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Título Primero

Capítulo I. De los Derechos Humanos y sus Garantías

Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas go-
zarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en
los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte,
así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá
restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones
que esta Constitución establece.
Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de
conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales
de la materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección
más amplia.
Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la
obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos
humanos de conformidad con los principios de universalidad, interde-
pendencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Esta-
do deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los
derechos humanos, en los términos que establezca la ley.
Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los
esclavos del extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán,
por este solo hecho, su libertad y la protección de las leyes.
Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o
nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las
condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexua-
les, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad hu-
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mana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades


de las personas.

C O M E N TA R I O. Lo primero que señala la Constitución es el nombre


oficial del país. A diferencia de otras, que precisan expresamente el
nombre del Estado, la nuestra lo hace de manera implícita al referir: “En
los Estados Unidos Mexicanos todas las personas...” Este nombre se esta-
bleció desde el Acta Constitutiva de la Federación del 31 de enero de 1824,
que precedió a la primera Constitución de ese mismo año. El nombre Es-
tados Unidos Mexicanos enfatiza el carácter federal de nuestra República.
Los derechos humanos se definen como las facultades, prerrogativas, li-
bertades y pretensiones de carácter civil, político, económico, social o
cultural que se consideran inherentes a la naturaleza de la persona, cuya
realización efectiva resulta indispensable para el desarrollo integral del
individuo en el seno de la sociedad. Las garantías de tales derechos son
los instrumentos y recursos jurídicamente establecidos que permiten exi-
gir su cumplimiento.
La expresión todas las personas da un amplísimo alcance a las garantías
constitucionales, las cuales abarcan no solo a los ciudadanos o a los nacio-
nales, sino a todos, de cualquier nacionalidad, sexo o edad; incluso las
personas colectivas, como las sociedades mercantiles, disfrutan de estos
derechos públicos subjetivos; tan es así, que pueden recurrir al juicio de
amparo para exigir su cumplimiento. Dado que las personas físicas ad-
quieren ese carácter con el nacimiento, se ha pensado que el embrión o el
feto no tiene derechos humanos propiamente dichos; eso no es del todo
así porque, en los términos del Código Civil Federal, el individuo entra
bajo la protección de la ley desde que es concebido, de modo que esta
define el alcance de tal protección.
Del texto de este artículo no puede derivarse, por ejemplo, ni la idea de
que el ser no nacido esté desprotegido y se reconozca la plena constitucio-
nalidad del aborto, ni por el contrario que su vida quede totalmente pro-
tegida y se deba penalizar el aborto en todos los casos. Será la ley la que
determine el alcance de la protección de la vida del producto de la con-
cepción y, en consecuencia, los casos en que se admita la despenalización
del aborto.
La actual redacción de este artículo se incorporó en 2011 y significó
una profunda modificación de la filosofía jurídica asumida por los cons-
tituyentes de 1917, quienes adoptaron un criterio positivista según el cual
los derechos fundamentales derivaban de las garantías otorgadas por la
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Constitución, rechazando la existencia de derechos anteriores y superio-


