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Documento

Problemas de pareja
después de los sesenta
años:
¿Conflictos, sandeces, o estupideces?

1
Dr. Luis Flórez Alarcón
                                                                                                                       
1
Doctor en Psicología experimental. Profesor titular, Departamento de Psicología, Universidad Nacional de
Colombia. Correspondencia: luis@florez.info
Primera edición: Septiembre de 2014
 

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©  Luis  Flórez,  2014  


 

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Documento  

Problemas de pareja después de los


sesenta años: ¿Conflictos, sandeces, o
estupideces?
 

LUIS FLÓREZ

  3  
CONTENIDO

 
INTRODUCCIÓN  ................................................................................................................................  5  
PRINCIPIO  1  ......................................................................................................................................  6  
ILUSTRACIONES  DE  PENSAMIENTOS  AUTOMÁTICOS  DISTORSIONADOS  ...........................................  8  
PRINCIPIO  2  ....................................................................................................................................  12  

ILUSTRACIONES  DE  PENSAMIENTOS  HIPOTÉTICOS  DE  LA  PAREJA  EN  PROBLEMAS  POR  CELOS  ........  16  
PRINCIPIO  3  ....................................................................................................................................  17  
CONCLUSIÓN  ..................................................................................................................................  20  
 

  4  
 

Introducción  

Me llama la atención que en los matrimonios la gente suele recomendarles a los


contrayentes que hagan esfuerzos de comprensión y tolerancia como una forma de asegurar la
estabilidad de esa relación que inician y perdurabilidad a su amor. Se trata de una espontánea
y honesta sugerencia que los amigos y familiares les hacen a los contrayentes, impulsados por
su deseo de que la felicidad que experimenta la pareja en ese momento les dure por toda la
vida. No me cabe duda de que tienen razón los no-solicitados consejeros que, con tan buena
intención, se preocupan por el bienestar de sus seres queridos que se lanzan a la aventura de
compartir la vida, unidos por el amor. Lamentablemente, esas buenas intenciones tienen muy
poco impacto real y el malestar lleva a las parejas, con alta frecuencia, al rompimiento de su
relación, en ocasiones en plazos bastante cortos. En otras circunstancias, de dudosa fortuna,
las malas relaciones se extienden por mucho tiempo y las uniones perduran, pero no así la
felicidad. A esas situaciones, sobre todo cuando alcanzan etapas avanzadas de la vida de la
pareja, se refiere el presente ensayo. Se toma la edad de sesenta años, de forma un tanto
arbitraria, como límite para caracterizar a estas parejas en fase avanzada. Para tratar de
explicar, y consiguientemente para sugerir algunas medidas preventivas o correctivas de esta
situación, me basaré en tres hipótesis a las que les daré el aún inmerecido estatus de
"principios".

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Principio  1  
 

La irracionalidad del pensamiento parece ser una de las más importantes fuentes de
malestar en una relación de pareja, a cualquier edad. Eso me llevó en alguna ocasión a postular
una especie de principio que rige estas relaciones de manera permanente: todo matrimonio es
de pronóstico reservado. Nunca lo escribí, hasta ahora, pero sí lo planteé en mis cursos a los
estudiantes de Psicología, que se interesan mucho en los problemas de pareja, pues
constituyen uno de los principales motivos de consulta en la aplicación psicológica. Lo
pensaba así, y lo sigo pensando, porque las parejas reportan con frecuencia dificultades que no
obedecen tanto a hechos objetivos importantes, sino más bien a las interpretaciones que cada
uno(a) realiza subjetivamente de esos hechos, lo cual hace que la relación pueda ser bastante
voluble, cambiando con gran facilidad la tonalidad de los estados afectivos que la acompañan.
Muchas veces se puede observar que una relación de tono muy positivo, en determinado
momento puede transformarse fácilmente en una de tono negativo por motivos que permiten
comprender pero no logran explicar lo que sucede.

Esa realidad, abordada en múltiples escritos científicos dedicados al análisis de la


racionalidad del pensamiento de una pareja, condujo a uno de los más importantes teóricos de
la Psicología clínica con enfoque cognitivo, Aaron Beck, a escribir el libro
Loveisneverenough, traducido al español con el sugestivo título Con el amor no basta2. Este
manual trata, en esencia, sobre las modalidades de distorsión cognitiva que tiñen de alta
irracionalidad el pensamiento de los miembros de una pareja, llevándolos a arruinar sus
relaciones, e incluso sus vidas, a pesar del hecho indiscutible de que entre ellos pueda existir
un genuino amor. Allí se describen distorsiones mentales clásicas de la realidad, con
capacidad para producir estos nefastos efectos. Entre estas distorsiones se presentan
repetidamente la lectura de la mente (atribuirle intenciones a lo que hace el otro sin
cuestionarse la validez de las mismas), el pensamiento dicotómico (pensar en términos
                                                                                                                       
2
Beck, A. (1994) Con el amor no basta: Cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los
problemas de pareja. Barcelona: Paidós.

