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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I

Junyent Bas, Francisco – Molina Sandoval, Carlos:

“Ley de Concursos y Quiebras Comentada”

Tomo I

Ed. Abeledo-Perrot

2009

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
DEDICATORIA
A la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba, verdadera escuela de
derecho y fragua donde tantas generaciones aprendimos a conocer y amar la ley como instrumento de
convivencia y justicia entre los hombres, en cumplimiento del mandato de su escudo Ut portet nomen meum
coram gentibus.

Francisco Junyent Bas y Carlos Molina Sandoval

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hipotecarias. Créditos hipotecarios para la vivienda. Ejecución de hipotecas (arts. 14, 15, 16 y 23).
- Ley 25.113. Contratos de maquila (arts. 1º a 10).
- Ley 25.248. Leasing (arts. 11, 26 y 27).
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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I

PALABRAS PRELIMINARES
Esta obra nació al "calor" del quehacer docente y tribunalicio, intentando plasmar el análisis exegético,
funcional e integral de toda la legislación falimentaria.
La intención fue dotar al lector de una guía de los principios y directrices básicas del ordenamiento concursal
que integrase sus diversos institutos y, a su vez, diera las respuestas fundamentales para la aplicación práctica
de esta rama del derecho.
Por ello, intentamos un texto que pudiera dar respuestas a los estudiantes universitarios, a los docentes y a
los profesionales, mediante un abordaje concreto de todo el articulado de la ley.
En este sentido, además del estudio de cada norma y su correspondiente integración en cada uno de los
institutos de la legislación falimentaria, hemos reseñado las principales opiniones doctrinarias, como así
también la jurisprudencia que consideramos pertinente o útil para el mejor entendimiento del derecho vivo,
buscando facilitar la aplicación práctica del estatuto concursal.
También hemos querido evitar el exceso de construcciones teóricas con el objeto de dotar a la obra de la
sencillez necesaria para convertirla en un texto de fácil consulta.
Hemos tenido presente que el derecho, como ciencia jurídica, debe poner inteligencia en la aplicación de la
ley, pero no debe caer en "conceptualismos" excesivos que lo alejen de la realidad.
El derecho es para la vida, como enseñaba con su habitual versación el maestro español Joaquín Garrigues, y
la interpretación y aplicación de la ley debe receptar los valores sociales, promoviendo una sociedad más
justa y equitativa.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Nociones Introductorias
I. Caracterización del proceso concursal
1. Introducción
El estudio y caracterización de los procedimientos concursales constituye un tema que siempre ha
preocupado a la doctrina comercialista extranjera y nacional, aun cuando pueda señalarse que la elaboración
de una teoría general del proceso falimentario es una etapa relativamente reciente.
Se ha señalado desde algunos ámbitos doctrinarios la inutilidad de abordar, de manera acabada, la
"naturaleza jurídica". Mas ello no es así, pues, como afirma el profesor italiano de la Universidad de
Bologna, Bonsignori, ello puede conducir "a resultados no carentes de importancia, incluso para la solución
de cuestiones de exégesis de la ley de quiebras vigentes en sus diversos niveles".
No es ésta la oportunidad de enfrentar, en profundidad, un tema tan complejo, por lo que sólo
abordaremos algunos aspectos centrales, en orden a una mejor explicación del proceso de verificación de
créditos y del fuero de atracción, ejes del procedimiento concursal.
Conviene recordar, como punto de partida, que los autores destacan la confluencia que se opera,
tanto en el concurso preventivo como en la quiebra, de aspectos sustantivos y procedimentales que se
"entremezclan" en esta disciplina del derecho concursal. El derecho falimentario integra, de manera
inescindible, aspectos sustanciales e instrumentales que le otorgan una "interdisciplinariedad" y
"complejidad" particulares.
En una primera aproximación debemos recordar que la doctrina ha señalado que el juicio concursal
tiene por finalidad la recomposición del patrimonio del deudor insolvente, mediante un acuerdo con sus
acreedores; o la liquidación de dicho patrimonio para distribuir su producido entre los acreedores. Los
especialistas sostienen que la ejecución colectiva universal (el juicio concursal) se desarrolla en beneficio de
todos los acreedores, a diferencia de la ejecución individual, que lo hace únicamente en beneficio del
acreedor que la promovió. La cesación de pagos es a la falencia lo que el incumplimiento singular es a la
ejecución individual; o sea, su presupuesto objetivo esencial.
En una palabra, el derecho concursal se configura como una amalgama de normas referentes al
derecho procesal y al derecho sustancial, tanto de derecho público como privado.
2. Diversas teorías
La doctrina no ha sido pacífica al momento de definir la naturaleza jurídica de los procedimientos
concursales, o sea, las notas caracterizantes de este instituto. En esta línea, se pueden diferenciar los autores
que se enrolan en teorías sustantivistas reconociendo en este proceso características propias, y juristas que,
ubicándose en teorías procesalistas, acentúan el carácter procedimental de ejecución colectiva. También se
debate si es un proceso contencioso o uno voluntario y en qué medida es judicial o administrativo.
Cámara explica las múltiples teorías que se han expuesto, divididas en contractualistas -voluntad
constreñida, voluntad presunta, representación legal- y procesalistas -sentencia judicial, contrato procesal,
obligación legal-, cuya porfiada controversia aún perdura.
Ahora bien, a poco que se analicen las argumentaciones de los autores se advierte que la disidencia
parte de la existencia de dos grandes procedimientos, a saber: el concurso preventivo y la quiebra, y su modo
de articulación hace que algunos autores den prevalencia a la composición activa y pasiva de las vías
concordatarias, en tanto otros rescatan el aspecto procesal de toda la estructura de la ley de bancarrotas.
Entre las obras más actuales, la de Martorell trae una importante reseña de las diversas opiniones
doctrinarias sobre la naturaleza del proceso concursal y, por ende, del derecho falimentario, y concluye que
limitarse a asimilar o identificar "lo concursal" con lo meramente rituario es olvidar que la quiebra tiene dos
significados: como un estado y como un procedimiento.
Es precisamente esa concepción de la quiebra como un estado la que impone la regulación de todas
las relaciones patrimoniales de la persona afectada por la insolvencia.
2.1. Primeras teorías
Las primeras teorías distinguían entre el aspecto sustancial y el procesal. Esta distinción se facilitaba
por el hecho de que este último operaba con posterioridad a la quiebra de hecho, que luego era reconocida
procesalmente mediante la denominada sentencia declarativa de quiebra. Por ello, si bien la falencia tenía por
objeto concreto la tutela de la clase mercantil, se actuaba con las formas que tendían a obtener la satisfacción
del interés privado de los acreedores, pero por vías distintas de las individuales hasta ese entonces
reconocidas.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Estando diferenciados los aspectos sustanciales y procesales, "y no tener este último un desarrollo
doctrinal suficiente, naturalmente se llegó a que la teorización sobre la quiebra se hiciera sobre la base del
derecho privado, único que en ese entonces podía proporcionar elementos teóricos apropiados. De allí la
aparición de las denominadas teorías privadas de la quiebra".
2.2. Tesis sustancialistas
Entre los autores italianos sustancialistas que ven en la fuerza del acuerdo entre deudor y acreedores
la característica central del concurso se ubican Rocco y Bonelli, sosteniendo la "tesis del contrato único" en
función de la comunidad calificada que forman el deudor y los acreedores y en donde la masa se exterioriza
mediante la actuación de los órganos que traducen la voluntad colectiva.
Las teorías contractualistas o sustancialistas partieron de considerar al concordato como un contrato,
o sea, un acuerdo destinado a reglar las relaciones jurídicas patrimoniales del deudor y los acreedores. La
base del proceso está dado por el acuerdo de voluntades y no por la homologación judicial, que sólo es una
condición de eficacia.
En una palabra, se privilegiaba el aspecto sustantivo de la situación creditoria del deudor y la
recomposición de sus relaciones del "estado" de insolvencia.
Parafraseando a Martorell, diríamos que se rescata el significado de "estado" que afecta al deudor.
La obligatoriedad del acuerdo se explica por el carácter colegial que asume la deliberación de los
acreedores, sistematizando las relaciones creditorias y haciendo desaparecer el estado de cesación de pagos,
es lo que permite hablar de estructura normativa de carácter sustancial o contractual.
Hoy podríamos afirmar que en toda alternativa de saneamiento empresario, sea concurso preventivo
del deudor, sea salvataje de la empresa, y aun, en la venta de la empresa en marcha en el proceso falencial,
con continuación de la explotación, la "autocomposición" o "heterocomposición" de las relaciones
patrimoniales dotan al proceso concursal de una sustancialidad evidente. Tanto en la vía concordataria como
en la liquidativa se reflejan las relaciones creditorias del deudor y sus acreedores en un régimen donde tanto
el aspecto sustantivo como el procesal se conjugan para dotar al proceso de eficacia material y no solamente
procesal.
La concepción contractualista la sustentan, entre otros, Ascarelli, Ferrara y De Semo.
De Semo sostiene que la quiebra es un complejo de normas de carácter formal y sustancial que
estructuran un procedimiento especial tendiente a reglar la situación patrimonial del deudor y recién en
última instancia proceder a la liquidación de los bienes y distribuir su producido entre los acreedores.
Ferrara Junior advierte que el fenómeno falimentario debe ser analizado desde la óptica del derecho
material y procesal, ya que si bien se estructura como un procedimiento, también determina una situación
patrimonial sustantiva.
De todos modos, los autores no dejan de advertir la complejidad de la cuestión que ha llevado a
juristas de la talla de Satta a cambiar de opinión con el transcurso del tiempo, tal como se verá más adelante.
La mayoría de la doctrina nacional, desde Yadarola, Satanowsky, Fernández, Cámara, Quintana
Ferreyra, Maffía, Alegria, y en la actualidad, Rivera, Rouillon, Martorell y Dasso, sostiene enfáticamente que
el derecho concursal se configura como una amalgama de normas procesales y materiales cuya naturaleza
privatística y publicística le da una fisonomía particular.
Esta posición mayoritaria, prácticamente unánime, se plasmó en la ley 19551, cuando en la
Exposición de Motivos sus autores definieron que el concurso es un fenómeno de derecho sustancial
primordialmente.
Hoy, la empresa constituye el eje del nuevo derecho concursal, lo que ratifica el carácter estructural
de este tipo de procedimientos, donde se visualiza una situación patrimonial sustancial que busca su
saneamiento mediante diversas alternativas engastadas en un proceso unitario.
2.3. Tesis procesalista
Afirma Maffía que tal vez haya sido Candian quien por primera vez presentó de modo completo y
orgánico a la quiebra como proceso. Entre los principales defensores de las tesis procesalistas se debe ubicar
a Provinciali, Satta, Carnelutti y Candian, entre otros, quienes sostienen que el proceso concursal es una
ejecución colectiva dotada de una organización autónoma, con fisonomía propia, que ofrece a los intereses
en juego las mayores garantías para sus derechos y difiere radicalmente por su estructura, alcance y efectos
de la ejecución singular.
Los procesalistas sostienen que el aspecto fundamental del concurso está dado por la eficacia que le
otorga el órgano jurisdiccional al concordato, y así, Candian ubica fundamentalmente al concurso dentro del

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
género "proceso ejecutivo colectivo" de naturaleza cautelar, análogo al de la quiebra, pero de menor
intensidad, por lo que los poderes quedan limitados en menor extensión. Rendeti comprendió al instituto
falencial como aplicador de sanciones.
En rigor, los procesalistas, en especial los italianos, se ubicaban en esta posición como consecuencia
de estudiar fundamentalmente el proceso de quiebra, en su génesis histórica, buscando la asimilación del
concordato a aquella institución. Lo dicho se visualiza en la posición de Satta, que en un comienzo adhirió a
la tesis procesalista, para luego modificar su opinión originaria, reconociendo que el proceso concursal se
fundamenta en el acuerdo de voluntades entre los acreedores y el deudor, para reglar sus relaciones jurídicas
patrimoniales, y que concluye en lo que tradicionalmente se ha denominado como concordato, incluyendo al
concurso dentro de los procesos de ejecución voluntaria, pero de carácter esencialmente sustancialista por la
fuerza de la convención colegial.
Expresamente dice el jurista italiano: "la concepción rígidamente procesalista de la quiebra, o sea su
cualificación como ejecución colectiva, con el tiempo me ha ido pareciendo no correspondiente a la realidad;
más aún, el propio término de ejecución colectiva se me fue revelando no sólo inadecuado para comprender
el fenómeno de la quiebra, sino directamente carente de significado sustancial. En efecto, asumida la
ejecución singular como modelo de la tutela ejecutiva, surge claro que la transformación en ejecución
colectiva implica no una diferencia de contenido, sino un salto cualitativo... gran cantidad de problemas que
la adopción de la idea de ejecución colectiva suscita en la disciplina de la quiebra: basta pensar en el título
ejecutivo, cuya presencia en la quiebra se procura encontrar de cien modos, en la sentencia declarativa, en la
administración falimentaria, en la misma revocatoria. No hay duda de que estos problemas solamente son
tales en cuanto se calca la quiebra sobre la ejecución individual, es decir, son falsos problemas que
denuncian el vicio radical de impostación... La idea de que el más conspicuo entre los procedimientos
concursales, o sea la quiebra, sea una ejecución forzada... era también mi posición".
2.4. Teoría de la ejecución colectiva
De tal doctrina procesalista, como se adelantara, emana alguna doctrina que caracteriza a la quiebra
como una ejecución colectiva, en la que el sujeto pasivo y a la vez parte del proceso es el fallido; el título
ejecutivo, la sentencia de quiebra; y -según algunos- parte actora son los acreedores.
En este sentido, Maffía ha esquematizado los postulados básicos de esta teoría y señala que se puede
resumir la línea Candian-Provinciali-Pajardi diciendo que para esa corriente la quiebra sería:
i) un proceso;
ii) judicial;
iii) especial;
iv) de ejecución forzada;
v) con parte actora (los acreedores);
vi) y parte demandada (el fallido);
vii) partiendo, no de un incumplimiento, sino de una situación completa (el estado de insolvencia);
viii) con apoyo en un título ejecutivo heterodoxo: la sentencia declarativa de quiebra;
ix) y una finalidad: el pago a todos los acreedores;
x) por vía de expropiación;
xi) de todos los bienes del deudor (incluso los futuros que ingresen, y los salidos irregularmente del
patrimonio que se recuperen);
xii) en proporción a sus créditos (par condicio creditorum);
xiii) mediante actuación oficiosa del tribunal.
Su crítica se ha resumido: la quiebra ya no es el procedimiento por antonomasia; lo que se procura es
salvar -no liquidar- la empresa, por ende el presupuesto basilar ya no es la insolvencia, sino los problemas,
las dificultades, la crisis de las empresas; que el instituto y los procesos concursales pueden explicarse sin
necesidad de atribuir importancia principal a la ejecución forzada, ya que no puede asimilarse al concurso, en
el cual el deudor no puede pagar por imperativo legal, con la ejecución, que procede cuando el deudor no
quiere pagar; que existe dificultad teórica de identificar a los ejecutantes; que no puede decirse que la
sentencia de quiebra origine un título ejecutivo, entre otras.
2.5. Doctrina nacional
En la doctrina nacional, Cámara se enrola en una tesis sustancialista, también denominada
contractualista o estructuralista, pues toma como punto de partida el acuerdo entre el deudor y los acreedores

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
como acto jurídico de carácter colegial donde la homologación judicial es una mera condición de eficacia, ya
que el arreglo tiene como base la voluntad de los acreedores.
La mayoría de la doctrina -Bonfanti y Garrone, Argeri, Satanowsky, Maffía- sostiene que el proceso
concursal tiene "naturaleza compleja", con despliegue de actividad jurisdiccional y administrativa tendiente a
satisfacer tanto el interés privado de los acreedores como el interés general del comercio.
Los autores de la ley 19551, en la correspondiente Exposición de Motivos, conceptualizaron al
concurso como fenómeno de derecho sustancial primordialmente. Así, en las "consideraciones generales",
bajo la denominación "Método de tratamiento de materias", expresan: "especial consideración mereció la
ubicación y separación de las normas de fondo y las procesales. Luego de un amplio análisis se llegó a la
convicción de que su regulación totalmente separada era dificultosa y perjudicaba la debida inteligencia de la
ley. Ello no obstante se trató de distinguirlas, colocándolas en capítulos, títulos o artículos separados, según
corresponda o fuera posible. La Comisión ha creído responder así a su concepción del concurso como
fenómeno de derecho sustancial, primordialmente". (El destacado no es del orginal).
Maffía sostuvo, ya durante la vigencia de la ley 19551, que la caracterización del trámite falencial
como ejecución colectiva había periclitado. Hoy ratifica su opinión expresando: "adecuada al principio, tan
pronto el concurso dejó de ser un problema limitado a los acreedores y un deudor común, aquello de
ejecución colectiva se mostró insuficiente".
El autor citado entiende que "en la quiebra lo atinente a las partes es discutidísimo, unos dicen que
no las hay, otros que las hay pero únicamente en sentido sustancial, o sea, interesados; otros, que las únicas
partes son los acreedores". Seguidamente agrega "que si la quiebra fuese una ejecución encontraríamos una
parte ejecutante... en este caso nos encontramos que cuando concluya la etapa de verificación sabremos si
hay o no ejecutantes".
Al intentar definir su identidad Maffía destaca que es un "proceso inquisitivo", porque es conducido
por los órganos jurisdiccionales y el síndico, y que sus características básicas son la unicidad, la
inquisitoriedad, la oficiosidad y la función del síndico.
Con respecto a la naturaleza procesal o sustancial del concurso, dicho autor señala que resulta,
entonces, una circunstancia de fácil comprobación empírica que ni todas las normas de la LC son procesales,
ni todas las normas procesales que hacen al concurso emergen de la LC. La importancia procesal del instituto
está fuera de toda cuestión, pero la pretensión de reducir su entidad a un sistema de normas instrumentales
traduce, por lo menos, "una concepción extremadamente procesalista", como afirma Fargosi en impugnación
que compartimos.
Trabaja su hipótesis en varios argumentos, entre los que se pueden mencionar: el concurso es un
instituto y, por ende, es una elaboración científica que se explica y se justifica por la utilidad que brinda para
la presentación ordenada y completa de normas dispersas, gracias a lo cual podemos hacer una referencia en
forma sencilla y clara a un regulación eventualmente compleja. Decir que el concurso es un proceso resulta
tautológico. Enuncia múltiples ejemplos de normas sustantivas en la ley concursal. También afirma que sería
un exceso pendular tanto decir que el concurso pertenece solamente al derecho procesal, como que es
exclusivo del derecho comercial. Que es una falsa alternativa y argumenta también respecto de la
ambigüedad que se le asigna al verbo "es" cuando se dice que el concurso "es" un proceso.
Argeri apunta que la pretensión de encajar la estructura orgánica de este proceso en molde
dogmático-doctrinario específico, cuando su contenido lo desborda, parece labor vana. Basta señalar para
ello que cuando la instancia es abierta a petición de acreedor el proceso se revela como ejecución forzada;
cuando se abre a pedido del propio deudor, lleva coloreado el matiz de la jurisdicción voluntaria; cuando el
proceso comienza de oficio o a requerimiento del ministerio público, asemeja tratarse de actividad
administrativa realizada por el órgano jurisdiccional en interés público. "De allí que la quiebra resulta estar
disciplinada mediante la concordancia de disposiciones materiales y procesales de naturaleza inescindible".
Rivera, por su parte, se mantiene en una posición clásica admitiendo la interdisciplinariedad del
derecho concursal y sigue refiriendo los principios clásicos de universalidad, colectividad e igualdad de trato
entre los acreedores, como las notas propias de este tipo de institución.
En el marco de la moderna doctrina, y enrolado en esta línea de pensamiento, Martorell asevera que
la asimilación o identificación de "lo concursal" con el mero "proceso de ejecución colectiva" es olvidar que
la quiebra tiene, tal como recuerda Elías Montoro, dos significados: uno como un estado y otro como
procedimiento, y que es la concepción como estado la que lleva -por su extensión y gravedad- a que su
superación imponga la regulación de todas las relaciones del afectado por ella, lo cual impide reducir el
cataclismo que suele implicar la "cesación de pagos" únicamente a la esfera de lo procesal.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
En este estado de cosas, dicho autor reconoce que, aun cuando se ve obligado a admitir que el
aspecto procesal es el dominante en lo falimentario, esto no llega a borrar la importancia del aspecto jurídico
material, correspondiendo distinguir entre el derecho de quiebra material, que regula los supuestos de
declaración de quiebra y sus efectos sobre los derechos de los participantes en el procedimiento; del derecho
de quiebra formal, que regula la constitución y competencia de los órganos de la quiebra y la tramitación del
procedimiento.
Concluye afirmando que el derecho concursal debe ser visto como un "mix" o amalgama de normas
que aun conteniendo un fuerte componente procesal, remiten al derecho mercantil sustancial, al civil, al
laboral y al penal, mostrando además aristas tanto de derecho privado como de derecho público.
3. Nuestra opinión
Las múltiples teorías existentes en orden a la caracterización del proceso concursal muestran la
dificultad del tema, que supera los objetivos del presente, limitando esta exposición a un primer
acercamiento conceptual, con la finalidad de ubicar especialmente algunos criterios o directrices para poder
encarar posteriormente el análisis de la verificación de créditos y las demás cuestiones concursales.
Resultan acertadas las palabras de Maffía cuando dice que la regulación procesal y sustancial de los
concursos es a tal punto interdependiente que no es posible explicar el procedimiento haciendo abstracción
de la materia ni, viceversa, tratar aspectos sustanciales prescindiendo de su inserción en un proceso.
En esta inteligencia se debe admitir que el derecho concursal apunta a la tutela de intereses privados
y públicos que surgen de la situación jurídica a que da lugar la insolvencia empresaria, estructurando un
proceso judicial de contenido sustancial en singular confluencia interdisciplinaria.
Así, tutela el patrimonio del insolvente y determina su integración activa y pasiva, protegiendo de
este modo el interés del deudor y de los acreedores y regulando aspectos sustanciales de índole creditoria.
Además, protege el interés del comercio buscando alternativas de saneamiento empresario y de salvataje de
las fuentes de trabajo y contemplando el interés de los trabajadores y de la misma comunidad.
La jurisprudencia ha dicho que "el proceso concursal no está instituido en exclusivo beneficio del
deudor, sino también de los acreedores y del comercio en general, y todos esos intereses reciben amparo
legal, porque también resultan afectados con el procedimiento".
Esta regulación de derechos sustantivos de índole patrimonial se estructura en un proceso particular
con presupuestos propios. Su naturaleza contenciosa se visualiza en el estado de morosidad del derecho
creditorio -caracterizado por el incumplimiento u otros hechos reveladores de la situación de insolvencia-
frente al interés de los acreedores en la satisfacción de sus derechos. Su naturaleza voluntaria surge del
pedido de concurso o de la quiebra propia, en la que el deudor peticiona su propia situación concursal, en
donde no hay contradictor, o quizás el mismo se prorrogaría hacia instancias posteriores, desde un punto de
vista temporal. La patrimonialidad del proceso concursal y su estructuración procesal lo dotan de
características especiales.
Así, en el derecho sustantivo es un principio fundamental que los bienes de una persona están
afectados al pago de sus deudas. Este principio se expresa diciendo que el patrimonio del deudor es la prenda
común de los acreedores, en aseveración de la doctrina italiana derivada del art. 2740 del Código Civil
italiano, que tiene su correlato en nuestro ordenamiento jurídico en el art. 505 del CCiv. y art. 1, segundo
párrafo, ley 24.522.
Esta relación dinámica de responsabilidad y garantía que caracteriza a los derechos personales, surge
en nuestro derecho del art. 505 del CCiv., en cuanto establece los efectos de las obligaciones respecto del
acreedor, que le otorgan el derecho de emplear los medios legales a fin de que el deudor le procure aquello a
que se ha obligado y cumplimente, en su caso, la indemnización que correspondiere. Por su parte, el segundo
párrafo del artículo primero de la ley concursal establece, como directriz central, que el concurso "produce
sus efectos sobre la totalidad del patrimonio del deudor, salvo las exclusiones legalmente establecidas
respecto de bienes determinados".
La garantía patrimonial constituye la "piedra angular" del sistema de regulación de los derechos
creditorios.
De este modo, la universalidad del juicio concursal constituye la base necesaria para la
recomposición activa y pasiva del patrimonio del deudor y se proyecta sobre los acreedores en el principio de
la concursalidad. Recomposición ésta que se desarrolla mediante dos esquemas básicos: el concurso y la
quiebra.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
A más de ello, se puede señalar una gran cantidad de basamento sustantivo que surge de muchos de
los artículos de la legislación concursal.
Así, es incuestionable que tanto el concurso como la quiebra poseen una faceta "sustancial" y una
"procedimental". El carácter sustancial se visualiza en el tratamiento de la insolvencia y en la regulación de
la recomposición patrimonial. Pero esta recomposición patrimonial, mediante un acuerdo con los acreedores,
o, en su caso, la liquidación coactiva del patrimonio cesante, se desenvuelve en un proceso con notas propias
que la doctrina siempre ha destacado y que, entre nosotros, Romero no duda en calificar de "tertium genus".

II. Principios del proceso concursal


En este marco, resulta útil analizar los principios orientadores de índole general que informan el
proceso concursal y le otorgan sus características particulares. Se aclara, como ya lo hizo ver Couture, que
ciertos principios generales del derecho no necesitan estar impuestos por una norma expresa, ya que hacen a
la esencia misma del ordenamiento en el cual se insertan.
1. Conceptualización y funciones
Los principios han sido caracterizados como una suma de valoraciones normativas y criterios de
valoraciones que, constituyendo el fundamento del orden jurídico, tiene una función genética respecto de las
normas singulares que deben reunir ciertas características, a saber: i) abarcan una generalidad de situaciones;
y ii) son la base de una pirámide que no acepta una idea más amplia.
Estos principios generales constituyen los ejes o directrices centrales sobre los cuales se construye el
ordenamiento jurídico, otorgándole unidad y sentido.
El adecuado conocimiento de los principios de una ley requiere de la exégesis de los textos legales
concretos (enunciados normativos) para poder descubrir cuáles son aquellos criterios que sustentan las
proposiciones legales. Exige partir del estudio de las normas particulares respetando su estructura lógica
propia de la ciencia jurídica.
Ahora bien, luego de este primer paso, el intérprete descubre que dichas normas tienen una unidad de
sentido otorgada por la finalidad del instituto. Esta unidad de sentido permite deducir los ejes o directrices
conceptuales sobre los cuales se inordina determinada normativa.
Estos ejes o directrices centrales, que le dan sentido a la ley, son los llamados principios generales.
Los principios generales no son una mera generalización de los conceptos jurídicos contenidos en la ley, sino
que son aquellos criterios que están presentes en la estructura normativa y que le otorgan una unidad de
sentido.
En este contexto, resulta de importancia desentrañar qué función cumplen en el mundo jurídico los
principios generales propios de cada rama del derecho.
2. Funciones
Los principios cumplen una triple función.
i) La primera es la de brindar sustento estructural a la ley y permitir probar la coherencia de las
normas individuales con la finalidad de la ley. De este modo, los principios jurídicos permiten descubrir que
la norma jurídica no se agota en su estructura lógica, sino que, además, cumple una función de sentido
enderezada a una finalidad que tiene relación con el valor que la sustenta.
Así, se supera la tentación de la unidimensionalidad del mundo jurídico, propia de las posiciones
estrictamente formales, y se respeta aquella afirmación de la Corte Suprema de que el intérprete debe buscar
la ratio legis de la norma, o sea aquello que le otorga funcionalidad y sentido, es decir, el valor que la
sustenta.
ii) La segunda es insertar la normativa en el resto del ordenamiento jurídico estableciendo relaciones
de sentido y pertenencia con todo el sistema jurídico.
iii) La tercera función es insertar la ley en la realidad, identificándola con su tiempo y con las
necesidades que cubre.
Desde esta última función, los principios generales nos descubren los intereses jurídicos tutelados
por la ley, o sea, los valores que el legislador ha intentado tutelar.
Como enseñan los iusfilósofos, "la regulación normativa del comportamiento será tanto más perfecta
cuando en mayor medida realice la desiderata que le da sentido. Por ello es que el problema de la
justificación de un orden concreto sólo puede plantearse y resolverse de manera satisfactoria cuando se tiene

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
un conocimiento adecuado a los fines a los que debe tender los mismos que de los medios que permitirán
realizarlos".
Sobre este punto, Martorell, siguiendo de cerca a García Martínez, expresa que al estar por encima
del derecho positivo y de quienes lo operan, los principios han de actuar como criterio orientador, y que
tienen, entre otras, las siguientes funciones:
i) si bien no pueden prevalecer sobre las normas particulares que componen el sistema jurídico,
tienen valor dentro y sobre ellas, al representar la razón suprema y el espíritu que las informa;
ii) tienen una función de interpretación que le permite al operador jurídico descifrar el recto sentido
del precepto aplicable con relación al caso sometido a resolución;
iii) cumplen una función informadora para el legislador, ya que es rara la norma que logra subsistir
en contradicción con ellos;
iv) tienen utilidad como "valla de contención", evitando así que una normativa propia de otras ramas
jurídicas, que aparece como incompatible, contradictoria o perjudicial, prevalezca sobre los intereses
superiores cuya tutela protege la otra;
v) desempeñan una función integradora, ante la presencia de "lagunas jurídicas";
vi) cumplen una función compatibilizadora que permite resolver cómo interpretar un cuadro
conflictivo de leyes, estableciendo, en su caso, la preeminencia de unas sobre otras.
Mas es importante hacer una advertencia. La aplicación de un principio no puede derogar lisa y
llanamente una norma expresa. Admitir tal posibilidad implicaría seriamente poner "en jaque" la seguridad
jurídica de nuestro sistema jurídico. En este sentido, gráficamente nos dice Recasens Siches: "sin seguridad
jurídica no hay derecho, ni bueno, ni malo, ni de ninguna clase".
3. Enumeración
Sentados estos lineamientos generales corresponde entrar de lleno al análisis de los principios
orientadores de la disciplina concursal.
Los principios jurídicos clásicos que estructuran el derecho concursal y que constituyen las
directrices centrales del ordenamiento jurídico especializado han sido reiteradamente analizados por la
doctrina; son la universalidad, la concursalidad, la oficiosidad y la par condicio creditorum o igualdad de
acreedores.
4. Universalidad
Del art. 1 de la ley concursal surge con nitidez el principio general, cual es el de la universalidad
patrimonial. Este mismo principio se refiere tanto al patrimonio íntegro del deudor como a la masa de
acreedores.
Este eje normativo impone que los efectos del proceso concursal abarcan la totalidad del patrimonio
del deudor, salvo las exclusiones expresamente establecidas en la ley y que surgen de la enumeración del art.
108. Así, la universalidad patrimonial se proyecta activa y pasivamente.
4.1. Faz activa
Desde el punto de vista activo, dicho principio se refleja no sólo en los bienes desapoderados, sino
también en las acciones recuperatorias como son la ineficacia de pleno derecho, la revocatoria concursal y
las acciones de responsabilidad y extensión de la quiebra, todas ellas tendientes a proteger la intangibilidad
de la garantía de los acreedores. Al decir de García Martínez, la universalidad no abarca tan sólo el presente,
sino que se extiende al futuro de ese patrimonio y principalmente se retrotrae al pasado.
La aplicación retroactiva del principio de la universalidad permite la recuperación de los bienes que
salieron indebidamente del patrimonio del deudor. Ello se logra con el ejercicio de las acciones de
integración patrimonial propias del derecho concursal y de acciones de responsabilidad contra todos aquellos
que han participado, junto al concursado, en la provocación del hecho económico que desemboca en la
insolvencia y que, por ello, son pasibles de que les sea extendida la quiebra de aquél, en su caso.
Por ello, la situación de insolvencia debe atrapar la totalidad del patrimonio. La ley concursal recepta
esta directriz en el art. 1 al decir: "El concurso produce sus efectos sobre la totalidad del patrimonio del
deudor, salvo las exclusiones legalmente establecidas respecto de bienes determinados".
El principio mentado aparece como una consecuencia de las características del patrimonio. El
patrimonio es una universalidad jurídica (art. 2311, CCiv.). En este punto Rivera expresa que "cuando se
menciona la cualidad de ‘universitas’ del patrimonio se quiere aludir a que existe una reunión no material
sino ideal de cosas homogéneas, de manera que constituyen una entidad compleja que trasciende las

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singulares cosas componentes, sujeta a una única denominación y un único régimen jurídico, dejando
subsistente la individualidad práctica y jurídica de cada una de las cosas componentes. El concurso supone
que en él se ha de ventilar la suerte del patrimonio concebido como universitas iuris, por lo que en principio
quedan comprendidos todos los bienes que lo integran".
El patrimonio forma un todo jurídico, una universalidad de derechos que no puede ser dividida sino
en partes alícuotas, pero no en partes determinadas por sí mismas, o que puedan ser separadamente
determinadas.
Desde el punto de vista económico podemos considerar al patrimonio como el conjunto de bienes,
derechos y obligaciones pertenecientes a una persona física o jurídica.
Este concepto, al que adhiere nuestro ordenamiento, ha evolucionado y hoy se acepta que si bien
toda persona tiene un patrimonio general, existe la opción de constituir patrimonios especiales afectados a un
fin determinado.
Desde esta perspectiva, puede entenderse que el concurso o la masa de acreedores constituye un
patrimonio de afectación con evolución propia.
En este sentido, enseña Pajardi que el concepto de universalidad es tan riguroso que vela por la
reconstrucción del patrimonio con referencia no sólo -y no tanto- a los bienes adquiribles mediante acciones
ordinarias, sino también -y sobre todo- a los actos dispositivos del deudor, a través del sistema revocatorio de
la quiebra.
Como enseña el jurista italiano, una característica sobresaliente del proceso concursal es la de ser un
proceso "dirigido" por órganos jurisdiccionales; ellos "adquieren" todo el patrimonio, y así la disponibilidad
y custodia de los bienes recae sobre los órganos de la quiebra a través de un proceso de sustitución que los
legitima iure proprio.
De todos modos, no podemos ignorar, sobre todo en el concurso preventivo, que esta característica
oficiosa se ha visto atenuada frontalmente con un nuevo giro voluntarista de la legislación falimentaria.
Este retorno al voluntarismo, presente decididamente en la ley 24522, era adelantado por Rouillon
con motivo de la reforma de 1983. En dicha oportunidad, advertía la revalorización de las soluciones
privatísticas y se pronunciaba en forma escéptica sobre las presuntas bondades del tratamiento de la
insolvencia en las solas y exclusivas manos del deudor y los acreedores.
Los efectos de la insolvencia sobre el patrimonio del deudor varían según se trate de un concurso
preventivo o de un proceso falencial. En el primero se da lo que "el quiebrista de máxima influencia en
nuestro país", Provinciali, denominó "desapoderamiento atenuado": el deudor conserva la administración y
disposición de sus bienes bajo la vigilancia del órgano sindical y dentro del marco limitativo impuesto en el
artículo 16, LCQ. En el segundo se produce lo que técnicamente se denomina "desapoderamiento", en donde
el deudor pierde el poder de administración y disposición de los bienes -salvo las exclusiones legales-, siendo
sustituido en esas funciones por el síndico.
De todos modos, la universalidad patrimonial sigue implicando, tanto en el concurso como en la
quiebra, una suerte de "separación jurídica" entre el patrimonio y su titular, en el sentido de que el deudor
sólo puede enriquecer el patrimonio, pero no empobrecerlo. Se trata de la configuración de una universitas,
como lo afirma Plana y lo enseña Pajardi, caracterizada por su destino a la satisfacción de los acreedores, lo
que ha hecho pensar hasta en una "especie de patrimonio separado".
En este punto resulta conveniente recordar que la ley 24.441, que regula el fideicomiso, establece en
su art. 15 que "Los bienes fideicomitidos estarán exentos de la acción singular y colectiva de los acreedores
del fiduciario. Tampoco podrán agredir los bienes los acreedores del fiduciante, quedando a salvo la acción
de fraude. Los acreedores del beneficiario sólo podrán ejercer sus derechos sobre los frutos de los bienes y
subrogarse en sus derechos".
La razón del precepto es simple: procura la defensa del patrimonio fideicomitido que no puede
quebrar. En caso de insolvencia se dispone su liquidación, la que estará a cargo del fiduciario; éste deberá
proceder a la venta de los bienes y su conversión en dinero para abonar a los acreedores.
4.2. Faz pasiva
Desde el punto de vista pasivo, la universalidad implica la totalidad de las deudas y se traduce en la
convocación a todos los acreedores, quienes sólo pueden hacer valer sus derechos mediante la aplicación de
la ley concursal, como lo manda su art. 124.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Se concreta en la colectividad de acreedores, cuestión conocida como el principio de concursalidad,
la que, en feliz expresión de la doctrina italiana, se trata de una "natural pluralidad de acreedores", tal como
lo explicaremos infra.
4.3. Sentido subjetivo y objetivo
En síntesis, la universalidad comprende una faz activa referida a los bienes del deudor y una faz
pasiva reflejada en la convocatoria de los acreedores. Por ello, Rouillon explica que el proceso concursal es
un proceso universal en sentido "objetivo", en cuanto abarca a todos los bienes del deudor, y en sentido
"subjetivo", porque tiende a encuadrar a todos los acreedores.
En esta línea de similar sentido se enrola Martorell al sostener que, desde el punto de vista objetivo,
la universalidad permite formar con la integración del patrimonio del deudor la denominada "masa activa",
que es la que deberá responder por el pasivo que se logre verificar, integrando la categoría de lo que
técnicamente se denomina "patrimonio separado". Y que desde el ángulo subjetivo, lo que se quiere graficar
es que los acreedores no aparecen en el procedimiento como individuos, sino como agregados entre sí: como
masa. Asimismo, aclara que la universalidad no significa que todos los acreedores participen efectivamente
en el proceso concursal, sino que se abre en interés de todos, rigiendo el principio de la libre disponibilidad
de los derechos para ellos.
Bonsignori expresa que bajo la etiqueta del principio de universalidad se esconden diversos
conceptos. Pero que la acepción más generalizante es la derivada de los tratadistas del proceso común
alemán, quienes consideran el problema desde un doble punto de vista, subjetivo y objetivo. El perfil
subjetivo de la universalidad apunta a comprender a todos los acreedores, induciéndolos a participar en el
procedimiento concursal, y que el aspecto objetivo afectaría al patrimonio íntegro del empresario, mas no el
global, sino que de esa sujeción están excluidos los bienes personales.
4.4. Sentido procesal
El principio de universalidad también se proyecta procesalmente, pues precisamente es este principio
el que determina la existencia de un único juicio, de carácter universal. La universalidad impone que todas
las cuestiones de contenido patrimonial contra el deudor insolvente sean sometidas a la jurisdicción del juez
concursal. Esta proyección se ha dado en llamar "principio de unidad o unicidad", que se postula según
algunos autores como un principio con suficiente fuerza autónoma.
El principio de unidad del proceso concursal implica que para cada concurso, en sentido amplio,
existe un "único" procedimiento en donde se ventilan todas las cuestiones relacionadas, a manera de una
suerte de contienda material.
Si los efectos del concurso se proyectan activamente sobre todos los bienes que integran el
patrimonio del deudor, acarrean para el concursado límites en la administración y disposición (arts. 15 y 16,
LCQ), y para el fallido la pérdida de tales facultades; y pasivamente, en el llamamiento o convocación a
todos los acreedores de causa o título anterior a la presentación en concurso o declaración de quiebra, lógico
resulta que ello se desarrolle en un juicio único.
Sobre este tópico la jurisprudencia ha dicho que el principio de universalidad asigna al proceso de
quiebra el carácter de procedimiento único, no sólo en relación con los medios con que se desarrolla en su
conjunto, sino también en relación con los fines. Que el instituto concursal no está destinado a la tutela
individual de un acreedor, sino a la apertura de un proceso colectivo y universal que interesa a la masa de
acreedores de un deudor en cesación de pagos.
5. Concursalidad
La universalidad, como se vio y desde el punto de vista pasivo, implica que los efectos del concurso
se proyectan sobre la totalidad de las deudas y se traduce en la convocación a todos los acreedores, que sólo
pueden hacer valer sus derechos mediante la aplicación de la ley concursal (art. 124). Es decir que, frente al
concurso preventivo o quiebra del deudor, al acreedor sólo le queda la posibilidad de concurrir a la sede
concursal, ya sea para participar del acuerdo preventivo, en el primer caso, o para percibir el dividendo que
resulte de la liquidación de bienes, en el segundo.
Esta directriz, que se conoce como principio jurídico de concursalidad, es la que permite estructurar
la obligatoriedad de la concurrencia en el proceso principal, lo que conduce a la colectividad del juicio
universal.
La concursalidad se refleja muy especialmente en el proceso de verificación de créditos, que se
convierte en la vía necesaria y típica de insinuación en el pasivo, mientras que la colectividad produce como
principal consecuencia el llamado "fuero de atracción", con la implicancia que este instituto reviste según se

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trate de un concurso preventivo o de un proceso falencial. Hoy, a partir de la ley 26086, la concursalidad "ha
sufrido" una reforma integral. Así, el primer párrafo del art. 21 mantiene los tres principios conexos de:
suspensión del trámite de los juicios de contenido patrimonial en contra del concursado; su radicación ante el
juez del concurso y la prohibición de decidir nuevas acciones. Ahora bien, el segundo apartado del precepto
establece un régimen de excepciones en tres subincisos, 1, 2 y 3, sumamente amplio. Así se excluyen de la
atracción los procesos de expropiación, los que se funden en relaciones de familia y las ejecuciones de
garantías reales. Además, también se exceptúan los procesos de conocimiento en trámite, los juicios laborales
y aquellos donde el conocimiento sea parte de un litisconsorcio pasivo necesario.
Este nuevo régimen debilita sensiblemente la convocatoria universal "tempestiva" y resta eficacia al
proceso.
Si bien el proceso concursal convoca a la totalidad de los acreedores titulares de derechos de causa o
título anterior a la presentación en concurso o declaración de quiebra, ello no significa que efectivamente
todos participen en él. El proceso se abre en interés de todos, pero los acreedores particulares pueden elegir
la "vía de la abstención". Esto se explica sobre la base de la disponibilidad del derecho, de manera tal que la
pluralidad de acreedores puede no verificarse, bastando la existencia de un solo acreedor para la subsistencia
del procedimiento (art. 229, LC).
En este sentido, la jurisprudencia ha dicho que el trámite de verificación constituye una carga y no
una obligación, pues solamente es necesario como condición para participar de los resultados del proceso
colectivo.
6. Oficio de los órganos falimentarios
Otra directriz central o eje normativo caracterizante de los procesos concursales es la actuación de
oficio de los órganos del concurso, que implica una especial articulación de los órganos jurisdiccionales que
se estructuran entre el deudor y los acreedores, "sustituyendo en gran medida el impulso privado por el
impulso de oficio".
Este principio, intensamente debatido en doctrina, es explicado por Pajardi diciendo que el oficio de
la quiebra articulado en órganos es, quizás, la característica más espectacular del proceso falencial.
La dirección del proceso es atribución fundamental del juez (art. 274, LC). La sindicatura sustituye
al deudor y los acreedores, ya que administra el patrimonio y ejerce la legitimación procesal del deudor en
relación con los bienes desapoderados. También sustituye a los acreedores en lo referente al cobro de los
créditos, acciones de ineficacia y de responsabilidad y en la liquidación de los bienes. De este modo, la
actuación de oficio de los órganos jurisdiccionales otorga especiales características al proceso concursal, a tal
punto que alguna doctrina ha opinado que se trata de un proceso inquisitivo y no dispositivo.
Otros prefieren hablar de la oficiosidad del procedimiento. Pensamos que en realidad se trata del
oficio de los órganos jurisdiccionales que le dan su "identidad" a los procesos concursales, dotándolos de una
estructura alejada del tipo dispositivo.
6.1. Definición
Alegria define este principio como la atribución del juez de impulsar de oficio el trámite iniciado por
deudor o acreedor (aspecto procesal), y de recurrir a las instituciones y remedios más aptos aún sin petición
(aspecto sustancial).
En rigor, el oficio de los órganos de la quiebra no torna inquisitorio al proceso pero lo excluye del
tipo dispositivo, convirtiéndolo en un procedimiento propio y característico de la concursalidad con notas
oficiosas y aspectos dispositivos en particular naturaleza propia.
Explica Pajardi que los órganos del proceso están provistos de los poderes necesarios para instaurar
el proceso y constituirse a sí mismos como órganos y luego conducir el proceso, confiriéndole el impulso
necesario y adecuado para llevarlo a su cumplimiento y extinción.
6.2. Marco normativo en la ley 24.522
En nuestra legislación esta nota de oficiosidad está presente a través de las especiales atribuciones
que los arts. 274 y 275 otorgan al juez y a la sindicatura, quienes dirigen el proceso y también sustituyen al
deudor y a los acreedores en la medida establecida por la ley.
Esta nota se acentúa, en especial, en la quiebra como proceso liquidativo, en la que el síndico
administra el patrimonio del deudor y participa de su disposición en la medida fijada por la ley, y quedando
al frente de las relaciones sustantivas que lo afectan.
Así el funcionario está legitimado para el cobro de los créditos por vía judicial o extrajudicial (art.
182); para aceptar o rechazar donaciones con cargo (art. 113); puede realizar los contratos que resulten

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necesarios para la administración y conservación de los bienes (art. 185); está habilitado para celebrar los
negocios jurídicos que estime convenientes con la finalidad de generar frutos civiles de los bienes
desapoderados, tales como locaciones u otras modalidades contractuales con objetivos semejantes (art. 186);
desempeña un papel insustituible en los casos de "continuación de la explotación de la empresa", pues en él
recae la importante función no sólo de administración, sino de reorganización o modificación de la empresa
para hacerla económicamente viable (arts. 189 y 192); y muy especialmente está legitimado para el ejercicio
tanto de las acciones integrativas recuperatorias del patrimonio propias del derecho concursal (tal es el caso
de la acción revocatoria, acción de responsabilidad o extensión de la quiebra) como de las recuperatorias
propias del derecho común, como la acción de simulación o acción pauliana; asimismo está legitimado para
promover las acciones de responsabilidad típicas del derecho societario, sin que se agote con esta
enunciación el amplio campo de acción del órgano sindical.
No puede ignorarse que esta nota de oficiosidad está sumamente atenuada en el concurso preventivo,
pero en orden al tema que nos ocupa, la oficiosidad se refleja en las facultades instructoras de la sindicatura,
tal como analizaremos infra.
Las facultades del juez pueden verse detalladas en el art. 274, LC, que dice que el juez tiene la
dirección del proceso, pudiendo dictar todas las medidas de impulso de la causa y de investigación que
resulten necesarias. A tales fines puede disponer, entre otras cosas:
i) La comparencencia del concursado en los casos de los arts. 17 y 102 y de las demás personas que
puedan contribuir a los fines señalados. Puede ordenar el auxilio de la fuerza pública en caso de ausencia
injustificada.
ii) La presentación de documentos que el concursado o terceros tengan en su poder, los que deben
devolverse cuando no se vinculan a hechos controvertidos respecto de los cuales sean parte litigante.
Hoy, el nuevo texto del art. 52, segunda parte, ley 25589, al incorporar el cramdown power
constituye otra demostración de las especiales facultades del juez concursal (remitimos al análisis particular
de la norma).
7. Igualdad de trato
El principio jurídico, correlacionado con la universalidad y la concursalidad, que siempre ha sido
considerado clave en materia concursal no es otro que el del par condicio creditorum o igualdad de trato
entre todos los acreedores. Por ello se ha afirmado desde la doctrina italiana que la tutela de la par condicio
es la máxima garantía del derecho de los acreedores.
Como enseña Satta, en el proceso concursal existe una "natural solidaridad en las pérdidas" entre
todos los acreedores, cualquiera que sea su clase, grado o monto. Dicho de otro modo, cabe afirmar que en la
base del proceso concursal se encuentra la "justicia distributiva" que exige la satisfacción de todos los
acreedores, de conformidad con la naturaleza de su crédito y no la "justicia conmutativa" de las relaciones
sinalagmáticas.
Este aspecto ha sido puesto de relieve por la doctrina, afirmándose que el fenómeno de la insolvencia
impone la solidaridad como base de los efectos y consecuencias de aquel estado falencial.
En la terminología de Pajardi, la igualdad de trato constituye la regla medio respecto de la regla fin
representada por el pago a los acreedores en la medida más alta posible, o sea, esa "pauta distributiva" que
siempre ha estado presente en la aplicación de la ley concursal y que se fundamenta en la universalidad
patrimonial intentando garantizar a todos los acreedores la satisfacción de sus créditos.
7.1. Importancia y fundamento
Como enseña el jurista italiano, esta regla debería convertirse, como pauta legislativa, en una
formidable arma de justicia distributiva.
Llega a tal punto la importancia que Pajardi le ha asignado a este principio que dice que el único
principio de justicia que justifica existencialmente el proceso falimentario es la par condicio creditorum,
justicia del concurso sin la cual no se puede concebir el proceso falimentario, ni enseñar el derecho de
quiebra.
En la búsqueda de los fundamentos de este elemental principio, García Martínez expresa que la par
condicio actúa como protectora del interés general, enderezado a la preservación de la ética en los procesos
de ejecución colectiva, operando en la práctica como factor moralizador en dos sentidos: por una parte,
regula la relación del deudor con sus acreedores, impidiendo que otorgue ventajas a unos en perjuicio de los
otros, y por la otra actúa sobre la relación de los acreedores entre sí, prohibiendo que se aventajen entre ellos
dentro de ámbito del concurso.

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Lo dicho no implica desconocer las causas legítimas de prelación, aun cuando el legislador concursal
mira con recelo dichas causas, que indudablemente circunscriben el contenido fundamental de la regla.
Rouillon explica que la par condicio está bastante maltrecha por la proliferación de preferencias y
privilegios, pero que sigue siendo el "norte" de toda legislación concursal. Agrega que mediante su
aplicación se asegura una justicia de tipo distributivo, ya que debe responder ante todos los afectados por el
fenómeno de la insolvencia.
7.2. Categorización de acreedores
La actual ley otorga nuevo contenido a este principio al admitir la categorización de los acreedores,
institución que no deja de lado la par conditio, sino que, por el contrario, intenta una recepción legal de la
realidad económica para dotar de contenido material al proceso. Se busca así adecuar la diversidad negocial
de los acreedores a una pauta de igualdad real y no meramente formal: la igualdad entre iguales, estándar
axiológico tantas veces proclamado por nuestra Corte Suprema.
El agrupamiento de los acreedores en categorías conforme al criterio de razonabilidad, y con la
finalidad de formular propuestas de acuerdo diferencias, lejos está de violar el principio de igualdad, sino
que, por el contrario, evita que se trate de modo idéntico a quienes son desiguales. Esta innovación
legislativa no ha hecho más que legitimar una situación que se venía planteado a la luz del régimen
derogado, en donde la negociación paralela al concurso con los acreedores titulares de créditos de
gravitación en las mayorías se había convertido en una práctica insoslayable para quien pretendía lograr
acuerdo.
8. Personalidad jurídica de la masa de acreedores
Los acreedores ejercen sus derechos individualmente mediante la participación en el proceso de
verificación, como etapa previa a casi toda otra actuación concursal.
Los acreedores no constituyen una persona jurídica, sino una "comunidad jurídica". El fenómeno de
actuación, en interés común de los acreedores, no impide la individualización del patrimonio (que sigue en
propiedad del deudor pese al desapoderamiento como efecto patrimonial propio de la falencia) y sólo implica
la pérdida del poder de disposición, más no la pérdida de la titularidad dominical. Ejemplo de ello se
encuentra en la hipótesis de conclusión de la quiebra por avenimiento o pago total, sin que se hubiere
realizado aún la totalidad de los bienes, o que realizados quedare remanente una vez cubiertos los créditos y
los gastos del concurso. En ese caso el remanente debe ser restituido al deudor, quien jamás perdió el
derecho de dominio sobre ellos.
Esta comunidad jurídica denominada "concurso" no es persona jurídica, sino simplemente un
patrimonio de afectación. Esto lo pone de relieve con su habitual agudeza Maffía, quien distingue entre la
mera técnica del lenguaje de referirse al "concurso" como si fuese un sujeto de derecho y la atribución de la
personalidad, aspecto que la ley no otorga a la masa de acreedores, aun cuando lo convierta en un centro
imperativo.

III. Esencia del proceso concursal


Entiende Morello que en el empeño por caracterizar la esencia de estos procesos no puede dejar de
partirse del recordado Candián, que fue el primero en presentar sistemáticamente la materia; de Bonelli, uno
de los más ilustres concursalistas; de Ferrara, con sus importantísimos aportes; y, en suma, de las sucesivas
contribuciones en Italia de Satta, Pajardi, Bonsignori, tal como lo puso de relieve el "Congreso 1942-1992.
Cincuenta años de la ley falimentaria" organizado por la Sociedad Italiana de Estudios Concursales (Milán,
Italia, 21/11/1992).
Romero expresa que de los principios generales de universalidad, colectividad e igualdad se deriva
una serie de pautas ordenatorias que descarta, en los procesos concursales, el principio dispositivo y que hace
que este proceso se instruya de oficio, mediante la actuación del órgano sindical, con términos comunes y
perentorios, en orden a obtener celeridad y eficiencia.
Por su parte, Morello expresa que, con matices propios, se entrelazan en diversos niveles y en un
proceso sin partes en el sentido formal, alternativas de gestión patrimonial concordatarias o liquidativas,
según el caso, con inequívocas manifestaciones de jurisdicción voluntaria y con notas inquisitivas y
oficiosas. Por ello las exposiciones de la doctrina advierten la complejidad de este fenómeno
material/procesal de los concursos.
Como característica contemporánea y actual de la ley 24522 no puede dejar de destacarse, como
realiza Iglesias con singular vigor, que la tutela del interés de los acreedores constituye el "valor supremo" en

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
la ley 24522. No puede negarse la postura altamente crítica de este autor con relación a la actual legislación
falimentaria, que entiende se ubica en una concepción "privatista" y "voluntarista", que subraya una impronta
ideológica errática y sin criterios axiológicos claros.
Por nuestra parte, cabe considerar que es necesaria una reconducción a un razonable "punto de
equilibrio" entre las diversas posiciones ideológicas, en especial teniendo presente que la ley positiva se
independiza de las intenciones de los autores y de la justicia distributiva presente en la base del proceso
falimentario, lo cual puede ayudar a un adecuado equilibrio interpretativo. Sobre este tópico cabe parafrasear
a Morello cuando expresa que la utopía de acortar la distancia entre ricos y pobres y postular una mejor
distribución de la riqueza constituye una idea fuerza que no va a declinar porque está en el corazón del
hombre.
De todos modos, el retornar del ordenamiento falimentario a un libreto de economía de mercado
produce una verdadera revolución interpretativa que "achica" el publicismo y hace florecer el privatismo en
el cuerpo normativo de los concursos.
Tampoco puede ignorarse el cambio de circunstancias políticas y socioeconómicas originadas en la
globalización, tal como lo pone de relieve Rivera, que produjo cambios gravitantes en el esquema
socioeconómico del país, estructurando un sistema de estabilidad legal y una apertura de los mercados que
requerían un acompañamiento legislativo en un tema clave como el tratamiento de la insolvencia.
De todas formas, el mantenimiento de la estructura de la derogada ley 19551 en la nueva normativa y
la determinación del concurso como medio para la reorganización empresaria, retoma los principios clásicos
del derecho concursal como alternativa superadora de la insolvencia y la viabilidad de la continuación
empresaria para beneficio de toda la comunidad.
El mantenimiento del oficio de los órganos de la quiebra, en función de ser el juez el director del
proceso, con especiales facultades de investigación e impulso de la causa, y la articulación de la sindicatura
como "órgano", prosigue estructurando un proceso donde la justicia distributiva sigue siendo el norte
interpretativo del ordenamiento; y que si bien es cierto que se abre a instancia de parte, ya sea del deudor en
el concurso, o de los acreedores o el deudor en la quiebra, prosigue de oficio y ordena un procedimiento
donde el interés público y el privado "cohabitan" en singular comunidad procesal, buscando el saneamiento
empresario o una liquidación coactiva eficaz.

IV. Las reformas a la luz de la emergencia: leyes 25.563, 25.589 y 26.086


1. Introducción
La "marea legislativa" producida como consecuencia de la crisis socio-económica que afecta al país
se reflejó directamente en sucesivas reformas en la legislación concursal. En consecuencia, resultaba
fundamental elaborar un texto ordenado que permitiera el estudio integral de la normativa vigente.
En esta inteligencia, la editorial AbeledoPerrot nos solicitó el "cuidado y comentario exegético" de la
legislación concursal vigente con el objeto de obtener un texto ordenado. El cúmulo de opiniones adversas
que se produjo con motivo de la sanción de la ley 25563, unido a la presión del Fondo Monetario
Internacional, culminó en la sanción de la actual ley 25589. Si bien la doctrina había sido contraria a la ley
25563, también es cierto que había reconocido que los acontecimientos acaecidos durante el año 2001 y a
comienzos de 2003 obligaban al replanteo de las soluciones concursales. Así, se afirmó que la ley 24522 fue
expoliada por una situación económica que denotó, aun desde el punto de vista macro, variaciones
significativas respecto de la existente a la época de su promulgación.
Se dijo que esta política de "dejar todo para el último momento" y de tratar de enmendar "macanas"
precedentes puede entenderse y dispensarse en un adolescente, pero postularlo respecto de la República es un
gesto de severa preocupación.
A su vez, se puntualizó que cuando el mensaje de elevación de la ley 25589 se refiere a la necesidad
de revisar la ley 25563 y hace referencia a los motivos por los que se vuelve a la ley 24522, ignora que el
sistema anterior no facilitó la recuperación de la actividad económica y financiera y mucho menos amplió la
empleabilidad en el ámbito laboral.
Por nuestra parte, habíamos sostenido que la ruptura de la cadena de pagos trajo aparejado un efecto
general sobre la actividad económica que no podía ser ignorado por el legislador.
2. La ley 25.589
De este modo, con fecha 15 de mayo de 2002 se sancionó la ley 25589, que entró en vigencia a partir
de la publicación (art. 20, ley 25.589), esto es, el 16 de mayo de 2002. Esta ley tiene una técnica más

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
depurada que la anterior reforma (LEPC) y procura instalarse en el ordenamiento concursal con visos de
perdurabilidad.
La ley 25589 ha tocado algunos aspectos importantes del ordenamiento concursal, centrando su
atención en la faz preventiva del procedimiento "único" concursal. En efecto, las principales modificaciones
se han situado en la etapa del acuerdo (sea del propio deudor o de un tercero) y su homologación.
La intención de la ley 25589 fue la de reordenar el sistema concursal. En efecto, el plexo concursal
estaba construido por una única ley (la LCQ) y por otra netamente invasiva y plagada de errores (además de
ser una norma ómnibus y transitoria -la LEPC -), que derogó y modificó disposiciones sin una adecuada
metodología u orden racional.
La ley 25589 quiso enmendar el error cometido con su antecesora y de alguna manera lo logró. Hoy,
con la sanción de esta ley, se puede decir que los aires concursales han emprendido una "relativa" mejoría en
técnica legislativa y en adecuación de disposiciones transitorias. Aunque ello no significa laudar victoria,
pues aún existen intensas dudas generadas por la interpretación de los preceptos reformistas.
3. La emergencia productiva y crediticia
La ley 25589 deja subsistentes los arts. 1, 12, 13, 14 y 22 de la ley 25.563, los que, como se verá en
el análisis puntual de cada una de estas normas y su correlación con el nuevo texto de la ley 25589,
mantienen serias contradicciones.
En efecto, la ley 25563 modifica una serie de aspectos sobre el cumplimiento de las obligaciones,
reformando la Ley de Concursos e introduciendo normas procesales en defensa de los deudores in bonis,
ahora con la nueva redacción nacida de la ley 25589.
La primera observación que cabe realizar es que la presente ley, aun bajo el texto de la ley 25589, no
solamente modifica la Ley de Quiebras, sino que contiene también disposiciones de índole tributaria,
financiera y fundamentalmente de carácter procesal, como el texto del art. 16, referido a los deudores in
bonis.
Por otra parte, se reflejan en esta ley las disposiciones sobre pesificación y demás medidas regladas
en la ley 25561 y posteriores decretos y resoluciones.
4. La ley 26.086
En el mes de marzo de 2006 el Senado de la Nación aprobó el proyecto de modificación de la ley
24522, en los aspectos relativos al fuero de atracción y a las cuestiones laborales, y se sancionó como ley
26086. Así, en uso de las facultades que le otorga el art. 81, CN, el Alto Cuerpo dio sanción definitiva a la
reforma elevada por la Cámara de Diputados, pero insistiendo por unanimidad en un texto remitido en
Agosto de 2004 por el Poder Ejecutivo Nacional.
Los senadores pusieron de relieve la importancia que el proyecto tiene, al devolver a los tribunales
del trabajo la competencia para el reconocimiento de los créditos de los acreedores laborales del concursado
o fallido, excluyéndolos expresamente del fuero de atracción, sin perjuicio del derecho de pronto pago que
sigue bajo la órbita concursal. La reforma de la ley 26086 excluye los juicios de conocimiento en trámite y
aquellos en los cuales el concursado se encuentra inserto en un litisconsorcio pasivo.
De las sesiones del Congreso surge que el motivo fundamental de la reforma es brindar una solución
al congestionamiento, retardo de justicia y exceso de trabajo del fuero comercial que se encuentra colapsado
y, por tanto, se ve dificultado el correcto cumplimiento de los objetivos tanto de la ley de concursos como de
la ley de contrato de trabajo, en lo referente a los créditos laborales.
Como fundamento de la reforma se aduce no solamente un problema de sobrecarga de actividad en el
fuero comercial que impediría la adecuada convergencia de los derechos de los trabajadores en dicho ámbito
judicial, sino que también se destaca la necesaria especialidad del fuero laboral, interpretándose que son los
jueces que lo integran quienes se encuentran en mejores condiciones para tutelar los derechos de los
trabajadores.
Los legisladores, más allá de haber escuchado a los vocales de las Cámaras Nacionales de Comercio
y del Trabajo y a especialistas en la materia, han olvidado la tradición jurídica patria que abreva en la
doctrina italiana en orden a la universalidad del juicio concursal.
Este aspecto, es reconocido por la senadora Negre de Alonso, que admite que la "dualidad" de fueros
debilita la universalidad concursal y agrega, lo que causa evidente perplejidad, que la correcta solución
habría sido la creación de una justicia especializada como la que existe en las provincias de Córdoba,
Mendoza, Salta y Corrientes, expresando que la reforma constituye una solución "transitoria".

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Tal como se puede advertir, de los mismos argumentos de los legisladores se sigue la fragilidad de
los argumentos que sustentan la mayoría de las modificaciones introducidas en el texto de la ley concursal,
pues el derecho debe ser certeza y no transitoriedad.
Sin embargo, el texto finalmente aprobado por la Cámara de Senadores fue el que entró en vigencia
bajo el Nº 26086, modificando parcialmente la Ley de Concursos y Quiebras.
5. La reforma a la Ley de Concursos
Las principales modificaciones a la leyes concursales 24522 y 25563 son:
i) inclusión de dos informes adicionales a la sindicatura;
ii) reforma del esquema del pronto pago, incorporándose un pronto pago oficioso;
iii) modificación del fuero de atracción, fundamentalmente en orden a los juicios laborales y
procesos continuados en el concurso preventivo, en el acuerdo preventivo y en la quiebra;
iv) reprogramación del período de exclusividad al plazo de noventa días, con posibilidad de una
prórroga de treinta días más;
v) derogación del mínimo del 40% del capital a ofrecer en caso de que la propuesta concordataria
contenga quita;
vi) retorno del efecto novatorio solamente al deudor concursado, eliminando la extensión a los
fiadores;
vii) nueva regulación del salvataje o cramdown, restituyendo el mecanismo de salvataje, pero
dándole la oportunidad al deudor de que opere como cramdista;
viii) derogación de la suspensión de las ejecuciones en el concurso preventivo regladas por el art. 9
de la ley 25.563;
ix) eliminación de la suspensión del pedido de quiebra del art. 11;
x) supresión de la suspensión de "cualquier tipo de garantías" de obligaciones financieras que de
cualquier modo permitan la transferencia del control de las sociedades concursadas o subsidiarias, art. 8 in
fine;
xi) reducción de la tasa de justicia, art. 13, y mantenimiento de la reducción de honorarios, art. 14;
xii) nuevo régimen de verificación por fiduciarios de bonistas y otro tipo de acreedores;
xiii) nuevas facultades homologatorias del juez;
xiv) nuevo acuerdo preventivo extrajudicial.
6. Texto ordenado
Las nuevas normativas (leyes 25589 y 26086) perfilan así un nuevo texto de la originaria ley 24522,
a la cual cabe agregar el resto de la legislación de fondo que se mantiene vigente en orden a las diversas
alternativas liquidatorias y que también se agregan como anexo en la presente edición, en especial todo lo
que hace a la legislación sobre aseguradoras, asociaciones mutuales, entidades financieras, patrimonios
fideicomitidos, régimen especial de administración de entidades deportivas y demás legislación
complementaria.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Título I - Principios generales

Art. 1º. Cesación de pagos.


El estado de cesación de pagos, cualquiera sea su causa y la naturaleza de las obligaciones a las
que afecte, es presupuesto para la apertura de los concursos regulados en esta ley, sin perjuicio de lo
dispuesto por los artículos 66 y 69.
Universalidad. El concurso produce sus efectos sobre la totalidad del patrimonio del deudor, salvo
las exclusiones legalmente establecidas respecto de bienes determinados.

I. Presupuesto objetivo
El estado de cesación de pagos constituye el presupuesto objetivo de los procesos concursales. Estos
procesos, salvo especiales excepciones, fundamentan su apertura en el hecho (objetivo) de la imposibilidad
del deudor de cumplir regularmente sus obligaciones.
Existe consenso doctrinario y jurisprudencial, aunque no siempre lo hubo, en definir al estado de
cesación de pagos como "el grado de impotencia patrimonial que exterioriza, mediante determinados hechos
reveladores que el deudor se encuentra imposibilitado de cumplir regularmente sus obligaciones, cualquiera
sea el carácter de ella y las causas que lo generen".
Nuestra ley no distingue entre el estado de cesación de pagos y otras nociones tales como la
insolvencia o suspensión de pagos. Para el ordenamiento concursal argentino tales conceptos son idénticos,
aun cuando algunos autores han pregonado que la denominación insolvencia se ajustaba más a la realidad y
evitaba algunas confusiones innecesarias.
Es entonces esta exigencia legal un requisito determinante a los fines de la apertura del proceso
concursal (salvo excepciones legalmente establecidas). Y por ello la regla en nuestro sistema concursal es la
exigencia de que el deudor se encuentre en estado de cesación de pagos y la excepción la no acreditación de
tal extremo.

II. Teorías sobre el estado de cesación de pagos


Existieron diversas teorías sobre el estado de cesación de pagos, las cuales fueron excelentemente
sistematizadas por Fernández: i) teoría materialista; ii) teoría intermedia; y iii) teoría amplia.
1. Tesis materialista
En la teoría materialista, la cesación de pagos se identificaba con el incumplimiento; la quiebra se
exteriorizaba mediante el incumplimiento y era suficiente este incumplimiento (aun cuando el mismo no
tuviese entidad) para la declaración de quiebra. Esta teoría era indiferente a las circunstancias que la
originaron o el estado patrimonial del deudor. Vale decir que la cesación de pagos equivalía a un "hecho" (el
incumplimiento), sin tener relevancia las causales que llevaron a este incumplimiento salvo, obviamente, que
éstas se vincularan con la exigencia misma del crédito. Esta teoría se caracterizaba por ser excesivamente
rigurosa.
Esta tesis fue abandonada hace mucho tiempo y no existen rasgos de la misma en nuestro plexo
concursal. Hoy la mayoría de los autores la han desechado.
2. Teoría intermedia
La tesis intermedia importaba un avance respecto de la teoría materialista, pues ya no se veía a la
cesación de pagos como un hecho, sino que estaba configurado por un "estado patrimonial" de imposibilidad
de hacer frente a las obligaciones exigibles. Pero se quedó a mitad de camino, pues la misma sólo podía
exteriorizarse mediante el "incumplimiento efectivo".
Por ello la cesación de pagos no era posible sin incumplimientos, pero el incumplimiento no
necesariamente importaba fundamento suficiente para la declaración de falencia. Cada caso concreto debía
ser valorado para determinar si existía realmente un estado de impotencia patrimonial. Se valoraba el estado
y no el incumplimiento. Por ello el incumplimiento podía constituir un elemento suficiente para la
declaración falencial. O también se permitía una valoración en conjunto con otros incumplimientos.
Aquí comienzan a atisbarse algunos elementos de la concepción actual de la cesación de pagos, ya
que en general no se contemplaba el incumplimiento, sino la crisis patrimonial del deudor y por ello también
se exigía en esta teoría la generalidad y la permanencia. Esta noción permitió ir incorporando supuestos
equivalentes al incumplimiento o que tuvieron una aptitud probatoria similar.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
3. Teoría amplia
La teoría amplia parte de una premisa fundamental: la cesación de pagos no es un hecho (ni un
conjunto de ellos), sino que es un estado de impotencia patrimonial para hacer frente regularmente a las
deudas. Esta impotencia puede acreditarse de varias formas (variedad de hechos reveladores) y no solamente
mediante el incumplimiento. Esta circunstancia acerca la realidad probatoria a la realidad patrimonial, pues
no existe un cercenamiento en el elenco de posibilidades.
El estado de cesación de pagos es -de manera similar a la teoría anterior- un estado "patrimonial",
"generalizado" y "permanente" de cumplir las obligaciones "exigibles" y de manera "regular". Pero la
exteriorización del mismo no es sólo el incumplimiento, sino que caben otras posibilidades: reconocimiento
de la cesación de pagos, clausura del negocio, ventas a precio vil, revocación de actos realizados en fraude de
los acreedores, medios ruinosos para obtener recursos, etcétera.

III. Características
1. Estado patrimonial
La cesación de pagos es una idea económica, aunque íntimamente vinculada con lo jurídico (que
asume todos los detalles procesales de su acreditación). No es simplemente el incumplimiento lo que
caracteriza tal estado, sino que es menester que el deudor se encuentre en una real imposibilidad de hacer
frente de manera corriente a sus obligaciones. Así, podrá no haber incumplimiento, pero la declaración
falencial será procedente si se dan otros elementos que pueden caracterizarla.
Por ello, debe señalarse que es un estado del patrimonio y no un hecho. El desequilibrio entre el
activo y pasivo de la empresa es un concepto contable y muchas veces no condice con la verdadera situación
de crisis patrimonial. Lo que cuenta a la hora de valorar tal estado es lo económico: no importa tanto la
cantidad, sino también la realizabilidad de los bienes que constituyen el activo, y no sólo la cantidad sino
también los vencimientos de las deudas que constituyen el pasivo; hay paridad o equilibrio cuando las
deudas hacen contrapartida con otros valores realizables en los respectivos vencimientos.
2. General y permanente
También debe ser "general" y "permanente". Esta idea excluye la temporalidad de las crisis. Una
dificultad contingente no tiene entidad para configurar la cesación de pagos. Aunque la transitoriedad o
permanencia serán ideas que sólo podrán determinarse en el caso concreto. De hecho, el estado de cesación
de pagos es una idea que deberá determinarse judicialmente. Sólo la declaración de la insolvencia por el juez
en el juicio de apertura del proceso concursal será suficiente para fundamentarla.
La prueba de la permanencia se encuentra incorporada en la noción de la cesación de pagos, y
entonces bastará probar un hecho revelador de la misma para que tal elemento se encuentre implícito. El
silogismo es simple: el estado de cesación de pagos conlleva necesariamente permanencia. Entonces, si para
probar cesación de pagos es suficiente la comprobación de un hecho revelador (art. 79, LCQ), para probar la
permanencia también será suficiente ese mismo hecho revelador. Será el deudor quien deberá desvirtuar el
carácter permanente de la impotencia (y ello importará, necesariamente, la desacreditación de la cesación de
pagos misma).
Pero la idea de permanencia no importa perpetuidad: la cesación de pagos es removible por
definición. De hecho, todo el sistema del concurso preventivo procura la superación de la insolvencia
mediante un acuerdo con sus acreedores. Por ello, si la cesación de pagos es perpetua, no será removible (por
lo que cualquier procedimiento preventivo carece de sentido).
La generalidad importa que toda la actividad empresarial del deudor se encuentra comprometida, ya
que no sólo el deudor es impotente para cumplir con el pasivo exigible, sino que también abarca las que
están próximas a adquirir tal calidad. No es la crisis de un sector o de una rama específica, sino que la
empresa entendida en su conjunto y como organización es la que se encuentra en dificultades patrimoniales.
Puede haberse iniciado por un sector, pero tuvo una fuerza expansiva que no pudo resolverse en el momento.
3. Causa de la insolvencia
El art. 1, LCQ indica expresamente la indiferencia de la causa de la insolvencia y naturaleza de las
obligaciones a las que afecte. Poco importa si el deudor llegó a tal estado por problemas financieros,
económicos, personales o de fuerza mayor. Sólo es menester que el legitimado para acceder al concurso se
halle en dicho estado de impotencia patrimonial.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Por ello, el deudor (en caso de pedidos de quiebra por acreedores, pues en el concurso preventivo o
en la quiebra propia será él quien procure la apertura del proceso concursal) no podrá esgrimir justificaciones
o razones que lo eximan de la declaración de quiebra.
En todo caso, si la declaración de quiebra se produce por una causa imputable a un tercero extraño,
el daño ocasionado por la falencia habilitará al deudor para el reclamo de responsabilidad pertinente (siempre
que se acrediten todos los presupuestos de responsabilidad).
Por ello, el presupuesto es objetivo; no depende de elementos subjetivos (culpa, dolo). Y por ello la
falta de negligencia o intención (o la acreditación de caso fortuito o culpa de un tercero por el que no tenía
obligación de responder) no es suficiente para detener la apertura del proceso concursal. Sólo los hechos
importan, aunque los mismos pueden ser valorados de manera subjetiva.
4. Naturaleza de la obligación
Tampoco importa qué tipo de obligación afecta la insolvencia. Pueden ser comerciales, civiles,
laborales, fiscales, financieras, etc. La idea de patrimonio está conformada por todo el activo y por todo el
pasivo; y por ello la insolvencia afecta a todas las obligaciones, independientemente de cual fuere su
naturaleza.
Esta aclaración tiene una connotación directa con un antecedente legislativo falimentario de 1933
que exigía que se tratara de obligaciones comerciales (art. 1, ley 11.719), prohibiendo la declaración de
falencia por obligaciones no comerciales (art. 2, ley 11.719). Hoy la cuestión ha quedado superada.
De todas formas, si se tratare de un pedido de quiebra directa por acreedor y el peticionario fuere un
acreedor con privilegio especial, deberá demostrar sumariamente que los bienes afectados son insuficientes
para cubrirlo (art. 80, LCQ).
5. Imposibilidad de cumplimiento regular
La imposibilidad debe ser de cumplir de manera regular las obligaciones. También se ha dicho que
no quiebra quien no paga, sino quien no puede hacerlo. Ahora bien, cabe preguntarse qué sucede en aquellos
casos en que aun pudiendo cumplir regularmente sus obligaciones, no quiere hacerlo. En una palabra,
podemos decir que, como explica gráficamente Maffía, no se encuentra en estado de cesación de pagos quien
no paga, sino quien no puede pagar.
Como se ha visto, la ley señala que no importa la causa de la cesación de pagos. Y por ello una
negativa infundada -infundada- a cumplir la obligación importaría un incumplimiento regular de la
obligación. La regularidad estaría determinada no sólo en la cantidad de obligaciones, sino en el
incumplimiento reiterado. Es cierto, cada caso concreto deberá determinarse por sus particularidades. De
otro lado, dejar librado a la voluntad del deudor el cumplimiento de la obligación podría prestarse a abusos
infundados.
6. Incumplimiento único
Otra cuestión se vincula con la aceptación de la posibilidad de la cesación de pagos configurada por
un incumplimiento único. Es cierto que usualmente el incumplimiento será de muchas obligaciones y que
esta circunstancia determinará la incapacidad permanente de la empresa para satisfacer de manera regular la
generalidad de obligaciones.
Pero nada empece a que el incumplimiento sea de una sola obligación. La LCQ no sólo no lo prohíbe
(y por ello estaría permitido -art. 19, CN-), sino que parece admitirlo ("cualquiera sea su causa" dice el art. 1,
LCQ). Si bien el art. 78, LCQ habla de una imposibilidad de "cumplir regularmente sus obligaciones",
también aclara "cualquiera sea el carácter".
Además, así ha sido admitido reiteradamente. Lo importante no es el número de obligaciones o su
naturaleza, sino la magnitud del incumplimiento. Un solo incumplimiento puede ser suficiente para instalar
la cesación de pagos. La falta de cumplimiento de una obligación de considerable importancia puede
producir un desequilibrio económico inmediato en la empresa.
7. Obligaciones exigibles y líquidas
También se exige (y esto tiene mayor relevancia en el pedido de quiebra por acreedor) que las
obligaciones sean exigibles y líquidas. Exigibles, pues si la obligación no puede ser exigida inmediatamente
por el acreedor, carece de efectos, ya que la simple confrontación entre activo y pasivo no es suficiente: es
menester que se trate de obligaciones exigibles. Por ello, muchas veces para medir la cuestión de la cesación
de pagos se exige una confrontación entre el pasivo circulante o corriente (esto es, el exigible en el lapso de
un año -art. 63, inc. 4 a], LSC-) con el activo de igual naturaleza.

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La liquidez tiene que ver con la individualización de la obligación. Hasta tanto la misma no se
determine, el deudor no es que no "quiera" cumplir (ni que su situación patrimonial no lo permita), sino que
la causa de incumplimiento es ajena a él: sólo puede cumplir las obligaciones que ya estén liquidadas. La
parte que no esté liquidada sólo es exigible una vez efectuada la liquidación (art. 743, Cód. Civ.).
8. Impotencia del sujeto (no del patrimonio)
Se ha aludido con justeza que la impotencia no es del patrimonio sino del titular del mismo. Maffía
critica tal conceptualización en un agudo esquicio referido al tema expresando: "El estado de cesación de
pagos es una cualidad que se predica del sujeto -individual o colectivo que fuera- no del patrimonio". Sobre
todo porque el emisor de aquella frase dogmática -repetimos que juzgó innecesario fundarla- habla con
insistencia de "cesación de pagos", no de "estado de cesación de pagos".
En puridad de conceptos, ello es cierto, pues el patrimonio no es el que cancela las obligaciones, sino
el deudor con los fondos resultantes del mismo. Y no es lo mismo un patrimonio administrado por un deudor
con cierta pericia técnica que por un sujeto que apenas puede administrar su patrimonio. La insolvencia y su
superación, en cierto modo, también depende de las condiciones personales y crediticias del empresario.
Ribichini puntualiza que la utilización de la denominada tesis amplia del estado de cesación de pagos
es una mera conceptualización que peca de "ingenuidad", pues carece de incidencia práctica en el proceso
concursal: el concepto bonelliano no juega papel alguno en la apertura del proceso concursal, ya que si se
trata de un concurso preventivo bastará la confesión del deudor de hallarse en situación de cesación de pagos
para que los jueces, sin ninguna otra consideración, procedan a la apertura del procedimiento, y si se trata de
una quiebra bastará que el acreedor peticionante acredite el incumplimiento del deudor para que éste sólo
pueda salvar dicha situación si deposita el dinero de la obligación incumplida.
No pensamos que tal conclusión pueda admitirse íntegramente, aun cuando no se duda de la realidad
de alguno de los conceptos: en la apertura de los procesos concursales la confesión del deudor o la cuestión
del único incumplimiento han sido desechadas permanentemente por la doctrina y por la jurisprudencia
como justificantes del estado de cesación de pagos y se ha requerido que éste sea acreditado con otros hechos
reveladores. En esta línea, puede leerse el excelente análisis que Alegria realiza del concepto de estado de
cesación de pagos y cómo explica que la confesión del deudor es insuficiente para tener como acreditada la
configuración del mismo.

