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Aborto y confusión

La lucha por la emancipación de las subjetividades desde la experiencia común del aborto
y la acción política de los acompañamientos feministas en la actual era neoliberal

Bárbara Corneli Colombatto (UNLP/UNR)

Este trabajo es parte del proceso de escritura de la tesis para concluir la Maestría “El

Poder y la sociedad desde la problemática de género” de la Universidad de Rosario y

busca aportar algo de claridad en las experiencias de aborto acompañadas por

Socorristas en Red, como ejemplo de unas tramas y condiciones comunes de las mujeres

y personas con capacidad de gestar en las que el aborto y el acompañamiento conforman

acciones políticas que desde el feminismo pueden mostrar procesos de subjetivación y

vinculación que contradigan las lógicas neoliberales.

En el marco de estas jornadas, lo que presento aquí representa parte de la introducción

de dicha tesis. Este texto se encuentra en una instancia embrionaria, de revisión y

elaboración y algo de la intención de exponerlo y compartirlo tiene que ver con esbozar

algunas de las líneas que busco profundizar en cada capítulo para debatir su relevancia y

complejidad.

Este proceso, el de la escritura, ha sido, o mejor, viene siendo un camino plagado de

incomodidad, que se encuentra incluso en un desconocer el propio cuerpo y una

necesidad de llevar esa inquietud hacia fuera. La elaboración de estas páginas pueden

encontrar analogías tanto en un proceso gestacional, como en un aborto, en la urgencia

de desembarazarse de un problema, aunque lo expulsado no nos quite nunca la

experiencia del cuerpo, como el recuerdo o la cicatriz.

Reconozco entonces que escribo desde una experiencia y un saber situados y marcados

por una clase social, un color de piel, una genitalidad, unos estereotipos y roles

generizados, unos límites y alcances sesgados en el mundo del trabajo y de los proyectos

de vida de unas subjetividades en un rincón del mundo, en un momento dado. Mucho
antes de que me formara una opinión en relación al aborto, ésta experiencia ya era parte

de la vida de las mujeres; mucho antes de que iniciara mi vida sexual, la posibilidad de un

embarazo no deseado ya era un fantasma y mucho antes de que considerara la cualidad

de lo clandestino, decidir abortar representaba un abanico de opciones entre las que no

sólo acechaba el riesgo de muerte, sino también el amasado de vínculos y complicidades

que sostenían, acompañaban y cuidaban en silencio. La experiencia del aborto transcurrió

de forma paralela, subterránea y silenciosa, en mi vida, en la de mi generación, en la de

los procesos históricos de este país y de todos los países, independientemente de que se

hayan propuesto o alcanzado la legalidad de la práctica. Creo que esto que garabateo y

pienso podría decirlo cualquier mujer en cualquier rincón del mundo. Mientras las mujeres

de todos los tiempos abortaban, todo un sistema reforzaba sus mecanismos de

explotación y perfeccionaba sus lógicas y tecnologías a costa de nuestros cuerpos y

nuestras vidas, sosteniendo como verdades ideas como la del instinto materno, la histeria

femenina, las diferencias concretas en el acceso al mundo del trabajo, como si éste se

encontrara muy lejos del ingrato y cotidiano trabajo doméstico que hacemos a diario sin

ninguna remuneración.

En este sentido fue imprescindible encarar esta investigación desde la epistemología

feminista, así como desde el marxismo. El análisis histórico y situado comporta reconocer

unas circunstancias dadas como parte de un sistema que es en igual medida capitalista,

colonialista y patriarcal. A la hora de hablar del uso de una epistemología feminista es

necesario reconocer, como rasgo distintivo, que esta “define su problemática desde la

perspectiva de las experiencias femeninas y que, también, emplea estas experiencias

como un indicador significativo de la ´realidad´ contra la cual se deben contrastar las

hipótesis” (Harding, 1998: 7-8). Para Harding es importante no sólo considerar el punto de

vista de las mujeres y sus experiencias al interior de las investigaciones científicas, sino

también el hecho de que la posición del investigador o la investigadora a la hora de

elaborar saberes, será siempre situada y, en tanto tal, se verá afectada por la clase, la

raza, la cultura, las presuposiciones en torno al género, así como por las creencias y

comportamientos de la investigadora (1998: 7-8). En relación a esto es que dichos
condicionamientos deberían, según Harding, explicitarse como parte de los intereses

particulares y específicos de quien investiga. (1998: 10).