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extremos –todo o nada; nunca o siempre- sin detenerse a mirar las manifestaciones
intermedias de algo), el filtraje selectivo (encontrar sistemáticamente la muestra de algo
negativo que se atribuye al otro), el etiquetaje (ver al otro como encarnación de alguna
característica negativa), la sobregeneralización (calificar el todo por lo acontecido en algún
suceso parcial), la catastrofización (concluir que ocurre o que ocurrirá lo peor), y el
razonamiento emocional (acoplar el pensamiento a los sentimientos del momento). En un
cuadro de ilustraciones sobre pensamientos automáticos distorsionados se presentan aquí, más
adelante, algunos ejemplos característicos del tipo de pensamientos que generan mucho
malestar, y de la distorsión propia del proceso que lleva a la producción de dichos
pensamientos.

Cuando ocurre ese tipo de procesamiento mental distorsionado sobre los múltiples
hechos que ocurren en la vida de una pareja, en situaciones donde es altamente probable la
diferencia en los conceptos que cada uno(a) tiene sobre diversas realidades, es cuando se
afirma que el pensamiento está siendo irracional, y el peligro acecha la tranquilidad y la
estabilidad de la relación. Son muchas las realidades que debe encarar una pareja, como las
situaciones económicas, la sexualidad, la crianza de los hijos, los gustos personales, la
interacción familiar, la fidelidad, y otras que están permanentemente sujetas a disparidad de
conceptos, convirtiéndose en fuentes de apreciación diversa y, por consiguiente, en amenazas
potenciales a esa tranquilidad con la que naturalmente aspiran a convivir. Eso es lo que
determina que la convivencia ejerza, por sí misma, un efecto desgastador natural sobre la
relación de pareja, convirtiéndola en una realidad volátil "de pronóstico reservado".

  7  
Ilustraciones  de  pensamientos  automáticos  
distorsionados  

PENSAMIENTOS AUTOMÁTICOS DISTORSIÓN

Nunca menciona delante de los demás las cosas buenas que hago; siempre anda Pensamiento
criticándome. dicotómico

Habla bajito por teléfono porque algo malo tiene que ocultarme. Filtraje selectivo, más
lectura de la mente

Es tan animal que prefiere ir al gimnasio que a la universidad. Etiquetaje

No hace más que gritarme. Sobregeneralización

Le sonríe todo el tiempo, seguramente ya se están acostando. Filtraje selectivo, más


catastrofización

Me pide que vayamos hoy a cine porque cree que tengo cita con alguien. Lectura de la mente

Creo que ahora sí esto no tiene remedio. Catastrofización

Se logra comprender que las diferencias de conceptos o de preferencias sobre tan


importantes temas generen tensión en la vida de una pareja; lo que no se logra explicar es que
esas diferencias y las consecuentes tensiones que generan lleguen a ser más potentes que los
sentimientos de amor, alcanzando a prevalecer y a resultar devastadoras; especialmente
inexplicable resulta esta realidad cuando la pareja ya tiene una vasta experiencia de
convivencia. Si se acepta la premisa que propone que estas tensiones son inevitables en la vida
de cualquier pareja, al grado de convertir la relación, por principio, en un asunto de pronóstico
reservado, la pregunta obligada es ¿qué determina que unas parejas que se aman superen este
inconveniente, en comparación con otras parejas que también se aman, pero no logran
superarlo? Aquí la noción de amor puede equipararse a la de atracción, aunque se trate de una
reducción un tanto simplista, pero suficiente. La capacidad de resolución de conflictos es un

  8  
factor que puede dar buena cuenta de esa diferencia de resultados: algunas parejas, además de
amarse, desarrollan esa capacidad eficientemente, otras no la desarrollan.

