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Colección

e on t r a e o r r i e n t e
Ángel Rama

Transcu lturación
narrativa en
América Latina
SEGUNDA EDICIÓN

ll Ediciones El Andariego
Rama, Ángel
Transculturadón narrativa en América Latina. - 2a
ed. - Buenos Aires: Edicion!!S El Andariego, 2008.
352 p. ; 19x13 cmt·
A DARCY RIBEIRO Y JOHN V. MURRA
ISBN 978-987-24021-3-6
antropólogos de nuestra América
l. Crítica llteraria. l. Título
CDO SQ1:,Q5

© Herederos-dé Ángel Rama
© Ediciones El Andariego
Aráoz 5'1.::/4 ! 1'3:{141 ~.~Buenos Aires, Argentina.
0

www.edicionesandariego.com.ar
edicioneselandariego@gmail.com

1aedición, Siglo XXI, México, 1984.

Diseño de cubierta: Ediciones El Andariego
Imagen de cubierta: Joaquín Torres García. América del
sur, 1943; 19x21, tinta sobre papel.
© Museo Torres García
www.torresgarcia.org. uy

ISBN 978-987-24021-3-6

Queda hecho el depósito que previene la Ley 11.723
Impreso en la Argentina
Printed in Argentina

Queda prohibida, sin autorización previa del editor, bajo las sanciones
que establecen las leyes, la reproducaón total o parcial de esta obra,
incluido el diseño de cubierta, por~cu~q\ller medio o tratamiento.
ÍNDICE

Nota .................................................... :........................ : 11

Primera Parte .. .... ...... ...... .. ...... .. ........ .... .. .. .... ...... .... .. . 13
I. Literatura y cultura ............................................. 1~
II. Regiones, culturas y literaturas ........................ 67

Segunda Parte .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. 13 5
Introducción ............................................................ 137
III. El área cultural andina ..................................... 143
IV. La gesta del mestizo ......................................... 197
V. La inteligencia mítica ......................................... 221

Tercera Parte ............................................................... 259
VI. La novela-ópera de los pobres ....................... 261
VII. Los ríos cruzados, del mito y de la historia .. 307
NOTA

Algunos de los materiales que componen este libro tuvieron
primeras redacciones que aparecieron en revistas especiali-
zadas.
Los dos primeros capítulos desarrollan ampliamente las
tesis ofrecidas en el artículo "Los procesos de transcultura-
ción en la narrativa latinoamericana" aparecido en Revista de
Literatura Hispanoamericana núm. 5, Universidad del Zulia,
Venezuela, abril de 1974.
Los capítulos de la segunda parte, son versiones corregi-
das de los siguientes ensayos: "El área cultural andina (his-
panismo, mes t1c1smo, indigenismo)", en Cuadernos
Americanos, ~~'XIII, núm. 6, México, noviembre-diciembre
de 1974; "La gesta del mestizo", prólogo al libro de José
María Arguedas, Fundación de una cultura nacional indoamericana,
México, Siglo ~"XI, 1975 y "La inteligencia mítica", intro-
ducción a los ensayos de José María Arguedas, Setlores"e indios,
Montevideo, Arca, 1976.
Los capítulos de la ~ercera parte han s1do escntos espe-
cialmente para este libro.

[11]
Primera Parte
l. LITERATURA Y CULTURA

l. Independencia, originalidad, representatividad

Nacidas de una violenta y ·drástica' im¡5osición tolortizatlor'a
que -ciega- desoyó las voces humanistas de quienes teéorib!
cían la valiosa "otredad" que descubrían en América; nkidas
de la rica, variada, culta y popular, enérgica y sabrosa_,\ civlli-::
zación hispánica en el ápice de su expansión universal;· iiaci.:
das -de las espléndidas lenguas y suntuosas literaturas:: dé
España y Portugal, las letras latinoamericanas nunca se resig'-
naron a sus orígenes y nunca se reconciliaron con su pasado
ibérico.
Contribuyeron con brío -y no les faltaron razones- ir la
leyenda negra, sin reparar demasiado que -prolongabáh · el
pensamiento de los españoles que originalmente: la -fundál
ron. Casi desde sus comienzos procuraron reihstálars'e éri
otros linajes culturales, sorteando el "acueducto" español~ 16
que en la Colonia estuvo representado por Italia o el clasicis-
mo y, desde la independencia, por Francia e Inglaterra, sin
percibirlas como las nuev,as metrópolis colonizidora:sJ.qué
eran, antes de recalar en el auge contempotáneo de·las letras
norteamericanas. Siempre, más aún que la legí~a b~~qué~a
de ennquecimiento complementario, las movió el deseo de
independizqrse de las fuentes primeras, at' p~~t~ 'cii: p~d;r
decirse que, desde el discurso crítico de la segunda mitad del

[15]
siglo XVIII hasta nuestros días, esa fue la consigna.-p_rip.cipal: Dicho de otro modo, en la originalidad .de la hteratura
mdependizarse. 1 latinoamericana está presente, a modo de guía, su móvedizol
Esas mismas letras atizaron el demagóg¡co celo de los y novelero afán mternacionahsta, eLcual enmascar~ otfa,níás:
cnollos para que recurneran a dos reiterados tópicos -el des- vigorosa y persistente fuente nutricia: kpeculiaridachcu!tu.:
valido mdio, el castigado negro- para usarlos retóricamente ral desarrollada en lo interior,. la. cual no ha si,dC?tobra, Ú!]ÍCaf
en el memorial de agrav10s contra los colomzadores, pretex- de sus élites lueranas sino eL esfuerzo_ ingente~ de; r\rastas'
tando en ellos las reivmd1eac10nes propias. El mdigenismo, sociedades construyendo sus lenguajes simbólicos.,.~¡<>¡~ , ,
sobre todo, en sus sucesivas olas desde el siglo XVIII aludi- La fecha en que se llevo a c;:tbo 1!1 g_ue: ht;>y, v~rnosJ~pma
do, ha sido bandera vengadora de muchos nietos de gachu- azarosa emancipación política, colocó de,llenq .a las:·literátu:,
pmes y europeos, aunque lo que en la realidad éstos hicieron ras independientes (que entonces.debieron; s~r:fund~d~;_~o~t
desde la Emancipación, llegada la hora del cumplliruento \de el muy escaso respaldo recibido del iluminismo) en, el cáucé,
las promesas, r;to les acredita, blasones nobiliarios .. r , '
del principio burgués que alimentó al triunfante arteíromán::'
El esfuerzo de independencia h,a sido tan tenaz que.consi- tico. Dentro de él, recibió la marca de sus Dióscuros mayo-.
guió desarrollar, en un continente donde la marca cultural más res: la originalidad y la representatividad, ambas situadas
profunda y perdurable lo religa estrechamente a España y sobre un dialéctico eje histórico. Dado que das. litera,turas
Portugal, una literatura cuya autonomía respecto a las penin- correspondían a países que habían roto con sus. progeni'to-·
sulares es flagrante, más que por tratarse de una invención ras, rebelándose contra el pasado colonial (donde quedaban
insólita sin fuentes conocidas, por haberse emparentado eon testimoniadas las culpas), debían-ser forzosamente originales
varias literaturas extranjeras occidentales en un grado no clim- respecto a tales fuentes. El tópico de la "decadencia euro-
plido por las literaturas-madres. En éstas el aglutinante peso pea", al cual se agregará un siglo después el de la-~'dc;eaden':
del pasado no ha alcanzado su fuerza identificadora v estruc- cia norteamericana", entró así en escena para no abandonar-
turadora por no haber sido compensado con una dmámica la, instaurando el principio ético sobre el cual habría dé furi:;
modernizadora que es, en definitiva, la de la propia sociedad, darse tanto la hterarura como el rechazo del extranjero, que
la cual no se produjo en los siglos de la modernidad.2 servía para constituirla, sin reflex10nar mucho que ese prin-
cipio ético era también de procedencia extran¡era, áunque
más antiguo, arcaico,ya para los patrones europeos. AsLju~-:
1 Uno de los últ:tinos análts1s de este' comportahuento; en fél' liÍ:>ró Cié tifiGó Andrés Bello su ''Alocución a-la ppesía~·(1823).pndiérH.
Claud!o Velis, "Outward-looh.mg natlonalism and the liberal pau~.e", en dole que abandonara "esta región de luz y de rrii¿eria, j en
The centrahst tradztzo11 oj I_atul Amenca Pnnceton Prmceton Umversltv
' ' } " donde tu ambiCiosa 1nval Filosofía, /que la v1rtud a cálculo
Press, 1980, pp. 163-188 '
? ' /
somete, 1de los mortales te ha usurpado el culto; /donde la
- Para la literatura de lengua mglesa ha estud!ado este punto W/ Jackson coronada hidra amenaza 1traer de nuevo al pen~amien¡to
Bate, The burden o( tbe paft and the E11glzsh poet, Nue~a York, Tne Norton
L1brary, Norton & Co., 1970
esclavo /la antigua noche de barbane y cnmen". ..

16 • Ltteratura y cultura Angel Rama • 1 7
, .Esa originahdad sólo podría alcanzarse, tal como l0 pos- Aménca Latina, postulando la representación de -la regtón
tula< Bello.y lo ratificarán los sucesores·románticos;'median-:-J por encima de la de los localismos. En· ca.n::-bió~-csí;-logró
te la representatividad de la región en la cual surgía,~pu'es,ésta· restringir, sin por eso cancelarlo, el criterio .rom~t?-éo,de·lo
se percibía como notoriam~nte· distinta de·-las.¡ sociedaL!~s­ que se lo debía alcanzar por los.asuntos"'nacionafes~(sirripre­
progenitoras, por diferencia.oe ~medio físico, pdr- comp0si~ mente sucesos,. personajes, prusajes,del país}.abogando p~1i.el
ción étnica heterogénea,, .y también~ por ·diferente 'gr~do dé derecho a cualquier escenario del universo, =-tésis dcifendida
desarrollo respecto a lo gue se· visualiza bar, comb<...túnico por Manuel Gutiérre~ Nájera en términos:qllte meregemnrla
modelo de progreso,·el.eurbpeo. La:que fue:consigna inicial aprobaciÓn de Altamirano.:l- -La 9riginalidaél:! defendid~l•.aUn
de Simón Rodrígtiez, ~'o,_éreamost.lo' ~rramos",nse ~convirtió más fieramente que en el período romántico-realist:aJc:lebsiglo
en Ignacio Altamiran01 enwna; f,'misión:patriótica'?;~h:aaendo XIX, quedó c0nfinada al talento individual, aL5,'tesot:o;p-~r,s~t:.:
de la literatura· ebins.trumento·f apropiado. para fraguaq fa~ nal" como dijo· Dacio, dentro- de una: temática -<::o'smopolita
nacionalidad. El principio ético se mancomunó co.p el,senti~ que, sm embargo, concedía principal·púesto a las-:peculi.artdál
miento nacional, haciendo de los asuntos nativos la. "ma.teria des de los "hombres de la región" más que-a la· "naturaleza
prima", según el modelo ue _la incipiente economía. de la región". La acentuación individualista propia"del·moae..:
Equiparaba al escritor con el agricultor o el industrial en tina lo asumido al integrarse el continente·sóli,damente' a la:~co­
cadena de producción: "¡Oh! si algo, es rico en elementos nomía-mundo accidenta~ había ganado su prin;l.era bataUa;
para el literato, es este país, del mismo modo que, lo es para pero no canceló los principios rectores que habían dado naci-
el agricultor y para el industriaL"3 miento a las literaturas nacionales cuando _la Emancipación,
De tales impulsos modeladores (independencia, originali- Se lo demostró en la apetencia de originalidad, como nunca
dad, representatividad) poco ·se distanció la literatura·.en la& se había visto, y a pesar delmternacionalismo reverenteten
épocas siguientes a pesar de los fuertes cambios 'sobreveni. . un mtento de autonomía que vio en la lengua su mejot gatan-
dos. El internacionalismo del período modernizador·(187Ü-" tia. Dado que se vivía una dinámica modernizadora -:-se pudó
1910) llevó a cabo un proyecto de aglutinación regional pot" recurrir libremente al gran depósito de trad1ción'acumulada;
encima de las restringidas nacionalidades del siglo XIX, pro- sin tener su peso, sofocante, lo que explica el hispinismo
curando restablecer el mito de la patria común que había ah- (que resucitÓ la Edad Media,-el RenaclffiÍento y- el-S"atr.oco)
mentado a la Emancipación (el Congreso Anfictiónico de vibrante por debaJo de todos los,galiasmos mentales det@da:ble&
Panamá.convocado por:Simón·Bolívar) perocño dest:í:uy&'el En esa. nueva coyuntura internacion'al·la lengua: li1ibía''welh1
principio de representatividad, sino que lo trasladó, cpnjun- a ser mstrumento de la independencia.
tamente, a esa misma visión supranacional, -a la que llamó El criterio de representatividad, que-resurge ·en:el ¡:ierí0do

3 IgnaciO ;-,r Altarrurano, Lo hteratttra naczonal. ;\[éxtco, Porrúa, 1919, (ed. ..¡.V José Em..t!.to Pacheco, Antología del modernrsmo (1884-1921), M~x.tco,
~- pról de José Lu1s Martínez), t. I, p 10 Uruverstdad Nac1onal Autónoma de l\Íéxtco,-1978, t 1, p. 5.

