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¿Transformación o retrospección?

El ‘futuro’ en el horizonte aceleracionista
Constanza Filloy UNC-FFyH
Eje 1: El capitalismo neoliberal y sus críticxs: de la desposesión y el gobierno a la
construcción de alternativas.
Palabras clave: neoliberalismo, alternativa, crítica, resistencia, aceleracionismo

Las representaciones del futuro articuladas por las ideologías dominantes en el contexto
del capitalismo global financiarizado tienen como correlato un avance generalizado de las
llamadas nuevas derechas a nivel regional e internacional. Al mismo tiempo, las alternativas
de ‘futuro’ que se han puesto en marcha desde las izquierdas y con ellas, la insistencia en un
porvenir de una sociedad más justa, se oponen a la apropiación del futuro que el presente
capitalista nos ofrece. Lejos de tratarse de un accidente pasajero, la crisis de 2008 ha
obligado, en su carácter sistémico, al ajuste perpetuo del gasto social y al empobrecimiento
de las clases populares a través de incrementos en las medidas de desregulación,
privatización, liberalización y financiarización por parte de los Estados. Así, todo imaginario
político es acompañado por una intensificación de los programas neoliberales desde la crisis
del 2008. Las proyecciones de un futuro posible se montan, por tanto, en el complejo campo
de disputas que disparan las exigencias del capitalismo internacional.
Mark Fisher advertía las dificultades de tematizar un futuro en las primeras páginas de
Realismo Capitalista, al recuperar la famosa formulación atribuida a Jameson según la cual
“es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo” (Fisher, 2016: 22). Allí
advertía la insistencia de las narrativas contemporáneas en figuras conspiracionales y
apocalípticas, registrando la dificultad de representarse un trastocamiento del orden
establecido, insistiendo de este modo en una imaginación política por demás exhausta. Esta
dificultad atraviesa el campo de las izquierdas contemporáneas de un modo singular. En el
2013, Nick Srnicek y Alex Williams publicaron el Manifiesto por una política
aceleracionista, en donde presentan un diagnóstico y una estimulante caracterización del
campo de las izquierdas y de los futuros imaginados en las últimas décadas de movilización y
organización. Los autores promueven una transformación en la perspectiva de las izquierdas
para el presente neoliberal y un relanzamiento de la reflexión acerca de las condiciones que el
el capitalismo contemporáneo nos provee para la construcción de un programa emancipador
postcapitalista. En este trabajo nos proponemos realizar una lectura del Manifiesto por una
política aceleracionista (Avenassian & Reis, 2017: 33-48) a partir de la hipótesis de que este
debe ser considerado a partir de su valor diagnóstico, específicamente, a partir de las líneas
de acción que dicho diagnóstico habilita en el campo de las izquierdas contemporáneas. En
este sentido, evaluamos el alcance de la propuesta aceleracionista con respecto a dos
tendencias antagónicas: la retrospección progresista y la modernización neoliberal. La
intuición que guía nuestro trabajo es que el gesto aceleracionista es el de la reinvención de un
futuro que supere las lógicas de resistencia sin proyecto.
Presentamos algunas consideraciones con respecto al escenario en el que proliferan las
visiones sobre posibles futuros y alternativas. El Manifiesto comienza con una breve
caracterización de la coyuntura; más específicamente, de algunas de las consecuencias del
despliegue del neoliberalismo a nivel global. Ahora bien, sin ánimos de agotar una definición
de la globalidad del capitalismo, adoptaremos la misma estrategia que Srnicek y Williams
adoptan dos años más tarde en Inventar el futuro (2015) para dar cuenta del éxito de la forma
financiarizada y global del capitalismo contemporáneo en su forma neoliberal:
consideraremos su expansión como un correlato de sus estrategias organizativas (Srnicek &
Williams, 2015: 42). Los autores describen cuáles han sido los lugares y los cargos
estratégicos ocupados para el auge del neoliberalismo desde los años setenta.
Específicamente, de qué manera fue consolidado el armado de una red intelectual, técnica y
legal de carácter internacional. Posiblemente, la SMP (Sociedad Mont Pelerin) puede
considerarse como uno de los think tanks más representativos de este tipo de entramados:
instituciones que han formado parte de la sistematización y de la consecuente discusión de la
ideología neoliberal a nivel global (Srnicek & Williams, 2015: 45). En definitiva, los
impulsores de la vía neoliberal han tenido que buscar estratégicamente su inserción en
ámbitos académicos, en espacios de comunicación, en la dirección de las corporaciones
internacionales, en instituciones estatales y en organismos de peso en las políticas
económicas internacionales, como la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial
y el FMI.
Las estrategias de articulación internacional descritas forman parte de las agendas
neoliberales locales, al tiempo que se articula con cierta retórica de modernización e
innovación en términos tecnológicos. Esta observación excede en alguna medida la
constatación de que el capital requiere de tecnologías para su expansión. La vinculación entre
el capital y la tecnología -la necesidad que este tiene de aquella- puede precisarse a partir de
la consideración de una serie de imperativos que han primado en la historia del capitalismo
(Harvey, 2014, 107). Primeramente, la optimización de la gestión y de la organización
