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Fingir la historia.

La Colección de varias historias de Hilario Santos Alonso


y Manuel Joseph Martín (1767-1780), un testimonio
editorial de (re)escritura literaria
Víctor Infantes
(Universidad Complutense de Madrid)
Abstract

Se estudia la composición de la Colección de varias historias, publicada por el impresor madrileño Manuel
Joseph Marín, bajo la autoría de su sobrino, Hilario Santos Alonso, en 1767-1768 y reeditada en 1780-
1781, en el contexto de las prohibiciones de la censura dieciochesca y la competencia con otros
editores. Se analizan específicamente dos de las obras, las historias del Cid y del Conde Fernán González,
y sus relaciones con las versiones medievales de estos relatos, dentro del género de las historias
caballerescas breves.
Palabras claves: Libros de caballerías, historias caballerescas, Colección de varias historias, Impresor
Manuel Joseph Martín, Hilario Santos Alonso, Cid, Fernán González.

The book series Colección de varias historias published in Madrid (1767-1768 and 1780-1781) by Manuel
Joseph Martín and authored by his nephew Hilario Santos Alonso is studied in the context of
Eighteenth Century censorship and competition with other publishers. The Cid and Fernán González
stories are especially analyzed considering their relationship to the medieval versions and as part of the
short chivalric fiction genre.
Keywords: Chivalry books, Chivalry fiction, 18th century, Fiction Collections, Manuel Joseph Martín
Printing Press, Hilario Santos Alonso, Cid, Fernán González.

El rótulo de «historias fingidas» valga recordar que lo arroja a la lectura Garci


Rodríguez de Montalvo 1 en la famosa afirmación de su «Prólogo» del Amadís de
Gaula:

Otros uvo de más baxa suerte que escriuieron, que no solamente edificaron sus obras sobre
algún cimiento de verdad [entiéndase: historia, realidad], mas ni sobre rastro della. Estos son
los que compusieron las hystorias fengidas en que se hallan las cosas admirables fuera dela
orden de natura, que más por nombre de patrañas que de crónicas con mucha razón deuen ser
tenidas y llamadas.

1Seguimos la edición princeps de 1508 (Amadís, 1999-2000), fol. 2r; pero puede consultarse al editor
moderno (Amadís de Gaula, 1991, I, 223).

Víctor Infantes, «Fingir la historia. La Colección de varias historias de Hilario Santos Alonso y Manuel
Joseph Martín (1767-1780), un testimonio editorial de (re)escritura literaria», Historias Fingidas, 2
(2014), pp. 25-48. DOI 10.13136/2284-2667/15. ISSN 2284-2667.
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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Como el asunto taxonómico lleva ya algunos siglos de debate no nos vamos a


enredar en la lucha retórica que dominó la última Edad Media y casi todo el
Renacimiento, con la suerte y ventaja de ver nacer, aun con muchos dimes y diretes,
la ficción narrativa moderna. No voy a transitar por esos caminos, ampliamente
recorridos por la teoría de la literatura, la narratología, la historia de la lectura, de la
recepción, de la reglamentación editorial, de la censura eclesiástica y legislativa, que
han dado como evidente la dicotomía entre lo «real y verdadero» frente a lo «fingido
y maravilloso»2. (O los términos que queramos añadir en esta contienda léxica, que
enfrentan lo histórico a lo literario o, peor aún, lo histórico entre lo literario o lo
literario entre lo histórico y un largo etcétera binario).
En el caso que traigo a este Seminario, en la segunda mitad del siglo XVIII,
esta constitución bifronte de las narrazioni y los modelli rememora la polémica en la
que ya se enzarzaron moralistas, creadores y editores hacía dos siglos 3. Dicho más a
las claras: la función moral de la novela (aunque todavía no se llame así) y la
constitución verídica de la crónica, y de otra manera: la historia fingida o mejor aún: las
historias fingidas, porque ese plural colectivo que titula nuestro Seminario, para acoger
storia e finzioni, aquí es, en nuestro caso, no una calificación literaria, sino un título
editorial establecido: Colección de varias historias, como veremos más adelante.
La mención cronológica exige una precisión genérica y una focalización
retórica preliminar. Nos vamos a referir al conjunto narrativo calificado,
precisamente, como historias caballerescas breves, también historias caballerescas o,
simplemente: historias, puesto que la ocupación denominativa del rótulo «historia» es
privativo de ellas, frente al de los «libros de caballerías», como ya estudié
generosamente en las titulaciones léxicas y morfosintácticas de ambos géneros
(Infantes, 2004); género que es patrimonio crítico de Nieves Baranda4.
Valga recordar muy brevemente algunas de sus características como simple
modelo que se mantendrá vigente, con escasas variaciones, en el transcurso de varios
siglos5:

 presentación de un héroe como elemento nuclear del relato, que suele


describirse siguiendo los modelos literarios y tipológicos de un caballero,
codificado según las pautas de comportamiento y actuación de esos
modelos (libros de caballerías, romans, tratados, etc.).
 Justificación de los comportamientos ideológicos y anímicos por medio de
la presencia de elementos religiosos, devotos y morales que propugnan la
ejemplaridad y la enseñanza del personaje central, a la vez que sirven para
resolver situaciones de conflicto en el entramado temático de la acción.

2 Valga todavía el estudio de James D. Folgelquist (1982).


3 Pueden leerse todas las polémicas recogidas por Elisabetta Sarmati (1996).
4 Ha editado los textos Nieves Baranda (1995); a los que hay que sumar La historia del abad don Juan de

Montemayor (2012).
5 Seguimos lo expuesto ya por Víctor Infantes en diferentes trabajos (Infantes, 1991; Poncella de Francia,

1997 e Historia del abad, 2012); puede sumarse una actualización reciente de Nieves Baranda y Víctor
Infantes (2008).

