You are on page 1of 6

Diferencias entre filosofía occidental y oriental:

La filosofía oriental, no ha separado el cuerpo físico de lo que se supone, es “alma”, espíritu, y la filosofía
occidental, ha establecido una separación de los elementos que te menciono.
La filosofía occidental
 Estaba localizada en Grecia
 Su comienzo es aproximadamente en 600 a.C.
 Su primer filósofo fue Tales de Mileto.
 Gracias a su duda del origen de las cosas se creó el arjé
 Forma de expresar, el comienzo de los tiempos: mito.
 Forma de entender a la naturaleza: fisis
 Preocupación de su conocimiento: cosmos.
 Pensaban racionalmente.
Filosofía oriental
 Tipo de creencia: Hinduismo.
 Origen de la realidad: arjé
 Objeto de estudio: la fisis
 Pensaban teológicamente
 Modelos explicativos de la realidad: monistas y pluristas
 Lugar: Mesopotamia y alrededores.
 Momento de origen: siglo IV a.C.
 Representantes principales: Alejandro Magno y Buda
Conclusión
En occidente hubieron pensamientos más lógicos y descubrieron cosas más importantes por su manera de
pensar, que era racional. En cambio en oriente pensaban más teológicamente. Por este motivo, no llegaron los
representantes a ser tan importantes como en occidente.
Filosofía Oriental y Filosofía Occidental

Cuando el pensamiento racional moderno se vuelca a analizar el pensamiento religioso, no tarda en despreciarlo
fundamentalmente al considerar ridículas las personificaciones que hace de la divinidad: desde el Dios celoso
patriarcal de barbas blancas judeocristiano, las divinidades de múltiples brazos o con rostros de animales de la
India, hasta los dioses griegos con sus cualidades demasiado humanas, sus morales pobremente cimentadas y
sus curiosas acciones.

El hombre occidental, instruido en ciencia, ve en esto una caricatura, una clara proyección antropomórfica:
dioses creados por la mente del hombre que reflejan su desesperado intento de encontrar sentido en función a
creencias y modelos obsoletos del mundo. Me parece que en esto, más que la perspicacia de la razón, podemos
ver una forma de “colonialismo intelectual” un tanto extremo en el sentido de que antes de entender y quizás
asimilar, de tajo invalida y destruye. En esto hay tal vez una herencia del cristianismo (de algunas de sus
autoridades intolerantes, no ciertamente de la religión como tal) que destruyó grandes bibliotecas en la
antigüedad y que borró las culturas que conquistó (como en la histórica quema de los códices mayas) por
considerarlas paganas.

Por esto, uno puede ver en lo que Roberto Calasso ha llamado el “fundamentalismo secular” una nueva
encarnación del dogma, de la cerrazón propia del pensamiento dominante que modela la realidad conforme a
sus preceptos.
Los sistema “paganos” son más complejos y sofisticados de lo que les damos crédito. Aunque en todas las
religiones hay una tendencia vulgar a adorar las imágenes de los dioses y adorar a las personalidades como
entidades con un rango de acción milagrosa delimitada, los principios de las grandes religiones orientales no
suelen considerar a los miembros del panteón como seres supernaturales individuales e independientes, sino
como símbolos o arquetipos a través de los cuales se manifiesta la suprema conciencia del universo. En este
sentido podríamos decir que la adoración de dioses personificados es una forma de decadencia del culto,
resultado en cierta forma de la falta de iniciación, de la tergiversación de los símbolos religiosos y del uso y
manipulación del credo por parte de la autoridad religiosa.

Manly P. Hall escribe en su libro “Lectures on Ancient Philosophy”:

Los dioses son personificaciones de atributos divinos, eso es, significan condiciones de la Conciencia
Universal. Mientras que lo Absoluto significa la Totalidad de la Conciencia en suspensión, los dioses son
diferentes fases de la Conciencia Universal. Mientras que el ignorante venera a los dioses como personalidades
o entes divinos, el filósofo los reconoce como planos cósmicos o modos de realización.

Es por eso que podemos hablar del camino de Buda, de Cristo, de Hermes o de Kali en el tantra, por ejemplo.
Dioses que son “continentes” en el mapa de la conciencia o representaciones de los patrones creativos del
universo: cada uno de ellos un desdoblamiento particularizado de la conciencia que da forma al universo, que se
extiende como una escalera entre el ser individual y el ser universal, lo que Plotino llamó “el vuelo del solo al
Solo”.
Hall comenta algo muy interesante respecto a esta visión plotiniana de la divinidad:

“Hay un punto sutil en el hecho de que quien logra la budeidad no es un buda sino el Buda”.

