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ISSN 1852-0650

dialéktica
“¿Cómo puedo aceptar una doctrina que erige como su biblia, por encima y
más allá de la crítica, un libro de texto económico obsoleto, que sé que es no sólo
científicamente erróneo, sino sin interés o aplicación para el mundo moderno?
¿Cómo puedo adoptar un credo que, prefiriendo el tallo a la hoja, exalta al gro-
sero proletariado por encima del burgués y de la intelectualidad que, con los
Revista de filosofía y teoría social

dialéktica — Número 28 — invierno 2017


defectos que sean, posee la calidad de vida y siembra con seguridad la semilla 25 años: la saga continúa...
de todo progreso humano? Incluso si necesitamos una religión, ¿cómo podemos
encontrarla en la túrbida basura de las librerías rojas? Es difícil para un hijo edu-
cado, decente e inteligente de la Europa occidental, encontrar aquí sus ideales,
a menos que haya sufrido antes algún extraño y horrible proceso de conversión
que haya transformado su escala de valores.” — J.M. Keynes, «Breve panorama
de Rusia» (1925).

“Es necesario dar a los obreros lo que éstos merecen por su trabajo y lo que ne-
cesitan para vivir dignamente, a lo que ningún hombre de buenos sentimientos
puede oponerse, pasando a ser éste más un problema humano y cristiano que
legal. Es necesario saber dar un 30 por ciento a tiempo que perder todo a poste-
dossier
A 150 años de El capital,
riori. (...) Se ha dicho, señores, que soy un enemigo de los capitales, y si ustedes
observan lo que les acabo de decir no encontrarán ningún defensor, diríamos,
más decidido que yo, porque sé que la defensa de los intereses de los hombres
de negocios, de los industriales, de los comerciantes, es la defensa misma del Es- de Karl Marx
tado.” — Juan Domingo Perón, discurso en la Bolsa de Comercio, 25 de agosto
de 1944.

“El peronismo nunca planteó la lucha de clases,


el peronismo nunca planteó la guerra entre los
pobres y los ricos... ¿Para qué? No, al contrario:
somos los creadores de la articulación entre el
Capital y el Trabajo.” — Cristina Fernández,
discurso en Parque Norte, 17 de marzo de 2008.

“Tenemos que sacar el enfrentamiento del centro de la escena y poner en ese


lugar el encuentro, el desarrollo y el crecimiento. En la pelea irracional no gana
nadie, en el acuerdo ganamos todos. (...) Quiero terminar una vez más diciéndo- año XXVI
les el mensaje central que quiero transmitirles hoy: convoco a todos a aprender Número 28
el arte del acuerdo.” — Mauricio Macri, discurso de asunción presidencial, 10 Ciudad de Buenos Aires — invierno 2017
de diciembre de 2015.
SUMARIO
dialéktica 28 - 2017

5 Editorial: El canto de la moneda - Representación política y


equivalente general

12 25 años de dialéktica: la saga continúa...

Dossier: A 150 años de El capital

21 Cómo leer El capital. Natalia Beistain

27 El capital, de Karl Marx: asociación libre (de trabajadorxs libres).


Esteban V. Da Ré

39 Sinécdoque. Mariano Campos

45 ¿Está vigente el Marxismo? Pablo Levín

61 Qué aprendí sobre Marx trabajando en una empresa transnacional.


Trabajador del sector de servicios

75 ¡Vísteme! - Notas sobre el trabajo, el valor y sus formas.


Javier A. Riggio
Universidad

135 La Educación contra el Estado - Sobre socialistas utópicos en el


conurbano bonaerense. Patricio McCabe

147 Por una construcción horizontal y autorganizada de la Junta de


Antropo. Revocables de Antropo y Arqueo

153 Frente al ataque de la gestión de la facultad hacia Revocables, o


de cómo vigilar y castigar la organización estudiantil de base.
Revocables de Antropo y Arqueo

Reseñas

159 De colapsos, derrumbes y Krisis. Esteban V. Da Ré y Javier


A. Riggio

165 Marx situacionista. Mariano A. Repossi

168 Agenda y actividades

172 Números anteriores

175 Normas básicas generales para la publicación en dialéktica


Colectivo de trabajo:

Natalia Beistain
Esteban Virgilio Da Ré
Eduardo Emilio Glavich
Patricio Enrique McCabe
Mariano Alberto Repossi
Javier Alejandro Riggio
Verónica Lía Zallocchi

colaboraciones:
Mariano Campos, Pablo Levín, trabajador del sector de servicios,
Revocables de Antropo y Arqueo.

Agradecimientos
Martín Gonilski, Paula Farinati, Gastón Falconi.

Página web
www.revistadialektica.com.ar

Envío de colaboraciones y comentarios


dialektica@gmail.com
Asunción 2646, CP: 1419, CABA.

Diseño, tapa y carátulas

Colectivo de trabajo de dialéktica


(Litografías: El toro, de Pablo Picasso - 1945)

Alentamos la reproducción del material publicado en la revista,


mientras se haga referencia a su fuente, no se altere su contenido
ni se realice con fines comerciales.
El canto de la moneda
Representación política y equivalente general

Dedicamos este número


a quienes repudian toda representación política,
a quienes promueven la autoorganización del trabajo
(doméstico, escolar, asalariado, artístico, científico...),
a quienes combaten la explotación en todas sus formas,
a quienes desean la disolución del Estado,
a quienes estudian El Capital.

La política en Argentina, más allá del narcisismo local, se mueve


como las demás democracias del mundo: varias fuerzas compiten en
el sistema de partidos por administrar la porción de recursos (fuerza
de trabajo, medios de producción, bienes de consumo) que nos toca
en el reparto capitalista; los ciudadanos –igualados en el cielo por el
Derecho y, en la tierra, por la ley del valor– elegimos libremente entre
las ofertas del día en la góndola de un aula escolar (o en un tablero
electrónico, como quien compra por internet); luego, en el ocaso del
domingo, un show televisivo nos anoticia de los resultados entre
colores, estridencias e infografías. Al día siguiente, casi todo se
encamina rumbo a otra elección y, chorreando a través de los poros de
cada campaña electoral del desierto, la vida del capital a expensas del
trabajo1. ¡Oh, Estado, ombligo de la representación política!

En la escena criolla de ese teatro del mundo, las organizaciones


burguesas –estén o no aliadas a la Coalición Cambiemos– comparten
un objetivo general: garantizar la gobernabilidad. Eso significa sostener
la legitimidad de la representación política, es decir, ofrecer al capital un
semblante atractivo para las inversiones. Se trata de un viejo problema
que enfrentan los funcionarios del capital: cómo mantener la legitimidad

1
Esto incluye a la izquierda, por supuesto: los socialismos «del siglo XXI» en Venezuela
y Ecuador, «andino» en Bolivia... o Grecia, bajo el gobierno de SyRizA... o la experiencia
de Podemos, en España... expresan, entre otras cosas, que a 150 años de publicado
El Capital, la izquierda parece ignorar que el subtítulo de este libro es «Crítica de la
economía política» y no «Manual de la administración eficiente». Aun las experiencias
«revolucionarias» en la URSS, China, Cuba, Corea del Norte, Vietnam... se esperaba
que la ley del valor solucionara los problemas de la ley del valor (de ahí la religión del
trabajo y sus santas inquisiciones). .

dialéktica 5
de la representación política durante los períodos de ajuste. (Aunque
debemos reconocer que la representación en sí no está cuestionada
hoy: las masas piden dirigentes que no ajusten, no democracia directa.
Y este es un límite para la conciencia de clase, porque, mientras haya
capitalismo, sin represión y ajuste no hay inversiones.) Emilio Pérsico,
dirigente del Movimiento Evita, explica con claridad meridiana: «la
unidad de los trabajadores es lo único que genera gobernabilidad [...]
Siempre que hubo desequilibrio y desestabilización en la Argentina,
fue porque los trabajadores no estaban unidos. Sucedió en los setenta
cuando las Coordinadoras de Gremios en Lucha pasaron por encima
de la CGT, voltearon a un ministro y casi voltean al gobierno. Pasó
también en el dos mil cuando las organizaciones sociales no tenían
representación ni unidad, era una dispersión.»2 En la misma línea y
casi al mismo tiempo, el representante sindical de la clase obrera Luis
Barrionuevo declaró: «Tenemos argumentos de sobra para parar 24,
36, 48 horas, pero no. Nosotros cuidamos la gobernabilidad. Somos
los que más aportamos hoy a la gobernabilidad con el sacrificio de
los trabajadores: devaluación, inflación, recesión, desempleo.»3 En
suma, al capital no le basta con una baja conflictividad social para
desembolsar sus valores: necesita bajos costos laborales para que
funcione la fórmula de la ganancia. La Coalición Cambiemos hace
su aporte a la causa: impulsó el aumento tarifario de los servicios, la
reducción de la nómica de trabajadores estatales y va por los convenios
colectivos de trabajo, y además... ha incrementado notablemente los
planes sociales4, ha garantizado la continuidad del Plan FINES y la

2
«Puchero a la Evita», revista Crisis, 13/11/2016.
3
Declaraciones al diario Clarín, 26/11/2016. La reticencia al paro por parte de las centrales
sindicales se explica, también, por un cálculo de expectativas: sin nuevas inversiones
la economía permanecerá estancada, aumentarán la desocupación y el descontento
proletario con sus representaciones y el número de afiliados –el número de trabajadores
que finanacia a los sindicatos– se reducirá tarde o temprano. Incluso en el sector docente,
donde la estabilidad laboral no depende tan directamente de las inversiones extranjeras,
la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA)
fue reacia a llamar a un paro nacional por tiempo indeterminado pues no quiere
desestabilizar sus propias alianzas federales gobernantes, ya que, al menos, 14 de las 23
provincias están en manos del peronismo.
4
En diciembre de 2016 fue creado (por ley 27.345 y reglamentado por decreto 159/2017)
el Consejo de la Economía Popular y el Salario Social Complementario, organismo integrado
por funcionarios de los ministerios de Trabajo, de Desarrollo Social y de Hacienda,
más representantes de organizaciones sociales (que en este caso fueron Barrios de
Pie, Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y Corriente Clasista y
Combativa), encargado de administrar unos 30 mil millones de pesos para financiar la
emergencia social. Los planes Ingreso Social con Trabajo y Asignación Universal por Hijo

6 dialéktica
ampliación del Programa Terminá la Secundaria5 y avanza en la
provincia de Buenas Aires con la aplicación de la Ley Nacional de Salud
Mental aprobada en 20106... Baja conflictividad social y mano de obra
barata, representación política y disciplina laboral, gobernabilidad
y explotación. Condiciones necesarias para atraer inversiones, pero
no suficientes: siempre puede haber otros mercados más atractivos
adonde las inversiones se dirijan; siempre se puede estar peor de lo
que ya nos parecía malo; siempre el capital puede esperar un poco
hasta que la muerte y la desesperación ofrezcan mejores condiciones
para explotar el trabajo; siempre se puede lanzar una guerra abierta o
de baja intensidad... Es la ley del valor: ciega, como autómata espectral;
firme, como mugre de talón.

Por su parte, las organizaciones de izquierda en Argentina se


debaten entre dos tendencias: sumarse al Frente de Izquierda y de los
Trabajadores (o a algún otro frente electoralista, en caso de que el FIT

(AUH) se mantuvieron (y aumentaron el número de sus beneficiarios y/o los montos


otorgados). Entre diciembre de 2015 y junio de 2016, la AUH pasó de 3,7 millones de
beneficiarios a 3,9. En ese mismo lapso, las asignaciones familiares se incrementaron
en 1,2 millones porque se incluyó a los monotributistas y se duplicó el tope del ingreso
familiar. A esos planes se agregaron, por decretos de abril de 2016, el Plan Nacional
de Primera Infancia (atención nutricional para 37 mil niñas y niños de entre 45 días y
4 años de edad, además de una cuota por cada beneficiario), el Plan Nacional Creer y
Crear (asistencia económica de Nación a las Provincias para financiar microcréditos,
maquinarias e insumos, instalación de ferias y mercados, a 731 organizaciones en 319
municipios, para más de medio millón de destinatarios) y la Pensión Universal por Adulto
Mayor (un ingreso equivalente al 80% de la jubilación mínima destinado a personas
mayores de 65 años que no cuentan con los años de aporte necesarios para jubilarse;
dicha pensión integra el Programa Nacional de Reparación Histórica para Jubilados y
Pensionados, aprobado por el Senado de la Nación en junio de 2016). [Fuente: Matías Di
Santi y Martín Slipczuk, «Con el nuevo gobierno aumentaron los planes sociales y la
pobreza», La Nación, 10/10/2016.]
5
En ambos casos se trata de ejemplos ilustrativos de una tendencia avanzada de la
lógica del capital. Cuantitativamente: desmontar toda infraestructura edilicia (FINES
puede funcionar en un galpón, en una parroquia, en una unidad básica o en una
casa particular; Terminá la Secundaria funciona en una computadora); aumentar la
explotación (contratos precarios, horarios flexibles, múltiples sedes adonde concurrir,
aumento de tareas administrativas). Cualitativamente: la masa de contenidos a enseñar
es infinitamente menor a la de principios del siglo XX. Y es que la tendencia capitalista a
simplificar los procesos de trabajo impone la descualificación creciente del proletariado.
La sociedad engendra el tipo de educación que necesita, no la escuela.
6
La ley 26.657 requiere un exámen crítico que no podemos desplegar aquí. Nos
limitamos a señalar algunas coincidencias con los programas educativos mencionados:
incremento de la explotación laboral y reducción de la infraestructura edilicia (se
privilegia la atención domiciliaria), además de incorporación de la Gendarmería en los
operativos de control y seguimiento de pacientes en los barrios.

dialéktica 7
se disolviere) «para preservar la independencia de clase» , o acercarse
a alguna de las fracciones del peronismo «porque hay que estar con el
pueblo en lucha». El verticalismo y la acumulación cuantitativa signan
el horizonte de ambas tendencias. En el medio, el amplio, variado,
silvestre y difuso espectro de lo «alternativo» y/o «autonomista» y/o
«anarquista», cuyo horizontalismo sin crítica de la economía política
suele derivar en que buena parte de su activismo termine votando a
–cuando no directamente en las filas de– las opciones burguesas de
turno. Poco y nada parece quedar de las experiencias germinales de
deliberación y acción de masas del año 2002: o bien se vindica el éxtasis
revolucionario de 2001 y se deplora su termidoriano 2003 (como suele
hacer la izquierda), o bien se deplora el nihilismo del «Que se vayan
todos» y se celebra (hoy con nostalgia tanguera) la llegada en 2003 del
Príncipe Néstor (la «anomalía» más normalizadora que jamás hayamos
visto). Sin embargo, en algunas fracciones de la clase trabajadora,
insiste y subsiste cierto sentido común asambleario que no tenía
registro, desde 1983, antes del 2002. El modelo basado en asambleas
no se practica masivamente en ningún ramo de la producción, excepto
en el ramo específico de la producción de subjetividad: la docencia. Por
supuesto que este legado modestamente virtuoso del asambleísmo y
la acción directa conserva enormes limitaciones, la mayor de las cuales
es la ausencia de crítica radical al sistema capitalista y sus categorías
elementales (mercancía, valor, trabajo, fetichismo, Estado...)7. Esta
debilidad es mortífera: mientras permanezca incuestionada la ley
del valor, la lógica del capital impondrá la competencia aunque las
asambleas atraviesen la puerta de las fábricas y el mundo se llene
de cooperativas. A su majestad, la relación social capitalista, no le
importa bajo cuál modo de organización le sean ofrendadas nuestra
«vidas runflas» con tal que el valor se valorice de manera creciente.

No hay ruptura sino continuidad entre los gobiernos kirchneristas y el


actual. El aparato de consenso y legitimación ensamblado entre 2003
y 2015 demostró su eficacia en los últimos meses, cuando cientos de
miles de personas se movilizaron en las calles del país sin que sacaran
los pies del plato institucional: ¿quién deplora al Estado, quién al
Capital? Doce años de «razón populista» han sepultado las críticas
que durante 2002 componían, en una significativa medida, el sentido

7
Ver las introducciones los dossiers de los núms. 26 y 27 de dialéktica, «¿Qué hacemos?
Cuestión de perspectivas, perspectivas en cuestión» y «La hipótesis autonomista.
Posibilidad de un imposible, imposibilidad de un posible».

8 dialéktica
común de cualquier movilización más o menos importante. El sesgado
balance del progresismo ofrece una muestra de esa sepultura: hoy
Cambiemos ajusta, el FPV aplicaba «sintonía fina»; hoy Cambiemos
devalúa porque es «anti pueblo trabajador», el FPV devaluó en enero
de 2014 porque fue obligado por «fondos buitre y cipayos»; con
Cambiemos aumentó la pobreza, con el FPV medir la pobreza era –en
palabras del entonces Ministro de Economía Axel Kicillof– «bastante
estigmatizante»8; con Cambiemos hay un gobierno represor, con
el FPV apenas se consiguieron los doce años más sangrientos para
la clase trabajadora desde 19839... Quince años después del «Que
se vayan todos», la dependencia de la política respecto del Estado
es (casi) absoluta: pareciera que todo reclamo es ahora un asunto
de «derechos», ese antiguo abracadabra de todo progresismo, su
alimento fantástico predilecto, la ambrosía de las almas bellas10. No se
lucha por las cosas, se lucha por el derecho a las cosas. Por ejemplo, no se
lucha por desarmar, hoy, el aparato represivo; se lucha por inmacular
frases del tipo «Fue genocidio»11 y «Son 30.000»12. Entonces la lucha
8
Consultado por las cifras de pobreza en Argentina, Axel Kicillof, Ministro de Economía
de la Nación, declaró en el programa No somos nadie (radio Metro): «Cuántos pobres hay
es una pregunta bastante complicada. Yo no tengo el número de pobres, me parece que
es una medida bastante estigmatizante». Esta reflexión de Kicillof, realizada dos días
después del 24 de marzo de 2015, nos recordó ese pasaje de la Carta abierta... de Rodolfo
Walsh: «En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación
de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con
la miseria planificada».
9
Entre 1983 y 2015, el Estado asesinó 4.622 personas, de las cuales 3.070 corresponden
al período 2003-2015. Y, desde que asumió Cambiemos hasta fines de 2016, 259
asesinatos más. Entre 1983 y 2015, el Estado desapareció a 200 personas, de las cuales
70 corresponden al período 2003-2015. Asesinados en la represión a la protesta: durante
los gobiernos de Menem, 2. Durante el gobierno de De La Rúa, 45 (de los cuales 36
correponden al 19 y 20 de diciembre 2001). Durante el gobierno de Duhalde, 2. Durante
los gobiernos de N. Kichner y C. Fernández, 21. Fuente: Informe 2016 de la Coordinadora
contra la Represión Policial e Institucional. www.correpi.lahaine.org
10
Ver el dossier de dialéktica núm. 22, dedicado a la crítica de los DD.HH.
11
«Genocidio» es un delito establecido por el derecho internacional para nombrar la
masacre perpetrada por los nazis y extendido a casos asimilables, que oculta la lucha
de clases: el principal objetivo de la dictadura militar argentina de 1976-1983 no era
«nacional», «racial» o «religioso». Era político: disciplinar al proletariado. Ver el editorial
de dialéktica núm. 18, «Es el capitalismo, estúpidos».
12
La cifra proviene de organizaciones de defensa de los DD.HH. que crearon la
consigna de «30.000 desaparecidos» para denunciar la dictadura y obtener apoyo
internacional, a partir de información muy precaria y cuando era imposible realizar
una investigación al respecto. Las más confiables investigaciones todavía están en
curso. El Equipo Argentino de Antropología Forense registra «cerca de 9.000 personas
desaparecidas por el Estado» durante el período 1976-1983 (Anual Report 2007, en

dialéktica 9
cuantitativa (por el número de desaparecidos), moralista (se trataría
de «víctimas») y retrasada (mira los datos de ayer pero no los de hoy)
oculta el problema cualitativo (el Estado como garante represivo
del capitalismo), político (la lucha de clases) y actual (asesinatos y
desapariciones no han cesado, en Argentina y en el resto del planeta).13
Ilustrativa de este límite político fue la multitudinaria manifestación
contra el 2x1 (con el que la Corte Suprema pretendía beneficiar a 34
ancianos con la muerte domiciliaria), que no sólo expuso el techo liberal
del progresismo y de toda la izquierda que participó, sino que alentó
al gobierno a universalizar la protesta con más punición: «Estamos
en contra de cualquier tipo de impunidad», declaró Mauricio Macri
antes de que se realizara la marcha14, en otro envión para endurecer
el Código Penal. Mientras tanto, la población carcelaria en Argentina
pasó de 46.600 presos y presas en 2003 a 52.000 en 2007 y 70.000 en
2015. En un país donde no hay pena de muerte, un preso o presa es
asesinado cada 37 horas15.

www.eaaf.typepad.com). Inés Izaguirre, en su libro Los desaparecidos: recuperación


de una identidad expropiada (Buenos Aires, CEAL, 1994), toma el período 1973-1983 y
cuenta 8.912 desaparecidos denunciados. Es destacable el período que toma, ya que
las desapariciones y asesinatos por parte del Estado no comenzaron el 24 de marzo de
1976, sino antes. El Anexo II informe Nunca Más cuenta 1168 «Víctimas de desaparición
forzada y ejecución sumaria» durante el período 1966-1976 (Buenos Aires, Eudeba, 2006,
tomo II, pp. 975-1024). Recordemos, además, que el decreto 261 (febrero de 1975) de
«aniquilación» de «elementos subversivos» fue firmado por un gobierno democrático.
Asimismo, como indicamos en la nota 8, las desapariciones y asesinatos por parte del
Estado no finalizaron en 1983, sino que continúan hoy, ahora, en este mismo instante.
13
Año tras año mueren millones y millones de seres humanos por todo tipo de pseudo
causas: hambre, sed, enfermedades curables o tratables, sociabilidad miserable y
violenta, etc. Nada de eso es llamado «genocidio», «capitalismo» o «lucha de clases».
Pero la verdadera causa es el capitalismo. Y el verdadero fundamento de los DD.HH. es
el mercado universal, la propiedad privada de los medios de producción, el capitalista
colectivo que llamamos Estado.
14
«Macri respaldó la ley contra el 2x1», www.lapoliticaonline.com (10-52017).
La marcha, originalmente convocada para el 11 de mayo, era una iniciativa de la
organización Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), contra la política represiva
del gobierno nacional y contra la política represiva de los gobernadores provinciales,
especialmente la que aplica Alicia Kirchner en Santa Cruz. Después, cuando salió a luz
pública la decisión de la Corte Suprema, se agregó a ese pliego de protestas el repudio
al 2x1. Como el kirchnerismo no admitía protestar contra el gobierno de Santa Cruz
convocó a otra marcha para el 10 de mayo. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores
(FIT) convocó a EMVJ a una reunión el domingo 6 de mayo, en la que se levantó la
marcha del 11 y se acordó marchar el 10 «en columna propia».
15
Datos tomados de Agencia para la libertad, en www.agenciaparalalibertad.org.

10 dialéktica
La moneda capitalista tiene dos caras: representación política y
equivalente general, dominio y explotación, libertad de ataduras
personales y libertad de vendernos al mejor postor, cárcel y loquero,
Estado y Mercado. La ergástula es oscura. No cesamos de escuchar su
canto monetario, hipnótico como el peso cotidiano de la costumbre,
lavamanos como el agua bendita de la tradición, analgésico como la
módica alegría del no saber o del no querer saber. Pero la crítica no
arranca de las cadenas las flores ilusorias para que soportemos las
cadenas frías y desnudas, sino para desembarazarnos de ellas y que
broten flores nuevas...

***

En este número, las diversas lecturas de El Capital – Crítica de la economía


política que componen el dossier muestran cómo, entre el objeto leído
y los sujetos lectores, resulta crucial el contexto en que se lee y las
prácticas en que la lectura se engendra y se prolonga. No todo libro
es político. No todo lector es sujeto. Cierto tipo de lectura puede estar
guiada por propósitos políticos y puede, eventualmente, poner efectos
políticos en el ser de la realidad. La política no se hace sola. Hay que
hacerla. Asimismo, la educación no vino hecha desde siempre con
forma de escuela y Estado neutral: la sociedad capitalista necesita esas
instituciones y nuestra fe en ellas. En esta senda crítica, en Universidad,
una nueva experiencia de democracia directa llega –desde las aulas y
pasillos y despachos y asambleas– de Ciencias Antropológicas en la
UBA hasta las páginas de esta revista, así como un artículo expone una
inquietante arqueología de la autoformación proletaria; mientras un
eco del dossier reverbera en la sección Reseñas con un libro de Robert
Kurz y otro de Anselm Jappe, dos referentes de la crítica del valor.

Si bien queremos conjurar los fetichismos en general –entre ellos, el


culto a los múltiplos de 5–, lo cierto es que el azar hizo lo suyo: a 150
años de la publicación de El capital, un nuevo número de dialéktica, en
su 25º aniversario...

Colectivo de trabajo
Junio de 2017

dialéktica 11
25 años de dialéktica

La saga continúa...

Número 1. Fin del año 91, un grupo de estudiantes de filosofía discute,


en un bar de la facultad recién instalada en Puán, editar una revista
en donde circule la producción estudiantil que no se domesticaba
a los criterios de las camarillas profesorales. Algunxs netamente
independientes, otrxs rompiendo con las expresiones partidarias de
la izquierda, todxs queriendo quebrar el monopolio de la producción
intelectual por los dueños de la carrera. Un diagnóstico cierto, la carrera
está escindida de cualquier reflexión crítica sobre la sociedad. Y por
aquellos días, el atentado contra la embajada de Israel nos ingresa al
primer mundo. En todos lados se discute la violencia pero la violencia,
se reduce al estallido de las bombas? Qué relación hay entre violencia
y razón? No hay parecido entre la sociedad burguesa y el ejército?
Con estas preguntas surge el primer dossier de dialéktica. Y algunos
de sus artículos cobra gran repercusión: la crítica a la cátedra de Ética
escandaliza a su titular y en Filosofía de la Historia, el artículos sobre
libertad y ontología social es incluido en la bibliografía y lxs miembros
de la revista invitados a defenderlo en clase. Doscientos ejemplares en
tres semanas.

Número 2. Idilio con la Academia. El director del Instituto de Filosofía


posa para las fotos con dialéktica, la secretaria de Extensión presta la
imprenta para su edición. Una de las ediciones del manual de Filosofía
del profesor Obiols cuenta con una foto del primer número como
ilustración de lo que puede ser una producción estudiantil. El dossier
del segundo número encara la cuestión epistemológica, a través de
él muchxs estudiantes acceden por primera vez a nombres como
Samaja y Marí. Parece que había algunas epistemología que no eran
positivistas.

Número 3/4. dialéktica rompe la vidriera, vuelve su mirada sobre los


intelectuales y el poder, y descubre que la gran mayoría de profesores

12 dialéktica
participó de un congreso de la dictadura “derecha y humana”. Hay
continuidad, el titular de Ética justificó sin ruborizarse el punto final
del gobierno alfonsinista y a Rozitchner lo discriminan en el CONICET.
Por las dudas, la revista se completa con Mandel, Lora y Toni Negri. La
sonrisa de la academia se hace mueca y empiezan las represalias. Tres
miembros del comité editor son desplazados del Instituto de Filosofía,
las amenazas se hacen cotidianas, estar en dialéktica empieza a ser una
definición. Crisis y amanecer de un nuevo sujeto. El contenido de las
denuncias y las represalias nos hacen conocidxs fuera de la Facultad y
asomamos fuera de la Universidad. Este es el número doble 3 / 4 ... y
ya nada será lo mismo.

Número 5/6. Las represalias levantan polvo. Hebe de Bonafini, Tato


Pavlosky, Enrique Oteiza, Rubén Dri opinan sobre el entuerto.
Refrescamos la polémica Bayer-Sábato y recordamos que hay otros
modelos de intelectual que no se casan con el poder: R. Walsh presente.
dialéktica ya no es la misma, en este nuevo número doble 5/6, el Sub
Marcos está cómodo en nuestra sección latinoamericana y un artículo
sobre Universidad nos posiciona frente a las luchas que se avecinan. El
reguero llega a Sociales, donde la revista empieza a venderse mucho y
aparece un trabajo colectivo de sus estudiantes sobre los desaparecidos
en la UBA. Empieza a utilizarse de material de discusión de aquellxs
que protagonizan el enfrentamiento contra el gobierno en el terreno de
la educación. Es la primera vez que editamos seiscientos ejemplares y
se vende todo. Sold out.

Número 7. El número siete, ya son cuatro años y un segundo hito:


se incorporan compañerxs de Antropología y Sociales, el viejo comité
cruje, se queja pero crece. dialéktica se apoya en un Bloque y ahora
también en un Viejo Topo que construye túneles en Sociales. En el
dossier nos interrogamos sobre las figuras de la dominación de clase
en la Argentina, no solo en la Universidad también en el movimiento
obrero y en los derechos humanos. Por las avenidas del dossier se
pasean Lucita y R. Astarita y en una esquina entrevistamos a Holloway
y a Balvé. En un artículo colectivo se relata la lucha universitaria bien
desde adentro: Insubordinación y valor. Iniciamos relación con otras
revistas y denunciamos a los profesores que se someten al poder del
dinero. Dinero que falta para editar la revista pero le damos para
adelante. Vamos construyendo una agenda de discusión para la
actualización del proyecto socialista con otras revistas.

dialéktica 13
Número 8. Es ocho y de color rojo. La tapa zapatista. Entremezclamos
en el dossier a Mandel, Patrulla, Shaik, Bonnet, Bonefeld y Holloway.
El tema es el neoliberalismo, el disparador la convocatoria zapatista,
dos formas de entender el marxismo se recortan nítidas pero conviven
armoniosas. Un artículo sobre la izquierda genera conmoción y
espanto en las filas de la izquierda partidaria y no tan partidaria.
También afirma simpatías. La reflexión sobre la universidad siempre
presente y un tema que abre camino: la autonomía. La discusión de
artículos se hace colectiva, se abre el comité editor y nace un colectivo
de trabajo. Se asoman los de Historia. Octubre de 1996, seiscientos
números y un espacio que se afirma sin subsidios, conjugando teoría,
práctica y compromiso.

Número 9. Un dossier dedicado a la reconversión capitalista de la


universidad contiene una serie de artículos que tendrán una amplia
difusión. La reforma educativa, las discriminaciones en el Conicet y
una reflexión de Toni Negri sobre la revuelta estudiantil francesa de
1986 completan una reflexión profunda sobre la educación no solo
superior. “Fetichismo y publicidad” explora con buen nivel como
la política también se hace desde el marketing y la emergencia de
los movimientos sociales es objeto de análisis. La interrupción de la
circulación de las mercancías por los desocupados parece anunciar un
nuevo tiempo para el análisis, una frase “piquetera” anticipa futuros
ríos de tinta que se escribirán sobre el fenómeno. Es el número nueve.

Número 10. En la dialéktica diez, la figura de Milcíades Peña y


especialmente un escrito desenterrado del olvido es objeto de la opinión
de numerosos personajes vinculados especialmente a la historia. Un
debate con llegada entre marxistas memoriosos e historiadores, que
todavía es uno de los números (agotados) más reclamados. En el otro
rincón de la revista, se discute los 150 años del Manifiesto Comunista,
un debate por cierto obligado por aquellos días donde el menemato
empieza a boquear y la izquierda empieza a inquietarse.

Número 11. El número once viene marcado por un perfil sociológico.


Se discuten los cien años de las ciencias sociales y la revista dice
presente con una serie de ensayos y reflexiones a cargo de “nuestros
hombres y mujeres” en sociología. Lowy se despacha con un artículo
sobre Marx y Weber mientras lee con atención un artículo sobre El
Gran Gatsby que escribe un joven escritor de letras en nuestras páginas.

14 dialéktica
“La amenaza fantasma” es el título de un artículo sobre comunicación
que con el tiempo va a ser reeditado por distintos colectivos. Nuestra
“inmersión” de tiempo completo en el mayo universitario del 99 va a
traer consecuencias que sólo el tiempo permitirá dimensionar.
Número 12. Primavera 00 y se hace sentir el efecto Seattle. Hay
distintas miradas sobre la emergencia de movimientos que ponen su
centro en la democracia directa y no hay acuerdo sobre la importancia
del “elefante dormido” en nuestras luchas latinoamericanas y ni que
hablar de los movimientos campesinos que dan un paso al centro
de la escena. Todavía escriben los ilustres: John Holloway y Michel
Lowy, presentes, este último profundiza las reflexiones revisteriles
sobre Fitzgerald. La reciente lucha de la universidad mexicana y su
contraste con la lucha universitaria argentina en el 99 ocupan unas
cuantas páginas de un número doce, hay que decirlo, combativo.
Número 13. Los movimientos campesinos son puestos en la mira en un
dossier que se pregunta acerca de la pertinencia de este nuevo sujeto y
los ruidos que puede provocar en la tradición marxista su persistencia.
El efecto Seattle aún persiste y son analizados sus pasos más recientes,
mientras conviven en armonía artículos que rescatan la dialéctica
y que no la priorizan como herramienta de análisis. Soplan vientos
post y la revista incorpora un artículo sobre feminismo, uno de cine
africano y ¡horror! un cuento... Empieza a predominar la producción
propia mientras damos licencia (por un tiempo) a los famosos.
Número 14. Catorce es el número pero la revista parece otra, y lo cierto,
es que en el medio pasó el 19-20 y nada será lo mismo. Los lectores
se diversifican y el nuevo formato pos devaluación (es decir look
“pobre”) circula con facilidad entre quienes frecuentan asambleas,
mtds, universidades y fábricas recuperadas. El nuevo paisaje social
es debatido con ardor en una larga autoentrevista a nosotrxs, todxs,
lxs protagonistas. El número es de emergencia y tiene un tono menos
académico aunque no por eso superficial. Hay un cambio de estilo
dado que hay una mayor fusión con lxs activistas que vienen siendo
últimamente quienes leen la revista y comentan en distintos lugares.
La persistencia en el tiempo y cierto lugar cómodo de leyenda hace
que algunos colectivos universitarios intenten algunos acercamientos.
Si fuese una empresa capitalista diríamos que dialéktica ingresa a
una etapa posfordista: un núcleo chico y mucha terciarización de la
escritura entre compañeroxs del espacio. El tiempo, medida del valor,
dirá...
dialéktica 15
Número 15. Los 10 años de la revista nos encuentran tratando de
pensar en un momento en que las urgencias políticas parecen no
dejar resquicios al ejercicio de la reflexión. Nos declaramos en
estado de debate permanente y nos grabamos debatiendo sobre la
representación, la política e incluso quien diría la guerra. Nos damos
el lujo, en una coyuntura que se presenta urgente, de polemizar sobre
los usos de Spinoza. La reflexión sobre la Universidad queda reducida
a una mínima expresión.

Número 16. Vuelta a la Universidad y replanteo. Luego de varios


números dirigiendo la mirada al “afuera”, en el 16 nos volvemos
intrauterinos y echamos una mirada sobre las condiciones de (re)
producción de la mirada, según reza el título del dossier I. La sección
Documentos da cuenta de nuestras nuevas apuestas políticas y, en el
Dossier II, volvemos a nuestro pago chico filosófico para rastrear los
antecedentes de una renovación conceptual de efectos palpables en la
política pos 2001.

Número 17. En el 17, el colectivo editor registra cambios cualitativos


aunque el número de integrantes permanece igual. Y si bien el panorama
político permanece revuelto, lo cierto es que en la revista identificamos
una invariante a propósito de los problemas de organización, así que
recurrimos a un clásico para pensarlo. La consigna del número es
«Althusser Vuelve» y con esta excusa convidamos a un debate pública
y abierto sobre las relaciones peligrosas entre política y organización.
Algun@s activist@s concurrieron a la cita y el resultado es una jugosa
reflexión sobre las posibilidades del marxismo como teoría finita.

Número 18. El invierno del 2006 nos encuentra en un momento de


redefiniciones. El estilo kirchnerista de gobierno comienza a presentar
contornos mas definidos obligando a un replanteo en el campo del
trabajo. En el editorial gritamos algo que no parecía evidente en ese
momento: que la trama secreta de los cambios en curso se llama
“capitalismo”. La resistencia del trabajo toma dimensiones globales y se
manifiesta en múltiples luchas que no exhiben entre sus puntos fuertes
la posibilidad de ser comunicables. Concientes de que en la coyuntura
no estaba la respuesta, dedicamos el dossier a pensar estructuralmente
el lenguaje y sus opacidades. En un gesto de grandeza invitamos a
algunos archienemigos a ejercitar su pluma en nuestras páginas. El
colectivo editor, acorde a los tiempos vuelve a mutar.

16 dialéktica
Número 19. El tiempo de redefiniciones y giros empieza a rendir
algunos frutos. En el 19 empieza a perfilarse una política mas definida
que se va a continuar hasta estos dias. Editoriales orientadas a refrescar
el ABC del marxismo en momentos en que el relato marxista cuenta
con pocos fans y, en el territorio universitario, los esfuerzos puestos en
la produccion de conocimiento en formatos que intentan esquivar la
forma catedra. La presentación de experiencias educativas que ponen
en tensión la organización estatal de la educación provoca cierta
perplejidad en el activismo, que todavía ve la dimensión académica
separada de la política. Nuestra prédica empieza a tener alguna
proyección en otras carrera de la UBA.
Número 20. El 20 nos encuentra en la díficil tarea de abrirnos paso
en una discusión polarizada entre dos opciones que, pese a sus
diferencias, coinciden en una episteme donde el capitalismo es
un horizonte insuperable. Algunos antiguos compañeros de ruta
empiezan a colaborar abiertamente con el gobierno de turno y la forma
estado aparece codificando la mayoría de las políticas en el campo
emancipatorio. Editorializamos los límites del debate Campo vs
Gobierno y buscamos abrir un tercer campo que pusiera en el centro de
sus reflexiones el anticapitalismo, la autoorganización, la autonomía
de clase y la horizontalidad. Una vez mas recurrimos entonces a un
autor ubicuo en nuestro discurso: Cornelius Castoriadis y una serie de
discusiones en torno a la autonomía son el centro gravitacional de este
número, que cuenta con colaboradores externos y reflexiones sobre
nuestras experiencias de base en la Sección Universidad.

Número 21. El 2009 es un año de inflexión en la política nacional.


El gobierno malherido en su disputa con los capitalistas agrarios se
decide por un viraje estatista que ancla en las tradiciones populistas de
fuerte raigambre en nuestra patria. El pasaje a las filas gubernamentales
empieza a acelerarse y el colectivo editor decide orientar sus esfuerzos
a criticar los lugares comunes del crecientemente hegemónico
discurso que derrama desde la Rosada. El populismo es el primero
de los tópicos a desentrañar y, puestos en esta tarea, desfilan por el
dossier reflexiones sobre el intelectual estrella de esta corriente, sobre
su país emblemático y sobre sus derivas conceptuales. En la sección
Universidad aparece un documento de la organización populista mas
popular, una declaración francesa con aires de familia y una reflexión
sesuda sobre la carrera de Antropología. De estos materiales esta
hecho el número 21.
dialéktica 17
Número 22. El 22 aparece dedicado a la crítica de otro de los lugares
comunes del relato oficialista y nos estamos refiriendo nada menos
que a los Derechos Humanos. Tratar críticamente este tema no parece
fácil y la búsqueda de colaboradores resulta infructuosa. Un número
casi enteramente escrito por los que conforman el colectivo editor y
una nueva visita al tesoro conceptual del marxismo para ayudarnos
a pensar el tema de los derechos y la cuestión ciudadana. Silencio de
radio en los alrededores y algunas pocas palmaditas en el hombro. En
la sección Universidad pasa quizás inadvertido un sesudo trabajo que
intenta dar cuenta de las relaciones entre capital, estado y democracia
en el terreno universitario actual.

Número 23. El 23 cierra la trilogía de iconos conceptuales que


sustentan la hegemonía pingüina. En esta ocasión se trata de pensar
la democracia en la última década, tomando como punto de partida
el año 2001. Se sabe que el gobierno kirchnerista se presenta como
una suerte de ultima salvaguarda del régimen democrático. Pero
sabemos también que es posible pensar la democracia, la autogestión
y la autonomía desde una perspectiva emancipatoria, y a ello aparece
abocado este nuevo número de la revista. En la sección Documentos
se hacen tangibles las nuevas apuestas políticas en las que nos
embarcamos y, nuevamente, aparece Castoriadis, esta vez, saludando
desde la contratapa.

Número 24. Vuelven los toros litografiados a la tapa: veinte años es


mucho para una revista, el agua ha corrido bajo los puentes hasta
socavar muchos de ellos y varios ex miembros del «comité editor»
escribieron sus homenajes a dialéktica. La página web lanzó al fin
todos los números al cyberespacio y el colectivo de trabajo afianza
su «guardia nueva». El dossier es resultado de una convocatoria con
preguntas sobre autoorganización y el editorial asume desde su título
la dimensión política del deseo.

Número 25. Tres signos: tapa e interior ilustrados con estampitas


decapitadas en las que no se salva ni dialéktica; dossier para la crítica
a la religiosa y mayoritaria subjetividad militante de izquierdas; título
nietzscheano en el editorial: «Para todos y para nadie». La muerte
de Hugo Chávez y la elección papal de Jorge Bergoglio liberaron
los hedores religiosos del progresismo en general y de la izquierda
en particular. Tal vez por eso no sea casual que las páginas de este

18 dialéktica
número estén tan pobladas de lecturas y escrituras que vienen de –y/o
pasan por– el psicoanálisis: «compañerxs de incredulidad» buscamos
(como decía Freud), no sumisiones al dirigente celestial o terrenal de
turno. 2013 es también el año de aparición de UBA Factory II, segundo
compilado de artículos sobre universidad y carta teórico-política de
presentación del colectivo de coorganización militante Nodo.
Número 26. Buscar «compañerxs de incredulidad» es una tarea solitaria.
Arrojadxs al archipiélago de experiencias autonomistas intentamos
dar con la continuidad de las partes, algo común en las prácticas que
permitiera pensar los límites y alcances de un espectro que llamamos,
hipotéticamente, «izquierda autónoma». Queríamos un número escrito
mayoritariamente por otrxs que no fuéramos integrantes del colectivo
de trabajo. Y lo logramos. La convocatoria a escribir sugería preguntas
en torno a la autoorganización (relaciones de poder, centralización,
géneros y sexualidades...) y concebimos la presentación pública del
número como instancia presencial de conversaciones a partir –y más
allá– del dossier. Y lo logramos... a medias.
Número 27. Primer año, desde 1992, en que no hubo nuevo número de
dialéktica. La «hipótesis autonomista» nos exigió más tiempo y dimos
con un resultado en 2016: no existe una «izquierda autónoma» tal
como (algunxs) la queríamos. Posibilidad de un imposible, imposibilidad
de un posible decimos en la introducción a la segunda y última entrega
del dossier dedicado a organizaciones políticas más o menos afines. El
archipiélago de la autonomía permanece inconexo pero no buscamos
sólo tender puentes y vías navegables sino evidenciar las estructuras
ciegas del subsuelo, las placas tectónicas de la sociedad capitalista.
Aquí operan de manera decisiva las pasiones humanas, demasiado
humanas. Y la insoportable binariedad del ser capitalista se expresó
brutalmente en Argentina con el balotage 2015, imposibilitando
toda reflexión crítica y colocando al borde de la reacción física todo
comentario que incomodara al interlocutor de turno. Por eso la tapa y
el editorial de este número portan el emblema de Spinoza: caute.

dialéktica 19
dossier

A 150 años de
El capital, de Karl Marx
Cómo leer El capital
Natalia Beistain1

Tal vez nada de esto determine el futuro de la revolución pero pocas


cosas unx elige cómo hacerlas, el matiz que le pone. Nosotrxs tiramos
estas piedras a la deriva si pegan y cómo pegan muchas veces es azar.
Ontológicamente no podés definir que le vas a pegar a nadie...

Alguien en algún encuentro Intertalleres

Hace 19 años, cada marzo arranca un Taller de lectura de El capital. Así


convocamos:

Desde 1998, se vienen realizando grupos de lectura de El capital en


los que simplemente se lee y discute colectivamente el conocido
texto de Karl Marx. La lectura de los tres tomos se extiende como
mínimo a tres años.
Se trata de grupos de lectura horizontales, autoorganizados, sin
dictado de clase, con las siguientes características:
-Son públicos y gratuitos, y no es requisito ser egresado ni
estudiante universitario para participar de los mismos
-Se lee el texto “pelado”, con la pretensión de entenderlo en su
“lógica interna”, tratando de no entrar, en primera instancia, en
1
 Todo lo aquí escrito es mi recorte de la información que desde el espacio Intertalleres
del Taller de Lectura de El capital fuimos recolectando sobre su devenir. Corté, pegué
y distorsioné, para contar este cuento, información que circuló de forma oral, por
escrito y algunos chismes. Toda tergiversación es mi responsabilidad. Luego, todo lo
escrito es relato de un viaje en mis barcos y barcos ajenos, que agradezco poder relatar.

dialéktica 21
discusiones que presuponen lecturas exteriores y/o posteriores al
mismo
-Se trabaja con exposiciones rotativas de los/as participantes, con
la preparación de un “resumen” del capítulo o de los capítulos a
leer/exponer para abrir el debate
-Se trabaja en reuniones bisemanales de 3 hs., aproximadamente
una hora y media de exposición, 15 minutos de descanso y una
hora y cuarto de discusión
-Las primeras cinco reuniones son semanales para el grupo que
comienza
-Se propone, al comienzo del año, un cronograma de trabajo
precisando las lecturas y discusiones a realizar en cada reunión.

