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Vislumbrando intimidades:

narrativas espaciales en tránsito

Eduardo Álvarez Pedrosian


(Universidad de São Paulo, DA-FFLCH-USP, Brasil)

Recibido: 28/3/2015
Aceptado: 22/6/2015

Resumen. En este artículo nos centramos en el estudio de los espacios de la


intimidad, intentando poner en juego esta dimensión muchas veces dejada de
lado en los estudios sobre comunicación y ciudad. Nuestro análisis se inscribe
en una investigación etnográfica más amplia, en relación a las transformacio-
nes en el hábitat y las formas de habitar a partir de las acciones de un plan
socio-habitacional estatal en Uruguay. En primer lugar, proponemos un des-
plazamiento conceptual desde la noción de lo privado a la de lo íntimo. En se-
gundo término, tratamos las estrategias y tácticas de abordaje de la intimidad
surgidas en nuestro trabajo de campo. Posteriormente, nos sumergimos en dos
casos de estudio que permiten tratar las cuestiones centrales al respecto.
Palabras clave: intimidad / narrativas / espacialidad / comunicación / plan
­habitacional

Glimpsing Intimacies: Spatial Narratives in Transit

Summary. In this paper we focus in studying intimate spaces, aiming at putting


into play this dimension often times set aside by communication and studies of
cities. Our analysis is part of a wider research of ethnographic nature about the
transformation of the habitat and ways of dwelling, parting from the actions
of a social housing plan in Uruguay. First, we propose a conceptual shift from
the notion of the private to the intimate. Second, we address the strategies and
tactics of the intimacy approach that emerged from our fieldwork. Later, we
dive into two case studies that allow addressing our central questions.
Key words: intimacy / narratives / spatiality / communication / housing plan

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015, ISSN 1025-9945, pp. 197-229


Eduardo Álvarez Pedrosian

A modo de contextualización caron desplazamientos espaciales en

E
conjunto con los habitantes, quienes
ste artículo es fruto de una in- nos dieron acceso a sus intimidades
vestigación de mayor alcance, de esa forma, lo cual, como veremos,
en el contexto del llamado Plan tiene implicancias epistemológico-­
socio-habitacional Juntos, creado por metodológicas y éticas precisas.
ley en 2011, a partir de las inquietudes
y financiación directa del presidente
José “Pepe” Mujica en su mandato co- De lo privado a lo íntimo
mo presidente de Uruguay (2010-2015)
(Poder Legislativo de la ROU, 2011). El Como hemos planteado en otra oca-
hecho de focalizar nuestra investiga- sión, resulta necesario insistir en la
ción de corte etnográfico en tal marco, necesidad de pensar y conocer más
responde a la necesidad de contribuir allá de dualismos como los de público/
con la producción de conocimiento en privado (Álvarez, 2014b). Igualmente,
dicho emprendimiento, sobre la pre- sigue existiendo una distinción no so-
misa de la necesidad también de po- lo analítica, sino más bien surgida del
ner en juego la dimensión mediacional campo de experiencias objeto de esta
de producción de subjetividad asocia- etnografía. También es una proble-
da al hábitat y las formas de habitar en mática propia de los desafíos contem-
tales circunstancias, como aporte para poráneos en torno a la producción de
pensar y conocer otras realidades. subjetividad, y en especial en aquellos
Por lo general, las investigaciones estudios focalizados en diversas ten-
en comunicación y ciudad tienen por dencias de investigación en ciudad,
objeto el estudio de los llamados “espa- comunicación y espacialidades, en el
cios públicos”, de acceso más o menos gran estuario de perspectivas llama-
directo por parte del investigador. En do estudios culturales urbanos (Gar-
esta oportunidad planteamos la necesi- cía y Román, 2011; Chaves, 2013; Álva-
dad de complementar dicha situación, rez, 2014a).
poniendo de manifiesto la relevancia En dicha oportunidad, hemos in-
del análisis de las espacialidades de la tentado plantear la discusión al respec-
intimidad y sus temporalidades aso- to a partir del esfuerzo por desustan-
ciadas. Accedimos, por tanto, a una cializar la noción de “espacio público”,
serie de narrativas discursivas refe- considerando en primer término la
ridas a sus espacios asociados. Estas descomposición de la asociación entre
se encuentran en tránsito en un doble los términos, tomada como punto de
sentido: por tratarse de un contexto de partida, cuando de hecho, se trata de
transformación gracias a la interven- uno de llegada. La conjunción también
ción del Plan, y de ser producidas en esconde la pluralidad. Es así que nos
instancias de investigación, que impli- planteamos la existencia de “espacios

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y públicos” heterogéneos, a veces liga- cha entidad para nada sustancial, sino
dos a “territorios de lo público” especí- siempre circunstancial: “anclada en fi-
ficos (Álvarez, Del Castillo, Lamoglie, nitud del ser-ahí” diría Guattari (2000,
2014), donde podemos finalmente en- p. 18), intentando absorber y superar al
contrar las problemáticas clásicas de propio Heidegger y otras fenomenolo-
la “antropología de las calles” sin caer gías de corte existencial.
nuevamente en oposiciones clásicas Cuando Geertz (1996, p. 58) plantea
(Delgado, 2007). Esto no menosprecia que la cultura se caracteriza por parti-
el poder que tuvo y sigue teniendo el cularizar a todo nivel y escala apunta-
diseño individualista de lo humano ba a lo mismo; de igual manera Casto-
desde la planificación y las prácticas riadis, aunque en otros términos (1997,
de las instituciones modernas y con- p. 136): lo más universal de lo humano
temporáneas de tipo occidental, en es- es su singularización, propia de toda
pecial las enfrascadas en dispositivos práctica, que encuentra su trasfondo
de poder al estilo de las “sociedades de en la creatividad. Más recientemente,
control” tematizadas por Deleuze, co- Herzfeld (2004) ha elaborado su teoría
mo paso siguiente de las disciplinarias antropológica sobre una base semejan-
estudiadas a su vez por Foucault, don- te: la “intimidad cultural” se presenta
de el individuo deviene “dividual” y como dimensión de la sensibilidad y
las masas “indicadores, datos, mercado creatividad más prosaica, donde se
o bancos” (Deleuze, 1995, pp. 281-282). generan “esencializaciones” gracias a
En el mismo sentido, planteamos las cuales se lleva a cabo la producción
ahora la necesidad de pasar de pensar de subjetividad, sin necesidad de que
en términos de “lo privado” a lo “ínti- las formas institucionales sean experi-
mo”. De esta forma nos encontramos mentadas solamente como ajenas y de
con este tipo de paradojas a las que es forma coercitiva, sino más bien todo lo
necesario enfrentar para comprender contrario. Este es, para el autor, el caso
estos fenómenos aquí estudiados: el emblemático de los nacionalismos. No
hecho de que cuanto más en la intimi- por casualidad: “La casa, como una
dad nos encontremos, más aparecen forma de esencialización de las rela-
visibles los componentes sociales, co- ciones de parentesco en términos de
lectivos, inter y transsubjetivos. O sea: residencia, es un lugar para la trans-
que cuanto más adentro nos interne- misión de la substancia de la identidad
mos más en el afuera estaremos (Ál- cultural” (Bestard, 2006, p. 59). Tam-
varez, 2011a). Esto no le quita valor a bién nos encontramos con esta tenden-
la singularidad, más bien todo lo con- cia en la historia de la sensibilidad, “de
trario; de cierto modo, es la vuelta a la la vida privada” como se la denominó,
máxima ontológica aristotélica de que con sus análisis enfocados de la mis-
“el ser se dice de muchas maneras”, ma forma en los procesos de subjetiva-
pero sin dejar de problematizar di- ción, siendo el caso más extremo de la

