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CENTENARIO DE PIETRO GORI (1865-1911)

El 8 de enero del 2011 se cumplieron 100 años de la desaparición de (Pietro Gori.


(para homenajear su memoria y, sobre todo, para ofrecer al lector actual un esbozo de sus
ideas, muy actual es en este siglo XXI que acaba de comenzar ofrecemos en primer lugar
su biografía, escrita por (Rudolf Rocker). A continuación, aprovechamos la excelente
antología de sus escritos preparada por Franco Bertolucci y ‘Maurizio Antonioli y
publicada en el número de agosto de A rivista anarchica; entre paréntesis va el título de la
obra de que se han sacado cada uno de los textos, en castellano si fué publicada en español
(con traducción de José Prat), en italiano sí es la primera vez que se publica en nuestra
lengua (en cuyo caso la traducción es nuestra). Finalizamos con un corto pero elocuente
artículo de Gori. Con toda probabilidad, en nuestro monográfico del mes de agosto
publicaremos las dos obras teatrales de Gori que se estrenaron en español

Ha sido Pietro Gori uno de nuestros mejores combatientes, un luchador y


un idealista infatigable que ha contribuido poderosamente a la difusión del
anarquismo en Italia y en otros países. Ha sido también uno de los oradores más
elocuentes e influyentes de nuestro tiempo. Sus discursos eran obras en todo el
sentido de la palabra y producían una impresión inolvidable en el ánimo de sus
oyentes. Su maravillosa fuerza oratoria fue asimismo la causa por la que la vida
de este hombre ha sido una larga cadena de crueles persecuciones. El gobierno lo
temía sencillamente sabiendo que la influencia de sus discursos era ilimitada.

Pietro Gori nació en 1865 en Mesina. Su padre era oficial del ejército y
su madre, Giulia Lusoni, pertenecía a la aristocracia de

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Toscana. Llevaban sus padres una vida desahogada y por eso la juventud de
Pietro fue dichosa.

Gori estudió derecho en las universidades de Liorna y Pisa. Era todavía


muy joven cuando se puso en contacto con el movimiento anarquista de Italia.
Bajo el influjo poderoso de Mijail Bakunin, Carlo Cafiero, Andrea Costa y
Errico Malatesta, ese movimiento tomó un vasto impulso durante las últimas
décadas del siglo XIX. Después del levantamiento de Benevento, en 1877,
comenzó una terrible reacción en toda Italia. Se perseguía a los anarquistas
igual que a las bestias salvajes. Centenares de compañeros padecían en las
cárceles. El parlamento italiano votó una ley de excepción contra los
anarquistas y disolvió todas las organizaciones públicas de la Internacional.
Poco después comenzó la propaganda conspiradora con sus persecuciones y
sus víctimas incontables.

Cuando Gori llegó a conocer el anarquismo los tiempos eran ya más


favorables. Nuevamente aparecían varios periódicos y en las ciudades y
aldeas se había reanudado la propaganda verbal.

Pietro tenía dieciséis años cuando habló por primera vez en una
reunión anarquista. Algunos de sus primeros discursos aparecieron entonces
en un folleto, Pensieri ribelli, que fue confiscado enseguida. Gori fue acusado y
en 1877 apareció ante el jurado de Pisa. Enrico Ferri defendió en esa ocasión
al joven estudiante, pronunciando uno de sus discursos más brillantes. El
proceso terminó con la absolución de Gori.

Pero poco después empezaron nuevamente las persecuciones. En


Ancona los obreros celebraban por primera vez el 1 de Mayo. En la vieja
ciudad anárquica comenzó un gran movimiento huelguista que provocó
sangrientos choques con la policía. Gori se hallaba a la vanguardia del
movimiento y la policía hizo recaer sobre él la "responsabilidad moral" de los
sucesos. Fue condenado a un año de prisión. Y aunque la Cámara de
Apelaciones revocó más tarde la condena, Gori casi ya la había cumplido.

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En 1891 Gori se trasladó a Milán. Allí realizó su examen de abogado,
pero todo su tiempo libre lo dedicaba a la propaganda anarquista. Celebró
centenares de asambleas y sus excepcionales cualidades de orador atrajeron
a millares de personas. Ese mismo año participó en el congreso anarquista de
Capolago, junto con Malatesta, Cipriani y Merlino. A su vuelta a Milán fundó
el periódico L'Amico del Popolo. De los 27 números que aparecieron casi
todos fueron confiscados, pero la policía siempre llegó tarde. Al mismo
tiempo Gori actuaba también como abogado, interviniendo en varios grandes
procesos políticos.

Con la mayor energía atacó el socialismo parlamentario y a los


dirigentes del reformismo en Milán; esa campaña halló una expresión
interesante en su periódico y en las asambleas; mas dicha campaña la
desenvolvió siempre en el terreno de las ideas, evitando los motivos
personales. Al propio tiempo que combatía a los reformistas en varios
congresos, estaba ligado por una antigua e íntima amistad con Filippo Turati,
el jefe del reformismo italiano.

En Milán, Gori publicó tres tomos de poesías y de estudios literarios y


además seis folletos anarquistas. Gori era un hombre italiano: el instinto del
arte constituía en él una especie de herencia nacional. En sus discursos y en
sus escritos reconocíase siempre al artista. Sus versos pertenecen a lo mejor
que ha producido la moderna poesía italiana y recuerdan frecuentemente las
formas y los ritmos de Ada Negri. Muchas de sus poesías rebeldes son
cantadas por el mundo revolucionario de Italia, como por ejemplo Il canto dei
coatti, Il canto di Maggio y el bellísimo himno Sante Caserio. Gori fué también
autor de varias piezas de teatro que han sido puestas en escena con todo
éxito en Milán y otras ciudades italianas.

En 1894 el anarquista italiano Sante Caserio mató a Sadi Carnot,


presidente de la República Francesa. Una reacción terrible se declaró en
Francia y en Italia. La prensa policial de este último país exigía una nueva ley
de excepción contra los anarquistas y atacó principalmente a Pietro Gori, a
quien hacía cargar con la responsabilidad moral del atentado. Caserio había
frecuentado varias reuniones en que hablara
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Gori y éste lo había defendido años antes, en calidad de abogado, ante los
tribunales de Milán. De esto dedujo la prensa policial que Gori era el maestro
de Caserio y el causante “moral" del atentado de Lyon.

Poco después el gobierno italiano promulgó una nueva ley contra los
anarquistas y Gori se vio obligado a abandonar el país. Cruzó la frontera
francesa, pero fue arrestado inmediatamente y expulsado de allí. Entonces
se refugió en Lugano, en la Suiza de habla italiana; mas el gobierno italiano
insistió tanto ante los republicanos suizos que éstos expulsaron al odiado
anarquista, junto con muchos otros compañeros.