Hoy hay varios grupos leyendo El capital, desde hace algún tiempo,
reunidos en algunos espacios, transitado algunas páginas, olfateando
el contenido, rastreando leyes, determinando el objeto, buscando en el
método, enredadxs en la forma, sorprendidxs por lo que está a la vista,
lidiando con las apariencias.
Quienes por allí andamos podemos arengar que, al contrario
de lo que suele escucharse, la lectura de El capital no exige tanto (muy
poco para una lectora o lector de dialéktica), cierta persistencia, cierto
interés. No es espontáneo, no es un proyecto, no es improvisado, no
es un plan, es la forma que encontramos de abordar colectivamente la
obra, motivo de este dossier.
Dicen por ahí que nada surge de la nada y tentadxs por los
aniversarios arriesgamos un árbol genealógico, un relato parcial y
subjetivo, el cuento de una acción.
Mucho transcurre en los pasillos de las Facultades de la UBA,
en Buenos Aires, Argentina. Diremos que no es nuestro límite pero
será un poco nuestro escenario.
Comenzando por algún lado retrocedemos a fines de los años
80. Caía un muro en Berlín. Democracia en Argentina, del juicio a las
juntas a las leyes de punto final y obediencia debida. La izquierda
orgánica no sacaba ni el 0,1 %, en las elecciones Nacionales, ni en las
Universitarias. FMI. URSS. CGT. UCR. PJ Menemista. Existía la UCD.
Unxs 20 militantes universitarixs eran echadxs del PO. La ola de
privatizaciones llevaba a que los reclamos defendieran acríticamente
el Estado burgués.
Un par de compañerxs andaban por los pasillos de la Facultad

22 dialéktica
de Filosofía y Letras (Filo), expulsadxs, repelidxs, huérfanxs de
militancia orgánica. Huyendo de niveles de estatismo insoportable,
buscando información, buscando acción. Encontrando la posibilidad
de darse sus propias organizaciones, de formarse más allá de los
estrechos límites de la academia y la militancia tradicional. Algunxs
cursaba Filosofía. Algunxs hacían dialéktica, algunxs hacían Cuadernos
del Sur. Algunxs se juntaros a leer El capital, eran cuatro, su plan leerlo
de principio a fin, su plan era colectivo. El éxito editorial de la obra
nos lleva a suponer que no fueron lxs primeros pero en pos de esta
breve e inexacta genealogía allí vamos a situar a nuestrxs antepasadxs.
Hicieron acto una vieja cuestión humana, la posibilidad colectiva de lo
improbable individual.
Pasan los años, los ´90 andan a full. NAFTA, ALCA,
MERCOSUR, UE. Reelección, fantasmas de hiperinflación. Ley de
Educación Superior. Toma de facultades. Voto en blanco. Asambleas
piquetes cacerolas … la lucha es una sola. 20% de desocupación. CGT.
CTA. Globalización, Trastablilla la lógica representativa. Delegados
revocables. Corte de rutas. El capitalismo se dice fin de la historia, la
autonomía del capital se siente sola. Escraches. Medios masivos de
caricaturización. Asia all stars. Los comunismos reales se desvanecen
con culpa. Flexibilización laboral, Fin del servicio militar obligatorio.
Gatillo fácil. Internet se generaliza. La Alianza se presenta como
progre, va a salir volando. Chiapas zapatista. Bachilleratos populares.
Empresas recuperadas. Planes sociales. Conflictos docentes.
Se sigue publicando dialéktica, circulando y explotando
desde Filo, es amada y es odiada. Allí pensaron grupos de estudio
como intervención autoconsciente, de autoformación. Había mucha
producción universitaria. Había desarrollos de crítica al estatismo
en general y al estatismos universitario en particular. Potenciaban
cuestiones del autonomismo, se potenciaban las cuestiones grupales.
Algunxs tenían ganas de discutir el troskysmo y la organización de
la izquierda en general. Algunxs se hacían lxs troskxs y escribían
un polémico artículo, algunxs lo leían. Algunxs se hacían del
Autonomismo. Algunxs del Guevarismo. Algunxs se mantenían
aferrados contra viento y marea a algún marxismo.
Algunxs encontraron que la formación epistemológica en
Antropología era mala. Algunxs estaban muy formadxs y podían
socializar. Armaron el Taller de Epistemología. Hubo charlas, paneles,
expositores, maestros, programas. Allí se cuestionaron la separación
entre quienes poseen el saber y quienes lo reciben, desarticularon el

dialéktica 23
escenario, se sentaron en círculo y fueron andando y diversificándose,
repartiendo know how a diestra y siniestra. Un espacio público, abierto.
Hicieron acto de una vieja cuestión humana, la autoformación.
Colectivo autoconsciente, horizontal conjurando las voces calificadas,
socializando el conocimiento acumulado. Público, abierto a la
discusión fraterna y la crítica despiadada.
Algunxs leían y leen a Hegel, línea a línea, el texto pelado. Dicen
que es la única forma seria de leer una obra. Deriva de un seminario
sobre metodología de filosofía, lleva más de 20 años en la tarea. Dicen
que se aprende allí diez veces más y mejor filosofía que en la carrera.
Lectura línea por línea contrapartida de dar clases, sin saltar nada,
nadie va a explicar el pasaje de un párrafo: leélo, leámoslo. Maravillosa
forma de combatir el inmediatismo, de dar lugar al proceso y buscar la
lógica interna, de ser colectivamente enriquecidx por las diferencias.
Otra cuestión muy humana por cierto.
Y así llegamos a finales de los ´90. Cuando un grupo de
compañerxs cercanos a HIJOS buscaban leer El capital, había algunas
maneras, formas en movimiento, apuesta militante coagulando en
algunos cuerpos. Algunxs llevaban años leyéndolo, otrxs tenían un
interés genuino por hacer su experiencia. En tres reuniones redactaron
la convocatoria. Si ponemos una fecha es marzo del ´98, un sábado a la
mañana, alguien llegó tarde, y la fiesta comenzó. Hubo un programa
que todavía nos acompaña, un dúo impulsor preparaba resúmenes
para los primeros encuentros, circulaban las convocatorias, llegaban
temprano, ponían las sillas en círculo y armados con el Tomo I
arrancaban cada año. Luego, al andar, algunxs se sumaban y empezaba
a circular la experiencia. Cosas que todavía hacemos.
Otro siglo pasamos en este calendario y parece que la historia no
se termina. Llega 2001, 2003, 2002, 2017. Rusia y China son potencias
Helicópteros. Muertos. Calles ocupadas, no se escucha un estado de
sitio. Acción directa por un par de días con alguna masividad. Muchas
asunciones presidenciales, nadie duraba, nadie dejaba de pagar
ni cobrar el 21% de IVA. Momento de la familia Kirchner, fantasía
nac&pop en latinoamérica, otro capitalismo es posible u otro estado
si de ultima no nos da para tanto. Los conflictos no se dicen de clase,
se dicen contra el campo o los buitres o los medios de comunicación.
Los Estados se dicen neutrales, ciclo de acumulación mediante, esto
espanta a pocos. INDEC, ANSES, YPF. Movimientos sociales. Ley de
medios. Juicio a los represores, sacamos su foto del álbum familiar,
nos sacamos fotos con los organismos de derechos humanos, los

24 dialéktica
escuchamos. Trabajo, salud, educación, jubilación, el discurso de la
izquierda orgánica suena nacional y popular. Chavez se muere, se
va al cielo y nos manda un Papa nacido en América Latina. Sube el
precio de la soja, baja el precio de la soja. La izquierda orgánica gana la
FUBA, la izquierda orgánica pierde la FUBA. En Filo la AGD se viste
de violeta. Se reeditan listas revocables. Se discute la forma feudal de
la organización universitaria. La carrera de Historia entra en conflicto.
Se ejercitan las asambleas, se saturan las asambleas.
En los mismos pasillos de Filo (que por supuesto siempre
son otros) se encontraban compañerxs mirando críticamente la
organización académica del conocimiento, dándose espacios de
autoformación y organización. Se conforma MQN (Más que un
Nombre) organización de estudiantes. Con ellos paseó el taller por
Capital y Gran Buenos Aires mientras la experiencia duró, estallando
falsas dicotomías entre intelectuales y el resto de la humanidad, siendo
siempre estudiantes, asumiendo otro hacer muy humano, por cierto.
Proliferan los grupos de lectura, lectura universal, análisis
de coyuntura, taller de metodología, seminario colectivo, seminario
curricular. Mientras algunxs nombres y sellos corrían para hacerse de
un lugarcito en el frente del futuras clases, el Taller de Epistemología
hacen una convocatoria abierta para el armado de una materia
colectiva. Algunxs publican UBA Factory I, UBA Factory II. Revistas
como Amartillazos y Eskalera Caracol actualizan la autogestión. La
materia se aprueba y se dicta hasta la actualidad.
En este mundo habita el taller y acusa recibo. Desde un
comienzo y en su impronta el taller se definió como abierto, se presentó
invitando desde su programa a la participación y construcción
colectiva del mismo, la alienta, la promueve y la incentiva, de hecho
cada taller toma su forma.
En el pasar de los años esos espacios se fueron llenando con
diversas posibilidades, desde clases magistrales hasta tiempos
personales para armar una convocatoria. Prácticas y sentido. Fuimos
encontrando formas, vamos encontrando formas. Tenemos registros
desde el 2006 más menos, de intentos colectivos de abordar grandes
y pequeñas cuestiones, juntarnos para analizar nudos problemáticos,
embarcarnos en otras lecturas, socializar descubrimientos, reponer
viejas discusiones, canalizar deseos, carencias, problemas teóricos,
prácticos, intercambiar escollos, buscar apoyos, armar convocatorias,
buscar un aula, pones las sillas en círculo y armados con el Tomo I
arrancar cada año un nuevo taller que seguirá su curso y buscará su

dialéktica 25
forma en el camino.
Desde allí en 2009 armamos un espacio Intartalleres para
comunicarnos, coordinar, impulsar y transitar colectivamente este
viaje. Organizamos charlas, grupos de estudio en paralelo, compras
colectivas, cenas de fin de año, vimos pelis, nos agarramos de los
pelos, nos comunicamos con otros talleres, nos juntamos con otros
grupos, nos juntamos entre nosotrxs y volvemos cada año por más.
2017 y hasta aquí llegó este cuento. Solo terminar jactándose de
que, 19 años después, nos seguimos encontrando. Algunxs grandes
compañerxs con más años, algunxs menos. Algunxs que ya lo han leído
en viejos grupos. Algunxs que llegan por Facebook, por dialéktica, por
filosofía, por economía, por curiosidad, por recomendación, porque
vieron luz y entraron. Buscando la forma, el dato, socializando
siempre lo encontrado. Algunxs que ya lo leyeron colectivamente,
otrxs individualmente (aunque en el fondo esto nunca sea cierto), otrxs
que ni lo ojearon. Algunx con la resaca del viernes. Algunxs luego de
cambiar pañales. Algunxs luego de trabajar asalariadamente. Algunxs
luego de tener una interna discusión moral entre el deber y deseo.
Algunxs con el almuerzo, con el desayuno, con la merienda. Algunxs
con mucha emoción. Algunxs llenos de fantasías libertarias, algunxs
necesitadxs de razón. Algunxs buscando organización política.
Algunxs buscando la revolución. Algunxs buscando pensar con otrxs.
Algunxs fervientes religiosxs. Muchxs enfrentadxs a no entender una
goma. Algunxs logramos en estos años leerlo. Algunxs lo disfrutamos.
Algunxs se van muy rápido, otxs vuelven, otrxs nos encontramos en
el camino, condiciones objetivas, subjetivas, posibilidades. Mientras
podemos y nos place algunxs le hincamos el diente, mientras vemos
pasar los ciclos del capital comandando nuestra existencia.

***

Contacto con los talleres de lectura de El capital:

tallerdelecturadeelcapital@yahoo.com.ar
http://www.talleresdelecturadeelcapital.blogspot.com/
https://www.facebook.com/TalleresDeLecturaDeElCapital

26 dialéktica
El capital, de Karl Marx: asociación libre
(de trabajadorxs libres)
 
Esteban V. Da Ré1
 

0.
Leer el El capital conmueve. Unx no queda igual antes y después de
su lectura. ¿Mucho? ¿Exageración? No: la humanidad no es la misma
antes y después de El capital... El capital participa, entonces, de la
misma sustancia del arte. Del buen arte.
 
1.
Como con todo clásico, todxs leímos El capital antes de leerlo. Pero,
como con todo texto, como con toda obra de arte (y aún más con las
potentes), nadie lo leyó hasta que lo lee. Intransferible: la lectura es
(puede ser) experiencia. Hacer la experiencia… El capital combina
frases como estocadas, conceptos como revelaciones, junto con el largo
aliento de una obra colosal: develar las leyes de la sociedad, en tanto
tendencias inmanentes de la producción capitalista. El capital concibe
una ciencia en donde la verdad es una tendencia. La verdad no se
impone inmediatamente. Tiende a imponerse. La verdad. Y lleva este
pulso científico hasta el más mínimo detalle. Si las leyes pretenden
explicar todo, analiza (prácticamente) todo. Todo. Todo (su objeto).
1
Agradezco a Matilde Vitullo y a Natalia Beistain la lectura crítica de los borradores
de este texto. Por la cantidad, la persistencia y la relevancia para la escritura de las
devoluciones de Natalia, le propuse firmar en coautoría este trabajo y, con mucha
sensatez, se rehusó. No puedo menos, entonces, que extenderle este “agradecimiento
especialísimo en nota al pie”, como cortésmente me sugirió que haga, si me parecía, en
lugar de su firma. Muchas gracias, una vez más, a ambas y a cada unx de los compañerxs
con quienes leí y leo colectivamente El capital.

dialéktica 27
2.
El capital hace ciencia y, al mismo tiempo, comparte el estilo de las
grandes novelas realistas decimonónicas: el cuidado más absoluto
de cada frase conjugado con el plan absoluto de describir y analizar
la totalidad social. Marx y Engels lectores de Balzac. “Así descrita, la
sociedad debía llevar consigo la razón de su movimiento.”, dice Balzac
en el “Prólogo” a La comedia humana (1842). Balzac: hacer literatura
como se hace ciencia. La comedia humana. Tan trágica. El capital
comparte también con estas novelas un modo de proceder: desde la
descripción de lo más aparente y epifenoménico hasta su fundamento
oculto. Pero oculto como la carta robada (1844) de Poe: oculto de tan
evidente. “La riqueza de las sociedad en las que domina el modo de
producción de mercancías se presenta como un enorme cúmulo de
mercancías, y la mercancía individual como la forma elemental de
esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el
análisis de la mercancía.” Unx comienza a leer El capital y se tienta
de reproducir cada frase. Unx quiere hablar de El capital y parece que
termina hablado por él. Y ahí cree descubrir que es infinitamente mejor
lo que dice ahí que lo que unx pueda decir de lo que dice ahí. Y, al
mismo tiempo, El capital es uno de los libros de la historia moderna
sobre los que más se dijo. Y a partir de los que más se dijo que se actuó.
¿Para qué escribir sobre él, entonces? ¿Por qué? ¿Cómo? El capital
–como nosotrxs, como todo– está atravesado de contradicciones. De
comprenderlas como principio constructivo de la exposición -en tanto
el movimiento de la misma realidad es, para Marx, parece, dialéctico-
quizá se trata la lectura (quizá se trata, en parte, entonces, también, la
vida). La lógica del método se corresponde con lógica del objeto. Los
medios no son ajenos a los fines: ya están ahí.
 
3.
El capital avanza retrocediendo hacia el fundamento. El capital
avanza destrozando sus fundamentos (y así se fortalece). El capital
avanza. Si se parte de la mercancía, se advierte que no es más que
la tensión en una cosa entre su valor de uso y su valor de cambio. Y
que el valor de cambio no es más, en última instancia, que su valor.
Valor: “tiempo de trabajo socialmente necesario” para la producción
de una mercancía. Nada se puede intercambiar si no sirve para algo,
no hay valor sin valor de uso. Valor de uso y valor de una mercancía
como manifestaciones del carácter bifacético del trabajo humano:
trabajo concreto y trabajo abstracto. La mercancía como manifestación

28 dialéktica
de este carácter bifacético del trabajo bajo determinadas relaciones
sociales: las capitalistas. Separación de lxs productorxs de los medios
de producción. Privatización de los medios sociales de producción.
“Sólo los productos de  trabajos privados autónomos,  recíprocamente
independientes, se enfrentan entre sí como  mercancías.” Apariencias.
Fundamentos. La fuerza de trabajo como mercancía. “He sido el
primero en exponer críticamente esa naturaleza bifacética del trabajo
contenido en la mercancía”,  dice Marx, de sí mismo. Marx no escribe
desde la nada. Marx escribe, entre otrxs, claro, desde Hegel, Smith y
Ricardo. Pensadores burgueses, si los hay (pero la verdad existe y, en
tanto tal, no tiene clase, parece creer Marx). La humanidad no crea
valor desde la nada, no intercambia valores desde la nada, está en su
naturaleza humana, nos dice, con Lucrecio: “nil posee creari nihilo. Nada
puede crearse de la nada. ‘Creación de valor’ significa conversión de
fuerza de trabajo en trabajo. Por su parte, la fuerza de trabajo es, ante
todo, materia natural transformada en organismo humano”. Avanzar
retrocediendo.
 
4.
La naturaleza del valor es social. La naturaleza de la humanidad es
natural y también social. La naturaleza de la humanidad es natural y
social. Natural en tanto social. Social en tanto natural. La creación de
valor social como capacidad concreta natural de la humanidad. Y el
valor en tanto abstracción. Una abstracción concreta, en el capitalismo,
en tanto operante. Valor: “objetividad espectral”. “Un espectro
[Gespenst] recorre Europa…” Problemas de espectros. La historia en
tanto historia de terror. Problemas de la lucha de clases. Espectros. El
fantástico es el género por excelencia de la otredad. El capital, para
Marx –lo dice una y otra vez- es un vampiro: trabajo muerto que
succiona la sangre del trabajo vivo. Vampiros: sensuales, refinados,
decadentes, adinerados. Si en su momento pudieron ser una crítica
velada de la situación de la nobleza en la modernidad, en El capital la
metáfora se invierte y recae sobre la clase que generó esta crítica. Si
Marx es realista, también es fantástico. Vampiros. De lo que se trata,
entonces, desde el principio, es de la vida (y de la muerte).
 
5.
Metáforas. Metáfora arquitectónica. El problema de las bases y las
superestructuras. Tan superado y tan recurrente: “… ni la Edad
Media pudo vivir de catolicismo, ni el mundo antiguo de política.

dialéktica 29
Es, a la inversa, el modo y manera en que la primera y el segundo
se ganaban la vida, lo que explica por qué en un caso la política y
en otro el catolicismo desempeñaron el papel protagónico”. Ganarse
la vida. Advertir los fundamentos de los “papeles protagónicos” de
las superestructuras. Si hay papeles protagónicos, es que también
hay secundarios. En El capital, se trata de leyes tendenciales. Base y
superestrucuturas. Sus correspondencias. Si el valor es la sustancia,
la forma-mercancía es la manifestación. Base y superestructura. Y el
fetichismo de la mercancía, efecto de forma, se impone sobre la verdad.
No hay que ir tan lejos: base y superestructura ya están ahí. Quizás, no
por nada, las producciones culturales “protagónicas”, masivas hasta
el hartazgo en los últimos años, traten, en gran medida, de vampiros
y de zombies.
 
6.
“El capital es trabajo muerto que sólo se  reanima, a la manera de
un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto
más trabajo vivo chupa.” El capital es el sujeto: sujeto-vampiro. La
mercancía, “objeto endemoniado”. Parece que valiera en sí misma
cuando vale por el trabajo que le dio existencia. Fetiche-mercancía.
“Personificación de la cosa y cosificación de las personas”. Mercancía-
fetiche: la forma de valor crea religión. Cada mercancía, un fetiche.
El capitalismo produce religión a cada paso. Religión inmanente. La
mercancía crea sus fieles seguidores. Fanáticos religiosos. El dinero,
mercancía de las mercancías, fetiche de los fetiches. “El dinero es la
esencia del trabajo y de la existencia del hombre, enajenada de éste, y
esta esencia extraña lo domina y es adorada por él. El Dios de los judíos
se ha secularizado, se ha convertido en Dios universal”, dice Marx en
Sobre La cuestión judía. En El capital no lo dice, no necesita decirlo: lo
muestra. El dinero es Dios. Su “magia” consiste en ser “encarnación
directa de todo trabajo humano”. Encarnación. El dinero es el Dios
que, esta vez sí, llega a cada uno de los rincones de la actividad
humana. Como Dios, es imagen de todo. Está en todo. “La crítica de la
religión es la premisa de toda crítica. (…) El fundamento de la crítica
religiosa es: el hombre hace la religión, y no ya, la religión hace al
hombre. Y verdaderamente la religión es la conciencia y el sentimiento
que de sí posee el hombre, el cual aún no alcanzó el dominio de sí
mismo o lo ha perdido ahora.”, dice Marx en su “Crítica a la Filosofía
del derecho, de Hegel”. El capital no dice que hay que hacer esta crítica.
La hace. El capital comienza por la crítica de la mercancía. Su primera

30 dialéktica
sección, termina con la crítica del dinero, mercancía de las mercancías,
mercancía-Dios. Todxs somos iguales ante el dinero, como ante Dios.
Equivalente general. Y todxs somos tan desiguales ante la propiedad
del dinero. Mercancía de las mercancías, “objeto endemonidado”. Es
un Dios que nos obliga a deshacernos de él. Anti-Dios: el dinero como
capital obliga a ser invertido para obtener más dinero (quieto pierde
sus poderes); el dinero en tanto salario nos obliga a consumir (acá, si
no se mueve, nos morimos nosotrxs…). Toda religión es una máscara
para la muerte. Miedo. Una máscara para la dominación. Miedo. Para
la muerte en vida. Consumir es una fiesta. La misa es la fiesta del Señor,
en donde se consume su cuerpo. El capital comienza por la crítica del
fundamento religioso del capitalismo, absolutamente secularizado. La
criatura se aparece como el Creador. En el capitalismo, nuestra religión
de misa permanente, todo está invertido. Parece que nos alimentamos
de nuestro Dios, cuando es él quien se alimenta de nosotrxs. Fetiche-
mercancía. Dios-vampiro. Dios-demonio.
 
7.
La sed del capital no se agota: siempre quiere más. “Sed vampiresca
de sangre viva de trabajo”. Permanente. Acumulación ampliada. No
puede más que querer más, está en su lógica. En el fundamento de
su superviviencia. Nadie arroja dinero al mercado para recibir de
él la misma cantidad. Si se arroja, es porque se quiere más. Porque
se recibe más. D-M-D’. Y ese plus, lo sabemos, surge del plusvalor,
metamorfoseado. Surge de la única mercancía cuyo valor de uso es la
creación de valor. De la mercancía que “pare crías vivientes o, cuando
menos, pone huevos de oro”. Oro. La mercancía fuerza de trabajo.
Pare. La fuerza de trabajo huele a sangre para el capital. Cada vez
más y más. O se extiende la jornada laboral, las horas trabajadas por
persona. O se incorpora a más asalariadxs al mercado de trabajo. O se
hace trabajar más fuerte a lxs que están. O se incorpora conocimientos,
ciencia y tecnología y se mejoran los procesos: trabajo potenciado.
O todo eso junto. El valor es valor social. La lógica del capital tiene
incorporado su punto ciego. Punto ciego que todo capitalista ve,
que todo capitalista quiere. La ley es su excepción. Producir más con
menos trabajo. Producir más barato pero vender como si se produjera
más caro: se trata del “trabajo socialmente necesario”, no de trabajo
concreto. Hasta que se generaliza la innovación. Desarrollo de las
fuerzas productivas. El capitalismo revoluciona el medio técnico. La
subjetividad, entre otras cosas, como medio técnico del capital: “el

dialéktica 31
hábito de desempeñar una función unilateral transforma al obrero
en órgano actuante naturalmente seguro de la misma, mientras que
la interconexión del mecanismo total lo obliga a funcionar con la
regularidad inherente a la pieza de una máquina”. Todo (o casi), en
el capitalismo, puede verse como una máquina de explotación, de
succión. Los vampiros son muertos que logran la inmortalidad, cuenta
la leyenda, mientras tengan sangre para chupar. Los vampiros: más
vivos que los (muertxs) vivxs de los que se alimenta. El capitalismo
desarrolla (sigue desarrollando) las fuerzas productivas. Lo necesita.
Parece que todavía hay mucha mano de obra por incorporar al mercado
mundial. Parece que todavía se puede volver a extender la jornada
laboral media, aún en sus fluctuaciones, que son las de la lucha de
clases. Parece que todavía la ciencia y la tecnología tienen mucho para
dar. Parece que todavía se puede hacer trabajar más fuerte a los que
están adentro: el ejército de reserva de sujetobjetos amenaza, tal es
su destino. Pero si el capital necesita revolucionarse para sobrevivir,
también puede encontrar en estas revoluciones su límite: el capital
mismo. Tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Tendencias:
cuestión de posibilidades. El capital tiende a su límite.
 
8.
La lógica perfecta de la acumulación engendra contradicciones.
Es decir, lógica imperfecta. Producir cada vez más para realizar
en la venta más plusvalor. Superproducción relativa. Crisis. La
contradicción económica es inmanente al proceso de producción
del capital. Ya los sabíamos. Pero no viene mal recordarlo. En el
capitalismo, los límites de la política burguesa son los límites del
ciclo económico. Redistribución en el alza para fortalecer el consumo.
Ajuste en la crisis para relanzar la acumulación. El capital destruye y
se destruye lo suficiente para salir fortalecido. ¿Cuánto tiempo más
podrá superar su propia contradicción? 1 chaqueta = 20 varas de
lienzo. Lienzo. Parece que hay tela para rato. Parece. La contradicción
económica interna del sujeto-vampiro coexiste con la contradicción de
intereses frente del ejército de zombies. La violencia abierta política, la
represión, es la excepción en el capital. El capitalismo es el reino de
la violencia sorda económica: con haber separado a lxs trabajadorxs
de los medios de producción alcanza, parece decirnos Marx. Parece
decirnos la realidad. El movimiento de las mercancías después hace lo
suyo. Religión secularizada. Pero, claro, si nos van a chupar la sangre,
nos tienen que dejar lo suficiente para reproducirla. Se trata de la vida.

32 dialéktica
Lucha de clases defensiva: trabajar menos, con menos intensidad,
consumir más. Trabajo (asalariado) para todxs. Deseos capitalistas
imposibles. Lxs zombies nos realizamos en el consumo, vivimos
para consumir. Para consumirnos. Nos expropiaron la producción.
Nuestra capacidad de producir la controla otro. Qué hacer. Qué
hacemos. Si en parte nuestra condición humana reside en el trabajo en
tanto actividad productiva orientada a un fin, don natural, el sujeto-
vampiro nos intenta sacar hasta eso que no se puede sacar de nuestro
propio cuerpo.   Entonces lo orienta, lo controla, lo comanda. Le da
forma. Hace fluir la sangre hacia él. Somos y no somos humanxs.
Muertxs vivxs. Zombies: nos terminamos comiendo entre nosotrxs, nos
terminamos consumiendo entre nosotrxs. Mientras producimos para
otrxs. Producimos todo. Pero producimos todo para otrxs. Producimos
todo, menos la organización de la producción. Menos la producción
de la organización. Fuerza de trabajo, mercancía singular entre las
mercancías: también es la capacidad de dejar de ser mercancía, de
que todo deje de ser mercancía. Problemas de orientación. Pero. Hay
lienzo para rato. Y, claro, nunca se sabe si quedará lienzo después de
tanto tironeo. ¿El capital tiende a su límite?
 
9.
El capital se reproduce al producir. Y para producirse y reproducirse
necesita de la producción y reproducción de la fuente de la que se
alimenta: “El valor de la fuerza de trabajo, al igual que el de toda
otra mercancía, se determina por el tiempo de trabajo necesario para la
producción, y por tanto también para la reproducción, de ese artículo
específico.” Todo es cuestión de tiempo. “La suma de los medios de
subsistencia necesarios para la producción de la fuerza de trabajo,
pues, incluye los medios de subsistencia de los sustitutos, esto es,
de los hijos de los obreros, de tal modo que pueda perpetuarse en el
mercado esa raza de peculiares poseedores de mercancías”. Hijos.
Con el salario no sólo se paga la reproducción de la fuerza de trabajo
individual, sino su sustitución futura. Así como el capital subsume
formalmente, en primera instancia, la producción de bienes tal cual
la encontró, en su forma predominantemente artesanal, también
subsume la institución familiar como instancia de reproducción de la
fuerza de trabajo. “Con la división del trabajo (…) se da, al mismo
tiempo, la distribución y, concretamente, la distribución desigual, tanto
cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es
decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene

dialéktica 33
ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido.
La esclavitud, todavía muy rudimentaria, ciertamente, latente en la
familia, es la primera forma de propiedad, (…) del derecho a disponer
de la fuerza de trabajo de otros.”, dicen Marx y Engels en La ideología
alemana. El capitalismo le da sobrevida al patriarcado al deglutirlo,
convergen naturalmente. La familia como primera forma histórica de
propiedad, como primera forma histórica para la apropiación del
trabajo de otrxs. Varón-amo. Mujer-esclava. Hijxs-esclavo. Varón-amo.
Amor. El pago de la fuerza de trabajo en el capitalismo incluye el valor
de su producción y de su reproducción, pero no se nota. La esclavitud
en el ámbito familiar se perpetúa bajo la dinámica de la forma-
mercancía que adopta la fuerza de trabajo en condiciones capitalistas
y las apariencias que engendra. El “gasto productivo del cerebro,
músculo, nervio, mano, etcétera, humanos” del trabajo reproductivo,
es decir, el uso de la fuerza de trabajo puesta en juego en el trabajo
doméstico, patriarcalmente destinado a las mujeres, parece como si no
fuera pago. Es retribuido en el salario, sin distinción. Parece como si el
salario sólo retribuyera la fuerza de trabajo directamente empleada en
el trabajo para un capitalista, patriarcalmente destinado a los varones,
y parece como si ellos fueran los propietarios de ese valor, como si la
socialización familiar de este valor fuera una concesión, un atributo,
una dádiva, una decisión exclusiva del varón. Y crea una dependencia,
una dominación. El poder económico intrafamiliar se convierte en
poder político. El problema de las relaciones sociales, una vez más…
Pero (siempre hay un pero, o varios): “El valor de la fuerza de trabajo no
estaba determinado por el tiempo de trabajo necesario para mantener
al obrero adulto individual, sino por el necesario para mantener a la
familia obrera. Al arrojar a todos los miembros de la familia obrera al
mercado de trabajo, la maquinaria distribuye el valor de la fuerza de
trabajo del hombre entre su familia entera.  Desvaloriza, por ende, la
fuerza de trabajo de aquél. Adquirir las 4 fuerzas de trabajo en que,
por ejemplo, se parcela una familia, tal vez cueste más que antaño
adquirir la fuerza de trabajo del jefe de familia, pero, en cambio, 4
jornadas laborales remplazan a 1, y el precio de las mismas se reduce
en proporción al excedente del plustrabajo de los 4 obreros con
respecto al plustrabajo de 1. Para que viva una familia, ahora son cuatro
personas las que tienen que suministrar al capital no sólo trabajo, sino
también plustrabajo.” Así como el capital revoluciona técnicamente el
trabajo artesanal para crear la manufactura  y hacerlo más productivo,
también revoluciona la familia y emplea de manera directa a mujeres

34 dialéktica
e hijos para la extracción de plusvalor. Avance de la subsunción real.
Si la retribución por el trabajo doméstico ahora se reparte entre más
salarios, el trabajo doméstico no necesariamente se reparte entre
más cuerpos. Doble enajenación para las mujeres: en el trabajo para
la producción de mercancías y en el trabajo para la reproducción de
las fuerzas de trabajo. Al mismo tiempo, las mujeres no se integran
al mercado laboral ni al sistema político vigente en igualdad de
condiciones, lo sabemos. No participan de ningún ámbito en igualdad
de condiciones. Lo sabemos, pero no está de más recordarlo. Siempre
hay un pero. O varios.
 
10.
Si El capital poco dice del patriarcado, poco dice también de la lucha
de clases. No es su objeto. Lo dijo desde el principio: El capital. Lo
dijo desde el principio, en el “Prólogo” a la primera edición: “En sí,
y para sí, no se trata aquí del mayor o menor grado alcanzado, en
su desarrollo, por los antagonismos sociales que resultan de las leyes
naturales de la producción capitalista. Se trata de  estas leyes mismas,
de esas tendencias que operan y se imponen con férrea necesidad.” Y
en los subtítulos: “El proceso de producción del capital”, “El proceso
de circulación del capital”, “El proceso global de la producción
capitalista”. El que avisa no traiciona (pero no se trata de moral). Si el
capital es el sujeto, el capital es el objeto de El capital. El problema son
las leyes económicas tendenciales. Fundamentos. Si aparece la política,
es la política burguesa en tanto superestructura. El estado en tanto
capitalista colectivo. Contratos jurídicos. La lucha de clases en El capital
es lucha defensiva. Y no caben dudas de que es la forma generalizada
que adopta la lucha de clases en el capitalismo. Somos vendederxs de
nuestra fuerza de trabajo y queremos venderla de la mejor manera.
Lucha tan necesaria. Tan absolutamente necesaria. Y tan insuficiente,
parece, si de lo que se trata es de terminar con la necesidad de esa
lucha. ¿De dónde surge la conciencia antagonista? Inmanencias. “Mi
punto de vista, con arreglo al cual concibo como  proceso de historia
natural el desarrollo de la formación económico-social, menos que ningún
otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales
él sigue siendo socialmente una criatura por más que subjetivamente
pueda elevarse sobre las mismas.” Las leyes tendenciales no se
ocupan de las contingencias, de las excepcionalidades. Elevarse
subjetivamente. Criatura. Le dan su lugar. El problema, ni más
ni menos, a la vez, de las condiciones objetivas y subjetivas:

dialéktica 35
“la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que
puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que
estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están
gestando, las condiciones materiales para su realización.”, dice Marx
en la “Prólogo” a Contribución a la crítica de la economía política. Nada
nuevo. Todo nuevo. Todo de nuevo.
 
11.
En el capitalismo, (y no sólo) un resultado se convierte en premisa.
El nuevo movimiento presupone el movimiento anterior, se alimenta
de él. “La reflexión en torno a las formas de la vida humana, y por
consiguiente el análisis científico de las mismas, toma un camino
opuesto al seguido por el desarrollo real. Comienza post festum y,
por ende, disponiendo ya de los resultados últimos del proceso de
desarrollo”, nos dice Marx. Se sigue tratando de la vida, de las formas
de la vida humana. La reflexión dispone de los resultados. Si el
pensamiento comunista es el resultado del movimiento de la clase en
lucha contra el capital, ese resultado está quebrado en la actualidad
para la clase. Lxs trabajadorxs ya no pensamos en el comunismo. Muro
de Berlín. Stalinismo. Bienestar. Tendencialmente ya no pensamos. Una
tendencia tan arrolladora que parece absoluta. Actores secundarios,
excepciones, contingencias. Ya no pensamos en el comunismo. Luchas
defensivas. Las contradicciones objetivas parecen tener mucha tela que
cortar. Las subjetivas, mínimas. Sujeto-vampiro. Sujetobjeto zombie.
Vivir para chupar la sangre que produce otrx. Vivir para consumirnos.
Para consumirnos cada vez más. Luchas defensivas: necesarias e
insuficientes. El panorama es desolador. Reformismo por amor o por
espanto. O la revolución como religión. “Para nosotros, el comunismo
no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la
realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula
y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento
se desprenden de la premisa actualmente existente”, dijeron, en La
ideología alemana Marx y Engels. El capital, “la biblia de la clase obrera”,
Engels dijo que decían.
 
12.

Marx, en El capital imagina. Pensamiento por imágenes. Hace un gran


esfuerzo de imaginación: “Imaginémonos finalmente, para variar, una
asociación de hombres libres que trabajen con medios de producción

36 dialéktica
colectivos y empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo
individuales como una fuerza de trabajo social.” Para variar. En el
capital, el obrero es libre, parece libre, pero no es libre: “El contrato por
cual el obrero vendía al capitalista su fuerza de trabajo demostraba,
negro sobre blanco, por así decirlo, que había dispuesto libremente
de su persona. Cerrado el trato se descubre que el obrero no es
‘ningún agente libre’, y que el tiempo de que disponía libremente para
vender su fuerza de trabajo es el tiempo por el cual está  obligado a
venderla; que en realidad su vampiro no se desprende de él mientras
quede por explotar un músculo, un tendón, una gota de sangre.” No
somos libres. No controlamos casi nada del proceso de producción
(sólo lo suficiente para potenciar ese proceso de producción). Ni los
productos. Ejercicio de imaginación. Asociación de trabajadorxs
libres. Empleo consciente. Fuerza social. Frente de la obligación
de venderse, la libertad de asociarse. Frente del caos del mercado,
ordenar la producción. La tendencia a la insignificancia del valor:
“En la medida en que la gran industria se desarrolla, la creación de la
riqueza efectiva se vuelve menos dependiente del tiempo de trabajo y
del cuanto de trabajo empleados, que del poder de los agentes puestos
en movimiento durante el tiempo de trabajo”; “el capital despierta a
la vida todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de
la cooperación y del intercambio sociales, para hacer que la creación
de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de trabajo
empleado en ella”, dice Marx en los Grundisse (en los Grundisse, no en
El capital). Pero al tiempo en que disminuye el valor de las mercancías
individuales, aumenta la cantidad de mercancías que ingresan en la
conformación del valor de la fuerza de trabajo: cada vez necesitamos
consumir más, cada vez consumimos más mercancías. Cuando parece
que más se aproxima el final del valor como medida, más se aleja.
Aquiles y la tortuga (pero: no es más que una paradoja... ¿No es más
que una paradoja?). El capital despierta a la vida todos los poderes
de la ciencia y de la naturaleza. Despierta a la vida. Otras relaciones
sociales. Parece ciencia ficción. Unión de lxs productorxs con los
medios de producción. De la economía con la política. Ejercicios de
imaginación que tienen su historia. La historia de la lucha antagonista
del trabajo contra el capital. Pero El capital no trata de eso. No qué
hacer, sino qué hace el capital. “Este programa ha quedado a trozos
anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la
gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes
progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase

dialéktica 37
obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de
febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde
el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos
por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente,
que ‘la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina
del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines’”,
dicen Marx y Engels, en el “Prólogo” de 1872 a El manifiesto del partido
comunista. La máquina del Estado. Marx se cita a sí mismo, a La guerra
civil en Francia. Pero son otros textos. Acá se trata de El capital. Se sigue
tratando del capital. Se sigue tratando de la vida. Se sigue tratando de
la muerte (y de la muerte en vida).  
 

38 dialéktica
Sinécdoque
Mariano Campos

Aquella muerta me dijo: -¿No me conoces?… Pues me debías


conocer… Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.

(microcuento de Ramón Gómez de la Serna)

En 1867 Marx publica la primera parte de El capital respecto de la


cual se cumplirían hoy ciento cincuenta años. En su homenaje, había
pensado en escribir sobre el contexto histórico de 1867 -que es lo que
se nos despierta a los marxistas cuando vemos fechas- siguiendo la
técnica narrativa del materialismo histórico, que pone inmediatamente
a las cosas en su base material. Esta costumbre, de golpe, se me reveló
inadecuada: en cierta forma, homenajear esta obra apelando a sus
condiciones de producción es ya ejercer formalmente una refutación,
no por lo que se diga, sino por el punto de vista adoptado para decir
las cosas.
Porque de lo que se ocupa Marx es, en cambio, del mercado y
su secreto. Si tuviera que definir las peculiaridades de ese lugar en
pocas palabras diría que es un espacio tridimensional que para poder
comprenderlo hay que sustraerle una dimensión, la profundidad,
como si se tratara de un cuadro de Andy Warhol o de convertir un
libro a PDF A eso se refiere el enfático “obviamente, es la forma
misma” que Marx incorpora a modo de aclaración y que por estos
años es evocado con el “dinglicher Hülle”, la envoltura cósica. Esto
implica cierto compromiso perverso con la forma: del mismo modo
que el fetichista de aromas rechaza visitar las fábricas de esencias y
perfumes, hay que evitar ir hasta el fondo del asunto donde perdemos
de vista, precisamente, lo más superficial.
Por eso, por fidelidad a El capital, seguiré la táctica del
fetichismo, un término que Marx extrae del discurso colonial sobre
África para aplicarlo a la fase más avanzada de la civilización humana,
el capitalismo, pero no para explicar sus anormalidades -esto es lo que
hizo en la década de 1840- sino para explicar la anormalidad devenida

dialéktica 39
en ley general y cotidiana: la “perversión generalizada”, “forma
perversa” o el capital vestido de zapatitos lustrados con taco.
Por fidelidad a El capital, decía, adoptaré la actitud hegeliana de
sospechar que todo está, en potencia, en el principio, más exactamente,
en las primeras palabras de El capital de 1867, que es también una
técnica voyeurista que prefiere la teta en el agujero de la cerradura
que la mujer entera en la cama.
Las palabras con las que se levanta el telón de la realidad son
las siguientes:

La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción


capitalista aparece como un enorme cúmulo de mercancías.

La riqueza de las sociedades…

El discurso sobre la riqueza de las sociedades intenta descifrar -en


beneficio de las naciones y los individuos- un secreto, que en su
formulación más inofensiva es la respuesta a la pregunta por el valor
de las cosas. Adam Smith, el “Lutero de la economía política” ofreció
una respuesta intentando estar a la altura de la modernidad: el valor
es el trabajo y correlativamente, trabajo es definido como sacrifico
humano; ni Dios, ni la naturaleza, ni la máquina neumática, sino el
sudor derramado sobre la cosa.
Si bien parece una cuestión más o menos clara, esta hipótesis
de valorización entra en cortocircuito cuando se intenta aplicarlo al
dinero. Efectivamente, preguntar por el valor del oro, es decir, el metal
fortuito que ocupa el monopolio del dinero, es ejercer una especie de
tautología porque el oro es el valor y no puede haber otro por encima
de él (de otro modo, no sería el patrón). Esto es lo que Marx llama
propiamente fetichismo, la adoración de una cosa por lo que es y no
por lo que representa; un problema que se inscribe en el orden del
cómo se perciben las cosas y no de las ideas que nos formamos sobre
ellas.
En definitiva, Marx someterá el discurso de la economía política
a una breve sesión de análisis (la famosa Kritik de la economía política)
para desentrañar la relación entre esas dos posiciones opuestas, una
normal ejercitada a la luz del día que explica la mesa evocando a los
carpinteros y otra perversa cultivada de refilón, donde las piedras
preciosas ofician de talismanes.

40 dialéktica
…en las que domina el modo de producción capitalista…

El modo de producción -uno de los archiconceptos irrenunciables


del marxismo- característico de Marx y nosotros, es aquel en que se
“produce para cambiar” en lugar de “producir para consumir”. O
sea, el acto de intercambio no es algo casual y que tenga lugar en los
límites de la sociedad, sino una necesidad de estructura para que
la producción y el consumo se comuniquen; ahí es donde se ubica
el mercado, la plaza alrededor de la cual se congregan vendedores
y compradores. Pero el mercado es algo más: es la totalidad misma
disimulada como “parte”: la totalidad de la vida social está sometida
al gobierno de las cosas en lugar de los seres humanos.
En otros términos, el botón rojo que sepulta épocas y origina
nuevas, por supuesto, es la producción. Pero en ese paréntesis de
revoluciones, en el día a día, las cosas ejercen su señorío. Es una
tesis notoriamente anti-complotista, ya que no hay mentes maestras
que estén comandando la economía o lanzándola al vacío con la
especulación financiera. Antes bien, en sentido estricto, la cosa que
gobierna está loca -no por anarquista, se entiende, sino por repetitiva.
Esto define el anti-modernismo de Marx y de la realidad en general:
los productos de trabajo y sus autores están subordinados a una lógica,
el “movimiento formalmente social” del mercado, lazo social, “nexo
objetivo” o nexus rerum, a partir del cual entrar a la organización social
implica volverse intercambiable por cosas.

…aparece como…

Marx declara acerca del modo de aparecer de la riqueza contemporánea.


El verbo exacto es erscheinen -que aparece diseminado a lo largo de todo
el primer capítulo y que Pedro Scaron traduce por “presentación”-,
fundamental para dar cuenta de una forma social de la riqueza que no
es simplemente apariencia, sino antes bien aparición, el modo en que
la esencia de la riqueza se exhibe. Bajo esta modalidad, la “forma de
manifestación” adquiere dignidad epistemológica suficiente para no
ser confundida con un mero accidente o una ilusión: es más, si tuviera
que apostar por un término lo llamaría “la realidad” como tal, que es
a lo que se refiere Marx en definitiva.
En este punto, Freud y Marx están parados en la misma atalaya:
la riqueza fetichista aparece como “brillo sobre la nariz” o como “brillo
del oro”, es decir, como una película finísima y superficial que establece

dialéktica 41
las condiciones de valor de la cosa. En este Schein alemán -el show del
inglés- puede advertirse uno de los rasgos fundamentales de nuestra
riqueza contemporánea que la emparenta con los Smartphone, que es
su predisposición a perder profundidad en nombre del espectáculo
(quiero decir, de la imagen como “forma final de la reificación de la
mercancía” al decir de Guy Debord).
Esto revela al capitalismo como un modo de producción
tendencialmente posmoderno.

…un enorme cúmulo…

El cúmulo al que se refiere Marx es su respuesta a la pregunta por la


riqueza de las naciones: no es el trabajo acumulado -como dijo Adam
Smith- sino cosas acumuladas, la cornucopia donde conviven latas
de betún con salchichas y el tomo primero de las obras completas
de Propercio. La enormidad del cúmulo depende de que, en sentido
estricto, se puede acumular cosas casi inefables como aplicaciones
informáticas, un gen o una experiencia de autoayuda: conjeturo que
la palabra “mercado” es junto a kosmos el conjunto más diversificado
y elástico de la historia de la humanidad. Después de todo: ¿qué cosa
no está en el mercado? Y más importante: ¿cuánto más podrá resistir?
Frente al enorme cúmulo hay que detenerse un segundo a mirar,
ya que el enigma no está ni más allá ni más acá, sino en medio de las
cosas: el cúmulo deviene entonces en “jeroglífico social”, “lenguaje de
las mercancías”, donde está la secreta contraseña de ingreso al mercado.
Ese secreto no va a ser dicho sino en las dos siguientes palabras, pero
podemos anticipar que nada tiene que ver con la utilidad, uno de los
más populares candidatos para definir el valor y que hoy debería ser
reservado para los sacacorchos y abrelatas.

…de mercancías…

Tomemos el ejemplo emblemático de Marx de mercancía, basado en


las mesas utilizadas para sesiones de espiritismo a mediados del XIX:
la mesa danzarina que produce ideas en su testa leñosa. Frente a este
truco de prestidigitación, hay por lo menos dos modos distintos de
quedar en ridículo. El primero es levantar el mantel para ver si hay
un enano oculto bajo la mesa. Y el segundo es llevarse un pedazo de
la mesa para examinarlo. Estos dos modos caen en la misma trampa:
creer que el valor radica en el cuerpo aislado, cuando en realidad

42 dialéktica
hay que ocuparse de lugares antes que materias, de funciones antes
que descripciones o del traje del emperador antes que de su cuerpo
desnudo: es un desplazamiento horizontal desde el erscheinen
(aparecer) hacia el ausdrücken (expresar).
A este respecto, el arte que cultiva Marx para revelar el secreto
–digámoslo así- es el paisajismo que busca en el cúmulo la composición:
la panorámica de mercancías se resuelve en una única cosa, en medio
de incontables, respecto de la cual cada producto y cada individuo –
quiero decir, cada cosa- adquiere una dignidad medible. Es lo mismo
que sucede con el rebaño de Dios, para confirmar su carácter ovejuno
requiere al Cordero de Dios como dinero (Jesucristo); y es lo mismo
que sucede con el universo medible, requiere de una barra de iridio y
platino que encarne la metridad del mundo.
La racionalidad económica (y, en última instancia, toda
racionalidad) es, a fin de cuentas, totémica.
Diré entonces para concluir este homenaje que 1867 como fecha
es el momento de socialización de El capital, en que Marx hecho celulosa
entra a un polígono cerrado de espejos que es la ley del valor. Esto lo
convierte en una mercancía asombrosa: en el interior del invernadero
mercantil puede comprarse todo, incluso su secreto.

dialéktica 43
Amartillazos
A: No pertenezco a aquellos que piensan
con
A: Nola pluma húmeda
pertenezco a aquellosenquelapiensan
mano;connila pluma húmeda en la mano; ni menos
menos
aún a aquellos que incluso ante el tinteroante
aún a aquellos que incluso abierto se abandonan a sus pasiones,
el tintero
sentados enabierto
su silla y se abandonan
mirando fijamentea el
sus
papel. Me enojo o avergüenzo de todo
pasiones,
lo sentados
que escribo; el escribirenessu silla
para y mirando
mí algo penoso -hablando incluso en metáfora de
fijamente
ello, el papel. Me enojo
me es odioso.
B: Pero ¿por qué escribes
o avergüenzo de todoentonces?
lo que
A. Ah, querido mío, y dicho
escribo; el escribir es para en confianza:
mí algohasta ahora no he encontrado ningún otro
medio para desprenderme de mis pensamientos.
penoso -hablando incluso en
B: ¿Y por qué quieres desprenderte de ellos?
metáfora de ello, me es odioso.
A: ¿Por qué quiero? ¿Lo quiero, pues? Tengo que hacerlo.
B: Pero ¿por qué escribes
B: ¡Basta! ¡Basta!
entonces?
(Nietzsche, La ciencia jovial, 93)
A: Se
Ah,viene
querido mío, y dicho
el número nueveen de Amartillazos. Revista de filosofía,
confianza: hasta ahora noestética he y política
encontrado ningún otro
revistaamartillazos.wordpress.com
medio para desprenderme revistaamartillazos@gmail.com
de mis pensamientos. facebook.com/revistaamartillazos
B: ¿Y por qué quieres
desprenderte de ellos?
A: ¿Por qué quiero? ¿Lo
quiero, pues? Tengo que
hacerlo.
B: ¡Basta! ¡Basta!

(Nietzsche, La ciencia jovial, 93)

Se viene el número nueve de

Amartillazos
Revista de filosofía, estética y política

revistaamartillazos.wordpress.com
revistaamartillazos@gmail.com
facebook.com/revistaamartillazos

44 dialéktica
¿Está vigente el Marxismo?
Pablo Levín1

El marxismo ha devenido inextricable de la ideología capitalista. Dicho


lo cual, la pregunta sobre su vigencia queda respondida.
Pero para justificar esa aseveración, discutir su sentido, precisar
su alcance, conviene descomponer la cuestión en al menos estas tres:
a) ¿está vigente el marxismo, entendido como la doctrina marxista?;
b) ¿está vigente el “socialismo científico”, ya no entendido como
doctrina, sino como estrategia de liberación obrera para la prosecución
del progreso humano?, y c) ¿tiene significado la expresión “doctrina
marxista”?
En otra oportunidad discutiremos a fondo, como lo venimos
haciendo, las formulaciones b) y c) de la pregunta, las cuales reclaman
entrar en el terreno propiamente teórico del socialismo científico. La
a), en cambio, se agota pronto, y la ocasión es propicia para detenerse
en ella; cosa que haremos en las próximas páginas. Sobre las b) y c) nos
limitaremos a un par de sugerencias brevísimas. En todo caso quedará
bosquejado un trabajo mayor, para ser compartido.
Ahora bien. Consideradas en este orden las tres formulaciones
de la pregunta, se advertirá que cada una pone un contexto más
determinado a la noción de “vigencia”; en cada uno daremos una
respuesta, que suscitará otra pregunta.

a) ¿Está vigente el marxismo, entendido como la doctrina
marxista?

Se presupone aquí que el marxismo es doctrina. Entonces, sostener que


“la doctrina marxista está vigente” equivale a decir: “está en boga,
tiene éxito”.
Y sí, lo está; y sí, lo tiene. ¿Qué duda cabe de ello? Para dar sólo
idea de cuán vigente está el marxismo así entendido, sobran indicios;
1
 Más allá de pequeñas modificaciones posteriores, el trabajo fue elaborado durante
el verano de 2014 para ser discutido en un taller sobre el tema con estudiantes de la
FCE-UBA.

dialéktica 45
y en prueba de ello vayan estos siete:

# La doctrina marxista tiene partidarios y detractores, hoy, en casi todo


el mundo; entre los primeros hay diferencias grandes y pequeñas y,
por ende, ¡hay vida! Y, si no propiamente diálogo, sí inveterados
litigios entre fieles e infieles, ortodoxos y apóstatas, herejes,
renegados. En fin, acusaciones, reproches, reconocimientos…;
# Las personas que no se pronuncian ni en favor ni en contra de
la doctrina marxista, expresan opiniones sobre cuestiones de
política, sociedad, justicia, historia; y en tales pronunciamientos
suele patentizarse la impronta del marxismo, aun cuando más no
sea que en la adopción de algunas de sus posiciones fragmentadas
y descontextualizadas, y/o en el uso corriente de sintagmas y
latiguillos característicos de su jerga;
# La influencia de la doctrina marxista se verifica en diversas
disciplinas y doctrinas recientes y contemporáneas, que en conjunto
versan sobre tan ancho espectro temático, que por de pronto abarca
gran parte del campo de la filosofía, y del de las llamadas ciencias
sociales; todas las cuales absorbieron fragmentos del espíritu del
marxismo;
# Hay partidos políticos, grandes y chicos, que se asumen marxistas;
lo cual, aquí, equivale a decir: tienen como propia la doctrina
marxista;
# Hay Estados nacionales en la actualidad, que adoptaron el
marxismo como la doctrina oficial (China, Corea del Norte, Vietnam,
Cuba);
# El marxismo fue la doctrina oficial del bloque de naciones
presidido por la URSS, hasta hace apenas poco más de veinte años;
y, sobre todo,
# La doctrina marxista caló hasta en las entrañas de la mentalidad
contemporánea y es, en suma, inextricable y entrañablemente
constitutiva de la ideología de la época de la diferenciación tecnológica
del capital (la cual comprende el período de la Guerra Fría).

Los siete indicios anteriores se multiplican tanto como se


quiera si se toma en cuenta el impacto de la doctrina tal como ésta fue
representada en distintos escenarios y en distintas versiones; como ser,
en términos muy generales, las asociadas a las internacionales III/IV. Pero

46 dialéktica
para tener una idea más cabal y más completa del alcance presente
y reciente de ese impacto, hay que colocar en el cuadro la incidencia
de versiones anteriores, emanadas de las internacionales I/II del siglo
XIX, las cuales empaparon la percepción general de la época sobre el
sistema capitalista: su historia, su estructura de clases, su economía
política; como asimismo marca las ideas comunes sobre derecho social,
progreso, civilización, etc., que comparten muchísimas personas a
quienes ni se les pasa por la cabeza que en ella pueda haber influencia
marxista.
Pero por ser esa influencia tan vasta y tan difusa, ya no nos
es posible delimitar el impacto de la doctrina; y sólo entrevemos
su identidad difuminándose en el espectro amplísimo de las
ideas progresistas en general, desde los socialdemócratas hasta
los “post-marxistas” (de los que propiamente se ha dicho que son
pre-marxistas). En este espectro tan abarcador quedan comprendidos
la sociología de clases, el espíritu de la legislación social avanzada y el
de las llamadas “políticas sociales”, populistas, etc.; pero sobre todo,
aquellos principios de civilización universal que felizmente tenemos
por conquistas irrenunciables del progreso humano.
Pero en esa maraña ideológica donde la influencia de la
doctrina marxista se diluye, ésta también pierde sus formas, sus
contornos, su identidad. Entonces, ¿qué clase de doctrina puede ser
una que, disueltos sus contornos, perdidas sus formas, anda errática,
entreverándose en cualquier mezcolanza de credos y posiciones, de
un extremo al otro de la taxonomía política?
Para responder nuestra pregunta tenemos que resolver esta
cuestión previa, a saber: ¿cuál es, en definitiva, la doctrina?

