Evidencias del Libro de Mormón

por el élder Milton R. Hunter
'Este artículo fue tomado y traducido del discurso pronunciado por el élder Hunter, ahora fallecido, durante la Conferencia General de la Iglesia que se (levó a cabo en abril de 1970. (Improvement Era, junio de 1970, págs. 100-101.)

Poco antes de que el profeta José Smith hubiera completado la traducción del Libro de Mormón, Jesucristo y el ángel Moroni dieron testimonio de que la traducción del libro era correcta. Nunca en la historia del mundo había sucedido un acontecimiento tan maravilloso con relación a un libro. Algunos años atrás un apóstol me dijo: "Si se encontrara un libro indio que sostenga o apoye el Libro de Mormón, sería un descubrimiento de enorme significado." Tal libro existe; más aún, presentaré citas de cuatro libros indígenas producidos durante el período colonial americano que contienen material similar al que se encuentra en el Libro de Mormón. Los escritores indios agregan un testimonio de la veracidad del Libro de Mormón. Ixtlfxochitl, un príncipe indio que vivió en el valle de México, escribió un libro conteniendo la historia desus antepasados desde el tiempo de su arribo a América hasta la llegada de los españoles. Lo escribió en base a documentos heredados de sus antepasados; así, el libro Trabajos de Ixtlilxochitl constituye una versión lamanita de la historia de los antiguos americanos, mientras que el Libro de Mormón representa la versión nefita. Los dos libros tienen numerosas cosas en común, y cada uno verifica al otro. Por ejemplo, el Libro de Mormón declara que la antigua América fue primeramente poblada por un grupo de colonizadores llamados "jareditas", quienes vinieron de la Torre de Babel. Ixtlilxochitl también declara que los primeros pobladores de América después del diluvio

vinieron "de una muy alta torre" o sea, la Torre de Babel. Observemos cuán similares son los relatos al compararlos: ' . . . Jared vino de la gran torre con su hermano y sus familias, y con algunos otros y sus familias, en la época en que el Señor confundió el lenguaje del pueblo, y juró en su ira que serían dispersados por toda la superficie de la tierra; y conforme a la palabra del Señor fue dispersada la gente." (Et. 1:33.) Ixtlilxochitl, el escritor indio, escribe: . . . y . . .los hombres multiplicándose hicieron una muy alta torre, para protegerse en ella cuando el segundo mundo fuera destruido. Cuando las cosas estaban en lo mejor, su lenguaje fue cambiado y como no podían comprenderse unos a otros se fueron a diferentes partes del mundo." (Trabajos de Ixtlilxochitl, citado en Milton R. Hunter y Thomas Stuart Ferguson, "Ancient America and the Book of Mormon -La antigua América y el Libro de Mormón-, 1950, pág. 24.) Haciendo otras comparaciones adicionales entre el Libro de Mormón y los registros o trabajos de Ixtlilxochitl, citaré de los escritos jareditas: " . . y el Señor se compadeció de Jared; por tanto, no confundió el lenguaje de Jared. “. . y el Señor tuvo compasión de sus amigos y de las familias de ellos también, y no fueron confundidos." (Eter 1:35, 37.) Entonces el Señor guió a la colonia de Jared por un valle hasta la orilla del mar y en barcos los hizo llegar a América, la tierra a la cual El declaró como "una región que es favorecida sobre todas las regiones de la tierra" (Eter 1:42).

La historia de Ixtlilxochitl que se compara a ésta declara: ". . . y los toltecas, que eran como siete compañeros con sus esposas, y se comprendían en un mismo lenguaje entre ellos, vinieron a estas partes habiendo cruzado primero tierras y mares, viviendo en cuevas, padeciendo graves penalidades, hasta que llegaron a esta tierra, la cual ellos encontraron buena y fértil para habitar." (Ixtlilxochitl, págs. 24-25.) Ambos textos, el Libro de Mormón y los Trabajos de Ixtlilxochitl, declaran que otros dos grupos de colonizadores emigraron desde el Viejo Mundo a América. El primero de estos grupos vino de Jerusalén en el año 600 a. de J. C., y más tarde dividieron en dos llamados nefitas y lamanitas. Estos últimos tenían tez oscura o bronceada, tal como los indios americanos. El otro grupo, los mulekitas, salió de Jerusalén en el año 586 a. de J. C. y después se mezcló con los nefitas. El Libro de Mormón habla de los nefitas como "blancos y sumamente bellos y deleitables" (2 Nefi 5:21). Ixtlilxochitl, hablando de ese grupo de colonizadores a quienes él (lama toltecas, dice: "Estos reyes eran de alta estatura, y blancos y barbados, semejantes a los españoles. . ." (Ixtlilxochitl, pág. 240.) Poco después que Don Pedro de Alvarado y sus huestes conquistaron Guatemala,> más o menos en el año 1526, los indios de aquellas tierras escribieron cuatro libros: Anales de los

cackchiqueles, Título de los Señores de Totonicapán, Popo¡ Vuh y Anales de los Xahil. Todos estos libros dan testimonio adicional del Libro de Mormón. Cada uno de ellos concuerda con los Trabajos de Ixtlilxochitl, y todos verifican el Libro de Mormón, el cual declara que los antiguos americanos vinieron del otro lado del mar, que fue construido un barco en un lugar llamado Abundancia, bajo la dirección de Nefi, el menor de los cuatro hermanos que salieron de Jerusalén con su padre Lehi. Bajo la dirección de Nefi los colonizadores vinieron a América en aquel barco. En Anales de los Xahil leemos: " '¿Cómo cruzaremos el mar, oh, nuestro hermano menor?' dijeron ellos. Y nosotros respondimos 'Lo cruzaremos en los barcos.' Entonces entramos en los barcos . . . y navegamos al este y llegamos allí." (Anales de los Xahil, traducción y notas de George Raymond, Miguel Angel Asturias y J. M. Gonzáles Mendoza, Editorial Universitaria, México, 1946.) Los indios quichés que escribieron Totonicapán declararon que ellos eran "descendientes de Israel, de la misma lengua y las mismas costumbres . . . Eran los hijos de Abraham y Jacob." (Titulo de los Señores de Totonicapán, pág. 170. ) El Libro de Mormón hace una declaración similar. Los nefitas, lamanitas y mulekitas vinieron de Jerusalén y ellos también eran descendientes de Israel, o sea, hijos de Abraham y Jacob. En el libro de "Totonicapán" se afirma que el Señor dio al líder de este antiguo grupo un "presente llamado Giron Golgal", el cual guió a los antepasados de los indios a través del océano a su nueva tierra.

Este regalo es comparable al instrumento llamado Liahona, que le fue dado a Lehi por el Señor para que les sirviera como compás para guiar a su pueblo desde Jerusalén a América. (Véase 1 Nefi 16:10, 17; 18:12; D. y C. 17:1.) Es significativo hacer notar que Ixtlilxochitl describe las terribles tormentas que ocurrieron en América al tiempo de la crucifixión de Cristo, lo cual confirma el relato del Libro de Mormón. Cito a Ixtlilxochitl: " . . el sol y la luna se eclipsaron, la tierra tembló, las rocas se rompieron y muchas otras cosas y señales ocurrieron. Esto sucedió en el año de El Calli . . . el cual ajustándolo a nuestra cuenta viene a ser el mismo tiempo cuando Cristo, nuestro Señor, sufrió; y ellos dicen que sucedió durante los primeros días del año." (Ixtlilxochitl, pág. 190.) Es importante destacar que en el relato del Libro de Mormón también las grandes tormentas ocurrieron exactamente al mismo tiempo en que Cristo era crucificado y durante los primero días del año. (Véase 3 Nefi 8:5-19.) Después de esta terrible tormenta y de tres días de oscuridad, los nefitas se reunieron en los alrededores del templo, en el país de Abundancia. Allí oyeron una voz que les hablaba tres veces desde los cielos, pero no podían entenderle; la tercera vez percibieron que decía: "He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd" (3 Nefi 11:7). Todos miraron hacia el cielo y vieron a un hombre descendiendo vestido con una túnica blanca (3 Nefi 11:8). El vino, y parándose en medio de ellos, dijo: ". . . he aquí yo soy Jesucristo de quien los profetas testificaron que vendría al mundo" (3 Nefi 11:10).

Durante los siguientes meses El apareció a los nefitas muchas veces, dando a ellos el sacerdocio y enseñándoles su evangelio. Tan impresionante fue la influencia del Señor resucitado sobre los antiguos americanos, que cuando los españoles llegaron encontraron a todas las tribus indias a través del hemisferio occidental anhelantemente adorando su recuerdo. Durante el período colonial americano, por todas partes fueron encontradas tradiciones que hablaban de un Dios blanco y con barba que visitó a los antepasados de los indios en la antigua América. Todos estos escritos y tradiciones indias dan testimonio de la visita hecha por el Salvador resucitado a América tal como quedó registrada en el Libro de Mormón.

CUATRO VERSIONES INCAS DE LA LEYENDA DEL DIOS BLANCO
por Kirk Magleby
Nota: En el intento de preservar la autenticidad de los escritos que sirven como referencia a este artículo, no se han hecho correcciones ni en la ortografía ni en !a sintaxis castellana de los mismos. La redacción.

Es muy conocido el hecho de que casi todas las tribus indígenas del Hemisferio Occidental han preservado tradiciones sobre la aparición en la antigüedad de un dios blanco que bajó del cielo para instruir y organizar a su pueblo. Algunas de las versiones más interesantes de esta extendida tradición proceden del Perú, donde se conoce a ese dios legendario bajo los nombres de Kon Tiki Viracocha, Tunupa, Pachacamac, Tarapaca o Arnauan, según la región del país. Cuatro afamados cronistas que escribieron historias de los incas; Pedro Cieza de León, Pedro Sarmiento de Gamboa. Juan 8etanzos y Juan de Santa Cruz Pachacuti, registraron interesantes relatos de ese dios blanco y barbado. Dichos escritos nos dan una descripción bastante detallada de su apariencia, personalidad y visitas a los antepasados de los indios andinos. Cieza de León llegó a Perú en 1548 como soldado de un destacamento enviado para sofocar una rebelión que se había convertido en una guerra civil entre tos españoles. Permaneció allí hasta 1550, tiempo durante el cual visitó casi toda aquella tierra recién conquistada, observando y registrando por escrito descripciones del terreno, la flora, las costumbres nativas y los aspectos más importantes de la historia indígena. Desde sus viajes a Colombia, en 1541, habla llevado un diario de sus observaciones: pero en Perú, Cieza de León se dejó fascinar por la idea de escribir una historia del país y sus nativos. Después determinar

sus deberes militares, se dedicaba a conversar con los amautas (hombres sabios entre los indios) y los orejones (nobles incas), así como con españoles versados en esos conocimientos, afín desprender todo lo que podía sobre la historia y las tradiciones del Imperio Inca. "Lo que yo aquí escribo son verdades y cosas de importancia, provechosas . . .", escribió en la dedicatoria de su primer libro, `pues muchas veces cuando los otros soldados descansaban, cansaba yo escribiendo." La primera obra de este historiador, La crónica del Perú, fue publicada por primera vez en Sevilla, en 155; la última, El señorío dolos incas, permaneció inédita hasta 1880. En el capítulo cinco de ésta última, Cieza de León relata la siguiente leyenda sobre la aparición de un dios blanco a los antepasados de aquellas indígenas: "Antes que los Incas reinasen en estos reinos rv en ellos fuesen conocidos,cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas las que ellos dicen, porque afirman que estuvieron mucho tiempo sin ver el sol y que, padeciendo gran traba¡o con esta falta, hacían grandes votos é plegarias á los que ellos tenias por dioses, pidiéndoles la lumbre de que carecían; y que estando desta suerte, salió de la isla de Titicaca, questá dentro de la gran laguna del Collao, 1 el sol muy resplandeciente, con que todos se alegraron. Y luego questo pasó, dicen que de hacia las partes del Mediodía vino y remanesció un hombre blanco de crecido cuerpo, el cual "La gran laguna del Collao tiene por nombre Titicaca, por el templo que estuvo edificado en la misma laguna; de donde los naturales tuvieron por opinión una vanidad muy grande, y es que cuentan estos indios que sus antiguos lo afirmaron por cierto, como hicieron otras burlerías que dice, que carecieron de lumbre muchos días, y que estando todos puestos en tinieblas y obscuridad salió desta isla de Titicaca el sol muy resplandeciente, por la cual la tuvieron por cosa sagrada." (Pedro Cieza de León, La crónica del Perú, cap. C II I.)
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en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y veneración, y queste varon, que así vieron, tenia tan gran poder, que de los cerros hacia llanuras y de !as llanuras hacia cerros grandes, haciendo fuentes en piedras vivas; y como tal poder reconociesen, llamábanle Hacedor de todas las cosas criadas, Principio deltas, Padre de! sol, porque, sin esto, dicen que hacia otras cosas mayores, porque dio sér á los hombres y animales, y que, en fin, por su mano les vino notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que á mi me !o dixeron, que oyeron á sus pasados, que ellos tambien oyeron. en los cantares que ellos de lo muy antiguo tenían, que fué de largo hácia el NORTE, haciendo y obrando estas maravi;nas, por el camino de la serranía, y que nunca jamás lo volvieron á ver. En mu;:hcs lugares diz que dió órden á los hombres es cómo viviesen, y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos á los otros no se hiciesen daño ni injuria, ántes, amándose, en todos hubiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte Ticiviracocha, aunque en la provincia del Collao le /laman Tuapaca. y en otros lugares delta Arnauan. Fuéronle en muchas partes hechos templos, en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y de- ' lante deltos hacían sacrificios: los bultos grandes questán en el pueblo de Tiahuanacu, 2 se tiene que fué desde aquellos tiempos; y aunque, por fama que tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de Ticiviracocha, no saben decir dél más, ni que volviese á parte ninguna deste reino." 3

Las ruinas de la ciudad de Tiahuanaco, el vestigio más importante de la cultura del mismo nombre, se encuentran en el este de Bolivia, muy próximas al Lago Titicaca.
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Pedro Cienza de León, El señorío de los incas, Lima: Editorial Universo S. A., 1973, cap. V, págs. 18-19.
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Pedro Sarmiento de Gamboa fue un navegante y escritor español, que era capitán en el ejército de su país. Mientras se encontraba estacionado en Cuzco, Perú, recibió del virrey Francisco de Toledo la orden de recopilar una historia de los incas. Sarmiento de Gamboa convocó a los hombres sabios más viejos que había en esa capital de los incas y habló con ellos, uno a uno, personalmente; luego comparó sus declaraciones, sacó sus propias conclusiones y escribió parte de la historia que se le había solicitado. Su manuscrito llevaba el título Historia de los Incas, Segunda Parte de La Historia Llamada Indica, y fue el segundo tomo de una gran obra que originalmente se pensó publicar en tres volúmenes. Sin embargo, el manuscrito inédito permaneció bajo custodia de los reyes españoles durante muchos años, siendo finalmente vendido a la biblioteca de ta Universidad de Gotinga, en Alemania, donde fue descubierto y finalmente publicado en Berlín, en 1906. La versión que da Sarmiento de Gamboa sobre la leyenda del dios blanco aparece a continuación: "Todos concuerdan en que la creación destas gentes la hizo el dicho Viracocha, el cual tienen noticia que fue un hombre de mediana estatura, blanco y vestido de una ropa blanca a manera de alba ceñida por el cuerpo, y traía un báculo y un libro en las manos. Y tras esto cuentan un extraño caso, que, como después quel Viracocha crió todas las gentes, viniese caminando, llegó a un asiento donde se habían congregado muchos hombres de los por él criados. . . Viracocha prosiguió su camino, haciendo sus obras e instruyendo las gentes criadas . . . Y quiriendo dejarla tierra del Pirú, hizo una habla a los que había criado, avisándoles de cosas que les habían de suceder. Les dijo que vendrían gentes algunas que dijesen que ellos eran el Viracocha, su Criador, y que no los creyesen, y que¡ en los tiempos venidero: les enviaría sus

mensajeros para que los amparasen y enseñasen. Y esto dicho, se metió con sus dos criados por la mar, e iban caminando sobre las aguas, como por la tierra, sin hundirse." 4 Juan de Betanzos era un cronista y conquistador español, de los primeros que invadieron el Perú al mando de Francisco Pizarro. Apenas llegaron a esa tierra, Betanzos comenzó a estudiar el quechua, el idioma de los incas, y pudo dominarlo hasta el punto de ser nombrado intérprete oficial de la corte real. Las primeras de sus obras que se publicaron fueron dos diccionarios EspañolQuechua. Betanzos se casó con una princesa inca y se estableció en Cuzco, reuniendo datos y observaciones que él mismo conseguía, hasta 1551, año en que se publicó su tratado sobre la historia y las tradiciones de los indios andinos titulado Suma y narración de los incas. Al escribir, tenía especial cuidado en "guardar la manera y orden de hablar de los naturales" (dedicatoria del libro). Esta es su descripción del dios Viracocha: ". . . que preguntando á los indios que figura tenia este Viracocha cuando ansi le vieron los antiguos, según que dello ellos tenían noticia y dijeronme que era un hombre alto de cuerpo y que tenia vestidura blanca que le daba hasta los pies, y questa vestidura traía ceñida, é que trata el cabello corto y una corona hecha en ta cabeza á manera de sacerdote y andaba destocado, y que traía en las manos cierta cosa qué á ellos les parece el día de hoy como estos breviarios que los sacerdotes traían en las manos . . . preguntéles como se llamaba aquella

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Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia de los incas, segunda parte de la Historia Indica, Buenos Aires: Emecé Editores, 1943, págs. 108-109.

persona en cuyo lugar aquella piedra era puestas, 5 y dijéronme que se llama Con Tic¡ Viracocha Pachayachachic, que quiere decir en su lengua, Dios Hacedor del mundo." 6 Muy poco se sabe del que escribió laleyenda que aparece más abajo. Se trataba de un indio procedente del sur del imperio inca, que se enorgullecía de haber sido "cristianizado". Firmó sus escritos con el nombre don Juan de Santacruz Pachacuti Yamqui, y el manuscrito, hecho en una extraña mezcla de español y quechua, permaneció inédito hasta 1880. No obstante, la versión del dios blanco que da este autor es por demás interesante: "Y passado algunos años después de aberlos ydo y echado a los demonios . . . desta tierra, an llegado entonces a esas provincias y reynos de Tabanatinsuyo 7 un hombre barbudo, mediano de cuerpo y con cabellos largos, y con camissas algo largas, y dizen que era ya hombre passado más que de moco, y trayey las canas, hera flaco, el qual andava con su bordon, y era que enseñaba a los naturales con gran amor, amandoles a todos hijos y hijas, el El monumento de piedra al cual se refiere era una estatua en tamaño natural del dios Tikiviracocha, que antiguamente se encontraba en el Templo de Viracocha, en el sur del Perú. Véase Pedro Cieza de León, La crónica del Perú, cap. XCVIII.
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Juan Diez de Betanzos, Suma y narración de los incas, Madrid: Marcos Jiménez de la Espada, Imprenta de Manuel G. Hernández, 1880, cap. II, pág. 7. Tahuantinsuyo, nombre dado al Imperio Inca cuya capital era Cuzco y que se extendía abarcando casi 2 millones de km2; estaba dividido en cuatro grandes regiones, y éstas en provincias.

