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de muros y puentes

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cristina campagna - ana zagari
de muros y puentes
Dialéctica de los conflictos contemporáneos

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Campagna, Cristina
De muros y puentes : dialéctica de los conflictos contemporáneos / Cristina Campagna ;
Ana Zagari. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Fundación CICCUS, 2018.
160 p. ; 23 x 16 cm.

ISBN 978-987-693-761-0

1. Desigualdad Social. 2. Política de Exclusión. 3. Integración. I. Zagari, Ana II. Título
CDD 320.6

Primera edición: octubre 2018

Diseño de tapa: Andrea Hamid
Diagramación: Mateo Missio
Corrección: Ana María Marconi
Producción y Coordinación Editorial: Andrea Hamid

© Ediciones CICCUS - 2018
Medrano 288 - CABA (1179)
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en el marco del Proyecto-
Campaña “Despertando Con-
ciencia de Paz”, auspiciado por la Orga-
Impreso en Argentina nización de las Naciones Unidas para la
Printed in Argentina Ciencia y la Cultura (UNESCO).

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Dedicamos este pequeño libro a todos los compañeros y compañeras
de la vida y de la militancia, a los que están y a los que se fueron.
Y al magisterio de Francisco, sobre todo por sus gestos de amor con los
vulnerables y su encíclíca Laudato Si’ que es letra viva para quienes,
desde la praxis, trabajamos por la justicia social.

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Agradecimientos:

A Alicia Pierini que, con la generosidad que la caracteriza, escribíó un
prólogo bello y breve, al que le cabe que sea dos veces bueno.

A Daniel Rodríguez, que nos permitió morigerar y distinguir entre
las fronteras naturales y los muros construidos por el hombre, y así
sutilizar las diferencias.

A Daniel Goldman, rabino y amigo, quien leyó el texto, marcó sus
diferencias y seguimos tan cercanos como siempre

A Enrique Del Percio, que no solamente escribió un generoso prólogo
sino que leyó tan atentamente el texto, que nos corrigió algunos errores

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De muros y puentes - Cristina Campagna / Ana Zagari

Presentación

Es un gran honor para mí, como director del Centro de Estudios Mi-
gratorios Latinoamericanos (CEMLA), tener la oportunidad de escri-
bir algunas líneas sobre este magnífico trabajo de Campagna y Zagari,
que desde su mismo título nos interpela: “De muros y puentes”. Tér-
minos con una cierta connotación de magia, de ideología, de arte, algo
de espiritualidad, de contradicciones, según quien lo conceptúe.
Los muros no son otra cosa que muros de la vergüenza, de los fun-
damentalismos, de las exclusiones y desigualdades, tal cual lo encon-
tramos expresado en este libro. Si hoy nos impresionan los muros es
porque están vigentes, porque afectan nuestro presente y nuestras vi-
das. Y mucho más nos conmueven cuando los vemos, además, vigilados
por sistemas de seguridad de los más variados para controlar e impe-
dir el paso de personas que buscan simplemente trabajo, pan, libertad,
nuevas y mejores oportunidades. Nos indignan cuando vemos niños
siendo tratados como delincuentes, por intentar cruzar un muro o una
frontera con el único objetivo de reencontrarse con sus familiares.
Como seres humanos merecemos una vida digna en todos los senti-
dos. Pero cuando una sociedad está manchada por fundamentalismos,
éstos, colocan en riesgo la vida y la paz comunitaria, social del mundo.
Están muy bien recordados, en este libro, los diez derechos funda-
mentales de los niños que no se cumplen en su totalidad:
Derecho a la identidad; Derecho a la vida; Derecho a la educación;
Derecho a la alimentación; Derecho a la salud; Derecho al agua; Dere-
cho a la no discriminación; Derecho a la libertad; Derecho a la protec-
ción; Derecho a recibir cuidado y atención especiales cuando el niño
sufre de algún impedimento físico, mental o social.
Al hablar de los derechos de los niños, hay que subrayar el de los ni-
ños migrantes. En América Latina los niños migrantes sin acompañan-
tes mayores padecen, desde la separación de sus padres por haber mi-
grado, el hambre, las violaciones de diversas índoles, esclavitud, muer-
te por tráfico de órganos, atrocidades cometidas por adultos perversos.
Las autoras nos señalan que ninguna sociedad puede ser feliz y
próspera si la mayor parte de sus ciudadanos son pobres y miserables
por una educación deficiente, la escasa protección en salud, el ham-
bre. Estas son barreras que deben ser resueltas.
Los muros y puentes remiten a diferentes soberanías: política, eco-
nómica, alimentaria, tecnológica, educativa. En todo ello, el pueblo
debe ser sujeto y, en una democracia real, letra constitucional.

