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UNIVERSIDAD DE ORIENTE

NÚCLEO DE ANZOÁTEGUI
UNIDAD DE ESTUDIOS BÁSICOS
DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES Y CS. SOCIALES
DINAMICA DE GRUPOS
SECCIÓN

COMUNICACIÓN Y LIDERAZGO

Profesora: Integrantes:
C.I.:
C.I.:
C.I.:
C.I.:
C.I.:
C.I.:

Barcelona, octubre de 2018


Comunicación

Como inicio, conviene comentar la trascendencia que tiene la


comunicación en diversos ámbitos. ¿Cuántas veces hemos escuchado que una
de las causas primordiales de los pequeños y grandes conflictos humanos se
ha dado por falta de comunicación?
Estudiosos de la Psicología, la Sociología y la Antropología han
coincidido en que la comunicación surge con la existencia misma de los
seres vivos: unos le atribuyen al ser humano la habilidad de codificar,
decodificar y combinar una serie infinita de lenguajes, mismos que le
permiten interrelacionarse en diversos y variados contextos; otros aseguran
que esta capacidad va más allá del ser humano, aseveran que todo ser vivo
se comunica. Ambas hipótesis pueden ser reales y verificables, pero lo
interesante es que a través de la historia se ha comprobado que no podemos
prescindir de la comunicación: es parte de la sociedad y su esencia vital.

¿En qué consiste la comunicación? ¿Por qué es importante?

El término comunicación tiene su origen en los vocablos latinos


communicare, que significa exponer ideas, pensamientos y sentimientos y
communis, que significa común; por tal motivo, cuando nos comunicamos
establecemos una comunidad con otros, a quienes hacemos partícipes.
Esto nos lleva a conceptualizar la comunicación como un proceso y
actividad inherente a la naturaleza humana, que implica la interacción y
puesta en común de mensajes significativos, a través de diversos
lenguajes y medios para influir, de alguna manera, en el comportamiento
de los demás.
Su importancia radica en que es un hecho sociocultural, fundamental y
activo en el estudio del comportamiento humano. Sin la comunicación, no
existirían las sociedades. Aun en una investigación es difícil teorizar o
proyectar en un área del conocimiento y comportamiento sin hacer algunas
suposiciones acerca de la comunicación.
Un acto comunicativo puede responder a diversos fines: transmitir
información, influir en otro, manifestar estados de ánimo, pensamientos o
sentimientos; en fin, cualquiera que sea la idea, hay un intercambio entre dos
o más personas. Igualmente es un proceso cíclico en el cual intervienen
varios elementos y acciones que es importante de analizar.

Elementos de la comunicación

El proceso comunicativo como tal se remonta a Aristóteles, quien


afirmó que la comunicación era la ciencia de la retórica: “la búsqueda de
todos los medios posibles de persuasión”. A este filósofo le siguieron
estudiosos como Lasswell, Schramm, Maletzke, Roman Jakobson, entre
otros, quienes fueron complementando el ciclo, utilizado actualmente, mismo
que para efecto de nuestro curso esquematizamos como sigue:

Emisor: Sujeto protagonista, quien a través de la decodificación de uno o


varios códigos, elabora y emite un mensaje.
Receptor: Destinatario o sujeto que recibe la información transmitida por el
emisor, él a su vez codifica y decodifica el mensaje; es decir, interpreta.
Mensaje: Información transmitida y recibida.
Código: Conjunto o sistema de signos (palabras, colores, sonidos, etc.) que
tanto el emisor como el receptor combinan entre sí al elaborar el mensaje inicial y el
de respuesta.
Canal: Medio orgánico, físico, electrónico, etc., a través del cual se
transmite el mensaje.
Codificación: Estructuración de un mensaje a través de signos (perteneciente
a un código) previamente seleccionados.
Decodificación: Interpretación del mensaje debido al conocimiento del o los
códigos utilizados en el mensaje.
Retroalimentación (cumplimiento del ciclo): Respuesta del Receptor que el
Emisor espera. Elemento esencial para que se cumpla el ciclo de la comunicación.
Contexto: Circunstancias o ambiente (lugar, momento, etc.) que rodean a
los elementos anteriores.
Cada vez que se produce comunicación, por breve o intrascendente
que parezca, todos los elementos participan; su intrínseca vinculación los
activa uno a uno hasta que se completa el ciclo. Los componentes se
encuentran relacionados y si se acciona uno, entran en funcionamiento los
demás.
En ese proceso utilizamos diversos sistemas de signos: auditivos,
visuales, táctiles, olfativos, icónicos, lingüísticos y, en la mayoría de los casos,
varios al mismo tiempo. ¿Qué implica esto?: el intercambio de ida y vuelta
donde participan, aparte de los elementos enunciados, otros aspectos, a
veces muy personales.
Si bien es cierto que el éxito de la comunicación inicia con la
disposición, entusiasmo y conocimiento del emisor, esto no sería posible si el
receptor o receptores carecieran de dichas características. Es importante
entonces señalar que el óptimo uso de los diferentes códigos lingüísticos y no
lingüísticos por ambos participantes es imprescindible para que el mensaje
cumpla su objetivo: la Realimentación.
Comunicación verbal y no verbal