Del mismo modo la filosofía de Marx nos brinda un método para analizar las condiciones

capitalistas de opresión, nos permite ver en el marco de la investigación “la posibilidad de

objetividad y de verdad de tal o cual pensamiento se resolverá en las prácticas concretas

de los seres humanos en un determinado momento histórico” (Expósito, 2017: 80). En su

libro Calibán y la Bruja, Silvia Federicci hace mención a que “la reconstrucción de la

historia de las mujeres o la mirada de la historia desde un punto de vista femenino, implica

una redefinición de las categorías históricas aceptadas, que visibilice las estructuras

ocultas de dominación y explotación” (2015: 22). En este sentido, la autora menciona al

aborto, o la gestión de los abortos, como una práctica que integraba los conocimientos de

comunidades pre capitalistas y como uno de los bienes de los que las mujeres fueron

desposeídas y expropiadas bajo la lógica de la acumulación originaria (Federicci, 2015).

En el último año, desde que comenzó a decantar este proceso de escritura a hoy,

sucedieron cosas que eran impensadas poco tiempo atrás. Era muy poco probable que,

en agosto de 2017, cuando comencé a recopilar lecturas, entrevistas y a sistematizar y

escribir los capítulos de este trabajo, creyera que 2018 sería el año en que, luego de 7

presentaciones consecutivas de un proyecto de ley por parte de la Campaña Nacional por

el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, éste tendría el visto bueno para ser tratado

en el Congreso Nacional y alcanzaría incluso el debate en las dos cámaras.

Cuando se hubo iniciado la serie de jornadas informativas previas a la votación en

diputados fue notable no sólo la cotidianidad con que se escuchó hablar de aborto en las

calles, en los espacios públicos y privados. La velocidad y masividad con que se esparció

el tema avanzó no sin perplejidades y proclamarse a favor o en contra fue la orden del día.

Hablar de aborto y confusión en este contexto describe muy bien el clima que vivimos

esos días donde se pudo palpar el resultado de años de un trabajo silencioso de debates

y militancia del movimiento de mujeres y feministas, de lo avanzado en los Encuentros

Nacionales de mujeres, de la despenalización social conquistada por la Campaña

Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Claro que también fue evidente y
compleja la exposición de argumentos que, desde los lugares más conservadores de la

política y la religión, acudían a la ciencia, al derecho, al trabajo en la salud de las mujeres

como fuentes de una postura opuesta. Hablar de aborto y confusión muestra una

dicotomía que describe bien la complejidad de las contradicciones que se expusieron

discursivamente. Esa falta de orden o claridad, esa versatilidad en la que los argumentos

podían ser utilizados para una u otra posición en términos antagónicos, pesaba en parte

en la continua deshistorización del feminismo tanto como exponía los mecanismos en que

se invisibiliza y tergiversa lo que el movimiento de mujeres ha repetido y señalado

incontables veces.

Como en un paseo distraído, en la más consciente búsqueda puede suceder lo mismo: el

árbol que nos tapa el bosque no es siempre el mismo. Y esto no es sólo la amenazante

muestra de nuestras limitaciones y de los obstáculos que se nos presentan, sino la

gratificante complejidad del movimiento. Porque avanzamos encontramos nuevos

desafíos, nos hacemos nuevas preguntas y nos habita la contradicción donde las huellas

que creímos haber dejado en el camino, están también marcadas en nuestra piel, son

filtros distintos a nuestra mirada que no puede, aunque quiera, controlar por completo

todos sus modos de ver.

Podemos identificar en la coyuntura actual un punto de no retorno en la masividad de las

manifestaciones contra la violencia de género y los femicidios en nuestro país después

del primer “Ni una menos” el 3 de junio de 2015, que coincide a su vez con el alcance

internacional y masivo del feminismo como actor político actual. Por eso, nos proponemos

abordar un recorrido donde intentaremos en primera instancia abarcar un contexto

histórico que delimite la complejidad de las relaciones entre las fuerzas de producción y

reproducción del sistema capitalista en la actual fase del neoliberalismo. En este mismo

sentido, buscaremos entender las relaciones vigentes entre los modos de acumulación y

explotación capitalistas y la organización de la resistencia de quienes representan las

subjetividades en disputa de la emancipación.

Hacer foco en los procesos históricos, políticos, económicos y sociales que se han

sucedido desde comienzos de la década de los 70 a esta parte nos permite observar una
serie de transformaciones no sólo en los desarrollos tecnológicos que han afectado los

modos de producción, sino también en las lógicas de explotación que delimitan y regulan

el trabajo del proletariado mundial, determinando incluso modos no formales de sobrevivir

y resistir por fuera de la lógica del salario.

De cierto modo, los procesos de resistencia y las organizaciones que han disputado los

derechos y las pautas que regulan el trabajo se presentan, se fisuran y se rearman

continuamente en una relación dialéctica con los abates de los intereses del capital. La

propiedad de la tierra y de los cuerpos es también la propiedad sobre el valor que produce

nuestro trabajo, sea este reconocido como formal o no. En este sentido consideramos

para este trabajo la visibilización de la reproducción de la vida como parte históricamente

invisibilizada incluso por el marxismo.

