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EXPERIENCIA EUCARISTICA DE DIOS EN

SANTA TERESA DE LOS ANDES (*)


P. Fr. Guillermo Juárez O.P.

(*) Santa Teresa de Jesús de "Los Andes" nació en


Santiago de Chile, el 13 de julio de 1900. A los 18 años
ingreso en el Carmelo de Los Andes (Chile), y murió
allí sólo una vez MESES DESPUES, el 12 de abril de
1920. Fue canonizada por el Papa Juan Pablo II en
Roma, el 21 de marzo de 1993. "En sus breves
escritos autobiográficos nos ha dejado el testamento
de una Santidad sencilla y accesible, Centrada en lo
esencial del Evangelio: amar, sufrir, orar, servir. El
secreto de su vida volcada hacia la Santidad está
cifrado en una familiaridad con Cristo, Amigo y
presente, y con la Virgen María, Madre cercana y
amorosa (...). Este es su mensaje: "Sólo en Dios se
encuentra la felicidad, sólo Dios es alegría infinita"
(Juan Pablo II, Homilía de su BEATIFICACIÓN, 3 de abril
de 1987).

Un célebre teólogo de la antigüedad cristiana conocido como el Pseudo-


Dionisio, decía de cierto amigo suyo llamado Hieroteo, que era docto Porque no
sólo "aprendía" las cosas divinas Sino Porque las "padecía", es decir, las vivia
con la intensidad propia de la Experiencia Mística (1).
Esta íntima experiencia de Dios, esta vivencia profunda del amor de Cristo que
sacia por completo, reluce extraordinariamente en Santa Teresa de Los Andes.
Hemos escogido Algunos pasajes de sus escritos que revelan Claramente el
estado de plenitud de su alma penetrada y transformada por el amor divino.
"Cuán bien experimento que El es el único que bien nos Puede satisfacer, el
único ideal que nos Puede enteramente enamorar. Lo Todo en el encuentro. Me
Gozo hasta lo íntimo de verlo tan hermoso, de sentirme siempre unida a EL, ya
que Dios es inmenso y está en todas partes. Nadie puede separarme. Su
esencia divina es mi vida. Dios en cada momento me sostiene, me alimenta.
Todo cuanto veo me habla de su poderío infinito y de su amor. Uniéndome A su
Ser Divino me santifico, me perfecciono, me divinizo ... "(Carta, 121). "Nada
hay que Pueda ser un atractivo para el alma que sólo busca a Dios, y yo misma
me espanto al Considerar esta indiferencia Aún Respecto de aquello que antes
me entusiasmaba. Mi Dicha única, por ahora, es sólo vivir con mi Jesús, en El
encuentro en grado infinito Todo lo que ambicionar Puede mi alma "(Carta,
157). "¿Cómo no amarlo hasta el delirio, cómo no despreciarlo todo ante el
espectáculo de sus encantos y bellezas infinitas?" (Carta, 130).
El tono de intimidad Confidencia y con el que escribe, A la vez que la hace
cercana y amiga, nos introducen de inmediato en las Profundidades de su vida
mística: "En este instante, mi alma se halla bajo el peso infinito de su amor
[ ...]. Estoy sumergida en El. Perdida en su inmensidad. Compenetrada por su
sabiduría. Viviendo Porque El es mi principio de vida, mi todo "(Carta, 114). "En
este instante estoy presa por El. Me tiene encarcelada en el horno del amor.
Vivo en el [...]. ¡Qué paz, qué dulzura, qué silencio, qué mar de bellezas
encierra este divino Corazón! (Carta, 109).
