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CIRCUITO

JUDICIAL
PENAL DEL
ESTADO
ZULIA

Corte de Apelaciones

Sala Primera

PONENCIA DE LA JUEZA PROFESIONAL NINOSKA


BEATRIZ QUEIPO BRICEÑO

Han subido las presentes actuaciones a esta Sala Primera de


Corte de Apelaciones, en virtud del recurso de apelación
interpuesto por la Defensora Pública Penal Quinta, adscrita a la
Unidad de Defensa Pública del Estado Zulia, Extensión
Cabimas, Abogada Belkis González Colina, actuando como
defensora del acusado Rafael Antonio Caldera, en contra de la
Sentencia Nº 1J-017-09, de fecha 12 de junio de 2009, emitida
por el Juzgado Primero de Primera Instancia en funciones de
Juicio del Circuito Judicial Penal del Estado Zulia, Extensión
Cabimas, constituido en forma Mixta, mediante la cual se
condenó al acusado ut supra identificado, a cumplir la pena de
doce (12) años y cuatro (04) meses de presidio, más las
accesorias de ley; por estimarlo responsable de la comisión de
los delitos de Homicidio Intencional y uso de Documento Falso
previstos y sancionados en los artículos 405 del Código Penal y
45 de la Ley Orgánica de Identificación respectivamente.

Recibido el expediente en esta Sala de Alzada, se da cuenta a


los miembros de la misma en fecha 8 de enero de 2010,
designándose Ponente a la Dra. Ninoska Beatriz Queipo
Briceño, quien con tal carácter suscribe la presente decisión.

La admisión del recurso se produjo el día 02 de febrero de


2010, y siendo la oportunidad prevista en el primer aparte del
artículo 455 del Código Orgánico Procesal Penal, se convocó a
las partes a una Audiencia oral y pública que se celebró el día
de hoy 16 de marzo de 2010, con la asistencia de la ABOG.
AMALIA RODRÌGUEZ, en su carácter de Fiscal Décimo
Quinta (15º) del Ministerio Público, Extensión Cabimas, la
ABOG. BELKIS GONZÁLEZ, en su carácter de la Defensora
Pública Quinta (5º), Extensión Cabimas y el acusado Rafael
Caldera, previo traslado de la Cárcel Nacional de Maracaibo.

II

DE LA RECURRIDA

En fecha 12 de Junio de 2009, el Juzgado Primero de Primera


Instancia en Funciones de Juicio del Circuito Judicial Penal del
Estado Zulia, Extensión Cabimas; dictó Sentencia Condenatoria
en contra del acusado Rafael Antonio Caldera, plenamente
identificado en autos, condenándolo a cumplir la pena de doce
(12) años y cuatro (04) meses de presidio, por considerar
probada su responsabilidad en la comisión de los delitos de
Homicidio Intencional y uso de Documento Falso previstos y
sancionados en los artículos 405 del Código Penal y 45 de la
Ley Orgánica de Identificación, respectivamente.

III

DEL ESCRITO DE APELACIÓN

Contra la sentencia condenatoria dictada por el Juzgado


Primero en Funciones de Juicio del Circuito Judicial Penal del
Estado Zulia, Extensión Cabimas; la profesional del derecho
Abogada Belkis González actuando en su condición de
Defensora Pública Quinta Penal adscrita a la Unidad de Defensa
Pública del Estado Zulia, Extensión Cabimas, y como defensora
del acusado Rafael Antonio Caldera, interpuso recurso de
apelación, de conformidad con lo establecido en el artículo 452,
ordinales 2° y 4º del Código Orgánico Procesal Penal,
explanando los siguientes argumentos:

Manifiesta la recurrente, que la Jueza consideró las actas de


entrevista y el acta de experticia, como suficientes para
determinar la condena de su representado, sin embargo era el
caso que en relación con dichos testimonios y el delito de
homicidio intencional el tribunal violaba lo establecido en el
articulo 364.3 del Código Orgánico Procesal Penal referido a: “
la determinación precisa y circunstanciada de los hechos que el
tribunal estima acreditados”, por cuanto si bien era cierto
existió un hecho ilícito, el cual se comprobó, como fue la
muerte de Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, producto de la
Riña suscitada entre éste y su defendido, la misma había sido
injustamente provocada por el ciudadano Eduardo Antonio
Reyes Gutiérrez, conforme se observa del testimonio rendido
por los testigos, lo cual debió ser valorado por el Tribunal,
valorando que el occiso era quien había provocado los hechos.

Señala, que conforme se apreciaba del testimonio rendido por la


Anatomopatólogo Forense Dra. Blanca Orozco Vegas, quien en
relación a ciertas preguntas que se le habían formulado indicó
que con las heridas ocasionadas al occiso el mismo pudo haber
sobrevivido si no se hubiesen presentado complicaciones, como
lo fue en este caso la segregación de materia fecal; se podía
determinar que la muerte del ciudadano Eduardo Rafael Reyes
Gutiérrez, no se había producido de manera directa por la herida
causada en su humanidad; sino como lo determinaba el
testimonio de la experta Dra. Blanca Orozco en el protocolo de
autopsia, la muerte se debió a complicaciones posteriores a las
heridas sufridas por el occiso, quien luego de la riña salió
caminando a varios metros del lugar de los hechos y duró un
lapso de quince (15) días hospitalizado, ocurriendo
posteriormente el fallecimiento; es decir, las heridas no fueron
suficientes para causarle la muerte, por lo que esa se produce
por una causa sobrevenida al hecho.

Indica que lo anterior, conllevaba a apreciar que en el presente


caso estábamos en presencia de un homicidio con causal, por
cuanto si bien el agente tiene la intención de hacer el daño, esa
acción ejecutada por su defendido no fue suficiente para causar
la muerte al ciudadano Eduardo Rafael Reyes Gutiérrez y la
misma se produce por una concausa superveniente, que
asociadas trajeron un resultado letal, indicando que se entiende
por concausa toda causa o circunstancia interna o externa pre-
existente o superveniente, que hace letal (muerte) la
consecuencia de la acción u omisión, indicando que en tal
sentido, el articulo 410 del Código Penal dispone que: “si la
muerte no hubiese sobrevenido..., o de causas imprevistas o
independientes de sus hechos, la pena será la de presidio de
cuatros a seis años, en el caso del articulo 405; de seis a nueve
años, en el caso del articulo 406, y de cinco a siete años, en el
caso del articulo 407”.

Precisa, que la decisión recurrida incurre en el vicio de


ilogicidad entre las pruebas ofertadas y la sentencia
condenatoria por el delito de Homicidio Intencional, por cuanto
las pruebas de experticia (Protocolo de Autopsia y testimonio
de la medico Forense) aunado a los testimonios rendidos por los
testigos y que demostraron que la muerte del hoy occiso no se
produce por las heridas inferidas por su defendido, sino por
causas supervenientes e independientes del hecho, lo que
determina una incongruencia entre los hechos debatidos y
probados, y la sentencia condenatoria por el homicidio
intencional, la cual debió ser por homicidio concausal.

Como segundo motivo de impugnación, manifiesta la


recurrente, con fundamento en lo previsto en el numeral 4 del
artículo 452.4 del Código Orgánico Procesal Penal, que la
decisión recurrida incurrió en el vicio de violación de la ley por
errónea aplicación de una norma jurídica, ya que si bien era
cierto se comprobó la responsabilidad de su defendido en los
hechos y que dieron como consecuencia una sentencia
condenatoria, la misma debió ser decretada como una sentencia
condenatoria por Homicidio Concausal, por cuanto con las
pruebas que fueron debatidas en el juicio, se demostró que el
occiso no fallece por las heridas que le fueron causadas, sino
que fallece posteriormente por circunstancia sobrevenida con
posterioridad a dichas lesiones; por lo que solicitaba el cambio
de calificación del tipo penal establecido en la sentencia
condenatoria por una calificación justa y adecuada a los hechos
comprobados y ya fijados en la decisión recurrida de
conformidad con lo establecido en el articulo 457 del Código
Orgánico Procesal Penal.

Finalmente, en su petitorio, solicitó la admisión del presente


recurso de apelación, la declaratoria con lugar y la nulidad de la
decisión recurrida.

IV

DE LA CONTESTACIÓN
La profesional del Derecho Abogada Amalia Rodríguez,
actuando en su condición de Fiscala Quinta del Ministerio
Público, de conformidad con lo previsto en el artículo 454 del
Código Orgánico Procesal Penal, procedió a dar contestación al
recurso de apelación interpuesto, señalando lo siguiente:

Indica la representante del Ministerio Público, que en relación a


la primera denuncia, la defensa transcribe de forma parcial y su
conveniencia, lo manifestado por la médico Anatomopatólogo
Forense, doctora Blanca Orozco, precisando asimismo que la
afirmación de la defensa referida a que el protocolo de autopsia,
determinaba como causa de la muerte complicaciones
posteriores a las heridas sufridas por el occiso, era falsa; toda
vez que, por una parte, la apelante señala, que la muerte fue
producto de una riña suscitada entre su defendido y el occiso,
provocada injustamente por éste último como lo señalan los
testigos; sin indicar a cuáles testigos; y por otra parte indica que
la muerte del ciudadano Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, no
se produce de manera directa por la herida que le fue causada
por el acusado, sino debido a complicaciones posteriores, por lo
que estábamos en presencia de un homicidio con causal.

En este orden de ideas, precisa el Ministerio Público, que


existía incongruencia en los argumentos expuestos en el recurso
por la defensa, toda vez que sus alegatos se debaten entre el
homicidio en riña -provocada esta última por la víctima-, y el
homicidio concausal; pues debía señalarse que la A quo,
durante el debate advirtió a las partes sobre un posible cambio
de calificación jurídica a “Homicidio Concausal, previsto y
sancionado en el artículo 408 del Código Penal”, no obstante al
finalizar la deliberación, consideró que los hechos se subsumen
en el tipo penal de Homicidio intencional, previsto y
sancionado en el artículo 405 ejusdem, y así lo dejó establecido
expresamente en la sentencia recurrida, específicamente en el
último párrafo del capitulo denominado “DETERMINACIÓN
PRECISA DE LOS HECHOS ACREDITADOS”, indicando
que de ningún modo había quedado establecido el Homicidio
Concausal, pues en la experticia y el testimonio de la doctora
BLANCA OROZCO VEGAS, quedó establecido que la muerte
se produjo por lesión que causó la herida por arma blanca, la
cual lesionó las asas intestinales, lo que obviamente se apartaba
de la descripción del tipo penal de Homicidio Concausal,
agregando que en el caso que nos ocupaba el “Shock séptico”
no se hubiese derivado nunca si la herida producida por un arma
blanca no lesiona los órganos que son descritos en el informe
médico forense, por lo que para el tribunal no quedó duda
alguna que el tipo penal acreditado era el de HOMICIDIO
INTENCIONAL, previsto y sancionado en el artículo 405 del
Código Penal.

En este sentido, refiere la representación Fiscal, que la defensa


yerra, cuando denuncia la ilogicidad basada en la incongruencia
entre lo debatido y lo sentenciado; pues el Tribunal de manera
unánime declaro la culpabilidad del acusado, por la comisión de
los delitos de HOMICIDIO INTENCIONAL y USO DE
DOCUMENTO FALSO, luego de presenciar el contradictorio y
realizar el proceso de valoración de las pruebas presentadas, no
quedando duda alguna que el tipo penal acreditado es el
HOMICIDIO INTENCIONAL, previsto y sancionado en el
artículo 405 del Código Penal.

