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Materiales

para
ADVIENTO y NAVIDAD
Ciclo C

Compilación elaborada por el
P. Francisco Mejía Montoya
Director del Departamento de Catequesis
de la Conferencia Episcopal de Colombia
CONTENIDO

El Adviento nos invita a estar vigilantes y vencer el desánimo 3

1. El Adviento 5
2. Los signos del Adviento 7
3. Las lecturas del los domingo de Adviento 8
4. Las lecturas feriales del Adviento 9
5. Una lectura del Adviento desde la Sagrada Escritura 10
6. Pregón de Adviento 12
7. La corona de Adviento en la Iglesia y en el hogar 19
8. Los domingos del Adviento y las solemnidades 23
8.1. Primer Domingo de Adviento 23
8.2. Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María 29
8.3. Segundo Domingo de Adviento 36
8.4. Tercer Domingo de Adviento gaudete 41
8.5. Cuarto Domingo de Adviento 48
9. Celebración penitencial de Adviento 55
10. Oración universal (Hasta el 16 de diciembre) 144
11. Oración universal (Del 17 al 24 de diciembre) 148
12. Lucernario 153
13. Novena en honor Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América Latina 158
14. Rosario guadalupano 162

La Navidad es un Encuentro 167

1. Tiempo de Navidad 168
2. Los signos de la Navidad 170
3. Las lecturas feriales de Navidad 173
4. Los domingos de la Navidad 174
4.1. Nacimiento del Señor (Misa de media noche) 174
4.2. Nacimiento del Señor (Misa del día) 179
4.3. Epifanía del Señor 184
5. Vigilia de fin de año 189
6. Celebración del fin de año 196
7. Noche vieja: año nuevo 198
8. Solemnidad Santa María, Madre de Dios 201
3

El Adviento
nos invita a estar vigilantes
y vencer el desánimo
Papa Francisco

4

La Iglesia del Señor está llamada a dar gloria a su Dios.


Su misión es anunciar con la Palabra, la
vida y el culto, la presencia de Dios en la Historia,
manifestar a Cristo glorioso en medio de las realidades del mundo,
celebrando visiblemente su triunfo sobre la muerte.
Ya lo decimos en nuestras celebraciones: Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús.

Al celebrar el Año Litúrgico, los creyentes recorremos la
Historia de la Salvación en un ciclo de memoriales, de
recuerdos vivos que se insertan en nuestra historia y
actualizan la presencia del Señor.

Celebramos nuestra fe, viviéndola como un ciclo cuyo referente principal
es la Pascua, la gloriosa victoria de Jesús.












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1. El Adviento 1
Sentido

“Adviento” es una palabra que proviene del latín y que significa “venida” o “llegada”, ya que
es el tiempo litúrgico de la preparación de la venida del Señor en el misterio de
Navidad. Tiene su origen en la fiesta de Navidad, aparecida en Oriente en el siglo IV, que se
celebraba el 6 de enero y en Occidente el 25 de diciembre, coincidiendo con la fiesta romana
del “día del sol”. Y entre los siglos IV y VI en Hispania y en las Gálias nació el Adviento con la
intención de ser una preparación para la Navidad, de manera semejante con la Cuaresma
como preparación de la Pascua. En un principio constaba de seis domingos, aunque fueron
reducidos a los cuatro actuales que conocemos. El Adviento no es solamente preparar una
venida pasada de hace dos mil años sino también una venida constante, de cada día,
esperando la venida definitiva del Señor. El Adviento es también el tiempo de María, la Madre
de Dios, que con su sí generoso dio al mundo la Luz eterna, Jesucristo. Precisamente, durante
el Adviento celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, el día 8 de
diciembre.

Desarrollo

El Adviento empieza en nuestra liturgia romana cuatro domingos antes de Navidad. Esto hace
que no tenga siempre la misma extensión, porque el día de Navidad –25 de diciembre– no
es un día fijo de la semana. Por tanto, el Adviento se inicia según cada año en el domingo que
cae entre los días 27 de noviembre y 3 de diciembre. Tiene, eso sí, cuatro domingos, cada uno
con una temática concreta: así,
• en el primer domingo, el hilo conductor es la última venida de Jesús, al final de los
tiempos y la llamada a estar en actitud vigilante;
• el segundo y el tercer domingos tenemos como protagonista a Juan Bautista, el
precursor de Jesús, que nos anuncia su venida y nos invita a prepararle el camino;
• y el cuarto domingo contemplamos ya la inmediatez de la Navidad con la figura de
María, la Madre de Dios y también a san José, su esposo.

Decir, también, que el Adviento se divide en dos partes:
• la primera va del primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre, la primera
parte tiene un tono marcadamente escatológico, es decir, de anuncio del final de los
tiempos y nuestra consiguiente actitud de vigilancia y la segunda parte tiene un tono
marcadamente navideño, ya que contemplamos los anuncios de los nacimientos de
Jesús y de Juan Bautista.
• y la segunda parte va del día 17 de diciembre al día 24 de diciembre, tiene un tono
marcadamente navideño, ya que contemplamos los anuncios de los nacimientos de
Jesús y de Juan Bautista.
El Adviento finaliza con la hora nona del día 24 de diciembre, a media tarde.

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http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-tiempo-de-adviento/que-es-el-adviento/
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Vida cristiana

El Adviento, como cada tiempo litúrgico, tiene una repercusión para nuestra vida cristiana.
Podríamos destacar, al menos, cinco actitudes de cara al tiempo de Adviento:
• la esperanza (aunque haya dificultades),
• preparar el camino del Señor (disponer nuestros corazones),
• el gozo (de saber que Dios nos salva),
• la oración (“Ven, Señor Jesús”)
• y la paciencia (trabajar constantemente aunque cueste).
Son actitudes que nos ayudan a ver que hemos de hacer camino para ir construyendo el Reino
de Dios que él nos ha prometido, mientras esperamos la venida definitiva del Salvador. El
Adviento nos ayuda a tener una actitud de esperanza, de vigilancia, de trabajar cada día
preparando los caminos del Señor.





















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2. Los Signos del Adviento2

El Adviento es la preparación para las solemnidades de Navidad y Epifanía. Y esta
preparación interior, pide también una preparación externa para que vivamos mejor este
tiempo litúrgico.

Un primer signo es la austeridad litúrgica: sabemos que el Adviento no es un tiempo
penitencial como la Cuaresma, sino que es un tiempo de preparación y espera gozosa. Por eso
tenemos el color morado de los ornamentos, que es un color más apagado en contraste al
color blanco y claro que tendremos por Navidad. También es bueno tener una decoración
más austera en la Iglesia para que luego la ornamentación de la Navidad destaque más. En
Adviento, en la liturgia no cantamos el Gloria, que es el himno de los ángeles en Belén y que
cantaremos solemnemente la noche de Navidad; si bien cantamos el aleluya.

Un segundo signo son los cantos de Adviento, que sólo se cantan en este tiempo y que es
bueno tenerlos reservados para este tiempo, para que tomemos conciencia de que estamos
en el Adviento.

Un tercer signo es la corona de Adviento. Si bien es una costumbre que nos ha venido de los
países nórdicos de Europa, ha enraizado mucho entre nosotros. Consiste en una corona de
ramas verdes, situada en un lugar visible y digno, y en la que se colocan cuatro velas vistosas,
por los cuatro domingos de Adviento. Cada domingo se enciende una progresivamente hasta
llegar a las cuatro velas encendidas el domingo cuarto de Adviento, y se acompaña de una
oración o un canto. Es un signo que podemos hacer tanto en la Iglesia como en casa.

Un cuarto signo es el calendario de Adviento, basado en un cuadro con ventanitas para cada
día del mes de diciembre, hasta el día 25, que se va abriendo y en cada una de ellas se van
viendo dibujos de tema navideño que dan sentido a la fiesta. Es una buena herramienta
pedagógica para los niños para que entren en la vivencia de la Navidad. El problema es que
hay en el mercado muchos calendarios de Adviento que tienen muy poco a ver con un
calendario cristiano. Si es así, más vale ahorrárselo.

Un quinto signo es la colecta para los pobres, para darnos cuenta de que nuestra vida
cristiana está basada en el amor fraterno que el mismo Jesús nos ha dado. La Iglesia hace la
colecta para los pobres ya sea con alimentos o con dinero mediante Cáritas.

Finalmente, un sexto signo del Adviento es la preparación del belén días antes de Navidad,
para ambientarnos en casa ante la celebración de las fiestas de Navidad. Es sin duda un buen
instrumento catequético para los niños, explicando cada personaje bíblico y explicando
también el nacimiento de Jesús.

2
http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-tiempo-de-adviento/los-signos-del-adviento/
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3. Las Lecturas de los Domingos de Adviento3
Ciclo C

En este ciclo no leemos ninguna lectura del profeta Isaías, sino que contemplamos a cuatro
personajes distintos: Jeremías, Baruc, Sofonías y Miqueas. En el primer domingo, Jeremías
hace una llamada a la confianza, ya que el Señor hará germinar del linaje de David un retoño
que nos traerá la salvación, la paz y la justicia. En el segundo domingo, Baruc anuncia el
retorno de los desterrados a Sión y pide al pueblo que se quite los vestidos de duelo y se
ponga los de fiesta porque regresan a la patria esperada. En el tercer domingo, Sofonías invita
al pueblo a la alegría, ya que el Señor ya ha cancelado la deuda y quiere ser nuestro rey y estar
en medio de nosotros. Y en el cuarto domingo, Miqueas anuncia que de Belén saldrá el Mesías,
la cabeza de la casa de Israel, que pastoreará con la fuerza del Señor y a la vez anuncia el
nacimiento, a partir de una virgen, de un hijo que será grande por toda la tierra y que será
nuestra paz.

Por lo que se refiere a las segundas lecturas, en el primer domingo san Pablo, en su primera
carta a los tesalonicenses les pide que continúen en el camino recto para que el Señor los
encuentre santos e irreprensibles. En el segundo domingo, san Pablo escribe a los filipenses
con los mismos sentimientos que en el domingo anterior, es decir, que sigan actuando
ejemplarmente para que Dios los encuentre santos e irreprensibles. En el tercer domingo
volvemos a ver la carta a los filipenses en que, en esta ocasión, san Pablo les hace una llamada
a estar alegres porque el Señor ya está cerca. Finalmente, en el cuarto domingo leemos la
carta a los Hebreos, en que contemplamos la actitud del Hijo de Dios en el mismo momento
de su encarnación: “Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad”, que será cumplida en la su
entrega en la cruz.

En los evangelios de este ciclo contemplamos un discurso de Jesús anunciando fenómenos
cósmicos que precederán el fin del mundo y a la vez, hace una llamada a levantar la cabeza
bien alto porque es en este momento en que seremos liberados (primer domingo);
contemplamos también la figura de Juan Bautista a partir de les referencias que hace de él el
libro de Isaías (segundo domingo); también vemos cómo Juan Bautista exhorta a la gente a
prepararse para la venida del Mesías con un programa exigente (tercer domingo) y
finalmente contemplamos la visita de María a la su parienta Isabel (cuarto domingo).

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http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-tiempo-de-adviento/las-lecturas-de-los-domingos-de-adviento/
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4. Las Lecturas Feriales del Adviento4



El Adviento se divide en dos partes bien definidas: la primera va desde el primer domingo
hasta el día 16 de diciembre y la segunda parte va del día 17 de diciembre al día 24 de
diciembre. Por esta razón, las lecturas feriales van en sintonía con estas dos partes del
Adviento.

Así pues, en la primera parte del Adviento, las lecturas tienen una organización muy definida:
– la primera semana y hasta el miércoles de la segunda semana, el hilo conductor va de
la mano del profeta Isaías, el cual, en las primeras lecturas nos anuncia la salvación
mesiánica, mientras que los evangelios nos muestran cómo en Jesús de Nazaret se
cumplen estas promesas mesiánicas.
– A partir del jueves de la segunda semana y hasta el día 17 de diciembre, contemplamos
la figura de Juan Bautista en los evangelios, mientras que en las primeras lecturas
contemplamos las imágenes de los profetas antiguos que después iluminarán las
correspondientes lecturas evangélicas.
– Desde el día 17 de diciembre hasta el día 24 de diciembre celebramos la segunda parte
del Adviento, llamado “novena”, “semana santa de Navidad”, “ferias privilegiadas” y la
mirada se centra en la preparación próxima de la Navidad, de la celebración
sacramental de la venida de Cristo. Las lecturas de estos días tienen otra organización,
ya que son los evangelios los que marcan el ritmo y nos conducen hacia la Navidad
con los pasajes de la genealogía de Jesús (día 17), el anuncio a José (día 18), el anuncio
de Zacarías en el templo (día 19), el anuncio a María (día 20), la visitación de María a
Isabel (día 21), el cántico de María (día 22), el nacimiento de Juan Bautista (día 23) y
finalmente el cántico de Zacarías (día 24). La figura central de estos días es la Madre
de Dios. Las primeras lecturas, por su parte, preparan los respectivos evangelios, a
modo de paralelismo entre situaciones de salvación en el Antiguo Testamento y la
proximidad del nacimiento del Mesías.

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http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-tiempo-de-adviento/las-lecturas-feriales-de-adviento/
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5. Una lectura del Adviento desde la Sagrada Escritura



Una propuesta para leer cada una de las semanas de Adviento con tres palabras claves
desde la Primera Lectura, el Salmo y el Evangelio.


PRIMERA SEMANA

VENDRÁ IREMOS REACCIÓN

1. Como árbitro de las naciones 1. Vigilantes (Mt 24) y en pleno día 1. Vivan seguros los que te aman
(Is 2,1-5) (Rm 13,11ss) (Sal 121)
2. Como sombra y refugio 2. Confesando nuestra 2. Deseosos de todo bien
(Is 4,2-6) indignidad (Mt 8,5-11) (Sal 121)
3. Como Ungido (Is 11; Lc 10) 3. Gozosos (Lc 10) 3. Que florezca la justicia
4. Como consolador (Lc 21; Mt 15) 4. Llorosos y hambrientos (Sal 71)
5. Como Roca perpetua (Is 26,1- 6) (Is 25; Mt 15) 4. Nada temo, porque vas
6. Como luz (Is 29; Mt 9) 5. Bien cimentados (Mt 7,21.24- 27) conmigo (Sal 22)
7. Como la descendencia 6. Ciegos (Is 29; Mt 9) 5. Demos gracias al Señor
(Gn 3,9-15.20) 7. Alegres por haber creído porque es bueno (Sal 117)
(Lc 1,26ss), por haber sido elegidos 6. El Señor es mi luz (Sal 26)
(Ef. 1,3-6.11-12) 7. Un cántico nuevo (Sal 97)



SEGUNDA SEMANA

VIENE VAMOS REACCIÓN

1. El Juez Salvador 1. Con espíritu de conversión 1. Te doy gracias, porque me
(Is. 11,1-10; Rm 15,4-9) (Mt 3,1-12) libraste (Sal 71)
2. Viene en persona (Is 35) 2. Vemos cosas admirables (Lc 5) 2. Su justicia nos ha salvado
3. El consolador (Is 40) 3. Pequeños (Mt 18) (Sal 84)
4. El Poderoso (Is 40) 4. Cansados (Mt 11) 3. Alégrese el cielo, goce la tierra
5. El Redentor (Is 41) 5. El mayor y el pequeño (Mt 11) (Sal 95)
6. El Legislador (Is 48) 6. No oímos (Mt 11) 4. No olvides sus beneficios
7. Nuevo Elías (= "Mi Dios es el 7. No reconocimos a Elías (Mt 17) (Sal 102)
Señor"; Ecls. 48) 5. Te ensalzaré, Dios mío, mi
Rey (Sal 144)
6. Mi deleite es la Ley del Señor
(Sal 1)
7. Oh Dios, restáuranos (Sal 79)





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TERCERA SEMANA


SE ACERCA ESTAMOS REACCIÓN

1. Viene en persona (Is 35,1ss) 1. Pacientes y firmes (St. 5,7-10) 1. ¡Ven, Señor, a salvarnos!
¿Quién es? (Mt 11) 2. Somos sus hermanos (Mt 1,1- 17) (Sal 145)
2. El Hijo de David (Mt 1,18),Rey de 3. Con el Emmanuel (Mt 1,18- 24) 2. Su nombre sea eterno (Sal 71)
Judá (Gn 49) 4. Sobrecogidos (Lc 1,5-25) 3. Dios escucha nuestro clamor
3. El vástago justo (Jr. 23,5-8), 5. Alegres y estupefactos (Sal 71)
nacido de María (Mt, 1,18-24). (Lc 1,26-38) 4. En el seno me apoyaba en ti
4. El hijo de la estéril (Jc 13,2- 6. ¿Quién soy yo...? (Lc 1,39-45) (Sal 70)
7ss; Mt 1,18-24) 7. Agradecidos (1S 1,24-28; 5. ¿Quién puede subir a la casa
del Señor? (Sal 23)
5. El Emmanuel, hijo de la Lc 1,46-56)
6. Un cántico nuevo (Sal 32)
virgen (Lc 1; Is 7)
7. Mi corazón se regocija por el
6. Llega el Amado (Ct 2,8-14)
Señor (1S 2)
7. El Poderoso que hace obras

grandes (1S Lc)




CUARTA SEMANA


LLEGA CONTEMPLAMOS REACCIÓN

1. El hijo de la doncella (Is), de 1. Al Hijo de la estirpe de David 1. Va a entrar el Rey de la gloria
María (Mt1,18-24) (Rm 1,1-7) (Sal 23)
2. El Sol que viene de lo alto 2. La entrañable misericordia de 2. Cantaré eternamente tu
(Lc 1,67ss) / La casa de Dios entre nuestro Dios (Lc 1,67-79) misericordia (Sal 88)
nosotros (2S 7,1-5). 3. Vayamos a Belén y adoremos 3. Alégrese el cielo, goce la tierra
3. El Salvador, Ternura de Dios (Lc 2,15) (Sal 95)
(Lc 2; Tit 2,11-14)






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6. Pregón de Adviento

Para acompañar la plegaria de la comunidad creyente
en la alborada del Adviento 2018-2019

PREGÓN DE ADVIENTO

Reunidos en la Iglesia, en ocasión oportuna antes del Adviento, se prepara el Altar con sus luces encendidas,
el texto de las Lecturas y la Cunita Vacía en la que luego se pondrá el Niño Jesús en la Celebración Navideña..

Canto de entrada

Ven, ven Señor, no tardes. Ven, ven que te esperamos.
Ven, ven Señor, no tardes. Ven pronto Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.

Envuelto en sombría noche,
el mundo sin paz no ve,
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.

Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta cielo,
al mundo le faltas Tú.

El celebrante
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.
La paz y la alegría del Señor que viene a salvarnos, esté con ustedes.
R. Y con tu Espíritu.

Lucernario
Se van trayendo y encendiendo las luces, colocándolas junto a la cunita vacía donde luego se pondrá el Niño,
según se indica.

Lector 1
Luz que enseña: Jesús que eres la luz de la verdad, en tu honor y para tu gloria encendemos
esta luz que nos enseñe a buscarte con fe y con esperanza.


13

Los cantores
Zagalillos del Valle venid,
zagalillos del monte llagad,
la esperanza de un Dios prometido,
ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.-

Lector 2
Luz que consuela:
Jesús que eres la luz, encendemos junto a tu cuna esta luz que representa a cuantos quieren
estar junto al dolor de sus hermanos como consuelo y fortaleza.

Los cantores
Zagalillos del Valle venid,
zagalillos del monte llagad,
la esperanza de un Dios prometido,
ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

Lector 3
Luz que trae la alegría:
Jesús que eres la luz del gozo verdadero, encendemos junto a tu cuna esta luz que nos invita
a colmar con la belleza de tu presencia el mundo que necesita tu amor y tu esperanza.

Los cantores
Zagalillos del Valle venid,
zagalillos del monte llegad,
la esperanza de un Dios prometido,
ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

Lector 4
Luz que fortalece:
Jesús que eres la luz que da fuerza, encendemos esta luz que muestra los caminos que debe
emprender esta Comunidad de Fe y de esperanza, para ser vida y gozo en nuestro entorno y
ser anunciadora del Evangelio de la Paz.

Los cantores
Zagalillos del Valle venid, zagalillos del monte llagad, la esperanza de un Dios prometido, ya
vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

Lector 5
Luz que comunica la verdad:
Junto a tu pesebre, Señor de la vida, encendemos esta luz que nos convoca para proclamar la
vida, para anunciar la alegría, para despertar en los corazones la búsqueda de la paz.

Los cantores:
Zagalillos del Valle venid,
zagalillos del monte llagad,
14

la esperanza de un Dios prometido,


ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

Lector 6
Luz que se enciende en Belén:
Junto a tu cuna, al encender esta luz, queremos como los magos de Oriente, el esplendor del
lucero que en tu Navidad proclamo al mundo entero la llegada de tu reino de vida y de alegría.

Los cantores:
Zagalillos del Valle venid, zagalillos del monte llagad, la esperanza de un Dios prometido, ya
vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

Oración colecta
Señor y Dios nuestro,
que tu poder divino prepare nuestro corazón
para que cuando llegue tu Hijo, Jesucristo,
nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa
y él mismo nos sirva el alimento celestial.
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Proclamación de la Palabra de Dios

Reposará sobre él el espíritu del Señor

Lectura del libro del profeta Isaías 11, 1-10

En aquel día, saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él
reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de
fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor -y lo inspirará el temor del Señor-.

El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los
débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su
boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la
fidelidad ceñirá sus caderas.

El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el
cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; la vaca y la osa vivirán en
compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.

El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora, meterá la mano
el niño apenas destetado. No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el
conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.

Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán
y la gloria será su morada.

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Palabra de Dios

SALMO Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17

R. ¡Que en sus días florezca la justicia!



Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra. R.

Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes. R.

Que perdure su nombre para siempre
y su linaje permanezca como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
y todas las naciones lo proclamen feliz. R.

ALELUIA
Aleluya.
El Señor vendrá con poder
e iluminará los ojos de sus servidores.
Aleluya.

EVANGELIO

Jesús, lleno de la alegría del Espíritu Santo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 21-24



En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a
los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo
me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe
quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» Después,
volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que
ustedes ven!. ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no
lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»
16


Palabra del Señor.
Meditación
Estamos en la alborada de un nuevo año litúrgico, es el tiempo de la Alegre Esperanza. Hoy
estamos reunidos para anunciar el tiempo preparatorio a la conmemoración de la Natividad
del Señor.

El tiempo preparatorio se llama Adviento, se leen los Profetas que anuncian a Cristo, se
prepara su venida con oraciones que le dicen al Señor que venga nuevamente: "Ven, Señor
Jesús". Se destaca en este Tiempo la Virgen María, que nos enseña a esperar con fe la segunda
venida del Señor. Son cuatro domingos de Adviento. En ellos se celebra la esperanza y la
alegría de saber que el Señor llega con su poder y con su paz a inundar los corazones de los
que ama con la luz de la vida, con la fuerza renovadora de su amor.

San Carlos Borromeo lo propone de modo admirable en una de sus Cartas Pastorales:

Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice
el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación;
el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de
tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra
solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor,
alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha
manifestado.

El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para
librarnos de la tiranía y del poder del demonio, invitarnos al cielo e introducirnos en lo
más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñarnos la
honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecernos con los
tesoros de su gracia y hacernos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.

La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros,
exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no
sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa, y
aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia
que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus
mandamientos.

Demos gracias a Dios por los días que nos aguardan en la fe y en la esperanza y bendigamos
la Corona de Adviento, cuyas luces iremos encendiendo en estos días de gracia y de
esperanza.

Se trae la corona de Adviento que se bendice con la fórmula propia:


Oremos.

17

La tierra, Señor, se alegra en estos días,


y tu Iglesia desborda de gozo
ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
con ramos del bosque y la ha adornado
con luces que iremos encendiendo en este tiempo de gracia.

Ahora, pues, que vamos empezar el tiempo de preparación
para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines con el esplendor
de aquel que, por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/ Amén.

Y asperja la corona de Adviento con Agua Bendita.

Invocación final

Conclusión

Ahora con las palabras del Papa San Juan Pablo, saludemos a la Virgen Santísima:

Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento, esperanza nuestra,
de Jesús la aurora, del cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza,
¡Amen!

Bendición Final

Bendición de Adviento
Dios todopoderoso y lleno de misericordia,
por la primera venida de su Hijo Unigénito,
18

en la que creemos, y por la segunda que esperamos,


los ilumine con su luz y los colme con su bendición.
R. Amén.
En el camino de esta vida los haga constantes en la fe,
alegres en la esperanza y activos en la caridad.
R. Amén.
Para que celebrando la venida en el tiempo de nuestro Redentor, sean recompensados con
el don de la Vida eterna
cuando el venga por segunda vez en la gloria.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.

Canto final

AMANECERÁ EL SEÑOR5
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Amanecerá el Señor,
sobre ti Jerusalén amanecerá Señor,
amanecerá sobre ti Jerusalén amanecerá el Señor,
amanecerá sobre ti Jerusalén.

1.- Sobre ti Jerusalén, amanecerá el Señor
amanecerá, levanta tu mirada
contempla su grandeza
tu salvador, tu salvador,
te viene a liberar.

2.- Sobre ti Jerusalén una estrella brillará,
amanecerá la luz de la mañana,
la aurora reluciente,
tu Salvador, tu Salvador,
te viene a liberar.

3. En Belén nos va a nacer;
la esperanza de Israel amanecerá.
Dará la vista al ciego, salud a los enfermos tu
Salvador, tu Salvador,
te viene a liberar.

5
Letra y música de Mariano Fuertes
19

7. La corona de Adviento en la Iglesia y en el hogar

El rito de la corona de Adviento se ha ido introduciendo acertadamente en los


distintos ámbitos de la vida cristiana, contribuyendo a resaltar la peculiaridad de este
tiempo. Se trata, como se sabe, de una corona de ramas
verdes (sin flores, que serán más propias de la Navidad),
en la que se fijan cuatro velas vistosas. También
podemos emplear la imaginación y crear algún otro tipo
de soporte, siempre que resulte digno y agradable. Y
cada semana se realiza el rito de encender las velas
correspondientes: el primer
domingo de Adviento una, el segundo dos, el tercero tres, el cuarto y último las cuatro.
Este itinerario, acompañado de alguna oración o canto, nos marcará los
pasos que nos acercan hasta la fiesta de la Navidad, y nos ayudará a tener más presente el
tiempo en que nos encontramos.

La corona en la Iglesia
En la Iglesia, la corona se puede poner sobre una mesa, o sobre un tronco de
árbol, o colgada del techo con una cinta elegante; no se pone encima del altar, sino junto
al ambón o en otro lugar adecuado.
El rito de encendido de la corona se hace en todas las misas dominicales
(incluyendo la vespertina del sábado). En las comunidades religiosas, en cambio, será
mejor hacerlo en la celebración que inaugure cada semana: primeras vísperas, laudes o
Eucaristía.
En la Eucaristía, se pueden encender las velas sencillamente durante el
canto de entrada, o bien con mayor relieve después del saludo y de una breve monición.
En este segundo caso, el mismo celebrante, o bien distintas personas de la asamblea (una
semana un niño, otra una religiosa, otra un matrimonio...) encienden la vela o velas
correspondientes. Y entretanto se canta alguna otra estrofa del canto de entrada, o se
dicen las invocaciones del acto penitencial, o se dicen las oraciones siguientes (que
puede recitar la asamblea conjuntamente, en una hoja previamente repartida).










20


Primer domingo Segundo domingo

Encendemos, Señor, esta luz, Los profetas mantenían encendida
como aquél que enciende su lámpara la esperanza de Israel.
para salir, en la noche, Nosotros, como un símbolo,
al encuentro del amigo que ya viene. encendemos estas dos velas.
En esta primera semana del Adviento El viejo tronco está rebrotando,
queremos levantarnos para esperarte florece el desierto.
preparados, para recibirte con alegría. La humanidad entera se estremece
Muchas sombras nos envuelven. porque Dios se ha sembrado
Muchos halagos nos adormecen. en nuestra carne.
Queremos estar despiertos y vigilantes, Que cada uno de nosotros, Señor,
porque tú nos traes la luz más clara, te abra su vida para que brotes,
la paz más profunda para que florezcas, para que nazcas
y la alegría mas verdadera. y mantengas en nuestro corazón
¡Ven, Señor Jesús. Ven, Señor Jesús! encendida la esperanza.
¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!


