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La retórica del control en la Provincia de Córdoba: Participación

ciudadana y políticas de seguridad
Silvina Meritano1 (SECyT -FCS/UNC- CEA)

Resumen
Partiendo del planteo de Foucault en relación a las prácticas judiciales cuando sugiere que “son
algunas de las formas empleadas por nuestra sociedad para definir tipos de subjetividad, formas
de saber y, en consecuencia, relaciones entre el hombre y la verdad que merecen ser estudiadas”
(Foucault, 1980), proponemos analizar cómo la seguridad como derecho, se ha instalado desde
una retórica punitiva al interior de los sectores populares. Quiénes haciendo suyas demandas y
prácticas de seguridad que se pensaban propias de los sectores medios y altos, adscriben a lo
que podríamos llamar una cultura del control. Consideraremos como las políticas de “Seguridad
Pública” participaron en la construcción de estas lógicas al interior de la población, las cuáles son
recuperadas por las actuales políticas de “Seguridad Ciudadana”. Pondremos en tensión como
estos “nuevos” modo de gestión de la seguridad, centrados en las nociones de participación y
derechos, continúan perpetrando prácticas de violencia comunitaria e institucional. Tomaré como
caso de análisis al Plan Integral de Seguridad Ciudadana y Prevención del delito (Ley Provincial
N.° 10.437) y los distintos instrumentos que se crearon a partir del mismo. Analizando el impacto
que estas políticas tienen en las relaciones que se establecen al interior de las barriadas
populares.

Palabras clave: Córdoba, Cultura del control, Políticas de seguridad, Participación ciudadana,
Sectores Populares.

Introducción
El presente artículo surge de las primeras reflexiones formuladas a partir del trabajo de campo de mi
proyecto de investigación: “Punitivismo Popular. Problematizando la cultura del control y la
[in]seguridad en sectores populares de Barrio Argüello, ciudad de Córdoba (2018- 2019). El cual
tiene por objetivo: Analizar las prácticas securitarias desarrolladas por vecinxs de sectores populares de
Barrio Argüello, pertenecientes a Villa 12 de Julio, Sol Naciente y 28 de noviembre, respecto de jóvenes
residentes en el sector caracterizados como “peligrosos” (2018- 2019).

1 Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Profesora Universitaria En
Ciencias Sociales por la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL). Maestranda en Sociología por
el Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Becaria de Maestría por la
Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC. Doctoranda en Estudios Sociales de América Latina por CEA-UNC.
Docente Adscripta de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC. Integrante del equipo de investigación “Sujeto y
Espacio: Políticas de y sobre la Monstruosidad” Facultad de Ciencias Sociales UNC. Directora: Dra. Andrea
Torrano.
A lo largo de este trabajo, propongo analizar los elementos que conforman el “Plan Integral de
Seguridad Ciudadana y Prevención del delito” de la provincia de Córdoba. Un instrumento jurídico creado
por Ley Provincial N.º 10.437 en el año 2016 y que viene a complementar y modificar la Ley de Seguridad
Pública N.º 9.235. Este Plan se presenta dentro de un discurso de transformaciones de las políticas de
seguridad en Córdoba, a partir de la nueva gobernación de Schiaretti (2015- 2019) intentando distanciarse de
las políticas de la gestión Delasotista (2011-2015) ampliamente criticadas por organizaciones sociales,
académicos y actores políticos por las lógicas punitivas y criminalizantes que representaban. Me interesa
considerar como el Plan promueve prácticas securitarias y de control entre lxs vecinxs de barrios populares,
prácticas que tienen a la ‘delación vecinal’ como uno de sus componentes principales. Participando en la
producción de una forma subjetiva que es la del “vecinx engorrado”.
Este artículo está compuesto por tres secciones, la primera de ellas se ocupa de realizar una breve
historización del Plan Integral de Seguridad Ciudadana en relación a la Ley de Seguridad Pública,
destacando diferencias y continuidades entre ambas políticas. En una segunda sección me ocuparé de
analizar los fundamentos del Plan y las distintas estrategias de prevención de la [in]seguridad que el mismo
pone en marcha. Para finalizar consideraré la conformación de los Consejos Barriales de Participación
ciudadana, analizando su funcionamiento, las prácticas que como espacio legitima y los efectos que este tipo
de políticas tienen en la vida comunitaria.

