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SAN MARCOS SAN MATEO SAN LUCAS SAN JUAN

- Canónicos: textos admitidos en el canon de la Iglesia Cristiana, la cual considera que son textos inspirados por Dios
- Sinópticos: evangelios canónicos que comparten afinidad y semejanza en el orden de narración y en los
contenidos.
- Testimonio de fe en Jesús - Testimonio de fe Jesús. - Testimonio de fe en Jesús. - Muestra la complejidad del
Características principales

Primer evangelio escrito. - Ha abierto la lista de los libros - Investigación histórica cristianismo de la 2º
- Fuente principal de s. Mateo y del NT y ha ocupado un lugar amplia. generación.
s. Lucas. preminente en la catequesis, - Finalidad de presentar la - Finalidad es suscitar la fe y
- Explicación teológica muy la liturgia y la espiritualidad de historia de Jesús a los fortalecer la esperanza de las
elaborada. la iglesia creyentes para que confirmen comunidades que surgieron en
- Menos utilizado en la liturgia - Escrito en griego, aunque el su fe, y a los paganos para que torno al discípulo amado, cuya
de la Iglesia y en la predicación. autor utilizo textos anteriores se conviertan. evolución, caminó en paralelo
- 2 motivos para la redacción: escritos en hebreo o arameo. - Obra dividida en dos partes: con otras iglesias
o La desaparición progresiva - Ordenado con cuidado para o Evangelio : viaje de Jesús a - Es más elaborado, preciso,
de los testigos oculares de facilitar la comprensión y el Jerusalén coherente que el de los
la vida de Jesús aprendizaje de los mismos o Libro de los Hechos de los sinópticos.
o El inicio de la persecución Apóstoles: camino inverso - Unidades literarias muy
contra los cristianos. desde Jerusalén hasta los complejas.
confines de la Tierra. - Redactado en griego
- Juan Marcos. - Anónimo. - Lucas - Varios autores. Juan autor
- Discípulo de san Pedro - Cristiano procedente del - Cristiano no judío principal
- Cristiano Judaísmo, afincado en  Se pueden descubrir
Palestina donde S. Pedro tuvo algunas incoherencias o
un papel importante repeticiones.
Autor

- Hay 3 momentos de redacción:


1º Un texto, parecido al de los
sinópticos, con hechos y dichos de
Jesús.
2º Una gran remodelación
3º Una tercera redacción
- Cristiana de origen no Judío - Cristianos procedentes del - Cristiano de origen pagano - Comunidad cuya fe debe
- localizada en Roma o Judaísmo - abierta a la cultura confrontarse con
- perseguida por: o Paganismo grecorromana. o El judaísmo de Yamnia
Comunidad

o judaísmo ortodoxo - se oponen al judaísmo fariseo - Se siente heredera de las o Grupos cristianos más o
o paganismo grecorromano ortodoxo promesas de Israel. menos heterodoxos
- Necesitan algunos criterios - resolver algunos problemas
firmes y claros basados en la compartidos por la 2º
enseñanza de Jesús. generación cristiana.
- Adapta el lenguaje a la
comunidad a la escribe
- El A. T. - El evangelio según s. Marcos - Evangelio según s. Marcos. - No ofrece un relato histórico al
- Fuente de dichos y hechos de - Fuente de dichos y hechos de uso.
- Relatos biográficos Jesús Jesús. - Interés claro en ofrecer datos
helenísticos. - Noticias propias - Noticias propias. geográficos, cronológicos y
Fuentes

- La memoria de Jesús sociológicos muy precisos.


conservada en la c. Primitiva de
Roma.
- Breves relatos de hechos y
dichos de Jesús.
- La revelación del auténtico - Subraya la relación Antigua- - Proyecto de salvación de Dios, - influenciado por el
rostro de Jesucristo Nueva Alianza, y Jesús-A.T en anunciando que: pensamiento teológico y
un dialogo de promesa y o no todos los planes de filosófico del momento hasta
Contenido teológicos

- La delimitación de la identidad cumplimiento. salvación son verdaderos. cierto punto.


del discípulo, elegido por Jesús. o Dios ha establecido un - resolver su propia dificultad:
- Establece la continuidad entre camino de salvación y lo ha Dar a conocer a Jesús, el
Israel, y la Iglesia, quien revelado en Jesús. Verbo hecho carne.
hereda la misión de reunir a o Jesús cumple las - Resolver la polémica sobre la
todos los pueblos. promesas hechas a Israel. verdadera naturaleza de
- concibe a los discípulos como o El proyecto de salvación de Cristo.
servicio a los más Dios es un camino que hay
necesitados. que recorrer.
TEMA 2. LA VIDAD DE JESUS DE NAZARET.

1. PRIMERAS FUENTES HISTORICAS


Las fuentes históricas coinciden sustancialmente con lo que se indica en los documentos
cristianos de la Antigüedad y constatan la existencia de Jesús y de su historia. Entre los filósofos
grecorromanos, destacan:
- Mara bar Serapion, filósofo estoico sirio, que testimonia su indignación por la crucifixión de
Jesús en una carta a su hijo.
- Luciano de Samosata, escritor satírico sirio, que presenta en una de sus obras a Jesús
como un estafador, ridiculiza a los cristianos, banaliza su comprensión sobre la resurrección
y la fe en la inmortalidad
- Celso acepta la existencia de Jesús en su obra Discurso verdadero, contra los cristianos y
ataque a Jesús, al que ve como un farsante que no resucito.
- Plinio el Joven, gobernador de Bitinia, que escribió una carta para consultar cómo
comportarse con los cristianos, a quienes consideraba buenos ciudadanos que seguían a
Jesús como un Dios.
- Tácito, historiador que habló de los Cristianos y Jesús.
- Suetonio, historiador que explicó la persecución de los cristianos bajo el imperio de Nerón
y el conflicto entre judíos y cristianos.

Entre los textos judíos, destaca


- El Talmud babilónico, escrito entre el siglo I y el V, que alude a Jesús despectivamente
porque lo considera un judío extraviado.
- Flavio Josefo, historiador judío, explica la historia de los judíos, la destrucción de Jerusalén
por las tropas de Tito y del apóstol Santiago. Flavio Josefo es uno de los grandes testigos
de la existencia de Jesús de Nazaret entre los no cristianos de la Antigüedad.

2. FUENTES CRISTIANAS PRIMITIVAS

Todos los textos antiguos, fuesen cuales fueran sus intenciones, dieron por hecho la existencia
de Jesús. Al mencionar los autores cristianos, cabe referir, al menos, los siguientes.
- El testimonio de los evangelios canónicos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, que conservan
la mayor cantidad de información histórica sobre Jesús. En ellos se puede identificar, con
exigentes métodos científicos, la verdadera historia de Jesús de Nazaret.
- Existen otras tradiciones bíblicas, sobre todo los Hechos de los Apóstoles y las cartas de
san Pablo donde se conservan algunos dichos de Jesús y numerosas noticias sobre su vida
y ministerio.
- Los evangelios apócrifos son textos cristianos primitivos que no se insertaron en el canon
de la Sagrada Escritura y se distinguen 3:
o Los evangelios de origen popular. Entre ellos, están el Evangelio de la infancia de
Tomás y el Protoevangelio de Santiago. Son textos imaginativos y algo fantasiosos que
tratan de llenar un espacio poco conocido de la vida de Jesús y de María.
o Los evangelios apócrifos judeocristianos. Entre ellos, el Evangelio de los Hebreos y
el Evangelio de los Nazarenos, donde se hace una interpretación de Jesús desde los
argumentos teológicos del Antiguo Testamento. Hacen una consideración ambigua
sobre la verdadera naturaleza de Jesús.
o Los evangelios gnósticos. Entre ellos, están el Evangelio de Tomás y el Evangelio de
Felipe, los cuales necesitaron algunos textos para la confirmación de sus argumentos
teológicos.
o Los textos ágrafos, textos breves localizados en las obras de los Padres de la Iglesia
primitiva o en algunas composiciones litúrgicas de las primeras comunidades cristianas
que apenas aportan datos relevantes para la reconstrucción de la historia de Jesús.

Entre los autores cristianos primitivos están los Padres de la Iglesia, cuya proximidad a los
acontecimientos les permite recoger algunos datos muy significativos. Vemos tres:
- San Clemente Romano, tercer sucesor de san Pedro en Roma. Conoció a san Pablo y
fue el 3er sucesor de San Pedro, de los cuales recibió noticias precisas sobre la vida de
Jesús.
- San Ignacio de Antioquía, discípulo del apóstol san Juan y segundo obispo de Antioquía,
escribió algunas cartas donde afirma la existencia y la resurrección de Dios.
- San Justino de Neápolis, filósofo palestino, que ofreció algunos datos que confirman la
verdad sobre a historia de Jesús.

3. LA EXPECTACION DE ISRAEL
Llegó un momento en el que el pueblo de Israel dejó de esperar al Señor. Sin embargo, algunos
israelitas esperaban con fidelidad la llegada del Mesías. Entre ellos están María y a su esposo José,
a Isabel y a su esposo Zacarías, padres de Juan el Bautista, Simeón y la profetisa Ana. A Simeón
y la profetisa Ana se les había revelado que conocerían al Señor antes de morir.

Así pues, la salvación había comenzado, abriendo sus límites más allá de Israel para alcanzar a
todas las naciones. Sin embargo, el resto de judíos no comprendieron dicho acontecimiento debido
a la realidad política y social de Jerusalén, que se explica de la siguiente forma.
La autoridad política de Palestina estaba formada por:
- El rey
- El gobernador romano
- El sanedrín: consejo de sabios formado por 71 miembros israelitas:
o Ancianos, la mayoría aristócratas israelitas.
o Sacerdotes, fundamentalmente saduceos
o Escribas (maestros de la Ley), normalmente fariseos.

Los grupos sociales de presión de Israel eran:


- Los saduceos, aristócratas judíos, sacerdotes y hombres de negocios, que negaban la
resurrección de los muertos y pedían a Jesús un signo en el cielo.
- Los escribas, acusaron a Jesús con calumnias, debatieron contra él y buscaban cómo
matarlo.
- Los fariseos, miembros de una facción judía comprometida con el cumplimiento
escrupuloso de la Ley, de entre los cuales surgieron los sicarios y los zelotes. Entre ellos
pudo estar alguno de los discípulos de Jesús, como Simón
- Los esenios eran grupos religiosos (ascetas, cenobitas y estudiosos de la Ley) apartados
del culto oficial.
- Los judíos helenistas tampoco esperaban la llegada del mesías.

4. LA INTERPRETACION CRONOLOGICA.
El hecho de que haya 4 perspectivas sobre la vida de Jesús aporta una riqueza a la
interpretación sobre Él y nos ayuda a fijar establecer algunas fechas y lugares concretos sobre
el nacimiento, la vida pública de Jesús, la pasión y la muerte de Jesús.
- El nacimiento de Jesús: Jesús nació en Belén de Judá, al sur de Jerusalén, en tiempos del
rey Herodes, entre el 4 y el 6 a. C. Jesús fue conocido como el Galileo o el Nazareno pues
su familia huyó a Nazaret, en la región de Galilea, por miedo a que Arquelao, Hijo de
Herodes, hiciera daño a Jesús. Como dato astronómico, cabe añadir que la célebre estrella
de los magos pudo coincidir con un cometa que recogen los registros astrales chinos, que
se vio en marzo del 5 a. C. y en abril del 4 a.C. En el año 7 también se produjo la conjunción
de los planetas Júpiter y Saturno, que provocó un nuevo acontecimiento planetario.
- El inicio de la vida pública. Según los evangelistas, Jesús inició su vida pública después
del bautismo de Juan en el Jordán, alrededor del año 28 de la era cristiana, con unos 32
años
- La muerte de Jesús. Jesús murió el viernes, 7 de abril del año 30 d.C, el día de la
preparación de la Pascua y, por tanto, el día en el que se sacrifican los corderos.
5. LA INFANCIA DE JESUS
La concepción virginal de Jesús es presentada por Mateo como la promesa hecha a David de
mantener un descendiente en su trono. Mateo anuncia que “una virgen quedará embarazada y
dará a luz un hijo, a quien llamarán Emmanuel, que significa Dios con nosotros”. Esto expresa
tres datos teológicos:
- Jesús es verdaderamente Hijo de Dios. Ha sido concebido sin intervención de varón por
obra del Espíritu Santo.
- - Jesús es verdaderamente Hijo del hombre. Ha recibido la plena humanidad de las entrañas
virginales de María, su madre.
- - Jesús es el liberador de Israel.

Lucas explica la conversación entre el ángel y María, quien acepta concebir a Jesús por obra
del Espíritu Santo. El nacimiento de Jesús tiene lugar en Belén en tiempos del rey Herodes.
Según San Mateo, la familia de Jesús huye a Egipto por miedo a que Arquelao hiciera daño a
Jesús.

El evangelista san Lucas completa pocos datos sobre la infancia de Jesús. En concreto, se
refiere al episodio del Niño perdido en el Templo cuando tenía doce años. Su madre, después
de pasar tres días buscándole por todo Jerusalén, le recriminó delante de los doctores de la
Ley por qué había desaparecido. Tras estos acontecimientos, Jesús regresa a Nazaret con sus
padres y a medida que crece, aumenta su sabiduría y el favor del que gozaba ante Dios y la
gente.

