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Tipos y arquetipos:

La ecuación personal en la psicología moderna

Reseña de:
Sonu Shamdasani, Jung y la creación de la psicología moderna. El sueño de una ciencia.
Edit. lit. Enrique Galán Santamaría. Trad. Fernando Borrajo. Atalanta, 2018
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“Me parecía que nuestro modo convencional de concebir y tratar los

problemas psicológicos era tan inadecuado como usar diamantes

para rellenar los baches.”

(C. G. Jung, pasaje suprimido de Recuerdos, sueños, pensamientos)

En su reseña a la primera traducción inglesa de Tipos psicológicos, el


psicólogo conductista J. B. Watson mostró su irritación por el carácter innato que
Jung en su obra daba a la tipología psicológica basada en la oposición extraversión-
introversión, términos introducidos con fortuna en psicología por primera vez en
1921 a través de aquel libro de Jung. El ambientalismo extremo de Watson, por
entonces en auge, rechazaba que el ser humano no fuera una tabula rasa sobre la
que la psicología conductista pudiera modelar la conducta a su antojo, nada más
lejos de la psicología de Jung. No es extraño por tanto que a Watson le pareciera que
el libro de Jung sólo aportaba oscuridad a la psicología.
Los conceptos de extraversión e introversión contaban con una larga
trayectoria en la historia de las ideas y anteriormente a Jung tuvieron su formulación
más psicológica bajo las denominaciones “introspección” y “extrospección” de Binet,
psicólogo al que Jung se dirigió con la intención de investigar experimentalmente el
“complejo sentimentalmente acentuado”, poco tiempo después de haber sido ya
estudiado por el propio Jung en sus experimentos de asociación. Finalmente la
colaboración con Binet ni siquiera dio comienzo. En el modelo de Jung, el
funcionamiento psicológico consistía por un lado en dos actitudes humanas típicas,
la extraversión y la introversión, y por otro lado en las funciones psicológicas,
también universales, del pensamiento, el sentimiento, la intuición y la sensación.
Combinando las dos actitudes con las cuatro funciones se obtenían una serie de
perfiles de personalidad caracterizados por el predominio de uno de los tipos
resultantes sobre los demás. En el proceso de análisis que tiene lugar en la
psicoterapia se podría desarrollar la función y la actitud opuesta a la predominante,
que hasta entonces habría permanecido inconsciente, a tal desarrollo de la función
opuesta o inferior Jung lo denominó: individuación, un proceso universal e innato,
aunque también modelado por la experiencia con el ambiente, al igual que ocurría
con las actitudes y funciones.
Respecto a los rasgos de extraversión e introversión, el psicólogo de la
personalidad Gordon Allport señaló en 1937 que en los veinte años anteriores “los
términos acuñados por Jung, con su etimología transparente, ocuparon el centro de
atención [de los psicólogos]”. Sin embargo la teoría que Jung aportaba en su libro
sobre los tipos fue dejada a un lado. Así ocurrió por ejemplo en el test de
personalidad desarrollado a partir de la tipología junguiana, el MBTI, el test de
personalidad más usado en Estados Unidos.
Uno de los problemas de la psicología académica con la psicología de Jung era
su idea de lo inconsciente. El concepto general de inconsciente provenía en su origen
de la filosofía alemana, en la que estaba ligado a determinadas suposiciones
metafísicas. La denominada “leyenda freudiana” pretendió hacer creer durante
mucho tiempo que Freud había descubierto el inconsciente y que su obra sobre los
sueños fue la primera en tratarlos desde el punto de vista psicológico, sin embargo,
al igual que ocurría con otros aspectos de la obra de Freud, tanto lo inconsciente
como los sueños habían sido ya anteriormente objeto de investigación psicológica.
Entre otros precursores de Freud cabe destacar al psicólogo francés Théodule-
Armand Ribot, que en 1886 distinguió entre un inconsciente personal, parecido al
