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TEATRO (WITKIEWICZ)

Como despreciamos el teatro contemporáneo en todas sus variedades y como no


somos competentes en lo que a materias teatrales se refiere, no tenemos aquí
intención de poner por sentado ninguna teoría basada en el conocimiento profesional
de las cosas. Nuestro objeto es sólo… por arrojar alguna idea… el de no estar seguros
de si seremos capaces de poner algo en práctica.

SOBRE EL TEATRO ARTÍSTICO


Es un hecho que el arte está en declive a la vista de la desaparición del sentimiento de
identidad personal en el seno de una imparable socialización y a la vista de la
emergencia, en conexión con esto último, de la perversidad artística; finalmente, está
en declive como resultado de su propia democratización. Debe haber algún tipo de
compensación y, ante el inminente y perfecto sistema social que nos llega, debemos
pagar el precio de nuestra productividad y libertad individual. El teatro no es ninguna
excepción aquí y también debe sucumbir. Me refiere, por supuesto, al teatro artístico
que, en nuestro país, se remite a Slowacki y que, en su interpretación artística, tuvo sus
pilares en Wyspianski y podría haberlo tenido también en Micinski, de haberse
escenificado sus obras y de haber vivido y producido mucho más. En cualquier caso,
por desgracia, murió en trágicas circunstancias y ha sido completamente olvidado.
Tengo la sensación de que el teatro no ha vivido todavía ese periodo de exuberancia
formal que otras artes ya han experimentado y de que no está muriendo de forma
natural sino sucumbiendo bajo una mafia abominable de productores, actores y
directores que lo han acorralado, torturado y están danzado sobre su vientre con botas
de clavos, pateando su venerable cabeza, incapaces todavía de concederle un golpe de
gracia. El teatro artístico todavía colea y por enfrentarse a tan monstruosa mafia podría
arrojar sus ascuas a una magnífica hoguera en la que el teatro se consumiría con
placidez en lugar de morir a manos de una lenta tortura.

INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE LA FORMA PURA EN EL TEATRO


Nuestra pregunta debe plantearse de la siguiente manera: ¿es posible componer, al
menos durante un corto periodo, el tipo de teatro en el que el hombre contemporáneo
pudiera, al margen de extintos mitos y creencias, experimentar sentimientos
metafísicos de la misma manera que los experimentaba el hombre antiguo en conexión
con viejos mitos y creencias?
De la misma manera que en pintura y escultura experimentamos la forma por sí
misma, la forma como tal, e incluso inventamos una nueva, independiente de la hace
ya largo tiempo extinguida fe obligatoria en un culto determinado, y que la misma
construcción de esta forma es para nosotros una urgencia abstracta de experimentar lo
metafísico, mantenemos que debe existir la posibilidad de que tal forma pueda darse
en el teatro, una forma en la que el propio hecho del acontecer temporal, de un algo
que sucede, definido sólo de manera formal, algo que obviamente estará compuesto
por acciones humanas, sea posible, independientemente del carácter cotidiano de
estas acciones y de la continuidad de los personajes en acción, llevarnos a una
dimensión de la experiencia completamente diferente a la realidad en la esfera de las
sensaciones metafísicas, como en el caso del Arte Puro. Para crear tal forma de teatro,
uno necesita, más allá de la esencial urgencia de su creación –algo que todavía no
parece que posea nadie en una dosis suficientemente alta- una completa ruptura con
las convenciones del teatro del hoy, con la idea actual de lo teatral, de la trama y de la
base psicológica en la construcción de una obra de teatro.

TEATRO
El teatro de hoy da la impresión de estar desesperadamente atascado, y que sólo
pudiera desatascarse al introducir lo que podríamos llamar “la cualidad fantástica de la
psicología y la actividad”. Pues la psicología de los personajes y de sus acciones debería
constituir un pretexto para una simple secuencia de acontecimientos; el quid es que la
continuidad en la psicología de los personajes y las acciones, que poseen asociaciones
con nuestra realidad, no deben ser una especie de pesadilla bajo cuya presión se cree
la estructura de la obra. Creemos que ya hemos tenido suficiente de esa condenable
consistencia de personajes y veracidad psicológica, que ya parece más que amortizada.
¿A quién leimporta qué sucede en el número 38 e la calle Wispolna, en el apartamento
número 10, o en un castillo de cuento o en los tiempos de Maricastaña? En el teatro
queremos descubrirnos en un mundo completamente diferente en el que ciertos
sucesos –fruto de la psicología imaginaria de personajes completamente inconsistentes
no sólo por sus acciones sino también por sus equivocaciones, personajes que quizá
son completamente diferentes de sus equivalentes cotidianos- podrían darse, en el
extrañamiento de su concatenación, libres de cualquier lógica, salvo la lógica de la
propia forma del suceso.
Desde nuestro punto de vista, la finalidad del teatro es transportar al espectador a un
estado excepcional al que no se puede acceder de forma sencilla en nuestra vida diaria,
el estado de la comprensión sensual del Misterio de la Existencia.