6. LA VIDA PÚBLICA DE JESUS


El inicio de la vida pública de Jesús tuvo lugar a principios del año 28. Se dan dos
acontecimientos importantes:
- El bautismo en el Jordán es el inicio de la vida pública de Jesús según el planteamiento
de los evangelios sinópticos. Jesús se acerca a Juan en el Jordán para ser purificado. El
motivo teológico es triple:
o Jesús comparte el destino de los pecadores, como voluntad del Padre, para inaugurar
un nuevo bautismo, el que hace partícipe de la vida eterna.
o En ese momento, Jesús es nombrado por el Espíritu Santo como el Mesías de Dios, el
Cristo. Así pues, Dios se encarna en Jesús, convirtiéndose simultáneamente en
verdadero Hombre y verdadero Dios.
o Este bautismo se convierte en una manifestación de Dios Trinidad. El Padre, desde el
cielo, presenta a su Hijo y envía sobre él al Espíritu Santo, en forma de paloma. Ello
sucede ante un pueblo convocado para ser reconciliado, mediante la purificación del
bautismo de Juan, convirtiendo un nuevo bautismo no solo de redención de los pecados
sino de salvación, de participación de la vida de Dios.
- Después del bautismo, Jesús padeció las tentaciones en el desierto, conducido por el
Espíritu Santo, durante cuarenta días, a merced de las pruebas de Satanás. Esto tiene un
significado histórico-salvífico conocido: Son la memoria de los 40 años que el pueblo de Israel
recorrió el desierto desde Egipto hasta la tierra prometida. Jesús asume la tentación del pueblo,
que sucumbió una y otra vez al pecado. Estas no son las únicas tentaciones que Jesús
experimentó en su vida pública. Esto son hace deducir que
o La tentación afectó a la interioridad de Cristo. En realidad, la tentación del hambre, la
del prestigio y la del poder, son internas y conectan con los deseos más íntimos del ser
humano.
o Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre y, por tanto, tiene también
voluntad humana, lo cual es sometido siempre a la voluntad del Padre, pero que existe
como muestra de una verdadera encarnación.

7. LAS DUDAS DE LA INVESTIGACIÓN


Los autores de la modernidad (s. XVIII) tuvieron algunas dudas sobre la historicidad de Jesús
y desarrollaron algunos argumentos que se han mantenido hasta hoy. Se trataba de un intento
por alcanzar una verdad sobre la historicidad de todas las afirmaciones de fe, incluida la
existencia de Jesús.
- Respecto a las derivaciones ateas, algunos los autores buscaron una interpretación
sesgada de los resultados para fortalecer su posición beligerante contra la fe y contra la
Iglesia.
- En 1778, el alemán Gotthold E. Lessing (1729-1781) publicó una obra en la que negaba la
divinidad de Jesús en su intento por reconstruir la vida de Jesús, y se presentaba contrario
al argumento sobre la revelación como fuente para la reconstrucción científica de su
existencia.
- Hacia 1790, Volney (1757-1820), afirmó que Jesús no había existido, sino que era la
personalización de un signo del Zodiaco.
- En el mismo sentido se pronunció Charles François Dupuis (1742-1809), que explicó que
Jesús era un signo solar, como el dios Horus egipcio.
- En 1877, Bruno Bauer (1809-1882) escribió una obra en la que negaba la existencia histórica
de Jesús, quien habría sido el resultado del encuentro entre el estoicismo pesimista de
Séneca y el mesianismo judío de Flavio Josefo y Filón.
- En el mismo sentido, Arthur Drews (1865-1935) interpretó que la invención de la imagen de
un fundador vino como consecuencia del encuentro entre el gnosticismo dualista y el
mesianismo.
- Todas estas obras forman parte de la llamada Old Quest, vieja investigación, que entró en
crisis a finales del siglo XIX y principios del XX. El escepticismo acabó con la Old Quest y
dio paso a la No Quest, suspendiendo todo juicio sobre el Jesús histórico.
- Después se retomó la investigación en la New Quest, que reclamaba la exigencia de volver
al Jesús de la historia y estableció el criterio de la discontinuidad para verificar algunas
afirmaciones sobre él. La Third Quest se benefició de los nuevos estudios literarios,
filológicos, históricos y arqueológicos, dejó la realidad histórica sobre Jesús plenamente
confirmada y la evidencia empírica era incuestionable.

8. CREER EN JESÚS DE NAZARET


En medio de las dificultades, el cristianismo sigue proclamando que Jesús de Nazaret es el
verdadero y definitivo fundamento de la vida del hombre, lo cual suscita en el hombre una
respuesta de la fe. La respuesta de fe sólo tendría sentido si manifestamos la verdad sobre
Jesús en sentido histórico, que confiesa su existencia temporal; y en sentido teológico, que
reconoce en Él al Hijo de Dios, encarnado por obra del Espíritu Santo.

Como consecuencia de esto último se desarrolla la vida cristiana, que supone creer en Cristo,
lo que conlleva:
- acoger la Palabra de Dios
- adecuar la vida moral a la nueva existencia de la redención
- celebrar la fe y vivir en comunidad.

La vida cristiana podría resumirse en cinco grandes rasgos que definen la existencia como
una forma concreta de relación con Dios:
1. La proclamación de Jesucristo como verdadero Hijo de Dios y verdadero hombre.
2. La recepción de su palabra como revelación definitiva de la voluntad del Padre.
3. El acomodo de la vida a la nueva existencia de la redención. Jesús es el criterio moral de
toda nuestra vida.
4. La celebración de la fe y la participación sacramental de la vida de Dios, sobre todo en la
eucaristía, que contiene a Cristo.
5. La vida en comunidad. La fe no se recibe ni se vive en soledad, sino en comunidad
espiritual y visible.
TEMA 3. EL MENSAJE DEL HIJO DE DIOS.

1. JESUS, PROFETA DEL REINO


Después de haber dado de comer miles de personas y tras de haber curado a numerosos
enfermos, Jesús y sus discípulos llegaron a la región de Cesárea de Filipo, una ciudad casi
pagana, donde, el maestro inició un diálogo con sus seguidores.

Durante su actividad, Jesús se fue revelando como el verdadero enviado por el Padre para
cumplir el proyecto de salvación de todos los hombres. Jesús mantuvo en secreto durante años
su verdadera naturaleza, ya que antes quería revelar en profundidad el misterio del reino de
Dios y explicar la verdad de su condición salvífica.

Jesús fue maestro de Israel. En su ministerio público, se le llamó rabbí. Además, mantuvo
algunas características fundamentales de todos los maestros de su tiempo:
- Convocó a un grupo de discípulos
- Mantiene discusiones sobre la Ley
- Interviene en debates teológicos
- Habla con autoridad, además como un rasgo propio de Jesús

Después, Jesús fue considerado como profeta. Los escribas acudían a la enseñanza de la
Escritura y a las tradiciones de sus antepasados. Pero Jesús va más allá, remitiendo a una
autoridad que nace de sí mismo y esto se explica de la siguiente forma:
- Dios prometió a Moisés enviar un profeta muy particular, un segundo Moisés.
- El pueblo de Israel esperaba al profeta.
- Jesús aceptó que le consideraran profeta e interpretó su muerte como la de un profeta.
- La misión de este profeta era la transmisión de la palabra de Dios y la interpretación de los
acontecimientos como manifestación de la voluntad del Padre y la restauración de Israel.

En tercer lugar, Jesús es reconocido como el Mesías:


- Jesús se sitúa como un profeta, perseguido por su mensaje.
- Él es el Hijo, el heredero, el último.
- Jesús interpreta su muerte desde su condición salvadora.

En definitiva, el itinerario nos ha ido llevando a reconocer en Jesús un maestro de la Ley, un


profeta que anuncia el reino; y nos ha llevado a descubrir que él es el Mesías, el Hijo de Dios y
no es un simple lector de oráculos. No separa su persona de su mensaje, por eso los hombres
se preguntan por lo que dice; pero, sobre todo, se preguntan por su identidad.
2. LA CONCEPCION DE JESUS
Jesús tiene conciencia de ser el portador definitivo de la Palabra de Dios para los hombres
esta singularidad se manifiesta en la relación que establece con algunos ejes vitales del
pueblo de Israel, como la Ley o el perdón de los pecados y reclama una adhesión y
seguimiento radical.

La Ley, que es interpretada por Israel como la presencia misma de Dios en medio de su
pueblo y determina su la vida, adquiere verdadero significado con Jesús. Jesús se presenta
ante la Ley con verdadera libertad, en particular ante tres de los principales argumentos de la
relación del hombre con Dios:
- El sábado. Jesús llegó a una doble conclusión: sentenció que Dios hizo el sábado por
causa del ser humano, y no al ser humano por causa del sábado; añadió que el Hijo del
hombre es Señor también del sábado, dando una clara afirmación de su conciencia como
Hijo de Dios, legislador y juez.
- Respecto al ayuno, en cierto momento en el que tanto los discípulos de Juan como los
fariseos ayunaban, le preguntaron a Jesús si sus discípulos no ayunaban a lo que
respondió, en referencia a un banquete del reino de los cielos, que cuando falte el novio,
ayunarán.
- Respecto a las tradiciones, sobre todo alimenticias, también es muy crítico, porque
considera que muchas se han impuesto incluso contra la voluntad de Dios.

Jesús manifiesta libertad frente a la Ley, va más allá y reivindica una autoridad sobre la Ley
que le sitúa como al mismo Dios:
- Jesús tiene la conciencia de que toda la Ley se refiere a Él. Él se pone por encima de la
Ley.
- La Ley fue escrita como remedio ante la debilidad del hombre.
- El pecado, como ruptura de la relación con Dios y con el pueblo, se presenta como
negación de la obra de Dios. Jesús reclama una autoridad capaz de perdonar, como el
mismo Dios perdona al que se arrepiente.

La conciencia de Jesús y su autoridad sobre el pecado y la muerte se manifiesta también en


su cercanía con los pecadores. Esto le valió una acusación, que él interpreta como carencia
del pueblo. El tercer rasgo que manifiesta la conciencia de Jesús es la llamada a un
seguimiento radial, que ya no admite mirar hacia lo que se deja.
3. LA ORACIÓN, RELACIÓN CON EL PADRE
Jesús tenía conciencia de ser Hijo de Dios, lo cual manifestó en la intimidad y la confianza
que estableció con el Padre. En esta relación, quiere introducir participativamente a toda la
humanidad.

Jesús oraba el Padrenuestro en muchos momentos del día y de su vida, en soledad y en


compañía, para relacionarse con el Padre. Así pues, Jesús enseña a sus discípulos esta
oración que representa la relación que todo hombre puede llegar a establecer con Dios.
- esta oración es, sobre todo, de súplica
- Su origen es judío, está en el Antiguo Testamento, en la Tefillá u oraciones y en el Qaddis.
- Esta oración se inicia con una invocación: “padre nuestro que estas en los cielos”.
Dios es Padre, que habla de su amor, en la presencia-ausencia de estar en los cielos; y
nosotros somos hermanos, porque es nuestro, que habla del amor a nuestros semejantes.
- “Santificado sea tu nombre”, porque el nombre de Dios es santo. Es un reconocimiento
de la santidad como fuente de todo lo demás. También significa la glorificación del Hijo.
- “Venga a nosotros tu reino”, que es espiritual, escatológico y eterno. Pero también se
debe construir en esta tierra. Las claves del reino presente son la justicia, la fraternidad,
la igualdad y la libertad. Los preferidos de este reino son los pobres, los excluidos de la
sociedad y las prostitutas.
- “Hágase tu voluntad en la tierra lo mismo que se hace en el cielo”. Se trata de que se
cumpla el plan de salvación de Dios sobre los hombres, que quiere que todos los hombres
se salven y de pedir que los hombres cumplamos su voluntad, es decir, la aceptación de
su amor en nosotros.
- “Danos hoy el pan que necesitamos”, porque somos pobres. Es el pan natural, para
alimentar el cuerpo; pero también es el pan del cielo, incluso el pan de la eucaristía y la
presencia de Dios en el mundo.
- “Perdónanos el mal que hacemos, como también nosotros perdonamos a quienes nos
hacen mal” porque somos pecadores. El perdón de Dios nos da fuerzas para perdonar.
- “No nos dejes caer en tentación”. Dios prueba a los hombres, para que tomen conciencia
de su debilidad y se mantenga atento y nosotros rogamos salir airosos de ellas.
- “Y líbranos del maligno”, del mal físico, moral, social, pero también del Malo, del que
puede retirarnos de Dios. Y, si hemos caído en sus manos, que nos libre, que nos rescate,
para vivir.

En definitiva, en la oración, Cristo manifiesta su condición de Hijo de Dios y nos introduce


en la filiación, por participación, de es te Dios Padre que ha creado el mundo para salvarnos.
4. LA CONSTRUCCIÓN DEL REINO DE DIOS
Tras el encarcelamiento de san Juan el Bautista fuera encarcelado después del bautismo en
el Jordán, Jesús se dirigió a Galilea a anunciar el evangelio como el profeta del reino.

