You are on page 1of 1

W.

James
“La corriente de conciencia”

"Este libro se limitará al estudio de la conciencia humana. No es que en estos últimos años la
vida psíquica de los animales no haya sido observada con resultados interesantes; mas, al haberla pasado
por alto, por falta de espacio, nos contentaremos con algunas alusiones oportunas, cuando convenga
aclarar ciertos puntos de la psicología humana" (p. 3-4).

"Para entender la conciencia, preciso es colocarla en el medio físico con el que traba
conocimiento; separarla de él sería falsearla. El gran error de la antigua Psicología racional fue el erigir al
alma en ser absoluto, espiritual puro, dotado de cierto número de facultades que no debía sino a sí mismo,
suficientes a explicar por sí solas las diversas funciones de la memoria, la imaginación, el razonamiento,
la voluntad, etc. Sin que se creyese necesario relacionar estas funciones con fenómenos particulares del
Universo con los que nada tendría que ver. La Fisiología [Biología] moderna, más rica y profunda, ha
visto entre nuestras facultades interiores y la constitución de las cosas una adecuación que llega hasta el
detalle y a la cual debemos el poder vivir y desarrollarnos en la Naturaleza. [Ya es posible fijar que
nuestras aptitudes para contraer sin cesar hábitos nuevos, para abstraer las propiedades generales de las
cosas y asociarlas a sus consecuencias ordinarias, son precisamente las facultades que necesitamos para
gobernarnos en un mundo en que la uniformidad y la variedad se mezclan constantemente, y además,
nuestros instintos y emociones son adaptaciones a detalles muy precisos para la vida. Por lo común, todo
fenómeno que afecta a nuestro bienestar, nos `interesa' y nos excita en un primer encuentro; un objeto
peligroso nos atemoriza a pesar nuestro; el veneno nos encoge el corazón; un objeto indispensable
provoca nuestros deseos]. En suma, el mundo y el espíritu han evolucionado conjuntamente, lo que
equivale a un recíproco ajuste; armonía que, tal como se da, parece resultar de un extenso cambio de
influencias e interacciones entre dentro y fuera. De aquí el número de teorías evolucionistas, de las que no
puede aún declararse que sean definitivas, bien que al menos hayan servido para que nuestro objeto se
renueve adquiriendo frescura y riqueza, originando al par muchedumbre de nuevas cuestiones" (p. 4-5).

"La principal consecuencia de este punto de vista, ciertamente moderno, hállase en la convicción
de continuo acendrada, de que la vida mental es, ante todo, teleológica, o sea, que nuestros diversos
modos de sentir y pensar son cuanto son, porque nos sirven para modelar nuestras reacciones sobre el
mundo exterior. [Entre las fórmulas recientes, pocas tan útiles a la psicología como la de Spencer, de que
la vida psíquica y la física tienen una misma esencia, a saber, `la adaptación de relaciones internas a
relaciones externas'. En los animales inferiores y en los niños, la conciencia se adapta a objetos
inmediatamente presentes; pero, a medida que progresa y evoluciona, va adaptándose a objetos más o
menos alejados en el espacio y en el tiempo por procesos de razonamiento cada vez más complejos y
precisos]" (p. 5).

"El fin primero y fundamental de la vida psíquica es, pues, la conservación y defensa del
individuo; secundariamente se manifiesta aún en fenómenos accidentales bastante numerosos, pudiendo,
si está más `adaptada', llevar hasta la destrucción del ser que debe servir. En su sentido más amplio
debería estudiar la Psicología todas las especies de actitudes mentales, tanto las inútiles y nocivas como
las `adaptadas', estudio el primero que constituye una rama especial, la `Psiquiatría', que se ocupa de las
enfermedades mentales, y el otro que tiene por objeto la actividad inútil o sea la Estética. Estética y
Psiquiatría no tiene cabida en este libro" (p. 5).

"Todos los estado mentales, útiles, inútiles o nocivos, determinan una actividad motora.
Ocasionan cambios invisibles en la respiración, la circulación, la tensión muscular general, la actividad
glandular o visceral, aún cuando no produzcan movimientos visibles en los músculos de la vida
voluntaria. Así, no sólo ciertos estado de conciencia (las voliciones, p.e.), sino todo estado de conciencia
a título de tal, sea puro pensamiento o sentimiento, provoca movimientos. A medida que vayamos
avanzando en nuestro estudio, irá viéndose más claramente la verdad de esta proposición. Dejaremos este
hecho establecido como fundamental para la ciencia psicológica" (p. 5-6).

JAMES, W. (1892), Psychology. Briefer Course. New York, Henry Holt. Vers. cast.: Compendio
de psicología. Madrid, Daniel Jorro, Editor, 1916. Cap. Primero, Introduc., p. 3-6.