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ESTADO DEMOCRATICO

1- DEMOCRACIA:
La democracia nace en la ciudad Griega Atenas hacia el año 500 a.C, naciendo después
de que se implantaron las tiranías y oligarquías. Proviene de los vocablos
δῆμος (“demos”, que se traduce como pueblo) y κρατία (“cracia” que puede traducirse
como fuerza o poder.)1
Era muy diferente al actual, no existían partidos políticos, los cargos públicos se hacían
a sorteo, solo podían participar mayores de 18 años, cada ciudadano defendía su interés.
Pero actualmente los ciudadanos decidimos, existe separación de poderes, existe
mecanismo de participación, cargos públicos temporales, etc.
1.1- DEFINICIÓN:
Es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al
conjunto de la ciudadanía que a través de elecciones, elige a sus gobernantes, es
rinde cuentas y es evaluado y controlado por la opinión pública, los medios de
comunicación y las instituciones, básicamente la democracia supone
participación y competición.
En sentido estricto es una forma de organización del Estado en la cual las
decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de
participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes.
En sentido amplio es una forma de convivencia social en los que los miembros
son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a
mecanismos contractuales.
-SEGÚN LA RAE (REAL ACADEMIA ESPAÑOLA):

1. f. Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudad


anos.
2. f. País cuya forma de gobierno es una democracia.

1.2- FORMAS DE DEMOCRACIA:

 DIRECTA: las decisiones las toma el pueblo soberano en asamblea. No existe


representante del pueblo, sino, en todo caso, delegados que hacen de
portavoces del pueblo, que únicamente emiten el mandato asambleario. La
practicaron en la Atenas Clásica.

1
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014).Diccionario de la
Lengua Española (23° edición). Madrid. España.
 SEMIDIRECTA O PARTICIPATIVA: el pueblo se expresa directamente en
circunstancias particulares, a través de cuatro mecanismos:
1.-Referéndum: el pueblo elige “por un sí o por no” sobre una
propuesta.
2.-Plebiscito: El pueblo concede o no concede la aprobación final de
una norma (Constitución, ley, tratado).
3.-Iniciativa popular: Un grupo de ciudadanos puede proponer la
sanción o derogación de una ley.

 INDIRECTA O REPRESENTATIVA: El pueblo se limita a elegir a sus


representantes para que estos deliberen y tomen las decisiones con el poder
que el pueblo le otorga por medio del voto.
-Ejemplos:
-En el Perú: Constitución Política del Perú
En la Constitución Política del Perú está establecido que la República del Perú
es democrática, social2, independiente y soberana. Su gobierno es unitario3,
representativo y organizado según el principio de separación de poderes es
ejercido por un Estado unitario.
-En Argentina: adopta una forma de democracia “indirecta o representativa
y semidirecta o participativa”.

2- ESTADO
El estado nace en Europa a partir del hundimiento del Feudalismo con las características
de territorialidad, centralización, soberanía, diferenciación e institucionalización.
2.1- DEFINICIÓN:
Es una agrupación humana, fijada en un territorio determinado y en la que existe
un orden social, político y jurídico orientado hacia el bien común, establecido y
mantenido por una autoridad dotada de poderes de coerción, es la forma en la
que está organizado políticamente un país, puede considerarse también como la
estructura de poder que se asienta sobre un determinado territorio y
población. Para que la agrupación humana que compone un Estado sea
considerada como tal, debe estar permanentemente establecida en su suelo,

2
Es decir, un Estado donde la preocupación principal son sus pobladores. O como el primer artículo de
la Constitución expresa: «La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin
supremo de la sociedad y del Estado
3
Es decir, la política nacional es una sola. En el Perú se habla de este gobierno unitario como el Gobierno
central para diferenciarlo de los Gobierno locales y regionales, su existencia no vulnera la disposición
constitucional, pues éstos siguen la misma política nacional aplicada a sus circunscripciones
suelo que se denomina patria; que deriva de dos vocablos latinos: terra patrum
(tierra de los padres).
2.2- FINALIDAD DEL ESTADO:
La finalidad del Estado es la realización de objetivos comunitarios.
El ejercicio del poder será legítimo si el bien que se persigue es el bien común; es
decir que una orden para ser legítima (además de emanar formalmente del órgano
competente) debe serlo en su sustancia. La finalidad del Estado se sostiene a partir
del reconocimiento y del respeto de los derechos individuales y siempre será
el interés colectivo.