Gori se dirigió a Alemania, pasando por Holanda donde se quedó


algunas semanas con Dómela Nieuwenhuis y los anarquistas holandeses. Poco
tiempo después llegó a Londres, donde tomó parte activa en el movimiento.
En aquel tiempo Londres era el centro de todos los perseguidos. Malato,
Malatesta, Louise Michel, Emile Pouget y muchos otros se veían obligados a
vivir en Inglaterra debido a las leyes de excepción que regían en Francia e
Italia. Gori y Malatesta desarrollaron una enérgica y provechosa campaña
entre los residentes italianos en Londres y el vigoroso talento oratorio del
primero atrajo a centenares de personas.
En 1895 Gori se trasladó a los Estados Unidos con el objeto de
realizar allí y en el Canadá una jira de propaganda. Su éxito en América fue
extraordinario; habló en todas las grandes ciudades entre Mueva York y San
Francisco, celebrando más de cuatrocientos mítines. Pero ese esfuerzo
constituyó un peligro para la salud. En 1896 volvió a Londres como delegado
al congreso socialista internacional. Poco después cayó gravemente enfermo y
estuvo varias semanas en un hospital. Su estado seguía empeorando, cuando
decidió volver a Italia no obstante el peligro a que se exponía de ser
confinado en la “Siberia" italiana.

Empero, los diputados Imbriani y Bovio plantearon el asunto en el


parlamento y el gobierno declaró que no molestaría a Gori mientras éste se
mantuviese tranquilo. Gori pasó cierto tiempo en la isla de

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Elba, enfermo, extenuado. Sin embargo el gobierno no lo perdía de vista y
todo un ejército de vigilantes y pesquisas merodeaba siempre alrededor de
la casa del paciente.

Transcurrió mucho tiempo antes de que Gori recobrase la salud.


Abandonó Elba y se fue a Milán, donde reanudó sus actividades en favor de
sus ideas. No era posible celebrar en ese tiempo asambleas públicas porque
los anarquistas estaban excluidos de los derechos civiles. Gori empezó a
organizar las llamadas reuniones privadas, valiéndose de algunos
subterfugios de la ley, Pero la policía cuidaba cada uno de sus pasos. En
Milán se había erigido un monumento a los combatientes de la revolución
italiana. Gori fue uno de los oradores en el acto de la inauguración y
pronunció uno de sus más notables discursos. Entonces el gobierno le hizo
saber que lo mantendría en arresto domiciliario si llegaba a hablar
nuevamente.

Poco después defendió a Malatesta y a sus compañeros ante el


tribunal de Ancona. Su defensa fue una de las acusaciones más vehementes
contra la reacción y un desarrollo maravilloso de la doctrina anarquista.

Algún tiempo después de la sublevación de Milán, en la cual 300


hombres y mujeres cayeron bajo las balas de los soldados, la policía trató de
arrestar a Gori y sólo por una casualidad éste consiguió huir al extranjero.
Más tarde el consejo de guerra lo condenó a doce años de cárcel por
considerarlo causante "moral" del levantamiento.

Gori se trasladó a Argentina, donde desarrolló una espléndida


propaganda. Los estudiantes y los profesores lo invitaron a dar una serie de
conferencias en la Universidad. Disertó allí sobre sociología criminal
cautivando la atención del auditorio. Al mismo tiempo viajó por toda
Sudamérica difundiendo por doquier las enseñanzas del anarquismo. Por
encargo de la Sociedad Científica Argentina, Gori tomó parte en una
expedición a la Tierra del Fuego y a la Patagonia, publicando luego un
brillante informe acerca de sus viajes.

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La amnistía de 1902 dio a Gori la posibilidad de volver a Italia La
propaganda libertaria se había desarrollado nuevamente. Junto con Luigi
Fabbri fundó la excelente revista Il Pensiero, una de las publicaciones más
importantes de la literatura anarquista. Pero la policía no lo dejó en paz. Las
persecuciones contra él fueron tan violentas que el Parlamento tuvo que
intervenir.

Esas persecuciones constantes obligaron a Gori a abandonar


nuevamente Italia. Se dirigió a Palestina y a Egipto, mostrándose en todas
partes muy activo por la causa. En 1905 volvió a Italia, gravemente enfermo.
La dolencia no le permitió desarrollar una gran actividad; sin embargo luchó
hasta sus últimos momentos por nuestras ideas. Publicó varios folletos y un
tomo de poesías. El 8 de enero de 1911 falleció en la isla de Elba, a los 45
años de edad.

La triste noticia se propagó por toda Italia, pues Gori era un de las
figuras más populares del movimiento revolucionario de ese país. Su sepelio
dió lugar a una de las demostraciones más grandiosas. Todas las
organizaciones revolucionarias enviaron delegados y coronas. Millares de
personas acompañaron al amado extinto a su último reposo. Todos los
comercios y las fábricas permanecieron cerrados. El pueblo entero estaba de
luto, porque todos sabían que Pietro Gori había sido el amigo más leal de los
pobres y explotados, un verdadero profeta de la revolución social.

Rudolf Rocker

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EL ANARQUISMO DE PIETRO G0RI

El Estado

El Estado, el poder ejecutivo, el judicial, el administrativo y todas las


ruedas grandes o chicas de este mastodóntico mecanismo autoritario que los
espíritus débiles creen indispensable, no hacen más que comprimir, sofocar,
aplastar cualquier libre iniciativa, toda espontánea agrupación de fuerzas y
de voluntad, impidiendo, en suma, el orden natural que resultaría del libre
juego de las energías sociales, para mantener el orden artificial -desorden
en sustancia- de la jerarquía autoritaria sujeta a su continua vigilancia.
Magistralmente definió Giovanni Bovio el Estado: "opresión dentro y guerra
fuera. Con el pretexto de ser el órgano de la seguridad pública, es, por necesidad,
expoliador y violento; y con el de custodiar la paz entre los ciudadanos y las partes,
provoca guerras vecinas y lejanas. Llama bondad a la obediencia, orden al silencio,
expansión a la destrucción, civilización al disimulo. Como la Iglesia, es hijo de la común
ignorancia y de la debilidad de la mayoría. A los hombres adultos se manifiesta tal cual es;
el mayor enemigo del hombre desde que nace hasta que muere. Cualquier daño que pueda
derivar a los hombres de la anarquía, será siempre menor que el peso que el Estado ejerce
sobre ello."
Hacen creer los gobernantes, y el prejuicio es antiguo, que el
gobierno es instrumento de civilización y de progreso para un pueblo. Pero si
bien se observa, se verá que, al contrario, todo el movimiento progresivo de
la humanidad es debido al esfuerzo de individualidades, a la iniciativa
anónima de las multitudes y a la acción directa del pueblo. El mundo ha
marchado siempre hasta el presente, no con ayuda de los gobiernos, sino a
pesar de éstos, y en éstos hallando siempre el continuo obstáculo directo e
indirecto a su fatal andar. ¡Qué de veces los más gloriosos innovadores en
ciencias, en arte, en política, no hallaron su camino barrado, mucho más que
por los prejuicios y por la ignorancia de las multitudes, por los andadores y
por las persecuciones gubernativas!