IV. Excepciones
Analizado el presupuesto objetivo, se vislumbra que el art. 1, LCQ establece la exigencia de la
cesación de pagos, "sin perjuicio de lo dispuesto por los arts. 66 y 69 ".
La forma de redacción del precepto no es del todo adecuada, por lo siguiente: i) debió decir "con
excepción de lo establecido en los arts. 66 y 69 "; ii) no incluyó otros supuestos que también están
exceptuados de cumplimentar el requisito del estado de insolvencia.
Por ello cabe señalar que las excepciones a la regla de la exigencia de la insolvencia como
presupuesto objetivo son:
1. Concurso en caso de agrupamiento
La LCQ permite el concursamiento preventivo de los conjuntos económicos siempre que haya: i)
pluralidad de sujetos (centros de imputación patrimonial); ii) dirección unificada; iii) permanencia; iv)
exteriorización suficiente. En estos casos se permite el concursamiento de todos (sin exclusión -art. 65, 2º
párr., LCQ-) sus miembros ante el juez competente de la persona con activo más importante según valores
del último balance (art. 67, 1º párr., LCQ).
El trámite procesal tiene ciertas particularidades, tales como idéntica competencia, sindicatura única,
un proceso por cada miembro del grupo, posibilidad de ofrecer propuestas tratando unificadamente el pasivo
(art. 67, 5º párr., LCQ) o propuestas individuales (art. 67, 8º párr., LCQ).
Lo cierto es que el art. 66, LCQ, simplemente señala que es suficiente que uno de los integrantes esté
en estado de cesación de pagos, "con la condición de que dicho estado pueda afectar a los demás integrantes
del grupo económico". Como puede verse, la LCQ no exige la insolvencia de todos los integrantes del grupo,
siempre que la insolvencia de uno solo (independientemente del número de sujetos que integran el conjunto
económico) pueda afectarlos. No es menester que ya haya contagiado a los restantes integrantes, sino que la
ley establece simplemente la posibilidad.
Vale aclarar que esta "posibilidad" deberá valorarse seria y razonablemente, pues: i) permitiría el
abuso del proceso concursal, proscripto por el ordenamiento concursal (art. 1071, CCiv.); ii) se trata de una

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excepción a la regla general (insolvencia) y por ende de interpretación restrictiva; iii) es la inteligencia del
precepto.
2. Acuerdo preventivo extrajudicial
La ley 25589 sobre la forma y estructura del acuerdo preventivo extrajudicial previsto en la ley
24522 dio nuevas orientaciones a esta figura. En lo que aquí interesa, la ley 25589 ha mantenido la redacción
anterior, que flexibilizó el presupuesto objetivo. El art. 69, LCQ establece una doble posibilidad para el
deudor: i) estado de cesación de pagos; ii) dificultades económicas o financieras de carácter general.
Básicamente, puede señalarse que las dificultades económicas o financieras importan una modalidad
previa al estado de cesación de pagos que debe revestir carácter general; es un estadio previo a la insolvencia
que posibilita un remedio preventivo que no permita la efectiva instalación del fenómeno de insolvencia.
Quizás el elemento definitorio radique en la transitoriedad, ya que las dificultades económicas o
financieras importan un estado momentáneo en el cual se dan dos opciones: o la superación de las mismas o
la implantación permanente de cumplir regularmente con las obligaciones exigibles. Y por ello no es
menester que exista incumplimiento. De otro lado, sólo estará legitimado para invocarlo el propio deudor,
pues no es factible la apertura de un procedimiento concursal por un tercero con fundamento en las crisis
bajo examen.
Se ha dicho que la diferenciación entre estado de cesación de pagos y crisis económicas carece de
efectos prácticos, pero ello no es así. En efecto, si las crisis económicas o financieras importan un estadio
anterior a la cesación de pagos, las consecuencias de ella sólo se producirán cuando la misma se inicie (y no
antes). Los principales efectos serán: determinación del período de sospecha (arts. 115 y ss., LCQ) (que sólo
se inicia con el estado de cesación de pagos y no con la dificultades económicas o financieras), la
responsabilidad concursal (arts. 173 y ss., LCQ), derecho de receso (art. 149, LCQ), extensión de quiebra
(art. 160, 2º parte, LCQ), inhabilitación (art. 235, LCQ).
3. Concurso preventivo del garante
Si bien no existe consenso doctrinario absoluto sobre la exigencia de la insolvencia en el concurso
del garante, cabe señalar que en este instituto no es menester que el garante se halle en estado de cesación de
pagos, sino que es suficiente que el estado del garantizado puede afectarlo (arg. arts. 68 y 66, LCQ).
Se ha criticado la falta de inclusión en el art. 1, LCQ, pero no era necesaria (aunque sí clarificadora)
su incorporación, pues el art. 68 in fine, LCQ señala que se aplican las demás disposiciones de la sección que
regula el concurso de grupos económicos.
Por nuestra parte, oportunamente se señaló que la norma busca evitar la propagación al garante de
los efectos nocivos de la cesación de pagos del concursado principal, sin que sea necesario aguardar a que
dicha nocividad se instale en el garante; que condice con la solución preventiva; que la omisión del art. 1,
LCQ ha sido voluntaria, pues existe expresa remisión; que condice con una interpretación sistémica -al
margen de la defectuosa técnica legislativa empleada- ya que la norma forma en conjunto con los arts. 65, 66
y 67, LCQ, todo un capítulo que no está dividido en secciones.
4. Quiebra declarada con sustento en sentencia extranjera
Otra de las excepciones al presupuesto establecido en el art. 1, LCQ se encuentra regulada en el art.
4, 1º párr., LCQ. Este precepto señala que la declaración de "concurso" en el extranjero es causal para la
apertura del concurso en el país, a pedido del deudor o del acreedor cuyo crédito debe hacerse efectivo en la
República Argentina.
Como puede verse, para la apertura del concurso en el país no es menester acreditar la cesación de
pagos u otro presupuesto objetivo más flexible (dificultades económicas o financieras), sino que es suficiente
acreditar la declaración de concurso en el extranjero. Es un reconocimiento de la extraterritorialidad a la
sentencia concursal extranjera.
Es menester que se trate de una sentencia que arbitre un procedimiento de corte concursal, aun
cuando las modalidades no se ajusten estrictamente a los procedimientos argentinos. Aunque con algunas
dudas, la doctrina en general ha entendido que se alude a un procedimiento liquidativo (falencial) y no a la
posibilidad de acceder al concordato preventivo; que debe tratarse de un sujeto concursable según el
ordenamiento jurídico interno y que se trata de un proceso concursal que, aunque derivado del extranjero,
tiene fuertes rasgos de autonomía e independencia. Los efectos de la quiebra extranjera son sólo los
determinados para la apertura del proceso concursal en el país, pero no inciden en general en la quiebra local.
Por ello, no es menester que el deudor declarado en quiebra en el extranjero se halle en cesación de
pagos. Es suficiente que acredite la declaración concursal en el extranjero.

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5. Extensión de quiebra
Por último, cabe mencionar el supuesto de extensión de quiebra regulado en los arts. 160 y 161,
LCQ. En estos supuestos tampoco se exige la acreditación de la cesación de pagos (ni tampoco extremos más
flexibles), ya que la extensión de quiebra es simplemente una comunicación de la sentencia de quiebra de un
sujeto a otro por causales taxativamente pautadas en la LCQ.
El fallido extendido no puede escudarse (a los fines de evitar la extensión falencial) en la ausencia
del presupuesto objetivo, ya que el fundamento de la extensión atraviesa por otros esquemas.

V. Principio de universalidad
La universalidad es un principio jurídico típicamente concursal que produce la propagación de todos
los efectos del concurso (quiebra o concurso preventivo) sobre la totalidad del patrimonio del deudor.
El patrimonio es una universalidad jurídica que abarca todo el activo y todo el pasivo de un
determinado sujeto; el concurso produce efectos sobre todo el patrimonio, y por ello se habla de una esfera
objetiva y otra subjetiva. La objetiva (o activa) se refiere al activo (a los bienes que integran dicho
patrimonio) y está regulado fundamentalmente en los arts. 107 y 108, LCQ; la subjetiva (o pasiva), también
llamada de colectividad, incluye a todos los acreedores y su esquema se estructura fundamentalmente en el
proceso de verificación de créditos (arts. 32 y 200 y ss., LCQ) y en el fuero de atracción (arts. 21 y 132 y ss.,
LCQ).
El propio art. 1, LCQ se encarga de remarcar que no es un principio absoluto (y en derecho, como lo
ha sostenido la CSJN inveteradamente, no hay derechos absolutos), ya que existen exclusiones legalmente
establecidas respecto de bienes determinados. Es cierto que la LCQ habla de "bienes determinados", pero
también existen exclusiones que abarcan a sujetos determinados o que tienen un régimen diferenciado.
Este principio también tiene otra proyección que tiene que ver con lo temporal, ya que no sólo abarca
los bienes que actualmente existen en el patrimonio del concursado, sino que asume los efectos sobre los que
ingresarán en el futuro. Pero también abarca bienes pasados, ya que el concurso también puede proyectar sus
efectos hacia el pasado mediante el sistema de ineficacia concursal, sea en el concurso preventivo o en la
quiebra.

Art. 2º. Sujetos comprendidos.


Pueden ser declaradas en concurso las personas de existencia visible, las de existencia ideal de
carácter privado y aquellas sociedades en las que el Estado nacional, provincial o municipal sea parte,
cualquiera sea el porcentaje de su participación.
Se consideran comprendidos:
1) El patrimonio del fallecido, mientras se mantenga separado del patrimonio de los sucesores.
2) Los deudores domiciliados en el extranjero respecto de bienes existentes en el país.
No son susceptibles de ser declaradas en concurso, las personas reguladas por las leyes 20091,
20321 y 24241, así como las excluidas por leyes especiales.

I. Presupuesto subjetivo
Durante mucho tiempo las disposiciones falimentarias eran sólo aplicables a los comerciantes. No
existía (salvo algunas disposiciones provinciales aisladas) la posibilidad de que sujetos no comerciantes
accedieran a los institutos falenciales o preventivos regidos por la legislación nacional de bancarrotas. En
1972 se contempla la posibilidad de concursos civiles, con lo cual si bien existían dos regímenes distintos, se
aceptaba -a nivel nacional- la posibilidad de recurrir al concurso civil. La reforma del año 1982 produjo la
unificación entre los concursos de comerciantes y civiles, eliminándose cualquier diferencia al respecto.
La nueva ley del año 1995 (ley 24522) y su reforma posterior (25589) no alteraron el régimen
unificatorio impuesto por la ley 22917 (del año 1983), manteniéndose, en general, la estructura del
presupuesto subjetivo.
Hoy, esta unidad es puesta en duda a partir de la figura del "consumidor" que requiere un tratamiento
diferenciado al comerciante y a la empresa en general. En efecto, se advierte que el particular que se ha
"sobreendeudado" con motivo de sus necesidades de consumo ha dado motivo a un fenómeno especial: el
concurso o quiebra del consumidor que no tiene recepción legal. Esta situación debe legislarse puntualmente

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para tutelar la economía familiar, tan importante como la empresa. De esta reflexión surge la necesidad de
distinguir el "pequeño concurso" del proceso general reglado en función del quehacer empresario. Este
último tiene, en la empresa y su saneamiento, su objetivo principal. El "pequeño concurso" debe enderezarse
a proteger la economía familiar con un régimen que contemple sus particularidades y habilite la reinserción
social del sujeto insolvente evitando la exclusión social. Todo un desafío para la legislación nacional que
hasta el presente no ha concretado remedio alguno.

II. Personas de existencia visible


Desentrañando el precepto, puede esquematizarse diciendo, en primer término, que están legitimadas
las personas de existencia visible (personas humanas según el Proyecto de Código Civil Unificado del año
1998). No es menester aclarar quiénes son personas de existencia física, aunque el art. 51, CCiv. se encarga
de especificarlo. Asimismo, el art. 52, CCiv. establece la regla de la capacidad, salvo que el Código
expresamente lo considere incapaz, requiriéndose en algunos casos declaración judicial de la misma.
Presumiéndose la plena capacidad, las personas físicas pueden solicitar su concurso (preventivo o
liquidativo).
En caso de que la persona individual sea "incapaz", tendrá aplicación el art. 7, LCQ, que señala que
la solicitud debe ser efectuada por sus representantes legales. Por ello la petición de concurso deberá ser
suscripta por el representante legal del incapaz.
Algunas dudas se generan en torno a las "personas por nacer", existe doctrina que establece la
posibilidad de que se presenten en concurso.

III. Personas jurídicas


En orden a las personas de existencia ideal, puede decirse que el art. 32, CCiv., define por exclusión
a las personas jurídicas como "Todos los entes susceptibles de adquirir derechos, o contraer obligaciones, que
no son personas de existencia visible, son personas de existencia ideal, o personas jurídicas".
Se planteó la cuestión de la concursabilidad de las simples asociaciones, habiéndose separado las
opiniones entre quienes aceptaban la posibilidad del remedio preventivo y quienes no la consideraban viable.
Así también pueden acceder al concurso preventivo las sociedades en las que el Estado nacional,
provincial o municipal sea parte, cualquiera que sea el porcentaje de su participación. El art. 2, LCQ, a
diferencia de regímenes anteriores, lo ha establecido con claridad, donde ya no existe margen de confusión.
Así, pueden incluirse en esta hipótesis a:
i) Sociedades de economía mixta, en sus distintas variedades, sociedades de economía mixta (dec.-
ley 15348/46), sociedades anónimas mixtas con participación estatal mayoritaria (arts. 308 a 314, LS),
sociedades anónimas mixtas con participación estatal minoritaria (arts. 163 y ss., LS), otras sociedades
mixtas de tipos societarios diversos; ii) sociedades del Estado (ley 20705); iii) sociedades anónimas con
participación estatal mayoritaria (art. 308, LS); iv) cualquier otra sociedad civil o comercial en la que el
Estado sea socio; v) empresas públicas reguladas por el dec.-ley 15349/46, ratificado por la ley 12962.

IV. Patrimonio del fallecido


La ley concursal también considera sujetos concursables a quienes en sentido estricto no configuran
una verdadera entidad subjetiva.
En este sentido, la LCQ considera comprendido como sujeto legitimado para acceder al concurso al
patrimonio del fallecido, mientras se mantenga separado del patrimonio de sus sucesores. En este caso, no
podrá concebirse al fallecido como una persona, pues ha finiquitado su existencia. Dice el art. 103, CCiv.:
"Termina la existencia de la personas con la muerte natural de ellas...".
Luego, la LCQ, por una cuestión práctica, ha posibilitado que la liquidación del patrimonio del
fallecido se realice mediante las alternativas concursales, siempre que exista "unidad patrimonial".
Desvanecida esta última, se desvanece cualquier posibilidad de acceder a las posibilidades concursales. Ya
no será "el patrimonio" el que se concurse, sino los herederos, como verdaderos titulares del activo
transmitido mortis causa.
Resulta obvio aclarar que los efectos patrimoniales y personales del concurso no afectan a los
herederos, ya que la única intención del legislador ha sido mantener la consistencia del patrimonio en
resguardo de los acreedores del causante.

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V. Deudor domiciliado en el extranjero


También la ley permite el concursamiento del deudor domiciliado en el extranjero "respecto de los
bienes existentes en el país". La norma, que ha generado algunos inconvenientes interpretativos, ha
despertado un intenso interés entre los iusprivatistas.

VI. Algunos sujetos excluidos por el art. 2º, LCQ


Desde otra perspectiva, la ley ha excluido algunos supuestos de la posibilidad de ser sujetos
concursales. Así, algunas hipótesis han sido mencionadas expresamente por el art. 2, LCQ; otras han
resultado excluidas por leyes especiales. En esta última hipótesis habrá que indagar el respectivo
ordenamiento para determinar si dicho sujeto es susceptible de ser declarado en concurso preventivo o
quiebra.
1. Aseguradoras
Así, la primera excepción al régimen de concursalidad está constituida por las personas reguladas por
la ley 20091, esto es, las empresas aseguradoras. En este sentido, el art. 51, ley 20.091 establece que los
aseguradores no pueden recurrir al concurso preventivo ni son susceptibles de ser declarados en quiebra.
Luego, expresamente se ha vedado la posibilidad del concursamiento (preventivo o liquidativo) de las
compañías aseguradoras (sea directamente por el art. 2, LCQ, o por el art. 51, 2º párr., LCQ).
La causa es simple: la propia ley 20091 ha previsto un mecanismo liquidativo específico. Aunque -en
la práctica- la similitud entre ambos regímenes es asombrosa, y salvo algunos supuestos concretos, se
identifica plenamente con un proceso falimentario corriente, con particularidades expresamente introducidas
por la ley 20091.
2. Asociaciones mutuales
Asimismo, el art. 2, LCQ también considera como un sujeto "excluido" del régimen concursal a las
asociaciones mutuales (regidas por la ley 20321); disposición que tenía el paralelo en el art. 37, ley 20.321,
que prohibía el concurso civil.
No obstante ello, este precepto ha sido derogado por la ley 25374. El nuevo art. 37, que es ley
posterior y de grado especial, señala: "Las asociaciones mutuales quedan comprendidas en el régimen de la
ley 24522 ", con lo cual se pone fin a los conflictos doctrinarios y jurisprudenciales generados en torno a la
concursalidad de las mutuales.
Así, hoy con el nuevo régimen las mutuales pueden ser causantes de concursos preventivos y de
liquidación (quiebra), pues la ley las habilita como sujetos de concursos sin restricción. Las mutuales, en fin,
quedan comprendidas en el régimen de la ley 24522 sin limitación que concierna a las clases de concurso.
De todas formas, se ha dicho que las entidades mutuales que realizan intermediación financiera
carecen de aptitud para solicitar su concurso preventivo (sea judicial o extrajudicial), lo que remite a una
razón de orden público.
3. Administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones
Las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones están regidas por la ley 24241. Los arts.
71 y ss., ley 24.241, prevén un proceso de liquidación de las administradoras en la que tiene fuerte injerencia
la Superintendencia de Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones. La ley 24241 guarda
silencio en cuanto a la posibilidad de recurrir a los mecanismos concursales.
Así, el art. 71, ley 24.241 establece las causales para proceder a la revocación de la autorización para
operar de una AFJP in bonis y antes de la cesación de pagos. La detección por parte del organismo de control
de determinados supuestos, entre los que se incluye el hecho de atravesar la administradora por un estado de
insolvencia (inc. e), autoriza a iniciar los trámites conducentes a la liquidación.
La SAFJP, a tenor de las facultades conferidas por la ley (art. 118, inc. k), procederá a iniciar la
liquidación de una AFJP cuando verifique el acontecimiento de cualquiera de las siguientes hipótesis:
i) El capital se redujere a un importe inferior al mínimo establecido y no se hubiere reintegrado
totalmente el mismo dentro de un plazo determinado.
ii) Se verifique dentro de un año calendario un déficit de encaje en más de dos oportunidades.
iii) No hubiere cubierto la rentabilidad mínima del sistema (art. 86) o recompuesto el encaje afectado
en el plazo previsto por el art. 90.

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iv) La comprobación por parte de la SAFJP de cualquier hecho que tenga previsto como sanción tal
consecuencia.
v) Hubiere entrado la administradora en cesación de pagos, cualquiera fuere la causa y la naturaleza
de las obligaciones que afecte.
4. Entidades financieras
Cabe señalar que la ley también establece que no son susceptibles de ser declaradas en concursos las
excluidas por leyes especiales. Uno de los ejemplos más típicos es el de las entidades financieras.
Si bien son susceptibles de ser declaradas en quiebra, los autores han interpretado, aunque con
algunas vacilaciones, la imposibilidad de que accedan al concurso preventivo. Aunque cabe aclarar que la
tendencia mayoritaria, tanto jurisprudencial como doctrinariamente, se ha pronunciado por la negativa.
Son muchas las normas (tanto de la LEF y LCQ, como de la LSC) que deben ponderarse a los
efectos del análisis propendido. Sin embargo, existe una -el disputado art. 50, LEF- que tiene principal
aplicación.
El art. 50. LEF, hoy reformado, prescribe: "Las entidades financieras no podrán solicitar la
formulación de concurso preventivo ni su propia quiebra. No podrá decretarse la quiebra (...) hasta tanto les
sea revocada la autorización para funcionar por el BCRA. A partir de esa revocación rige el art. 52 de la
presente ley".
Una interpretación que armonice e integre los distintos dispositivos regulatorios de este tipo de
actividades financieras impone la prohibición de que las empresas financieras accedan a este remedio
preventivo.
Vale decir que esta interpretación "sistémica", en la cual todas las normas y principios se conjuguen
dándole un sentido lógico que permite una armonización adecuada, pregona que la norma debe ser
"interpretada como una entidad autónoma y real que posee vida propia y que es totalmente independiente de
su autor y de la intención o el sentido que ha querido darle" y que "si bien es un ente autónomo e
independiente, no por ello es aislado, sino que pasa a formar parte de un ‘sistema jurídico’, en concordancia
con el cual debe ser interpretada".
Se debe procurar darle un sentido coherente (argumento a coherencia) con el sistema normativo de
pertenencia, procurando armonizar las normas "aparentemente" contradictorias. Por ello, admitir el concurso
preventivo de las empresas financieras aparece como contradictorio con la propia esencia de la actividad
financiera, resultando claramente contrario a un sistema regulado en etapas por la LEF.
Además, habiendo revocado la autorización para funcionar de una entidad financiera, la sociedad se
encuentra inmersa en el supuesto del art. 94, inc. 10, LS. Entonces, y en virtud de lo establecido en el art.
101, LS, la sociedad en liquidación conserva su personalidad -sic- a ese efecto (énfasis añadido), su actividad
se restringe a "actividad en liquidación": realizar el activo, cancelar el pasivo y distribuir el remanente entre
los socios.
Por último, la quiebra de las entidades financieras -figura admitida en el sistema de la LEF - contiene
en la LEF múltiples normas particulares a los fines de adaptar esta figura concursal al régimen financiero.
Estas particularidades de la quiebra de entidades financieras permite la armonización -muchas veces
compleja- de los valores y directrices de ambos sistemas.
La cuestión es clara: cuando la ley ha querido introducir un mecanismo para afrontar las crisis de
entidades financieras, lo ha hecho acompañando tal mecanismo -por más que ya esté regulado en otro sector
del ordenamiento- de disposiciones complementarias que permitan la armonización aludida.
Por otro lado, y al menos desde el punto de vista teórico, es imposible concebir la actividad de una
entidad financiera en estado de insolvencia. Puede decirse que una entidad financiera está en crisis cuando ha
perdido su capacidad para mantener un flujo regular y sostenido de depósitos, cuando ha visto deteriorada su
estructura de rentabilidad y se ha resentido consiguientemente su solvencia o cuando ha sufrido daños
patrimoniales de importancia por la existencia de un volumen excesivo de incobrabilidad.
Por ello, las entidades financieras y bancos no están habilitados para solicitar el concurso preventivo,
aunque sí están legitimadas para ser declaradas en quiebra, luego de un procedimiento previo especial.
5. Consorcio de propietarios
Si bien existe casi unanimidad en la aceptación de la personalidad jurídica del consorcio de
propietarios (ley 13512), se ha rechazado la quiebra del consorcio atento a la necesidad de la continuidad de
funcionamiento y realizando actos de administración de la cosa común, y a que existen bienes no ejecutables,
tales como espacios de entrada, pasillos, escaleras, ascensores y demás cosas comunes.

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6. Fideicomiso
6.1. Imposibilidad de quebrar
Ahora bien, si bien la ley 24441 no posibilita la quiebra del patrimonio fideicomitido, cabe estudiar
si es factible que el patrimonio fideicomitido recurra al concurso preventivo. La cuestión no es baladí, pues
existen muchas circunstancias económicas que harían del concurso preventivo la vía más adecuada, evitando
-de esta manera- la mera liquidación del patrimonio.
6.2. La cuestión en el concurso preventivo
6.2.1. Tesis que admite la concursabilidad del fideicomiso.
En relación al concurso preventivo los autores discrepan. Por un lado, Games y Esparza se
manifiestan -reconociendo que el tema puede ser opinable- por la afirmativa y fundamentan:
i) se debe estar a formas jurídicas que eviten la liquidación de los patrimonios cuando éstos sean
viables económicamente, siendo la "consigna de la hora: la conservación de las empresas útiles";
ii) se debe interpretar restrictivamente la cuestión de la quiebra, pero ello no implica que esté
excluido el concurso preventivo; dicho procedimiento no está excluido por la ley 24441, ni por la LC;
iii) la LC permite la formación del concurso preventivo de las personas en liquidación (art. 5, LC);
iv) el concurso preventivo puede ser un marco jurídico que evite la liquidación y sus aspectos
negativos;
v) este procedimiento es un medio para reestructurar el pasivo o afrontar una desfavorable situación
patrimonial y económica que permita fortalecer una unidad económica para el futuro;
vi) recurrir al concurso preventivo puede ser un parámetro de diligencia de la función (art. 6, ley
24.441);
vii) las amplias facultades de la asamblea de tenedores (art. 24, inc. f, ley 24.441) permitiría
introducir la solución preventiva.
Además cabe agregar que así también se pronuncian los autores del derecho comparado. Domínguez
Martínez, desde la óptica de la legislación mexicana, trata la procedencia de "concursalidad" del patrimonio
dado en fideicomiso, según la actividad que se desarrollare con los bienes.
6.2.2. Tesis que no acepta la concursabilidad del fideicomiso.
De otro lado, Kiper y Lisoprawski no comparten la opinión. Su plataforma argumental es la
siguiente:
i) que de los textos de la ley 24441 y 24522 nada permite inferir tal conclusión, ya que la LC es
posterior a la ley 24441 y que bien pudo preverlo el legislador (y no lo hizo);
ii) que esta omisión no fue un olvido o descuido, sino ex professo;
iii) no admite el concurso del patrimonio fideicomitido en la faz preventiva, porque no puede
imaginarse la incoherencia normativa y la solución de todas las cuestiones que se presenten en el supuesto de
que el concurso no llegue a feliz término y entre en quiebra.
6.2.3. Nuestra posición.
Por nuestra parte, nos plegamos a esta última interpretación, aunque cabe considerar que no ha sido
acertada la exclusión del patrimonio fideicomitido de las soluciones concursales. Por ello, de lege lata, no
puede entenderse que el fideicomiso pueda concursarse preventivamente. La conveniencia de un instituto no
es suficiente para aplicarlo. Es menester que existan pautas claras (normas) para su aplicación y en caso de
supuestos en donde el interés general tiene un papel predominante, no puede recurrirse a simples inferencias
lógicas.

Art. 3º. Juez competente.


Corresponde intervenir en los concursos al juez con competencia ordinaria, de acuerdo a las
siguientes reglas:
1) Si se trata de personas de existencia visible, al del lugar de la sede de la administración de sus
negocios; a falta de éste, al del lugar del domicilio.
2) Si el deudor tuviere varias administraciones es competente el juez del lugar de la sede de la
administración del establecimiento principal; si no pudiere determinarse esta calidad, lo es el juez que
hubiere prevenido.

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3) En caso de concurso de personas de existencia ideal de carácter privado regularmente
constituidas, y las sociedades en que el Estado nacional, provincial o municipal sea parte -con las
exclusiones previstas en el artículo 2 - entiende el juez del lugar del domicilio.
4) En el caso de sociedades no constituidas regularmente, entiende el juez del lugar de la sede; en
su defecto, el del lugar del establecimiento o explotación principal.
5) Tratándose de deudores domiciliados en el exterior, el juez del lugar de la administración en el
país; a falta de éste, entiende el del lugar del establecimiento, explotación o actividad principal, según el
caso.

I. Introducción
En el juego armónico -o no tanto- de las disposiciones procesales y sustanciales que conforman, de
manera unitaria, nuestra normativa concursal (hoy bajo el velo de la ley 24522) descuella un precepto, de
carácter netamente procesal. Este mismo precepto, que tiende a distribuir, o más bien limitar, aquel poder
estatal de administrar justicia, ve una luz diferenciada en la legislación concursal.
En la actual Ley de Concursos, la regulación normativa de la competencia concursal está diseminada
en diversos artículos, mas hace base en uno fundamental, que es el art. 3, en sus cinco incisos. Por ello puede
sostenerse que la competencia de los concursos, en sentido lato, contiene su regla general en el último
artículo citado, y su reglamentación especial en los arts. 67, párr. 1º (concurso en caso de agrupamiento), 68
(concurso del garante) y 162 (extensión de la quiebra).

II. Jurisdicción ordinaria


La doctrina procesalista, ya desde antaño, ha diferenciado de manera adecuada entre los conceptos
de jurisdicción y competencia.
La jurisdicción es un poder, uno fundamental, que se incluye entre los tres poderes básicos de
"realización del derecho" (acción, excepción y jurisdicción). En este sentido, la ha definido, con excelencia,
Clemente Díaz como un poder-deber del Estado político moderno, emanado de su soberanía, para dirimir,
mediante organismos adecuados, los conflictos de intereses que se susciten entre los particulares y entre
éstos y el Estado, con la finalidad de proteger el orden jurídico.
Este poder-deber "abstracto", si se quiere "potestad única e indivisible", se concretiza y proyecta a
través de la competencia, lo que ha llevado a decir a autores como Couture, que "la competencia es el
fragmento de jurisdicción atribuido a un juez". Así concebida, la competencia debe establecer los límites en
los cuales el tribunal puede proyectar la jurisdicción.
El art. 3, al iniciar su texto, expresa que "corresponde intervenir en los concursos al juez con
competencia ordinaria". Si bien la letra del artículo antes transcripto alude a "competencia ordinaria", no
quedan dudas -en virtud de la elección de la forma federal de Estado- de que se está refiriendo a la
"jurisdicción ordinaria", por contraposición a la federal, que, al decir de los autores constitucionalistas, es
"limitada y de excepción".
Deben diferenciarse ambos términos (jurisdicción y competencia), mas en el uso corriente, no por
ello menos erróneo, se utilizan indistintamente los términos "competencia ordinaria" o "jurisdicción
provincial" contraponiéndolos con la "federal". En definitiva, los jueces que deben entender en los procesos
concursales no son los federales, sino los "ordinarios" (no excepcionales) según el sistema que ha organizado
cada provincia para la administración de justicia (art. 5, CN).
Debe decirse que "esta cuestión fue materia de debate entre los constitucionalistas desde comienzos
de siglo. Sin embargo, la CSJN puso fin al mismo cuando descartó la jurisdicción federal por aplicación de la
ley 48, en cuya virtud los jueces federales en ningún caso pueden intervenir en procesos universales".
Una excepción a la jurisdicción ordinaria, que no está contemplada en la ley 24522 sino en la ley
24241, es la referida a la liquidación de las administradoras de fondos de jubilación y pensión. El art. 72, inc.
c establece expresamente la jurisdicción federal, razón por la cual -y tratándose de una norma especial-
prevalece sobre la regla general postulada por el art. 3 de la LCQ.
Como dato referencial se ha señalado que en los Estados Unidos, y debido a que la legislación en
materia de bancarrotas es federal, su aplicación es realizada por los jueces federales.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
III. Orden público
La competencia concursal es de orden público. La CSJN ha refrendado tal afirmación en diversos
pronunciamientos. En este sentido, ha señalado que la ley concursal "es de orden público y en tal sentido la
competencia territorial del juez a quien corresponde entender en la quiebra conforme al domicilio del fallido,
está determinada por aquella que no admite prórroga de la jurisdicción por parte del tribunal que debe
entender en ella".
Por ello, atribuirle tal carácter (de orden público) a la competencia nos lleva a decir que, como ya lo
hizo Cámara, la competencia es "indelegable" y no es "derogable por voluntad de las partes". En este sentido,
a diferencia de las legislaciones procesales en las que se admite la prórroga territorial (tácita o expresa), en
materia concursal la competencia es improrrogable en su aspecto territorial.
También se ha dicho, en razón de las especiales características de la LCQ, que la competencia
concursal es "excluyente", pues todas las cuestiones de contenido patrimonial contra el concursado o fallido,
y algunas promovidas por los órganos del concurso contra terceros, son resueltas únicamente por el juez del
concurso. El fuero de atracción, como así también las pretensiones de los arts. 109, 118, 119, 120, 122, 138,
140, 157, 160, 161, 173 /6, 188, etc., serán resueltas por el juez donde se tramita el concurso, desplazando a
los jueces que, conforme a las reglas ordinarias de la competencia, tenían aptitud para resolver tales temas.

IV. Competencia en razón de la materia


Un tema muy importante, y que se puede decir de actualidad, es el relacionado con la competencia
por razón de la materia. La ley actualmente vigente nada dice. Son las provincias las que han asignado el
contenido de sus respectivas competencias, teniendo en cuenta el art. 293 (disposiciones complementarias)
de la LCQ que establece que la Ley de Concursos se incorpora al Código de Comercio.
En este sentido, se advierte que la "mayoría" de los sistemas locales han delegado la competencia
concursal a los juzgados civiles y comerciales de primera instancia. Hemos enfatizado el término "mayoría",
pues en Córdoba y en Mendoza la cuestión es diferente. En la ciudad de Córdoba existen ocho juzgados
concursales "diferenciados" que también tienen aptitud para entender en el ámbito societario. En Mendoza
actualmente hay tres juzgados "de concursos y registro". A nivel de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, si
bien no se cuenta con competencia concursal especial, sí se diferencia entre la civil y la comercial, razón por
la cual la competencia relacionada con los concursos ha quedado asignada a los jueces en lo comercial.
En los tiempos que corren, como ya fuera advertido por Cámara en el año 1978, se puede hablar de
una clara tendencia hacia la especialización de los fueros concursales. Hoy, con más fuerza aún, la doctrina
señala que "la especialización, que es uno de los fundamentos de la clasificación de la competencia, impone
la creación de tribunales que resuelvan las litis concursales dotados de recurso e información que les
posibilite una mayor eficiencia en el cumplimiento de aquella misión".
La experiencia de Córdoba, de la que somos copartícipes, es muy buena, ya que permite una
capacitación "específicamente concursal" del factor humano, dotándolo de mejores elementos para resolver
"diariamente" los conflictos que se presentan. Por esas razones y por otras fundadas en la economía procesal
y celeridad que "necesitan" los procesos concursales, nos sumamos a la doctrina mayoritaria que viene
pujando con ímpetu por la concretización de "tribunales concursales diferenciados".

V. Competencia territorial
Así vistas las cosas, si se admite que la competencia es el "límite" dentro del cual el tribunal puede
ejercer la jurisdicción, uno de los elementos más adecuados para limitar la jurisdicción se basa en el
elemento territorial.
La competencia territorial, que se funda en exclusivas razones de "economía procesal", se encuentra
puntillosamente determinada en nuestra Ley de Concursos. Es bueno señalar que esta norma reconoce como
antecedente legislativo inmediato a la ley 19551, que fuera modificada por la reforma del año 1983 y que en
su estructura fundamental ha sido mantenida casi intacta desde mediados del año 1972.
1. Diversos supuestos
El art. 3, tal cual está redactado, contiene diversos supuestos. El primer inciso contempla la situación
de las personas de existencia física. El siguiente inciso hace referencia al supuesto de los deudores con varias
administraciones. El inciso 3 alude específicamente a las personas jurídicas regularmente constituidas y a las
en que el Estado nacional, provincial o municipal sea parte; y el 4 a la sociedad no constituida regularmente.
Finalmente, el último inciso de esta serie regula el caso de los deudores domiciliados en el exterior.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
2. Personas de existencia visible
La regla en esta hipótesis es bastante clara. La competencia que corresponde a las personas físicas es
la del "lugar de la sede de la administración de sus negocios". En este sentido, se entiende que el giro
lexicográfico "sede de la administración de los negocios" alude al "centro" desde el cual se imparten las
directivas, se lleva la organización administrativa y contable".
Nos inclinamos por términos más sencillos. Por ello, y cristalizando algunas críticas de la doctrina,
no dudamos en simplificar el punto de conexión antes expuesto por el de "la sede de los negocios", pues
como han puesto de manifiesto Maffía ("el vocablo lugar está de más"), y Cámara ("sobra lo de ‘la
administración’"), implica una redundancia. El razonamiento es bastante simple, pues si el concepto de
"administración" se encuentra abarcado en el de "sede", y es redundante decir del "lugar de la sede" (pues la
sede no puede ser sino un lugar), los tres vocablos (lugar, sede y administración) "deben" unificar su
personería a través de la "sede" y nos queda una norma más fácilmente comprensible: "sede de los negocios".
Garaguso y Moriondo no aceptan tal idea, pues no puede confundirse el "negocio", o sea, donde se
concreta la actividad económica, con la "sede de la administración del negocio", que es el lugar donde se
organiza, planifica y dirige la actividad.
En definitiva, y más allá del juego conceptual de palabras, lo que la ley busca es centrar su
"puntería" en el lugar desde donde se imparten las directivas, se encarrilan las actuaciones comerciales y
organizan administrativa y contablemente los "negocios".
En defecto de tal punto de conexión, la ley fija otro subsidiario: "el domicilio". De manera que
cuando el deudor no ejerce actividad comercial alguna, la competencia territorial se determina con base en el
domicilio real, según la extensión asignada por el art. 89 del CCiv., es decir, donde tiene establecido el
asiento principal de su residencia.
3. Deudor difunto
Conforme lo estipula el art. 2, inc. 1 de la ley falimentaria, "el patrimonio del fallecido, mientras se
mantenga separado del patrimonio de los sucesores" es un sujeto pasible de ser declarado en concurso. Si
bien la normativa concursal nada establece, pues el fallecido ha dejado de ser "persona de existencia visible",
se aplican igualmente las disposiciones generales de competencia.
En caso de no existir "sede" de los negocios, "corresponderá intervenir al juez con competencia en el
domicilio real que tenía el deudor fallecido en el momento de su deceso". Dicho criterio concuerda con el art.
3284, inc. 4 del CCiv.
Pero si el deceso del fallido hubiere acaecido en el transcurso del proceso, se aplica -sin dudas- el art.
105, que expresamente dispone que "la muerte del fallido no afecta el trámite ni los efectos del concurso. Los
herederos sustituyen al causante, debiendo unificar personería".
4. Cambio de domicilio
Puede suceder, y ocurre frecuentemente, que el "concursable" haya modificado su sede o su
domicilio. En este caso prevalece -por una cuestión elemental- el nuevo domicilio o sede.
Entonces Cámara, con la inquietud que lo caracteriza, se pregunta: ¿Qué ocurre si el comerciante
cambia de sede después de estar en cesación de pagos o próximo?
En principio, y en sentido coincidente con el autor antes citado, rige la solución anterior: "prevalece
el nuevo domicilio o sede". Pero en caso de tratarse de un "domicilio fraudulento" debe tratarse de no
perjudicar a los terceros, sustrayéndolos de la competencia del juez natural.
En este último sentido se pronuncia nuestra Corte Suprema cuando dice: "Habiendo quedado
demostrado que la fallida produjo la modificación de su domicilio social sin ajustarse a las formalidades
exigidas por la ley y con la finalidad de entorpecer la acción de sus acreedores, alejándolos de la sede natural
del proceso concursal, cabe concluir que, en el caso, se configura la constitución de un domicilio ficticio,
destinado a violentar los principios que consagran la indelegabilidad de la competencia o la prohibición de
prórroga por la voluntad de las partes, al estar de por medio el orden público".
Esta misma solución debe aplicarse a los casos en los que se configuren domicilios simulados, falsos
o irreales, que si bien son hipótesis diferenciadas, poseen un mismo "sustrato", la intención de perjudicar a
los terceros, alejándolos de su juez natural.
5. Deudor con varias administraciones
Otro de los supuestos contemplados en el art. 3 es cuando el deudor tiene varias administraciones. En
este caso la ley atribuye competencia al tribunal de la sede de la administración del "establecimiento

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principal". Por ello, lo fundamental en este caso es determinar cuándo hay "establecimiento principal". Es
decir que la competencia quedará radicada en el lugar donde se "administre" el establecimiento principal.
En tal caso, la hipótesis legal queda configurada de la siguiente manera: existen "varias
administraciones" desde donde se dirigen las operaciones de uno o varios establecimientos. ¿Qué
administración configura la competencia? Pues la administración del establecimiento principal.
Entonces, resulta fundamental delimitar los contornos del binomio "establecimiento principal".
Con respecto al término establecimiento, se puede decir, y en esto la doctrina es coincidente, que es
el ámbito físico en el cual se desarrolla una determinada actividad, como por ejemplo una industria o un
depósito. Pero en lo atinente al calificativo "principal" la cuestión varía un poco.
Así algunos autores han dicho que determinar el principal establecimiento es una cuestión de hecho o
meramente fáctica, que en definitiva se libra al criterio judicial, y en la que tienen significación el volumen
negocial, la importancia física, el número de empleados, etc. Otros, como Maffía, han escrito que
"establecimiento principal" no quiere decir, como es obvio, establecimiento "más grande", ni más "antiguo",
ni "con más personal".
Mas es importante resaltar que no entran en tema de discusión las sucursales, ya que simplemente
son establecimientos secundarios, dependientes de una central o matriz con la cual están totalmente
identificadas, y que aun teniendo carácter permanente, están destinadas a coadyuvar en el desarrollo
comercial de la central.
6. Juez que hubiere prevenido
La propia ley, admitiendo que la determinación de la calidad de establecimiento principal es una
cuestión de hecho, prevé otra norma subsidiaria. En este caso, ya no le da valor determinante al domicilio,
sino que dispone una solución quizás más simple. Pero no por simple, menos peligrosa. En este sentido
expresamente al final del inciso se establece: "si no pudiere determinarse esta calidad, lo es el juez que
hubiere prevenido".
¿Qué elementos deben tomarse en cuenta para determinar el juez que previno?
Así, Cámara, bajo la vigencia de la anterior ley, decía que el "principio de prevención" se determina
por el tribunal que primero abrió el proceso concursal, y no aquel donde se requirió su declaración. Quintana
Ferreyra, por su parte, señala que el juez que previno coincide con la fecha de la primera resolución que se
dictare en caso de solicitud de concurso preventivo o de pedido de quiebra. Una tercera posición fija como
momento determinante el de la petición de apertura del proceso concursal. Por último, una posición más:
cuando se llega a supuestos dudosos, pero el comerciante se encuentra matriculado, sugiere Morello que se
dé preferencia al lugar donde se halla inscripto.
Adherimos a la doctrina mayoritaria, que es la embanderada por Quintana Ferreyra. En efecto, según
una interpretación literal de la norma, "haber prevenido" no quiere significar sino ejecutar las primeras
diligencias, aun en la etapa prefalencial, sin que sea menester que el "concurso", lato sensu, se encuentre
abierto.
7. Personas de existencia ideal regulares
Avanzando con el esquema propuesto, corresponde analizar ahora la hipótesis del art. 3, inc. 3. Éste
se refiere al concurso de personas de existencia ideal de carácter privado regularmente constituidas y al de
las sociedades en que el Estado nacional, provincial o municipal sea parte. En estos supuestos la competencia
se atribuye al tribunal del domicilio.
Tanto en la ley 19551 como en la 22917 no se preveía la posibilidad de concursarse de las sociedades
en que el Estado sea parte. Hoy, como innovación de la ley 24522, se contempla tal posibilidad y, como es
lógico, se le fija, a través de la regla del inc. 3 del art. 3, la delimitación de su competencia, que sigue lo
establecido para las demás personas jurídicas.
Haciendo un poco de historia, a modo anecdótico mencionamos que la ley 19551, al hacer referencia
al domicilio, "le adicionaba" el calificativo "inscripto". Critica Cámara: "lo de ‘inscripto’ abunda" y en la
reforma del año 83 se suprimió, quedando así desde entonces.
En este inciso cobra mucha fuerza la doctrina societaria que diferencia claramente el domicilio de la
sede social. La doctrina y jurisprudencia mayoritarias han asimilado domicilio con jurisdicción territorial,
ciudad, pueblo o distrito donde se constituye la sociedad y cuya autoridad es competente para autorizarla e
inscribirla en el registro; y entienden por sede el lugar preciso de determinada ciudad o población donde
funciona la administración o gobierno de la sociedad (calle, número, piso, oficina).

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Por ello, en caso de las sociedades regularmente constituidas la competencia queda vinculada, de
manera expresa, al domicilio de la sociedad.
Una última aclaración: si la sociedad modifica su domicilio sin inscribir la modificación contractual,
cobra aplicación el art. 12: las modificaciones no inscriptas son inoponibles a los terceros.
8. Sociedades irregulares
Otaegui entiende inicialmente que la sociedad irregular, para ser tal, debe tener cierta
instrumentación que demuestre su sometimiento a un tipo autorizado; sobre tal base, la irregularidad surge
cuando no se ha utilizado el instrumento debido, o no se ha obtenido la conformidad administrativa debida o
no ha existido la inscripción exigida.
La ley concursal contempla el caso -corriente en la práctica- y lo regula. Dice el inc. 4 que "En el
caso de sociedades no constituidas regularmente, entiende el juez del lugar de la sede; en su defecto, el del
lugar del establecimiento o explotación principal".
Entonces, de la disposición antes transcripta se vislumbran dos normas: una principal y otra
supletoria. Como ya lo hemos señalado, al menos implícitamente, "sede" es un concepto diferenciado de
"establecimiento principal". La ley así lo acepta, pues los utiliza como puntos de conexión distintos.
La sede, concebida como centro del cual se compagina y dirige la organización de la empresa,
determina prioritariamente la competencia. En ausencia de sede, o no pudiendo determinarse, se fija -como
elemento relevante- directamente el establecimiento o explotación principal.
En definitiva, como señalan Garaguso y Moriondo, "la ostensible exteriorización de la sede, del
establecimiento o explotación, constituye una medida razonable para atribuir competencia al juez de los
mismos para intervenir en el concurso de la sociedad irregular o de hecho, sobre todo cuando la ausencia de
publicidad registral de su domicilio expone la realidad y somete la situación a ella con la mayor crudeza".
9. Deudores domiciliados en el exterior
Conforme al art. 2, inc. 2, pueden ser declarados en concurso los deudores domiciliados en el
exterior "respecto de bienes existentes en el país", por lo que la ley debe -como así lo hizo- establecer una
solución para estos supuestos.
La ley habla a secas de "deudores" sin discriminar si se trata de personas de existencia visible o
ideal. Entonces: ubi lex non distingue, no debemos distinguir, razón por la cual se incluyen en la hipótesis
legal sub examine cualquier tipo de deudor, con tal de que cuente con el requisito establecido en el inciso:
que esté domiciliado en el exterior.
En lo relacionado con las personas físicas, el principio rector no ha variado significativamente: es
competente el juez de la "administración en el país". Pero la norma "subsidiaria" sí ha cambiado, pues a falta
de éste ya no remite al "juez del domicilio", como el inc. 1, art. 3º, sino que debe entender el juez del
establecimiento, explotación o actividad principal, según el caso (inc. 5, art. 3º). La solución es lógica, pues
si remitiera al domicilio del deudor la solución sería incongruente, ya que éste se encuentra en el exterior. La
ley posibilita al deudor domiciliado en el exterior abrir su concurso en el país.
Iguales consideraciones caben si el deudor fuera una persona jurídica. El juez competente en estos
casos es, como dijimos, el de la "administración en el país" y no el del domicilio, como establece el tercer
inciso, pues está domiciliada en el exterior.
Si el deudor tuviera "varias administraciones" se aplica el art. 3, inc. 2. Pero si la sede de la
administración del establecimiento principal residiere en el extranjero, ¿qué solución deberá adoptarse? Por
una razón lógica, deberá acudirse al establecimiento más importante o principal dentro del país.
La norma subsidiaria, en ausencia de administración en el país, radica la competencia donde se halle
el establecimiento, explotación o actividad principal.
Finalmente, en caso de que el deudor sólo posea "bienes en el país", mas no tuviere ni
establecimiento, ni explotación, ni actividad principal (recordemos que a partir de 1983 pueden concursarse
no sólo los comerciantes), rige el principio de atribución de competencia lex rei sitie, esto es, el juez del
lugar donde se encontraren los bienes. Y, estando radicado los bienes en diversos lugares (que pueda dar
lugar a supuestos de competencia diversa), corresponde -siguiendo la tesis de Rouillon- la competencia del
juez que hubiere prevenido.
Es necesario hacer una aclaración: el sistema se organiza en beneficio de los acreedores que deben
ser pagados en la República, por lo tanto el presupuesto activo queda limitado a los acreedores cuyos
créditos son pagaderos en el país, en tanto que para pedir la quiebra el acreedor debe actuar en virtud de
crédito exigible.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I

VI. Supuestos especiales


Como se había adelantado, se pueden presentar supuestos cuya competencia no se encuentra
regulada por la regla general del art. 3, sino por otras que "especialmente" han sido dictadas al efecto.
Estos supuestos, cuya competencia ha sido especialmente detallada, aluden fundamentalmente a una
competencia "por conexidad" y son tres: i) concurso en caso de agrupamiento; ii) concurso del garante; y iii)
extensión de la quiebra.
1. Concurso en caso de agrupamiento
Una "nueva cuestión" en la ley concursal es la referida al concursamiento de los grupos. Dicha
incorporación se materializa en la ley 24.522 a través de los arts. 65 y ss.
Son los presupuestos básicos para abrir este tipo de concursos: i) que dicho conjunto económico se
integre en forma permanente; ii) que se expongan los hechos que fundan la existencia y su exteriorización;
iii) que no existan exclusiones de los integrantes del mismo; iv) cesación de pagos conforme a la disposición
del art. 66; y, lógicamente, v) que se cumplan la normas de competencia.
La solución legal respecto de este último requisito -art. 67, 1º párr.- indica como tribunal competente
al que hubiere correspondido entender en el concurso de la persona con activo más importante según los
valores que surjan del último balance. La solución de carácter objetivo tiende a evitar demoras en la
iniciación del trámite.
2. Concurso del garante
Solución distinta, no obstante la remisión del art. 68 in fine, a las normas referidas al concurso de
grupos económicos, prevé la ley con respecto a la competencia del concurso del garante.
La regulación de la competencia está expresamente delineada en el único artículo destinado a reglar
el concurso de garantes. En efecto, cuando el art. 68 dice: "La petición debe ser formulada... por ante la sede
del mismo juzgado", está admitiendo que la competencia aplicable al caso es la de radicación del concurso
del deudor garantizado. A más de ello, la mentada norma dice que la petición de concurso es "para que
tramite en conjunto con el de su garantizado", con lo que está ratificando la afirmación anterior.
De ello se deriva que la competencia ordenada por la norma no sólo es la misma competencia
territorial, sino la concerniente al mismo tribunal. No se aplica en este caso las normas procesales locales de
distribución de las causas por turnos u otras circunstancias.
En referencia al tema, expresan Truffat y Anido, de manera elocuente, que "una primera lectura del
art. 68 lleva a pensar positivamente sobre una norma procesal tan práctica. En Mendoza hay tres juzgados de
concurso, en Buenos Aires hay 26 juzgados. Si se presenta el concurso de una sociedad anónima y de sus 9 o
10 directores, más las consortes de sus directores que fueron requeridas a firmar las garantías en los bancos,
se estaría frente a 21 concursos preventivos. Es terrorífico pensar que van a intervenir 21 secretarías distintas
o algún número ligeramente menor porque salga sorteada alguna Secretaría más de una vez. Esa primera
lectura del art. 68 lleva a pensar que, por lo menos, se va a tener que ir a una mesa de entrada; y se va a
encontrar un único criterio de interpretación. La verdad que no parece un razonamiento de miras muy
largas".
En definitiva, y como dice Hequera, "la competencia en caso de concurso del garante está
preestablecida, ya que será donde ya radicare el concurso anterior del garantizado".
3. Extensión de la quiebra
El art. 162 de la ley 24.522 recepta con igual tenor literal la solución adoptada por la ley 22917.
4. Grupo económico
Si un sujeto formare parte de un agrupamiento económico, al solicitar su concurso preventivo stricto
sensu, tendrá una triple opción:
i) En primer lugar, podrá acudir, junto con todos los integrantes del agrupamiento sin exclusiones, al
juez que resulte competente según el art. 3 de la persona "con activo más importante según los valores que
surjan del último balance", independientemente de donde tenga la sede de la administración de sus negocios
o su domicilio dicho miembro. Es decir, podrá hacer aplicación del art. 67, 1º parte, LCQ.
ii) En segundo término, puede acudir al juez natural que le corresponda según el art. 3, LCQ. En este
caso no invocará las normas referidas al concurso de grupo o del garante y su presentación se hará en la
forma ordinaria, de acuerdo a las normas pertinentes.

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iii) Por último, puede acudir a las disposiciones del concurso del garante y entonces el garante de un
concursado "afianzado" deberá acudir a la sede donde esté radicado el concurso de su obligado garantizado.
De lo expuesto resulta palmario que a los miembros de un agrupamiento económico -a los fines de su
petición preventiva- se le otorgan prerrogativas que a los demás sujetos concursables no se les otorgan.

VII. Recusación y excusación


¿Corresponde la recusación o excusación del juez en los concursos?
La ley concursal, como es de esperar, nada regula en lo atinente a esta cuestión. Simplemente
expresa en la norma residual del art. 278, LCQ que en todo en lo que no esté expresamente dispuesto en la
ley concursal serán de aplicación las normas procesales de la ley del lugar del juicio. Y agrega "que sean
compatibles con la rapidez y economía del trámite concursal".
A nivel nacional, el art. 14 del CPCCN regula la recusación sin expresión de causa, reglamentados en
los artículos siguientes los límites (art. 15), las consecuencias (16), etc. En el art. 17 del mismo cuerpo
normativo se regula la recusación con causa. Entre las causales se enuncian el parentesco (incs. 1 y 2), ser
acreedor, deudor o fiador de alguna de las partes (inc. 4), amistad o enemistad (incs. 8 y 9), prejuzgamiento
(inc. 7), etcétera.
En el Código Procesal Civil de Córdoba se regula "expresamente" el tema de la recusación y
excusación en los concursos (cap. III). En efecto, el art. 18 dice lo siguiente: "En los procesos concursales
regirán las siguientes normas respecto de recusaciones y excusaciones:
"1) No procede la recusación sin expresión de causa.
"2) El apartamiento del juez del conocimiento del proceso en su integridad sólo se producirá cuando
la causal se relacione con el deudor, el acreedor peticionante de la quiebra o el síndico. Es inadmisible la que
alegue el acreedor después de la oportunidad prevista en el segundo párrafo del art. 91 de la ley 19.551 (léase
art. 84 de la ley 24.522).
"3) Cuando la causal se relacione con los acreedores en el proceso de verificación, intervinientes en
incidentes o impugnaciones, se remitirán las actuaciones pertinentes a quien corresponda según la Ley
Orgánica del Poder Judicial, las que serán devueltas una vez firme la resolución que recaiga.
"4) Si el deudor fuere una persona jurídica, las causales también se entenderán referidas a sus
integrantes solidariamente responsables, a los que ejerzan representación de las mismas o a quienes pudieren
resultar alcanzados por la calificación de conducta".
Por ello, a nivel nacional -en principio- se admitiría la recusación sin expresión de causa, a diferencia
de la provincia de Córdoba, que por disposición expresa no la admite.
Pero ello no es totalmente válido. La remisión del art. 278, LCQ puntualmente resalta que se produce
siempre "que sean compatibles con la rapidez y economía del trámite concursal". Indudablemente la
"celeridad y economía" de un trámite no se compadece con la recusación sin causa, a tal punto que el propio
CPCCN en el último párrafo del art. 14 dice que la misma no es procedente en el proceso sumarísimo, ni en
las tercerías. En la Ley de Amparo, en el art. 16 tampoco se admite la recusación sin expresión de causa. Vale
decir que la recusación sin causa es incompatible con "la rapidez y economía del trámite concursal" que
exige el art. 278, LCQ.
Por ello, cabe concluir que la recusación sin expresión de causa es inadmisible en los procesos
concursales.

Art. 4º. Concursos declarados en el extranjero.


La declaración de concurso en el extranjero es causal para la apertura del concurso en el país, a
pedido del deudor o del acreedor cuyo crédito debe hacerse efectivo en la República Argentina. Sin
perjuicio de lo dispuesto en los tratados internacionales, el concurso en el extranjero, no puede ser
invocado contra los acreedores cuyos créditos deban ser pagados en la República Argentina, para
disputarles derechos que éstos pretenden sobre los bienes existentes en el territorio ni para anular los
actos que hayan celebrado con el concursado.
Pluralidad de concursos. Declarada también la quiebra en el país, los acreedores pertenecientes al
concurso formado en el extranjero actuarán sobre el saldo, una vez satisfechos los demás créditos
verificados en aquélla.

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Reciprocidad. La verificación del acreedor cuyo crédito es pagadero en el extranjero, y que no
pertenezca a un concurso abierto en el exterior, está condicionada a que se demuestre que,
recíprocamente, un acreedor cuyo crédito es pagadero en la República Argentina puede verificarse y
cobrar -en iguales condiciones- en un concurso abierto en el país en el cual aquel crédito es pagadero.
Paridad en los dividendos. Los cobros de créditos quirografarios con posterioridad a la apertura
del concurso nacional, efectuados en el extranjero, serán imputados al dividendo correspondiente a sus
beneficiarios por causa de créditos comunes. Quedan exceptuados de acreditar la reciprocidad los
titulares de créditos con garantía real.

I. Concursos declarados en el extranjero


El art. 4 contiene una serie de normas de derecho internacional privado que regula la situación de
concursos y quiebras que afectan a un mismo sujeto de derecho pero con bienes en diversos países, es decir,
cuando coexisten diversos procedimientos concursales. Regla el fenómeno de la quiebra transfronteriza.
Estas normas rigen en los concursos con elementos extranjeros siempre que no resulten de aplicación
los Tratados de Montevideo de Derecho Comercial de 1989 y 1940 que unen a nuestro país con Bolivia,
Paraguay, Perú, Uruguay y Colombia.
La armonización de las legislaciones en este aspecto de la quiebra transfronteriza es un anhelo de
larga data que reconoce numerosos precedentes.
Hoy se alza como una alternativa concreta de incorporación a la legislación patria la Ley Modelo de
la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional sobre Insolvencia
Transfronteriza de 1997.
El ordenamiento conocido como la ley de Uncitral tiende a la unificación del tratamiento del
fenómeno de la insolvencia transnacional mediante la incorporación al derecho patrio del esquema que se
articuló como un modelo legal de regulación de los diversos procedimientos concursales, actuación de los
representantes, derechos de los acreedores, etcétera.
Mientras tanto sigue vigente el art. 4 que tiene como antecedente su vieja redacción en la ley 19551
que fuera modificado puntualmente en 1983 por la ley 22917 para intentar adecuarlo a los requerimientos
internacionales.

II. Pluralidad concursal


1. Extraterritorialidad de la sentencia
En primer lugar, se establece lo que podemos denominar principio general, contenido en el primer
párrafo del art. 4, que prescribe que la declaración de concurso en el extranjero es causal para la apertura del
concurso en el país, a pedido del deudor o de acreedor cuyo crédito deba hacerse efectivo en la República.
De este modo, la ley argentina reconoce extraterritorialidad a la sentencia de apertura de concurso en
el extranjero en tanto exista un crédito que deba hacerse efectivo en el país, o sea, cuyo lugar de pago esté
ubicado en la República Argentina.
2. Sentencia de quiebra
En rigor, cuando la ley habla de "concurso en el extranjero" lo hace con una terminología ambigua
que parece aludir solamente a los procedimientos liquidatorios (quiebra), aun cuando algún fallo lo ha
considerado también aplicable al caso del concurso preventivo.
Tal como expresa la doctrina, cuando el art. 4 alude a la posibilidad de abrir un concurso en la
República no está refiriéndose a un concurso preventivo, sino a una quiebra, porque la apertura del concurso
a pedido de acreedor únicamente puede ser quiebra (art. 77, inc. 2, LCQ) y el saldo al que hace mención el
artículo sólo puede existir en la quiebra.
Por otra parte, para tener eficacia en nuestro país la sentencia extranjera debe estar dictada contra un
sujeto que sea concursable según el ordenamiento jurídico interno.
De lo dicho se desprende que la posibilidad de declarar en el país una quiebra en función de un
proceso liquidatorio de bienes en el extranjero hace que el concurso nacional sea "derivado", pero
independiente y autónomo, ya que la apertura declarada en nuestro país no importa una "exequaturización"
de la sentencia extranjera.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
El juez reconoce la sentencia extranjera y ésta constituye un "hecho" determinante de la sentencia de
quiebra dictada en nuestra República. En base a la prueba de la existencia del proceso liquidatorio extranjero,
que constituye un verdadero "hecho de quiebra", se dicta la sentencia en el ámbito nacional.
La declaración de quiebra en nuestro país no requiere la configuración del estado de cesación de
pagos, sino que tiene como causa la quiebra transfronteriza que opera, tal como hemos dicho, como un
verdadero "hecho de bancarrota" que habilita el proceso concursal sobre los bienes existentes en nuestro
país.
3. Pluralidad concursal
De lo dicho se sigue que nuestra ley, en lugar de afirmar el principio de la "unidad de concursos",
sienta el criterio de la "pluralidad concursal", admitiendo la coexistencia de varios concursos a la vez.
Además, el precepto distingue entre los llamados acreedores locales y los no locales o extranjeros.
Así, al referirse al reconocimiento de la declaración de concurso en el extranjero y su calificación
para la apertura de otro concurso válido en el país, adhiere al principio de la pluralidad de concursos o
extraterritorialidad concursal.
4. Legitimación
El lugar preferente de los acreedores locales se deduce de su exclusiva legitimación para solicitar la
apertura del concurso en el país por el solo fundamento de la declaración en el extranjero.
La legitimación para pedir la quiebra se otorga a quienes el art. 46 del Tratado de Montevideo
denomina "acreedores locales" (pagaderos en nuestro país), quedando excluidos de tal posibilidad aquellos
acreedores que deban ser satisfechos en el extranjero, siendo indiferente la nacionalidad o el domicilio.
La doctrina niega legitimación también al síndico de la quiebra extranjera para pedirla en nuestro
país, pues no se trata de una "quiebra secundaria".
A renglón seguido la norma reitera el principio de la pluralidad concursal y la preferencia de trato al
acreedor local, al establecer que el concurso en el extranjero no puede ser invocado contra los acreedores
cuyos créditos deban ser pagados en la República Argentina, para disputarles derechos que éstos pretenden
sobre los bienes existentes en el territorio ni para anular los actos que hayan celebrado con el concursado.
De este modo, queda claro que sólo podrá sostenerse la unidad de concursos en el caso de que así lo
dispongan los tratados internacionales que nuestro país tenga reconocidos y ratificados con otros países. De
lo contrario, rige la pluralidad concursal y la prioridad del acreedor local, tanto para pedir la apertura del
concurso en nuestro país como para hacer valer sus derechos sobre bienes existentes en el territorio.

III. El derecho de los acreedores


El art. 4 establece que el concurso en el extranjero no puede ser invocado contra los acreedores
cuyos créditos deban ser pagados en la República para disputarles derechos que éstos pretendan sobre los
bienes existentes en el país.
En función de la premisa de la pluralidad concursal (existen el concurso declarado en la Argentina y
cuanto menos uno más en el extranjero), el segundo párrafo del art. 4 dispone que los acreedores
pertenecientes al concurso formado fuera de nuestro país actuarán únicamente sobre el saldo que quede en la
quiebra local, después de pagar los créditos verificados en ella.
La norma establece lo que se denomina sistema de preferencia y que ha sido validado
constitucionalmente, ya que no se tiene en cuenta la nacionalidad del acreedor, sino que se basa en la
existencia de un lugar de pago exclusivo fijado en el exterior.
La norma opera únicamente cuando hay concurso liquidativo local, lo que excluye el caso del
concurso preventivo.
En una palabra, los acreedores pertenecientes al concurso formado en el extranjero quedan
postergados en la quiebra local por los créditos verificados en ella, los que deben ser satisfechos con
preferencia.
Es decir que el derecho de los acreedores pertenecientes al concurso extranjero se limita a una
actuación sobre el saldo en los términos del art. 228 in fine de la LCQ.
La prioridad del acreedor local es ratificada por el texto legal, que sigue estableciendo que:
"Declarada también la quiebra en el país, los acreedores pertenecientes al concurso formado en el extranjero
actuarán sobre el saldo, una vez satisfechos los demás créditos verificados en aquélla".

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
IV. El principio de reciprocidad
El acreedor perteneciente a un concurso extranjero está sujeto a la carga de la verificación de su
crédito conforme al principio general del art. 200 de la LCQ. Es suficiente que el acreedor foráneo acredite
que su crédito ha sido declarado legítimo por el tribunal extranjero, todo de conformidad con las normas que
regulan la acreditación de dicha situación mediante la aplicación de las normas de rito locales.
Asimismo, el tercer párrafo del art. 4 que se aplica en cualquier tipo de quiebra y también en el
concurso preventivo, y rige aunque no haya pluralidad de concursos, determina el denominado principio de
reciprocidad.
El acreedor "foráneo", que no pertenece al concurso abierto en el extranjero, puede obtener igualdad
de trato con los locales siempre que acredite que en el derecho vigente en el país en el cual el crédito es
pagadero, un acreedor "argentino" (rectius: pagadero en Argentina) tiene reciprocidad de verificación y
cobro.
La verificación de tales acreedores está condicionada a la existencia de reciprocidad, o sea, a la
prueba de la falta de discriminación en la ley extranjera.
Este principio jurídico ha sido cuestionado constitucionalmente, pero lo real y cierto es que, como
está establecido, en orden al lugar de pago del crédito y no a la nacionalidad del acreedor no existe elemento
discriminatorio, sino vigencia del principio de territorialidad y soberanía de la ley nacional, por lo que la
impugnación no es sustentable. En consecuencia, la prueba del derecho extranjero constituye una carga del
acreedor que pretende ser verificado, aun cuando, como todo "hecho", adscriba a la libertad probatoria.
Por otra parte, al referir a legislación interna del lugar de pago del acreedor foráneo se constituye
como un hecho "notorio" que cae dentro de las facultades de investigación de la sindicatura y aun del
tribunal concursal.
En esta inteligencia, se ha entendido que también le corresponde al síndico la verificación del
derecho extranjero, pudiendo él mismo investigar de oficio.
Desde otra óptica, la jurisprudencia ha señalado que al no hallarse expresamente establecida la carga
de la prueba en el texto del art. 4, corresponde, dentro de las facultades instructorias de los jueces, requerir a
las partes interesadas los elementos que le permitan establecer el contenido del derecho extranjero.
Dicho de otro modo, a los fines probatorios el derecho extranjero debe ser asimilado a los "hechos
notorios".
En esta línea de pensamiento, se ha admitido que la acreditación de la reciprocidad pueda efectuarse
adjuntando los textos legales vigentes en el país de origen mediante dictamen emanado de profesionales del
derecho debidamente legalizados.
La ley 24522 exceptuó de la carga de acreditar la reciprocidad a los titulares de créditos con garantía
real. Es decir que los acreedores extranjeros (pagaderos en otro país) que gozan de garantías reales
concurrirán en el país con los acreedores locales en igualdad de condiciones, sin necesidad de acreditar la
reciprocidad, en un agregado final totalmente asistemático y de difícil comprensión.
El tema había llevado a que los juristas se cuestionasen si era razonable que un acreedor pagadero en
el exterior, pero cuyo crédito estaba garantizado con derecho real sobre bienes ubicados en la República,
quedase pospuesto por acreedores locales quirografarios.
Por ende, la reforma de la ley 22917 en este aspecto fue recibida positivamente por la doctrina.

V. Paridad de dividendos
La parte final del art. 4 resuelve la situación del acreedor que logró cobrar una porción de su crédito
en el extranjero y estipula que su participación en el dividendo concursal argentino se disminuya en la
proporción del beneficio recibido en el exterior.
Así, la norma establece que la deducción debe hacerse en la proporción de cobro que se hubiere
establecido e indudablemente la regla de la paridad se aplica tanto al concurso preventivo como a la quiebra.

Título II - Concurso preventivo

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
I. Generalidades
El título II de la legislación concursal regula la sustancia y procedimiento del concurso preventivo.
El concurso preventivo es, como se adelantara, un proceso de corte universal por el cual un deudor en estado
de cesación de pagos procura un arreglo con todos sus acreedores anteriores a la presentación concursal (que
deben ser tratados de manera similar, salvo excepciones legales) con la finalidad de concertar un acuerdo
tendiente a superar la mentada imposibilidad. Este acuerdo, una vez homologado, se impone a todos los
acreedores y produce la novación de todas las obligaciones anteriores a la presentación concursal y que
responde al nombre típico de "concordato".
El concordato es un instituto judicial susceptible de ser descripto en función de los trazos siguientes:
a) El proceso concursal es su contexto necesario: sin este contexto no cabe hablar de concordato ni
de acuerdo.
b) Debe ser promovido por el deudor, hoy agregamos o por los terceros en el "salvataje", y de ellos
deviene la propuesta u oferta y ésta es imprescindible para lograr el convenio.
c) La aprobación de la propuesta por los acreedores es otro requisito ineliminable: es la base
contractual, el sinalagma genético.
d) En este sentido, sea que se nomine como junta de acreedores, o de conformidades sobre el pasivo
total, no existe una colectividad, que se exprese a la manera de un órgano del concurso y resulta fundamental
el voto individual de cada acreedor hasta lograr las mayorías legales.
e) El concordato es un acuerdo de mayorías y no puede hablarse en sentido técnico de "voto" sino de
aceptación de la propuesta.
f) El último elemento que integra el acuerdo o concordato está dado por el pronunciamiento
jurisdiccional, denominado "homologación".
g) En una palabra el concordato o el acuerdo es una figura típica, que expresa el arreglo alcanzado en
un proceso concursal, con intervención de acreedores y deudores, para superar la insolvencia o la crisis
según fuera y que a la postre, implica la composición activa y pasiva de una sumatoria de intereses tanto
privados como públicos.
En esta línea, Maffía explica que el concordato es un tipo, esto es, una figura jurídica conformada
por diversos atributos, algunos precisos, elásticos los más, pero que en conjunto, énfasis añadido, en
conjunto nos permiten una elaboración racional, manejable y correspondiente al material empírico.
De este modo, siempre deberá estar la propuesta del deudor y/o de terceros, cuando de articular
alternativas de reorganización empresaria se trate; tampoco podrá faltar la aprobación de los acreedores, aun
cuando la decisión final dependa de la eficacia de un plan de empresa y de la eventual homologación
judicial.
Dicho en palabras de Galgano para comprender el vínculo que produce la insolvencia entre los
acreedores debe partirse de una procedura concursuale en cuanto ella afecta l’intero patrimonio del debitore.
De lo dicho se sigue que, para que exista concordato, es necesaria la existencia del proceso concursal
que legitime a los acreedores concurrentes y realice el control del acuerdo para evitar, también, eventuales
abusos o fraudes a la ley, art. 52 del actual ordenamiento jurídico.
La legislación ha regulado las disposiciones relativas al concurso preventivo de manera especial, y
en general los grandes conflictos interpretativos se vislumbran en la determinación de los preceptos
destinados a regular el proceso de quiebra que resultan aplicables al concurso preventivo.
Ello así, pues las finalidades tuteladas por ambos esquemas concursales son diversas y resultaría
incongruente -en algunos casos- aplicar al proceso preventivo idéntica solución de la quiebra. Los efectos de
ambos procesos universales son diversos. Sobre todo partiendo de la base de que en la quiebra el fallido
pierde la administración de sus bienes (arts. 107 y 108, LCQ) y en el concurso preventivo el concursado la
mantiene, aunque bajo el control sindical (art. 15, LCQ). También en cuanto a los efectos personales, no sólo
del concursado sino también de sus administradores. Ello no excluye que en algunos puntos se encuentre
plena equiparación.
El concurso preventivo es beneficioso para el concursado, ya que procura superar la insolvencia (y
con ello esa imposibilidad de hacer frente regularmente a sus obligaciones exigibles) y mantiene protegida
durante algún tiempo la empresa, ya que los acreedores no pueden agredir el activo del concursado, sino que
deben concurrir al proceso de verificación de créditos (art. 32, LCQ). Busca la recomposición patrimonial
del deudor mediante un acuerdo con sus acreedores.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Inclusive se ha postulado la responsabilidad de los administradores societarios por la no presentación
oportuna de la sociedad en concurso preventivo. En este sentido Richard ha señalado que un punto central de
preocupación es la presentación temporánea en concurso ante el estado de cesación de pagos para prevenir y
estar en mejores condiciones de corregir la situación económica que da lugar al inicio del desastre en
expansión. Éste es el objetivo de toda legislación concursal, conforme lo señalara uniformemente la opinión
doctrinal. Agrega que la experiencia permite determinar que los concursos se abren tarde, que normalmente
ya se ha destruido mucha riqueza y que la concursada agotó sus medios normales e incluso los
extraordinarios para subsistir en una dificultad económica o financiera generalizada.
Como todo proceso concursal, se funda en dos presupuestos: el subjetivo y el objetivo. Dichos
presupuestos ya fueron analizados en los arts. 1 y 2, LCQ.

Capítulo I - REQUISITOS
Sección I - Requisitos sustanciales

Art. 5º. Sujetos.


Pueden solicitar la formación de su concurso preventivo las personas comprendidas en el artículo
2, incluidas las de existencia ideal en liquidación.

I. Superfluidad de la norma
La inclusión de esta norma en el título destinado a reglamentar el concurso preventivo carece de
sentido, ya que expresamente remite a lo señalado en el art. 2, LCQ. Incluso importantes sectores
doctrinarios bregaron por su supresión. Remitimos a nuestro comentario del art. 2, LCQ.

II. Sociedad en liquidación


Quizás el único sentido de la norma se vincula a la posibilidad de que sociedades en liquidación
puedan acceder al concurso preventivo. Es cierto que algún debate existió en torno a ello, pero la
jurisprudencia dirimió la cuestión: "La sociedad en liquidación puede ser sujeto pasivo del concurso
mercantil, máxime frente a la aclaración contenida en el art. 5 de la ley 19.551, en el sentido de que las
sociedades en este estado pueden solicitar la formación de su concurso preventivo, que importa un pedido
condicional de quiebra".
Ello es lógico, pues siendo la liquidación un procedimiento técnico-jurídico destinado a realizar el
activo, cancelar el pasivo y distribuir el eventual remanente entre los socios, la sociedad "en liquidación"
conserva su personalidad a ese efecto y se rige por las normas correspondientes del tipo (art. 101, LSC). Así,
Vivante decía que "la existencia de la sociedad durante la liquidación no es una ficción de la ley..., sino una
realidad jurídica material". En este sentido, Stolfi sostiene la limitación de la capacidad de hecho de la
sociedad -no de derecho-: "La diferencia entre el estado anterior y el de liquidación es importantísima sobre
la capacidad de obrar, es decir, de adquirir derechos y contraer obligaciones, porque la sociedad antes de la
disolución puede cumplir todos los actos que presuponen la existencia de una persona física, siempre que
estén dentro del ámbito de la ley o de los estatutos; mientras la sociedad después de la disolución, sólo está
facultada para realizar aquellos actos vinculados al fin propuesto, mediante la obra de los liquidadores".
La liquidación estará a cargo del órgano de administración, salvo casos especiales y estipulación en
contrario (art. 102, LSC). El nombramiento del liquidador debe inscribirse en el Registro Público de
Comercio. La jurisprudencia ha reconocido que el liquidador es un órgano social necesario, de lo cual se
deduce que en el ejercicio de sus funciones asume el carácter de administrador y representante de la
sociedad, pero no es representante de los socios ni de los acreedores sociales. Asimismo, como órgano que
es, está sujeto a contralor y revocabilidad por la asamblea general de accionistas.

Art. 6º. Personas de existencia ideal. Representación y ratificación.


Tratándose de personas de existencia ideal, privadas o públicas, lo solicita el representante legal,
previa resolución, en su caso, del órgano de administración.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Dentro de los treinta días de la fecha de la presentación, deben acompañar constancia de la
resolución de continuar el trámite, adoptada por la asamblea, reunión de socios u órgano de gobierno que
corresponda, con las mayorías necesarias para resolver asuntos ordinarios.
No acreditado este requisito, se produce de pleno derecho la cesación del procedimiento, con los
efectos del desistimiento de la petición.

I. Principio general
Esta disposición reglamenta la petición de concurso preventivo de personas de existencia ideal.
Básicamente la norma señala que quien decide la presentación del concurso preventivo es el órgano de
administración, quien lo presenta (una vez tomada dicha decisión) es el órgano de representación -aunque
también puede peticionarlo el apoderado con facultad especial- y quien resuelve la continuación del trámite
en el plazo de treinta días es el órgano de gobierno.

II. Órgano de representación


En relación con el órgano de representación se ha criticado la terminología empleada ("representante
legal"), ya que sólo los incapaces tienen este tipo de representación. Ello no excluye que la representación
sea "necesaria". Las sociedades actúan a través de su estructura orgánica; si lo hacen mediante mandatarios
éstos no serán legales, sino voluntarios.
Así, en las distintas sociedades el órgano de representación se encuentra integrado:
i) en la sociedad colectiva, por quien determine el contrato (art. 127, LSC); el contrato puede prever
que obren uno o más representantes -con el título de administradores-; si el contrato nada prevé, actúan los
socios indistintamente;
ii) en la sociedad en comandita simple, la representación es ejercida por los socios comanditados o
por los terceros que se designen (los comanditarios no pueden actuar como representantes de las sociedad
-art. 136, LSC-), se aplican supletoriamente las reglas sobre sociedades colectivas (art. 136, 1º párr., LSC);
iii) en las sociedades de capital e industria, la representación puede ejercerse por cualquiera de los
socios (art. 143, LSC);
iv) en las sociedades de responsabilidad limitada, la representación corresponde a uno o más
gerentes, socios o no, designados por tiempo determinado o indeterminado en el contrato constitutivo o
posteriormente (art. 157, LSC);
v) en las sociedades anónimas, el art. 268, LSC dispone que la representación de la sociedad
corresponde al presidente del directorio, pudiendo el estatuto autorizar la actuación de uno o más directores;
vi) en las comanditas por acciones, y pese a la defectuosa técnica de la legislación societaria, se ha
señalado que si del contrato surge que existe un único administrador, tal ejercerá la representación; si se han
designado varios y el contrato social no especifica quien ejerce la representación, la solución debe ser similar
a las de las sociedades en comandita simple;
vii) en las sociedades cooperativas, la ley 20.337 en su art. 73 dispone que la representación
corresponde al presidente del consejo de administración, pudiendo el estatuto autorizar la actuación de uno o
más consejeros.

III. Resolución previa del órgano de administración


Es menester la previa resolución, en su caso, del órgano de administración. Es el órgano de
administración quien decide la presentación concursal del ente ideal. Aun cuando las funciones de los
órganos de administración se manifiestan mediante la adopción de decisiones cuyos efectos son en principio
internos dentro de la estructura normativa de la sociedad, en el presente caso el órgano de administración
debe exteriorizar la decisión para que el acto tenga efectos frente a terceros y la sociedad.
1. Distintos tipos sociales
Así, en las distintas sociedades el órgano de administración está organizado de la siguiente manera:
i) en la sociedad colectiva, según lo determinado en el contrato (art. 127, LSC); el contrato puede
prever que obren uno o más administradores; si el contrato nada prevé, actúan los socios indistintamente;
ii) en la sociedad en comandita simple, la administración corresponde a los socios comanditados o
por los terceros que se designen (los comanditarios no pueden actuar como administradores de la sociedad
-art. 136, LSC-), se aplican supletoriamente las reglas sobre sociedades colectivas (art. 136, 1º párr., LSC);

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
iii) en las sociedades de capital e industria, la administración puede ejercerse por cualquiera de los
socios (art. 143, LSC);
iv) en las sociedades de responsabilidad limitada, la administración corresponde a uno o más
gerentes, socios o no, designados por tiempo determinado o indeterminado en el contrato constitutivo o
posteriormente (art. 157, LSC);
v) en las sociedades anónimas, la administración tiene mayor complejidad, aunque básicamente
puede decirse que está en manos del directorio (aunque adicionalmente puede preverse la figura del consejo
de vigilancia -art. 280, LSC-);
vi) en las comanditas por acciones, la administración puede ser ejercida por los socios comanditados
o por terceros;
vii) en las sociedades cooperativas, la ley 20337 establece que la administración corresponde al
consejo de administración, pudiendo el estatuto autorizar la actuación de uno o más consejeros.
2. Órgano de administración unipersonal
Sin perjuicio de ello, la ley aclara "en su caso", pues en algunos casos tal resolución no será
necesaria.
Ello así, en caso de que el órgano de administración sea unipersonal y abarque también las funciones
de representación resultaría un requisito innecesario la decisión previa del órgano de administración (que el
mismo representante integra en su totalidad).
En este supuesto será suficiente la acreditación de la integración del órgano de administración y su
estructura estatutaria y la petición del concurso preventivo. Lo contrario importaría un formalismo
innecesario rayano al exceso ritual manifiesto.
3. Plazo
La ley no señala cuál debe ser la antelación con la que el órgano de administración debe resolver el
concurso preventivo. Por ello, es indiferente el plazo de anticipación de dicha decisión.
Ello por supuesto siempre que el plazo transcurrido entre la presentación en concurso preventivo y la
adopción de la resolución directorial tenga matices de razonabilidad que permitan inducir que la decisión
permanece firme.
4. Impugnación asamblearia
Si la resolución del órgano de administración ha sido impugnada (alternativa admitida por la mayoría
de la doctrina) es indiferente, siempre que no existan medidas cautelares tendientes a la suspensión de dichos
actos.
Eso sí, si la demanda de impugnación de decisiones del órgano de administración es acogida, los
integrantes de tal órgano responderán por los daños ocasionados por la presentación ilegítima.
5. Interventor judicial
Si bien parecen dudosas las facultades de un interventor administrador judicial para solicitar el
concurso preventivo de la sociedad intervenida (y siendo prudente el requerimiento de autorización judicial
para ello), la jurisprudencia ha admitido esta posibilidad. De todas formas, siempre está latente la resolución
de continuación del trámite por el órgano de gobierno.
Ambos extremos deberán ser tenidos para la admisión de la demanda de concurso. Si dichos
extremos (petición del representante previa decisión del órgano de administración) no se acreditan, conllevan
el rechazo de pleno derecho de la petición.
6. Sentido práctico
En términos prácticos, el representante social deberá acompañar copia de la resolución del órgano de
administración por la cual se resolvió la presentación de la sociedad en concurso preventivo. En caso de ser
un órgano colegiado, la decisión debe haberse adoptado por mayorías legales.