3- ESTADO DEMOCRATICO:
El Estado Democrático está definido como "el gobierno de las mayorías, el gobierno del
pueblo y para el pueblo" (Lincolm). Este sistema permite la participación del pueblo en
la esfera de gobierno, generalmente por medio del sufragio y del control sobre la toma
de decisiones de sus representantes.
El estado democrático está fundamentado por toda la organización política de
la nación en conjunto, y a su vez identifica como recurso indispensable para el
constitucionalismo a la representación del pueblo por dirigentes políticos, mejor
conocido como democracia indirecta o representativa, y por elementos
de organización popular mejor conocidos como democracia directa o participativa.
Encontramos que la democracia participativa es superior a la representativa, debido a
que en la democracia representativa es el pueblo quien acompaña a su represéntate
elegido, lo supervisa, lo apoya y lo sanciona para que este cumpla los propósitos de su
representación, sin menospreciar sus aportes personales.
Todo estado democrático debe respetar el principio de soberanía popular, que
contradice el establecimiento de monarcas o caudillos; y la regla de la mayoría, que
establece al sufragio como el método más efectivo para resolver controversias
En un estado democrático todos los representantes o partidos políticos que participen
en el sufragio, deben someterse al mismo reglamento y respetar el resultado, ya que
este representa la voluntad de las mayorías electorales.

3.1- CARACTERISTICAS DEL ESTADO DEMOCRATICO:


Un gobierno democrático presenta las siguientes características:

- Igualdad: Todas las personas tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades,
por lo que no se debe discriminar ni excluir a ninguna persona ni grupo social.
- Elección de autoridades: En un gobierno democrático, las principales autoridades son
elegidas libremente por los ciudadanos y las ciudadanas por un determinado.
- Libertad de elección: una elección democrática es aquella en el cual los ciudadanos
expresan su opinión emiten su voto de manera libre, sin coacciones ni presiones de
ninguna clase, y los resultados de la elección son respetados.
- Libertad de expresión: Consiste en el derecho de todas las persona de expresar sus
puntos de vista ante los gobernantes y ande la sociedad en conjunto. Si no hay libertad
de expresión, no hay democracia. La libertad de expresión es básica para saber lo que
piensan los diferentes miembros de la sociedad.
- Participación ciudadana: Todas las personas tiene la oportunidad para decidir qué
temas son importantes para el país y para sus propias vidas. La participación comprende
tanto la identificación de los problemas como la propuesta de soluciones.
- Intervención de la agencia pública: El sistema democrático ha sido diseñado con el
único fin de atender los intereses, necesidades y demandas de la colectividad, y para
afrontar los problemas de la vida en común. Por ello, en el funcionamiento de la
democracia, los ciudadanos tienen la potestad de plantear temas para que sean
tratados, afrontados y resueltos por las autoridades. En el plano político, se llama
agenda pública al conjunto de temas o problemas que los ciudadanos consideran que
deben ser atendidos por las autoridades.
- Autonomía de las asociaciones sociales, pluralismo y tolerancia: Las personas que
conforma una sociedad se distinguen por sus edades, ocupaciones, cultura, operaciones
políticas, ideología, visión religiosa y otros aspectos. Las personas y los grupos tienen
aspiraciones, intereses, demandas y necesidades.
Las necesidades y aspiraciones de los jóvenes por ejemplo, no son las mismas que de los
adultos, los niños o los ancianos. Las necesidades y demandas de quienes viven en la
ciudad no son las mismas que las que tienen los que viven en el campo y viceversa.
Existen múltiples organizaciones y asociaciones a través de las cuales los diversos grupos
de la sociedad tratan de hacer valer sus derechos y presentan sus necesidades de
aspiraciones: juntas de vecinos, clubes, asociaciones con y sin fines de lucro, sindicatos,
colegios profesionales, iglesias, grupos de derechos humanos, instituciones y centros
culturales, comunidades nativas y campesinas, etc.
Un gobierno democrático se distingue porque respeta la existencia de esta
pluralidad de organizaciones de la sociedad civil, las escucha y dialoga con ella para
adoptar medidas de gobierno. Un gobierno democrático escucha todas las voces,
especialmente la de los grupos más débiles y excluidos.
- Inclusión social: en las sociedades existen personas y grupos que son excluidos por
diversas razones. Un gobierno democrático debe aceptar e incorporar a quienes están
excluidos para que gocen de las oportunidades y de todos los beneficios que la sociedad
les ofrece.
- Independencia y separación de poderes: el sistema democrático supone la separación
de los poderes en poder ejecutivo, poder legislativo y poder judicial. El poder legislativo
se encarga de elaborar y aprobar las leyes y de fiscalizar el funcionamiento del ejecutivo.
El poder ejecutivo se encarga de la marcha general del Estado, de ejecutar las leyes y de
diseñar y ejecutar políticas para promover el desarrollo del país. El poder judicial
controla el cumplimiento de las leyes, juzga y sanciona a quienes las incumplen.
3.2- PRINCIPIOS DEL ESTADO DEMOCRATICO:
1.- Soberanía popular. El poder pertenece al pueblo. El pueblo está formado por los
que han nacido en el mismo territorio y los que han sido aceptados en él. Por eso el
derecho de ciudadanía debe estar abierto a todos los que trabajan en ese territorio
y cumplen sus deberes en él. El pueblo es, pues, diferente del clan, la tribu o la
familia en las que lo predominante son las relaciones de parentesco y por tanto de
pertenencia. Pero el pueblo también es diferente de la nación. Ésta última se
identifica con los rasgos particulares de una cierta cultura, es decir, lengua, religión,
tradiciones, etc. Sin embargo todo Estado, no sólo el democrático, es por naturaleza
o bien más amplio que una cultura por cuanto incluye varias o más reducido porque
una cultura puede incluir varios Estados como ocurre cuando hablamos de la cultura
occidental. La soberanía popular expresa uno de los grandes ideales de la
democracia, a saber, la autonomía de lo colectivo, es decir, el hecho de que una
comunidad regula su vida con unas leyes que se ha dado a sí misma según relaciones
de participación. El código jurídico fundamental que expresa esas leyes es lo que
llamamos constitución.

