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CLASES DE ARGUMENTACIÓN

1. ARGUMENTOS QUE JUSTIFICAN LA SOLUCIÓN DE LAGUNAS


NORMATIVAS.
1.1. El argumento Analógico.

Con la expresión “analogía jurídica” los juristas entienden una semejanza entre
hechos o situaciones que se encuentran en la base de la interpretación
analógica (extensión analógica o razonamiento analógico). La expresión
“analogía jurídica” o sus equivalentes indican la operación realizada por el
intérprete (p.e. el juez) para aplicar a un caso no previsto por el orden jurídico
las disposiciones jurídicas (legislativas o consuetudinarias) destinadas a regir
casos similares. (Reginfo, 2017)

Este argumento justifica trasladar la solución legalmente prevista para un caso,


a otro caso distinto, no regulado por el ordenamiento jurídico, pero que es
semejante al primero (Atienza, 1986, p. 29).

En el Derecho español, de forma similar a lo que sucede en los sistemas


jurídicos de tradición romano-napoleónica, el art. 4.1. del Código Civil expresa
esa misma concepción, al indicar: “Procederá la aplicación analógica de las
normas cuando éstas no contemplen un supuesto específico, pero regulen otro
semejante entre los que se aprecie identidad de razón”.

En primer lugar, quien determina la existencia de la laguna -requisito previo


para que entre en juego la analogía- es el juez, sin que el Derecho le
proporcione ningún tipo de regla para apreciarlo, remitiéndole a la simple
observación. Ello ocasiona que, en determinadas circunstancias, la laguna es
creada por el propio juez, hablándose entonces de lagunas axiológicas. Estas
serían las derivadas de la confrontación del sistema real con un sistema ideal,
de tal modo que no se trata de que el juez carezca de solución para el caso,
sino que se carece de una solución satisfactoria para el operador judicial
(Bobbio, 1960, pp. 157 y ss.): entonces el juez proclama la laguna y la
soluciona, saltando así por encima de la previsión legal.
En segundo lugar, además de este carácter integrador del ordenamiento, la
analogía puede ser un procedimiento interpretativo, que consistiría en que «el
juez explica una disposición de significado incierto, pero presente en el
ordenamiento, a la luz de otra disposición no equívoca o menos equívoca,
invocando no obstante la analogía de las dos previsiones» (Lazzaro, 1971, p.
18).

1.2. El argumento A Fortiori.

El argumento a fortiori se basa en la "mayor razón" y en la presunta voluntad


del legislador y es que cuando éste no recoge una hipótesis concreta no
estamos ante una laguna, sino que está alertando sobre los casos más
frecuentes e, implícitamente, se tienen en cuanta ahí los casos donde con
"mayor razón" se debe aplicar tal consecuencia. Se trata de un método
de integración que sirve para llenar lagunas legales. (Reginfo, 2017)

Este argumento es un procedimiento discursivo por el que «dada una


norma jurídica que predica una obligación u otra calificación normativa de un
sujeto o de una clase de sujetos, se debe concluir que valga (que sea válida,
que exista) otra norma que predique la misma calificación normativa de otro
sujeto o clase de sujetos que se encuentran en situación tal que merecen, con
mayor razón que el primer sujeto o clase de sujetos, la calificación que la
norma dada establece para el primer sujeto o clase de sujetos» (Tarello, 1989,
p. 355)

1.3. El argumento A Contrario.

Todos los autores coinciden en señalar que el argumento a contrario se basa


en la presunción de que, si el legislador ha regulado expresamente una
hipótesis, entonces esa regulación se refiere a esa hipótesis y solo a ella. A
partir de ahí, se aprecian diferencias a la hora de entender el argumento de los
distintos autores. (Reginfo, 2017)

El argumento a contrario justifica excluir la aplicación de la consecuencia


jurídica prevista por una norma para un determinado supuesto de hecho, a
otros supuestos de hecho diferentes a los expresamente mencionados por
ella. Con palabras de Tarello (1989, p. 346) es un argumento por el que «dado
un enunciado normativo que predica una calificación normativa de un término
perteneciente a un enunciado destinado a un sujeto o una clase de sujetos, se
debe evitar extender el significado de aquel término de tal modo que
comprenda a sujetos o clases de sujetos no estricta y literalmente incluidos en
el término calificado por el primer enunciado normativo».

2. ARGUMENTOS QUE JUSTIFICAN EL RECHAZO DE POSIBLES


SIGNIFICADOS DEL ENUNCIADO NORMATIVO
2.1. El argumento de la No Redundancia.