Durante el ministerio público de Jesús, el judaísmo intertestamentario había desarrollado el


concepto de reino de Dios vinculado a la prosperidad de Israel, la felicidad material, la muerte
de sus enemigos, la liberación del Imperio Romano y el establecimiento del poder de Israel.
Solo algunos judíos mantenían la esperanza más allá de este mundo y reconocían que el reino
de Dios era un concepto escatológico1. Jesús de Nazaret interpreta el concepto de reino de
Dios con unas características muy concretas:
- No hace ninguna referencia al nacionalismo judío.
- Rompe las esperanzas políticas de Israel.
- Es una realidad exclusiva de Dios, que solo puede alcanzarse con su ayuda
- Es un puro don, que se puede esperar, recibir con emoción y poseer pero no se exige.
- El reino de los cielos se presenta como presencia de Dios que sana, que trae la salud
a los que lo aceptan, frente a los que se pierden, que van al infierno.
- Es una amenaza que obliga al hombre a optar entre la puerta ancha “que conduce a la
perdición”, o la estrecha, “que lleva a la vida”.
- Identifica el reino de Dios con su propia persona y con su misión.
- Los signos demuestran que la salud que Dios prometió se ha hecho verdad en Jesús.
- Según el anuncio de Jesús, los hombres deben estar preparados porque el proyecto de
Dios se va a desarrollar.
- La implantación del reino significa el final de la realidad actual.
- El reino que Jesús anuncia es escatológico, trascendente.
- Además representa el surgimiento de un nuevo orden, definitivo.
- Significa que los pobres y perseguidos alcanzarán su recompensa.

En definitiva, el concepto del reino de Dios es complejo y ha evolucionado tanto en el AT, en


la tradición judía intertestamentaria y en el ministerio de Jesús. El reino, sobre todo, es la
intervención de Dios en la historia para la salvación de cada hombre. El reino es el mismo
Jesús, presencia real y definitiva de Dios en el mundo.

Las parábolas del reino, que explican su contenido con un lenguaje sencillo; las
bienaventuranzas, como un nuevo orden causado por el reino; y los milagros, como signo y
manifestación de que el reino ya está aquí.

1
De escatología, conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida de ultratumba.
5. LOS MILAGROS, SIGNOS DEL REINO
La predicación de Jesús sobre el reino de Dios fue ratificada, en muchas ocasiones, con
signos o milagros que manifiestan su divinidad y hacen presente la salvación que se
anuncia.

Los milagros son acciones de Dios en la creación más allá de las capacidades naturales de la
propia obra creada. Puede establecerse, al menos, la siguiente tipología.
- Dominio sobre las fuerzas de la naturaleza. Entre ellos, la conversión del agua en vino
en las bodas de Caná, las pesca milagrosas, andar sobre el agua…
- Curación de enfermos. La suegra de Pedro, el leproso, el paralítico de Cafarnaúm los
diferentes ciegos, el sordomudo y el joven perturbado.
- Exorcismos o expulsión de demonios. Entre ellos, el de Cafarnaúm, Gerasa y el
endemoniado mudo.
- Resurrección de muertos. Como el hijo único de la viuda de Naím, la hija de Jairo de
Cafarnaúm y Lázaro de Betania.

Se podría enunciar una definición de milagro como las actuaciones sobrenaturales de Dios,
que ostensiblemente realizan y manifiestan la salvación.
- Son actuaciones sobrenaturales, es decir, van más allá de las capacidades de la propia
naturaleza creada, a la que elevan a una nueva dimensión.
- Son obra de Dios para que surja el bien donde se ha apoderado el mal del mundo. Además,
los milagros, por su relación con Dios, provocan la fe o, en algunos casos, la exigen y, como
consecuencia, la fortalecen.
- Son actuaciones ostensibles, que se pueden percibir a través de los sentidos naturales y
analizar según las ciencias de la naturaleza.
- Realizan y manifiestan la salvación, es decir, Jesús, al realizar milagros, manifiesta su
poder contra el pecado y contra la muerte.

En definitiva, los milagros son signos del reino de Dios, son la manifestación de que ha
llegado la hora de la salvación. En su estrecha unión con Dios, en el nombre de Jesús, también
algunos hombres y mujeres de nuestra historia han recibido la capacidad de hacer milagros
para el bien de la humanidad.
6. LAS PARÁBOLAS DEL REINO
En el anuncio del evangelio, Jesús utiliza las parábolas, las comparaciones, las similitudes,
para explicar cómo es el reino. Es un lenguaje propio, muy característico, que aparece sobre
todo en los evangelios sinópticos. El cuarto evangelio habla, sobre todo, de ejemplos o de un
lenguaje figurado que presenta, fundamentalmente, cuatro características propias.
- Las parábolas son independientes del contexto literario en el que han sido pronunciadas.
Utilizan los elementos retóricos para trasladar un mensaje, pero no quedan atrapadas en
él.
- Las parábolas representan una realidad sobrenatural que remiten a un mundo real y
muestran y ocultan a la vez, pero nunca lo sustituyen.
- Las parábolas no sustituyen la verdad, pero sí que la ejemplifican mediante el recurso
a la imagen.
- Las parábolas relacionan la imagen con la verdad. No son alegorías, ni metáforas, sino
que son textos conectivos de dos espacios interpretativos complejos que permiten la
comparación entre la imagen y la realidad: el lenguaje humano, con sus recursos e
imágenes, y el reino.

Hay múltiples parábolas en los textos evangélicos aunque no hay un acuerdo respecto al
número. La clasificación de las parábolas presenta menos dificultades. Tradicionalmente
han sido divididas en dos categorías:
- Las parábolas didácticas o formativas, tratan de mostrar cómo es el reino, aunque
también intercalan algunas enseñanzas morales. Entre ellas, se sitúan todas las incluidas
en el sermón del monte, como las del sembrador, la cizaña y el trigo, la mostaza y la
levadura. También algunas parábolas que remiten a Jesús con sus discípulos o con los
fariseos, las de los trabajadores de la viña, los dos hijos, los labradores criminales, las
bodas, las diez muchachas, y el capital y los intereses..
- Las parábolas morales o parenéticas tratan de formar la moral de los hijos del reino,
aunque también pertenecen a la predicación doctrinal sobre el reino. Las más llamativas
son las parábolas de la misericordia: la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo pródigo.
Junto a ellas, están las del buen samaritano, el rico glotón y Lázaro el mendigo, la viuda
y el juez, y el fariseo y el publicano.

Las parábolas son un medio didáctico propio de Jesús que se inserta bien en la mentalidad
semítica, haciendo accesible el misterio del reino de Dios, explicando su naturaleza y
delimitando las disposiciones necesarias para ser admitido. El pueblo de Israel no reconoció
la hora del Hijo del hombre, y lo impidió a Jesús hablarles abiertamente sobre el reino de Dios.
Por eso solamente les pudo hablar en parábolas.
Jesús aprovechó este método para revelar su mensaje. Fue maestro en el recurso a las
imágenes cotidianas de Palestina que sus oyentes podían comprender con facilidad; pero no
renuncia a trasladar esta cultura pastoril a un contexto más amplio, humano, que es capaz de
conectar con cada época, de hacer contemporáneo a cada oyente una palabra sobre el reino
de Dios que llega.

7. LAS BIENAVENTURANZAS, NUEVA LEY


Las bienaventuranzas ocupan un lugar importante en el mensaje de Dios y son la
representación de la felicidad del reino de Dios y una alabanza que se hace a una persona
a la que se reconoce dichosa por el favor de Dios. En el Antiguo Testamento, las
bienaventuranzas se enuncian en los libros sapienciales y en los proféticos. En el Nuevo
Testamento, son expresiones de Jesús de Nazaret sobre los que considera felices, según el
modelo del reino de los cielos. Vemos los dos modelos interpretativos; el de san Lucas y el de
san Mateo.
- El evangelista san Lucas menciona cuatro bienaventuranzas o bendiciones unidas a
cuatro ayes o amenazas, como preparación del discurso del amor a los enemigos. Habla
de los bienaventurados: los pobres, porque de ellos es el reino; los hambrientos, porque
serán saciados; los que lloran, porque reirán; los que son odiados por el Hijo del hombre,
porque les espera una recompensa en el cielo. Por el contrario, menciona, en forma de
amenaza, los que no son dignos del reino: los ricos, que ya tienen su consuelo; los que ya
están saciados, porque pasarán hambre; los que ríen, porque llorarán; los que son
alabados por todos, porque son como los falsos profetas.
- El evangelista san Mateo menciona ocho bienaventuranzas en el llamado Sermón de la
Montaña:
1. “Felices los de espíritu sencillo, porque suyo es e l reino de los cielos.” Es el que abraza
la pobreza y espera todo de Dios, el que rechaza las riquezas para servir a Dios.
2. “Felices los que están tristes, porque Dios mismo los consolará.” El sufrimiento es un
don de Dios reservado para sus leales que les aproxima al crucificado.
3. “Felices los humildes, porque Dios les dará en herencia la tierra.” Es el que obra
siempre con amor, con ternura, comprensivo con todos, a imitación de Cristo.
4. “Felices los que desean de todo corazón que se cumpla la voluntad de Dios, porque
Dios atenderá su deseo.” Es el que quiere que se imponga en el mundo la justicia,
como un valor del reino de Dios, porque los derechos humanos son sagrados.
5. “Felices los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.” La misericordia
está por encima de la justicia. Aquella perdona, no juzga, acoge.
6. “Felices los que tienen limpia conciencia, porque ellos verán a Dios.” La verdad, la
sinceridad, la sencillez, son sus armas ante Dios y ante los hombres.
7. “Felices los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.” No
es un hombre pacífico, sino el que es activo constructor de la paz.
8. “Felices los que sufren persecución por cumplir la voluntad de Dios, porque suyo es el
reino de los cielos. Felices vosotros cuando os insulten y os persigan, y cuando digan
falsamente de vosotros toda clase de infamias por ser mis discípulos. Alegraos y estad
contentos porque en el cielo tenéis una gran recompensa. Así también fueron
perseguidos los profetas que vinieron antes que vosotros.” Este hombre, como
Jesucristo, sufre persecución por la justicia.

En definitiva, las bienaventuranzas son, ante todo, una actitud que configura y precisa al
hombre del reino, al portador del evangelio. Son la nueva ley, la ley del reino, la ley del amor,
inaugurado por el mismo Jesucristo, el manso, el humilde, el perseguido por la justicia del
mundo, el que trabaja por la paz.

8. LAS EXIGENCIAS DE UN NUEVO ORDEN


El reino se presenta como regalo de Dios. Pero el nuevo orden conlleva algunas exigencias
que son la prueba de la sinceridad del corazón que acoge y el anticipo de un don superior,
establecido desde antes de los siglos.

Se podría establecer un breve itinerario en la propuesta de salvación de parte de Dios


- Jesús anuncia el evangelio como portador de la palabra definitiva de Dios al hombre.
- Jesús es la buena noticia, es la verdad; sus discípulos no solo contaron lo que Él les
había dicho, sino también le anunciaron a Él.
- Jesús inspira al hombre que busca. Una vez conocida la verdad, el corazón humano,
tocado por la gracia, aspira a un encuentro permanente con la verdad.
- Jesús orienta los deseos del corazón humano que se arrepiente de su pecado. El hombre
inicia un desprendimiento de su antigua vida de pecado. La cruz se convierte, entonces,
en causa de redención y camino de vida renovada.
- Jesús fortalece la voluntad del hombre que lo acepta sinceramente. La gracia de Dios le
permite adherirse con fuerza a la verdad. Sin la gracia, no sería capaz ni de reconocerlo.
- Jesús abre al hombre a la participación en la vida sobrenatural. La palabra de Jesús le
abre a la verdad y a la gracia y por tanto, a participar de la vida eterna.

En definitiva, el reino se presenta como un don, de parte de Dios; pero también como una
tarea que el hombre recibe como un itinerario que hay que recorrer, un camino de renuncia
personal y de encuentro con Él; que no es solo portador, sino el mismo reino.
TEMA 4. LA MUERTE Y LA RESURRECCION DEL HIJO DEL HOMBRE.

1. OCHO PROFECÍAS SOBRE SU MUERTE


Hay recogidas hasta 8 momentos públicos en los que Jesús tenía conciencia sobre su muerte.
1. En el Jordán, Jesús se situó en la fila de los pecadores que se acercaban a Juan para
recibir un bautismo de penitencia. Se hizo solidario con los pecadores y asumió la carne
frágil del hombre para liberar al género humano del pecado que lo esclavizaba.
2. En el camino hacia Jerusalén, Jesús anunció a Santiago y Juan piden su muerte hasta
cuatro veces en este texto.
3. En la confesión de fe de Cesárea de Filipo, camino de Jerusalén, Pedro había reconocido
en público que Jesús era el Mesías, y que no era el jefe político de Israel sino un Cristo
sufriente que venía a entregar su vida por los pecadores.
4. Los maestros de la ley y los fariseos pidieron un milagro a Jesús y éste les reprochó su
actitud e hizo una profecía con respecto a la hora del sepulcro de Jesús, a la caída del
Calvario. La resurrección fue el gran signo y la actuación definitiva de Dios.
5. Pilatos interpretó su muerte como la salvación eterna del hombre, la recuperación del
reinado de Dios, que quería reunir, de nuevo, a un pueblo disperso por el pecado.
6. Las palabras sobre el buen pastor dicen con claridad que es el buen pastor y que da su
vida por ellas.
7. En un momento del camino hacia Jerusalén, Jesús se dirige a sus discípulos para justificar
claramente la necesidad de conversión de los hombres, y que ha de pasar la prueba de
un bautismo, lo que parece indicar la hora de la muerte señalada como un bautismo.
8. Conocemos una nueva expresión, en la última cena, que refleja la hora de la entrega y el
sentido de la muerte redentora. La recogen los tres evangelios sinópticos y san Pablo
cuando Jesús dice que entrega su cuerpo en favor de los hombres.