inconsciente freudiano, y un inconsciente hereditario o ancestral, parecido a lo
inconsciente colectivo de Jung, que es de hecho la culminación de una serie de
investigaciones similares.
Lo inconsciente colectivo junguiano, a diferencia el resto de conceptos
semejantes, se encontraba profundamente vinculado con la imagen de una manera
muy especial. Mediante el análisis de sueños, Jung se dio cuenta de que ciertas
imágenes que aparecen en ellos son representaciones del proceso de individuación
y de que, en parte debido a la universalidad del proceso, tales imágenes presentaban
importantes semejanzas en los sueños de distintos pacientes y todas ellas a su vez
con los motivos de las distintas mitologías, Jung llamó a estos motivos prototípicos
“arquetipos”, y constató que aparecían de forma espontánea tanto en los sueños
como en otros productos de la imaginación, incluidos los delirios psicóticos. Las
imágenes arquetípicas de los pacientes encontraban formas paralelas en las
imágenes mitológicas y religiosas de pueblos de todo el mundo, por lo que para la
psicología se hacía necesario estudiar la mitología y la religión.
El estudio psicológico del mito y de la religión no era en modo alguno
desconocido. Wilhelm Wundt, padre de la psicología experimental, fijó como objetos
de estudio de su etnopsicología el lenguaje, la mitología, la religión y las costumbres
de los pueblos, tarea que para él constituía la verdadera finalidad de la psicología. El
mismo año (1911) en que Jung publicó Transformaciones y símbolos de la libido
(posteriormente revisado y ampliado bajo el título Símbolos de transformación,
1952), Wundt publicó Elementos de etnopsicología. La etnopsicología de Wundt, sin
embargo, no sobrevivió a su fundador, entre otros motivos por las divergencias de
los discípulos de Wundt con la concepción que éste tenía de la etnopsicología, pero
fue desarrollada a modo por el psicoanálisis de Freud y por la psicología analítica de
Jung y ha sobrevivido de esa manera hasta el presente, gracias a la forma
institucional que adoptaron las psicologías de Freud y de Jung.
La principal exposición de la acción autónoma -ajena a la consciencia del
soñante- del arquetipo en los sueños la encontramos en el seminario aún inédito (se
editará en 2019) Símbolos oníricos del proceso de individuación, en el que Jung
expone los resultados de su análisis de más de 400 sueños de un paciente, el premio
Nobel de física Wolfgang Pauli. El material de este análisis fue tratado por Jung de
distinta manera en otras obras que sí fueron publicadas, y no obstante Jung ofrece
abundantes casos clínicos, en ocasiones muy por extenso, en los que se muestran las
características de este proceso de individuación y su índole arquetípica.
A medida que avanzaba en su obra, Jung fue aproximando el concepto de
arquetipo al concepto de instinto hasta el punto de afirmar que el arquetipo era la
otra cara del instinto, su imagen. De hecho para Jung “las imágenes inconscientes
colectivas de los animales son en gran medida de naturaleza similar a las que se
observan en el hombre. (…) Los mamíferos superiores tienen prácticamente las
mismas imágenes colectivas”. Aquí la palabra imagen es sinónimo de
representación, así por ejemplo en la hormiga arriera está presente a priori la
imagen, la representación, no consciente de la hoja, el árbol, el cortar, el transporte
y el huerto de setas, sin necesidad de que la hormiga haya tenido ningún aprendizaje
previo del proceso, ya que es instintivo. El zoólogo Konrad Lorenz, tras rechazar
reiteradamente a lo largo de su carrera la influencia de Jung en su concepto de
“mecanismo innato de liberación”, finalmente acabó reconociendo: “creo que los
arquetipos son mecanismos innatos de liberación que representan la visualización,
las fantasías, del individuo.”
Entre las diversas –y poco comprensibles- supresiones que sufrió Recuerdos,
sueños, pensamientos, el libro “autobiográfico” de Jung meditado por Aniela Jaffé,
psicóloga junguiana y secretaria de Jung, se cuenta la supresión de un capítulo