18 • L...zteratura_y cultura Ángel Rama • 19
nacionalista y social que aproximadamente va de 1910 a 1940, Implícitamente, y sin fundamentación, quedó estatuido
fue animado por las emergentes clases medias que estaban que las clases medias eran auténticos intérpretes de la nacio-
integradas por buen número de provincianos de reciente nalidad, conduciendo ellas, y no las superiores en el poder, al
urbanización. Su reaparición permitió apreciar, mejor que en espíritu nacional, lo cual llevó a definir nuevamente a la lite-
la época romántica, el puesto que se le concedía a la literatu- ratura por su misión patriótico-social, legitimada en su capa-
ra, dentro de las fuerzas componentes de la cultura del país o cidad de representación. Este criterio, sin embargo, fue ela-
de la región. Se le reclamó ahora que representara a una clase borado con mayor sofisticación. Ya no se lo buscó en el
social en el momento en que enfrentaba las estratos domi- medio físico, ni en los asuntos, ni siquiera en las costumbres
nantes, reponiendo así el criterio romántico del "color local" nacionales, sino que se lo investigó en el "espíritu" que anima
aunque animado interiormente por la cosmovisión y, sobre a una nación y se traduciría en formas de comportamiento
todo, los intereses, de una clase, la cual, como es propio de su que a su vez se registrarían en la escritura. Si se trataba de una
batalla contra los poderes arcaioos, hacía suyas las demandas superación del simplista planteo romántico, era sin embargo
de los estratos inferiores. Criollismo, nativismo, regionalismo, criterio más primario o vulgar que el subterráneo diseño de
indigenismo, negrismo, y también vanguardismo urbano, la representatividad a través del funcionamiento de la lengua
modernización experimentalista, futurismo, restauran el prin- que concibieron los modernizadores de fines del siglo XIX.
cipio de· representatividad, otra vez teorizado como condi- Se lo religó, por encima de éstos, a aquellos románticos con
ción de originalidad e independencia, aunque ahora dentro los cuales coincidía en la· concepción idealizadora y ética de
de un esquema que mucho debía a la sociología que había la literatura y a los cuales superaba en un instrumental más
estado desarrollándose con impericia. Esta sociología había afinado (y más inseguro) para defmir la nacionalidad. ·
,·enido a sustituir, absorbiéndola, la concepción nacional- La lectura "mexicana" que hizo Pedro Henríquez Ureña,
romántica, como se percibe en sus fundadores: de Sarmiento seguido con discreción por Alfonso Reyes, de las obras de
y José María Samper a Eugenio de Hostos. Estableció las res- Juan Ruiz de Alarcón en las cuales no había rastros del medio
tricciones regionalistas que, para Zum Felde, caracterizan al mexicano6, tuvo su equivalente en la lectura "uruguaya" que
total funcionamiento intelectual del continente: "Toda la hicieron los hermanos Guillot j'viuñoz de la obra de
ensay-ística continental aparece, en mayor o menor grado, Lautréamont Les c/,a¡¡!J de Maldoror, o la peruana que hizo José
vinculada a su realidad sooológica. Y esto no es más que un Carlos. l\lariátegui de la obra de Ricardo Palma y \rentura
trasunto de lo que, analógicamente, ocurre en la novela, la García Calderón del libro de Alonso Carrió de la Vandera E/
cual es también sociológica en gran parte, diferenciándola a lazarillo de á~gos callÚ!Ia!ltes. La nacionalidad resultaba, en esos
menudo ambos géneros sólo en las formas e identificándose análisis, confinada a modos operativos, a concepciones de
en su común sustancia.''5

5 Íll{/;re de fc¡ liter"/""'
rÍifl(O ht.rpt1110r!IJJe/Ú"tllltl. Lo..- ci/.W)'t.rla.r. ]\léxico, 6 \~ Antomo Alatorrc, "Para la historia de un problema: la mexicamdad
(~uarama, 1954, p. 9. de Rutz de ALuu'm ", en . · J¡¡ua/7·0 de L.i'tra.r ¡\fe.\.?Ctllltl.f. 4 (1964), pp. 161-202.

2() • LiteraturaJ' cultura Angel Rama • 21
vida, a veces a recursos literarios largamente recurrentes en el su proyecto: Seis ensq_yos en busca de nuestra expresión. Abría el
desarrollo de una literatura. Por afinados que hayan sido, no camino a una investigación acuciosa y documentada del fun-
dejaban de encontrar escolios mayores: por un lado estatuían cionamiento de una literatura que, nacida del rechazo de sus
una pervivencia, a veces de siglos, de los presuntos rasgos fuentes metropolitanas, había progresado gracias al interna-
nacionales de esas obras, lo que los forzaba a detectarlos en cionalismo que la había lentamente integrado al marco occi-
la influencia de la geografía invariable más que en la movedi- dental y al mismo tiempo seguía procurando una autonomía
za historia, en tanto que por otro partían de una concepción cuya piedra fundacional no podía buscar en otro lado que en
de la nacionalidad según la· había defmido una determinada la singularidad cultural de la región. La perspectiva de sus
clase en un determinado período, lo que fijaba un criterio his- dos últimos siglos revelaba un movimiento pendular entre
toricista móviL Esta contradicción corroía los fundamentos dos polos, uno externo y otro interno, respondiendo, más
de la nueva visión de la representatividad, aunque seguía que a una resolución libremente adoptada, a una pulsión que
filiando en ella la originalidad literaria y por ende la indepen- la atraía a uno u otro: La acción irradiadora de los polos no
dencia. Entre el artista individual (a que apostaron los moder- llegaba nunca a paralizar el empecinado proyecto inicial
nizadores del siglo XIX) y la sociedad y/ o naturaleza (de los (independencia, originalidad, representatividad) sino sólo a
románticos del XIX y regionalistas del X...,'C), se concedía el situarlo en un nivel distinto, según las circunstancias, las pro-
triunfo a la segunda. Demostraba mayor potencialidad, capa- pias fuerzas productoras, las tendencias que movían a la
cidad modeladora más profunda, enmarque genético más totalidad social, la mayor complejidad de la sociedad propia
fuerte que la pura operación creadora individual, aunque esas y de la época universal propia. No negaba esto a fijar una
fuerzas ya no respondían meramente a aquella naturaleza impecable línea progresiva, pues había retrocesos, detencio-
ubérrima que había servido a tantos críticos, incluyendo a nes, aceleraciones discordantes, y, sobre todo, llegadas las
Menéndez Pelayo, para explicar las peculiaridades diferencia- diversas sociedades latinoamericanas a un grado de evolu-
les de las letras hispanoamericanas respecto a otras literaturas ción alta, había una pugna de fuerzas sobre el mismo
de la lengua, sino a los rasgos intrínsecos de la sociedad, cuya momento histórico, las cuales reflejaban bien los conflictos
exacta denominación todavía no había sido encontrada por la de sus diversas clases en lo que todas ellas tenían de portado-
incipiente antropología: cultura. ras de fórmulas culturales.
En quien despunta esa nueva perspectiva es en el crítico Hacía 1940 se abre un vasto cuestionamiento del conti-
literario más perspicaz del período, Pedro Henríquez Ureña, nente del que han de participar activamente sus escritores y
quien educado en Estados Unidos había tenido trato con la pensadores. Iniciado en algunos puntos antes (Argentina), en
antropología cultural anglosajona y aspiró a integrarla en una otros después (Brasil, MéxKo), parece responder al freno con
pesquisa de la peculiaridad latinoamericana Oüspánica, como que tropiezan los sectores medios en su ascenso al poder, a
prefirió decir) todavía al servicio de concepciones naciona- la refluencia de sus conquistas, a la autocrítica a que se some-
les. El título de su recopilación de estudios en 1928, defme ten sus orientadores y a la presencia creciente y autónoma de

22 • L.t!em!!lra;' m/t¡¡¡¡;¡ Ángel Rama • 23
los sectores proletarios (y aun campesmos) sobre la escena
lamiento con las aportaciones técnicas de la novela vanguar-
naciOnaL Este largo período es pasible de análisis histórico, dista internacional ha acumulado, junto a obras mayores de
sociológico, político, pero también literario, no simplemente reconocido esplendor (Borges, Cortázar, Fuentes), una serie
en sus autores y obras, en sus cosmovisiones y en sus formas farragosa de meras imitaciones experimentales que apenas
artísticas, sino preferentemente en sus peculiaridades produc-_ circulan en enrarecidos cenáculos, es convemente examinar
tivas, para responder con ellas a esas normas básicas que la producción literaria de las últimas décadas para ver si no
regulan la literatura latinoamericana desde sus orígenes. había otras fuentes nutricias de una renovación artística que
Proponerse este análisis ahora, conlleva un matiz po- aquellas que procedían simplemente de los barcos europeos.
lémico. Reaccionando contra un torpe contenidismo que El punto lo he examinado en mi ensayo sobre "La tecnifica-
hizo de las obras literarias meros documentos sociológicos, ción narrativa" (Hispamérica núm. 30), más desde el ángulo
cuando no proclamas políticas, un sector de la crítica ha de una literatura cosmopolita que se difundió en América
hecho una reconversión autista igualmente perniciosa que, Latina, que de esta otra que buscó su nutrición en la organi-
so pretexto de e~aminar la literatura en sus peculiares modu- cidad cultural a que se había llegado dentro del continente y
laciones. ' la recortó de su contexto cultural, decidió ignorar a la que se consagra este estudio. La única manera que el
la terca búsqueda de representatividad que signa a nuestro nombre de América Latina no sea invocado en ·vano, es
desarrollo histórico, concluyendo por desentenderse de la cuando acumulación cultural interna es capaz de proveer no
comunicación que conlleva todo texto literario. Restablecer sólo de "materia prima", sino de una cosmovisión, una len-
las obras literarias dentro de las operaciones culturales que gua, una técnica para producir las obras literarias. No hay
cumplen las sociedades americanas, reconociendo sus auda- aquí nada que se parezca al folklorismo autárquico, irrisorio
ces construcciones significativas y el ingente esfuerzo por en una época internacionalista, pero sí hay un esfuerzo de
manejar auténticamente los lenguajes simbólicos desarrolla- descolonización espiritual, mediante el reconocimiento de
dos por los hombres americanos, es un modo de reforzar las capacidades adquiridas por un continente que tiene ya
estos vertebrales conceptos de independencia, originalidad, una muy larga y fecunda tradición inventiva, que ha desple-
representatividad. Las obras literarias no están fuera de las gado una lucha tenaz para constituirse como una de las ricas
culturas sino que las coronan y en la medida en que estas fuentes culturales del universo.
culturas son invenciones seculares y multitudinarias hacen
del escritor un productor que trabaja con las obras de innu- 2. Respuesta al co¡!flicto vanguardismo-regiolla!ismo
merables hombres. Un compilador, hubiera dicho Roa
Bastos. El genial tejedor, en el vasto taller histórico de la En la década del treinta se formularon de manera orgánica
sociedad americana. en los conglomerados urbanos mayores de América Latina,
Pero además, en una época en que los prestigios de la particularmente en el más adelantado del momento
"modernización" han sufrido se\reras mermas, y el encandi- -Buenos Aires-, una orientación narrativa cosmopolita y

24 • Literatura)' mlürJiJ Angel Rama • 25
una onentación realista-crítica. Ambas conllevaban, por el la que elusivamente contribuyó en los años 1928 y 1929, con
solo hecho de expandir sus estructuras artísticas -para lo una serie de textos sobre su arte narrativa y sobre los narra-
cual disponían de los circuitos de difusión, radicados todos dores-modelos, desplegando su Parnaso: Joseph Conrad,
en las mismas ciudades en que se generaban esas proposicio- William Budson, Bret Harte, José Eustasio Rivera, Chéjov,
nes estéticas-la cancelación del movimiento narrativo regio- K.ipling, Benito Lynch, etcétera.
nalista que aparecido hacia 1910 como transmutación del Si en este enfrentamiento podría discernirse el típico
costumbrismo-naturalismo (el caso de l'viariano Azuela) conflicto generacional no podría decirse lo mismo del
regía en la mayoría de las áreas del continente, tanto las de Manifiesto regionalista que en 1926 redactó Gilberto Freyre
mediano o escaso desarrollo educativo como las más avan- para el Congreso Regionalista que animó en Recife, pues la
zadas, gracias al éxito de los títulos dados a conocer en los oposición al "modernismo" pauhsta que lo inspiraba impli-
años veinte -La Vorágine en 1924 y Dona Bárbara en 1929 son caba la discrepancia con un escritor como Mario de Andrade
sus modelos- cuya difusión oscureció al vanguardismo en que sólo lo aventajaba en siete años y pertenecía por lo tanto
marcha en el período. a la misma generación. 8
En un primer momento, el regionalismo asumió una acti- El manifiesto procura "un movimiento de rehabilitación
tud agresivo-defensiva que postulaba un enfrentamiento con valores regionales y tradicionales de esta parte del Brasil:
drástico. Hubo una pugna de regionalistas y ~anguardistas movimiento del cual maestros auténticos como el humanis-
(modernistas) que se abre con el texto de quien, por su edad ta J oao Ribeiro y el poeta Manuel Bandeira van tomando
y obra, era maestro indiscutido de los primeros, Horacio conocimiento", restaurando contra el extranjerismo proce-
Quiroga, titulado ''Ante el tribunal", que da a conocer en dente de la capital Río de Janeiro y de las ciudades pujantes
1931: como Sao Paulo, el sentido de la regionalidad, que es así
definido: "sentido por así decirlo, eterno en su forma -o
De nada me han de sernr mis hendas aun frescas de la lucha,
cuando batallé contra otro pasado y otros yerros con saña igual modo regtonal y no sólo provincial de ser alguien de su tie-
a la que se ejerce hoy conmigo. Durante \Tinticinco años he rra- manifestado en una realidad o expresad? en una sus-
luchado por conquistar, en la medida de rms fuerzas, cuanto tancia tal vez más histórica que geográfica y ciertamente más
hoy se me niega. Ha s1do una ilusión. Hoy debo comparecer a social que política". 9
exponer mis culpas, que yo estimé vi.rtudes, y a librar del bára- Aunque con orientación antropológica que responde
tro en que se despeña a mi nombre, un átomo s1qU1era de mi visiblemente al magisterio de Franz Boas, el manifiesto
personalidad. 7 atiende más a la cocina del Nordeste y a la arquitectura de
El tono liviano no esconde la amargura de una batalla a
8 Gubeno heyre, Alan~jierto regtonakrta. Rcofe, lnsututo Joaqlllm Nabuco
de Pesquisas Soctals, 1976 (6a ed.).
7 Horacto Qlllroga, 5'obre !tterr.dtml (Obras l!ledttas )' desconoada.r t. \'Il),
9 Op. at.. pp. 52-3.
i'llonte,·tdeo, Arca, 1970, p 135.