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Cuando el poder legislativo y el gobierno aceptan y satisfacen en
forma de ley o de decreto alguna nueva petición salida de la conciencia
pública, es después de innumerables reclamaciones, de agitaciones
extraordinarias, de sacrificios mil del pueblo. Y cuando los gobernantes se
han decidido a decir sí, a reconocer a sus súbditos un derecho y, mutilado y
desconocido, lo promulgan en los códigos, casi siempre aquel derecho se ha
hecho anticuado, la idea es ya vieja, la necesidad pública de tal o cual cosa no
se siente ya, y entonces la nueva ley sirve para reprimir otras necesidades
más urgentes que se avanzan, que tienen que esperar a ser esterilizadas,
hipertróficas, antes de que las reconozca una ley sucesiva.

Todo aquel que ha estudiado y observado con pasión los partos


curiosos y extraños del genio legislativo, las leyes pasadas y las presentes,
queda sorprendido al ver el sutil fraude que logra gabelar por derecho el
privilegio, por orden el bandidaje colectivo, por heroísmo el fratricidio de la
guerra, por razón de Estado la conculcación de los derechos y de los
intereses populares, por protección de los honrados la venganza judiciaria
contra los delincuentes, que como dice Quetelet, no son más que
instrumentos y víctimas, al mismo tiempo, de las monstruosidades sociales.

Y cuando nosotros queremos combatir estos males, causa y efecto


juntamente de tanta infamia y de tantos dolores, para derribar todo lo que
dificulta el triunfo de la justicia, se nos llama "fautores del desorden 1'

Cierto; propiedad, Estado, familia, religión, son instituciones que


algunas merecen la piqueta demoledora y otras esperan el soplo purificador
que las haga revivir bajo otra forma más lógica y humana. ¿Pero querrá esto
decir seriamente que se pasaría del "orden al desorden"? ¿Quién no desearía
entonces, si se diese voz, tan contrario significado a las palabras, el triunfo
del desorden?

Pero si las palabras conservan su significado, no pueden los


anarquistas ser llamados amigos del desorden, ni aun considerando
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esto desde el punto de vista único de revolucionarios. En este histórico
periodo de destrucción y de transición entre una sociedad que muere y otra
que nace, los actuales revolucionarios son verdaderos elementos de orden.
Tienen éstos en sus fosforescentes ojos la visión de la sublime idealidad que
hace palpitar el corazón de la humanidad, que la empuja hacia el infinito
ascendente camino de la historia.

Después del estampido del trueno, brilla sobre la cabeza de los


hombres el bello cielo luminoso y sereno; después de la vasta tempestad que
purifique el aire pestilente, estos militantes del porvenir señalan la
primavera florida de la familia humana, satisfecha en la igualdad y
embellecida con la solidaridad y la paz de los corazones.

(Vuestro orden y nuestro desorden, 1889)


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El capitalismo
¿Y cómo es que el propietario comenzó a hacerse rico? Seguramente la
riqueza la heredó de su padre, de su abuelo, si no fué conseguida por medio
de alguna intriga vergonzosa o de algún engaño; pero, en cualquier caso,
quienes le transmitieron esta herencia, ¿cómo se hicieron ricos? Sabéis bien
que con el continuo trabajo, desalentador de generación en generación,
vuestras familias nunca se hicieron ricas. Está claro que estos propietarios
no acumularon por ventura la riqueza con su propio trabajo, sino
aprovechándose del trabajo de otros.

Veamos cómo sucedió empezando con los pocos obreros que tenía al
principio, quitando a cada uno de ellos una parte del salario, y no
precisamente la más pequeña. Cada obrero produce 5, y 4 van al bolsillo del
patrón, quedando sólo 1 al obrero; esta es la proporción más o menos exacta
entre el salario y el coste de la producción entera. De esta forma, teniendo
solamente dos obreros, quitando a cada uno 4, el patrón obtiene en total 8,
que es lo que obtendrían de salario ocho obreros juntos; así empezó la
riqueza del propietario a elevarse sobre la miseria del obrero; con esta
progresión fatal, que más enriquecía a
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aquél, éste se volvía más pobre, por leyes ineludibles de la competencia,
viéndose continuamente disminuido su salario.

De esta forma la riqueza de uno y la miseria del otro van de la mano,


aumentando; y el propietario se enriquece explotando diariamente al obrero,
con un continuo y progresivo robo de su salario.

De manera que solamente con el engaño, con el fraude y con el robo


disimulado, comenzó la riqueza de los propietarios. Y en el robo cotidiano de
los explotadores del trabajo de los obreros explotados, tiene su origen la
denominada propiedad individual.

Para esta propiedad individual la tierra, que la Naturaleza, esta gran


madre de todas las cosas, había dado a todos los hombres indistintamente,
viene dividida sólo entre unos pocos, los ricos, que constriñen al obrero, si
quiere vivir, a trabajar para ellos que no hacen nada: y el obrero bajó la
frente y trabajó, y aceptó vilmente, casi como un regalo, cuanto los ricos
quisieron darle para que no muriera de hambre. Digo para no dejarlo morir de
hambre, porque los ricos consideran a los pobres como a una máquina y nada
más; y sólo para que esa máquina sea útil y no se destruya, y acabase así la
vida felizmente ociosa que ellos disfrutan, los propietarios, los burgueses,
los ricos dejaron que el pueblo, agotándose y consumiéndose de hambre poco
a poco, se sometiera más y más; porque si la tierra produjera por sí sola la
mies y los frutos, y las máquinas pudieran trabajar sin necesidad del brazo
del obrero, los ricos le habrían dejado morir de hambre aguda y así
mantenerse mejor como amos del mundo.

(Pensieri ribelli, 1889)


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La religión

Antes que nada, bueno será pedir de qué religión se trata. ¡Hay tantas
en este mundo! ¿Se trata de la que promete el paraíso cristiano e
infantilmente amenaza con las llamas del infierno, de igual
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modo que a los niños buenos o malos se les promete el terrón de azúcar o el
coscorrón, y que hace consistir todo el estimulo a las buenas obras en la
esperanza usuraria o en el infantil miedo de gozar o sufrir... en la otra vida?
¿O es que se nos habla de la religión de Mahoma, que a sus fieles promete el
goce pagano de las huríes jóvenes y bellas entrevistas detrás del humo del
opio? ¿Tal vez de la religión de Confucio o de Buda, o de cualquiera otra que
haya entenebrecido o anuble aún las humanas mentes? ¿De cuál se pretende
hablar, ya que sus respectivos sacerdotes sostienen que la religión
verdadera es la suya?

Naturalmente que, según estuviéramos en Turquía, en la India o en la


China, cada una de las religiones, por boca de sus curas, nos dirigiría la dura
acusación de incrédulos. Y nosotros podríamos, en todas partes, rebatir la
acusación y confundir a los acusadores con una canti dad de argumentos
especiales que es inútil enumerar aquí.

