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UNIDAD II

El derrumbe del poder central provisorio en 1820 y la formación de los estados


provinciales.

Luego de la batalla de Cepeda, en la que Estanislao López (Santa Fé) y Francisco


“Pancho” Ramírez (Entre Ríos) vencieron a las fuerzas porteñas, el cabildo asume
provisoriamente el poder. Sin embargo, pronto se produce una acefalía que lleva a lo
que se conoce como la “crisis del 20” en Buenos Aires. En donde, en menos de ocho
meses, se sucedieron siete asambleas -algunas bajo la forma de cabildo abierto- que se
arrogaron la legitimidad para nombrar autoridades; bajo distintos mecanismos (cabildo
abierto, elecciones indirectas, elecciones directas) se eligieron cuatro Juntas de
Representantes; el Cabildo reasumió el poder de la provincia en varias oportunidades;
fueron nombrados más de nueve gobernadores, algunos de los cuales no duraron en el
cargo más que unos pocos días. Estos hechos parecían confirmar la expresión acuñada
en la prensa periódica por un testigo anónimo de la época: “en aquellos días gobernó el
que quiso”. Luego de esto, se asegura la paz cuando Martín Rodriguez (1820-1824),
nombrado gobernador de Buenos Aires por la Junta electoral, firma el Tratado de
Benegas con Estanislao López.

La organización político-institucional de las provincias.

Autónomas: Para el año 1820 las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Salta,
Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Luis, San Juan, Mendoza, Corrientes,
Santa Fe y Entre Ríos ya tenían sus propias jurisdicciones, es decir, eran autónomas (a
la que se sumaría Jujuy, que en el 1834 se separa de Salta) con respecto a sus cabeceras
de intendencias. Si bien territorialmente las provincias mantenían los contornos dados
por la Ordenanza de Intendencias del año 1782, éstas se rigen a partir de este momento
por nuevos reglamentos, constituciones o leyes fundamentales dictadas,
respectivamente, por cada uno de los gobiernos provinciales.

Forma de gobierno: Luego de la caída del poder central las provincias abrazaron
paulatinamente la forma republicana (que adopta el principio de división de poderes)
de gobierno en sus nuevas reglamentaciones. En ellas se establecieron regímenes
representativos de base electoral muy amplia (salvo algunas excepciones como fueron
los casos de Córdoba y Mendoza), ejecutivos unipersonales ejercidos por gobernadores,
legislaturas unicamerales, encargadas de la designación del gobernador, autoridades
administrativas y judiciales, y sistemas fiscales independientes.
Esto implicó una redefinición de las bases de poder entre la ciudad y el campo: al
predominio del espacio urbano colonial con base en los cabildos le sucedió un nuevo
equilibrio en el que el espacio rural cobraba nueva entidad política

Forma de organización: Las repúblicas provinciales formadas luego de la caída del


poder central se organizaron según los principios del moderno constitucionalismo
liberal.

La “feliz experiencia rivadaviana” en Bs. As.

La gestión de Martín Rodríguez, que se extendió desde el 1820 al 24, (conocido como
“la feliz experiencia”) tuvo un amplio consenso de la población bonaerense,
especialmente de los sectores económicamente más poderosos (como los grandes
comerciantes), de no volver a pasar por el drama de la crisis del 20. Dicho consenso se
expresó en el apoyo al Partido del Orden (o Partido de la reforma) liderado por
Bernardino Rivadavia (ministro de gobierno de Rodríguez) que apuntó a impulsar un
plan de reformas tendientes a transformar los aspectos políticos, sociales, económicos,
culturales y urbanos de Buenos Aires. Buscaba “el orden” (luego de la crisis) y el
progreso, y para esto Rivadavia buscó rodearse de dirigentes pertenecientes a las clases
letradas. Entre las reformas que impulsaron por esos años, que pretendían lograr un
orden en la provincia se cuentan las siguientes:
 Ley electoral de 1821: “hombre libres” y campaña.
 Ley de supresión de Cabildos.
 Reformas en el poder judicial (Juzgados de paz en vez de los Cabildos).
 Reforma en el poder ejecutivo: Ministerio de gobierno de Hacienda y
Guerra. La Sala de Representantes devino en poder Legislativo.
 Reforma militar y eclesiástica donde ambos perdieron privilegios.
 Ley de prensa 1821: Expansión de la prensa periódica y muy bajo grado de
censura.
 Creación de la Sociedad Literaria: Periódico El Argos de Buenos Aires;
Revista literaria La abeja Argentina.
 Fundación de la Universidad de Buenos Aires de 1821.
 A nivel económico:
o Se buscó un crecimiento apoyado en la producción granadera,
mediante la conquista de tierras a los indios expandiéndose hacia el
sur.
o Derechos y gravámenes a los bienes muebles e inmuebles y a los
productos ingresantes desde países extranjeros.
o Ley de enfiteusis y planes de inmigración.
o Transformación edilicia.
o El empréstito de la Baring Brothers, en 1824

Modelo de desarrollo institucional en las provincias.

Santa Fe dictó su Estatuto Provisorio en 1819, Tucumán en 1820, Corrientes y


Córdoba en 1821, Entre Ríos en 1822, Catamarca, Salta y San Juan en 1823. Aunque
con resultados desparejos, hacia 1824 cada provincia tenía su propia ingeniería política
o estaba construyéndola. Santiago del Estero en 1830, San Luis en 1832 y Jujuy en
1839 (cuando su jurisdicción se separó definitivamente de Salta) completaron esta
tendencia.
Buenos Aires: La ley electoral de 1821, estipuló las normas para la elección de los
diputados provinciales por parte de la cámara de Representantes. Esta definía un sistema
de elección directa abierta para todos los “hombres libres”, en el cual quedaban incluida
la campaña. También, a través de una ley del ’21, se suprimen los dos únicos cabildos
de Buenos Aires.

La emergencia del caudillismo.

Es importante remarcar que los ejercicios de poder de los caudillos se ejercieron en un


marco de creciente proceso de institucionalización política. Esto significa que se pueden
encontrar casos que van desde mayor estabilidad institucional (Buenos Aires, Salta,
Mendoza y Corrientes), pasando por casos donde las legislaturas parecían ser meras
juntas para designar gobernantes (Santa Fe y Santiago del Estero), hasta experiencias
donde prevaleció la completa inestabilidad política (Entre Ríos).

Legalidad y legitimidad.

Debates en torno a los conceptos de federalismo-confederalismo y centralismo-


unitarismo.

Las tentativas de reorganización nacional y sus problemas.

Durante el período abierto en 1820, si bien las provincias se constituyeron en


cuerpos políticos autónomos, con sus propias leyes y reglamentos, en ningún
momento renunciaron a conformar un orden supraprovincial. Ese interés se mantuvo
vivo a través de la fluida vinculación entre las provincias, merced al sistema de pactos
y de ligas regionales ofensivo-defensivas, donde se presentaba la fragmentación como
algo provisorio y se señalaba un futuro congreso que habría de alcanzar la unidad. El
problema era, una vez más, el acuerdo respecto de la forma de gobierno que debía
establecerse y el grado de autonomía de estas nuevas entidades políticas.

El problema de la aduana: La disolución del poder central y la firma del Tratado de


Cuadrilátero (con lo cual Buenos Aires buscó retrasar la unidad nacional porque le
resultaba mucho más ventajosa su autonomía) por parte de Buenos Aires, Santa Fe,
Entre Ríos y Corrientes, en donde se estrechaban los lazos entre estas provincias, se
aceptaba la sumisión mutua frente a problemas de guerra y la libre navegación de los
ríos, expuso la cuestión de los recursos procedentes de la Aduana. Estos eran
reclamados por las provincias del Interior principalmente con dos cuestiones: el reclamo
por la libre navegación de los ríos, que apuntaba acceder libremente al comercio de
ultramar, y la cuestión de que la ex capital no fuera la única beneficiada con la
recaudación de los suculentos impuestos a la importación.

Autonomía de Buenos Aires: El problema de la Aduana implicaba el problema de la


autonomía de Buenos Aires, durante toda la década del 20 y en especial a finales del
mismo, circulaba ampliamente la idea de que “se afirmaba que Buenos Aires se había
empobrecido y debilitado por atender a la defensa de todo el territorio, mientras “las
provincias quieren arruinar a Buenos Aires y un Congreso general lo único que haría
es llevar a cabo ese fin” (panfleto)

El congreso general constituyente de 1824-1827

Fue convocado por el gobierno de Buenos Aires el 16 de diciembre de 1824, con


diputados elegidos por las provincias en número proporcional a su población; desde el
comienzo se puso de manifiesto una mayor gravitación de la delegación porteña.

Disposiciones tomadas por el Congreso:


 Dictó la Ley Fundamental: dicha ley declaró constituyente a la asamblea y
estableció que, hasta que se sancionara una constitución, las provincias se
regirían por sus propias instituciones,
 delegando provisoriamente las funciones del poder ejecutivo nacional en el
gobierno de Buenos Aires.
 Se firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Gran Bretaña, en
el que se ratificó el reconocimiento de la independencia de las Provincias
Unidas (ya lo habían hecho Brasil y Estados Unidos en 1822) y en el que
Inglaterra obtuvo el tratamiento de “nación más favorecida”.
 El gobernador de Buenos Aires quedaría encargado de las relaciones exteriores.

Conflictos internos en el Congreso:


 Tensiones entre el sector que apoya a Rivadavia (quien planteaba ponerlo como
futuro presidente del país constituido) y el sector de Las Heras.
 Luego del dictado de la Ley de Presidencia, que creaba un poder ejecutivo
permanente, que fue ocupado inmediatamente por Bernardino Rivadavia
(presidente), el sector opositor (dentro del mismo Congreso), liderado por
Moreno, se opuso a este proceder ya que violaba la Ley Fundamental (por la
cual se habían limitado las atribuciones del Congreso).
 Unitarios y Federales: Aquéllos pretendían instaurar una forma de gobierno de
unidad y centralizada pasaron a ser denominados “unitarios”; éstos buscaban
organizar una forma de gobierno que respetara las soberanías de las provincias
continuaban bajo el nombre de “federales”. Cabe destacar que, a diferencia de la
década precedente, el modelo de referencia de estos últimos era más claramente
el de Estados Unidos y que las autonomías eran reclamadas ya no para las
ciudades, sino para nuevos sujetos políticos, constituidos en provincias. Si bien
esta escisión no se tradujo en la identificación de porteños-unitarios versus
provincianos-federales (ambas tendencias tenían defensores y detractores en
cada territorio).
El Partido del Orden se escinde entre quienes apoyaban la política rivadaviana y
unitaria y quienes se replegaban en la provincia, bajo el liderazgo del
gobernador Las Heras, y veían con malos ojos la empresa nacionalizadora de
sus antiguos aliados. Rivadavia sanciona la Ley de Capitalización, por la que
Buenos Aires pasa a ser capital del poder nacional y se le subordinan las
provincias federales (pero pierde la Aduana y con ella la principal fuente de
trafico ultramarino), logrando así la nacionalización tan ansiada. Pero esto
implica ponerse en contra a todos los demás sectores de la Asamblea.

La guerra del Brasil

La situación de la Banda Oriental volvía urgente el establecimiento de un poder


ejecutivo nacional permanente. Esto aumentaba el ambiente belicoso de Buenos Aires.
La guerra fue declarada por Brasil luego de que el Congreso aceptara la incorporación
de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Esto último sucedió
por la declaración, por parte de los “treinta y tres orientales” liderados por el coronel
oriental Juan Antonio Lavalleja, de la incorporación de la Banda Oriental a las
Provincias Unidas, lo cual obligó a los diputados reunidos en Congreso en Buenos Aires
a adoptar una posición frente a esto.
El enviado por el gobierno, Manuel García, se excedió en sus instrucciones y concertó
con el imperio brasilero la firma de la paz, la cual incluía la entrega de la Banda
Oriental. Bernardino Rivadavia, al enterarse de esto, rechaza la paz y renuncia a su
cargo de presidente. El Congreso aceptó ambos.
En el 28, una vez elegidos los diputados porteños federales que conformarían la Sala de
Representantes, se eligió como gobernador a Manuel Dorrego, quien inmediatamente
dio por terminada la guerra con el Brasil. En el acuerdo, se le concedió la autonomía la
República Oriental del Uruguay.

Constitución del 26

En el ’25, cuando aún las diferencias dentro del Congreso estaban más moderadas, se
propusieron crear una Constitución nacional, una de las tareas que se habían propuesto.
El sector unitario (a sabiendas que tenía mayoría en la Asamblea) había propuesto una
consulta a las provincias para que se expidieran con respecto a la futura organización
del estado. La Asamblea Constituyente evaluaría después los resultados. La consulta dio
los siguientes resultados:

Federales: Entre Ríos, Santa Fe, Santiago del Estero, San Juan, Mendoza y Córdoba,
que rectificó un primer dictamen en favor del sistema unitario.
Unitarios: Tucumán, Salta, Jujuy y La Rioja.
Remitieron la decisión al Congreso: Corrientes, Catamarca, San Luis, Misiones,
Montevideo y Tarija.

En septiembre del ’26 se dio a conocer un proyecto de Carta Orgánica con un


centralismo moderado (con respecto a la del ’19, netamente centralista). Las críticas no
se hicieron esperar: avasallaba los derechos soberanos de las provincias y la restricción
del régimen representativo al excluir a los “vagos” (criados, peones, jornaleros y
soldados de línea). Pero en la votación, salieron 43 a favor, 11 en contra.
En diciembre del ’26 se sanciona la Constitución:
Contenido: 1) se cambia la denominación de “Provincias Unidas de Sudamérica” a
“República Argentina” y 2) se declara explícitamente que la “nación argentina adopta
para su gobierno la forma republicana representativa, consolidada en unidad de
régimen".
Opositores: Córdoba (Bustos); Santiago del Estero; San Juan; Santa Fe (Estanislao
López)
Adhesiones: La Rioja (Facundo Quiroga, al principio, antes de su conflicto con
Rivadavia)

Relaciones interprovinciales y guerra civil.