De aquí surge la primera de las posibilidades que se sugieren en el título de este


ensayo: que una pareja cuyos miembros tienen más de sesenta años tengan conflictos por la
disparidad de puntos de vista sobre diversas situaciones que generan tensiones en su vida, pero
que, a pesar del largo tiempo de convivencia, sea escasa su capacidad de resolución de
conflictos. No sería lógico esperar que, en razón de tanto tiempo de convivencia, ahora los
miembros de una pareja piensen de la misma forma sobre tantas fuentes potenciales de
diferencia y de tensión, y pretender que no surjan conflictos entre ellos; seguramente el paso
del tiempo acorta las diferencias de visión sobre muchos asuntos, pero no necesaria ni
deseablemente, iguala las visiones. Eso hace que también una relación vieja de pareja, en la
medida en que es materia de conflictos, sea “de pronóstico reservado”. Solo que se espera que
el nivel de esa reserva no sea tan alto como el nivel de una pareja joven, pues se supone que
los miembros de una pareja vieja ya han tenido suficiente tiempo para conocer cuáles son los
aspectos que más les generan disparidad con el otro, que ya hayan tenido oportunidad de
conocer y de corregir sus propias distorsiones en el procesamiento mental de esos hechos, que
ya muchos de esos hechos no estén vigentes (los hijos ya se han ido de casa, la situación
económica es más estable, el ímpetu sexual es menos intenso, etc.), que la asertividad
(capacidad para expresar adecuadamente un desacuerdo) prime sobre la agresividad verbal (la
agresión física no admite siquiera referencia), y que hayan adquirido habilidad para ventilar
adaptativamente con el otro cualquier diferencia de pareceres.

En pocas palabras, se espera que las personas de esas edades, para solucionar sus
conflictos, hagan un uso eficiente de la natural sabiduría emocional e intelectual que la vida
les ha aportado, y que sean capaces de controlar automáticamente sus reacciones en
situaciones de divergencia. Eso determina que la existencia de conflictos profundos y
perdurables entre una pareja mayor de sesenta sea una posibilidad casi inexistente, pues su
solo surgimiento debe ser materia de una resolución satisfactoria prácticamente automática e
inmediata. Por eso podría decirse que el conflicto existe, a esa altura de la vida de una pareja,

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como realidad posible, mas no como problema importante. Es menos probable que existan
causas objetivas de malestar en la vida de una pareja que lleva muchos años de convivencia; es
más probable que lo existente sea incapacidad subjetiva de cada uno(a) para resolver
conflictos. Si las causas son reales, por lo menos ya ha pasado suficiente tiempo de
convivencia para adaptarse a ellas. ¿Cómo explicar que una pareja veterana reincida en
situaciones crónicas generadoras de malestar? Seguramente la explicación emana de lo que
sucede con el procesamiento cognitivo o mental que cada uno(a) realiza acerca de esos
hechos; siguen prevaleciendo los procesos de pensamiento distorsionado acerca de realidades
que han existido crónicamente, en niveles que ya rayan en la sandez o en la estupidez, sin el
logro de una mínima sabiduría que permita cuestionar la validez de las interpretaciones y la
eficacia de pretendidas soluciones que solo han servido para perpetuar el malestar.

En este punto debe aclararse ¿qué es sabiduría emocional e intelectual? Estoy apelando
a estos dos factores como base de la capacidad para solucionar conflictos. El concepto de
"sabiduría" lo utilizo para referirme al conocimiento normal que se obtiene con la experiencia
vivida; se trata de un conocimiento práctico que permite discernir sobre la validez de algunas
creencias o puntos de vista, y sobre la eficacia de algunos cursos de acción. No lo uso para
referirme a algún conocimiento extraordinario de tipo enciclopédico.

Como "sabiduría emocional" estoy postulando a la habilidad para reconocer y


denominar los sentimientos propios y los del otro, en este caso los de la pareja. Es hábil que
después de diversas experiencias una persona sepa discriminar los sentimientos que le indican
que tiene ira, que la reconozca y denomine como tal, y que active espontáneamente alguna
manera de regularla. Es insensato que la persona ignore el sentimiento que vive, lo matice con
denominaciones que lo deforman, y confunda las respuestas apropiadas al mismo (ej. "tengo
tanta piedra que voy a estallar en este momento"). Lo menos que se espera con el paso del
tiempo de convivencia es que se desarrolle un conocimiento natural que le permita a cada uno
discriminar indicaciones que le señalen de forma válida y confiable cuál puede ser el
sentimiento propio y el que vive el otro en una circunstancia determinada, y su estado
emocional consecuente.

