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4 de julio: reflexiones urgentes

Rodrigo Llanes Salazar*

En el contexto del cambio de la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del


Estado de Yucatán (Codhey) esta semana y del próximo relevo en la administración
municipal en los próximos meses, resulta urgente reflexionar sobre lo sucedido el 4 de
julio de 2011 en Mérida.
Sobre los hechos se han ofrecido ya varias crónicas —como las publicadas en las
páginas de este diario el sábado pasado—, por lo tanto, no me detendré en la narración de
lo sucedido. Valga recordar que la alcaldesa de entonces, Angélica Araujo, con el apoyo
de la gobernadora del Estado, Ivonne Ortega, impulsó la construcción de un paso a
desnivel —el “paso deprimido”— en la prolongación de Paseo de Montejo. Muchos se
manifestaron en contra del proyecto a través de cartas, documentos académicos, volantes,
publicaciones en las redes sociales y plantones en el sitio. El 4 de julio, grupos “porriles”
reprimieron la manifestación pacífica para que el paso deprimido pudiera ser construido.
Sobre estos hechos considero urgente reflexionar acerca de las siguientes cuestiones:

1) Corrupción y transparencia en las obras públicas. Organizaciones como la fundación


Documentación y Conservación del Movimiento Moderno en Arquitectura y el Colegio
de Arquitectos de Yucatán expusieron diversos elementos —de patrimonio cultural,
urbanismo, daño ambiental, entre otros— por los cuales el paso a desnivel no debía ser
construido. Del mismo modo, la obra no fue autorizada presupuestalmente por el
Congreso del Estado. A pesar de todo, el gobierno decidió construirla. El problema es
que éste no es un caso único: el gobierno ha realizado numerosas obras de las que se han
hecho públicos los desvíos de fondos —ejemplos recientes son el Gran Museo del Mundo
Maya y los hospitales de Tekax y Ticul. Por fortuna, en contra de las decisiones y los
contratos en lo oscuro, cada vez más ciudadanos y organizaciones luchan por hacer
públicas esas decisiones que benefician a unos pocos y que resultan perjudiciales para la
mayoría.

2) Segregación en Mérida. En medio de las represiones por parte de los grupos porriles,
aquel 4 de julio un joven presente en Paseo de Montejo expresó que se oponía a la
construcción del paso deprimido por razones distintas a las de “los del norte” de la
ciudad. El motivo de su inconformidad era que mientras unos —“los del norte”— no
querían que se construyera una obra en esa zona de la ciudad, otros, “los del sur”, sí
quieren que se realicen varias obras en la zona que habitan: pavimentación de calles,
alumbrado público, centros de salud, espacios educativos y recreativos, entre otros. El
discurso de aquel joven, desapercibido en medio de la violencia política, resulta muy
ilustrativo del grave problema de segregación urbana en Mérida. Por debajo de esta
violencia política manifiesta en las agresiones de los porros contra los manifestantes,
encontramos una violencia estructural en la que más de la mitad de la población de
Mérida se mantiene al margen de los satisfactores, servicios y oportunidades, como ha
sido documentado en el libro Segregación, recreación y calidad de vida en Mérida de la
doctora en Urbanismo, Susana Pérez Medina.
El problema de la segregación en Mérida va acompañado de un crecimiento
desencadenado de la ciudad, sin planeación, que genera diversos problemas urbanos —
entre ellos, el tráfico de transporte, la especulación irracional de terrenos y la carencia de
servicios en diferentes zonas del municipio. Éste debe ser, sin duda, uno de los puntos
urgentes en la agenda de la nueva administración municipal.

3) Los aspectos sociopolíticos. Tal como escribió la semana pasada en estas páginas Juan
Chaia, integrante de Poder Ciudadano. Colectivo 4 de Julio, la represión del 4 de julio
tuvo diversas repercusiones sociopolíticas en Mérida. Acaso una de las consecuencias
más visibles sea la pérdida de la alcaldía por parte del PRI. Varios analistas políticos
coinciden en que los ciudadanos de Mérida han ejercido un voto de castigo —tanto en
2012 como en 2015— en contra del PRI. Esto debe llevarnos a pensar seriamente en qué
tanto la oposición goza de los errores del gobierno en turno y en qué medida el respaldo
que obtiene de los ciudadanos proviene de sus propuestas y acciones.
Si el grave problema de segregación en Mérida llevó a algunos a calificar a las
manifestaciones contra el paso deprimido como una protesta de “los del norte” que no les
competía a “los del sur”, el marcado bipartidismo en el estado condujo a considerar a los
inconformes como “panistas” en contra de los gobiernos municipales y estatales del PRI.
Por mi propia experiencia, puedo confirmar que las manifestaciones contra el paso
deprimido no provenían sólo de simpatizantes del PAN. Estos estereotipos, muchas veces
reproducidos por los medios de comunicación, son sumamente perjudiciales pues
contribuyen a deslegitimar las protestas y a desviar la atención de las causas de los
problemas (la corrupción, el desvío de recursos, la segregación…).

4) La impunidad. Hasta la fecha, no hay castigo a los autores materiales e intelectuales de


la represión del 4 de julio —con la excepción de una insignificante multa a uno de los
golpeadores. Cuando llegué al Paseo de Montejo aquel 4 de julio, me encontré con unos
policías estatales y les pedí que intervinieran y cumplieran con su obligación de mantener
el orden público y velar por la seguridad de los ciudadanos. Unos se rieron y otros me
ignoraron. Estuvieron como espectadores, sin intervenir. Cuando hay impunidad, cuando
un delito no es castigado, éste se puede cometer una y otra vez.
En 2011 la Codhey liberó de toda responsabilidad a las autoridades. Si el nuevo
Ombudsman quiere un cambio real en la Codhey, no puede ser complaciente con el
poder.

* Presidente del Colegio de Antropólogos de Yucatán, A. C.


rodrigo.llanes.s@gmail.com