2.- Representación. Entre el pueblo gobernado y los que gobiernan tiene que
conservarse una identidad, no una separación absoluta. Las órdenes de los que
mandan han de basarse en lo que piensan los que obedecen. Esto sólo puede
suceder si los gobernantes representan a los gobernados. Algunas condiciones para
que esto sea así son:
a) A los gobernantes se les ha de suponer la honestidad. Si se cuestiona ésta, por
ejemplo por una imputación, se pierde el derecho a ser representante aunque sea
provisionalmente.
b) Los gobernantes han de ser personas razonables, moderadas.
c) Han de ser buenos gestores de los recursos. Saber que se ha de invertir en
educación, sanidad, medio ambiente e infraestructuras y que educación y sanidad
no pueden responder a criterios meramente económicos.

3.- Racionalidad de la ley. La legitimación del poder descansa en la racionalidad de


la ley, no en la persona de quien lo ejerce. La ley es racional si sirve para resolver
problemas y es lo suficientemente flexible como para se pueda cambiar en caso de
que eso no suceda. Otras formas de legitimación del poder que no se corresponden
con la democracia son el carisma de los gobernantes o la tradición del eterno ayer.

4.- Libertad: El Estado democrático ha de respetar los derechos de los individuos.


Uno de ellos es el de la libertad para organizar su vida privada. En efecto, la
democracia se caracteriza porque permite la autonomía de los individuos, es decir,
la organización de la vida privada según ideales distintos. El punto culminante de las
relaciones personales en lo privado es el amor. Ningún Estado democrático puede
decirnos a quién amar y cómo, salvo en lo referente a los límites marcados por el
derecho y la justicia que impiden el uso de la violencia, monopolio del Estado. Dicho
de otro modo, el poder del pueblo tiene su frontera donde alcanza el bien común y
no puede penetrar en la esfera de la vida íntima de cada uno. Este derecho a la
autonomía por parte del individuo tiene su contrapartida en el deber que éste
adquiere de no imponer su voluntad a la comunidad.
5.- Progreso. La democracia supone la idea de progreso, es decir, la idea de que es
posible mejorar y perfeccionar las instituciones como consecuencia de la voluntad
colectiva. El ciudadano puede detectar los problemas e intervenir en las soluciones.
Nada hay irremediable en política. Esto supone rechazar dos extremos: el fatalismo
que implica resignarse a las reglas impuestas por tradición; la idea de salvación
según la cual la política puede librarnos de todos los males, es decir, la confusión de
la política con la religión.

6.- Pluralismo y moderación. Todos los poderes por legítimos que sean han de estar
limitados: no han de concentrarse ni en las mismas personas ni en las mismas
instituciones. Esto significa que el poder no ha de estar unificado, ha de haber
separación de poderes y asimismo que los poderes han de equilibrarse unos a otros.
Es necesario, pues, que, en palabras de Montesquieu “el poder frene al poder” (El
espíritu de las leyes XI, 4). Esta separación y equilibrio de poderes se da cuando el
poder judicial es independiente del político, el poder de los medios de comunicación
es independiente de los gobiernos y de los intereses de individuos particulares, el
poder político y económico se limita mutuamente y conservan su lógica autónoma.
Pluralidad, pues de poderes, pero también de organizaciones políticas que aspiran
al poder y entre las que los ciudadanos han de poder elegir libremente. En
democracia se precisa en resumen de moderación, una virtud que Montesquieu
trasladó del campo de la moral al de la política.