No cabe ninguna duda sobre la conciencia de Jesús ante la hora de la cruz y sobre el sentido
redentor de su entrega. A través de diversas proclamaciones públicas, solemnes, y por medio de
expresiones más veladas, pero también elocuentes, manifestó, sin ambages, que el Padre había
determinado que fuera así el rescate de una humanidad sometida al pecado y a la muerte.

2. LA ENTREGA REDENTORA DEL HIJO


Cuando se habla de redención se habla de la preparación para el encuentro con Dios. Jesús, en
respuesta a Dios, se entregó a los hombres como una ofrenda pura, para salvar a los hombres. La
entrega del Hijo de Dios, no fue un accidente en el plan de Dios para la salvación de los hombres,
pues Dios tras el pecado del hombre, predijo que el hombre debía redimirse, purificarse, para poder
salvarse.
En este sentido, podemos redactar cinco afirmaciones que resumen el sentido de la muerte de
Jesús insertada en el plan de salvación de Dios para los hombres:
- Jesús se entregó a la muerte como respuesta al proyecto de Dios. Aceptó el plan de Dios,
a pesar del dolor y la muerte que padeció como hombre.
- Jesús se ofreció como sacrificio expiatorio para redimir al hombre del pecado, liberarlo
de la esclavitud y limpiarlo de toda inmundicia.
- Este sacrificio eleva al hombre a la vida sobrenatural, a la salvación. La muerte de Jesús
representa la purificación, el perdón de los pecados y preconiza al hombre a la condición de
hijo de Dios.
- La gracia de la salvación se ofrece a cada hombre, a todos los hombres.
- La participación de la salvación exige la libertad del hombre y la reclama. Dios ha creado
al hombre para la libertad y por ello reclama nuestra libertad, la aceptación consciente del don
de la vida sobrenatural y el amor de los hombres sobre Él.

En definitiva, en respuesta obediente a su voluntad, Cristo se entregó al Padre en un sacrificio


purificador para el perdón de los pecados de los hombres y para elevarlos a la condición de hijos
de Dios. Esta entrega debe entenderse como una consecuencia del amor a los hombres, a los que
no abandona a pesar de su pecado. Esta entrega, reclama del hombre una acogida del don en
forma de una vida nueva, renovada por la sangre de Jesús y entregada para el bien de la
humanidad. El mismo Cristo ha mostrado con la cruz que es posible tener fe y confianza absoluta
en la voluntad de Dios.

3. LA MUERTE EN CRUZ
El itinerario de Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta un nuevo huerto en la falda del Calvario,
donde fue sepultado después de su crucifixión, se divide en 8 etapas:
1. El arresto de Jesús en el Huerto de los Olivos. Era el lugar donde solían pasar la noche
cuando se quedaban a dormir en Jerusalén. Allí llegó Judas, que conocía bien el lugar, con
un pequeño destacamento de soldados, enviados por los jefes de los judíos. Parece que
trataban de evitar que hubiera resistencia entre los seguidores. Maniatado, fue conducido
ante el Sanedrín.
2. Jesús fue interrogado varias veces ante el Consejo Supremo, tanto de día como de noche.
En realidad, esta parte es algo compleja, incluso confusa.
3. La sentencia del Sanedrín. La legislación romana impedía al Consejo Supremo de Israel
dictar sentencias de muerte, pero su decisión fue clara: “Todos juzgaron que merecía la
muerte”. Las acusaciones eran graves: su crítica al templo, las profecías sobre su
destrucción y la blasfemia de su pretensión de ser el Mesías, Hijo de Dios.
4. Jesús ante Pilato. Aquí se presentaron los jefes de los judíos con una nueva acusación:
la sedición, el peligro para el orden público, la conspiración contra el César, la pretensión
de ser el rey de los judíos. En este nuevo juicio, la condena a muerte fue definitiva, en
coherencia con la gravedad de las acusaciones. La cruz estaba reservada para los casos
más graves.
5. Jesús ante Herodes. Esta breve escena, que solo recoge san Lucas, narra una efímera
conversación de Jesús con el rey Herodes. Herodes “tenía la esperanza de verle hacer
algún milagro [...] pero Jesús no le contestó ni una sola palabra”.
6. La crucifixión de Jesús fue la condena definitiva, según el derecho penal romano. Hay un
tiempo largo, unas tres horas, que confirma la crueldad de la pena. La exposición del preso
desnudo, a la puerta de la ciudad, añadía al dolor físico que sufría en la cruz la deshonra.
La crueldad de los azotes que recibió Jesús aceleró esta hora, tanto que a Pilato, cuando
José de Arimatea reclamó su cuerpo, le extrañó que ya hubiera muerto. Juan recoge que
brotó sangre y agua de la lanza clavada en el costado de Jesús, y esto fue un anticipo de
la eucaristía y del bautismo.
7. La madre de Jesús y el discípulo amado. San Juan añadió una escena que protagonizó
el mismo evangelista. María, viuda, ante la muerte de su único hijo, quedaba sola,
desprotegida. Juan quedaba al cuidado de la madre, por la confianza que Jesús tenía en
él, que era el discípulo amado y, desde entonces, la acogió en su casa, como si fuera su
madre.
8. La sepultura de Jesús. La última escena sitúa a Jesús, ya difunto, en un huerto a las
afueras de la ciudad. José de Arimatea reclamó el cuerpo a Pilato, y junto con Nicodemo,
lo cubrieron con mirra y aloe y lo envolvieron en una sábana que habían comprado.
Después, lo enterraron en un sepulcro nuevo e hicieron rodar una gran piedra que cerró la
entrada del sepulcro.

A estas ocho etapas históricas, se podría añadir una novena, en otro orden de la realidad,
denominado el descenso a los infiernos. De ese modo, Jesús entró en la comunión de los muertos
y bajó al sheol, donde estaba también Adán, para tender la mano a los muertos e invitarles a la
amistad con su creador. Allí permaneció Jesús durante tres días. No se trata de un lugar de
condena sino, sobre todo, de espera, de ausencia, de oscuridad.

4. EL SENTIDO CRISTIANO DE LA CRUZ


El concilio Vaticano II, se explica la muerte y la resurrección de Jesús y el sentido de ésta en el
plan de Dios. Conviene analizar los siguientes aspectos:
- La pregunta humana por el dolor y la muerte. La percepción del dolor y la muerte ha estado
presente desde el inicio de la conciencia humana, lo cual le ha llevado a la pregunta por el
sentido de la vida y de la muerte.
- El rechazo a la desaparición y la búsqueda del sentido. Desde el principio, también, el
hombre ha evitado quedar atrapado por la muerte y por el dolor. Ha tratado de comprender el
sentido de todo lo que sucedía y el lugar que ocupa en el devenir de la humanidad. Todo ello
ha dado paso a la búsqueda de un horizonte superior, capaz de integrar el sufrimiento y la
muerte en el crecimiento de una vida plenamente humana.
- Las respuestas parciales del mundo contemporáneo. En ocasiones, se produce una
respuesta sencilla: ya que no tiene sentido el dolor y la muerte, debe prolongarse la vida al
máximo y limitar el dolor para que no distorsione el equilibro de la vida humana. Esta respuesta
tampoco llega a satisfacer plenamente al hombre contemporáneo.
- La respuesta parcial que ofrece el Antiguo Testamento. Dios castigaría al pecador con el
dolor y la muerte o, dicho de otra manera, el rechazo de Dios llevaría al pecador al abismo de
la desaparición.
- El sentido del sufrimiento del justo y el éxito intramundano del malvado no se
explicaban. En algunos textos, parecía insinuarse un valor pedagógico del dolor. Tampoco se
entendía la muerte de los mártires. En algunos autores más tardíos, como Macabeos, se habló
de un cierto sufrimiento de condena. Algunos profetas hablaron del sufrimiento como anticipo
del sufrimiento redentor del Mesías.
- El significado del sufrimiento humano y la cruz. Se podría decir que lo que da sentido a la
vida humana no es el sufrimiento sino el destino de vida eterna. El hombre se hubiera librado
del trauma de la muerte corporal si no hubiera pecado. Pero su destino sigue siendo el mismo
Dios, que le llama para que participe de su misma vida.
- El sentido de la muerte del Hijo único del Padre. En este orden, cabría preguntar si Dios no
podía haber redimido al hombre de otra manera. El mismo Cristo se lo preguntó. En realidad,
este sacrificio feroz nos ayuda a entender la radicalidad y la fuerza del pecado. A la vez, pone
rostro a un Dios que no juega con el hombre, que lo ama profundamente y que sufre también
las consecuencias del uso impropio de la libertad y el pecado.

En definitiva, el sufrimiento y la muerte de Cristo iluminan y dan sentido al dolor la muerte del
hombre. Cristo asumió la condición humana, marcada por el sello de la fragilidad física y moral
para elevar al hombre a la vida eterna. Al aceptar la muerte y el dolor como parte de nuestra vida,
nos reconciliamos con el propio sufrimiento y vencemos a la propia muerte, que como
consecuencia restituye la amistad con Dios. Así pues, Cristo asumió el sufrimiento y la muerte
como condición de verdadera existencia humana y camino para la vida eterna.

5. LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO
Al llegar el día de Pentecostés, Pedro recriminó lo que los israelitas habían hecho con Jesús, y
garantizó que Dios había hecho posible la resurrección de Jesús.
La resurrección es un acontecimiento teológico que afecta a la naturaleza divina de Cristo, y un
hecho humano, que afecta a su humanidad, que la rehabilita, la reconstruye en su cuerpo
glorificado, y en su alma. También es un acontecimiento histórico, que puede constatarse por
3 circunstancias fundamentales:

- Jesús murió en la cruz y fue sepultado. Solo la intervención sobrenatural de Dios podría
librarlo de la muerte.
- Por su divinidad el cuerpo de cristo se preservó de la corrupción, pero la muerte fue real.
- Jesús resucitó al tercer día. El sepulcro quedó vacío y se manifestó repetidamente, lo
cual quedó históricamente comprobado.
- El sepulcro vacío. Es una primera afirmación y un hecho histórico, perfectamente
documentado.
- La revelación del ángel anunciaba que el sepulcro estaba vacío porque Jesús de Nazaret
había resucitado y les invitó a contemplar el sitio donde lo pusieron.
- Las apariciones del resucitado, primero a María Magdalena, luego a los discípulos de
Emaús y después a los Once, les hizo comprender la resurrección y vencer aquella inicial
incredulidad.
- Jesús adquiere una nueva humanidad, mediante la cual estableció una relación compleja
con los discípulos. Este cuerpo real poseía unas nuevas cualidades puesto podía
aparecerse donde quisiera. Por tanto, la humanidad ya es del Padre.

En definitiva, Jesús murió en la cruz y fue sepultado; pero Dios lo resucitó al tercer día y lo hizo
ver a unos cuantos testigos que ya había designado, en particular aquellos que habían vivido con
él desde el bautismo de Juan. Se trataba de comprobar que el resucitado era el mismo que el
crucificado y poder así dar testimonio, a todos los hombres, de la victoria de Cristo sobre el pecado
y la muerte.

6. LOS PRIMEROS TESTIMONIOS


Hay tres niveles entre los primeros testimonios de la resurrección:
1. Los testigos de Dios resucitado. Los evangelios recogen los tres primeros encuentros con
Jesús, después de su muerte, que tuvieron lugar el día de la resurrección. Los discípulos fueron
los primeros que se encontraron con el resucitado. Fueron, también, los primeros testigos y
portadores de la buena noticia, que ha llegado hasta hoy. Estos discípulos fueron María
Magdalena, la primera que lo encontró vivo; los discípulos de Emaús; y los Once, menos
Tomás, reunidos en una casa.
2. La primera proclamación pública de la resurrección, según el relato evangélico, fue el
discurso de Pedro el día de Pentecostés, escrito hacia el año 63. A los cincuenta días de
la Pascua, lleno del Espíritu Santo, el que lo había negado tres veces lo proclamó con valentía
ante todo Jerusalén.
3. El primer testimonio escrito sobre de la resurrección de Jesucristo fue la primera carta
de san Pablo a los Corintios. El autor menciona una fuerte tradición que ha conocido,
revelada por los testigos directos y anunciada por él mismo después de su conversión. Apenas
siete años después de la resurrección, san Pablo se hace portador de una tradición que ha
llegado hasta hoy. Él mismo pudo comprobar esa misma tradición al compartirla con los testigos
directos de aquel encuentro con el resucitado.

En definitiva, la fe de los apóstoles no se basa en la mera imaginación sino en el encuentro con


Cristo resucitado, que les ha dado pruebas de una existencia glorificada.

7. SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE


San Lucas explica cómo Jesús, después de prometerles el Espíritu Santo, llevó a los discípulos
fuera de la cuidad y los bendijo. Después de ello se separó y fue al cielo.

El libro de los Hechos de los Apóstoles añade algunos datos con cierta relevancia, como la
presencia de los ángeles quienes, después de contemplar la ascensión de Jesús, dijeron a los
discípulos que Jesús volvería a ellos de la misma forma que le habían visto ir al cielo.

Estos dos relatos son las únicas descripciones visuales de la ascensión de Jesús y la doble
representación de:
- Un hecho histórico situado en el tiempo: a los cuarenta días de la Pascua y en un
espacio: el monte de los Olivos.
- Un acontecimiento teológico: la exaltación de Cristo y el envío del Espíritu Santo.
- Una promesa escatológica: su significado para el mismo Cristo y para todo el género
humano, aparecen descritas e interpretadas en numerosos parajes del Nuevo Testamento
y de la Tradición cristiana.

