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METODOL. DE LA INVE… La Ciencia Moderna Última exportación: vie., 19 de oct.

de 2018 21:01

La Ciencia Moderna
¿Cuáles son los principales representantes de la ciencia moderna?

La publicación de la obra fundamental de Copérnico en 1534, en donde


se proponía el cambio de la concepción geocéntrica de la Tierra por
una heliocéntrica originó lo que posteriormente se conoce como la
“revolución copernicana”, y fue un desencadenante de la “revolución
científica” de principios del siglo XVII.

Los argumentos aristotélicos basados en el “movimiento natural”


perdían todo sentido cuando se debía analizar la Tierra en movimiento.
Debía construirse una “física de una Tierra móvil”, que implicaría una
nueva teoría general de los movimientos con características inerciales
y como consecuencia también de la materia, del espacio y del tiempo.

Empieza a predominar la idea de que los movimientos no se originan


por un principio intrínseco de los objetos sino por causas exteriores a
los mismos como el movimiento terrestre y sus consecuencias
inerciales.

Se asigna a Galileo ser el iniciador de este cambio fundamental que dio


origen a la ciencia moderna, ya que parte de una posición opuesta a la
de Aristóteles y muy cercana a la postura de Arquímedes, otorgando un
papel a las máquinas simples en el estudio del movimiento. Comienza
a estudiar el movimiento de los cuerpos utilizando el plano inclinado, el
péndulo, los imanes, etc., aprovechando la invención del telescopio
para estudiar el movimiento celeste. Esto marca una diferencia de
actitud en el uso de los objetos artificiales o fabricados por el hombre
con gran desconfianza de los escolásticos.

Esta actitud se ve favorecida con una nueva argumentación sostenida


por de diferentes autores del siglo XVII que consideraban a la
Naturaleza desprovista de “alma” (dejando esta característica sólo
para los seres racionales) y compuesta por objetos que funcionaban
organizadamente a la manera de una máquina (la metáfora utilizada
para representar a la naturaleza era la de un “reloj”). Se sustituye así, el
modelo animista aristotélico de la naturaleza por el modelo
mecanicista cartesiano.

Por otro lado, la experimentación con la naturaleza pone en estrecha


relación la técnica con la matemática, como única manera de traducir
operacionalmente las características del movimiento de un objeto.

Aunque este modo de conocer podría llamarse como “cartesiano” para


aludir a Descartes quién impulsó la condición mecanicista de la
naturaleza, es lícito denominarlo como “modo galileano” por ser Galileo
quién hizo jugar un papel preponderante a la experimentación y a la
matemática en la nueva forma de abordar el conocimiento científico.

Galileo experimenta con planos inclinados de diferente ángulo como


forma de medir con más precisión la velocidad de los cuerpos en
caída, y así poder confirmar experimentalmente la validez de las
hipótesis iniciales sobre dicho movimiento.

Esto significa que toda hipótesis explicativa de lo que la Naturaleza


realiza espontáneamente debe someterse a experimentos para su
contraste empírico. A partir de las hipótesis se formulan preguntas y se
deducen consecuencias que deberán estar formuladas de tal forma
que puedan ser contrastadas empíricamente. Una vez realizados los
experimentos que contesten a las preguntas por la afirmación o la
negación de la hipótesis se podrá incorporarse a la teoría
correspondiente. Toda medición empírica se expresa a partir del
cálculo operacional, por lo que toda hipótesis de la Naturaleza debe
poder traducirse al lenguaje de los números y de las figuras, es decir,
de la matemática.

A Galileo se le atribuye la frase “la matemática es el lenguaje de la


Naturaleza”. La condición para acceder al conocimiento de la realidad
física descansa en la posibilidad de establecer relaciones cuantitativas
entre los fenómenos y no características cualitativas. Estamos en
presencia de una “física cuantitativa”.

Esta forma de investigar se conoce como el método “hipotético-


deductivo” y caracteriza al método científico que utilizan la ciencia
desde Galileo hasta nuestros días. Todo investigador debía estar
interesado en formular “leyes” deducidas matemáticamente de las
hipótesis y que sean confirmadas por la actividad empírica.

El éxito de este método y la creencia mecanicista cartesiana originó la


ramificación de la física en primer lugar (mecánica, termodinámica,
electricidad, etc), y luego de todos los campos científicos, al dividir al
objeto de conocimiento para desentrañar las leyes simples que lo
organizaban y lo relacionaban con el resto de de los objetos de la
naturaleza.