Precisa, que era igualmente falso, que la sentencia no haya


dejado acreditado el requisito del artículo 364 numeral 3 del
Código Orgánico Procesal Penal; por lo que es improcedente -
en virtud de los motivos invocados- la nulidad absoluta de la
sentencia, requerida por la recurrente, y así solicitó fuera
declarado.

Indica, que conforme al criterio de la Sala de Casación Penal


del Tribunal Supremo de Justicia, las Cortes de Apelaciones no
establecen hechos, como tampoco pueden apreciar ni valorar las
pruebas que fueron llevadas al debate oral y público; por lo que
mal podía solicitarse la acreditación de hechos diferentes a los
fijados por la instancia.

En cuanto a esta denuncia, indicó que la recurrente no expresa


de forma clara cuál es la norma de la ley sustantiva o adjetiva
que fue erróneamente aplicada por el tribunal a quo; y el por
qué considera que el tribunal aplicó erróneamente una norma
jurídica, por lo cual la referida denuncia adolece de
inmotivación, ya que la recurrente sólo refiere que el occiso no
fallece por las heridas causadas por el acusado, sino por
circunstancias sobrevenidas con posterioridad a dichas lesiones,
teniendo que inferirse, que tal afirmación deviene de lo
explanado en la primera denuncia, contraviniéndose lo
establecido en el primer aparte del artículo 453 del Código
Orgánico Procesal Penal, cuando prevé: “El recurso deberá ser
interpuesto en escrito fundado, en el cual se expresará concreta
y separadamente cada motivo con sus fundamentos y la
solución que se pretende”.

Finalmente, solicitó se declare sin lugar el presente recurso de


apelación y se confirmara la decisión recurrida, por encontrarse
la misma plenamente ajustada derecho.

CONSIDERACIONES DE LA SALA PARA DECIDIR

Del análisis efectuado al recurso de apelación interpuesto y la


sentencia recurrida, esta Sala de Alzada constata, que en el caso
de autos se han ejercido separadamente dos motivos de
apelación referidos a la ilogicidad manifiesta en la motivación
de la sentencia, y violación de la ley por errónea aplicación de
una norma jurídica; todo de conformidad con los argumentos
expuestos en el particular tercero del presente fallo.

El primer motivo de apelación está referido al vicio de


ilogicidad manifiesta en la motivación de la sentencia, por
cuanto lo decidido por la instancia, según la recurrente, no
guarda armonía ni congruencia entre los hechos que fueron
acreditados en el debate y lo decidido en la sentencia,
incumpliéndose así el requisito previsto en el artículo 364.3 del
Código Orgánico Procesal Penal.

Al respecto esta Sala estima:

La ilogicidad como vicio de la motivación de la sentencia, ha


sostenido esta Sala, tiene lugar cuando del contenido de la
decisión, específicamente de los razonamientos que en ella
imprime el Juez de Instancia, se desprende o se observa la falta
de acatamiento a los principios ó reglas de la lógica, al orden
natural coherente y común que tienen las cosas; en tal sentido el
Dr. Frank E. Veechionacce, en su tesis denominada “Motivos
de la Apelación de Sentencia” Terceras Jornadas de Derecho
Procesal Penal, UCAB, ha señalado que:

“... Es ilógica una motivación cuando de su contenido se


desprende la falta de acatamiento a los principios ó reglas de la
lógica, los mismos a que se refiere el COPP en materia de libre
apreciación de las pruebas, en su artículo 22. Estas reglas son:
“Principio de identidad, Principio de Contradicción ó de no
Contradicción, Principio del Tercero excluido y Principio de
Razón suficiente... la ilogicidad debe ser manifiesta, es decir,
patente y claramente percibible. No hay evidente ilogicidad por
las simple exigencias expositivas del recurrente, o porque la
exposición de la motivación no guarde un orden coherente de
asuntos o, en fin, porque la exposición sea técnicamente
defectuosa. Lo importante es que la motivación, entendida
como un cuerpo único, contenga la necesaria exposición de la
argumentación judicial y que esta guarde un mínimo o la
necesaria logicidad...”

En otras palabras, hay ilogicidad en la motivación de la


sentencia cuando el juzgador llega a un convencimiento que
carece de lógica o discurre sin aciertos por la falta de logicidad
de los medios propios a expresar el conocimiento, es decir, no
existe coherencia en el pensamiento con el cual el juzgador
pretende fundar su decisión.

En el caso puesto a la consideración de esta Sala, observan estas


juzgadoras que la decisión recurrida al momento de determinar
lo hechos que estimó acreditados, estableció lo siguiente:

“...Una vez finalizado el Debate Oral y Público en la presente


causa este Tribunal Primero de Primera Instancia en funciones
de Juicio constituido en forma Mixta, valorando las pruebas
practicadas durante el contradictorio, conforme al sistema de la
sana critica y según la lógica, las máximas de experiencia y los
conocimientos científicos, además de los alegatos de las partes
y las pruebas incorporadas a la Audiencia de conformidad con
las normas previstas en el Código Orgánico Procesal Penal,
declara que han quedado acreditados los hechos suscitados el
día 14 de julio de 2007, los cuales constituyeron el objeto de la
presente sentencia con los siguientes medios probatorios:

1.- Con la declaración de la Dra. BLANCA OROZCO VEGAS


(...) 2.- Con la declaración del funcionario BERNARDO JOSE
ROSALES (...) 3.- Con la declaración del ciudadano del
funcionario ASDRUBAL COLINA (...) 4.- Con la declaración
del ciudadano del funcionario ROGELIO GONZALEZ (...) 5.-
Con la declaración del ciudadano de la ciudadana MARIBEL
CHIQUINQUIRA GUTIERREZ (...) 6.- Con la declaración del
ciudadano del funcionario DOUGLAS LANDAETA (...) 7.-
Con la declaración del ciudadano del ciudadano LUIS
FARELLO PÉREZ (...) 8.- Con la declaración de la ciudadana
CIRA ISABEL FLEIRE LOZANO (...) 9.- Con la declaración
del ciudadano JOSE GABRIEL CALDERA (...) 10.- Con la
declaración del ciudadano DANNY BENJAMIN DOIGUEZ
COLOMBO (...) 11.- Con la declaración del ciudadano
ALVARO JOSE LAMEDA (...) 12.- Con la declaración del
ciudadano MARCIAL ANTONIO ROJAS (...) 13.- Con la
declaración de la ciudadana OLGA MARGARITA RICO (...)
14.- Con la declaración del ciudadano RAMÓN FELIPE
OCANTO DURAN (...) Asimismo quedaron acreditados los
hechos con los siguientes medios de PRUEBA
DOCUMENTALES, de conformidad con lo establecido en el
artículo 358 del Código Orgánico Procesal Penal, y se deja
constancia que se prescinde de la lectura del texto integro de
cada una de ellas: 1.- Acta Policial de fecha 30/03/08, suscrita
por los Funcionarios O.S.C BERNARDO ROSALES, O.S.C
LANDAETA DOUGLAS y O.S.C GRATEROL RUBEN,
adscritos a la Policía Municipal de Cabimas, donde se deja
constancia que (...) 2.- Solicitud de Orden de Aprehensión de
fecha 04/09/2007, suscrita por la ABOG. AMALIA JOSEFINA
RODRIGUEZ, con el carácter Fiscal Décima Quinta del
Ministerio Público de la Circunscripción Judicial del Estado
Zulia, con sede en el Municipio Cabimas, ante el Juzgado de
Primera Instancia en Funciones de Control del Circuito Judicial
del Estado Zulia (...) 3.- Acta Policial de fecha 23/07/07,
suscrita por los Funcionarios Detective TSU ASDRUBAL
COLINA, Agente RICHARD PADRON, adscritos al Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, en la cual se deja constancia de (...)
4.- Acta Policial de fecha 30/07/2007, suscrita por el
Funcionario Detective TSU LUIS FARELLO PEREZ, adscrito
al Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y
Criminalísticas, Sub-Delegación Cabimas, en la cual deja
constancia que (...) 5.- Acta Policial de fecha 31/07/2007,
suscrita por los Funcionarios Detective TSU ASDRUBAL
COLINA y agente ROGELIO GONZALEZ, adscrito al Cuerpo
de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, en la cual dejan constancia que (...)
6.- Acta Policial de fecha 17/08/2007, suscrita por el Detective
TSU ASDRUBAL COLINA, adscrito al Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, en ala cual se deja constancia de (...)
7.- Acta Policial de fecha 27/08/2007, suscrita por el Detective
TSU ASDRUBAL COLINA, adscrito al Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, en la cual se deja constancia que (...)
8.- Acta Inspección Técnica No. 517 de fecha 23/07/2007,
suscrita por los Funcionarios Detective TSU ASDRUBAL
COLINA y agente PADRON RICHARD, adscritos al Cuerpo
de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, en la cual se deja constancia (...) 9.-
Acta Inspección Técnica No. 1076 de fecha 30/07/2007,
suscrita por los Funcionarios Detective LUIS FARELLO
PEREZ y agente OLGUER MORILLO, adscritos al Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Cabimas, en la cual dejan constancia que (...) 10.-
Experticia de Reconocimiento de fecha 25/04/2008, suscrita por
la Funcionaria T.S.U CIRA PLEIRES, adscrita a la sala de
Documentología del Cuerpo de Investigaciones Científicas,
Penales y Criminalísticas, de la Región del Estado Zulia, en la
cual dejan constancia que (...) 11.- Protocolo de Autopsia
signada bajo el No. 9700-169-395 de fecha 03/08/2007, suscrita
por la Dra. BLANCA OROZCO, experto profesional II,
Anatomo Patólogo Forense, adscrita al Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas,
Medicatura Forense de Cabimas, en el cual se deja constancia
que la causa de la muerte de el ciudadano EDUARDO
ANTONIO REYES GUTIERREZ fue por Shock séptico debido
a post-operatorio tardío complicado, debido a la lesión visceral,
producida por arma blanca. Medio probatorio que este Tribunal
le acredita todo su valor probatorio por cuanto su otorgante
compareció al debate y ratifico el contenido de dicho informe
amen de tratarse de uno de los medios establecidos en el
artículo 339 del Código Orgánico Procesal Penal. 12.- Acta de
Denuncia, de fecha 23/07/2007, formulada por la Ciudadana
MARIBEL CHIQUINQUIRA GUTIERREZ, ante el Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, en la cual se deja constancia que (...)
13.- Acta de Entrevista tomada al Ciudadano JOSE GABRIEL
CALDERA en fecha 02/08/2007, ante el Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, Sub-
Delegación Ciudad Ojeda, donde se deja constancia de (...) 14.-
Acta de Entrevista al Ciudadano DOMINGUEZ COLOMBO
DANNY BENJAMIN, tomada en fecha 04/08/2007, ante el
Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y
Criminalísticas, Sub-Delegación Ciudad Ojeda, donde se deja
constancia de (...) Se deja constancia que en el presente Juicio
Oral y Público, la defensa no ofreció ninguna prueba
documental. Así mismo no fue ofrecida ninguna evidencia
material ni por el Fiscal del Ministerio Publico, ni por la
defensa...”.

