You are on page 1of 31
CAPITULO X Para una técnica de la palabra persuasiva en la pélis. La retérica segiin Aristételes Gabriel Livov ‘Trataron la materia los filésofos con més cuidado que los retéricos. Qu 10, Instituciones oratorias ‘TILIAN En este capitulo nos dedicamos a explorar los lineamientos generales del proyecto aristotélico de definicién y sistematizacién del arte retérica. Como vimos, el en- foque platénico conceptualiza la retérica tradicional como un saber aparente: sin un dominio especifico de objetos a los que aplicarse, se trata de una préctica del Jégos destinada a la adulacién, orientada hacia una persuasidn sin conocimiento, en la que la palabra se halla al servicio de la adquisicién de poder personal, el sentido de la vida humana se piensa desde una forma radical de hedonismo y la politica se concibe bajo la forma de una democracia extrema animada por una voluntad de dominio imperial. Ante las pretensiones de los maestros de ret6rica de reclamar para si el monopolio de la definicién de lo justo y de lo injusto, el pensador nacido en Estagira procuraré acotar el campo de la oratoria sofistica, deslinddndola del saber propiamente cientifico sobre la praxis ética y politica de los seres humanos. Sin embargo, a diferencia de Platdn, Aristételes se propone rehabilitar la retérica en tanto disciplina técnica auténoma, relativa a los discursos puiblicos en asambleas, tribunales y ceremonias politicas; para ello emplea la estrategia de vincularla estrechamente con la dialéctica, conce- bida esta tiltima no ya como saber filosdfico supremo (Platén) sino como arte de la interaccién dialégica con un interlocutor. En términos generales, ver mos que la caracterizacién aristotélica piensa la retérica como un saber técnico, orientado a la construccién de un discurso persuasivo ante auditorios publi- cos, donde se ponen en juego instancias colectivas de decisién vitales para el funcionamiento institucional de la ciudad-Estado. Para una técnica de la palabra persuasiva en la pélis. La retérica segtin Aristbteles 1. Horizonrs PLATONICOS. EL JOVEN ARISTOTELES Y LA RETORICA Entre las escasas noticias sobre la edad temprana de Aristételes, podemos destacar que alos 17 afios fue enviado a estudiar a la pélis ateniense desde Macedonia (en cuya corte su padre oficiaba de médico al servicio del rey Amintas III, abuelo de ‘Alejandro Magno). Esto es relevante para los propésitos de la presente obra en al menos dos sentidos. En primer lugar, porque la totalidad del proyecto filoséfi- co de Aristételes se encuentra originariamente anudado con la tradicién cultural y politica de Atenas, la ciudad-Estado de la Grecia Antigua donde la palabra al- canzé niveles inéditos de elaboracién tedrica y de institucionalizacién politica. En segundo lugar, porque fue enviado a estudiar a la escuela filosdfica de Platén, la Academia, donde permaneceria como su discfpulo los siguientes veinte afios de su vida: es digno de notar al respecto que, segtin una extendida tradicién biogr’- fica, en la Academia Aristételes estuvo a cargo de impartir cursos sobre retérica.! Aristételes se enfrenta inicialmente al problema de la definicién de la rets- rica y su relacién con la dialéctica teniendo como antecedente la disociacién fuerte que el Gorgias de Platén habfa operado entre la dialéctica filoséfica, por un lado, y la retérica-sofistica de su tiempo, pot el otto. De un lado, el perso- naje de Gorgias defendia una concepcién de la retérica como técnica suprema, asimilada con la politica en tanto rectora de los asuntos puiblicos humanos, en la medida en que se dedicaba a las estrategias de persuasién que acerca de lo jus- t0 y lo injusto se ponen en practica en las asambleas y los tribunales de la polis. Del otro lado, el personaje de Sécrates no solo impugnaba la supremacia de la retérica (junto con el correlativo rechazo de la democracia radical), sino que incluso le negaba el estatuto de técnica: en la medida en que el orador no ne- cesita saber, sino solo aparentar que sabe frente a una multitud, la retérica no esta preparada para dar razén de los conceptos y los temas de que trata y, por lo tanto, no puede aspirar a constituir una rkhne en sentido estricto. Asi es como la retérica no puede tener pretensiones legitimas de conocer y ensefiar acerca de lo justo y lo injusto. Es una mera prictica adulatoria de caracter su- perfluo y derivado, que sin embargo se disfraza bajo la apariencia de saber. Se trata de un simulacro, solo admite ser tratada desde el punto de vista de la opi- nidn y resulta estructuralmente incapaz de alcanzar por sf misma la verdad.* Jaeger, 1950: 50. » Lejos de mostrarnos diferencias, en el Fedro constatamos, en tiltima instancia, una mis- ma posicién que en el Gorgias, segtin la cual la retérica tradicional se inscribe en el Ambito del 229 Gaprret Livov El lugar que Aristételes asigna a la retérica en los escasos testimonios conservados de sus escritos tempranos parece inscribirse en la tradicién inaugurada por su maestro Platén y, por lo tanto, entran en polémica con la persuasion retérico-sofistica. Entre tales textos ~perdidos para nosotros se destacan especialmente los correspondientes al Arte [ret6rico] de Teodectes (Theodekteia), la Compilacién de las téenicas [retéricas] (Tekhnén Sunagogé) y el didlogo Grilo (Griillos) De estos escritos tempranos atribuidos a Aristételes, que no han llegado hasta nosotros sino bajo la forma de unos pocos fragmentos, nos interesa ras- tear indicios para reconstruir, en la medida de lo posible, dos asuntos funda- mentales para empezar a delincar los contornos de la concepcidn aristotélica de la retérica: la polémica contra Isécrates y la caracterizacién aristotélica de la tradicién rerérica 1.1. Polémica contra Isécrates ‘Tomar en cuenta la figura de Isdcrates nos permite encontrar un anclaje a la hora de contextualizar el profundo desacuerdo entre filosofia y retSrica que res- pecto del Gorgias de Platdn transitamos en el capitulo anterior: para compren- der la clave de tal desacuerdo habria que analizar el conflicto que en el siglo IV enfrentaba a dos escuelas antagénicas que se disputaban el ideal de formacién integral del ser humano, la Academia de Platén y la escuela de Isdcrates. Por un lado, Isécrates sostenia la necesidad de una pedagogia practica, cuyas ma- terias se vincularan con una utilidad politica, que en vista de las necesidades del modo de vida participativo en las instituciones de la pélis debfa incluir de manera privilegiada la maestria en las artes de la palabra, Platén, por el otro, impugnaba la inclusién de la retérica dentro de su plan de estudios y apuntaba principalmente a un modelo de saber eminentemente teorético, contemplati- vo, tal como lo testimonia el programa de formacién expuesto en Repiiblica, en el que el adolescente debja comenzar estudiando los primetos diez. afios dis- ciplinas cientificas tales como aritmeética, geometrfa y astronomfa, entre otras.? simulacro, y si bien puede llegar a ser “buena” o “hermosa”, lo serd en la medida en que deje de set retérica sofistica y se convierta en técnica, lo cual implica para ella ser absorbida dentro de la dialéctica filoséfica > Ver Rep. 527 b. Considérese a propésito Ia legendaria inscripcién a la entrada de la Academia 230