Si de algún modo queremos comprender aquí los alcances de la experiencia del aborto

para las mujeres y personas gestantes, tenemos que primero considerar las formas en las

que un aborto pasa por el cuerpo y cómo esto impacta en la constitución de una

subjetividad. Si bien resulta complejo creer que se puede generalizar de algún modo dicha

experiencia, avanzamos aquí sabiendo que la contradicción también es propia de un clima

de época en la evolución de la actual etapa del capitalismo. Podemos pensar, a modo de

ejemplo, en la búsqueda de la legalización del aborto, historizar y profundizar en los

marcos de legalidad de esta práctica. En este sentido, definir los términos de la legalidad

que amparan y determinan las condiciones en las que el acceso a dicha práctica deberán

ser llevadas a cabo tiene como contrapartida delimitar concretamente los márgenes en

que se define lo ilegal. Es decir, la legalidad sí o sí redefine nuevos términos restrictivos.

Lo legal señala más claramente lo que no lo es. Y lo que es ilegal se define a su vez en

los términos de la aplicación de ciertas sanciones. Es así que no es lo mismo la

experiencia del aborto en los países donde la práctica está legalizada, o donde se cuenta

con una legalidad restrictiva, que en donde se lo penaliza por completo. Del mismo modo

en que no pueden escindirse práctica, subjetividad y contexto, es que la cuestión del

aborto es indisociable de las condiciones históricas que sitúan a las subjetividades

femeninas y/o de quienes pueden gestar en una relación determinada con la maternidad,
la salud, como para nombrar sólo dos aspectos en los que autodeterminarse.

Las condiciones estructurales que definen la posibilidad o no de resolver de manera

autónoma un asunto que involucra la propia salud, y particularmente en lo que atañe a las

cuestiones obstétricas y de reproducción, exceden la capacidad individual de manejar los

recursos con los que se cuenta para llevar adelante una decisión. No es el desarrollo

evolutivo de la mujer, que actualmente está más “integrada” a la sociedad y al mundo del

trabajo lo que la acerca a una experiencia menos riesgosa de aborto, ni tampoco lo son

las condiciones y avances científicos de los países que avanzaron primero en otorgar una

legalidad a la práctica.

Conviven aquí circunstancias paradojales como por ejemplo el hecho de que uno de los

descubrimientos más valiosos para la seguridad de la práctica del aborto (es decir, el

método medicamentoso con el uso de Misoprostol), que constituye hoy el método

recomendado por la organización mundial de la salud, fue experimentado lejos de la

supervisión científica, en la privacidad, la complicidad y el silencio por mujeres que se

arriesgaron con mejor suerte quizás que aquellas que también lo hicieron con métodos

más artesanales, polémicos o riesgosos.

En segundo lugar vamos a enfocar la mirada, dentro del desarrollo y crecimiento de las

organizaciones feministas y del movimiento de mujeres en este contexto histórico y hasta

la actualidad, en su relación con la cuestión del aborto.

La cuestión del género, en los estudios feministas ha distanciado las diferencias

biológicas, de las diferencias que se hacen sobre los roles que se supone corresponden a

uno y otro género (aún dejando al margen el hecho de que predomine un enfoque binario

de los mismos). Es así que se presenta como problema el hecho de que la maternidad

sea considerada el destino de las mujeres por el sólo hecho de contar con la capacidad

biológica de gestar y parir. Así como maternar o no, no es una acción natural, sino que

podríamos decir que compone una decisión cuyos alcances son políticos, terminar con un

embarazo que se presenta como una posibilidad de maternar cuando no se lo desea

(independientemente del motivo), es también una decisión política. Aun cuando la
decisión de abortar se tomara de forma autónoma y privada, decidir no parir implica

necesariamente una interrupción en la cadena de producción y reproducción capitalista. Y

así como las feministas desde la primera ola han alertado sobre el alcance político de

cuestiones personales, las feministas marxistas y radicales han alertado a su vez sobre la

función de la reproducción en los engranajes del sistema capitalista. En este sentido, esta

subjetividad mujer-madre resultaría funcional a la reproducción del capitalismo actual y

sus modos de extraer valor.

En esta parte del trabajo de tesis en construcción intentaremos vincular la forma en la que

los feminismos se presentan en las vidas de las subjetividades femeninas, en las que

organizarse implicó progresivamente una disputa política de los roles y sentidos otorgados

a sus existencias. Para esto dirigiremos la mirada hacia la relación entre el aborto (y

ocasionalmente la maternidad) y el movimiento de mujeres y feministas, sin renunciar a

un análisis situado de la tensión entre las subjetividades y las prácticas políticas. ¿Fue el

aborto una cuestión sobre la que el movimiento de mujeres discutió y/o se manifestó

desde sus inicios? ¿De qué modo aparecía esta cuestión en sus discursos, prácticas y

experiencias? ¿qué distancias y proximidades encontramos entre la praxis feminista y la

experiencia concreta de las mujeres y cuerpos gestantes que decidían o deseaban

abortar? ¿Qué rupturas y/o continuidades han podido establecer los feminismos en la

práctica del aborto respecto a sus prácticas políticas?