Conflicto Facundo Quiroga – Bernardino Rivadavia: Si bien en un principio Quiroga


había apoyado la Constitución sancionada en el ’26, luego de que Rivadavia mandara a
reclutar tropas a Tucumán y Catamarca para la guerra del Brasil. A esto reacciona
Quiroga, imponiendo sus gobernantes en ambas provincias, pasando a liderar el
nordeste y cortando todo tipo de vínculo con Buenos Aires; lo que termina acercándolo
a Córdoba (que tenía a Bustos como principal dirigente, quien desde el principio se
había opuesto a la Constitución dictada por Rivadavia).

Unitarios – federales: La división entre unitarios y federales al interior del Congreso


para mediados del año ’27 ya se había extendido a todo el territorio nacional. Esto llevo
a la renuncia del presidente (Vicente López y Planes, quien ya no tenía autoridad
acatable) y a la disolución del Congreso reunido desde el ’24. Todo lo cual llevó a la
agravación de las relaciones interprovinciales y a la guerra civil.
Buenos Aires – Provincias: El comienzo del conflicto entre las provincias y Buenos
Aires empezó a verse ante los problemas que la autonomía absoluta implicaba para
aquéllas y las ventajas del mismo para éste.

Lavalle – Dorrego: Luego de que Dorrego declara la paz con el Brasil, Lavalle y un
grupo de unitarios lo destituyen, obligándolo a huir hacia la campaña y a refugiarse con
Rosas (comandante de milicias). Sin embargo Lavalle se lanza a su persecución y lo
ejecuta en diciembre del ’28. Esto lleva a una guerra civil en la provincia que dura más
de seis meses.

Si bien en Buenos Aires el peligro de la guerra civil se ve terminado cuando Rosas es


elegido gobernador en el ’29 por la Junta de Representantas, en el Interior, a pesar de las
victorias de Facundo Quiroga contra los unitarios en el ’29, estaban lejos de conformar
un bloque homogéneo. Aunque las provincias andinas —La Rioja, Catamarca y Cuyo-
continuaban bajo el control del caudillo riojano, no sucedía lo mismo con Salta y
Tucumán. La primera seguía en manos de sectores unitarios; en la segunda, el
gobernador impuesto por Quiroga, Javier López, comenzó a distanciarse de él. En
Santiago del Estero, Felipe Ibarra mantenía una posición relativamente neutral, mientras
que en Córdoba, Bustos no lograba controlar la situación interna, aunque ratificó su
alianza con el riojano. El conflicto termina de estallar en Córdoba, cuando José María
Paz avanza con un pequeño ejército de excombatientes de la guerra con el Brasil sobre
la córdoba de Bustos (ambos se habían pronunciado juntos en Arequito).

La Liga Unitaria (la Liga del Interior) y el pacto federal (Liga Federal) de 1831.

Liga Unitaria: (Córdoba, Salta, Tucumán, San Juan, La Rioja, Mendoza, San Luis,
Catamarca y Santiago del Estero) José María Paz decide avanzar sobre Córdoba
(Bustos) con un ejército reducido compuesto de excombatientes de la guerra contra el
Brasil, y vence a Bustos en la batalla de San Roque en abril del 1829; obteniendo así la
adhesión de Salta y Tucumán; Bustos se retira hacia La Rioja y busca refugio con
Facundo Quiroga. Éste, hecho de un ejército de 5.000 hombres avanza sobre Córdoba,
ahora en dominio de Paz, y es rechazado en la batalla de la Tablada ante el ejército
unitario compuesto por apenas 2.300 hombres. Un año más tarde, en 1830, Quiroga
vuelve a invadir Córdoba pero vuelve a ser derrotado por las fuerzas de Paz en la batalla
de Oncativo. La principal consecuencia del triunfo del general cordobés fue la
constitución de un bloque opositor en todo el interior que, en nombre del unitarismo,
intentaría erradicar a los federales del conjunto del territorio. Se lanzó entonces a
trascender la esfera provincial, valiéndose de las alianzas previas. El general Lamadrid
se apoderó de San Juan y La Rioja, mientras otras divisiones ocuparon Mendoza, San
Luis, Catamarca y Santiago del Estero. El poderío de Quiroga parecía destruido frente
al avance de Paz. Con el objetivo de institucionalizar las victorias obtenidas, se
proponen conformar una liga de provincias, la cual implicaba entre otras cosas:
 Comprometerse a convocar un congreso nacional para dictar una constitución.
 Entregar al general Paz el supremo poder militar con plenas facultades.
 Retirarle a Buenos Aires la representación de las relaciones exteriores.

Liga Federal: (Buenos Aires, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos) Surge como inmediata
respuesta al pacto que unió a las provincias del interior para formar una alianza ofensiva
y defensiva de las provincias del litoral para enfrentar a las fuerzas de Paz. Luego de
varias gestiones, en mayo de 1830 se firmó un primer tratado entre Buenos Aires, Santa
Fe y Corrientes, del que quedó excluido Entre Ríos, dada la convulsión interna que
sufría en ese momento por el alzamiento de López Jordán. Al resolverse la situación
entrerriana, se consideró necesario firmar un nuevo tratado, por lo que los delegados
de las cuatro provincias se reunieron en Santa Fe. Comenzaban así las tratativas de lo
que daría como resultado la firma del Pacto Federal. Aquí quedaron en evidencia
las fuertes contradicciones entre Corrientes y Buenos Aires, sin embargo, a fin de no
retrasar la firma del Pacto, Rosas transigió en algunos puntos.
El contenido del Pacto Federal fue el siguiente:
 Expresaba su voluntad de paz, amistad y unión, reconociéndose recíprocamente
libertad e independencia, representación y derechos.
 Vaga y ambigua referencia a una futura reunión de un congreso constituyente
(ambigüedad por la cual Corrientes queda luego excluida del Pacto), el cual
debería adoptar el principio federal.
 Se creaba la Comisión Representativa de los Gobiernos de la Provincia del
Litoral: con facultad de reunir al congreso, declarar la guerra y la paz.
 Estanislao López asumía el mando supremo de las fuerzas federales; Rosas
comandaría las reservas.

La situación política de Buenos Aires a partir del 1827 y el ascenso de Juan


Manuel de Rosas.

Luego de la renuncia de Vicente López y Planes y la disolución del Congreso (1827), el


clima beligerante en Buenos Aires se agravó profundamente. Se convocó a la elección
de diputados para conformar una Sala de Representantes y elegir a nuevo gobernador.
Las elecciones se realizaron en un ambiente de creciente tensión, la votación dio triunfo
al Partido Federal. La Sala designo gobernador a Manuel Dorrego. Éste, viendo la difícil
situación económica en que el bloqueo brasilero dejaba a Buenos Aires, decidió dar fin
a la guerra y firmar la paz, entregándole a la Banda Oriental su independencia. Esto le
creó a Dorrego la oposición de muchos jefes militarse que consideraron deshonroso el
acuerdo. Un grupo de unitarios, a manos de Juan Lavalle, destituyó en el ’28 a Dorrego,
el cual huyó hacia la campaña a refugiarse en Rosas (comandante de milicias de la
provincia de Buenos Aires). A partir de este momento, Rosas (que no había
representado un papel importante en la política) pasa a cobrar el papel de defensor del
orden de la campaña y árbitro de la conflictiva situación creada entre unitarios y
federales (identificándose cada vez más con estos últimos). Lavalle se hace nombrar
gobernador a través de un mecanismo muy cuestionable (a mano alzada), persigue y
ejecuta a Dorrego. Ante esta situación y la guerra civil desencadenada, Rosas junto con
Estanislao López (Santa Fe), luchan y derrotan a Lavalle en Puente de Marquez en abril
del 1829.
Ambos contrincantes firman en junio el Pacto de Cañuelas, por el cual se ponía fin al
conflicto y se comprometía a realizar elecciones para elegir a los nuevos conformadores
de la Sala de Representantes, que debía a su vez elegir a un gobernante. Este Pacto tenía
una clausula secreta en la cual Rosas y Lavalle concertaban asistir a las elecciones con
un lista de candidatos que debía intercalar miembros moderados del federalismo y el
unitarismo. Sin embargo, las elecciones se vieron rodeadas de violencia y Lavalle las
anula. Para evitar otra guerra civil, se firma el Pacto de Barracas, el cual nombra
gobernador provisorio a Juan José Viamonte.
A esa altura, era el comandante general de la campaña el que se había convertido en el
árbitro de toda esta conflictiva situación. Luego de debatir con el gobernador provisorio
cuáles serían las medidas más convenientes, la decisión no fue convocar a nuevas
elecciones, sino restituir la misma Junta de Representantes derrocada por el motín
militar del P de diciembre de 1828 para que ésta designara gobernador. Así,
exactamente un año después de su disolución, volvió a reunirse la Sala y nombró casi
por unanimidad (treinta y dos votos sobre treinta y tres diputados) al nuevo titular del
poder ejecutivo provincial: Juan Manuel de Rosas.

El primer gobierno de Rosas y la división del federalismo porteño.

Se desarrolló entre los años 29 (cuando fue designado gobernador de la provincia de


Buenos Aires por la Sala de representantes) y 32. Rosas fue presentado ante la opinión
pública como el defensor de las instituciones ultrajadas por el motín unitario y como el
único capaz de controlar la conflictiva situación generada en la provincia luego de la
muerte de Dorrego. A tal efecto, la Legislatura aprobó un proyecto en el que honraba la
actuación de Rosas durante ese período, lo ascendía a brigadier general y le confería el
título de Restaurador de las Leyes.
En el año de su designación como gobernador también fue designado a la Primera
Magistratura.
En mayo del ’30 Rosas firma un decreto que desconoce la amnistía acordad con Lavalle
en el ’29 cuando firmaron la paz, como así también la libertad de prensa y expresión
(que apuntaba a todo tipo de expresión opositora). Otra manera de mantener una
hegemonía rosista fue la firma de un decreto que obligaba a los empleados públicos a
llevar siempre la conocida “divisa punzó” (que luego se extendió a todos los
ciudadanos). Muchos unitarios se exiliaron a la nueva República Oriental del Uruguay.
Si bien la Liga Unitaria de las provincias se encontraba completamente diezmada, los
conflictos internos del federalismo no se hicieron esperar.

Disidencias: un sector federal más antiguo (que había sido liderado por Dorrego) hizo
notar sus disidencias con Rosas apenas éste asumió y, sobre todo, en la Sala de
Representantes cuando ocurrió el debate sobre el otorgamiento de las facultades
extraordinarias al gobernador. Luego de dos meses de largos debates, la Sala de
Representantes aprobó el proyecto de facultades extraordinarias, el cual duraría un año.
El desacuerdo de 12 miembros que tenían que votar se hizo notar con su ausencia.
La situación se tornó más tensa cuando la misma Sala aprobó la ampliación de las
facultades por tiempo indeterminado.
Ya para el año 1831, luego de la caída de Paz, los argumentos a favor de las facultades
extraordinarias cejaban en su fuerza, ya que no existían amenazas externas.
Pero es en el 32 cuando Rosas, viendo que “la opinión pública” mostraba grandes
desacuerdos con el sostenimiento de sus facultades extraordinaria, decidió devolverlas a
la Sala. Algunos fieles a Rosas sometieron a votación tal decisión, pero la oposición
federal le dio una abrumadora mayoría en votos.

División del federalismo porteño: Luego de que Balcarce fuera designado para la
Primera Magistratura, Rosas inició su proyecto de campaña del desierto (contra los
indios al norte de Río Negro). Desde allí pretendía manejar la política porteña y
aguardar el momento en que volvería a ser llamado por los legisladores porteños,
ofreciendo el gobierno y los poderes extraordinarios. Sin embargo, esto se le complicó
ya que Enrique Martínez (primo del nuevo gobernador) pasó a ocupar el Ministerio de
Guerra. Éste intentó aunar bajo su seno a todos los federales independientes en la
Legislatura. A mediados del ’33, los “federales cismáticos” (independientes a Rosas,
comandados por Martínez) y los “federales apostólicos” (diputados favorables a Rosas)
se opusieron en las elecciones para renovar la Sala de Representantes. Ganan los “lomos
negros” (cismáticos), reafirmando así su hegemonía en la Sala de Representantes.
Meses más tarde se realizaron elecciones complementarias, que fueron suspendidas por
Balcarce aduciendo que hubo violencia, aunque en realidad se auguraba una victoria del
sector rosista. Esto agravó aún más el conflicto.
Este enfrentamiento tuvo su discusión en la Sala de Representantes en ocasión de
discutirse el proyecto de Constitución provincial (Bs. As.). Por un lado la propuesta de
Anchorena (primo de Rosas), que sólo apuntaba a restarle poder a los cismáticos. Y por
el otro, la propuesta de éstos último que pretendía sancionar una carta orgánica que,
además de garantizar la división de poderes y las libertades individuales, estableciera
explícitamente que el cargo de gobernador sólo se ejercería por tres años, sin posibilidad
de reelección por el término de seis años. Además, el proyecto prohibía específicamente
el otorgamiento de facultades extraordinarias al poder ejecutivo, hiriendo de muerte la
vocación hegemónica de Rosas.
En octubre del ’33, el gobierno de Balcarce castiga a varios diarios rosistas. Esto
ocasiona la reacción de los apostólicos, quienes aprovechan para movilizar a sus
seguidores a protestar a la Plaza de la Victoria. Son reprimidos. Tiempo después, desde
Barracas organizan un enfrentamiento contra las fuerzas oficiales y triunfan. Martínez y
Balcarce se ven obligados a renunciar.
Pero como los cismáticos aún tenían mayoría en la Legislatura, los apostólicos
decidieron ganar poder a través del amedrentamiento: Encarnación Ezcurra creo la
Sociedad Popular Restauradora, un pequeño grupo de fieles rosistas que presionaban a
los sectores federales opositores. En el 33 se produce, al igual que en el 29 con los
unitarios, un éxodo federal.