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Como "sabiduría intelectual" estoy postulando a la habilidad para ponderar la calidad
de las intuiciones y de los juicios con los que cada uno(a) construye permanentemente la
realidad que percibe, sobre todo en situaciones conflictivas, en las que surgen sin control
muchos pensamientos automáticos. No se trata de evitar los pensamientos automáticos; eso es
imposible pues para sobrevivir se requiere pensar rápido. Se trata de reconocer que esas
intuiciones pueden ser erradas o distorsionadas, de poder cuestionar su validez, y de
desarrollar alternativas algo más adaptativas, pues para acertar también se requiere pensar
despacio. Pensar rápido es necesario, pero igualmente importante es pensar despacio3. Es hábil
que una persona reconozca automáticamente el tipo de prejuicios que le surgen de forma
predominante en ciertas circunstancias (ej. en las circunstancias que denominamos "celos"). Es
poco hábil, puede ser incluso tonto o estúpido, que a pesar de vivir los desaciertos y las
consecuencias negativas de sus comportamientos de celos, la persona insista en mantenerlos.

Una situación conflictiva en la vida de una pareja es una muestra típica de lo que se
puede considerar como una situación de incertidumbre. Se trata de situaciones en las que tanto
la ambigüedad objetiva de los sucesos, como la falta de claridad subjetiva de cada uno(a) para
interpretarlos, determinan una alta probabilidad de error en la toma de decisiones, cuando
estas se toman bajo una alta carga emocional (sentirse con ira, sentirse traicionado, sentirse
con miedo, etc.), o bajo un alto predominio del pensamiento automático rápido. Si esa ha sido
una experiencia repetida muchas veces en la vida de una pareja que tiene una larga historia de
desencuentros (conflictos no resueltos), ¿debe seguirse repitiendo ahora, cuando ya cada
uno(a) pasa de los sesenta años? ¿Hay tiempo aún para aprender alguna estrategia adaptativa
de solución de conflictos? ¿Es mejor resignarse a vivir con una mala situación conocida, que
con una "buena" por conocer a partir del divorcio tardío?

                                                                                                                       
3
En su obra PENSAR RAPIDO, PENSAR DESPACIO (2012, RandomHouseMondadori, Barcelona) el
psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía en el año 2002, analiza con gran detalle la dinámica del
funcionamiento y de las interacciones entre el sistema 1 de pensamiento, constituido por esquemas automáticos, y
el sistema 2, constituido por juicios elaborados. En situaciones de incertidumbre, como son las situaciones donde
prima una alta carga emocional en las relaciones de pareja, aumentan las necesidades de control sobre el sistema
1 a partir de la activación del sistema 2, para evitar que los sesgos (ej. los prejuicios) conduzcan a una toma
errada de decisiones, con consecuencias muy desadaptativas y costosas.

  11  
 

Principio  2  
 

Una segunda especie de principio que postulo para explicar el curso que sigue la
relación de una pareja, es el siguiente: en la relación de pareja, a medida que pasa el tiempo,
es más necesaria la comprensión que la satisfacción. A medida que pasa el tiempo, cada
uno(a) necesita más de la aceptación del otro que de aportes que antes le proporcionaban
placer, como el dinero, el sexo, o la comodidad. Es decir, con el paso del tiempo, los aportes
más esperados de la pareja se relacionan con la autorrealización (eudemonismo) que con el
placer (hedonismo). Tampoco había escrito yo antes sobre este segundo aspecto regulatorio de
la vida en pareja, aunque sí lo había expuesto a mis estudiantes con la siguiente ilustración
gráfica:

COMPRENSIÓN  

SATISFACCIÓN  

Esta ilustración se propone simbolizar que en el contenido de una relación de pareja


(representado como el interior de un rectángulo), con el paso del tiempo (eje horizontal), la
comprensión es una necesidad psicológica de la vida en pareja que tiene una importancia
relativamente mayor a la de otras necesidades fisiológicas o sociales. Por supuesto, ninguna de
las dos cualidades, comprensión y satisfacción, carece de importancia en las fases iniciales o
avanzadas de la relación, y el punto en que la línea diagonal que relativiza su importancia
corta a los lados verticales del rectángulo, al inicio y al final, es un asunto diferente y
específico de cada pareja. Este principio, para efectos del presente ensayo, apunta a señalar

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que los motivos de diferencia que generan dificultad considerable a una pareja veterana ya no
solo se pueden alejar de la categoría de conflicto, sino que, además, pueden constituir
sandeces o estupideces, en la medida en que persista el empecinamiento de cada uno(a) en
pensar en términos de satisfacción, en lugar de hacerlo en términos de comprensión.