Recordemos que cuando los seres vivos nos comunicamos,


empleamos cualquier elemento que está a nuestro alcance, mismo que
pertenece a un código. Dicho elemento se conoce como signo y es la base
de todo proceso de comunicación y la unidad con la que el emisor codifica su
mensaje.

¿Qué es un signo?

El término signo, con los avances de la ciencia y la tecnología, ha


evolucionado sorprendentemente; su precursor y creador, el lingüista
Ferdinand de Saussure, fue el primero en estudiarlo y definirlo. Desde el punto
de vista idiomático: “El signo lingüístico es una entidad psíquica de dos caras
en la que se unen un significante (imagen acústica) y un significado
(concepto)”. La palabra signo, en su proceso evolutivo, es ampliada por otros
estudiosos como Louis Hjelmslev, quien aportó un nuevo esquema al signo
lingüístico. Dicho autor nombró las dos caras del signo con términos y
realidades diferentes que abren un abanico de oportunidades al estudio de
un idioma y a todos aquellos lenguajes o códigos no alfabéticos.
Significante = Expresión
Significado = Contenido
Lo expresado anteriormente quiere decir que un signo, de ser
elemento del alfabeto de un idioma, como consideraba la Lingüística, pasa a
ser unidad de cualquier lenguaje: imágenes, sonidos, actitudes,
manifestaciones artísticas, gestos, señales y símbolos, entre otros. Todos
conforman códigos que se emplean dentro de la comunicación humana en
un porcentaje mayor a 70%. Su constancia los convierte en asociaciones
psíquicas perdurables e irreversibles. Ahora la comunicación verbal (oral y
escrita) es felizmente acompañada por la comunicación no verbal, que le
da armonía y color: factores importantes en la interrelación humana.
Está demostrado que la comunicación verbal y no verbal se
acompañan; aunque la no verbal se emplea en mayor proporción (más del
70%). La combinación de códigos y signos demuestra que los significantes y
significados superan a la letra y se convierten en expresiones y contenidos
más complejos. Lo que se puede afirmar es la interdependencia entre la
comunicación verbal y la no verbal, son la pareja perfecta.

Barreras de la comunicación

Físicas. Alteraciones o defectos de los medios físicos, mecánicos o


virtuales que se utilizan para enviar o recibir el mensaje. El elemento más
afectado es el canal.
Fisiológicas. Deficiencias orgánicas (auditivas, visuales,
enfermedades, incapacidades, etc.) del emisor o del receptor.
Psicológicas. Surgen de las diferencias de personalidad, de
comportamiento o la formación del emisor o el receptor. Las distintas visiones
culturales o filosóficas del mundo también crean rompimiento del ciclo
comunicativo.
Semánticas. Aquí el obstáculo es el manejo inadecuado del código
verbal (al hablar o escribir con palabras), cuyos significados son
desconocidos, imprecisos o ambiguos para el emisor o el receptor. Cada uno
puede interpretar una palabra o texto de acuerdo con su cultura, vivencias o
preparación.
Administrativas. Barreras que han surgido a raíz de la vida
empresarial debido a una inadecuada estructura administrativa, una mala
planeación o a deficiencias en los ámbitos operativos y de mando.
La vida contemporánea está llena de retos y la comunicación no está
exenta. Constantemente surgen nuevos canales y medios (Internet,
audiovisuales e interactivos, satélites, etc.). Para que ésta se lleve a cabo de
manera rápida y eficiente, está en nosotros darle el mejor uso. Y más aún, esto
no quiere decir que la interrelación humana desaparece; por el contrario, es
una nueva forma de interrelacionarnos, pues nos acerca en tiempo y forma
con nuestros seres queridos.

Líder y liderazgo

Desde que los seres humanos tomaron las riendas de la vida, la


naturaleza y los aspectos que las circundan han existido, de manera
imprescindible, personas con la dirección o mando, quienes por estar al
frente han tenido la necesidad de organizar y establecer las circunstancias
del mundo que hoy conocemos y vivimos: grandes sistemas organizacionales
como la familia, la política, la educación y la economía, entre otros. De
hecho, los avances o retrocesos sociales, científicos, tecnológicos y humanos
que hoy disfrutamos o carecemos son consecuencia de acciones y
decisiones de esos personajes.

