EDITORIAL

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DOMINGO 6 DE JULIO DE 2008

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El Siglo de Torreón

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Mitos
LUIS RUBIO

Golpe letal a las FARC
JUAN DE LA BORBOLLA
Mito cinco: “una buena campaña garantiza la victoria”. Éste es quizá el mito más pernicioso de entre los que pululan el entorno político. Muchos creen que las elecciones se ganan el día de los comicios. La evidencia es casi universalmente contraria: las elecciones, sobre todo las intermedias, se ganan y pierden con el actuar sistemático del Gobierno (sobre todo los locales) con la población. La ciudadanía observa el actuar gubernamental en el tiempo y premia o castiga a los partidos con ese criterio. Ninguna campaña local se gana en un solo día. Si así fuera, los gobernadores simplemente se embolsarían la totalidad de los fondos que reciben en lugar de dispendiarlos tratando de ganar adeptos.
la reforma electoral reciente fue el ejecutivo, que perdió toda capacidad de acción electoral y política. Mito tres: “nombrar delegados estatales de filiación partidista da una ventaja sustantiva al partido en el Gobierno”. Este mito resume un reclamo por parte de los priistas en contra del PAN. Se quejan cuando el Gobierno Federal envía como delegados a entidades gobernadas por el PRI a activistas políticos. Sin embargo, la evidencia empírica en esto es abrumadora: los gobernadores han adquirido tal poder y capacidad de dispendio que los delegados son unos meros niños de párvulos en estas materias, independientemente del partido al que pertenezcan. Mito cuatro: “si algo trae el emblema del Gobierno Federal, la gente automáticamente votará por el partido en la Presidencia”. Como en el caso anterior, los partidos de Oposición han sido particularmente proclives a negarle al Gobierno Federal el beneficio mediático de sus iniciativas y acciones. Lo obvio es que la gente es más inteligente que eso porque su voto rara vez refleja las dádivas gubernamentales. Más bien, crecientemente responde a sus intereses y a su percepción de cómo éstos pueden avanzar en el futuro. La ciudadanía, aunque enclenque, va adelante de los políticos. Mito cinco: “una buena campaña garantiza la victoria”. Éste es quizá el mito más pernicioso de entre los que pululan el entorno político. Muchos creen que las elecciones se ganan el día de los comicios. La evidencia es casi universalmente contraria: las elecciones, sobre todo las intermedias, se ganan y pierden con el actuar sistemático del Gobierno (sobre todo los locales) con la población. La ciudadanía observa el actuar gubernamental en el tiempo y premia o castiga a los partidos con ese criterio. Ninguna campaña local se gana en un solo día. Si así fuera, los gobernadores simplemente se embolsarían la totalidad de los fondos que reciben en lugar de dispendiarlos tratando de ganar adeptos. Mito seis: “el servicio civil de carrera va a encumbrar al Gobierno que lo instrumentó en el poder federal”. La introducción del servicio civil de carrera el sexenio pasado causó escozor entre los partidos de Oposición porque consideraron que era una receta para que el PAN se afianzara en el poder. En ausencia de instituciones fuertes, el resultado fue exactamente el contrario: el nuevo sistema provocó daños, disfuncionalidades y, con frecuencia, encumbró la mediocridad. Un buen Gobierno requiere de un servicio civil de carrera, pero un servicio civil de carrera no garantiza un buen Gobierno. Si los incentivos no son correctos, vamos a acabar con una burocracia inamovible y mucho peor que la de antaño. Lo que seguro no es mito es que nuestros políticos y funcionarios siguen teniendo la facultad de decidir, realmente de optar, si van a ser honestos o no, y si van a cumplir con los objetivos y responsabilidades de su función. Nuestros políticos y funcionarios siguen distinguiéndose de dos maneras: aquellos que llegan al puesto para hacer, o al menos intentar hacer, algo constructivo y productivo, y aquellos que llegan meramente para estar. Esto, por supuesto, sin considerar a los que tienen por objetivo meramente expoliar. Pocos entienden el entorno nacional y la diversidad tan impresionante que caracteriza al país y, por lo tanto, hay una marcada inhabilidad para construir soluciones que trasciendan las pequeñas realidades locales. Muchos mitos son mitos y nada más. Otros son extraordinarios instrumentos retóricos para presionar al Gobierno y forzarlo a que actúe de acuerdo a los intereses de sus contrapartes. Casi todos son apuestas perdedoras para la ciudadanía porque no hacen sino afianzar prácticas autoritarias por la vía de la discrecionalidad burocrática, lo que siempre fortalece al statu quo. Desde que triunfó el PAN en 2000, el PRI ha mantenido una línea dura que ha logrado intimidar al Gobierno Federal, pero no ha logrado la Presidencia. Capaz que falta esclarecer otros mitos. www.cidac.org