Lo primero, alejarse de la categoría de conflicto, significa que se trata de realidades


que no ponen a la pareja en una situación de reflexión y de elección para resolver una
ambivalencia, que es la característica fundamental de un conflicto, sino en una situación
sistemática de reincidencia en algún tipo de procesamiento mental distorsionado que los lleva
indefectiblemente a optar por una única postura o punto de vista, a pesar de la evidencia en
contra de su valor adaptativo, demostrada por una vida de intensas frustraciones. Lo segundo
significa que esos motivos necesariamente deben hacer referencia, en el mejor de los casos, a
sandeces o tonterías, dado que a esta altura de la vida cada miembro de la pareja ya ha debido
realizar sus principales aspiraciones vitales, lo cual determina que el aspecto en controversia
no constituya una amenaza a hechos importantes para el sentido de vida de la persona. O, en el
peor de los casos, deben referirse a estupideces, pues pueden representar el desconocimiento
de realidades incuestionables (ej. desconocimiento de que los hijos ya toman sus propias
decisiones, de que en poco tiempo no se va a obtener el dinero que no se pudo obtener en toda
la vida anterior, de que ya es mejor aceptar vivir bien con poco que aspirar a vivir con mucho,
de que la obtención de estatus y de poder ya no constituye una prioridad, de que las funciones
orgánicas declinan naturalmente, etcétera). En ambos casos, la opción por la comprensión y la
aceptación incondicional del otro sería un último resquicio para la cordura y la racionalidad, si
la pareja todavía aspira a salvarse o, al menos, a no convertirse en una réplica de La guerra de
los Rose4. Pero este último seguramente será el final si cada uno(a) se empeña en hacer
cambiar al otro(a), o, peor aún, si en la separación no logran ponerse sanamente de acuerdo y
deciden gastar su patrimonio de toda la vida en el pago de un abogado que luego, como el

                                                                                                                       
4
La guerra de los Rose (The war of the Roses) (1989). Película dirigida por Danny DeVito, protagonizada por
Michael Douglas y Kathleen Turner. Trata sobre la historia de desamor de la pareja Rose, Oliver y Bárbara,
quienes llegan a extremos inauditos de violencia, peleándose por una casa a la que no quieren renunciar,
decidiendo "compartirla", pero tratando de causarse mutuamente el máximo daño posible (ver sinopsis de la
película en http://www.laremingtondejoegillis.com/162/la-guerra-de-los-rose).

  13  
abogado de los Roses, aprovechará la experiencia para advertirles a futuros clientes lo que NO
deben hacer.

Para ilustrar las anteriores afirmaciones me valdré del ejemplo de los celos. Piénsese en
una pareja hipotética, en la que cada uno tiene más de sesenta años, con más de treinta de
convivencia, en la que se recrudece un conflicto crónico de celos a partir de algún hecho
particular (la esposa se molesta porque su esposo hace vida social frecuente con mujeres
jóvenes). Seguramente debe tratarse de un hecho crónico, tanto en la realidad del
acontecimiento (él ha hecho vida social con otras mujeres de forma rutinaria), como en la
realidad del malestar producido (frecuentemente mantuvieron conflictos por eso) y de las
soluciones dadas por la pareja a este asunto (discutieron infructuosamente, ahondaron el
problema, durante un tiempo se distanciaron, finalmente concluyeron que ambos podrían
hacer algo para evitar el rompimiento, y siguieron conviviendo bien, hasta la siguiente ocasión
en que volvió a suceder algo similar). ¿Qué representa el mismo pero nuevo suceso, ahora
cuando acontece después de los sesenta? ¿Es un conflicto, una sandez, o una estupidez?

Como situación problemática real, la pareja se plantea, abiertamente o no, las


perspectivas individuales que explican sus sentimientos y sus comportamientos, y piensa en el
sentido que tiene para su existencia lo que cada uno hace. Esas perspectivas y ese sentido se
expresan a través de los pensamientos automáticos y de los juicios que realizan en torno al
suceso. Son múltiples y muy diversas las ideas que pueden estar atravesando por sus mentes.
Más adelante se presenta un cuadro que ilustra algunos de esos posibles pensamientos de él y
de ella.