Pero ya que nacimos y vivimos en países donde predomina la religión


cristiana y los que más vociferan contra nosotros son los fanáticos y los
mercaderes del cristianismo, y sobre todo, del catolicis mo, podemos
dispensamos de buscar sendos argumentos, ya que los mejores nos los
suministran los mismos sacerdotes de la religión cristiana. Ellos son los que
más tremendos golpes asestaron para destrucción de su propia fe. Desde el
momento en que el descendiente de Pedro, el pescador, olvidó la humildad
originaria del cristianismo -religión de los pobres y para los pobres-; desde
el momento en que los príncipes de la Iglesia en lugar del cilicio, las espinas
y el tosco vestido se cubren con sedas, púrpura y pedrería, como todos los
demás potentados de la tierra; desde el momento en que las indulgencias,
los pasaportes para el paraíso, las amnistías totales o parciales del
purgatorio pudieron comprarse como una mercancía cualquiera o como un
favor de ministros corrompidos; desde el momento, en suma, en que la
religión de Cristo cesó de ser apostolado y se convirtió en charlatanería de
sacamuelas de plazuela y la iglesia se transformó, fin natural de todas las
iglesias, en botica de almas y de conciencias, la i lusión del misticismo
cristiano comenzó

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a revelarse como un embuste, como vil metal dorado que con el uso pierde su
apariencia y no engaña ya al ojo del villano que hasta entonces creyólo oro del
más puro.

Una vez el dogma católico se puso abiertamente de parte de los


grandes contra los humildes y miserables, tan caros a Jesús, se reveló, tal
como por su propia esencia debía convertirse, enemigo de la ciencia y de la
libertad. Y esta tendencia invencible de toda religión hacia el fa natismo y
beatería ciegos de un lado y el servilismo hacia los poderosos y dueños
contra los súbditos y siervos del otro, tendencia que constituyó y constituye
aún el germen de disolución del cristianismo, esta fe dejó de ser joven.

Es una fe que arrastrarnos como un grillete que nos impide caminar


libremente hacia nuestra meta de liberación integral. Llegó la hora de que
esta cosa muerta y que grava con su peso todo el de la cadena de esclavitud
que arrastramos, nos la arranquemos de los pies arrojándola bien lejos de
nosotros.

(Ciencia y religión, 1896)


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La guerra

Pero consolémonos, que hoy la guerra ha perdido ya algo de su


carácter primitivo; que hoy no es ya salvaje la guerra como antiguamente;
que se ha convertido en científica y cínica.

¡Profanación de una palabra sagrada! La guerra científica, o sea, las


preclaras dotes del ingenio, las noches de insomnio del hombre de estudio
dedicadas al feroz problema de la destrucción.

En este caso, ciencia es sinónimo de maldición... Servíos de ella, ioh


hombres!, como una diosa benéfica, para arrancar sus secreto a la
naturaleza, para dar vida a las máquinas, la fuerza al carbón; utilizadla para
convertir el rayo en productor de riqueza, para aligerar las
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fatigas del hombre, para atenuarle sus dolores, para restaurar los relajados
tendones de la humana abeja en sus fatigas del trabajo cotidiano; utilizadla
para horadar montarías, para regar los valles, para sanear el aire, para
enlazar pueblos con pueblos en fraternal obra de solidaridad y de
colaboración, a fin de que juntos procedan o la conquista del progreso y de
la felicidad.

Haced de la ciencia un instrumento de civilización y no de destrucción


y de muerte...

Hemos dicho que la guerra moderna es cínica, y, de hecho, la guerra


científica, con la cual se matan a millares de metros de distancia los
hombres, que no se conocen, que no se han visto jamás, ha perdido también
la forma del culto primitivo de la fuerza y de la destreza en las armas, de
que fué un ejemplo la antigua Grecia.

Los Agamenón y los Aquiles ya no son posibles con los fusiles de


repetición, con las balas dum-dum y con la dinamita, la melinita y con todas
aquellas sustancias explosivas tan similares en sus efectos a aquellos otros
estragos de la humanidad como la bronquitis, la pulmonía, la pleuresía, etc.
Hoy triunfa Moltke disponiendo serenamente sobre el mapa topográfico las
banderitas rojas que indican los movimientos del enemigo y los ataques
afortunados del combatiente.

Pero si mañana, sobre la azulada bóveda, una mirada pensativa


pudiese contemplar la humana tragedia, con tantas vidas juveniles segadas
en flor, como una hoz inexorable, y a las armas de fuego vomitando
inconscientemente la muerte, tan inconscientemente como los que las
cargan; si esta mirada pudiese abarcar el amontonamiento de los cadáveres
mutilados y la sangre que baña la tierra, sin una lágrima de pena, sin un
remordimiento, se preguntaría si toda aquella carnicería es acaso obra de un
destino ciego, inexorable, que condena a los hombres desde su origen a un
común matadero, o una gran locura que sojuzga al género humano, pervierte
la historia y triunfa sobre el hombre arrogantemente.

(Guerra a la guerra, 1903)


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Los anarquistas

¿Quiénes son los socialistas anárquicos? Si hacemos esta pregunta a


un policía, sin duda nos responderá: “Los anarquistas son malhechores". Y la
sentencia de los anarquistas independientes le dará la razón. Si preguntamos
a los patronos que viven a costa de vosotros, trabajadores, pero sin trabajar,
responderán que los anarquistas son unos vagos, gente que no quiere
trabajar. Si preguntamos a los hombres serios y prácticos nos dirán, con un
esfuerzo de benevolencia, que los anarquistas son locos de atar.

Y los gobiernos, monárquicos o republicanos, dan razón a esta gente, y


mandan a los socialistas anárquicos a poblar las cárceles, los penales, y a
ensangrentar los patíbulos. ¿Qué importa?

Quien está interesado en defender privilegios y sinecuras no puede


ser juez imparcial de hombres que tienen como grito de guerra la abolición
de todo privilegio y de toda forma de explotación.

Pero vosotros, trabajadores, que sois las víctimas, los mártires


ignotos de todo un sistema social a base de latrocinio, de fraude y de
mentiras, vosotros haréis justicia a las inconsistentes acusaciones que el
vulgo dorado de los satisfechos y los ambiciosos os lanza a la espalda.

Los anarquistas son, trabajadores, hombres del pueblo como vosotros;


sufren con lo que vosotros sufrís: la dura condena de un trabajo extenuante,
mal pagado y despreciado por los ociosos regocijados. Como vosotros han
recibido de sus padres, también trabajadores, en compensación a tantas
fatigas, la pobreza, único y triste patrimonio. Como vosotros dejaréis a
vuestros hijos, también ellos, trabajadores, dejarán el triste fruto de una
fatigosa existencia, el pesado fardo de la miseria.

