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La figura del silencio administrativo es una vieja conocida de nuestro ordenamiento jurídico.

Sin
embargo, y pese a que podría parecer que después de, al menos, 60 años (porque el silencio ya
aparecía en la Ley de Procedimiento Administrativo de 1958), ya poco podría quedar por decir del
silencio, este sigue siendo objeto de debate entre juristas y dando lugar a pronunciamientos
judiciales.

Índice de Contenidos

1 Qué es el silencio administrativo

2 Antecedentes

3 Procedimiento a solicitud de interesado

3.1 El silencio administrativo negativo

3.2 El silencio administrativo positivo

4 La revisión de oficio

5 ¿Qué hacer, una vez obtenido por silencio un acto favorable?

Qué es el silencio administrativo

El silencio administrativo podría ser definido como una “ficción jurídica” creada con el fin de
proteger a los particulares frente a una Administración poco diligente. Me explico: ante los
constantes incumplimientos por parte de las Administraciones Públicas de su obligación de
responder a las solicitudes de los particulares, se hizo necesario arbitrar algún mecanismo que
permitiera a los ciudadanos reaccionar frente a ese mutismo de los entes públicos, y así, aparece
en nuestro ordenamiento jurídico la figura del silencio administrativo negativo, pensado como un
instrumento para abrir la vía jurisdiccional y salvar al ciudadano de tener que esperar eternamente
a que la Administración decidiera cumplir con sus funciones.

El silencio administrativo podría ser definido como una “ficción jurídica” creada con el fin de
proteger a los particulares frente a una Administración poco diligente. CLIC PARA TUITEAR

Ello, no obstante, mucho ha cambiado el silencio desde aquellos tiempos en que era concebido de
la forma descrita, fundamentalmente porque nuestro legislador se dio cuenta de que al otorgar al
silencio sentido negativo —es decir, al otorgar a la “callada por respuesta” de la Administración el
efecto equivalente al de un acto desestimatorio—, solo fomentaba esa actitud poco diligente y
despreocupada de las Administraciones.
A lo largo de estas líneas intentaré explicar la antedicha figura —y todos los aspectos relacionados
con la misma—, de forma fácilmente comprensible, porque, al final, con las Administraciones
tenemos que lidiar todos, no solo los juristas.

Antecedentes

Pues bien, dado que difícilmente podemos conocer dónde estamos sin saber de dónde venimos,
empecemos por el principio:

El procedimiento administrativo es el cauce de actuación de las Administraciones Públicas, y tiene
como resultado un acto administrativo, que no es más que la decisión que toma una
Administración en un asunto concreto.

Dicho procedimiento puede iniciarse de dos formas:

De oficio, que es cuando lo inicia la propia Administración,

o a solicitud del interesado.

A nosotros, en este momento, nos interesa la segunda forma de iniciación, es decir, la que trae
causa de una solicitud previa del ciudadano.

Procedimiento a solicitud de interesado

Pues bien, presentada nuestra solicitud e iniciado así el procedimiento, la Administración dispone
de un plazo para dictar resolución y notificarla. Ese plazo generalmente es de 3 meses, salvo que la
norma reguladora del correspondiente procedimiento prevea un plazo mayor, en cuyo caso, lo
normal, es que se amplíe a 6 meses.

Antes de continuar es importante precisar que la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento
Administrativo Común de las Administraciones Públicas impone a las Administraciones la
obligación de publicar, en sus sedes electrónicas, los procedimientos de su competencia, con
indicación de los plazos máximos para resolver y el sentido del silencio, así como dirigir una
comunicación al interesado dentro de los diez días siguientes a la recepción de su solicitud en la
que se le indiquen, entre otras cosas, esos mismos datos, es decir: el plazo máximo para resolver y
los efectos del silencio.
Así pues, en principio, deberíamos saber cuál es el tiempo de que dispone la Administración para
responder a nuestra solicitud, así como qué entender en caso de que, cumplido el plazo, no
hayamos obtenido respuesta.

Advertencia

SI BIEN EN PRINCIPIO NO HABRÍA POR QUÉ DESCONFIAR DEL PLAZO QUE LA PROPIA
ADMINISTRACIÓN SEÑALE COMO PLAZO PARA RESOLVER, SEAMOS UN POCO MÁS CAUTOS CON
EL SENTIDO DEL SILENCIO, NO OLVIDEMOS QUE EL SILENCIO POSITIVO PERJUDICA A LA
ADMINISTRACIÓN POCO DILIGENTE Y QUE LAS ADMINISTRACIONES GENERALMENTE NO SON TAN
OBJETIVAS COMO DEBIERAN.

Pues bien, ¿qué ocurre si, transcurrido el plazo previsto, la Administración no nos ha notificado la
resolución? Entonces opera el silencio administrativo, que puede ser positivo o negativo.
Analicemos cada uno de ellos por separado.

El silencio administrativo negativo

Silencio administrativo negativoEl silencio administrativo negativo equivale a un acto
desestimatorio de nuestra pretensión, es decir, a un “no” a nuestra solicitud por parte de la
Administración.