Luego de Rosas en el 32 (no es tema)

En diciembre de 1832, la Sala reeligió a Rosas en el cargo de gobernador, aunque


sin acordarle las facultades extraordinarias; éste no aceptó un nuevo mandato. Hasta los
federales opositores a las facultades extraordinarias querían que Rosas fuera reelegido.
Sin embargo, luego de varias proposiciones rechazadas, la Legislatura decidió elegir
como nuevo gobernador a Juan Ramón Balcarce, un general que acababa de participar
en la guerra contra Paz.

Reorientación de las relaciones sociales y económicas a nivel regional.

Se sufrieron grandes desbarajustes en la economía no sólo porteña sino también regional


a causa de los bloqueos sufridos durante el ’38-40 y más intensamente del ’45, en donde
los ingresos aduaneros amenazaron con desaparecer. Esto llevo a Bs. As a tener que
reducir drásticamente se 1) suprime del presupuesto provincial los rubros de
mantenimiento de establecimiento de enseñanza y hospitales y 2) (para hacer frente a
los gastos de la guerra) se hace uso de un recurso utilizado en la etapa anterior: la
emisión de papel moneda inconvertible.
En ese tiempo coexistían el metálico y el papel moneda, y la pérdida de valor de este no
sorprendió a nadie. Surgió en Bs. As. un sistema de tripe circulación de monedas o
valores:
1. El papel moneda para todas las transacciones internas.
2. El metálico para atesoramiento y comercio con el Interior.
3. La Carta de Londres, promesa de pago, para los tráficos internacionales.
En 1835 se limitó cada vez más los gastos a lo indispensable.
En 1838-40 la circulación se triplicó. Pero la moneda misteriosamente logró sobrevivir.
El resultado de los bloqueos fue más de penurias a corto plazo que de consecuencias a
largo plazo, los ganaderos pudieron acrecentar sus animales y la construcción siguió
avanzando.
El Interior tuvo cierta estabilidad, al igual que el Litoral, salvando Corrientes que sufrió
bastante.
Desde el ’30 hasta el ’52 Buenos Aires acrecienta su expansión ganadera.
Entre el ’33-34 Rosas emprende la conquista del desierto. A lo cual le sigue un gran
proceso de privatización de las tierras fiscales. El fracaso de la Enfiteusis acompañó la
idea de vender directamente las tierras. Ante la nueva competencia de Brasil en la
exportación de tasajo, se apunta en Bs. As. a reemplazar el vacuno por el ovino, que se
traduce en la aparición de lana entre las exportaciones importantes de la provincia.
Mientras que Bs. As explota casi hasta el límite sus posibilidades de crecimiento de
vacuno y ovino, el Interior y el Litoral ofrecen nuevas perspectivas de productividad
que si bien tiene un crecimiento tardío prometen ser mucho más importantes con el paso
del tiempo.
EN las provincias andinas hay un cierto retorno a la prosperidad, sobre todo a partir de
su comercio con Chile y con Bolivia que exigían sus productos para las producciones
locales.

El crecimiento económico desigual: Buenos Aires, el Litoral y el Interior.

Buenos Aires, luego de las experiencias nacionalizadoras, empezó a comprender las


ventajas que le traía la autonomía de su territorio. Las provincias, en cambio, empezaron
a ver las consecuencias de vivir en una autonomía absoluta, sin recursos con los cuales
sostenerse, por lo cual empezaron a realizar ligas interprovinciales.

Viejas y nuevas representaciones sobre el orden social, político y económico.

Discursos ilustrados, republicanos y liberales.

Discurso ilustrado: Fue propio de la generación del ’37, los primeros “intelectuales”
interesados en la construcción de alguna forma de identidad nacional que son también
los primeros que van a pensar lo que hoy sería el análisis de la realidad, la realidad
como objeto de análisis. Tiene dos líneas claramente marcadas: línea alberdina y línea
sarmientina, porque de alguna manera esta generación considera al rosismo o a la
experiencia de la etapa rosista como algo que se necesita explicar o entender. Estos
buscan el origen de ese “mal” y lo encuentran en el desierto, en la vagancia, en el
nativo. Alberdi y Sarmiento tienen una visión pesimista sobre ellos (exterminio), en
cambio Mitre piensa que en un futuro de progreso de alguna manera ese mal se
solucionaría (poblamiento).
Sarmiento encuentra una solución en la educación a través de la escolarización.
Alberdi también considera que hay una solución en la educación pero no la entiende de
una manera formal como Sarmiento; dice: “Educar es poblar”. Mediante el poblamiento
del territorio con inmigrantes europeos.
Una idea de la generación del ’37 va a ser la de la “policía de conciliación”: unificación
de las posiciones. Esta idea es crítica del faccionalismo. Va a perdurar en el tiempo y va
a intentar ser llevada adelante por Viamonte en el ’32 y por Urquiza en el ‘53
UNIDAD III

El orden rosista en Buenos Aires.

El orden rosista tiene su comienzo a partir del momento en que asesinan a Facundo
Quiroga en Barranca Yaco, el 16 de febrero de 1835. La Legislatura porteña temió
volver a recrear la “anarquía del año 20” o los enfrentamientos de 1828 (cuando el
primer mandato de Rosas), por lo que estuvo dispuesta a renunciar a su iniciativa y
protagonismo, y entregó a Rosas los poderes tantas veces reclamados. La Sala de
Representantes volvió a elegir a Rosas como gobernador, cediéndole no sólo las
facultades extraordinarias, sino además la suma del poder público.

Rosas va a establecer un orden que tiene mucho que ver con su liderazgo. Rosas es
gobernador de la provincia más rica, por lo que tiene una serie de ventajas:
1. Manejo de las relaciones exteriores de las distintas provincias.
2. La existencia de un Pacto Federal que sostiene una suerte de débil
confederación.
3. La caja: el dinero que obtiene de la aduana de Bs. As. le permite a Rosas poder
subsidiar a las demás provincias.

Páginas: 337-338 HAI-039

La construcción de un régimen de Unanimidad.

Elecciones periódicas y celebraciones festivas: La voluntad de hacer visible el consenso


se valió también de otros instrumentos, como las elecciones periódicas y las
celebraciones festivas. Durante las fiestas federales, organizadas y celebradas por el
gobierno tanto en el ámbito urbano como en el rural para conmemorar diversas fechas,
afianzando así la identidad federal y la lealtad a Rosas.

Control de los comicios: En el plano electoral, la unanimidad fue producto de una ardua
tarea a través de la cual Rosas logró reemplazar la lógica política instaurada en la época
rivadavíana y vigente hasta 1835, fundada en la deliberación de las listas de candidatos
en el interior de la elite, por un sistema de lista única en el que todos debían votar “sin
disidencias”. El control personal que Rosas ejerció sobre los actos comiciales logró
consolidarse recién después de 1838. Hasta esa fecha se observan todavía algunas
votaciones en disidencia con la lista oficial que, aunque muy minoritarias, revelan
ciertas grietas en el régimen, que no serían toleradas luego de 1840.

Vaciamiento de la Legislatura: Respetando parcialmente la letra de la ley electoral de


1821, Rosas continuó celebrando anualmente las elecciones para renovar los diputados
de la Sala de Representantes. La Legislatura se vacio: La Sala perdió su centralidad y,
aunque siguió sesionando durante todo el período en el que Rosas gobernó la provincia
y ejerció la representación exterior de 1a Confederación, sus atribuciones se vieron
francamente devaluadas.

Plebiscitos: Este particular mecanismo electoral se combinó, además, con los frecuentes
plebiscitos realizados durante el período en los que los habitantes de la provincia -
organizados por las autoridades menores del régimen- reclamaban la reelección de
Rosas con la suma del poder público. Tales reclamos tenían su origen, por lo general, en
el ya mencionado ritual que incluía la renuncia al cargo por parte de Rosas y su
posterior asunción en nombre del deber y de la razón pública.

Después de 1840, el régimen consolidó su maquinaria unanimista y plebiscitaria en


Buenos Aires, una maquinaria ya muy aceitada que parecía funcionar casi de manera
automática.

Los poderes excepcionales, la propaganda y el terror.

Terror: luego de la “Revolución de los restauradores” y la renuncia obligada de


Martínez y Balcarce, los leales a Rosas, al advertir la imposibilidad de recuperar el
poder perdido a través de las elecciones (ya que los cismáticos seguían teniendo
mayoría en la Legislatura), se lanzaron a implementar una nueva estrategia: amedrentar
a los opositores a través de acciones directas. Como su líder estaba aún en campaña
contra los indios, Encarnación Ezcurra se encargó de organizar a algunos fieles
seguidores en una suerte de club que adoptó el nombre de Sociedad Popular
Restauradora’ Formada en ese momento por un reducido grupo de fanáticos partidarios
de Rosas, cuyo componente popular la distinguía de los clubes o asociaciones creados
antes de esa fecha, se constituyó inmediatamente en instrumento de terrorismo político.
Sus miembros se dedicaron a dar muestras de apoyo al ex gobernador, gritando vivas
a Rosas en las calles, concurriendo a la Sala de Representantes para presionar a los
cismáticos, atacando las casas de los opositores y llegando incluso a apedrear o
balear a algunos de ellos. Desde las sombras, la Sociedad Popular intentaba revertir un
equilibrio político hasta ese momento favorable a los cismáticos, apelando a la amenaza
y la violencia física.

Control: Se apeló a diversos instrumentos de control –sobre la prensa periódica, el


derecho de reunión, las asociaciones y espacios públicos—, a la depuración de la
administración pública y a un aparato represivo cada vez más sofisticado.

Propaganda: Aun cuando era claro que no se toleraban disidencias en los periódicos, es
cierto también que todavía no se les exigía -como sí ocurrirá después de 1839-
reiteradas muestras de adhesión al régimen. Si en esos primeros años era posible leer
noticias políticas y comentarios en la prensa circulante, luego se asistirá a una monótona
y reiterativa propaganda oficial. Rosas contó para ello con un grupo de publicistas y
colaboradores encargados de editar los periódicos del régimen. Sin duda, el más
destacado fue el napolitano Pedro de Angelis, redactor de la Gaceta Mercantil, el
periódico oficial más importante de la época, y del Archivo Americano, publicación
trilingüe destinada a mostrar las bondades del régimen a los países y lectores
extranjeros. Además de este periodismo “culto”, Rosas buscó la colaboración de
periodistas “populares” para difundir consignas propagandísticas entre estos sectores.
En esas páginas se reproducían textos en prosa o en verso, escritos en un lenguaje
directo y fácil de recordar.

Terror: Sin duda, el sistema coercitivo más conocido de la experiencia rosista fue el que
encarnó la Sociedad Popular Restauradora, conformada en 1833, que tuvo como brazo
armado a la Mazorca. Si bien ambas organizaciones estaban en un principio unificadas,
luego de 1835 las distinguió el hecho de que la Mazorca, como ala ejecutora, era la
encargada de cometer asesinatos y torturas, y que casi todos sus miembros eran parte de
la policía. De esta manera, el aparato coercitivo del rosismo estuvo constituido, por un
lado, por la maquinaria legal que funcionaba a través de la policía -formada por un
cuerpo de comisarios con jurisdicción en la ciudad de Buenos Aires, mientras que en la
campaña dichas funciones recaían en los jueces de paz-y, por otro lado, por la Mazorca
que, como grupo parapolicial, operaba desde las sombras, de manera ilegal, y con un
vínculo con el gobernador que nunca llegó a dilucidarse por completo.
Terror en el provincia y en el interior: El mes de octubre de 1840 estuvo marcado por
los asesinatos, atentados, torturas y encarcelamientos de supuestos unitarios en la ciudad
de Buenos Aires. Aunque no se sabe a ciencia cierta cuál fue la cantidad dé muertes
producto de la acción directa de la Mazorca, el clima de terror que había creado no tenía
precedentes. La misma escena se repitió luego en el interior, cuando las fuerzas de
Oribe derrotaron a la Coalición del Norte, y en la misma Buenos Aires, en marzo de
1842, cuando llegó la noticia de que el general Paz, luego de huir de su arresto porteño,
había derrotado a Pascual Echagüe en Caaguazú en noviembre de 1841. La acción del
general Paz se encuadró en una alianza con el gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, y
con el de Santa Fe, Juan Pablo López, para exigir una vez más la organización
constitucional del país. El santafecino no demostró gran fidelidad hacia el gobernador
de Buenos Aires y fue vencido por los ejércitos de Oribe y Echagüe en abril de 1842.
Tales hechos desataron nuevas escenas de terror en Buenos Aires. En abril de 1842, la
Mazorca se adueñó de las calles: se repitieron los asesinatos, torturas y atentados. El
papel de Rosas en todos estos eventos es oscuro. Si bien no era ajeno a las matanzas,
tampoco es posible dilucidar si fue él en persona quien las ordenó y cuál fue su grado de
responsabilidad frente a sus fanáticos seguidores que, en algunos casos, actuaban con
cierta autonomía en su sed de venganza. Lo cierto es que este nuevo terror cerró una
etapa de la que el régimen salió consolidado. La unanimidad federal y la lealtad a Rosas
se extendió.

