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SOCIOLOGIA CONTEMPORANEA.

OCHO TEMAS A DEBATE

por
LUIS RODR1GUBZ ZtlRIGA
y
FBRM1N BOUZA (comps.)
INDICE

NOTA .....•..•..•..•..•..•..• VII

VARIACIONES SOBRE LA TEORIA DEL INTERCAMBIO SOCIAL ..• 1


Luis Rodriguez Zúñiga
SOBRE BL CONTENIDO DE LA REALIDAD SOCIAL ..• 29
Miguel Beltrdn

ADAM SMITH Y LA «TEORIA DE LOS SENTIMIENT.OS MORALES,. ... ..• 67


Lluis Argemi d'Abadal

LA RBLIGION EN DURKHEIM Y EL PROBLEMA DEL CENTRO SIMBOLICO


DE LA SOCIEDAD EN LA SOCIO LOGIA ACTUAL ..• 87
Alfonso Pérez-Agote

BL SISTEMA SIMBOLICO DEL SENTIDO COMUN ..• ••. ..• ..• ..• ..• ..• 105
Primera edición, octubre de 1984 Fermin Bouza Alvarez
© CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIOLOGICAS LA SOCIOLOGIA DE LAS ORGANIZACIONES 121
Pedro Teixeira, 8, 4.a - 28020Madrid Julio Rodríguez Aramberri
en coedición con
MARXISMO Y BXPLICACION FUNCIONAL: UNA RBIVINDICACION DE LA
@ SIGLO XXI DB ESPAÑA BDITORBS, S. A. FILOSOFIA DE LA HISTORIA DE KARL MARX ..• ..• ... ... ..• ..• 169
Plaza, 5 - 28043Madrid Ludolfo Paramio
DERECHOS RESERVADOSCONFORMEA LA LBY
BL ULTIMO PARSONS (UNA RBVISION CRITICA) 193
Impreso y hecho en España José Iiménez Blanco
Printed and made in Spain
Diseño de la cubierta: Carlos Sendín
ISBN: 84-7476-081-X
Depósito legal: M. 37.030- 1984
Impreso en Closas-Orcoyen,S. L. Polígono lgarsa
Paracuellos del Jarama (Madrid)
NOTA

La generosidad de la Universidad Internacional Menéndez y


Pelayo propició que desde el 8 al 12 de agosto de 1983pudiéra-
mos reunirnos, en la Magdalena, un grupo de sociólogos. El
objeto de la reunión era discutir sobre algunos temas de nues-
tra disciplina, y el resultado más visible de aquella discusión
es este libro.
El cual libro es, sin duda, heterogéneo, tanto por los asuntos
que contiene como por el modo de tratarlos y el alcance dado
al tratamiento. No importa. Sociología contempordnea. Ocho
temas a debate es, por de pronto, otra muestra de vitalidad,
variedad y arraigo que, en bien poco tiempo, ha alcanzado la
sociología española: ¿hubiese sido posible hace, por ejemplo,
década y media o dos décadas ofrecer un libro así? Dicho de
otra manera: es éste otro libro más en favor de la afirmación
de que, en España, la sociología es ya una disciplina académica
con estructura social e intelectual propias.
El capítulo de agradecimiento es tan breve como sentido.
Los autores agradecen de todo corazón la generosidad de la
UIMP, y muy especialmente de su rector, Santiago Roldán, y del
vicerrector, José Luis García Delgado. El Centro de Investiga-
ciones Sociológicas,en general, y sobre todo su director, Julián
Santamaría, nos animaron sin reservas a componer este libro.
Natalia Rodríguez-Salmones, por último, ha tenido tanta pa-
ciencia como bondad. Muchas gracias.
Los AUTORES
VARIACIONES SOBRE LA TEORIA
DEL INTERCAMBIO SOCIAL

LUIS RODRIGUBZ zu&IGA

En el panorama de la sociología actual, la teoría del intercambio


ocupa una posición estratégica. Por un lado, por su pretensión
de integrar en un mismo marco teórico fenómenos sociales des-
critos y tratados antes sin establecer conexión entre ellos. Por
otro, paralelamente, por los puentes que quiere establecer entre
diferentes ciencias sociales. De manera tal que así la averigua-
ción empírica como la crítica sociológica contemporáneas tienen
en las prácticas de intercambio uno de sus temas privilegiados.
No es hoy, sin embargo, el interés por los fenómenos de in-
tercambio en la vida social. Filósofos, moralistas, economistas,
psicólogos o, simplemente, observadores agudos se han aproxi-
mado y han subrayado la importancia social del intercambio.
Más aún, y emplazándose en el interior de las ciencias sociales
ya constituidas como tales, hay que registrar como fundamenta-
les los nombres de, al menos, Frazer y Malinowski. En diversos
escritos, y sobre todo en sus respectivos Folklore en el Antiguo
Testamento y Los argunautas del Pacífico Occidental, ambos pu-
sieron a punto descripciones y explicaciones muy precisas sobre
implicaciones y relaciones entre dar, recibir y devolver.
Dicho lo cual, he de aclarar inmediatamente que estas notas
no pretenden referirse a toda esa rica tradición, como tampoco
trazar una suerte de balance del estado actual de la cuestión. Es
decir, primero, que voy a dejar de lado antecesores y ob-
servaciones en cierto modo preparatorias; y segundo, que no voy
a exponer desarrollos teóricos de puntos concretos de la teoría
del intercambio, ni aplicaciones de la misma encaminadas a
averiguar algo sobre situaciones sociales específicas, y no es
poco, ciertamente, lo que en ambas dimensiones últimamente
se ha hecho.
Mi propósito es exponer, desde la sociología, el eje central de
la teoría del intercambio. O, en otras palabras, exponer las teo-
rías sociológicas que han hecho del intercambio el fenómeno
2 Sociologia contemporánea. Ocho temas a debate Luis Rodríguez Zúñiga 3

clave de la vida social y que, por ello mismo, son los formulado- Melanesia» (1920), «Una forma antigua de contrato entre los
res sistemáticos de la teoría del intercambio. Tracios» (1921)y «Gíft-Gift» (1924).No obstante, puesto que en el
En este sentido, pienso, Léví-Strauss y Homans son los nom- e Ensayo» es donde está expuesto con mayor detalle el argumento