¿Qué podemos hacer con ese “no”? Pues tenemos dos opciones:

La primera: esperar. Pese a que haya operado el silencio, la Administración sigue estando obligada
a resolver y esa resolución que debe dictar no se encuentra vinculada al sentido desestimatorio
del silencio, razón por la cual puede contradecirlo y ser una resolución estimatoria o positiva.

La segunda: interponer el recurso que corresponda en vía administrativa (reposición o alzada) o,
en su caso, ante los juzgados y tribunales de lo contencioso administrativo, como si de un acto
desestimatorio expreso se tratara. Ha de precisarse en este punto que no hay plazo para recurrir
frente a una desestimación por silencio, ni en vía administrativa, ni jurisdiccional.

¡Ojo!

EL SENTIDO NEGATIVO DEL SILENCIO TIENE QUE VENIR FIJADO EN UNA NORMA CON RANGO DE
LEY O NORMA DE DERECHO DE LA UNIÓN EUROPEA O DE DERECHO INTERNACIONAL APLICABLE
EN ESPAÑA. LA NUEVA LEY DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO ES CLARA EN ESTE SENTIDO Y
NO PREVÉ EXCEPCIÓN ALGUNA. SE ACABÓ ESO DE ESGRIMIR NORMAS REGLAMENTARIAS PARA
SUSTENTAR LA DESESTIMACIÓN POR SILENCIO (COSA QUE OCURRE CON MÁS FRECUENCIA DE LA
QUE DEBIERA).

A este respecto es importante saber que la propia Ley 39/2015, de Procedimiento Administrativo
Común, prevé algunos casos en los que el silencio es negativo:

En los procedimientos relativos al ejercicio del derecho de petición a que se refiere el art. 29 de la
Constitución.

En los procedimientos cuya estimación tuviera como consecuencia que se transfirieran al
solicitante o a terceros facultades relativas al dominio público o al servicio público.

En los procedimientos que impliquen el ejercicio de actividades que puedan dañar el medio
ambiente.

En los procedimientos de responsabilidad patrimonial de las Administraciones públicas.

Y, en los procedimientos de impugnación de actos y de revisión de oficio iniciados a solicitud de los
interesados. Para este último caso se prevé una excepción: cuando se haya interpuesto un recurso
de alzada contra la desestimación por silencio de una solicitud, se entenderá estimado el recurso
si, llegado el plazo de resolución del mismo (que es de 3 meses), el órgano competente no hubiera
dictado y notificado resolución expresa, salvo que se trate de alguna de las materias señaladas en
los números anteriores (esto último es, si se me permite, la excepción, de la excepción, de la
excepción).

El silencio administrativo negativo equivale a un acto desestimatorio de nuestra pretensión, es
decir, a un “no” a nuestra solicitud por parte de la Administración. CLIC PARA TUITEAR

El silencio administrativo positivo

El silencio administrativo positivo | Melián AbogadosEn nuestro ordenamiento las cosas han
cambiado mucho desde 1958 y, hoy, la regla general, es el silencio administrativo positivo.

Es decir, si no hay una norma con rango de ley que prevea que el silencio es negativo, el silencio
será positivo. ¿Eso qué significa? Pues que como la Administración no ha sido diligente y no ha
resuelto y notificado en plazo, por ministerio de la Ley, ese silencio se convierte en un acto
positivo, estimatorio de nuestras pretensiones, sean las que sean. Sobre esto hay varias cosas que
decir, así que vamos a ello:

En los casos en que opere el silencio administrativo positivo, la resolución posterior que dicte la
Administración (porque no olvidemos que está obligada a resolver) solo podrá ser confirmatoria
de ese silencio, es decir, solo puede consistir en una resolución estimatoria de nuestras
pretensiones. Da igual que nuestra solicitud sea contraria a Derecho, operado el silencio
administrativo positivo la Administración no puede ampararse en justificación alguna para dictar
un acto negativo.

Así, se puede obtener por silencio administrativo derechos contra legem1, pues, operado el
silencio mencionado, la Administración no puede neutralizar sus efectos argumentando que el
derecho obtenido es nulo o contrario al ordenamiento jurídico. Si dentro del plazo de que disponía
para resolver, no esgrimió esas objeciones, una vez transcurrido el mismo, ya no es tiempo para
ello.

Si la Administración entendiera que el acto es ilegal y perjudica los intereses públicos, la solución
no es dictar una resolución desestimatoria que deje sin efecto el acto presunto o no ejecutarlo,
pues cualquier actuación del ente público en este sentido podría ser recurrida (y es importante
señalar que, en el hipotético recurso contencioso-administrativo que se inicie no se discutirá —o,
al menos, el Tribunal no debiera permitir que se introdujera ese objeto de debate— si concurren
los requisitos jurídicos necesarios para la obtención del derecho o facultad adquirida por silencio,
sino que el procedimiento se limitará a dirimir si el silencio es efectivamente positivo o si, por el
contrario, existe norma con rango de ley alguna que prevea el sentido negativo del mismo), sino
iniciar la correspondiente revisión de oficio.