3.3- PRINCIPIOS ÉTICOS:

En el Estado democrático, pues, leyes racionales han de regular las instituciones


y determinar los derechos y deberes que corresponden a los ciudadanos en ellas.
Pero también en la propia sociedad, si es democrática, las instituciones deberían
regirse por una serie de principios éticos que son los siguientes:

a) Transparencia, es decir, los ciudadanos que interactúan en ellas deben saber


de manera clara cuáles son sus derechos y deberes.
b) Funcionalidad, esto es, deberían cumplir con la función que tienen,
satisfaciendo la necesidad en relación con la cual se crearon.
c) Igualdad, es decir, servir a todos por igual sin que existan privilegios o tratos
especiales.
d) Respeto. Tanto en el sentido del ciudadano no puede exigir excepciones a las
normas que las regulan como en el sentido de que se han de hacer respetar
respondiendo a sus derechos.
3.4- LOS PELIGROS Y PROBLEMAS DEL ESTADO DEMOCRÁTICO:

El Estado democrático tiene su contrapartida indeseable en los Estados totalitarios


que se desarrollaron en el siglo pasado y también en todos los Estados dictatoriales
que todavía hoy existen. Podemos considerarlos sus enemigos exteriores.
Pero también en el interior del propio Estado democrático pueden darse desviaciones
de sus principios que pueden poner en peligro la supervivencia del mismo. Algunos
de ellos son los siguientes:

a) El problema de la representación. Aparece cuando los representantes no


representan verdaderamente al pueblo que los ha elegido, sea porque han perdido
la honestidad que se les debe suponer, sea porque han abandonado la prudencia y la
moderación, sea porque han dejado de ser buenos gestores.
Pero el problema no se refiere sólo a los representantes como tales, sino también a
las instituciones de entre las que son elegidos en democracia, es decir, los partidos
políticos. Estos no responden en muchas ocasiones a los principios de transparencia
e igualdad que deben regular todas las instituciones en la sociedad democrática. En
efecto, difícilmente admiten la crítica interna, promocionan más a personas cuyas
cualidades son la disciplina y la fidelidad y forman grupos cerrados. Éstos están
constituidos por personas que viven profesionalmente de la política y entienden más
el ejercicio del poder como una lucha con el partido rival que como un servicio a los
ciudadanos. Las consecuencias de todo esto para una sociedad democrática son
nefastas. Los representantes elegidos se preocupan más bien de responder ante su
jefe que ante los ciudadanos que los eligieron. A los ojos de los ciudadanos acaban
por aparecer como una casta de gente nacida para mandar mientras todos los demás
han nacido para obedecer. Los ciudadanos pierden finalmente su interés por la
política y con ello la sociedad democrática pierde una de las bases en que se asienta.
Como dice Villacañas “si el ciudadano percibe que la actitud básica es…la de utilizar
la representación política para imponer las percepciones propias de la vida…para
favorecer a los amigos, para privilegiar los propios intereses, entonces se verá el
ejercicio de la política como la actividad de una casta separada que usa a su favor los
impuestos de todos…En la política lo primero son los problemas reales de las
poblaciones. Lo segundo es atenderlos con inteligencia y rapidez. Lo tercero es
hacerlo sin que se violen los derechos de la gente, manteniendo la paz social y cívica
y aumentando la cohesión social, esto es, que las distancias entre los más ricos y los
más humildes no vayan en aumento (Los latidos de la ciudad página 169).

b) El mesianismo. En democracia significa la idea de que el progreso entendido como


el respeto a los derechos humanos y la propia democracia como el mejor de los
regímenes políticos deben ser impuestos a todos los pueblos incluso por medio de la
guerra. Así, pues, si el progreso es uno de los principios de la democracia, el
mesianismo es una forma de entenderlo que justifica políticas difícilmente
compatibles con ella. Los rasgos del mesianismo político son “programa generoso,
repartición asimétrica de los papeles –sujeto activo, por una parte, y beneficiario
pasivo por la otra, a la que no se le pide su opinión-, y medios militares al servicio del
proyecto” (Todorov T. Los enemigos íntimos de la democracia, Barcelona, Galaxia
Gutenberg, 2012, página 43). Los primeros proyectos mesiánicos son las guerras
revolucionarias y napoleónicas, el colonialismo y el comunismo.
Este último tiene como características particulares que su proyecto es el del control
total de la sociedad y que para ello se propone como estrategia la eliminación de
poblaciones o clases enteras.

c) La tiranía de los individuos. Si los totalitarismos impusieron la tiranía de lo