De la Seguridad Pública a la Seguridad Ciudadana: ¿Un cambio de paradigma?
La Ley de Seguridad Pública de la Provincia de Córdoba N.º 9.235 sancionada en el año 2005,
“tiene por objeto regular el Sistema de Seguridad Pública de la Provincia de Córdoba, las
relaciones que surjan entre los integrantes del Sistema Provincial de Seguridad Pública, las
autoridades provinciales y la comunidad” (Boletín Oficial, 2005: 4). Dentro de las acciones que
establece y regula, se encuentra la prevención, persecución y conjuración temprana de
contravenciones y delitos. Esta impronta de prevención se articula en un primer momento con la
noción de la participación comunitaria, puesto que esta Ley promueve la creación de Juntas de
participación ciudadana. Hathazy (2014: 4) señala al respecto:

El cambio en el partido de gobierno en 1999, desde la UCR a la alianza al Partido Justicialista con sectores
de centro-derecha en Unión por Córdoba, liderada por el gobernador José Manuel De la Sota, consolidó la
política de seguridad como área de gobierno, pero con una mutación hacia la categoría
“seguridad pública” liderada por actores policiales.

La Ley de Seguridad Pública se apoya en el Código de Faltas de la Provincia de Córdoba, el cuál en
ese momento establecía una serie de conductas que si bien no configuraban delito, eran consideradas
contravenciones y por lo tanto, pasibles de intervención policial. Este Código formulado bajo en paradigma
de la prevención del delito “so pretexto de prevenir delitos y asegurar la convivencia social detiene a los
ciudadanos bajo figuras ambiguas y vagas y criterios subjetivos y arbitrarios. La selectividad intencionada de
su aplicación tiene como preferentes a los jóvenes de sectores populares, en tanto son vistos como
‘sospechosos’” (Bonvillani y Lerchundi: 2016: 1).
Durante el año 2010, sólo por tomar un ejemplo, se llevaron adelante alrededor de 38.000
detenciones en el marco de este Código, la mayor parte de las mismas, se encontraban
enmarcadas en la figura del ‘merodeo’. Esta contravención permitía detener a personas que
“merodearen edificios o vehículos, establecimientos agrícolas, ganaderos, forestales o mineros, o
permanecieran en las inmediaciones de ellos en actitud sospechosa, sin una razón atendible,
según las circunstancias del caso, o provocando intranquilidad entre sus propietarios, moradores,
transeúntes o vecinos” (Ley 8431, Art. 98). Lo que en la práctica se traducía en vía libre para la
detención de jóvenes de sectores populares en las cercanías del centro de la ciudad, por
‘portación de cara’, detenciones basadas en la sospecha preventiva frente a la posibilidad de que
un individuo o grupo cometan un delito. Una estadística de ese mismo año indicaba que una
persona era detenida cada 13 minutos bajo alguna figura contravencional:

La ingesta de bebidas alcohólicas en espacios públicos, el consumo de drogas ‘blandas’, los
grafittis, el merodeo, la vagancia, la mendicidad, dormir en lugares públicos, ser ‘incivil’: estas
conductas dejan de ser molestias tolerables o signos de remordimiento para la conciencia de la
clase media para convertirse en la materia desordenada de la que se alimenta el delito grave.
(Garland, 2001:296)

El ‘merodeo’ se constituye como una práctica de control del delito, que “intenta hacer que
la sociedad sea menos abierta y móvil: fijar identidades, inmovilizar individuos, poner en
cuarentena a sectores completos de la población, erigir límites, bloquear accesos” (Garland, 2001:
281). Esta estrategia funciona cercando a los jóvenes en sus barrios, limitando sus posibilidades
de acceder a otros espacios, principalmente al centro de la ciudad, regulando el flujo de
circulación:

El Código de Faltas se erige así como un instrumento de disciplinamiento social de los sectores
marginados, pero también como herramienta de gobierno frente a la protesta social. Las
modificaciones que desde entonces tuvo el Código de Faltas, fueron siempre apuntando en el
mismo sentido: reprimir la protesta social y disciplinar a los sectores subalternos (Brocca, Morales
y Plaza, 2014: 21).