bres cruciales, añadiendo sin duda sus respectivos engarces con común a todos ellos, pasaré directamente al mismo '.
Mauss (de quien el primero quiere ser, al tiempo, corrección y Su problemática inicial es relativamente sencilla. En muchas
prolongación) y Blau (que parte abiertamente de Homans). A su civilizaciones, los intercambios se realizan bajo la forma de re·
vez, esas cuatro obras pueden ordenarse en dos parejas: Mauss- galos, aparentemente voluntarios por tanto. Pero, sin embargo,
Léví-Strauss, de un lado; Hornans-Blau, de otro; pues, en efecto, en la práctica, resulta que es rigurosamente obligatorio tanto el
si bien los cuatro tratan del intercambio concediéndole esa po- hacer tales regalos como el devolverlos. ¿Por qué es así? ¿Por qué
sición privilegiada a que me he referido, sus respectivas pers- quien recibe viene obligado a devolver? ¿Por qué se está obliga-
pectivas y argumentos son bien diferentes. Puede así hablarse, do a dar? Contestando a esas preguntas, Mauss pensaba alcan-
como ha hecho Ekeh 1, de dos tradiciones en la teoría del inter- zar un doble objetivo:
cambio: una, de raíces durkheimianas, que, para llegar al actor En primer lugar, rebatir la idea, tan extendida, de que las
concreto, acentúa los elementos más «sociales» y «Objetivos» del civilizaciones arcaicas sólo conocen una suerte de, por así de-
intercambio; otra, que prefiere demorarse en las dimensiones cir, sistema económico «natural». Las hipótesis sobre la inexis-
más cpsicológicas» y «subjetivas». Variaciones, entonces, que co- tencia de mercados, sobre la inexistencia de moneda, sobre la
existen más o menos pacíficamente, es decir, que de ninguna inexistencia del crédito, etc., van a ser rechazadas: todas esas
manera pueden soportar los bienintencionados tratamientos teó- funciones se han cumplido, o se cumplen, si bien mediante una
ricos de hacerlas converger en algo unificado o de considerarlas forma diferente de la que exigen los sistemas de intercambio
como complementarias: su oposición y su diferencia son tam- de nuestras sociedades.
bién parte de la teoría del intercambio. Además, examinar, a la vista de los resultados obtenidos, los
Una última precisión. Estas notas deberían girar sobre todos rasgos más llamativos del régimen de intercambio propio del
esos asuntos. Ocurre, sin embargo, que, desde que fueron orde- mundo moderno.
nadas y redactadas por primera vez hasta la fecha el panorama La estrategia de la investigación la desarrolla Mauss en tres
de la sociología española ha cambiado. Si no se contaba antes fases. En la primera analiza los sistemas de intercambio arcai-
con ningún tipo de aportación nuestra sobre el intercambio, hoy cos. En la segunda se ocupa de la transición de tales sistemas a
tenemos los sólidos análisis de Francisco Morales 2 sobre Ho- los propios de nuestras sociedades. En la tercera plantea una
mans y Blau. Ante ello, he optado por aligerar al mínimo im- serie de conclusiones de orden político, sociológico, económico
prescindible la exposición de ambos autores, remitiendo al lec- y moral. Voy a exponer los rasgos centrales de cada una de
tor a estos trabajos. Añado que por mínimo imprescindible en- ellas, si bien advierto que, aunque Mauss moviliza una riquísima
tiendo el necesario para marcar la diferencia entre el modo se- documentación etnográfica, sólo me referiré a aquella que sea
gún el cual Homans y Blau entienden el intercambio y el que estrictamente necesaria para comprender el movimiento del ar-
Mauss y Léví-Strauss practican. gumento: al cabo, Mauss realizaba una investigación a la que
había de articular con la apoyatura empírica pertinente, en tan-
to que yo sólo pretendo describir la línea central de su argu-
Con respecto a Mauss, el texto clave es el cEnsayo sobre el don». mento.
El ensayo aparece en 1925.Sin embargo, a modo de precedente, Antes de ello es necesario un pequeño paréntesis metodológi-
hay una amplia serie de artículos y notas donde Mauss fue re- co. Explícitamente, el «Ensayo sobre el don» articula su des-
copilando materiales que formarán parte de la documentación arrollo desde la opción metodológica por el hecho social total.
del cEnsayo». Los más importantes de ellos son: «Los orígenes ¿Qué entendía Mauss por tal? Un hecho social total, según Mauss,
de la noción de moneda» (1914), «La extensión del potlach en
3 El eEnsayoe lo cito por la edición contenida en Mauss: Sociologie et
1 Social exchange theory: the two traditions, Harvard University Press, Anihropologie, París,PUF, 1968.Los otros escritos de Mauss pueden en·
1974. contrarse en sus Oeuvres, vol. III, París, Minuit, 1969.
2 La. conducta social como intercambio, Bilbao, Descleé, 1982.
SOBRE EL CONTENIDO DE LA REALIDAD SOCIAL

MIGUEL BELTRAN

¿En qué consiste, qué constituye lo que llamamos realidad so-


cial? ¿Qué se quiere decir, qué se denota cuando se califica de
social una realidad? Me parece que un comienzo de respuesta
a estas preguntas puede obtenerse a través de un rodeo, largo
en el tiempo y breve en la referencia, que pase por la llamada
cuestión de los universales. Y para ello nada mejor que co-
menzar con la misma oportuna cita de Unamuno con que Ji-
ménez Blanco encabeza su presentación del Hamo Sociologicus,
de Dahrendorf (1973), que no me resisto a recoger a mi vez:

Todos distinguimos entre el valor individual y el valor social de


una persona, aunque el individuo mismo [ ...] sea a la vez un pro-
ducto social, y pueda repetirse con Natorp lo de que el individuo
es, como el átomo, una ficción. Con igual lógica puede decirse que
la sociedad es una ficción y que no existen en realidad sino indi-
viduos. Lo cual sería renovar la vieja cuestión del nominalismo y
del realismo, que es la cuestión de ayer, la de hoy, la de mañana
y la de siempre.

Puede parecer impropio hacer referencia aquí a una disputa


medieval como la de los universales, especialmente porque ésta
no se centró directamente en el tema que nos ocupa, sino so-
bre los nombres comunes usados no para nombrar una enti-
dad singular, sino de un modo universal: universales son típi-
camente los adjetivos que acompañan a un nombre propio

Hacetres años tuve ocasiónde presentaren esta mismaUniversidaduna


reflexiónacercade la realidadsocialcomorealidady apariencia,que fue
publicadaen 1982. En la discusiónque siguióa aquellapresentación,tres
colegasque participabanen el seminariome invitaronamistosamentea
que me pronunciarasobre el contenidode esa realidadsocial de la que
yo hablaba en aquella ocasiónen términos ciertamenteabstractos.Los
colegasen cuestióneran SalvadorGiner,ManuelMartín Serranoy Ra-
món GarcíaCotarelo.Mi propósitohoy es dar demoradarespuestaa sus
demandas,tomandoposiciónacercade qué sea eso a lo que llamamosla
realidadsocial.
30 Sociología contemporánea. Ocho temas a debate Miguel Beltrán 31