Por su parte, en cuanto a los fundamentos de hecho y de


derecho en que se soportó la sentencia de condena recurrida, la
Jueza de Instancia señaló:

“... Acreditados así los hechos se proceder (sic) a verificar la


tipicidad del hecho punible que dio lugar al presente juicio, por
lo que este Tribunal Mixto pasa en principio a pronunciarse
sobre la materialidad del delito o establecer el elemento
objetivo del mismo, para lo cual se toma en consideración a las
circunstancias que fueron debidamente acreditados durante el
contradictorio, quedando acreditado para este Tribunal que
siendo aproximadamente las 03:00 horas de la madrugada, del
día 14 de Julio de 2007, el ciudadano EDUARDO ANTONIO
REYES GUTIERREZ, llego al puesto de comida Parrillera el
Coco, ubicada en la Avenida Principal del Caserío El Venado,
cerca de la Alcabala del Municipio Baralt, del Estado Zulia,
lugar en el cual se encontraba trabajando el acusado RAFAEL
ANTONIO CALDERA, acompañado del ciudadano DANNY
BENJAMIN DOMINGUEZ COLOMBO, apodado “EL
GOAJIRO” quien sale a realizar una necesidad fisiológica
(micción) en el monte, cuando la victima, arremete física y
verbalmente contra el acusado de autos, propinándole varios
golpes en la cara y ofensas verbales; este ultimo, toma un
cuchillo de los que usa como instrumento de trabajo y lo hiere
mortalmente y huye del lugar, y la victima camina hasta el
puesto policial que le queda cerca como a cien metros para ser
auxiliado, momento en el cual regresa “EL GOAJIRO” al
puesto de comida y ve que hay unas mesas en el suelo y es
llevado al hospital la victima por lo que corre para avisar a sus
familiares, siendo hospitalizado la victima EDUARDO REYES
quien es intervienen (sic) quirúrgicamente y en fecha 30-07-
2007, fallece por Shock séptico debido a post-operatorio tardío
complicado, debido a la lesión visceral, producida por arma
blanca. Posteriormente siguiendo con la investigación y así
quedo acreditado la Fiscal Décima Quinta del Ministerio
Publico del Circuito Judicial Penal del Estado Zulia en la
persona de la Abogada AMALIA RODRIGUEZ solicita y así
fue decretada por el Tribunal Cuarto de control de este Circuito
Judicial, en fecha 04/09/07 orden de aprehensión en contra del
mencionado acusado por la presunta comisión del delito de
HOMICIDIO INTENCIONAL previsto y sancionado en el
artículo ante (sic) 407 del Código Penal, ciudadana (sic) no fue
sino hasta el día 30/03/2008, cuando es aprehendido por una
comisión de la Policía Municipal de Cabimas, cuando la
ciudadana OLEIDA GUTIERREZ hermana del occiso informa
que en le (sic) Hospital General Dr. Adolfo D´ Ampaire, se
encontraba recluido el acusado de autos RAFAEL ANTONIO
CALDERA, quien se encontraba solicitado por los órganos de
seguridad por haber dado muerte a su hermano quien en vida
respondiera al nombre de EDUARADO (sic) ANTONIO
REYES, al trasladarse la comisión policial a cargo de los
funcionarios Landaeta Douglas y Graterol Rubén a confirmar la
versión verificaron que efectivamente el (sic) dicho centro se
encontraba un ciudadano con las características aportadas por la
denunciante, pero al informarle el motivo de la presencia
policial manifestó no ser el ciudadano requerido y presento
cedula de identidad a nombre de DAVID ANTONIO NUÑEZ
MONCADA No. 9.354.118, pero al corroborar la identificación
aportada los funcionarios actuantes se comunican con la
funcionaria Nataly Querales Coordinadora de la Oficina de
Identificación y Extranjería (ONIDEX), informándole que los
datos aportados a la ciudadana ANA GRACIELA ROJAS DE
PORRA (sic).

Tales hechos en especial lo que ocasiono la muerte del


ciudadano EDUARDO ANTONIO REYES GUTIERREZ
quedo acreditado con la declaración de la Dra. BLANCA
OROZCO VEGAS, Experto profesional II, Anatomopatólogo
Forense, adscrita a la Medicatura Forense del Cuerpo de
Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas que en su
declaración y adminiculada con el informe de autopsia signada
bajo el No. 9700-169-395 de fecha 03/08/2007, suscrito por la
referida experta dejo constancia que el día 30 de Julio de 2007
examino el cadáver de quien en vida respondiera al nombre de
EDUARDO ANTONIO REYES GUTIERREZ encontrando los
siguientes hallazgos cadáver de sexo masculino, (...) Presenta
dos (02) heridas modificada por hilo de sutura, en región
toráxica, lado izquierdo, de 22x 1 cms y 4x 0,5 cms, la mayor
en forma horizontal, esta localizada a 7 cms, por debajo de la
tetilla izquierda y se extiende a la región dorsal, y la menor en
forma diagonal, localizada inmediatamente por debajo de la
mayor, localizada en la región tora-abdominal izquierda, a nivel
del sexto espacio intercostal izquierdo anterior. Trayecto: Atrás
hacia delante, arriba hacia abajo y de izquierda a derecha,
penetra a cavidad, lacera pulmón izquierdo lóbulo inferior,
diafragma y asas intestinales, con una profundidad aproximada
de 10 cms. Herida quirúrgica de laparotomía exploratoria de 25
cms, de longitud, con ocho puntos de capitonaje. Colostomía
izquierda, cuyas conclusiones: 1.- Cadáver de adulto de sexo
masculino, quien presenta shock séptico, debido a post
operatorio tardío complicado, debido a lesión visceral producto
por herida contuso-cortante y penetrante por arma blanca. 2.-
Laceración del lóbulo inferior del pulmón izquierdo, rotura de
diafragma y asas intestinales. 3.- Bronconeumonia. 4.-
peritonitis adherencias múltiples en cavidad toraco-
abdominal. Causa de la Muerte: Shock séptico debido a post
operatorio tardío complicado, debido a lesión visceral,
producida por arma blanca. Medio probatorios que fueron
rendido por una experto en la materia en ejercicio de su
funciones como anatomopatólogo forense, sin mediar interés en
la resultas del proceso, aunado que fue exhibido el informe de
expertita tal como lo establece el artículo 242 y 358 del Código
Orgánico Procesal Penal y el mismo fue ratificado en todo su
contenido y reconocido la firma y sello del despacho emisor,
por lo este Tribunal le acredito todo su valor probatorio por ser
el órgano encargado de calificar la causa de la muerte.

De igual modo quedo demostrado la muerte del ciudadano


EDUARDO REYES con las declaraciones de los ciudadanos
Marcial Antonio Rojas, Danny Benjamin Domínguez, José
Gabriel Caldera, Luis Farello Pérez, Douglas Landaeta, Maribel
Chiquinquirá Gutiérrez, Rogelio González, Asdrúbal Colina y
Bernardo José Rosales; que concatenado con el acta de
inspección técnica del cadáver levantada por el funcionario
Detective TSU LUIS FARELLO PEREZ, adscrito al CI.C.P.C,
de fecha 30/07/2007, en la cual deja constancia que (...)
Asimismo con el acta policial de fecha 17-08-07, suscrita por el
Detective TSU ASDRUBAL COLINA, adscrito al CI.C.P.C, en
la cual se deja constancia de (...) acta de defunción del
ciudadano Eduardo Reyes y finalmente con el Acta Policial de
fecha 27/08/2007, suscrita por el Detective TSU ASDRUBAL
COLINA, adscrito al CI.C.P.C, en la cual se deja constancia
que (...) de igual modo con el Acta Inspección Técnica No. 517
de fecha 23/07/2007, suscrita por los funcionarios Detective
TSU ASDRUBAL COLINA y agente PADRON RICHARD, al
sitio del suceso, concatenada con las actas de investigaciones de
fecha 23/07/07, suscrita por los mismos funcionarios, en la cual
se deja constancia de (...) Acta Policial de fecha 31/07/2007,
suscrita por los funcionarios Detective TSU ASDRUBAL
COLINA y agente ROGELIO GONZALEZ, adscrito al C.I.C.P,
en la cual dejan constancia de (...) medios probatorios que
evidentemente dan por demostrado que el ciudadano
EDUARDO ANTONIO REYEZ GUTIERREZ falleció a causa
de unas lesión producida por arma blanca, elementos de pruebas
testimoniales y documentales que este Tribunal le acredita todo
su valor probatorio, por cuanto fueron legalmente incorporados
al proceso y controlados por las partes durante el debate, por lo
que le mereció fe al Tribunal, pues fueron medios legalmente
incorporados al proceso, en consecuencia este Tribunal Mixto
les acredito todo su valor probatorio, pues fueron rendidas por
funcionarios y expertos ante la audiencia ratificaron el
contenido las actas y experticias realizadas por ellos así como
reconocieron sus firmas en tales documentos, de igual modo los
testigos que de manera espontánea expresaron el conocimiento
que tenían sobre la muerte del occiso.

De acuerdo a los hechos acreditados ciertamente se subsume el


tipo penal calificado como HOMICIDIO INTENCINAL, (sic)
previsto y sancionado en el artículo 405 del Código Penal
vigente que a la letra expresa: (...) Con lo expuesto quedo
plenamente establecido para este Tribunal Mixto que la muerte
del ciudadano EDUARDO REYES no fueron naturales, pues
ella se produce a consecuencia de dos heridas por arma blanca
una de ella con una profundidad de 10 cms que penetra a
cavidad, lacera pulmón izquierdo lóbulo inferior, diafragma y
asas intestinales, lo que obviamente produce el Shock séptico,
quedando acreditado sin lugar a duda la muerte de una persona
(...) Así las cosas y a los efectos de establecer que nos
encontramos en presencia del tipo penal por el cual el
Ministerio Publico presentó formal acusación, como lo es, el
delito de HOMICIDIO INTENCIONAL, calificación jurídica
que mantuvo durante todo el debate y que logró demostrar con
los medios probatorios evacuados, tenemos necesariamente que
determinar si el agente activo tuvo la intención de matar, para
así determinar la responsabilidad penal del acusado RAFAEL
CALDERA en ese hecho punible, tal circunstancia
generalmente se halla en el fuero interno del actor, lo que hace
imposible su conocimiento, es solo a través de los actos o
conducta externa o exteriorizada que podemos medir el dolo.De
manera que ante tal imposibilidad la doctrina ha resuelto que
existe animus necandi cuando se presentan algunas
circunstancias que hacen entender que el agente ha proyectado
su intención de matar y así queda evidenciado el dolo. (...)
Siguiendo con la motiva de este fallo se precisa dejar por
sentado la relación de causalidad y la consiguiente
responsabilidad penal del acusado de autos lo cual se determino
con declaración del ciudadano JOSÉ GABRIEL CALDERA,
hermano del occiso que a pesar de haber sido informado por
este Tribunal de su derechos a no atestiguar en contra de su
hermano manifestó entre otras cosas que “EDUARDO le llegó a
CALDERA, (sic) y le pidió dinero, el dijo no tengo, y le dio
una cachetada, y le dijo quédate quieto y le dio la otra cachetada
y le dio la puñalada, que EDUARDO y RAFAEL trabajaban
juntos, que vio cuando EDUARDO le dio las cachetadas y
cuando su hermanó le clavó la puñalada cuando EDUARDO le
da la segunda cachetada, asimismo expreso (sic) que solo están
(sic) que no vio a nadie mas y que en esa Parrillera el coco
trabaja “El Guajiro” que se lama BENJAMIN y ese día estaba
allí pero en ese momento estaba orinando y que pudo ver
porque se encontraba al otro lado de la carretera. Testimonial
que fue rendido de manera espontánea en audiencia y
cumpliendo con las formalidades de ley, es esencial, por tratarse
de un testigo presencial cuyo nexo familiar en todo caso
conlleva a proteger a su hermano, sin embargo pudo captar este
Tribunal que al querer justificar de algún modo la conducta de
su hermano por haber recibido dos cachetadas de la victima,
aunado a que su declaración fue confirmada por la
declaraciones de los ciudadanos Danny Benjamin Domínguez
quien expreso que a esa hora solo dos parrillas estaban abierta
“EL PARIENTE “ y la de ellos, así mismo lo expreso el
ciudadano Marcial Antonio Rojas en los mismo términos al
expresar que no conocía a nadie con ese nombre, pero que a esa
hora solo habían abiertas dos parrilleras, lo que se le acredita
todo su valor probatorio, pues le mereció certeza a este
Tribunal, por cuanto se evidencio espontáneo y verosímil.

