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Una historia del poder hasta 1760 d.C .

Biblioteca d e l a Universidad d e Cambridge atendieron mu y bien a

mi s eclécticas peticiones. Mi s secretarias

Peachey, Elizabeth O'Lear y

cientes y colaboradoras

taron. Nick y Har t tuvo l a idea qu e sirvió para reorganizar este libro e n tres volúmenes. S u propi a labor y s u presencia —^Junto con Louise , Gareth y Laura^— impidieron qu e este proyecto m e dejara ciego, sordo o incluso demasiado obsesionado. Evidentemente, lo s errores son todos míos.

e n Essex y l a LS E •—-Linda

e Yvonne Brown — fueron siempre efi-

con todos los borradores qu e se les presen-

Capítulo 1

LAS SOCIEDADES

ORGANIZADAS

COM O

REDES

D E

PODE R

d e este libro constituyen un a

historia y un a teoría d e las relaciones d e poder e n la s sociedades

humanas.

ment o parece todavía más imponente. Porque, ¿no una historia y una teoría d e las relaciones de poder

difícil. Pero s i se reflexiona u n mo -

Los

tres volúmenes

proyectados

Y a esto es bastante

es probable qu e sea virtualmente

sinónimo de una historia y una teoría de l a propia sociedad

humana?

A

fines de l siglo

XX n o está d e mod a escribir una relación

general,

por voluminosa

qu e sea, d e algunas

d e las principales pautas qu e

cabe hallar e n l a historia d e las sociedades humanas. Esas magníficas

n saqueo impe -

rial de fuentes secundarias— se han visto aplastadas e n e l siglo XX

bajo el peso d e una masa de volúmenes eruditos y del cierre d e filas

de lo s especialistas académicos.

Mi justificación básica es qu e h e llegado a una forma distinta y

qu e se enfrenta con

los modelos d e sociedad

logía o historia. E n este capítulo se explica m i enfoque. E s posible que a los n o iniciados e n l a teoría d e las ciencias sociales les resulte algo denso. E n ta l caso, existe otra forma posible de leer este volu- men: saltarse este capítulo, i r directamente a l capítulo 2 o , de hecho.

general

socio-

empresas generalizadoras victorianas —basadas e n u

d e contemplar las sociedades humanas

predominantes e n los escritos sobre

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14

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

a cualquiera d e lo s capítulos narrativos y seguir adelante hasta qu e no se comprendan o se encuentren criticables los términos utihzados

a l a corriente teórica básica. Entonces se puede volver a esta ducción para orientarse.

intro-

Mi

enfoque

se puede resumir e n do s afirmaciones,

d e las qu e se

desprende un a metodología clara. L a primera es: Las sociedades es-

redes socioespaciales de poder que se

tán

constituidas por múltiples

superponen y se intersectan. Se percibirá rápidamente l a peculiaridad de m i enfoque s i destino tres párrafos a decir qué no so n las socie- dades.

sociales (cerra- hallar un a sola

dos n i abiertos); n o so n totalidades. Nunc a se puede

sociedad delimitada e n e l espacio geográfico o social. Com o n o exis-

te u n sistema, un a totalidad, n o pueden existir «subsistemas», «di- mensiones» n i «niveles» d e esa totalidad. Como n o existe u n todo, las relaciones sociales n o pueden reducirse «a fi n d e cuentas», «en

última instancia», a alguna propiedad sistémica

el «modo de producción material», o e l «sistema cultural» o e l «nor-

Las sociedades n o so n unitarias. N o so n sistemas

e n ese todo, como

mativo»,

o l a «forma d e organización mihtar». Com o n o existe un a

totaüdad

delimitada, n o sirve d e nada e l dividir e l cambio o e l con-

flicto sociales e n variedades «endógenas» o «exógenas».

existe sistema social, n o existe proceso «de evolución» e n s u interior. Como l a humanidad n o está dividida e n un a serie d e tonalidades delimitadas y n o se produce un a «difusión» d e organización social entre ellas. Como n o existe un a totalidad, lo s individuos n o se ve n constreñidos en s u conducta por l a «estructura social como u n todo»,

así qu e n o sirve tura social».

Com o n o

d e nada distinguir entre «acción social» y «estruc-

enfatirzarla.

N o vo y a descartar totalmente esas formas d e contemplar las socie- dades. Pero casi todas las ortodoxias sociológicas —como l a teoría de lo s sistemas, e l marxismo, e l estructuraUsmo, e l funcionalismo estructural, e l funcionalismo normativo, l a teoría multidimensional, el evolucionismo, e l difusionismo y l a teoría d e l a acción—• entur - bian sus percepciones a l concebir l a «sociedad» como un a totalidad ^

unitaria y aproblemática.

En el párrafo anterior h e exagerado m i posición para

influidas po r esas

teorías toma n la s comunidades

ciedades», sus unidades totales para e l análisis. Pero lo s Estados n o

constituyen sino un o d e los cuatro

grandes tipos d e redes de poder

políticas, o Estados, como su s «so-

En l a práctica, l a mayor parte

d e las relaciones

Las sociedades como redes organizadas de poder

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de los qu e m e vo y a ocupar. L a enorme influencia encubierta de l

Estado, nacional de l fines ciencias humanas significa

na po r igual l a sociología y l a historia. Cuando n o ocurre así, tanto los arqueólogos como lo s antropólogos atribuyen e l primer lugar a la «cultura», pero incluso ésta suele concebirse como algo individual

y delimitado, como un a especie d e «cultura nacional». E s cierto qu e

algunos sociólogos e historiadores modernos rechazan e l model o de l Estado nacional. Equiparan a l a «sociedad» co n las relaciones eco-

nómicas transnacionales, utilizando e l capitalismo o e l industrialismo como concepto maestro. Es o es i r demasiado lejos e n l a dirección opuesta. Tant o e l Estado como l a cultura y l a economía so n redes

importantes d e estructuración, pero casi nunca

un concepto maestro n i un a unidad básica d e l a «sociedad». E s po - sible qu e parezca un a actitud extraña para u n sociólogo, pero s i y o pudiera, aboliría totalmente e l concepto d e «sociedad».

de l XX e n las

de l siglo

XIX y principios

qu e e l model o del Estado nacional domi -

coinciden. N o existe

La segunda afirmación se desprende d e l a primera. E l concebir

a las sociedades como múltiples redes d e poder, superpuestas e in -

tersectantes, no s permite e l mejor acceso posible a l a cuestión de qué es finalmente «primordial» o «determinante» e n las sociedades. La

mejor forma de hacer una relación general de las sociedades, su es- tructura y su historia es en términos de las interrelaciones de lo que denominaré las cuatro fuentes del poder social: las relaciones ideoló- gicas, económicas, militares y políticas (lEMP). Son : 1 ) redes super- puestas de interacción social, n o dimensiones, niveles n i factores d e una sola totalidad social. Eso se desprende de m i primera afirmación. Son también: 2 ) organizaciones, medios institucionales de alcanzar objetivos humanos. S u primacía n o procede d e l a intensidad d e lo s deseos humanos d e satisfacción ideológica, económica, militar o po - lítica, sino d e lo s medios de organización concretos qu e posea cada una para alcanzar los objetivos humanos, cualesquiera qu e sean és- tos. E n este capítulo avanzaré gradualmente hacia l a especificación d e los cuatro modelos d e organización y de m i model o lEMP de poder organizado.

ello surgirá un a metodología distintiva. Se suele hablar

l a

De

de las

d e

relaciones

d e poder

e n términos bastante

abstractos,

acerca

interrelación d e «factores»,

cos, -ideológicos y políticos d e l a vida social.

anáhsis más concreto, socioespacial y áe organización. Lo s problemas

económi-

o «niveles» o «dimensiones»

Y o actúo

a u n nivel d e

centrales

s e refieren

a la organización,

el control, la logística

y la

16

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

j comunicación: l a capacidad para organizar y controlar a personas,

Las

sociedades como redes organizadas de poder

17

embargo, todas ellas plantean l a misma cuestión central: ¿Cómo se

i materiales y territorios, y e l desarrollo d e esa capacidad a l o largo

puede aislar e l elemento o lo s elementos «más importantes» d e

las

) d e l a historia. La s cuatro

fuentes

d e poder social brindan

distintos

sociedades humanas?

I medios posibles de organizar e l control social. E n diversos

momen -

Muchos

consideran

qu e n o es posible encontrar un a respuesta.

; tos y lugares, cada una d e ellas h a brindado un a mayor capacidad

^ d e organización qu e h a permitido qu e l a forma d e s u organización

i dictara durante u n tiempo l a forma d e las sociedades e n general. M i historia del poder se basa e n l a medición d e l a capacidad socioespa- cial d e organización y e n l a explicación d e s u desarrollo.

La tarea se v e u n tanto facilitada por e l carácter discontinuo de l desarrollo de l poder. No s encontramos con diversos momentos de

impulsión, atribuibles a l a invención d e nuevas técnicas d e organi-

zación qu e aumentaron mucho l a capacidad para

las

técnicas más importantes. Cuando m e encuentro co n uno d e esos momentos, detengo l a narración, trato d e medi r e l aumento d e l a

capacidad d e poder y después trato d e

y

controlar pueblos

d e

territorios.

E n e l capítulo

16 figura un a lista d e algunas

explicarlo. Es a visión de l

desarrollo social es l a qu e Ernest Gellner (1964) califica d e «neoepi- sódica». E l cambio social fundamental ocurre y las. capacidades hu -

manas se amplían, mediante una serie d e «episodios» d e gran trans- formación estructural. Lo s episodios n o forman parte d e u n solo proceso inmanente (como e n las «Historias de l crecimiento d e l a Humanidad» de l siglo XIX), sino qu e pueden tener u n efecto acu- mulativo e n l a sociedad. Así podemos aventurarnos e n l a cuestión

de

l a primacía última.

 

La

primacía

última

De

todas

las cuestiones

planteadas

po r

l a teoría sociológica e n

los do s últimos siglos, l a más básica y más huidiza es l a d e l a pri -

macía o l a determinación final. ¿Hay uno o más elementos, o claves,

nucleares,

dad? ¿O son las sociedades humanas túnicas inconsútiles tejidas con inacabables interacciones multicausales e n las qu e n o existen pautas generales? ¿Cuáles son las dimensiones más importantes de l a estra- tificación social? ¿Cuáles son los determinantes más importantes de l cambio social? Estas son las preguntas más tradicionales y más di - fíciles d e todas las preguntas sociológicas. Incluso e n l a forma flexi- ble e n qu e las h e formulado, n o constituyen l a misma pregunta. Sin

decisivos, determinantes e n último término, d e l a socie-

Afirman que l a sociología no puede hallar leyes generales, n i siquiera

conceptos abstractos, aplicables por igual a las sociedades e n todos los momentos y e n todos lo s lugares. Este empirismo escéptico su -

es-

pecíficas co n l a comprensión intuitiva y empática

nuestra propia experiencia

cación multicausal. Sin embargo, ésta n o es una posición epistemológica segura. E l anáhsis n o puede limitarse a reflejar lo s «hechos»; nuestra percep- ción d e lo s hechos está ordenada por conceptos y teorías mentales. El estudio histórico empírico medi o contiene muchos supuestos im - plícitos acerca d e l a naturaleza humana y l a sociedad, además d e conceptos generales derivados d e nuestra propia experiencia social, como «la nación», «la clase social», «la condición social», «el poder político» o «la economía». Los historiadores pueden prescindir d e

giere qu e empecemos con más modestia, analizando situaciones

qu e no s aporta hacia una expli-

social, para i r avanzando

examinar esos supuestos si todos utilizan los mismos, pero e n cuanto aparecen estilos distintos d e hacer l a historia"—liberal, nacionalista, materialista, neoclásico, etc.-— s e encuentran e n e l terreno d e la s

teorías generales enfrentadas acerca d e «cómo

dades». Pero surgen dificultades incluso cuando no existen supuestos enfrentados. L a multicausalidad dice qu e lo s fenómenos o la s ten- dencias sociales tienen múltiples causas. Po r eso deformamos l a com-

plejidad social s i abstraemos u n determinante social principal o in - cluso varios d e ellos. Pero n o podemos evitar e l hacerlo. Todo aná- lisis selecciona algunos acontecimientos anteriores, aunque no todos,

E n consecuencia,

todo el mund o actúa con algún criterio de importancia, aunque raras veces se explicite. Puede convenir que de vez e n cuando explicitemos esos criterios y nos dediquemos a edificar una teoría.

y o m e tomo e n serio e l empirismo escéptico. S u

principal objeción está bien fundamentada. La s sociedades son mu -

cho más complicadas qu e nuestras teorías d e ellas. Eso era algo qu e

reconocían sistematizadores

porque han tenido algún efecto e n lo s ulteriores.

funcionan la s socie-

Sin

embargo,

como Mar x y Durkhei m e n sus momen -

tos más sinceros; mientras qu e Ma x Weber, e l más grande de lo s

sociólogos, ideó una metodología (de «tipos ideales») para hacer

fren-

! te a l a complejidad. Y o sigo e l ejemplo de Weber. Podemos

alcanzar

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Una historia del poder hasta 1760 d.C.

una metodología aproximada •—y quizá incluso con un a respuesta aproximada— e n cuanto a l a cuestión de l a primacía final, pero úni- camente s i ideamos conceptos adecuados para enfrentarnos con l a complejidad. A m i entender, esa es l a virtud de u n model o socioes- pacial y d e organización d e las fuentes del poder social.

Las

sociedades como redes organizadas d e poder

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tinentes para l a cuestión d e l a primacía última. Permítaseme resumir brevemente m i argumento. La persecución d e casi todos nuestros impulsos d e motivación, de nuestras necesidades y nuestros objetivos, implica a los seres hu -

manos e n relaciones exteriores con l a naturaleza y

humanos. Los objetivos humanos exigen tanto una intervención e n

con otros seres

 

la

naturaleza —una

vida material e n e l sentido más amplio—• como

Naturaleza humana y poder social

la

cooperación social. Resulta difícil imaginar qu e ninguna d e nues-

Empecemos

po r l a naturaleza

humana.

Lo s seres humanos so n

inquietos, racionales y voluntariosos, tratan de intensificar s u disfru-

te

d e las cosas agradables de l a vida y tienen capacidad para escoger

y

aplicar los medios adecuados d e lograrlo. O , por lo menos, tienen

establecer e l di -

namismo qu e caracteriza l a vida humana y qu e l e d a a ésta un a historia d e l a qu e carecen la s demás especies. Esas características

humanas constituyen l a fuente de todo l o qu e se describe e n el pre-

sente libro. Son l a fuente original del

esa capacidad un a cantidad suficiente d e ellos para

poder.