IV. Ratificación del órgano de gobierno


Luego de presentada la demanda de concurso preventivo, se deberá acompañar la resolución de
continuación del trámite por el órgano de gobierno. La ley establece que deberá ser "dentro de los treinta días
de la presentación".
Los días deberán computarse en días "hábiles judiciales" (art. 273, inc. 2, LCQ). El plazo es
"perentorio" (art. 273, inc. 1, LCQ). No sólo debe tomarse la decisión en ese lapso, sino que también debe

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presentarse en el expediente en dicho plazo. Se acepta el "plazo de gracia" para dicha presentación (arts. 53,
CPCCCba., 124, CPCCN y 278, LCQ).
Si bien el título del art. 6, LCQ habla de ratificación, no puede decirse que -stricto sensu- lo sea, pues
el acto le es imputable a la sociedad. Simplemente es -como reza el texto del art. 6, LCQ- una resolución de
continuación del trámite.
El contenido de dicha decisión asamblearia se vincula específicamente con la continuación o no del
trámite. No podrá resolver otras cuestiones, aunque nada obsta a que en una misma asamblea de accionistas o
reunión de socios se adopten otras decisiones vinculadas con la administración de la sociedad en concurso
preventivo o sobre las alternativas negociales que deberán ofrecerse en la futura propuesta concordataria.
Aunque dichas cuestiones son estrictamente societarias y no hacen a la dinámica concursal. Dichas
resoluciones, en principio, serían ajenas a los acreedores.
Quien deberá tomar la decisión es el órgano de gobierno (reunión de socios en la sociedad colectiva
-art. 131, LSC-, en la sociedad en comandita simple -art. 139, LSC- y en la sociedad de capital e industria
-art. 145, LSC-; en la sociedad de responsabilidad limitada será la asamblea de socios -art. 159, 2º párr.,
LSC- o consulta a los socios conforme al procedimiento del art. 159, 1º párr., LSC; la asamblea de
accionistas en la sociedad anónima -arts. 234 y 235, LSC-). Dicha resolución debe tomarse cumplimentando
los recaudos societarios exigidos por la LSC.
La mayoría exigida por la LCQ es la necesaria para "resolver asuntos ordinarios". En general la LSC
no distingue entre estas mayorías (para asuntos ordinarios o extraordinarios), pero esta disposición está
dirigida fundamentalmente a la sociedad anónima. En este supuesto, la mayoría de los autores han
interpretado que la mayoría exigida es la ordinaria. En este sentido, el art. 243, LSC exige para quórum de
primera convocatoria la mayoría de las acciones con derecho a voto y para segunda convocatoria cualquier
número de acciones, siendo las resoluciones en ambos casos tomadas por mayoría absoluta de los votos
presentes que puedan emitirse en la respectiva decisión, salvo que el estatuto exija mayor número.
Resulta innecesario acompañar dicha resolución si la demanda de concurso ha sido suscripta por
todos los socios que representan la totalidad del capital accionario y dicha información surge de la
documentación acompañada por la sociedad concursada.
De igual modo también resulta superfluo adjuntar constancia de la decisión asamblearia con
posterioridad a la presentación concursal si dicha decisión hubiera sido adoptada con anterioridad a la
presentación.

V. Efecto
El efecto por la cumplimentación de este requisito es la cesación de pleno derecho del
procedimiento, con los efectos del desistimiento de la petición. La nueva petición de concurso sólo sería
admisible si no existen pedidos de quiebra pendientes (arg. art. 31, LCQ).

Art. 7º. Incapaces e inhabilitados.


En casos de incapaces o inhabilitados, la solicitud debe ser efectuada por sus representantes
legales y ratificada, en su caso, por el juez que corresponda, dentro de los treinta días contados desde la
presentación. La falta de ratificación produce los efectos indicados en el último párrafo del artículo
anterior.

I. Principio general
Si el concurso preventivo es iniciado por un incapaz o inhabilitado, la petición debe realizarla su
representante legal (padres, tutor, curador -arg. art. 57, CCiv.-) y ser ratificada por el juez pertinente en el
término de treinta días. Caso contrario operan los efectos del desisitimiento del pedido de concursamiento.

II. Incapacidad
Cuando la ley alude a incapaces, alude a incapacidad de hecho y no de derecho, ya que si esta última
versara sobre la posibilidad de acceder al remedio preventivo éste no sería posible.

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En la noción de incapaces se incluyen las personas por nacer, menores impúberes, dementes
declarados en juicio, sordomudos que no pueden darse a entender por escrito (incapaces absolutos -art. 54,
CCiv.-). También se incluyen a los menores adultos (comprendidos entre los 14 y 21 años -art. 55, CCiv.-).
En la idea de inhabilitados se abarca a los inhabilitados del art. 152 bis, CCiv. y los inhabilitados por
sentencia penal (art. 12, CPen.).

III. Esquema procesal


El esquema es simple: luego de la presentación del concurso preventivo del incapaz, el representante
debe solicitar la ratificación ante el juez competente de la autorización para proseguir el trámite. Dicho juez
competente será el civil. Si el incapaz estuviera sujeto a tutela o fuera un demente, sordomudo, inhabilitado o
penado, entenderá el juez que hubiera designado la tutela o hubiese declarado la incapacidad o inhabilitación.
En dicha solicitud debe tomar parte el ministerio público de menores (arg. art. 493, CCiv.), bajo pena
de nulidad (arg. art. 494, CCiv.). Asimismo, en el proceso concursal deberá intevenir el ministerio pupilar en
los términos del art. 59, CCiv.

IV. Plazo para obtener la autorización


En este caso, a diferencia del previsto en el art. 6, LCQ, el plazo no es para la presentación de la
ratificación efectuada por el juez, sino para su obtención. Así surge del tenor literal del art. 7, LCQ, y sólo la
falta de ratificación por parte del juez competente produce tales efectos. Sin perjuicio de ello, sería adecuado
por parte del representante legal del incapaz que denuncie tal circunstancia en un plazo prudencial. El plazo
de presentación de la autorización es perentorio (art. 273, inc. 1, LCQ) y se cuenta por días hábiles judiciales
(art. 273, inc. 2, LCQ). Está permitido el plazo de gracia (arts. 53, CPCCCba., 124, CPCCN y 278, LCQ).
Nada empece a que la autorización haya sido gestionada con anterioridad a la presentación, razón por la cual
es innecesaria la nueva ratificación.
Si dicha autorización no es solicitada en tiempo oportuno por el representante legal, será responsable
por los daños causados por el cese del procedimiento concursal. En este punto deberá merituarse la
presumible eficacia del remedio concursal para salvaguardar los bienes del incapaz y la imposibilidad de
acceder a una nueva petición en caso de existir pedidos de quiebra pendientes.

V. Inhabilitados
Los inhabilitados a que alude el precepto están detallados en el art. 152 bis, CCiv.: aquellos que
padecen embriaguez habitual o uso de estupefacientes, disminuidos en sus facultades sin llegar a la situación
de demencia y los pródigos. Según dicha norma, el inhabilitado puede realizar por sí solo actos de
administración, pero no puede realizar actos de disposición sin la conformidad del curador (art. 152 bis, 3º y
4º párrs., CCiv.).
Por ello, en este supuesto será el inhabilitado quien solicitará el concurso preventivo (con la
conformidad del curador, que sólo asiste al inhabilitado, sin sustituirlo). No obstante ello y atento a lo
dispuesto por el precepto en cuestión, deberá obtenerse la autorización judicial para la continuación del
trámite iniciado por el inhabilitado.

VI. Prueba de la representación


Quien invoque representación legal deberá adjuntar elementos documentales que acrediten tal
vinculación. En este caso, deberá adjuntar la partida de nacimiento del menor representado en caso de que
sean los padres o el nombramiento de tutor o curador en caso de otros incapaces.

Art. 8º. Personas fallecidas.


Mientras se mantenga la separación patrimonial, cualquiera de los herederos puede solicitar el
concurso preventivo en relación al patrimonio del fallecido. La petición debe ser ratificada por los demás
herederos, dentro de los treinta días. Omitida la ratificación, se aplica el último párrafo del artículo 6.

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I. Concurso de personas fallecidas
Este precepto luce acorde con la previsión del art. 2, inc. 1, LCQ que permite la concursalidad del
patrimonio del fallecido "mientras se mantenga separado del patrimonio de los sucesores".
Se requiere separación patrimonial con los sucesores. Esto procederá cuando los herederos gocen del
beneficio de inventario (arg. art. 3371, CCiv.), debiendo tenerse presente que éste se presume (arg. 3362,
CCiv.). Si no existiere tal beneficio (renuncia, pérdida, etc.), el concurso del patrimonio del fallecido no será
posible. Deberán, en consecuencia, concursarse los sucesores a título universal. Igualmente se excluye esta
posibilidad si ya se realizó la adjudicación de bienes.

II. Legitimación
"Cualquier" heredero está legitimado para solicitar el concurso preventivo del patrimonio del
fallecido. No se exige que sea el administrador judicial de la herencia. Simplemente es suficiente la calidad
de heredero.
Al margen de las disputas doctrinarias sobre la noción de heredero, parece razonable que el cónyuge,
el legatario de cuota y el legatario de cosa cierta estén legitimados para acceder al remedio preventivo. Ello
sin perjuicio de vislumbrar en el caso concreto las particulares circunstancias que pueden acaecer.
Es menester acreditar dicha condición. La no comprobación de dicho estado lleva al rechazo de
pleno derecho de la petición de concursamiento. Es un recaudo de admisibilidad procesal. La prueba
consistirá generalmente en la declaratoria de herederos o aprobación testamentaria.

III. Ratificación
Dicha petición debe ser ratificada por "los demás herederos" en el plazo de treinta días.
1. Mayoría necesaria
Si bien se ha planteado la duda respecto de si esta ratificación requiere unanimidad o simplemente la
mayoría, existen autores que señalan que es menester la mayoría y que en caso de conflicto debería resolver
el juez del sucesorio.
Podría entenderse que la LCQ es clara cuando exige que la ratificación debe efectuarse por los
demás herederos y que no puede interpretarse que se exige la mayoría, máxime cuando se trata de un acto de
suma gravedad como es el concursamiento preventivo del patrimonio del fallecido (y con ello también de la
porción de la cuota hereditaria de cada uno de los herederos). También podría argüirse que podría prestarse a
abusos extorsivos por parte de algún heredero (como puede suceder en toda decisión que requiere
unanimidad), pero ello no es obstáculo, pues en caso de existir abuso del derecho es perfectamente aplicable
la doctrina del art. 1071, CCiv. y todos sus efectos. Además, porque la anomalía no puede fundamentar una
regla jurídica.
No obstante ello, la solución razonable parece ser la contraria. Esto es, la exigencia sólo de la
mayoría de los herederos para la presentación concursal. Ello así pues parece ser la teleología de la ley, y
evitaría situaciones en las cuales lo que está en juego es la verdadera tutela del patrimonio del fallecido.
Máxime si dicho acuerdo irrogará un beneficio para todo el patrimonio relicto.
2. Formalidad
Dicha ratificación podrá tener cualquier forma (individual o colectivamente), ya que no es una
resolución colegial y rige el principio de libertad de formas (art. 974, CCiv.). Sin perjuicio de ello, se
requieren condiciones mínimas que garanticen la autenticidad de la ratificación en cuestión.
También deberá ser "expresa", ya que no existe obligación legal de los herederos de expedirse, ni
puede hablarse de una relación entre el silencio actual y las declaraciones precedentes (arg. art. 919, CCiv.).
Por ello, no sería válido un emplazamiento a los herederos bajo apercibimiento de que su silencio será tenido
por ratificación.
La ratificación es de la petición de concurso preventivo y no de la continuación del trámite, aunque a
los efectos prácticos es similar, pues la omisión de dicha ratificación tiene similares efectos.
3. Plazo: remisión
El plazo se computa de la forma indicada en los arts. 6 y 7, LCQ.
4. Petición de todos los herederos

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Si la petición de concurso preventivo fue firmada por todos los herederos, no es menester la
ratificación prevista. Si fue sólo firmada por algunos, será suficiente con acreditar la ratificación de los
restantes.

IV. Ausencia con presunción de fallecimiento


En caso de ausencia con presunción de fallecimiento, la ley no ha contemplado la cuestión. Una
adecuada coordinación de la LCQ y de la ley 14394 impone la siguiente solución: antes de la declaración y
durante el trámite de declaración de presunción de fallecimiento, el concursamiento podrá solicitarlo el
curador designado (art. 25, ley 14.394) o mandatario con poderes suficientes. Esta solicitud requerirá la
previa autorización judicial, que será otorgada con valoración estricta.
Una vez declarado el fallecimiento presunto del ausente (art. 26, ley 14.394) cualquier heredero
podrá pedir la apertura del concurso preventivo del patrimonio del fallecido una vez dictada la declaratoria
(art. 28, ley 14.394). Ello requerirá ratificación de los restantes herederos. Sin perjuicio de ello, y atento a
que para enajenar o gravar los bienes del presunto fallecido se requiere autorización judicial (art. 28, ley
14.394), parece prudente exigir idéntica autorización para su concursamiento preventivo. Transcurridos cinco
años desde el día presuntivo del fallecimiento (art. 30, ley 14.394) no será menester dicha autorización
judicial. Si aún no se realizó la partición judicial, se aplica de manera estricta el art. 8, LCQ.

V. Efectos
Por último, la no ratificación de la petición de concurso preventivo conlleva iguales efectos que la
falta de ratificación asamblearia (en el caso de personas jurídicas -art. 6, LCQ-) o de autorización judicial (en
caso de incapaces -art. 7, LCQ-): la cesación de pleno derecho del procedimiento con efectos de
desistimiento.

Art. 9º. Representación voluntaria.


La apertura del concurso preventivo puede ser solicitada, también por apoderado con facultad
especial.

I. Razón de ser de la norma


Como se desprende del precepto del art. 9, LCQ, todos los sujetos concursables pueden acceder al
concurso preventivo mediante mandatario con facultades especiales.
Esta disposición es superflua, pues resulta lógico que el concurso preventivo puede ser peticionado
por representante voluntario. Sin perjuicio de ello, la razón de ser de la norma se debió a discusiones nacidas
en torno a la ley 11719, habiéndose centrado el debate en si la presentación concursal era un acto de
disposición (y por ende requería mandato especial) o de administración (alcanzando, entonces, un poder
general de administración). La ley no definió si era un acto de administración o de disposición, sino que optó
derechamente por los efectos: no alcanza el apoderamiento general.
Por ello, el poder general para pleitos o de administración no es suficiente para solicitar el concurso
preventivo. De todas formas, si en el poder general se incluye facultad o cláusula especial para el
concursamiento del mandante, debe juzgarse como suficiente (art. 1881, CCiv.). Ello así, pues la doctrina
coincide en que se refiere a "poderes expresos", más que "especiales", porque podría un mandato general
contenerlos expresamente.
El agregado de que el concurso puede "también" ser solicitado por apoderado pregona alternatividad
(facultad) en la norma. La representación legal u orgánica no es sustituible, cuestión que sí ocurre con el
mandatario convencional.

II. Extensión del poder


El poder otorgado para la presentación del concurso preventivo incluye conceptualmente toda la
tramitación del mismo desde su presentación hasta su cumplimiento (art. 59, LCQ). En esta idea se incluye
también el apoderamiento para cumplir lo ordenado por la sentencia de declaración de apertura del concurso
preventivo (art. 14, LCQ), observar verificaciones de créditos (art. 34, LCQ), iniciar el incidente de revisión

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(art. 35, LCQ), hacerse parte en los incidentes de verificación tardía (art. 56, LCQ), entre muchísimas otras
facultades incluidas conceptualmente en la tramitación integral del concurso preventivo.

III. Gestor
También se ha debatido si el gestor está legitimado para solicitar el concurso. Algunos autores
entienden que esta facultad debe proveerse de manera excepcional, mientras que otros niegan
categóricamente esta posibilidad. Sin perjuicio de ello, no parece conveniente dejar en manos del gestor una
decisión tan seria y grave como puede ser la solicitud de un procedimiento universal de efectos tan
importantes.

Art. 10. Oportunidad de la presentación.


El concurso preventivo puede ser solicitado mientras la quiebra no haya sido declarada.

I. Oportunidad de la presentación concursal


Este precepto señala que el concurso puede ser solicitado mientras la quiebra no haya sido declarada.
Este precepto tiene su origen en la ley 19551, que establecía un plazo para la presentación del concurso
(dentro del tercer día después de que el deudor haya conocido o debido conocer su estado de cesación de
pagos); plazo suprimido por la ley 22917 (del año 1983).
Sólo se exige declaración de falencia y no su notificación. Tampoco se requiere publicación edictal
(art. 89, LCQ) ni que la misma esté firme. Si se ha incoado recurso de reposición (art. 94, LCQ), tampoco se
puede acceder al concurso preventivo, ya que el recurso tiene como causal la inexistencia de los presupuestos
sustanciales para la formación del concurso preventivo (art. 95, LCQ). Ello así, pues la interposición del
recurso no impide la prosecución del proceso (art. 97, LCQ). Sólo revocada la sentencia de quiebra, el
deudor podrá acceder al concurso preventivo (art. 98, LCQ).
Salvo por supuesto que opte por otra vía procesal. Por ello, aun cuando la falencia se haya declarado,
ello no empece a que el fallido pueda acceder a la conversión de la quiebra en concurso preventivo dentro de
los diez días contados a partir de la última publicación de edictos (art. 90, LCQ).

II. Aplicación del art. 31, LCQ


Esta norma debe intepretarse en armonía con el art. 31, in fine, LCQ, que señala la inadmisibilidad
de la petición de concurso preventivo dentro del año posterior al rechazo, desistimiento o no ratificación "si
existen pedidos de quiebra pendientes" y con el art. 59, in fine, LCQ, que establece la improponibilidad del
concurso preventivo si no ha transcurrido un año desde la declaración de cumplimiento del acuerdo. Por ello,
el concurso preventivo puede presentarse aun cuando existen pedidos de quiebra pendientes (si no tiene
aplicación el art. 31, in fine, LCQ).

III. Prevalencia de la presentación concursal


Es suficiente la presentación de la demanda de concurso preventivo para tener efectos suspensivos de
los pedidos de quiebra: el concurso preventivo prevalece sobre los pedidos de quiebra (también el pedido de
quiebra propia prevalece sobre los pedidos de acreedores -art. 82, LCQ-). No es menester la declaración de
apertura del proceso preventivo.
A tales efectos, la presentación de la demanda de concurso en la mesa de entradas del fuero
respectivo a los efectos del sorteo respectivo cumple similares efectos, o incluso ante juez incompetente, o
sin cumplimentar los requisitos del art. 11, LCQ (siempre que se hubiese solicitado el plazo de gracia
previsto en dicha norma).
Ha señalado la jurisprudencia plenaria de Rosario que iniciado el trámite del concurso preventivo,
encontrándose pendiente de resolución ante otro juzgado la solicitud de quiebra contra el mismo deudor,
incoada por un tercero en fecha anterior, debe el concurso preventivo continuar su tramitación en su juzgado
de origen.
Si la presentación en concurso se realizó el mismo día de la declaración de quiebra, existe
jurisprudencia que ha señalado que debe ser dejada sin efecto la declaración de quiebra cuando el mismo día
en que ella había tenido lugar el deudor había efectuado su presentación en convocatoria.

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IV. Costas
La cuestión de las costas de los pedidos de quiebra suspendidos por la presentación concursal tiene
importancia. Mayormente se ha entendido que el pedido de imposición de costas al concursado (sujeto
pasivo de la petición de quiebra) es improcedente, pues el concurso preventivo prevalece sobre los pedidos
de quiebra, la resolución de quiebra no se dictó (y tampoco su accesorio sobre costas) y se produciría una
violación de defensa en juicio atento no existir resolución sobre el principal.

Art. 11. Requisitos del pedido.


Son requisitos formales de la petición de concurso preventivo:
1) Para los deudores matriculados y las personas de existencia ideal regularmente constituidas,
acreditar la inscripción en los registros respectivos. Las últimas acompañarán, además, el instrumento
constitutivo y sus modificaciones y constancia de las inscripciones pertinentes.
Para las demás personas de existencia ideal, acompañar, en su caso, los instrumentos
constitutivos y sus modificaciones, aun cuando no estuvieran inscriptos.
2) Explicar las causas concretas de su situación patrimonial con expresión de la época en que se
produjo la cesación de pagos y de los hechos por los cuales ésta se hubiera manifestado.
3) Acompañar un estado detallado y valorado del activo y pasivo actualizado a la fecha de
presentación, con indicación precisa de su composición, las normas seguidas para su valuación, la
ubicación, estado y gravámenes de los bienes y demás datos necesarios para conocer debidamente el
patrimonio. Este estado de situación patrimonial debe ser acompañado de dictamen suscripto por
contador público nacional.
4) Acompañar copia de los balances u otros estados contables exigidos al deudor por las
disposiciones legales que rijan su actividad, o bien los previstos en sus estatutos o realizados
voluntariamente por el concursado, correspondientes a los tres últimos ejercicios. En su caso, se deben
agregar las memorias y los informes del órgano fiscalizador.
5) Acompañar nómina de acreedores, con indicación de sus domicilios, montos de los créditos,
causas, vencimientos, codeudores, fiadores o terceros obligados o responsables y privilegios. Asimismo,
debe acompañar un legajo por cada acreedor, en el cual conste copia de la documentación sustentatoria
de la deuda denunciada, con dictamen de contador público sobre la correspondencia existente entre la
denuncia del deudor y sus registros contables o documentación existente y la inexistencia de otros
acreedores en sus registros o documentación existente. Debe agregar el detalle de los procesos judiciales o
administrativos de carácter patrimonial en trámite o con condena no cumplida, precisando su radicación.
6) Enumerar precisamente los libros de comercio y los de otra naturaleza que lleve el deudor, con
expresión del último folio utilizado, en cada caso, y ponerlos a disposición del juez, junto con la
documentación respectiva.
7) Denunciar la existencia de un concurso anterior y justificar, en su caso, que no se encuentra
dentro del período de inhibición que establece el artículo 59, o el desistimiento del concurso si lo hubiere
habido.
El escrito y la documentación agregada deben acompañarse con dos copias firmadas.
Cuando se invoque causal debida y válidamente fundada, el juez debe conceder un plazo
improrrogable de diez días, a partir de la fecha de la presentación, para que el interesado dé
cumplimiento total a las disposiciones del presente artículo.

I. Finalidad
La demanda de concurso preventivo debe cumplimentar una serie de recaudos formales
taxativamente establecidos por la LCQ. Estos requisitos tienen una triple finalidad de información (tanto para
el juez como para el síndico y los acreedores) y procuran conferir seriedad a la presentación del deudor.
Procuran una exteriorización de toda la situación patrimonial del concursado, su estado de
litigiosidad y -con cierta flexibilidad- probabilidades de éxito del concurso, sobre todo teniendo en cuenta
que la presentación concursal conlleva una cierta cristalización del estado patrimonial. El incumplimiento de

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estos requisitos importa el rechazo del pedido de concurso preventivo, salvo que se haya solicitado un plazo
adicional de diez días para cumplimentar la totalidad de los recaudos.

II. Demanda de concurso preventivo


Si bien la LCQ habla de petición, debe aclararse que se trata de una demanda, pues se presenta ante
los tribunales, origina un proceso de corte universal y el juez está obligado a expedirse. Por ello, deberá
cumplimentar todas las disposiciones procesales vinculadas con una demanda (arg. art. 278, LCQ).
El escrito y todos los recaudos deberán acompañarse por duplicado. Esto será: una copia para el
expediente principal y otra para el legajo de copias (art. 279, LCQ). También los legajos de acreedores (que
no se glosan al expediente principal) deben acompañarse por duplicado. Con la aceptación del cargo del
funcionario sindical se entregará una copia de dicho legajo, que permitirá glosar la verificación de créditos,
las observaciones y el informe sindical (siempre aclarando que las observaciones -art. 34, LCQ- y el informe
individual -art. 35, LCQ- también deben glosarse al expediente principal).

III. Recaudos sustanciales


La LCQ habla de requisitos formales, aunque en realidad son recaudos sustanciales (como
expresamente se titula la Secc. I del Cap. I del Tít. II: "Requisitos sustanciales"), con excepción de lo
establecido en el art. 12, LCQ.
Por ello, puede decirse que más que formales son "sustanciales" o "legales", pues están impuestos
por la LCQ como condición de admisibilidad del concurso preventivo.

IV. Carácter de la enumeración


Existe consenso doctrinario y jurisprudencial de que la enumeración del art. 11, LCQ es taxativa (y
no enunciativa). Por esta razón no podrán incorporarse nuevas exigencias por analogía o por voluntad del
juez. Ello encuentra fundamento en tratarse de condiciones de admisión de un proceso y el fundamental
derecho de defensa (art. 18, CN). Además, porque hace a condiciones esenciales de seguridad jurídica (art.
28, CN).
Sin perjuicio de ello, y no ya como una condición de admisibilidad, el juez concursal tiene la
dirección del proceso (art. 274, LCQ) y podrá exigir los recaudos que estime convenientes.

V. Cumplimiento de los requisitos


El cumplimiento acabado de los requisitos se impone como condición de admisibilidad del concurso.
El incumplimiento de alguno de ellos conlleva el rechazo de la demanda de concurso preventivo.
La LCQ no prevé la posibilidad de que el juez emplace al concursado a los fines que dé
cumplimiento adecuado al art. 11, LCQ; aunque en situaciones concretas dicha rígida y certera regla podría
ser dejada de lado.

VI. Plazo adicional


La ley prevé la posibilidad de que el deudor acceda a un plazo adicional para dar cumplimiento a
todos los recaudos exigidos por la LCQ. Dicha petición debe ser expresa e invocarse y fundarse
adecuadamente. La falta de una causa legítima o ausencia de fundamentación podría llevar al fracaso de la
presentación concursal, aunque es dable establecer una pauta concreta de interpretación: en caso de duda o
de conflicto, deberá estarse por el otorgamiento del plazo de gracia para cumplimentar dichos recaudos. Ello
con fundamento en la preservación de la empresa y la amplitud que debe asumirse en la interpretación de
soluciones preventivas.
El plazo es de diez días (los que deben computarse como días hábiles judiciales -art. 273, inc. 2,
LCQ-), goza del plazo de gracia (arts. 53, CPCCCba., 124, CPCCN y 278, LCQ) y es improrrogable (art. 11
in fine, LCQ). Dicha calidad era innecesaria, pues la perentoriedad establecida como regla en el art. 273, inc.
1, LCQ impone la condición de no prorrogable. Este plazo, además, se computa desde la presentación
concursal y no desde el proveído que admite el plazo de gracia para cumplimentar los recaudos. Ello por
expresa disposición del art. 11, últ. párr., LCQ.
En cuanto a la extensión del plazo, no parece existir margen de discrecionalidad. La LCQ habla de
diez días, no dejando margen para un plazo menor. Si bien existe importante doctrina que interpreta que el

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mismo podría ser reducido según las circunstancias, no parece correcto reducir un plazo (que no es
discrecional). De todas formas la cuestión carece de trascendencia, pues usualmente los tribunales otorgan el
plazo en toda su extensión y un plazo menor carecería de practicidad para cumplimentar dichos recaudos.
Ello no excluye que el deudor cumplimente con los recaudos del art. 11, LCQ antes del vencimiento
del término. El cumplimiento de los requisitos no sólo debe ocurrir en dicho plazo, sino también los mismos
deben presentarse en el expediente concursal. El no ingreso oportuno tiene similares efectos a la no
presentación.
Además cabe señalar que no obstante lo taxativo del precepto en cuanto a que el incumplimiento de
los requisitos del art. 11, LCQ conlleva el rechazo de la petición de concurso preventivo (art. 13, LCQ), se ha
generado una corriente flexibilizadora (comenzada bajo el velo de la ley anterior) que permite la
cumplimentación de dichos recaudos en la alzada.

VII. Estatutos e inscripciones


Los deudores matriculados y las personas de existencia ideal (regularmente constituidas) deben
acreditar inscripción en los registros respectivos (esto es, matrícula de comerciante -art. 25, CCom.- o
constancia de inscripción de instrumentos constitutivos de sociedades). Si fueran personas jurídicas
irregulares, deberán también adjuntarse los instrumentos constitutivos y modificaciones, aun cuando no
estuvieren inscriptos. Este recaudo procura la identificación del deudor.
Se ha debatido si la presentación de los originales de dicha documentación puede ser suplidos por
copias certificadas por notario o publicaciones edictales de las mismas. Cámara aceptaba -en contra de la
opinión de Williams- esta posibilidad.
También se ha aceptado que la falta de inscripción de las modificaciones no obsta a la apertura del
concurso. Ello con fundamento en que si el concurso preventivo se admite para sociedades irregulares o de
hecho, a fortiori se acepta la concursabilidad de personas regulares (aun cuando no hubiesen inscripto la
reforma estatutaria), siempre -por supuesto- sin desvirtuar la inoponibilidad frente a terceros ordenada por el
art. 12, LSC.

VIII. Causas de la situación patrimonial


El art. 11, inc. 2, LCQ exige que se cumplan tres medidas: causas de situación patrimonial, época en
la que se produjo la cesación de pagos y hechos por los cuales ésta se ha exteriorizado.
Así será útil que el deudor detalle las causas exógenas (externas) y endógenas (internas) de la
situación patrimonial de la empresa. Pero es factible que la crisis patrimonial solamente tenga coyunturas
externas (crisis de un determinado rubro por desventajas competitivas de productos de importación) o
internas (defectuosas técnicas de comercialización, dificultades en el management, etc.).
También debe indicar la época en que "se produjo la cesación de pagos". La locución es incorrecta,
pues la cesación de pagos "no se produjo", sino que dicho estado se inició en una determinada época. Dice
correcto la ley "época", pues la insolvencia no aparece necesariamente un día, sino que puede ser en un
determinado lapso temporal. Sin perjuicio de ello, si el deudor estableció un mes determinado, debe
entenderse que el inicio de la cesación de pagos comenzó el primer día (pues de lo contrario se carecería de
precisiones al respecto).
La fijación de esta fecha es importante pues tiene el valor de confesión judicial y puede producir
efectos en un futuro proceso de quiebra posterior. Ello así, pues muchos efectos de la quiebra se inician con
la cesación de pagos y no con el período de sospecha (v. gr.: derecho de receso -art. 149, LCQ-;
inhabilitación -art. 235, LCQ-, etc.).
También debe declarar los hechos por los cuales se ha exteriorizado. El deudor no debe probar uno
por uno dichos recaudos, sino que sólo los debe detallar; la carga procesal del deudor no es probatoria, sino
meramente declarativa y con efectos confesorios.

IX. Estado de activo y pasivo


Debe acompañarse un estado de situación patrimonial detallado y valorado actualizado a la fecha de
presentación con indicación precisa de su presentación. Este estado del activo y pasivo debe ser acompañado
de dictamen de contador público. Este inciso no requiere un balance (que está exigido por el art. 11, inc. 4,
LCQ), sino que requiere un detalle patrimonial del que surja la composición clara y precisa del activo y
pasivo del deudor.

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Este estado debe reunir los siguientes requisitos de la manera más precisa posible:
i) exacta indicación de su composición (siendo adecuado discriminar entre activos y pasivos
corrientes y no corrientes, patrimonio neto, con notas explicativas vinculadas con cada rubro);
ii) normas seguidas para su valuación (v.gr.: valor de mercado, valor de adquisición u original, costo
de reposición, venta en remate público, etc.);
iii) ubicación (debiendo, en caso de vehículos o semovientes, señalar el lugar habitual o de depósito)
y estado de los bienes (en muy bueno, bueno, regular o mal estado de conservación);
iv) gravámenes (en sentido amplio: embargos, hipotecas, prendas u otros derechos reales que afecten
al activo);
v) todo otro dato necesario para conocer debidamente el patrimonio del deudor.
Al margen de la crítica que se realizó sobre la exigencia del dictamen del profesional de ciencias
económicas, lo cierto es que es beneficioso para establecer claridad y transparencia a la información que el
concursado presente en el tribunal concursal. De todas formas, debe destacarse que en el caso de los
pequeños concursos (art. 288, LCQ) no serán necesarios los dictámenes previstos en el art. 11, inc. 3 y 5,
LCQ (art. 289, LCQ). Ello no quiere decir, por supuesto, que el deudor no pueda presentarlos.

X. Balances y otros estados contables


El art. 11, inc. 4, LCQ, exige que se acompañe copia de los balances u otros estados contables
exigidos al deudor por las disposiciones legales que rijan su actividad, o previstos en sus estatutos, o
realizados voluntariamente por el deudor "correspondiente a los tres últimos ejercicios". Deberán adjuntarse,
en su caso, memorias e informes del órgano de fiscalización.
De más está aclarar que si la actividad de la empresa se ha iniciado antes del tercer ejercicio sólo se
exigen los balances correspondientes a dichos ejercicios efectivamente acaecidos. Bien ha aludido la ley
(manteniendo la redacción de la ley 22917) al informe del órgano de fiscalización y no al síndico (como lo
hacía la ley 19551), pues existen sociedades en las que la fiscalización está estructurada en la "comisión
fiscalizadora" (art. 290, LSC).
Tales balances, como se ha dicho, deben estar aprobados por el órgano de gobierno que corresponda
según el tipo social y cumplir todos los recaudos legales y administrativos correspondientes (arts. 43, 44, 51,
52 y conc., CCom., y 63 y ss., LSC). Si son sociedades controlantes, además deberán adjuntar el balance de
"consolidación". Además debe estar certificado como lo exigen las autoridades administrativas.

XI. Nómina de acreedores y procesos judiciales


Se exige también un detalle de los acreedores con indicación de:
i) nombre (a los fines de identificar quién es el verdadero acreedor);
ii) domicilio (entre otras cosas, para el envío de la carta certificada prevista en el art. 29, LCQ y para
notificar la eventual integración del comité de acreedores provisorio);
iii) monto de los créditos (en el que no sólo se incluye una suma dineraria, sino también puede
consistir en la entrega de cosas ciertas o prestaciones de hacer);
iv) causas (a los fines de determinar si es acreedor del concurso y evitar la duplicación de pasivos
generados por documentación dual);
v) vencimientos;
vi) codeudores, fiadores o terceros obligados o responsables (pues ellos también pueden insinuarse
en el pasivo concursal y son principales interesados);
vii) privilegios (para determinar con quiénes se llevará a cabo el acuerdo y quiénes están al margen
del acuerdo).
Todos estos datos son esenciales y el no cumplimiento de los mismos puede llevar al rechazo del
concurso preventivo. Sin perjuicio de ello, en algunos casos se ha interpretado con cierta flexibilidad en los
casos en que ciertos acreedores no han podido ser individualizados.
También se exige un legajo por cada acreedor en el que conste copia de la documentación
sustentatoria de la deuda con dictamen de contador público. Este legajo, si bien es un requisito engorroso
(sobre todo en aquellos concursos con muchos acreedores), contribuye a la transparencia de la verdadera
situación del pasivo del concursado.
Este dictamen no será exigido en los casos de pequeños concursos (art. 289, LCQ).

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La función certificadora del contador apunta a: i) determinar la correspondencia entre lo denunciado
por el deudor y sus registros contables o documentación existente; ii) inexistencia de otros acreedores en sus
registros o documentación. En realidad, más que un dictamen es una certificación, ya que no requiere una
opinión fundada del síndico. La certificación sobre la inexistencia de otros acreedores en la práctica ha
tenido un valor relativo, pues en la mayoría de los casos se hace reserva de la documentación a la que han
tenido acceso.
Sin perjuicio de ello, existe responsabilidad (civil, penal, administrativa) del contador por no cumplir
adecuadamente con sus funciones certificadoras o dictaminantes.
Finalmente, debe glosar un detalle de procesos judiciales o administrativos de carácter patrimonial
en trámite o con condena y su lugar de radicación.
No sólo se deben glosar los procesos iniciados en contra del concursado, sino también los que hayan
sido incoados por el mismo. Se deben detallar -incluso- aquellos procesos excluidos del fuero de atracción,
como ser los procesos de expropiación.
Este requisito tiene directa vinculación con el fuero de atracción. El juez concursal, una vez abierto
el concurso, deberá exhortar a los juzgados en donde tramiten procesos susceptibles de atracción a los fines
de ejercer la vis attrativa. Tiene un carácter informativo fundamental, pues, además, permite vislumbrar el
grado de litigiosidad del solicitante del concurso.

XII. Libros de comercio


El art. 11, inc. 6, LCQ también impone enumerar "precisamente los libros de comercio y los de otra
naturaleza que lleve el deudor, con expresión del último folio utilizado, en cada caso y ponerlo a disposición
del juez, junto con la documentación respectiva".
El deudor debe poner a disposición del juzgado los libros que hagan a su contabilidad o situación
patrimonial, ya que existe obligación por parte del secretario de cerrar los espacios en blanco como sí lo
exige expresamente el art. 14, inc. 5, LCQ. La ley sólo alude a una enumeración, lo que no significa la
entrega de los mismos. La entrega se produce con posterioridad a la apertura del concurso.
Los libros a que se hace referencia en dicha norma son primeramente los exigidos por el CCom.,
también llamados obligatorios (aunque existen otros que también son obligatorios y no están impuestos por
el CCom.), esto es, libro diario y libro de inventario y balances.
También se incluyen los "libros registrados y la documentación contable que correspondan a una
adecuada integración de un sistema de contabilidad y que exijan la importancia y naturaleza de sus
actividades, de modo que de la contabilidad y documentación resulten con claridad los actos de su gestión y
situación patrimonial" (art. 44, CCom.) (v.gr.: caja, mayor, libro registro de cheques, etc.).
También deberán mencionarse otros libros: i) societarios: libro de actas de los órganos colegiados
-asamblea, directorio, etc. (art. 73, LSC-); libro de registros de acciones (art. 215, LSC); libro de asistencia a
asambleas (art. 238, 3º párr., LSC), etc.; ii) de índole laboral (libro del art. 52, LCT, que impone la
registración del personal dependiente en libro rubricado por autoridad administrativa; libro del art. 10, ley
14.456, referido al Estatuto del Viajante; libro de sueldos, como así también otros libros según la actividad
del empleador); iii) de naturaleza tributaria (libro de IVA compra, IVA venta, etc.).
Además, si llevare otro tipo de libros, aun cuando los mismos no estén rubricados o visados por
autoridades administrativas, deberá enumerarlos, atento a que el art. 72, inc. 4, LC exige un detalle preciso
de todos los libros de comercio "y de otra naturaleza que lleve el deudor". Así, si el deudor lleva libro
clientes, compra de mercadería, subcompra u otros de distintas variantes, también deberá denunciarlos.
Esta enumeración debe complementarse con la "expresión del último folio utilizado". Este
circunloquio procura evitar futuras adiciones en los asientos que desvirtuarían la finalidad de la información
de los libros; estos agregados podrán significar un atentado contra el principio de veracidad del que deben
gozar las registraciones contables en dichos libros. La expresión del último folio será sólo eso: una simple
mención.

XIII. Existencia de un concurso preventivo anterior


Finalmente, el deudor debe denunciar la existencia de un concurso anterior (o su desistimiento) y si
se encuentra en el período de inhibición del art. 59, LCQ. El cumplimiento del recaudo es simple, pues basta
la mera invocación. En algunas jurisdicciones se exige el diligenciamiento de formularios, oficios a la mesa

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
de entradas u exhortos a los restantes juzgados concursales (esto último en Córdoba). Si no existió concurso
preventivo anterior, no existirán inconvenientes para la apertura del concurso.

Art. 12. Domicilio procesal.


El concursado y, en su caso, los administradores y los socios con responsabilidad ilimitada, de ben
constituir domicilio procesal en el lugar de tramitación del juicio. De no hacerlo en la primera
presentación, se lo tendrá por constituido en los estrados del juzgado, para todos los efectos del concurso.

I. Constitución de domicilio procesal


Este recaudo, que bien pudo integrar el elenco de requisitos del art. 1, LCQ, es innecesario en
relación al concursado, pues por aplicación de las disposiciones procesales (art. 278, LCQ) resulta lógico que
el peticionante o su representante constituyan domicilio en el lugar de tramitación del pleito.
De todas formas, la LCQ no sólo exige la constitución del domicilio del concursado, sino también de
los administradores y socios con responsabilidad ilimitada. Esta exigencia tiene estricta vinculación con los
efectos que el concurso preventivo (o una eventual quiebra) produce sobre estos sujetos. Por ello, la
exigencia -por analogía- de que la disposición se aplique a los representantes legales carece de sentido, ya
que el concurso del incapaz no produce efectos sobre ellos. Máxime cuando el art. 90, inc. 6, CCiv. establece
como domicilio legal de los incapaces el de sus representantes.

II. Administrador
La noción del término "administrador" debe interpretarse con un sentido amplio. Lo importante a
determinar es que tengan una vinculación funcional, contractual o legal que por dicha ligazón jurídica ha
ejercido un poder de disposición o administración sobre los bienes del deudor.
Así, se encuentran incluidos los directores de la sociedad anónima, los gerentes de la sociedad de
responsabilidad limitada, el interventor judicial (art. 115, LSC), el administrador judicial de la empresa en
concurso preventivo (art. 17, LCQ), el administrador de un establecimiento comercial indiviso por acto de
última voluntad (art. 53, ley 14.394) e incluso el liquidador de la sociedad disuelta (art. 102, LSC).

III. Socio ilimitadamente responsable


Se ha dicho que la exigencia para los socios ilimitadamente responsables es reducida únicamente a
los que formaron la mayoría en la decisión a que se refiere el art. 6, LCQ. No compartimos tal opinión, pues
no existe norma que así lo establezca, y donde la ley no distingue, el intérprete no debe hacerlo. Máxime
cuando ello redunda en patente beneficio de los socios con responsabilidad ilimitada.

IV. Efectos
La falta de cumplimiento de este recaudo (que algunos doctrinarios han calificado como
verdaderamente formal) no importa el rechazo del concurso preventivo, sino simplemente la constitución en
los estrados del tribunal para todos los efectos procesales. Este efecto no requiere declaración ni intimación
previa (arg. art. 273, inc. 6, in fine, LCQ). Sin perjuicio de ello, nada empece a que el concursado constituya
un nuevo domicilio.
Ahora bien, se ha planteado la duda sobre quién es el que debe constituir el domicilio de los
administradores y socios con responsabilidad ilimitada. Más concretamente, si la sociedad (mediante su
representación orgánica) puede constituir dicho domicilio.
Quedan algunos interrogantes desde una correcta técnica procesal, aun cuando en la práctica de los
juzgados concursales este requisito se suele suplir con la sola denuncia por parte de la sociedad. De todas
formas, la disposición no tiene sanción, pues sólo se lo tendrá con el constituido en los estrados tribunalicios
(pudiendo ulteriormente constituir nuevo domicilio).
Finalmente, y como lo señala con acierto Cámara, la constitución del domicilio en el proceso
principal tiene efectos para todos los incidentes (de revisión, verificación tardía, etc.). Este domicilio subsiste
hasta que se constituya otro (art. 273, inc. 6, LCQ). Sin perjuicio de ello, esta norma (art. 273, inc. 6, LCQ)
señala que subsiste, también, hasta que por resolución firme quede concluido el concurso. Una interpretación

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
coherente del precepto impone que el domicilio subsista hasta la sentencia de cumplimiento del concurso
(art. 59, LCQ).
Nada obsta a que el concursado constituya un domicilio en el expediente principal (art. 12, LCQ) y
otros domicilios en los incidentes. Ahora bien, si el concursado mudó su domicilio en el expediente principal,
en la práctica concursal -y por una cuestión de buena técnica procesal (art. 274, LCQ)- se ha exigido la
certificación de dicha circunstancia en los incidentes cuando el domicilio es el mismo. Ello a los fines de
evitar nulidades ulteriores por notificación a un domicilio no subsistente.
La comunicación de viaje al exterior (art. 25, LCQ) no impide la prosecución del juicio y "subsisten
los efectos del domicilio procesal" (arg. art. 103, LCQ). Finalmente, el domicilio constituido mientras tramite
el proceso concursal preventivo se mantiene en la quiebra indirecta por el principio de unicidad concursal.

Capítulo II - APERTURA
Sección I - Resolución judicial

Art. 13. Término.


Presentado el pedido o, en su caso, vencido el plazo que acuerde el juez, éste se debe pronunciar
dentro del término de cinco (5) días.
Rechazo. Debe rechazar la petición, cuando el deudor no sea sujeto susceptible de concurso
preventivo, si no se ha dado cumplimiento al artículo 11, si se encuentra dentro del período de inhibición
que establece el artículo 59, o cuando la causa no sea de su competencia. La resolución es apelable.

I. Introducción
Una vez presentado el pedido de concursamiento preventivo el tribunal debe pronunciarse sobre la
admisión o rechazo del concurso en el plazo de cinco días.
El procedimiento concursal tiene efectos. Hablar de concurso preventivo es hablar de sus efectos.
Estos efectos se producen fundamentalmente en dos tiempos: con la sola presentación del concurso
preventivo y con su apertura.
Raudamente (y sin perjuicio del análisis que se hará posteriormente), puede decirse que son efectos
de la presentación concursal los siguientes:
i) aplicación de la regla general de notificaciones (art. 26, LCQ);
ii) suspensión del curso de intereses de créditos de causa anterior que no estén garantizados con
prenda o hipoteca (art. 19, LCQ);
iii) fecha a partir de la cual se pueden convertir las obligaciones no dinerarias (art. 19, 2º párr., LCQ);
iv) las prestaciones cumplidas por los terceros después de la presentación en concurso preventivo
gozarán de privilegio (arg. art. 20, LCQ);
v) suspensión de los pedidos de quiebra (arg. art. 10, LCQ);
vi) línea de corte para el proceso verificatorio (art. 32, LCQ).

II. Rechazo
El rechazo de la demanda de concurso preventivo puede fundarse en no ser sujeto concursable (arts.
2 y 5, LCQ), no haber dado cumplimiento a los requisitos formales (art. 11, LCQ), por encontrarse el deudor
en el período de inhibición del art. 59, LCQ, o por incompetencia (art. 3, LCQ).
La resolución debe dictarse dentro de los cinco días de la presentación de la demanda concursal o del
plazo otorgado en los términos del art. 11, in fine, LCQ. Este plazo se computa en días hábiles judiciales (art.
273, inc. 2, LCQ) y es responsabilidad del juez hacer cumplir estrictamente todos los plazos de la ley (art.
273, in fine, LCQ). La prolongación injustificada del trámite puede ser considerada mal desempeño del cargo
(art. 273, in fine, LCQ).
Esta resolución no requiere sustanciación: el concursado pide la apertura del concurso y el juez
admite o rechaza el concurso. La sustanciación se producirá a posteriori en caso de rechazo, pues la LCQ
admite el recurso de apelación.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Las causales de rechazo son taxativas y no se admiten otras motivaciones fundadas en el
incumplimiento de requisitos no exigidos por la LCQ. Ellos son:
i) no cumplir con el presupuesto subjetivo (id est: ser sujeto pasible de concursamiento en los
términos de los arts. 2 y 5, LCQ);
ii) no cumplimentar el presupuesto objetivo (si bien el art. 13, LCQ no establece esta causal de
rechazo, parece lógico imponer dicho recaudo pues es uno de los ejes del proceso concursal);
iii) no ser competente en los términos del art. 3, LCQ (en cuyo caso se aplicarán las disposiciones
procesales locales [art. 278, LCQ], a los efectos de determinar si corresponde el archivo de la causa o la
remisión ante juez competente);
iv) no haberse cumplimentado los requisitos del art. 11, LCQ en forma tempestiva (nótese que el art.
13, LCQ no incluye el recaudo de la constitución del domicilio procesal);
v) si el deudor se encuentra inmerso en el período de inhibición del art. 59, LCQ;
vi) encontrarse incluido en la causal del art. 31, in fine, LCQ.

III. Efectos
Esta resolución se notifica en los términos del art. 26, LCQ, y es impugnable sólo mediante recurso
de apelación por expresa disposición legal (art. 13, in fine, LCQ) y por el concursado (los terceros
carecerían, en principio, de legitimación para ello por falta de interés).
Atento a ello, la admisión tiene efecto suspensivo (art. 273, inc. 4, LCQ). Este efecto parecería
baladí, pues al no haber concurso preventivo abierto no habría proceso que suspender. Pero no es tan así si,
como se recordó en párrafos anteriores, la sola presentación concursal tiene importantes efectos (sobre todo
en orden a los pedidos de quiebra pendientes). Por ello, y en caso de que la alzada resuelva abrir el concurso
(o revocar el rechazo), los efectos deben retrotraerse a la presentación.

Art. 14. Resolución de apertura. Contenido.


Cumplidos en debido tiempo los requisitos legales, el juez debe dictar resolución que disponga:
1) La declaración de apertura del concurso preventivo, expresando el nombre del concursado y,
en su caso, el de los socios con responsabilidad ilimitada.
2) La designación de audiencia para el sorteo del síndico.
3) La fijación de una fecha hasta la cual los acreedores deben presentar sus pedidos de
verificación al síndico, la que debe estar comprendida entre los quince (15) y los veinte (20) días, contados
desde el día en que se estime concluirá la publicación de los edictos.
4) La orden de publicar edictos en la forma prevista por los artículos 27 y 28, la designación de
los diarios respectivos y, en su caso, la disposición de las rogatorias necesarias.
5) La determinación de un plazo no superior a los tres (3) días, para que el deudor presente los
libros que lleve referidos a su situación económica, en el lugar que el juez fije dentro de su jurisdicción,
con el objeto de que el secretario coloque nota datada a continuación del último asiento, y proceda a
cerrar los espacios en blanco que existieran.
6) La orden de anotar la apertura del concurso en el Registro de Concursos y en los demás que
corresponda, requiriéndose informe sobre la existencia de otros anteriores.
7) La inhibición general para disponer y gravar bienes registrables del deudor y, en su caso, los de
los socios ilimitadamente responsables, debiendo ser anotadas en los registros pertinentes.
8) La intimación al deudor para que deposite judicialmente, dentro de los tres (3) días de
notificada la resolución, el importe que el juez estime necesario para abonar los gastos de
correspondencia.
9) Las fechas en que el síndico deberá presentar el informe individual de los créditos y el informe
general.
10) La fijación de una audiencia informativa que se realizará con cinco (5) días de anticipación al
vencimiento del plazo de exclusividad previsto en el artículo 43.
11) Correr vista al síndico por el plazo de diez (10) días, el que se computará a partir de la
aceptación del cargo, a fin de que se pronuncie sobre:

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
a) Los pasivos laborales denunciados por el deudor;
b) Previa auditoría en la documentación legal y contable, informe sobre la existencia de otros
créditos laborales comprendidos en el pronto pago;
c) La situación futura de los trabajadores en relación de dependencia ante la suspensión del
convenio colectivo ordenada por el artículo 20.
12) El síndico deberá emitir un informe mensual sobre la evolución de la empresa, si existen
fondos líquidos disponibles y el cumplimiento de las normas legales y fiscales.

I. Resolución de apertura
El art. 14, LCQ establece el contenido de la resolución de apertura. El concurso (preventivo o
falimentario), a diferencia de otros procesos que finalizan con una sentencia, se inicia con una sentencia. Esta
resolución marca el inicio del proceso, aun cuando en el concurso preventivo algunos efectos se producen
desde la presentación.
1. Naturaleza
En cuanto a la naturaleza de dicho resolutorio, bien se ha dicho que la misma no es ni un decreto, ni
una resolución, ni un auto: es una verdadera sentencia, porque emana de un funcionario judicial con
competencia exclusiva al efecto, porque accede a una demanda judicial (de concurso preventivo), porque
constituye al deudor en concursado y porque abre un proceso.

II. Apelabilidad
Dicha sentencia no es apelable atento a lo dispuesto por el art. 273, inc. 3, LCQ. Además porque
carecería de interés quien intentase la apelación de la mentada resolución (el deudor, pues se hizo lugar a su
pretensión, el síndico porque no estaría nombrado -ya que la misma sentencia ordena el sorteo del órgano
sindical- y además no tendría interés legítimo y tampoco los acreedores).
Se ha debatido la posibilidad de revocar de oficio la sentencia de apertura, existiendo autores que en
determinados y especiales casos la admiten.

III. Estructura
El juez, al dictar la sentencia de apertura, deberá estructurar de antemano toda la columna vertebral
del proceso concursal. Ello así, pues fijará la fecha de sorteo del síndico (art. 14, inc. 2, LCQ), determinará la
fecha límite para la presentación de los pedidos de verificación de créditos (art. 14, inc. 3, LCQ), las fechas
de los informes sindicales (art. 14, inc. 9, LCQ) y la fecha de la audiencia informativa (art. 14, inc. 10, LCQ).
Sobre estas bases se determinarán las distintas etapas del procedimiento.
Los incisos están determinados concretamente en el art. 14, LCQ, y en la generalidad de los casos los
jueces concursales no hacen más que transcribir con algunas diferencias el contenido de dichos preceptos.
1. Nombre del concursado
El primer inciso dispone la apertura del proceso concursal y exige la alusión del nombre o
denominación social del concursado. Pueden asimismo incluirse -y esto es optativo- el documento de
identidad (en caso de tratarse de personas físicas) o datos de inscripción (en caso de personas jurídicas) y el
domicilio. Tales datos permitirán más certezas a los interesados en el proceso concursal.
Además, en caso de personas jurídicas, deberán incluirse los nombres de los socios con
responsabilidad ilimitada. Debe aclararse que sólo se declara el concurso preventivo del peticionante y no de
los socios que no lo hayan peticionado. Esta mención tiene interés en orden a la extensión de quiebra
automática (art. 160, LCQ) o acciones de responsabilidad contra socios (art. 175, LCQ). Además recuérdese
que el concurso preventivo produce ciertos efectos respecto de los socios ilimitadamente responsables (arts.
14, inc. 7, 18, 25 y 56, LCQ).
Sin perjuicio de ello, el hecho de que la sentencia de apertura indique el nombre de los socios con
responsabilidad ilimitada no implica que este aspecto sea incontrovertible. Ello así, pues en caso de eventual
extensión falencial o responsabilidad concursal, el supuesto socio podrá invocar y probar tal circunstancia.
1.1. Socios ilimitadamente responsables
Por ello debe determinarse quiénes son los socios ilimitadamente responsables; o mejor: delimitar
cuál es la extensión conceptual de este giro lexicográfico. Conviene traer a colación las distintas tesis
planteadas en orden a la interpretación del art. 160, LCQ.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
En este sentido, algunos autores entienden que este supuesto se da en aquellos que originariamente
eran solidaria e ilimitadamente responsables por todo el pasivo social (v. gr., socios de la sociedad colectiva,
comanditados en la sociedad en comandita) y no en los casos en que la responsabilidad ilimitada constituye
una sanción luego del nacimiento de la persona jurídica. En una palabra, esta posición considera que el
concepto sólo alcanza a los socios que "contractualmente" asumen responsabilidad ilimitada. Otro sector
doctrinario interpreta que este concepto abarca a los socios ab initio con responsabilidad ilimitada y también
a aquellos que según el sistema societario se transformaren -por alguna disposición- en socios ilimitados. Por
último, están los autores que entienden que la idea alude al socio que responde con todo su patrimonio por
todo el pasivo social.
Ésta parece ser la solución razonable. Sólo el compromiso por todo el pasivo social es lo que
justifica el instituto. Si sólo se es coobligado en un determinado vínculo -como puede ser el del socio
industrial que actuó en un determinado negocio como administrador o el del accionista de la sociedad
anónima que votó una decisión asamblearia nula-, quien sea titular activo de esa relación jurídica (acreedor)
podrá demandar al coobligado por otra vía.
2. Sorteo del órgano sindical
El segundo inciso prevé la fijación de una audiencia para el sorteo del funcionario concursal: el
síndico. Esta audiencia deberá notificarse a las partes y según la jurisdicción se suele comunicar a los
colegios profesionales de ciencias económicas a los fines de la fiscalización del sorteo. La designación del
funcionario sindical es inapelable (art. 253, inc. 5, LCQ).
Asimismo, la sentencia debe señalar, de acuerdo con la complejidad y magnitud del concurso, el tipo
de sindicatura que se sorteará (art. 253, inc. 5, LCQ). Las opciones son dos: clase "A" formados por estudios
o clase "B" formados por profesionales individuales (art. 253, inc. 2, LCQ), salvo la situación del art. 253,
inc. 3, LCQ o la sindicatura grupal (art. 253, in fine, LCQ).
3. Fecha de presentación de pedidos verificatorios
También debe contener la fecha límite de los pedidos de verificación de acreedores al síndico. Ésta
debe estar comprendida entre los quince o veinte días en que se estime aproximadamente se concluirá la
publicación de edictos (la que se iniciará cuando el síndico acepte el cargo). El plazo lo determinará
discrecionalmente el juez según la magnitud del concurso, aunque en la práctica, en la mayoría de los
concursos, la fecha que se fije será de veinte días con fundamento en darle más plazo a los acreedores del
concurso y evitar futuras verificaciones tardías.
No obstante ello, cuando las circunstancias del caso lo han exigido se han fijado fechas que excedan
dichos límites para la verificación de créditos (y para la sentencia de verificación -art. 36, LCQ-). Ello así,
pues el juez es un verdadero director del proceso concursal y puede arbitrar "fundadamente" una mayor
extensión de los plazos (siempre que la situación fáctica lo permita).
4. Publicación de edictos
El art. 14, inc. 4, LCQ establece que la sentencia de concurso debe contener la orden de publicar
edictos en los términos de los arts. 27 y 28, LCQ, la designación de los diarios según la naturaleza del
concurso (los que también según la jurisdicción del concurso podrá ser por sorteo o por elección del
concursado) y la disposición de los oficios y rogatorias para tales fines.
5. Libros y documentación
También debe fijarse un plazo de tres días (hábiles judiciales -art. 273, inc. 2, LCQ- e improrrogable
-art. 273, inc. 1, LCQ-) para que el deudor presente los libros que lleve (y que denunció en la presentación
concursal -art. 11, inc. 6, LCQ-). Incluso puede acompañar libros que lleve siempre que tengan relación con
la situación económica del concursado.
Debe determinarse, además, el lugar de presentación, aunque en la práctica siempre dichos libros se
presentarán en la sede del juzgado. Existen casos en los que debido a la magnitud y tamaño de la
documentación el juez puede fijar otro lugar distinto (v.gr.: algún depósito dependiente de la sede de
tribunales). Este lugar debe estar ubicado, necesariamente, dentro de la jurisdicción del juzgado.
En caso de extravío o robo, deberá adjuntar denuncia o exposición policial respectiva, aunque se
deben evitar situaciones que se tornen dudosas.
Sobre dichos libros, el actuario (secretario) deberá colocar un certificado de que se procedieron a
cerrar los espacios en blanco, con indicación de la fecha y último folio. A continuación procederá a cerrar
todo espacio en blanco. Esta disposición tiene un sentido de cristalización y procura evitar adulteraciones de

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la documentación contable. Además, en dicha certificación se suele indicar los folios que tengan enmiendas
no salvadas.
Una vez cumplida dicha tarea por el secretario del juzgado, la mencionada documental se pondrá a
disposición del concursado a los fines de su retiro. Ello así, pues el concursado continúa sus actividades
empresariales y no está exento de seguir llevando en legal forma los libros de comercio.
El no cumplimiento de esta obligación (presentar los libros en tiempo y forma) acarrea el
desistimiento del proceso (art. 30, LCQ).
6. Anotación registral
También debe anotarse la sentencia de apertura del concurso en el Registro de Concursos (art. 295,
LCQ) y en los demás registros respectivos (Registro Público de Comercio y otras direcciones). En realidad lo
que se anota no es la sentencia de apertura, sino los datos pertinentes de la misma.
Hasta la fecha dicho registro no ha sido creado a pesar de la expresa disposición concursal. En este
sentido se ha dicho que es necesaria la reglamentación del art. 295, LCQ a los fines de su efectiva
implementación, requiriéndose de todos los tribunales del país con competencia concursal la remisión de los
datos de los concursados y quebrados (de tratarse de personas de existencia ideal, los de sus administradores
y socios con responsabilidad ilimitada) y las resoluciones emanadas al respecto, y disponer la publicación de
los mismos en el Boletín Oficial de la Nación en forma periódica, como así también permitir el libre acceso a
estos datos por medios informáticos.
7. Inhibición general
La sentencia de apertura del concurso preventivo también importa la inhibición general para disponer
bienes registrables del deudor y de socios ilimitadamente responsables (art. 14, inc. 7, LCQ). Esta
disposición debe leerse en consonancia con los arts. 15, 16, 17 y 18, LCQ.
Esta medida impone la imposibilidad de disponer del activo registrable, ya que el patrimonio es
prenda común de los acreedores y estas disposiciones agravarían la situación patrimonial del concursado. Es
una medida precautoria que procura la desintegración del patrimonio del concursado. Esta inhibición importa
la tramitación de oficios a los distintos registros: de propiedad del inmueble, de automotores y
motovehículos (en Córdoba existen veinticuatro registros de automotores y cuatro de motovehículos),
prendarios, de buques y aeronaves, al Instituto Nacional de Propiedad Intelectual, etcétera.
Es el síndico quien deberá diligenciar dichos oficios (arg. art. 275, LCQ), los que estarán exentos de
pago previo (art. 273, inc. 8, LCQ).
8. Correspondencia
También debe contener la intimación para que deposite judicialmente una suma de dinero a los fines
de sufragar los gastos de correspondencia del art. 29, LCQ. Este depósito deberá realizarse en el plazo de tres
días (hábiles judiciales) de notificada la sentencia de apertura. La estimación de dicho costo la realiza el juez
prudencialmente.
En la práctica dicho monto se calcula multiplicando el número de acreedores denunciados por el
concursado por el valor de la carta certificada más un plus de aproximadamente un diez por ciento por
eventuales vueltas al remitente y otros gastos (papel, sobres, etc.).
Este depósito deberá realizarlo en un banco oficial a la orden del juzgado, adjuntando la constancia
de depósito al expediente. Inmediatamente el síndico (a los fines de enviar las cartas del art. 29, LCQ) deberá
solicitar orden de pago por el monto depositado y rendir cuentas oportunamente. La omisión de dicho
depósito importa la consecuencia prevista en el art. 30, LCQ.
9. Fecha de informes sindicales y audiencia informativa
La resolución deberá tener las fechas de los informes individuales (art. 35, LCQ) y general (art. 40,
LCQ), calculando las fechas de acuerdo con el esquema procesal trazado en la ley concursal.
También deberá establecer el día de la audiencia informativa (art. 14, inc. 10, LCQ), la que deberá
fijarse con cinco días de anticipación al vencimiento del período de exclusividad. Esta fecha (que debe estar
exteriorizada en la sentencia) dará la pauta concreta de la fecha en que fenece el período de exclusividad
(que usualmente no estará determinada en la resolución, aunque nada obstaría a que así fuera). En efecto,
basta tomar la fecha de dicha audiencia y computar cinco días (hábiles judiciales) luego de la audiencia
informativa.
10. El síndico como "auditor" del pasivo laboral, la situación de los trabajadores y la evolución
de la empresa

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La modificación del art. 14, inc. 11, LCQ, por la ley 26086, básicamente lo sustituye por el siguiente:
"Inciso 11. Correr vista al síndico por el plazo de diez días, el que se computará a partir de la aceptación del
cargo, a fin de que se pronuncie sobre: a) Los pasivos laborales denunciados por el deudor; b) Previa
auditoria en la documentación legal y contable, informe sobre la existencia de otros créditos laborales
comprendidos en el pronto pago; c) La situación futura de los trabajadores en relación de dependencia ante la
suspensión del convenio colectivo ordenada por el art. 20 ".
Asimismo, se agrega un nuevo inciso (el 12), que señala que el síndico deberá emitir un informe
mensual sobre la evolución de la empresa, si existen fondos líquidos disponibles y el cumplimiento de las
normas legales y fiscales.
11. Comité de acreedores
En principio, pareciera que se ha derogado la constitución del comité provisorio de acreedores que
anteriormente exigía el antiguo inc. 11. Sin perjuicio de ello, cabe afirmar que, atento a que dicho instituto se
mantiene en el art. 16, como órgano de contralor de los actos del concursado, debe entenderse que la omisión
del legislador no altera la necesidad de su constitución junto con la declaración de apertura del concurso (el
primer comité provisorio).
Como se advierte, las reformas parciales "asincrónicas" (como la ley 26086) tienen consecuencias no
deseadas pues, en realidad, el inc. 11 debió ser un nuevo enunciado normativo, con una diferente
nomenclatura, con la finalidad de no alterar la constitución del primer comité de acreedores.
De todas formas, cabe advertir que -en la práctica- difícilmente se lograba su constitución, pues: o
bien dicha comunicación se hacía en forma tardía; o el acreedor omitía expedirse al respecto; o directamente
no aceptaba. Debe recordarse que en el régimen actual (y en el derogado) no existía sanción alguna por la no
aceptación de dicho "cargo".
Cabe señalar, además, que de acuerdo con el régimen actual el comité de acreedores (provisorio)
debe designarse con la resolución de apertura del concurso preventivo o, de lo contrario, será designado en la
oportunidad del art. 42, LCQ: esto es, cuando el juez dicte la llamada resolución de categorización.
El comité quedará definitivamente conformado en la oportunidad del art. 59, LCQ: en el que además,
deberán expresarse las facultades que se hubieren otorgado al comité de acreedores como controlador del
acuerdo.
12. Sentencia de apertura de concurso preventivo
La sentencia de apertura debe contener la orden de correr vista al síndico por el plazo de diez días, el
que se computará desde la aceptación del cargo a fin de que se pronuncie sobre ciertos aspectos de los
trabajadores.
En términos prácticos, en la parte dispositiva de la sentencia deberá incluirse un punto expreso en el
cual se disponga la vista al síndico a los fines de que se expida sobre los temas puntuales. De todas formas,
aun en caso de que el tribunal concursal (por error o ignorancia) omitiera esta "orden", cabe señalar que se
trata de una obligación legal del síndico que no puede soslayar so pretexto de no haber sido incluida en el
texto de la sentencia de apertura concursal.
El síndico, en caso de omisión, no puede solicitar aclaratoria, sino que debe expedirse lisa y
llanamente sobre el punto exigido por la nueva ley.
13. Quiebra
Esta exigencia, atento a su ubicación topográfica, desafortunadamente no es aplicable
automáticamente a la resolución de declaración de quiebra (art. 88, LCQ), aun cuando sus fines son
verdaderamente loables. Está claro que conceptualmente en esta hipótesis no se podría incluir la previsión
expresa del art. 14, inc. 11 c, LCQ (que alude a los convenios colectivos), pero sí podría agregarse
información vinculada con los pasivos laborales o la auditoría sobre créditos laborales comprendidos en el
pronto pago.
De todas formas, no se descarta -teniendo en cuenta las facultades del juez concursal como director
del proceso (art. 274, LCQ)- que al momento del dictado de la sentencia de quiebra, o luego de transcurrido
cierto plazo, le solicite al síndico que informe sobre los pasivos laborales denunciados por el deudor o la
existencia de otros pasivos comprendidos con el pronto pago.
Ello no sólo porque se trata de una medida de "investigación" (art. 274, LCQ) que resulta necesaria,
sino porque es deber del síndico "la averiguación de la situación patrimonial del concursado, los hechos que
puedan haber incidido en ella y la determinación de sus responsables" (art. 275, LCQ).
14. Notificación

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Si bien la ley ordena correr vista en la propia sentencia de apertura concursal, esta vista sólo quedará
notificada (en cierto modo) con la aceptación del cargo del síndico. Si bien se alude a "vista", técnicamente
no es una vista, sino un emplazamiento, ya que el síndico no tiene opción de no evacuarla, sino que debe
hacerlo, bajo apercibimiento de las sanciones legales que correspondan (art. 255, LCQ).
Vale decir que el dies a quo del plazo previsto por la ley se computa desde la aceptación del cargo.
Si bien la reforma es clara en este sentido ("a partir de la aceptación del cargo") parece lógico
entender que la notificación no ocurre ministerio legis (como dice el art 26, LCQ), pero sí que el plazo se
debe computar a partir del día siguiente de la aceptación del cargo. Ello así, por varias razones: i) la ley alude
a ordenar correr "vista" y, por ello, se aplican todos los principios procesales sobre el cómputo de los plazos;
rigen supletoriamente todos los ordenamientos procesales locales (art. 278, LCQ). La vista no puede correr si
no se notifica; luego si se notifica con la aceptación, el plazo se computa a partir del día siguiente; ii) se trata
de un plazo muy breve y, por ello, debe interpretarse en un sentido más razonable.
15. Cómputo
El plazo es de diez días y se computan los días hábiles judiciales, ya que no existe en este caso una
previsión en contrario (arts. 273, inc. 2, LCQ, y 28, CCiv.). El incumplimiento por parte de la sindicatura
designada del plazo en cuestión no hace fenecer el plazo (art. 273, inc. 1, LCQ). El síndico debe expedirse
sobre lo ordenado, pues en caso contrario podrá ser sancionado o removido por el tribunal (art. 255, LCQ),
sin perjuicio de la responsabilidad funcional por su cargo.
Es claro, y atento a la falta de previsión expresa en contrario, el síndico cuenta con el llamado plazo
de gracia (arts. 278, LCQ, y 124, CPCCN). Por ello, el informe podrá ser presentado en la sede el tribunal
dentro de las dos horas siguientes a la fecha del vencimiento del plazo.
De acuerdo con las circunstancias del caso el juez podrá ampliar dicho plazo; y es posible presumir
que se hará en más de una oportunidad. Es claro que el art. 273, in fine, LCQ, señala que el juez debe hacer
cumplir los plazos legales y que la prolongación "injustificada" del trámite puede ser considerada mal
desempeño del cargo.
Por ello, al contrario, la propia ley permite la "prolongación justificada" en aquellos casos en que la
cantidad de trabajadores, la complejidad de las relaciones laborales, el volumen de documental y otras
circunstancias especialmente relevantes puedan ameritar la concesión de un plazo extra.
16. Actuaciones
Desde el punto de vista práctico, con la aceptación del cargo el síndico deberá requerir el expediente
para comenzar inmediatamente (ya que el plazo comienza a correr desde la aceptación) con sus tareas en
orden a los pasivos laborales denunciados por el concursado, la realización de la auditoría legal y contable de
la documentación e informar sobre los créditos laborales comprendidos en el pronto pago.
Pero, paralelamente el juzgado también requerirá el expediente para ordenar la publicación de
edictos complementaria implícitamente contenida en el art. 14, inc. 4, LCQ (con la aceptación del síndico) y
la expedición de los oficios y demás en las que se comunica la existencia del concurso preventivo.
17. Informe del síndico
Básicamente el síndico deberá emitir un informe profesional "único" (y no varios por cada crédito)
en el que:
17.1. Pasivos laborales
Se pronuncie sobre los pasivos laborales denunciados por el deudor (inc. 11 a). Básicamente el
órgano concursal deberá expedirse en forma similar a una auditoría, debiendo señalar -cómo mínimo- la
causa de cada acreencia, el monto y su gradación. Todo su informe deberá estar sustentado en libros,
documentos u otros elementos del concursado.
Eventualmente, deberá llevar algunos medios de registro, en el cual se puedan documentar sus
actividades investigativas y de auditoría, fundamentalmente en orden a los informes utilizados, los estados
contables analizados (preparados, en preparación) en sus diversas variantes (estado de situación patrimonial,
de resultados, de flujo de fondos, de evolución del patrimonio neto, etc.).
Deberá asignar un valor al informe, determinando el grado de errores tolerables (para la
comprobación del informe). Asimismo, deberá tener especialmente en cuenta el libro del art. 52, LCT, y
otros documentos tales como planillas de asistencia, cartas documento, contestación, etcétera.
Es claro que se debe expresar claramente el alcance puntual del informe (pues habrá casos en los que
la documentación no será suficiente) y deberá expedir su opinión, si las posibilidades cognitivas del síndico

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
puedan haber sufrido limitaciones importantes (lo que podría producir alguna salvedad indeterminada o una
abstención de opinión).
El síndico tiene la facultad para investigar el patrimonio del concursado (arts. 275 y, analógicamente,
33, LCQ) y no debe guardar silencio cuando estime que los elementos no sean suficientes para constatar lo
exigido. Deberá expedirse en un sentido concreto, fundando las razones por las cuales la revisión de los
antecedentes fue limitada.
Este informe debe ser firmado por el síndico. La falta de firma hace inexistente el dictamen del
síndico. Deberá expedirse con copia (también firmada por el síndico) según lo exige el art. 279, párr. 2º,
LCQ.
17.2. Auditoría sobre otros créditos laborales
Pronunciarse, previa auditoría en la documentación legal y contable, sobre la existencia de otros
créditos laborales comprendidos en el pronto pago. No se entiende por qué esta previa auditoría de la
documental legal y contable debe serlo sólo en el caso del punto b y no de todos los puntos. Resulta
inconsistente que la auditoría sólo se limite al art. 14, inc. 11, punto b) y no a los otros.
En efecto, para que el síndico pueda pronunciarse válidamente sobre los créditos laborales
denunciados por el concursado deberá realizar una auditoría legal y contable. Sin esta auditoría (que es lo
que se explicó en el párrafo anterior) difícilmente pueda pronunciarse sobre pasivo alguno (menos aún
cuando acaba de aceptar el cargo). Esto también rige cuando deba opinar sobre los convenios colectivos a
aplicarse, ya que para conocer la situación general de los acreedores laborales deberá saberse cuáles son y
qué convenios colectivos les resultan aplicables.
El art 14, inc. 11, punto b), LCQ, alude a que deberá informar sobre la existencia de "otros" créditos
laborales comprendidos en el pronto pago, de donde resultaría casi ilógico que si no procede en algunos
rubros no lo informe. El síndico deberá informar todo el crédito laboral, debiendo reseñar aquellos rubros
sobre los que proceda el pronto pago.
Es claro que el punto b) (art. 14, inc. 11, punto b]) apunta a los créditos laborales que no hayan sido
denunciados por el concursado. Si bien ello no surge de manera expresa, es lógico suponer que, si ya fueron
denunciados por el concursado, deberá expedirse en los términos del punto anterior.
De todas formas, la redacción de la norma debió aludir de manera genérica a los pasivos laborales
del concursado (denunciados o no) y a la obligatoriedad de la auditoría de la documentación legal y contable,
aun en caso de que el crédito laboral haya sido denunciado.
17.3. Situación respecto de los convenios colectivos
La ley también impone al síndico que informe la situación futura de los trabajadores en relación de
dependencia ante la suspensión del convenio colectivo ordenada por el art. 20, LCQ. Debe recordarse que el
art. 20, LCQ, suspende por el plazo de tres años (o hasta el cumplimiento del acuerdo, el que fuera menor)
los convenios colectivos de trabajo, señalando que dichas relaciones laborales se regirán por los contratos
individuales y por la LCT.
Esta previsión admite dos lecturas: una genérica y una específica. En un primer sentido, el síndico
(de manera genérica) deberá determinar qué convenios colectivos resultaban de aplicación al momento de
presentación del concurso preventivo y si existen contratos individuales de trabajo.
Es claro que la situación futura de los trabajadores se regirá como la propia LCT y que ello no
admite mayores conocimientos técnicos, pudiendo hacerlo el mismo juez comparando el convenio colectivo
con la LCT y conociendo qué rubros deben suprimirse. La imposición legal es más detallada e impone
básicamente hacer una estimación en los distintas relaciones de trabajo vigentes, determinando la reducción
puntual (y por rubro) de cada categoría y sobre la base de las distintas variables de cada convenio.
18. Carácter del informe
Es claro que dicho informe no es vinculante para el juez, aun cuando la nueva redacción del art. 16,
párr. 2º, LCQ, señala que dentro de los diez días de emitido el informe que establece el art. 14, inc. 11, LCQ,
el juez del concurso "autorizará" el pago de las remuneraciones debidas al trabajador y los rubros
especialmente detallados (siempre que gocen de privilegio general o especial) y que surjan del informe
mencionado.
El juez tiene facultad para solicitar al síndico que aclare ciertos puntos oscuros o que amplíe la
fundamentación vinculada con algún crédito. Y eventualmente, si no le queda clara la situación del crédito,
rechazarlo al autorizar el pronto pago esbozado en el art. 16, párr. 4º, LCQ.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Debe recordarse que el art. 16, párr. 4º, LCQ, expresamente señala que el juez podrá denegar el
pronto pago cando se tratare de créditos que no surgieran de los libros obligatorios, existieren dudas sobre su
origen o legitimidad, se encontraren controvertidos o existiere sospecha de connivencia entre el peticionario
y el concursado. Luego, si puede hacerlo cuando se solicite el pronto pago, parece lógico entender que podrá
hacerlo en el caso del informe exigido por la ley concursal.
Es claro que si el crédito no es legítimo (o existen dudas sobre su legitimidad o connivencia dolosa)
o estuviere controvertido el juez no puede ordenar su pago, aun cuando el síndico expresamente lo informe
mediante dictamen. Este tema es independiente de la eventual responsabilidad funcional del síndico por sus
omisiones (en informar fundadamente el crédito) y tiene un marcado apoyo en la exigencia constitucional de
dictar sentencias lógicas y fundadas (arts. 28, CN, y 155, Const. Córdoba). No se le puede imponer al
concursado el pago de un crédito controvertido o ilegítimo con la simple apoyatura en que el síndico así lo ha
afirmado.
19. Impugnación del informe
Paralelamente, y pese a que la ley no lo admite expresamente, pensamos que el concursado está
plenamente legitimado para impugnar el dictamen confeccionado por el síndico, aun cuando cierta doctrina
entiende que dicho aspecto no está previsto.
El plazo para que el concursado formule la impugnación, atento a este vacío legal y el plazo previsto
en el art. 16, párr. 4º, LCQ, para que el tribunal autorice el pronto pago, deben ser de cinco días hábiles
judiciales (art. 273, inc. 1 y 2, LCQ).
Ello así porque de lo contrario se vería afectado seriamente su derecho de defensa (art. 18, CN), ya
que -en cierto modo- sería condenado a cumplir con una obligación sin un marco procesal adecuado para
esgrimir sus defensas. Así ocurrió originariamente con la inclusión del art. 16 por la ley 24.522, cuando
señalaba que del pedido de pronto pago se corre vista al síndico por diez días, sin incluir la posibilidad de
defensa del concursado. Hoy la mayoría (si no la totalidad) de los autores entiende que pese a la omisión
legal, se debe correr una vista al concursado para que se expida al respecto (e incluso el nuevo texto legal
incorporó tal crítica).
Pero el derecho de defensa no es el único argumento para permitir la impugnación del mentado
informe (aunque sería legalmente suficiente con este solo fundamento). El propio art. 16, párr. 4º, LCQ, en
su versión modificada señala que cuando existieren dudas sobre su origen o legitimidad o se encontraren
"controvertidos", el juez deberá rechazarlo.
Por ello, es el propio sistema el que impone la necesidad de que exista un marco adecuado para la
controversia. Es evidente que la mera impugnación del informe sin un fundamento razonable y serio no será
suficiente para tener por "controvertido" el crédito. Pero si esta controversia (ingresada por la impugnación
aludida) es real, seria y fundamentalmente razonable, parece lógico que el juez no podrá librar sin más la
autorización de pago establecida en el art. 16, párr. 2º, LCQ.
De todas formas, y aun entendiendo que el concursado no está legitimado para cuestionar el informe
del síndico, debe destacarse que las advertencias que el concursado formulare por escrito en el expediente
concursal podrán ser receptadas por el juez concursal en un proceso oficioso y que no requiere de un impulso
procesal de las partes; además, el propio art. 274, LCQ, habilita al juez para dictar las medidas de impulso e
investigación que resulten necesarias para el proceso, en el cual la congruencia (en su aspecto pasivo) no lo
limita necesariamente.
Una interpretación contraria a la que se propugna devendría inconstitucional y haría caer el sistema
que justamente la ley procuró incorporar. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho de manera
recurrente que cuando la interpretación de un precepto se encuentre en pugna con la Constitución Nacional y
existan otras posibilidades interpretativas, deberá preferirse la alternativa interpretativa que obvie la
declaración de inconstitucionalidad. La inconstitucionalidad debe ser el último recurso con que cuentan los
jueces al interpretar sus preceptos.
Aquí hay dos alternativas interpretativas: i) se declara la inconstitucionalidad de todo el precepto (y
con ello, se cae el sistema introducido por la reforma concursal); ii) se permite la impugnación del dictamen
sindical por parte del concursado, limitando la autorización de pago de créditos laborales en forma
automática.
La segunda es la alternativa más razonable, pues tutela el derecho de defensa permitiendo una
decisión jurisdiccional sobre un asunto controvertido y mantiene la validez (e intención) del dispositivo
reformado.
20. Una carga adicional para el síndico: el informe mensual