A pesar de que los conceptos líder y liderazgo, en su acepción


etimológica, tomaron fuerza en el reciente siglo pasado (años 70-80), existen
otras teorías sobre su origen. Una de ellas es la del filósofo Confucio, hacia
el año 500 a. C., quien buscó persuadir a sus compatriotas y señores
feudales chinos acerca de cómo liderar sus reinos siendo benevolentes,
humanos, justos y moderados. Otra teoría muy difundida fue la ‘Teoría del
Gran Hombre’ (principios del siglo xx), que se basaba en estudiar los grandes
personajes que habían trascendido a través de la Historia: distinguían aquellas
cualidades que los diferenciaban de la gente corriente. Encontraron
características como: energía, inteligencia, determinación y asertividad.

Líder

El término “líder” ha sido estudiado desde varios enfoques. Se


retomará el concepto anglosajón por las aplicaciones y resultados positivos que
ha obtenido: la palabra “leader” (líder) proviene del verbo “to lead” (guiar o
dirigir). De esta manera, líder significa, según la etimología de la lengua
inglesa, el acto de guiar para avanzar y lograr objetivos o metas de bien
común. Esto quiere decir que el guía (líder) no es solamente el que conoce
bien el camino o el que distingue las aptitudes y capacidades de sus
seguidores; es aquel que responde a lo anterior, junto con la aplicación de los
preceptos a su persona y, por ese ejemplo, su labor perdura a través de las
generaciones y de la historia. En la actualidad, el término líder es común y
cotidiano y, las más de las veces, se utiliza de manera indiscriminada e
incorrecta para nombrar a personajes de la política, los gobiernos, las
instituciones. Como veremos más adelante, muchos de ellos están muy
lejanos de serlo.

Liderazgo

De acuerdo con la definición anterior de “guiar positivamente”, el


liderazgo es la habilidad (arte) de impactar, influir y dirigir la conducta de
otros(as), quienes se sienten seguidores, motivados para lograr objetivos y
metas de bien común. El liderazgo es un proceso de acontecimientos,
acciones y tareas interrelacionados que se van dando paulatinamente. El
liderazgo logra influir y cambiar actitudes en los individuos porque combina la
comunicación y la interrelación humana armónica en todas y cada una de
situaciones y circunstancias que surgen en los diversos contextos.

El liderazgo, tema de actualidad

La sociedad en su devenir histórico y a través de los siglos, se ha


caracterizado por la evolución humana, tecnológica y científica. Esta
evolución ha implicado cambios positivos y trascendentes en diferentes
campos. Es seguro que en este trayecto hubo un liderazgo real, objetivo y
valiente. Pero, al mismo tiempo, han surgido problemáticas sociales que se
acentúan cada vez más en nuestro mundo globalizado: factores de
preocupación que conviene comentar y solucionar de manera asertiva.
Nuevo concepto de Autoridad: los cambios sociales e ideológicos
han dado un giro a la acepción de ‘respeto’ hacia ciertos personajes de
“importancia”. En otros tiempos eran casi sagrados e intocables. A un
presidente, a un jerarca religioso, a un alto funcionario, incluso a un padre de
familia en la actualidad se los critica públicamente y se cuestionan sus
acciones. En muchos casos, se deben ganar la autoridad de líderes a través
de la demostración y aplicación de sus habilidades personales, intelectuales y
operativas. De lo contrario son motivo de mofa y burla constante.
La comunicación humana y tecnológica: se ha extendido de manera
impresionante en los diversos ámbitos de la ciencia y de la vida. Las
relaciones interpersonales actuales son cada día más complejas y
automatizadas.
Exigencia de las sociedades modernas, necesidad cada vez mayor
de personas competentes y competitivas: gente preparada que se
desempeñe eficientemente en equipo y trabajo colaborativo, que tome
decisiones asertivas y a largo plazo.
Reto e incertidumbre de los países subdesarrollados: estas
naciones son ricas en recursos naturales y humanos, pero carentes de
recursos financieros, desarrollo científico-tecnológico; además, más del 70%
de la población requiere preparación académica. Y si a esto le agregamos el
conformismo social y apatía…
Ante estas circunstancias, la formación de líderes se hace
imprescindible y urgente.