**

¡La doctrina!
Nos referimos, claro está, a la auténtica. Pero debemos advertir
que el sintagma “la doctrina marxista” metió de contrabando no menos
de dos supuestos ocultos, ya que implica: “la doctrina marxista”, y “la
doctrina marxista”. En otras palabras, contiene una doble falacia (del
tipo “petición de principio”).
La primera suposición usa “la” en sentido absoluto (como
artículo determinado singular); al mentar “la doctrina marxista”
consagra subrepticiamente un punto de vista doctrinario particular, y
queda sentado que éste es el verdadero: tal, la pretensión de legitimidad,

dialéktica 47
la reivindicación mayor de toda doctrina. Y está en la naturaleza de
toda doctrina, como tal, negar legitimidad a toda otra en el mismo
campo temático, o a toda versión diferente de ella misma.
Pero, ¿el problema tiene escapatoria? “Las doctrinas marxistas”,
en plural, es un conjunto insuficientemente determinado como para
que pueda considerarse una doctrina de la que valga la pena sopesar,
y discutir, su vigencia.
La pregunta encierra una segunda falacia del tipo petitio principii;
la cual consiste en suponer que “el marxismo” es una doctrina. Pero
ahora dejémosla de lado, para considerarla luego, y volvamos a la
primera falacia: la que mete mediante el artículo determinado la.

***

Para decir algo concreto sobre la doctrina marxista, como por


ejemplo determinar su contenido, sus argumentos, sus tesis, debemos
necesariamente referirnos a una de sus variantes en particular. ¿Cuál
o cuáles de las muchas presentaciones, modelos, sub-modelos, etc.,
de la doctrina, debemos considerar? Pues bien, inténtese resolver esta
cuestión previa con una enumeración exhaustiva; o bien, con un criterio
definitorio, y se comprobará que es imposible delimitar el campo sin
entrar en la discusión que quisimos evitar: la de la legitimidad.
Porque, por ejemplo, ¿qué autores, qué políticos, qué estadistas,
qué dirigentes revolucionarios, qué partidos, qué regímenes, son
exponentes del marxismo? ¿Qué obras? Marx mismo era marxista,
no obstante su célebre afirmación en contrario: “Ce qu’il y a de
certain c’est que moi, je ne suis pas Marxiste”. (La circunstancia de
ese pronunciamiento nos obliga a interpretarlo como exageración
retórica, en tono jocoso pero reprobatorio; en la ocasión, reprocha a sus
colaboradores Jules Guesde y Paul Lafargue, por las modificaciones
hechas por éstos sobre partes del texto compuesto en 1880
principalmente por el mismo Marx, destinado a integrar el programa
del Parti Ouvrier).
Pero aceptemos que los escritos de Marx (pasando por alto
inconsistencias inevitables en una obra compleja, original, vastísima,
escrita durante toda una vida), encarnan la doctrina, digamos, hasta
1883. ¿Y después? Para que una doctrina se mantenga viva necesita
apóstoles autorizados, que tomen a su cargo actualizar los testamentos
originales, frente a un mundo cambiante, y se exacerban en vísperas
de las grandes revoluciones históricas. En otras palabras, la necesidad

48 dialéktica
de actualizarse, pone en cuestión la naturaleza doctrinaria de la
doctrina. (Esta tensión recuerda las guerras religiosas de la época de la
Reforma). La contradicción puede salvarse, y la renovación lograrse,
mediante nuevos intérpretes autorizados, pero, ¿quién los autoriza?
¿Quién confiere su apostolado a los apóstoles?
Más particularmente, en las primeras décadas del siglo XX,
¿quiénes son los “referentes”? ¿Hay que optar, para identificarlos,
entre Lenin y Kautsky, entre Luxemburg y Bernstein, entre Trotski y
Stalin? ¿Es la URSS una realización marxista? ¿El partido bolchevique
representa, a la sazón, el marxismo? ¿Lo representa Stalin? ¿Cómo
conciliar con los principios marxistas básicos la política de la URSS
en España? Y, desde la segunda posguerra para acá: ¿a quienes
debemos o podemos reconocer como representantes del marxismo:
a Mao, a Tito, a Fidel, al Che? ¿A qué regímenes? ¿Seguramente no,
por ejemplo: al reinado bestial de Nicolae Ceaucescu en la República
Democrática Socialista de Rumania; al régimen de terror “maoísta”
camboyano de los Jmeres Rojos; al orden brutal de los dictadores
norcoreanos Kim Il Sung y Kim Jong-il? Pero, ¿de alguna manera son
exponentes de la doctrina los jerarcas del Partido Comunista Chino
(que acaban de anunciar el cierre de miles de campos de trabajo
forzado)? ¿O los desleídos y oportunistas líderes socialdemócratas,
que posan estérilmente en el falso y ambiguo “polo opuesto” al de las
dictaduras? ¿O, y dejémoslo aquí, los “populistas”, que amagan para
un lado y viran hacia el otro?

****

Hay preguntas terribles que un marxista honesto no puede, ni quiere,


eludir. Que nadie se diga marxista y se sienta eximido de responder
las preguntas anteriores, ni autorizado a eludirlas. El Gulag de Stalin,
los campos de trabajo forzado, ¿son instituciones de inspiración
marxista…? En definitiva: ¿qué decirles sobre el marxismo a las
víctimas, a millones de víctimas de aquellos regímenes? Y, sobre todo,
¿cómo concebir hoy una estrategia liberadora y socialista que no nos
condene a los trabajadores, nuevamente, a la decepción más infernal?

*****
Antonio [Aside] “Mark you this, Bassanio, / The Devil can cite Sripture for his purpose.”
William Shakespeare, The Merchant of Venice.

dialéktica 49
El militante marxista pondrá naturalmente su empeño en alcanzar las
aspiraciones de la doctrina, y a la vez en repudiar los crímenes en su
nombre cometidos; pero no menos, o más, en evitar que se repitan.
Muy triste sería si por ignorancia, o peor aún, por omisión hipócrita y
cobarde, se hiciera cómplice de ellos. Y el dilema no tiene escapatoria,
pero tampoco solución: ¿qué hacer con la doctrina marxista? Rechazarla
de plano es imposible, y abrazarla ciegamente, inaceptable.
El lema doctrinario es, como siempre: “los equivocados son
los otros”, “las culpas son ajenas”. Si su interlocutor disiente con
su enseñanza, o manifiesta reparos, o no la entiende, ello no es sino
porque aquél no está preparado, o tiene mala fe. Pero al doctrinario se
le opone siempre un doctrinario rival; lo cual le obliga a erigir fronteras
inexpugnables entre un adentro y un afuera, un nosotros y un ellos. Acá
nosotros: los exponentes legítimos de la doctrina. Allá los equivocados
y los enemigos. Entre éstos están los ostensibles, declarados, que no
son sino los exponentes de la clase enemiga; pero también los vicarios
apócrifos de la doctrina, tanto más peligrosos cuanto más parecida
al auténtico es su discurso: porque bien sabe valerse el Diablo, hasta
de las Sagradas Escrituras, para citarlas en favor de sus propósitos
malignos. ¿Cómo desenmascararlo? Su enemigo declarado es su
protector secreto: el régimen capitalista; al que sirve tanto mejor, no
sabiéndolo… del todo. Hay una conjuración de hecho, una conjunción
simbiótica, entre la doctrina condenada, y el régimen que la condena.
Pero el doctrinario, incomprendido, sabe plantarse en sus trece. Elato
de autoridad, persuadido de la verdad de su razón y la razón de su
verdad, imbuido de su apostolado excepcional, el doctrinario no ve
mayor problema; todo esto no es sino… el sino.

******

Conviene distinguir dos clases de doctrinarios, el dogmático y el


oportunista. Éste está satisfecho con la versión de la vigencia muy
amplia de una doctrina indefinida: le ofrece un ancho rango de
oportunidades para satisfacer su espíritu carrerista y acomodaticio.
Pero aquél es riguroso, es serio, y es, en su estrechez, rígidamente
honesto y consecuente. El primero encuentra grata la idea de que la
doctrina es difusa y ampliamente reconocida. Para el segundo ello
es inaceptable, se sentirá más a gusto con la versión de una doctrina
poco comprendida. Pero ello lo lleva a dos conclusiones, tales que, la
primera refuerza el necesario sostén de su personalidad, volviéndola

50 dialéktica
poco menos que invulnerable a los efectos de la segunda.
La primera es que él, y quienes con él comulgan, quedan
absueltos de los errores y los crímenes perpetrados en nombre de la,
su, doctrina: porque consta que los perpetradores la desconocieron,
la malentendieron, la tergiversaron. Los criminales y los traidores
se revestían del prestigio de la doctrina, pero no comprendían sus
principios ni los aplicaban. Él, y los camaradas que con él comparten
la doctrina verdadera, no pueden ser tachados de cómplices de las
apostasías y las herejías. La certeza de ello los prepara para soportar la
segunda conclusión: la que nos y los obliga a revisar muy a la baja el
cuadro impresionante que componíamos en los apartados precedentes,
donde mostrábamos la doctrina marxista como casi omni-presente;
de hecho, desparramada en una amplísima gama de opiniones y
posiciones políticas: tanto en aquellas que la invocan como en las que
la ignoran, o la callan.
Pero, cualquiera sea la delimitación “correcta” de la doctrina,
ésta arroja un cuadro reducido, “jibarizado”, de su influencia. El
dogmático puede encontrar consuelo ante ello, sintiéndose pertenecer
a una élite de elegidos, que tienen el deber de custodiar la pureza de
la doctrina. Pero para nosotros, en trance de responder a la pregunta
sobre la vigencia del marxismo, se nos enfrenta a esta opción: o es
demasiado extensa, pero indeterminada, y entonces intrascendente, e
irrelevante; o, está demasiado restringida a un enunciado nítido.
Pero, para delimitarla, es menester exponer su contenido
conceptual. Hemos trabajado en ello, y nos puso en evidencia su
fenomenal atraso teórico. Comprobamos que la teoría marxista: el
proyecto científico, clama por una formulación renovada, que la
actualice y la torne relevante. Ello no nos exime de abordar la “cuestión
previa”. Que cada partidario de una versión particular haga lo propio:
abrir el paquete, penetrar en su contenido, exponerlo.

*******

En efecto. La versión indeterminada es exageradamente extensa,


demasiado menguada de sustancia, estéril, inútil, peligrosa. En esa
mezcolanza abigarrada y confusa; en este cambalache donde se trueca
la biblia con el calefón, los enemigos de la doctrina hallarán harta
ocasión, para solazarse señalando triunfalmente las consecuencias
nefastas de aplicar la doctrina. Pero ahora, que suponemos trazada
la frontera nítida e infranqueable entre la doctrina y sus versiones

dialéktica 51
corruptas, adulteradas; entre la apostólica auténtica, única y verdadera,
y aquellas otras heréticas, apostáticas, perjuras...
La tarea está pendiente, aunque es insensato confiarla al
dogmático... Aunque nada mejor para él, y para todos, que, desde su
punto de vista, emprenderla. Hágalo con sus característicos rigor y
consecuencia, y apostamos a que, ateniéndose a su credo, superará su
dogmatismo. Mientras la diferencia específica del marxismo no esté
delimitada, nada serio puede responderse sobre su vigencia.
Pero, de nuevo: ¿hay que escoger una, del menú de las doctrinas
recibidas? ¿Sobre qué base decidir: “con esta sí, con esta no”? La
cuestión no se dirime sólo con escrutar las obras de Marx y las de
su colaborador más allegado; ni los escritos, los dichos, los hechos,
de sus discípulos, intérpretes, exponentes, apóstoles (algunos de
ellos ampliamente reconocidos, pero no designados como tales por el
propio maestro).
Ante las exigencias históricas rigurosas, inéditas, urgentes,
de la coyuntura histórica presente, hoy, en la segunda década del
siglo XXI; frente a obstáculos formidables, oportunidades confusas
y evanescentes, disyuntivas dramáticas; dadas las transformaciones
del mundo que los maestros no pudieron concebir, sus aportes son
igualmente imprescindibles, pero circunstanciales y conceptualmente
limitados. No podemos eximirnos de la exégesis de sus textos, pero
lo más valioso que hallaremos en ellos es un proyecto inconcluso.
Entonces, ¿qué hacer con el marxismo? Retomarlo. Pero, ¿cuál, desde
dónde? Volvemos a la “cuestión previa”.
Distingamos esta cuestión de la de la “verdadera ortodoxia”,
que llevó a Georg Lukács a postular la conocida respuesta: la ortodoxia
marxista está en el método. Quien conoce y aplica el método de Marx
puede decirse marxista. ¿Cuál es ese método? La respuesta doctrinaria
la encontrarán ustedes en el mismo Lukács (en su “Ensayo sobre
ortodoxia en materia de marxismo”, contenido en su libro Historia y
consciencia de clase); y, también, en Paul Sweezy, Teoría del desarrollo
capitalista). Sabemos hoy que la idea de tal método es una quimera
metafísica, y en definitiva una argucia ideológica... que resultó
mortalmente eficaz en el marco siniestro de la era de Stalin. Pero, sea
como fuere, tan pronto como cedemos al reclamo de delimitar el campo
de la doctrina “auténtica”, ¿caemos atrapados, ineluctablemente, en la
segunda falacia?
Si queda sin resolver la “cuestión previa”, la pregunta sobre
la vigencia de la doctrina no tendrá respuesta. Y la doctrina misma

52 dialéktica
quedará indeterminada mientras no se especifique cuál es.
Hasta aquí, venimos interpretando vigencia desde el punto de
vista sociológico. En esta acepción, deberemos aceptar que la doctrina
coincide con su versión más extensamente reconocida en la opinión
general. Y, nos guste o no nos guste, para el criterio vulgar y común
de “vigencia = aceptación = reconocimiento, etc.”; criterio que dicho de
paso es él mismo el más “vigente”; para éste, el modelo doctrinario que
representa la doctrina marxista “oficial”, canónica, es el “stalinismo”.
¿Es justo poner en el mismo paquete “stalinista” a las III/IV
internacionales, haciendo caso omiso de la cronología de los hechos,
de las indudables diferencias que encierra en sus orígenes, y de
las divergentes ramificaciones posteriores? Queda pendiente una
discusión más profunda sobre la génesis del Stalinismo, y su relación
con el marxismo, que la que aquí alcanzamos; para cuando se nos
presente esa oportunidad adelantemos la tesis de que Stalin no fue
el demiurgo del “stalinismo”, sino su criatura y por cierto su brutal
ejecutor. Pero admitamos que es injusto poner las ramificaciones de la
IV bajo el rubro del stalinismo, cuando por más que divergieran entre
sí, sus exponentes no podrían haber sido más enfáticos en proclamarse
enemigos de Stalin. Aun así, es verdad que lo común a las doctrinas
marxistas es que son, precisamente, doctrinas. Y el marxismo dice ser
portador del “socialismo científico”. Si tal es su espíritu, su dimensión
distintiva, ¿es acorde con el marxismo ser doctrina?

b) ¿está vigente el “socialismo científico”, ya no entendido


como doctrina, sino como estrategia de liberación obrera para
la prosecución del progreso humano?

Interpretábamos hasta aquí la noción de vigencia en un sentido que
ahora luce abstractamente sociológico (market-minded). Es hora de
colocarla en su perspectiva programática, histórico-política. Nos
interesa su vigencia en la historia presente y próxima; su relevancia,
su fertilidad, como estrategia de transformación social con miras al
socialismo.
Aquí hay que mencionar, siquiera escuetamente, una exigencia
inescapable, derivada del concepto de socialismo científico: por ser
concepto, y más determinadamente, por ser irrenunciable su aspiración
a un desarrollo científico, debe ser teoría viva; y debe repugnarle verse
rebajado a la condición de doctrina.
Y si por Marxismo entendemos el proyecto, a la vez científico,

dialéktica 53
político e histórico, de desarrollar este concepto en el terreno práctico
de la lucha de la clase obrera socialista por constituirse como clase,
realizar su condición obrera, eliminándola, construir la civilización
del socialismo universal que eliminará y suprimirá el capitalismo.
Entonces, si así lo entendemos, el sintagma “doctrina marxista”, ¿es
un contrasentido, un oxímoron?
Pero para responder esto, lo que intentaremos brevemente en
el próximo, y último, apartado, debemos volver desde la perspectiva
de éste, a la cuestión anterior: el impacto del marxismo en la opinión
común. Poniéndola ahora ante un horizonte de transformación
histórica, encontramos que el marxismo vulgar forma parte de la
ideología del capital diferenciado.
Es verdad que en casi todas sus versiones doctrinarias denuncia
el capitalismo, caracterizándolo como sistema de explotación
económica. Se funda para ello en la economía política burguesa
clásica. La ideología del siglo XIX fue duramente conmovida,
abatida y debilitada por esa denuncia: incluso antes que Marx,
socialistas franceses e ingleses habían arrebatado a la burguesía las
armas intelectuales que ella misma forjó para legitimar su régimen
y defenderlo de la reacción encarnizada de la nobleza y el clero; y a
la sazón, agotada la revolución política de los siglos XVII y XVIII, la
cuestionaban con esas mismas armas.
Una vez más, empero, ya en el marco de la llamada revolución
industrial, la ideología capitalista se adaptó exitosamente al impacto
de sus enemigos, y ya hacia fines de aquel siglo había comenzado
a absorber esa crítica, de base ricardiana (es decir, arrancada de
sus propias entrañas): a soslayarla, y a naturalizarla. Lo que hoy
consideramos marxismo vulgar, no era entonces vulgar, sino la forma
más avanzada y más vigorosa del socialismo científico; una etapa
incipiente, un estadio necesario, de la preparación intelectual y (en un
sentido más profundo): conceptual, de las grandes transformaciones
que hoy se preparan.
En la versión primigenia del socialismo científico todavía
luce nítida la marca ricardiana, pero relumbra ya en ella la impronta
transformadora del genio marxiano. Los trabajadores carentes
de medios de subsistencia propios, para sobrevivir, deben entrar
en condición de asalariados en la relación de explotación trabajo
asalariado-capital. El capitalista paga un salario al trabajador con
una parte del valor que éste produjo para él, y se embolsa el valor
excedente, que Marx famosamente llama Plusvalor. (Es la “revelación”

54 dialéktica
de la génesis del Produit Net de los fisiócratas, de la Ganancia Absoluta
de James Steuart, del Excedente de David Ricardo). Mientras para el
capitalista esta relación de explotación es una fuente de riqueza que en
principio se incrementará indefinidamente, para el trabajador es sólo
una condición de supervivencia miserable y precaria. Pero al agrupar a
los trabajadores en grandes contingentes, el capitalismo los educa para
el trabajo disciplinado en gran escala, los une en gigantescos colectivos
solidarios y cohesionados, crea en ellos la consciencia de pertenecer a
una clase universal, e inevitablemente los prepara para sentir que su
condición de explotados es a la vez insoportable e innecesaria; y en
esta condición comprenden que sólo depende de ellos unirse, destruir
el poder que los oprime, anular el régimen que los explota, y crear
uno propio, destinado a reemplazar el capitalismo por una sociedad
de hombres libres, consagrados a su realización humana plena. Tal,
una indicación somerísima del contenido conceptual abstracto de la
doctrina marxista. Vigente hoy, sí, pero: a condición de que el concepto,
todavía incipiente, salga de su abstracción, y se actualice. El obstáculo
fue, y sigue siendo, su enquistamiento en las cáscaras doctrinarias que
se creyeron necesarias para difundirlo y preservarlo.
El proyecto concebido por Marx consistía en desarrollar
“críticamente” la economía política más allá de las estrechas
fronteras del pensamiento burgués, para brindar base científica a la
estrategia socialista y revolucionaria de los trabajadores. Su tarea
quedó inconclusa, su crítica inacabada; su economía política despegó
del terreno ricardiano, pero no levantó vuelo; su concepto todavía
abstracto del capitalismo y de la historia moderna permaneció dentro
de una economía política ingenua, dieciochesca, que circunscribe la
mercancía, el dinero y el capital, a la sociedad civil. La ficción a la vez
analítica e ideológica, de una sociedad civil diferenciada y separada
del Estado, brinda sustento a un programa unilateralmente político de
revolución socialista. Aunque procura, pero no logra diferenciarse de
otras doctrinas socialistas, que Marx rechaza vigorosamente.
Sus ideas políticas progresan enormemente cuando él y Engels,
en la secuela de 1871, hacen el balance de la Comuna de Paris, y
llegan a una conclusión importantísima: los trabajadores no pueden
liberarse, si se limitan a “tomar” un poder que no es el propio. El
Estado y las instituciones burguesas no podrán ponerse al servicio
de la transformación socialista, ni siquiera bajo la dirección de los
trabajadores; sino que éstos tienen que desechar el Estado existente
y reemplazarlo por el propio. Estas ideas tienen vigencia histórica

dialéktica 55
plena y candente en el día de hoy; como lo tiene el proyecto marxiano
de fundar la estrategia revolucionaria en una economía política de
perspectiva socialista. Pero en la obra de Marx, el programa político
permanece cautivo de una economía política todavía encerrada en
estrechas limitaciones. Los discípulos de Marx han escrito montañas
de trabajos teóricos y doctrinarios, pero no han sido pródigos, ni
mucho menos, en aportes conceptuales. Y la consecuencia es que ese
contenido abstracto quedó momificado en la doctrina, y atrapado en
la ideología al servicio de ésta.
He aquí el gran obstáculo. La mentalidad doctrinaria conserva
el dogma económico idéntico a sí mismo, condenándolo a su atraso, su
empobrecimiento, su fragmentación, su contaminación con el siempre
renovado repertorio de prejuicios de la época. En campos disciplinarios
estrechos: ideologizados, estandarizados, profesionalizados y
tecnificados, el doctrinario adocenado se especializa en una porción
de la versión canónica de la doctrina, bien procurando abrazarse a la
pureza de sus formas primigenias míticas, bien (de manera superficial
y oportunista) remozándola con las “novedades” tomadas de otros
enfoques que gozan de mayor aceptación, sin “abrir el paquete”, en
alguna mezcolanza doctrinaria sincrética de ocasión. Cada vez más
incapaz de comprender la transformación histórica, incesante, radical,
e irreversible, del mundo capitalista, el pensamiento doctrinario se
empobrece y se fragmenta.
No ya como doctrinario marxista, sino como marxista doctrinario,
o simplemente como doctrinario, adquiere con el tiempo los rasgos, los
gestos, los comportamientos característicos, su exacto phisique du rôle.
Su cuidado característico es el de detractar a sus rivales, pero eso está en
su naturaleza, y va de suyo. Su misión principal, aquella que se arroga
con convicción inquebrantable, y desempeña con elación soberbia, es
la de revelar a sus contemporáneos… ¿Qué? Que los eventos de la
experiencia práctica, los sucesos políticos y económicos corrientes, son
aquellos que deben ocurrir; porque no son sino expresión necesaria de
las determinaciones establecidas en una realidad más profunda; que
en consecuencia, no son sino la repetición de hechos pretéritos, ya bien
catalogados y previstos por la doctrina. De igual modo, que cuando
sobrevienen catástrofes y crisis que trastornan profundamente el ciclo
repetitivo, no son sino la consecuencia necesaria de la naturaleza propia
del capitalismo, y anuncian su límite histórico y su fin inexorable… Tal
cual está establecido en la doctrina, y consagrado por los autores, in
illo tempore.

56 dialéktica
Por su forma, por su estructura, por su función ideológica,
la doctrina como tal es una reminiscencia regresiva de la mentalidad
mítica, arcaica; que también tiene patrones interpretativos eternos e
invariables de todo hecho relevante, y también propone una y otra vez
las recetas consagradas. Éstas se originaron en coyunturas históricas
extremadamente dramáticas, en momentos de gran efervescencia
intelectual; y hoy, en circunstancias históricas inéditas y dramáticas,
circulan como latiguillos prefabricados, o como memes bobos.
Pero toda doctrina es una entre otras, con las cuales conforma
un todo interactivo, orgánico, en evolución, que denominamos
ideología. Llevan en ella sendas etiquetas con sus nombres respectivos,
los cuales llevan el sufijo “ismo” (nominal); sus partidarios se
identifican con los mismos nombres, y los sufijos “ista” (adjetival),
etc. Concebida así: como el sistema de las doctrinas co-vigentes, es
decir: cronológicamente contemporáneas, la ideología es una instancia
específica de la cultura moderna. En ella las doctrinas co-evolucionan
en acción y reacción recíprocas, adaptándose unas a otras. Y he aquí
algo chocante, inaceptable, todavía, para muchos: que por lo general,
las doctrinas de “izquierda” y las de “derecha”, claramente opuestas
entre sí, resultan ideológicamente complementarias. Pero precisamente
el problema de su vigencia histórica aparece cuando comprendemos
que la contemporaneidad cronológica no asegura el carácter
contemporáneo en el sentido de su vigencia histórica. Tratándose
de doctrinas que se dicen socialistas, el hecho de ser doctrinas las
denuncia como anacrónicas. Y como tales militan al servicio de la
ideología que dicen y creen combatir.
Lo cierto es que esta conjugación funcional, cuasi simbiótica,
entre campos enemigos juramentados, ¡no salta, ni mucho menos, a la
vista! Para comprender en particular el papel efectivo de las doctrinas
de izquierda, vehementemente anticapitalistas, en la ideología
capitalista, hay que desmontar pacientemente una maraña de trampas
ideológicas incorporadas entrañablemente en estas mismas doctrinas.
De la lucha por superar la ideología hay que decir, como tanto se dijo
de la caridad, pero quitándole toda nota de sarcasmo, que “empieza
por casa”: justamente lo contrario de la desastrosa práctica de la
doctrina y el dogma.
Pero es un largo camino. Un paso preliminar, modesto: reconocer
que el sintagma habitual “ideología dominante” es un pleonasmo;
el cual se conjuga con el uso abusivo del plural del sustantivo
“ideología”. Reservamos ese uso, por el momento, para referirnos en

dialéktica 57
el próximo apartado a la etapa de transición: una situación histórica
singularísima que está, sin duda, en la perspectiva histórica próxima
de la presente discusión. Pero se aplica hoy, a la dramática coyuntura
histórica corriente, en la cual precisamente prevalece, abrumadora,
excluyente y exclusiva, la ideología capitalista.
El sistema de explotación capitalista no se sostiene ni sola ni
principalmente, como lo malentiende la doctrina canónica, mediante el
uso o la amenaza de uso del poder represivo del Estado. No es que
dudemos de la vocación del Estado de volcar su poder destructivo
con saña criminal sobre cualquier amenaza que crea no conjurar
por otros medios. Tampoco ignoramos la criminalidad ilimitada de
los más altos funcionarios del capital; no sólo latente, sino efectiva,
de la manera más cobarde, más bestial, más horrenda, como quedó
demostrado en pronto hará un siglo, por decisión del presidente
Truman, de arrojar un artefacto nuclear sobre las poblaciones civiles
de Hiroshima y Nagasaki. Hoy, mientras el capitalismo parece
haber agotado para siempre su impulso del progreso humano, y se
desprende ya impúdicamente de toda apariencia de civilización
moderna, civilizada, democrática, su sostén principal es ideológico.
El terror, es verdad, se conjuga con la ideología, junto con las
compensaciones, los consuelos, las promesas que ésta ofrece, por
ilusorias que éstas sean. En definitiva, cada vez más, la ideología
mantiene la sociedad de clases: el régimen de dominación social, el
sistema de explotación económica, todo ello para la producción y la
acumulación de plusvalor capitalista. Obnubilados por la ideología,
los explotados consienten su opresión y explotación, se someten a
ella, y, voluntaria, activa, y hasta ansiosamente, procuran colocarse
y re-colocarse en la situación de oprimidos y explotados… Y, en
esa condición, construyen sus planes y sus esperanzas dentro de
sus miserables límites, con arreglo a sus mezquinas pretensiones.
Este consentimiento es constitutivo de la condición de oprimidos,
dominados y explotados. Y lo brindan incluso a sabiendas de las
verdades encerradas en el concepto abstracto de la doctrina marxista
en su versión canónica. De este modo la doctrina queda cautiva de la
ideología.
La ideología, en tanto sistema que comprende todas las doctrinas,
políticas, económicas, filosóficas, morales, es un todo orgánico, flexible.
Su coherencia y su estabilidad, no se explican porque exista armonía
entre las partes que la componen. Por el contrario, la mantienen unida
el enfrentamiento intransigente, y la hostilidad insaciable, con que

58 dialéktica
las doctrinas disputan entre sí. Del griterío entre sordos brota una
cacofonía tal, que a cualquiera convence que todo el parapeto está
siempre a punto de desmoronarse. Pero adéntrese el observador en
esa batahola sin perder la visión de conjunto, y advertirá que la clave
de toda la articulación y la eficacia de la ideología; de la conservación
de su estructura, y, a la vez, de su ductilidad, no está en la afinidad
entre sus partes, sino en su rechazo recíproco… La trama se complica
por un fenómeno que asemeja a la doctrina con el prejuicio: es como
si de cada una emanara una imagen semejante a ella, inducida por
interacción con otras. De entrada, la doctrina vicaria cobra autonomía,
y pronto entre las más afines se suscitan acerbas rivalidades por el
reconocimiento de la apostólica. Dirimirlas, no incumbe únicamente
a los partidarios de la doctrina, sino también a sus detractores, ya que
estos tienen un papel protagónico en el aggiornamento de la ortodoxia;
aunque sólo fuera porque son el blanco al que apuntan las invectivas y
las acusaciones del discurso renovado, y ofrecen a la doctrina el modelo
maldito, el modelo contrario, que por contraste resalta las bondades
del propio. La ontogénesis de la doctrina es, en efecto, semejante al
nacimiento del prejuicio; y lo es también su estructura dúplica. Ambos
forman parte de la mentalidad dominante en la era del capital, y son
otras tantas instancias de la ideología moderna.
Contra esto se señalará que tanto los prejuicios como las
doctrinas hunden sus raíces en un pasado más remoto, y admitimos
que es así; pero no se vea en esto una objeción, sino por el contrario, la
corroboración de que tanto en el prejuicio como en la doctrina la razón
teórica se atasca en atavismos culturales, y permanece encasquillada
en ellos. Viene al caso, pues, por ser muy conocida, la estratagema
ideológica implícita en el prejuicio racial: víctima y victimario
participan de manera interactiva en la composición de la caricatura
de la víctima, y ésta deberá conformar su personalidad (sus rasgos,
sus conductas, sus sentimientos, sus impulsos), en función de aquel
holograma deformado.
Las réplicas de las doctrinas originales conservan los nombres
de éstas, y, cobrando entidad propia, se suman a la maraña
ideológica; y allí, en el fragor de interminables reyertas, cuando
la más influyente impacta en las restantes, se refleja, se refracta, se
difracta, en ellas, todas y cada una, jurándose inamovibles, cambian
irreversiblemente, empobreciéndose o enriqueciéndose al consuno,
según las circunstancias recientes y presentes del cambiamento
epocale … La ideología es una bolsa de prejuicios y de gatos

dialéktica 59
doctrinarios contrapuestos, que garantiza la contención firme, de
un modo asombrosamente efectivo la coherencia, del conjunto de
los adversarios; pero no es sólo un límite exterior, sino una trampa
entramada como con diabólica astucia; de suerte que el fanático más
acérrimo de la doctrina más intransigente, el más anti-sistema, es
quien mejor sirve a éste; porque es el más vulnerable a la ideología,
quien más inexorablemente quedará preso en sus trampas, perdido
en sus laberintos, y acaso nunca descubra que militó al servicio del
enemigo de la humanidad. Entendamos al marxismo como Socialismo
Científico, y deberemos concluir que, en efecto, “la doctrina marxista”
es un oxímoron.
Lo es, en efecto, en sus propios términos: si consideramos
el contenido teórico del marxismo congelado en los resultados
incipientes de la crítica contenidos en la obra fundacional. Es el atraso
de su contenido teórico lo que condena al marxismo a ser inextricable
de la ideología. Pero asomémonos a otra posibilidad, de modo que,
nuevamente:

c) ¿tiene significado la expresión “doctrina marxista”?

La posibilidad que aquí debemos señalar deriva de dos tesis que


bosquejamos en los apartados anteriores: que el legado de Marx
consistió en un proyecto científico-político que él mismo apenas
bosquejó; que la esterilidad de la doctrina marxista canónica, en las
versiones recibidas, reside en el atraso de su contenido teórico; y de
una tercera, que enunciamos aquí: la consecución de la “crítica de la
economía política”, entendida como su actualización transformativa
en un marco histórico-político transicional, es posible y necesaria.
Tenemos que dejarlo aquí, para discutir y desarrollar estas tesis.
En suma, la obra de Marx cobra vigencia si y sólo si se la retoma,
transformativamente. En esa tarea, la teoría del socialismo científico se
convertirá en la teoría de la planificación obrera. Dará lugar, también
ella, a una doctrina que en cuanto teoría merecerá calificarse de
“marxista”; pero a condición de que no se convierta en la anunciación
y la custodia del dogma que sus partidarios dicen y creen haber
recibido, sino en el frene de batalla más decisiva de la ciencia contra la
ideología. El oxímoron da lugar a la vida del concepto científico, que
sólo transitoriamente acepta revestirse de una forma doctrinaria, pero
puja irremisiblemente para trascender la ideología.

60 dialéktica
Qué aprendí sobre Marx trabajando en una
empresa transnacional1
Trabajador del sector de servicios

Recientemente tuve la interesante experiencia de conseguir un trabajo


en una consultora de gestión, al mismo tiempo en que iniciaba un
grupo de lectura de El Capital. Intentaré exponer el resultado de esta
doble vida y cómo una experiencia me ayudó a entender la otra.
Cuando escuchamos “consultora de gestión” y “empresa
transnacional” quizás la primera imagen que se nos ocurre son
ejecutivos apretándose las manos en oficinas. Eso está muy cerca
de la verdad, pero hay mucho más... Como lo primero que se hace,
antes de empezar a trabajar en cualquier corporación, es firmar una
enorme cantidad de papeles sobre confidencialidad. Aun siendo un
texto anónimo, prefiero no dar demasiados detalles sobre la empresa
específica donde trabajo ni sobre la empresa que nos sub-contrataba.
Describiría mi función de la siguiente manera: soporte de
sistemas del área de Recursos Humanos (RRHH) para una industria
farmacéutica. Eso quiere decir que soy un empleado de una
“consultora de gestión”, trabajando como tercerizado para una gran
empresa de la rama farmacéutica. Para dar una idea de lo que estoy
hablando, la consultora tenía un total de casi 400 mil trabajadores

1
Traducción del texto “O que aprendi sobre Marx trabalhando em uma empresa
transnacional”, por Trabalhador do setor de serviços, publicado originalmente en
.Revista Passa Palavra: http://passapalavra.info/2017/03/111208 (26/03/2017).

dialéktica 61
alrededor del mundo en 2016, y la farmacéutica aproximadamente
70 mil en 2015, lo cual la convierte en una de las más grandes del
mundo. Pero, ¿cómo es posible que una “consultora” tenga tantos
empleados? Es que la parte de la empresa que hace el trabajo fino y
técnico de consultoría es solo una pequeña fracción de personas muy
especializadas, que analizan la gestión del trabajo para empresas-
clientes y ofrece un proyecto de reforma según criterios científicos
de productividad: eliminación de tiempos muertos de trabajo, costos
innecesarios, supresión de mano de obra excedente, reorganización
de procesos, etc. Ahora bien, la consultora en la cual trabajo actúa en
un mercado específico y muy dinámico, que es el de la tecnología: se
trata de una consultora del sector tecnológico -- no sólo por realizar
trabajos de consultoría también para el sector de empresas “tech”, sino
también por utilizar y dominar la automatización y digitalización en
los proyectos de gestión. Es ahí donde aparezco. La consultora ofrece a
la farmacéutica reducir los gastos de su personal de RRHH por medio
de la introducción de diversos sistemas informáticos que permiten el
“autoservicio” de algunas operaciones de los gerentes para facilitar y
dinamizar los procesos selectivos, y así actualizar automáticamente
todos los datos de cualquier empleado en todo el mundo, entre
muchas otras operaciones. De esta manera, la consultora no sólo
ofrece un proyecto de gestión sino que también firma contratos para
ejecutar, con trabajadores propios, en los sectores transformados por
la introducción de la digitalización.
Pero la consultora en que trabajo en realidad tiene un pasado
oscuro y tuvo participación en un famoso escándalo contable en los
EEUU, que involucró a una gran empresa de energía. En aquel momento,
la consultora estaba más ligada al sector contable y de auditorías, pero
luego cambió de nombre y creó una nueva identidad. La parte contable
continua teniendo un gran peso en las operaciones que realiza, pero se
amplió a diversos sectores del llamado Back Office [“oficina de atrás”].
Básicamente, se trata de todas las actividades de una empresa que
no están directamente relacionadas con su rama de especialización,
entre ellas la contabilidad, cobranzas, sistemas informáticos, logística,
etc. Algunas son más delicadas y deben ser mantenidas más cerca de
la gestión central de las empresas, como el sector jurídico o RRHH.
Otros, como sistemas, son rápidamente transferidas a países donde el
sueldo es más bajo en dólares, principalmente India.
La cuenta de la empresa farmacéutica con la consultora está
dividida en cuatro servicios diferentes: los dos primeros relativos a

62 dialéktica
áreas de investigación clínica (sistematización digital de los datos
a nivel global y el sistema estadístico de análisis), el tercer servicio
consiste en marketing digital, referido a la creación de contenido y
estrategia; el último es donde estoy, la reorganización y digitalización
de los procesos de RRHH, con grupos de soporte a los usuarios por
idioma.
En cuanto al grupo de lectura, solamente agrego que se trata
de un grupo de personas que se juntan para leer El Capital desde el
principio hasta donde alcancen. Todos los años se crea un nuevo
grupo. El primero se inició en 1998, y algunos grupos se encuentran
en funcionamiento2. De todas formas, lo más interesante es el libro...
Entonces, haré a continuación un pequeño recorrido por algunos de
los primeros 14 capítulos (que es hasta donde llegamos al momento
en que escribo esto), relacionando ciertos temas del libro con aspectos
de mi trabajo. Espero poder así ayudar a algún lector iniciante
como yo a entender el libro, y también colaborar para que nosotros,
quienes formamos parte de la creciente clase trabajadora del sector de
servicios, podamos entender el rol central que nuestro trabajo cumple
en el estado actual de la economía capitalista.

Mercancía: fuerza de trabajo

Los tres primeros capítulos de El Capital son bastante conceptuales y


algunos autores recomiendan saltearlos para una lectura posterior. Se
tematiza la mercancía, el intercambio y el dinero.
Sobre la mercancía, vamos a tomar un punto central de la teoría
de Marx: la fuerza de trabajo es una mercancía; de hecho, la única que
el trabajador libre posee. (Por trabajador libre se entiende un individuo
que dispone de su propia fuerza de trabajo para su venta, a diferencia
de un esclavo o de un siervo, y también libre por no disponer de un
medio de producción propio sobre el cual aplicar su fuerza de trabajo,
en contraste con los campesinos - ver Capítulo IV.3). Es una mercancía
especial, según Marx, dado que es la única capaz de producir valor; y
aquí reside un punto importante respecto de la mercancía, expresado
más adelante en el Capítulo I: que esta expresa en sí misma el carácter
bifacético del trabajo.
2
  Para más información, visitar su blog: http://talleresdelecturadeelcapital.blogspot.
com.ar/

dialéktica 63
Así como los valores de uso chaqueta y lienzo son combinaciones de
actividades productivas orientadas a un fin que se efectúan con paño e
hilado, y en cambio los valores chaqueta y lienzo sólo son mera gelatina
homogénea de trabajo, también los trabajos contenidos en dichos
valores no tienen validez por su relación productiva con el paño y el
hilado sino sólo como gastos de fuerza humana de trabajo. El trabajo
sastreril y el textil son elementos constitutivos de los valores de uso
chaqueta y lienzo merced precisamente a sus cualidades diferentes;
son sustancia del valor chaqueta y del valor lienzo sólo en tanto se hace
abstracción de su cualidad específica, en tanto ambos poseen la misma
cualidad, la de trabajo humano. (énfasis míos, Capítulo I.2)

En los párrafos de apertura de la obra, Marx empieza a definir la


mercancía como un “objeto exterior” que satisface una necesidad
humana, puede tener su origen tanto en el estómago como en la
fantasía. Así, la chaqueta de la cita tiene su valor de uso por el hecho
de que protege contra el frío, destaca al individuo por el código de
vestimentas (según la marca, el estilo, etc.). Por otro lado, la chaqueta
expresa otro tipo de valor, que es el valor de cambio: todas las
mercancías están relacionadas entre sí a partir de un valor de cambio
(1 gallina por 3 chaquetas, 1 chaqueta por 10 bananas, etc.), a partir de
aquello que Marx llama la “magnitud de valor”, o sea, el tiempo social
de trabajo gastado en la producción de una mercancía particular.
Todas las mercancías tienen por un lado un valor de uso, por otro,
son “gelatina de trabajo”, o sea, absorben una cantidad particular de
trabajo humano3.
Ahora bien, yo sé que mis ocho horas diarias son pagas, o sea,
tienen un valor de cambio, y constituyen una “magnitud de valor” en
la medida en que son horas de trabajo humano, pero... ¿qué tipo de
valor de uso tendrá, si yo no produzco ninguna mercancía material
que satisfaga una necesidad, como una bota o una chaqueta?
Para ejercer mi función y la de mis compañeros de trabajo tuvimos
más de un mes de entrenamiento y, aun así, también nos realizaron un
examen de capacitación, para garantizar que no cometiéramos errores
graves en los sistemas. Nuestro día de trabajo puede describirse como:
estar conectado a la línea para recibir llamadas a cualquier momento,
contestar mails con dudas respecto de los procedimientos y sistemas de
RRHH de la empresa, realizar procedimientos básicos en los sistemas
3
 La teoría que defiende que el valor de las mercancías está vinculado con el tiempo de
trabajo humano es llamada de “teoría del valor-trabajo”.

64 dialéktica
a nombre de los gerentes (o brindar soporte para que ellos lo hagan),
procesar datos y sacar reportes periódicos del sistema, contactar a
diferentes grupos (especialmente TI) para resolver problemas que no
nos competen, además de registrar cada una de estas acciones para los
procesos internos y externos de auditoría y de gestión del trabajo. Al
final del día no produje ningún tornillo o metal fundido, nada palpable,
fueron ocho horas apretando teclas y hablando por el teléfono. ¿Seré
un trabajador improductivo, un trabajador que no produce valor?
Desarrollaré eso durante el texto, pero comienzo a elaborar mi
hipótesis diciendo que en este sector de servicios, el valor de uso del
trabajo está íntimamente vinculado con el concepto de Back Office que
fue mencionado al principio. Toda empresa, sea del sector primario,
secundario o terciario, necesita de una magnitud dada de trabajo que
no está direccionada a la actividad productiva específica de la empresa.
Hoy día los servicios tercerizados que más están a la vista de cualquier
observador son los servicios de limpieza y de vigilancia privada, que
suelen usar uniformes propios de las empresas tercerizadas, lo cual
es visible en grandes empresas, en lugares como shopping centers,
universidades y hasta en edificios estatales. Este es el nivel de los
trabajadores no especializados. En un según nivel están las oficinas
de contabilidad, departamentos jurídicos, etc., como mencionamos
antes, que pueden ser tercerizados por las empresas pero que siempre
necesitan de una relación algo más “íntima” entre cliente y prestador,
debido al sigilo e importancia de los datos. Así, el valor de uso de mi
trabajo es básicamente sustituir trabajos “secundarios” necesarios en
una gran empresa productiva, pero en lugar de hacerlo exactamente
como eran hecho antes, pasa, a partir de las innovaciones propuestas
por la consultora, entonces a proveer el soporte a un sistema que sí
sustituye muchas y muchas horas de trabajo humano, al centralizar
informaciones de todo el mundo y eliminar el soporte papel y su
logística particular. En síntesis, son dos las funciones primordiales:
realizar acciones en nombre de empleados, e instruir principalmente
a los gerentes sobre cómo realizar los procedimientos corporativos
relacionados con RRHH. Como algunos de estos procedimientos
más sencillos deben ser realizados tanto por altos ejecutivos como
por simples gerentes comerciales, la empresa se preocupa de que
los ejecutivos no pierdan 2 horas de su día de trabajo llenando un
formulario de RRHH, debido al desconocimiento de pequeñas reglas
del sistema o cosas banales de este tipo. Volveremos a eso más adelante.

dialéktica 65
Dinero

En el capítulo III, Marx trabaja el concepto de dinero. Es un tema


bastante complejo y aquí solamente vamos a aprovechar la cuestión
para relatar algo respecto del salario. La organización de los
trabajadores en la empresa es casi nula, a no ser por dos delegados
sindicales “normalizadores”, situación reconocida cuando la empresa
no cuenta con una comisión interna conformada por delegados
electos. De hecho, hay un problema con la dirección del sindicato y
los pocos activistas de la empresa: el sindicato actualmente impide la
realización de elecciones de delegados. De todas formas, una de las
metodologías básicas utilizadas para empezar la agitación entre los
trabajadores es por medio de las redes sociales, donde los delegados
escriben textos planteando y desarrollando problemáticas relativas
a la empresa, como la existencia de tercerizados (en realidad son ya
“cuarterizados”), falta de promociones, comparación salarial, no
cumplimiento del convenio colectivo, etc. En uno de estos textos se
abordó la cuestión de los “beneficios” dados por la empresa (medicina
pre-paga, gimnasio gratis, reintegro de gastos de internet hasta cierto
monto, etc.) y, en especial, un “ticket restaurant” que está limitado a
algunos comercios de la zona, y que al no ser utilizado no se acumula.
Se inició un debate en los comentarios, donde los perfiles defensores
de la empresa (¿gerentes?, ¿RRHH?, ¿chupa-medias?) censuraba las
críticas a esta práctica (que incluso está prohibida en la Argentina)
diciendo tratarse solamente de un beneficio, y que las reglas estaban
bien claras cuando se nos anunció el beneficio, que los trabajadores
deberíamos usarlo según las reglas, de lo contrario la empresa
terminaría sacándolo.
Es claro que a la empresa le interesa diferenciar “beneficio” de
“salario”, pues da la impresión de que la empresa es bondadosa, va
“más allá” de lo que está obligada a hacer. Pero lo importante para
los trabajadores es entender que todo los que nosotros recibimos
a cambio de nuestras horas de trabajo es salario. Lo que vemos que
la empresa hace es pagar parte del salario en dinero (por medio de
depósito bancario) y parte en mercancías. Eso es beneficioso para la
empresa, primero porque el precio pagado a la empresa prestadora
de servicios (pre-paga, gimnasio, etc.) es más bajo de lo que se pagaría
por la suma de todos los trabajadores individualmente. En segundo
lugar, son todos “beneficios” que garantizan la productividad de los
trabajadores, ya sea en cuestiones de salud/presentismo, ya sea para

66 dialéktica
posibilitar una jornada de trabajo desde la casa.

Valor de la Fuerza de Trabajo

En el capítulo IV encontramos la famosa fórmula general del capital:


D - M - D’. En la medida en que Marx va explicando ese proceso
en el cual dinero (D) primero se transforma en mercancía (M), para
después volverse nuevamente dinero pero con un acrecentamiento de
magnitud (D’) (diferente del artesano que produce una mercancía M1,
la vende por dinero D, para obtener una mercancía la cual él no puede
producir con sus medios, M2: M1 - D - M2lación de las mercancías como
de la forma dinero en tanto equivalente general. Estas son condiciones
necesarias para que el dinero funcione como capital, o sea, valor que
se autovaloriza, un D que puede misteriosamente transformarse en
D’. Pero si la circulación es central en ese proceso, no lo es por ser
un momento de “engaño”, de extraer ganancia de una operación
comercial que sea perjudicial para uno de los lados y en la misma
medida lucrativa para el otro.
Respetando las leyes de equivalencia de compra y venta, el
capitalista logra extraer plusvalor, y lo hace necesariamente en la
circulación de mercancías, pero también necesariamente afuera de
ella. Marx así direcciona la cuestión para abordar el ámbito de la
producción, el otro polo necesario para la existencia del plusvalor, y el
sub-capítulo IV.3 habla justamente de “Compra y venta de la fuerza de
trabajo”. Así es definida la fuerza de trabajo: el conjunto de las facultades
físicas y mentales que existen en la corporeidad, en la personalidad viva de
un ser humano y que él pone en movimiento cuando produce valores de uso
de cualquier índole. Después de presentar algunos condicionamientos
históricos sobre el surgimiento de los trabajadores libres, llegamos a
un esfuerzo por calcular el valor de la fuerza de trabajo, esto es, “valor
de una determinada suma de medios de vida” del propietario de esta
fuerza de trabajo.
Los medio de vida más obvios son la alimentación, transporte,
vivienda y vestimenta. Pero Marx llama la atención sobre las
necesidades de los capitales de obtener trabajadores siempre más
capacitados:

Para modificar la naturaleza humana general de manera que adquiera


habilidad y destreza en un ramo laboral determinado, que se convierta
en una fuerza de trabajo desarrollada y específica, se requiere

dialéktica 67
determinada formación o educación, la que a su vez insume una suma
mayor o menor de equivalentes de mercancías. Según que el carácter
de la fuerza de trabajo sea más o menos mediato, serán mayores
o menores los costos de su formación. Esos costos de aprendizaje,
extremadamente bajos en el caso de la fuerza de trabajo corriente,
entran pues en el monto de los valores gastados para la producción de
ésta. (Capítulo IV.3)

¿Cuál es la formación que exige mi trabajo y como compone el valor de


mi fuerza de trabajo? Mis compañeros en su mayoría son estudiantes
de diferentes áreas, no se exige una formación o estudio universitario
particular. Lo que sí es exigido es el dominio de, al menos, dos idiomas,
en la mayoría de los casos tres, además de una mínima capacidad de
uso de la informática, que para cualquier persona con menos de 35
años ya es parte incorporada de la vida. Permitiéndome una nueva
libertad para adelantar otra hipótesis, yo diría que ese perfil es el patrón
global de una nueva generación de proletarios semi-cualificados, para
los cuales, en mayor o menor medida, el dominio de idiomas y de
la informática determinan el grado de empleabilidad en un vasto
sector de servicios esencialmente regionalizados. Hoy día, India logra
ofrecer una mano de obra muy grande para el sector de tecnología
no sólo por la formación técnica, sino también por el hecho de que el
inglés es un idioma fuerte en el país, por herencia colonial. Por eso las
empresas, como la consultora donde yo trabajo, necesariamente tiene
que adoptar una estrategia regionalizada para la mano de obra de este
tipo, debido a la predominancia de ciertos idiomas en cada parte del
mundo. Así, no todos los puestos de trabajo de servicios pueden ser
llevados a India, como dice el discurso “terrorista” de los gerentes y
empresarios antisindicales, pues por más barato que sea pagar a un
indio, un indio que hable portugués y español, además del inglés y de
su idioma natal, tiene otro precio.

