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DESCRIPCION Y CARACTERISTICAS DE LOS CUADROS CLINICOS MÁS

RESALTANTES

1. DEPRESION.

La depresión se presenta como un conjunto de síntomas de predominio afectivo


(tristeza patológica, apatía, anhedonia, desesperanza, decaimiento, irritabilidad,
sensación subjetiva de malestar e impotencia frente a las exigencias de la vida) aunque,
en mayor o menor grado, también están presentes síntomas de tipo cognitivo, volitivo
y somático, por lo que podría hablarse de una afectación global psíquica y física,
haciendo especial énfasis en la esfera afectiva. La posibilidad diagnóstica de un
trastorno depresivo se suele plantear a partir de datos observacionales poco específicos,
como el deterioro en la apariencia y en el aspecto personal, enlentecimiento
psicomotriz, tono de voz bajo, facies triste, llanto fácil o espontáneo, disminución de la
atención, verbalización de ideas pesimistas (culpa, hipocondría, ruina…) alteraciones del
sueño y quejas somáticas inespecíficas. La base para distinguir estos cambios
patológicos de los ordinarios, viene dada por la persistencia de la clínica, su gravedad, y
el grado de deterioro funcional y social. Muchos casos de depresión son claramente
apreciables en la práctica clínica, aunque resulte difícil establecer su autonomía
diagnóstica respecto a otras entidades psicopatológicas. Así, por ejemplo,
frecuentemente se percibe el trastorno depresivo asociado a ansiedad con diversas
combinaciones sintomáticas en sus manifestaciones. La depresión también puede
concurrir con el abuso de alcohol y otras sustancias, y con algunas enfermedades
orgánicas cerebrales y sistémicas . También es frecuente su asociación con trastornos
de la conducta alimentaria y algunos trastornos de la personalidad.

2. ANSIEDAD

Los trastornos de ansiedad son tan frecuentes en atención primaria que se calcula que
uno de cada diez pacientes que se atienden diariamente lo presentan. De hecho son
más comunes que la diabetes. El diagnóstico de los trastornos de ansiedad presenta
algunas dificultades puesto que el cuadro clínico muestra en primer plano una
sintomatología somática, mientras las quejas psíquicas solo logran aflorar cuando el
médico las pesquisa. Otras veces el trastorno esta subyacente en una enfermedad
orgánica o psiquiátrica. Por otro lado, las personas que padecen sintomatología ansiosa,
aun cuando les provoca sufrimiento y discapacidad están temerosas de hablarlo con el
profesional de salud por que suele considerarle como producto de una debilidad de
carácter. Sin embargo, todo médico puede diagnosticar y tratar estos trastornos sin
recurrir a técnicas sofisticadas; solo se requiere de una buena relación médico-paciente,
escuchar con atención, preguntar diligentemente e indicar medidas educativas,
farmacológicas y psicosociales sencillas. La ansiedad representa un papel importante en
la clínica ya que puede influir en el resultado final de prácticamente todas las
enfermedades médicas. Por ello es importante que todos los profesionales de la salud
se familiaricen con el diagnóstico y tratamiento de la ansiedad. El reconocer la ansiedad
en los pacientes que asisten al consultorio aumenta la capacidad del médico para dar
una atención total a su paciente. El conocimiento de los mecanismos subyacentes ofrece
una base científica el tratamiento. El objetivo de ésta monografía va acorde con la
estrategia de que para enfrentar los trastornos de ansiedad como problema de salud
pública se requiere que el profesional de salud tenga en sus manos una herramienta de
diagnóstico y tratamiento de fácil aplicación.