En el marco del segundo principio, a esta altura de la relación, cada uno(a) necesita
más comprensión que satisfacción. Hipotéticamente, podría pensarse que las razones del
comportamiento de él se fundamentan más en la necesidad de "vigencia", mientras que las
razones del comportamiento de ella se fundamentan más en la necesidad de "estabilidad". Es
decir, él espera demostrarse la permanencia de su vigencia como hombre productivo (de
muchas cosas...), ella espera reafirmar la estabilidad de su condición de pareja adecuada y su
propia estabilidad personal, sin verse expuesta a lo que percibe como extemporáneas

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amenazas (sociales, económicas, a su autoestima, etc.). Los pensamientos de ambos que se
aproximen a comprender de forma atinada y mesurada la realidad de la situación son los que
pueden conducir a una solución apropiada del conflicto. Los que se alejen de las perspectivas
reales de cada uno(a) son los que pueden profundizar el problema, de una manera tonta porque
no corresponden con la realidad, o estúpida porque tienden a producir consecuencias
agravantes ya demostradas en el pasado en vivencias similares. De la sabiduría emocional se
espera que le permita a cada uno(a) comprender sus sentimientos y los del otro; en ella
sentimientos de enojo y de desconfianza en la estabilidad de su situación; en él sentimientos
de placer al exponerse a estímulos atractivos, y de orgullo al percibirse deseable. De la
sabiduría intelectual se espera objetividad para aproximarse a aspectos realistas e importantes
de la explicación, y ponderación para liberar de distorsiones la producción de ideas,
apoyándose en las propias experiencias, en las cuales seguramente se van a descubrir claves
que le indiquen a cada persona la racionalidad de sus apreciaciones.

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Ilustraciones  de  pensamientos  hipotéticos  
de  la  pareja  en  problemas  por  celos  

PENSAMIENTOS DE ELLA PENSAMIENTOS DE ÉL

1) Le demostraré que yo también puedo Me encanta andar con mujeres jóvenes. Eso es algo
conquistar y salir con hombres jóvenes. bueno en mi trabajo.

2) Se volvió un viejo verde ridículo. Si se da la ocasión me acuesto con una de estas.

3) Ahora se va a gastar el dinero invitando a No debo hacer algo que me delate y debo evitar que
jovencitas. mi esposa se entere.

4) Le encanta andar con mujeres jóvenes; Ando bien con mi esposa; trataré de evitar cualquier
mientras no haya exabruptos no diré nada. cosa que la saque de quicio.

5) Otra vez poniéndome cuernos. Me veo bien saliendo con mujeres jóvenes; un
hombre tiene la edad de la mujer con la que anda.

6) Le voy a demostrar que de mí no se burla. Mi esposa no va a decirme con quién puedo andar y
con quién no.

7) No soporto la infidelidad, mejor me divorcio. Si mi esposa se molesta por esto, es problema de


ella; no voy a dejar de hacerlo solo para que ella se
sienta mejor.

Algunos pensamientos, los que se aproximan a razones personales y proponen acciones


propias, no acciones del otro sino que toman en cuenta al otro, probablemente conducirán
rápidamente a una solución temprana del conflicto, evitando que este se profundice. Se trata
de pensamientos como los que se anotan en la fila 4. Si cada uno(a) sigue el lineamiento que
expresa ese pensamiento, probablemente no se llegará a un punto de ruptura del equilibrio
armónico de la relación. Otros pensamientos pueden ser francamente estúpidos por las
consecuencias destructoras que conllevan; puede ser el caso del pensamiento 1 de ella, o de los
pensamientos 6 y 7 de él. En otros pensamientos se pueden observar distorsiones evidentes
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que atentan contra la objetividad del procesamiento de la información. Son evidentes, en los
pensamientos de ella, el etiquetamiento (2), la sobregeneralización (3 y 5), la catastrofización
(7), y el razonamiento emocional (6). En el pensamiento de él es evidente un esquema nuclear
de sobrevaloración de la juventud de la mujer que se expresa a través de pensamientos
automáticos que sobreestiman los beneficios de andar con mujeres jóvenes (1 y 5),
colocándolo en el límite de toma de decisiones muy riesgosas, de cuestionable valor
adaptativo y fundamento moral (2 y 3).

Principio  3  
 

Un tercer y último principio, corolario de los dos anteriores, es que las parejas que se
divorcian en la tercera edad, después de una vida de convivencia, lo hacen ahora porque
fueron incapaces de hacerlo antes. Si se separan ahora, cuando están viejos, no es porque
antes no hubieran existido motivos y razones suficientes para hacerlo, sino porque no lo
supieron hacer a tiempo, cuando estaban más jóvenes y el divorcio podía tener una mejor
cabida en su sentido de vida. Probablemente son parejas que se mantuvieron unidas gracias a
la satisfacción, descuidando de forma notable la comprensión. O también pueden haber sido
parejas en las que la unión sirvió para resolver conflictos poco conscientes de dependencia.