res al Estado a fin de defender los entonces novedosos preceptos consti-
tucionales en materia de propiedad y derechos sociales frente a las preten-
siones de validez de las normas de derecho natural. Este último,
sostenido por la corriente jusnaturalista, afirma efectivamente que los
derechos humanos son superiores y anteriores al Estado, el cual se limita
a reconocerlos, de modo que pueden alegarse aunque no formen parte del
derecho positivo.
En realidad, para que un derecho sea tal, es preciso que resulte exigible
frente al sujeto obligado. Todo derecho subjetivo supone una permisión
otorgada normativamente a alguien para hacer u omitir cierta conducta
con la garantía de una protección judicial. En realidad tiene que ser una
autoridad, sea la del Estado o de algún tribunal internacional cuyas sen-
tencias deban ser cumplidas por los Estados, la que garantice el goce del
derecho de que se trate o la reparación del daño causado por su viola-
ción, de modo que, en la práctica, resulta ilusorio hablar de derechos que
no estén positivamente establecidos.
Así, pese a que en los antecedentes legislativos y en la redacción del
texto vigente se ha regresado a una concepción de derecho natural o jus-
naturalista como la que privó en el siglo xix, debe tenerse en cuenta que
la exigibilidad de los derechos queda sujeta a su existencia positiva en el
texto constitucional o en el de los tratados internacionales firmados por
México. Esto último implica que, en la práctica, los tratados internacio-
nales adquieren el mismo rango que las normas constitucionales en cuan-
to a los derechos establecidos a favor de las personas. No obstante, la Su-
prema Corte de Justicia de la Nación ha resuelto que en caso de que la
Constitución establezca una restricción a un derecho humano contenido
en un tratado, deberá prevalecer la restricción constitucionalmente pre-
vista (véase comentario al art. 133).
La evolución de los derechos humanos ha pasado por distintas etapas.
En su origen se trataba de impedir que el Estado actuara contra los dere-
chos de las personas, por eso su redacción original tenía un sentido nega-
tivo, como “nadie podrá ser obligado” o “no se podrá coartar el derecho
de asociarse”; se trataba de proteger al individuo ante el poder del Estado.
Con el tiempo, frente a otros poderes sociales han surgido garantías que
protegen a grupos como los trabajadores, denominadas garantías grupales,
que tienden a asegurar bienes sociales fundamentales como la salud o la
educación, llamadas garantías sociales. A veces se considera a las garantías
grupales genéricamente como garantías sociales.
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En la teoría de los derechos humanos se habla de distintas generacio-


nes de los mismos:

• La primera contenía derechos civiles y políticos, como la libertad y


la igualdad, que la burguesía hizo valer frente al poder monárquico
absoluto; implicaban una abstención del poder estatal frente a los
individuos.
• La segunda generación comprendía los derechos económicos, socia-
les y culturales, que suponían una actividad del Estado para garanti-
zar condiciones de igualdad entre miembros de grupos con poderes
diferentes, como trabajadores y patrones, o para prestar servicios
socialmente necesarios, como la educación y la salud.
• La tercera generación abarcaba la creación de condiciones para ha-
cer posibles un desarrollo sustentable y una vida social digna, como
el derecho a la alimentación, a un medio ambiente sano, a la cultura
o a la paz.
• Hoy se habla de una cuarta y hasta de una quinta generación, que
comprenden derechos frente a la manipulación genética, por ejemplo.

Los derechos humanos contenidos en la Constitución se encuentran en


distintos sitios de su articulado y no solo en los primeros 29 artículos;
pueden ser objeto de restricciones o incluso de suspensión, pero única-
mente “en los casos y bajo las condiciones” que la propia Constitución es-
tablece. Ello significa que no son ilimitados, aunque su restricción debe
estar prevista en el texto constitucional; por ejemplo, la libertad de aso-
ciación con propósitos políticos está limitada a los ciudadanos mexicanos
(art. 9o); la libertad de comercio se halla restringida para fines electora-
les, tratándose de la compra de tiempo en radio y televisión (art. 41), o la
libertad de expresión en materia política, vedada a los ministros de culto
religioso (art. 130).
Las restricciones también pueden ser expresadas en la Constitución en
términos genéricos, que después se desarrollarán en la ley; por ejemplo,
los límites a las libertades de expresión o información que señalan los
arts. 6o y 7o, aunque siempre tiene que existir una base constitucional para
poder limitar un derecho. La ley no puede hacerlo en forma directa. La
suspensión del ejercicio de garantías es una figura específicamente pre-
vista en el art. 29.
En el segundo párrafo del art. 1o se establece el llamado principio pro
homine, según el cual en materia de derechos humanos se debe privilegiar
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la interpretación que maximice el alcance del derecho de que se trate,