Tercer domingo Cuarto domingo

En las tinieblas se encendió una luz, Al encender estas cuatro velas,
en el desierto clamó una voz. en el último domingo,
Se anuncia la buena noticia: pensamos en ella, la Virgen,
el Señor va a llegar. tu madre y nuestra madre.
Preparen sus caminos, Nadie te esperó con más ansia,
porque ya se acerca. con más ternura, con más amor.
Adornen su alma Nadie te recibió con más alegría.
como una novia Te sembraste en ella
se engalana el día de su boda. como el grano de trigo
Ya llega el mensajero. se siembra en el surco.
Juan Bautista no es la luz, En sus brazos encontraste
sino el que nos anuncia la luz. la cuna más hermosa.
Cuando encendemos estas tres velas También nosotros
cada uno de nosotros queremos prepararnos así:
quiere ser antorcha tuya en la fe, en el amor
para que brilles, y en el trabajo de cada día.
llama para que calientes. ¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuélvenos en tu luz,
caliéntanos en tu amor!
21

La corona en el hogar
En el hogar, la corona se pone sobre una mesa, o colgada del techo, o en algún
otro lugar destacado. También se puede poner a los pies de una imagen de la Virgen María.
El primer domingo de Adviento es el domingo que cae entre el 27 de noviembre
y el 3 de diciembre (o sea, cuatro domingos antes de la Navidad). Ese día o el sábado
anterior por la noche, o en cualquier otro momento que resulte adecuado, se enciende
una vela de la corona; el segundo domingo dos; el tercero tres; y el cuarto, las cuatro.
Este rito se acompaña de una oración, como la que aquí indicamos a
continuación; también se puede cantar un canto y la oración del padrenuestro y el
avemaría. También se puede leer la primera lectura de la misa de aquel domingo, o el
texto de reflexión que ofrecemos también aquí, o las oraciones propuestas para el
encendido en la Iglesia.
Si hay niños en casa, el rito de la corona les puede ayudar a vivir más
cristianamente la preparación de la Navidad. Y si no los hay, también será una buena
ocasión para la oración familiar adulta: o bien los esposos solos, o bien los esposos con los
hijos mayores u otros miembros de la familia.

Oración

Ven, Jesús, hermano, Señor.
Queremos preparar tu venida.
Queremos recibirte.
Te esperamos,
para que transformes nuestras vidas
y nos des tu luz, tu paz, tu amor. Amén.

Texto de reflexión
Desde muy antiguo, el profeta Isaías anunciaba:
– Vendrá el Señor,
y juzgará a los pobres con justicia,
y nunca más alzará la espada pueblo contra pueblo, porque
los corazones estarán llenos
del conocimiento del Señor.
Allí en el Jordán, el último profeta, Juan el Bautista, proclamaba:
– Preparen el camino del Señor, allanen sus
senderos.
Conviértanse,
porque está cerca el Reino de los cielos.

Y en Nazaret empezó todo:
– Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
No temas, María:
22

concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le


pondrás por nombre Jesús.

Esta es la historia del amor de Dios. Y nosotros cada año, cada Adviento, la
recordamos y la renovamos.
– Como el profeta Isaías, deseamos un mundo nuevo, transformado, lleno de Dios, en el
que no haya mal, ni dolor, ni injusticia, ni pobreza, ni corazones cerrados;
– siguiendo la llamada de Juan Bautista, queremos preparar el camino del Señor:
queremos transformar nuestro corazón y queremos transformar nuestro mundo;
– y como la virgen María, con toda la confianza, con todo el amor, con un hondo espíritu
de fe y de oración, esperamos el nacimiento de aquel niño que renovará nuestras
vidas; aquel niño que nace en Belén y que nos llama a compartir un día su vida
para siempre.
23

8. Los domingos del Adviento y las solemnidades8



8.1. Primer Domingo de Adviento
Diciembre 02de 2018

En la fe y en la esperanza iniciamos el nuevo Año Litúrgico, camino de vida que la


Iglesia recorre en el tiempo de la humanidad.

Un clamor de esperanza se eleva desde el drama
del mundo en el que vivimos, la sed de una paz estable,
duradera y real nos convoca junto a la fuente única, nos
reúne en torno al manantial de la vida y de la esperanza
que es Cristo.

Un año nuevo en la liturgia se inicia con este
Primer Domingo de Adviento y por ello, de la mano
del Señor, mejor, siguiendo sus huellas abrimos esta etapa de nuestra historia,
llamamos a la puerta del Señor, le decimos: ven, Señor Jesús.

Iniciemos, con fe, definiendo este tiempo:

Adviento quiere decir, llegada, advenimiento. En el lenguaje de la fe se puede
hablar de Esperar a alguien que viene, que llega, aguardar la presencia abriendo el
corazón al que llega. Nosotros esperamos al Señor.

Lo esperamos con la confiada visión de Isaías que nos ofrecía la primera lectura:
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra
pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor
(Isaías 2,4).

Lo esperamos queriendo subir hasta la Jerusalén que canta el Salmo de la misa de
hoy (Salmo 121), lo esperamos con la intención de acoger la recomendación de San Pablo
(Romanos 13, 14ª) y que, probablemente, no será del todo escuchada por la inmensa
mayoría: Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas
ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo.

Revestirnos de Jesucristo, es como cuando de niños se nos llamaba a
disponernos para acoger una visita. Se nos recomendaba vestirnos para recibirla, para
esperarla con el corazón dispuesto.

Viene el Señor: A la hora menos pensada, llega el Señor y no podemos dejar que
nos sorprenda dormidos o entretenidos en lo que no salva ni edifica.

8 Textos elaborado por el P. Diego Uribe Castrillón, profesor Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín.
24

Una visita anunciada despierta inquietud. La de Cristo la miramos en tres


expresiones que nos dan su hondo significado: Vino, viene, vendrá el que es llamado con
las dulces palabras que ya empezamos a ensayar: “Consuelo del triste, luz del
desterrado…mi constante amigo, mi Divino Hermano”.9

Pero sabemos que el Esperado ya vino. Vino, en cuanto recordamos aquellos
momentos llenos de ternura en los que contemplamos al Salvador en su infancia,
cuando “se cumplió la plenitud de los tiempos y envió Dios a su Hijo, nacido de mujer,
nacido bajo la ley”10

Sin embargo, sabemos que este pasado añorado, se vuelve presente. Jesús viene,
porque la presencia del Señor es actual y viva. Sabemos que viene en la Eucaristía, que
viene en la gracia de la Palabra viva que acabamos de escuchar, que viene como dice la
Iglesia “en cada hombre y en cada acontecimiento”11, sabemos que viene y que también,
podremos reconocerlo “donde un hombre trabaja y un corazón le responde.”12

Pero la fe nos dice que Vendrá. Este futuro es la esperanza de la Iglesia que los
sabios y los santos llaman escatología, es decir: futura y gloriosa manifestación del
Señor.

Lo aguardamos con la certeza de que su llegada nos traerá la Paz tan soñada, la
verdad tan necesaria, la alegría tan ausente de la realidad de nuestras vidas.

Ven, Señor13, canta la Iglesia, cantan las canciones amorosas que empezamos a
entonar. Ven, decimos con signos de alegría y de esperanza: un árbol lleno de luces, unas
fiestas que se acercan, unas casas resplandecientes, un deseo de compartir con los que
sufren.

Ven, Señor, decimos mientras reconocemos que por no escuchar tus palabras el
mundo se ha llenado de odios, de guerras, de desesperación.

Hoy te rogamos que vengas. La Virgen que, como dice un canto sueña caminos, ya
emprendió el suyo, pionera de esperanza, abanderada de la alegría de estos días, y se
encamina hacia el eterno Belén en el que esperan todos los dolores del mundo que quieren
ser consolados por el príncipe de la paz que Ella lleva ya en sus purísimas entrañas.

Amén.


9 Tradición Colombiana, Gozos de la Novena de Navidad. M. María Ignacia Samper. Siglo XIX.
10 Galatas 4,4

11 Misal Romano. Prefacio III de Adviento.

12 Liturgia de las Horas. Himno de la Hora Intermedia en el Tiempo Ordinario.

13 Apocalipsis 22,20.


25

Corona de Adviento

Primer Domingo

Encendemos esta luz
como aquel que enciende su lámpara para salir en la noche
al encuentro del amigo que ya viene.
En esta primera semana del Adviento
queremos levantarnos para esperarte preparados, para
recibirte con alegría.
Muchas sombras nos envuelven, muchos
halagos nos adormecen, queremos estar
despiertos y vigilantes, porque tú nos
traes la luz más clara,
la paz más profunda, la alegría más verdadera.
¡Ven, Señor Jesús. Ven, Señor Jesús!

Monición introductoria de la Misa6

Comenzamos hoy el tiempo del Adviento. Los santos padres de la Iglesia nos dicen que es el
momento para prepararnos a las dos venidas del Señor: la celebración de su nacimiento y su
vuelta gloriosa. Con la celebración de la Eucaristía y la escucha de la Palabra reavivemos en
nuestro corazón la esperanza que nos hace clamar: ¡Ven, Señor Jesús!

Monición a la Liturgia de la Palabra

La liturgia de este primer Domingo de Adviento, nos invita a revivar la fe y la esperanza en


Dios. Dispongamos nuestros corazones para escuchar la Palabra del Señor y así con gozo
esperemos el nacimiento del Sol que nace de lo alto, Jesucristo Nuestro Señor.

Ø Primera lectura: Jeremías 33,14-16


Ø Salmo: 25(24),4-5ab.8-9.10+14 (R. cf. 130[129],5)
Ø Segunda lectura: 1Tesalonicenses 3,12 - 4,2
Ø Evangelio: Lucas 21,25-28.34-36

Introducción:
La liturgia de la Palabra en este primer domingo de Adviento nos introduce en la dinámica
de la espera del Salvador. Los pasajes de la Escritura nos aseguran que el Mesías nos
traerá la justicia y la libertad; y al mismo tiempo nos indican las actitudes con las que
debemos esperar y acoger al Señor que viene.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?

6
Las homilías de los cuatro domingos de Adviento y la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
junto con las moniciones y oración de fieles son tomadas del plan de predicación de Adviento a Pentecostés del ciclo
C, 2018-2019.
26

El profeta Isaías, en el breve oráculo que hemos escuchado, recoge la esperanza que el pueblo
de Israel mantuvo a través de los siglos: ¡vendrá un Salvador, el Mesías, el Señor! Esta
promesa hallará cumplimiento con la encarnación del Hijo de Dios; ésta es su primera venida.

En el pasaje de San Pablo a los Tesalonicenses la perspectiva se amplía a la segunda venida
del Señor. El tono del apóstol es exhortativo; invita a los fieles a “presentarse” santos e
irreprochables ante Dios cuando vuelva Jesucristo. La idea central del texto es la necesidad
de esforzarse permanentemente por agradar a Dios en todo, mientras se espera el encuentro
definitivo con él.

El Evangelio nos anuncia, con símbolos y señales propios del género apocalíptico, el momento
de la llegada del Señor. Si bien en un primer momento aparecen como señales terroríficas,
ellas son indicación de la conmoción de todo lo creado frente a la presencia inminente e
inmediata del Señor, que, para los cristianos, es señal inequívoca del momento esperado:
“¡levántense, alcen la cabeza, se acerca su liberación!”. La condición para acoger esta acción
salvífica en plenitud es “tener cuidado” o “mantenerse despiertos”.

¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
El inicio del Adviento pone en primer plano la espera del Señor que llega; no sólo se trata de
la preparación para la celebración anual de la navidad, sino también de la esperanza puesta
en la segunda venida del Señor. Así el Adviento es el tiempo de gracia que nos recuerda que
toda la vida es un continuo caminar hacia el encuentro definitivo con Dios, Padre, Hijo y
Espíritu Santo.
Son varias las invitaciones que hoy debemos acoger en el corazón:
- Que el Señor los colme y los haga rebosar de amor mutuo: es, por así decirlo, la
premisa fundamental para recibir al Señor. Se trata de hacer del amor a los hermanos
la regla y la orientación permanente de la vida.
- Agradar a Dios y seguir adelante, es decir, discernir en todo momento lo que Dios
quiere y esforzarse en practicarlo. El salmo lo expresaba con una plegaria: Señor,
enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas.
- Tener cuidado de nosotros mismos: es la invitación a vigilar y a estar atentos
continuamente para no desviarse del camino. Con ejemplos concretos -juergas,
borracheras e inquietudes de la vida- Jesús dice que no se debe ceder a la distracción
y perder de vista el propósito final de la vida.
- Estar despiertos: enfatiza la perseverancia; en otro pasaje evangélico dirá que no se
puede dejar de hacer lo correcto pensando que el Señor tarda.

¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Las primeras comunidades cristianas expresaban su esperanza con esta aclamación:
Maranatha, ¡Ven Señor Jesús! Vuelve pronto. El Adviento nos invita a renovar la esperanza,
manifestando ese mismo anhelo y disponiendo todo en nuestra vida para que el Señor nos
encuentre preparados.
Por ello, el Adviento nos exige una revisión de nuestra vida: ¿cómo nos estamos preparando
para el encuentro con el Señor? ¿Qué tengo qué mejorar para presentarme ante él? ¿Cómo
quisiera que el Señor me encontrara cuando él vuelva?
27

La celebración de la Navidad es una ocasión sin igual para renovar nuestra fe, esperanza y
caridad, porque recibimos de nuevo a Jesús que nos revela el amor del Padre, que vino a
salvarnos de la esclavitud el pecado, que es “Dios con nosotros”.

Pero, como nos enseña el Evangelio, corremos el riesgo de dejar que nuestra mente se
“embote”, es decir, que nos quedemos sólo en las cosas externas, en el ruido de los festejos y
en la preocupación por las cosas mundanas, olvidando las realidades definitivas que son las
que cuentan verdaderamente para nuestro encuentro con el Señor.

Invitemos a las comunidades hoy a recorrer bien, consciente y decididamente, el camino del
Adviento. Que toda la Iglesia prepare espiritualmente la celebración de la Navidad, pero que
también lance la mirada hacia el encuentro último y definitivo con el Señor.

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
La conciencia viva de cuanto la palabra nos dice en este día debe convertirse en un impulso
permanente para la tarea evangelizadora. En la misma línea del Adviento que nos sitúa frente
a la doble venida del Señor, la Iglesia nos recuerda que no podemos descuidar el compromiso
de evangelizar las realidades temporales pensando que algún día dejaremos este mundo,
pero tampoco podemos olvidarnos de las realidades celestes pensando sólo en lo que
tenemos aquí y ahora.
________________________

Recomendaciones prácticas:

1. Dispuestos a iniciar el Adviento somos convocados a la Navidad y a la Epifanía, que
conforman tres etapas que están íntimamente unidas y constituyen un único Misterio: la
espera de la venida, el nacimiento y la manifestación universal del Salvador. Todo ello
concentrado y actualizado en la celebración litúrgica”7.
2. Advertir que la Iglesia no le da a este tiempo de Adviento un carácter de celebración
festiva, sino de preparación de las fiestas navideñas por medio de la renuncia al pecado,
la fidelidad a Dios, incluso en las dificultades, y el ejercicio de la misericordia con nuestro
prójimo. Este es el significado del color morado.
3. Sugerir la corona del Adviento como un signo de la espera de Jesús, luz del mundo. Por lo
tanto, podría hacerse en este domingo la respectiva bendición. Esta corona tiene cuatro
velas y cada domingo de Adviento se enciende una de las luces, a la par que el ministro
realiza una oración adecuada para el caso.
4. En la Eucaristía dominical, las velas podrían ser encendidas después del saludo y por
distintas personas de la comunidad, debidamente preparadas.
5. Si se realiza este rito dominical de la corona de Adviento, se omite el acto penitencial.
6. Igualmente, se puede motivar a las familias y a los catequistas para que tengan las
coronas de Adviento tanto en sus casas, como en el lugar de la catequesis y cada semana,
en el momento más indicado, ir encendiendo progresivamente las cuatro velas,
acompañado de una oración, según la orientación dada por el Párroco.

7
Dossiers CPL 90. Vademecum. Actitudes espirituales para la celebración, p. 200.
28

7. En Adviento no se dice «Gloria» y se deben usar con moderación los instrumentos


musicales y las flores para adornar el altar. Se entona el Aleluya.
8. Desde el inicio del Adviento se puede programar, cuando mejor convenga, una
celebración penitencial, con confesión individual. Esta es la mejor preparación para la
celebración de la Navidad.
9. Se sugiere el Prefacio de Adviento I: Las dos Venidas de Cristo.
10. Se puede emplear la fórmula de bendición solemne En Adviento, Misal pág. 470.

Oración Universal o de los Fieles



Presidente: Iniciando el camino del Adviento, pidamos al Padre que nos conceda prepararnos
conscientemente en la espera gozosa de la venida de su Hijo. Digamos:

R. Escúchanos, Señor.

1. Por la Iglesia en todos los lugares de la tierra, para que siga anunciando con valentía la
esperanza a la que está llamada la humanidad. Roguemos al Señor.
2. Por el Papa, los obispos y los sacerdotes, para que, con su palabra y ejemplo, y de manera
especial en este Adviento, señalen y vayan adelante en el camino que conduce al
encuentro con el Señor. Roguemos al Señor.
3. Por los gobernantes de las naciones para que dirijan a sus pueblos hacia los valores
duraderos y el bienestar integral, promoviendo y defendiendo la dignidad de todas las
personas. Roguemos al Señor.
4. Por los pobres, los necesitados, los que sufren, los enfermos, para que encuentren
remedio a sus dificultades en nuestra caridad. Roguemos al Señor.
5. Por nuestra comunidad, para que, en este tiempo de Adviento, se dedique con mayor
entrega a preparar conscientemente la venida del Señor. Roguemos al Señor.

En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales.

Oración conclusiva

Danos, Padre bondadoso, cuanto te hemos pedido con fe; que sintamos tu auxilio en el tiempo
presente mientras aguardamos la venida de tu Hijo, Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.

29

8.2. Solemnidad de La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María


Diciembre 08 de 2018

La Inmaculada Concepción de María es una fiesta magnífica. En este Adviento nos
recuerda como en María se realizan las maravillas de Dios porque ella es la Señora de la Fe.
Ella, la reina, la madre, la Virgen, la Esposa, la Señora, viene a nuestro encuentro. Viene con
su lección de fe y de amor, viene a traer a este mundo la alegría de su presencia, limpia,
pura, bella, dulce, fiel, santa.

La Palabra Divina que ilumina esta fiesta nos hace
pensar en varias realidades. En primer lugar, pensemos en
aquel momento en el que se nos anuncia la presencia de una
Madre que, con su obediencia y con su humilde
disponibilidad cambia las consecuencias de la desobediencia y
de la soberbia (I Lectura).

Dios nos hizo limpios, buenos. La condición original del
ser humano era la pureza del corazón y la rectitud de
intención. Pero nos hemos dejado seducir de tantas vanas
ilusiones de grandeza, de tantas tentaciones que terminan por
esclavizarnos y someternos a la opresión del mal.

Por eso al celebrar hoy la gloria de María Inmaculada, que
maravilloso es poder pensar que en este día nosotros miramos en
la Madre del Redentor un ideal de vida, es como la dignidad original del ser humano que
se pone delante del mundo como ejemplo de santidad y de belleza espiritual.

María, obediente y fiel, marca la diferencia. Dios la llama, la destina a un ministerio
excelente y magnífico y por ello, desde su origen, desde su primer aliento de vida, la hizo
digna de la misión que debía asumir. Que bello le cantaremos en el Prefacio de la Misa
de hoy:

Purísima había de ser, Señor,
la Virgen que nos diera el Cordero inocente que
quita el pecado del mundo.
Purísima a la que, entre los hombres, es
abogada de gracia,
y ejemplo de santidad8

Que la contemplación del misterio de nuestra Reina nos lleve a vivir la integridad
de la vida cristiana con alegría. Que las Virtudes de María puedan ser vividas también
por nosotros y que, unidos en la fe, configuremos nuestra vida con la de Cristo, el Señor,
que nace para nosotros del Seno Virginal de María y que nos llama en estos días santos a
buscar su presencia y a ser signos de su amor en el mundo.

8
Misal Romano. Prefacio de la Inmaculada Concepción
30

Esta semana que llega nos traerá el recuerdo de Nuestra Señora de Guadalupe. El
alma cristiana de América se acunó en los brazos de la Virgen Morena que, amorosamente,
piadosamente, visita a sus nuevos hijos para proponer el Evangelio de la esperanza y de la
libertad. Ella en las faldas del Tepeyac puso el sello a la primera evangelización,
diciéndonos como a San Juan Diego: ¿no estoy yo aquí, que soy tu madre?9

De la mano de María, confiadamente, piadosamente, sigamos esta fiesta de
esperanza y de alegría y celebremos con gozo y con fe en la fiesta de la Reina Inmaculada
nuestra común vocación a la santidad y a la perfección.

Amén.

Monición introductoria de la Misa

En esta fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen, nos reunimos para
celebrar con inmensa alegría la fiesta de la pura, de la bandera que inicia la batalla contra el
espíritu del mal.
La Inmaculada Concepción es un dogma de fe, una incuestionable verdad de fe, clara e
irrevocable, revelada por Dios; y, por lo mismo, reconocible y de posible entendimiento y
aceptación, con la ayuda del Espíritu Santo.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Escuchemos con fe y alegría la Palabra, al celebrar la fiesta de la Inmaculada. Palabra que nos
muestra la acción de Dios, quien hace el gran honor a la Virgen María de ser concebida sin
pecado, por ser la Madre del Señor Jesús, el Cristo, el Salvador. Así, en Jesús y María, Dios nos
llaman a contemplar el proyecto de su voluntad y a sentirnos hijos de Dios. ¡Bendito sea Dios
por enaltecer nuestra humanidad mediante la Virgen María y reavivar nuestra fe en el amor
de Dios!

Ø Primera lectura: Génesis 3,9-15.20
Ø Salmo: 98(97),1.2-3ab.3cd-4 (R. Lc 1,49)
Ø Segunda lectura: Efesios 1,3-6.11-12
Ø Evangelio: Lucas 1,26-38

Introducción
Hoy los textos de la Palabra de Dios, en esta solemnidad de la Santísima Virgen María, nos
invitan a:
- Reconocer la presencia y las manifestaciones de Dios en la vida de las personas y de
la sociedad.

9
Nican Mopuha. Relato de las apariciones de la Virgen en Guadalupe, citado en la Liturgia de las Horas
31

- Ver las manifestaciones de Dios en las realidades especiales: en el ser y el hacer de


nuestras familias; en el ser y el hacer de nuestros amigos; y, en el ser y el hacer de
nuestra Iglesia, pueblo de Dios.
- Vivir con gratitud y espíritu misionero, para con gratuidad ir a servir presurosos a los
más necesitados.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La lectura del pasaje del Génesis, nos hace ver cómo la humanidad entera y, con ella, la
creación entera, estaba perdida lejos de Dios. Hasta que llega el momento de cumplirse la
buena noticia de la salvación que Dios había prometido.

En la carta de San Pablo a los Efesios vemos la acción de Dios Padre: Dios Padre -por pura
iniciativa suya- nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

En el Evangelio san Lucas, que relata el momento en que el Espíritu Santo envuelve a María,
la llena de la presencia de Dios y en el que ella se deja inundar de la acción divina, que
engendra vida, y acepta ser la Madre del Salvador: - Dios está contigo. Vas a quedar
embarazada y darás a luz un hijo, al cual pondrás por nombre Jesús… -¿Cómo podrá ser esto, si
no tengo relaciones conyugales? –El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te
envolverá. Por eso, el niño que ha de nacer será santo, será Hijo de Dios. …porque para Dios no
hay nada imposible.

Así, por bondad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, María la Virgen Inmaculada es Madre de
Dios y Madre nuestra.

La obra predilecta de Dios, la humanidad, fue infiel y en consecuencia perdió el paraíso,
empezó a sufrir, a experimentar fatiga, a enemistarse y se alejó de Dios.

Frente al gran desastre del hombre, su caída, y la de la creación, por su culpa, se manifiesta el
infinito amor y la inmensa misericordia de Dios, quien toma la iniciativa de dominar al
maligno y destruir el mal, por medio de la mujer.

Dios cumple su promesa de salvar a la humanidad, contando con la cooperación humana, con
la mujer, María Inmaculada, Madre de Jesús, el Salvador, el Cristo, quien pagó nuestro
rescate y nos hizo volver a ser hijos de Dios y, por lo mismo, responsables de la redención de
la creación entera.

¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Todos tenemos la misión de lograr que la misericordia y la verdad se encuentren y que la
justicia y la paz se abracen -salmo 85,11.

Lo primero en esta fiesta de la Inmaculada Concepción, es agradecer a Dios por llenarnos de
sus más ricos dones: su misericordia, su justicia y la entrega de su propio Hijo para salvarnos.

Dios, en su proyecto de amor, tomó la iniciativa de hacernos parte, a nosotros los humanos,
de su obra salvadora, por eso contó con la mujer, con María, y quiso llenarla de su presencia
32

para que su Hijo naciera de ella, tomara condición humana; y, al hacerla madre suya, nos hizo
sus hijos y con su Hijo nos salvó.

Y, así, nuestra gratitud a Dios, por María y con María, se convierte en gratuidad: por eso, ahora
la saludamos como mujer, madre y esperanza nuestra, que nos hace parte de la familia divina;
la honramos como la humilde esclava, misionera y amiga, que nos fortalece, impulsa y
encamina a servir y ser solidarios; y, la proclamamos como la Santa María, Virgen Inmaculada
y mediadora de las grandezas del Señor, que nos enriquece y nos compromete a amar a
nuestras familias y a nuestra Iglesia.

Si, imitando a la Virgen María, reconocemos la presencia y las manifestaciones de Dios y, si
aceptamos hacer su voluntad, su presencia y su acción se transformarán en vida y nos harán
personas nuevas en nuestra familia, entre nuestros amigos, en nuestra Iglesia y en nuestra
sociedad; a la vez que, también nos sentiremos impulsados a servir y a proclamar alegres las
grandezas del Señor.
Dios, mediante la Inmaculada Virgen María y su Hijo, nos comunica la nueva vida divina, por
eso, mientras vamos por esta tierra nos sentimos colaboradores del Plan Divino de Salvación,
de la Obra del Reino; y, por eso, vamos suplicando y experimentando la misericordia de Dios
para nuestras familias, nuestros amigos y nuestra Iglesia, su pueblo; igualmente, oramos y
experimentamos su justicia para que les conceda la felicidad eterna a quienes ya cumplieron
su misión en esta tierra.
¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Sintamos el honor de crecer como personas y familia. Es la mejor forma de dar gloria a
Dios. Dios tiene un proyecto con cada uno de nosotros, como en María, de características y
proporciones humanas. María, una mujer, “joven virgen desposada con un hombre llamado
José, varón descendiente de la casa del Rey David.” -Lc 1,28-. Dios irrumpe en la vida de esta
joven virgen para sorprenderla y presentarle el proyecto mutuo, el proyecto nuevo, de familia
que tiene dimensiones humanas y proporciones divinas, con un pacto de unidad para la vida
eterna. Y, así mismo, Dios quiere entrar en nuestra vida de familia y dar proporciones divinas
a nuestro ser y quehacer humano.
Sintámonos unidos como amigos. Somos parte del mismo proyecto en el que la amistad es
presencia divina y voz de ánimo, “-No tengas miedo María, pues Dios te ha concedido su
gracia.” -Lc. 1,30-. Somos constructores de una realidad grande y trascendente. Somos socios:
Dios hombre, en la vida presente, en la que servimos presurosos con alegría a la amiga, a la
prima, al pobre, al necesitado, más allá de títulos o distinciones, , para seguir unidos en la vida
eterna, , “-Alégrate, la más favorecida de Dios. El Señor está contigo.” -Lc. 1,28-. Es la confianza
y amistad con Dios, que mueve a la amistad con los otros.
Disfrutemos el sentirnos unidos en Iglesia, pueblo de Dios. Nuestro sentido de
pertenencia conlleva la alegría del reconocimiento, la responsabilidad, el servicio fraterno y
la coherencia de vida, ante los otros y ante la creación. Formamos parte de la misma creación,
de la misma realidad y de la misma historia, a la que pertenecemos, junto con Dios y María.
San Luis María Grignion de Montfort, dice: “María es el molde vivo de Dios”. María es el molde
perfecto de Dios y nuestro molde. Realidad ante la que el Papa Francisco nos dice: “Hoy,
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también la «casa común» que es nuestro planeta necesita urgentemente ser reparada y
asegurada para un futuro sostenible…” “Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con
pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarla hasta
conformar un estilo de vida.” Laudato Si’ 211
Es por eso que estamos llamados a seguir los desafíos de cuidar la casa común; escuchar el
grito de los pobres; ejercer la solidaridad con las víctimas, los migrantes y con los que claman
para que se conozca la verdad y se respete la persona; la cooperación con los excluidos,
marginados y ‘desechables’; más que el reto de incluirlos y verlos “allá”, son un imperativo
moral de contribuir y hacer realidad el proyecto de Dios, proyecto de misericordia, perdón y
Vida, de reconciliación, retribución y libertad; proyecto de justicia, lealtad y armonía, que
conducen a la paz; y el proyecto de imitación a María ante la voluntad de Dios: de total
disponibilidad, bondad y fidelidad, como dice Dante, en la Divina Comedia, “en ella, se reúne
la bondad que hay en todas las criaturas.” Y también dice María: “-Yo soy la servidora del Señor.
Que se haga conmigo como dices.”

Finalmente, como un eco a la Palabra escuchada, preguntémonos: ¿cómo reconozco la
presencia y la acción de Dios en el ser y el hacer de mi familia?, ¿en el ser y el hacer de mis
amigos? y, ¿en el ser y el hacer de mi pueblo?