26 • Literatura }' mltura Ángel Rama • 27
.los "mucambos" que a las letras, no deja de subrayar la to por las peculiaridades y desigualdades de su configuración
influencia que en la formación espiritual de los intelectuales física y social" _11
nordestinos han tenido los componentes idiosincráticos de Las ciudades-puertos modernizadas quedan simbolizadas
su cultura, los cuales tienen plena manifestación en el pue- por la incorporación del Papá Noel con su vestimenta inver-
blo, aunque Freyre elude una interpretación clasista, vertical, nal y su trineo para recorrer zonas nevadas, en tanto la cultu-
de las culturas, y defiende una concepción regional, horizon- ra pernambucana y en general nordestina no es superada por
tal, de ellas: "En el Nordeste, quien se aproxima al pueblo ninguna "en riqueza de tradiciones ilustres y en nitidez de
desciende a raices y fuentes de vida, de cultura y de arte carácter" y "tiene el derecho de considerarse una región que
regionales. Quien se acerca al pueblo está entre maestros y ya contribuyó grandemente a dar a la cultura o a la civilización
se torna aprendiz, por más bachiller en artes que sea o doc- brasileiia autenticidad y originalidad", con lo cual además
tor en medicina. La fuerza de Joaquim Nabuco, de Sílvio Ro- refuta el discurso extranjero despreciativo de los trópicos y el
mero, de José de Alencar, de Floriano, del padre Ibiapina, de anti-lusitano de los :nodernizadores que ven "en todo que la
Telles Júnior, de Capistrano, de Augusto dos Anjos o de herencia portuguesa es un mal a ser despreciado". 12
otras grandes expresiones nordestinas de la cultura o del Aunque es en Brasil donde el conflicto es teorizado con
espíritu brasileño, vino ante todo del contacto que tuvieron, rigor, dentro de perspectivas renovadas y, sobre todo,
cuando niños, de ingenio o de ciudad, o ya de hombres módernizadas, no de}ó de encararse en los demás paises his-
hechos, con la gente del pueblo, con las tradiciones popula- panoamericanos. En el caso peruano, por ejemplo, José
res, _con la plebe regional y no sólo con las aguas, los árbo- Carlos Mariátegui lo visualizó desde un ángulo social y cla-
les, los animales de la región."lO sista más que cultural, por lo cual pretendió superar el viejo
Este regionalismo no quiere ser confundido "con se- dilema "centralismo/regionalismo" que se resol-vía en una
paratismo o con bairrismo, con antl-internacionalismo, anti- descentralización administrativa que en vez de reducir,
universalismo o anti-nacionalismo" en lo que ya testimonia aumentaba el poder del gamonalismo, mediante una reeva-
su fatal sometimiento a las normas capitalinas de unidad luación social que . soldaba el indigenismo con un nuevo
nacional, su pérdida por lo tanto de empuje para aspirar a la regionalismo, que entonces podía ser así defmido: "Este
independencia o a la autarquía, limitándose a atacar la fun- regionalismo no es una mera protesta contra el régimen cen-
c:ión homogeneizadora que cumple la capital mediante la tralista. Es una expresión de la conciencia serrana y del sen-
aplicación de pat~ones culturales extranjeros, sin "atención a timiento andino. Los nuevos regionalistas son, ante todo,
la conformación del Brasil, \-íctima, desde que nació de los indigenistas. No se les puede confundir con los anticentralis-
extranjerismos que le han srdo impuestos, sin ningún respe-

11 Op. at.. pp. 54-5.

lOOp. al.. p. 76. 12 Op. át., p. 58.

Angel Rama • 29
28 • l ..deratttra_y m!tttra
tas de viejo upo. Yalcárcel percibe intactas, bajo el endeble rico que se expande en Buenos Aires en los treinta ("Tlon
estrato colonial, las raíces de la soe1edad inkaica. Su obra, Uqbar Tertius Orbis" de Borges es una fecha clave) contra
más que regwnal, es cuzqueña, es andina, es quechua. Se ali- el cual militó aduciendo su identificación con el pensamien-
menta de sentimiento indígena y de tradición autóctona."l3 to conservador. A esta tercera fuerza se refiere de hecho
Esta apreciación muestra que el regionalismo no sólo Alejo Carpentier cuando expresa que "la época 1930-1950,
encontraba la oposición de las propuestas capitalinas oficia- se caracteriza, entre nosotros, por un cierto estancamiento
les que buscaban la unidad sobre modelos internacionales de las técnicas narrativas. La narrativa se hace generalmente
que implicaban la homogeneización del país, sino también la nativista. Pero en ella aparece el factor nuevo de la denuncia.
de propuestas no oficiales, heterodoxas u opositoras, que Y quien dice denuncia, dice politización". 14 Más correcto
registraban también una apreciable dosis de internacionalis- hubiera sido decir que las técnicas narrativas de la novela
mo. La desatención de Mariátegui por la cultura regional en social eran muy simples, opuestas a las del regionalismo
su manifestación horizontal tiene que ver con su proximidad como a las del fantástico aunque menos a las del realismo-
a una tercera fuerza ideológica que operó en la narrauva lati- crítico, porque traducían diVersas perspectivas sectoriales, de
noamericana de la época y abasteció desde López Albújar clases o grupos o vanguardias, que habían entrado en una
hasta Jorge Icaza la llamada literatura social indigenista. pugna que la crisis económica habría de agudizar.
La tercera fuerza componente. del período estuvo re- Hubo de hecho una guerra literaria, aunque entre las
presentada por la narrativa social, que auque emparentada a diversas corrientes se verían curiosos puntos de contacto
la realista-crítica, mostró rasgos específicos que permiten ocasionales. Así por ejemplo, el regionalismo venía elaboran-
encuadrarla separadamente desde la publicación de 1Ef tungs- do asuntos rurales y por eso mantenía estrecho contacto con
teno de César ·vallejo en 1931, iniciando su difusión en el componentes tradicionales e incluso arcaicos de la v1da lati-
periodo beligerante que correspondió a la "década rosada" noamericana, muchos proceden tes del folklore, pero de ellos
del antifascismo universal. Aunque traducía niveles menos fue sutil apreciador Carpentler dentro del realismo-crítico
evolucionados de la modernidad, respondía a ésta porque que desarrollaría, manejándolos muchas veces al servicio de
estaba signada por la urbanización de los recursos literarios, una comprensión de los tiempos históricos americanos; por
porque adhería a esquemas importados propios del su parte Borges, en su respue~ta al libro ele Américo Castro
realismo sociallsta soviético de la era estaliniana, porgue tra- La puu/ian·dad /inguística n·oplatense, supo estimarlos correcta-
ducía la cosmovisión de los cuadros políticos de los partidos mente en el plano de la lengua en tanto Mario de Andrade
comumstas. Paradójicamente, algunos de esos componentes apeló a ellos directamente para componer lviacunazma.
la asoc1aban tanto al realismo-crítico como incluso al fantás- El desafío mayor de la renovación literaria, le sería pre-

13
.5 1ete em u; m de wterpretaaón de la realzdad pemana, Caracas, Btbhotcca 14 L1 not•ela latwoamem"tllla fll !'í.rperar de tt/1 llttn•o s¡g/o, :\Iéxtco, Stglo X.,\],
A1·acucho, 1979, p. 140. 1981. p. 12.

30 • Lttera!ttnl)' cultura Angel Rama • 31
sentado al regionalismo: aceptándol~), supo resguardar un dernizadores procedentes del polo externo que eran tras-
importante conjunto de valores literarios v tradiciones loca- mitidos por puertos y capitales. Los que cedieron primero
les, aunque para lograrlo debió trasmutar-se y trasladarlos a ante el embate fueron las estructuras literarias. Como es de
nuevas estructuras literarias, equivalentes pero no asimila- sobra conocido, éstas registran, aun antes que la cosmovisión
bles a las que abastecieron la narrativa urbana en sus plura- inspiradora, las transformaciones del tiempo, procurando res-
les tendencias renovadoras. Vio que si se congelaba en su guardar sin cambio aparente los mismos valores, en realidad
disputa con el vanguardismo y el realismo-crítico, entraría en trasladándolos a otra perspectiva cognoscitiva. Así, el regiona-
trance de muerte. La menor pérdida sería el haz de formas lismo habría de incorporar nuevas articulaciones literarias,
literarias (habida cuenta de su perenne transformación), y la que a veces buscó el panorama universal pero con mayor fre-
mayor, la extinción de un contenido cultural amplio que sólo cuencia en el urbano latinoamericano próximo. Se trataba de
mediante la literatura había alcanzado vigencia aun en los evitar la drástica sustitución de sus bases, procurando en cam-
centros urbanos renovados, cancelándose así una eficaz bio expandirlas nuevamente hasta cubrir el territorio nacional
acción destinada a integrar el medio nacional en su período si fuera posible. Para resguardar su mensaje cargado de tradi-
de creciente estratificación y de rupturas sociales. cionalismo, el cual hasta la fecha se había trasmitido con rela-
Dentro de la estructura general de la sociedad lati- tiva felicidad a las ciudades, en buena parte porque éstas habí-
noamericana, el regionalismo acentuaba las particularidades an sido ampliadas por la inmigración interior incorporando
culturales que se habían forjado en áreas internas, contribu- fuertes sectores pertenecientes a culturas rurales, debió ade-
yendo a definir su perfil diferente y a la vez a reinsertarlo en cuarlo a las condiciones estéticas fraguadas en esas ciudades.
el seno de la cultura nacional que cada vez más respondía a Las coordenadas estéticas de éstas, tanto responden a la evo-
normas urbanas. Por eso se inclinaba a conservar aquellos lución urbana que absorbe y desintegra a las pulsiones exter-
elementos del pasado que habían contribuido al proceso de nas que las torna obedientes a los modelos prestigiosos que
singularización cultural de la nación r procuraba trasmitir al vienen signados por la universalidad, de hecho plasmados en
futuro la conformación adquirida, para resistir las innovacio- las metrópolis desarrolladas. No se puede decir que se trate
nes foráneas. El componente tradición, que es uno de los de exclusivas operaciones artísticas reservadas a escritores: es
obligados rasgos de toda definición de "cultura", era realza- parte de un mayor proceso de aculturación que cubre todo el
do por el regionalismo, aunque con evidente olYido de las continente y que bajo el conjugado impacto de Europa y
modificaciones que ya se habían impreso progresiYamente Estados Unidos cumplió un segundo período modernizador
en el equipaje tradicional anterior. Tendía, por lo tanto, a entre ambas guerras. Es más visible en los enclaves urbanos
expandir en las expresiones literarias una fórmula histórica- de América Latina que se modernizan y en la literatura cos-
mopolita ligada a las pulsiones externas, pero hemos preferi-
mente cristahzada de la tradición.
De esto procedía la fragilidad de sus valores y de sus do examinarlo en la interioridad tradicionalista del continen-
· mecamsmos literarios expresi\'OS, ante los embates mo- te, por entender que allí es más significativo.