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Víctor Infantes

 Presencia de rasgos tremendistas y melodramáticos, incluso de motivos


fantásticos y mágicos, que presentan el desarrollo argumental dispuesto para
una lectura atractiva.
 Es, asimismo, muy relevante la presencia de elementos folclóricos en estos
textos, que incorporan en la estructura argumental componentes de la
tradición oral y motivos y tipos de carácter antropológico de muy diferente
procedencia; Luna Mariscal, con distintos trabajos, ha iniciado el estudio de
las diferentes tipologías folclóricas ―siguiendo los modelos de Thompson y
Guerreau-Jalabert― que se encuentran diseminadas en estas obras6.
 Poseen un estilo narrativo particular frente a las características generales de
otros textos similares, como los libros de caballerías o las obras de tradición
artúrica (libros caballerescos, en denominación de Sharrer7), que se manifiesta
en una «voluntad narrativa cerrada» que tiende a la uniformidad, al menos
una vez que se han codificado los elementos estructurales básicos del relato
en una versión determinada, y en el uso de una «poética de la redundancia»,
quizá exigida por el tipo de lector al que van dirigidas.
 Predominio absoluto de la anonimia, en relación con originales a su vez
anónimos, ya que suele existir en este conjunto narrativo por parte de los
autores de los mismos una concepción de «creatividad cero», al estar
imitando, continuando o recreando textos anteriores que toman como
modelo8; lo que no implica que a lo largo de los siglos aparezcan a nombre
de determinados autores que solo sirven para actualizar el relato de cara a los
nuevos lectores.
 A estas características literarias, que perfilan las pautas de su constitución
como género literario, aunque algunas de ellas estén compartidas con otros
textos similares de la ficción narrativa medieval 9 , debemos sumar otros
elementos que permiten unificar estas obras bajo su consideración como
género editorial (Infantes, 1991 y especialmente 1996), rasgo que las diferencia
entonces desde una perspectiva ajena a su tipología exclusivamente literaria.
 Origen medieval común de todos ellos, independiente de su adscripción
temática o argumental que los relaciona con determinados ciclos, grupos o
modelos (pre)existentes en el medioevo europeo, con especial relación con
el contexto francés, bien por la remodelación de textos anteriores, bien por
tratar personajes vinculados con el pasado histórico.
 Su constitución literaria está fundamentalmente basada en su condición de
textos impresos, es decir, creados explícitamente para su aparición
inmediata en los cauces de la difusión de la imprenta incunable y post-
incunable, y su razón de ser viene determinada por su edición como libro y

6 Véanse los estudios de Karla Xiomara Luna Mariscal (2007; 2008; 2010a; 2010b), pero,
especialmente, su tesis doctoral (2009).
7 Véase Harvey L. Sharrer (1988), sin olvidar su bibliografía sobre estas obras de tradición artúrica

(1978).
8 Véanse las sugerencias generales que ofrece Hans Baader (1978).
9 Caso de la miscelánea estudiada por José María Viña Liste (1991) y editada por él mismo (1993).

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

su entrada en el contexto del lector masivo que empieza a consolidarse en


los últimos años del siglo XV10. De ahí que, en los casos excepcionales en
que conocemos versiones de algunas obras en manuscritos medievales
anteriores a su aparición impresa, podamos observar con claridad que
difieren notablemente de su versión editorial, casos de La doncella Teodor
(Baranda/Infantes, 1995, 10-20, y 47, y Baranda/Infantes, 1994), Flores y
Blancaflor (Baranda/Infantes, 1995, 20-30, y 48-49, y, específicamente,
Baranda, 1991-1992), El rey Guillermo (Baranda, 1997a y 1997b) o La reina
Sebilla (Baranda, 1991, 189, con la bibliografía fundamental, y 1995b, I,
XLVI-XLVIII).
 Su condición de texto impreso determina una tipología editorial que
diferencia estas obras desde los hábitos impresos y la edición comercial:
brevedad de extensión, pues no llegan habitualmente a ocho pliegos (= 64
pp.); generalmente en formato 4º, salvo algunas excepciones de las
ediciones princeps en folio de inicios del siglo XVI (casos de Oliveros de
Castilla, Carlomagno o Guillermo), aunque enseguida volverán al formato en 4º;
ausencia de grandes ilustraciones, excepto en la portada, salvo algún caso
aislado como el incunable burgalés de Oliveros de Castilla; uniformidad de su
disposición impresa, con epígrafes o capítulos resaltados, plana entera, etc.
Características que las identifican como ese género editorial que ya hemos
mencionado, uniforme de contenidos narrativos generales y de elementos
literarios homogéneos.
 Independiente de su origen medieval, de las distintas tradiciones culturales
donde se asientan los textos primitivos y del tratamiento literario que se
otorga a la versión definitiva que consagra la imprenta, a partir de sus
primeras ediciones, y salvo alguna obra que desaparece enseguida del
panorama editorial español ―caso de Apolonio, París y Viana o Vespasiano― o
que no supera la barrera cronológica del siglo XVII ―caso de Canamor, Fi de
Oliva o la Reina Sebilla―, todas las demás obras del género van a formar
parte de ese grupo que hemos denominado historias caballerescas breves (o,
resumidamente, historias) y van a pervivir editorialmente hasta bien entrado
el siglo XX. Forman un repertorio, o una biblioteca, de la (lejana) ficción
medieval que durante cuatro siglos pervivirá en generaciones de devotos
lectores; una bibliometría de cerca de 700 ediciones de unas veinte historias
permiten suponer una aceptación que no dispensaron los lectores a otras
obras, quizá literariamente más representativas, que compartieron sus remotos
orígenes medievales.

Acabada la existencia editorial de los libros de caballerías a comienzos del siglo


XVII, hoy ya sabemos que continúan todavía vigentes algunos decenios después del
Quijote (Marín Pina, 2008), serán las historias las que mantendrán vigentes esa storia e
finzione para miles de lectores ajenos a cualquier controversia retórica o moral entre

10 No repetimos la abundante bibliografía sobre este asunto (Hirsh, Eisenstein, etc.) ya recogida, y
citada en diferentes trabajos (Infantes, 1991; Poncella de Francia, 22; Historia del abad, 32-33).