Vosotros sabéis que, sobre todo, los socialistas anarquistas quieren la


igualdad, pero la igualdad verdadera, no la embusteramente
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proclamada por las leyes y brutalmente desmentida por la realidad de los
hechos sociales, Pero ¿cómo es posible la igualdad en una sociedad en la que
unos pocos son poseedores y los más no poseen nada, de modo que estos
últimos, obligados por la necesidad, tienen que vender sus brazos a los
propietarios de la tierra, de las máquinas y los instrumentos de trabajo? La
igualdad social, por tanto, no será posible hasta que todos los hombres sean
poseedores de las tierras, de las máquinas y de las demás fuentes de riqueza,
y hasta que esta riqueza, que es el producto del trabajo de todos, sea puesta
en común para todos.

Esto es el comunismo. De la comunidad de bienes materiales, o sea de


los instrumentos de producción y de la producción misma, se desarrollará la
armonía de los intereses del individuo con los de la colectividad, según el
principio "todos para uno y uno para todos" en contraposición con la egoísta
moral burguesa del ‘cada uno para sí". De la asociación de bienes y de las
fuerzas de todos derivará la asociación de los corazones y se desarrollará
espontáneamente y con grandeza un sentido de solidaridad y hermandad
desconocido en la sociedad burguesa, desgarrada por la más feroz
antropofagia legal y por una implacable guerra civil, que envenena y
despedaza a esta moribunda sociedad finisecular.

En esta atmósfera pura, en lugar de la familia cerrada, egoísta de hoy,


crecerá serena y feliz la gran familia de los iguales y libres, la familia de la
que será miembro amado igualmente todo hombre, todo ciudadano del mundo;
y las nuevas generaciones crecerán vigorosas y hermanadas, no como hoy,
que son el fruto enfermizo e insano de fríos acoplamientos, de calculados e
interesados contratos matrimoniales; no más como ahora producto anémico y
epiléptico de tristes amores y de prostituciones más o meno s legales.
Desaparecido junto con la propiedad individual todo instinto de bajo interés
personal, la unión de un hombre y una mujer no será ya un negocio en el
sentido moderno y mercantil de la palabra. La unión libre, sobre las bases del
amor y la simpatía: este es el lógico vínculo sexual, esta es la familia del
porvenir, sin la mentira convencional del juramento civil ante el alcalde, o del
religioso ante el cura.

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¿Y el cura? Comenzad a combatir al cura, chillan los anticlericale s, y
habréis emancipado a la humanidad.

Los anarquistas responden: ¡Oh, el cura! Desaparecerá junto con la


ignorancia y el embrutecimiento de la mayoría, y con el cura desaparecerán
todas las mentiras religiosas borradas con el rayo vivificador de la ciencia.
Mientras tanto, al cura lo combatimos también nosotros mucho mejor que los
eternos abanderados profesionales de cortejos conmemorativos y fúnebres,
y lo combatimos señalándolo sobre todo a vosotros, trabajadores, como el
eterno aliado de nuestros opresores y explotadores, e intentando oponer la
luz de la razón a la impostura de lo sobrenatural.

Pero, antes que cualquier otra cosa, reivindicamos para todos la


nutrición del estómago -ya que la gran cuestión vital no es otra cosa que una
prosaica cuestión de panza, oh politicastros... de panza llena y
después nutrición del cerebro y del corazón (si se me permite la metáfora),
amplia nutrición de ciencia y de afectos, de instrucción y educación;
reivindicaciones todas ellas de la más alta facultad del ser humano.

Pero sobre todo, antes que nada ¡libertad! No libertad mutilada,


irreconocible gracias a ese papel impreso llamado ley; no libertad
administrada por bandidos de cualquier código más o menos plebiscitario -ya
sean demócratas, republicanos o socialistas- sino libertad ejercida
íntegramente por cada individuo, fusión de todas las actividades y de todas
las iniciativas asociadas libremente por tendencias naturales, para el
bienestar de todos.

Tú dirás, pueblo, que nosotros te podemos engañar cuando afirmamos


que el porvenir es la gran paz, la verdadera igualdad, la infinita hermandad
entre todos los hombres de la tierra.

Podremos engañarnos, pero no engañarte. ¿Qué objeto tendría? ¿Qué


interés? Tú ves la suerte que nos reserva a los anarquistas la valiente
declaración de guerra que arrojamos a la cara de la mafia mundial de los
patronos y de los gobiernos coaligados para tu perjuicio.
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No hay perdón, no hay tregua para nosotros. Y nosotros no pedimos
perdón ni tregua. Paralelamente, las horcas republicanas en las que en 1887 el
democrático gobierno de los Estados Unidos ajusticiaba a nuestros cuatro
héroes, que cometieron el horrendo delito de decir en voz alta la verdad a la
cara a las sanguijuelas de la clase trabajadora, surgió en la España monárquica
y católica el cruel instrumento del garrote, y cerca de allí, en la Francia
republicanísima, se han promulgado leyes idóneas para golpear a los enemigos
implacables de la injusticia y de la plutocracia. Un gobierno equivale al otro;
todos los gobiernos están contra nosotros, contra todas las tiranías. Solo
nosotros no nos hemos acobardado ante los sacrificios a la hora de reivindicar
para todos los hombres la verdadera igualdad en el comunismo, con la
supresión de toda explotación del hombre sobre el hombre, con la abolición de
la propiedad individual; solo nosotros queremos la emancipación completa de la
personalidad humana del yugo opresivo de toda autoridad política, civil, militar
y religiosa; solo nosotros ambicionamos la libertad integral del género humano,
la libertad de las libertades: la anarquía.

(Socialismo legalitario e socialismo anarchico, 1906)

La emancipación de la mujer
Igual que los obreros sufren la tiranía económica de la clase
capitalista, las mujeres -en los usos y en las leyes- sufren la tiranía del sexo
masculino. La liberación de los unos del yugo económico y la de las otras del
yugo sexual solo puede ser resultado del esfuerzo colectivo de todos los
humillados por esta sociedad. Igual que la emancipación de los trabajadores no
puede ser obra más que de los propios trabajadores, según el dictamen de la
Internacional, así la emancipación de la mujer será siempre una afirmación
verbal vacía si en ella no pone manos a la obra la mujer misma. Y porque las
reivindicaciones femeninas están, por mil razones y causas, unidas a las
reivindicaciones obreras, y por otra parte el derecho obrero no conseguirá la
victoria si la mujer se queda indolente fuera de la lucha, por ello los
trabajadores tienen el interés y el deber de no descuidar
17
el problema femenino, que es parte de la vasta cuestión social, y las mujeres
tienen el interés y el deber de preocuparse con amor inteligente por la
cuestión social, ya que fuera de ella el feminismo sería vana academia de unas
pocas charlatanas ambiciosas.

Pero eso, al hablar de la mujer y la familia, me dirijo a la vez a


vosotras, mujeres que me escucháis, y a vosotros, obreros, compañeros míos
de lucha y más o menos afines a nosotros por ideas.