empresarial a partir de las tecnologías, con el objetivo de fomentar la eficiencia y la
rentabilidad. En segundo lugar, la creación de redes que faciliten y acorten los tiempos de la
circulación del capital en términos internacionales a partir del uso de tecnologías. Por otro
lado, la utilización de bancos de memoria y de datos a gran escala. En términos más
generales, el recurso a las tecnologías de producción y difusión de conocimiento e
información en el diagnóstico y la planificación a gran escala por corporaciones y grandes
organismos internacionales. En cuarto lugar, el empleo de tecnologías en el mercado
financiero y monetario y la consecuente producción de nuevos medios de inversión y de
circulación del capital. Por último, el control del trabajo y del proceso laboral -históricamente
decisivo para mantener la rentabilidad y la acumulación- también adquiere nuevas formas de
sofisticación a partir de la introducción de las nuevas tecnologías. Estas modificaciones
también se expresan, como es de esperar, en las formas de organización del trabajo a partir de
la automatización que las tecnologías y que la algoritmización a gran escala permiten. Así las
cosas, la fantasía de un futuro a partir de la combinación de las nuevas tecnologías y formas
organizativas “más eficientes” tiene lugar en la ideología dominante al tiempo que los
avances tecnológicos introducen de manera constante una serie de modificaciones de peso en
las formas de vida y la economía.
Realizar una lectura de los programas políticos de las nuevas derechas en la región desde
esta perspectiva resultaría sugerente: si pensamos el caso de Argentina, basta considerar que,
desde su asunción en 2015, el gobierno de Cambiemos ha organizado sus decisiones
económicas argumentando la necesidad de “volver al mundo y cortar con el aislacionismo”
para mostrar al país como un territorio confiable para lxs inversores. Los acuerdos
multilaterales y bilaterales suponen una amplia agenda en donde grandes corporaciones con
la capacidad para exportar capital incentivan la reconfiguración de las funciones de los
Estados (Ghiotto, 2016: 6). La formación de mano de obra calificada aparece en las
plataformas de los organismos internacionales (G20, Y20, FMI, OMC) asociada a “las
oportunidades de la revolución digital” y a la consecuente necesidad de que lxs trabajadores
adquieran “las herramientas del siglo XXI”. En este marco, la innovación es ponderada como
aquello que permite “acercar” el futuro al presente, adecuando la producción a las exigencias
del capital internacional. Habrá que considerar que dadas dichas exigencias, las actuales olas
de innovación tienen una dirección que no repara en “ la disminución de las posibilidades de
empleo para los trabajadores y el aumento de la importancia de las rentas derivadas de los
derechos de propiedad intelectual para el capital” (Harvey, 2014: 15). En último término, la
fantasía de un futuro tecnificado y eficiente cuya condición es la innovación sin medir sus
consecuencias en el trabajo parece albergar soluciones a la crisis que enfatizan el ajuste y las
políticas de austeridad. Así presentado, este panorama resume aquello que en el Manifiesto
aceleracionista Srnicek y Williams definen como la liberación y el desencadenamiento de
desarrollos tecnológicos constantes en función de la lógica de la acumulación y de la
competencia (Avanessian & Reis, 2017:40). Lo que el Manifiesto establece es que, en lo que
respecta a las posibilidades de la tecnología y su impacto en nuestras sociedades, los fines a
los cuales es dirigida son eminentemente estrechos. Aún más, Srnicek y Williams sugieren
que las tecnologías podrían ser rediseñadas y reasignadas a otro tipo de actividades y
funciones en una organización social no capitalista.
Sin embargo, si bien la presentación de las estrategias y del impacto de la tecnología en
el capitalismo contemporáneo permiten registrar su carácter global y tecnificado, esto no
basta para caracterizar las alternativas de ‘futuro’ que las izquierdas han presentado. En este
sentido, Srnicek y Williams toman nota de los efectos de las olas de movilizaciones que han
surgido al calor de la lucha contra la ofensiva neoliberal desde la década del setenta y
especialmente a partir de la crisis del 2008. El saldo de dichas movilizaciones no ha sido
suficiente para que las izquierdas contemporáneas puedan impulsar debates estratégicos y
plantear transformaciones cristalizadas en proyectos de carácter global. En otras palabras, los
autores retoman el diagnóstico según el cual si bien hemos asistido a grandes conflictos
contra el neoliberalismo -que dieron comienzo a una fase de recomposición de las luchas
sociales-, estos adquirieron una marca fuertemente defensiva o de resistencia. Srnicek y
Williams profundizan en este diagnóstico, otorgando una descripción de una serie de hábitos
políticos en las izquierdas que sería preciso revisar para la elaboración de una estrategia
acorde al presente y las designan bajo el nombre de políticas folk (Srnicek & Williams,
2015:6). La categoría de políticas folk reúne un conjunto variado de prácticas, entre las que se
cuenta una opción por la política prefigurativa y por la democracia y la acción directas. Se
trata de hábitos que han surgido en movilizaciones espontáneas con fines usualmente
defensivos. Las polítcas folk mantienen una opción por lo cercano como lo más “natural” y
por la táctica antes que por la estrategia.
Es pertinente destacar dos rasgos de las políticas folk en lo que respecta a su
