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DOMINGO 26 DE AGOSTO DE 2018

Tema: Jehová mostrando su poder para testimonio de las generaciones futuras.


Lección: Éxodo cap. 10, versículos 1 al 6.
Texto: Salmo 105, versículo 5.

1er. Titulo : Perfecto propósito de Dios para mostrar su gloria. Vers. 1 y 2. (Léase 1era de
Crónicas 29:12).

2do Título : Severa reprensión por no acatar la voluntad de Dios. Vers. 3. (Léase Malaquías 2:2).

3er Título : La obstinación causa devastación en la vida espiritual. Vers. 4 al 6. (Léase 1era de
Samuel 15:23).

Desarrollo

1er. Titulo Éxodo Cap. 10. Vers. 1 y 2


Perfecto propósito de Dios para mostrar su gloria.
(Léase 1era de Crónicas 29:12).

10 Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón; porque yo he endurecido su


corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar entre ellos estas mis señales,
2
y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis
señales que hice entre ellos; para que sepáis que yo soy Jehová.

1era de Crónicas 29:12


12
Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la
fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos.

Comenzando este capítulo nos vemos enfrentados a un nuevo mandamiento de


nuestro Dios sobre lo que vendría hacia la nación egipcia por causa de la desobediencia de
Faraón “Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón; porque yo he endurecido
su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar entre ellos estas mis señales”
(Éxodo 10:1). Dios a través del envío de estas plagas estaba demostrando su gran poder a
esa nación, aún así Faraón permanecía con su corazón llevado al mal y como el hombre es
hechura de Él, le endureció su corazón y el de sus siervos para demostrar quién es Jehová
de los ejércitos. Esta sería la octava plaga que azotada al pueblo egipcio por tener en
servidumbre al pueblo hebreo y no lo dejaba ir. Cuando Moisés toma la decisión de
regresar a Egipto para ver a sus hermanos Jehová le habló “Y dijo Jehová a Moisés:
Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas
que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al
pueblo”(Éxodo 4:21). Dios conoce el corazón del hombre y sus intenciones, Él ya sabía lo
que haría con Faraón por no dejar ir a su pueblo.
Existía un maravilloso plan divino, para que su poder sea demostrada a toda esa
nación lo cual tenía que quedar registrado para que todos conocieran el poder y sus
señales a través de los tiempos “y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas
que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que sepáis que yo soy
Jehová” (Éxodo 10:2). La educación hebrea comenzaba casi cuando el niño empezaba a
hablar. Se llevaba a cabo en el interior de la familia, y eran los padres los encargados de
traspasar sus tradiciones a los hijos con el fin de conservar las creencias y los recuerdos
que el pueblo había experimentado.

El poder y la gloria pertenecen a Dios.

Dios se manifestó en grande manera ante el pueblo egipcio, demostrada en grande


calamidad hacia esa nación por el corazón obstinado de Faraón y sus siervos. Jehová es
quién gobierna la vida de las personas y en su mano están todas las cosas como nos habla
en Crónicas “Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano
está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos” (1
Crónicas 29:12).

Salomón, rey de Israel fue dotado de una extraordinaria sabiduría por parte de
Dios “Sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como
nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de
ti” (2 Crónicas 1:12). La escritura da constante testimonio que todo aquel cuyo corazón
está totalmente dedicado a Dios recibe sus bendiciones, es decir, su confianza debe estar
puesta en Dios, honrándole en sus caminos y depender completamente de la sabiduría
divina para llevar a cabo la tarea que Dios le ha asignado. Por tanto nuestro buen pastor
“os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en
vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los
siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13:21).

Entonces podemos afirmar que el universo, nosotros, nuestra salvación y todo lo


demás son cosas de Dios y obran sostenidas por su poder. En respuesta apropiada por su
gran poder, se le debe brindar la gloria por los siglos de los siglos; “Porque de él, y por él,
y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36).
2do Titulo. Éxodo cap. 10 vers. 3
Severa Reprensión por no acatar la voluntad de Dios.
(Léase Malaquías 2:2)
3
Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron: Jehová el Dios de los hebreos
ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo,
para que me sirva.
Léase: Malaquías 2:2
2
Si no oyereis, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los
ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las
he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón.

