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PROBLEMAS DE CUYUNTURA

REFERÉNDUM: MARTÍN VIZCARRA PLANTEA CUESTIÓN DE


CONFIANZA
FUENTE: Diario La República. 16 de septiembre del 2018.

El presidente Martín Vizcarra planteó


cuestión de confianza. Sesión
extraordinaria será el miércoles 19. Esta
medida fue adoptada por el Jefe de
Estado debido a que el Congreso no ha
avanzado adecuadamente los cuatro
proyectos de referéndum.
"Es por ello que haciendo uso de las
facultades constitucionales. Tomaremos
decisiones. Acudo a ella poniendo como testigo a todos los peruanos y planteamos la
cuestión de confianza. Convocamos a legislatura extraordinaria para el miércoles 19",
expresó Martín Vizcarra.
El Jefe de Estado señaló que entregó sus proyectos de reforma política y justicia hace 40
días, pero hasta hoy no existe un dictamen. "El Congreso solo elaboró un cronograma sin
ponerse en los zapatos de los ciudadanos dignos. Desde que presentamos el proyecto ni
siquiera se ha cumplido el primer punto de se programa", manifestó.
"Hemos visto congresistas tratando de dilatar los proyectos con absurdas modificaciones
que de aprobarse los transformaría en proyectos inútiles. Los peruanos no podemos
permitir que el jefe de la ONPE y Reniec sean elegidos por el Congreso", agregó.
Previo a anunciar su medida, Vizcarra recalcó que no retrocederá en la reforma de las
instituciones que afrontan una grave crisis producto de los "Audios CNM" que revelaron
una red de corrupción.
"Les digo que no retrocederé ni un solo paso y sacaré adelante estas reformas del país.
Quiero recordarles que el 14 de setiembre del año 2000, fuimos testigos del primero
vladivideo", recordó el Jefe de Estado.
Para el presidente, la corrupción destapada con los audios, es similar a los vídeos
revelados en la dictadura fujimorista.
"Hoy me pregunto, ¿qué hemos aprendido? Si ayer fue un vladivideo, hoy son los audios
lo que nos muestra lo más vulgar de la corrupción. Volvemos a ser testigos de una
situación similar", puntualizó.
ENFERMOS DE PODER: ¿Qué cambia en nosotros al asumir una posición
privilegiada frente a otras personas?
FUENTE: Diario El Comercio
Por Miguel Figueroa

Es común conocer a alguien que era agradable,


simpático; que escuchaba atentamente y estaba
siempre dispuesto a ayudar… hasta que le tocó
ocupar un puesto importante o adquirió una cuota
mayor de dominio, y de repente cambió. ¿Esa
transformación es propia de gente poco enfocada, o
en general todos tenemos la tendencia a perturbarnos
cuando recibimos poder? Aunque nos pensemos
inmunes, al parecer existe una tendencia natural,
adquirida evolutivamente como herramienta de
supervivencia, que nos empuja a cambiar cuando
estamos en esa situación. El poder nos transforma y
modifica la forma en que percibimos el mundo,
afectando nuestras hormonas y el funcionamiento —
y hasta la estructura— de nuestro cerebro.
Cambiar por el poder tiene una importante función
en la supervivencia,. Ian Robertson, un extraordinario investigador de las neurociencias,
lo llamaba “el efecto del ganador”: cuando se gana algo como un puesto jerárquico en
una organización, un sorteo o una elección para el gobierno municipal, incluso si un
animal gana la posición alfa en su grupo, se llena de testosterona, la hormona que nos
hace sentir radiantes y empoderados, atrevidos, capaces de lograrlo todo.
Este efecto es muy útil para la supervivencia: el líder debe sentirse y creerse fuerte. Tener
un líder temeroso, dubitativo, que calcula muchas veces cada decisión y paso, dando
marchas y contramarchas, haría que su mandato y que sus seguidores se llenen de
vacilaciones. En los primeros momentos, el poder parece darle una ventaja a quien lo
tiene, hace que nuestro cerebro funcione mejor, esté más positivo, más desinhibido y
cuente con mayor capacidad de procesamiento automático de la información, como
explica Dacher Keltner, profesor de la Universidad de Berkeley, en un artículo académico
titulado “Power, Approach and Inhibition”.
Esto tiene mucho sentido: un líder normalmente se enfrenta a situaciones que la mayoría
no, y por lo tanto necesita adquirir capacidades especiales. Ese aumento en el nivel de
testosterona le ayuda a atreverse y guiar con astucia y vigor. Sin embargo, adquirir poder
y ganar hacen que la persona sienta aun más placer, y ese puede ser el inicio de los
problemas. La testosterona estimula la generación de dopamina, una hormona asociada
al goce; eso explica que, luego de haber probado una dosis de poder, tendamos a buscar
más, pues nos hace sentir bien. Así se pueden originar situaciones altamente adictivas.
Otra característica poco agradable está relacionada con la empatía y el contagio
emocional. El neurocientífico británico Sukhvinder S. Obhi analizó el cerebro de
personas con y sin poder evidente, y descubrió que las primeras habían perdido cierta
capacidad en los procesos asociados con la empatía. Esto es curioso, porque las personas,
al estar empoderadas, pierden una de las habilidades que más utilizan cuando buscan
alcanzar nuevas y altas posiciones.
Pensemos en nuestros gobernantes, políticos, congresistas, alcaldes, jueces: ¿estarán
padeciendo de la adicción inherente a sus cargos? Muchos muestran síntomas como
desvinculación emocional y un fuerte aferro al cargo. Entonces, cuando nosotros los
ciudadanos les exigimos que dejen de pensar en ellos y empiecen a trabajar en pro del
bien común, es posible que les estemos reclamando a sus cerebros que hagan algo que,
por sí solos, ya no podrán.
¿Estamos destinados a esa pérdida de empatía y conexión con el resto, o tal vez existe
una forma de aprovechar las fortalezas y el atrevimiento que nos da el éxito sin dejar de
estar conectados con nuestro entorno, sin volvernos adictos al poder? Al parecer los
antiguos romanos y su grandioso imperio ya lidiaban con estos problemas. Cuentan que
cuando un general, luego del triunfo en la batalla, regresaba a la ciudad, era recibido
festivamente por sus habitantes con flores y vivas que lo ensalzaban. Podemos imaginar
cómo se sentía el héroe, y cuánta testosterona y dopamina podía estar recorriendo su flujo
sanguíneo: al placer obtenido tras la victoria se sumaba el reconocimiento de su pueblo.
Pero como ello podía resultar peligroso y contraproducente los romanos, para evitar que
el general cayese en la “enfermedad del poder”, destinaban a un esclavo para que
marchase a su lado con una calavera entre las manos: mientras la muchedumbre vitoreaba
al adalid, el esclavo y el cráneo le recordaban que por más bravo, exitoso y valiente que
fuera, también era mortal, y también moriría, como cualquier humano. Un apunte de
humildad y contexto en un espacio abrumado por el triunfo es muy importante.
Cuando adquirimos poder, nuestro entorno se modifica, los temas que tratamos cambian:
hablamos más y escuchamos menos, opinamos continuamente sobre otros y aceptamos
con recelo las opiniones sobre nosotros. Poco a poco nos vamos alejando de la realidad.
El mando, como si fuera un medicamento peligroso, debería venir con indicaciones y
otras recetas que contrarresten sus efectos nocivos. Un permanente y obligado contacto
con la realidad debe ser parte de este tratamiento, reenfocándonos diariamente en la razón
de nuestro cargo y en el objetivo supremo de nuestro liderazgo.

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