Debido

a ello, lo s teóricos sociales se han sentido siempre ten-

tados d e avanzar u n poco más allá con u n modelo de motivación d e

la sociedad humana, d e tratar

social e n l a «importancia» d e lo s diversos impulsos qu e motivan a los seres humanos. Eso era algo más popular a principios d e siglo que ahora. Autores como Sumner y War d procedían en primer lugar

d e basar un a teoría d e l a estructura

a establecer listas d e impulsos humanos básicos, como lo s d e satis-

facción sexual, afectividad, salud, ejercicio físico y creatividad, crea- tividad intelectual y significación, i-iqueza, prestigio, «el poder por

el poder» y muchos más. Después trataban d e establecer s u impor -

tancia relativa como impulsos y d e ahí deducían e l rango respectivo

en l a importancia social d e l a familia, l a economía, e l gobierno, etc.

Y s i bien es posible qu e esa práctica concreta esté anticuada, u n model o general d e l a sociedad basado e n l a motivación subyace e n

varias d e las teorías modernas, teorías materialistas e ideahstas.

ma n derivar l a importancia d e lo s modos d e l a producción econó-

mica e n l a sociedad de l presunto vigor de l esfuerzo humano po r

asegurarse l a subsistencia material.

comprendidas distintas versiones de Po r ejemplo, muchos marxistas afir-

En e l volume n II I se comentarán más a fondo las teorías basadas

en l a motivación. M i conclusión será qu e s i bien las cuestiones d e

son estrictamente per-

motivación son importantes e interesantes, n o

tras aspiraciones o nuestras satisfacciones ocurra si n ambas cosas. Así, las características de l a naturaleza y las de las relaciones sociales son pertinentes para las motivaciones y d e hecho es posible qu e las estructuren. Tienen propiedades emergentes pecuhares a ellas.

Es algo qu e resulta evidente e n l a naturaleza. Po r ejemplo, l a

mayor parte d e las primeras civilizaciones surgieron donde existía una agricultura aluvial. Podemos da r por establecido e l impulso d e

motivación d e lo s seres humanos d e tratar

de subsistencia. Esa es un a constante. L o qu e explica, más bien, e l origen d e l a civilización es l a oportunidad qu e brindaron a algunos seres humanos las inundaciones, qu e les aportaron suelos aluviales ya fertilizados (véanse los capítulos 3 y 4). Nadi e h a aducido seria- mente qu e los habitantes d e los valles del Eufrates y del Nil o tuvie- ran impulsos económicos más fuertes que, por ejemplo, los habitan- tes prehistóricos de l continente europeo, qu e n o inventaron l a civi- lización. L o qu e ocurrió fue que los impulsos que todos compartían

recibieron más ayuda ambiental d e los valles fluviales ( y d e su s con-

textos regionales), l o cual provocó una respuesta social

su

de qu e aportó e l impulso hacia adelante que poseen suficientes seres humanos como para darles u n cierto dinamismo dondequiera que residan.

d e aumentar sus medios

concreta por e n e l sentido

parte. L a motivación humana no es pertinente salvo

La aparición d e relaciones sociales de poder es algo qu e siempre

se h a reconocido e n l a teoría social. Desde Aristóteles hasta Mar x

lo qu e s e h a venido diciendo

raras

alcanzar objetivos, comprendido e l domini o de l a naturaleza, más que mediante l a cooperación. Com o ha y muchos objetivos huma -

es qu e «el hombre» (por desgracia,

qu e n o puede

veces

también

l a mujer)

e s u n animal social

nos, también son muchas las formas d e las relaciones sociales y d e redes grandes y pequeñas de personas qu e interactúan, que van des-

de

las qu e implican a l a familia, l a economía y e l

Estado. Los teóricos d e l a «interacción simbólica», como Shibutani

e l amor hasta

20

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

asombrosa

de «mundos sociales» que participan de muchas culturas: laboral, d e clase, d e vecindad, d e género, d e generación, d e aficiones y muchas

unas

(1955), ha n señalado qu e todos vivimos e n un a variedad

; más. L a teoría sociológica simplifica heroicamente a l seleccionar

• relaciones

forma y e l carácter de las estructuras

debe a qu e la s necesidades específicas qu e satisfacen

derosas» qu e otras desde e l punt o d e vista d e l a motivación, sino a

• qu e so n más eficaces como medi o d e alcanzar unos objetivos. L o

qu e so n más «poderosas»

qu e otras, qu e influyen

sociales e n general.

Ello

e n

l a

n o

se

sean más «po-

que

no s permite u n acceso a l a cuestión d e l a primacía n o so n lo s

fines, sino los medios. E n toda sociedad caracterizada po r l a división

; de l trabajo surgen relaciones sociales especializadas qu e satisfacen diferentes bloques d e necesidades humanas. Y esas relaciones difie- ren e n sus capacidades d e organización. Así no s salimos totalmente d e l a esfera d e lo s objetivos y las necesidades. Porque es posible que un a forma d e poder n o sea e n absoluto u n objetivo humano inicial. S i es u n medio mu y útil para alcanzar otros objetivos, se tratará d e obtenerlo po r sí mismo. E s una necesidad emergente. Emerge e n e l transcurso d e la.satisfacción de necesidades. E s posible qu e e l ejemplo más obvi o sea l a fuerza militar. Probablemente n o se trate d e u n impulso n i d e un a necesi- dad humana inicial (trataré d e esto e n e l volume n III) , pero es u n medi o eficaz de organización para satisfacer otros impulsos. Po r uti - lizar l a expresión d e Talcott Parsons, e l poder es u n «medio gene- ralizado» d e alcanzar lo s objetivos qu e un o desea lograr (1968: I , 263). Po r consiguiente, y o n o m e ocupo d e la s motivaciones y lo s objetivos iniciales, sino qu e m e centro e n las fuentes de poder de organización emergentes. S i a veces habl o d e «seres humano s qu e persiguen sus objetivos», n o debe interpretarse como un a afirmación voluntarista n i psicológica, sino como u n dato, un a constante e n l a que n o vo y a profundizar porque n o tiene mayor fuerza, social. Tam- bién dejo d e lado e l gran número d e obras conceptuales sobre «el

poder e n sí» y prácticamente n o menciono del poder», «poder contra autoridad» (salvo

cisiones contra indecisiones» y controversias parecidas (que se co - mentan detalladamente e n lo s primeros capítulos d e Wrong , 1979). Se trata d e cuestiones importantes, pero aquí y o sigo u n rumb o diferente. A l igual qu e Giddens (1979: 91), n o trato de l «poder en sí como u n recurso. Lo s recursos so n medios po r conduct o d e lo s cuales se ejerce e l poder». Tengo do s misiones conceptuales limita-

las «dos ( o tres) caras e n e l capítulo 2) , «de-

Las sociedades como redes organizadas de poder

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das;

posibles o , como prefiero decir yo , fuentes de poder, y 2 ) idear un a

metodología para estudiar e l poder d e organización.

1) identificar los principales «medios», «medios generalizados»

Poder de

organización

Poder colectivo y poder distributivo

En

s u sentido más general,

e l poder es l a capacidad para

perse-

guir y

alcanzar objetivos mediante e l domini o de l medi o e n e l qu e

habita uno . E l poder social comport a do s sentidos más

El primero limita s u significado a l domini o que se ejerce sobre otras personas. Véase u n ejemplo: e l poder es l a probabilidad d e qu e u n

actor e n un a relación social se halle e n condiciones d e realizar su s

deseos, aunque tropiece como señalaba Parsons,

as-

pecto

poder, A tiene qu e perder algo de l suyo: s u relación es u n «juego de suma cero» e n e l cual un a cantidad fija d e poder puede distri-

buirse entre los participantes. Parsons señalaba co n razón u n segun- do aspecto colectivo de l poder, mediante e l cual varias personas e n cooperación pueden aumentar s u poder conjunto sobre terceros o sobre l a naturaleza (Parsons, 1960; 199 a 225). E n casi todas las

relaciones

colectivo, e l explotador y e l funcional, actúan simultáneamente y

están entrelazados.

De hecho, l a relación entre ambos es dialéctica. E n l a persecución de sus objetivos, lo s seres humanos establecen relaciones cooperati- vas y colectivas entre sí. Pero e n l a persecución d e objetivos colec- tivos se establece un a organización social y un a división del trabajo. La organización y l a división de funciones comportan un a tendencia

inherente e n e l poder coordinación. Porque

extraña l a especialización d e funciones a todos lo s niveles, e l nivel más alto supervisa y dirige e l todo. Quienes ocupan puestos d e su - pervisión y coordinación tienen un a superioridad d e organización inmensa sobre lo s demás. La s redes d e interacción y d e comunica- ción se centran, d e hecho, e n la s funciones d e esas personas, como cabe apreciar co n bastante facilidad e n e l diagrama d e organización

específicos.

co n resistencia (Weber, 1968: I , 53) . Pero,

esas definiciones limitan e l poder

a s u

distributivo, a l poder d e A sobre B . Para qu e B obtenga u n

sociales, ambos aspectos de l poder, e l distributivo y e l

distributivo,

derivado

d e l a supervisión y l a

l a división de l trabajo e s engañosa; aunque

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Una historia del poder hasta 1760 d.C.

de cualquier empresa moderna. E l diagrama permite a lo s supervi-

sores controlar toda l a organización e impide a quienes están abajo del todo participar e n ese control. Permit e a quienes están en l a cima poner e n marcha e l mecanismo para perseguir objetivos colectivos. Aunque cualquiera puede negarse a obedecer, probablemente faltan

oportunidades

d e establecer otro mecanismo para perseguir sus ob-

; señalaba Mosca, «el poder d e cada minoría es irresis-

jetivos. Com o

' tibie frente a cada individuo aislado de l a mayoría, qu e se encuentra

;': solo frente a l a totalidad d e l a minoría organizada» (1939: 53). L a

i minoría qu e se halla e n l a cumbre puede mantener obedientes a las masas qu e están abajo, siempre qu e s u poder esté institucionalizado

\n las leyes y las normas de l grupo social e n e l qu e actúan

\a institucionalización es necesaria para alcanzar objetivos colectivos

ambas.

I

rutinarios, y así e l poder distributivo, es decir, l a estratificación so -

í

cial, se convierte también e n una característica institucionalizada d e

{

l a vida social.

Así, existe una respuesta sencilla a l a pregunta de por qué n o se

rebelan las masas —problema perenne para l a estratificación social—,

y

esa respuesta no se refiere a l consenso de valores, a l a fuerza n i a l

intercambio e n e l sentido habitual d e esas explicaciones

sociológicas

íj

convencionales. Las masas obedecen porque carecen de organización

\a par a

' nizaciones d e poder colectivo y distributivo controladas por otros. Están rebasadas desde el punto de vista de la organización, aspecto que desarrollo más adelante e n relación con diversas sociedades his-

tóricas y contemporáneas (capítulos 5, 7 , 9, 13, 1 4 y 16). Es o sig- nifica que l a distinción conceptual entre poder y autoridad (es decir,

el poder que consideran legítimo todos los afectados por él) n o ocu-

hace r l o contrario, porque están incrustadas

e n orga-

pará mucho lugar e n este libro. E s raro encontrar u n poder qu e sea básicamente legítimo o básicamente ilegítimo, porqup s u ejercicio normalmente tiene dos caras.

Poder extensivo e intensivo y autoritario y

difuso

; El poder

extensivo significa l a capacidad para organizar a grandes

{ cantidades d e personas e n territorios mu y distantes a fi n d e actuar

: e n cooperación co n u n mínimo d e estabilidad.

\a l a capacidad para organizar bien

' d e cooperación o d e compromiso

E l poder intensivo

y obtener u n alto grado

d e lo s participantes, tanto s i l a

Las

sociedades como redes organizadas de poder

23

superficie o l a cantidad de personas son grandes como s i son peque- ñas. La s estructuras primarias d e l a sociedad cambian e l poder ex - tensivo co n e l intensivo y así ayudan a lo s seres humanos e n co - operación extensiva e intensiva a alcanzar sus objetivos, cualesquiera sean éstos. Pero a l hablar de l poder como organización puede da r una im - presión errónea, como s i las sociedades fueran meras colecciones d e

grandes

usan e l poder están bastante menos

intercambio e n e l mercado incorpora e l poder colectivo, porque me -

diante e l intercambio ha y gente

Asimismo,

algunas personas

organizaciones

autoritarias d e poder.

qu e alcanza

Muchos

d e lo s

qu e

«organizados»; por ejemplo, e l

sus diversos objetivos.

incorpora

e l poder distributivo, e n virtud de l cual sólo

d e propiedad sobre bienes y ser-

poseen derechos

vicios.

Pero puede

poseer mu y poca organización autoritaria qu e

ayude

a ese poder

y l o imponga. Po r utilizar l a famosa frase de

Ada m Smith, e l principal instrument o d e poder e n u n mercado es

pero n o está controlada

una

por ninguna agencia humana individual. Es una forma de poder hu -

mano, pero n o está organizada

«Mano Invisible»

qu e obliga a todos,

d e forma autoritaria.

