran.
J. Habermas, le otorga al “espacio extrainstitucional” una gran importancia. Precisamente, el
concepto de política deliberativa, sólo cobra referencia empírica cuando consideramos la
“Pluralidad de formas de comunicación” donde se configura la voluntad común, como la
opinión pública que nos llevan a constituir un Estado de Derecho, y que de hecho, Habermas
desarrolla como modelo para cuestionar los Estados de Derecho en las democracias actuales.
La modernización de la racionalidad social, entendida desde abajo, no es más que una
propuesta a la resolución innovadora de los conflictos como resultante de aquellos problemas
que devienen de la reproducción económica y la lucha por el poder político.
La formación “informal de la opinión” o los mecanismos extrainstitucionales de la
deliberación pública, obligan a tomar en consideración aquellos intereses ajenos, dando
apertura a la constitución de un consenso entre todas las partes que permita mediante la
discusión, discernir sobre la mejor opción. De esta manera, al momento de entender la
legitimación y la soberanía popular, los procedimientos y presupuestos comunicativos que
impulsan “la formación democrática de la opinión y la voluntad” funcionan como canales
para la racionalización discursiva de las decisiones de un gobierno, es decir, la opinión
pública transformada en poder comunicativo.
Este proceso complementa la democracia representativa (formalmente entendida), con la
utilización de un procedimiento colectivo que permite la toma de decisiones de manera plural
y democrática fomentando así la participación “activa” permitiendo la deliberación en el
espacio público mediante la argumentación y la discusión entre las distintas propuestas.
El mundo que se desarrolla en el ámbito público, es decir, lo que Habermas denomina mundo
de la vida, es ese mundo compartido por todos/as/es donde emisor y receptor (hablante y
oyente), salen al encuentro como correlato de los mecanismos de entendimiento, y donde
pueden darse de manera recíproca, las pretensiones que son equivalentes con el mundo
objetivo, subjetivo y social; y al mismo tiempo, se pueden criticar y manifestar los
fundamentos de las pretensiones de validez, discernir y llegar a un consenso, acuerdo o pacto.
Tal es así que, en el año 1989, con la implementación del presupuesto participativo o
presupuestación participativa, el Gobierno de la ciudad Porto Alegre, decidió firmar un
contrato político con la sociedad, que se fue renovando y perfeccionando año tras año, ya que
este era dinámico y adaptable a la contingencia.
El momento decisivo del instrumento, fue la reforma tributaria en 1990 en Porto Alegre, que
permitió a la ciudad sanear sus cuentas, y de este modo, recuperar su capacidad de inversión
consolidando así la confianza en el instrumento.
En este sentido, ha Chantal Mouffe se le escapa este análisis sobre el espacio extra-
institucional. Espacio que me parece interesante para el desarrollo o la redefinición de las
identidades colectivas que plantea la autora.
“El compromiso fundamental para la reflexión política consiste en examinar cómo es
posible realizar ese desplazamiento a fin de transformar el enemigo en adversario” (C.
Mouffe, 1999:13)
El instrumento político-estratégico como lo es la Presupuestación Participativa, podría
considerarse como una herramienta estratégica y política que tienda a mejorar los
mecanismos de democracia representativa (o tradicional), y que permita la posibilidad de
participación en el ámbito común para discernir sobre los asuntos públicos, al mismo tiempo,
que permita la transformación, como sostiene Mouffe, del antagonismo en agonismo
permitiendo desactivar el antagonismo que existe en las relaciones sociales.
Es precisamente, en el ámbito público, abierto, democrático, heterogéneo y plural donde se
encuentran los/as/es distintos ciudadanos/as/es que a partir de la acción y el discurso logrando
discernir y llegar a un posible acuerdo, sin la necesidad de aniquilar el pensamiento o el
reconocimiento identitario o el pensamiento del otro/a/e.
En ese espacio es donde se práctica la ampliación de la ciudadanía y la autonomía del sujeto,
libre y autónomo, y la discusión plena de los recursos que se aportan al gobierno municipal.