Es así como nacieron las diferentes disciplinas y especializaciones que


se estudian en las universidades como forma de trasmitir un
conocimiento cada vez más vasto y complejo.

Volviendo al método científico galileano habría que agregar que las


hipótesis no necesariamente toman en cuenta las condiciones reales
del fenómeno sino que pueden formularse a partir de condiciones
ideales del mismo.

Galileo formula una ley de caída libre de los objetos, que establece que
los cuerpos caen con una aceleración independiente de sus pesos, en
el “vacío”, es decir, sin considerar la resistencia del aire, por lo que las
diferencias encontradas respecto de la ley se atribuyen a la resistencia.

Otro ejemplo es el de la ley de inercia, estudiada por Galileo pero luego


formulada como ley por Descartes primero y Newton después, que
señala que todo cuerpo se mueve en línea recta y con velocidad
uniforme, lo que indicaría la posibilidad de movimiento perpetuo, si no
existiera la resistencia del aire. Newton sostiene esta ley pero
“mientras no haya una fuerza que obligue a modificar el movimiento” y
señala a la fuerza de la gravedad como causa común del movimiento
no inercial.

Como vemos, son leyes que se cumplirían en condiciones ideales no


verificables experimentalmente.

Estos ejemplos de hipótesis que se verifican en condiciones ideales, se


multiplican a lo largo de la historia de los últimos cuatro siglos y
constituyen las leyes más fructíferas de la ciencia porque disparan la
mayor cantidad de nuevas hipótesis.

Podemos resumir las características fundamentales heredadas de los


griegos que produjeron la ruptura epistemológica que significó el
surgimiento de la ciencia moderna diciendo que se basa en la “razón”. 
Su consecuencia directa fue el “pensamiento deductivo” como forma
de resolver los interrogantes, cuyas explicaciones y predicciones
comprobadas con la observación empírica se consideran “universales”
y necesarias.

Otro legado de Grecia fueron los conceptos de la “inteligibilidad de la


naturaleza” que se alcanzaría a través de un sistema de ideas
generales lógico, coherente y en función del cual pueda explicarse toda
experiencia y el de “causalidad lineal” como determinante en la relación
causa-efecto y su consecuencia directa de “acumulación continua” de
conocimientos.

El siglo XX probablemente marca un nuevo punto de inflexión en la


ciencia con el surgimiento de la teoría atómica y la de la relatividad de
Einstein y lo analizaremos más adelante.

2.1. El surgimiento de las Ciencias Sociales

La Revolución Francesa en el siglo XVIII y el desarrollo de la Revolución


Industrial del siglo XIX con la creciente expansión del sistema
capitalista crearon nuevas condiciones sociales, económicas y
políticas. El ideal de la ciencia moderna de aumentar el bienestar
humano a partir de los nuevos conocimientos no se estaba cumpliendo
al producirse una concentración de la riqueza en unos pocos en
detrimento de la mayoría que vivía en la pobreza, el hacinamiento, la
prostitución y la delincuencia. La producción en fábricas en lugar del
taller artesanal, cambia sustancialmente las prácticas sociales, los
vínculos humanos y las relaciones de poder.
Las ciudades se
reestructuran
con el Webpage not available
surgimiento de
la burguesía y el The webpage at
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el feudalismo
apoyado por
principios
religiosos que
legitimaban el
poder. La
creciente
tensión entre Cómo progresa la ciencia, métodos y
burgueses y paradigmas de secedudis
proletarios y la inherente inestabilidad de un sistema capitalista
necesitado de cambios y nuevas formas de producción más eficientes
hicieron necesaria la irrupción de una mirada científica sobre la
sociedad y la conducta de sus integrantes.

El siglo XIX vio surgir numerosas disciplinas que se proponen realizar


estudios sobre nuevos objetos como los culturales, sociales y
humanos para restablecer el equilibrio perdido. Fue necesario definir
los problemas sociales apelando a nuevos enunciados, proposiciones
e hipótesis que permitieran su estudio y adoptar un método para su
estudio.

Las ciencias sociales adoptaron como método y arquetipo al que había


resultado tan exitoso en las ciencias naturales y que era sinónimo de
cientificidad: el método científico positivista despojado de toda
especulación filosófica o metafísica. Priorizaron la observación y
medición cuantitativa como método, creando los conceptos que lo
hicieran posible. Es así que las teorías sociales se poblaron de
conceptos y relaciones que involucraban a fuerzas, energía, velocidad,
aceleración, reacción, etc. tomados de la física newtoniana.