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Asimismo se incorporó un nuevo inciso que antes no estaba previsto. El art. 14, inc. 12, LCQ, señala
que el síndico deberá emitir un informe mensual sobre la evolución de la empresa, si existen fondos líquidos
disponibles y el cumplimiento de las normas legales y fiscales.
20.1. Ubicación metodológica
La ubicación metodológica del precepto no ha sido la adecuada. No es correcto que una obligación
legal (y periódica) del síndico se consigne como un requisito que debe contener la sentencia de apertura del
concurso preventivo. Hubiera sido más adecuado que dicho precepto se ubicara como un segundo párrafo del
art. 15, LCQ, que impone que el concursado conserva la administración de su patrimonio, bajo la vigilancia
del síndico. Incluso hubiera sido adecuado darle autonomía en una norma regulada justamente en los efectos
de la apertura del concurso preventivo (capítulo II, sección II) o, por caso, como una obligación genérica en
el art 275, LCQ.
De todas formas, la ubicación topográfica del precepto no cambia su sentido y la norma (cualquiera
hubiera sido su situación) sería igualmente obligatoria para el síndico, exigiéndose un informe mensual sobre
la evolución de la empresa y los fondos ingresados.
20.2. Radio procesal de exigibilidad
La disposición, obviamente, sólo se aplica al concurso preventivo (y no a la quiebra). No sólo porque
así ha sido planeado por el legislador, sino porque este requisito no figura entre las exigencias de la sentencia
de quiebra (art. 88, LCQ). De todas formas, la periodicidad exigida y, sobre todo, la información que se
requiere del síndico podrán servir de guía para el caso de la continuación de la empresa.
El art. 191, LCQ, señala que cuando el juez autorice la continuación de la empresa del fallido (o
alguno de sus establecimientos) deberá pronunciarse explícitamente sobre "el tipo y periodicidad de la
información que deberá suministrar el síndico y, en su caso, el coadministrador" (inc. 7).
Por ello, y además de lo que el juez estime necesario conocer mediante informes, deberá exigir un
informe sobre la evolución de la empresa, sobre el flujo de fondos líquidos disponibles y sobre el
cumplimiento de las normas legales y fiscales. Además, la periodicidad mensual exigida por el art. 14, inc.
12, LCQ, da un marco legal analógico para el caso de la continuación de la empresa en quiebra.
21. Plazo del informe
La ley no estipula el plazo en que el síndico debe realizar el "primer informe" sobre los temas
señalados.
21.1. Exigencia legal
Atento a la ausencia de previsiones en concreto al respecto podría argüirse que el término para el
primer informe son cinco días hábiles judiciales (por aplicación del art. 273, inc. 2, LCQ). Nada más alejado
de la lógica del sistema.
Si la propia ley estipula que el informe es "mensual", parece lógico entender que el primer informe
del síndico deberá realizarse en el plazo de un mes desde la aceptación del cargo (o, tomando argumentos
señalados anteriormente, desde el día siguiente a ella). Además de lo dicho, cabe agregar que de acuerdo con
el íter procesal previsto por la LCQ, este informe debería ser posterior al primer dictamen en que se exige su
opinión sobre el pasivo laboral.
21.2. Plazos procesales
Así, los plazos procesales serán:
i) presentación en concurso preventivo, enunciando los pasivos laborales (art. 11, inc. 5, LCQ);
ii) declaración de apertura (art. 14, LCQ);
iii) sorteo del síndico concursal (art. 14, inc. 2, LCQ);
iv) aceptación del cargo;
v) emisión del informe sobre el pasivo laboral y situación de los contratos de trabajo en el plazo de
diez días (art. 14, inc. 11, LCQ);
vi) autorización del pago de los acreedores laborales por el juez luego de diez días de presentado el
informe del síndico (art. 16, párr. 2º, LCQ);
vii) primer informe mensual en el cual el síndico se expide sobre la existencia de "fondos líquidos
disponibles" (que daría la pauta para abonar los créditos laborales, en su totalidad, si existieran "fondos
líquidos disponibles" o "afectando el uno por ciento del producido bruto", en caso contrario -art. 16, párr. 8º,
LCQ-).
21.3. Periodicidad

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Se trata de un plazo que se computa en forma mensual. Por ello, resulta aplicable el art. 25, CCiv.
Esta norma señala: los plazos de mes o meses, de año o años, terminarán el día en que los respectivos meses
tengan el mismo número de días de su fecha. Así, un plazo que principie el quince de un mes terminará el
quince del mes correspondiente, cualquiera que sea el número de días que tengan los meses o el año.
Si el mes en que ha de principiar un plazo de meses o años constare de más días que el mes en que ha
de terminar el plazo, y si el plazo corriese desde alguno de los días en que el primero de dichos meses excede
al segundo, el último día del plazo será el último día de este segundo mes (art. 26, CCiv.).
Por su parte, el art. 27, CCiv., señala que todos los plazos serán continuos y completos, debiendo
siempre terminar en la medianoche del último día; y así, los actos que deben ejecutarse en o dentro de cierto
plazo, valen si se ejecutan antes de la medianoche en que termina el último día del plazo. De esta forma, cabe
afirmar que el síndico cuenta con el plazo de gracia para la presentación de su informe mensual (arts. 278,
LCQ, y 124, CPCCN).
Una situación dudosa se puede dar en caso de que el vencimiento del plazo caiga en día inhábil
(sábado, domingo o feriado), en cuyo caso cabe entender que se prorroga hasta las dos primeras horas del
primer día hábil siguiente.
Esta misma situación se da en caso que el informe mensual venza durante el receso judicial de enero
o julio. En este supuesto, parece poco adecuado habilitar la feria (en el juzgado de turno) al solo efecto de
presentar el informe, con lo cual es una solución adecuada que deba presentarse el primer día hábil siguiente
a la feria.
22. Nacimiento de la obligación
Es claro que la obligación del síndico nace con la apertura del concurso preventivo. Lo que no está
claro es hasta cuándo (dies a quem) debe periódicamente emitir dicho informe. Las dos opciones serían la
conclusión del concurso preventivo (art. 59, párr. 1º, LCQ) o el efectivo cumplimiento (arts. 59, párr. 2º, y
63, LCQ).
Pese a que existen ciertas dudas, la respuesta lógica que se impone es que la emisión de informes
periódica debe realizarse hasta la conclusión del concurso preventivo, ya que: i) el art. 59, LCQ, estipula que
el juez debe declarar finalizado el concurso y dar por concluida la intervención del síndico; ii) se designa al
comité de acreedores como controlador del acuerdo; iii) el síndico actúa como controlador del acuerdo (y por
ello le deberán regular honorarios adicionales) cuando fuere un pequeño concurso o no se hubiere designado
comité de acreedores (art. 289, LCQ); iv) existe libertad en que el acuerdo designe algunas alternativas de
control adicionales.
23. Contenido
El contenido del informe abarca tres puntos fundamentales: a) la evolución de la empresa; b) la
existencia de fondos líquidos disponibles; c) el cumplimiento de normas legales y fiscales.
23.1. Evolución de la empresa
Respecto de la información relacionada con la evolución de la empresa, la LCQ se refiere a una
opinión (fundada y seria) estrechamente vinculada a los estados contables sobre la situación general de la
empresa y su proyección, sobre ciertos datos de relevancia en la actividad empresaria y sobre "el estado de la
sociedad en las distintas actividades en que se haya operado y su juicio sobre la proyección de las
operaciones y otros aspectos que se consideren necesarios para ilustrar sobre la situación presente y futura de
la sociedad" (arg. art. 66, párr. 1º, LSC).
Esta información sirve para realizar una mejor interpretación de los estados contables, pues refleja el
estado de la sociedad, con datos y orientación concreta, y ayuda a tener una visión panorámica segura de la
gestión empresaria y de sus expectativas. Persigue superar la elasticidad de los estados contables para
animarlos con la expresión más ágil de lo actuado por la empresa en el período de que se trate.
En general, su función es de información y control en protección de los acreedores y es un elemento
importante para la interpretación del balance y otra documentación contable de la empresa. Debe suministrar
una información panorámica precisa y orientaciones concretas sobre el estado actual de la concursada y sus
perspectivas, aspectos de la gestión, relaciones y actos sociales que por su naturaleza o contenido no puedan
incluirse en el balance.
Dicha información no debe ser abstracta, ambigua y escasa y sería bueno que incluya concretamente:
i) la proyección de la empresa en las distintas actividades en que haya operado;
ii) su juicio sobre la proyección de las operaciones;

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iii) aspectos que se consideren necesarios para ilustrar sobre la situación presente y futura de la
sociedad;
iv) estimación u orientación sobre perspectivas de las futuras operaciones.
Este informe presupone un "plan de empresa" por parte del concursado, aun cuando no surja
explícitamente.
23.2. Fondos líquidos
Además, debe informar si existen fondos líquidos disponibles (art. 14, inc. 12, LCQ). La sindicatura
muchas veces no tiene acceso a dicha información y, en la práctica, se basará generalmente en la información
que le suministre el concursado. El síndico podrá requerirle al concursado la información vinculada con su
cash flow y, en caso de que el concursado omita las informaciones que se le requieran, podrá pedir la
separación de la administración (art. 17, LCQ).
De manera indirecta, la ley exige a todos los concursados (personas físicas o jurídicas y, en este caso,
independientemente del tipo o forma social) llevar un estado contable mensual del estado de flujo de fondos.
Recuérdese que el art. 62, parte 2ª, párr. 2º, LSC, señala que la Comisión Nacional de Valores, otras
autoridades de contralor y las bolsas podrán exigir a las sociedades incluidas en el art. 299 la presentación de
un estado de origen y aplicación de fondos por el ejercicio terminado y otros documentos de análisis de los
estados contables. Entiéndese por fondos el activo corriente menos el pasivo corriente.
Este estado contable no es obligatorio para todas las sociedades; menos para las personas físicas. La
LSC tampoco lo exige para las sociedades con fiscalización permanente (art. 299, LSC). Sin embargo, se
prevé la posibilidad de que la CNV, otras autoridades de contralor y las bolsas exijan un "estado de origen y
aplicación de fondos" por el ejercicio terminado y otros documentos de análisis de los estados contables.
Este estado bajo el texto de la resolución técnica 8 de los Consejos Profesionales se denominaba
"estado de variaciones del capital corriente" o "de origen y aplicación de fondos", según informe sobre el
capital corriente o sobre el conjunto de las disponibilidades e inversiones transitorias. Hoy la resolución
técnica 19 lo denomina "estado de flujo de efectivo", pues debe informar sobre las variaciones de efectivo
(incluyendo depósitos a la vista) y equivalentes de efectivo (esto es, los que se mantienen con el fin de
cumplir los compromisos de corto plazo).
En términos generales, puede decirse que el informe (basado en este estado contable) debe detallar
las variantes de la situación financiera de corto plazo de la empresa, poniendo especial énfasis en los motivos
de la evolución. Le permite al juez (y a los acreedores concursales) conocer el cuadro de resultados
estrictamente financiero (activos y pasivos de corto plazo) y su aptitud para generar recursos líquidos.
En general, este estado procura determinar e informar sobre las distintas variaciones (ingreso y
destino) de fondos, noción que se suele asimilar al capital corriente (activo corriente menos pasivo corriente).
Además, explica las causas del ingreso de fondos, debiendo incluir los orígenes de las ganancias ordinarias
del ejercicio y las extraordinarias, la corrección de resultados (si no implican movimientos de activos o
pasivos corrientes), los aportes de los socios (según sea suscripción de capital, aportes irrevocables, ajustes
de capital, etc., y se realicen en activos corrientes), las deudas a largo plazo (si se trata de un préstamo
financiero para adquirir activo corriente o para refinanciar pasivo corriente), la disminución de un activo no
corriente (si se transforma en un activo más líquido, v.gr., venta de un inmueble), etcétera. (Verón).
También informa el destino o la aplicación de los fondos ingresados, para lo cual debe informar las
situaciones contrarias a las expuestas en el párrafo anterior, o sea: pérdidas ordinarias y extraordinarias, con
la corrección pertinente, pago de dividendos en efectivo, retribución de directores y síndicos, impuestos no
incluidos en el resultado, utilidades para el personal de la sociedad, rescate de capital, adquisición de propias
acciones, etcétera.
Es quizás una exigencia excesiva, ya que ni aun las sociedades cotizadas (art. 299, LSC) tienen
obligación de llevar este tipo de informes en forma mensual. Las exigencias para estas sociedades suelen ser
trimestrales.
Es claro que la sindicatura no podrá (si no cuenta con personal idóneo instalado en forma
permanente en la empresa) obtener dicha información si no es confiando (y auditando) la que le suministre el
propio concursado. Paralelamente, para lograr dicha información deberá requerirla al concursado, quien
deberá contar con dicha información. Por ello, como conclusión cabe señalar que la reforma exige un estado
contable extra para las empresas concursadas y con una periodicidad también extra: un estado de origen y
aplicación de fondos en forma mensual.

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Nótese que la LCQ habla no sólo de fondos líquidos, sino de "fondos líquidos disponibles". Esta
extensión genera algunos equívocos entre lo que significa efectivamente la disponibilidad. Básicamente
podría entenderse, en forma racional, que son aquellos fondos que no tengan una aplicación concreta.
Esta información es fundamental, pues el art. 16, párr. 8º, LCQ, ahora exige que los créditos
laborales (sobre los que proceda el pronto pago) sean abonados con los fondos líquidos disponibles; y en
caso contrario, con la afectación del uno por ciento mensual del ingreso bruto del concursado.
Vale decir, la ley impone al concursado (en caso de existir prontos pagos admitidos) la realización de
una "previsión" contable (y no una reserva, pues no se requiere desafectación mediante el órgano
asambleario) de un uno por ciento mensual para cubrir pasivos laborales. En caso de que el pasivo laboral ya
estuviera determinado, no se trataría de una previsión, sino de una "provisión", ya que dichos fondos tendrían
un destino predeterminado.
23.3. Contralor de normas legales
La ley también impone al síndico el contralor de las normas legales y fiscales del concursado
(debiendo aclarar que lo fiscal se encuentra abarcado por lo legal, que es más amplio).
Esta norma, en principio, no sería necesaria, pues se encontraría incluida -de manera implícita- en el
propio art. 15, LCQ, cuando alude a la vigilancia de la administración del concursado por el síndico.
De todas formas, lo que abunda no daña. Pero la exigencia de informar sobre el cumplimiento de
normas legales y fiscales en algunos casos puede resultar excesiva, pues básicamente se le impondría al
síndico tener acceso directo (pero fundamentalmente permanente) a la contabilidad y documentación del
concursado.
Por ello, debe entenderse que esta norma debe interpretarse con razonabilidad y de acuerdo con las
posibilidades reales del órgano sindical.

Sección II - Efectos de la apertura

Art. 15. Administración por el concursado.


El concursado conserva la administración de su patrimonio bajo la vigilancia del síndico.

I. Administración del patrimonio


Una de las diferencias esenciales del concurso preventivo con la quiebra es que el concursado no
sufre el desapoderamiento de sus bienes (art. 107, LCQ) y mantiene la administración de su patrimonio (arts.
15 y 16, LCQ).
Esta administración se ejerce bajo la vigilancia del síndico y no es libre sino que sufre ciertas
limitaciones. Por ello algunos autores -a nuestro juicio incorrectamente- hablan de un "desapoderamiento
atenuado".

II. Clasificación de los actos


En cuanto a los actos que puede o no realizar el concursado, cabe distribuirlos en el siguiente
esquema:
i) actos prohibidos (son aquellos realizados a título gratuito o que alteren la pars condicio
creditorum);
ii) actos sujetos a autorización (aquellos descriptos en la parte final del art. 16, LCQ);
iii) actos libres bajo vigilancia del síndico (actos de administración y conservación).
Ello significa que el concursado continúa administrando su patrimonio a los fines de superar la crisis
patrimonial. La vigilancia no sólo es ejercida por el síndico, sino también por el comité de acreedores (arg.
art. 260, LCQ). Ello así pues el comité (provisorio o definitivo) puede requerir información al concursado,
exigir la exhibición de libros y registros, proponer planes de custodia y conservación del patrimonio, etc.
(art. 260, párr. 2º, LCQ).

III. Vigilancia sindical


1. Momento

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
La vigilancia sólo es ejercida desde que se efectuó la apertura del concurso, ya que en dicha
resolución se ordena el sorteo del órgano sindical (art. 14, inc. 2, LCQ). Sin síndico no hay vigilancia. Ello
por supuesto no excluye el control ejercido por el órgano jurisdiccional desde la presentación misma para
evitar maniobras fraudulentas o perjudiciales para los acreedores (art. 274, LCQ). Inclusive la inhibición
general de bienes también se produce desde la mentada sentencia (art. 14, inc. 7, LCQ).
La regla en el concurso preventivo es que los efectos concursales se producen desde la declaración
de apertura, salvo que la LCQ expresamente disponga que los efectos se producen desde la presentación o en
otra oportunidad. Además -y en aval de esta regla- la Sección II habla de efectos de la apertura del concurso.
De todas formas, bien ha interpretado la jurisprudencia que los efectos, si bien se inician con la
apertura del concurso preventivo, tienen una cierta connotación retroactiva que produce el respeto de ciertas
directrices fundamentales del concurso.
2. Alcance
En esta vigilancia no es menester que el concursado consulte al síndico sobre la pertinencia o
conveniencia de determinados actos. El concursado ejerce su actividad normalmente, el síndico fiscaliza y
eventualmente denunciará al juez las irregularidades (lo que podrá dar lugar a la separación de la
administración -art. 17, LCQ-).
Por ello, el concursado no pierde legitimación procesal (a diferencia del proceso falimentario -art.
110, párr. 1º, LCQ-). Mantiene su plena capacidad procesal en todos los procesos iniciados como actor o
demandado y en todas las incidencias netamente concursales.
3. Finalización
Esta vigilancia (y otras medidas -art. 16, LCQ-) cesan con la conclusión del concurso preventivo (art.
59, párr. 4º, LCQ). Ello no empece a que el concursado ofrezca mantener el régimen de vigilancia previsto en
el art. 15 u otro más gravoso, ejercido por el síndico u otro órgano de control.
Lo que sí es cierto es que el síndico debe dar por concluida su intervención con el auto de conclusión
(art. 59, párr. 1º, LCQ), salvo el caso del art. 289, LCQ.

IV. Actos de administración


En relación con los actos de administración cabe señalar que son aquellos que importando o no una
enajenación, además de conservar los capitales, tienen por fin hacerlos producir, según su naturaleza o
destino. Básicamente, el criterio para distinguir entre actos de administración y de disposición se funda en la
ausencia o presencia de peligro para la existencia misma de los bienes que constituyen el patrimonio. Un
acto puede ser considerado de disposición para una parte y de administración para la otra; por ello habrá que
estarse a los efectos respecto del concursado. En esta misma idea se encuentran los actos de conservación, ya
que tienen como finalidad evitar la pérdida de un bien cuya existencia peligra.
La casuística es amplia y abarca desde la simple compra o venta de mercaderías y productos
vinculadas a su actividad, como el pago de impuestos, contrato de seguros, pago de salarios, etcétera.

V. Aplicación a socios ilimitadamente responsables


Finalmente todas estas limitaciones son aplicables respecto del patrimonio de los socios con
responsabilidad ilimitada de las sociedades concursadas (art. 18, LCQ).

Art. 16. Actos prohibidos.


El concursado no puede realizar actos a título gratuito o que importen alterar la situación de los
acreedores por causa o título anterior a la presentación.
Pronto pago de créditos laborales: Dentro del plazo de 10 días de emitido el informe que establece
el artículo 14, inciso 11, el juez del concurso autorizará el pago de las remuneraciones debidas al
trabajador, las indemnizaciones por accidentes de trabajo o enfermedades laborales y las previstas en los
artículos 132 bis, 232, 233 y 245 a 254, 178, 180 y 182 de la ley 20.744; artículo 6 a 11 de la ley 25.013; las
indemnizaciones previstas en la ley 25877, en los artículos 1 y 2 de la ley 25.323; en los artículos 8, 9, 10,
11 y 15 de la ley 24.013; en el artículo 44 y 45 de la ley 25.345 y en el artículo 16 de la ley 25.561, que
gocen de privilegio general o especial y que surjan del informe mencionado en el inciso 11 del artículo 14.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Para que proceda el pronto pago de crédito no incluido en el listado que establece el artículo 14,
inciso 11, no es necesaria la verificación del crédito en el concurso ni sentencia en juicio laboral previo.
Previa vista al síndico y al concursado, el juez podrá denegar total o parcialmente el pedido de
pronto pago mediante resolución fundada, sólo cuando se tratare de créditos que no surgieren de los
libros que estuviere obligado a llevar el concursado, existiere duda sobre su origen o legitimidad, se
encontraren controvertidos o existiere sospecha de connivencia entre el peticionario y el concursado.
En todos los casos la decisión será apelable.
La resolución judicial que admite el pronto pago tendrá efectos de cosa juzgada material e
importará la verificación del crédito en el pasivo concursal.
La que lo deniegue, habilitará al acreedor para iniciar o continuar el juicio de conocimiento
laboral ante el juez natural.
No se impondrán costas al trabajador en la solicitud de pronto pago, excepto en el caso de
connivencia, temeridad o malicia.
Los créditos serán abonados en su totalidad, si existieran fondos líquidos disponibles. En caso
contrario y hasta que se detecte la existencia de los mismos por parte del síndico se deberá afectar el 1%
mensual del ingreso bruto de la concursada.
El síndico efectuará un plan de pago proporcional a los créditos y sus privilegios.
En el control e informe mensual que la sindicatura deberá realizar, incluirá las modificaciones
necesarias, si existen fondos líquidos disponibles, a los efectos de abonar la totalidad de los prontos pagos
o modificar el plan presentado.
Actos sujetos a autorización. Debe requerir previa autorización judicial para realizar cualquiera
de los siguientes actos: los relacionados con bienes registrables; los de disposición o locación de fondos
de comercio; los de emisión de debentures con garantía especial o flotante; los de emisión de obligaciones
negociables con garantía especial o flotante; los de constitución de prenda y los que excedan de la
administración ordinaria de su giro comercial.
La autorización se tramita con audiencia del síndico y del comité de acreedores; para su
otorgamiento el juez ha de ponderar la conveniencia para la continuación de las actividades del
concursado y la protección de los intereses de los acreedores.

I. Actos prohibidos
Según la clasificación hecha en párrafos anteriores, existen ciertos actos que no están permitidos ni
siquiera con autorización judicial. Son los enunciados en el art. 16, 1º párr., LCQ, y son aquellos realizados a
título gratuito o que importen alteración de los acreedores anteriores a la presentación.
El precepto abarca como actos a título gratuito la donación (art. 1789, CCiv.) y todas las
liberalidades, haya o no enajenación de dominio (art. 1791, CCiv.). Incluye también el mutuo gratuito (art.
2243, CCiv.), el depósito (art. 2183, CCiv.), el comodato (art. 2183, CCiv.), aun el mandato gratuito (art.
1871, CCiv.) y la fianza gratuita.
También deben incluirse: la donación encubierta o simulada bajo la forma o apariencia de una
compraventa o permuta, remisión de deuda, reconocimiento civil (o pago) de una obligación natural,
prestación de garantía por obligación ajena sin contraprestación alguna que la justifique, otorgamiento a
título gratuito de derechos reales (usufructo, servidumbre, hipoteca, prenda) a terceros no acreedores,
renuncias de derechos, cesión gratuita del beneficio de un seguro de vida o la constitución de un seguro de
vida en favor de un tercero, etcétera.
En relación con los acreedores de causa o título anterior, cabe destacar que la causa es entendida
como la fuente de la obligación (contrato, cuasicontrato, delito, cuasidelito) y el fundamento es el principio
de igualdad entre los acreedores anteriores a la presentación concursal.
Básicamente importa no otorgar preferencias no fundadas o arbitrarias o que no respondan a la
categorización formulada por el concursado (arts. 41 y 42, LCQ). En esta idea se incluye la cancelación de
las acreencias o parte de las mismas o la constitución de garantías no otorgadas antes del concurso. Por ello,
aunque estos actos no tienen naturaleza gratuita importan un quebrantamiento de la par conditio creditorum
(de fuente constitucional -art. 16, CN-).
Esta concepción también abarca aquellos actos en desmedro de los otros acreedores. Máxime que
con la ley 25589 se ha introducido un principio derivado del de igualdad de los acreedores: el de no
discriminación (art. 52, 2.b)iii), LCQ). Esto es, no sólo incluye los actos beneficiosos para ciertos acreedores

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sino también los perjudiciales para otros. La ley habla de "alterar la situación de los acreedores", y dicha
alteración se produce en un sentido negativo o positivo. El perjuicio, no obstante, tendrá una connotación
individual en un caso y colectiva (masa de acreedores) en otro.
La sanción por la realización de estos actos no es la nulidad del acto jurídico, sino su ineficacia (art.
17, 1º párr., LCQ).

II. Pronto pago


1. Nociones sustanciales
El derecho de pronto pago (arts. 16 y 183, LCQ) es un instituto de naturaleza ambivalente, ya que
desde la óptica del concursado conforma una "autorización" que se le concede para atender un crédito de
causa anterior a su presentación en concurso (y de ahí una aparente justificación de la incorrecta ubicación
metodológica) y desde el punto de vista del trabajador es una "manifestación del ejercicio de su derecho
creditorio" de percibir rápidamente su acreencia atento a su naturaleza alimentaria.
Este derecho importa el reconocimiento de la acreencia privilegiada derivada de la relación de
empleo y la facultad de esta clase de acreedor a que le abonen las acreencias sin necesidad de esperar la
presentación de propuestas o la distribución final de fondos. Es una "tutela especial" del trabajador; como lo
calificó Tonón, un "superprivilegio".
El pronto pago implica una prelación temporal en el reconocimiento y cobro del crédito laboral, sin
necesidad de aguardar el sometimiento a las reglas del acuerdo preventivo o liquidación general en caso de
quiebra.
Los créditos laborales pueden escapar al proceso de verificación de créditos, pues deberán ser
abonados, previa vista al síndico y siempre que no resultaran controvertidos o que no existan dudas sobre su
origen o legitimidad o sospecha de connivencia dolosa entre el trabajador y el concursado. En estos últimos
casos será necesario promover el incidente de verificación, continuar o iniciar el proceso laboral, conforme al
art. 21, LCQ.
2. La oficiosidad del pronto pago
El nuevo esquema legal incorporado por la reforma 26086 establece dos modalidades de pronto
pago. El primero, que podemos denominar pronto pago "de oficio", y el segundo, "a petición de interesado".
El nuevo inc. 11 del art. 14 requiere que el síndico, diez días después de aceptar el cargo en el
concurso preventivo, se pronuncie, previa auditoría en la documentación legal y contable, sobre los pasivos
laborales denunciados por el deudor y, además, sobre la existencia de otros créditos comprendidos en el
pronto pago.
De esta manera, todos aquellos créditos laborales que se encuentren en condiciones de ser abonados
y que satisfagan los requisitos que el pronto pago trae aparejados, es decir que se trate de acreencias con
privilegio general o especial y que no sean controvertidas ni dudosas, podrán ser abonados por orden directa
del juez del concurso, quien no debería aguardar la solicitud de cada trabajador en este sentido.
El texto legal es "confuso" y ya se ha planteado cierta polémica doctrinaria.
El primer párrafo del art. 16 expresa que dentro de los diez días del informe del síndico el juez
"autorizará", como si se tratase de un imperativo legal del tribunal concursal, sin petición de parte interesada.
De esta manera, se libera al acreedor laboral de la "carga" o necesidad de peticionar un cobro
prioritario por parte del deudor, facultándose al órgano jurisdiccional a resolver oficiosamente la satisfacción
de la deuda.
En esta línea, se requiere un informe mensual acerca de la evolución de la empresa y en relación con
la existencia de fondos líquidos disponibles, todos aspectos que permitirán tener la información necesaria
para articular el pronto pago por parte del juez.
3. Ampliación de las labores de la sindicatura
El ordenamiento profundiza el estudio que debe realizar la sindicatura sobre la estructura laboral de
la empresa, exigiendo que el funcionario informe no solamente sobre los pasivos laborales denunciados por
el deudor, sino también sobre la existencia de otros créditos de igual naturaleza.
Esta información se conjuga con el análisis que el ordenamiento impone sobre la situación de los
trabajadores en relación de dependencia, en atención a la suspensión de los convenios colectivos de trabajo
que dispone el art. 20.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
De este modo, el legislador trata de tutelar el trabajo y asegurar la vigencia de los contratos
individuales y de la Ley de Contrato de Trabajo, evitando que la situación de crisis "precarice", aún más, la
situación de los dependientes.
Corresponde recordar que el citado art. 20, LCQ, establece la necesidad de acudir a la negociación de
un nuevo convenio llamado "de crisis", que regirá las relaciones laborales durante el tiempo del concurso
preventivo pero, en caso de no arribarse a un acuerdo, continuarán siendo de aplicación las normas de la ley
20744.
La doctrina laboralista puntualiza que las regulaciones que tienen como causa fuente los acuerdos
individuales, mantienen su vigencia, aunque los derechos del trabajador que surjan de ellos puedan exceder
los marcos que fija el convenio colectivo de trabajo que les era aplicable. El juez concursal contará con la
información sobre la totalidad del pasivo laboral, los créditos laborales que gocen de pronto pago en los
términos del art. 16 y, además, la organización del personal de la empresa concursada.
Estos elementos de juicio sobre la realidad empresaria no se compadecen con el retorno de la
"dualidad" de fueros, pues a la postre el juez concursal estará en mejores condiciones para pronunciarse
sobre la causa, existencia y legitimidad de las acreencias laborales.
4. Una nueva alternativa de pronto pago
Toda esta labor sindical converge en el denominado pronto pago "de oficio", que es el que debe
autorizar el juez, de conformidad a la primera parte del segundo párrafo del art. 16, donde puntualmente se
señala: "el juez del concurso autorizará el pago de las remuneraciones... que gocen del privilegio general o
especial y que surjan del informe mencionado en el inc. 11 del art. 14".
Se configura una modalidad que preconizara Alegria cuando propuso un sistema de verificación de
oficio, abreviado y especial, para todos los créditos laborales y su pago anticipado mediante los fondos
disponibles.
El aludido jurista expresaba que el régimen debía ser iniciado por el síndico, quien debía elaborar el
listado de acreedores de origen laboral y que, escuchados los interesados, el juez dictaría sentencia, siendo
pagados los admitidos dentro de los diez días.
El actual esquema legal se asemeja a aquella propuesta, aun cuando cabe puntualizar que la auditoría
que realiza el síndico se pronuncia oficiosamente sobre la existencia de acreedores laborales con derecho al
pronto pago y luego el juez tiene que autorizarlo sin que la norma disponga publicación alguna del listado
aludido, que permita que los propios interesados formulen algún tipo de observación.
Desde esta perspectiva, el régimen oficioso de reconocimiento de pronto pago, al no tener una
alternativa de audiencia para los trabajadores, puede concluir en una apelación ante el superior reclamando,
ya sea la incorporación al listado, ya sea eventuales diferencias en orden a los rubros reconocidos.
La reforma que modificó el pronto pago (ley 26086), sin bien encomiable en cuanto intenta la tutela
de los trabajadores en sus créditos alimentarios, no articula adecuadamente la intervención de los propios
interesados para asegurar el correcto funcionamiento del nuevo esquema de pronto pago.
La originaria propuesta de Alegria contemplaba la publicación del "listado" de acreedores laborales
con derecho a pronto pago, para que éstos pudieran hacer valer sus derechos mediante la observación
pertinente, asegurando el debido proceso y la eficacia del sistema.
Nuevamente tendrán que ser los integrantes del "pretorio" quienes interpreten adecuadamente el
nuevo esquema legal y aseguren la participación de los trabajadores para evitar nuevos dispendios
jurisdiccionales.
5. El retorno a la dualidad de fueros
La resolución que deniegue el pronto pago habilitará al trabajador para iniciar o continuar el juicio
de conocimiento laboral ante el juez natural, es decir que se va a presentar lo que el maestro Cámara
denominaba una solución "irracional", ante la eventualidad de sentencias contradictorias entre la negativa del
juez concursal y el reconocimiento del juez laboral.
En cierto modo, la dualidad de fueros implica un retroceso y una nueva demostración de la puja de
intereses entre concursalistas y laboralistas, aun cuando se pretenda justificar bajo el velo de la división de
tareas de la justicia "capitalina."
No puede olvidarse que el art. 273, inc. 9, LCQ, impone la vigencia de los principios tuitivos del
derecho laboral para analizar este tipo de pretensiones, aun en el fuero concursal, tal como lo explicamos
reiteradamente.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
No puede ignorarse tampoco la existencia tanto de doctrina como de jurisprudencia que relativizaban
los principios laborales so pretexto de la convergencia con el sistema concursal, aspectos que terminaron
influyendo negativamente en la tutela de los trabajadores.
Dicho derechamente, los operadores jurídicos no han sido capaces de integrar un sistema que otorgue
adecuada respuesta a los diversos intereses que confluyen en la insolvencia del deudor.
6. Pronto pago a petición de parte
6.1. La pretensión de pronto cobro
El texto del art. 16 también comprende el clásico sistema de pronto pago a petición del trabajador,
estableciendo que "Para que proceda el pronto pago de crédito no incluido en el listado que establece el art.
14, inc. 11, no es necesaria la verificación de crédito en el concurso ni sentencia en juicio laboral previo.
Previa vista al síndico y al concursado, el juez podrá denegar total o parcialmente el pedido de pronto pago
mediante resolución fundada, sólo cuando se tratare de créditos que no surgieren de los libros que estuviere
obligado a llevar el concursado, existiere duda sobre su origen y legitimidad, se encontraren controvertidos o
existiere sospecha de connivencia entre el peticionario y el concursado. En todos los casos la decisión será
apelable...".
Tal como se advierte, el nuevo art. 16, LCQ, mantiene el régimen de pronto pago a petición de
interesados, habilitando en este aspecto la competencia concursal y puntualizando que no es necesario el
procedimiento verificatorio, ni la sentencia en juicio laboral para la procedencia de este régimen
"preferencial" de pronto cobro.
El nuevo texto agrega lo que la jurisprudencia ya había establecido al puntualizar que además de la
opinión del síndico, debe ser escuchado el concursado.
El pronto pago, de este modo, constituye una vía sumaria de verificación que favorece el cobro del
crédito alimentario que asiste a los trabajadores, en tanto pueda comprobarse su existencia, cuantía y
legitimidad. Este aspecto es destacado por Heredia, en su informe ante la Comisión de Legislación General,
llevada a cabo en el Senado de la Nación, poniendo de relieve que el juez concursal deberá pronunciarse
sobre la causa y existencia del crédito laboral en la resolución de pronto pago, lo que otorga a esta vía
procesal naturaleza verificatoria.
6.2. Causales de rechazo
En lo que aquí nos concierne, el nuevo texto del art. 16, LCQ, con una redacción diferente a la de
origen, mantiene las mismas razones por las cuales el juez a cargo del proceso concursal puede desestimar,
ora parcial, ora totalmente, la pretensión de pronto cobro efectuada por el trabajador: "[...] Previa vista al
síndico y al concursado, el juez podrá denegar total o parcialmente el pedido de pronto pago mediante
resolución fundada, sólo cuando se tratare de créditos que no surgieren de los libros que estuviere obligado a
llevar el concursado, existiere duda sobre su origen o legitimidad, se encontraren controvertidos o existiere
sospecha de connivencia entre el peticionario y el concursado...".
En términos generales, cabe calificar como positivo que el ordenamiento concursal ratifique el
elenco de causales taxativamente enunciadas para que el magistrado motive el rechazo de la petición del
prontocobrista, dado que el juez no podrá apartarse de ese cuadro legal propuesto por el legislador.
Si el tribunal se pronuncia por la denegatoria de la pretensión del trabajador, este último
necesariamente tendrá que acudir a otras vías de reconocimiento, sea la ordinaria ante el juez natural, sea la
prevista por la propia legislación concursal como instancia de verificación tempestiva.
6.3. Créditos que carecen de respaldo documental
El art. 16, LCQ, según texto ordenado por la reforma, justifica que la petición de pronto pago sea
rechazada cuando se trate de créditos que no cuenten con respaldo en la documentación que el deudor debe
obligatoriamente llevar. En el texto de origen, se hacía referencia a "documentación legal y contable", en
tanto que ahora la manda es más genérica y amplia, abarcando todo libro y/o registro que el deudor,
atendiendo a la naturaleza de las actividades que desempeñe, debe llevar por imperio legal.
Está claro, entonces, que tratándose de un contrato laboral uno de los libros exigidos por las leyes
sustantivas es precisamente el denominado Libro Especial del art. 52, LCT, sin olvidarnos de todos los
demás registros que exija la ley con fines previsionales, tributarios, seguridad social, entre otros.
Con anterioridad, nos habíamos pronunciado acerca de la contradicción en que incurre el legislador
concursal, en tanto y en cuanto rompe, o cuanto menos invierte, la regla hermenéutica propia de un derecho
tutelar como es el estatuto del trabajo -ley 20744 -. En efecto, si repasamos que el art. 16, LCQ, prevé que la

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ausencia de respaldo documental justifica el rechazo del pronto pago, ello hace añicos el principio cardinal
que informa al art. 55 de la ley 20.744.
Recordemos que esta última norma, hace de la falta de exhibición de libros -en lo que se engloba
también la ausencia o silencio de registros del contrato laboral invocado por el trabajador- un supuesto
sancionable que debe ser resuelto desde la óptica del principio protectorio y de la primacía de la realidad. En
este caso, ya habíamos señalado que ante normas contradictorias corresponde una hermenéutica de
congruencia que haga prevalecer el favor operari o favor debilis, que no es otra cosa que afianzar la
presencia de los principios orientadores e interpretativos del derecho laboral.
En definitiva, entendemos que la presente hipótesis legal exige que se encuentre cuestionada la
existencia misma de la relación laboral y no una mera ausencia de registración, ya que sigue vigente la
presunción a favor del trabajador en caso de que el empleador no lleve el libro aludido.
A modo de colofón, valoramos que esta causal del art. 16, LCQ, actúa como obstáculo para la
satisfacción pronta y eficaz del crédito de naturaleza laboral, atendiendo a su carácter alimentario,
transformando en "formularios" las sentencias que rechazan el pedido por advertir la falta de
correspondencia entre lo insinuado y la documentación legal que el deudor debía llevar a tal fin.
Ante la negativa, según distinguimos en párrafos anteriores, al trabajador no le queda más remedio
que transitar vías de reconocimiento más extensas, derribando el objetivo central del instituto que
analizamos.
6.4. Créditos de origen y legitimidad dudosos
Nuevamente nos hallamos frente a una herramienta muy funcional para desarticular la efectividad
del pronto pago. Es que de manera un tanto lata y dogmática, procede el rechazo de la pretensión cuando el
crédito que el trabajador intenta satisfacer mediante esta figura presente dudas acerca de su origen y
legitimidad.
Al igual que su precedente legislativo, esta causal reconoce dos alternativas diferentes, según sobre
qué capítulo recaiga la duda insuperable: acerca del origen o legitimidad del crédito que invoca el acreedor
laboral.
No pretendemos sobreabundar en el punto, pues surge con meridiana claridad que el origen del
crédito laboral debe estar emparentado con la presencia de un acuerdo sinalagmático de esa naturaleza, del
cual derive un bloque obligacional en cabeza de ambas partes. En este sentido, la propia ley de la materia
-ley 20744 - presume la presencia subyacente de un acuerdo en tanto se acredite la efectiva prestación del
débito laboral por parte del trabajador, extremo del cual emerge el derecho a percibir una justa
contraprestación.
Con este norte, la doctrina y la jurisprudencia lucen pacíficas al reconocer que la presencia de un
vínculo contractual propio de la LCT justifica la cancelación de los rubros que son de legítimo abono por la
puesta a disposición a favor de la patronal de la capacidad laborativa del obrero, y que resultan subsumidos
por la figura del pronto pago para su, valga la redundancia, pronta satisfacción.
Advertimos que la segunda hipótesis de la causal bajo anatema es en cuanto a la existencia de duda
respecto de la legitimidad del crédito, lo que nos invita a examinar si los conceptos cuyo pago se demanda
mediante pronto pago reconocen soporte jurídico. Así, a modo de ejemplo, quien ha sido despedido con justa
causa no puede pretender insinuarse en el pasivo de su empleador demandando por indemnización -art. 245,
LCT-ya que esta última es reconocida a los despidos incausados o injustificados.
Está claro que esa duda o dudas sobre cualquiera de los extremos legales -origen y/o legitimidad del
crédito- debe revestir tal trascendencia que sea ostensible o manifiesta la improcedencia de lo solicitado, es
decir que los vicios que se destaquen sean visibles al examen jurídico más superficial. Recordemos, al mero
efecto ilustrativo, que algo es manifiesto cuando aparece a los sentidos del hombre como "patente, claro,
descubierto, evidente, indudable, innegable".
6.5. Créditos controvertidos
El nuevo art. 16, LCQ, incurre en la misma deficiencia que el texto de origen, desde que no brinda
ningún elemento que permita discernir la extensión del concepto "crédito controvertido", razón por la cual
nuevamente nos encontramos frente a una manda ambigua e imprecisa, inaceptable tratándose de una causal
que pone límites a la efectivización del pronto pago. La obligación, sobreabundante por cierto en atención a
lo que disponen los textos constitucionales, de que el pronunciamiento denegatorio esté debidamente
fundado, no supera el déficit apuntado, dado que deja un campo de actuación extraordinariamente amplio en
el que el juez puede apreciar alguna controversia.

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De todos modos, el estatuto falimentario no puede hacer tabla rasa con principios cardinales de
nuestro ordenamiento positivo, en el sentido de que las medidas o disposiciones legales que tiendan a
desconocer derechos deben ser examinadas bajo una línea interpretativa de sesgo restrictivo, aventando los
peligros de un análisis amplio, en tanto este último puede tonar ilusorio el derecho que se pretende
reglamentar.
Así las cosas y tal como hemos defendido en otra oportunidad, tratándose de una cortapisa o de
limitaciones de derechos, el examen de lo que debe entenderse por créditos controvertidos requiere un
análisis estricto, a fin de que un estudio riguroso o formal no convierta en letra muerta estos derechos que
nacen en cabeza de un acreedor especial: los trabajadores.
6.6. Connivencia dolosa entre el peticionario y el concursado
El último supuesto que contempla el art. 16 del estatuto falimentario nos permite traer a colación
similares consideraciones que las que hemos vertido en los párrafos precedentes, en orden a fundamentar la
sospecha de que entre deudor y acreedor ha mediado una maquinación fraudulenta en perjuicio de la masa de
acreedores.
Nuevamente remarcamos que todo análisis sobre ese estado de sospecha debe ser guiado por
criterios restrictivos y con absoluta cautela, so riesgo de pulverizar infundadamente las aspiraciones del
trabajador a percibir lo que por derecho le corresponde y en el tiempo que la propia ley concursal le ha
reconocido, anticipándose al resto de los acreedores. Ello significa que ese recelo en que se halla el juez para
decidir debe ser fruto de un cuidadoso examen de las circunstancias de hecho que rodean al caso concreto.
Está claro que ese control o examen que requiere la ley falimentaria en ningún momento ubica al
magistrado en la posición de un instructor penal; pero sí se le exige prudencia para analizar los hechos y
resolver conforme a derecho.
7. Aspectos característicos del pronto pago
7.1. Vía sumaria de reconocimiento: apelabilidad de la denegatoria
La norma puntualiza, admitiendo en esto lo que habíamos reiterado hasta el cansancio, que la
resolución judicial que admite el pronto pago tendrá efectos de cosa juzgada material e importará la
verificación del crédito en el pasivo concursal. En una palabra, el pronto pago es una forma sumaria de
verificación.
El pronto pago puede ser requerido desde el momento de la apertura del concurso hasta la
homologación del concordato.
No rigen las normas atinentes a los incidentes, toda vez que esta vía tiene determinada en la propia
ley (art. 16, LCQ) un trámite propio y especial, lo que impone el régimen de notificaciones ministerio legis
del art. 273, inc. 5.
Además, el art. 16, LCQ, admite que la resolución de pronto pago es apelable.
En esta inteligencia, cabe señalar que estando frente a una sentencia verificatoria, pueden recurrir
tanto el concursado, en caso de admisión, como el trabajador, en el supuesto de rechazo.
Hoy, el nuevo art. 16, LCQ, otorga dicho carácter a la resolución que admite el pronto pago,
expresando que "...tendrá efectos de cosa juzgada material e importará la verificación del crédito en el pasivo
concursal...".
Este tópico constituye una creación pretoriana que no habilitaba la ley 24522, pero que la
jurisprudencia, con criterio fexible, había considerado viable en función del agravio "irreparable" que la
resolución de pronto pago aparejara para el acreedor o para el deudor.
Hoy, el nuevo texto legal contiene una alternativa adicional en caso de rechazo del pronto pago, al
expresar que "...la resolución judicial que lo deniegue, habilitará al acreedor para iniciar o continuar el juicio
de conocimiento laboral ante el juez natural...".
De este modo, se concreta la dualidad de fueros y, en muchos casos, el trabajador deberá recorrer la
doble vía de conocimiento ante el juez laboral y luego mediante el proceso de verificación de crédito, todo
un desgaste jurisdiccional que no otorgará eficacia al nuevo sistema, pese al beneplácito de los laboralistas.
7.2. La ausencia de costas
La doctrina y la jurisprudencia siempre sostuvieron que este tipo de trámites no devengaba costas,
pues se consideraba asimilable a la verificación tempestiva del art. 32, LCQ, y, por ello, la actuación de los
funcionarios queda atrapada en la regulación general y la labor profesional del letrado del acreedor corre por
cuenta de este último.

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Cabe agregar, por otra parte, que los emolumentos del letrado del acreedor laboral no gozan del
beneficio del pronto pago.
Hoy el nuevo artículo 16, LCQ, puntualiza que el trámite no devenga costas, dejando a salvo los
casos de "connivencia, temeridad o malicia".
También hemos dicho que ante la denegación del pronto pago, el trabajador queda habilitado para
iniciar o continuar en sede laboral el correspondiente jucio de conocimiento y, obviamente, podrá ocurrir con
la sentencia que obtenga a requerir la verificación de su crédito en trámite que no se considerará tardío.
7.3. La existencia de fondos líquidos
Uno de los aspectos relevantes del nuevo art. 16 reformado nace de la conjunción del nuevo inc. 12
del art. 14, mediante el cual el síndico debe informar sobre fondos disponibles y el mandato del renovado
texto del art. 16, que ordena: "...los créditos serán abonados en su totalidad si existieren fondos líquidos
disponibles. En caso contrario y hasta que se detecte la existencia de los mismos por parte del síndico, se
deberá afectar el uno por ciento mensual del ingreso bruto de la concursada. El síndico efectuará un plan de
pago proporcional al crédito y su privilegio...".
En este sentido, se "legaliza" una práctica que se venía siguiendo jurisprudencialmente en algunas
circunscripciones, imponiéndose al concursado la obligación de destinar el uno por ciento de su ingreso
bruto para hacer efectivos los créditos laborales y atender a la naturaleza alimentaria de este tipo de
obligaciones, cuando no exista la posibilidad de efectuar el abono de la totalidad.
Desde esta perspectiva, cuanta mayor liquidez se logre, mejor será el resultado y se podrá hacer una
"reliquidación" de los créditos pagando una parte más significativa de aquéllos.
Sin perjuicio de ello, y en caso de ausencia de liquidez, la nueva normativa establece la articulación
de "un plan de pago proporcional".
Cabe resaltar que el párrafo final del art. 16 referido al instituto jurídico en tratamiento puntualiza
que en el control e informe mensual que el funcionario concursal debe realizar sobre los fondos líquidos,
deberá analizar siempre "la disponibilidad" a los efectos de abonar la totalidad de los prontos pagos o
modificar el plan presentado.
Se garantiza a los trabajadores la percepción de al menos un porcentaje de su acreencia, evitando que
soporten la crisis empresaria y se transformen en "fusible" o financiación de la empresa concursada.
El nuevo esquema de pronto pago abandona la cuestionada expresión de "resultado de la
explotación" del viejo texto legal para utilizar la frase "fondos líquidos disponibles".
Esta disponibilidad dineraria es la que surge del informe sindical, lo que significará un seguimiento
relevante del flujo de fondos y de los índices de liquidez que indudablemente puede ser resistido por el
concursado y plantear la controversia jurídica por estar en "juego" la evolución y el saneamiento de la
empresa.
8. La nómina de rubros tutelados
El nuevo texto del art. 16 amplía la nómina de rubros alcanzada por el pronto pago que no sólo
beneficia a las remuneraciones debidas al trabajador y a las indemnizaciones por accidente de trabajo, sino
también a las enfermedades laborales, agregando los rubros previstos en la Ley de Empleo para proteger la
adecuada registración de la relación laboral, así como también las indemnizaciones especiales que surgen de
la legislación de emergencia.
La nueva nómina se compone de la siguiente forma:
i) Remuneraciones debidas al trabajador, de conformidad a la Ley de Contrato de Trabajo.
ii) Indemnizaciones por accidentes de trabajo o enfermedades laborales, regladas en la ley de riesgos
vinculados a la siniestralidad laboral.
iii) Indemnizaciones debidas de conformidad a los arts. 132 bis, 232 y 233 (sustitutiva del preaviso),
245 a 254, ley 20.744 (relativas a la indemnización por antigüedad o despido, extinción del contrato de
trabajo por fuerza mayor, por muerte del trabajador o del empleador, por vencimiento de plazo, por quiebra o
concurso del empleador, por jubilación del trabajador y por incapacidad o inhabilitación).
iv) Indemnizaciones establecidas en los arts. 178, 180 y 182, ley 20.744. Éstas refieren a la
prohibición de invocar como causal de despido el embarazo o no cumplir con los descansos diarios por
lactancia, actos o contratos que serían absolutamente nulos y que hacen operar la presunción establecida en
el art. 181, en orden a que el despido que se produjere dentro de los tres meses anteriores o seis meses
posteriores a dichas circunstancias da lugar a la indemnización pertinente que se acumula a la establecida en
el art. 245, LCT.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
v) Arts. 6 a 11, ley 25.013, de los cuales sólo se encuentra vigente el 9, referente a la falta de pago en
término de la indemnización por despido incausado.
vi) Las indemnizaciones previstas en la ley 25877, en los arts. 1 y 2, ley 25.323, que establecen la
duplicación de los montos a abonar, para los casos de ausencia o deficiencia de registración de la relación
laboral al momento del despido, así como también el incremento de las indemnizaciones para los supuestos
en que el trabajador hubiera intimado fehacientemente el pago y, ante la negativa del empleador, se hubiere
visto obligado a iniciar acciones judiciales o cualquier instancia previa de carácter obligatorio para
percibirlas.
vii) Las indemnizaciones regladas en los arts 8, 9, 10, 11 y 15, ley 24.013, que protegen la adecuada
regularización del empleo no registrado y articulan diversas pautas indemnizatorias ante la falta de
registración o registración insincera, articulando la conducta que debe seguir el trabajador para hacer
operativo este tipo de indemnización.
viii) Los arts. 44 y 45, ley 25.345, y 16, ley 25.561, que establecen la sobreindemnización por
despido incausado en el período de la emergencia económica.
En todos los casos, la norma establece que los rubros deben gozar de privilegio general o especial y
surgir del informe sindical mencionado en el inc. 11 del art. 14.
De todas formas, se advierte una "superfetación" legal, pues se enumera una serie de normas
modificatorias de la Ley de Contrato de Trabajo que, a su vez, fue reelaborada como texto ordenado por la
ley 25877, lo cual implica que la enumeración es reiterativa.

III. Actos sujetos a autorización


1. Enumeración
Para la realización de ciertos actos el concursado requiere autorización judicial previa (art. 16, 3ª
parte, LCQ). Estos actos son:
i) disposición o locación de fondo de comercio;
ii) emisión de debentures con garantía especial o flotante;
iii) emisión de obligaciones negociables con garantía especial o flotante;
iv) constitución de prenda;
v) los que excedan la administración ordinaria de su giro comercial.
Esta enumeración es ejemplificativa y el calificativo esencial en este detalle radica en aquellos "actos
que excedan la administración ordinaria de su giro comercial". En relación con los actos de administración,
cabe remitir al comentario del art. 15, LCQ, aclarando que estos actos tienden a la conservación o
producción del patrimonio según el tipo de activo, aun cuando el acto pueda importar la enajenación del
bien.
2. Administración ordinaria
El art. 16, LCQ califica la administración de "ordinaria". En este sentido se ha dicho que la
distinción entre ordinaria y extraordinaria se suele relacionar con la enumeración del art. 1881, CCiv., para
los que se requiere poder especial; que serían actos que excederían la administración ordinaria los pagos que
no fueran los ordinarios de la administración, pagar una deuda como tercero, hacer novación de obligaciones,
reconocer obligaciones, hacer quitas y que en la práctica concursal exceden la administración ordinaria el
cierre de sucursales, la celebración de contratos que modifiquen los regímenes de producción o
comercialización (licencias, transferencia de tecnología, distribución, locación de obra o servicios, etc.).
3. Supuestos jurisprudenciales
Heredia, en un excelente resumen jurisprudencial, ha señalado que constituyen actos que requieren
autorización:
i) constitución de un gravamen hipotecario;
ii) constitución de prenda sobre bienes del deudor;
iii) constitución de warrant;
iv) transferencia de paquete accionario;
v) constitución de fideicomiso;
vi) transferencia de fondo de comercio;
vii) venta de bienes de uso;

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
viii) venta de la totalidad del ganado lanar al tiempo de arrendar el campo del deudor al mismo
comprador;
ix) locación de inmuebles o bienes registrables del deudor;
x) locación de la totalidad del establecimiento del deudor;
xi) cesión de un crédito verificado en otro concurso preventivo;
xii) omisión de ejercicio del derecho de preferencia a la suscripción de acciones en caso de aumento
de capital por parte del accionista que peticionó el concurso preventivo.
4. Esquema práctico
El esquema procesal es simple: el concursado debe requerir la autorización para realizar los actos
detallados en la norma (art. 16, párr. 5º, LCQ). En esta petición deberá detallar todas las condiciones bajo las
cuales se realizará el acto. Así, si el acto consiste en la venta de un inmueble o en la constitución de una
hipoteca o prenda, deberá detallar todos los aspectos vinculados a dicha operación. Incluso en la práctica se
suele acompañar un proyecto del acto a realizar. No están legitimados los terceros para solicitar la
autorización, ya que la inteligencia de la norma no parece permitirlo. De todos modos, el tema es opinable y
deberá estarse al interés jurídico que se invoque.
Esta autorización se presenta en el expediente principal y el tribunal debe ordenar una vista a la
sindicatura y al comité de acreedores. Atento a que la ley no fija un plazo, el mismo es de cinco días (art.
273, inc. 1, LCQ) hábiles judiciales (art. 273, inc. 2, LCQ).
Dicha vista deberá ser en forma sucesiva, y a pesar de que el comité de acreedores está mencionado
en segundo término, el orden de la misma suele ser el inverso. Ello por motivos prácticos, ya que el síndico
podrá emitir su dictamen valorando todas las circunstancias. Si el comité de acreedores no se ha conformado
(supuesto más común), sólo es menester el traslado al órgano sindical.
Finalizado dicho trámite, el juez debe dictar resolución (art. 16, párr. 6º, LCQ). Como la ley tampoco
establece el plazo para el dictado de esta autorización (o rechazo), el mismo deberá ser de cinco días (art.
273, inc. 1, LCQ) hábiles judiciales (art. 273, inc. 2, LCQ). No obstante ello, también se ha dado otra lectura
a este vacío, debiendo aplicarse las normas procesales locales (art. 278, LCQ) que determinan los plazos para
dictar resolución según se trate de un auto, sentencia, en un proceso principal o en incidentes.
La resolución tendrá carácter procesal de "auto" y conferirá o no la autorización. En ambos casos
deberá estar fundada. Para tomar esta decisión deberá ponderar la continuación de las actividades del
concursado y la protección de los intereses de los acreedores. No obstante ello, también podrá valorar otras
circunstancias tales como: debida protección del crédito, integridad del patrimonio del deudor y de su
empresa, el estado del concurso y el interés general (art. 159, LCQ). La duda se genera cuando dichas pautas
arrojan resultados contradictorios, pues muchas veces la continuación de las actividades del concursado
puede contrariar los intereses de los acreedores. Por ello, el juez deberá valorar la situación integral y
resolver la cuestión priorizando los valores según el caso concreto.
Si bien la resolución no sería apelable (art. 273, inc. 3, LCQ), la jurisprudencia ha flexibilizado la
regla, otorgando el recurso de apelación frente a la denegatoria de la autorización. De todas formas, la no
autorización del acto no causa estado, pudiendo solicitar la autorización nuevamente el concursado.
Los actos que no han cumplido con dicha autorización son ineficaces (art. 17, párr. 1º, LCQ).

Art. 17. Actos ineficaces.


Los actos cumplidos en violación a lo dispuesto en el artículo 16 son ineficaces de pleno derecho
respecto de los acreedores.
Separación de la administración. Además, cuando el deudor contravenga lo establecido en los
artículos 16 y 25 o cuando oculte bienes, omita las informaciones que el juez o el síndico le requieran,
incurra en falsedad en las que produzca o realice algún acto en perjuicio evidente para los acreedores, el
juez puede separarlo de la administración por auto fundado y designar reemplazante. Esta resolución es
apelable al solo efecto devolutivo, por el deudor. Si se deniega la medida puede apelar el síndico.
El administrador debe obrar según lo dispuesto en los artículos 15 y 16.
Limitación. De acuerdo con las circunstancias del caso, el juez puede limitar la medida a la
designación de un coadministrador, un veedor o un interventor controlador, con las facultades que
disponga. La providencia es apelable en las condiciones indicadas en el segundo párrafo.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
En todos los casos, el deudor conserva en forma exclusiva la legitimación para obrar, en los actos
del juicio que, según esta ley, correspondan al concursado.

I. Realización de actos prohibidos


1. Generalidades
La violación del régimen establecido en el art. 16, LCQ acarrea la ineficacia de los actos. Existen
autores que admiten diferencias entre nulidad e ineficacia, ya que afirman que no existe una relación de
género a especie, pues mientras la ineficacia sobreviene como un accidente que se produce durante el ciclo
del negocio, es decir, durante su vigencia temporal, sólo le resta efectos frente a determinados terceros; en
cambio, la sanción de nulidad toma como presupuesto la existencia de vicios genéticos del negocio, por lo
que ambas son categorías diferentes.
La inoponibilidad (o según otros ineficacia) es un concepto que se desmembra de la invalidez,
mientras esta última implica la afectación de los presupuestos estructurales o formales propios del negocio
jurídico y le quitan eficacia desde su nacimiento, aquélla está enderezada a reconocer la existencia de
vicisitudes externas al negocio jurídico que se producen con posterioridad a su constitución. La
inoponibilidad presupone un acto válido y está enderezada a la protección de los terceros, por lo que la
privación de los efectos es sólo relativa. En forma gráfica se afirma que "la inoponibilidad es la ineficacia a
la mirada de terceros, mientras la nulidad es ineficacia a la mirada de las partes".
2. Ineficacia de pleno derecho
Aunque la LCQ habla de ineficacia de pleno derecho, se requiere declaración judicial (arg. art. 118,
LCQ), aun cuando los efectos se retrotraigan al día de realización del acto. No será menester que exista
petición expresa, ya que el juez, de manera oficiosa (art. 274, LCQ), podrá disponer la ineficacia.
Sin perjuicio de ello, nada empece a que la ineficacia del acto sea denunciada y fundamentada (e
incluso probada) por el síndico, acreedores u otros interesados. En estos casos no será necesario acudir a la
acción revocatoria concursal (propia del régimen falencial), ni a la del derecho civil (art. 961, CCiv.)
-admitida en el marco del concurso preventivo-. Tampoco se requiere perjuicio (como sí se exige en el art.
119, LCQ).
3. Apelabilidad
Si bien no se establecen pautas respecto de la apelabilidad y estando en juego los intereses de un
tercero (que puede ser el contratante con el concursado), cabe concluir que la resolución es apelable o
recurrible por vía incidental (arg. art. 118, LCQ). Estas dos vías alternativas permitirán una mayor valoración
y prueba de todas las cuestiones vinculadas con la ineficacia declarada. Es cierto que la LCQ no remite a
dicha norma, pero cabe entender que por la similitud de contenido y las consecuencias gravosas para terceros
debe arbitrarse una vía más amplia de discusión de la legitimidad de la declaración de ineficacia.

II. Separación del concursado de la administración


Pero la ineficacia no es la única sanción, sino que el juez puede, además, separar al concursado de la
administración de su patrimonio (art. 17, párr. 2º, LCQ). Básicamente consiste en intervención judicial de la
administración (de carácter excepcional) adoptada por el juez por las causales graves descriptas en la ley
tendiente a sustituir, limitar o controlar a la administración del concursado.
1. Causales
Las causales están taxativamente enumeradas:
i) realización de actos prohibidos o sujetos a autorización judicial (estos últimos sin la
correspondiente autorización) (art. 16, LCQ);
ii) viajar al exterior sin previa comunicación al juez del concurso (art. 25, LCQ);
iii) ocultación de activos;
iv) omitir informaciones que el tribunal o síndico le requieren;
v) incurrir en falsedad en la que produzca perjuicio evidente para los acreedores.
Estas causales, además de ser taxativas y no ampliables por analogía, deberán ser valoradas
estrictamente pues constituyen una medida que puede ser gravosa. La irregularidad debe ser grave, no
estando admitido incumplimientos de escasa relevancia.
Esta decisión importa un cierto desapoderamiento en el cual se separa o interviene la administración
del concursado. En principio, quien debe denunciar tales infracciones será el síndico, aunque nada empece a

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
que un acreedor o tercero interesado denuncien tales irregularidades. De todas formas, quien tomará la
decisión será el juez. Incluso puede tratarse de una decisión oficiosa (art. 274, LCQ).
2. Trámite
Existen autores que establecen que debe aplicarse el trámite previsto en los arts. 280 y ss., LCQ. En
este caso durante la tramitación de dicho incidente el juez podrá arbitrar una separación provisional hasta
tanto se resuelva la cuestión. Deberá ponderarse cada caso en concreto: si el planteo es incoado por el síndico
o algún acreedor, será menester la sustanciación incidental; ahora bien, si la decisión es dictada por el
tribunal de oficio, no será necesario un trámite incidental (art. 280, LCQ). Sobre todo porque la LCQ habla
de "auto fundado" y no hace mención a un traslado al concursado (el que sería conveniente que se confiera
para no soslayar el derecho de defensa -art. 18, CN-).
3. Extensión de la medida
La medida puede consistir en: separación (sustitución), coadministrador, veedor o interventor
controlador. La gravedad de los hechos y las circunstancias fácticas determinarán qué tipo de medida. En
este sentido, las alternativas son similares a la LSC, razón por la cual puede existir una cierta integración
normativa.
En orden a la mayor gravedad, la medida oscilará desde veedor a separación. En dicho auto de
intervención deberán establecerse los límites de actuación de la intervención y sus facultades. Como premisa
fundamental debe establecerse que el administrador debe actuar conforme a las pautas de los arts. 15 y 16,
LCQ.
4. Interventor
La práctica concursal ha mostrado algunos inconvenientes en la designación del "interventor". Sobre
todo cuando se trata de una separación, ya si es difícil administrar la propia empresa en concurso preventivo,
más difícil será para un tercero extraño a dicha empresa. Muchas veces estas dificultades han llevado la
figura al fracaso operativo. Mientras el interventor (administrador, coadministrador o veedor) acepta el cargo
dichas funciones podrán ser ejercidas por el síndico de manera provisional.
El interventor tendrá derecho a regulación de honorarios. Ellos deberán estar incluidos en la
regulación general. Para determinar la cuantificación deberán tenerse en cuenta las pautas procesales locales
(art. 278, LCQ).
La resolución que admite la separación o deniega la medida es apelable al solo efecto devolutivo. La
legitimación varía según el éxito de la pretensión: la que admite la separación puede ser apelada por el
deudor; la que deniega lo será por el síndico o por el proponente.
Por último, cabe señalar que la intervención de la administración no afecta la legitimación procesal
del concursado.

Art. 18. Socio con responsabilidad ilimitada. Efectos.


Las disposiciones de los artículos 16 y 17 se aplican respecto del patrimonio de los socios con
responsabilidad ilimitada de las sociedades concursadas.

I. Socio con responsabilidad ilimitada


Todo el régimen antes explicado se aplica igualmente a los socios ilimitadamente responsables.
Respecto del alcance de los socios ilimitadamente responsables cabe remitirse al comentario del art. 12,
LCQ. Simplemente basta señalar que deben detentar dicha condición al momento de la presentación en
concurso preventivo. Ello no excluye por supuesto a los socios que se hayan incorporado a la sociedad con
posterioridad a dicha presentación.
El fundamento es claro: estos socios pueden eventualmente responder por el pasivo social. Y por ello
se procura evitar la merma en el patrimonio de estos socios. Ello en vistas a futuras contingencias
concursales (extensión de quiebra -art. 160, LCQ-; responsabilidad concursal -art. 175, LCQ-, etc.).
Debe aclararse que el hecho que algunos efectos se apliquen a los socios ilimitadamente responsable
no importa extender la situación concursal a ellos. La única concursada es la sociedad y no sus socios (salvo
supuestos particulares como el art. 68, LCQ). Esta disposición debe interpretarse también en consonancia
con el art. 56, párr. 4º, LCQ.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
A estos socios también se le aplican otras normas especiales, tales como el art. 23, LCQ (ejecución
por remate no judicial) y el art. 25, LCQ (viaje al exterior). Remitimos al comentario.

Art. 19. Intereses.


La presentación del concurso produce la suspensión de los intereses que devengue todo crédito de
causa o título anterior a ella, que no esté garantizado con prenda o hipoteca. Los intereses de los créditos
así garantizados, posteriores a la presentación, sólo pueden ser reclamados sobre las cantidades
provenientes de los bienes afectados a la hipoteca o a la prenda.
Deudas no dinerarias. Las deudas no dinerarias son convertidas, a todos los fines del concurso, a
su valor en moneda de curso legal, al día de la presentación o al del vencimiento, si fuere anterior, a
opción del acreedor. Las deudas en moneda extranjera se calculan en moneda de curso legal, a la fecha
de la presentación del informe del síndico previsto en el artículo 35, al solo efecto del cómputo del pasivo
y de las mayorías.

I. Principio general
Si bien esta norma -que es una copia textual del ordenamiento falimentario italiano- integra el elenco
de los efectos de la apertura del concurso preventivo, lo cierto es que la suspensión de intereses de las
obligaciones se produce desde la presentación en concurso preventivo. Básicamente el efecto fundamental es
la cristalización del pasivo, en la que se incluyen no sólo las obligaciones anteriores a la presentación sino
también sus intereses. Una norma parecida (aunque con diferencias) se encuentra en la quiebra (art. 129,
LCQ).
Esta suspensión abarca a todos los créditos, independientemente de su naturaleza: civiles,
comerciales, fiscales, financieros, etc., y todo tipo de interés (legales o convencionales, compensatorios,
moratorios, punitorios, etc.). No importa si son privilegiados o quirografarios. La suspensión incluye todo
crédito y todo interés (pues la ley no distingue), siempre que el concursado sea deudor. Pues si es acreedor, la
presentación no produce la suspensión de los intereses que deba percibir por las obligaciones que le son
adeudadas.

II. Créditos garantizados con prenda e hipoteca


A pesar de ello, la misma ley señala que están exceptuados de esta regla las obligaciones
garantizadas con prenda o hipoteca (art. 16, párr. 1º, LCQ). En este caso los intereses continúan su curso
siempre que el asiento de dicho privilegio especial (art. 241, inc. 4, LCQ) sea suficiente. En caso de que
existiese acuerdo para acreedores con privilegio especial de prendarios o hipotecarios (la que requiere
unanimidad -art. 47, LCQ-), el cómputo del crédito se hará teniendo en cuenta los intereses devengados con
posterioridad a la presentación concursal siempre que el bien de garantía sea suficiente en base a una
valoración ad hoc que podrá hacerse al efecto.

III. Otros créditos privilegiados


Quedan dudas respecto de la situación de los intereses de otros acreedores con privilegio especial
(gastos de construcción, impuestos y tasas sobre bienes, warrant, debentures, obligaciones negociables,
deuda derivada del derecho de retención y otros créditos enumerados en el art. 241, LCQ), pero tratándose de
una excepción al régimen general su interpretación debe ser restrictiva. Máxime cuando se trata de otorgar
una preferencia que otros créditos no gozan.
De todas formas, la situación puede ser diferente si no existe propuesta para acreedores privilegiados
(remitimos al comentario del art. 57, LCQ).

IV. Créditos laborales


Recientemente se ha dictado el plenario "Excursionistas" en el que textualmente la mayoría sostuvo
que subsiste respecto de los casos regidos por la ley 24522 la vigencia de la doctrina plenaria fijada por esta
Cámara in re "Seidman y Bonder S.C.A ", en virtud de la cual la suspensión de los intereses desde la
presentación en concurso preventivo no rige respecto de las acreencias de origen laboral.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
El plenario tuvo por finalidad determinar la vigencia de un plenario previo resuelto con anterioridad
a la actual LCQ. Así, en el plenario "Seidman y Bonder S.C.A s/ Concurso preventivo - Incidente de
verificación de créditos por Piserchia, Raúl O.", se estableció que "la suspensión de los intereses impuesta
por el art. 20 de la ley 19.551 (hoy art. 19, LCQ), no comprende las acreencias de naturaleza laboral y no
libera al deudor del pago del interés devengado en el período posterior a la presentación en concurso
preventivo", sustentándose también en un plenario anterior del año 1981 que tenía una hipótesis diferente
pues se refería a "actualización" y no a "intereses" ("Pérez Lozano, Roberto v. Compañía Argentina de
Televisión S.A s/ Concurso preventivo - Incidente de verificación de crédito").
Los intereses de un crédito laboral en un concurso preventivo corren desde la mora hasta el efectivo
pago y serán abonados como "privilegiados" los intereses que corran desde la mora en el pago del crédito y
hasta dos años (art. 242, inc. 1, LCQ). Los que excedieran ese tiempo hasta el efectivo pago serán
"quirografarios". Se recuerda, de todas formas, que los intereses laborales tienen como límite hasta el cual
pueden computarse, al igual que otros créditos, la fecha de presentación en concurso preventivo. La porción
de los créditos que excede el plazo por el cual son privilegiados (dos años contados a partir de la mora)
deberán ser liquidados para ese período (la porción quirografaria) a la "tasa que resulte de la propuesta más
votada por los acreedores", ello con fundamento en lo dispuesto por el art. 56, LCQ, habida cuenta de la
graduación de este tramo del crédito (quirografario, art. 248, LCQ).

V. Suspensión de intereses
La norma impone la "suspensión" de los intereses pero no su "extinción". Por ello, esta suspensión
dura hasta que en el acuerdo se decida la cuestión vinculada con los intereses. En el acuerdo se decidirán
todas las cuestiones vinculadas con el pago de los mismos. Cabe aclarar que si el concursado cumple con su
acuerdo, cumple con el capital y los intereses de la obligación (novación -art. 55, LCQ-).
Puede suceder que en una obligación exigible con vencimiento periódico (cuya última cuota sea
posterior a la presentación) se hayan pagado primero la totalidad de los intereses y luego se haya comenzado
a pagar el capital. Presentado a verificar dicho acreedor, al crédito se le deberán descontar los intereses
calculados a la fecha de presentación. Esta disposición luce coherente con el art. 128, 2ª parte, LCQ. Por ello,
y en ausencia de precepto expreso, parece lógico aplicar por analogía (arts. 16, CCiv. y 159, LCQ) esta
solución.
La suspensión sólo tiene efectos respecto del concursado y no respecto de los fiadores o garantes del
pago de la obligación. Sobre todo teniendo en cuenta que la novación del acuerdo no afecta las obligaciones
del fiador ni de los codeudores solidarios (art. 55, in fine, LCQ). Tampoco gozan de tal suspensión los socios
ilimitados, ya que el art. 18, LCQ sólo alude al régimen de los arts. 16 y 17, LCQ, y no a todos los efectos
del concurso preventivo.
Esta suspensión se produce independientemente de la insinuación en el pasivo por parte de los
acreedores. Sin perjuicio de ello, un acreedor sólo será acreedor del concurso si ha verificado previamente su
crédito. De todas formas, la suspensión de los intereses de las obligaciones deberá asentarse en el balance
respectivo.

VI. Deudas no dinerarias


En relación con las deudas no dinerarias (esto es, cualquier obligación que no consiste en el pago de
una suma de dinero), las mismas son convertidas a los fines concursales a su valor pecuniario al día de la
presentación o del vencimiento (si fue anterior) a opción del acreedor. Este precepto tiene sentido en orden a
la negociación posterior del concursado con sus acreedores y a los fines de determinar la mayoría de
acreedores (arts. 45 y 45 bis, LCQ). Recuérdese que se requiere la conformidad de las dos terceras partes del
pasivo quirografario (art. 45, LCQ) para lograr la existencia de acuerdo (art. 49, LCQ) y su posterior
homologación (art. 52, LCQ).
Nada empece a que el concursado ofrezca en la propuesta de acuerdo el exacto cumplimiento de la
prestación no dineraria a la que se ha obligado, ya que tiene libertad en ese sentido (art. 43, LCQ), o que
ofrezca el pago de una suma de dinero equivalente o con quita. De todas formas, debe recordarse que la
homologación del acuerdo (art. 52, LCQ) importa la novación de la obligación de origen anterior (art. 55,
LCQ), salvo nulidad (art. 62, inc. 2, LCQ).
La conversión debe hacerse a su valor en moneda del curso legal. Pero, ¿qué valor? La LCQ no lo
establece. Debe recordarse que existen diversas formas de valuación de activos. Por ello, habrá que estarse a

99
Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
las distintas alternativas, primando la verdadera voluntad de las partes en la interpretación del precepto (arts.
217 y 218, CCom.).
Esta valuación puede hacerse al día de la presentación del concurso preventivo o del vencimiento si
fuere anterior. El acreedor es quien debe ejercer esta opción. La LCQ no señala la "oportunidad" para el
ejercicio de esta opción. En principio, todo parece indicar que el acreedor, al peticionar su verificación de
créditos, puede ejercer esta facultad.
Si el acreedor no ejerció dicha prerrogativa, caben tres posibilidades:
i) emplazamiento al acreedor para que ejerza dicha opción;
ii) que el síndico elija la menos gravosa para el concurso;
iii) que se fije el valor a la fecha de presentación (pues este momento produce una línea divisoria en
el proceso concursal).
Ahora bien, si el acreedor ejercitó dicha opción (v.gr.: día del vencimiento) y ese día el valor de la
obligación no dineraria varió considerablemente de un momento a otro (como puede ser en el caso de
acciones de una sociedad u otros títulos). En esta hipótesis cabría entender que la conversión se realiza al
valor más beneficioso para el acreedor.

VII. Deudas en moneda extranjera


Las deudas en moneda extranjera deben calcularse a la moneda de quiebra (que es la de curso legal)
a la fecha del informe individual del síndico y es al solo efecto del cálculo del pasivo y sus mayorías. Ello no
cambia la naturaleza de la obligación, la que sigue siendo en moneda extranjera. Por supuesto que, en caso
de acuerdo con los acreedores, rige lo señalado párrafos anteriores en torno al contenido del acuerdo (art. 43,
LCQ) y la novación de las obligaciones (art. 55, LCQ).
La reducción "no es a todos los fines del concurso" (art. 19, 2ª parte, LCQ), sino al "efecto del
cómputo del pasivo y de las mayorías". No tiene otro alcance que establecer una base de apreciación común
que facilite los cómputos correspondientes.
Por último, tres observaciones: el cálculo se efectúa a la fecha de presentación del informe individual
y no de su confección. Por esta razón el síndico deberá realizar el cálculo del valor de la moneda extranjera
minutos antes de su presentación. Debido a que la presentación debe realizarse en horario administrativo
judicial (generalmente en horario matutino), si la moneda extranjera varió su cotización, deberá presentar
una rectificación haciendo la salvedad de la modificación del valor final en pizarra de esa moneda.
Atento a que el acreedor no conocerá el valor monetario (que deberá calcularse la fecha del informe
del art. 35, LCQ -esto es veinte días después del período de observaciones previsto en el art. 34, LCQ-),
deberá solicitar a la sindicatura que oportunamente efectúe el calculo correspondiente. Aun cuando no lo
hubiese peticionado, el síndico deberá realizar la valoración pertinente.
Si la obligación fue pactada en dólares y es anterior al 6 de enero de 2002, la legislación de
emergencia (ley 25561 y dec. 214/2002) impuso la pesificación de las obligaciones pactadas en dólares
estadounidenses. Razón por la cual, prima facie, la obligación debe calcularse en pesos. Ello sin perjuicio de
los intensos debates doctrinarios y jurisprudenciales girados en torno de las obligaciones en mora y la
constitucionalidad del precepto. Ahora bien, si la obligación es posterior a la referida fecha, la deuda en
dólares es válida y la conversión sólo se produce a los fines del voto, ya que el art. 619, CCiv. (versión ley
23928) no sólo no fue derogado sino que fue confirmado expresamente (arts. 5, ley 25.561 y 5, dec.
214/2002).

VIII. Vencimiento
Finalmente, una acotación respecto del vencimiento de los créditos. La mayoría de la doctrina
entiende aplicable el art. 753, CCiv., que señala: "Puede el acreedor exigir el pago antes del plazo, cuando el
deudor se hiciese insolvente, formando concurso de acreedores". De manera concordante, el art. 572, CCiv.:
"El deudor constituido en insolvencia y los que lo representen no pueden reclamar el plazo para el
cumplimiento de la obligación". Por ello, y a pesar de la ausencia de una norma similar al art. 128, LCQ,
cabe entender que la sentencia de declaración de concurso provoca el vencimiento de todas las obligaciones
a plazo de causa o título anterior a la presentación. No obstante ello, remitimos a nuestro comentario en el
art. 20, LCQ.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
No cabe olvidar la opinión en contrario de dos juristas de talla como Rivera y Granados, quienes
entienden que las normas civiles se aplican únicamente a la falencia y no al concurso preventivo, que no
produce la caducidad de los plazos.
Los autores citados puntualizan que de la correcta télesis del Código Civil se sigue que el deudor
constituido en insolvencia es sólo el fallido y no el concursado preventivamente, que continúa con la
administración de su patrimonio y, por ende, mantiene la obligación de pagar las deudas que vencen después
de la apertura.
Esta opinión, amén de no corresponderse con el texto de la normativa civil, ni con el principio
establecido en el art. 128 de la LC, tiene el inconveniente de acrecer el pasivo posconcursal
innecesariamente, dificultando la composición activa y pasiva del juicio concursal, todo lo cual debilita el
principio de concurrencia.
De todas formas, en atención a la naturaleza de esta obra creemos que asisten importantes
argumentos en los dos sentidos y que el tema debe ser retomado en una eventual modificación del régimen
legal.

Art. 20. Contratos con prestación recíproca pendiente.


El deudor puede continuar con el cumplimiento de los contratos en curso de ejecución, cuando
hubiere prestaciones recíprocas pendientes. Para ello debe requerir autorización del juez, quien resuelve
previa vista al síndico. La continuación del contrato autoriza al cocontratante a exigir el cumplimiento de
las prestaciones adeudadas a la fecha de presentación en concurso bajo apercibimiento de resolución.
Las prestaciones que el tercero cumpla después de la presentación en concurso preventivo, y
previo cumplimiento de lo dispuesto en este precepto, gozan del privilegio previsto por el artículo 240. La
tradición simbólica anterior a la presentación, no importa cumplimiento de la prestación a los fines de
este artículo.
Sin perjuicio de la aplicación del artículo 753 del Código Civil, el tercero puede resolver el
contrato cuando no se le hubiere comunicado la decisión de continuarlo, luego de los treinta (30) días de
abierto el concurso. Debe notificar al deudor y al síndico.
Contratos de trabajo. La apertura del concurso preventivo deja sin efecto los convenios colectivos
vigentes por el plazo de tres (3) años, o el de cumplimiento del acuerdo preventivo, el que fuere menor.
Durante dicho plazo las relaciones laborales se rigen por los contratos individuales y la Ley de
Contrato de Trabajo.
La concursada y la asociación sindical legitimada negociarán un convenio colectivo de crisis por
el plazo del concurso preventivo, y hasta un plazo máximo de tres (3) años.
La finalización del concurso preventivo por cualquier causa, así como su desistimiento firme
impondrán la finalización del convenio colectivo de crisis que pudiere haberse acordado, recuperando su
vigencia los convenios colectivos que correspondieren.
Servicios públicos. No pueden suspenderse los servicios públicos que se presten al deudor por
deudas con origen en fecha anterior a la de la apertura del concurso. Los servicios prestados con
posterioridad a la apertura del concurso deben abonarse a sus respectivos vencimientos y pueden
suspenderse en caso de incumplimiento mediante el procedimiento previsto en las normas que rigen sus
respectivas prestaciones.
En caso de liquidación en la quiebra, los créditos que se generen por las prestaciones
mencionadas en el párrafo anterior gozan de la preferencia establecida por el artículo 240.