3. ATAQUES DE PANICO
Los ataques de pánico se caracterizan por un acceso brusco de miedo o malestar
intenso. Pueden aparecer en cualquier momento, aunque no haya nada que temer.
El sistema nervioso de algunas personas activa señales de alarma en momentos
inapropiados. Esas personas sienten las mismas sensaciones físicas y emocionales que
experimentarían si sus vidas estuvieran realmente amenazadas. Los ataques pueden
provenir de la nada, en lugares donde no existe el más mínimo peligro real. A pesar de
que, habitualmente, duran sólo unos pocos minutos, las crisis de pánico hacen que estas
personas se sientan como si fueran a tener un ataque al corazón, desmayarse, o volverse
locas. Es frecuentemente descripta como “la experiencia más terrorífica que he vivido”.
Una de las mayores dificultades con que se encuentran los individuos con trastorno de
pánico es obtener un diagnóstico adecuado.
Los síntomas más comunes de una crisis de pánico son: palpitaciones, sudoración, miedo
a morir, a desmayarse, a perder el control o a volverse loco, dolor en el pecho, mareos,
temblores, sensaciones de frío o calor, ahogos, náuseas, debilidad y sensación de
irrealidad, entumecimiento de extremidades, sensación de hormigueo, sensación de
atragantamiento.
El trastorno de pánico frecuentemente está acompañado por otros trastornos,
particularmente otros trastornos de ansiedad, especialmente la agorafobia, la depresión
y/o problemas por abuso de sustancias.
Afortunadamente, el trastorno de pánico y la agorafobia son altamente tratables una
vez que son diagnosticados.
Las técnicas conductuales se combinan con terapia cognitiva que se focaliza en cambiar
las maneras en que la gente se ve a sí misma y a sus temores. El paciente es entrenado
para analizar sus pensamientos y separar las creencias catastróficas de las reales.

La terapia cognitiva se ocupa de la reestructuración de los pensamientos distorsionados


en relación al problema. Específicamente, el terapeuta busca desarrollar las habilidades
del paciente para controlar su ansiedad y le enseña nuevos modos de expresar sus
emociones.
Actualmente, existe un amplio espectro de medicamentos efectivos para controlar el
trastorno de pánico. El esquema de medicación en muchos casos necesita prolongarse
por un período mayor de un año, variando según las características particulares de cada
persona. La medicación debe ser acompañada por Terapia Cognitivo Conductual,
debido a que la mayoría de los pacientes tratados sólo con medicamentos tienden a
recaer una vez que la misma es discontinuada.
4. FOBIA SOCIAL

Las fobias sociales suelen comenzar en la adolescencia y giran en torno al miedo a ser
enjuiciado por otras personas en el seno de un grupo comparativamente pequeño (a
diferencia de las multitudes) y suelen llevar a evitar situaciones sociales determinadas.
Al contrario que la mayoría de las fobias, las fobias sociales se presentan con igual
frecuencia en varones y en mujeres.
Algunas de las fobias sociales son restringidas (por ejemplo, a comer en público, a hablar
en público o a encuentros con el sexo contrario), otras son difusas y abarcan casi todas
las situaciones sociales fuera del círculo familiar. El temor a vomitar en público puede
ser importante. El contacto visual directo puede ser particularmente molesto en
determinadas culturas.
Las fobias sociales suelen acompañarse de una baja estimación de sí mismo y de miedo
a las críticas. Puede manifestarse como preocupación a ruborizarse, a tener temblor de
manos, náuseas o necesidad imperiosa de micción y a veces la persona está convencida
de que el problema primario es alguna de estas manifestaciones secundarias de su
ansiedad. Los síntomas pueden desembocar en crisis de pánico. La conducta de
evitación suele ser intensa y en los casos extremos puede llevar a un aislamiento social
casi absoluto.
Las pautas para el diagnóstico son los siguientes:
 Los síntomas psicológicos, comportamentales o vegetativos, son
manifestaciones primarias de la ansiedad y no secundarias a otros síntomas
como por ejemplo ideas delirantes u obsesivas.
 Esta ansiedad se limita o predomina en situaciones sociales concretas y
determinadas.
 a situación fóbica es evitada, cuando ello es posible.