Este panorama de las ciencias sociales empieza a cambiar en el siglo


XX en el que empieza a surgir la necesidad de que cada disciplina
social cuente con una mirada más ajustada a su objeto de estudio, por
tratarse de estudios sobre la sociedad y sus comportamientos
realizados por sujetos inmersos en la misma sociedad con sus
condicionamientos culturales e ideológicos. Es así que el objeto del
conocimiento de las ciencias sociales posee una complejidad
inherente a la multiplicidad de relaciones que lo condicionan y que lo
constituye como plurideterminado.

El nuevo método se basa en la necesidad de interpretar los hechos


sociales tomando en cuenta su complejidad sistémica para otorgar un
sentido a los mismos que complemente los aportes de la mirada
reduccionista y simple del método positivista. Se trata aportar una
compresión del problema en detrimento de una explicación simplista
del mismo.

La explicación de un hecho social que es el objetivo del método


tradicional cede lugar a la comprensión del mismo en la nueva mirada
metodológica, denominada Hermenéutica.

2.2. Concepción de la ciencia en el Siglo XX

En el inicio del nuevo milenio la ciencia se encuentra en una


encrucijada que pone en cuestionamiento el paradigma
epistemológico reinante durante los últimos tres siglos. La vigencia de
este paradigma hizo posible el avance del conocimiento de manera
exponencial y llevó a la humanidad a contar con adelantos
tecnológicos inimaginables.

Si acordamos con Edgar Morin (1) que “un paradigma comporta un


cierto número de relaciones lógicas, bien precisas entre conceptos;
nociones básicas que gobiernan todo el discurso”, podríamos señalar
que la revolución científica que comienza en el siglo XX es la primera
de toda la historia que involucra simultáneamente un cambio total de la
red de relaciones lógicas implícitas.

Las revoluciones científicas anteriores implicaban cambios


paradigmáticos en el seno de la ciencia en donde se producían, y a
posteriori, originaban ó no cambios en el resto de los campos
científicos. Es así que pueden identificarse distintos momentos, desde
Copérnico pasando por Galileo y Darwin y culminando en Freud en el
siglo XIX, en los que la inversión del discurso se producía en el seno de
cada campo científico. Pero estas revoluciones mantuvieron incólume
un concepto que venían formulado desde los griegos y reafirmado por
Descartes: La “inteligibilidad de la naturaleza” que se alcanzaría a
través de un sistema de ideas generales lógico, coherente y en función
del cual pueda explicarse toda experiencia. Se privilegiaba la razón y su
consecuencia directa, el pensamiento deductivo.

La consecuencia de esta permanencia conceptual fue que los nuevos


paradigmas conservaron dentro de su red relacional la noción de
determinismo científico, asociada al principio de causa-efecto como fin
último de todo conocimiento objetivo.

La ciencia moderna tuvo su origen en Galileo cuando, en lugar de


contestar los silogismos de Aristóteles con otro silogismo, subió a la
torre de Pisa e introdujo el método de observación y cálculo como
forma privilegiada de alcanzar la objetividad.  Pareció alcanzar su
punto culminante en Newton y su formulación de las leyes de la
dinámica, que impulsó a la ciencia a la búsqueda de leyes simples y
eternas que explicaran el universo. En este marco de referencia, el
universo era una máquina determinista perfecta, y el descubrimiento
de las leyes que lo gobiernan implicaba el conocimiento del pasado, el
presente y el futuro del mismo.

Las leyes de la física describían un mundo idealizado y en permanente


equilibrio.

La red conceptual del paradigma dominante en la ciencia clásica


relaciona: verdades permanentes, causa-efecto, leyes simples,
sistemas cerrados, equilibrio, orden, observador objetivo, razonamiento
deductivo y determinismo.

A fines del siglo XIX y comienzos del XX empieza el desmoronamiento


de este marco determinista científico, situación que continúa en los
albores del siglo XXI y que involucra a todos los campos científicos,
desde las ciencias físicas pasando por las ciencias naturales y
culminando en las ciencias sociales.

El desarrollo de la teoría atómica hizo caer las certezas mecanicistas,


al demostrar la inutilidad de las leyes newtonianas a nivel microfísico y
la teoría de la relatividad asestó un golpe mortal a la física clásica.

Es así que la teoría mecanicista, que representó un valor incalculable


para el adelanto científico en todos sus campos, se revelaba falsa en
sus ideas básicas de fuerzas y fluidos.