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itos, muchos mitos pululan en nuestro ambiente político y éstos se encarecen en la medida en que se acerca el próximo periodo electoral. Los partidos se preparan para las elecciones intermedias de 2009, construyen estrategias y proyectos que, confían, les permitirán mejorar su posición relativa en la Cámara de Diputados. Cada partido en su circunstancia, pero todos viviendo de expectativas y una acusada mitología. Todos hacen supuestos que igual pueden acabar materializándose, que ser meras ilusiones. Algunos observan éxitos de otros partidos e intentan replicarlos sin reparar en el hecho de que no todo es como parece. Los mitos son distintos en cada partido, pero la mitología es universal. Los priistas están envalentonados por su historial reciente de triunfos a nivel estatal, en tanto que los panistas intentan reconstruir su capacidad electoral luego del desperdicio que representó la falta de estrategia y realismo de su anterior liderazgo partidista. Los perredistas siguen divididos y atosigados por su fallido candidato a la Presidencia. Cada uno vive sus propias penurias y conflictos, aunque algunos, sobre todo el PRI, tienen tal comprensión (y ansia) del poder que tienden a subordinar sus disputas internas en aras de maximizar sus victorias. Aquí van algunos de los mitos: Mito uno: “quien gana una elección tiene derecho a una red clientelar”. Mito perverso, pero casi ubicuo del que hoy hacen gala los gobernadores, pero que no siempre funciona. Hay estados poco propensos al clientelismo, otros en los que el electorado responde a lógicas distintas a las tradicionales. Lo que es patético para una democracia es que nadie quiera romper con la lógica clientelar para avanzar hacia una lógica profesional y ciudadana. Los costos de mantener lealtades en términos de eficiencia social pueden ser incalculables. Mito dos: “se pierden las elecciones cuando no se juega a las clientelas”. La noción de que todo en una elección depende de las clientelas políticas ha llevado a crasos errores, sobre todo al PAN, que no acaba por definir cómo construir plataformas ganadoras para los procesos electorales a nivel local. Las clientelas son la vieja forma de hacer política: aunque parezca raro dada la forma de ser y actuar del PRD, en la medida en que la ciudadanía madura, el potencial clientelar disminuye. La política social requiere profesionales que siempre serán más efectivos que los delegados partidistas que no ganan elecciones y sí distorsionan la política social. En todo caso, hoy son los gobernadores, ya no los delegados, quienes tienen las bolsas llenas de dinero. Al mismo tiempo, el mayor perdedor de

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as Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que durante cuarenta años han sembrado de terror, muerte, secuestros, sinergias con los grupos traficantes de droga, de armas y de personas y por ende de violencia a todo el territorio colombiano y han planteado conflictos internacionales de aquel país sudamericano, con otros como Ecuador, Venezuela y Nicaragua entre otros, ha recibido un golpe letal a través del éxito de la operación “Jaque”, llevada a cabo perfectamente por tropas de élite del Ejército de Colombia. Para el reciente liderazgo de Alfonso Cano esta derrota viene a sumarse a las nada gratas noticias recibidas en los últimos meses en las que han caído varios de sus principales jefes, incluido su fundador, Manuel Marulanda Vélez, fallecido en circunstancias desconocidas y “Raúl Reyes” dejando este último importantísima información en los discos duros de sus computadoras, de la cual se han derivado muchos de los recientes éxitos de las Fuerzas Armadas colombianas así como los desmentidos a las actitudes agresivas de los presidentes Correa, Chávez y Ortega. A eso hay que agregar la deser-