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qual no fueron oydos ni hechos casso de los naturales, y quando andaba por todas las provincias ha hecho muchos milagros, y bisibles; solamente con tocar a los enfermos los sanaba, el qual no trayey enterés ninguno ni trayey atos, el quál dizen que todas las lenguas hablava mejor que los naturales, y le nombravan TONAPA o TARAPACA VIRACOCHANPA CHAYACHICACHAN o PACCHACANYBICCHHAYCAMAYOC CUANACUYCAMAYOC . . . Reprehendiendoles con amor afable, y por el dicho Apotampo 8 los oyeron con atención, recibiendole el dicho palo en su mano, de modo que en un palo los recibieron lo que les predicava, señalandoles y rayandoles cada capítulo de las rrazones. Este baron llamado Thonapa dizen que andubo por aquellas provincias de los collasuyos, 9 predicandoles sin descansar . . . El cual dicho Thonapa dizen que los maldijo el dicho pueblo, de que vino a azer anegados con agua, y el día de oy se llama Yamqui Cupacocha, la laguna, que los yndios deste tiempo casi todos lo saben que como antiguamente hera pueblo principal y agora es laguna. Lo uno dizen que en un cerro muy alto llamado Cachapucara, estaba o abia un ydolo en figura de mujer, a el cual dizen que Tunapa tuvo gran odio con el dicho ydolo, y después le hecho fuego y se abrasó el dicho cerro con el dicho ydolo, rrebentandoles y derretiendoles como una cera el dicho cerro, y hasta el día de oy hay señales de aquel milagro espantable, jamás oído en el mundo . . . Dizen quel dicho Tunapa pasó siguiendo al rrío de

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Los apotampos eran posadas que había a lo largo de los caminos del imperio, a través de los Andes. Collasuyo, al sur de Cuzco, era una de las cuatro grandes regiones en que se encontraba dividido el Imperio Inca, y abarcaba la zona del Lago Titicaca.

Chacamarca, hasta topar en la mar. Entiendo que pasó por el estrecho hacía la otra mar. Esto han averiguado por antiguos inqas antiquísimos.” 10 Uniendo los elementos de estas cuatro versiones de la tradición inca del dios blanco en una sola descripción, surge un interesante retrato del dios Viracocha. Se trataba de un dios creador que vino a la tierra a visitar a los hombres a quienes había creado, a instruirlos y organizarlos. Era de piel blanca, de estatura mediana o grande, y llevaba puesta una túnica blanca, sujeta en la cintura, que le llegaba hasta los pies; ya no era un jovenzuelo; tenía el pelo blanco y era delgado; cuando caminaba, llevaba un báculo y un libro en las manos, y algunas veces se le vio llevar una corona en la cabeza. Aunque demostraba suprema autoridad, hablaba con humildad y amor, llamando a todos sus hijos e hijas. Muy anterior a la época del imperio inca, la visita de este Viracocha se constituyó en la tradición más importante de los pueblos andinos. Durante muchos días antes de su venida, el sol se oscureció y la gente sufrió tremendas privaciones por la falta de luz solar. Sólo después de mucho suplicar y orar intensamente se les devolvió la luz, después de lo cual apareció el Viracocha. En todas las partes que visitó, llevó a cabo milagros; hizo que se aplanaran las colinas y se levantaran los valles para formar montañas; hizo brotar agua de las rocas, devolvió la vida a hombres y animales y caminó sobre las aguas; curó a los enfermos con solamente tocarlos, y hablaba todos los idiomas de la región con igual facilidad. Cuando Viracocha maldijo una ciudad, ésta quedó sumergida en un lago y todos sus habitantes se
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Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui, Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú, en Tres relaciones de antígüedades peruanas, Asunción del Paraguay: Editorial Guarania, 1950, págs. 210-213.

ahogaron; maldijo una montaña, y ésta fue consumida por fuego del cielo. El dio a los con caridad; además, amonestó a la gente por su iniquidad. Les entregó una copia de su sermón, escrita en un palo, y luego la revisó con ellos haciendo hincapié en los puntos importantes. Habló a una gran congregación, diciéndoles los acontecimientos que sobrevendrían, y les advirtió que aparecerían hombres que declararían falsamente ser el Viracocha; pero también les prometió que en tiempos futuros les enviaría mensajeros y siervos suyos para enseñarles y protegerlos. No poseyendo valores materiales, Viracocha se fue sobre el mar al final de su visita, y el pueblo jamás volvió a saber de él. No resulta difícil comprender que algunas personas declaren que existe una fuerte relación entre las muchas versiones de la leyenda del dios blanco que tienen los diversos pueblos indígenas de América y el relato de la visita del Cristo resucitado a los pueblos americanos, registrado en el Libro de Mormón. Muchos de los detalles de estas versiones peruanas de dicha leyenda parecen dar crédito a esas afirmaciones. Más aún, parecería que los indios que las relataron a los cronistas españoles las conocían muy bien. Un Libro Que Merece Respeto por John W. Welch He llegado a descubrir que por medio del Libro de Mormón se puede convencer a los eruditos, aunque éstos no se conviertan. En el curso de los años, el Libro de Mormón ha llegado a significar muchas cosas importantes en mi vida. Pero, principalmente, este gran libro ha demandado una clase de respeto muy especial.

Para mí el Libro de Mormón es en realidad un libro maravilloso. Y cuanto más aprendo acerca de él, más asombroso se vuelve por su precisión, uniformidad, validez, por la vitalidad que encierra en cada una de sus páginas, por sus enseñanzas y utilidad. No quiere decir que todas estas cualidades sean sorprendentes en un libro preservado en forma tan milagrosa; más bien, continúa siendo maravilloso en el sentido de que toda gran obra de literatura inspira un sentimiento extraordinario de admiración y respeto. En vista de este conocimiento, nunca podría recalcar demasiado el respeto que siento hacia el Libro de Mormón, como un registro exacto y precioso.

El quiasmo en Mosíah 5:10-12:
A Y acontecerá que quien no tome sobre sí el nombre de Cristo B tendrá que ser llamado por algún otro nombre; C por tanto, se hallará a la izquierda de Dios. D y quisiera que también recordaseis que éste es el nombre . . . E el cual nunca sería borrado, sino por transgresión;

F

F

por tanto, tened cuidado de no transgredir, para que el nombre no sea borrado de vuestros corazones.

E

D

… quisiera acordaséis de siempre conservar escrito este nombre ...

A

para que no os halléis a la izquierda de Dios, B sino que oigáis y conozcáis la voz por la cual seréis llamados, y también el nombre por el cual él os llamará

C

Siempre había valorado y respetado el Libro de Mormón; pero no fue s¡no hasta que empecé a verlo como un testimonio ante eruditos, que comencé a darme cuenta del gran respeto que este libro en verdad merece. S¡n ninguna vacilación, se puede decir que el Libro de Mormón es admirado intelectualmente: contiene más de lo necesario para considerársele, teniendo en cuenta cualquier serie de normas establecidas, uno de los libros más admirables en la historia de la humanidad. En las últimas

décadas ha surgido una gran variedad de materiales antiguos, incluyendo muchísimos escritos religiosos que corroboran la respetabilidad de este gran libro y que cambian radicalmente ciertas opiniones estrictas que los eruditos tenían hacia la literatura sagrada. Sin embargo, el presentar este material en conexión con el Libro de Mormón a personas letradas acarrea problemas especiales: pocos de ellos van a permitir que se les convierta por el poder del Espíritu Santo. Pero, ¡cuán significativo es el que muchas de estas personas, aunque no han sido convertidas, queden convencidas por el Libro de Mormón! Y aunque los testimonios no son el producto de teorías académicas o de conclusiones versadas, existen aquellos para quienes una convicción intelectual puede despertar una sensibilidad espiritual. La mayoría de nosotros ha tenido experiencias con el poder convertidor del Libro de Mormón. Pensemos por un momento en cuanto a su poder convincente. Me he dado cuenta de que de la misma forma en que con gran poder el Libro de Morrxión se comunica con mi espíritu, con toda elocuencia se comunica con mi mente. Posee una inmensa capacidad de convencer a los estudiosos de que lo deben aceptar seriamente. A continuación presento algunos ejemplos que sirven para ilustrarlo que quiero exponer. Mientras me encontraba en Alemania, asistí a una serie de conferencias en la Universidad de Regensburg, dictadas por un catedrático ilustre. En una de las conferencias el tema que se trató fue el quiasmo en los evangelios según Mateo y Marcos. Es una forma antigua del arte literario, empleada con gran frecuencia en la Biblia. Un pasaje que se escribe en esta forma de estilo está dispuesto de manera que el primer elemento en el pasaje sea paralelo con el último, el segundo con el penúltimo, y así sucesivamente hasta llegar al centro. Durante sus presentaciones, el profesor recalcó varias veces que la presencia del quiasmo. especialmente en el Evangelio según Mateo, era una evidencia del razonamiento del Cercano Oriente y no del pensamiento occidental. Poco después de concluidas sus presentaciones. hice arreglos para hablar con el profesor en su oficina. Mi propósito era el de mostrarle cuatro pasajes

complejos escritos en forma de quiasmo que había encontrado en el Libro de Mormón. (Mosíah 3:18-19. 5:10-12; Alma 36 y el libro de 1 Nefi.) Nuestro encuentro fue breve, ya que la evidencia del pensamiento antiguo oriental que se encontraba en el Libro de Mormón no necesitaba mucha explicación: y el profesor, confuso por lo ineludible de la conclusión para la que él mismo había establecido las premisas, quedó convencido y sin nada que decir. Un segundo erudito fue uno de los teólogos católicos más prolíficos de la década de los 60, que también había escrito sobre el quiasmo en el libro de Mateo. Se trataba de un sacerdote Jesuita que vivía en un monasterio en Austria. En vista de que yo había tratado de entablar comunicación con él para darle a conocer información sobre mi estudio del Libro de Mormón, quedé muy agradecido cuando recibí su invitación para ir a visitarle. Cuando lo hice, pude decirle mucho de lo relacionado con el Libró de Mormón. Aunque él ya había oído y leído de su historia antes, nunca se había detenido a pensar en él. Gran parte de su obra profesional habla tratado el libro de Mateo, demostrando que era un documento de gran exquisitez literaria, escrito conscientemente con una estructura compleja y no únicamente narrativa. Una de las evidencias que utilizó para probar su punto fue la presencia de estructuras paralelas de cuatro y ocho partes que se encuentran en Mateo, de las cuales una de las más notables está en Mateo 5:3-10. las bienaventuranzas. Lo interesante del caso es que el Libro de Mormón también usa estructuras de cuatro y ocho partes: de manera que cuando le mostré algunos de estos ejemplos en el discurso del rey Benjamín en el libro de Mosíah: y otro muy convincente en Alma 34:18-25, su falta de interés hacia el Libro de Mormón pronto desapareció. Hacia el final de nuestra conversación. este erudito, que en sus más de sesenta años de estudios había visto muchas cosas y adquirido toda clase de conocimiento, seriamente movía la cabeza en señal de aprobación. En forma muy particular recuerdo la manera en que sus ojos hicieron eco al entusiasmo que yo sentía por el Libro de Mormón. Concluyó nuestra conversación diciendo: "Aquí has encontrado mucha vida, y una vida entera de trabajo".

Otro encuentro que resultó ser una experiencia muy provechosa fue con un estudiante que tenía el doctorado y estudiaba historia de los primeros días del cristianismo en el Instituto Pontificio Bíblico en Roma. Por lo que podía yo ver, este brillante erudito había recibido todo honor y privilegio de estudiar teniendo a su disposición las grandes bibliotecas del Vaticano. Un amigo nos presentó durante una reunión planeada específicamente con el propósito de examinar el Libro de Mormón, y en particular algunos de sus textos rituales e históricos. Por ejemplo, analizamos en forma descriptiva la filosofía de Lehi y su manera de actuar en relación con los asuntos internacionales contemporáneos. Los gobernantes de Israel se habían aliado con Egipto en contra de su común enemigo. Babilonia. Sin embargo, Jeremías había criticado en forma muy vehemente esta decisión, y parece existir evidencia de que las opiniones políticas de Lehi eran tan poco populares como las de Jeremías. Una de las ciudades aliadas de Babilonia era Sidón (en Fenicia), a pesar de que su ciudad hermana, Tiro. se había unido a Egipto. La gente del Libro de Mormón con frecuencia usaba el nombre Sidón: existe una ciudad llamada Sidón, un río conocido como Sidón y hasta un hombre llamado Gidgiddona, que, según el doctor Hugh Nibley. de la Universidad Brigham Young. es el nombre egipcio de Sidón. Sin embargo. el nombre de Tiro nunca aparece de ninguna forma en el Libro de Mormón, a pesar de que en el Antiguo Testamento los dos nombres están constantemente ligados entre sí; uno casi nunca aparece sin que se mencione el otro. Esta preferencia que aparentemente existía en el Libro de Mormón por Sidón en vez de Tiro encaja perfectamente en la situación del mundo que Lehi conocía, y co«obora las deducciones del doctor Nibley de que Lehi posiblemente era un comerciante de gran influencia en ciudades extranjeras, cuya seguridad y prosperidad las garantizaba el Chuwa, o "contrato de amistad", que protegía a un extranjero en otra ciudad-estado. Es natural que, aunque conocía el egipcio, él (al igual que Jeremías) lamentara la alianza de Israel con Egipto, pues podía ver que su nación estaba perdiendo su seguridad. (Véase Approach to the Book of Mormon, Curso del Sacerdocio de Melquisedec, 1957, pág. 52.)

Este fue sólo uno de los muchos aspectos que yo deseaba analizar con tan eminente erudito, aunque al principio temía que nuestro encuentro iba a ser un tanto difícil. El había leído varios de los capítulos del Libro de Mormón y los había entendido con bastante precisión, considerando que era la primera vez que los leía, pero su conclusión había sido de que el libro no tenía esencia alguna. Examinamos una y otra vez lo que él había leído, considerándolo desde puntos de vista diferentes. Después de muchas horas y de muchas palabras tuvo que admitir que el libro era de gran significado. "Esto es un libro", dijo, "que es imposible pasar por alto." En mi último año de estudios en la Universidad Brigham Young participé en el concurso nacional para recibir la beca Woodrow Wilson, nombre que había recibido en honor de un ex presidente de los Estados Unidos. Una parte importante de este concurso era la tradicional entrevista privada de media hora, en la que tres jueces le hacían al participante cualquier pregunta que quisieran. En mi entrevista, todo iba muy bien cuando de repente, a mitad de la entrevista, uno de los jueces cambió de tema. Mi expediente contenía una copia de mi artículo sobre el Libro de Mormón que había sido publicado por la universidad; de manera que ese fue el tema de su pregunta. En tono algo desafiante dijo: "¿Acaso el Libro de Mormón no roba de la Biblia sus enseñanzas?" Los siguientes cinco minutos estuvieron llenos de tensión. Empecé a demostrarle que el Libro de Mormón difería de la Biblia en varias maneras muy cruciales. Por ejemplo, en el Sermón del Monte, que aparece en ambos libros, la Biblia, según la versión del Rey Santiago dice: "Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, sin ningún motivo, será culpable de juicio". (Mateo 5:22; cursiva agregada.) La frase que va en cursiva parece ser una interpolación que se le añadió al texto mucho después de que fuera escrito por Mateo. Los primeros manuscritos del Nuevo Testamento no la tienen, ni tampoco el Libro de Mormón (véase 3 Nefi 12:22). La versión Reina-Valera, en español, tampoco la tiene. También hice mención de las numerosas diferencias entre aquellos pasajes seleccionados de Isaías que se citan en el Libro de Mormón y los mismos pasajes en la Biblia; a las similaridades importantes entre el lenguaje

figurado del Libro de Mormón y el mismo tipo de lenguaje judío, no bíblico (especialmente en lo que respecta al árbol de la vida y a la importancia de José); y finalmente, a la poesía original como parte de los escritos de los profetas del Libro de Mormón. Hubo por lo menos dos aspectos que me hicieron pensar que mi respuesta había sido convincente. Primero, uno de los otros profesores por fin le dijo en forma bien directa al que hacía la interpelación: "A mí eso no me parece robar. ¿Ha leído usted alguna vez el Libro de Mormón?" Y segundo, yo fui el ganador de esa beca. Continué mis estudios posgraduados en filosofía griega en la Universidad Oxford en Inglaterra. Allí también se me presentó la oportunidad de compartir el Libro de Mormón con muchos de mis colegas. Una noche, un grupo de doctos del Nuevo Testamento empezaron a hablar sobre la forma en que la ideología griega antigua había ejercido su influencia en la filosofía del cristianismo de los primeros años. El análisis condujo a un comentario en cuanto al papel que la oposición había tenido en el desarroIlo de la filosofía griega antigua. Por ejemplo, un filósofo llamado Heráclito, que vivió en el siglo seis A. De C., había estado profundamente interesado en el papel que la oposición tenía en el universo; y estudiándola más allá de las oposiciones, deseaba mostrar unidad. Teniendo esto en cuenta, yo mencioné la enseñanza de Lehi: "Porque es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo. . todas las cosas necesariamente serían un solo conjunto" (2 Nefi 2:11). La reacción que mi comentario causó en los presentes fue positiva. Varios expresaron con toda sinceridad el deseo de saber más sobre este texto, especialmente a la luz de la ideología moral de Lehi, y no solamente material, en cuanto a la teoría de los puntos opuestos. Mas adelante asistí a la Universidad Duke en Carolina del Norte, donde participé en el estudio de una colección de libros apócrifos judíos y cristianos de la época de Jesús. Durante el curso del seminario mencioné algunas veces el Libro de Mormón, pero mis comentarios fueron tomados a la ligera por los demás participantes. Hacia fines del curso, nuestro prominente profesor, que tenía una gran reputación en su campo de in-

vestigación, le pidió al grupo que analizara uno de los escritos más desconcertantes, conocido como la "narración de Zósimo". En ella se habla de una familia justa a la que Dios había llevado de Jerusalén antes de su destrucción por los babilonios, alrededor del año 600 a. DE C., y de !a forma en que este grupo escapó a una tierra de bendiciones donde guardaron registros en planchas de metal, lo suficientemente suaves como para grabar en ellas con las uñas. En la historia, a Zósimo le fue permitido visitar en una visión a este pueblo. Para poder llegar a su tierra, Zósimo y su pueblo tuvieron que viajar a través de desiertos, pasar por neblinas de una obscuridad intensa, cruzar el océano y llegar de un árbol que daba fruto puro y de donde emanaba agua de una dulzura como la de la miel. (Véase estos mismos elementos en 1 Nefi 8:10-12 y 11:25). Después de analizar algunos de los aspectos técnicos de este documento proveniente del Cercano Oriente, el profesor preguntó a la clase: ¿Qué conclusión podemos sacar con respecto al relato de Zósimo? ¿Es una narración judía o cristiana?" No teniendo mucho que decir, los miembros de la clase estaban a punto de catalogar el relato como un escrito que no se podía clasificar por ser totalmente diferente a cualquier escrito que jamás hubieran visto. Para ese momento ya no podía mantenerme callado por más tiempo, y le relaté a la clase la historia de Lehi y su familia y les hablé más acerca del Libro de Mormón. Cuando terminé mi presentación, el grupo tenía menos que argumentar, por lo que el profesor dijo: "Clase, permítanme añadir unas cuantas cosas más acerca del Libro de Mormón". Procedió entonces a describir el uso que el Libro de Mormón le da a la técnica del quiasmo, de la referencia que en Alma 13 se hace de Melquisedec y de otros puntos importantes que él y yo habíamos analizado durante nuestras conversaciones privadas, y concluyó diciendo: "Bueno, ¿a qué conclusión podemos llegar en cuanto al Libro de Mormón?" Aunque algunos de los participantes finalmente concluyeron que la mejor solución era identificar a José Smith como un escriba judío reencarnado, para mí fue muy importante el hecho de que el estudiante que más había demostrado sarcasmo durante mis previas alusiones al Libro de Mormón era quien ahora me preguntaba si podía saber más.

