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Huella mnémica

Forma bajo la cual los acontecimientos o, más simplemente, el objeto de las percepciones, se inscriben en la
memoria, en diversos puntos del aparato psíquico.

La teoría psicoanalítica de las neurosis supone una atención particular a la manera en que los acontecimientos
vividos por el sujeto, acontecimientos eventualmente traumáticos, pueden subsistir en él («los histéricos sufren de
reminiscencias»). De ahí la necesidad de concebir lo que sucede con las huellas mnémicas, inscripciones de los
acontecimientos que pueden subsistir en el preconciente o el inconciente y ser reactivadas desde el momento en
que son investidas. Si todas las huellas de la excitación subsistieran efectivamente en la conciencia, esto limitaría
rápidamente la capacidad del sistema para recibir nuevas excitaciones: memoria y conciencia se excluyen.

A pesar de algunas formulaciones ambiguas de Freud, la huella mnémica no es una imagen de la cosa sino un
simple signo, que no tiene una cualidad sensorial particular y que puede ser comparado por lo tanto con un
elemento de un sistema de escritura, con una letra.

Aparato psíquico

Esquematización figurativa de la estructura elemental y fundamental que formaliza un lugar, el del desarrollo de los
procesos inconcientes.

El término mismo aparato corre el riesgo de dar lugar a equívoco, pues la presentación inicial de Freud toma por
modelo una representación neurofisiológica.

De esta manera, debe descartarse el aparente carácter cientificista de este modelo, ya que Freud define esta
construcción como un lugar psíquico.

- Historia.

Es en La interpretación de los sueños (1900) donde Freud presenta un aparato psíquico capaz de dar cuenta de la
inscripción, entre percepción y conciencia, de huellas mnémicas inconscientes cuyo efecto simbólico posterior
participa en la constitución del síntoma. La interpretación de los sueños se dedica por entero al descubrimiento de
las reglas que rigen el inconsciente. Como lo muestra la correspondencia de Freud con W. Fliess Desde setiembre
de 1895, Freud produce una elaboración teórica en el Proyecto de psicología, inédito en su tiempo, que aclara la
exposición abreviada de La interpretación de los sueños y muestra las condiciones teóricas y clínicas de esta
construcción. En el mismo espíritu se debe considerar la carta 52 a Fliess, la que ya traza la función del significante
en su relación con la represión.

En su Nota sobre la pizarra mágica (1925), Freud volvió sobre el aparato psíquico. Pero es verdaderamente en Más
allá del principio de placer (1920), con el automatismo de repetición, donde los procesos inconcientes son
expuestos en su función simbólica, ya que la construcción del aparato psíquico responde en primer lugar a la
necesaria ubicación de esta función. En 1923, en El yo y el ello, se presenta otro aparato psíquico que reinserta el
sistema percepción-conciencia en su correlación con el yo, el ello y el superyó, sin nada nuevo en cuanto a los
procesos inconcientes mismos.

Inconsciente

Es el «descubrimiento» freudiano.
Hasta el «descubrimiento freudiano», el inconsciente sigue connotando el sentido privativo que parece haber
tenido siempre, tanto en sus diversas acepciones filosóficas como bajo la férula de la psicología naciente en la
segunda mitad del siglo XIX. Lo inconsciente denota entonces todo lo que no es consciente para un sujeto, todo lo
que escapa a su conciencia espontánea y reflexiva. Al proponer la hipótesis de un lugar psíquico específicamente
referido a una especie de «conciencia inconsciente», Freud no inventa realmente el concepto. A lo sumo le da un
sentido nuevo a un término ya existente, que se aplicará a legitimar basándose en sus investigaciones personales, o
sea en la observación de aquello que tropieza o choca, que escapa o falla en todos, quebrando, de una manera
incomprensible, la continuidad lógica del pensamiento y de los comportamientos de la vida cotidiana: lapsus, actos
fallidos, sueños, olvidos, y más en general, los síntomas compulsivos del neurótico (ESTOS SON LOS EFECTOS DEL
INCONSCIENTE) , cuya significación descubre en la clínica de la histeria.

La psicología tradicional excluye por principio la dimensión de una actividad psíquica inconsciente. En cambio, la
hipótesis freudiana del inconsciente instaura de hecho la dimensión de una «psicología de las profundidades»
(Freud), una «metapsicología».