ción de decenas de mandos medios, con varios lustros de guerra a sus espaldas, que prefieren acogerse al plan de reinserción del Gobierno o sencillamente fugarse con millones de pesos robados a su propia organización. La banda terrorista no está liquidada a raíz de estos golpes contundentes, servicios de Inteligencia calculan que cuenta aún con unos diez mil hombres armados y alimentados con el dinero del narcotráfico, la verdadera gasolina del conflicto bélico colombiano. Pero es indudable de que sus márgenes de actuación en los ámbitos militar y político. Y al empezar a perder el interés internacional porque les quitaron la joya de la corona, que era Ingrid Betancourt, y los tres norteamericanos recién rescatados, razones principales para que gobiernos de otros países estuvieran dispuestos a negociar con las FARC. Para el presidente Álvaro Uribe la acción se convierte en triunfo, dado que él no cejó nunca en su búsqueda arriesgadísima de la solución del conflicto por la vía del rescate militar sin ceder a las condiciones que planteaban las FARC para negociar el intercambio de presos guerrilleros por rehenes políticos.

BOLIGAN

REHILETE
JORGE ZEPEDA PATTERSON

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

Uribe, Calderón Bosque y Los Aterciopelados N
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uchos lectores recordarán cuando “colombianización” era una palabra mala, cuando pronunciarla equivalía a invocar al diablo. Hubo un tiempo en que el jefe de capos Pablo Escobar era para los Caro Quintero locales, el equivalente a Bill Gates para nuestros empresarios. Hoy muchos mexicanos firmarían en blanco un proceso de colombianización. Los habitantes de Culiacán o Ciudad Juárez darían lo que fuese para caminar por sus calles como lo hacen los de Medellín o Cali. Hoy es en México donde se rompen récords en materia de ejecuciones de policías o de agresiones a periodistas. Las “bajas” registradas en los gobiernos de Fox y Calderón en la guerra contra el narco, pronto habrán de superar las 15 mil víctimas que se calcula han perdido la vida en Colombia por el efecto combinado de los cárteles, las FARC y las fuerzas paramilitares en dos décadas. Los casi cinco mil ejecutados en apenas dos años de este Gobierno superan las bajas que los norteamericanos han padecido en la guerra de Irak en cinco años. Si antes solíamos ver a Colombia con precaución para asegurarnos de no seguir su curso, hoy tendríamos que verla con atención para reproducir todo aquello que sea emulable. Quizá para eso Florencio Salazar dejó una subsecretaría en Gobernación a cambio de estrenarse como embajador en aquel país. Lo cierto es que a Felipe Calderón le encantaría “uribizarse”. Álvaro Uribe, el presidente colombiano, ha conseguido resultados impresionantes en materia de pacificación y reducción de la violencia. Sus niveles de aprobación son los más altos y estables de América Latina. El espectacular rescate de Ingrid Betancourt de manos de las FARC, lo han catapultado al primer plano internacional. Es el héroe del momento. En Los Pinos están exultanes, porque el éxito de la política de “mano dura” de Uribe, parecería constituir un espaldarazo a la estrategia de Calderón en su guerra contra los narcos, a pesar de resultados tan precarios. Y en efecto, el Gobierno de Uribe se ha caracterizado por la decisión de no dar cuartel al crimen organizado y a los enemigos del Estado colombiano. No hay espacio ni intención aquí de hacer un balance del Gobierno colombiano. Para lo que nos ocupa basta decir que el rescate de Ingrid Betancourt revela no sólo una decisión firme y muchas agallas para arriesgarse ante un eventual fracaso; muestra, sobre todo, el uso de la Inteligencia militar, más aún que la fuerza. Y justamente eso es lo que nos ha faltado. Hasta ahora hemos hecho una guerra contra el Narco más empeñosa que inteligente. Desconocemos el nivel de infiltración de la corrupción entre comandantes, autoridades y el mismo Ejército. Nunca imaginamos que desencadenaríamos la carnicería que hoy padecemos. El éxito de Uribe revela que no basta la decisión envalentonada si no va acompañada de estrategias cuidadosas. El ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, perteneciente a una ilustre familia de periodistas, es abogado con estudios en Gobierno en Harvard y el MIT. Detrás de la guerra contra los Cárteles y las FARC hay mucho más que soldados dando piñatazos por todo el país, como ha sido nuestro caso. Como dirían sus Aterciopelados paisanos, si vamos a emular a Uribe, convendría mirar la esencia, no las apariencias. www.jorgezepeda.net