Es decir, san Pablo resume el itinerario de Cristo desde la preexistencia en gloria hasta la
encarnación, la muerte, y la glorificación a la derecha del Padre. Los demás autores del NT
interpretan que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya participaba de la nueva
condición y, por tanto, en su carne humana, de la gloria de Dios. Esta glorificación representa, para
Cristo, la asunción de las propiedades divinas de la incorruptibilidad y la inmortalidad; y, para los
hombres, la posibilidad de participar de esta misma condición inmortal.

En definitiva: Cristo, por su resurrección, abre, para todos los hombres, la posibilidad de una nueva
filiación. Jesucristo, en su humanidad, se hace solidario con el hombre por su encarnación, y por
la resurrección y ascensión, se hace solidario con Dios, introduciendo así a la humanidad en
una nueva relación con Dios.

8. CONSECUENCIAS DE LA RESURRECCIÓN
San Pablo en la primera carta a los Corintios, afirma la idea de que Cristo ha resucitado y explica
algunos detalles de las consecuencias de la resurrección de Jesucristo. Este acontecimiento
extraordinario tiene una triple consecuencia para Jesús de Nazaret.
1. La resurrección tiene una doble dimensión. Por un lado, se trata de un acontecimiento
histórico, humanamente constatable, que sucedió en un tiempo y en un espacio. Por otro, se
trata de un hecho sobrenatural, que sobrepasa los límites de las dimensiones humanas para
adentrarse en la relación sobrenatural con Dios.
2. La resurrección confirma su naturaleza; la del verdadero Hijo de Dios. Jesús fue
condenado por la blasfemia de decir que era Hijo de Dios.
3. La resurrección ratifica todo lo que Jesús hizo y enseñó; legitima su obra. La palabra de
salvación no se ha perdido. Él resucitó, como lo había anunciado

Las consecuencias para el ser humano son al menos cuatro consecuencias, para el hombre,
de la resurrección de Jesucristo:
1. La liberación del pecado. El hombre ha sido liberado del pecado.
2. La renovación de su existencia cotidiana. Además, el hombre ha sido introducido en
una vida nueva. Cristo resucitado renueva cada aspecto de nuestra vida, la eleva, la
santifica.
3. El envío, como portador de un mensaje de salvación para sus hermanos. El encuentro
con Cristo resucitado es el primer paso para el envío apostólico. El mismo Jesús hace a
cada cristiano portador de una palabra de vida eterna.
4. La resurrección de Jesús es la garantía de la resurrección del hombre. El pecado retrasa
la salvación; pero Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
de la verdad. La resurrección de Cristo es la prueba de nuestra propia resurrección y la
garantía de que es posible llegar a ser verdaderos hijos y herederos de la vida eterna.

La resurrección tiene consecuencias para la creación. Todas las cosas son renovadas por la
resurrección, es decir, la resurrección es capaz de transformar toda la creación.

En definitiva, la resurrección de Jesucristo de entre los muertos ha sido una obra sobrenatural de
Dios que ha glorificado su carne mancillada y humillada, ha renovado la vida de cada hombre y ha
transformado toda la creación, llamada a la consumación en el mismo Jesucristo, Señor del cielo
y de la tierra.
TEMA 5. EL MISTERIO DE JESUCRISTO, DIOS Y HOMBRE.

1. JESUCRISTO, DIOS Y HOMBRE


Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero y esto se explica porque Dios se ha
hecho hombre para nuestra salvación. Los Apóstoles expresaron esta convicción a través de
los diferentes nombres con los que conocieron a Jesús, los cuales se explican a
continuación:
- El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le indicó el nombre que tenía que poner
al hijo de su esposa, concebido por obra del Espíritu Santo: Jesús, que significaba el
salvador del pueblo de sus pecados. Este nombre es también una confesión de fe: Él es
Dios, Hijo de María, que salva a todos los hombres.
- En Israel, el profeta Isaías anuncia una unción especial, la del Mesías, el Cristo, que
brotara del padre de David.
- Jesús sabe que el Mesías tiene una misión singular. Israel quería un Mesías que se
revindicase políticamente frente a Roma, pero Jesús fue el Mesías sufriente. Por eso
prefiere denominarse Hijo del hombre que revela esta condición mesiánica sin las
connotaciones políticas de aquella hora.
- Este reconocimiento nos lleva a levantar la mirada para contemplar el cuarto nombre de
Jesús, el Hijo único del Padre.
- El último nombre de Jesús es el reconocimiento de que él es el Señor, el Hijo de Dios
vivo, el que tenía que venir al mundo. Hasta entonces solo el Padre había sido reconocido
como Señor, Yahveh, pero Jesús va más allá y reclama este nombre para sí. Así lo
reconoció la comunidad cristiana desde el principio en esa doble confesión; que Jesús es
Señor, hecho carne para nuestra salvación.

El papa Pablo VI, al hablar de esta doble naturaleza de Cristo, llegó a formular con precisión
esta convicción profunda de los cristianos: que Jesús de Nazaret, verdadero hombre, es el
Hijo único de Dios. En definitiva, la fe cristiana confiesa que Jesucristo es verdadero Dios y
verdadero hombre y así lo ha dejado plasmado en la Escritura.

2. JESÚS DE NAZARET, DIOS VERDADERO


Jesús de Nazaret es el verdadero Hijo de Dios. En este momento habría que reflexionar
sobre estas tres afirmaciones:
- La preexistencia del Hijo se refiere a que Jesucristo fue engendrado, en la eternidad,
antes de la creación del mundo antes de la encarnación, en el seno de la Trinidad. Fue
engendrado antes del tiempo pleno. Tiene un origen eterno y, después de la encarnación,
un destino eterno.
- La encarnación define la entrada de Dios en la dimensión humana, en la que la Virgen
María tiene una responsabilidad, un protagonismo, fundamental. La propia concepción
virginal revela, sobre todo, el origen divino del Hijo de María. El Catecismo de la Iglesia
Católica explica cuatro de los motivos de la encarnación.
o Dios se hizo hombre para redimirnos, reconciliarnos con Dios y librarnos del pecado.
o En segundo lugar, Dios se hizo hombre para que nosotros pudiéramos conocer el
amor de Dios, quien nos lo demuestra enviándonos a su Hijo único para que tengamos
vida por medio de él y la conozcamos a él y a Jesucristo.
o En tercer lugar, Jesucristo ha asumido nuestra naturaleza frágil, señalada con el signo
del pecado, para ser nuestro modelo de santidad.
o Por último, el Hijo de Dios se ha hecho hombre para que pudiéramos participar de la
vida de Dios.
- El Padre confirma la divinidad de Jesucristo antes de la resurrección del Hijo, en el
bautismo en el Jordán y la transfiguración:
o El bautismo de Cristo en el Jordán se convirtió, sobre todo, en la manifestación de
la Trinidad. El Espíritu descendió sobre él y el Padre presentó a su Hijo ante todos los
congregados.
o La transfiguración de Jesús tuvo lugar en presencia de Pedro, Santiago y Juan,
quienes atestiguaron esa condición que les dio fuerza para la prueba que estaba por
llegar: que Jesús era el Hijo amado del Padre.

Junto a estas manifestaciones de la divinidad de Jesucristo, están tres pruebas definitivas,


a las que ya hemos hecho mención: los milagros y, sobre todo, la resurrección de entre los
muertos y la ascensión a la derecha del Padre.

3. LA CONCIENCIA DE SU DIVINIDAD
Jesús de Nazaret tuvo conciencia de ser el Hijo único de Dios y de la misma naturaleza del
Padre y los fue manifestando a través de sus obras y palabras. Los discípulos llegaron a
reconocer esta dimensión de Cristo, la anunciaron y la expusieron en los textos del Nuevo
Testamento.

La conciencia de Cristo sobre su divinidad se constata a través de numerosos pasajes.


- “El Padre y yo somos uno”. Pasaje de san Juan que releva cómo Cristo comprende su
relación con Dios.
- “Antes de que Abraham naciera, existo yo”. Manifiesta la existencia del Hijo antes de
la creación. Jesús se atribuye el mismo ser de Dios y advierte a los judíos que morirán si
no creen que él es. También lo expresa en el lavatorio de los pies
- “Él me ha enviado”. Muestra la conciencia de su misión: anunciar la salvación y dar su
vida por la salvación del hombre.
- “Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy”. Manifiesta esta doble
condición, de verdadero hombre y verdadero Dios.
- “Voy a mi Padre, que es también vuestro Padre”. Revela la relación de Cristo con Dios,
que es Padre de todos los hombres porque los ha creado y los ha liberado de la esclavitud
y del pecado.

También los discípulos son conscientes de la divinidad de Jesucristo. Se podrían


recuperar numerosos pasajes:
- En Cesárea de Filipo, el mismo Cristo reconoce que la revelación de su identidad no es
posible sin una asistencia especial de la gracia.
- San Juan relata que Jesús se presentó en la casa donde estaba reunidos los discípulos
en Jerusalén a los ocho días de la resurrección, y les dijo “La paz esté con vosotros”.

En definitiva; Jesús de Nazaret es consciente plenamente de su condición, de ser Hijo de


Dios, en un sentido propio, exclusivo, como ya manifestó a María y a José.

4. LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS


La fe en la encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana. Los
evangelios, explican la encarnación del hijo de Dios en pasajes y dan matices muy
interesantes.
- El evangelista san Juan vive de la experiencia de saber que el motivo de la encarnación
es que el Padre “quiere que todos los que vean al Hijo y crean en él tengan vida eterna”.
- San Marcos muestra la predicación de san Juan Bautista como preparación para la llegada
del Mesías, el Hijo de Dios.
- San Mateo se centra en la figura de san José para relatar por qué Dios había determinado
así las cosas.
- San Lucas centra el relato de la encarnación en el diálogo del ángel Gabriel con la Virgen
María.

En la historia de los hombres, la encarnación se convierte en el acontecimiento que divide


el tiempo en dos, ya que Jesucristo actualiza y media la alianza entre Dios y los hombres,
quien por su misericordia, con la ayuda de su gracia, puede participar de la naturaleza de
Dios.
En cuanto a si dios podría habernos liberado de otra forma o si la encarnación era necesaria,
no estamos en condiciones de juzgar los motivos de Dios. Además, debemos entender la
encarnación como la unión definitiva de Dios con el hombre. La encarnación abre la
posibilidad de salvación para el hombre.

En definitiva; Dios se ha hecho hombre para nuestra salvación, asume nuestra naturaleza
humana, de las entrañas virginales e inmaculadas de María, para que los hombres, cada
hombre, alcance la vida eterna.

5. EL HIJO, HOMBRE VERDADERO


La comprensión del misterio de Jesucristo fue complicado ya que se veía amenazada por el
docetismo gnóstico. Por ello, la comunidad apostólica tuvo que confirmar que el Hijo de Dios
se hizo hombre por obra del Espíritu Santo, y semejante a nosotros excepto en el pecado.

El Hijo de Dios ha asumido la naturaleza humana en plenitud, en su cuerpo y en su alma.


Por tanto, debemos explicar que Jesucristo es verdaderamente hombre; es decir, que
tiene un cuerpo humano, que siente como cada uno de nosotros y que tiene un alma racional.
- La humanidad de Cristo parte de que él tenía un cuerpo humano real, de carne y hueso,
como cada ser humano.
- Esta carnalidad, lo ha recibido Cristo de las entrañas virginales de su madre.
- Puesto que Dios era hombre se podían representar imágenes de él. Su representación en
imágenes sagradas es legítima.
- Dios se hace visible en el cuerpo de Jesús, en un tiempo, en un lugar.
- Jesús, por su condición humana, experimentó también sentimientos. Esta misma
condición hace mortal a Cristo.
- La resurrección de Jesucristo solo es posible si tuvo un cuerpo real.

A continuación, explicamos que el Hijo de Dios tiene un alma humana.


- Jesús tiene un alma que le capacita para el conocimiento racional, como cualquier
hombre.
- Cristo tiene voluntad humana, la cual acomoda a la voluntad del Padre.
- Los evangelios revelan un conjunto de sentimientos humanos muy amplio en Cristo.

En definitiva; el Hijo de Dios se ha hecho hombre, nos ha mostrado el rostro definitivo de


Dios; pero también nos ha mostrado dónde puede llegar la humanidad, plena por el amor de
Dios, a Dios y a los hombres.
6. LA VOLUNTAD HUMANA DE CRISTO
En Cristo confluyen dos voluntades: la del Hijo de Dios y la voluntad humana (hypóstasis),
que se unen, sin división ni separación. Es decir, que Jesucristo es el Hijo de Dios que ha
asumido verdaderamente la condición de hombre y su existencia concreta. Las dos
naturalezas no cambian al unirse, lo que significa que es verdaderamente Dios (eterno,
inmortal) y verdaderamente hombre (temporal, mortal)

Las voluntades dependen de las naturalezas y por eso, en Cristo hay una voluntad divina
y una voluntad humana. Por tanto, Cristo obedece al Padre como hombre, ya que en su
libertad humana asume la voluntad del Padre.

Podríamos repasar dos relatos evangélicos en los que se pone en diálogo la voluntad del
Padre con la voluntad humana de Cristo.
- En las tentaciones en el desierto, Jesús responde, una y otra vez, confirmando su deseo
de cumplir la voluntad del Padre: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra
pronunciada por Dios”, “No pondrás a prueba al Señor tu Dios”, “Al Señor tu Dios adorarás
y solo a él darás culto”.
- En la oración de Jesús en Getsemaní, en medio de la tristeza de muerte que le invadía,
Jesús pidió a Dios que si era posible, le librara de aquel trance. Decía: “¡Abba, Padre, todo
es posible pasa ti! Líbrame de esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero
sino lo que quieres tú”.