En este mismo orden de ideas se aprecio de la declaración de


los ciudadanos MARCIAL ANTONIO ROJAS, testigo
presencial de los hechos quien refiere haberse encontrado en la
Parrillera un viernes en la madrugada aproximadamente de 2 a
3 de la mañana, cuando observó cuando el señor que salió
apuñaleado llegó y empezó a discutir con el señor de la
Parrillera, refiriéndose al acusado Rafael Caldera y se vinieron
contra la Parrillera, y salio cotado (sic) la victima diciendo me
cortó, me cortó, de igual modo al interrogatorio entre otras
cosas contesto que el parrillero apuñaleo al señor, pero ellos dos
se estaban agarrando y nadie se les acerco al separarse el
agraviado salio cortado, que el agraviado refiriéndose al occiso
Eduardo Reyes estaba pasado de tragos porque se le notaba en
todo, en el caminar, el hablar, la voz; Declaración que
adminiculada con la declaración del ciudadano DANNY
BENJAMIN DOIGUEZ COLOMBO y MARIBEL
CHIQUINQUIRA GUTIERREZ, testigo referenciales de los
hechos coinciden en afirmar que los hechos fueron a las 3 de la
madrugada el día 14 de Julio de 2007, en las ventas de Parrilla
del “COCO” que es hermano de Eduardo Reyes que lo llaman
“el hijo” y que se encontraban Rafael Caldera, “el hijo” y “EL
GOAJIRO” este cuando regreso de orinar en el monte se
consiguió con el desastre que RAFAEL CALDERA corto al
hijo, eso decía la gente y Rafael Caldera se fue del lugar y no lo
vieron mas, medios probatorios que este Tribunal Mixto le
acredita valor probatorio por cuanto coinciden en sus dichos
con las circunstancias de tiempo, modo y lugar, amen de
haberlo presenciado durante el debate de manera espontáneas y
verosímil, que adminiculada con la propia expresión del
acusado en la sala de juicio pues hizo del conocimiento al
Tribunal que efectivamente se encontraba trabajando y trato de
evita (sic) la situación que la victima le pegó en la cara y el no
quiso matarlo, que se puso triste porque no tenia intención,
obviamente ha quedado acreditado de manera fehaciente para
este Tribunal Mixto que el acusado RAFAEL CALDERA dio
muertes a quien en vida respondiera al nombre de EDUARDO
ANTONIO REYES GUTIERREZ. Y ASI SE DECIDE.

Ahora bien, considera oportuno indicar este Tribunal que la


acción desplegada por el acusado RAFAEL CALDERA fue
intencional, pues de acuerdo a lo expresado supra por la
doctrina tenemos; que de acuerdo a la ubicación de las heridas,
se pudo apreciarse (sic) del la necropsia que las heridas están
ubicadas en la región toráxica, lado izquierdo, donde
ciertamente se encuentran órganos vitales; en cuanto al numero
de heridas proferidas, igualmente dicho informe ratificado en
audiencia por su otorgante indica que la victima recibió dos
heridas y finalmente el medio o instrumento empleado por el
sujeto activo, nos indica que al tratarse de una arma blanca que
logró penetrar 10 cms a la cavidad, fue suficientemente grande
para haber lacerado pulmón izquierdo lóbulo inferior,
diafragma y asas intestinales (sic); Como se aprecia de los
cincos aspectos a considerar en el presente caso, se dieron
ciertamente tres de ellos, lo que nos lleva a determinar que el
acusado dirigió su acción de manera voluntaria, teniendo para el
momento la intención de causar la muerte, pues dos lesiones,
una de ellas punzo-penetrante de 10 centímetros de profundidad
a nivel del tórax con un arma blanca de ese tamaño
evidentemente lleva al resultado cierto de la muerte del sujeto
pasivo, aunado a la circunstancia que tal como lo expreso el
ciudadano Marcial Rojas que la victima estaba bajo los efectos
del alcohol, en otras palabras el acusado pudo habérsele quitado
de encima con un mero empujón, pues su estado de embriaguez
le dificulta la movilidad (sic); De manera pues que todas estas
circunstancias evidencian claramente la intención de matar, por
lo que estamos sin lugar a dudas ante el delito de HOMICIDIO
INTENCIONAL, previsto y sancionado en el artículo 405 del
Código Penal, cometido por el acusado RAFAEL ANTONIO
CALDERA en perjuicio quien en vida respondiera al nombre de
Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez. (...) Ahora bien una vez
establecido el cuerpo del delito y la responsabilidad penal del
acusado RAFAEL ANTONIO CALDERA en la comisión del
delito de Homicidio Intencional, procede este Tribunal ha (sic)
establecer la materialidad del USO DE DOCUMENTO
FALSO, previsto y sancionado en el artículos 45 Ley Orgánica
de Identificación, cometido en perjuicio del ESTADO
VENEZOLANO (...) De este modo queda establecida con todos
los medios de pruebas analizados de conformidad con las
disposiciones que establece la ley, la responsabilidad penal del
acusado RAFAEL ANTONIO CALDERA, en los hechos que
demuestran la corporeidad de los delitos de HOMICIDIO
INTENCIONAL, previsto y sancionado en el artículo 405 del
Código Penal, en perjuicio de quien en vida respondiera al
nombre de Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, pues quedo
expresada la voluntada (sic) de la acción dirigida por el acusado
de autos, por cuanto utilizó un medio idóneo como lo fue un
arma blanca, capaz de producir heridas que ocasionan la
muerte, la cual acciono en dos oportunidades en la región
toráxica, donde se encuentran órganos vitales, lo que demuestra
su intención, de dar muerte a la victima, quien luego de recibir
la lesión camino casi cien metros para pedir auxilio hasta un
puesto policial cercano y ser trasladado al hospital donde fue
intervenido quirúrgicamente falleciendo quince días después a
causa de las heridas producidas por el acusado; (sic) De igual
modo quedo establecida la responsabilidad del acusado
RAFAEL ANTONIO CALDERA, en la comisión del delito de
USO DE DOCUMENTO FALSO (...) Al hacer un análisis de
todos los medios de prueba debatidos en el Juicio Oral y
Publico, para establecer la relación de causalidad entre los
delitos y la conducta asumida por el acusado RAFAEL
ANTONIO CALDERA y así determinar su responsabilidad
penal, en primer lugar quedó demostrado durante el debate la
tesis sustentada por el Ministerio Publico en cuanto a la
comisión del delito de HOMICIDIO INTENCIONAL, previsto
y sancionado en el artículo 405 del Código Penal, en perjuicio
del ciudadano quien en vida respondiera al nombre de
EDUARDO ANTONIO REYES GUTIERREZ y del delito de
USO DE DOCUMENTO FALSO, previsto y sancionado en el
artículos 45 de la Ley Orgánica de Identificación, cometido en
perjuicio del ESTADO VENEZOLANO, en consecuencia este
Tribunal Mixto ha obtenido la certeza de los hechos debatidos,
los cuales lograron su convencimiento con las pruebas
lícitamente aportadas y realizadas durante el debate, y por
votación UNANIME la presente sentencia ha de ser
CONDENATORIA, tal como ha quedado explicado ut
supra...”. (Negritas de la Sala).

De las transcripciones anteriores observan estas Juzgadoras, que


en el caso bajo examen, contrariamente a lo señalado por la
recurrente, la decisión impugnada si cumple con los extremos
previstos en los numerales 3 y 4 del artículo 364 del Código
Orgánico Procesal Penal, pues se determinó debidamente los
hechos que el Tribunal estimó acreditados y se señalaron las
razones de hecho y de derecho en que se fundamentó la
sentencia de condena; no adoleciendo la decisión recurrida del
vicio de ilogicidad que le fuera endilgado, pues de la lectura de
sus fundamentos de hecho y de derecho, se aprecia que la jueza
de instancia de manera coherente y racional, explicó que los
hechos que quedaron acreditados con la pruebas presentadas
por las partes, se corresponden a la comisión del delito de
Homicidio Intencional Simple, previsto y sancionado en el
artículo 405 del Código Penal –además del delito de Uso de
Documento Falso-, pues se acreditó que la muerte del
ciudadano Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, fue consecuencia
inmediata y directa de la acción desplegada por el acusado
Rafael Antonio Caldera, quien luego de una discusión sostenida
con el occiso, arremetió contra la humanidad de éste con una
arma blanca causándole dos heridas que dieron origen al shock
séptico que luego le causara la muerte.

En este orden de ideas, debe precisar esta Sala, en relación al


argumento de la defensa, referido a que la muerte del ciudadano
Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, no se produjo a
consecuencia de las heridas que le profiriera su defendido, sino
a complicaciones posteriores que presentó la víctima en dichas
heridas; lo siguiente:

Efectivamente, uno de los temas que ha causado mayor


disertación, en el estudio de uno de los requisitos normativos
del tipo penal objetivo; lo constituye la relación de causalidad
que debe existir entre la conducta y el resultado que ésta puede
llegar a producir en el mundo exterior; pues toda acción o
conducta humana tiene un cierto efecto o es productora de
determinado evento; más sin embargo, no toda acción o
conducta humana produce un específico resultado; de allí que
en Derecho Penal pueda hablarse de delitos de mera actividad,
como delitos que no precisan resultado alguno, sino que se
agotan con la mismísima acción realizada.

En este sentido, es necesario distinguir los conceptos de


resultado, de otro similar pero no identificable con el mismo,
como lo es el de efecto o evento, pues toda acción o conducta
humana genera un efecto o evento, pero no toda acción es capaz
de producir un resultado, de allí precisamente que en materia
penal existen acciones o conductas, que aún cuando por si
mismas no generan un resultado en el mundo exterior, sin
embargo, si son productoras de un cierto efecto o evento que
lesiona o pone en peligro de lesión bienes jurídicos penalmente
tutelados; tal como ocurre en los casos de los delitos de mera
actividad.