Igualmente, ¿qué espacio o momento dejo para escuchar a Dios, si hoy hago tantas cosas, y,
me dejo invadir por la tecnología y las redes sociales?, ¿tengo un proyecto claro y definido en
medio del bullicio de los medios? y, ¿la navegación y las comunicaciones, me dejan espacios
en los sentidos, mente y corazones para el silencio y la escucha de los otros?
Y la invitación también es a mirar ¿en qué medida cada minuto, cada hora y cada día de mi
vida, en la era de la información, me permiten crecer como persona y familia?, ¿formar mi
personalidad y consolidar competencias? y, ¿definir mis amistades y responder a Dios con
valor y generosidad?
¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
La Virgen María fue concebida Inmaculada, y ella, con su vida, oración y obras, se preparó
para ser la Madre del Hijo de Dios, a quien hace partícipe de la realidad humana y, a la vez,
nos hace partícipes de la dignidad divina y real del Señor Jesús, lo mismo que de su influjo
santificador de la humanidad; ahora ella nos invita a ser discípulos misioneros de su Hijo, nos
acompaña en el caminar histórico y nos motiva a dar testimonio del amor y misericordia de
su Hijo Jesús, al Padre y a la humanidad. Nos pide imitarlo en el servir y perdonar de corazón;
en la lucha contra el mal y en el evitar caer en la tentación; y, como como su Hijo Jesús y ella:
dispuestos a hacer siempre la voluntad de Dios.
______________________
Recomendaciones prácticas:
1. Motivar y organizar el 7 de diciembre la noche de las velitas que se celebra en Colombia
como vigilia de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, dogma
que fue proclamado así por el Papa Pío IX en 1854.
2. Izar la bandera de la Inmaculada. Es tradición de las familias la bandera de la
Inmaculada, la Pura, o tener un símbolo similar que exprese la devoción.
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3. Se puede preparar convenientemente el Rosario o procesión. Es una buena oportunidad


para seguir fortaleciendo las expresiones de fe en Dios, que motiven la fe de otros y el
amor; igual que el pedido de intercesión de la Santísima Virgen.
4. Campaña Fecundar Vida. Unirse a las Jornadas por la vida. Se realizan en las festividades
de la Virgen María: Madre de Dios, Nuestra Sra. de Fátima, la Anunciación y Nuestra Sra.
del Rosario. Van cuatro durante el año. Y esta es la última en la solemnidad de la
Inmaculada Concepción.
5. Esta solemnidad tiene esquema propio de celebración, incluido el Prefacio.

Se puede emplear la fórmula de bendición solemne, Misal pág. 479.

Oración Universal o de los Fieles

Presidente: Pidamos a Dios por Jesucristo, Misionero del Padre y Señor de la historia nacido de
la Virgen María, por acción del Espíritu Santo, que escuche nuestras Oraciones por la Iglesia,
por los más necesitados y por toda la humanidad. Oremos

R. Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros

1. Padre, bendice al Papa, los obispos, los sacerdotes y todos los ministros de la Iglesia, para
que su Palabra de Vida y Salvación, los mantenga firmes en la fe y en constante espíritu
de conversión, servicio y amor a su obra salvadora.

2. Padre, acompaña a los cristianos, especialmente a los que están siendo perseguidos, para
que vivan unidos como hijos de Dios y tengan la fortaleza para confesar su fe y glorificar
a Dios Padre del cielo y Señor de la tierra.

3. Padre, llena de la sabiduría y de todos los dones de su Espíritu a los consagrados y laicos
de la Iglesia, para que cumplan la misión encomendada con entrega fiel y con testimonio
y servicio generoso.

4. Padre, ilumina y guía a los gobernantes para que, ayudados de tu espíritu, cumplan con
honestidad y transparencia las labores que les han sido encomendadas.

5. Padre, te pedimos por los enfermos, del cuerpo y del ama, para que, ayudados por tu
gracia, se sientan consolados y aliviados en sus dolores.

6. Padre, te pedimos por esta comunidad reunida en torno a esta celebración para que
reconozcamos tu misericordia, especialmente en los momentos más difíciles de nuestras
vidas.

En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales


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Oración conclusiva

Padre de todos los hombres,


Tú quisiste que tu Hijo naciera
de la Inmaculada Virgen María
para salvar a toda la humanidad;
escucha las súplicas de tu Pueblo
y que se cumpla tu voluntad salvadora.
Por Jesucristo, Nuestro Señor

R. Amén.


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8.3. Segundo Domingo de Adviento


Diciembre 09 de 2018

Sigue nuestro camino del Adviento. Sigue el Señor proponiendo a los creyentes una
invitación que hace que los discípulos entendamos que también hemos sido enviados,
llamados a pregonar por el mundo el júbilo de la presencia del Señor.

Es el Profeta Isaías el que nos lleva al sentido inicial de este domingo, en el que se
anuncia la vida recobrada por un pueblo que fue esclavo. El brote del Tronco de Jesé, el
mismo que canta nuestra novena de Navidad16 se dispone a esparcir su aroma de paz y de
esperanza, de alegría y de consuelo.

Dios nos ha querido llamar de nuevo, nos hace recordar el tiempo en el que,
como dice el Salmo 71, la llegada del Rey de la justicia, inaugura una experiencia
sincera de paz y de verdad para todos.


En un mundo como el nuestro quiere el corazón
imaginar en este domingo de Adviento una larga y
jubilosa caravana que se acerca, buscando en el Señor
la vida y la alegría, una justicia verdadera que florece
y extiende por el mundo su misericordia y su
novedosa experiencia de la paz (Salmo 71).

El Apóstol hoy nos exhorta a mantener la esperanza, a
descubrir en medio de este mundo, tantas veces agobiado
por las tristezas y decepciones, la alegría de la fe sabiendo hacer de la acogida un signo
de esperanza y de paz.

Y es que es en esta gozosa alegría en la que se mueve el Adviento, más aún, toda la
vida cristiana, pues el Señor viene a redimir y con su redención, con la fuerza de la libertad
que el nos consigue, nos descubre también su rostro amoroso y alegre.

Hoy queremos ser ese pueblo que saborea, con júbilo su realidad de redimidos.

Hoy, jubilosos, pero también llenos de fe, suplicamos al Señor que nos descubra su
rostro de bondad, que venga a compartir nuestra vida, que llegue a cada corazón, que,
así como en los tiempos históricos que nos narra San Mateo, las gentes descubrieron
su presencia y acogieron el anuncio del Bautista, nosotros allanemos los caminos,
quitemos los obstáculos del corazón, abramos las puertas de la vida al que llega para
salvarnos.

Aunque sean durísimos los adjetivos del Bautista, hemos de construir nosotros un
tiempo de vida y de alegría que le dé cabida al amor y a la paz, a la verdad que salva,

a la presencia de Dios que lo renueva todo.
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Nos ayude a descubrir este camino la Madre del Señor. Ella, siempre fiel, prepare
nuestro corazón con su ejemplo y testimonio, Ella nos muestre al Salvador, el que nos hará
vivir la Paz en la esperanza y la alegría en la comunión de la fe.
Amén.

Corona de Adviento

Los profetas mantenían encendida
la esperanza de Israel.
Nosotros, como un símbolo,
encendemos estas dos velas.
El viejo tronco está rebrotando,
florece el desierto.
La humanidad entera se estremece
porque Dios se ha sembrado
en nuestra carne.
Que cada uno de nosotros, Señor,
te abra su vida para que brotes,
para que florezcas, para que nazcas
y mantengas en nuestro corazón
encendida la esperanza.
¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!

Monición introductoria de la Misa

Nos reunimos en torno al altar para celebrar la santa misa, banquete que nos ilumina el
camino de nuestra vida. Hoy, segundo domingo de Adviento, continuamos la preparación
para la llegada del Mesías; nos ayudará en este propósito la figura y el anuncio de San Juan
Bautista, quien nos invita a disponer los senderos del Salvador. Como pueblo de Dios,
vayamos juntos a su encuentro.

Monición a la Liturgia de la Palabra

La Palabra de Dios tiene hoy para todos nosotros un anuncio que nos llena de alegría: ¡Viene
el Salvador, preparen su camino! Escuchemos con atención y pensemos cómo hemos de
acoger a Cristo en nuestro corazón.

Ø Primera lectura: Baruc 5,1-9
Ø Salmo: 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6
Ø Segunda lectura: Filipenses 1,4-6.8-11
Ø Evangelio: Lucas 3,1-6

Introducción
Las lecturas de la Sagrada Escritura en este domingo segundo de Adviento nos trasmiten:

- Un pregón o anuncio de la llegada del Mesías.
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- Una invitación a prepararle el camino y allanar sus senderos.


- Un modelo de espera en la figura de Juan, el Bautista

¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Podemos partir del pasaje evangélico que ubica en la línea de la historia de la salvación el
más grande acontecimiento: el nacimiento del Mesías. Juan Bautista se presenta como
instrumento de Dios para el cumplimiento de la promesa divina con una vocación profética
específica: “preparar los caminos del Señor” para que “toda carne vea la salvación de Dios”.
Esta misión, a partir de la citación de Isaías, es descrita como hacer que lo escabroso se allane,
que lo hondo se alce, que lo torcido se enderece, para que el Señor encuentre un camino llano,
fácil, recto.

El texto de Baruc acude a la misma imagen, pero aplicándola al pueblo de Israel que, con la
conducción del Señor, podrá volver a su tierra, reunirse y caminar seguro, protegido,
confiado en la acción misericordiosa de Dios. El bien conocido salmo 125 celebra justamente
este retorno de Israel a la tierra prometida con tonos de alegría, de cánticos, de
contemplación de la acción maravillosa de Dios.

La carta de San Pablo a los Filipenses puede leerse también como una celebración de la acción
de Dios en la vida de la comunidad. Al mismo tiempo es una invitación a la confianza, a la
perseverancia, a la cooperación en la tarea misionera, al crecimiento permanente en el amor
mutuo; todo para llegar al día de Cristo, su segunda venida, limpios, irreprochables y
cargados de frutos de justicia.

¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
El mensaje que nos entrega la Palabra se puede resumir en estas invitaciones:

- Preparar la llegada del Señor: también nosotros, como San Juan Bautista,
debemos consagrarnos a preparar la venida del Señor. La celebración del
nacimiento del Salvador, a la que el Adviento nos dispone, no puede ser
improvisada; es necesario allanar los senderos, arreglar los caminos, enderezar lo
torcido, para que la llegada del Señor a la vida de todos sea viable. En efecto,
tenemos que reconocer que, con ciertas actitudes e intereses que se centran más
en lo exterior o que convierten la navidad en un derroche o fiesta mundana,
obstaculizamos el camino del Salvador.

- Reunirnos para dejarnos conducir por el Señor: no podemos ignorar este
énfasis de la Palabra de Dios en este día. El Señor nos reúne, nos guía y nos
protege; nos quiere unidos junto a él. La celebración de la navidad ha de ser
siempre, por la gracia de Dios, un privilegiado momento de “reunión”, de
“reconciliación” y de “paz”. Es necesario por tanto que, acogiendo este don
maravilloso, dejemos atrás los odios, rencores y divisiones, y nos dejemos invadir
del amor de Dios.

- Crecer en el amor: la contemplación del amor de Dios, evidente en la encarnación
de su Hijo, nos debe impulsar a ensanchar nuestro amor a los hermanos. Como
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aparece en el texto bíblico, se trata de amar más, con mayor sensibilidad hacia las
necesidades y sufrimientos de nuestros semejantes.

¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
En un mundo donde cada día recibimos noticias de guerras, de muertes, de pobreza y de
dolor, el anuncio de la llegada del Mesías nos abre las puertas para ir al encuentro del Mesías
que llega y nos trae la alegría verdadera, la que solo puede realizar el amor de Dios en nuestra
vida.

Para preparar la llegada de Jesús a nuestra vida y celebrar auténticamente la navidad es
necesaria la disposición interior, la apertura del corazón al amor de Dios, el deseo de acogerlo
y la decisión de dejarnos transformar por él. Hay que evitar todo aquello que obstaculiza su
llegada.

Por eso, siguiendo la imagen del camino que se debe allanar y como Juan Bautista lo predica,
el Adviento es también un tiempo de purificación o de conversión. Es necesario que hagamos
un serio examen de conciencia que nos permita identificar qué hay en nuestra vida que nos
impide acoger al Salvador. Pidiendo el perdón y la gracia del Señor, tendremos la fortaleza
para enderezar lo torcido y hacer un sendero recto para Jesús.

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
Como San Juan Bautista, los discípulos y misioneros de hoy también tenemos la misión de
allanar el sendero para que Jesús llegue a la vida de nuestros hermanos y hermanas. ¡Seamos
precursores de la llegada del Mesías! Lo podemos hacer especialmente en nuestros hogares,
en nuestros sitios de trabajo, en las instituciones, en nuestras comunidades parroquiales.
_____________________

Recomendaciones prácticas:

1. Después del saludo, puede encenderse la segunda luz de la corona de Adviento,
recitando la respectiva oración.
2. Se sugiere el Prefacio de Adviento III: Cristo, Señor y Juez de la historia
3. Puede usarse la fórmula de bendición solemne En Adviento, Misal pág. 470
4. Estimular la participación en nuestras comunidades parroquiales de los fieles por medio
de actividades que giren en torno al acontecimiento que celebramos, fortalece la fe de la
comunidad y anima a seguir buscando la presencia viva y fortificada de Jesús naciendo
en un pesebre.
5. Se puede organizar y desarrollar el Movimiento Navideño Infantil - MONAIN - con el
fin de incentivar en los niños el sentido propio de la Navidad.
6. También se puede motivar el pesebre o belén en el templo, hogares y lugares de trabajo
y encuentro, en un día más cercano a la Navidad, para la realización de la novena como
preparación al nacimiento espiritual de Jesús en el corazón, las familias y la comunidad.
El pesebre se puede dejar hasta el domingo después de Epifanía, fiesta del Bautismo del
Señor.
7. Programar con dedicación el rezo de la novena de Navidad es garantizar una
celebración de piedad popular con mayor participación, con un alto nivel de
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comprensión que, deja frutos de compromiso evangelizador en las personas, familias y


comunidades.


Oración Universal o de los Fieles

Presidente: Al Padre que nos ha dado la prueba de su inmenso amor enviando a su Hijo para
salvarnos, elevemos nuestras plegarias con plena confianza, diciendo:

R. Padre de misericordia, escúchanos.

1. Padre bueno, que enviaste a Juan Bautista a preparar los caminos del Señor, haz que la
Iglesia anuncie con alegría, generosidad y fidelidad el Evangelio de la salvación a todos
los pueblos de la tierra. Roguemos al Señor

2. Padre amoroso, que nos enviaste a tu Hijo como “príncipe de la paz”, ilumina a los
gobernantes de las naciones para que trabajen sin tregua para acabar con las guerras, las
injusticias y las pobrezas. Roguemos al Señor

3. Padre misericordioso, que nos invitas especialmente en este tiempo a la conversión para
acoger a tu Hijo hecho hombre, danos tu gracia para que enderecemos lo que en nuestra
vida no está conforme a tu voluntad. Roguemos al Señor

4. Padre nuestro, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de
la verdad, haz que nuestra comunidad, con el testimonio de unidad y de amor, atraiga a
todos a ti y a la familia eclesial. Roguemos al Señor

5. Padre santo, fuente de toda bendición, danos la gracia de preparar la venida de tu Hijo
renovando nuestra fe, en la escucha de tu Palabra, en la oración y en la caridad. Roguemos
al Señor.

En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales

Oración conclusiva

Escucha, Padre, las plegarias que te hacemos mientras preparamos la celebración del
nacimiento de tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

R. Amén.




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8.4. Tercer Domingo de Adviento gaudete


Diciembre 16 de 2018

Hoy todo anuncia la fiesta cercana. Las Lecturas, el Salmo 147, que esta vez toma
su respuesta de la súplica de Isaías (cf. Is 35, 4): las oraciones, el canto que despunta
jubiloso, el día del Señor que se revela, sereno y majestuoso en la gozosa fiesta de la
Iglesia que, (vestida de rosa), aguarda a su Señor17.

Este domingo que se llama de Gaudete, es decir del gozo, es la fiesta de la Alegría. Somos

peregrinos que caminamos al encuentro con


toda la gracia y el poder de Dios que se concentran, de
modo admirable y misterioso, en la ternura del Niño de
Belén.

Los cánticos, las plegarias, los pesebres, las
luces, se van convirtiendo para nosotros en un
camino, como si hiciéramos nuestras las palabras del
Beato Paulo VI, que tuvo la dicha de escribir una
Exhortación Apostólica sobre la Alegría Cristiana, en
la que son citadas las palabras de un filósofo, un hombre de ciencia pero también un
hombre de fe, allí se nos refiere del MEMORIAL DE PASCAL: “alegría, alegría, alegría,
lágrimas de alegría…una alegría eterna en contraste con un día de sufrimiento en la
tierra”18.

Toda la Iglesia, animada por la voz se Juan, el Precursor, que resuena en el
Evangelio de hoy, sabe que el Mesías llega comprometiéndonos a todos con la vida, con
la justicia, con la esperanza, con el amor, con la alegría. Es también la última etapa del
camino hacia Belén.

Hoy nos habla el apóstol Santiago, con una exhortación paternal a la esperanza,
mientras que el Evangelio nos muestra cómo los signos del Señor de la Gloria están
haciendo evidente la llegada del Reino de Dios.

Es la alegría del que recorre la inocencia de la Iglesia, la piedad humilde de los
pobres, la fe sencilla y deslumbrante de los niños y de los que tienen alma de niño, de los
que saben encontrar en las cosas sencillas la presencia de Dios.

Si, caminamos con José y María hacia Belén. Una hermosa canción musicalizada por
Ariel Ramírez, describe este camino de los santos peregrinos hacia Belén:


A la huella, a la huella José y María,
por las pampas heladas, cardos y ortigas.
A la huella, a la huella cortando campos,
no hay cobijos ni fonda, sigan andando.
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Florecita del campo, clavel del aire,
si ninguno te aloja, ¿adónde naces?
Dónde naces florcita que estás creciendo,
palomita asustada, grillo sin sueño.

Es que la vida de todos, la nuestra, la de cada ser humano, es toda ella camino,
a veces salpicado, como el de Israel, como el del mismo Jesús, por tantos dolores,
por tantas frialdades, por tantas amarguras. En el camino que la Liturgia sigue en
esta semana que iniciamos, vendrán voces y palabras de profetas, cantos sencillos
del Pueblo Santo, anuncios jubilosos, alegría que crece. Por eso en el compromiso
de la vida que genera nuestra fe, hay también un camino que recorrer. Vamos
hacia el corazón de Cristo, vamos hacia la Iglesia entera, hacia cada uno de los que
la conformamos y le pedimos al Señor que Pastores y rebaño nos citemos delante
del pesebre y sigamos implorando la llegada del Reino y del Rey.

Abramos el corazón a la vida y que, junto a todos los hermanos, con las
plegarias seculares de la Iglesia, en esta semana se levante a implorar que el ADONAI
poderoso, la LLAVE DE DAVID, la FLOR DE JESÉ, el Salvador20, largamente añorado por
Israel, pueda ser contemplado en el regazo de la Virgen sin Mancha, la Gloriosa María,
por todos los hombres de buena voluntad.
Amén

Corona de Adviento

En las tinieblas se encendió una luz,


en el desierto clamó una voz.
Se anuncia la buena noticia:
el Señor va a llegar.
Preparen sus caminos,
porque ya se acerca.
Adornen su alma
como una novia
se engalana el día de su boda.
Ya llega el mensajero.
Juan Bautista no es la luz,
sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas
cada uno de nosotros
quiere ser antorcha tuya
para que brilles,
llama para que calientes.
¡Ven, Señor, a salvarnos,
envuélvenos en tu luz,
caliéntanos en tu amor!
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Monición introductoria de la Misa

El domingo está lleno de la fuerza del resucitado, en el contexto del adviento, la comunidad
eclesial se reúne a celebrar su camino de preparación al nacimiento de Jesús de nuevo en
nuestro camino de fe. El tema de la alegría y el gozo, presente en este tiempo, es una llamada
a revivir el verdadero amor por ese Dios que se sigue encarnando en las situaciones de
nuestra historia en los rostros concretos de los más necesitados. Y así como el Papa Francisco
nos insiste en, no dejarnos robar la alegría del evangelio, nuestra celebración dominical nos
llena en su palabra y en la comunión de gestos de alegría que reavivaran este tiempo glorioso
del adviento, celebremos con amor y júbilo esta eucaristía. Sean todos bienvenidos a esta
celebración.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Al escuchar las lecturas de en esta liturgia dominical, el corazón se llena de gozo y alegría, es
así como vivir alegres en el Señor es una premisa que se hace vida en nuestra vida.
Preparemos el terreno de nuestro corazón a la siembra que el Espíritu hará en nosotros por
medio de la palabra que se proclamará en esta celebración, para así poder responderle al
Señor de la mejor manera, siendo corresponsables con el testimonio que demos del gozo que
Dios siembra en nuestros corazones con su Palabra.

Ø Primera lectura: Sofonías 3,14-18a
Ø Salmo: Isaías 12,2-3.4bcd.5-6 (R. cf. 6)
Ø Segunda lectura: Filipenses 4,4-7
Ø Evangelio: Lucas 3,10-18

Introducción
La alegría se convierte en este tercer domingo de Adviento, en un tema que atraviesa el
mensaje de la palabra que ilumina este camino a la celebración de la natividad de Jesús.
Pero, esa alegría se va a expresar en tres niveles distintos:
El primero, lo reseñara Sofonías en la exaltación realizada a la hija de Sion, alegoría
presente en los evangelios, en la figura de María, la madre del Salvador.
El segundo nivel, será el propuesto por el salmista, que invita a la asamblea a exaltar de
Júbilo al reconocer la presencia del Santo de Israel.
El tercero, va a estar representado en la carta a los Filipenses en donde Pablo, invita a la
comunidad a permanecer vivos y alegres en el Señor; de esta manera la liturgia nos va a
invitar a gozarnos en el Señor en la actitud permanente de la conversión, como lo
encontraremos en el relato del evangelio de Lucas.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?
En la primera lectura el profeta Sofonías, va a llamar a la hija de Sion a alegrarse, gritar,
regocijarse y disfrutar la presencia de Dios; cuatro verbos que van a llevar a no tener miedo
y, por ende, no desfallecer en la fidelidad a su Dios. Y la manera en como Dios regalará esos
dones, de la alegría y regocijo, será por medio de la renovación de su amor por el pueblo. De
nuevo las profecías serán una manera de invitar al pueblo a estar atento a las manifestaciones
de gozo, emanadas de una vida plena en Dios. Todo este relato se enmarcará en un espacio
44

de alianza y se sellará con la fiesta como interludio de gozo y la alegría del Señor, en el amor
a su pueblo.

El salmo está considerado como uno de los cánticos de la profecía de Isaías en los que el
mismo profeta, y tal como lo recitará el corista, va a proclamar: “mi fuerza y mi poder es el
Señor, él fue mi salvación”. Escuchar este salmo devuelve la fe, reconforta la confianza y
afianza el amor a Dios que se sigue manifestando a su pueblo. Pero no se puede dejar pasar
por alto, que el salmista hace un recuento de cómo, al invocar el nombre del Señor, él se sigue
manifestando. El Júbilo del profeta Sofonías, vuelve a resonar en los oídos de los oyentes y,
de esta forma, se consagra la grandeza de Dios en medio de su pueblo.
La carta de Pablo a los habitantes de Filipo, es un eco de los textos anteriores y en el
acontecimiento de la segunda venida, y declara como fundamental para su comunidad. Estar
preparados para el gozo y la alegría, del Señor, es disponer la vida y el corazón a participar y
vivir el constante gozo que trae la vida en Cristo, como lo pregonara con insistencia el apóstol.

Juan el Bautista se considera como el profeta que cierra la profecía de antiguo Testamento y
gran precursor del anuncio de la obra salvífica y de predicación de Jesús, sobre el Reino de
Dios. El llamado a la conversión no va a ser otra cosa que, volver los ojos al Señor. En el desvío
de la mirada a otros dioses, Juan es la voz que clama en el desierto: “abran las sendas el
Señor”. Las tres partes del evangelio de este domingo, son una muestra de los elementos que
van a ser fundamentales en el camino de desprendimiento del que dispone su vida a seguir
al Señor, por eso la insistencia de los diálogos y las preguntas al Bautista.
La llamada a corregir el camino, no exigir más de los establecido, la extorsión y el
aprovechamiento de las falsas denuncias, se convierte en una manera de generar una tensión
progresiva en la atenta recepción de la venida Mesiánica de Jesús. El proclamado y muy
mentado bautizo con Espíritu Santo, se convierte en la manera de abrir el camino y la senda
para alabar, bendecir y proclamar la victoria del anuncio realizado por el Juan. La
preparación del camino es la manera en que se establecerá una conexión directa con la
predicación de Reino que Jesús hará.

¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Aunque no es fácil frenar el curso de la historia y darle un tiempo a la espera del adviento, y
menos, en medio de una sociedad que me quiere adelantar a los acontecimientos, la palabra
de Dios, de nuevo, nos conforta en la docilidad que pueda tener el disponer la vida y el
corazón al gozo del amor de Dios. Dejarnos interpelar por la Sagrada Escritura, es permitirle
a Dios llenar nuestro ser de su amor misericordioso, que convierte nuestras dificultades en
oportunidades de cambio y transformación.

La confianza de saber que Dios escucha en la oración y que esa suplica no quedara
desatendida, como lo dice San Pablo, llena el corazón y el alma de esperanza para seguir el
camino del creyente. Gritar con júbilo la obra de Dios, es renovar la confianza en él, es
disponer la vida al encuentro con él, es permitir que el Señor exculpa en la piedra del corazón
hasta que lo convierta en corazón de carne. Su venida gloriosa preparada en este tiempo,
llena a la comunidad de alegría, y es por eso que se disponen las casas, las calles, los templos
y demás escenarios, para que sea Dios Padre mismo, quien colme con de alegría y gozo, la
encarnación y nacimiento de su hijo amado, como lo revelan los evangelistas.
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¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad?
El gozo, la alegría, el júbilo, hacen parte de la antropología bíblica que afinca sus valores en
la vida como un don de Dios, la existencia humana es considerada como algo bueno y valioso,
desde el principio hasta el final. La misma alegría va estar vinculada con el placer, ella se verá
atravesada por el dolor y sufrimiento, causado por el pecado. Es así como la evolución en la
comprensión del término (alégrate), va a tener un espacial acento en el cristianismo en el
gozo y jubilo que causa el anuncia del kerigma, desde el nacimiento hasta resurrección del
Señor. Es en este contexto, que la alegría mesiánica de la hija de Sion, se identificará por el
profeta Sofonías, es el preludio del mismo khaire, de la madre del salvador, en este contexto
de adviento. El mensaje reiterativo de la palabra en sus diferentes expresiones, va a encontrar
el regocijo que Dios mismo otorga a sus hijos en el amor y el perdón.

“No nos dejemos robar la alegría del evangelio”, es un mensaje reiterativo del Papa Francisco,
y se hace vida en la medida en que no perder el tesoro del amor de Dios, genera un estado de
gozo y felicidad permanente; no es casualidad que varios de los escritos del Papa, estén
titulados con una categoría cercana, asociada o relacionada con el gozo: Evangelii Gaudium,
Laudato si´, Gaudate et exultate, entre otros; la reiterada titulación, se convierte en una
manera programática de evangelizar a la Iglesia y de recordarle a la comunidad eclesial, uno
de los principios más vitales de sus ser pueblo de Dios, un pueblo festivo, un pueblo exultante
de gozo en su Señor.

En medio de una sociedad convulsionada, frenética, acelerada y desbordada en el uso del
tiempo, el mensaje de la palabra sigue siendo un bálsamo para la vida. El tiempo del adviento
está caracterizado por ser un espacio reservado a la espera, a la preparación, pero
idealmente, es un tiempo para desacelerar la vida y tomar distancia del frenesí e intensidad
con el que se vive. El bautismo con agua y Espíritu Santo pregonado por Juan el Bautista, le
recuerda a la comunidad que es el amor a Cristo que avivará la espera del nacimiento del
Mesías; de nuevo la dimensión tripartita del bautismo, del reinado, sacerdocio común y
profetismo, es una manera de situarse frente a Dios en la espera triunfante de su encarnación
y futuro nacimiento. La comunidad eclesial, prepara, dispone, alista y se acomoda para que
de nuevo nazca Jesús en, el pesebre de la esperanza del corazón del creyente.

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
El cristianismo es un permanente encuentro con Cristo, no se puede hablar de ser cristianos
si no hay esa experiencia con él. Preparar y disponer nuestras vidas como lo hacemos cada
año en este tiempo, es un llamado a dejarnos transformar por el encuentro y la relación con
Dios, con los otros y con los demás, tal y como lo señala en varias ocasiones el Papa Francisco
en su encíclica sobre el cuidado de la casa común. Cada vez más con frecuencia, el disponer
nuestra vida para celebrar la navidad, nos debe llevar a vivir lo fundamental y renunciar a
todo aquello que no nos permite ver ni reconocer el amor de Dios en la vida y en especial, el
reconocerlo por medio de los otros, tal y como lo señalaba San Oscar Arnulfo Romero: “Todo
aquel que se preocupa del hambriento, del desnudo, del pobre, del desaparecido, del
torturado, del prisionero, de toda esa carne que sufre, tiene cerca a Dios,” haciendo una
alusión al texto del evangelio de Mateo en el capítulo 25, versículos 31 al 46, un una homilía
del 5 de febrero de 1978.
46


No se puede perder de vista, qué es lo que preparamos en el adviento y el mensaje de alegría,
gozo y júbilo de la liturgia de la palabra nos da las claves de lectura y acción en nuestra etapa
de preparación. El cristiano esta movido e impulsado a vivir la misión de Cristo, por el
impulso recibido en el bautismo, Juan el Bautista abre el camino, pero es Jesús quien, en su
predicación del Reino de Dios, consigue darle plenitud al mensaje del cuan Juan fue
precursor. Adviento es disponer nuestras vidas para el encuentro real con Jesucristo que
nacerá en el pesebre de la alegría de nuestros corazones, y este tercer domingo es una nueva
oportunidad de creer, vivir y celebrar el amor que nacerá en la sencillez y humildad del
pesebre de nuestras vidas y en las situaciones que rodean nuestras comunidades cristianas,
en los rostros concretos de sufrimiento; vivir en estado de adviento es estar preparados para
la misión a la cual nos impulsa el Señor en la espera gloriosa de su venida.