¿Qué es lo que esta clase de experiencias significan? Si se estudian individualmente, tal vez no parezcan sorprendentes; sin lugar a dudas, cientos de experiencias similares a ésta han ocurrido cuando las personas han tomado en serio el Libro de Mormón. Aunque una por una no han despertado gran interés, al juntarse, añaden un testimonio muy importante de la veracidad del Libro de Mormón. Tal vez sea fácil para el erudito que no es mormón desechar casualmente el Libro de Mormón, ya que cuanto más versada sea la persona, más es la tendencia que existe a descartar el libro. Para el erudito perspicaz, las planchas de oro, un ángel, un joven profeta vienen a sonar como un relato de lo sobrenatural. Su estilo aparentemente sencillo y su relación tan concisa con otras escrituras hebreas antiguas parecen catalogarlo como un engaño insensato e irrisorio. Sin embargo, al final no es el libro el que carece de sentido, sino los que así lo consideran. Uno de los grandes errores que algunos de nosotros cometemos es la tendencia de juzgarlo (favorable o desfavorablemente) sin examinarlo y entenderlo a fondo como deberíamos. Y ¿en qué forma se relaciona esto con un seminario de graduados, un grupo de eruditos de Oxford, un panel de jueces, un estudiante haciendo investigaciones, un teólogo, un profesor, etc.? La respuesta es muy simple. En mi experiencia, el Libro de Mormón es un instrumento maravilloso del Señor. Es sorprendente verlo hacerse acreedor de respeto y obtenerlo para el evangelio de Jesucristo. Al igual que la piedra que fue reprobada por los edificadores, pero que llegó a ser la cabeza del ángulo (Hechos 4:11, Salmos 118:22), el Libro de Mormón, también una piedra angular, en ocasiones ha sido rechazado por muchos edificadores fieles en otros aspectos. Pero como muchas veces ocurre con aquello que es verdadero, la sabiduría de los sabios tiene que desvanecer ante el Señor (Isaías 29:14). Y cuando ocurra, la convicción y una forma más elevada de respeto reemplazará a la duda. Nunca he visto que al Libro de Mormón le falte justificación alguna. Aunque en la mente de algunos lectores ha suscitado muchos interrogantes, siempre me he sentido recompensado en vez de

desilusionado por las respuestas que estas preguntas proporcionan. El encontrar estas respuestas lleva a la convicción, y el estar convencido nos conduce al respeto, el cual algunas veces nos deja ver claramente el sendero hacia el testimonio. Yo sé que es importante desarrollar y ayudar a otros a sentir respeto por el Libro de Mormón. Es la palabra de Dios. y todo aquel que lo posea será juzgado por él. Es Escritura sagrada que se nos ha dado para "enseñar, para redargüir . . . para instruir en justicia". (2 Ti. 3:16.) Sería ideal que todos pudiesen aceptar un ejemplar del Libro de Mormón sin desconfianza alguna, para que después, por medio de la oración y con humildad, pudieran recibir del Espíritu Santo el testimonio de que es verdadero. Pero no siendo las circunstancias tan ideales como quisiéramos, es bueno que el libro en sí merezca el respeto de muchos. Por el respeto que siento hacia este libro, me encuentro más cerca del Señor. Estoy agradecido porque tan hermosa relación aumenta el amor que siento por las palabras de este precioso registro, y así, a medida en que mi respeto por este libro aumenta, yo también continúo progresando. El hermano Welch es abogado y enseña en la facultad de abogacía de la Universidad Brigham Young.

Los descubriemtos de John L. Stephens sobre los mayas por James S. Packer E1 abogado de Nueva York John Lloyd. Stephens, y el profeta José Smith, no se conocieron, ni existe evidencia alguna de que el primero haya leído nunca el Libro de Mormón. Y, sin embargo, el logro más importante en la vida de Stephens llegaría a ser un testimonio material del libro traducido por el Profeta. Todo comenzó en medio de la jungla hondureña, en un húmedo y caliente día de noviembre de 1839, cuando Stephens y sus dos ayudantes nativos desenterraron una estatua; Stephens escribió a1 respecto: "Francisco encontró los pies y fas piernas, y Bruno descubrió parte del cuerpo. El efecto que el descubrimiento tuvo sobre nosotros, fue electrizante." Alguien dijo que aquel día "vio la luz en América un nuevo mundo, una nueva ciencia: la arqueología". Su fundador fue John L. Stephens. En esa época ya no eran ajenos para él los viajes ni la fama, puesto que había estudiado y escrito sobre Europa, el Cercano Oriente, Egipto, Arabia y la Tierra Santa. Pero todavía se sentía insatisfecho, y tenía visiones del pasado y la ansiedad de sumergirse en su propio destino.

El primer paso en esa dirección, lo dio en una visita que hizo a Londres, donde leyó los escritos de un capitán Del Río, titulados Descripción de una antigua ciudad, en los cuales relata su visita a las ruinas dé una extraña ciudad de México, llamada Palenque. Más tarde oyó hablar de otra ciudad mexicana perdida, Uxmal; y en 1835, lo absorbió la lectura de un diario que describía las ruinas de la ciudad hondureña de Copán. Palenque, Uxmal, Copán. Por la imaginación de Stephens pasaban nebulosas visiones de una civilización que había existido en América Central. Es asombroso, pero él fue el único de su época que se interesó en ella. "En lugar de electrizar ai público", escribió, "el artículo sobre Copán despertó escaso interés." A pesar de ello, hizo pública su intención de buscar esas ciudades. "¡Disparates!", criticaban por igual la gente del pueblo y los científicos. Los indios no podías haber salido jamás de su estado salvaje. En esos días, los habitantes de los Estados Unidos podian creer cualquier cosa menos en una “civilización india", pese a las evidencias obtenidas por los conquistadores,las cuales ignoraban o se trataban como jactancais de los españoles para atraer la publicidad. Los eruditos y los historiadores se aferrarón a sus ideas anticuadas,burlándose de los esfuerzos de Stephens. En realidad,él contaba con muy pocas evidencias para oponer a éstas, no obstante lo educado que era y la solvencia económica con que contaba. Está, falta de información,le hacía sentir algún escepticismo, pero sus esperanzas eran muy grandes como para dejarse vencer por el desaliento. Finalmente en compañía de un amigo, Frederic Catherwood, sé embarcó en direción a América Central. Su primera meta, Copán, era una insignificante aldea de chozas de barro. Pero ya estaban cercanos al descubrimiento. Un guía del lugar los condujo a través de la jungla hasta la ribera un río; del otro lado, se levantaba una pared de piedra de treinta metros de altura: los límites de la antigua ciudad de Copán, y los comienzos de una nueva era en la historia.

Después de atravesar rápidamente el río, treparon por la pared y se encontraron en medio de las ruinas de una civilización olvidada. "Abriéndonos camino a través de la espesura", relata Stephens, "encontramos una columna cuadrada de piedra,de unos cuatro metros de altura; esculpida en los cuatro lados... eran obras de arte... algunas, similares a los mejores monumentos egipcios. Según los historiadores,América estaba poblada por salvajes. Pero los salvajes jamás habrían podido levantar estas estructuras, jamás habrían podido esculpir en piedras. Cuando les preguntamos a los indios si sabían quiénes lo habían hecho, su indiferente respuesta fue “¡Quién sabe!”. Tampoco los historiadores hubieran podido contestar mejor aquella pregunta: Mientras Copán y los mayas se elevaban hasta un nivel superior de arte y cultura, Europa se hundía en las tinieblas del oscurantismo. Aquéllos conquistaban la jungla y levantaban en Yucatán ciudades que, eran como, gemas preciosas en un collar; pero sus acciones y su historia irán para el Viejo Mundo tan impenetrables como las selvas que los rodeaban Alrededor del 900 d. de J., los mayas desaparecieron del escenario histórico, súbita y misteriosamente; y durante 1.000 años Copán permaneció hundida en la espesa selva hondureña, hasta el descubrimiento de Stephens, en 1939. '' Stephens y sus compañeros no pudieron verlo todo en esa oportunidad, pues la jungla era casi impenetrable; por lo tanto, se concentraron en estudiar los ídolos, o estelas, que encontraban a flor de tierra. Se trataba de enormes monolitos, cubiertos de increíble profusión de figuras esculpidas, tanto humanas. como de animales y flores. Estos monumentos, erigidos en memoria de acontecimientos desconocidos para nosotros, son una evidencia silenciosa del genio y el arte del pueblo maya. Durante los dos años siguientes, Stephens y Catherwood se dedicaron a descubrir y examinar las ruinas de Copán, Palenque. Uxmal, Chichén Iza y otros cuarenta sitios de la civilización maya. El misterio se hacía cada

vez más profundo y Stephens estaba cada vez más fascinado por él. Sobre las ruinas de Palenque, escribió: "Allí estábamos, frente a los restos de un pueblo peculiar, pulido y educado, que habla pasado por todas las etapas características del surgimiento y la caída de las naciones: alcanzaron su edad de oro, y luego declinaron y desaparecieron, completamente ignorados. Los eslabones que los unían a la familia humana se cortaron y perdieron, y esto es lo único que ha quedado de su paso por esta tierra. En la historia del mundo nada me había impresionado más que el espectáculo de aquella ciudad, en una época grande y hermosa, y ahora destruida, desolada y perdida; descubierta por accidente, tapada pon la maleza y sin si- . quiera un nombre que la distinguiera." La dedicacíón de los dos exploradores es asombrosa. En lugar de quedarse cómodos y seguros en su casa, pasaron hambre, enfermaron de malaria, sufrieron los ataques de insectos, extremas incomodidades, encuentros cercanos con la muerte. ¿Y qué lograron? Stephens está considerado como uno de los grandes arqueólogos, y su contribución a la historia corre paralela a la del descubridor de Troya. Desde nuestro punto de vista, la importancia de sus hallazgos es mayor aún y, aunque él y el Profeta jamás se vieron, la historia del Libro de Mormón es, visiblemente reforzada por el testimonio material de los descubrimientos de Stephens.

Un análisis científico del Libro de Mormón: Primera parte
Los Cambios en nuestra comprensión de la América antigua y de sus Escrituras
por John L. Sorenson

Introducción Durante las últimas décadas, los estudios profesionales en el campo de la arqueología, geografía, cultura e idioma de los pueblos americanos han proporcionado una enorme cantidad de información que debe ser de gran interés para aquellos que leen y creen en el Libro de Mormón, información que los científicos que se dedicaron al estudio de este libro quizás nunca se hubieran imaginado que existiera. En la actualidad, la calidad y cantidad de estudios especializados relacionados con el Libro de Mormón son tan amplios y profundos que es imposible que una sola persona esté al tanto de todos los aspectos de estos conocimientos.
De hecho, durante los últimos cincuenta años, ha quedado anticuada la mayor parte de lo que previas generaciones pensaban acerca de las civilizaciones americanas precolombinas. Las ciencias que estudian las civilizaciones antiguas han sufrido grandes cambios. En las primeras décadas de este siglo aún se consideraba que la ciencia era la búsqueda y descubrimiento de verdades permanentes e infalibles. Sin embargo, en la actualidad tanto los científicos como los filósofos concuerdan en que la naturaleza misma de su tarea requiere que constantemente reinterpreten sus teorías y sus datos.1 El punto de vista de Karl Popper con respecto a la ciencia, de que es "eternamente tentativa"2, ha llegado a ser aceptado entre muchos científicos. De manera que aunque en la actualidad exista quizás mil veces más información acerca de las primeras culturas de América que la que estaba disponible hace medio siglo, ahora los mejores científicos son mucho menos insistentes en describir categóricamente lo que sucedió en el Nuevo Mundo pre-europeo.

También han ocurrido ciertos cambios en algunos conceptos que han tenido los Santos

de los Ultimos Días con respecto al Libro de Mormón. Nuestra fe en los principios salvadores que enseñaron los profetas desde Nefi hasta' Moroni no ha cambiado, y si lo ha hecho de alguna forma, ha sido en aumento. Pero al considerar estas Escrituras como un documento antiguo, el estudiante minucioso ahora es consciente de que tenemos mucho más de lo que habíamos sospechado. Comenzando con M. Wells Jakeman, Hugh Nibley y Sidney B. Sperry, esta creciente comunidad de investigadores Santos de los Ultimos Días comenzaron afines de la década de 1940 a descubrir algunos de estos detalles.3 Un ejemplo de este cambio de perspectiva, de contemplar nuevas posibilidades, lo representa el descubrimiento que hizo John W. Welch hace apenas quince años de una forma literaria del Cercano Oriente, llamada quiasmo, en el Libro de Mormón, la cual pasó inadvertida para sus lectores durante casi 140 años, desde su

publicación en 1830.4 En años recientes, otros investigadores han encontrado en el Libro de Mormón ciertas tendencias e implicaciones insospechadas que en tiempos pasados no se habían detectado. Muchos Santos de los Ultimos Días no han tenido acceso a las fuentes que comunican la manera en que las investigaciones recientes han cambiado nuestra comprensión del Libro de Mormón como un documento antiguo. Muchos también ignoran algunos descubrimientos nuevos bastante asombrosos que apoyan al Libro de Mormón y que han sido el resultado del uso de métodos científicos más avanzados. El propósito de este artículo y los dos que le siguen es el de dar algunos ejemplos claros de los cambios que han ocurrido en el concepto que tienen algunos científicos Santos de los Ultimos Días acerca del Libro de Mormón a la luz de las

nuevas teorías y descubrimientos acerca del pasado. La intención de estos artículos no es la de expresar enseñanzas oficiales de la Iglesia, pero en base a mis propias investigaciones v estudios he considerado que esta información es digna de consideración.
Primera Parte:

Durante mucho tiempo, uno de los intereses favoritos de los Santos de los Ultimos Días ha sido la arqueología del Libro de Mormón. Siempre aparecerá un grupo considerable de personas a cualquier conferencia que trate este tema. Desafortunadamente, algunos escritores y conferencistas no han estado tan bien informados sobre el tema como debieran estarlo, y tampoco aquellos que critican a la Iglesia y de vez en cuando comentan el tema.

El problema en sí no es el de intenciones, creencias o testimonio, sino de conocimientos. El comparar el Libro de Mormón con los descubrimientos de la arqueología y otros campos relacionados es una actividad de elevado nivel intelectual, y cuando una persona, sea o no Santo de los Ultimos Días, se propone obrar dentro de esa disciplina académica, deberá sujetarse a las normas que la gobiernan. El primer elemento esencial es el determinar la naturaleza del Libro de Mormón y qué porciones pueden compararse apropiadamente con los hallazgos científicos. Después necesitamos establecer lo que realmente saben los arqueólogos y otros científicos y cuáles son las condiciones que limitan sus conocimientos. Antes de poder llegar a una conclusión legítima, por más sencilla que ésta sea, se deben considerar

cuidadosamente ambos puntos de vista de este asunto. Un problema que algunos escritores y discursantes Santos de los Ultimos Días han tenido es el de confundir el texto mismo del Libro de Mormón con su interpretación tradicional. Por ejemplo, es muy común escuchar que el Libro de Mormón es "la historia de los indios americanos". Esta afirmación contiene varias suposiciones infundadas: que este volumen de Escritura es una historia en el sentido común, o sea, un relato cronológico y sistemático de los acontecimientos principales del pasado de una nación o territorio; que los indios americanos son un solo grupo de personas; y que las aproximadamente cien páginas de texto que contienen material histórico y cultural podrían relatar la historia completa de un hemisferio. Cuando se hacen suposiciones

infundadas como éstas, los críticos responden de la misma manera, y critican estas suposiciones y no el antiguo texto en sí. El resultado ha sido un cúmulo de información acerca del Libro de Mormón, perturbado por "evidencia" irrelevante, lógica infundada y conclusiones conflictivas. Muchas de las comparaciones que han hecho algunos Santos de los Ultimos Días han estado basadas en información incorrecta tanto en toque respecta al análisis de pasajes de las Escrituras como a los hechos arqueológicos. Por otra parte, los pocos arqueólogos profesionales que han intentado hacer tales comparaciones a menudo se han equivocado en dos aspectos: (1) han sido ingenuos con relación al Libro de Mormón en sí -o sea, lo que dice y lo que no dice; y (2) no han considerado cuidadosamente los detalles arqueológicos de los períodos correctos y en

las áreas más probables de la América antigua. De hecho, solamente en años recientes se han realizado suficientes investigaciones para crear una descripción confiable y verosímil de los sucesos y características en su lugar y tiempo apropiado. Aquellos que estudian el Libro de Mormón harían bien en ampliar su criterio acerca del mismo al actualizar sus conocimientos. Como ejemplo citaremos algunos de los escritos de B. H. Roberts, uno de los intelectuales más capaces de la Iglesia en su tiempo. En varios de sus escritos, realizados principalmente en 1922, intentó comparar el Libro de Mormón con una novela romántica del siglo anterior intitulada View of the Hebrews (Panorama de los hebreos), escrita por Ethan Smith, un ministro de la Nueva Inglaterra. Algunos críticos habían sugerido que el profeta José Smith había utilizado esta novela como base para escribir el Libro de Mormón. De manera

que el élder Roberts analizó tanto este libro como la literatura científica de su época con relaciónalos pueblos y culturas de la América antigua y los comparó con el Libro de Mormón. Desafortunadamente, se comprobó que lo que en ese tiempo se consideraba como un conocimiento verídico en relación con la civilización de la América antigua. Estaba fundado en información incompleta y en algunos casos incorrecta. En su estudio, por ejemplo, el élder Roberts utilizó el concepto generalizado que prevalecía en su época de que el Libro de Mormón era una historia de todo el hemisferio occidental. Ahora es posible ver que algunas de sus suposiciones acerca del Libro de Mormón eran erróneas en los dos aspectos mencionados anteriormente: el conocimiento del material científico apropiado y el análisis de los aspectos técnicos del Libro de Mormón.

