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Vet Clin Small Anim 36 (2006) 1107-1127

CLÍNICAS VETERINARIAS
MEDICINA DE PEQUEÑOS ANIMALES
S AU N D E R S

Terapia anticonvulsiva en perros y gatos
Curtis W. Dewey, DVM, MS
Department of Clinical Sciences, Cornell University, College of Veterinary Medicine,
Ithaca, NY 14853, USA

L
as convulsiones se presentan con frecuencia en la clínica de los pequeños animales, y
pueden atribuirse a una serie de alteraciones cerebrales [1,2]. Enfrentarse a un paciente
afectado de convulsiones es especialmente desafiante para el clínico de pequeños ani-
males por una serie de razones. Estas razones incluyen las percepciones y las expectativas del
propietario, la naturaleza de los ataques, y las diferentes opiniones e indicaciones respecto a las
opciones de tratamiento. Además de estas preocupaciones, la incapacidad de extrapolar el
conocimiento de los fármacos anticonvulsivos caninos para tratar los ataques felinos es un
impedimento constante para desarrollar nuevas terapias anticonvulsivas para los gatos.
Dada la naturaleza impredecible y con frecuencia violenta de los ataques, los propietarios
con frecuencia están emocionalmente afligidos cuando buscan consejo y recomendación vete-
rinarios. Naturalmente, muchos de estos propietarios quieren y esperan que el veterinario haga
que las convulsiones cesen por completo. Es importante para el clínico que atiende al animal
explicar que es probable reducir la frecuencia y la duración de los ataques, pero que la desapa-
rición de esta actividad es improbable. A pesar de esto, conseguir un estado sin convulsiones
para un paciente en concreto siempre es un objetivo clínico, pero se busca dentro de los límites
de los efectos colaterales del fármaco. Se ha estimado que conseguir un estado libre de ataques
sin efectos colaterales inaceptables de la terapia farmacológica es probable en menos de la
mitad de los pacientes [3]; sin embargo, la estimación precede a la introducción de numerosos
agentes anticonvulsivos nuevos que se exponen en este artículo.
Dado que las convulsiones siempre son una manifestación de una alteración cerebral subya-
cente, con frecuencia el veterinario se enfrenta simultáneamente a tener que tratar a la mascota
por las convulsiones mientras intenta determinar y a veces tratar la causa de éstas. En los
pacientes en los que se sospecha una epilepsia idiopática como causante de las convulsiones, las
preocupaciones del tratamiento se limitan a controlar los ataques. Cuando las convulsiones son
secundarias a una alteración estructural (tumor cerebral, encefalitis) o metabólica (encefalopa-
tía hepática), deben considerarse las opciones de tratamiento para la enfermedad primaria, así
como para los efectos que pueden tener los fármacos anticonvulsivos sobre la enfermedad.
El objetivo último del tratamiento anticonvulsivo es reducir la frecuencia y la duración de
los ataques lo máximo posible, mientras se evitan los efectos colaterales excesivos inducidos
por el fármaco. Con la introducción reciente de numerosos fármacos anticonvulsivos nuevos

Dirección electrónica: cwd27@cornell.edu
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a lo largo de los últimos 5 a 10 años para utilizar en perros y gatos, hay más posibilidades de
mejorar el control de los ataques en estas especies, con efectos negativos mínimos. Según la
experiencia del autor, los perros y gatos con ataques recurrentes que no se tratan o se tratan
con dosis subterapéuticas de fármacos anticonvulsivos tienden a experimentar un incremen-
to en la frecuencia o la duración de los ataques a lo largo del tiempo. El control de las con-
vulsiones tiende a tener más éxito si se inicia antes de dicho incremento. Teniendo en cuenta
estos factores, el concepto de un número arbitrario de ataques «aceptables» por mes (p. ej.,
un ataque por mes) para los pacientes tiene poco significado. Del mismo modo, basarse en el
éxito o en el fallo de los fármacos anticonvulsivos individuales como objetivo absoluto no es
realista. Una medida más realista del éxito de un fármaco anticonvulsivo es una reducción en
la frecuencia de los ataques en, por lo menos, un 50%, con mínimos efectos colaterales
del fármaco [4].
Este artículo revisa los tratamientos anticonvulsivos utilizados actualmente en perros y
gatos, y describe brevemente las nuevas formas de terapia anticonvulsiva que se están investi-
gando o están pendientes de publicación. La mayoría de la información contenida en este ar-
tículo está basada en literatura publicada. Sin embargo, parte de la información está basada en
la experiencia clínica del autor y se identifica como tal.