(«alto», «blanco», por ejemplo), y como universales se enten- En su crítica del individualismo metodológico arranca Lu-
dieron también las nociones genéricas y las llamadas entidades kes de un nominalista, Hobbes, para quien los componentes y
abstractas («el león», «la elipse», por ejemplo) La discusión causas del social compound son los hombres, explicándose el
versó fundamentalmente sobre el status ontológico de los uni- primero por los segundos: se trata, pues, de una forma indi-
versales, esto es, sobre la determinación de su forma peculiar , vidualista de explicación. La metodología hobbesiana implica
de existencia, enfrentando a nominalistas y realistas. Entiendo ! así una descomposición de la sociedad en sus componentes, los
que no es impertinente recordar tal cuestión, pues una parecida individuos, y es a ellos a quienes han de referirse los fenóme-
viene a plantearse, salvadas las distancias, en relación con el nos sociales como última realidad. Como rubrica J. S. Mill,
objeto de las ciencias sociales, como veremos enseguida.
las leyes de los fenómenossocialesno son, ni pueden ser, más que
Sostenían los nominalistas, apoyados por los argumentos de las acciones y pasiones de los seres humanos, las leyes de la na-
Roscelino y Guillermo de Occam, que sólo tienen existencia turaleza humana individual [ ...]. Cuando se reúnen, los hombres
real los individuos o las entidades particulares: las únicas en- no se conviertenen otra clase de substancia con propiedades dife-
tidades reales son los individuos, y todo lo demás no es sino rentes [apud Lukes, 1977b:178y 225n.].
abstracción de la inteligencia, ideas abstractas, conceptos de
la mente, flatus vocis. Junto a este nominalismo ontológico se Posición a la que se enfrenta por derecho Comte al soste-
daba también otro de carácter metodológico, para el que era: ner que una sociedad «no es más descomponible en individuos
preciso proceder como si no hubiera otras entidades que los que lo es una superficie geométrica en líneas o una línea en
individuos, al no ser posible pronunciarse sobre la existencia puntos» (apud Lukes, 1977b: 177), así como Durkheim, desde
de los universales. Los realistas, respaldados por su parte en otro punto de vista, con su célebre formulación de que
San Agustín y San Anselmo, opinaban en su versión más radi-
cal que sólo los universales o entidades abstractas tenían exis- es en la naturaleza de la sociedadmisma donde hay que buscar la
explicaciónde la vida social [...]. En consecuencia,toda vez que
tencia real, siendo los individuos mero reflejo o copia más o un fenómeno social está directamente explicado por un fenómeno
menos aproximada de los mismos, o, en un planteamiento más psíquico, puede asegurarse que la explicaciónes falsa [...]. Una
moderado, que existen tanto las entidades abstractas como las explicaciónpuramente psicológicade los hechos sociales siempre
concretas, variando las opiniones acerca del grado de entidad dejará escapar, pues, todo lo que tiene de específico,es decir, de
concedido a las primeras. social [1965:84, 85 y 87].
La disputa de los universales se ha replanteado en la filoso-
fía contemporánea de forma bastante paralela a como lo es- Seguir aquí la pista de la discusión que ha enfrentado a
tuvo en tiempos, habiéndose ocupado del tema desde una u otra los partidarios de la tesis individualista con los que sostienen
posición filósofos tan destacados como Frege, Russell, Quine, la realidad de los fenómenos sociales propiamente dichos nos
Cassirer, Maritain, Von Aster, etc. Pero no es esto lo que aquí llevaría demasiado lejos; bastará con atender a Lukes en su
nos interesa, sino su trasposición más o menos explícita al ám- crítica al individualismo metodológico, distinguiendo con él
bito de las ciencias sociales respecto del problema de la iden- entre lo que llama «atomismo social axiomático» (conjunto de
tificación de su objeto. Porque mantendrían posiciones afines proposiciones triviales analíticamente ciertas que afirman que
a las nominalistas quienes sostuviesen que lo único existente .,1
la sociedad está compuesta por individuos, y que éstos son
son los individuos, y que cosas tales como «la sociedad», «las quienes actúan, piensan y hablan), y la doctrina del individua-
clases sociales» o «los objetos culturales» no son sino flatus lismo metodológico (que sostiene que los fenómenos sociales
vocis o, todo lo más, conceptos que pueden ser eventualmente han de explicarse exclusivamente en términos de hechos acerca
útiles para explicar el comportamiento de los individuos. No de individuos). Esta doctrina ha sido formulada, entre otros
insisto en calificar como nominalistas a estas posiciones: acep- muchos, por Watkins, quien sostiene de manera paradigmática
to gustosamente que se las denomine más suavemente «indi- que no habrá explicaciones de fondo de los fenómenos socia-
vidualismo metodológico»,como prefiere Lukes (1977b: 177ss.). les a gran escala sino a partir de «fas predisposiciones, creen-
En todo caso, me parece necesario detenerse brevemente en cias, recursos e interrelaciones de los individuos... El indivi-
ellas. dualismo metodológico significa que se supone que los seres
32 Sociología contemporánea. Ocho temas a debat•: Miguel Beltrán 33
\i

humanos son los únicos agentes en acción de la historia» (apui realidad la constituyen los individuos, y las que llamaa:nosen-
Lukes, 1977b: 179). El individualismo metodológico, particular* ¡ 11 tidades sociales son simplemente nombres. Por ello propone
mente el de Watkins, se enfrenta al holismo metodológico con. expresamente como nominalismo un «individualismo metodo-
el propósito de impedir que la sociedad y la historia se expli~f: lógico»que me parece, más que metodológico, ontológico. Aun·
quen como consecuencia de la actividad de factores sobrehu~,i que hay que decir en honor a la verdad que Popper se niega
manos, superiores al hombre y más allá de su control, que le/ al reduccionismo psicologista, del que son tan devotos otros
vendrían impuestos como naturalmente dados; pero tal propÓ!j, individualistas, y dice preferir lo que llaa:namétodo lógico al.
sito, por encomiable que sea, sufre el terrible costo de ignora11'1'. psicológico (1973: 173): pero ése es ya otro tema.
lo que de específicamente social tiene la realidad social; y e~j Pues bien, Lukes opina que
su pugna por evitar una mitología cosificadora o fisicalízadoraí
de entidades suprahumanas, muchas veces con un desagrada~~ si esta teoría significa que sólo los individuos son observablesen
ble perfume antropomórfico, arrasa la realidad social comql el mundo social, es evidentementefalsa. Algunosfenómenos socia-
tal para dejarla reducida a mera realidad individual o psíco-] les pueden sin más ser observados (como pueden serlo tanto los
lógica. En mi opinión, bastaría con subrayar que los hombres i árboles como los bosques); y sin duda muchos aspectos de los fe-
son, efectivamente, los artífices de la sociedad y de la historia, nómenos sociales son observables (como el procedimiento de un
Tribunal), en tanto que muchas características de los individuos
por más que sus creaciones puedan volverse contra ellos y es· no lo son (por ejemplo, las intenciones).Tanto los fenómenos in-
clavizarlos, aunque no de manera definitivamente necesaria: dividualescomo los sociales tienen aspectos observables y no ob-
«nada "está ahí" que no haya sido puesto, o que una vez pues- servables [1977b:181].
to siga estando sin nadie que le ayude a persistir» (Ramiro
Rico, 1950: 45). Pero no se trata ahora de entrar en la pugna '.1
A mi entender, Lukes insiste demasiado en la observabíli-
del individualismo contra el holismo, sino de exaa:ninarlas im- 1

dad junto con otros argumentos, pero me parece que la cues-


plicaciones del primero respecto de qué constituya la realidad tión está en la reductibilidad: si los fenómenos sociales pue-
social. den reducirse a fenómenos individuales, entonces estaría jus-
:~1 Lukes distingue también entre el individualismo metodoló- tificado el individualismo metodológico. Adelanto que tal re-
l'I
11 gico y la teoría ontológica que sostiene que en el mundo social j duccionismo no es admisible, toda vez que los hechos sociales
sólo los individuos son reales, por lo que los fenómenos socia- ;. son tan elementales y primarios como los hechos individuales
les no serían sino construcciones mentales que no existen en o psicológicos, y que la conducta social de individuos específi-
la realidad. Tal nominalismo ontológico es profesado, por ejem- cos resulta ininteligible y desprovista de significado si no se la
plo, por Popper cuando sostiene que contempla en términos de la organización de la sociedad a la
que los individuos pertenecen.
en las ciencias sociales es aún más obvio que en las naturales que En un equilibrado trabajo, Mandelbaum sostiene que no
no podemos ver y observar nuestros objetos antes de haber pensa- se trata de afirmar que los pensamientos o la conducta de un
do sobre ellos. Porque la mayoría de los objetos de la dencia so- individuo sean plenamente explicables en términos de hechos
cial, si no todos ellos, son objetos abstractos, son construcciones sociales, sino que esos hechos sociales no son reductibles a
teóricas [...] la tarea de la ciencia social es la de construir y ana- proposiciones en términos puramente individuales. Distingue
lizar nuestros modelos sociológicoscuidadosamente en términos
descriptivos o nominalistas, es decir, en términos de individuos, este autor -sin emplear tales términos- entre una irreducti-
de sus actitudes, esperanzas, relaciones,etc. -un postulado que se bilidad ontológica y otra semántica, siendo la segunda una re-
podría llamar «individualismometodológico»[...] las entidades so- formulación de la primera: que los hechos sociales sean irre-
ciales, como, por ejemplo, las institucioneso asociaciones,son [ ...] ductibles a hechos psicológicos implica que los conceptos so-
modelos abstractos construidos para interpretar ciertas relaciones, ciológicos no puedan traducirse a conceptos psicológicos sin
abstractas y seleccionadas,entre individuos [1973: 150,151y 155]. dejar un residuo (1976: 175). Utilizando el ejemplo de las ope-
raciones llevadas a cabo por un cliente que retira dinero de
Las entidades sociales no son, según Popper, realidades, sino un Banco, Mandelbaum muestra que la serie de actuaciones
modelos, objetos abstractos, construcciones teóricas: la única sería ininteligible sin referencia, al menos, al sistema legal de
LA RELIGION EN DURKHEIM Y EL PROBLEMA
DEL CENTRO SIMBOLICO DE LA SOCIEDAD
EN LA SOCIOLOGIAACTUAL