En las Asambleas Públicas que se desarrollaron en Porto Alegre, la ley de representación no
se haya admitida como era el caso en “Nueva Inglaterra”, vale decir, en el espacio público
cada ciudadano/a/e, “vale un voto”, y nadie se arroga la representación de nadie.
Dirá Ranciére “la política es asunto de sujetos, o más bien de modos de subjetivación”, tal
es así que el ego existe cartesiano es el modelo de sujetos indisociables de una de operaciones
que remiten a la producción de un nuevo campo de experiencia. Tal es así que la
subjetivación política produce una multiplicidad que no estaba dada que aparece como
contradictoria de la lógica policial.
En varias oportunidades, en ámbitos de la política, aparecen quienes argumentan representar
en nombre de una institución a una porción de ciudadanos/as/es, pero resulta que en realidad,
siempre terminan siendo las mismas cinco o seis personas, solo por nombrar algunos
ejemplos prácticos.
Por el contrario, en el amplio espacio común, cada ciudadano/a/e se vale por sí mismo, al
mismo tiempo que se junta con los/as/es demás para discutir sobre los asuntos públicos
generando así interés en los asuntos comunes y generando procesos que reduzcan los niveles
de individualización y aislamiento potenciados por el neoliberalismo.
“El objetivo de una política democrática no reside en eliminar las pasiones ni en relegarlas
a la esfera privada, sino en movilizarlas y ponerlas en escena de acuerdo con los
dispositivos agonísticos que favorecen el respeto del pluralismo” (C. Mouffe, 1999:14)
En este sentido, el ámbito público, sigue siendo el espacio que habilita nuevos juegos de
lenguaje y mejora la democracia representativa, ya que, no es lo mismo discutir el
presupuesto público donde el intendente como parte del Ejecutivo Municipal puede optar por
discutirlo junto con su gabinete, entre cuatro paredes, o llevar la discusión al espacio común
organizado en asambleas ciudadanas. Y ante esto, no hay ninguna ordenanza municipal, al
menos en la Argentina que prohíba esta facultad a un/a/e intendente.
Es espacio público, como tal, además de ser un espacio abierto en el que no se clausura nada,
ni se excluye a nadie, son espacios que permiten ampliar los mecanismos de la solidaridad,
permitiendo así la configuración de espacios abiertos, públicos, democráticos y plurales que
permitan nuevas formas de discernimiento sobre los asuntos públicos, al mismo tiempo, que
constituye a un sujeto político deliberativo que permita alejarse del sentido individualista
potenciado por el neoliberalismo.
En Porto Alegre, este dispositivo deliberativo permitió desprivatizar la información,
democratizar la democracia, desprivatizar el Estado (actualmente feudalizado) y transparentar
los recursos.
Ello me permite pensar, que más allá de los clásicos mecanismos de representación (a partir
de elecciones), que imprime la democracia representativa es posible pensar la ampliación de
otros mecanismos que “incorporen a los/as/es ciudadanos/as/es”, más allá de pertenecer o
no, a un partido político o a instituciones de la sociedad civil. Y, en este sentido, es donde el
poder político deberá traccionar una voluntad política desde el poder que pretenda cambiar
las lógicas o mecanismos de la democracia tradicional, en principio, desde los municipios.
Creo que es interesante lograr reflexionar sobre la “real posibilidad” de la utilización del
espacio público mediante una democracia deliberativa más abierta y convocante, donde más
allá del consenso planteado por Arendt y Habermas, sea posible la construcción de un
enfrentamiento agonal como señala la Mouffe, donde la confrontación sobre las diferentes
significaciones es lo que constituye el eje central del combate político entre adversarios. Es
allí, cuando el proceso agonístico logra realizarse a partir de las confrontaciones en el seno de
un espacio común a fin de lograr verdaderas opciones democráticas.
En los contextos regionales, por el contrario, se puede identificar una actividad política
cargada de antagonismo que señalan el estar “de un lado” o “del otro”, estableciendo “polos
extremos” que no logran siquiera resolver la crisis política en un contexto de democracia sino