El Código de Faltas de la Provincia de Córdoba generó un fuerte repudio entre
académicos, organizaciones sociales, profesionales y jóvenes. Fueron estos mismos jóvenes,
perseguidos, detenidos y violentados quiénes organizaron la resistencia, desde 2006 comenzaron
a salir anualmente a las calles de forma organizada en lo que se conoce como “La Marcha de la
Gorra”2.
Al considerar los fundamentos de estas legislaciones, encontramos referencias de las mismas que
pueden asociarse con el paradigma de la prevención del delito, la que necesariamente debemos asociar al
asesoramiento que en materia de seguridad el gobierno de la provincia de Córdoba recibió del Manhattan
Institute. En el año 2004, el entonces gobernador De la Sota, firma un acuerdo marco de cooperación entre la
Fundación Axel Blumberg, el gobierno provincial y el think-thank estadounidense, el cuál brindó
asesoramiento para la implementación en Córdoba de las llamadas políticas de “Tolerancia Cero”
popularizadas por el alcalde de New York, Rudolph Giuliani. La Zero Tolerance, dirá De Giorgi (2005: 156)
“es más que una nueva retórica política, casi una tendencia subcultural o una filosofía popular […] es en
parte una estrategia de seguridad urbana” Se basa en la represión de aquellas acciones que aún sin constituir
un delito pueden llegar a generar la ocasión para serlo, prevención medioambiental y en la concepción del
delito como oportunidad, por lo cual se fundan en múltiples estratégias disuasivas. Es necesario señalar que
las políticas de “tolerancia cero” aplicadas en New York, fueron fuertemente criticadas por Amnistía
Internacional, puesto que se observó durante su vigencia un aumento de la violencia policial, de prácticas
racistas y de impunidad en casos de homicidios llevados adelante por el NY Police Departament.
Fenómenos similares a los que fueron ampliamente denunciados en la Provincia de Córdoba.
Crisafulli y Castro (2017: 1) destacan que hasta 2015 la seguridad en la Provincia de Córdoba
“estuvo caracterizada por un modelo punitivo que implicó un aumento de la cantidad de detenidos por el
Código de faltas, en el presupuesto en materia de seguridad y en la cantidad de efectivos policiales en las
calles”. Intervenciones gubernamentales enmarcadas en un discurso de “Mano Dura” que tendían al combate
del delito construido desde un discurso bélico, enmarcado en prácticas de abuso policial, aumento de las
muertes por “Gatillo Fácil”, policiamiento de la ciudad, instalación masiva de cámaras de video-vigilancia, la
creación de la Fuerza Policía Antinarcóticos, etc.
El 02 de diciembre de 2015, la Legislatura de la Provincia de Córdoba deroga el Código de Faltas
(Ley Provincial N.º 8.431) y lo reemplaza por el Código de Convivencia Ciudadana (Ley Provincial N.º
10.326). Esta situación es un hito en la historia de la provincia, puesto que el Código de Faltas se constituía
como el principal instrumento que habilitaba la detención masiva de jóvenes de sectores populares en la vía
pública. El 12 de diciembre de 2015, presenta el Plan Integral de Seguridad Ciudadana y Prevención del
delito, enmarcado en la Ley N.º 10.437 Sistema provincial de Seguridad Pública y Ciudadana. Ambos actos
de gobierno, son planteados como transformaciones en los modos de entender y abordar la problemática de
la [in]seguridad, con referencias a la relación entre delitos y exclusión social y una retórica fundada en una
percepción restringida de los Derechos Humanos.
Este Plan popularizado por el gobernado Schiaretti bajo el título “Córdoba se encuentra” recibió el
asesoramiento del Arq. Gustavo Restrepo, quién fue uno de los urbanistas que participó en la elaboración de

2
las políticas públicas implementadas en Medellín en el marco de la lucha contra el narcotráfico. Observese
nuevamente como la figura de un asesor internacional precedido por una experiencia exitosa, vuelve a
aparecer en el marco de este convenio de colaboración. Iniciativa que vuelve a intentar trasladar recetas
foráneas y adaptadarlas a la realidad cordobesa.
Este Plan se inscribe como una modificación a la Ley de Seguridad Pública, realiza algunos cambios
y recupera algunas de las iniciativas de la misma que habían quedado truncas (como las Juntas de
Participación ciudadana a las que denomina de una nueva forma) y otorga un protagonismo central a la
participación ciudadana, siendo las nociones de convivencia ciudadana y del modelo integral de seguridad,
los que priman en la propuesta. En el Art. 2 la Ley 10.437 establece que:

La seguridad pública está a cargo exclusivo del Estado Provincial y tiene por objeto preservar la
integridad y derechos de las personas, la libertad, el orden y la paz pública en el marco del
Estado de derecho. La seguridad ciudadana tiene por finalidad promover la convivencia de la
ciudadanía garantizando la integridad, el legítimo disfrute y posesión de sus bienes y el efectivo
ejercicio de sus derechos y libertades, asegurando la participación ciudadana en el desarrollo de las
políticas de seguridad provincial.