Poderes excepcionales: La Sala de Representantes había concedido poderes


extraordinarios a Rosas interpretando el “sentir de a opinión pública”. Por mecanismos
legales y con todo el ceremonial se había establecido un gobierno republicano de
excepción, un gobierno que, para garantizar la sustentabilidad del sistema
representativo/electoral, debió concentrar buena parte de las facultades de los otros
poderes y suspender ciertas libertades individuales.

Propaganda: Rosas tenía publicistas que apoyaban su gestión. Desde el Archivo


Americano y desde La Gaceta Mercantil, Pedro de Angelis defendió los aciertos del
gobierno y trató de contrarrestar la crítica de los opositores en el exilio. Desde un
costado más popular, periódicos como El restaurador de las Leyes o El torito de los
muchachos excitaban a la población a desenmascarar y denunciar a los unitarios.
También la presa rosista explotó el patriotismo de los sectores populares, estimulando la
reacción popular ante amenazas y humillaciones de países extranjeros a la
Confederación.

El discurso del rosismo y el discurso opositor.


El discurso opositor: El discurso opositor tuvo su origen en el exterior, en tanto que los
voceros de la oposición se encontraban exiliados en la república oriental y en Chile. Y
estaba constituido por los unitarios, los federales cismáticos y los jóvenes románticos.
Los ideales de estos jóvenes: la “nación” fue central para esa generación, puesto que
entre sus principales objetivos, y en sintonía con los movimientos románticos del Viejo
Mundo, estaba el de alcanzar un profundo conocimiento de la realidad local en todas sus
dimensiones para definir una identidad nacional, base de sustentación del estado y de un
país nuevo como el que se suponía debía emerger luego de la revolución. Sin embargo,
luego de 1842 los jóvenes románticos tuvieron que exiliarse. Estas contingencias los
llevaron a incorporar en sus ideologías aspectos propios de los países que los recibieron:
Estados unidos, Chile, Uruguay. También, los llevó a incorporar las más modernas
novedades literarias y filosóficas. Sin embargo, la erudición de estos intelectuales les
dejaba abierto el problema de que Rosas había impuesto un orden que, según podían
advertir sus enemigos, no se fundaba sólo en el terror —tal como denunciaban en todas
sus diatribas-, sino también en un consenso de difícil explicación.

Discurso Rosista: El federalismo era para los rosistas una adecuación de los principios
abstractos del republicanismo a la realidad política de la Argentina pos-independiente.
Sus creencias consistieron en: eran la defensa de la independencia nacional frente a las
amenazas de potencias extranjeras, la preservación de un orden político federal que
impidiese el desmembramiento de las Provincias Unidas en unidades auto-suficientes, el
restablecimiento del orden social a fin de proteger la propiedad privada y la seguridad
personal, y la adhesión a un principio de representación basado en la voluntad popular.
El discurso republicano del rosismo estuvo asentado sobre todo en cuatro componentes:
1. El ideal de un mundo rural estable y armónico, con fronteras claras a la
propiedad y con jerarquías socales bien delimitadas, una sociedad en que cada
uno tenía un rol social “natural”. Dentro de este orden republicano, el ideal de
virtud era aquel Gran Ciudadadno que , siendo meramente un labrador o un
pastor (un propietario rural), entregase su tiempo y esfuerzos a la construcción
del orden social y a la restauración de las instituciones republicanas, volviendo
después a su espacio natural, la vida en la campaña.
2. El segundo componente importante de este imaginario fue la imagen de una
república amenazada por una banda de conspiradores de clase alta. Los unitarios
–identificados en el discurso rosista con los intelectuales, los comerciantes, los
artistas, las personas de gustos refinados y dinero- aparecían como un grupo
irreformable de alienados mentales, perversos morales y herejes siempre
dispuestos a subvertir el orden institucional. Ellos constituían la principal
amenaza a la continuidad de la república.
3. La defensa del “Sistema Americano”. Para responder a las amenazas que se
cernían sobre la “causa federal” y sobre la integridad territorial y la soberanía de
los estados de la Confederación Argentina, se hizo uso de un imaginario
“Sistema Americano” enfrentado con las ambiciosas monarquías europeas.
4. Se refiere principalmente a esta adaptgación entre teoría y realidad políticas. El
orden republicano requería restaurar el orden social, calmar las pasiones de la
revolución, para poder funcionar. De nada servían las instituciones si los
ciudadanos no obedecían la ley.
En resumen: una sociedad agraria estable y armónica, un americanismo moderno y
pragmático engrentado a la tradicional y monárquica Europa, la amenaza
permanetne de conspiradores unitarios y una obsesión por el orden constituyerosn
las bases del discurso del republicanismo rosista.
La generación del 37: los proyectos de nación.

Rosas impuso la necesidad de autorización previa para realizar cualquier tipo de


reunión, y ya en 1837 denunció a los miembros del Salón Literario de Marcos Sastre
como enemigos de la Federación. En dicho Salón se reunían los jóvenes que
conformaron la generación romántica en el Río de la Plata -conocida como la
“Generación del 37”-, entre quienes se encontraban Esteban Echeverría, líder del
movimiento, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Félix Frías, José Mármol y
Vicente Fidel López. Este grupo, luego de 1839, se unificó con los unitarios exiliados y
cooperó activamente en las operaciones para derrocar a Rosas. Pero a partir de 1842
comenzaron a dispersarse hacia diferentes países: Chile, Estados Unidos y Uruguay.

Situaciones provinciales, relaciones interprovinciales y conflictos internacionales.

Situación en Litoral: Se produce en el ’38 el bloqueo del puerto porteño por parte de las
fuerzas navales francesas hasta el ’40. Si bien las razones del bloqueo derivaban de un
antiguo reclamo diplomático, se cruzaron entonces con asuntos de política interna en la
República Oriental del Uruguay y con la acción de los unitarios que se habían exiliado
allí. El conflicto diplomático respondía a una exigencia del gobierno francés, que desde
la década de 1820 pretendía recibir el trato de “nación más favorecida”, tal como lo
había obtenido Gran Bretaña en 1825. Ello implicaba gozar de ventajas comerciales y
de la exención de cualquier tipo de servicio de armas para los franceses radicados en
Buenos Aires, exención otorgada durante el gobierno de Lavalle, pero desconocida por
Rosas ya en su primer gobierno. Desde ese momento, Francia había presionado para
obtener una respuesta favorable a su reclamo, hasta que la muerte en una prisión porteña
del artista francés Cesar Bacle, a comienzos de 1838, desembocó en el endurecimiento
de las posiciones y en el bloqueo.
Este bloqueo también implicaba la respuesta de Rivera (presidente de la República
Oriental del Uruguay) a la intromisión de Rosas en la política de su país a favor de
Oribe con tal de contrarrestar el poder que iban adquiriendo los exiliados unitarios y
federales. Rivera pide apoyo a Francia y éste decide el bloqueo. Los unitarios creyeron
que ese sería el final del rosismo.
Esto trae muchas consecuencias negativas en la economía del régimen. Santa Fe y
Corrientes le reclaman a Rosas. Estanislao López (Sta. Fe) envía a Cullen a Bs. As.,
pero en medio él muere. Rosas intenta hacerse de la vacancia de liderazgo que López
dejó en Santa Fe, ejecuta a Cullen y logra imponer, por medio de Pascual Echagüe, al
hermano de López, Juan Pablo López.
El gobernador de Corrientes, Berón de Astrada, se une a Rivera y a Francia y decide
enfrentar a Rosas (principalemente, para poder resolver por vìa no diplòmaticas los
antiguos conflictos económicos con Bs. As: la libre navegación de los Ríos, el reparto
de los ingresos de la Aduana y la pronta resolución de una constitución. Sin embargo,
este muere en Pago Largo a manos de Echague.

Situación en la provincia:
 Juan Lavalle decide enfrentar a Rosas con el apoyo de Rivera y de Francia,
campaña que comienza en el 1839.
 “Conspiración de Maza”; El coronel Ramón Maza, hijo del presidente de la
Legislatura de Buenos Aires, era el cabecilla de este movimiento que, bajo la
forma de un alzamiento militar, pretendía derrocar al gobernador. La
conspiración estuvo lista para junio de 1839, pero una denuncia no sólo la llevó
al fracaso, sino que desató una reacción amplificada. Los cabecillas fueron
arrestados, Ramón Maza fusilado por orden de Rosas, y su padre, Manuel
Vicente Maza, asesinado por miembros de la Mazorca.
 Levantamiento de la campaña: Se produce en el sur de Buenos Aires,
corresponde a las zonas ganaderas y hacendados (antes alìados a Rosas). Lo que
pasa es que el bloqueo francés vino a arruinar sus expectativas de ganancias
basadas en la exportación. Pero estos se desencontraron con el movimiento que
venía con Lavalle y terminaron siendo sofocados y liquidados por Rosas.
 Coalición del Norte: en 1840 se forma una coalición que incluía a Salta,
Tucuman, La Rioja y Jujuy, liderada por Lamadrid y acompañada por los
emigrados federales y la expedición de Lavalle. Pretendían retirarle el manejo de
las relaciones exteriores y llevar su poder al resto de las provincias para poder
derrocar a Rosas. Esta coalición logró dominar gran parte de las provincias del
Interior exceptuando Cuyo, pero los ejércitos enviados desde Buenos Aires por
el general Oribe (que había sido desplazado de Uruguay) dieron por tierra a la
Coalición del Norte.
 Brasil, que apoya a la república oriental, (Rosas apoya a Oribe). La pretensión
de Brasil en su enfrentamiento con Rosas era mantener asegurada su provincia
más meridional, Río Grande do Sul, y lograr la libre navegación del río Paraná.
Rosas evaluaba esta pretensión como una muestra más de las apetencias de
imperio brasileño. En el 1851 se pronuncia abiertamente el conflicto
 Urquiza, como gobernador de Santa Fe, empieza a competir económicamente
con Rosas. Los estancieros entrerrianos, entre ellos el mismo Urquiza, se habían
vuelto unos de los principales proveedores de la banda oriental. En el 1851 se
pronuncia contra Rosas, le acepta la renuncia tanas veces escenificada, que
implicaba la renuncia al manejo de las relaciones exteriores

Conflictos internacionales:
 Bloqueo francés, 38-40: Francia reclama un trato igualitario con respecto a
Inglaterra, ya que ésta es considerada país privilegiado. Además Rosas había
quitado un derecho brindado por Rivadavia a los habitantes franceses en suelo
argentino: la obligatoriedad de participar en la guerra.
 Bloqueo anglo-francés: Inglaterra y Francia (países neutrales) deciden intervenir
el puerto porteño cuando Rosas bloquea, a su vez, el puerto de la República
Oriental del Uruguay, ya que de este modo complicaba las relaciones
comerciales internacionales de aquellos países neutrales. Ambos países
exigieron a Rosas que retirara su escuadra de la república oriental, ante la
negación, la flota inglesa bloqueo el puerto de Buenos Aires desde el ’45 hasta l
’48.

El régimen rosista visto desde los sectores populares.

En lo que respecta a la experiencia de la vida cotidiana de los sectores populares durante


el rosismo, es importante resaltar que durante todo el periodo rosista, para poder
mantener y asegurar la “tranquilidad de sus habitantes, además de mantener su propio
poder frente a otros líderes regionales o frente a la amenaza de unitarios y de otras
naciones”, se vivió un fuerte proceso de militarización. Además, la frecuencia de los
enfrentamientos, la diversidad de frentes de batalla y las continuas e importantes
deserciones hicieron que los ejércitos federales estuvieran constantemente reclutando, lo
que ponía en grave peligro a la continuidad de la producción masculina pero a la vez
generaba un aumento del salario. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el cargo y
la tarea que se le asignaba a cada soldado en el ejercito, tenía mucho que ver con la edad
que poseía el milico y la ocupación que ejercía como ciudadano. Las milicias eran la
base sobre la que se distribuían los derechos y obligaciones de los ciudadanos. Todo
habitante rural hombre residente de una población debía registrarse en las milicias, ya
fuera en forma activa o pasiva. De estos, los pequeños propietarios, criadores y
labradores, si bien eran enrolados, no pasaban a proveer el grueso de los combatientes al
ejército federal, sino que eran los soldados regulares o de línea (jornaleros itinerantes de
la campaña, peones, etc.). Tres formas de ingresar al ejército:
1. Los destinados: condenados por algún delito real o ficticio.
2. Los “levados” o reclutados a la fuerza.
3. Los “enganchados”, quienes ingresaban voluntariamente al servicio mediante un
delante de dinero y la promesa de un puesto pago.

Protagonismo de los sectores populares: (pp. 355-360) HAI-039

Cuestiones prácticas políticas típicas del siglo XIX (no es tema):


 Las posiciones doctrinarias no entendían de fronteras.
 Los enfrentamientos entre enemigos se llevaban a un terreno en el que siempre
“el otro” era el originario de todos los males y uno el origen del bien.
 Es una política de lucha armada: lo que no se podía resolver por vías
institucionales se solucionaba con las armas.
 La emigración fue común en cuanto a disputas políticas

Nuevas prácticas de disciplinamiento y consenso social.

La expansión ganadera.

