APORTES DE LOS ESTUDIOS CULTURALES A LA

SOCIOLOGÍA.

Los Estudios Culturales surgen en Inglaterra a mediados del siglo XX en el período de
la post-guerra y para entonces, ya era notable que la cultura de masas surgía como
una amenaza contra la cultura heredada de la ilustración, debido al impulso que
recibía de la industrialización que, por ejemplo, tocaba los ámbitos artísticos,
cambiando la visión clásica del arte (lectura y apreciación de los clásicos de la
literatura, pintura, etc.) por una apreciación cultural vinculada a lo popular.

Así, los aspectos culturales reservados para las élites pasan a ser un “ornamento no
rentable” en la nueva cultura de masas emergente que, de la mano de investigadores
como: Stuart Hall, Dave Morley, Richard Hoggart, Raymond Williams, Edward
Thompson y otros; alejan a la cultura de la visión literaria y elevan la cultura popular a
objeto de investigación científica.

Actualmente, los estudios culturales son un campo transdisciplinario que agrupa
ciencias y tendencias bajo diferentes conceptos de cultura, en la cual, se indaga sobre
las artes, las creencias, instituciones sociales y las actividades culturales en general.
Además que, han sido un punto de conexión entre saberes diferenciados, tales como:
antropología, semiótica, lingüística, psicología, semiología, y desde luego, la
sociología.

La sociología es una de las ciencias que más se ha beneficiado del intercambio
bidireccional de enriquecimiento teórico-práctico con los estudios culturales. Dicho
intercambio de contenido mutuo ha servido para iniciar una tradición sociológica
basada en la reflexión sobre la producción y las prácticas culturales manifiestas,
analizando, por ejemplo, las instituciones, medios y audiencias que participan en el
proceso de comunicación (específicamente temáticas como: el género, la identidad
nacional, la raza, la cultura popular, la audiencia, identidades políticas, entre otras).

Por otro lado, tal y como afirma Raymond Williams, aunque la sociología de la cultura
ya tiene un camino andado, es aún un área de la sociología subdesarrollada, es decir,
no es un tema que históricamente haya ocupado una asignación prioritaria, de manera
que se califica como “estudios periféricos de la sociología”.
Es esta interacción entre estudios culturales y sociología, los estudios culturales se
dan a la tarea de rebatir los paradigmas funcionalistas que dominaban nuestra ciencia
y proporcionaban explicaciones comunicacionales que atribuían al poder persuasivo
de los medios una omnipotencia tal, que obstaculizaban el desarrollo de los
conocimientos sociales en el área de la comunicación y cultura.

De tal modo, la herencia sociológica positivista que influenció los primeros estudios de
masas (Mass Communication research) se ven en tela de juicio. Las teorías como la
de la aguja hipodérmica y la visión de la sociedad como ratas de laboratorio son
desmontadas y luego, se abre paso un paradigma de la sociedad como agente
reflexivo aportado justamente por los estudios culturales.

Con base en la idea de que la sociedad no está compuesta por “idiotas culturales”,
sino que, en efecto, los grupos culturales que la componen piensan e interactúan con
el medio, emergen nuevos enfoques que desconcentran el estudio cultural en el
medio, dando poder a las audiencias. El nuevo paradigma propone que las audiencias
no sólo son consumidoras de un mensaje sino que al a vez son productoras de
significado.

Por tanto, los medios lo que pueden hacer es reproducir un mensaje preferente o
proponer agendas temáticas, pero se sabe ahora que su poder de influir en las
audiencias está mediado por un contexto que supone un proceso activo de
decodificación-interpretación con base en las configuraciones intrínsecas de un grupo
social (verbigracia: clase social, género, contexto político, contexto familiar, etc.), cuyo
resultado es una percepción selectiva de un mensaje polisémico por naturaleza que,
como ya se ha mencionado, está supeditado al contexto.

De este modo, las premisas básicas de los estudios culturales son integradas a la
sociología y ahora, no existe una lectura unívoca del mensajes sino lecturas, no existe
una sola forma de descodificar el mensaje ni tampoco una sola audiencia, la audiencia
posee sus propias prácticas de resistencia frente a los medios, todo mensaje es
polisémico, por tanto, hay una codificación propia de cada grupo social, la realidad se
presenta siempre encodificada y existe un intercambio simbólico bidireccional entre el
medio y las audiencias, etc.

En otro orden de ideas, la sociología también se ha beneficiado en una forma general
de los estudios culturales al aumentar su campo de conocimiento con el desarrollo de
investigaciones que ofrecen información sistemática sobre culturas populares, medios
masivos de comunicación, comportamientos, hábitos, gustos, necesidades de las
audiencias, entre otros.

También es menester reconocer que los estudios culturales han dotado a la sociología
de una conciencia sobre sus propias características culturales debido a que ha hecho
evidente el cúmulo de presupuestos incorporados a su propia práctica cultural como
ciencia. Es decir, el bagaje teórico, metodológico, ideológico y en general, todas las
prenociones que definen los criterios de cientificidad de la sociología son claramente
visibles ahora como un producto cultural forjado de hechos sociales.

En síntesis, los estudios culturales se han nutrido de reflexiones, objetos y métodos de
diversas disciplinas e intereses cognitivos y su naturaleza la ha compartido con la
sociología, aportando sus ideas cuando nuestra ciencia se encontraba en un momento
marcado por la fe ciega en los efectos de los mensajes emitidos por el medio en los
receptores, para desembocar en una visión de la sociedad como agente reflexivo
dando paso a una sociología cultural amplía, alimentada por saberes específicos que
se enlazan con el propósito de repensar las tareas culturales, los significados, los
sentidos, el entorno simbólico y las prácticas culturales que preservan el orden social.