Múltiples continuidades permean esta nueva iniciativa, particularmente en relación al paradigma de
la prevención que sigue estando presente, sin modificaciones dentro del cuerpo legislativo. Como novedad se
introducen una serie de mecanismos orientados a generar los canales de participación los que se encuentran
concentrados en el Plan Integral de Seguridad Ciudadana y Prevención del Delito, el cual tiene por
finalidad: “atender de manera integral y multidisciplinaria la problemática de la seguridad con eje
en la prevención, articulando esfuerzos de distintos organismos gubernamentales en la
implementación de estrategias que tengan como núcleo la participación ciudadana para la
promoción del desarrollo humano.”

La dimensión del encuentro y desencuentro vecinal
La pregunta que me formulo, siguiendo a Foucault (1996), es por la introducción de la
participación ciudadana en el cuerpo legislativo: ¿Sobre qué prácticas sociales se origina la
necesidad de incluir y reglar la participación ciudadana en el marco legislativo de las políticas de
seguridad? Como ya mencioné la participación ciudadana de modo subsidiario, se encontraba
presente en la Ley de Seguridad Pública, a través de la figura de las Juntas de participación
ciudadana. Esta idea de una gestión conjunta entre la Policía y la ciudadanía fue dejada sin efecto
por:

la misma policía [quién] ha desplazado al Consejo Provincial de Seguridad Ciudadana, creado en
1999 y encargado de coordinar participación comunitaria (Dammert 2001) y desde la Dirección de
Participación Comunitaria policial este se limitó a extender un programa de alarmas comunitarias
de aviso policial por los vecinos (Hathazy, 2014: 5)

Observemos que las políticas de seguridad hasta el 2015, estaban centradas en el accionar
policial dejando a la población en un rol pasivo basado en nociones de vulnerabilidad y
desprotección. La población no aparece como un sujeto activo en la “lucha contra la inseguridad”
hasta su inclusión en el marco legislativo y la creación de áreas de gobierno orientadas a ella. Una
de las principales críticas que recibió el modelo policialista y represivo en materia de [in]seguridad
fue su ineficacia:

El resultante de la aplicación de esta política derivó en:
a. La no disminución de los hechos delictivos.
b. El aumento exagerado del presupuesto en materia de seguridad y su correlato de disminución
de presupuesto en otras áreas como salud o educación.

c. Verdaderos casos graves de violación de los Derechos Humanos más básicos.

d. La impunidad de los delitos más graves: al enfocarse la política de seguridad en la persecución
de pequeñas incivilidades, dejó de investigar las economías delictivas (Crisafulli y Castro, 2017:
7)

La [in]seguridad como problema en Córdoba se encuentra presente en los discursos de lxs
vecinxs quiénes no permanecen indiferentes frente a ella, ya sea por la ocurrencia de hechos
delictivos, la “sensación” de inseguridad, la oposición o defensa a las políticas de seguridad
nacionales, provinciales y municipales. Al analizar la cuestión por medio de datos cuantitativos
observamos que la “Encuesta Nacional de Victimización 2017”, elaborada por el INDEC y
publicada el 15 de febrero de 2018, establece que un 40,2% de los cordobeses considera “muy
grave” la inseguridad que se vive en la provincia y 43,2% la califica de “bastante grave”, mientras
que solo 16,3% la percibe como “poco o nada grave”. Registrándose que un 83,4% de la
población se encuentra preocupada por la problemática de la [in]seguridad. Córdoba tiene la tasa
de prevalencia de delitos contra el patrimonio más alta del país, lo mismo en relación a delitos no
violentos, que en la provincia se aproxima al 12% (superando la media nacional). Así mismo,
presenta cifras sumamente altas de detenciones arbitrarias, muertes por “gatillo fácil” y violencia
policial. Como así también se han registrado numerosos hechos de linchamientos en el marco de
sospechas de delitos o concurrencia de los mismos, así como muertes y lesiones en ocasión de
robos. Como señala Garland (2001: 247):

Hablar de una experiencia del delito, es este sentido, es hablar del significado que adquiere el
delito en una cultura en particular, en un momento dado. Es hablar de un tejido compacto que
entrelaza mentalidades y sensibilidades colectivas y una serie de términos que las representan
publicamente, es decir, una red cultural que está incorporada a formas específicas de vida y que,
por razón, se resiste a la alteración deliberada y tarda en cambiar.