La expansión ganadera tuvo lugar pricipalemente en la campaña de Buenos Aires


durante todo el régimen rosista (35-52) debido a que, a causa de las guerras civiles
sucedidas luego de la revolución, las provincias del Litoral destinadas a lograr grandes
ingresos ganaderos que podrían haber competido con Buenos Aires, se vieron
grandemente afectadas: Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental.

Avances de la economía porteña, reconstrucción económica del Interior y ascenso


del Litoral.

El comercio y el problema de la navegación de los ríos.

Bloqueo francés y anglo-frances: Uno de los problemas ocurridos con respecto a la libre
navegación de los ríos ocurre cuando el bloqueo francés entre 1838-40; esto implicó un
grave perjurio a la economía no sólo porteño sino también el litoral, motivo por el cual
Corrientes y Santa Fe reclamaron en clave bélica a Rosas que solucione el conflicto,
reavivando así viejas discusiones (’29-’30) de economía.

La formación y consolidación de las burguesías regionales.

El despegue entrerriano, la formación de una alianza antiporteña y la caída Rosas.

Urquiza, cuando asumió el cargo de gobernador de Entre Ríos en el 1841, se mantuvo


fiel a Rosas. Pero durante los años que siguieron, mientras Buenos Aires crecía
tremendamente con su expansión ganadera (gracias a que las demás provincias que
podían hacerle competencia sufrieron graves daños a causa de las guerras), Entre Ríos
lograba recuperarse económicamente. Tal recuperación actualizó las viejas disputas
entre la ex capital y el litoral (en el ’31 entre Ferré y Roxas y Patrón). El monopolio
ejercido por la primera respecto al comercio ultramarino, la Aduana y la libre
navegación de los ríos se convirtió, finalmente, en una de las causas detonantes del
conflicto que derrocó a Rosas.
Los estancieros de Entre Ríos, gracias al bloqueo anglo-francés, pudieron llegar a ser
uno de los principales proovedores de Montevideo.
El 1 de mayo de 1851, Urquiza realiza su pronunciamiento. Con él, Urquiza aceptó
literalmente el ritual de renuncia que tantas veces había escenificado Rosas (en el que
declinaba la representación de las relaciones exteriores de toda la Confederación).
Aunque las demás provincias (exceptuando Corrientes) no se unieron a Urquiza, sí lo
hicieron el Brasil y Uruguay, formando una alianza que daría fin al periodo rosista en la
Batalla de Caseros en 1852.

UNIDAD IV

Los problemas que plantea la unidad política.

El fin del orden rosista abría una nueva etapa. Todo indicaba que, con la desaparición de
quien había obstaculizado la organización constitucional definitiva del país, el camino
hacia su institucionalizado quedaba allanado. Sin embargo, éste demostró ser más
sinuoso de lo que predecían las versiones más optimistas. Las dificultades no derivaron
sólo de los enconos y resentimientos, legado de tantos años de enfrentamientos
facciosos y guerras civiles, sino de problemas que, con la caída de Rosas, no habían
quedado resueltos. Entre ellos, la difícil relación de Buenos Aires con el resto de las
provincias seguía vigente. Los debates abiertos en torno a la organización nacional, aun
cuando plantearon nuevos desafíos, no pudieron soslayar el dilema ya configurando con
la revolución: definir la distribución del poder entre territorios ahora dispuestos a formar
un estado y una nación argentina.
Una de las primeras tareas de Urquiza luego de la caída de Rosas es la recomponer el
orden a nivel nacional. Sólo tenía el apoyo de Corrientes y Entre Ríos, el resto de las
provincias habían rechazado su pronunciamiento y se mantenían fieles a Rosas. Sin
embargo, Bernardo de Irigoyen fue comisionado para reclutar adhesiones a las
provincias; tan exitosa fue su misión que no fue necesario mayores cambios en los
elencos de gobernantes, además, se le brindó al igual que a Rosas el manejo de las
relaciones exteriores.
Para esto, a diferencia de Rosas, Urquiza lo primero que hace es llamar a un Congreso
con la finalidad de dictar una constitución donde se arregle la administración general del
país bajo un sistema federal.
Antes, sin embargo, decide llamar a una Convención Nacional en San Nicolás, en donde
se llega a un acuerdo unánime (del que no participó, sino sólo más tarde, Córdoba, Jujuy
y Salta) de designar a Urquiza como director provisional de la Confederación Argentina
y de convocar a un Congreso Constituyente (en el que participarían todas las provincias
mediante sus dos diputados elegidos libremente). A este acuerdo suscribirían todas las
provincias, menos Buenos Aires que luego se separaría. Antes de realizarse el Congreso
Constituyente, se separa de la confederación y desconoce los poderes otorgados a
Urquiza en el Acuerdo de San Nicolás.

El proyecto urquicista.

El proyecto de Urquiza era el de una “organización nacional” sin hegemonía porteña.


Para esto, Urquiza tenía claro que era necesario reunirse en Congreso para dictar una
Constitución Nacional. La Constitución diseñó las bases de un modelo que el director
provisorio se propuso materializar a partir mismo de su aprobación y sanción en el
1853. Sus principales directrices de acción durante la primera década fueron:
1. los esfuerzos por dar forma a un gobierno nacional con soberanía efectiva, por
un lado,
2. y la búsqueda de un ordenamiento político articulado en torno a un centro.
Una vez sancionada la constitución, Urquiza tomo el mando efectivo de la
Confederación: 1) llamó a elecciones nacionales para elegir al presidente y al
vicepresidente; 2) creó un Consejo de tres Ministros, buscando darle amplitud a su
liderazgo y contenido concreto a su política de “fusión” (lo mismo que realizó con su
gabinete después de asumir como presidente el ’54); 3) dejó Paraná y se dirigió a San
José, donde atendería a la vez a los asuntos públicos y los negocios privados.
3. Urquiza buscó medios para financiar los gastos del nuevo Estado; mediante la
obtención de ingresos reales (aduanas propias de la Confederación) y
empréstitos o créditos.
4. En su búsqueda de una soberanía estatal nacional y dar forma al estado:
a. Creó un sistema nacional de postas, mensajería y correos.
b. Nacionalizó la Universidad de Córdoba.
c. Fundó el Museo de Ciencias Naturales.
d. Diseño de una política de fomento a la inmigración
5. Buscó organizar el Ejército Nacional (a través de cinco comandancias militares
sujetas a la obediencia al gobierno, porque estamos en un periodo donde se
produce la nacionalización de las fuerzas; se busca evitar que las provincias
hagan un uso autónomo de las fuerzas proviniciales, conocidas como Guardias
Nacionales) El gobierno nacional concentra a partir de ese momento lo que se
conoce como el monopolio de la violencia legítima
6. Envió comisionados a las provincias para desactivar los conflictos.
Las bases del proyecto político vivido en la Confederación (1852-1862) tienen sus bases
jurídicas en la Constitución nacional de 1853. Sin embargo, como resalta Laura Lanteri,
es importante señalar que en la conformación de este estado nacional influyeron no sólo
la participación activa de Urquiza sino también toda una serie de personajes e
identidades.
Es posible advertir que el gobierno central de la Confederación Argentina (’53-61)
avanzó considerablemente en cuatro o cinco direcciones que conducían a la
construcción de un estado centralizado:
1. así se fue conformando un sistema de comunicación a nivel nacional a través de
la constitución de una red de mensajería y correos.
2. Se fue organizando una Justicia Federal.
3. Se realizaron esfuerzos significativos en el proceso de organización de un
Ejército (se previó la creación de un Ejército regular o “de línea” bajo el control
directo del gobierno nacional y por otro de la llamada Guardia Nacional cuyos
jefes y bases de reclutamiento dependía de los gobiernos provinciales. En 1854
se creo la inspección General del Ejército y Guardias Nacionales.)
4. y un sistema de Hacienda Nacional.

El Acuerdo de San Nicolás.

A dos días de firmarse el Protocolo de Palermo, Urquiza (Entre Ríos) se consideró


autorizado para convocar a los gobernadores para concurrir a una “Convención
Nacional” a realizarse en San Nicolás de los Arroyos. Todas las provincias, salvo Salta,
Jujuy y Córdoba se hicieron presentes. Tras la exposición de varios proyectos,
finalmente se llegó a un acuerdo por unanimidad. En él se proponía:
1. Convocar a un Congreso Constituyente.
2. La designación de un gobierno provisional hasta la sanción de la Constitución.
3. También se estableció la vigencia del Pacto Federal como “ley fundamental de
la república”,
4. Y se crearon artículos con instrucciones para el congreso y para el gobierno
provisorio:
a. El Congreso se asentaría en Santa Fe y cada provincia debía elegir
libremente a sus dos diputados.
b. En cuando al gobierno, se designó a Urquiza como director provisorio de
la Confederación argentina (encargado de relaciones exteriores, del
mantenimiento de la paz interior, se le otorgó el mando efectivo de las
fuerzas armadas de todas las provincias y de reglamentar la navegación
de los ríos).
A este acuerdo pronto adhirieron las provincias que no habían participado, pero
Buenos Aires tomaría otro rumbo.

La Constitución de 1853.

El Congreso: fue inaugurado el 20 de noviembre de 1852. Un mes más tarde quedó


constituida la comisión de negocios constitucionales –de cinco miembros, luego
ampliados-, encargada de presentar el proyecto para representar al resto. De ahí en más
el trabajo quedó en manos de ese grupo, en el seno del cual se produjeron debates que
luego tendrían algún eco en las sesiones generales.

En 1852, Juan Bautista Alberdi, uno de los más conspicuos representantes de la


Generación del 37, publicó en Valparaíso “Bases y puntos de partida para la
organización política de la República Argentina” (que tuvo mucha inspiración en la
organización republicana con principios liberales de la Constitución de Estados
Unidos). En esta obra, inspiradora de la Constitución sancionada en 1853, afirmaba que
ya no había lugar para una discusión sobre la forma de gobierno, puesto que el
republicanismo se había impuesto en los hechos, y presentaba la disyuntiva entre
“federación” y régimen de “unidad” como una herencia del pasado que era preciso
conciliar a través de mecanismos de ingeniería constitucional. En el plano del régimen
político y su distribución territorial, Alberdi postulaba que “la federación no será una
simple alianza entre provincias independientes”, sino que “la República Argentina será
y no podrá ser menos de un estado federativo, una república nacional, compuesta de
varias provincias, a la vez independientes y subordinadas al gobierno general creado por
ellas”.
Si bien la indeterminación de los términos "federación”, “confederación” y “sistema
federal” parecía conservar aún cierta vigencia –puesto que tanto ei proyecto de
constitución presentado por Alberdi en 1852 como la Constitución sancionada en 1853
mantuvieron el nombre de Confederación Argentina utilizado durante el régimen
rosista-, no cabía duda de que, en ambos casos, se imponía un régimen federal de
gobierno, a semejanza del modelo de la Constitución Federal de los Estados Unidos de
1787. El margen de autonomía de las provincias quedaba atenuado por una serie de
atribuciones delegadas al gobierno central mientras que el fuerte presidencialismo era
controlado en un aspecto fundamental: la Constitución de 1853, en su artículo 29,
prohibió la delegación de facultades extraordinarias y la suma del poder público, tanto
por parte del Congreso al ejecutivo nacional como de las legislaturas provinciales a los
gobernadores.

La Constitución fue promulgada el 25 de mayo de 1853 y su jura se dispuso para el 9 de


julio. Ella duró cien años, pero su instrumentación efectiva de la república allí definida
fue causa de numerosos conflictos que experimentó la argentina en décadas siguientes.
La Constitución estableció:
 Una república federal, que creaba un poder nacional a la vez que fijaba que las
provincias conservarían todo el poder no delegado al gobierno federal.
 La república como representativa (dando por tierra el ejercicio directo de la
soberanía del pueblo).
 Los derechos y libertades civiles, personales y de propiedad, estableció el
principio de igualdad ante la ley de todos los habitantes y fijó garantías
referentes a la seguridad de las personas.
 El grueso del documento estuvo dedicado a la estructura institucional del
gobierno, presidida por dos principios fundamentales: 1) la estricta división de
poderes y 2) el carácter representativo de todo el sistema:
o Un legislativo bicameral: cámara de “diputados de la Nación” (elegidos
por el voto directo de los ciudadanos) y otra cámara de “senadores de las
provincias” (elegidos por las respectivas legislaturas provinciales).
o Un ejecutivo relativamente fuerte, sin reelección de su titular (el
presidente) ni facultades extraordinarias.
o Un poder judicial encabezado por una Corte Suprema e integrado por
tribunales con distintas jurisdicciones (sus integrantes serían elegidos
por el presidente con acuerdo del Senado)
o Novedad extraída de la Constitución de Estados Unidos. El pueblo
seguía sin elegir directamente a sus presidentes; y debía optar por
“electores”, quienes conformaban el Colegio Electoral que elegiría al
primer mandatario.
o Las provincias debían dictar sus propias Constituciones provinciales
siguiendo los preceptos de la nacional.
o En el artículo 21 se establece: “la obligación ciudadana de recurrir a las
armas no sólo en defensa de la patria sino también de esta
Constitución”.

La Secesión de Buenos Aires.