Al distinguir entre la voluntad del Padre y la de Cristo, reconoce que, aunque son una sola
esencia (ousía), son dos personas (hypóstasis) distintas. En Cristo aparecen las dos
voluntades, como Dios verdadero y como hombre verdadero. Así pues, las dos voluntades
de Cristo no luchaban en su interior: Cristo venció las tentaciones porque era hombre y como
hombre, también aceptó la voluntad del Padre. En definitiva; en Jesús, único sujeto, persona
única, coexisten dos naturalezas, sin mezcla ni confusión, sin separación ni división. Esa
doble naturaleza, divina y humana, conlleva una doble voluntad, una plenamente divina y
otra enteramente humana

7. MARÍA, MADRE DE DIOS


La Virgen María, por obra del Espíritu Santo, es la madre de Jesucristo. Los testimonios
de la sagrada Escritura son numerosos. Todo lo que la Iglesia cree acerca de María se
fundamenta en el misterio de Cristo. Se pueden expresar, al menos, las siguientes
afirmaciones.
- Su misión fue preparada desde antiguo. Dios no quiso imponer a María su
protagonismo en la obra de la redención. Pretendió, en primer lugar, la libre cooperación
de una criatura. Para eso, su misión fue dispuesta con todo cuidado a través de la obra
de las santas mujeres de la Antigua Alianza.
- Fue concebida inmaculada, virgen y libre de pecado por la gracia de Dios.
- Cuando el ángel le anunció que daría a luz al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo
Respondió y aceptó la voluntad de Dios para su vida.
- Fue la madre de Dios: de Jesús y también del Señor.
- Se mantuvo virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Esto habla también
de Cristo, que solo tuvo a Dios por Padre. Es un misterio que es accesible
fundamentalmente por la fe.
- Es la madre de todos los creyentes. María, que tuvo a Jesús en su seno, acogió a todos
los hombres como hijos y se ha convertido en figura de la Iglesia, madre de todos los
creyentes. Ella es modelo de creyente y madre de los creyentes.

En definitiva, María es la madre de Jesucristo, Hijo único de Dios. El Padre la cuidó desde el
principio de la creación, antes de haber nacido. Preparó así una digna morada para su Hijo
quien, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de sus entrañas inmaculadas. Ella se ha
convertido, también, en madre de todos los creyentes que acogen, cada día, la voluntad de
Dios para sus vidas.

8. LAS DIFICULTADES TEOLÓGICAS


A lo largo de la historia, los hombres han tenido algunas dificultades para comprender el
misterio de Jesucristo y, como consecuencia de ellas, para delimitar el protagonismo de
María en el plan de salvación de Dios sobre los hombres. Esto ha dado pie a algunas
conjeturas teológicas equivocadas y a la formulación de lo que podríamos llamar herejías o
errores que no han llegado a entender que Jesucristo es un solo sujeto, verdadero Dios y
verdadero hombre, con dos naturalezas y, por tanto, con dos voluntades.

Antes de describir estas herejías, podemos recordar dos conceptos que nos ayudan a
entender las dificultades teológicas de la antigüedad.
- El concepto de naturaleza hace referencia a la condición esencial de un ser, a sus
propiedades características. En Jesús se dan las dos naturalezas, la divina y la humana.
Por eso, en todas sus operaciones descubrimos una doble propiedad y una doble
voluntad. Es propio de Jesús, en cuanto Dios, perdonar pecados y hacer milagros. Es
propio, en cuanto hombre, sufrir y morir.
- El concepto de persona hace referencia a la individualidad de cada sujeto. La naturaleza
de Dios es común a las tres divinas personas, que se individualizan en el Padre, el Hijo y
el Espíritu Santo. Hay una sola naturaleza de Dios y tres personas distintas. En el caso de
Jesucristo, descubrimos que el único sujeto de sus acciones, humanas y divinas, es la
persona divina del Hijo.

En este orden, surgieron muchas dificultades para explicar el misterio de Jesucristo en una
terminología teológica y sobre todo pastoralmente comprensible:
1. El docetismo gnóstico niega la verdadera naturaleza humana de Cristo. Pensaban que
no era posible que Dios se hiciese hombre y negaban que Dios pudiera someterse a la
humillación de hacerse carne, lo cual es contradicho por el evangelista Juan
2. El adopcionismo o monarquianismo. Según Pablo de Samosata y otros próximos al
judaísmo, Jesús habría sido Hijo de Dios, como una adopción. Según ellos, Jesús es un
hombre mortal en quien habitaría el Verbo de Dios, pero por naturaleza no sería Dios.
3. El arrianismo. Trata de fortalecer la idea de la unidad en Dios y planteaba que si el
Padre era Dios, el Hijo era Dios y el Espíritu era Dios, se podría llegar a afirmar que
existían tres dioses lo que, en la práctica, terminaba con la unidad de Dios y profesaba
el politeísmo. También negaba la verdadera humanidad de Cristo al afirmar que no tenía
alma humana, sino que la actividad la desarrollaba el Verbo de Dios.
4. El subordinacionismo. Defendió que el Espíritu Santo está subordinado al Padre y al
Hijo; y, por tanto, no es Dios.
5. El nestorianismo. Confirmó que en Jesús había dos naturalezas, la humana y la divina,
pero se equivocó al afirmar que también había dos personas, dos sujetos.
6. El monofisismo. Defendía la unidad de Cristo contra el Nestorianismo, pero se excedió
al afirmar que la naturaleza humana habría dejado de existir al ser asumida por la
persona divina del Hijo.
7. El monotelismo. Sostenía que en Cristo solamente había una voluntad, la de Dios.

En definitiva; la fe de la Iglesia en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se ha ido


perfilando a la luz de los diversos errores formulados a lo largo de la historia. Las dificultades
de comprensión del misterio de Jesús, lejos de alejarnos de la verdad, han ayudado a
redactar, con más precisión, la verdadera naturaleza y personalidad del Hijo de Dios hecho
hombre, nacido en el tiempo para nuestra salvación.
TEMA 6. LA IGLESIA.

1. TRES IMÁGENES DE LA IGLESIA


Las tres imágenes de la Iglesia nos ayudan a conocer la naturaleza y la misión de la Iglesia:
o La Iglesia, Pueblo de Dios. Dios quiso salvar a los hombres constituidos en un pueblo
para que se conociera de verdad y le sirviera con una vida santa. Este pueblo tendría siete
características:
 Es el Pueblo de Dios, es decir, Dios no pertenece a ningún pueblo.
 Para ser miembro de este Pueblo se ha de nacer “del agua y del Espíritu”, por la fe
en Cristo Jesús y por el bautismo.
 La Cabeza de este Pueblo es Jesucristo, el ungido, que hace partícipe a su Pueblo de
esa misma unción. El Espíritu Santo fluye desde la Cabeza para constituir un Pueblo
que hace que sea sacerdotal, profético y real, como el mismo Cristo.
 Los signos de identidad son la dignidad y la libertad de los hijos de Dios en cuyos
corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.
 La ley de este Pueblo es el mandamiento nuevo del amor, la nueva ley del Espíritu.
 La misión es ser el germen de unidad, esperanza y salvación para todo humano.
 El destino es el reino de Dios.
o La Iglesia, Cuerpo de Cristo. Cristo es la Cabeza de un Cuerpo del que los miembros
son los fieles cristianos. Cabe desarrollar, al menos, tres aspectos fundamentales:
 se entiende por unidad que todos los creyentes forman un solo Cuerpo.
 Cristo es la Cabeza de este Cuerpo como principio de la creación y de la salvación.
La Iglesia es una con Cristo. La plenitud de Cristo es la Cabeza y sus miembros.
 La relación de Cristo con la Iglesia es como la de un hombre con su esposa; la
Iglesia es la esposa de Cristo. Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella a fin de
santificarla.
o La Iglesia, Templo del Espíritu Santo. El Espíritu es el alma de la Iglesia, y actúa en el
Cuerpo de Cristo, la Iglesia de diversas maneras:
 Por la Palabra de Dios, que tiene el poder de construir el edificio.
 Por el bautismo, mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo.
 Por los sacramentos, que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo.
 Por la gracia concedida a los apóstoles, que actúan bajo la bendición para el bien y
los carismas por los que asumen diversas responsabilidades para edificar la Iglesia.

En definitiva, las imágenes nos ayudan a comprender el origen, la naturaleza y la misión de


la Iglesia. Han servido para interpretar bien su misterio.
2. EL ORIGEN TEOLÓGICO DE LA IGLESIA
La Iglesia tiene su origen en Dios Trinidad y en Dios tiene su realización. Podemos establecer
en 5 afirmaciones el itinerario de la Iglesia desde su origen, hasta su consumación definitiva:
1. La Iglesia fue prefigurada desde el origen del mundo. Dios creó el mundo para que
todos los hombres participaran en su vida divina y, esta comunión, se realiza mediante la
convocación de todos los hombres en Cristo, mediante la Iglesia.
2. La Iglesia fue preparada en la Antigua Alianza cuando el pueblo de Israel fue elegido
por Dios como signo de la convocatoria futura de todas las naciones. Desde el primer
momento en que el pecado destruyó la relación de Dios con el hombre, ya el Padre
estableció la reunión del pueblo para reconstruir esta comunión, con la llamada a Abraham
y con la llamada a Moisés. Las dos alianzas anunciaban, además, la Nueva Alianza, la
alianza definitiva instituida por el mismo Dios en la persona del Hijo.
3. La Iglesia fue establecida a través de las obras y las palabras de Jesucristo y
realizada a través de su muerte redentora y su gloriosa resurrección. Las obras y las
palabras de Jesús manifiestan su voluntad explícita de fundar la Iglesia, y en ellas
podemos descubrir nueve momentos en los que manifiesta esta intención:
o En la proclamación del evangelio, sus palabras sobre su propuesta de salvación. Él
anunció que el reino de Dios había llegado y que se estaban cumpliendo las antiguas
promesas.
o La convocatoria de los discípulos para que le siguieran.
o La elección de los doce apóstoles para que estuvieran con él y enviarlos a predicar.
o El primado de Pedro. Cuando llegaron a la región de Cesárea de Filipo, Jesús confirmó
a Simón su misión en el orden de la unidad y de la presidencia. Hay una voluntad
expresa de constituir la Iglesia sobre una estructura jerárquica, en el orden del servicio,
para la salvación de todos los hombres.
o La eucaristía fueron instituida como presencia permanente de Cristo y alimento para la
vida cristiana; los apóstoles fueron enviados para el ejercicio del ministerio al servicio
del Cuerpo de Cristo, del cuerpo místico (Iglesia) y del cuerpo sacramental (la
eucaristía).
o El mandamiento del amor. La vida con Cristo, en comunión con él y con su Iglesia, se
renueva con la ley del amor.
o La muerte redentora es la entrega total de Cristo, anticipada en la eucaristía. La cruz
es el sello de oro en la fundación de la Iglesia.
o La resurrección gloriosa y el envío del Espíritu renovó la obra de la Iglesia con la fuerza
del Espíritu:
 La Iglesia se manifestó a toda la humanidad como misterio de salvación en el
derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. La Iglesia, animada por el
Espíritu Santo, ha recibido la misión de anunciar y establecer el reino de Dios.
 La Iglesia alcanzará la consumación, al final de todos los tiempos, cuando sean
convocados todos los redimidos en la gran asamblea del cielo.

En definitiva, la Iglesia tiene su origen en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; ha sido
prefigurada en la antigüedad, preparada por el pueblo de Israel, establecida mediante las
obras y las palabras de Cristo, manifestada a toda la humanidad por la obra del Espíritu Santo
y está llamada a la consumación, al final de los tiempos.

3. LA MISIÓN EN ORDEN A LA SALVACIÓN


La Iglesia, por su propia naturaleza y por la voluntad de Cristo, está ordenada a la salvación
de todos los hombres. Es decir, la misión de la Iglesia es que todos los hombres se salven
y, como consecuencia, lleguen a formar una sola familia, en Jesucristo:
1. La Iglesia es a la vez visible y espiritual. La trasciende la historia y, por tanto, solo con
la fe se puede llegar a comprender todo su misterio, la realidad visible y espiritual de la vida
de Dios. Gracias a las obras y palabras de Cristo, la Iglesia estableció una comunidad visible
y un instrumento de fe, esperanza y caridad. Por ello, se puede afirmar que la Iglesia:
o Es una sociedad humana y el cuerpo místico de Cristo.
o Es una asociación humana, visible, y una comunidad espiritual.
o Es una realidad terrena y un contenedor de bienes celestiales.
2. La Iglesia actúa en el orden de la unión de los hombres con Dios. Cristo realiza en la
Iglesia su misterio y su proyecto, que es la salvación de todos los hombres; que es
recapitular todas las cosas en él.
3. La Iglesia es sacramento universal de salvación y, por tanto, presenta una
estructura sacramental, según la voluntad del propio Cristo. Cristo es el mediador
definitivo entre Dios y los hombres para la salvación. A través de la mediación confiere a
la Iglesia sacramento. Los siete signos sacramentales son los canales a través de los que
el Espíritu distribuye la única gracia de Cristo cabeza en el cuerpo de la Iglesia.