colectivo, en la democracia actual y en nombre de una libertad ilimitada, los
individuos imponen su voluntad a la colectividad sometiéndola a una tiranía.
Así la libertad sin límites de unos pocos puede significar la opresión intolerable de los
más. En nombre de la libertad de comercio el poder político puede quedar sometido
enteramente al poder económico y de esta manera se contradice uno de los
principios de la democracia y del liberalismo político, a saber, el de la mutua
limitación de los poderes. Las consecuencias de esto son desastrosas. En primer lugar,
el uso de las nuevas tecnologías de acuerdo con la lógica estricta del beneficio:
Fukushima se construyó junto al mar y las grandes ciudades en una zona sísmica
porque era lo más rentable. Otros intereses como los del medio ambiente o las
generaciones futuras quedaron fuera de consideración. En segundo lugar, los grandes
medios de comunicación de masas están cada vez más controlados por unos pocos
individuos y corporaciones que seleccionan y comentan la información con el fin de
inducir cierta conclusión en el ciudadano, así “creemos que tomamos nuestras
decisiones por nosotros mismos, pero si todos los grandes medios de comunicación,
desde la mañana hasta la noche y día tras día, nos lanzan el mismo mensaje, el
margen de libertad de que disponemos para formarnos nuestras opiniones es muy
limitado. En el totalitarismo la información se convierte en propaganda por el control
del Estado sobre los medios de comunicación, pero en nuestras democracias el
peligro es el de acabar recibiendo una información uniforme decidida por un
individuo o grupo de individuos. En tercer lugar, el trabajo sometido cada vez más a
la lógica de la rentabilidad y producción, pierde de vista otros valores a los que
también contribuye como el equilibrio psíquico y social de la persona. Además, al
considerarlo la actividad por excelencia, se desarrolla a costa de otros aspectos de la
vida social como el familiar: “el buen empleado, el que logrará ascender, dice
Todorov, es el que está dispuesto a sacrificar sus noches para participar en las
reuniones urgentes, y sus fines de semana en casa para preparar los informes del día
siguiente. Su vida familiar se resiente necesariamente.

d) El populismo. En nombre del pueblo pueden justificarse prácticas


antidemocráticas. Consideremos en primer lugar la forma del discurso populista, la
cual no es otra que la demagogia, “una práctica que consiste en identificar las
preocupaciones de mucha gente y, para aliviarla, proponer soluciones fáciles de
entender, pero imposibles de aplicar”.
Se identifica en la vida pública de un país a un responsable de todos los males y se le
señala para que el pueblo se vengue. En un extremismo de izquierdas pueden ser los
ricos, los capitalistas, a los que es preciso vencer, si no eliminar. En un extremismo
de derechas, nacionalista y xenófobo, puede ser el extranjero, el extraño que tiene la
culpa de todo y por eso hay que echarlo: “tres millones de parados, tres millones de
inmigrantes”, no se necesita decir más. La política se funda así en la distinción amigo-
enemigo.
En democracia, en cambio, el adversario no es un enemigo y se trata de alcanzar
soluciones negociadas, compromisos que tienen en cuenta los diversos intereses y
que descartan la imposición por la fuerza. En cuanto al contenido el populista se
aferra a lo inmediato y apela a las emociones del momento descartando las razones
que tienen en cuenta el largo plazo, la deliberación y el estudio que sopesa los pros y
los contras.

e) El nacionalismo. El concepto de nación es un concepto a la vez político y cultural.


La nación como Estado es un país separado de otros por fronteras.
Como cultura es un conjunto de individuos que comparten una serie de
características comunes. El concepto de nación también implica en palabras de
Weber “la posesión de un sentimiento específico de solidaridad frente a otros”
(Economía y sociedad página 679). El problema radica en que ese concepto de
solidaridad es excesivamente grande como para que pueda hacerse equivalente al de
la familia o el barrio, comunidades en que el niño aprende lo que es el deber y el
amor a los cercanos. Pero también es lo suficientemente extenso como para que
pueda sustituir al concepto de humanidad y cerrar la posibilidad a cualquier simpatía
universal. “He aquí, por qué, afirma Todorov, la historia rebosa de ejemplos en los
que la adhesión a la familia admite la tolerancia por lo extranjero, en tanto que el
nacionalismo jamás conduce a lo universal” (Nosostros y los otros página 206). El
nacionalismo se puede entender de dos maneras según A. Artaud en Mensajes
revolucionarios (citado Todorov Nosostros y los otros página 203): hay un
nacionalismo cultural que afirma el valor de una cultura y la necesidad de defenderla
y un nacionalismo cívico que se identifica con una cultura a la que prefiere en
detrimento de otras. En este último tiene una gran importancia la cultura con la que
se identifica la nación y también la historia que de algún modo determinan al
individuo y le son esenciales. Por ello es propio del nacionalismo un culto del origen,
de los antepasados, una reverencia por los muertos. M.Barrès, nacionalista francés,
definía la nación como “la posesión común de un antiguo cementerio y la voluntad
de continuar haciendo valer esa herencia indivisa”. Lo que cuenta para una nación
son, así las cosas, la Tierra y los muertos. Ellos determinan la existencia de los vivos
por medio de un origen, de un pasado y una cultura que sólo a ellos pertenece. El
determinismo de la historia y de la cultura se hace efectivos, por lo demás, por medio
de la educación recibida en la primera juventud. M. Barrès decía que “con una
cátedra de enseñanza y un cementerio se tiene lo esencial de una patria” (citado
Todorov Los unos y los otros páginas 265-266). Pero el problema con el nacionalismo
cívico extremo radica en que en nombre del derecho histórico o del derecho a la
diferencia puede propiciar políticas de segregación de aquellas culturas con las que
la nación no se identifica. Porque como dijimos más arriba todo Estado es o bien más
extenso que una cultura al incluir varias en su seno o bien más reducido por formar
parte de una cultura junto a otros Estados, tal y como ocurre cuando hablamos de
nuestra cultura occidental. Por lo demás, las pasiones nacionalistas están detrás de
una gran parte de las guerras que tuvieron lugar en el siglo pasado. “La época del
racialismo clásico, afirma Todorov, parece haber caducado definitivamente, tras la
condena general que ha golpeado a la política de la Alemania nazi hacia los judíos;
así, pues, se la puede circunscribir con una precisión que no es la acostumbrada en la
historia de las ideas: entre 1749 (Buffon) y 1945 (Hitler). El racialismo moderno al que
más valdrá llamar “culturalismo”, encuentra su origen en los escritos de Renan, de
Atine y de Le Bon; reemplaza la raza física por la raza lingüística, histórica o
psicológica. Comparte algunos de los rasgos de su predecesor, pero no todos, lo cual
ha permitido abandonar el término comprometedor de “raza”… no obstante, puede
continuar desempeñando el papel que hasta hace poco desempeñaba el racialismo.
En nuestros días, los comportamientos racistas evidentemente no han desaparecido,
y ni siquiera han cambiado; pero el discurso que les sirve de justificación ya no es el
mismo: más que al racialismo, apela a la doctrina nacionalista, o culturalista, e incluso
el “derecho a la diferencia”... (Nosotros y los otros, páginas 185- 186).

