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IX Jornadas Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea“Resistencias y

alternativas políticas en el capitalismo neoliberal

Eje 4: Feminismos y capitalismo neoliberal. “Tsunami violeta o la organización


feminista de la resistencia”.

Epistemología crítica y subjetividad

Baravalle María Luz

Universidad Nacional del Nordeste

La ciencia como dispositivo de saber-poder controla la producción y gestión del


conocimiento, y ejerce violencia epistémica mediante interpretaciones y signos
semióticos que representan un modo de la realidad construido por una subjetividad con
privilegios de clase, raza, sexo-género. Esto queda patente en las desigualdades de
poder en las coordenadas geopolíticas norte-sur, este-oeste.
El locus del sujeto moderno es un constructo universal, que invisibiliza las marcas de
los existentes que contiene, y, por tanto, es una ficción que mantiene estructuras socio-
políticas estáticas, bloquea mutaciones epistémicas, obstruye re-definiciones de los
individuos y nuevas prácticas de subjetivación.
A las nociones de la modernidad, se agregan designaciones bio-políticas sobre los
cuerpos, que revisten fijaciones identitarias y clasificatorias, para explotarlos al servicio
de un régimen político patriarcal hetero-capitalista.
Una epistemología crítica privilegia la participación igualitaria de las subjetividades
subalternizadas en el diseño y administración de las instituciones que producen y
distribuyen el conocimiento; en la observación de su realidad y sus intereses, es posible
que se geste el derecho a enunciar, en tanto, que subjetividad, que hasta la actualidad ha
sido violentada en su distorsión o negada.

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En consonancia con la perspectiva constructivista del conocimiento que sostiene Donna
Haraway (1944), se afirma que todos los esquemas que limitan el conocimiento son
teorizados como actitudes de poder y como actitudes que buscan la verdad.

El problema de la objetividad está basado en la utilización de referentes vacíos o con


significados diferidos, con sujetos desdoblados y con el juego interminable de
significantes. Las relaciones de poder y sus categorías son efectos construidos en el
juego de los significantes en el campo de fuerzas micro y macro-políticas.

Todas las verdades se convierten en efectos en un espacio hiperreal de simulación. Dan


lugar a proyectos de conocimientos, productos de juegos de palabras, que tienen como
propósito volverse creíbles, por lo tanto, la ciencia a veces semeja a la ciencia ficción.

La ciencia es retórica, es decir, consiste en la persuasión que tienen los actores sociales
de que el conocimiento manufacturado sea una forma deseada de poder objetivo que
configuran nuevos objetos.

Establece una relación entre el cuerpo y el lenguaje, donde el cuerpo es textualizado y


codificado en argumentos que conforman “la realidad socialmente negociada” para el
sujeto postmoderno. Los códigos apuntan a desintegrarse mutuamente para permanecer
en el juego del conocimiento y del poder.

Por ello, Donna Haraway señala que el proyecto tiene que constar de deconstruir la
verdad de la ciencia hostil y mostrar su especificidad histórica radical y la
contestabilidad de todas las construcciones científicas y tecnológicas, lejos de
acomodarnos en los lugares preferentes del juego.

Privilegia la función colectiva histórica de la definición de las verdades conjugando


semiología y narratología, logrando simultáneamente una versión de la contingencia
histórica radical de todas las afirmaciones del conocimiento y los sujetos conocedores,
una práctica critica que posea la insistencia postmoderna en la diferencia irreductible y
en la multiplicidad radical de los conocimiento locales.

Ante las doctrinas de la objetividad de la ciencia que insisten en los significados


legítimos y limitadores del poder, Haraway propone un constructivismo radical
conjugado con la semiología y con la narratología, mostrar críticamente la relación con

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nuestras prácticas de dominación y las de otros, y con las partes desiguales de privilegio
y de opresión que configuran todas las posiciones ante el conocimiento.

Se requieren prácticas reflexivas para reconocer las propias tecnologías semióticas para
lograr significados y un compromiso favorable a proyectos globales de libertad, no
como poder inocente para representar el mundo, sino como habilidad parcial de traducir
los conocimientos entre comunidades diferentes y diferenciadas por el poder.