Recomendaciones prácticas:

1. Después del saludo, puede encenderse la tercera luz (rosada) de la corona de Adviento,
recitando la respectiva oración.
2. Hoy se permiten los instrumentos musicales y las flores para adornar el altar. Se sugiere
usar ornamento de color rosado.
3. Se sugiere el Prefacio de Adviento I: Las dos Venidas de Cristo
4. Las prácticas de devoción propias de nuestro contexto eclesial, deben ser una manera de
preparación y de acompañamiento comunitario, en donde se debe estimular a la
comunidad a no perder de vista la centralidad del acontecimiento que se celebra, la
Navidad.
5. Fomentar espacios comunitarios en donde se catequice, desde los sinónimos, con la
Palabra, que el Señor nos regala en este domingo: gozo, alegría, júbilo, entre otras; son
espacios favorables para recomponer la esperanza propia de la comunidad que espera
con deseo amoroso el nacimiento de Jesús.
6. Evangelizar desde los símbolos propios de nuestra tradición de adviento, es una manera
de centrar y vivificar a las comunidades, en torno a la presencia viva y vivificante del
espíritu navideño.
7. Tiempo mariano: tener presente y resaltar que a partir del 17 de diciembre se acentúa en
la Misa y en la Liturgia de la Horas, el recuerdo de la Virgen María, así escucharemos
varios pasajes del evangelio que harán mención de ella.
8. Hoy 16 de diciembre, se inicia la novena de preparación a la Navidad. Si ésta se realiza
teniendo en cuenta la Santa Misa, conviene hacerla antes o después. Igualmente, el altar nunca
debe quedar haciendo parte del pesebre. Se deben respetar los espacios sagrados, su
significado y función.
9. Dar la importancia al tema que propone la Novena, de la Conferencia Episcopal de Colombia,
“Navidad, Dios con nosotros. Hacia una cultura del encuentro”, que todas las acciones
pastorales y sus diversas actividades evidencien la importancia del encuentro como
experiencia significativa.




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Oración Universal o de los Fieles



Presidente: con el gozo que Dios mismo nos ha sembrado en nuestros corazones en la escucha
de su palabra, dirijamos al Señor nuestras plegarias, con la profunda confianza de ser atendidas
en su misericordia y amor de Padre, y digamos:

R. Que tu gozo Señor disponga nuestras vidas a recibirte con amor.

1. Oremos por el Papa y sus ministros ordenados para sigan guiando a la Iglesia con amor y
gozo, en el camino al nacimiento de Jesús en la sencillez y humildad de nuestros
corazones; oremos al Señor.

2. Oremos por nuestros gobernantes para que sean dóciles a las necesidades de los más
vulnerables de nuestra sociedad y así creen políticas que contribuyan a la búsqueda del
bien común y la defensa de la dignidad humana; oremos al Señor.

3. Oremos por esta comunidad parroquial, especialmente por los enfermos, para que con
gozo el nacimiento de nuestro Salvador los conforte en sus padecimientos; oremos al
Señor.

4. Oremos por las comunidades eclesiales que se sienten interpeladas por la palabra de Dios
y se disponen a celebrar con gozo y alegría las fiestas de navidad; oremos al Señor.

5. Oremos por aquellas intenciones que hay en nuestros corazones y que en el silencio de
esta asamblea las presentamos, para que el Señor nos conceda aquello que en su
misericordia será para nuestro bien, salud y remedio espiritual; oremos al Señor.

En un momento de silencio pidamos al Padre por nuestras intenciones particulares.

Oración Conclusiva

Escucha Padre de amor estas suplicas que te hacemos, para que tu misericordia y amor, llenen
de gozo y alegría nuestras comunidades. Te lo pedimos por Jesucristo tu hijo amado.

R. Amén.
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8.5. Cuarto Domingo de Adviento


Diciembre 23 de 2018

Este es el domingo de María.
Pero el evangelio habla del Sueño de José. Este hombre justo es la obediencia hecha
voluntad, la fidelidad hecha silencio, por lo que Dios escoge el estilo de los sueños para
hablarle en un lenguaje que ya conocían los lejanísimos antepasados acostumbrados a este
insólito modo de revelación.

Hay un humano temor en el corazón del Santo Patriarca. Por ello el ángel le pide
que se abandone en la voluntad de Dios y empiece a preparar el camino de amor y de
ternura que le llevará a Jesús, al que viene, al que llega en la humildad y en el silencio,
al que atraviesa los cielos para acogerse al cuidado del que ya había sido proclamado
como hijo de “una virgen”( I Lectura).

La primera lectura de este domingo tiene como centro


la Madre Virgen del Pastor. La Madre del que es al tiempo
PASTOR QUE APACIENTA Y CORDERO APACENTADO.

Ella nos ofrecerá el Emanuel, el Dios con nosotros,
porque lo posee, porque lo ha recibido con amor, lo esperó
con gozo, lo lleva, misionera a las montañas de Judá, lo
acompañará a Caná de galilea, lo seguirá en silencio mirando
con gozo las alabanzas que le dirigen y
comprobando como se cumplen una a una las profecías que anuncian sus glorias y sus
dolores, y lo seguirá entregando y ofreciendo hasta el supremo sacrificio de la cruz.

Que bien lo cantó Melitón de Sardes, un escritor antiguo que decía:

Este es el cordero sin voz; el cordero inmolado; el mismo que nació de María, la
hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte,
inmolado de vísperas y sepultado a la noche; que no fue quebrantado en el leño, ni se
descompuso en la tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que en el
hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro.

Este es el que vendrá el domingo entrante y al que buscaremos en los brazos de
María en ese Belén eterno, en la humildad del Pesebre, en la simplicidad del Nacimiento.

Pero hay también hoy un personaje excepcional: San José acoge la voz de Dios y con
fervorosa alegría recibe a Jesús y se dispone a “hacerse de su amor sagrario”, como dice
bellamente la Novena de Navidad que resuena en todas partes en estos días.

Es el silencioso custodio del Sagrario del Espíritu santo que es María, será el padre
nutricio del que nos dará el pan del cielo, será el custodio celoso del que se hizo hombre por
49

nosotros. Que San José nos enseñe el silencio contemplativo, el trabajo sereno y fecundo,
la alegría de contemplar al Salvador.

La Navidad está a la puerta, hoy la esperamos con María, la Bendita porque ha creído,
porque esperó y porque pudo ofrecer el fruto bendito de su vientre a los que ayer le
aguardaron con amor y a los que en este tiempo lo esperemos “para nuestra salud y
remedio” como hemos empezado a rezar en la preciosa novena de navidad que hoy
rezaremos pidiendo y agradeciendo la bendición de Dios.

Corona de Adviento

Al encender estas cuatro velas,
en el último domingo,
pensamos en ella, la Virgen,
tu madre y nuestra madre.
Nadie te esperó con más ansia,
con más ternura, con más amor.
Nadie te recibió con más alegría.
Te sembraste en ella
como el grano de trigo
se siembra en el surco.
En sus brazos encontraste
la cuna más hermosa.
También nosotros
queremos prepararnos así:
en la fe, en el amor
y en el trabajo de cada día.
¡Ven pronto, Señor. Ven a salvarnos!


Monición introductoria de la Misa

En la antesala de la celebración de la navidad, llegamos al último domingo del tiempo de


adviento, confiados en que el camino que hemos recorrido nos traerá la alegría del
nacimiento de nuestro Salvador. Cada uno de nosotros, ha dispuesto su vida y corazón a Dios
para el nacimiento de Jesús. Las cuatro velas encendidas de la corona de adviento son el signo
de la manera en que nos hemos dispuesto a acoger de nuevo el nacimiento de la luz que no
tiene ocaso. Que esta eucaristía reavive la fuerza del amor que Jesús ha venido a atraer al
mundo. Dispongamos nuestro corazón para vivir y celebrar este encuentro con el Señor
presente en la fe de nuestra comunidad.

Monición a la Liturgia de la Palabra

El nuevo testamento cambia la imagen de una pequeña aldea de Judá, Belén es un lugar donde
nacerán Jesús y a partir de ese momento, la historia de la humanidad se partirá en dos.
Escuchar la palabra de Dios en este domingo, es asumir la actitud de María quien sale
50

presurosa a anunciar la alegría del evangelio. Dispongámonos con la misma actitud de Isabel
que acoge y celebra el amor de Dios al escuchar la voz de María en su saludo, al entra en la
casa de Zacarías. Escuchemos atentamente este mensaje de amor.

Ø Primera lectura: Miqueas 5,1-4a
Ø Salmo: 80(79),2ac+3b.15-16.18-19 (R. cf. 4b)
Ø Segunda lectura: Hebreos 10,5-10
Ø Evangelio: Lucas 1,39-45

Introducción
Los signos de la preparación al nacimiento de Jesús que aparecen en la palabra de Dios y que
iluminan este cuarto domingo de adviento,
- disponen la vida del creyente a celebrar una vez más, con gozo, el nacimiento del
salvador del mundo, quién, en la humildad y sencillez de un pesebre,
- nos recuerda la grandeza de la salvación universal que Dios envía al mundo.
Entre el anuncio del nacimiento de una luz, hecha por el profeta Miqueas, la
comprensión del sacrificio en el nuevo testamento de la carta a los Hebreos y el
protagonismo de dos mujeres, María e Isabel;
- la palabra de Dios será la guía que lleva a la comunidad a disponer la vida y el
corazón al nacimiento de Jesús.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Miqueas proyecta en la figura de Belén, -la casa del pan-, el poder de la pequeñez y
la sencillez de un territorio importante en el contexto bíblico. Es allí donde se cumplirá la
profecía y en donde se encenderá la luz que no conoce tiniebla, Jesús portador de paz, nacerá
en esta pequeña aldea de Judá. Pero ¿qué implica este nacimiento? Para Belén su fama
perenne, para los creyentes, la oportunidad más real de conocer a Dios en persona, él ha
decidido encarnarse en medio de nuestra historia y así tener el dominio del nombre del Señor
en la humanidad. Pero el profeta en sus evocaciones históricas recordará que allí, en Belén, -
Jesé- padre de David, tuvo su morada; este dato será una constatación que el mismo Mateo
presentará en la genealogía, en la introducción de su evangelio, como firme testimonio de la
importancia de esta aldea de Judá.

La figura del pastor es una de las representaciones más comunes en la biblia, para hablar de
Dios, como una evocación del cuidador del rebaño, tema que se desarrollará posteriormente
en los evangelios con especial atención en el de Juan; pero, en este salmo (79), propio de la
liturgia de este domingo, el salmista tendrá el objetivo de presentar al Señor, cuidando al
rebaño de Israel y protegiéndolo en los momentos de peligro.
Pero también, esta plegaria, usará una segunda figura, la del viñador, y a él lo pondrá a cuidar
de las cepas plantadas por su propia mano; todo ello para destacar que mientras más cerca
del Señor, más posibilidades recibiremos de cuidar nuestra vida, solo si, no nos olvidamos de
aclamar su nombre santo y glorioso.

Siguiendo con las menciones al antiguo testamento, las mismas que van a ser incorporadas o
releídas en el nuevo testamento, la carta a los Hebreos, cuyo redactor al parecer es un judío
que conoce muy bien las tradiciones hebreas y quiere adaptarlas a su experiencia de
51

cristiana, presentará la tradición sacrificial, como uno de los temas que más realce tomara en
su texto. Sin embargo, la imagen de los holocaustos veterotestamentaria, tendrá una nueva
lectura en la acción sacrificial del nuevo testamento, reflejada en el máximo y más
desgarrador de los holocaustos, el de Cristo, quien, al entregar su vida por la humanidad en
la cruz, cambio el significado de la sacrificialidad de la antigua alianza, la clave para entender
los nuevos pactos rituales sacrificiales, será, la misericordia, Jesús entregando su vida en la
cruz, abre un camino nuevo para el judío converso al cristianismo, el entender que el
sacrificio y la consecuencia de él en la muerte de Jesús, abre la senda para la resurrección, el
sacrificio no pierde valor, al contrario en Jesucristo una vez realizado, ya no es necesario un
sacrificio más, su entrega gloriosa es una y será eterna.

La profecía sobre Belén, del profeta Miqueas, las figuras para representar al Señor en el salmo
79 como el pastor y el viñador y la alegoría sacrificial de la carta a los Hebreos; son el preludio
del acontecimiento que Lucas narrará en su evangelio, destacando en los primeros
numerales, la figura de María como coprotagonista en la irrupción de Dios en el mundo.
En el contexto del adviento, en la víspera de la celebración de la navidad, la liturgia nos invita
a contemplar la figura de María como misionera y portadora del evangelio. Tres son los
momentos que aparecen en la narración.

El primero es ver el dinamismo de salida, el argumento de ponerse en disposición al servicio
por parte de María, va desarrollando la idea evangélica del cristiano que está en camino;
actitud propia del cristianismo en el transcurso de la historia. Desde el inicio de la experiencia
apostólica, este mandato se empezó a reflejar en los apóstoles y las comunidades que estaban
naciendo. Salir con la premura de María, solo se entiende, en el contexto narrativo del
capítulo primero de Lucas, pues luego de recibir el mensaje o anuncio de la encarnación, ella
toma la iniciativa de salir a anunciar la buena noticia del Señor encarnado en su vientre.

En el segundo momento del texto, se encontrará a María entrando en la casa de Zacarías, esta
es una visita que complementará el gozo de la familia del anciano esposo de Isabel, la entrada
de María, es una evocación del verso 28, en el capítulo 1, en donde también el ángel Gabriel,
entra en casa de la madre de Jesús, y saluda a la mujer que Dios se ha escogido como madre.
El gesto del saludo, en el contexto del evangelio, transforma la relación y generará una
evocación de los nuevos espacios donde Dios se manifesta.

De allí surge el tercer momento del texto, el diálogo entre Isabel y María, el cual, empieza con
una exclamación de gozo “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!”. El
reconocimiento de Isabel se reafirma con el gesto del salto en el vientre por parte de la
creatura que ya habita en Isabel. Gesto y palabra harán parte de la manifestación directa de
Dios en su acontecer histórico. Recordemos que el evangelio de Lucas nace en un contexto
griego y por ello el anuncio de la buena nueva, debe ser coherente entre la palabra y los
gestos. Bienaventurado es el que creer que se cumplirán las promesas del Señor, tal y como
María e Isabel en su momento creyeron y por su fe, nuestra comunidad hoy sigue atendiendo
el llamado a creer y gozarse en las promesas del Señor.



52

¿Qué me dice la Sagrada Escritura?


Los tres signos que acompañan el mensaje de la palabra de Dios en esta antesala a la navidad,
marcan la ruta que nos lleva a la contemplación de la figura de ese Dios con nosotros
anunciado en los evangelios. La representación de Belén es un llamado a preparar, disponer,
ajustar y acoger a un huésped ilustre que llega a la casa del pan y que en sus días se anunciará,
-“yo soy el pan bajado del cielo… el pan de vida”- y posteriormente se entregará en el pan de
la eucaristía, de allí la riqueza simbólica de nacer en aquella aldea humilde de Judá.

La experiencia de contemplar a Cristo como el cordero que se entregará sacrificándose por
la humanidad, nos lleva a descubrir cómo esa dimensión sacrificial del antiguo testamento ya
está superada en la persona de Cristo, es por ello que la pregunta por la importancia del lugar
que le otorgo en mi vida a la contemplación de la misericordia de Dios que entregada en su
Hijo, es para nuestra vida de fe, un espacio que nos anime a continuar y pesar, en las
dificultades y persecuciones que tenemos en la vida. Ser discípulo implica hacer rupturas
para disponer la vida a la acción de Dios. Es por ello que el ejemplo de María, portadora de la
alegría, dispuesta a ir más allá de lo que se le pide, se convierte en el ejemplo más latente de
la importancia que le otorgamos a seguir a Jesús.

La Iglesia en salida, que quiere Francisco, es una comunidad dirigida a las periferias, que
salga, que tome la iniciativa, que venza sus miedos, esa misma Iglesia que desde sus orígenes
ha conservado su espíritu misionero. Solo nos falta hacer que nuestra manera de evangelizar
esté correspondida con la disponibilidad a la voluntad del Padre para poder cantar junto con
Isabel, bienaventurados los que creen al poner a disposición del Señor su vida, porque en
ellos se cumplirán las promesas de Dios.

¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad?
La disposición de la aldea de Belén, seguirá siendo una manera de dejar que el corazón del
creyente esté abierto a la llegada del Salvador, por ello la insistencia del mensaje de la
palabra, en este domingo, se ratifica en tres actitudes: estar dispuestos a acoger a Jesús como
el Dios hecho hombre por los hombres, siguiendo el dinamismo del Espíritu que desacomoda;
en palabras de Francisco en la Evangelii Gaudium, “La Iglesia en salida es la comunidad de
discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y
festejan”; es así como se vive el dinamismo de un nacimiento, propio de este tiempo de
adviento que ya fenece.

Pero la tarea más cualificada de celebrar y vivir el adviento en la antesala de la navidad es
seguir el llamado de un Dios que sale al encuentro, que se queda en medio del pueblo; la
respuesta a este Dios no es otra que la generación de una cultura del encuentro; el cierre del
adviento, debe ser un espacio de tiempo en el que nos disponemos como comunidad a
renovar nuestra experiencia de vida cristiana. “No se comienza a ser cristiano por una
decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona,
que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas Est
No. 1.).

La insistencia del mensaje de la palabra en este contexto de adviento, es a no perder de vista
que, así como María sale al encuentro de Isabel para portar la alegría de su hijo, del mismo
53

modo, la Iglesia está llamada a salir y llenar de alegría al mundo, la misma alegría del
nacimiento de un hijo muy esperado en una familia, es de modo figurativo, la misma que la
Iglesia en cada navidad esta llamada a vivir. No podemos dejar de olvidar que, no habría
adviento sin navidad y que Dios se sigue manifestando en su nacimiento como el Rey de la
vida y una vida que colma el corazón de amor, perdón y misericordia.

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
Al llegar a cuarto domingo de adviento, todo está preparado y dispuesto para que el
encuentro de la comunidad con Jesús, naciendo en el pesebre de nuestras comunidades, casas
y vidas, llene de amor nuestro camino de fe. Este nacimiento de nuevo recordará el propósito
de Dios, nacer, vivir y estar con su pueblo por medio de su hijo amado que sale al encuentro
y que es el centro de nuestra vida de fe. De allí, la insistencia del papa Francisco de generar
una cultura del encuentro, en donde se eliminen los muros de la indiferencia y se construyan
puentes de cercanía; “Pero nosotros debemos ir al encuentro y debemos crear con nuestra fe
una “cultura del encuentro”, una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos
hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también
con quienes tienen otra fe, que no tienen la misma fe”, así lo ha reiterado en desde el inicio
de su pontificado.
______________________
Recomendaciones prácticas:
1. Después del saludo puede encenderse la cuarta luz de la corona de Adviento, recitando
la respectiva oración.
2. Los signos de la liturgia de la palabra de este domingo nos invitan a dejar llenar nuestras
comunidades del espíritu propio de la navidad. Por ello celebrar el nacimiento de Jesús,
es buscar cómo generar la cultura del encuentro, signo propio de la Navidad que evoca el
encuentro de Dios con la humanidad.
3. Este domingo resalta la figura de María y se celebra como una verdadera fiesta mariana.
4. Se sugiere el Prefacio de Adviento II, por resaltar la acción de la Virgen María.
5. Se puede emplear la fórmula de bendición solemne En Adviento, Misal pág. 470
6. Proponer a los fieles la visita a los más necesitados de la comunidad, llevándoles una
voz de esperanza y algún presente.
7. Insistir en la necesidad de prepararnos para celebrar bien el sacramento de la
reconciliación, con un corazón lleno de sincera conversión.

El martes 25 de diciembre, es la Solemnidad del Nacimiento del Señor (día de precepto); tiene:
Misa de la Vigilia (tarde del lunes 24, hasta las 8:00 p.m.), Misa de medianoche (desde las 8:00
p.m. del jueves 24), Misa de la aurora y Misa del día (martes 25). Los sacerdotes pueden
presidir o concelebrar tres Misas, con tal que se celebren en las horas indicadas.

Oración Universal o de los Fieles



Presidente: en la víspera de la celebración de la navidad, oremos al Señor para que siga
llenando nuestro corazón del amor que nos trae celebrar el nacimiento de Jesús de nuevo en el
corazón de nuestras comunidades de fe, y oremos diciendo:

R. Dios del amor y de la paz, escucha nuestra oración.


54

1. Oremos por el Papa, para que siga acompañando el caminar de la Iglesia y que continúe
siendo un signo visible de la comunión entre todos los creyentes; oremos al Señor.

2. Oremos por todos los gobernantes, encargados de administrar de los bienes materiales,
para que no desamparen a los más necesitados y sigan construyendo una sociedad, justa,
solidaria y en paz; oremos al Señor.

3. Oremos por nuestra comunidad parroquial para que, en la celebración de este domingo
de adviento, se disponga a vivir la fiesta de la navidad con un espíritu de fraternidad y
amor; oremos al Señor.

4. Oremos por todos los migrantes del mundo para que nuestras comunidades, viviendo los
valores del evangelio, se dispongan a generar espacios de acogida y de fraternidad con
ellos; oremos al Señor.

5. Oremos por todos los niños que nacerán en este tiempo, para traigan la alegría que Jesús
trajo al mundo en su nacimiento; oremos al Señor.

En un momento de silencio pidamos al Padre por nuestras intenciones particulares.

Oración conclusiva

Que nuestras plegarias sean escuchadas por la fe que tenemos en ti Padre de amor y de
misericordia, y así te sigamos adorando a ti, que eres Dios y que vives y reinas por los siglos de
los siglos.

R. Amén.
55

9. Celebración penitencial de Adviento 24



El esquema de celebración está especialmente pensado para los últimos días de Adviento,
en el umbral de la Navidad.
En muchos lugares era una arraigada costumbre: “confesarse” antes de Navidad. En la
realidad actual, estas celebraciones penitenciales pueden ser, además, como un
resumen/culminación de lo vivido durante el Adviento, abriéndonos a la “gracia” de la
Navidad (que es mucho más don sorprendente de Dios que esfuerzo nuestro).
En algunos ambientes, con alto nivel de práctica –por ejemplo, comunidades religiosas,
asistentes a la misa diaria–, quizá podría organizarse esta celebración penitencial de
Adviento en dos partes: una invitatoria, inicial, en la primera semana, dejando espacio para
la conversión/renovación personal durante las siguientes semanas, y la otra, conclusiva, más
centrada en el don/perdón de Dios, convocada en los últimos días prenavideños.


Esquema
ANHELAMOS Y PEDIMOS LA VENIDA DEL REINO DE DIOS

1. Ambientación (bueno será ambientar la celebración con alguna música de fondo –
¡no navideña!– que acoja a los que van llegando. Y colocar en la entrada y en el presbiterio
algún cartel/póster con una frase que sintetice lo que venimos a pedir).

2. Saludo. Hermanos: estamos al final de estas semanas esperanzadas de Adviento, en el
umbral de la celebración gozosa y agradecida de Navidad. Venimos para pedir el perdón
renovador de nuestro Padre Dios. Con mucha
esperanza en él, y también algo de buena voluntad por
nuestra parte. Por eso, permítanme que los reciba y salude
con estas palabras (pausa): La gracia, el perdón y la paz
renovadora de Dios, Padre de todos nosotros, y de su hijo
Jesús, el que siempre viene a nuestras vidas, esté con todos
ustedes.

3. Canto. Como introducción a esta celebración, cantemos juntos (y que el canto
exprese nuestro anhelo de renovación, de conversión):






24 GOMIS, J. Centro de Pastoral Litúrgica. Adviento y Navidad. Sugerencias y Materiales. Dossiers CPL 92. Barcelona: España. 2001
138

VAMOS A PREPARAR 25
https://youtu.be/l5NzBkYW3KI

Vamos a preparar el camino del Señor, vamos a
construir la ciudad de nuestro Dios. Vendrá el
Señor con la aurora,
él brillará en la mañana, pregonará la verdad,
vendrá el Señor con su fuerza,
él romperá las cadenas, él nos dará la libertad.

El estará a nuestro lado, él guiará nuestros pasos, él
nos dará la salvación.
Nos limpiará del pecado, ya no seremos esclavos, él
nos dará la libertad.

Visitará nuestras casas, nos llenará de esperanza, él
nos dará la salvación.
Compartirá nuestros cantos, todos seremos hermanos, él
nos dará la libertad.

Caminará con nosotros nunca estaremos ya solos, él
nos dará la salvación.
Él cumplirá la promesa y llevará nuestras penas Él
nos dará la libertad.

4. Diálogo introductorio (leído, pausadamente, por dos asistentes; bueno será
adaptarlo a cada lugar):
– El tiempo de Adviento ha sido un constante y repetido anuncio: El Señor vendrá.
Pero, ¿nos abrimos nosotros a esta venida del Señor?
– La alegre celebración de la Navidad será un estallido de aquella afirmación tantas veces
repetida: “El Señor está con nosotros”. Pero, ¿nosotros estamos con el Señor?
– Jesús vino para anunciarnos la Buena Noticia: “El Reino de Dios está entre ustedes”. Pero
nosotros, ¿vivimos del Reino de Dios, lo anhelamos, trabajamos por su venida,
caminamos hacia él?
– El Reino de Dios es toda verdad, toda justicia, todo amor, toda belleza, toda bondad que
hay o podría haber entre nosotros. Nosotros, ¿nos damos cuenta de que celebrar la
venida del Señor significa descubrir más el Reino que ya tenemos ahora, significa anhelar
y luchar para que venga más a nosotros y a todos los hombres?
– Pero también nos hemos reunido para orar confiadamente al Padre, repitiendo una vez
más aquellas palabras del Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino”. Por eso y en
primer lugar, escucharemos su Palabra para que reafirme nuestra esperanza. Muy de
verdad, muy hondamente.
139

5. Oración
Oremos unidos.
Padre santo: Nos queremos preparar para celebrar de nuevo la constante venida de tu Hijo
Jesucristo a nuestra vida. Queremos abrirnos más a tu Reino, anhelarlo más,
empeñarnos más para que venga a nosotros. Pero sabemos y reconocemos que hay en todos
nosotros demasiados obstáculos, mucho miedo y egoísmo; reconocemos que necesitamos
que nos fecunde tu verdad, tu esperanza, tu amor. Por eso te pedimos que nos ayudes a
renovarnos: que venga a nosotros tu Reino. Te lo pedimos muy confiadamente por
Jesucristo, nuestro Señor.

6. Primera lectura: Isaías 11,1-10

Pero brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de
su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor:
espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu
de consejo y fortaleza,
espíritu de conocimiento y temor del Señor. Lo
inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni
sentenciará de oídas;
juzgará a los pobres con justicia,
sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero
golpeará al violento con la vara de su boca,
y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La
justicia será ceñidor de su cintura,
y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará
el lobo con el cordero,
el leopardo se tumbará con el cabrito, el
ternero y el león pacerán juntos: un
muchacho será su pastor.
La vaca pastará con el oso, sus
crías se tumbarán juntas;
el león como el buey, comerá paja.
El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el
recién destetado extiende la mano
hacia la madriguera del áspid.
Nadie causará daño ni estrago por
todo mi monte santo:
porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como
las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como
enseña de los pueblos:
se volverán hacia ella las naciones
y será gloriosa su morada. Palabra de Dios
140

7. Salmo 22
R. El Señor es mi pastor
El Señor es mi Pastor, nada me falta: en
verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas y repara
mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, por el
honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo: tu
vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume, y
mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos
los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor por
años sin término. R.

8. Evangelio: Marcos 4,26-32

En aquel tiempo decía Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa
semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y
va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los
tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz,
porque ha llegado la siega». Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?
¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla
más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas
y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra». Palabra
del Señor.

9. Sugerencias para la homilía
En la primera lectura hemos escuchado el gran anuncio del Señor que viene
a nosotros para comunicarnos su Reino. Su Reino que está ya entre nosotros, pero quiere
crecer hasta llegar a su plenitud. Esta es nuestra fe, esta es nuestra esperanza. El Reino –el
amor, la vida– de Dios se nos ofrecen para que los acojamos y los comuniquemos.
Pero, ¿vivimos nosotros del Reino de Dios? ¿lo sabemos descubrir presente
141

en nuestra vida, lo valoramos? ¿lo deseamos, lo pedimos? ¿nos abrimos a él, luchamos por
superar todo mal que en nosotros y en nuestra sociedad se le opone? De nada serviría
celebrar la venida de Jesucristo, si nos olvidamos de que él viene a anunciar y trabajar por
el Reino de amor, bondad y vida.
Lo que sucede es que quizá no creemos bastante en el Reino como don de Dios.
Como gracia renovadora y fortalecedora en nosotros. El Reino es más que lo que nosotros
hacemos (o quisiéramos hacer). Creer en el Reino significa abrirnos al don siempre
constante de Dios que viene, que se nos da, que está en nosotros. Que nos fecunda y
transforma. Por ello Jesucristo habla del Reino como de una semilla que germina y va
creciendo sin que sepa nadie cómo.
Si ahora deseamos reconocer unos ante otros, y todos ante Dios, nuestro
pecado que nos aleja del Reino, es necesario que reconozcamos que en nosotros está
también la gracia, el don de Dios: su Reino, semilla que germina y crece.