ahondar más aún las diferencias, lo cual, no hace más que constituir pensamientos
totalizantes, tan peligrosos para la democracia. De ahí que sostengo que el espacio público o
extrainstitucional, podría pensarse como una alternativa esencial para revertir esa situación.
Es J. Ranciére, que en su obra “El Desacuerdo”, remite a la fábula de Menenio Agripa, a
partir del cual se observa la disputa sobre el uso de la palabra, es decir, una disputa sobre la
palabra misma.
“Al centrar su relato apólogo en las discusiones de los senadores y las acciones verbales de
los plebeyos, Ballanche efectúa una nueva puesta en escena del conflicto en la que toda la
cuestión en juego es saber si existe un escenario común en donde plebeyos y patricios
puedan debatir algo.
La posición de los patricios intransigentes es simple: no hay motivo para discutir con los
plebeyos, por la sencilla razón de que éstos no hablan. Y no hablan porque son seres sin
nombre, privado de logos, es decir de inscripción simbólica en la
ciudad”. (...) … “Fue un error fatal del enviado Menenio imaginarse que de la boca de los
plebeyos salían palabras, cuando lógicamente lo único que puede salir es ruido” (Ranciére,
1996:37-38)
“Frente a ello, ¿qué hacen los plebeyos reunidos en el Aventino? No se atrincheran a la
manera de los esclavos de los escitas. Hacen lo que era impensable para éstos: instituyen
otro orden, otra división de lo sensible al constituirse no como guerreros iguales a otros
guerreros sino como seres parlantes que comparten las mismas propiedades que aquellos
que se las niegan”. (...) … “En síntesis, se conducen como seres con nombre. Se
descubren, en la modalidad de transgresión, como seres parlantes, dotados de una palabra
que no expresa meramente la necesidad, el sufrimiento y el furor, sino que manifiesta la
inteligencia. Escriben, dice Ballanche, “un nombre en el cielo”: un lugar en un orden
simbólico de la comunidad de los seres parlantes, en una comunidad que aún no tiene
efectividad en la ciudad romana”. (Ranciére, 1996:37-38)
En este sentido, se puede decir que los plebeyos fundaron un espacio público, un orden
distinto al impuesto por los senadores romanos que le impedían el logos, es decir, la palabra o
el discurso. Los plebeyos buscan ser escuchados, ser visibilizados, tomar parte de las
decisiones en el orden político.
¿No será que gran parte de la crisis es producto de negarnos la palabra a partir de la
delegación tradicional de la representación que establece la democracia directa?
Por eso es que me permito pensar la presupuestación participativa, más allá que para
Ranciére, esta sea una ampliación de la distribución y del sistema de legitimaciones que
denominara como “policía” o “elemento policial”.
(...) ... “cambiar o renovar la política mediante el acercamiento del ciudadano al Estado o
del Estado al ciudadano, en realidad ofrecen a la política su alternativa más simple: la de
la mera policía”. (Ranciére, 1996:47)
Tal vez, la postura de Ranciére sea acertada, pero creo que es necesario pensar mecanismos
que permitan la participación ciudadana para desandar los procesos de aislamiento y
atomización propios del contexto neoliberal, y habilitar así, procesos que permitan inaugurar
otras formas de participación en espacio público como un lugar heterogéneo donde tengan
voz los que no tienen voz, al menos, respecto de las decisiones que se abordan sobre los
recursos públicos, lo cual, no es menor.
Es precisamente lo político, donde podría pensarse el presupuesto participativo, donde se
juegan la lógica política y la lógica policial.
Se torna interesante los términos que propone el filósofo francés para pensar la política, tal es
así, que me propongo reflexionar sobre los movimientos feministas devenidos en nuestro
país, dentro de su propuesta.
Ranciére, sostiene que existe política a partir de la realización de un “doble proceso
heterogéneo”, es decir, el proceso policial y el proceso de igualdad. Tal es así, que me surge
preguntarme, si en este último proceso, se encuentra un espacio para lograr una democracia
radical y plural.
En este sentido, pareciera que Ranciére entiende la política como aquella que se desarrolla en