Si hay algo que, desde el principio, nos ha llamado la atención en
PODEROSAMENTE Teresa, es esta locura de amor por Cristo, nota distintiva de
que su Santidad ha sido expresamente destacada en el Proceso de
Canonización: "La extraordinaria carga de amor demostrada al Señor por su
joven sierva es increíble. Fue El amor en realidad la nota dominante y esencial
de Juanita Desde los primeros años, verdaderamente "Loca" de amor a Dios
[...]; en el corazón de Juanita debía quemar una llama de ferventísima Caridad
a palabras por sus Juzgar, actitudes y acciones ... " (2). Por su parte, el Papa
decía en la BEATIFICACIÓN Homilía de Juan Pablo II, que este amor es "el
secreto" de su perfección ", un amor grande a Cristo, por quien se siente
Fascinada Y que la lleva una consagrarse un él para siempre , ya participar en
el misterio de su Pasión y de su resurrección " (3).
Pues bien, nosotros estamos totalmente persuadidos de que, para Teresa, el
lugar privilegiado del encuentro íntimo con Dios Fue vital y la Eucaristía. En el
momento de la Comunión ella Vivió PLENAMENTE su amor a Cristo, su deseo de
ser toda de El, el gozo místico de su unión esponsal con El. Expresión acabada
de ello es el siguiente párrafo escrito en los últimos meses de su vida: "¡Qué
cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario! El,
prisionero por su amor, y Ella también. Nada los separa . Preocupación
Ninguna. Sólo Deben amarse y perderse la criatura en su Bien infinito. El le
abre su Corazón, y allí la hace vivir olvidada de todo lo del mundo, Porque le
revela sus encantos infinitos, una la vista de los Cuales todo lo demás es
vanidad. El la estrecha y la une para sí. Y el alma, perdida y enloquecida ante
la ternura de todo un Dios, desprecia las criaturas, y sólo quiere vivir sola con
el Amor "(Carta, 130).
Pero la centralidad de la Eucaristía en la vida espiritual de Teresa, No fue sólo
el resultado final de un Proceso, el fruto maduro de su Santidad, se Trata, más
bien, de una Característica que está presente de una Manera determinante en
todos los momentos De su vida, en todas las etapas de su Camino de
Perfección. Su experiencia eucarística Fue, por tanto, un rasgo que cualificó por
completo su espiritualidad.
Esta Convicción no se basa Exclusivamente en nuestra propia investigación
sobre la espiritualidad de la Santa. En una entrevista a su encantadora vista, la
Hna. Anita Rücker Solar, que muchos años convivio con la santa, le
preguntábamos qué es lo que más destacaría de la espiritualidad de Teresa, y
ella nos respondió: "Yo diría que el amor especial de La Juanita Fue la Santa
Eucaristía" (4). Hemos tenido, además, la oportunidad de conversar varias
veces con el padre Francisco Lyon Subercaseaux, primo de la santa y testigo
en el Proceso de Canonización, quien PLENAMENTE coinciden con nosotros en
ese punto.
Siempre nos ha asombrado la fascinación que ejercía sobre la Eucaristía Teresa
En los primeros años de su vida consciente. Ella misma lo consigna en su
diario: "Me acuerdo que mi mamá con mi tía Juanita nos llevaban una Misa y
siempre nos explicaban todo; y yo, en la misma, Cuando llegaba la Comunión,
me encendía de deseos de Degustación A Nuestro Señor. Pedía a mi mamá
favor de este, pero gracias a Dios que no me encontró preparada para este
sublime acto "(Diario 3). Lo que retraía el doña Lucía de darle el permiso para
hacer la primera comunión, no era tanto su falta de preparación, como su corta
edad: "Me acuerdo que mi mamá y mi tía Juanita me sentaban en la mesa y me
preguntaban acerca de la Eucaristía. contestaba Yo a sus preguntas, pero,
como me veían muy chica, no me dejaban hacerla "(Ibíd.).
A Pesar de la negativa de su Madre, su deseo no se vio disminuído, sino que
aumentaba cada vez mas. En verdad, Insistencia completamente esta época
excepcional: "Cada día Pedía permiso a mi mamá para hacer mi primera
comunión [...]. me parecia, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y
lloraba de deseos de Degustación A Nuestro Señor" (Diario 5).