Luego del acuerdo unánime de San Nicolas, Buenos Aires emprenderá un camino
insospechado hasta ese momento. Ese camino está compuesto por cuatro momentos
clave:
1. Los debates de junio de 1852: mientras Buenos Aires viajaba a la Convención,
se iniciaron los debates por los posibles resultados. Luego de conocerse el
acuerdo, los opositores a Urquiza (que eran llamados “unitarios”) pusieron en
disputa los temas de 1) las potestades que había recibido el gobierno provisorio
de Urquiza; 2) que todas las provincias tuvieran el mismo número de diputados;
El debate legislativo comenzó el 21 de junio con una sala colmada: los
defensores del Acuerdo fueron Vicente Fidel López (hijo de Estanislao López) y
María Gutiérrez; por su parte, el excelente orador Mitre despertó el entusiasmo
de “la barra” (donde se encontraba el pueblo) y la calle. A esto siguió la renuncia
del gobernador y la designación de un miembro opositor a Urquiza. Éste
disolvió la Legislatura, repuso al gobernador y expulsó de la provincia a varios,
todo con la fuerza militar.
2. La revolución del 11 de septiembre de 1852: cuando el director supremo
(Urquiza) viajó a Santa Fe para inaugurar el Congreso, un grupo opositor
organizado militarmente tomó la plaza central, tomó la ciudad y el gobernador
(José María Gutierrez) se vio obligado a huir. Los legisladores se reunieron y
nombraron a las nuevas autoridades.
3. El sitio de Buenos Aires: Las fuerzas que se oponían al Acuerdo de San Nicolás
y que organizaron la “revolución” del 11 de septiembre, controlaron
militarmente la ciudad. Realizaron una reunión en donde se eligieron a los
nuevos dirigentes. Así, desde ese momento, Buenos Aires se separó del resto de
la confederación: le quitaron a Urquiza el manejo de las relaciones exteriores, no
asistieron a la Convención Constituyente a realizarse en Santa Fe y envió a José
María Paz a las provincias para levantarlas contra el proyecto urquicista.
4. El triunfo de las fuerzas porteñistas: Luego de varios meses de negociaciones
infructuosas y de sobrevivencia de los porteños sitiados al mando de Alsina, la
interrupción de fuerzas extranjeras y la mendacidad de muchos “opositores” de
Alsina, dispuestos a aceptar los sobornos de éste, permitieron que se firmara un
armisticio que decretó la paz entre ambas partes: Lagos debía entregar las armas,
Urquiza debía retirarse de la provincia.
La secesión duraría diez años, durante los cuales de hecho coexistirían dos estados
republicanos: Buenos Aires y la Confederación

La convivencia de la Confederación Argentina (13 prov.) y el Estado de Buenos


Aires.

La Confederación:
1. Fondos extraídos de las aduanas: Con la secesión de Buenos Aires, la
Confederación perdió los fondos que desde allí se recaudaban, por lo cual
Urquiza se vio obligado a realizar la apertura de los ríos a la libre navegación
por parte de los buques de otras nacionalidades, aunque ni aun así logró los
niveles de ingresos de la aduana porteña. Por consecuencia, el gobierno de
Paraná sufrió desde entonces una crónica escases de fondos. Además, la
intención de Urquiza de crear un banco para poder sostener los gastos que
necesitaría para poder realizar sus proyectos, se vio frustrada por la desconfianza
de la gente con el uso de billetes (papel) de valor nominal que se quiso imponer
(acostumbrada al uso de metálicos: onzas de oro, monedas de plata y cobre). La
Confederación quedó “sin banco, sin moneda nacional y sin ningún recurso para
sostener su gobierno”. A partir de entonces Urquiza intentó diversas soluciones
estratégicas parciales:
1. Búsqueda de fuentes de ingresos reales: consistente en las aduanas; se
intentó gravar con creces la importación y exportación de la aduana de
Buenos Aires para así favorecer las aduanas propias.
2. La financiación del déficit fiscal a través de empréstitos y créditos: la
administración debió recurrir a créditos caros que le proponían capitalistas y
banqueros dispuestos arriesgarse a cambio de los intereses; así que esta fue
una salida muy dificultosa, pero salida al fin.
2. Relaciones exteriores: la imagen de la Confederación a nivel internacional se vio
gravemente afectada debido a la secesión de Buenos Aires. Para contrarrestar
esto, Juan Bautista Alberdi fue enviado a Europa, logrando resultados parciales
favorables en España, Francia e Inglaterra, aunque éstos tampoco cortaron
relaciones con la rica provincia.
3. Relaciones interprovinciales: Urquiza tuvo muchos problemas para poder
organizar un orden nacional dentro de la Confederación. Éstos se debieron
principalmente a que no contaba con la organización completa de un ejército
nacional, lo que permitía el surgimiento de conflictos a pequeña escala
originados por sectores opositores. A su vez, su idea de la conformación de un
partido único en el que se pudieran “fusionar” los distintos partidos llegando a
acuerdos que cumplieran las diferentes necesidades, fue un sueño casi utópico
que nunca se llegó a llevar a cabo, de hecho apenas constituida la Confederación
aparecieron disidencias internas (se conforma, por ejemplo dentro del
federalismo, un grupo de antirrosistas que se denominaba “liberales”). Otro
motivo por el cual Urquiza no pudo paliar los conflictos internos fue la carencia
de una fuente de ingresos constantes que le permitiera “negociar”
estratégicamente con las diferentes provincias (como sí tenía Buenos Aires
gracias a su puerto y aduana). La relación interprovincial de la Confederación
estuvo marcada por una segmentación regional en varias áreas que, a su vez,
reconocían superposiciones: 1) el Noroeste (NOA) que incluía Tucumán,
Santiago del Estero, Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca; 2) Cuyo, con San Juan
y Mendoza, San Luis y algunas relaciones con Catamarca y La Rioja; 3) el
Litoral, con Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe y, por último, 4) Córdoba,
conectada con todas las demás pero relativamente autónoma.
En suma, el intento de conformar un orden político nacional que respetara ciertas
reglas y donde hubiera una subordinación de los poderes locales al poder central
dieron magros resultados.

Buenos Aires:
1. Búsqueda de diferenciación y conflicto con la Confederación: el que orquestó el
simbolismo y la terminología de este periodo en Buenos Aires fue, en gran parte,
Bartolomé Mitre. Intentó por sobre todo diferenciar la “libertad de todos y por
todos” del que gozarían en la provincia de la pasada “tiranía” y “despotismo”
rosista, del que también se hacía partícipe a la figura de Urquiza, en tanto
disponía de las fuerzas de la Confederación que podían en cualquier momento
invadirlos. Mitre quería convertir el “principio salvador” (de todos y por todos)
en un movimiento colectivo, para ello fue necesario “crear” un pasado, en donde
se resaltó el papel de Buenos Aires en los procesos revolucionarios de 1806-07,
1810, pasando por el estadio de los unitarios, hasta la resistencia contra Rosas.
En este proyecto de unidad nacional se postulaba como única causa legítima al
“progreso” y la “civilización”, que desde Buenos Aires debía proyectarse al
resto de las provincias. En este horizonte, los liberales porteños se reservaban el
liderazgo.
Su Constitución (1854) tuvo bases que no se diferenciaron de las nacionales.
No existía un mecanismo formal de definición de candidaturas. Se buscaba
ocupar cargos en la Legislatura, ya que estos elegían al gobernador). Para esto
más bien se utilizaban las fuerzas coactivas provenientes de las milicias
reclutadas en la provincia, Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina, que necesitaron
construir bases propias para competir con el poder, fueron comandantes de la
Guardia Nacional.
2. Economía: El gobierno se apoyaba en una situación financiera relativamente
sólida y una economía que empezaba a crecer: comenzó una de las
transformaciones productivas más importante de la historia argentina, con el
ciclo ovino (demanda mundial de lana; uno de los principales exportadores). Su
única dificultad por el momento era de una infraestructura que resultaba
insuficiente. Poseía un Banco y una Casa de la Moneda (creada en el ’54) que
fue fundamental para el financiamiento del crédito estatal y privado; su papel
moneda contó con la confianza necesaria.

Relación entre ambos Estados:

Hubo intentos de conciliación: los tratados de diciembre del ’54 y enero del ’55 que
establecieron:
1. el armisticio basado en el reconocimiento del statu quo,
2. la declaración de la buena voluntad para defender a la nación de la amenaza
externa,
3. y la institución de ciertas facilidades para el comercio y las comunicaciones.

Enfrentamientos previos tuvieron cuatro mecanismos:


1. Negociaciones a través de los representantes de los gobiernos (diplomáticos).
2. La presión indirecta por medio de disposiciones y acciones que afectaban a la
otra parte.
3. El apoyo activo a grupos políticos contrarios al gobierno respectivo (en ambos
estados existían enemigos de la vecina, cada una de las cuales buscaba favorecer
al partido opositor).
4. El enfrentamiento militar.
Comienzo de los conflictos:
 Las elecciones del ’58 en Buenos Aires: ganan los liberales pero Nazario
Benavidez (representante de los federales, urquicista, opositor del Partido de los
Libres) es acusado de complotar contra el gobierno provincial, es detenido y
encarcelado. Del Carril (vicepresidente de la Confederación) envía interventores,
pero antes de llegar Benavidez fue asesinado. Urquiza designó a Derqui a la
comisión interventora… [acá no entiendo nada].

Cepeda y Pavón.

Cepeda: La guerra fue declarada de hecho; Rosario se hizo cargo del control militar de
la Confederación y Mitre fue designado comandante del ejército. El 23 de octubre se
enfrentaron 8.000 hombres de Buenos Aires contra 10.000 de la Confederación. Junto a
la cañada de Cepeda las fuerzas urquicistas ganaron (con una baja de 300 hombres),
ocupando luego parte del territorio porteño, y Buenos Aires se retiró hacia su provincia
(con 500 bajas y 2.000 prisioneros). El 2 de noviembre, Urquiza realiza un proclama en
la que nombra a Buenos Aires pueblo vecino y amigo y lo llama a conformar una
unidad nacional; comienzan las negociaciones en las que interviene el paraguayo
Francisco Solano López. El 11 del mismo mes se firma el pacto que:
1) declara a Buenos Aires parte integrante de la Confederación. Pero se debería
reunir una convención para revisar la Constitución nacional, que propuso un
conjunto de reformas acordes con la voluntad porteña de proteger la
autonomía provincial, entre otras.
2) Buenos Aires mantendría todas sus propiedades y establecimientos públicos,
menos la Aduana (a control federal).
3) Se fijaban cláusulas contra la persecución y se fijaba un plazo de quince días
para que las fuerzas federales abandonaran la provincia.
Las elecciones se realizaron unos días después; el Congreso nacional consagró la
fórmula Santiago Derqui—Juan Pedernera, pero era claro que la fusión impulsada por
Urquiza había fracasado y que las desavenencias en su propio campo habrían de
continuar.

Pavón: La batalla de Pavón tiene su gestación en dos sucesos del 1860:


1. Uno de carácter político, ocurrido a raíz de una sublevación liberal en la
provincia de San Juan que lleva a Derqui a intervenir y a ejecutar a Antonio
Aberanstein (liberal designado gobernador luego de la sublevación), lo cual
lleva a Buenos Aires a cortar los lazos con Derqui.
2. Otro de carácter institucional, referido a la exigencia de Buenos Aires de dos
años de residencia para poder ser candidato a un cargo representativo; sumado al
hecho de que las elecciones en esa provincia se habían realizado de acuerdo a
procedimientos no avalados por la constitución nacional sino provincial. Todo
esto llevó a generar un nuevo conflicto con Urquiza.
A principios de junio Buenos Aires empieza a emitir más papel moneda para poder
solventar los gastos de la movilización militar a la vez que suspende el pago de la
pensión que había acordado con el gobierno de Paraná (en la reforma de la
Constitución). Por su parte, se encomendó a Urquiza el mando del ejército del Litoral.
El 17 de septiembre en Pavón se enfrentan 15 mil hombres de Mitre contra 17 mil
hombres de Urquiza. Mitre vence. Luego de lo cual con su ejército realizan
intervenciones en Santa Fe, Rosario, Córdoba, Corrientes y Santiago del Estero,
favoreciendo a sus aliados políticos. Sin embargo lo cual, Mitre mantuvo una
comunicación bastante fluida con Urquiza para tratar de acordar los términos que
pondrían fin a la nueva guerra que se había iniciado. Pero ante el cúmulo de dificultades
que se presentaban, el presidente de la Confederación, Santiago Derqui, abandona su
cargo y se retira hacia Montevideo, a la vez que delega el mando en su vicepresidente:
Pedernera. Éste, ante el avance de las fuerzas liberales hacía las provincias, decide
disolver el gobierno nacional. Urquiza conservó su poder en Entre Ríos y Buenos Aires
se convirtió en el eje del nuevo poder. Las provincias, una a una, le fueron otorgando el
poder para que convocara a un nuevo Congreso y para que reconstruyera el gobierno
federal.

Las provincias después de Pavón.

Corrientes: en el ‘61una alianza de liberales de la ciudad, de filiación mitrista, liderados


por el urquicista Nicanor Cáceres, terminó con el poder del gobernador Rolón (también
federal) sin necesidad el ejército de Mitre.

Santa Fe: cayó después de la ultimación del ejército de la Confederación por parte del
ejército porteño, éstas avanzaron sobre la ciudad y provocaron la huida del gobernador
Pascual Rozas. Luego de un interino, se designó al liberal Patricio Cullen a cargo del
ejecutivo provincial.

Córdoba: otra revolución liberal desplazó al gobernador impuesto por el presidente


Derqui. Con la llegada del ejército porteño que venía de Santa Fe, se designo como
gobernante a Justiniano Posse.

Cuyo: junto con Sarmiento, allí no se encontró resistencia.

San Luis: el gobernador Rodriguez dejó la ciudad y la Legislatura nombró a su


reemplazo, Justo Darac, primero, y luego a Juan Barbeito, ambos liberales.

Mendoza: Laureano Nazar huyó a Chile, dejando un reemplazante que fue desconocido
por los liberales; Sarmiento incidió para que se llamara gobernador a Luis Molina.