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Presentación

Los seres humanos somos sujetos con dignidad y derechos. Cada
quien debe estar consciente de que ser honesto, idóneo, responsable,
no son atributos que conciernen únicamente a los que están en el po-
der, sino que estas virtudes deben ser asumidas de forma individual y
colectiva para lograr el bien común.
Afortunadamente, en todos los tiempos, el hombre, no sólo cons-
truyó muros, sino también puentes. Los puentes hacen referencias a
amplios conceptos positivos como, por ejemplo: promover encuen-
tros, diálogos, acercamientos, cooperación, solidaridad, paz; donde
el estar con el otro supone el trabajo del deseo personal libre junto a
la voluntad de todos; promover la tolerancia para alcanzar el respeto
mutuo. También están los puentes del conocimiento que dejan atrás
la ignorancia. El conocimiento es promotor activo del sentido común,
siempre alejado del pensamiento impuesto o inducido que alienta ex-
presiones impropias como: “los inmigrantes nos sacan el trabajo”, “los
villeros son todos vagos”, “los políticos todos corruptos”, entre otras.
Construir puentes es un gran arte del hombre. El trabajo cordial con
el otro, el respeto mutuo y la justicia social son los puentes que deseamos.
Guerras, masacres, exterminios, holocaustos y genocidios son consecuen-
cias de los muros que promueven el odio, la división y la xenofobia.
El crisol de razas y culturas vivas y presentes en todos los países
del mundo son hoy nuestra identidad como especie y nuestra rique-
za desde la diversidad. Debemos valorar y promover la cultura del
encuentro, del diálogo, del trabajo por la paz, desde el más recóndito
lugar donde vive un pequeño grupo de personas hasta las ciudades
más pobladas, sin prejuicio ni perjuicio alguno, ya que cada persona
es única en el mundo y todos pertenecemos a la misma humanidad.
El Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos ha tenido expe-
riencias muy significativas al promover la integración de los inmigrantes
en las comunidades de destino, con trabajos mancomunados con las di-
ferentes entidades de la sociedad civil y de los gobiernos ya fueran muni-
cipales, provinciales y/o nacionales. La articulación de todas las entida-
des existentes en una sociedad contribuirá a una mayor convivencia, al
acatamiento de los derechos comunes y al fomento de la práctica de los
deberes, según los roles y las funciones de cada ciudadano.
Felicitaciones a las autoras por el excelente aporte realizado en
aras de un mundo más justo.

Padre Dr. Irineu Zotti
Director del CEMLA

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De muros y puentes - Cristina Campagna / Ana Zagari