I. Contratos en curso de ejecución


1. Consideraciones generales
La presentación en concurso preventivo y su posterior apertura por el órgano jurisdiccional no afecta
la eficacia de las obligaciones contractuales (no causa la resolución de los contratos), pues el concursado
mantiene la administración de sus bienes y nada impide que cumpla las obligaciones a las que se hubiera
obligado.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Tampoco se produce una suspensión o corte en las relaciones contractuales a la manera de las
obligaciones vencidas, ni produce la resolución de los contratos que estuviesen pendientes, ya que en este
caso resultará de aplicación el art. 20 y nace la facultad del deudor de pedir la continuación.
Es más, el concurso preventivo tiene como finalidad que la empresa concursada siga desarrollando
su actividad y pueda superar la crisis a través de la absolución del estado de cesación de pagos mediante el
respectivo acuerdo con los acreedores.
Es justamente esta continuación de la actividad empresaria la que justifica también la necesidad de
proseguir con el cumplimiento de los contratos propios de la actividad y de aquellos que viabilizan la gestión
empresaria.
Ahora bien, tres son las cuestiones básicas que pueden plantearse con relación a los contratos
celebrados por el deudor con terceros:
i) Si se trata de un contrato respecto del cual el cocontratante in bonis haya cumplido con la totalidad
de las prestaciones a su cargo restando al deudor cumplimentar la suya, el tercero debe verificar el crédito
emergente de las obligaciones a cargo del concursado.
Dicho de otro modo, el contratante in bonis no puede pretender el cumplimiento de la prestación que
le es debida, pues estaría exigiendo al concursado un acto expresamente prohibido por el art. 16 de la ley
24.522, en cuanto impide alterar la situación de los acreedores anteriores a la presentación concursal.
ii) Si la situación fuese a la inversa, o sea, si el concursado hubiera cumplido con las obligaciones a
su cargo, el contratante in bonis debe honrar por su parte las prestaciones a su cargo por imperio de los
principios de los arts. 1197 y siguientes del CCiv.
En esta línea, cabe afirmar que el principio general que se sigue de la correcta integración de los arts.
15, 16 y 20 de la ley concursal es que el concurso preventivo no produce la suspensión de las relaciones
contractuales, sino que, por el contrario, éstas continúan vigentes y en tanto el concursado cumpla con sus
obligaciones no hay posibilidad alguna de que el tercero invoque el art. 753 del CCiv.
La facultad del art. 753 del CCiv. es una norma aplicable en la quiebra y en el concurso preventivo
sólo en la forma y en el modo establecido en el art. 20, con algunas particularidades en los contratos
excluidos del régimen.
La afirmación precedente se sigue del principio general establecido en el art. 15 y ratificado en el art.
16 cuando habilita al concursado a mantener todas las relaciones negociales que hagan al giro ordinario de la
explotación empresaria.
El principio general en materia de concurso preventivo es la continuación de todos los contratos en
curso de ejecución.
De este modo, se mantienen vigentes los contratos de cuenta corriente bancaria, agencia,
distribución, concesión, franquicia, fideicomiso, en tanto y en cuanto implican una relación de tracto
sucesivo que hace a la continuación de la actividad empresaria.
iii) El mantenimiento de la administración por parte del deudor concursado permite afirmar que en
este tipo de contratos no resulta aplicable el art. 20, ni mucho menos por analogía la normativa referida a la
quiebra, arts. 143, 147 y concordantes de la ley 24.522.
Este principio general al que hemos aludido torna necesario analizar acabadamente el alcance del art.
20 y, por ende, la situación que interesa al concurso es aquella donde al tiempo de la presentación del deudor
existen contratos con prestaciones recíprocas pendientes.
2. Las prestaciones recíprocas pendientes
La locución prestaciones recíprocas pendientes produjo en la doctrina un largo e inacabado debate
sobre su inteligencia.
Mosset Iturraspe equipara "bilateralidad" y "prestaciones recíprocas" asumiendo la llamada teoría
tradicional, explayándose en el sentido de que las teorías más innovadoras llegan a equiparar el contrato con
prestaciones recíprocas con el oneroso, de modo que quedarían incluidos como contratos con prestaciones
recíprocas hasta los unilaterales onerosos.
López de Zavalía, al explicar el pacto comisorio contenido en el art. 1204 del Código Civil, como
característica de los contratos con prestaciones recíprocas pendientes, señala que la frase es una combinación
de la terminología del art. 1139 del Código Civil en lo referido a las prestaciones con la del art. 1138 en lo de
recíprocas, por lo que recoge ambas ideas. De este modo, al hablarse de prestaciones queda dicho que no es
necesario que se trate de prestaciones a cumplirse por ambos lados, pero al añadirse que deben ser recíprocas
se está exigiendo que medie entre ellas el vínculo de interacción propio de la reciprocidad obligatoria.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
En una palabra, para López de Zavalía los contratos con prestaciones recíprocas son una especie
dentro de los contratos sinalagmáticos perfectos.
A su vez, Fontanarrosa explica que la concepción histórico-dogmática del sinalagma o bilateralidad
se refiere a las obligaciones simultáneas y contrapuestas y no a las cargas económicas que surgen del
contrato.
Ahora bien, la expresión prestaciones recíprocas pendientes importa una sustitución de conceptos, ya
no se trata de referirse a las promesas y obligaciones que se originan mediante el contrato, sino precisamente
a las cargas económicas que surgen de él. Así, por contrato con prestaciones recíprocas ha de entenderse el
caracterizado por la circunstancia de que los beneficios o ventajas que las partes tienden a conseguir
mediante el negocio celebrado son recíprocos.
La expresión prestaciones recíprocas implica que entre ellas existe una interdependencia funcional,
de manera tal que una es presupuesto indeclinable de la del otro contratante.
García Cuerva señalaba, en vigencia de la ley 19551, que la norma alude a los contratos en curso de
ejecución que se oponen a los contratos de ejecución inmediata.
Los contratos en curso de ejecución pueden clasificarse en: i) contratos de ejecución diferida. En
dichos contratos el objeto de la obligación se encuentra diferido en el tiempo, sean las prestaciones de una
sola de las partes o las prestaciones de ambos; y ii) contratos de ejecución continuada o fluyentes (se los ha
dado en llamar de ejecución periódica o repetida, o más simplemente, de duración y, más elegantemente, de
tracto sucesivo), en donde "el cumplimiento de las prestaciones no se agota en un momento determinado,
sino que se van cumplimentando a través del tiempo, de manera tal que si bien se trata de similares
prestaciones las mismas se van cumplimentando de manera individual y distinta a través de distintos
momentos temporales, reiterándose periódicamente, y se oponen a los contratos de ejecución inmediata".
Rubín trata con particular acierto tanto los problemas del pasado como los del presente en punto a
calificar a un negocio jurídico como contrato con prestación recíproca pendiente. Así, señala que conformaba
un inconveniente del viejo sistema legal -no modificado por el nuevo- la "promiscuidad lingüística" que
imposibilitaba e imposibilita precisar a qué categorías refiere la ley cuando utiliza modalidades distintas
como "prestación recíproca pendiente", "contratos en curso de ejecución", o "que al tiempo de la sentencia
de quiebra se encuentran cumplidas íntegramente las prestaciones de las partes".
En este sentido la jurisprudencia entiende que el art. 20 sólo resulta de aplicación a los contratos de
ejecución diferida, mas no a los de ejecución continuada o fluyente, pues en estos últimos las prestaciones se
reiteran y, en consecuencia, no se encuentran pendientes ni diferidas en el tiempo.
Por nuestra parte, cabe señalar que le asiste razón a García Cuerva cuando afirma la distinción entre
los contratos que denomina "de ejecución diferida" con relación a los de "ejecución continuada o fluyente".
Con arreglo a los arts. 15, 16 y 20, LCQ, para que los contratos celebrados por el deudor antes de la
apertura del concurso preventivo puedan continuar deben concurrir dos extremos: i) que se trate de contratos
en curso de ejecución; y ii) que existan prestaciones recíprocas fluyentes o de tracto sucesivo.
Por el contrario, aun cuando se trate de contratos en curso de ejecución, si existen prestaciones
recíprocas pendientes, nace la facultad del deudor de peticionar la continuación en los términos del art. 20, 1º
párr., LCQ.
Como expresa Lattanzio, el art. 21, LC (hoy art. 20, LCQ) abarca los contratos en los que haya
prestaciones a cargo del concursado y del tercero "que todavía no hayan sido cumplidas, pues no llegó el
tiempo para hacerlo".
En una palabra, el art. 20, LCQ aprehende a los contratos cuando las prestaciones del concursado y
del tercero contratante no se encuentran ejecutadas porque no llegó el momento para ello.

II. Requisitos para la continuación de los contratos


1. Facultad del deudor
La primera nota relevante que contiene el art. 20 es la puntualización de la facultad del deudor de
continuar con el cumplimiento de los contratos en curso de ejecución.
La expresión confirma que el concurso no causa la resolución de los contratos y que, por ende, la ley
confiere al concursado una facultad, exorbitante del derecho común, que se justifica en la situación de
insolvencia cual es la de optar por continuar o no con el contrato según la conveniencia empresaria.
Como enseñara Cámara, el deudor está habilitado para optar por la rescisión o continuación de los
contratos según su trascendencia para el normal desarrollo de la empresa. Debe entenderse que si bien el

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principio es el de la continuación de los contratos, puede ocurrir que excepcionalmente las circunstancias
propias de la crisis empresaria modifiquen la utilidad o conveniencia de su continuación. Por ello, la ley hace
de la continuación del contrato un acto meramente potestativo del deudor; puede continuarlo si le es
conveniente, y omitir hacerlo en caso contrario, situación jurídica que es permitida por el legislador con
miras a la superación del estado de insolvencia, según lo ha declarado la jurisprudencia.
La normativa aludida establece que si el concursado decide continuar el contrato debe solicitar
autorización judicial para ello, con el objeto de que el juez operativice el control sobre la actividad
empresaria del concursado y analice la conveniencia o no de la continuación del contrato.
Resulta indudable que sólo el concursado tiene la facultad de recabar la autorización judicial para
continuar el contrato (que es el único legitimado a tal efecto), tal como lo ha resuelto la jurisprudencia.
El contratante in bonis no puede requerir la autorización, pues ello equivaldría a optar por la
ejecución del contrato, lo que le está impedido al cocontratante.
Tampoco el síndico tiene legitimación, ya que, en su función de control de la administración, sólo le
corresponde emitir opinión sobre la facultad que pretende ejercer el deudor concursado.
En este aspecto, la situación es diferente a la quiebra, en donde el síndico está legitimado para
requerir el cumplimiento o resolución del contrato, de conformidad al texto del art. 144 de la LCQ.
Obviamente el cese de la actividad que implica la quiebra modifica diametralmente la situación, ya
que si hubiera prestaciones recíprocas pendientes, el contratante no fallido tiene derecho a requerir la
resolución del contrato (art. 143, in fine, LCQ).
Solamente en caso de continuación y explotación de la empresa el síndico debe enunciar, al presentar
el informe del art. 190, este tipo de contratos que entiende deben continuar y, en su caso, el juez puede
resolver su continuación, otorgando garantías al tercero, amén de la preferencia establecida en el art. 240 de
la LCQ.
2. Plazo ordenatorio
La petición debe realizarla el deudor antes de los treinta días establecidos en la norma, pero dicho
término es simplemente ordenatorio (su transcurso no implica la resolución del contrato), pues, como lo
señala Heredia, mientras el contratante in bonis no hubiera puesto de manifiesto su decisión de resolver el
contrato, el concursado puede obtener la autorización para continuarlo.
3. El "hiperprivilegio" del tercero: la excepción a la carga de verificar
Otra nota relevante que instituye una verdadera novedad de la ley 24.522 es la contenida en el
segundo parágrafo del primer párrafo del art. 20, en cuanto "la continuación del contrato autoriza al
contratante a exigir el cumplimiento de las prestaciones adeudadas a la fecha de presentación del concurso
bajo apercibimiento de resolución".
Como puede observarse, se otorga a un acreedor del concursado una facultad excepcional, algo así
como un "hiperprivilegio", que le permite evitar el proceso verificatorio, ya que si el deudor quiere continuar
ejecutando el contrato debe pagar las prestaciones cumplidas por el tercero a la fecha de presentación del
concurso.
Se trata de un crédito por causa o título anterior al concurso que está exento de la carga verificatoria.
Este supuesto, nominado por Maffía como "el asombroso favor concedido al cocontratante en la
hipótesis de contratos con prestaciones recíprocas pendientes", rompe con la regla de que los créditos por
título o causa anterior están sometidos a la obligación de insinuarse en el pasivo y constituye una excepción
al principio del art. 16 del estatuto concursal.
También Grispo cuestiona la norma advirtiendo que altera la pars conditio creditorum, permitiendo
que los contratantes in bonis se sustraigan de los efectos generales que el concurso opera sobre los demás
acreedores.
Por ello, Heredia aclara que el juez debe autorizar el cumplimiento de la prestación sin exigir que el
contratante in bonis formule verificaciones y, en su caso, corresponderá que se intime al deudor a cumplir
con las prestaciones adeudadas a la fecha de presentación concursal, bajo apercibimiento de disponer la
resolución del contrato.
Por último, la doctrina dispone que la autorización prevista en el art. 20, párr. 1º, LCQ es inapelable,
de acuerdo al art. 273 inc. 3.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
III. Facultad resolutoria del contratante in bonis
Ante la falta de decisión del deudor concursado de ejercer la opción continuativa, el tercero
contratante in bonis tiene la posibilidad de elegir el cumplimiento o resolver el vínculo contractual.
La facultad resolutoria que se concede al contratante in bonis constituye clara confirmación de que la
presentación en concurso no resuelve los contratos y que si ninguna de las partes se pronuncia acerca de la
ruptura del mismo el contrato sigue vigente, sólo que suspendido, como bien lo puntualiza Tonón.

IV. Continuación del contrato durante el concurso: privilegio del art. 240
Las prestaciones que el tercero cumpla después de la presentación del concurso preventivo y previo a
la aplicación del art. 20 gozan del privilegio previsto en el art. 240, ya que la prestación ha sido realizada en
beneficio del concurso.
De este modo, al tratarse de un gasto del concurso se convierten en créditos prededucibles, pues el
pago de estos créditos debe hacerse cuando resulten exigibles y sin necesidad de verificación (art. 240,
LCQ).
El ingreso del crédito a la categoría aludida de gasto del concurso requiere que el tercero cumpla la
prestación luego de la presentación concursal y habiendo obtenido la autorización para continuar el contrato.
De lo dicho surge que existe una situación intermedia por el crédito originado en el cumplimiento de
una prestación ejecutada luego de la presentación del concurso preventivo, pero antes de haberse obtenido la
autorización, situación que aparece atrapada en el 2º párr. del art. 20, pero que no le otorga el privilegio de
gasto del concurso.

V. Síntesis
En una palabra, los recaudos necesarios para la continuación de los contratos del deudor son los
siguientes:
i) que existan prestaciones recíprocas pendientes;
ii) petición del deudor dentro del plazo de treinta días;
iii) cumplimiento del concursado o deudor de la prestación adeudada al tercero, sin necesidad de que
este último verifique el crédito en el concurso;
iv) las prestaciones cumplidas después de la presentación en concurso preventivo gozan del
privilegio del art. 240, LCQ; y
v) durante el concurso cada una de las partes debe cumplir su prestación, justificando el
incumplimiento del deudor la suspensión del contrato.

VI. Prestaciones de servicios públicos


1. La prohibición de interrumpir el suministro
1.1. Principio general
Los últimos dos párrafos del art. 20 modifican expresamente el primer apartado de este artículo,
estableciendo la obligación de los prestadores de servicios públicos de continuar con el servicio a pesar de
que el concursado se encontrara en mora en el pago.
La norma reconoce claros precedentes jurisprudenciales a través de medidas de no innovar
dispuestas por los jueces concursales que habían permitido que el deudor siguiera disponiendo de aquellos
servicios públicos considerados esenciales para asegurar la continuidad del giro comercial.
Lorente sostiene que "La correcta aplicación de la disposición del anteúltimo párrafo del art. 20,
LCQ exige concluir que la empresa que presta un servicio público no puede suspenderlo ni interrumpirlo (o
cesarlo) por deudas anteriores a la apertura del concurso del usuario, siendo indiferente que el servicio
hubiere cesado con anterioridad a la presentación en concurso preventivo".
Afirma el autor citado que el diferente tratamiento es distinguir entre los sujetos vinculados
contractualmente con el concursado y especialmente aquellos que gozan de una posición de ventaja o
privilegio, atento al carácter monopólico u oligopólico del servicio prestado.
1.2. Situación de mora
Se ha debatido si la norma es operativa aun en caso de mora del deudor anterior a la presentación
concursal, o si la situación debe plantearse en oportunidad de la presentación concursal.

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Así, se ha afirmado que el nuevo art. 20 de la LCQ deja en claro la imposibilidad de suspensión del
servicio por deudas con origen en fecha anterior a la apertura del concurso, mas nada parece impedir la
suspensión si el deudor no cumple no sólo con posterioridad a dicho evento, sino también a los pagos
debidos y vencidos antes del concurso, siguiendo la regla que es aplicable al supuesto genérico.
1.3. Verificación de la acreencia
Se ha discutido también si la empresa prestataria del servicio público debe pedir verificación de su
acreencia anterior, o si éstas tienen algún tratamiento especial en orden a la exigencia del pago por aplicación
de las reglas específicas de la primera parte del art. 20.
1.4. Servicio público
Por último, se ha debatido cuál es el alcance de la expresión servicio público y si debe distinguirse
cuándo la prestación de las actividades en que se divide el negocio genera una situación de competencia,
como es el caso de la energía eléctrica, que según el texto de la ley 24065 sólo incluye como servicios
públicos las actividades de distribución y transporte, pero no las de generación.
Así, Rovira señala que la utilización del concepto servicio público por el art. 20 de la LCQ debe ser
interpretado estrictamente y, por ende, en el caso de los grandes usuarios habilitados para actuar en el
Mercado Eléctrico Mayorista (MEM) quedarían afuera del régimen específico.
La clarificación de las cuestiones planteadas merece un tratamiento puntual y exegético de cada una
de ellas.
2. Continuación ministerio legis
La primera diferencia que se advierte entre el 1º párr. del art. 20 y la regulación de los contratos de
servicios públicos es lo que podría denominarse continuación ministerio legis.
En una palabra, el texto puntualmente dispone: "no pueden suspenderse los servicios públicos que se
presten al deudor por deudas con origen en fecha anterior a la apertura del concurso". De este modo, queda
absolutamente claro que la propia ley impone la continuación del contrato y el mantenimiento del servicio
público, sin necesidad de petición alguna por parte del deudor.
El nuevo régimen receptó la jurisprudencia vigente en la anterior legislación 19551, que bajo la
forma de una medida cautelar aseguraba la continuación de la prestación del servicio público.
Con fundamento en el principio rector del derecho concursal que apunta a preservar la continuidad
de la actividad empresaria, los tribunales imponían a las empresas prestatarias de servicios públicos la
imposibilidad de interrumpir la correspondiente prestación cuando tal circunstancia reconocía como
fundamento la falta de pago por parte de la deudora.
Cabe resaltar que la doctrina sostuvo que la empresa prestataria del servicio debía solicitar el
reconocimiento de su acreencia por la vía verificatoria y que las deudas posteriores devengadas como
consecuencia de la continuación del servicio público estaban alcanzadas por el privilegio de los gastos del
concurso.
El nuevo art. 20 deja en claro la imposibilidad de suspender el servicio por deudas con origen en
fecha anterior a la apertura del concurso preventivo y la cuestión a dirimir es cuando se configura la
prestación de un servicio público.
No cabe ninguna duda de que el gran debate que debe producirse es en el contenido del término
"servicio público", ya que por las implicancias sociológicas, económicas y culturales de la evolución de la
humanidad, dicha locución no tiene hoy el mismo contenido o significación semántica.
3. La cuestión de las deudas anteriores al concurso y la eventual rehabilitación del servicio
El texto del art. 20 de la LCQ expresamente puntualiza que la prohibición de suspensión de los
servicios públicos al deudor es por deudas con origen a fecha anterior a la apertura del concurso.
La formulación del articulado ha motivado un nuevo debate sobre la interpretación de este texto
frente al supuesto de suspensión o interrupción del suministro con anterioridad a la fecha de presentación en
concurso por parte del deudor.
Una corriente de pensamiento sostiene que si el servicio ha sido interrumpido con anterioridad a la
presentación concursal conforme disposiciones contractuales o legales, esta situación no es redimible durante
la etapa preventiva por aplicación de un dispositivo excepcional que regula un supuesto de suspensión o
corte futuro pero con prestación vigente a la fecha de presentación en concurso.
Esta línea argumental sostiene que admitir la rehabilitación del servicio por aplicación del art. 20
importa hacer extensivo un supuesto de excepción a alternativas no reguladas por la norma, alterando los

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efectos que la ley concursal impone a las relaciones jurídicas resueltas o concluidas por aplicación del
derecho común en instancia previa a la concursal.
Por el contrario, Lorente sostiene que resulta indiferente que el servicio hubiese cesado con
anterioridad a la presentación del concurso preventivo. Expresa que no es posible que una empresa
prestadora de servicios públicos eluda la manda legal del art. 20 so color de que el servicio se encuentre
interrumpido y no suspendido, y agrega que para mayor claridad debería decirse que la prohibición de
suspender el servicio debe entenderse también como imposibilidad de interrumpir, detener, parar, terminar,
concluir, cesar, dar de baja, etc., el servicio público por deudas anteriores a la presentación concursal. Alega
que la norma nada dice en cuanto a que la suspensión y/o cese y/o baja se haya producido con anterioridad
y/o posterioridad a la declaración de apertura del concurso preventivo.
Lo único que resulta trascendente para el art. 20, LCQ es que las deudas con las que la prestadora no
puede producir la interrupción del servicio deben ser anteriores a la apertura del concurso, que es
precisamente lo que ocurre en el caso de marras.
La cuestión de si el servicio había cesado con anterioridad o posterioridad al concurso no debe ser
ponderada en modo alguno, resultando completamente indiferente para la correcta aplicación del art. 20,
LCQ.
Claro está que distinta sería la situación si, a pesar de no contar la concursada con el servicio público
interrumpido antes de la presentación en concurso, éste le fuera rehabilitado u otorgado un nuevo servicio
por orden judicial.
Esta solución resulta atractiva pero, lamentablemente, contraria a las normas que regulan la
prestación de tales servicios públicos, que en general permiten a las empresas prestadoras del servicio
público negarse a suscribir un nuevo contrato para disponer de una nueva prestación con aquellos usuarios
que mantengan deuda con ella mientras la totalidad de ésta no sea cancelada (v.gr.: art. 15, res. de la
Secretaría de Comunicaciones 25.837, denominada "Reglamento del Servicio Básico Telefónico").
En consecuencia, si para obtener un nuevo servicio público la concursada debe cancelar previamente
la deuda anterior que mantiene con la prestadora, entonces, sencillamente, se está obviando la aplicación del
anteúltimo párrafo del art. 20, LCQ. Ello sin considerar que además se estaría obligando al deudor a violar la
prohibición contenida en el art. 16, LCQ (haciendo pagos a los acreedores de fecha anterior a la presentación
en concurso preventivo), haciéndolo entonces pasible de las sanciones previstas en el art. 17, LCQ por
realizar actos que alteraron la situación de igualdad de los acreedores.
La sabia disposición del art. 20, LCQ permite conciliar las necesidades de la concursada de
conservar aquellos servicios públicos esenciales para el desarrollo de la empresa, respetando el equilibrio y
la igualdad entre los acreedores, fin último del proceso concursal.
4. La carga de verificar
Una cuestión interesante que queda pendiente es la situación de la deuda anterior a la presentación
concursal.
En efecto, si estamos frente a un contrato con prestaciones recíprocas y el primer apartado del art. 20
de la LCQ puntualiza que "la continuación del contrato autoriza al cocontratante a exigir el cumplimiento de
las prestaciones adeudadas bajo apercibimiento de resolución", el silencio de los dos últimos párrafos de la
norma, cuando regula puntualmente la prestación de servicios públicos, parece llevar a una interpretación
diferente.
En efecto, la obligatoriedad en la prestación del servicio público impone que el prestador deba
concurrir a verificar su crédito, tal como lo interpreta Lorente.
De todas formas, también podría sostenerse que el cobro de una prestación de un servicio público es
una consecuencia natural de la prestación efectiva del mismo, o que el servicio sea puesto a disposición del
usuario, de manera tal que no existiría fundamento para negar al prestador la facultad de requerir el pago de
la deuda atrasada y generada con anterioridad a la presentación concursal, tal como expresamente lo autoriza
el 1º párr. del art. 20 de la LCQ.

VII. Las cuestiones laborales: una estructura jurídica renovadora


El impacto que la crisis económica trajo aparejado en los principios jurídicos concursales y laborales
llevó al legislador argentino a regular aspectos que hasta la fecha se habían mantenido en la órbita de cada
disciplina.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
En efecto, los concursalistas habían preferido no introducirse en los aspectos de la contratación
laboral, admitiendo tácitamente el dominio de los laboralistas en esta temática. La única impronta diferencial
se basaba en la tutela parcial del crédito del trabajador mediante la concesión de un doble privilegio general
y especial.
La ley 19551 no modificó en gran medida esta situación de mutua autonomía, aun cuando contempló
el pronto pago y los efectos de la continuación de la actividad empresaria en el contrato de trabajo. En efecto,
esta ley no incluía en la regulación del concurso preventivo a los contratos laborales, y la apertura del
concurso no tenía ninguna repercusión sobre los mismos. Para peor, en los pocos aspectos regulados, como
los privilegios laborales, el pronto pago y la continuación del contrato de trabajo en caso de continuación de
la empresa, la ley 20744 introdujo unilateralmente modificaciones relevantes que produjeron un régimen
dual contradictorio e irracional.
La necesidad de integrar ambos ordenamientos no pudo ser obviada por la ley 24522, que realizó en
el plano laboral una reforma estructural.
Como expresan gráficamente Maza y Lorente, "se aprecia una nueva influencia del derecho de
bancarrotas norteamericano, que en el punto 1.1.1.3. del capítulo once de la Brankruptcy Act, regula la
renegociación de las convenciones colectivas de trabajo, con expresa participación de los sindicatos".
1. Antecedentes de la reforma
En su versión original, el art. 20 de la ley concursal, que regulaba los efectos del concurso sobre los
contratos de trabajo, disponía que "La apertura del concurso preventivo autorizará a la renegociación de las
condiciones de trabajo, suspendiendo la aplicación de las normas de orden público laboral en los aspectos
económicos del contrato de trabajo, excepto las tuitivas del trabajo de mujeres y menores".
Esta propuesta fue duramente criticada por el sector gremial y la doctrina laboral. Los autores citan
la opinión de García Martínez, quien afirmó que se afectaba el principio de especialidad del derecho laboral,
el principio del juez natural y que por esta vía se atacaba el art. 14 bis de la Constitución Nacional.
Como fruto del embate gremial, la Confederación General del Trabajo firmó con el Poder Ejecutivo
y las entidades empresarias el Acuerdo Marco para el Empleo, la Productividad y la Equidad Social, en
donde se dispuso: i) Dejar únicamente en suspenso el convenio colectivo vigente por un plazo de tres años en
caso de concursamiento de la empresa. ii) Obligar a la empresa a negociar un convenio de crisis que regulara
las relaciones laborales por dicho período. iii) Que la finalización del concurso preventivo implicará el cese
del convenio de crisis.
En definitiva, luego de una serie de negociaciones, el texto legal quedó plasmado en el art. 20, 4º a 7º
párrs., LCQ.
2. Renegociación de los contratos laborales
Con relación a la renegociación de los contratos de trabajo, el texto vigente dispone dos medidas
complementarias: i) la suspensión del convenio colectivo por tres años y ii) la negociación de un convenio de
crisis entre la concursada y la asociación sindical.
Es importante señalar que inmediatamente de la apertura, y mientras no se llega al convenio de
crisis, se aplican las normas de la LCT y las de los contratos individuales de trabajo.
Así se ha concretado una reforma de la LCT para las situaciones concursales, y se lo hace para
proteger la fuente de trabajo y permitir la participación de los trabajadores en el acuerdo preventivo que lleve
al saneamiento de la empresa. De esta forma, se ha impuesto el criterio concursalista que lleva a
compatibilizar todas las situaciones y relaciones jurídicas del sujeto insolvente, en aras de una solución
integral de dicho fenómeno.
Vítolo, Rivera y Roitman entienden que la flexibilización laboral es fundamental en orden a facilitar
la participación del trabajador en el acuerdo, aspecto este último que se logra mediante la renuncia del
privilegio propio de estos créditos..
Por el contrario, Martorell describe lo que llama cuadro de situación del trabajador como
"participación a palos", resaltando lo artificial y forzado de la intervención de los trabajadores en el acuerdo
concursal.
3. La suspensión de los convenios colectivos y la vigencia de la LCT
La apertura del concurso implica la suspensión de los convenios colectivos durante tres años, en una
medida realmente revolucionaria que no será fácilmente digerible por los laboralistas. Además, se establece
que las relaciones laborales se regirán por los contratos individuales y la LCT. La suspensión del convenio

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
colectivo opera ipso iure, con la sola declaración de la apertura del concurso; es un efecto propio de la
declaración concursal.
La flexibilización de las relaciones laborales tiene dos límites: por un lado, el plazo de tres años de
suspensión del convenio colectivo, pasado el cual éste recupera su vigencia, sino hubiese comenzado a regir
con anterioridad, como consecuencia de la finalización del concurso; por otro lado, las relaciones se deben
regir por la LCT y los contratos individuales, en caso de conflicto.
La norma es fruto de la negociación. En el Acuerdo Marco para el Empleo, la Productividad y la
Equidad Social el gobierno asumió el compromiso de respetar como "mínimo no negociable" el orden que
surge de la LCT, que conserva su carácter de normativa de orden público y, por lo tanto, inderogable para las
partes.
Por su parte, los autores de la ley afirmaron que la norma responde a la necesidad de incorporar,
como actores en la solución de la crisis empresaria, no solamente al deudor y los acreedores, sino también a
los trabajadores. La preservación de la fuente de trabajo es el bien jurídico protegido con esta norma.
La suspensión de la vigencia del convenio colectivo de la rama de actividad de los trabajadores de la
concursada comienza recién a partir de la sentencia de apertura del concurso preventivo, de conformidad al
texto legal comentado.
Maza y Lorente se preguntan si por ley pueden derogarse las cláusulas más favorables de una
convención colectiva contestando afirmativamente, a la luz de la reciente doctrina de la Corte Suprema, que
ha dicho que la garantía del art. 14 bis de la CN no es absoluta.
La constitucionalidad de la ley que modifica un convenio colectivo tiene sustento en la jerarquía
superior de aquélla y en la necesidad de anteponer el interés general sobre el sectorial, tal como lo admite la
doctrina y la jurisprudencia.
Ahora bien, pese a la suspensión de la convención colectiva, el contrato de trabajo individual se
mantiene en su vigencia y rige precisamente la actividad de que se trata (arts. 7/9 y 44, LCT).
Lo dicho implica que la suspensión de la convención colectiva no permite al empresario modificar
unilateralmente las condiciones de trabajo, las remuneraciones y demás aspectos de la relación laboral, sino
que deberá hacerlo a través de una nueva convención colectiva con el sindicato, especial para la situación de
crisis.
De todos modos, son estas condiciones las que serán afectadas y modificadas cuando se celebre la
llamada "convención colectiva de crisis".
Como marco legal se mantiene la vigencia de la LCT que protege así el orden público laboral, que
puede considerarse abarcador de otras normas posteriores que regulan las relaciones laborales, tales como la
Ley Nacional de Empleo y la Ley de Contrato de Trabajo para la Pequeña y Mediana Empresa.
La finalización de esta suspensión no tiene plazo cierto, sino que se establece a los tres años desde la
sentencia de apertura o al momento en que se cumpla el acuerdo preventivo, optando la ley por la situación
que se produzca primero.
Como queda dicho, mientras dure la negociación del convenio de crisis rigen los contratos
individuales y la LCT, como piso mínimo que no puede vulnerarse en orden a los derechos del trabajador,
aunque en la práctica será muy difícil determinar el nivel exacto de cumplimiento y el límite de
flexibilización al que pueda arribarse en el afán de salvar la fuente de trabajo, siendo compleja la función de
la asociación sindical que se verá jaqueada entre el interés de los trabajadores y el de la propia comunidad
que puede verificar crudos enfrentamientos.
Inmersa en la flexibilización laboral, pero sin un adecuado diálogo interdisciplinario, la norma
predica que "los convenios colectivos quedan sin efecto", lo cual es inexacto. En rigor, se produce la
suspensión de dichos convenios. Como puntualiza con exactitud Martorell, el sustantivo plural del texto da a
entender que son todos los convenios vigentes los que se suspenden, de manera tal que la medida abarcará el
convenio colectivo que regule la actividad de la empresa concursada, como así también el convenio de
empresa que pudiera existir.
En igual sentido se pronuncia Barbieri, expresando que "en primer término, la suspensión de la
vigencia del convenio colectivo de la rama de actividad de los trabajadores de la concursada comienza en el
momento de dictarse la sentencia de apertura del concurso y, en segundo lugar, no se establece una fecha fija
de finalización, pues la ley señala el plazo de tres años o el de culminación del concurso preventivo, optando
por la alternativa que se verifique con anterioridad".

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
VIII. El convenio de crisis
El artículo 20 ha creado una figura inédita en el derecho laboral concursal, cual es el llamado
convenio de crisis, que reemplaza al convenio colectivo suspendido.
Así se dispone la obligación de la concursada y la asociación sindical legitimada de negociar este
convenio colectivo de crisis, que impone la necesidad de reformular las condiciones económicas del contrato
de trabajo, en aras a superar la insolvencia de la empresa.
La crisis de la empresa pone de relieve que la convención colectiva de crisis es un convenio
celebrado "a la baja", es decir, en condiciones menos favorables al trabajador, siempre teniendo como piso
mínimo la LCT.
El convenio de crisis apunta fundamentalmente a la disminución de los costos laborales, pero debe
advertirse que para "rebajar" las remuneraciones se requiere la conformidad del trabajador. Éste es, sin
dudas, el punto de inflexión de una economía que sigue buscando como variable de ajuste los costos
laborales.
Con relación a las partes, además del empleador y los trabajadores, la ley concursal recepta aquí otra
reforma trascendente: la intervención organizada de los intereses de los trabajadores, legitimando a la
asociación sindical para intervenir en defensa de los intereses laborales.
El síndico debe informar al juez de la nueva convención, aunque la ley no le otorga expresas
facultades para oponerse a este acuerdo que sólo tiene como límite las normas de la LCT.
La doctrina debate si este convenio es obligatorio o facultativo, y mientras Negre de Alonso se
inclina por su obligatoriedad, por el contrario, Maza y Lorente se pronuncian por el carácter facultativo del
mismo.
En nuestra opinión, la negociación que seguirá la normativa de la ley 14250 y sus modificatorias
23545 y 23546 no puede ser obligatoria, y cada parte tiene el derecho de contratar o no según sus intereses.
Este convenio firmado entre la empresa y el sindicato respectivo no está sujeto a homologación
judicial alguna, ni tampoco a aprobación del Ministerio de Trabajo, como los convenios colectivos normales.
Barbieri sostiene que esto es contradictorio con las normas generales aplicables a los convenios
colectivos y con los acuerdos de crisis obtenidos en virtud del procedimiento contemplado por el art. 193 de
la Ley Nacional de Empleo, 24.013.
En sentido similar se pronuncia Martorell, recordando que la ley 24.013 establece el procedimiento
preventivo de crisis de empresa (arts. 98 y ss.) que permite al empleador y a los trabajadores llegar a un
acuerdo con la misma eficacia de un convenio colectivo de trabajo.
Este convenio de crisis de la ley 24013 requiere de la homologación del Ministerio de Trabajo. Por el
contrario, el convenio de crisis concursal tiene validez por sí mismo, sin necesidad de trámite administrativo
o legal de ninguna naturaleza.
De todas formas, aunque no se requiera aprobación judicial, el convenio deberá ser adjuntado al
expediente concursal como prueba de su existencia y el necesario contralor jurisdiccional de la vigencia de la
LCT, como así también a los fines del plazo de la ley concursal.
Al hablar de su naturaleza jurídica, la doctrina entiende que son convenios colectivos, similares a los
llamados convenios de empresa, que tienen como característica el marco económico dentro del cual se
concertan, es decir, el estado de cesación de pagos de la empresa.
Su contenido no está predeterminado, sino que dependerá de las características del emprendimiento y
de las características del trabajo de los operarios, pero, como apunta acertadamente Barbieri, no puede
vulnerar el llamado "orden público laboral" regulado en la LCT. Por ello, entendemos que sigue vigente el
principio protectorio contenido en el art. 8 del estatuto citado.
Durante este período la empresa concursada suele comenzar una reorganización administrativa que
afecta puntualmente a los trabajadores.
Así aparece el riesgo cierto del despido de trabajadores, lo que plantea la necesidad de analizar
jurídicamente su situación.
En este línea, pueden darse situaciones diferentes. Si los despidos son anteriores a la apertura del
concurso, el acreedor queda atrapado en los arts. 16 y 21, por lo que podrá hacer valer su derecho al pronto
pago o demandar la verificación de su crédito de cara a una eventual negociación concordataria, o recurrir al
fuero laboral.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Si el despido es posterior, la deuda es posconcursal, por lo que el trabajador tendrá a su alcance todas
las acciones legales correspondientes ante los jueces naturales del fuero laboral, dado que estas acreencias
escapan a la vigencia del fuero de atracción concursal (arts. 21 y 32 de la ley 24.522).
Una cuestión interesante es conocer como se aplicará el ius variandi laboral, concedido por el art. 66
de la ley 20.744, frente al empleador que deseará reordenar el sistema de trabajo, horarios, lugares y demás
condiciones atinentes al desempeño laborativo.
En este sentido, la jurisprudencia laboralista y concursalista deberá hacer un esfuerzo de
coordinación para dar soluciones comunes y evitar nuevamente una discordia que no ayudará a los
trabajadores.
El límite estará dado por el llamado "orden público laboral", concepto difuso y de difícil
delimitación, por lo que habrá que estar a cada caso concreto para emitir opinión.
Una vez finalizado el concurso preventivo, o cumplido el plazo de tres años del convenio de crisis,
las relaciones laborales volverán a regirse por la normativa anterior a la presentación concursal, y así
recuperará su vigencia el convenio colectivo de trabajo que fuese suspendido por el concurso preventivo.
Barbieri, Maza y Lorente entienden que la finalización del concurso se refiere al cumplimiento del
acuerdo y no a la mera culminación del juicio concursal. De lo contrario, no tendría sentido el plazo de tres
años que fija el art. 20 de la LCQ.
En general, la doctrina es conteste con esta opinión.

Art. 21. Juicios contra el concursado.


La apertura del concurso produce, a partir de la publicación de edictos, la suspensión del trámite
de los juicios de contenido patrimonial contra el concursado por causa o título anterior a su presentación,
y su radicación en el juzgado del concurso. No podrán deducirse nuevas acciones con fundamento en
tales causas o títulos.
Quedan excluidos de los efectos antes mencionados:
1. Los procesos de expropiación, los que se funden en las relaciones de familia y las ejecuciones
de garantías reales;
2. Los procesos de conocimiento en trámite y los juicios laborales, salvo que el actor opte por
suspender el procedimiento y verificar su crédito conforme lo dispuesto por los artículos 32 y
concordantes;
3. Los procesos en los que el concursado sea parte de un litis consorcio pasivo necesario.
En estos casos los juicios proseguirán ante el tribunal de su radicación originaria o ante el que
resulte competente si se trata de acciones laborales nuevas. El síndico será parte necesaria en tales
juicios, excepto en los que se funden en relaciones de familia, a cuyo efecto podrá otorgar poder a favor
de abogados cuya regulación de honorarios estará a cargo del juez del concurso, cuando el concursado
resultare condenado en costas, y se regirá por las pautas previstas en la presente ley.
En los procesos indicados en los incisos 2 y 3 no procederá el dictado de medidas cautelares. Las
que se hubieren ordenado, serán levantadas por el juez del concurso, previa vista a los interesados. La
sentencia que se dicte en los mismos valdrá como título verificatorio en el concurso.
En las ejecuciones de garantías reales no se admitirá el remate de la cosa gravada ni la adopción
de medidas precautorias que impidan su uso por el deudor, si no se acredita haber presentado el pedido de
verificación del crédito y su privilegio.
(Artículo reformado por la ley 26086).

I. Nociones básicas del fuero de atracción


1. Principios del proceso concursal
La concursalidad se refleja especialmente en el proceso de verificación de créditos; la colectividad
-por su parte- produce como principal consecuencia el llamado "fuero de atracción", en razón de que frente al
concurso o quiebra del deudor la iniciativa y acción del acreedor individual en defensa de su particular
interés cede a la acción colectiva de todos los acreedores.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Tiene su fundamento en la necesidad de no dividir la continencia de la causa y en materia concursal
encuentra su razón de ser en la necesaria composición activa y pasiva del patrimonio del deudor concursado
o fallido.
Asimismo, se ha dicho que su finalidad es la concentración ante un mismo magistrado de todos los
juicios seguidos contra el concursado o fallido, pues es desde todo punto de vista conveniente que el juez que
interviene en el universal, en el cual está involucrado un patrimonio como universalidad jurídica, conozca de
las demandas dirigidas contra dicho patrimonio que afectan su integridad.
2. Definición y caracteres
Se ha definido el fuero de atracción como la asignación de competencia hecha en favor del órgano
que conoce en un proceso universal con respecto al conocimiento de cierta clase de pretensiones vinculadas
con el patrimonio o los derechos sobre los que versa ese proceso.
Esta vis attrativa es de orden público, por lo que deviene improrrogable, inderogable e irrenunciable
para los sujetos procesales, correspondiendo su aplicación de oficio. El art. 21, LCQ establece la radicación
ante el tribunal concursal "de los juicios de contenido patrimonial contra el concursado".
3. El cambio de directriz en el fuero de atracción
Una reforma central introducida por la ley 26086 es la de los arts. 21 y 132, LCQ, que reglan el fuero
de atracción en el concurso preventivo y en la quiebra, respectivamente. De la lectura del precepto se colige
que se han implementado profundas modificaciones que, por razones de claridad, conviene tratar
puntualmente.
4. Modificación del fuero de atracción
La ley 26086 ha modificado fuertemente uno de los principios cardinales de la ley 24522, pero no
puede decirse que directamente lo haya abrogado: el fuero de atracción y la suspensión de las acciones se
mantienen, aun cuando lo sea en una menor cantidad de supuestos.
El principio aparentemente sigue siendo el mismo: la suspensión de los juicios y el fuero de
atracción, estableciéndose nuevas excepciones adicionales a las que clásicamente ya se habían impuesto. Se
mantuvo la no atracción de las causas de expropiación, familia y, refrendando el criterio de la Corte Suprema
de Justicia de la Nación, el sistema de ejecución de garantías reales.
Sin embargo, y a diferencia del régimen anterior, no se atraen los procesos de conocimiento en
trámite y los juicios laborales (salvo que el acreedor opte por la verificación de créditos). Tampoco se
produce la atracción de los procesos en los que el concursado sea demandado en un litisconsorcio necesario.
La primera afirmación que corresponde destacar es que el legislador concursal ha retornado al
régimen de la ley 19551 (del año 1972) que se centraba en el uso de la técnica de la suspensión de las
acciones de contenido patrimonial y, por ello, la atracción deviene una consecuencia natural.
La sanción de la ley 24522 produjo un cambio de directriz que ha sido dejado de lado, retornando a
la correcta inteligencia de la estructura del juicio concursal, cuya apertura o declaración impone la
suspensión de todas las acciones de contenido patrimonial, por causa o título anterior a su presentación, con
el objeto de hacer efectiva la convocación de los acreedores. El efecto suspensivo se conjuga con la
prohibición de deducir nuevas acciones.
5. Características del fuero de atracción
La radicación de los juicios ante el juez concursal es la contracara de la suspensión, pues produce el
desplazamiento de la competencia de los jueces singulares al juez universal, articulando la competencia de
este último sobre todas las pretensiones patrimoniales en contra del deudor.
Tal como hemos explicado en otras oportunidades y lo ha reiterado la doctrina, el fenómeno de la vis
attrativa radica en el principio de unidad del patrimonio (art. 2311 del CCiv.), es decir, la circunstancia de
que el patrimonio del deudor es la prenda común de los acreedores.
Dicho de otro modo, en el marco del proceso concursal, se ventila la suerte del patrimonio concebido
como universitas iuris, tanto en su faz activa como pasiva y, en este último aspecto, abarca a todas las
obligaciones que soporta el concursado, pues todos los acreedores están alcanzados por sus efectos.
En consecuencia, la jurisdicción que se funda en el fuero de atracción es de orden público, siendo
inadmisible su prórroga, por lo que no puede ser modificada ni dejada sin efecto por el acuerdo de los
interesados.
Rouillón considera que el fuero de atracción ha sido previsto en una norma imperativa y de allí la
improrrogabilidad e irrenunciabilidad para los sujetos concursales, correspondiendo su aplicación de oficio.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Desde la óptica procesal, Clemente Díaz enseña que la vis attrativa es de orden público pues asegura
la unidad procedimental como fenómeno jurídico que atrapa la integridad del patrimonio del deudor.
6. Comienzo del fuero de atracción
La ley básicamente señala que la publicación de edictos de la resolución de apertura del concurso
preventivo produce la suspensión de los procesos y la radicación en el juzgado del concursado.
Lo que activa la suspensión y el fuero de atracción de las acciones es la apertura del concurso
preventivo, pero limita los efectos luego de la publicación de edictos.
Esta cuestión había motivado un largo debate en doctrina acerca del efecto de la sentencia de
apertura y si era necesario algún modo de notificación tanto del auto de apertura del concurso como de la
sentencia de quiebra, aspectos que habían tenido diversas respuestas en el ámbito doctrinario y
jurisprudencial.
Hoy, el texto legal clarifica definitivamente la cuestión al disponer su funcionamiento a partir de la
publicación edictal, ya sea la dispuesta en los arts. 26 y 27, LCQ, para el concurso preventivo, o la ordenada
en el art. 98, para la falencia.
Por ello, a diferencia del régimen anterior es menester que haya sido publicitado mediante edictos
(arts. 27 y 28, LCQ), receptando una antigua opinión de Cámara. La ley no exige que se haya terminado con
la publicación edictal; tampoco que recién se haya iniciado la publicación. Por ello, y atento a la redacción
de la nueva norma, será suficiente con que haya comenzado con la publicación, aun cuando sólo se hubiere
publicado el primer día.
No obstante ello, existe una situación que se daba en la redacción anterior de la ley y que no se
solucionó con la modificación. La de un acreedor "posterior" a la presentación concursal que "inicie" una
acción de contenido patrimonial en contra del concursado antes de la apertura del concurso. Ello así, pues
dicho acreedor no sufre los efectos del concurso ("por causa o título anterior a su presentación", dice el art.
21, párr. 1º, LCQ, receptando el mismo esquema divisorio del art. 32, LCQ). El acreedor puede proseguir su
proceso de conocimiento y ejecutar su crédito como si el concurso no existiera. No podría ser de otra forma,
pues tampoco puede solicitar la verificación de su crédito ya que no es un acreedor anterior a la presentación
(art. 32, LCQ).
En caso contrario, se encontraría convocado el concurso y el juicio debe atraerse una vez efectuada
la publicación de edictos.
7. Continuación prohibida del proceso
Si el juicio es proseguido pese a estar incluido en la gama de procesos atraíbles, todas las actuaciones
generadas con posterioridad a la sentencia de concurso preventivo carecerán de valor frente a los acreedores
del concurso.
Si bien el radio de aplicación se ha disminuido notablemente, dichas actuaciones serán nulas
procesalmente y no podrán ser convalidables mediante la no interposición del incidente de nulidad en forma
oportuna. Ello así pues el art. 22, LCQ, establece la nulidad de las estipulaciones contrarias a lo dispuesto
por el art. 21, LCQ. Además, deberá valorarse especialmente el actuar del concursado, que deberá ser de
buena fe (art. 1198, CCiv.).
8. Límite temporal de la suspensión y fuero de atracción
La conclusión del proceso no produce el cese de la competencia judicial, ni el cese del fuero de
atracción. Esto ocurre una vez declarado el cumplimiento del acuerdo (art. 59, in fine, LCQ), conforme lo
afirmara la CSJN en reiterados fallos.
Esta afirmación encuentra sentido en el art. 56, LCQ, del cual se desprende que los acreedores de
causa o título anterior a la presentación en concurso que no hubieren insinuado sus créditos durante el trámite
del proceso, ya sea por la vía tempestiva del art. 32, LCQ, o por la vía incidental, deben deducir sus
pretensiones por la acción individual que corresponda, en la medida en que no hubiere prescripto.
Además existen otras alternativas que finiquitan la atracción concursal: quiebra (aunque el fuero de
atracción tiene otros matices -art. 132, LCQ-), desistimiento legal (art. 30, LCQ) o voluntario (art. 31, LCQ).
9. Contenido patrimonial
El fuero de atracción de las acciones de contenido patrimonial previsto en el art. 21, LCQ, alcanza,
en principio, a todos los acreedores, salvo las excepciones previstas expresamente en los incs. 1, 2 y 3.
La redacción de la norma ("juicio de contenido patrimonial contra el concursado") permite inferir las
siguientes consecuencias: abarca a todas las acciones, independientemente del juzgado en el que tramiten. La

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suspensión incluirá los procesos tramitados en jurisdicción común (u ordinaria, como lo señala el art. 3,
LCQ) o federal.
Es indiferente el lugar de tramitación (sea la competencia del juez concursal o de otra provincia), ni
la materia (puede tratarse de juicios de cualquier naturaleza, con las excepciones que se verán).
En relación con la locución "contenido patrimonial", la cuestión ya tuvo un intenso análisis bajo el
velo de la ley 24522. Así, Quintana Ferreyra señalaba que esta expresión alude a aquellos juicios cuyo
objetivo es la obtención de algún beneficio patrimonial a favor del actor, en desmedro de la igualdad en el
tratamiento de los acreedores, importando un desequilibrio que atenta contra la integridad del patrimonio.
Rouillon, por su parte, considera que la jurisprudencia ha puesto el acento en el aspecto activo del
patrimonio, señalando que ha de entenderse por juicio de contenido patrimonial todo aquel que pueda alterar
la garantía común de los acreedores, con lo que no tendrían tal contenido en los que no se arremete el
patrimonio en su activo. Y completa la noción con la referencia al ineludible pasivo patrimonial. Así, piensa
que, en este orden, también tienen contenido patrimonial los juicios cuyo propósito es incrementar el pasivo
aunque, en lo inmediato, carecieren de intención agresiva sobre los bienes del activo. Por ello, excluye
aquellos procesos cuyo efecto económico final, cualquiera fuese el resultado del juicio, fuera neutro sobre el
patrimonio del concursado.
Como puede verse, lo esencial es que dicha acción tenga incidencia en el patrimonio del deudor. Y,
como patrimonio, debe concebirse en un sentido activo y pasivo; así también deben interpretarse las
cuestiones de contenido patrimonial como aquellas que tengan algún grado de afectación dentro de los bienes
y deudas del deudor.
Ello así, pues según Arauz Castex el patrimonio no se forma sólo por bienes, sino que "contiene
además las deudas, es decir las relaciones jurídicas de contenido económico de las cuales el titular es sujeto
pasivo". Lo que no tenga un sentido económico y no afecte al patrimonio del deudor (en sus dos nociones)
no será de contenido patrimonial y, por ende, no podrá ser atraído.
10. Contra el concursado
También alude la ley a juicios "contra el concursado". El efecto suspensivo afecta a los procesos
judiciales en los cuales el deudor sea demandado (legitimado pasivo).
El radio subjetivo de la atracción, entonces, excluye -a contrario- las acciones iniciadas por el
deudor. Ello es así, pues de otro modo la ley no hubiese aclarado que son los juicios contra el deudor. Sobre
estas causas el efecto suspensivo no produce efectos y continuarán normalmente el trámite. Existen ciertos
supuestos que pueden resultar dudosos, tales como el caso de reconvención contra el concursado, concursado
codemandado o citado como tercero (Rouillon).
11. Prohibición de iniciar nuevas acciones
La ley también ratifica (con una redacción más sencilla) el principio contenido en el derogado art.
21, inc. 3, LCQ: no podrán deducirse nuevas acciones con fundamento en causas o títulos anteriores a la
presentación.
No sólo rige la suspensión y atracción de las iniciadas, sino la imposibilidad de iniciar nuevas
acciones. Por ello, si el acreedor reúne tales condiciones no puede iniciar acción contra el concursado.
Las excepciones serían las de aquellos acreedores que están exceptuados del fuero de atracción y que
están detallados en los incs. 1 a 3 del nuevo art. 21, LCQ, o que -obviamente- respondan a un título o causa
posterior a la presentación (y aun cuando sea anterior a la publicación de edictos).
Únicamente podrán iniciarse "acciones nuevas" en materia laboral, conforme lo admite el art. 21,
párr. 3º, LCQ.
12. Excepciones
Pero, luego de establecida la regla, se señalan las excepciones, las que en rigor (y pese a la redacción
de la norma) no constituyen supuestos excepcionales sino que determinarán las situaciones más corrientes en
el proceso. Por ello, puede decirse que las excepciones son:
12.1. Vía administrativa
En primer lugar, y conforme lo era bajo el régimen anterior, no se atraen las acciones de contenido
patrimonial que tramitan por vía administrativa, pues el art. 21, párr. 1º, LCQ, se refiere a "juicios" (en esta
excepción se incluyen también las determinaciones tributarias).
12.2. Régimen aduanero

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El art. 998, Código Aduanero (ley 22.415), establece que la mercadería que se encontrare en sede
primaria aduanera no queda atrapada en el concurso o quiebra del deudor garante o responsable del pago del
crédito aduanero, sino después de que éste haya sido satisfecho y dispone que el servicio aduanero
conservará a su respecto las facultades que el mismo Código le acuerda para su ejecución forzada. De este
modo, dicha mercadería en zona primaria aduanera escapa al desapoderamiento falencial y también al
régimen de ejecución colectiva. Este supuesto no ha sido modificado.
12.3. Juicios sin contenido patrimonial
Están excluidos, también, los juicios sin contenido patrimonial, conforme a la explicación precedente
respecto del alcance de la patrimonialidad, ya que el art. 21, párr. 1º, LCQ, alude a "juicios de contenido
patrimonial".
12.4. Juicios en la alzada
También se ha dicho (y así lo han aceptado la mayoría jurisprudencial y la propia CSJN) que están
exceptuados los juicios radicados en la alzada, que deberán proseguir hasta el dictado de la sentencia por el
tribunal de instancia superior, ya que los principios de organización judicial y la competencia funcional de
los tribunales de alzada impiden que funcione el fuero de atracción hasta tanto finalice el conocimiento y
decisión de ese tribunal.
Ello ocurrirá, bajo el marco de la nueva ley, aun cuando no fuera un proceso de conocimiento (v.gr.:
de ejecución), supuesto en el cual estaría exceptuado por el art. 21, inc. 2, LCQ.
Además, quedan serias dudas respecto de si el acreedor que tramita su juicio de conocimiento en la
alzada podrá optar por suspender el procedimiento y concurrir a la verificación. Pese a que la ley es clara en
este sentido, si este sentido se coordina con: i) la interpretación de la CSJN en materia de atracción de los
juicios en la alzada y su posible ratificación de su sentido interpretativo; ii) con la vocación de obtener una
resolución firme a los fines de articular el pedido verificatorio; iii) que bajo la ley 24522 el régimen era más
taxativo y directamente señalaba que todos los procesos contra el concursado se atraían, sin distinguir si se
encontraban en instancias superiores.
12.5. Expropiación
La nueva ley ratifica la exclusión del proceso de expropiación del fuero de atracción. La
expropiación de un bien mueble o inmueble -en este caso de dominio del concursado- es el acto por el cual el
Estado priva al titular de su derecho de propiedad con un fin de utilidad pública y mediante el pago de una
justa indemnización y los perjuicios que se sigan inmediatamente de ello.
En relación con el alcance del término "proceso" (art. 21, inc. 1, LCQ) es menester hacer alguna
aclaración: en dicho léxico se encuentran abarcados tanto la expropiación diferida, como la expropiación
irregular, la acción de retrocesión y la ocupación temporánea.
12.6. Procesos de familia
En relación con los procesos de familia, cabe señalar que -de manera similar al régimen anterior- la
excepción consagrada en el art. 21, inc. 1, LCQ, sólo procede en aquellos casos en los que se discuten
relaciones familiares propiamente dichas (acción de filiación, juicio de adopción, etc.), pues si tienen
contenido patrimonial están alcanzados por la atracción concursal, siempre que no se trate de un proceso de
conocimiento (art. 21, inc. 2, LCQ).
Es una lástima que la ley haya perdido la oportunidad de aclarar el tema y que nada haya señalado
respecto de los reales alcances del fuero de atracción en materia de relaciones familiares. De todas formas,
cabe señalar que la regla bajo el nuevo régimen será la de la no atracción de las relaciones de familia, aun
cuando tengan contenido patrimonial. Ello así porque la intención de la ley fue la de reducir el fuero de
atracción al mínimo posible. Por ello, un proceso de familia no resultará atraído por ser un juicio de familia
(art. 21, inc. 1, LCQ). Pero además si es un proceso de conocimiento en trámite (art 21, inc. 2, LCQ) no se
atraerá, salvo que el actor opte por suspender el trámite y concurrir a la verificación.
Finalmente, el síndico no tendrá participación en el proceso, lo que no significa que no pueda
acceder a dicha información, dada su eventual vinculación con temas patrimoniales.
12.7. Desalojo
En relación con el fuero de atracción del juicio de desalojo en el concurso preventivo, puede
sostenerse que existen dos posiciones. Aquellos que no admiten la atracción, por los siguientes argumentos:
i) no versa sobre un bien que conforma el patrimonio del concursado (sino de un tercero); ii) no tiene
contenido patrimonial, ya que el único contenido patrimonial podría vislumbrarse en las costas (y todos los
procesos de cualquier índole devengan costas); iii) carece de sentido su continuación en el fuero concursal,

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
ya que el acreedor no podrá optar por la verificación de una pretensión de desalojo (simplemente deberá
lograr que el concursado restituya el inmueble). Distinta será la suerte de la medida de preparación de la vía
ejecutiva (y el ejecutivo posterior) que sí tiene contenido patrimonial y es atraída al fuero concursal.
También es válida la posición de aquellos que entienden que procede la atracción, debido a que i) la
ley no distingue y por ello el intérprete no debe hacerlo; ii) el contenido económico del desalojo es evidente;
iii) sobre todo cuando el bien es asiento de la actividad del concursado.
13. Ejecuciones hipotecarias y prendarias
A las clásicas excepciones aludidas precedentemente, se agrega con meridiana claridad la cuestión de
las ejecuciones de los créditos hipotecarios y prendarios que había motivado un largo debate y que había sido
concluida por la Corte Suprema de Justicia.
No es ésta la oportunidad de introducirnos en la polémica normativa que aparejó la cuestión de la
atracción de las ejecuciones de garantías reales y sólo recordamos ahora la dura crítica de Maffía y el
desarrollo que realiza Macagno en el trabajo donde aborda la ejecución de garantías reales en el concurso
preventivo.
De este modo, el legislador se aparta de la doctrina concursalista de mayor enjundia, para mantener
el criterio de exclusión de las ejecuciones de garantías reales en el concurso preventivo.
Va de suyo que en la quiebra este tipo de juicios continúa atrayéndose en función del carácter
liquidatorio del procedimiento falimentario que habilita, para este tipo de acreedores, el denominado
concurso especial ya reglado en el art. 209, LCQ.
Por ello, respecto de las ejecuciones hipotecarias y prendarias se ha ratificado el criterio sostenido
por la CSJN de que el concurso preventivo no produce la atracción ni suspensión de estas ejecuciones. La
situación, en lo esencial, no se ha modificado, sino que ha tendido a ratificarse.
Pero además, expresamente se ha señalado cómo lo hacía el régimen anterior: "En las ejecuciones de
garantías reales no se admitirá el remate de la cosa gravada ni la adopción de medidas precautorias que
impidan su uso por el deudor, si no se acredita haber presentado el pedido de verificación del crédito y su
privilegio".
Además, se ha suprimido el agregado de la ley anterior que señalaba que si no se inició la
publicación de edictos o no se presentó la ratificación prevista en los arts. 6 a 8, LCQ; hoy solamente se
suspenden los actos de ejecución forzada.
13.1. Esquema actual
Ello así porque el régimen actual se ha simplificado y quedaría estipulado de la siguiente manera:
i) las ejecuciones de garantías reales no se atraen al juez del proceso concursal (ratificando el criterio
de la ley anterior) y deben continuarse ante el juzgado originario;
ii) el proceso de ejecución de garantía real no se suspende, sino que continúa;
iii) no puede ocurrir la subasta de la cosa gravada (u otras medidas que impidan el uso por el deudor)
sino hasta que se acredite haber presentado el pedido de verificación, aun cuando no se haya obtenido la
sentencia de verificación;
iv) se exige que expresamente se haya pedido la verificación de su crédito con carácter de
privilegiado, despojando cualquier duda respecto de la renuncia tácita al privilegio.
13.2. El pedido de verificación como sustento de la continuación de la ejecución
El nuevo texto del art. 21, LCQ, en su párrafo final, establece que "en las ejecuciones de garantías
reales no se admitirá el remate de la cosa gravada ni la adopción de medidas precautorias que impidan su uso
por el deudor, si no se acredita haber presentado el pedido de verificación y su privilegio".
Así, el ordenamiento impone que esta clase de acreedores requiera la correspondiente verificación de
créditos antes de disponer cautelares y/o dar trámite a la subasta.
De todas formas, la norma sigue siendo insuficiente pues sigue limitando el requerimiento al pedido
verificatorio, sin advertir la eventualidad de un rechazo del crédito privilegiado en la correspondiente
sentencia del juez concursal, dictada en cumplimiento del art. 36, LCQ.
Dicho derechamente, el legislador sigue privilegiando las ejecuciones de derechos reales por sobre el
trámite verificatorio, lo que puede dar motivo a una eventual repetición, más allá de la fianza de acreedor de
mejor derecho que debe requerirse en el trámite ejecutorio.
A su vez, el art. 56, LCQ, que regla los efectos del acuerdo preventivo a todos los acreedores y el
trámite de verificación tardía, estipula que en caso de los acreedores por causa o título anterior que obten por

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proseguir el proceso de conocimiento de conformidad a los incs. 2 y 3 del art. 21, no opera el plazo de
prescripción de dos años desde la presentación en concurso, ni puede hablarse de verificación tardía, siempre
que la pretensión se dedujera dentro de los seis meses de haber quedado firme la sentencia dictada en el
juicio singular.
13.3. Títulos verificatorios
Aunque la ley no lo señala expresamente, todo parece indicar que la sentencia que haga lugar a la
ejecución hipotecaria por continuación del proceso (una vez pedida la verificación) no es título suficiente
para la verificación de su crédito, ya que el art. 32, LCQ, permite (y requiere) la indagación de la causa del
crédito.
Por ello, y pese a que el art. 56, LCQ, admite la verificación tardía del crédito durante los seis meses
de la firmeza de la sentencia y el art. 21, párr. 4º, LCQ, ratifica la idoneidad del título, señalando que la
sentencia que se dicte valdrá como título verificatorio (aun cuando sólo se refiera a los supuestos del art. 21,
inc. 2 y 3, y no al inc. 1, que alberga las ejecuciones de garantías reales), deberá realizarse un tratamiento
profundo y causal al crédito con garantía real, ya que de otro modo no se requeriría la previa presentación del
pedido verificatorio (art. 21, párr. 5º, LCQ).
13.4. Ejecución de la sentencia de verificación
Pese a que la ley no lo señala expresamente (y parecería sólo permitirlo para los acreedores laborales
-arg. art. 21, párrs. 1º y 3º, LCQ-), pensamos que es factible que el acreedor con garantía real proceda a
ejecutar la sentencia de verificación obtenida (art. 36, LCQ) o la que reconoció el crédito (incidente de
revisión -art. 37, LCQ-, continuación del proceso de conocimiento -art. 21, inc. 2, LCQ-, verificación tardía
o acción individual que corresponda -art. 56, LCQ-).
La competencia de ejecución es la del juez que debe entender de acuerdo con la naturaleza del
crédito en cuestión (por territorio, materia, grado, turno), así como también para las cuestiones conexas
(como medidas cautelares). Caben aquí las mismas aplicaciones del art. 57, LCQ.
13.5. Participación del síndico
Si el acreedor hipotecario (o prendario) continúa su ejecución hipotecaria, deberá darse participación
al síndico designado en el concurso. La ley es clara en señalar que el "síndico será parte necesaria en tales
juicios, excepto en los que se funden en relaciones de familia" (art. 21, párr. 3º, LCQ).
Para su participación, dicho órgano concursal deberá acompañar constancia certificada de su
designación y aceptación del cargo.
La ley no estipula si la participación del síndico se ubica en la parte activa o pasiva; y ello,
fundamentalmente en orden a las costas. Cabe señalar que no es ni parte actora ni demandada, sino
"necesaria y de control", en orden a lo regulado expresamente por la ley concursal. De todas formas, sus
honorarios deberán ser solventados por el que perdiera el proceso.
Remitimos a lo señalado en orden a la participación del síndico en los procesos.
13.6. Suspensión temporaria (art. 24, LCQ)
El nuevo texto legal no altera la manda contenida en el art. 24, LCQ, en cuanto faculta al juez a
suspender por el plazo de noventa días la subasta y las medidas precautorias que impidan el uso de la cosa
gravada por parte del deudor, como alternativa de conservación de la empresa.
Es claro que la facultad del art. 24, LCQ, se mantiene vigente; y por ello, el juez puede ordenar, en
caso de necesidad y urgencia evidentes para el concurso y con el criterio expuesto en la parte final del art. 16,
LCQ, la suspensión temporaria (por un máximo de noventa días) de la subasta y de las medidas cautelares
que impidan el uso de la cosa gravada.
Para las restantes ejecuciones, el criterio de aplicación será directamente el art. 21, párr. 4º, LCQ.
Así, corresponde distinguir la carga procesal reglada en el nuevo art. 21, LCQ, en orden a la
prosecusión del proceso singular de la facultad del juez concursal de suspender la subasta, aun cuando se
haya cumplido con la petición verificatoria, de conformidad con el criterio del art. 16, párrafo final, LCQ (o
sea, cuando dicha cautela se justifique en la conveniencia para la continuación de las actividades del
concursado y la protección de los intereses de los acreedores).
14. Juicios laborales
14.1. Un cambio copernicano en un tema socialmente sensible
Quizás el tema de los procesos laborales (junto con la congestión de los tribunales de concurso) es
uno de los que básicamente sirvió de base para orientar la reforma concursal.

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Este tema, socialmente sensible, generó un fuerte debate con la sanción de la ley 24522. Luego de
vacilaciones doctrinarias y jurisprudenciales la cuestión quedó zanjada (en una adecuada interpretación del
anterior art. 21, inc. 5, LCQ) de la siguiente manera: el principio general es la atracción de todos los juicios
laborales; sólo están exceptuados los juicios por accidentes de trabajo. En este último sentido, cabe señalar
que sólo serán los juicios residuales, pues en los accidentes de trabajo rige el sistema de la LRT.
Hoy el sistema ha dado un vuelco copernicano, pues bajo el régimen actual los juicios laborales se
encuentran expresamente excluidos del fuero de atracción (art. 21, inc. 2, LCQ). No importa el tipo de
proceso laboral (diferencias salariales, indemnización por despido en cualquiera de sus variantes, tutela
sindical, accidentes de trabajo, etc.), la ley es clara y alude de manera genérica a "juicios laborales".
También se encuentran excluidos los procesos por daños y perjuicios contra el empleador que
tramitan ante los juzgados civiles, no sólo por una aplicación extensiva del binomio "juicios laborales", sino
por aplicación de la primera parte del inciso que alude a "procesos de conocimiento".
Atento a que el art. 21, párr. 1º, LCQ, alude a "juicios de contenido patrimonial" y la exclusión del
art 21, inc. 2, alude específicamente a los "juicios laborales", está claro que los trámites administrativos
laborales tampoco resultan atraídos; y mucho menos suspendidos.
Si el acreedor laboral ya tuviera una sentencia declarativa de su crédito, podrá continuar con el
trámite siempre que acredite haber verificado su crédito, ya que así lo impone expresamente el nuevo art. 56,
LCQ, al señalar que si el título verificatorio fuera una sentencia de un juicio tramitado ante un tribunal
distinto que el del concurso, por tratarse de una de las excepciones previstas en el art. 21, el pedido de
verificación no se considerará tardío si, no obstante haberse excedido el plazo de dos años previsto en el
párrafo anterior, aquél se dedujere dentro de los seis meses de haber quedado firme la sentencia.
14.2. Justificación de la reforma de la ley 26.086
No hacía falta volver a recorrer senderos que ya habíamos abandonado; no resultaba prudente -y no
lo es hoy en día- permitir la multiplicidad de fueros cuando el patrimonio del deudor se halle en crisis y surja
la necesidad de acudir ante un único juez a fin de tornar efectivos cada uno de los principios que ilustran el
proceso preventivo o liquidatorio.
La ley 26086 produce una colisión sin fundamentación. No era necesario devolver la competencia al
juez del trabajo para asegurar una solución ajustada a los principios de la legislación laboral o de otro fuero,
sin que ello implique negar que ese ámbito es naturalmente más técnico en esta materia.
Pero este último motivo no justifica modificaciones en la estructura concursal. Es que la defensa de
los principios liminares de la legislación laboral no sólo puede ser efectivizada por el juez del trabajo, sino
que debe ser garantizada por todos los tribunales que conozcan en un crédito de esa naturaleza. Siempre, en
la solución de un caso concreto, se debe aplicar el buen derecho, y si se tratase de una demanda laboral
atraída por la apertura del concurso o la declaración de quiebra del empleador, será el juez concursalista el
encargado de tutelar esa aplicación.
El legislador no ha reparado en este último aspecto y ha creído que sólo con la retención de la
competencia en cabeza del juez laboral se podría efectivizar una correcta tutela de los derechos de los
trabajadores.
En esta dirección se pronunció la jurisprudencia, remarcándose con total acierto que "la fuerza
gravitacional que indudablemente ejerce y necesita el proceso concursal sobre la totalidad de los de
contenido patrimonial, incluidos los laborales, no autoriza a considerar que importa en sí misma un
instrumento que lleve a dejar de lado los principios que inspiran el derecho del trabajo, en cuya preservación
sustentó el a quo la tacha de inconstitucionalidad. Desde esta perspectiva, la remisión de la causa al juez del
concurso por imperio del fuero de atracción, no tiene necesariamente que traducirse en conculcación o
cercenamiento de los principios protectorios y del debido resguardo de las garantías constitucionales que
caracterizan al proceso laboral. Es preciso recordar inicialmente que los principios tutelares del derecho del
trabajo se encuentran garantizados por la Carta Magna nacional a través del art. 14 bis y de los tratados
internacionales incorporados con rango constitucional por el art. 75, inc. 22...". A partir de estas ideas clave,
el alto cuerpo platense concluyó: "De manera que los principios enunciados, cuya custodia esgrimió el
tribunal de grado en sustento de la declaración de inconstitucionalidad, no sólo no pueden olvidarse con
motivo de la variación de la sede del procedimiento, sino que deben constituir nutriente insustituible en la
actuación de todos los magistrados provinciales y ser aplicados por ellos, cualquiera sea el fuero en que se
desempeñen".