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Víctor Infantes

verdad y fingimiento, aunque no para editores y censores. Un caso paradigmático de esta


dicotomía teórica, pero eminentemente práctica cuando entra por medio la
comercialización de un producto impreso, y por tanto su venta y su ganancia
comercial, lo representa la lucha económica entre dos impresores deseosos de
hacerse con la parcela editorial de las historias en el Siglo de las Luces.
Veamos los prolegómenos de nuestro caso. El impresor Antonio Sanz 11 ,
heredero de Francisco Sanz, miembro destacado de la Real Compañía de Impresores
y Libreros e impresor oficial de la Corte en 1751 editaba, con enorme éxito un Surtido
de historias, que hay en casa de Antonio Sanz, impresor en Madrid en la calle de la Paz en este
presente año de 1751; contenía lo siguiente (García Collado, 1997, 267-268):

Historias de a folio: De Carlo Magno, y los Doce Pares de Francia


De Oliveros de Castilla, y Artús de Algarve
De Flores, y Blanca Flor
Del Conde Partinuplés
De Tablante y Joffré
[Historias] En quarto: De Magalona, y Pierres, pliegos siete
De la Passión de Christo, pliegos cinco
De Clamades, y Clarmonda, pliegos cinco
De Roberto el Diablo, pliegos cinco
Del Conde Fernán González, y siete Infantes de Lara, pliegos cinco
De la Doncella Teodor, pliegos quatro
De Don Pedro de Portugal, pliegos quatro
De Francisco Estevan, pliegos quatro
De Bernardo del Carpio, pliegos quatro
De San Amor, pliegos tres
Del Marqués de Mantua, pliegos tres
De San Alexo, pliegos dos
De la Batalla Naval, pliegos dos

Es fácil observar en esta relación, siempre para nuestro interés inmediato, la


existencia de un grupo mayoritario de textos de origen medieval (y renacentista)
ampliamente reeditados con anterioridad, a la vez que se han incorporado algunas
otras obras de la misma temática y cronología, pero que carecen de versiones
impresas de la misma época que las anteriores. Por otro lado y como suele ser común
en estos surtidos o catálogos de un fondo editorial, se establece la división de los
formatos, en folio y en 4º, y en esta última cuantificada su extensión en pliegos de
impresión. No olvidamos que en estas mismas fechas Antonio Sanz comparte el
espacio editorial (y comercial) español de las historias con otros impresores/editores
peninsulares: José Padrino en Sevilla, Agustín Laborda en Valencia, Félix de las Casas
en Málaga, Juan García Rodríguez de la Torre en Córdoba, etc., por citar a los más
relevantes en cuanto a la producción de estas ediciones.
Pero en 1757 una denuncia de Manuel Martín, otro importante impresor
madrileño de similares características comerciales que Sanz, motiva una visita del
Juzgado de Imprentas, precisamente en un momento en que se arrecia desde las
11A partir de este momento seguimos todo lo expuesto por María Ángeles García Collado (1997) en
su espléndida Tesis Doctoral, basada en una rigurosísima investigación documental y es, por tanto, de
ley reconocer por escrito la deuda con su estudio y la cita, abundante, que haremos de su trabajo.

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

autoridades sobre los «pronósticos, romances de ciego y coplas de ajusticiados, etc.» y


desde los juicios denigratorios de los moralistas: Campomanes, etc. (y de los autores
literarios: Cadalso, más tarde Meléndez Valdés, etc.). Dice el Informe (García Collado,
1997, 269-270):

Con motivo de haber pedido licencia Manuel Martín, Impresor en esta Corte en el año de
cincuenta y siete para reimprimir diez y seis papeles [valga recordar que en el Surtido se
mencionan 18], que presentó impresos en la Imprenta de D. Antonio Sanz, Impresor en esta
Corte, me fue preciso remitirlos a uno de los censores nombrados por el Consejo, y habiendo
resultado de la censura ser perjudicialísimos y abominables estos papeles, mandé se recogiesen
y embargasen quantos se hallasen en poder del referido Sanz, o se vendiesen en otros puestos;
en su ejecución se embargaron en la casa del referido Sanz once mil seiscientos y once
ejemplares, sin incluir mil de la Historia de la Doncella Theodora, que (por estar prohibidos
por la Inquisición), se remitieron desde luego al Consejo de la Suprema .
[…]
Varios de estos libros son un tejido de patrañas, amores, revelaciones, visiones y milagros.
Parece que irían desaltar la piedad y el cristianismo. Hay coloquios y deprecaciones a Dios,
dispuestas sobre la religión, y exhortaciones a convertir a la fé. Esta mezcla me parece
abominable. ¿Por ventura necesita Dios de vuestra mentira? Dice la Escritura y la regla «Non
sunt facienda mala ut eboniant bona». ¿Cuánto más se deben sepultar estos papeles, siendo capaces
de ocasionar escándalo? Este género de escritos es pasto de muchachos y gente ignorante,
éstas son más expuestas al escándalo y el engaño. Pues qué idea formará de la Religión un niño
que ve los milagros y las visiones sobrenaturales servir de tramas para tejer la basta tela de los
libros de caballerías.

Antonio Sanz intentó recurrir exponiendo una verdad evidente: que estas obras
servían para el aprendizaje de la lectura en las escuelas ―como venía haciéndose
desde el siglo XVI―, pero este argumento no coló en los ilustrados censores
dieciochescos ni tampoco la petición de Manuel Martín. Antonio Sanz detuvo la
impresión de las historias, pero Manuel Martín encarga a su sobrino Hilario Santos
Alonso, la redacción de un nuevo surtido de otras historias ―algunas de ellas, en
realidad, las mismas, pero rehechas, como enseguida veremos―, que sí lograrán pasar
los controles legislativos e inquisitoriales.
Aparece entonces la figura de Hilario Santos Alonso. Era hijo de Santos
Alonso y Victoria Brito, hermana de la mujer de Manuel Martín, María Brito, y al no
tener descendencia, acogieron al sobrino en su casa y le enseñaron el oficio de
impresor, al menos desde antes de 1759, en que así se menciona en su primer
Testamento. Trabajaba en la imprenta de la madrileña Calle de la Cruz y en 1767-1768
lanzan al mercado la Colección de varias historias, así sagradas, como profanas, de los más
célebres héroes del mundo, y sucesos memorables del orbe (Figg. 1-6)12.