Un Fue, también, extraordinaria la Preparación de Teresa para Recibir la
comunión, sobre todo si consideramos que Tenía apenas nueve años: "año me
preparé para hacerlo. Durante este tiempo la Virgen me ayudó A Limpiar mi
corazón de toda imperfección. En el mes del Sagrado Corazón, yo Modifique mi
carácter por completo. Tanto que mi mamá Estaba feliz de verme prepararme
tan bien a mi Primera Comunión "(Ibíd.). Su expectativa había crecido tanto
que, al llegar el día de la Comunión, Mientras su madre la preparaba para ir a
la Iglesia, ella permanecía totalmente absorta: "Mi mamá me vistió y me puso
el vestido. Me peino. Todo me lo hizo ella , pero yo no PENSABA en nada. Para
todo estaba indiferente, menos mi alma para Dios "(Diario 6).
Esta solicita Preparación contribuyó A que Teresa Si pudiera vivir la Primera
Comunión como el momento más feliz de su vida: "El día de mi Primera
Comunión Fue un día sin nubes para mí [...]. El 11 de septiembre de 1910 [.. .]
año de felicidad y del recuerdo más puro que tendré en toda mi vida [...]"
(Ibíd.). Este primer encuentro con Jesús en la Eucaristía No fue sólo un suceso
especialmente emotivo, Teresa Tuvo en su Primera Comunión Una auténtica
experiencia mística y un anticipo del desposorio eterno hacia el que se partía
atraída Irresistiblemente: "No es para describir lo que pasó por mi alma con
Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y partía su voz querida Por Primera
Vez [...]. Y por primera vez sentí una paz deliciosa [...]. Pasó ese día tan feliz
que sera el único en mi vida [...]. Pero Jesús, desde este primer abrazo no me
soltó y me tomo para sí [...]. Desde ese día la tierra para mí ningún atractivo
tenia. Yo quería morir y le Pedía a Jesús que el ocho de diciembre me llevara
"(Ibíd.).
También en el tiempo que Siguió a la Primera Comunión se noto un cambio
radical, una verdadera transformación en su forma de actuar. Su hermano
Lucho lo resaltaba en el Proceso de Canonización: "Se noto un cambio en la
conducta de Juanita, que hasta entonces había dejado entrever Algunos
defectillos: Tenía un carácter un tanto iracundo y le costaba obedecer. El
contacto cotidiano con el Señor en la La comunión transformó. Su carácter se
torno suave y servicial " (5).
Otro acontecimiento que señala un cambio significativo en la vida de una
adolescente es la fiesta de los Quince Años. Teresa consideraba que esta es la
etapa más riesgosa para la vida de una Joven, De qué manera el paso por ella
Constituye un peligroso desafío: "Estos quince años, que para una chiquilla es
la edad más peligrosa, es la entrada en el mar Tempestuoso del mundo"
(Diario 10). Sin embargo, Se sentía segura y feliz Porque Jesús es su dueño, el
capitán que conducía su vida: "Jesús ha tomado el mando de mi barquilla y la
ha retirado del encuentro de las otras naves. Me ha Mantenido solitaria Con el.
Por eso , mi corazón conociendo a este Capitán, ha caído en el anzuelo del
amor, y aquí me tiene cautiva en el ¡Oh, cuánto amo esta prisión ya este Rey
Poderoso que me tiene cautiva, un Capitán que este, en medio de los oleajes
del Océano, no ha permitido que naufrague "(Ibíd.).