.Ángel Rama • 33
32 • Lileral!lra.J' ot!tura
Tras la primera guerra mundial, una nueva expans10n Es a ese conflicto que responden los regionalistas, funda-
económica y cultural de las metrópolis se hace sentir en mentalmente procurando que no se produzca la ruptura de la
América Latina y los beneficios que aporta a un sector de sociedad nacional, la cual está viviendo una dispareja trans-
sus poblaciones no esconde las rupturas internas que gene- formación. La solución intermedia es la más común: echar
ra ni los conflictos internos que han de acentuarse tras el mano de las aportaciones de la modernidad, revisar a la luz de
crac económico de 1929. Se intensifica el proceso de trans- . ellas los contenidos culturales regionales y con unas y otras
culturación en todos los órdenes de la vida americana. Uno fuentes componer un híbrido que sea capaz de seguir trasmi-
de sus capítulos lo ocupan los conflictos de las regiones inte- tiendo la herencia recibida. Será una herencia renovada, pero
riores con la modernización que dirigen capitales y puertos, que todavía puede identificarse con su pasado. En los grupos
instrumentada por las élites dirigentes urbanas que asumen regionalistas plásticos, se acentúa el examen de las tradiciones
la ftlosofía del progreso. locales, que habían ido esclerosándose, para revitalizarlas. N o
La cultura modernizada de las ciudades, respaldada en pueden renunciar a ellas, pero pueden revisarlas a la luz de los
sus fuentes externas y en su apropiación del excedente cambios modernistas, eligiendo aquellos componentes que se
social, ejerce sobre su hinterland una dominación (trasladan- pueden adaptar al nuevo sistema en curso.
do de hecho su propia dependencia de los sistemas cultura- En el campo de las artes de los años veinte y treinta esta
les externos) ~ la que prestan eficaz ayuda los instrumentos operación se cumple en todas las corrientes estéticas y con
de la tecnología nueva. En términos culturales, las urbes más nitidez en las diversas orientaciones narrativas del perío-
comerciales e industriales consienten el conservatismo fol- do. No es excepción el Carpentier que, al escuchar las diso-
klórico de las regiones internas. Es un ahogo, pues dificulta nancias de la música de Stravinsky, agudiza el oído para
su creatividad y su obligada puesta al día; un previo paso redescubrir y ahora valorizar los ritmos africanos que en el
hacia la homogeneidad del país según las pautas moderniza- pueblecito negro de Regla, frente a La Habana, se venían
das. A las regiones internas, que representan plurales confor- oyendo desde hacía siglos. Ni tampoco el l'v1iguel Ángel
maciones culturales, los centros capitalinos les ofrecen una Asturias que deslumbrado por la escritura automática consi-
disyuntiva fatal en sus dos términos: o retroceden, entrando dera que ella sirve al rescate de la lírica y el pensamiento de
en agonía, o renuncian a sus \'alores, es decir, mueren.15 las comunidades indígenas de Guatemala. En el mismo senti-
do, examinando iV1acunaima, Gilda de Mello e Souza adelanta

15 ,. · L anternan ve en este unpacto
' tttono · modermzador un factor de des-
integración cultural ("Désmtégrauon culturelle et processus d'accultura- sociedades, el sacrificio de integndad cultural aparece como el pesado tri-
tion", en Ca/JierJ Internationau.--.: de S oczologze, YOL XLI, JUl-dic. 1966): "Un buto pagado al progreso. El proceso sociológico es paralelo al de la urba-
tercer factor de desintegración cultural depende del proceso de mo- mzactón." Acerca de la inflexión urbana del proceso, puede verse el artí-
dernizaCIÓn de Jos países dependie,ntes y puec;ie interferir con el proceso culo de Ralph Beals: "Urbanism, urbanizauon and acculturation", en
de urbanización y de migración. Como ha señalado L. Wirht para muchas American /lnthropoloJJJ.rt, LIII, 1951.

34 • Literatura_y cultura Ángel-Rama • 35
perspicazmente la h1pótesis de una doble fuente que simbó- camente intuitivas, de la misma cultura. Cosas cotidianas,
licamente expresaría un verso del poeta ("Soy un tupí tañen- espontáneas, rústicas, despreciadas por aquellos que en arte
do un laúd") para comprender la obra: "El interés del libro o cultura sólo son sensibles a lo alambicado y erudito."1 7
resulta así, en gran medida, de su 'adhesión simultánea a tér- Apunta así al tercer momento en que el impacto mo-
minos enteramente heterogéneos' o, mejor, a un cunoso dernizador es absorbido por la cultura regional. Después de
juego satírico que 'oscila sin cssar entre la adopción del mode- su autoexamen valorativo y la selección de sus componentes
lo europeo y la valoración de la diferencia nacional." 16 válidos, se asiste a un redescubrimiento de rasgos que, aun-
El impacto modernizador genera en ellas, inicialmente, que pertenecientes al acervo tradicional, no estaban vistos o
un repliegue defensivo. Se sumergen en la protección de la no habían sido utilizados en forma sistemática, y cuyas posi-
cultura materna. Un segundo momento, en la medida en que bilidades expresivas se evidencian en la perspectiva moder-
el repliegue no soluciona ningún problema, es el examen crí- nizadora.
tico de sus valores, la selección de algunos de sus compo- El esquema de Lanternari, con sus tres diferentes res-
nentes, la estimación de la fuerza que los di;tingue o de la puestas a la propuesta aculturadora, podría aplicarse también
viabilidad que revelen en el nuevo tiempo. Es aleccionador a la producción literaria regionalista: existe la "vulnerabilidad
el cotejo entre el citado Manifiesto regionalista de Gilberto cultural" que acepta las proposiciones externas y renuncia casi
Freyre y los sucesivos prólogos que escribió para sus reedi- sin lucha a las propias; la "rigidez cultural" que se acantona
ciones. En éstos lo define como "Movimiento Regionalista, drásticamente eq objetos y valores constitutivos de la cultura
Tradicionalista y, a su modo, lviodernista" y realza que "pionera- propia, rechazando toda aportación nueva; y la "plasticidad
mente iniciaba un movimiento tan modernista cuanto tradi- cultural" que diestramente procura incorporar las novedades,
cionahsta y regionalista de revolución de las normas de artes no sólo como objetos absorbidos por un complejo cultural,
brasileñas" el cual ilustra con abundantes nombres en esos sino sobre todo como fermentos animadores de la tradicional
generosos panoramas personales de Freyre. No puede, sin estructura cultural, la que es capaz así de respuestas inventivas,
embargo, abarcar también a la Semana de Arte A1oderno de Sao
recurriendo a sus componentes propios.L8 Dentro de esta
Paulo, pero en cambio procura diseñar una convergencia
"plasticidad cultural" tienen especial relevancia los artistas que
con Mario de Andrade, vrniendo desde otro polo: "Desde el
no se limitan a una composición sincrética por mera suma de
princip10 se propuso también indagar, reinterpretar, valorar
inspiraciones procedentes de las raíces telúricas, tradiciona-
les, orales, populares, folklóricas, algunas hasta antropológi- 17 Op. al., p 28

18 Las tres categorías son enunciadas por Lanternan (art. at.) qwen agre-
ga· "En los Innumerables casos de aculturación fundados sobre la 'plasti-
Cidad cultural' los elementos de cnsts r de desmtegraciÓn están estrecha-
16 Guda de. Mello e Souza, O Tupt e o /l.laude. U11a wte1pretacúo de
mente asociados, en la realidad, a los elementos que expresan u onentan
Sao Pauto: Duas Ctdades, 1979, p. 75.
Mamllrlll!Jtl, la remtegractón"

36 • Lzteratura J' mltura Ángel Rama • 3 7
de ésta con el colonialismo europeo (preferentemente inglés)
aportes de una y otra cultura, sino que, al percibir que cada
y con la descolonización del X,'(, ha arrastrado inferencias
una es una estructura autónoma, entienden que la incorpora-
ideológicas que no pueden desestimarse, máxime tratándose
ción de elementos de procedencia externa debe llevar conjun-
de su aplicación a las artes y a la literatura.
tamente a una rearticulación global de la estructura cultural
La antropología latinoamericana ha cuestionado el térmi-
apelando a nuevas focalizaciones dentro de ella.
no "aculturación" aunque no las transformaciones que
Para llevarlo a cabo es necesaria una reinmersión en las
designa, buscando afinar su significado. En 1940 el cubano
fuentes primigenias. De ella puede resultar la intensificación
Fernando Ortiz propuso sustituirlo por el término "trans-
de algunos componentes de la estructura cultural tradicional
culturación", encareciendo la importancia del proceso que
que parecen proceder de estratos aún más primitivos que los
designa, del que dijo que era "cardinal y elementalmente
que eran habitualmente reconocidos. Éstos ostentan una
indispensable para comprender la historia de Cuba y, por
fuerza significatiYa que los vuelve invulnerables a la corro-
análogas razones, la de toda América en general". Fernando
sión de la modernización: el laconismo sintáctico de César
Ortiz lo razonó del siguiente modo: "Entendemos que el
Vallejo, como luego el de Juan Rulfo y, dentro de otras coor-
vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del
denadas, el de Graciliano Ramos. Para un escritor son meras
proceso transitivo de una cultura a otra, porque éste no con-
soluciones artísticas; sin embargo proceden de operaciones
siste solamente en adquirir una cultura, que es lo que en
que se cumplen en el seno de una cultura, por recuperación
rigor indica la voz anglo-americana aculturación, sino que el
de componentes reales pero no reconocidos anteriormente,
proceso implica también necesariamente la pérdida o des-
los que ahora son revitalizados ante la agresividad de las
arraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una
fuerzas modernizadoras.
parcial desculturación, y, además, significa la consiguiente
creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran
3. Transculturación y género narrativo
denominarse neoculturación."20
Esta concepción de las transformaciones (aprobada
Los procesos de aculturación son tan viejos como la historia
entusiastamente por Bronislaw Malinowski en su prólogo al
de los contactos entre sociedades humanas diferentes y bajo
diversos nombres se han estudiado en los modelos capitales
de las antiguas culturas: Creta, Grecia, Alejandría, Roma. Sin
illelnlle HerskoYits, Accult/.lration: tbe .rtur!J• o/ mlt11re contact.r, Nueva York, J.
embargo, el concepto antropológico es tan reciente como la
J. Augustins, 1938. Fuera del ángulo antropológico y dentro de la corrien-
disciplina en que se ha desarrollado !9 y vistas las relaciones te filosófica de inspiración germana, el ensayo de José Luis Romero, Ba.rer
para 1111<1 mo1jología de los confado.r mlturales. Buenos Aires, Institución
Cultural Española, 1944.
19 Los problemas tmc1ales de defimción dieron lugar al "illemorandum of 20 r•ernan d o o roz,
. LOII!rap!lnleo
r m l'Jt/110 dd tabaco )' el azúcm; Caracas,
the study of acculturation", en Amen.can Anthropologlf!. X.,~'\:\'III, 1936 de B1bhoteca Ayacucho, 1978, p. 86.
Redftld, Linton ,. Herskonts. Una amphac1ón 1· sistematización en

Ángel Rama • 39
1R • T Jtera!ttro v r11lt11r"
libro de Ortiz)21 traduce visiblemente un perspectiv1smo comportamientos, creencias y objetos culturales pues se
latinoamericano, incluso en lo que puede tener de incorrec- trata de una fuerza que actúa con desenvoltura tanto sobre
ta interpretación.22 Revela resistencia a considerar la cultura su herencia particular, según las situaciones propias de su
propia, tradicional, que recibe el impacto externo que habrá desarrollo, como sobre las aportaciones provenientes de
de modificarla, como una entidad meramente pasiva o inclu- fuera. Es justamente esa capacidad para elaborar con origi-
so inferior, destinada a las mayores pérdidas, sin ninguna nalidad, aun en difíciles circunstancias históricas, la que
clase de respuesta creadora. Al contrario, el concepto se ela- demuestra que pertenece a una sociedad viva y creadora, ras-
bora sobre una doble comprobación: por una parte registra gos que pueden manifestarse en cualqUier pu.nto del territo-
que la cultura presente de la comunidad latinoamericana rio que ocupa aunque preferentemente se los encuentre níti-
(que es un producto largamente transculturado y en perma- dos en las capas recónditas de las regiones internas.
nente evolución) está compuesta de valores idiosincráticos, Estas culturas internas pueden ser expuestas directamente
los que pueden reconocerse actuando desde fechas remotas; al influjo de metrópolis externas es el caso de varias zonas
por otra parte corrobora la energía creadora que la mueve, rurales de la cuenca caríbica donde en el primer tercio del
haciéndola muy distinta de un simple agregado de normas, siglo se instalaron compañías de explotación de cultivos tro-
picales, una-historia que desde un ángulo patricio fue conta-
da en La hqjarasca y desde un ángulo realista-social en Nfamita
21 ;'vlahnowski diCe: "Es un proceso en el cual ambas partes de la ecua-
Yzmaz~ pero que también puede ser contada a través de los
CIÓn resultan modificadas. Un proceso en el cual emerge una nueva reali-
dad, compuesta y compleja; una realidad que no es una aglomeración diferentes sistemas literarios que se utilizaron para esos fines
mecámca de caracteres, m siqUlera un mosaico, sino un fenómeno nuevo, y sus fuentes originarias, procurando correlacionar estas tres
ongmal e independiente" (op. at., p. 5). Ralph Beals ha obserYado, en el partes: los asuntos, la cosmovisión y las formas literarias.
artículo "Acculturatwn" (en A. L. 1'-roeber, Antbropology todc!Y· Ch1cago, Con más frecuencia, sin embargo, las culturas internas
Unn·e!Slt}" of Chicago Press, 1989) que Mahnowski no aplicó el concep-
reciben la influencia transculturadora desde sus capitales
to del anrropólogo cubano en nmguna de sus obras postenores.
nacionales o desde el área que está en contacto estrecho con
22 Una discusión termmológ¡ca en Gonzalo Aglllrre Beltrán, E/ proceso de el exterior, lo cual traza un muy variado esquema de pugnas.
amlturaaón. :\'léxico, Umversidad NaCional de 1\léxico, 1957. Concluye con
S1 ocurre que la capital, que es normalmente la orientadora
esta síntesis: "Volviendo a nuestro térmmo: ad-mlturaáón md1ca unión o
contacto de culturas; ab-cu/t¡¡ración, separación de culturas, rechazo;~- tran.r-
del sistema educativo y cultural, se encuentra rezagada en la
m/turarióll paso de una cultura a otra". Por esta defimción, ¡ustamente, pre- modernización respecto a lo ocurrido en una de las regiones
fenmos el término "transculturación". En fayor de la proposición de internas del país, tendremos un enjuiciamiento que le harán
Fernando Ürtlz, aparte de las razones que él aduce )" que pertenecen a los los intelectuales de ésta a los capitalinos. Fue esto lo ocurrido
mecamsmos habituales de la determmacJÓn semántica, milita su facilidad
en Colombia en las últimas décadas. El suceso cultural más
expresJYa. La sensibilidad de Oruz por el espíntu de la lengua, hace de sus
libros, a diferencia de lo que ocurre con muchos textos de antropólogos notorio fue la insurrección de la zona costeña (Barranquilla,
y sociólogos hispanoamencanos, una experiencia hnguísnca creadora. Cartagena) contra las normas culturales bogotanas, la cual