Plusvalor absoluto y capital constante

Y si estamos hablando sobre India, en una presentación a los


trabajadores ingresantes en la empresa escuché por parte de una
coordinadora una formulación marxista bien clara. Como buena
empresa que quiere que sus trabajadores se sientan como pequeños
empresarios y ejecutivos en potencia, ella nos recomendaba que
hiciéramos muchos “networking”, conociéramos el máximo número
de personas posible, nos contactáramos con gente de todo el mundo
68 dialéktica
para conocer el trabajo en otros países, etc. El ejemplo dado fue una
conversación que ella tuvo con un coordinador de India justamente.
Él le preguntó cómo era el trabajo en nuestra sede, y entre los detalles
dados por ella estaban los horarios de funcionamiento del edificio.
¿Cómo es eso? ¿Ustedes no trabajan por las noches?, preguntó el indio.
Y no... a la noche dormimos. ¿Entonces ustedes tienen el edificio entero
vacío por horas y horas?... ¡sí! ¿Y cuál es la tasa de uso de los puestos
físicos de trabajo? ... uno por trabajador. ¡Guau! ¡Acá tenemos al
rededor de 1.8! [esto es, 1.8 trabajadores por silla, en distintos horarios
de trabajo, claro]
En la teoría de Marx, el valor es producido por el tiempo de
trabajo aplicado en la mercancía, pero es importante notar que
“solamente el tiempo de trabajo socialmente necesario cuenta como
formador de valor” (Capítulo V), esto es, solamente el trabajo requerido
en promedio por todos los productores para realizar tal valor de uso
es el que cuenta como formador de valor (un trabajador perezoso no
produce más valor por producir chaquetas de forma más lenta que la
media de sus compañeros). El plusvalor absoluto es caracterizado por
Marx como la prolongación de la jornada de trabajo con la intención
de aprovechar al máximo el tiempo de trabajo en el cual el trabajador
produce un valor que excede la manutención de su fuerza de trabajo,
o sea, el valor de su fuerza de trabajo, comprada por el capitalista.
Sumándose eso al hecho de que el capitalista paga por los medios de
producción necesarios para el trabajo, como el alquiler de las oficinas,
las computadoras, la limpieza, etc., lo que Marx pudo constatar desde
el principio del capitalismo industrial es el impulso de los capitalistas
para utilizar al máximo estos medios de producción, llamados capitales
constantes, para permitir la máxima extracción del plusvalor. En la
Inglaterra industrial del siglo XIX eso quería decir fábricas operando
24 horas, pues en algunas ramas hay un gasto extra de energía y
tiempo para volver a calentar las calderas, interrumpir las máquinas
que necesitan estar sincronizadas, etc. Incluso para la manutención
de las máquinas había capitalistas que obligaban a sus trabajadores
a limpiarlas mientras estaban en movimiento. Quizás el grado de la
crueldad haya disminuido, pero la lógica del capital persiste, y allá
donde la productividad no es muy alta, la estrategia sigue siendo la
de poner los capitales constantes en producción el máximo de tiempo
posible, y es por ese motivo que en la sede de la consultora en India la
oficina trabaja con horarios mucho más extendidos.

dialéktica 69
Plusvalor relativo

La definición de plusvalor relativo, en comparación con el absoluto,


está en el comienzo del capítulo X:

Denomino plusvalor absoluto al producido mediante la prolongación


de la jornada laboral; por el contrario, al que surge de la reducción del
tiempo de trabajo necesario y del consiguiente cambio en la proporción
de magnitud que media entre ambas partes componentes de la jornada
laboral, lo denomino plusvalor relativo..

Las partes componentes del día de trabajo son “trabajo necesario”,


referente al tiempo trabajado que reproduce el valor de la fuerza de
trabajo, y el tiempo de trabajo excedente, que produce un valor que
entonces es apropiado por el capitalista. La forma gráfica encontrada
por Marx para ejemplificar esa composición aparece en el capítulo
VIII, es mas o menos así: a______b__c. El segmento AC representa el
total de horas trabajadas en un día, AB sería el trabajo necesario y BC
sería el trabajo excedente apropiado (o “plus-trabajo”).
El plusvalor absoluto aumenta el segmento AC, y como la
reproducción de la fuerza de trabajo se mantiene constante (costos
de vivienda, vestimenta, comida, etc), todo el aumento ocurre en el
segmento BC, dado que AB se mantiene igual: a______b_______c.
Aumentando BC, se aumenta la proporción de la jornada de trabajo
dedicada a la producción de “plustrabajo”, valor apropiado por
el capitalista. En otras palabras, aumenta la tasa de extracción
de plusvalor. Por su parte, el plusvalor relativo puede aumentar
disminuyendo el segmento AB, sin modificar el tiempo total de la
jornada de trabajo: de a______b__c pasamos a a___b_____c. Eso se
logra de dos formas: la primera, vinculada al avance general de los
medios de producción que baja los costos generales de los medios de
vida (industrialización de la alimentación, vestimentas, construcción
de viviendas, etc); la segunda es el aumento de la productividad del
proceso de trabajo específico de la unidad productiva. Eso hace con
que con menos tiempo de trabajo el resultado obtenido sea igual al
que se alcanzaba antes con más tiempo, para lo cual es necesaria la
continua revolución de los medios de producción que caracteriza el
capitalismo. También se aumenta la tasa de extracción de plusvalor,
pero sin con eso recurrir a un aumento de la jornada de trabajo.
Ya mencioné que mi puesto de trabajo surge justamente de una

70 dialéktica
de estas revoluciones de los medios de producción, específicamente
la introducción de los sistemas digitales. Este tipo de aumento de
productividad normalmente disminuye el número de trabajadores
necesarios. Entonces, ¿por qué soy necesario?, ¿por qué vale la pena
para la gran empresa farmacéutica pagar mi salario? A partir de mi
lectura de Marx presento la siguiente hipótesis.
Marx, al analizar el tiempo de trabajo de un operario inglés
del siglo XIX podía, según las más avanzadas técnicas de la “ciencia
del trabajo” de su época, medir la cuantidad de piezas producidas o
tornillos apretados durante toda una jornada laboral. Lo que él aún
no podía ver en su época fue la difusión global y empresarial del
trabajo científicamente controlado hasta los niveles de los trabajadores
especializados, incluido ahí el Back Office y otras ramas empresariales
todavía no desarrolladas en aquél entonces. Si es un hecho que
las empresas necesitan gastar “magnitudes de trabajo” en estas
actividades afuera de su actividad especializada, también es verdad
que los diferentes trabajadores y gerentes especializados terminan
gastando parte de sus horas de trabajo realizando pequeñas tareas
administrativas-burocráticas que no agregan valor alguno. Pensemos
en el ejemplo de un investigador de punta del sector farmacéutico, que
gana un salario gigantesco para mantenerlo en la empresa, además de
bonificaciones por metas, etc. Digamos que su jornada laboral (XZ)
este dividida entre el tiempo que pasa realizando tareas directamente
relacionadas con la investigación (XY) y el tiempo que gasta realizando
cualquier tipo de tarea improductiva (YZ), como ir al baño, llenar
formularios administrativos, de auditoría, realizar trámites de RRHH,
arreglando problemas técnicos con su computadora, con su celular,
etc: x______y___z. El día de trabajo de un operario analizado por Marx
es prácticamente homogéneo, mientras que un trabajador altamente
especializado tiene diversos “tiempos muertos” como consecuencia de
cuestiones administrativas y de los instrumentos también altamente
especializados que utiliza en su trabajo. El objetivo de puestos de
trabajo como el mío es el de disminuir estos “tiempos muertos” de
altísima productividad de otros profesionales de la industria de
punta: x________y_z. Somos una forma de garantizar los efectos de
aumento de productividad de la introducción de una nueva tecnología
en el proceso de trabajo; como cualquier trabajo poco especializado,
nuestra tarea es garantizar que los procesos automatizados ocurran
correctamente. En verdad, mi puesto de trabajo sirve para que la
empresa farmacéutica que nos contrata logre extraer una mayor

dialéktica 71
productividad de sus trabajadores ultra-especializados, o sea, que
el salario pago a ellos represente un mayor tiempo de trabajo en sus
funciones específicas y lo mínimo posible en cualquier otra actividad.

Subsunción real

El concepto de trabajador productivo por ende, en modo alguno


implica meramente una relación entre actividad y efecto útil, entre
trabajo y producto del trabajo, sino además una relación de producción
específicamente social, que pone en el trabajador la impronta de medio
directo de valorización del capital(Capítulo XIV)

Llegamos hasta el capítulo XIV de la obra, después de un año de lectura


colectiva, y aprendimos que el trabajador productivo no es aquél que
produce objetos sujetos a la fuerza de la gravedad, sino aquellos que
están implicados en la valorización del capital. Hasta dónde se extiende
esta implicación es una buena cuestión para mantener en la mente
durante la lectura del resto de la obra: ¿los trabajadores del transporte,
de la limpieza, de las operadoras telefónicas? ¿Los trabajadores de la
salud... pública? Pero existe una última cuestión en este capítulo que
me gustaría discutir.
Marx desarrolla y categoriza el concepto de subsunción del
trabajo bajo el capital como formal y real4: en la subsunción formal,
el modo capitalista de explotación se diferencia de los sistemas
económicos anteriores por no contar con una extracción coercitiva del
plustrabajo, sino que con un “libre acuerdo” voluntario de venta de
la fuerza de trabajo. La estrategia, en primer momento, es el aumento
del plusvalor absoluto, pues el trabajo sigue siendo organizado como
antes (por ejemplo, con técnicas tradicionales de artesanía), debiendo
solamente ser prolongado en el tiempo para generar mayores ganancias
a los capitalistas. En la subsución real, el trabajo pasa a ser organizado
por la lógica propia del capital, insertado de hecho en la dinámica
capitalista: la revolución constante de los medios de producción.
Es el avance de las estrategias de plusvalor relativo, que aumenta
la productividad disminuyendo el tiempo de trabajo necesario.
Debido a las leyes de competencia entre empresas, el esfuerzo en el
corte de costos va de la mano con la automatización de los procesos,

  El nombre del concepto puede asustar un poco. “Subsunción del trabajo bajo el capital”
4

debe ser entendido básicamente como la forma por la cual la actividad productiva de
mercancías está dominada y configurada por la lógica específica del capitalismo.

72 dialéktica
que eliminan puestos de trabajo, o sea, disminuyendo el tiempo de
trabajo necesario por unidad producida, logrando así recortar salarios
y mantener el mismo volumen de producción (considerando una
demanda estable).
Voy finalizando el texto y pido disculpas si algunas de mis
“hipótesis” no son de todo originales, pero son conocimientos
económicos que cada trabajador puede y debe extraer de sus
experiencias directas. Termino con un comentario sobre algo que se
suele argumentar sobre el sector de servicios. Algunos defienden
que el sector de servicios pertenece a la esfera de la subsunción
formal por no ser pasible de “revoluciones” productivas, citando los
ejemplos dados por Marx en el proceso histórico de industrialización
de las manufacturas (cooperación, manufactura, maquinaria y gran
industria; Capítulos XI, XII, XIII). Mi desacuerdo con este argumento
podría venir al observar las realidades más actuales, como toda la
economía que gira alrededor de las aplicaciones de celular y a internet
en general, pero también en casos “tardíos”, como las terminales de
autoservicio en las redes de fast-food. Pero utilizando mi trabajo, por
última vez, como fuente, sé que la consultora donde trabajo cierra sus
contratos con clientes ofreciendo desde el inicio un aumento productivo
gradual, no sólo, claro, en la productividad del cliente, sino también
en la del servicio contratado: la consultora se compromete a disminuir
el número de empleados trabajando en el equipo tercerizado, o sea,
disminuir el número de trabajadores sin que se altere el volumen de
trabajo. Por otro lado, la consultora espera anualmente un número de
ideas que los propios trabajadores deben proponer respecto no sólo
del trabajo particular en sus proyectos, sino también para el ambiente
general de los trabajadores de la consultora. Para tomar estas ideas
“brutas” y transformarlas en un procedimiento automatizado, que
pueda reducir satisfactoriamente algunas horas de trabajo repetitivo o
cognitivamente mecánico, existe un equipo especial en la empresa que
trabaja con esto, mezclando regulación corporativa con programación.
No estamos muy lejos del toyotismo y de las estrategias utilizadas en
la industria de punta de la subsunción real.

dialéktica 73
74
dialéktica
¡Vísteme!
Notas sobre el trabajo, el valor y sus formas

Javier A. Riggio

El tiempo es tiempo y es rey


José Larralde

…no soy dueño de mi tiempo, sino más bien su criado…


Karl Marx

El cuerpo del mundo

Hegel terminaba de escribir su insuperable Fenomenología del espíritu


cuando Napoleón triunfó en la batalla de Jena y ocupó la ciudad. Lejos
del temor, el filósofo estaba fascinado con el emperador, convencido
de que en ese hombre a caballo se encontraba encarnada el alma del
mundo. Hay un grano de verdad en la apreciación hegeliana, pero
no por lo que él creyó sino por algo bastante más simple. El mundo
entero tomó el cuerpo de Napoleón no para andar a caballo sino para
sencillamente hablar a su criado: vísteme despacio que estoy apurado. En
ese mensaje dormitaba el imperativo de la relación social capitalista. Y
la indicación para su abolición.
Desde que vino al mundo, el cuerpo del Capital es un ingente
cúmulo de mercancías y lleva una marca: la del infinito. En su
sempiterna fórmula se advierte su renovación incesante, sin término.
La valorización del valor sólo necesita de sí para seguir andando. O lo
parece. De lo que no hay dudas es que esa irreversibilidad no es apacible
sino todo lo contrario. Tan creciente e infinita es su avidez de plusvalor
como su velocidad. El Capital vive apurado. Siempre quiere terminar
para volver a arrancar. Siempre quiere arrancar para terminar. D-M-D’
es el signo de la bestia… Pero ese apuro necesita, paradójicamente, de
una peculiar paciencia, puesto que no debe llevarlo al tropiezo y a la
caída. En eso no se equivoca. Sabe y guarda el secreto de su existencia.

dialéktica 75
Y lo repite. Sin su repetición su infinito perecería. El apuro necesita de
esa meticulosa lentitud para ir una y otra vez al mercado a encontrar
y comprar por un tiempo determinado a esa rara mercancía en la que
palpita el nervio de las cosas: la fuerza de trabajo. Y es a ella que le
ordena: ¡vísteme!
El Trabajo corre también, presuroso. Harto de la existencia y de
la vida repetitiva del mercado, decide presentar batalla. Urge la lucha,
el mundo es insoportable, apuraos para combatir… Pero la celeridad
efervescente de la lucha es parte del problema. Por eso su contratara
igual de inmediata, cuando la derrota arrecia ante la enorme bestia, es
la renuncia total a la disputa. No es este un llamado al quietismo o a
la espera. Y menos un cínico epitafio sobre una capitulación absoluta.
Hemos de pelear, sí. Pero escuchemos a Napoleón. Habitemos la
paradoja de transitar la premura y la exigencia pacientemente. Afilemos
la crítica para que ahonde hacia la raíz de las cosas, hacia la humanidad
misma. Quizás de ese modo se produzca la máxima velocidad para
trastornar al Capital.
Es una cuestión de velocidades, siempre. Urgencia y paciencia.
Celeridad y lentitud. Una de las claves está en el tiempo, porque la
existencia nunca se da por fuera de éste y el tiempo jamás se dio sin
estar encarnado. Es como la naturaleza de Heráclito, ama esconderse.
Aunque no siempre del mismo modo, sin dudas. Hubo una época en
la que el tiempo se mezclaba con las cualidades de la naturaleza, las
cadencias cotidianas de la vida social, los ciclos del día, las estaciones
del año. Se cruzaba con los anhelos y los miedos humanos1. Pero
desde que el mundo corre al ritmo de la relación social capitalista, el
tiempo ha unificado su cualidad bajo un mismo semblante: el tiempo
de trabajo abstractamente humano. La humanidad pasa a moverse al
son del tictac del reloj. Los días pierden sus noches, las noches ya se
oyen como plenos días. Las estaciones del año diluyen sus fronteras
1 
Reza el Eclesiastés, en su tercer capítulo: “Hay un tiempo para cada cosa, y un momento
para hacerla bajo el cielo: hay un tiempo de nacer y tiempo para morir; tiempo para
plantar, y tiempo para arrancar lo plantado. Un tiempo para dar muerte, y un tiempo
para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir. Un tiempo para llorar
y otro para reír; un tiempo para los lamentos, y otro para las danzas. Un tiempo para
lanzar las piedras y otro para recogerlas; un tiempo para abrazar, y otro para abstenerse
de hacerlo. Un tiempo para buscar, y otro para perder; un tiempo para guardar y otro
para tirar afuera. Un tiempo para rasgar, y otro para coser: un tiempo para callarse, y
otro para hablar. Un tiempo para amar, y otro para odiar; un tiempo para la guerra, y
otro para la paz… Comprendo que para el hombre el único bien es gozar la vida y tener
el bienestar. Que uno coma y beba y goce de felicidad, eso es un don de Dios. Yo sé que
Dios actúa con miras a toda la duración del tiempo; a esto nada se le puede agregar ni
quitar…”

76 dialéktica
y, poco a poco, van marchando según las necesidades del Capital2. La
multiplicidad creciente se amarra con el invisible hilo de la producción
mercantil capitalista. Es a lo que tiende. Porque su unidad social,
abstracta y objetiva no existe y no es tal si no va de la mano de su
multiplicidad privada, concreta y subjetiva. En el capitalismo, como
decía Larralde, el tiempo es rey. O mejor, el tiempo capitalista es ley.
Pero este rey no anda desnudo como en la fábula del
mandamás que fue objeto de engaño por parte de sus sastres, quienes,
para vestirlo sin nada y robar sus riquezas, le dijeron que lo hacían con
la más preciosa de las telas, la cual sólo era invisible para lxs idiotas. El
temor a la ignominia tornaba así, la desnudez real en el más celebrado
y brillante de los vestidos. En la sociedad capitalista, la invisibilidad
es la del tiempo mismo, la del soberano. Pero éste anda siempre
vestido, es ley siempre encarnada. La ropa del tiempo de trabajo en el
mundo de mercancías es el valor, la magnitud de valor. Es la ley que se
impone ciegamente para acompasar los ritmos de la autoproducción
social al tiempo de trabajo socialmente necesario. Ley humanamente
elaborada. Ley de segunda naturaleza, como algunxs gustan decir. Ley
demasiado humana que no se efectiviza sin renovar constantemente
su autonomización de quienes realmente participamos en la
producción del lazo social como tal. El trabajo total que la sociedad
realiza para producirse y reproducirse no se efectúa directamente
como tal sino que da un rodeo en lxs múltiples productorxs privadxs
recíprocamente independientes, de modo que los productos toman la
forma de mercancía y es a través de estas endiabladas creaturas que
las relaciones entre lxs productorxs aparecen como relaciones entre
cosas. De modo que nuestros tiempos se presentan como atributos de
las cosas, su valor. Peculiar punto con el que se que cose las ropas del
rey.
En las líneas que siguen, intentaremos ceñir la mirada en ese
hilado que muestra ocultando y oculta mostrando la raíz de nuestra
sociedad. Lo haremos siguiendo la lectura de una parte de El capital de
Karl Marx. En rigor, nos adentraremos en la opacidad que envuelve al
trabajo humano en el valor y a su duración en la magnitud de valor,

2 
Dice Nietzsche: “A partir de hoy cuelga en mi cuello el reloj de las horas en un cordón
de crin; a partir de hoy cesan de girar las estrellas, el sol, el canto del gallo y las sombras,
y lo que desde siempre el tiempo me anunció, ahora está mudo, sordo y ciego: toda
la naturaleza calla para mí ante el tictac de la ley y del reloj”. El pathos nietzcheano
está carcomido por el devenir de la relación capitalista. La ciencia jovial. (“La gaya
scienza”),“’Broma, astucia y venganza’ Preludio en rimas alemanas”. Parágrafo 48., trad.
J. Jara, Monte Ávila, Venezuela, 1999, p. 20.

dialéktica 77
para intentar captar cómo el despliegue de la cosa misma es al mismo
tiempo su repliegue, sumando capas de opacidad en el pasaje del valor a
su modo de expresión: la forma de valor.

El problema por la raíz

Quizás uno de los problemas más relevantes para probar tanto la


consistencia de la obra de Marx como su fertilidad para pensar nuestra
contemporaneidad, sea el llamado “problema de la transformación
de valores a precios”. Cuantiosa tinta se ha invertido en desatar esta
cuestión. Antes de que Friedrich Engels haya podido entregar a la
imprenta el Libro III de El capital, la obra inconclusa de su amigo Karl
Marx, el problema mencionado no sólo se suponía irresuelto sino
que también se lo juraba imposible. Los críticos se mostraban a priori
convencidos de que Marx no había logrado resolver este problema.
Sin embargo, la publicación del Libro III nos entregó su respuesta.
Puntualmente, el capítulo IX. Pero esto no sólo no hizo retroceder a
los críticos mencionados sino que también propició la aparición de
críticos a posteriori. Y hace más de un siglo que se le da vueltas a la
cuestión, ya sea para mostrar la derrota del autor de Das Kapital, ya sea
para mostrar que tiene razón.
La relevancia del problema se muestra en que es uno de los
puntos de inflexión –quizás el más importante- a partir del cual se
dirime la posibilidad misma de sostener consistentemente que el
movimiento de la sociedad capitalista se acompasa a la ley del valor-
trabajo. En otras palabras, que el epicentro de lo que acontece en la
sociedad contemporánea se concentra en el trabajo, atravesando
desde los secretos organizativos del proceso laboral en el ámbito de la
producción hasta los danzantes precios que relucen en las frentes de
las mercancías. El problema de la transformación consiste, dicho breve
y esquemáticamente, en lo siguiente: si la fuente de los valores y los
precios es el trabajo, ¿cómo es posible que en ramos de la producción
(y las esferas del comercio de mercancías y de dinero) donde existen
proporcionalmente distintas cantidades de trabajadores, la tasa de
ganancia sea la misma?3 Pero planteémoslo de modo general, ya que
3
 Marx menciona explícitamente el problema por primera vez (aunque podría pensarse
que la primera vez que lo menciona es de la mano de la “contradictio in adiecto” que
resulta de tomar el valor de cambio como contingente y, a la vez, como necesario e
inmanente en la página 45) en el capítulo IX del Tomo I de Das Kapital, y allí ya nos envía
al Tomo III: “… estando dado el valor de la fuerza de trabajo y siendo igualmente grande

78 dialéktica
en el problema de la transformación también se pone en cuestión
aquello que enfrenta cualquier pensamiento que planteé la centralidad
del trabajo: los precios de las mercancías que pueblan los comercios,
¿están relacionados con el tiempo de trabajo socialmente necesario?
¿o su oscilar en el corto o largo plazo obedece a otras determinaciones
que nada tienen que ver con lo que pasa en la producción? Cada vez
que compramos una mercancía, ¿estamos intercambiando tiempos
de trabajo? Si es así, ¿por qué no se muestra explícitamente? La
angularidad de este problema en lo que concierne al operar a la ley
del valor-trabajo y sus intentos de captación teórica, se nos muestra
en al menos en dos direcciones: hacia dentro y hacia afuera de la obra
marxiana. Hacia dentro, por un lado, mirando la historia de la teoría,
el problema de la transformación es el problema que, según palabras
de Marx, fue la piedra del escándalo contra la que tropezó la escuela
ricardiana (defensora de una teoría del valor-trabajo) y una de las
aristas por las que se puede intentar comprender qué es eso de la crítica
de la economía política en la pluma marxiana4. Por otro, atendiendo a
la exposición marxiana, en el problema de la transformación tiene que
enhebrarse la consistencia de la exposición  que Marx elabora desde
las primeras líneas de la obra.5 Hacia afuera, en tanto el problema de
el grado de explotación de la misma, las masas de valor y plusvalor producidas por diversos
capitales estarán en razón directa a las magnitudes de las partes variables de esos capitales,
esto es, a sus partes invertidas en fuerza de trabajo viva. Esta ley contradice abiertamente
toda la experiencia fundada en las apariencias. Todo el mundo sabe que el dueño de la
hilandería de algodón que, si nos atenemos a los porcentajes del capital total empleado,
utilizar proporcionalmente mucho capital constante y poco capital variable, no por ello
obtiene una ganancia o plusvalor menor que un panadero, quien comparativamente
pone en movimiento mucho capital variable y poco capital constante. Para resolver esta
contradicción aparente se requieren aún muchos eslabones intermedios…” El capital.
(Crítica de la economía política), Tomo I: “El proceso de producción del capital”, trad. P.
Scaron, Siglo XXI, Argentina, 2002, p. 372. Esta nota nos permite ver, por un lado, que
en este problema se juega la distribución de la masa de plusvalor entre los diversos
capitalistas. Y, por otro, muestra la arista metodológica que enfrenta la investigación
de este fenómeno. Y nos da la pauta de lo que Marx comprende por labor científica.
En esa línea, nos dice mucho más adelante en su obra publicada por su camarada
Engels: “… toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación y la esencia de
las cosas coincidiesen directamente…”. Tomo III: “El proceso global de la producción
capitalista”, tr. L. Mamés, Siglo XXI, España, 2004, p. 1041.
4
 Marx lo dice a renglón seguido del fragmento que citamos en la nota anterior.
Refiriéndose a esta derivación de la ley del valor-trabajo, dice “Aunque nunca la haya
formulado, la economía clásica se aferra instintivamente a esta ley, pues se trata de una
consecuencia necesaria de la ley del valor en general. Procura salvarla abstrayéndose
violentamente de las contradicciones del fenómeno. Más adelante [se refiere al libro
cuarto: “La historia de la teoría”] veremos cómo la escuela ricardiana ha tropezado en
esa piedra del escándalo…” Ibídem, p. 372
5
 O sea, es un nuevo momento de poner a prueba aquello de la diferencia entre la

dialéktica 79
la transformación es el gozne a partir del cual se pueden trabajar los
problemas relativos al intercambio entre países en el mercado mundial
(desarrollo desigual, intercambio desigual, deterioro de los términos
de intercambio, tipos de cambio, etc. como efectos de los vínculos entre
diversas productividades, o sea, tiempos necesarios de trabajo). Esto
último, huelga decirlo, excede la obra de Marx y es de una actualidad
evidente.
Tal es el enramado en el que se encuentra este problema, tan
actual en nuestra vida que no hace falta “ser marxista” para que unx
se interese en él. Pero, en este caso, nosotrxs sí iremos por el lado del
nacido en Tréveris6. Y lo plantearemos de la siguiente manera. El
problema de la transformación es, en términos específicos, el problema
de distribución de la masa de plusvalor, por medio de la competencia,
entre los capitalistas. Pero, en términos generales, no es más que una
cuestión de relación entre el valor y la forma de valor, entre el valor y sus
modos de expresión: el valor de cambio o el precio. El valor siempre se
muestra, se manifiesta así mismo en una forma determinada, ya sea el
valor de cambio, el precio de producción, el precio de mercado, etc.
Es decir, el valor nunca se manifiesta en cuanto tal. El valor se muestra
opacamente. La cuestión es, entonces, cuáles son las peculiaridades en
los distintos modos y cómo se relacionan estas diversas formas de
manifestación. De manera que se puede atravesar la obra de Marx con
la hipótesis de lectura que se centra en la captación de esa relación
entre valor y forma de valor, como si se tratase de la fenomenología
de las opacidades crecientes del trabajo abstractamente humano
objetivado en las mercancías. O simplemente el travestismo del valor.
Pero recién nos estamos acercando a lo que a nosotrxs nos
interesa. Justamente, si en un aspecto no menor, el problema donde se
dirime gran parte de la posibilidad de una teoría del valor-trabajo a la
Marx, no es más que un problema de cambio de forma, de trans-formación
nos vemos obligados a preguntar qué demonios significa eso. Y para
intentar trazar las coordenadas a la Marx consideramos que antes

investigación y la exposición mentada en el “Epílogo a la segunda edición”. Algo


diremos más adelante sobre esta cuestión.
6
Puntualmente, de los muchos replanteos, críticas, desarrollos, etc. del problema, los
que nos sugirieron las líneas que siguen, y no porque coincidan con lo que vamos a
intentar exponer sino por lo que nos empujaron a pensar, son las posiciones de Rolando
Astarita (v. Valor, mercado mundial y globalización, Kaicron, Bs. As., 2006, pp. 85-6, 98-9,
106-7), Pablo Levín (v. El capital tecnológico, Cooperativas, Bs. As., 2008, pp. 105-8, 202-3,
314, 320-4, 390) y Anwar Shaikh (v. Valor, acumulación y crisis. (Ensayos de economía
política), tr. Zerda, Bs. As., RyR, 2006, pp. 120-4).

80 dialéktica
de meterse en el ruido de la competencia capitalista (Libro III) y el
problema de la transformación en sentido estricto, hay que pasar
por la formulación más simple que aparece en el Libro I. Si lo que
acontece en el Libro III no es más que lo que ya acontece en el Libro
I, pero con mayor determinación y concreción, entonces debemos
detenernos pacientemente en las primeras páginas de la obra. O
sea, nos ocuparemos del problema antes no sólo de la aparición de
los muchos capitalistas en pugna competitiva sino también de que
en la exposición marxiana aparezca tanto la mercancía de los huevos
de oro, la fuerza de trabajo, como el concepto de plusvalor y de tasa
y masa de plusvalor. Sobre esto versarán las líneas que siguen, un
ejercicio de lectura del texto marxiano en la que trazaremos algunas
conexiones posibles e hipótesis interpretativas para notar cómo trama
Marx el problema de la relación entre valor y forma de valor7. Y nos
centraremos en la parte que el mismo autor nos advierte en el prólogo
a la primera edición como la ladera más empinada: el análisis de la
mercancía (5-6)8.
7 
Si Marx tiene o no razón, no será nuestro tema. Tampoco si su obra fue desarrollada,
completada, superada, refutada u olvidada o si en ella está el puntapié necesario para
que la conciencia perdida del proletariado se empuñe a sí misma y pueda revolucionar
el mundo capitalista. Lo nuestro es bastante más modesto. Leeremos e intentaremos ver
si lo que allí está es auto-explicativo o no. Pero explicitemos algo más. Nuestra lectura
es tan poco inocente como lo son la escritura de estas líneas. La relación capitalista nos
marca, nos ahoga y nos mantiene con vida para su propio vivir. Urge hacer algo. Por
eso, paciencia napoleónica. Por último pero no por eso menos importante, digamos que
mucho de lo que aquí estamos trajinando es producto de los talleres de lectura de esta
obra marxiana que se hacen desde el año 1998 y en los cuales participamos desde el 2006
(http://talleresdelecturadeelcapital.blogspot.com.ar/).
8 
Comentemos brevemente que trabajaremos con el texto que ya hemos citado, es decir,
la traducción de Pedro Scaron publicada por Siglo XXI. En adelante, todas las citas
son de esta edición, salvo que digamos lo contrario. Por lo que sólo nos limitaremos a
colocar el número de página en la que dicha cita se encuentre. Mencionemos algunas
especificidades. Dicha edición toma como texto base para su traducción la segunda
edición alemana y última que Marx cotejó. Incorpora como notas al pie las modificaciones
que se encuentran en la tercer y cuarta edición alemana a cargo de Engels y de la edición
francesa, también publicada bajo el ojo atento de Marx. La advertencia del traductor
es detallada en lo que se autoproclama como el primer intento de realizar una edición
crítica de esta obra marxiana. Nosotrxs no nos detendremos allí sino en otro aspecto
que es pertinente para nuestro problema. Cuando la primera edición (1867) estaba casi
impresa, Marx le añadió un apéndice intitulado “Forma de valor”. En este fértil texto
intentó darle una elaboración más clara a los ásperos meandros de la forma de valor
tal y como aparecían en el cuerpo del texto de la, justamente, primera edición. Para la
segunda, Marx decidió fundir en nueva escritura ambos textos: la primera redacción de la
forma de valor (aunque no estaba dividida ni llevaba ese título) y el apéndice de marras.
Hay que decir que no es meramente una re-escritura. No discutiremos si con el correr
de los años Marx logró encarnar con mejor tino científico la exposición del movimiento
real y por eso el texto que hay que estudiar es el que se edita desde la segunda edición o

dialéktica 81
Crítica de la economía política

El problema que nos ocupará en las próximas líneas es la relación


entre el valor y la forma de valor tal y cómo está expuesta por
Marx en el primer capítulo de su obra y que lleva por título “La
mercancía”.  Según la subdivisión que realizó para su segunda edición
(1873), es el primero de los tres capítulos que conforman la primera
sección denominada “Mercancía y dinero” y consta, a su vez, de cuatro
acápites. Los visitaremos uno por uno e intentaremos notar cómo es
que se va exponiendo el desarrollo de esa relación. Pero antes de ir
al comienzo mismo, citemos unas líneas del propio Marx en las que
pueden orientarnos en las aristas específicas del problema:
… es indudable que la economía política ha analizado, aunque de
manera incompleta, el valor y la magnitud de valor y descubierto
el contenido oculto en esas formas. Sólo que nunca llegó siquiera a
plantear la pregunta de por qué ese contenido adopta dicha forma;
de por qué, pues, el trabajo representado en el valor, de a qué se debe
que la medida del trabajo conforme a su duración se represente en
la magnitud del valor alcanzada por el producto del trabajo. A formas
que llevan escrita en la frente su pertenencia a una formación social
donde el proceso de producción domina al hombre, en vez de dominar
el hombre a ese proceso, la conciencia burguesa de esa economía las
tiene por una necesidad natural tan manifiestamente evidente como el
trabajo productivo mismo… (97-9, nuestro énfasis)

Estas líneas marxianas son del cuarto acápite del capítulo I: “El carácter
fetichista de la mercancía y su secreto”. Corresponde, entonces, a la
última estación que visitaremos. Pero la colocamos aquí porque nos
parece que se expresa claramente la cuestión que atravesaremos en los
primeros tres acápites. Marx critica a la economía política (Adam Smith

si en la búsqueda de una redacción más clara, fue el conocimiento crítico de ese mismo
real el que salió perdiendo. Limitémonos a decir que es sumamente fructífero poder
leer los tres textos, contraponerlos (hay nociones, párrafos, orden de exposición, etc.
disímiles) y sacar las propias conclusiones. A estos se podría sumar la Contribución a la
crítica de la economía política, libro marxiano de 1859, al que Marx refiere en el prólogo
a la primera edición y en varias notas al pie, ya que allí está la primera formulación
publicada de la relación entre la mercancía y el dinero como núcleo celular del capital.
La edición que seguimos contiene los tres textos mencionados en primera instancia, no
este último. El de la segunda edición es, como dijimos, la base para la traducción. Los
otros dos, el de la primera edición y el apéndice, están editados en el tercer volumen
correspondiente al Tomo I, en el cual figuran, también, como “Apéndice”. En algunas
ocasiones, cuando consideremos que alguno de esos dos textos colabora con el punto
trabajado, los citaremos.

82 dialéktica
y David Ricardo fundamentalmente) por su falta de cuestionamiento
a la relación entre contenido y forma, el trabajo y el valor, la duración
del trabajo y la magnitud de valor. Esa es su incompletitud a pesar
de haber auscultado al trabajo como el fundamento del valor y su
magnitud. Se podría risueñamente decir que el error de los clásicos
es no haber leído con atención los primeros tres acápites del capítulo
uno del propio Marx. Porque es en esas líneas donde está el desarrollo
marxiano sobre este punto, sobre esta relación entre contenido y
forma. Hacia allí vamos no sólo para comprender lo que Marx critica
de la economía clásica (una clave para masticar el subtítulo de la
obra: crítica de la economía política) sino también y centralmente para
acompañarlo en el desarrollo de la cosa misma.
Las dos notas al pie que se desprenden de esta cita son
esclarecedoras para poder precisar cuáles son los aspectos del
imperfecto análisis de la mercancía que realiza la economía política
clásica. En la nota al pie 319, Marx señala que no logra distinguir
rigurosa y autoconcientemente el carácter bifacético del trabajo
representado en las mercancías: el mismo trabajo que en su faz concreta
se manifiesta en el valor de uso y en su faz abstracta se expresa en
el valor de la mercancía. Un mismo trabajo de dos caras. Este es el
tema del primer y, fundamentalmente, del segundo acápite del texto
marxiano. Lo veremos en detalle líneas abajo. Ahora podríamos decir
que esta no distinción, mella la comprensión cabal del contenido de las
mercancías.
En la segunda, la nota al pie 3210, se enfatiza y se precisa en un
9
“Las insuficiencias en el análisis que de la magnitud del valor efectúa Ricardo --y el
suyo es el mejor-- las hemos de ver en los libros tercero y cuarto de esta obra. En lo que
se refiere al valor en general, la economía política clásica en ningún lugar distingue
explícitamente y con clara conciencia entre el trabajo, tal como se representa en el
valor, y ese mismo trabajo, tal como se representa en el valor de uso de su producto.
En realidad, utiliza esa distinción de manera natural, ya que en un momento dado
considera el trabajo desde el punto de vista cuantitativo, en otro cualitativamente.
Pero no tiene idea de que la simple diferencia cuantitativa de los trabajos presupone
su unidad o igualdad cualitativa, y por tanto su reducción a trabajo abstractamente
humano…” (nuestro énfasis, 97-8).
10
 “Una de las fallas fundamentales de la economía política clásica es que nunca logró
desentrañar, partiendo del análisis de la mercancía y más específicamente del valor
de la misma, la forma del valor, la forma misma que hace de él un valor de cambio.
Precisamente en el caso de sus mejores expositores, como Adam Smith y Ricardo, trata la
forma del valor como cosa completamente indiferente, o incluso exterior a la naturaleza
de la mercancía. Ello no sólo se debe a que el análisis centrado en la magnitud del valor
absorba por entero su atención. Obedece a una razón más profunda. La forma de valor
asumida por el producto del trabajo es la forma más abstracta, pero también la más
general, del modo de producción burgués, que de tal manera queda caracterizado
como tipo particular de producción social y con esto, a la vez, como algo histórico. Si

dialéktica 83
aspecto ya mencionado en la cita que copiamos arriba: la carencia de
la economía política para desentrañar, partiendo del valor, su forma
de manifestarse, la forma del valor. Pero se dice algo más. Sus mejores
representantes la han tratado como algo exterior a la naturaleza de
la mercancía y como cosa, justamente, natural, sin historia, perenne.
Marx indica que una de las razones se vincula con la extrema atención
–unilateral– a los problemas relativos a la magnitud del valor, a
los tiempos de trabajo. Pero hay una cuestión más profunda y que
no se refiere directamente a las fallas “de los teóricos”. La forma de
valor es la forma más abstracta y general del modo de producción
capitalista. O sea, en esta generalidad, la forma de valor es la seña de la
especificidad burguesa y la marca de su historicidad, de su finitud. De
modo tal que, si no se advierte este punto, no sólo se cree estar ante la
eternidad misma cuando se enfrenta al mundo de las mercancías sino
que se entorpece la captación del desarrollo de la forma mercancía en
la forma de dinero, en la forma del capital. Con todo, esta segunda
nota nos entrega el tema del tercer acápite, “La forma de valor o el
valor de cambio”. O sea, allí encontraremos la otra determinación que
la economía política clásica elabora deficientemente, la forma del valor.
Rápidamente señalemos aquí los diversos modos de la
relación entre forma y contenido. Hasta aquí se han mencionado
dos. Apuntémoslas para no perderlas de vista y para poder captarlas
en el movimiento expositivo que viene. En primer lugar, en la cita
Marx menciona la inconsecuencia de la economía política clásica
al no preguntarse, en general, por qué el contenido adopta dicha
forma e inmediatamente especifica: por qué el trabajo (contenido) se
representa en el valor (forma) y por qué la medida de trabajo conforme
a su duración (contenido) se represente en la magnitud de valor
(forma). En segundo lugar, en la nota mencionada, Marx nos dice
que, a pesar de partir del valor (lo que recién mencionado aparecía
con la determinación de “forma” ante el trabajo como “contenido”), la
economía política no logró descubrir la forma de valor. Resumamos. En
la cita el contenido es el trabajo y el valor es la forma. En la nota al pie
el valor es el contenido y la forma de valor que hace de la mercancía

nos confundimos y la tomamos por la forma natural eterna de la producción social,


pasaremos también por alto, necesariamente, lo que hay de específico en la forma de
valor, y por tanto en la forma de la mercancía, desarrollada luego en la forma de dinero,
la de capital, etc. Por eso, en economistas que coinciden por entero en cuanto a medir
la magnitud del valor por el tiempo de trabajo, se encuentran las ideas más abigarradas
y contradictorias acerca del dinero, esto es, de la figura consumada que reviste el
equivalente general...” (nuestro énfasis, 98-9).

84 dialéktica
un valor de cambio es, justamente, la forma. Como diría Aristóteles,
contenido y forma se dicen de varias maneras. Y estos diferentes
modos corresponden a diversos momentos de la exposición. En
términos generales y abstractos, se puede decir que el primer modo
señala la esfera de la producción y el segundo, la de la circulación. Ya
nos detendremos aquí con más detalle.
Así las cosas, tenemos entonces que la economía política
clásica no logar asir completa y conceptualmente, dicho a grandes
rasgos, ni el contenido y ni la forma mercantil. Y no sólo eso sino
que no logra captar por qué ese contenido toma esa forma. Pero hay
más. La segunda nota que citamos nos entrega otro detalle que hace
a este asunto. Marx divide la historia del pensamiento económico en
dos veredas. A un lado, la economía política clásica que se distingue
por investigar la conexión interna de las relaciones de producción
capitalistas. Del lado de enfrente de la ciencia, la economía vulgar,
la cual merodea torpemente alrededor de las vinculaciones aparentes
de los fenómenos que pueblan el mundo burgués. Para terminar de
hacer nítido lo que se agrega aquí, citemos una última nota al pie, la
número 3611, la última de este primer capítulo de la obra. Sin entrar
en los pormenores a los que allí se refieren, nos interesa lo que Marx
dice de Ricardo: no les brinda a sus discípulos una explicación de
la conexión interna entre el valor y la forma de valor. Estas últimas
líneas, entonces, nos entregan un matiz para delinear el problema de
contenido y la forma: la conexión interna.
Hasta aquí una presentación sumaria de los elementos que
en el texto son un resultado. Los hemos señalado a modo de hoja de
ruta, de un mapa por el que nos irá llevando Marx en su labor de
analizar la mercancía. Hay que decir que a esta altura, todas estas
palabras críticas sobre la economía política clásica suenan arbitrarias y
oscuras. Le daremos la palabra al propio Marx para que las explique.
Es de esperar que estas críticas se sostengan con lo que se desarrolla
a la largo del primer capítulo. Lo que intentamos es que las críticas
nos ayuden a reconstruir la exposición marxiana y no si es cierto o
no que Adam Smith, David Ricardo y otros han dicho o no lo que
Marx les critica. Para esa tarea, huelga decirlo, habría que recurrir a
las obras de los susodichos. En ese recorrido no comentaremos línea
a línea, párrafo a párrafo buscando inteligir las razones de ese orden
11
 “… Si las réplicas de los ricardianos a Bailey son groseras pero no convincentes, ello
se debe a que el propio Ricardo no les brinda explicación alguna acerca de la conexión
interna entre el valor y la forma del valor o valor de cambio.” (nuestro énfasis, 102)

dialéktica 85
para debatir si corresponden a la ineludible necesidad de la cosa o
si es mero virtuosismo retórico, “coqueteo hegeliano”. Lo que sí
haremos es señalar los momentos de la exposición donde se trabajen
elementos que se relacionan con nuestro problema. En otras palabras,
transitaremos el camino que los clásicos no tomaron: leer el primer
capítulo de El capital.

III. Excursus acerca del método

En el prólogo a la primera edición (1867) de Das Kapital y en el epílogo


a la segunda (1873) se aseveran algunas definiciones sobre el objeto
y el método de la obra. En relación al objeto, se trata de investigar
el modo de producción capitalista, sus relaciones de producción e
intercambio, con el horizonte de sacar a la luz las tendencias, las leyes
que rigen su movimiento (6-8). En relación al método, Marx nos dice
que ha sido poco comprendido y pasa revista a ciertas opiniones que
ha generado. Se mofa del los positivistas que le piden recetas para
el futuro, menciona a unx que asegura que estamos ante el método
deductivo, a otrx que no duda en afirmar que es un eminencia del modo
analítico y a un tercero que diferencia dos aspectos para decir que en
la obra de Marx hay que distinguir entre una investigación realista y
una exposición idealista. Marx se muestra complacido por esa crítica
y aunque no nombra a su autor, transcribe largos párrafos. Tras esa
larga cita, explicita con una pregunta retórica lo que para él mismo es
su método: dialéctico. Pero a paso seguido dice algo muy similar a la
diferencia que había hecho el autor citado pero no nombrado un poco
más arriba, para distinguir formalmente entre la investigación y la
exposición. La primera debe apropiarse de la cosa misma, analizar sus
formas diversas de desarrollo y auscultar su relación interna. Tras esta
labor, recién se amerita el paso a la exposición del movimiento real, el
reflejo ideal de la vida del objeto. De inmediato advierte que si esto se
logra, al lector le podrá parecer que sólo se trata de una construcción
apriorística, independiente de la experiencia (16-20).
Pero más allá de estas aseveraciones sobre el objeto y el
método, quisiéramos señalar otro aspecto. Marx, a la Hegel, considera
que el método científico no es distinto del desarrollo del objeto. Dicho
por la negativa: el método de la ciencia no pre-existe como un cascarón
formal, abstracto y sin contenido, que luego se re-llenará con el objeto
de la ciencia de turno: los números de la matemática, el movimiento
de la física, los conglomerados sociales de la sociología, el bicho raro

86 dialéktica
de la antropología. Es que para que el método sea independiente del
contenido, al objeto en cuestión, tiene que ser posible a distancia,
separado del contenido, del objeto. Pero, para Hegel y para Marx,
esa separación condena a un separación insuperable entre método
y objeto, forma y contenido. Y esta distancia intransitable condena
al fracaso a todo intento de investigación que anhela la necesidad de
la ciencia. Esto dicho negativamente. ¿Y dicho positivamente? He
ahí las obras de Hegel y del propio Marx para captar qué demonios
significaría una relación interna, necesaria entre método y objeto,
entre forma y contenido. Pero punteemos un par de cosas más. Por un
lado, mencionemos que si bien una respuesta acabada de esta cuestión
requiere el trabajo con la obra completa, en lo que sigue intentaremos
mostrar cómo es que aparece esa relación interna entre contenido y
forma en el primer capítulo. Para ambos autores, en el principio está
todo en estado germinal, en potencia. La obra no es más ni menos que
el desarrollo, el despliegue de eso que, en un principio, se muestra –y
no puede hacerlo de otro modo– simple, abstracto, sin determinaciones
y, sin embargo, opaco, paradójico, contradictorio. Por otro, decimos
que la cuestión ataca el perfil gnoseológico y epistemológico del
problema porque apunta al centro de la producción de conocimiento,
de exposición del conocimiento que tiene Marx en torno a la sociedad
capitalista. Y esto nos indica también el perfil ontológico de la cuestión.
O dicho en otras palabras, nos referimos a que la exposición marxiana
está abocada a mostrar cómo se desarrolla la realidad capitalista,
podríamos decir cuál es su ser y cómo se nos muestra. Y para que
nadie se tiente ante el tufillo de eternidad que carga las nociones de
“ontología”, “ser” y las otras que se podrían enlistar, recordemos
que una de las claves de la crítica a la ceguera de la economía política
clásica ante la conexión interna entre el valor y la forma de valor, es
la incapacidad para notar la historicidad implicada en ésta. En otros
términos, en la exposición de la relación entre valor y forma de valor
asistimos al movimiento real de la sociedad capitalista, a su expresión
ideal.
Dado que mencionaremos nuevamente algo en torno a
esta arista del problema cuando sea pertinente, ahora indiquemos
una última cuestión para volver a centrarnos en nuestro específico
problema. Hemos dicho que en la manera en que lo desarrollan
Hegel y Marx, el contenido no es distinto de la forma, no es ajeno a
la forma sino que son trabajados por una conexión interna que les da
necesariedad. O dicho de otra manera, el contenido se da su propia

dialéktica 87
forma. En palabras de Hegel:

… el contenido, es en sí mismo el paso… al formalismo, el cual deja, sin


embargo, de ser un formalismo externo, porque la forma es ella misma
el devenir intrínseco del contenido concreto…12

Pensamos que la conexión interna entre valor y forma de valor planteada


por Marx muestra de un modo preciso qué puede llegar a significar
esta sentencia hegeliana.

Despacio, que llevo prisa

En las líneas que siguen, como ya hemos adelantado, nos detendremos


en el primer capítulo de Das Kapital y repasaremos los aspectos
relevantes en cada uno de sus cuatro parágrafos para masticar la raíz
de la relación entre valor y forma de valor.