ALFONSO PBREZ·AGOTB

Este trabajo es una reflexión abierta a través de dos ejes y ter-


mina, sin ánimo conclusivo, aventurando una hipótesis parcial-
mente explicativa de ciertas incertidumbres ancladas en el nú-
cleo de la teoría sociológica actual.
El primero de los ejes es esa dimensión fundamental de la
sociología que podemos denominar el problema de la integra-
ción simbólica de la sociedad. El segundo eje lo constituyen
las posibles consecuencias derivadas del hecho de que la socio-
logía haya fijado sus principales marcos conceptuales en un pe-
ríodo histórico concreto. Ello hace pensar que en estos marcos
conceptuales podemos encontrar implícitos, por evidentes, cier-
tos supuestos en estado preteórico. La hipótesis final hace re-
ferencia a que ciertas transformaciones de la sociedad contem-
poránea posiblemente ponen en entredicho aquellos supuestos
preteóricos, produciendo una cierta ambigüedad e inseguridad
en la utilización de ciertos marcos conceptuales. Como se ve,
se pretende no caer en explicaciones totalmente endógenas (en-
dogámicas, se podría decir) de la situación de la sociología.
La sociología, aunque no sepamos muy bien cómo 1, refleja,
en algún sentido, la realidad social, y actualmente están tenien-
do lugar en ésta una serie de fenómenos que no solamente
abren la necesidad de nuevas vías de investigación, sino que
también ponen en tela de juicio ciertos supuestos sobre los
que están montados algunos importantes marcos de referencia
de la teoría sociológica.
La sociología es hija de las revoluciones industrial y polítí-
1 Me encuentro entre los sociólogos que de buen grado dejamos la
elucidaciónde este problema a epistemólogosy metodólogos.

Este trabajo fue concebido como conferencia y he querido conservar su


estilo.
EL SISTEMA SIMBOLICO DEL SENTIDO COMUN

PBRMIN BOUZA ALVAREZ

INTRODUCCION

En otros textos (Bouza, 1981y 1983)he mostrado cómo es posi-


ble que un cierto sentido común contemporáneo, simbolizado
de diversas formas en el conjunto de los medios de comunica-
ción de masa y en particular en la publicidad, se constituya
como referencia generadora de acción social, de conducta, con
un despliegue semántico-orientativo que remite a la protección,
es decir, a la dependencia. Tal inducción a la dependencia tiene,
posiblemente, diversas funciones. Quizá la más significativa, a
efectos y preocupaciones del día, sea la de favorecer, a través
de diversos pasos intermedios, una mitología de rechazo al tra-
bajo que tiene como consecuencia una especial configuración
psicosocial de la familia, que refuerza así su estatuto de gene-
radora de dependencia psicológica con el de generadora de de-
pendencia socioeconómica: rechazar el trabajo significa depen-
der del presupuesto familiar. Así las cosas, la familia se cons-
tituye como estructura de acolchamiento del paro juvenil y
prolonga su fuerza social en tal función. Este sistema de hipó-
tesis hace preciso concluir que los valores variantes o, más
fuertemente, desviantes de la juventud no son con frecuencia
tales, son funcionales y ajustan el sistema económico en diver-
sos puntos.
Dicho esto, quisiera pasar a analizar mis propias investiga-
ciones y a sintetizar en nuevos planteamientos lo que considero
estrato importante del sentido común del hombre urbano de las
sociedades avanzadas y semiavanzadas: su sentido común coti-
diano en el área de los motivos sociales y de las acciones que
generan: su sentido común nacido de su comunicación con los
medios de comunicación.
106 Sociología contemporánea. Ocho temas a debate Fermín Bouza Alvarez 107
simbología que funciona como agrupante: a través de ella se
SIGNO, SIMBOLO Y ACCION SOCIAL constituye lo demás. Me refiero aquí, particularmente, a la clase
de valoraciones comunes, obvias, indiscutidas o que, al menos
Lo que ocupa el espacio semántico de otra cosa es un signo de funcionan como comunes, obvias e indiscutidas en la vida sC:.
ésta. Los procesos de la vida social son actos sígnicos, sustitu- cial. Los valores enunciados en los tópicos publicitarios, que se
torios y comparativos, en los que, frecuentemente, los signos son simbolizan en modos y objetos diversos, constituyen una parte
arbitrarios y se interpretan desde códigos complejos de índole significativa del «punto de vista anónimo unificado del endo-
metalingüística: son símbolos. Los procesos sustitutorios y com- grupo».
parativos que dan lugar a signos y símbolos pueden explicar muy
nítidamente ciertos aspectos de la acción social orientada, tanto
desde el punto de vista individual del actor -símbolos y signos BL CONCEPTO DB «SEÑAL»
propios, idiolectos simbólicos y sígnicos- como de la colecti-
vidad -símbolos y signos comunes, diccionarios simbólicos o Un símbolo, al portar un valor afiadido sobre su pura autorre-
sígnicos intersubjetivos-: nosotros hemos de suponer que la ferencia, tiende a generar reacciones ante él (el símbolo) como
interpretación del mundo es, en buena parte, colectiva y que reacciones al valor que representa, y así, en este sentido, es
los símbolos y signos compartidos son determinantes de la ac- una «señal»: un estímulo condicionado al valor con el que se
ción social. Dejemos, al menos por ahora, los mundos signo- une en el signo-símbolo.Todo símbolo es una señal, pero no todo
simbólicos individuales. símbolo funciona tan eficazmente. Aquellos símbolos pensados
J: Como signos o símbolos colectivos, los objetos diversos que
así funcionan en el sistema 'de la publicidad tienen una refe-
o elegidos para desencadenar la acción han de ser Particular-
mente eficaces en su señalización. La publicidad se funda en
rencia común: no parece que existan por sí mismos, sino vincu- la intensidad señalizadora de los símbolos, de ahí su eficacia.
<I!

ll!I
·11 lados unos a otros y formando un sistema interactivo de ele- Son símbolos elegidos por su particular poder de señalización.
mentos semánticos que se complican en una red de significados Una parte importante de la vida social se estructura desde
que remiten unos a otros y que muestran, como sistemas, una señales para la acción especialmente insistentes: la conexión
unidad semántica englobante: el tópico protección (dependen- de valores profundos con símbolos-valor de más asequible di-
cia). Tales signos y símbolos son el soporte verbal o visual de dáctica social nos permite clasificar y analizar tales símbolos-
algún tópico, de alguna «obviedad» social, que consiste en va- valor y los tópicos que los sustentan como representaciones
~ loraciones positivas -son las que hemos tenido en cuenta- de parciales de ideas más complejas, valores más ocultos, que de-
ciertas cosas, que por su potencia cuantitativa son las siguíen- finen normas y acciones de los sujetos actores. La publicidad
i~•' tes: naturaleza, sexo, dinero y bebida alcohólica. es una singular fuente de datos simbólicos.