12 La colación bibliográfica de esta edición presenta una serie de problemas descriptivos, pues en las
portadas de cada tomo no figura fecha de edición, aunque las historias luego incluidas en él aparecen
con pies de imprenta de 1767 y 1768 y con paginación independiente para cada historia; parece clara la
intención de formar una colección, en la fecha señalada de 1767, pero los tomos se completan con
tiradas de diferentes años y así sucede en todos los ejemplares consultados. Igual sucederá en la nueva
salida de 1780-1781.

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Víctor Infantes

Figura 1: Portada del Tomo Primero (1767-1768)

Figura 2: Prólogo del Tomo Primero (1767-1768) Figura 3: Índice del Tomo Primero (1767-1768)

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Figura 4: Portada del Tomo Segundo (1767-1768)

Figura 5: Prólogo del Tomo Segundo (1767-1768) Figura 6: Índice del Tomo Segundo (1767-1768)

Su operación literaria (y editorial), su (re)escritura, como he señalado en el


título, consistió en las siguientes características, con el fin de fingir lo menos posible la
historia, es decir mantener la veracidad cronística de las fuentes originales y la función
moral edificante de su mensaje, sin limar del todo el sustrato literario que dotaba a

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Víctor Infantes

estos relatos de un atractivo ajeno a la simple información instructiva y que era el


motivo de su adquisición y lectura. Ostenta, visiblemente, en portada que cuentan
«con las licencias necesarias».

 Reducción del corpus, especialmente de todas aquellas obras que los


censores habían calificado de «perjudicialísimas y abominables». En palabras
de García Collado esta operación remitía directamente a los durísimos
juicios morales que se habían vertido sobre ellas, a la vez que traslucen una
lectura ajena a sus posibles bondades literarias (García Collado, 1997, 269-
270):
En el informe redactado por los censores tras la visita al taller de Sanz quedó
explícito el juicio de las autoridades respecto a cada una de las historias (designadas
también «novelas» con el sentido peyorativo de «fantasías») que se reeditaban desde
el siglo XVI. Por ejemplo, la Vida de San Amaro era condenable, ya que en ella se
cuestionaba el emplazamiento del paraíso terrestre; la Historia del Emperador Carlo
Magno y los doce pares de Francia estaba repleta de visiones, milagros, gigantes,
sacrilegios y blasfemias; La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo fue
considerada por los censores como «una cadena de bárbaras inhumanidades, de
visiones y revelaciones»; en la Historia de Oliveros de Castilla y Artús de Algarbe los
censores encontraron demasiadas visiones, prodigios y milagros; la Historia del Infante
don Pedro de Portugal era una ficción aberrante. La censura fue benévola con la
Historia del Conde Fernán González [como luego mencionaremos, el editor y el autor
tuvieron muy en cuenta la exoneración de este texto] y con la Historia de Bernardo del
Carpio, aunque le indignó su sensualidad; tampoco fue del gusto de la censura el
amor de los protagonistas de la Historia de Flores y Blanca Flor, ni el de los de la
Historia de Tablante y Jofré, ni el de los de la Historia de Pierres de Provenza y la linda
Magalona, ni tampoco el de los protagonistas de la Historia de Clamades y Clarmonda;
por otra parte consideraron «impura» la Historia del Conde Partinuplés, e «indecentes»
la Vida de San Alejo y la Historia de la Pasión.

Por lo que sólo quedan en el nuevo repertorio narrativo la historia del Cid,
que ―recordamos― no estaba en el Surtido de Antonio Sanz y representa el
prototipo de «héroe histórico» (y castellano, por más señas), y la de Fernán
González, porque «éste es el que tiene semblante de historia verdadera»,
afirmación que haría feliz a cualquier retórico de estas cuestiones.
 Incorporación de muchas historias religiosas: mártires, santos, patriarcas,
personajes bíblicos, etc.; o de tema histórico extranjero: romano, europeo,
etc.; es decir acomodar lo temático (y argumental) a las fuentes documentales
ya establecidas con personajes de indubitable prestigio, volvamos a decir:
históricos. Con lo que deja fuera a Flores y Blancaflor, al Conde Partinuplés, a
Roberto el Diablo, a la Magalona y demás héroes de discutible filiación
histórica.
 Eliminación, en lo posible, de todos los elementos fantásticos, mágicos,
fabulosos o legendarios que no se atengan a las fuentes, recordamos la
«Advertencia» preliminar: «fielmente sacada de autores insignes y los más
célebres de nuestra España [vale igual para lo religioso] en línea de
historiadores». Es decir, y de nuevo, limar lo literario en beneficio de lo

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

histórico, en una cuidada operación de cirugía textual que elimina


cuidadosamente la ficción, que tanto preocupaba a los censores que
prohibieron las historias, por los juicios ya comentados.
 Primar el mensaje moral y doctrinal, sin que por ello «te divierta algunos
ratos», como vuelve a recordar la «Advertencia».
 Sus características editoriales responden a los siguientes criterios:
 Formato en 4º.
 Grabadito en la portada, con una representación icónica del héroe del
relato, repetido a lo largo de los años como identificación del producto y
de la obra.
 Disposición del texto en línea tirada.
 Cada historia ajustada a la medida de pliegos de impresión, para poder
editarse y venderse sueltas, como se señala en la portada: «se hallarán
encuadernadas en dos Tomos en quarto, y sueltas, según las pidan».