Primer parágrafo: “Los dos factores de la mercancía: valor de


uso y valor (sustancia de valor, magnitud de valor”

A pesar de su ingente maquinaria de espectáculos, la sociedad capitalista


no está, lamentablemente, donde el mundo es un chocolatín. Aunque
éste sea una mercancía, no todas las mercancías son chocolatines. Pero,
justamente, el mundo donde señorea la relación social capitalista es un
cúmulo creciente de mercancías. Precisemos. La riqueza se presenta
-no es una huera ilusión- como un cúmulo de mercancías. Por eso
Marx, a pesar de su reconocido gusto por los chocolatines, decide
iniciar su trabajo expositivo por la mercancía individual, la forma
elemental de la riqueza capitalista. Asalta la pregunta. Entonces, ¿qué
es una mercancía?
Lo primero que emerge a la vista es que ésta se presenta como
una cosa exterior que satisface necesidades. No importa que éstas
nazcan en nuestro estómago o en nuestra soñadora cabeza. Tampoco
es relevante el hecho de que las satisfagan directamente (medio de
subsistencia) o dando un rodeo (medio de producción de medios de
subsistencia). Sí importa, en cambio, que esta cosa útil se nos presenta
doblemente: portando una cualidad y una cantidad determinada. Si
bien cada mercancía se nos presenta como satisfaciendo necesidades,
 G.W.F. Hegel, Fenomenología del espíritu, “Prólogo”, trad. Roces/Guerra, México,
12

Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 38.

88 dialéktica
no cualquier mercancía sirve para satisfacer cualquier necesidad. Esta
utilidad que conlleva la cosa, hace de ella un valor de uso. Su utilidad
se conjuga en el cuerpo mercantil, sin importar qué tipo de trabajo se
requirió ni el tiempo que insumió su producción. Lo que importa es
que su valor de uso esté presto a ser consumido, a ser realizado en el
consumo.
Pero necesidades a satisfacer y cosas que satisfacen necesidades
hay desde que la humanidad es tal. De modo que el valor de uso de
la mercancía es el contenido material de la riqueza en cualquier tipo
de sociedad. Pero de lo que se trata es de la sociedad capitalista, una
sociedad históricamente determinada. En este modo de producción,
obviamente, hay valores de uso, pero como portadores de valor de
cambio.
En otras palabras, la utilidad, el valor de uso, elementos que
se nos presentaron como lo nota característica de la mercancía, han
sido negadas como tales. Son insuficientes para decirnos qué es una
mercancía. El desarrollo nos ha llevado al carácter transhistórico del
valor de uso. Pero también nos indicó por dónde seguir: el valor de
cambio.
Y aquí el camino es semejante al paso anterior, pero más
fructífero. El valor de cambio, en primera instancia, se nos muestra
como una relación cuantitativa, una proporción en que se intercambian
valores de uso de una clase por los valores de uso de otra. Esta
relación se modifica según tiempo y espacio, es decir, es contingente.
Aceptando esto, entonces, resulta contradictorio decir que el valor de
cambio es inmanente, interno, necesario a la mercancía. Marx se ajusta
las gafas para mirar más de cerca la aporía.
Por lo pronto, parece que el valor de cambio es su relación de
cambio con otra mercancía. Si el valor de cambio siempre es relativo
a su intercambio con otra mercancía, éste depende de qué y cuántas
otras mercancías encuentre en el mercado para tal faena. No sólo es
una relación cuantitativa sino contingente. Una mercancía cualquiera
se intercambia por otras mercancías en diversas proporciones. Por
ejemplo, x mercancía A se cambia por y mercancía B, z mercancía
C, etc. Así, la mercancía A tiene varios valores de cambio. Pero esto
implica que B y C se pueden cambiar entre sí en la misma proporción
que se intercambian con A. Marx señala dos cosas. En primer lugar,
que los diversos valores de cambio de la misma mercancía expresan
un algo que es igual. Segundo, de este modo, los valores de cambio
diversos de la misma mercancía son la forma de manifestarse de un

dialéktica 89
contenido diferenciable de ella. En otras palabras, el intercambio
entre distintas cantidades de mercancías supone una cualidad común
que lo posibilite. Y este supuesto, esta condición de posibilidad del
intercambio, nos saca de la relación cuantitativa y contingente que
se da en el intercambio de mercancías. De esta manera, el desarrollo
del análisis de la mercancía nos devuelve otra negación. Se presentaba
como valor de uso. Negación. Entonces vamos hacia su otro aspecto,
el valor de cambio. Segunda negación o negación de la negación. Pero
esta nueva negativa no nos lleva al punto de partida sino que nos
arrimó a algo común que se nos muestra en los valores de cambio
como diversas formas de manifestarse, modos de expresarse. Ese
algo común es diferente del valor de cambio y éste es su forma de
aparecer. Los diferentes valores de cambio se presentan ahora como una
variación cuantitativa de una cualidad común. Eso común no puede
ser una propiedad natural, dado que éstas se entraman con el valor
de uso de las mercancías. Y ya hemos visto que por allí se nos pierde
la especificidad de la mercancía. Además, la relación de intercambio
entre mercancías cualitativamente diferentes en tanto valores de uso,
muestra que hace abstracción de estos aspectos para ser posibles. De
modo que si nos olvidamos por un instante del valor de uso, sólo nos
resta, dice Marx, una propiedad: ser productos del trabajo humano. Y
el correlato de estos productos no es el trabajo concreto que produce
valores de uso concretos sino el trabajo abstractamente humano.
Entonces, si nos detenemos a examinar este “residuo” que nos queda
tras abandonar tanto las heterogéneas cualidades de las mercancías en
tanto valores de uso como la contingencia cuantitativa del intercambio
de mercancías en tanto valores de cambio, nos encontramos que ese
algo común de los productos del trabajo no es más que
… una misma objetividad espectral, una mera gelatina de trabajo
humano indiferenciado, esto es, de gasto de fuerza de trabajo sin
consideración a la forma en que se gastó la misma. Esas cosas tan sólo
nos hacen presente que en su producción se empleó fuerza humana de
trabajo, se acumuló trabajo humano. En cuanto cristalizaciones de esa
sustancia social común a ellas, son valores. (47)

Ese algo común, el coágulo de trabajo humano abstractamente


humano, la objetivación de gasto de fuerza de trabajo indistinta es el
valor. Ese algo común es, en tanto cristalización de esa sustancia social
común, valor. Se cumple la presentación de algo que nos adelanta el
título: el trabajo abstractamente humano es la sustancia del valor. Resta,

90 dialéktica
entonces, encontrarnos con la magnitud de valor. Pero antes, Marx se
detiene para repasar el trecho andado y para detallar los pasos que
siguen. En esas líneas también se menciona lo que pretendemos
rumiar en estas líneas, la forma de valor.
En la relación misma de intercambio entre las mercancías, su valor de
cambio se nos puso de manifiesto como algo por entero independiente
de sus valores de uso. Si luego se hace efectivamente abstracción del
valor de uso que tienen los productos del trabajo, se obtiene su valor,
tal como acaba de determinarse. Ese algo común que se manifiesta en
la relación de intercambio o en el valor de cambio de las mercancías
es, pues, su valor. El desenvolvimiento de la investigación volverá a
conducirnos al valor de cambio como modo de expresión o forma de
manifestación necesaria del valor, al que por de pronto, sin embargo,
se ha de considerar independientemente de esa forma. (47)

De modo directo se menciona el valor como eso común que se expresa


en el valor de cambio, en el intercambio mercantil. O sea, la diferencia
entre valor y valor de cambio. En lo que sigue se ahondará en el valor
y se dejará para más adelante la relación entre ambos, pero ya no como
algo contingente, referido a las coyunturas de tiempo y espacio, sino
como algo necesario. Es decir, el valor de cambio como forma necesaria
de la manifestación del valor. Se podría decir que en el pasaje del valor
de cambio al valor, para determinar su sustancia, advertimos el pasaje
de una forma inexpresiva (no necesaria, contingente) al contenido.
Ahora, afirmando el contenido, pasaremos a la forma necesaria,
expresiva del contenido. Pero no nos adelantemos. Retomemos el punto
que ahora se está tramando diciendo que aquella aporía entre sostener
un valor de cambio contingente e inmanente, es replanteada por Marx.
Analizando la mercancía nos encontramos en que no sólo hay valor
de uso y valor de cambio, sino también hay valor. Fundamentalmente
hay valor. He allí su matiz específico. Luego de negar el valor de uso
como especificidad y de pasar por el valor de cambio para alcanzar
al valor, comienza a responderse la pregunta por la especificidad
de la mercancía. Se afirma que el trabajo abstractamente humano es
la sustancia de valor. La mercancía recién inicia su peculiar danza.
Tengamos presentes los siguientes pasos expositivos. En lo que resta
de este acápite y en el segundo, Marx se demorará en analizar el valor,
el contenido. En el tercero, retomará la relación entre el valor y el valor
de cambio como relación necesaria, el nexo interno entre el contenido
y la forma.
La exposición nos ha entregado, luego de negar la

dialéktica 91
especificidad de la mercancía en el valor de uso y en el valor de
cambio tomado como algo contingente y meramente relativo, el valor.
Más precisamente, nos arrimó a la sustancia de valor: la objetivación
de trabajo abstractamente humano. Emerge la pregunta, ¿cúanta
sustancia? ¿cómo medir la magnitud de valor? Marx no duda: la cantidad
de trabajo se mide por su duración, y el tiempo de trabajo reconoce
su medición en fracciones temporales (hora, día, mes, etc.)13. Pero esa
cantidad de trabajo no debe hacernos pensar que un productor lento o
perezoso, produce mayor cantidad de valor que uno rápido o aplicado
porque trabaja más tiempo para producir una mercancía. El trabajo
que genera la sustancia de valor es el trabajo humano indiferenciado.
La perspectiva apunta al tiempo de trabajo socialmente necesario, el que
se necesita para producir mercancías, en determinadas condiciones de
producción, contemplando la intensidad y la formación promedio de
lxs productorxs en una sociedad determinada. La óptica del trabajo
humano indiferenciado como creador de la sustancia de valor nos
conduce a concebir como una y la misma fuerza de trabajo al conjunto de
fuerzas de trabajo individuales de la sociedad.
Cada una de esas fuerzas de trabajo individuales es la misma fuerza de
trabajo humana que las demás, en cuanto posee el carácter de fuerza
de trabajo social media, es decir, en cuanto, en la producción de una
mercancía, sólo utiliza el… tiempo de trabajo socialmente necesario. (48)

Este sesgo también enfoca diversamente a las mercancías, las cuales


pasan a ser consideradas como un ejemplar promedio de su clase.
De modo que se pude decir que las mercancías en las que ha sido
objetivado el mismo tiempo de trabajo, tienen la misma magnitud de
valor.
13
 “Así como la existencia cuantitativa del movimiento es el tiempo, así la existencia
cuantitativa del trabajo es el tiempo de trabajo. La diversidad de su propia duración es la
única diferencia de la cual es capaz, suponiendo dada su calidad. En cuanto tiempo de
trabajo tiene su término de medición en las unidades naturales de medición del tiempo:
la hora, el día, la semana, etc. El tiempo de trabajo es la existencia viva del trabajo,
independientemente de su forma, su contenido y su individualidad; es su existencia en
cuanto magnitud cuantitativa, al mismo tiempo que su medida inmanente. El tiempo de
trabajo materializado en los valores de uso de las mercancías es asimismo la sustancia
que las convierte en valores de cambio, y por consiguiente en mercancías, y es como
mide su magnitud de valor determinada…” Contribución a la crítica de la economía política,
tr. L. Mames, Siglo XXI, España, 2003, p. 12. “Dado que el trabajo es movimiento, su
medida natural es el tiempo” dice Marx en uno de sus tantos borradores: Elementos
fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, tr. P. Scaron,
Siglo XXI, España, 2005, Volumen I, p. 140. Nos permitimos señalar la impronta
aristotélica de esta concepción del tiempo: “… número del movimiento según el antes y
el después”, Física IV, 11, 219b.

92 dialéktica
Trabajo abstractamente humano y tiempo de trabajo
socialmente necesario. Sustancia y magnitud de valor respectivamente.
He aquí una primera relación entre contenido y forma. El trabajo humano
toma la forma de valor. La duración de esa actividad laboral toma la
forma de magnitud de valor. En su primera conexión es la determinación
más general, abstracta, simple y opaca. Primera relación y primer
vestido. ¿Por qué toman este contenido toma esta forma? Responder
esto es lo que Marx señalaba como una de las insuficiencias claves de
la economía política clásica, aquellas teorías que, a pesar de cavilar en
torno a la conexión interna de los fenómenos de la sociedad capitalista,
han tropezado con problemas fundamentales. Es tarea de la crítica de
la economía política.14 En eso estamos. Paciencia. Pero de momento,
sigamos rumiando la objetividad espectral15. Al notar su aspecto
cuantitativo como magnitud de valor, se mencionó la implicancia que
tienen para el tiempo de trabajo socialmente necesario las condiciones
de producción, las capacidades e intensidades promediales de lxs
productorxs. La magnitud de valor se mantiene constante si el tiempo
de trabajo necesario para su producción también lo hace. Pero éste se
encuentra atado a los cambios en la fuerza productiva del trabajo, la
cual se define por:
…el nivel medio de destreza del obrero, el estadio de desarrollo en
14
 Al resaltar los reconocimientos y las críticas que Marx le hace a lo que él considera
la economía política clásica, hemos mencionado que puede empezar a delinearse parte
de aquello que subtitula la obra, justamente, el libro de Marx como crítica de la economía
política. Ya en el primer parágrafo nos encontramos con lo que Marx nos dice que nunca
se preguntaron: porqué toma ese contenido dicha forma. También hemos señalado la
angularidad que tiene para Marx la cuestión del método. Ahora prestemos atención
cómo se van vinculando esa exposición con la crítica como tal. Dicho generalmente,
Marx está exponiendo el funcionamiento de la ley del valor (cosa que los clásicos no
pudieron) y, al mismo tiempo, la está criticando. “El trabajo de que se trata es, en primer
lugar, la crítica de las categorías económicas, o bien, if you like [si quieres], el sistema de la
economía burguesa presentado en forma crítica. Es a la vez un cuadro del sistema y la
crítica de ese sistema a través de su exposición”. Carta de Marx a Lasalle, 22 de febrero
de 1858. Clave, entonces, recordar que “el problema de la relación entre contenido y
forma” no es meramente un problema de cómo exponer (producir conceptualmente) el
movimiento real o de concatenación conceptual, de derivación categorial sino también
la clave para captar la historicidad del sistema capitalista. Su ser perecedero. Su finitud.
Y en esa línea quizás se pueda señalar algunos aspectos a seguir transitando. Por un
lado, en el “Prólogo” a la primera edición Marx identifica ciencia con crítica (9). Por
otro, en el “Epílogo” a la segunda edición, dice sin medias tintas, que cuando la lucha
de clases deja su estado de latencia, la crítica sólo puede estar en la pluma y en la acción
de la clase trabajadora (13-6).
15
 Y más adelante veremos si esta manera de referirse al valor como “objetividad
espectral”, la “gelatina de trabajo humano indiferenciado”, es mera retórica, mero
estilismo o si hay allí un grano conceptual que no se deja asir tan rápidamente.

dialéktica 93
que se hallan la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas, la coordinación
social del proceso de producción, la escala y la eficacia de los medios
de producción, las condiciones naturales. (49)

La magnitud de valor despliega su vinculación inmanente con la


fuerza productiva, en la cual las modificaciones en ésta se expresan en
variaciones en aquella. Dicho generalmente: a mayor fuerza productiva
del trabajo, menor es el tiempo de trabajo para la producción de una
unidad mercantil, o sea menor es su magnitud de valor, su valor.
Inversamente, a menor fuerza productiva del trabajo, mayor es el
tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un
ejemplar mercantil, mayor su magnitud de valor, su valor. Marx
concluye en la que podría considerarse una primera generalidad (o ley
tendencial) que se juega en cuanto la humanidad nos re-producimos
por medio de la producción y circulación de mercancías de modo
capitalista:
la magnitud de valor de una mercancía varía en razón directa a la
cantidad de trabajo efectivizado en ella e inversa a la fuerza productiva
de ese trabajo.

La relevancia potencial de esta mención general salta a la vista


cuando advertimos que la magnitud de valor está llamada no sólo a
manifestarse en la forma de valor en general, sino específicamente en
los precios de producción y en los precios de mercado16.
16
 Miremos más de cerca este punto. La relación implicada entre las fuerzas productivas
y la determinación del tiempo de trabajo socialmente necesario, y por ello, la magnitud
de valor, nos señala que nos estamos moviendo en el ámbito de la producción del valor.
Arrancamos por el valor de uso y pasamos al valor de cambio, es decir, al intercambio
entre dos mercancías cualesquiera, o sea, nos encontrábamos en el ámbito de la
circulación, en el mercado. Nótese que desde allí se decantó –por decirlo de alguna
manera– el supuesto de ese valor de cambio que se presentaba como contingente y
relativo a los humores del mercado, el algo común, el valor como coagulo de trabajo
abstractamente humano. En ese decantar nos desplazamos del mercado a la producción.
El valor mora allí. Y Marx ya nos adelantó que volveremos a la forma de valor como
manifestación necesaria del valor. O sea, volveremos al mercado, a la circulación. No
falta mucho. Lo haremos en el tercer acápite. Pero avistemos algo más general. El
valor se despliega en el ámbito de la producción. La forma de valor se desarrolla en
la circulación. El Libro I de Das Kapital versa sobre el proceso de producción del capital.
El Libro II sobre el proceso de circulación del mismo. El III nos inundará con el proceso
capitalista como un todo. Podríamos hipotetizar para la lectura que viene, y teniendo
presente que Marx (y su estimado Hegel), en su obsesión expositiva, busca iniciar por
el germen simple de lo que la compleja realidad no es más ni menos que su mostración
y constatación fenoménica, que en la relación entre valor y forma de valor se encuentra
de modo abstracto, simple y opaco la relación entre el ámbito de la producción y la
circulación de capital, o sea, el proceso social capitalista en su conjunto. Para poner
a prueba esta hipótesis de lectura el único camino hacia adelante es leer la obra

94 dialéktica
Marx concluye este primer acápite enumerando ocasiones
en las que las cosas que satisfacen necesidades, tienen valor de uso
pero no valor, o sea, no han sido mediadas por el trabajo humano.
Y en las cosas han sido mediadas por el trabajo humano pero no son
mercancías. Producir una mercancía impone como condición producir
valores de uso para otrxs que han de intercambiarse en el mercado. Por
último y no por eso menos importante, Marx nos dice –adelantando
una noción de crisis potencial, añadimos nosotrxs- que ninguna cosa
puede ser valor sino es valor de uso para otrxs. Si su valor de uso es
inútil, no cuenta como trabajo ni, por ende, constituirá valor.
En este final de acápite se dejan ver algunas cuestiones. Por
un lado, aquello que había sido negado como especificidad de la
mercancía, el valor de uso, retorna aquí con una potencial violencia.
Esto nos da una muestra de cómo trabaja Marx, cómo elabora su
exposición conceptual. En un primer momento el valor de uso se
presentó como lo definitivo de la mercancía. Pero, inmediatamente se
la negó como tal. Sobre el final de la exposición volvemos sobre el
valor de uso, pero ya no del mismo modo que en los primeros párrafos.
Ahora se nos muestra no sólo como el soporte material del valor sino
que expresa su prioridad: si su valor de uso es inútil socialmente, el
trabajo coagulado, el valor nunca ha sido tal. Por otro lado, volvemos a
quedar ante la pregunta, ¿qué es una mercancía? Y algo más, si valor
de uso en tanto satisfacción de necesidades es una determinación que
excede al modo de producción capitalista, ¿no puede decirse lo mismo
del gasto de fuerza de trabajo abstracto que se coagula espectralmente,
es decir, que produce valor? ¿no se nos escapa otra vez por entre los
dedos la peculiaridad de la mercancía? ¿es que ya la teníamos?

Segundo parágrafo: “Dualidad del trabajo representado en las


mercancías”

Líneas arriba tomamos las críticas a la economía política como un


completa, como mínimo. Nosotrxs, algo más modestos (y, ciertamente, más perezosos),
como ya adelantamos, tan sólo nos ocuparemos del primer capítulo, buscando allí las
primeras claves (con todo la relevancia que puedan llegar a tener no sólo para Marx
sino, y fundamentalmente, para la cosa misma, que no es más ni menos que nuestra vida
constituida de cabo a rabo en y por la relación social capitalista) de esta –digámoslo otra
vez– conexión interna entre trabajo y valor, entre valor y forma de valor.

dialéktica 95
ordenador de los problemas que Marx trabaja en este primer capítulo.
En la lectura del primer acápite hemos encontrado ya algunas de las
elaboraciones marxianas en torno a ellos. En este segundo acápite, el
contrapunto es directo:
He sido el primero en exponer críticamente esa naturaleza bifacética
del trabajo contenido en la mercancía. Como este punto es el eje en
torno al cual gira la comprensión de la economía política, hemos de
dilucidarlo aquí con más detenimiento17

Menuda cuestión enfrentamos aquí, entonces. Quizás sea relevante


señalar que Marx se jacta de ser el primero en exponer de manera
crítica este carácter dual del trabajo incorporado a la mercancía. O sea,
no el único ni el primero en advertirlo. Qué signifique labor “crítica” es
algo que estamos intentando esbozar con la totalidad de estas páginas.
Aunque ya hemos dicho algo18, todavía nos falta un buen trecho. Como
si Napoleón estuviese siendo corrido por el gran Aquiles, el de los pies
ligeros.
Para empezar basta con recordar que la mercancía se nos
presentó como una unidad de dos caras: valor de uso y valor. El trabajo
como fuente de ambos perfiles también era dual. Marx en las próximas
líneas se adentra en esta dualidad del mismo trabajo productor
de mercancías. En otras palabras, auscultará con detenimiento el
contenido.
Iniciamos el periplo por el lado del trabajo que produce
el valor de uso de las mercancías, el cual está determinado por su
utilidad para satisfacer necesidades. Hay una especificidad en el
valor de uso que se corresponde con la especificidad de la necesidad
a satisfacer. Y también esa particularidad implica que el trabajo que
produce dicho valor de uso sea específico, orientado a ese valor de uso
como un fin particular. Ese trabajo es denominado por Marx trabajo
útil, determinado por su fin, su manera de operar, su objeto y sus
medios. El trabajo en tanto gasto de capacidad humana de trabajo de
un modo particular y orientado a un fin, como trabajo útil y concreto
17
 “… hay una cosa muy simple que se les ha escapado a todos los economistas sin
excepción, y es que si la mercancías presenta el doble carácter de uso y valor de cambio,
es indispensable que el trabajo representado en esa mercancía posea también esa doble
característica; mientras que el análisis exclusivo del trabajo sin frase [sans phrase], tal
como lo encontramos en Smith, Ricardo, etc., tropieza por todas partes fatalmente con
problemas inexplicables. Ahí está de hecho todo el secreto de la concepción crítica…”
Carta de Marx a Engels, 8 de enero de 1868.
18
 Ver el párrafo al que refiere la nota 10 y la nota 14.

96 dialéktica
produce valores de uso. En otras palabras, los múltiples valores de uso
diferentes cualitativamente conllevan una multiplicidad de trabajos
útiles diferentes cualitativamente. Sin esa diferencia de cualidad en
tanto valores de uso, no se podrían contraponer como mercancías.
Dicho por la negativa: no se intercambian mercancías de igual valor
de uso, iguales en cualidad.
Desde este punto nos vemos llevados a atender a esa plétora
de trabajos útiles dispares. La misma no es más que la expresión
una división social del trabajo, la cual es condición para que exista la
producción de valores de uso mercantiles, para que los valores de
uso disímiles se enfrenten como mercancías. Valga aclarar que no
sucede lo mismo inversamente, es decir, hubo, hay y habrá división
del trabajo sin que necesariamente haya producción de mercancías.
No hay identidad entra una y otra. Pero observemos el movimiento
peculiar que resulta de la división del trabajo como condición
para la producción de mercancías. Dada esa no identidad y ese
condicionamiento, subrayemos su especificidad:
Sólo los productos de trabajos privados autónomos, recíprocamente
independientes, se enfrentan entre sí como mercancías.

Pero esa condición se torna resultado ni bien la sociedad adopta como


generalidad la producción de mercancías, producen sus productos
bajo esta específica forma mercantil. Las múltiples y heterogéneas
cualidades de sus valores de uso como expresión de los diversos
trabajos útiles, efectuados como labores privados de productorxs
independientes y autónomos, se desarrollan hasta provocar como
resultado una nueva división del trabajo, un “sistema multimembre”.
De modo que es cierto que la división social del trabajo es tanto
condición como resultado de la producción de productos bajo la
forma de mercancía. La producción mercantil tiene como causa y
como efecto la existencia de productorxs privadxs independientes. Lo
que no significa más que la producción y reproducción de la sociedad
como un todo atraviesa por los históricos caminos de la propiedad
privada de los medios de producción.
Todo elemento que pertenezca a la riqueza material que nutre
a la sociedad como tal, tiene dos fuentes: la producción espontánea
de la naturaleza y la mediación humana por un trabajo útil, una
actividad orientada a un fin particular. La humanidad como tal,
entonces, no es la única productora de riqueza19. Pero, ya lo sabemos,
 Y esto no es un detalle menor y tiene un matiz político actual relevante. Ver el primer
19

dialéktica 97
de lo que se trata en este libro –porque es lo que nos afecta en nuestra
cotidianidad capitalista– es una historia particular: qué pasa cuando la
riqueza se presenta en general bajo la forma de mercancía. Y cuando
el mundo camina así, la producción privada no es la producción para
sí, es producción de mercancías, la producción de valores de uso para
otros, o sea, que realizarse como tales deben poder ir al mercado para
intercambiarse. Pero ya hemos visto que el intercambio nos saca del
valor de uso y nos conduce al valor.
Notemos que en el primer acápite el valor de uso nos sacó
de la senda para encontrar la especificidad de esas cosas llamadas
mercancías. Ahora, ha sido la clave para llegar a la multiplicidad de
trabajos útiles y la específica división del trabajo que supone y en la
que resulta. Pero hemos de notar también que esta histórica división
social no afecta al trabajo útil que produce determinado valor de uso.
Producir, por ejemplo, una chaqueta no se ve afectada porque su
productor sea un esclavo, un siervo o un elemento independiente de la
sociedad civil, un átomo social que en su ergástula privada la elabora.
En otras palabras, la relación sujeto – objeto, productor útil – valor de
uso de la mercancía no se ve alterada por esta condición –y resultado–
que es la división social del trabajo en labores independientes
privadas. Es por eso que la precisa división social del trabajo de la
producción mercantil tiene que expresarse necesariamente en el valor,
esa otra cara de la mercancía que, más temprano que tarde, la llevará
irremediablemente al encuentro con lxs otrxs en el mercado. Allí
probará su ser, o perecerá. Pero no nos apuremos.
Pasemos, entonces, a la faz del valor de la mercancía. En el
parágrafo anterior, Marx analizó primero su sustancia, luego su
magnitud para terminar deteniéndose en su relación con las fuerzas
productivas y su desarrollo. El camino que sigue recorre las mismas
y no las mismas estaciones. Volveremos a pasar por la sustancia de
valor, la magnitud de valor, etc. pero de un modo más concreto, con
más determinaciones y menos abstracción y generalidad que el acápite
anterior. Es el modo de exposición del movimiento real lo que nos
hace dar vueltas sobre el mismo y no el mismo sendero.
Según el desarrollo del acápite primero, en el pasaje del
contingente valor de cambio al valor como el algo común que tiene las
mercancías para poder intercambiarse, la fuente del valor, lo que lo
constituye como tal no es la cualidad específica de algún trabajo útil en
punto de la “Crítica al programa de Gotha” de Marx. Y, además, nos da pistas para
rumiar el peculiar materialismo del nacido en Tréveris.

98 dialéktica
particular sino la cualidad genérica del trabajo abstractamente humano.
El valor es la objetivación de ese trabajo, el gasto de fuerza de trabajo
en general, “gasto productivo del cerebro, músculo, nervio, mano, etc.
humanos” (54). La solidificación del trabajo humano puro y simple.
Este trabajo, obviamente, varía según las condiciones históricas, pero
se presenta como dado en una sociedad determinada. De manera que
aquel trabajo que es más complejo equivale a una cantidad mayor de
trabajo simple, es éste pero potenciado. Marx menciona dos puntos en
relación a esto. En primer lugar, no duda en afirmar que esta relación
entre trabajo simple y trabajo potenciado se ve equiparada en términos
de valor porque “las diversas proporciones en que los distintos tipos de
trabajo son reducidos al trabajo simple como a su unidad de medida, se
establecen a través de un proceso social que se desenvuelve a espaldas
de los productores…” (55). El fetichismo acecha. Y la privacidad de la
que gozan lxs productorxs de mercancías para organizar “libremente”
su propio trabajo productivo orientado a un fin, para luego ir al
mercado a intercambiar un valor de uso para otro con la finalidad
de hacerse de un valor de uso para sí, que no puede producir por la
bendita división social del trabajo, empieza a mostrar su fragilidad.
La producción independiente en lo privado comienza a mostrar su
dependencia en y de lo social. Con todo, Marx decide dejar por ahora
de lado cómo se produce esta “reducción” y qué consecuencias tiene,
para seguir adelante considerando toda fuerza de trabajo como simple.
En segundo lugar, advierte que no hay que confundir estas referencias
con el valor del trabajo en tanto salario, dado que de lo que se trata
aquí es del valor (del trabajo abstractamente humano) objetivado en la
mercancía en una jornada laboral. A esta altura no existe algo así como
el salario… o la lucha de clases. (¿O sí? Vísteme despacio…).
En los valores de las mercancías se hace abstracción del valor
de uso. De igual modo acontece con los trabajos: abstracción de los
trabajos útiles. Los trabajos son útiles en tanto producen valores de uso
mercantiles, para lo cual necesitan de su desigualdad cualitativa. Esos
mismos trabajos son sustancia del valor de esas mismas mercancías
sólo en tanto se produce la abstracción de sus cualidades particulares
y se los nota como coágulos de la misma cualidad: gasto de trabajo
humano. Pero estas mercancías que en tanto valores de uso disímiles,
cualitativamente diversos vehiculizan la misma cualidad sustancial,
son, a su vez, valores determinado según una cantidad. Identidad
cualitativa: sustancia de valor. Diferencia cuantitativa: magnitud de
valor. Vayamos al ejemplo marxiano. Si una chaqueta vale el doble

dialéktica 99
que diez varas de lienzo, esto implica que el lienzo contiene la mitad
de tiempo de trabajo que la chaqueta, que la producción de la segunda
requiere el doble de tiempo que la primera y que, finalmente, para
poder intercambiarse sólo hay dos caminos posibles. O bien se
producen 20 varas de lienzo para cambiar por la chaqueta. O bien
se corta la chaqueta a la mitad y se la intercambia por 10 varas de
lienzo…Si bien sobre gustos no hay nada escrito, nos animamos a
decir que una mitad de chaqueta es un valor de uso inútil, por lo que el
trabajo gastado en su producción también lo es. O sea, no tiene valor,
no califica como mercancía. O sea, para poder efectuar el intercambio
necesitamos aguardar a que lxs productorxs de lienzo trabajen el doble
de tiempo y produzcan el doble de su producto.
Así las cosas en el mundo donde la riqueza se nos presenta
como un creciente cúmulo de mercancías, que podemos decir
brevemente que para toda mercancía el trabajo útil productor de su
valor de uso sólo es relevante en su cualidad. En cambio, cuando
esos trabajos son reducidos de su cantidad la misma cualidad, el
trabajo abstractamente humano que constituye su valor, solamente es
importante lo que acontece con su cantidad. “Allí, se trataba del cómo
y del qué del trabajo; aquí del cuánto, de su duración.” Entonces, como
ya hemos visto, si dos mercancías son intercambiables, esto quiere
decir que sus valores son iguales, que sus magnitudes de trabajo
son iguales, o sea, que en ambas está objetivado el mismo tiempo de
trabajo socialmente necesario.
Notemos que la relación entre trabajo útil y valor de uso, por un
lado, y entre trabajo abstracto y valor, por el otro, son independientes
entre sí. Ninguna de esas relaciones se explica o depende de la otra.
Cada cara de la mercancía, valor de uso y valor, tienen una fuente
peculiar y ninguna se deriva de la otra. Dicho por la negativa, el
trabajo abstracto nada tiene que ver con el valor de uso y el trabajo útil
no ha añade ni un gramo de valor en su accionar. En tanto es valor, no
es valor de uso. Si se la considera al trabajo en tanto abstracto, no se lo
considera en cuanto útil. Y viceversa. La clave está en que esos aspectos
irreductibles son expresiones diversas de un mismo trabajo objetivado
en una misma mercancía. Hasta aquí esos dos semblantes conviven sin
aparentes conflictos. La mercancía es valor de uso y valor, producto
de un mismo trabajo bifacético. En cuanto se encuentre con otra de su
especie, no será tan sencillo. Pero todavía no estamos ahí.
Dando un paso más por el mismo y no mismo camino,
detengámonos en la relación inherente que hay entre la magnitud de

100 dialéktica
valor y las fuerzas productivas. En el apartado anterior, esa vinculación
nos ha llevado hasta el esbozo de una generalidad, una tendencia.
A mayor fuerza productiva, menor magnitud de valor de la unidad
mercantil. A menor fuerza productiva, mayor magnitud de valor de la
unidad mercantil. Dada esta relación, podemos notar, en primer lugar,
que si las fuerzas productivas se mantienen constantes, la magnitud de
valor de las mercancías variará en el mismo sentido que su cantidad.
Mayores/menores cantidades de valores de uso implican mayores/
menores magnitudes de valor. Pero, en segundo lugar, veamos qué
acontece cuando las fuerzas productivas del trabajo se modifican.
En sí y para sí, una cantidad mayor de valor de uso constituirá una
riqueza material mayor; dos chaquetas, más riqueza que una. Con
dos chaquetas puede vestirse a dos hombres, mientras que con una
sólo a uno, etc. No obstante, a la masa creciente de la riqueza material
puede corresponder una reducción simultánea de su magnitud de valor.
Este movimiento antitético deriva del carácter bifacético del trabajo. La
fuerza productiva, naturalmente, es siempre fuerza productiva de
trabajo útil, concreto y de hecho sólo determina, en un espacio dado
de tiempo, el grado de eficacia de una actividad productiva orientada
a un fin. Por consiguiente, es en razón directa al aumento o reducción de
su fuerza productiva que el trabajo útil deviene fuente productiva más
abundante o exigua. Por el contrario, en sí y para sí, un cambio en la
fuerza productiva del trabajo en nada afecta el trabajo representado en
el valor. Como la fuerza productiva del trabajo es algo que corresponde
a la forma útil adoptada concretamente por el trabajo, es natural que,
no bien hacemos abstracción de dicha forma útil concreta, aquélla ya
no pueda ejercer influjo alguno sobre el trabajo. El mismo trabajo,
pues, por más que cambie la fuerza productiva, rinde siempre la misma
magnitud de valor  en los  mismos espacios de tiempo. Pero en  el mismo
espacio de tiempo suministra valores de uso en diferentes cantidades: más,
cuando aumenta la fuerza productiva, y menos cuando disminuye. Es
así como el mismo cambio que tiene lugar en la fuerza productiva y por
obra del cual el trabajo se vuelve más fecundo, haciendo que aumente,
por ende, la masa de los valores de uso proporcionados por éste, reduce
la magnitud de valor de esa masa total acrecentada, siempre que abrevie la
suma del tiempo de trabajo necesario para la producción de dicha masa.
Y viceversa. (56-7)

Resaltemos algunos aspectos de este párrafo. En primera instancia,


Marx retoma la generalidad presentada en el final del primer apartado
para, por un lado, añadir que la relación inversa entre fuerza productiva
y magnitud de valor conlleva una relación directa entre aquellas y los
valores de uso. Por el otro, profundizar y dar cuenta de que lo que está
dialéktica 101
operando allí de manera inversa en un sentido y directa en el otro,
son las dos caras del mismo trabajo. Este movimiento contrapuesto,
antitético parte del carácter bifacético del trabajo, el cual es insuficiente
según el tratamiento de los economistas clásicos y el cual recibe en
Marx por primera vez un tratamiento crítico y plenificado. En segundo
lugar, Marx precisa que la fuerza productiva se alinea con el trabajo
útil productor de valores de uso, o sea, no se vincula con la producción
de valor. A partir de ella, en su determinación concreta al momento
de producir, se estipula el grado de eficiencia de dicha actividad útil
orientada a un fin en un lapso de tiempo dado. En otras palabras, la
productividad: la cantidad de productos divididos según el tiempo de
trabajo. De este aspecto es necesario resaltar, a su vez, dos aspectos.
En una mano, tenemos la indiferencia del trabajo útil objetivado en
las fueras productivas del trabajo con respecto a la producción de
valor, dado que su concreción es abstraída cuando nos enfrentamos
a la naturaleza de éste: objetividad espectral, mero solidificación de
tiempo de trabajo socialmente necesario. De modo que el mismo
trabajo siempre produce la misma magnitud de valor en los mismos
lapsos temporales allende la fuerza productiva. Pero, en la otra mano,
en esos lapsos de tiempo se producen cantidades diversas de valores
de uso. De ahí deriva que el mismo cambio en las fuerzas productivas
se manifiesta contrapuestamente según cada aspecto del trabajo bifacético
que produce mercancías, de modo inverso en vínculo con el perfil
abstracto que constituye su valor y de manera directa en referencia
al perfil concreto que produce su valor de uso. En una palabra, la
productividad se expresa en ambos aspectos porque se entrama en la
mismidad de un trabajo dúplice. Como ya habíamos notado en el final del
primer acápite, al notar la relación inversa entre la magnitud de valor
y la fuerza productiva del trabajo, o sea, el movimiento contrapuesto,
es un error unilateralizar y tomar sólo un lado del problema: o bien el
valor, el trabajo abstracto y su aspecto meramente social o bien el valor
de uso, el trabajo útil y su carácter meramente privado. La mercancía
es la unidad de estos dos aspectos. El trabajo que se representa en ella
es un mismo trabajo doble, dúplice, bifacético. Y su relación con las fuerzas
productivas, en su expresión antitética, ya ha dado muestras de que
estas dos caras no tienen -digámoslo así– una convivencia pacífica…
El trabajo bifacético no es natural ni eterno. Su existencia supone
una peculiar división social del trabajo en la que la producción social (o
sea, el modo en que se auto-produce la sociedad como tal) se articula
a partir de la multiplicidad de productorxs privadxs recíprocamente

102 dialéktica
independientes. Dicho supuesto se expresa tanto en el carácter a dos
caras del trabajo representado en las mercancías, de modo que éstas
tengan como atributos valor de uso y valor, como en el hecho de que
también estos últimos necesiten de una manifestación específica:
producción para otrxs, la cual se dirime en la utilidad del valor de
uso y en el tiempo de trabajo socialmente necesario para el valor. Sin
estas condiciones, no hay mercancías. Las mercancías no se producen
privadamente para consumo del propio productor, sino para otros,
para realizar en la sociedad. En otras palabras, si las mercancías no
logran realizarse como producidas en el tiempo de trabajo socialmente
necesario como valores de uso para otrxs, la autoproducción de la
sociedad como tal, falla.
Recuperando lo desarrollado hasta aquí, podríamos decir
que en el primer acápite se produjo el pasaje del valor de cambio al
valor, para determinar su sustancia y su magnitud. La hemos llamado
el pasaje de una forma inexpresiva (no necesaria, contingente) al
contenido. En este segundo parágrafo se afina el lápiz sobre el gozne
clave de la construcción marxiana: el carácter bifacético del trabajo
productor de mercancías: el trabajo útil y el trabajo abstractamente
humano. Podríamos decir que aquí hemos nutrido el contenido.
Para establecer esta dúplice cara de la mercancía, ha salido a relucir
la específica división que supone la producción mercantil: la relación
social entre productorxs privadxs recíprocamente independientes (y
eso se muestra en la identidad de la sustancia común que constituye
el valor y en la diferencia de los valores de uso). Desde aquí podemos
decir que en estos dos primeros apartados, Marx se encarga de captar
el contenido de la mercancía. Y ese contenido, hasta ahora, es doble
y se muestra contrariamente en su manifestación con la variación de
las fuerzas productivas. Nos toca enfrentar el problema específico de
la expresión de dicho contenido en la forma de valor. Sólo podemos
notar la forma como expresión si también captamos el contenido como
expresable. Y en esa potencia expresiva será fundamental lo que hemos
establecido aquí: su doble rostro. La univocidad del trabajo bifacético20
20
 Hay una veta más profunda referente a la mismidad del trabajo que se expresa
bifacéticamente en las mercancías, en la cual se puede tentar la posición materialista de
Marx. (i) El valor de uso y su continuidad con la naturaleza: “Como creador de riqueza
material valores de uso, como trabajo útil, pues, el trabajo es, independientemente de todas
las formaciones sociales, condición de la existencia humana, necesidad natural y eterna
de mediar el metabolismo que se da entre el hombre y la naturaleza, y, por consiguiente,
de mediar la vida humana. Los valores de uso –chaqueta, lienzo, etc., en suma, los
cuerpos de las mercancías– son combinaciones de dos elementos: material natural y trabajo.
Si se hace abstracción, en su totalidad, de los diversos trabajos útiles incorporados a

dialéktica 103
productor de mercancías, el eje en torno al cual gira la comprensión
crítica de la economía política, ha cifrado lo que viene21.

Tercer parágrafo: “La forma de valor o el valor de cambio”


Marx retoma aquí, tras haber analizado el valor, la forma de valor como
el modo necesario de su expresión. O sea, cumple con el recorrido
expositivo que mencionó en el primer acápite (47).
Hasta aquí, las mercancías se nos han presentado dualmente:
objetos para el uso y portadoras de valor. Y por ello, exhibiendo una
forma doble: forma natural y forma de valor. Inmediatamente emerge
el problema a resolver. La objetividad de las mercancías en cuanto

la chaqueta, al lienzo, etc., quedará siempre un sustrato material, cuya existencia se


debe a la naturaleza y no al concurso humano. En su producción, el hombre sólo puede
proceder como la naturaleza misma, vale decir, cambiando, simplemente, la forma de
los materiales. Y es más: incluso en ese trabajo de transformación se ve constantemente
apoyado por fuerzas naturales. El trabajo, por tanto, no es la fuente única de los valores de
uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es el padre de ésta, como dice William
Petty, y la tierra, su madre.” (p. 53). (ii) El valor y su continuidad con la naturaleza: “Ni
qué decir tiene, con Lucrecio, que ´nil posee creari de hihilo´. Nada puede crearse de la
nada. ´Creación de valor´ significa conversión de fuerza de trabajo en trabajo. Por su
parte, la fuerza de trabajo es, ante todo, materia natural transformada en organismo
humano.” [Nota a la 2da. Edición; p. 259, 27n]. (iii) El valor de uso y la discontinuidad
de la historia: “Toda cosa útil, como el hierro, el papel, etc., ha de considerarse desde un
punto de vista doble: según su cualidad y con arreglo a su cantidad. Cada una de esas cosas
es un conjunto de muchas propiedades y puede, por ende, ser útil en diversos aspectos.
El descubrimiento de esos diversos aspectos y, en consecuencia de los múltiples modos
de usar las cosas, constituye un hecho histórico. Ocurre otro tanto con el hallazgo de
medidas sociales para indicar la cantidad de las cosas útiles. En parte, la diversidad en
las medidas de las mercancías se debe a la diferente naturaleza de los objetos que hay
que medir, y en parte a la convención.” (p. 44). (iv) El valor y la discontinuidad de la
historia: lo veremos con detenimiento en los dos acápites que siguen. Cerremos esta
nota tendiendo un hilo de estos puntos con las palabras del joven Marx: “… la sociedad
es la unidad esencial plena del hombre con la naturaleza, la verdadera resurrección de
la naturaleza, el naturalismo consumado del hombre y el humanismo consumado de
la naturaleza…” (p. 144); “… El hombre vive de la naturaleza; esto quiere decir que la
naturaleza es su cuerpo, con el que debe permanecer en un proceso continuo, a fin de no
perecer. El hecho de que la vida física y espiritual del hombre depende de la naturaleza
no significa otra cosa que la naturaleza se relaciona consigo misma, ya que el hombre
es una parte de la naturaleza…” p. 112. Manuscritos económico-filosóficos de 1844, trad. M.
Vedda, Buenos Aires, Colihue.
21
 Señalemos, por último y para ir notando cómo se van nutriendo los líneas con las que
Marx criticará en el acápite cuarto, como ya hemos visto, la insuficiencia de la economía
política, que en la nota 16, añadida a la segunda edición, se critica a Adam Smith por
una doble confusión: por un lado, la determinación del valor por la cantidad de trabajo
con el valor mercantil por el valor de la fuerza de trabajo (el salario). Por otro, considera
el trabajo como gasto de fuerza de trabajo pero meramente como sacrificio de descanso,
libertad. Dice Marx que nubla su vista sólo tener en mente las condiciones vitales en las
que vive el asalariado moderno.

104 dialéktica
valores… ¿dónde está? ¿cómo agarrarla? Objetividad espectral. No la
hallaremos ni en un átomo de la mercancía en tanto valor de uso, en el
cuerpo que hace a su utilidad ni a su forma natural. La forma natural
de las mercancías es el cuerpo en el que se encarna el valor como si
fuese un fantasma. Está, pero no está. No es un juego de palabras ni
una retórica extrovertida referirse al valor como objetividad espectral.
Pero he allí el problema. Tiene que mostrarse, expresarse. Y hasta
esta altura de la exposición, no ha pasado. Asentemos lo que ya
sabemos. Las mercancías sólo poseen objetividad en cuanto valores
en la medida en que son expresiones de la misma unidad social, del
mismo trabajo humano indiferenciado. Su objetividad en tanto valores es
de naturaleza puramente social (a diferencia de los valores de uso en
la que converge el hacer de la naturaleza y la mediación del trabajo).
Dada esta específica naturaleza, la objetividad social puede ponerse
de manifiesto solamente en la relación social entre lxs productorxs
privadxs recíprocamente independientes por medio de sus mercancías
(o sea, no inmediatamente). Es decir, debe expresarse en la vinculación
mediata entre la producción y el consumo, entre el trabajo y la
satisfacción de necesidades, en esa relación que no se presenta como
trabada directamente entre lxs productorxs sino entre sus productos,
las mercancías. Hemos partido del valor de cambio, del intercambio
entre dos mercancías pasamos a descubrir el valor de las mismas,
“oculto en esa relación”. Esos fueron los dos primeros acápites. Ahora,
retornamos a la forma de valor como modo necesario de expresión del
valor. Pero esta vuelta seré más fecunda porque en la exposición de
esa vinculación expresiva también se elucidará la génesis del dinero,
de la forma dineraria. Porque dicha genealogía no es más ni menos
que el despliegue de la expresión de valor contenida en la relación de
valor entre dos mercancías, desde su forma simple y opaca hasta la
forma-dinero. De esta manera, los enigmas que envuelven al dinero en
su engreimiento por cambiarse por lo que se le ocurra, se desvanecen.
Menuda tarea nos espera.
Iniciamos, entonces, la exposición de la relación más simple
de valor, la cual se da en la relación de valor entre dos mercancías.
Esta vinculación proporciona la expresión de valor más simple de una
mercancía.
A. Forma simple o singular de valor. x mercancía A = y
mercancía B.
1. Los dos polos de la expresión relativa de valor: forma relativa
de valor y forma de equivalente.
dialéktica 105
El secreto de toda forma de valor se encuentra envuelto bajo esta
forma simple de valor. Por eso, al analizarla, nos toparemos con las
mayores dificultades22.
En la ecuación que cifra este vínculo, x A = y B, hay que
comenzar advirtiendo los dos roles diversos que ocupa cada
mercancía. A expresa su valor en B (x A vale y B), ocupa un rol activo y
en dicha relación el valor de A toma la forma relativa de valor. Por su
lado, B hace las veces de material para dicha expresión de valor de A,
tiene un rol pasivo y funciona como equivalente, adopta la forma de
equivalente.
De esta manera, advirtiendo la diferencia entre la forma relativa
y la forma equivalente en la relación de valor se puede añadir que
nos encontramos ante dos caracteres recíprocamente condicionados,
unidos inseparablemente como las dos caras de una misma moneda y,
al mismo tiempo, ante dos extremos contrapuestos, excluyentes como
las dos diferentes caras de una moneda. O sea, dos determinaciones
inseparables y, al mismo tiempo, excluyentes.
Ninguna mercancía puede expresar su valor en sí misma. A
= A no es una expresión de valor para ninguna de las mercancías que
ruedan por el mundo. Cualquiera de estas peculiares cosas necesitan
de al menos otra de ellas para repartirse roles, indisociables y, a la
vez, polares para expresar el valor de una de ellas. Siguiendo con A
enrolada en la forma relativa de valor, notamos que sólo puede expresar
su valor (su objetivación de tiempo de trabajo socialmente necesario)
relativamente en otra que se le contraponga como equivalente. En
nuestro caso, la mercancía B, la cual, al revestirse de equivalente, al
tomar la forma de equivalente no expresa su propio valor, tan sólo
ofrece su corporalidad, su forma natural para la expresión del valor de
la mercancía A.
Pero notemos lo siguiente. A = B, A vale B implica la relación
inversa: B = A, B vale A. Esto nos muestra que para expresar el valor
de B relativamente, es necesaria esa inversión, es decir, el cambio de
roles recíprocos y excluyentes que constituyen la forma simple de
valor: la forma relativa a un lado, la forma equivalente al otro. Es
decir, B necesita que A pase al rol de equivalente y proporcione su
22
 Basta ver la cantidad de páginas que Marx le dedica en comparación con las formas
que le suceden en este mismo acápite La forma simple de valor se expone entre las pp.
59 y 76. La segunda forma de valor, la total o desplegada, está entre las pp. 77 y 80. La
tercera, la forma general de valor, entre las pp. 80 y 85. La última, la esperada forma de
dinero, ocupa tan sólo dos páginas: 85 y 86.

106 dialéktica
corporalidad como materia para expresión de su valor. Necesita que A
adopte la forma de equivalente. Reciprocidad y contrariedad entre los
polos de la expresión simple de valor, implica que ninguna mercancía
puede ocupar los dos roles al mismo tiempo, no puede adoptar las
dos formas a la vez en las misma expresión del valor. O bien se arropa
como la forma relativa o bien como la forma equivalente. Sin ser
naturalmente ninguna de ellas no puede ser las dos al unísono. El que
una mercancía cualquiera tome una forma u otra depende solamente
de la posición que ocupen en la expresión de valor.
Primer sentido de la forma de valor: la relación de valor entre dos
mercancías como modo de expresión del valor de una de ellas.