Existe este error, amenazador con graves efectos, incluso en medio


de los combatientes de las batallas del porvenir. Por un lado los obreros,
emancipados intelectualmente, que toman demasiado al pie de la letra la
teoría del materialismo histórico, según el cual no se debe tener en cuenta
más que el factor económico en la valoración de los hechos sociales y en el
movimiento de renovación humana, sin preocuparse de emancipar a la propia
mujer y las mujeres que viven su propia vida, perteneciendo a su misma clase
social. Hay que estar ciego para no comprender que la mujer constituye en el
mundo la mitad o más del género humano, y que hasta que no se libere de la
influencia del cura y de la sumisión a toda prepotencia, será para nosotros y
para la humanidad que avanza, como una bola de plomo encadenada al pie que
le impedirá caminar con soltura. Muchos se limitan a olvidar a la mujer;
incluso van un poco más allá... Hay, no vamos a negarlo, quien piensa todavía
que un poco de religión es bueno para la mujer; hay quien impide a la mujer
ocuparse de las más urgentes cuestiones de reivindicación social. Cuántas
veces he escuchado a algún republicano o socialista decir a su mujer e n medio
de una discusión: "Mira, querida, vete a otra habitación; estas cosas no te
interesan" y volviéndose a mí y a los demás contertulios, añadir: "iLa política
no es cosa de mujeres!".

Si por política se entiende el arte malvado de gobernar y gobernar,


estamos de acuerdo. No faltaría más que la mujer se mezclase en esas torpes
cosas que son la vida parlamentaria y gubernativa, donde todo lo que hay de
bueno en el alma humana es sofocado y transformado. Pero nosotros
pensamos que no solo hay que alejar esta forma de política de la mujer, sino
también del hombre. Y los anarquistas de

18
hecho estar lejos. Pero si por política se entiende el ocuparse de la vida
pública, el interesarse por las cuestiones más palpitantes de la vida soci al, el
tomar parte en el movimiento de elevación económica y moral, está claro que
está es la sana política que todas las mujeres deberían y podrían hacer, sin
por ello perder su gracia innata y sus atractivos, que aumentarían.

De la misma manera, muchas mujeres, que se ocupan de esta bendita


política, acaban por hacer de ella el falso concepto que precisamente hemos
deplorado; y dan la máxima importancia al hecho de convertirse en electoras
o ser elegidas, mezclándose también ellas en las poco decorosas luchas del
poder. En vez de pensar en emanciparse ellas y las demás a de las diferentes
formas de esclavitud y opresión, deciden a su vez sólo el poder y participar
también ellas en la obra de opresión y esclavitud ejercida por los gobiernos y
los parlamentos.

Estas preocupaciones tan poco dignas de su bondad y gentileza las


llevan a concebir el movimiento de elevación y emancipación de la mujer como
algo separado de las demás cuestiones sociales, y separado sobre todo del
problema obrero; mientras que la verdad es todo lo opuesto, por que como
bien demostró Bebel en su magistral libro sobre la mujer y el socialismo: la
mujer no alcanzará su verdadera emancipación mientras no haya
desaparecido el privilegio económico, es decir, hasta que la clase trabajador a
no se emancipe de la opresión económica, siendo en gran parte la condición
actual de la mujer un resultado de la mala organización económica de la
sociedad.

(La donna e la famiglia, 1900) *


********* * * * * ** *** ******

Libertad e igualdad
Ya indicamos en páginas precedentes las bases sociológicas en que se
funda la doctrina anarquista; veremos cómo sólo a condición de una profundo
cambio de la sociedad en sus relaciones económicas, será posible un estado
de cosas que garantice al hombre la libertad
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integral deseada por los anarquistas, para que no se produzca la opresión y la
violencia organizada del gobierno y la milicia como hoy día.

La solución anarquista al problema de la libertad presupone una solución


socialista al problema de la propiedad. Por eso los anarquistas son socialistas,
porque no habrá igualdad verdadera más que cuando los individuos puedan
disponer libremente de sí mismos, sin tener que rendir cuentas a nadie.

Yo, que me siento íntimamente anarquista, soy socialista, y eso desde


que comprendí (y era jovencito) que la moderna concentración industrial, con
sus sistemas de producción, despojando a la mayoría y socializando el trabajo,
contiene al mismo tiempo el empuje para la reivindicación de toda riqueza a la
sociedad entera, y las líneas maestras del futuro ordenamiento económico.
Esta convicción socialista, en mí como en los otros, sólo puede ser el resultado
de sentimientos y razonamientos combinados. La primera rebelión contra la
iniquidad social es la impulsada por el corazón o por la necesidad; después
viene la lógica austera y fría que, emergiendo de las causas profundas de los
sucesos humanos, critica, destruye y combate serenamente, sin odio y sin
miedo. No es un dogma preestablecido esta fe en el porvenir de la humanidad;
no es un teorema árido ni el rumiar estéril de fórmulas algebraicas. Es poesía
y ciencia a la vez. Es certeza matemática, que tiene su génesis en el corazón y
su vitalidad en el cerebro, y que, desafiando toda ironía y toda persecución,
se presenta a la lucha como la más alta transfiguración del sentimiento.

El socialismo, en su aplicación integral, que solo los anarquistas hacen,


conduce al comunismo científico; y será un ordenamiento económico en el que
la armonía del interés de cada uno con el interés de todos resolverá la
sangrienta disidencia entre los derechos del individuo y los de la humanidad
entera. Pero en el socialismo, que es la base económica de la futura sociedad,
deben ser conciliados en la práctica los dos grandes principios de la igualdad y
la libertad. De esto se deduce el vibrante y mal comprendido concepto de la
anarquía: libertad de la libertad, que no será otra cosa que la coronación
política necesaria del

20
socialismo mañana, como hoy lo es lo corriente claramente libertaria. La
anarquía no es, como el socialismo autoritario, la humanidad sofocando al
hombre. No es, como el desorden burgués, el hombre que pisotea a la
humanidad. Retorna el ideal del acuerdo espontáneo de las voluntades y de las
soberanías individuales para el goce del bienestar, creado gracias al trabajo
de todos. Sin explotación: este es el ideal económico; sin coacción: este es el
ideal político del verdadero socialismo.

Lejos de ser contradictorios, los dos términos -socialismo y anarquía-


se integran y complementan a la vez. Aplicad la crítica y los postulados
científicos del socialismo en política y tendréis la conclusión más libertaria
que se pueda imaginar; y a la viceversa, dirigid a la economía burguesa la
crítica que los enemigos del Estado hacen a las instituciones políticas
actuales, y llegaréis por otro camino al reconocimiento de la doctrina
socialista.

El socialismo significa riqueza socializada (no dividida y repartida,


como irónicamente se suele decir) y la anarquía significa libre asociación de
las soberanías individuales, sin poder central y sin coerción.

Imaginad una sociedad en la que todos los ciudadanos, libremente


federados en grupos, asociaciones, corporaciones de profesión, arte u oficio,
sean copropietarios de todo: tierras, minas, talleres, casas, máquinas,
instrumentos de trabajo, medios de cambio y de producción; imaginad que
todos estos hombres, asociados por una evidente armonía de intereses
administren socialmente, sin gobernantes, la "cosa pública", disfrutando en
común de las ventajas, y trabajando en común para aumentar el bienestar
colectivo, y tendréis la anarquía ideal. ¿Es utopía? ¿Hay alguien que,
conociendo siquiera superficialmente la historia de las grandes utopías
humanas, podría afirmarlo?