De todas formas, vale la pena preguntarse ¿es mejor separarse tarde que nunca? Mi
respuesta es que sí, que esa es una mejor alternativa que el final de la pareja al estilo “Rose”;
sobre todo cuando sea evidente el agotamiento de los resquicios de la racionalidad que
produzca, si no la aceptación incondicional del otro, por lo menos, sí un grado supremo de
tolerancia. Por otra parte, no debe olvidarse que, mientras haya vida, siempre habrá viejos y
nuevos motivos para darle sentido a la existencia. De este tercer principio que plantea la
existencia de una situación crónica de malestar en la relación de una pareja que, a pesar de eso,
ha persistido en su unión y tardíamente se propone la posibilidad del divorcio, se derivan
algunos lineamientos que pueden orientar la toma de decisiones a ese respecto.

  17  
El primer lineamiento, a mi juicio fundamental, implica que cada uno(a) se pregunte
más por sus propias probabilidades de cambio frente a las situaciones crónicas que le han
generado malestar. De esa manera, puede hacerse un afrontamiento emocional adaptativo de
dicho malestar sin necesidad de que la situación en sí misma presente cambios significativos,
que son poco probables a esta altura tan avanzada de la vida y de la relación, por lo cual los
afrontamientos instrumentales tienen poca probabilidad de éxito. En otras palabras, que cada
uno(a) se pregunte más por las probabilidades de cambiar sus propios puntos de vista y sus
sentimientos frente al hecho crónico, que por las probabilidades de que los hechos cambien
objetivamente. Tal vez si se suministra una ilustración, se facilita la comprensión de este
lineamiento. Si alguien ha convivido durante varias décadas de matrimonio con algún hábito
inadecuado de su pareja que le produce algún grado considerable de malestar (ej. estilo de
comunicación agresivo), y llega al final al punto de plantearse la posibilidad del divorcio
porque no quiere "aguantarse" más ese malestar, lo mejor que puede hacer es preguntarse por
los posibles cambios en su interpretación de la comunicación agresiva, de tal manera que
disminuya su vivencia de malestar, en lugar de esperar que su pareja cambie de estilo
comunicativo. La posibilidad de la adaptación y de la convivencia, en este caso, descansa más
sobre los cambios que se puedan realizar en la acomodación a la situación crónica de malestar,
que en la expectativa de que dicha situación tenga alguna modificación objetiva. Por esa razón
fue que antes afirmé que la aceptación incondicional del otro, producto de una alta dosis de
tolerancia consciente, es la condición que le puede permitir a una persona continuar
conviviendo con hábitos indeseables crónicos de su pareja. Se trata de una alternativa al estilo
"ver el vaso medio lleno, en lugar de verlo medio vacío". Se dice que es una alternativa de
afrontamiento emocional porque busca disminuir las consecuencias negativas de la situación,
sin que haya expectativa de cambio en las causas reales que producen dichas consecuencias.
Un ejemplo de esta estrategia puede ser la de muchas parejas que, al final de sus vidas,
terminan conviviendo y acompañándose satisfactoriamente, separados bajo un mismo techo.

El segundo lineamiento, corolario del primero, es que si una persona considera


inaceptables las consecuencias nocivas de la convivencia con un hábito crónico desadaptativo
de su pareja, por lo cual juzga inadecuada la alternativa de continuidad con tolerancia, lo
mejor que puede hacer es finalizar ya su relación en lugar de continuar esperando

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infructuosamente que el otro cambie. Se trata de la alternativa "más vale tarde que nunca".
Mantenerse a la expectativa de que "el otro cambie" resulta a esta altura de la vida demasiado
riesgoso, y es muy probable que esa expectativa conduzca a una frustrante profundización del
malestar y a la pérdida de las pocas esperanzas que siempre existen de encontrar motivaciones
nuevas que ocupen el sentido de vida.

El tercer lineamiento, único que contempla la posibilidad del cambio objetivo en las
causas que generan el malestar, es que cada uno(a) considere que sí es probable modificar los
hábitos propios que han generado de manera crónica el malestar, sin esperar necesariamente
cambios en el otro. Se trata de la alternativa "loro viejo sí aprende a hablar", siempre y cuando
tome la decisión de aprender. Es la única alternativa de afrontamiento instrumental posible,
que se fundamenta en la tardía pero necesaria comprensión del grado en que cada uno(a) ha
aportado crónicamente al malestar, toma conciencia de ello, y se decide a cambiar, realizando
planes concretos y específicos, sin condicionarlos al cambio del otro.