2. La forma relativa de valor


a. contenido de la forma relativa de valor.
He aquí el problema inmediato: ¿de qué modo la expresión de valor de
una mercancía se encierra en la relación de valor de entre dos de ellas?
Para comenzar a desandar este nudo, hay que dejar de lado el aspecto
cuantitativo de la cuestión y aguzar la mirada sobre lo cualitativo. O sea,
volver a recorrer el mismo y no el mismo camino que en los otros dos
acápites, en los que se trató en primer lugar la sustancia de valor, antes
de detenerse en su determinación cuantitativa, la magnitud de valor.
Marx señala de modo crítico que se suele trabajar al revés, es decir,
se empieza merodeando las proporciones cuantitativas  en las que se
equiparan mercancías de diversos talantes, se desatiende el hecho de
que magnitudes de cosas diferentes no llegan a esa comparecencia
cuantitativa sino hasta después de su reducción a la misma unidad.
El tramo que se abre ante nosotrxs señala que únicamente en cuanto
manifestaciones de la misma unidad, son magnitudes de la misma
denominación, y por lo cual son conmensurables, equiparables según
su cantidad.
Por eso, tomando nuevamente como ejemplo paradigmático a
xA = yB, siempre está implícito que en A y B, en tanto magnitudes de
valor, son cosas de igual naturaleza, expresiones de la misma unidad.
Dicho de otro modo, la clave está en A = B, sin importar ahora las
cantidades de cada una.
Pero esta equiparación a partir de la misma sustancia social
común, la objetivación de trabajo humano indiferenciado, implica
también una diferencia según los papeles diversos que se establecen
en esa misma relación de igualdad. Como hemos visto, en A = B
únicamente se expresa el valor de A. ¿De qué modo? Relacionándose
dialéktica 107
con B como su “equivalente”, es decir, como “intercambiable” por ella.
Por eso, se puede precisar y notar, por un lado, que en esta relación
puntual, B cuenta como forma de existencia del valor, como cosa que es
valor porque solamente en cuanto tal es lo mismo que A. Por otro, que
aquí el perfil de valor de A adquiere una manifestación independiente,
autónoma, su valor “sale a la luz” porque sólo en cuanto valor se
puede relacionar con B como intercambiable, como su equivalente.
En ese breve pero fértil análisis de la forma simple, se han expuesto
nuevas determinaciones.
Si decimos que las mercancías, en cuanto valores, no son más que mera
gelatina de trabajo humano, nuestro análisis las reduce a la abstracción
del valor, pero no les confiere forma alguna de valor que difiera de sus
formas naturales. Otra cosa ocurre en la relación de valor entre una
mercancía y otra. Lo que pone de relieve su carácter de valor es su
propia relación con la otra mercancía. (62)

¿Qué nos dice Marx? En primer lugar, señala, de alguna manera, el


camino hecho en los dos primeros acápites. Lo que puede y lo que no
puede el análisis hecho allí. Puede captar que una mercancía cualquiera,
en tanto valor, es la acumulación de trabajo humano indiferenciado,
“reducirlas a la abstracción del valor”. Lo que no puede es configurar,
para ninguna mercancía, una forma de valor que sea distinta a su
forma natural. Pero también nos muestra lo que afrontamos en este
tercer apartado, el paso expositivo que damos cuando se enfrentan las
mercancías y unx acerca el oído para escuchar lo que se dicen entre
sí, abre los ojos para advertir qué hacen. En esa relación entre una
mercancía y otra, inmediatamente se nota que se expresa su carácter
de valor. Lo que no puede nuestro análisis, lo puede la relación entre
mercancías. Se puede observar este contrapunto de otro modo, al decir
que nuestro análisis en los dos primeros acápites se movió desde la
aparición del valor de cambio como algo contingente en la relación de
intercambio entre dos mercancías y desde allí nos adentramos en el
valor, para luego demorarnos allí y conocer las dos caras del mismo
trabajo representado en las mercancías. Ahora, al retornar a la relación
entre mercancías, nos topamos con ésta en tanto relación de valor, dadas
las noticias que ya poseemos del trabajo abstractamente humano. El
cual, de no mediar esta relación expresiva del valor, no quedará más
que como un fantasma imperceptible en el cuerpo de las mercancías,
mera objetividad espectral.
La relación contrapuesta entre dos mercancías (sigamos con
nuestra forma simple ejemplificada en A = B), nos indican que al
108 dialéktica
igualar B a A en cuanto cosas que son valores, también se equipara
el trabajo que se envuelve en la primera al trabajo encerrado en la
segunda. Esta equiparación de trabajos concretos diferentes, reduce
a lo que en ambos es igual, a su determinación común de trabajo
humano. Únicamente la expresión de equivalencia de mercancías
diferentes entre sí hecha luz sobre el carácter específico del trabajo
en cuanto productor de valor, reduciendo de hecho los trabajos diversos
que producen mercancías disímiles a lo que les es común, a trabajo
humano en general. Pero es insuficiente advertir esa cualidad igual
porque ésta debe mostrarse.
Sin embargo, no basta con enunciar el carácter específico del trabajo
del cual se compone el valor del lienzo. La fuerza de trabajo humana
en estado líquido, o el trabajo humano, crea valor, pero no es valor.
Se convierte en valor al solidificarse, al pasar a la forma objetiva. Para
expresar el valor de la tela como una gelatina de trabajo humano,
es menester expresarlo en cuanto “objetividad” que, como cosa, sea
distinta del lienzo mismo, y a la vez común a él y a otra mercancía. El
problema ya está resuelto. (63)

Antes de precisar cuál es el problema y cuál es la solución, mencionemos


un par de notas escuetas sobre la contraposición entre la fuerza de
trabajo humana líquida creadora de valor pero que no tiene valor y
el trabajo solidificado, objetivo o sea, vuelto valor. En un sentido, hay
que advertir que es la primera vez que en la exposición aparece esta
noción de “fuerza de trabajo en estado líquido”. Su contraparte, la
forma objetiva en tanto valor, ya había sido presentada cuando en el
primer acápite analizamos el residuo que quedaba tras la reducción
de los valores de uso: productos de trabajo abstractamente humano,
objetividad espectral. Ciertamente puede llamar la atención que esta
contraposición se haga con el par fluído – sólido. La fuerza de trabajo
en el primer estado crea valor pero no es valor. En el segundo, se
transforma en valor, deviene valor al solidificarse, al hacer objetiva. Se
podría decir que en la fuerza de trabajo en tanto líquida es la potencia
de trabajar y en tanto sólida es el trabajo en acto. Más adelante, en el
capítulo IV, Marx se detendrá en esta diferencia y sacará relevantes
conclusiones al analizar esa rara mercancía que es –que somos- la
fuerza de trabajo. Será angular para captar la existencia del plusvalor y
del salario. Pero como ese no es el objeto de nuestra exposición ahora,
simplemente lo señalamos. Sí es relevante para nuestro quehacer,
y de esta manera pasamos a lo segundo que queríamos mencionar,
indicar que en este par fuerza de trabajo líquida y trabajo objetivado

dialéktica 109
como valor está pautado algo que puede ayudarnos a pensar lo que
ya hemos visto: la primera relación opaca entre contenido y forma,
el primer vestido que se calza la sociedad mercantil capitalista
cuando el trabajo toma la forma del valor. Aquí se añade un matiz,
ya que se distingue entre la potencia de trabajar y el trabajo en acto.
Escuetamente digamos que en condiciones capitalistas la potencia
de trabajar se torna mercancía y el acto de trabajar toma la forma de
valor. Capas de opacidad y vestidos cruzados. Como hemos dicho,
este matiz mostrará su fertilidad en capítulos venideros. Volvamos
a lo nuestro y centrémonos ahora en el problema que aquí tenemos
entre manos.
Marx enuncia una problemática que ya fue presentada en el
inicio de este acápite y retomado en la cita anterior que resaltamos, en
la que se intenta establecer el paso adelante que dan las mercancías
puestas en relación de valor ante la impotencia de “nuestro análisis”.
Lo diremos sintéticamente de esta manera: el problema es darle una
objetividad cósica a la objetividad espectral, al valor que late en los
cuerpos de las mercancías. Mostrar su valor en una forma heterogénea
a su forma natural, es decir, mostrarse en una forma de valor. La
solución radica en ese paso en el que la naturaleza social de esa
cualidad inmanente a las mercancías se pone de manifiesto, se muestra
del único modo que puede: como relación social entre las mercancías.
La forma simple de valor es la respuesta. La solución está ya en A = B.
Las mercancías se equiparan por poseer la misma cualidad y, a la vez,
dan un paso: el valor de una se muestra en una cosa diferente de su
forma natural. El espectro deviene cosa.
En la relación de valor A = B se considera que son iguales
cualitativamente porque B es un valor. Precisemos. Aquí la mercancía
B es considerada como cosa en la que se manifiesta el valor, que en
su forma natural, sensible representa al valor. Pero el cuerpo de B, su
forma sensible y natural, índice de su valor de uso, es inadecuada para
expresar el valor de A. Tan inadecuada como el propio cuerpo de A
para expresar su propio valor. Pero aquí no se trata de lo que son las
mercancías en sí mismas sino de lo que son en relación de valor, o sea,
según el lugar que ocupen en vinculación con la otra mercancía. A o
B no son naturalmente ni formas relativas ni formas equivalentes de
valor. Lo son sólo en la relación. Y sólo pueden estar en un sitio a la
vez. Dicho en otras palabras, para comprender las relaciones de valor,
la forma de valor, hay que captar que la relación es anterior a los términos
relacionados. Esto es, que los polos de la relación, aunque lo parezcan,

110 dialéktica
no producen la relación ni existen fuera de ella.
Entonces, en la producción de B se ha efectivizado fuerza de
trabajo humana bajo la forma de trabajo útil. Y también, debido a la
otra cara de ese mismo trabajo, se ha acumulado, se ha solidificado
trabajo humano general, abstracto. Desde esta perspectiva específica, B
es “portadora de valor”, allende que dicha propiedad no se la puedan
agarrar, ni ver en un átomo de su corporeidad sensible, de su valor de
uso. Es decir, que B en la relación de valor con A sólo cuenta como valor
corporificado, como cuerpo que es valor. El cuerpo de B no es obstáculo o
límite para que A reconozca en ella una alma gemela: el espectro del
valor. Pero sucede algo más. Ante A, B no puede representar el valor
sin que, al mismo tiempo, el valor adopte la forma de B, del cuerpo de
B. El fetichismo se acerca al escenario principal.
Demorémonos un instante en la solución cabal y turbia del
problema. En la relación de valor en la que B constituye el equivalente
de A, la forma de B hace las veces de la forma de valor. De esta
manera, entonces, el valor de A queda expresado en el cuerpo de B.
Es decir, puede lo que no podía “nuestro análisis”, esto es, darle a
la forma relativa una forma de valor heterogénea de cuerpo natural.
Simultáneamente, la corporificación de su valor en un cuerpo ajeno,
conlleva que el valor se identifique con ese cuerpo. Su valor se viste
con el cuerpo ajeno y se identifica con él. El valor de A se expresa
en el valor de uso de B. En su perfil de valor de uso, A y B son cosas
sensiblemente diversas. En su perfil de valores son iguales y, por lo
tanto, A tiene el mismo semblante que B. “Adopta así una forma de
valor diferente de su forma natural” (64). El problema ya está resuelto.
Y su solución dista de toda claridad. Es una nueva y oscura prenda23.
Lo que había mostrado el análisis del valor mercantil, ahora lo
dicen las mercancías en sus relaciones, en su galimatías corporal. La
23
Primera edición: “… Para retener el lienzo como expresión meramente material de
trabajo humano, es necesario hacer abstracción de todo aquello que efectivamente
convierte al lienzo en cosa. La objetividad del trabajo humano, que es él mismo
abstracto, carente de cualidad y contenido ulteriores, es necesariamente una objetividad
abstracta, una cosa propia del intelecto. De este modo, el tejido de lino se convierte en
una fantasmagoría. Pero las mercancías son cosas. Lo que son, deben serlo en cuanto
cosas o en sus propias relaciones de cosas. En la producción se ha gastado determinada
cantidad de fuerza humana de trabajo. El valor del lienzo es el reflejo meramente objetivo
del trabajo gastado de esa manera, pero dicho valor no se refleja en el cuerpo del lienzo.
Se hace patente, adquiere, una expresión sensible, mediante su relación de valor con la
chaqueta. Al equipararse a aquél como valor –distinguiéndose de él, a la vez, como objeto
para el uso–, la chaqueta se convierte en forma en que se manifiesta el valor del lienzo, por
oposición al cuerpo del lienzo; se convierte en su forma de valor, por contraposición a su
forma natural…” p. 988.

dialéktica 111
mercancía A para decir que su propio valor lo crea el trabajo en tanto
trabajo abstractamente humano, dice que B, en tanto vale lo mismo, o
sea, en la medida en que es valor, está constituida de igual modo. Y un
paso más. Para decir que su objetividad de valor difiere de su cuerpo,
dice que el valor posee el cuerpo de B. Y en ese respecto son dos gotas
de agua.
Por intermedio de la relación de valor, la forma natural, el
cuerpo de B deviene la forma de valor de A. Al referirse a B como
cuerpo del valor, como concreción material de trabajo humano en
general, A transforma el valor de uso de B en el material de su propia
expresión de valor. El valor de A expresado en el valor de uso de B
adopta la forma del valor relativo.
Segundo sentido de la forma de valor: el valor de una mercancía se
expresa en un cuerpo distinto de su propia forma natural para hacerlo devenir
valor corporificado.

b) Carácter determinado cuantitativo de la forma relativa de


valor
Toda mercancía que quiera expresar su valor es un objeto para el uso
en una cierta cantidad. Volvemos, entonces, a pasar y no pasar por la
determinación de la magnitud de valor. Ahora desde la óptica de la
forma de valor, la cual no expresa valor en general únicamente, sino
magnitud de valor, valor determinado en su cantidad.
Sigamos rumiando nuestra fórmula canónica, xA = yB. La
misma presupone que en yB hay tanta sustancia de valor como en
xA. Pero, como hemos visto, el tiempo de trabajo objetivado en cada
ejemplar mercantil, se mantiene si las fuerzas productivas del trabajo
están inalteradas, y varían si estas se alteran24. En lo que sigue, nos
detendremos a analizar la influencia de las variaciones en las fuerzas
productivas en la expresión relativa de la magnitud de valor.
(Caso I) el valor de A se modifica; el de B permanece constante.
O bien (a) se duplica el tiempo de trabajo necesario (decrecen las
fuerzas productivas): xA = 2yB; o bien (b) decrece a la mitad (crecen
las fuerzas productivas): xA = 1/2yB. O sea, si se mantiene invariable
el valor de B, entonces el valor relativo de A, o sea, su valor expresado
en B, aumenta y disminuye en razón directa al valor de A.
(Caso II) el valor de A constante; el de B se modifica. O bien
24
No está de más recordar que en los dos primeros acápites, Marx puso al desarrollo de
las fuerzas productivas en relación inversa con la magnitud de valor y en vinculación
directa con la cantidad de valores de uso. Ese compartimiento contrapuesto deriva de
las dos caras del mismo trabajo representado en las mercancías.

112 dialéktica
(a) se duplica el tiempo de trabajo necesario (decrecen las fuerzas
productivas): xA = 1/2yB; o bien (b) decrece a la mitad (crecen las
fuerzas productivas): xA = 2yB. O sea, si se mantiene inalterado el valor
de A, entonces su valor relativo expresado en B, aumenta o disminuye
en inversamente al cambio de valor de B.
De estos primeros dos casos, se puede sacar una primera y
rápida conclusión. El mismo cambio de magnitud expresado en el
valor relativo puede obedecer a circunstancias totalmente diferentes.
Por eso, si xA = yB, se puede pasar a:
(a) xA = 2yB por dos caminos: o bien (i) aumentó al doble el tiempo de
trabajo de A, o bien (ii) se redujo a la mitad el de B;
(b) xA = 1/2 yB por: o (i) bien decreció a la mitad el valor de A, o bien
(ii) se duplicó el tiempo de trabajo necesario para producir B.
La solución del problema sigue desarrollando capas de opacidad.
Como dijo Marx, la forma simple es, justamente, simple y opaca.
(Caso III) Las cantidades de trabajo socialmente necesario
para producir A y B pueden variar en el mismo tiempo, en el mismo
sentido y en idéntica proporción. De este modo, la forma de valor
xA = yB se mantendrá incólume e inexpresiva antes esos mutaciones
en las magnitudes de valor. En una situación como esta, pueden
mostrarse los cambios de los valores si se las compara con una tercera
mercancía cuyo valor se mantenga incambiado. Pero si asistiéramos
a una circunstancia en la que todos los valores de las mercancías
aumentan o disminuyen al unísono, en el mismo sentido y en la misma
proporción, sus valores relativos serían constantes. El cambio de sus
tiempos de trabajo socialmente necesarios, de sus valores se mostrará
de una manera más prosaica en que en el mismo tiempo de trabajo se
producirá una masa de valores de uso mayor o menor.
(Caso IV) Los tiempos de trabajo socialmente necesario para
producir A y B, y por ende, sus valores podrían variar al mismo
tiempo, en el mismo sentido pero en proporción diversa, o en sentido
inverso, etc. El influjo de esas mutaciones, de esas combinaciones
posibles sobre el valor relativo de una mercancía se reducen a los tres
casos vistos.
Tras este trajín, emerge una conclusión relevante para los
problemas que estamos mascullando.
Los cambios efectivos en las magnitudes de valor, pues, no se reflejan
de un modo inequívoco ni exhaustivo en su expresión relativa o en la
magnitud de valor relativo. El valor relativo de una mercancía puede
variar aunque su valor se mantenga constante. Su valor relativo puede
mantenerse constante, aunque su valor varíe, y, por último, en modo

dialéktica 113
alguno es inevitable que coincidan en volumen las variaciones del
valor de las mercancías y en la expresión relativa de esas magnitudes
de valor. (67)

En los términos que lo venimos diciendo, detallemos que no hay


transparencia entre la magnitud de valor y su expresión relativa. Hay
opacidad. Relación, como dice Marx, que no puede ser inequívoca e
indubitable.
Notemos escuetamente que aquí se juega algo relevante para
el problema que mencionamos más arriba y que Marx enfrentará en
el Libro III, el afamado problema de la transformación. Ya aquí, en
la forma simple de valor, se puede establecer la incongruencia entre
la magnitud de valor y su expresión relativa. Ya aquí no es diáfano
el camino para ver, por ejemplo en xA = yB, no sólo el tiempo de
trabajo y su duración en la producción de cualquiera de ellas sino que
también es equívoca en su propia expresión, en la cual una misma
conmensurabilidad, un mismo intercambio nunca implica ni significa
lo mismo en términos de trabajo socialmente necesario. Un mismo
intercambio nada nos dice de forma directa sobre lo que pasa en la
producción.
En este nivel de la exposición faltan muchas mediaciones para
encarar el problema del Libro III. Y no estamos sugiriendo que aquí
está in nuce su resolución. Sólo señalamos que si el problema de la
transformación es, en términos generales y más allá de su especificidad,
un problema de la relación entre el valor y su forma, y puntualmente,
una relación en la que la forma parece negar el contenido, entonces es
posible hipotetizar que ya aquí, en la forma de valor simple, abstracta
e indeterminada, podemos encontrar indicios para rumiar esa extraña
relación. Porque si parte del problema del Libro III es que los precios
de producción y los que nos topamos en el mercado, los precios de
las mercancías, son expresión opaca del tiempo de trabajo socialmente
necesario que la sociedad realiza para auto-reproducirse por los
caminos de la propiedad privada, entonces hay en estas líneas una
pista para su resolución, dado que eso ya es de ese modo oscuro en la
forma simple. Una resolución que, de proceder como la forma simple
en tanto expresión necesaria del valor, generará nuevos problemas.
Nuevas capas de opacidad.
Retornemos a este punto de la exposición para elaborar una
imagen: la manifestación del valor en la forma de valor25 ya nace
25
No olvidemos que es una –llamémosle– manifestación “segunda”, ya que la primera es
la que muestra al trabajo en la sustancia de valor y a la duración del mismo en la magnitud

114 dialéktica
equívoca, errante. Esa es la naturaleza de la relación entre forma y
contenido: lo que se expresa (el contenido) se oculta en la expresión (la
forma). Señalemos que aquí Marx gana precisión en el desanudamiento
de aquella aporía que se nos enfrentó apenas iniciamos la exposición:
el valor de cambio aparece como algo contingente y relativo, por lo que
postular un valor inmanente y necesario es, como traducen algunxs,
un contradicción entre un término y su atributo. En este punto del
recorrido, Marx postula la relación necesaria entre valor y forma de
valor y, al mismo tiempo, su equivocidad según las circunstancias. Es
lo que pasa cuando la sociedad organiza su autoreproducción en la
trama de productorxs privadxs independientes, o sea, cuando dirime
–digámosle así– la conservación de su propio ser en las andanzas de
las mercancías.
Mencionemos, para cerrar este acápite, que en la interesante
nota al pie que está hacia el final (nota 20 de la segunda edición), se
puede ver cómo, al pautar   la posibilidad de la incongruencia entre
magnitud de valor y su expresión relativa, en esta cuestión juegan
fuertes cartas los críticos de la teoría del valor-trabajo. En esta
contienda, Marx se encuentra del lado de David Ricardo. Lo señalamos
tanto para ver cómo trabaja Marx con sus predecesores (los sigue y
los critica según el punto que se está trabajando, o sea, ni apología ni
crítica acrítica) como para subrayar que en estas primeras páginas ya
están en pugna los pilares fundamentales del pensamiento que capta
en los movimientos de autoproducción de la sociedad, la operación
oculta pero inevitable de la ley del valor, del reinado de los tiempos de
trabajo travestidos en magnitud de valor.

3. La forma de equivalente

Recordemos que en la forma simple de valor, la actividad corre por


cuenta de la forma relativa. En xA = yB, es A quien lleva las riendas. En
otras palabras, A expresa su valor en el valor de uso de B, le imprime
a B una forma peculiar de valor, la pasiva forma de equivalente. De
esta manera, la mercancía A pone a la luz su propio carácter de ser
valor por el hecho de que B, sin adoptar una forma de valor distinta de
su forma sensible, corporal, natural, le sea equivalente. El problema ya
está resuelto. Entonces A expresa realmente su carácter de ser valor en
que B sea directamente intercambiable por ella. Así las cosas, y dicho en
general, la forma de equivalente que adopta una mercancía es la forma
de valor.

dialéktica 115
en que es directamente intercambiable por otra mercancía.
Pero esa “propiedad” de intercambiabilidad directa
no significa que esté dada la proporción según la cual pueden
intercambiarse A y B. Como está dada la magnitud de valor de A, la
proporción de intercambio dependerá de la magnitud de valor de B.
Y, como ya hemos visto, ésta no depende del rol que le toque jugar en
la forma de valor (activa o pasiva, relativa o equivalente) sino por el
tiempo de trabajo necesario para su producción. Pero
…no bien la clase de mercancía chaqueta [B en nuestro ejemplo] ocupa,
en la expresión del valor, el puesto de equivalente, su magnitud de
valor en modo alguno se expresa en cuanto tal. En la ecuación de
valor dicha magnitud sólo figura, por el contrario, como determinada
cantidad de una cosa. Por ejemplo: 40 varas de lienzo [A en nuestro
ejemplo] “valen”… ¿qué? 2 chaquetas… (69)

La expresión de valor de una mercancía es la relación de valor entre


dos. O sea, sólo una expresa su valor –la relativa- en el cuerpo de la
otra –la equivalente. Se desprende de acá que la mercancía que viste
el rol de equivalente no sólo no expresa su valor sino tampoco su
magnitud de valor. Y así como la mercancía equivalente en su forma
natural expresa el valor de la mercancía relativa, también expresa la
magnitud de valor de ésta como cantidad de una cosa, una cantidad del
cuerpo de aquella. El valor corporificado se robustece… ¡Vísteme! El
trabajo abstracto objetivado como valor se expresa en la forma de
valor y lo hace de modo tal que no se despliega sin volver a plegarse
sobre sí. Cada mostración de sí no es más que una capa de mayor
opacidad para sí. Cuanto más se muestra, menos se lo ve. Cuanto más
se exterioriza, menos se lo reconoce. El fetichismo ha copado la escena.
Parecería que ahora sólo tenemos ojos para él.
En términos generales. Teniendo en cuenta que la mercancía B
juega aquí el papel de equivalente y que el valor de uso de B frente a
A hace las veces de cuerpo de valor, se concluye que es suficiente una
cantidad determinada de B, de cuerpo de B para expresar la magnitud
de valor de A. Pero B nunca puede expresar lo que la iguala a A: su
valor, su magnitud de valor. Marx advierte que captar superficialmente
este paso endiablado de la mostración del valor de una mercancía en
la cantidad cósica de otra, lleva a entender la relación de valor como
meramente cuantitativa, ignorando su sustancia, su cualidad.
En este primer recodo del análisis de la forma de equivalente,
se puede precisar una primera peculiaridad: en la forma de equivalente
“el valor de uso se convierte en la forma en que se manifiesta su contrario, el
116 dialéktica
valor.” (69)
La forma natural de la mercancía B se convierte en forma de
valor. Una cosa se toma por otra. La máscara por el rostro. El rostro
por el alma. El valor de uso por el valor. Pero esto sólo pasa en el marco
de la relación de valor en la que B enfrenta a A. Y porque, también,
ninguna mercancía puede referirse a sí misma como equivalente y
no puede mutar su propio cuerpo natural en expresión de su propio
valor. Es por esto que tiene que referirse a otra mercancía como
equivalente, hacer de la piel natural de otra mercancía su propia forma
de valor. Este tomar una cosa por otra es lo que sucede cuando lo que
se enfrentan son mercancías, valores de uso que cargan en sus cuerpos
esa propiedad supranatural, metafísica, puramente social: el valor.
Cuando la forma relativa del valor de una mercancía, por ejemplo,
el lienzo expresa su carácter de ser valor como algo absolutamente
distinto de su cuerpo y de las propiedades de éste, por ejemplo como
su carácter de ser igual a una chaqueta, esta expresión denota, por sí
misma, que en ella se oculta una relación social. Ocurre a la inversa
con la forma de equivalente. Consiste ésta, precisamente, en que el
cuerpo de una mercancía como al chaqueta, tal cual es, exprese valor y
posea entones por naturaleza forma de valor. Esto, sin duda, sólo tiene
vigencia dentro de la relación de valor en la cual la mercancía lienzo
se refiere a la mercancía chaqueta como equivalente. Pero como las
propiedades de una cosa no surgen de su relación con otras cosas sino
que, antes bien, simplemente se activan en esa relación, la chaqueta
parece poseer también por naturaleza su forma de equivalente,
su calidad de ser directamente intercambiable, así como posee su
propiedad de tener peso o de retener calor. (71)

La asimetría entre los roles inseparables y contrapuestos polarmente


de la forma simple de valor tiene implicancias. Si se observa la cuestión
desde las gafas de la mercancía que ocupa circunstancialmente el rol
relativo, no tardará en levantar sospechas el hecho de que se iguale
a una mercancía que en nada se le parece según su fisonomía y su
utilidad, y, más temprano que tarde, se notará que una relación
social se envuelve allí. En cambio, cuando la cosa se observa desde la
mercancía equivalente, toma carácter, justamente, de cosa. Aún más y
como si no fuese suficiente con lo que ya se estuvo exponiendo. Ahora
la mercancía equivalente, plena en su intercambiabilidad directa, no
sólo muestra en su cuerpo el valor de la relativa y en su cantidad
de cosa magnitud de valor de ésta, sino que también se presenta
como teniendo naturalmente la propiedad de ser equivalente, de ser

dialéktica 117
intercambiable directamente. La chaqueta ha nacido para abrigar y
para ser cambiada sin ningún tipo de intermediario. Es directamente
social. Y como no tiene necesidad de referirse a otras mercancías para
mostrar su capacidad de abrigo, también parece que es directamente
intercambiable más allá de cualquier mercancía, fuera de toda relación
de valor26. Un velo más… y van…
Tras este nuevo repliegue sobre sí del trabajo abstractamente
humano como fuente del valor, tras este nuevo vestido por medio del
cual la mercancía que circunstancialmente toma el rol de equivalente
se muestra como siendo naturalmente intercambiable, Marx critica a
los economistas que no logran apreciar que el enigma deslumbrante
del dinero, esa cosa con la que se puede comprar (casi) cualquier
mercancía, ya reluce en la forma simple de la expresión de valor, en su
polo equivalente, en la modesta chaqueta que se revela como nacida
para ser cambiada.
Siempre que llovió, paró. Siempre que hay valor, hay
trabajo abstracto objetivado. Por eso demos un paso más. El cuerpo
de la mercancía fortuitamente equivalente, cuenta “siempre” como
encarnación de trabajo abstractamente humano y en todos los casos es
el producto de un trabajo concretamente útil. De esta manera, el trabajo
concreto se convierte en expresión de trabajo abstractamente humano.
Si en su cuerpo de valor de uso muestra el valor, en su trabajo concreto
expresa el trabajo abstracto. Valor corporificado y trabajo abstracto
concretizado. Así, el trabajo útil productor de B, dentro de la expresión
de valor de A, no consisten en que produzca el valor de uso de B sino
en que labore un cuerpo que exprese que es valor, y por consiguiente
una gelatina de trabajo humano absolutamente indistinguible del
trabajo objetivado en el valor de A. Para crear tal espejo de valor, el
propio trabajo útil de los productorxs de B no debe reflejar nada más
que su propiedad abstracta de ser trabajo humano indiferenciado.
Bajo la forma útil (de A o B) se gasta fuerza de trabajo humana.
Poseen, ambos trabajos, la propiedad general de ser trabajo humano y,
consiguientemente, en casos puntuales como la producción de valores,
sólo se los considera desde ese punto de vista. Nada por aquí, nada por
allá. Aquí no hay misterio. Pero cuando se trata de la expresión de
26
Dice en el apéndice a la primera edición: “… el hecho de poseer forma de equivalente
y, por ende, el hecho de ser, en su existencia sensible, directamente intercambiable por
otras cosas, aparece como propiedad social natural de una cosa, como cualidad que le
corresponde a ésta por naturaleza. Pero como dentro de la expresión de valor de la mercancía
A la forma de equivalente corresponde de manera natural a la mercancía B, esa forma
parece pertenecer de manera natural a esta última fuera también de esa relación.” (1031)

118 dialéktica
valor, sí lo hay. La cosa se invierte y nos enfrentamos a la “segunda
peculiaridad de la forma equivalente, el hecho de que el trabajo
concreto se convierte en la forma en que se manifiesta su contrario, el
trabajo abstractamente humano.” (72)
Sin detenernos, veamos cómo se completa el cuadro. Siempre
que llovió, paró. Siempre que hay valor, hay trabajo abstracto
objetivado. Siempre que hay trabajo abstracto objetivado, hay
autoproducción de la sociedad entramada en productorxs privadxs
recíprocamente independientes. Por eso, el trabajo concreto que
produce el cuerpo de la mercancía equivalente cuenta como simple
trabajo humano indeterminado y, de ese modo, tiene la forma de la
igualdad en referencia a otros trabajos. Se desprende, entonces, que
en tanto trabajo privado cuenta como trabajo en forma directamente
social. Es esta la razón por la que se muestra como directamente
intercambiable por otra mercancía. He aquí, la “tercera peculiaridad de
la forma de equivalente… el trabajo privado adopta la forma de su
contrario, del trabajo bajo la forma directamente social.” (72)

4. La forma simple en su conjunto

Hemos visto cómo la forma simple de valor, la expresión simple de


valor de una mercancía está implicada en su relación de valor con
otra mercancía. El valor de A se expresa cualitativamente en que
B es directamente intercambiable por A; cuantitativamente en el
hecho de que determinada cantidad cósica de B es intercambiable
por determinada cantidad cósica dada de A. O sea, el valor de una
mercancía se expresa de modo autónomo, independiente por medio de
su presentación en la mercancía equivalente como “valor de cambio”.
En rigor, se nos muestra en el cuerpo sensible, en la forma natural de
la mercancía que ocupa la forma de equivalente. Aquello que hemos
visto del problema y su solución. Densa respuesta nos impone el
desarrollo de la mercancía, la cual es valor de uso y valor. Unidad
bifacética que se presenta como ese ente dual que deviene cuando su
valor posee una forma de manifestación diferente de su forma natural,
pero considerada aisladamente nunca tiene aquella forma. Lo hemos
visto, nos lo ha mostrado: solamente lo hace en la relación de valor
con otra de ellas. Marx enfatiza que la forma de valor, la expresión
de valor de la mercancía surge de la naturaleza puramente social que
constituye el valor. Y no sucede lo opuesto, esto es, ni el valor ni la
magnitud de valor se derivan de la forma de valor en tanto valor de

dialéktica 119
cambio. Dicho en otros términos, el proceso va desde el valor en el
seno abstracto de la producción de mercancías hacia la forma de valor
en la feria abstracta de la circulación mercantil. Desde el valor hacia
su modo de expresión necesario en la forma de valor. Notemos que
este es el punto exacto en el que Marx critica a la economía política en
la nota 32 que citamos más arriba: no supieron derivar, partiendo del
valor, la forma de valor misma por medio de la cual éste se torna un
valor de cambio, o sea, no analizaron la mercancía en su unidad de
valor y valor de uso, producto de un trabajo bifacético que contrapone
estos aspectos ni bien dos mercancías se enfrentan en la relación de
valor, ni tampoco aprehender la distinción analítica entre sustancia y
magnitud de valor. Pero este nudo no sólo permite la confrontación
crítica con teorías que sostienen una teoría del valor-trabajo. En la falta
de distinción entre sustancia y magnitud y su unilateralización, Marx
encuentra las razones de ser de los mercantilistas y los librecambistas.
Los primeros, priorizan el perfil cualitativo de la expresión de valor y
por eso se obnubilan con poseerlo en la consumada forma dinero, para
ellos, la única riqueza. Los segundos, en cambio, se absorben en la
arista cuantitativa, “la lista de precios”, y sólo buscan desprenderse de
sus mercancías. La historia de la economía política es la historia de los
tropiezos con la relación entre el valor y su forma. El desarrollo crítico
expuesto por Marx no unilateraliza, centrado en captar esa relación
interna.

Al examen más en detalle la expresión de valor de la mercancía  A,
expresión contenida en su relación de valor con la mercancía B, vimos
que dentro de la misma la forma natural de la mercancía A sólo cuenta
como figura del valor de uso, y la forma natural de la mercancía B sólo
como forma o figura del valor. La antítesis interna entre valor de uso
y valor, oculta en la mercancía, se manifiesta pues a través de una
antítesis externa, es decir a través de la relación entre dos mercancías,
en la cual una de éstas, aquella cuyo valor ha de ser expresado, cuenta
única y directamente como valor de uso, mientras que la otra mercancía,
aquella en la que se expresa valor, cuenta única y directamente como
valor de cambio. La forma simple de valor de una mercancía es, pues,
la forma simple en que se manifiesta la antítesis, contenida en ella,
entre el valor de uso y el valor. (75)

Es en estas líneas que Marx nos da su preciso modo de captación de


este vínculo. En la forma simple de valor, el valor de la forma relativa
se expresa en el valor de uso de la forma equivalente, en otras palabras,
la unidad antitética de una mercancía entre valor y valor de uso se

120 dialéktica
manifiesta en la antítesis externa de dos mercancías, relación por
medio de la cual la relativa sólo importa en tanto uno de esos aspectos,
el valor de uso, y la equivalente sólo es relevante en el otro, el valor
de cambio. Aquella relación interna (las dos caras de una medalla) se
muestra como los polos contrapuestos e inseparables de una relación
externa entre dos mercancías27.
Pero la crítica de Marx hacia la ceguera de la economía política
no sólo versa sobre su falta de rigor para exponer conscientemente
el carácter bifacético del trabajo objetivado en la producción de
mercancías ni en la carencia de método28 para desarrollar la relación

27
Dice en la primera edición de Das Kapital: “Estamos aquí en el punto de partida de todas
las dificultades que obstaculizan la comprensión de la forma de valor. Es relativamente
fácil distinguir entre el valor de la mercancía y su valor de uso, o entre el trabajo que
forma el valor de uso y el mismo trabajo en tanto se lo calcula meramente, en el valor de
la mercancía, como gasto de fuerza humana de trabajo. Si se considera a la mercancía
y el trabajo en una forma, no se la considera bajo la otra, y viceversa. Estas antítesis
abstractas se desdoblan por sí mismas, y de ahí que sea fácil distinguirlas. No ocurre lo
mismo con la forma de valor, que sólo existe en la relación entre mercancía y mercancía.
El valor de uso o cuerpo de la mercancía desempeña aquí un papel nuevo. Se convierte
en la forma en que se manifiesta el valor de la mercancía, y por tanto en lo contrario de sí
mismo. De igual suerte, el trabajo útil concreto contenido en el valor de uso se convierte
en su propio contrario, en mera forma de manifestación del trabajo humano abstracto. En
vez de desdoblarse, las determinaciones antitéticas se reflejan aquí una en la otra.” (990)
28
Marx nunca, al menos en Das Kapital, se explaya abstractamente sobre su “método”
como un paso previo al “objeto de estudio”. Como señalamos arriba, no hay relación
externa entre método y objeto sino inmanencia. La cuestión del método ha sido y será
“objeto” (ya la cosa nace mal encaminada, o por lo menos, no al gusto de Marx… y de
Hegel) de numerosos y sesudos estudios. Y ya era tema de discusión e intriga en los
jóvenes años de la publicación de El capital. Por eso Marx le dedica, como hemos dicho,
unos párrafos en el “Epílogo” a la segunda edición. Notable. No en un prólogo sino
en un epílogo, o sea, en un texto que supone la lectura completa del Tomo I. Es decir
que Marx presenta abierta pero escuetamente la cuestión de “su” método tras haber
recorrido el escarpado sendero que va desde la forma mercancía hasta la reproducción
y la acumulación de capital. Ahí se mofa de lxs postivistas que se quejan de que no hay
en su obra recetas para el bodegón del porvenir y menciona a los que consideran que
su método es sintético, analítico, etc. Y es más, le da la palabra a un ruso, a quien cita
largamente, para que nos cuente de qué la va el método y la obra marxiana. Recién ahí,
en dos palabras, Marx nombra su método como “dialéctico” y se refiere a la diferencia
entre investigación y exposición. Huelga decir que nosotrxs nos enfrentamos a esta
última. Y nos encontramos en el punto en el que Marx ha terminado de mostrar la
costura interna e invisible entre el valor y su forma en su mínima expresión. Seamos
(un poco más) infieles a Marx (como si se tratara de eso), y adelantémonos hacia el
tercer capítulo. Allí Marx nos da algunas pautas más sobre “su” método. Notable
nuevamente. No es en abstracto. Lo hace in media res, en el medio del camino para
auscultar las funciones del dinero y tras haber expuesto el proceso de intercambio y las
metamorfosis de la mercancía. Lo citamos no solamente para enriquecer la problemática
de la relación inmanente entre método y objeto sino también porque conecta
directamente con lo que acabamos de citar arriba. Démosle la palabra al barbudo de
Tréveris: “Vimos ya que el proceso en que se intercambian las mercancías implica

dialéktica 121
interna entre valor y forma de valor29, sino que también tiraba del hilo

relaciones contradictorias, recíprocamente excluyentes. El desarrollo de la mercancía no


suprime esas contradicciones, mas engendra la forma en que pueden moverse. Es éste,
en general, el método por el cual se resuelven las contradicciones reales. Constituye una
contradicción, por ejemplo, que un cuerpo caiga constantemente sobre otro y que con
igual constancia se distancie del mismo. La elipsis es una de las formas de movimiento
en que esta contradicción se realiza y al mismo tiempo se resuelve. En la medida en que
el proceso de intercambio transfiere mercancías de manos en las cuales son no-valores de
uso, a manos en las que son valores de uso, estamos ante un metabolismo social. El producto
de una modalidad útil de trabajo remplaza al de otra. Tan pronto como llega al lugar
en que sirve como valor de uso, pasa de la esfera del intercambio mercantil a la del
consumo. Aquí, es la primera la única que nos interesa. Por consiguiente, hemos de
examinar el proceso total desde el punto de vista de la forma, y por tanto sólo el cambio
de forma o la metamorfosis de las mercancías a través del cual es mediado el metabolismo
social. La concepción absolutamente defectuosa de este cambio formal obedece, dejando
a un lado la poca claridad acerca del concepto mismo del valor, al hecho de que todo
cambio formal de una mercancía se opera en el intercambio entre dos mercancías, una
de las cuales es corriente y la otra dineraria. Si nos atenemos tan sólo a ese aspecto
material, al intercambio de mercancía por oro, perderemos de vista precisamente lo
que debiéramos observar, esto es, lo que acontece con la forma. Pasaremos por alto que
el oro, en cuanto simple mercancía, no es dinero, y que las demás mercancías, en sus
precios, se remiten al oro como a su propia figura dineraria En un comienzo las mercancías
entran en el proceso de intercambio sin un baño de oro, ni de azúcar, tal como fueron
creadas. Dicho proceso suscita un  desdoblamiento de la mercancía en mercancía y dinero,
una antítesis externa en la que aquélla representa su antítesis inmanente de valor de
uso y valor. En esa antítesis las mercancías se contraponen como valores de uso al dinero
como valor de cambio. Por otra parte, ambos términos de la antítesis son  mercancías, y
por tanto unidades de valor de uso y valor. Pero esa unidad de elementos diferentes se
representa  inversamente  en cada uno de los dos polos y refleja a la vez, por ende, la
relación recíproca que media entre ambos. La mercancía es realmente valor de uso; su
carácter de ser valor se pone de manifiesto sólo de manera ideal en el precio, que la refiere
al término opuesto, al oro, como a su figura real de valor. El material áureo, a la inversa,
sólo cuenta como concreción material del valor, como dinero. De ahí que realmente sea valor
de cambio. Su valor de uso se pone de manifiesto únicamente de manera ideal en la serie
de las expresiones relativas de valor, en la cual se refiere a las mercancías que se le
contraponen, como al ámbito de sus figuras de uso reales. Estas formas antitéticas de las
mercancías son las formas efectivas en que se mueve el proceso de su intercambio.” (pp. 127-8).
29
Primera edición, tras exponer las diferentes formas de valor: “Lo decisivamente
importante, empero, era descubrir la conexión necesaria interna entre forma de valor,
sustancia de valor y magnitud de valor; esto es, expresándolo en términos ideales, demostrar
que la forma de valor surge del concepto de valor.” (1006) Dos escuetas menciones de esta
cita. Primero, decir que Marx concluye esto cuando termina de exponer las diversas
formas de valor. En esta versión primera el tratamiento de las cuatro formas de valor es
diverso del que aparece en el “Apéndice” de esa misma edición y en la re-escritura de
este capítulo para la segunda. Las tres primeras formas son relativamente similares. El
cambio más notorio –y atrayente para pensar– es el cuarto. En esta primera redacción de
Das Kapital la cuarta forma conlleva una potencial parálisis de la producción mercantil y
la “forma de dinero” no tiene lugar. En segundo término, en la cita se nota claro lo que
a Marx le interesa de la exposición de la forma de valor: la conexión interna. Y también
se puede advertir, para seguir masticando el materialismo a la Marx, como “coquetea”
con el idealismo. En los vericuetos de la relación entre valor y forma de valor es donde
Marx más se acerca a Hegel y donde más se aleja.

122 dialéktica
crítico por antonomasia: en el valor y su forma está la marca de la
caducidad de la producción mercantil, su finitud histórica.
Bajo todas las condiciones sociales el producto del trabajo es objeto
para el uso, pero sólo una época de desarrollo históricamente
determinada -aquella que presenta el trabajo gastado en la producción
de un objeto útil como atributo “objetivo” de este último, o sea como su
valor- transforma el producto del trabajo en mercancía. Se desprende
de esto que la forma simple de valor de la mercancía es a la vez la
forma mercantil simple adoptada por el producto del trabajo, y que,
por tanto, el desarrollo de la forma de mercancía coincide también con
el desarrollo de la forma de valor. (75-6)

Bástenos el recorrido expuesto hasta aquí como primeros rudimentos


para mascullar el modo marxiano de trabajar la relación interna
entre contenido y forma. Recordemos que esta puede ser una clave
para leer la obra en general y para encarar el arduo problema de la
transformación que aguarda en el Tomo III. Partimos de la mercancía
en su determinación de valor de uso y la negamos porque allí se diluye
su especificidad. La buscamos por el lado de su valor de cambio y
fuimos llevados desde la aparente contingencia del intercambio a las
fauces de la abstracta producción donde crece el fantasma del valor.
Pero dicho espectro exige hacerse carne. Sin esa transustanciación,
parece no ser nada. La forma simple de valor tan sólo fue un
peldaño de esa descendente y elíptica escalera en la que el tiempo de
trabajo socialmente necesario envuelto en forma de cosa, se impone
tendencialmente en el ritmo de la vida capitalista. Hemos visto que
en esta simple y opaca forma, Marx encuentra la piedra de toque para
resolver los enigmas del dinero que ya rezuman en las peculiaridades
de la forma equivalente del valor, la cual no muestra su propio valor,
pero es la expresión contante y sonante de su contraposición: en
su valor de uso expresa valor, en su trabajo útil manifiesta trabajo
abstracto y en su trabajo privado presenta el trabajo social.30 Es
30
Digamos escuetamente que las tres peculiaridades de la forma de equivalente se
encaminan a cristalizar en la forma dinero. En el texto del apéndice a la primera edición,
las peculiaridades no son tres sino cuatro: “el fetichismo de la forma mercancía es más
ostensible en la forma de equivalente que en la forma relativa de valor.” (1029) Otra
vez. Disculpen nuestra pereza para ocuparnos de cuáles son las hipotéticas razones
que decidieron a Marx a quitar esta cuarta peculiaridad y llevarla, de alguna manera,
a constituir el último acápite del primer capítulo (desde la segunda edición de la obra).
Tomemos esta mención sencillamente para lo que sí vamos a exponer sucintamente en
lo que sigue en relación a los puntos atinentes a nuestro problema (la relación interna
y opaca entre el valor y la forma de valor), o sea, el cuarto acápite: el fetichismo de la
mercancía y su secreto.

dialéktica 123
por eso que aparece como si de modo natural fuese directamente
intercambiable, directamente social y como si esa propiedad la tuviera
más allá de la relación de intercambio. La forma relativa, en cambio,
es indirectamente social porque pese a llevar las riendas de la relación,
de ser el polo activo del vínculo, necesita de que otra mercancía se le
contraponga para poder manifestar su valor, su ser social.
La forma simple de valor viene a solucionar el problema –
llamémosle– de la objetividad espectral que busca expresarse y no
lo hace sin generar nuevos problemas, inéditos velos sobre el trabajo
abstractamente humano. La unidad contrapuesta de la mercancía,
entre trabajo útil y trabajo abstracto como creadores de valor de uso
y valor respectivamente, se expresa como contraposición que vincula
a una mercancía relevante por su valor de uso con otra identificable
sólo por su valor de cambio. En palabras marxianas: las antítesis
internas de la mercancía desplegadas por medio de antítesis externas.
La forma de valor es el modo en que esas contraposiciones se mueven,
se desarrollan. Movimiento y desarrollo que, como ya hemos visto,
dista de la armonía y la complicidad. La forma simple, decíamos,
soluciona el problema de la objetividad fantasmática. Pero tras
desplegar todas sus implicancias, llega a su límite. Es que en el mundo
no hay sólo dos mercancías que se intercambian contingentemente.
En el mundo mercantil todo deviene mercancía. Y la mercancía A, que
tan pacientemente nos ha mostrado los efectos que tiene su encuentro
con la mercancía B, no cesará de transitar hasta enfrentar a todas las
mercancías. En la forma simple está, como suele decirse, todo en
germen. Pero no es lo mismo la simiente que el árbol y el fruto. La forma
simple de desarrollará, pasando, primero, por la “forma desplegada
del valor”, luego por la “forma general de valor”, hasta consumarse en
la forma dinero31. Este camino resolverá problemas para generar otros,
superará límites provocando nuevos. En otras palabras, vendrán,
tras la forma simple, configuraciones más concretas, complejas y
desarrolladas. Formas  que llevarán las contradicciones inmanentes a
la producción de mercancías a cada rincón del mercado mundial. El
ingente travestismo del trabajo abstractamente humano que hace a las
mercancías lo que son. Cuanto mayor es el despliegue de sí, mayor el
repliegue sobre sí. A mayor luz, mayor opacidad.

31
Marx cumple allí lo que nos había adelantado en el “Prólogo” a la primera edición.
No sólo ha dado una punzada crítica a la economía política sino que ha resuelto lo que
la humanidad caviló sin respuesta certera –porque no podía llegarse si no en esta época
capitalista– durante dos mil años (6).