Por tanto, y o distingo do s clases más d e poder, e l autoritario y el difuso. E l poder autoritario es a l qu e aspiran efectivamente gru- pos e instituciones. Comprende unas órdenes definidas y un a obe- diencia consciente. Sin embargo, el poder difuso se extiende de forma más espontánea, inconsciente, descentralizada, por toda una pobla-

ción, l o cual tiene po r resultado unas prácticas sociales similares qu e incorporan relaciones d e poder, pero n o órdenes explícitas. L o más frecuente es qu e n o comporte órdenes y obediencia, sino e l enten- dimiento d e qu e esas prácticas son naturales y morales, o son resul- tado d e u n interés común evidente. E l poder político como u n todo incorpora un a proporción mayor d e poder colectivo qu e d e poder

distribuido, pero n o d e forma invariable. También puede

car e n u n «rebasamiento» ta l d e la s clases subordinadas qu e éstas consideren absurda toda resistencia. Así es, po r ejemplo, cómo e l poder difuso de l mercado capitalista mundia l contemporáneo des- borda a los movimientos organizados y autorizados de l a clase obre- ra e n lo s Estados nacionales d e hoy , aspecto qu e desarrollaré e n e l volumen II. Otros ejemplos d e poder difuso son lo s qu e aporta l a extensión d e solidaridades como las d e clase o nación, qu e constitu- yen una parte Importante de l desarrollo del poder social.

desembo-

Si se aunan esas do s distinciones se obtienen cuatro formas idea-

24

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

les típicas de l ámbito d e organización, especificadas co n ejemplos relativamente extremos en l a figura 1.1. E l poder militar brinda ejem- plos d e organización autoritaria. E l poder del alto mando sobre sus tropas es coercitivo, está concentrado y mu y movilizado. E s inten- sivo, más bien que extensivo, a l contrario d e l o qu e ocurre con u n imperio militarista, qu e puede abarcar u n gran territorio co n su s órdenes, pero qu e tropieza con dificultades para movilizar u n com- promiso positivo de s u población o para penetrar e n sus vidas coti- dianas. Un a huelga general es u n ejemplo d e poder relativamente difuso, pero extensivo. Los obreros sacrifican el bienestar individual por una causa, hasta cietrto punt o «espontáneamente». Po r último, como y a se h a mencionado, e l intercambio e n e l mercado puede implicar transacciones voluntarias, instrumentales y estrictamente li - mitadas e n un a superficie enorme y por eso es difuso y extensivo. La organización más eficaz posible abarcaría las cuatro formas d e ámbito.

 

Autoritari o

Difuso

Intensivo

Estructura militar

Huelga

general,

de

mando.

Extensivo

Imperi o mihtarista.

Intercambi o e n e l mercado.

FIGURA

1.1.

Forma s de ámbito

de

organización.

Tant o lo s sociólogos como l o politólogos han estudiado mucho

la intensividad, y y o no tengo nada que añadir. E l poder es intensivo

está controlada o s i l e puede

presionar mucho (hasta l a muerte) sin qu e disminuya

Se trata d e algo qu e se comprende claramente, aunque n o es fácil- mente cuandficable e n las sociedades d e las qu e trata este volumen. La extensividad n o h a ocupado mucho lugar e n teorías anteriores. Es una pena, porque es más fácil d e medir. Casi todos lo s teóricos prefieren ideas abstractas d e estructura social, así qu e hacen caso omiso de los aspectos geográficos y socioespaciales de las sociedades. Si tenemos presente qu e las «sociedades» son redes, con unos con- tornos espaciales definidos, nos será posible remediar ese problema.

si gran parte d e l

a vida

de l sujeto

s u obediencia.

Podemos

empezar estudiar las relaciones

con Owe n Lattimore. Tras toda una vida d e

distinguió

entre China y las tribus mongoles,

Las sociedades como redes organizadas de poder

25

tres radios d e integración social extensiva que, según él, se mantu - vieron relativamente invariables e n l a historia mundial hasta e l si - glo XV europeo. L a acción más extensiva geográficamente es l a ac-

ción militar. Est a s e puede dividi r e n dos , interior y exterior. L a

interior se extiende

añadirse a l Estado; l a exterior se extiende más allá de esas fronteras en incursiones punitivas o e n busca de tributos. E n consecuencia, e l

segundo radio,

extensivo, pues como máximo es e l radio interior de l a acción mlHtar

y suele ser mucho menos extensivo qu e ésta. A s u vez, este radio es

más extensivo qu e l a integración económica, qu e comprende como máximo l a región y como mínimo l a célula del mercado local de l a

aldea, dado e l débil desarrollo d e l a interacción entre las unidades de producción. E l comercio n o era totalmente inexistente y l a in -

fluencia de lo s comerciantes chinos s e hacía sentir más allá de l

cance efectivo d e los ejércitos del imperio. Pero l a tecnología de las comunicaciones significaba que las mercaderías con una alta relación valor/peso •—artículos verdaderamente suntuarios y animales y es - clavos humanos «autopropulsados»—• eran la s únicas qu e se inter- cambiaban a grandes distancias. Es o tenía unos efectos integradores

inapreciables. Así, a l o largo d e u n período considerable d e l a his-

de factores

militares, y n o económicos (Lattimore, 1962: 480 a 491, 542 a 551).

toria de l a humanidad, l a integración extensiva dependió

al -

sobre territorios que, tras l a conquista, podrían

l a administración civil (es decir, e l Estado) es menos

Lattimore

tiende

a equiparar

l a integración únicamente co n e l

ámbito extensivo y también separa de manera demasiado tajante lo s

diversos

para

la vida social. Si n embargo, s u argumento no s lleva a analizar l a

de po -

espacios geográficos y so -

der conquistar y controlar efectivamente ciales.

«factores» —militar , económico, político—• necesarios

«infraestructura» del poder: cómo pueden las organizaciones

Y o

mid o e l ámbito del

poder autoritario mediante u n préstamo

tomado d e l a logística, l a ciencia milita r d e desplazar hombre s y material durante un a campaña. ¿Cómo s e transmiten físicamente y se ejecutan efectivamente las órdenes? ¿Qué control, por qué grupo de poder, d e qué tipo es errática o sistemáticamente posible dadas las infaestructuras logísticas existentes? Varios capítulos l o cuantifi- can mediante l a formulación de preguntas como cuántos días se tar- da e n transportar mensajes, materiales y personal por determinados espacios terrestres, marítimos y fluviales y cuánto control s e puede ejercer así. Tomo prestado mucho d e l a esfera más avanzada d e esa

26

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

investigación, l a logística militar propiamente dicha. L a logística mi -

i Htar aport a directrices

: las redes d e poder, qu e desembocan e n importantes conclusiones

relativament e claras a los ámbitos externos d e

• acerca de l carácter esencialmente federal de las sociedades preindus-

centralizada

;

í d e autores como Wittfogel o Eisenstadt

í

tríales extensivas.

afirmación

L a sociedad imperial unitaria y mu y

es mítica,

como

l o es

l a

de l propi o Lattimor e d e qu e l a integración

decisivo.

Cuando

e l control miHtar

militar fu e rutinari o a

algo

lo

logísticamente imposible (como l o h a sido durante l a mayor

de

centrahzar

históricamente

largo

d e un a ruta d e marcha superior a unos 9 0 kilómetros es

parte

mayor n o se puede

l a historia), e l control

sobre

un a superficie

e n l a práctica y tampoco puede penetrar

intensivamente

en l a vida cotidiana d e l a población. El poder difuso tiende a variar junt o con e l poder autoritario y

se v e afectado por s u logística. Pero también se extiende con relativa lentitud, espontánea y «universalmente» po r todas las poblaciones, sin pasar por organizaciones autoritarias concretas. Ese universalis- mo también tiene u n desarrollo tecnológico mensurable. Depende d e servicios capacitadores, como mercados, alfabetización, acuñación de

moneda

o e l desarrollo d e una cultura d e clase y nacional (en lugar

de local

o

d e linaje). Los mercados y las conciencias nacional y d e

clase fueron surgiendo lentamente a l o largo de l a historia, conforme

difusas.

e n e l des-

arrollo del poder

de l a infraestructura. E l poder

logística; e l poder difuso exige una infraestructura universal. Ambo s

infraestructura

a sus propias infraestructuras

La sociología histórica general

puede centrarse,

pues,

colectivo y distributivo, medido por e l desarrollo

autoritario exige una

nos permiten centrarnos e n u n análisis d e l a organización del poder

y d e l a sociedad

y examinar sus hneamientos socioespaciales.

Teoría

actual de la

estratificación

¿Cuáles son, pues, las principales

; do s enfoques principales e n l a teoría

, inicial común: la estratificación

organizaciones d e poder? Los actual d e l a estratificación son

el marxista y el neoweberiano. Y o acepto mu y satisfecho s u premisa

la

distribución

de las sociedades porque e n s u doble aspecto colectivo y distributivo

alcanzan sus

es

social consiste en la creación

y

globales del poder en la sociedad. Es la estructura central

e l medi o po r conducto de l cual lo s seres humanos

Las

sociedades como redes organizadas de poder

27

objetivos e n l a sociedad. D e hecho, e l acuerdo ques llega más lejos, pues tienden a considerar

mismos tres tipos d e organización de l poder. Entre lo s marxistas

(por ejemplo, Wesolowski , 1967; Anderson,

Balibar,

weberianos (por ejemplo, Bendix y Lipset, 1966; Barber, 1968; Hel -

1er, 1970;

y partido. Los dos conjuntos de términos tienen una cobertura apro- ximadament e equivalente, así que en l a sociología contemporáne,a los tres tipos se han convertido e n l a ortodoxi a descriptiva dominante.

Runciman , 1968, 1982, 1983a, b y c) , sondase, condición

1974a y b ; Althusser y Hirst, 1975), entre lo s

entre lo s dos enfo- predominantes lo s

1970;

Poulantzas,

1972;

Hindess

y

En general, lo s dos primeros: economía/clase e ideología/condi-

ción social m e parecen

ortodoxia consiste e n sugerir que no ha y tres, sino cuatro tipos fun-

damentales d e poder.

E l tipo «política/partido» contiene d e hecho

dos forma s separadas d e poder : poder político y poder militar; po r

una

parte, l a comunidad política central, qu e comprende e l aparato

satisfactorios.

M i primera desviación d e l a

estatal

y (cuando existen) lo s partidos políticos; po r otra parte, l a

fuerza

física o militar . Marx , Webe r y sus seguidores n o distinguen

entre lo s dos, porque e n general consideran a l Estado como e l de - positario d e l a fuerza física e n l a sociedad.

con e l Estado suele tener sentido e n

el caso d e los Estados modernos qu e monopoHza n l a fuerza mihtar. Sin embargo, conceptualmente, las dos cosas deben considerarse dis-

tintas, a l objeto d e estar preparados para cuatro posibilidades:

1. E n l a historia, l a mayor parte de los Estados no han poseído

El

equiparar

l a fuerza física

un monopoli o d e l a fuerza miUtar y

vindicado. E n algunos países europeos, durante l a Edad Medi a e l Estado feudal dependía de las levas militares o las mesnadas contro-

ladas por señores descentralizados. Po r l o general, lo s Estados islá- micos carecían d e poderes monopóUcos: po r ejemplo, n o se consi- deraban dotados d e poderes para intervenir e n lo s enfrentamientos

tribuales. Podemos distinguir

tanto d e los Estados como d e otros grupos. Los poderes políticos son los de regulación centralizada, institucionalizada, territorial; los po- deres militares son los de la fuerza física organizada dondequiera que estén organizados.

2. L a conquista l a realizan grupos que pueden ser independien-

tes

guerrero nacido

para

realizar incursiones y conquistar territorios. S i e l grupo militar efec-

muchos n i siquiera l o han rei-

lo s poderes políticos d e lo s militares,

d e su s Estados

d e origen. E n muchos

casos feudales,

cualquier

libre o noble podía reuni r una banda

armada

28

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

s u poderío contra s u propi o Es - qu e atacaban a civilizaciones, esa

organización militar solía llevar a l a primera aparición de u n Estado entre lo s bárbaros.

ins-

cuan-

do se halla controlada por éste. Com o es frecuente que los militares

política de l Estado e n u n golpe d e Estado, ne - entre las do s cosas.

4. S i las relaciones internacionales entre los Estados son pacífi-

«estructu-

ración de l poder político» d e l a sociedad internacional más amplia

derroquen a l a élite

cesitamos

titucionalmente separada d e otros órganos del Estado, incluso

tuaba l a conquista, eso aumentaba tado. E n los casos d e los bárbaros

3. E n e l plano interno, l a organización

militar suele estar

distinguir

cas,

per o están estratificadas,

preferiremos hablar

d e una

que

n o está determinada por e l poder militar. Así ocurre ho y día,

por

ejemplo, por l o qu e respecta

a lo s Estados poderosos, pero e n

gran medida

desmilitarizados,

del

Japón y Alemani a Occidental.

Por

eso trataremos por separado d e cuatro fuentes

d e poder: l a

economía, l a ideología, l a militar y l a política ^.

«Niveles,

dimensiones»

de la

«sociedad»

e n este

mismo capítulo. Pero, e n primer lugar,

teoría ortodoxa d e l a estratificación-es clara. E n l a teoría marxista

L a

Las cuatro fuentes d e poder se enumerarán más adelante

¿qué so n exactamente?

se

las califica generalmente d e «niveles d e una formación social»; e n

la

teoría neo-weberiana

so n «dimensiones»

d e l a sociedad.

Amba s

presuponen una visión abstracta, casi geométrica, de l a sociedad. Los

niveles

o las dimensiones son elementos d e u n todo mayor, qu e d e

hecho

está formado po r ellos. Mucho s autores representan esto e n

forma

d e diagramas.

L a sociedad se convierte e n u n gran

recuadro

o círculo d e u n espacio «-dimensional, qu e se subdivide e n cuadra-

dos, sectores,

niveles, vectores

o dimensiones más pequeños.

Donde más claramente se v e esto es e n e l término dimensiones.

deriva d e las matemáticas y tiene do s significados

a l guardar l a misma

especiales: 1 )

Se

Las dimensiones son análogas e independientes,

forma d e relación co n alguna propiedad estructural básica. 2 ) La s

órde-

nes/modos simbólicos de discurso, instituciones económicas, derecho/modos de san- ción/represión e,instituciones políticas.-

' Giddens (1981) también distingue cuatro tipos de institución

de poder:

Las

sociedades como redes organizadas de poder

29

dimensiones habitan ciedad». E l esquema

les» n o son independientes lo s unos d e los otros, pues e l d e l a eco- nomía tiene l a primacía última sobre lo s demás. D e hecho, es más complicado y ambiguo, porqUe l a economía marxista tiene u n doble papel, como «nivel» autónomo de l a «formación social» (la sociedad)

y como totalidad última determinante e n sí misma, a l a qu e se de-

nomina «modo d e producción». Los modos d e producción

men s u carácter general a las formaciones sociales y , e n consecuen-

e l mismo espacio global, e n este caso una «so- marxista difiere e n algunos detalles. Sus «nive-

impri -

lo s weberia-

I no s elaboran una teoría d e factores múltiples e n l a cual l a totalidad

social está

siones; los marxistas perciben l a totalidad como determinada «final- mente» por l a producción económica. Sin embargo, comparten una

determinada por l a interrelación compleja d e la s dimen-

r cia, a los distintos niveles. Así, las do s teorías difieren:

visión

simétrica d e l a sociedad como u n solo todo unitario.