10. Silencio. Sin prisas. Mejor con música de fondo. Y, quizá, con la Iglesia en cierta
penumbra.

11. Confesión general
Confesemos ahora, juntos, que por nuestra falta de fe, de esperanza y de amor,
vivimos poco del Reino de Jesucristo. Y pidamos perdón diciendo:
R. Ven, Señor Jesús
– Porque creemos poco en la fecundidad de tu Palabra; porque no nos dejamos guiar por
tu Evangelio; porque no buscamos siempre la verdad, ni la defendemos bastante,
porque no la comunicamos; por nuestras mentiras y trampas... humildemente te
pedimos todos juntos: Ven, Señor Jesús.
– Porque tenemos una esperanza muy débil; porque no valoramos gozosamente todo lo
que de bueno nos das y no sabemos darte gracias por ello; porque nos resignamos
fácilmente a aquello que hay de mal en el mundo; porque no luchamos para que aumente
la justicia y la libertad; por nuestro miedo y nuestra pereza... humildemente te pedimos
todos juntos: Ven, Señor Jesús.
– Porque nos cuesta dejarnos transformar por tu amor; porque lo empequeñecemos y lo
traicionamos; porque hay en nosotros dureza, egoísmo, indiferencia; porque utilizamos
a los demás para descargar nuestro malhumor; porque no buscamos sinceramente en
tu Palabra y en tu Eucaristía la luz y la fuerza que necesitamos para amar más y mejor...
humildemente te pedimos todos juntos: Ven, Señor Jesús.

12. Padrenuestro
Hermanas y hermanos: como Cristo nos enseñó, pidamos al Padre que venga a
nosotros su Reino de verdad, de amor y de esperanza. Digamos (cantemos):


142

Padre nuestro,
que estás en el cielo, santificado
sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo. Danos hoy
nuestro pan de cada día; perdona
nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y
líbranos del mal. Amén.

13. Oración presidencial
Dios todopoderoso en tu amor y eterno en tu perdón: en vísperas de la celebración del
Nacimiento de tu Hijo y hermano nuestro Jesús, te pedimos que, con la misma generosidad
sin límite con que enviaste al Señor Jesús a compartir su vida con nosotros hasta entregarla
hasta la muerte, renueves nuestro camino. Que en la noche, surja la luz. Que la tibieza se
convierta en decisión. Perdona nuestro pecado, nuestra mediocridad, nuestras
ambigüedades. Para poder acoger la venida del Niño que es salvador, guía, fuerza
renovadora.
Y así, juntos, con todos los cristianos del mundo y con todas las mujeres y los hombres de
buena voluntad, disponernos mucho más a trabajar por tu Reino aquí y ahora. Con la
esperanza de llegar a la inmensa alegría de la plenitud de tu Reino, después, en la fiesta
del cielo.
Te lo pedimos con sencillez, pero con toda confianza, por y con Jesucristo, nuestro
Señor. Amén.

14. Confesión y absolución (según el Ritual)

15. Satisfacción penitencial. (Como signo de la voluntad de conversión, se puede proponer
que cada uno ofrezca alguna limosna o ayuda a los necesitados en los próximos días de
Navidad).

16. Gesto de paz. Compartiendo la alegría del perdón que hemos recibido, hermanos,
démonos fraternalmente la paz.

17. Canto de alabanza. Y demos juntos gracias a Dios, con las palabras del cántico de
María. Porque el Señor ha hecho maravillas.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
143

su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de
generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a
los soberbios de corazón, derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a
los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de
la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

18. Oración final
Dios y Padre nuestro,
tú perdonas nuestros pecados y nos das la paz; haz
que también nosotros,
gracias a la luz de tu Hijo hecho hombre,
seamos comunicadores de perdón y de paz a
todos nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición y despedida (sin canto final)
144

10. Oración Universal


Hasta el 16 de diciembre

LUNES
Presidente: Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, cuando acogerá en su Reino
a toda la humanidad redimida, oremos para que su amor, su paz, su luz, transformen ya
ahora nuestras vidas y las de todos nuestros hermanos. Oremos diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Para que llegue un día en que todos los hombres y mujeres de toda la tierra, puedan vivir
en paz, con esperanza, confiados ante el futuro. Oremos.
2. Para que la luz y la fuerza del Evangelio haga desaparecer el egoísmo, la dureza de
corazón, la mentira. Oremos.
3. Para que los gobernantes, los políticos, los que tienen el poder económico o militar,
trabajen sinceramente por el bienestar de todos, y especialmente de los más pobres y
débiles. Oremos.
4. Para que el pueblo de Israel, que recibió desde muy antiguo la llamada del Señor, se
esfuerce en buscar la paz y muestre ante el mundo el rostro amoroso de Dios.
Oremos.
5. Para que la Iglesia entera, y cada uno de nosotros, vivamos con alegría nuestra fe y la
vida nueva que hemos recibido. Oremos.
Oración conclusiva: Señor Jesús, escucha nuestra oración. Ven y renuévanos, a nosotros,
a toda la Iglesia, y a la humanidad entera. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R.
Amén.

MARTES
Presidente: En este tiempo de preparación de la venida del Señor, oremos para que el amor
de Dios se derrame en nuestro mundo. Oremos diciendo:
R. Padre, escúchanos.
1. Por la Iglesia y por cada uno de los cristianos. Que seamos siempre portadores de
esperanza, de amor, de misericordia. Oremos.
2. Por todos los pueblos de la tierra. Que ningún pueblo alce ya más la espada contra otro,
y se terminen las guerras y las violencias. Oremos.
3. Por los que son víctimas de la violencia y de cualquier opresión. Que encuentren el apoyo
que merecen, para poder liberarse de esa injusticia. Oremos.
4. Por los niños. Que con nuestro ejemplo y nuestra palabra sepamos educarlos en la
generosidad, la sencillez, y el amor a Jesús. Oremos.
5. Por nosotros. Que en esta celebración de la Eucaristía vivamos con mucha fe la venida
del Señor a nuestras vidas. Oremos.
145

Oración conclusiva: Escucha, Padre, estas peticiones, y envíanos a tu Hijo, el salvador del
mundo. Él que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. R. Amén.

MIÉRCOLES
Presidente: A Jesús, la luz del mundo, el Príncipe de la paz, orémosle diciendo:
R. Ven, Señor Jesús
1. Por el papa, por nuestro obispo, por los sacerdotes y los diáconos, por los religiosos y
religiosas, por todos los que tienen responsabilidades en la comunidad cristiana.
Oremos.
2. Por todos los hombres y mujeres que se esfuerzan trabajando al servicio de los
demás. Oremos.
3. Por los que sólo piensan en sí mismos, por los que tienen el corazón cerrado a la
compasión, por los que buscan por encima de todo ser ricos y poderosos. Oremos.
4. Por las familias rotas, por los ancianos abandonados, por los niños que no conocen el
cariño de unos padres. Oremos.
5. Por nosotros y por todos los cristianos, que queremos abrir un camino al Señor en
nuestras vidas y preparar la llegada de su Reino. Oremos.
Oración conclusiva: Ven, Señor Jesús. Ven en medio de nosotros y da tu consuelo a los
afligidos, tu fortaleza a los que te queremos seguir, tu luz a los que no te conocen, y un
corazón nuevo a los que viven encerrados en el egoísmo. Tú, nuestro hermano y nuestro
Señor, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

JUEVES
Presidente: Presentemos a Dios, el Padre, nuestros anhelos y deseos para el bien de
nuestros hermanos cristianos y de todos los hombres y mujeres del mundo entero.
Oremos diciendo:
R. Padre, escúchanos.
1. Para que este tiempo de Adviento sea un estímulo de renovación para la Iglesia, a fin
de que con sus palabras y sus obras transmita alegría y esperanza a toda la
humanidad. Oremos.
2. Para que el Señor, con su venida, nos dé ánimo para hacer realidad las grandes
aspiraciones humanas de un mundo más justo, más libre, más fraterno. Oremos.
3. Para que todos los que se sienten tristes y desanimados encuentren fortaleza en Dios,
y una mano amiga que les ayude a superar sus angustias y dolores. Oremos.
4. Para que los terroristas y todos los que actúan con violencia, se conviertan y aprendan
a amar a los demás como Jesús nos ama a todos. Oremos.
5. Para que todos nosotros tengamos viva conciencia de nuestra debilidad, y sintamos la
necesidad de que el Señor venga a salvarnos del pecado. Oremos.
Oración conclusiva: Escucha, Padre, nuestra oración. Transforma nuestros corazones
para que preparemos la venida de tu Hijo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
146

VIERNES
Presidente: A Jesús, que vino por primera vez en Belén, hecho hombre como nosotros,
y que vendrá de manera definitiva en la plenitud de los tiempos para cumplir todas las
esperanzas, pidámosle que venga ahora entre nosotros a transformar nuestras vidas y la
vida de la humanidad entera. Oremos diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Por la Iglesia, por cada uno de los cristianos. Que demos ejemplo de comprensión y
acogida hacia los inmigrantes que vienen a nuestro país buscando una vida digna.
Oremos.
2. Por los que no comparten la fe de Jesucristo pero tienen el corazón abierto al amor y al
servicio a los demás. Que Dios venga a sus vidas, y puedan encontrar un día la alegría
y la luz del Evangelio. Oremos.
3. Por los que viven en los países ricos. Para que estén dispuestos a solidarizarse con los
países pobres. Oremos.
4. Por los más necesitados, por los que no tienen trabajo, por los enfermos. Que a
nadie le falte el apoyo y la ayuda necesaria. Oremos.
5. Por nosotros, que celebramos la Eucaristía en este tiempo de espera de la venida del
Señor. Que renovemos nuestra fe en la vida definitiva que Dios nos ofrece más allá de
este mundo. Oremos.
Oración conclusiva: Escucha, Señor, nuestra oración, y haz que sepamos descubrirte y
esperarte en todos los acontecimientos de la vida. Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos. R. Amén.

SÁBADO
Presidente: En este tiempo de Adviento experimentamos de un modo especial el amor
y la ternura de Dios para con nosotros. Él nos ama y nos envía a su Hijo, para que nos
acompañe en nuestro camino y nos dé fuerza y esperanza. Por eso podemos acercarnos
a él y presentarle nuestras peticiones. Así pues, oremos diciendo:
R. Padre, escúchanos.
1. Por nuestra parroquia, y por todos los que en ella dedican tiempo y esfuerzo al
servicio de la comunidad cristiana. Oremos
2. Por los distintos movimientos cristianos, de jóvenes y de adultos. Oremos.
3. Por los que se preparan para el sacerdocio y para la vida religiosa, y por sus
responsables y formadores. Oremos.
4. Por los enfermos, por los que más fuertemente experimentan la debilidad y el
dolor. Oremos.
5. Por los que no tienen trabajo, o tienen trabajos precarios que les hacen vivir en la
inseguridad y la angustia. Oremos.
6. Por nuestros familiares y amigos difuntos. Oremos.
147

Oración conclusiva: Escucha, Padre, nuestra oración, y haz que, como María, tengamos
el corazón bien dispuesto para recibir a tu Hijo Jesús. Que contigo vive y reina por los
siglos de los siglos. R. Amén.


148

11. Oración Universal


Del 17 al 24 de diciembre

DÍA 17
Presidente: Cuando están ya muy cerca las fiestas de Navidad, oremos con fe para que
la venida del Señor renueve a la Iglesia y a toda la humanidad. Oremos diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que seamos siempre portadores de amor y de
esperanza. Oremos.
2. Por el pueblo de Israel, el pueblo del que nació Jesús. Que quiera caminar siempre a la
luz del Dios salvador y misericordioso. Oremos.
3. Por los gobernantes de nuestro mundo. Que tengan como objetivo hacer posible una
justa distribución de la riqueza. Oremos.
4. Por los que trabajan en entidades y asociaciones al servicio de la justicia, la paz y la
igualdad. Que Dios les bendiga, y encuentren el apoyo que necesitan a su labor.
Oremos.
5. Por nosotros. Que vivamos con mucha fe las fiestas de Navidad. Oremos.
Oración conclusiva: Señor Jesús, ven entre nosotros, y renuévanos con tu luz. Tú, el Hijo
de Dios, nuestro hermano, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

DÍA 18
Presidente: Con mucha fe y mucha esperanza, oremos diciendo:
R. Ven, Señor Jesús
1. Para que, como san José, todos los cristianos estemos abiertos a escuchar las
llamadas que Dios nos dirige. Oremos.
2. Para que los que se preparan para el sacerdocio o la vida religiosa vivan muy
unidos a Jesús para poder dar testimonio de él en nuestro mundo. Oremos.
3. Para que, en nuestro país y en todos los países, reinen la justicia y el derecho.
Oremos.
4. Para que las familias que sufren divisiones y rupturas, se esfuercen con buena
voluntad para superar los rencores y los agravios mutuos. Oremos.
5. Para que los que hoy nos hemos reunido en esta Eucaristía, nos preparemos de
todo corazón para las fiestas que se acercan. Oremos.
Oración conclusiva: Señor Jesús, Dios con nosotros, que vienes a salvar a tu pueblo de
los pecados, escúchanos y danos tu amor y tu gracia. Tú que vives y reinas por los siglos
Amén.


149

DÍA 19
Presidente: Llenos de alegría porque el Señor está cerca, oremos diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Para que la Iglesia, como Juan Bautista, anuncie la salvación de Dios y dé testimonio de
fe y de esperanza en el Señor que viene a nuestras vidas. Oremos.
2. Para que no falten en nuestro mundo profetas capaces de hacer que crezcan en
todos los corazones sentimientos de generosidad, de justicia y de fraternidad. Oremos.
3. Para que los pobres sean protegidos y salvados de su dolor, y toda persona tenga lo
necesario para vivir. Oremos.
4. Para que los matrimonios que no pueden tener hijos vivan con paz y confianza.
Oremos.
5. Para que nuestra comunidad llegue a ser un pueblo bien dispuesto para recibir al
Señor. Oremos.
Oración conclusiva: Ven, Señor Jesús. Ven en medio de nosotros y da tu consuelo a los
afligidos, tu fortaleza a los que te queremos seguir, tu luz a los que no te conocen, y un
corazón nuevo a los que viven encerrados en el egoísmo. Tú, nuestro hermano y nuestro
Señor, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

DÍA 20
Presidente: A Jesús, el Emmanuel, el Dios con nosotros, el hijo de María, orémosle
diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Por la Iglesia, por cada uno de los cristianos. Para que seamos portadores de paz en los
conflictos, y nos esforcemos en la búsqueda de soluciones cuando se planteen
tensiones y problemas. Oremos.
2. Por todos los pueblos de la tierra. Para que las fiestas de Navidad hagan crecer la
justicia, la libertad, la paz. Oremos.
3. Por las madres y los padres que esperan el nacimiento de un hijo. Para que lo
puedan vivir con mucha felicidad, y el niño crezca sano de cuerpo y de espíritu.
Oremos.
4. Por los pobres y por todos los que vivirán estas fiestas en el dolor y la tristeza. Para que
reconozcamos en ellos la presencia del Dios hecho hombre, y les demos toda nuestra
ayuda. Oremos.
5. Por nosotros. Para que vivamos estos días de espera del nacimiento de Jesús con un gran
espíritu de fe y de oración. Oremos.
Oración conclusiva: Señor Jesús: A nosotros, que por el anuncio del ángel hemos
conocido tu encarnación, condúcenos, por tu pasión y tu cruz, a la gloria de la
resurrección. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

150

DÍA 21
Presidente: El Señor está cerca. Con fe, con esperanza, orémosle diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Por los obispos, por los sacerdotes, por los diáconos. Que, como María, que trajo la
alegría a la casa de Isabel, sean fuente de alegría para todo el pueblo cristiano.
Oremos.
2. Por los que dudan y los que desfallecen en la fe. Que estas fiestas de Navidad les
ayuden a encontrar al Dios que se ha hecho nuestro hermano. Oremos.
3. Por los que trabajan en los servicios sociales y la atención a los pobres, tanto en
instituciones civiles como en instituciones de Iglesia. Que Dios les dé la fortaleza y el
amor que necesitan para llevar a cabo su labor. Oremos.
4. Por los que sufren hambre y miseria, en nuestro país. Que reciban la ayuda y la
solidaridad que necesitan, por parte nuestra y de todas las personas de buena
voluntad. Oremos.
5. Por los que nos hemos reunido a celebrar la Eucaristía, en estos últimos días del
tiempo de Adviento. Que estemos siempre bien dispuestos para recibir al Señor que
viene a nuestras vidas. Oremos.
Oración conclusiva: Escúchanos, Señor, y ven a salvarnos. Tú que vives y reinas por los
siglos de los siglos. R. Amén.

DÍA 22
Presidente: Unidos con María, que canta la alegría de la salvación, y dispuestos, como ella,
a llevar a Jesús a nuestros hermanos, oremos diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Por la Iglesia. Que esté siempre a favor de los pobres y los débiles, y se oponga a los
opresores. Oremos.
2. Por los creyentes de las religiones no cristianas: judíos, musulmanes, budistas,
hinduistas. Que Dios les ilumine en la búsqueda del bien y del amor. Oremos.
3. Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, trabajan al servicio de la justicia y la
igualdad entre los hombres. Que sus esfuerzos sean eficaces, y den fruto para el bien
de todos. Oremos.
4. Por los maestros y los educadores. Que con su labor ayuden a construir un mundo de
hombres y mujeres libres, conscientes y generosos. Oremos.
5. Por nosotros. Que sepamos reconocer agradecidos las maravillas que el Señor obra en
nuestras vidas. Oremos.
Oración conclusiva: Ven, Señor Jesús, y danos tu amor inagotable. Tú, el Hijo de Dios,
nuestro hermano, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.


151

DÍA 23
Presidente: A las puertas ya de la Navidad, cuando está a punto de nacer entre
nosotros aquel que nos muestra la bondad de Dios y su amor a todos los hombres y
mujeres del mundo entero, orémosle diciendo:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Para que pronto llegue la unidad de todos los cristianos bajo la guía del único
pastor, Jesús, el Hijo de Dios. Oremos.
2. Para que en el corazón de todas las personas crezcan sentimientos de amor, de
generosidad, de perdón. Oremos.
3. Para que todos los niños y niñas tengan casa, escuela, y una familia que les quiera.
Oremos.
4. Para que aquellos que viven pensando sólo en sí mismos, se conviertan y aprendan a
amar. Oremos.
5. Para que todos nosotros nos preparemos para la celebración de la Navidad mediante
la oración y el amor sincero. Oremos.
Oración conclusiva: Señor Jesús, ayúdanos a vivir estos días con los ojos muy abiertos a
nuestro alrededor, sin escondernos de los problemas, y con ganas de poner en ellos todo
el amor de que seamos capaces. Te lo pedimos a ti, hombre como nosotros, que vives y
reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

DÍA 24
Presidente: Ya se cumple el tiempo en el que Dios envió a su Hijo a la tierra. Con fe, le
decimos:
R. Ven, Señor Jesús.
1. Por todos los pueblos de la tierra. Que la luz del Evangelio siembre en ellos semillas de
esperanza, de fe y de amor. Oremos.
2. Por los países que sufren la tragedia de la guerra. Que la venida del Príncipe de la paz
transforme los corazones y sea posible alcanzar soluciones de justicia y de concordia.
Oremos.
3. Por los pobres y por todos los que vivirán estas fiestas en el dolor y la tristeza. Que
reconozcamos en ellos la presencia del Dios hecho hombre, y les demos toda nuestra
ayuda. Oremos.
4. Por la Iglesia. Que sea siempre testimonio transparente del amor y la bondad de Dios
que hemos conocido en Jesús, el Niño de Belén. Oremos.
5. Y por todos nosotros. Que la alegría de la Navidad transforme nuestros corazones. Que,
como María, la Madre de Dios, vivamos estas fiestas poniendo a nuestro alrededor todo
el amor de que seamos capaces. Oremos.

152

Oración conclusiva: Ven, Señor Jesús, y no tardes, para que tu venida consuele y
fortalezca a los que esperan todo de tu amor. Tú, la Palabra hecha carne, el Hijo de Dios,
nuestro hermano, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.











153

12. Lucernario10
En honor de la Inmaculada Concepción de María
7 de diciembre



Se disponen en el presbiterio, cerca al altar la Imagen de la Virgen Santísima con dos o más candeleros, El celebrante,
revestido de alba y estola y también pluvial blanco o azul (allí donde esté concedido), venera el altar y va a la sede desde
donde dice:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.

El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

Amados hermanos en la fe:
Hemos venido a honrar al Señor de la gloria, luz de luz, y a recordar la bondad de Dios en
este signo humilde de las luces que se encienden en la vigilia de la Solemnidad de la
Inmaculada.

En Éfeso, la ciudad a la que San Pablo dirigió su carta y la que fue protagonista de
tantos sucesos en el Nuevo Testamento, durante el año 431 se celebraba el Concilio
Ecuménico en el que, entre importantísimas definiciones, se proclamó la Maternidad
Divina de María, esto es, que la Santísima Virgen María es madre de Dios, y que al dar a
luz al Salvador, Dios y hombre verdadero, debe ser honrada con especial afecto por la
Iglesia con éste título único y glorioso.

Los habitantes de Éfeso, para animar a los Obispos del Concilio y para hacer
sentir su voz, la que asegura la vinculación del Pueblo de Dios a las definiciones de los
dogmas de la Iglesia, encendieron en sus casas luces con las que indicaban su adhesión a la
verdad revelada en la que se apoya la afirmación de María como Madre de Dios.

Llena la ciudad de las luces de los fieles, resonó luego la definición dogmática con
la que se proclamaba la Maternidad Divina.

El Papa Pío Noveno, quiso retomar este signo la víspera de la definición del
Dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854.

10
Texto elaborado por el P. Diego Albero Uribe Castrillón, profesor Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín.
154

Pero ya el pueblo fiel, especialmente en España y en América Latina, retomando


la costumbre de los pueblos antiguos, había hecho de las luces encendidas un modo de
proclamar su fe.

Ahora también nosotros, queriendo honrar a la Madre del Señor, vamos a bendecir
y encender estas luces que nos recuerdan la Misericordia de Dios realizada de modo
admirable en María Virgen.

Unámonos con fe y con devoción.

ORACIÓN COLECTA

Dios y Padre nuestro,
que, por la maternidad de la Virgen María,
quisiste revelar al mundo el esplendor de tu gloria,
concédenos poder celebrar con fe íntegra y generosa entrega
el admirable misterio de la Encarnación de tu Hijo.
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Lectura de la Palabra de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos: Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo
aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de
antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el
Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los
que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.
Palabra de Dios.

Salmo Sal 97, 1. 2-3b. 3c-4 (R.: 1a)

R. Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas.

Canten al Señor un canto nuevo, porque
él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo le
obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones: se
acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

155

Los confines de la tierra han contemplado el


triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

Aleluia Cf. Lc 1, 28

Aleluia.
¡Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo,
bendita tú eres entre las mujeres!
Aleluia.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 39-47

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de
Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en
su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:«¡ Bendita eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de
mi Señor? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Dichosa tu que has creído
que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.» María dijo entonces: «Mi
alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador.»
Palabra del Señor.

Alabanzas a la Madre de Dios

El Celebrante dice ahora una de las siguientes alabanzas a la Madre de Dios:

San Efrén de Ciro11 cantaba así a la Madre del Señor:

«El Señor vino a ella para hacerse siervo. El
Verbo vino a ella para callar en su seno. El
rayo vino a ella para no hacer ruido.
El pastor vino a ella, y nació el Cordero, que
llora dulcemente.
El seno de María ha trastocado los papeles:
El que creó todas las cosas las posee, pero en la pobreza. El
Altísimo vino a ella (María), pero entró humildemente. El
esplendor vino a ella, pero con vestido de humildad.
El que lo da todo experimentó el hambre. El que da de beber a todos sufrió la sed. El que
todo lo reviste (de belleza)
salió desnudo de ella»

O bien,

11
San Efrén de Ciro Himno De Nativitate 11, 6-8.
156


San Cirilo de Alejandría12 le dice:

«Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe,
lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo
indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre
y virgen, por quien es llamado bendito, en los santos evangelios, el que viene en nombre del
Señor.

Te saludamos, a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e
inabarcable; a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; por quien la cruz
preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se
alegran los ángeles y arcángeles; por quien son puestos en fuga los demonios; por quien el
diablo tentador cayó del cielo; por quien la criatura, caída en el pecado, es elevada al cielo;
por quien toda la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la
verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el aceite de la alegría; por
quien han sido fundamentadas las Iglesias en todo el orbe de la tierra; por quien todos los
hombres son llamados a la conversión».

O bien,

Santa Laura Montoya,13 en sus obsequios a María Inmaculada, dice:

«Gloria a Vos tan bella! Amada
Madre, poderosa Reina, sonrisa de
la vida humana!
Amanecer del claro día de la fe! Flor del
campo, Rosa de Jericó,
caricia de los cielos, hechizo de corazones, oriente de
nuestra esperanza,
consuelo en las tristezas de este mundo, Maná
del alma sedienta de ternura, Medicina del
enfermo corazón… Perfumado huerto que nos
produjo a Jesús, Puerto de los náufragos del
pecado, retoño de Adán que encierra el Cielo,
Cielo del mismo Cielo…»

ORACIÓN DE BENDICIÓN DE LAS LUCES



El sacerdote, enciende uno de los cirios y luego pasa la luz a los fieles. Luego, con las manos extendidas, dice:

Oremos.

12
San Cirilo de Alejandría, Homilía en el Concilio de Éfeso
13
Santa Laura Montoya, Obsequios a María Inmaculada. Manual de Oraciones.
157

Dios que eres luz, mira la humilde ofrenda y


Ben+dice con tu gracia la luz de estas velas que
encendemos hoy y recibe amoroso
nuestro deseo de amarte y glorificarte con nuestra vida. Que
con la intercesión de María Inmaculada,
sigamos preparando el corazón
para que se encienda la luz de Jesús, tu Hijo,
en el corazón de los discípulos misioneros del Salvador, Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amen.

Luego asperja las velas con agua bendita. Luego toma de las luces encendidas y enciende los cirios junto a la Imagen de la
Virgen Santísima.

CANTO DE LA SALVE
Toma luego el incensario y tras incensar la Cruz que preside el Presbiterio, inciensa también la Imagen de María mientras
que entona la Salve. Terminada la Salve bendice al pueblo diciendo:

El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

El Dios de toda gracia, que los ha llamado en Cristo a su eterna gloria, los afiance y los
conserve fuertes y constantes en la fe.
R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, del
Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
R. Amén.

Pueden ir en Paz.
R. Demos gracias a Dios.

Y se concluye todo con un canto apropiado.










158

13. Novena en honor de Nuestra Señora de Guadalupe


Patrona de América Latina



Señal de la Cruz.

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío, por ser vos
quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos
ofendido. Propongo enmendarme y confesarme a su tiempo y ofrezco cuanto hiciere en
satisfacción de mis pecados, y confío en vuestra bondad y misericordia infinita, que me
perdonéis y me des gracia para nunca mas pecar. Así lo espero por intercesión de mi
Madre, nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. Amén.

Se hace la petición...

Rezar cuatro Salves en memoria de las cuatro apariciones y luego se reza la oración de
cada día.

Primer Día

Oh Santísima Señora de Guadalupe! Esa corona con que ciñes tus sagradas cienes
publica que eres Reina del Universo. Lo eres, Señora, pues como Hija, como Madre y
como Esposa del altísimo tienes absoluto poder y justísimo derecho sobre todas las
criaturas. Siendo esto así, yo también soy tuyo; también pertenezco a tí por mil títulos; pero
no me contento con ser tuyo por tan alta jurisdicción que tienes sobre todos; quiero
ser tuyo por otro título mas, esto es, por elección de mi voluntad. Ved que, aquí postrado
delante del trono de tu Majestad, te elijo por mi Reina y mi Señora, y con este motivo quiero
doblar el señorío y dominio que tienes sobre mí; quiero depender de tí y quiero que los
designios que tiene de mí la Providencia divina, pasen por tus manos. Dispón de mí
como te agrade; los sucesos y lances de mi vida quiero que todos corran por tu cuenta.
Confío de tu benignidad, que todos se enderezarán al bien de mi alma y honra y gloria de
aquel Señor que tanto se complace en todo el mundo. Amén. Un Padrenuestro, un Ave María
y un Gloria.