La presunción de una dimensión psíquica inconsciente parece tanto más justificada cuanto que los datos lacunarios
de la conciencia implican -aunque sólo sea a título de hipótesis- un más allá psíquico susceptible de dar cuenta de
ellos. Además, lejos de ser totalmente explicitables por la lógica hipotético-deductiva de la racionalidad psicológica,
ciertos actos conscientes le parecen a Freud movidos por otras iniciativas latentes, no inmediatamente
identificables, por pensamientos cuyo origen y elaboración permanecen desconocidos porque están ocultos.

El inconsciente freudiano, en tanto subraya una escisión en el ser psíquico del sujeto, aporta una coherencia a la
cara consciente del iceberg. Esta hipótesis del inconsciente permite comprender ciertos procesos patológicos
irracionales, tan frecuentes como cotidianos, concernientes a la existencia del sujeto. De tal modo, se confirma su
etiología psicógena, correlativamente a la invención freudiana de una estrategia psicoterapéutica que demuestra
su valor erradicándolos: la cura psicoanalítica (objetivo de la cura psicoanalítica, es hace consciente lo
inconsciente).

Así se esboza una nueva revolución copernicana, que trae la «peste» al repudiar fundamentalmente el cimiento del
cogito cartesiano: «el yo ya no es amo en su propia casa» (Freud).

- El inconsciente freudiano y las «tópicas» psíquicas

Al introducir la referencia al inconsciente, Freud delimita en 1895 («Proyecto de psicología») la idea de una tópica
psíquica, estructurada de un modo plurisistémico.

En la «primera tópica», expuesta en su forma más decisiva en el capítulo VII de La interpretación de los sueños, el
inconsciente (Ics) está circunscrito, como un sistema radicalmente separado por la instancia de la «primera
censura», del sistema preconsciente (Pcs), a su vez clivado del sistema consciente (Cs) por la «segunda censura».
De modo que el Pcs, instituido como instancia tapón entre el lcs y el Cs, parece más bien compartir las propiedades
del sistema Cs. En el sentido descriptivo de la palabra, constituye un inconsciente «segundo», esencialmente
provisional y por lo tanto «latente», siempre susceptible de volverse consciente. Lugar de representaciones de
palabra sometidas al funcionamiento del proceso secundario, el Pcs tiene una triple función. Como interdictor,
bloquea el acceso directo a la conciencia de los materiales reprimidos en el inconsciente. Como regulador, sintetiza
la transformación de la energía psíquica libre en energía ligada. Como permisivo, finalmente, autoriza, con ciertas
reservas dictadas por la censura, el retorno de representaciones inconscientes a la actividad consciente del sujeto.

A partir de esta concepción tópica del funcionamiento psíquico, Freud no sólo acentúa la dimensión dinámica del
aparato psíquico, sino también la función económica, a la vez cuantitativa y cualitativa, de cada una de sus
instancias, a fin de marcar mejor la cohesión y la insistencia del trabajo que las anima específicamente. Así se
encuentran puntualizados los múltiples destinos de las representaciones psíquicas: giros progresivos, rodeos
regresivos, impasses y repeticiones, transformaciones, transposiciones, deformaciones y otras distorsiones, o sea
resistencias y conflictos inherentes al funcionamiento de la estructura del aparato psíquico.

Instituido por la acción de la represión, el inconsciente, en efecto, está constituido por « ...representaciones de la
pulsión que quieren descargar su investidura, en consecuencia por mociones de deseo. Esas mociones pulsionales
están coordinadas, persisten unas junto a otras sin influirse recíprocamente y no se contradicen entre sí» (Freud,
«Lo inconciente»). La pulsión (Trieb) es un concepto fundamental del psicoanálisis cuyo montaje dinámico Freud
mantendrá tanto en su primera teoría (dualismo pulsiones sexuales/pulsiones de autoconservación) como en la
segunda (oposición pulsión de vida [Eros]/pulsión de muerte [Tánatos]).

La pulsión está constituida por cuatro elementos: la fuente (estado de tensión de origen somático), el empuje, la
meta (satisfacción-reducción del estado de tensión) y el objeto (objeto de las pulsiones sexuales que es, en sí,
indeterminado). La pulsión es por esencia inconsciente. Sólo puede tomarse consciente por la mediación de una
representación psíquica, tributaria del proceso primario y, en consecuencia, sometida en lo esencial al trabajo de
condensación y desplazamiento.