En definitiva, la Iglesia tiene la misión de anunciar el evangelio, de liberar a todos los


hombres de la esclavitud del pecado, y de comunicar la salvación eterna. Ello se cumple a
través de una estructura sacramental, los siete sacramentos de la Iglesia, que significan la
gracia y la comunican con eficacia porque contienen al mismo Cristo, único y definitivo
mediador entre Dios y los hombres.
4. LAS CUATRO NOTAS DE LA IGLESIA
La Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Estas cuatro afirmaciones responden a otras
tantas propiedades visibles que caracterizan la Iglesia de Cristo.
o Jesucristo fundó una sola Iglesia. En los últimos siglos, han surgido nuevas tradiciones
cristianas más o menos autárquicas que, sin llegar a ser Iglesias, reivindican su
protagonismo en el orden de la salvación.
o Esta única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica, de modo pleno, aunque no
negamos que existan elementos de eclesialidad en otras confesiones cristianas. Todas
estas confesiones profesan la misma fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; y en Cristo,
verdadero Dios y verdadero hombre.

Por tanto, la única Iglesia de Cristo es una, santa, católica y apostólica.


1. La Iglesia es una.
o Jesús de Nazaret instituyó una sola Iglesia. La Iglesia es una por su origen (Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo). Además, es una por la obra de Cristo, que restituyó la
unidad del género humano en un solo pueblo, un solo cuerpo.
o Esta unidad fue vivida desde el principio, a pesar de las dificultades.
o Esta unidad está en Dios y, por tanto, la división y la ruptura no proceden de él, sino
del pecado. La Iglesia debe rezar y trabajar en cada momento por mantener la unidad
de la fe y para recuperar la unidad de los cristianos, dispersos por el mundo.
2. La Iglesia es santa. Lo es, por muchas razones.
o Por su origen, porque Cristo es santo y el Espíritu Santo también lo es, fuente de
santidad de la Iglesia.
o Por sus medios para la santificación de los hombres, como los sacramentos, la Palabra
de Dios y la oración.
o Por la santidad de sus hijos. aunque está formada por pecadores también ha
contemplado a sus mejores hijos.
o Por su destino, que es la participación plena de la vida de Dios, en santidad.
3. La Iglesia es católica:
o Porque Cristo está presente en ella, por lo que ella recibe en plenitud todos los medios
de salvación para el hombre.
o Porque convoca a todos los hombres. Cristo realizó un mandato de proponer el
mensaje de salvación a todas las naciones.
4. La Iglesia es apostólica. Esto significa que ha sido edificada por Cristo, en Cristo, sobre
los apóstoles, de cuyos sucesores se encargaron de custodiar esta Tradición y transmitirla
al pueblo de Dios. Por tanto, la Iglesia es apostólica en un triple sentido:
- Permanece edificada sobre el fundamento de los apóstoles, como testigos
seleccionados y enviados para la misión por Jesucristo.
- Conserva el depósito de la fe y la palabra de los apóstoles, y la transmite, con ayuda
del Espíritu Santo que habita en ella.
- Es guiada, instruida y santificada por los sucesores de los apóstoles, el colegio de los
obispos en comunión con el sucesor de Pedro.

En definitiva, la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. Esta Iglesia subsiste en la Iglesia
católica, aunque, en otras confesiones cristianas, también pueden descubrirse elementos de
eclesialidad que pueden mediar en la salvación de aquellos que pertenecen, por fidelidad a la
enseñanza recibida, a las diversas tradiciones cristianas.

5. LA IGLESIA DE LA COMUNIÓN
Existe una condición común a todos los fieles cristianos incorporados a Cristo por el
bautismo. Cada uno de los hombres y mujeres del pueblo de Dios participa de la función
profética, sacerdotal y real de Cristo y, por tanto, es llamado a desempeñar una misión propia
en la Iglesia y en el mundo.

Las diferencias que se puedan percibir entre los distintos cristianos son ocasión para la
construcción de la unidad y para el desarrollo de la misión compartida. Los ministerios son
diversos para que se pueda cumplir la misma misión.
- Cristo encomendó a los apóstoles y sucesores la función de enseñar, santificar y regir en
su nombre y autoridad.
- A los laicos, les encomendó la construcción del reino desde su condición laical
- Dios suscitó la vocación de algunos hombres y mujeres que desarrollan esta misión desde
una consagración propia.

La acción de la Iglesia es jerárquica para garantizar la unidad y la actuación de todos y cada


uno de los cristianos. La fe se celebra en la comunidad, se proclama y se vive allí donde un
cristiano, hace verdad su condición.
1. La autonomía de las realidades temporales significa que el mundo se rige por sus
propias leyes y por las libres disposiciones de los hombres y mujeres. Los cristianos
deben cumplir con sus obligaciones como ciudadanos, comprender que los estados
deben regular la vida de los ciudadanos más allá de la profesión religiosa de cada uno, y
garantizar la libertad religiosa y libertad de expresión pública de la fe.
2. El último concepto que debemos analizar, antes de abordar cada uno de los ministerios
en la Iglesia es el de la comunión de los santos, en dos sentidos distintos.
o La Iglesia se refiere a la comunión de los bienes espirituales y temporales. Es la
comunión de las cosas santas (sancta). Los sacramentos nos unen a la misma
comunión con Dios.
o Se establece entre los cristianos (sancti), entre los santos. Cada uno participa a su
manera del mismo amor de Dios y de la comunión con los hermanos en la fe. Por
esa comunión de los santos, los que están más unidos a Cristo pueden interceder
por los que todavía no han alcanzado la patria.

En definitiva, todos los cristianos, por su bautismo, comparten una misma condición y una
misma misión, que deben desarrollar, cada uno según su vocación y su ministerio, como obra
de toda la Iglesia, en medio de un mundo legítimamente autónomo. Esta obra de comunión,
tanto en las cosas santas como entre los santos, responde al mismo y único proyecto de Dios
para la salvación de todos los hombres.

6. EL MINISTERIO DE LA JERARQUÍA
El servicio apostólico de la jerarquía lo constituyen y lo ejercen los obispos, los presbíteros
y los diáconos. Cristo es la fuente del ministerio en la Iglesia y él confiere a los ministros la
autoridad, la misión, la orientación y su finalidad. Cada uno de los tres órdenes jerárquicos
tiene una misión propia.
- El ministerio de los obispos: su misión es triple: 1predicar el evangelio, 2santificar a los
fieles, 3gobernar al Pueblo de Dios en el camino de la patria. Ellos ejercen en la Iglesia el
primer grado del sacerdocio y deben orientar a la comunidad en materia de fe y de
costumbres.
- El ministerio de los presbíteros: su misión es también triple: 1la predicación, 2la

santificación y el 3gobierno como enviados de los obispos para ejercer en su nombre el


segundo grado del sacerdocio. El evangelio que se predica es uno solo, el de Jesucristo. El
presbítero tiene la capacidad de santificar y de celebrar los sacramentos del bautismo, la
penitencia, la unión de enfermos y el matrimonio. En ocasiones, el obispo delega en algunos
presbíteros la autoridad para ungir en la confirmación. Pero un presbítero no puede
consagrar el crisma, ni ordenar a otro.
- El ministerio de los diáconos: Se ejerce en la Iglesia, en el del ministerio. Es decir, son
ministros, pero no han sido ordenados sacerdotes. Su espacio propio es el ministerio de la
palabra y el de la caridad. En la comunidad, celebran algunos sacramentos, como el
bautismo y la recepción del consentimiento y la bendición de los esposos en el matrimonio.
También distribuyen la comunión tanto en la celebración de la eucaristía como en las casas
de los enfermos.
Las cuatro características que dan razón de los tres órdenes jerárquicos del episcopado, el
presbiterado y el diaconado, son:
1. El ministro siempre es enviado. El ministro no habla por su autoridad sino en virtud de la
autoridad de Cristo.
2. El ministro siempre es servidor. Cristo envía y capacita para el servicio, para que la
anuncien y la dispensen, en su nombre, a todo su Pueblo santo.
3. El ministro siempre es colegiado. Cristo instituyó al colegio de los Doce para reunir al
nuevo Israel. Sus sucesores, los obispos, también son enviados en comunión y al servicio
de la comunión. En la Iglesia, los obispos ejercen su servicio en el colegio episcopal. Los
presbíteros, ejercen su ministerio en el presbiterio diocesano, bajo la autoridad del obispo.
Los diáconos, en relación directa con el obispo, se integran en la diócesis en comunión
con él.
4. El ministro siempre es persona. El ministro actúa en nombre de Cristo, pero también en
su nombre. Es un ministerio personal, en cuanto que lo ejerce indeleble, por su persona,
como algo propio y sin dejar de ser aquel que ha sido llamado.

En definitiva, en la Iglesia, el ministerio jerárquico lo ejercen los obispos, los presbíteros y los
diáconos. Cada uno de los ministros responde a una llamada que le hace Dios por medio de
la Iglesia y por eso es siempre enviado, para el servicio apostólico, en una misión compartida.
Responde de forma personal, porque contesta cada uno y porque compromete a la persona
entera, consagrada para la construcción del reino de Dios, ya en esta tierra.

7. LOS FIELES CRISTIANOS LAICOS


Los fieles laicos son todos los cristianos del Pueblo de Dios, con excepción de los miembros
del orden sagrado (los obispos, presbíteros y diáconos) y de los religiosos consagrados. Los
laicos participan según su consagración bautismal de las mismas funciones de Cristo.

La participación de los laicos en la misión responde a una vocación propia. En la comunidad


eclesial, los laicos desarrollan una labor propia en la que intervienen en la celebración de los
sacramentos, especialmente la eucaristía. Algunos rasgos de la participación de los laicos
en la misión de Cristo:
- La misión sacerdotal:
o Los laicos han sido consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo y, por tanto,
han sido llamados a unir sus vidas a la ofrenda de Cristo en la eucaristía.
o Cuando son esposos y padres, son los responsables de consagrar a Dios su vida
familiar y educar a sus hijos en el Espíritu.
o En la celebración, ejercen su condición sacerdotal bautismal y participan activamente
en el misterio de Cristo.
- La misión profética:
o Cristo hace a los laicos los primeros testigos de su resurrección. Ellos anuncian a Cristo
con el testimonio de su vida y con la palabra tanto en la sociedad como en la Iglesia.
o En las familias cristianas, los padres, los abuelos, son los mejores colaboradores de
Cristo en el anuncio de la esperanza del reino.
o En la comunidad, ellos son los principales responsables de las actividades catequéticas
de los niños.
o El protagonismo de los laicos tanto en la formación de las ciencias sagradas como en
los medios de comunicación social es imprescindible, propio, insustituible.
o Desde su formación técnica y científica, los laicos deben expresar a los pastores la
opinión autorizada de su disciplina para que estos juzguen, con conocimiento eclesial, lo
que más convenga al bien de la Iglesia y a la expansión del reino.
- La misión regia:
- El primer espacio de gobierno es la propia vida. Cristo ha entregado a cada uno la
capacidad de gobernarse en orden a la santidad.
- Además, los laicos son los primeros responsables del gobierno de las estructuras del
mundo, desde la justicia.
- Las mujeres y los hombres del Pueblo de Dios participan, activamente, desde su
secularidad, en la construcción de la Iglesia.
- En las comunidades, algunos seglares pueden recibir una vocación singular en el
ejercicio de las funciones de gobierno.

En definitiva, los laicos, hombres y mujeres del Pueblo de Dios, incorporados a Cristo y a la
Iglesia por el bautismo y la confirmación, tienen la misión propia de ordenar las realidades
temporales a la construcción del reino. Insertos en el mundo, los laicos son guiados por la
Palabra de Dios y por el magisterio de los pastores desde una conciencia libre, que les lleva
a vivir como el fermento en la masa, como sal, como luz, en medio de un mundo que ha
perdido el sabor, que ha renunciado al horizonte de la vida eterna.
8. LA VIDA CONSAGRADA EN LA IGLESIA
La vida de los consagrados corresponde a todos aquellos fieles cristianos, hombres y mujeres
que han hecho profesión pública de votos, mediante la cual participan y se vinculan a la
Iglesia. Este estado de vida pertenece a su estructura de santidad, cuya raíz reside en la
consagración bautismal que le lleva a vivir la relación con Cristo escatológicamente. Los
consagrados quedan al servicio de Dios por un título especial.

A lo largo de la historia han ido surgiendo formas diversas de concretar esta misma
consagración religiosa, tanto en la soledad como en comunidad. El catecismo menciona, al
menos, cinco:
- Los ermitaños, desde la antigüedad, han vivido el concepto de separación. No emitían
públicamente los consejos evangélicos, pero los vivían según cierta inspiración particular
del Espíritu Santo. En ellos queda más patente la intimidad con Cristo en el silencio, en el
desierto, donde solo está él. Hoy, todavía, algunas personas optan por esta particular
consagración en los desiertos humanos, donde no hay nadie más que Dios, pero donde
está toda la Iglesia unida a su oración.
- Las viudas y vírgenes consagradas manifiestan la libertad del cuerpo y del espíritu
humano. El rito de consagración parece, sobre todo, una celebración de los desposorios
místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, para el servicio de la Iglesia.
- La vida religiosa se refiere a la que hombres y mujeres consagran en el seno de una
congregación religiosa de entre las muchas erigidas por la Iglesia. Lo más característico
en este caso, de entre las diversas consagraciones, sería la vida en comunidad, la vida
de fraternidad, en la que se manifiesta la misma caridad de Cristo.
- Los institutos seculares, dentro de la vida consagrada, inciden en la aspiración a la
perfección de la caridad y a la santificación del mundo dentro del propio mundo. Todos
los hombres y mujeres de los institutos seculares comparten la tarea apostólica de la
Iglesia desde la secularidad, desde la pertenencia cotidiana a la realidad del mundo.
- Las sociedades de vida apostólica ordenan en la vida consagrada la existencia de
hombres y mujeres que no han emitido votos religiosos pero sí han consagrado su vida al
apostolado, normalmente bajo unas ciertas constituciones.