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intimidad el relativo a la sexualidad, y gún formas y funciones de un habitar


encontrando en el espacio de la alco- puesto en riesgo (Jacobs, 2004).
ba una excelente oportunidad para el Se trata, por tanto, de una suer-
planteo de una arqueología del habitar te de distensión, de relajamiento de
occidental (Perrot, 2011). las actitudes, de un “agenciamiento”
¿Hay algún vestigio de la noción (Deleuze y Guattari, 1997) en el cual
de lo privado que debamos rescatar a los sujetos pueden liberarse de la ne-
pesar del desplazamiento conceptual cesidad de sostener una presencia
y perceptible hacia la intimidad? Cier- según “máscaras” en situaciones y es-
tamente, la cuestión del apartarse de cenarios de mayor tensión (Goffman,
los demás, de los otros, a su potencial 2004). El “hogar” no es exactamente lo
visibilidad y captación en un sentido mismo, ya que como lo ha planteado
comunicacional, sean las mediaciones Heidegger (1994) en su análisis de la
que sean, hacen a los límites y defini- noción del habitar en función al cui-
ciones de lo íntimo. Delgado (2007, pp. dado y la preservación, también pue-
30-31) lo asocia a la necesidad etoló- de experimentarse en relación a un
gica de todo animal de resguardarse, territorio más vasto que el exclusivo
que es la base de la conformación de y excluyente, o sea el íntimo. Sin em-
múltiples variaciones antropológicas. bargo, es igual de cierto que se hace
Podemos plantearnos si existe algún necesaria una conexión singularizan-
umbral al respecto, alguna configura- te con este ámbito cargado de afectos
ción para la cual no exista esta nece- y sentimientos por parte del sujeto,
sidad. Las espacialidades de quienes como para que sea experimentado
habitan en las calles de los centros ur- como tal, donde uno “se siente en ca-
banos, los “sin-techo”, homeless o como sa” (Heller, 1995). De allí la milenaria
se los defina, también presentan algu- asociación del hogar con el fogón, y
na forma de retraimiento y cobijo, un de este con la seguridad de lo familiar
“aire de intimidad” ante los flujos de (Segalen, 1996), a partir en definitiva
información y comunicación propios de la condición según la cual se puede
de los territorios públicos (Desjarlais, comer y dormir sin ser aniquilado de
1997, p. 80), de la dimensión del “otro imprevisto, o sea, de poder refugiarse
generalizado”, tal como fue definida (Pezeu-Massabuau, 1988).
por Herbert Mead (Delgado, 1999, p. Como planteábamos, esto no quita
14). Y lo mismo en otro sentido, cuan- que frente a la soledad del espejo den-
do ciertas subjetividades son enfren- tro de una vivienda, uno no siga car-
tadas a un cambio radical del entorno gando con todas las configuraciones
doméstico aparentemente de mejor inter y transsubjetivas que lo definen
calidad, pero que aterroriza y horro- como miembro de una sociedad y has-
riza por ser en principio imposible su ta de una especie, en medio de otras
delimitación, su dimensionalidad, se- entidades, como animales domésticos

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y objetos de variada índole. Pero lo esta se encuentra en diferentes fases


cierto es que puede darse este apar- de gestación y consolidación? Puede
tamiento de las presiones frente a las tratarse tanto de un extremo como
miradas de los demás, tanto aquellos del otro, y de todas las combinacio-
más conocidos por una cotidianidad nes intermedias, según variables de
compartida como otros potencialmen- procedencia en las formas de habitar
te desconocidos. Allí radica el núcleo de los protagonistas de estos cambios,
de la intimidad, lo que puede asociarse así como de los entornos públicos que
directamente a los límites del espacio también se encuentran en diferentes
interior de una vivienda, pero que no momentos de formación y según cier-
se reduce solo a ello, ya que este agen- tas maneras de darse, a partir de una
ciamiento puede estar dispuesto en di- coexistencia con otros que son, en la
ferentes escalas y modalidades, tanto mayoría de los casos, desconocidos
hacia ese interior (por ejemplo, en una hasta el momento. El “jardín interior”,
sola habitación) como al exterior (en el “templo” de cada uno y sus seres
jardines traseros, o en toda una calle más cercanos, puede ser el refugio por
o senda). Su definición es una cuestión excelencia, así como abrirse a otras ex-
mediacional, dependiendo del tipo de periencias más o menos compartidas,
sentidos puestos en juego y las semios- más allá de los vínculos primarios
feras que allí operan culturalmente, del grupo o red doméstica cotidiana
con la peculiaridad de tratarse de una tomada de base para la conformación
“doble vida semiótica”, donde se mo- de la vivienda, según fuerzas institu-
deliza el universo y se es modelizado yentes como las de los dispositivos de
por este (Lotman, 2000, p. 103). intervención de este plan.
Nuestra investigación –centrada
en las transformaciones en las for-
mas de habitar en quienes son par- Estrategias y tácticas de abordaje de
tícipes de una intervención “socio-­ la intimidad: estancias y paseos en
habitacional”, como se autodenomi- compañía
nó el Plan Juntos en el contexto del
gobierno de Mujica en Uruguay– es Porque la casa es nuestro rincón del mun-
una excelente oportunidad para com- do. Es –se ha dicho con frecuencia– nuestro
prender estas cuestiones, dados los primer universo. Es realmente un cosmos.
Un cosmos en toda la acepción del término.
contextos de procedencia y las prác-
Vista íntimamente, la vivienda más humil-
ticas desencadenadas una vez que se de ¿no es la más bella? Los escritores de
hace posible proyectar y dar cabida la “habitación humilde” evocan a menudo
a otra existencia. ¿Qué ocurre con la ese elemento de la poética del espacio. Pero
dinámica de esencialización, al pa- dicha evocación peca de sucinta. Como
recer tan poderosa en el ámbito de la tienen poco que describir en la humilde
intimidad (Herzfeld, 2004), cuando vivienda, no permanecen mucho en ella.

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Caracterizan la habitación humilde en su do ante la presencia de cualquier agen-


actualidad, sin vivir realmente su calidad te externo, como es el caso de este et-
primitiva, calidad que pertenece a todos, nógrafo, llegado del campo académico.
ricos o pobres, si aceptan soñar.
La posibilidad de realizar observa-
Gastón Bachelard (2000, p. 28). ciones participantes en los territorios
de la intimidad encierra una dificul-
tad siempre presente: si se trata de un
Imposible acceder a esta dimensión entorno explícitamente apartado de la
de fenómenos espacio-temporales de presencia de los otros, vedado y velado
las mediaciones productoras de subje- con tal fin, no se podrá acceder a él sino
tividad sin contar, a su vez, con cierta es, podríamos decir, bajo tutoría, como
mediación. Esto es un rasgo común a invitado al que se le ha hecho, en el me-
toda investigación en estos campos de jor de los casos, una concesión gracias a
estudio, pero en esta cuestión se con- una confianza que hay que ganársela.
vierte en un tema relevante. La ilusión Cuestión particular que pone en jue-
de que es posible conocer directamente, go un tema general en su radicalidad
en forma transparente, sin mediación, epistemológica. Como en todo esfuerzo
lo que ocurre en la intimidad de la vida etnográfico, la autenticidad debe bus-
de los seres humanos vuelve cada cierto carse en este tipo de vínculos dialógi-
período con frecuencia, cuando lo inte- cos de involucramiento intenso, no en
resante y estimulante es todo lo contra- seudocientificismos que apelen a ver-
rio: explorar formas de crear colabora- dades desnudas con la utilización de
tivamente un conocimiento sobre estas presuntas máquinas objetivas, al estilo
dimensiones constitutivas de lo que so- de los reality shows contemporáneos, es
mos en forma dialógica y constructiva. decir, de un “simulacro” (Baudrillard,
En tal sentido, es posible aplicar 1993) que no se reconoce como tal: en
diferentes técnicas a partir de una este caso, queriendo poner cámaras
metodología de tipo etnográfica. Su ocultas en los hogares o disparates de
elección depende de las características ese tipo. Por el contrario, aceptamos
en las que se realiza la investigación-­ el carácter “hiper-real” de la creación
intervención de la que se trate. En de conocimiento sobre los fenómenos
nuestro caso, pudimos participar in- humanos de existencia, de “ficciones
vestigando estos fenómenos junto a persuasivas” con la que trabajar etno-
los habitantes de dos emplazamientos gráficamente, “dando vida” a “escenas”
donde actúa el Plan Juntos, gracias a e “ideas” (Strathern, 1991, p. 226), a par-
la apertura de sus respectivos equipos tir de la experiencia del extrañamiento
de base, conformados por arquitectos que opera en la tensión entre el distan-
y técnicos sociales, en especial por los ciamiento y la inmersión en tanto for-
llamados educadores y trabajadores ma de objetivación reflexiva y crítica
sociales, en un clima de mucho cuida- consigo misma (Álvarez, 2011c).