Faraón, continuaba con la opresión sobre el pueblo de Israel al no cumplir su


palabra de dejar ir al pueblo. Al ver Faraón que había cesado la plaga continuó obstinado a
pecar junto a sus siervos y por este hecho Jehová le endureció el corazón (Éxodo 10:1).
Enviados por Jehová, Moisés y Aarón se presentaron delante de Faraón y le hablaron las
cosas que Jehová les había dicho que liberará a su pueblo para que le sirviese y le hacen
una pregunta ¿hasta cuando no querrás humillarte de delante de mí? Pero como nos
relata la Palabra de Dios, Faraón desobedeció cegado por su orgullo, soberbia y
egocentrismo, esto trajo consigo una terrible consecuencia para su nación que fue la
octava plaga de las langostas.

El desobedecer a la voluntad de Dios trae nefastas consecuencias para el ser


humano. El profeta Malaquías se sintió profundamente afectado por los problemas que
existían en el pueblo de Israel, quienes luego del retorno del exilio habitaron en tierras
Palestinas. En lugar de aprender de las experiencias negativas de su pasado y retornar al
servicio a Dios, se convirtieron en un pueblo inmoral e indiferente. Entonces Malaquías
con fervor divino se refirió a la apatía colectiva que prevalecía hacia su amante Dios. En
Malaquias 2:2 el profeta se dirige a los sacerdotes por su abierto repudio sobre la ley y su
influencia negativa sobre el pueblo. Los señala como responsables de haber hecho a
muchos tropezar en el pecado y les advierte que el Señor no será como un mero
espectador y que si no obedecen traerá consigo un castigo severo.

Para las personas que no acataban la voluntad de Dios conllevaba a que existían
consecuencias por causa de esta desobediencia, en Levítico 26:14-16 nos dice: “Pero si no
me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y
vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e
invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror,
extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en
vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán”; no solo es este hecho que
haría Jehová con los desobedientes, sino que este mismo capítulo enumera una serie de
de castigos al ser humano por la causa de su desobediencia. Es muy probable que estos
pasajes se refieran a una antigua ceremonia que permitía al pueblo aprender y recitar las
leyes de bendiciones y maldiciones mediante la declamación de las promesas del pacto. La
respuesta del pueblo ante la iniciativa divina determinaría su futura relación con Dios. En
Deuteronomio 28:15-20 existe una larga serie de maldiciones que pendería para los
creyentes de hoy en día si no las hubiera quitado Jesús, quién nos redimió de la maldición
de la Ley como nos dice Gálatas 3:13 nos dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la
ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado
en un madero)”. Y las palabra de Pablo en Romanos 1:18 nos habla “Porque la ira de Dios
se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen
con injusticia la verdad”; es decir, que el juicio viene a causa de nuestros pecados y que
las personas son las que deciden rechazar a Dios.

¿Por qué debemos humillarnos ante Dios?

En cuanto al versículo en estudio hay una pregunta que Moisés y Aarón le hacen a
Faraón ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Podemos ver a Faraón como
un hombre cegado por el pecado y amor propio, arrogante y orgulloso que no pensó en la
situación que vivía su nación a causa de las plagas que ya habían sido enviadas, al
contrario, su corazón obstinado al mal cada día se endurecía más y más y no daba
cumplimiento a su promesa de liberar al de Israel y por lo consiguiente, Jehová le
endurecía más el corazón y no solo a él si no que también a sus siervos. Ahora bien, ¿Por
qué debemos humillarnos ante la presencia de Dios ¿Influye nuestra forma de ser en los
designios que tenga Dios para con el hombre?

La humillación, se define como el acto de postrar, bajar, inclinar una parte del
cuerpo, como la cabeza o rodilla, en señal de sumisión o acatamiento. La Biblia, le entrega
el significado de aceptar o reconocer en la condición en la que se encuentra la persona, de
lo que soy, he hecho y lo que Dios es, hace y dice que soy. La humillación, es una actitud
que reconoce su lugar bajo la condición de criatura de Dios, es lo opuesto al orgullo. La
persona humilde reconoce su dependencia de Dios.

Su palabra nos habla del Rey Acab que hizo lo malo delante de Jehová (1era de
Reyes 21:29 y 2da de Reyes 9:25), este se humilló ante Dios y se arrepintió de su maldad.
La misericordia de Jehová fue sobre él y no permitió que la calamidad acabara con su vida,
si no que pospone el castigo el cual recaería sobre sus hijos por las consecuencias del
pecado.