Características y habilidades de un líder

Las recientes décadas se han caracterizado por la preocupación y


estudio de las complejas relaciones interpersonales y el desarrollo humano,
debido a la dinámica de vida que se experimenta en las grandes y
pequeñas ciudades; cuyos habitantes enfrentan, cada vez más, retos y
obstáculos para salir adelante. A raíz de esto han surgido diversas y
controvertidas teorías sobre las características y habilidades idóneas para
una persona (líder) que pretenda ejercer un liderazgo eficaz, trascendente y
propositivo. Groso modo, se presentan algunas:
Teoría de los rasgos, basada en las características-estereotipos
sociales, tales como la sensibilidad perceptiva (captación del entorno),
flexibilidad conductual (adaptación), habilidad comunicativa (hacerse
entender), la apariencia física (ser atractivo), entre otras. Para identificar a un
líder, propone, se deben utilizar tests o pruebas. La gran dificultad de aplicar
esta teoría tiene que ver con las subjetivas y, a veces, falsas interpretaciones
que pueda realizar el evaluador.
Teoría del comportamiento, propuesta por el psicólogo social Alvin
Gouldner, quien afirmaba: “La conducta es la que le permite al individuo
dirigir a un grupo y no su apariencia o características personales”. En esta
teoría, se estudian los comportamientos existentes de los aspirantes a
líderes y se les somete a pruebas operativas (de trabajo) y de relaciones
personales. Aquí nacieron los grados de participación de dirigentes y
colaboradores que ahora conocemos como tipos de líderes (tema que
abordaremos más adelante).
Teoría situacional, plantea que un líder eficaz depende de muchas
variables, tales como la cultura y políticas del contexto en que su labor se lleva
a cabo; la naturaleza de las tareas o actividades a realizar; así como las
expectativas o características de los seguidores. Aquí el análisis y estudio
tanto del líder como de su liderazgo es más completo, ya que la sociedad
moderna no se puede limitar a uno o dos aspectos de un individuo. Son
múltiples y diversos los factores que influyen en el actuar y convivir humano.
Lo anterior sirve para enfatizar que, se hable de las teorías X, Y o Z, lo
interesante radica en las peculiaridades de una persona que ejerce liderazgo.
Todo ser humano es capaz de representar esta tan comprometida labor. El
reto es decidirlo.

Características del líder

El ejercicio del liderazgo, con teorías o sin ellas, conlleva, reiteramos,


relaciones humanas y de trabajo en ambientes dinámicos y armónicos que
involucran personalidades y formas de ser, tanto del líder como de los
seguidores.
El líder, personaje de nuestro interés, es el ejemplo para los demás,
por lo que debe cubrir cualidades como las siguientes:
Buena comunicación. Expresión clara de ideas e instrucciones: saber
hablar. Lograr que los seguidores escuchen y entiendan: saber escuchar.
Orientación hacia la realidad y la acción. Esto implica objetividad
(poner los pies en la tierra) y rapidez —evitar detenerse a pensarlo—, actuar,
actuar, actuar…
Optimismo, entusiasmo y seguridad en la búsqueda y alcance de
metas, atreverse sin miedo al fracaso o al qué dirán.
Buen colaborador e institucional con un pensamiento constante de
“nosotros”.
Ambición y espíritu de logro constante y continuo.
Ánimo y valentía al tomar decisiones, asumir riesgos, errores y
consecuencias.
Respeto y aceptación hacia las necesidades de sus colaboradores.
Responsabilidad y compromiso. Vivir sus actividades como un
privilegio y beneficio de todos y para todos.
Motivación hacia sus seguidores porque los conoce, dialoga y confía
en ellos, está seguro de sus capacidades.
Autocrítica constante. Reconocer fortalezas, emociones y altibajos
propios, sin caer en los mecanismos de defensa. Esto le permitirá identificar a
los ajenos.
Creatividad e innovación personal y de trabajo, siempre en busca de
lo novedoso y mejor. Esta característica es importante ante un mundo que
avanza a paso veloz mediante la ciencia y tecnología cambiantes que obligan
a la competitividad.
Honestidad y sinceridad, ya que se habla con la verdad y asertividad.
Organización y orden en todo lo que se plantea.
Recepción y empatía al escuchar quejas u observaciones.
Conciencia de las necesidades y realidades tanto de los individuos
como de los contextos.
Alerta siempre para no confundir hechos o situaciones engorrosas.
Digno de confiar. La seguridad en una persona genera credibilidad y
ésta es tomada como modelo a seguir: “La puerta más certera es aquella que
se puede dejar abierta”.
Confianza en los colaboradores; así como en sus capacidades
creativas, sin llegar al paternalismo.
Visión. Adelantarse al futuro, a las necesidades, a las modas, a los
cambios, ins- pirarse en los sueños, en las aventuras, en la imaginación, en
la fantasía. “Si eres capaz de imaginarlo, eres capaz de hacerlo realidad,
pensar en el éxito como si ya lo hubieras logrado”.
Intuición y comprensión. Capacidad para captar las emociones de
los otros.
El buen sentido del humor crea un clima o ambiente agradable, reír
es un grado mayor de inteligencia, conocimiento y control de uno mismo y
es una manera fá- cil de atraer personas, reducir las tensiones, minimizar
problemas, de aumentar la creatividad y la autoestima.
Preparación y conocimiento. Estar informado teórica, técnica y
estratégicamente es sinónimo de independencia, modernidad, creatividad y,
obvio, inteligencia.
Carisma, promovido por la empatía, honestidad e interés en los demás
sin egoísmos; resultado: atrae, cae bien, llama la atención y es agradable a los
ojos de las personas.