MANTENIMIENTO DE LA TERAPIA ANTICONVULSIVA
Fenobarbital
El fenobarbital (FB) se mantiene como uno de los fármacos de primera elección a utilizar en
perros con convulsiones, y también es el fármaco anticonvulsivo preferido en los gatos [1-3]. El
FB es un fármaco anticonvulsivo efectivo como agente único en el 60 al 80% de los perros epi-
lépticos; no hay datos de eficacia específica disponibles en gatos, pero el FB ha mostrado ser
efectivo, en general, para controlar las convulsiones en los felinos [2,5-7]. Los mecanismos de
acción del FB propuestos incluyen el incremento de respuesta neuronal al ácido gammaamino-
butírico (GABA), los efectos antiglutamato y la disminución del flujo cálcico hacia el interior
de las neuronas [1-3]. El FB es metabolizado por las enzimas microsomales hepáticas, con una
semivida sérica (t1/2) de eliminación de entre 40 y 90 horas en los perros, y aproximadamente
de 40 a 50 horas en los gatos, después de la administración oral. Se necesitan aproximadamen-
te de 10 a 15 días para alcanzar la cinética constante con la dosificación oral a un nivel de man-
tenimiento [1-3,8]. El FB es un potente inductor de la actividad enzimática microsomal hepáti-
ca (citocromo P450), y por tanto, puede conducir a una eliminación acelerada tanto propia
como de otros fármacos metabolizados en el hígado [2,3,9]. El uso de FB en los perros con
dosis anticonvulsivas estándar también ha mostrado que causa un incremento en la concentra-
ción plasmática del α1-ácido glucoproteico, que es la principal proteína ligadora de fármacos
básicos circulantes [9]. A través de este mecanismo, el FB también afecta a la fracción no unida
o disponible de otros fármacos administrados de forma concomitante.
El rango de la dosis de mantenimiento utilizado por el autor para el FB en los perros es de
3 a 5 mg/kg de peso corporal, administrado por vía oral cada 12 horas. En los gatos, se utiliza
un rango de dosis similar, pero la dosis inicial es de 2,5 mg/kg de peso corporal administrado
por vía oral cada 12 horas. Los niveles séricos deben obtenerse de 2 a 3 semanas después de ins-
taurar la terapia o de cambiar los regímenes de dosis [1-3]. El momento de obtención de la san-
gre no afecta al nivel en el 91% de los casos caninos; por tanto, obtener un nivel sérico basal en
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los perros que están recibiendo FB probablemente no es necesario [10]. No deberían utilizarse
tubos para separar el suero, porque la silicona liga el FB. El rango terapéutico utilizado por el
autor se halla entre 20 y 35 µg/ml. Aunque los rangos publicados están entre 15 y 20 µg/ml,
el autor ha observado que la mayoría de los perros que reciben una dosis por debajo de 20 µg/ml
no están bien controlados, y la mayoría de casos documentados de hepatotoxicidad se produce
en perros con niveles que están por encima de 35 µg/ml [1-3,11].
Los efectos secundarios documentados del FB en perros y gatos incluyen sedación, poliu-
ria/polidipsia (PU/PD), polifagia (PF) con ganancia de peso y ataxia. Estos efectos colaterales
normalmente disminuyen en las primeras semanas de tratamiento [1-3,5,6]. El autor ha tenido
muchos clientes que se quejan de que algunos efectos colaterales, aunque disminuidos desde
el momento de iniciar el tratamiento, son un problema constante (ganancia de peso, sedación).
El autor ha observado que los perros con tumores cerebrales con frecuencia experimentan un
nivel inaceptable de sedación con la utilización de FB, incluso con dosis bajas. Según la expe-
riencia del autor, los gatos son resistentes a desarrollar PU/PD y PF, en comparación con los
perros. Partiendo de la base que el control de los ataques es adecuado, la mayoría de los pro-
pietarios parecen ser tolerantes con los efectos colaterales del FB. Una consecuencia poco fre-
cuente del FB, pero que pone potencialmente en peligro la vida, es el fallo hepático [1-3,11,12].
A causa de esto, los pacientes que reciben tratamiento con FB deberían monitorizarse de ma-
nera regular para detectar la lesión hepática. Efectos colaterales documentados atribuibles con
menor frecuencia al FB en los perros incluyen necrosis de médula ósea (acompañada de dis-
crasias sanguíneas) y dermatitis necrótica superficial (DNS) [1,2,13-16]. Se sospecha que la
necrosis de la médula ósea es una reacción idiosincrásica al FB. Las discrasias sanguíneas
(leucopenia, trombocitopenia, anemia) se resuelven probablemente después de interrumpir el
FB [2,13-15]. Se cree que la DNS está relacionada con un nivel bajo de aminoácidos plasmá-
ticos, lo que, a su vez, se sospecha que puede atribuirse a los efectos del FB sobre el hígado.
Los perros con DNS tienen pocas probabilidades de evidencias de fallo hepático; se ha pro-
puesto la teoría de que la administración crónica de FB conduce a un catabolismo hepático
acelerado de los aminoácidos, conduciendo en último término a una DNS. Por desgracia, es
poco probable que la DNS se resuelva sólo con la interrupción de la terapia con FB [16]. Los
efectos colaterales infrecuentes asociados con el FB documentados en gatos incluyen prurito
facial, prurito generalizado con edema de extremidades distales, trombocitopenia y leucope-
nia; estas alteraciones se resuelven tras la interrupción del FB [6]. Hay un informe de un gato con
erupciones cutáneas graves y linfadenopatía asociada con la utilización de FB; la reacción de
hipersensibilidad se resolvió poco después de interrumpir la terapia con FB [17]. Se ha obser-
vado que la administración crónica de FB (> 3 semanas) con dosis terapéuticas estándar causa
una disminución significativa de los niveles séricos de tirosina total (TT4) y libre (fT4). Los
niveles de hormona tiroidea estimulante (TSH) con frecuencia están aumentados en los perros
que reciben terapia crónica con FB; sin embargo, los aumentos tienden a ser relativamente pe-
queños y, con frecuencia, permanecen dentro del rango de referencia. Se cree que los niveles
séricos disminuidos de las hormonas tiroideas (TT4 y fT4) en los perros que están recibiendo
FB pueden atribuirse a un aumento de la eliminación hepática de estas hormonas [1,2,18,19].
Si los perros que siguen una terapia crónica de FB y que presentan niveles séricos de hormonas
tiroideas por debajo del rango de referencia normal son realmente hipotiroideos es discutible.
Muchos de estos pacientes no presentan signos clínicos atribuibles al hipotiroidismo. Por el
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contrario, algunos signos clínicos potencialmente atribuibles al hipotiroidismo (letargia, ga-
nancia de peso) pueden ser simplemente efectos colaterales del FB [1,2,18-20]. Si los signos
clínicos indican hipotiroidismo en un perro con bajos niveles séricos de hormonas tiroideas,
está justificada la terapia de sustitución de hormona tiroidea. El FB no tiene efectos medibles
sobre las pruebas de función suprarrenal en los perros [3,20-22].
Los valores de la bioquímica sérica deberían evaluarse cada 6 meses en los pacientes que
reciben FB. Se espera que la fosfatasa alcalina (ALP) sérica esté aumentada en los perros
que están recibiendo FB. Los aumentos en la alanina aminotransferasa sérica (ALT) son causa
de preocupación [1,2]. Generalmente, se cree que los aumentos de ALT sérica representan
lesión hepatocelular, mientras que las elevaciones séricas de ALP reflejan una producción de
enzimas hepáticas inducida por el FB [2,11,23]. La evidencia actual sugiere que las elevacio-
nes séricas de ambas enzimas pueden atribuirse a lesión hepatocelular subclínica más que a
una inducción del FB [24,25]. Si hay alguna preocupación sobre la disfunción hepática, debe-
rían evaluarse también los ácidos biliares. También es recomendable evaluar el nivel sérico de
FB cada 6 meses, porque disminuye como resultado de la estimulación de las enzimas hepáti-
cas en algunos perros [1,3].