La

impresión d e simetría queda reforzada

s i estudiamos e l inte-

rior d e cada dimensión/nivel. Cada una/uno

combina tres caracte-

rísticas simétricamente. Se trata, e n primer lugar, d e instituciones, como «iglesias», «modos d e producción», «mercados», «ejércitos»,

«Estados», etc . Pero también son funciones. A veces, éstas son, e n segundo lugar, fines funcionales qu e persiguen lo s seres humanos.

Por ejemplo, los marxistas justifican l a primacía

ciendo qu e lo s seres humanos deben perseguir ante todo l a subsis-

tencia económica. Los v/eberianos justifican l a importancia del poder

de

un significado a l mundo. Más frecuente es qu e se los considere, e n

Los marxistas consideran lo s

niveles político e ideológico como medios para extraer trabajo exce-

dente

organizaciones, funciones como

fines y funciones como medios son términos homólogos. Son aná-

Cada nivel o dimensión tiene e l

E s e l d e organización, función como fi n

y función como medio, todo ello envuelto e n e l mismo

Si continuamos hasta e l análisis empírico, l a simetría persiste. Cada dimensión/nivel puede desenvolverse en varios «factores». Los argumentos ponderan l a importancia de , digamos, varios «factores económicos» frente a varios «factores ideológicos». Aquí e l debate dominante se h a desarrollado entre u n enfoque d e «factores múlti- ples», qu e extrae sus factores más importantes d e diferentes dimen-

de los productores directos; los weberianos argumentan que

todos so n medios d e poder. Pero

tercer lugar, como medios funcionales

de l a economía adu-

l a ideología e n términos d e l a necesidad humana d e encontrarle

logos y habitan e l mismo mismo contenido interno.

espacio.

paquete.

30

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

siones/niveles, y u n enfoque d e «factor único», qu e extrae s u factor más importante d e uno solo. E n e l bando d e lo s factores múltiples debe de haber literalmente centenares d e libros y artículos qu e con- tienen l a afirmación d e qu e la s ideas, o lo s factores culturales, o ideológicos, o simbólicos, so n autónomos, tienen un a vida propia, no pueden reducirse a factores materiales o económicos (por ejem- plo, Sahlins, 1976; Bendix, 1978: 271 y 272, 630; Geertz, 1980: 13,

135 y 136). E n e l bando de l factor único

xista tradicional contra esa posición. E n

Ensayos sobre la Concepción Materialista de la Historia. E n ellos

aducía qu e e l enfoque d e factores múltiples dejaba

existe una polémica mar- 1908 Labriol a publicó sus

de lado l a totali-

dad d e l a sociedad, caracterizada por l a praxis de l hombre , s u acti- vidad como productor material. E s algo qu e desde entonces ha n repetido mucho los marxistas (por ejemplo, Petrovic, 1967: 67 a 114).

Pese a l a polémica, son dos caras de l a misma hipótesis: los «fac-

Las

sociedades como redes organizadas de poder

31

tre ella y su entorno. Un a sociedad es un a unidad con fronteras y contiene un a interacción qu e es relativamente densa y estable; es decir, presenta unas pautas internas cuando se compara con l a inte- racción qu e cruza sus límites. Pocos historiadores, sociólogos o an - tropólogos tendrían algo qu e objetar a esta definición (véase, po r ejemplo, Giddens, 1981: 4 5 y 46). La definición d e Parsons e s admirable. Pero sólo s e refiere a l grado d e unidad y d e ajuste a las pautas. Esto se suele olvidar con

excesiva

l a

unidad y las pautas. Es o es l o que y o califico d e concepción sistémica

o unitaria d e l a sociedad. Sociedad y sistema aparecían como inter-

cambiables e n Comt e y sus sucesoires, qu e lo s consideraban requi - sitos para una ciencia de l a sociedad: l a formulación de afirmaciones sociológicas e n general exige qu e aislemos una sociedad y observe- mos regularidades e n las relaciones entre sus partes. La s sociedades

frecuencia

y s e supone qu e l a presencia

invariable

d e

tores» son partes d e dimensiones o niveles funcionales d e organiza-

en

e l sentido d e sistemas, delimitadas y con pautas

internas, aparecen

ción qu e son subsistemas análogos

 

en

prácticamente todas las obras d e sociología y

antropología y e n

e independientes d e u n todo so - hincapié e n los aspectos inferio-

cial general.

res, más empíricos d e éste; lo s marxistas l o hacen e n e l aspecto

Los vi^eberianos hacen

casi todas las obras teóricamente informadas de ciencia política, eco- nomía, arqueología, geografía e historia. También existen implícita-

superior d e l a totalidad. Pero s e trata d e l a misma visión básica,

mente e n obras

menos teóricas d e esas

disciplinas.

 

simétrica y unitaria. Estas teorías rivales tienen virtualmente e l mismo concepto

tro: l a «sociedad» ( o l a «formación social» e n una parte d e l a teoría

flexible y

maes-

marxista). E l uso más frecuente de l término «sociedad» es

vago, e indica cualquier grupp humano estable, si n añadir nada a

términos como grupo social o agregado social o asociación. Así es

am -

bicioso, «sociedad» añade e l concepto d e u n sistema social unitario.

En este

an -

tropólogos clásicos y casi todos su s discípulos y críticos. D e lo s grandes teóricos, sólo Webe r mostró cautela ante ese enfoque y sólo

Parsons se h a opuesto a él explícitamente. L a definición de l último

palabra «sociología»). Y también Spencer, Marx, Durkheim,

como utiüzaré y o e l término. Pero e n u n us o más riguroso

o

sentido empleaba e l término e l propi o Comt e (que acuñó l a

lo s

es e l siguiente:

«Una sociedad

es u n tipo d e sistema social,

e n cual-

quier universo

d e sistemas

sociales qu e alcance e l máximo

nivel d e

autosuficiencia

como sistema e n relación con s u entorno» (1966: 9) .

Si renunciamos a l us o excesivo d e l a palabra «sistema», pero servamos e l sentido esencial d e Parsons, podemos llegar a una

a l us o excesivo d e l a palabra «sistema», pero servamos e l sentido

con-

defi-

nición mejor : Una sociedad es una red de interacción

social en cuyos

• límites

existe un cierto grado de discontinuidad en la interacción

en-

Examinemos l a etimología de l a palabra «sociedad». Se deriva del latín societas. D e ahí se elaboró socius, e n e l sentido de u n aliado n o romano, u n grupo dispuesto a seguir a Roma en las guerras. Se trata de u n término común en los idiomas indoeuropeos, derivado de raíz

sekw, qu e significa «seguir». Denot a una alianza asimétrica, una so-

ciedad como confederación flexible d e aliados estratificados. Y a ve-

remos qu e esta mos e l término

Pero continúo con do s argumentos más generales contra l a con- cepción unitaria d e l a sociedad.

concepción, y n o l a unitaria, es l a correcta. Utilice- «sociedad» e n s u sentido latino, n o romance.

Críticas

Los seres humanos son sociales,

n o societales

En l a base de l a concepción unitaria se halla una hipótesis

teóri-

ca: como las personas son animales sociales, tienen l a necesidad d e

co n pautas.

crear

Pero eso es falso. Los seres humanos necesitan entablar e n relaciones

un a sociedad,

un a totalidad social

delimitada

y

32

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

<sociales de poder, pero n o necesitan totalidades sociales. Son anima-

les sociales,

Veamos

pero n o societales. una ve z más algunas d e sus necesidades. Com o desean

satisfacción sexual, buscan relaciones sociales, habitualmente con sólo unos cuantos miembros de l sexo opuesto; como desean reproducir- se, esas relaciones sexuales suelen combinarse con relaciones entre adultos y niños. Para eso ( y otros fines) surge una familia, qu e dis- fruta de una interacción pautada con otras unidades familiares e n las cuales se pueden encontrar compañeros sexuales. Com o lo s seres humanos necesitan subsistencia material, establecen relaciones eco- nómicas y cooperan co n otros e n l a producción y e l intercambio. N o ha y ninguna necesidad d e qu e esas redes económicas sean idén- ticas a las redes famiUares o sexuales, y e n l a mayo r parte d e lo s casos n o l o son. Com o lo s seres humanos exploran e l significado final del universo, debaten sobre ideas y quizá participan con otros de parecidas inclinaciones en los ritos y el culto en las iglesias. Com o los seres humanos defienden l o que ha n conseguido, y como des- pojan a otros, forman bandas armadas, probablemente integradas por lo s hombres más jóvenes, y necesitan tener relaciones con n o combatientes qu e lo s alimenten y lo s equipen. Com o lo s seres hu - manos solucionan disputas si n recurrir constantemente a l a fuerza, establecen organizaciones judiciales con esferas específicas d e com- petencia. ¿Dónde está l a necesidad d e qu e todos esos requisitos so - ciales generen redes idénticas d e interacción socioespacial y formen una sociedad unitaria?

Las tendencias a l a formación d e un a sola re d obedecen a l a

i aparición d e l a necesidad

I La s cuestiones d e producción económica, d e significado, d e defensa

sociales.

d e institucionalizar las relaciones

j armada y d e solución judicial n o so n de l todo independientes las

'

d e ellas

unas

esté influido po r e l carácter d e todas, y todas so n necesarias para cada una. U n conjunto dado d e relaciones d e producción exigirá

unos supuestos

fensa y un a regulación judicial. Cuant o más institucionalizadas se

hallen esas relaciones, más irán convergiendo las diversas redes d e

poder hacia una sociedad

ideológicos y normativos comunes, así como l a de -

d e la s otras. E s probable

qu e e l carácter d e cada una

unitaria.

recordar l a dinámica inicial. L a fuerza impulsora

de l a sociedad humana no es l a institucionaHzación. L a historia obe-

dece a impulsos inconstantes qu e generan las diversas redes de rela-

e intensivas d e poder. Esas redes guardan una re -

ciones

Pero

debemos

extensivas

Las

sociedades como redes organizadas de poder

33

lación más directa qu e l a institucionalización con e l logro d e obje- tivos. E n l a persecución d e sus objetivos, lo s seres humanos siguen

desarrollando esas redes y superando e l nivel existente de

institucio-

nalización. Esto puede ocurri r como desafío directo a las

institucio-

nes existentes o si n intención e «intersticialmente» —entr e su s in - tersticios y e n torno a sus márgenes—• y crear nuevas relaciones e instituciones qu e tienen consecuencias imprevistas para las antiguas.

Esto se v e reforzado por e l aspecto más permanente d e l a insti-

tucionalización, l a división de l trabajo. Lo s qu e tienen relacionadas con l a subsistencia económica, l a ideología,

y l a agresión militares y l a regulación política poseen u n cierto con- trol autónomo sobre su s medios d e poder, que siguen desarrollán-

dose con relativa autonomía. Mar x observó qu e las fuerzas d e pro- ducción económica s e adelantan siempre a la s relaciones d e clase

nuevas clases sociales. y Mosca: el poder d e

las «élites» podía también basarse e n recursos n o económicos d e

poder. Mosca resumió e l resultado:

institucionalizadas y hacen salir a l a superficie El model o l o ampharon autores como Pareto

actividades l a defensa

Si en una sociedad surge una nueva fuente de riqueza, si aumenta l a impor-

tancia práctica del conocimiento, si entra en decadencia una religión antigua

o nace un a nueva, s i se difunde un a nueva corriente d e ideas, entonces,

simultáneamente, se producen grandes dislocaciones e n la clase dominante. Cabría decir, de hecho, que toda l a historia de l a humanidad civilizada se resume e n e l conflicto entre l a tendencia de lo s elementos dominantes a monopolizar el poder político y transmitir la posesión de éste por herencia,

y l a tendencia hacia l a dislocación de las viejas fuerzas y l a insurgencia de

otras nuevas; y ese conflicto produce u n fermento interminable de endós- mosis y exósmosis entre las clases altas y determinados sectores de las bajas. [1939: 65.]

comparte ostensi-

blemente l a visión unitaria d e l a sociedad: la s élites surgen y caen en e l interior del mismo espacio social. Pero cuando Mar x describió efectivamente e l auge d e l a burguesía (s u caso paradigmático de una revolución e n las fuerzas d e producción), n o era así. L a burguesía surgió «intersticialmente», surgió entre lo s «poros» d e l a sociedad feudal, decía él. L a burguesía, centrada e n la s ciudades, estableció

campesinos

vínculos con terratenientes, agricultores arrendatarios y

ricos, tratando sus recursos económicos como mercaderías a fi n d e crear nuevas redes d e interacción económica, redes capitalistas. D e

El

model o d e Mosca,

a l igual qu e e l de Marx,

34

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

hecho, como veremos e n los 'capítulos 14 y 15 , ayudó a crear do s

redes superpuestas diferentes: un a delimitada po r e l territorio de l

Estado de tamaño intermedio y otra mucho más extensiva,

por Wallerstein (1974) d e «sistema mundial». L a revolución burgue- sa n o cambió e l carácter d e una sociedad existente; creó sociedades nuevas.

