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Ciudadanos en armas

Mientras el voto resulta una faceta familiar de la participación política, la figura de la
ciudadanía en armas es, en cambio, mucho menos conocida. Sin embargo, en el siglo XIX, el
ejercicio del derecho y la obligación a armarse en defensa de la patria constituyó una
dimensión fundamental de la relación entre pueblo y política. Y hasta se plasmó en una
institución clave: la milicia.

Las milicias

Las milicias son fuerzas ciudadanas que no teniendo actividad permanente en este plano
pueden ser convocadas en cualquier momento en defensa de la patria. Durante el siglo XIX en
estas latitudes la fuerza militar se basó en la milicia y el ejército de línea. En 1880 la milicia deja
de ser efectiva, y se elimina definitivamente con el ejército de línea en 1901, bajo el reemplazo
de la conscripción obligatoria. La olbigación de armarse en defensa de la patria está en el
artículo 21 de la Constitución sobre el cual a mediados del siglo XIX se creó la Guardia
Nacional.

Con el ascenso de los Borbones, las milicias además de fomentarse (cosa que ya se hacía,
incluso en las monarquías europeas) se organizaron de manera más sistemática, y en 1801 se
estableció en el Río de la Plata que todo varón adulto con domicilio establecido debía formar
parte de ellas.

Las milicias se organizaban por arma, por etnia y por procedencia.

En las invasiones inglesas tuvieron su primer papel importante, pasando de 1.600 milicianos a
7.000, un sexto de la población. Fue el comienzo de la presencia popular en la vida política que
iba a perdurar. La ampliación y armamento de las milicias, y el fortalecimiento militar de la
plaza perduraron después de las invasiones, e implicaron cambios en las relaciones sociale:
disminuyó la brecha entre criollos y peninsulares por el prestigio ganado por los primeros y su
superioridad numérica; la elección democrática de los oficiales cambio las relaciones sociales
de poder. Las milicias serían fundamentales en la gesta revolucionaria, y de allí saldrían los
hombres que llegarían al poder más tarde. Después de la Revolución, las milicias iban a
perdurar en las provincias, bajo el mando de autoridades locales, de ahí iban a surgir Quiroga,
Rosas… En 1854, bajo Urquiza, se crea la Guardia Nacional, de carácter miliciano.