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A continuación presentamos una líneas y redes: contando relatos, tejien-


serie de consideraciones a partir de do, caminando, cantando, dibujando,
dos experiencias de campo selecciona- escribiendo, etcétera (Ingold, 2007).
das, que consistieron en la realización Desde el campo de la arquitectura y el
de entrevistas en profundidad en los diseño se apela a este tipo de técnicas
ambientes íntimos de algunos de los para aquellos prestigiosos profesiona-
participantes del Plan, instancias que les que construyen sus propias vivien-
terminaron convirtiéndose también en das y las exhiben de esta forma, en el
productoras de conocimiento sobre di- mejor de los casos en un esfuerzo por
chos espacios, bajo la doble condición objetivarlas para el conocimiento de sí
complementaria de ser entrevistas de re- mismos y de los otros, y en el peor en
corridas y recorridas entrevistadas. Luego la banalidad de las revistas de modas.
de procesar los materiales de campo En la primera de las acepciones, nos
reflexivamente, nos percatamos de este encontramos con un gesto similar, pe-
hecho, lo que técnica y metodológica- ro en vez de tratarse de arquitectos y
mente implica cuestiones teóricas so- diseñadores socialmente sancionados
bre las problemáticas aquí abordadas como tales en un campo determinado,
(Álvarez, 2008): la espacialidad y las se trata de habitantes corrientes, suje-
formas de habitarla poseen también tos que nos muestran por un momento
una doble condición, la propia del “ser- su vida íntima, sus diseños artesana-
ahí” (Dasein) en tanto estar y transitar les, las huellas de sus habitares.
(Heidegger, 1994), punto y trayecto al
mismo tiempo de un “estriaje” y “ali-
samiento” simultáneos (Deleuze y El ensueño poético tras años en la
Guattari, 1997, pp. 483-509). intemperie
Fue así como pudimos alcanzar a María y Pérez1 habitaban desde hacía
vislumbrar algo sobre estas intimida- años en una pequeña vivienda próxi-
des, gracias a la confianza generada, ma a cumplir un siglo de construida, la
la participación explícita de los sujetos cual se encontraba en condiciones muy
involucrados en los fenómenos de estu- precarias, y que había sido el típico res-
dio, en experiencias compartidas que guardo para el cuidador de un predio
son estares en tránsito (Álvarez, 2011b). rural y su familia. En una zona semi-
De allí surgen narrativas, devenires rrural del departamento de Montevi-
que surcan el tiempo y el espacio den- deo, conocida por algunos como Cerro
tro de un universo existencial impo- Oeste, el acceso a los bienes y servicios
sible de reconstruir por fuera de estas culturales es bastante limitado. Llega-

1 Todos los nombres han sido alterados para mantener el anonimato.

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ron al Plan Juntos a partir de la crisis que los desbordaba ampliamente, en


habitacional por el estado de su vivien- especial marcando una traza a un la-
da, tanto edilicio como judicial, pues el do del perímetro de la pequeña casa
predio donde está emplazada es una con un sendero o camino doméstico,
propiedad en venta, muy apetecible el cual también les sirvió para inten-
para la nueva oleada de capitales trans- tar negociar una posible compra, que
nacionales interesados en instalaciones no tuvo éxito frente a las grandes
fabriles o de acopio de mercaderías, lo demandas, aunque aún no se hayan
que está transformando drásticamente concretado. Tuve la gran oportunidad
el paisaje circundante. de sostener una extensa entrevista en
Vivían allí junto a su pequeño hijo profundidad con la pareja en lo que
varón de edad escolar, un adolescen- vendría a ser el estar de su hogar, ca-
te, la madre de María, y por momen- si medio año antes de que lo dejaran
tos con una hija también adolescente finalmente para mudarse a la nueva
fruto de una relación pasada, la cual vivienda que fueron construyendo
a su vez era madre de una pequeña junto a otros en el marco del Plan,
criatura. Como hemos señalado en en el llamado “Barrio Amanecer”, a
otra parte (Álvarez, 2014b), diferen- unos tres o cuatro kilómetros hacia el
tes estrategias de diseño del entorno centro de la mancha urbana, sin dejar
intentaron generar un límite mane- de estar en la zona oeste del departa-
jable ante una suerte de inmensidad mento capitalino.

1. Antigua vivienda de María y Pérez, en la zona rural de Montevideo2.

2 Todas las fotografías son del autor del artículo.

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Antes y después de instalarnos allí, namiento. La entrada cotidiana a la vi-


me invitaron a recorrer juntos el pre- vienda se daba, como en tantas casas
dio, así como algunos de los espacios rurales, por el lado trasero, aquel de
interiores menos íntimos de todos: la espaldas al ámbito de lo público, en es-
cocina ya era visible por estar integra- te caso el camino por el que pasaba el
da al estar, el baño, un cuarto que ofi- transporte suburbano y los peatones
ciaba de cambiador de ropa y depósi- del vecindario. La tercera imagen tam-
to, y una habitación que había sido eri- bién es significativa en tanto constitu-
gida como gimnasio de entrenamiento ye el paisaje enmarcado por la ventana
para su hijo adoptivo adolescente; lo principal de la vivienda, la del estar,
único finalmente vedado para el etnó- que puede apreciarse en la primera fo-
grafo eran los dos dormitorios. tografía. Esta imagen constituye para
La imagen anterior y las dos si- María principalmente el paradigma
guientes corresponden a dicho en- de su concepción del entorno, y está
torno inmediato; la primera es la que cargada de fuertes afectos sobre lo que
mira hacia el camino que conecta con identifica con su forma de habitar. Esto
la trama territorial, y donde puede es, en definitiva, lo que más perdería
observarse el espacio de estar de la una vez que se mudara y dejara esta
vivienda desde el exterior en su fa- vivienda precaria: los vastos horizon-
chada oeste. La segunda mira hacia tes rurales, asociados al aire limpio,
el norte, que corresponde con el inte- los pájaros y la vegetación medio sil-
rior del gran predio donde se inserta vestre y medio colonizada por ella y
la vivienda, y los límites de este con los habitantes cercanos.
otros, donde ya se levantaron gran- Las paredes exteriores de la casa
des galpones. Estos “aparecieron de originaria expresaban el paso del tiem-
la nada, y en tres meses los tenés ahí”, po, el declinar de los materiales, lo que
al decir de Pérez. La tercera fotografía contrastaba fuertemente con los blo-
se orienta hacia el oeste, a donde da la ques de hormigón con los que levan-
ventana de esta fachada considerada taron las nuevas piezas adosadas. Cual
como la principal. Enseguida nos en- cáscara totalmente horadada, daba
tra la duda de cuál es el frente y cuál casi por sentado lo que del otro lado,
el fondo, cómo se orientan estos habi- el interior, se podía llegar a encontrar,
tantes en este territorio. disolviendo las fronteras, en una suer-
Efectivamente, sobre lo que parece te de membrana porosa a pesar de no
la fachada principal, hacia el camino, llegar a divisarse lo que había más allá.
se encontraba una pieza que oficia- Una jaula artesanal encerraba un
ba entonces de dormitorio, y tenía la gallo dentro, y servía de pared un
puerta clausurada debido a su función viejo cartel de chapa oxidado, donde
y la necesidad de espacio por el haci- se podía leer claramente la inscrip-