40 • Literatttra_y ml!ura Ángel Rama • 41
Un inteligente amigo me ad\"ertía que mi posición respecto a
puede seguirse en los artículos que escribía en El Heraldo en
algunas congregaciones literarias de Bogotá, era típicamente
los años cincuenta el joven Gabriel García Márquez, que no provinciana. Sin embargo, mi reconocida y muy provinciana
sólo oponían al estilo suelto de vida de su área a la circuns- modestia me alcanza, creo, hasta para afirmar que en este
pección y constricción de la norma capitalina sino que ade- aspecto los verdaderamente universales son quienes piensan de
más se prevalecían de una modernización más acelerada. ' acuerdo con este periodista sobre el exclusivismo parroquial de
Hablando de "Los problemas de la novela" en Colombia, los portaestandartes capitalinos. El provincianismo literario en
señalaba la ausencia de las grandes corrientes renovadoras Colombia empieza a dos mil quinientos metros sobre el nivel
de la narrativa universal, en términos de visible provocación: del mar. 24

Todavía no se ha escrito en Colombia la novela que esté indu- Su posición tenía abundante fundamento. No sólo por-
dable y afortunadamente influida por los Joyce, por Faulkner o que el grupo de "La Cueva" introduciría en la narrativa
por Virginia Woolf. Y he dicho "afortunadamente", porque no colombiana una visible modernización (apenas si anunciada
creo que podríamos los colombianos, ser, por el momento, una con la novela de Eduardo Zalamea Borda, Cuatro mios a bordo
excepción al juego de las influencias. En su prólogo a Orlando, de mi mismo) sino además porque ya de antes la región coste-
Virginia confiesa sus influencias. Faulkner mismo no podría ña \'enía distinguiéndose por una apertura universal a la cul-
negar la que ha ejercido sobre él, el mismo Joyce. Algo hay
tura con una intensidad que no lograba transparentarse en la
_;obre todo en el manejo del tiempo- entre Huxley y otra vez
capital: el movimiento de "Los Nuevos" en Bogotá de los
Virginia Woolf. Franz Kafka y Proust andan sueltos por la lite-
ratura del mundo moderno. Si los colombianos hemos de deci- años veinte no revela una atención por las nuevas corrientes
dirnos acertadamente, tendríamos que caer irremediablemente literarias similar al que ya había mostrado la revista Voces de
en esta corriente. Lo lamentable es que ello no haya aconteci- Ramón Yinyes al finalizar los años diez. La renovación artís-
do aun, ni se vean los más ligeros síntomas de que pueda acon- tica en Colombia ,-endría de variadas aventuras personales
tecer alguna vez. 23 (León De Greiff,José Félix Fuenmayor, Arturo Vidales) con
una mayoría de aportaciones de regiones internas del país las
Concomitantemente, por la misma época de este artícu-
cuales acusarían el impacto modernizador que defiende
lo, considera la inculpación de provinciano que se le endilga
García i\'lárquez, aunque incorporándolo como un fermen-
y la retorna contra la capital, en una pintoresca y humorísti-
to que azuzaba la respuesta expansiva de las propias cultura-
ca arremetida contra el tradicionalismo que estaría enseñore-
les regionales.
ado en Bogotá, en tanto que la modernización corresponde-
Sin embargo, es más frecuente que las regiones internas
ría a la zona costeña colombiana.
reciban los impulsos de las más modernizadas, de tal modo
que se cumplen dos p.rocesos transculturadores sucesivos: el
23 El Heraldo, Barranquilla, 24 de abril de 1950 . .Ahora en Gabriel García
;\lárquez, Obra pe1iodísttÚ!. \ ·ol. 1: Te.\."fo.r m.rteilos. Barcelona, Bruguera, 1980 24 b!/1era/do, Barranqllllla, 27 de abr.tl de 19 50. En op. al.. p. 273.
(ed. Jacques Gilanl), p. 269.

-10 - 1 .J.,,A ,¡..,,~,, ,, /"'ftlflll~/1
Ángel Rama • 43
que realiza, aprovechando de sus mejores recursos, la capital da por la del colonizador, sin posibilidad de expresar ya más
o, sobre todo, el puerto, aunque es aquí donde la pulsión su tradición singular, aquella en que se había formado:
externa gana sus mejores batallas, y el segundo que es el que El cerco podía y debía ser destruido: el caudal de las dos nacio-
realiza la cultura regional interna respondiendo al impacto nes se podía y debía unir. Y el camino no tenía por qué ser, ni
de la transculturación que le traslada la capital. Estos dos era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio
procesos, esquemáticamente perf.tlados y distribuidos en el de vencedores expoliadores, o sea: que la nación vencida
espacio y en el tiempo, en muchos casos se resolvieron en renuncie a su alma, aunque no sea sino en apariencia, formal-
uno gracias a la migración hacia las ciudades principales de .mente, y tome la de los vencedores, es decir, que se aculture.
cada país de muchos jóvenes escritores provincianos, aso- Yo no soy un aculturado: yo soy un peruano que orgullosa-
ciándose a veces con los igualmente provincianos, aunque mente, como un demonio feliz, habla en cristiano- y en indio,
en español y en quechua.26
nacidos en la capital. Las soluciones estéticas que nacieron
en los grupos de esos escritores mezclarán en varias dosis Cuando se aplica a las obras literarias la descripción de _la
los impulsos modernizadores y las tradiciones localistas, transculturación hecha por Fernando Ortiz, se llega a algu-
dando a veces resultados pintorescos. En el sur, Pedro nas obligadas correcciones. Su visión es geométrica, según
Leandro Ipuche acuñó la fórmula "nativismo cósmico" que tres momentos. Implica en primer término una "parcial des-
metaforiza la encrucijada de culturas, la que tuvo la aproba- culturación" que puede alcanzar diversos grados y afectar
ción del Borges inicial. El ins?lito manejo de la cultura uni- variadas zonas tan-to de la cultura como del ejercicio litera-
versal que testimonian los ensayos de José Lezama Lima, rio, aunque acarreando siempre pérdida de componentes
explica este juicio de Edmundo Desnoes, "las elucubracio- considerados obsoletos. En segundo término implica incor-
nes de un genial boticario de pueblo". z:{ poraciones procedentes de la cultura externa y en tercero un
El deslinde introducido por Fernando Ortiz hubiera esfuerzo de recomposición manejando los elementos super-
complacido al peruano José J\Iaría Arguedas, antropólogo vivientes de la cultura originaria y los que vienen de fuera.
como él e igualmente desconfiado de la apreciación acadé- Este diseño no atiende suficientemente a los criterios de
mica extranjera sobre los procesos transformadores de la selecti\'idad y a los de invención, que deben ser obligada-
cultura americana. En el d1scurso de recepción del premio mente postulados en todos los casos de "plasticidad cultu-
Inca Garcilaso de la Yega (1968) se opuso beligerantemente ral", dado que ese estado certifica la energía y la creatividad
a que se le considerara un "aculturado", en lo que entendía de una comunidad cultural. Si ésta es viviente, cumplirá esa
que decía la palabra: pérdida de una cultura propia sustituí- selectividad, sobre sí misma y sobre el aporte exterior, y,

25 "A falta de otras palabras", ponenCJa en el coloquiO TIJe 11.ff ~~ the llfll1 26 El d1scurso, baJO el título "Yo no soy un aculturado", fue tncluido a
Ltflll "·lmenrall llciiTctfiVe. 1950-1976, \\'ash1ngron, \X'tlson Center, 18-20 de ped1do del autor como epílogo a su nO\-ela póstuma e inconclusa El {Orro
octubre de 1979. de arnba.J' d zorro de aba¡o. Buenos A1res. Losada, 1971

44 • Literalum_J' cultmd Ángel Rama • 45
obligadamente, efectuará invenciones con un "ars combina- La capacidad selectiva no sólo se aplica a la cultura
torio" adecuado a la autonomía del propio sistema cultural. extranjera, sino principalmente a la propia, que es donde se
El "stripping clown process" sobre el que ha llamado la aten- producen destrucciones y pérdidas ingentes. En el examen a
ción George l'vl. Foster en su libro 27 sobre la colonización que ya aludimos y que puede deparar el redescubrimiento de
española de América, responde a una selectividad que el valores muy primitivos, casi olvidados dentro del sistema
donante cultural introduce en sus aportaciones para darles la cultural propio, se pone en práctica la tarea selectiva sobre la
mayor viabilidad. La misma selectividad se encuentra -en el tradición. Es de hecho una búsqueda de valores resistentes,
receptor cultural en todos aquellos casos en que no le es capaces de enfrentar los deterioros de la transculturación,
impuesta rígidamente una determinada norma o producto, por lo cual se puede ver también como una tarea inventiva,
permitiéndole una escogencia en el rico abanico de las apor- como una parte de la neoculturación de que habla Fernando
taciones externas, o buscándola en los escondidos elementos Ortiz, trabajando simultáneamente con las dos fuentes cul-
de la cultura de dominación, vistos en sus fuentes origina- turales puestas en contacto. Habría pues pérdidas, seleccio-
rias. El impacto transculturador europeo de entre ambas nes, redescubrimientos e incorporaciones. Estas cuatro ope-
guerras del siglo X.:'( no incluía en su repertorio al marxismo raciones son concomitantes y se resueh-en todas dentro de
y sin embargo éste fue seleccionado por numerosos grupos una reestructuración general del sistema cultural, que es la
universitarios de toda América, extrayéndolo de las que función creadora más alta que se cumple en un proceso
Toynbee hubiera llamado fuerzas heterodoxas de la cultura transculturante. Utensilios, normas, objetos, creencias, cos-
europea originaria. Más aún, podría decirse que la tendencia tumbres, sólo existen en una articulación viva y dinámica,
independentista que hemos señalado como rectora del pro- que es la que diseña la estructura funcional de una cultura.
ceso cultural latinoamericano, siempre ha tendido a seleccio- a) Lengua. Tal como ocurriera en el primer impacto
nar los elementos recusadores del sistema europeo y norte- modernizador de fmes del siglo XIX que nos deparó el
americano que se producían en las metrópolis, des- "modernismo", en el segundo de entre ambas guerras del X...'(
gajándolos de su contexto y haciéndolos suyos en un riesgo- el idioma apareció como un reducto defensivo y como una
so modo abstracto. Así, el teatro latinoamericano de las últi- prueba de independencia. Los comportamientos respecto a la
mas décadas no se ha apropiado de la "comedia musical" lengua fueron decisi\-os en el caso de los escritores, para quie-
norteamericana pero sí del espectáculo off Broadway que nes la opción de la serie lingüística que los proveía de su mate-
define Hair. Conduce un mensaje crítico, el cual se adapta a ria prima, resultaba determinante de su producción artística.
las posibilidades materiales de los grupos teatrales y a su El modernismo había fijado dos modelos: uno de reconstruc-
vocación de crítica social. ción purista de la lengua española, que se adaptaba prefe-
rentemente a los asuntos históricos (La glona de Don Ramiro de
'2
7
Culture a11d ronque.rt: /lmertca~r SpaniJ/J IHnh~l!,e. Nue\·a York, \'Venner Gren
Enrique Larreta, la nO\-ela colonialista mexicana) y otro que
Foundatton for /\nthropologJCal Research, 1960. fijaba una lengua estrictamente literaria mediante una recon-