Habilidades del líder

Hablar de habilidades implica tomar en consideración factores innatos,


adquiridos y por adquirir. El desarrollo de cualquier ser humano, incluyendo
un líder, estriba en la constante depuración y ejercitación de las
capacidades que ya posee; así como de la búsqueda y preparación de
aquéllas que lo forman como un ser integral.
Un individuo que se preocupa de sí, de los demás y de su entorno,
se actualiza constantemente para lograr el dominio de habilidades como
las siguientes:

Habilidad técnica
Los seres humanos tenemos conocimientos y capacidades que
adquirimos de manera empírica o innata (herencia ‘genética’): dibujar, decorar o
diseñar rápida y espontáneamente; su dominio también se debe al interés,
afinidad o atracción. Son características intrínsecas del individuo que lo posee:
cualidades de personalidad, facilidad para el proceso o porque alguien influyó
en el acercamiento y ejecución del mismo.

Habilidad humana
Como ya se ha mencionado, la relación interpersonal es el eje de todo
liderazgo, y es en este contexto donde la habilidad humana refiere a la
capacidad de interactuar con otras personas en cualquier aspecto (trabajo,
amistad, familiar…) con resultados indicadores de una labor colaborativa de
equipo. En la actualidad a esta habilidad se le ha llamado inteligencia
emocional, término retomado de autores como Salovey y Mayer (1990),
quienes la definían como “la habilidad para manejar los sentimientos y
emociones propios y de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta
información para guiar el pensamiento y la acción”. Reconozcamos que los
sentimientos mueven a la gente. Un líder, antes que dirigente o cualquier
persona común, es un ser humano.

Habilidad conceptual
La habilidad conceptual es la capacidad intelectual en su máxima
expresión: establecer metas y objetivos, pensar y planear en términos de
modelos y métodos que establezcan técnicas y estrategias asertivas y a
largo plazo, son características que debe contemplar un líder. Aquí el
planteamiento de metas debe ser claro, viable y congruente. Al igual que las
habilidades técnica y humana, la habilidad conceptual es de suma
importancia, sobre todo si el líder se está desempeñando en contextos
administrativos, donde sus direcciones crucial para llevar a cabo proyectos a
nivel profesional: desde planteamientos teóricos hasta las consideraciones
logísticas. Además, la habilidad conceptual, junto con las habilidades técnica
y humana conjuga un todo, cuyo resultado es el éxito seguro. Un líder
auténtico, procura la innovación constante de estas habilidades: “crece y
hace crecer a los que están con él”, “siempre ve hacia arriba”, “enseña a su
gente”, “delega funciones” y “crea oportunidades para todos”.
Podría pensarse que tanto las características como las habilidades
mencionadas, pertenecen a líderes innatos, lo cual es una falacia: un líder
puede nacer con ciertos atributos, pero también los hay quienes se preparan
para ello.

Implicaciones del liderazgo

El término “implicar” se remonta al latín implicare, que significa


envolver, incluir en esencia o contener como consecuencia una cosa. Cuando
el líder está ejerciendo su liderazgo, se activan factores de tipo psicosocial,
académico y laboral; se involucra, a veces hasta inconscientemente. El área
psicosocial comprende todo lo humano: lo personal, lo intrapersonal y lo
interpersonal; es decir, esas relaciones humanas que se analizaron durante
una unidad completa en este texto. Las áreas académica y laboral refieren
todas aquellas actividades o tareas productivas que requieren de un
conocimiento teórico-técnico para ser realizadas. En este engranaje, el líder es
el punto de partida y la pauta a seguir; por lo que es preciso explicitar algunas
implicaciones que deben tomar en cuenta, debido a su trascendencia e impacto
en los grandes y pequeños grupos sociales.

