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Figuras del Antropoceno: niñxs y gusanos

Daniel Carmelo Scarcella
Universidad Nacional de Córdoba

Eje 4
Estética y Política: “Dilemas y experimentaciones en tiempos feroces”

1. Resumen
En tiempos feroces, en tiempos del Antropoceno (sin dejar de considerar las otras
variantes como Capitaloceno y/o Plantacionceno), donde desaparecieron los refugios,
¿cómo aparece representada en la narrativa argentina contemporánea las posibilidades de
constituir una comunidad, un refugio cuando entra en contacto con las pampas del
monocultivo y el agrotóxico? ¿El lenguaje, el diálogo, el pensamiento, pueden
considerarse como posibles vías para construir uno? ¿Qué otro tipo de experimentaciones
hay más allá de la enfermedad, el envenenamiento o la misma muerte en tiempos donde
el exilio no es una opción? Para reflexionar sobre estas preguntas elegimos como objeto
de análisis la novela Distancia de rescate de Samanta Schweblin (2017). Historia que nos
relata el diálogo entre Amanda y David, personajes que se intoxicaron y que están en el
hospital conversando e intentado reconstruir la historia de cómo sucedió la
contaminación.

2. Tiempos ciegos
Teniendo en cuenta las palabras del eje que nos convoca, por un lado un dilema es un
punto crítico donde se evalúan dos premisas contradictorias. Implica un punto de no
saber, y de alguna forma un momento que puede generar angustia e incertidumbre;
justamente por qué no se sabe. Estar en una situación en la qué nos vemos incapaces de
decidir, es de alguna forma, una situación limite.
Creemos que el concepto de Antropoceno, sintetiza la idea de un tiempo feroz, un
lugar donde no solo el humano, sino las demás especies no tienen donde refugiarse. Entre
la megaminería y su estética del agujero en capas, y el hueco de la capaz de ozono,
podemos imaginar a la tierra como rota. La tierra como “hogar” de lo humano ya no lo
es, y quizás nunca lo fue. El problema del antropoceno es que es antropocéntrico, pone
ahí al hombre, como el nuevo y primordial agente geológico, es prácticamente “fálico”
(Haraway et al., 2015: 29).
Entonces, ¿qué necesita el hombre para abandonar su excepcionalidad humana, acaso,
abandonar el concepto de especie? ¿Y pensar nuevas bio-logías, en tanto nuevos
paradigmas que permitan constituir otros conocimientos sobre el bíos? Sobre todo el bíos
pensado de las ciencias naturales como algo mesurable, antropocéntrico y capitalista. En
el sentido de que eso debe volverse inteligible para poder sacar algún capital de esa vida
analizada (información genética, comportamiento de las especies, vacunas, remedios,
tratamientos, etc.).
Nuestra hipótesis de trabajo es que el humano en el Antropoceno, ya no aparece como
un sujeto dotado de sentidos, sensible, o por lo menos lo hace en un proceso de pérdida
de ellos; y esto a su vez produce, que pierda sus posibilidades de ser un sujeto
cognoscente. La primer página de Distancia de rescate de alguna forma nos presenta la
mayoría de las ideas que queremos compartir:

Son como gusanos.


¿Qué tipo de gusanos?


Como gusanos, en todas partes.


El chico es el que habla, me dice las palabras al oído. Yo soy la que pregunta. ¿Gusanos en el

cuerpo?


Sí, en el cuerpo.


¿Gusanos de tierra?


No, otro tipo de gusanos.


Está oscuro y no puedo ver. Las sábanas son ásperas, se pliegan debajo de mi cuerpo. No me

puedo mover, digo.


Por los gusanos. Hay que ser paciente y esperar. Y mientras se espera hay que
encontrar el punto exacto en el que nacen los gusanos.
¿Por qué?

Porque es importante, es muy importante para todos.


Intento asentir, pero mi cuerpo no responde.


¿Qué más pasa en el jardín de la casa?, ¿yo estoy en el jardín?

No, no estás, pero está Carla, tu madre. La conocí unos días atrás, cuando recién llegamos a la
casa (Schweblin, 2017: 11).