entero dedicado a la relación de Jung con William James. Se conocieron en 1909 y
los dos congeniaron. La deuda intelectual de Jung con James queda expresada en
aquel capítulo, si bien Jung también la había hecho manifiesta en otras partes de su
obra. Para Jung, William James era un modelo. El rechazo de James del término
“inconsciente” no expresaba sin embargo un rechazo de los contenidos que este
término englobaba, de hecho cuando James describía entusiasmado “el campo
ultramarginal de la consciencia” no estaba describiendo algo muy distinto de lo que
Jung entendía por inconsciente. La propuesta de James de enseñar a determinados
pacientes a “poner en funcionamiento sus reservas de energía vital” y su ejemplo de
los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola y de las técnicas del yoga como
método de liberación de la energía desaprovechada, no sólo estaban en plena
sintonía con las ideas de Jung, sino que además éste contribuyó al estudio teórico de
dichos métodos desde la perspectiva de la psicología analítica, Jung puso de
manifiesto que en ambos métodos -surgidos en Occidente y en Oriente
respectivamente-, se hacían presentes los contenidos arquetípicos propios del
proceso de individuación.
En 1945 durante la celebración de un homenaje a Jung, el epistemólogo,
psicólogo y biólogo Jean Piaget llamó la atención sobre la relación existente entre lo
inconsciente colectivo de Jung y la “consciencia colectiva” de Émile Durkheim. Para
Jung las representaciones colectivas de la sociología, ya se tratara de
representaciones mitológicas o de otro tipo de representaciones propias de un
grupo social y no de un único individuo, tenían también su base en los arquetipos de
lo inconsciente colectivo, igual que ocurría en el caso de un único individuo los
arquetipos constituían el elemento nuclear del complejo –en este caso del complejo
social, cultural- determinado por la disposición innata, el otro elemento del
complejo venía determinado por la experiencia del conjunto de los individuos del
grupo social con el ambiente.
En la antropología moderna la obra de Jung ejerció una influencia
considerable, y no sólo con su concepto de inconsciente. Así por ejemplo, la
antropóloga Margaret Mead recuerda los numerosos debates acerca de los Tipos
psicológicos de Jung. Por otro lado, las ideas del pensamiento antropológico también
influyeron en Jung, incluso es posible conjeturar que la primera intuición de su
concepto de arquetipo haya surgido de la combinación de las ideas de Bastian y
Lévy-Bruhl al respecto, además el concepto junguiano de “participación mística” fue
tomado directamente de la obra éste último autor.
En el manuscrito inédito Viaje africano, Jung explica entre otras cosas la
significación que tuvo para él el viaje que realizó a Nuevo México para conocer a los
indios pueblo y trata una serie de consideraciones de carácter psicológico y
antropológico de gran interés. El mundo, dice Jung, no es únicamente una
experiencia exterior, sino también una vivencia interior. Creemos que lo que
llamamos “mundo” es el objeto exterior, pero en realidad el mundo es también un
reflejo y una creación mental, pues nuestra “posibilidad mental de registro” del
mundo no es una tabula rasa, sino que “registrar es asimilar” lo otro a lo que
nosotros ya somos de manera innata. El miedo a la subjetividad, presente en los
informes científicos, supone la desestimación de la vivencia interior, lo que nos hace
negar y pasar por alto una parte del mundo real. Jung en su escrito pone como
ejemplo la distinción que hacían algunos indios entre “coyotes comunes” y “coyotes
sabios”, a nosotros los occidentales todos los coyotes nos parecen comunes, y
negamos y desestimamos la diferenciación entre unos coyotes y otros siempre que
no nos damos cuenta de que tal diferencia efectivamente existe, sólo que no se
aprecia desde fuera, sino desde dentro, desde la vivencia interior.
Como William James señaló en Principios de psicología, los psicólogos habían