Ser líder implica

Autoestima, aquel estado mental de autoconcepto (positivo o


negativo) que tenemos de nosotros mismos: esa imagen se va construyendo,
paulatinamente, con pensamientos, sentimientos, sensaciones y
experiencias acumuladas durante nuestra vida. Es nuestro punto de
referencia respecto al mundo que nos rodea y, además, base importante para
tomar decisiones sencillas o complejas; pues nos guía en el devenir diario. El
ambiente inmediato o familiar es el principal factor que influye en la formación
de la autoestima: valores, reglas y costumbres que, a su vez, se han
retomado del contexto social en el que se lleva a cabo. El desarrollo de la
autoestima comprende factores que la determinan:
Autoconocimiento, conforma aquellos datos informativos sobre
nuestra persona (historia de vida), así como las expectativas que
pretendemos a futuro.
Autoconcepto o creencias de lo que somos, juicios de valor sobre
nuestras cualidades emocionales y personales, motivaciones, sensaciones,
estímulos y aptitudes cognitivas. Asimismo, la apreciación de los demás.
Autoevaluación, calificación propia de nuestras características: ¿nos
interesan, son agradables, nos permiten crecer y aprender?
Autoaceptación, admitir y reconocer nuestro ser y sentir identificando
el agrado y desagrado.
Autorrespeto, atención y satisfacción de necesidades propias; así como
el valor de sí.
La combinación correcta de estos factores facilita una mejor
percepción de la realidad y comunicación interpersonal (con los demás). Es
excelente para el ejercicio de un liderazgo eficaz y asertivo.

Motivación, es la fuerza impulsora importante en cualquier ámbito de la


actividad humana; es necesario que un líder esté motivado para comprender y
entender el porqué la gente actúa de tal o cual manera. La motivación está
relacionada con el impulso, porque éste provee eficacia a nuestro esfuerzo y nos
impulsa a la búsqueda continua de mejores situaciones, aquellos impulsos que
nos conducen a elegir y realizar una acción entre las diferentes propuestas que
se nos presentan en una determinada situación. El impulso más intenso es la
supervivencia (cuando se lucha por la vida), seguido por las motivaciones que
derivan de la satisfacción de necesidades fisiológicas (hambre, sed, abrigo, etc.).

Ética, término relacionado con la filosofía y el memorable Aristóteles, a


quien le debemos el vocablo “ethos” (temperamento, carácter, hábito, modo de
ser). La ética estudia los actos no como son, sino como deberían ser.
Algunas de sus características son: la objetividad en la visión del mundo,
normatividad que sugiere a la actividad humana y la reflexión. Su aplicación
es a la acción humana, donde los “principios orientan a las personas en la
concepción de la vida, el ser humano, los juicios, los hechos y la moral”. La
ética es de suma importancia en el liderazgo, ya que de ella depende, en
gran medida, la confianza y credibilidad que se tenga de un líder.

Autoridad es un arte, sí, el arte de conseguir que la gente actúe de


acuerdo con la influencia personal que ejerza el líder. Este arte se aprende y
se desarrolla con la puesta en práctica de los aspectos que estamos
trabajando en este texto y otros más. Conseguir que la gente reaccione ante
una propuesta, se llama influencia personal. Tiene que ver con lo que tú eres
como individuo, por las cualidades que te hacen diferente y digno de
confianza. A esta implicación también se le denomina Poder personal.

Poder, base del impacto e influencia de una persona, definido como


una capacidad potencial de categoría; poseerla puede ser suficiente para
ejercer influencia sobre otros. El poder puede residir en individuos, directivos
y líderes. Se legítima en un puesto jerárquico (poder de posición) que un
individuo ocupa en el seno de una organización que lo designa como superior
a los demás: jefe, gerente, etc.

Poder y autoridad se combinan cuando el dirigente es un líder (poder


personal), ya que la influencia de jerarquía se fusiona con la influencia
personal. La autoridad tiene que ver con el ser, el poder tiene que ver con el
hacer. De ahí la premisa “El respeto proviene de la autoridad; el miedo y la
coerción, del poder.”

Control. Este aspecto está relacionado con el ejercicio de las tareas o


del trabajo. Es labor del líder estar al tanto de que las metas y objetivos
lleguen a un buen fin, apresurar o detener las actividades si se requiere,
supervisar y llevar seguimiento, de manera periódica y constante. El control es
la realización de las funciones operativas que abordaremos en el siguiente
tema.

Funciones de un líder

Si bien es cierto que ejercer liderazgo conlleva una serie de


implicaciones, también es que: si en esa labor de dirigir seres humanos hay
entusiasmo, esfuerzo compartido, planeación, delimitación de roles y
definición de actividades, la dirección será efectiva y activa; invitará y
motivará a los demás a la “voluntad de hacer”, a transformar los deseos en
pasión por lograr éxitos comunes y benéficos para todos.
Desde cualquier punto de vista, una función implica responsabilidad y
constancia en el actuar cotidiano y en todo momento. Esto significa
congruencia de lo que digo con lo que hago. De ahí la importancia y
trascendencia que puede tener este tema, no sólo en los ámbitos laborales o
académicos, más aún en la parte personal (área que hemos venido
enfatizando en este texto), responsable ésta de las relaciones humanas que
se lleven a cabo.