41) • T itPmfnm v ot/!;;¡(¡ Angel Rama • 4 7
versiÓn culta de las formas smtácticas del español amencano. elevado, debido a su educaciÓn y a su conoc1m1ento de las
Subyaciendo al modermsmo, se había extendtdo el costum- normas Idiomáticas, que lo distancia del ba¡o pueblo.
bnsmo romántico en formas que llegaron a llamarse "cno- Respecto a estos comportamtentos de los escntores
llas" y donde comenzaban a recogerse las formas Idiomáticas reg10nahstas, sus herederos y transformadores mtroducen
dialectales. Esta línea es la que tnunfa con la apanciÓn de los cambios, ba¡o los efectos modermzadores. Reducen sensi-
regtonaltstas que puede fi¡arse hacta 1910, en el ocaso del blemente el campo de los dialectahsmos y de los térmmos
moderrusmo: habrán de procurar un sistema dual, alternando estnctamente amencanos, desentendiéndose de la fonogra-
la lengua hterana culta del moderrusmo con el regtstro del fía del habla popular, compensándolo con una confiada uti-
dialecto de los persona¡es, preferentemente rurales, con fmes hzactón del habla amencana propia del escntor. Tanto vale
de ambientaciÓn reahsta No se trata de un regtstro fonético, dectr que se prescmde del uso de glosanos, est1mando que
smo de una reconstrucctón sugenda por el mane¡o de un léXI- las palabras reg10nales trasmtten su sigmficaciÓn dentro del
co regtonal, deformaciones fonéticas dtalectales y, en menor contexto hnguísuco aun para qmenes no las conocen, y ade-
grado, construcc10nes smtácticas locales. Esa lengua, como ya más se acorta la distancta entre la lengua del narrador-escn-
observó Rosenblat,28 está colocada en un segundo ruvel, tor y la de los persona¡es, por est1mar que el uso de esa dua-
separada de la lengua culta y "modernista" que aún usan los hdad hnguística rompe el cnteno de umdad artística de la
narradores, e mcluso es condenada dentro de las mtsmas obra. En el caso de persona¡es que uuhzan alguna de las len-
obras· son las lecctones que Santos Luzardo no cesa de guas autóctonas amencanas, se procura encontrar una equi-
rmpartlr a Mansela en Dotla Bárbara,· la ut!hzaciÓn de comillas valencia dentro del español, for¡ando una lengua artificial y
estigmatizadoras para las voces amencanas que aparecen en el hterana (Arguedas, Roa Bastos, Manuel Scorza) que stn que-
texto, práctica que venía desde los prrmeros románticos brar la tonahdad umtana de la obra permtte regtstrar una
(Echeverría) y la adopctón de glosanos en el apéndice de las diferencta en el Idioma. En resumen, son éstas algunas de las
novelas, debido a que eran térmmos que no regtstraba el vías por las cuales se propone la umficaciÓn hnguísuca del
Dtcctonano de la Real Academta Española Caractenza a texto hterano, respondiendo a una concepctón de orgamci-
estas soluciones hteranas su ambiguedad hnguística que es dad artísuca evidentemente más moderna, gracias a una muy
refle¡o fiel de la e::.ttuctma ::.octal y dellugat supenor que den- nueva e rmpetuosa confianza en la lengua amencana propia,
tro de ella ocupa el escntor SI éste se aproXlffia a los estratos la que el escntor mane¡a todos los días Con las vanantes
mfenores, no de¡a de confirmar hnguísticamente su lugar más previsibles, ésta es la línea rectora de toda la producciÓn hte-
rana postenor a 1940 Es vlSlble en uno de los me¡ores
exponentes del cosmopohtismo hterano, en el Juho Cortázar
28 Angel Rosenblat, "Lengua l1terana ) lengua popular en Ameuca"
que umfica el habla de todos los persona¡es de Rayuela, sean
(1969), recogido ahora en )mtulo IJH(guo de la pala/JJa. Caraca~, Um\ersidad
atgentmos o extran¡eros, medtante el uso de la lengua habla-
Central de Venezuela, 1977 \' cap cuarto, "La no\ ela social del stglo
~'\:", pp 191-198
da de Buenos Atres (con sus típiCos vos y che) la cual mam-

-1-8 • Lttewtura y mltma Ángel Rama • 49
fiesta mímmo distanoarruento respecto a la lengua del escn-
ror en la rrusma novela, resoluoón linguística que puede na, es a partu: de su sistema hnguísuco que traba¡a el escn-
tor, qmen no procura lffiltar desde fuera un habla regwnal,
considerarse drástica vemda después de las normas 1mparti-
srno elaborarla desde dentro con una fmalidad artísuca.
das por las autondades argentinas para combatir en escuelas
Desde el momento que no se percibe a sí rmsmo fuera de
y liceos las formas dialectales que en el país tenían no menos
ella, srno que la reconoce srn rubor m dismmuciÓn como
de dos siglos • propia, abandona la copla, con cmdada caligrafía, de sus ure-
En el caso de los escntores procedentes del regionalismo,
gulandades, sus vanantes respecto a una orilla acadérmca
colocados en trance de transculturaoón, el léxico, la proso- externa y en cambio rnvesuga las posibilidades que le pro-
d1a y la morfosrntaxis de la lengua regional, apareciÓ como el poroona para constrmr una específica lengua hterana dentro
campo predllecto para prolongar los conceptos de ongrnali- de su marco. Hay aquí un fenómeno de neoculturaciÓn,
dad y representatividad, soluoonando al rrusmo tiempo um- como decía Ortlz. Si el pnnop10 de umficaoón textual y de
tanamente, tal como recomendaba la norma modermzado- construcoón de una lengua hterana pnvauva de la mvenoón
ra, la composiCiÓn literana. La que antes era la lengua de los estética, puede responder al espíntu raoonallzador de la
persona¡es populares y dentro del rrusmo texto, se oponía a modermdad, compensatonamente la perspectiVa llnguístlca
la lengua del escntor o del narrador, rnvierte su posioón desde la cual se lo asume restaura la VlSlÓn regwnal del
¡erárqmca: en vez de ser la excepoón y de srngulanzar al per- mundo, prolonga su vigenoa en una forma aun más nca e
sona¡ e sometido al escudnñam1ento del escntor, pasa a ser la mtenor que antes y así expande la cosmovlsiÓn ongmana en
voz que narra, abarca así la totalidad del texto y ocupa el un modo me¡or a¡ustado, auténtico artísticamente solvente,
puesto del narrador mamfestando su VISiÓn del mundo. Pero de hecho modermzado, pero srn destrucoón de tdenudad
no remeda s1mplemente un dJ.alecto, srno que utlhza formas b) Estructuraczon lzterarza. La soluoón hnguísuca allmpac-
srntácticas o lexicales que le pertenecen dentro de una len- to modermzador e:xterno, fue suulmente reconstructora de
gua coloqmal esmerada, característica del español amencano una tradiCiÓn y habría de deparamos algunas obras estlma-
das ya como clásicas de la literatura launoamencana. Pedro
de alguna de las áreas hnguísticas del continente. La diferen-
Páramo de Juan Rulfo En ese mvel, con todo, los ptoblemas
Cia entte estos dos comportaffilentos hteranos, aun más que
den,·ados de la nue\ a cucunstanoa modermzadou eran
hnguísucos, la da el cote¡o entre do::, excelentes cuentos: la
menos d1fíciles que los que se presentaron en el mvel de la
"Doña Santitos" de la chilena Marta Brunet, últtma repre-
estructuraoón litetc1na Aquí la distanoa entre las formas
sentante del tegJ.Onahsmo, y "Luvma" de Juan Rulfo, ya
ttadiCiOnales )" las modernas e:xttan¡eras era mucho mayor
representación de esta transcultutaoón narrauva en cmso. La novela regwnal ::,e había elaborado sobte los modelos
El autor se ha remtegrado a la comumdad hnguíst1Ca y natratlYo::, del naturall::,mo del XIX los que adecuó a sus
habla desde ella, con desembarazado uso de sus recursos necesidades expresivas Enfrenta ahora el abamco de recur-
tdwmáucos Si esa comumdad es, como ocurre frecuente- ::,o::, ,·anguatdtstas que Imc1almente pudieron ser absorbidos
mente, de npo rural, o aun colinda con una de tipo mdíge-

Ángel Rama • 51
C:.!l • 1 ;tPrllfnJtJ 1 i!dtmfl
por la poesía y recién después fecundaron la narrativa realis- Márquez cuando en los Cien año.r de .ro/edad debió resolv~r
ta crítica y prácticamente engendraron la narrativa cosmopo- estilisticamente una conjunción del plano verosímil e histó-
lita, en particular su vertiente fantástica. Las dotaron de una rico de los sut:esos y el del maravilloso en que se sitúa la
destreza imaginativa, una percepción inquieta de la realidad perspectiva que los personajes tienen de ese suceder real. Es
y una inÍpregnación emocional mucho mayores, aunque atendible la explicación proporcionada por el autor, que
también imprimieron una cosmovisión fracturada. Si se apunta hacia esas fuentes orales de la narración y, más aún,
recuerda que el regionalismo respondía a una concepción a la cosmovisión que rige sus peculiares procedimientos esti-
racionalizadora rígida, hija del sociologismo y el psicologis- lísticos, evocando la conducta de una de sus tías:
mo del XIX sólo remozados superficialmente por las ftloso- Una vez estaba bordando en el corredor cuando llegó una
fías vitales del 900, se puede medir lo difícil de su adaptación muchacha con un huevo de gallina muy peculiar, un huevo de
a las nuevas estructuras de la novela vanguardista. gallina que tenía una protuberancia. No sé por qué esta casa
También en este nivel, surtió de respuestas el repliegue era una especie de consultorio de todos los misterios del pue-
dentro del venero cultural tradicionalista, merced al cual se blo. Cada \Tez que había algo que nadie entendía, iban a la casa
retrocedió aún más a la búsqueda de mecanismos literarios y preguntaban y, generalmente, esta señora, esta tía, tenía siem-
propios, adaptables a las nuevas circunstancias y suficiente- pre la respuesta. A mí lo que me encantaba era la naturalidad
mente resistentes a la erosión modernizadora. La singulari- con que resolvía estas cosas. Volviendo a la muchacha del
huevo, le dijo: "Mire usted, ¿por qué este huevo tiene una pro-
dad de la respuesta consistió en una sutil oposición a las pro-
tuberancia?" Entonces ella la miró y dijo: "Ah, porque es un
puestas modernizadoras. Así, al fragmentarismo de la narra-
huevo de basilisco. Prendan una hoguera en el patio."
ción mediante el "stream of conscioussnes" que de Joyce a Prendieron una hoguera y quemaron el huevo con gran natu-
\'. Woolf invadió la novela, le opuso la reconstrucción de un ralidad. Esa naturalidad creo que me dio a mí la clave de Cien
género tan antiguo como el monólogo discursivo (que se mios de soledad, ~onde se cuentan las cosas más espantosas, las
e¡ercita en el Gran .rertao: vereda.r de Guimaries Rosa) cuyas cosas más extraordinarias con la misma cara de palo con que
·fuentes no sólo pueden rastrearse en las literaturas clásicas esta tía di¡o que quemaran en el patio un huevo de basilisco,
sino asimismo, vivamente, en las fuentes orales de la narra- que jamás supe lo que era.29
ción popular; al relato compartimentado, mediante yuxtapo- Con todo, las pérdidas literarias, en este nivel de las
sición de pedazos sueltos de una narración, (en John Dos estructuras narratiYas, fueron muy amplias. Naufragó gran
Pasos, en Huxley) se le opuso el discurrir dispersivo de las parte del repertorio regionalista, que sólo pervivió en algu-
"comadres pueblennas" que entremezclan sus voces susu- nos epígonos y curiosamente en la línea de la narrativa social
rrantes (tal como lo aphca Rulfo en Pedro Páramo). Ambas
soluciones proceden de una recuperación de las estructuras
de la narración oral y popular. Quizás su mejor ejemplo 29 Cabriel García .\fárguez !. .\Iano ·vargas Llos,¡, La 1/0/.da m Améiiw

pueda buscarse en el problema a ·que se enfrentó García Lil111a: diálogo. Ltma, Carlos i\ Wla Barres, Edtctones U :-.JI, 1968, pp. 15-16.

5:?. • L.-itera/ttra )' rult11ra Angel Rama • 53
posterior a 1930. Estas pérdidas fueron ocasionalmente la propia obra: el Riobaldo de Gran sertdo: veredas es yagunzo
remplazadas por la adopción de estructuras narrativas· van- y letrado, papel que asimismo ocupa el Grivo de Cara-de-
guardistas (el García Márquez que encuentra la apuntada Bronze que transporta, al señor encerrado, los nombres de las
solución estilística de los Cien at!os, es el mismo que traslada cosas. Está aquí diseñado el género peculiar del relato de
de las invenciones de Faulkner v, Woolf, la serie de monólo- Riobaldo, que Roberto Schwarz reconoció como un habla
gos alternos de La hqjarasca), pero esas soluciones imitativas que nace de un interlocutor que la promueve,31 en lo que
no rindieron el dividendo artístico que produjo el retorno a Unamuno hubiera definido sagazmente como un "monodiá-
estructuras literarias perteneCientes a tradiciones analfabetas. logo". Este interlocutor que nunca habla pero sin cuya exis-
Sobre todo porque fueron elegidas las que no estaban codi- tencia el monólogo no se conformaría, aporta la incitación
ficadas en los cartabones folkóricos, sino que pertenecían a modernizadora que conocemos a tra,·és de las formas del
una fluencia más antigua, más real, más escondida también. "reportaje" para investigar una cultura básicamente ágrafa,
Estos dos nl\·eles (lengua, estructura literaria) adqui- que sigue trasmitiéndose por la vía oral. De un extremo a
rieron importancia capital en otro continuador-trans- otro de la obra de Guimaraes Rosa disponemos de su testi-
formador del regionalismo, el brasileño Joao Guimaraes monio sobre este procedimiento para recolectar una infor-
Rosa, tal como lo definió Alfredo Bosi: "El regionalismo, mación y para estudiar lengua y formas narrativas de una cul-
que dio algunas de las formas menos tensas de escritura (la tura pecuaria: en 1947 es el texto "Com o Vaqueiro
crónica, el cuento folklórico, el reportaje), estaba destinado Mariano", por lo tanto contemporáneo de Sagarana; en 1962
a sufrir, en manos de un artista-demiurgo, la metamorfosis es ''A Estória do Homen do Pinguelo" que también recons-
que lo devolvería al centro de la ficción brasileña."30 truye la escena original del informante rural que va siendo
En los dos niveles, la operación literaria es la misma: se evaluado por el escritor, mientras desarrolla su discurso.32 En
parte de una lengua y de un ststema narratt\·o populares, hon- el primer ejemplo, la narración de Mariano sobre los bueyes
damente enraizados en la vida sertaneja, lo que se intensifica va siendo observada por el interlocutor que a esa informa-
con una investigación sistemática que explica la recolección ción agrega referencias al esttlo y las palabras ("Reflexionaba
de numerosos arcaísmos lexicales y el hallazgo de los varia- para responderme, en coloquial mezcla de quasca y de minei-
dos puntos de \··ista con que el narrador elabora el texto inter- ro." "U nas palabras intensas, dtferentes, abren vas tos espacios
pretati,·o de una realtdad, y se proyectan ambos niYeles sobre donde lo real roba a la fábula") hasta reconocer que el siste-
un receptor-productor (Gutmaraes Rosa) que es un mediador ma narratiYo es el que construye a la persona, al personaje
entre dos orbes culturales desconectadas: el interior-regional
~- el externo-umyersal. El princip10 mediador se tntroduce en
31 _, 1 Serew e o deJConjiado. Rio de Janeiio, Ednóra Ctnl.lza¡;:ao BrasÚeiia,
1%5
30 ,\lfredo Bost, Hzrtrmrt [01/ilfa da lztcratura bra.rzll'lm. Sao Paulo, EdJtóra
32 Ambos textos están recogtdos actualmente en Joao Gmmariies Rosa,
Cultn~, 1972, pp 481--1-82. E.rtm ertónt!S, Rio de Jmetro, L1nana José O!vmpw, 1969.