Es un argumento interpretativo que, aunque poco estudiado, se usa en todas


las jurisdicciones. Consiste en recurrir al criterio de la no redundancia o no
pleonasticidad del discurso legislativo. (Reginfo, 2017)

Partiendo del principio de no redundancia en el ordenamiento jurídico, según el


cual cada disposición legal debe tener una incidencia autónoma, un particular
significado, y no constituir una mera repetición de otras disposiciones legales,
el argumento de la no redundancia justifica que, entre dos (o más) significados
posibles de un enunciado, sea rechazado aquél (o aquellos) que supongan una
mera repetición de lo establecido por otra disposición del ordenamiento.

El argumento no sirve para justificar la atribución de significado a un enunciado


que plantea dudas interpretativas sino que su función es justificar el rechazo de
un posible significado de ese enunciado, alegando que entendido de esa forma
repetiría lo ya establecida por otro enunciado distinto, aunque indirectamente
sirve para justificar la atribución de un significado, puesto que al rechazar una
interpretación se está motivando aceptar otra.

El origen del argumento se encuentra en la idea de un legislador no redundante


que al elaborar el Derecho tiene en cuenta todo el ordenamiento jurídico en
vigor (Pattaro,1978, p. 215) y sigue criterios de economía y no repetición
(Tarello, 1989, p. 371). Esta imagen de un legislador económico, hace que se
considere que el intérprete no debe poner de manifiesto la redundancia del
legislador al atribuir significado a los enunciados normativos, puesto que
hacerlo supondría ir en contra de la voluntad del legislador racional, que es
siempre que cada disposición tenga su significado específico.

2.2. El argumento Apagógico.

Es aquel argumento que permite rechazar una interpretación de un documento


normativo, de entre las teóricamente posibles, por las consecuencias absurdas
a las que conduce. Dicha definición del argumento apagógico tiene como
origen la lógica clásica, ya que según ésta, la reductio ad absurdum era una
demostración indirecta que consistía en afirmar la verdad de una tesis,
mostrando cómo la contradicción, a su vez otra tesis ya demostrada como
verdadera. (Reginfo, 2017)

2.3. El argumento Pragmático.

Este argumento es muy utilizado por los tribunales en sus decisiones, pero por
el contrario los teóricos no han dedicado mucho tiempo a su estudio, esto se
debe principalmente a la similitud con otros argumentos como el de la no
redundancia o el apagógico. Con este argumento se establece la verdad o
el valor de las tesis que se defienden a partir de las consecuencias favorables
que de ella se derivan o la falsedad o disvalor de tesis defendidas por el
adversario por las consecuencias desfavorables que de ellas se desprenden.
Podemos concluir a partir de esto que el valor de las tesis se deriva a través de
las consecuencias. (Reginfo, 2017)

El pragmático es un argumento consecuencialista (Perelman, 1958, p. 14), es


decir, un argumento que consiste en establecer la verdad o el valor de la tesis
que se defiende (en nuestro caso, el significado que se propone) a partir de las
consecuencias favorables que de ella se derivan, o la falsedad de la tesis
defendida por el adversario (o la inconveniencia de otro significado posible) por
las consecuencias desfavorables quede ella se derivan.
Lo característico del argumento pragmático es que el que lo utiliza no siente la
necesidad de justificar ni la bondad de las consecuencias, ni el nexo que une la
causa con las consecuencias. Sobre ambos aspectos se considera que existe
una especie de consenso, obtenido a través de nociones ligadas a las ideas de
lo normal, lo previsible o lo razonable.

3. ARGUMENTOS QUE JUSTIFICAN LA ATRIBUCIÓN DE SIGNIFICADO


A UN ENUNCIADO NORMATIVO.
3.1. El argumento Sistemático.

No cabe duda que al tener en consideración lo que los autores definen como
argumento sistemático, confirman la afirmación sostenida en la introducción de
este trabajo, esto es, que la argumentación tiene como base la interpretación,
pues primero tenemos que interpretar la norma que se aplicará al caso
concreto y después dar las razones y justificación del porqué la norma que
interpretamos es aplicable al caso concreto. Por todo lo anterior debo decir que
interpretar sistemáticamente un precepto legal es reconocer que un precepto
no se encuentra aislado del ordenamiento jurídico, ya que puede tener relación
de manera horizontal o vertical con otros preceptos legales, ésta es una de las
formas que el juzgador utiliza para interpretar las normas; de ahí que para
argumentar la aplicación de un precepto cuya interpretación se hizo a través
del método sistemático, debe ser utilizado este mismo argumento. (Reginfo,
2017)

Con carácter general, la interpretación sistemática es aquella que intenta dotar


a un enunciado de comprensión dudosa de un significado sugerido, o no
impedido, por el sistema jurídico del que forma parte (Tarello, 1989, p. 376). Por
esta razón, el concepto de argumento sistemático reenvía automáticamente
al concepto de sistema.