Como simple muestra de esta técnica de recomposición narrativa he escogido


dos casos concretos, porque son dos obras que venían de una larguísima tradición
literaria y editorial en el género de las historias: las del Cid (Figg. 7 y 8) y Fernán
González (Figg. 9 y 10), las dos únicas supervivientes del antiguo repertorio medieval
―que, como ya señalamos, faltan en el Surtido de Antonio Sanz―; aunque podríamos
sumar la Historia de la destrucción de Jerusalén, el medieval Vespasiano, pero valga recordar
que el primitivo texto sólo tuvo dos ediciones incunables (1492 y 1499) y no pervivió
en la transmisión posterior, por lo que es más que dudoso que conociera la redacción
primitiva; pensamos que se añadió por su tema, digamos: histórico/religioso.

Figura 7: Portada del Cid (1767) Figura 8: Advertencia del Cid (1767)

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Víctor Infantes

De esta historia conocemos ediciones exentas, aparte de la primera en la


Colección de 1767, al menos de los años 1773, 1775, 1777 y 1778; es decir, que se
reimprimía según la demanda del público, a medida que iba agotándose. Igual sucede
con la de Fernán González, de la que tenemos noticia de ediciones de 1772 y 1777.

Figura 9: portada del Fernán González (1767) Figura 10: Advertencia del Fernán González (1767)

Aparte de la «Advertencia» preliminar, idéntica para todos los textos, con los
lugares comunes de la veracidad de las fuentes, la ejemplaridad de la obra, etc., es
muy significativo comparar el «Resumen de la historia», dirigido a orientar al lector
de los hechos que a continuación se van a narrar ―en realidad, una sinopsis de
epígrafes argumentales― y el comienzo de los textos editados por Martín & Santos
con lo que figura en las primeras versiones impresas13. Incluso, en la Fernán González
se cita expresamente la del Cid, «de quien ya dimos también su Historia expurgada de
mil embustes», y valga recordar que la del Cid se encontraba en el tomo primero de la
Colección.

13Para los textos antiguos seguimos la edición de Nieves Baranda (1995, I, 3 y 5, para el Cid y para
Fernán González, I, 501 y 503), para los textos de Hilario Santos, transcribimos directamente del
original, procurando mantener todas sus características (grafías, puntuación, mayúsculas, etc.).

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Crónica popular del Cid (1498) Historia verdadera, y famosa del Cid Campeador, don
Rodrigo Díaz de Vivar (1767)

[Sin título] Resumen de la historia


Aquí comiença un libro llamado Suma de las Nacimiento, y crianza del Cid, varias Batallas en
cosas maravillosas que fizo en su vida el buen que se halló de joven, que no se numeran entre
caballero Cid Ruy Díaz, con gracia y esfuerço que las setenta y nueve que ganó a los Moros. Lo que
Nuestro Señor Dios le dio, porque fue desde su ejecuta el Cid en la muerte alevosa que dieron al
juventud acostumbrado en fazer cosas de virtud, Rey Don Sancho. Primer destierro del Cid.
temeroso de Dios Nuestro Señor, leal y esforçado Desafío del Cid con el Conde de Gormaz. Batalla
en todos sus fechos, según más largamente las del Cid en Atienza. Líbrase el Cid de una
estorias de las corónicas lo recuentan. E porque trayción. Libra el Cid a España del tributo de los
es necesario dar principio a las cosas, porque el emperadores. Toma el Cid juramento al Rey Don
medio y el fin dellas sea notado y Nuestro Señor Alonso, y segundo destierro. Aviso favorable que
Dios, que da sus gracias a quien se quiere tuvo el Cid del Cielo. Coge con estratagema el
disponer para las rescebir, sobre todo Castillo de Alcocer. Ofrécele sueldo al Rey Moro
complidamente alabado, quise principiar su de Toledo. Cercado el Cid en el castillo de
estoria desde que començó a reinar en España el Alcocer, sale, y mata treinta mil Moros.
noble rey don Fernando, primero deste nombre, Distribuciones piadosas que hizo el Cid con los
porque él lo crió y le dio armas y cavallo; y despojos, y presente al Rey Don Alonso.
recontando assimesmo brevemente los reyes que Tributos que dan al Cid los Moros, y sueldo el
en su tiempo del Cid reinaron y las cosas que en Rey Moro de Zaragoza. Batalla famosa que dio el
sus tiempos se fizieron. Cid al Rey de Denia, al Denia, al de Aragón, y al
Conde de Barcelona. Levántase el destierro del
Cid., y coge con el Rey a Toledo. Es hecho
Governador de Toledo, y funda la Cofradía de la
Vera Cruz. Pone el Cid en posesión de Valencia
al Rey Moro de Toledo después de vencido.
Tercer destierro del Cid. Coge a Valencia. Embía
por su familia, y hace un gran presente al Rey
Don Alonso. Famosísimas batallas que venció en
Valencia a los Moros, y una capitaneada de veinte
y seis Reyes Moros. Casamientos de las hijas del
Cid con los Infantes de Carrión, y después con
los de Navarra, y Aragón, con todos los sucesos
acontencidos con aquellos. Recibe el Cid aviso
del Cielo de su muerte, y cómo vence ya muerto
un Ejército capitaneado de treinta y seis Reyes.
Dejan a Valencia, y viene con su cuerpo a
Cardeña, donde le dieron sepulcro honroso.

Capítulo I [Capítulo I]
Del noble rey don Fernando, primero deste
nombre, que crió al Cid.