Entre las críticas que algunos arqueólogos han hecho del Libro de Mormón, las dos afirmaciones más difundidas (el libro del finado Roben Wauchope y el artículo de Michael Coe de hace una década, aproximadamente)5 sufren de limitaciones similares. Estos dos eminentes científicos basaron sus reacciones al Libro de Mormón en la misma suposición desafortunada de que éste es un relato de los indios americanos que habitaron todo el Nuevo Mundo. Sus conclusiones eran tan erróneas como las de algunos Santos de los Ultimos Días. Es evidente que si el Libro de Mormón ha de compararse como un documento antiguo con información proveniente de otras fuentes, es necesario derivar los hechos de los tiempos y lugares apropiados. Por ejemplo, sería inútil tratar de explicar las circunstancias en las que Pablo escribió sus epístolas si las

tratáramos como si hubieran procedido de Babilonia en la época del cautiverio judío. Con el fin de comparar el Libro de Mormón con lo que los arqueólogos han aprendido acerca de sus antecedentes históricos en la América antigua, tenemos la misma obligación, hasta donde nos sea posible, de ser específicos en cuanto a la ubicación y época de sus acontecimientos.

Las tierras de los Nefitas y Jareditas
Algunos lectores piensan que el Libro de Mormón no proporciona suficiente información para poder elaborar una geografía, cuando en realidad contiene numerosas afirmaciones relacionadas con el tema. Cuando se analizan detenidamente estas referencias a la par con algunas deducciones razonables derivadas de ellas, el libro prueba ser rico y sumamente constante en su información sobre el tema.

Sería imposible proporcionar un análisis completo de la geografía del Libro de Mormón en estas páginas; sin embargo, por lo menos durante los últimos cuarenta años, muchos de los que han estudiado a fondo este tema han llegado a conclusiones básicas muy similares: (1) los acontecimientos registrados por los escribas Nefitas y (
Esta fotografía de las ruinas de Monte Albán, Oaxaca, México, muestra lo que puede ser el resultado final de una labor arqueológica. El edificio de enfrente data de los tiempos de Cristo. Ya que contiene pasajes angostos que están alineados con ciertas posiciones críticas del sol y la luna, se ha dicho que posiblemente haya sido un observatorio, pero aún no ha quedado clara su fúnción real. (Fotografía de James Christensen . ) Esta fotografía de un sitio arqueológico sobre la frontera de Guatemala y México muestra lo difícil que resulta obtener información confiable de una excavación arqueológica. Los artefactos rotos que se encuentran en los .sitios arqueológicos a veces pueden restaurarse, tal como .se hizo con esta vasija de dos piezas que se recuperó de una tumba derrumbada.)

Jareditas evidentemente cubrieron solamente un territorio limitado de la "tierra de promisión" del Nuevo Mundo y (2) actualmente se conoce solamente un lugar en el hemisferio occidental que parece coincidir con ese escenario. 6

Estos puntos son sumamente importantes. Durante mucho tiempo, la mayoría de la gente suponía que los relatos del Libro de Mormón ocurrieron en todo el continente americano, tanto el hemisferio norte como en el sur. La geografía parecía ser tan clara- un continente norte y un continente sur, unidos por un istmo angosto. Sin embargo, con el tiempo fue difícil aceptar ese punto de vista a la luz de nueva

información. Por ejemplo, a principios del siglo veinte las investigaciones realizadas habían encontrado que al tiempo del descubrimiento del Nuevo Mundo por los europeos, se hablaban unos 1.500 idiomas.' Y los nuevos conocimientos que se han obtenido acerca del proceso de la estabilidad en los idiomas y los cambios que éstos sufren impide suponer que todos éstos hayan podido derivarse del hebreo, que se supone era el idioma de los Nefitas y lamanitas. La ciencia arqueológica también comenzó a revelar una diversidad asombrosa de culturas, lo cual reforzó la idea de que muchos grupos diferentes habían habitado las Américas. A principios del siglo veinte, unos cuantos miembros de la Iglesia comenzaron a contemplar más detenidamente lo que el Libro de Mormón decía al respecto. Encontraron afirmaciones que indicaban que la ubicación geográfica de la historia de los Jareditas y

Nefitas probablemente era más limitada de lo que habían supuesto. Entonces, en 1939 los Washburn publicaron un análisis detallado de la geografía del Libro de Mormón, basándose exclusivamente en las afirmaciones del mismo, y demostrando la constancia de éstas. Desde la publicación de su obra An Approach to the Study of Book of Mormon Ceography (Un enfoque al estudio de la geografía del Libro de Mormón), los analistas del volumen de Escritura han encontrado aún más datos en las propias afirmaciones del Libro de Mormón, los cuales sugieren que la extensión de las tierras inmediatas en las que ocurrieron los acontecimientos de este libro solamente haya abarcado cientos y no miles de kilómetros.8 Basándome en mis propias investigaciones, concuerdo con otros en que hay solamente una zona que parece reunir todos los requisitos claves: Mesoamérica.

Este es el nombre que los investigadores de civilizaciones americanas han asignado a aquella porción del centro y sur de México y el norte de Centroamérica en donde antiguamente se alcanzó el nivel más alto de desarrollo cultural del hemisferio. Por ejemplo, el libro habla mucho acerca de la larga tradición que existía en el territorio de los nefitas y jareditas de llevar registros escritos, y en Mesoamérica, de acuerdo con la evidencia actual, se conocen más de una docena de sistemas de escritura, algunos de los cuales abarcan desde el principio del primer milenio a. de J.C.9 Sin embargo, en ningún otro lugar de América encontramos evidencia digna de confianza de que se haya llevado un sistema genuino de escritura y una tradición de libros antes de la llegada de los europeos en el siglo dieciséis. Asimismo, en Mesoamérica podemos identificar a casi todos los rasgos geográficos y culturales especificados en el Libro de Mormón: la presencia (y ausencia),

en relaciones particulares, de montañas, cuencas, ríos, "aguas", vados, pasos, mares, costas, ruinas que datan de tiempos que coinciden con el libro de Escritura, etc.'(10) Está claro que si ubicamos las tierras del Libro de Mormón dentro de una región tan limitada como lo es Mesoamérica, será necesario que analicemos de nuevo algunos de los temas que han sido de gran interés para los lectores del Libro de Mormón. Por ejemplo, ¿cómo llegaron las planchas de Nefi desde el campo de la batalla final cerca de "la estrecha lengua de tierra" hasta donde José Smith las encontró en el estado de Nueva York? El Libro de Mormón no nos aclara este punto, pero una posibilidad obvia sería que Moroni mismo las haya llevado consigo hasta Nueva York durante los treinta y seis años que anduvo errante después de la exterminación de los nefitas y antes de escribir por última vez en las planchas. (Véase Mormón 6:6;

Moroni 1:1-4; 10:1.) O pudo haberlas llevado a ese lugar siendo ya un ser resucitado. Solamente sabemos que, cualquiera que haya sido el medio, en 1827 las planchas se encontraban en la "colina de tamaño regular" cerca del hogar de José Smith en Palmyra, Nueva York, en donde Moroni le entregó el registro sagrado. En muchos casos, una vez que comprendemos la probabilidad de que la geografía del Libro de Mormón haya sido en una escala limitada, las dudas que han propuesto los críticos acerca del idioma, la cultura, la afiliación religiosa y otros "problemas" toman una perspectiva completamente diferente. De manera que tomando como punto de enfoque los datos extraídos primordialmente del área mesoamericana, contemplemos el Libro de Mormón a la luz de la información

que ahora tenemos acerca de su civilización y geografía.

La naturaleza del registro
Otro concepto nuevo acerca del Libro de Mormón es que no es una historia en el sentido de la palabra que a menudo se utiliza en la actualidad. De hecho, en vez de ser una narración de lo que sucedió en un territorio en particular, es como el Antiguo Testamento, primordialmente una crónica familiar escrita por profetas bajo la inspiración del Señor. Por este motivo, el Libro de Mormón es similar en varios aspectos importantes a las "historias de linajes". Esta clase de documento proporciona información seleccionada acerca del origen del grupo, por qué fue escogido por Dios, los acontecimientos cruciales que afectaron su destino, los estatutos en los cuales se basaba su sistema de poder, y sus relaciones con otros grupos. Típicamente, un linaje utiliza este tipo de relato histórico para definir sus

propios límites, reforzar su poder, estabilizar su estructura social y de otras maneras recalcar su identidad a los miembros de su propio grupo. 11 La mayoría de los documentos históricos, ya sean escritos u orales, de civilizaciones y tribus antiguas son de este tipo.' No pretenden relatar en forma total ni sistemática "lo que sucedió" en todo el territorio. De hecho, quizás el linaje no haya tenido control exclusivo de la tierra (como en el caso de Abraham). Muchas veces eran solamente una porción de la sociedad y vivían entre grupos similares, ya sea dentro o fuera de las naciones formales, las cuales la mayoría de nosotros consideramos como tema apropiado para la historia. Por ejemplo, el relato del período patriarcal en el Antiguo Testamento proviene de los registros de un cierto linaje y por tanto contiene principalmente sus acontecimientos

históricos claves y las grandes verdades que sus líderes recibieron de Dios. Habla de Abraham, quien sale del norte de Mesopotamia y entra a Canaán, y después a Egipto, y representa a su familia estrechamente unida con otros pueblos y culturas, los cuales casi no se mencionan en el registro. Ur, Lot, Abimelec, Gomorra, los "cinco reyes" y Melquisedec se mencionan brevemente, pero sólo forman parte del escenario, y se mencionan solamente con el fin de facilitar el relato de la manera y la razón por la que Israel obtuvo su lugar en la tierra prometida. Tanto los documentos nefitas como jareditas contienen estas mismas características. Moroni, el último escriba del linaje de Nefi, concluyó y sepultó el registro, no porque ya no se estuviera haciendo historia a su alrededor (véanse Mormón 8:1-9; Moroni 1:1-2), sino porque esos sucesos simplemente

no formaban parte de la historia de su grupo. (Naturalmente, había otras razones más importantes por las que debía terminar y sellar el registro. Véanse Moroni 1:4; página titular.) Por tanto, es aparente la razón por la que el compendio de Mormón casi no menciona al pueblo de Zarahemla, o sea los "mulekitas" como los hemos llamado, aunque éstos eran más numerosos que los nefitas. (Véase Mosíah 25:2-3.) Eter tampoco dio mucha importancia a aquellos gobernantes usurpadores, posiblemente de un linaje rival, quienes encarcelaron a sus antepasados e impidieron que ocuparan el lugar que les correspondía en el trono; de hecho, sus nombres ni siquiera se mencionan en el Libro de Eter. (Véanse Eter 10:30-31; 11:17-19.) Para el pueblo del linaje de Febrero de 1985 Jared, esos nombres no tenían importancia. En muchas formas significativas, el tema de estos registros antiguos americanos era acerca del destino de las familias centrales

que llevaban tales escritos. En ocasiones se mencionaban otras, pero solamente porque proporcionaban los accesorios necesarios para el drama principal. Incluso se podían pasar por alto períodos de varios siglos, sin duda, porque muy poco fue lo que sucedió que se considerara de valor para determinar el destino de los descendientes de Nefi o de Jared.

Las limitaciones de la arqueología
Así pues, los relatos del Libro de Mormón no hablan de naciones en el sentido moderno de la palabra, sino que generalmente se refieren a las líneas de los gobernantes. Pero un linaje así es prácticamente invisible para la arqueología, y en esto yace el problema. La única manera de conectar la famosa dinastía hiksa de la Edad de Bronce de Egipto, o los

muy comentados gobernantes toltecas de México de hace mil años, con sus ruinas, es teóricamente.13
La naturaleza de la evidencia arqueológica, lingüística e histórica que existe en la actualidad acerca de Mesoamérica dificulta la identificación de grupos específicos, tales como un posible linaje nefitas, y con mayor razón la de individuos. Este problema se aplica a cualquier investigación histórica con relación a las civilizaciones antiguas. Los expertos no han podido resolver sus disputas acerca de la identidad de los invasores israelitas alrededor de Jericó en los tiempos de Josué y antes.14No hay ningún monumento cerca del Jordán que diga "Aquí fue donde Israel cruzó"; ni se encontrará señal alguna en Egipto que identifique la tierra de Gosén. En cambio, es necesario buscar las tendencias en las costumbres o manera de poblar que parecen relacionarse con algo que se menciona en las Escrituras.

Sin embargo, una interpretación (esto es, "El nuevo tipo de jarrones de barro que se pueden observar en este nivel deben de representar a los hebreos que llegaban a la región") no se deriva de "los hechos" en sí. Los científicos elaboran un caso, una propuesta, de que cierto documento o tradición concuerda con los artefactos físicos, aunque puede haber otros científicos que no estén de

acuerdo. De hecho, éstos pueden atacar duramente la hipótesis. El Popol Vuh, una historia de linaje de los pueblos de las montañas de Guatemala, registra la invasión de un pequeño grupo de guerreros con patrones culturales mexicanos quienes llegaron a gobernar la tierra hace unos seiscientos años. Los maorís de Nueva Zelanda afirman descender de un pequeño grupo de personas que según cabe suponer llegaron de la Polinesia central en canoas. Ambas tradiciones pueden apoyarse con datos que vagamente las confirman; y sin embargo la evidencia es dudosa, y a menudo surgen discusiones entre los científicos con respecto a este tipo de temas. Supongamos, por tanto, que pudiéramos identificar una serie de paralelos importantes entre lo que el Libro de Mormón nos dice acerca de la vida antigua en las tierras nefitas y lo que la investigación actual nos dice

acerca de las costumbres mesoamericanas. Entonces estaríamos basándonos en la verosimilitud, tal como aquellos que investigan asuntos históricos seculares. ¿Es la verosimilitud una conexión aceptable entre el texto del Libro de Mormón y los artefactos físicos?. Ciertamente. Es la misma conexión que han estado utilizando durante muchos años los arqueólogos prominentes entre otros textos y su contexto, especialmente la gran obra que se ha realizado en años recientes con relación a la historia bíblica.
Los arqueólogos permanecen un tanto a oscuras con respecto a gran parte de la vida antigua simplemente porque es muy difícil llegar a conclusiones acerca de las creencias, estructuras sociales y personalidades de un grupo basándose solamente en tiestos, fragmentos de piedras y murallas derrumbadas. Y ya que en un momento dado los arqueólogos han descubierto solamente una fracción de toda la evidencia que había quedado sepultada, continuamente nos esperan sorpresas con respecto a lo que era o no era parte de la antigüedad. Aun cuando el estudio de los artefactos culturales se complemente con información adicional -desde la lingüística histórica, inscripciones, antropología biológica, identificación botánica no podemos estar absolutamente seguros. Por lo tanto, todas las

interpretaciones de los descubrimientos arqueológicos deberían ser precedidas por las palabras "hasta ahora" y "parece ser".

La arqueología, por lo tanto, tiene sus propias limitaciones inherentes, las cuales obligan a los arqueólogos a hacer inferencias razonables, aunque no con plena certeza, basándose en los datos limitados y ambiguos que encuentran. Por ejemplo, Michael Coe, de la Universidad de Yale, trata de conectar a ciertos dioses aztecas, cuyas características conocemos principalmente a través de las tradiciones registradas por los españoles en el siglo dieciséis, con las imágenes de los Olmecas que datan de 2.500 años antes y que él considera representan dioses con características similares a las de los dioses aztecas.15 Su colega George Kubler, basándose en la misma información, está totalmente en desacuerdo;16 pero eso también es cuestión de interpretación. Mientras tanto, incluso en una región que se supone es bien conocida, la Judea antigua, las interpretaciones varían grandemente.

Hace dos generaciones el profesor William F. Albright identificó el sitio de Tel Laquis como la ciudad "Laquis" que se menciona en el Antiguo Testamento con relación a las invasiones asirias y babilónicas. Basó su identificación en un informe tradicional de Eusebio en el siglo cuatro d. de J.C. en donde éste anota sitios y distancias entre un lugar y otro, lo cual hace que tal ubicación sea un sitio posible para esa ciudad del Antiguo Testamento. El profesor Ahistrom, de la Universidad de Chicago, ha puesto en duda tal identificación. David Ussishkin, de la Universidad de Tel Aviv, quien ha trabajado en ese sitio por varios años, concuerda en que la identificación es puramente circunstancial, pero a su parecer es "sumamente probable".17 Varios investigadores del Libro de Mormón piensan que la gran región de Karninaljuyu, un sector de la ciudad moderna de Guatemala, podría corresponder a la ciudad de Nefi del

Libro de Mormón. ¿Es posible comprobar esta identificación? Claro que no; pero cuando nos conformamos con las probabilidades, simplemente estamos siguiendo los métodos más avanzados de la arqueología moderna. El profesor L. R. Binford insiste que ante la "ambigüedad en los hechos del registro arqueológico", el arqueólogo debe "analizar prudentemente las alternativas y después llegar a una conclusión en cuanto a lo más probable". En otras palabras, hablando en términos arqueológicos, la verosimilitud se convierte en el criterio para juzgar la veracidad de una afirmación. 18
Eso es todo lo que podemos hacer. Después de todo, la ciencia, así como la historia hecha por los hombres, es "eternamente tentativa", nos asegura Popper, y agrega: "Sólo en nuestras experiencias subjetivas de convicción, en nuestra fe subjetiva, podemos estar `absolutamente seguros'.19 La ciencia no proporciona ningún equivalente por aquella "fe subjetiva"; sin embargo, es sumamente interesante contemplar lo razonable que parece ser ahora el relato de los nefitas, a la luz de los descubrimientos de este último medio siglo.

La guerra
Un buen ejemplo de un tema sobre el cual han cambiado radicalmente las opiniones de los expertos y ahora concuerdan más con el Libro de Mormón es el conflicto armado. Hasta hace poco, la descripción prevalente de Mesoamérica era que en la era clásica solamente habían existido sociedades pacíficas, siendo ejemplo de ello las ruinas espectaculares mayas y de Teotihuacán que datan aproximadamente de 300 a 800 años d. de J. C.20 Se supone que los líderes mayas debieron de haber pasado su tiempo pacíficamente meditando y adorando un grupo complejo de dioses, contemplando arte notable, participando de juegos filosóficos con su calendario, en una palabra, actuando como "los griegos del Nuevo Mundo". Unicamente después del año 1000 d. de J.C. se supone que el militarismo haya jugado un papel en la historia de Mesoamérica.