Bromuro
El bromuro (Br) es una sal que se ha utilizado principalmente como fármaco de segunda línea
(añadido al FB) en los perros, pero que está ganando popularidad como anticonvulsivo de pri-
mera elección en estas especies [1-3,26-28]. Se ha observado que el Br es una terapia aditiva efi-
caz en los perros que están recibiendo FB; la mayoría de los perros que reciben Br como terapia
aditiva experimentan por lo menos una reducción del 50% en la frecuencia de los ataques [28].
Además, se puede conseguir la reducción o, con el tiempo, la interrupción del FB en algunos
perros después de añadir la terapia con Br, sin pérdida del control de las convulsiones [1-3,28].
Se ha visto que el Br es efectivo como agente anticonvulsivo único en perros epilépticos, pero no
es tan efectivo como el FB. Con la excepción de los efectos sobre el hígado, los efectos colatera-
les de la terapia con Br son similares a los del FB cuando se comparan como agentes anticon-
vulsivos únicos [29]. El Br suele administrarse como una sal potásica (KBr). La forma de sal
sódica (NaBr) contiene más Br por gramo de fármaco; por tanto, la dosis debería ser aproxima-
damente un 15% inferior a la calculada para el KBr [1,26]. Se cree que el mecanismo anticon-
vulsivo del ión de Br es atribuible a su competitividad con los iones cloruro; se piensa que el ión
Br hiperpolariza las membranas neuronales después de atravesar los canales neuronales del cloro
[1-3,26-28]. El Br se excreta por vía renal, y, por tanto, es una buena elección para las pacientes
con enfermedad hepática (shunt portosistémico). Los iones Br compiten con los iones cloruro
por la reabsorción en los túbulos renales [1,2,26]. El t1/2 de eliminación para el KBr es de 24 días
en el perro; por tanto, la cinética constante no se alcanza durante 80 a 120 días con una dosis
de mantenimiento [1,2,26,28]. La dosis inicial de mantenimiento del autor para el KBr oral es de
35 mg/kg de peso corporal, dividido en dos dosis diarias. Con frecuencia, se administra una dosis
de carga a lo largo de un período de 5 días a los perros, para conseguir antes una cinética cons-
tante. La dosis de carga utilizada por el autor es de 125 mg/kg de peso corporal, dividido en dos
dosis diarias. El Br líquido se utiliza como dosis de carga (es fácil disminuir la dosis si los efec-
tos colaterales son inaceptables), y las cápsulas se utilizan para el mantenimiento. En casos de
emergencia (estado epiléptico), se puede cargar KBr a lo largo de 24 horas. Se puede hacer por
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vía rectal, si el paciente no es capaz de tomar fármacos orales. Un protocolo de carga de 24 horas
es administrar 100 mg/kg cada 4 horas [30]. También se puede utilizar una solución estéril de
NaBr para una carga intravenosa. Se ha sugerido una solución estéril de NaBr al 3% administra-
da a un ritmo de infusión continua (RIC) a lo largo de 24 horas con una dosis de 900 mg/kg [31].
Los niveles séricos de Br deberían alcanzarse en una semana de carga, un mes después de la
carga, y 3 meses después de la administración de una dosis de mantenimiento. Si el nivel de Br
de un mes es más del 10% inferior al nivel poscarga, debería aumentarse la dosis de manteni-
miento adecuadamente [2]. El rango terapéutico para el Br es de 1 a 3 mg/ml [1-3,26]. Para los
perros que ya están recibiendo FB, el rango terapéutico del Br es algo menor (0,8-2,4 mg/ml)
que para los perros en los que el Br se está utilizando como fármaco anticonvulsivo único (0,9 a
3,0 mg/ml) [32]. Se ha visto que las dietas ricas en cloruro disminuyen significativamente el
t1/2 de eliminación del Br en perros, y aumentan la dosis necesaria para mantener las concen-
traciones séricas dentro del rango terapéutico; se cree que este fenómeno es atribuible a la com-
petencia entre los iones Br y cloro por la reabsorción renal [33]. Los niveles de cloro están fal-
samente aumentados en los análisis bioquímicos séricos, porque los ensayos no pueden
distinguir entre los iones Cl y Br [1,2,26].
Los efectos colaterales del KBr incluyen rigidez de los miembros pélvicos y ataxia, se-
dación, vómitos, PU/PD, PF con ganancia de peso, hiperactividad y erupción cutánea. Con
menor frecuencia, se han asociado comportamiento agresivo y pancreatitis a la utilización de
KBr [1-3,26-28,34]. Se ha sugerido que la pancreatitis es más probable cuando se utiliza KBr
combinado con FB [34]. En los perros con toxicidad por Br (sedación profunda, ataxia), se
puede utilizar la diuresis con fluidos intravenosos que contengan cloro (0,9% NaCl) para ace-
lerar la eliminación renal del Br [3,26].
Debido a la falta de metabolismo hepático, se ha investigado el Br como un posible fármaco
anticonvulsivo en los gatos [35]. En un programa de dosificación de 15 mg/kg administrado por
vía oral cada 12 horas, el t1/2 de eliminación del Br en los gatos es, aproximadamente, de 11 días,
y se consiguió la constancia en 6 semanas; los gatos están generalmente en el extremo bajo del
rango terapéutico con este protocolo de dosificación [35]. Además de ser un fármaco anticonvul-
sivo menos efectivo en los gatos en comparación con los perros, el Br se ha asociado con un pro-
blema similar a un asma bronquial grave en el 35 al 42% de los gatos que han recibido este fár-
maco [35,36]. Dada la cuestionable eficacia y los posibles efectos colaterales que hacen peligrar
la vida del animal, el autor no considera el Br como una opción anticonvulsiva viable en los gatos.
El autor se ha encontrado con numerosos casos de ataques caninos en los que los perros de-
sarrollaron una tos persistente que parecía estar asociada con el tratamiento con Br. La actividad
tusígena se resolvió poco después de interrumpir el Br en estos perros. Si el problema similar al
asma bronquial es un posible efecto colateral de la terapia con Br en los perros, el desarrollo
probablemente es comparativamente raro respecto a los gatos. Sin embargo, el desarrollo de una
tos persistente en un perro que está recibiendo una terapia con Br debería alertar al clínico sobre
la posibilidad de un efecto colateral asociado con el Br, sobre todo si las otras pruebas diagnós-
ticas no determinan una causa para la tos.

Benzodiazepinas
Los fármacos benzodiazepínicos utilizados en perros y gatos con convulsiones incluyen el dia-
zepam, el clonazepam, el clorazepato, el midazolam y el lorazepam. Las benzodiazepinas ejer-
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cen sus efectos anticonvulsivos estimulando la actividad GABA en el cerebro. El diazepam es
ineficaz como anticonvulsivo de mantenimiento oral en los perros, debido a su corto t1/2 de eli-
minación (2-4 horas) y a la tendencia de los perros a desarrollar tolerancia al efecto anticonvul-
sivo. Por el contrario, el diazepam es un anticonvulsivo oral eficaz en los gatos [1-3]. Por des-
gracia, la necrosis hepática fatal aguda se ha asociado con la utilización de diazepam oral en los
gatos [1-3,37,38]. Debido a estos posibles efectos colaterales del diazepam oral en los gatos, el
autor no considera el diazepam oral como una opción anticonvulsiva oral de mantenimiento
para esta especie. El clonazepam es un fármaco anticonvulsivo oral de uso limitado en los
perros, debido al rápido desarrollo de tolerancia a sus efectos anticonvulsivos. Existe una forma
intravenosa de clonazepam para utilizar en los estados epilépticos; por desgracia, esta forma de
fármaco no está disponible en Estados Unidos [2]. El clorazepato tiene un t1/2 de eliminación
de entre 3 y 6 horas en los perros después de la administración oral, y el rango de la dosis es de
0,5 a 1 mg/kg de peso corporal, administrado cada 8 horas. Aunque el desarrollo de la toleran-
cia a los efectos anticonvulsivos del clorazepato es un problema menor en los perros que con el
diazepam o el clonazepam, sigue siendo un inconveniente de este fármaco. Otras posibles difi-
cultades asociadas con la utilización del clorazepato en los perros incluye la disminución de los
niveles séricos del metabolito activo (nordiazepam) a lo largo del tiempo, niveles séricos eleva-
dos de FB administrado concomitantemente, niveles séricos disminuidos de nordiazepam aso-
ciados con el uso concomitante de FB y hepatotoxicidad [1-3,39-43]. Se ha sugerido la utiliza-
ción clínica del clorazepato en los gatos [3], pero no hay estudios respecto a la eficacia o la
tolerancia a largo plazo del clorazepato en esta especie. El autor ha observado que el cloraze-
pato sólo es moderadamente eficaz como anticonvulsivo, y puede ser difícil mantener la dosis
correcta. Según la experiencia del autor, la principal indicación para utilizar el clorazepato oral
es un tratamiento a corto plazo en casa para perros que tienen convulsiones agrupadas. El mida-
zolam y el lorazepam son benzodiazepinas inyectables que se explican, junto con el diazepam
inyectable, en la sección que trata de las convulsiones agrupadas y de los estados epilépticos.