La ciencia se ha movido en una universalidad de significados llamada reduccionismo,


implantando normas para un entendimiento general; frente a esto se requiere el poder de
crear significados y sentidos que construyan cuerpos desde una confianza metafórica al
sistema sensorial, fundamentalmente la vista, para evitar oposiciones binarias.

La objetividad feminista se construye desde conocimientos situados, que significa


apartarse de la visión de la ciencia fuera del cuerpo marcado, de la mirada desde
ninguna parte, y posicionarse para conocer el mundo. Históricamente la mirada de la
ciencia ha inscripto todos los cuerpos marcados, ha fabricado la categoría no marcada
que reclama el poder de ver y no ser vista, de representar y evitar la representación.

Los ojos han sido utilizados en la historia de la ciencia como capacidad refinada -
relacionada con el militarismo, el capitalismo, el colonialismo y la supremacía
masculina- para distanciar el sujeto conocedor del objeto.

Los instrumentos de visualización en la cultura multinacionalista y postmoderna han


compuestos estos significados de des-encarnación. Las tecnologías de visualización no
parecen tener límites, este ojo viola al mundo para engrendrar monstruos tecnológicos.

Las fotografías como señales digitalizadas transmitidas provocan que el consumidor


sienta la experiencia del momento del descubrimiento, con una visión inmediata del
objeto.

Estos trucos visualizadores de las tecnologías modernas, han influido sobre los debates
sobre la objetividad, significando escáneres políticos y teóricos para nombrar donde
estamos y donde no, en dimensiones de espacio mental y físico que difícilmente
sabemos cómo nombrar.

Por otra parte, la perspectiva parcial de la autora, promete responsabilidad para la


generatividad de todas las prácticas visuales. Todas las narrativas occidentales sobre la

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objetividad de la ciencia son alegorías de las ideologías de las relaciones entre mente y
cuerpo. La objetividad feminista, desde otro punto de vista, trata de la localización
limitada y del conocimiento situado, no de la trascendencia y el desdoblamiento del
sujeto y el objeto.

Se trata de una lección de aprender en las imágenes: de cómo el mundo mira los ojos
compuestos, las imágenes transmitidas digitalmente de las diferencias percibidas. Los
ojos de las modernas ciencias tecnológicas, los artefactos protésicos, que construyen
formas de vida, en tanto, sistemas perceptivos activos.

No existen fotografías no mediadas ni cámaras oscuras pasivas, en las relaciones entre


cuerpos y maquinas, por ello, es preciso comprender de qué manera esos sistemas
visuales, funcionan técnica, social y psíquicamente para ver de qué manera se encarna la
objetividad femenina y así lograr conocimientos encarnados.

Aún así, la autora también refiere al peligro de romantizar y/o apropiarse de la visión de
los menos poderosos al mismo tiempo que se mira desde sus posiciones, ya que dichas
posiciones no están exentas de re-examen crítico, de descodificación, de
deconstrucción, mediante modos hermenéuticos y semiológicos de investigación crítica.

Los puntos de vista de los subyugados no son posiciones inocentes, son preferidos
porque comprenden los modos de negación: la represión, el olvido y los actos de
desaparición, todos ellos maneras de no están en ninguna parte mientras se afirma una
determinada mirada.

Por otra parte, también es posible caer en el relativismo, y la alternativa ante éste, no es
totalización y visión única, que es siempre finalmente la categoría no marcada. La
alternativa al relativismo son los conocimientos parciales, localizables y críticos,
admitiendo conversaciones.

El relativismo es susceptible de ser evitado debido a que consiste en la manera de no


estar en ningún sitio, mientras se pretende igualmente estar en todas partes. En la
política y en la epistemología de las perspectivas parciales es donde se encuentra la
posibilidad de una búsqueda objetiva, sostenida y racional.

Una práctica de la objetividad feminista que favorezca la contestación, la


deconstrucción, que trate de transformar los sistemas de conocimiento y las maneras de

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mirar. Adoptar una parcialidad asumida y autocritica, que prometa construir mundos
menos organizados en torno a ejes de dominación.