En tal sentido, el Dr. Rodrigo Rivera Morales, en su obra


“Síntesis de Derecho Penal”, explica:

“... no ha de confundirse el concepto de ‘resultado’ con otro


concepto parecido (pero no identificable con el primero) como
lo es el de ‘efecto’ o ‘evento’, conceptos estos que, sin
embargo, han sido utilizados indistintamente, y confundidos en
tal virtud, en el debate acerca de la significación del resultado
en el ámbito de la dogmática del delito. De esta forma,
resultado y efecto no son una misma cosa, y es por ello que
debe hacerse esta distinción, esencial a los fines del análisis de
la cuestión que ocupa a este trabajo (...) Si se habla de resultado
como efecto o evento derivado de un comportamiento que lo
suscita, entonces cualquier conducta tendrá necesariamente
algún resultado, pero ello es incorrecto. En todo caso, podría
hacerse referencia a un resultado en sentido amplio y un
resultado en sentido estricto, con lo que podría concluirse que
todo delito tiene algún cierto resultado, como modificación del
mundo circundante de quien actúa...”. (Pág. 257).

Ahora bien, cuando hablamos de conductas o acciones capaces


de generar un resultado en el mundo exterior, es necesario
delimitar resultado como un concepto separable en espacio y en
tiempo, de la acción o la conducta que le da origen, lo cual
resulta fundamental a la hora de establecer el juicio de
imputación objetiva de una persona, en relación al resultado
lesivo que causa su conducta, respecto de un bien jurídico
objeto de tutela penal; pues como se ha dicho no toda acción, ni
todo delito está precedido de un resultado.

Para que una determinada acción o conducta humana, pueda


causar un determinado resultado, es necesario que haya una
verdadera conexión o vinculación entre la acción y el resultado,
es decir, una relación de causa y efecto, esta vinculación o
conexión es precisamente lo que se conoce en doctrina como
relación de causalidad, cuya verificación es imperativa para
poder afirmar que una determinada acción humana ha causado
un determinado resultado, que permite atribuírselo al autor de
dicha conducta o acción.

Respecto de la relación de causalidad, en el campo penal se han


propuesto diversas teorías que buscan determinar cuando un
resultado, es causa inmediata y directa de una acción y
conducta, entre ellas tenemos:

1) La Teoría de la Equivalencia de Condiciones o la condición


sine qua non; la cual parte de considerar que toda condición que
precede un resultado, es causa de éste, es decir, que se
considera causa, toda condición del resultado que no pueda ser
suprimida mentalmente sin que desaparezca el resultado; de
manera tal, que existirá relación de causalidad entre la conducta
y el resultado, si el hombre ha puesto un antecedente sin el cual
el resultado no se habría producido.

Respecto de esta Teoría el Dr. Fernández Carrasquilla, en su


libro “Derecho Penal Fundamental”, Tomo II, enseña:

“... Para la doctrina de la conditio sine qua non, causa de un


resultado es todo factor que no puede ser suprimido
mentalmente sin que desaparezca al propio tiempo el resultado,
esto es, todo factor sin el cual no se habría producido el
resultado material o natural de que se trata. Un evento no se
produce en realidad por un solo factor, sino por un conjunto de
ellos, de ninguno de los cuales puede prescindirse sin que
desaparezca el resultado en su configuración concreta. A estos
factores imprescindibles se los denomina “condiciones” y a los
que hacen posible su operancia los llaman algunos “ocasiones”.
Empero, todos los factores que resistan aquella regla
metodológica (que THYREN llamaba “procedimiento
hipotético de eliminación”), serán causales, sin jerarquía alguna
entre ellos. Al postularse, de esta manera, la igualdad en la
eficacia de las distintas condiciones, la teoría toma el nombre de
equivalencia de las condiciones, que en particular no distingue
entre causa, condición y ocasión, ni entre condiciones próximas
o remotas, más o menos eficaces, etc. En este orden de ideas, la
acción humana habrá de reputarse causa de un resultado típico
cuando este no habría sobrevenido sin ella...”. (Pág. 145).

A esta Teoría se le crítica que lleva la relación de causalidad a


extremos equívocos e injustos, pues toma como causa de un
resultado hechos remotos que no guardan relación con el
resultado.

En tal sentido, el Dr. Fernández Carrasquilla, precisa:

“...Bien se ha dicho que esta teoría extiende demasiado el


concepto de causa, llevándolo mucho más allá de lo que es
necesario, útil y aun tolerable para el derecho penal (y para todo
el derecho). Como, en efecto, la serie causal es indefinida, un
retroceso (o un avance) al infinito será siempre posible con esta
teoría, para llegar, lógicamente, como ARISTÓTELES, a la
existencia de Dios como “causa in-causada” o primer motor
inmóvil. Y si bien, jurídicamente hablando, este argumento
constituye una “prueba diabólica”, se trata, sin embargo,
solamente de una consecuencia de que esta doctrina se atiene
estrictamente a lo físico, es decir, y solo ella lo hace, respeta en
toda su extensión el planteo de la causalidad material como una
relación entre fenómenos del orden natural y no emplea por
tanto el concepto de causalidad en un sentido figurativo. Al
margen de que, por fuera del positivismo más severo, un
planteo semejante conserve todavía vigencia en las ciencias
humanas, que por cierto no encaran realidades físicas o
meramente físicas, está la objeción lógica de que la teoría de la
equivalencia trabaja con la falsa concepción que de la
causalidad forjara STUART MILL, “pues si causa son todas las
condiciones del resultado en su conjunto, entonces no es posible
que cada una de ellas lo sea también”43. ...”. (Ibidem pág.
146).

2) La Teoría de la Causa Eficiente; la cual parte de considerar


que si bien todas las condiciones de un resultado antijurídico
determinado son indispensables para que ese resultado se
produzca; sin embargo, existe una que resulta más eficiente,
para la producción del resultado, siendo esa precisamente la que
constituirá causa del resultado.

En relación a esta Teoría, el Dr. Rodrigo Rivera Morales, en su


obra “Síntesis de Derecho Penal”, explica:

“...La teoría de la causa eficiente sostiene que todas las


condiciones de un resultado antijurídico determinado son
indispensables para que ese resultado se produzca; sin embargo,
entre esas condiciones, hay una que coadyuva, que coopera más
eficazmente que las otras, a la producción de tal resultado
antijurídico. Esa será, según esta teoría, la causa del resultado.

A esta teoría se le objeta que es difícil determinar cuál causa o


condición es más eficaz que las otras para producir el resultado
delictivo, pero además que no puede resolverse con ella el
problema de la participación de varias personas en el delito, por
ejemplo, dos personas quieren envenenar a un tercero, y
deciden que uno de ellos colocará 5 gotas y el otro 2 gotas,
siendo la dosis letal de 7 gotas; según esta teoría sólo sería
causa la colocación de las 5 gotas, por ser la más eficaz, por lo
que la segunda persona no sería responsable, resultado
ciertamente incorrecto...”.
A esta Teoría se le critica, el ser imprecisa a la hora de
determinar cuál de todas las condiciones, es la que resulta ser
más eficiente para producir el resultado lesivo.

3) La Teoría de la Causalidad Adecuada; según la cual no toda


condición del resultado, es causa en sentido jurídico, sino sólo
aquella que normalmente es adecuada para producir el
resultado. En este sentido, una condición será adecuada para
producir el resultado cuando una persona colocada en la misma
situación del agente, hubiera podido preveer en circunstancias
normales, que el resultado lesivo se produciría
inevitablemente.

Respecto de esta Teoría el Dr. Fernández Carrasquilla, en su


libro “Derecho Penal Fundamental”, Tomo II, explica:

“... La crítica filosófica y científica de la equivalencia de las


condiciones —no obstante reconocerle el mérito innegable de
que es la única doctrina causal que plantea el problema, de
modo consecuente, en términos puramente físico-naturales—
lleva de la mano, en la ciencia del derecho, a la teoría de la
adecuación, conocida asimismo como causalidad adecuada.
Según esta doctrina, la definición de causa es básicamente la
misma de la equivalencia, pero restringida a los procesos
regulares o típicos, lo que de cierto modo la aproxima a la tesis
de la “causa típica” de BELING. Causa es, entonces, toda
condición o factor del resultado que no pueda suprimirse
mentalmente sin que desaparezca al mismo tiempo el resultado,
según las reglas generales u ordinarias de la experiencia social.

No cualquier conditio sine qua non es causal para el derecho


penal, sino solo la que es apta para producirlo en la generalidad
de los casos, “adecuada” a las reglas ordinarias de la
experiencia, al modo “normal” de suceder las cosas en el
mundo humano. La “adecuación” de la causa debe apreciarla el
juez, mediante un juicio ex ante; colocándose mentalmente en
la situación del autor, con el criterio de un observador medio e
imparcial: si en esa situación debía un hombre medio o normal
contar con la producción del resultado, la condición por él
puesta será causal, y no lo será en el caso contrario. (Pág.
147).

A esta teoría se le critica, el hecho de que previsible lo es casi


todo, por lo que resulta imprecisa la determinación de la
condición que da causa al resultado, dando un excesivo margen
de discrecionalidad al Juez al momento de determinar o
establecer la causa adecuada del resultado

4) Finalmente, encontramos la teoría de la Imputación Objetiva;


cuyo creador es el Profesor Alemán Claus Roxin, la cual ha
sido la más aceptada por la dogmática penal, a la hora de
determinar cuando una acción o conducta es causa del
resultado, pues en ella se corrigen las deficiencias de las teorías
anteriores, restringiendo el amplio campo de la causalidad, lo
cual permite llegar a conclusiones más justas.

Esta teoría parte de considerar, que no basta con la mera


causación de un cierto resultado, para que el mismo pueda
atribuírsele a una acción o conducta; sino que además es
necesario determinar si dicho resultado es objetivamente
imputable al individuo, según esta teoría la imputación objetiva
de un resultado antijurídico causado por una conducta humana,
sólo es imputable si ésta ha comportado un ataque a un bien
jurídico penalmente tutelado, si dicha conducta ha creado un
peligro jurídicamente desaprobado; y finalmente si ese peligro
creado, se ha materializado en un resultado concreto, de esta
manera el nexo de causalidad, es decir, la relación de causalidad
entre la conducta y el resultado también se ha realizado en el
hecho concreto causante del resultado.