Como sostiene Morin:

Gracias al método que aísla, separa, desune, reduce a la unidad, mide,


ha descubierto la ciencia la célula, la molécula, el átomo, la partícula,
las galaxias, los quásars, los púlsars, la gravitación, el
electromagnetismo, el quántum de energía, ha aprendido a interpretar a
las piedras, los sedimentos, los fósiles, los huesos, las escrituras
desconocidas, incluida la escritura inscripta en el ADN. Sin embargo,
las estructuras de estos saberes están disociadas entre sí.

"...Hoy nuestra necesidad histórica es encontrar un método que detecte


y no oculte las uniones, articulaciones, solidaridades, implicaciones,
imbricaciones, interdependencias y complejidades".

Sólo podemos partir en la ignorancia la incertidumbre, la confusión.


Pero se trata de una nueva conciencia de la ignorancia, de la
incertidumbre y de la confusión. De lo que hemos tomado consciencia
no es de la ignorancia humana en general, sino de la ignorancia
agazapada, disimulada, cuasi-nuclear, en el corazón de nuestro
conocimiento reputado como el más cierto, el conocimiento científico.
"...La incertidumbre deviene viático: la duda sobre la duda da a la duda
una nueva dimensión, la de la reflexividad. En fin, la aceptación de la
confusión puede convertirse en un medio para resistir a la
simplificación mutiladora. Ciertamente, el método nos falta desde el
comienzo; al menos podemos disponer de un anti-método en el que la
ignorancia, incertidumbre, confusión se conviertan en virtudes".  (El
Método pág.25-29)
Como señala Morin la lógica deductiva se muestra insuficiente para
dar una prueba cuando se enfrentan dos concepciones de las
partículas: una concepción ondulatoria y una concepción corpuscular.
Niels Bohr demuestra que estas concepciones contradictorias son, en
realidad, complementarias, puesto que empíricamente los dos
fenómenos aparecían en condiciones diferentes.

Si completamos este panorama con la aparición del movimiento


azaroso a nivel de partículas, comprenderemos el cambio en el
paradigma que representa la caída de la idea de simplicidad de las
leyes, instalándose las nociones de complejidad e incertidumbre.

Podemos concluir con Morin:

Podemos tanto más tener confianza en estas exclusiones de la ciencia


clásica en cuanto que han llegado a ser pioneras de la nueva ciencia. El
surgimiento de lo no simplificable, de lo incierto, de lo confuso, a través
de lo cual se manifiesta la crisis de la ciencia del Siglo XX es, al mismo
tiempo, inseparable de los nuevos desarrollos de esta ciencia. Lo que
parece una regresión, desde el punto de vista de la disyunción, de la
simplificación, de la reducción de la certidumbre (el desorden
termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de
las mutaciones genéticas) es, por el contrario, inseparable de una
progresión en tierras desconocidas. Más fundamentalmente, la
disyunción y la simplificación están ya muertas en la base misma de la
realidad física. La partícula subatómica ha surgido en forma
irremediable, en la confusión, la incertidumbre, el desorden.
Cualesquiera que sean los desarrollos futuros de la microfísica, no se
volverá ya al elemento a la vez aislable, simple e indivisible.
Ciertamente, confusión e incertidumbre no son y no serán
considerados aquí como las palabras últimas del saber: son los signos
precursores de la complejidad.

En las tres últimas décadas las investigaciones de Ilya Prigogine (2) y


sus seguidores demuestran que la irreversibilidad, poco considerada
por la física, es más frecuente en el universo que la reversibilidad, por
lo que proponen la inclusión del tiempo como variable para marcar la
evolución en la física y prioriza el estudio del desorden como creador
de orden.

Contemporáneamente con la formulación de la física cuántica, dentro


de la psicología, Sigmund Freud descubre una instancia psíquica que
llamó Inconciente que revolucionaría la ciencia de la conducta
privilegiando la ausencia de la certeza en el campo de los sistemas
sociales. Tanto Freud como sus continuadores extendieron este
concepto a la conducta social por lo que la complejidad y la
incertidumbre se instalan, paralelamente a las ciencias físicas, también
en las ciencias sociales.

Desde Freud ya se sabe que “no se conoce lo que se quiere sino lo que
se puede”, ya que en el hombre actúan otras instancias, además de las
conscientes, y que tendrán que ver con su experiencia vital y la de la
especie. Esto significa que no es posible un conocimiento objetivo ya
que el psiquismo no es un sistema cerrado.