BL PUNTO DB VISTA ANONIMO UNIFICADO DEL ENDOGRUPO LA TBORIA DE LA SOCIEDAD DE MASAS Y EL TRABAJO EMPIRICO

Un símbolo, sin embargo, es algo más que un signo arbitrario La visión victimaria del receptor, pasivo ciudadano sometido a
(incluso puede no ser arbitrario, como aquellos a los que se la barbarie manipuladora de los poderes comunicacionales, con
refiere la antropóloga Mary Douglas, 1978,en sus Símbolos na- ser, sin duda, parcialmente cierta, es como ideología analítica
turales): es un valor que se afiade a algo que funciona entonces subyacente falsa. No sólo transgrede tal visión los mínimos opi-
como signo (¿arbitrario?): como símbolo. nables, por lo bajo, sobre el género humano, sino que, de ser
«El punto de vista anónimo unificado del endogrupo» cierta bloquea cualquier intento explicativo de la variabilidad
(Schutz, 1974: 44) -que es lo que más se parece a lo que aquí. del deseo y la motivación de una colectividad. Bastaría para
entiendo por «sentido común»- supone un «sistema de signi- resolver los dilemas científicos en tal orden de cosas, admitir
fícatívidades» (ibid.), de asignaciones de sentido o, en nuestros que, efectivamente, un reducido grupo de ciudadanos entrena-
términos, de valoraciones sobre existentes cualesquiera: una dos define los motivos y deseos de la mayoría. Contra una vi-
108 Sociología contemporánea. Ocho temas a debate Permin Bouza Alvarez 109

sión tan bienintencionada y tan simple es preciso levantar una


cierta barrera que, sin eludir la crítica, intente poner en su :' 1 «REALIMENTACION POSITIVA»: UN CONCEPTO NECESARIO
justo lugar al sujeto contemporáneo, quizá más complejo y\!
más activo de lo que, en una primera aproximación, pudiera} Exista o no, y en qué medida, un control central de los men-
creerse. La divergencia entre la teoría pesimista de la socíe-; sajes de los media y de la publicidad en particular -no existe,
dad contemporánea en lo que respecta a la manipulación comu- j ciertamente, más que a pequeña escala- es posible afirmar
nicacional-masiva y el trabajo empírico sobre el tema es co- :1 que la difusión de innovaciones de todo tipo que se produce
nocida (McQuail, 1972): no existe una base experimental P~·l en la publicidad, y que tienen que ver con el cambio social,
confirmar el desastre manipulativo. Al contrario, la idea de que '!j se produce a través de la amplificación de conductas, deseos o
la necesidad de gustar, de cillllpactar»,es clave en la comuní- ¡1 motivos de minorías que pasan a integrarse en el sistema mo-
cacíón persuasiva -que es casi toda la comunicación-, abre :1 1
tivacional mayoritario: esto es realimentación positiva, algo
el camino a un análisis en el que el sujeto contemporáneo bien i más que la pura permanencia en equilibrio de un sistema efi-
puede asumir una parte importante del cambio social como talA caz de venta. La realimentación positiva explica la difusión
y auténtico «sujeto», sin necesidad de recurrir a factores d{:j de novedades a partir de pequeños grupos (Lazarsfeld, 1973).
ternos persuasivo-comunicacionales para dar cuenta del cien ! Quisiera destacar ahora el hecho de que es posible postular
por cien del cambio valorativo. A la pregunta de si las comu-,j también un tipo de realimentación no buscada y no explícita
nicaciones de masa determinan o reflejan las tendencias (Me>' -no consciente, si se quiere- y que escapa a la planificación
Quail: 94) es preciso comenzar a contestar que la comuníca-] del emisor. Esta realimentación «desapercibida» debe jugar un
cíón específicamente persuasiva está determinada por el re-} importante papel en el sistema simbólico. Lo que en esencia
ceptor y que éste extrae sus motivos y deseos de fuentes co111~; quiero decir al respecto es que el sujeto intencional, el emi-

..,,
plejas que, como conjunto estructurado, nos son bastante des;. ' sor, debe estar contrapunteado por un sujeto no intencional
conocidas. que envía mensajes que no conoce y recibe respuestas que los
refuerzan o modifican. Esto explica, en parte, el desconocimien-

J EL SUJETO COMO SUJETO


to, por parte de los emisores, de la verdadera estructura y
contenido de sus envíos: los aspectos más profundamente sig-
nificativos parecen pasar desapercibidos a los profesionales de

J Se usa la palabra «sujeto» derivándola de ésta o aquella teoría 1


sin tener en cuenta lo que significa, empíricamente, tal calidad :;
de sujeto. Conviene respetar, de cara a relanzar desde nuevas )i
perspectivas el análisis de las comunicaciones de masa, una 1
teoría del sujeto que dé cuenta de su real estatuto como sujeto. i
Podemos aceptar que el término «acción» designe cla con-
1
1
la comunicación -publicitarios, etc.-. Debe haber todo un
proceso paralelo mediante el cual se establece un tráfico que
nos permite ahora hablar de realimentación desapercibida. Man-
tengo que los verdaderos emotivos» de la persuasión publici-
taria no son conocidos ni por el emisor ni por el receptor. En
este sentido, la primera y fundamental cuestión sobre la que se
ducta humana concebida de antemano por el actor» en térmi- asienta el edificio retórico es la de dependencia. Decía entonces
nos de Schutz (p. 49), en línea con cualquier definición de (1981 y 1983) y digo ahora que creo en la posibilidad de poner
acción que haga intervenir al sujeto en calidad de tal, de toda en juego una serie de hipótesis, empíricamente fructíferas, a
definición que postule la capacidad anticipadora y proyectiva partir de la postulación de la existencia de una estrategia no
del actor. En otros términos, la teoría de la manipulación pura explícita ni consciente hacia la dependencia y la protección por
atribuye a un solo sujeto (el manipulador) tal capacidad anti- parte de la publicidad de masas -y de la comunicación de
cipatoria, proyectiva y organizadora. Para tal punto de vista masa en general, posiblemente-, y que esta estrategia no bus-
sólo hay un sujeto a efectos explicativos: cel que sabe» o clos cada puede dar cuenta de hechos sociales importantes.
que saben», sumatorio de cuasi sujetos que dan como resulta.
do algún sujeto central. Una teoría así debería acompañarse de
una sólida teología, como es obvio.
110 Sociología contempordnea. Ocho temas a debate ) Fermín Bauza Alvarez 111

refiero -el que generan los media- y, por tanto, en la coti-


MINORIAS Y MAYORIAS: LA GENESIS SIMBOLICA dianidad de sus objetos-símbolos: una «cacharrería de época»,
decía, y esta cacharrería que sirve de soporte es utilizable por
Los paradigmas de la difusión minoritaria de la innovación pcj.:¡¡ diversos valores, intercambiable; en última instancia parece
drían dar cuenta del relativo éxito que obtienen las campañaa>¡ que debiéramos hablar del carácter versátil de los significados
publicitarias y los media en general cuando intentan ir má$ i objetuales, como si, definitivamente, las cosas hubieran perdido
allá del sentido común o del sistema de valores y símbolos vj• :: la posibilidad de autosignificarse y recibieran su valor, al cien
gentes. Así, conductas sociales repetidas, tenaces, Insistentes, ;~ por cien, del mundo externo a ellas. O dicho de otra forma: las
sincrónica y diacrónicamente («consistentes») alcanzan la aten- ¡ cosas ya no son nunca más ellas mismas, y no lo son por el
ción de los medios de comunicación de masa y a través de és.<1,, carácter relacional que ha adquirido todo objeto en el mundo
tos (que repiten a su vez tales conductas, normas y símbolos (! de las comunicaciones de masa.
de manera consistente), las de una mayoría social que ve asf.;li
forzado su sistema de valores, sus ideas del mundo, su seno:
tido común y la lógica que a él subyace. Al servir como caja de >l LOS OBJETOS COMO SIMBOLOS DEL SENTIDO COMUN
resonancia, como amplificador, los media producen cambio so- )
cial desde la difusión de lo minoritario. Si a la consistencia La proliferación de objetos en una economía superproductiva
sumamos la suavidad «negociadora» con que los medios de los convierte en elementos comunicacionales de primer orden.