SOBRE EL TEATRO DE LA FORMA PURA


El hecho es que una obra de teatro no debería ser una reflexión en torno a plácidos
rincones o demoníacos hostales con cuartos de alquiler; al mirar la escena y escuchar
lo que en ella se dice no deberíamos atender a los sentimientos, de los que estamos
ahítos en la vida real; no deberíamos ni aprender ni resolver ningún tipo de problema
en compañía del autor; la simple contemplación de la corriente de acontecimientos,
compuesta a su vez de acciones, declaraciones, imágenes e impresiones musicales,
debería llevarnos a un mundo de Belleza Formal con sentido propio, lógica propia y
VERDAD propia. No la clase de verdad representada por una imagen realista o un
plácido rincón a partir de una visión realista o real de la vida, sino de la VERDAD
absoluta. Una obra realista es siempre una imitación más o menos lograda de algo, y
los actores son mejores o peores imitadores de ciertas criaturas presumiblemente
reales. Una obra que tienda hacia la Forma Pura es algo absoluto, idéntico sólo a sí
mismo, algo en cuyo seno existen criaturas que actúan y declaman sencillamente como
parte de un todo, ocupando y compartiendo cierto tiempo y cierto espacio.

INTERPRETACIÓN MÁS DETALLADA DE LA CUESTIÓN SOBRE LA FORMA PURA EN EL


TEATRO
¡Qué hermosa la verdad de una producción teatral de tales características! No la
verdad de la vida real, la verdad de la nobleza o la pobreza humanas, la verdad del
sacrificio y el egoísmo, sino la verdad artística que el teatro contemporáneo se empeña
en olvidar. La gente no debería acudir a este demoníaco teatro para obtener una ración
del dolor de hombres o mujeres imaginarios –imaginarios pero al mismo tiempo tan
reales como la amante o la tía o el cuñado o la prometida de uno- ni tampoco para
inmiscuirse en sus secretos, con curiosidad mórbida en sus conversaciones íntimas, ni
para compadecerse de su desgracia existencial, ni para alimentar sentimientos
patrióticos o descargarse de aquello a lo que no hemos encontrado lugar en nuestra
vida, ya sea el asunto más asqueroso o la soberbia belleza del alma humana. Uno
encuentra difícil imaginar cómo pueda la gente mirarse desvergonzadamente a los ojos
en el intermedio de una obra realista o psicológica, después de haber sido espoleados
con “pasiones” horribles o maquinaciones profundamente simbólicas.

TEATRO
No debería ser el teatro un lugar en el que el autor pueda pronunciar su opinión sobre
mujeres descarriadas, la franquicia de la tetradinámica, la importancia del sindicalismo
o cualquier otra cuestión a través de situaciones mal enmascaradas que intenten
ilustrarlas de una manera forzada. ¿No sería mejor escribir un ensayo, un panfleto o un
aforismo en lugar de manipular maniquíes desde la escena y durante tres horas para
que el espectador, al abandonar la sala, pueda golpearse la frente y decirse: así que es
verdad que el pecado puede ser castigado y la virtud recompensada? O “después de
todo, no hay suegra buena. ¡Qué desgracia!”.
El teatro entendido como una representación de la vida, o como un medio de producir
ciertos estados emocionales, o incluso para resolver ciertos problemas –existenciales,
nacionales o sociales- contiene de manera implícita un elemento de falsedad. Este
elemento desaparecería de un teatro concebido de la manera que añoramos. La
falsedad sobraría en un teatro así porque éste no tendría la intención de copiar o imitar
nada.

INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE LA FORMA PURA EN EL TEATRO


No hay estilización que pueda convertir un concepto realista en algo cualitativamente
diferente, algo que pueda aportar una nueva dimensión de la experiencia. El futuro del
teatro no descansa en la revisión de obras ya existentes sino en piezas completamente
nuevas.