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ción “milanesas prontas para llevar, 2


x 20”, en pesos uruguayos. Se trataba
de restos de tácticas de sobrevivencia
que desarrollaron durante la crisis
­económico-social centrada en el 2002
en la región, cuando la exclusión y los
niveles de pobreza crónica ascendie-
ron como nunca en el Uruguay, acer-
cándolo a las demás realidades de la
región y el continente, el más desigual
del mundo. Como hemos investigado
en otra ocasión en una de las zonas
más emblemáticas de la periferia mon-
tevideana (Álvarez, 2013a), la elabora-
ción de comida en el hogar fue aquí
también una solución transitoria, que
permitió al núcleo familiar sobrevivir.
Pérez y María lo recordaban hasta con
2. Jaula para el gallo hecha con materiales
cariño, ante mis preguntas, delante reutilizados.
del cartel convertido en parte de la
jaula, lo que luego fue retomado en la
entrevista extensa que tuvimos senta- (Jóhannesdóttir, 2010), que combina de
dos en el estar, a propósito de las me- forma interesante una ventana hacia el
morias de la resistencia oriundas de ocaso con la pantalla de televisión, en
tales circunstancias: cómo se vendía esos tiempos ocupada preferentemen-
esa carne picada hecha hamburguesa te con animaciones infantiles.
y rebozada en pan rallado y huevo que “Lloré muchísimo”, me narraba
realizaban allí, o también con filetes María ya en su nueva casa, a lo que su
de pescado que él conseguía de su tra- pareja asentía con la cabeza y agrega-
bajo en los frigoríficos cercanos. ba comentarios acerca de lo difícil que
Dentro de la vivienda, el espacio de fue comprender que extrañara aquella
estar es el corazón del hogar. Las tres vivienda tan precaria teniendo ahora
imágenes siguientes dan cuenta del la posibilidad de estrenar otra, hecha
momento del encuentro y posterior sa- con sus propias manos. Pero es que,
lida de recorrida por el resto de los ám- como también ellos mismos afirma-
bitos interiores menos los dormitorios, ban, la composición particular del
y retorno al perímetro exterior. Pode- entorno exterior y el interior gracias a
mos hacernos una idea de este tipo de este tipo de dispositivos como la ven-
paisaje en tanto “atmósfera y encarna- tana del viejo estar, posee una cuali-
ción”, y no tan solo horizonte visual dad difícil de igualar, a pesar de que

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3. Estar de la vivienda: rincón con televisor y ventana exterior.

la nueva vivienda cuente con otras pamiento del mobiliario al estilo de un


ventajas materiales. Recordemos que escritorio para el trabajo con ordena-
las principales inquietudes que tuvie- dores, especialmente por la forma de
ron frente a la inminente mudanza fue esquinero desplegado en tres partes y
el hecho de pasar a tener “vecinos”, es la pequeña superficie inferior, carac-
decir, a convivir con otros habitantes terística para el uso de teclados. Las
en viviendas contiguas, ante estos plantas apoyadas sobre este mueble
horizontes amplios, cargados de es- nos dan una señal de las características
pecies vegetales, pájaros y desde hace de su uso, y de la importancia otorgada
poco la aparición de nuevos galpones por los habitantes al componente vege-
e instalaciones industriales de forma tal de su entorno, el cual es resaltado
inquietante pero no tanto como para y se proyecta más intensamente hacia
desvalorizar todo lo anterior, por lo el interior gracias a la combinación de
menos hasta ese momento. planos generada de esta manera entre
La pantalla plana del televisor, que un fondo y una figura así definida.
captaba la señal digital gracias a la pa- Gracias a ambas superficies ima-
rabólica ubicada en el techo de la vi- gónicas así dispuestas, se generaba
vienda, se combina de forma también un ambiente distendido, en la combi-
por demás significativa con la imagen nación del cobijo de un adentro clara-
ofrecida por la ventana, junto al equi- mente definido y las aperturas a por

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lo menos dos tipos de exterioridades: des ­(Deleuze y Guattari, 1997, p. 318),


un afuera contiguo, factible de ser acceder a productos culturales masi-
aprehendido corporalmente al salir vos de industrias del entretenimiento
cada vez que se deseara, con una co- como respirar y observar la vegeta-
municación sensorial con las especies ción circundante, como parte inte-
vivas y los elementos climáticos, in- grante de rituales domésticos. Esto se
cluso sacando un brazo por ejemplo, y da en escenarios multimediáticos,
otro afuera virtual, desterritorializado para los cuales las nuevas generacio-
por componentes más intensos en su nes adoptan agenciamientos ricos en
abstracción, conectado a imaginarios combinaciones simultáneas, en una
­
con narrativas de diferentes estilos y multiplicidad de pantallas y sus usos
géneros (Rincón, 2006). Niños y adul- (Morduchowicz, 2008, p. 67).
tos pueden pasar grandes momentos Todo ello quedaba complementado
reunidos en un espacio donde pro- con una suerte de living instalado hacia
yectar miradas a pequeñas y largas la otra dirección de la sala, según un
distancias, directas o de reojo, pres- juego de tres cuerpos de sillones, dos
tando la mayor atención o tan solo individuales y uno triple. La estufa ter-
contando con el sonido de fondo, cual minaba de coronar el espíritu hogare-
ritornelo radial con sus velocidades y ño, aunque no alcanzaba para brindar
ritmos constitutivos de territorialida- calor en las noches más duras del frío

4. Estar de la vivienda: rincón del sofá y chimenea.

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invierno montevideano en esta zona función del habitar, así como el estar
descampada, según nos lo narraron: se muestra de la forma más despren-
había que quedarse extremadamente dida del transitar, donde los tiempos
cerca de ella para recibir las bondades parecen eternizarse, el movimiento
de la combustión de la madera en su del devenir ralentizado, pero esto no
seno. Así y todo, la espacialidad gene- quiere decir que cese, pues también
rada entre ella y la pared de la ventana, siempre se trata de una temporalidad.
donde se disponía el sofá de tres cuer- En dirección diagonal a este rincón
pos, donde el etnógrafo rápidamente por excelencia, las dos puertas de las
se sintió seducido a instalarse una vez habitaciones guardaban, como decía-
que se dispuso el tiempo para el más mos, la máxima discreción, mante-
largo y distendido diálogo posible, era niéndose como los últimos espacios
un genuino “rincón”. Según Bachelard: vedados a todo visitante. Insistir o no
“todo rincón de una casa, todo rincón en penetrarlos dependió de las cir-
de un cuarto, todo espacio reducido cunstancias del encuentro, los fines de
donde nos gusta acurrucarnos, agaza- la investigación, la calibración técnica
parnos sobre nosotros mismos, es para del etnógrafo. En este caso no hubo
la imaginación una soledad, es decir, dudas en dejar las cosas así, máxime
el germen de un cuarto, el germen de con la presencia de alguno de sus mo-
una casa” (Bachelard, 2000, p. 126). La radores detrás de las puertas.
poética social en este caso muestra su
sofisticación, por otra parte tan recu-
rrente, al disponerlo junto a la lumino-
sidad y el paisaje, la pantalla y el ojo,
que constituye la ventana más impor-
tante de la vivienda.
El rincón no es sinónimo de oscu-
ridad necesariamente, o por lo menos,
cuando se logra una composición con
este tipo de diseños se puede habitar
más allá de la dialéctica unidimensio-
nal del adentro y el afuera, y saborear,
sentir con todos los medios posibles,
las sutilezas de fronteras, umbrales y
barreras que al mismo tiempo nos se-
paran y conectan, como todo medium
(Flusser, 1994, p. 185). El rincón apare-
ce como el corazón de toda intimidad,
y ciertamente el resguardo y agazape
son genuinamente constitutivos de la 5. Puertas hacia los dormitorios.

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 209


Eduardo Álvarez Pedrosian

Y en el último de los cuatro triedros,


geométricamente expresado, otro rin-
cón, en este caso diseñado como el
espacio sagrado del hogar, donde se
realiza el culto a los dioses y espíritus.
“Mi señora es de religión” me comen-
taba Pérez, mientras me permitía foto-
grafiar el altar umbandista. Se trata de
una religión de origen afro-brasilero, o
“culto de posesión” en la terminología
de Pi Hugarte, con un grado de institu-
cionalización por demás considerable
luego de décadas de paulatina trans-
nacionalización a partir de la segunda
mitad del siglo XX en adelante (Oro
y Scuro, 2013, p. 24). La integración
de lo espiritual en la vida doméstica,
sin necesidad de encontrar un ámbito
aislado para ello, requiere igualmente
de la conformación de un entorno pro- 6. Rincón con altar umbandista.

pio, un rincón donde territorializarse.