En las décadas de 1950 y 1960 hubo varias personas -Armillas, Rands y Palerm 21 que abogaron por la revisión de esta descripción, pero nadie les escuchó. El gran cambio ocurrió con la labor que realizó la Universidad de Tulane en 1970 en Becán, Península de Yucatán. El centro del sitio está rodeado por una zanja de casi dos kilómetros de circunferencia y promediando dieciséis metros de diámetro. Los que la fabricaron apilaron la tierra de tal manera que formaba una loma del lado interior de la zanja. David Webster describió el efecto militar de esta fortificación: "Es casi imposible arrojar algo hacia arriba desde el exterior de esta fortificación. Los defensores, posiblemente protegidos por una empalizada, podían haber derramado proyectiles de largo alcance sobre sus enemigos usando hondas y lanzadores."22

Esto casi parece ser un paráfrasis de Alma 49:18-20. Pero Cortés, el conquistador español, había visto varios tipos de fortificaciones similares a ésta al atravesar los bosques entre Tabasco, México, y Honduras durante la década de 1520. ¿Fue Becán simplemente uno de aquellos sitios posteriores e insignificantes que datan mucho después de los tiempos del Libro de Mormón? Webster demostró que la zanja y la muralla de Becán fueron construidas aproximadamente entre 150 y 450 años d. de J.C., fechas que comprenden la época en que Mormón y Moroni vivieron y pelearon. 23
Desde entonces ha surgido mucha evidencia que apoya este hecho. En la actualidad se conocen más de cien sitios fortificados. La labor de Ray Matheny en Edzna reveló una fortificación grande, rodeada de un foso, que data de los tiempos de Cristo.24 Loma Torremote, en el valle de México, ya era un poblado empalizado arriba de una loma para el año 400 d. de J.C. 25 Una porción de los tres kilómetros de murallas defensivas en las famosas ruinas de Monte Albán datan de antes de 200 a. de J. C. 26 El centro de Los Naranjos, en Honduras occidental, estaba completamente rodeado por una zanja grande en algún período comprendido entre los años 1000 y 500 a. de J. C.27 Además de los sitios, se ha encontrado arte gráfico, restos de armas y figuras de guerreros que datan de diferentes

períodos. También se han encontrado murallas de piedra. (Compárese con Alma 48:8. )28 Y la percha pública de calaveras (el tzompantli azteca) que utilizaban los aztecas en la época de la Conquista, con el fin de atemorizar a los que quisieran rebelarse en contra de su control militar, ha sido descubierto ahora en el Valle de Cuicatlán en Oaxaca, y data de antes del tiempo del Cristo.29

Cada vez se hace más patente que las prácticas militares que se utilizaban cuando los europeos llegaron se remontan a principios de la historia de Mesoamérica. No obstante, hasta hace unos diez años la mayoría de las descripciones publicadas acerca de la vida antigua en tal región contradecían directamente esta opinión. Un incidente reciente demuestra la manera en que las opiniones anticuadas pueden intimidar a las personas. Uno de mis ex alumnos me escribió preocupado porque su profesor en una universidad del este de los Estados Unidos le había asegurado que el arco y la flecha, que se mencionan en varias ocasiones en el Libro de Mormón, no existieron en Mesoamérica hasta el año 900 d.

de J.C. Pero yo pude asegurarle que en un tiesto descubierto en el centro de México se encuentra grabada la imagen de un hombre con tal arma. Este fragmento data de aproximadamente ochocientos años antes de la fecha citada por el profesor.30 A la luz de los recientes descubrimientos en lo que respecta a Mesoamérica, ahora parecen ser completamente razonables la descripción de las fortificaciones en Alma 48 hasta 3 Nefi 3, las frecuentes batallas registradas en los relatos jareditas y nefitas, la cantidad de bajas, muchas de las tácticas y armas empleadas, el sistema de organización de los ejércitos y otra información sobre el tema que nos comunica el Libro de Mormón.

La población
En 1560, Fray Bartolomé de las Casas calculó que cuarenta millones de americanos

nativos habían perecido "injustamente y bajo tiranía" en la Nueva España en las dos generaciones que transcurrieron después del descubrimiento hecho por Colón.31 En la década de 1930, el antropólogo A. L. Kroeber calculó que al tiempo de la llegada de los europeos, la población total del hemisferio era 8.4 millones, una cantidad muy inferior.32 Estos extremos ilustran la dificultad que existe en tratar de calcular el monto de la población, y los cálculos a menudo reflejan los tiempos de los hombres que los hicieron. Las cifras de Kroeber indudablemente fueron afectadas por el pesimismo de la Gran Depresión Norteamericana que afectó a historiadores, antropólogos y otros científicos. Por otra parte, la evaluación que hizo Henry Dobyn de los datos disponibles le llevaron a concluir, en el próspero año de 1966, que en el año 1.500 d. de J.C. había habido una población de aproximadamente noventa millones de nativos

y que más de cuarenta millones habían habitado México y la América Central. 33 Los estudios de la población, claro está, no se basan en la especulación ni en interpretaciones caprichosas. Al examinar más detenidamente las fuentes históricas y arqueológicas, y al corregirse mutuamente los especialistas mediante sus críticas, está surgiendo una mejor comprensión de las cifras reales. La obra de William Denevan de 1976, The Native Population of the Americas in 1492 (La población nativa de las Américas en 1492), tomó en consideración todos los argumentos. El cálculo al que llegó, de 57 millones en todo el hemisferio, parece ser un número probable. Llegó a la conclusión de que en México y Centroamérica había una población de aproximadamente 27 millones.35Es más, de acuerdo con Fernando de Alva Ixtlilxochitl, quien en la era después de la conquista utilizó documentos nativos

como fuente para su historia del centro de México, los "toltecas" del siglo diez realizaban guerras con millones de guerreros y sufrieron bajas de más de 5.6 millones." Aun tomando en cuenta una posible exageración, estas cifras siguen siendo razonables, como lo son las bajas de 230.000 guerreros que se atribuye a los nefitas seiscientos años antes. (Véase Mormón 6:10-15.)
Las cantidades que citaban los demógrafos hace décadas con respecto a la población mesoamericana no podían conciliarse con las declaraciones del Libro de Mormón en cuanto a la destrucción de millones de personas en las guerras finales de los jareditas y nefitas. Ahora, el análisis de los datos con respecto a las tierras que fueron ocupadas, la ecología, el tamaño de las poblaciones, las bajas en las guerras y otros factores relacionados con la población que podemos encontrar en el texto del Libro de Mormón muestra una importante constancia y realismo en los cambios demográficos registrados en este libro. De igual manera, las cifras absolutas registradas en el libro quedan dentro de los mismos límites que las cantidades que los actuales investigadores de Mesoamérica consideran como aceptables.

El uso de metales
Los críticos han considerado como problema especial ciertos artefactos específicos que menciona el texto del Libro de

Mormón y que no tienen ningún paralelo conocido en la América antigua. Sin embargo, tanto los que critican como los que apoyan este tema han demostrado que tenían un conocimiento insuficiente tanto de las declaraciones de las Escrituras como del material cultural comparable del lugar y la época correctos. Durante muchos años, los científicos que se especializan en el área de Mesoamérica contendieron que la metalurgia era desconocida en esta región hasta después del final de la era clásica, alrededor del año 900 d. de J.C. Por otra parte, el Libro de Mormón indica que los nefitas utilizaron el hierro, el cobre, el bronce, el acero, el oro y la plata casi desde principios de su historia (2 Nefi 5:15), y los jareditas utilizaron el oro, la plata y otros metales más de mil años antes. Sin embargo, los nuevos datos e interpretaciones de nuevo apoyan las afirmaciones del Libro de Mormón.

La mayoría de los artefactos metálicos de Mesoamérica pertenecen a los siglos previos a la Conquista Española. Aun en esos tiempos, no había una provisión abundante de metales en la región, de modo que es posible que éstos los volviesen a utilizar, o los fundieran y los volvieran a moldear. Claramente, si estos objetos eran de tanto valor, sería en ocasiones muy raras que sus dueños los dejaran en donde los arqueólogos pudieran descubrirlos. Los objetos metálicos que se han llegado a descubrir generalmente son pequeños o fueron colocados a propósito como ofrenda en tumbas y sitios sagrados. El hecho de que ya se hayan encontrado una docena o más de piezas de metal que datan de antes de 900 años d. de J.C. y se remontan hasta 100 años a. de J.C. nos asegura que este pueblo tenía conocimientos de la metalurgia. Pero sin duda, estos objetos de metal eran relativamente raros y muy valiosos. Patterson supone que la razón por la que había

comparativamente poco metal en los tiempos precolombinos es que era sumamente difícil minar los depósitos de mena con la tecnología tan limitada con que contaban.36 No obstante, es intrigante el hecho de que no encontremos mayor evidencia de las habilidades metalúrgicas aparte de la pequeña cantidad de piezas que se han encontrado. Sabemos que los peruanos usaban ciertas técnicas metalúrgicas sencillas poco después del año 2.000 a. de J.C.37 Ya que es ampliamente aceptado el que hubo contacto entre Perú y Mesoamérica, sería asombroso que un conocimiento cultural tan valioso como lo es la metalurgia no se hubiera transmitido del primer pueblo al segundo.38 Aun si no tomamos en consideración la posibilidad de que esta técnica haya procedido del otro lado del océano, el que los peruanos hayan tenido este conocimiento nos sugiere firmemente que la teoría arqueológica aceptada a este res-

pecto ha sido errónea, y que de hecho los pueblos mesoamericanos tenían mayor conocimiento de esta tecnología de lo que se ha podido descubrir hasta el momento. Los estudios que se han verificado con relación a los idiomas apoyan el concepto de que se usaron metales en Mesoamérica a principios de su historia. Durante muchos años los lingüistas han estado comparando los idiomas que aún sobreviven y que están relacionados entre sí, con el fin de reconstruir los proto-idiomas de los que se derivaron. Los profesores Longacre y Millon han reconstruido parte del idioma proto-mixteco que se habló en el estado de Oaxaca, México y áreas circunvecinas. De acuerdo con sus datos, parece haber existido una palabra alrededor del año 1.000 a. de J.C. que quería decir metal (o cuando menos campana de metal).39 El estudio que realizó Kaufman de los idiomas Tzeltal-Tzotzil mostró que en la región maya

hubo otra palabra para metal que se originó cerca del año 500 d. de J.C.; pero también se encuentra la misma raíz en el idioma huasteco, un idioma maya que se piensa se separó del grupo principal alrededor del año 2.000 a. de J.C.40 Mientras tanto, Campbell y Kaufman, en un estudio importante sobre el idioma proto-mixe-zoqueo, demostraron en forma bastante conclusiva que éste era el idioma principal de la civilización Olmecas. Este idioma también tenía una palabra para metal, que ellos pensaban que se había originado a más tardar en el año 1.500 a. de J.C.41 Así que los lingüistas históricos ahora nos demuestran que mucho antes del año 1.000 a. de J.C. parece haberse conocido y probablemente utilizado el metal en las tres familias lingüísticas más importantes de la Mesoamérica más antigua. Podemos confiar en que en el futuro los arqueólogos encontrarán artefactos metálicos, por muy raros que

sean, para complementar la escasa información que se tiene en la actualidad. Entre los metales que el Libro de Mormón menciona se encuentra el ziff. (Véase Mosíah 1 1:8.) Hay varias derivaciones hebreas de este término que son razonables, ya sea con el sentido de "brilloso o "laminado". Entre las substancias mesoamericanas conocidas, quizás sea la tumbaga la posibilidad más lógica.42 Esta aleación de cobre y oro se producía comúnmente en Colombia y Centroamérica pero también se ha encontrado en un sitio maya.43 Otra posibilidad es la singular aleación de cobre y estaño que descubrieron Rubin de la Borbolla, Caley y Easby en el occidente de México.44 O quizás el Ziff haya sido el estaño solo. Los científicos metalúrgicos modernos tienden a creer que en la actualidad ya se conocen todas las aleaciones y que no hay nada nuevo, como el ziff, aún sin identificar.

Un caso paralelo nos ayudará a apreciar que sigue habiendo problemas para resolver con relación al análisis físico y a la identificación de metales. Fuentes rusas medievales hacen referencia al metal kharsini. A través de un estudio minucioso de los documentos, recientemente se le ha identificado tentativamente como una substancia nativa compuesta de arsénico y antimonio. Los científicos habían supuesto anteriormente que el kharsini era el latón.45 Al igual que en este caso paralelo, Caley y Easby criticaron a los arqueólogos mesoamericanos por "rehusarse tercamente a aceptar los hechos" con relación a la explotación, fundición y uso del estaño en los tiempos precolombinos. Los arqueólogos generalmente habían negado la presencia misma de este metal en los días prehispánicos.46

Lo importante de toda esta explicación es lo que nos enseña acerca del terna "conocimiento". En este momento no sabemos lo que es el Ziff. Y no importa cuán completos crean los metalúrgicos y los arqueólogos que sean sus datos en la actualidad, podemos confiar en que al seguir realizando estudios más profundos se descubrirá información adicional con respecto a la composición química de los artefactos que va se han desenterrado, los descubrimientos que se harán en el futuro, la terminología de los metales, etc. Por ejemplo. nos gustaría ver realizado un estudio más detallado del contenido de una vasija de barro que hace años descubrió en Tcotihuacán, México, el arqueólogo sueco Sigvald Linne, que data de 300-400 años d. de J.C. y contiene una masa de "apariencia metálica" que incluye cobre y hierro.47 Al mismo tiempo, los Santos de los Ultimas Días que tengan interés en el tema deberán examinar cuidadosamente el texto

del Libro de Mormón para analizar y correlacionar cada afirmación e implicación acerca de los metales. Solamente de esta manera podrá realizarse una comparación adecuada. Sin embargo, el "problema" del uso de los metales en el Libro de Mormón ya parece haberse acercado mucho a su solución. En un sentido más amplio, la tesis de este artículo es la investigación como un proceso continuo y abierto. No es aconsejable que los lectores Santos de los Ultimas Días ni los arqueólogos profesionales permanezcan estáticos. El lector Santo de los Ultimas Días que desee profundizar más allá de un estudio somero de la "evidencia" debe desarrollar habilidades y multiplicar las maneras en que puede analizar un texto antiguo. Los arqueólogos harían bien en aprender que aunque un documento de tiempos remotos pueda contener material religioso desconocido

para ellos, aun así puede ofrecerles una comprensión nueva acerca de los restos físicos que les interesan. Es contraproducente que los miembros de la Iglesia y los arqueólogos desconozcan el trabajo del uno y del otro, ya que el curso más conveniente para seguir es cl de una actitud estudiosa por parte de ambos. NOTAS 1 . Thomas Kuhn, The Structure of Sriptures` Revolutions (Chicago: University of Chicago Press, 1962). 2. Kurl R. Popper, Tlm Logic o/Scientific Di.saaygrv (Ncw York: Basic Books, 1959), pág. 280. "Ha llegado a verse como un ídolo el antiguo ideal científico de la episteme, del conocimiento absolutamentecierto y demostrable. En la actualidad se exige que haya una objetividad científica, la cual hace que sea inevitable el que toda afirmación

científica sea eternamente tentativa. Es posible que ésta sea corroborada, pero toda corroboración depende también de otras afirmaciones que de nuevo son tentativas. Sólo en nuestras experiencias subjetivas de convicción, en nuestra fe subjetiva podemos estar `absolutamente seguros'." (Cursivas en cl original.) 3. M. Wells Jakeman, "The Ancient Middle-American Calendar System: Its Origin and Development", Brigham Ynung Univerrity (BYUJ Publications in Archaeology and Early Historv, núm. I , 1947; Hugh Nibley, "Thc Book of Mormon as a Mirror of the Easf", lmprovementEra 51 (1948), págs. 202-04, 249-51; Sidney B. Sperry, Our Book qf Mormon (Salt Lake City: Stevens and Wallis, 1947). 4. John W. Welch, "A Study Rclating Chiasmus in the Book of Mormon to Chiasmus in the Old Testament, Ugaritic Epics, Homer and Selected Grcck and Latin Authors", Tesis

para Maestría, Brigham Young University, 1970; John W. Welch, editor, Chia,smu.s in Antiyuih, (Hildesheim: Gerstenbcrg Vcrlag, 1981). Véale también Liahona, mayo de 1984, pág. 13. 5. Roben Wauehope, Lo.sl Trihc•.c ancl Sunken Ccnttinent.n (Chicago: Univcrsity of Chicago Prcss, 1962). Michacl D. Coe, "Mormons and Archacology: An Outsidc Vicw", Dicrlog«e 8 (1973), págs. 4()-48. 6. A pesar de haber cierto desacuerdo en cuanto a los detalles, a continuación aparecen en orden cronológico aquellos que han llegado u conclusiones similares a éstas: J. A. y J. N. Washburn, An Approaclt to the St«c/v uf l3ook o/Mnrrnnn Geography (Provo: Ncw Era Publishing. 1939); M. Wells Jakeman en sus clases en BYU y conferencias públicas desde por lo menos 1946 en adelante; Thomas Stuart h ntngra/in ele «« nl?jc•to de oro e_Vraidu de/ C'e r«ne de Sí¡< ri/icin. Chicl«e Itzá.

Ferguson, Camorah-Where? (Independence, Missouri, 1947); Milton R. Hunter y Thomas Stuart Ferguson, Ancient America and the Book o/ Mormon (Oakland, California: Kolob Book Co., 1950); Ross T. Christensen, "The Present Status of Book of Mormon Archaeology: Part 2", Millenial Star (octubre de 1952), pág. 234 y subsiguientes; John L. Sorenson, "Where in the World? Views on Book of Mormon Geography", Book of Mormon Working Paper No. 8, circulado privadamente, 1955; V. Garth Norman, "Book-of-Mormon Geography Study on the Narrow Neck of Land Region", Book of Mormon Geography Working Paper No. I , circulado privadamente, 1966; Sidney B. Sperry, Book o/ Marmon C amhendinm (Salt Lake City: Bookcraft, 1968), págs. 447-51; Hugh Nibley, "The Book of Mornion and the Ruins", Foundation for Ancient Rescarch and Mornion Studies, Nihlel Archive Reprint BMA-BM (1980), pág. 2; David A. Palmer, /n

Search o/ C'umorah: Nesr Evide ice s,/nr tlte Buuk o/ Mormnn li-om Ancient Mexico (Bountiful, Utah: Horizon Pub]¡ shers, 1981). 7. Por ejemplo, Norman A. MeQuown, "Indigenous Languages of Native America", Ame ricalt Anthropologi.st 57 (1955), págs. 501-70. 8. Muchos científicos han analizado los pasajes del Libro de Mormón que afirman una posible limitación geográfica en cuanto a las tierras nefitas (y jareditas). Un ejemplo son los últimos escritos de Sidney B. Sperry, profesor de Escrituras en la Universidad Brigham Young durante muchos años, quien a menudo analizó las implicaciones de tales pasajes como Omni 1:20-21; Mosíah 8:7-12 con Alma 22:30-32; Mormón I-5; Eter 9:3; y Eter 14 y 15. Véase también J. Nile Washburn, Bnnk o/ Mnrmon Lands and Times (Salt Lake City: Horizon Publishers, 1974), págs. 205-17, 283-87; y Ferguson, 1947, y Palmer, 1981, citados en la nota 6. 9. Michael D. Coe, "Early Steps in the Evolution of Maya

Writing", en H. B. Nicholson, compilador, Origins o/ Religioua Art and Iconngrctplt.~, ll1 PreclassicMesoamericw (Los Angeles: UCLA Latin American Center and Ethnic Arts Council of Los Angeles, California, 1976), págs. 11()-11. 10. Además de las fuentes citadas en las notas 6 y 8, vea también John L. Sorenson, An Ancie nt Ame rican Setting,/ór the Book n/ Mornion (Provo: Foundation for Ancient Research and Mornion Studies, en impresión). 11 . Consideren el siguiente razonamiento: (1) El cerro de Cumora de los nefitas y el de Rama de los jareditas eran el mismo (Éter 15:1 l). (2) Esta región, cubierta de huesos (Omni 1:22; Mosíah 8:8; y 21:2(-27; etc. ), y también una "región de muchas aguas, ríos y fuentes" (Mormón 6:4; Eter 15:8), se encontraba en la tierra de Desolación, que colindaba con la tierra de Abundancia en la pequeña lengua de tierra (Alma 22:29-32). (3) En los capítulos 3 a 6 de Mormón, se aclara

que las batallas finales de los nefitas se ubicaron principalmente en el área general de la ciudad de Desolación, que se encontraba en la tierra de Desolación "cerca del pasaje estrecho que conducía a la tierra del sus' (Morrión 3:5, 7). (4) Y por lo tanto, de acuerdo con este razonamiento, Cumora, que fue el campo de la batalla final entre los nefitas y los lamanitas, se encontraba cerca de la pequeña lengua de tierra. 12. 1. M. Lcwis, ---Force and Fission in Northern Somalí Lineage Structure", American Anthropologist 63 (1961), pág. 109; F. Barth, "Segmentary Opposition and the Theory of Games: A Study of Pathan Organization", Journal o/ the Hoyal Aitthrnpological Instittcte 89 (1959), pág. 7; W. F. Albright, Yahiveh and the Gods o/ Canaan: A Hisinrical Anal -Nsis ofTsco Contrasting Faifrs (London: University oí' London The Virgule Athlone Press, 1968), pág. 82; Nigel Davies, "The Aztec Concept of History: Tula and Teotihuacán", artículo presentado en el