124 dialéktica
Nosotrxs detenemos nuestra exposición en la forma simple de
valor. No proseguiremos su desarrollo sino que, en cambio, daremos
un paso hacia atrás y nos concentraremos en el primer vestido que
envuelve al nervio de la autoproducción social. Donde se encuentra
acurrucado el secreto del fetichismo de la mercancía.32

Cuarto parágrafo: “El carácter fetichista de la mercancía y su


secreto”

Marx inicia este acápite enunciando que el análisis de la mercancía


nos la devuelve como “un objeto endemoniado, rico en sutilezas
metafísicas y reticencias teológicas”. Tras esta afirmación, busca
de dónde emerge el hecho de que una mesa, apenas se pasea por
el mercado, entra en escena como mercancía, se transmute en “cosa
sensorialmente suprasensible”. Deja de lado como respuesta posible
al valor de uso y su capacidad para satisfacer necesidades humanas
ya se originen “en el estómago o en la fantasía”. El trabajo (concreto
y orientado a un fin) que produce los valores de uso, sólo “altera
las formas de las materias naturales de manera que le sean útiles”.
Este trabajo transforma la madera en mesa. Pero la mesa no deja de
ser madera con su nueva forma. Este trabajo conserva en la mesa la
madera como cosa sensible. Entonces, los enigmas de la mercancía no
brotan de su valor de uso. A renglón seguido Marx se mete con el otro
aspecto de la mercancía: el valor.
Tampoco proviene del contenido de las determinaciones de valor. En
primer término, porque por diferentes que sean los trabajos útiles
o actividades productivas, constituye una verdad, desde el punto
de vista  fisiológico, que se trata de funciones del organismo  humano,
y que todas esas funciones, sean cuales fueren su contenido y su
forma, son en esencia gasto  de cerebro, nervio, músculo, órgano
sensorio, etc.,  humanos. En segundo lugar, y en lo tocante a lo que
sirve de fundamento para determinar las magnitudes de valor, esto
es, a la  duración  de aquel gasto o a la cantidad  del trabajo, es posible
32
Antes de adentrarnos plenamente en éste, enfaticemos que el fetichismo es ya la forma
simple de valor. Nunca se ha de mostrar la sustancia y su magnitud. Nunca se ha de
“acceder” al trabajo ni al tiempo de trabajo. ¿O sí? He aquí un modo de captar de otro
modo cómo se presenta la cuestión. Por un lado, podemos decir que en su mostración
en la circulación, en el intercambio, en el mercado no puede no manifestarse y lo hace
como lo diverso de sí. Pero, por otro lado, podríamos señalar el tic-tac que comanda la
producción, cómo el proceso de trabajo es organizado conscientemente a partir del
tiempo de trabajo. Todo el Tomo I de Das Kapital se centra, justamente, en el proceso de
producción del capital.

dialéktica 125
distinguir hasta sensorialmente la  cantidad  del trabajo de su  calidad.
En todos los tipos de sociedad necesariamente hubo de interesar
al hombre el  tiempo  de trabajo que insume la producción de los
medios de subsistencia, aunque ese interés no fuera uniforme en los
diversos  estadios del desarrollo. Finalmente, tan pronto como los
hombres trabajan unos para otros, su trabajo. Adquiere también una
forma social. (87-8)

Sigámoslo paso a paso porque llama la atención que igual de inmediata


es la negación: “Tampoco proviene del contenido de las determinaciones
de valor.” ¿Cuál es el contenido de las determinaciones de valor? En
primer lugar, las que hacen a la sustancia de valor: la diferencia de
trabajos útiles no menoscaba la evidente verdad de que todos y cada
uno de ellos, desde el punto de vista fisiológico, son funciones del
organismo humano, gasto de nervio, músculo, cerebro, etc. En segundo
lugar, las que concurren a determinar la magnitud de valor: la duración
o la cantidad de trabajo gastado en la producción. Marx nos dice que
en toda sociedad fue relevante el tiempo que la sociedad invertía en su
reproducción. En tercera instancia, las características que se exhiben
ni bien los hombres trabajan unos para los otros: el trabajo muestra
su forma social. Se puede decir que las determinaciones genéricas del
valor son para Marx aquellas características del trabajo humano en
general: gasto, duración y sociabilidad.
Entonces, los enigmas y los quebraderos de cabeza que se
agazapan en la mercancía no tienen que ver ni con su valor de uso ni
con el contenido de las determinaciones genéricas: el gasto de trabajo
humano durante un tiempo determinado en y para otros hombres, es
decir, en y para la sociedad. Entonces, Marx pregunta:
¿De dónde brota, entonces, el carácter enigmático que distingue al
producto del trabajo no bien asume la forma de mercancía? Obviamente,
de esa forma misma. La igualdad de los trabajos humanos adopta
la forma material de la igual objetividad de valor de los productos
del trabajo; la medida del gasto de fuerza de trabajo humano por su
duración, cobra la forma de la magnitud del valor que alcanzan los
productos del trabajo; por último, las relaciones entre los productores,
en las cuales se hacen efectivas las determinaciones sociales de sus
trabajos, revisten la forma de una relación social entre los productos
del trabajo. (88)

Marx responde: “… de esa forma misma”. ¿Qué significa? Otra vez,


sigámoslo paso a paso ya que recorrerá las tres determinaciones del
valor que acabamos de ver, enfatizando en la trans-formación que les

126 dialéktica
sucede al coagularse en la producción mercantil. En primer lugar, la
igualdad del gasto humano en el trabajo asume “la forma material de
la igualdad objetividad del valor de los productos del trabajo”. En
segundo lugar, la duración, la cantidad, el tiempo del gasto del trabajo
humano asume “la forma de la magnitud del valor que alcanzan los
productos del trabajo humano”. En tercer lugar, los vínculos entre
lxs productorxs en los que se traban las características sociales de sus
trabajos asumen “la forma de una relación social entre los productos
del trabajo”. Las determinaciones del valor, las condiciones genéricas
de sus características, de origen demasiado humano son vestidas,
veladas, fetichizadas no bien su producto asume la forma mercancía. Las
determinaciones del trabajo pasan a ser atributos del valor y de las
mercancías.
Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente,
pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social
de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los
productos del trabajo, como propiedades sociales naturales
de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación
social que media entre los productores y el trabajo global, como
una relación social entre los objetos, existente al margen de
los productores. Es por medio de este quid pro quo [tomar una
cosa por otra] como los productos del trabajo se convierten en
mercancías, en cosas sensorialmente suprasensibles o sociales.
(88)

Es un modo específico de las relaciones entre lxs productorxs, de la


relación social existente entre ellxs (entre nosotrxs), el que adopta
“la forma fantasmagórica de una relación entre cosas.” Inevitable
fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo humano apenas
se las produce bajo esta peculiar forma mercantil.
Si preguntar de dónde brota el carácter fetichista de la forme
de mercancía nos llevó a buscar la respuesta en esa “forma misma”,
podríamos reformular y repreguntar: ¿de dónde brota esa forma misma?
El camino que hemos transitado lanza una respuesta. El mundo en el
que la riqueza toma la forma de mercancía supone un modo específico
de la autoproducción social. Los productos del trabajo humano toman
la forma de mercancía dado que son resultados de trabajos privados
recíprocamente independientes. La sociedad como tal se autoproduce
en ese entramado de trabajos privados. El trabajo social se cifra en esa
configuración de múltiples trabajos privados. De esta manera, quienes

dialéktica 127
producen privadamente no entran en contacto con el resto de la
sociedad, con su constitutiva determinación social hasta que acuden al
mercado a intercambian los productos de su trabajo. Debido a esto, la
sociabilidad inherente a su producción (dado que producen mercancías
y una de sus aristas es su utilidad, su valor de uso para otrxs y no
para quien produce) sólo se muestran en ese ámbito particular de
intercambio, el mercado (dado que producen mercancías y su matiz
específico es el valor, la objetivación del tiempo de trabajo socialmente
necesario, que se mostrará en la forma de valor). Como dice Marx: “los
trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social
en su conjunto, sino por medio de las relaciones que el intercambio
establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre
los productores.” (89) Y aquí nace el encantamiento. No hay engaño,
ni mentira, ni ideología que nuble la conciencia de lxs poseedores de
mercancías. Sucede algo raro. Esa mediación que necesitan atravesar
los trabajos realizados privadamente para mostrar su sociabilidad,
el salto mortale que deben afrontar con la mercancía en sus manos
(o en su completa corporalidad viva para el caso de lxs oferentes de
la extraña mercancía fuerza de trabajo) se les manifiestan tal cual es.
Esa rodeo muestra que no son relaciones directa e inmediatamente
sociales entre quienes participan privadamente de la autoproducción
social. Esa mediación se muestra, en cambio, como relaciones entre las
cosas, como relación propia de cosas. Cuando nos encontramos en el
mercado, la situación se presenta de modo tal que somos llevados allí
de la mano por las mercancías y no al revés. Ellas hacen o no el trato
de intercambio. Y solamente es en el intercambio donde los productos
del trabajo adquieren una objetividad de valor, socialmente uniforme,
separada de su objetividad de uso, sensiblemente heterogénea33. Otra
33
Este cuarto acápite, se podría dividir en tres partes. La primera versa sobre el
fetichismo en sentido estricto (pp. 87-93). En la segunda Marx nos ilustra el sentido y la
especificidad del fetichismo propio de la peculiaridad mercantil en contraposición con
otros modos de producción (pp. 93-7). En el último se ocupa de las críticas a la economía
política (pp. 97-102). Sobre el primero y el tercero, nos remitimos a lo que hemos
laborado arriba. Sobre el segundo, digamos algo parcial aquí. Una de las maneras en
las que Marx intenta hacernos nítido la especificidad del fetichismo de las mercancías
es contraponiéndolo a otros modos de producción y a cómo en ellos se expresaban
las relaciones sociales de producción: dependencia político-económica y tiempos con
rostro de deuda. En el capitalismo, contrariamente, la independencia y libertad en tanto
nos presentamos como productorxs privadxs. La dependencia se nos muestra como
imposición externa, el ir al mercado, al encuentro con lxs otrxs para ofertarles una valor
de uso para ellxs, producido en el tiempo de trabajo socialmente necesario –o al menos
se venderá según eso, si he tardado más o menos, al señor Market no le interesa: se
impone como la ley de gravedad- de modo que pueda demandar una cosa mercantil
que satisfaga las propias necesidades, lo mismo da que hayan sido paridas en nuestra

128 dialéktica
vez aquello del problema y su turbia resolución.
Esta separación del producto del trabajo en cosa útil, por
un lado, y en cosa de valor, por el otro, sólo se realiza, en la práctica
histórica, cuando el intercambio ha crecido lo suficiente como para
que una parte de la producción se oriente exclusivamente a ese
ámbito. En ese momento, cuando hay cosas que se producen para ser
intercambiadas, ya se tiene en cuenta el perfil de valor de las cosas. De
modo que los trabajos privados adquieren un doble semblante social.
En primer lugar, en tanto útiles tienen que confirmar su efectividad
como parte del trabajo global por medio de la satisfacción ajena, como
cumplimiento de necesidades sociales. En segunda instancia, sólo
puede satisfacer las necesidades de quien produce esa útiles para otro
si, en tanto trabajo privado, se muestra intercambiable por otro que le
es equivalente. Dicha ecuación implica, como único tránsito posible,
que la igualdad de trabajos diversos resida en una abstracción de
dicha diversidad, en una reducción a su determinación común, o sea,
a mero gasto de trabajo abstractamente humano. En otras palabras,
su doble sociabilidad de expresa en su utilidad para otrxs y en su
igualdad con un producto hetereogéneo. Valor de uso para otrx en una
mano. Valor y forma de valor en la otra. Semejante enredo en cómo se
hacen las cosas en este peculiar mundo mercantil no puede no tener un
correlato en cómo se aprehende esa realidad, en cómo se percibe, en
cómo se entiende. La compleja relación del hacer y el pensar. O como
dice Marx, cómo se refleja en el cerebro de lxs productorxs privadxs.
Ese doble carácter social lo hace, como es de esperar, doblemente. El
primer aspecto, la utilidad ajena, toma el directo camino de exigir que
su trabajo privado efectúe productos útiles para otrxs. El segundo, la
igualdad de los trabajos desiguales, toma el avieso sendero por el que
se manifiesta bajo la forma del carácter de valor que es común a esos
cuerpos múltiples y heterogéneos que conforman el policromático
mundo mercantil. He aquí el pase de magia fetichista: el valor de uso
es para otrxs seres humanos, el valor es de las cosas mismas.
Teniendo en cuenta ese doble carácter social que adquieren los
productos privados en tanto son realizados bajo la forma de mercancías
y cómo se expresa en las sensibles certezas de esos productorxs

corporalidad o en el terreno inefable de nuestra cabeza. Notable en esta contraposición


cómo Marx se refiere a una potencial sociedad comunista: Imaginémonos… Difícil
pretender que en estas líneas (y difícil encontrar otras en lo largo de la obra) está la
planificación del venidero reino de la libertad... Eso sería mucho elogio y, al mismo
tiempo, mucho escarnio.

dialéktica 129
privadxs cuando van al mercado34, el hecho de que productorxs
relacionen entre sí como valores los productos de su trabajo, no
se debe a que éstos cuenten como diferentes envolturas cósicas del
mismo trabajo abstractamente humano. Se debe, inversamente, a que
al igualar y equiparar entre sí en el cambio como valores sus productos
desiguales, equiparan recíprocamente sus diversos trabajos como
trabajos abstractamente humanos. No lo saben, pero lo hacen. El valor,
en consecuencia, no lleva escrito en la frente lo que es35. Más bien todo
lo contrario, según lo que hemos estado recorriendo en la exposición
precedente, desde el seno del trabajo bifacético hasta la sinuosa forma
de valor. Esa cosa que es el valor trasviste las determinaciones del trabajo
genérico y sus productos tornándolas un misterio.
Pero la certeza sensible de lxs productorxs privadxs
de mercancías, su conciencia inmediatista, embrujada por las
afecciones del mercado no son la única potencia del pensamiento.
La humanidad, a la par de la creciente producción de mercancías,
también desarrolló el pensamiento abocado a descifrar los jeroglíficos
mercantiles, a desasnar el misterio que provoca que los valores de
uso sean determinados como valores. ¿Cómo demonios acontece
si las mercancías son una hechura humana, demasiado humana?
Marx no duda al decir que es un parteaguas en la historia de la
humanidad, el descubrir que los valores no son más ni menos que
expresiones cósicas del trabajo humano objetivado en su producción.
Sí, un descubrimiento sin precedentes, implicado en el ingente y voraz
mundo de las relaciones sociales capitalistas. Sí, un descubrimiento
34
Repitámonos: su conciencia refleja ese doble carácter social, por un lado, en la utilidad
para otrxs y, por otro, en el valor como atributo de las cosas y no de las relaciones entre
lxs productorxs.
35
Redacción de la primera edición: “Si los hombres relacionan entre sí como valores
sus productos, en la medida en que esas cosas cuentan como meras envolturas
materiales de trabajo homogéneamente humano, esto a la vez implica, a la inversa,
que sus diversos trabajos sólo en un envoltura material cuentan como trabajo humano
homogéneo. Relacionan entre sí sus diversos trabajos como trabajo humano, por
cuanto relacionan entre sí sus productos como valores. La relación personal está oculta
por la forma material. El valor, en consecuencia, no lleva escrito en la frente lo que
es. Para relacionar recíprocamente sus productos como mercancías, los hombres se ven
obligados a equiparar sus diversos trabajos con el trabajo abstractamente humano. No
lo saben, pero, al reducir la cosa material a la abstracción valor, lo hacen. Se trata de una
operación y espontánea y natural, y por tanto inconsciente e instintiva, de su cerebro.
La misma brota necesariamente del modo particular de su producción material y de las
condiciones en que esa producción los coloca. Primero su relación existen en la práctica.
Pero en segundo lugar, como ellos son hombres, su relación existe como relación para ellos.
La manera en que existe para ellos, o en que se refleja en su cerebro, dimana de la
naturaleza de la relación misma.” (nuestro énfasis, 1009-10)

130 dialéktica
fundamental que es basal para la crítica del mondo capitalista, “pero
en modo alguno desvanece la apariencia de objetividad que envuelve
a los atributos sociales del trabajo.” La peculiaridad de la producción
mercantil como modo específico de la autoproducción de la sociedad
limita la vigencia de estas formas del pensamiento. Pero mientras haya
producción de mercancías, mientras la determinación social específica
de las producciones privadas recíprocamente independientes consista
en su igualdad en cuanto trabajo abstractamente humano cosificado
y, por ende, asuma la forma del valor de los productos del trabajo, el
pensamiento crítico, por su parte, puede exponer la ilusión pero no
por eso la desvanece. Por la suya, la conciencia inmediata de quienes
encarnar la producción mercantil se verá continuamente afectada por
sus propios productos como si no fuese su propio trabajo, ese motor
inmóvil -que mueve sin ser movido- de los caprichosos bailes de las
mercancías, en los cuales todo sucede como si el compás fuese eterno.
Tirando del hilo de lo que nos afecta en el viaje mercantil que
son nuestras existencias en el capitalismo, tropezamos con la cotidiana
encarnación cósica de los tiempos de trabajo cada vez que entramos
a un comercio para satisface nuestras necesidades. Sumergidxs en
esa situación, no nos parece relevante preguntarnos por qué las cosas
valen. Ni se nos ocurre. En ese lugar sólo es importante expresar la
cosa tal cuál se nos manifiesta. La única pregunta que empuja nuestros
labios es ¿cuánto vale?
En realidad, el carácter de valor que presentan los productos del
trabajo, no se consolida sino por hacerse efectivos en la práctica como
magnitudes de valor. Estas magnitudes cambian de manera constante,
independientemente de la voluntad, las previsiones o los actos de los
sujetos del intercambio. Su propio movimiento social posee para ellos
la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control se encuentran,
en lugar de controlarlas. Se requiere  una producción de mercancías
desarrollada de manera plena antes que brote, a partir de la experiencia
misma, la comprensión científica de que los trabajos privados
-ejercidos independientemente los unos de los otros pero sujetos a una
interdependencia multilateral en cuanto  ramas de la división social del
trabajo que se originan naturalmente- son reducidos en todo momento a
su medida de proporción social porque en las relaciones de intercambio
entre sus productos, fortuitas y siempre fluctuantes, el tiempo de trabajo
socialmente necesario para la producción de los mismos se impone
de modo irresistible como ley natural reguladora, tal como por
ejemplo se impone la ley de la gravedad cuando a uno se le cae la casa

dialéktica 131
encima36. La determinación de las magnitudes de valor por el tiempo de
trabajo, pues, es un misterio oculto bajo los movimientos manifiestos
que afectan a los valores relativos de las mercancías. Su desciframiento
borra la apariencia de que la determinación de las magnitudes de valor
alcanzadas por los productos del trabajo es meramente fortuita, pero
en modo alguno elimina su forma de cosa. (nuestro énfasis, 91-2).

Haber escrito (para Marx) y leído (para nosotrxs) El capital no anula


el carácter de cosa con el que se nos impone el tiempo de trabajo
socialmente necesario para la autoproducción social bajo su forma
capitalista37. Es necesario pero no suficiente.
Notemos este último paso, el torvo sentido del Eclesiastés
moderno. En las magnitudes de valor y, con mayor despliegue, en los
precios que cuelgan de los cuellos de las mercancías cada vez que nos
enfrentamos con ellas para intercambiarlas por esa rara mercancía que
es el equivalente general en la forma dinero, que sólo ha llegado a
nuestras manos con el fin de partir38, el tiempo de trabajo socialmente

36
Nota de Marx, citando al joven Engels: “¿Qué pensar de una ley que sólo puede
imponerse a través de revoluciones periódicas? No es sino una ley natural, fundada en
la inconciencia de quienes están sujetos a ella.” (Friedrich Engels, “Umrisse zu einer Kritik
der Nationalökonomie”, en Deutsch-Französische Jahrbücher, ed. por Arnold Ruge y
Karl Marx, París, 1844.)]. No mucho más adelante, cuando analizando las funciones del
dinero se note que puede haber equivocidad cuantitativa entre la magnitud de valor
y el precio, Marx explicitará el lazo inmanente entre esta ciega ley y la opacidad de la
forma: “La magnitud del valor de la mercancía expresa, pues, una relación necesaria e
inmanente al proceso de formación de la mercancía con el tiempo de trabajo necesario
de trabajo. Al transformarse en precio la magnitud de valor, esta relación necesaria se
pone de manifiesto como relación de intercambio de una mercancía con la mercancía
dineraria, existente al margen de ella. Pero en esta relación tanto puede expresarse la
magnitud del valor de la mercancía, como el más o el menos por el que en determinadas
circunstancias puede enajenarse. Por tanto, en la forma misma del precio está implícita
posibilidad de una incongruencia cuantitativa, de una divergencia, entre el precio y la
magnitud del valor. No se trata, en modo alguno, de un defecto de esa forma, sino que
al contrario es eso lo que la adecua a un modo de producción en el cual la norma sólo
puede imponerse como ley promedial que, en medio de la carencia de normas, actúa
ciegamente.” (125) El viejo Anaximandro ríe con ganas. El capitalismo, la imposición
del tiempo de trabajo socialmente necesario bajo la forma de cosa en tanto ciega ley
natural reguladora, escribe con nueva letra su críptico fragmento: “A partir de donde
hay generación para las cosas, hacia allí también se produce la destrucción, según la
necesidad; en efecto, pagan la culpa unas a otras y la reparación de la injusticia, de
acuerdo con el ordenamiento del tiempo.”
37
La atención en este punto específico como la peculiaridad en torno a la cual gira la
comprensión de la exposición marxiana de la relación social capitalista se la debemos a
Eduardo Glavich, quien lo ha mencionado numerosas tardes de sábados en los talleres
de lectura de la obra marxiana.
38
No es ese movimiento exacto el que el dinero hace en las fauces de los capitalistas,
pero ese es un tema que ahora no nos interesa. Hasta este punto de la exposición no hay
capitalistas, ni trabajadorxs, ni lucha de clases… ¿o sí?

132 dialéktica
necesario fortalece su reinado, su ley hecha carne. El rey larraldeano ya
no nos grita imperativamente ¡Vísteme! Ahora, con una mueca burlona
y paradójica, nos dice, como si pudiésemos comprenderlo, me viste.

dialéktica 133
Universidad
La Educación contra el Estado
Sobre socialistas utópicos en el conurbano bonaerense

Patricio McCabe
Pido perdón por esto a los maestros que, en condiciones espantosas, intentan volver
contra la ideología, contra el sistema y contra las prácticas de que son prisioneros,
las pocas armas que puedan hallar en la historia y el saber que ellos “enseñan”. Son
una especie de héroes. Pero no abundan, y muchos (la mayoría) no tienen siquiera
la más remota sospecha del “trabajo” que el sistema (que los rebasa y aplasta) les
obliga a realizar y, peor aún, ponen todo su empeño e ingenio para cumplir con la
última directiva (¡los famosos métodos nuevos!). Están tan lejos de imaginárselo que
contribuyen con su devoción a mantener y alimentar, esta representación ideológica
de la escuela, que la hace tan “natural” e indispensable, y hasta bienhechora, a los
ojos de nuestros contemporáneos como la iglesia era “natural”, indispensable y
generosa para nuestros antepasados hace algunos siglos.

Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Louis Althusser

Hoy puede resultar sorprendente que se compare la escuela con la


iglesia como lo hace Althusser en el epígrafe que precede estas líneas. E
incluso suele generar sorpresa cuando en alguna reunión de activistas
alguien interviene disociando la educación de la forma escuela. Ni
hablar del intento siempre fallido de pensar lo público sin equipararlo
a lo estatal. Sin embargo, esto no siempre fue así. Althusser se inscribe
en una larga tradición de pensamiento que encuentra sus raíces en la
revolución de 1789.
El imaginario de las luchas argentinas actuales parece muy
distante de estas ideas. La defensa de la educación pública, estatal
y gratuita es una de las banderas que goza de mayor unanimidad
entre las organizaciones del campo asalariado y la coma que separa lo
público de lo estatal en la consigna no suele ser advertida por quienes
suelen poner su empeño en las numerosas marchas en defensa de la

dialéktica 135
educación. Va a ser el proceso abierto en 2001 el que permita poder
pensar lo público a distancia del estado Y es que las ideas de autonomía,
autogestión u horizontalidad que hoy son condiciones necesarias para
el surgimiento de bachilleratos o materias alternativas encontraron,
recién en la última década, un suelo mas fértil donde desarrollarse. Sin
embargo no podemos dejar de advertir que de la emergencia de este
discurso deriva una subjetividad autónoma que se imagina a si misma
nacida de un repollo, presunción esta que le impide inscribirse en un
relato precedente que legitime su accionar. Este desconocimiento a su
vez que imposibilita reconocerse en prácticas similares de aquellos
que profesan similares credos también tiene como consecuencia una
subjetividad local anclada a lo inmediato de su despliegue.
En su momento Marx parecía disruptivo con su negativa
a inscribir la educación de los trabajadores en la órbita estatal y
podríamos aventurar que hasta hace muy poco tiempo esta idea era
considerada delirante incluso en el estrecho marco de la discusión
activista. Por qué hoy podemos pensar/actuar la educación en un
sentido similar al marxiano? ¿Qué vínculos con luchas pretéritas
sostienen el actual entramado de prácticas autónomas en educación?
¿El intento de este escrito es tratar de brindar una genealogía posible
donde zapateros y tejedores franceses de mediados del siglo XIX se
den la mano con veinteañeros estudiantes universitarios de hoy.

1830-1848 ¡¡Utópicos!!

Jacques Ranciere dedicó una buena parte de su vida a la investigación


del movimiento obrero en un período que se extiende entre las
revueltas de 1830 y 1848. Resulta esta una época especialmente
intensa en experimentaciones en el campo del trabajo. Es un tiempo
de enfrentamientos de barricada pero también de fundación de
comunas e instrucción mutua entre proletarios. Louis Blanc, Auguste
Blanqui , Victor Considerant son algunos de los nombres influyentes
en las nacientes organizaciones del proletariado francés.y será bajo
la influencia de Saint Simon y Fourier que se ensayaran intentos
comunitarios en suelo europeo y norteamericano. Es también
el momento de los experimentos educativos que propaga un
revolucionario del 89 llamado Jacotot a cuyos cursos va a ser asiduo
asistente Etienne Cabet uno de los socialistas fundadores de la comuna
Icaria en la lejana Texas. Este es el suelo nutricio en el que crecerá

136 dialéktica
el socialismo francés que impactará fuertemente en un joven alemán
llamado Karl Marx
Y si nos detenemos en este período es porque aquí se piensa
de una manera muy distinta a la actual, la relación entre la educación
y la escuela. Formado en este clima de ideas es que Marx se va a
oponer a la consigna sobre educación que figura en el programa del
Partido Socialista Alemán que bajo inspiración de La Salle proclama
“Educación popular  general e  igual  a cargo del Estado. Asistencia
escolar obligatoria general. Instrucción gratuita” En las antípodas
de este pensamiento Marx va a sostener que es absolutamente
inadmisible eso de que haya “educación popular a cargo del Estado”
para postular que “lo que hay que hacer es más bien substraer la
escuela a toda influencia por parte del gobierno y de la Iglesia.” Frase
que rematará irónicamente afirmando que es el Estado el que necesita
recibir del pueblo una educación muy severa1. Claramente esta no es
la orientación predominante en el campo de las organizaciones de
izquierda en el presente donde al mismo tiempo que desprecian la
autoformación no tienen reparos en ser fieles a La Salle.
Quienes nos formamos en partidos de izquierda aprendimos
que esos socialistas franceses que Marx había admirado no debían
ser considerados tipos admirables. Si consideramos que el Marx
que se sirve en la mesa de esas organizaciones es pesadamente
economicista es lógico pensar que esos socialistas fuesen desdeñados
como ingenuos. ¡Utópicos! era el adjetivo que por su sola mención
obraba inhibiendo cualquier despliegue de pensamiento. Recitábamos
aquello de las “tres fuentes que confluyeron en su obra, a saber, la
filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés.”
Pero no se entendía que debíamos beber de esta última luego de que
sus aguas fueran maldecidas por el fundador.
Pero el fundador no había salido entero de la cabeza de Zeus sino
que se había formado como cualquiera de su época en un imaginario
forjado en la revolución francesa. En particular en las revueltas
posteriores a esta. Porque si entre los revolucionarios de 1789 brillaban
abogados, periodistas y educadores , digamos que en la segunda los
protagonistas fueron otros. Las revoluciones de 1830 y 1848 fueron
acontecimientos que involucraron más bien a artesanos, zapateros y
campesinos recién llegados a las ciudades. Eran unas gentes bastante
menos refinadas y muy poco empapadas del asunto de “los derechos
1
C. Marx, Crítica al Programa de Gotha, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín (Beijing),
República Popular China, 1979.

dialéktica 137
del hombre”. En su imaginario rústico había formulas con las que se
sentían más afines como aquella que reza que la propiedad es el robo.
Por aquellos días, Max Stirner integraba el staff de la Gaceta
Renana que era un periódico de circulación modesta en la patria
de Goethe.. Allí revistaba un verdadero dream team de la izquierda
hegeliana con nombres rutilantes como el de Bruno Bauer o un
todavía ignoto, Karl Marx. La redacción de la Gaceta vivía en un clima
de efervescencia permanente y entre sus paredes se discutían a voz
en cuello todos los temas en un plan de polémica que fructificaba en
numerosos escritos. Y ciertamente las opiniones sobre la educación y
la escuela no eran un tema que se esquivara en las sobremesas de los
jóvenes hegelianos
“Se sofoca violentamente nuestro buen fondo de rebeldía y,
con él, el desarrollo del saber hacia la libre voluntad. El resultado al
que lleva la vida escolar no es entonces otra cosa que el filisteísmo.
Así como de niños nos habituamos a las cosas que se nos presentan,
así también nos familiarizamos y adaptamos posteriormente a la
vida positiva y a la época, convirtiéndonos en sus esclavos y en lo
que se ha dado en llamar ciudadanos honrados.”2 Esta era la opinión
stirneriana sobre la escuela y la ciudadanía. Una vez más vemos que
el sentido común que los amigos alemanes tenían acerca de la escuela
e incluso de la ciudadanía dista bastante del predominante entre sus
admiradores de hoy.
Con el tiempo los caminos de Max y Marx se bifurcaran pero
nada indica que el punto de vista marxiano sobre educación y escuela
fuera distinto del stirneriano, en aquellos días en que Karl se indignaba
contra el programa de Gotha del Partido Socialdemócrata .

1913 o la Pasión Nacional

El mismo Partido Socialdemócrata que no tuvo reparos en rechazar las


concepciones educativas de Marx, es el que va a votar en el parlamento
los créditos de guerra que facilitarán meses después la matanza entre
obreros alemanes y franceses. Y es que ya no estamos en 1848 sino en
1913 y en el tiempo transcurrido los vientos del patriotismo dividieron
el campo del trabajo minando la autonomía de clase. El período clase
contra clase dejaba lugar a la pasión nacional.

2
 Stirner, Max. “El falso principio de nuestra educación”, disponible en https://
es.theanarchistlibrary.org/library/max-stirner-el-falso-principio-de-nuestra-educacion,
pág. 3.

138 dialéktica
Celestine Freinet probablemente haya sido presa de la pasión
por su patria y quizás esto lo haya llevado a servir como soldado en
el ejército de la nación francesa. Recibió la Legión de Honor por unos
servicios prestados que no se extendieron demasiado en tiempo dado
que quedo rápidamente fuera de juego por una herida que cargaría el
resto de su vida. Crítico de la sociedad capitalista, va a revistar en las
filas del comunismo francés del que se va a distanciar al final de su
vida. Maestro de escuela desde siempre, va a desarrollar un método
propio que enfatiza en la centralidad del estudiante y en la autogestión
pedagógica que hasta entonces habían sido patrimonio de la tradición
anarquista.
¿Qué opinaba Celestine de la formación que provee el estado?
Probablemente algo similar a lo postulado por Stirner cuando advierte
que si al niño “(…) se lo forma, podrá adaptarse siempre y de la manera
más sutil y formada a las circunstancias, pero sólo para convertirse en
almas serviles. ¿Qué son en su mayor parte nuestros espirituales y
educados sujetos? Nada más que ridículos propietarios de esclavos,
cuando no simples esclavos”3
Luego de su paso por la Gran Guerra, Célestin consigue un
puesto de profesor en su pueblo al mismo tiempo que se involucra en
la construcción de una cooperativa de electricidad y se afilia al Partido
Comunista. Como profesor habilita la expresión de los estudiantes
y esto pronto llegara a oídos del Ayuntamiento que procederá a
despedirlo. Esto no le impedirá fundar otra cooperativa, esta vez de
educadores que mas tarde va a devenir en una escuela con un creciente
componente experimental. La Cooperativa de Enseñanza Laica crece
con una orientación libertaria y trabaja con las capas sociales más
desfavorecidas. Por aquellos días se declara la Segunda Guerra pero
ahora el antiguo héroe es considerado sospechoso e internado “de
manera preventiva” en un campo de concentración.
Campesino al fin (y foucaultiano avant la lettre) encontraba
similar la estructura de la escuela a la del establo. Refiriéndose a los
estudiantes de una escuela afirma que “Desgraciadamente , todavía
oigo a algunos niños balbucear canturreando- iba a decir balando-
detrás de las puertas cerradas de sus escuelas-establos incluso si
son escuelas-establos lujosas, los veo patalear como a mis ovejas a la
entrada y a la salida, y no falta nada, ni los carneros, ni los pastores
autoritarios, ni los reglamentos tan severos como nuestros látigos y
nuestros perros, los veo volver a todos a la vez las mismas páginas,
 Stirner, Max. Ob.cit. ibidem
3

dialéktica 139
repetir las mismas palabras, hacer los mismos signos. Os quedarías
pasmados de verles después ofrecer miserablemente sus brazos a la
explotación y a la guerra como las ovejas se ofrecen al matadero”.4
La educación a la Freinet considera al aula como el territorio
privilegiado de sus intervenciones y muchos de los dispositivos
escolares que hoy nos parecen novedosos fueron moneda corriente
en los salones de la Cooperativa. La idea fuerza es el principio de
cooperación entre docentes y estudiantes del modo mas igualitario
posible. La planificación de las clases se hará de manera conjunta y las
decisiones se tomarán en asamblea. Se trata de hacer el menor espacio
posible a la división intelectual/manual enfatizando en la producción
de los propios materiales de conocimiento e incluso de los medios de
comunicación de aquello que sucede en el aula. Conceptos que hoy
son parte del imaginario en las escuelas de estado como, la revista
escolar, la lección paseo e incluso la autoevaluación son apropiaciones
de hallazgos de la Cooperativa.
Hay un supuesto de comunismo aquí y ahora que subyace a estas
experimentaciones. Y es que a sabiendas de que no hay un modelo a
imitar, su intento va a pasar por producir experiencias que, a su vez
.modifiquen la subjetividad de los que actúan. Es el mismo aliento que
sostiene las experiencias utópicas en territorio americano y muchos de
los intentos realizados durante la Guerra Civil en España. Es el mismo
viento que cobró impulso en el acontecimiento de 1789.
La vigencia de lo que se conoce como Técnicas Freinet se va
a desparramar por América Latina a partir del exilio forzado de
educadores que produce el triunfo del franquismo en los territorios
controlados por el estado español. El propio Célestin vivió hasta
1966 y sus ideas van a ser gravitantes en un Mayo Francés que supo
cuestionar fuertemente la estructura autoritaria del aula y que fue
pródigo en dinámicas asamblearias allí donde se presentase la ocasión

1968. Barajar y dar de nuevo

El niño Felix esta encandilado con el nuevo docente de ciencias


naturales. El profe le da la palabra a los estudiantes y promueve la
cooperación en el aula. De donde saca esas ideas en la época de las
escuelas establos? Fernand Oury es un antiguo discípulo de nuestro

 Freinet, Célestin. Parábolas para una pedagogía popular. Barcelona, Ed. Planeta
4

Agostini,1994, pág 55.

140 dialéktica
conocido Célestin Freinet que como sabemos era aficionado a la vida
campestre. Felix que es Guattari quedará impactado por Fernand que
pronto caerá prisionero de los alemanes como antes Célestin lo había
sido en su momento de sus propios compatriotas.
Corre 1947 y es la época de la Liberación. En ese clima se crearan
los llamados Albergues de la Juventud, sabemos que Felix es un niño
que proviene de una familia de recursos modestos y para personas
en su condición, los Albergues serán el único modo de acceder
a vacaciones. También serán punto de encuentro para numerosos
jóvenes en una época plena de posibles. Fernand Oury es un activo
hacedor de estos albergues y es en uno de ellos donde su hermano
Jean va a conocer a un quinceañero Guattari ávido de conocimientos.
Le recomienda con fervor que lea a un tal Lacan.
Las lecturas de Lacan encuentran terreno fértil en un joven Félix
que se zambulle en las aguas revueltas del campo psi. Con hambre
de intervención, la dupla Jean Oury/Felix Guattari hace máquina en la
clínica de La Borde haciendo de este castillo un importante laboratorio
de experimentación política durante la Posguerra. Un intento de
instituir nuevas relaciones que, sostenido en el tiempo. será un
estímulo para un movimiento que se hará conocido 20 años después
en las jornadas de Mayo.
Pero aquella no era la única vertiente que confluirá en
1968, Mientras tanto el otro Oury era un activo participante de la
cooperativa de Freinet y hacia 1961 junto a un numeroso grupo de
maestros va a escindirse del movimiento de Célestin para formar el
Grupo de Técnicas Educativas. La llamada pedagogía institucional se
va a establecer como corriente en 1961 y sus ideas tendrán un amplio
eco entre los estudiantes y profesores del mayo francés.
La pedagogía institucional es fiel a al legado de Freinet en lo
que se refiere a producir experiencias (dispositivos diríamos hoy )
que, a su vez modifiquen la subjetividad de los que actúan. Pero le
da una puntada mas a la trama cuando enfatiza en la autogestión de
las necesidades a través de la creación de una institucionalidad que le
sea acorde. Este es un concepto clave sobre todo si pensamos en los
problemas que enfrentan las insurrecciones que incapaces de generar
nuevas instituciones terminan devorados por las viejas instituciones a
las que intentan dirigir
La tematización de los deseos no parecen tener lugar en
la problematización que la pedagogía institucional hace de los
dispositivos orientados a parir una nueva institucionalidad. Pero esta

dialéktica 141
no pasara inadvertida para un Guattari que luego del Mayo comparte
con Gilles Deleuze aquello de que hay una infraestructura libidinal
que sostiene el régimen de propiedad. La posesión es la precursora
de la propiedad postulan. La familia es el laboratorio donde se cocina
la fuerza de trabajo confirman. Padre Padrone es la película y Wilhem
Reich una lectura inspiradora en este viaje pasional.
La escuela no se queda atrás en esta tarea piensa Felix mientras
anota: ”Se podría intentar despejar entonces una función matricial
específica de este tipo de Equipamientos Colectivos, que consiste en
captar la energía sexual de los niños para, desterritorializarla, para
“sublimarla”, dirían los psicoanalistas; de hecho para impotenciarla,
para hacerla bascular hacia las zonas de desmoronamiento semiótico
del poder y para finalmente ponerla al servicio de los sistemas de
sujeción semiótica capitalísticos (sistemas familiares, burocráticos,
industriales, culturales, etc)”.5
Al calor de pensamientos como los anteriormente expuestos
es que el mentado Felix se va a acercar a la autonomía italiana. Si
su pensamiento navegaba cómodo en las aguas del Mayo Francés
va a ser en el Movimiento del 77 italiano donde encontrara un puerto
seguro El ambiente de acciones directas, revueltas y propaganda por
el hecho le calza como anillo al dedo a la particular mixtura que late
en su militancia. Sobre todo considerando que las nuevas formas
que impulsaban los movimientos autónomos desafiaban las viejas
estructuras y formas de esa izquierda tradicional que Guattari había
dejado atrás unos pocos años antes.
El movimiento autónomo encuentra su climax en 1977 y
conocerá su derrota física en 1979. Va a ser en julio de ese año que
se inicien procesos judiciales a numerosos integrantes dell Area de la
Autonomía. Alrededor de tres mil fueron encarcelados entre ellos el
cativo maestro Antonio Negri que pasara unos 4 años en Rebibia. En
1983 se postula como diputado en un intento indisimulado de obtener
los fueros parlamentarios que le permitiesen eludir la detención. Los
votos lo respaldan y obtiene una libertad harto provisoria dado que
el parlamento italiano planea quitarle los fueros. El asunto se demora
pero parece inevitable. Aprovechando la volada Toni Negri se da a
la fuga y arriba a territorio francés donde hay una promesa a medias
de no extraditarlo. Una suerte de dream team de la intelectualidad
francesa pide por su libertad. Sartre, Foucault, Deleuze y claro, entre

  Guattari, Felix. Líneas de Fuga. Por otro mundo de posibles. Bs.As ,Ed.Cactus, 2013, pag.70.
5

142 dialéktica
ellos está Felix Guattari.
¿Qué hace el exiliado en La France? Entre otras cosas hace
máquina con Félix Guattari. En Francia el movimiento de la izquierda
extraparlamentaria fue intenso aunque no tuvo el desarrollo del
movimiento italiano. El grupo más influyente entre los intelectuales
será la Gauche Proletariene, una convergencia de maoístas y libertarios
muy deudora del año en que nació: 1968. Jacques Ranciere es afín a
esta construcción y encontrará el antecedente de estas de ideas en …
los socialistas utópicos
Negri reconoce en Ranciere ideas ciertamente afines. Entiende
que la dupla poder/potencia es análoga a la de política/policía que está
en el centro de la reflexión política del francés. Y reconoce su trabajo
de recuperación de los socialistas franceses Antes de Marx (A.M).
A su vez Jacques reconoce en el italiano a uno de los referentes mas
influyentes de la Autonomía Italiana.
La Autonomía al igual que la Gauche Prolétarienne no orientan
sus esfuerzos a la toma del poder sino mas bien a una experimentación
del comunismo aquí y ahora. Un aire de familia que puede notar Ranciere
cuando afirme que “De manera general, las revoluciones están hechas
por personas que no quieren tomar el poder: pienso en 1830, en 1848…
Las barricadas no están hechas para tomar ´el poder´, sino para oponer
una afirmación material del pueblo a la confiscación estatal del poder
común.”6

1989 termina en el 2001

Está por escribirse la historia de las organizaciones políticas en la


Argentina reciente. Pero seguramente habrá un capítulo dedicado a
los cambios que en la cultura política se introdujeron a partir del 2001.
Algo que es seguro es que hizo su irrupción una versión bastarda del
autonomismo, una corriente política que, sin antecedentes claros, ya
tiene un recorrido de mas de una década. La irrupción del zapatismo
no fue ajena a su consolidación a la que también puso su impronta el
autonomismo italiano.
La caída del muro en 1989 abrió un período de crisis intensas
en las formaciones mayoritarias de la izquierda a nivel global. En
América Latina la irrupción del neo zapatismo apareció como un
nuevo ensayo antiestatal en el campo emancipatorio. Emiliano Zapata
6
 Reportaje disponible en internet en eldiario.es/interferencias/Jacques_Ranciere-
organizacion_6_101549853.html

dialéktica 143
había enfrentado con una guerrilla de desharrapados a un Estado
de rostro liberal, el neozapatismo del EZLN surge en ocasión de la
promulgación de los acuerdos de libre comercio en 1994. De filiación
anarquista, los hermanos Flores Magón fueron consejeros del general
guerrillero y no fueron ajenos a la negativa de Zapata de ocupar el sillón
presidencial luego de tomar junto a Pancho Villa la capital mexicana.
El neozapatismo no tiene general pero tiene subcomandante y se niega
a tomar el poder del estado. En Italia los antenas del autonomismo se
orientan hacia las tierras mayas donde perciben afinidades electivas.
En Buenos Aires, más precisamente en el bar de la Facultad de
Filosofía y Letras vemos a unos pibes reunidos en una mesa Corre
1992 y están fundando una revista en la que confluyen trotkistas
expulsados, guevaristas sin organización conocida y anarquistas
silvestres. dialéktica crece en contacto con un universo de activistas
que tratan de enfrentar la ola privatizadora de un gobierno que se
presenta como liberal. Frente al intento de arancelar las universidades
se gesta un vasto movimiento de resistencia que durante largos años
será la única expresión dinámica en las luchas antigubernamentales.
La caída del muro se siente también en los intramuros académicos,
generando un caldo de cultivo apto para la experimentación política.
En ese imaginario es que los partidos aparecen devaluados como
opciones políticas se van a abrir paso las agrupaciones independientes
de izquierda. Todos se aglutinan en la defensa de la universidad estatal
frente al enemigo exterior, bueno, no todos. La agrupación Naranja,
activa en la conformación de dialéktica, no se siente cómoda con
defender una institución a la que estima autoritaria y reproductora del
orden capitalista vigente. En un clima de tomas y asambleas se gesta
una consigna que intenta sintetizar una orientación ante el ataque que
se cierne sobre la universidad. Se dice que no queremos “Ni la que
tenemos, ni la que intentan imponer”. Eso sí, esto obliga a pensar que
tipo de universidad se quiere construir.
El menemismo resulta una aplanadora, derrotando una y otra
vez las luchas de los trabajadores en defensa de sus condiciones de
vida. En 1996 aparecen viejas formas de lucha fabril adaptadas a
situaciones de desempleo, los piquetes van a interrumpir los circuitos
de circulación de las mercancías retrasando la realización de su
valor. Con los partidos en franca retirada, el movimiento piquetero
adopta formas de organización sin líderes claros y utiliza formas de
deliberación asamblearias.
En la época helada del menemismo la Universidad fue una

144 dialéktica
suerte de invernadero donde la actividad política tuvo continuidad lo
que generó un clima propicio para la formación de cuadros militantes
que serían centrales en la conformación del movimiento piquetero
bonaerense. La plana mayor del movimiento piquetero va a estar
compuesta por universitarios de barrio que pasaron unos años por las
activas universidades públicas. A su vez muchos activistas deciden
volcarse al encuentro con los desocupados que aparecen como la
fracción más activa de los que viven de vender su fuerza de trabajo.
En este tráfico entre activistas universitarios y desocupados
activos, apareció el texto de un tal… Ranciere. El Maestro Ignorante va
a prestar unos servicios invalorables en el deep Conurbano, allí donde
un movimiento de desocupados buscaba una alternativa a la escuela
estatal donde sus hijos eran tildados de “piqueteritos” por algunos
maestros. Si en el texto rancierano quienes recurrían a la pedagogía
libertaria eran carpinteros, zapateros y cloaquistas, en San Francisco
Solano se va a tratar de desocupados organizados. ¡Jacotot en Solano!
En el invernadero de la calle Puán, el calor de diciembre
de 2001 ayudó no solo a diseminar semillas en el conurbano sino
también a producir algunos frutos exóticos. En un clima asambleario
y tumultuoso se generaron distintas iniciativas autónomas entre
las que destacaban las cátedras paralelas que aparecían como una
solución parcial frente a la imposibilidad de modificar los planes de
estudios. Cada partido promueve su cátedra, lo cual encierra su lógica
si consideramos las similitudes existentes entre ambas formas de
organización. Los llamados autonomistas proponen, en cambio, una
forma de organización del conocimiento que no repliquen la forma
cátedra. Van a explicar en sus volantes que “No se trata de dar cátedra”
sino de autogestionar el conocimiento.
Salirse del molde de la cátedra no se presenta como una tarea
fácil para quienes hemos sido formados en las escuelas establo. Se
trataba de un ajuste de cuentas con nuestra propia historia. Lo que
estaba en el orden del día era aquello de que “Sin duda el objetivo
principal hoy en día no es el de descubrir, sino el de rechazar lo que
somos. Tenemos que imaginar y construir lo que podríamos ser...” 
Mientras intentábamos inventar de nuevo el paraguas algún activista que
volvía de Solano trajo la buena nueva de Jacotot, el socialista utópico.
Voilá! Muchas ideas que veníamos practicando encontraban a la vez
un linaje militante y un prestigio académico como respaldo. Las ideas
del socialismo francés iban a encontrar un sorprendente eco en una
época lejana y en una geografía inesperada.

dialéktica 145
A modo de epílogo

Hoy la materia alternativa que cuenta a El Maestro Ignorante entre


sus lecturas, transita su octavo año como parte del curriculum de las
carreras de Antropología y Edición. La situación política presenta
a un gobierno liberal y a un estudiantado opositor fuertemente
impregnado de estatismo en sus concepciones. Los núcleos de activistas
asamblearios están dispersos y tienen como una referencia posible a
esta materia que organiza la producción de conocimiento en base a
comisiones y asambleas. En uno de los plenarios de la materia en que
se está analizando en ronda el libro de Ranciere, reina el desconcierto
entre los asistentes, no se entiende la propuesta pedagógica del Maestro
Ignorante. Hasta que alguien sintetiza la idea que muchos parecen
compartir: ¡Ranciere es liberal! Un sudor frío corre por los cuerpos
del colectivo que impulsa la experiencia mientras cruzan miradas
nerviosas. Alguien pone reparos a esa interpretación y arriesga la
idea de que lo que se propone en el libro es lo que se suele hacer en
los bachilleratos populares. Rápidamente Jacotot se transforma en
Freire. Quien escribe se retira del plenario pensando en la necesidad
de escribir algo al respecto.

146 dialéktica
 

dialéktica 147
 

148 dialéktica
Somos un grupo de estudiantes de Antropo de ambas orientaciones
que viene participando activamente de la Asamblea de la carrera. De
cara a las próximas elecciones buscamos generar un espacio que nos
permita tener una participación política directa sobre las cuestiones que
hacen a nuestra formación académica. De trayectorias y experiencias
políticas variadas, buscamos intervenir en el espacio antidemocrático
de co-gobierno de la Junta Departamental de la carrera con el fin
de generar procesos de intervención colectiva y subjetivación
política que se nutran de la participación masiva de estudiantes.
Entendemos que la Universidad tiene una forma de organización
política de producción de conocimiento que es estatal, capitalista,
basada en la representación y en la jerarquización del poder-claustros/
saber-cátedra. Entendemos que el carácter antidemocrático de
la Junta Departamental no se reduce a una desigualdad en la
composición del número de miembros de cada claustro. Por tanto, su
equiparación no solucionaría los problemas de fondo, ya que tanto la
jerarquización como la representación permanecerían incuestionadas.
    Para nosotrxs, la posibilidad de intervenir electoralmente no
aspira a la mera elección de representantes en quienes delegar
la toma de decisiones. Por el contrario, nos interesa romper
con las lógicas de la representación política que en nuestra
carrera se instituyen como el único modo de hacer las cosas.
    Esta crítica práctica en acto es pues una táctica para disputar
las lógicas políticas hegemónicas mediante la participación directa
de lxs estudiantes en la Junta Departamental. Estas formas
hegemónicas que se expresan en los contenidos y métodos
desplegados por la gestión de la Facultad y por quienes gobiernan
la Universidad, se refuerzan con la colaboración y adaptacionismo
de nuestras actuales representaciones estudiantiles en Junta.
    Por ello, proponemos impulsar un espacio abierto, horizontal y
colectivo en el que las decisiones se tomen  por consenso; que estas
decisiones constituyan el mandato de base que el consejero llevará a
la junta, lo cual implica que todo lo que el consejero proponga o vote
debe haber sido discutido y resuelto en el espacio de base; que lxs
candidatos asumen con la renuncia firmada quedando entonces
su revocabilidad sujeta a la decisión de la asamblea o plenario en
cualquier momento; que los cargos sean rotativos como crítica en
acto a la acumulación de poder por parte de unos pocos dentro de
estructuras antidemocráticas, con el fin de socializar entre varixs la
experiencia concreta de intervención en la Junta. 

dialéktica 149
- Contra la idea de “representantes”: definimos a lxs consejerxs como
“portavoces”

- Contra las lógicas delegativas: rotatividad y revocabilidad de cargos:


lxs portavoces asumirían con la renuncia firmada y ante alguna falta
contra los acuerdos comunes sería puesta a consideración colectiva
su continuidad en el cargo. Los cargos serían rotativos: nadie
permanecería en el cargo durante la totalidad del período.