En las culturas jurídicas modernas el conjunto de preceptos que forman un


ordenamiento jurídico concreto es concebido, no como una mera adición, sino
como un sistema. Por otro lado, en el ámbito jurídico se utiliza el término
sistema en dos acepciones, que han sido denominadas extrínseca e intrínseca.
Cuando se habla de sistema extrínseco se hace también en dos sentidos:
como la sistematización del material normativo proporcionado por el legislador
realizada por el dogmático, que no entraría en la interpretación operativa más
que por la vía del argumento de autoridad; o como el modo en el que el
legislador presenta su producción normativa, que puede ser invocado en apoyo
en una interpretación, por traducir la voluntad del legislador, a través del
argumento sedes materiae. Cuando se apela al sistema intrínseco en el
Derecho, se está haciendo referencia al objeto de su conocimiento, es decir, al
conjunto de preceptos dictados por el legislador y a sus relaciones. Esas
conexiones sistemáticas justificarían el empleo de los argumentos a coherencia
y sistemático en sentido estricto.

3.2. El argumento Psicológico.

El argumento psicológico sería aquél por el que se atribuye a una regla el


significado que se corresponda con la voluntad del emisor o autor de la misma,
es decir, del concreto legislador que históricamente la redactó. Respecto a este
argumento, no cabe duda de que hay que acudir a los trabajos preparatorios y
la exposición de motivos del legislador creador de la norma. (Reginfo, 2017)

Desde luego, coincidimos con J. C. Cueto-Rua citado por Francisco Javier


Ezquiaga Ganuzas en el sentido de que al juez no le interesa el proceso
psicológico de los miembros de los órganos legislativos porque tal estudio sería
de imposible ejecución.

3.3. El argumento de Autoridad.

Atendiendo a la definición de argumento de autoridad se puede afirmar que es


un tipo de argumento utilizado con gran frecuencia por los tribunales de menor
jerarquía, cuando ya algún tribunal superior ha fijado un precedente respecto a
un caso igual o parecido al que está sujeto al análisis. Respecto al argumento
de autoridad basado en la doctrina, se puede mencionar que esto estriba en el
reconocimiento no sólo a nivel nacional sino internacional que tendría el autor
respecto al punto específico a aplicar. (Reginfo, 2017)
3.4. El argumento de Equidad o Equitativo.

En la época moderna, Giuseppe Lumia ha definido la equidad como el juicio


atemperado y conveniente que la ley confía al juez. La equidad constituye el
máximo de discrecionalidad que la ley concede al juez en algunos casos,
cuando la singularidad de ciertas relaciones se presta mal a una disciplina
uniforme. Lumia expone que la equidad no debe confundirse con el mero
arbitrio, porque esto significaría un mal uso por parte del juez de sus poderes;
en cambio, cuando decide conforme a equidad, respeta aquellos principios de
justicia que se encuentran recibidos por el ordenamiento jurídico positivo o que
son compartidos por la conciencia común. (Reginfo, 2017)
Bibliografía
Atienza, M. (1986). Sobre la analogía en el Derecho. Ensayo de análisis de un
razonamiento jurídico. Madrid: Civitas.

Bobbio, N. (1960). Teoria dell’ordinamento giuridico. Turín: Giappichelli.

Lazzaro, G. (1971). “Gli argomenti della Corte di cassazione”. Varese-Villa


Ponti: L’amministrazione della giustizia e la società italiana in
trasformazione.

Pattaro, E. (1978). Introduzione ai concetti giuridici. Bolonia: Sin Ed.

Perelman , C. (1958). L’argument pragmatique. Turín: Logique et Analyse.

Reginfo, D. (22 de Septiembre de 2017). Clases de argumentación. Obtenido


de SCRIBD: https://www.scribd.com/document/359629168/Clases-de-
Argumentacion

Tarello, G. (1989). L’interpretazione della legge. Milán: Giuffrè.