El movimiento de mujeres o la participación política de las mismas en los procesos

históricos, se enmarca en una resistencia al orden hegemónico. La relación del

movimiento de mujeres y feministas con el aborto está presente aunque no siempre

visible en dichas participaciones y procesos. Para acceder a estos recorridos es necesario

recuperar en clave genealógica las experiencias y nombrar los silencios que se han

aplicado y sostenido sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Profundizando los modos en los que desde lo internacional a lo regional se han planteado

estrategias para discutir la práctica del aborto desde el feminismo y su legalidad como un

horizonte a perseguir, intentaremos recorrer las experiencias en que los movimientos de

mujeres y feministas han organizado el aborto como práctica y las consecuencias de
dichas prácticas políticas en la despenalización social, así como en la seguridad de la

práctica en sí. Esperamos encontrar, en este sentido, algún tipo de pista respecto al tipo

de procesos de subjetivación en relación a una idea de emancipación desde el feminismo.

Resulta contradictorio que uno de los argumentos a los que se apela para obtener la

legalidad del aborto sea en relación a la cantidad de muertes de mujeres gestantes que

suceden por año por causas vinculadas a la práctica del aborto. Si bien la clandestinidad

engloba las circunstancias en que suceden los abortos fuera de la legalidad, la seguridad

o no de la práctica está ligada al acceso que tengamos a recursos materiales y simbólicos.

El aborto es inseguro no por que lo practiquen las mujeres en la privacidad de sus

hogares, al margen de la tutela estatal, sino porque no todas las mujeres tenemos acceso

a la información y a los medios por los cuales gestionarnos las pastillas y administrarnos

sus dosis, o las condiciones de higiene en nuestrxs hogares, o la intimidad y tiempo para

nosotras mismas y se llega en primera instancia a métodos y formas efectivamente

inseguras y riesgosas que, aún así, ante la urgencia de la decisión, no dejan de ser una

opción.

Por último y valiéndonos de las experiencias analizadas en relación a los

acompañamientos de abortos como práctica política feminista, analizaremos las

relaciones entre este tipo de estrategias en la organización de los abortos desde el

feminismo y la elaboración y sostenimiento de lo común. En el margen de las críticas al

marxismo, donde se reconoce en este pensamiento una herramienta para analizar las

formas de explotación y acumulación capitalista y se invisibiliza las formas de

reproducción de la vida como productoras de valor, se ha contemplado a ciertas

experiencias comunitarias que plantean alternativas a los modos de producción y sus

consecuencias (en el ambiente, en la salud, etc), buscando generar un abastecimiento

sustentable y alcanzar una soberanía y una armonía en el uso de la tierra, en la relación

con la naturaleza, en las formas de vinculación entre sujetxs, en los modos en que

accedemos y hacemos uso de las tecnologías, etc. La pregunta a la que arribamos,

intentando pensar en el aborto como una experiencia común de las mujeres y personas

con capacidad de gestar -se haya pasado o no efectivamente por la experiencia concreta
de haber abortado- tiene que ver con toda otra serie de cuestiones que están ligadas al

estereotipo que seguimos acarreando en las tareas concretas que cumplimos y

reproducimos no sólo sin retribución alguna sino a expensas de una marca, un desgaste

notable en nuestra subjetividad. Las tareas de cuidado, la crianza de les hijes, el sostén

afectivo de vínculos familiares son tareas altamente feminizadas con un fuerte impacto en

nuestra composición subjetiva y emocional. Por otro lado, contradicciones mediante,

podemos pensar que estas tareas han conformado un tipo de socialización y educación a

través de las cuales encontramos en nuestros modos de organizarnos la intención de

buscar otro tipo de vinculación, trazando redes y formas de asociarnos entre mujeres para

hacer contrapeso a los roles que se espera que cumplamos y reproduzcamos. ¿Puede

ser el afecto revolucionario de modo que aquello que nos ha mantenido sujetas a

estructuras de opresión, nos emancipe, empodere y suelte nuestras cadenas? Sin

intenciones de romantizar las formas de vincularnos en los acompañamientos de los

abortos, podemos suponer encontrarnos con contradicciones. ¿Una relación de

acompañamiento es una relación de cuidado? El hecho de que dicho vínculo suceda entre

subjetividades con experiencias en común puede garantizar la no reproducción de roles y

trabajos opresivos? Que nos movamos para agruparnos y que en ese movernos sintamos,

como dijo Rosa Luxemburgo, el ruido de nuestras cadenas, ¿implica que nos hayamos

retirado los grilletes de los tobillos?

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