o sé, pero estar aquí, en este bosque azul y amarillo, de infinitos árboles, me hace recordar cosas, me pone a respirar distinto. Así me ocurre en algunas ocasiones… en las que estoy tranquilo, pensando otras cosas, distraído en la cotidianidad y, de pronto, como si fuera un soplido, veo que otra respiración comienza a inundarme, otro estar, catalizado todo por la naturaleza, la inundación de los duendes, algo muy íntimo y –creo— inexplicable, que empieza a invadirme, y ya no soy yo, y me quedo quieto respirando por minutos. Es algo así como cuando te vez las palmas de las manos, y empiezas a ver sus rayas, sus huellas, sus venas azuladas, no sé..., las manos parecen entonces no ser tuyas, ser ajenas, o no haber sido vistas desde hace mucho tiempo. Me gusta pensar que todo ese estado vivencial se debe sólo al entorno, a la soledad en que me encuentro y a la disposición de respirar hondo, de tratar de sentir; o que probablemente se debe a cualquier otra cosa y que sólo son juegos de la mente, casi nada, salvo un químico más del cerebro que sin avisar se desparramó de pronto. Pero no sé. Tal vez en realidad las razones carecen de importancia, y más bien aquí ahora solitario, en la humedad del bosque, y valle abajo unos pastizales, la carretera incluso con su lejano zumbido, la confluencia de los mundos. Antes veníamos juntos al bosque, pero ese tiempo se ha borrado ya para siempre. Lentos subíamos y nos perdíamos por allá, más atrás del musgo y de los arroyuelos, y caminábamos al peñasco donde viéndonos las manos frotábamos lentamente nuestras caras al viento. Entonces las húmedas hojas eran nuestro aposento y refugio pero…, después de todo, había silencios, silencios incómodos que desde entonces anunciaban los presagios de un tiempo ya borrado ya para siempre. Nos dejamos de ver, inexplicable-

Antes veníamos juntos al bosque, pero ese tiempo se ha borrado ya para siempre. Lentos subíamos y nos perdíamos por allá, más atrás del musgo y de los arroyuelos, y caminábamos al peñasco donde viéndonos las manos frotábamos lentamente nuestras caras al viento. Entonces las húmedas hojas eran nuestro aposento y refugio pero…, después de todo, había silencios, silencios incómodos que desde entonces anunciaban los presagios de un tiempo ya borrado ya para siempre. Nos dejamos de ver, inexplicablemente; eso fue ya hace algunos años.
mente; eso fue ya hace algunos años. Desde entonces regreso esporádico al parque azul y amarillo, de infinitos árboles, y voy al peñasco y me siento allí, por la tarde, frente al viento. Me acuesto sobre la piedra fría y silbo silencioso y dejo que fluya el tiempo y que todo en armonía se quede inmóvil. Existen —en la cima de esa roca alta y filosa— dos momentos íntimos y distintos y, frente a ellos, una masa de piedras redondas que me gusta arrojar al vacío. Y me quedo por allí arriba el resto de la tarde, tal vez un sábado, y después regreso a la ciudad lentamente, tal vez apenas rozando con estas mis manos algunas espigas, y el auto, la calle, mi casa, el diario acontecer de nuevo, la diaria cotidianidad que espera pronto regresar al bosque. http://ciudadalfabetos.blogspot.com