Que el socialismo autodenominado científico (lo han bautizado así sus


doctores, modestamente) sea otra cosa es indudable. Pero los socialdemócratas
se apresuran, como Ferri en su Socialismo y ciencia positiva, a rechazar
cualquier solidaridad, incluso teórica, con los perseguidos de hoy, negándoles
el derecho a llamarse socialistas,
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olvidando o ignorando que el movimiento socialista popular en toda la Europa
latina ha sido en principio, y en algunas partes continúa siéndolo, claramente
anarquista.

Así pues, teóricamente -como concluía en otra ocasión- de la crítica


económica del socialismo (aceptadas las premisas) se debe llegar
lógicamente a las conclusiones matemáticas de la anarquía.

(La questione sociale e gli anarchici)


***■*****:* ******* ******** *

La sociedad futura

Si bien no podemos decir con exactitud cómo será la forma de la


sociedad futura, sí podemos afirmar (guiándonos por la experiencia
histórica) que el actual ordenamiento de base capitalista deberá ceder el
puesto a un ordenamiento más amplio, que esté en armonía con las nuevas
necesidades colectivas, y responda mejor a la profunda revolución operada
en el siglo XIX en todos los medios de producción.

Se puede creer en el materialismo histórico de Marx y en la


consiguiente teoría catastrófica derivada de la concentración de capitales
en pocas manos y de la proletarización -si se me permite la palabra- de la
gran masa de la sociedad; se puede confiar en el oportunismo reform ista
que espera obtener una transformación por medio de concesiones graduales
de la clase dominante; o por el contrario se puede pensar que con la fuerza
de las ideas apoyada en la de los hechos, el proletariado avezado en sus
asociaciones podrá por sí mismo reivindicar colectivamente todo cuanto su
trabajo creó a través de los siglos.

Pero indudablemente los trabajadores, que son la inmensa mayoría de


la sociedad, de un modo u otro quieren lograr esto y tienen interés en
alcanzar -y por tal vía se han encaminado- una más igualitaria y satisfactoria
distribución de todos los bienes producidos por ellos. Que tal
transformación se efectúe bajo una forma u otra, como dicen los socialistas
autoritarios o como dicen los anarquistas; pero es
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indudable que la transformación llegará.

Si la evolución social procede del acuerdo con sus leyes naturales,


lógicamente la reacción histórica que se presenta como inevitable frente a
la concentración capitalista, que crea la gran us ura industrial sobre el
trabajo y la consiguiente esclavitud económica del obrero bajo la forma del
salariado, es el socialismo.

Por ello, vano y absurdo seria indagar y prever en este artículo en


cuál de sus formas y escuelas triunfará el socialismo. Que tenga
preponderancia la forma autoritaria o la libertaría, con base comunista o
colectivista, lo que es cierto es que en la nueva sociedad, al menos durante
algún tiempo, permanecerán algunos residuos de los organismo pasados; de
aquí la probable fisonomía multiforme de la sociedad humana al día siguiente
de la desaparición del régimen capitalista.

(Come sará la societá futura?)

LO QUE QUEREMOS
Nosotros luchamos, pueblo, por la igualdad ante todo, por la
verdadera y propia igualdad, no por aquella mentira escrita en las cárceles
de las monarquías o en los muros de la Francia republicana.

Nosotros queremos que todo pertenezca a todos; queremos que las


máquinas sean propiedad de los obreros que las hacen producir, y que sean
expropiadas a los actuales patronos, que se enriquecen a costa de las
fatigas de los trabajadores.

Queremos que la tierra, hoy en poder de los viciosos propietarios,


que viven en la ciudad en medio del lujo y en plena orgía, sea entregada al
campesino que la cultiva y la hace fructificar.
23
Queremos, en una palabra, que todos los instrumentos del trabajo
sean poseídos por los trabajadores libremente asociados y que todos los
productos naturales y artificiales de la riqueza sean declarados propiedad de
todos. Por esto nosotros nos declaramos comunistas. Y desafiamos a todos
los guiados por el egoísmo a que nos demuestren cómo la verdadera igualdad
es posible sin el comunismo, que sintetiza el deber y el haber entre el
individuo y la sociedad con la vieja e insuperable fórmula: de cada uno según
sus fuerzas y a cada uno según sus necesidades.

Pero sin completa libertad no es posible la igualdad completa, como sin


verdadera igualdad no es concebible la verdadera y propia libertad. El que no
posee es esclavo del que posee, como aquellos que dominan políticamente,
hasta económicamente tienden a transformarse en los señores de los
gobernantes. Y como no es posible efectuar la igualdad sin suprimir a los
patronos, desposeyéndoles de todo lo que injustamente detentan, esto es,
del privilegio económico que se llama propiedad, tampoco es posible
reivindicar la libertad sin eliminar a los gobernantes, aboliendo todo
gobierno, que es el privilegio político donde descansa la explotación del
hombre por el hombre. Ni amos ni asalariados; ni gobernantes ni gobernados.
Todos iguales en la libertad; libertad; todos libres en la igualdad.

Sin propiedad privada, que equivale a decir sin amos y, por


consecuencia, sin la explotación económica, todos los individuos serán
económicamente iguales, y esto es el comunismo o propiedad común de todas
las cosas.

Sin gobierno, sin autoridad del hombre sobre el hombre, sin la


violencia moral de las leyes antinaturales, sin policías y sin burocracia, todos
los hombres serán políticamente libres; esto es, cada individuo tendrá la
plena y exclusiva soberanía sobre sí mismo y no encontrará quien le impida
cooperar al bien colectivo y podrá obrar espontáneamente según lo reclamen
sus intereses individuales: existiendo completa armonía en los intereses de
todos. Esta libertad es la anarquía, libertad de la libertad. Somos por todo
esto, comunistas anarquistas,

24
porque queremos ser verdaderamente libres y completamente iguales.

Nosotros que queremos la liberación de todos los oprimidos;


nosotros, que amamos vivamente a nuestras madres, a nuestros hijos, a
nuestras hermanas, a las compañeras de nuestra vida y de nuestros dolores,
llamamos a la mujer doblemente esclava, del patrono y del macho. ¡Venid a
nosotros, oh desventuradas, y peleemos juntos por la redención de todas las
miserias, para que entre vosotras no impere la infelicidad!