tematización del futuro. El primero es el localismo, es decir, la idea de que los problemas
políticos se presentan en escenarios particulares, constituyendo así un espacio local y
pretendidamente “inmediato” como el territorio de disputa por definición (Srnicek &
Williams, 2015: 33). El segundo es un énfasis en la resistencia como el eje que organiza toda
acción política desde las izquierdas. Esta referencia a la resistencia suele articularse con la
cuestión de la conservación de determinados legados o tradiciones ante las transformaciones
que el capitalismo financiero global exige. Una caracterización de estos dos rasgos permite
extender el carácter de folk a un conjunto de prácticas que exceden en buena medida al
horizontalismo y a las formas de resistencia que se han gestado durantes las últimas décadas.
El localismo y el énfasis en la conservación y resistencia configuran una mirada de
restrospección progresista. Se trata de una mirada retrospectiva en la medida que tiende a
saturar el pasado y a constituir una idea de futuro en base a la restitución de alguno de sus
contenidos; y lo hace, paradójicamente, bajo una posición progresista. Cuando
caracterizamos al localismo como un rasgo de la retrospección progresista, entendemos que
bajo el título de “local” pueden caer regionalismos de distinto tipo. En todo caso, y con cierta
independencia de qué tipo o rango de territorio se trate, lo que interesa mostrar es que este
recorte inhabilita tematizar el entramado de relaciones de explotación y dominación en el
marco global al sobredimensionar el alcance del cara a cara de los conflictos sociales. Si
partimos del carácter mundializado del capitalismo, es decir, de su hegemonía y de la
subordinación de regiones heterogéneas a la lógica internacional del capital, una respuesta
contundente a su carácter sistémico debe asumir las limitaciones de una acción acotada a un
escenario local. En este sentido, no hay singularidad adjudicable a un territorio en particular
que permita volverlo exótico al punto tal que sea imposible pensar su inserción en el
capitalismo global. Lo que la separación de estas dos características de las políticas folk
permite es extender su definición a un conjunto de prácticas que exceden en buena medida al
horizontalismo. Se trata de poner en consideración todos los términos que obturan una
estrategia que de pelea en el registro en que la ofensiva está planteada.
Las políticas folk y, especialmente, su variante progresista con énfasis en la
retrospección, mantiene un carácter defensivo contra la ideología dominante y contra
diferentes medidas de ataque a las condiciones de vida de las clases populares. Se sostiene, en
nombre de determinados legados y de conquistas históricas, la defensa de lo que importantes
procesos de lucha han tenido como resultado. En cualquier caso, Srnicek y Williams
entienden que antes que impugnar dichas políticas, es preciso mostrar algunas de las
insuficiencias que presentan con respecto a los objetivos mismos que se trazan y de anteponer
la tarea de la transformación a la tarea de la resistencia. En otras palabras, el Manifiesto
sugiere que no basta con que las izquierdas se replieguen en tareas defensivas. Deben
recuperar un futuro entendido como horizonte de transformación social y de construcción de
un proyecto global distinto de aquellos que propone la lógica del capital internacional
contemporáneo. Al mismo tiempo, no debe perderse de vista la centralidad que adquieren las
nuevas tecnologías en el sostenimiento de dicha globalidad. En este sentido, una tercera
cuestión caracteriza a la retrospección progresista: cierta reticencia a la incorporación de las
tecnologías en su proyección política. Esta reticencia supone una identificación entre el uso
de la tecnología y grados de alienación, o bien entre la tecnología y distintas formas de
control social subordinadas a lógica de la acumulación y de la competencia. De ahí la
necesidad de replegarse en lugares conocidos que permitan paliar las exigencias que nos
impone su uso.
Pero si la caracterización de la “modernización capitalista” resulta pertinente, no es solo
por su valor descriptivo, sino porque nos muestra las condiciones mismas de cualquier
intervención política en el presente. Parece poco razonable creer que estamos en condiciones
de frenar el desarrollo tecnológico y su impacto en las sociedades contemporáneas. Con
respecto a la creciente tecnificación, Srnicek y Willians dirán: “dada la esclavización de la
tecno-ciencia a los objetivos capitalistas, aún no sabemos lo que un cuerpo tecno-social
moderno puede hacer” (Avanessian & Reis, 2017:41). Quizás debamos dar un paso más para
asumir que en las condiciones que el capitalismo financiarizado contemporáneo nos plantea,
la tecnología no solo puede ser utilizada para ganar conflictos sociales sino que constituye
una poderosa y necesaria herramienta para la construcción de una alternativa política de
izquierda. De este modo, entre la retrospección y una opción por el futuro, la aceleración es
la reapropiación de estos resultados técnicos y su resignificación con fines emancipatorios.
Por lo tanto, queda por definir en qué consiste la hegemonía tecno-social que la
ejecución de un programa emancipatorio postcapitalista requiere. ¿Qué futuro nos invita a
imaginar el Manifiesto por una política aceleracionista? Si bien los contornos de este futuro
son complejos de definir, el Manifiesto habilita la tematización de los siguientes ejes para su
proyección:

- El impacto de la tecnología y de los procesos de automatización en la
organización del trabajo. En primera instancia, la automatización se encontraba en
el empleo de la cadena de ensamblaje industrial; hoy se trata de abordar la
proliferación de máquinas y redes computacionales dispersas que tienen la capacidad
de absorber cada vez más trabajo humano. En este sentido, si el reemplazo de la
fuerza de trabajo por máquinas produce un aumento en la población desempleada y
por ende sin salario, hoy contamos con una nueva ola de tecnología (smartphones, big
data, máquinas con posibilidad de aprender, vehículos automáticos, etc) que modifica
profundamente las formas de trabajo tradicionales. En este escenario las ilusiones de
una vuelta al fordismo se vuelven cada vez más impotentes, y la exigencia de
incorporar la cuestión de la automatización en la definición del trabajo, cada vez más
urgente.

- Los medios digitales como escenario de los conflictos sociales. Un llamado a usar
la tecnología para la lucha social tiene como correlato tareas específicas en el
diagnóstico y la intervención en las redes digitales. Se trata de “pensar un modo de
existencia post-capitalista” para los medios digitales. El capitalismo global
contemporáneo necesita de los algoritmos para su expansión y reproducción. Algunos
ejemplos recientes como el “escándalo” de Cambrigde Analytica ponen de relieve la
centralidad que el manejo de información digital ha adquirido en la construcción de
las campañas políticas de las derechas contemporáneas. Se ha vuelto impostergable
una discusión sobre las tecnologías de la información y las redes digitales como
espacio de disputa.

- La internacionalización de los conflictos sociales y políticos. Admitir las
limitaciones de las variantes de las políticas locales, cuyo énfasis en la resistencia
tiene como consecuencia un abandono de la discusión estratégica, requiere pensar las
operaciones del capital a nivel global. También, considerar la incorporación de las
formas específicas en las que los países latinoamericanos ingresan en un sistema
global. Los estudios sobre la internacionalización de movimientos sociales de
carácter masivo, como el movimiento feminista, son aquí fundamentales, en la medida
que contribuirían en la delimitación de operaciones que tensionan la presunta
localidad de las luchas.

El movimiento efectuado por el Manifiesto es vincular la cuestión del futuro con la
transición hacia otra forma de organización social. Un futuro no capitalista, más allá del
capitalismo, implica preservar las conquistas adquiridas en el marco del capitalismo moderno
para transformar las estructuras de control y las formas de opresión que lo sostienen. A su
vez, el Manifiesto traza las líneas para este futuro con relativa independencia de las lógicas de
resistencia que no jerarquizan la elaboración estratégica. En este sentido, el gesto del
Manifiesto consiste en arrebatar la pregunta por el futuro y recuperarla para inscribirla en el
centro de un programa emancipatorio para el presente.

Bibliografía:
-Avanessian, A. & Reis, M. (eds.) (2017) Aceleracionismo, Buenos Aires: Caja Negra.
-Fisher, M. (2016) Realismo Capitalista, Buenos Aires: Caja Negra.
-Ghiotto, L. (2016) Entre la desideologización y la ideología de las corporaciones. Un
análisis de la política comercial del gobierno de Mauricio Macri, Revista Bordes, Disponible
en: http://revistabordes.com.ar/entre-la-desideologizacion-y-la-ideologia-de-las-
corporaciones/.
-Harvey, D. (2007) Breve Historia del Neoliberalismo, Buenos Aires: Akal.
--------------(2014) Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Madrid: Traficantes de
sueños.
-Srnicek, N. & Williams, A. (2015) Inventar el Futuro. Postcapitalismo y un mundo sin
trabajo, Barcelona: Malpaso.