Tipos y estilos de liderazgo

A medida que cambian las condiciones y las personas, evolucionan


las formas de ver el mundo, y por ende, los tipos y estilos de liderazgo. Las
exigencias modernas y actuales, reclaman líderes (personas o instituciones)
comprometidas consigo mismas, con los equipos o grupos a los que
representan y con la sociedad en general. No se trata sólo de proponer
metas o buenas ideas; sino de lograrlas en el menor tiempo posible y con la
trascendencia que les permita perdurar. ¿Cuántas veces nos hemos
encontrado que a personajes X o Y se les llama líderes y sus cualidades
dejan mucho que desear, según lo que se ha venido mencionando en este
texto? Esto tiene una razón de ser.
Como todo proceso, históricamente el liderazgo ha experimentado
periodos de transición que le han permitido evolucionar. He aquí un
recorrido breve:
Edad del liderazgo de conquista. Durante este periodo, la principal
amenaza era la conquista. La gente buscaba un defensor omnipotente que
le prometiera seguridad a cambio de su lealtad y sus impuestos. Surgieron
los mandatarios autoritarios y dominantes.
Edad del liderazgo comercial. Recién sucedida la revolución
industrial, la seguridad consistía en buscar a aquellos que pudieran indicar
cómo mejorar el nivel de vida de la población. El liderazgo empezaba a
centrarse en los dueños de las manufacturas.
Edad del liderazgo de organización (nivel empresarial). Las
manufacturas crecen y se convierten en grandes organizaciones. Aquí,
supuestamente, los estándares de vida eran más fáciles de alcanzar. La
gente comenzó a buscar un sitio adonde “pertenecer”. El liderazgo se
convirtió en la capacidad de organizarse.
Edad del liderazgo e innovación. Al crecer las organizaciones, se
obliga la innovación. Los líderes (personas u organismos empresariales) del
momento eran aquellos atentos y a la vanguardia que podían manejar los
problemas de la creciente competitividad.
Edad del liderazgo de la información. La participación de los medios
masivos de comunicación y la Internet son esenciales. En esta edad, el
liderazgo es aquella persona o institución que mejor procesa y maneja la
información: la interpretación más inteligente moderna y creativa.
Liderazgo en la “Nueva Edad”. En esta edad, a los líderes se les
requiere: utilizar, de manera adecuada, las nuevas tecnologías; capacidad
para analizar y sintetizar eficazmente la información que están recibiendo;
conocimiento y preparación para proyectar, tanto a corto como a largo plazo,
a fin de conservar un margen de competencia. A pesar de la nueva
tecnología, su dedicación debe seguir enfocada en el individuo; tener
presente que dirigen gente, no cosas, números o proyectos; por lo que la
habilidad para motivar y describir a quienes están dirigiendo se debe
fomentar día a día.
A la par de esta trayectoria histórica, surgieron diversas clasificaciones
del líder, así como de los estilos para hacer liderazgo. La más conocida
describe el vínculo líder-seguidor, de la cual se comenta a continuación;
asimismo, se resalta entre comillas (“ ”) a los seudolíderes.
“Líder” autocrático o autoritario. Personaje en desuso de ideas
castrantes y caducas que se caracteriza por ser dogmático e impositivo hasta
consigo mismo; algunas de sus estrategias son ignorar el talento de los
demás, restringir y minimizar sus acciones y habilidades; para justificarse
otorga recompensas y castigos. Como no confía en los demás se llena de
actividades y presiones.
“Líder” anárquico o laissez-faire (rienda suelta). Individuo igual de
negativo que el anterior, pero más peligroso, ya que utiliza su poder para
seducir a otros y obtener beneficios sólo para él aunque con ello perjudique a
los demás. Se disfraza con la aparente independencia o “rienda suelta” que
otorga a sus seguidores a los que deja a su suerte cuando hay que asumir
alguna responsabilidad.
Líder democrático o participativo (ideal). Es el propuesto por el
liderazgo en la vanguardia. Dentro de las acciones que lo identifican están:
consultar a sus colaboradores, promoviendo su participación hasta el
cumplimiento de metas y objetivos; el trabajo que postula es colaborativo; la
realización de tareas es conjunta porque confía en sus seguidores, a quienes
apoya por ser parte de su equipo y de la toma de decisiones trascendentes.
Es importante señalar que en pleno siglo xxi, no debería existir
clasificación de líderes buenos y malos porque en una época de retos y
cambios constantes, como la que se está viviendo, no hay lugar para
aquellos individuos e instituciones que minimizan o subyugan a sus
semejantes como el tipo “autoritario o autócrata”; y menos aún, para los que
evaden sus responsabilidades como el caso del tipo “rienda suelta”.
El liderazgo democrático o participativo, también denominado en
las últimas décadas Transformacional y Colaborador, es el que más se
aproxima a la realidad actual y a las nuevas tendencias; el perfil de motivador
de gente a que se apoye y supere mutuamente es el idóneo para un
“Liderazgo”. Si a este perfil le agregamos los objetivos, características,
implicaciones y funciones que ya se han explicado, el beneficio se da con
mayor eficacia para sí y para el equipo. Pueden existir estilos, en cuanto a la
forma de ejercer el liderazgo, ya que las circunstancias varían, según el
contexto en que se lleve a cabo; pero la esencia será siempre la misma. De
ahí que han surgido teorías al respecto, de las cuales se eligió la Situacional,
por la congruencia y por el cambio valioso y positivo que ha logrado en los
seguidores los últimos años.