5. TRASTORNO BIPOLAR

El trastorno bipolar es una enfermedad psiquiátrica de carácter crónico que afecta


a cerca del 1,2% de la población, tanto a nivel mundial, como nacional.
Se trata de una patología que desestabiliza el ánimo de quienes lo padecen,
cursando ciclos recurrentes en que los pacientes pueden pasar por largos periodos
completamente estables, mientras que en otros momentos pueden vivir cuadros
depresivos o de exaltación anímica.
Se ha visto que el trastorno bipolar es una de las patologías psiquiátricas que más
características heredables tiene. Si bien, no se puede hablar de un único gen para
identificarla, si se ha demostrado que hay una predisposición genética, no obstante,
puede haber pacientes que tengan el gen asociado, pero no desarrollen nunca la
enfermedad.
La intensidad de los episodios va a variar dependiendo de la clasificación del
trastorno. Esta alteración del ánimo se puede categorizar en tipo I y tipo II.
El trastorno bipolar de tipo I se caracteriza por síntomas de manía, es decir, las
fases de exaltación del ánimo del paciente son tan severas que son percibidas
por su entorno, porque son capaces de alterar el funcionamiento de sus
actividades, ya sea en términos académicos, laborales y/o familiares.

Un paciente maníaco cumple con las siguientes características cuando está en


un periodo de activación:

 No duerme o duerme pocas horas.


 Tiene exceso de energía.
 No mide riesgos.
 Siente que tiene la razón frente a su entorno.
 Se siente fácilmente atacado.
 Autoestima elevada.
 Sensación de grandiosidad con capacidades sobrenaturales.

Finalmente, el trastorno bipolar de tipo I se caracteriza por episodios depresivos


con presencia de exaltaciones o activaciones del ánimo que irrumpen e
interrumpen el funcionamiento del paciente, ya que como consecuencia se
puede ver involucrado en situaciones como problemas económicos, familiares,
abuso de sustancias y excesos en el consumo de alcohol.

Por su parte, el trastorno bipolar de tipo II, tiene una especial predominancia de
cuadros depresivos, por lo que su principal característica es la hipomanía. A
pesar de que también presenta exaltaciones del ánimo, son mucho menos
intensas, tanto que muchas veces pueden ser muy sutiles para la familia y su
entorno social.

Las principales características de los pacientes hipomaníacos en periodo de


exaltación son:

 Duerme menos.
 Se interesa por muchas actividades extra programáticas.
 Se cansa menos.
 Habla más rápido que sus ideas.
 Se siente más rápido y productivo.
 No siempre concreta sus objetivos.

Lo fundamental del tratamiento para la bipolaridad en general, ya sea de tipo I


o II, es que no está dirigida sólo a tratar los síntomas de la enfermedad, sino
que a evitar que el paciente caiga en recurrencia, es decir, eludir futuros
eventos. Para esto, es necesario utilizar medicamentos que son llamados
antirecurrenciales, que según la especialista también son conocidos como
estabilizadores.

A diferencia de lo que se piensa, los antidepresivos no juegan un rol


fundamental para la terapia de estos pacientes, ya que, a pesar de que
presenten síntomas del ánimo, con estos medicamentos el paciente no se va a
mejorar, ni van a evitar que la enfermedad vuelva.
6. TRASTORNO LIMITE DE LA PERSONALIDAD