Podemos encontrar que Dios se agrada de las personas humildes que se humillan
ante su presencia, el Profeta Daniel nos relata en el capítulo 10, versículo 12: “Entonces
me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a
entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa
de tus palabras yo he venido”(Daniel 10:12). Dios conoce nuestro corazón y nuestra
disposición para su servicio, su oído está atento al clamor de sus hijos y su presencia
dispuesta a acompañarnos.
Por lo tanto, debemos humillarnos ante la presencia de nuestro Dios como nos
habla en Santiago 4:10 “Humillaos delante del Señor, y el os exaltará” y en 1era de Pedro
5:6 “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere
tiempo”; nuestras relaciones interpersonales deben ser establecidas bajo la poderosa
mano de Dios. ÉL es quién exalta al humilde cuando fuere tiempo; ya sea en este mundo o
en el venidero cuando aparezca el Príncipe de las naciones.

Finalizamos con las palabras del Salmista David que nos dice “…. Al corazón
contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmos 51:17.

Para el Señor honra y gloria.


3er Título. Éxodo Cap. 10, Vers. 4 al 6
La obstinación causa devastación en la vida espiritual. Vers. 4 al 6.
(Léase 1era de Samuel 15:23).
4
Y si aún rehúsas dejarlo ir, he aquí que mañana yo traeré sobre tu territorio la
langosta,
5
la cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo
que escapó, lo que os quedó del granizo; comerá asimismo todo árbol que os fructifica
en el campo.
6
Y llenará tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios,
cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta
hoy. Y se volvió y salió de delante de Faraón.

1era de Samuel 15:23


23
Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la
obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado
para que no seas rey.

Moisés y Aarón continúan hablando con Faraón, indicándole las consecuencias que
tendría si no dejaba ir al pueblo de Israel. Esta sería la plaga de langostas que comerían
todo lo que estuviese a su alcance, es decir, todo lo que escapó de las plagas anteriores
sería exterminado. Estas entrarían en su casa, la casa de los siervos, en definitiva en toda
casa que sea habitada por egipcios tal como ocurrió con las plagas de ranas (Éxodo 8:3)

Tal como lo hablaron Moisés y Aarón, Jehová dijo a Moisés que extendiese su
mano sobre la tierra de Egipto para traer la langosta, con el fin de que consuma todo lo
que había quedado, como lo relata en Éxodo 14 y 15: “14 Y subió la langosta sobre toda la
tierra de Egipto, y se asentó en todo el país de Egipto en tan gran cantidad como no la hubo
15
antes ni la habrá después; y cubrió la faz de todo el país, y oscureció la tierra; y consumió
toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; no
quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, en toda la tierra de Egipto”.

La langosta es un insecto que puede llegar a ser totalmente voraz y destructivo en


el ambiente, puede ocasionar la destrucción de un ecosistema. Este insecto puede
provocar desastres de gran magnitud en grandes plantaciones. Cuando esta especie llega
a un campo cultivado, puede llegar a arrasarlo en cuestión de horas. Por eso, se trata de
una especie muy temida. Cuando vuelan en grupos, el número de ejemplares puede ser
mayor a diez billones. El camino que esta especie emprende y recorre está guiado en gran
parte por la dirección del viento.

El Profeta Joel, quién habló en una época de grandes conmociones para toda la
tierra de Judá, hace un llamado al arrepentimiento y les advierte que si la nación es
desobediente todo tu arboleda y el fruto de tu tierra será consumido, en pocas horas, lo
que un día fue de belleza y verdor se convirtió en un lugar de desolación y destrucción
como lo relatan sus escritos: “Lo que quedó de la oruga comió el saltón, y lo que quedó
del saltón comió el revoltón; y la langosta comió lo que del revoltón había quedado”
(Joel 4:1).

La palabra de Dios simboliza a las langostas como seres demoniacos, como lo


describe en Apocalipsis 9:3 “Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio
poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra”; es decir, siendo unos insectos que
no hacen daño a los humanos se les dio potestad como los escorpiones que realizan
picaduras las cuales son venenosas y causan la muerte de miles de personas en el mundo.
En el libro de Lucas, las serpientes y escorpiones se presentan como símbolos de los
enemigos espirituales y los poderes demoniacos sobre los cuales Jesús había dado
autoridad a sus seguidores “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y
sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19).