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Frente a una pretensión del dependiente contra su empleador, resulta indispensable el examen de la
causa al abrigo de los principios reconocidos por el derecho del trabajo, más allá del juez que resulte
convocado a elucidar dicho conflicto.
Con la ley 24522 ese tratamiento se hallaba en cabeza del juez del concurso y no del laboral, pues así
lo diseñó el legislador para afianzar la uniforme aplicación del instituto falimentario. Sin embargo, ese
desplazamiento no dejaba en desamparo al trabajador -a quien sustrajo del que prima facie es el juez natural-,
pues dentro de los procesos regulados por la ley 24522, el magistrado concursal debía acudir a los
paradigmas de un derecho tuitivo que busca equilibrar las desigualdades entre los contratantes.
En la actualidad, en cambio, se ha virado el eje del sistema, asumiendo el juez laboral nuevamente la
competencia para conocer y decidir sobre la suerte de un reclamo nacido de un contrato de trabajo.
Las innovaciones que aquí comentamos si bien repercuten en lo procesal -fuero competente- ninguna
secuela de interés producen en el aspecto sustancial, ya que, como indicamos anteriormente, sea en una u
otra sede, el resultado siempre hubiera sido el mismo: tratándose de un crédito que reconoce origen en un
contrato de trabajo, tiene que ser analizado de conformidad al bloque de juridicidad y de los principios
inherentes al universo normativo laboral.
A modo de epítome, la esterilidad de la reforma en este capítulo se fundamenta en que:
i) al juez concursal no le resultaba indiferente el cuadro de principios que ilustran el derecho del
trabajo, sino que, por el contrario, debía conocerlos y aplicarlos en el caso concreto. El tribunal de concursos
y quiebras, como garante de la aplicación del buen derecho, debe familiarizarse con el espíritu que informa a
la ley 20744 a fin de valorar, según sus principios, las verificaciones de créditos que se insinúen en el pasivo
del empleador;
ii) los principios protectorios del régimen laboral no eran mancillados por la sola presencia del juez
concursal, desde que tienen similar presencia en el universo de la insolvencia, asegurándole a los
trabajadores idénticas garantías. Lo que no podría ser de otra manera, ya que los magistrados deben "aplicar
el buen derecho" y éste, en el tópico que examinamos, no es otro que el conformado por el bloque de
juridicidad propio de la legislación laboral.
De todas maneras, hoy las palabras huelgan. El legislador, con su autoridad, ha tomado un rumbo
diferente del que preconizamos. Y él, imbuido por el apoyo recibido de parte del soberano, es quien se halla
en óptimas condiciones para valorar la necesidad y la oportunidad de la reforma decidida.
14.3. El retorno de la dualidad de fueros
14.3.1. Los fundamentos del fuero del trabajo
No hace falta recordar las causas que dieron motivo a la creación de un fuero especial que se abocara
al conocimiento de las controversias que tuvieran origen en una relación contractual de naturaleza laboral.
Maguer, basta con remarcar que el nacimiento del fuero laboral intentó operativizar las directivas nucleares
que la propia Constitución había impuesto en la legislación del trabajo.
Así, a poco que se repare en los principios que informan el derecho del trabajo, cuyas raíces se
articulan directamente con los pilares de nuestra ley fundamental, se podrá advertir que la tutela de tales
derechos quedaba resguardada con la intervención de un magistrado con conocimientos específicos debido a
la especialidad y especificidad del derecho laboral.
En otras palabras, la creación de un fuero propio y reservado venía a constituir una ratificación
explícita de las particularidades que rodean al derecho del trabajo, premisa que justificaba mantener bajo la
órbita de un juez laboral el conflicto de esta naturaleza a fin de su elucidación, ya que sólo él estaría imbuido
de los caracteres propios de esta rama jurídica.
La especialidad del fuero del trabajo, con principios propios, impone que éstos se cumplan sin
consideración a reglas procesales que en otro fuero podrían ocasionar serios perjuicios al trabajador. De
guisa tal que no se deben perder de vista las bondades de la especialización y, sobre todo, que el proceso de
trabajo es el más apto para interpretar y explicar el derecho sustantivo correspondiente.
Las reformas operadas en virtud de la ley 24522 posibilitaron que, a su sombra, fuera formándose un
debate prolífero y fértil entre dos fueros cuya existencia está respaldada por los especiales caracteres que lo
informan.
Ante lo que se puede advertir como un quiebre entre concursalistas y laboralistas, entendemos que
bajo ningún concepto es viable un análisis parcializado. No se trata, en síntesis, de la defensa de
autonomismos vacíos, sino de la elucidación de la correcta interpretación de los dictados del constituyente:
dotar al derecho del trabajo de un correcto ámbito tutelar.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
14.3.2. La polémica entre los fueros
Recordemos que luego de la derogación del antiguo régimen y su mutación hacia el impuesto por la
ley 24522, se originó un intenso debate acerca de si los créditos laborales se atraían y se suspendían y,
finalmente, sobre qué rubros eran alcanzados por el fuero de atracción.
Fueron, a no dudarlo, años de incertidumbre, ya que la propia norma, literalmente abordada, resultó
pábulo para que los tribunales juzgaran de diversos modos, algunos sosteniendo la atracción y otros
directamente pronunciándose por la tesis contraria.
Martorell resumió la división de aguas existente en el tópico que analizamos, introduciéndose en el
examen de lo que él denomina como "crónica de un viejo antagonismo". Para este autor, a pesar de los
nuevos albores que informan a una y otra rama jurídica, "es evidente que hay sectores ‘ultras’ -entre los
laboralistas- que se siguen amurallando en visiones paralizantes de todo desarrollo, configurando lo que el ex
juez del Trabajo y ex presidente de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, Jaime Anaya...
calificó de ‘autonomismos celosos, cuando no feroces’, y que parten del gravísimo error de ignorar que el
interés de los trabajadores, aun siendo muy importante, no es sino el de uno de los grupos sociales que
integra la comunidad, no siendo válido -si no se pretende causarle graves males a la sociedad- escindirlo y
sacralizarlo".
En síntesis, esta cuestión motivó una larga polémica entre laboralistas que rescataban la
"especificidad" del fuero laboral y los comercialistas que intentaban privilegiar la "concursalidad" como
característica propia de los procesos regulados por la ley 24522.
La reforma intenta una solución salomónica tornando facultativo para el trabajador recurrir ante el
juez concursal o ante su propio fuero en defensa de su derecho.
14.4. Triple opción del trabajador
Por ello, el trabajador ahora tiene una triple opción, que oportunamente ya habíamos convalidado en
nuestro comentario a la Ley de Concursos y Quiebras pese a la confusa redacción del precepto. El empleado
que tiene un crédito contra el concursado, puede:
i) continuar el proceso laboral ante el juzgado laboral competente (en el que inició oportunamente el
proceso), con la participación necesaria del síndico concursal. Eventualmente, si aún no se ha iniciado
proceso, iniciar una acción laboral nueva;
ii) verificar el crédito laboral en los términos del art. 32, LCQ, previa opción por suspender el
procedimiento;
iii) ocurrir ante la vía del pronto pago, en sus dos variantes previstas en el art. 16, LCQ. Debe
recordarse que en virtud del nuevo art. 16, párr. 5º, LCQ, expresamente señala: "La resolución judicial que
admite el pronto pago tendrá efectos de cosa juzgada material e importará la verificación del crédito en el
pasivo concursal".
14.5. Verificación tardía
El art. 21, inc. 2, LCQ, sólo alude a la posibilidad de verificar el crédito laboral "en los términos del
art. 32, LCQ", con lo cual se genera una primera duda sobre la posibilidad de que el acreedor laboral ocurra a
la verificación tardía (art. 56, LCQ). Creemos que no existe ningún inconveniente en que el acreedor laboral
(que haya iniciado un proceso laboral en contra del concursado) suspenda su proceso y ocurra tardíamente al
proceso concursal a lograr su verificación tardía de créditos en forma incidental (art. 56, LCQ).
Ello así por lo siguiente: i) si la ley hubiere querido negar la verificación tardía a los acreedores con
procesos de conocimiento iniciado lo hubiera dicho en forma expresa; ii) el propio texto del art. 21, inc. 2,
LCQ, alude al art. 32 y "concordantes". Recuérdese que el sistema verificado encuentra su eje en el art. 32,
LCQ, pero ha sido estructurado con varias normas, siendo también esencial la verificación tardía y la
continuación del procedimiento; iii) no sólo no se afecta el proceso concursal, sino que -al contrario- se le
brinda una clara ventaja en términos de celeridad, ya que el acreedor laboral puede tener interés en que su
crédito se verifique.
14.6. "Nuevas" acciones
Pero además se permite al acreedor laboral iniciar una nueva acción de contenido patrimonial en
contra del concursado. En efecto, el art. 21, párr. 3º, LCQ, no sólo permite al acreedor continuar los juicios
ante el tribunal de su radicación originaria, sino iniciar "acciones laborales nuevas" ante el que resulte
competente.
El acreedor laboral que no hubiere iniciado su proceso judicial con anterioridad a la presentanción
concursal no sólo puede recurrir a la verificación de créditos (tempestiva o tardía) o al pronto pago, sino que

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puede iniciar un nuevo proceso judicial ante el juzgado que corresponda por competencia de grado, materia o
territorio.
La ley no deja en claro cuál es la fecha para el inicio del nuevo proceso laboral. Sin embargo, y
realizando una adecuada armonización con el nuevo art. 56, LCQ, cabría señalar que igualmente se aplica la
prescripción del art. 56, párr. 6º, LCQ (esto es, dos años). Y, por ello, el acreedor laboral debe iniciar el
proceso en dicho término, so riesgo de que le sea opuesta la prescripción.
Además, una vez obtenida la sentencia en el proceso laboral (y sus eventuales vías recursivas) el
acreedor deberá deducir el incidente de verificación tardía en el plazo de seis meses de haber quedado firme
la sentencia.
14.7. Remisión
En lo demás (y en lo lógico), resulta plenamente aplicable el procedimiento de los procesos de
conocimiento que se analizarán más adelante.
15. Procesos de conocimiento
Una gran innovación de la reforma concursal radica no sólo en la cuestión de los juicios laborales,
sino de "todos los procesos de conocimiento". La reforma modifica "visceralmente" el fuero de atracción al
permitir la continuación de los procesos de conocimiento y de los juicios laborales ante los jueces singulares.
De este modo, la anterior "opción continuativa" contenida en el viejo art. 21, inc. 1, ley 24.522, da un
nuevo paso y vuelve al régimen de la ley 4156 de 1902, permitiendo que los juicios ordinarios de
conocimiento, así como también los procesos laborales, se mantengan ante los jueces singulares.
No cabe duda acerca de que el fundamento de la exclusión se encuentra, por un lado, en el tipo de
debate amplio sobre la eventual existencia y alcance del derecho que se discute en un juicio de conocimiento;
y, por el otro, rescata la especialidad del fuero del trabajo y en especial, reconoce como directriz fundante la
necesidad de dar plena vigencia a los principios tutelares de la relación laboral, que dieron razón de ser a la
especialidad de dicho fuero.
La nueva norma deja a salvo la facultad del actor para suspender el procedimiento y verificar su
crédito conforme a lo dispuesto por los arts. 32 y concs., LCQ, sin perjuicio de lo cual, al menos en el caso
de los trabajadores, la especialidad del fuero pareciera ser una conquista difícil de eludir.
Justamente el art. 21, inc. 2, LCQ, excluye del fuero de atracción a los procesos de conocimiento en
trámite, tal cual -y pese a la redacción del art 72, in fine, LCQ- se aceptó jurisprudencialmente para el
acuerdo preventivo extrajudicial.
15.1. La afectación de la universalidad patrimonial
La exclusión de los juicios de conocimiento, cualquiera que sea la causa o naturaleza de la
obligación, divide la continencia o el principio de plenitud procesal que deben respetar el juicio universal -y
que justifica el fuero de atracción-, la convocación de todos los acreedores y la unicidad del procedimiento.
Dicho derechamente, la exclusión afectará directamente el pasivo que esté en condiciones de integrar
la base concordataria, de conformidad al art. 36, LCQ, que establece que la resolución del juez es definitiva a
los fines del cómputo en la evaluación de mayorías y base del acuerdo.
De este modo, este tipo de acreedores tendrá que aceptar, si no opta por la verificación, en atención
al efecto erga omnes del acuerdo, art. 56, LCQ, la propuesta acordada con los acreedores que se hayan
insinuado por la vía del art. 32, LCQ.
Es cierto que el nuevo texto otorga la facultad al acreedor de ocurrir ante la vía verificatoria
tempestiva del art. 32, LCQ, lo que permite colegir que la continuación sólo se producirá en aquellos juicios
donde la controversia requiera de una amplitud probatoria específica en orden al reconocimiento del derecho.
De todas formas, la exclusión tal como está planteada, no se corresponde con el principio de
universalidad patrimonial.
La ley concursal convoca a todos los acreedores, arts. 31, 126 y 200, al proceso verificatorio y ello
implica el conocimiento de todas las acreencias del deudor, cualquiera que sea su naturaleza y causa, de
manera tal que el "fuero de atracción" articula el proceso verificatorio tempestivo.
La ampliación del elenco de exclusiones a los juicios de conocimiento, incluidas las situaciones
consorciales, resulta altamente disvaliosa. La doctrina más eminente, tanto del derecho comparado como en
nuestro país, siempre puso de relieve que la verificación de créditos es la cuestión "clave" que hace a la
existencia de los acreedores concurrentes al acuerdo, tal como lo establece el art. 36, in fine.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Cámara recuerda que la "verificación y graduación de créditos" es la pieza maestra del instituto
concursal y trae a cuento la famosa expresión de Rocco, que la denomina la chiavi di volta, y la opinión de
Provinciali sobre la relevancia del L’accertamento del passivo.
15.2. Sentido del concepto
Está claro que la noción de procesos de conocimiento excluye, de pleno, la idea de ejecuciones
judiciales o extrajudiciales (entre las que -naturalmente- también se encuentra la ejecución de la sentencia del
proceso de conocimiento).
De todas formas, cabe aclarar que la ejecución hipotecaria y prendaria tiene un régimen distinto del
de todos los procesos de conocimiento, derivado del privilegio especial que detentan y, por supuesto, la
propia redacción de la norma.
15.3. Contencioso o voluntario
Los procesos de conocimiento pueden diferenciarse en contenciosos o voluntarios, según se resuelva
un conflicto de intereses entre distintas personas o simplemente se presenten ante el órgano jurisdiccional
persiguiendo la integración, constitución o eficacia a circunstancias privadas. De todas formas, los procesos
de jurisdicción voluntaria pueden transformarse en contenciosos cuando hubiere alguna oposición entre los
peticionarios.
Está claro que el art. 21, LCQ, al aludir a proceso de conocimiento, lo ha hecho con una intención de
excluir los ejecutivos, dejando muchas zonas grises. De todas formas, resulta claro entender que se
encuentran inmersos en la noción el juicio ordinario y sumarísimo en el CPCCN, sumario en las
legislaciones que no lo han modificado y abreviado en el CPCCCórdoba.
Es claro que los actos de jurisdicción voluntarios pueden eventualmente resultar alcanzados por la
noción de proceso de conocimiento (y por ello no sufrir el fuero de atracción) en varios casos:
i) cuando el peticionario (actor) sea justamente el concursado, ya que el fuero de atracción sólo
abarca la faz pasiva (esto es, cuando el concursado sea demandado);
ii) si existiera un conflicto de intereses entre ellos, la situación podría dar lugar a un litisconsorcio
pasivo necesario (y por ello, naturalmente excluido del art. 21, inc. 3, LCQ), si es que la pretensión no
pudiera escindirse válidamente sin menoscabo jurídico alguno;
iii) aún más, dar lugar a un litisconsorcio pasivo facultativo y el eventual acreedor optar por
continuar el juicio;
iv) todo ello, sin perjuicio de indagar la verdadera naturaleza de la pretensión y determinar si el
proceso de jurisdicción alberga el tratamiento de una pretensión que requiera de una investigación o
determinación del juez interviniente.
Además de los procesos declarativos generales, se incluyen los "especiales" y la llamada acción
declarativa de certeza.
15.4. Ejecuciones judiciales
Como dijimos, por exclusión del proceso de conocimiento, se incluye la noción amplia de
ejecuciones, que debe entenderse como "ejecución de sentencia" y que abarca toda la etapa posterior, sin que
deba entenderse solamente referida a la subasta judicial o actos de ejecución forzada.
Esta afirmación se funda en que no existe ningún sentido lógico (ni práctico) en que una vez
obtenida la sentencia y que ésta quede firme se proceda a la ejecución de la sentencia. Y, muchos menos, que
se regulen honorarios por la actuación de un proceso que, en esencia, es claramente inoficioso, ya que no
podrá subastarse el bien embargado (si es que no se hubiera levantado la medida cautelar en los términos del
art. 21, párr. 4º, LCQ) debido a que el acreedor deberá previamente verificar su acreencia (según lo impone
el nuevo art. 56, LCQ) y someterse a las resultas del acuerdo homologado.
Además de ello, la suspensión y el fuero de atracción incluirán seguramente los procesos de
ejecución más comunes, como la letra de cambio; la factura de crédito; el vale o pagaré; el cheque; el saldo
deudor en cuenta corriente bancaria; la carta de reconocimiento de deuda; el crédito por alquileres; los
honorarios de abogados y procuradores; los impuestos; el crédito por expensas comunes; la preparación de la
vía ejecutiva, etcétera.
No puede ignorarse que en la generalidad de los juicios ejecutivos o ejecuciones de tinte similar
(cuando se admite la demanda en el llamado primer decreto) se libra "sin más trámite mandamiento de
ejecución y embargo por la suma reclamada".
Vale decir que el propio juicio ejecutivo, en esencia, es una ejecución judicial. Si bien requiere la
sentencia que "manda a llevar adelante la ejecución seguida por el actor", la ejecución judicial ya se ha

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iniciado. El hecho de que este tipo de procesos requiera un escrito de ejecución de sentencia no altera la
cuestión.
15.5. Ejecuciones por remate no judicial
Respecto de las ejecuciones por remate no judicial (v.gr., ejecución de las letras hipotecarias -arts. 35
y ss., en especial el art. 45, ley 24.441-, aquellas que se hayan sometido al régimen especial de ejecución de
hipotecas -art. 52, ley 24.441-; ejecuciones prescriptas en el art. 39, dec.-ley 15.348, ratificado por ley
12962; ejecución extrajudicial del warrant -art. 17, ley 9643-, etc.) no se suspenden, sino que rige
puntualmente el art. 23, LCQ.
15.6. Proceso judicial
Debe ser un proceso judicial, ya que si se tratare de un proceso administrativo directamente no
estaría alcanzado -conforme lo explicamos- por el principio del art. 21, párr. 1º, LCQ: trámite de los "juicios"
de contenido patrimonial, y por ello no sería susceptible de suspensión y debería continuar su trámite.
De todas formas, y para evitar equívocos posteriores y por cuestiones de prudencia profesional, no
sería mala idea que la parte (aun en el procedimiento administrativo) haga uso de la opción y manifieste que
verificará su crédito una vez firme la sentencia. Lo dicho tiene mucha importancia en los procedimientos
administrativos de determinación impositiva, en los que el acto administrativo puede muchas veces resultar
impugnado y no adquirir firmeza hasta después de tramitado un proceso que se inicia como administrativo,
pero deviene en matices judiciales.
Ello es igual frente a otros entes en los que el procedimiento se inicia en la administración y luego
-una vez agotada la instancia previa- se inicia el expediente judicial.
15.7. Procesos "en trámite"
La ley alude a procesos de conocimiento en trámite, lo que excluye a los que no lo hayan iniciado.
Esta situación plantea algunas dudas que, dado el sentido de la reforma, es bueno explicar.
Otra corriente de opinión entiende que, pese a la locución "en trámite", también se excluyen los
juicios de conocimiento a iniciarse, siempre que sean por causa o título anterior, pues el acreedor tiene el
mismo derecho a la jurisdicción natural que aquel que ya demandó y, una interpretación apegada al texto
estricto de la ley, violentaría el art. 16, CN.
Para hablar técnicamente de proceso "en trámite" es menester que el tribunal haya dictado el primer
decreto (o decreto de admisión de la acción que suele decir: "por presentado, por parte y con el domicilio
constituido. Admítase"). Sin embargo, resulta claro que la inteligencia de la ley apunta al proceso que haya
sido formalmente presentado, aun cuando no se le haya dado trámite formal, por exigir un cumplimiento de
aportes, acreditar personería, acompañar algún título o aclarar alguna cuestión conexa (esto es, cuando el
tribunal señala: "Previamente acredítese...").
La idea es que "proceso de conocimiento en trámite" es aquel que haya sido formalmente presentado
en la mesa de entradas (general o del juzgado) y en el que el tribunal haya entendido, aun cuando no haya
dado trámite expreso. En otros términos, un proceso está en trámite cuando se ha excitado de alguna forma el
proceso para dar curso a la pretensión, aun cuando el tribunal no se haya expedido sobre el cauce procesal de
la pretensión.
En este sentido, se incluyen también aquellas medidas (preparatorias o de prueba anticipada) en la
que el justiciable procura allanar la incertidumbre de alguna cuestión o desentrañar algún aspecto puntual
que es óbice para el inicio (o no) del proceso judicial).
Como puede verse, la inteligencia de la reforma apunta a excluir del fuero de atracción a aquellas
cuestiones que, a opción del acreedor (o actor), podrían ser dilucidadas en forma más adecuada bajo el
trámite procesalmente impreso a su pretensión (y generalmente más amplio que el marco del proceso
verificatorio tempestivo o tardío). Por ello, la reforma ha procurado dejar fuera del radio de decisión del juez
concursal todos aquellos procesos que requieran o bien de algún grado de especialización (v.gr.: fuero
laboral, familia, etc.) o que la propia ley de rito les facilite la obtención de una sentencia basada en (o con
tendencias a) la verdad real.
El término "en trámite" abarca, también y mirando la finalización del proceso de conocimiento
excluido del fuero de atracción, el proceso desde su inicio y hasta la obtención de la sentencia firme (por
utilizar la expresión empleada por el art. 56, LCQ). Básicamente, el art. 56, LCQ, exige que la verificación
deberá interponerse dentro del plazo de seis meses desde que quedare firme el proceso de conocimiento (de
haber quedado firme la sentencia reza el artículo).

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Por ello, y nuevamente reafirmando el criterio inveterado de la CSJN, los procesos en la alzada no se
atraen, sino que pueden continuar con su trámite hasta la obtención de una sentencia firme.
Ahora bien, y como se dijo, cabe afirmar que el acreedor en la alzada no tiene la opción de no
continuar el procedimiento, sino que -si se reaplicara con las ambientaciones legales pertinentes- el proceso
escapa a la posibilidad suspensiva y atractiva y sólo podrá pedir verificación con el título (sentencia firme)
obtenido en la alzada.
De todas formas, será una cuestión a redefinir bajo las nuevas reglas, ya que una aplicación literal (al
igual que el plexo anterior) permite la opción del acreedor de suspender el proceso y verificar su crédito.
15.8. Medidas cautelares
Cabe preguntarse qué sucede con el planteo de una medida cautelar (embargo preventivo) en forma
previa al proceso de conocimiento que no se inició antes de la presentación concursal del deudor.
¿Puede el acreedor presentar la "nueva" demanda con posterioridad a la presentación concursal? Si
se trata de acreedores laborales no habría ningún inconveniente, porque el art. 21, párr. 3º, LCQ, así lo prevé
expresamente ("acciones laborales nuevas", dice la ley); pero tratándose de un proceso de conocimiento, el
ordenamiento pareciera señalar lo contrario, ya que el art. 21, párr. 1º, LCQ, señala enfáticamente que "no
podrán deducirse nuevas acciones con fundamento en tales causas o títulos", y el art. 21, párr. 3º, no extiende
la excepción prevista para las acciones laborales, sino que simplemente alude a "acciones". Además, es claro
que el propio art. 21, párr. 4º, LCQ, señala que en los procesos indicados en los incs. 2 y 3, no procederá el
dictado de las medidas cautelares y las que se hubieran trabado, deberán ser levantadas.
Por ello, y si la medida cautelar puede ser levantada por imperio del juez, si ésta se ha trabado (en
forma previa a la demanda), el acreedor no podrá interponer la demanda sino que deberá ocurrir directamente
a la vía verificatoria tempestiva o tardía (arts. 21, inc. 2, 32 y 56, LCQ).
16. Opción de suspender el procedimiento
La ley alude puntualmente a "salvo que el actor opte por suspender el procedimiento y verificar su
crédito conforme lo dispuesto por los arts. 32 y concordantes".
Vale decir que dentro de la propia excepción al fuero de atracción y suspensión del proceso (art 21,
inc. 2, LCQ), rige una regla y otra nueva excepción. La regla es que el proceso continúa (no se suspende). La
excepción: que puede suspenderse si el actor opta por ello y procura la verificación del crédito.
Cabe tratar, en primer lugar, la "excepción de la excepción": el actor (léase, acreedor) puede optar
por suspender el proceso.
16.1. Alcance conceptual de la "suspensión"
No se entiende por qué el actor debe "suspender" el proceso y no "terminarlo" (o desistir sin costas,
como señala el antiguo y actual art 133, LCQ). En realidad, si se interpreta la norma de una forma
sistemática, se trata de una suspensión sine die ya que el actor no tiene la opción de continuar el proceso
nuevamente.
Podría decirse que si el actor opta por suspender el proceso de conocimiento; presenta la insinuación
de su crédito de acuerdo con el sistema concursal (arts. 32, 56 y 280, LCQ) y luego su pretensión es
rechazada, el acreedor podría optar por reanudar el proceso suspendido y procurar lograr el ingreso de su
crédito por esta vía.
Dicha interpretación desconoce seriamente el valor de los efectos extraconcursales de la cosa
juzgada, pregonada no sólo por toda la doctrina concursalista, sino por la jurisprudencia casi unánime. Pero,
además, también desconocería los efectos "intraconcursales", ya que permitir la continuación del trámite a
los efectos de lograr el título verificatorio (art. 56, LCQ), desconocería que dicha pretensión ya fue rechazada
(existiendo identidad de objeto, causa y sujetos).
Por ello, pensamos que el acreedor (actor, según el art. 21, inc. 2, LCQ) no puede, una vez rechazado
su crédito por la sentencia de verificación o incidental, reeditar la cuestión en el tribunal originario
procurando "continuar" con su proceso, para lograr superar (elípticamente) el rechazo mediante un verdadero
"puente" interpretativo. La suspensión, más que una suspensión en sentido estricto, es un modo anómalo,
pero legal de continuación del proceso; en términos procesales (y tomando el ejemplo del art. 133, LCQ),
sería una especie de desistimiento del proceso en miras a ejercitar un derecho previsto por el ordenamiento
concursal.
La única lógica que tiene el sentido utilizado ("suspensión"), radica en la eventual alternativa de que
el concurso finalice por alguna forma diferente al cumplimiento (o quiebra, en su caso). En este sentido, cabe
recordar que el proceso concursal puede ser desistido forzosa o voluntariamente; esto es, por incumplimiento

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de la presentación de los libros de comercio o depósito judicial para los gastos de correspondencia del art. 29
(art. 14, inc. 5 y 8, LCQ) o por voluntad del concursado en los términos y con las condiciones exigidas por el
art. 31, LCQ.
En este caso, es claro que el desistimiento del concurso permitiría la "reanudación" del proceso de
conocimiento individual, sin que sea menester iniciar un nuevo proceso.
Pero esta solución, aun cuando no estaba expresa en la ley, surgía implícitamente, ya que los
procesos atraídos debían ser remitidos al proceso donde estaba siendo tramitado para que se continúe según
el estado procesal que corresponda.
16.2. Remisión
Pero además, porque la opción por la suspensión del proceso importa la remisión del expediente al
juez del concurso, ya que así parece surgir lógicamente de la propia letra de la ley. Así, si el art. 21, LCQ,
señala que quedan excluidos de suspensión y atracción los procesos de conocimiento, salvo un caso: que el
acreedor opte por suspender el procedimiento. Por ello, la opción de la suspensión también importa la
"atracción", no sólo por que la ley así parecería indicarlo, sino porque la acreditación de la acreencia derivará
naturalmente en el estudio de la causa suspendida.
16.3. Oportunidad de la opción
La ley no señala expresamente en qué momento puede ejercerse la opción; ni tampoco, claro está, la
forma que debe utilizar. En cuanto a la oportunidad, es claro que podrá ejercer la opción (como dice el art.
21, párr. 1º, LCQ) desde la publicación de edictos (aunque parece razonable entender que no habría óbice
con que lo haga antes de la publicación).
Pero la ley no dice hasta cuándo; por ello, pensamos que pese al vacío legal, la opción de suspensión
puede ejercerse hasta el plazo de prescripción de los dos años previstos por el art. 56, LCQ.
Por ello, el actor podrá continuar todo el proceso en su totalidad y antes del dictado de autos (o de los
alegatos), ocurrir a la vía de la verificación de créditos. Es claro que la idea de ocurrir a la verificación luego
de un tiempo considerable podría dar lugar a un desgaste jurisdiccional innecesario y no tendría sentido
procesal alguno.
Pero también lo es que las contingencias procesales de cada proceso son infinitas y que puede darse
el caso de que el deudor no denuncie su situación concursal y que lo haga al cabo de un tiempo, generando
un clara incertidumbre a los acreedores.
La práctica indica que cuando el proceso concursal y el individual de conocimiento tramitan en
diferentes jurisdicciones, los tiempos para requerir un patrocinio letrado adecuado en la jurisdicción del
proceso concursal no son los anhelados y mientras tanto puede ser necesario ir produciendo prueba
fundamental a los fines de la acreditación de la pretensión.
16.4. Ius variandi
Es claro que la opción por la suspensión le impide, como señalamos, poder recontinuar el proceso de
conocimiento oportunamente suspendido. No se permite el ejercicio del ius variandi.
Ello es así con una salvedad que está establecida para el pronto pago por la propia modificación al
art. 16, LCQ, cuando dice: La resolución judicial que admite el pronto pago tendrá efectos de "cosa juzgada
material" e importará la verificación del crédito en el pasivo concursal; la que lo deniegue, habilitará al
acreedor para iniciar o continuar el juicio de conocimiento laboral ante el juez natural.
Vale decir que si se optó por suspender el procedimiento para recurrir al pronto pago y éste resulta
rechazado, el acreedor laboral podrá volver a su fuero a "continuar" el juicio suspendido o, si no lo inició,
para comenzar uno nuevo.
16.5. Competencia
En estos casos los juicios proseguirán ante el tribunal de su radicación originaria. La radicación
originaria alude a la competencia (por turno, grado, materia, territorio, órbita) que correspondería si el
concurso no existiera. Ello así, porque puede suceder que el expediente se situara circunstancialmente por
alguna razón en la alzada (v.gr.: incidente de nulidad, recurso de reposición, etc.) y luego deba radicarse en
primera instancia. Es claro que deberá "bajar" donde se planteó la demanda.
Es claro que si se hubiere articulado una recusación (con o sin causa) deberá remitirse de
conformidad al orden interno de distribución de causas estipulado por el propio sistema judicial de cada
jurisdicción.
17. Participación del síndico

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El síndico será parte necesaria en tales juicios a cuyo efecto podrá otorgar poder a favor de abogados
cuya regulación de honorarios estará a cargo del juez del concurso, cuando el concursado resultare
condenado en costas, y se regirá por las pautas de la presente ley.
El texto es realmente incomprensible pues la intervención de la sindicatura tenía sentido en la
"opción continuativa" del art. 21, inc. 1, ley 24.522, toda vez que la prosecución del proceso implicaba
sentencia con fuerza verificatoria.
Bajo el nuevo régimen, a la luz del artículo 56, LCQ, se exige que las resoluciones que se dicten
finalizando los procesos singulares que escapan al fuero de atracción sean verificadas ante el juez concursal.
En consecuencia, surge la pregunta sobre cuál es el sentido de la intervención de la sindicatura, en
procesos donde ningún rol le cabe pues las facultades informativas en orden a la verificabilidad del crédito,
recién debe aplicarlas en el incidente de verificación tardía que se deduzca una vez obtenida la sentencia
declarativa en el juicio singular.
Además, cabe distinguir la situación que se plantea en el concurso preventivo de la que se presenta
en la quiebra.
En el primer instituto (concurso preventivo), el concursado mantiene la plena legitimación procesal y
no existe fundamento alguno para la intervención del síndico, con toda la sobrecarga de tarea que implica
para dicho funcionario y el consiguiente devengamiento de costas que podría influir en el concurso.
En la quiebra, en cambio, ante la pérdida de legitimación del fallido, podría argüirse que éste es el
fundamento de la intervención sindical. No obstante, el argumento carece de suficiente consistencia a la luz
del art. 110, párr. 2º, LCQ, pues en estos casos el deudor está habilitado para mantenerse en la defensa de sus
derechos.
Por otra parte, también la sentencia recaída en un juicio de conocimiento proseguido en contra de un
fallido, ya sea en forma individual o en una situación litisconsorcial, posee alcance declarativo y no
verificatorio.
Dicho de otro modo, estas resoluciones también deberán concurrir al respectivo proceso verificatorio
de conformidad a lo estipulado en el art. 56.
Por lo tanto, el dispositivo del art. 21 en cuanto manda que el síndico será "parte necesaria" en los
juicios que se prosigan, por exclusión del fuero de atracción, constituye una norma que carece de
congruencia con el sistema verificatorio.
17.1. Participación necesaria
La ley ha introducido esta interesante innovación, ya que impone la participación "necesaria" del
síndico en el proceso de conocimiento. Ello ya había sido atisbado bajo el régimen anterior a los efectos de
brindar un esquema de contralor más adecuado por una analogía con el art. 56, LCQ (que imponía al síndico
brindar un informe sobre la prueba rendida).
Aquí su participación no sólo es optativa o discrecional. Cabe preguntarse qué ocurre si el proceso ha
continuado su trámite sin la participación del síndico. La ley es clara en señalar su carácter de "parte
necesaria", pero no las consecuencias por su falta de participación. En este caso, cabe señalar que se ha
generado una situación de litisconsorcio cuasi necesario, en el que se exige la participación del funcionario
concursal.
No existe una regla general para todos los casos y al igual que los problemas que comúnmente se
suscitan en los litisconsorcios, se podría establecer -según el caso y las condiciones- la posibilidad de
convalidación del proceso intervenido sin participación del síndico concursal siempre que sea anterior a la
sentencia, no exista malicia de las partes en no anoticiar el proceso en el concurso y dicha participación
tardía no afecte la participación en actos sustancialmente relevantes.
17.2. Función
El síndico no será ni parte actora, ni parte demandada y no debe coadyuvar al concursado en el
proceso concursal. Su misión no es procurar reducir el pasivo (o, eventual e indirectamente) aumentar el
activo, sino que su actitud procesal debe procurar la verdad real y la correcta determinación del patrimonio
del concursado.
17.3. Otorgamiento de poder
La ley lo habilita expresamente para conferir poder a favor de abogados cuya regulación de
honorarios estará a cargo del juez del concurso.
17.3.1. Coordinación normativa

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Esta norma debe coordinarse con el art. 258, párr. 1º, LCQ, que señala que la actuación personal se
extiende aun cuando deban cumplirse actos fuera de la jurisdicción del tribunal, agregando el segundo
párrafo que si no existen fondos para atender a los gastos de traslado y estadías o si media otra causa
justificada, se requiere su comisión al agente fiscal de la respectiva jurisdicción, por medio de rogatoria al
juez que corresponda. Sin embargo, el juez puede autorizar al síndico para que designe apoderado con cargo
a gastos del concurso, a los fines de su desempeño en actuaciones que tramitan fuera de su tribunal.
Lo que antes era considerado excepcional cuando se realicen actividades fuera de la jurisdicción del
tribunal y previa autorización por el tribunal, ahora la ley lo habilita expresamente al menos en el concurso
preventivo. El síndico podrá (sin que sea menester una autorización judicial y aun dentro de la misma
jurisdicción) otorgar poder a un letrado para la participación en el proceso.
17.3.2. Honorarios
Los honorarios no estarán a su exclusivo cargo (art. 257, LCQ), sino que están a cargo del concurso,
conforme surge implícitamente del art 21, párr. 3º, LCQ, al imponer que el juez deberá regular los
honorarios.
De otro modo, la inclusión normativa no tiene ninguna explicación, pues admite expresamente lo que
ya estaba permitido por imperio del régimen de los arts. 257 y 258, LCQ. Además, porque no es razonable (y
menos justo) que la ley le posibilite la contratación de profesionales para participar en un juicio y, además, le
imponga soportar los gastos que dicha gestión acarrea, cuando -en puridad- el síndico no es el verdadero
beneficiario. El término "Se regirá por las pautas de esta ley" no puede llevar a una solución contraria, ya que
de lo contrario se perjudicarían seriamente los intereses del síndico y la inclusión no sería necesaria. Qué
sentido tiene decir que se regirá por pautas de esta ley, sino es al solo efecto de remitirse a las pautas
establecidas improlijamente en el art. 287, LCQ. Además, la propia ley alude a los casos en que el
concursado resulte condenado en costas. Resultar condenado en costas significa, en un sentido razonable,
asumir los gastos del proceso, entre los que se incluyen los honorarios del síndico. De otro modo, ningún
sentido cabría para señalar que cuando el concursado asume las costas, las deba asumir -paralelamente- el
síndico.
17.3.3. Formalidades
El otorgamiento de poder no tiene formalidad alguna, ya que podrá ser un poder general para pleitos
para todos los procesos o bien el otorgamiento de una poder apud acta (o carta poder) para cada proceso en
cuestión.
17.4. Regulación de honorarios a cargo del juez del concurso
Un aspecto realmente llamativo es el que contiene el art. 21 cuando, al establecer la participación del
síndico, a la que hemos aludido en el parágrafo anterior, puntualiza que: "El síndico será parte necesaria en
tales juicios... a cuyo efecto podrá otorgar poder a favor de abogados cuya regulación de honorarios estará a
cargo del juez del concurso cuando el concursado resultare condenado en costas y se regirá por las pautas
previstas en la presente ley...".
La primera afirmación que corresponde efectuar, es que el juez que dispone la imposición de costas
es, obviamente, el titular del tribunal donde prosigue el juicio singular y, por ende, quien tiene la
competencia para evaluar la labor profesional y disponer la correspondiente aplicación de la normativa
arancelaria. Desde esta perspectiva, si el legislador concursal ha resuelto excluir estos procesos del fuero de
atracción, no puede pretender, ahora, "inmiscuirse a medias".
El juicio singular, que indudablemente puede estar en extraña jurisdicción, se encuentra tutelado por
la organización procedimental que la Nación asegura a las Provincias, de conformidad al art. 5 de la Carta
Magna.
De todas formas, y aun cuando tramite en la misma circunscripción que la del juez concursal,
también la labor del tribunal del juicio singular goza de la plenitud de la competencia, no sólo en cuanto a la
cuestión principal, sino también en materia de costas y en el correspondiente régimen arancelario. Adviértase
que nos encontramos frente a juicios ordinarios declarativos, que no se corresponden con el régimen de los
arts. 265 a 272, LCQ.
Tampoco podría justificarse, desde ninguna perspectiva, la pretensión de que la regulación de
honorarios estuviese comprendida en la regulación general y, mucho menos, que resultase de aplicación el
art. 287 de la LCQ.
En una palabra, las reglas regulatorias previstas en la ley concursal, no se adecuan a los procesos de
conocimiento.

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Por ello, reiteramos: la verdad es que este precepto no tiene ninguna lógica y no encuentra
justicativo. ¿Por qué el juez del concurso va a proceder a regular honorarios de un proceso en el que no
intervino? ¿Bajo qué criterio? ¿Deberá acompañarse copia de todo el expediente concursal o sólo las
actuaciones del síndico o sus apoderados? ¿Deberá incluirlos en la regulación general? ¿Deben ser
soportados por el síndico conforme a lo previsto por el art. 257, LCQ?
Está claro que si la inteligencia de la ley (y así surge de todas las discusiones parlamentarias) era
descomprimir las tareas del juez concursal, con esta exigencia no se logra justamente eso. Básicamente se le
impone al juez concursal que estudie todo el expediente concursal (sólo así puede regular adecuadamente
honorarios) y que en base a ello, pero sobre todo analizando las pautas cualitativas y determinando la
valuación del proceso, regule honorarios del profesional (abogado) que intervino en el proceso, con costas a
cargo del concursado.
Todo parecería indicar (con una interpretación a contrario) que si el perdidoso es el actor, las costas
deberá soportarlas él (acorde con el principio objetivo de la derrota) y en este caso los honorarios del síndico
no deberían ser regulados por el juez del concurso, sino por el que intervino en el proceso individual de
conocimiento.
17.5. Costas
Es claro que si el concursado resultare condenado en costas, los honorarios no se encontrarán
incluidos en la regulación general (art. 265, LCQ), sino que deberán justipreciarse en el caso concreto. Y por
ello, gozarán del carácter de gastos del concurso en los términos del art. 240, LCQ. Por ello, frente al no
pago de los mismos, el letrado del síndico podrá ejecutarlos en el momento que sean exigibles, sin que sea
menester esperar los plazos del acuerdo homologado o de los honorarios del síndico (art. 54, LCQ).
Por otro lado, e interpretando la defectuosa ley que dice "y se regirá por las pautas de la presente
ley", está claro que lo que se regirá por las pautas de la ley no es la participación del síndico ni la
condenación en costas, sino "la regulación de honorarios", en una clara remisión al art. 287, LCQ, que remite
a su vez a las pautas arancelarias locales.
18. Valor de la sentencia del proceso de conocimiento
La sentencia que se dicte valdrá como título verificatorio, lo que no significa, como lo señalaba el
artículo derogado, que tendrá valor verificatorio. Ello así porque el art. 56, alude expresamente a que "si el
título verificatorio fuera una sentencia de un juicio tramitado ante un tribunal distinto del concurso (por
tratarse de una de las excepciones previstas en el art. 21, LCQ) el pedido de verificación no se considerará
tardío".
En esta línea, también pueden destacarse las discordancias del nuevo texto y el diferente tratamiento
que pareciera surgir entre la regulación del concurso preventivo y la quiebra.
Así, el art. 21, parágrafo 3º, establece que este tipo de juicios proseguirá en el tribunal de su
radicación originaria y que el síndico será parte necesaria.
A renglón seguido, el texto legal establece que la sentencia que se dicte valdrá como título
verificatorio, pese a lo cual el art. 56, LCQ, en su nueva redacción, dispone que en la sentencia recaída en un
juicio tramitado ante un tribunal distinto que el del concurso, el pedido de verificación no se considerará
tardío, lo que demuestra el carácter necesario del reconocimiento del juez concursal.
De este modo, se advierte una palmaria contradicción entre las disposiciones de ambos artículos al
otorgarle a la sentencia (art. 21 de la ley) la calidad de título verificatorio y, a renglón seguido, (en el art. 56)
le impone la insinuación por vía incidental.
En la quiebra, la continuación del juicio también es ante el tribunal originario pero, en este caso, se
aclara que el acreedor debe requerir la pertinente verificación después de obtenida la sentencia.
A la postre, una interpretación contextual de todo el sistema conlleva a entender que el acreedor que
prosigue el juicio de conocimiento, debe verificar la sentencia que obtenga, de conformidad a la manda del
art. 56 de la LCQ.
19. Litisconsorcio
También están excluidos del fuero de atracción (y fundamentalmente de la suspensión) los procesos
en los que el concursado sea parte de un litisconsorcio pasivo necesario.
La ley al establecer solamente la participación del concursado en un litisconsorcio necesario ha
establecido un doble régimen:

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
i) litisconsorcio no necesario (en el que se suman los otros tipos procesales, tales como intervención
del tercero obligado o facultativo) que se regula por la disposición del art. 21, inc. 2, LCQ, en el cual el
acreedor actor tiene la facultad de continuar o verificar (suspendiendo el proceso);
ii) litisconsorcio necesario, en el que no se da la opción al acreedor para suspender el proceso y
verificar su acreencia.
19.1. Litisconsorcio necesario
En este último caso, el acreedor sólo puede continuar el proceso hasta que la sentencia quede firme y
luego de ello, peticionar la verificación del crédito si se pudiere o arbitrar las medidas para el adecuado
cumplimiento del crédito.
El proceso, a diferencia del criterio jurisprudencial imperante anteriormente, seguirá tramitando ante
el tribunal que originariamente intervino y no podrá mutarse su competencia a la concursal.
En él será parte necesaria el síndico, quien podrá designar apoderado y sus honorarios, si fueren a
cargo del concursado, serán regulados por el juez del concurso.
Aunque la ley no lo dice expresamente, pensamos que en caso de litisconsorcio necesario (y dado el
fundamento de éste) el actor podrá deducir una nueva acción ante el juez que corresponda, ya que si bien el
art. 21, párr. 1º, LCQ, claramente lo prohíbe, parece lógico que se permita.
Un ejemplo podrá aclarar la cuestión y se da en el caso de la división de condominio (que ha sido
considerado el ejemplo clásico de los litisconsorcios necesarios). Quien procure la división de condominio
podrá plantearla ante el juez que corresponda y con participación del concursado (y en su caso, del síndico),
pues esta pretensión no puede ser articulada mediante una verificación (tempestiva o tardía).
20. Medidas cautelares
El tema de las medidas cautelares (antiguo art. 21, inc. 4, LCQ) se encuentra regulado en el art. 21,
párr. 4º, LCQ, señalando que en los procesos indicados en los incs. 2 (procedimiento de conocimiento y
juicios laborales) y 3 (litisconsorcio necesario) no procederá el dictado de medidas cautelares. Las que se
hubieren ordenado serán levantadas por el juez del concurso, previa vista a los interesados.
Aun cuando el legislador permite la continuación de los procesos de conocimiento, de los juicios
laborales y de aquellos en los cuales exista un litisconsorcio pasivo necesario, dispone medidas para asegurar
la tutela del patrimonio sometido a concurso preventivo.
Así, en primer lugar, establece que en los casos de juicios de conocimiento y laborales, como así
también en las situaciones litisconsorciales, no procederá el dictado de medidas cautelares y las que se
hubieren ordenado serán levantadas por el juez del concurso, previa vista a los interesados.
Va de suyo que, aun cuando el texto legal no lo diga, está refiriendo a los bienes que integran el
patrimonio del deudor concursado y que, como prenda común de los acreedores, quedan sometidos a la
inhibición general establecida en el art. 14, inc. 7, LCQ, para garantía de los acreedores concurrentes.
De este modo, el legislador modifica la vieja pauta del art. 21 inc. 4, LCQ, que disponía el
mantenimiento de las medidas cautelares trabadas en los juicios singulares con anterioridad al juicio del
concurso e impone el levantamiento previa vista a los interesados.
La razón del precepto debe descubrirse en el "desapoderamiento atenuado" del régimen de contralor
judicial del concurso preventivo y, en especial, la cautelar general que implica la inhibición general para
disponer bienes registrables en los términos de la resolución de apertura del concurso preventivo.
De todas formas, se advierte nuevamente una "dualidad de fueros" y una "superposición de
competencias": el juicio de conocimiento sigue ante el juez originario, sea civil o laboral, pero las medidas
cautelares son levantadas por el juez concursal en trámite que corre en dicho tribunal. Realmente una
normativa compleja y que puede dar lugar a polémica y debate doctrinario y jurisprudencial.
20.1. Principales lineamientos
Básicamente, y pese a la redacción, el sentido tiene algún grado de similitud, a saber:
i) No podrán ordenarse medidas cautelares con respecto a acreencias concursales. Ello no es óbice
para los supuestos de créditos postconcursales, salvo los supuestos del art. 24, LCQ.
ii) Las que se hubieren trabado deberán mantenerse hasta el levantamiento del juez del concurso;
mantenimiento de medidas cautelares que carece de efecto práctico, ya que todos los acreedores (en virtud
del principio de concurrencia) están llamados a verificar su crédito y someterse al sistema de solidaridad de
pérdidas (salvo acreedores privilegiados).

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
iii) El único sentido de su mantención podría ser el caso de que se produzca el desistimiento del
concurso (arts. 30 y 31, LCQ). Si se produjo el desistimiento del concurso preventivo, el acreedor cuenta
nuevamente con la posibilidad de ejecutar su acreencia, para lo cual las medidas cautelares oportunamente
trabadas mantienen vigencia.
iv) El reconocimiento de los créditos quirografarios tiene por finalidad la de participar en el
concurso, aceptar la propuesta concordataria y conformar las mayorías exigidas (arts. 45 y 45 bis, LCQ) para
la existencia de acuerdo (art. 49, LCQ) y posterior homologación (art. 52, LCQ). Todos los acreedores están
sometidos al principio de igualdad concursal y que las posibilidades de cobro efectivo dependen del éxito del
acuerdo (esto es de la homologación -art. 52, LCQ- y su posterior cumplimiento -art. 59, LCQ-).
v) Además, el concursado no está obligado a formular propuesta a los acreedores privilegiados (arts.
44 y 47, LCQ). Si ofrece propuesta para acreedores privilegiados generales debe obtener la mayoría absoluta
de acreedores y dos terceras partes del capital o la unanimidad de los acreedores privilegiados, aunque sólo
será declarado en quiebra si hubiese condicionado la aprobación a la propuesta a acreedores privilegiados
(art. 47, LCQ). Los acreedores privilegiados que no estuviesen comprendidos en el acuerdo preventivo
podrán ejecutar la sentencia de verificación ante el juez que corresponda (art. 57, LCQ).
20.2. Levantamiento
Por ello, las medidas cautelares trabadas podrán ser levantadas por el juez del concurso, previa vista
a los interesados.
Si bien la ley alude sólo a la vista de los interesados, no sería inconveniente que la misma también se
corriera a la sindicatura.
Atento a que la ley no estipula plazo alguno, rige supletoriamente el art. 273, LCQ, que impone que
el plazo sea fatal y de cinco días hábiles judiciales.
De todas formas, cabe señalar que el levantamiento de las medidas respecto de los acreedores con
privilegio especial que no integra el acuerdo puede resultar dudosa.
Si bien el acreedor privilegiado que no estuviese comprendido en el acuerdo debe ejecutar la
sentencia de verificación (art. 57, LCQ) y no puede proseguir el juicio originariamente radicado en el fuero
concursal, sería conveniente para una correcta estructuración del sistema concursal, y goza de lógica jurídica,
que las medidas cautelares trabadas oportunamente se mantengan.
Por ello, y economía procesal mediante, una solución contraria los obligaría a trabar una nueva
medida cautelar (con los gastos económicos y de tiempo que ello irroga) y porque dicho acreedor que fue
diligente en la traba de su medida cautelar podría perder la prelación temporal de la medida si en el lapso
desde que se abrió el concurso preventivo hasta que no se ofreció propuesta para privilegiados ingresó un
nuevo embargo, inhibición o anotación de litis.
De todas formas, y a diferencia del régimen anterior, la ley no exige que la medida cautelar recaiga
sobre bienes necesarios para continuar el giro ordinario del comercio del concursado. El sistema actual es
más flexible y no permite una intepretación restrictiva.

Art. 22. Estipulaciones nulas.


Son nulas las estipulaciones contrarias a lo dispuesto en los artículos 20 y 21.

I. Generalidades
El ordenamiento concursal es de "orden público" y por ello prevalece sobre las convenciones que
pretendan modificar lo reglado por la LCQ (art. 1197, CCiv.). Cabe señalar lo siguiente: i) que mantiene
idéntica redacción que la ley 19551; ii) que se trata de un precepto sobreabundante, ya que el efecto se logra
sin que sea menester aplicar el art. 22, LCQ. De lo contrario, el sistema concursal no funcionaría de manera
correcta y los principios tutelados sería dejados de lado.

II. Estipulaciones
La ley alude a "estipulaciones" en sentido contractual, pero también deberá entenderse a otras
previsiones o resoluciones que obstaculicen el funcionamiento del fuero de atracción o del régimen
contractual en el concurso preventivo.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
III. Nulidad
Se trata de "nulidad" y no ineficacia en el sentido contractual. Es uno de los pocos supuestos
concursales en los cuales se habla de nulidad.
El acto será nulo (art. 1044, CCiv., pues fue prohibido el objeto principal del acto), de nulidad
manifiesta (art. 1038, CCiv., pues no hace falta indagación del juez para determinar la nulidad de la
disposición) y absoluta (art. 1047, CCiv., ya que está en juego una norma de orden público y el interés
tutelado no es el particular del deudor o de los acreedores).
Por ello, puede ser declarado de oficio por el juez, invocada por los restantes acreedores, por el
síndico, por el Ministerio Público (pero no por el actor que ha ejecutado el acto debiendo saber el vicio que
lo invalidaba) y no es susceptible de confirmación (arg. art. 1047, CCiv.).

Art. 23. Ejecuciones por remate no judicial.


Los acreedores titulares de créditos con garantía real que tengan derecho a ejecutar mediante
remate no judicial bienes de la concursada o, en su caso, de los socios con responsabilidad ilimitada,
deben rendir cuentas en el concurso acompañando los títulos de sus créditos y los comprobantes
respectivos, dentro de los veinte (20) días de haberse realizado el remate. El acreedor pierde a favor del
concurso, el uno por ciento (1%) del monto de su crédito, por cada día de retardo, si ha mediado
intimación judicial anterior. El remanente debe ser depositado, una vez cubiertos los créditos, en el plazo
que el juez fije.
Si hubiere comenzado la publicación de los edictos que determina el artículo 27, antes de la
publicación de los avisos del remate no judicial, el acreedor debe presentarse al juez del concurso
comunicando la fecha, lugar, día y hora fijados para el remate, y el bien a rematar, acompañando,
además, el título de su crédito. La omisión de esta comunicación previa vicia de nulidad al remate.
La rendición de cuentas debe sustanciarse por incidente, con intervención del concursado y del
síndico.

I. Acreedores facultados a rematar extrajudicialmente


Ciertos acreedores están facultados por ley para ejecutar mediante remate no judicial los bienes del
concursado o de los socios con responsabilidad ilimitada. Se trata de instituciones como:
i) Banco Hipotecario Nacional (art. 45, ley 22.232, ref. por ley 24143);
ii) Banco Hipotecario SA (art. 15, ley 24.855, según lo previsto en la ley 23696);
iii) Banco de la Nación Argentina (art. 29, ley 21.799);
iv) Administración Nacional de Aduanas (arts. 1124, 419 a 428, Código Aduanero, ley 22.415);
v) Banco Nacional de Desarrollo (art. 45, ley 21.629);
vi) Caja Nacional de Ahorro y Seguro (art. 30, ley 21.629);
vii) Bancos oficiales (ley 15283), v.gr. Banco de la Provincia de Buenos Aires.
Asimismo, gozan de igual prerrogativa:
i) personas jurídicas mencionadas en el art. 39, dec.-ley 15.348/1946, ratif. por ley 12962 y modif.
por 6810/63, en el caso de la prenda con registro;
ii) los almacenes fiscales y titulares de warrants (arts. 17 y 18, ley 9643);
iii) acreedores hipotecarios y portadores de letras hipotecarias o de sus cupones (arts. 45, 52, 57, ley
24.441).

II. Régimen concursal


1. Supuestos
Básicamente se establece una serie de obligaciones dependiendo de dos tiempos procesales divididos
por la primera publicación de edictos en el concurso (arts. 27 y 28, LCQ). Ellos son:
i) si la publicación de avisos de remates extrajudicial fue anterior a la publicación edictal concursal,
se aplica sólo el art. 23, párr. 1º, LCQ (y por supuesto, el art. 23, párr. 3º, LCQ);
ii) si dicha publicación de avisos extrajudiciales fue posterior a la publicación del art. 27, LCQ, se
exige, además, la comunicación de las condiciones del remate y el acompañamiento del título.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
2. Comunicación
En este segundo caso se impone la carga adicional de la comunicación al juez concursal de la fecha y
lugar de realización, bien a realizar y título fundante, bajo pena de nulidad.
No es menester que la publicación edictal (art. 27, LCQ) hubiere finalizado, es suficiente con que
haya comenzado.
Esta comunicación debe ser "previa" y hacerse antes de la publicación de edictos extrajudiciales,
bajo pena de nulidad, aunque la ley no ha fijado un plazo determinado.
La comunicación prevista tiene directa relación con las facultades previstas en el art. 24, LCQ.
La falta de cumplimiento de esta previsión es grave: no importa la ineficacia, sino la nulidad del
remate (y el adquirente en subasta -usualmente de buena fe- deberá restituir el bien y tendrá derecho a
reclamar el monto erogado por la subasta); la nulidad podrá ser decretada de oficio por el juez concursal.
La comunicación tiene por fin hacer conocer las circunstancias del remate extrajudicial y permitir un
cierto contralor en el mismo (pero no cambia la naturaleza extrajudicial a este tipo de subastas). Es probable
que se le corra una vista al síndico y al concursado y la posibilidad de oposición es restrictiva y en supuestos
notoriamente justificados.
3. Suspensión de las ejecuciones
El principio del art. 21, LCQ, para la ejecución de garantías reales (que señala que la ejecución de
garantías reales se suspende o no puede deducirse hasta que no se haya presentado el pedido de verificación
de crédito) no se aplica cuando se trata de una ejecución extrajudicial en los términos del art. 23, LCQ. El
concurso preventivo no tiene -en principio- ninguna incidencia en la ejecución extrajudicial, salvo la
exigencia de un mero deber de información (en algún caso), de rendición de cuentas (en todos los casos) y de
depósito de un eventual remanente (si así correspondiere).
Existe discusión doctrinaria sobre la necesidad de la verificación del crédito en el concurso.
4. Rendición de cuentas
Además de la comunicación, deberá rendir cuentas dentro de los veinte días de realizado el remate,
bajo el apercibimiento previsto en el art. 23, párr. 1º, LCQ (rige este precepto, pues es un precepto general
que no ha discriminado entre situaciones y engarza perfectamente en la hipótesis).
En el primer caso (edicto de remate extrajudicial antes de la publicación del concurso), estos
acreedores deben rendir cuentas acompañando los títulos y comprobantes respectivos en el plazo de veinte
días de realizado el remate. Esta omisión importa la pérdida del uno por ciento del monto de su crédito por
cada día de retardo luego de la intimación judicial. Si el remate se realizó con anterioridad a la declaración
en concurso preventivo, no rige esta disposición.
La rendición de cuentas debe realizarse dentro de los veinte días (hábiles judiciales -art. 273, inc. 3,
LCQ-). En este punto tienen plena cabida las disposiciones del Código de Comercio (arts. 68 y ss.). La
cuenta, como señala Siburu, es la descripción gráfica de los diversos hechos y resultados pecuniarios
relativos a una determinada operación. Es la posibilidad de plasmar por escrito los datos relevantes sobre la
variación patrimonial de un determinado bien y patrimonio.
Toda cuenta comprende por lo menos tres elementos componentes: i) una parte gráfica; ii) una
relación cuantitativa de los efectos de cada operación y de los saldos acumulados; iii) una relación literal que
involucra tanto a su denominación como a todo lo vinculado con la expresión escrita no numérica de la
operación (fecha, concepto, explicación detallada, referencia a los comprobantes respaldatorios, etc.). No es
éste el momento de analizar las distintas variantes de cuentas.
Por ello, rendir cuentas es presentar a un interesado un informe con la forma, condiciones y resultado
de un determinado negocio, consistente en una representación gráfica y contable de todas las operaciones,
acompañada de los comprobantes de respaldo y con las explicaciones que lo hagan claro; es informar al
dueño del negocio o interesado en él, por cuya cuenta actúa el gestor, de todo lo que se ha hecho en su
interés, determinando y detallando los pasos realizados, para establecer la situación jurídica entre el gestor o
administrador y el dueño del negocio.
Rendir cuentas es, pues, presentar al dominus negotii la descripción gráfica de las operaciones
efectuadas, acompañada de las informaciones aclaratorias y necesarias y de los respectivos comprobantes.
Esta rendición de cuentas se sustanciará por incidente (art. 280, LCQ), con intervención del
concursado y del síndico. Sólo se entiende rendida la cuenta después de terminadas todas las cuestiones que
le son relativas (art. 72, CCom.). La rendición deberá realizarse en el proceso concursal, a pesar de lo
previsto en el art. 74, CCom.

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El proceso de rendición de cuentas tendrá dos partes: la rendición de cuentas efectiva respecto de la
subasta extrajudicial del bien y las eventuales impugnaciones u observaciones que podrían realizarse. Si no
existen observaciones, las costas de la rendición de cuentas en forma son siempre a cargo de los bienes
administrados (art. 71, CCom.). En caso contrario, rigen las disposiciones procesales (art. 278, LCQ).
5. Omisión de rendir cuentas
La omisión de la rendición de cuentas no importa la nulidad del acto, sino una multa de un uno por
ciento por cada día de retardo (en este cómputo no se cuentan los días inhábiles -arg. art. 273, inc. 2, LCQ-).
Se trata de una multa y no de un deber de reparación, ya que el importe es independiente del
perjuicio efectivamente causado por la conducta. Si bien la ley habla de "perder" a favor del concurso, no
puede decirse que sea perder, sino que genera una obligación de erogar dicha suma de dinero.
El giro "a favor del concurso" se entiende correctamente a favor del concursado (pues los acreedores
sólo cobrarán en los términos del acuerdo homologado).
Se requiere intimación judicial previa. Esta exigencia no resulta satisfecha con el emplazamiento
realizado por el órgano sindical o por algún acreedor. Es menester una orden judicial, lo que no excluye que
la notificación de dicho mandamiento sea realizada por un tercero y no oficiosamente.
El porcentaje de la multa se toma del monto del crédito del acreedor y no del importe obtenido en
subasta, aun cuando este último hubiese sido significativamente inferior.
El tope de la multa reside en el valor del producido en el remate no judicial aun cuando se superen
los cien días hábiles (ello surge de la expresión "pierde" empleada por la ley, de una razonable interpretación
del precepto y de la prohibición del enriquecimiento sin causa).
Si se cubrió el crédito y hubo remanente, éste debe depositarse a la orden del juez en el banco de
depósitos judiciales (art. 221, LCQ) en el plazo que fije. El plazo se fijará, obviamente, luego de la rendición
de cuentas. Si no hubo remanente, no existe tal obligación.

Art. 24. Suspensión de remates y medidas precautorias.


En caso de necesidad y urgencia evidentes para el concurso, y con el criterio del artículo 16,
párrafo final, el juez puede ordenar la suspensión temporaria de la subasta y de las medidas precautorias
que impidan el uso por el deudor de la cosa gravada, en la ejecución de créditos con garantía prendaria o
hipotecaria. Los servicios de intereses posteriores a la suspensión son pagados como los gastos del
concurso, si resultare insuficiente el producido del bien gravado. Esta suspensión no puede exceder de
noventa (90) días.
La resolución es apelable al solo efecto devolutivo por el acreedor, el deudor y el síndico.

I. Legitimación para solicitar la suspensión de subastas y medidas precautorias


Se prevé la posibilidad de suspender temporariamente subastas y medidas precautorias que impidan
el uso por el concursado de la cosa gravada. Usualmente esta suspensión será solicitada por el propio
concursado (ya que será el principal interesado), aunque nada obsta a que sea un tercero o el mismo síndico
concursal.
La legitimación en este sentido podrá ser amplia, ya que a la postre lo decidirá el juez con el criterio
de valoración de la última parte del art. 16, LCQ (conveniencia para la continuación de las actividades del
concursado y la protección de los intereses de los acreedores).

II. Plazo y oportunidad


Esta posibilidad comienza con la apertura del concurso preventivo (pues es un efecto de la apertura
-secc. II, cap. II, tít. II-) y culmina con la conclusión del concurso preventivo (art. 59, LCQ, ya que también
han cesado los criterios de valoración previstos en el art. 16, LCQ), salvo supuestos tales como la quiebra
(art. 77, LCQ), el desistimiento legal (art. 30, LCQ) o voluntario (art. 31, LCQ).
El plazo de suspensión no podrá ser superior a noventa días (y por ello es una suspensión temporaria)
y se computa en días hábiles judiciales (art. 273, inc. 2, LCQ). Pero podrá ser inferior, aun cuando el
concursado hubiese solicitado el plazo de noventa días (circunstancia que deberá ser valorada
adecuadamente por el tribunal).

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Tampoco podrá solicitarse una nueva suspensión del mismo remate (no es prorrogable), pues importa
un elusión indirecta de la norma del art. 24, LCQ, que impone una suspensión máxima de noventa días. Sin
perjuicio de ello, si la suspensión se hubiese otorgado por un plazo menor, la nueva suspensión podría
ordenarse por el tiempo restante para completar los noventa días.

III. Causales y extensión


La interpretación de esta norma debe realizarse de manera restrictiva atento al carácter excepcional
de la medida y por significar una excepción a la regla establecida en el art. 21, inc. 2, LCQ, que dispone la
continuidad de las ejecuciones de garantías reales luego de la presentación del pedido verificatorio (salvo que
no haya habido publicación o no se haya presentado ratificación de los arts. 6 a 8, LCQ).
La medida debe dictarse no sólo en caso de necesidad y urgencia para el concurso, sino cuando el
mismo sea "evidente". Es una urgencia o necesidad calificada. La situación debe ser notoria y escapar a los
corrientes inconvenientes que irrogan las subastas y medidas cautelares. Todo remate o medida cautelar
genera dificultades, por ello el calificativo de evidente.
El concursado debe hallarse ante una situación o circunstancia infrecuente (o sea, no cotidiana)
derivada de la urgencia impostergable en la que el factor tiempo y la prontitud aparecen como perentorios.
Se trata de casos en que su tutela inmediata es imprescindible, produciéndose en caso contrario la
frustración de las reales posibilidades de éxito del concurso. Se presenta cuando, de no adoptarse la medida
peticionada, se puede tornar incierta o tardía esta posibilidad. Quien solicite la suspensión deber acreditar
dichos extremos.
Además para dictar la suspensión deberá ponderar la continuación de las actividades del concursado
y la protección de los intereses de los acreedores (art. 16, párr. 6º, LCQ). También podrá valorar, aun cuando
la norma no lo señala: la debida protección del crédito, la integridad del patrimonio del deudor y de su
empresa, el estado del concurso y el interés general (art. 159, LCQ). Remitimos al comentario del art. 16,
LCQ.
La suspensión de subasta o medidas cautelares se ordena en la ejecución de créditos con garantía
prendaria o hipotecaria. Es una medida complementaria del art. 21, inc. 2, LCQ. Esta noción abarca también
los remates extrajudiciales previstos en el art. 23, LCQ. Esta posibilidad suspensiva no abarca a los
acreedores ejecutantes que sean posteriores al concurso preventivo que no tengan garantía real. Dudosa será
la cuestión si el acreedor es posconcursal y goza de este privilegio especial. Sólo se suspende la subasta o la
medida cautelar, no el procedimiento tendiente a ello. Algunas dudas se generan en cuanto a los efectos de la
suspensión de la medida cautelar que impide el uso por el deudor de la cosa gravada.
Como en toda ejecución, si el remate se suspendió los intereses siguen corriendo y son a cargo del
deudor. Ello también ocurre en este caso, con una particularidad: si el producido del bien gravado es
insuficente para pagar los intereses devengados con posterioridad a la subasta suspendida, serán pagados
como gastos del concurso (art. 240, LCQ). Este crédito no requiere verificación (art. 240, párr. 2º, LCQ) y
esta calidad de gasto del concurso se mantiene en la quiebra posterior (art. 239, párr. 2º, LCQ).

IV. Aspectos prácticos


El trámite es sencillo: puede ser peticionado por los sujetos legitimados antes señalados y puede
darse traslado (el que será de cinco días -art. 273, inc. 1, LCQ-, salvo que las circunstancias impongan un
plazo menor o incluso su omisión) al síndico y al comité de acreedores (art. 260, LCQ) a los fines de que se
expidan sobre la necesidad y urgencia y si se dan las condiciones de suspensión. El juez deberá dictar un auto
en el cual ordena o deniega la suspensión solicitada. Deberá ser fundado, y en caso de disponer la
suspensión, deberá exhortar u oficiar al juzgado pertinente a los fines de la suspensión solicitada.
La resolución (sin distinguir el éxito de la pretensión) es apelable por el acreedor interesado (id est:
el afectado por la suspensión), por el deudor y por el síndico. Aquí la apelación no es con efecto suspensivo
(art. 273, inc. 4, LCQ), sino que tiene efecto devolutivo (art. 24, párr. 2º, LCQ). Sin perjuicio de ello, cabe
preguntarse qué sucedería en caso de que en la alzada el rechazo de la suspensión fuere revocada y el bien
gravado fuese efectivamente subastado. La cuestión es dudosa por los fuertes valores en juego.

Art. 25. Viaje al exterior.

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El concursado y, en su caso, los administradores y socios con responsabilidad ilimitada de la
sociedad concursada, no pueden viajar al exterior sin previa comunicación al juez del concurso, haciendo
saber el plazo de la ausencia, el que no podrá ser superior a cuarenta (40) días corridos. En caso de
ausencia por plazos mayores, deberá requerir autorización judicial.

I. Efectos personales del concurso preventivo


El concurso preventivo importa también ciertos efectos personales para el concursado y sus
administradores y socios con responsabilidad ilimitada. Uno de estos efectos tiene que ver con el deber de
colaboración (arts. 17, 274, inc. 1, y 275, inc. 3, LCQ).
Otro de los efectos está regulado en el art. 25, LCQ y prescribe el deber de comunicar al juez
concursal el viaje al exterior por un plazo no superior a cuarenta días corridos y, en caso de que el plazo sea
mayor, de obtener autorización judicial. Se trata, obviamente, de una medida que sólo afecta a personas
físicas.

II. Extensión subjetiva y temporal


Este deber de comunicar la salida del país afecta al concursado (persona física), a los
administradores (directores de la sociedad anónima, gerentes de la sociedad de responsabilidad limitada,
interventor judicial -art. 115, LSC-, el administrador judicial de la empresa en concurso preventivo -art. 17,
LCQ-, el administrador de un establecimiento comercial indiviso por acto de última voluntad -art. 53, ley
14.394- o incluso el liquidador de la sociedad disuelta -art. 102, LSC-, miembros del comité ejecutivo de las
fundaciones, etc.) y a los socios con responsabilidad ilimitada (de la persona jurídica concursada),
entendiendo por tales aquellos en que el socio responde con todo su patrimonio por todo el pasivo social.
No deben cumplimentar con este deber el síndico societario (art. 284, LSC), el comité de
fiscalización, los gerentes generales o especiales (art. 270, LSC) o los directores suplentes que nunca
asumieron funciones (pues nunca fueron directores de la persona jurídica).
La limitación personal rige desde la apertura del concurso preventivo y hasta la conclusión del
concurso (art. 59, LCQ, con excepción de que las circunstancias del caso exigieran una extensión mayor de
este deber personal), salvo que el concurso finalizase por otras formas (desistimiento legal -art. 30, LCQ- o
voluntario -art. 31, LCQ-). No rige aquí la limitación temporal del art. 103, LCQ (id est: informe general).
Por importar una limitación a la garantía de entrar y salir libremente del país (art. 14, CN), estas
reglas no son susceptibles de extensión analógica y han de interpretarse con criterio restrictivo. Vale decir: en
caso de duda deberá otorgarse la autorización.
En caso de incumplimiento de este deber el juez podrá disponer la separación de la administración
del concursado o de sus administradores (art. 17, 2ª parte, LCQ).
El plazo se computa en días corridos y constituye una excepción a la regla (art. 273, inc. 1, LCQ).
Por ello, se computan también los días inhábiles, feriados y también la feria judicial. La autorización no
impide la prosecución del juicio y subsisten los efectos del domicilio procesal (arg. art. 103, 1º párr., LCQ).
Este deber de comunicación (o de pedir autorización judicial) sólo abarca la salida del país (en el que
se incluyen los países del Mercosur). El concursado tiene amplia movilidad en el territorio nacional,
pudiendo trasladarse a distintas provincias sin que sea menester tal comunicación.

III. Tramitación
1. Salida menor a cuarenta días
El trámite es sencillo y difiere según el plazo de ausencia. Si se trata de una salida al exterior no
superior a cuarenta días corridos, el concursado simplemente deberá efectuar una presentación en el proceso
concursal manifestando el plazo de la ausencia. Es conveniente que se explicite el día de salida y el de
regreso, pues en caso de omitirse tal circunstancia podría entenderse que el plazo corre luego de la
comunicación.
Asimismo, y a pesar de que la LCQ no lo menciona, se suele exigir el lugar de destino, los posibles
cambios de radicación y toda circunstancia que pudiera ser de interés. No puede ser una comunicación
genérica. Esta comunicación no requiere vista a la sindicatura ni al comité de acreedores. Tampoco requiere
que se provea el escrito autorizando tal ausencia.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
A veces, y debido a inconvenientes comunes en las oficinas de migración, se suele exigir la emisión
de un certificado en el cual conste que el concursado está habilitado para ausentarse del país por término
inferior a cuarenta días corridos, sin que sea menester autorización judicial. Pero -y a fuerza de ser estrictos-
con la simple comunicación adjuntada a la oficina respectiva es suficiente para que el concursado pueda salir
del país.
2. Salida mayor a cuarenta días
Si la salida del país fuera mayor a cuarenta días corridos, el concursado deberá solicitar autorización
previa judicial. Este escrito deberá manifestar que el plazo es superior a cuarenta días corridos y cuál será el
lugar de destino (siendo conveniente que se describa el itinerario a desarrollar). También es conveniente que
indique el día de salida.
No es menester que el pedido se funde; pero teniendo en cuenta que el mismo puede ser denegado,
en casos de necesidad o urgencia evidentes (arg. art. 103, LCQ) sería conveniente que otorgue precisiones al
respecto. Del pedido se correrá vista al síndico y al comité de acreedores, la que será de cinco días (art. 273,
inc. 1, LCQ). El síndico no podrá oponerse infundadamente.
Deberá autorizarse la salida al exterior siempre que no se requiera la presencia del concursado para
cuestiones vinculadas con la situación patrimonial o en aquellos casos de necesidad o urgencia evidente.
La autorización se dicta por auto. En la parte resolutiva se autoriza la salida del país del peticionante
por el lapso solicitado y la comunicación a las oficinas de migración (Policía Federal, Dirección Nacional de
Migraciones, Policía Aeronáutica, Prefectura Naval Argentina o Gendarmería Nacional). No genera
imposición de costas. Los honorarios del síndico se consideran incluidos en la regulación general (art. 265,
inc. 1, LCQ). A los fines de los trámites migratorios es suficiente con la expedición de una copia certificada
de la autorización por parte del secretario o escribano. También será factible la expedición de un certificado
en dicho sentido.
La resolución que deniegue la autorización es apelable, aun cuando la ley no lo prevea expresamente.
Igualmente si la resolución es otorgada, aunque por un plazo menor. Si el auto resuelve la autorización, el
mismo no será apelable ni por el concursado (por ausencia de interés). Tampoco por los acreedores o por el
síndico.

Capítulo III - Trámite hasta el acuerdo


Sección I - Notificaciones

Art. 26. Regla general.


Desde la presentación del pedido de formación de concurso preventivo, el deudor o sus
representantes deben comparecer en secretaría los días de notificaciones. Todas las providencias se
consideran notificadas por ministerio de la ley, salvo que el compareciente deje constancia de su
presencia y de no haber podido revisar el expediente, en el correspondiente libro de secretaría.

I. Notificaciones
La sección I del capítulo III (que incluye los arts. 26 a 29, LCQ) trata la publicidad del concurso. El
art. 26, LCQ impone la regla general en materia de notificaciones en el concurso preventivo.
Esta regla rige desde la presentación de la demanda de concurso preventivo (incorrectamente señala
la ley "presentación del pedido de formación de concurso preventivo") -y no desde su apertura- y hasta la
conclusión prevista en el art. 59, LCQ. Esta disposición luce coherente (o sobreabundante) con lo ordenado
en el art. 273, inc. 5, LCQ.
Los días de notificación se rigen por las normas locales (art. 278, LCQ). En el ámbito nacional, el
CPCCN establece los días martes y viernes (art. 133, CPCCN).
Sobre el alcance de la extensión "providencias" se han dividido las opiniones, ya que algunos autores
opinan que debe distinguirse entre meras providencias o decretos y los autos interlocutorios o sentencias
definitivas (escapando esta última a las notificaciones ministerio legis), y otros que piensan que no debe
realizarse distinción alguna. Si se trata de citaciones a las partes, deberá efectuarse por cédula de notificación
(art. 273, inc. 5, LCQ).

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I

Art. 27. Edictos.


La resolución de apertura del concurso preventivo se hace conocer mediante edictos que deben
publicarse durante cinco (5) días en el diario de publicaciones legales de la jurisdicción del juzgado, y en
otro diario de amplia circulación en el lugar del domicilio del deudor, que el juez designe. Los edictos
deben contener los datos referentes a la identificación del deudor y de los socios ilimitadamente
responsables; los del juicio y su radicación; el nombre y domicilio del síndico, la intimación a los
acreedores para que formulen sus pedidos de verificación y el plazo y domicilio para hacerlo.
Esta publicación está a cargo del deudor y debe realizarse dentro de los cinco (5) días de haberse
notificado la resolución.

Art. 28. Establecimientos en otra jurisdicción.


Cuando el deudor tuviere establecimientos en otra jurisdicción judicial, también se deben publicar
edictos por cinco (5) días, en el lugar de ubicación de cada uno de ellos y, en su caso, en el diario de
publicaciones legales respectivo. El juez debe fijar el plazo para que el deudor efectúe estas publicaciones,
el cual no puede exceder de veinte (20) días, desde la notificación del auto de apertura.
Justificación. En todos los casos, el deudor debe justificar el cumplimiento de las publicaciones,
mediante la presentación de los recibos, dentro de los plazos indicados; también debe probar la efectiva
publicación de los edictos, dentro del quinto día posterior a su primera aparición.

I. Fundamento de la publicación edictal


El fundamento de la publicación de edictos es el "anoticiamiento" de la sentencia de apertura del
concurso preventivo. Esta publicidad, entendida como "la exteriorización o difusión de una situación que
interesa al derecho", tiende a proteger el interés que tanto los acreedores como otros terceros pueden tener en
el concurso. A través de los edictos se persigue "notoriedad" o "difusión" de un acto jurídico (la sentencia de
apertura del concurso preventivo) y cumple su finalidad con independencia de que llegue al conocimiento
efectivo de tales sujetos. Dicha publicación hace presumir dicho conocimiento erga omnes.
Obviamente los primeros interesados son los acreedores. La ley pone de manifiesto esto cuando
estipula que los edictos deben contener, entre otras cosas, el plazo y domicilio para que los acreedores
presenten sus demandas de verificación. Inclusive alguna jurisprudencia ha llegado a decir que "la
publicación de edictos, prevista en el art. 27 de la ley 24.522, tiene el carácter de verdadero emplazamiento,
y es esencial para la verificación de créditos".
A más de ello, y con relación a los acreedores del concursado, el sistema de publicidad de la apertura
concursal se perfecciona a través de otro instituto previsto en el art. 29, LCQ (carta a los acreedores). La ley
ha previsto un sistema mixto: publicidad a través de edictos que apunta a todos los interesados; y notificación
a cada uno de los acreedores denunciados en la presentación en concurso.

II. Contenido de la publicación


Con respecto al contenido de la publicación la normativa concursal es bastante clara. El art. 27, LCQ
exige, como mínimo, que los edictos contengan:
i) datos referentes a la identificación del deudor y -en caso de que el concursado sea una persona
jurídica- de los socios ilimitadamente responsables;
ii) datos del juicio y juzgado de radicación;
iii) el nombre y domicilio del síndico;
iv) intimación para que los acreedores formulen sus pedidos de verificación;
v) plazo y domicilio para la presentación de la verificación.
El edicto que no esté publicado en tales condiciones (es decir, que no reúna todos y cada uno de los
datos requeridos) es insuficiente a los fines del cumplimiento de la "carga de publicar edictos". Debe tenerse
por no publicado y "puede" dar lugar al desistimiento (art. 30, LCQ) si dicho edicto no se completa de
manera acabada en los plazos establecidos. Distinta es la situación relacionada con el incumplimiento de
publicar los datos del órgano sindical.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
III. Lugar y tiempo de publicación
1. Generalidades
Los edictos concursales, como lo establece expresamente la ley, deben publicarse en el diario de
publicaciones legales de la jurisdicción del juzgado y en otro diario de amplia circulación en el lugar del
domicilio del deudor que el juez designe. Dicha publicación debe efectuarse durante cinco días.
Para la publicación en los dos diarios fija puntos de conexión distintos: i) la publicación del diario de
publicaciones legales ("Boletín Oficial" en Córdoba) debe corresponder a la "jurisdicción del juzgado".
Dicha jurisdicción es la que corresponde a la competencia según las normas del art. 3, LCQ; ii) el diario "de
amplia circulación" debe ser el del domicilio del deudor.
2. Personas jurídicas regulares
En el caso de que se concurse una persona jurídica regular, ambas publicaciones deben efectuarse en
el mismo lugar (el domicilio del deudor que será indefectiblemente la jurisdicción del juzgado). La
competencia de las personas jurídicas es la de su domicilio (art. 3, inc. 3, LCQ). Similar es la situación del
concursado (persona de existencia visible), cuya "sede de la administración de sus negocios" coincida con el
domicilio del deudor, o directamente carezca de la primera. Ambas publicaciones deben realizarse en el
domicilio del deudor.
Pero cuando el deudor (persona física) tiene en diversos lugares la sede de sus negocios y su
domicilio, aplicando estrictamente la letra de la ley, las publicaciones deberían efectuarse en jurisdicciones
separadas. Esto es un contrasentido y "debe integrarse la inteligencia de la norma con lo que se llama
interpretación teleológica o finalista para buscar el valor protegido por el precepto legal".
De acuerdo con lo expresado, pueden postularse dos interpretaciones distintas:
i) la primera señala que el deudor debe publicar en ambos períodicos (publicación legal y amplia
circulación) en ambas jurisdicciones (en el de sus negocios y de su domicilio). El fundamento radica en el
elemento axiológico: la publicación de edictos debe tender a difundir, de la mejor manera posible, la noticia
de la apertura concursal;
ii) la segunda alternativa posible enseña que la publicación debe hacerse en el lugar de la sede de los
negocios. La razón se basa en una interpretación analógica relacionada con las disposiciones que regulan la
competencia concursal. En efecto, el art. 3, inc. 1, LCQ concibe al domicilio como un punto de conexión
"subsidiario", aplicable en ausencia de la sede de los negocios. Por ello, la publicidad edictal debe
concentrarse en dicha sede, que es el sitio donde la ley ha radicado la competencia concursal.
Pero el juez debe ordenarlo expresamente en la sentencia del art. 14; pues de lo contrario, y con un
claro fundamento en la seguridad jurídica, no podría imponerse tal obligación.
3. Sociedades irregulares
Otra hipótesis que puede generar algún problema similar es la relacionada con las sociedades no
constituidas regularmente. El art. 3, inc. 4, LCQ asigna la competencia al juez de la sede; y en su defecto, el
del lugar del establecimiento o explotación principal, razón por la cual dicho expediente tramitará en tales
jurisdicciones.
4. Deudores domiciliados en el extranjero
¿Y qué decir de los deudores domiciliados en el exterior? ¿Se deben publicar edictos en el diario de
mayor circulación del domicilio del mismo (en otro país)? Prima facie, y de acuerdo con el sistema de
derecho internacional previsto por nuestra ley concursal, no es necesario que se publiquen edictos en el
domicilio del deudor cuando el mismo se encuentra ubicado en el extranjero. Ambas publicaciones deberán
concentrarse en el lugar de la adminitración en el país, y a falta de éste, en el lugar del establecimiento,
explotación o actividad principal, según el caso.
De esta última hipótesis, y de las otras mencionadas anteriormente, se vislumbra que la ley concursal
-en su sistema edictal- posee graves falencias que deben ser subsanadas. Primeramente se estima conveniente
alguna interpretación pretoriana que se adecue correctamente a las situaciones problemáticas. Luego, deberá
modificarse ineludiblemente la parte pertinente de dicho artículo a los fines de subsanar las contradicciones
que hemos observado.
5. Deudor con varios establecimientos
El art. 28, LCQ trata el tema del deudor que tuviere establecimientos en una jurisdicción distinta de
la que se está tramitando el concurso preventivo. En este caso debe publicar edictos en el lugar de cada
establecimiento. En caso de que uno de los establecimientos tuviere asiento en un lugar que se

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
correspondiere con otro radio de publicaciones legales, deberán los edictos publicarse en el diario de
publicaciones legales respectivo. Dichas publicaciones también deben efectuarse durante cinco días.
El alcance del término establecimiento está determinado por el ámbito físico en el cual se desarrolla
una determinada actividad, como por ejemplo una industria o un depósito. Pero si el deudor tuviere, no ya
varios establecimientos, sino varias administraciones, ¿dónde deben publicarse los edictos?
En principio, y de acuerdo con una interpretación literal de la norma, sólo deben hacerse
publicaciones extras cuando el deudor tuviere varios establecimientos. En el sentido "estricto" de
establecimiento no entra el concepto de "administración", pero atribuyéndole al término establecimiento un
sentido más lato, el vocablo "administración" puede considerarse incluido.
En definitiva, la ley tiende a dotar de la mayor "publicidad" posible la apertura de un concurso
preventivo en beneficio de terceros. Y tratándose de un medio a través del cual los terceros (incluidos los
acreedores) puedan hacer valer sus derechos (porque conocen la situación concursal), debe desecharse una
interpretación restrictiva. El único perjuicio que implica darle una extensión amplia al término
establecimiento son los reducidos costos de una publicación edictal.

IV. Carga de publicar los edictos


El art. 27, LCQ, en su último párrafo, expresamente reza: "Esta publicación está a cargo del deudor".
En este párrafo la ley está definiéndose sobre la naturaleza de la obligatoriedad de publicar edictos: se trata
de una carga o, en palabras de Couture, de un "imperativo del propio interés". De la carga insatisfecha (no
publicación de edictos) sólo nace un perjuicio del deudor (sanción del art. 30: desistimiento), mas no puede
obtenerse su cumplimiento compulsivo.
La naturaleza de la obligatoriedad difiere notablemente en el caso de la quiebra. En ella puede
hablarse de una obligación o un deber del funcionario. Por ello, la "obligación" que tiene el secretario del
juzgado de hacer publicar los edictos no puede concebirse como una carga. Si el secretario del juzgado
incumple dicha obligación, no puede tenerse por desistido de la falencia. Simplemente acarreará algún tipo
de sanción disciplinaria. A más de ello, debe tenerse en cuenta el art. 273, último párr., LCQ.

V. Plazo para hacer la publicación


Según el art. 27, LCQ la publicación debe hacerse dentro de los cinco días de haber quedado
notificada la resolución de apertura. El art. 28, LCQ, por su parte, dice que "el juez debe fijar el plazo para
que el deudor efectúe estas publicaciones, el cual no puede exceder de veinte días, desde la notificación del
auto de apertura".
De lo expuesto se vislumbra que la propia ley contiene un error o una incongruencia. Los edictos
deben contener, entre otras cosas, "el nombre y domicilio del síndico" (art. 27, LCQ). A su vez, el art. 14, inc.
2, LCQ señala que la resolución de apertura debe disponer la designación de audiencia para el sorteo del
síndico (y en el inc. 4 debe contener la orden de publicar edictos conforme a los arts. 27 y 28, LCQ).
Finalmente, el art. 27 de la LCQ dice que la publicación debe hacerse dentro de los cinco días de que
ministerio legis quede notificada la sentencia del art. 14, LCQ.
Como se observa, el edicto no puede publicarse de manera completa hasta que el síndico haya sido
sorteado y aceptado el cargo. El plazo de cinco días para efectuar la publicación que dispone el art. 27 es de
muy difícil cumplimiento.
Diversas soluciones pueden proponerse a fin de sobrellevar este "olvido" legislativo. Ellas pueden
enunciarse de la siguiente manera:
i) la publicación debe hacerse dentro de los cinco días de haber quedado notificada la designación
del síndico;
ii) los edictos deben publicarse dentro de los cinco días de que el concursado quedó notificado
automáticamente de la aceptación del cargo del síndico;
iii) la publicación edictal se desglosa en dos partes: la primera, que contiene todos los datos excepto
los relativos al síndico, debe publicarse dentro de los cinco días de notificada la sentencia del art. 14, LCQ, y
la segunda solamente contendrá "el nombre y domicilio del síndico" y se realizará dentro de los cinco días de
que haya sido aceptado el cargo.
De las tres posibles soluciones pensamos que la esbozada en segundo término es la que más se
adecua a la inteligencia del estatuto concursal. Por ello, las publicaciones edictales deben realizarse dentro de
los cinco días de que el concursado quedó notificado automáticamente de la aceptación del cargo del síndico.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Las razones: i) la axiología que sustenta el sistema de edictos en el ordenamiento concursal; ii) ofrecer al
acreedor una publicación "atomizada" o "recortadamente" puede perjudicar al acreedor, ya que la LCQ busca
que tanto los terceros como los acreedores tengan la información completa en un mismo edicto, y no en dos
o tres publicaciones; iii) principio de economía procesal (art. 278, LCQ).