!I comunicación introducen los nuevos temas parece que se cum-


plen las condiciones necesarias de una buena difusión de inno-
vaciones (Magny, 1980).
La comunicación por el objeto -y usamos una noción amplia-
da referida a toda cosa que cumple una función en el merca-
do: por tanto, se trata de objetos tanto en el sentido inmediato
~1: Así, el sistema creencia! que reproducen los medios de masa, y material del término como de toda cosa que es susceptible

llJ
·t1 en particular la publicidad, no es siempre, quizá un reflejo
del sentido común creencia! sino que forma parte de alguna
de objetualizarse y ser mercadería, en particular mercadería
simbólica- es crucial para una sociología que quiera dar cuenta
avanzada normativa y simbólica y se constituye así más como de los procesos de formación y transformación de los valores
síntoma de futuro que como reflejo del presente. y de la conciencia que éstos crean y sustentan: como bien dice
Quedan así matizadas, aunque no modificadas, mis Moles (1968: 20) «[... ] más que fabricante de útiles, el Hamo

J res conclusiones al respecto (1981y 1983).

RECURSOS SIMBOLICOS Y RELATIVIDAD SIGNIFICATIVA

El material de objetos, palabras, gestos, etc., que sirven de sím-


[aber se convirtió en consumidor de objetos». Este ha sido el
lento cambio que culmina en las sociedades industriales del
siglo XX:
Es el problema de una cultura de objetos, de una ampliaciónde la
noción de cultura que con demasiada frecuencia tendemos a res-
bolos o portadores de valores añadidos no es universal, pero tringir a las imágenes,a los sonidos y a los textos enterrados en
tiende a ello. Quizá podría postularse que en el interior de la las bibliotecas, en los museos y en las discotecas, olvidando de
incluir entre ellos los supermercados,los negocios minoristas, los
cultura de los pueblos desarrollados y semidesarrollados del lla- depósitos, las galerías de arte [Moles: 11].
mado «mundo occidental» los valores y sus símbolos, en particu-
lar aquellos que nos son transmitidos por la comunicación per- Los objetos representan valores, decíamos: son el soporte
suasiva comercial, son comunes. Quizá la elaboración de tales simbólico de ellos y se constituyen así como especie de alfabeto
valores y de tales símbolos sea significativamente diferente aquí o código del que se pueden esperar múltiples combinaciones o
y allá, pero, en todo caso, tales comunicaciones persuasivas «historias» (iconogramas, mitogramas). Es indudable que bue-
parecen serlo sobre valores y símbolos compartidos. na parte de la interacción social, de la acción social orientada
El material que soporta la valoración ha sido descrito por en general, se realiza simbólicamente por interposición de ob-
mí en otro trabajo (1983) y no voy a repetirlo ahora. Insistir jetos-valor. En una sociedad objetual, la relación cara a cara
en el tema de la cotidianidad del sentido común a que me es una relación mediada por el objeto. Lo mismo ocurre, lógí-
112 Sociología contemporánea. Ocho temas a debate Fermfn Bouza Alvarez 113

camente, entre el emisor anónimo de la comunicación persua- mos son sociales o grupales e influyen y cambian la propia
siva de venta y el público de compra: y aquí se da, digamos, sociedad o grupo del que proceden. En resumen, los valores
por definición. El objeto-símbolo se constituye como vehículo y los símbolos parecen surgir en minorías, como innovaciones,
de relación, y las conductas de grupo aparecen determinadas y son amplificados por diversos procesos -en nuestro caso
-en las relaciones intergrupales e interpersonales- por la pre. por la publicidad- para concluir como valores y símbolos ma-
sencia de objetos simbólicos que contribuyen a la cohesión gru- yoritarios. Como tales, como mayoritarios, se constituyen en
pal: verdaderos objetos totémicos que van desde el vestuarió elementos de socialización: son modelos. Buena parte del pro-
a los cacharros caseros de toda índole. Vemos así cómo Stl ceso de socialización del niño se da como un proceso de socia-
constituyen agrupamientos sociales a partir de conglomerados lización vicaria por parte de los media: es posible que éstos fa-
de objetos-simbolo que son valiosos indicadores de la posición vorezcan -como la TV (Belson, 1967)- las relaciones familia-
social, del gusto estético, del tipo de comunicación que el su- res, lo que ya no está claro es que aquellos que se agrupan ante
jeto y el grupo establecen con otros sujetos y grupos, etcétera. la televisión sean realmente una familia en sentido estricto:
El sistema simbólico del sentido común es un sistema de la familia debe incluir al propio aparato.
objetos símbolo que representan valores como los de «natura- La socialización simbólica se hace posible desde la sustitu-
leza, sexo, dinero y bebida alcohólica», en un despliegue de ción de las figuras parentales por el manipulador simbólico o
formas y diseños de época que son nuestra referencia material emisor, que ocupa los roles paterno-maternos, y extiende su
interpuesta entre el mundo de los valores cotidianos y nuestra: «campo manipulatorio» a los confines del mundo humano. La

1
percepción de ellos. Los objetos permiten la identificación con realidad de la vida cotidiana y del sentido común que la fun-
valores. La función económica y la simbólica de los objetos no da es creada en este proceso de transmisión de valores y sím-
son separables en las sociedades contemporáneas avanzadas y bolos, de transmisión de creencias básicas. Esto, que debe ser
semiavanzadas, y dudo que sea posible hacerlo en ninguna otra una constante histórica, se ha hecho más y más relevante con
sociedad, a pesar de que, ciertamente, podamos hablar de la extensión del campo manipulatorio a través de los medios

11 una graduación de funciones. Pero el mundo económico cont


temporáneo, fundado sobre el consumo, precisa de la hípersím- .j
bolización para integrar las necesidades individuales y grupa- \i'
de comunicación de masa.
Pero también la propia comunicación interpersonal cae den-
tro de este sentido común así generado: la comunicación inter-

J
les en el sistema económico. O dicho de otra forma: la ecosl individual se hace por referencia a los símbolos colectivos: cual-
nomía es la parte más visible de la compleja red de ínteraccío- quier otro intento comunicador decae en la marginalidad.
nes y deseos que fundan la vida social y la circulación econó-
mica. Sin un sistema simbólico no hay conexión entre el sis.
tema económico como subsistema y el sistema social en su LA LOGICA INDUCIDA AL SUJETO: ESOUIZOIDISMO Y DOBLE VINCULO
conjunto. El mundo de la vida cotidiana se estructura comó (
un mundo de inmediatez simbólica cuyo sentido final es el. paso ' En los diversos apartados del capítulo 3 de mi estudio sobre la
del símbolo a la cosa: de los valores a la conducta de compra retórica del cartel y las estrategias del sentido común (1983)
orientada por éstos. mostraba cómo, en última instancia, la lógica que el sujeto re-
ceptor debe aceptar con referencia a los cuatro tópicos mayo-
res de la publicidad (naturaleza, sexo, dinero, bebida alcohóli-
LA SOCIALIZACION SIMBOLICA ca) es de esta índole:
¿[ ...] esta interrelación entre la sociedad y el sistema de símbolos «Lo artificial es bueno porque es natural.s
es un proceso de tal especie que los símbolos, o al menos algunos «El sexo es bueno porque es malo.»
de ellos, se originan en la sociedad y, una vez establecidos, influyen eEl gasto es bueno porque es ahorro.s
a su vez sobre las estructuras mismas de la sociedad? [Schutz: 264]. Etcétera.
Yo creo que, efectivamente, la pregunta de Schutz está con- Hablaba entonces de una «lógica esquízoíde», y quisiera aho-
testada en el mismo enunciado: los símbolos a que nos referí- ra subrayar que tal denominación no es un exceso retórico:
114 Sociología contemporánea. Ocho temas a debate Ferm.in Bauza Alvarez 115