Y o califico esos procesos d e surgimientos intersticiales. Son re - sultado del traslado de objetivos humanos a medios de organización. Las sociedades nunca han estado l o bastante organizadas como para

impedir l a emergencia intersticial. Los seres humanos n o crean so - ciedades unitarias, sino una diversidad d e redes d e interacción social que s e intersectan entre sí. La s más importantes d e esas redes s e forman d e manera relativamente estable e n torno a l a cuatro fuentes

de poder e n cualquier espacio social dado. Pero,

seres humanos siguen excavando para alcanzar sus objetivos, for- mando nuevas redes, ampliando las antiguas y emergiendo con toda claridad ante nosotros con las configuraciones rivales d e una o más de las principales redes de poder.

calificada

po r debajo, lo s

¿En qué sociedad vive

usted?

f

Cabe ve r un a prueba empírica e n l a respuesta a un a pregunta sencilla: ¿En qué sociedad vive usted? Es probable qu e las respuestas empiecen a do s niveles. Un o d e ellos se refiere a lo s Estados nacionales: M i sociedad es «el Reino Unido», lo s «Estados Unidos», «Francia», etc. E l otro es más am - plio: So y ciudadano d e l a «sociedad industrial» o d e l a «sociedad capitalista», o quizá de l «Occidente» o d e «la Ahanza occidental». No s encontramos co n u n dilema básico: un a sociedad d e Estado nacional o una «sociedad económica» más amplia. Para algunos fines importantes, e l Estado nacional representa un a re d real d e interac- ción con una cierta discontinuidad e n sus fronteras. Para otros fines importantes, e l capitalismo une a lo s tres países mencionados antes en una red más amplia de interacción, con división e n sus márgenes. Amba s so n «sociedades». Cuant o más indagamos, mayores son las complejidades. Tant o las alianzas mihtares como las iglesias, u n idio- ma común, etc., añaden poderosas redes d e interacción qu e son so - cioespacialmente diferentes. N o podríamos responder hasta después de elaborar una minuciosa descripción de las complejas interacciones

Las

sociedades com o redes organizadas d e poder

35

y facultades d e estas diversas redes transversales d e interacción. Si n duda, l a respuesta implicaría una sociedad confederal y n o unitaria. El mund o contemporáneo n o es excepcional. La s redes d e inte- racción superpuestas so n l a norma histórica. E n l a prehistoria, l a interacción comercial y cultural tenía un a extensión mucho mayo r

de l o que pudiera (véase e l capítulo

términos d e l a inserción d e l a agricultura aluvial e n varias redes re -

gionales superpuestas (capítulos 3 y 4) . E n casi todos lo s imperios antiguos, l a masa de l pueblo participaba abrumadoramente e n pe - queñas redes locales de interacción, pero también intervenía e n otras dos redes, establecidas por lo s poderes desiguales d e u n Estado re - mot o y por e l poder bastante más coherente, pero todavía superfi-- cial, d e notables locales semiautónomos (capítulos 5 , 8 y 9) . Cada vez fueron surgiendo, dentro, fuera y por encima de las fronteras d e esos imperios, otras redes comerciales y culturales más amplias y cosmopolitas, qu e generaron diversas «religiones universales» (capí- tulos 6, 7, 10 y 11). Eberhard (1965: 16) h a calificado a esos impe- rios d e «multiniveles», por contener muchos niveles superpuestos y muchas pequeñas «sociedades» qu e existen unas a l lado d e otras. Concluy e qu e n o s e trata d e sistemas sociales. Raras veces se ha n fundido las relaciones sociales e n sociedades unitarias, aunque e n

ocasiones los Estados han tenido pretensiones unitarias. L a pregun- ta d e «¿en qué sociedad vive usted?» hubiera sido igual d e difícil d e contestar para e l campesino de l norte d e Africa o d e l a Inglaterra

del siglo XII (esos do s casos se examina n Además, h a habido muchas civilizaciones

como l a antigua Mesopotami a (capítulo 3), l a Grecia clásica (capítu- lo 7 ) o l a Europa feudal y d e principios de l a Edad Moderna (ca- pítulos 12 y 13), donde pequeños Estados coexistían e n una red más amplia, flexiblemente «cultural». La s formas d e superposición e in - teracción han variado considerablemente, pero siempre han estado ahí.

controlar cualquier «Estado» u otra red autoritaria 2) . L a aparición d e l a civilización es explicable e n

e n los capítulos 1 0 y 12) , «culturalmente federales»,

La promiscuidad de organizaciones y funciones

concepción d e las sociedades como redes confederadas, su -

complica

la teoría. Pero todavía hemos d e introduci r más complejidades. La s

perpuestas

La

e intersectantes y n o como simples totalidades,

36

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

verdaderas

lación sencilla

social qu e fueron m i punt o d e partida. Esto nos llevará a desglosar

la ecuación de funciones y organizaciones cuidad».

Veamos, po r ejemplo, l a relación entre e l mod o capitalista d e producción y e l Estado, Lo s weberianos aducen qu e Mar x y sus seguidores pasan por alto e l poder estructural de l Estado y se con- centran exclusivamente e n e l poder del capitalismo. También aducen

que esta crítica equivale a decir poder autónomo d e los factores

paración con los económicos. Los marxistas replican con u n bloque parecido d e respuestas, rechazando ambas acusaciones o , s i no, jus-

tificando s u olvido tanto d e los Estados como d e l a política, con e l criterio d e qu e a fi n d e cuentas l o primordial es e l capitahsmo y e l poder económico. Pero es preciso estudiar más atentamente las res- puestas de ambos bandos. Los Estados capitahstas avanzados no son fenómenos políticos en lugar de económicos. Son ambas cosas si - multáneamente. ¿Cómo podrían ser otra cosa cuando redistribuyen aproximadamente l a mitad de l producto nacional bruto (PNB ) de - tenido e n su s territorios y cuando su s monedas, aranceles, sistemas educativo y sanitario, etc., son importantes recursos d e poder eco- nómico? N o es qu e lo s marxistas olviden lo s factores políticos. E s que olvidan e l hecho d e qu e lo s Estados so n actores económicos, además de políticos. Son «funcionalmente promiscuos». Así, e l mod o capitalista avanzado de producción contiene por l o menos do s acto- res organizados: las clases y los Estados nacionales. Un o d e lo s te -

mas principales del volume n

redes institucionalizadas

igualitaria

d e interacción n o tiene una re -

ideales-típicas

de l poder

y a reconocer s u «promis-

co n las fuentes

qu e lo s marxistas pasan por

alto e l

políticos e n una sociedad, e n com-

I I será l a distinción entre

ambos.

Pero no todos los Estados

han sido tan promiscuos. Po r ejemplo,

los Estados medievales europeos redistribuían mu y poco de l PN B contemporáneo. Sus funciones eran abrumadora y estrictamente po- líticas. L a separación entre funciones/organizaciones económicas y

políticas era clara y simétrica: lo s Estados eran políticos, las clases eran económicas. Pero l a asimetría entre l a situación medieval y l a moderna agrava nuestro problema teórico. La s organizaciones y las

funciones se entrecruzan e n e l proceso histórico, unas veces

sepa-

rándose claramente, otras uniéndose d e diversas formas. Los

Esta-

dos, lo s ejércitos y las iglesias, así como las organizaciones especia- lizadas qu e solemos calificar d e «económicas» pueden desempeñar papeles económicos ( y normalment e l o hacen). La s clases económi-

L.1S sociedades como redes organizadas de poder

37

cas,

lo s Estados y

las élites

militares esgrimen ideologías, igual qu e

las iglesias, etc. N

o existen

relaciones

igualitarias

entre funciones y

organizaciones. Sigue siendo cierto qu e existe un a división general y ubicua d e funciones entre las organizaciones ideológicas, económicas, militares Y políticas, división que reaparece una y otra vez por los intersticios de organizaciones d e poder más fusionadas. L o mantendremos e n mente, pues será u n instrument o simplificador de nuestro análisis e n términos d e las interrelaciones d e un a serie d e funciones/organiza- ciones dimensionales autónomas o d e l a primacía final d e un a d e ellas. E n este sentido, tanto l a ortodoxi a marxista como l a neowe- beriana son falsas. L a vida social n o consiste e n un a serie d e terri- torios —compuesto cada uno de u n bloque de organizaciones y fun- ciones, d e medios y d e fines— cuyas relaciones entre sí son las d e objetos externos.

Organizaciones de poder

.

¿cuál es l a solución? E n esta sección

empíricos de l predomini o relativo d e una fuente

concreta de poder. Estos ejemplos indican una solución e n términos

de organización

Mucha s

doy

Si e l problema es tan difícil,

do s ejemplos

d e poder. E l primer o es e l del poder militar.

veces es fácil ver l a aparición d e u n nuevo poder militar porque l a

suerte

d e l a guerra puede

tener un a salida

así de rápida y tajante.

Un o

d e

esos

casos fu e e l auge d e l a falange

de piqueros

europea.

Ejempl o

1 ; E l auge

d e l a falange

d e piqueros

europea

Inmediatamente después de l año 1300 d.C. lo s acontecimientos

sociales e n Europa. E n

una serie d e batallas

integrado por grupos semiindependientes d e caballeros con armadu-

ra rodeados d e su s vasallos, s e vi o derrotada po r ejércitos (sobre

todo suizos y flamencos) qu e s e

de piqueros d e infantería (véase Verbruggen, 1977). E l repentino cambio d e l a suerte d e l a guerra llevó a importa'ntes cambios de l poder social. Aceleró l a decadencia d e las potencias qu e n o se ajus- taron a l o qu e enseñaba l a guerra, por ejemplo, e l gran Ducado d e

militares precipitaron importantes cambios

l a vieja mesnada

feudal, cuyo núcleo estaba

apoyaban más e n compactas masas

38

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

Borgoña. Pero a l a larga reforzó e l poder d e lo s Estados

centraliza-

dos.

A éstos le s resultaba más fácil aportar lo s recursos necesarios

para

mantener los ejércitos combinados

d e infantería-caballería-arti-

llería qu e constituían l a respuesta a l a falange d e piqueros. Eso ace- leró l a desaparición del feudalismo clásico e n general, porque refor-

zó e l Estado central y debilitó a l señor feudal autónomo. Empecemos por estudiar este caso a l a luz d e lo s «factores». S i se considera estrictamente, parece tratarse d e una pauta causal sim-

ple: lo s cambios e n l a tecnología de las relaciones del poder político

y económico. E n este model o tenemos u n caso aparente d e deter-

minismo militar. Pero d e esa manera ignoramos l a existencia de mu - chos otros factores qu e contribuyen a l a victoria militar. Probable- mente, e l más crucial fu e l a clase d e moral qu e poseían lo s vence-

I ,as sociedades com o redes organizadas de pode r

39

de mercadería a la s ciudades, etc.),- instituciones políticas (l a jerar- quía d e lo s tribunales d e vasallo a señor, a monarca), instituciones militares (l a mesnada feudal) y una ideología común a toda Europa :

el cristianismo. E l término «feudalismo» es un a forma amplia d e describir l a forma dominante e n qu e estaban organizadas e institu-

cionalizadas e n toda l a Europa occidental medieval las miríadas d e factores d e l a vida social y , e n el núcleo, las cuatro fuentes de poder

social. Pero

el feudalismo y estaban menos controladas por éste. L a vida social siempre es más compleja qu e sus instituciones dominantes porque, como y a h e subrayado, l a dinámica d e l a sociedad procede d e l a miríada d e redes sociales qu e establecen los seres humanos para per-

seguir sus objetivos. Entre las redes sociales qu e n o se hallaban e n

otras esferas d e l a vida social eran menos centrales para

dores: l a confianza e n el piquero d e l a derecha, e l d e l a izquierda y

;

e l núcleo de l feudalismo figuraban las ciudades y las comunidades

el

d e atrás. Esto, a s u vez, probablemente obedecía a l a vida relati-

de campesinos

libres. S u desarrollo er a relativamente intersticial a l

vamente igualitaria y comunitaria d e los burgueses flamencos y sui-

i

feudalismo. Y , e n u n aspecto crucial, do s d e ellas, Flandes

y Suiza,

zos y d e lo s agricultores Ubres. Podríamos seguir buscando hasta

I

advirtieron qu e s u organización social aportaba una forma

especial-

hallar una explicación de múltiples factores, o quizá pudiéramos adu-

mente eficaz d e «coerción concentrada» (que es, como más adelante

cir

qu e e l aspecto decisivo era e l mod o de producción económica d e

definiré, l a organización militar) a l campo d e batalla. Er a algo qu e

los do s grupos. E l escenario está montado para e l tipo d e discusión

 

no sospechaba nadie, n i siquiera ellos mismos. A veces se aduce qu e

entre lo s factores económicos, militares, ideológicos y

d e otro tipo

la primera victoria fue accidental. E n l a batalla d e Courtrai lo s ca-

que se cierne sobre prácticamente todas las esferas

de l a investigación

balleros franceses habían cercado a lo s burgueses flamencos contra

histórica y sociológica. Es u n ritual sin esperanza y sin final. Porque

el río. N o podían aplicar s u táctica habitual contra las cargas d e

el

poder mihtar, a l igual qu e todas las fuentes d e poder, es e n sí

!

cabañería: ¡a correr! Com o

n o estaban dispuestos a someterse a una

e n tierra, decidieron resistir y descabal-

promiscuo. Exige u n superávit moral y económico —es decir, apo-

matanza, clavaron las picas

yos ideológicos y económicos—, además de recurrir a las tradiciones

.

garon a l a primera oleada

de sorpresa intersticial, y

de caballeros.

l o fue para

Se trata

de u n buen ejemplo

y

avances más estrictamente militares. Todos ellos son factores ne -

i

todos lo s

interesados.

cesarios para e l ejercicio del poder mihtar, así qu e ¿cómo podemos

I

Pero éste no

es u n ejemplo d e factores

«militares» contra

factores

clasificarlos por orden d e importancia?

i

«económicos». Por e l contrario, se trata d e u n ejemplo d e l a com-

Pero tratemos de observar las innovaciones mihtares bajó u n pris- ma diferente, e l d e l a organización. Naturalmente , esas innovaciones tuvieron condiciones previas económicas, ideológicas y d e otro tipo. Pero también tuvieron u n poder d e reorganización intrínsecamente militar, emergente, intersticial: una capacidad mediante l a superiori-

dad concreta e n e l campo de batalla, para reestructurar redes sociales generales distintas de las que brindaban las instituciones dominantes existentes. Califiquemos a éstas d e «feudalismo», l o qu e comprende u n mod o d e producción (extracción d e u n excedente a u n campesi-

nado dependiente, con las posesiones

d e lo s señores, entrega d e excedentes e n forma

interrelación d e la s

parcelas d e lo s campesinos

I petencia

entre dos formas d e vida, una dominante y

feudal, l a otra,

I

hasta entonces menos importante, d e ciudadanos

o

d e

campesinos

!

libres, qu e dio u n giro decisivo

e n e l campo

d e batalla.

Un a

forma

de vida generó l a mesnada feudal, l a otra l a falange d e piqueros.