VI. Justificación de la publicación


En lo relacionado con la prueba de la publicación, el deudor debe acompañar al expediente los
"recibos" dentro de los plazos indicados en el apartado anterior. Estos recibos consisten en la constancia
emitida por el diario (de publicaciones legales o de mayor circulación) de que los edictos han sido
presentados para su publicación. En la práctica, se observa que con el solo recibo de pago de dicha
publicación alcanza a los fines de cumplimentar con el presente dispositivo.
Sin perjuicio de ello, y conforme lo ordena el art. 27, últ. párr., LCQ, el concursado debe probar la
efectiva publicación de los edictos dentro del quinto día posterior a su primera aparición.

VII. Sanción
Si el deudor no adjunta los recibos en el término señalado, se lo tiene por desistido (art. 30, LCQ). La
LCQ expresamente ordena que el incumplimiento de la obligación del deudor de efectuar la publicación de
edictos, en el plazo legal, tiene como sanción el tener por desistido el procedimiento concursal y tal sanción
tiene el carácter de imperativo. La sanción es seria, por lo que es carga del abogado estar muy atento al
cumplimiento de este plazo.
No obstante la perentoriedad del término, la doctrina y jurisprudencia han relativizado en algunos
supuestos particulares la norma del art. 30, LCQ.
Así, se ha dicho que "si la demora en la publicación de los edictos en que incurrió la deudora en
concurso preventivo no ha sido tan grave que haya perjudicado el trámite normal del proceso, ni ha
perturbado ni alterado el cumplimiento regular del cronograma de los plazos y etapas legales previstos hasta
la junta de acreedores, ni existido de su parte y sus representantes propósitos dilatorios, ni ha estado guiado
por fines antifuncionales, ni media en el caso interés público o privado comprometido por la mentada
demora, no cabe sanción automática de refutar a la concursada como desistente de su concurso en marcha".
Producido el incumplimiento, por parte del deudor, de realizar la mencionada publicación en los
plazos legalmente previstos, ¿opera ipso iure el desistimiento o es menester declaración judicial que lo
declare? El presente planteo es independiente de la necesidad de una resolución de desistimiento (que es
indispensable) o de la posibilidad de declararlo de oficio, pues dicho desistimiento "debe" ser declarado de
oficio.
El interrogante se centra en otro punto: acaecido el incumplimiento y declarado el desistimiento a
través de la pertinente resolución, ésta debe retrotraerse al momento del incumplimiento o al de la
resolución. Dicho en otros términos: ¿la resolución de desistimiento tiene efecto declarativo o constitutivo?
De la adopción de una u otra postura se derivan consecuencias diversas. Si se admite que la
resolución de desistimiento tiene efecto "declarativo" (pues declara una situación que ha producido sus
efectos con independencia de la declaración judicial), el deudor no podrá acompañar las constancias edictales
luego de vencido el término. Por el contrario, si dicha resolución tiene efecto "constitutivo", el concursado
podrá acompañar las constancias hasta tanto no haya sido declarado judicialmente el desistimiento.
Tonón y Rivera, sin adentrarse a analizar si la resolución de desistimiento es constitutiva o
declarativa, han dicho que el tribunal no debe aplicar el desistimiento si el deudor ha acompañado los recibos
tardíamente, pero antes de haber sido declarado el desistimiento.

Art. 29. Carta a los acreedores.


Sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos 27 y 28, el síndico debe enviar a cada acreedor
denunciado, carta certificada en la cual le haga conocer la apertura del concurso, incluyendo los datos
sucintos de los requisitos establecidos en los incisos 1 y 3 del artículo 14, su nombre y domicilio y las
horas de atención, la designación del juzgado y secretaría actuantes y su ubicación y los demás aspectos
que estime de interés para los acreedores.
La correspondencia debe ser remitida dentro de los cinco (5) días de la primera publicación de
edictos.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
La omisión en que incurra el síndico, respecto del envío de las cartas, no invalida el proceso.

I. Complemento del sistema edictal


El síndico tiene la obligación de enviar a cada acreedor denunciado por el concursado al presentar su
concurso preventivo "carta certificada" en la cual le haga conocer la apertura de dicho concurso. Dicha
notificación debe contener los principales datos que sean de interés para el acreedor.
Pero ello no es suficiente para cubrir la publicidad necesaria de la sentencia del art. 14, LCQ, ya que
el síndico debe notificar sólo a los "acreedores denunciados", y muchas veces el deudor, al peticionar su
concordato preventivo, no denuncia la totalidad de sus acreedores. La emisión de la carta del art. 29, LCQ es
complementario del sistema de edictos.

II. Acreedores
Debe enviarse a cada acreedor denunciado por el deudor en su presentación concursal (art. 11, inc. 5,
LCQ), independientemente de su calidad (quirografarios o privilegiados) o naturaleza (civiles, comerciales,
laborales, financieros, fiscales).
No obstante la literalidad de la norma, si el síndico conoce la existencia de otros (presuntos)
acreedores, deberá cursar dicha notificación. Si se tratase de títulos circulatorios que hubiesen sido
endosados, el síndico deberá enviar la carta a quien fuera endosatario del concursado, salvo que tuviese
mayores datos (derivados de un protesto, carta documento reclamando el pago, etc.).

III. Contenido de la carta


El contenido de la misiva está previsto en la norma y debe hacer conocer:
i) la declaración del concurso preventivo;
ii) el nombre del concursado;
iii) en caso de personas jurídicas, el de los socios con responsabilidad ilimitada;
iv) la fecha hasta la cual deben presentar los pedidos de verificación al síndico;
v) el nombre del síndico;
vi) domicilio de atención;
vii) horario de atención;
viii) juzgado y secretaría interviniente;
ix) ubicación del juzgado;
x) otros aspectos que estime de interés para los acreedores.
Estos "datos extras" son discrecionales para el síndico. No obstante ello, parece prudente -y en la
práctica así se hace- también incluir los siguientes datos:
i) otros datos del concursado que permitan una mejor identificación (documento de identidad, datos
de registro, domicilio de la administración, administradores, etc.);
ii) fechas en que se dictarán los informes individuales (art. 35, LCQ) y general (art. 39, LCQ) (art.
14, inc. 9, LCQ);
iii) fecha hasta la cual pueden efectuar las observaciones a los créditos (art. 34, LCQ);
iv) fecha de la sentencia de verificación (art. 36, LCQ);
v) plazo para incoar el incidente de revisión (art. 37, LCQ);
vi) fecha de la audiencia informativa (arts. 45, párr. 5º, y 14, inc. 10, LCQ);
vii) los integrantes del comité de acreedores provisorio (arts. 260 y 14, inc. 11, LCQ);
viii) requisitos de verificación (ser de causa anterior a la presentación concursal, deber de indicar
monto, causa -en caso de ser títulos cambiarios, probar la causa plenarios "Difry S.R.L " y "Translínea S.A "-
y privilegio, acompañar los títulos justificativos en dos copias, constituir domicilio y denunciar domicilio
real, firma del peticionario, efectos de la verificación, arancel exigido y sus excepciones, etc. -art. 32, LCQ-),
etcétera;
ix) otros datos del funcionario sindical, tales como teléfono, fax, correo electrónico, etcétera.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
IV. Carta certificada
Esta carta debe ser "certificada", no pudiendo suplirse tal exigencia con otras modalidades
notificatorias tales como comunicaciones verbales, cartas simples, radiales, televisivos, etcétera.
Los fondos para solventar el envío los aporta el concursado en la oportunidad prevista en el art. 14,
inc. 8, LCQ. Por ello el síndico, previo al envío de dicha misiva notificatoria deberá solicitar orden o cheque
de pago al juzgado pertinente, con oportuna rendición de cuentas.

V. Rendición de cuentas
En cuanto a la oportunidad de la rendición de cuentas, la LCQ no establece cuándo debe realizarse
en el concurso preventivo. Tampoco lo hace en relación al arancel del art. 32, LCQ.
Parece prudente señalar como momento adecuado el del informe general del art. 39, LCQ, ya que en
el concurso preventivo no existe un informe final en el cual el síndico efectúe rendición de cuentas (art. 218,
inc. 1, LCQ).

VI. Oportunidad del envío


Las cartas deben ser remitidas dentro de los cinco días de la publicación de edictos, aunque nada
empece a que sean enviadas con anterioridad a dicha fecha. El no envío o envío inoportuno de esta carta no
invalida el proceso, pero puede irrogar al funcionario sindical las sanciones del art. 255, 3º párr., LCQ, pues
importa un grave incumplimiento de sus funciones. Además, algunos autores lo han valorado como un
eximente de costas que ordinariamente se imponen a los verificantes tardíos.

Sección II - Desistimiento

Art. 30. Sanción.


En caso de que el deudor no cumpla lo dispuesto en los incisos 5 y 8 del artículo 14 y en los
artículos 27 y 28, primer párrafo, se lo tiene por desistido.

I. Desistimiento forzoso
Esta norma establece la sanción (desistimiento) por el incumplimiento de ciertas cargas por parte del
concursado. Se trata de un desistimiento forzoso (legal u ope legis) a diferencia del voluntario (art. 31, LCQ).
Iniciado el concurso preventivo, el concursado tiene la obligación de proseguir el proceso concursal
hasta su finalización (cumplimiento o quiebra indirecta), que es la forma habitual de extinción. Básicamente
el desistimiento es una situación (legal o voluntaria) cuyo efecto es la no continuación del proceso concursal.
Es una forma anormal del proceso. El desistimiento en materia concursal es del proceso y no del derecho a
acceder al concurso preventivo (que es irrenunciable).

II. Causales
Al ser una sanción (como lo indica el epígrafe del art. 30, LCQ) por el incumplimiento de ciertas
cargas, su interpretación debe ser restrictiva. Estas cargas están expresadas en la norma:
i) no presentar en el plazo que el juez fije (que no podrá ser superior a tres días) los libros referidos a
su situación económica en el lugar que el juez fije dentro de su jurisdicción (art. 14, inc. 5, LCQ);
ii) no depositar en el plazo de tres días el importe que el juez determine para abonar los gastos de
correspondencia del art. 29, LCQ (art. 14, inc. 8, LCQ);
iii) no publicar edictos en el diario de publicaciones legales y otro de amplia circulación dentro de
los cinco días de haberse notificado la sentencia de apertura (art. 27, LCQ);
iv) no publicar edictos en caso de que el deudor tuviese establecimientos en otra jurisdicción judicial
en el lugar de ubicación de cada uno de ellos (y en su caso en el diario de publicaciones legales respectivo)
en un plazo que no puede exceder los veinte días desde la notificación de la sentencia concursal (art. 28, párr.
1º, LCQ).

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No se incluye como supuesto sancionatorio (que no puede ser incluido por vía analógica -arts. 16,
CCiv. y 159, LCQ-) la falta de presentación de los comprobantes respectivos y de la prueba de la efectiva
publicación dentro del quinto día (art. 28, párr. 2º, LCQ).
Debe también destacarse que la jurisprudencia de alzada ha sido más flexible con el cumplimiento
oportuno de estas cargas concursales y la perentoriedad de dichos plazos (art. 273, inc. 1, LCQ). Criterio
similar al cumplimiento de los requisitos del art. 11, LCQ, en la alzada.

III. Aspectos prácticos


El desistimiento forzoso debe dictarse por auto y debe estar fundado fáctica y legalmente. Puede ser
dictado "oficiosamente" y no es menester petición de parte o del síndico. El incumplimiento de las cargas
que fundan el desistimiento puede ser certificado por el actuario. Para determinar el incumplimiento de estas
cargas no se requiere emplazamiento bajo apercibimiento expreso, ni intimación previa.
Este auto, a pesar de la regla del art. 273, inc. 3, LCQ, y conforme a la jurisprudencia dominante, es
apelable por el concursado (pues es el verdaderamente interesado), pero no por los acreedores, comité de
acreedores o el síndico.
Los efectos del desistimiento forzoso están reglados en el art. 31, párr. 3º, LCQ.

Art. 31. Desistimiento voluntario.


El deudor puede desistir de su petición hasta la primera publicación de edictos, sin requerir
conformidad de sus acreedores.
Puede desistir, igualmente, hasta el día indicado para el comienzo del período de exclusividad
previsto en el artículo 43 si, con su petición, agrega constancia de la conformidad de la mayoría de los
acreedores quirografarios que representen el setenta y cinco por ciento (75%) del capital quirografario.
Para el cálculo de estas mayorías se tienen en cuenta, según el estado de la causa: a los acreedores
denunciados con más los presentados a verificar, si el desistimiento ocurre antes de la presentación del
informe del artículo 35; después de presentado dicho informe, se consideran los aconsejados a verificar
por el síndico; una vez dictada la sentencia prevista en el artículo 36, deberán reunirse las mayorías sobre
los créditos de los acreedores verificados o declarados admisibles por el juez. Si el juez desestima una
petición de desistimiento por no contar con suficiente conformidad de acreedores, pero después ésta
resultare reunida, sea por efecto de las decisiones sobre la verificación o por nuevas adhesiones, hará
lugar al desistimiento, y declarará concluido el concurso preventivo.
Inadmisibilidad. Rechazada, desistida o no ratificada una petición de concurso preventivo, las que
se presenten dentro del año posterior no deben ser admitidas, si existen pedidos de quiebra pendientes.

I. Desistimiento voluntario
La ley también prevé el desistimiento del proceso concursal por voluntad del concursado. Deben
señalarse dos precisiones terminológicas: no desiste de la "petición", sino del proceso concursal; la ley
refiere al deudor, cuando debió hablar estrictamente de concursado.
1. Etapas concursales
Por los intereses en juego y por la estructura del concurso preventivo (que es pluriconflictivo y
plurisubjetivo), la ley ha reglado el desistimiento voluntario que difiere según la etapa en que se encuentre.
1.1. Hasta la publicación edictal
Si aún no se ha iniciado la publicación edictal, el concursado puede desistir del proceso sin requerir
la conformidad de sus acreedores (desistimiento ad nutum). No se requiere fundamentar el motivo del
desistimiento. Tampoco se requiere conformidad de la sindicatura.
Es suficiente con presentar un escrito de desistimiento, sin que sea menester correr un traslado a la
sindicatura (en caso de que ésta hubiese aceptado el cargo). De todas formas, si el concursado no publica
edictos, oportunamente también se tendrá por desistido legalmente (art. 30, LCQ), con iguales efectos.
1.2. Hasta el período de exclusividad
Luego de publicados los edictos y hasta el período de exclusividad (art. 43, LCQ) -esto es, cuarenta
días posteriores a la sentencia de verificación (art. 36, LCQ)-, será menester que con el escrito de
desistimiento se adjunte la conformidad de la mayoría de los acreedores que representen el setenta y cinco

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
por ciento del capital quirografario (mayoría subjetiva y setenta y cinco por ciento de capital). No se exige
formalidad alguna para dichas conformidades, pudiendo regir por analogía el art. 45, párr. 1º, LCQ. Sin
perjuicio de ello, será suficiente con que los acreedores firmen ante el actuario el escrito de desistimiento.
2. Mayorías
Según la etapa en la que se encuentren variará la "base" para tomar ese porcentaje:
i) hasta el informe individual (art. 35, LCQ), se tomarán sólo los acreedores denunciados con más los
presentados a verificar;
ii) desde dicho informe y hasta la sentencia de verificación (art. 36, LCQ), los acreedores
aconsejados verificar;
iii) luego de dictada la sentencia de verificación (art. 36, LCQ) y hasta el comienzo del período de
exclusividad, los acreedores verificados o declarados admisibles.
El desistimiento es posible hasta el inicio del período de exclusividad (art. 43, LCQ). Si el
concursado no obtuvo las mayorías, el desistimiento no es posible (y el juez debe "desestimar" el
"desistimiento"); si después resultó reunida dicha mayoría (por efecto de las decisiones sobre la verificación
o nuevas adhesiones), el juez hará lugar al desistimiento y declarará concluido el concurso preventivo.
Si esta mayoría resultó obtenida (por nuevas adhesiones) luego del inicio del período de
exclusividad, el desistimiento no será posible, independientemente de las conformidades. Es un momento
perentorio: superada esta etapa no es factible el desistimiento. En relación a la extensión del término
"decisiones sobre la verificación", se abarca no sólo la sentencia de verificación (art. 36, LCQ), sino también
la opinión del síndico en el informe individual (que, en cierto modo, es una decisión del funcionario
concursal sobre el pedido de verificación).
Una cuestión curiosa puede resultar en caso de que el síndico aconseje la inadmisibilidad de todos
los créditos y el concursado, luego de ello, peticione el desistimiento del proceso concursal: aplicando
estrictamente la ley no se requeriría conformidad de los acreedores (algo similar a la situación anterior a la
publicación edictal).
3. Efectos
El desistimiento del concurso importa la "conclusión" del concurso preventivo, aunque no en el
sentido previsto en el art. 59, LCQ. En este caso, cesan totalmente los efectos del concurso (v.gr.: arts. 15,
16, 17, LCQ), el fuero de atracción, la suspensión de acciones (art. 21, LCQ) y también el funcionario
concursal. El proceso concursal deja de existir (rectius: de tener efectos).
4. Costas
Con la resolución de desistimiento se fijarán las costas al concursado y se deben regular honorarios a
los profesionales intervinientes (art. 265, inc. 5, LCQ).
Para el monto no debe tenerse en cuenta el porcentaje previsto en el art. 266, LCQ, pues no hubo
"acuerdo preventivo". Sin perjuicio de ello, tendrá especial aplicación el art. 271, párr. 2º, LCQ.
5. Legitimación
Sólo el concursado puede desistir voluntariamente. Tampoco requiere manifestación de las causas de
su decisión. No puede ser condicionado y debe ser total. Simplemente se requiere que haya adjuntado al
expediente las mayorías legales (art. 31, párr. 2º, LCQ).
Si se trata de una persona jurídica (art. 6, LCQ), sólo se requiere decisión del órgano de
administración (no se exige ratificación del órgano de gobierno); si se trata de un incapaz (art. 7, LCQ), su
tutor o curador no puede renunciar los derechos de su pupilo o curador ni aun con autorización judicial (art.
450, inc. 6, CCiv.). Tampoco en el caso de los herederos (art. 8, LCQ). Se requiere poder especial. Mientras
no se haya dictado el desistimiento es factible su retractación.

II. El art. 31, parte final, LCQ


El párrafo final del art. 31, LCQ establece la consecuencia del rechazo (art. 13, párr. 2º, LCQ),
desistimiento (arts. 30 y 31, párrs. 1º y 2º, LCQ) o falta de ratificación (arts. 6, 7 y 8, LCQ) del proceso
concursal: el pedido de concurso preventivo incoado dentro del año posterior sólo puede ser admitido si no
existen pedidos de quiebra pendientes. Ello, por supuesto, importa la posibilidad de continuar los procesos de
quiebra oportunamente incoados (y suspendidos por el proceso concursal).
Respecto de la extensión del término existe jurisprudencia plenaria que ha fijado posición: la
locución "pedidos de quiebra pendientes" contenida en el art. 31, in fine, LCQ alude a los presentados antes

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
de la primera petición de concursamiento. También existen autores que señalan que los pedidos de quiebra
pendientes pueden haber sido iniciados antes o después de la solicitud del primer concurso fracasado o de su
conclusión, ya que lo determinante es que dichas solicitudes de quiebra estuvieran pendientes al tiempo del
nuevo concurso preventivo y porque la ley no distingue.
El plazo del año comienza a correr desde que quedó firme la decisión que admitió el rechazo,
desistimiento o no ratificación.

Sección III - Proceso de verificación

Art. 32. Solicitud de verificación.


Todos los acreedores por causa o título anterior a la presentación y sus garantes, deben formular
al síndico el pedido de verificación de sus créditos, indicando monto, causa y privilegios. La petición debe
hacerse por escrito, en duplicado, acompañando los títulos justificativos con dos copias firmadas y debe
expresar el domicilio que constituya a todos los efectos del juicio. El síndico devuelve los títulos
originales, dejando en ellos constancia del pedido de verificación y su fecha. Puede requerir la
presentación de los originales, cuando lo estime conveniente. La omisión de presentarlos obsta a la
verificación.
Efectos. El pedido de verificación produce los efectos de la demanda judicial, interrumpe la
prescripción e impide la caducidad del derecho y de la instancia.
Arancel. Por cada solicitud de verificación de crédito que se presente, el acreedor pagará al
síndico un arancel de cincuenta pesos ($ 50) que se sumará a dicho crédito. El síndico afectará la suma
referida a los gastos que le demande el proceso de verificación y confección de los informes, con cargo de
oportuna rendición de cuentas al juzgado, quedando el remanente como suma a cuenta de honorarios a
regularse por su actuación. Exclúyese del arancel a los créditos de causa laboral, y a los menores de mil
pesos ($ 1.000), sin necesidad de declaración judicial.

I. Principio de concursalidad
La universalidad del juicio concursal se proyecta tanto activa como pasivamente, abarcando todos
los bienes del deudor y convocando a todos sus acreedores para intentar la eliminación de la insolvencia. En
este proceso, una fase o etapa fundamental es la de verificación de créditos, o sea, la regulación de la vía de
insinuación de los créditos en el pasivo del deudor.
La convocación a todos los acreedores es propia de la concursalidad y se basa en la universalidad
patrimonial que debe respetarse como "directriz axil" del sistema, aspecto que mantiene toda su vigencia
bajo la LCQ y que además conlleva el tratamiento igualitario propio de este tipo de procesos.

II. Verificación de créditos


1. Definición e importancia
El esquema verificatorio puede ser definido como "el procedimiento de conocimiento, contencioso,
causal, típico, necesario, único y excluyente que tiene por finalidad determinar la composición de la masa de
acreedores, monto y graduación de sus créditos". Es una "acción incorporativa y legitimante". Los caracteres
surgen de dicha definición: contencioso, causal, típico, necesario, único y excluyente.
Se ha destacado la importancia del proceso de verificación, expresando que "traduce el punto de
encuentro del interés público y de los intereses privados, apuntando a lograr un adecuado equilibrio", ya que
si para el acreedor la verificación se erige en la vía apta para el reconocimiento de su derecho y legitimar sus
pretensiones, para los restantes acreedores y el deudor constituye el instrumento de control de la integración
del pasivo concurrente, para garantizar transparencia en la composición de este último.
El proceso verificatorio, en líneas generales, tiene como fin el de "obtener el reconocimiento de la
legitimidad de las acreencias, así como la graduación de ellas (quirografaria o privilegiada)".
2. Demanda verificatoria
El pedido de verificación produce los efectos de "demanda judicial", interrumpe la prescripción e
impide la caducidad del derecho y de la instancia. Existe controversia doctrinaria acerca de si el pedido
verificatorio es una demanda o no. Si bien técnicamente no se puede hablar de que sea una demanda en

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
sentido estricto, a los fines concursales lo fundamental está en que esta solicitud (o demanda) produce "los
efectos de una demanda judicial".
Si bien el art. 32, LCQ habla del "deber" de verificación, es una carga (un imperativo del propio
interés), ya que la obligación se impone en interés ajeno. Constituye un facultad que el interesado puede o no
usar; pero el acreedor que se sustrae de cumplir con la carga verificatoria, no tiene posibilidad alguna de
intervenir en el proceso concursal y gozar de sus beneficios.
Es factible el desistimiento de la verificación tempestiva, y el día límite es hasta la resolución
judicial del art. 36, ya que en ella "se resuelve, sobre todas las solicitudes formuladas al síndico
tempestivamente" y sus efectos son los de "cosa juzgada".

III. Excepciones
Es un proceso "necesario", ya que todos aquellos que pretendan participar del proceso concursal
deben acudir a esta vía procesal. El hecho de que existan excepciones no le quitan tal carácter. No deben
peticionar la ordinaria verificación del crédito los siguientes acreedores:
i) créditos de pronto pago (art. 16, LCQ);
ii) prosecución de juicios de conocimiento en el concurso preventivo (art. 21, inc. 1, LCQ);
iii) créditos con garantía real con derecho a remate no judicial (art. 23, LCQ);
iv) acreedores por causa de expropiación y familia (art. 21, inc. 2, LCQ);
v) gastos de conservación y de justicia (art. 240, LCQ);
vi) contratos con prestaciones pendientes (art. 20, LCQ).

IV. Plazo de verificación


La normativa concursal indica implícitamente el comienzo del plazo de verificación. El art. 14, inc.
3, LCQ señala que deberán contarse desde que se estime que concluirá la publicación de edictos. Éste es el
inicio del plazo verificatorio: la conclusión de la publicación de edictos, aunque resulta ponderable una
conducta por parte del órgano sindical a los fines de receptar las peticiones con anterioridad.
El plazo hasta el cual deben presentarse debe estar contenido en la sentencia de apertura (art. 14, inc.
3, LCQ) y en el edicto (arts. 27 y 28, LCQ), es de quince o veinte días hábiles judiciales (art. 273, inc. 2,
LCQ) y perentorio (art. 273, inc. 1, LCQ). Es aplicable el plazo de gracia (arts. 53, CPCCCba., 124, CPCCN
y 278, LCQ). Así lo estableció la jurisprudencia plenaria: "Es aplicable el plazo de gracia previsto en el art.
70 del Código Procesal Civil y Comercial, a toda situación operada en juicio de concurso y de ejecución
prendaria".

V. Formalidades de la presentación
La norma del art. 32, LCQ no impone a la petición fórmulas sacramentales. La presentación es un
acto de gestión ordinaria y puede ser realizado por apoderado, no siendo necesario patrocinio letrado.
El recaudo del tenor escrito de la presentación no impone ninguna otra exigencia formal adicional
que no sean las indicadas en la norma. Asimismo, el presentante debe acreditar su identidad; y si lo hace en
representación, debe acompañar los documentos acreditativos del apoderamiento correspondiente.
Igualmente, si se presenta por una persona jurídica, deberá acompañar los estatutos y resoluciones que
justifiquen la representación que se invoca.
La solicitud verificatoria debe ser presentada al síndico en la "oficina abierta al público" (art. 275,
inc. 7, LCQ). Se debe hacer por escrito, en duplicado, acompañando los títulos justificativos con dos copias
firmadas. El carácter escrito del pedido puede canalizarse a través de cualquier medio (carta documento,
carta certificada, telegrama, etc.) con tal de que se efectivicen los demás requisitos, aunque la vía más segura
es la de concurrir a las oficinas del órgano concursal con los escritos del pedido.

VI. Contenido de la presentación


El escrito por el cual "todos los acreedores por causa o título anterior a la presentación" en concurso
solicitan la insinuación al síndico debe contener ciertos requisitos, que se analizan a continuación:
i) datos personales y domicilio real del insinuante: el domicilio real no aparece en el art. 32, LCQ; el
art. 35, párr. 2º, LCQ señala que el informe individual debe consignar el domicilio real;

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ii) constitución de domicilio especial: este domicilio subsiste para todos los efectos legales mientras
no se constituya otro (art. 273, inc. 6, LCQ);
iii) indicación del monto del crédito: cabe remitirse en este punto a lo señalado en el art. 19, LCQ
para créditos no dinerarios o expresados en moneda extranjera;
iv) indicación de la graduación o privilegio pretendido: "El insinuante debe indicar el privilegio con
que cuenta el crédito invocado, refiriendo razones y fundamentos legales que abonan tal pretensión".
Vencido el plazo para su proposición "tempestiva", al acreedor sólo le quedaría un recurso: desistir al pedido
de verificación "tempestivo" e iniciar la verificación tardía, con todas las consecuencias que ella trae
aparejada (v.gr.: imposición de costas), debiendo tramitarse incidentalmente. Si el acreedor hubiese omitido
el carácter del crédito (común o privilegiados), el juez debe admitirlo como quirografario, salvo el caso de
créditos laborales que tienen un procedimiento especial (art. 43, párr. 9º, LCQ);
v) indicación de la causa de la obligación: este requisito será tratado más adelante;
vi) títulos justificativos y copias: en caso de que se carezca de título justificativo (v.gr.: crédito por
daños y perjuicios sin proceso iniciado) el insinuante debe efectuar una explicación detallada de los hechos,
ofreciendo las posibilidades probatorias; la carencia de título, por sí sola, no puede por elementales
principios generales del derecho, negar la posibilidad de peticionar la verificación ("derecho de acceso a la
justicia" -art. 18, CN y art. 8, Pacto de San José de Costa Rica-), aunque la orfandad probatoria obsta a la
admisión del pedido verificatorio;
vii) firma del peticionante: el acreedor que se hace asesorar por un abogado debe soportar el costo;
viii) pago del arancel: se impone el pago de un arancel de cincuenta pesos para la presentación de la
verificación de créditos, con las excepciones legales (laborales y menores de mil pesos).

VII. Arancel
Se ha discutido la calidad del arancel: si constituye un gasto de justicia y por ende goza del privilegio
del art. 240, LCQ, o si el mismo debe seguir la misma suerte del crédito principal). Debido a la redacción de
la norma, el reducido monto del arancel y la estructura misma el concurso preventivo es correcto entender
que el arancel es un crédito accesorio del principal.
Si bien en otra oportunidad señalamos que en caso de que el arancel acceda a varios créditos
(quirografarios y privilegiados), debía prorratearse o dividirse proporcionalmente por cada crédito de distinta
naturaleza teniendo en cuenta el monto de cada uno de ellos; dicha solución, aunque salomónicamente justa,
se insinúa como inconveniente desde del plano práctico. Por ello, una solución más acorde con la práctica
concursal radica en que dicho arancel acceda a la mejor calidad del crédito.
La suma recaudada por el síndico se imputará inicialmente para gastos vinculados con el período
informativo. No se podrán imputar otros gastos a dicha cuenta y los mismos deben ser valorados con cierta
razonabilidad.
La ley no establece cuándo es la oportunidad para la rendición de cuentas de esos gastos, razón por la
cual parece prudente que el síndico lo haga en el informe general (art. 39, LCQ), aun cuando dicha norma no
lo prevea expresamente. Esta rendición -por un principio de economía procesal (art. 278, LCQ)- deberá
incluir los gastos de correspondencia (art. 29, LCQ).
Si hubo remanente, el mismo se tomará a cuenta de la oportuna regulación de honorarios (art. 265,
inc. 1 y 5, LCQ). La duda se genera respecto de cómo debe tomarse esta "cuenta": si detrayendo del monto
hipotético a cobrar (aun cuando el mismo no se perciba) o del monto que efectivamente estará en
condiciones de percibir el funcionario sindical.
Los créditos de causa laboral (arg. art. 20, LCT) y los menores de mil pesos (monto tomado al azar
por el legislador) no deben abonar dicho arancel (art. 32, in fine, LCQ). No se requiere que el juez así lo
disponga.
Respecto de si está eximido de abonar el arancel de cincuenta pesos el acreedor amparado bajo la luz
de un beneficio de litigar sin gastos, caben dos discriminaciones: i) si el acreedor insinuante ya ha obtenido
sentencia para litigar sin gastos, no debe pagar el arancel; ii) si no se ha pronunciado sentencia o no ha sido
siquiera iniciado, pensamos que el acreedor debe pagar el arancel. El motivo es claro: el monto impuesto es
sumamente pequeño para impedir el acceso a la justicia. A ello debe agregársele la finalidad inmediata de
aplicación (gastos del síndico) y que, a la larga, lo satisfará el concursado.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
El no pago del arancel obsta al tratamiento del crédito. Si el síndico recibió igualmente el pedido de
verificación (no obstante no haberse erogado dicho arancel), debe informarlo (art. 35, LCQ), ya que será el
juez concursal quien en la sentencia de verificación disponga su inadmisibilidad o no presentación.

VIII. Causa
1. Generalidades
El tema de la prueba de la causa en la verificación ha generado un intenso movimiento doctrinario y
jurisprudencial, ya que el art. 32, LCQ recepta el deber genérico del peticionante de verificación de "indicar"
la causa de la obligación. Sin entrar a dilucidar sobre la acepción ‘doctrinaria’ del término causa, a los
efectos concursales la "causa es el hecho dotado por el ordenamiento jurídico con virtualidad bastante para
establecer entre acreedor y deudor el vínculo que los liga" (contrato, cuasi contrato, delito, cuasi delito; v.gr.:
contrato de locación, daños y perjuicios, etc.).
En los títulos cambiarios una de las características es que son justamente "abstractos" (opera la
"desvinculación del documento respecto de la relación causal"). Por ello los títulos de crédito no debieran
indicar la causa.
2. Jurisprudencia plenaria
La jurisprudencia plenaria de la Cámara Nacional Comercial en el fallo "Translínea S.A. v.
Electrodinie S.A. " sentó su criterio: "el solicitante de verificación en concurso con fundamento en pagarés
con firma atribuida al fallido, debe declarar y probar la causa, entendidas por tal las circunstancias
determinantes del acto cambiario del concursado, si el portador fuere su beneficiario inmediato, o las
determinantes de la adquisición del título por ese portador de no existir inmediatez". Unos meses después, en
idéntico alcance pero referido a la verificación con cheques, se pronuncia el plenario "Difry S.R.L.".
De lo decidido en dichos fallos plenarios se extrae lo siguiente:
i) relación "inmediata" con el concursado: el acreedor que recibió el título directamente del sujeto
concursado (sea mediante libramiento directo o endoso) debe, como señalan expresamente los mentados
fallos, "declarar y probar la causa" que dio origen al acto cambiario;
ii) relación "no inmediata" con el concursado: si el portador de la cambial "no" se encuentra en
relación directa con el concursado, debe probar la causa por la cual adquiere el título.
Además cabe señalar que los plenarios se dictaron en verificaciones tardías (procedimientos
incidentales en los cuales existe la posibilidad jurídica de ofrecer y producir todo tipo de pruebas).
Desde otro ángulo visual y con respecto a la aplicación de dichos plenarios, se señala -con acierto-
que debe discriminarse según el tipo de verificación (tempestiva o tardía) en que se plantee la cuestión. La
jurisprudencia ha establecido que "en el trámite de verificación de un crédito, el acreedor sólo debe indicar la
causa de la obligación, para que el síndico pueda informar, practicando, previamente a tal efecto, las
compulsas y averiguaciones necesarias. En cambio, en el incidente de revisión, la causa del crédito debe
probarse y esto constituye causa rigurosa del peticionante".
3. Finalidad de los plenarios
Rivera, con razón, explica que la finalidad de esta jurisprudencia fue la de evitar que el deudor
pudiese "inventar" acreedores mediante la emisión de títulos cambiarios librados por él, artilugio destinado a
manejar las mayorías necesarias para aprobar el concordato preventivo. Por ello, se procuraba prevenir -antes
que lamentar- el concilium fraudis entre el deudor concursado y los presuntos acreedores inventados.
Si se comprueba en el proceso concursal la inexistencia del concilium fraudis entre el deudor y los
acreedores peticionantes de la verificación, la razón de ser del plenario caería. Y, en consecuencia, no sería
menester una prueba acabada y puntillosa de la causa de la obligación.
4. Vigencia de los plenarios
Se ha señalado, en lo relacionado a la vigencia actual de los fallos plenarios citados en el punto
anterior, que dicha doctrina judicial "viene experimentando ciertos recortes y renovadas interpretaciones más
flexibles en la exigencia probatoria, con el propósito de evitar dejar fuera del pasivo a muchos acreedores,
verdaderos pero escasamente documentados". A mediados de 1986 la jurisprudencia empezó a blandirse. En
el caso "Mance Grúas S.R.L" se dijo que "la télesis del plenario no fue exigir una prueba acabada y
contundente de la relación fundante del título de crédito", aclarando que "exigir esto esterilizaría
prácticamente toda pretensión verificatoria fundada en títulos abstractos".
Catorce días después, el célebre caso "Lajst" accedió a verificar créditos, cuyo único respaldo era el
título en el cual se hallaban instrumentados. Este fallo (que fuera publicado con anterioridad al caso "Mance

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Grúas S.R.L") ha sido calificado por alguna doctrina como un verdadero leading case. Inmediatamente hizo
eco en la doctrina, dividiendo a la misma entre quienes estaban en contra o a favor de lo resuelto. Pero es
obligatorio dejar sentada una premisa: en este caso se trataba de la quiebra de un "operador de mesa de
dinero" y se presentó la grave problemática de que aplicando estrictamente los plenarios, se hubiese liberado
al fallido de todos los créditos en su contra, circunstancia harto injusta.
Expresamente la sala E de la Cámara Nacional en lo Comercial, en el fallo aludido, dictaminó: "la
presentación de un cheque por el insinuante de un crédito en el proceso concursal del fallido, que operaba a
través de una mesa de dinero, si bien imponía al primero la carga de indicar, exponer y acreditar la causa
determinante del acto cambiario del fallido, esa modalidad configura al menos un principio de prueba por
escrito que posibilita formar convicción al tribunal en el sentido de un verídica y legítima operación en
función de la cual el verificante resulta tenedor del documento en que se basa su reclamo".
Posteriormente se fue asentando dicha posición jurisprudencial. En 1988 se dicta el fallo "Decarlini",
y en 1989 la causa "Compañía Arenera de Vizcaíno".
Así, se dijo que lo que la ley requiere es la indicación de la causa y una razonable complementación
probatoria, y que si la concursada no ha negado el libramiento de los documentos ni ha explicado
concretamente por qué los mismos no justifican la verificación intentada, es de presumir que esas firmas
tienen causa y que su autor las conoce.
Posteriormente se dictaron otros fallos en un sentido similar. Así, se ha decidido que si "no se
encuentran razones para pensar que el insinuante pretende incluir un pasivo ficticio en el concurso, ni que
exista acuerdo fraudulento, no cabe rechazar el pedido de verificación fundado en pagarés que según el
acreedor instrumentan un mutuo con fundamento en que no se probó la causa de la obligación según el
plenario, pues si la verificación de los acreedores dependiese de la prueba referida a la causa de la
obligación, aquéllos concurrirían únicamente por el título que originó la adquisición del derecho cambiario
-es decir, como vendedores, mutuantes, etc.-, pero nunca como acreedores cambiarios".
"La acreditación de la causa del crédito por parte de quien pretende su verificación en el concurso
preventivo, tiene como finalidad evitar la constitución de acreencias simuladas que alteren la mayoría
necesaria para la admisión de la propuesta o que perjudiquen la cuantía del dividendo concursal de los
restantes acreedores. En consecuencia, no corresponde agravar el criterio interpretativo de la ley, exigiendo
una prueba acabada y contundente de la causa del crédito, pues es suficiente el aporte de datos indiciarios
que permiten desvirtuar la existencia de conciertos fraudulentos entre el presunto acreedor y el concursado".
A modo de cierre de este punto, adherimos parcialmente a la posición de Rouillon, quien en una nota
a un reciente fallo apuntala la nueva tendencia. Ésta podría sintetizarse en distintas líneas, que analiza desde
un punto de vista subjetivo, según el sujeto concursal que interviene en esta etapa:
i) acreedor: prevalece el criterio de exigir al insinuante la explicación del origen causal de su crédito
y de aportar la prueba de la cual dispusiera;
ii) síndico: debe contribuir a esclarecer -activamente el pasivo-, cumpliendo la labor instructoria y no
amparar su desidia o comodidad en los famosos plenarios;
iii) juez: intentar llegar a la verdad jurídica objetiva, determinando quién es acreedor y quién no lo
es, con especial consideración de las circunstancias de cada caso, valoración amplia y criteriosa de la prueba
y puesta en mira del verdadera teleología del plenario: evitar el abultamiento ficticio de pasivos mediante el
invento de seudo acreedores;
iv) concursado: se proscribe que sea quien alegue la deficiencia de la alegación de la falta de
acreditación causal cuando, a la vez, no invocase la falsedad del título o algún vicio de la voluntad que
invalide su rúbrica.
5. Nuestra opinión
En nuestra opinión, la vigencia de dichos plenarios debe flexibilizarse teniendo en cuenta las
circunstancias especiales del caso. Debe ponderarse cautelosamente la situación "en concreto", para que una
vez analizada se exija la prueba o no de la causa de los títulos cambiarios. Si se descarta de manera
comprobable la existencia del concilium fraudis entre el deudor y los acreedores verificantes de una cambial,
no sería menester una prueba exhaustiva de la causa del título valor. Ya se había indicado la necesidad de una
interpretación de congruencia que respetase el derecho cambiario y que tuviese en cuenta las características
del negocio.
Hay casos en los que la única prueba de la causa es el título mismo. A diario se observa que, con un
modo malicioso, sujetos próximos a concursarse libran de manera irrestricta numerosos cheques u otros

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títulos de créditos con causas reales y verdaderas, sabiendo que una vez presentados en concurso y por la
vigencia de los fallos en estudio, deberán caer en la "diabólica" actividad de probar la causa.
Amén de ello, no puede propiciarse una derogación absoluta de dicho precepto jurisprudencial, ya
que podrían reeditarse las mismas situaciones injustas que generaron la necesidad del plenario. Tampoco
puede postularse una aplicación in extremis de dicha norma plenaria, pues pueden plantearse situaciones
inequitativas como las narradas en el párrafo anterior. Preconizamos la flexibilización del criterio para evitar
la licuación del pasivo y dijimos que la prueba de la causa del negocio, o sea, del mutuo, era el título
cambiario.

Art. 32 bis. Verificación por fiduciarios y otros sujetos legitimados.


(Incorporado por art. 14, ley 25.589.) La verificación de los créditos puede ser solicitada por el
fiduciario designado en emisiones de debentures, bonos convertibles, obligaciones negociables u otros
títulos emitidos en serie; y por aquel a quien se haya investido de la legitimación o de poder de
representación para actuar por una colectividad de acreedores. La extensión de las atribuciones del
fiduciario, del legitimado o del representante se juzgará conforme a los contratos o documentos en
función de los cuales haya sido investido de la calidad de fiduciario, legitimado o representante. No se
exigirá ratificación ni presentación de otros poderes.

I. Reforma de la ley 25.589


La reforma de la ley 25589 incorpora una nueva norma que regula la verificación de créditos de
titulares de debentures, bonos convertibles, obligaciones negociables, propiedad participada u otros títulos.
Este dispositivo incluye un régimen que admite alguna variación con relación a la verificación corriente.
1. Debenturistas
Gozan de esta posibilidad los debenturistas (arts. 338 y ss., LSC): la sociedad que decida emitir
debentures debe celebrar con un banco un fideicomiso por el que éste tome a su cargo (además de la gestión
de las suscripciones y el contralor de las integraciones y su depósito) la representación necesaria de los
futuros debenturistas (art. 338, inc. 3, LSC) y la defensa conjunta de sus derechos e intereses durante la
vigencia del empréstito hasta su cancelación total (art. 338, inc. 4, LSC). Este contrato deberá contener la
designación del banco fiduciario, la aceptación de éste y su declaración respecto de algunos puntos (art. 339,
inc. 4, LSC). Por ello, el título de debenture también debe contener, entre otras cosas, el nombre de la
institución o instituciones fiduciarias (art. 336, inc. 5, LSC).
Además, el art. 344, LSC señala que el fiduciario tiene, como representante legal de los
debenturistas, todas las facultades y deberes de los mandatarios generales y de los especiales del art. 1881,
inc. 1 y 3, CCiv. Asimismo, el art. 348, LSC dispone que si los debentures se emitieron con garantía flotante,
resuelta la liquidación, el fiduciario procederá a realizar los bienes que constituyen la garantía y a repartir su
producido entre los debenturistas, luego de pagados los créditos con mejor privilegio. De otro lado, si los
debentures se hubieran emitido con garantía común y existieren otros acreedores, resuelta la liquidación, el
fiduciario procederá a realizarla judicialmente en la forma de concurso, de acuerdo con la Ley de Quiebras.
De otro lado, el art. 351, LSC establece que si la sociedad emisora de debentures con garantía
flotante o común se declarase en quiebra, el fiduciario será liquidador coadyuvante necesario de la misma.
2. Otros legitimados
Este régimen se aplica los obligacionistas (art. 13, últ. párr., ley 23.576), los bonistas convertibles
(arts. 10 y ss., ley 19.060 derogado por la ley 23576) y otros títulos "emitidos en serie" (como por ejemplo
un fideicomiso financiero, ley 24441, o los fondos comunes de inversión, ley 24083, modif. por ley 24441).
La norma señala "y por aquel a quien se haya investido de la legitimación o de poder de
representación para actuar por una colectividad de acreedores". Se esgrime en cierto modo complementaria
de las disposiciones anteriores y se impone con un cierto matiz redundante: resulta obvio que quien se haya
investido de legitimación o poder de representación de varios acreedores puede actuar por ellos.
También es claro que quien no tenga legitimación o poder no podrá actuar por ellos. Esta
legitimación puede devenir de la propia ley o de un contrato. Los interesados pueden adherirse a contratos
con cláusulas predispuestas en las cuales ceden la protección de los derechos económicos derivados de sus
títulos.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
II. Aplicación a la quiebra
Este precepto también resulta aplicable en caso de quiebra. Aunque el art. 14, ley 25.589 sólo se
incluyó como 32 bis y no en el marco de la quiebra, parece lógica su inclusión en el régimen del período
informativo en la quiebra.
Si bien el art. 200, LCQ, con una pésima técnica legislativa, se limita a repetir los arts. 32, 33 y 34,
LCQ, para luego remitir sólo en materia de los arts. 35, 36, 37, 38, 39 y 40, LCQ, no puede aceptarse tal
sentido normológico. Interpretado de una manera burdamente literal podría señalarse que si el art. 200, LCQ
tomó textual los arts. 32 a 34, LCQ y sólo remitió en los restantes, si -a posteriori- se introdujo una norma
entre los arts. 32 y 33, LCQ, no puede considerarse incluido en el período informativo en la quiebra.

III. Facultativo
Pero hay que hacer una aclaración. Se trata de una facultad (o carga) y no de una verdadera
obligación. Estos acreedores pueden insinuarse de esa manera; pueden optar por presentarse a título
individual. En efecto, el nuevo art. 32 bis, LCQ utiliza la modalidad "pueden"; de donde si pueden, no deben.
Ergo, es una simple facultad que pueden o no utilizar.
De otro lado, el juez tampoco podría obligar a los tenedores de títulos seriados a que se presenten
mediante algún representante. Cada cual puede defender sus derechos como guste. Y si el texto dijera lo
contrario, sería inconstitucional por vulnerar el derecho de defensa (art. 18, CN). Ello no importa, por
supuesto, que el juez -al resolver sobre los créditos insinuados tempestivamente en la sentencia del art. 36,
LCQ- los agrupe bajo un determinado título (v.gr.: obligaciones negociables de una determinada serie) y los
resuelva de manera conjunta, con tal de que tenga en cuenta los argumentos diferenciados invocados.
En este sentido, la carga deóntica del art. 32 bis, LCQ difiere del establecido por el nuevo art. 45 bis,
LCQ (incorporado por el art. 16, ley 25.589). En este caso, la ley directamente impone un régimen
diferenciado para el voto en caso de títulos emitidos en serie.

IV. Atribuciones del fiduciario


Además, la ley 25589 sigue con las obviedades: la extensión de atribuciones del fiduciario, del
legitimado o del representante se juzgará conforme a los contratos o documentos en función de los cuales
hayan investido de la calidad de fiduciario, legitimado o representante. Pero, ¿podría ser de otro modo?
Parece claro que la única forma en que el juez puede compulsar la personería invocada es mediante
el contrato o documentación arrimado. La aclaración es innecesaria, y a tal punto es inocua que -sin la
brillante incorporación- cuando se juzga la representación de una persona jurídica, se indaga en el contrato
social y actas societarias respectivas (asamblearia, directorial, etc.). O cuando se analiza la representatividad
de un fideicomiso (v.gr.: el de la exclusión de activos y pasivos), se toma en cuenta el contrato de
fideicomiso y documentos anexos. Incluso cuando se trata de una sociedad de hecho (arts. 21 y ss., LSC).

Art. 33. Facultades de información.


El síndico debe realizar todas las compulsas necesarias en los libros y documentos del concursado
y, en cuanto corresponda, en los del acreedor. Puede, asimismo, valerse de todos los elementos de juicio
que estime útiles y, en caso de negativa a suministrarlos, solicitar del juez de la causa las medidas
pertinentes.
Debe conservar el legajo por acreedor presentado por el concursado, incorporando la solicitud de
verificación y documentación acompañada por el acreedor, y formar y conservar los legajos
correspondientes a los acreedores no denunciados que soliciten la verificación de sus créditos. En dichos
legajos el síndico deberá dejar constancia de las medidas realizadas.

I. Funciones del síndico


Si bien el síndico interviene en todo el concurso preventivo, se ha señalado que tiene su participación
fundamental en la etapa de verificación. Las funciones de este órgano son variadas. A lo largo de su
articulado la ley ha ido delineando las principales funciones del síndico, algunas de manera expresa, otras
como derivados lógicos de otros deberes. Remitimos al comentario del art. 275, LCQ.
En la etapa de verificación el órgano sindical debe realizar las siguientes tareas:

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
i) enviar carta certificada a los acreedores (art. 29, LCQ);
ii) recibir los pedidos de verificación (art. 32, LCQ) como así también las observaciones o
impugnaciones que el deudor y los otros acreedores puedan realizar (art. 34, LCQ);
iii) ejercer las facultades de información que le otorga el art. 33, LCQ, y, en función de ello, llevar a
cabo todas las compulsas necesarias en los libros y documentos del concursado y, en cuanto corresponda, en
los del acreedor;
iv) valerse de todos los elementos de juicio que estime útiles, y en caso de negativa a suministrarlos,
solicitar del juez de la causa las medidas pertinentes;
v) redactar el informe individual sobre cada solicitud de verificación consignando las enunciaciones
del art. 35, LCQ;
vi) intervenir en los incidentes de verificación tardía (art. 56, LCQ).

II. Facultad de información


Las facultades de información del síndico, tal como están reguladas en el art. 33, LCQ, conforman
un "poder-deber". Las cargas de las partes en los procesos dispositivos, en especial en materia probatoria,
propias del actor y demandado, se transmutan, como explica Maffía, "en deberes instructorios de la
sindicatura".
Estas facultades del art. 33, LCQ constituyen verdaderas obligaciones; así, no sólo debe efectuar las
compulsas contables en los libros del deudor y del acreedor, sino que debe llevar a cabo toda investigación
que sea necesaria para fundamentar adecuadamente la opinión que pronuncia sobre cada solicitud de
verificación y en la información exigida por los distintos incisos del art. 39, LCQ para el informe general.
Complementariamente, el art. 275, LCQ dota a este funcionario de una serie de "deberes-facultades"
tendientes a requerir todo tipo de información necesaria para el conocimiento de los negocios sociales del
deudor y de los derechos de los acreedores, y en todo caso, si se le deniega la información, puede solicitar
del juez concursal las medidas que estime pertinentes.
No obstante ello Argeri señala, con buen criterio, que el síndico deberá requerir del acreedor
peticionante que le informe:
i) si es cónyuge del deudor, aun cuando se encuentren separados por sentencia judicial;
ii) si su parentesco con el deudor se encuentra dentro del cuarto grado de consanguinidad, o segundo
de afinidad, o si es adoptivo;
iii) si su crédito proviene de cesión que le hayan efectuado los precedentes, dentro del año anterior a
la presentación del deudor peticionando la formación de su concurso preventivo;
iv) si se trata de acreedor que al mismo tiempo sea socio en la sociedad en que intervenga el deudor,
siempre que no sea como aquel, simple accionista;
v) si se trata de administrador de la sociedad concursada; si su crédito proviene de cesión que se le
haya efectuado dentro del año de presentación en concurso por parte del socio, en sociedad en que intervenga
el deudor a que se refiere el punto precedente.
En orden al papel investigativo del síndico, el art. 33, LCQ ratifica sus facultades informativas-
inquisitivas en cuanto puede realizar todas las compulsas necesarias en los libros y documentos del
concursado y, en cuanto corresponda, en los del acreedor y valerse de todos los elementos de juicio que
estime útiles (y, en caso de negativa a suministrarlos, solicitar del juez de la causa las medidas pertinentes).
En el legajo que debe componer, si no existe el legajo original formalizado por la deudora, debe
"dejar constancia de las medidas realizadas" (art. 33, 2º párr., LCQ).

III. Realidad de las acreencias


Sin perjuicio de esas facultades y obligaciones del síndico, debe determinar la realidad de las
acreencias; "la carga de la prueba en cuestiones contradictorias, se rige por las normas comunes a la
naturaleza de la relación de que se trate", de acuerdo a la norma procesal general del art. 273, inc. 9, LCQ.
Esta disposición no altera la obligación del síndico en la instrucción o auditoría contable.
La regla es el carácter "necesario" de estas compulsas de los libros y documentos del deudor. En el
caso del concursado, se trata de una exhibición general de libros; técnicamente el síndico realiza una
verdadera auditoría contable, analizando la correspondencia entre la actividad económica y comercial del
deudor y su documentación y contabilización.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
La exhibición de libros del acreedor debe centrarse en los asientos que tengan vinculación con la
cuestión concreta a resolver. En este caso, se está frente a una exhibición parcial de libros (art. 59, CCom.)
circunscripta a la relación creditoria entre el deudor y el pretenso acreedor.
También debe valerse de los elementos de juicio que estime útiles y requerir, tanto al deudor como a
los acreedores, las explicaciones pertinentes para la clarificación de la situación patrimonial y su
correspondiente informe al juez del concurso para que éste pueda fundamentar la resolución pertinente sobre
la causa del crédito, su monto y privilegio, todo de conformidad al art. 36, LCQ.
No obstante ello, debe aclararse que en la verificación tempestiva de créditos el síndico no es un
contradictor, sino que debe dictaminar sobre las circunstancias que hagan a la procedencia o improcedencia
de la pretensión esgrimida por aquél, debiendo en esa tarea procurar obtener el máximo de información para
emitir opinión fundada.

Art. 34. Período de observación de créditos.


Durante los diez (10) días siguientes al vencimiento del plazo para solicitar la verificación, el
deudor y los acreedores que lo hubieren hecho podrán concurrir al domicilio del síndico, a efectos de
revisar los legajos y formular por escrito las impugnaciones y observaciones respecto de las solicitudes
formuladas. Dichas impugnaciones deberán ser acompañadas de dos (2) copias y se agregarán al legajo
correspondiente, entregando el síndico al interesado constancia que acredite la recepción, indicando día y
hora de la presentación.
Dentro de las cuarenta y ocho (48) horas de vencido el plazo previsto en el párrafo anterior, el
síndico presentará al juzgado un juego de copias de las impugnaciones recibidas para su incorporación al
legajo previsto en el artículo 279.

I. Etapa de observaciones
Después de finalizado el plazo para peticionar la verificación se abre una etapa en la cual se pueden
realizar observaciones e impugnaciones a los créditos presentados mediante verificación de créditos.
1. Legitimados
Del texto de la norma surge que únicamente están legitimados el deudor y los acreedores.
Respecto de los acreedores, se impone un condicionamiento: "que hayan solicitado su verificación".
Por consiguiente, se encuentran excluidos de ejercitar la citada impugnación:
i) quienes no pidieron verificación de créditos;
ii) quienes solicitaron verificación tardía (art. 56, LCQ); y
iii) quienes optaron por la continuación del proceso de conocimiento ante el juez concursal (art. 21,
inc. 1, LCQ).
Este lapso de observaciones también es la oportunidad para que aquellos acreedores cuyos créditos
hubiesen sido observados, puedan impugnar tales observaciones, detallando -e incluye probando
sumariamente- algunos aspectos que no hubieran sido arrimados con la solicitud de verificación.
Los terceros carecen de legitimación para observar las deudas del concursado.
2. Oportunidad
Una vez finalizado el período de verificación tempestivo, los legajos quedan a la libre revisación de
los acreedores denunciados por el deudor, los nuevos acreedores que se presentaron ante el síndico y
lógicamente el propio deudor. Esta consulta debe formalizarse en el domicilio del síndico (arts. 34 y 275, inc.
7, LCQ).
Se ha objetado que el lugar de revisación e impugnación sean las oficinas del síndico, pues el síndico
puede obviar "por descuido" algún legajillo de un acreedor cuya verificación ha sido presentada. Incluso,
también puede generar el inconveniente de que se acepte algún escrito verificatorio "fuera de término".
Como alternativa se puede exigir al síndico que una vez finalizado el período de insinuación tempestivo,
confeccione una lista con los acreedores que se han presentado. Y, a pedido del pretendido impugnante,
debería no sólo mostrarla, sino emitir una copia rubricada con su firma.
El período de acceso a los legajos es de diez días (hábiles judiciales -art. 273, inc. 2, LCQ-) a contar
del vencimiento del plazo para verificación tempestiva.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
II. Causales
Aunque la LCQ no ha señalado cuáles son las causales por las que se puede impugnar un crédito, es
menester que esté fundada en alguna causal, la cual debe ser seria. Por ello las observaciones tienen una gran
amplitud de contenido. Pueden estar referidas a la existencia de un crédito, a su monto (pues puede estar
exagerado), a su causa, a su privilegio.
La impugnación por la impugnación misma no puede permitirse. De lo contrario, el concursado o
cualquier impugnante estaría abusando de su derecho (art. 1071, CCiv.).

III. Remisión al juzgado


Dentro de las cuarenta y ocho horas de fenecido el plazo previsto para las observaciones e
impugnaciones, el síndico debe presentar al juzgado un juego de copias de las mismas, para su pertinente
incorporación al legajo de copias previsto en el art. 279, LCQ. Se ha dicho que esta obligación de suministrar
los juegos de copias de las impugnaciones, en un margen tan estrecho de tiempo otorga transparencia al
sistema.

Art. 35. Informe individual.


Vencido el plazo para la formulación de observaciones por parte del deudor y los acreedores, en el
plazo de veinte (20) días, el síndico deberá redactar un informe sobre cada solicitud de verificación en
particular, el que deberá ser presentado al juzgado.
Se debe consignar el nombre completo de cada acreedor, su domicilio real y el constituido, monto
y causa del crédito, privilegio y garantías invocados; además, debe reseñar la información obtenida, las
observaciones que hubieran recibido las solicitudes, por parte del deudor y de los acreedores, y expresar
respecto de cada crédito, opinión fundada sobre la procedencia de la verificación del crédito y el
privilegio.
También debe acompañar una copia, que se glosa al legajo a que se refiere el artículo 279, la cual
debe quedar a disposición permanente de los interesados para su examen, y copia de los legajos.

I. Informe individual: importancia


El síndico debe redactar un informe sobre cada solicitud de verificación, el que deberá ser presentado
al juzgado con una reseña de la información que hubiere obtenido.
El informe individual tiene la importante misión de emitir opinión técnica sobre la legitimidad
particular o individual de los créditos, procurando la composición pasiva patrimonial.
Si bien la ley habla de "un informe por cada solicitud de verificación" (y en la práctica se presenta
uno al expediente y otro al legajo de copias -art. 35, 3º párr., LCQ-), el informe individual constituye una
"pieza instrumental única", comprensiva de la totalidad de los créditos que pretenden incorporarse al pasivo.
Por ello, al margen de cada informe particularizado debe presentarse un informe global en el cual conste
detalle de cada dictamen sindical.
El informe individual constituye un acto importantísimo no sólo de la etapa informativa, sino de todo
el proceso concursal. Es el único medio con que cuentan los acreedores y el juez para enterarse de quiénes
han pedido su inclusión en el pasivo concursal, por qué y en virtud de qué gestiones de la sindicatura es
aconsejada o desaconsejada cada pretensión.

II. Plazo
El síndico cuenta con veinte días (hábiles judiciales -art. 273, inc. 2, LCQ-) para preparar su informe
individual.
En realidad, y obviamente respetando el art. 35, LCQ, la fecha de presentación del informe está
determinada de antemano por la sentencia de apertura del concurso preventivo (art. 14, inc. 9, LCQ). El art.
273, inc. 1, LCQ dispone que todos los plazos son perentorios, y éste no sería una excepción. Se admite el
plazo de gracia (arts. 53, CPCCCba., 124, CPCCN y 278, LCQ).
Si el síndico efectúa presentación tardía del informe individual, el juez no puede declarar la nulidad
del informe por la demora injustificada en su presentación, aun cuando la misma sea considerable.

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Presentado el informe individual en la sede del juzgado, el mismo debe incorporarse "válidamente" a los
autos principales.
Todo ello sin perjuicio de las sanciones que dicho tribunal aplique al síndico, de acuerdo con las
circunstancias particulares (art. 255, LCQ). Puede incluso removerlo, lo que no afectará en nada la "validez"
del referido informe. La nulidad del informe puede deberse a otras deficiencias, graves por supuesto. Y
habiendo sido removido en sus funciones, el síndico no podrá subsanar. Por ello, de acuerdo con el caso
concreto, sería conveniente decretar -rectius: declarar- la nulidad del informe.

III. Presentación
La presentación del informe individual debe ser en el juzgado concursal donde se tramita la causa
concursal. La ley exige la presentación de un informe sobre cada pretensión verificatoria. Debe informar
sobre "todos" los créditos, sin omitir aquellos que estime improcedentes.
Esquemáticamente, el contenido del informe individual versa sobre cuatro aspectos básicos:
i) individualización del acreedor, con su domicilio real y constituido;
ii) causa, monto, privilegios y garantías del crédito;
iii) investigaciones receptadas;
iv) razones fundadas que aconsejan admitir o rechazar el crédito o privilegio invocados.

IV. Fundamentación
Debe ajustar su informe a la técnica contable y a los principios jurídico-legales. Ha dicho la
jurisprudencia que el incumplimiento de estos presupuestos o la circunstancia de aconsejar la verificación de
un crédito o adjudicar privilegio a un crédito cuya improcedencia deriva del desconocimiento de la ley, no de
simple error, apareja la aplicación de sanciones por no ser admisible la ignorancia de derecho.
El criterio de valoración debe ser uniforme: no debe conceder a unos lo que deniegue a otros. En
caso de créditos en los cuales la situación de rechazo sea dudosa o que el mismo aparente estar viciado de
error, dolo, fraude o simulación, el síndico debe informar igualmente el crédito (haciendo expresa mención
de tales circunstancias), sin perjuicio de que luego el juez decida la admisión del referido crédito.
El informe individual no es vinculante para el juez; si dicho dictamen está bien fundado, existirá una
obligación extra del juez concursal de expedirse sobre los argumentos invocados por el órgano sindical.
Igualmente en caso de observaciones.
Por ello, puede decirse que el único efecto de la opinión del síndico radica en el caso de discordancia
entre lo informado por el síndico y el tribunal: si se admite lo rechazado por la sindicatura (o se rechaza lo
admitido por el síndico), será declarado "admisible" (o inadmisible), con las consecuencias impugnativas
posteriores (habilita el incidente de revisión -art. 37, LCQ-).

Art. 36. Resolución judicial.


Dentro de los diez (10) días de presentado el informe por parte del síndico, el juez decidirá sobre
la procedencia y alcances de las solicitudes formuladas por los acreedores. El crédito o privilegio no
observado por el síndico, el deudor o los acreedores es declarado verificado, si el juez lo estima
procedente.
Cuando existan observaciones, el juez debe decidir declarando admisible o inadmisible el crédito
o el privilegio.
Estas resoluciones son definitivas a los fines del cómputo en la evaluación de mayorías y base del
acuerdo, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo siguiente.

I. Reconocimiento de los créditos


La sentencia verificatoria define la masa pasiva concursal, admitiendo o desestimando las
pretensiones de los acreedores y estableciendo la correspondiente graduación de los créditos.
Cabe repetir el esquema procesal del período verificatorio:
i) verificación de créditos: quince a veinte días contados desde que se estime concluida la
publicación edictal (art. 14, inc. 3, LCQ);

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ii) período de observaciones de créditos: diez días siguientes (art. 34, LCQ);
iii) informe individual: veinte días siguientes (art. 35, LCQ) -y dentro de las cuarenta y ocho horas
debe presentar un juego de copia de las impugnaciones-;
iv) sentencia de verificación: diez días desde la presentación del informe individual (art. 36, LCQ).

II. Naturaleza de la resolución verificatoria


La naturaleza jurídica de esta resolución es la de una "verdadera" sentencia que debe respetar los
principios de congruencia y plenitud de naturaleza procesal y debe pronunciarse sobre la acción ejercida por
el acreedor y en función de los términos de la petición.
El juez declara el derecho sobre lo alegado y probado de las cuestiones que integran la litis, incluidas
obviamente las eventuales observaciones, sin que se le otorguen facultades para fallar extra petita, aun
cuando se declame sobre las facultades investigativas de la sindicatura (art. 34, LCQ) y los poderes oficiosos
del tribunal falimentario.
La sentencia de verificación se encuentra acotada a los términos de la litis concursal y cierra el
proceso multilateral de conocimiento de las pretensiones de los acreedores del deudor concursado o fallido.
Goza de estas características:
i) pone fin, en el proceso de verificación y graduación de créditos, a la secuencia o serie de actos que
se desenvuelven progresivamente, con el objeto de resolver, mediante un juicio de la autoridad, el conflicto
sometido a su decisión;
ii) tiende a la declaración de la legitimidad del derecho y el privilegio, en su caso, de los acreedores,
comprendiendo a todos los insinuados en el pasivo;
iii) es definitiva a los fines de la participación en el acuerdo (arts. 43 y 45, LCQ);
iv) culmina la fase necesaria de este juicio plurisubjetivo que implica una verdadera acumulación
subjetiva de acciones y conlleva efectos propios intra y extraconcursales;
v) es inapelable, pues el único medio de impugnación es, en ciertos casos, el incidente de revisión
(art. 37, LCQ), salvo los supuestos de dolo;
vi) hace cosa juzgada material en relación a quienes tuvieron la oportunidad de intervenir, salvo dolo
(art. 38, LCQ).

III. Contenido
En relación al contenido de dicha sentencia, juzgará en primer lugar si la solicitud verificatoria
resulta procedente. Y en segundo término, su "alcance", ya que puede suceder que algunos rubros
introducidos en el escrito verificatorio no deban prosperar, o que se invoquen privilegios sin sustento fáctico
jurídico.
Debe pronunciarse de manera "concreta" sobre "cada" pretensión verificatoria. Debe tener
fundamentación lógica y legal para no incurrir en un vicio procesal intrínseco que acarrearía su nulidad.
Debe sustentarse, como cualquier otra sentencia, en las reglas de la sana crítica racional y debe valorar tanto
los elementos acompañados por el acreedor como las medidas instructorias diligenciadas por el síndico. La
sentencia verificatoria debe ajustarse al principio de congruencia, aunque morigerado por sus notas
publicísticas.
Al dictar la sentencia de verificación el juez tiene varias alternativas que dependen
fundamentalmente de la existencia o no de observaciones y del dictamen sindical (y cuyas posibilidades
impugnativas difieren). El tribunal puede declarar el crédito:
i) "verificado": cuando el juez hace lugar en todos sus términos al pedido verificatorio del acreedor y
el crédito insinuado no fue observado y tuvo dictamen sindical favorable (no es recurrible);
ii) "admisible": cuando el juez hace lugar en todo lo solicitado por el acreedor verificante y el crédito
(de manera alternativa o conjunta) fue observado o tuvo dictamen sindical desfavorable (es impugnable por
recurso de revisión -art. 37, LCQ-);
iii) "inadmisible": cuando el juez no hace lugar a la verificación de créditos (es impugnable por
recurso de revisión -art. 37, LCQ-).
También se ha admitido una cuarta alternativa: tener el crédito por "no presentado", lo que implica
que el crédito nunca ingresó al proceso verificatorio. Esta posibilidad derivada de una praxis tribunalicia se

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permite cuando la pretensión verificatoria tiene defectos formales tales como la insuficiencia de la personería
invocada o el no pago del arancel.
Si bien esta alternativa tiene iguales efectos en cuanto a la admisión del crédito en el pasivo
concursal (no permite su ingreso), difiera en cuanto a las alternativas impugnativas, ya que en el crédito "no
presentado" no es menester impugnar el crédito mediante el incidente de revisión en el estricto marco
temporal (veinte días), sino que debe ocurrir por la vía de la verificación tardía o la acción individual luego
de concluido el concurso preventivo (art. 56, LCQ).
Algún sector doctrinario le atribuye al crédito que no fue admitido por el juez concursal, aun cuando
no fue observado en la etapa del art. 34, LCQ, y que tuvo dictamen favorable la calidad de "no verificado" y
los efectos de cosa juzgada (con lo que dicha decisión no sería impugnable a través de la revisión del art. 37,
LCQ). No compartimos tal interpretación, pues se alteraría el derecho de defensa (art. 18, CN), ya que el
acreedor no puede observar su propio crédito (al solo efecto de resguardar una eventual vía impugnativa).

IV. Plazo
El juez debe dictar la resolución verificatoria en el plazo de diez días. Este plazo (que es menor que
el que se otorga al síndico), según las circunstancias de la causa, suele ser muy estrecho. Si el síndico
presenta tardíamente su informe sindical y al margen de las sanciones que le competen al síndico por su mal
desempeño (art. 255, LCQ), el juez -a los fines de una adecuada dinámica concursal y como director del
proceso (art. 274, LCQ)- deberá prorrogar la fecha para el dictado de la sentencia del art. 36, LCQ y las
demás fechas fundamentales del proceso.
Ello implica una nueva diagramación del esquema procesal-concursal, ya que el informe general (art.
39, LCQ) es a los veinte días de la resolución verificatoria (aunque la ley dice que sea a los treinta días de
presentado el informe individual), pues en el informe general el síndico debe tener en cuenta algunos datos y
términos contados a partir de tal sentencia -v.gr.: art. 39, inc. 3 y 9, LCQ-. Además, porque la presentación de
la propuesta de categorización (art. 41, LCQ) se debe presentar dentro de los diez días de dictada la sentencia
de verificación (art. 36, LCQ) y el período de exclusividad (art. 43, LCQ) se cuenta desde que quede
notificada ministerio legis el auto de categorización (art. 42, 1º párr., LCQ), y la audiencia informativa se fija
cinco días antes de que finalice el período de exclusividad (art. 45, 5º párr., LCQ).
Si el juez es el que no cumple el plazo de los diez días, la sentencia no es nula (no tiene aplicación
aquí el art. 273, inc. 1, LCQ), sin perjuicio de la responsabilidad por incumplimiento por los plazos fijados
por la ley (art. 273, último párr., LCQ).

V. Impugnación
La sentencia de verificación no es apelable (art. 273, inc. 3, LCQ), pues cuenta con un sistema
recursivo específico: el recurso de revisión (art. 37, párr. 2º, LCQ). Tampoco es susceptible de ser impugnada
por recurso de reposición, pues, como se dijo, es una sentencia.
Sin perjuicio de ello, en caso de meros errores materiales, a los fines de aclarar conceptos oscuros o
suplir omisiones se puede plantear la aclaratoria respectiva (arts. 278, LCQ, 336, CPCCCba. y 166, inc. 2,
CPCCN).

VI. Efectos
La sentencia de verificación produce efectos jurídicos que se proyectan en el concurso
(intraconcursales) y fuera de él (extraconcursales). La sentencia que declara verificado, admisible o
inadmisible un crédito adquiere la validez material de la "cosa juzgada" y sólo es susceptible de revocación
por dolo (art. 38, LCQ).
La sentencia de verificación obtenida en el concurso preventivo puede ceder ante la declaración de
ineficacia del acto o negocio jurídico que la sustenta realizado en la quiebra sobreviniente como
consecuencia del ejercicio de la acción revocatoria concursal u ordinaria (arts. 118, 119, LCQ, o 961, CCiv.,
respectivamente).
Los principales efectos intraconcursales son los de otorgarle al acreedor la calidad de concurrente al
proceso universal y como tal legitimarlo para participar en la etapa concordataria, formar la base para las
mayorías de conformidades (art. 45, párr. 1º, LCQ), integrar el acuerdo (art. 56, párr. 1º, LCQ) y cobrar su
crédito en la forma convenida (arts. 58, párr. 1º, y 59, LCQ); incluso puede denunciar su incumplimiento con
las consecuencias jurídicas pertinentes en orden a la declaración de la quiebra indirecta (art. 63, LCQ).

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
En relación con los efectos extraconcursales, surgen también de la autoridad de la cosa juzgada
material que inviste la sentencia de verificación, que supera los términos de conclusión del concurso o la
quiebra, sin que puedan discutirse los derechos de los acreedores en ella reconocidos. La resolución
verificatoria es una sentencia dictada en un proceso de conocimiento, y por ello la declaración de la
existencia del crédito no es sólo oponible (en sentido estricto) al deudor, sino también (en sentido lato) a los
acreedores, hayan o no participado del proceso concursal. Ningún acreedor podrá negar los alcances de la
misma, salvo dolo.
En relación con los efectos de la sentencia verificatoria se puede decir:
i) la no verificación de las acciones vinculadas a garantías reales implica el proceso declarativo
sustitutivo del juicio de repetición, que impide la continuidad de la ejecución singular correspondiente o que
habilita el reclamo resarcitorio pertinente (ya que el art. 21, inc. 2, LCQ sólo exige la presentación del pedido
verificatorio para la continuación de la ejecución de garantía real);
ii) los acreedores privilegiados no comprendidos en el acuerdo preventivo podrán ejecutar la
sentencia de verificación ante el juez que corresponda de acuerdo con la naturaleza de sus créditos;
iii) los procesos administrativos, aun cuando se trate de resoluciones fiscales o previsionales (más
allá de tratarse de actos administrativos firmes), se encuentran sujetos al trámite de verificación, aunque lo
opinable es el alcance de las facultades jurisdiccionales del juez concursal para revisar un acto administrativo
firme. La situación variará según si el deudor tuvo intervención en el trámite administrativo o se trate de una
determinación de deuda oficiosa que habilite el control jurisdiccional pleno.

Art. 37. Efectos de la resolución.


La resolución que declara verificado el crédito y, en su caso, el privilegio, produce los efectos de
la cosa juzgada, salvo dolo.
La que lo declara admisible o inadmisible puede ser revisada a petición del interesado, formulada
dentro de los veinte (20) días siguientes a la fecha de la resolución prevista en el artículo 36. Vencido este
plazo, sin haber sido cuestionada, queda firme y produce también los efectos de la cosa juzgada, salvo
dolo.

I. Recurso de revisión
La sentencia de "admisibilidad" o "inadmisibilidad" (o incluso la que lo declara "no verificado") de
un crédito está sujeta a un recurso específico concursal contemplado en el art. 37, LCQ: el incidente
recursivo de revisión.
Esta vía revisora constituye un "remedio procesal" cuya finalidad está enderezada a obtener un nuevo
debate sobre la verificabilidad o no de un crédito. Es una etapa "facultativa" del proceso de verificación y
representa una etapa importante, pues complementa el debido proceso legal (art. 18, CN) en caso de
discordia sobre los fundamentos del decisorio judicial.

II. Naturaleza jurídica


La doctrina ha discrepado respecto de la naturaleza de esta modalidad impugnativa. Algunos
entienden que se trata de un recurso de reposición (pues se articula ante el mismo juez que debe analizar
nuevamente la legitimidad del crédito), mientras que otros entienden que la asimilación al recurso de
reposición no es posible.
Por nuestra parte, pensamos que la revisión no es un recurso, sino un incidente impugnativo que no
es asimilable ni a la reposición, ni a la apelación u otro recurso similar. Constituye un verdadero reexamen
del crédito, de su legitimidad y demás aspectos accesorios resueltos en la verificación. Implica una
reconsideración integral de la cuestión. Su trámite incidental permite instaurar un procedimiento de
conocimiento pleno, con ofrecimiento de prueba, para asegurar así el debido proceso y los derechos de los
participantes.

III. Legitimación
El incidente de revisión es abierto por una verdadera demanda que debe contener todos los recaudos
procesales y con el respectivo ofrecimiento de prueba (arts. 280, LCQ).

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
La sentencia "puede ser revisada a petición del interesado" (art. 37, 2º párr., LCQ). La ley no
determina quién es el interesado. Depende de las circunstancias. Puede ser el concursado, el acreedor no
admitido, o cualquier otro solicitante de verificación. Así, podrá ser:
i) acreedor, cuyo crédito fue declarado inadmisible (contra el concursado);
ii) concursado, acreedores admisibles o verificados y acreedores inadmisibles con recurso de revisión
incoado (contra acreedores declarados admisibles).
1. Sindicatura
La doctrina ha polemizado sobre la habilitación de la sindicatura (como órgano del concurso) para
recurrir por vía de revisión la resolución final dictada por el juez concursal en el trámite de la verificación
oportuna. Algunos autores se han inclinado por la falta de legitimación, ya que la actuación de dicho
funcionario está limitada a la función técnica de consejo y opinión que se concreta en el informe individual y
que no serían "interesados" (carecerían de interés personal).
Otros interpretan -en posición que compartimos- que más allá de la función técnica de consejo, el
síndico es parte en el juicio principal y que está interesado en la correcta comprobación de la masa pasiva (en
donde no sólo se reflejan las ventajas patrimoniales de los acreedores o del deudor, sino la necesidad de una
composición activa y pasiva que respete la verdad real en orden a la superación de la insolvencia) y en el
cumplimiento de los fines generales que protege la legislación concursal, y a cuyo fin el oficio de los órganos
falimentarios caracteriza desde siempre a esta legislación.

IV. Plazo
El plazo de interposición de este incidente de revisión es de veinte días (hábiles judiciales -art. 273,
inc. 2, LCQ-) y perentorio (art. 273, inc. 1, LCQ). No es menester pedir caducidad del derecho. Atento a la
redacción de la norma, el plazo se cuenta desde que se dictó la resolución verificatoria y no desde que la
misma quede notificada ministerio legis. Vencido el plazo, la sentencia adquiere calidad de "firme" y, por
ende, de inimpugnable, salvo la revocación por dolo (que caduca a los noventa días -art. 38, LCQ-).
Dicho incidente, que reviste todas las características de una verdadera demanda, debe ser presentado
en los estrados del tribunal donde se tramita el expediente principal. Será el mismo tribunal el que "revisará"
nuevamente la pretensión verificatoria (pero con mayor amplitud de conocimiento) y dictará sentencia.

V. Contenido
En relación con el contenido del recurso, cabe señalar que sólo puede revisarse el reclamo que ha
sido juzgado en la sentencia verificatoria. Ello no quiere decir que el revisionante no pueda puede agregar u
ofrecer otras pruebas que convaliden su reclamo, y que por imposibilidad material en la etapa tempestiva no
se ofreció.
Tampoco se restringe la ampliación argumental: se permite traer a colación nuevos argumentos,
nuevas razones, que permitan reforzar el porqué de su verificación. Pero ello no implica que pueda ampliar
su reclamo en cuanto a los rubros solicitados.

VI. Trámite
Atento a que no existe un trámite específico (art. 37, LCQ), el incidente de revisión tramita por el
procedimiento incidental (art. 280, LCQ). Serán aplicables todas las disposiciones relacionadas con el
procedimiento incidental (arts. 280 a 287, LCQ).
El síndico tiene plena intervención y se le debe correr traslado como parte interesada (pues emitió el
informe individual -art. 35, LCQ- y su participación no puede ser asimilada a la de la verificación tardía -art.
56, LCQ-). Ciminelli explica que la intervención del síndico en el proceso de revisión es necesaria afirmando
que deberá comparecer a estar a derecho y contestar la demanda que pretende una revocación de la decisión
dictada por el magistrado en orden a la admisión o no de un crédito por él informado (ya que ha tenido la
oportunidad de conocer en forma directa las solicitudes verificatorias e incluso ha desarrollado actividad
investigativa en función de las facultades que le otorga el art. 33, LCQ).
El incidente de revisión culmina en la sentencia pertinente, en la que el juez se pronuncia sobre la
pretensión esgrimida por el revisionista. Sólo es apelable la resolución que pone fin a la revisión (art. 285,
LCQ). El recurso de revisión no debe -ni puede- ser confundido con el incidente de verificación tardía.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Cada circunstancia permitirá una valoración distinta, ya que si el crédito resulta verificado, podrían
(aunque no necesariamente) imponerse las costas en el orden causado (por tratarse de un acreedor tempestivo
que pudo haber arrimado los elementos de prueba y no ser responsable de la declaración de inadmisibilidad,
habiéndose visto forzado a recurrir a la etapa eventual).
Para definir la imposición de costas habrá que analizar quién es el causante del desgaste
jurisdiccional, en atención a que en materia incidental concursal el principio del vencimiento debe
complementarse con este otro aspecto de economía de costos. Para los demás supuestos resultan de
aplicación los principios comunes que rigen la materia, según las particularidades del caso.

Art. 38. Invocación de dolo. Efectos.


Las acciones por dolo a que se refiere el artículo precedente tramitan por vía ordinaria, ante el
juzgado del concurso, y caducan a los noventa (90) días de la fecha en que se dictó la resolución judicial
prevista en el artículo 36. La deducción de esta acción no impide el derecho del acreedor a obtener el
cumplimiento del acuerdo, sin perjuicio de las medidas precautorias que puedan dictarse.

I. Revocación de la sentencia por vicio de dolo


La acción de revocación por dolo se dirige a dejar sin efecto la declaración respecto de un crédito
efectuada por el juez del concurso cuando la misma fue viciada por "dolo". El fundamento de esta
disposición radica en un criterio de justicia "constitucional", en la tutela del "debido proceso". Un proceso -y
su fase final: la sentencia- viciado por elementos fraudulentos o dolosos no puede ser pasado por alto.