3.5- TIPOS DE ESTADO DEMOCRÁTICO:


- El Estado unitario:
Cuando un Estado posee solo un centro de impulsión política y un conjunto único
de instituciones de gobierno, constituye un Estado simple o unitario. Un buen
número de estructuras políticas actuales responden a esta forma, en la que el
poder pertenece, en la totalidad de sus atributos y funciones, a un titular que es
la persona jurídica estatal. Todos los individuos colocados bajo su soberanía
obedecen a un solo Poder, viven bajo el mismo régimen constitucional y están
sujetos a un orden jurídico común.
La denominación Estado unitario se justifica porque en esta forma política el
Podere uno en su estructura, en su elemento humano y en sus límites
territoriales.
a) “La organización política es única porque consta solo de un aparato
gubernamental que lleva a cabo todas las funciones estatales. También
el ordenamiento constitucional es único".
b) La organización política abarca una colectividad unificada considerada
globalmente, sin tomar en consideración las diferencias individuales o
corporativas. Las decisiones de los gobernantes obligan a todos los
nacionales de un modo igual (homogeneidad del poder).
c) La organización política cubre todo el territorio esta- tal de un modo
idéntico, o sea, sin reconocer diferencias entre las distintas entidades
locales.

Al Estado unitario, así ́ concebido, no se le debe confundir con 10 que con K.


Loewenstein denominaríamos sistema autocrático o, como también les
denomina Prélot, formas políticas monocráticas.
En efecto: la unidad monocrática supone una concentración de poder en manos
de uno o de unos pocos individuos, mientras que el Estado unitario es compatible
con la separación de poderes y con la existencia de una pluralidad de órganos
que ejercen el poder unitario del Estado. El sistema autocrático, que niega toda
limitación de fines a los gobernantes, nada tiene que ver con la estructura simple
o compleja del Estado, sino con la extensión de su acción sobre los individuos y
las colectividades. El que los regímenes autocráticos (gr. autoritarios, como el
fascismo y el nacional-socialismo) hayan superpuesto la monocracia, el
totalitarismo y la centralización (de hecho, mediante el vínculo del partido
único), obedece a la necesidad de su propia lógica política, y no a una
contingencia histórica.
La forma poli ́tico-estatal unitaria, por el contrario, ha respondido a una exigencia
histórica. Las sociedades, por razones histó ricas conocidas, han necesitado de
una organización y un fin común; han tendido hacia su unidad jurídica. El
problema radica en concretar el nivel que debe alcanzar esta unidad. Las
monarquías absolutas han sido el centro en torno a las cuales se han ido
formando las naciones.

- El Estado federal:
La intención de construir un Estado que una lo que es diverso no es exactamente
lo mismo que la descentralización llevada a cabo con la creación del Estado de
las autonomías. El Estado federal es, en la actualidad, un Estado descentralizado
que modifica la naturaleza unitaria y jerárquica del Estado-nación, característico
de la Europa decimonónica y cuyo propósito fue unificar los territorios borrando
las diferencias que los distinguían, en especial las diferencias lingüísticas. Pero el
Estado federal no se limita a descentralizar cediendo a las partes lo que antes era
de su competencia. Lo que hace el Estado federal y lo caracteriza como tal es
distribuir el poder y la soberanía entre los territorios que lo componen.