Si sumamos a esto, la comprobación desde el campo de la física


cuántica, que es imposible aislar al observador ya que éste interviene
modificando las condiciones en el estudio de cualquier fenómeno
físico, comprenderemos los caminos paralelos que siguen ambos
campos científicos.

Los antiguos ideales griegos de inmutabilidad y universalidad del


conocimiento y sus leyes que sostienen el paradigma de la ciencia
moderna comienzan a caer dando paso a la emergencia de una
concepción indeterminista basada en la incertidumbre y el azar. Los
procesos de no-equilibrio y la participación del caos en la creación del
orden aparente del mundo físico pasó a ser una cuestión fundamental
para la nueva ciencia.

Estas nuevas teorías, tanto en las ciencias naturales como en las


sociales, son señales que nos obligan a pensar la naturaleza
comportándose de manera más compleja a lo esperado. Ya no es
posible compartimentar el conocimiento, y tratar de comprender los
fenómenos como una sumatoria de sistemas que actúan
aisladamente, para pasar a considerar la compleja red de sistemas en
interacción permanente e incorporar dentro de nuestro planteo a la
incertidumbre y el azar.

Dentro del nuevo paradigma las leyes causales de las ciencias


naturales obtenidas por la metodología cuantitativa deben
interpretarse como leyes probabilísticas.

En las ciencias sociales, dadas las características de mayor


complejidad de los objetos que la de las ciencias naturales, es
necesario adoptar una metodología que se base en el desciframiento
de las significaciones que otorgan la sociedad y los actores sociales a
los objetos estudiados, para producir una interpretación que se
traduzca en la comprensión del mismo.

2.3. El lenguaje de la Ciencia

El lenguaje de la ciencia, que pretende comunicar acerca de las teorías


científicas, se compone de argumentos o razonamientos más o menos
complejos que relacionan conceptos y que pretenden reflejar la verdad
en forma coherente, simple y con posibilidades de predicción.

Las teorías deben propender a enunciarse en un lenguaje sencillo,


general, preciso y unívoco.

Para que los contenidos de la ciencia puedan difundirse a toda la


comunidad científica sin ningún tipo de interferencia el lenguaje
científico debe utilizar códigos lingüísticos comunes al emisor y al
receptor.
Anteriormente destacamos que hacer ciencia es observar los hechos
siguiendo una metodología específica propia.  Es así que la ciencia se
deriva de los hechos.

Si esto es interpretado como que el conocimiento científico se


construye partiendo de los hechos y luego estableciendo la teoría que
mejor se ajusta a los mismos, estamos en un dilema: cada cultura
establece los criterios de verdad y por ende, nos permite interpretar los
modelos de ajuste desde su propia mirada.

Estudiar cómo se construye el lenguaje científico implica hacer


abstracción de esta situación y centrarnos en la significación de ese
término “deriva”.  Para analizar esto existe la Lógica, definida como la
doctrina de la buena consecuencia que se ocupa de la deducción de
unos enunciados a partir de otros dados. Una de sus tareas es analizar
el proceso de aportar elementos de juicio a favor de determinada
conclusión, y lo hace estudiando argumentaciones o razonamientos.

Repasaremos ciertos aspectos elementales de la lógica que nos


ayudarán a comprender la validez o no de las afirmaciones científicas.

La lógica permite analizar la validez de un argumento centrándose


exclusivamente en su forma. Para esto, trata de ver si los
razonamientos tienen una forma correcta, esto es, si la argumentación
es formalmente válida.

Hablar de validez de un razonamiento no implica decir nada sobre la


veracidad del mismo.

Analizaremos en primer lugar, antes de referirnos a la validez o la


verosimilitud de un razonamiento, las estructuras lógicas más simples
que lo componen y cómo deben relacionase éstas para culminar en un
razonamiento válido.

2.3.a.Términos, proposiciones y razonamientos

Los conceptos se expresan mediante términos, que son las estructuras


lógicas más elementales representadas por los signos lingüísticos.

Un término puede estar compuesto por una, dos o más palabras y


expresan una síntesis significativa.

Por Ej.:

Pizarrón es un término

Departamento de Psicología es un término

El término es el nombre de algo. Por lo tanto, no podemos decir que los


términos sean verdaderos o falsos.
 

Las proposiciones son estructuras lógicas más o menos complejas


compuestas por términos y cuya propiedad fundamental es ser
portadoras de verdad.

En la proposición se dice algo de los conceptos involucrados.

Por Ej.:

El pizarrón está lleno de frases.