Ahora bien, Fue justamente en la Eucaristía donde Teresa encontró una ese
capitán que la alimentaba y guiaba: "Jesús me alimenta cotidianamente con su
Carne y adorable, junto con este manjar, escucho una voz dulce y suave como
los ecos armoniosos de los Ángeles del cielo. Esta es la voz que me guía, que
suelta las velas del barco de mi alma para que no sucumba Y para que no se
hunda. Siempre siento esa voz querida que es la de mi Amado, la voz de Jesús
en el fondo del alma mía, y en mis penas, en mis tentaciones, El es mi
Consolador, El es mi Capitán "(Ibíd.).
De ahí en más, aunque no le faltaron momentos de sequedad y falta de fervor
(6), toda su adolescencia estuvo marcada por esta intensa experiencia del
Amor de Dios en la Eucaristía: "Yo que pasa Cuando hablan de la Eucaristía
siento algo tan extraño en mí, que no puedo pensar ni hacer nada. Como que
me paralizo y creo que si en ese instante me vinieran Ímpetus de amor no los
Podría resistir. ¡Jesús mío, yo ante anonado tu amor! (Diario 42).
A esta época habría que referir el testimonio de su primo Francisco Javier
Domínguez sobre el carácter extraordinario de su vida eucarística:
"Excepcional fue su Devoción al Santísimo Sacramento. Parecía absorta en
Dios, Durante la Santa Misa y en la exposición del Santísimo" (7 ). Los
hermosos recuerdos sobre su Devoción eucarística, que la hermana Anita
Rücker Solar compartió con nosotros, pertenecen También a este período de su
vida: "En la capilla daba gusto verla cómo se unía A NUESTRO Señor. Para ir a
la capilla nos ponían siempre en La fila de a dos. Y entonces a mí, Porque era
del mismo tamaño que ella, me ponían A su lado, Y así yo la veia en la capilla.
Una vez yo la movi para ver si se movía ... ¡Perdida en el Señor! Tenía una gran
Devoción a la Eucaristía "(8).
Queremos, por último, Presentar un pequeño fragmento de su diario Que Nos
Permite ver cómo vivia Teresa a los 18 años el momento místico de unión con
Cristo como una comunión espiritual: "Vengo saliendo de mi meditación [...];
comulgué espiritualmente y N. Señor me dijo que Quería que viviera con El en
una comunión perpetua, porque me amaba mucho [...]. Después me dijo que la
Sma. Trinidad Estaba en mi alma, que la adorara. Inmediatamente quedé muy
recogida, la contemplaba y me parecia Estaba llena de luz. Mi Alma Estaba
anonadada. Veia su Grandeza infinita y cómo bajaba para Unirse a mí, nada
[...]. Entonces miserable, en lo íntimo de mi alma, De Una Manera rápida, me
hizo Comprender El Amor Que lo Hacía salir de sí mismo para buscarme, pero,
esto Fue clave el pecado, y me Encendio en el amor de Dios "(Diario 51).
Así llegamos al corto tiempo de la vida de Teresa en el Carmelo del Espíritu
Santo, tiempo de madurez en el que Vivió los momentos más intensos de su
experiencia de Dios. Esta madurez se expresaba especialmente en su vida
eucarística. Feel Testimonio de ello son los Siguientes fragmentos de sus
cartas: "Yo cada vez soy más feliz de ser toda de N. Señor. En El lo encuentro
todo: belleza, sabiduría, bondad, amor sin límites. El es mi paz. No se Cómo
imaginan, Cuando llego al coro, me parece encontrarlo tal como lo encontraba
M. Magdalena en Betania. Tan presente está a mi alma Jesús en el Sagrario,
que no envidio A LOS que vivieron con El en la tierra "(Carta 151).