Si no hay una norma con rango de ley que prevea que el silencio administrativo es negativo, éste
se convierte en un acto positivo, estimatorio de nuestras pretensiones, sean las que sean. CLIC
PARA TUITEAR

La revisión de oficio

La revisión de oficio, que explicaré muy brevemente pero que podría ser objeto de una entrada en
el blog por sí misma, consta de dos procedimientos:

El que podríamos denominar “revisión de oficio en sentido estricto”, que es el que prevé la norma
para los actos nulos de pleno derecho y que puede ser iniciado en cualquier momento.

La declaración de lesividad, que es el previsto para los actos anulables. En este caso, la
Administración se limita a declarar el acto lesivo para el interés público (no podrá hacerlo
transcurridos 4 años desde que dictó el acto u operó el silencio) y una vez lo ha hecho, lo
impugnan ante el orden jurisdiccional contencioso administrativo, que será el que decida si
efectivamente el acto es contrario al ordenamiento o no.

Es cierto que son ambos procedimientos complejos y que la Administración generalmente no
inicia, pero que ahí están, y han de tenerse presentes.

¿Qué hacer, una vez obtenido por silencio un acto favorable?

Sabiendo lo anterior, la cuestión que procede plantearse es: una vez obtenido por silencio un acto
favorable, ¿qué puedo hacer? Porque al final, lo cierto es que a todos nos da seguridad tener un
papel que poder enseñar.
La mencionada Ley 39/2015, señala, en su art. 24.4 que:

“Los actos administrativos producidos por silencio administrativo se podrán hacer valer tanto ante
la Administración como ante cualquier persona física o jurídica, pública o privada. Los mismos
producen efectos desde el vencimiento del plazo máximo en el que debe dictarse y notificarse la
resolución expresa sin que la misma se haya expedido, y su existencia puede ser acreditada por
cualquier medio de prueba admitido en Derecho, incluido el certificado acreditativo del silencio
producido. Este certificado se expedirá de oficio por el órgano competente para resolver en el
plazo de quince días desde que expire el plazo máximo para resolver el procedimiento. Sin
perjuicio de lo anterior, el interesado podrá pedirlo en cualquier momento, computándose el
plazo indicado anteriormente desde el día siguiente a aquél en que la petición tuviese entrada en
el registro electrónico de la Administración u Organismo competente para resolver”.

Sin embargo, la realidad es que, generalmente, una Administración que no ha resuelto en plazo y
ha permitido que opere el silencio administrativo positivo, no va a expedir ese certificado, por más
que lo pidamos, así que nos volvemos a encontrar con varias posibilidades:

La primera vuelve a ser esperar, o bien a que la Administración dicte resolución expresa
resolviendo el procedimiento que iniciamos con nuestra solicitud (resolución que como hemos
dicho, tiene que ser confirmatoria del silencio positivo), o bien, otra resolución en la que de forma
directa o indirecta niegue el derecho obtenido por silencio.Durante el tiempo de espera, en
principio, podría actuarse como si existiera una resolución favorable, aunque siendo conscientes
de que puede darse el caso de que la Administración niegue la mayor y se oponga a nuestra
actuación, pero, en caso de que lo haga lo hará dictado una resolución que, por su contenido,
negará la existencia del acto presunto y del derecho obtenido por silencio, y que, por lo demás,
será recurrible.

La segunda es acudir a la vía jurisdiccional, pero esto solo es posible en caso de que el acto de que
se trate requiera de ejecución por parte de la Administración y ello porque según la Ley 29/1998,
de 13 de julio, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-administrativa, el demandante (que
seríamos nosotros) solo puede pretender en su demanda:

La declaración de no ser conformes a Derecho y, en su caso, la anulación de los actos y
disposiciones susceptibles de impugnación.

El reconocimiento de una situación jurídica individualizada y la adopción de las medidas adecuadas
para el pleno restablecimiento de la misma, entre ellas la indemnización de los daños y perjuicios,
cuando proceda.
Cuando el recurso se dirija contra la inactividad de la Administración pública, el demandante
podrá pretender del órgano jurisdiccional que condene a la Administración al cumplimiento de sus
obligaciones en los concretos términos en que estén establecidas.

Si el recurso tiene por objeto una actuación material constitutiva de vía de hecho, el demandante
podrá pretender que se declare contraria a Derecho, que se ordene el cese de dicha actuación.

Como puede observarse, en principio, no puede interponerse un recurso contencioso
administrativo solicitando únicamente el reconocimiento del sentido positivo del silencio y la
consecuente existencia del acto administrativo, porque, tal y como ya se ha expuesto, el silencio
administrativo positivo produce un verdadero acto administrativo, que puede hacerse valer tanto
ante la Administración como ante cualquier persona física o jurídica, pública o privada, de forma
que el mismo ya existe y produce efectos sin que sea necesario su reconocimiento ni
administrativo, ni judicial.

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