54 • Ltteht!ttra )' mlt11ra Ángel Rama • 55
narrador: "Tampoco las historias se desprenden, sin más, del del regionalismo, depararon aquí los mejores resultados.
narrador: lo realizan, narrar es resistir."33 De otro modo: la Este punto íntimo es donde asientan los valores, donde se
resistencia de la cultura que recibe la modernización se sos- despliegan las ideologías y es por lo tanto el que es más difí-
tiene, aún más que sobre ta pervivencia del nivellexical, sobre cil rendir a los cambios de la modernización homogeneíza-
el otro superior de los sistemas narrativos, en los cuales pode- .dora sobre patrones extranjeros. Tal como venimos subra-
mos avizorar un homólogo de las formas de pensar. Al trans- yando, la modernización de entre ambas guerras (que en el
cribir el mensaje va manifestando simultáneamente el código hemisferio brasileño se llama "modernismo" y en el hispa-
con el cual se elabora, no siendo escindibles ambos , como noamericano "vanguardismo") actúa sobre las diversas
sugiere Bosi apoyándose en Lucien Sebag: es por lo tanto el tendencias literarias poniendo en casi todas una marca simi-
esfuerzo de construir una totalidad, dentro de la cual se recu- lar, salvo que las intensidades de este fenómeno serán bas-
peran las formas inconexas y dispersivas de la narración rural tante distintas y, sobre todo, las respuestas dadas por cada
pero ajustadas a una unificación que ya procede del impacto una de ellas señalarán el puesto que ocupan en la multiplici-
modernizador. Este mismo está transculturado, pues para dad cultural latinoamericana de la época·. ·
realizarse apela en primer término a una manifestación tradi- El vanguardismo puso en entredicho el discurso lógico-
cional, el discurso hablado, extendiéndolo homogéneamente racional que venía manejando la literatura a consecuencia de
·a todo el relató. Correctamente Wálnice Nógueira Galvao ha sus orígenes burgueses en el XIX. Tres tendencias literarias
observado que "el habla es también el gran unificador estilís- lo utilizaban, ya sea por la vía de un lenguaje denotativo refe-
tico; anula la multiplicación de recursos nar~ativos: variación rencial, ya sea por la de los mecánicos diseños simbólicos: la
de persona del narrador, cartas, diálogos, otros monólogos novela regional, la novela social y la realista crítica. La nove-
-hasta los personajes de la trama hablan por boca de la social se mantuvo aferrada a su logicismo didascálico, con-
Riobaldo".:H Dentro de ella, como la misma crítica ha obser- servó el modelo narrativo burgués del XIX, pero invirtió su
vado, opera una unitlcación superior mediante la inserción de jerarquía valorativa, desarrollando un mensaje antiburgués;
un modelo matricial, que es donde el autor ajusta su código la novela realista-crítica (en el amplio espectro que la carac-
con el del narrador. terizó, donde caben Juan Carlos Onetti, Graciliano Ramos,
e) CoJ;JJovúióll. Queda aún por considerar un tercer nivel Alejo Carpentier) aprovechó sugerenciás estructurales y
de las operaciones transculturadoras, que es el central y focal sobre todo la escritura renovada de la vanguardia, de la res-
representado por la cosmmrisión que a su vez engendra los puesta de la novela regional hablaron luego. La tendencia
signitlcados. Las respuestas de estos herederos "plásticos" ·que sin embargo se adaptó rápidamente al impacto vanguar-
dista, la que incluso se desarrolló bajo su impulso, fue la que
llamamos narrativa cosmopolita, atendiendo a su mejor
33 Op. át._. pp. 73-4. expositor, Jorge Luis Borges, y a la defmición que de su obra
34 .·l.rjom;as dojdso, Sao Paulo, Ed!tora Perspectiva, 1972, p. 70. hiciera Etiemble. Dentro de esa tendenc_ia caben diversos

56 • Literatura_)' wltura Ángel Rama • 57
conjuntos, los que se desarrollaron preferentemente en Bue- crisis en el XIX. Partiendo de las revisiones promovidas por
nos Aires: una, la narrativa fantástica, que aprovechó super- la antropología inglesa, (Edward Taylor, James Frazer), esta
meabilidad a la pluralidad de significados gracias a su cons- concepción del mito fue retomada por los psicoanalistas del
trucción abierta y a las corrientes subterráneas, inconscien- X<"X (Sigmund Freud, Otto Rank, Ferrenczi, Carl Jung), así
tes, que mueven su escritura, aunque el propio Julio como por los estudiosos de la religión (Georges Dumézil,
Cortázar, que es su representante genuino, no ha dejado de J'vlircea Eliade) e inundó el siglo XX. Hacia 1962, Mircea
observar que puede volverse rígida y logicista como una Eliade registraba este cambio operado "desde hace más de
novela social;35 otra fue la que Jorge Rivera36 ha preferido medio siglo" en las ideas de los estudiosos:
llamar de la ambigüedad, atendiendo a la obra de José
En vez de tratar, como sus predecesores, el mito en la acepción
Bianco, aunque en esa definición también puede caber una usual del término, esto es, en tanto que "fábula", "invención",
parte destacada de la obra de Juan Carlos Onetti. "ficción") lo ha aceptado tal como era comprendido en las
No es éste el lugar para examinar causas, rasgos, con- sociedades arcaicas, donde el mito designa por el contrario, una
secuencias del movimiento irracionalista europeo que "historia verdadera" y, lo que es más inapreciable, por ser
impregnó las plurales áreas de la actividad intelectual: se sagrada, ejemplar y significativa. 37
registró en el pensamiento filosófico y el político, lo que
Entre los más autorizados centros que restablecieron esa
explica la condena conjunta a que lo sometió Lukács en su
concepción del mito y lo redescubrieron actuando vivamen-
libro El asalto a la razón; modeló los centros de renovación
te en las sociedades racionalizadas, estaba la Alemania pre-
artística, tanto el expresionismo alemán, el surrealismo fran-
hiderista donde se produjo la capital obra de Ernst Cassirer,
cés como el futurismo italiano, con un punto máximo en la
conjuntamente con la Francia donde desarrolló su magiste-
aventura Dada; impregnó las filosofías de la vida, las diver-
rio Lucien Lévy-Bruhl, cuyo libro La mentalité primitive (1922)
gentes vías de los existencialismos; incluso corrientes básica-
fue autoridad hasta la discusión crítica por la antropología
mente ajenas al movimiento, como la antropología o el psi-
estructural de Lévi-Strauss, y prestó un fondo teórico al des-
coanálisis, hicieron aportaciones que sirvieron a los recusa-·
arrollo coetáneo del surrealismo. A través de los hispanoa-
dores de la razón. De esas aportaciones, ninguna más viva-
mericanos que residieron en Europa en el período de entre
mente incorporada a la cultura contemporánea que una
ambas guerras (nuestra "lost generation") y por la mediación
nueva visión del mito, la cual, en algunas de sus expresiones,
de los cenáculos intelectuales españoles (Revista de Occidente)
pareció sustitutiva de las religiones que habían sufrido honda
este novedoso "objeto" de la cultura internacionalizada de la
hora se trasladó a la América Latina, aunque probablemente
35 "Del sentimiento de lo fantástico", en Lt tll!d!a ttl día e11 ochenta 17/TIIItlo.r, con menor retraso del que le ha supuesto Pierre Chaunu en
:, [adnd. Siglo ~'\:I de España, 1970, p. 66-7 5.
36 "La nucYa novela argentina de los años 40". prólogo a José Bianco, LJJ
mta.i, Buenos Aires, Centro Editor de Aménca Latina, 1981, pp. l\'-\'1. 3 7 / bpect.r du 11~ytbe. París, Gallunard, 1963, p. 9.

58 • Literatura J' mltura An el Rama • 59
sus múltiples ejemplos del "retraso" hispanoamencano res- que la mayor coherencia alcanzada por la literatura de Jorge
pecto a las invenciones europeas: Luis Borges procede de la franca instalación en la perspecti-
va cosmopolita y universal. Desde "Tlon, Uqbar, Tertius
Otro signo de este largo desplazamiento mtelectual: la conquis- Orbis" (1938) el "mito" fue un sueño bibliográfico que se
ta, entre 1940 y 1950, de las principales universidades hispano- componía a partir de los libros que integraban la Biblioteca
americanas -México y luego Buenos Aires- por el pensamien- de Babel. Con lo cual se cumplía la inversión simétrica que
to alemán de las dos primeras décadas del siglo X..X. Es, super- detectaron Horkheimer-Adorno, al observar que al trasmu-
ficialmente consecueneta de la diáspora americana de la España
tarse el iluminismo en mito dentro del irracionalismo domi-
republicana, cuyos cuadros, procedentes de la pequeña y media-
nante en el siglo X-:'X, se recobraba la originaria trasmutación
na burguesía, bebieron, como Ortega y Gasset, en las fuentes
de la filosofía alemana de principios de siglo, como reacción
del mito en iluminismo, como puntos de apoyo de la civili-
contra la alta burguesía y la aristocracia afrancesadas. 38 zación burguesa. 39
La desculturación que en las culturas regionalistas pro'-
De hecho Chaunu se refiere a las traducciones alemanas
movió la incorporación de este corpus ideológico habría de
del Fondo de Cultura (Dilthey por Ímaz) y a la _incorpora-
ser violenta, pero paradojalmente serviría para abrir vías
ción de la estilística idealista (Vossler, Spitzer), las que coin-
enriquecedoras. El discurso literario de la novela regionalis-
cidieron con la introducción del pensamiento francés y del ta respondía básicamente a las estructuras cognoscitivas de
arte surrealista, cuyos postulados míticos hicieron suyos
la burguesía europea. Por lo tanto funcionaba, respecto a la
escritores tan diversos como Asturias, Carpentier, Borges, y
materia que elaboraba, a la misma distancia con que lo
cuyo examen aún puede encontrarse en los ensayos iniciales
hacía la lengua culta del narrador respecto a la lengua popu-
de.Julio Cortázar (en especial "Para una poética", de 1954).
lar del personaje. Esta discordancia lingüística remedaba la
El mito (Asturias), el arquetipo (Carpentier), aparecieron
discordancia entre la estructura discursiva y los materiales.
como categorías válidas para interpretar los rasgos de la
En ambos casos se ejercía una imposición distorsionadora.
América Latina, en una mezcla sui genens con esquemas
Al ser puesto en entredicho el discurso lógico-racional, se
sociológicos, pero aun la muy franca y decidida apelación a
produce nuevamente el repliegue regiónalista hacia sus
las creencias populares supervivientes en las comunidades
fuentes locales, nutricias, y se abre el examen de las formas
indígenas o africanas de América que esos autores hicieron,
de esta cultura según sus ejercitantes tradicionales. Es una
no escondía la procedencia y la fundamentación intelectual
búsqueda de realimentación y de pervivencia, extrayendo
del sistema interpretativo que se aplicaba. Alguno de los
de la herencia cultural las contribuciones valederas, perma-
equívocos del real-mara\'illoso proceden de esta doble fuen-
nentes.
te (una materia interna, una significación externa) al punto

39 ,\Ian: Horkhe1mer y Theodor Adorno, Dwlútzm de la Aujklanmg.
38 L:/lmé1ique el le.r /-lméliqttl·s, París, Armand Cohn, 1964. p. 43. Buenos Aires, Sur, 1969.