el espacio extrainstitucional, espacio de expresión, en donde encuentran parte los que no son
parte a partir de pensar un encuentro como encuentro de los heterogéneos. Tal es así, que no
existe cosa en sí misma política porque la política existe por un principio que no le es propio,
la igualdad. De hecho, él critica esta igualdad, ya que no logra consistir ninguna forma de
vínculo social.
Por ello es que el autor francés, propone que los dos procesos deben mantenerse
absolutamente ajeno uno del otro, constituyendo así dos comunidades radicalmente diferentes
reunidas por la ficción desigualitaria. Ejemplo de ello, es lo que ocurre respecto de los
postulados de la moral religiosa que le niega a las mujeres la posibilidad de decidir sobre sus
cuerpos. En este sentido, la política no puede ser otra cosa que la policía que niega la
igualdad.
El debate sobre la “despenalización del aborto”, puso en relevancia el espacio
extrainstitucional donde la existencia de una subjetivación política que se expresa como
diferencia de una subjetivación a una identificación.
La subjetividad que imprimen los movimientos feministas sobrepone la mera cuenta de los
incontados, la distinción entre la desigual distribución de los cuerpos sociales y la igualdad
como sujetos dotados de logos.
“La distorsión es simplemente el modo de subjetivación en el cual la verificación de la
igualdad asume una figura política. Hay política en razón de un solo universal, la
igualdad, que asume la figura específica de la distorsión.
Esta instituye un universal singular, un universal polémico, el anudar la presentación de
la igualdad, como parte de los que no tienen parte, con el conflicto de las partes sociales”.
(Ranciére, 1996:56)
En esta lógica que plantea Ranciére, es donde se hace posible aunar el concepto de
democracia plural agonal de Mouffe donde prevalece la pluralidad de sentidos, la pluralidad
de entendimiento y el reconocimiento identitario del otro/a/e, donde ningún agente social,
está en condiciones de aparecer como dueño del fundamento de la sociedad o representante
de un todo.
Pensar la democracia luego del giro lingüístico, en este sentido, me parece una propuesta
superadora.
“Precisamente en la tensión entre consenso -sobre los principios. y disenso -sobre la
interpretación- es donde se inscribe la dinámica agonística de la democracia pluralista”.
(C. Mouffe, 1999:21)
Es aquí donde encuentro también un punto de coincidencia para pensar el presupuesto
participativo y el movimiento de mujeres, como múltiples maneras de entender el desarrollo
de la ciudadanía pero que no se imprimen en fundamentos racionales, ya que ambos
dependen para su realización de la voluntad política.
Para el caso del Presupuesto Participativo, la voluntad política del intendente, donde no
existen postulados jurídicos que le impida discutir el presupuesto con la comunidad; mientras
que para el caso de los Movimientos Feministas que se han organizado dando la lucha y la
pelea del sentido de postulados como “aborto legal y gratuito” que han devenido de una
secuencia de hechos gestados a lo largo de la temprana democracia en nuestro país como la
ley del divorcio, las perspectivas de género y la ley de matrimonio igualitario. Pero, que sin
dudas, apela a la voluntad política de contradecir un sistema hegemónico a partir de
contradecir postulados metafísicos para entender la sociedad.
El espacio común, sigue siendo la referencia, en el que estos postulados logran desarrollarse y
practicarse, a fin de plantear una alternativa que permita revertir el socavamiento del sentido
que desarrolla el neoliberalismo que se empodera y fortalece a partir de gobiernos conducidos
por las “nuevas derechas” en las que parecieran encontrar una vena de expansión y re-
editación para logra configurarse a pesar del transcurso del tiempo. Tal es así, que los
discursos neoliberales que inducen el sentido y desarrollan subjetividades creando ideología
presentan batalla contra los “gobiernos populistas” en temas como la corrupción “se robaron
todo”, o el déficit fiscal “no podemos gastar más de lo que tenemos”, etc.
Estos juegos de lenguajes utilizados por los neoliberales (como clase política y de poder), y