Ambas formas exigían l a miríada d e «factores» y las funciones d e las cuatro fuentes de poder necesarias para l a existencia social. Hasta entonces, un a configuración d e organización dominante, l a feudal,

i

había predominado e incorporado parcialmente a l a otra e n sus re -

\. Ahora,

n o obstante,

e l desarrollo intersticial d e aspectos de l a

vida flamenca y d e l a suiza encontró

capaz d e descabalgar ese predominio . E l poder militar reorganizó l a

un a organización militar rival

40

Una historia del poder hasta 1760 d.C .

vida social

«coerción concentrada» e n e l campo d e batalla. De hecho, l a reorganización continuó. L a falange de piqueros se vendió (Hteralmente) a Estados ricos cuyo poder sobre las redes feudales y la s ciudades y lo s campesinos independientes se vi o in - crementado (al igual qu e sobre l a rehgión). Una esfera d e l a vida social —^sin duda parte del feudalismo europeo, per o qu e n o estaba en s u núcleo, o sea, qu e estaba escasamente institucionahzada— des- arrolló inesperada e intersticialmente un a organización mihtar mu y concentrada y coercitiva qu e primer o amenazó a l núcleo, pero des-

pués induj o una reestructuración d e éste. L a aparición d e una orga-

nización militar

genes como s u destino eran promiscuos, y n o po r accidente, sino

por s u propia índole. E l poder militar permitió una ganizaciones, un a reagrupación tanto d e l a miríada

l a

sociedad como d e sus configuraciones dominantes de poder.

existente, mediante l a eficacia

d e una forma concreta de

autónoma fu e efímera e n este caso. Tant o su s orí-

racha d e reor-

d e redes

d e

Ejempl o 2 : L a aparición d e culturas y religiones

d e civilización

En muchos momentos y lugares, las ideologías se han difundido

por un. espacio social mucho más extenso qu e e l cubierto po r los

Estados,

ejemplo, las seis civilizaciones prístinas mejor conocidas: Mesopo- tamia, Egipto, e l Valle de l Indo, l a China de l río Amarillo, Meso- américa y l a América andina (con l a posible excepción d e Egipto) surgieron como un a serie d e pequeños Estados situados e n e l inte- rior de una unidad cultural de civilización, con estilos monumentales

y artísticos, formas de representación simbólica y panteones religio-

sos comunes. E n l a historia ulterior, e n muchos casos también se

hallan federaciones d e Estados e n e l interior de una unidad cultural más aniplia (por ejemplo, l a Grecia clásica o l a Europa medieval). Las religiones salvacionistas universales se difundieron por regiones del globo mucho más extensas qu e ninguna otra organización de poder. Desde entonces, también h a habido ideologías seculares como

el liberalismo y e l socialismo qu e se han difundido extensivamente

por encima d e las fronteras de otras

lo s ejércitos o lo s modos

d e producción económica. Po r

redes de poder.

son fenómenos his-

tóricos importantísimos. Cuando los estudiosos señalan esto a nues- tra atención argumentan en términos factoriales: según ellos, demues-

O sea, qu e la s religiones y otras ideologías

I,as sociedades como redes organizadas de poder

41

tra l a autonomía

riales» (por ejemplo, Coe, 1982, y Keatinge, 1982, en relación con an- tiguas civilizaciones americanas, y Bendix, 1978, e n relación co n la difusión de l liberalismo a principios de l mund o moderno) . Un a

vez más llega l a contraandanada materialista; esas ideologías n o están «meramente flotando e n e l aire», sino qu e son product o d e circuns- tancias sociales reales. E s cierto qu e l a ideología n o «flota sobre» l a vida social. Salvo que l a ideología se derive de l a intervención.divina en l a vida social, debe explicar y reflejar l a experiencia d e l a vida real. Pero —y e n esto reside s u autonomía— explica y refleja aspec- tos de l a vida social qu e las instituciones dominantes d e poder y a existentes (modos de producción económica, Estados, fuerzas arma- das, otras ideologías) n o explican n i organizan eficazmente. Un a ideo- logía surge como movimient o vigoroso y autónomo cuando puede

única varios aspec-

tos d e l a existencia qu e hasta entonces han sido marginales, inters-

ensamblar e n una explicación y una organización

d e lo s factores «ideales» con respecto a los «mate-

ticiales, respecto d e las instituciones dominantes del poder. Se trata siempre de una evolución potencial de las sociedades, porque existen muchos aspectos intersticiales de l a experiencia y muchas fuentes d e contacto entre lo s seres humanos distintas d e las qu e forman las

redes nucleares d e las instituciones

Permítaseme citar e l ejemplo d e l a unidad cultural d e las civili-

dominantes.

zaciones

y 4) . Observamos u n panteón d e dioses,

de escritura, decoración y edificación d e monumentos . Advertimos las funciones «materiales» más generales qu e desempeñaron las ins- tituciones religiosas: fundamentalmente l a función económica d e al - macenar y redistribuir los productos agrícolas y regular e l comercio

y l a función político/militar d e idear la s normas d e l a guerra y l a

diplomacia. Y examinamos e l contenido d e l a ideología: l a preocu- pación por l a genealogía y los orígenes d e l a sociedad, por las tran-

siciones de l ciclo vital, po r l a influencia sobre l a fertilidad d e l a

naturaleza y

ción y l a regulación de l a violencia, por e l establecimiento de fuentes

de autoridad legítima más allá del grupo de parentesco, l a aldea o e l Estado a lo s qu e pertenece cada uno. Así, un a cultura centrada e n la religión aportaba a l a gente que vivía e n condiciones parecidas e n una región extensa una identidad colectiva normativa y una capaci- dad para cooperar que n o era intensa e n s u capacidad de moviliza- ción, pero qu e er a más extensiva y difusa d e l o qu e aportaban a l

prístinas

(que se trata con detenimiento e n lo s capítulos 3

fiestas,

calendarios,

estilos

e l control d e l a reproducción

humana, por l a justifica-

42

Una historia del poder hasta i 760 d.C,

Estado,

en l a religión

ciones

e l ejército o e l mod o d e producción. Un a cultura

sociales.

brindaba

un a forma

Fusionaba e n un a forma

centrada

particular d e organizar la s rela-

coherente d e organización

varias necesidades sociales, hasta entonces intersticiales respecto a l a instituciones dominantes d e las pequeñas sociedades familiares/aldea- nas/estatales de l a región. Después, l a organización de poder de tem-

plos,

ciones, e n particular mediante e l establecimiento d e formas de regu- lación económica y política d e largo alcance. ¿Fue esto resultado d e s u contenido ideológico? No , s i co n eso nos referimos a sus respuestas ideológicas. Después d e todo, las res- puestas qu e da n las ideologías a l a preguntas sobre e l «significado de l a vida» n o so n ta n diversas. Tampoc o so n especialmente impre- sionantes, tanto e n e l sentido d e qu e s u veracidad nunca se puede comprobar, como e n e l sentido d e que las contradicciones que de-

berían resolver (po r ejemplo, l a cuestión d e l a teodicea: ¿por qué coexisten u n orden y u n significado aparentes co n e l caos y el mal?)

sacerdotes,

escribas, etc., reaccionó y reorganizó esas

institu-

;

persiste después d e haber recibido respuesta. ¿Por qué, entonces, algunos movimientos ideológicos conquistan su región, e incluso gran

parte de l mundo , mientras qu e l a mayor parte n o l o logra? E s

po -

:

sible qu e l a expKcación d e l a diferencia se halle menos e n la s

res -

:

puestas qu e aportan las ideologías qu e e n l a forma e n qu e organizan

j

esas respuestas. Lo s movimientos ideológicos aducen qu e lo s pro -

¡

blemas humanos se pueden resolver co n l a ayuda d e un a autoridad

,

sagrada y transcendental, un a autoridad qu e penetre horizontal y verticalmente e n e l ámbito «secular» de las autoridades d e los pode-

:

re s económico, militar y político. E l poder ideológico se convierte

;

e n un a forma distinta d e organización social, qu e persigue un a d¡-

i

versidad d e objetivos,

«seculares» y «materiales» (po r ejemplo, l a

;

legitimación d e determinadas formas de autoridad), además d e lo s

j

considerados convencionalmente religiosos e ideales (po r ejemplo, la

• búsqueda d e significado). S i lo s movimiento s ideológicos están cla- •• ramente delimitados e n cuanto organizaciones, podemos analizar las

i situaciones e n que s u forma parece responder a las necesidades hu -

; manas. Deberían existir determinadas condiciones de l a capacidad de la autoridad social transcendental, qu e vayan más allá de l ámbito de

: las autoridades establecidas de poder para resolver problemas huma-

; nos. Un a d e las conclusiones d e m i estudio histórico es aducir que,

: efectivamente, así ocurre.

\n consecuencia,

las fuentes de l poder n o están integradas inter-

I il'i iiociedades como redes

organizadas de poder

43

ñámente po r un a serie d e «factores» estables qu e muestren todos l a misma coloración. Cuando surge un a fuente independiente de poder,

de todos lo s

cü promiscua e n relación co n los «factores», qu e acopia

1 ¡neones d e l a vida social y a lo s qu e n o d a sino un a configuración distinta d e organización. Ahor a podemos pasar a las cuatro fuentes

y los medios d e organización qu e imphcan.

l.as cuatro fuentes y organizaciones del poder

El poder ideológico

se deriva d e tres argumentos interrelaciona-

dos e n l a tradición sociológica. E n primer

prender e l mund o meramente mediante l a percepción directa d e lo s

sentidos (ni , e n consecuencia, actuar conforme a esa comprensión). Necesitamos qu e se impongan conceptos y categorías de significados

,1 esas percepciones d e lo s sentidos. L a organización social de l co - nocimiento y de l significado últimos es algo necesario para l a vida s'ocial, como aducía Weber . Así, quienes monopohza n un a reivindi - cación de l significado pueden ejercer e l poder colectivo y distribu- tivo. E n segundo lugar, hacen falta normas, supuestos comunes de cómo deben actuar las personas moralment e e n sus relaciones mu - tuas, para qu e exista un a cooperación social sostenida. Durkhei m demostró qu e hacen falta unos supuestos normativos comunes para que exista un a cooperación social estable y eficaz y qu e a menudo

lugar, n o podemos com-

sus

portadores

so n movimientos ideológicos, como la s

religiones.

Un

movimient o

ideológico

qu e aumente l a confianza mutua y l a

moral colectiva d e u n grupo puede incrementar las facultades colec- tivas d e éste y verse recompensado po r e l mayo r celo d e sus segui- dores. Así, e l monopoli o d e las normas constituye un a vía hacia e l ' poder. L a tercera fuente d e poder ideológico es l a qu e constituyen

las prácticas estéticas/rituales. Estas n o se pueden reduci r a un a cien- cia racional. Com o l o h a expresado Bloc h (1974), a l tratar del poder

del

poder distintivo qu e se comunica a través d e l a canción, l a danza, las formas artísticas visuales y lo s ritos. Com o reconoce todo e l mundo, salvo los materialistas más fervientes, cuando e l significado,

las normas y las prácticas estéticas y rituales so n monopoh o d e u n grupo distintivo, éste puede poseer u n considerable poder intensivo

y extensivo. Puede explotar s u funcionalidad y añadir u n poder

tributivo a l poder colectivo. E n capítulos ulteriores anahzaré las cir-

mit o religioso: «No se puede

discutir co n un a canción.» Ha y u n

dis-

44

Una historia del poder hasta 1760 d,Gk

cunstancias e n las qu e u n movimient o ideológico puede obtener tal'' poder, así como s u ámbito global. Los movimientos religiosos apoft tan lo s ejemplos más obvios d e poder ideológico, pero e n este vo -

pri»

lume n se citan los ejemplos más seculares d e las culturas d e l a

mera Mesopotami a y d e l a Grecia clásica. La s ideologías predomi - nantemente seculares son características de nuestra propia época: pof

ejemplo, e l marxismo.

i

E n algunas formulaciones, lo s términos «ideología» y «poder

í

ideológico» contienen dos elementos adicionales: que e l conocimien- to impartido es falso y/o qu e es una mera máscara para l a domina-

'

ción material. Y o n o implico ninguna d e esas do s cosas. E l conoci- miento impartido por u n movimient o de poder ideológico forzosa-

\e

«supera l a experiencia»

(como

dice

Parsons).

N

o s e

puede

'

someter totalmente a prueba mediante l a experiencia y e n ello reside

:

s u capacidad distintiva para

persuadir y dominar. Pero n o tiene por

j

qué ser falso; si l o es, tiene menos probabilidades de difundirse. E l

pueblo n o es una masa d e idiotas manipulables. Y aunque efectiva- mente las ideologías contienen legitimaciones d e intereses privados

y

d e dominación material, es poco probable que lleguen a influir en

las personas s i n o so n más qu e eso. La s ideologías vigorosas son, como mínimo, mu y plausibles e n las circunstancias de cada momen -

to y crean una adhesión auténtica.

I

Esas so n la s funciones de l poder ideológico, pero, ¿qué linea-

í

mientos característicos d e organización crean?

 

L a organización ideológica se presenta e n do s tipos principales. En l a primer a forma, más autónoma, es socioespacialmente transcen-

dente. Transciende

las instituciones existentes d e poder ideológico,

económico, militar y político y genera una forma «sagrada» d e au -

toridad (e n el sentido d e Durkheim) , separada y por tructuras d e autoridad más seculares. Desarroll a una

encima d e es- función autó-

noma mu y poderosa cuando las propiedades emergentes d e l a vida social crean l a posibilidad d e un a cooperación o un a explotación mayor que transcienden el ámbito de organización de las autoridades

seculares.

Técnicamente, pues, las organizaciones ideológicas pueden

;

depender

más d e l o habitual d e la s qu e y o h e denominado técnicas

difusas de poder y , e n consecuencia,

son propagadas

por l a extensión

d e «infraestructuras universales» como l a alfabetización, l a acuña-

'

ción d e moneda y lo s mercados. Como aducía Durkheim, l a religión surge por l a utilidad d e l a integración normativa ( y del significado y d e l a estética y del ritual),

1

sociedades como redes organizadas de poder

45

y

es «sagrada», está separada d e las relaciones laicas d e poder. Pero

lio se limita a integrar y reflejar un a «sociedad» y a establecida; d e

hecho, puede crear efectivamente una red de l tipo d e una sociedad, ima comunidad religiosa o cultural, a partir de necesidades y rela- ciones sociales intersticiales y emergentes. Es o e s e l model o qu e

iiplico e n los capítulos 3 y 4 a las primeras civilizaciones extensivas

y e n los capítulos 10 y 1 1 a las religiones salvacionistas universales,

líl poder ideológico brinda u n método socioespacial distintivo' de hacer frente a problemas sociales emergentes. La segunda configuración es l a ideología como moral inmanente, que intensifica l a cohesión, l a confianza y , e n consecuencia, e l poder lie u n grupo social y a establecido. L a ideología inmanente tiene u n impacto menos visiblemente autónomo, pues e n gran medida refuer- za algo qu e y a existe. Si n embargo, la s ideologías d e clase o d e nación (qu e son lo s principales ejemplos), con su s infraestructuras

ilistintivas, por l o general

extensivas y difusas, han contribuido mu -

cho al ejercicio del poder, desde los tiempos de los antiguos imperios

nsirio y persa e n adelante.