Don Fernando, fijo de don Sancho el Mayor de Tuvo su esclarecido origen nuestro Cid
Navarra, començó a reinar en Castilla y en León Campeador, Don Rodrigo Díaz de Vivar, del
en el año del Señor de mil y diez y siete años y tronco ilustre, y linaje honroso de Laín Calvo,
reinó quarenta años; y ovo el reino de Castilla por Juez Primero de Castilla, que bajando su
parte de su madre, que fue fija del conde don descendencia de tan clarificada rama al nobilísimo
Sancho, y el reino de León por su mujer doña varón Don Diego de Laýnez, padre del Cid, tuvo
Sancha, hermana del rey don Bermudo. Este rey este por hijo a nuestro Don Rodrigo Díaz de

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Víctor Infantes

fue muy franco, y muy gracioso, y muy esforçado Vivar, que por ser Señor de la Villa de Vivar, dos
y muy devoto, y criava en su casa todos los fijos leguas de la Imperial Ciudad de Burgos, fue
de los caballeros que en su tiempo morían. Este llamado de esta manera: y asimismo fue llamado
rey hovo tres fijos: el primero fue llamado don Cid, que es lo mismo que Batallador, y
Sancho; el segundo, don Alonso; el tercero, don Campeador, por las muchas batallas que ganó a
García; y dos fijas: la primera fue llamada doña los Moros. Quando murió el Padre de este
Urraca; la segunda, doña Elvira. E como este insigne Héroe Don Diego Laýnez, llevó para su
noble rey una vez pasase por Bivar, falló ende a Palacio el Rey D. Sancho de Castilla a Rodrigo
Diego Laínez y a su fijo Rodrigo de Bivar, moço Díaz de Vivar: crióle, y le hizo Cavallero,
de edad de diez años, y leólo consigo y criólo. Y armándole al estilo de aquellos tiempos. […]
desque fue de edad, diole armas y cavallo y
quísolo armar caballero, como lo avía en
costumbre de fazer a todos los hidalgos que
criava, y él no lo quiso ser. […]

Crónica del conde Fernán González (1511) Historia verdadera, y estraña del conde Fernán González,
y su esposa la condesa doña Sancha (1767)

[Sin título] Resumen de la historia


Aquí comiença una historia breve, sacada de las Origen, y descendencia del Conde Fernán
sumas de las crónicas de España, que hizo el González. Lozanías, y esfuerzos de su juventud.
noble y esforçado caballero el conde Fernán Batalla famosa que venció a los Moros junto a
Gonçales con gran esfuerço que Dios le dio. El Simancas. Novedades maravillosas que
qual fue desde su niñez muy buen caballero, fizo ocurrieron antes de dar la batalla. Sucesos
muchas cosas de armas en tiempo del rey don singulares de ella. Exime el Conde a Castilla del
Ramiro segundo y del rey don Ordoño quarto y vasallaje a los Reyes de León, y como [la] Batalla
del rey don Sancho primero, y en fin hizo Dios que dio, y venció a los Navarros. Encuéntrase en
por él un gran milagro, según por su historia ella con el Rey Don Sancho Abarca, y peleando
veréis. E assimesmo va aquí la historia de los los dos, le mata. Viene el Conde de Tolosa a su
nobles caballeros y hermanos los siete infantes de defensa, y también le mata. Trátase casar con
Lara y de cómo fueron muertos en batalla con los Doña Sancha, y yéndose a casar le prende el Rey
moros en el reino de Córdova en tiempo del rey D. García de Navarra. Sácale con esfuerzo
Almançor, y esto por causa de un su tío que se varonil Doña Sancha de la prisión, y le lleva a
dezía Ruy Velázques. Y estos infantes fueron Castilla. Suceso estraño que les aconteció en el
muy esforçados y mataron muchos moros y en camino. Encuentran los Condes a sus Vasallos en
fin fueron vengados por un hermano suyo el camino, que venían a Navarra a sacarle de la
bastardo que llamaron Mudarra Gonçáles, que prisión. Gozos, y fiestas que hizieron en el
ovo su padre en una mora estando captivo en casamiento. Buelve el Conde otra vez a ser preso
Córdova. E por dar principio a las cosas, por el Rey de León. Discurre astuta, y prudente
ordenamos esta historia para que las gentes ayan Doña Sancha como libertarle, y discurre una traza
plazer. aguda, y chistosa, con que lo consigue. Varias, y
muchas batallas que venció a los Moros. Vence a
Abderramán, que venía contra él con ochenta mil
Moros. Pronóstico que tuvo el Cielo cómo había
de vencer. Caso que le sucedió estando cazando.
Otro caso espantoso que aconteció antes de dar
la batalla. Edifica el Monasterio de San Pedro de
Arlanza de Monges Benitos. Muere santamente el
Conde Fernán González. Varias donaciones, y
fundaciones de este Cathólico Príncipe, y de su
Christianísima esposa Doña Sancha.

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Capítulo primero. [Capítulo primero]

Del rey don Ramiro Segundo y de las grandes Havía por las cercanías, y territorios de Burgos
cosas que en su tiempo acaescieron, e de cómo varios, y grandes Condes, que cada uno en
mandó sacar los ojos a su hermano don Alfonso particular, siendo dueño de sus tierras, las
y a tres sobrinos suyos e de las cosas que en su gobernaba como Señor de ellas. Llegaron ellos a
tiempo el conde Fernán Gonçales hizo. tener entre sí algunas desazones; pero unidos
El rey Don Ramiro segundo començó a reinar en todos, consideraron cuerdos ser mas provechoso,
el año del Señor de nuevecientos y un año y reinó y mejor mirado el convertirlas contra los
xix años. Y en comienço de su reinad ayuntó estraños, que [h]acia los proprios: y así tuvieron
grandes huestes para ir sobre los moros. E don varios encuentros contra los Reyes de León, y de
Alonso el monje salió del monesterio y juntó Navarra. De estos reencuentros se originó el
consigo toda la gente que pudo, y fuese para desazonarse, y cansarse ya del gobierno de los
León y alçóse con la cibdad y tornóse a llamar Reyes de León, a quienes estaban subordinados:
rey. E luego como don Ramiro lo supo, vino pues por los años de 850. Se hicieron un género
sobre él con toda la gente que tenía para ir contra de Democracia, o Gobierno Democrático; y
los moros y púsole cerco, y túvolo dos años sabiduría, que fueron Nuño Rasura, y Laín Calvo.
cercado. Y a la fin óvosele de dar a mal de su De Laín Calvo viene, o desciende aquel famoso, y
grado y el rey don Ramiro lo mandó prender y memorable Adalid el Cid Campeador, Rodrigo
poner en fierros. Y en este tiempo alçáronse en Díaz de Vivar, de quien ya dimos también su
Asturias don Alonso y don Ordoño y don Historia expurgada de mil embustes, que en las
Ramiro, fijos del rey don Fruela, y alçaron por rey antiguas ofuscaban la verdad de las prendas que
a don Alonso, que era el mayor, con consejo de adornaron a este insigne Héroe: más de Nuño
los asturianos. E como el rey don Ramiro lo Rasura trahen su origen esclarecido los Condes
supo, sacó sus huestes y fue para Asturias, y siguientes: Nuño Rasura, Juez. Su hijo Gonzalo
peleó con sus sobrinos, y venciólos y prendiólos, Núñez, Juez. Su hijo Fernán González, Conde
y tráxolos en fierros a León y púsolos con don Soberano. Su hijo Garci Fernández, Conde
Alonso su hermano. E dende a pocos días mandó Soberano. Su hijo Sancho García, Conde Soberano.
sacar los ojos a don Alonso su hermano y a sus Su hijo García, que fue muerto en León.
sobrinos, y fizo cerca de León un monesterio […]
llamado Sant Julián y mandólos poner en él y dar
todas las cosas que ovieron menester hasta que
murieron. […]