En una democracia federal, el poder es difuso, la soberanía se la reparten todas


las entidades que forman el Estado, como representantes de la soberanía
popular. No ocurre lo mismo en los estados-nación, que sustentan una
organización "jacobina", donde es el centro el que se erige en representante de
la soberanía del pueblo y en el que la descentralización es considerada una
concesión del centro hacia la periferia y no un derecho. La descentralización es
consustancial al federalismo, pero también es parte de su sustancia la
participación de los distintos territorios en el gobierno común, la combinación
del autogobierno de cada una de las partes con el gobierno general. La unidad
que buscan las estructuras federales supone cooperación y coordinación de las
entidades que las componen. Un Estado federal se basa en el reconocimiento de
las diferencias, pero también en la cooperación y corresponsabilidad de quienes
detentan las diferencias a favor de unos fines comunes. Es la antítesis de las
decisiones unilaterales, e incluso de las componendas bilaterales entre el centro
y la periferia.
Dado que las sociedades evolucionan hacia estructuras cada vez más complejas,
hacia una mezcla de grupos heterogéneos que provocan conflictos de carácter
lingüístico, étnico o cultural, las estructuras de gobierno federales son las que
mejor responden a las necesidades y requerimientos que puedan plantearse
desde los intereses grupales. Hace tiempo que hablamos de la urgencia de
combinar lo local y lo global. Podríamos referirnos igualmente a la mejor manera
de reaccionar a la construcción de sociedades cada vez más mestizas. Los estados
nacionales, grandes o pequeños, no tienen más remedio que integrarse en
sistemas mayores, porque así lo exigen muchos de los problemas y conflictos que
afectan a todos. Esa misma tendencia, sin embargo, convive con otra que es la
voluntad de mantener las singularidades derivadas de la lengua, las tradiciones,
las formas de vida, las peculiaridades jurídicas de cada territorio. No es la
democracia centralizada la que procura mejores respuestas a dicha evolución,
sino la democracia federal.

Un repaso a los estados federales existentes pone de manifiesto el hecho de que


cada uno es heredero de su especificidad histórica. En España, las diatribas en
torno al federalismo tienen características propias. Lo que empezó siendo, en la
Edad Media, una federación de reinos de España derivó hacia formas de Estado
cada vez más imperialistas. Los intentos de unificación nacional nunca fueron
plenamente aceptados en aquellos territorios donde existía, a su vez, un
sentimiento nacional arraigado, como es el caso de Cataluña. Al contrario, a
medida que se fueron sucediendo las dinastías monárquicas, la relación con
Cataluña fue deteriorándose. Con los Austrias, la convivencia fue más apacible
que con los Borbones. Y la represión más dura fue, sin lugar a dudas, la vivida con
la dictadura franquista. El Estado autonómico ha sido eficaz durante unos años,
pero insuficiente a la luz de los conflictos que han ido surgiendo y no han
encontrado soluciones satisfactorias. No ha conseguido paliar el malestar de las
llamadas "nacionalidades históricas".

Quedan reivindicaciones pendientes que salen a flote cuando confluyen


circunstancias adversas, como ha ocurrido en los últimos años con la sentencia
del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de 2011 y el agravante de la crisis
económica que ha hecho estallar todos los agravios latentes por motivos varios.
Un repaso a lo que ha significado la estructura autonómica ayudará a aclarar las
razones, pero también las dificultades, para aceptar pacíficamente un
federalismo a la medida de España.
- El Estado presidencialista:
El estado o sistema presidencial es aquella forma institucional en la que la
Constitución Política establece una división de poderes en donde el Poder
Ejecutivo es ejercido por un Presidente de la República que concentra funciones
como Jefe de Estado (es decir, quien representa la unidad del Estado a nivel
interno e internacional) y Jefe de Gobierno (es decir, es el responsable del
gobierno de un estado o de una subdivisión territorial de este).
Surgió en los Estados Unidos en 1787, cuya Constitución creó el cargo de
Presidente de los Estados Unidos de América, el cual no era elegido por el
Congreso, sino electo por votación. Este sistema forma parte de la tradición de
los países de América Latina y se caracteriza por un Poder Ejecutivo fuerte, en
comparación con los otros poderes del Estado.
Dentro de sus características el Presidente de la República dispone de
atribuciones colegislativas junto con el Congreso Nacional, Parlamento o Poder
Legislativo, tales como: iniciativa de ley, declaración de urgencia en la
tramitación de los proyectos de ley, participación en el debate parlamentario de
la ley a través de los Ministros de Estado, veto parcial, entre otros. En Chile, estas
atribuciones especiales se encuentran contempladas en la Constitución Política
de la República.
Los Presidentes de la República ejercen por un periodo de tiempo determinado
y no pueden ser removidos de su cargo, como en los sistemas parlamentaristas.
También existe una división rígida del poder en sus tres ramas: legislativo,
ejecutivo y judicial, que se sostiene por pesos y contrapesos, es decir, estas se
controlan entre sí. Ejemplos de ello es la posibilidad del presidente de vetar
leyes, que el parlamento deba aprobar algunos nombramientos del Presidente,
que el Poder Judicial pueda declarar la inconstitucionalidad de una norma, entre
otras.