Algunas cuestiones formales y argumentativas que valen la pena aclarar, la novela o
nouvelle, no está dividida por capítulos, y empieza con el diálogo entre los personajes de
Amanda y David1. La interacción entre ellos dos, no tiene raya de diálogo pero entre los
demás personajes sí la tendrá. La voz de David (un niño de unos siete años), siempre
estará marcada con la cursiva, algo que lo denota como un personaje diferencial. La
conversación entre ambos, de alguna forma nos remite a una escena de un diálogo teatral
con su escenografía específica: Amanda está acostada en la cama de un hospital, sin poder
ver ni moverse, y un niño susurrándole una historia, mientras ella hace preguntas. Pienso
que esta escena se relaciona con nuestra hipótesis planteada, donde el humano en tanto
especie aparece yaciendo a oscuras en un hospital. Donde los sentidos, el cuerpo y el
sistema de salud fallan, y la única esperanza es poder narrar una historia más. En fin, esa
escena, funciona como un refugio artificial, que se devela más que finito, como el tiempo
de la obra, es el tiempo restante de su vida.
David quiere que encuentre los gusanos, porque es importante para todos, excepto
para la que tiene que reconstruir la historia por que cree y el niño se lo confirma, que se
está muriendo. Es un intento desesperado de entender de un moribundo. ¿Por qué alguien
en este estado se forzaría tanto a intentar a hacerlo cuando su vida lo está abandonando?
Es la carencia lo que desata la narración, la necesidad de saber, la desesperación por
hacerlo.
Incertidumbres y preguntas que se le presentan de igual manera al lector: ¿por qué
no puede ver y no se puede mover? ¿Dónde están? ¿Qué son los gusanos, por qué nacen
del cuerpo? ¿El punto exacto, es un punto ubicado en alguna parte específica del
cuerpo?¿Qué tipo de ser vivo es el gusano? Sin lugar a dudas lo consideramos algo vivo
y que a su vez, lo relacionamos con aquello que nació de lo podrido, lo infectado, en
alguna manera de lo muerto o lo que está por morir. Otra pregunta que nos podemos hacer
es: ¿por qué David habla como un adulto? Un habla adulta que guiará, corregirá, retará,
incluso tomará la voz para que Amanda pueda reconstruir su relato, lo que sorprende
porque hay allí una pedagogía y toda relación pedagógica, es un ejercicio de poder.
El Antropoceno como cronotopo

1
Los demás personajes principales son: Nina (la hija de Amanda), Carla (la mamá de David) y Omar el
papá de él.
Como dijimos anteriormente, el gran motivo de la narración es poder encontrar el
punto exacto donde nacen los gusanos, que a su vez es un punto preciso de la historia, o
sea, tiempo y espacio que se condensan representando, así, un cronotopo. Volviendo al
término de Antropoceno, este trae grandes interrogantes alrededor de la cuestión del
tiempo: ¿cuándo se da inicio este período, con las plantaciones en las colonias o con la
revolución industrial? ¿Qué implica para el humano vivir en una época geológica, de la
que sería el principal responsable y víctima desde “su superioridad2”? Y quizás, lo más
importante: ¿qué nos espera? Para Gilbert Scott: “The Anthropocene is, you know, “The
Great Dying”, which is not an epoch, it is a transition time. And so, I do not think we are
in a new epoch, I think we might be in a transition to who knows what (Haraway et al.,
2015)”.
Esa cosa a la qué no sabemos que nos dirigimos innegablemente, para Amanda no
es otra cosa que la muerte. En distintas oportunidades David, le pide que se apure, que no
se distraiga en su racconto, que vaya a lo importante, aunque no deje de prestarle atención
a los detalles. Varias veces insistirá en que el tiempo no alcanza, escasea, la muerte
acechando acelera el tiempo, y cambia el tono de la narración. Amanda está acostada en
el hospital y solo pasaron dos días desde que está allí, la historia que quiere recordar le
exige de su memoria, pero es tan cercana que todavía no la puede despegar de su cuerpo.
A ella le cuesta avanzar en la historia, cree que es por su letargo o las drogas que le
administran las enfermeras. Tanto Amanda cuando se intoxica Nina, como Carla con
David, estaban distraídas, no prestan atención, aunque tampoco lo perciben, no ven la
amenaza y cuando lo hacen, ya es demasiado tarde:
[Carla dice] Lo que sea que hubiera tomado el caballo lo había tomado también mi David, y si el
caballo se estaba muriendo no había chances para él. Lo supe con toda claridad, porque yo ya
había escuchado y visto demasiadas cosas en este pueblo: tenía pocas horas, minutos
quizá…(Sheweblin, 2017: 21).