En definitiva, la vida consagrada es una profundización de la consagración bautismal para el


servicio de Dios y de la Iglesia según los diversos dones del Espíritu Santo. Ellos son un signo
particular del misterio de la redención y hacen más presente, en el mundo contemporáneo, la
vida de aquel que se ha entregado por nosotros.
TEMA 7. EL MISTERIO DE DIOS TRINIDAD.

1. TRES AFIRMACIONES SOBRE DIOS


Las tres afirmaciones más importantes que recoge el Antiguo Testamento sobre Dios son
que es uno solo, que es Padre y que es un ser personal, que tiene un nombre propio. En la
historia de la revelación de la intimidad de Dios, Él ha dejado la huella de su hacer en la
creación y ha ido revelando progresivamente su propia intimidad para establecer una relación
absolutamente extraordinaria con el hombre. Vamos a ver, en primer lugar, algunos textos
bastante conocidos.
- La llamada a Abraham se ha convertido en el símbolo de la aceptación de la voluntad de
Dios. A pesar de la edad y de las dificultades, Abran partió hacia la tierra prometida y allí
engendró un gran pueblo: primero a Ismael, padre de los ismaelitas (y por extensión, de
todos los musulmanes) y luego a Isaac, padre de Jacob, llamado Israel, de cuya
descendencia nació Jesucristo.
- El relato de la teofanía de Mambré se convierte, también, en un momento muy intenso
de presencia de Dios en la vida de Abraham. El relato anuncia que Sara, a pesar de la
vejez, iba a engendrar a Isaac, lo que no deja de ser una manifestación de la gracia, que
se entendió como una revelación de la Trinidad, en el que Dios parece, verdaderamente,
uno solo, al tiempo que tres personas distintas.
- Esa vocación a todas las naciones tuvo un momento intenso en la escena de la zarza
ardiendo.
- El último relato es la relevación de su paternidad en el profeta Oseas. El profeta siente
que el pueblo ha roto la alianza y Dios quiere recuperarla, llevándolo, de nuevo, al
desierto, donde solo te tenían a él:

De estos cuatro relatos se refleja una primera revelación de que Dios es único y verdadero
y que mantiene una relación íntima, personal.
- Todo comienza con un acto de Dios que llama a Abraham, Moisés y Oseas. Esa vocación
se convierte en una misión: “Ve y di.”
- La llamada y la misión se concretan en un acto de alianza de Dios con Abraham; con
Moisés y Oseas la renueva a pesar de la infidelidad del pueblo.
- La relación de Dios con su pueblo adquiere rasgos de Padre. Dios es Padre en cuanto
origen de todo, cuyo amor inimaginable, como anuncian los profetas.
- Dios acompaña al pueblo en una historia en la que se relaciona su misericordia
(compasión) y amor con la infidelidad del hombre. Es un Dios personal, cercano y
dialógico.
- Ese Dios tiene un nombre y se le puede reconocer como un ser personal.
- Aunque los patriarcas pudieran contemplar los dioses del pagano, pronto Israel fue
comprendiendo que existía un solo Dios y que solo a él debía tributársele culto.

En definitiva, la revelación de Dios en el Antiguo Testamento muestra ya los primeros rasgos


de Dios Trinidad: su unicidad, su condición personal y su amor entrañable por el hombre. Esta
revelación llegará a su plenitud en Jesucristo que, sin destruirla, la completará con una
delimitación más precisa de la intimidad de Dios.

2. JESÚS, REVELADOR DE LA TRINIDAD


Los cristianos profesan el monoteísmo mediante su fe en Dios Trinidad, lo cual ha generado
críticas. Sin embargo, si el cristianismo hubiera dejado de ser monoteísta, hubiera renunciado
a la verdad de lo que es, al sentido de su existencia. La fe ha sostenido al cristianismo y el
reconocimiento de esta verdad, hoy, le hace permanecer.

La revelación definitiva de Dios Trinidad tiene lugar en la plenitud de la historia de la


salvación, cuando Jesús de Nazaret revela que él es el Hijo único de Dios y, a la vez, revela
al Espíritu Santo como Dios personal distinto del Padre y el Hijo.
1. Jesucristo, Hijo único del Padre. Él ha sido engendrado por el Padre antes de todos los
siglos.
- Jesús nació de María sin concurso de varón. Solo Dios es el Padre de Jesús.
- Jesús distingue entre su Padre y nuestro Padre. Él es Hijo, pero de una manera
singular, exclusiva.
- Jesús reconoce a Dios como abba, como su padre. Cristo ha sido engendrado del
Padre y recibe de él su naturaleza de Dios.
- Esta intimidad se manifiesta también en el conocimiento de Dios Padre. Cristo es el
que, en profundidad, es capaz de dar razón de la vida del Padre.
- Él es Dios como el Padre. Cristo reconoce la primacía del Padre; Jesucristo muestra
su condición divina en muchos lugares.
2. Jesucristo es Dios en cuanto Hijo. Es Dios, como el Padre; pero lo es en cuanto Hijo, en
cuanto que ha sido engendrado del seno del Padre.
3. Jesucristo, revelador del Espíritu Santo. La revelación de la Trinidad exige conocer que
el Espíritu Santo es Dios, como el Padre y como el Hijo; pero distinto, en su personalidad,
del Padre y del Hijo. Esta revelación tiene lugar, al menos, en dos momentos:
- El Espíritu Santo, durante la vida terrena de Jesús, aparece como enviado del Padre.
El Espíritu es enviado para preparar la morada del Hijo de Dios en el seno de María y
unge su cuerpo en el bautismo para la misión. Lo conduce al desierto, donde el diablo
lo pone a prueba y le permite proclamar, en la sinagoga de Nazaret, que está sobre él
para llevar a los pobres la buena noticia de la salvación.
- El Espíritu Santo es distinto de Jesús y del Padre.
- Luego, Jesús promete enviar al Espíritu Santo desde el Padre. Ya no solo es el
Espíritu enviado por el Padre, sino que el mismo Cristo enviará el Espíritu Santo,
distinto de él, que tomará de Cristo para darlo a los hombres.
- En su muerte y resurrección, Jesús entregó el Espíritu Santo.

En definitiva, el ministerio de Cristo es revelación del Padre y revelación del Espíritu Santo,
como uno, con el Hijo, en honor, gloria y dignidad. Hay un solo Dios, revelado definitivamente
por Jesucristo. A la vez, se muestra la diferencia de personas; del Padre, del Hijo, del Espíritu,
es una revelación de la Trinidad singularmente expresiva.

3. EL ESPÍRITU SANTO, DEFENSOR


Los creyentes tuvieron problemas para entender que el Espíritu Santo era una persona distinta
del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo parecería la más discreta de las tres divinas personas.
En estas líneas vamos a recorrer la obra del Espíritu Santo en tres etapas importantes
de historia de la salvación:

El Espíritu Santo aparece al menos en cuatro momentos del Antiguo Testamento:


- La creación del mundo. Allí se habla del Ruah Yahveh. Todavía no aparece diferenciada
la personalidad del Espíritu. Es la fuerza de Dios creador, lo que hace participar al hombre
de esa vida espiritual. Es el Espíritu que da vida, como muestran otros textos del A.T.
- El gobierno de Israel. Dios unge a los hombres con la fuerza de su Espíritu Santo para que
gobiernen un pueblo numeroso. En el nombre de Dios, los patriarcas, los jueces, los reyes,
han guiado a Israel bajo la fuerza de la unción, en el Espíritu. También es el Espíritu que
descendió sobre el primer rey, Saúl y sus sucesores, incluido David.
- La profecía. Los profetas son los hombres que hablan en nombre de Dios inspirados por
el Espíritu de Dios. El Espíritu desciende sobre ellos y les hace conocer la voluntad de Dios
para que sea revelada a Israel, siempre en el orden de la salvación.
- La obra del Mesías. El Espíritu Santo será derramado sobre el Mesías, el Ungido, el Cristo.
Es la visión de Isaías y los siete dones del Espíritu Santo. Es la presencia permanente del
Espíritu, que recupera más adelante y se escuchará más adelante en la sinagoga de
Nazaret. Es la unción para la misión; una misión eterna para la salvación de todo el género
humano.
En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo aparece, ante todo, en la obra de Jesús:
- La encarnación del Hijo. María queda embarazada del Hijo de Dios por obra del Espíritu
Santo. Antes, ha preparado a la madre para que pueda recibir al Salvador. El poder del
Espíritu Santo santifica el seno de la Virgen y lo fecunda, tomando de María la humanidad
del Hijo de Dios.
- El cumplimiento de la promesa. El mismo Jesús sabe que en él se cumplen las promesas
de Dios y el Espíritu Santo actúa sobre él para la obra de la salvación.
- La misión de Jesús. En el bautismo de Jesús aparece la voz del Padre y la unción del
Espíritu Santo para la misión.
- La ofrenda de su vida en sacrificio perfecto. Se podría decir que el Espíritu santifica el
sacrificio de Cristo. Cristo sella con su sangre la nueva alianza.
- La promesa de otro Paráclito. Cuando va llegando la hora de ser glorificado, Jesús promete
el envío de otro defensor. El Espíritu Santo vendrá, enviado por el Padre y el Hijo, para
recordar todo lo que el Hijo ha hecho y enseñado.

En el tiempo de la Iglesia, el Espíritu Santo se manifiesta, sobre todo en:


- En el origen de las comunidades cristianas. La Iglesia, fundada por Jesucristo, recibió la
fuerza del Espíritu Santo para extenderse hasta los confines del mundo.
- La misión de la comunidad. Actúa en la predicación de Pedro y los demás apóstoles; en
la palabra de los diáconos; en la evangelización de Pablo y Bernabé. En Pentecostés, la
Iglesia recibe el Espíritu para proclamar la resurrección de Jesucristo.
- La santificación de los hombres. La esperanza es el principio de la nueva vida y de la
comunión con Dios Trinidad, en la que somos introducidos por la participación en su
mismo amor.
- La vida cotidiana de la Iglesia. La comunidad de Jerusalén tiene unos rasgos muy
determinados, señalados por la comunión, la celebración de los sacramentos, la oración
y la enseñanza de los apóstoles.

En definitiva, el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, aparece desde el origen del mundo
en la obra de la creación y también en la obra de la nueva creación en Cristo, de la
santificación de todo el género humano. Es el Espíritu del Padre y del Hijo. Es Dios, como el
Padre y el Hijo, de la misma naturaleza; y, a la vez, es persona divina, diversa del Padre y
del Hijo. Su actuación, bien delimitada, permite conocer su obra, sus efectos temporales y
permanentes, su presencia en la misión del Hijo y en la vida de la Iglesia.
4. LA UNIDAD DE DIOS

Aunque el crisitanismo profesa la creencia en un Dios Trinitario no debemos perder la


explicación de la unidad de Dios. La verdadera fe afirma que existe un solo Dios verdadero y
tres personas distintas.

La explicación teológica puede ser compleja. En estas líneas no necesitamos agotar todos
los argumentos. Pero esto no obsta a que el misterio de la Santísima Trinidad sea
contemplado con admiración, con la actitud del que adora el origen de toda su vida, el sentido
de su existencia, la razón de ser de todo lo que hace. Veamos:
- Todo en la vida cristiana es trinitario; desde que nos bautizan en el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo; hasta que nos despiden con fe.
- La salvación que se nos ofrece es trinitaria. El Padre quiere que todos los hombres se
salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Este Dios toma la iniciativa y envía a su
Hijo, hecho hombre por obra del Espíritu Santo.
- El hombre vive en libertad porque Dios es libre y lo libera. Dios Trinidad no crea por
obligación sino por libertad. No existe la fuerza de la necesidad sino la del amor. Es un
Dios-Trinidad que, si crea, lo hace por un amor gratuito, desinteresado.
- El hombre hecho a imagen de su creador, es un ser social, no solitario. En su corazón, el
hombre lleva inscrita la huella de la donación que le hizo ser y sabe que, en esta donación,
encuentra el sentido de su vida, la plenitud de su existencia, su felicidad colmada.
- La Iglesia, reflejo de la Trinidad, es la Iglesia de la comunión en la diversidad. No es la
Iglesia que impone la uniformidad sino la comunidad que integra al diferente, que acoge
y se siente enriquecida con las diversas sensibilidades, que no desprecia al que piensa
distinto.

El catecismo resume en tres afirmaciones el dogma de la Santísima Trinidad que


recuperamos para terminar.
- La Trinidad es una. Confesamos un solo Dios y tres personas distintas. Cada una de las
tres divinas personas es enteramente Dios.
- Las personas divinas son realmente distintas entre sí. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
son realmente distintos entre sí. Las tres divinas personas se diferencian por su origen.
- Las personas divinas son relativas unas a otras. La división entre las divinas personas no
se da en la división de la unidad divina. Ya lo hemos dicho. La real distinción se da en las
relaciones que las refieren unas a otras.
En definitiva, Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. No son tres dioses sino un solo Dios
verdadero. Esta verdad, constituyente de la fe cristiana, es también constitutiva de la
existencia de cada hombre. Todo en la vida del hombre es trinitario porque en Dios Trinidad
tiene su origen permanente que le hace vivir.