El poder económico se deriva d e l a satisfacción d e las necesidades

de subsistencia mediante l a organización social d e l a extracción, l a transformación, l a distribución y e l consumo d e lo s objetos d e l a

naturaleza.

denomina clase, y,

purament e económico. Normalmente , la s relaciones económicas d e producción, distribución, intercambio y consumo combinan u n alto grado d e poder intensivo y extensivo y ha n constituido un a gran

forman una gran parte d e

es u n concepto

A un a agrupación formada e n torno a esas tareas

e n consecuencia,

e n esta

obra

se

l a

parte de l desarrollo social. Así, las clases

las relaciones generales de estratificación social. Quienes pueden mo - nopolizar el control de l a producción, l a distribución, el intercambio

y e l consumo, es decir, l a clase dominante, pueden obtener el poder

general colectivo y distributivo e n las sociedades. También analizaré las circunstancias e n las qu e surge ese poder.

N o

m e referiré aquí a los múltiples debates

sobre e l papel d e las

clases e n l a historia. Prefiero e l contexto d e los problemas históricos

reales, empezando e n e l capítulo 7 por l a lucha d e clases e n l a an - tigua Grecia (la primer a época histórica sobre l a que disponemos d e

datos adecuados). E n ese caso,

de las relaciones d e clase y de l a lucha de clases: estructuras de clase

latentes, extensivas, simétricas

sucesivos. Mi s conclusiones se indican e n e l último capítulo. Veré-

distingo cuatro fases e n l a evolución

y

políticas.

Las utilizo e n los capítulos

,46

Una historia del poder hasta 1760 d.C,

¡ s i bien las clases son importantes, n o son

mos que,

«el motor de la

; como creía, por ejemplo,

historia»,

Marx .

Ha y

una cuestión importante e n torno a l a cual

difieren las dos

principales tradiciones teóricas. Lo s marxistas destacan e l control

sobre l a fuerza d e trabajo como eso se concentran e n los «modos

(y otros, como l a escuela sustantivista de Kar l Polanyi) destacan la

fuente del poder económico y por áe producción». Lo s neoweberianos

organización del intercambio económico. N o podemos elevar l o uno por encima d e l o otro sobre bases teóricas apriorísticas. Debemos

, dejar qu e lo s datos históricos decidan l a cuestión. E l afirmar, como

: hacen muchos marxistas, que las relaciones de producción deben ser

: decisivas porque «la producción es l o primero» (es decir, precede a

la distribución, e l intercambio y e l consumo) es olvidar e l aspecto

de «emergencia». Un a vez qu e emerge una forma de intercambio, es

un hecho social, potencialmente vigoroso. Los comerciantes pueden

reaccionar a l a oportunidad d e s u extremo d e l a cadena económica

y después actuar sobre l a organización d e producción d e l a qu e

surgieron inicialmente. U n imperi o mercantil como e l fenicio es u n ejemplo d e u n grupo comercial cuyos actos modificaron decisiva-

mente las vidas de los grupos productores cuyas necesidades crearon inicialmente e l poder d e ese grupo (por ejemplo, e l desarrollo del alfabeto; véase e l capítulo 7) . La s relaciones entre l a producción y

el

intercambio so n complejas y a menudo atenuadas: mientras qu e

la

producción tiene mucho poder intensivo, pues movihza una coo-

I peración social local intensa para explotar l a naturaleza, e l intercam-

; bio puede realizarse d e forma mu y extensiva. E n sus márgenes, e l

intercambio puede tropezar co n influencias y oportunidades mu y distantes de las relaciones de producción que generaron inicialmente

las actividades d e venta. E l controlable desde u n centro.

puede n o ser unitaria, una sola jerarquía d e poder económico. S i se atenúan las relaciones de producción y de intercambio, pueden frag- mentar l a estructura d e clases.

poder económico suele se r difuso, n o Eso significa que l a estructura de clases

I Así, las clases so n

! l a organizadción social

' bución y e l consumo d e lo s objetos d e l a naturaleza. Repito qu e

I utilizo e l término clase para denotar una agrupación de poder pura-

I ment e económico y e l término estratificación social para denotar cual-

I

' denotará un a clase económica qu e h a logrado monopolizar otras

l término clase gobernante

de l a extracción, l a transformación, l a distri-

grupos con u n poder social diferencial sobre

quie r

tip o

de" distribución

de l poder .

E

I

itN sociedade s com o rede s organizada s d e pode r

47

iiicntes de poder a fi n de dominar e n general a una sociedad centrada i'ii u n Estado. Dej o para e l anáhsis histórico las cuestiones relativas

it las interrelaciones de las clases con otras agrupaciones d e estratifi- irtclón. La organización económica comprende circuitos d e producción,

distribución, intercambio y

cioespacial e s que , s i bien esos circuitos so n extensivos, también entrañan e l trabajo cotidiano, intensivo y práctico —-lo qu e Mar x lliimaba l a praxis— d e l a masa d e l a población. D e este, modo , l a organización económica presenta un a mezcla socioespacial distinti- vamente estable de poder extensivo e intensivo y d e poder difuso y

consumo.

S u principal peculiaridad so -

I

autoritario. Po r eso denominaré circuitos de praxis

a l a organización

económica. E l objetivo d e ese término, más bien pomposo, es avan-

;

/ar a partir d e dos d e las percepciones de Marx . E n primer lugar, a un «extremo» d e u n mod o d e producción razonablemente desarro-

',

Hado se halla una

masa d e

obreros qu e trabajan y s e expresan me -

;

iliante l a conquista d e l a naturaleza. E n segundo lugar, a l otro «ex-

tremo» del mod o existen circuitos complejos y extensivos d e inter-

cambio e n lo s qu e millones d e personas

pueden hallarse encerradas

j

por fuerzas impersonales, aparentemente <ínaturales». E l contraste es particularmente agudo e n e l caso del capitahsmo, pero está presente

'

e n todos los tipos de organización del poder económico. Los grupos

d e praxis son clases. L a me-

dida e n l a qu e éstas sean «extensivas», «simétricas» y «políticas» e n todo e l circuito d e l a praxis d e u n mod o d e producción ^ determi-

nará l a capacidad d e organización d e las clases y l a lucha d e clases,

y ello a s u ve z girará e n torno a l a estrechez de l vínculo entre l a producción local intensiva y los circuitos extensivos de intercambio.

definidos e n relación con lo s circuitos

El poder

militar y a se h a definido e n parte.

S e deriva

d e l a ne -

cesidad d e un a defensa física organizada y d e s u utihdad para, l a agresión. Tiene aspectos tanto intensivos como extensivos, pues afec-

ta a cuestiones

defensa y del ataque en grandes espacios geográficos y sociales. Quie -

nes l o monopolizan, como las élites militares, pueden obtener poder

d e vida y muerte, así como a l a organización d e l a

i colectivo y distributivo. Es e

poder

se h a olvidado últimamente e n

íj ^ E n adelante, utilizaré el término mod o de producción como abreviatura de «modo

jl

de producción, distribución, intercambio y consumo». Co n ello n o implico que la

,i

producción tenga primacía sobre otras

esferas.

48

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

la

principios del XX como Spencer, que e n general éstos exageraron

L a organización militar es esencialmente concentrada-coercitiva. Moviliza l a violencia, e l instrument o más concentrado, s i n o e l más contundente, del poder humano. E s algo evidente e n tiempo de gue-

rra. L a concentración d e l a fuerza constituye l a clave d e casi todos los comentarios clásicos sobre l a táctica militar. Pero como veremos en varios capítulos históricos (especialmente de l 5 a l 9) , puede con -

teoría social,

y

e n m i caso

regreso

a autores de l siglo XIX y

Gumplowic z y Oppenheimer (aun-

s u capacidad).

\r más allá de l campo

d e batalla y d e l a campaña. La s formas

militaristas d e control social qu e se aplican e n tiempo d e pa z tam- bién están mu y concentradas. Po r ejemplo, es frecuente qu e sea un a mano d e obra directamente coercionada, esclava o forzosa, l a qu e construye las fortificaciones, los monumentos o las grandes carrete- ras o canales d e comunicación. L a mano d e obra coercionada tam- bién aparece e n las minas, las plantaciones y otras grandes explota- ciones agrícplas y e n l a casas d e los poderosos. Pero es menos ade- cuada para l a agricultura dispersa normal , para l a industria, donde se necesita tener criterio y conocimientos técnicos, y para las acti- vidades dispersas de l comercio. Lo s costes d e imponer eficazmente

la coerción directa e n esas esferas ha n excedido

los regímenes conocidos históricamente. Así, e l militarismo h a re - sultado útil e n lo s casos e n qu e e l poder concentrado, intensivo y autoritario h a dado resultados desproporcionados.

En segundo lugar, e l poder militar también tiene u n ámbito más extensivo, d e aspecto negativo, terrorista. Com o h a señalado Latti-

more, a l o largo de l a mayor parte de l a historia el alcance del ataque mihtar h a sido mayor qu e e l ámbito d e control estatal o d e las relaciones económicas y d e distribución. Pero se trata de u n control mínimo. L a logística es abrumadora. E n e l capítulo 5 calculo qu e a lo largo d e l a historia antigua l a distancia d e marcha máxima si n apoyo qu e podía recorrer u n ejército era d e unos 9 0 kilómetros, o

sea un a base insuficiente superficies. A l enfrentarse

lómetros d e distancia, po r ejemplo, l a población local podría obe- decer externamente sus dictados: pagar u n tributo anual, reconocer

la soberanía d e s u

corte, etc., pero

en otros apectos. Así, e l poder militar es dual socioespacialmente: u n núcleo con -

los recursos de todos

para u n control intensivo sobre grandes co n un a fuerza mihtar poderosa a 300 ki -

e n

s u

líder, enviar a su s jóvenes a «educarse»

e l comportamient o cotidiano podría ser más hbre

I

lis sociedades com o redes organizadas de poder

49

rt'ntrado e n e l cual se pueden ejercer controles coercitivos positivos, rodeado po r un a penumbra extensiva e n l a cual unas poblaciones

iitcrrorizadas n o irán obediencia, pero cuyo mente.

El poder político (también definido e n parte anteriormente) s e deriva de l a utihdad d e un a regulación centrahzada, institucionaliza- da y territorializada d e muchos aspectos d e las relaciones sociales. No l o defino e n términos puramente «funcionales», e n términos d e regulación judicial respaldada po r l a coerción. Esas funciones la s puede poseer cualquier organización d e poder: tanto ideológica como económica y mihtar , además d e lo s Estados. Y o l o limito a las re -

|',ulaciones y l a coerción centralizadas dentr o d e unos

loriales, es decir, e l poder del Estado. A l concentrarnos e n e l Estado,

podemos

fie define e n est a obra , e l pode r político refuerz a la s fronteras , mien - tras qu e las otras fuentes de l poder pueden transcenderlas. E n se - |',undo lugar, e l poder militar , económico o ideológico puede parti - cipar e n cualesquiera relaciones'sociales, dondequiera qu e se hallen. CyUalquier A o grupo d e Ae s puede ejercer esas forma s d e poder contra cualquier B o grupo de Bes. E n cambio, las relaciones políticas se refieren a un a esfera concreta, e l «centro». E l poder político s e

halla situado e n ese centro y se ejerce hacia

es necesariamente centrahzado y territorial y e n esos respectos di - íiere d e las demás fuentes de l poder (véanse más comentarios e n Mann, 1984; e n e l próximo capítulo también se d a un a definición formal de l Estado). Quienes controlan e l Estado, l a éhte de l Estado, pueden obtener tanto el poder colectivo como el distributivo y atra- par a otros e n s u «diagrama d e organización» distintivo.

La organización política también es dual socioespacialmente, aun- que e n u n sentido diferente. E n este caso hemos d e distinguir l a

organización interna d e l a «internacional». E n s u interior, el Estado está territorialmente centralizado y territorialment e delimitado. Así, los Estados pueden alcanzar mayor poder autónomo cuando l a vida social genera posibilidades emergentes d e mayo r cooperación y ex - plotación e n forma centralizada sobre un a zona restringida (explica-

normalment e más allá d e unos mínimos d e

comportamient o n o se puede

controlar total-

límites terri -

analizar s u contribución distintiva a l a vida social. Ta l como

fuera. E l poder político

do e n Mann, 1984). S e apoya sobre todo

toritario, po r estar centralizado, ción mihtar . Cuand o tratemos

estatales, consideremos útil distinguir entre los poderes

e n técnicas d e poder au -

aunque n o tanto como l a organiza- d e lo s poderes reales d e la s élites

«despóticos»

50

Una historia del poder hasta 1760 d.Q¡

formales y los poderes

el capítulo

perios Antiguos».

Per o lo s límites territoriales d e lo s Estados —e n u n mund o qu4í'| todavía n o h a estado dominado nunca po r u n solo Estado— dailt

también orige n

diplomacia geopolítica es un a segunda forma important e d e organi».

zación del poder político. E n este volumen desempeñarán u n papel considerable do s tipos geopolíticos: e l imperi o hegemónico qu e do- mina lo s chentes d e las marcas y vecinos y diversas formas d e civi-

Hzación

«infraestructurales» reales. Es o se explica mi

5 , e n l a sección titulada «Estudio Comparad o d e lo s Iin»i'

v

a un a esfera d e relacione s interestatale s reguladas . Ltt

multiestatal . Evidentemente, l a organización geopoKtica tie-

ne un a forma mu y diferente de las otras organizaciones de l

podar

mencionadas hasta ahora. D e hecho, s e trata d e algo qu e l a

teoría

sociológica pasa generalmente po r alto. Pero forma parte esencial

l a vid a social y n o e s reducibl e a la s configuracione s «internas» dí^ poder d e sus Estados componentes. Po r ejemplo, las pretensiones

hegemónicas y despóticas sucesivas de l Emperado r Enriqu e

Alemania, Felipe I I d e España y Bonaparte d e Francia n o se

humillada s sin o superficialment e

otros qu e se opusieron a ellos; e n realidad, se vieron humilladas pof la arraigada civIHzación diplomática multiestatal d e Europa . O sea,

que l a organización geopolítica del poder es un a parte esencial estratificación social general.