En tal sentido, Maestro Claus Roxin, padre de la referida teoría;


en su obra titulada: “Derecho Penal Parte General,
Fundamentos. La Estructura de la Teoría del Delito”, enseña:

“... 1 La imputación al tipo objetivo sólo es un problema de la


Parte general cuando el tipo requiere un resultado en el mundo
exterior separado en el tiempo y el espacio de la acción del
autor (cfr. § 10, nm. 102). En los delitos de mera actividad,
como el allanamiento de morada ( 123) o el falso testimonio
(154), la imputación al tipo objetivo se agota en la subsunción
en los elementos del tipo respectivo que hay que tratar en la
Parte especial. En cambio, en los delitos de resultado hay que
decidir conforme a reglas generales si la lesión del objeto de la
acción (p.ej. de un hombre en los § 212 ó 223, o de una cosa en
el § 303) se le puede imputar como obra suya al inculpado; y si
no es asÍ, éste no habrá matado, lesionado, dañado, etc., en el
sentido de la ley. Pues bien, tal imputación objetiva es de
antemano imposible en los delitos comisivos si el autor no ha
causado el resultado. Si p.ej. no se puede comprobar que un
determinado medicamento ha sido causal para los daños
corporales sufridos por los pacientes tratados con el mismo,
tampoco se puede aceptar que el fabricante del medicamento
haya lesionado a un paciente. En consecuencia, la teoría del
nexo causal es (al menos en los delitos comisivos, que son los
únicos que de momento trataremos aquí) el fundamento de toda
imputación al tipo objetivo; pues el primer presupuesto de la
realización del tipo es siempre que el autor haya causado el
resultado. Pero con la causalidad de una conducta para el
resultado típico aún no se ha realizado siempre el tipo, como
antes se creía, aunque concurran los restantes elementos típicos
escritos. Así p.ej. también puede faltar la imputación aunque el
autor haya causado el resultado, pero esa causación se deba a la
pura casualidad: si A convence a B para que tome un vuelo a
Mallorca, en el que B muere al estrellarse el avión, ciertamente
A ha causado la muerte de B con su consejo, pero pese a ello no
ha matado a B, porque el suceso se presenta como un accidente
incalculable y por eso no se le puede imputar a A como obra
suya. Además existen, junto al azar, como ya veremos, otras
causas que pueden excluir la imputación al tipo objetivo,

2 Desde esta perspectiva queda claro que la imputación al tipo


objetivo debe producirse en dos pasos sucesivos 1 en una
primera sección (A) se expondrá la teoría del nexo o relación
causal; y a continuación se tratarán en una segunda sección (B)
los restantes presupuestos de la imputación.

(...)

36. La dogmática antigua partía de la base de que con la


causalidad de la conducta del autor respecto del resultado e
cumple el tipo objetivo. Y en los casos en que parecía
inadecuada la punición se intentaba excluir la pena en los
delitos comisivos dolosos negando el dolo. Así se puede
encontrar aún en Welzel el “ejemplo frecuentemente utilizado”
de que alguien, “al comenzar una tormenta, envía a otro al
bosque con la esperanza de que le mate un rayo”. Si contra toda
probabilidad se produce efectivamente ese resultado, según la
teoría de la equivalencia no se puede dudar que hay causalidad
en el que dio el consejo 58; pero si con ello se considera
realizado el tipo objetivo, sólo se puede eludir el castigo
negando el dolo. Y eso es lo que efectivamente hace Welzel, al
opinar que en este caso en el sujeto de atrás hay ciertamente una
esperanza o un deseo, pero no la voluntad con poder de
influencia real en el suceso que exige el dolo. Sin embargo, esta
no es una fundamentación convincente: pues es indiscutible que
el autor subjetivamente quería exactamente aquello que ha
producido objetivamente; y la planificación y el curso real
coinciden entre sí. Si a pesar de eso no consideramos correcta la
punición, ello se debe de modo primario al carácter
objetivamente casual del suceso. Sólo porque una causación de
muerte puramente casual no la enjuiciamos ya objetivamente
como homicidio en sentido jurídico es por lo que un dolo
tendente a ello no es un dolo homicida, sino dirigido a algo
impune.

37 Algo similar sucede en el caso de manual de que A dispara a


B con dolo homicida, éste sólo sufre una lesión leve y va a un
hospital para recibir tratamiento, pero perece en un incendio
que se produce en el mismo. Existe acuerdo unánime en que en
constelaciones como ésta sólo se puede aceptar una tentativa de
homicidio. Sin embargo, cuando jurispr. y la (aún) doc. dom. lo
fundamentan aduciendo que falta el dolo homicida, porque éste
ha de extenderse al curso causal concreto, se vuelve a desplazar
sin razón el problema a la parte subjetiva; pues la muerte por el
incendio del hospital, ya en el plano objetivo, no se puede
enjuiciar como obra de A, de modo que la consumación del
hecho no fracasa sólo por la falta de dolo. Y como la tentativa,
que en todo caso hay que afirmar que concurre, también
presupone un dolo homicida, sólo se puede negar el dolo
respecto del concreto resultado homicida si a la causación de
muerte, tal como se ha desarrollado, ya no se la considera como
una “acción de matar” en el sentido del tipo. Esto es una
cuestión de imputación objetiva y no un problema de dolo.

38 En consecuencia, el primer cometido de la imputación al tipo


objetivo es indicar las circunstancias que hacen de una
causación (como límite extremo de la posible imputación) una
acción típica, o sea, p.ej. de una causación de muerte una acción
homicida relevante; la cuestión de si luego tal acción homicida
también se puede imputar al tipo subjetivo y es por ello dolosa,
sólo se discutirá a continuación (en el § 12). La resurrección de
la teoría de la imputación, que entró en amplia decadencia en la
segunda mitad del siglo XIX bajo la fascinación del
pensamiento causal orientado a las Ciencias naturales, no se ha
producido hasta los años sesenta de este siglo Por eso sus
resultados aún están sin asegurar en muchos aspectos y no se ha
producido su recepción en la jurispr Sin embargo, en la doctrina
científica cada vez se

impone más la concepción de que la imputación al tipo objetivo


se produce conforme a dos principios sucesivamente
estructurados:

39 a) Un resultado causado por el agente sólo se puede imputar


al tipo objetivo si la conducta del autor ha creado un peligro
para el bien jurídico no cubierto por un riesgo permitido y ese
peligro también se ha realizado en el resultado concreto. Así
p.ej. en el caso de la tormenta mencionado en el nm. 36 falta ya
una acción homicida en el sentido del § 212 porque el hecho de
enviar a alguien al bosque no crea un peligro jurídicamente
relevante de matar. En el caso del incendio del hospital el
disparo del autor ciertamente ha creado un peligro no permitido
de matar a la víctima; pero en el incendio del hospital no se
realiza el peligro que parte de una lesión consecuencia de un
disparo, de tal modo que por esa razón no se le puede imputar el
resultado al autor como homicidio consumado. Mientras que la
falta de creación de peligro conduce a la impunidad, la falta de
realización del peligro en una lesión típica del bien jurídico sólo
tiene como consecuencia la ausencia de consumación, por lo
que en su caso se puede imponer la pena de la tentativa.

40 b) Si el resultado se presenta como realización de un peligro


creado por el autor, por regla general es imputable, de modo
que se cumple el tipo objetivo. Pero no obstante,
excepcionalmente puede desaparecer la imputación si el alcance
del tipo no abarca la evitación de tales peligros y sus
repercusiones. Si p.ej. A incita a B a que haga una escalada al
Himalaya, en la que éste —tal como A había previsto— sufre
un accidente mortal, entonces no sólo A ha causado la muerte
de B, sino que en la muerte de B también se ha realizado un
peligro causado por A. Y sin embargo A no ha cometido una
acción punible de homicidio, puesto que si según el Derecho
[alemán] vigente es impune incluso la incitación al suicidio, con
mayor razón aún ha de ser impune la incitación a una mera
autopuesta en peligro, que es de lo que aquí se trata. Por
consiguiente, el alcance de los § 212, 222 y 230 no se extiende
a la evitación de autopuestas en peligro dolosas, con lo que por
esa razón no se puede imputar el resultado al incitador.

41 En resumen, pues, se puede decir que la imputación al tipo


objetivo presupone la realización de un peligro creado por el
autor y no cubierto por un riesgo permitido dentro del alcance
del tipo. A continuación se desarrollará este punto de partida
con más detalle...”.

Ahora bien, al trasladar los anteriores conceptos, al caso bajo


examen, observan estas juzgadoras, que en el presente caso no
le asiste la razón a la recurrente, pues la muerte del ciudadano
Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, es objetivamente imputable
como causa directa de la arremetida armada que en contra éste
hiciera el acusado Rafael Antonio Caldera, ocasionándole las
heridas punzo penetrantes y cortantes que originó el shock
séptico, que le ocasionó la muerte; es decir, existe la relación de
causalidad entre la muerte y la conducta desarrollada por el
acusado.

Ello se afirma así, por cuanto en el presente caso se verificó


además del ataque al bien jurídico que tutela la norma por la
cual se penó al acusado; que la acción ejecutada por el
ciudadano Rafael Antonio Caldera, al momento de apuñalear al
ciudadano Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez en primer lugar,
constituyó un riesgo penal y jurídicamente desaprobada como
lo fue las heridas ocasionadas y las consecuencias nocivas, que
para la salud de la víctima se derivaron de ellas, tal como lo fue
el shock séptico; y en segundo lugar, que dicho riesgo, se
materializó en un resultado concreto como lo fue la muerte de la
víctima, y así lo determina la necropsia de ley correspondiente
cuando arrojó como conclusiones que la muerte obedeció a un
shock séptico, debido a la lesión visceral producida por arma
blanca.

De manera, que las heridas si fueron causa necesaria y


suficiente de la muerte de la víctima y por tanto jurídica y
objetivamente imputable a la conducta desarrollada por el
representado de la recurrente.

Tampoco puede argumentarse, la existencia de un homicidio


concausal, pues este presupone la existencia de un hecho o
condición ajena a la acción desplegada por el autor y que
sumada a ésta, coadyuve o determine la producción del
resultado lesivo, como lo sería en este caso la muerte.

Nuestro Código Penal, en los artículos 408 y 410 único aparte,


describe los lineamientos normativos y descriptivos del
Homicidio Concausal, disponiendo lo siguiente:

Artículo 410.- En los casos previstos en los artículos


precedentes, cuando la muerte no se hubiere efectuado sin el
concurso de circunstancias preexistentes desconocidas del
culpado, o de causas imprevistas que no han dependido de su
hecho, la pena será de presidio de siete a diez años, en el caso
del artículo 405; de diez a quince años, en el del artículo 406; y
de ocho a doce años, en el del artículo 407. (Negritas y
subrayado propio).

Artículo 410.- El que con actos dirigidos a ocasionar una lesión


personal, causare la muerte de alguno, será castigado con
presidio de seis a ocho años, en el caso del artículo 405; de
ocho a doce años, en el caso del artículo 406; y de siete a diez
años, en el caso del artículo 407.

Si la muerte no hubiese sobrevenido sin el concurso de


circunstancias preexistentes desconocidas del culpable, o de
causas imprevistas e independientes de su hecho, la pena será la
de presidio de cuatro a seis años, en el caso del artículo 405; de
seis a nueve años en el caso del artículo 406; y de cinco a siete
años, en el caso del artículo 407.

Del contenido de ambos tipos, se observa, que la concausa que


acompaña la causa originada de la acción ejecutada por el
agente, y ha dado origen al resultado; puede presentarse de dos
maneras, como lo son:

1) La concausa preexistente; que obedece a circunstancias


preexistentes en la víctima, que son desconocidas por el agente,
y que acompañadas de la causa que genera la acción del sujeto
activo del delito, dan origen al resultado.

2) La concausa superveniente; que obedece a circunstancias


imprevistas por el agente e independientes de la acción
ejecutada por éste.

En el primero de los casos, existe propiamente una concausa, es


decir una causa adicional a la que genera la acción ejecutada
por el agente, y que unida a esta, coopera de manera eficaz en la
realización del resultado, como por ejemplo lo pudiera ser la
hemofilia, la tuberculosis o la cardiopatía de la víctima. Es
importante advertir, que en estos casos de concausa, la cadena
causal sigue siendo la misma; sin embargo el resultado no deja
de atribuírsele al hombre, pero atendiendo a una
responsabilidad disminuida, ya que el sujeto activo se considera
causa parcial del resultado, pues ha intervenido otra
circunstancia que coopera o actúa conjuntamente con su acción
para hacer posible la verificación del resultado.