2
Según Marco Antonio Valentim: “Com efeito, se considera o discurso filosófico moderno em vista de seu
impacto imanente sobre outros povos, humanos e não-humanos, que ele desde sempre manteve excluídos
e ao mesmo tempo assujeitados à produção do sentido “em gral”, difícilmente se escapa à evidencia de que
o pensamento trasncedental consiste, sobretudo, em um dispositivo espiritual de “aniquilação ontológica”
de outrem. De orientação declaradamente contrária à onto-teo-logia, , a proposição moderna exemplar –
genuinamente transcendental- do isolamento metafísico do homem” é, de Kant a Heidegger, tacitamente
etno-eco-cida (Marco Antonio, 2014: 4).
Es esto. Éste es el momento.

No puede ser, David, de verdad no hay más que esto.

Así empieza.

Dios mío.

¿Qué hace Nina?

Es tan linda.

¿Qué hace?

Se aleja un poco.

No dejes que se aleje [...]
No dejes sola a Nina. Ya está pasando.

Carla se acerca con su bolso, sonriente.

No te distraigas.
 No puedo elegir qué sigue, David, no puedo volverme hacia Nina.

Está pasando.

¿Qué cosa, David? Dios mío, ¿qué es lo que está pasando?

Los gusanos.
 No, por favor.

Es algo muy malo.

Sí, el hilo se tensa, pero estoy distraída.

¿Qué tiene Nina?

No sé, David, ¡no sé! (Schweblin, 2017: 64-66).

En la intoxicación de Nina y Amanda, la distancia de rescate falla, a pesar, de que
la tenga pegada a ella. Tanto Amanda como Carla se distraen, ¿pero de qué? ¿Si ese lugar
de la pampa no debería ser un lugar lento, apacible, en el qué no pasa nada? Sea en “el
campo o en la ciudad” se torna peligroso. Amenazas que no se pueden identificar, la
maternidad y todo su peso simbólico también. Una respuesta fácil sería que estamos
fallando como especie, o que es simplemente el capital extractivo funcionando.
Las dos historias de la intoxicación, están marcadas por la desesperación, la
desolación, la urgencia ante la vida que se intoxica. Aparece una lógica de guerra, en la
cual la pérdida de vidas se “naturaliza”. Carla si tiene que responder cómo se enferman
levanta los hombros, y solo puede responder “Cada dos por tres alguno cae, y si se salva
igual queda raro” (Schweblin, 2017: 70). El dilema es que no se sabe quién es “el
enemigo”. Lo que intoxica, lo que mata, no se ve, está en el agua, es invisible, es
ininteligible. No se lo puede convertir en narración, por lo menos bajo los parámetros del
realismo: cuando hay que salvar a David y Carla lo lleva a la casa verde para que la mujer
lo salve a través de la migración de su espíritu a otro cuerpo, nos enfrentamos al
fantástico. Amanda escucha la historia de Carla y simplemente le es inverosímil.
Este período es para el humano el efecto de una realidad extraña, que no logra
comprender y se siente perdido. Entonces, este tiempo antropocénico también puede
considerarse como una aparición o un doble sobrenatural de la modernidad (Marco
Antonio, 2014: 5). Amanda se confunde en la historia, no solo cuando sucedió cada cosa,
sino dónde está. Estamos en un cambio de época en el que se rompe nuestras coordenadas
como sujetos vivientes.
Todavía no podemos narrar con el realismo el Antropoceno, por lo menos esta
versión pampeana queer, la intoxicación, el convertirse en otro por las sustancias que
recorren el cuerpo no son verosímiles para el código epistémico de la novela
decimonónico, donde se inaugura, con la novela un modo de entender la realidad, entre
las máquinas, el capital, las relaciones humanas, y esos elementos entre ellos, aunque
siempre lo humano gobernando a las cosas y las otras especies. En las historias de los
viajantes, de los aventureros, de los colonos, en fin, del hombre frente a la naturaleza
intentando convertirla en capital. Eran esas historias de supervivencia, lo humano vs lo
bárbaro, ahora es lo humano vs lo no vivo y no humano, a algo que prácticamente no se
lo puede identificar y no se le puede dar nombre. No es vivo ni humano, pero a su vez es
creación del hombre, es la monstruosidad que le muestra al hombre que no es un ser
“especi-al”.
Para seguir reflexionando
Amanda no sabe hace cuánto están en la salita de emergencias, se confunde, se
olvida de la presencia de David, se distrae con la bikini dorada de Carla, no encuentra a
Nina, no ve bien, pierde la vista, se afiebra, delira, a pesar de que sea una subjetividad
otra: mujer, madre, con deseo homosexuales, y la otra posibilidad que es Carla, es una
mujer que además de distraerse con su hijo; es una madre que por momentos se quiere
apoderar de Nina, a ninguna de las dos se la presenta como un sujeto que sepa, sino que
el único personaje posible es el niño anormal e intoxicado. David es el monstruo que de
alguna forma hace reventar las temporalidades, y el cronotopo, siendo niño y teniendo
gusanos en su cuerpo3, representa la sintonía y la diacronía en un mismo punto, es quizás,
un punto de eclosión pero a su vez, un punto de saber. Un animal-humano-no-persona
(niño, enfermo, poseído) que deviene monstruo pero que sobrevive, sabe, y que plantea
otra relación con lo vivo (como cuando David se mira por unos segundos con el pato, y
luego el ave de caer muerta, la entierra, como lo había hecho con otros animales también).