44o. Congreso Internacional de Americanistas, Manchester, 1982. 13. William F. Albright, The Archcreologt ofPalestine (Harmondsworth: Penguin Books, 1949), págs, 85-87; Richard A. Diehl, "Tula", en J. A. Sabloff, compilador, Supplement to the Handbook oj Middle American 1ndians, Tomo 1 , Archaeology (Austin: University of Texas Press, 1981), pág. 291. 14. Kathleen M. Kenyon, The Bible and RecentArchaeology (Atlanta, Georgia: r®-John Knox Press, 1978), págs. 33-43. 15. Michael D. Coe, Mexico, 2a. edición (New York: Praeger, 1977), pág. 86. 16. George Kubler, "The Iconography of the Art of Teotihuacán", Dumbarton Oaks Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology, Núm. 4 (Washington, D.C.. 1967), págs. 1 1-12. 17. La disputa en cuanto a la identificación se resumió en una conferencia de Ussishkin en la Universidad Brigham Young en febrero de

1982. 18. Lewis R. Binford, "Reply", Current Anthropology 24 (junio de 1983), pág. 373; las cursivas aparecen en el original. 19. Véasela nota 2. 20. David L. Webster, Defensive Artworks at Becan, Campeche, Mexico: Implications for Maya Warfare, (Tulane University, Middle American Research Institute, Publication 41, 1976), pág. 108. 21. Angel Palerm, "Notas sobre las Construcciones Militares y la Guerra en Mesoamérica", Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia (México), 7 (1956), págs. 123-34; Pedro Armillas, "Mesoamerican Fortifications", Antiquity 25 (1951), págs. 77-86; Robert L. Rands, Some Evidences of Warfare in Classic Maya Art, disertación doctoral, Columbia University, New York, 1952 (University Microfilms Doctoral Dissertation Series no. 4233, 1952). 22. Webster, pág. 96. 23. Ibid, pág. 87. 24. Ray T. Matheny, Deanne L. Gurr, Donald W. Forsyth, y F. Richard Hauck, Investigations at Edzna, Campeche,

Mexico, Volume 1, Part I: The Hydraulic System (Brigham Young University, New World Archaeological Foundation, Paper 46, 1983), págs. 169-91). 25. "Current Rescarch", American Antiquitv 45 (1980), pág. 622. 26. Richard E. Blanton y Stephen A. Kowalewski. "Monte Alban and after in the Valley of Oaxaca", en J. A. Sabloff, compilador, Supplement to tlre Handbook o/ Middle Ame rican lndians, tomo I , Archaeology (Austin: University of Texas Press, 198 I ), pág. 100. 27. Claude F. Baudez y Pierre Becquelin, Etudes Me.soanréricaines, tomo 2, Arclréologiecle Los Naranjos, (Mexico: Mission Archéologique et Ethnologique Franc"dise au Mexique, 1973), págs. 3-4. 28. Palerm, pág. 129; Webster, pág. 98. 29. Charles S. Spencer y Elsa M. Redmond, "Formativa and Classic Developments in the Cuicatlán Cañada: A Preliminary Report', en Robert D. Drennan, editor, Pre historic Social, Political, and Econornic De ve loprne nt in the

Area of the Tehuacan Vallev: Some Results o/ the Palo Blanco Project. University of Michigan, Museum of AnthropologyTechnical Reports, núm. 11 (Research Reports in Archaeology, Contribution 6), 1979, pág. 211. 30. Florencia Muller, "Instrumental y Armas", en Sociedad Mexicana de Antropología, Teotihuaccín: Onceava Mesa Redonda (México, 1966), pág. 231. 31. Henry F. Dobyns, "Estimating Aboriginal American Population: An Appraisal of Techniques with a New Hemispheric Estimaté', Current Antltropology 7 (1966), pág. 396. 32. Ibid- pág. 396. 33. Ibid., pág. 416. 34. William M. Denevan, editor, The Native Population of the Americas in /492 (Madison: University of Wisconsin Press, 1976), págs. 289-92. 35. Alfredo Chavero, editor, Obras Históricas de Don Fernando de Alva lxtlilxochitl, 2 tomos (México, 1891-1892). 36. Clair C. Patterson, "Nativa Copper, Silver, and Gold Accessible to Early Metal lurgists", American Antiquitv 36

(1971), pág. 331. 37. J. W. Grossman, "An Ancient Gold Worker's Tool Kit: The Earliest Metal Technology in Peru", Archaeology 25 (1972), págs. 27075; A. C. Paulsen, "Prehistoric Trade between South Coastal Ecuador and Other Parts of the Andes", tesis presentada ante la 37a. reunión anual de la Sociedad de Arqueología Americana, 1972. 38. J. Charles Kelley y Carroll L. Riley, cdsPrecolumbian Contact within NuclearAmerica, Southern Illinois University, Carbondale, Research Records of the University Museum, Mesoamerican Studies 4, 1969. 39. R. E. Longacre y Rene Millon, "Proto-Mixtecan and Proto-Amuzgo-Mixtecan Vocabularies: A Preliminary Cultural Analysis", Anthropological Linguistics 3 (1961), pág. 22. 40. Terence Kaufman, "El Proto-Tzeltal-Tzontzil: Fonología Comparada y Diccionario Reconstruido", Universidad Nacional Autcínorrta de México, Centro de Estudios Mavas, Cuadernos 5 (1972). pág. 118; Marcelo Alejandre, Cartilla

Huasteca con su Gramática, Diccionario Y Varias Reglas para Aprender el Idioma, Secretaría de Fomento, México, 1899, págs. 84, 88; H. de Charency, "Les Noms de Metaux chez Différents Peuples de la Nouvelle Espagne", Congres lnternacional des Americanistes, Compte-Rendu, Paris 1890, Paris, 1892, págs. 539-41. 41. Lyle Campbell y T. Kaufman, "A Linguistic Look at the Olmecs", American Antiquity 41 (1976), págs. 80-89. 42. Read H. Putnam, "Were the Platas of Mormon of Tumbaga?" Papers, l5th Annual Symposium on the Archaeology of' the Scriptures (Provo, Utah: BYU Extension Publications, 1964), págs. 101-09. Actualmente disponible como Reimpresión PUT-64 de Foundation for Ancient Research and Mormon Studies (FARMS) (P.O. Box 7113, University Station, Provo, UT 84602, USA). 43. David M. Pendergast, "Tumbaga Object from the Early Classic Period, Found at Altun Ha, British Honduras (Belize)", Science

168 (3 de abril de 1970), págs. I 16-18. 44. R. R. Caley y D. T. Easby, Jr.. "New Evidence of Tin Smelting and the Use of Metallic Tin in Pre-Conquest Mexico", 35o. Congreso Internacional de Americanistas, México, 1962, Actas v Memorices, Tomo 1, México. 1964, pág. 511. 45. L. G. Alieva y A. M. Gasanova, "Problem of the Unknown Metal Kharsini in Medieval Written Sources", Dokktdv Akademva Nauk Azerbaid_lranskoi SSR 37. núm. 4 (1981), págs. 84-87: un extracto en inglés se encuentra en Art and Archacology Technical Abstractct.s 19 (1982), pág. 111. 46. Caley y Easby, págs. 507-17. 47. Sigvald Linne, Mexican Higlrland Cultures, Ethnographical Muscum of Swedcn, Stockholm, Publication 7. 1942. pág. 142.
UN ANALISIS CIENTÍFICO DELLIBRO DE MORMOM
Segunda parte Este es el segundo de una serie de tres artículos que señalan la manera en que los adelantos en la investigación v la ciencia en el pasado medio siglo han producido datos que parecen apoyar v de hecho pueden ayudar a aclarar el Libro de Mormón. Durante este mismo período. el estudio cuidadoso de este

libro por parte de los Santos de los Ultimos Días lo ha colocado en un nuevo plano como un documento de la América antigua. En este artículo analizaremos otro aspecto primordial de la vida en la América antigua, el cual ilustra esta tendencia.

Escritura
El Dr. Sylvanus G. Morley, en su tiempo el más eminente de los investigadores de la cultura maya, expresó una síntesis de la opinión que prevalecía entre los pocos expertos que había en 1935, acerca del desarrollo de la escritura en el Nuevo Mundo: "La escritura maya representa una de las etapas más primitivas del desarrollo de los sistemas gráficos que aún existen en la actualidad... Bien puede ser que represente la etapa más primitiva de un sistema gráfico formal de que tengamos conocimiento. "Las inscripciones mayas primordialmente se relacionan con... la cronología, la astronomía --o quizás sería más acertado decir la astrología- y los temas religiosos. En ningún sentido encontramos registros de glorificación personal y auto-adulación como las que existen en las inscripciones egipcias, asirias y babilónicas. No relatan ninguna historia de conquistas reales, ni de logros reales; no adulan, exaltan, glorifican ni agrandan: de hecho, son tan esencialmente impersonales . . . que es probable que jamás se hayan inscrito en los monumentos mayas los nombres de hombres y mujeres específicos.1 Estas palabras ciertamente no reflejan el contenido del Libro de Mormón.

No obstante, para la década de 1970 se había realizado un gran cambio en la opinión de los científicos. Michael Coe hace ahora referencia despectivamente a este "concepto tan raro" que había sido común en el tiempo de Morley de que las inscripciones mayas representaban poco más que "tonterías cronológicas". El cambio comenzó en 1958 con las obras de Heinrich Berlin, quien demostró. como lo indica Coe, que "los relieves mayas y los textos que los acompañan . . . son registros históricos que no se relacionan con las ciencias ocultas ni religiosas. sino con la política caótica diaria de los estados primitivos con dirigentes belicosos, que tenían la determinación de incluir a los demás estados mayas dentro de su esfera de infuencia".2 El nuevo punto de vista hace que la civilización maya "suene muy similar a otras civilizaciones del mundo, con sus relatos

de conquistas, de la humillación de sus prisioneros, de sus bodas y descendencia reales.3 También hace que suene más similar a la civilización de los Nefitas y Lamanitas. Durante una temporada, los científicos también dudaban de la descripción que ofrecen las Escrituras con respecto a otro punto. Moroni afirmó que " los caracteres que entre nosotros se llaman egipcio reformado . . . los hemos transmitido y alterado conforme a nuestra manera de hablar" (Mormón 9:32). Como consecuencia. esos caracteres debían de tener un elemento fonético, ya que hasta cierto punto representaban sonidos. No obstante, los expertos principales como Morley, Thompson y Barthel insistían que los jeroglíficos mayas solamente contaban con algunas rasgos fonéticos triviales.4 El científico soviético Yuri Knorosov tomó la iniciativa y corrigió ese error.5 En la actualidad se reconoce que "el sistema maya tenía un fuerte componente fonético-silábico", muy similar a la descripción que hizo Moroni del sistema Nefita.6
Sigue siendo verdad que la escritura mesoamericana incluye muchos signos ideográficos (que representan conceptos o palabras completos sin ninguna referencia a los sonidos). Un solo signo puede tener diferentes significados, aclarados solamente por el contexto y la experiencia del lector. "El entendimiento de éstos es lo que requiere más tiempo y mayor paciencia."7 De nuevo escuchamos el eco de las palabras de Moroni, pues él se lamentó de que los escribas nefitas no fueran "fuertes para escribir". No podían "escribir sino poco, a causa de la torpeza de [sus] manos." Encontraron que "[tropezaban) al colocar [sus] palabras". (Véase Et. 12:22-?,5.) Mormón también se lamentó por el sistema de escritura de su pueblo, diciendo que "hay muchas cosas que, de acuerdo con nuestro idioma, no podemos escribir'.8 (3 Ne. 5:18.) J.E.S. Thompson hace la misma observación acerca de la escritura maya: "Tanto las consideraciones de espacio como las asociaciones rituales hacían difícil la precisión en la escritura; . . . el lector tenía que tener un buen conocimiento de la mitología y el folklore para poder comprender los textos",9 y aún así, la lectura podía resultar ambigua.

En este artículo se señala la escritura jeroglífica de los mayas por dos motivos: es la

más conocida, v data del período que comprende la porción final del relato del Libro de Mormón. Los habitantes de la península de Yucatán entre los años 300 a 900 d. de J.C.. aproximadamente, quienes hablaban el idioma maya, tallaron inscripciones en cientos de monumentos de piedra caliza. y sus descendientes vivieron la cultura antigua lo suficiente para poder comunicar a los españoles información valiosa acerca del sistema que usaban los mayas para pensar y escribir. El único sistema que sobrevivió en detalle comparable a éste fue el azteca. pero era una escritura posterior v mucho más sencilla.10 En total se conocen cuando menos catorce sistemas de escritura eroglífica en Mesoamérica.11En solamente tres de estos casos -el maya de las tierras bajas, el azteca v el mixteca-se ha logrado un progreso considerable en descifrarlos. Algunos sistemas de escritura están representados por un solo texto. 12 Tal como en el caso de la

"transcripción de Anthon"que nos dejó José Smith, es probable que no nos sea posible progresar en descifrar esos textos hasta que contentos con mayor cantidad de textos parecidos.
No obstante, estamos en terreno seguro cuando decimos que en base a lo que se ha encontrado hasta la fecha. muchas culturas mesoamericanas tenían conocimientos de lectura y escritura (aunque otras no los tenían) desde cuando menos 1000 añosa. de J.C.13 No tenemos motivos para creer que en otro lugar del hemisferio occidental existiera la escritura antes del descubrimiento europeo.14 Se han encontrado inscripciones fragmentarias en alunas partes de América del Norte y del Sur, pero no se sabe a ciencia cierta si representan o no la escritura antigua y genuina. Por tanto, es interesante saber que el Libro de Morntón habla de un pueblo instruido que habitó durante miles de años la región contigua a "la estrecha lengua de tierra---, la misma área que cubre la porción ístmica de Centroamérica, el cual es el único lugar conocido del Nuevo Mundo que tiene una tradición similar de alfabetización. Otro punto importante del que generalmente no tenían conocimiento los primeros científicos es la similaridad que existe entre la estructura de los jeroglíficos mayas y los egipcios. Linda M. Van Blerkom, de la Universidad de Colorado. aclaró esto recientemente cuando elaboró una lista de los seis principales tipos de signos que son comunes entre las dos estructuras. Contradijo la deducción de Morley con estas palabras: "Aquellos que afirman que los jeroglíficos mayas se encuentran en un nivel evolutivo inferior al de los . . . sistemas de las civilizaciones del Viejo Mundo están equivocados." De hecho. ---los jeroglíficos mayas se usaron en las mismas seis formas que los de los egipcios".15 Otra similitud entre la escritura egipcia y maya es que ambas trataban profundamente el aspecto sagrado de la vida: de hecho, quizás hasta se hayan derivado de él. Hodge piensa que "el poder mágico del habla y de la representación grafica"ayuda a explicar el aneen y la longevidad de la escritura jeroglífica entre los egipcios, a lacual daban el nombre de "las palabras del dios".16 Thompson menciona "la íntima relación que existía entre

la escritura jeroglífica de los mayas y su religión. pues no cabe duda de que mucha; de las forma, de los jeroglíticos. y quizás sus nombres, tienen connotaciones religiosas.17

Morley y sus compañeros percibieron correctamente la relación que existíu entre la religión y la escritura. pero erraron al suponer que esta era la única conexión. El sistema de escritura fue el medio por el cual comunicaban lo sagrado a través de todos los aspectos de la vida civilizada: el comercio, el gobierno, la "historia", el calendario, la astronomía. v cosas como las guerras, el sacrificio. la muerte. la salud. el destino v la eenealogía. Todos estos aspectos tenían alusiones religiosas. y todos tenían que ver con la escritura.
Michael Coe, por ejemplo, afirma que las escenas que aparecen en las espectaculares vasijas funerarias de las tumbas mayas provenían de “un largo himno que posiblemente se entonaba cuando la persona había muerto o estaba para morir . . . El tema primordial es el de la muerte y resurrección de los señores del reino maya”. De hecho, "es muy posible que haya habido un verdadero Libro de los Muertas para los mayas clásicos, similar al Libro de los Muertos de los antiguos egipcios".18 Dice también que. de hecho. "en los tiempos clásicos es posible que haya habido miles de tales libros." El Popol Vuh, libro sagrado de los maya quiché de las tierras altas de Guatemala, fue una versión posterior de uno de éstos, probablemente un transliteración de un original jeroglífico.19 La mayoría de los mayas tenían conocimiento del patrón mítico que representa este libro y los conceptos de la muerte, resurrección, creación y destino que comunicaban tales libros. No obstante, la versión maya solamente fue la mejor preservada. Otras culturas mesoamericanas tenían creencias prácticas paralelas a éstas. "En Mesoamérica había un pensamiento singular y unificado... al que podríamos llamar una religión mesoamericana".20 afirma Coe. Los sacerdotes eran los que principalmente tenían acceso pleno a esa re ligión. Eran los únicos que tenían la oportunidad de dominar el idioma complejo que era necesario para pene trar el esquema religioso, y "la escritura maya parece haberse elaborado basándose en un tipo de idioma sacerdotal". Era necesario recibir una instrucción sumamente laboriosa con respecto a "la riqueza de las metáforas las técnicas que se utilizaban para parafrasear, y los nombres en clave" (con significado implícito y oculto).21 El tener conocimiento de este sistema "era

nada menos que un requisito para lene derecho a heredar uno de los puestos de liderazgo", ya que los sacerdotes eran los gobemantes o viceversa. 22

Una de las razones por las que era tan difícil dominar los sistemas de escritura jeroglífica era el complejo estilo literario. Lógicamente, hace cincuenta años nadie sabía mucho acerca del estilo de los textos mayas. Pero en 1950, J. Eric Thompson dijo: "Hay paralelos muy similares entre las transcripciones mayas del período colonial, y estoy convencido de que también los hay entre los textos jeroglíficos en sí, y los versículos de los Salmos y la poesía de Job." Dijo que ambos textos "tienen un arreglo antifonal [cantado altemadoj, en el cual la segunda línea de un versículo contesta o repite una variante de la primera". (Encontramos algunos ejemplos en Lamentaciones 3:3 y Jeremías 5l :38.) Este mismo patrón ocurre en los documentos del idioma yucateco del siglo dieciséis y en los libros de Chumayel y de Tizimin del Chilam Balam; un rezo de un indio maya lacandón que se grabó en 1907 muestra esta misma forma. Sir Eric dice lo siguiente con respecto a este lenguaje: "Nótese el ritmo de las líneas, el uso libre del pie yámbico, y la característica antifonal de cada línea." Este "verso libre de alta calidad . . . que juega con el sonido de las palabras" no usa la rima sino algo más similar al retruécano (juego de palabras).23 Munro Edmonson, de la Universidad de Tulane, es aún más específico: "El Popol Vah está escrito en poesía, y es imposible comprenderlo correctamente si se estudia como prosa. Está compuesto en su totalidad de coplas paralelas." Esta forma, al igual que la naturaleza de las raíces de palabras en los idiomas mayas. contribuye a la dificultad que existe en deducir de los textos un significado que no sea ambiguo. Por tanto, "es posible proponer legítimamente una docena de significados diferentes, o más, para una sola raíz monosilábica".24 Edmonson también comenta sobre el uso de un paralelismo sálmico, en el cual dos líneas sucesivas que deben compartir palabras claves estaban sumamente ligadas en significado y en ocasiones contenían retruécanos, o juegos de palabras. que no era posible traducir a los idiomas indoeuropeos. Todo esto nos recuerda las formas, la semántica y el estilo textual del idioma hebreo. Sería aventurado decir que lo que percibimos en un idioma se deriva directamente del otro, pero el idioma maya habría congeniado muy bien con los conceptos y formas estilísticos que habrían utilizado las personas de habla hebrea en un contexto maya.