Si bien no se trata de algún genius loci rural), nos encontramos con dos ám-
en el sentido etimológico del término, bitos espaciales más. Uno de ellos era
o sea de alguna entidad sobrenatural una habitación a la que parece siem-
directamente atribuida al cuidado de pre se accedió desde dentro, pero en
la espacialidad en cuestión (Norberg- la cual era difícil identificar su antigua
Schulz, 1984, p. 18), no deja de irradiar función. En el momento era utilizada
e incidir en general sobre su sentido. como el espacio de depósito de los ob-
Como veremos más adelante gracias jetos y cosas necesarias para el sostén
al siguiente caso, la cuestión de la de la vida cotidiana y que no deben
espiritualidad e incluso de religiosi- estorbar con su presencia. El deterioro
dades instituidas en amplios sectores de las paredes por la humedad general
sociales, asoma como una de las más era de los más notorios de toda la vi-
relevantes tras los velos que protegen vienda, a pesar de contar con una pe-
la intimidad del hogar. queña banderola al estilo de las que se
Además del estar, integrado a una ven en los baños (lo que puede darnos
cocina contigua, el baño y los dos dor- algún indicio de su situación pasada).
mitorios (uno conseguido a partir de Sea como fuere, es evidente que
la adaptación de lo que fue quizás el este ambiente no podía ser utilizado
antiguo recibidor de la pequeña casa para prácticas que insumieran mucho

210 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

tiempo, ni en condiciones de máxima Esto les transformó la vida como po-


relajación e intimidad, como la alcoba cos de los cambios realizados, así co-
o dormitorio. Además de encontrar- mo transformó la misma estructura
nos con objetos como una bordeadora arquitectónica de la morada en su to-
­–­para mantener a raya el pasto que cre- talidad. A partir de esta intervención
ce por todo el alrededor– y otros simi- es que también se anima a seguir ade-
lares asociados al cuidado cotidiano lante con otras modificaciones. Imagi-
y de mayor frecuencia del hogar y su nemos los efectos de poder contar con
entorno, lo más relevante era la ropa el acceso al baño sin tener que salir a
de toda la familia. Para ello utilizaron cielo abierto, para el aseo, en los mo-
una estantería liviana como ropero, lo mentos más gélidos del invierno, a
que implicaba que las prendas fueran toda hora, en aquellas circunstancias
visibles, y asemejaba la situación a la de de mayor intimidad, donde el sujeto se
un exhibidor de mercadería comercial. encuentra consigo mismo en soledad
Esto, junto a los conceptos e ideas ge- con su propio cuerpo, por ejemplo, o
nerales que María y Pérez expresaban el cuidado de aquellos miembros de
en el diálogo paso a paso, reafirmaba la familia que más lo necesitan por es-
la idea de la poca o nula presencia de tar aún ganando autonomía (como los
extraños en la casa comúnmente, y con niños pequeños) o perdiéndola (como
ello la confianza en los vínculos que se una anciana).
iban estableciendo conmigo, el etnó-
grafo, que así vislumbraba algo más
de sus habitares íntimos.
El otro ámbito particularmente
sensible a la investigación es el baño.
Una de las obras constructivas más
importantes realizadas por los habi-
tantes fue justamente cambiar el lugar
de la puerta de este. Con anterioridad,
como en las tipologías de la gran ma-
yoría de viviendas rurales, se accedía
desde fuera, lo que para la cotidiani-
dad según sus estilos y hábitos de vida
resultó un grave inconveniente. Pérez,
según nos narraba ante el marco de
la puerta, se atrevió a “meter mano”,
como dice, trasladando la hoja de la
puerta de un marco a otro, una vez
que abriera la pared, y cerrando el
otro agujero resultante con ladrillos. 7. Habitación tipo vestidor y depósito.

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 211


Eduardo Álvarez Pedrosian

en marcha. Entre ambos una narra-


ción sobre la noche más cruda de este
temporal fue esbozándose, acompa-
ñada de instantes de reconstrucción
actoral a cargo principalmente de Pé-
rez, y contando con la puerta como
insumo para ello. Esta, recordaba, se
resistía a permanecer cerrada, abrién-
dose violentamente por efecto de los
imponentes vientos que azotaron la
región, más en estos parajes semirru-
rales próximos a la costa rioplatense.
Esta puerta también había sido
modificada por ellos. Según narra-
ron, cuando se constituyeron como
pareja y pasaron a vivir allí, lo que
había en su lugar era una chapa de
metal que trancaba con un palo de
madera. Esa noche rememorada de
8. Baño. temporal, tuvieron que sostenerla
cada uno mientras el otro salía fue-
ra para ir al baño, por entonces sin el
acceso interno construido. El relato,
El recorrido nos llevó, finalmente, sus poses siguiendo una suerte de
hacia la puerta principal de la vivien- memoria corporal muy potente, mis
da, por donde había ingresado unas propios recuerdos de esa noche don-
cuantas horas antes, justo detrás del de me tocó experimentarla y demás,
estar principal. Nuevamente recorda- me hicieron imaginar a un par de as-
ron los duros momentos del último tronautas enfrentados a lo que Blaise
gran temporal sufrido en estas lati- Pascal sentenció con contundencia
tudes, en el año 2004, asociándolo al como el terror frente al “silencio de
acceso al baño antes descrito. La posi- los espacios siderales”. Ciertamente,
bilidad entonces de transitar, de poner el exterior de la pequeña vivienda
en comunicación en tanto entrar-y-sa- precaria era entonces un afuera infi-
lir, de hacer uso de los espacios según nito, hostil y aplastante. El medioam-
las necesidades definidas en el marco biente se convirtió esa noche, como
de sus formas de habitar, era una de en toda situación de catástrofe, en
las problemáticas centrales en la re- una entidad terrorífica, una suerte de
flexión y análisis que íbamos tejiendo caos primordial y final, apocalipsis
entre los tres mientras dialogábamos donde todo es engullido.

212 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

Así de fatal se experimenta un am- habitacional y existencial en general,


biente construido cuando las condicio- para sí y sus seres más queridos.
nes generales, las materialidades y los La última estancia visitada fue una
procesos subjetivantes asociados en habitación que había quedado a medio
una misma red de prácticas, acciones construir, por efecto de los nuevos pro-
y cosas (Latour y Yaneva, 2008) no lo- yectos de vida una vez que ingresaran
gran sostener la mínima condición pa- al proceso transformador del Plan. Di-
ra la vida. Esto resultó ser una de las señaron una suerte de gimnasio para
características generales de aquellos el hijo adolescente que adoptaron de
participantes del Plan Juntos, orien- hecho juntos, y que se encontraba por
tado a quienes enfrentan este tipo de entonces jugando al fútbol en las ligas
situaciones críticas, incluso por deba- inferiores de un club local cercano,
jo de muchos otros en condiciones de de segunda división profesional, el
pobreza y exclusión. Algo de heroico, Huracán del Paso de la Arena. Cabe
por supuesto, tiene este relato, junto a destacar los objetos allí presentes: la
lo dramático del contexto, algo de sa- bolsa de arena para el entrenamiento,
tisfacción por la superación o por ha- el banco de madera similar al encon-
ber podido sobrevivir a tales peligros trado en los vestuarios deportivos,
y riesgos. Pero un deseo y una necesi- la bandera del Club Atlético Peñarol,
dad de superación motivaron a María toda una institución en diversas disci-
y Pérez a buscar siempre una solución plinas, incluida el boxeo.

9. Actual puerta principal. 10. Gimnasio.

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 213


Eduardo Álvarez Pedrosian

Un poco más de medio año des- que contemporáneamente considera-


pués, nos volvimos a encontrar, pri- mos como “diseño de ambientes para
mero con Pérez y luego a los meses la vida” (Ingold, 2012), o “existencial”
con toda la familia, en la nueva vivien- (Álvarez, 2013b), que explicita esta di-
da construida en el marco del Plan mensión de composición y concreción
Juntos en el llamado “Barrio Ama- de las formas de habitar. “La casa me
necer”. La antigua casa fue pasada tiene muy entusiasmada, no puedo
a una amiga de María, para quien a parar” me decía María una vez que
pesar de la condición de precariedad nos encontramos en una jornada de
extrema de la construcción le signifi- llamada “obra solidaria”, donde ella,
có una solución habitacional. De esta con su pareja y otros participantes
manera también mantiene un vínculo del Plan, se ponían “manos a la obra”
con aquella vivienda, su intimidad, para terminar de construir la vivien-
sus entornos tan queridos, los afectos da contigua a la de ellos, destinada a
asociados por tantos años, mientras una mujer sola, madre de un hijo con
habitan un nuevo sueño. Al respecto, un padecimiento crónico, y por tanto
la tesis de Bachelard (2000) y su pecu- exonerados de tener que cumplir con
liar fenomenología, resulta por demás horas de trabajo por tales causas.
sugestiva: una vivienda es un ámbito La vivienda de la pareja estaba re-
de vida que invita a la ensoñación, al bosante de vida, la madre ya anciana
soñar despierto, a proyectarse cons- disfrutaba ordenando meticulosamen-
tantemente. Esto tiene que ver con lo te los utensilios de cocina y lavando

11. Nueva vivienda en el marco del Plan Juntos.

214 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

nómenos aquí planteados. Problemas


y dificultades con la nueva vivienda,
tanto hacia el interior como hacia el
exterior, son parte de una realidad
siempre compleja, ambigua y ambi-
valente. Pero el salto cualitativo para
hacer de esa construcción un nuevo
hogar, lleno de amor y poesía, es tan
real como todo lo demás.