159

Segundo Día

Oh Santísima Virgen de Guadalupe! Que bien se conoce que eres Abogada nuestra en el
tribunal de Dios, pues esas hermosísimas manos que jamás dejan de beneficiarnos las
juntas ante el pecho en ademán de quien suplica y ruega, dándonos con esto a ver que
desde el trono de gloria como Reina de Ángeles y hombres haces también oficio de
abogada, rogando y procurando a favor nuestro. Con qué afectos de reconocimiento y
gratitud podré pagar tanta fineza? Siendo que no hay en todo mi corazón suficiente
caudal para pagarlo. A tí recurro para que me enriquezcas con los dones preciosos de una
caridad ardiente y fervorosa, de una humildad profunda y de una obediencia pronta al
Señor. Esfuerza tus súplicas, multiplica tus ruegos, y no ceses de pedir al Todopoderoso me
haga suyo y me conceda ir a darte las gracias por el feliz éxito de tu intermediación en la
gloria. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Tercer Día

Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! Qué puedo creer al verte cercada de los
rayos del sol, sino que estás íntimamente unida al Sol de la Divinidad, que no hay en tu casa
ninguna cosa que no sea luz, que no sea gracia y que no sea santidad! Qué puedo creer
sino que estás anegada en el piélago de las divinas perfecciones y atributos, y que Dios
te tiene siempre en su corazón! Sea para bien, Señora, tan alta felicidad. Yo, entre tanto,
arrebatado del gozo que ello me causa, me presento delante del trono de tu soberanía,
suplicándote te dignes enviar uno de tus ardientes rayos hacia mi corazón: ilumina con
su luz mi entendimiento; enciende con su luz mi voluntad; haz que acabe yo de
persuadirme de que vivo engañado todo el tiempo que no empleo en amarte a Tí y en
amar a mi Dios: haz que acabe de persuadirme de que me engaño miserablemente
cuando amo alguna cosa que no sea mi Dios y cuando no te amo a Tí por Dios. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Cuarto Día

Oh Santísima María de Guadalupe! Si un ángel del cielo tiene por honra tan grande suya
estar a tus pies y que en prueba de su gozo abre los brazos y extiende las alas para
formar con ellas repisa a tu Majestad, qué deberé yo hacer para manifestar mi veneración
a tu persona, no ya la cabeza, ni los brazos, sino mi corazón y mi alma para que
santificándola con tus divinas plantas se haga trono digno de tu soberanía? Dígnate,
Señora, de admitir este obsequio; no lo desprecies por indigno a tu soberanía, pues el
mérito que le falta por mi miseria y pobreza lo recompenso con la buena voluntad y
deseo. Entra a registrar mi corazón y verás que no lo mueven otras alas sino las del
deseo de ser tuyo y el temor de ofender a tu Hijo divinísimo. Forma trono de mi corazón,
y ya no se envilecerá dándole entrada a la culpa y haciéndose esclavo del demonio. Haz que
no vivan en el sino Jesús y María. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


160

Quinto Día

Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! Qué otro vestido le correspondía a quien es un
cielo por su hermosura, sino uno todo lleno de estrellas? Con qué podía adornarse una
belleza toda celestial, sino con los brillos de unas virtudes tan lucidas y tan
resplandecientes como las tuyas? Bendita mil veces la mano de aquel Dios que supo unir
en ti hermosura tan peregrina con pureza tan realzada, y gala tan brillante y rica con
humildad tan apacible. Yo quedo, Señora, absorto de hermosura tan amable, y quisiera
que mis ojos se fijaran siempre en Tí para que mi corazón no se dejara arrastrar en
otro afecto que no sea el amor tuyo. No podré lograr este deseo si esos resplandecientes
astros con que estás adornada no infunden una ardiente y fervorosa caridad, para que ame
de todo corazón y con todas mis fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a Tí, como objeto
digno de que lo amemos todos. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Sexto Día

Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! Que bien dice a tu soberanía ese tapete que la
luna forma a tus sagradas plantas! Hollaste con invicta planta las vanidades del mundo,
y quedando superior a todo lo creado jamás padeciste el menguante de la mas ligera
imperfección: antes de tu primer instante estuviste llena de gracia. Miserable de mí,
Señora, que no sabiéndome mantener en los propósitos que hago, no tengo estabilidad en
la virtud y solo soy constante en mis viciosas costumbres. Duélete de mí, Madre amorosa
y tierna; ya que soy como la luna en mi inconstancia, sea como la luna que está a tus pies,
esto es, firme siempre en tu devoción y amor, para no padecer los menguantes de la culpa.
Haz que esté yo siempre a tus plantas por el amor y la devoción, y ya no temeré los
menguantes del pecado sino que procuraré darme de lleno a mis obligaciones,
detestando de corazón todo lo que es ofensa de mi Dios. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.

Séptimo Día

Oh Santísima Virgen María de Guadalupe! Nada, nada veo en este hermosísimo retrato que
no me lleve a conocer las altas perfecciones de que dotó el Señor a tu alma
inocentísima. Ese lienzo grosero y despreciable; ese pobre pero feliz ayate en que se ve
estampada tu singular belleza, dan claro a conocer la profundísima humildad que le sirvió
de cabeza y fundamento a tu asombrosa santidad. No te desdeñaste de tomar la pobre
tilma de Juan Diego, para que en ella estampase tu rostro, que es encanto de los ángeles,
maravilla de los hombres y admiración de todo el universo. Pues, cómo no he de esperar
yo de tu benignidad , que la miseria y pobreza de mi alma no sean embarazo para que
estampes en ella tu imagen graciosísima? Yo te ofrezco las telas de mi corazón. Tómalo,
Señora, en tus manos y no lo dejéis jamás, pues mi deseo es que no se emplee en otra cosa
que en amarte y amar a Dios. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.


161

Octavo Día

Oh Santísima Virgen de Guadalupe! Qué misteriosa y que acertada estuvo la mano del
Artífice Supremo, bordando tu vestido con esa orla de oro finísimo que le sirve de
guarnición. Aludió sin duda a aquél finísimo oro de la caridad y amor de Dios con que
fueron enriquecidas tus acciones. Y quién duda, Señora, que esa tu encendida caridad y
amor de Dios estuvo siempre acompañada del amor al prójimo y que no, por verte
triunfante en la patria celestial, te has olvidado de nosotros? Abre el seno de tus
piedades a quien es tan miserable; dale la mano a quien caído te invoca para levantarse;
traete la gloria de haber encontrado en mí una miseria proporcionada, mas que todas,
a tu compasión y misericordia. Amén.
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria

Noveno Día

Oh Santísima Virgen de Guadalupe! Que cosa habrá imposible para tí, cuando
multiplicando los prodigios, ni la tosquedad ni la grosería del ayate le sirven de embarazo
para formar tan primoroso tu retrato, ni la voracidad del tiempo en mas de cuatro siglos
ha sido capaz de destrozarle ni borrarle? Que motivo tan fuerte es este para alentar mi
confianza y suplicarte que abriendo el seno de tus piedades, acordándote del amplio
poder que te dio la Divina Omnipotencia del Señor, para favorecer a los mortales, te
dignes estampar en mi alma la imagen del Altísimo que han borrado mis culpas! No
embarco a tu piedad la grosería de mis perversas costumbres, dígnate solo mirarme, y
ya con esto alentaré mis esperanzas; porque yo no puedo creer que si me miras no se
conmuevan tus entrañas sobre el miserable de mí. Mi única esperanza, después de Jesús,
eres tú, Sagrada Virgen María. Amén.
Hágase la petición...
Un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.




















162

14. Rosario guadalupano




PRIMER MISTERIO
Se medita en la primera aparición.

1. El 9 de diciembre de 1951 Juan Diego iba a México a oír Misa y estudiar la
Doctrina. AVE MARÍA.
2. Al pasar por El Tepeyac, oyó en la cumbre una música que semejaba el canto de
muchos pajaritos. AVE MARÍA.
3. Juan Diego sube a la cumbre del cerrito. AVE MARÍA.
4. Allí ve una princesa resplandeciente de luz hermosísima. AVE MARÍA.
5. Que le dice: Hijito mío, Juan Diego, a quien amo como a tiernecito y delicado. AVE
MARÍA.
6. Yo soy la Madre de Dios, ve al Señor Obispo y dile que “es mi deseo que en este
lugar se me edifique una templo”. AVE MARÍA…
7. “En el que me mostraré Madre tuya y de tus semejantes”. AVE MARÍA…
8. Juan Diego, obediente, va a ver al Señor Obispo. AVE MARÍA…
9. Después de mucho trabajo es conducido a presencia del Señor Obispo. AVE
MARÍA…
10. Ya en su presencia le da el recado de la Santísima Virgen. AVE MARÍA…

Gloria al Padre etc

SEGUNDO MISTERIO
Se medita en la Segunda Aparición

1. El Señor Obispo no le da crédito a Juan Diego. AVE MARÍA
2. El indio, desconsolado, se regresa a su pueblo la tarde de ese mismo día. AVE
MARÍA.
3. Al pasar por el cerrito, en el mismo lugar vuelve a ver a la Santísima Virgen. AVE
MARÍA.
4. Le comunica lo sucedido. AVE MARÍA
5. Y le ruega que envíe con el Señor Obispo a otra persona de más representación.
AVE MARÍA.
6. La Santísima Virgen le ordena que vuelva él mismo. AVE MARÍA
163

7. Lo que hace el indio al día siguiente, 10 de diciembre, después de oír Misa. AVE
MARÍA
8. El Señor Obispo examina bien a Juan Diego. AVE MARÍA
9. Y no se resuelve a poner manos a la obra. AVE MARÍA.
10. Le exige una señal como prueba de su misión. AVE MARÍA.

Gloria al Padre etc.

TERCER MISTERIO
Se medita en la Tercera Aparición

1. Juan Diego se retira del palacio episcopal. AVE MARÍA
2. El Señor Obispo manda a dos personas que lo vigilen. AVE MARÍA
3. Al llegar al cerrito, Juan Diego se les pierde. AVE MARÍA
4. Los espías lo acusan con el Señor Obispo de brujo y hechicero. AVE MARÍA
5. Entre tanto el indio sube al cerito. AVE MARÍA
6. Allí ve por tercera vez a la Santísima Virgen. AVE MARÍA
7. Le dice que el Señor Obispo pide una señal. AVE MARÍA
8. La Santísima Virgen dice al indio que vuelva al día siguiente para darle la señal.
AVE MARÍA
9. Pero sucedió que Juan Diego, no pudo volver. AVE MARÍA
10. Debido a la enfermedad de su tío Juan Bernardito. AVE MARÍA

Gloria al Padre etc.

CUARTO MISTERIO
Se medita en la Cuarta Aparición

1. Juan Diego tiene necesidad de volver a México. AVE MARÍA
2. Para buscar a un Sacerdote que auxilie a su tío. AVE MARÍA
3. Como va de prisa toma otro camino. AVE MARÍA
4. Pero la Santísima Virgen le sale al encuentro. AVE MARÍA
5. Juan Diego avergonzado se disculpa con la enfermedad de su
tío. AVE MARÍA
6. La Virgen no le reprende, le dice que su tío en ese
momento está sano. AVE MARÍA
7. En ese momento al Virgen se le aparece a Juan Bernardito y
lo sana. AVE MARÍA
8. Y le dice que envió a su sobrino a México con el Señor Obispo. AVE MARÍA
9. A llevarle unas flores a una Imagen en tilma, como señal. AVE MARÍA
10. Y que dijese él, al Señor Obispo, que la Imagen había que llamarse Santa María de
Guadalupe. AVE MARÍA

Gloria al Padre, etc.


164

QUINTO MISTERIO
Se medita que la Santísima Virgen se quedó estampada en la Tilma de Juan Diego.

1. La Santísima Virgen mandó a Juan Diego llevar la señal al Señor Obispo. AVE
MARÍA
2. La Señal consistía en una rosas y flores que mandó cortar a Juan Diego, en las
rocas donde se le apareció la primera vez. AVE MARÍA
3. Aunque Juan Diego sabía que en aquel lugar no había rosas fue a buscarlas. AVE
MARÍA
4. En las peñas habían brotado hermosísimas rosas y flores. AVE MARÍA
5. Juan Diego las corta, las pone en su Tilma y vuelve a presentárselas a la
Santísima Virgen. AVE MARÍA
6. La Santísima Virgen toma algunas rosas y vuelve a ponerlas en la Tilma diciendo:
que ellas eran la señal. AVE MARÍA
7. Juan Diego se va a llevar las flores al Señor Obispo y con trabajo logra hablar con él.
AVE MARÍA
8. Ya en su presencia del Señor Obispo, Juan Diego desdobla la Tilma y al caer las
rosas queda estampada la Virgen María de Guadalupe. AVE MARÍA
9. El Señor Obispo sorprendido se arrodilla ante la Augusta Imagen. AVE MARÍA
10. Este prodigio se verificó entre 9 y 10 de la mañana del martes 12 de diciembre de
1531. AVE MARÍA

Gloria al Padre etc.


LETANÍAS

Señor, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros. Cristo ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos. Dios
Padre Celestial, ten piedad de nosotros. Dios
Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María de Guadalupe, Ruega por nosotros y por el mundo entero.

Reina de México, Ruega por nosotros. Sol
de Anáhuac, Ruega por nosotros. Rosa del
Tepeyac, Ruega por nosotros.
Baluarte de nuestra fe, Ruega por nosotros
Faro de nuestra esperanza, Ruega por nosotros
Llama viva de ardiente caridad, Ruega por nosotros
Patrona de las Naciones Latinoamericanas, Ruega por nosotros
Madre de los Mexicanos., Ruega por nosotros
165

Tú que te dignaste descender a nuestro suelo, Ruega por nosotros Tú


que te dignaste descender a nuestro suelo, Ruega por nosotros Tú que
te apareciste a Juan Diego, Ruega por nosotros
Tú te mostraste circundada del sol, Ruega por nosotros
Tú que con luz eclipsaste la luna, Ruega por nosotros
Tú que tienes por peana un querubín, Ruega por nosotros
Tú que vistes la usanza india, Ruega por nosotros
Tú que quisiste volverte morena y mexicana, Ruega por nosotros
Tu a cuyo contacto los nopales y piedras se miraron brillantes como el oro,
Ruega por nosotros

Tú que quisiste que se te edificara un templo, Ruega por nosotros
Tú que dijiste que serías Madre del Indio y de todos sus semejantes y de todos los que te
invoquen, Ruega por nosotros
Tú que prometiste escuchar nuestros ruegos, Ruega por nosotros
Tú que hiciste brotar rosas en las áridas rocas del Tepeyac, Ruega por nosotros.
Tú que enviaste al Señor Obispo las Rosas, Ruega por nosotros
Tú que quedaste estampada en la Tilma de Juan Diego, Ruega por nosotros
Tú ante quien se postró el Sr. Obispo, Ruega por nosotros
Tú que quisiste llamarte Santa María de Guadalupe, Ruega por nosotros
Tú que volviste la salud a Juan Bernardino, Ruega por nosotros Tú
que disipaste las tinieblas de la idolatría, Ruega por nosotros Tú
que trajiste la fe a nuestro suelo, Ruega por nosotros
Tú que en Dolores fuiste Bandera de Nuestro Pueblo, Ruega por nosotros

Tú que fuiste esperanza de los insurgentes, Ruega por nosotros
Tú que fuiste venerada por nuestros mayores, Ruega por nosotros
Tú a quien nuestros padres nos enseñaron a llamarte Madre, Ruega por nosotros
Tú que eres la patrona del indio, Ruega por nosotros
Tú que eres patrona de los mexicanos, Ruega por nosotros
Tú que eres patrona de los latinoamericanos, Ruega por nosotros
Tú que eres patrona de los filipinos, Ruega por nosotros
Tú que eres más hermosa que las rosas de castilla, Ruega por nosotros
Tú que tienes tus ojos maternales, inclinados hacia nosotros, Ruega por nosotros Tú
de quien dependen nuestras felicidades, Ruega por nosotros
Tú que has permanecido con nosotros desde hace 500 años, Ruega por nosotros
Tú que no nos abandonarás nunca, Ruega por nosotros Tú
que eres la gloria del Anáhuac, Ruega por nosotros Tú que
eres la esperanza de México, Ruega por nosotros
Tú de quien Benedicto XIV dijo que no habías hecho cosa igual con otra nación,
Ruega por nosotros

Tú a quien tanto hemos ofendido, Ruega por nosotros
Tú que siempre nos has perdonado, Ruega por nosotros
Tú que detienes el brazo justiciero de tu Hijo, Ruega por nosotros
166

Tú que escuchas nuestros ruegos, Ruega por nosotros


Tú que eres nuestro iris de Alianza, Ruega por nosotros
Tú que eres nuestra medianera con Dios, Ruega por nosotros Tú
que intercedes siempre por nosotros, Ruega por nosotros Tú que
nos amas tiernamente, Ruega por nosotros
Tú que serás nuestra defensora en el tribunal de Dios, Ruega por nosotros
Tú que conducirás nuestras almas al cielo, Ruega por nosotros
Tú a quien contemplaremos eternamente, Ruega por nosotros

Cordero de Dios que quietas los pecados del mundo.
Ten misericordia de México (Colombia) y del mundo entero
Cordero de Dios que quietas los pecados del mundo.
Perdona a México (Colombia) y al mundo entero.
Cordero de Dios que quietas los pecados del mundo.
Salva a México (Colombia) y al mundo entero.






























167

La Navidad
es un Encuentro
Papa Francisco








168

1. Tiempo de Navidad14

Sentido

La Navidad es sin duda la fiesta más popular del calendario cristiano, aunque de hecho no
sea la más importante. La más importante es la Pascua, que es el centro del año litúrgico. El
tiempo litúrgico de Navidad y Epifanía tiene su origen tres siglos más tarde de Jesús.
Entonces solamente se celebraba la Pascua, el misterio pascual, pero más tarde se vio que la
venida de Cristo en el mundo se merecía una celebración festiva ya que, si el acto redentor
decisivo fue la muerte y la resurrección, la primera aparición de Jesús en el mundo también
se tenía que considerar como un acontecimiento salvador de primer orden. En el momento
de fijar una fecha, tanto en oriente como en occidente estuvo relacionada con la existencia de
unas fiestas paganas en honor del sol y de la luz. Por tanto, celebramos el nacimiento de Jesús,
el Hijo de Dios (Navidad) y su manifestación a todos los pueblos (6 de enero).

Desarrollo

El tiempo de Navidad y Epifanía se inicia la víspera del día 24 de diciembre, con las
primeras vísperas de Navidad, y finaliza el día del Bautismo del Señor, el domingo siguiente
a la solemnidad de la Epifanía. Cabe decir que el calendario de las celebraciones de Navidad
y Epifanía es complejo. En primer lugar, las fiestas principales no se celebren en domingo
sino en días fij15os: así, el Navidad se celebra el día 25 de diciembre; la solemnidad de santa
María se celebra el día 1 de enero y la solemnidad de la Epifanía del Señor se celebra el día 6
de enero.

Empieza el día 25 de diciembre con la solemnidad de la Natividad del Señor. Aquí ya nos
encontramos con una primera peculiaridad, que es el hecho de tener cuatro misas: la de
vigilia, la de la noche, la de la aurora y la del día, que es la más importante. Las lecturas de
este día se pueden intercambiar. Sigue la Octava de la Navidad, que son los días feriales que
van de la solemnidad de Navidad a la solemnidad de santa María: los tres primeros días
recordamos santos muy próximos a Jesús, como son san Esteban (26 de diciembre), san Juan
Evangelista (27 de diciembre) y los santos Inocentes (28 de diciembre). Decir, también, que
el domingo que hay entre Navidad y el año nuevo celebramos la fiesta de la Sagrada Familia
de Jesús, María y José. Cuando no hay ningún domingo entre Navidad y año nuevo, la fiesta se
celebra el día 30 de diciembre.

El día 1 de enero, ocho días después de Navidad, celebramos la solemnidad de santa María,
Madre de Dios, que es la fiesta litúrgica de la Virgen María más antigua del rito romano. El
domingo que cae entre el día 1 y el día 6 de enero celebramos el segundo domingo después
de Navidad.

El día 6 de enero celebramos la segunda gran fiesta del tiempo de Navidad, que es la Epifanía
del Señor. En ella celebramos la manifestación de Jesucristo a todas las naciones. El domingo

14
http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-temps-de-nadal/dios-se-hace-hombre/
169

después del día 6 de enero celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, en la que también se
manifiesta Jesús justo antes de iniciar su misión salvadora y es el día en que se concluye el
tiempo litúrgico de Navidad y Epifanía.

Vida cristiana

La Navidad siempre ha tenido un gran eco y una gran repercusión fuera del contexto
cristiano: son unas fiestas y unos días cargados de simbolismo y sensibilidad; son días de
gozo, de fiesta, de familia, de recuerdos, de alegrías, de emociones a flor de piel. El ambiente
festivo externo nos lo facilita: las luces, el belén, los villancicos, los otros signos navideños,
etc. Para los cristianos, la Navidad se tiene que vivir también con los mismos sentimientos de
gozo, pero a la vez un gozo cristiano, de sentirnos salvados por Dios, que se hace hombre por
nosotros. Para vivir interiormente la Navidad, nos pueden ayudar algunos signos externos:
en primer lugar, el ambiente festivo en la iglesia, con el belén, flores, luces, colores blancos y
dorados, los cantos. Un segundo elemento es vivir y transmitir la ternura de Dios y esto se
traduce en traer alegría y esperanza a nuestro mundo aunque haya dificultades y a la vez
tener muy presentes a los pobres, ayudándolos y también nosotros intentando ser austeros
(aunque esta es una actitud que deberíamos tener todo el año, no sólo por Navidad). Otro
elemento es el de encontrar espacios de interioridad, intensificando nuestra oración,
haciendo el belén, el árbol de Navidad, cantando villancicos, entre otros elementos.















170

2. Los Signos de la Navidad16

El belén
Uno de los elementos más característicos de la Navidad cristiana es, sin duda, el belén; si
bien, también tenemos el árbol de Navidad, que es una tradición que nos ha venido de los
países del norte de Europa. Es muy aconsejable hacer el belén en nuestros hogares y también,
más que nunca, en la iglesia, en un lugar visible, como puede ser el presbiterio o muy cerca
de él. En el belén contemplamos plásticamente el acontecimiento salvador del nacimiento de
Jesús, envuelto por el amor de María y de José.

Luces
En Navidad celebramos el nacimiento de aquel que es la Luz de las naciones, Jesucristo. Más
que nunca en Navidad es muy aconsejable tener en nuestra casa luces festivas y sobre todo
en el templo es bueno que haya un claro aumento de luces que decoren nuestra iglesia y hacer
visible lo que celebramos: el nacimiento de Aquél que nos trae la luz, Jesús.

Flores
La decoración navideña se ve claramente reflejada en la ornamentación floral, con plantas y
flores. Por eso, conviene que en la iglesia abunde en estos días esta decoración floral, para
dar toda su relevancia a estos días.

El canto del Gloria
Si el aleluya es el canto propio de la Pascua, el Gloria es al canto propio de la Navidad, ya que
es el himno que los ángeles cantaron cuando nació Jesús en Belén. Por tanto, es muy
conveniente que, en nuestras celebraciones litúrgicas navideñas, el Gloria sea cantado y
solemne, para significar así la alegría que los cristianos tenemos porque ha nacido nuestro
salvador, a semejanza de la alegría de los ángeles la noche de Navidad en Belén.

Cantos
El clima navideño también se hace bien patente con los cantos propios de Navidad, como son
los villancicos, muchos de los cuales nos hablan del nacimiento de Jesús y también de la
Virgen María, san José, los ángeles, etc. Es muy positivo que en nuestras celebraciones
tingamos algún momento –como puede ser la adoración del niño Jesús– para cantar algunos
villancicos típicos.

La colecta para los pobres
No hemos de olvidar que Jesús nació pobre en el seno de una familia humilde y pobre. Por
esta razón, en los días de Navidad –y durante todo el año– debemos tener presentes a los
pobres. Es, por tanto, muy recomendable, hacer una colecta para los pobres, ya sea en
alimentos o bien monetariamente. Así mostramos con hechos que nuestra fe cristiana está
profundamente enraizada en este Cristo que nace pobre para enriquecernos a todos.

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http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-temps-de-nadal/los-signos-de-navidad/
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Las lecturas de los domingos y fiestas de Navidad

Este tiempo litúrgico tiene la particularidad de que las fiestas principales no caen en
domingo, sino en días concretos del calendario, como son la solemnidad de la Navidad (25
de diciembre), la solemnidad de la Epifanía del Señor (6 de enero) y la solemnidad de
santa María, Madre de Dios (1 de enero).

En los domingos con que cuenta la Navidad se celebra la fiesta de la Sagrada Familia (primer
domingo después de Navidad, cuando lo hay), el segundo domingo después de Navidad (entre
Ano Nuevo y Epifanía, cuando lo hay) y el Bautismo del Señor, que es el domingo siguiente a
la Epifanía.

En primer lugar, el día 25 de diciembre, la solemnidad de la Navidad, cuenta con cuatro


misas: vigilia, noche, aurora y día. En la misa de vigilia propiamente no sale ningún texto
navideño en sí mismo, sino que leemos las promesas de Dios y el anuncio del nacimiento del
Hijo (que aún no ha nacido) por boca de Mateo. En la misa de la noche (la más popular, pero
no la más importante, que es la del día) leemos el acontecimiento del nacimiento del Salvador
en Belén de Judea por boca de Lucas, mientras que Isaías nos habla de que el pueblo que vive
en la oscuridad ha visto una gran luz y la carta de san Pablo a Tito nos dice que el amor de
Dios se ha revelado a todos los pueblos. En la misa de la aurora leemos la continuación al
relato del nacimiento, o sea, la adoración de los pastores. Finalmente, en la misa del día
leemos el prólogo del evangelio de san Juan, que afirma que “la Palabra se hizo carne y
acampó entre nosotros”. En definitiva, nos habla de Cristo, eterno desde siempre, como
Palabra y como Luz. Las otras lecturas nos hablan de la salvación de Dios, que nos ha hablado
en la persona del Hijo.

La fiesta de la Sagrada Familia cuenta con los ciclos A, B y C. En el ciclo A, se nos habla de
les relaciones familiares, las cuales tienen que ser buenas y movidas por el amor, mientras
que el evangelio nos narra la huída de Egipto. En el ciclo B, la primera y la segunda lecturas
nos hablan de la fe de Abrahán y de Sara, que tendrán un hijo, y el evangelio nos habla de la
presentación de Jesús al templo en brazos de María y José. En el ciclo C sale en escena el
nacimiento de Samuel, hombre consagrado al Señor, mientras que la segunda lectura nos
habla que Dios nos reconoce como a hijos; finalmente, en el evangelio nos encontramos con
el relato de Jesús, perdido y hallado en el templo.

En la solemnidad de santa María, Madre de Dios, la primera lectura es una preciosa
bendición que el Señor manda a Moisés que haga Aarón y sus hijos, basada
fundamentalmente en la promesa de la bendición del Señor y el don de la paz; por su parte,
la segunda lectura es la carta de san Pablo a los Gálatas que nos habla de que Dios envió a su
Hijo, nacido de una mujer. Finalmente, el evangelio nos narra la adoración de los pastores y
la imposición del nombre de Jesús al Niño.

En el segundo domingo después de Navidad, la primera lectura nos habla de la sabiduría,
refiriéndose claramente a Cristo, si bien sin mencionarlo, ya que nos encontramos en el
172

Antiguo Testamento. La segunda lectura es una bendición a Dios, que nos ha concedido el don
de ser hijos suyos. El evangelio vuelve a ser el prólogo de san Juan que ya hemos leído en la
misa del día de Navidad.

La solemnidad de la Epifanía del Señor es la segunda gran fiesta del tiempo de Navidad. La
primera lectura nos habla de la luz, que ha llegado a Jerusalén y brilla para todos los pueblos
de la tierra. La segunda lectura nos habla, por boca de Pablo, de que el evangelio ha llegado a
todos los pueblos. El evangelio, por su parte, nos narra la adoración de los sabios de Oriente
al niño Jesús, ofreciéndole sus presentes: oro, incienso y mirra.

Finalmente, la fiesta del Bautismo del Señor cuenta con los ciclos A, B y C como en la fiesta
de la Sagrada Familia. En el ciclo A nos encontramos con uno de los cantos del siervo de Yahvé
de Isaías, un siervo bueno y fiel, mientras que la segunda lectura, de los Hechos de los
Apóstoles, narra el discurso de Pedro en casa de Cornelio, confesando que Jesús ha
resucitado, que nos envía el Espíritu Santo. El evangelio de este ciclo nos narra el bautismo
de Jesús por boca de Mateo. En el ciclo B encontramos en la primera lectura de Isaías el
elemento del agua, la gratuidad de los dones de Dios y la llamada a recibirlos. La segunda
lectura, de san Juan, nos habla del Espíritu, del agua y de la sangre, los cuales dan testimonio
de Jesús. Finalmente, el evangelio de Marcos nos narra la predicación de Juan Bautista y
seguidamente el bautismo de Jesús. Y en el ciclo C, en la primera lectura, Isaías nos habla de
la consolación de Dios hacia su pueblo y que aparecerá la gloria del Señor y todos la verán a
la vez.















173

3. Las Lecturas Feriales de Navidad17



Las lecturas de estas semanas quieren conducirnos a descubrir a Dios en este niño nacido en
Belén y manifestado progresivamente a la humanidad. Y a la vez, nos invitan a descubrir el
valor del hombre, de nuestro hermano, dado que Dios se ha querido hacer de nuestra familia.
Este es el admirable intercambio de la Navidad.

Las lecturas de les ferias son un complemento de las festivas, para así poder profundizar
gradualmente en el don de este Hijo de Dios que se ha hecho hermano nuestro y que sepamos
asumir las consecuencias que este acontecimiento comporta para nuestras vidas.

Así, durante el tiempo de la Navidad, des del día 27 de diciembre hasta el día 12 de enero
(aunque los últimos días a veces se omitan, porque el domingo del Bautismo del Señor cae
antes de esta fecha), leemos en lectura prácticamente continuada la primera carta de san
Juan. En ella se nos habla, básicamente, en forma de reflexión teológica y espiritual, del amor
de Dios encarnado en Jesús y sus consecuencias para nuestra vida: la comunión de vida con
Dios y el amor a los hermanos.