Estos aspectos relacionados con el estilo nos hacen pensar naturalmente en el quiasmo, la impresionante forma literaria que se encuentra extensamente en el Libro de Mormón y en los textos antiguos del Mediterráneo y del Oriente Cercano.25 El quiasmo es una especie de paralelismo invertido. En Proverbios 15:1 encontramos un ejemplo de paralelismo directo: "La blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor." En el quiasmo se invierte la relación directa que existe entre los conceptos de las dos líneas. de manera tal que la segunda línea sigue un orden invertido: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová" Osa 55:8). Se han llegado a identificar quiasmos sumamente complejos. incluyendo algunos del Libro de Mormón que abarcan textos de miles de palabras, y las cuales solamente se pueden identificar después de realizar un análisis sumamente detallado.26 Hace diez años le pregunté al señor Thontpson si se podían encontrar ejemplos del quiasmo en la literatura maya, pero confesó que nunca había contemplado la posibilidad. Cuando le describí la forma, expresó su interés, sugirió que ciertos pasajes cortos de los textos del Chilam Balam posiblemente fueran ejemplos de esta forma literaria. Hay otros textos y arte mesoamericano que posiblemente sean ejemplos del quiasmo. y valdría la pe na estudiarlos más detenidamente jun to con los libros yucatecos.27 El juego de palabras o retruécano del idioma maya (y otros idiomas mesoamericanos) encuentra un paralelo en los idiomas semíticos v cl egipcio. Carretera Hodge observó que "la estructura de un idioma semítico hace posible que se desarrolle un juego de palabras en una forma singular y sutil". Los idiomas indoeuropeos, y muchos otros, no tienen esta característica. El piensa que los jeroglíficos egipcios posiblemente se hayan desa rtollado en parte como resultado de ta tendencia. 28

Todo esto concuerda asombrosamente con lo que indica el Libro de Mormón. El rey Benjamín "hizo que (sus hijos) fueran instruidos en todo idioma de sus padres, a fin de que as pudieran llegar a ser hombres de inteligencia" (Mos 1:2: es por demá decir que los sacerdotes eran los que habrían impartido el conocimiento.) interés del rey era que sus hijos dominaran el idioma esotérico con el cual podrían leer sus registros ancestrales los cuales contenían "los misterios d Dios”(Mos. 1:3).
Al tiempo de la Conquista. en Yu tan solamente los sacerdotes, los hijo de los sacerdotes, algunos de "los señores principales”, y "los hijos menores de los

señores" tenían conocimiento de la escritura jeroglífica.29 El rey Benjamín estaba cumpliendo con su deber como padre real al asegurarse que sus hijos recibieran este conocimiento. Nótese también que Zeniff estaba tan orgulloso de poseer este conocimiento que insertó una afirmación al respecto al principio de su registro,en Mosíah 9:1 , que era un lugar bastante ilógico para hacer tal observación. Ese idioma, que tan difícilmente se Ilegal a dominar, consistía tanto en los "caracteres que entre nosotros (los nefitas) se llaman egipcio reformado” como en el medio semántico para interpretarlos, o sea, "la ciencia de los judíos (Morm. 9:32; 1 Ne. 1:2). Por motivo del tiempo que se requería para llegar a dominar ese complejo sisteme los ricos, quienes tenían tiempo para hacerlo, podían aumentar "sus oportunidadas para instruirse”, mientras que otros "eran ignorantes a causa de su indigencia' (3 Ne. 6:12). Otro aspecto en el que concuerda la escritura mesoamericana con la del Libro de Mormón es la posibilidad de adaptar los caracteres para utilizarlos con más de un idioma. .Aunque había un elemento fonético, como se señaló anteriormente. los pueblos culturalmente relacionados podían adaptar el sistema aprendiéndose de memoria lo determinativos fonéticos o substituyendo nuevos. Obviamente. aun el idioma egipcio sufrió modificaciones lo largo de miles de años, con el fin de reflejar el cambio constante en la pronunciación y el vocabulario, y los signos que se utilizaban en los tiempos de Mormón y Moroni no se hubieran conocido como egipcio "reformado' si no hubieran sido diferentes en ciertos aspectos del egipcio que se conocía en los días de Nefi. Después de haber sufrido muchos el cambios, no es de asombrarse que,como dijo Moroni, "ningún otro pueblo conoce nuestra lengua" (Moroni 9:34). El sistema jeroglífico habría cambiado en otra dirección cuando "se (enseñó) el idioma de Neti entre todos los pueblos de los Lamanitas" en los días de Alma. Al aprenderlos caracteres o jeroglíficos, los Lamanitas podían comunicarse a través de las diferencias locales en el habla, lo cual les permitía"negociar unos con otros" (Mos. 24:4, 7), y así, a través de la lengua franca escrita, los comerciantes podían realizar sus negocios en cualquier lugar. Parece no haber ninguna otra razón que pueda explicar por qué se estimule el comercio y la prosperidad cuando el pueblo aprendió el "idioma de Nefi". La escritura jeroglífica maya sirvió este propósito, ya que era posible leerla en cualquier lugar en donde se hablara al uno de los veinte o más idiomas de la familia maya, y quizás más allá. A menudo se menciona la abundancia de registros que existía en los tiempos del Libro de Mormón (por ejemplo. He¡. 3:15, 3 Ne. 5:9). La mayoría

de éstos, lógicamente, se habrían escrito en el material más económico y conveniente: el papel. Lo más seguro es que hayan sido de papel las escrituras que se quemaron cuando los creyentes en Ammoníah fueron echados al fuego (véase Alma I-4:8). La mayoría de los registros que se llevaban en Mesoamérica se escribían en papel de corteza de árbol. doblado en forma de biombo para formar un libro.30 De la zona maya solamente han sobrevivido tres de estos códices de cierta techa precolombina.31 En las "páginas" se escribían los jeroglíficos en columnas verticales. Las inscripciones mayas contaban con columnas dobles. y anda símbolo se leía junto con el contiguo y se procedía por parejas de arriba a abajo. Antes del tiempo de Cristo, aproximadamente, solamente se utilizaban columnas sencillas. Nótese que la "transcripción de Anthon". que se dio a conocer al público en 1980 como una copia que hizo José Smith de los caracteres de las planchas del Libro de Mormón, tiene columnas sencillas, lo cual concuerda con la etapa anterior y precristiana del "idioma de Neti", en el cual se escribió el Libro de Mormón. 32 No es de sorprenderse que el profesor Charles Anthon, a quien Martín Hartis mostró la copia hecha por José Smith en 1828. basándose en la poca información de que disponía en ese tiempo, comparó lo que vio con "el calendario mexicano".33 Se podría escribir mucho más acerca de otros aspectos del uso de los registros. de ciertos caracteres, de los escribas, etc., pero los datos que se han proporcionado en este artículo demuestran que en décadas recientes se ha revolucionado en muchas formas nuestro conocimiento de la escritura mesoamericana. Usando esta información. nos es posible percibir un nuevo significado en ciertas afirmaciones del Libro de Mormón concernientes a la escritura y los libros. Debemos esperar que haya muchos más cambios. los cuales permitirán que vaya en aumento la concordancia entre la información contenida en las Escrituras y la que deduzcan los científicos.

NOTAS I . Sylvanus G. Morley, The Ancient Maya, 2a. edición (Stanford: Stanford University Press. 1947), págs. 260-261 La cita se escribió en 1935; véase la pág. 259. 2. Michael D. Coe. "Ancient Maya Writing and Calligraphy", Visible Language 5 (1971). pág. 259. 3. Ibid., pág. 298. 4. J. Eric Thompson, "Maya Hieroglyp Writing", en Gordon R. Willey, compilador, Handbook of Middle American Indian.s, tomo 3 (Austin: University of Texas Press. 1965), págs. 652-653: Thomas S. Barthel, "Writing Systems', en Thomas A Sebeok. compilador. Native Languages of the America,s, tomo 2 (New York: Plenum Press. 1977). pág. 37. 5. Coe, 1971, pág. 301; David H. Kelle Deciplrering the Maya Script (Austin: University of Texas Press. 1976). 6. Cae. "Ancient Maya Writing and Calligraphy", pág. 301: Coe. The Maya Scribe and His World (New York: The Grolier Club, 1973), pág. 11. 7. Coe. 1971. pág. 301. 8. Se hace aparente que Mormón no quiso decir literalmente que su sistema de escritura no permitía que se trataran todos los temas, ya que de hecho se tratan muchos temas en el Libro de Mormón. Sin duda Eter 12:25 puede aclarar lo que quiso decir; en este pasaje Moroni dice que tropiezan "al colocar [sus] palabras". Esa era la "imperfección" que sufrían en su escritura. (Véase Morm. 9:31.) La dificultad radicaba en las antigüedades que imponía el usar un sistema jeroglífico en vez de un sistema alfabético. (Compárese con Morm. 9:33.) 9. Thompson, pág. 646. 10. Barthel, pág. 35; George C. Vaillant The Aztecs of Mexico (Harmondsworth. England: Pelican Books, 1950), págs. 201-204; Frances F. Berdan, The Aztecs Central Mexico: An Imperial Societv (Ne York: Holt, Rinehart and Winston, 1982 págs. 150-151. 11. Coe, "Early Steps in the Evolution o1 Maya Writing", en H. B. Nicholson, compilador, Origins of Religious Art ana Iconography in Preclassic Mesoamerica (Los Angeles: UCLA Latín American Center and Ethnic Arts Council of Los A.„.Ples 1976), 110 y subsiguientes Coe incluye trece. pero omite los signos olmecas, que quizás sean jeroglíficos, y singular sello de Tlatilco, el cual tiene u sistema totalmente diferente de cualquie otro. Este sello y la "Transcripción de Anthon" tienen

similaridades interesante las cuales se analizan en el artículo de C Hugh Jones, "The 'Anthon Transcript' a Two Mesoamerican Cvlinder Seals", NewsletterandProceedings, Societyfor EarlyHistoricArchaeology 122 (septiembre de 1970). págs. 1-8. basado en David H. Kelley. "A Cvlinder Sea¡ from Tlatilcó'. American Antiquitv 31 (1966). págs. 744-746. 12. El sello de Tlatilco. mencionado en I Nota 11, y la Estela 10 de Kaminaljuyu; véase Coe. 1976, pág. 115. 13. Joyce Marcus. "The Origins of Mesoamerican Writing”. Annual Review Anthropology 5 (1976). pág. 44: aunque este artículo cita el año 859 a. de J.C., basado en lo que se ha descubierto a la fecha se sabe que posiblemente haya errado en su cálculo aproximadamente un siglo. En cualquier caso, los jeroglíficos que aparecen en este monumento (Monumento 3. San José Mogote, Oaxac están tan estilizados que es difícil pensar que no hubieran tenido un desarrollo histórico de varios siglos. 14. Barthel, op. cit. 15. Linda Miller Van Blerkom, "A Comparison of Maya and Egyptian Hieroglyphics". Katunob I I (agosto de 1979), págs. 1-8. 16. Carleton T. Hodge. "Ritual in Writin An Inquiry into the drigin of Egyptian ScripC, en M. Dale Kinkade et al., compiladores, Lin,quistics and Anthropology: In Honor oj'C. F. Voegeli (Lisse. Bélgica: The Peter de Ridder Pres 1975). págs. 333-334. 344. 17. J. Eric S. Thompson. Maca Hieroglyphic Writing: An Introduction (Norman: University of Oklahoma Press, 1960), pág. 9. 18. Coe. 1971, págs. 305-306: 1973, pá IS y subsiguientes. 19. Coe, 1971. pág. 305. Compárese con Alfred M. Tozzer, compilador. "Landa's Relación de las Cosas de Yucatán: A Translation". Harvard University, Peabody Museunt ofAmerican Archaeology and Ethnology, Papers. tom 18, 1941, pág. 169. 20. Coe. 1973, pág. 8: David H. Kelley, "Astronomical Identities of blesoamerican el Gods". Archaeoastronomy (Suplemento del Journal of the Histon of Astronomy 11 (19801, págs. 51-554. 21. Barthel. pág. 45. 22. Ibid. Compárese con Thompson, 1970, pág. 7: Tozzer. pág. 28.

23. Thompson. 1960. págs. 6I-62. 24. Munro S. Edmonson, "The Book of Counsel: The Popol Vuh of the Quiche Maya of Guatemala, Ttdane University. Middle American Research Instttute. Publication 35 (1971), págs. xi-xii. 25. John W. Welch. editor. Chiasmus in Antiquity: Structures, Analyses, Eregesi.sa (Hildesheim.AlemaniaOccidentaf: Gerstenberg Verlag. 1981); John W. Welch. "Chiasmus in the Book of Mormon". en Noel B. Reynolds, editor. of Book of Mormon Aufrorship: Nen, Light on Ancient Origins. (Provo: Brigham Young University. Religious Studies Center. 1982). págs- 33-52. Véase tambien "Un libro que merece respeto". Licdtona, mayo de 1984, pág. 13. 26. Welch. 1982, págs. 49-50. 27. Por ejemplo. Marearet MeClear,a) Popol Vuh: Structure and Meaning (MadridNew York: Plaza Mayor. 1972). págs. 55, 67-90: Marvin Cohodas. "The Iconographv of the Panels of the Sun, Cross, and Poliated Cross at Palenque: Part I", en Sociedad Mexicana de Antropología. Xllla Mesa Redonda, Xalapa, 1973 (México, 1975). págs. 75-101. 28. Hodge, pág. 344. 29. Tozzer, pág. 29. 30. Ibid.. pág. 28. 31. Thompson, 1960. págs. 23-26. 32. Danel W. Bachman, "Sealed in as, Book: Preliminary Observations on the Newly Found'Anthon Transcript' " Brigham Young Universin, Studies 20 (1980), págs. 321-345: disponible por separado como Reimpresión BAC-80. Foundation for Ancient Research and. Mormon Studies. P. O. Box 7113 University Station, Provo, Utah 84602. 33. B. H. Roberts,NesvWitnessesfor God, tomo 2, 2a. parte, "The Book of Mormon' (Salí Lake City: Deseret Book, 1926), págs. 95-100. Véase el análisis del tema en mi artículo "The Book of Mormon as a Mesoamerican Codex", Newsletter and Proceedings. Socierv for Early HistoricArchaeology 139 (1976), pág. 2. Liahona

EL ANÁLISIS CIENTÍFICO DEL LIBRO DE MORMON: Tercera parte
Este es el artículo final de una serie que tiene el propósito de poner en relieve los modernos adelantos científicos y académicos que parecen apoyar, e inclusive aclarar, el Libro de Mormón. Los artículos anteriores de esta serie enfocaron temas tales como la geografía, las limitaciones de la arqueología, la población, el uso de los metales y los registros escritos. Ahora sería posible adentrarnos en otros temas importantes, como lo son la estructura política, los

métodos de colonización, el comercio, las sociedades secretas, etc., pero quizás sea de mayor provecho tratar la amplia gama de temas sobre los que se están haciendo nuevos descubrimientos en la actualidad. Este muestrario de conocimientos nuevos recalcará el hecho de que las conclusiones de algunas personas-incluso algunas muy famosasacerca de la civilización antigua de Junio de 1985 América con relación al Libro de Mormón, no son necesariamente correctas. En el pasado, los autores Santos de los Ultimos Días han comparado las "calzadas' y los "caminos" mencionados en 3 Nefi (6:8; 8:1 3) con los sacbes (calzadas cubiertas de mortero) que se han encontrado en la Península de Yucatán, México. Casi todas las que se han podido identificar hasta hace dos décadas estaban concentradas en aquella zona restringida y parecían remontarse a tiempos posteriores a los del Libro de Mormón. No

obstante, ciertos estudios realizados recientemente muestran que la construcción de caminos tiene un largo historial, y que se realizaba de un extremo a otro de Mesoamérica. Actualmente, la calzada más antigua que se conoce está en Komchen. en el extremo norte (fe Yucatán. E. Willys Andrews V y sus colegas de laUniversidad Tulane han determinado que una de ellas data de aproximadamente 300 a. de J.C.' En Cerros, Belice (anteriormente Honduras Británica), hay otra que se usó entre los años 50 a. de J.C. y 150 d. de J.C.2 Más tarde se construyeron caminos en La Quemada, estado de Zacatecas, México, en el extremo norte de los límites de Mesoamérica.' Se han encontrado otros en Xochicalco, un poco al sur de la Ciudad de México, en donde existen tres kilómetros de caminos pavimentados,' y en Monte Albán, México.' Muchos de los caminos de los que tenemos conocimiento eran locales, pero en Yucatán se encontró uno de cien kilómetros de

longitud.' Es obvio que el conocimiento actual acerca de las fechas y la naturaleza de la construcción de caminos concuerda con el concepto de que hubo caminos que fueron "desnivelados" al tiempo de la muerte de Cristo. (3 Nefi 8:13.) Durante mucho tiempo los Santos de los Ultimos Días han prestado atención especial al "cemento" de la América antigua. Se supone que algún experto afirmó en una ocasión que no existía. Sin embargo, entre los científicos de las últimas dos generaciones, ninguno habría dicho algo semejante. A través de toda Mesoamérica, el uso del hormigón de diversas composiciones en la construcción fue extenso y duradero. Lo que ahora resulta interesante no es sólo la presencia de esa substancia, sino también el uso relativamente complejo que se le dio. Por ejemplo en El Tajín, que se encuentra cerca de la Costa del Golfo, al oriente de la Ciudad de México, se hacían techos con planchas de hormigón que cubrían superficies cuadradas

hasta de setenta y cinco metros por lado. En este caso la composición del hormigón era de conchas de mar molidas, arena y pómez molido o fragmentos de cerámica. Esta mezcla se vaciaba en moldes de madera ya preparados. En ocasiones los constructores llenaban un cuarto con piedras y lodo, alisaban la superficie superior, vaciaban el concreto, y después sacaban el relleno interior cuando el piso de arriba se había secado.' Aunque las ruinas de El Tajín datan de tiempos posteriores a los del Libro de Mormón, sabemos que ya se utilizaba el hormigón genuino antes del tiempo de Cristo. Los animales a los que hace referencia el Libro de Mormón presentan un problema complejo, ya que por un lado los nombres traducidos al inglés [y del inglés al español] como caballo, ganado, cabra, etc., no se refieren necesariamente a las especies que acuden a nuestra mente al leer estos términos. A1 estudiar las prácticas que utilizan los colonizadores nuevos en todo el mundo para nombrar

a los animales, aprendemos que debemos tener cuidado de no sacar conclusiones tan simplificadas. Por ejemplo, los nefitas descubrieron tanto la "cabra" como la "cabra montés" en la primera zona que colonizaron (1 Nefi 18:25). Lógicamente, ambos animales eran silvestres, ya que no había animales domesticados. Por tanto, no es factible suponer que los animales mencionados hayan sido idénticos a los que nosotros conocemos como cabras. Un problema que surge al interpretar los textos de otra época es el de la semántica de los nombres de animales (y plantas). Si analizamos una descripción hecha hace apenas unos cuatrocientos años -la de Diego de Landa, quien describe la Península de Yucatán-- veremos que él hace afirmaciones que los científicos naturales no pueden aclarar en la actualidad. La transferencia de nombres lingüísticos y conocimiento de una cultura a otra está repleta de problemas. Como ejemplo, los españoles se refirieron al bisonte americano (al que nosotros llamamos

"búfalo") como una vaca; los indios Delaware nombraron a la vaca europea con la palabra que usaban para nombrar al venado; y los indios Miami nombraron a las ovejas "se-parece-auna-vaca". Mientras tanto, los mayas de las tierras bajas nombraron a la oveja española un taman, lo cual básicamente se traduce como "algodón que se come". El Obispo Landa consideró Junio de 1985 al gamo de Yucatán (un venado pequeño con cuernos no ramificados) como "una pequeña cabra salvaje". También notó que el tapir (un animal grande de pezuña, nocturno, que habita en las regiones tropicales) tenía el tamaño de una mula, pero una pezuña como la del buey; sin embargo, un nombre español que se le dio, "anteburro", significa "antes fue un burro".v Vemos que la terminología es una encrucijada compleja que se debe resolver con sumo cuidado.