El fuego interior y el taller de


oportunidades

El segundo caso que pondremos a


consideración de esta etnografía es
el relativo a otra pareja que también
reside actualmente en una de las vi-
viendas construidas en el marco de
las obras del Plan Juntos, a un par de
12. Baño por estrenar, en la nueva vivienda. calles de distancia de la de María y
Pérez. Se trata de Juana y José, cerca-
nos ambos a los treinta años de edad,
quienes junto a sus tres hijos se encon-
todos los trastos, el pequeño niño ju- traban anteriormente en lo que se de-
gaba andando en bicicleta, con un telé- nomina “situación de calle”, es decir,
fono móvil sin chip, con su ordenador sin un espacio de cobijo mínimamente
portátil del Plan Ceibal de las escue- seguro y permanente. Según lo narra-
las públicas uruguayas, y el joven hijo ron, en los últimos tiempos habían es-
adolescente anotaba con entusiasmo tado durmiendo en uno de los baños
la dirección de mi blog para acceder públicos ubicados en la playa del Ce-
a los textos que ya había generado en rro, la más cercana y emblemática de
función del trabajo de campo de esta la zona. Su caso es uno de los repre-
investigación. Por supuesto que no sentativos de los considerados como
existen finales felices en la realidad, críticos desde el punto de vista de la
pero tampoco podemos dejar de apre- organización del Plan. Efectivamente,
hender y comprender las dinámicas como ellos también lo evaluaron, no
del deseo, el goce y, como decíamos, fue fácil la inserción en la dinámica
la ensoñación que tan oportunamente colectiva que se les planteó. Ambos
identificó Bachelard (2000) para los fe- son oriundos de la zona oeste del de-

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 215


Eduardo Álvarez Pedrosian

partamento capitalino, han vivido en y en el diálogo informal generado con


diferentes territorios que la componen ella había salido la cuestión de que es-
(incluido en el que se encuentran aho- taban construyendo la vivienda adju-
ra), siguen teniendo familiares cerca- dicada para ella y su familia nuclear
nos por allí, pero esto no les aseguró a pocos metros de allí, saliendo del
un arraigo capaz de solventar solucio- entorno principal en lo que vendría a
nes habitacionales más o menos esta- ser una de sus espaldas, en el extremo
bles. Nómades en su propio espacio de una hilera de poco menos de una
de nacimiento, no sin idas y venidas decena de viviendas contiguas. Algu-
por fuera de este, quedaron en una nas vecinas de este entorno principal
situación extremadamente precaria, de la intervención en la microzona,
especialmente para sus niños. habían bromeado conmigo sobre lo
Estuvieron a punto de quedar fue- especial que resultaba, por su carác-
ra del Plan Juntos incluso, fuera por ter y actitudes, por ejemplo apare-
tanto de la última de las posibilida- ciendo en las noches de los fines de
des, ya que no existe otra política ha- semana gritando festivamente con el
bitacional que intente llegar a lo más afán de arengar al vecindario. En esta
hondo de la pobreza estructural y la oportunidad, mientras estaba partici-
indigencia. Discusiones con capataces pando de una jornada de trabajo co-
de obra, algunos de los cuales a su vez lectivo en una de las viviendas, junto
se inmiscuyeron en la relación de pa- a varios de los vecinos ya instalados
reja debido a un supuesto abuso por allí, se hizo presente junto a su hija
parte de él hacia ella, incumplimientos más pequeña, con muy buen humor
con los horarios y tareas constructivas y demostrando ganas de participar y
en colectivo, todo lo cual llevó a una generar lazos.
movilización importante por parte de Es así que volvimos a entrar en diá-
trabajadoras y educadores sociales, logo, y luego de que las tareas prin-
e incluso abogados del Plan para en- cipales del grupo de obra acabaran,
contrar una solución. Evidentemente, le consulté si era posible ir a conocer
cada una de las partes posee una ver- su hogar, entrevistándola a ella y a su
sión con sus propias explicaciones de compañero en su propio ámbito do-
los acontecimientos involucrados en méstico. La idea le resultó fantástica, y
estos conflictos. Lo interesante de todo hacia allí nos dirigimos. Una vez que
ello es que finalmente se mantuvieron llegamos nos encontramos con su pa-
dentro del Plan, alcanzando a hacer reja, José, tomando mate dulce en un
realidad el sueño de la casa propia, vaso de vidrio, compartiendo lo que
para felicidad de todos. restaba de la mañana y el comienzo
Ya había entrado en contacto con del mediodía junto a sus otros hijos de
Juana en una de las jornadas del tra- mayor edad, en la letanía del sábado
bajo de campo en “Barrio Amanecer”, de descanso general. La bienvenida

216 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

13. Fachada de la nueva vivienda de Juana y José, en el marco del


Plan Juntos.

fue igual de grata, y mientras las cria- fachada, con los colores blanco y celes-
turas pequeñas siguieron con sus acti- te fuerte, según segmentos diagonales
vidades lúdicas, los adultos nos enco- a los lados de las ventanas.
mendamos en una larga entrevista en Sobre el primer aspecto, José fue
profundidad con momentos de mayor muy elocuente acerca de la elección del
estancia, nuevamente en lo que sería el “mejor” predio para la vivienda parti-
espacio del estar de la nueva vivienda, cular dentro de las posibilidades. Se-
y otros más de desplazamiento por sus gún él, una serie de factores incidieron
otros espacios, en una nueva entrevis- en ello. La ubicación en el contexto ur-
ta recorrida o recorrida entrevistada. bano, el estar lo más cerca posible a la
Desde la llegada al lugar me lla- avenida –que es más una ruta secunda-
maron poderosamente la atención dos ria– la cual conecta a su vez con la ave-
cuestiones: en primer término, que nida principal de toda la zona cerrense
esta fuera la única vivienda conclui- y de allí a toda la ciudad, fue planteado
da y habitada plenamente de la hilera, como fundamental. Después, la cali-
frente a las demás en franca distancia dad de la sedimentación, pues según él
en los respectivos procesos construc- observó cómo rellenaban correctamen-
tivos; en segundo lugar, la forma en te ese sector en su momento los camio-
que sus habitantes habían pintado la nes con material al servicio del Plan, y

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 217


Eduardo Álvarez Pedrosian

cómo no lo hacían de buena forma en grandes resultados, al lograr una obra


los demás terrenos contiguos. de mayor calidad en materiales y ter-
Recordemos que a pocos metros minaciones, tanto en la estructura de
hay una pequeña cañada regularizada muros como en el mencionado suelo y
que es el eje central del “Barrio Ama- en el techo sobre nuestras cabezas.
necer”, y un brazo de esta se abre hacia En relación a la estética de la fa-
esta dirección, en lo que antiguamen- chada, volvería a encontrarme con las
te era un típico ambiente de humedal diagonales y esos colores dentro, con
(Álvarez, 2014b). Este era uno de los lo que constituye el corazón espiri-
cuestionamientos a los procedimien- tual de la casa, el hogar propiamente
tos del Plan. José indicaba señalando dicho (Segalen, 1996), aunque no se
los diferentes materiales utilizados en cocine allí con mayor frecuencia. Es-
su vivienda y en la más cercana que ta es, hasta el momento, la gran obra
se podía ver tras la puerta secunda- de autoconstrucción en el interior de
ria de la cocina, la cual se encontraba la vivienda, la que más la singulariza
abierta, para afirmar cómo tuvo que al distinguirla de las otras y dotarla
trabajar según él en solitario pero con de un carácter particular, conforman-