Prólogo de Alicia Pierini1

Siglo veinte: cambalache problemático y febril, el que no llora no
mama y el que no afana es un gil… (así decía un tango del ayer).
¿Qué diríamos hoy? Siglo veintiuno cambalache: tecnológico y
hostil, el que no mama ni llora y el que afanó se hace el gil…
¿Qué hacer para alcanzar a ser mejor Humanidad?
Ya en 1550, Fray Bartolomé de Las Casas proclamaba que “la Hu-
manidad es una sola”, afirmando así la unidad del género humano, en
pleno siglo xvi, rodeado de indígenas y sorprendiendo a la monarquía
española y a sus jerarcas eclesiales.
Fray Bartolomé audazmente negaba los cánones del pensamiento
medieval de su época y refutó a quienes con menosprecio se referían a
los indígenas de América tratándolos como simples animales, bárba-
ros, esclavos por naturaleza. “Ellos son parte de la Humanidad, hijos
de nuestro mismo Dios” insistió el fraile ante los Reyes. (Quizás haya
sido el primer defensor de los derechos humanos antes de que éstos
existieran.)
Desde entonces, durante cinco siglos el mundo civilizado fue desa-
rrollando nuevos y mejores paradigmas que sostienen la convivencia
humana; a pesar de las intermitentes guerras y continuas violencias,
siempre la utopía ha sido la de un mundo fraterno y solidario.
No obstante aunque se enuncie vocación de paz, los seres huma-
nos sea en grupos, en naciones o en tribus, siguen combatiendo entre
sí. Y siguen manteniendo vallas, alambrados o barreras. Ésos son los
muros más visibles, pero no los únicos.
Están los muros invisibles, reales o imaginarios. Muros que sepa-
ran, que excluyen, que discriminan. Muros inhumanos, que segregan,
distancian, excluyen, postergan o aíslan a las personas y a los pueblos.

1  Alicia Pierini es abogada UBA especialista en DDHH.

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Prólogo

Son invisibles cercos que conllevan carencia de educación, de sa-
lud, de prejuicios que impiden el afecto a los niños, los ancianos, las
personas con discapacidad. Vallas que obturan la convivencia social
por discriminación de género o de etnia. Muros que desconfían de los
migrantes, ignoran a los pobres. No protegen a los refugiados.
Esa coalición de prejuicios, carencias y desconfianzas, desintegra
el tejido social y empobrece el espíritu social.
Ésa es la preocupación actual en esta etapa del mundo.
Afortunadamente también están los que construyen puentes, los
que piensan –como Fray Bartolomé en su siglo y como el Papa Fran-
cisco en el actual– que la Humanidad es una sola. Que en esa Huma-
nidad entramos todos: como vecinos del mismo planeta, nuestra casa
común. Que nos necesitamos unos a otros y que para Honrar la Vida,
debemos proteger el ambiente, cuidar a los necesitados de alimento,
de afecto, de dignidad, de salud física o mental, y respetarnos como
prójimos.
¿Qué nos lo impide? La codicia humana, convertida ya en siste-
ma global compuesto de naciones, empresas, corporaciones que han
desfigurado el rol de la política como herramienta para alcanzar la
igualdad y el bienestar social. La avaricia de dinero es para sustentar
la codicia de poder.
En el espacio laico de los valores y principios de los Derechos Hu-
manos podemos hacer pie para reconstruir una sociedad que proteja
más a sus semejantes que a su comodidad. Y al mismo tiempo recibi-
mos la sabia prédica del Papa Francisco, que nos recuerda los valores
cristianos y nos induce a construir los puentes de la amistad política
y social, a no ser indiferentes ante las injusticias, a erradicar la vio-
lencia en todas sus manifestaciones, aunque sean simples palabras o
gestos, y a sostener y multiplicar la cultura del encuentro.
Este libro es un racimo de profundas reflexiones sobre la vida y
conflictos actuales, y es también una dúctil herramienta de docencia,
valiosa para despertar conciencias sobre los muros que nos separan
y para sustentar todos los días los valores de la paz que abre puertas
y construye puentes.
Agradezco a sus autoras que me hayan permitido escribir estas
líneas.