Los evangelios de las ferias tienen dos temas: la infancia de Jesús y el inicio de su ministerio,
es decir, sus progresivas manifestaciones como Mesías. En la Octava de Navidad, además de
los evangelios que se refieren a san Esteban (26 de diciembre) y a san Juan (27 de diciembre),
escuchamos relatos de la infancia de Jesús, la presentación en el Templo, con el testimonio
de Simeón y de Ana, y el retorno a Nazaret. A continuación, y empezando por el día 31 de
diciembre con su prólogo, se nos proclama antes de la Epifanía el primer capítulo del
evangelio de Juan, con el testimonio de Juan Bautista y la llamada de los primeros discípulos
por parte de Jesús. Finalmente, en las ferias posteriores a la Epifanía, del 7 al 12 de enero,
escuchamos las primeras manifestaciones del Mesías en el inicio de su ministerio:
multiplicación de los panes, la tempestad calmada, etc.














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http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/el-temps-de-nadal/las-lecturas-feriales-de-navidad/
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4. Los domingos de la Navidad



4.1. Nacimiento del Señor (Misa de media noche)
Diciembre 25 de 2018

Monición introductoria de la Misa

Hoy es la noche de la alegría que nos da el encuentro con Jesús. La celebración del nacimiento
del Señor nos permite presentar por medio de la Liturgia nuestro ser y misión, vivido y
proyectado en la preparación para este tiempo de Navidad que nos invita a salir de nuestro
egoísmo y darnos a los hermanos en un modo distinto de ser y actuar. Que la alegría de esta
noche nos acompañe en el servicio a los más necesitados.
Bienvenidos al encuentro con Jesús.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Al asumir la naturaleza humana, Cristo hace posible nuestra participación en su naturaleza


divina. En el recién nacido el ser humano recupera en Cristo su verdadera imagen. En actitud
de apertura a la Palabra recibamos la luz que ilumina nuestra vida y contemplemos en el
texto sagrado la misericordia de Dios.

La Calenda: el Pregón de Navidad

Les anunciamos, hermanos, una buena noticia, una gran alegría


para todo el pueblo; escúchenla con corazón gozoso.
Habían pasado miles y miles de años desde que, al principio,
Dios creó el cielo y la tierra e hizo al hombre a su imagen y semejanza;
y miles y miles de años desde que cesó el diluvio y el Altísimo hizo
resplandecer el arco iris, signo de alianza y de paz; en el año 752 de
la fundación de Roma; en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras sobre toda la tierra reinaba la paz, en la sexta edad del mundo,
hace 2018 años, en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los
romanos, en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada, de María virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David, nació Jesús, Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre
verdadero, llamado Mesías y Cristo, que es el Salvador que los hombres esperaban.

Ø Primera lectura: Isaías 9,1-6
Ø Salmo: 96(95),1-2a.2b-3.11-12.13 (R. cf. Lc 2,11)
Ø Segunda lectura: Tito 2,11-14
Ø Evangelio: Lucas 2,1-14

Introducción
La Navidad y asimismo la Pascua, evidencian nuestro paso con Cristo de la muerte a la vida.
Por lo tanto, podemos afirmar que el objetivo de la Navidad es el misterio de la Redención,
que tiene en la Pascua su momento culminante. Siguiendo la enseñanza de san León Magno
175

(Serm. 24: PL 54) la verdad de la redención depende de la verdad misma de la encarnación y


en consecuencia, la Navidad es Pascua anticipada. De esta manera, entendemos que la
Navidad al igual que la Pascua nos llenan de Luz, alegría, justicia y fidelidad (Augé M. (2016)
p. 204)

Palabras claves: Ver, luz, alegría, justicia y fidelidad, misterio.


1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Isaías tiene puesta su mirada en el horizonte de la contemplación, es capaz de ir
más allá del momento de dolor, de incertidumbre, de miedo, de sufrimiento que padece el
pueblo y que el profeta identifica con la expresión “un pueblo que caminaba en tinieblas”
pudo ver una luz que da fuerza, una luz que genera alegría, una alegría que es más que una
simple diversión, es un gozo que mana dentro, con raíces profundas de justicia y derecho que
tiene aromas de eternidad, cuyo fruto es la paz sin límites.
El Profeta en el escenario de la contemplación permite al lector preguntarle al texto ¿Quién
trae esa paz, quién es el portador de la alegría, del gozo, de la justicia, del derecho? Más aún,
el niño que “nos ha nacido” ¿quién es? Y aunque para el momento en el cual el profeta escribe,
es imposible que lo identificara con Jesús, el autor sagrado ofrece las características que,
posteriormente la tradición cristiana en la interpretación del texto, visualizará en la persona
de Jesús: “maravilla de consejero, Dios fuerte” simbolizado en la dupla: Dios guerrero, Señor
de los ejércitos.
El salmo 95 evidencia que el “niño que nos ha nacido” es reconocido universalmente y la
creación entera canta, proclama, se alegra y confía que los dones que trae son semillas de
justicia y fidelidad. La dimensión cósmica que el salmista da al recién nacido, es en la
enseñanza de san Juan Pablo II una exaltación a Dios Creador de los seres como al Salvador
de los pueblos. El verbo «gobernar» expresa la certeza de que no nos hallamos abandonados
a las oscuras fuerzas del caos o de la casualidad, sino que desde siempre estamos en las manos
de un Soberano justo y misericordioso.
En la segunda lectura (Tito 2,11-14), el apóstol san Pablo al escribir a su discípulo, le ofrece
y en él a nosotros, la clave de lectura del acontecimiento que celebramos: es un misterio que
manifiesta el amor de Dios por su pueblo, que trae una gracia que no excluye, es universal,
nos da una gracia que debe habitar en la vida de cada persona, es un nuevo proyecto de amor,
es un entrar en procesos de conversión “renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos”;
entender ese misterio implica aceptar “la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro,
Jesucristo”.
El evangelista de la misericordia describe e interpreta con el pincel de la historia y la
geografía, de la piedad de los personajes, con la belleza de la creación, lo que la antífona de
entrada de la misa, inspirándose en Ex 16,6-7, exclama: “esta noche sabrán que el Señor
vendrá a salvarnos y por la mañana contemplarán su gloria”.
El poder del emperador, el deseo de controlarlo todo, lo confronta el evangelista con la
pequeñez y sencillez de unos pastores que reconocen en el recién nacido al Salvador, el
Mesías, el Señor. Es una nueva propuesta que integra a los más débiles y excluidos, que llena
176

de alegría a quienes como José y María, deben seguir el camino que los conduce al pesebre de
la presencia de Dios, donde resplandece la grandeza divina en la mayor humildad, donde las
tinieblas del abuso del poder son disipadas con la ternura de un niño.

2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?


La identidad sacerdotal debe resplandecer en el servicio a la Palabra de Dios. El documento
Pastores Dabo Vobis 26 enseña “el sacerdote es, ante todo, ministro de la Palabra de Dios; es
el ungido y enviado para anunciar a todos el Evangelio del Reino”.
Celebrar la Navidad es actualizar el ver del pueblo de Israel y permitir que el verbo encarnado
que nace disipe las tinieblas que nos dejan los múltiples conflictos y podamos poseer la
alegría y el gozo que nos da el encuentro con Jesús, en Palabras del Papa Francisco: “La alegría
del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se
dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento.
Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).
El sacerdote en el acompañamiento a la comunidad debe reflejar con su testimonio de vida,
la alegría de sentirse salvado y amado por el misterio de la encarnación que celebra y
actualiza para el bien de la comunidad.
La Navidad para el sacerdote debe ser una invitación permanente a la alegría del ministerio
sacerdotal; es avivar la alegría de los patriarcas, los profetas, de María y José; de Juan Bautista
y de los pastores para el bien de su misión evangelizadora y para entregarle al pueblo la
certeza de una Palabra que se hace carne y es también la presencia de Dios que ilumina el
camino de la reconciliación y la esperanza.
3. ¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad?
La Navidad permite la apertura para “sanar las enfermedades que vuelven frágil e indigna a
la sociedad (…) No olvidemos que la iniquidad es la raíz de los males sociales” (Papa
Francisco, Visita a Colombia, 07.09, 2017).
La Navidad es un tiempo de gracia para fortalecer la cultura del encuentro en la apertura al
respeto por la dignidad de la persona humana; acrisolar la justicia y ver en el rostro del recién
nacido, la fragilidad de hombres y mujeres que claman justicia, protección, promoción
integral e integración a los procesos de desarrollo en todos los escenarios de la sociedad en
las regiones. La Navidad “nos anima a poner la mirada en todos aquellos que hoy son
excluidos y marginados por la sociedad, aquellos que no cuentan para la mayoría y son
postergados y arrinconados. Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad” (Papa
Francisco, Visita a Colombia, 07.08.2017).
La navidad debe generar en nosotros la cultura del encuentro, que es una actitud, una manera
de ser que exige el compromiso de la solidaridad concreta, conformada por obras y señales
visibles. La Navidad es una invitación a salir de nosotros mismos para superar el egoísmo y e
ir al encuentro de “la carne de Cristo” los pobres.

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4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?


El encuentro personal con Jesucristo suscita la necesidad de salvación, motiva a una
conciencia más plena de Jesús mismo: su mensaje, su palabra, sus acciones, su modo de ser
ante la vida. La Navidad nos ayuda a confesar con convicción y alegría que en Cristo el perdón,
la reconciliación y la paz son realidad histórica para exclamar una vez más “Tú eres el mesías,
el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,13-16). Esta convicción de fe se experimenta en una cultura del
encuentro que no excluye, que celebra la alegría de sentir en el otro, la presencia del Dios
viviente que nos permite ser corresponsables en la construcción de un mundo justo para
todos.
_____________________
Recomendaciones prácticas:

1. La Eucaristía de medianoche puede estar precedida del Oficio de la Vigilia, según la
Liturgia de las Horas, Tomo I, pág.1337 ss.
2. La Calenda, el pregón de Navidad: Un buen elemento para solemnizar la Navidad, es la
proclamación en todas las misas (de la noche y del día) de este pregón, que proviene de
la antigua liturgia romana.
En las comunidades religiosas, la Calenda puede tener su lugar propio en las primeras
Vísperas.
Este pregón se puede proclamar de distintas maneras. Por ejemplo esta: 1) entrada de los
ministros con un canto de entrada largo y vivo; 2) saludo del celebrante; 3) sube un lector
y crea un breve silencio expectante; 4) el lector proclama, con la solemnidad adecuada, el
pregón. Y la misa prosigue con el Gloria, sin ninguna monición inicial del celebrante
(suficiente monición es ya el pregón...).En las misas en las que sea difícil encontrar un
lector adecuado, será mejor que lo lea el mismo celebrante.
En el correspondiente folleto donde están las moniciones se puede encontrar el texto de
este Pregón de Navidad.
3. Puede seguirse el Prefacio de Navidad I: Cristo Luz, ya que la acción de gracias se centra
en Cristo luz verdadera que Dios nos ha enviado.
4. Recordar que esta solemnidad es de precepto; se debe entonar el Gloria de la Misa de
manera más solemne.
En el Credo se debe hacer genuflexión cuando se dicen las palabras «se encarnó».
5. Puede seguirse la Plegaria Eucarística I o Canon Romano: tiene “Reunidos en comunión…”
propio.

6. Se puede emplear la fórmula de bendición solemne En la Natividad del Señor, Misal, pág.
471.
178

7. Para dar realce a la imagen del Niño Jesús, recién nacido, algunas comunidades
acostumbran, al final de la Misa de Navidad, hacer una piadosa visita al lugar en el que se
ha dispuesto el Nacimiento, para que dicha imagen sea venerada de manera especial. No
se debe colocar sobre el altar, sino en alguna mesa auxiliar o en el mismo pesebre.

Oración Universal o de los Fieles

Presidente: oremos al Padre, que nos envío a su Hijo para hacerse cercano a la humanidad en
el misterio de la encarnación y nacimiento y supliquémosle diciendo:

R. Por tu nacimiento, socorre, Señor, a quienes has redimido.

1. Tú que al entrar en el mundo has inaugurado el tiempo de la cultura del encuentro, haz
que tu Iglesia sea signo de encuentro y esperanza en el mundo.

2. Mira con bondad la misión pastoral del Papa Francisco y concédele que la alegría del
evangelio sea su gozo y esperanza.
3. Tú que con tu nacimiento has tocado la realidad humana, dígnate ser luz en medio del
pueblo que camina en las tinieblas de la injusticia social.

4. Tú que eres la fuente de la vida, concede fortaleza a los enfermos, caridad a quienes los
acompañan y a nosotros ser signos de la inmensa y paternal caridad de Dios.

5. Bendice y acompaña la vida y obra de las familias aquí reunidad para que siguiendo tus
mandamientos sean servidoras y promotoras de la vida.

Oración Conclusiva

Padre de misericordia,
que te dignaste a enviar a tu Hijo al mundo
para asemejarse a nosotros en todo,
menos en el pecado.
Ayuda a esta comunidad reunida
para que la luz de su nacimiento,
ilumine las tinieblas de nuestro corazon.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

179

4.2. Nacimiento del Señor (Misa del día)


Diciembre 25 de 2018

Monición introductoria de la Misa

Con inmensa alegría hemos celebrado la tradicional novena de aguinaldos como preparación
para celebrar la Navidad. Hemos reflexionado sobre la importancia de la Cultura del
encuentro en apertura a Cristo Jesús que, sale a nuestro encuentro y nos comunica su gracia,
su amor y misericordia. Que la celebración de este tiempo nos permita fijar la mirada en Jesús
y ser instrumentos de la paz y la justicia que él nos da. Con sentimiento de sincera piedad
participemos del Banquete del Señor.

Monición a la Liturgia de la Palabra

La Palabra que se proclama es Cristo único Señor y Salvador. En actitud de apertura a las
novedades del Dios de la vida y Señor de la historia, escuchemos atentos el mensaje que nos
permite encontrarnos como comunidad de fe.

Ø Primera lectura: Isaías 52,7-10


Ø Salmo: 98(97),1.2-3ab.3cd-4.5-6 (R. cf. 3c)
Ø Segunda lectura: Hebreos 1,1-6
Ø Evangelio: Juan 1,1-18

Introducción
San Juan Pablo II al contemplar el misterio de la Encarnación de Jesús afirmaba “El nacimiento
de Jesús en Belén no es un hecho que se pueda relegar al pasado. En efecto, ante Él se sitúa la
historia humana entera: nuestro hoy y el futuro del mundo son iluminados por su presencia. Él
es « el que vive » (Ap 1, 18), « Aquél que es, que era y que va a venir » (Ap 1, 4). Ante Él debe
doblarse toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua debe proclamar
que Él es el Señor (cf. Flp 2, 10-11). Al encontrar a Cristo, todo hombre descubre el misterio de
su propia vida” (Incarnationis Mysterium 1).
Palabras claves: Palabra, contemplar, apertura, luz, alabanza, consuelo.

1 ¿Qué dice la Sagrada Escritura?


El texto del profeta Isaías desvela el gozo de la liberación. Es el anuncio del final de una dura
experiencia que vivió el pueblo de Israel, superar el sufrimiento del destierro es caminar al
reencuentro con su propia identidad. Al superar el destierro la comunidad Israelita
contempla el cumplimiento de la promesa que le genera alegría y gozo “¡Qué hermosos son
sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz (…)”! La presencia del mensajero
de la paz está caracterizada por la fidelidad, la universalidad y estas especificaciones
desbordan la capacidad del pueblo y sienten que pueden aprender, que el bálsamo del
consuelo ha llegado en vasos de misericordia y la única respuesta posible es la alabanza que
brota de la fe “cantad al Señor un cántico nuevo (…)”.
180

El salmo 97 se inspira en el texto de Isaías, es la contemplación de la victoria del Señor hecha


poesía, himno de alabanza. Enseñaba san Juan pablo II que, “se define este himno como
«cántico nuevo» (v. 1), que en el lenguaje bíblico significa un canto perfecto, pleno, solemne,
acompañado con música de fiesta. En efecto, además del canto coral, se evocan «el son
melodioso» de la cítara (cf. v. 5), los clarines y las trompetas (cf. v. 6), pero también una
especie de aplauso cósmico (cf. v. 8)” (Audiencia 06.11.2002).
Llama la atención que Dios está en el centro de la escena con toda su majestad, mientras
realiza la salvación en la historia y se le espera para «juzgar» al mundo y a los pueblos (cf. v.
9) y que traerá paz y justicia.
La carta a los Hebreos (1,1-14) describe al Hijo de Dios y lo presenta como el cumplimiento
de la promesa y el único mediador entre Dios y el hombre. El autor sagrado indica de manera
pedagógica que la Salvación que Cristo nos trae responde a un proceso de manifestaciones
de Dios en la historia, el acontecimiento de la salvación no es un accidente; cada acción de
Dios es parte de su proyecto de amor para la humanidad. Sin embargo las acciones de los
hombres tenían imperfecciones y con la Encarnación de Jesús se instaura una auténtica
novedad, Él, nos habla de Dios no como un delegado, sino en su condición de Hijo. En el año
jubilar, afirmaba el Papa Juan Pablo II “Jesús es la verdadera novedad que supera todas las
expectativas de la humanidad y así será para siempre, a través de la sucesión de las diversas
épocas históricas” (Incarnationis Mysterium 1).
Una certeza insistentemente recordada por el autor es que, el Hijo no es una idea sino una
realidad histórica, que sostiene el mundo con su poder creador. Él mismo que se hace
presente en la historia humana está sentado a la derecha de Dios. Ojalá podamos reafirmar
hoy, al celebrar el nacimiento de Cristo, la absoluta supremacía de Cristo sobre todo lo
humano y celestial. No es un Mesías entre otros tantos, sino el Único que nos revela al Padre
y nos redime del pecado (Espinoza, 2016).
El Evangelio de San Juan, ofrece para esta solemnidad, no una narración del nacimiento de
Jesús, sino que pone al lector a contemplar el misterio de Cristo y no de cualquier manera,
sino en la misma eternidad de Dios y este aspecto hace plena la presentación de la persona
de Jesús en el día de Navidad.
El elemento sobre el cual se construye el mensaje del Evangelio de hoy es la Palabra y el
evangelista lo expresa en tres momentos significativos: El primero, la eternidad del Verbo,
es decir ha existido desde siempre y este aspecto revela la comunión con el Padre; la Palabra
tiene identidad divina, es eterna, no es creada, es Dios y en consecuencia, rechazar la Palabra
que, es la Luz de la humanidad, Cristo Jesús, equivale a rechazar a Dios.
El segundo aspecto que brota de las entrañas del prólogo es que la Palabra se manifestó de
diversas formas: en la persona del Bautista, quien anuncio y se presentó como testigo de esa
Palabra para suscitar el seguimiento del pueblo; la Palabra ya estaba en la acción creadora
pero no fue reconocida “vino a los suyos y no hubo apertura para ella”.
Recibir la Palabra mediante la fe, es el tercer elemento estructural del texto que, trae como
gracia ser hijos de Dios “no nacidos de la sangre, ni del deseo de la carne ni del deseo del
181

hombre, sino que fueron engendrados por Dios” esto es mediante la fe en el Señor; acogida
y apertura a Jesucristo, como lo hemos orado durante la novena de Navidad
La supremacía y absoluta revelación del misterio de Dios la tenemos sólo en Jesucristo, el
Hijo de Dios hecho hombre para redimirnos. Exclama san Agustín “Despiértate: Dios se ha
hecho hombre por ti. Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será
tu luz. Por ti precisamente, Dios se ha hecho hombre” (Sermón 185: PL 38, 997-999)
2 ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
La opción de vida sacerdotal implica apertura permanente a las novedades de Dios. La luz
que trae Jesús en este día de Navidad, ilumina, renueva y anima a las comunidades en la
medida en que nos configuremos con Cristo Palabra. Enseña el documento de Aparecida “La
renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que
están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de
Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una
parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante
anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (201).

3 ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?


La alegría de la Navidad nos invita a identificar ¿cuál es nuestro propio destierro? La
indiferencia, los conflictos alimentados por la ausencia de Cristo Palabra en nuestras vidas,
el permitir que los diversos conflictos y su pluralidad de manifestaciones se apoderen de
nuestro ser, bloquean la apertura a la Salvación que Cristo nos da.
La apertura a Cristo Palabra nos exige, enseñaba el Papa Francisco: ir a lo esencial “ir a lo
profundo, a lo que cuenta y tiene valor para la vida. Jesús enseña que la relación con Dios no
puede ser un apego frío a normas y leyes, ni tampoco un cumplimiento de ciertos actos
externos (…) sino que debe partir de una viva experiencia de Dios y de su amor”, con la
certeza que Cristo es el único Señor y Salvador, que se sigue manifestando en la historia de
cada día.
Si la Palabra se hizo Carne en Cristo Jesús y la Sagrada Escritura es un lugar de encuentro
privilegiado con Él, es “condición indispensable el conocimiento profundo y vivencial de la
Palabra de Dios” (Aparecida 247). El pueblo de Israel cuando escuchó el mensaje de los
profetas en el anuncio de la Palabra se reencontró con su propia identidad. Si en el mundo
globalizado y en las acciones evangelizadoras que adelanta la Iglesia le damos la primacía a
la Palabra, la luz que brilló en la navidad hará presencia en el camino de apertura al mensaje
que, Dios hecho hombre, nos confía.
Los textos proclamados en la liturgia de la Palabra evidencian que, Dios en la historia quiso
revelarse, salir al encuentro del pueblo que anhelaba superar el destierro y reencontrarse
con su Dios, con su tierra, su cultura, su experiencia religiosa. Hoy, los cambios culturales han
desvanecido el concepto del ser humano y se hace urgente retomar el camino de una cultura
que lo integre, promueva, proteja en su ser y misión. Esto es posible si asumimos la tarea de
promover que el nuevo nombre de la Navidad es “cultura del encuentro” con Jesucristo
(DAP 243) y desde Cristo proyectar encuentros con los demás, generando vida plena para
182

nuestros pueblos (DAP 145; 347). El lenguaje del Verbo encarnado es invitación permanente
a un estilo de vida que abre el corazón al diverso, al que piensa distinto incluso en términos
religiosos (Revista Medellín, No. 169).

Evoquemos la enseñanza de san León Magno: “Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro
Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida;
la misma que elimina con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad
prometida” (Sermón 1 en la Navidad del Señor 13: PL 54,190193).
4 ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
La celebración de la Navidad es una experiencia significativa para acrisolar la certeza de la fe
en la persona de Jesús. No he de buscar caricaturas de salvación, quien nos trae la paz y nos
habilita para la evangelización actualiza su entrega en los sacramentos de manera particular
en la Eucaristía.
El encuentro con Jesús nos llena de gozo para perseverar en la fidelidad que es el fundamento
de la fe y se basa en el testimonio de quienes han sido elegidos por el Señor para la misión.
Hay que fiarse de la Palabra que la Iglesia escucha, proclama, custodia y sirve.
_________________________
Recomendaciones prácticas:
1. Es una tentación querer abreviar la liturgia de este día por causa de las prácticas culturales
con las que los pueblos celebran este tiempo. Hay que fortalecer y motivar la participación
de la comunidad en esta celebración y presentar el sentido teológico y espiritual de la
Navidad.
2. Seguramente muchos no participaron en la Misa de media noche. Entonces puede
organizarse una procesión interna de niños que lleven la imagen del Niño Jesús al
pesebre.
3. Se debe entonar el Gloria de la Misa de manera más solemne; en el Credo se debe hacer
genuflexión cuando se dicen las palabras «se encarnó».

4. Puede seguirse el Prefacio de Navidad I: Cristo Luz, ya que la acción de gracias se centra
en Cristo luz verdadera que Dios nos ha enviado.
Se sugiere la Plegaria Eucarística I o Canon Romano: “Reunidos en comunión…” propio.
5. Se puede emplear la fórmula de bendición solemne En la Natividad del Señor, Misal, pág.
471.

6. Felicitar a las familias (e instituciones) que han armado el pesebre o belén y que han hecho
la novena; igualmente resaltar el haber seguido la tradición de la corona de Adviento.

183

7. Comentar otros signos que ayudan a la devoción y al sentido del Nacimiento del Señor,
como el árbol de Navidad y las tarjetas; advertir que estas han de ser “cristianas” y ojalá
en ediciones en beneficio de obras sociales o religiosas.

8. Comunicar los horarios festivos subsiguientes: Sagrada Familia, Inocentes, Santa María,
Madre de Dios, Epifanía.

Oración Universal o de los Fieles

Presidente: ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.
Oremos confiadamente al Padre diciendo:

R. Que se goce la tierra, Señor, ante tu venida.

1. Por la Iglesia universal, extendida sobre la faz de la tierra: para que sepa llevar a todas las
gentes la Buena Noticia de la salvación y en apertura a la humanidad sea signo creíble del
encuentro con Jesús. Roguemos al Señor.

2. Por todos los pueblos de la tierra para que encuentren la paz, don de Dios y fruto del amor
y la justicia, y cesen las guerras, la segregación racial y toda clase de opresión y de
violencia. Roguemos al Señor.

3. Por todos los que llevan en su carne la señal de Cristo pobre y paciente: los enfermos, los
que pasan hambre, los migrantes, los presos, los exiliados, los refugiados, los marginados
sociales, los que sufren los horrores de la guerra, los que lloran la pérdida de sus seres
queridos, los que no tienen trabajo, los que viven sin hogar, los ancianos que viven solos,
los niños huérfanos: para que puedan sentirse amados de Dios y sus corazones se llenen
de gozo por la apertura al evangelio de la paz. Roguemos al Señor.

4. Por nuestros familiares y amigos difuntos, que celebraron otros años con nosotros la
Navidad del Señor: para que, renacidos a la vida eterna por la fe en Jesús, la gloria del
Señor los envuelva con su claridad. Roguemos al Señor.

5. Por las Regiones del país, por los ausentes, por nuestras familias, por los aquí reunidos:
para que, acogiéndonos con amor y paciencia, vivamos la gran alegría de la Navidad.
Roguemos al Señor.

Oración Conclusiva

Te los pedimos por Jesucristo,


tu Hijo, manifestado hoy al mundo
en la humildad de nuestra carne,
que vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

184

4.3. Epifanía del Señor


Enero 06 de 2019

Monición introductoria de la Misa

Celebremos, queridos hermanos, como familia de Dios, la Solemnidad de la Epifanía del


Señor. Cristo hoy se manifiesta como luz de las naciones. Descubramos como los reyes magos
a Cristo el Hijo de Dios que abre las puertas del Reino a todos los hombres. Digamos como los
reyes magos: “… venimos a adorarlo”. Celebremos con gozo la Eucaristía.

Monición a la Liturgia de la Palabra

Dispongamos a la escucha atenta de la Palabra de Dios, ella ilumina nuestro caminar, vence
la oscuridad del pecado y nos acerca al Señor para ofrecerle nuestra vida y nuestros actos
como ofrenda agradable ante su presencia. Que esta Palabra de esperanza prolongue la luz
de la Navidad y llegue a todos los hombres de buena voluntad que quieren recibir al Mesías,
luz que nace de lo alto.

Ø Primera lectura: Isaías 60,1-6
Ø Salmo: 72(71), 1-2.7-8.10b-11.12-13 (R. cf. 11)
Ø Segunda lectura: Efesios 3,2-3a.5-6
Ø Evangelio: Mateo 2,1-12

Introducción
En esta solemnidad la Palabra de Dios nos presenta a Jesús como luz que ilumina a todos los
pueblos:

1. Algunos buscan y siguen esa luz y brota un encuentro que se convierte en
adoración, junto a la transformación de la vida de quien adora.
2. Otros, por su parte, prefieren las tinieblas y, preocupados por sus intereses,
realizan planes homicidas contra quien es la Luz.
3. En definitiva, el anhelo de la Iglesia es que todos los pueblos caminen hacia la luz
y se dejen atraer por ella, y, al mismo tiempo, abran su corazón a los sentimientos
que esa luz irradia, tales como la alegría y la esperanza.

1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

Lucas coloca a los pastores como los primeros adoradores de Jesús. Mateo, en cambio, coloca
a unos paganos (reyes magos). Hay judíos relevantes, que han sido informados del
nacimiento del Salvador y permanecen indiferentes y los poderosos del momento se asustan
ante esta noticia y decretan persecución.

Antiguamente se creía que el nacimiento de una persona estaba marcado por el nacimiento
de una estrella. A partir de esto nace el relato: unos hombres de países lejanos, sin relación
con las promesas de Israel se han enterado que nacía una estrella diferente a las demás, que
185

les indicaba algo extraordinario y que era necesario buscar, al “rey de los judíos que ha
nacido”.

Se han puesto en camino hacia el país de los judíos. La escena toma fuerza, la estrella aparece
y los guía, los conduce al lugar donde está el niño. Su reacción es “una inmensa alegría” y al
llegar, brota de su corazón el homenaje debido al Salvador, homenaje que hacen en nombre
de toda la humanidad.

El relato ratifica a Jesús como el Mesías esperado, en el que se realizan las promesas hechas
a Israel, y todos los pueblos de la tierra son llamados a compartir esas promesas y a reconocer
a ese Mesías universal.

Algunos oráculos de los profetas reafirmaban que los pueblos paganos rendirían homenaje
al Mesías (Nm 24, 17; Is 49,23; Sal 72, 10-15). Por eso escuchamos en el Salmo: “Que se
postren ante él todos los reyes y lo sirvan todas las naciones”. La voluntad salvífica de Dios
se dirige a toda la humanidad, por medio de Jesús, el Mesías, el Señor.