"Aprovechemos para enriquecernos El Momento de la comunión. Bañémonos
En esa fuente de Santidad y pidámosle el mundo entero de las Almas, Porque
no nos sabrá decir que no. Porque Su Corazón está latiendo Amorosamente y al
unísono del nuestro, de modo que todos nuestros deseos hijo de El, y El es
todopoderoso. ¡Qué identificación tan grande! Somos en esos momentos otro
Dios. Para mi esos momentos sin cielo hijo nada de destierro. ¿Qué puedo
desear si ya todo un Dios es mío? "(Carta 113). "Si cada mañana al comulgar
nos preparáramos un poco mejor, ¡cómo nos aprovecharíamos de nuestra
comunión ...!, ¡cómo pasaríamos el día entero en éxtasis de amor para con ese
Dios inmenso, majestuoso, hecho alimento de nuestras almas! En el cielo,
hermanita, Los Ángeles lo hace contemplan una hace, pero nosotros los
hombres lo poseemos cada uno, nos identificamos con El. En esos momentos
en que mi alma está unida a Dios, cesa todo para mi. Me faltan palabras,
hermanita, párr Expresar la dicha divina que experimento. Siento al Infinito, al
Eterno, al Santo todopoderoso, al sapientísimo Dios, unido con la nada
pecadora. Entonces adoro y amo más. Entonces cuándo es el alma se siente
pura. Está en la fuente de la Santidad " (Carta 114) (9).
Por supuesto que no todo Luz y Gozo Fue en este Anhelado tiempo de su vida
en El Carmen. A los momentos de encuentro dichoso con Cristo en la Eucaristía
les sucedían, con frecuencias, horribles tentaciones y pruebas: "No todo ha
sido goce. La cruz ha sido bien pesada [...]. Después me vinieron una dudas
tan horribles contra la , que tuve la tentación de no comulgar Y después,
Cuando Tenía en mi lengua la fe la Sagrada Forma, la quería arrojar, Porque
Creía No estaba ni existia allí N. Señor. Ya no sabia lo que me pasaba y le conté
a la Madre nuestra, quien me aseguró no había consentido. Con lo que quedé
más tranquila y me dijo que despreciara el pensamiento Y así desapareció la
tentación (Diario 56) (10).
Mediante estas purificaciones, el Espíritu Santo disponía el corazón de Teresa
para que Pudiera Vivir Con mayor plenitud sus encuentros místicos con el
Señor en la Eucaristía. Estos encuentros Fueron Alcanzando tal grado de
intensidad que, con frecuencia, afectaban su misma salud física. Con una
notable simplicidad de espíritu comentaba al Padre Julián Cea las conmociones
que provocaban en ella estas experiencias: "Hacen 6 días, estando en la Acción
de Gracias Después de la comunión, sentí un amor tan grande por N. Señor
que me parecia que mi no podia resistir corazón, y al mismo tiempo-CRÉAME,
Rdo. Padre, Decirle que no sé lo que me pasó, pues quedé como atontada-he
pasado todos estos dias como si no Estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin
darme cuenta [...]. Creo que pasaron dos días sin poder hacer nada. En Estos
Propósitos estaba, Cuando de repente se me vino a la mente el anonadamiento
de Dios bajo la forma de pan, y me dio tanto amor que no pude resistir; y mi
alma, con una fuerza horrible, tendía a Dios "(Carta 122).
Apenas podemos vislumbrar la vehemencia con la que Teresa "padecía" las
cosas divinas en las experiencias eucarísticas de los últimos meses de su vida.
La Hna. M. Angélica Teresa dejaba por escrito, unas semanas Después de su
muerte, un hermoso testimonio de su última adoración eucarística: "Al llegar la
Semana Santa, ya debio estar muy mal, según SE PUEDE colegir, y sin
embargo, abrazó todas las penitencias extraordinario con rigor, y no dio un su
cuerpo angelical ni el más mínimo alivio [...]. El Jueves Santo pasó casi todo el
día y la noche, hasta la una de la mañana, en el coro, adorando un Jesús
Sacramentado. Y hubiera permanecido allí toda la noche si se le hubiese
permitido. Lo que pasó ese día entre su alma y Dios no se sabe, pero sí, que se
la vio en un recogimiento o contemplación profunda, como absorta, de Manera
que, al llamarla en la noche para que se fuera una reposar, se le conoció la
violencia que Tuvo qué hacerse para volver en sí "(11).