La Colección fue un best-seller editorial y se multiplicaron las ventas, tanto de los


dos tomos completos, como de las ediciones sueltas de las obras, que no olvidemos
se tenían impresas de forma independiente, ajustadas a un número de pliegos
modelo; es decir, que se vendían tanto como obras sueltas, «según se pidan», como
colección completa en los dos tomos. Veamos algunas características de su venta y
distribución para hacernos una idea del éxito comercial y lector de la Colección (García
Collado, 1997, 382-386).

El precio de cada historia «suelta» en el año 1767 era de seis cuartos y medio, ahora bien, éste
no constaba nunca en los librillos y sí en el anuncio insertado en la Gaceta de Madrid:
«Colección de varias Historias, así Sagradas, como Profanas […] Dárase una todos los Martes,
que contendrá tres pliegos, a seis cuartos y medio (Gaceta de Madrid, martes 29 de septiembre de
1767)»
Considerando que un cuarto eran cuatro maravedís en la época de los Borbones, el precio de
un libro de historias era de veintiséis maravedís, precio inferior al del pan en la misma época (el
pan costaba en el año 1767 treinta y cuatro maravedís). En el año de la primera edición de la
Colección, para un humilde peón (cuyo sueldo por día […] era de ciento cuarenta maravedís) el
coste de un libro de historias era menos gravoso que el de los alimentos más básicos.

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Víctor Infantes

Por lo que respecta a la difusión de las historias, la Colección fue distribuida por el ámbito urbano
y rural a través de los habituales canales de distribución de libros, pliegos sueltos y todo tipo de
impresos de vida efímera. En la ciudad, Madrid en particular, los libros de cordel compartieron
con los libros los puestos fijos de venta. Así, los impresos se vendieron en los talleres y
librerías que regentó Manuel Martín: en primer lugar, en la calle del Arenal, «donde tienen para
su venta dichos Libros», luego en la calle de la Cruz y en la calle Ancha de Majaderitos ―ésta
última era exclusivamente una librería― y también en los puestos de libros o «lonjas» que el
comerciante y socio de Martín, José Terroba Tejada, tenía en la calle Imperial y en la calle
Atocha. Probablemente, historias «sueltas» y los dos tomos encuadernados pudieron adquirirse
en otras librerías como, por ejemplo, la de José Batanero o la de Pedro Vivanco con quienes
Martín mantenía estrecha relación comercial, así como en las librerías donde se vendían
habitualmente historias de impresores de fuera de Madrid, como la de Antonio del Castillo,
frente de las célebres gradas de San Felipe, o la de Bartolomé López, en la plazuela de Santo
Domingo («puestas en uno de los bastidores al público y a su venta con otros varios surtidos
de impresos»), así como en aquellas librerías y puestos más concurridos de la Villa.
Asimismo, se encargaron de la venta de historias en puestos callejeros los «pobres que llamaban
Receteros», por una determinación que había dictado el Consejo de Castilla en el año 1738. Los
«receteros» o «retaceros», vendían en «puestos fijos en las calles públicas en los suelos y
paredes» una heterogénea mercancía compuesta de impresos baratos, tomados de aquí y de
allá, cuya extensión no sobrepasaba los cuatro pliegos: […] «Romances, Relaciones, Comedias,
Estampas, Historias, y demás Papeles, y Libritos de devoción, que excedan de quatro hojas, y
no pasen de quatro pliegos».
Así, de acuerdo a la descripción de Martín en su Tertulia de la Aldea [Tertulia de la Aldea, y
miscelánea curiosa de sucesos notables, aventuras divertidas, y chistes graciosos. Para entretenerse las noches de
Invierno, y del Verano, Madrid, Manuel Martín, 1782; 4º, 2 ts., 400 pp.+ 406 pp.+5 hs.] las
historias eran llevadas desde Madrid a las zonas rurales por los enviados de libreros (que
cargaban con los cajones de libros para su venta en pueblos y ciudades) «un muchacho al lado
que traía las Historias todas para sus compañeros […] repartiólas y cobró de todos sus dineros
al mismo precio que las había comprado»; asimismo, también las vendías sus habituales
vendedores ambulantes, ya que «a docenas las llevaban los Receteros Verdaderos para los
Lugares». […]
En definitiva, la Colección participaba de la difusión «en masa» del pliego suelto por su
condición de cuadernillo formado por la reunión de varios pliegos de cordel. Pero, al mismo
tiempo, amparaba un mensaje minoritario ciñiéndose a un tamaño excepcional dentro del
género, emparentado con los «libros de bolsillo».
La periodicidad de las historias de la Colección era semanal, ya que las nuevas entregas salían a la
venta todos los martes, al igual que el resto de las publicaciones periódicas de Madrid (cada
martes salía la nueva Gaceta de Madrid).