El pizarrón está lleno de frases y yo no tengo ganas de borrarlo.

Son dos proposiciones con diferentes grados de complejidad y pueden


ser verdaderas o falsas de acuerdo a si se corresponden con la
realidad a la que hacen referencia. Son intentos de describir la realidad,
pero no constituyen aún u razonamiento.

Un razonamiento, también llamado argumento, argumentación o


inferencia, es un tipo especial de acto lingüístico que se caracteriza por
la pretensión de quién lo expresa de arribar a una conclusión.

Los razonamientos se componen por una secuencia de dos o más


proposiciones relacionadas de tal forma que a partir de las mismas
puede inferirse una conclusión.

Esta inferencia se justifica a partir de haber aceptado algunas


premisas.

Por ejemplo:

a.- Todos los libros de lógica son complejos

b.- Este es un libro de lógica

c.- Este libro es complejo

En este argumento la afirmación 3 que es la “conclusión” se deriva de


las afirmaciones a y b, llamadas “premisas”.

Todo razonamiento o argumentación de este tipo tiene en su


formulación términos puente como “se sigue”, “por lo tanto”, “ya que”,
que significan que la conclusión deriva de las premisas.

Entonces: un razonamiento es un conjunto de dos o más


proposiciones, en el que una de ellas queda justificada por las otras
llamadas premisas, que obran como elementos de juicio de una
conclusión.

Los razonamientos no son ni verdaderos ni falsos, sólo pueden ser


correctos o incorrectos, válidos o no-válidos.
Un razonamiento es válido si las premisas justifican la conclusión. Si
alguna de las premisas no justifica la conclusión el argumento no es
válido.

Por ejemplo:

a.- Muchos libros de lógica son complejos

b.- Este libro es de lógica

c.- Este libro es complejo.

Aunque las premisas a y b son verdaderas, la proposición a no justifica


la conclusión c, porque muchos, significa que puede haber algunos
libros de lógica no complejos.

También podríamos tener un argumento válido a partir de alguna


premisa no verdadera.

Por ejemplo:

a.- Todos los hombres son inmortales

b.- Fernando es un hombre

c.- Fernando es inmortal

La proposición a es falsa pero la inferencia c es una conclusión válida.

Los ejemplos que vimos son exponentes de los tipos de


argumentaciones que utiliza la ciencia para elaborar teorías, y pueden
agruparse en dos tipos de argumentos principales: los argumentos
deductivos que analiza la lógica deductiva y los argumentos inductivos
que son materia de la lógica inductiva.

2.3.b.    Argumentos deductivos y argumentos inductivos

Desde la época de Aristóteles los argumentos deductivos son los más


valorados por la ciencia, ya que surgen de la aplicación de
conocimientos generales de veracidad comprobada a casos
particulares. Como vimos, estos argumentos se caracterizan por
garantizar la verdad de una conclusión a partir de las verdades de las
premisas. Si las premisas son verdaderas, la conclusión es
necesariamente verdadera. Si bien puede ocurrir que a partir de
premisas falsas una conclusión puede ser verdadera o no, lo que no
puede ocurrir es que a partir de premisas verdaderas, la conclusión sea
falsa.

Todo argumento deductivo válido es explicativo pero no establece


ninguna información nueva.
Para obtener información nueva que permita enriquecer una teoría
científica es necesario recurrir a un tipo de argumento en el que la
conclusión contenga más información que las premisas. Estos son los
llamados argumentos inductivos y permiten, a partir del conocimiento
de casos particulares, inferir conocimientos generales.

La validez de estos argumentos radica en que, la verdad de las


premisas apoyan en “cierto grado” la verdad de la conclusión, es decir,
la conclusión es probablemente verdadera. Dicho de otra forma, la
conclusión es verdadera con un cierto grado de probabilidad. La
conclusión se transforma de esta manera en una hipótesis probable.

Para establecer el grado de probabilidad que hace que una conclusión


sea válida se recurre a los procedimientos de decisión estadística.

Justificar todo nuevo conocimiento a partir del proceso inductivo fue la


manera que adoptó la ciencia neopositivista para legitimar todo aporte
a una teoría. Esto significa buscar las razones positivas para justificar el
conocimiento.

2.3.c. El problema de la inducción. El falsacionismo de Popper.

Hume fue el primero en cuestionar la validez del razonamiento


inductivo al señalar que nada asegura que una gran cantidad de
observaciones que avalan una conclusión no asegura que no surja a
posteriori alguna observación que la contradiga.