I V dsi vieron

po r l a fuerz a

d e lo s Estado s y da,

d e l a

En resumen, cuando lo s seres humanos persiguen muchos obje- tivos, establecen muchas redes d e interacción social. Lo s límites y

las capacidades d e esas redes n o coinciden. Algunas redes tienen más capacidad qu e otras para organizar l a cooperación social intensiva y extensiva, autoritaria y difusa. La s redes mayores so n las d e poder

ideológico, económico,

der social. Cada un a d e ellas imphca, pues, formas distintivas de

organización socioespacial mediante canzan un a gama mu y ampha, pero

objetivos. L a importancia d e esas cuatro nación d e poder intensivo y extensivo.

l a

realidad histórica a través d e lo s diversos medios d e organización

que impone n s u forma general a

general. Las principales formas qu e h e identificado so n las transcen- dentes o inmanentes (de l poder ideológico), lo s circuitos de praxis (económico), las concentradas-coercitivas (militar) y las centralizadas- territoriales y l a organización geopolítica-diplomática (poKtico). Esas

mihtar y político: las cuatro fuentes

d e po -

las cuales los seres humanos al - n o exhaustiva, d e s u miríada de

redes reside e n s u combi -

Pero

ello

s e refleja

e n

un a gran parte d e l a vida social

I M sociedades

como redes

organizadas de poder

51

i'i)nf¡guraciones,se convierten e n l o que y o cahfico d e «promiscuas», inics extraen y estructuran elementos d e muchas esferas d e l a vida Nocial. E n e l ejempl o 2 , y a citado, l a organización transcendente d e Ll cultura d e las primeras civilizaciones absorbía aspectos d e redis- ll'ibución económica, d e normas d e l a guerra y de regulación política

y geopolítica. Así pues, n o estamos

nas entre diferentes fuentes, dimensiones o niveles d e poder social, NÍno más bie n de : 1 ) la s fuentes como tipos Ideales qu e 2 ) alcanzan una existencia intermitente como organizaciones concretas e n l a di - visión de l trabajo y qu e 3 ) pueden ejercer un a configuración más

i;eneral y

medios de organización surgirá intersticialmente como l a fuerza reor-

>',anízadora primordia l a cort o

a largo plazo, como e n e l ejemplo ideológico. E s e l model o lEM P

de poder organizado. Ma x Webe r utilizó un a ve z un a metáfora basada

rriles d e s u época cuando estaba tratando d e exphcar l a importanci a lie l a ideología: hablaba de l poder d e las religiones salvacionistas. Inscribió qu e esas ideas eran como lo s «guardaagujas» qu e determi - naban po r qué vías avanzaría el desarrollo social, Quizá cupiera mo - dificar l a metáfora. La s fuentes d e poder social so n «vehículos ten - lledores d e vías» •—^porque n o existen vías hasta qu e s e escoge l a lürección— qu e va n tendiendo vías d e diferente ancho po r e l terreno social e histórico. Los «momentos» de tendido de vías y de paso a un nuevo ancho son lo más cerca que podemos llegar a la cuestión de la primada. E n esos momentos , encontramos un a autonomía d e concentración, organización y dirección sociales qu e n o existe e n momentos más institucionalizados. Esa es l a clave d e l a importancia d e las fuentes del poder. Apor - tan organización colectiva y unidad a l a Infinita variedad d e l a exis- tencia social. Aporta n e l encuadramiento significativo qu e existe e n una estructura social e n gran escala (que puede ser mu y grande o ' no) porque pueden generar l a acción colectiva. So n los «medios ge - neralizados» po r conducto d e los cuales los seres humanos hacen s u propia historia.

tratando d e las relaciones

exter-

promiscua d e l a vida social. E n 3 ) un o o más d e esos

plazo, como e n e l ejempl o militar, o

e n los ferroca-

El modelo lEMP

general, su ámbito

y sus omisiones

El

model o

general

s e expone d e forma

gráfica resumida

e n

l a

figura

1.2. E l predomini o d e Kneas discontinuas e n e l diagrama in -

52

Un a historia del poder hasta 1760

d.(',

dica l o complicadas qu e so n las sociedades humanas. Nuestras teo

rías n o pueden abarcar sino algunos rales.

de sus lincamientos más gene

1

Empezamos

co n unos seres humanos

qu e persiguen

sus objeti

I

vos . Co n esto n o quiero decir qu e sus objetivos sean «presociales»,

:

sino más bien

qu e l o qu e so n lo s objetivos y cómo se crean éstos,

no tiene pertinencia para l o qu e sigue

después. La s personas

oricn

j

tadas hacia e l logro d e unos objetivos forma n un a multiplicida d de

I

relaciones sociales demasiado compleja para ninguna teoría general,

j

Si

n embargo,, las relaciones e n torno a lo s medios d e organización

I más fuertes se fusionan y forman

extensas redes institucionales de

I

forma determinada y estable,

que combinan

tanto

e l poder intensivo

y

e l extensivo como e l poder

autoritario y el difuso. A m i entender,

I

existen cuatro de esas fuentes principales de poder social, cada una

i

d e la s cuales se centra e n u n medi o diferente d e organización. l.iVi

i

presiones e n pr o de l a institucionalización tienden a fusionarlas par

I

cialmente, a s u vez , e n un a o más redes d e pode r dominante . Esa'*

i

redes aportan el grado más elevado de delimitación que encontramnn

j

e n l a vida social, aunque sea delimitación dista de ser total. Mucha'i

;

redes siguen siendo intersticiales, tant o respecto d e la s cuatr o fuenifü

I

de l poder como respecto a las configuraciones dominantes; análoga

mente,-hay aspectos importantes de las cuatro fuentes del poder que también permanecen poco institucionalizados co n respecto a las con

figuraciones dominantes. Esas do s fuentes de interacción interstici.il

i

acaban po r produci r un a re d emergente más fuerte, centrada

e n un,i

¡

o más d e las cuatro fuentes de l poder, e inducen un a reorganizaci(ín

:

d

e l a vida social y un a nueva configuración dominante. Y así conii

i

núa el proceso

histórico.

I

Tod o

esto

constituye

u n enfoque

d e l

a

cuestión d e l a primaeM

I

final, pero n o un a respuesta. N i siquiera h e hecho ningún comenl.i

ri

o

sobre

e l

principal punt o d e desacuerdo

entre l a teoría marx¡,st,i

y

la weberiana:

e l de s i podemos aislar e l poder económico como el

:

aspecto totalment e decisivo qu e determina l a forma d e las socicd.i des. Se trata d e un a cuestión empírica, d e forma qu e primer o pa'.f

revista a los datos,

capítulo H a y

empírica h a de ser his

de in'i

procesos de cambio social. E n segundo lugar, m i rechazo de la con cepción unitari a de l a sociedad hace qu e resulte más difícil otro modi"

tórica. E n primer lugar,

antes

de intentar un a respuesta

provisional en i l

16 y un a respuesta

más completa e n e l volume n II L

esencialmente

tres motivos po r lo s qu e l a prueba

e l model o se ocupa

54

Una historia del poder hasta 1760 d.C.

posible de investigación, e l de l a «sociología comparada». Las socie- dades n o son unidades independientes que se puedan comparar sim- plemente d e u n tiempo y u n espacio a otro. Existen e n contextos determinados d e interacción regional qu e son únicos incluso e n al -

gunas d e sus características centrales.

logía comparada son mu y limitadas a l existir tan pocos casos com-

parables. E n tercer

el poder, establecer cuáles son exactamente sus infraestructuras y en

seguida es evidente

La s posibilidades d e l a

socio-

lugar,

m i metodología consiste e n «cuantificar»

d e poder se han desarrollado d e poder da

qu e las cantidades

i enormemente a l o largo de l a historia. La s capacidades

las sociedades prehistóricas (sobre l a naturaleza y sobre lo s seres humanos) eran considerablemente inferiores, po r ejemplo, a las d e la antigua Mesopotamia, que eran inferiores a las d e l a Rom a repu-

bhcana, qu e a s u vez eran much o

menores qu e las d e l a España de l

siglo XVI, después qu e las d e l a Inglaterra del siglo XIX, y así suce-

sivamente. Es más importante aprehender esa historia que hacer com- paraciones d e u n lado a otro de l mundo . Este es u n estudio de l «tiempo mundial», por utilizar l a expresión de Eberhard (1965: 16) , en e l cual cada proceso de desarrollo del poder afecta a l mund o qu e lo rodea.

La historia más adecuada es l a d e l a sociedad humana más po- derosa: l a d e l a civihzación occidental moderna (comprendida l a Unión Soviética), cuya historia h a sido prácticamente continua desde los orígenes d e l a civilización de l Cercano Orient e e n torno a l

año 3000 a.C . hasta l a época actual. S e trata d e una historia d e des- arrollo, aunque n o evolucionista n i teológica. N o tiene nada de «ne- cesario»; sencillamente ocurrió así ( y casi concluyó e n varias ocasio- nes). N o es l a historia d e u n espacio social o geográfico concreto.

Como suele ocurri r co n estas empresas,

circunstancias generales d e las sociedades neolíticas, después se cen- tra e n e l Cercano Oriente, luego v a desplazándose gradualmente

l a mía comienza co n las

hacia

e l Oeste y e l Nort e por Anatoha, , el Asi a Meno r y e l Levante

hacia

e l Mediterráneo oriental. Después pasa a Europa y termina en

el siglo XVIII e n e l Estado más occidental de Europa, Gran Bretaña. Cada capítulo trata d e l a «punta d e lanza» de l poder, donde l a ca- pacidad para integrar pueblos y espacios e n configuraciones domi - nantes está más desarrollada infraestructuralmente. Es e método es, en cierto sentido, antihistórico, pero lo s saltos qu e representa tam- bién contienen un a ventaja. La s capacidades d e poder se ha n des- arrollado desigualmente, a saltos. Po r eso, a l estudiar esos saltos y

Lns

sociedade s com o rede s organizada s d e pode r

55

tratar d e explicarlos nos brinda e l mejor acceso empírico a l a cues- tión d e l a primacía.

¿Qué

es l o qu e h e eliminado d e esa historia? Naturalmente, un a

cantidad enorme d e detalles y complejidades, pero, aparte d e eso, todo model o coloca algunos fenómenos e n e l centro de l escenario y

ileja a otros entre bambahnas. S i estos últimos logran pasar a l centro

del escenario,

volumen existe un a ausencia conspicua: las relaciones entre lo s se-

xos. E n e l volume n I I trato d e justificar ese trato desigual e n tér-

minos d e s u desigualdad

laciones entre lo s sexos fueron e n

forma general del patriarcado, a l o largo d e gran parte de l a historia,

hasta lo s siglos XVIII y XI X e n Europa, cuando empezaron a pro- ducirse rápidos cambios. Pero esos comentarios ha n d e esperar a l

volumen 11. E n e l presente volumen, las relaciones d e poder d e las

que se trata son

zas d e famili a de l sexo masculino.

Al historiador especializado l e ruego generosidad y amphtud d e espíritu. A l abarcar u n gran sector de l a historia registrada, sin duda he cometido errores de hecho, algunos probablemente considerables. Me pregunto s i el corregirlos anularía los argumentos globales. Tam- bién m e pregunt o más agresivamente s i e l estudio d e l a historia, especialmente e n l a tradición angloestadounidense, n o saldría bene- ficiado s i contara con un a reflexión más explícita sobre e l carácter

de las sociedades. También

Gran parte de l a sociología contemporánea es ahistórica, pero inclu- so gran parte d e l a sociología histórica se ocupa exclusivamente de l

desarrollo d e las sociedades «modernas» y d e l a aparición de l capi-

e l model o n o se ocupa efectivamente d e ellos. E n este

efectiva e n l a historia. Aduciré qu e las re -

gran

medida

constantes,

e n l a ^

normalment e las d e l a «esfera pública», entre cabe-

a l sociólogo m e dirijo e n tonos acerbos.

talismo industrial. Eso es algo tan decisivo en l a tradición

sociológica

que, como h a demostrado Nisbet (1967), produj o las

dicotomías

centrales d e l a teoría moderna. D e l a condición social a l contrato, de Gemeinschaft a Gesellschaft, d e l a solidaridad mecánica a l a or -

a l o secular; estas dicotomías y otras sitúan l a

gánica, d e l o sacro

ínea divisoria de l a histori a a l final del siglo XVIII. Los teóricos del

siglo

historia así. A l contrari o qu e lo s sociólogos modernos, qu e sólo

más algo

de antropología, sabían qu e desde hacía por l o menos do s mi l años habían existido sociedades complejas, diferenciadas y estratificadas:

seculares, contractuales, orgánicas, Gesellschaft, pero no industriales.

conocen l a historia reciente de s u propi o Estado nacional,

XVIII como Vico, Montesquieu o Ferguson n o consideraban l a

56

Un a historia deL poder hasta 1760 d .G i

A

fue

ha continuado

arqueólogos y lo s antropólogos ha n estado utilizando técnicas nua»

vas, mientos asombrosos

complejas.

Pero s u análisis se v e debilitado po r s u relativa

de l a teoría sociológica.

lo largo

de l siglo

XI X

y

d e comienzos

de l XX , ese conocimienCO

decayendo

muchas

entre lo s sociólogos. Paradójicamente, l a decadencias durante l a misma época e n qu e lo s historiadores, lo S

d e ellas tomadas

d e l a sociología, para hacer

descubri-

acerca d e l a estructura social d e esas sociedadaíl

ignorancia;

Webe r

es u n notabl e ejempl o d e esta limitación. M i deuda parft

con

sino más bie n e n e l d e adherirme

neral d e l a relación entre sociedad, historia y acción

teorías

él

es inmensa,

concretas,

n o tant o

e n e l sentido

d e haber

adoptado

sus

a s u visión ga« social.

Mi exigencia de un a teoría sociológica basada e n las dimensiones

de l a historia n o se debe solamente a l a dbnveniencia intrínseca cid

comprende r l a rica diversida d d e l a experienci a humana , aunque yfl eso sería bastante valioso. Además, sostengo qu e algunas d e la s ott»

racterísticas más importantes

d e nuestro mund o actual

se

puedan

apreciar co n más claridad mediante l a comparación histórica. N o as que l a historia se repita. Precisamente l o contarlo, l a historia univert

sal se desarrolla. Mediante l a comparación histórica podemos advera tir que los problemas más considerables d e nuestra propia época soíí nuevos. Po r es o resulta difícil resolverlos: so n intersticiales a kfi ! instituciones qu e se ocupan d e hecho d e lo s problemas más tradi* clónales para lo s qu e fueron creadas. Pero, como sugeriré más ade*' lante, todas las sociedades se ha n enfrentado co n crisis repentinas -d intersticiales y e n algunos casos l a humanida d h a salido mejoradíui Al final d e un a larga desviación histórica, espero demostrar l a per» tinencia d e este model o para l a actualidad e n e l volume n II .

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