- Como metodología de funcionamiento del espacio: proponemos


plenarios abiertos en donde las decisiones se tomen  por consenso;
que estas decisiones constituyan el mandato de base que el consejero
lleva a la junta.

150 dialéktica
• Considerando la Junta como espacio de disputa: queremos
incentivar la participación directa de lxs estudiantes,
sostenemos la necesidad de abrir al comienzo de cada
reunión de Junta una lista abierta a todo quien quiera
intervenir para proponer temas de debate.

Invitamos a abrir la discusión en torno a una serie de problemáticas


que atraviesan nuestra formación sobre las que nos interesa intervenir:
 
Condiciones de cursada: horarios,
oferta de     materias y seminarios según el
cuatrimestre (para ambas orientaciones),
materiales de estudio.
Construcción de conocimiento:
contenidos y  formas de lo que se produce
en la carrera, el modo en que se organiza el
conocimiento, la ausencia de cátedras paralelas,
la necesidad de reformar el plan de estudios, los
abusos de autoridad que suelen exhibir variados
docentes.

Apostamos a la socialización de la información como


principio político: la toma cociente de decisiones sobre
las problemáticas que atravesamos como estudiantes
necesariamente requiere estar informados

dialéktica 151
Nuestra formación como
antropólogxs: el lugar de la teoría y la (ausencia)
de puesta en práctica del quehacer antropológico,
el rol del cientista social como productor de
conocimiento, la falta de una visión integral de la
carrera.

Invitamos a sumarse a esta iniciativa


a lxs compañerxs de la carrera
interesadxs en ser parte activa de las
decisiones relativas a nuestra vida
académico-política.

152 dialéktica
 

 
Frente al ataque de la gestión de la facultad 
hacia Revocables, o de cómo vigilar y castigar 
la organización estudiantil de base…

 
...Revocables informa, 05 de abril 2017

En el día de ayer, 4 de abril, lxs estudiantes nos movilizamos al Consejo


Directivo de la Facultad para repudiar las elecciones antidemocráticas
que se llevaron a cabo en cada una de las carreras, y que serían
aprobadas en esa sesión.
Al tratarse el expediente relativo a la elección de director de
Antropología, el Claustro de Profesores, a través de sus representantes,
presentó un pedido [que reproducimos más abajo] para que el Consejo
Directivo se posicione en repudio a la mayoría estudiantil de la
carrera, Revocables de Antropo y Arqueo, por la movilización que
llevamos a cabo lxs estudiantes el pasado martes 28 de marzo con la
intención de interrumpir la sesión de junta departamental y proponer
la conformación de una Asamblea Interclaustros. Finalmente, el
tratamiento de este Proyecto de Declaración, presentado por la
minoría y mayoría de Profesores que, según relataron, se aliaron

dialéktica 153
circunstancialmente para tal fin, se pospuso para el próximo martes
por falta de tiempo.
Esta iniciativa es un ataque concreto al proceso de organización
estudiantil que venimos dando desde la Asamblea de Cs. Antropológicas
y desde Revocables para transformar las estructuras que organizan
la universidad hoy. No es casual que el claustro de profesores se
sienta ofendido, ya que son sus privilegios los que están en juego.
Con este accionar evidencian el carácter reaccionario de los órganos
de co-gobierno que tanto legitiman, recurriendo a amedrentamientos
legales para “resolver” como si fueran administrativos problemas
que son eminentemente políticos. La gestión de la facultad, que se
caracteriza por hacer oídos sordos a las reivindicaciones estudiantiles,
desconoce así también que la mayoría de los estudiantes de la
carrera se han pronunciado y han expresado su rechazo a la forma
de la Junta Departamental a través de su voto por una experiencia
de autoorganización como la que propone y efectiviza Revocables,
la cual cuestiona la representación como el único modo de hacer
política en la facultad.
Ante las tergiversaciones y mentiras que los consejeros han
formulado durante la sesión de ayer con una intencionalidad política
clara, pero también, como resultado de una lectura desatenta de los
documentos de Revocables que ellos mismos se han encargado en
citar, decimos:

- que el funcionamiento asambleario que proponemos es la forma


más concreta por la cual puede vehiculizarse la organización
democrática e igualitaria.
- que estamos en desacuerdo con la forma antidemocrática que
tiene la JD, como lo hemos expresado desde el primer momento.
Sin embargo, hemos decidido intervenir allí, y no sólo hemos sido
exitosos jugando un juego que deploramos, sino que disputaremos
este espacio sosteniendo los principios políticos que reivindicamos
desde Revocables.
- que en ninguno de nuestros documentos hemos afirmado que
Revocables pregona como forma de democratización la subordinación
de lxs docentes a lxs estudiantes. Como lo deja ver la propuesta de la
asamblea interclaustros, abogamos por una democracia participativa
y directa en la que toda la comunidad académica tenga voz y voto
por igual.

154 dialéktica
Ante las acusaciones respecto del carácter ‘violento’ de las acciones
llevadas a cabo, decimos que los estudiantes nos vemos obligados
a recurrir a acciones de intervención directa dado que las vías
institucionales no escuchan ni vehiculizan nuestros reclamos. La
apelación al diálogo por parte del Claustro de Profesores sólo quiere
decir ‘les damos el espacio para quejarse (a veces), pero nosotrxs
decidimos’. La mayoría automática con la que cuentan los docentes,
mediante sus votos de los claustros de Profesores y Graduados, es la
expresión palmaria de esto: ni siquiera nos necesitan para votar.
Frente a este ataque, no podemos dejar de denunciar que lo
violento de todo esto radica en que lxs estudiantes seamos enajenados
de nuestra capacidad y poder de decisión. ¿Es violento ser muchxs,
estar presentes, organizadxs y hacer oír lo que tenemos para decir?
Nos preguntamos esto, ya que, al contrario de lo que se enuncia en el
Proyecto de Declaración citado más abajo y en los comunicados que
Profesores y mayoría de Graduados han emitido, no se ha ejercido
de parte de los estudiantes ningún tipo de contacto físico para con
los representantes docentes de la Junta Departamental. Si seguimos
el criterio por el cual quienes se ven cuestionados en su poder
caracterizan una acción directa como violenta, para deslegitimar el
reclamo y la discusión que estamos instalando en la carrera, tal vez
lleguemos considerar como violento el reclamo de los investigadores
del Conicet que en diciembre del año pasado ocuparon el MinCyT por
cinco días.
Ahora bien, si de violencia física se trata, violento ha sido el
actuar del Director del Departamento que avanzó físicamente sobre
los estudiantes que estaban reclamando por sus reivindicaciones
como consta en los registros audiovisuales. Violenta ha sido la
actitud que la Profesora Nora Franco de la materia Prehistoria del
Viejo Mundo ha tenido en su clase del día 03-04, en la que no sólo
impidió la posibilidad de informar a los estudiantes la convocatoria a
la Asamblea de Antropología, sino que también empujó a uno de los
compañerxs de Revocables hacia afuera del aula. Violento y para nada
democrático ha sido el manejo discrecional que la lista de profesores
hace de los medios de comunicación institucionales como lo es la
página del departamento, donde han subido un informe sobre lo
sucedido firmado por dicha lista como si fuera información “oficial”.
¿Acaso no deberíamos entonces tener todxs derecho a expresarnos por
estos medios?
Este ataque a Revocables es un ataque a la organización

dialéktica 155
estudiantil independiente de toda gestión y todo gobierno. Supone
acallar la discusión instalada por la democratización apelando a
la penalización de la acción colectiva. En este contexto político y
económico, si hay algo que necesitamos para enfrentar lo existente
y lo que viene, es ampliar los debates y la organización, en pos de
transformar las condiciones materiales que nos oprimen. Mientras
la gestión de la facultad manifiesta una súbita vocación de unidad
contra las políticas del gobierno nacional en sus dichos, en los hechos
son ellxs mismos quienes se adaptan al ajuste presupuestario, por
ejemplo, cerrando prácticos en Fundamentos de Prehistoria y Folklore.
Mientras que lxs estudiantes somos solidarios de la lucha docente, la
mentada unidad docente estudiantil debería verse reflejada también
en casos como este, en el que en lugar de demandar que se garanticen
todas las comisiones que tiene una materia y sus respectivos cargos,
los estudiantes terminamos siendo la variable sobre la cual se ajusta.
¿Por qué habríamos de poner un techo a nuestro horizonte de
organización? De eso se encarga y se encargará siempre el enemigo.
Revocables de Antropo y Arqueo es más que una lista electoral, pese
a los intentos deliberados de querer reducirla a eso. Por ello, nos
seguiremos organizando y peleando activamente contra las formas
que buscan imponernos, porque la potencia de lo que podemos
construir radica en nuestras manos.

¡SUMATE A PARTICIPAR!

REVOCABLES DE ANTROPO Y ARQUEO


 

156 dialéktica
Reseñas
De colapsos, derrumbes y Krisis
El colapso de la modernización. Del derrumbe del socialismo de
cuartel a la crisis de la economía mundial, de Robert Kurz (Con
prólogo de Anselm Jappe). Traducción de Ignacio Rial-Schies.
Traducción del Prólogo de Rosario Pérez Constanzó. Buenos
Aires: Editorial Marat. 2016. 292 pp. [Ed. orig.: Der Kollaps der
Modernisierung. Vom Zusammenbruch des Kasernensozialismus.
Eichborn Verlag, Frankfurt am Main, 1991]

A.
En algún sentido, toda producción teórica es una intervención práctica (así como toda
práctica presupone y/o predispone determinada producción teórica). Autonomías
relativas. Cuestión de énfasis. La publicación original de El colapso de la modernización,
de Robert Kurz, en Frankfurt y en 1991, no es la excepción: uno de los ejes principales
del libro es el análisis de la reciente disolución de la URSS. Asimismo, la primera
traducción al castellano y publicación en la Argentina de este texto por Editorial
Marat, y a un  precio por debajo de la media del mercado, tampoco lo es, en vistas,
cuanto menos, de la inaccesibilidad de los libros de este autor editados en España,
ya sea porque no llegan a estos puertos o porque, si llegan, sus precios escapan al
alcance de un bolsillo proletario. La editorial afirma en la solapa del libro, en este
sentido, que “pretende contribuir con sus publicaciones, a la difusión de la cultura
socialista y libertaria, recuperando textos centrales de la tradición emancipatoria”.
En efecto, con anterioridad al libro de Kurz, su última publicación, lleva editados La
Comuna de París, de H.P.O. Lissagaray, Marx: historia de su vida, de Franz Mehring y
El Cristianismo: sus orígenes y fundamentos, de Karl Kautsky, todos textos inéditos en
castellano o agotados.
Asimismo, el libro en cuestión se destaca por la claridad de la traducción
(acompañada de algunas notas del traductor para señalar problemas de trasposición
y/o contextualizar referencias del texto), así como por la calidad del diseño, de la

dialéktica 159
diagramación y del papel y por su legibilidad, en función de un tamaño de letra,
interlineado y tipografía amigables para la lectura (suele ocurrirnos a quienes
editamos militantantemente que, por falta de conocimientos y/o de presupuesto,
solemos flaquear en esas cuestiones…).
Sobran los motivos, entonces, para celebrar la publicación de este libro.

B.
Robert Kurz (Nüremberg 1943-2012) fue uno de los integrantes de la revista Krisis,
que se inicia en 1990 a partir del cambio de nombre de la revista Marxistische Kritik,
la cual salió al ruedo en 1987, en Nürember, de manera artesanal, según cuenta
Anselm Jappe1 en el valioso prólogo al libro. Krisis sufrirá una escisión en 2004 que
dará comienzo a una nueva  revista, Exit.2 Kurz, en el marco de la producción de estos
grupos, se caracteriza por la elaboración teórica de la “crítica del valor” que pone
en el centro de su comprensión del funcionamiento del capitalismo a la lógica de
la producción de mercancías, al tiempo en que también critica el iluminismo y la
modernidad como sus manifestaciones ideológicas fundamentales. En este sentido,
escrito y publicado en el contexto de la caída de la URSS, Kurz formula en El colapso
de la modernidad una crítica sobre la experiencia soviética como “modernización
retrasada” y a la revolución de octubre como continuadora de la forma de la revolución
burguesa. Encuentra, de esta manera, que el capitalismo occidental tanto como el
“socialismo de cuartel” soviético tienen por fundamento común, que orienta toda
la economía y la política de esas sociedades, el trabajo abstracto como generador
de valor. Mientras la regulación de esta tendencia en el capitalismo la realiza la
competencia en el mercado, sostiene Kurz, en el socialismo soviético la competencia
es reemplazada por el control de la producción y de la distribución por parte de una
burocracia partidario-estatal, lo cual origina, a su vez, sus problemas específicos:
por ejemplo, las crisis ya no serán de sobreproducción, sino de subproducción
(lxs trabajadores tienen dinero, pero no están disponibles bienes suficientes para
satisfacer sus demandas, aún en los rubros más básicos de la economía…).
Si bien no ha sido mayoritaria en la profusa tradición de las izquierdas, la
crítica del valor tiene una historia bastante más amplia, y no necesariamente con
las mismas conclusiones teóricas. Para no ir más lejos, se puede mencionar en el
ámbito local a Juan Iñigo Carrera, Rolando Astarita, Pablo Levín y a Eduardo Glavich,
entre otrxs. Pero también, cruzando el gran charco, en la propia Alemania, durante
la década del ’90, aparecieron otrxs re-lectores de Marx que pusieron el ojo en la
crítica del valor, aunque haciendo un énfasis mayor que Kurz en los problemas de
la dialéctica. Michael Heinrich, por ejemplo, es unx de lxs partícipes de la llamada
“nueva lectura de Marx” que se remonta a la década del setenta, con Hans-Georg

1 
En 1994 el propio Jappe se sumó a Krisis. En esta misma sección de reseñas, se puede ver su
peculiar lectura de la obra de Guy Debord.
2 
Una versión sobre los motivos de esta ruptura, que incluyen acusaciones de expulsiones
antidemocráticas, antisemitismo, racismo, machismo, entre otros, pueden leerse en un
comunicado en línea: “Sobre la escisión del Grupo Krisis - Declaración de antiguos miembros de
la redacción y del círculo de apoyo”: http://www.obeco-online.org/sobre_cisao_krisis_es.htm

160 dialéktica
Backhaus a la cabeza. Y dejamos constancia, de paso, de una doble curiosidad: Jappe,
en su prólogo, no menciona a estxs-otrxs-alemanxs-que-leen-a-Marx-centrados-en-
la-teoría-del-valor3, ni tampoco lo hace César Ruiz Sanjuán en su “Prólogo” al libro de
Heinrich, Crítica de la economía política. Es decir, Ruiz Sanjuán cuenta una historia
similar a la de Jappe pero sin Kurz ni Krisis. No obstante, Heinrich sí menciona a Kurz
en el “Prólogo a la edición alemana” y polemiza abiertamente con él, y con la posición
del grupo Krisis, en el capítulo IX de su libro, en relación al problema de si hay o no
una teoría del colapso en Marx, y de si, más allá de Marx, se puede pautar el horizonte
ineludible de la crisis terminal del capitalismo4. Por dar otro ejemplo, ya por fuera de
la tradición marxista, y en 1932, Carl Schmitt en El concepto de lo político advierte
sobre la continuidad de los supuestos fundamentales de la sociedad occidental
capitalista en el mundo soviético5. Estas curiosidades pueden ser meras curiosidades
o… todo un síntoma de la siempre renovada práctica mezquina de la izquierda (y de
la producción teórica y política en general…) de, por un lado, pretender reclamar una
originalidad y especificidad que quizás no sea tal, junto con la denuncia por traición
o la simple indiferencia absoluta respecto de quienes no se encolumnan (teórica y/o
políticamente) tras ellxs.
Señalamos estos aspectos “no novedosos” de Kurz tanto para enmarcar
su producción en otros desarrollos que comparten con él ciertas características al
tiempo en que establecen diferencias, como para realizar un –seguramente inútil-
intento por desactivar la siempre latente avidez de novedades (de escritorxs y de
lectorxs y de reseñadorxs) que se mueven más al ritmo del mercado editorial que de
las inquietudes del pensamiento, de la teoría y de la práctica.

C.
La crítica de Kurz a la URSS y al proceso global de mercantilización con origen en la
modernización occidental no sólo tiene interés por el momento en que fue escrito
(cuando no sólo caía el muro de Berlín, sino que también se cantaba a cuatro
vientos el fin de la historia y el reinado eterno del Capital), sino que también tiene

3 
Lo que sí dice sin dudarlo es que la “crítica del valor” de Krisis es “la primera toma de
conciencia de lo que sería una profunda ruptura histórica” (22). Más allá de esta presunta
originalidad, como hemos dicho, el prólogo de Jappe es una excelente síntesis del derrotero
histórico y teórico de Krisis. Desde su manera de organizarse (11), pasando por los problemas a
los que han hincado los dientes (14-27), hasta la polémica defensa de la “autonomía de la teoría
que debe poder pensar aquello que incluso tal vez no sea realizable en el futuro” (28). Sobre
esto último (una suerte de “lo saben, pero no lo hacen”) limitémonos a decir que, desde nuestro
punto de vista, socava la fertilidad de su crítica al sostenerla en un dualismo filosófico y político.
4
 Michael Heinrich, Crítica de la economía política. (Una introducción a El Capital de Marx), tr.
C. Ruiz Sanjuán, Madrid, Escolar y Mayo, 2008, pp. 27-31, 178-81.
5 
“Los rusos se han asido a la letra de nuestro siglo XIX; han estudiado el funcionamiento de
todas las cosas con todos sus pormenores y, una vez sentadas las premisas, han sacado sus
últimas consecuencias... El espectáculo de Rusia es la última etapa de una evolución que
comienza en Europa Occidental; simboliza el coronamiento de una idea; en él se puede analizar,
como a través de una cristal de aumento, ese germen vivo de la historia moderna de nuestro
continente.” (Concepto de lo político, tr. Conde, Buenos Aires, Struhart & Cía., 2002, pp. 108-9)

dialéktica 161
vigencia problemática: el problema de los ciclos del capital y sus crisis. Kurz, en ese
contexto, insiste una y otra vez en que el camino capitalista es irreversible y tiene
un único destino: el colapso. Y no sólo eso, sino que advierte que ese colapso ya
está ocurriendo… Cualquier expectativa respecto del capitalismo es ilusoria, como lo
serían, entonces, todos los neo-populimos, neo-proteccionismo, neo-desarrollismos,
neo-ecologismos, etc., que se proponen algún tipo de “justicia” y/o “igualdad” social
sin sacar los pies del plato capitalista.  
No obstante, si bien el epicentro del trabajo de Kurz es la “crítica del valor”,
no es sencillo encontrar una explicación de lo que él entiende por este concepto,
sino que usualmente aparece mencionada como un posicionamiento desde el
cual denuncia la realidad contemporánea (con la cita de varios datos empíricos
para apoyar su posición), con el refuerzo de apelar a categorías que están en la
constelación de la teoría marxista del valor: mercancía, dinero, capital, plusvalor
(absoluto, relativo), competencia intra-capitalista, desarrollo científico-tecnológico,
tendencia decreciente de la ganancia, formación de precios, mercado mundial, etc.
Dice Kurz, por ejemplo, en un pasaje en el que es posible advertir tanto su fuerza
como sus debilidades argumentativas y teóricas: “Un incremento de la socialización
directa de las producciones reales acompaña a la generalización de las formas de
la socialización indirecta posterior, es decir, del mercado y del dinero. Ahí yace la
contradicción básica de la modernidad. La reproducción social se vuelve en contra
de su propio contenido, el movimiento autotélico del dinero en contra del mundo
sensible y concreto…” (p. 97).
Otro de los puntos nodales de la argumentación del colapso inminente
del capitalismo occidental, derivado de la crítica del valor, lo encuentra Kurz en la
microelectrónica como una tercera revolución tecnológica, en consideración de que,
por la reducción que conlleva del trabajo humano necesario para la producción de
bienes, pone en cuestión la viabilidad de la acumulación de capital. De esta forma, la
microelectrónica, para Kurz, es un punto de inflexión en la historia del capitalismo (y
de la humanidad…).
Respecto de la dimensión política del problema de la emancipación, Kurz
desestima el potencial del proletariado como sujeto revolucionario, por constituirse
como sujeto de manera interna a la lógica capitalista y al iluminismo moderno. Desde
su perspectiva se trata de elaborar, entonces, una racionalidad sensible, inmanente
y limitada al momento histórico (v. pp. 266-70) -pero sobre la cual no da mayores
precisiones-, que permita no replicar los lastres de la racionalidad iluminista.

D.
Ahora bien, interrogantes (y alguna que otra respuesta provisoria…):

(i) ¿Se puede elaborar una teoría que tiene su fundamento en la crítica de un concepto,
el valor, del que no se da algún tipo de definición y/o reconstrucción analítica, cuanto
menos tentativa, en vistas de que es un término sobre el que se entrama toda una
discusión respecto de su significado, dentro y fuera de la tradición marxista? Pero
además, ¿no se tropieza, acaso, con la piedra de la unilateralidad? Porque el valor

162 dialéktica
no es solamente una cosa abstracta que comanda ciegamente la maquinaria infernal
capitalista (y que comandó la soviética…) sino fundamentalmente la manifestación
de una relación social entre el Capital y el Trabajo. Es una relación social fetichizada,
cosificada en sentido estricto. “Olvidar” esto es enfatizar solamente en la dirección
del fetichismo y descuidar la veta, justamente, crítica: el nervio de lo demasiado
humano que es el capitalismo6.
(ii) Compartir la crítica a la lógica del valor y los análisis de su coyuntura que
realiza Kurz, ¿nos lleva necesariamente a compartir sus pronósticos de colapso
relativamente inmediato del capitalismo? Parecería que no, que Kurz, a la luz de su
desarrollo argumental (y del desarrollo histórico de los 26 años que nos separan de
su publicación…), se precipitó…;  
(iii) ¿No hay un determinismo tecnológico en el papel exagerado que otorga a la
revolución microelectrónica como epicentro del declive irrefrenable del capitalismo
hacia el colapso final?

La formulación de estos interrogantes, junto con todos los otros aspectos potentes
del pensamiento de Kurz que nos permitieron pensar algunas de las cosas de las
que esta reseña intenta dar cuenta, justificó con creces para nosotros, entonces, su
lectura, y no únicamente como puesta al día con uno de los puntos fundamentales
de cierta renovación de la tradición teórica del marxismo que es, sin dudas, El colapso
de la modernidad.

Esteban V. Da Ré y Javier A. Riggio

6
 Quizás semejante olvido de la relación social cosificada en el valor no sea más que un efecto
de la presunta autonomía de la teoría de la que se jacta esta tradición. Si la teoría se basta a sí
misma, el valor es mero fetiche, mera cosa, mera lógica que se impone ciegamente… y la lucha
de clases, la historia, la política son meros epifenómenos. El dualismo filosófico y político tiene
infértiles consecuencias para la crítica de la relación social capitalista.

dialéktica 163
Editorial: Los objetos imperfectos…………………………………. 2
Ajuste movimiento obrero y tareas de los comunistas ……………...3
(Ariel Mayo)
Mujeres …………………………………………………………… . 9
(Fernanda Lopez)
Fetichismo de la mercancía ………………………………………. 11
(Ezequiel Hernandez)
Para una crítica marxista de la burocracia sindical ………………...14
(Agustin Santella)
Carácter de clase del docente y estudiante universitario ……….... 25
(Rolando Astarita)
Apuntes sobre el guerrillerismo …………………………………....31
(Ernesto Manzanares)
El relámpago. De vuelta a Kronstadt ………………………………44
(Roberto Parodi)

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Marx situacionista
A propósito del libro Guy Debord, de Anselm Jappe , traducción
de Luis A. Bredlow, Barcelona, Anagrama, 1998, 198 páginas. [Ed.
orig.: Debord, Pescara, Edizioni Tracce, 1993.]

En 2017 se cumplen 50 años de la publicación de  La sociedad del espectáculo,


principal obra teórica de Guy Ernest Debord (1931-1994), libro insignia de la
Internacional Situacionista, lúgubre extremo filosófico del fetichismo de la mercancía,
oráculo asombroso del Mayo Francés e imprevisible obsequio de Alejandro Fantino
a Mirtha Legrand (puede Ud. ver la escena en Youtube). La pitagórica –por no decir
oscurantista– inclinación a los aniversarios y los múltiplos de 5 ofrece una buena
ocasión para acercarse a la obra de Debord. Muy buena ocasión, incluso, si tenemos
en cuenta que en 2018 se cumplirán 50 años de las jornadas del Mayo Francés,
cuyos pacientes, encriptados, hiperactivos y escasos arquitectos fueron Debord y sus
camaradas.
Publicado originalmente en 1993, Guy Debord [se consigue gratis en internet]
es una intervención política en tiempos del «fin de la historia». A diferencia de
otras intervenciones de esa época, Anselm Jappe no invoca espectros de Marx y de
Debord sino a Debord y a Marx: «Demostraremos que el espectáculo es la forma más
desarrollada de la sociedad basada en la producción de mercancías y en el “fetichismo
de la mercancía” que dimana de ella, concepto cuyo verdadero significado habrá
que aclarar. Demostraremos asimismo por qué este concepto constituye la clave
para comprender el mundo de hoy, en el cual el resultado de la actividad humana se
opone a la humanidad hasta el punto de amenazarla de extinción por una catástrofe
ecológica o por la guerra. Este estudio trata también, por tanto, de laactualidad de
una parte central del pensamiento de Marx, y se examinarán las relaciones de Debord
con aquellas tendencias minoritarias del marxismo que reinvidicaron este aspecto
del pensamiento marxiano» [17]. Gracias, Anselm. Ahí está el propósito del libro.
Pasemos ahora a lo que nos interesa: la crítica del valor.
Anselm Jappe pertenece a esas «tendencias minoritarias del marxismo» que
tomaron la teoría del valor y su crítica como base filosófica y política para destruir

dialéktica 165
el sistema capitalista y construir una sociedad sin explotación1. Isaac Rubin en la
URSS, Georg Lukács en Hungría, Alfred Sohn-Rethel en Alemania, Jean-François
Lyotard en Francia, Ludovico Silva en Venezuela, Oscar Del Barco en Argentina…
son algunos nombres propios indicativos de esas «tendencias minoritarias» para las
cuales  fetichismo, alienación, valor, trabajo abstracto, dinero, mercancía, valor de
uso... son conceptos clave que requieren poner especial atención a la sección primera
de  El Capital, «Mercancía y dinero». ¿Por qué? Porque, desde esta perspectiva,
la existencia de las clases sociales, de la plusvalía, del mercado, de las relaciones
jurídicas de propiedad, etc., es una pluralidad de fenómenos derivada de aquellas
categorías fundamentales (que son, entonces, las que hay que criticar en primera
instancia). De manera que la crítica no debe centrarse tanto en la miseria material
como en la alienación de la vida cotidiana (no porque la economía no importe sino
porque se trata de la «economía política» y su crítica, es decir, se trata de poner en
crisis las relaciones de producción y reproducción en todos los aspectos de la vida
social).
A diferencia de ese requisito, algunas lecturas demandan saltear la primera
sección de El Capital y comenzar a partir de la segunda sección, porque lo fundamental
sería «la explotación de clase» y porque el orden metodológico que Marx dio a su
libro dificultaría el acceso a ese fundamento. Un modelo de esa demanda es Louis
Althusser, quien dejó escrita su «recomendación imperativa» en la «Guía para leer El
Capital», que Ud. puede hallar en  dialéktica  núm. 2, disponible en la web de la
revista. Por su parte, otras lecturas aconsejan iniciar El Capital con el capítulo XXIV,
«La llamada acumulación originaria», argumentando que la lógica del libro presupone
el hecho político de la explotación colonial. Un ejemplo de esta posición es lo que
hace Néstor Kohan, quien sin ir más lejos integraba el «comité editor» del citado
número de dialéktica, y cuya recomendación puede hallarse en su libro El Capital,
historia y método - Una introducción (hallable gratis en internet).
Expresamente en contra de esas lecturas moralistas y de aquellas lecturas
antihegelianas (el libro no ahorra en provocaciones y polémicas), Anselm Jappe
conserva la más resistente y menos arriesgada idea de leer  El Capital  desde el
principio: «No hay que olvidar que en este análisis de la forma-mercancía Marx no
habla aún de la plusvalía, ni de la venta de fuerza de trabajo, ni del capital. Todas
las formas más desarrolladas de la economía capitalista se derivan, en el análisis
marxiano, de esa estructura originaria de la mercancía» [28]. Tal estructura permite
explicar el proceso (histórico, lógico y ontológico) mediante el cual lo cualitativo se
subordina a lo cuantitativo y lo concreto se subordina a lo abstracto. En este proceso,
por el cual la humanidad se aliena crecientemente en sus propias creaciones, Jappe
entiende que Debord supo explicar que el espectáculo es la forma más desarrollada
del fetichismo de la mercancía: «Según la teoría marxiana, la acumulación de dinero
se transforma en capital cuando traspasa cierto umbral cualitativo; según Debord,
1 
Un año después de la publicación de Guy Debord, Anselm Jappe se incorporó al grupo
alemán Krisis, cuyo caballito de batalla es «la crítica del valor» y cuyos miembros destacados
fueron (hasta la escisión del grupo, en 2004) Ernst Lohoff, Roswitha Scholz, Norbert Trenkle,
Peter Klein, Claus Ortlieb y Robert Kurz. De este último autor Ud. puede hallar una reseña en
esta misma sección de la revista.

166 dialéktica
la acumulación del capital llega a un punto en que se convierte en imagen» [33].
Imagen que no debe ser confundida con una falsa representación de la realidad o
falsa conciencia de un movimiento verdadero, sino como verdadera conciencia de un
movimiento objetivo aparente: «El problema no es sólo la infidelidad de la imagen
respecto a lo que representa, sino el estado mismo de la realidad representada. [...]
La crítica del “espectáculo” ayuda no sólo a comprender el modo en que la televisión
habla de Bosnia, sino también la cuestión mucho más importante de por qué
semejante guerra tiene lugar» [156].
Toda la primera parte de  Guy Debord  está dedicada a «El concepto de
espectáculo» y a las categorías básicas de la crítica del valor para un diagnóstico
filosófico y político del sistema capitalista. La segunda se intitula «La práctica de la
teoría» y es una historia del situacionismo, desde los fuegos iniciales de la Internacional
Letrista, a comienzos de los años cincuenta, hasta el balance intitulado Comentarios
sobre la sociedad del espectáculo, que Debord publicó en 1988. «Pasado y presente
de la teoría», tercera y última parte del libro, expone límites y alcances de la teoría de
Debord como contribución al pensamiento crítico y la acción política hoy.
Así, el libro de Jappe no se limita al análisis de La sociedad del espectáculo (sus
fuentes, sus enemigos, su coherencia, las rectificaciones de su autor…) sino que
revisa toda la obra de Debord (su filmografía, su militancia, los efectos inmediatos
o tardíos de sus intervenciones) y su importancia en relación a la pregunta  ¿qué
hacer? Importancia que no se deja capturar fácilmente en recetas para la práctica o
consignas de agitación, si bien se impone un programa de abolición de todo cuanto ha
sido separado del ser humano (economía, arte, filosofía, Estado, religión, ciencia...)
para que el ser humano acceda a la construcción autoconciente de su vida cotidiana.
«En su película de 1961, debord observa que “la cuestión no es constatar que la
gente vive más o menos pobremente, sino que siempre vive de una manera que se
le escapa”» [179]. Programa que Jappe presenta explícitamente como continuación
de la obra de desmitificación realizada por Marx y por Freud, en una filiación que
pasa por Lukács, entre Hegel y Debord (para Jappe, en Francia los hegelianos no son
marxistas y los marxistas no son hegelianos, con excepción de Debord y alguno que
otro).
Se trata, en suma, de una estupenda puerta de entrada a –y una esclarecedora
guía para sistematizar el– pensamiento de Debord y la Internacional Situacionista, en
tiempos de activismo irreflexivo, vanguardias artísticas despolitizadas y militancias de
no más de 140 caracteres.

Mariano A. Repossi

dialéktica 167
Agenda y actividades

Talleres de lectura y autoformación

El Capital, de Karl Marx


Desde 1998 se vienen desarrollando Grupos de Lectura de El capital, comenzando cada año
por el Tomo I, en reuniones quincenales, hasta terminar la obra completa. Se desarrolla de
marzo a diciembre, con un receso durante el mes de julio. Este año 2017 ha comenzado la
lectura de la obra un nuevo grupo, que se reúne los días sábados catorcenalmente, de 15
a 17:30 hs. en el aula 237 de la FFyL (Puán 480, 2do. piso). (UBA)
tallerdelecturadeelcapital@yahoo.com.ar
www.talleresdelecturadeelcapital.blogspot.com
facebook Carlitos Marx

Kant-Hegel
Quienes convocamos estamos interesadas/os en realizar, de manera colectiva, la lectura y
el estudio de las obras de ambos. En principio, estamos tratando con la “Crítica de la razón
pura” y la “Fenomenología del Espíritu”, consideradas ambas como introductorias (por
los mismos autores) a sus sistemas filosóficos. No es la primera vez que se intenta llevar
a cabo este proyecto; dos tentativas fueron ya realizadas, una en 2004, que hace algunos
meses culminó con la lectura de la “Fenomenología...”, y otra, la actualmente en marcha
y convocante, surgida en el 2011. En este último taller hemos realizado casi por 4 años la
lectura línea por línea de ambas obras, optando a fines del año pasado por la lectura previa
de determinados apartados a ser repuestos y discutidos en las reuniones. Al calor de esta
dinámica y debido a las particularidades de cada obra, optamos por reiniciar la lectura de
la obra hegeliana desde el principio y por continuar la lectura de la obra kantiana desde
el inicio de su “Dialéctica Trascendental. A comienzos del 2016 nos encontramos en la
sección “Conciencia” de la “Fenomenología...” y en los “Paralogismos” de la “Crítica...”.
grupokanthegel@gmail.com
tlokanthegel@googlegroups.com

Fundamentos del Pensamiento contemporáneo


En el año 2000 nos convocamos con el proyecto de rastrear los orígenes y efectos del uso
recurrente de nociones y categorías filosóficas dentro de los discursos políticos militantes
en circulación. Durante 2013 abordamos el problema de la subjetividad desde el punto de
vista del psicoanálisis militante (Wilhelm Reich, René Lourau, Félix Guattari). En el 2014
trabajamos el problema de la violencia política: de la lucha armada a la vida cotidiana.
En 2015​ nos sumergimos en las co-implicaciones recíprocas entre afectividad grupal y
organización política. Dedicamos 2016 al estudio del Tratado de las pasiones de Descartes
y a los primeros capítulos del Descartes político de Toni Negri. En 2017 la estrella será
Maquiavelo y con él arribaremos a la autonomía italiana de los años setenta. Estas a
tiempo de anotarte en esta gesta.
fpcontemporaneo@gmail.com

168 dialéktica
Obra de Deleuze
Invitamos a leer la obra de Gilles Deleuze los sábados, cada dos semanas, de 14:00 a 17:00,
en la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480). Comenzamos en agosto de 2008 con el
primer libro de este autor, Empirismo y subjetividad y, desde entonces, hemos leído todos
sus libros publicados hasta mayo de 1968. Durante 2017 abordaremos los dos últimos
capítulos de El Anti-Edipo (Capitalismo y esquizofrenia I), ya que en 2016 trabajamos los
dos primeros. El trabajo consiste, básicamente, en leer línea por línea, en presencia, y
comentar colectivamente.
tlodeleuze.blogspot.com
tlodeleuze@gmail.com

Polética
Este grupo surgió de un curso de «Problemas Especiales de Ética»; de uno de sus
prácticos para ser más precisos. Cuando finalizaba el cuatrimestre de 2006, un grupo
de compañeros propuso leer y pensar las monografías que habíamos realizado. Luego
seguimos reuniéndonos interesados en el amplio y pretencioso eje de la relación entre
Ética y Política. Actualmente nos encontramos indagando la problemática del cuerpo en el
cruce entre la ética y la política.
maia.shapochnik@gmail.com
pol-etica.blogspot.com

Conjugando saberes
¿Medicina es curar la enfermedad o preservar la salud? ¿Es cierto que se medicalizó la
vida? ¿Cuáles son los determinantes sociales de la salud? ¿Es cierto que se medicalizó
la vida? ¿Cuáles son los determinantes sociales de la salud? Reflexiones de este tipo se
disparan un viernes, cada 15 días, entre residentes médicos y estudiantes de medicina,
filosofía y antropología. Acompañados por textos de Menéndez, Le breton, Good,
Almeida-Filho, Samaja, entre otros. Luego de hacer prácticas en distintos centros de salud
de capital y conurbano nos encontramos a pensar la medicina que se practica y la medicina
que queremos con un enfoque transdisciplinario. Si querés subirte a este colectivo de
discusión y acción comunicate a
conjugando.saberes@gmail.com

El Anti-Edipo(Capitalismo y esquizofrenia I)
Invitamos a leer la obra de Gilles Deleuze los sábados, cada dos semanas, de 14:00 a
17:00, en la Facultad de Filosofía y Letras (Puán 480). Comenzamos en agosto de 2008
con el primer libro de este autor, Empirismo y subjetividad y, desde entonces, hemos leído
todos sus libros publicados hasta mayo de 1968. Durante 2016 abordaremos El Anti-Edipo
(Capitalismo y esquizofrenia I), primer libro que Deleuze escribió en colaboración con Félix
Guattari, justamente como balance y perspectivas en relación a los acontecimientos del
Mayo Francés.
tlodeleuze.blogspot.com
elantiedipo.blogspot.com
tlodeleuze@gmail.com

Mil mesetas (Capitalismo y esquizofrenia II)


En dos talleres de lectura de El Anti-Edipo decidimos, tras finalizar nuestra labor con
el bodoque que nos reunió, emprender el estudio del libro que le sigue. En un grupo

dialéktica 169
seguimos reuniéndonos los domingos y en el otro los viernes.
capitalismoyesquizofrenia@gmail.com

Géneros y Sexualidades
Desde finales del año 2009 nos reunimos los segundos domingos de cada mes con el afán
de problematizar colectivamente, bajo el gigantesco paraguas de “Géneros y Sexualidades”,
asuntos frecuentemente soslayados, que afectan no sólo a nuestras prácticas cotidianas
sino también a nuestro accionar político y se nos presentan como ineludibles. Este año
continuamos con la lectura de: “Cuerpos que importan” de Judith Butler.
tallerdegenerosysexualidades@gmail.com

Historia De La Sexualidad 3. La Inquietud De Sí, de Michel Foucault


En 2015 iniciamos la lectura del segundo libro “El uso de los placeres”, en el que se produce
un reordenamiento de la obra para dirigir la mirada hacia la Grecia Antigua, buscando
analizar cómo llega a ser un problema las formas de placer entre los griegos, a partir de
los discursos prescriptivos tanto médicos como filosóficos que recomendaran moderación
y templanza en su ejercicio. Este año comenzaremos la lectura del tercer y último libro
escrito por Foucault, “La inquietud de si” (Historia de la sexualidad 3) en el que el autor
pondrá el acento en el progresivo pasaje hacia la constitución, durante el periodo imperial
helenista griego, de una moral sexual.2do. y 4to. sábado de cada mes, a las 15:00 hs. en
el Instituto de Formación Superior nº 39, Agustín Alvarez 1459 (y Maipú) - Vicente López.
capitalismoyesquizofrenia@gmail.com

Metafísica y política
Quienes impulsamos este el Grupo de estudios de metafísica y política (GEMP) estamos
interesadas/os en pensar condiciones (metafísicas/ontológicas) e implicancias (éticas/
políticas) de una perspectiva monista (unidad igualmente originaria del ser y el pensar)
en la que el ser es ser del devenir, a partir de la obra de Spinoza, de la obra de Hegel
y de Deleuze. Recientemente terminamos el trabajo con la Enciclopedia de las ciencias
filosóficas, de Hegel. El 2016 estudiamos la Lógica del sentido de Deleuze y en 2017
estamos trabajando con las clases sobre Spinoza que Deleuze dictó a fines de los años
setenta y principios de los ochenta.
metafisicaypolitica@gmail.com

Seminario Colectivo Audio-visual: Mujer y Trabajo


El objetivo es trabajar y problematizar(nos) colectivamente las relaciones sociales
[re]productivas, a partir de insumos audiovisuales poco conocidos (largometrajes
seleccionados colectivamente), y alrededor de determinados ejes conceptuales,
comenzando por: «Mujer & Trabajo». Las proyecciones son cada 15 días, los viernes de
19.00 a 22.00 hs., en la Biblioteca Popular Eduardo Martedí (Pasco 555, CABA).
Hacia el mes de julio de 2017 en colectivo decidimos replegar el eje actual sobre el eje:
«Mujeres x Mujeres», en función del cual recurriremos a insumos audiovisuales (films)
realizados por mujeres, y bajo una perspectiva de género.
seminariocolectivoaudiovisual@gmail.com / https://www.facebook.com/colectivo.mnp

Seminario Colectivo: De la mercancía al capital


Lectura in situ y línea por línea del Libro Primero (Tomo 1: vol. 1, 2 y 3) de “El Capital.
Crítica de la economía política” de Karla Marx. El nivel de conocimiento en la materia

170 dialéktica
no es excluyente. Se trata de compartir las experiencias y reflexiones. Los encuentros
son quincenales, los días martes (y hasta que terminemos) de 18:00 a 20:30 hs., en la
Biblioteca Popular Eduardo Martedi (Pasco 555, CABA).
Impulsa: Colectivo Marxtedí.
marxtedi2016@gmail.com

Espacios de producción de propuestas curriculares

Materia colectiva «Epistemología y Métodos de Investigación Social»


Originalmente como taller, luego como seminario durante 2006 («Conocimiento,
Verdad y Poder»), y desde 2008 como materia en la carrera de antropología de la UBA,
estudiantes, graduados y docentes de diferentes carreras a lo largo de 9 años y en forma
abierta venimos realizando esta experiencia de autogestión del conocimiento cuya
preocupación es la epistemología, intentando superar la «forma clase» y explorando
alternativas de evaluación. Este año además convocamos a la construccion de un nuevo
espacio de autoformacion con horizonte curricular y ampliamos nuestras miras generando
activaciones en la carrera de antropologia. Estamos actualmente revisando el programa
que trabajaremos en las aulas en el segundo cuatrimestre.
conocimientoverdadypoder@gmail.com / www.epistemologia.com.ar

Publicaciones

Eskalera Caracol - Revista de intervención y reflexión sociológica


Somos un colectivo universitario que nos proponemos intervenir en la producción de
conocimiento a través de la realización autogestiva de una publicación, haciendo énfasis
en el carácter colectivo de dicho proceso. Para esto funcionamos como un taller lectura/
escritura donde elegimos un tema para desmenuzar. Desde el año pasado estamos
instalados en Puan pensando en el rol que le caben a las emociones en la politica electoral,
en la construcción colectiva, en fin, en nuestras vidas. El nro 9 esta a punto de salir y en
breve iniciamos nueva conscripción de socios. Si queres subirte a Eskalera en su nueva
época no tenes mas que contactarte a
mecabes@yahoo.com.ar / www.eskaleracaracol.blogspot.com / fb: eskalera caracol

Amartillazos - Revista de filosofía, estética y política


Desde hace diez años venimos llevando adelante esta publicación en forma colectiva y
horizontal, pensando alternativas y nuevos horizontes a la producción de conocimiento
realmente existente. A mediados del 2014 editamos la número 7, tocante a la problemática
de la imagen y la representación. Con convocatoria permanente y abierta a integrar
el espacio, en este año 2016 nos encontramos por publicar el número 8 dedicado a la
misma problemática de la imagen pero esta vez en formato y estilo renovados. Además el
problema del arte ya nos asedia en la elaboración del número 9.
revistaamartillazos@gmail.com
https://revistaamartillazos.wordpress.com/

dialéktica 171
Números anteriores
Para el detalle del sumario de cada número consultar
www.revistadialektica.com.ar

NÚMERO 1 – JUNIO DE 1992: Editorial: Notas sobre una posible


definición de dialéctica. Dossier: Sobre Violencia.

NÚMERO 2 – OCTUBRE DE 1992: Editorial. Dossier: Las prácticas


científicas y sus condicionamiento sociales.

NÚMERO 3/4 – OCTUBRE DE 1993: Editorial. Dossier: Los


intelectuales y el poder.

NÚMERO 5/6 – SETIEMBRE DE 1994: Editorial. Dossier: Los


intelectuales y el poder/II.

NÚMERO 7 – SETIEMBRE DE 1995: Editorial. Dossier: Figuras de la


dominación de clase en la Argentina.

NÚMERO 8 – OCTUBRE DE 1996: Editorial. Dossier: Neoliberalismo:


la ofensiva del capital y el poder del trabajo.

NÚMERO 9 – OCTUBRE DE 1997: Editorial. Dossier: La reconversión


capitalista en la Universidad, la Educación y la Investigación científica y
tecnológica.

NÚMERO 10 – JULIO DE 1998: Editorial. En torno a Marx, Engels y


algunas efemérides. Dossier: Dedicado a Milcíades Peña.

NÚMERO 11 – NOVIEMBRE DE 1999: Editorial: A diez años de....


Dossier: 100 Años de Ciencias Sociales en Argentina.

NÚMERO 12- PRIMAVERA 2000: Editorial. Dossier latinoamericano.

NÚMERO 13- INVIERNO 2001: Editorial. Dossier: Movimientos


campesinos: un debate actual y necesario.

NÚMERO 14- PRIMAVERA 2002: Editorial: Palabras introductorias.

NÚMERO 15- PRIMAVERA 2003: Diez años de Dialéktica:La Saga


continúa.Editorial Dossier: I- Representación, la proyección política de la
guerra.

NÚMERO 16- PRIMAVERA 2004: Editorial: De cazadores de utopías,


172 dialéktica
destinos trágicos e intelectuales orgánicos. Dossier I: Universidad: una
mirada sobre las condiciones de (re)producción de la mirada. Dossier II:
Filosofía y política en el imaginario de la Modernidad.

NÚMERO 17- PREIMAVERA 2005: Editorial: Claro y distinto, distinto


y confuso, confuso y oscuro. Dossier: El problema de la organización en la
política, el problema de la política en la organización.

NÚMERO 18- INVIERNO 2006: Editorial: Es el capitalismo, estúpidos.


Dossier: Postales de Babel. Reflexiones acerca del lenguaje.

NÚMERO 19- PRIMAVERA 2007: Editorial: Octubre de 1917- Junio de


1918. Más capitalismo y más reformismo. Notas para una editorial. Dossier:
Derivas políticas de la investigación universitaria.

NÚMERO 20- PRIMAVERA 2008: Editorial: La insoportable binariedad


del ser (capitalistas). Dossier: C. Castoriadis: actualidad de una problemática,
problemática de una actualidad.

NÚMERO 21- PRIMAVERA 2009: Editorial: Minima editorialis. Dossier:


Populismo(s): crítica del concepto y sus derivas.

NÚMERO 22- PRIMAVERA 2010: Editorial: Minima editorialis otra


vez. Dossier: Derechos Humanos: ¿Emancipación política o emancipación
humana?

NÚMERO 23 – PRIMAVERA 2011: Editorial: Las cuñas de Hefesto (O


«Es la producción y la reproducción, “cumpas”...»). Dossier: Diez años del
19 y 20 de diciembre de 2001: democracia, autoorganización, autogestión.

NÚMERO 24 – PRIMAVERA 2012: Editorial: Capital: ese brillante


objeto del deseo (O ¿por qué estamos tan a gusto con la explotación... propia
y ajena?). 20 años de Dialéktica: La saga continúa... Dossier: Por qué,
cómo y para qué nos auto-organizamos en y contra el capitalismo.

NÚMERO 25 - OTOÑO 2013: Editorial: Para todos y para nadie. Hacia


una crítica de la subjetividad militante. Dossier: Política, subjetividad,
deseo, autoconciencia.

NÚMERO 26 - PRIMAVERA 2014: Editorial: Continuidad de las


partes. (De algunos condicionamientos subjetivos y objetivos de la militancia
anticapilasta actual). Dossier: ¿Qué hacemos?

NÚMERO 27 - OTOÑO 2016: Editorial: Caute. De la acción y la pasión


políticas. Dossier: ¿Qué hacemos? - Elementos para una (auto)crítica de la
izquierda autónoma. Segunda entrega.
dialéktica 173
Normas básicas generales
para la publicación en dialéktica
dialéktica es una revista autogestionada que trabaja por la producción
y socialización colectiva del conocimiento. Por ello es independiente
de las formas tradicionales de las producciones académicas y no
cultiva el clásico referato con doble anonimato. Sin embargo, su
Colectivo de trabajo resuelve el contenido de cada número.

i. Alentamos el uso de lenguaje no sexista, ya sea bajo la forma de “x”,


“as/os”, “@” o cualquier otra.

ii. Los artículos tendrán una extensión máxima de 32.000 caracteres


con espacios (incluyendo notas y bibliografía). Las reseñas tendrán
como máximo 14.000 caracteres con espacios.

iii. La configuración de página será en A4, con márgenes de 2 x 2 x 2


x 2 cm.

iv. El cuerpo del artículo irá con fuente Book Antiqua, tamaño 10,
justificado, a simple espacio, sin sangrías y con una interlínea entre
párrafo y párrafo.

v. El título irá en tamaño 14, centrado. Los subtítulos irán en tamaño


11, en negrita, alineados a la izquierda. Los epígrafes irán en tamaño
9, en cursiva, alineados a la derecha. El/la autor/a (autores/as) irá/n
en tamaño 10, centrados, después del título (sin ninguna referencia de
pertenencia).

vi. Las transcripciones textuales de más de dos líneas deben ir en


párrafo aparte, manteniendo el interlineado, en tamaño 9, sin comillas.

vii. Las notas al pié irán en tamaño 8, justificadas. Las normas para las
citas podrán tomarse indistintamente del sistema Harvard-APA o del
sistema tradicional francés. En caso de haber bibliografía, ésta irá al
final del artículo, de acuerdo con el sistema de citas elegido.

Envíos a:
dialektica@gmail.com
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dialéktica 175
Esta número de dialéktica se terminó de imprimir en el mes de junio de 2017,
en imprenta Tecno Offset, Araujo 3293, Villa Lugano, Ciudad de Buenos Aires,
Argentina.