El uso de la evidencia científica e histórica para determinar cuáles animales estuvieron presentes en la Mesoamérica precolombina nos proporciona varias posibilidades para cada uno de los mencionados en el Libro de Mormón. Por ejemplo, un animal que potencialmente estaría en la categoría de "ganado" sería el venado; algunos observadores que acompañaban el grupo de exploradores de Cortés observaron manadas semi -domesticadas de venados en regiones mayas,` e informaba que una tribu en El Salvador rutinariamente los reunía en manadas. Hay otra evidencia que indica que la alpaca, un animal sudamericano de la misma familia del camello, puede haber estado presente en el sur de México, y en zonas de Costa Rica se han encontrado figurines de llamas cargando bultos. En México y Guatemala se han encontrado figuras de humanos montando animales, y uno de éstos sin duda era un

venado." Es posible suponer, entonces, que al venado se le haya llamado "caballo". Tomando en conjunto la evidencia disponible, es difícil aceptar el concepto de los expertos convencionales de que los pueblos mesoamericanos de tiempos precolombinos tenían poco interés en los animales y no los usaban más que para la caza.` Aún no es posible encontrar una explicación científica para cada una de las referencias que el Libro de Mormón hace acerca de los animales, pero en las últimas dos décadas las dos versiones se han acercado mucho más. Al hacer nuevas investigaciones probablemente encontraremos soluciones lógicas a las demás cuestiones. Algunas de las plantas cultivadas que se mencionan en el Libro de Mormón no aparecen en los inventarios de la flora precolombina, para desconsuelo de algunos lectores de la Escritura (y el júbilo de los críticos). No obstante, nuestro conocimiento de las mieses cultivadas aún sigue

incompleto, ya que se ha hecho muy poca investigación arqueológica al respecto. (Siendo muy optimistas, podríamos suponer que nuestras muestras de material excavado han alcanzado una milésima de un por ciento de lo que podría excavarse, y gran parte de lo que se ha hecho ha sido de calidad dudosa.) Solamente en el año 1983, en las excavaciones del sur de Arizona, se encontró la "cebada domesticada, la primera que se ha encontrado en el Nuevo Mundo". 13 Esto es especialmente interesante porque el Libro de Mormón se refiere a la cebada en relación a las nurnlas de dinero (le i.)> nciitas _omo si ,e utilliara.,)nlunnrcnte. tVcasc Al -Ina I l: i. 1,5. 1 l.>te cycml)l pudría v«muntcar al lector inteli~entc v al experto por t` ual un umtwlc de prccaucic>n. Irav c<unl>i))> constantes cll los ---hechos- v tanlblcn en la tttlcrprctaciúll de tus nlismu s; lo que huy taita el] un t2gl>Ir)) hlOtu rlec)-ar<lue

i<)`TIeí3 pusiblcnlenie >u emuntraFá c n la, In~e,tlyucu)rle,ciel mariana. Ese Im el ttl~_-tt•alc de c)Ucns dm ar_ quecílugu, yac rctirntemcntc uahajaron en Sudanmrlca e Wuubrmrun al~rrlnas planta> que, de iL iwi-do con al_unua círntiitc,~>, 'no clchcríati (le Estos cimientos restaurados de Teotihuacán, cerca de la Ciudad de México, México, ilustran el uso refinado que los habitantes de la antigua Mesoamériea le daban al cemento. (Fotografía cortesía de V. Garth Norman.) catar alfil ---. 'I trence (Gncder y Alberto Bueno Nlerrdm,<t informaron haber encontrado unos materiales del fruto del man`;u y hojas de plátano (banano) en un sitio precolombino de Perú. Otro atrluec)lugu contendió por escrito que ..`t.<r Irnpuytble que hubieran encontrado--- tales restos, ya que esas planta, no habían llegado al Nuevo Mundo basta que los europeos las trajeron. Los excavadores confirmaron >us haÍla~.y),, y

comentaron con un poco de exa speraciún: "Sí solamente v ano), a encontrar lo que ya se conoce, cuuttlce> podemos evitarnos la molestia.ic excavar." ' Uno se pregunta qué nlatertalcs nueves pudríamos cncuntrar si .>c c xcav ara al merlas el doble de lo que ac ti,¡ excavado Insta la techa. La cxcavacluu no es la única manera de encontrar nueva Inturmación aignifícatrva. Linda Schcle tía sido una líder en ta obra reciente de descifrar má s jeroglíficos mayas, interesándose en especial en las inscripciones del espectacular Palenque en el sur de México y habiendo encontrado nueva información dramática. Una de las cosas que Schele ha descifrado es el período probable del reinado de los gobernantes de Palenque. El que estuvo en el poder alrededor de 600 a 670 d. de J.C. aparentemente se llamaba Pacal el Grande; después Chan-Bahlum reinó durante treinta años; y más tarde, Kuk

estuvo a cargo durante cuarenta. Schele afirma que "de hecho, en los registros dinásticos de los mayas, la norma parece haber sido que los gobernantes eran longevos". IS A algunas personas les parece poco probable que hayan vivido tanto tiempo. Los antropólogos físicos que han examinado los huesos recuperados de las tumbas "reales" en el sitio (que notablemente son muy similares a las egipcias`) creen que son de hombres más jóvenes. Así que resulta una paradoja: los hechos determinados al examinar los huesos difieren de los hechos que se encuentran en los escritos. Aún no es posible resolver este dilema. De igual manera, algunos críticos del Libro de Mormón han considerado increíbles las edades y la duración del reinado de los gobernantes jareditas. De esta manera, el Libro de Mormón está en la misma situación que las inscripciones mayas, pues da información sobre la cual la historia y la ciencia aún no han dado su veredicto.

Lo importante es que el relato jaredita se vuelve más creíble por ser similar a otros escritos antiguos. Cuando examinamos los datos de una amplia gama de temas, descubrimos que cada día el Libro de Mormón concuerda más con lo que ahora saben los expertos sobre el tema de Mesoamérica, no sólo en cosas generales, sino a veces también en los pequeños detalles. Después de 140 años de ignorancia al respecto, finalmente se ha identificado el "sheum", que es el nombre no traducido de una planta que cosechaba el pueblo de Zeniff (Mosíah 9:9). Se ha determinado que es una palabra babilónica se'um, que significa cebada. (Es interesante notar que esta forma de la palabra pertenecía al tercer milenio antes de Jesucristo, que fue cuando los jareditas salieron de Mesopotamia, y no a una época posterior. ") Una palabra maya que significa oro, naab, se parece a la palabra egipcia noub que tiene el mismo significado; la palabra zoque hamatin, o sea cobre, se parece a la palabra egipcia hmtv,

que también significa cobre. Alma y Samuel profetizaron de ciertos acontecimientos críticos al final de períodos cíclicos, incluyendo un período de cuatrocientos años, como también lo hicieron los profetas entre los mayas. " Y así podría seguir con más ejemplos. Recapitulación He afirmado repetidamente que la concordancia en la geografía, historia y tendencias culturales -tanto en escala grande como pequeña-entre las culturas mesoamericanas y los pueblos del Libro de Mormón no "comprueban" nada concluyentemente. Aún así, el hecho de que existe una cantidad tan grande de tales concordancias debe ser importante para los que aman la verdad. Teniéndolo presente, es claramente engañoso que un científico afirme que no hay "evidencia arqueológica importante" que apoye la historia del Libro de Mormón con relación al "origen del indio americano",` o que otro piense que es ridículo que

alguien trate seriamente de comparar el Libro de Mormón con los hechos objetivos de importancia histórica.211 Las personas actualizadas e informadas no deberían hacer afirmaciones tan anticuadas e ignorantes, ni tampoco deberían los arqueólogos faltos de preparación en los asuntos relacionados, hacer comentarios con respecto al aspecto histórico del Libro de Mor~ Junio de 1985 La estatuilla de un hombre montado en un venado adorna la tapa de un quemador de incienso. Mide en total 26.5 cm. Le faltan los cuernos del venado y el elemento central del tocado del hombre. De Poptun. Guatemala. món. La concordancia demostrada entre las tendencias del Libro de Mormón y la vasta cantidad de datos acerca de Mesoamérica, aun sin tomar en consideración su concordancia con las tendencias del Viejo Mundo, de hecho debería acallar a los posibles comentaristas hasta que hayan investigado cuidadosamente lo que ahora es una

acumulación compleja de información. Y aquellos que sí investigan y analizan el tema deben hacerlo solamente siguiendo métodos cabales. Al compararlo con los hechos derivados de fuentes externas, el Libro de Mormón es a mi parecer impresionante, aun cuando todavía queda mucho por hacer. Sin embargo, el libro mismo es superior e independiente de cualquier cosa que pudieran demostrar los estudios académicos. Ni los críticos ni los apologistas pueden cambiar la historia; solamente pueden proporcionar un comentario sobre una realidad que ejerce una influencia mucho más profunda que cualquier cosa que ellos pudieran decir al respecto. No es de sorprenderse que los expertos en temas mesoamericanos que vivieron en el primer tercio de este siglo estuvieran mal informados y gravemente equivocados con respecto a la civilización de la zona. Hicieron lo mejor posible con la información disponible, pero ésta era muy

limitada. Es posible que a la larga se descubra que también los científicos bien informados de la actualidad lo están con respecto a algunos temas importantes de la América antigua. La mejor defensa en contra de esta falla es tener un amplio criterio. La doctora Judith Ann Remington, arqueóloga especialista en Mesoamérica, recientemente criticó al grupo de arqueólogos mesoamericanos por "adherirse definitivamente y en ocasiones desafiantemente a suposiciones que ya no tenían ninguna base . . . Los nuevos descubrimientos . . . presentan problemas para las hipótesis viejas. No obstante, las hipótesis se presentaban como teorías y se defendían ferozmente, en detrimento del . . . conocimiento científico que existe acerca de los habitantes de la Mesoamérica prehispánica". 2' Los arqueólogos que en la actualidad son aceptados como líderes en su profesión, se quejó, han considerado las

explicaciones novedosas, las cuales no concuerdan con su propia ortodoxia, como "especulaciones . . . que se asemejan peligrosamente al análisis de las propiedades místicas de las pirámides, la llegada de cosmonautas extraterrestres, o la búsqueda de las tribus perdidas de Israel" .z2 Ella cree que ahora está surgiendo una nueva generación de especialistas en Mesoamérica que es menos cerrada y está menos preocupada de que las ideas no convencionales pudieran "desintegrar el campo entero de la investigación mesoamericana", en palabras de uno de estos hombres famosos, y está más interesada simplemente en encontrar la verdad. Nosotros como Santos de los Ultimos Días podemos abrigar la esperanza de que esta nueva generación considere seriamente el Libro de Mormón con relación a los actuales descubrimientos arqueológicos. 23 Sin embargo, no debemos adoptar una actitud de superioridad cuando los científicos sean criticados por su

estrechez de criterio, ya que nuestro pueblo ha demostrado tener una tendencia decidida a suplir los hechos con los más cómodos "cuentos populares", especialmente en lo relacionado con la arqueología. Debemos esperar que salgan a luz nuevos hechos y nuevas interpretaciones con relación a los antiguos nefitas y jareditas, ya que han de llegar. El élder B. H. Roberts nos enseñó sabiamente en cuanto a esta amplitud de criterio: "Y permitidme ahora decir algo con relación a los nuevos descubrimientos en cuanto al Libro de Mormón, y de hecho con relación a todos los temas relacionados con la obra del Señor en la tierra. No debemos investigar con un espíritu de temor y temblor. Solamente deseamos determinar la verdad; pues solamente la verdad perdurará; y la determinación de esa verdad y la proclamación de ella en cualquier caso, o sobre cualquier tema, no dañará en forma alguna la obra del Señor, pues es también la verdad. Tampoco

debemos sorprendernos si de vez en cuando encontramos que nuestros predecesores, muchos de los cuales llevan nombres honorables y son merecedores de nuestro respeto y gratitud por lo que lograron aclarar en cuanto a la verdad como ellos la consideraban, se equivocaron al hacer ciertas suposiciones y elaborar sobre ciertos conceptos; tal como sucederá cuando las generaciones que nos sigan revelen en forma más explícita parte de las verdades del evangelio que nosotros aún no aprendemos, pues ellos también sabrán que nosotros hemos tenido algunos conceptos erróneos y hemos hecho algunas deducciones equivocadas en nuestra época . . ."-' Todo lo cual se publica, especialmente para los miembros de la Iglesia, para que puedan estar preparados para encontrar y recibir nuevas verdades en el Libro de Mormón y también acerca de él. NOTAS

1. E. Wyllys Andrews V et al., "Komchen: An Early Maya Community in Northwest Yucatán." Artículo presentado en la reunión de 1981 de la Sociedad Mexicana de Antropología, San Cristóbal, Chiapas, pág. 15. 2. E. Wyllys Andrews V, "Dzibilchaltun", en J. A. Sabloff, editor del tomo, Supplement to the Handbook of Middle Anierican Indians, tomo 1, Archaeology (Austin; University of Texas Press, 1981), pág. 322. 3. Pedro Arenillas, "Investigaciones Arqueológicas en el Estado de Zacatecas", Boletín INAH 14 (diciembre de 1963), págs. 16-17. 4. "Current Research", Ame rican Antiguitv 45 (1980), pág. 623. 5. Richard E. Blanton y Stephen A. Kowalewski, "Monte Alban and After in the Valley of Oaxaca", en J. A. Sabloff, op cit., pág. 106. 6. Antonio Bustillos Carrillo, El Sacbe de los Masas: Los Caninos Blancos de los Matas, Base de su Vida Social Y Religión, 2a. ed. (México: B. Costa-Arnic Editorial, 1974), pág. 23. 7. lnstituto Nacional de Antropología e Historia, El Tajín:

OJficial Guide (México: INAH, 1976). 8. David S. Hyman, Precalumbian Cements: A Studv (~f Calcareous Cements ice Prehispanic Mesoamerican Building Construction. (Baltimore: John Hopkins University Department of Geography and Environmental Engineering, 1970), pág. ii. Maurice Daumas, editor Histoire Genérale desTechniyues, Tome 1 (Paris: Presses Universitaires de France, 1962), pág. 403. 9. John L. Sorenson, An AncientAmerican Setting fór the Book (?f Mormon, (Provo: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, en imprenta). El capítulo 7 proporciona una documentación extensa. 10. Dennis Puleston, "-]'he Role of Semi-domesticated Animal Resources in Middle American Subsistence", artículo leído en la 37a. Reunión Anual, Society for Anierican Archaeology, 1972. 1 1. A. V. Kiddcr, "Miscellaneous Specimens from Mesoamerica", Carnegie lnstitution (?f Washictgtoct, Notes on Middle Anierican Archaeolagv and Ethnalogv, núm. 1 17 (marzo

de 1954), pág. 20, Fig. 4e. En mi artículo "Whceled Figurines in the Ancient World", Foundation fór AncientResearch and Mormon Studies, PreliminarV Repart (Provo, 1981), pág. 14, se proporciona documentación relacionada con este tema. 12. Eugene Hunn, "Did the Aztecs Lack Potential Animal Dome st ¡cate s?Anierican Ethnologist9 (1982), págs. 578-588. 13. Daniel B. Adams, "Last Ditch Archaeology", Science 83 4 (December 1983), pág. 32 14. "Letters to the Editor", Archaeology 34 (May-June, 1981), pág. 7. 15. Linda Schcle, "Sacred Site and World-View at Palenque", en E. P. Benson, editor, Mesoamerican Sites and World View°.s (Washington: Dumbarton Oaks, 1981), págs. 1 12, I 16-1 17. 16. Alberto Ruz L., Costumbres Funerarias de los Antiguos Mavas (México: UNAM, Seminario de Cultura Maya, 1968); Alberto Ruz L., Palenque: Official Guide (México: INAH, 1960), pág. 46. 17. Robert F. Smith, "Some 'Neologisms' from the Mormon Canon", en Conférence on the Language

qf the Mormons, 1973 (Provo: Brigham Young University, Language Research Center, 1973), pág. 66. 18. Sorenson, An Ancient American Setting, capítulo 6, págs. 28-33 del manuscrito. 19. Marvin Hill, "Review of The Mormon Experiencé', American Historical Review, vol. 84, no. 5 (diciembre de 1979), pág. 1488. 20. "7EP Interviews Sterling M. McMurrin", Seventh East Press, Provo, Utah, 11 de enero de 1983, pág. 5. 21. Judith Ann Remington, "Mesoamerican Archaeoastronomy: Parallax, Perspective, and Focus", en Ray A. Williamson, editor, Archaeoastrnnomv in the Americas, Ballena Press Anthropological Papers, No. 22 (Los Altos, Calif.: Ballena Press, 1981), págs. 200202. 22. Ibid., pág. 202. 23. An ancientAmerican SettingJór the Book of Mormon constituye el comienzo de tal presentación. Véase la nota 13. 24. B. H. Roberts, New Witnesses,fnr Gad. Il. The Book of Mormon. En tres tomos, Tomo 111. (Salt Lake City: Deseret News. 1951 1 1909¡,págs. 503-504.