Felbamato
El felbamato es un fármaco dicarbamato que ha demostrado ser eficaz para ataques focales
(parciales) y generalizados en estudios de animales experimentales y en ensayos clínicos en
humanos [1-3,39,44]. Los mecanismos de acción propuestos incluyen el bloqueo de la excita-
ción neuronal mediada por el N-metil-D-aspartato (NMDA), la potenciación de la inhibición
neuronal mediada por el GABA y la inhibición de los canales neuronales sensibles del sodio y
el calcio [1-3,39,44-46]. El felbamato también puede ofrecer alguna protección a las neuronas
de los daños hipóxicos o isquémicos [3,39,44]. Aproximadamente el 70% de la dosis de fel-
bamato administrada por vía oral en los perros se excreta por la orina sin cambios; el resto se
metaboliza en el hígado. El t1/2 del felbamato en los perros suele estar entre 5 y 6 horas (inter-
valo: 4-8 horas) [1-3,39,45,47]. El felbamato se absorbe bien después de la administración oral
en los perros adultos, pero la biodisponibilidad en los cachorros puede ser sólo del 30% de la de
los adultos. Se ha visto que el t1/2 de eliminación en los cachorros también es mucho más corto
que en los perros adultos (aproximadamente, 2,5 horas) [48,49]. Para los perros adultos, el autor
recomienda un régimen de dosificación inicial de felbamato de 15 mg/kg de peso corporal,
administrado cada 8 horas. El felbamato tiene un margen amplio de seguridad en los perros,
y no suele presentar efectos tóxicos graves aparentes con dosis diarias inferiores a 300 mg/kg
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de peso corporal [1-3,39,46,50]. Si la dosis inicial de felbamato no es efectiva, se incrementa
en subidas de 15 mg/kg cada 2 semanas hasta que se consigue la eficacia, aparecen efectos
colaterales evidentes o el fármaco se vuelve prohibitivo por el coste. Se piensa que el rango
terapéutico para la concentración sérica de felbamato en los perros es similar al de las perso-
nas (20-100 µg/ml) [2,39,46]. Los ensayos de felbamato sérico normalmente son costosos.
Además, el amplio margen terapéutico y el bajo potencial de toxicidad del felbamato hacen
que la monitorización sérica rutinaria del fármaco tenga un valor clínico cuestionable. El autor
no evalúa rutinariamente los niveles de felbamato en los perros.
Los efectos colaterales se asocian con poca frecuencia con el uso del felbamato en los
perros. Una ventaja importante del felbamato respecto a otros fármacos anticonvulsivos
estándar es que no causa sedación. Dado que el felbamato se metaboliza algo en el hígado, la
disfunción de éste es un posible efecto colateral [1-3,39,46]. En un estudio, 4 de 12 perros
que recibían felbamato como tratamiento aditivo desarrollaron enfermedad hepática; sin
embargo, todos estos pacientes también estaban recibiendo dosis elevadas de FB [51]. En las
personas, se ha observado que el felbamato aumenta las concentraciones séricas de fenobar-
bital en algunos pacientes que reciben terapia combinada [2,52]. No está claro si el felbama-
to, el FB o la combinación de los dos fármacos es el responsable de la hepatotoxicidad docu-
mentada en los perros. En las personas, la hepatotoxicidad grave se asocia raramente con el
uso de felbamato, y normalmente tiene lugar en pacientes que están recibiendo de manera
concomitante otros fármacos anticonvulsivos [2,44,53]. Se ha documentado anemia aplásica
(causada por la supresión de la médula ósea) en personas que están recibiendo felbamato en
una proporción de 10 por 100.000 pacientes; este efecto colateral poco común también se ob-
serva habitualmente en pacientes que están recibiendo una terapia de fármacos anticonvulsi-
vos combinados [2,53]. Por suerte, este efecto colateral grave no parece darse en los perros
que están recibiendo este fármaco. Sin embargo, en un informe, se sospechó supresión de
médula ósea reversible en dos perros que estaban recibiendo felbamato: el primer perro de-
sarrolló una trombocitopenia moderada, y el otro desarrolló leucopenia moderada. Ambas
anormalidades se resolvieron tras interrumpir el felbamato. Un paciente de este informe de-
sarrolló queratoconjuntivitis seca (QCS) bilateral; no se sabe si estuvo o no relacionada con
la utilización de felbamato [54]. El autor se ha encontrado con muchos pacientes que estaban
tomando felbamato y que han desarrollado QCS. También se ha documentado, como efecto
colateral observado raramente, la actividad de temblor generalizada en perros de raza peque-
ña que estaban recibiendo dosis altas de felbamato [39,46].
El limitado material publicado respecto a la eficacia clínica del felbamato es similar a la expe-
riencia del autor. En un informe de perros epilépticos refractarios, 12 pacientes de 16 experi-
mentaron una reducción de la frecuencia de los ataques después de iniciar el tratamiento con fel-
bamato [51]. En otro informe de 6 perros con sospecha de convulsiones focales, todos los perros
experimentaron una reducción sustancial en la frecuencia de los ataques cuando se utilizó el fel-
bamato como único fármaco anticonvulsivo; dos de estos perros quedaron libres de ataques [54].
El autor ha utilizado mucho el felbamato para tratar a perros con convulsiones. El felbama-
to parece ser efectivo como terapia aditiva y como agente anticonvulsivo único en pacientes con
convulsiones focales y generalizadas. Dada la falta de efecto sedante, el felbamato es especial-
mente útil como monoterapia en los perros que muestran un estado mental alterado debido a la
enfermedad neurológica subyacente (tumor cerebral, infarto cerebral). El autor ha observado
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que los efectos colaterales del felbamato son infrecuentes, sobre todo cuando se utiliza como
fármaco anticonvulsivo único. La disfunción hepática asociada con la utilización del felbama-
to tiende a resolverse después de la discontinuación del fármaco. En los perros con evidencia de
enfermedad hepática previa, se recomienda realizar análisis bioquímicos cada 6 meses en los
que están recibiendo felbamato, sobre todo si se administra conjuntamente con FB. También
puede ser recomendable realizar un hemograma completo (CBC) cada pocos meses, por la
improbable posibilidad de que se desarrolle una discrasia sanguínea.
Según los conocimientos del autor, no hay información clínica respecto a la utilización del
felbamato en los gatos. Dada la posible hepatotoxicidad asociada con el felbamato y a las dis-
crasias sanguíneas en los perros, es probable que el felbamato no se convierta en una opción
anticonvulsiva viable para los gatos.