Lxs vecinxs no habían permanecido indiferentes frente a esta “experiencia del delito”,
pudiendo comprobarse diferentes formas e organización, de acuerdo a las posibilidades de cada
uno, para prevenir la victimización frente a un hecho de criminalidad. Dentro de estas estrategias,
encontramos los masivos éxodos de grupos familiares hacia formas de urbanizaciones cerradas
con seguridad privada, proliferando los countrys, las torres verticales, los complejos
habitacionales, etc. La masiva instalación de alarmas, la contratación de seguridad privada por
cuadras, la proliferación de cámaras de videovigilancia, lo que dio lugar al lucrativo negocio de la
seguridad privada en Córdoba. Aquellos que no contaban con la posibilidad de contratar este tipo
de servicios, se organizaban a través de grupos de WhatsApp de “Vecinos en Alerta”, se
instalaban alarmas comunitarias, pero también en los sectores populares se observaba la
organización de la seguridad barrial por medio de acuerdos con los encargados del
narcomenudeo de la zona, la adquisición y adiestramiento de perros para la defensa frente a
posibles ataques, etc.
El Plan “Córdoba se encuentra”, intenta de algún modo complementar estas estrategias
individuales, mediante un “devenir ciudadano” en relación a la seguridad. El Plan Integral de
Seguridad Ciudadana y Prevención del Delito, en su Art. 12 establece los siguientes objetivos:

a) Estimular y promover una cultura de la prevención a través de la sensibilización de la comunidad
y la capacitación de los actores sociales;
b) Fomentar la participación ciudadana y el compromiso social en el diseño e implementación de
estrategias de prevención integral;
c) Desarrollar estrategias sociales, educativas, culturales, de salud y de infraestructura urbana y
todas aquellas que, con la intervención participativa de la comunidad, tiendan a abordar y mejorar
los factores de riesgo que influyen en la comisión de delitos; [...]
e) Estimular y apoyar las iniciativas y acciones de prevención que propongan los vecinos y
organizaciones no gubernamentales, enmarcadas en el irrestricto respeto por los derechos
humanos y el Estado de derecho;
f) Promover el accionar de municipios y comunas hacia una optimización en la prestación de los
servicios públicos que favorezcan las condiciones de seguridad y el desarrollo de estrategias de
prevención del delito y la violencia, otorgándole preponderancia a la participación ciudadana
como políticas esenciales orientadas a la seguridad ciudadana; (Boletín oficial, 2015: 10)

En la práctica el Plan se ha establecido sobre 4 acciones principales: la creación de la policía barrial
con una fuerte presencia territorial, la creación de la figura del “promotor” encargado de coordinar los
Consejos Barriales de Prevención y Convivencia, la construcción de los llamados “Demos barriales” y la
creación de “corredores seguros”. Gran parte de las medidas llevadas adelante tienen una fuerte impronta
urbanística, que enlazada con el paradigma de la prevención, nos remite a la teoría de las ventanas rotas
(broken windows) de Wilson y Kelling (1982). Quiénes sostenían que cuanto más degradado aparezca un
ambiente urbano tanto más probable resulta que en aquel contexto aparezcan transgresiones, por lo que es
necesario combatir las pequeñas incivilidades para poder frenar el avance de la inseguridad, doctrina que se
centra en el abordaje territorial del delito, el embellecimiento de los espacios comunes, y la “reconquista del
medio urbano” (De Giorgi, 2005: 159).
La planificación de estas acciones fue planteada a través de la elaboración de un mapa del delito en
la Ciudad de Córdoba, sobre la que se aplica la metodología de cuadrantes, para el abordaje de la seguridad.
Los datos y criterios utilizados para la división de barrios consolidados en parcelas más pequeñas no está
disponible para la consulta de la población en general como tampoco de quiénes nos ocupamos de trabajar en
el análisis de las políticas de seguridad. El “Mapa Caliente de la Inseguridad en Córdoba” como tituló el
diario La Voz del Interior a la nota en la que fue difundida el mapa, nos muestra la siguiente clasificación:

Illustration 1: Fuente: La Voz del Interior- 27/07/16

De acuerdo a los dichos de funcionarios provinciales, esta clasificación sirve de base para la puesta
en práctica del Plan priorizando las acciones en territorios que presentan mayores índices de vulnerabilidad.
Es necesario destacar que las zonas marcadas con color rojo y descriptas como aquellas que presentan
mayores índices de “vulnerabilidad” corresponden con asentamientos y barrios populares. Es en estas “zonas
rojas” dónde se implementan primeramente las acciones orientadas a la promoción de la participación
ciudadana y la prevención del delito. Esta zonificación, esta orientada a la prevención del delito común o
callejero, mientras que los llamados “delitos de cuello blanco” particularmente los llevados adelante por
funcionarios del Estado (entre lo que encontramos a las altas cúpulas policiales y políticas de la provincia) y
que contribuyen estructuralmente a la generación de condiciones de desigualdad continúan quedando
invisibilizadas.
Me detendré a analizar brevemente los componentes del Plan Integral de Seguridad
Ciudadana y Prevención del delito. En primer lugar, resulta significativa la creación de una nueva
figura dentro del campo policial que es la llamada “Policía Barrial” en la provincia de Córdoba para
la Gestión de Seguridad Ciudadana por Cuadrantes, “una nueva herramienta de gestión
organizada en materia de prevención y bajo un modelo de proximidad, que entró a funcionar a
mediados de 2016 en la capital cordobesa” (Castro, 2017: 15). Al respecto de la conformación de
la misma, Schiaretti refería en 2016:

La Policía Barrial es una política de Estado que busca recrear la convivencia, procurando la
efectiva solución a los distintos problemas que hay en los barrios, los pueblos y ciudades de la
provincia. Este modelo de proximidad se articulará con las asociaciones vecinales, con una idea
preventiva y de reconstrucción del tejido social (Schiaretti, 2016: 1).

Estos agentes procuran mediante el modelo de proximidad crear lazos de confianza con los
ciudadanos, para poder trabajar en la prevención del delito. En la práctica se observa entre las
estrategias de articulación con la ciudadanía la presencia constante de la Policía Barrial en las
reuniones de los Consejos barriales, la creación de grupos de WhatsApp que promueven el
contacto directo con los agentes presentes en el barrio y las visitas al domicilio de lxs vecinxs para
llevar adelante tareas de prevención que muchas veces apuntan a fortalecer las prácticas de
“delación vecinal” de las que nos ocuparemos más adelante. Hay que considerar la incorporación
de estos nuevos agentes en la situación general de la Provincia de Córdoba, la Organización de
las Naciones Unidas recomienda un número propicio de 300 policías cada 100.000 habitantes,
nuestra provincia cuenta con Cordoba 690 policias c/100.000 habitantes. Lo que supone un
número excesivamente alto. La Policía barrial eleva el número de agentes en las calles y con
nuevas tareas que apuntan específicamente a intervenir en las tramas relacionales y culturales de
las barriadas populares.
Por su parte los Demos Barriales, son espacios creados para generar “encuentro
ciudadano” en base al impulso del deporte, la recreación, la cultura y la participación ciudadana a
través de:
 Articular distintos Programas y Proyectos con Arquitectura de escala barrial que promueve
el equilibrio para el barrio en servicios y que integran diversos usos y programas
 Regeneración de espacios existentes
 Reactivar espacios Urbanos Restringidos en Espacio Público efectivo para el encuentro
Ciudadano.
En la práctica se trata de una superficie cubierta de 60 mts. cuadrados compuestas por containers
que ofician de salas de primeros auxilios, un sector de cultura, sector de deporte, (playón
deportivo) y depósito y una sede de la Policía barrial. Contrariamente a lo enunciado por le Arq.
Restrepo durante el Congreso Internacional de Urbanismo3, cuando refería que: “La belleza y la
calidad de la construcción tiene que estar con los mas humildes”, los Demos Barriales parecen ser
espacios degradados para poblaciones degradadas.

Por su parte los “corredores seguros” se constituyen como una intervención vinculada a la
gestión de la circulación de la población. Los mismos surgen de un acuerdo entre el municipio de
la ciudad de Córdoba y la Provincia para la instalación de luces led, en reemplazo de las lámparas
halógenas en el espacio público. Las que son ubicadas en determinadas calles donde hay una
fluida circulación de la población. Observo en este sentido como cobra una nueva centralidad el
aspecto medio ambiental en este tipo de abordaje, estos espacios que se delinean, se iluminan,
se monitorean y se presentan como espacios construidos en conjunto con la población para el
“combate de la [in]seguridad”, se vuelven espacios restringidos de intervención policial. A través
de este tipo de intervenciones sobre el medio, el poder puede operar regulando la población en su
conjunto. Estableciendo espacios “seguros” de circulación, se deja en condiciones de oscuridad e
[in]seguridad al resto del barrio. El control policial se vuelve más efectivo a partir de la
construcción de estos ámbitos, que ponen en el centro de la escena los cuerpos de los jóvenes
racializados y perseguidos para ser objeto de la mirada, la intervención y el control policial.
Definiéndose así espacios aptos y no aptos para la circulación y estableciendo formas de circular
por estos espacios.