14. La estufa y su entorno.

218 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

do así una espacialidad irrepetible. pertenecen a imaginarios amplios y


Orgullo de la casa, la estufa ha sido extendidos que pueblan de íconos y
decorada en su chimenea también con otras entidades imagónicas, un univer-
diagonales y pintada con el blanco y el so figurativo al que se apela cuando las
celeste fuerte de la fachada, a lo que se condiciones lo permiten. Y este parece
suman estrellas negras. La parte infe- haber sido el caso, junto, por supuesto,
rior ha sido revestida con tablillas de a otros factores desconocidos por noso-
madera cual lambriz, de uso masivo tros, como el acceso a ciertas pinturas
en la decoración de interiores en estas y no a otras, o la destreza ante el pin-
regiones del continente, por lo menos cel o la brocha para delinear tal o cual
hace varias décadas. El revestimiento forma. De cualquier manera, estamos
cerámico del suelo también fue obra apelando a la existencia de un pragma-
de él y objeto de admiración por todos tismo existencial, ubicado en un cam-
los adultos presentes en el momento. po de inmanencia de puras prácticas,
Pero volviendo al diseño decorativo dentro de las cuales todos estos ele-
de la chimenea, no pude dejar de te- mentos actúan y generan sus propios
ner reminiscencias de formas y colo- agenciamientos (Deleuze y Guattari,
res que me hacían traer a la memoria 1997), haciendo uso de objetos y for-
afectos claramente asociados a rasgos mas en una suerte de arte espontáneo
estéticos propios de ciertas manifesta- o artesanía vernácula.
ciones culturales. Que esto ocurra en la decoración
Luego, con el paso del tiempo y del objeto en el cual se crea el fuego
analizando el material de campo, me puede dar para muchas especulacio-
percaté de que se trataba, en principio, nes. De todas formas, José enfatizaba
de la cultura afro-uruguaya, asociada lo bien que lo pasan todos allí, disfru-
directamente al candombe y a todo tando de esa espacialidad como en el
su universo de sentidos y valores, sin momento en que nos encontrábamos:
dejar de lado las posibles mezclas de “el sol entra por la ventana, ¿y sabés
otras vertientes procedentes del Brasil cómo pega, con un vinito”, a lo que su
ya más ligadas a la amplia y permeable compañera lo interrumpió con un po-
religiosidad popular. La presencia de co de pudor por mi presencia y dijo:
la tradición afro-rioplatense es obvia- “Ah… cállate, ¿qué va a pensar?”. Yo
mente más directa, se puede encontrar me sonreí y asentí con la cabeza. No
en el diseño de la indumentaria con la podía más que asociar lo que me es-
que desfilan los tocadores de tambor taba queriendo transmitir José con las
llevándolos colgados, y por supuesto el posibilidades de un habitar según una
motivo de las estrellas, que como se ha espacio-temporalidad que así lo per-
señalado, es un elemento de probable mitía, al distenderse en una intimidad
procedencia islámica junto a la media donde sentirse dueño de su propio
luna (Olivera, 2005). Estos elementos cuerpo y espíritu, ese tipo de exce-

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 219


Eduardo Álvarez Pedrosian

sos cotidianos propios de “aventuras Gracias a su ingenio, y a sus vínculos


a salvo” en el “confinamiento de los con los nuevos vecinos para los cuales
sentidos” (King, 2008, p. 75). Para en- ha ido desarrollando diferentes traba-
tonces no pude aceptar un mate dulce jos puntuales de albañilería, instala-
más de los que veníamos ingiriendo ciones de este tipo y hasta de sanitaria,
sostenidamente, y mientras Juana se siente que ha logrado proveer a su fa-
disponía a tomar un baño, preparán- milia de un nivel de confort al que ja-
dose para salir junto al grupo de ve- más había llegado ni soñado alcanzar.
cinos del Plan Juntos, que tenían una Había pasado de vivir en las calles, a
actividad de socialización en uno de poder contar con un congelador donde
los principales parques de la ciudad, me mostró había carne picada y algu-
nosotros nos levantamos y comenza- nos otros alimentos listos para ser uti-
mos a recorrer todo el predio, dentro y lizados; de percibir y pensarse como
fuera de la vivienda. incapaz de proyectar una cotidianidad
La nueva cocina, como en todos mínimamente previsible para el sus-
los casos que conocimos en las varia- tento de sus niños, a esta nueva situa-
ciones tipológicas habitacionales del ción fruto de la vivienda construida en
Plan, se encontraba abierta hacia el torno al Plan Juntos y su propio ingenio
espacio más amplio de la vivienda, el y astucia de restaurador.
que por lo general funciona como es- Él y su compañera no se presenta-
tar. Sin dudas es una buena estrategia ron como hurgadores de residuos, pe-
para la optimización de la superficie y ro estas pautas tienen mucho de ello, y
la cualificación de virtuales espaciali- es algo que va más allá de la actividad
dades domésticas, donde las activida- específica en tanto caracteriza proce-
des de variadas funciones cotidianas sos de subjetivación muy presentes en
puedan combinarse. Si bien ya se ob- estos territorios de la periferia urbana.
serva a ambos lados de la preciada es- Lo mismo el trabajo con las manos,
tufa dos televisores y otros aparatos que va de la clásica carpintería a la
electrónicos, junto a una computado- electricidad, y en algunos casos inclu-
ra con su monitor, la cocina concentra so al software y el hardware (Álvarez,
la mayor presencia tecnológica. José 2013a, pp. 179-184). De todas formas,
fue describiéndome cada uno de los según la narración de ambos mientras
electrodomésticos allí presentes, des- recorríamos el sitio, se habían dado
de la heladera al microondas, hacien- una serie de accidentes importantes:
do énfasis en la procedencia de cada la heladera no funcionó correctamen-
uno de los objetos y la forma en que te desde el principio, y tuvieron que
él los había reciclado o recuperado, lo tirar comida echada a perder por falta
que le permitía tener un stock de “co- de frío, así como alguno que otro cor-
mida para los chiquilines”. tocircuito generó fuego puntualmen-
te, y quemó algunos electrodomés-

220 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

ticos en la marcha. Algunos de estos necesariamente de forma incompleta


vecinos a los que hacía referencia co- (Pezeu-Massabuau, 2012).
mo los antiguos propietarios de esos Junto a estas cosas tan significati-
bienes, ya los conocía en el transcurso vas, cargadas de relaciones, prácticas,
del trabajo de campo de esta investi- actantes y todo lo relativo a las redes
gación, y fue muy interesante iden- humanas y no-humanas de contex-
tificar los vínculos transversales que tura de lo real rizomático (Deleuze y
se tejieron en estos nuevos territorios Guattari, 1997; Latour y Yaneva, 2008),
de convivencia. Una suerte de fijación me encontré como en el caso anterior
con estos objetos electrodomésticos, con una fuerte presencia de imagine-
que si bien puede entenderse en rela- ría religiosa. Esta, junto a los diseños
ción al consumo en los estándares de de la fachada y la chimenea, dotaban
clase media a los que parecen asomar- de cuerpo a la estética global del lu-
se, no deja de estar impregnado de esa gar, poniendo nuevamente en consi-
satisfacción por recuperar y poner en deración el papel de lo religioso en el
funcionamiento lo que parece estar diseño de los universos de existencia
destinado a perderse. Y es que ambas más íntimos, evidenciando cómo “La
cuestiones van juntas, dentro de un religiosidad compone tradicionalmen-
nuevo sentido de confort que se vie- te el sistema de sentidos que configura
ne ajustando cada día (Miller, 2008), y la casa, en una poderosa y englobante

15. Cocina.

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 221


Eduardo Álvarez Pedrosian

dimensión moral” (Duarte y Gomes,


2008, p. 180)3. De una gran carga afecti-
va, los símbolos comunican en primera
medida a los propios habitantes con las
entidades correspondientes, con posi-
bles comunidades de fieles, así como a
potenciales rivales que intenten algu-
na conversión en estos territorios “po-
pulares” donde conviven catolicismo,
umbanda y pentecostalismo en más o
menos pluralismo (Duarte y Gomes,
2008, pp. 181-186).
Frente a mi pregunta al respecto,
de por qué tenía tales y cuales imáge-
nes de santos y vírgenes, cruces y de-
más íconos cristianos por toda la casa,
José me relató su historia con el con-
16. Cocina en dirección al estar.
sumo problemático de pasta básica de
cocaína, y cómo se había “rescatado”
gracias a la fe. Había emprendido un
viaje peregrino solo, hacia la ciudad
de Rivera, fronteriza con Brasil, don-
de tenía algunos parientes, con el afán
de escapar de situaciones y relaciones
nocivas al respecto en estos ambien-
tes capitalinos. Parece que allí operó
alguna conversión, cierta revelación
o proceso iniciático que le permitió
centrar sus energías y focalizarlas en
construir a la postre un hogar.
Después José me invitó a visitar los
propios dormitorios, lo que constituyó
para mí otro pasaje a un nuevo umbral
de intimidad. Como planteamos en el
caso anterior, estos resultan ser los am-
17. Jugando en el ordenador. bientes últimos de resguardo y cobijo

