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Las arqueas (Archaea; et: del griego ἀρχαῖα [arkhaía], «las

antiguas») son un grupo de microorganismos unicelulares


que, al igual que las bacterias, tienen morfología
procariota (sin núcleo ni, en general, orgánulos
membranosos internos), pero son
fundamentalmente diferentes a éstas, de tal
manera que conforman su propio dominio y reino.

En el pasado las arqueas fueron clasificadas como


bacterias procariotas enmarcadas en el antiguo reino
Monera y recibían el nombre de arqueobacterias, pero
esta clasificación ya no se utiliza.4 En realidad, las arqueas
tienen una historia evolutiva independiente y muestran muchas diferencias en su bioquímica
con las otras formas de vida, por lo que se clasificaron en un dominio separado dentro del
sistema de tres dominios: Archaea, Bacteria y Eukarya.

Las arqueas son un dominio (y también un reino5) que se divide en cinco filos reconocidos,
pero se están identificando más. De estos grupos, Crenarchaeota y Euryarchaeota son los
más estudiados. La clasificación de las arqueas todavía es difícil, porque la gran mayoría
nunca se han estudiado en el laboratorio y solo se han detectado mediante análisis de sus
ácidos nucleicos en muestras tomadas del ambiente.

Las arqueas y bacterias son bastante similares en tamaño y forma, aunque algunas arqueas
tienen formas muy inusuales, como las células aplanadas y cuadradas de Haloquadratum
walsbyi.6 A pesar de esta semejanza visual con las bacterias, las arqueas poseen genes y
varias rutas metabólicas que son más cercanas a las de los eucariotas, en especial en las
enzimas implicadas en la transcripción y la traducción. Otros aspectos de la bioquímica de
las arqueas son únicos, como los éteres lipídicos de sus membranas celulares. Las arqueas
explotan una variedad de recursos mucho mayores que los eucariotas, desde compuestos
orgánicos comunes como los azúcares, hasta el uso de amoníaco,7 iones de metales o incluso
hidrógeno como nutrientes. Las arqueas tolerantes a la sal (las haloarqueas) utilizan la luz
solar como fuente de energía, y otras especies de arqueas fijan
carbono;8 sin embargo, a diferencia de las plantas y
las cianobacterias, no se conoce ninguna especie de
arquea que sea capaz de ambas cosas. Las arqueas
se reproducen asexualmente y se dividen por
fisión binaria,9 fragmentación o gemación; a
diferencia de las bacterias y los eucariotas, no
se conoce ninguna especie de arquea que forme
esporas.10
Las bacterias son microorganismos procariotas que presentan un
tamaño de unos pocos micrómetros (por lo general entre 0,5
y 5 μm de longitud) y diversas formas, incluyendo
filamentos, esferas (cocos), barras (bacilos),
sacacorchos (vibrios) y hélices (espirilos). Las bacterias
son células procariotas, por lo que, a diferencia de las
células eucariotas (de animales, plantas, hongos, etc.), no
tienen el núcleo definido ni presentan, en general,
orgánulos membranosos internos. Generalmente poseen una
pared celular y esta se compone de peptidoglicano. Muchas
bacterias disponen de flagelos o de otros sistemas de desplazamiento y son móviles. Del estudio de
las bacterias se encarga la bacteriología, una rama de la microbiología.

Aunque el término bacteria incluía tradicionalmente a todos los procariotas, actualmente la


taxonomía y la nomenclatura científica los divide en dos grupos. Estos dominios evolutivos se
denominan Bacteria y Archaea (arqueas).5 La división se justifica en las grandes diferencias que
presentan ambos grupos a nivel bioquímico y genético. La presencia frecuente de pared de
peptidoglicano junto con su composición en lípidos de membrana son la principal diferencia que
presentan frente a las arqueas.

Las bacterias son los organismos más abundantes del planeta. Son ubicuas, se encuentran en todos
los hábitats terrestres y acuáticos; crecen hasta en los más extremos como en los manantiales de
aguas calientes y ácidas, en desechos radioactivos,6 en las profundidades tanto del mar como de la
corteza terrestre. Algunas bacterias pueden incluso sobrevivir en las condiciones extremas del
espacio exterior. Se estima que se pueden encontrar en torno a 40 millones de células bacterianas
en un gramo de tierra y un millón de células bacterianas en un mililitro de agua dulce. En total, se
calcula que hay aproximadamente 5×1030 bacterias en el mundo.7

Las bacterias son imprescindibles para el reciclaje de los elementos, pues muchos pasos importantes
de los ciclos biogeoquímicos dependen de estas. Como ejemplo cabe citar la fijación del nitrógeno
atmosférico. Sin embargo, solamente la mitad de los filos conocidos de bacterias tienen especies
que se pueden cultivar en el laboratorio,8 por lo que una gran parte (se supone que cerca del 90 %)
de las especies de bacterias existentes todavía no ha sido descrita.

En el cuerpo humano hay aproximadamente diez veces más


células bacterianas que células humanas, con una gran
cantidad de bacterias en la piel y en el tracto digestivo.9
Aunque el efecto protector del sistema inmunológico hace
que la gran mayoría de estas bacterias sea inofensiva o
beneficiosa, algunas bacterias patógenas pueden causar
enfermedades infecciosas, incluyendo cólera, difteria,
escarlatina, lepra, sífilis, tifus, etc. Las enfermedades
bacterianas mortales más comunes son las infecciones
respiratorias, con una mortalidad solo para la tuberculosis de
cerca de dos millones de personas al año.10