Los tres lineamientos que se proponen a partir del tercer "principio" tienen en común
que suponen un éxito condicionado solo por el propio compromiso (compromiso con la
tolerancia, compromiso con la partida, o compromiso con el cambio), sin esperar a cambio
compromisos del otro. Son lineamientos que reconocen que, al final de la vida, más que antes,
se precisa que la persona fundamente sobre sí misma la probabilidad de desarrollar una
convivencia exitosa de pareja, reafirmando sus estrategias de solución de conflictos, o
reconociendo que las causas de los mismos ya no merecen más gasto ni esfuerzo, que es más
conducente la separación, pues se han convertido en sandeces o en estupideces en las que no
vale la pena quemar los últimos cartuchos de la existencia.

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Conclusión  
 

El surgimiento de una diferencia de puntos de vista en torno a cualquiera de los asuntos


de interés para una pareja es algo que puede suceder en cualquier momento, inclusive cuando
se trata de una pareja vieja con una gran experiencia de convivencia. La principal diferencia
entre el manejo que hace de esa situación una pareja joven, y el que hace una pareja veterana
podría ser, en teoría, la eficiencia para encontrar una solución rápida y satisfactoria de esa
diferencia, antes de que se convierta en un conflicto de importancia. Si se llega a ese punto en
el que prima el desacuerdo sobre aspectos relevantes que afectan de manera notable el
bienestar de la pareja, en el caso de los veteranos es casi seguro que se trate de asuntos que ya
han sucedido antes, tal vez de forma recurrente.

En esos casos, el abordaje de la situación exige que cada uno(a) se plantee una
posibilidad de solución fundamentada en el afrontamiento propio de la misma, sin esperar
cambios sustanciales del otro, cambios que son poco probables después de una vida de
reincidencias. Puede tratarse de un abordaje que tome la forma de afrontamiento emocional,
donde hay una aceptación activa de los hechos, no a la manera de sacrificio o de resignación,
sino de una reinterpretación adaptativa de las circunstancias, satisfaciendo las necesidades de
autocomprensión y de comprensión del otro. Puede tratarse también de un abordaje que
implique cambios del propio comportamiento, mediante los cuales se afecten
instrumentalmente las causas objetivas del problema, sin esperar necesariamente cambios
importantes en el comportamiento de la contraparte. Esos cambios de comportamiento
devienen de transformaciones en los esquemas o ideas que han constituido perspectivas
tradicionales acerca de los motivos de diferencia, poco adaptativas por irracionales; también
de transformaciones en los esquemas sobre el sentido de vida actual; y, necesariamente, de
transformaciones en los procesos distorsionados de pensamiento que tradicionalmente se han
utilizado para interpretar la situación. Lo más probable es que el abordaje implique realizar

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tanto afrontamientos emocionales, como afrontamientos instrumentales; pero el quid del
asunto es la convicción de que el compromiso individual con esas transformaciones resultará
suficiente para el logro de un equilibrio satisfactorio de la relación. Si la convicción es que la
esencia de la solución no reside en el compromiso propio, sino en el compromiso de la
contraparte, de la que se espera la realización de algún cambio importante que se niega a
asumir de manera consciente y explícita, lo más recomendable sería la finalización tardía pero
aún posible de la relación, antes de llegar al punto en el que la sandez o la estupidez
conduzcan a la ruptura descontrolada, con daños considerables para cada uno(a), al mejor
estilo de los Rose.

Pensar que hechos externos diferentes al propio compromiso individual con el propio
cambio (ej. una consejería de un experto en terapia de pareja) pueden surtir un efecto positivo
significativo en el caso del conflicto de una pareja veterana, solamente sería probable en las
situaciones en que el motivo de diferencia sea un acontecimiento realmente novedoso (ej. una
pérdida importante) en el cual la pareja tenga poca experiencia de afrontamiento. Pero aún en
esas situaciones novedosas, el factor personalidad, representado por el estilo tradicional de
cada uno(a) en la aproximación y la búsqueda de soluciones a los conflictos, hará que el
énfasis mayor de cualquier expectativa de solución se fundamente sobre las propias
capacidades de compromiso, más que sobre las capacidades potenciales de la contraparte.
Ante un conflicto importante a esta altura de la vida de pareja, la gran conclusión sería: Si
puedes resolverlo solo(a), prosigue con la aventura de la convivencia; si no, arriésgate a
proseguir solo(a) el curso de tu vida, con la convicción de que es mejor separarse tarde que
nunca.

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