En el segundo de los casos, existe una ruptura de la relación de


causalidad, pues la causa generada por la acción ejecutada por
el agente, no pasa a ser más que una condición favorable que
genera una nueva cadena causal que origina el resultado, es
decir, el resultado que se produce no puede atribuirse al sujeto
activo del delito que ha puesto sólo una condición; sino a una
circunstancia fortuita sobrevenida que no coopera con la acción
del hombre para producir el resultado. Por ello los artículos 408
y 410 del Código Penal, hablan de un resultado (en este caso la
muerte), que se ha producido por una circunstancia imprevista
(es decir, futura y no previsible por el autor) e independiente
(en otras palabras ajena y no vinculada) a la acción ejecutada
por el agente. Tal sería por ejemplo el caso de la muerte de una
persona que luego de ser herida, es trasladada a un centro
asistencial; y en el trayecto muere debido a una colisión que
sufre el vehículo que la trasportaba, pues la muerte en este caso
obedecería una circunstancia imprevista como lo sería en el
ejemplo citado la colisión de la ambulancia; el cual además es
ajeno e independiente a la herida que a la víctima le causara su
victimario.

Al respecto, el Maestro Francesco Antolisei, en su libro


“Manual de Derecho Penal Parte General”, enseña:

“...La particular naturaleza de esa causalidad, que ha sido puesta


de relieve por varios filósofos, proviene del hecho
incuestionable de que el hombre es un ser dotado de conciencia
y voluntad, y que esa cualidad esencial tiene un decisivo influjo
en las relaciones que se establecen entre él y el mundo exterior.
En efecto, por medio de la conciencia está el hombre en
condiciones de darse cuenta de las circunstancias que
obstaculizan o favorecen su acción, y ayudado por la
experiencia, puede calcular de antemano los efectos que se
siguen de ciertas causas. Mediante la voluntad puede
introducirse en el proceso causal e imprimirle la dirección que
desea, excitando las fuerzas exteriores que están inactivas,
deteniendo las que están en movimiento, o dejando que tales
fuerzas se desenvuelvan libremente.

Dadas esas posibilidades, está fuera de duda que existe un


campo, más o menos amplio, en que el hombre puede dominar
en virtud de sus poderes cognoscitivos y volitivos; es decir, que
existe una especie de esfera de señorío del hombre.

Ahora bien, solo los resultados que entran en esa esfera pueden
considerarse causados por el hombre, pues aun en el supuesto
de que no los haya querido, está en condiciones de impedirlos.
Siendo dominables por el hombre, tales resultados le son
imputables: es causa (autor) de ellos. En cambio, los otros
efectos, es decir los que se desenvuelven fuera del radio de
acción del hombre y que por ese motivo no pueden ser
controlados por él, no son obra suya, y, por lo tanto, se deben
poner a cargo de las fuerzas ciegas de la naturaleza.

Pero, ¿cuáles son propiamente los resultados que escapan al


dominium del hombre?.

No ciertamente todos los efectos anómalos, o atípicos, como


opina la teoría de la causalidad adecuada. También los
acontecimientos que no se producen de ordinario, es decir, en la
generalidad de los casos, son previsibies y se prevén a menudo,
y, por tanto, se pueden precaver. Lo que verdaderamente escapa
al señorío del hombre es el hecho que tiene una probabilidad
mínima, insignificante, de producirse; el hecho que se produce
solo en casos rarísimos: en una palabra, el hecho excepcional.
El acontecimiento que presenta este carácter está sin duda al
margen de las posibilidades humanas.

Ahora bien, si se busca la razón del acaecimiento de efectos


excepcionales de la acción del hombre, no es difícil encontrarla
en el concurso de factores (concausas) que presentan el mismo
carácter. Solo la intervención de acontecimientos excepcionales
explica y puede explicar la producción de efectos
excepcionales. De ello se sigue que el decir que no son
imputables al hombre los resultados que él no puede dominar,
equivale a decir que no son imputables al hombre los efectos
producidos por el concurso de factores excepcionales.

Las reflexiones hechas hasta aquí permiten afirmar que para la


existencia de la relación de causalidad, en el sentido del
derecho, se necesitan dos elementos: uno positivo y otro
negativo.

El positivo es que el hombre, con su acción, haya puesto una de


las condiciones del resultado, es decir, un antecedente sin el
cual no se habría producido tal resultado. El negativo es que el
resultado no se deba al concurso de factores excepcionales.

Cuando existe un vínculo de dependencia entre la acción y el


resultado, pero, este, por la razón indicada (concurso de factores
excepcionales), no es imputable al hombre, la relación entre la
una y el otro puede considerarse “ocasional”. En esta hipótesis
se puede hablar también de “exclusión de la relación jurídica de
causalidad”.

Si se aplica la concepción expuesta, habrá que negar la


existencia del nexo de causalidad entre la acción inicial y el
resultado final, por ejemplo, en los casos siguientes:

a) una persona levemente herida muere en el hospital a


consecuencia de un bomba que dejaron caer sobre él los
enemigos;

b) una pedrada produce la muerte de un hemofílico;

c) un individuo, que sufrió la fractura de un brazo, muere a


causa de una gravísima imprudencia del médico que lo
atiende;

d) alguien deja sin custodia una pistola cargada en un lugar


frecuentado: un individuo que entra en discusión con otro, en
un acceso de ira, toma el arma y se sirve de ella para matar a su
contrincante.

De los ejemplos expuestos resulta que la exclusión del nexo


causal puede darse, no solo cuando el hecho excepcional
sobreviene a la acción humana, sino también cuando preexiste a
ella, como en el caso del hemofílico que muere a consecuencia
de una leve lesión. Puede derivarse, además, no solo de un
acontecimiento de esa índole, sino también del hecho de otro
hombre, lícito o ilícito...”.

No obstante, debe aclarase que aún y cuando en éste último


supuesto existe una verdadera ruptura del nexo causal entre la
conducta y el resultado obtenido, dado que la acción del autor
constituye una coincidencia favorable para que se produzca el
resultado, mas no determinante –ni siquiera como concausa- del
mismo, nuestro legislador, al igual como ocurre en el primer
supuesto, fija un criterio de responsabilidad penal atenuada,
dependiendo del tipo de homicidio en las que en principio
pudiera encuadrarse la muerte de la víctima.

En relación a estos supuestos, el Dr. Alberto Arteaga Sánchez


sostiene, en su libro “Derecho Penal Venezolano”, lo
siguiente:

“... En efecto, como lo observa Antolisei en el artículo que ya


citamos, se impone formular una distinción entre las
circunstancias fortuitas, esto es, aquellas que cooperan con la
conducta del hombre para determinar el resultado, facilitando la
realización de éste por la cadena causal desarrollada por el
hombre, pero que no actúan separadamente de la acción, y no
dan vida a una cadena causal propia, como el caso de la
enfermedad preexistente que hace letal la herida que de otra
manera no habría producido la muerte; y aquellas que
desarrollan una cadena causal nueva e independiente, que es
suficiente por sí misma para producir el resultado, como en el
caso del herido que, trasladado al hospital para curarse, muere
por efectos de un incendio.

Como lo explica el mismo Antolisei, en el primer caso, del


fortuito que coopera con la acción, se tiene la concausa; en el
segundo caso, del fortuito que desarrolla una cadena causal
nueva e independiente, se da la interrupción del nexo de
causalidad.

Cuando opera la concausa, el resultado no deja de atribuirse al


hombre, pero su responsabilidad se disminuye, ya que el sujeto
se considera causa parcial del resultado, habiendo intervenido
otra circunstancia que coopera o actúa conjuntamente con su
acción para hacer posible la verificación de aquél; en cambio,
cuando se interrumpe la relación de causalidad, el resultado que
se produce no puede atribuirse al sujeto que ha puesto sólo una
condición, sino a la circunstancia fortuita sobrevenida que no
coopera con la acción del hombre para producir el resultado,
sino que lo determina por una cadena causal, nueva e
independiente. En este último caso, el fortuito determina
directamente el resultado, actuando independientemente del
comportamiento, constituyéndose éste tan sólo en la situación o
coincidencia favorable para que se produzca el resultado. En los
ejemplos utilizados, cuando se trata de la enfermedad
preexistente que hace mortal la herida de otra manera curable,
el resultado es determinado por la cadena causal suscitada por
la acción del heridor, cooperando con ella la enfermedad
preexistente desconocida o concausa; peco cuando se trata del
herido que trasladado al hospital muere por causa del incendio,
el comportamiento del sujeto sólo se presenta como la
coincidencia favorable con relación al fortuito que determina el
resultado.

Precisamente, en conclusión, cuando concurre la concausa, el


resultado no deja de atribuirse a la acción del hombre, y nuestro
propio código así lo reconoce, al establecer en los artículos 410
y 412 la atenuante por concausalidad en el homicidio
intencional y preterintencional, por la cual la pena se reduce
cuando la muerte no se habría producido sin el concurso de
circunstancias preexistentes desconocidas del culpado o de
causas imprevistas que no han dependido de su hecho, no
excluyéndose, por lo tanto, la responsabilidad penal, aunque se
disminuye.

Pero cuando se interrumpe el nexo de causalidad, como lo


hemos explicado, y el fortuito no coopera con el
comportamiento sino que desarrolla una cadena causal nueva e
independiente, el resultado no puede atribuirse, en forma
alguna, al comportamiento humano que ha sido tan sólo la
coincidencia favorable para que actúe la circunstancia fortuita,
y, por tanto, no tratándose de la hipótesis anterior de la
concausa que atenúa la responsabilidad por ser el
comportamiento humano causa parcial, lógico es concluir que
en este caso se excluye la responsabilidad totalmente en cuanto
al resultado, atribuyéndose éste al hecho fortuito solamente.
Este hecho fortuito, por lo demás, como lo observa Antolisei,
bien puede consistir en una acción dolosa o culposa de un
tercero, o en el comportamiento de la propia víctima, en un
hecho no punible o en un hecho de un animal o de la
naturaleza.26 En el caso que ha servido de ejemplo, del herido
trasladado al hospital para curarse, habría interrupción del nexo
causal tanto en la hipótesis del incendio que ocasiona la muerte
del sujeto, como en la de la muerte ocasionada por la colisión
de la ambulancia en que es trasladado el herido por la acción
imprudente de un conductor en la vía, o por la acción dolosa de
otro paciente recluido en el mismo hospital o por el hecho de la
propia víctima que voluntariamente atenta contra su vida. Por
supuesto, el problema habrá de resolverse caso por caso,
determinando, en primer lugar, si se trata de un hecho fortuito
y, en segundo lugar, si éste coopera con el comportamiento
humano (se trataría de una concausa) o si desarrolla una cadena
causal nueva e independiente suflciente por sí misma para
determinar el resultado (habría interrupción del nexo de
causalidad). Algunas hipótesis, en particular, ofrecen dudas,
como en el caso de la intervención médica o de la acción de la
propia víctima que agraven las lesiones causadas. Antolisei, en
el trabajo que nos ha servidio de guía, distingue entre los casos
de culpa leve, culpa grave y dolo. Cuando se da la primera, no
hay hecho fortuito y no cabe hablar ni de concausa ni de
interrupción del nexo de causalidad: cuando interviene la culpa
grave de la persona ofendida, o del médico, cabría hablar de
concausa, ya que la cadena causal que realiza el resultado es Ja
suscitada por el autor de la acción primitiva y el hecho fortuito
sólo coopera con ella; cuando interviene finalmente una acción
voluntaria o dolosa, cabría hablar de interrupción del nexo de
causalidad, ya que se trata de una cadena causal nueva o
independiente que determina por sí misma el resultado.