El inconsciente no conoce el tiempo (quedan abolidas las diferencias pasado/presente/futuro ES ATEMPORAL), la


contradicción, la exclusión inducida por la negación, la alternativa, la duda, la incertidumbre ni la diferencia de los
sexos. Sustituye la realidad exterior por la realidad psíquica. Obedece a leyes propias que ignoran las relaciones
lógicas conscientes de no-contradicción y de causa a efecto que nos son habituales. Una inscripción inconsciente
puede persistir y revelar haber estado siempre activa, a posteriori, resurgiendo en forma disfrazada.
Cuando está reinvestida o incluso sobreinvestida de afecto, toda representación es ofrecida al disfraz del proceso
primario y se torna capaz de desbaratar la vigilancia de la primera censura, y después de la segunda, aniquilando así
la fuerza de la resistencia que la mantenía fuera de la conciencia.

RESUMIENTO…
ES UNA Instancia psíquica, lugar de las representaciones reprimidas, opuesto al preconciente- conciente en la
primera tópica freudiana. La teoría del inconciente constituye la hipótesis fundante del psicoanálisis.
En la primera tópica del aparato psíquico, Freud denomina inconciente a la instancia constituida por elementos
reprimidos que ven negado su acceso a la instancia preconciente- conciente. Estos elementos son representantes
pulsionales que obedecen a los mecanismos del proceso primario.

- Proceso primario, proceso secundario

Son modos de funcionamiento del aparato psíquico que caracterizan respectivamente al sistema inconciente (proc.
Prim) y al sistema preconciente- conciente (proc. Secund).

S. Freud designó como «proceso primario» un modo de funcionamiento caracterizado, en el plano económico, por
el libre flujo de la energía. El inconciente es por excelencia el lugar de esos procesos, cuyos mecanismos específicos
son el desplazamiento y la condensación como modos de pasaje de una representación a otra.

Los procesos secundarios se caracterizan en el plano económico por estar ligada la energía (en el proceso anterior
la energía circula libre) y por un control del flujo energético sometido al principio de realidad. El sistema
preconciente- conciente es el lugar de estos procesos secundarios, que son el verdadero soporte del pensamiento
lógico y de la acción controlada. Por el contrario, los procesos primarios corresponden a un pensamiento libre,
imaginativo.

- Principio de placer

Uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental: el conjunto de la actividad psíquica
tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. Dado que el displacer va ligado al aumento de las
cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas, el principio de placer constituye un principio
económico.
Esta característica de motivación actual se encuentra también en el centro de la concepción freudiana: el aparato
psíquico viene regulado por la evitación o la evacuación de la tensión displacentera.

- Principio de realidad

Uno de los dos principios que, según Freud, rigen el funcionamiento mental. Forma un par con el principio del
placer, al cual modifica: en la medida en que logra imponerse como principio regulador, la búsqueda de la
satisfacción ya no se efectúa por los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y aplaza su resultado en función de
las condiciones Impuestas por el mundo exterior. Considerado desde el punto de vista económico, el principio de
realidad corresponde a una transformación de la energía libre en energía ligada; desde el punto de vista tópico,
caracteriza esencialmente el sistema preconsciente-consciente; desde el punto de vista dinámico, el psicoanálisis
Intenta basar el principio de realidad sobre cierto tipo de energía pulsional que se bailaría más especialmente al
servicio del yo. esta tentativa de satisfacción por medio de la alucinación.

El aparato psíquico hubo de decidirse a representar el estado real del mundo exterior y a buscar una modificación
real. Se introduce así un nuevo principio de la actividad psíquica: lo que se representa no es más lo agradable, sino
lo real, incluso aunque sea desagradable». El principio de realidad, principio regulador del funcionamiento psíquico,
aparece secundariamente como una modificación del principio de placer, que en los comienzos es el que domina;
su instauración corresponde a una serie de adaptaciones que debe experimentar el aparato psíquico: desarrollo de
las funciones conscientes, atención, juicio, memoria; sustitución de la descarga motriz por una acción encaminada a
lograr una transformación apropiada de la realidad.

El paso del principio de placer al principio de realidad no suprime, sin embargo, el primero. Por una parte, el
principio de realidad asegura la obtención de las satisfacciones en lo real; por otra parte, el principio de placer
continúa imperando en todo un campo de actividades psíquicas, especie de territorio reservado que funciona
según las leyes del proceso primario: el inconsciente.