El trastorno límite de la personalidad (TLP), o borderline, es una enfermedad


caracterizada por la dificultad en la regulación de las emociones. Esta dificultad
provoca cambios acusados en el estado de ánimo, impulsividad e inestabilidad,
problemas de autoimagen, y relaciones interpersonales inestables. Pueden darse
intentos frenéticos para evitar situaciones de abandono real o imaginario. El
resultado combinado de vivir con trastorno límite puede manifestarse en un
comportamiento destructivo, como la autolesión (cortes) o los intentos de suicidio.
Se estima que el 1,6% de la población adulta tiene TLP, pero puede llegar al
5,9%. Casi un 75% de las personas diagnosticadas con este trastorno son mujeres,
pero investigaciones recientes sugieren que el porcentaje de hombres afectados
puede igualar al de las mujeres. En el pasado, los hombres con trastorno límite de
la personalidad eran a menudo mal diagnosticados con trastorno de estrés
postraumático o depresión.
El trastorno límite de la personalidad se caracteriza en última instancia por la
agitación emocional que provoca. Sienten las emociones intensamente y durante
largos períodos de tiempo, y es más difícil para ellos volver a una base estable
después de un episodio emocionalmente intenso. Las amenazas y los intentos de
suicidio son muy comunes en estas personas. Actos de automutilación, como
cortarse o quemarse, también son comunes.
No existe ninguna prueba médica para diagnosticar el TLP, y un diagnóstico no se
basa en un síntoma. Debe ser diagnosticado por un profesional de la salud mental
tras una entrevista psiquiátrica minuciosa, puede incluir hablar con profesionales
previos, evaluaciones médicas y, cuando sea apropiado, entrevistas con amigos y
familiares.
Un plan de tratamiento típico y completo incluye psicoterapia, medicación y apoyo
familiar.

7. TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC)

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) tiene un patrón de pensamientos y miedos


irracionales (obsesiones) que te hacen tener comportamientos repetitivos
(compulsiones). Estas obsesiones y compulsiones interfieren en las actividades
diarias y causan mucha angustia.
Tal vez intentes ignorar o detener tus obsesiones, pero eso solo aumenta la
angustia y la ansiedad. En última instancia, sientes la necesidad de realizar actos
compulsivos para intentar aliviar el estrés. A pesar de los esfuerzos para ignorar o
eliminar los pensamientos o necesidades que te molestan, estos vuelven una y otra
vez. Esto produce un comportamiento más ritualista: el círculo vicioso del TOC.
El trastorno obsesivo-compulsivo en general incluye obsesiones y compulsiones.
Sin embargo, también es posible tener solo síntomas de obsesión o solo síntomas
de compulsión. Puedes darte cuenta o no de que tus obsesiones y compulsiones
son excesivas o no razonables, pero te consumen muchísimo tiempo e interfieren
en tu rutina diaria y en tus actividades sociales o laborales.
En general, el TOC se inicia en la adolescencia o en la juventud. Los síntomas suelen
manifestarse de manera gradual y varían en cuanto a gravedad durante toda la
vida. Por lo general, empeoran cuando sientes más estrés. El TOC, que
generalmente se considera un trastorno crónico, puede tener síntomas leves a
moderados, o puede ser tan grave y prolongado que incapacita.
No existe una manera segura de prevenir el trastorno obsesivo compulsivo. Sin
embargo, obtener tratamiento tan pronto como sea posible puede ayudar a
prevenir que este trastorno empeore y altere tus actividades y tu rutina diaria.