Ahora bien, con relación a la hipótesis de la interrupción se


plantea el problema de la responsabilidad del su jeto autor del
primitivo comportamiento, condición del resultado. Este, como
lo asienta Antolisel, responde de su hecho propio y,
precisamente, su hecho propio es el que se habría producido sin
la intervención de la circunstancia fortuita. Ahora bien, si no
puede determinarse con certeza cuál sería el resultado que se
habría producido, se tomará como base el resultado probable y,
en caso de duda, la situación o hipótesis más favorable al reo.28
De esta manera, sir- viéndonos de algunos ejemplos: si A, con
la intención de matar, hiere levemente a B, quien muere por la
inexperiencia del conductor (le la ambulancia que lo conduce,
al chocar el vehículo, A responderá por tentativa de homicidio y
el conductor por homicidio culposo; si A con la intención de
matar, hiere mortalmente a B en forma tal que la muerte sería
segura, pero B fallece por la puñalada (le gracia que le asesta C,
A responderá por homicidio consumado e igualmente C; si A
con la sola intención de herir, lesiona a B y éste muere por otra
circunstancia fortuita que interviene, A responderá sólo por
lesiones: si A deja imprudentemente una escopeta cargada en un
lugar público y B la toma para dar muerte a C, A no responde
de delito alguno...”.

Ahora bien, para que pueda hablarse de concausa, el factor


causal anexo, es decir, el hecho o la condición; tiene que ser
ajeno a la voluntad del autor y a la propia acción desarrollada
por éste, pues si depende directamente de la acción, estaremos
ante una forma o mecanismo de actuación que hace parte de un
todo unitario.

En este sentido, la muerte sólo puede atribuírsele a la acción del


autor, cuando ella se ha producido como consecuencia de la
utilización de los medios o como concreción del riesgo ilícito
creado por el autor, en un resultado concreto; de manera tal, que
si ésta obedece a circunstancias distintas del hacer del
incriminado, debe analizarse la imposibilidad de imputar el
resultado.

En el caso bajo examen no existe la concausa que alega la


recurrente, para atenuar la responsabilidad penal de su
defendido en los términos que señala el artículo 408 del Código
Penal; pues tal y como se ha explicado anteriormente la muerte
de la víctima, no obedeció a una causa preexistente en ella, ya
sea de origen normal, atípico o patológico (como lo pudiera ser
por ejemplo la hemofilia, la dextrocardia, la tuberculosis,
alguna cardiopatia etc) que aunada a la causa originada de la
victimario diera lugar a la muerte del ciudadano Eduardo
Antonio Reyes Gutiérrez.

Tampoco puede alegarse la existencia de una causa


superviniente, imprevista y ajena a la conducta del acusado que
haya dado origen a la muerte de la mencionada víctima, pues el
schok séptico que originó la muerte, constituyó en primer lugar,
una situación previsible por el acusado, pues cualquier persona
colocada mentalmente en su lugar, podía preveer que las
heridas que iba a ocasionar a su víctima podía desencadenar
efectos secundarios nocivos a la salud del agredido, tal como
entre otros lo fue, la sepsis que originó la muerte; y en segundo
lugar, por cuanto el deceso del ciudadano Rafael Antonio
Caldera, se debió a un shock séptico, ocasionado como
consecuencia inmediata directa y dependiente de la acción
causada por el acusado, tal como lo fue, las lesiones viscerales
producida por arma blanca; pues así lo señala el informe cuando
arrojó como conclusiones: “...Causa de la Muerte: Shock
séptico debido a post operatorio tardío complicado, debido a
lesión visceral, producida por arma blanca...”: de manera tal,
que se trató de una situación dependiente de la acción ejecutada
por el agente.

Consideraciones en atención a las cuales, estima esta Sala que


el presente motivo de apelación, deber ser desestimado y
declarado sin lugar por no encontrarse ajustado a derecho. Y
ASÍ SE DECIDE.

En lo que respecta al segundo considerando de apelación,


referido a la violación de la ley por errónea aplicación de una
norma jurídica, ya que si bien era cierto se comprobó la
responsabilidad del acusado Rafael Caldera en los hechos
imputados, la sentencia debió ser condenatoria por Homicidio
Concausal, y no por homicidio Intencional Simple; por cuanto
lo que se logró demostrar con las pruebas debatidas en el juicio,
era que la muerte de la víctima, obedeció a circunstancia
sobrevenidas ajenas a las heridas causadas por el acusado; la
Sala para decidir observa:

La violación de la ley, en este caso como ha sido denunciado,


por errónea aplicación de una norma jurídica, constituye un
error in judicando, que tiene lugar cuando el juzgador a la hora
de aplicar el derecho a los hechos que son expuestos a su
consideración, yerra en la aplicación de la norma, otorgándole
al hecho las consecuencias jurídicas de una norma que no le
corresponde.

Al respecto, el Dr. Frank E. Vecchionacce I., en su artículo


titulado “Motivos de Apelación de Sentencia”; publicado en las
Terceras Jornada de Derecho Procesal Penal, enseña:

“… En cuanto a las normas jurídicas susceptibles de ser


violadas, debe tratarse de cualquiera y no exclusivamente de las
del ámbito penal. En el caso procesal debe tratarse de las del
COPP o de una norma sustantiva o procesal constitucional, o
cualquier otra como, por ejemplo, aunque puede resultar
discutible el punto, una disposición del Código de
Procedimiento Civil que, excepcionalmente, tenga que
aceptarse como norma jurídica supletoria, si partimos de la idea
de la unidad del orden jurídico.

Violación de ley por inobservancia de una norma jurídica. Se


trata de una forma omisiva de actuación judicial. La sentencia
no toma en cuenta una norma jurídica a la que estaba obligada a
dar acatamiento. Por ejemplo, la no lectura del auto de apertura
a juicio en el inicio del debate, toda vez que tiene que ver con la
congruencia del art. 364 del COPP, el cual resulta violado por
inobservancia.

Violación de ley por errónea aplicación de una norma jurídica.


Se trata de un yerro o incorrección jurídica en que incurre la
sentencia. Podemos mencionar casos como los siguientes: a)
violación por incumplimiento o interpretación equivocada del
sistema de apreciación de pruebas del art. 22 del COPP. Como
cuando el sentenciador no conoce los principios lógicos y no los
aplica, o cuando no entiende lo que es una máxima de
experiencia. b) Una admisión de hechos en juicio oral. c)
Cuando la sentencia afirma apoyarse en una disposición legal
que ciertamente no corresponde…”. (Año 2000, Pág. 254 ).

Ahora bien, en el caso sub-examine, estiman estas juzgadoras,


que la presente denuncia debe ser desestimada, pues tal y como
se explicó de manera clara, detallada y razonada, en la
resolución del particular anterior, la muerte del ciudadano
Eduardo Antonio Reyes Gutiérrez, no se debió a la existencia
de una concausa normal, atípica o patológica preexistente en la
víctima; o a una circunstancia superviniente ajena a la acción
del victimario, pues este podía preveer que con las heridas que
se dispuso y en efecto ocasionó con su conducta, se producirían
consecuencia nocivas a la salud de aquel contra el cual dirigió
su agresión; amen que el shock séptico, que ocasionó la muerte,
fue consecuencia inmediata directa y dependiente de la acción
causada por el acusado, tal como lo fue, las lesiones viscerales
producidas por arma blanca.

Siendo ello así, consideraran estas juzgadoras innecesario


volver a entrar en el análisis de un punto ya resuelto; por lo cual
lo ajustado a derecho es declarar sin lugar el presente motivo de
apelación. Y ASÍ SE DECIDE.
En mérito de las razones de hecho y de derecho que anteceden,
esta Sala de Alzada considera que lo procedente y ajustado a
derecho es declarar SIN LUGAR el recurso de apelación
interpuesto por la profesional del derecho Abogada Belkis
González Colina, actuando como defensora del acusado Rafael
Antonio Caldera, en contra de la Sentencia Nº 1J-017-09, de
fecha 12 de junio de 2009, emitida por el Juzgado Primero de
Primera Instancia en funciones de Juicio del Circuito Judicial
Penal del Estado Zulia, Extensión Cabimas, constituido en
forma Mixta, mediante la cual se condenó al acusado ut supra
identificado, a cumplir la pena de doce (12) años y cuatro (04)
meses de presidio, más las accesorias de ley; por estimarlo
responsable de la comisión de los delitos de Homicidio
Intencional y Uso de Documento Falso previstos y sancionados
en los artículos 405 del Código Penal y 45 de la Ley Orgánica
de Identificación respectivamente; y en consecuencia se
CONFIRMA la decisión recurrida. Y ASÍ SE DECIDE.-

DECISIÓN

Por los fundamentos antes expuestos, esta Sala Primera de la


Corte de Apelaciones del Circuito Judicial del Estado Zulia,
ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DE LA
REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Y POR
AUTORIDAD DE LA LEY, DECLARA:

PRIMERO: SIN LUGAR el recurso de apelación interpuesto


por la profesional del derecho Abogada Belkis González
Colina, actuando como defensora del acusado Rafael Antonio
Caldera, en contra de la Sentencia Nº 1J-017-09, de fecha 12 de
junio de 2009, emitida por el Juzgado Primero de Primera
Instancia en funciones de Juicio del Circuito Judicial Penal del
Estado Zulia, Extensión Cabimas, constituido en forma Mixta,
mediante la cual se condenó al acusado ut supra identificado, a
cumplir la pena de doce (12) años y cuatro (04) meses de
presidio, más las accesorias de ley; por estimarlo responsable de
la comisión de los delitos de Homicidio Intencional y uso de
Documento Falso previstos y sancionados en los artículos 405
del Código Penal y 45 de la Ley Orgánica de Identificación
respectivamente.

SEGUNDO: CONFIRMA la sentencia impugnada.

Publíquese, regístrese.

Dada, firmada y sellada en la Sala de Audiencias de la Sala No.


1 de la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del
Estado Zulia, en Maracaibo, a los dieciséis (16) días del mes de
Marzo del año dos mil nueve (2009) Año: 199° de la
Independencia y 150° de la Federación.

LOS JUECES PROFESIONALES,

NINOSKA BEATRIZ QUEIPO BRICEÑO

Presidenta - Ponente

ALBA REBECA HIDALGO HUGUET JACQUELINA


FERNÁNDEZ GONZÁLEZ

EL SECRETARIO (S)

RICARDO MORALES ESTRADA

La anterior decisión quedó registrada bajo el N° 010-10, en el


Libro de Registro de decisiones llevado por esta sala N° 1, en el
presente año.-

EL SECRETARIO (S)

RICARDO MORALES ESTRADA

VP02-R-2009-001183
NBQB/eomc