TEATRO
El hecho es que el significado de una obra de teatro… no debe estar necesariamente
contenido en su sentido de realidad o fantasía, sino que ese sentido de lo real podría –
por puros objetivos formales, esto es, por la síntesis de todos los dispositivos del teatro
como el sonido, la escenografía, el movimiento y la palabra en un todo continuo e
indivisible- incluso transformarse, desde el punto de vista de la vida real, en algo sin
sentido. Es decir, existe la posibilidad de deformar la vida o el mundo de la ficción con
el objeto de crear un todo, cuya finalidad sólo podría determinarse por una
construcción interna, puramente teatral, y no por las exigencias de consistencia en la
psicología y la trama acorde con los sucesos de la cotidianeidad. El problema no es
hacer una obra carente del sentido de lo necesario, sino dejar de incordiar con
patrones obligatorios basados en la lógica de la realidad o, como poco, en fantásticas
asunciones de la misma.
Uno puedo imaginar una obra así como un ejercicio de completa y absoluta libertad. La
dificultad sería estar preparado para crear varias horas de puro proceso de sucesos
escénicos, poseedor de una lógica formal propia independiente de la cotidiana. Un
ejemplo inventado, que no realizado, quizá podría darle un sentido ridículo a nuestra
teoría (que en cualquier caso será ridícula para desde el punto de vista de algunos),
quizá extravagante o, seamos francos, estúpido, pero ¿por qué no intentarlo? Veamos:
entran tres personas vestidas de rojo y se inclinan ante alguien que no sabemos quién
es. Uno de ellos recita un poema (algo que podría parecer indispensable en este
momento particular). Entra un viejo llevando a un gato de un cordel. Todo está
sucediendo ante un telón negro, que cae en este momento para revelar un paisaje
italiano. Se escucha un órgano. Un jarrón se cae de una mesa. Todos se ponen de
rodillas y rompen a llorar. El viejo se transforma en un monstruo violento y asesina a
una niña que acaba de entrar gateando desde la pata izquierda de la escena. En este
momento, una hermosa dama entra al tropel para agradecer al viejo su crimen
mientras que las figuras de rojo cantan y bailan. A continuación, la dama llora sobre el
cuerpo de la niña y dice algunas cosas increíblemente divertidas. La cuestión del
vestuario sigue abierta: ¿debería ser estilizado y fantástico? ¿Deberíamos contar con
algún acompañamiento musical? ¿Estamos en un manicomio? ¿O en la mente de un
chiflado? Quizá, pero queremos insistir en lo válido de nuestro método cuando nos
pongamos a escribir y producir una obra seria: crear cosas de una belleza insólita. Tal
vez un drama, una tragedia, una farsa… que no remita a nada que hayamos visto antes.
En este sentido, el horizonte de posibilidades es ilimitado. Tal vez, mirando por primera
vez, pongamos por caso, pilas de cuerpos en escena, el público rompería a carcajadas.
En cualquier caso, algo sin importancia, como no tiene importancia cuando la llamada
“gente corriente” se burla de los cuadros de un Picasso o un Matisse o cualquier
maestro contemporáneo. Uno debería acostumbrarse a ciertas locuras, pero tras las
primeras impresiones los nuevos horizontes de los que hablamos podrían despejarse.
Despejarse hacia un teatro que supere las nociones de la risa o la tristeza, de cualidad
existencialmente trágica o cómica, un teatro puro sin mentiras y tan extraño como el
sueño en el que –en una sucesión de acontecimientos injustificados, divertidos,
sublimes o pavorosos- percibimos la agradable e inmutable luz que irradia el Infinito –
la luz del Eterno Misterio de la Existencia.
Al abandonar el teatro, el hombre debería sentirse como si hubiese despertado de un
extraño sueño en el que incluso el más común de los objetos poseyera el extraño y
fantasmal encanto de los sueños y fuera algo único e incomparable.
Y así, con un uso apropiado, las palabras pierden su valor como signos de comunicación
y expresión de valores y sentimientos finitos para asumir un sencillo valor formal…
propio de la más elevada dimensión de la Forma Pura… a la manera de las situaciones,
acciones y expresiones que, carentes de sentido desde un punto de vista cotidiano,
están plenas de posibilidades de crear construcciones formales en la escena. Por
supuesto no tenemos en mente un sinsentido programado, un sinsentido por el amor
al sinsentido, sin justificación desde una dimensión formal. No mantenemos tampoco
el que una obra o un poema deban obligatoriamente estar privados de sentido desde
su principio hasta su fin. Sólo somos de la opinión de que uno no debería sentirse
constreñido por las leyes de la vida real al construir Forma Pura y desde el momento en
que, por razones puramente formales, se siente inclinado hacia el propio absurdo de la
realidad, asumiendo en cualquier caso que este es un elemento necesario desde un
punto de vista puramente artístico.
Para ser, en sus acciones y expresiones, elemento de un todo dentro del género que
sugerimos, un actor no tiene que “crear” un personaje de una manera realista.
Habiendo comprendido que la obra es un todo, habiendo comprendido el ideal
formalista de la obra, debería representar su papel de tal manera que, al margen de sus
predisposiciones, sus experiencias internas y estado emocional, sea capaz, con
precisión matemática, de hacer exactamente aquello que se deriva de la pura idea
formal. Su creativa será genuina si él mismo es capaz de concebirse como parte de un
todo.