Gabapentina
Se sospecha que la gabapentina, un análogo estructural del GABA, ejerce sus efectos antiata-
ques aumentando la liberación y la acción del GABA en el cerebro, así como inhibiendo los
canales neuronales del sodio [1-3,39,46,52,53]. Sin embargo, evidencias más recientes sugie-
ren que la actividad anticonvulsiva de la gabapentina se debe, principalmente, a la inhibición de
los canales del voltaje de calcio del cerebro [55]. La gabapentina se absorbe bien en los perros
y en las personas, teniendo lugar la concentración pico sérica a las 1 a 3 horas después de la in-
gesta. En los seres humanos, la absorción es dependiente de la dosis, basándose en un mecanis-
mo de transporte saturable de aminoácidos en el tracto gastrointestinal; se cree que este proce-
so de transporte saturable es la razón de que sus efectos anticonvulsivos puedan durar más de lo
que se esperaría en función del t1/2 de eliminación sérica del fármaco [2,39,52]. En las personas,
prácticamente toda la dosis de gabapentina administrada por vía oral se excretaría sin cambios
por la orina (sin metabolismo hepático). En los perros, sin embargo, del 30 al 40% de la dosis
de gabapentina administrada por vía oral tendría un metabolismo hepático hasta N-metil-gaba-
pentina [1-3,39,46,56,57]. A pesar de que haya cierto metabolismo hepático en los perros, no
hay una inducción apreciable de las enzimas microsomales hepáticas en esta especie. El t1/2 de
eliminación en los perros está entre 3 y 4 horas. El intervalo de la dosis recomendada de gaba-
pentina para perros es de 25 a 60 mg/kg de peso corporal, dividido en dosis administradas cada
6 a 8 horas [1,2,39,46,56,57].
El autor recomienda un régimen inicial de dosis de 10 mg/kg de peso corporal, administra-
do cada 8 horas. El intervalo terapéutico sospechado para los perros es de 4 a 16 mg/l [39,53].
Como en el caso del felbamato, rara vez se buscan las concentraciones séricas de gabapen-
tina en los perros.
No se han documentado ensayos de toxicidad a largo plazo a la gabapentina en los perros.
Sin embargo, el fármaco parece estar bien tolerado por esta especie, normalmente con pocos o
ningún efecto secundario. La sedación no parece ser un gran problema con la utilización de
gabapentina en los perros. Sin embargo, el autor ha tenido muchos clientes que informan que
sus perros experimentaron una sedación moderada o una polifagia moderada y ganancia de
peso, asociada al uso de gabapentina. En un estudio prospectivo que evaluaba la gabapentina
como una terapia aditiva en los perros con ataques refractarios, no hubo una disminución signi-
ficativa en la frecuencia global de convulsiones a lo largo de un período de evaluación de
4 meses; sin embargo, dos de 17 perros estuvieron libres de ataques durante este período
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TERAPIA ANTICONVULSIVA EN PERROS Y GATOS 1115

de tiempo, y otros cuatro tuvieron por lo menos un 50% de disminución en la frecuencia de las
convulsiones [58]. En un estudio similar con once perros, cinco de ellos experimentaron una re-
ducción del 50% o más en la frecuencia de los ataques después de instaurar la terapia con gaba-
pentina, y hubo una disminución global significativa en la frecuencia de las convulsiones [59].
En los dos estudios, los únicos efectos colaterales documentados fueron sedación y ataxia de los
miembros pélvicos [58,59]. Según la experiencia del autor, la gabapentina es útil en ocasiones
como fármaco anticonvulsivo en los perros. En las personas, la gabapentina parece se más efec-
tiva para tratar los ataques generales [53]. Dado su corto t1/2 en los perros, la gabapentina pro-
bablemente necesita administrarse por lo menos cada 8 horas, y posiblemente cada 6 horas, para
mantener sus concentraciones séricas dentro del rango terapéutico. La posible necesidad de
administrarla cada 6 horas puede hacer difícil para algunos propietarios administrar la gaba-
pentina de manera fiable.
Existe sólo información anecdótica respecto a la utilización de la gabapentina en los gatos.
Se ha sugerido una dosis oral de 5 a 10 mg/kg de peso corporal, administrada cada 8 a 12 horas,
pero no está basada en ningún dato publicado. Según el conocimiento del autor, no hay nin-
guna información respecto a la seguridad o la eficacia de la administración crónica de gaba-
pentina a los gatos.

Levetiracetam
El levetiracetam es un fármaco anticonvulsivo piracetam nuevo que ha demostrado ser eficaz
en el tratamiento de los ataques focales y generalizados en las personas, así como en muchos
modelos animales experimentales [1,39,52,53,60-66]. Aunque, generalmente, se recomienda
como fármaco anticonvulsivo aditivo [39,63-66], el levetiracetam ha sido eficaz como mono-
terapia en las personas [67]. En pacientes humanos con epilepsia refractaria, el levetiracetam
ha manifestado efectos anticonvulsivos dentro del primer día de terapia [68]. El mecanismo de
acción de los efectos anticonvulsivos del levetiracetam es desconocido; a diferencia de otros
fármacos anticonvulsivos, el levetiracetam no parece afectar a las vías comunes de los neuro-
transmisores (GABA, NMDA) o a los canales de iones (sodio, calcio tipo T) directamente
[39,52,60-62,66,69]. Hay alguna evidencia de que el levetiracetam puede inhibir las corrien-
tes neuronales de calcio de alto voltaje. El levetiracetam también puede actuar interfiriendo
con los moduladores alostéricos negativos de las vías inhibitorias del GABA y de la glicina en
el cerebro [39,61,62,69]. Recientemente, se ha descubierto que el punto de unión para el leve-
tiracetam en el cerebro es una proteína integral de membrana, llamada vesícula sináptica 2A
(SV2A); la interacción del levetiracetam con esta proteína parece estar asociada con el efecto
anticonvulsivo del fármaco [70]. El levetiracetam ha demostrado propiedades neuroprotecto-
ras, y puede disminuir la lesión cerebral inducida por las convulsiones [71,72]. También se ha
documentado que el levetiracetam tiene un efecto «antienganche», que puede disminuir la
probabilidad de incrementar la frecuencia de los ataques a lo largo del tiempo [73,74]. El leve-
tiracetam administrado por vía oral está biodisponible aproximadamente al 100% en los
perros, con una t1/2 sérica de 3 a 4 horas (datos del archivo de UCB Pharma, Smyrna, Georgia)
[39,73,74]. El levetiracetam parece ejercer un efecto anticonvulsivo que persiste más allá de lo
que sugiere su presencia en el torrente sanguíneo [39,61]. En los perros, aproximadamente del
70 al 90% de la dosis administrada de levetiracetam se excreta por la orina sin cambios; el
resto del fármaco se hidroliza en el suero y otros órganos. No parece que haya ningún meta-
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1116 CURTIS W. DEWEY