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De muros y puentes - Cristina Campagna / Ana Zagari

Prólogo de Enrique del Percio2

Vivo en un barrio de Buenos Aires, en un edificio viejo, pero no tanto.
Al menos, no tanto como para que no ande aún por este mundo algu-
no de los albañiles que levantaron sus paredes. Me gustaría invitarle
a tomar unos mates, a contarle que estas paredes han visto momentos
muy importantes de mi vida, de mis pasiones, de mis compañías y de
mis soledades. Y hablar de sus cosas, de su vida, de fútbol, de política
y, si quiere, también de sus compañías y soledades. Al fin y al cabo,
ese albañil tiene mucho que ver conmigo. Quizá le preguntaría cuán-
tas casas levantó, pero no a cuántos ocupantes conoció. Temo saber
la respuesta.
A diferencia de lo que ocurre en conversaciones de consorcios y
textos de arquitectura que suelen ignorar al albañil, este libro habla
de muros y de puentes poniendo el foco en quienes los construyen.
En quienes los planifican, pero también en quienes ponen cada la-
drillo. Y nos advierte que no siempre los muros se elevan; a veces se
construyen hacia abajo: los llaman grietas. Claro que las grietas no
son hechas por nadie, sino que suelen ser producto de causas natu-
rales: terremotos y movimientos tectónicos de diversa índole son las
más frecuentes. Pero, como señalan las autoras, nuestras grietas no
tienen nada de naturales, son muros profundos, son construcciones
cuyos responsables tienen nombre y apellido, y así, con sus nombres
y apellidos, figuran en estas páginas.
Es un libro de filosofía. Pero de filosofía en serio: no de ésos es-
critos por gente que cree que el objeto de estudio de la filosofía es la
filosofía. Está escrito con pasión, por dos mujeres que saben que la
filosofía es indispensable para deconstruir muros y levantar puen-
tes. Como ellas mismas expresan, los puentes más estables no están
hechos con piedras, sino con palabras: “Si la amistad política y social
es un puente –nos dicen– la filosofía es la modalidad en la que la
amistad se hace acompañamiento para elaborar los conceptos”. Son

2  Enrique del Percio es director del Doctorado en Filosofía de la USAL.

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Prólogo

los puentes que conectan culturas, ideologías e intereses desde y más
allá de los tiempos y los espacios.
Mas no sólo se habla de muros y puentes de palabras, también de
los muy concretos y palpables: los muros que nos avergüenzan como
seres humanos a nosotros, quienes leemos este libro: no ciertamen-
te a quienes los construyen, los supuestamente poderosos. Ellos no
sienten ni vergüenza ni culpa: ¿se los puede perdonar acaso?, pre-
guntan las autoras, y dejo la respuesta para que la averigüe y la pien-
se quien lea estas líneas. Más allá de culpas y perdones, son tantos
muros y, algunos, tan absurdos y desconocidos, que probablemente
al leer la enumeración alguien se sienta impulsado, como me pasó, a
buscarlos en la web, para constatar que no hay exageración en estas
páginas. Cuando se termina de leer la apabullante lista no queda ya
lugar para el optimismo, apenas para el agobio. Y sin embargo, las
autoras siguen escribiendo.
Y siguen describiendo el lado oscuro de la condición humana: ge-
nocidios, guerras, odios, fundamentalismos, fanatismos, rencores, y
de tantos actos que preferiríamos calificar de in-humanos, si no fuera
porque eso sería escapar de nuestra propia condición. Lo grave es que
todo eso es humano. Quizá demasiado humano.
Llegados acá, cabe preguntarse por qué siguen escribiendo, qué
clase de optimismo encierran estas mujeres. Y entonces uno sigue
leyendo y aparecen las propuestas. Propuestas con las que se puede
estar de acuerdo o disentir, pero que no cabe ser tomadas a la ligera.
Más allá de las propuestas concretas, quizá el aporte más importante
de este libro sea mostrarnos que no hay lugar para el optimismo. Hay
muros que posiblemente no puedan ser derribados, porque están
construidos con la argamasa de Tánatos, parte inescindible de lo hu-
mano. Pero sí hay lugar para la esperanza, que es algo bien distinto. Y
hay lugar para la esperanza porque es posible construir puentes sobre
aquellos muros que no puedan derribarse. Hay esperanza porque, a
pesar de los pesares, como queda claro al leer este libro, sigue habien-
do albañiles.

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