La categoría no marcada desaparecería, para que la visión se constituya en una cuestión


del poder de ver de la violencia implícita en nuestras prácticas visualizadoras, poder ver
mediante una tecnología semiótica que enlace significados con los cuerpos.

La promesa de la objetividad: “ver junto con otro sin pretender ser otro”, un conocedor
científico que no pretenda una posición llena y total, como la del perfecto sujeto
fetichizado de la historia opositiva, que a veces aparece en la teoría feminista como la
esencializada Mujer del Tercer Mundo.

Los instrumentos visuales, la óptica aparece como instrumento político de


posicionamiento. La identidad, la auto-identidad no produce ciencia. El
posicionamiento crítico si, es decir la objetividad.

La posición del sujeto es la de la auto-identidad, el truco divino que confunde identidad


con conocimiento, con omnisciencia. Ocupar un lugar implica responsabilidad en las
prácticas, la base de los proyectos de conocimiento en la historia de la ciencia ha sido la
racionalidad, que es una ilusión óptica proyectada de manera comprensiva desde
ninguna parte.

Lo que intenta mostrar Haraway, es que las luchas sobre lo que será considerado como
versiones racionales del mundo son luchas sobre como ver. En la realidad social se
fabrica la ilusión de la simetría entre las personas: cada posición social aparece primero
como alternativa, y segundo, como mutuamente excluyente.

Los conocimientos locales han estado en tensión con las estructuraciones productivas
que fuerzan traducciones desiguales e intercambios - materiales y semióticos - entre el
conocimiento y el poder.

Las categorías, como la de género, son un campo de diferencia estructurada y


estructurante, no tratan de una localización fija, como por ejemplo en un cuerpo
femenino o de otra manera, sino de nudos de campos, inflexiones y orientaciones, fija
una responsabilidad por la diferencia en campos material-semiótico de significados,
desde esta perspectiva, la encarnación es una prótesis significante.

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Investigar sobre los aparatos de producción visual, maquinarias especializadas para
procesar regiones de nuestras representaciones de mundo, en las metáforas
encontraremos medios para intervenir en los modelos de objetificación dentro del
mundo, en los modelos de realidad de los que seremos responsables. En tales metáforas
encontramos medios para apreciar el aspecto real, el aspecto de la semiosis, y la
producción del conocimiento científico

De esta manera, generar políticas y epistemologías de la localización del


posicionamiento y de la situación, en las que la parcialidad sea la condición para un
conocimiento racional.

Una política de la interpretación, de la traducción, sobre las ciencias producidas, que


tenga su origen en un sujeto múltiple con variadas visiones críticas sobre el espacio
social generizado. La ciencia sujeta a la descodificación y trans-codificación, para que
se convierta en el modelo paradigmático, no de lo cerrado, sino de lo contestable.

La conjunción de visiones parciales en una posición de sujeto colectivo, como


producción institucionalizada del conocimiento que contemple las luchas ideológicas
para el significado en el discurso sobre la ciencia.

El objeto de conocimiento no como cosa pasiva e inerte, sino como agente en la


producción para conocimientos situados. Las versiones que construyan el mundo
revelan relaciones sociales cargadas de poder.

De allí que el propio cuerpo sea una página en blanco para inscripciones sociales, como
las del discurso biológico, que en sí, es una producción discursiva social. El cuerpo
como objeto del discurso biológico es la intersección del arte, negocios y tecnología.
Los cuerpos emergen en la intersección de investigación biológica, de la escritura, y de
las prácticas médicas, como nudos generativos materiales y semióticos.

Referencias bibliográficas

-HARAWAY, Donna. Ciencia, cyborgs y mujeres. Cátedra, Madrid, 1991.

-FEMENIAS, María Luisa; Sosa Rossi, Paula, comp. (2011). Saberes situados / Teorías
trashumantes. La Plata: UNLP. FAHCE. Instituto de Investigaciones en Humanidades y
Ciencias Sociales. CINIG, 2011.