bolismo hepático apreciable del levetiracetam en los seres humanos o en los perros (datos del
archivo del UCB Pharma) [39,60-62,69,75]. La concentración sérica efectiva de levetiracetam
en las personas es de 5 a 45 µg/ml [53]. Dado que no está clara la relación entre la concentra-
ción sérica del fármaco y la eficacia para el levetiracetam, y que el fármaco tiene un margen de
seguridad extremadamente alto, normalmente no se recomienda la monitorización rutinaria
del fármaco en las personas [52,61,63,64]. Sin embargo, aunque aún no se ha establecido un
rango terapéutico para el levetiracetam ni en el perro ni en el gato, los rangos terapéuticos
humanos deberían servir como un objetivo poblacional razonable hasta que esta información
esté disponible. Incluso sin un rango basado en una muestra de población, se recomienda la
monitorización para establecer el objetivo terapéutico para un paciente concreto. La monitori-
zación debería establecer una línea basal y después, repetirla cada vez que el paciente esté des-
controlado o el cliente no esté seguro. El autor recomienda una programación de dosis inicial
de 20 mg/kg de peso corporal, administrada cada 8 horas en función de los datos farmacoci-
néticos y la experiencia clínica (datos en el archivo del UCB Pharma) [39,75]. Esta dosis
puede aumentarse en incrementos de 20 mg/kg hasta que se consiga la eficacia, que aparezcan
efectos secundarios o que el fármaco adquiera un coste prohibitivo.
Los datos de toxicidad a largo plazo del levetiracetam en los perros confirman que el fár-
maco es extremadamente seguro. En un estudio, se administró levetiracetam oral a perros
en dosis de hasta 1.200 mg/kg/día durante un año. Uno de los ocho perros que recibieron
300 mg/kg/día desarrolló un caminar rígido e inestable. Otros efectos colaterales (salivación,
vómitos) se limitaron a los perros que recibieron 1.200 mg/kg/día. No hubo muertes relacio-
nadas con el tratamiento ni anormalidades histopatológicas relacionadas (datos en el archivo
del UCB Pharma). El autor ha utilizado levetiracetam en perros como tratamiento aditivo con
resultados favorables. En un informe reciente, la utilización de levetiracetam como fármaco
aditivo en perros epilépticos se asoció con una reducción significativa (54%) de la frecuencia
de los ataques, sin efectos secundarios aparentes [76]. Debido a los pocos efectos secundarios
y a la falta de metabolismo hepático, el levetiracetam es una elección anticonvulsiva atractiva
para pacientes con disfunción hepática [77].
El autor y sus colaboradores están investigando actualmente la utilización del levetiracetam
oral como terapia anticonvulsiva aditiva para gatos que están recibiendo FB [78]. El levetira-
cetam parece estar bien tolerado por esta especie, normalmente sin efectos colaterales aparen-
tes. El t1/2 de eliminación es, aproximadamente, de 8 horas después de la administración oral.
Una dosis de 20 mg/kg administrada por vía oral cada 8 horas suele alcanzar un nivel sérico del
fármaco dentro del rango terapéutico documentado en las personas. Dos gatos han experimen-
tado inapetencia transitoria y letargia, que se resolvieron sin ajustar la dosis en 2 semanas. Aun-
que hay algún grado de variabilidad entre gatos, la reducción media en la frecuencia de las con-
vulsiones que reciben levetiracetam como fármaco aditivo es, aproximadamente, del 60%.
El autor considera que el levetiracetam es el fármaco anticonvulsivo aditivo preferido en los
gatos que están recibiendo FB, debido a la falta de efectos secundarios graves y a la evidencia
de su eficacia.

Zonisamida
La zonisamida es un fármaco anticonvulsivo basado en la sulfonamida, aprobado recientemen-
te para uso humano; ha demostrado su eficacia en el tratamiento de ataques focales y generales
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TERAPIA ANTICONVULSIVA EN PERROS Y GATOS 1117

en las personas, con mínimos efectos secundarios [39,79-87]. Los mecanismos de acción anti-
convulsiva sospechados incluyen el bloqueo de los canales del calcio de tipo T y los del sodio
de voltaje del cerebro, la facilitación de la neurotransmisión dopaminérgica y serotoninérgica en
el sistema nervioso central, el secuestro de radicales libres, aumentando las acciones GABA
en el cerebro, la inhibición de la excitación neuronal mediada por el glutamato en el cerebro y
la inhibición de la actividad anhidrasa carbónica [52,53,79-81,84,86-88]. La zonisamida se
metaboliza principalmente mediante las enzimas microsomales hepáticas, y el t1/2 en los perros
es, aproximadamente, de 15 horas [29,89,90]. En las personas, se ha visto que la eliminación
t1/2 de la zonisamida es mucho menor en los pacientes que ya están recibiendo fármacos que
estimulan las enzimas hepáticas microsomales, en comparación con los pacientes que no están
recibiendo dichos fármacos [83,86,88,91]. Un fenómeno similar parece ocurrir en los perros
[39,88-92]. Cuando se utiliza como tratamiento aditivo en perros que ya están recibiendo fár-
macos que requieren metabolismo hepático (p. ej., FB), el autor recomienda una programación
de dosis oral de zonisamida de 10 mg/kg de peso corporal, administrada cada 12 horas. Este
régimen de dosificación ha mostrado que mantiene las concentraciones séricas caninas de zoni-
samida dentro del rango terapéutico documentado para las personas (10-40 µg/ml) cuando se
utiliza como terapia aditiva [93]. En los perros que no están recibiendo actualmente fármacos
que inducen a las enzimas microsomales hepáticas, se recomienda empezar la zonisamida con
una dosis de 5 mg/kg de peso corporal administrada cada 12 horas. El autor generalmente eva-
lúa las concentraciones séricas de zonisamida aproximadamente después de una semana de
tratamiento. La zonisamida tiene un margen amplio de seguridad en los perros. En un estudio,
se observaron efectos secundarios mínimos en perros Beagle que recibieron zonisamida diaria-
mente en dosis de hasta 75 mg/kg de peso corporal por día durante un año [94].
En un estudio, se observó que la zonisamida disminuía la frecuencia de las convulsiones por
lo menos hasta un 50% en 7 de 12 perros con epilepsia idiopática refractaria. En este grupo de
respuesta, la reducción mínima en la frecuencia de los ataques fue del 81,3%. En 6 de los
7 perros que respondieron, el FB fue capaz de reducirse hasta una media del 92,2%. Hubo efec-
tos secundarios moderados (p. ej., sedación transitoria, ataxia, vómitos) en 6 (50%) perros; nin-
guno de los efectos secundarios se consideró lo bastante importante como para interrumpir la
terapia con zonisamida [93]. En un estudio más reciente en perros epilépticos refractarios, 9 de
11 perros que recibieron zonisamida respondieron, con una reducción media de los ataques
del 92,9%; hubo sedación transitoria y ataxia en 6 perros [95].
La zonisamida ha demostrado ser eficaz como fármaco anticonvulsivo único en seres huma-
nos [96-98]. El autor ha utilizado zonisamida como fármaco anticonvulsivo único en un gran
número de perros. Éstos han sido casi exclusivamente en pacientes de raza pequeña cuyos due-
ños deseaban evitar los efectos secundarios asociados con el FB y el Br. La zonisamida pare-
ce ser efectiva como terapia anticonvulsiva única, con pocos o ningún efecto secundario apa-
rente en perros.
El autor ha tratado dos gatos epilépticos con zonisamida como tratamiento aditivo. Un gato
se volvió anoréxico, y fue necesario interrumpir el fármaco. El otro gato experimentó una
reducción sustancial en la frecuencia de los ataques. Este gato tampoco tuvo efectos secunda-
rios ni alteraciones sanguíneas atribuibles a la terapia con zonisamida después de, aproximada-
mente, un año de administración. Es necesario disponer de más datos respecto al uso de la zoni-
samida en los gatos antes de poder recomendarlo para su uso en esta especie.
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1118 CURTIS W. DEWEY