Finalmente nos ocuparemos en el último apartado de uno de los elementos centrales de estos
dispositivos de participación ciudadana, en la figura de los Consejos Barriales.

Consejos Barriales de Prevención y Convivencia
Según la folletería entregada en el Congreso Internacional de Urbanismo, a través de la cual se
buscaba promocionar el modelo de seguridad de Córdoba, se define a los Consejos Barriales como:

ámbitos de participación ciudadana donde LOS PROTAGONISTAS PRINCIPALES SON LOS VECINOS,
quiénes de manera democrática establecen las necesidades más relevantes del territorio de donde provienen, en un
trabajo mancomunado y de cogestión con el Estado, CON EL OBJETIVO DE IR CONSTRUYENDO
PAULATINAMENTE UN AMBITO MAS SEGURO, entendiendo el término SEGURIDAD desde una
perspectiva integral en donde se conjugan todas las circunstancias o situaciones que rodean la vida en sociedad y

3 Apuntes tomados durante la Presentación del Plan Integral de Seguridad Ciudadana y Prevención del Delito a cargo
del Arq. Gustavo Restrepo. 1er. Congreso Internacional de Urbanismo Social, Córdoba 18-19 de octubre.
Universidad Provincial de Córdoba.
que en criminiología se denominan FACTORES DE RIESGO (Congreso Internacional de Urbanismo Social, 2018:
14).

Estos espacios surgen primeramente en los cuadrantes caracterizados con el color rojo, y definidos
como los más “calientes” en relación a la seguridad. Durante los tres primeros años en que funcionaron estos
espacios, según lo referido por los mismos vecinxs que participaban del mismo, primaba una mirada
“policialista”. Estos ámbitos, se encontraban centrados en la denuncia de pequeñas ilegalidades, que eran
captadas por el personal policial para la intervención, incivilidades como escuchar música fuerte, andar en
bicicleta por la vereda, fumar mariguana en espacios públicos, la “sospecha” respecto de actividades ilícitas,
eran suficientes para dar lugar al accionar policial.
Pero para que la intervención policial pudiera ser puesta en práctica era fundamental la contribución
de los vecinos. Encontrando en las acciones de “delación vecinal”, uno de los principales mecanismos para la
prevención del delito. A través de estas acciones de gestión y participación comunitaria, el Estado esta
intentando capitalizar no sólo las formas liberales de producción de seguridad y de protección de la
propiedad privada a manos de vecinxs, sino principalmente se busca establecer formas de regular el
territorio, de controlarlo. Pero para poder hacerlo, resulta fundamental la existencia de actores dispuestos a
involucrarse.
Los barrios populares, históricamente se configuraban como espacios que quedaban por fuera del
control policial, donde prácticas de protección entre los vecinos y la existencia de “códigos” funcionaban
regulando aquello que podía ser denunciado, de aquello que permanecía oculto. Los conflictos se regulaban
dentro de sus límites. El Colectivo Juguetes Perdidos (2014), hace referencia a la hipótesis de los posbarrios
para pensar la metamorfosis que a nivel relacional comenzó a operar en los barrios populares. Espacios que
se han degradado territorial y vincularmente, dónde las lógicas de la denuncia, han ingresado como parte de
las estrategias para garantizar la protección de los derechos humanos, pero que han producido efectos
mayores a los esperado y han sido apropiados por los sectores populares de maneras que no hubiésemos
podido predecir (Meritano, 2015)
Lxs vecinxs que denuncian la presencia de jóvenes en “actitud sospechosa” no son desconocidos,
como se podía pensar del pasado “merodeo” estxs vecinxs que se acercan al Consejo Barrial a plantear la
situación de lxs jóvenes manifiestan conocerlos desde chicxs, los reconocen como parte del barrio, pero se
refieren a ellos en los términos de “sospechosos” o “peligrosos”. La cultura de la delación “funda una
sociedad perversa un status quo social sobre la base del equilibrio de pequeños terrores
íntimos,es decir, sobre el miedo cuasi-universal a la denuncia" (Rodríguez Alzueta, 2014:121) La
cultura de la delación “funda una sociedad perversa un status quo social sobre la base del
equilibrio de pequeños terrores íntimos,es decir, sobre el miedo cuasi-universal a la denuncia"
(Rodríguez Alzueta, 2014:121). Las prácticas de policiamiento, la denuncia y entrega policial, dan
cuenta de la ruptura del tejido social en los sectores populares. La imposibilidad de tejer redes
alternativas para la contención de estos jóvenes, por fuera del accionar policial pone de manifiesto
los estallidos “de los comunes” (Colectivo Juguetes Perdidos, 2014) que organizaban la vida de
las comunidades y que eran un signo manifiesto de la posibilidad de construir más allá de la
precariedad de la existencia individual.

