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Ignimbrita o sillar: Una roca


de construcción ecológica –
Por: Ricardo Alonso
Sillar es una vieja palabra española, usada en arquitectura, que viene a significar un
tipo de piedra labrada, por lo común en forma de paralelepípedo rectángulo, que
forma parte de un muro de sillería. Cuando los sillares se superponen sin una
argamasa, mortero o cemento que los una, a la obra resultante se la denomina sillería
en seco. El término sillar alcanzó raigambre y nombre propio en Perú. Al punto que la
palabra entró como peruana de origen en la terminología geológica internacional y
como tal fue rescatada en las últimas ediciones del Glossary of Geology, diccionario
internacional de la materia.
El sillar adquirió su mejor expresión en Arequipa, ciudad emblemática del sur del país,
muy ligada a la historia de Salta desde sus antiguas raíces coloniales. Arequipa,
conocida como la “Ciudad Blanca”, lleva ese nombre por haber sido construida
enteramente de sillar, cuya coloración es blanca al ser cortada de la roca madre. Basta
visitar la famosa Plaza de Armas, la iglesia de los Jesuitas, el convento de monjas de
clausura de Santa Catalina, y el resto del casco histórico para descubrir que casi todo
está construido de la misma piedra blanca. Lo que contrasta con las piedras negras con
que fueron construidas las calles. Estas últimas utilizadas por su mayor resistencia
física al tránsito. Tanto las piedras blancas como las piedras negras son rocas de origen
volcánico. Y no puede ser de otra manera ya que la ciudad yace a los pies del famoso
volcán Misti de 5822 m sobre el nivel del mar.
Por millones de años esa región tuvo una intensa actividad volcánica. El Misti, Ubinas,
Sabancaya y otros centros conservan aún fumarolas y han tenido erupciones
episódicas. Una de las rocas formadas por una gran erupción antigua corresponde a un
flujo piroclástico, algo así como una lava compuesta por vidrio y polvo volcánico
soldados. Son las famosas ignimbritas, muy comunes en todos los Andes Centrales,
donde se calcula que existen más de 500 mil kilómetros cuadrados de esos materiales.
Las ignimbritas tienen distintas unidades internas, producto de los procesos eruptivos
que les dieron origen y del enfriamiento posterior. Su color superficial es el rosado. La
base es generalmente una ceniza volcánica blanca, limpia y compacta.
Este es el material llamado sillar, que tiene la característica de poder ser cortado
fácilmente, en bloques de distintos tamaños. Los bloques obtenidos son livianos,
blancos y cómodos de tallar. El conjunto de sus propiedades hizo que los españoles lo
aprovecharan para iniciar la construcción de la ciudad desde su misma fundación en
1540. Actualmente existen decenas de canteras que se explotan para obtener el sillar y
Arequipa es el lugar emblemático de este noble material de construcción. Cuando se
aterriza en Arequipa, volando desde Lima, se puede apreciar el trabajo en las canteras
y de los canteristas. Ahora bien, como se comentó, es una roca común y abundante en
los Andes Centrales y especialmente en amplias regiones del Altiplano y de la Puna.
Generalmente está asociada a grandes calderas volcánicas como las de Coranzulí en
Jujuy, la Pacana en el paso de Jama, la del Galán en Catamarca, por citar algunas.
Muchas estaciones del FFCC General Belgrano, Ramal C-14, fueron construidas con
esas ignimbritas, al igual que algunos edificios públicos en San Antonio de los Cobres.
Sin embargo la que tiene una calidad semejante a la del sillar de Arequipa es la que se
encuentra cerca de Paso Huaytiquina, en la antigua ruta de los arrieros que llevaban
ganado en pie a las salitreras de Chile. Ese sillar de Huaytiquina fue parcialmente
explotado y utilizado en algunas construcciones del hermoso pueblito de Catua en la
Puna jujeña. Lo cierto es que más allá del escaso uso que hasta ahora ha recibido
nuestro sillar, el recurso potencial de esta roca de construcción es enorme. Uno de los
primeros que señaló la importancia de estas tobas ignimbríticas fue el Lic. Daniel
Meilán, actual secretario de Minería de la Nación.
Meilán disertó en la Universidad Nacional de Salta en la década de 1980 sobre el valor
que tenían dichas rocas para su aprovechamiento minero industrial. Señalaba
entonces que las características de muchas de las ignimbritas de la Puna, era la
facilidad para ser cortadas en bloques aprovechando las superficies de los extensos
mantos volcánicos, los que cubren decenas y hasta centenas de kilómetros cuadrados.
Se podían obtener bloques de distintos tamaños aserrando la roca con un sistema de
hilo de diamante o de discos. Dichos bloques, de coloraciones desde el rosado al
blanquecino, tenían una serie de propiedades físicas que los hacían útiles en
construcción. Eran livianos y fáciles de manejar, tanto para su transporte, como para su
colocación. Por su estructura interna de vidrio esponjoso son un aislante natural de la
temperatura, o sea mantienen la temperatura interna de las habitaciones de manera tal
que si afuera está helado da la sensación de un lugar caliente y si afuera hay mucho
calor da la sensación de un lugar fresco. Asimismo tienen propiedades acústicas
impidiendo o disminuyendo la transmisión de ruidos entre los distintos ambientes y el
exterior. Además de ser ignífugas con lo cual no son afectadas por el fuego o un
incendio.
En la Universidad Nacional de Salta se llevaron a cabo numerosos programas
científicos y técnicos para el estudio de las ignimbritas. Especialmente en lo que se
refiere a su formación geológica, los aspectos del volcanismo que les dieron lugar, la
edad de los depósitos, el quimismo de las rocas, la potencia y distribución de los
mantos, entre otros muchos asuntos. También programas ingenieriles para el
aprovechamiento de esos sillares como material de construcción. Sin embargo y a
pesar de haberse identificado lugares con excelentes materiales, tanto en Jujuy, Salta y
Catamarca, hasta la fecha no hubo una explotación comercial.
Es interesante señalar que estos sillares pueden cortarse también en forma de tejas,
azulejos, baldosas, ladrillos, mosaicos, etcétera. En este caso se podría aprovechar
conjuntamente los boratos naturales, abundantes en la Puna, para formar una solución
en la cual se remojarían esas piezas y luego en un horno se obtendría un vidriado
impermeabilizante. De esta manera quedarían aptos para su uso en techos, pisos o
revestimiento de paredes, tanto de interiores como de exteriores.
Los programas de minería social o artesanal podrían contemplar el apoyo a este tipo de
emprendimientos para los municipios de la Puna. O bien empresarios de la
construcción podrían encarar una explotación minero industrial de este recurso natural y
abundante. Lo importante es revalorizar a las ignimbritas de la Puna (sillar) como
material de construcción ecológico y moderno.