- El Estado parlamentarista:
El gobierno parlamentario, Democracia Parlamentaria o Parlamentarismo, es un
sistema de gobierno en que la elección del Poder Ejecutivo (Gobierno) emana del
Poder Legislativo (Parlamento o Congreso) y, por tanto, es políticamente
responsable ante este. Se le califica como un régimen democrático,
representativo, de separación flexible o colaboración de poderes, ya que tanto
el Parlamento como el Consejo de Ministros, que es un órgano colegiado
encabezado por un Primer Ministro, colaboran en la gestión de gobierno,
pudiendo el Parlamento destituir a uno de los ministros con “voto de censura” o
“denegación de confianza”, así como el Ejecutivo solicitar al Jefe de Estado la
disolución de una de las cámaras o el órgano legislativo completo.
En estos sistemas existe un Jefe de Gobierno y un Jefe de Estado. El primero
recibe distintas denominaciones (Primer Ministro, Canciller). Así como los
Ministros es elegido entre sus pares en el Parlamento. Por su parte el Jefe de
Estado (Rey o un Presidente de la República) carece de facultades decisorias en
el proceso político, aunque representa internacionalmente al Estado, además de
cumplir un papel simbólico como factor de integración nacional, como por
ejemplo: La Reina Isabel II del Reino Unido, que tiene funciones constitucionales,
representa al Reino Unido ante el mundo y es gobernadora suprema de la Iglesia
de Inglaterra.
Entonces según quién sea el Jefe de Estado, se distinguen regímenes
parlamentarios monárquicos y republicanos:

- Gobierno semipresidencial:
Es una modalidad de presidencialismo atenuado, puesto que no todos los
regímenes pueden ser encuadrados perfectamente en una u otra categorización.
Surgen históricamente en el siglo XX en particular en la Europa continental, como
por ejemplo: La República Francesa, la República de Portugal y la República de
Austria.
Se caracteriza por un Poder Ejecutivo que reside el Presidente de la República
electo por sufragio universal, así como también por un Primer Ministro elegido
por el Parlamento. Ambas figuras poseen igual autoridad dentro de las
decisiones de Gobierno, por lo que se le denomina Ejecutivo Dual.

- Gobierno de Monarquia Constitucional:


Monarquía constitucional es una forma de estado en el cual existe separación de
poderes, donde el monarca ostenta el Poder Ejecutivo nombrando al gobierno,
mientras que el Poder Legislativo, lo ejerce una asamblea o parlamento,
habitualmente, electo por los ciudadanos.
Por oposición a la monarquía absoluta, la ciencia política distingue entre
monarquía constitucional y monarquía parlamentaria. En las monarquías
constitucionales, el rey conserva el Poder Ejecutivo. En cambio, en las
monarquías parlamentarias, el Poder Ejecutivo proviene del Legislativo, el cual
es elegido por los ciudadanos, siendo el monarca una figura esencialmente
simbólica. Aunque las actuales monarquías son en su mayoría Parlamentarias,
históricamente no siempre ha sido así. Muchas de las monarquías han coexistido
con constituciones fascistas (o en la práctica fascistas) como en Italia (desde
1861, una monarquía constitucional regida por el Estatuto albertino de 1848,
pero que a partir de 1922 convivió con el régimen dictatorial de Benito Mussolini)
o Japón (la Constitución japonesa de 1889 atribuía amplios poderes militares y
políticos al emperador), o con dictaduras de Gobierno militar como en Tailandia,
en 2007.

CONCLUSIONES:
En sus orígenes la democracia era distinta a lo que hoy podemos conocer ya que ha
atravesado diversos cambios que benefician a todo el pueblo.
El estado democrático involucra al pueblo, sin distinguir la clase social para su
participación.
Para construir una democracia se debe construir la sociedad sobre la base

Bibliografía y webGrafia
Ramos Iiménez, Alfredo, "La democracia como forma instituciónal del cambio político en
América Latina", en Justicia Electoral. Revista del Tribunal Federal Electoral, vol. v; núm.
7, 1996.

Todorov T.” Los enemigos íntimos de la democracia”, Barcelona, Galaxia Gutenberg,


2012
https://es.calameo.com/books/00059150262fa8225c789