que logran expandir junto a sus amigos mediáticos, logran socavar el sentido, dotando un
discurso, que a pesar del transcurrir de los siglos, sigue surtiendo efectos. Ejemplo de ello,
son los mismos mecanismos de desacreditación hacia los gobiernos populares y a sus líderes,
que re-aparecen logrando socavar el sentido, incluso un siglo después. Son los mismos usos
discursivos como temas referentes a la corrupción, el déficit fiscal, el fascismo, la tiranía, la
dictadura, etc. Tal como ocurrió en nuestro país, luego de la interrupción democrática del
peronismo histórico (1955), como luego de la salida de Cristina Fernández (2015), o de Lula
da Silva (2010).
La discusión y apertura del ámbito público que nos lleve a pensar:
Por un lado, a partir de un instrumento político-estratégico como lo es el presupuesto
participativo a escala local, dando espacio a la habilitación de nuevos dispositivos que
permitan mejorar los mecanismos de democracia directa y de gobernabilidad.
Y , por otro lado, los postulados que nos lleven a practicar una democracia radical y plural
como propuesta de un socialismo liberal, como propone C. Mouffe.
Parecieran ser “alternativas” a las propuestas de un neoliberalismo generador de un sentido
individualista, económico y despolitizante.
Alternativas que es posible designar a partir del fortalecimiento del espacio público, como un
espacio que habilite modos de interpelar la participación político-ciudadana, y permita
habilitar la voz de los que no tienen voz, es lo que me lleva a reflexionar sobre la práctica
participativa entendida, mucho más allá de ir a votar “dos veces cada cuatro año”, para elegir
nuestros “representantes” modo mediante el cual la teoría política clásica, particularmente en
el Leviatán de Hobbes, logró resolver el problema de la representación política, instalando así
el código binario: representantes-representados.
Lograr poner en relevancia el espacio público, a pesar del avance tecnológico, a pesar de la
masificación de las redes sociales, a pesar de los procesos individualizantes, y a pesar de estar
atravesando un contexto neoliberal; sigue siendo, al menos en términos fácticos, el lugar en el
que se logra constituir la pluralidad agonística donde el adversario es respetado en su
pensamiento a pesar de las discordancias.
Acción y estar juntos, entonces, implica una manera de desandar los postulados del
individualismo que constituye el neoliberalismo, recrear el Ágora ateniense y darle voz a
quienes no tienen voz .
Por todo ello, insisto en la posibilidad de dar apertura e importancia a este espacio como
propuesta fundamental a la hora de plantear alternativas políticas, entendida desde la acción
para transformar una realidad donde prevalezcan postulados, más que de la racionalidad, de
la contingencia; y en donde el ámbito público pensado desde una herramienta estratégico
política como lo es la Presupuestación Participativa, podría pensarse en términos fácticos,
como una ampliación del dispositivo policial, es cierto, pero no deja de ser una alternativa
para lograr pensar la participación ciudadana y reformular el código binario representantes-
representados en las democracias actuales. Mientras que los movimientos feministas resultan
ser más alentadores, ya que proponen esta idea de habilitar la voz de quienes no tienen voz,
como momento de irrupción política, poniendo así en relevancia el ámbito extrainstitucional
habermasiano.
BIBLIOGRAFIA
● TOCQUEVILLE, A de: LA DEMOCRACIA EN AMÉRICA. Alianza. Madrid,
1980.

● ARENDT, H.: LA CONDICIÓN HUMANA. Seix Barral. Barcelona, 1974.


Capítulo V.

● AMORÓS, Celia y DE MIGUEL, Ángela (eds) (2005), Teoría feminista: de la


ilustración a la globalización. De los debates sobre el género al
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● MOUFFE, Chantal (1999), El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía,


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● RANCIÈRE, Jacques (1996), El desacuerdo. Política y filosofía, Buenos Aires,


Nueva Visión.

● HABERMAS, Jürgen (2008), El discurso filosófico de la Modernidad. Buenos


Aires, Katz.

● HABERMAS, Jürgen (1999 [1973]), Problemas de legitimación en el capitalismo


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