resumiendo y matizando las tesis de Bateson, Jackson, Haley de la paradoja generalizada que subyace a la lógica conductual
y Weakland (1956)sobre el «doble vínculo» (double bind), Watz· del sentido común.
lawick, Beavin y el propio Jackson (1974: 195) definen así la La acción social es una función de la relación del grupo con
versión original de la teoría: la paradoja. Esto nos permite incluir como «acción social» toda
acción orientada por esta relación, por «anormal» que sea en
En una definiciónalgo modificada y ampliada, los ingredientes de éste o aquel grupo (un grupo de internados mentales, por ejem-
un doble vínculopueden describirse de la siguiente manera: plo): las diferencias entre lo normal y lo patológico se mar-
1) Dos o más personas participan en una relación intensa que can por la especificidad de la relación paradoja/grupo.
posee un gran valor para la supervivenciafísica y/o psicológicade
una, varias o todas ellas. Situacionesen las que esas relacionesin·
tensas existen e incluyen pero no se limitan a la vida familiar (en LOS SISTEMAS SIMBOLICOS Y LA TRADICION CULTURAL
particular la interacción parento-filial): también abarcan, entre
otras, la situación de enfermedad; la dependenciamaterial; el cau-
tiverio; la amistad; el amor; la lealtad hacia un credo, una causa En El sistema social Parsons dice:
o una ideología; los contextos que están bajo la influencia de las
normas sociales o la tradición, y la situación psicoterapéutica. [...] diferentes elementos de la situación [...] llegan a tener «sig-
2) En ese contexto se da un mensaje que está estructurado de niñeados» especiales para el ego como «signos»o «símbolos»que
tal modo que: a) afirma algo; b) afirma algo de su propia afir- se convierten en relevantes para la organizaciónde sus sistemas de
mación,y c) ambas afirmaciones son mutuamente excluyentes.Así, expectativas.De un modo particular, cuando existe interacción so-
si el mensaje es una instrucción, es necesario desobedecerlopara cial, los signos y los símbolos adquieren significados comunes y
~~ sirven de medios de comunicaciónentre los actores. Cuando han
obedecerlo; si es una definiciónde self o del otro, la persona así
~I definida es esa clase de persona sólo si no lo es.·Así,el significado
del mensaje es indeterminado [...].
3) Por último, se impide que el receptor del mensaje se evada
surgido sistemas simbólicos que sirven de medio para la comuni-
cación se puede hablar de principios de una «cultura»,la cual en-
tra a ser parte de los sistemas de acción de los actores relevantes

11 del marco establecidopor ese mensaje, sea metacomunicándose(co-


mentando) sobre él o retrayéndose.Por lo tanto, aunque el mensa·
je carezca de sentido desde el punto de vista lógico,constituye una
realidad pragmática: el receptor no puede dejar de reaccionar a él,
[Parsons, 1976:17].
Es preciso añadir que los sistemas simbólicos simples y com-
plejos sirven no sólo para comunicarse, organizan o agrupan a

J pero tampoco puede reaccionar a él de forma apropiada (no para-


dójica), pues el mensaje mismo es paradójico. Esta situación suele
estar determinada por la prohibiciónmás o menos explícita de ma-
nifestar que se tiene concienciade la contradiccióno del verdadero
problema implícito. Por lo tanto es probable que una persona en
una situación de doble vínculo se vea castigada (o al menos se
los actores: socializan. Son referencias estructurantes de la vida
social. Cumplen funciones casi totémicas: representan intere-
ses grupales. Por los enunciados que generan aportan una ló-
gica de conducta, y la acción es realmente «social» por referen-
cia a ellos. Sigue Parsons:
sienta culpable) por tener percepciones correctas y sea definida Cualesquieraque sean los orígenes y procesos de desarrollo de los
como «mala» o «loca» incluso por insinuar que puede haber una sistemas de símbolos,es bastante claro que la complicada elabora-
discrepanciaentre lo que realmente ve y lo que «debería»ver. ción de los sistemas de acción humanos no es posible sin sistemas
Esta es la esencia del doble vínculo. simbólicos relativamente estables en que la significación no de-
penda predominantementede situaciones muy particularizadas. La
Si aceptamos sustancialmente estos enunciados, podemos única implicaciónmás importante de esta generalizaciónes, acaso,
deducir que el sujeto receptor está permanentemente abocado, la posibilidad de comunicación,porque las situaciones de dos ac-
en el marco de las comunicaciones de masa, a aceptar la con- tores no son nunca idénticas, y sin la capacidad de abstraer el sig-
tradicción como natural, como «normal». Y es esta naturalidad nificado de las situaciones más particulares la comunicaciónsería
de la aceptación de la paradoja inducida la que sitúa al sujeto imposible.Pero, a su vez, esta estabilidad de un sistema de símbo-
los -estabilidad que tiene que dilatarse entre los individuos y a
en el campo de la pura patología. Tendríamos que aceptar que través del tiempo- no podría probablemente mantenerse, a me-
la acción social se orienta por los otros de forma secundaria: nos que funcionara dentro de un proceso de comunicaciónen la
la acción social es la acción cuya referencia es la aceptación interacciónde una pluralidad de actores. A ese sistema de símbolos
116 Sociología contemporánea. Ocho temas a deb Fermin Bauza Alvarez 117

compartidos que funciona en la interacción es a lo que llamare [...] si es cierto [...] que las relaciones sociales ofrecen el proto-
aquí tradición cultural. tipo para las relaciones lógicas entre los objetos, mientras ese pro-
Existe una relación fundamental entre este aspecto y la cori' totipo forme parte de un esquema común debe existir algo también
tación normativa» de la acción, como a menudo ha sido llama· común en el sistema de símbolos que utiliza. Allí donde hallemos
Un sistema simbólicode significadoses un elemento de orden « elementosafines, en lo que concierne a los sistemas sociales,halla·
puesto», por así decirlo, en una situación real. Incluso la com remos también un sistema natural de símbolos,un sistema común
cación más elemental no es posible sin ningún grado de confo a todas las culturas, recurrente y siempre inteligible. La sociedad
dad con las «Convenciones» del sistema simbólico. Dicho de <>t no es sencillamenteun modelo que ha seguido el pensamiento cla-
modo: la mutualidad de las expectativas está orientada por el sificador, son las divisionesde la sociedad las que han servido de
den compartido de significados simbólicos. modelo para el sistema de clasificación.Las primeras categorías
lógicas fueron categorías sociales;Ios primeros órdenes de objetos
El que un sistema simbólico sea «impuesto», como di~j fueron órdenes de seres humanos dentro de los cuales se integra-
Parsons, es cierto tomada la afirmación en el sentido que el! ban dichos objetos. El núcleo del primer sistema natural no es el
propio Parsons le da: sistema referencial a priori -para "'; individuo,sino la sociedad [Durkheim y Mauss, 1903: 82 y 87). La
búsqueda de símbolos naturales se transforma así, gracias a esta
actor- que hace posible la comunicación y la interacción edij argumentación, en la búsqueda de sistemas naturales de simboli-
general. Pero los sistemas simbólicos son «creados» por l<>I;! zación.Habremos de buscar, pues, tendencias y correlacionesentre

,,
<f.
propios actores, sin que se pueda hablar de una instancia supi.•·

analizar.
Ciertamente, es en la tradición cultural en la que se h~1,
decantado los sistemas simbólicos que se supone cumplen diitl!
•..
.•·~
rior simbólico-legislante, salvo para casos muy concretos retffJ
ridos a cuestiones más irrelevantes que las que tratamos 4;11
Ji,
el tipo de sistemas simbólicosy el de sistemas sociales.