II. Trámite
En este supuesto la ley ha optado por el procedimiento ordinario, ya que el legislador ha querido
darle a esta acción -por la gravedad que una declaración de este tipo implica- mayor amplitud probatoria que
la prevista en los incidentes (en muchos casos la prueba del dolo será casi "diabólica").
El plazo para la interposición de esta acción es de noventa días hábiles judiciales y es de caducidad
(bajo el velo de la ley 19551 era de prescripción). Señala Maffía, con un espíritu crítico, que según la
sistemática de la ley existe una "doble restricción de esa vía revocatoria: sólo puede apoyarse en dolo -no en
fraude, error, etc.- y únicamente se dirige contra la sentencia de verificación del art. 36, no contra la que
resuelva en caso de revisión o de verificación tardía". Agregamos: no es sólo una doble restricción, sino una
"triple restricción". El tercer elemento restrictivo radica en la disminución y cambio de naturaleza del plazo.

III. Dolo
La norma falimentaria ha dispuesto un único vicio nulidificante de la sentencia verificatoria: el dolo.
Debido a su precisión lexicográfica, debe desecharse el fraude, falsedad, error esencial, etc. (aun cuando en
algunos casos se podría encontrar algún punto de conexión).
En ausencia de una conceptualización específica de dolo debe recurrirse al derecho común: "toda
aserción de lo que es falso o disimulación de lo verdadero, cualquier artificio, astucia o maquinación que se
emplee con ese fin" (art. 931, CCiv.). En este contexto también debe reunir los elementos dispuestos por el
art. 932, CCiv.: i) ser grave; ii) ser determinante de la acción; iii) producir un daño importante; iv) no debe
haber habido dolo por ambas partes (dolo recíproco).
El dolo, en el ámbito concursal, debe resultar de la conducta de algunos de los participantes del
concurso. Las conductas reprochadas pueden haber sido llevadas a cabo por los acreedores, el deudor, el
síndico o el propio juez, actuando en forma singular o bien en connivencia con algunos de los otros
intervinientes en el proceso.

IV. Legitimación: remisión


Con respecto a la legitimación activa y pasiva, cabe remitirse a los dicho en el art. 37, LCQ por
tratarse de situaciones con un grado notable de conexión.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
V. Efectos
Los efectos de la sentencia revocatoria por causa de dolo apunta a dejar sin efecto la cosa juzgada de
la resolución verificatoria. Mas de la letra de la ley se deriva que mientras se esté tramitando la "acción por
dolo" la cosa juzgada de la sentencia permanecerá inamovible. Seguirá produciendo sus normales efectos.
El acreedor puede exigir el cumplimiento del acuerdo. Todo ello sin perjuicio de las precauciones
que dicte el iudex. Se ha dicho con acierto que "cabe atender a la previsión del art. 58, LCQ, la cual -no
obstante contemplar la hipótesis del crédito bajo incidente de revisión- resulta igualmente aplicable a la
especie, por afinidad de situación".
El juez puede ordenar la entrega al acreedor (en cuyo caso, fijará una caución que el acreedor deberá
constituir antes de procederse a la entrega) o disponer la forma de conservación del bien que el concursado
deba entregar (debiendo determinar si el bien debe permanecer en poder del deudor o ser depositado en el
lugar y forma que disponga). La resolución que se dicte sobre lo regulado por el apartado precedente es
apelable.

Sección IV - Informe general del síndico

Art. 39. Oportunidad y contenido.


(Texto según art. 15, ley 25.589). Treinta (30) días después de presentado el informe individual de
los créditos, el síndico debe presentar un informe general, el que contiene:
1) El análisis de las causas del desequilibrio económico del deudor.
2) La composición actualizada y detallada del activo, con la estimación de los valores probables de
realización de cada rubro, incluyendo intangibles.
3) La composición del pasivo, que incluye también, como previsión, detalle de los créditos que el
deudor denunciara en su presentación y que no se hubieren presentado a verificar, así como los demás
que resulten de la contabilidad o de otros elementos de juicio verosímiles.
4) Enumeración de los libros de contabilidad, con dictamen sobre la regularidad, las deficiencias
que se hubieran observado, y el cumplimiento de los artículos 43, 44 y 51 del Código de Comercio.
5) La referencia sobre las inscripciones del deudor en los registros correspondientes y, en caso de
sociedades, sobre las del contrato social y sus modificaciones, indicando el nombre y domicilio de los
administradores y socios con responsabilidad ilimitada.
6) La expresión de la época en que se produjo la cesación de pagos, hechos y circunstancias que
fundamenten el dictamen.
7) En caso de sociedades, debe informar si los socios realizaron regularmente sus aportes, y si
existe responsabilidad patrimonial que se les pueda imputar por su actuación en tal carácter.
8) La enumeración concreta de los actos que se consideren susceptibles de ser revocados, según lo
disponen los artículos 118 y 119.
9) Opinión fundada respecto del agrupamiento y clasificación que el deudor hubiere efectuado
respecto de los acreedores.
10) Deberá informar, si el deudor resulta pasible del trámite legal prevenido por el capítulo III de
la ley 25156, por encontrarse comprendido en el artículo 8 de dicha norma.

I. Generalidades
1. Importancia del informe general
El informe general es una de las piezas informativas más importantes (junto con el informe
individual -art. 35, LCQ- y, en caso de quiebra, el informe de continuación de la empresa -art. 190, LCQ- y
el informe final -art. 218, LCQ-) emitidas por el funcionario sindical del proceso concursal, ya que contiene
una síntesis de la investigación e información vinculada con la empresa o actividad del concursado y su
patrimonio (en sus nociones retrospectiva, actual y proyectiva) y constituye una gran herramienta a la hora
de evaluar muchas de las contingencias concursales.
2. Plazo
Si bien la LCQ habla de que el informe general debe ser presentado treinta días (hábiles judiciales
-art. 273, inc. 2, LCQ-) después de que haya sido presentado el informe individual (art. 35, LCQ), lo cierto es

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
que el plazo debe computarse a partir de la sentencia de verificación (art. 36, LCQ): esto es, veinte días
después de dictada la resolución verificatoria. Rige el plazo de gracia (arts. 53, CPCCCba., 124, CPCCN y
278, LCQ). Remitimos al comentario del art. 36, LCQ.
Esta fecha estará determinada en la sentencia de apertura del concurso preventivo (art. 14, inc. 9,
LCQ) y en algunos supuestos falenciales (art. 88 in fine, LCQ).
Su no presentación oportuna no nulidifica el informe (a pesar del art. 273, inc. 1, LCQ), pero da
lugar a las sanciones correspondientes al órgano sindical (art. 255, LCQ).
Además, deberá dictarse una resolución reordenatoria (art. 274, LCQ) del trámite concursal, ya que
la resolución de categorización (art. 42, párr. 1º, LCQ) se computa desde el vencimiento del período de
observaciones al informe general (art. 40, LCQ) y la notificación ministerio legis de esta resolución marca el
inicio del período de exclusividad (art. 43, párr. 1º, LCQ).
3. Objetividad
Este informe debe ser concreto y desprovisto de libre subjetividad, aun cuando el síndico deberá
emitir su parecer sobre algunos temas. Deberá ser fundado y valorado en las circunstancias acaecidas en el
proceso concursal (v.gr.: demanda concursal -art. 11, LCQ-, prontos pagos -arts. 16 y 183, LCQ-, sentencia
de verificación -art. 36, LCQ-, remates de otros bienes, juicios de conocimiento continuados -art. 21, inc. 1,
LCQ-, contratos en trámite -art. 20, LCQ-, etc.), en otra información obtenida en el ejercicio de sus funciones
(art. 275, LCQ) y en otros elementos que considere útiles.
A pesar de ello, dicho dictamen no es vinculante para el juez concursal, aunque en lo relativo a los
aspectos contables y de documentación de la concursada (v.gr.: dictamen sobre la regularidad de la
contabilidad -art. 39, inc. 4, LCQ-) goza de mayor fuerza probatoria que en otros aspectos en los cuales
servirá como un indicio.

II. Requisitos
1. Taxatividad
Si el informe sindical no cumple adecuadamente con los requisitos, el juez podrá emplazar a dicho
funcionario a los fines de que reformule o amplíe ciertos puntos, sin perjuicio de las demás medidas que
pudieren ser pertinentes (art. 255, LCQ).
Estos requisitos son taxativos (el síndico cumple con lo requerido en los distintos incisos del art. 39,
LCQ), sin perjuicio de que el juez pueda solicitar al funcionario concursal (en esta oportunidad o en otra)
alguna información complementaria. No obstante ello, existen ciertos requisitos que son innecesarios en el
marco del concurso preventivo y otros que lo son en la quiebra (v.gr.: art. 39, inc. 9, LCQ).
2. Modificaciones de la ley 25.589
La ley 25589 ha reformado este precepto. Las modificaciones no son numerosas, éstas son:
i) el deber de incluir intangibles en el activo del concursado;
ii) en la composición del pasivo debe incluirse detalle de: a) los créditos que el concursado
denunciara en la presentación, b) aquellos acreedores que no se hubiesen presentado a verificar; c) otros que
resulten de la contabilidad o de otros elementos de juicio verosímiles;
iii) eliminación intranscendente del término "precisando" en el art. 39, inc. 6, LCQ;
iv) supresión de la valuación patrimonial de la empresa, según registros contables (ex art. 39, inc. 9,
LCQ);
v) informe si el deudor resulta pasible del trámite legal prevenido en la Ley de Defensa de la
Competencia;
vi) supresión del último párrafo que establecía innecesarias cuestiones formales.
Muchos de los requisitos del art. 39, LCQ encuentran un parangón con los requisitos de la demanda
de concurso preventivo para completar el análisis.
3. Activos intangibles
El art. 39, inc. 2, LCQ (que tiene su vinculación con el art. 11, inc. 3, LCQ) incluye ahora al activo
intangible. El síndico no puede limitarse a reproducir los términos de la presentación en concurso preventivo,
sino que debe efectuar una constatación de cada uno de los elementos que forman el activo concursal.
La LCQ exige que esta inclusión sea detallada, de donde, en correlación con el art. 11, inc. 3, LCQ,
deberá incluir: indicación de la composición, normas seguidas para la valuación (incluyendo el valor

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
probable de realización -art. 39, inc. 2, LCQ-), ubicación, estado, gravámenes de los bienes y demás datos
para conocer debidamente el patrimonio.
La valuación de los intangibles ha generado dificultades debido a las normas técnicas de los consejos
profesionales (ver resolución técnica nº 9 -modificada por la nº 19- en el cap. III, A.6; resolución técnica nº
10, punto 3.14; resolución técnica nº 17, Normas contables profesionales: desarrollo de cuestiones de
aplicación general, punto 5.13, todas de la FACPCE). Las marcas no se reconocen como un activo intangible
adquirido o producido: no importa el valor que haya adquirido la marca o la "jerarquización" que la misma
haya conseguido luego de su adquisición. La única posibilidad contable es la de asentar su costo de
registración o adquisición. Luego, la incidencia que la misma tiene en los estados patrimoniales de la
empresa puede resultar mínima. Resulta paradójico cuando la marca de un determinado producto constituye
su principal activo y dicha realidad no puede insertarse en el balance.
Se vulnera, en cierto modo -y so pretexto de impedir las especulaciones en este sentido-, el principio
de realidad que debe reinar en las anotaciones contables. De otro lado, se afectan las posibilidades crediticias
del mismo titular del signo marcario. En efecto, su situación patrimonial puede mostrarse diferente según se
incluya o no una correcta valuación de la marca. Luego, si el valor de la marca (por su potencialidad
comercial) es muy elevado, se distorsionan los ejes de medición al no poder incluir en el activo corriente un
"activo intangible" real.
4. Detalle de los créditos
El art. 39, inc. 3, LCQ (que tiene su vinculación con el art. 11, inc. 5, LCQ) establece que al
denunciar el pasivo deben detallarse los créditos denunciados, los que no se hubiesen presentado a verificar y
otros que resulten de las registraciones o documentaciones del deudor.
Este aditamento es importante ya que el informe general (art. 39, LCQ) debe presentarse veinte días
después de la resolución verificatoria (art. 36, LCQ). Por ello, en esta instancia el juez y los restantes
acreedores podrán advertir la real (y actual) situación patrimonial del concursado. Esta información permitirá
dar un cuadro más transparente de las posibles verificaciones tardías y de otras contingencias patrimoniales.
En este extremo podrán incluirse también los bienes de terceros que estén en poder del deudor, así
como también -en caso de tratarse de fiduciario- los bienes fideicomitidos que deben transferirse al fiduciario
sustituto (art. 10, ley 24.441), debido a la cesación del fiduciario por quiebra (art. 9, inc. d, ley 24.441).
De esta descripción pueden surgir elementos importantes a los fines de poder comprender algunos
aspectos extra del proceso concursal. Todo dato, toda información extra, no abunda. Siempre pueden tomarse
elementos importantes del dato más insignificante. Además, esta información proporcionará información
incluso a los futuros evaluadores a los fines de realizar la valoración del nuevo art. 48, inc. 3, LCQ.
5. Época de cesación de pagos
El art. 39, inc. 6, LCQ exige la expresión de la época en que se produjo la cesación de pagos. En
relación al término "época", remitimos al comentario del art. 11, inc. 1, LCQ. El síndico, luego de la
verificación de créditos, tiene mayores elementos para poder determinar cuándo pudo haberse iniciado la
cesación de pagos. Este dictamen deberá fundarse en circunstancias y hechos comprobables usualmente en el
período informativo (v.gr.: la imposibilidad de pagar algún crédito o tributo, la ejecución de parte de un
activo importante, etc.).
Si bien en el concurso preventivo no existe un proceso determinativo de la cesación de pagos (como
sí ocurre en el proceso falencial -arts. 115, 116 y 117, LCQ-), la determinación de tal fecha (aunque
presuntiva) tiene otros valores: acción pauliana que es procedente en el concurso preventivo (arts. 961 y 962,
CCiv.), valores indiciarios (arts. 315 y 316, CPCCCba. y 163, inc. 5, CPCCN). Además, porque en caso de
quiebra indirecta (art. 77, inc. 1, LCQ), la fecha a determinar es la que corresponda a la iniciación de la
cesación de pagos anterior a la presentación concursal (art. 115, 2º párr., LCQ).
En la quiebra esta determinación es muy importante, pues importa el inicio de un procedimiento
tendiente a la determinación del mal llamado período de sospecha (art. 117, LCQ). También debe tenerse en
cuenta que la determinación de esta fecha por el síndico tiene un plazo de observación diferente (y con
sustanciación también disímil) a la del art. 40, LCQ, ya que el art. 117, LCQ establece un plazo más amplio y
algunas diferencias en la legitimación impugnativa.
6. Regularidad en los aportes
El art. 39, inc. 7, LCQ exige que -en caso de personas jurídicas y según cada tipo social- se informe
si los socios realizaron regularmente los aportes, y si existe responsabilidad patrimonial que se les pueda
imputar por su actuación (mora en el aporte). Este precepto no resta aplicación a los arts. 37 y 193, LSC, en

163
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el concurso preventivo, sino que lo fortalece. En la quiebra su aplicación es fundamental (art. 150, LCQ).
Asimismo, en orden a la responsabilidad deberán ponderarse especialmente las normas societarias (arts. 46,
54, párrs. 1º y 2º, 133, 2º párr., 137, 248, 252, 254, etc., LSC).
Se exige la enumeración de los actos que pueden ser revocados (rectius: declarados inoponibles)
conforme a lo establecido por los arts. 118 y 119, LCQ. Esta norma tiene fundamental aplicabilidad en la
falencia, pero no se excluye en el concurso preventivo (pues existen ciertos actos a los que si bien no se les
aplica el régimen falencial se les impone el común).
Pensamos que además de los actos de inoponibilidad de pleno derecho (art. 118, LCQ) y susceptibles
de acción revocatoria (art. 119, LCQ), deberá denunciar si se han dado supuestos de responsabilidad de
representantes o de terceros (arts. 173, LCQ y 278, LSC) o de extensión de quiebra (arts. 160 y 161, LCQ).
También deberán denunciarse los actos sobre los cuales se pueden iniciar la acción pauliana del
derecho civil (arts. 961, CCiv. y 120, 2ª parte, LCQ) y de simulación (arts. 955 y ss., CCiv.) y la acción de
inoponibilidad de la personalidad jurídica societaria (art. 54, párr. 3º, LSC). Estas últimas también son
susceptibles de ser incoadas en el marco del concurso preventivo.
7. Categorización de acreedores
El art. 39, inc. 9, LCQ (que no tiene aplicación en la quiebra) integra el procedimiento tendiente a la
fijación de la categorización de acreedores en el concurso preventivo. Si bien el informe general está ubicado
numéricamente con anterioridad a la propuesta de categorización de los acreedores, cronológicamente el
concursado debe presentar previamente esta categorización al juzgado y a la sindicatura (art. 41, LCQ).
Por ello, el esquema procesal es simple:
i) presentación de la categorización (art. 41, LCQ);
ii) dictamen sindical respecto de dicha categorización (art. 39, inc. 9, LCQ);
iii) observación del informe general (y por ello de la categorización) (art. 40, LCQ);
iv) resolución de categorización (art. 42, LCQ).
Esta opinión deberá ser fundada, objetiva, razonable, no arbitraria y deberá basarse en los elementos
que la ley tiene en cuenta: montos verificados, naturaleza de las prestaciones, carácter privilegiado o
quirografario, cualquier elemento que "razonablemente" pueda determinar su agrupación (arg. art. 41, LCQ).
No podrá basarse en la conveniencia, ni en la bondad o posibilidad de alcanzar la aprobación de propuestas,
ni en la existencia de otras propuestas más eficientes a esos efectos.
8. Defensa de la competencia
El art. 39, inc. 10, LCQ es una innovación de la ley 25589, que tiene fundamentalmente en cuenta la
legislación de defensa de la competencia. Básicamente le interesa determinar si se encuentra comprendida en
el art. 8, ley 25.156, que dice: "Los actos indicados en el art. 6 de esta ley, cuando la suma del volumen de
negocio total del conjunto de empresas afectadas supere en el país la suma de doscientos millones de pesos
($ 200.000.000), deberán ser notificadas para su examen previamente o en el plazo de una semana a partir de
la fecha de la conclusión del acuerdo, de la publicación de la oferta de compra o de canje, o de la adquisición
de una participación de control, ante el Tribunal de Defensa de la Competencia, contándose el plazo a partir
del momento en que se produzca el primero de los acontecimientos citados, bajo apercibimiento, en caso de
incumplimiento, de lo previsto en el art. 46, inc. d. Los actos sólo producirán efectos entre las partes o en
relación a terceros una vez cumplidas las previsiones de los arts. 13 y 14 de la presente ley según
corresponda.
"A los efectos de la presente ley se entiende por volumen de negocios total los importes resultantes
de la venta de productos y de la prestación de servicios realizadas por las empresas afectadas durante el
último ejercicio que correspondan a sus actividades ordinarias, previa deducción de los descuentos sobre
ventas, así como del impuesto sobre el valor agregado y de otros impuestos directamente relacionados con el
volumen de negocios.
"Para el cálculo del volumen de negocios de la empresa afectada se sumarán los volúmenes de
negocios de las empresas siguientes:
"a) La empresa en cuestión;
"b) Las empresas en que la empresa en cuestión disponga, directa o indirectamente:
"1. De más de la mitad del capital o del capital circulante.
"2. Del poder de ejercer más de la mitad de los derechos de voto.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
"3. Del poder de designar más de la mitad de los miembros del consejo de vigilancia o de
administración o de los órganos que representen legalmente a la empresa, o
"4. Del derecho a dirigir las actividades de la empresa.
"c) Aquellas empresas que dispongan de los derechos o facultades enumeradas en el inc. b) con
respecto a una empresa afectada.
"d) Aquellas empresas en que varias empresas de las contempladas en el inc. c) disponga de los
derechos o facultades enumeradas en el inc. b).
"e) Las empresas en cuestión en las que varias empresas de las contempladas en los incs. a) a d)
dispongan conjuntamente de los derechos o facultades enumerados en el inc. b)".
Parece razonable la inclusión de este precepto, que tiene principalmente en cuenta la futura
contingencia del cramdown (art. 48, LCQ), ya que este procedimiento importa la adquisición de la propiedad
sobre las acciones o participaciones de capital que dan derecho a tener influencia en las decisiones de la
persona jurídica concursada, ya que se otorga el control sobre la misma. De todas formas, la regulación de
esta exigencia pudo ser más completa, ya que el art. 39, inc. 10, LCQ, sólo incluye los supuestos del art. 8,
ley 25.156, cuando existen muchos otros supuestos de interés en orden a la aplicación del régimen
competitivo. Así, y en caso de existir actos o conductas relacionados con la producción e intercambio de
bienes o servicios, que tengan por objeto o efecto limitar, restringir, falsear o distorsionar la competencia o el
acceso al mercado o que constituyan abuso de una posición dominante en un mercado, de modo que pueda
resultar perjuicio para el interés económico general (art. 1, ley 25.156), el síndico también debería denunciar
al juez concursal tales supuestos. Otras situaciones, de las que existen algunos precedentes, se vinculan
cuando el concursado ha sido pasible de conductas anticompetitivas (arts. 2, 5 y 6, LDC): el síndico también
deberá incluirlo en el informe general.
9. Remisión
Finalmente, el art. 39, inc. 1, 4 y 5, LCQ tiene directa relación con el art. 11, inc. 2, 6 y 1,
respectivamente, a cuyo comentario remitimos.
10. Contenido no señalado en el art. 39, LCQ
10.1. Rendición de cuentas
Como se ha señalado al tratar los arts. 29 y 32, LCQ, en caso del concurso preventivo el síndico
también deberá incluir la rendición de cuentas vinculada con los gastos de correspondencia y con el arancel
verificatorio.
10.2. Quiebra por extensión
Si el informe general es presentado por el síndico en una quiebra por extensión, debe recordarse que
ésta es la única oportunidad que tiene para peticionar la formación del sistema de masa única (art. 168, párr.
2º, LCQ) en los casos en que la extensión por actuación en interés personal (art. 161, inc. 1, LCQ) o por
abuso de control (art. 161, inc. 2, LCQ).

III. Aspectos prácticos


Desde el punto de vista práctico, cabe señalar que el informe general es un escrito, presentado por
triplicado (una copia para el expediente principal, otra para el legajo de copias -art. 279, LCQ- y otra para el
funcionario sindical) y cuyo dictamen -en general- va siguiendo por comodidad analítica el orden establecido
por el art. 39, LCQ.
También es factible la presentación con anexos documentales o analíticos que permitan una mayor
facilidad de comprensión o exposición.
Si el informe ha sido confeccionado correctamente, el juez lo tiene por presentado y comienza el
plazo del art. 40, LCQ. Si faltare algún punto o existieran desarrollos oscuros o incompletos, el juez
emplazará en carácter de urgente (para no distorsionar el trámite concursal) al síndico para que aclare o
explicite tales cuestiones. Sólo aclaradas estas ideas comienza tal plazo. En caso de prolongación sustancial
en el cumplimiento de lo ordenado, el juez deberá reordenar el proceso (art. 274, LCQ). No será menester
publicación edictal, pues los arts. 27 y 28, LCQ no establecen la necesidad de incluir la fecha de la audiencia
informativa.

Art. 40. Observaciones al informe.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Dentro de los diez (10) días de presentado el informe previsto en el artículo anterior, el deudor y
quienes hayan solicitado verificación pueden presentar observaciones al informe; son agregadas sin
sustanciación y quedan a disposición de los interesados para su consulta.

I. Observaciones al informe general


Luego de presentado (en correcta forma) el informe general, se abre un período de observaciones a
éste. Dicho plazo comienza a correr a partir de la presentación del informe, es de diez días hábiles judiciales
(art. 273, inc. 2, LCQ) y perentorio (art. 273, inc. 1, LCQ), por lo que no requiere acuse de vencimiento. Está
permitido el plazo de gracia (arts. 53, CPCCCba., 124, CPCCN y 278, LCQ).
Estas observaciones tienden a aumentar el caudal de información que se pone a disposición de los
acreedores para la toma de decisiones acerca de la aprobación o desaprobación de la propuesta de acuerdo y
para el juez en orden a la resolución de algunos cuestiones (art. 39, inc. 6, 7, 8, 9 y 10, LCQ). Se puede decir
que es una alternativa "cuasi impugnativa", pues no es una impugnación en sentido jurídico propiamente
dicho, sino que es una simple observación que no conlleva sustanciación posterior (art. 40, in fine, LCQ),
salvo el caso de los arts. 39, inc. 6 y 117, 4º párr., LCQ.

II. Legitimación
En cuanto a la legitimación, si bien la ley habilita a los que hayan solicitado verificación, también se
deben considerar incluidos: los incoantes de un pronto pago (arts. 16 y 183, LCQ), los acreedores del art.
240, LCQ, quienes hayan proseguido un juicio de conocimiento (art. 21, inc. 1, LCQ), quienes hayan
solicitado la verificación tardía (art. 56, LCQ), etcétera.
Aunque debido a que esta observación no importa sustanciación (y por ello no genera costas),
cualquier información que pudiere acompañar un tercero interesado debería admitirse al proceso (salvo el
caso de los arts. 39, inc. 6 y 117, 4º párr., LCQ).
También está habilitado el propio concursado (y sus administradores y socios, pues tienen interés).

III. Contenido y formalidades


Las observaciones pueden versar sobre todo el informe general o sobre algún punto en particular.
Tampoco existen limitaciones en cuanto a la materia. No podrá ofrecerse prueba, aunque si el juez entiende
que es necesario desentrañar algún aspecto en particular, podrá instruir las probanzas necesarias (art. 274,
LCQ). Si de las observaciones surgen elementos que fuera menester aclarar, el juez podrá emplazar a dicho
funcionario para que cumplimente dichos extremos.
En cuanto a las formalidades, la ley guarda silencio, por lo que se aplican las disposiciones
procesales relativas a los escritos judiciales. El acreedor o deudor podrá adjuntar toda la documentación
relevante. Dicho escrito se glosa al expediente y no se confiere sustanciación (esto es, no se ordena traslado
al síndico o al concursado). Luego de ello, dichas observaciones quedan a disposición de los interesados.
En la práctica concursal se suele "certificar" el vencimiento del plazo sin formulación de
observaciones o con determinadas observaciones; pero ello es sólo exigido por comodidad procesal, pues el
plazo como se dijo es "perentorio" y el derecho a observar decae por el propio vencimiento.
A pesar de que las observaciones tienen un plazo determinado, cualquier información extra puede ser
incorporada al proceso concursal (independientemente de la etapa en que el proceso se encuentre), pues el
juez es quien dirige y decide qué elementos pueden ingresar a la causa (art. 274, LCQ).

Capítulo IV - Propuesta, período de exclusividad y régimen del acuerdo preventivo

Art. 41. Clasificación y agrupamiento de acreedores en categorías.


Dentro de los diez (10) días contados a partir de la fecha en que debe ser dictada la resolución
prevista en el artículo 36, el deudor debe presentar a la sindicatura y al juzgado una propuesta fundada
de agrupamiento y clasificación en categorías de los acreedores verificados y declarados admisibles,
teniendo en cuenta montos verificados o declarados admisibles, la naturaleza de las prestaciones
correspondientes a los créditos, el carácter de privilegiados o quirografarios, o cualquier otro elemento

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
que razonablemente pueda determinar su agrupamiento o categorización, a efectos de poder ofrecerles
propuestas diferenciadas de acuerdo preventivo.
La categorización deberá contener, como mínimo, el agrupamiento de los acreedores en tres (3)
categorías: quirografarios, quirografarios laborales -si existieren- y privilegiados, pudiendo -incluso-
contemplar categorías dentro de estos últimos.
Créditos subordinados. Los acreedores verificados que hubiesen convenido con el deudor la
postergación de sus derechos respecto de otras deudas, integrarán en relación con dichos créditos una
categoría.

I. Categorización de acreedores
1. Génesis de la etapa concordataria
Tal como lo dispone el art. 41, la sentencia de verificación reglada en el art. 36 constituye la base a
partir de la cual el deudor debe presentar a la sindicatura y al juzgado una propuesta fundada de
agrupamiento y clasificación en categoría de los acreedores verificados y declarados admisibles.
La categorización constituye el núcleo de la propuesta concordataria que formalizará el deudor a los
acreedores y, por ello, se sustenta en la naturaleza de las relaciones creditorias y circunstancias socio-
económicas que permitan agruparlos, de conformidad a una planificación tendiente a renegociar el pasivo.
Martorell entiende que categorizar implica proponer de manera fundada la formación de grupos de
acreedores, ordenado de acuerdo con determinadas condiciones o calidades a efectos de poder ofrecerles
propuestas diferenciadas para arribar a un acuerdo preventivo.
En consecuencia, "categoría" es cada una de las agrupaciones resultantes y categorización el trámite
de formación de cada una de las respectivas categorías.
Como señala el artículo comentado, la categorización debe efectuarse a los diez días de dictada la
resolución del art. 36, que es la que decide sobre la verificación y graduación y/o admisibilidad o
inadmisibilidad de los créditos insinuados por los pretensos acreedores frente a la sindicatura.
2. Plazo para categorizar
El texto del art. 41 puntualiza que el plazo para categorizar se computa desde que la sentencia debió
ser dictada y no desde la fecha de la sentencia propiamente dicha, cuestión absolutamente distinta.
El tema trasciende en dos posibles interpretaciones.
i) En una primera corriente de opinión puede señalarse que corriendo el plazo de diez días a partir de
la fecha en que la sentencia del art. 36 debió ser dictada, la omisión del juez en pronunciarla no provoca
interrupción alguna de dicho plazo y el deudor debe igualmente categorizar, teniendo como punto de partida
el informe individual del síndico. Ésta es la opinión de Martorell, quien sostiene que la circunstancia de que
el juez no se haya expedido no interrumpe el plazo para presentar la propuesta del tribunal, pues éste se
computa desde la fecha en la cual se debe dictar la resolución verificatoria, siendo indiferente que el juez lo
haya hecho efectivamente o no.
ii) Por el contrario, Heredia pone de relieve que el propio art. 41, párr. 1º, LCQ alude a propuestas de
clasificación en categorías de "acreedores verificados y declarados admisibles" e indudablemente ello
implica el dictado efectivo de la sentencia de verificación, por lo que en una segunda interpretación cabe
puntualizar que el plazo de diez días para presentar el proyecto de categorización debe computarse desde que
efectivamente se dicta la resolución del art. 36, pues antes no se conocen cuáles son los acreedores
verificados y declarados admisibles.
En realidad, creemos que es más razonable esta última interpretación, pues como se ha puesto de
relieve al comenzar el comentario del presente artículo, es la propia sentencia de verificación la que sirve de
fundamento a la propuesta de categorización.
A esta altura de las consideraciones cabe advertir que la ley no establece qué consecuencia se deriva
de la falta de categorización, todo lo cual trae aparejado el debate sobre el carácter facultativo u obligatorio
de la categorización.

II. Carácter de la categorización


Este tema ha sido debatido fuertemente por la doctrina, sosteniendo un sector que la categorización
es simplemente facultativa; por el contrario, otra línea de pensamiento entiende que el deudor debe
categorizar y que si nada dice es que ha optado por las tres categorías mínimas legales.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Por nuestra parte, sostuvimos el carácter facultativo y pusimos de relieve que la ley, con un énfasis
engañoso (pues carece de sanción), puntualiza que la propuesta de categorización deberá contener, como
mínimo, el agrupamiento de los acreedores en tres categorías: quirografarios, quirografarios laborales -si
existieren- y privilegiados, pudiendo -incluso- contemplar categorías dentro de estos últimos.
La afirmación normativa pierde valor en caso de no existir quirografarios laborales y que los
privilegiados no tengan acuerdo ofrecido, o que no existan, o porque el deudor lisa y llanamente no la
ofrezca por estimarla inconveniente.
La falta de categorización no trae sanción legal alguna, y es por eso que tal circunstancia no es óbice
para que el deudor ofrezca un acuerdo con similar alcance para todos los acreedores quirografarios, a la vieja
usanza. Dicho de otro modo, la única propuesta necesaria para llegar a un acuerdo es la presentada y ofrecida
a los quirografarios, ya que para los privilegiados sigue siendo facultativa.
Alegria afirma que la propuesta diferenciada no es una obligación, sino una nueva facultad que se
otorga al deudor para proponer su acuerdo. En igual sentido se inclina Rouillon, afirmando que si
interpretamos la ley concursal de forma contextual, no cabe olvidar que el art. 39 dispone que el síndico
deberá dictaminar acerca del agrupamiento y clasificación "que el deudor hubiere efectuado".
En consecuencia, el modo de redacción de esta norma da la pauta clara de que el deudor podría no
haber efectuado la mentada clasificación de acreedores.
En este sentido, se ha afirmado que la categorización constituye una carga procesal y no una
obligación del deudor. Rubín explica con un cúmulo de citas que la categorización es un derecho del
concursado, al que incluso puede renunciar en cualquier momento dentro del período de exclusividad.
También se ha fundamentado que la categorización no es obligatoria si el deudor no ha de ofrecer
propuestas diferenciadas, pues no tiene sentido dividir a los acreedores en clases si se les va a ofrecer a todos
la misma fórmula de acuerdo. Por ello, se debe reputar como una única propuesta concordataria para todos
los acreedores la presentación de la propuesta que omite agruparlos y categorizarlos, una propuesta de pago
que no dice a qué categoría de acreedores está dirigida, supone que se destinó a todos los acreedores porque
no ha realizado distingo entre ellos.
En una palabra, la doctrina en forma mayoritaria se ha inclinado por el carácter facultativo de la
categorización de acreedores, no existiendo las famosas categorías mínimas de privilegiados, quirografarios
laborales y quirografarios.
El deudor sólo está obligado a llegar a un acuerdo con los acreedores quirografarios, arts. 45, 46 y 47
de la ley concursal.
Sólo puede plantearse -como se verá en el punto siguiente- como obligatoria la eventualidad de la
categoría de acreedores quirografarios laborales.

III. Los acreedores laborales


No puede obviarse que pese al carácter facultativo de la categorización, existe una categoría legal
obligatoria: los quirografarios laborales.
En efecto, de existir "quirografarios laborales" en el universo de acreedores comunes, el deudor está
compelido a formar una categoría especial, ya que esta clase o categoría de acreedores satisface los objetivos
perseguidos por la ley al reconocer las diferencias existentes entre los acreedores que componen el universo
del pasivo concursal y las particularidades de los derechos de los trabajadores.
Hoy, luego de la sanción de la ley 26086, esta categoría ha quedado desvirtuada
1. Renuncia al privilegio
Adviértase, en primer lugar, que la renuncia al privilegio laboral está pautada como una excepción y
debe ajustarse al régimen previsto en el art. 43.
Por otra parte, el privilegio al que hubiera renunciado el trabajador que hubiere votado
favorablemente el acuerdo renace en el caso de quiebra posterior como origen en la falta de existencia de
acuerdo preventivo, o en el caso de no homologarse el acuerdo, todo lo cual pone de relieve las
particularidades de esta categoría que tiende a tutelar el derecho de los trabajadores y evitar su "licuación" en
una única categoría, o a evitar su participación en el destino de la fuente de trabajo.
2. Oportunidad de la renuncia
Esta situación ha llevado a otro debate doctrinario sumamente rico en orden a establecer el límite
temporal hasta el que pueda efectivizar la renuncia el acreedor laboral.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Por un lado, un sector de la doctrina se inclina por interpretar que no habiendo tope dentro de la ley
esta renuncia es viable en cualquier etapa del período de exclusividad.
En este sentido se entiende que la renuncia puede realizarse hasta el momento de votar o prestar la
conformidad, salvo para el caso de los acreedores laborales, cuya particularidad hace que esta categoría deba
conformarse previamente.
Por el contrario, otro sector de la doctrina se inclina por entender que la sola presentación de
acreedores de la especie, reconocidos en la resolución judicial del art. 36, obliga al deudor a formar la
categoría especial ante la eventualidad de que renuncias ulteriores exijan la definición de esta clase.
En cuanto al límite temporal de la renuncia, se sostiene que la resolución del art. 42 determina el
momento en que se cristalizan las categorías aun cuando la ley no lo disponga en forma expresa.

IV. La categorización de acreedores y la igualdad de trato


La categorización es un nuevo concepto que incide en el principio concursal del tratamiento
igualitario, que en la terminología de Pajardi es la regla medio. Se trata de ese principio que siempre ha
estado presente en la aplicación de cualquier ley concursal: la pars condicio creditorum (la igualdad de trato
entre los acreedores). Sin embargo, no se trata de que este principio se haya dejado de lado en forma absoluta
ni mucho menos (igualdad entre iguales).
En efecto, la igualdad de trato es la recepción en el juicio universal del valor que sustenta todo
reparto patrimonial y que se funda en la justicia distributiva. Por ende, no existe merma alguna del
tratamiento igualitario y la categorización sólo implica la admisión de que no puede tratarse como iguales a
quienes no lo son. De allí que todo tipo de propuesta de clasificación de acreedores no puede ser arbitraria,
sino que debe fundarse en criterios de razonabilidad en orden a la naturaleza de los créditos agrupados.
La categorización implica la existencia de un abanico de posibilidades para tratar adecuadamente
cada clase de créditos, lo que equivale a que no incurra en írritas discriminaciones carentes de todo
basamento objetivo.
Rouillon aclara que la noción de clase significa que existen determinadas pautas o elementos que
tornan razonable la agrupación, a saber: créditos de origen financiero, créditos comerciales, proveedores,
etcétera.
La propuesta de clasificación tiende a facilitar la solución preventiva, adecuando el arreglo con los
acreedores a las necesidades y posibilidades de las diferentes clases de créditos.
La categorización juega únicamente para flexibilizar las propuestas de acuerdo, y se mantiene
solamente para el caso de concordato homologado.
La categorización debe interpretarse como una alternativa de flexibilización y viabilización del
acuerdo: nunca debe tomarse como una nueva exigencia que juegue en contra de las posibilidades del
concursado. Su no efectivización carece de sanción alguna y debe entenderse que el deudor puede ofrecer
una única propuesta. El objetivo perseguido por la categorización es el de flexibilizar el proceso preventivo
con alternativas económicas realistas, y debe entenderse como metodología apta para permitir una
reorganización empresaria efectiva y eficaz o al menos del pasivo.

V. Criterios de categorización: la clasificación de acreedores


1. Principios orientadores
Cada clase de acreedores o categorías debe tener un justificativo económico o de otra naturaleza en
las características particulares de los créditos o de los acreedores.
Así como se destacó precedentemente, la propuesta de categorización no debe limitarse a señalar las
distintas categorías, grupos o clases de créditos o de acreedores que el deudor pudiera establecer; la misma
debe ser razonablemente fundada.
El deudor debe precisar el porqué de la clasificación, especificando los motivos y causas del
agrupamiento (v.gr.: acreedores financieros, comerciales, proveedores, pequeños acreedores, naturaleza de
los créditos, su destino, montos, etc.), y de ellos debe surgir su razonabilidad.
La propuesta de categorización debe presentarla el deudor (persona física o jurídica) a través de sus
representantes o mandatarios, según las reglas de la representación y apoderamiento.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
También dentro de cada categoría se pueden realizar propuestas diferenciadas, en tanto estén
justificadas en la diversidad negocial, en una visión dinámica de la pars condicio creditorum. Es fundamental
hacer hincapié en que el texto legal hace referencia expresa al criterio de razonabilidad.
2. Acreedores
Se ha debatido a quién le corresponde decidir en la categoría a la que se incorporan los acreedores
reconocidos después de la sentencia del art. 36.
Las respuestas han variado: i) sostener que es una facultad del deudor; ii) afirmar que lo debe
resolver el juez; y iii) destacar que es una opción del acreedor.
En nuestra opinión, siendo diversas alternativas a disposición de los acreedores, son éstos los que
deben elegir la categoría en la que se incorporan, obviamente ello teniendo siempre en cuenta un ejercicio
regular del derecho, evitando cualquier abuso por parte del juez concursal (art. 1071, CCiv.).

VI. Créditos subordinados


El nuevo régimen concursal permite convenir con los acreedores su postergación respecto de otros.
La subordinación de créditos sólo es viable mediante convenio de partes y sólo alcanza a quienes
hubieren manifestado expresamente su voluntad en ese sentido y hubieren convenido con el deudor la
postergación de sus derechos. Aquí juega única y exclusivamente como factor de creación la voluntad del
postergado (no se impone por mayoría). No existe subordinación de acreedores que no hayan manifestado
expresamente su voluntad de ser postergados (arts. 503 y 1195, CCiv.).

VII. Función del síndico


El síndico cumple en la categorización un papel relevante, ya que el art. 39, inc. 9, LCQ le impone
dar su opinión sobre la categorización propuesta por el deudor. Analizar la categorización es estudiar la
columna vertebral de la propuesta o, si se quiere, su presupuesto fundamental (aunque haya excluido su
opinión sobre la misma). Del acierto en la categorización dependerá en muchos casos el éxito de la
propuesta. Por ello, ésta será la oportunidad que tendrá el síndico para hacer valer su idoneidad técnica y
pronunciarse sobre la razonabilidad de la categorización y por qué no también sobre la factibilidad de la
propuesta.
Adviértase que la opinión del funcionario concursal se presenta veinte días después de la resolución
verificatoria del art. 36, o sea, diez días después de presentada la propuesta de clasificación y agrupación de
acreedores. En consecuencia, los acreedores, o quienes hubieran solicitado verificación, tienen oportunidad
de ser oídos sobre la propuesta de clasificación, formulando observaciones sobre el informe general del
síndico dentro de los diez días posteriores a la presentación del informe general, tal como lo establece el art.
40 de la LCQ.
Por último, esta etapa de categorización se cierra con la resolución judicial sobre la clasificación de
los acreedores reglada en el art. 42 de la LCQ.

Art. 42. Resolución de categorización.


Dentro de los diez (10) días siguientes a la finalización del plazo fijado en el artículo 40, el juez
dictará resolución fijando definitivamente las categorías y los acreedores comprendidos en ellas.
Constitución del comité de acreedores. En dicha resolución el juez designará a los nuevos
integrantes del comité provisorio de acreedores, el cual quedará conformado como mínimo por un
acreedor por cada categoría de las establecidas, debiendo integrar el mismo necesariamente el acreedor
de mayor monto dentro de la categoría. A partir de ese momento cesarán las funciones de los anteriores
integrantes del comité.

I. Resolución judicial
La ley otorga al juez la facultad de aprobar las categorías propuestas por el deudor, lo que se obtiene
mediante el dictado de una resolución fundada que establezca los respectivos agrupamientos.
La resolución de categorización de acreedores constituye, juntamente con la sentencia de
verificación, el otro pilar en donde la LCQ estructura las bases de la propuesta de acuerdo preventivo.
1. Facultades del juez concursal

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Ahora bien, se plantea el debate sobre las facultades del magistrado. Martorell afirma que la
categorización no es definitiva, ni obligatoria para el juez. En relación con el primer punto, manifiesta que
pueden integrarse nuevos acreedores que renuncien a sus privilegios, aun cuando ya se dijo que esto sólo
puede suceder siempre que se entienda que no existe un plazo para renunciar al privilegio, cuestión altamente
opinable.
Se ha recordado que la doctrina se divide en esta cuestión: unos entienden que la renuncia sólo puede
efectivizarse hasta la resolución del art. 42; otros, como el autor citado, interpretan que no hay otro tope que
el propio período concordatario.
En relación con su eventual carácter vinculante, Martorell se pronuncia por la factibilidad del
rechazo por parte del juez, máxime teniendo en cuenta la opinión de la sindicatura y las eventuales
observaciones, lo que conllevaría a que el deudor se quedase sin categorización y con la única opción de una
propuesta única.
En esta línea, Bosch y Truffat expresan que el juez sólo modificará las categorías cuando adviertan
que el deudor intenta manipular las mayorías.
No obstante coincidir con Rubín en que de la combinación de los arts. 41 y 43 se sigue que el juez
puede desestimar la "categorización del deudor" cuando ésta no sea seria y carezca de fundamentos, Mosso
afirma que la consecuencia del rechazo de la categorización es que el deudor queda sin categorización y
afirma que el juez carece de facultades para modificarla.
La jurisprudencia ha seguido este derrotero, sosteniendo la imposibilidad de modificar la
categorización propuesta por el deudor y que en caso de rechazo cabe afirmar la inexistencia de
categorización.
De todas formas, en la causa "Serafini y Cía" el juez Fernández Moore consideró que la
categorización de los "acreedores de dominio", o sea, titulares de obligaciones de escriturar en una categoría
de quirografarios, diluía su voluntad y decidió crear una nueva categoría destinada a ellos, a su vez dividida
en subgrupos por edificio.
Algún autor señaló que el rechazo de la categorización es similar a la falta de propuesta e implica la
quiebra, inteligencia que nos parece excesiva.
2. Nuestra opinión
Por nuestra parte, cabe señalar que la categorización propuesta por el deudor es prácticamente
vinculante para el tribunal. El juez puede alterar o sustituir la categorización en un único aspecto: en su
composición personal, atendiendo a las argumentaciones de la sindicatura o las de los acreedores observantes
(supuesto no contemplado expresamente por la ley), y haciendo un análisis de razonabilidad, puede
reencuadrar acreedores pero no puede crear categorías distintas a las propuestas por el deudor.
Se trata de no esquematizarse en meras clasificaciones legales y/o formales, sino de admitir criterios
socio-económicos que incluso pueden permitir dividir aun una misma clase de acreedores (v.gr.: cuando a los
acreedores financieros se les categorice según tengan o no garantías especiales, y según el plazo de
amortización de cada crédito).
El deudor deberá dirigir su plan de reordenamiento económico financiero, o sea, las propuestas
concordatarias, teniendo en cuenta a los acreedores que hayan obtenido la condición de concurrentes
mediante su incorporación en el pasivo concursal y cada una de las categorías que pueda haber propuesto.
Va de suyo que la resolución de rechazar la categorización causa agravio al deudor, y entendemos
que pese al dispositivo general del art. 273 y no tener prevista la apelación, este recurso es factible pues la
resolución de este tema puede decidir la suerte del deudor y traer aparejada la quiebra.

II. Comité de acreedores


El segundo aspecto que debe contener la resolución del art. 42 es la designación y/o constitución del
comité definitivo de acreedores, que sustituirá al provisorio nombrado en la resolución de apertura.
Tal como se desprende del texto legal, estamos ante el segundo "comité provisorio", lo cual en la
práctica ha demostrado su fracaso, ante la total falta de interés de los acreedores de integrar este órgano.
Como agravante la ley pide la designación de los acreedores de mayor monto de cada categoría,
complicando aún más el esquema funcional.
La doctrina debatió si era obligatorio integrar el comité como una "carga pública", similar al cargo de
síndico concursal. La respuesta fue negativa tanto en la teoría como en la práctica.

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Así, cabe entender que el acreedor designado para integrar el comité puede rechazar la nominación
sin necesidad de justificación alguna. La aceptación del cargo es facultativa.
En la práctica el sistema ha fracaso estrepitosamente y los comités no se integran realmente o no
funcionan.

Art. 43. Período de exclusividad. Propuestas de acuerdo.


(Texto según art. 1, ley 25.589). Dentro de los noventa (90) días desde que quede notificada por
ministerio de la ley la resolución prevista en el artículo anterior, o dentro del mayor plazo que el juez
determine en función al número de acreedores o categorías, el que no podrá exceder los treinta (30) días
del plazo ordinario, el deudor gozará de un período de exclusividad para formular propuestas de acuerdo
preventivo por categorías a sus acreedores y obtener de éstos la conformidad según el régimen previsto en
el artículo 45.
Las propuestas pueden consistir en quita, espera o ambas; entrega de bienes a los acreedores;
constitución de sociedad con los acreedores quirografarios, en la que éstos tengan calidad de socios;
reorganización de la sociedad deudora; administración de todos o parte de los bienes en interés de los
acreedores; emisión de obligaciones negociables o debentures; emisión de bonos convertibles en
acciones; constitución de garantías sobre bienes de terceros; cesión de acciones de otras sociedades;
capitalización de créditos, inclusive de acreedores laborales, en acciones o en un programa de propiedad
participada, o en cualquier otro acuerdo que se obtenga con conformidad suficiente dentro de cada
categoría, y en relación con el total de los acreedores a los cuales se les formulará propuesta.
Las propuestas deben contener cláusulas iguales para los acreedores dentro de cada categoría,
pudiendo diferir entre ellas. El deudor puede efectuar más de una propuesta respecto de cada categoría,
entre las que podrán optar los acreedores comprendidos en ellas.
El acreedor deberá optar en el momento de dar su adhesión a la propuesta.
La propuesta no puede consistir en prestación que dependa de la voluntad del deudor.
Cuando no consiste en una quita o espera, debe expresar la forma y tiempo en que serán
definitivamente calculadas las deudas en moneda extranjera que existiesen, con relación a las
prestaciones que se estipulen.
Los acreedores privilegiados que renuncien expresamente al privilegio, deben quedar
comprendidos dentro de alguna categoría de acreedores quirografarios.
La renuncia no puede ser inferior al treinta por ciento (30%) de su crédito.
A estos efectos, el privilegio que proviene de la relación laboral es renunciable, debiendo ser
ratificada en audiencia ante el juez del concurso, con citación a la asociación gremial legitimada. Si el
trabajador no se encontrare alcanzado por el régimen de convenio colectivo, no será necesaria la citación
de la asociación gremial. La renuncia del privilegio laboral no podrá ser inferior al veinte por ciento
(20%) del crédito, y los acreedores laborales que hubieran renunciado a su privilegio se incorporarán a la
categoría de quirografarios laborales por el monto del crédito a cuyo privilegio hubieran renunciado. El
privilegio a que hubiere renunciado el trabajador que hubiere votado favorablemente el acuerdo renace
en caso de quiebra posterior con origen en la falta de existencia de acuerdo preventivo, o en el caso de no
homologarse el acuerdo.
El deudor deberá hacer pública su propuesta presentando la misma en el expediente con una
anticipación no menor a veinte días (20) del vencimiento del plazo de exclusividad. Si no lo hiciere será
declarado en quiebra, excepto en el caso de los supuestos especiales contemplados en el artículo 48.
El deudor podrá presentar modificaciones a su propuesta original hasta el momento de celebrarse
la junta informativa prevista en el artículo 45, penúltimo párrafo.

I. La etapa concordataria
El texto de la norma establece la etapa central del concurso preventivo en orden a la negociación del
deudor con los acreedores concurrentes reglando lo que se ha denominado período de exclusividad.
El nomen iuris deriva de la circunstancia de que la ley concede un primer término donde solamente
el deudor (cualquiera sea la persona de que se trate) goza de una etapa propia y exclusiva, donde no pueden

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
intervenir otras personas eventualmente interesadas en continuar la explotación empresaria, para obtener un
acuerdo con los acreedores, de conformidad a las mayorías que establece el art. 45.
Sólo el deudor está habilitado para intentar el acuerdo preventivo. Nadie está facultado para sustituir
al deudor en la elección de la fórmula concordataria.
En esta etapa, el deudor, con la legitimación que le otorga el mantenimiento de la administración de
la empresa, debe concertar con sus acreedores una propuesta que le permita evitar la quiebra o eventualmente
la apertura del salvataje (art. 48), "doble vuelta" donde deberá competir con los terceros que estén
interesados en adquirir la empresa.
Como expresa Heredia, la razón de esta exclusividad en la negociación se encuentra en la
consideración de los efectos sustanciales y procesales que el acuerdo está destinado a producir respecto del
deudor, saneando la crisis empresaria y permitiéndole mantener la titularidad de su emprendimiento.

II. Plazo del "período de exclusividad"


La actual ley ha previsto un plazo ordinario de noventa días, el que no podrá exceder de otros treinta
días adicionales. Este término parece razonable, ya que no implica el arbitrario plazo de ciento ochenta días
previstos en la legislación de emergencia, pero tampoco consagra el casi siempre insuficiente plazo que
preveía la originaria ley 24522.
El juez siempre deberá establecer un plazo de exclusividad de noventa días. Pero según las
circunstancias del concurso -guiadas por el número de acreedores y categorías-, podrá establecer un plazo
mayor que no exceda "los treinta días del plazo ordinario" (sic). O, lo que es lo mismo, que no supere los
ciento veinte días (en total).
Cabe aclarar que esta norma no habilita prima facie a ampliar en treinta días el plazo de exclusividad
fijado en la resolución de apertura del concurso preventivo (art. 14, LCQ). Lo que pretende este precepto es
que a la hora de establecer el período de exclusividad el juez pueda fijar un plazo mayor al ordinario de
noventa días.
La ley 25589 ha sabido entrever la realidad judicial que, en muchas ocasiones, concedía constantes
prórrogas al período de negociación entre concursado y acreedores. El plazo (en más o en menos) que era
concedido oscilaba entre los quince y veinte días. Aunque en ocasiones justificadas se concedían otras
prórrogas. Por ello la ley 25589 ha venido a sanear una situación impuesta por la realidad negocial (que
muchas veces supera la seudo-realidad normativa).

III. Posibilidad de prórroga judicial


Pese a lo dicho, se mantiene el debate sobre la posibilidad de prorrogar el plazo de exclusividad ya
fijado por el juez en la resolución de apertura (art. 14, LCQ).
Esta eventualidad constituía una práctica habitual en algunas circunscripciones concursales, pese a
no surgir expresamente del texto concursal. Aún más: el art. 273, últ. párr., LCQ señala que es
responsabilidad del juez hacer cumplir estrictamente todos los plazos de la ley.
La ley 25589 ha querido desterrar esta práctica, ampliando el período de exclusividad.
Así, el art. 20, ley 25.589, coherente con este sentido, señala en su parte final que "el juez no podrá
por ninguna razón ampliar o prorrogar el período de exclusividad ya establecido, ni suspender, postergar o
modificar la fecha de la audiencia informativa prevista por el art. 45, quinto párrafo, ley 24.522".
Como puede verse, lo que antes era fijado indirectamente por un precepto que obligaba al juez a
cumplir los plazos rigurosamente, hoy con la sanción de la ley 25589 ha quedado expresamente estipulado.
En efecto, se ha propendido a que dicho plazo (sólo el de la audiencia informativa, aunque los restantes
también se consideran incluidos en el art. 273, últ. párr., LCQ) no sea ampliado, aun cuando sea de manera
justificada ("por ninguna razón"), debiendo permanecer inalterada la fijación de la fecha de la audiencia del
art. 45, 5º párr., LCQ.
Lo curioso es que dicho dispositivo (art. 20, ley 25.589) no integra el cuerpo orgánico de la LCQ,
sino que es simplemente un artículo que compone la ley 25589, o sea que es una norma de derecho
transitorio que puede ser interpretada sólo en referencia a la ley 25563 y afirmarse que se mantiene en el
actual estatuto sustantivo la posibilidad de la prórroga, siempre y cuando no se haya concedido ya el máximo
de los ciento veinte días.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
IV. Cómputo del plazo
El cómputo del plazo procede desde que quede notificada ministerio legis la resolución de
categorización (art. 42, párr. 1º, LCQ) que prescribe el art. 43, LCQ. Este término, hoy razonable, se computa
en días hábiles judiciales.
Así lo señala el art. 273, inc. 2, LCQ, aplicable al efecto: en los plazos se computan los días hábiles
judiciales, salvo disposición expresa en contrario. Aquí, al no existir preceptos especiales que regulen la
cuestión, rige la norma genérica procesal.

V. La configuración integral del esquema concordatario


El "juego" sistemático del período de exclusividad del deudor y del salvataje reglado en el art. 48
configura un sistema concordatario complejo que favorece el saneamiento de la empresa, aun cuando habrá
que lamentar las limitaciones subjetivas de la denominada "doble vuelta".
El sistema o esquema de la doble alternativa en la formulación de propuestas concordatarias implica
la existencia de dos períodos diferenciados: i) el primero, denominado de exclusividad, en el que sólo el
deudor está legitimado para realizar propuestas; ii) el segundo, en el que vencido el plazo para que el
concursado obtenga la conformidad de sus acreedores y si éste no la obtiene, cuando se trata de sociedades
de responsabilidad limitada, sociedades anónimas o cooperativas, o sociedades en las cuales el Estado
nacional, provincial o municipal sea parte, se faculta a acreedores o terceros para que puedan presentar
propuestas de acuerdos.
Al analizar puntualmente el salvataje de la empresa se verán las importantes modificaciones
introducidas en el texto del art. 48 en cuanto a la legitimación del deudor para participar en la doble vuelta,
en orden a la valuación de la empresa y otros aspectos conexos que tornan la norma más comprensible y
adecuada a la realidad.
El nuevo plazo del período de exclusividad oscila entre noventa y ciento veinte días, en un
reconocimiento evidente de la exigüidad de los términos de la ley 24522 y la necesidad de reconocer un
período de negociaciones para el deudor que se adapte a una realidad económica tan compleja como la que
enfrenta el país. El texto legal regula un período ordinario de noventa días, que corre a partir de la resolución
de categorización del art. 42, y otorga al juez la posibilidad de prorrogarlo por treinta días más en función del
número de acreedores o categorías existentes.
No puede negarse que se aspira a que el deudor pueda reconstituir su unidad productiva y ofrecer un
mejor acuerdo, o uno que pueda cumplir a sus acreedores. El reconocimiento de un plazo de ciento veinte
días sigue las tendencias actuales del derecho comparado. El capítulo 11 de la Bankruptcy Act, incorporada
al US Code, contiene un plan de reorganización que puede poner en marcha el deudor durante el plazo de
ciento veinte días después de la decisión de suspensión de ejecuciones (order for relieve), que obra como
auto de apertura. El plan puede ser presentado por el deudor, el síndico (rectius: trustee) -si hubiere sido
designado- y si no lo hicieran éstos, por el comité de acreedores. En caso de presentación del plan existe para
la negociación un término de ciento ochenta días (sección 1121). El sistema de la Amministrazione
straordinaria delle grandi imprese in stato di insolvenza instituido por decreto legislativo del 8/7/1999, nº
270, en la legislación italiana, tiene por finalidad la conservación del patrimonio productivo y la prosecución,
reactivación y reconversión de la actividad empresarial (art. 1º). El resultado se procura por la vía alternativa
de: i) cesión de los complejos haciendales sobre la base de un programa de hasta un año de prosecución de la
actividad empresaria; o ii) reestructuración económica y financiera sobre la base de un programa de
reestructuración o saneamiento de hasta dos años (art. 27).

VI. Contenido de las propuestas


La propuesta de acuerdo es la fórmula que el concursado ofrece a sus acreedores para "arreglar y
abonar" el pasivo y absolver el estado de cesación de pagos. Tal como surge de los párrafos 2º a 6º del art.
43, LCQ, su contenido es amplio y las diversas alternativas citadas por el enunciado normativo tienen mero
carácter ejemplificativo, aun cuando en la mayoría de los casos consistan en quita y espera.
Las alternativas planteadas por el articulado tienen carácter enunciativo y no agotan las posibilidades
de propuestas que, en este aspecto, dependen más de las condiciones del negocio empresario y de las
alternativas socio-económicas para viabilizar un emprendimiento rentable que de meras formulaciones
jurídicas.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
La ley prosigue enunciando una serie de posibles contenidos de la propuesta (aparentemente con
ánimo docente), que no limita las posibilidades reales que surgirán de la realidad empresaria del deudor. Por
ello, como dice el texto legal en descripción amplia similar al de la ley derogada, es admisible cualquier
acuerdo, con la condición de que obtenga las mayorías necesarias para su aprobación.
Asimismo, se establece una serie de limitaciones y pautas que hacen a la vigencia de la igualdad de
trato.
1. La igualdad de trato
La propuesta que debe presentarse por escrito al expediente con una anticipación de veinte días al
vencimiento del plazo de exclusividad debe contener una serie de recaudos mínimos.
Aun cuando se sostenga que no implica la existencia de un verdadero plan de saneamiento, al menos
debe contar con una programación mínima que acceda al régimen de administración que presenta el
concursado (art. 45), y que estará bajo el control del comité de acreedores o de la sindicatura, según el caso.
Asimismo, debe contener los siguientes recaudos mínimos que hacen a "la igualdad de trato" vigente
en materia concursal:
i) claúsulas iguales para todos los acreedores dentro de cada categoría;
ii) no puede consistir en la remisión total de la deuda y menos diferir el pago sin fecha;
iii) no puede consistir en prestación que dependa de la exclusiva voluntad del deudor, ni puede estar
sometida a condiciones potestativas (art. 542, CCiv.);
iv) no puede contener claúsulas contrarias a la moral, a las buenas costumbres y al orden público
(arts. 953 y 1071, CCiv.);
v) debe traducir alguna forma de satisfacción o ventaja para los acreedores en cuanto se trata de
eliminar la cesación de pagos y renegociar el pasivo.
Las limitaciones se asientan en el principio de licitud de los actos jurídicos y en la vigencia de la
igualdad de trato, sustento de toda solución concursal, pues hace al orden de repartos de la justicia
distributiva.
La violación de estas normas habilita el régimen de impugnaciones del art. 5 de la ley y aun la
posibilidad de rechazar la homologación en el caso de estar en juego los arts. 953 y 1071 del Código Civil.
2. La eliminación del límite del 40%
Una importante modificación a la originaria LC (pero introducida por la LEPC 25563 y mantenida
por el art. 1, ley 25.589) es la eliminación de los límites para la propuesta consistente en quita.
En efecto, el texto anterior (art. 43, párr. 3º, LCQ) establecía que si la propuesta del deudor "consiste
en una quita, aun cuando contenga otras modalidades, el deudor debe ofrecer, por lo menos, el pago del 40%
de los créditos quirografarios anteriores a la presentación. Este límite no rige para el caso de supuestos
especiales previsto en el art. 48 ".
En este punto, como dijimos, resurgirán las críticas y defensas en torno a la limitación de dicho
quántum. Así se decía que este mínimo del 40% era "caprichosamente fijado por el legislador y al margen de
lo que prefieran acreedores y concursado". Cámara, por su parte, señalaba que el problema no debe enfocarse
mirando al empresario, sino objetivamente a la empresa: ésta debe mantenerse si es rescatable de la crisis, sin
interesar los porcentajes cuando hay conformidad de los acreedores.
Lo cierto es que la ley 25589 ha suprimido la limitación existente para los acuerdos que constituían
una "quita" que, en esencia, no es más que la reducción del monto de la obligación. En este punto, debe
señalarse que debe dejarse libertad al deudor y a los acreedores para que fijen el contenido del acuerdo,
aunque el límite de la quita fija un cierto límite moralizador que resulta conveniente a los intereses del
concurso (art. 159, LCQ). A la postre, los acreedores tienen la facultad de no aceptar (el concursado debe
conseguir un porcentaje mínimo de aceptación) y hacer fracasar el concurso.
Por su parte, Di Tullio señala que si bien todas las modificaciones introducidas en la legislación
podrían intentar explicarse en función del estado de emergencia declarado, lo que resulta de cualquier modo
inaceptable es la eliminación del piso del 40% en la propuesta de quitas que puede ofrecer el deudor
concursado respecto de los créditos quirografarios. En este sentido, también, Truffat y Barreiro y Lorente.
3. Relación necesaria con las facultades homologatorias (art. 52, LC)
No obstante lo dicho, cabe vincular este dispositivo con el art. 52, inc. 4 en cuanto establece que en
ningún caso el juez homologará una propuesta abusiva o en fraude a la ley.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Por ello, en muchas situaciones -aunque no en todas- una propuesta que trascienda el límite del 40%
será abusiva; sobre todo si esta alternativa entra en combinación con la posibilidad de "espera". En este
sentido, pueden compulsarse algunos antecedentes jurisprudenciales (aunque el más resonante es "Línea
Vanguard") que ya habían admitido la no homologación, aun cuando "formalmente" el acuerdo se incluyera
en el mínimo del 40%.
En este sentido, la doctrina había discutido siempre el alcance de las facultades homologatorias del
juez en función de que la ley 24522 había dejado sin efecto el control de mérito de la propuesta concordataria
reglada en el art. 61 de la ley 19.551.
Sin embargo, siempre se sostuvo que la ausencia del control de mérito no impedía que el juez, al
realizar el control de legalidad, aplicara la pauta del art. 953 del Código Civil en orden a la adecuación del
acuerdo a la moral, a las buenas costumbres o al orden público, caso en el que obviamente podía negar la
homologación.
En idéntico sentido se había pronunciado la doctrina y la jurisprudencia sosteniendo que el
procedimiento concursal no es un departamento estanco dentro de nuestro mundo jurídico y que sin la
integridad del resto de la legislación de fondo y de los principios generales de nuestro derecho resultaría un
arma peligrosa y vacía de justicia, por lo que cuando el acuerdo obtenido resulta abusivo en orden a la pauta
del 40% no podía ser homologado por el juez concursal.
Si bien se profundizará este tema al analizar el nuevo texto del art. 52, según art. 17 de la ley 25.589,
en orden a las facultades del juez para no homologar acuerdos abusivos, cabe reiterar que la pauta del 40%
establecía en el ahora viejo texto de la ley 24522 constituía un principio moralizador que no puede ser dejado
de lado.
4. La publicidad de la propuesta
La ley exige que el deudor haga pública su propuesta, presentándola en tribunales con una
anticipación no menor a veinte días del vencimiento del plazo de exclusividad. La violación a esta obligación
se sanciona drásticamente con la quiebra.
En este aspecto se advierte nuevamente una solución excesivamente rigurosa, pues el texto legal
señala "que si no lo hiciere será declarado en quiebra", lo que lleva nuevamente a la quiebra como una
sanción a la inconducta del deudor, cuando en rigor a lo mejor debió preverse su separación de la
administración, distinguiendo la empresa del empresario, pero sin castigar al resto de los interesados en el
salvataje de dicha empresa.

VII. La variedad de propuestas


La enunciación del art. 43 establece el siguiente "menú de propuestas":
i) quita: propuesta que normalmente es acompañada también con una espera y que consiste en una
oferta de pago reducida de lo que se debe. Va de suyo que aun cuando se diga que el porcentaje debe estar
expresamente indicado, en la práctica tribunalicia muchas de las propuestas implican quitas "encubiertas"
por los plazos de gracia que se suelen establecer al comienzo del período concordatario y antes del
vencimiento de la primera cuota. Hoy ha desaparecido el piso del 40%, lo que dificultará la labor de los
jueces en orden a la "seriedad" y "razonabilidad" de la propuesta ante la inexistencia de pautas objetivas que
permitan analizar un eventual abuso del derecho (art. 1071, CCiv.).
ii) espera: la propuesta de espera tiene por objeto una refinanciación de los créditos, reordenando los
plazos originarios. La ley no establece el plazo máximo de la espera, pero no caben dudas de que deben ser
ciertos, de manera tal que se conozca con precisión la fecha de vencimiento de cada cuota concordataria
(arts. 566 y concs., CCiv.).
iii) entrega de bienes: esta modalidad se configura con la dación de uno o más bienes para la
satisfacción de determinados créditos, alternativa que ha caído en desuso en la práctica tribunalicia por las
complejidadas del esquema legal en cuanto al tipo de bienes, fungibles, que muchas veces no pueden
valorarse adecuadamente.
iv) constitución de sociedad con acreedores quirografarios: esta alternativa implica la incorporación
de los acreedores en calidad de socios, por lo que se produce una modificación de los derechos de los
acreedores cuyos créditos se transforman en cuotas o acciones representativas del capital social. Si se está
frente a una sociedad anónima, la incorporación sólo requerirá el aumento de capital pertinente con la
correspondiente emisión de los títulos. Por el contrario, de tratarse de otro tipo social la incorporación exigirá
la modificación del contrato social. Como señala Cámara tampoco hay incoveniente en constituir una nueva

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
sociedad entre los acreedores que se asocie a la concursada, constituyendo una nueva sociedad y
realizándose la correspondiente transferencia del fondo de comercio.
v) reorganización de la sociedad deudora: como lo advierte la doctrina, la reorganización no es
medio para desinteresar a los acreedores y sólo tiene sentido como fundamento de otro ofrecimiento.
Obviamente puede tratarse de reforma del estatuto, cambio de objeto, aumento de capital, transformación,
fusión, escisión, etcétera.
vi) administración de bienes en interés de los acreedores: esta modalidad ha recobrado nueva fuerza
en función de la incorporación del fideicomiso en la legislación patria. En efecto, anteriormente esta
alternativa podía consistir en administración por los propios acreedores o por un tercero, pero siempre
contenía un elevado riesgo empresario en orden a la persona del administrador. En una palabra, se podía
instrumentar mediante diversos tipos de contratos entre los cuales el más común era el de locación de ciertos
bienes del activo o del fondo de comercio. Ahora bien, el fideicomiso implica la transferencia de la
titularidad de los bienes al fiduciario, conformándose un patrimonio de afectación destinado a la satisfacción
de los acreedores y exento de las acciones de los acreedores del fiduciario y los nuevos del fiduciante (arts.
15, 16 y cons., ley 24.241), todo lo cual le otorga una fuerza concordataria notable. Games y Esparza han
analizado puntualmente el tema como alternativa de "entrega de bienes" y/o "administración de bienes" y
nosotros le agregamos o "constitución de garantías", aun cuando no se trata de un derecho real propiamente
dicho.
vii) constitución de garantías: esta modalidad es anexa a otra propuesta y significa el aseguramiento
de dicha propuesta mediante la constitución de garantías reales "sobre bienes". Como señala con acierto
Heredia, no hay prohibición alguna que impida otorgar también garantías personales como puede ser la
fianza de un tercero o de una entidad bancaria.
viii) capitalización de créditos, incluso laborales en un programa de propiedad participada: esta
alternativa implica la emisión de acciones para pagar los créditos y se trata de una hipótesis de aumento de
capital (art. 197, ley 19.550). A su vez, la capitalización de créditos en un programa de propiedad participada
tiende a incorporar a los trabajadores. Hoy el debate se ha reeditado con motivo del agregado que el art. 190,
párr. 2º, realiza de las cooperativas de trabajo en orden a la continuación de la empresa. De este modo, los
trabajadores podrían constituir una cooperativa de trabajo y conformar una agrupación de colaboración
empresaria con la sociedad concursada. También podrían incorporarse como socios a otro tipo de sociedad,
como ha ocurrido en el conocido caso de la fábrica de tractores Zanello, de Las Varillas, provincia de
Córdoba, donde el juez de la quiebra habilitó esta alternativa continuativa. Nada impide que en el concurso
preventivo se instrumente como solución concordataria.
ix) emisión de obligaciones negociables o debentures: la alternativa alude a la posibilidad de entregar
tales títulos como medio de refinanciación de la deuda y, en rigor, podría preverse la emisión de otro tipo de
títulos como letras hipotecarias, etcétera.
x) por último, cabe destacar que la norma termina validando "cualquier otro acuerdo con
conformidad suficiente".

VIII. Los dos agregados del art. 45: el régimen de administración y el comité definitivo
Aun cuando los elementos del epígrafe no están contemplados en el art. 43, son integrativos de la
propuesta del deudor. El régimen de administración tiende no solamente a permitir el mantenimiento de la
administración controlada (art. 15, LCQ), sino que lleva implícito una planificación mínima en orden al
seguimiento de los negocios sociales. No es la oportunidad para volver a reeditar el debate sobre el "plan de
reorganización empresaria", pero indudablemente la manda legal se sustenta en el cumplimiento por parte de
los administradores sociales de la legislación societaria (art. 59, LSC), todo lo cual implica la configuración
de una programación seria del quehacer empresario. En esta línea, Heredia afirma que a partir de este
régimen de administración los acreeedres conocerán cómo será el management de la empresa, que es lo
mismo que sostener la existencia del plan de empresa.
En relación con la constitución del comité de acreedores que controlará el acuerdo, puede señalarse
que la ley no establece una forma de integración, tal como lo hacía en la resolución del art. 42 y, por el
contrario, lo deja sujeto a la propuesta del deudor, siempre que sea conformada por los acreedores. De todas
formas, la práctica tribunalicia demuestra las dificultades operativas del sistema que normalmente es
reemplazado por la sindicatura.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
IX. Renuncia al privilegio
1. Generalidades
Se contempla la hipótesis de todo tipo de acreedor privilegiado, estableciéndose que la renuncia no
puede ser inferior al 30% y que dicho acreedor se incorpora dentro de alguna categoría de acreedores
quirografarios. De lo dicho se sigue que el alcance de la renuncia puede ser total o parcial con el piso
establecido por la manda legal.
Debe puntualizarse que este tipo de renuncia debe ser realizada por el titular del crédito en forma
expresa en el expediente y cabe el debate sobre la temporalidad de este trámite. Desde una perspectiva se ha
entendido que la renuncia debe hacerse hasta la resolución del art. 42, para que se conozca la conformación
de las categorías y no se permita la modificación de la base de cálculo de las mayorías, impidiéndose
maniobras de último momento.
Otro sector de la doctrina entiende que no existe límite alguno impuesto por la ley y la renuncia es
válida durante todo el período concordatario.
Heredia sostiene que la renuncia debe formalizarse antes de prestar la conformidad a la propuesta, o
sea, con posterioridad a la resolución del art. 42, pero siempre antes del vencimiento del período de
exclusividad.
Cabe recordar que la renuncia es definitiva y no renace aun cuando no se homologue el acuerdo o se
declare la quiebra posterior. La única posibilidad de dejar sin efecto la renuncia podría darse en caso de
nulidad del acuerdo (art. 62, inc. 4, LCQ, y por aplicación del art. 1050, CCiv.).
2. Renuncia al crédito laboral
La LCQ introduce un dispositivo revolucionario admitiendo la renuncia al privilegio laboral, lo que
obviamente ha motivado una fuerte polémica sobre su alcance y eventual constitucionalidad.
Así, según el art. 43, "el privilegio que proviene de la relación laboral es renunciable, debiendo ser
ratificada en audiencia ante el juez del concurso, con citación a la asociación gremial legitimada. Si el
trabajador no se encontrare alcanzado por el régimen de convenio colectivo, no será necesaria la citación de
la asociación gremial".
Como se advierte, la ley establece un trámite específico para la renuncia con ratificación ante el juez
concursal y citación del sindicato respectivo justamente para impedir cualquier tipo de abuso del deudor y
empleador.
Es una carga del deudor hacer comparecer al trabajador y citar a la asociación gremial.
A diferencia de lo que acontece con la renuncia de los restantes créditos con privilegios, se ha
previsto que aquellos originados en la relación laboral renazcan en caso de fracaso del concordato y posterior
declaración de quiebra. Expresamente la norma estatuye que el privilegio a que hubiere renunciado el
trabajador que hubiere votado favorablemente renace en caso de quiebra posterior con origen en la falta de
existencia del acuerdo preventivo, o en caso de no homologarse el acuerdo.
Del párrafo aludido surge que la posibilidad de recuperación del privilegio está acotada en forma
exclusiva a los acreedores laborales por ser ellos los únicos mencionados por la norma.
Por ello, Macagno dice que si bien en este sentido la norma refleja -en cierta medida- el carácter
tuitivo y protectorio que caracteriza a estas clases de acreencias, introduce una limitación que -a nuestro
entender- neutraliza el efecto anterior al condicionar el recupero del privilegio renunciado al voto favorable
del acuerdo, de lo contrario, el privilegio no renace, salvo el supuesto previsto por el art. 62, inc. 4, LCQ.
Este condicionamiento nos parece un despropósito del legislador que coarta notoriamente la participación
activa de dichos acreedores en la etapa homologatoria. Los titulares de tales créditos verán menguadas sus
posibilidades de negociación con su empleador, quien podrá aprovecharse del grado de necesidad y
temerosidad característico de tales sujetos.
Por otro lado, la recuperación prevista sólo alcanza a los supuestos de falencia decretada por no
haberse alcanzado las mayorías requeridas para lograr la homologación del acuerdo, o por la falta de
homologación, lo que acontece cuando el mismo es agredido por alguna impugnación que resulta procedente
(arts. 50 y 51, ibid.) o cuando es denegada en función del control de legalidad ejercido por el juez a los
efectos del dictado de la resolución que prevé el art. 52 del mismo cuerpo legal.
En principio, del texto legal surge que el privilegio renace sólo cuando en el acuerdo preventivo no
acaezca el efecto novatorio previsto por el art. 55.
Como destaca la doctrina, frente al supuesto de nulidad del acuerdo la propia ley contempla en su art.
62 la solución a la temática planteada: la norma referenciada prescribe -entre otros efectos-: "...inc. 2. Los

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acreedores recuperan los derechos que tenían antes de la apertura del concurso..." y "...inc. 4. Los acreedores
recuperan el privilegio al que han renunciado para votar el acuerdo...".
No es ésta la formulación legal en caso de incumplimiento, pues el art. 64 prevé que en "todos los
casos en que se declare la quiebra, estando pendiente de cumplimiento un acuerdo preventivo, se aplican los
incs. 6 y 7 del art. 62". La norma no efectúa remisión alguna ni al inc. 2 ni al inc. 4 del art. 62 id., por lo que
-en principio- quienes hayan renunciado a su privilegio no vuelven a ser acreedores como antes de la
novación. En otros términos, si el acuerdo fracasa por incumplimiento, ocurre que, secundum legem, el
privilegio se pierde en forma definitiva. Tentaciones diabólicas -afirma Maffía- cual es, alcanzar un acuerdo
al 50%, incumplir, y el pasivo quedó achicado for ever.
Por nuestra parte, estimamos que la ratio legis fue incluir también los supuestos de quiebra declarada
como consecuencia del incumplimiento del acuerdo preventivo como forma de que el acreedor laboral
recupere el crédito cuyo privilegio hubiere renunciado.
En este punto se reedita el debate sobre la temporalidad de la renuncia, por lo que nos remitimos a lo
expresado supra y agregamos breves consideraciones.
Hemos dicho que un sector de la doctrina afirma que la renuncia al privilegio laboral tiene como
límite temporal la fecha en que debe dictarse la resolución de categorización prevista en el art. 42, pues es
precisamente en ese momento donde se cristalizan las categorías de acreedores. También se ha sostenido que
el plazo máximo de renuncia del trabajador a su privilegio tendría que ser al momento anterior a dar la
conformidad a la propuesta del deudor, es decir, mientras sea posible la recepción de la ratificación dentro
del período de exclusividad previsto por el art. 43 de la LCQ.
Por otra parte, se ha entendido que aquélla puede realizarse en cualquier momento anterior a la
presentación de la propuesta de acuerdo preventivo por parte del deudor concursado, pues aunque éste no
conociera la existencia de un nuevo acreedor quirografario laboral y, por ende, no lo considerara al proponer
las distintas categorías, está legalmente obligado a dirigirle una propuesta especial a todos aquellos que
renuncien a su privilegio laboral; más aún cuando el propio concursado puede modificar su propuesta hasta
el momento en que deba llevarse a cabo la audiencia informativa del art. 45, LCQ.
Por su parte, Ariel Dasso opina que la renuncia al privilegio laboral puede concretarse en cualquier
momento, pero solamente aquellas exteriorizadas con anterioridad a la propuesta dirigida a tales sujetos
pueden computarse para determinar las mayorías.
A su vez, el autor citado afirma que la renuncia del privilegio operada con posterioridad, sin bien no
tendrá trascendencia alguna en la votación, a los efectos del pago, una vez homologado el concordato, el
deudor deberá ser incorporado y tratado en la categoría de quirografarios que correspondiere. En otros
términos, las ulteriores sólo serán válidas en tanto se reputen útiles para conformar las mayorías necesarias.
Por nuestra parte, advertimos que la ratio legis no es otra que permitir al trabajador la participación
en las negociaciones tendientes a la continuación de la marcha de la empresa, por lo que ésta debe ser la
inteligencia de la norma admitiendo la renuncia y su integración en la correspondiente categoría de
"quirografarios laborales".
En una palabra: la norma concursal habilita a los trabajadores a renunciar a su privilegio,
estableciendo un piso mínimo del 20% y disponiendo que estos acreedores se incorporarán a la categoría de
"quirografarios laborales" por el monto de su crédito, como un modo de individualización de su origen, tanto
para la propuesta diferenciada que puede realizar el deudor para obtener las conformidades.
Por otra parte, la ley establece que en caso de fracaso del acuerdo los trabajadores recuperan el
privilegio, por lo que en caso de quiebra posterior ostentan nuevamente el carácter de privilegiados.
La razón de esta renuncia se configura en la formación de la categoría de "quirografarios laborales"
tendiente a que los trabajadores puedan también votar sobre la continuidad de la fuente de trabajo.
De todas formas, cabe señalar que no ha sido una alternativa utilizada y el sistema no ha obtenido las
metas que se propuso el legislador, ya que, los trabajadores se niegan a renunciar a lo que consideran un
derecho alimentario impostergable y han recurrido a otras vías para defender la fuente de trabajo.

Art. 44. Acreedores privilegiados.


El deudor puede ofrecer propuesta de acuerdo que comprenda a los acreedores privilegiados o a
alguna categoría de éstos.

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Junyent Bas – Molina Sandoval: Ley de Concursos y Quiebras Comentada – Tomo I
Este último acuerdo requiere las mayorías previstas en el artículo 46, pero debe contar con la
aprobación de la totalidad de los acreedores con privilegio especial a los que alcance.

I. Acuerdo con los acreedor