2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?

El misterio del Hijo de Dios hecho hombre se realizó en la sencillez y en el silencio, pero tenía
que manifestarse a todo el mundo. Eso es lo que significa Epifanía, “manifestación” de lo que
estaba oculto. Primero se manifestó Jesús en la noche de la navidad para el pueblo judío, pero
como la Salvación es para todos, se manifestó al resto de la humanidad representada en un
“magos” venidos del extranjero o de la gentilidad; esta manifestación se celebra en esta
solemnidad.

No todos tienen la misma actitud ante Jesús como el Mesías, algunos de su pueblo lo rechazan,
mientras que los paganos lo reconocen como Dios, a quien adoran y ofrecen sus dones. Hay
una triste contradicción, los magos quieren adorarlo y los representantes oficiales del pueblo
judío planean la muerte del niño.

“Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo”. La actitud de aquellos personajes
nos motiva, y por ende, tenemos que ser incansables buscadores del Mesías, el Salvador. No
nos cerremos a la luz que ilumina a todo hombre, debemos vivir como hijos de Dios en
auténtica fraternidad. Los magos son buscadores incansables del Mesías y encontrándolo
cumplen con la actitud cristiana de la adoración, como signo de reconocimiento al Mesías.

El camino de los magos fue un camino de dificultades, pero al final termina con éxito. Es toda
una búsqueda y discernimiento, a pesar de que muchos se quieren oponer a que lleguen a la
meta y adoren al Señor.

¿Dónde está el rey de los judíos? La respuesta está en los sumos sacerdotes, escribas del
pueblo: es necesario buscar al nuevo Mesías en Belén de Judá porque así lo profetizó Isaías
(Mt 2,6). Mateo dice que los magos, que representan los paganos, no habrían llegado a Cristo
si los judíos, con sus Escrituras, no les hubieran indicado el camino. El texto profético ilumina
el deseo del encuentro y la actitud de búsqueda de los magos de Oriente; podríamos decir
186

que la Palabra de Dios es luz para el camino.



3. ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?

Vemos en la estrella que guía a los magos de Oriente, ya no un astro del cielo, sino a Jesús “luz
que ilumina a todo hombre” (Jn 1, 9), “la estrella radiante de la mañana” (Ap. 22,16), y por Él
nos dejamos orientar hacia la salvación.

Hoy podemos decir que el relato de los magos es una “parábola” para indicar que los paganos
que habían buscado con honestidad y constancia la verdad, han recibido de Dios la luz para
encontrarla. Que el final de la parábola es un encuentro con el salvador que ilumina el camino
y transforma la vida. Todo esto se da a pesar de que Herodes se sobresalta, los sumos
sacerdotes y letrados conocen las Escrituras y saben que el Salvador ha de nacer en Belén,
pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo. Así será el ambiente
que encontrará Jesús a lo largo de su vida: en unos, hostilidad; en otros, indiferencia y
resistencia; y algunos, lo acogen.

Los reyes magos se han convertido en el símbolo de los hombres de todo el mundo que se
dejan guiar por la luz de Cristo. Son la imagen de la Iglesia compuesta por gentes de toda raza,
tribu, lengua y nación. Ellos buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla, se dejan
guiar por el misterio, sienten la necesidad de adorar.

El relato dice que se pusieron en camino. Para orientarse hacia Dios es fundamental la
constancia en el propósito, mantener el deseo, perseverar en la búsqueda, en definitiva,
ponerse en camino. Hay oscuridad que se deben superar en el camino para poder llegar al fin
de la búsqueda y adorar a Dios encarnado en la fragilidad del ser humano.

4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Adorar es agradecer el don recibido, glorificar y reconocer el misterio de amor que nos
supera. Ante un Dios que sabemos que es solo amor, no cabe sino la adoración, el gozo y la
acción de gracias; ofrecerle todo lo que somos y tenemos. Necesitamos reconocer cuál es el
oro, el incienso y la mirra de hoy para ofrecérselos al Señor y abrir el cofre de nuestro corazón
lleno de alabanza para Él.

Asumamos como tarea impregnarnos de la valentía de los magos, que emprendieron un largo
viaje siguiendo la estrella, y supieron arrodillarse ante el niño y ofrecerle sus dones preciosos.
Todos necesitamos esa valentía fruto de una firme esperanza, y ante tantos obstáculos que
se nos pueden presentar, tener la firmeza en nuestros propósitos. Muchos en la actualidad
no quieren que adoremos al verdadero Dios, nos distraen con ideologías y nos enredan en
principios del mundo; hay que estar alertas para seguir la verdadera luz que nos guía a la
verdad completa.

Sintiendo la epifanía como fiesta de la luz: “levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la
gloria del Señor amanece sobre ti “(Is 60,1), reflexionemos a que grupo de personas
pertenecemos: a Israel, su pueblo, que rechaza o los paganos que reconocen a Jesús como
187

Hijo de Dios. Sintamos, además, propias las palabras del profeta Isaías, que dice de Jesús: El
pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una luz grande, habitaban en una tierra de sombras
y una luz ha brillado ante sus ojos. Sintamos para este nuevo año la luz de Cristo en nuestros
proyectos y, de manera especial, en nuestro caminar espiritual.

Sintamos que Dios acompaña nuestros proyectos; así como la estrella comenzó a guiar a los
magos de Oriente, Dios nunca abandona a los que dejan sus seguridades, se ponen en camino
para buscarlo y desean ardientemente recibir de Él la paz y la liberación.

Oremos por la misión de la Iglesia. La salvación es sin fronteras. Con la llegada de los magos
de Oriente comienza la peregrinación de la humanidad hacia Jesucristo. Él viene a liberar a
todos los humanos. Si hablamos de una aldea global por la cercanía en las comunicaciones,
podemos decir que la salvación nos une como un solo pueblo, que, con la ayuda del Señor,
busca superar violencias y divisiones. La llegada de los magos de Oriente a Belén, para adorar
al Mesías recién nacido, es la manifestación del rey universal a los pueblos y a todos los
hombres que buscan la verdad. Benedicto XVI dice que los magos siguieron la estrella, que,
a través del lenguaje de la creación, encontraron al Dios de la historia.

Sintamos que tenemos que iluminar. Luz y alegría van de la mano, luz y paz se fortalecen y
luz y misión tienen la misma tarea. La navidad es alegría, epifanía es gozo, la tarea de iluminar
da esa alegría y la paz. Nuestro gozo nace del encuentro con Jesucristo que fortalece e ilumina
nuestro compromiso cristiano y evangelizador. Cuando nos encontramos con Cristo nuestra
vida está iluminada constantemente. El compromiso con la misión brota del abrirse a Cristo
luz, de ahí brota la tarea ser luz para los demás.
____________________
Recomendaciones prácticas:

1. Convendría insistir en que el personaje central en este día es Jesucristo, el Niñito del
Pesebre, y el misterio de la salvación revelado a todos y para todos por Él; y no las figuras
de los llamados «tres reyes magos».
2. En la entrada procesional podría incluirse que algunos miembros lleven dones de especial
significado y se depositen ante el pesebre con una finalidad específica: un mercado como
solidaridad con los pobres, el agua como signo de la naturaleza que debe cuidarse, unas
biblias para entregar a los fieles para que su fe sea iluminada, entre otros.

3. Encender una luz al frente del pesebre podría ser elemento pedagógico.
4. Tener presente que el Misal, presenta formularios de oraciones propios para la misa de
la Vigilia y para la misa del día.
El prefacio es propio de Epifanía, Misal, pág. 367.
En la solemnidad de la Epifanía, cuando se escoge la Plegaria Eucarística I o Canon
Romano, sea dice el “Reunidos en comunión…” propio de Epifanía.

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5. Se puede utilizar la bendición solemne propia: En la Epifanía del Señor, Misal, pág. 472.

Oración Universal o de los Fieles



Presidente: en actitud de adoración, presentemos al Padre, por medio del Salvador de todas
las naciones, nuestras súplicas y digámosle suplicantes:
R. Señor, ilumina nuestra vida.

1. Por la Iglesia de Dios, para que, con su predicación y testimonio, oriente a todos los
pueblos para que reconozcan a Jesucristo como Salvador.

2. Por los gobernantes de las naciones para que iluminados por el Salvador, promuevan el
verdadero orden social y una paz estable y duradera.
3. Por los pobres, marginados, enfermos y desamparados que no tienen pan y techo, para
que compartamos con ellos lo que tenemos, no lo que nos sobra.
4. Por todos los que no reconocen a Cristo como Mesías para que se susciten caminos de
encuentro con el Señor y puedan acercarse a la Iglesia para adorar al Señor y ofrecerle
sus vidas.

5. Por nosotros reunidos en esta asamblea Eucarística para que, en actitud de adoración y
movidos por la luz de Dios, caminemos hacia Cristo, plenitud de la verdad.

En un momento de silencio pidamos al Padre por nuestras intenciones particulares.

Oración conclusiva

Señor y Padre bueno,


que te dignaste revelar a tu Hijo
a todas las naciones,
acoge bondadoso las plegarias
que tus hijos te han presentado
con fe y esperanza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.
189

5. Vigilia de fin de año



Esta vigilia probablemente lo mejor sea convocarla a las 9 o las 10 de la noche del día 31,
de modo que después pueda ir cada uno a celebrar la fiesta de fin de año en familia. La vigilia
la puede presidir un sacerdote o diácono, o también celebrarse sin presidencia. No indicamos
aquí cuando hay que estar de pie o sentados: en cada lugar se verá lo más conveniente, y se
indicará en su momento (durante los silencios y las lecturas, será mejor estar sentados).
1. Canto
HOY SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS

Hoy Señor, te damos gracias por
la vida, la tierra y el sol. Hoy
Señor queremos cantar las
grandezas de tu amor.

Gracias Padre, mi vida es tu vida, tus
manos amasan mi barro;
mi alma es tu aliento divino, tu
sonrisa en mis ojos está.

Gracias Padre, tu guías mis pasos, tú
eres la luz y el camino; conduces a ti
mi destino
como guías los ríos al mar.

Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen, y
quieres que siga tu ejemplo; brindando mi
amor al hermano, construyendo un mundo
de paz.

2. Introducción: Estamos terminando este año 2016. Un año que ha marcado, como
todos los años, tanto la vida social como la vida de cada uno de nosotros. Un año en el que
hemos podido descubrir luces y oscuridades, alegrías y tristezas. Cada uno de nosotros
hemos caminado por el camino de nuestra vida, hemos trabajado y hemos descansado,
hemos sido felices y hemos sufrido, nos hemos esforzado en el seguimiento de Jesucristo
y hemos caído también en la desidia y la infidelidad.
Y a nuestro alrededor, también, hemos visto caminar a nuestros hermanos, a todos los
hombres y mujeres: desde los más cercanos, los de nuestra familia, nuestros amigos, hasta
los más lejanos. Todos ellos, todos, forman parte de nuestra vida. Y hoy, al terminar el
año, es bueno recordarlos. De todos hemos podido aprender, todos han sido para nosotros,
de un modo u otro, estímulos para nuestra vida. Recordemos, de todos ellos, las pequeñas
y grandes felicidades vividas, y también las tristezas y dolores. Y de un modo especial,
porque de ninguna manera podríamos olvidarlos, recordemos los rostros de dolor de
190

nuestros hermanos que sufren por la guerra, por el hambre, por todas las crueldades que
los hombres sembramos o permitimos en este mundo.
Ahora, en silencio, oremos y pidamos perdón por todo lo que nosotros hemos contribuido,
a lo largo de este año, por acción o por omisión, a hacer más dolorosa la vida de los demás.

3. Silencio prolongado

4. Petición de perdón
Oremos ahora juntos, reconociendo nuestro pecado y pidiendo perdón. (Se dice el “Yo
confieso” o se canta un canto de perdón).

Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por
eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. Amén.

5. Oración
Padre, en esta noche del último día del año estamos aquí, ante ti. Queremos compartir un
rato de paz, un encuentro de familia contigo. Somos tus hijos, y nos da felicidad tenerte
a ti como Padre. Te queremos agradecer este año que hoy termina, con todo lo que hemos
vivido, lo bueno y lo malo, porque en todo podemos experimentar la llamada de tu
amor. Y te queremos agradecer también todo lo que tenemos ante nosotros, nuestro
futuro en este mundo y nuestro futuro en el Reino que tú nos prometes.
Padre, al terminar este año de 2018, y disponiéndonos a empezar un nuevo año, te
queremos pedir que estés siempre con nosotros y con todos nuestros familiares y
amigos. Y te queremos pedir, muy especialmente, que muestres tu rostro lleno de
ternura a todos los que sufren por la guerra o por el hambre, por la falta de justicia o de
libertad; y a todos aquellos que viven hundidos en el dolor o en el mal. Libéralos, Padre, y
haznos a nosotros colaboradores de esta liberación. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro
hermano, tu Hijo, que vive y reina contigo por los siglos. Amén.
6. Salmo 84
(Se recita a dos coros, habiendo repartido previamente el texto a todos)
Señor, has sido bueno con tu tierra, has
restaurado la suerte de Jacob, has
perdonado la culpa de tu pueblo, has
sepultado todos sus pecados, has
reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira.
Restáuranos, Dios Salvador nuestro; cesa
en tu rencor contra nosotros.
191

¿Vas a estar siempre enojado,


o a prolongar tu ira de edad en edad?
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia y
danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón».
La salvación está cerca de los que le temen, y la
gloria habitará en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran, la
justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra, y la
justicia mira desde el cielo.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto. La
justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino.

7. Lectura de Isaías 9,1-6
Escuchemos ahora la palabra de los profetas. Es el anuncio de un niño que abrirá un
camino nuevo en la vida de los hombres. Es el anuncio de Jesús, el Mesías.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en
tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como
se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga,
el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.
Porque la bota que pisa con estrépito y la
túnica empapada de sangre serán
combustible, pasto del fuego.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva
a hombros el principado, y es su nombre:
«Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de
eternidad, Príncipe de la paz».
Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el
trono de David y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre.
192

El celo del Señor del universo lo realizará. Palabra de Dios



8. Salmo 71
El salmo podría hacerse cantado. Puede cantar las estrofas un solista y la asamblea
responder con la antífona, o cantarlo todos todo. También puede leer las estrofas un lector e ir
intercalando la asamblea el canto de la antífona.

Tu reino es vida, tu reino es verdad; tu
reino es justicia, tu reino es paz; tu reino
es gracia, tu reino es amor: venga a
nosotros tu reino, Señor; venga a
nosotros tu reino, Señor.

Dios mío, da tu juicio al rey, tu
justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia, a
tus humildes con rectitud;
para que rija a tu pueblo con justicia, a
tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan la paz, que los
collados traigan la justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo, que
socorra a los hijos del pobre;
que él defienda a los humildes del pueblo y
quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol, como la
luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped, como
rocío que empapa la tierra.
Que en sus días florezca la justicia y la
paz hasta que falte la luna.
Librará al pobre que suplica,
al afligido que no tiene protector; se
apiadará del humilde e indigente, y
salvará la vida de los pobres; salvará de
la violencia sus vidas,
pues su sangre es preciosa ante sus ojos.

Que su nombre sea eterno, que su
fama dure como el sol;
que sea bendición para los pueblos;
que las naciones los proclamen dichoso.
Bendito eternamente su nombre,
193

que su gloria llene la tierra.



9. Lectura de 1 Juan 1,1–2,3
Escuchemos ahora la palabra de los apóstoles. Juan, el apóstol que Jesús más quería, nos da su
testimonio: ahí, en nuestra vida de hombres y mujeres débiles, se ha hecho presente alguien
que nos ha transformado. Alguien que no es un sueño ni una idea, sino una persona como
nosotros. Alguien que nos llama a reconocer nuestra situación marcada por el mal y el
pecado, pero que al mismo tiempo nos empuja a seguir en el camino de la fidelidad a su
Evangelio.
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros
propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida;
pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y les anunciamos
la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído
se los anunciamos, para que estén en comunión con nosotros y nuestra comunión es con
el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo.
Palabra de Dios.

10. Lectura del Magisterio

«La buena política está al servicio de la paz» (L I I Jornada Mundial de la Paz 1 de enero de 2019)

11. Canto
DANOS UN CORAZÓN18
Danos un corazón ,grande para amar
Danos un corazón, fuerte para luchar.

Pueblos nuevos, creadores de la historia
Constructores de nueva humanidad.
Pueblos nuevos, que viven la existencia
como riesgo de un largo caminar.

Pueblos nuevos, luchando en esperanza,
caminantes, sedientos de verdad.
Pueblos nuevos, sin frenos ni cadenas,
pueblos libres que exigen libertad.

Pueblos nuevos, amando sin fronteras, por
encima de razas y lugar.
Pueblos nuevos, al lado de los pobres,
compartiendo con ellos techo y pan.

18
Letra y música de Juan A. Espinosa
194

12. Introducción al silencio


Vamos a hacer ahora un tiempo de silencio. Será un tiempo de oración personal en el que
podemos repasar dentro de nosotros este año que estamos acabando, y poner ante Dios
el camino que hemos recorrido, las personas con las que hemos compartido la vida, los
acontecimientos que nos han marcado, y dar gracias por todo ello. Y, al mismo tiempo,
pedir su bondad y su amor para el nuevo año. Para nosotros, y para toda la gente que
conocemos, y para todos los que sufren.

13. Silencio, a ser posible con música de fondo

14. Plegarias. (Respuesta cantada: “Señor, ten piedad”)
– Por cada uno de nosotros, por nuestras familias, por nuestros amigos.
– Por nuestro crecimiento en la fe y en la fidelidad al Evangelio.
– Por nuestros compañeros de trabajo y de estudio, por todos aquellos con quienes
compartimos nuestra vida.
– Por nuestra ciudad, nuestro pueblo y nuestro barrio y por todos los que aquí
vivimos.
– Por los pobres, los tristes, los abandonados que hay entre nosotros.
– Por nuestra parroquia, por nuestra diócesis, por la Iglesia entera.
– Por todos los hombres y mujeres, por todos los ancianos, los niños, los jóvenes; por
todos los pueblos de la tierra.
– Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, sufren la guerra o la violencia.
– Por todos los que, en cualquier lugar del mundo, sufren la tragedia del hambre.
– Para que la paz y el amor de Dios transformen nuestro mundo.

15. Padrenuestro
Como hijos de Dios, como hermanos de todos los hombres, oremos como Jesucristo
nos enseñó:

Padre nuestro,
que estás en el cielo, santificado
sea tu Nombre; venga a nosotros
tu reino; hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo. Danos
hoy nuestro pan de cada día; perdona
nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a
los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación, y
líbranos del mal. Amén.
195

16. Gesto de paz


Con los mejores deseos para el año que comienza, hermanos, démonos fraternalmente la
paz.

17. Cántico de María

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

18. Despedida
Si preside un sacerdote o diácono, desea a todos un feliz año nuevo y da la bendición solemne
de Año Nuevo. Si no, el que haya dirigido la vigilia desea a todos un feliz año nuevo.
19. Canto final ANUNCIAREMOS
TU REINO, SEÑOR

Anunciaremos tu reino, Señor, tu


Reino, Señor, tu Reino.

Reino de paz y justicia, Reino
de vida y verdad,
tu Reino, Señor, tu Reino.

Reino de amor y de gracia, Reino
que habita en nosotros, tu Reino,
Señor, tu Reino.

Reino que sufre violencia, Reino
que no es de este mundo, tu Reino,
Señor, tu Reino.

Reino que ya ha comenzado, Reino
que no tendrá fin,
tu Reino, Señor, tu Reino.
196

6. Celebración del fin de año



En torno al 31 de diciembre y 1 de enero, muchas comunidades organizan una celebración
en la que se reflexiona a la luz de Cristo sobre el año que empieza. Y su reflexión se convierte
en oración.
El énfasis debería ponerse en la acción de gracias y en la esperanza cara al nuevo año. Todos
necesitamos ánimos, visión optimista de la historia.
Esta celebración quiere compartir la esperanza cristiana, con una visión cristiana del correr
del tiempo y de la tarea que a todos nos toca en la historia.

1. Saludo del presidente. Motivación. Invitación.

2. Canto de entrada: “Marcha de la Iglesia”, “Juntos para soñar”, “Juntos como
hermanos” (un largo caminar), “Exodo y liberación” (peregrino, ¿a dónde vas?), “Iglesia
peregrina de Dios”, “Hacia ti, morada santa”... Si se quiere dar un tono mariano a la
celebración: “Santa María del camino” (ven con nosotros al caminar...), “Santa María de
la esperanza” (mantén el ritmo...).

3. Profecía o pregón de año nuevo.

4. Lectura bíblica: elegir una que refleje la marcha de la historia, la plenitud que ésta
adquiere en Cristo, o la confianza en Dios, conductor de la vida y del tiempo...
Proponemos éstas:
– Ef 1,3-14 (nos ha bendecido... antes de la creación... el designio que ha decidido
realizar en la plenitud de los tiempos...).
– Col 1,13-20 (Cristo, la imagen perfecta del Padre, plenitud de toda la historia...).
– Mt 5,1-12 (las bienaventuranzas).
– Mt 6,25-34 (fe en la providencia; no andar preocupados por el mañana...).
– Lc 12,16-48 (parábola del hombre rico y sus sueños... recomendación de confiar en la
providencia... parábola de los siervos vigilantes... parábola del administrador infiel...).
– Eclo 18,1-14 (Dios dirige el universo... los días del hombre son contados... el Señor
comprende, tiene paciencia...).
– 2 Pe 3,1-18 (la historia y la promesa de la vuelta; nuevos cielos y nueva tierra...
vivir en la paz).

3. Pausa de silencio y meditación. Posible canto de respuesta, si parece oportuno:
Salmo 64 (Oh Dios, tú mereces un himno en Sión...), Salmo 89 (Señor tú has sido
nuestro refugio... los siembras año por año...). Si se elige el salmo 64, mejor alternar las
estrofas cantadas con otras leídas o proclamadas: por ej. “coronas el año con tus
bienes...”.

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4. Aspectos esperanzadores del año que termina. Entre dos, enumerar brevemente los
acontecimientos y las direcciones más optimistas de la historia de este año:
a nivel mundial, nacional, a nivel de Iglesia y de la propia comunidad

5. Canto de acción de gracias. Salmo 135: Porque su amor no tiene fin... O bien el
“Magníficat”.

6. Aspectos deficientes del año que termina, en clima de petición de perdón: todos
somos solidarios de la culpa. Entre dos, enumerar brevemente los acontecimientos y las
direcciones más lamentables del año, a los mismos niveles que los positivos de antes.

7. Canto de petición de perdón. Salmo 50: Perdón, Señor, perdón.

8. Reflexión personal: balance de la vida de cada uno en el año que termina:
aspectos positivos y negativos. ¿En silencio? ¿en diálogo de comunicación?

9. Oración final
– litánica, con intervenciones libres,
– oración presidencial (con o sin Padrenuestro)
– terminar con la bendición solemne del Misal Romano para el comienzo del año.






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7. Noche vieja: año nuevo40


Celebración cristiana en familia
La despedida del año viejo y la entrada en el nuevo suele ser un acontecimiento muy emotivo
en una familia, en un grupo o una comunidad.
Se crea un ambiente entrañable. Evitando el lujo y la ostentación, y también el tono un
tanto parrandero al que a veces nos parece invitar el ambiente, es muy bueno que este
clima de alegría humana y familiar sea en verdad comunicativo y feliz, tanto para los mayores
como para los jóvenes y niños.
Pero para una familia o comunidad cristiana, el paso al Año Nuevo es bueno que tenga
además un color claramente cristiano. Aparte de que se pueda participar en esa tarde/noche
en las Vísperas o en la Eucaristía (algunos grupos organizan esta noche una hora de
Adoración al Señor Eucarístico), aquí ofrecemos para el ambiente de familia un esquema
que se puede realizar en poco más de cinco minutos.
Se trata de un momento sencillo de oración, que en el clima familiar y en un momento
tan significativo puede resultar muy expresivo de nuestra fe.

1. Acción de gracias por el año que acaba
Monición (dicha por el padre o la madre)
Señor nuestro, Padre que estás en el cielo. Nos hemos reunido aquí, momentos antes de
terminar este año y empezar el nuevo. Queremos darte gracias por tantas cosas buenas
que han sucedido este año: para la humanidad, para la Iglesia, para nuestro país, para
nuestra familia, para cada uno de nosotros. Sabemos que estamos en tus manos de Padre
y te lo agradecemos (se pueden enumerar algunos de estos acontecimientos del año).

Se puede elegir entre el canto o la oración de acción de gracias.
HOY SEÑOR, TE DAMOS GRACIAS
HTTPS://YOUTU.BE/XAC0BSVO4EQ

Hoy Señor, te damos gracias por
la vida, la tierra y el sol. Hoy
Señor queremos cantar las
grandezas de tu amor.

Gracias Padre, mi vida es tu vida, tus
manos amasan mi barro;
mi alma es tu aliento divino, tu
sonrisa en mis ojos está.
Gracias Padre, tu guías mis pasos,
tú eres la luz y el camino;
conduces a ti mi destino
como guías los ríos al mar.

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Gracias, Padre, me hiciste a tu imagen, y


quieres que siga tu ejemplo; brindando mi
amor al hermano, construyendo un mundo
de paz.

GRACIAS SEÑOR
Lector 1
Gracias Señor por todo cuanto me diste en el año que termina,
gracias por los días de sol y los nublados tristes,
por las tardes tranquilas y las noches oscuras.
Gracias por la salud y por la enfermedad,
por las penas y las alegrías.

Lector 2
Gracias por todo lo que me prestaste y luego me pediste.
Gracias Señor, por la sonrisa amable y por la mano amiga, por
el amor y por todo lo hermoso y por todo lo dulce, por las
flores y las estrellas, por la existencia de los niños y de las
almas buenas.

Lector 3
Gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes, por
las dificultades y las lágrimas.
Por todo lo que me acercó a Ti.
Gracias por haberme conservado la vida,
y por haberme dado techo, abrigo y sustento Gracias
Señor. Gracias Señor. Señor.

Lector 4
¿Qué me traerá el año que empieza?
Lo que Tu quieras Señor, pero te pido fe para mirarte en todo,
esperanza para no desfallecer, y caridad para amarte cada día más, y
para hacerte amar entre los que me rodean.
Dame paciencia y humildad, desprendimiento y generosidad, dame
Señor, lo que tu sabes que me conviene y yo no sé pedir.
Que tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, y
que me halle siempre dispuesto a hacer tu Santa Voluntad.
Derrama Señor, tus gracias sobre todos los que amo y
concede tu paz al mundo entero. Así sea.
Gracias Señor. Gracias Señor.

Todos rezan despacio el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria al Padre.
En un momento de silencio pensamos en los que ya han partido a la casa del Padre.

3. Las doce uvas, no faltaría más, puntualmente. Comerlas sin prisa.
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4. Oración de año nuevo

Señor Dios, dueño del tiempo y de la eternidad. Tuyo es
el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al empezar un año mas,
detenemos nuestra vida ante el nuevo calendario, aun sin estrenar,
y te presentamos estos días que solo Tu sabes si llegaremos a vivirlos.

Hoy te pedimos para todos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Queremos vivir cada día con optimismo y bondad,
llevando a todas partes un corazón lleno de compresión y paz.

Cierra tus oídos a toda falsedad; nuestros labios o palabras mentirosas,
egoístas, mordaces o hirientes.

Abre, en cambio, nuestro ser a todo lo que es bueno.
Que nuestro espíritu se llene solo de bendiciones y las derrame a mi paso.

Cólmanos de bondad y de alegría
para que cuantos conviven con nosotros o se acerquen, encuentren
en nuestra vida un poquito de Ti.
Danos un año feliz, y enséñanos a repartir felicidad. Amen.

4. La copa de champán, con el oportuno brindis.

5. El abrazo y el beso con todos los presentes, para empezar el año con un compromiso
de fraternidad y, si hace falta, de perdón. Con un voto de confianza a todos. Olvidando lo
desagradable del año viejo y empezando “de cero”.

6. Y luego, seguir la fiesta. Dichosa la familia que sabe divertirse a sí misma.
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8. Solemnidad Santa María, Madre de Dios
L I I Jornada Mundial de la Paz19
1 de enero de 2019

«La buena política está al servicio de la paz»

La responsabilidad política pertenece a cada ciudadano, y en particular a aquellos que han


recibido el mandato de proteger y gobernar. Esta misión consiste en salvaguardar el derecho y
fomentar el diálogo entre los actores de la sociedad, entre las generaciones y entre las culturas.
No hay paz sin confianza mutua. Y la confianza tiene como primera condición el respeto por la
palabra dada. El compromiso político, -que es una de las expresiones más altas de
caridad- comporta la preocupación por el futuro de la vida y del planeta, de los más jóvenes y
de los más pequeños, en su sed de realización.

Cuando el hombre es respetado en sus derechos, como recuerda San Juan XXIII en la
encíclica Pacem in Terris (1963), brota en él el sentido del deber de respetar los derechos de
otros. Los derechos y los deberes del hombre acrecientan la conciencia de pertenecer a una
misma comunidad, con los demás y con Dios (cf. ibid., 45). Por lo tanto, estamos llamados a
llevar y anunciar la paz como la buena noticia de un futuro en el que cada ser vivo será
considerado en su dignidad y sus derechos.

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http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/11/06/paz.html