TRATAMIENTO PARA LAS CONVULSIONES AGRUPADAS
Y LOS ESTADOS EPILÉPTICOS
Las convulsiones agrupadas y los estados epilépticos sostienen el desafortunado papel de ser los
que más ponen en peligro la vida del animal, y los más difíciles de tratar en gatos, perros y per-
sonas. Hay varias definiciones en la literatura para los ataques agrupados y los estados epilép-
ticos [1,3,31,99-105]. El autor considera como ataques agrupados los que incluyen dos o más
ataques leves dentro de un período de 24 horas. Un ataque leve implica que el paciente se recu-
pera completamente antes de experimentar el siguiente episodio de ataque. El estado epiléptico
es una actividad de ataques continuos que dura más de 5 minutos o ataques recurrentes entre los
que el paciente no se recupera del todo. Estos dos tipos de ataque se solapan, y las convulsiones
agrupadas pueden progresar a estado epiléptico en algunos pacientes. Las convulsiones conti-
nuadas que no paran pueden conducir a consecuencias graves, como hipertermia, neumonía por
aspiración, coagulación intravascular diseminada o lesión cerebral permanente [1,3,31,99-105].
Es de vital importancia en estos casos graves parar los ataques, tratar cualquier problema aso-
ciado con los ataques (edema cerebral) y proporcionar monitorización y cuidados intensos.
Según la experiencia del autor, muchos casos de convulsiones agrupadas y la mayoría de los
casos de estados epilépticos requieren medidas que producen sedación fuerte o anestesia; estos
pacientes suelen necesitar intubación traqueal y monitorización intensa en una unidad de cui-
dados intensivos. La siguiente discusión se centra específicamente sobre las opciones farmaco-
lógicas para controlar los ataques de urgencia; se puede encontrar información más detallada
respecto al manejo del paciente con convulsiones agrupadas y/o con estados epilépticos en las
referencias enumeradas.
El diazepam (0,5-1,0 mg/kg) por vía intravenosa es la elección inicial preferida para dete-
ner los ataques, por su rápido inicio de acción y seguridad. A pesar de ello, el diazepam con
frecuencia provoca la parada temporal de los ataques o falla en parar totalmente las convul-
siones. Si los ataques se paran repetidamente con bolos intravenosos de diazepam, un RIC
intravenoso de diazepam con una dosis de 0,5 a 2,0 mg/kg/h puede ser útil [1]. Si el diazepam
no es capaz de detener las convulsiones, debería instaurarse otro fármaco (pentobarbital, feno-
barbital). Se han sugerido otras benzodiazepinas para los tratamientos de urgencia de ataques
en perros y gatos, pero no hay datos clínicos respecto a estos fármacos. Éstos incluyen el clo-
nazepam, el midazolam y el lorazepam [1-3,106]. El clonazepam intravenoso se indicó pre-
viamente, pero no está disponible en Estados Unidos en este momento. Se ha recomendado un
rango de dosis de 0,05 a 0,2 mg/kg de peso corporal para el clonazepam en los perros [2,106].
El midazolam puede ser más efectivo y, de algún modo, más seguro que la dosis equivalente
de diazepam; el midazolam tiene un inicio de acción rápido y un t1/2 de eliminación corto des-
pués de la administración intravenosa o intramuscular. Un rango recomendado de dosis para
la administración intravenosa o intramuscular de midazolam para perros y gatos es de 0,066 a
0,22 mg/kg de peso corporal [106-108]. El lorazepam tiene una actividad más potente en el
receptor de la benzodiazepina, y dura bastante más que el diazepam después de su administra-
ción intravenosa. La utilización de lorazepam administrado por vía intravenosa se ha vuelto
preferible a la administración intravenosa de diazepam para tratar a pacientes humanos con
estados epilépticos [103-106]. Se ha visto que una dosis intravenosa de 0,2 mg/kg de peso cor-
poral es bien tolerada por los perros, y alcanza niveles séricos del fármaco dentro del rango
que se considera terapéutico para las personas [106,109,110]. Según los conocimientos del
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TERAPIA ANTICONVULSIVA EN PERROS Y GATOS 1119

autor, no hay estudios clínicos dirigidos a la eficacia clínica del lorazepam en los perros ni nin-
guna información respecto al uso de este fármaco en los gatos. Se ha investigado la adminis-
tración de benzodiazepinas por vía rectal o nasal. Estas rutas de administración son ventajosas
cuando es difícil acceder a la vía intravenosa. Los propietarios de los perros que tienden a
experimentar convulsiones agrupadas o estados epilépticos pueden administrar estos fármacos
en casa durante el ataque. Los posibles inconvenientes de la administración intranasal de los
fármacos respecto a la administración intrarrectal incluyen factores técnicos (pérdida de fár-
maco atribuible a deglución o estornudo) y el riesgo incrementado de que un propietario sea
mordido involuntariamente por la mascota durante el episodio convulsivo. El diazepam
(0,5 mg/kg de peso corporal) y el lorazepam (0,2 mg/kg de peso corporal) han demostrado que
alcanzan los niveles séricos en los perros dentro del rango terapéutico sospechado en minutos
después de la administración intranasal [110-112]. Del mismo modo, se ha visto que la admi-
nistración intranasal de midazolam en perros alcanza niveles séricos del fármaco rápidamente,
y que son casi tres veces los niveles alcanzados con la administración oral del fármaco [113].
Se ha visto que el diazepam se absorbe bien después de la administración intrarrectal en los
perros, y es efectivo como tratamiento en casa en los perros con convulsiones agrupadas; el
rango de dosis recomendado es de 1 a 2 mg/kg de peso corporal, utilizándose el extremo supe-
rior del rango en los perros con terapia crónica (> 4 semanas) de FB [1-3,114,115]. El loraze-
pam no parece que se absorba bien después de la administración intrarrectal en los perros
[106,109]. También se sospecha que el midazolam se absorbe poco después de la administra-
ción intrarrectal; sin embargo, esto se basa en los datos farmacocinéticos de un solo perro [108].
La terapia intravenosa con barbitúricos se utiliza habitualmente cuando falla el tratamiento
intravenoso con benzodiazepinas para detener los ataques, o si son necesarias dosis repetidas de
benzodiazepinas intravenosas para controlar las convulsiones. Dada la posible depresión respi-
ratoria y cardiovascular que producen los barbitúricos, estos fármacos deberían administrarse
junto, con una monitorización meticulosa del paciente [1-3,31,103-105,112]. El pentotal suele
ser eficaz en la abolición de las manifestaciones motoras de los ataques en unos minutos des-
pués de su administración intravenosa, pero generalmente no se considera un fármaco anticon-
vulsivo. El rango de dosis del pentobarbital intravenoso es de 2 a 15 mg/kg de peso corporal. En
comparación con el diazepam, el pentobarbital puede necesitar bastantes minutos para hacer
efecto [1,2,31,103-105,112]. Si los ataques son recurrentes, también se puede administrar un
RIC intravenoso de pentobarbital en una dosis de 0,5 a 4,0 mg/kg/h [1,2,31]. Además de no
tener actividad anticonvulsiva, el pentobarbital con frecuencia está asociado con actividad de
pataleo durante la recuperación; dicha actividad puede confundirse con ataques continuados [1].
El fenobarbital administrado por vía intravenosa (2-6 mg/kg de peso corporal) necesita aproxi-
madamente de 15 a 20 minutos para hacer efecto clínico; por tanto, es importante no adminis-
trar una sobredosis durante este período de espera. El nivel sérico de FB aumenta aproximada-
mente 5 mg/ml por 3 mg/kg de peso corporal de fármaco administrado por vía intravenosa. Para
los pacientes que aún no están recibiendo terapia con FB, las inyecciones intermitentes en
forma de bolo (3-6 mg/kg de peso corporal) pueden administrarse cuidadosamente cada 15 a
30 minutos para conseguir el nivel sérico de FB dentro del rango terapéutico [1-3,106]. De
modo alternativo, se puede instaurar un RIC i.v. de FB (2-4 mg/kg/h) [1]. Cuando se utilizan
barbitúricos para controlar las convulsiones recurrentes, el autor prefiere utilizar pentobarbital
para detener el ataque, seguido de un RIC de FB.
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1120 CURTIS W. DEWEY