3 Traducción del autor.

222 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

18. Pared del estar.

su gran amabilidad y compromiso con


la propia investigación, con “el libro”
que estaba escribiendo. Sí me quedó la
misma sensación de alegría que sen-
tía por el hecho de poder ofrecer a sus
pequeños unos entornos espaciales
propios, nuevamente almacenar sus
bienes más íntimos, en especial la ro-
pa, así como brindarles más tecnología
doméstica: televisores reciclados. A
mí me parecieron cuartos extremada-
mente pequeños, pero comprendí el
salto cualitativo que significa para él y
su compañera el poder contar con tres
dormitorios bien definidos y todo lo
relativo al resguardo y el cobijo que da
19. Pasillo de distribución, entre el estar y
la cocina, con baño al fondo.
la paz del habitar en tales condiciones,
tal como lo expresa uno de los senti-
dos del término (Heidegger, 1994). A
del habitar, y mi intención epistémica la alcoba principal no me llevó: seguía
y ética siempre fue la de sostener di- existiendo algo vedado para el visitan-
cha realidad. De todas formas, me ne- te extraño, a pesar de todo.
gué a mí mismo a realizar fotografías Salimos finalmente hacia el patio
en estas situaciones, para no abusar de trasero de la vivienda, común a toda

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 223


Eduardo Álvarez Pedrosian

20. Detalle del sector de la cocina, junto a la puerta secundaria.

la tira en construcción de esa calle, así contradictorias, hasta opuestas. Nos


como en muchas de las otras ubicadas referimos a lo que implica un lugar
en la centralidad lineal del “Barrio para el ocio y el juego de los niños,
Amanecer”. En este caso, estábamos para el disfrute de lo que se considere
de espaldas a algunas de las vivien- como naturaleza por parte de todos
das construidas en la intervención los miembros de la familia, el tende-
estatal que tuvo lugar anteriormente dero de ropa para su secado, y lo que
allí, la que dio génesis al territorio en es algo así como un depósito-taller,
cuanto tal (Álvarez, 2014b). Un alto donde José acopia los objetos que con-
muro permitía contar con una barre- sidera interesantes a lo largo del tiem-
ra absoluta hacia esa dirección, algo po y se propone restaurar, junto a los
por demás valorado por José y su clásicos insumos para la construcción
compañera, la cual a esas alturas ya que había utilizado recientemente en
había terminado de tomarse su baño la confección de un muro lateral. Los
y volvía con nosotros. Este “fondo” objetos de la cocina ya habrían pasa-
(“quintal” en los términos urbanos do por aquí, seguramente, por el ta-
tradicionales brasileños), estaba sen- ller de posibilidades, donde se saca y
siblemente valorado para la práctica se pone, se abre e investiga, corriendo
de varias funciones, las cuales tam- el peligro también de ir acumulándo-
bién desde una perspectiva diferente se no sabemos hasta qué cota o nivel
de cómo habitar, pueden considerarse que se considere insostenible.

224 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

para asar carnes, como todo montevi-


deano y uruguayo desde las últimas
décadas del siglo pasado (Barceló, 1997,
p. 249); espacio abierto e íntimo al que se
lo ha intentado delimitar desde el prin-
cipio, lo mismo que encontramos en el
caso anterior. “No sabemos quién pue-
de venir a vivir al lado” comentó José,
refiriéndose a la vivienda contigua del
Plan, a la vez que hacia el otro lado, el
del terreno de un vecino que lo ha con-
tratado para trabajos del área sanitaria
y con el que dice tener una excelente re-
lación, ya alzó un muro construido con
sus propias manos, que dio para dialo-
gar más en profundidad sobre algunos
aspectos fundamentales que aquí no
podemos desarrollar en detalle.

21. Patio trasero.

Por el momento solo se encuentra


un juego de comedor para restaurar,
dentro de un carro de supermercado,
y elementos que son parte del trabajo
de autoconstrucción, y una gran man-
ta manchada y rota en varias secciones
oficia de alfombra, e intenta disimular,
con no mucho éxito, las puntas de los
cantos rodados con los que se rellenó el
suelo. Pensar que los pequeños niños
juegan allí y ver a la más pequeña de
todas hacerlo me dio un poco de temor.
De todas formas, para sus padres este
es el espacio en obra por excelencia,
donde proyectan y sueñan despiertos 22. Corredor lateral con muro en medianera.
en construir el tan valorado parrillero

Contratexto n.o 23, enero-junio 2015 225


Eduardo Álvarez Pedrosian

Conclusiones trabajo, las “maneras de hacer” en y lo


cotidiano (De Certeau, Giard y Mayol,
José debe de ser uno de los contados 1999), como conjunto de “tecnologías
casos de adultos jóvenes del departa- del sí-mismo” (Foucault, 1995), en-
mento capitalino montevideano que es cuentran en la intimidad un universo
analfabeto. Me lo narraba en el momen- privilegiado de exploración de todo
to en que expresaba su orgullo y alegría ello, siendo también el de más difícil
por haber alcanzado a “tener la casa acceso y aprehensión. Estos universos
propia”. Esto nos sirve para dimensio- vedados a los “otros”, en sus diferentes
nar el perfil de la población a la que grados y estados, son el entorno donde
llegó el plan sociohabitacional Juntos, se despliega toda la “poética” de la vi-
promovido directamente por el presi- da social (Herzfeld, 2004) en su máxi-
dente José “Pepe” Mujica y financiado ma potencia, donde todas las formas
con la mayoría de su salario. “¿Y de dón- de mediación posibles se convierten
de viene este saber que te ha permitido en materia de expresión para comu-
autoconstruir casi solo tu vivienda?”, le nicarnos a nosotros mismos quiénes
pregunté a José, considerando sus pro- somos y quiénes queremos ser, en la
pias palabras relativas a ello. “De mi ensoñación de ir plasmando una nue-
padre” me contestó. Y esto fue relevan- va realidad a nuestro alrededor.
te en ambas dimensiones: en lo concer- El aura de alegría y plenitud car-
niente al universo de la intimidad aquí gada de esperanzas y deseos fue una
abordado, como a la construcción de constante en el trabajo de campo más
los vínculos intersubjetivos y sus espa- amplio, donde se inscriben estos casos
cialidades “públicas”, tanto por lo que analizados aquí. Se trata de un habi-
comunica hacia fuera su vivienda como tar en movimiento, una intervención
por las prácticas de vecinazgo y labora- habitacional que llegó para sacudir los
les que informalmente desarrolla en el rincones más olvidados de los exclui-
lugar desde que se instaló. dos en la sociedad uruguaya, con todo
“Construir ya es habitar” nos plan- lo conflictivo y complejo que esto con-
tea Heidegger (1994), y sus implican- lleva, sin lugar a dudas. Lo cierto es
cias para el conocimiento de los proce- que en las intimidades de sus habitan-
sos de subjetivación, para las prácticas tes podemos encontrar esta activación
de composición de nuestros universos de la subjetividad, este ponerse en
existenciales, siempre heterogéneos, marcha y proyectarse, en contrapun-
es más que considerable: nos obliga a tos diversos con los territorios de lo
pensar las materialidades en devenir público, también en construcción y en
(Latour y Yaneva, 2008), la vida co- alcances de mayor abstracción. El tan
mo una obra inconclusa en perpetuo mentado “empoderamiento” de estas
rediseño (Ingold, 2012). Como hemos poblaciones encuentra en su dimen-
intentado poner de manifiesto en este sión más subjetivante, la de los afectos

226 Contratexto n.o 23, enero-junio 2015


Vislumbrando intimidades: narrativas espaciales en tránsito

y la sensibilidad, en la intimidad, su Álvarez Pedrosian, E. (2014a). Espacia-


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