La obstinación, un pecado condenado por Dios.

El panorama devastador para la nación Egipcia, causada por la desobediencia de un


hombre al no oír las palabras de los siervos de Jehová trajo las consecuencias de las
plagas, estas demostraban la superioridad del Dios hebreo sobre los dioses egipcios y
sobre la autoridad de una nación que era representada por Faraón. Claramente, Faraón
era un hombre totalmente obstinado que su final fue su destrucción con todo su ejército.

Toda desobediencia a Dios trae consecuencias, las cuales son nefastas para el
hombre que no se arrepiente de su pecado. Una de las causas que trae devastación en la
vida espiritual de las personas es la obstinación, que se define como terquedad, el hacer
que nuestro pensamiento prevalezca frente a los demás. En la Biblia la obstinación se
describe como un pecado condenado claramente por Dios.

El pecado hace la separación entre Dios y los hombres, Saúl quien era Rey de Israel
desobedeció a la palabra de Dios y fue desechado por El debido a su obstinación “Porque
como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por
cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas
rey” (1 de S. 15:23). Saúl, muchas veces fue amonestado por el profeta Samuel pero
nunca manifestó un arrepentimiento sincero y las evidenciaba en sus intencionadas
recaídas de desobediencia por lo tanto Jehová le hablaba a través del profeta Samuel que
su reino no sería duradero porque no guardaba lo que Jehová le había enviado (1 de S.
13:14).

Los rasgos de las personas contribuyen el acercarse o separarse de Dios, en Saúl


estos rasgos influyeron en su relación con Dios que lo llevaron a la ruina espiritual. Por lo
tanto, Israel no podía quedar sin rey y el profeta Samuel le dijo: “… Jehová ha rasgado
hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú” (1 S 15:28). Y se
cumplió la palabra de Jehová quitándole el reinado a Saúl y entregándoselo a David (1 S.
28:17)

Entonces ¿Cómo estaremos viviendo la vida espiritual? O ¿Cómo podemos


preservarnos en integridad ante Dios? De la única forma que podemos responder estás
interrogantes es mediante la oración como lo hizo el Salmista David “Crea en mí, oh Dios,
un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10) que oración
más sincera frente a nuestro Dios, llena de arrepentimiento. Teniendo el corazón limpio el
Señor nos prepara para oír su palabra como nos dice en Santiago 1:21 “Por lo cual,
desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la
palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”.

Procuremos siempre el hacernos una introspección personal para tener una


correcta comunión con Dios al ver y escuchar sus revelaciones como nos revela su palabra
al leer el Salmo 29 de David en los versículos 12 al 14: “¿Quién podrá entender sus
propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las
soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran
rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti,
Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.

Amén.

Autor: David Vargas


Iep Puerto Montt
Texto: Salmo 105, vers. 5

Acordaos de las maravillas que él ha hecho,


De sus prodigios y de los juicios de su boca.

Todo el relato de Éxodo se resume en los versículos 3 y 4 del capítulo 7. Dios se


propone liberar a su pueblo de Egipto de una manera que quedaría grabada en la
memoria, no solo de egipcios y hebreos, si no de todas las civilizaciones de ese tiempo
“Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas”
(Salmo 77:11). Actúa así, a través de poderosas y sobrenaturales manifestaciones de su
poder, castigando de manera progresiva al pueblo egipcio, valiéndose en su justicia, de la
dureza de Faraón.
Esto ha quedado registrado como tipo de la redención que mucho tiempo después
nosotros gozamos, y marca dos grandes cualidades de la nueva relación entre Dios y los
hombres: Justicia y Poder. La justicia nos asegura que la recompensa de la obstinación, la
incredulidad o la falta de temor, son irremediable castigo y consecuencias terribles. Y el
poder nos invita a vivir una nueva vida, una vida de Salvación, dónde lo natural ya no es
límite para los hijos de Dios, y donde cada día, a cada momento, podemos disfrutar las
maravillas del Dios Omnipotente.

Emanuel Veliz
Iep Moreno