cualquiera que sea la generación a la que pertenezca. Otra manifestación
de este principio consiste en que si es posible aplicar más de una norma,
se deberá preferir la que sea más favorable a la persona, con independen-
cia del lugar que ocupe dentro de la jerarquía normativa.
En cuanto a los principios contenidos en el tercer párrafo, el de a) uni-
versalidad se expresa en el hecho de que todos los seres humanos los po-
seen; se derivan de la dignidad inherente e igual de todas las personas en
el mundo entero, si bien se admite cierta variabilidad en la adaptación a
cada cultura; b) interdependencia e indivisibilidad son equivalentes y signi-
fican que todos los derechos humanos de cualquier naturaleza o genera-
ción tienen el mismo rango, están interconectados y no puede conse-
guirse uno a cambio del sacrificio de otro; c) progresividad: tiene tres
dimensiones en la doctrina, la primera consiste en que siempre debe apli-
carse el instrumento que garantice el derecho en mejor forma, sin impor-
tar si la mayor garantía se encuentra en la norma interna del Estado o en
la de derecho internacional; la segunda implica que siempre se busque el
avance en la realización de estos derechos y nunca se admita una interpre-
tación restrictiva o regresiva; y la tercera supone un constante desarrollo
en su aplicación administrativa y judicial, de modo que progresivamente
se alcancen sus objetivos por medio de políticas públicas. Cualquier ac-
ción u omisión de carácter regresivo que disminuya, menoscabe o anule
su ejercicio en forma injustificada, debe ser declarada inconstitucional.
El párrafo cuarto, que prohíbe la esclavitud y garantiza la libertad a
cualquier esclavo que entre en el territorio nacional, tuvo una gran im-
portancia histórica en tiempos en que existía la esclavitud jurídicamente
regulada en otros países. Hoy debería considerarse aplicable a las moder-
nas formas de esclavitud, como la trata de personas, o servir de base para
una legislación que garantice en México una vida libre para quien huye de
formas de opresión en otro país.
El último párrafo de este primer artículo recoge en forma genérica el
derecho a no ser excluido de la prestación de un servicio o del acceso al
trabajo por cualquiera de las condiciones ahí señaladas. La mera separa-
ción de las personas no significa necesariamente discriminación en el
sentido de este precepto, pues su propósito es impedir que se menospre-
cie, se ofenda o se rechace de manera insultante a alguien. Esta garantía
opera frente al Estado o ante particulares, pues las leyes pueden prohibir
a estos realizar prácticas discriminatorias. En cada caso debe entenderse
que algunas medidas pueden implicar un trato diferenciado sin ser discri-
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minatorias, porque atienden a la preservación de un bien superior o porque


derivan de la propia naturaleza de las cosas. Así ocurre con la separación
entre fumadores y no fumadores, que no se estima discriminatoria, o bien
el rechazo justificado por una discapacidad, pues es obvio que un invi-
dente no podría reclamar discriminación ante la negativa a proporcionar-
le una licencia para conducir un vehículo.

Artículo 2o. La Nación Mexicana es única e indivisible.


La Nación tiene una composición pluricultural sustentada origi-
nalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden
de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciar-
se la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales,
económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.
La conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio funda-
mental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre
pueblos indígenas.
Son comunidades integrantes de un pueblo indígena, aquellas que
formen una unidad social, económica y cultural, asentadas en un te-
rritorio y que reconocen autoridades propias de acuerdo con sus usos y
costumbres.
El derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación se
ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la uni-
dad nacional. El reconocimiento de los pueblos y comunidades indí-
genas se hará en las constituciones y leyes de las entidades federativas,
las que deberán tomar en cuenta, además de los principios generales
establecidos en los párrafos anteriores de este artículo, criterios etno-
lingüísticos y de asentamiento físico.

A. Esta Constitución reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y


las comunidades indígenas a la libre determinación y, en consecuen-
cia, a la autonomía para:

I. Decidir sus formas internas de convivencia y organización so-


cial, económica, política y cultural.
II. Aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solu-
ción de sus conflictos internos, sujetándose a los principios ge-
nerales de esta Constitución, respetando las garantías indi-