La situación de estos jóvenes aparecen cifrados desde la categoría de la anormalidad, una
anormalidad que es convalidada por las instituciones educativas, pero también por las judiciales y
los ámbitos de salud:

Una de las formas en las que el poder convierte en objeto de saber a ciertos sujetos y, al mismo
tiempo, se relaciona con prácticas de saber y tecnologías de poder. Desde la perspectiva de
Foucault, la distinción entre normal y anormal es central en el ejercicio del poder disciplinario que
atraviesa las sociedades normalizadoras (Torrano, 2014:19).

Estas prácticas de saber comienzan a dar lugar al desarrollo de prácticas policialistas a
través de los mandatos que establecen, donde todas las acciones llevadas adelante por estos
jóvenes son leídas en desde una perspectiva de la anormalidad. Siendo la ausencia de un vínculo
institucional (escuela, vecinal, club barrial) y laboral leído en los terminos de “vagancia” la cuál es
activamente denunciada como condición de posibilidad del delito:

La “vagancia” es una de las etiquetas usadas por los vecinos a través de la cual descalifican a los
jóvenes en el barrio y la ciudad. Una “vagancia” que se averigua en reuniones cotidianas en la
esquina del barrio, La “vagancia” es la antesala del pibe chorro. Tarde o temprano un vago se
convertirá en bardero, y este en pibe chorro” (Rodríguez Alzueta, 2014: 117)

Desde una perspectiva foucaultiana podemos observar en esta discriminación entre vidas
valiosas, la de los ciudadanos de clase media y alta, pero también las vidas de lxs buenxs vecinxs
que denuncian y aquellas que no merecen ser vividas ni lloradas (Butler, 2006) la de los jóvenes
de sectores populares. Encontrándose aquí los efectos del racismo como tecnología de poder,
activando las funciones mortíferas del Estado:

Algunas vidas valen la pena, otras no; la distribución diferencial del dolor que decide qué clase de
sujeto merece un duelo y qué clase de sujeto no, produce y mantiene ciertas concepciones
excluyentes de quién es normativamente humano: ¿qué cuenta como vida vivible y muerte
lamentable? (Butler, 2006:17)
Este modelo de seguridad centrado en la participación ciudadana establece un corte entre
dos grupos de ciudadanos, aquellos cuyas vidas son dignas de protección y aquellas vidas que
pueden ser abandonadas. Lo interesante es cómo se vuelve indispensable la participación de
vecinxs de sectores populares para que la cultura del control que se intenta imponer en la
Provincia de Córdoba resulte verdaderamente eficaz, sin esos “buenxs vecinxs” abocados a las
tareas de microvigilancias y de delación profesional, no sería posible extender la mirada
policialista al interior de las barriadas populares.
Es necesario considerar finalmente cómo esta serie de prácticas securitarias extendidas
por toda la población, pero las que analizamos particularmente en relación a los sectores
populares, son retomadas por las agencias productoras de seguridad, e integradas en una
estrategia de prevención del delito. Al incorporarse esta serie de prácticas en un marco legislativo
es interesante considerar una de las formas subjetivas a las que estarían dando lugar, la que
podemos pensar por medio de la docilidad del “buenx vecinx” dispuesto a colaborar con las
agencias de seguridad para el combate del delito. La pregunta que me surge al respecto y que
quiero dejar abierta luego de este breve análisis es:
¿Qué efectos tienen en la vida comunitaria estas microvigilancias? ¿Cómo pueden mantenerse y
fortalecerse los vínculos comunitarios cuando encontramos vecinxs dispuestxs a aliarse con las
fuerzas de seguridad incluso contra sus propixs hijxs o vecinxs? ¿Cómo continuar viviendo juntxs
compartiendo el territorio cuando se multiplican las rupturas comunitarias? ¿Cómo desarrollar
acciones que se contrapongan a estos efectos? ¿Qué forma debe tomar las prácticas de
resistencia cuando las prácticas securitarias se han vuelto parte de la vida cotidiana?

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