Esta crítica al inductivismo fue retomada por Popper quién propuso un


nuevo método para validar un nuevo conocimiento. En lugar de
justificar una teoría desde la inducción propone validar la misma por su
condición de no haber sido “falseada”. Para este investigador una
teoría no es verificable en base a la generalización de casos
particulares, es decir, que la inducción es imposible.

El cambio que propone para validar una teoría es reemplazar la


justificación por la crítica de la misma proponiendo que toda teoría es
mejor que una anterior cuando supera mejor su posibilidad de ser
falsa. Esto significa que todo nuevo conocimiento es una hipótesis
válida hasta tanto no sea demostrada ser falsa. La teoría se valida
apelando a razones críticas y no por justificación inductiva.

La ciencia progresa aplicando una metodología de ensayo y error para


incorporar nuevos conocimientos.

Este principio de decisión llamado principio de falsacionismo de


Popper, en conjunción con los aportes del estudio de la historia del
conocimiento científico realizado por T. Khun superaron en la segunda
mitad del siglo XX las críticas que surgieron a las posturas
neopositivistas de los investigadores del llamado Círculo de Viena cuya
figura más representativa fue R. Carnap.
 

2.4. Clasificación de las Ciencias

Podemos adoptar de la clasificación que propone Bunge dividiendo a


las ciencias a:

Ciencia formales o Ideales

Tratan entes ideales que solo existen en la mente humana. Construyen


sus propios objetos de estudio. Inventan entes formales. Establecen
las relaciones entre ellos. Utilizan el método deductivo. Mantienen la
coherencia del enunciado en un conjunto de ideas. La verdad es
relativa a ese sistema de ideas. Ej.: Matemática y Lógica

Ciencias Fácticas o Empíricas

Necesitan de la observación y de la experimentación. La inferencia


científica surge de una red de inferencias deductivas demostrativas.
Verifican Hipótesis.

Sus principales características son:

a.- Fácticas. Parte de los hechos y vuelve a los mismos. Intenta


descubrir cómo son independientemente del valor emocional.

b.- Trascienden loa hechos. Predicen los hechos y los explican

c.- Analíticas. Abordan problemas circunscriptos. Intentan descubrir los


elementos que los componen y sus interrelaciones

d.- Especializada. Abordan una disciplina, aunque no impiden los


abordajes interdisciplinarios.

e.- Clara y precisa.

g.- Crea lenguajes artificiales.

h.- Abierta. No reconoce barreras que limiten el conocimiento

i.- Comunicable

j.- Verificable

k.- General. Ignora el hecho aislado

l.-  Legal. Busca las leyes de la naturaleza y de la cultura y las aplica

m.- Predictiva. Imagina como pudo ser su pasado y cómo podría ser su
futuro

Estas ciencias pueden, a su vez, clasificarse en:


a.- Ciencias Naturales (Física, Química, Biología, etc).

Explican hechos-observables. Establecen leyes y teorías, con


capacidad predictiva. Son a-históricas.

Utilizan el método Hipotético-Deductivo a partir de experimentos.


Método experimental

b.- Ciencias Sociales (Filosofía, Historia, Psicología, etc).

Son históricas ya que dependen de un marco socio-cultural. Interpretan


la realidad.

Utilizan el método Hermenéutico.

2.5. El Paradigma como organizador de la actividad científica:


Thomas Kuhn

La Filosofía de la Ciencia se enfrenta con problemas de la naturaleza


de las Ciencias y las cuestiones filosóficos que involucran. Esto fue
tratado por distintas corrientes filosóficas a lo largo de la historia. Es
así que surgen los términos de Racionalismo, Positivismo,
Pragmatismo, Neopositivismo, etc.

La Epistemología es una rama de la filosofía abocada a la Teoría del


Conocimiento.

Desde una visión positivista de la ciencia, tanto el razonamiento


hipotético-deductivo como el razonamiento inductivo apelan a la
coherencia lógica y/o a la contrastación empírica., sin tomar en cuenta
las condiciones externas que condicionan el desarrollo de la ciencia.

Para cumplir con este precepto los neo-positivistas dividieron el


proceso del conocimiento en dos contextos: el de descubrimiento y el
de justificación dejando para el primero toda la tarea que tiene
contacto con los factores externos y postulando siguiendo a Popper,
como único ámbito del científico el último que consiste en aplicar el
razonamiento lógico matemático y la medición empírica.