Os dicen continuamente que nosotros queremos destruir los más


santos afectos de la familia. Pero, ¿existe la familia para vosotros, pobres
mártires del trabajo del campo, del taller y de la mina? ¿Existe familia para
vosotras, jóvenes vendidas sin amor y por una baja especulación de
intereses materiales a la prostitución legal del matrimonio? ¿Existe familia
para vosotras, hermanas mías, niñas desfloradas en plena juventud por la
libidinosidad de un patrón libertino y echadas al medio del arroyo para que
os compre las caricias el primer viandante? ¿Existe la familia para vosotras,
irresponsables infanticidas, consagradas para el recreo de los elegantes
ladrones de vuestra virginidad? ¿Para vosotras, desconsoladas y viejas
solteronas, obligadas a una eterna castidad por el estúpido
convencionalismo social que llama inmoralidad a los estímulos imperiosos del
corazón y de la carne que no estén controlados en el Registro Civil? Y, en
fin, ¿existe la familia para vosotras, prostitutas, instrumentos del placer
burgués, que os tuvisteis que vender porque el hambre trituraba vuestros
organismos, en el mercado de las esclavas blancas, para transformaros en
entes donde el venéreo y la sífilis habían de surgir para corroerlo todo?

¿Dónde está, mujer dulce y doloroso, mitad del género humano,


vuestra dignidad frente a la bárbara prepotencia del macho?

Esta sociedad inmoral, que se lucra de vuestro producto de


trabajadores y de vuestra belleza; este conglomerado de gentes y de leyes,
pudibundas, llenas de sífilis moral hasta los huesos, se atreve a
25
llamarnos renegadores de los más gentiles afectos, porque queremos abolir
el matrimonio-contrato de interés oponiendo el pacto libre de los afectos
sentidos; porque queremos reivindicar el amor dándole toda su libertad,
haciendo desaparecer toda esa engañifa a la que se da el nombre de Código,
y porque queremos abolir la especulación interesada y la mentira de l a
moralidad convencional.

¡Oh, mujer! No hagas caso de la negra calumnia que sobre nosotros


lanzan todos los mercantilistas del corazón y de la conciencia. Ellos viven
del engaño y tienen interés en que la verdad que nosotros propagamos no
ilumine al mundo como un sol del mediodía.

Nosotros queremos purificar la unión sexual y nada más. Hacerla


desinteresada, con la abolición de la propiedad, causa principal de todos los
bajos cálculos de interés; hacerla libre, haciendo desaparecer todas las
cadenas, morales o materiales, que se opongan al espontáneo y natural
desarrollo de todas las manifestaciones.

Proclamar el amor libre no es otra cosa que declarar legítima y santa


la unión de dos seres para la sublime y moral función de la procreación, que
es suprema necesidad para la vida de la especie. Abolir el vínculo civil del
matrimonio para sustituirlo por la elección espontánea de dos almas y de
dos cuerpos tendentes a unirse por afinidad y por tiempo ilimitado, no es
otra cosa que implantar la familia del amor en sustitución de la actual
familia de los intereses. Es, en una palabra, promulgar la ley universal de la
Naturaleza en sustitución de las varias leyes artificiales manipuladas por
los hombres en beneficio de los intereses de una clase dominante o de un
sexo privilegiado.

He aquí por qué los comunistas anarquistas proponemos el amor libre


como la forma natural del goce sexual en una sociedad de hombres
sinceramente iguales y completamente libres.

Los religiosos dicen continuamente que los anarquistas quieren


destruir la religión. ¿Pero tienen los religiosos otra religión que no sea
26
aquella de la propia panza y del propio bienestar material?

Los anarquistas no quieren otra cosa que la completa libertad para


todos; quieren destruir todos los prejuicios y supersticiones y proclamar la
ciencia maestra y reguladora de la vida. La ciencia, que es positiva y
antirreligiosa, emancipará al género humano.

Pero los anarquistas odian la patria, dice la gente tímida; reniegan de


ella, debiendo serles querida. Veamos un poco: ¿dónde está la patria pura los
obreros patrióticamente explotadas por los patronos hasta el día que quedan
inútiles para el trabajo y les dan con la puerta de la fábrica en las propias
narices, quedando sin trabajo y sin alimento para nutrir su organismo?
¿Dónde está la patria para el miserable campesino, lanzado por el hambre,
obligado a abandonar la tierra que lo vio nacer para ir a vivir al otro lado del
Océano, creyendo encontrar amos más humanos que sus queridos (?)
compatriotas? Estos compatriotas generosos. ¡No hay deberes donde no
existen derechos! ¿Qué derechos tiene el proletariado en su patria si no es el
honor de defender la tierra que él sólo cultivó e hizo producir y que sólo los
ricos consumen? Entre Vanderbild, multimillonario, y su compatriota Lázaro,
mendicante, existe tanto de común y fraternal como entre el campesino que
se muere de hombre en el bello jardín de la patria y el celestial emperador de
la China Pero sí existe mucho de común entre el campesino español y el
pobre proletario de Irlanda, como entre el obrero oprimido en la monarquía
itálica y el asalariado de la Francia republicana que hace los experimentos de
la pólvora sin humo sobre los pechos de los trabajadores Existe la comunidad
en la miseria, en la ignorancia, en el embrutecimiento y en la inconsciencia de
los propios derechos.

Y los gobiernos y los negreros capitalistas, para mejor dominar, se


afanan en suscitar odios fratricidas entre los pueblos, por la llamada dignidad
de la bandera, o por fútiles cuestiones de nacionalidad. Y el pueblo nunca
comprende este juego insidioso que con su sangre hacen todos los
potentados y patrioteros. Los trabajadores empiezan ya a comprender que
sus enemigos no están más allá de esta o de aquella frontera, sino que están
en todos los países, en todas las

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patrias; gobernantes y patronos, prepotentes y parásitos, que extienden de
un lado al otro del mundo la camorra policíaco-capitalista, que explota,
desangra y oprime la mayor y mejor parte del género humano.

Esta alianza internacional de los explotados y de los oprimidos de


todas las patrias en abierta rebeldía contra la coligación de los gobiernos y
del capitalismo, derrocará todo el viejo orden social a base de opresiones,
privilegios y tiranías, instaurando en toda la tierra una nueva era de amor y
bienestar para todos los hombres, iguales y libres.

Y por estas razones, los comunistas anarquistas se declaran


internacionalistas.

Pero toda esta renovación sustancial y profunda de la sociedad


humana, sólo es posible merced a una violenta insurrección del pueblo
contra la violencia legal de los actuales privilegios económicos y políticos.
Aquí parte la necesidad de una revolución social.

Y por esto nosotros somos antilegalitarios y revolucionarios.

Y tú, viejo pueblo trabajador, confórtanos en nuestra humilde y


solitaria obra, con el rugido del león que afila las garras para entrar en pelea;
que aún en el furor de la batalla sangrienta oirás cómo, hiriendo el espacio,
surge de los pechos de los luchadores este grito, que es un signo de
fraternidad y de amor: ¡Viva la humanidad libre!
Pietro Gori

Que los proscritos de toda patria ( . . . ) de esta idea roja como la aurora invencible, y
de este sudario, negro como la desgracia humana, sepan hacerse la simbólica bandera de la
liberación
Pietro Gori, 1905

Tierra y libertad
Enero 2011
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Publicaciones Ácratas: EL SEMBRADOR
Julio del 2011