San Juan: su gobernador también huye dejando a un reemplazo que también es


desconocido por los liberales; aquí es Sarmiento designado interinamente a cargo del
ejecutivo provincial y luego fue confirmado por la legislatura.

Noroeste: si bien la situación fue un poco más complicada, los liberales terminaron
controlando las provincias.

La Rioja: aquí los federales contaban con una de sus figuras fuertes, Ángel Vicente
“Chacho” Peñaloza, dirigente que gozaba de gran apoyo popular en la zona de “los
llanos” y comandaba a las “montoneras” que reunía civiles armados para combatir. Con
estas fuerzas, los federales al mando de “Chacho” Peñaloza sufrieron reveses y victorias
contra el ejército porteño durante largo tiempo, sin terminar de ser derrotado ninguno.
En el ’62 La Rioja firma la Paz de la Banderita con Buenos Aires en donde acepta
subordinarse a las nuevas autoridades nacionales y éstas le encomendaban la tarea de
pacificar La Rioja.
La nacionalización del ideario liberal.

En la liga de los líderes federales no sólo afloraron diferenciaciones internas a partir de


1853, sino que además surgieron grupos identificados como “liberales”, que reclamaban
un artirrosismo auténtico y se presentaban como la nueva encarnación del nuevo orden.
Proclamaban como su principio y doctrina la “libertad”. Crearon el Partido de la
Libertad que se propuso encarnar la voluntad del pueblo de Buenos Aires y llevar
adelante su programa de “progreso” y “civilización” en toda la república. Luego de la
Batalla de Pavón y de la renuncia de Derqui, junto con la disolución del gobierno
nacional por parte de Pedernera, los liberales pudieron (mediante el recurso del ahora
único ejército nacional) colocar a sus adeptos en los gobiernos de todas las provincias a
excepción de Entre Ríos, donde todavía conservaba su poder Justo José de Urquiza. A
partir de ese momento, la idea de expandir su principio a toda la república empezó a
mostrarse como posible.

Organización nacional después de Pavón (no es tema)

 El Congreso sancionó como Código de Comercio de la nación el que regía para


Buenos Aires, redactada diez años antes.
 A Velez Sarsfield se le encomendó la preparación de un proyecto de Código
Civil.
 Y aCarlos Tejedor el de un Código Penal (ambos sancionados luego)
 Para el ordenamiento fiscal se propuso controlar a las demás aduanas del país;
una nueva legislación sobre tarifas aduaneras dispuso bajar un poco las tazas
vigentes (entre el ’63 y el ’68 se duplican las rentas nacionales).
 Subsidios a las provincias: las provincias recibían subsidios regulares y auxilios
extraordinarios, aunque la mayoría de ellas siguieron sufriendo estrechez
financieras.
 Regularización en materia monetaria: Argentina no tenía una moneda única, sólo
Buenos Aires se había acostumbrado al uso de papel moneda (sumado a
metálicos para ciertas transacciones). Se decidió nacionalizar el Banco de la
Provincia de Buenos Aires, pero recibió mucha resistencia. Entonces, la
administración creó una unidad de cuenta (el peso fuerte) con un valor
determinado en relación con el oro.
 Comunicación: Mitre creó mecanismos burocráticos y contrató técnicos para
impulsar y supervisar la mejora de obras y servicios de comunicación, cuya
ejecución se adjudicó –por contrato directo o por licitación-- a empresarios
privados. El cambio fundamental aquí lo realizó el ferrocarril; al cual sumaron
su apoyo los comerciantes de tierras, productores y comerciantes, ya que
favorecería a sus industrias.
 El crecimiento económico de estos años tenía como principal motor, claramente,
a la producción y exportación de derivados de la ganadería, sobre todo de lana,
que Argentina enviaba a Europa y a los Estados Unidos. El mercado
agropecuario era considerado la base fundamental para que la Argentina se
insertara en el mercado internacional como exportadora de bienes primarios e
importadora de capitales, mano de obra y manufacturas.
 Orden: En la confederación el Ejército Nacional estaba compuesto por el
Ejército de Línea (de índole profesional) y la Guardia Nacional (cuerpo de
reserva de carácter miliciano, con bases en las provincias) y, mientras tanto,
Buenos Aires tenía su propia guardia. Con esas fuerzas Mitre doblegó las
resistencias en el interior luego de Pavón y creo, en el ’64, un ejército
profesional permanente (de línea) de 6000 hombre. La nueva autoridad nacional,
entonces, contaba con este Ejército de línea y con las Guardias Nacionales de
cada provincia que apoyaban a los liberales.

“Progreso”: vinculado a la prosperidad del país mediante el progreso de la ilustración, el


fomento de la instrucción, la industria y los ferrocarriles.

El estado nacional como construcción de las élites provinciales.

La consolidación del estado (en tanto fortalecimiento de una autoridad central


capaz de mantener el orden político y de integrar en él a la población del país) dependía
principalmente de la relación entre el ejecutivo y las oligarquías provinciales
[Oligarquía: clases propietarias de intereses locales diversificados que monopolizaban el
poder político en las provincias]. El gobierno debía imponerse sobre ellas si quería
mantener el orden político y la legitimidad del mismo (ya que ellas controlaban las
elecciones). Como el uso de la fuerza militar para mantener el poder del gobierno
empezó a ser a partir del ’80 cada vez menos legítimo, lo que sucedía era que el poder
central favorecía a los sectores de la oligarquía con los que tenía intereses comunes
(para legitimarse) y éstos, a su vez, podían gracias a ese apoyo imponerse sobre los
otros sectores opositores y sobre la población en general.
El control oligárquico en las provincias, tanto en el interior como en el Litoral, se
afianzó con la consolidación de la autoridad del gobierno nacional, que entró en una
nueva etapa en 1880. Aunque era un régimen presidencialista y centralizado de
gobierno, el sistema de elecciones indirectas, la no reelección presidencial y la
existencia de un congreso con un Senado fuerte donde la representación provincial era
independiente de la población de cada una, daban lugar a un sistema de alianzas entre
sectores de las oligarquías provinciales.
El poder presidencial era grande, pero debía moderarse por las opiniones de los
notables locales, entre quienes los representantes del Senado nacional servían de
intermediarios con el presidente. El fraude y la baja participación electoral aumentaban
el peso político de las oligarquías provinciales.
De este modo, las oligarquías provinciales tuvieron un régimen. Éste surgió como
tal sólo con el fin de las luchas civiles y el régimen de caudillos en los años 70. La
transición, naturalmente, fue gradual; las provincias adoptaron constituciones con las
que , al menos formalmente, rigieron las vida política dentro de un sistema de
participación restringida a las clases propietarias. La sucesión de autoridades comenzó a
ser regular y aunque las posiciones quedasen dentro de un núcleo estrecho de familias
locales, las apariencias constitucionales eran complicadas; el fraude y la violencia
institucional reemplazaron a la tan frecuente lucha armada e invasiones
interprovinciales. Las rivalidades intraoligárquicas eran marcadas, pero la confrontación
armada poco usual. Los enfrentamientos, en cambio, eran de orden político, y surgían
en función de la defensa de los propios intereses (como pudieran ser la defensa del
sector al que se pertenecía, por ejemplo: industrial o agrícola). Por esto mismo, en el
régimen oligárquico existía una escasa diferenciación entre la esfera pública y la
privada.
A lo largo del ’70 y de ’80, la relación entre estado y oligarquía fue variando en
función de la creación y administración de las líneas ferroviarias que se fueron creando
a partir del ’66. Primero, el gobierno nacional con base en las oligarquías de las
provinicas llevó adelante la construcción ferroviaria al norte y al oeste como medio de
afianzar su poder; pero las oligarquías no participaron en la construcción y en la
administración de las mismas. Pero la privatización de los ferrocarriles por capitales
externos llevó a un decaimiento de la influencia política de las oligarquías.
Todo esto indica que: 1) hubo receptividad dentro del aparato estatal para deamndas
que provenían de oligarquías provinicales que constituían su principal base de poder y
con las que estaban unidas por redes de relaciones muy estrechas, sociales y
económicas; 2) la vinculación de los intereses de aquellas burguesías con los de otras
clases y grupos extrarregionales fue de alianza o de no interferencia, las oposiciones y
conflictos de importancia se dieron sólo con sectores de la burguesía industríal porteña
de origen inmigrante y con las clases medias y populares en las provincias pampeanas.
Estas condiciones políticas y sociales hicieron posible la consolidación inicial de las
industrias provinciales y compusieron una peculiar triangulación de la cuestión regional
entre oligarquías provinciales, estado nacional y otras clases sociales.

Las autoridades nacionales inician a partir del ’62 un proceso de ampliación de su esfera
de influencia sobre las provincias, incluida la de Buenos Aires. Este proceso fue
múltiplie, variado y complejo. Una visión clásica del periodo quiere ver a Buenos Aires,
con sus tropas y recursos financieros, barriendo resistencias populares y cooptando o
derribando élites provinciales. La expansión de las agencias estatales, sin duda, implicó
un grado considerable de coerción, pero involucró también un nivel importante de
negociación con las clases dirigentes provinciales. Muchas de ellas habían sufrido el
exilio en época de Rosas, y responsabilizaban de sus fracasos políticos a los caudillos
locales que se habían hecho con el poder provincial desde 1830. Para esas clases
dirigentes, sobre todo en las convulsionadas provincias del norte y del oeste, que habían
experimentado fuertes liderazgos caudillistas desde Quiroga a el Chacho y Felipe
Varela, la presencia de los ejércitos de Buenos Aires nacionalizados después de Pavón
era más tranquilizadora que disruptiva. Incapaces de movilizar a los sectores rurales (los
temibles gauchos) sus administraciones provinciales buscaron refugio seguro en esos
ejércitos que se transformaron en la garantía de su supervivencia política. Y las
autoridades nacionales encontraron en esas élites políticamente débiles pero
persistentes, que comenzaban a adoptar el liberalismo como credo, interlocutores
privilegiados con quienes armar una trama política que, con el tiempo, condujera a la
consolidación de una élite política nacional cuyas lealtades estuvieran más que con la
provincia, con ese horizonte nuevo, todavía incompleto pero cada vez más presente, el
“Estado nacional” con cuyo apoyo legitimarían mutuamente su poder.

Las presidencias organizadoras como etapa de transición hacia la modernización.

La “modernización” es un tipo de avance en clave civilizatorio de la modernidad (el


ideario de progreso infinito, de la búsqueda de un progreso ligado al capitalismo, a la
inserción en un mercado mundial, todas cuestiones que se van a concretar a partir del
’80). Esta modernización tiene sus primeros indicios en la Confederación y continuará
su curso en las llamadas “presidencias organizadores” (Mitre, Sarmiento, Nicolás
Avellaneda)

Las relaciones entre la Nación y las provincias.


Mitre había logrado en las provincias una subordinación al poder central, mediante una
combinación de represión, negociaciones y alianzas, que no fue de muy largo alcance.
La presión fue en aumento, ya que el mantenimiento de los gobernadores liberales en
varias provincias se mantenía sólo por la presencia militar, lo cual mantuvo en vilo a los
federales.
Conflictos con Chacho Peñaloza: Las quejas del “Chacho” sobre el no cumplimiento de
los términos de paz a los que se había llegado en la Paz de la Banderita, llegaron a su
culminación cuando caudillos chachistas movilizaron a sus hombres y desde La Rioja
incursionaron hacia otras provincias: invadieron San Luis, Felipe Varela entró en
Catamarca, San Juan, Mendoza. La reacción de los liberales consistió en designar a
Taboada jefe de operaciones para controlar a las montoneras; Paunero y Sarmiento (San
Juan) también reaccionaron, éste último fue nombrado “comandante general de las
fuerzas de Cuyo” y luego de La Rioja para llevar adelante una “guerra de policía” (sin
llegar a la categoría de “guerra civil”). Ante esta situación, “Chacho” Peñaloza lanza
una proclama solicitando a las provincias a que se unan para defender los derechos y
libertades estipuladas por la Constitución urquicista (así, inscribía su levantamiento en
la tradición revolucionaria que legitimaba el uso de las armas por los ciudadanos). La
rebelión se expandió y abarcó varias provincias, pero sin llegar a movilizar a Urquiza.
Si bien entre marzo y abril las tropas nacionales vencieron a las federales en varias
pequeñas batallas, Chacho junto con sus fuerzas pudo rearmarse en Córdoba, que había
depuesto a su gobernador liberal, y desde allí emprendieron la marcha para enfrentar en
Las Playas a las fuerzas nacionales al mando de Paunero y Sandes: la derrota federal fue
aplastante.

Centralismo: La aduana, diferencia en el presupuesto anual entre las provincias del


Interior, Litoral y Buenos Aires. Relación de los unitarios del interior con Buenos Aires
(dispuestos a negociar la autonomía política, parcial o totalmente, de facto o
constitucionalmente para fortalecer sus estados provinciales).

“Unitarios puros”: luchan por la disolución de la soberanía


Provincial y la hegemonía de Buenos en el proceso de for-
mación del Estado.

“Liberales”: apoyan un poder fuerte, centralizado, liderado por


Buenos Aires; pedía la presencia de instituciones gubernamentales
nacionales en las provincias, como el ejército; y defendía la centra-
lización de la aplicación de la justicia. Esta posición no significaba
una abolición completa de la soberanía provincial.

La reacción de los caudillos federales frente al centralismo de las administraciones


nacionales.