En 1768 Hilario Santos se independiza y crea su propia imprenta, en la que


trabaja desde 1769 hasta 1792. En 1773, jubilado el terrible Juan Curiel, Juez de
Imprentas 14 , Manuel Martín presenta la solicitud de nueve títulos nuevos para ir
formando un tercer tomo de Historias (García Collado, 1997, 380).

Los nueve títulos nuevos que proponía Martín para el tercer tomo eran la Historia de la
Destrucción de Constantinopla, La Batalla de Lepanto [ya en el Surtido de Antonio Sanz con el
nombre De la Batalla Naval], Los Siete durmientes, El Emperador Basilio, la Historia de San Eustaquio,
la Historia de San Alejo, la Historia de la doncella Teodora [los dos anteriores también en el Surtido de
Sanz], la Historia de la Gitana de Menfis y, por último, la Historia de Martín Lutero. Como podemos
comprobar, el impresor no dudó en recurrir a historias del repertorio tradicional para ampliar su
oferta [Santa María Egipcíaca, los Durmientes de Éfeso, el Caballero Plácidas, etc.]. No es de

14 Para su figura, véase el estudio de Ángel González Palencia (González Palencia, 1945).

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

extrañar que, conocida la trayectoria profesional de Martín, en este tercer tomo de la Colección el
impresor pretendiese incluir las populares hagiografías de San Alejo y San Eustaquio (bien
conocidas en la tradición narrativa hispana desde el medioevo) e incluso solicitase licencia para
imprimir la Historia de la doncella Teodora [también en el Surtido de Sanz], que desde 1755 estaba
inscrita en el Index de la Inquisición.

No se le concedió la licencia de impresión.


En 1780-1781, quizá por algún altercado familiar que por ahora desconocemos
o, simplemente, por andar ya en otras ocupaciones y haber olvidado su recreación
literaria, vuelve a editarse de nuevo la Colección como obra unitaria, pero ya sin la
mención de su nombre, aunque con el mismo título, las mismas características y los
mismos textos 15 . Aparecen ahora a nombre de Manuel Martín, con lo que se
mantiene la tradición de la simulación del concepto de «autor» desde sus remotos
orígenes medievales (Figg. 11-18, 21, 22. Comparación con la edición de 1767-1768
en las Figg. 19, 20, 23, 24).
Sus características editoriales responden a los siguientes criterios, que, son
prácticamente los mismos que la primera edición de hacía un decenio:
 Mantienen el formato en 4º.
 Presencia del grabadito en la portada, con una representación icónica del
héroe del relato, repetido a lo largo de los años como identificación del
producto y de la obra, que es el mismo, constantemente reutilizado.
 Disposición ahora del texto en dos columnas.
 Cada historia ajustada a la medida de pliegos de impresión, para poder
editarse y venderse sueltas, como se señala en la portada con la misma
expresión: «se hallarán encuadernadas en dos Tomos, y sueltas, según las
pidan».
 Mantienen el mismo «Prólogo» y el mismo número de historias en idéntica
colocación.

15La colación bibliográfica vuelve a presentar las mismas características que la salida de 1767-1768,
ahora sí figura en la portada de cada tomo la fecha de «MDCLXXX», pero las historias indican pies de
imprenta de 1780 y 1781; es decir que se imprime una portada con la fecha explícita, pero luego los
tomos se forman con diferentes tiradas, así sucede en todos los ejemplares consultados.

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Víctor Infantes

Figura 11: Portada del Tomo Primero (1780)

Figura 12: Prólogo del Tomo Primero (1780) Figura 13: Índice del Tomo Primero (1780)

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Figura 14: Portada del Tomo Segundo (1780)

Figura 15: Prólogo del Tomo Segundo (1780) Figura 16: Índice del Tomo Segundo (1780)

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Víctor Infantes

Figura 17: Portada Cid (1781) Figura 18: Resumen del Cid (1781)

Figura 19: Portadas del Cid. Comparación entre las ediciones de 1767 y 1781

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Figura 20: Resumen del Cid. Comparación entre las ediciones 1767 y 1781

Figura 21: Portada del Fernán González (1781) Figura 22: Resumen del Fernán González (1781)

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Víctor Infantes

Figura 23: Portadas del Fernán González. Comparación entre las ediciones de 1767 y 1781

Figura 24: Resumen del Fernán González. Comparación entre las ediciones de 1767 y 1781

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Historias Fingidas, 2 (2014) - Monografica

Algunas obras sueltas de su Colección siguieron editándose por otros impresores:


Agustín Laborda en Valencia; Francisco Benedito en Murcia, que seguía
manteniendo la autoría de Hilario Santos Alonso; Juan García Rodríguez de la Torre,
José de Gálvez y Aranda y Luis de Ramos y Coria en Córdoba y Juan Centené y
Carlos Sapera en Barcelona; pero en el primer decenio del siglo XIX las Historias de
Manuel Martín dejaron de interesar, porque, superadas las etapas de la rigurosa
censura ilustrada, volvieron a editarse las viejas historias del Surtido de Antonio Sanz y
los héroes caballerescos de la literatura medieval volvieron a deleitar a los lectores del
nuevo siglo. Resurgió, de nuevo, la pretérita cofradía caballeresca de los Clamades,
Carlomagno, Pierres de Provenza, Oliveros de Castilla, Roberto el Diablo y
compañía y también, de nuevo, las antiguas historias volvieron a fingir ser historias, es
decir: ficción literaria, con la excusa de la historia y no historia para ocultar la ficción
literaria como procuró Hilario Santos Alonso (y Manuel Martín). Afortunadamente,
todavía les quedaba un largo siglo de vida lectora y editorial.

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