3
Según Agamben (2007) son los niños y las larvas los dos elementos que implicaban el devenir histórico.
Relacionando al primer elemento con el nacimiento y al segundo con la muerte.
Si el Antropoceno es más bien una época de transición, quizás que lo sea para
poder generar una nueva ontología de lo humano en relación a las demás especies,
agregando los elementos no vivos de la tierra, que son los otros agentes geológicos. La
época de transición debería ser un cambio de perspectiva del hombre dejando de observar
al monte, la pampa, los animales, para arrasarlo y convertirlos en un sistema productivo
como la plantación, para intentar crear otro sistema, ya sea el compost de Haraway (2016)
u otras posibilidades. En fin, se nos abren los siguientes interrogantes: ¿para sobrevivir
hay que dejas de ser capitalistas? ¿Cómo debemos construir los refugios que ya no
poseemos? Quizás, deberíamos empezar a enterrar y lamentar lo muerto, lo destruido, lo
aniquilado; llorarlos y otorgarles un ritual, puede ser un primer paso en transición de dejar
pensar lo vivo no humano y lo geológico como sacrificable.
Para cerrar este trabajo: ¿El Antropoceno es la imagen de un niño monstruoso
lleno de gusanos que nos susurra, o una mujer que mientras fallece a ciegas en un hospital
intenta recordar su última historia? Consideramos que en la primer figura, tenemos más
herramientas para seguir indagando, la niñez, la monstruosidad, el susurro, la relación
con los animales no humanos, y sobre todo la supervivencia.

Bibliografía
-Agamben, G. (2007) “El país de los juguetes” en Infancia e Historia, Buenos Aires:
Adriana Hidalgo Editora.
-Haraway, D. (2016) “Antropoceno, Capitoloceno, Platacionoceno, Chtuluceno:
generando relaciones de parentesco” en Revista Latinoamericana de Estudios Críticos
Animales Año III, Vol I. Dirección URL:
https://www.google.com/search?q=haraway+antropoceno&ie=utf-8&oe=utf-
8&client=firefox-b-ab (Consultado el 10/09/2018).
-Haraway, D; Ishikawa, N; Gilbert, Scott; Olwig, K; Tsing, and Bubandt, N. (2015)
"Anthropologists Are Talking – About The Anthropocene".

Ethnos.
 http://works.swarthmore.edu/fac-biology/451 (Consultado el 10/09/2018).

-Marco Antonio, V. (2014) “A sobrenatureza "da"catástrofe” en Os mil nomes de Gaia,
Río de Janeiro. Dirección URL:
https://osmilnomesdegaia.files.wordpress.com/2014/11/marco-antonio-valentim.pdf
(Consultado 20/09/2018).
-Schweblin, S. (2017) Distancia de rescate, Buenos Aires: Literatura Random House