Modelo situacional

Este enfoque tiene sus antecedentes en las secuelas de la 2ª. Guerra


Mundial: la finalidad era identificar qué aspectos hicieron que un líder fuera
efectivo. El resultado fue que la eficiencia del líder estaba en la atención que
éste otorgó a las características de sus seguidores y de las situaciones a las
que se enfrentaba. Este análisis fue retomado, años después, por Paul
Hersey y Kenneth Blanchard, quienes han planteado la conveniencia de que
los líderes modifiquen su preferencia por una u otra conducta y adapten su
liderazgo según sea la situación que se presente. Esto quiere decir: el grado
de dirección y apoyo que los líderes den a cada seguidor debe variar, de
acuerdo con su nivel de desarrollo (intelectual, social, etc.), competencias o
capacidades y compromiso para con una actividad. Cada quien debe estar
donde le corresponde y quiere estar. Se enfatiza, nuevamente, que el líder
debe acudir a sus habilidades humana, conceptual y técnica (trabajadas en
un tema anterior), las cuales le permiten observar y evaluar correctamente
cada situación, elegir y aplicar el estilo apropiado a cada uno de los
seguidores.
La base de este modelo son las acciones del que dirige en relación con
sus dirigidos (tareas y apoyo socioemocional); ejercicio que logra la madurez
de ambos. Entendiendo madurez, como la responsabilidad de autodirigirse en
relación con una actividad específica que se ha de llevar a cabo. Hersey y
Blanchard afirman que todas las personas poseen un grado de madurez en
función de los trabajos que les son asignados, así como en los objetivos que
se persiguen. Aquí la clave es la motivación para desarrollarla día con día.
En pocas palabras, el liderazgo situacional, propuesto por Hersey y
Blanchard, plantea aplicar estilos de liderazgo de acuerdo a la disposición del
seguidor. Este ciclo puede ser ilustrado por una especie de campana. Como
se observa en la figura, la curva distingue la relación entre el nivel de
disposición de un seguidor y el estilo de liderazgo que se puede aplicar,
según sus rasgos.

Las letras “E” mayúsculas refieren los estilos de liderazgo (son 4).
Cada estilo es una combinación del elemento tarea (instrucción) y del
elemento relación. En los mismos recuadros, también está el grado de
relación y de instrucción o tarea: baja (B) o alta (A). Como se señala, los
seguidores que requieren más apoyo y dirección son los que tienen un nivel
bajo de desarrollo y requieren menos los que tienen niveles más altos.

Estilo 1: Dirigir
Es apropiado en los proyectos de inicio, donde se requieren
instrucciones precisas; definición del qué, cuándo y dónde; planteamiento de
objetivos y estrategias; así como seguimiento de las mismas: alta instrucción
y baja relación. Aquí la habilidad conceptual trabaja en su máxima expresión.
Estilo 2: Orientar
Aquí la orientación y la persuasión van a la par (líderes y seguidores).
Los participantes tienen un alto desarrollo. La tarea es llevar un seguimiento,
aclarar dudas o revisar resultados; además, hay un intercambio de opiniones
e ideas: alta instrucción-alta relación. En este estilo, las habilidades
conceptual y humana tienen una función importante.

Estilo 3: Apoyar
Conocido también como estilo de asesoramiento, se distingue por la
comunicación bilateral: escuchar e intercambiar ideas a fin de tomar
decisiones de manera conjunta; llevar a cabo estrategias de acción en
nuevos o prometedores proyectos: baja instrucción-alta relación. Es un
excelente reforzador y apoyo para un equipo. Las habilidades conceptual,
humana y técnica están presentes en este estilo.

Estilo 4: Delegar
Aplicable para niveles altos de madurez y confianza, lo cual conlleva
capacidad y disposición para asumir responsabilidades y toma de decisiones
trascendentes en el área que representa. Aquí se otorga autoridad y poder a
determinados seguidores porque se les reconoce y recompensa con ello;
además, quiere y puede: baja instrucción-baja relación. Al igual que en el
estilo tres, la habilidad conceptual, la humana y la técnica deben estar muy
desarrolladas en este rubro por el compromiso que implica ceder la toma de
decisiones.