EL PARADIGMA DE LA DISONANCIA

El que los media sólo influyan en condiciones de reducción de

ll
versas funciones de ajuste sistémico. Los símbolos son empírl,~¡ disonancia para el receptor o, simplemente, de no disonancia
camente analizables, y en esa línea las ciencias sociales deb~i. no explica el cambio social que los media generan. Es preciso
caminar juntas. El que el análisis simbólico plantee problemas'[ recurrir al paradigma de la difusión minoritaria de las innova-
a una metodología puramente observacional no debe ser incoª~·i ciones para ir más allá del esquema clásico y paradójico que

.J
veniente para llegar a establecer hipótesis de trabajo operatiti1 nos acaba por decir que sólo influye lo que a priori coincide
vas. Como bien dice Alfred Schutz (p. 316): ··.:j con los valores del receptor. Esto debe ser parcialmente cierto,
. tv\~ pero es preciso insertarlo en un nuevo esquema analítico. Las
En lo que concierne a los símbolos,en el sentido más estrecho, eJI';' tesis clásicas recogidas en Berelson y Steiner (1964) (véase Hol-
hecho de que trasciendan el ámbito de la realidad eminente n<1(1 zer: 76) no pueden explicar las incógnitas finales de la persua-
excluye, sino que alienta, las investigaciones de las funciones y¡~
formas simbólicasdentro del mundo social por las ciencias sociales~ sión y cambio de actitudes.
empíricas, de acuerdo con las reglas que gobiernan la formación\; Aceptar el uso clásico del paradigma de la disonancia -en
de conceptos y teorías en esas ciencias. ,,·:'¡ sus diversas variantes- significa aceptar una hipótesis de tra-
J ;I bajo de «cambio cero» atribuido a los media, y esto, obviamen-
Hay un trabajo muy interesante de Mary Douglas (1978)que.i te, no es así. Desde los procesos de modernización social a los
podría relativizar un poco la afirmación, que todos aceptamo«J de modelado por imitación en niños y adultos, los medios de
tácitamente y Alfred Schutz explícitamente (cap. XI), de qu" ;;: comunicación de masa han mostrado ya su poder.
existe una directa conexión entre el medio sociocultural y la ·i Efectivamente, los media producen disonancia, pero esto no
simbólica correspondiente. Sin dejar de ser muy cierto, parece 'i' siempre implica rechazo del receptor: es una fase compleja del
que hoy podemos aceptar que existen verdaderos universales. o! proceso de cambio de actitudes. Las condiciones en que la di-
simb61icos (esímbolos naturales» en la paradójica expresión que sonancia se transforma en nueva consonancia quedan fuera
da título al libro de Mary Douglas -1978-). Tanto más ten- del ámbito de esta exposición. En todo caso parece que a tra-
derán a existir en el mundo simbólico creado por los media; vés del análisis de tales procesos de cambio valorativo, creen-
Dice Mary Douglas (ob. cit., p. 14): cial, simbólico, generado en el proceso de intercambio sujeto/
¡¡'
118 Sociología contemporánea. Ocho temas a debat.' Fermin Bouza Alvarez 119

media, podemos estar en condiciones de dar cuenta de una pa!ÑI Berelson, B., y Steiner, G. (1964),«Mass communications»,en Hu-
te sustancial del cambio social en los países avanzados y semiJ\ man behaviour: An inventory of scientific findings, Nueva York,
avanzados. · ,:._,, Harcourt Brace y World Inc., pp. 527-555.
Bouza, F. (1981),«El cartel: retórica del sentido común», en Revis-
ta de Occidente, núm. 5, pp. 35-51.
Bouza, F. (1983),Procedimientos retóricos del cartel. Estrategias del
CONCLUSIONES ULTIMAS sentido común, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas
i~Ji
f1l (en prensa. Hay una primera edición mimeográfica, 1982).
Quisiera subrayar ahora, a modo de síntesis, algunos puntos q~: Douglas, M. (1978),Símbolos naturales, Madrid, Alianza Editorial.
creo que han de ser importantes en la investigación comunícae Durkheim, E., y Mauss, M. (1903),Primitive classification, Londres,
cional en los próximos años y en particular en la comuni~'. Cohen and West (referencia de Douglas, M.).
ción de masa explícitamente persuasiva: ·\1 Holzer, H. (1978),Sociología de la comunicación, Madrid, Akal.
Lazarsfeld, P. (1973),«La sociología»,en Tendencias de la investi-
gación en las ciencias sociales, de Lazarsfeld y otros, Madrid,
a) No existe un control central de mensajes a gran ese~;.\., Alianza Editorial.
la: es preciso, por tanto, matizar y relativizar las hipótesis p~·~ McQuail,D. (1972):Sociología de los medios masivos de comunica-
ramente manipulatorias. ·;r' ción, Buenos Aires, Paidós.
b) El sujeto tiene una participación notable en su propíe] Moles, A. A. (1971),«Objeto y comunicación»,en Los objetos, Bue-
cambio de creencias, valores, símbolos, etcétera. nos Aires, Tiempo Contemporáneo.
e) Las paradojas que generan los media son una referen- '!' Mugny,G. (1980),«Difusiónminoritaria de una innovación»,en Psi-
~I cia importante para redefinir la «acción social» en el marCOI 1 cología social experimental, de Doise, Deschamps y Mugny, Bar-
celona, Editorial Hispano Europea, pp. 215-36.

,,
;J.
de la sociedad de masas, así como para establecer nuevas hí-
pótesis sobre lo normal y lo patológico.
d) El. paradigma de la difusión minoritaria de innovaciones
Parsons, T. (1976),El sistema social, Madrid, Revista de Occidente.
Schutz, A. (1974),El problema de la realidad social, Buenos Aires,

¡
Amorrortu.
puede dar cuenta, al menos parcialmente, del cambio social Watzlawick,P.; Helmick Beavin, J., y Jackson, D. D. (1974),Teoría
generado en la comunicación de masas. de la comunicación humana, Buenos Aires, Tiempo Contempo-
e) El análisis textual de los media es una vía de gran va" ráneo.

J
lor heurístico de cara a establecer teorías operativas sobre los!
universos simbólicos del hombre contemporáneo. . ~l
f) Es posible vincular las hipótesis relativas a símbolos y),
valores con hipótesis sobre el sistema económico: esto debe '
explicar procesos complejos de conducta social, en particular
de conducta económica.

REFERENCIAS BIBLI OGRAFICAS

Bateson, G.; Jackson, D. D.; Haley, J., y Weakland, J. (1956),«To-


ward a theory of schizophrenia»,Behavioral Science, 1, pp. 251-64.
Belson, W. A. (1967),The impact of television, Londres, Crosby Luis Rodríguez Zúñiga y Fermín Bouza (comps.), Sociologia contempordnea.
Lockwood. Ocho temas a debate, Madrid, crs-Síglo XXI de España, 1984,pp. 105-119.
111¡ 1 ¡ 111¡11111111111 ¡1

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