8. ESQUIZOFRENIA

La esquizofrenia es un trastorno psicótico grave. Sus manifestaciones básicas


consisten en una mezcla de signos y síntomas característicos. Los síntomas afectan
a múltiples procesos psicológicos, como la percepción (alucinaciones), ideación,
comprobación de la realidad (delirios), procesos de pensamiento (asociaciones
laxas), sentimientos (afecto plano, afecto inapropiado), atención, concentración,
motivación y juicio. No hay ningún síntoma que sea por sí solo patognomónico de la
esquizofrenia. Estas características psicológicas y conductuales se asocian a diversos
tipos de deterioro. No todos los síntomas descritos están presentes en cada uno de
los pacientes diagnosticados de esquizofrenia. Los síntomas característicos de la
esquizofrenia se han clasificado a menudo en dos grandes categorías: síntomas
positivos y negativos (o déficit), a los que se ha añadido una tercera, la de
desorganización.
El principal problema relacionado con los síntomas de esta patología es que la mayoría
son subjetivos, es decir, sólo el paciente los experimenta, por lo que no pueden
comprobarse. El segundo, es que la esquizofrenia es una enfermedad que presenta
muchas y variadas manifestaciones pero ninguna es específica de ella, sino que también
pueden estar presentes en otros trastornos mentales.
La esquizofrenia no se puede prevenir. Sin embargo, si el paciente sigue el tratamiento
prescrito por los especialistas, los síntomas sí pueden prevenirse y evitarse. De hecho, si
el paciente abandona el tratamiento es probable que muchos síntomas reaparezcan.
No existe una prueba diagnóstica definitiva para la esquizofrenia. El psiquiatra realiza el
diagnóstico basándose en una evaluación del historial de la persona y de su
sintomatología.
Para establecer el diagnóstico de esquizofrenia, los síntomas deben durar por lo menos
seis meses y asociarse con deterioro significativo del trabajo, los estudios o del desarrollo
social. La información procedente de la familia, amigos o profesores es importante para
establecer cuándo comenzó la enfermedad.

9. TRASTORNO DE CONTROL DE IMPULSO

El trastorno del control de impulsos se define, según el Manual diagnóstico y


estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), como aquellos trastornos en los
que la persona experimenta grandes dificultades o no es capaz de soportar o
resistirse al impulso de cometer una acción que acabará siendo nociva para la
propia persona o para los demás.
En casi todas estas alteraciones de la conducta, el paciente experimenta una
sensación de tensión o de gran activación previa a la realización de la acción,
seguida de una emoción o sentimiento placentero, de gratificación o, incluso, de
liberación.
No obstante, en ocasiones el paciente puede sentir sentimientos de culpabilidad y
auto-reproches. Sin embargo, no es una condición obligatoria del trastorno del
control de impulsos.
La sintomatología suele crónica y en un gran número de veces intrusiva, llegando a
interferir en diferentes áreas de la vida del paciente. Asimismo, las personas
afectadas por un trastorno de control de impulsos tienden a poseer un déficit en la
capacidad para controlar sus emociones, lo que unido a los síntomas propios del
trastorno puede provocar también una serie de alteraciones emocionales.
En la mayoría de los casos, la afección comienza en la etapa de la infancia o la
adolescencia y los síntomas tienden a agravarse con el tiempo.
Debido a la gran cantidad y diversidad de alteraciones del comportamiento que
engloban los trastornos del control de impulsos, existen una infinidad de síntomas
y signos propios de estos. Y estos variarán en función del tipo de afectación que
sufra la persona.
Esta sintomatología se puede dividir en síntomas físicos, conductuales, cognitivos y
psicosociales.
Al igual que ocurre con la gran diversidad de síntomas, el tratamiento para el
trastorno del control de impulsos dependerá de la manera en la que este se
exteriorice.
Asimismo, en contadas ocasiones la persona acaba solicitando asistencia o ayuda
profesional, dándose solamente en aquellos casos en los que el trastorno ha llegado
a interferir demasiado en la vida del paciente o en aquellos en lo que ha llegado a
saltarse la ley.
Aun así, se ha demostrado que las intervenciones más eficaces son aquellas que
combinan un abordaje psicológico con un tratamiento farmacológico que
disminuya las compulsiones del paciente.
10. ALCOHOLISMO

El alcoholismo se define, según la OMS, "como cualquier deterioro en el


funcionamiento físico, mental o social de una persona, cuya naturaleza permita
inferir razonablemente que el alcohol es una parte del nexo causal que provoca
dicho trastorno".

Para el diagnóstico de este problema, el especialista realizará una historia clínica


completa y orientada a detectar el problema, cuestionarios de despistaje y
pruebas analíticas (determinación de VCM, gamma-GT, transaminasas y estudio
de lípidos).

El tratamiento del alcoholismo pasa por diversas fases: reconocimiento del


problema, fase de desintoxicación, fase de deshabituación y la fase más larga de
rehabilitación y reinserción social.