Hemos Presentado ese breve recorrido por las etapas DIVERSAS de Teresa de
Los Andes a los Efectos de verificar el lugar central que Ocupa la Eucaristía en
la experiencia de Dios de Teresa de Los Andes. Su penetración de piedad
eucarística y modela toda su espiritualidad. Por eso, su vida y sus escritos son
un testimonio elocuente de la mutua referencia e íntima conexión que existe
entre la Eucarística y la Totalidad de la vida cristiana. En efecto, la cumbre de
la vida de la ES PLENAMENTE Teresa vemos reflejada la Ensenada perenne de
la Iglesia, según la cual, la Eucaristía es "fuente y cima de toda la vida
cristiana" (12), y El corazón Iglesia "( 13), "porque contiene todo el bien
espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua" (14).
Teresa no entendio sólo, sino que experimento místicamente que "La vida en
Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico" (15). Su unión
mística con Cristo Jesús, plenitud de vida e ideal de santidad al que todos
aspiramos llegar con el auxilio de la gracia divina, no ha sido otra cosa que el
fruto maduro de la experiencia de comunión que iba acrecentando
cotidianamente en la Eucaristía, en Conformidad con las palabras del Señor:
"Quien come mi Carne y bebe mi Sangre, habita en mí y yo en él" (16).

OOOOOOOOOOOOOOOO
NOTAS

(1) "Hierotheus doctus solum non est discens, Sed et Pacientes divina ", Severo
Antioquía. (Dionisio), De divinis nominibus, Cap. 2.
(2) Virtutibus Relatio et vota Congressus peculiaris super, Tipografía Guerra,
Roma 1985, p. 68.
(3) Juan Pablo II, Homilía de la BEATIFICACIÓN de Teresa de Los Andes ES El
amor es más fuerte. Santuario Teresa de los Andes, Santiago de Chile, 3.4.87,
p. 10.
(4) Entrevista a la Hna. Anita Rücker Solar, Domingo 5 de febrero de 1995. El
texto de esta entrevista no ha sido publicado, pero está a disposicion de los
INTERESADOS en el Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes.
(5) Relatio et vota, P. 7. El PM Purroy presenta un testimonio muy semejante,
del mismo Lucho: "Lo que sé es que, desde la Primera Comunión, se produjo
una transformación en mi hermana, de tal modo que Comenzó a actuar en una
Atmósfera espiritual ya dar señales de virtudes que se Fueron perfeccionando
paulatinamente en grado ascendente: más bondadosa, abnegada, servicial y
humilde; Parece Que Comenzó a tomar en serio a Dios. Esto me hace pensar
que más de una comunicación directa con el Señor Tuvo en la Primera
Comunión, ya lo largo de su Breve vida "(Teresa de Los Andes Vista por su
hermano Lucho, Ed. Carmelo Teresiano, Santiago, 1993).
(6) Cf.. Diario 31-33.
(7) Relatio et vota, Ps. 8 y 66.
(8) Entrevista ..., Cf. nota 4
(9) Ciertamente cada Uno de estos textos merecería un estudio especial.
Consideramos que no es el lugar ÉSTE, pero esperamos, Dios Mediante, hacerlo
más adelante. Valiosos otros textos referidos a lo mismo los podemos
encontrar en las cartas 111, 124 y 141.
(10) Cf.. Carta 122.
(11) M. Angélica Teresa Díaz Gana, Carta de edificación, Ed. Orden del Carmen
Descalzo, Santiago de Chile 1995, p. 19. Cf. Relatio et vota, P. 54.
(12) Concilio Vaticano II, LG, 11.
(13) Catecismo de la Iglesia Católica, 1406.
(14) Concilio Vaticano II, PO, 5.
(15) Catecismo de la Iglesia Católica, 1391.
(16) Jn. 6, 56.