Para los federales del interior, la debilidad fiscal de las provincias estaba íntimamente
vinculada con la cuestión de los impuestos aduaneros que recaudaba Buenos Aires. El
monopolio que tenía esa ciudad sobre estos ingresos era la causa de la pobreza de los
Estados provinciales. Como afirmaban los federales, los ingresos aduaneros eran el
producto de los impuestos pagados por los habitantes de todas las provincias. Pero esta
afirmación sólo tenía sentido para las provincias del litoral (las demás provincias
comerciaban con Chile o salían por el pacífico). La situación de La Rioja, por ejemplo,
para el 1859, era desesperante: su presupuesto anual para ese año fue de 22.000 pesos;
mientras que Buenos Aires se había asignado 3.961.000 pesos fuertes (es decir, 187
veces más que La Rioja). Esta situación llevó a que unitarios de varias provincias se
declaran enemigos de las “soberanías provinciales”, ya que nunca podrían sustentar sus
costos básicos.
Por ejemplo, en La Rioja el presupuesto aprobado para una fuerza pública “profesional”
en 1858 sólo alcanzaba para tener 28 personas. Esto permitió que los federales, gracias a
su capacidad de movilizar gente, se transformaran en generales y Chacho Peñaloza en
particular en árbitro de la política en la provincia. Ante la amenaza, en 1862 las tropas
porteñas avanzaron sobre La Rioja pudiendo colocar en el gobierno (de facto) a los
unitarios. El mismo año, un caudillo federal exigió el retiro de las tropas porteñas. De
esta manera, llega el partido federal (“la resistencia”) a la defensa de los términos a que
se llegaron en la Constitución de 1853. Para fines del ’60, gracias a la convocatoria a
todas las provincias realizada por la proclama de Felipe Varela, el sentimiento
antiporteño alcanzaría una acrimonia particularmente intensa: “luchar contra el odioso
centralismo de los hijos de Buenos Aires”…

La independencia de Buenos Aires, celosamente resguardada por Rosas, le permitía


preservar las rentas de su aduana para sí y emplearlas en el financiamiento de defensa
de su sistema político. Esta postura era resentida por las provincias del litoral y el
interior. Quiroga y López deseaban una organización más rápida mediante la reunión de
un Congreso, pero Rosas se oponía.

La guerra de la Triple Alianza y la consolidación del orden institucional.

Fue la contienda más larga (5 años) y destructiva de todas las que tuvieron lugar en
Sudamérica durante el siglo XIX. Se trató de una “guerra moderna” no sólo por los
nuevos métodos sino también por las tecnologías implementadas. Fue un momento
clave de la definición de la geografía política de la región. También, el conflicto resultó
en la ruina del Paraguay.
En los análisis historiográficos actuales de esta guerra queda descartada la hipótesis que
adjudicaba a Inglaterra un papel central en su gestación y desarrollo y ponen el énfasis
en la dinámica regional, tanto en lo referente a la cuestión de la soberanía, los límites y
la competencia por la supremacía entre los estados involucrados, como a las redes y
alianzas políticas que atravesaban las fronteras (si bien se podría pensar en la rivalidad
interestatal y la pretensión de cada gobierno de afirmar su soberanía e influencia
regional y asegurar sus fronteras pueden considerarse como motivos suficiente de las
fricciones entre ellos, no alcanza con ello sino que habría que realizar un estudio mucho
más profundo)
 En 1856, Carlos Antonio López firmó un tratado con Brasil y la Confederación
para asegurar la libre navegación de los ríos y comenzó un acercamiento a
Uruguay que le podía ofrecer un camino alternativo de salida al mar; su hijo,
Francisco Solano López, luego del ’62, continuó con las relaciones regionales.
 En el 1862 se produjeron muchas novedades en la región:
o Brasil: los liberales desplazaron a los conservadores en el gabinete del
emperador Pedro II;
o Argentina: se produjo la unión definitiva entre Buenos Aires y la
Confederación.
o Paraguay, fue designado presidente Francisco Solano López.
o En Uruguay se reactivó la larga disputa entre los partidos rivales: los
blancos (en el poder, con Pedro Berro) y los colorados (con Venancio
Flores).
 Los “blancos” se relacionaban con los federales, mientras que los “colorados” se
relacionaron primero con los unitarios y luego con los liberales.
 El ascenso de Mitre preocupó a los blancos, y debido a los favores que aquél
debía a los colorados (Venancio de Flores) por su participación en los conflictos
nacionales, Mitre tuvo que intervenir en Uruguay en el 1863 (a favor de la
invasión de los colorados al mando de Venancio de Flores).
 Brasil tuvo tensiones con los blancos desde el comienzo, los cuales se agravaron
cuando Berro decidió no renovar el contrato de libre navegación que favorecía a
los brasileros.
 Paraguay mantuvo relaciones cordiales con Berro hasta el ’62, las cuales se
estrecharon cuando Francisco Solano López subió al poder. Por esto mismo,
Paraguay decide intervenir a favor de los blancos cuando Venancio de Flores
invade Uruguay en el ’63.
 Se inicia las conflictividades entre las cuatro naciones.
 Brasil avanza sobre los blancos a favor de Flores; Paraguay decide detener a
Brasil. Paraguay y Brasil rompen relaciones en el ’64. Poco después, Brasil
derroca a Berro y coloca al dirigente colorado en la presidencia de Uruguay.
 Si bien en un principio Argentina (Mitre) pretendía mantenerse neutral ante el
conflicto de los países vecinos, cuando se niega a dejar pasar a las tropas
Paraguayas (que pretendían llegar a Río Grande do Sul) por territorio argentino.
Paraguay le declara la guerra a Argentina y vapores paraguayos ataca a los
navíos argentinos estacionados en el puerto de Corrientes y un ejército de 3000
soldados ocupó la ciudad. Mientras que los correntinos no reaccionaron ante esta
provocación, los porteños se envalentonaron y movilizó al Ejército de Línea y la
Guardia Nacional, enviándolos al nordeste.
 El 1 de mayo de 1865 se firma el Tratado de Triple Alianza:
o Composición del mando de los ejércitos.
o Ninguna de las partes podía firmar la paz o la suspensión de las
hostilidades en forma unilateral.
o Garantizaba el respeto a la “independencia, soberanía e integridad
territorial de la República del Paraguay”.
o Luego del conflicto, se realizarían los acuerdos necesarios para la libre
navegación de los ríos Paraguay y Paraná.
o El tratado debía mantenerse “secreto” hasta lograr su objetivo.

Opositores a la guerra: Urquiza apoyó a Mitre mandando caballos y reses para el


ejército. Mientras que los federales que todavía lo tenían como líder esperaban sumarlo
a la causa antibélica y antiporteña.
En la mayoría de las provincias hubo resistencias ante esta guerra. Lo cual terminó
demostrando que el orden político que los liberales habían intentado imponer en los
años anteriores había fracasado. El mayor desafío para la autoridad nacional estuvo en
el Noroeste y en Cuyo. En Mendoza estalló en el 1866 la “Revolución de los
Colorados”, quienes tomaron la ciudad y cambiaron la autoridad liberal que poseían
además de enfrentarse con éxito al Ejército de Línea, contaron para ellos con el apoyo
de Felipe Varela y Juan Saa.
Felipe Varela lanza una proclama en la que pedía a los entrerrianos, y a los “argentinos
todos”, a sumarse a la lucha y a Urquiza a encabezarla. Su programa proponía “la
práctica de la Constitución, la paz y la amistad con el Paraguay y la unión con las demás
repúblicas americanas” (en cierta forma, resumen el programa del federalismo).
Hubo dos grandes enfrentamientos: La Batalla de San Ignacio (San Luis) y la Batalla
de Pozo de Vargas (La Rioja), ambas perdidas por los federales.

Costos y consecuencias de la guerra: La guerra duró cinco años. Brasil envió 140.000;
Argentina 30.000 y Uruguay 5.500. De los cuales no retornaron respectivamente:
50.000, 18.000, 5.000. Sus consecuencias principales fueron:
1. La guerra estuvo atravesada por los conflictos partidarios (federales y liberales),
pero al observar que los federales no conseguían movilizar a su máximo líder
(Urquiza) y que caían en una fragmentación ruinosa, Mitre quiso hacer de la
guerra una “causa nacional”. Esto no le fue posible, pero ello no evito que se
afincara un sentido compartido de nación más allá de las divisiones partidarias.
2. El aparato de Estado se fortaleció (debido a la concentración de recursos
militares y financieros en la administración central). El ejército se fortaleció
profundamente: mediante la jerarquización y estructuración interna, redes de
camaradería y complicidades entre oficiales, se generó un espíritu de cuerpo
entre tropas de diferentes orígenes, etc.
3. Tanto los federales como los liberales mitristas perdieron su fuerza política, lo
cual permitió que se formaran constelaciones políticas más amplias y diversas.
4. Mitre perdió para siempre su lugar en el poder. En las elecciones de ’68, Rufino
de Elizalde (delfín de Mitre) pierde contra Domingo Faustino Sarmiento.

La expansión ganadera: la fiebre del lanar. Los comienzos de la expansión


agrícola.
La economía argentina giraba alrededor del sector exportador, pero a partir de los años
’70 y ’80 adquirió proporciones inusitadas. Este sector exportador estaba compuesto
principalmente por la ganadería y la agricultura que, mientras el puerto de Buenos Aires
afirmaba su papel de puerto principal, crecieron a lo largo de todo el territorio argentino.

Expansión ganadera: El motor de la expansión se encontraba cada vez más en la


producción y exportación de los derivados de la ganadería, sobre todo de la lana qua
Argentina enviaba a Europa y a Estados Unidos. La adaptación de amplios territorios a
la cría de ovinos permitieron el crecimiento sostenido de los rebaños y su mejoramiento
en función del mercado internacional.

Avances de la unificación económica y los inicios de la modernización: expansión


territorial, inversiones, colonización, transportes.

Impacto de los cambios sobre la sociedad argentina.

Desequilibrios regionales.

Económico: uno de los desequilibrios regionales mas notables de los años ’70 y ’80 es
el que existió entre el sector agropecuario exportador y el sector que apuntaba a
fortalecer y diversificar el mercado interno. Este desequibrio llevó a que la rentabilidad
del primer sector empujara al segundo a insertarse necesariamente a esa economía. Así,
muchos sectores económicos periféricos empezaron a desaparecer tempranamente frente
a la competencia de productos importados, aunque algunas producciones del interior
con bases muy primitivas se modernizaron y crecieron rápidamente abasteciendo el
mercado interno (azúcar, tabaco, la yerba mate, el vino y el algodón).

Sarmiento (no es tema)

Poder Centralizador; Civilización; Creación del Colegio Militar; someter las Guardias
Provinciales a los Ejércitos Nacionales; Comunicación, crear redes de comunicación:
ferrocarriles (grandes inversiones, empréstitos), el telégrafo, el fomento de la actividad
postal; Educación, logros modestos pero efectivos, a la vez que estableció nuevos
parámetros en relación con la importancia en la educación primaria; Inmigración: en ’70
se creó la Comisión Central de Inmigración, creció sostenidamente la inmigración;
Censo de 1869: 1.879.000 habitantes
 Voluntad Centralizadora: estaba convencido de la necesidad de fortalecer la
autoridad y se dispuso a tomar las medidas necesarias para lograrlo, tanto en el
plano institucional como en el político. Se preocupó por los aspectos simbólicos
y culturales.
 El control de la fuerza: un factor decisivo para ello fue la guerra exterior. Pero
perduraron dos rasgos que conspiraban contra la subordinación al poder central:
la relativa autonomía con que las provincias manejaban la Guardia y la falta de
profesionalismo y de espíritu corporativo. Quería subordinar las Guardias al
Ejército de línea y así jerarquizar éste a brazo armado “nacional”. En 1870 creó
el Colegio Militar para formar a los futuros oficiales, y en 1872 creó la Escuela
Naval Militar.
 Comunicación: acortar distancias, conectar ciudades, crear redes de
comunicación que atravesaran y a la vez articularan al país, eran los impulsos
que llevaron al gobierno a avanzar en la construcción de ferrocarriles, el tendido
del telégrafo y el fomento de la actividad postal. De 573 kilómetros de línea
ferroviarias en 1868 se pasó a 1333 en 1874. En el ámbito del correo estatal, se
duplicó el volumen de la correspondencia y se crearon 5000 kilómetros de líneas
telegráficas; en 1870 se inauguró el cable transoceánico, que cambió
decisivamente la velocidad de transmisión de las comunicaciones entre la
Argentina y el resto del mundo.
 Educación: Eran prioridad en los discursos del nuevo presidente, quien entendía
que la educación era el instrumento decisivo para promover el cambio y la
modelación de una nueva sociedad. De la mano del ministro Nicolás
Avellaneda, durante la presidencia de Sarmiento, se fundaron alrededor de 800
escuelas, y los alumnos pasaron de 30000 a 100000 (con una población
argentina de 2 millones). Creó en Córdoba la Academia Nacional de Ciencias y
el Observatorio Nacional; la Facultad de Ciencias Exactas y Matemáticas.
 Inmigración y colonización: para el 1870 existía sólo un 10 por ciento de
inmigrantes espontáneos. A partir de ese año, el estado empezó a convocarlos a
través de agentes contactados en Francia, Italia, Suiza e Inglaterra. Se creó la
Comisión Central de Inmigración para canalizar la actividad del gobierno y
ubicar a los trabajadores recién llegados.
 Contar y medir: Necesitaban saber qué sociedad tenían, por ello se realizó en el
’69 el primer Censo Nacional de Población en 1869: 1.897.000 habitantes.
 Expansión del aparato estatal: del 1868 al 1874 el gasto público subio de 16 a 26
millones de pesos fuertes.