INTERPRETACIÓN MÁS DETALLADA DE LA CUESTIÓN SOBRE LA FORMA PURA EN EL


TEATRO
¡Qué ilimitada multitud de combinaciones formales se abren ante nosotros! La propia
expresión verbal nos las aporta en abundancia. A esto habría que añadir:
(i) Acciones a partir de expresiones con sentido en nuestra vida real.
(ii) Acciones a partir de expresiones sin sentido en nuestra vida real.
(iii) Acciones sin sentido y vinculadas a expresiones sin sentido.
Todo esto se conecta con el concepto general de un todo, como sucede con los tonos y
las combinaciones de un lienzo.
La impartición del tono formal es responsabilidad del director. La comprensión de los
contenidos puramente formales de una obra y la creación de un todo estructuralmente
uniforme es una tarea compleja.

SOBRE EL TEATRO ARTÍSTICO


La Forma Pura en el teatro es posible. No es que sea posible, es que se ha dado en
muchas ocasiones, aunque quizá no haya sido reconocida conscientemente como tal,
incluso por aquellos que, explícitamente ignorantes en cuanto a la misma, la han
creado de manera intuitiva. Y no estoy pensando solamente en autores, también en
directores y actores. Lo sé por la propia experiencia de mis obras de las que, al fin y al
cabo, ocho han sido estrenadas.
Aun siendo capaz, aun no siendo una persona reprimida, sino un potentado de poder e
influencia, en mis intentos destructores nunca he querido aniquilar del todo la música
sentimental, la pintura realista en el teatro, la poesía descriptiva y otras
manifestaciones que pueden ser interesantes y útiles desde algún punto de vista. La
realidad, los sentimientos reales y pensamientos, no pueden ser eliminados por
sistema. Son un fundamento natural, una fuerza y material que dirige la creación
artística. Pero tan pronto como estos elementos indispensable se convierten en fuerza
dominante, ya sea en un artista o en una época, provocan el colapso del arte formal en
beneficio de los contenidos representados.
Cada ciudad podría tener su propio teatro realista o ideológico comprometido con una
línea determinada. Proporcionaría una vida condensada en píldoras para aquellos que
no hubieran tenido suficiente en el curso de su vida corriente. Allí, entre sollozos y
cursiladas pronunciadas por tipos vulgares o genios del realismo capaz de arrojarle sus
tripas, el hombre de la calle podría experimentar, hasta el punto del aullido íntimo y el
corazón dolorido, los sufrimientos, las preocupaciones, las alegrías y las delicias de la
vida, que tienen tanto que ver con el arte como cualquier otra función biológica
primitiva.

INTERPRETACIÓN MÁS DETALLADA DE LA CUESTIÓN SOBRE LA FORMA PURA EN EL


TEATRO
Tenemos todo un venerable repertorio que descartar, representable de una manera
apropiada acorde a las condiciones en las que fue creado. Contiene cosas que son
grandes, sagradas, inviolables y que deberían ser tratadas con respeto. Pero, por el
amor de Dios, no deberían ser renovadas a la luz de la tecnología actual.
El teatro que quizá se construya o quizá no (quién sabe), estará conectado con el viejo
teatro de la misma manera que la Forma Pura de la actualidad está asociada a la Forma
Pura de los viejos maestros.