convertido sus preferencias personales, incluyendo su preferencia por la
objetividad, en la manera universal en la que, según ellos, debía hacerse psicología.
Esa importancia –ya apuntada por Nietzsche- de la ecuación personal de cada autor
a la hora de valorar sus respectivas ideas y las de los demás, fue muy tenida en
cuenta por Jung a la hora de escribir Tipos psicológicos. Por eso mismo, en respuesta
a la reseña de Watson que comentábamos al principio, James Oppenheim, uno de los
primeros divulgadores de la obra de Jung en Estados Unidos, argumentaba que
Watson era un intelectual extravertido que no era capaz de modificar su tipo
psicológico y por tanto tampoco era capaz de entender el punto de vista opuesto, y
que Jung sin embargo era un intelectual introvertido que había sabido desarrollar
su lado extravertido, de ahí la importancia del proceso de individuación también
para la propia investigación psicológica.
Lo necesario para los psicólogos, afirma Jung, es que se dejen transformar
por aquello que desean investigar, con la finalidad de observar los cambios que
entonces se producirían en ellos mismos.
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Lo aquí resumido en esta subjetiva paráfrasis de la obra de Sonu Shamdasani, y
mucho más, como por ejemplo la importancia de Théodore Flournoy en la obra de
Jung, la aplicación de la psicología a los procesos históricos de cambio de época, las
sugerencias programáticas (desoídas) que Jung señaló para el desarrollo de la
psicología analítica, un recorrido por las ideas filosóficas y fisiológicas que dieron
origen al concepto de lo inconsciente o la conceptualización de la libido como interés
y el intento de formular científicamente los fundamentos de una energía
específicamente psíquica, es lo que podrá encontrar el lector interesado si decide
adentrarse en este magnífico libro sobre historia de la psicología y acerca de la vida
y obra de Carl Gustav Jung. La esmerada labor de Enrique Galán Santamaría ha hecho
posible redondear el trabajo de edición y traducción, cuidando la fidelidad al texto
original y realizando las correcciones oportunas, aunque debido a un lamentable
descuido no encontramos en la edición de Atalanta mención a su actividad como
editor literario. En cuanto al autor de la obra, que ha tenido acceso privilegiado a un
material de ordinario nada accesible, cabe destacar que muestra en cada página su
imparcialidad y respeto por la verdad en esta obra escrita sine ira et studio, como
corresponde a todo buen historiador –en este caso de la psicología- que se precie de
serlo, afortunadamente sin descuidar por ello la calidad literaria de su trabajo. La
desmitificación que Sonu Shamdasani hace en su libro de lo que podríamos llamar
“la leyenda junguiana” nos devuelve al Jung de carne y hueso a la vez que pone su
obra en el contexto de las influencias que recibió, nos muestra aciertos y errores de
Jung, restando de esta manera argumentos tanto a aquellos fanáticos que ven en
Jung un gran sabio omnisciente, como a aquellos críticos que por ignorancia
aseguran que la psicología analítica no es más que una Atenea nacida de una sola
vez, y ya con todas las armas, de la cabeza de Zeus-Jung, como una verdad revelada.
Queda fuera del propósito de la obra el examen exhaustivo de los postulados básicos
de la psicología analítica, de manera que conceptos básicos como ánima, ánimus,
función trascendente, sí-mismo (self) y otros son obviados. Por lo demás, como
señala Shamdasani, Jung, que nunca rechazó el método experimental sino que lo
proponía cada vez que resultaba adecuado, indicó expresamente que la explicación
y la demostración de la validez general de su obra reside en ella misma, puesto que
la manera de probar un hecho difiere de una disciplina a otra y no es posible
comprobar la evidencia de un fenómeno biológico, psicológico, legal, sociológico o
filosófico recurriendo a los mismos métodos, y en el caso de la psicología analítica
de C. G. Jung “nuestro laboratorio es el mundo”.
José Medina