Esto fue cuestionados por diferentes epistemólogos que estudiaron el


desarrollo de la ciencia dentro de un marco histórico y social y que
confirmaron que la producción científica es un emergente de un marco
social, cultural, político, económico, psicológico, etc.

Kuhn (1961) plantea un análisis histórico sobre el desarrollo de la


ciencia, en el que sostiene que las teorías no son simples
construcciones lógicas de aplicación universal e inmutable.

Los aportes de este historiador de la ciencia pueden sintetizarse en:


1. Desde la Sociología demuestra que la ciencia es una actividad
social, que cumple con todas las condiciones que esto implica
como: regirse por consenso entre investigadores que comparten
el mismo paradigma, cumpliendo normas y aceptando premios y
castigos que dicha comunidad impone.
2. Dese la Psicología demuestra que la investigación la practican
quienes han tenido una educación previa y por lo tanto, poseen
mismo esquema cognitivo favoreciendo el consenso sobre los
resultados. Esto explica, además, los descubrimientos
simultáneos realizados por investigadores que trabajaron en
contextos diferentes y sin comunicación entre sí.
3. Desde la Historia, demuestra que la ciencia no evoluciona
mediante un proceso de acumulación indefinida de
conocimientos sino mediante ciclos que alternan períodos de
ciencia normal en donde se acumulan conocimientos y
revoluciones científicas que sustituyen paradigmas para
inaugurar otro ciclo de ciencia normal regido por el nuevo
paradigma. Esto demuestra que la ciencia es influenciada por el
contexto histórico que le impone la significación de verdad
correspondiente a dicho contexto.

Al caracterizar este proceso Kuhn introduce la noción de Paradigma,


para identificar a las teorías dominantes dentro de los prolongados
períodos de ciencia normal.

Un Paradigma en sentido amplio es el conjunto de valores, creencias,


teorías y técnicas que una comunidad científica comparte y que le
marca el camino a seguir.

Los enigmas y problemas del conocimiento se resuelven con los


recursos del paradigma y la base empírica.

Cuando un paradigma no los resuelve se trata de una anomalía del


mismo, y la acumulación de anomalías produce la emergencia de
teorías rivales, iniciando un proceso de revolución.

Cuando una nueva teoría se impone por consenso de la comunidad


científica se instala como nuevo paradigma dando inicio a un nuevo
período de ciencia normal.

Desde este enfoque puede entenderse la evolución de la ciencia en


diferentes períodos históricos, y puede descartarse la visión positivista
de la ciencia que considera como único conocimiento científico al que
deviene de la Ciencia Moderna a partir del Siglo XVI.

2.6. Hacia un nuevo paradigma.

La irrupción de la Mecánica Cuántica a principios del siglo XX y los


desarrollos de los principios de la relatividad de Einstein marcan los
inicios de una nueva etapa.
Los descubrimientos de la teoría atómica determinaron que las
partículas atómicas no obedecen las leyes de Newton (!!) y aún más:
las partículas se mueven azarosamente. El azar no era considerado,
hasta ese momento, como una posibilidad de la ciencia,

Este descubrimiento incorporó al conocimiento la incertidumbre en lo


más profundo de la materia y derribó uno de los principios que de la
ciencia moderna y que los griegos habían legado: la universalidad de
las leyes. En el núcleo de la materia no se cumplen las leyes de la
mecánica clásica.

En la misma época histórica S. Freud descubre una instancia en el


funcionamiento psíquico que es causa de incertidumbre en la conducta
del hombre: el inconciente.

Nuevamente puede reconocerse un momento histórico que enmarca


un cambio cultural que involucra a la noción de certeza y de verdad del
conocimiento tanto en ciencias naturales cuanto en ciencias sociales.

Estas anomalías de las teorías vigentes desencadenaron en el Siglo


XX  y hasta el presente numerosos cuestionamientos desde diferentes
ámbitos de la ciencia, destacándose en las ciencias físico-químicas
 Prigogine con su planteo de la flecha del tiempo y en las ciencias
sociales Morin con el planteo de la epistemología de la complejidad.

 
Fuente consultada: 

Durand S. E., Mombrú A. (Comp.) (2003) Encrucijadas del Pensamiento. Buenos Aires:
Ed. Gran Aldea

Durand S.E. (2009) La trama del saber humano. Buenos Aires. Ed. Gran Aldea

Morin, E. (1977) El Método. Vol. 1. Madrid: Ed. Cátedra

Prigogine, I. (1983) ¿Tal solo una ilusión? Barcelona: Ed. Tusquets

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