El propofol es un agente anestésico fenólico inyectable que ha demostrado tener actividad
GABA-agonista en el cerebro; el propofol también disminuye la presión intracraneal (PIC) y la
actividad metabólica del cerebro. El propofol tiene las ventajas de actuar y metabolizarse rápida-
mente [2,105,107,112,116]. El propofol ha demostrado ser útil en el tratamiento de convulsiones
agrupadas y estados epilépticos en personas y en pequeños animales [1,2,31,103-105,107,
112,116]. Para conseguir el efecto debería administrarse una dosis en forma de bolo de
1 a 6 mg/kg. Dado que se documenta apnea transitoria como un efecto de la administración
de propofol en forma de bolo, el clínico debería estar preparado para intubar al paciente y aplicar
respiración asistida. No es probable que se produzca apnea si el propofol se administra despacio
[1,31,107,112,116]. Una vez que han parado los ataques, se puede iniciar un RIC intravenoso con
propofol (0,1 a 0,6 mg/kg/min) [1,107,112]. Además de los efectos sobre la actividad respiratoria,
el propofol tiene efectos depresivos cardiovasculares. Es necesaria una monitorización cuidadosa
cuando se utiliza propofol, similar a la situación que se da cuando se utilizan barbitúricos. Con el
propofol puede haber actividad motora clónica, similar a la que se observa cuando se utiliza pen-
tobarbital; esto es más probable que suceda cuando los pacientes se están despertando del propo-
fol [107,112,116]. Se han documentado ataques transitorios en el momento de la inducción con
propofol y la interrupción [103,105]. El autor ha comprobado que el propofol es útil en el trata-
miento de las convulsiones agrupadas y los estados epilépticos en perros y gatos. Sin embargo, la
infusión continua de propofol puede ser cara cuando se usa en los perros de raza grande.
El etomidato es un fármaco anestésico imidazol inyectable que tiene actividad GABA-érgi-
ca en el cerebro, y también disminuye la actividad metabólica. El etomidato también puede pro-
teger a las neuronas de lesión hipóxica, y disminuye la PIC. Actúa rápidamente después de su
administración intravenosa. La dosis intravenosa para el etomidato cuando se utiliza como
agente inductor es de 1 a 3 mg/kg de peso corporal [2,112]. Aunque puede haber apnea transi-
toria después de la inyección de etomidato, este fármaco tiene efectos mínimos sobre los siste-
mas respiratorio y cardiovascular [2,112]. El autor no tiene experiencia clínica en el uso del eto-
midato, y desconoce la existencia de cualquier estudio que esté investigando su uso para tratar
convulsiones en perros y gatos.
La fosfenitoína es una forma profármaco éster fosfato inyectable de fenitoína, y se utiliza
ampliamente en medicina humana para tratamientos de urgencia en pacientes con convulsiones.
Después de la inyección intravenosa o intramuscular, la fosfenitoína se convierte rápidamente
en fenitoína (el fármaco activo) gracias a las fosfatasas séricas y titulares. A diferencia de la
fenitoína inyectable, la utilización de la fosfenitoína no está asociada con flebitis importante ni
dolor en el punto de inyección. Un rango de dosis intravenosa de aproximadamente 10 a
20 mg/kg de peso corporal administrada en una proporción de entre 50 y 150 mg de equivalen-
tes de fenitoína (F) por minuto está bien tolerado en las personas, y da lugar a niveles séricos de
fenitoína dentro del rango terapéutico (1-2 mg/l) en minutos [103-105,117]. Se han adminis-
trado dosis similares a perros de manera experimental, y se han conseguido niveles séricos de
fenitoína dentro del rango terapéutico documentado para las personas [118,119]. Una ventaja
destacada de la fenitoína en comparación con otros fármacos anticonvulsivos inyectables es la
falta relativa de efecto sedante. Aunque, generalmente, está bien tolerada, los posibles efectos
secundarios de la fosfenitoína documentados en personas incluyen hipotensión, arritmias car-
díacas, nistagmo, ataxia y somnolencia [103-105,177]. Según los conocimientos del autor, no
hay datos clínicos respecto al uso de la fosfenitoína en perros.
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TERAPIA ANTICONVULSIVA EN PERROS Y GATOS 1121

El levetiracetam por vía intravenosa ha mostrado alguna promesa como tratamiento en los
estados epilépticos experimentales en un modelo de rata. En este estudio, el levetiracetam y el
diazepam intravenosos parecieron potenciar el efecto anticonvulsivo del otro [120]. El leveti-
racetam se tolera bien en los perros, incluso con dosis altas (400 mg/kg de peso corporal; datos
en el archivo del UCB Pharma). Además de la seguridad comparada con otros fármacos
anticonvulsivos inyectables, el levetiracetam no causa sedación. El autor está investigando
actualmente el uso clínico del levetiracetam administrado por vía intravenosa en perros con
convulsiones agrupadas o estados epilépticos. Aunque de modo preliminar, los resultados
son alentadores.

FÁRMACOS INEFICACES Y CONTRAINDICADOS
Existe un grupo de fármacos más antiguos que, generalmente, son ineficaces en los perros, prin-
cipalmente debido a su t1/2 de eliminación extremadamente corto en esta especie. Se sabe o se
sospecha que estos fármacos también son tóxicos para los gatos. Éstos incluyen la fenitoína, la
carbamazepina, el ácido valproico y la etosuximida [1]. Fármacos introducidos más reciente-
mente que se han sugerido para utilizar en los perros incluyen la vigabatrina, lamotrigina,
oxcarbazepina, tiagabina y topiramato [39,121]. Aunque hay información limitada respecto al
uso de estos fármacos en los perros, su corto t1/2 de eliminación en combinación con su coste,
predice que pueden no ser útiles en el tratamiento de las convulsiones caninas. Un estudio que
evaluaba la vigabatrina en perros epilépticos refractarios mostró que era de eficacia cuestiona-
ble; además, 2 de los 14 perros que recibieron el fármaco desarrollaron anemia hemolítica [121].
La lamotrigina tiene un t1/2 de eliminación de sólo 2 a 3 horas en los perros, y experimenta un
metabolismo hepático significativo a un componente potencialmente cardiotóxico [39,45]. La
oxcarbazepina parece inducir su propio metabolismo hepático en los perros, y tiene un t1/2 de
eliminación de sólo una hora después de 8 días de dosificación oral repetida [122]. La tiabagi-
na tiene un t1/2 de eliminación de, aproximadamente, 2 horas en los perros, y ha mostrado cau-
sar sedación marcada y disminución visual con dosis relativamente bajas [123]. El t1/2 de eli-
minación del topiramato en los perros es sólo de 2 a 4 horas [124]. Debido a la falta de datos de
toxicidad en los gatos, ninguno de estos fármacos anticonvulsivos mencionados previamente
puede recomendarse para tratar las convulsiones en los felinos.

Bibliografía
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TERAPIA ANTICONVULSIVA EN PERROS Y GATOS 1127
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