Explicado de otra forma: “el académico occidental considera a alguien que rompe la ley como un criminal,
mientras que el oriental considera a la persona que rompe la ley como el propio crimen”. Uno no sube escalones
hasta que se convierte en un buda, uno se hace Buda, se hace la conciencia universal, el ser despierto (awaken),
y para hacer esto se desprende de la individualidad. Y es que aquí se concibe al individuo solo como una
extensión –la punta de un iceberg de una hondura infinita– de la experiencia del Ser Universal. Por eso se habla
en el budismo de que una persona no tiene experiencias, sino que es la Experiencia la que tiene personas.

La paradoja de la deificación, la iluminación o la ascensión sería que para alcanzar este grado superior de
conciencia, una persona debe dejar de ser una persona; en otras palabras, aquel que quiere iluminarse para sí
mismo, para cumplir sus deseos o para magnificar la persona que cree ser, de entrada está condenado a fracasar;
por eso, todas las filosofías orientales entienden el ego como sinónimo de ilusión.
A partir de lo anterior, podríamos ver a Jesús no tanto como un hombre sino como un poder que a nosotros nos
parece divino: el poder redentor del alma humana. El buda Maitreya, dice Hall, puede entenderse como “la
conciencia de esperanza” y aquello que llega para quienes pueden intuir “la existencia de un estado más noble e
iluminado”. De este entendimiento de los dioses como aspectos de la Conciencia, se podría desdoblar un
principio armónico de diálogo interreligioso en el que las diferentes divinidades, más que competir, podrían
complementarse.
Hall explica que “cuando un individuo alcanza un estado de conciencia simbolizado por cierto Dios, entonces se
declara que el dios está encarnado en esa personalidad y de hecho camina sobre la Tierra. Así, el Dios de la
alegría está encarnado en el hombre alegre; el Dios de la piedad en el hombre piadoso o el Dios de la guerra en
aquellos que pelean”.
La divinidad que parece alcanzar el hombre por momentos a lo largo de su vida (en su participación con los
diferentes aspectos de la Conciencia) nunca es el resultado de la potenciación de su individualidad, sino de los
momentos en los que logra vaciarse de sí para que el espíritu universal lo atraviese.
El orientalismo del que gozaba la filosofía clásica griega, de la cual hemos bebido todos, parece haberse
olvidado: Christos Evangeliou cree que la filosofía griega que ha llegado a nuestros días “es el resultado del
filtro del cristianismo puesto al servicio de una autoridad que despojó a la filosofía helénica de su esencia de
libertad y de su búsqueda de la sabiduría fuera de las constricciones del poder político”.

Oriente y Occidente son, para ser claros, dos aproximaciones diferentes a la Conciencia. El pensamiento
oriental mantiene que la conciencia pura (sin objeto) posee una naturaleza propia que se puede aprehender al
margen de las representaciones particulares de la conciencia cognitiva (que conoce hechos), pues éstas son sólo
formas de la conciencia cuando sigue atrapada en la dicotomía humana de sujeto y objeto.
A pesar de ser en esencia indescriptible e impensable, todo el mundo puede alcanzar la conciencia pura.

Quien realiza el “estado de conciencia pura”, aunque sea por un instante, se sumerge en la realidad suprema. La
conciencia pura eres tu.
Es obvio que a nadie le es posible permanecer para siempre en el estado de conciencia pura, que es un estado de
conocimiento por evidencia, sin conciencia de lo particular. Quien lo realiza, tarde o temprano “regresa” al
mundo habitual de los objetos de la conciencia cognitiva; pero para él este mundo ya no es como lo conocía,
pues ve que “eso” que ha realizado irradia en todas las cosas.

Lo Real que ha visualizado en el interior lo ve ahora también en el exterior. De hecho, las palabras “interior” y
“exterior” pierden su sentido, ya que el ilusorio poder diferenciador del ego individual que le separaba de las
cosas se ha debilitado por completo. Para él todo es Uno.
La liberación, de la que hablan los hindúes, es una liberación de la potencia ilusoria de la conciencia cognitiva
que nos induce a ver la realidad alojada en el tiempo. A partir de esta creencia se afirma que el transcurso del
tiempo puede ser controlado, e incluso suspendido, junto con la actividad de la conciencia. Para quienes
mantienen este punto de vista, la verdadera Realidad transciende el tiempo. Si despojamos a la conciencia
cognitiva de todo lo relacionado con su proyección hacia el pasado y el futuro, lo que nos queda es una cierta
forma de presente. Pero tal “presente” no debe interpretarse como un ahora fugaz ubicado entre el pasado y el
futuro, sino como una forma de ahora estático que permanece “siempre presente”, a la que denominamos
“Presencia”.

No es lo mismo, nunca, vivir que estar Presente.