60 • l....iteratttra)' mltura Ángel Rama • 61
Este repliegue restablece un contacto fecundo con las en ambos casos, se transforma en el mediador que trabaja
fuentes vivas, que son las inextinguibles de la invención míti- sobre la dispersión y construye un significado que será igual-
ca en todas las sociedades humanas, pero aun más alertas en mente problemático. La construcción de la historia es repro-
las comunidades rurales. Se redescubren las energías embri- ducida por la construcción del discurso, de tal modo que las
dadas por los sistemas narrativos que venía aplicando el formas de la peripecia equivalen a las formas de la narrativi-
regionalismo, se reconocen las virtualidades del habla y las dad. Benedito Nunes ha visto estos dos viajes superpuestos
de las estructuras del narrar popular. Se asiste así al recono- en Cara-de-bronce y ha percibido en la función mediadora un
cimiento de un universo dispersivo, de asoci.acionismo libre, característico papel mítico: "Esa visión bifocal de la obra se
de incesante invención que correlaciona ideas y cosas, de ajusta a la naturaleza ambigua y mediadora de Grivo, perso-
particular ambigüedad y oscilación. Existía desde siempre, naje que tiene por fondo la figura del Niño mítico, uno de
pero había quedado oculto por los rígidos órdenes literarios los arquetipos de lo sagrado, que domina, por encima de otras
que respondían al pensamiento científico y sociológico pro- encarnaciones importantes, como Diadorim y Ivfiguilim, la
piClado por el positivismo. En la medida en que este pensa- ficción de Guimaraes Rosa." 40 En esta novela corta, la corre-
miento estaba incapacitado para apreciar un imaginario pro- lación de ambos planos es notoria, ya que el asunto es la bús-
toplasmático, discursivo, apegado a una realidad inmediata queda de la palabra. Pero también la observa Walnice
que daba sostén a sus esquemas opositivos, había preferido Nogueira respecto a Gran sertao:' veredas, aproximando dos
imponerse con rigidez y forzar ese material aparentemente leit-motiv de la obra; "Vivir es muy peligroso", "Contar es
errátil a la logicidad sistemática que tenía sus fuentes en muy, muy difícil". 41
Spencer, en Comte o en Taine. La quiebra de este sistema Es por eso que los transcultu!:adores descubrirán algo
lógico deja en hbertad la materia real perteneciente a las cul- que es aún más que el mito. A diferencia de la narrativa cos-
turas internas de América Latina y permite apreciarla en mopolita de la época que revisa las plasmaciones literarias en
otras dimensiones. las cuales ha sido consolidado un mito y, a la luz del irracio-
En la frase con que Riobaldo reflexiona sobre el universo nalismo contemporáneo, lo somete a nuevas refracciones, a
sertanejo, está captada la oscilación que servirá de base a la instalaciones universales, los transculturadores liberan la
novela: "Sertón es esto, sabe usted: todo incierto, todo cier- expansión de nuev-os relatos míticos sacándolos de ese
to." La extraordinaria fluidez y el constante desplazamiento fondo ambiguo y poderoso como precisas y enigmáticas
de vidas ,, sucesos, las trasmutaciones de la existencia y. la
~
acuñaciones. N ada más vano que el intento de ajustar las his-
inseguridad de los valores, tejerán entonces el sustrato sobre . torias de Comala a los modelos fijados en las mitologías gre-
el cual se desplegará el discurso interpretativo. No de otro
modo, en "La cuesta de las comadres" de Rulfo, el discurso
oscilante del personaje se construye sobre la dispersión y la 40 () aorro do t¡gre, Sao paulo, Ednóra Perspectiva, 1969, p.18.S.
contradiCción de los elementos componentes. El narrador, -+ 1 Op. a t.. p. 80

()7 • 1 .L!erutura v wltura Ángel Rama • 63
colatinas: no hay duda de que sin cesar éstos son rozados o, del contacto cultural de la modernización, no pueden asinú-
mejor, enturbiados, por las invenciones de Rulfo, pero su larse a las creaciones urbanas del área cosmopolita pero tarn-
significación está fuera de ellos, proceden de otras llamas y poco al regionalismo anterior. Y se percibirá que las inven-
buscan otros peligros, se desprenden espontáneamente de ciones de los transculturadores fueron ampliamente facilita-
un trasfondo cultural desconocido que torpemente manejan das por la existencia de conformaciones culturales propias a
métodos de conocimiento.42 que había llegado el continente mediante largos acriolla-
Todavía más importante que la recuperación de estas mientos de mensajes. Probablemente el contacto directo
en~re las culturas regionales y la modernización, hubiera sido
estructuras cognoscitivas en incesante emergencia, será la
indagación de los mecanismos mentales que generan el mito, mortal para las primeras, habida cuenta de la distancia entre
el ascenso hacia las operaciones que los determinan. En el ambas que, en casos como el de la polaridad europeísmo-
ejemplo paradigmático proporcionado por José María indigenismo era abismal. La mediación la proporcionó esa
Arguedas, un antropólogo que recogió mitos indios acuña- conformación cultural que había logrado imponerse tras '
dos y los estudió, encontraremos ese segundo nivel, en que seculares esfuerzos de acumulación y reelaboración: en el
no sólo el narrador de la novela, sino el propio autor cons- caso del Brasil la orgánica cultura nacional; en el caso de
truye a base de esas operaciones, trabaja sobre lo tradicional Hispanoamérica, el desarrolló de una intercomunicación
indígena y lo modernizado occidental, indistintamente aso- fructífera de sus diversas áreas. Por eso, el diálogo entre el
ciados, en un ejercicio del "pensar mítico". regionalista y el modernista se hizo a través de un sistema
Por lo tanto, la respuesta a la desculturación que en este literario amplio, un campo de intégración y mediación, fun-
nivel de la cosmovisión y del hallazgo de significados pro- cional y autorregulado. La contribución magna del periodo de
mueve el irracionalismo vanguardista, sólo en apariencia modernización (1870-1910) había preparado esta eventualidad,
parece homologar la propuesta modernizadora. En verdad, al construir en Hispanoamérica un sistema literario común.
la supera con imprevisible riqueza, a la que pocos escritores
de la modernidad fueron capaces de llegar: al manejo de los
"mitos literarios", opondrá el "pensar mítico". Lo analizare-
mos concretamente en la literatura de José María Arguedas.
En cualquiera de esos tres niveles Oenguas, estructura
literaria, cosmovisión) se verá que los productos resultantes

42 Para el caso de la narram·a de Rulfo lo obserYa Carlos ;\lonsi\·á¡s en su
ensayo "Sí, tampoco los muertos retoñan. Desgraciadamente", en Jua 11
Ru(jo. f-fomma¡e nacional. Ivléx1co, Insrituto Nacional de Bellas Artes, 1980,
pp. 35-36.

64 • Llleratura_y mllttra Angel Rama • 65
11. REGIONES, CULTURAS Y LITERATURAS

1. S ubcu/turas regionales y clasistas

La unidad de América Latina ha sido y sigue siendo un pro-
yecto del equipo intelectual propio, reconocida por un con-
senso internacional. Está fundada en persuasivas razones y
cuenta a su favor con reales y poderosas fuerzas unificado-
ras. La mayoría de ellas radican en el pasado, habiendo
modelado hondamente la vida de los pueblos: van desde una
historia común a una común lengua y a similares modelos de
comportamiento. Las otras son contemporáneas y compen-
san su minoridad con una alta potencialidad: responden a las
pulsiones económicas y políticas universales que acarrean la
expansión de las civilizaciones dominantes del planeta.
Por debajo de esa unidad, real en cuanto proyecto, real en
cuanto a bases de sustentación, se despliega una interior
diversidad que es definición más precisa del continente.
Unidad y diversidad ha sido una fórmula preferida por los
analistas de muchas disciplinas. 43
La diversidad es regida, en un primer nivel, por el de los
países hispanoamericanos, algunos de los cuales han sido
capaces de constituir naciones, gracias a factores tntegrado-
res que otros no han alcanzado. En un segundo nivel, má::;

43 E¡emplo· el libro de José LUis J\lartínez, Umdad_y dwemdad de la lzteratu-
I'-.IéxlCo, Joaguín ~lortlz, 1972.
ra htSpal!oameJ7tana,

1(, 71
robusto y valedero, la diversidad es acreditada por la existen- andina de Venezuela se emparenta con la similar colombia-
cia de regiones culturales. Aunque éstas se perfilan extensas na, mucho más que con la región central antillana. Estas
y nítidamente delineadas en los grandes países, haciendo que semejanzas son contrarrestadas por las normas nacionales
el mapa regional brasileño sea un equivalente del mosaico de que dominan a las regiones internas de cada país, imponién-
países independientes del hemisferio hispanoamericano, la doles lengua, educación, desarrollo económico, sistema
división en regiones culturales se reencuentra aun en los paí- social, etc., constituyendo una influencia no desdeñable en la
ses pequeños, habiendo podido ser fundamentada por la conformación cultural, que impide que se maneje el esque-
antropología para islas del tamaño de Puerto Rico_44 La divi- ma de división por regiones con prescindencia del fijado por
sión en regiones, dentro de cualquier país, tiene una tenden- la existencia de países independientes.
cia multiplicadora que en casos límites produce una desinte- La relación entre la unidad latinoamericana y estos dos
gración de la unidad nacionaL Lo mismo puede decirse de niveles (nacional y regional), también puede reencontrarse
las vastas regiones dentro de un país, pasibles de división en dentro del exclusivo nivel regional vinculando macro-regio-
subregiones con la misma tendencia, desintegradora, tal nes y mini-regiones culturales, las cuales frecuentemente se
como le ocurre a Guirnaries Rosa cuando intenta ofrecer un manejan de acuerdo a los fmes que se propone una indaga-
perfil de su Minas Gerais nataL 4 5 _ ción. La división antropológica mayor, que aun se encuentra
Estas regiones pueden encabalgar asimismo diversos paí- en Charles Wagley, 4 6 fija tres grandes regiones latinoamerica-
ses contiguos o recortar dentro de ellos áreas con rasgos nas: Afroamérica (costa atlántica, zonas bajas, cultivos en
comunes estableciendo así un mapa cuyas fronteras no se haciendas, esclavitud, aportación cultural negra y fuerte dis-
ajustan a las de los países independientes. Este segundo minución de la indígena, régimen señorial); Indoamérica
mapa latinoamericano es más verdadero que el oficial, cuyas (cordillera de los Andes, pisos términos de zonas templadas
fronteras fueron, en el mejor de los casos, determinadas por y frías, fuerte composición indígena, agricultura y minería,
las viejas divisiones administrativas de la Colonia y, en una dominación hispánica, religión católica) e Iberoamérica
cantidad no menor, por los azares de la vida política, nacio- (región templada del sur, tardía colonización, inmigración
nal o internacionaL En este segundo mapa el estado Rio europea, escaso aporte indígena y africano, ganadería y agri-
Grande do Sul, brasileño, muestra vínculos mayores con el culn:ra, régimen de explotación burgués). Similar diseño
Uruguay o la región pampeana argentina que con Matto general se reencuentra en Darcy Ribeiro,47 quien atiende
Grosso o el nordeste de su propio país; la zona occidental

4 6 Charles \'V'agley, The Lttin .A171encan tradztion, eJJays 011 the ttmjy and tbe
44 Jullan H. Steward et al "The people of Puerto Rico; a study m social
diverszjy oj Latm Amenúm m/ture. Nueva York, Colu~b1a Umvers1ty Press,
anthropology, Urbana, U nivers1ty of Illin01s Press, 1956.
1968.
45 Joao GUlmariies Rosa, ":\•Iinas Gera1s", en Ave. pa!at•ra. Río de Janeiro, 47 Darcy lubeu:o, /Lr /lméná1 e a ct/JIIIzariio, est11dos de antropologze da
José Oh-mpio, 1970, pp. 245-250.
cu•zlizarclo. Petrópolis, Editóra Yozes, 1979 (3" ed.).

Án rva. 1 P....., . . . . . . . ,.,. - F-. íl
inicialmente una clasificación en seis mayores regiones que
especialmente a los procesos de mestiz~ción transcul~rado­ representarían sendas subculturas dentro de la que estimó
ra: Pueblos-Testimonio (mesoamencanos y andmos); unidad cultural avanzada del país: valle del Amazonas, costa
Pueblos.-Nuevos (brasileños, grancolombianos, antillanos y noreste, noreste árido, extremo sur, estados industrializados y
chilenos) y Pueblos-Transplantados (rioplatenses). la frontera oeste. Por su parte Manuel Diegues Júnior, 49 discí-
Es un diseño de máxima amplitud, como quien dice la pulo de Gilberto Freyre, hizo el diseño de nueve regiones cul-
traducción de la unidad latinoamericana a sus tres compo- turales del Brasil: noreste agrario del litoral, mediterráneo
nentes básicos. Si la unidad implica un sistema de diferencia- pastoril, Amazonia, minería del Plan Alto, centro-oeste, extre-
ciones con las culturas externas (incluso las progenitoras) y mo sur pastoril, colonización extranjera, zona cafetalera, faja
sobre todo con el sector anglosajón (Estados Unidos y urbano-industrial, previendo aun otras tres que rotarían sobre
Canadá) que fue el primero que sirvió de término opuesto la producción de sal, cacao y pesca.
para la autodefmición de quienes, entonces; resolvieron lla- Estas clasificaciones se apoyan en una reflexión me-
marse latinoamericanos, la macrorregionalización implica todológica que así ha expresado Wagley: "Encuentro útil
una diferenciación interna mediante un correlativo sistema pensar en América Latina en términos de regiones, cada una
de oposiciones que se funda principalmente en los criterios de las cuales tiene un tipo diferente de medio físico, pobla-
de la antropología cultural, aunque cuenta con el refuerzo de ción de diferente composición étnica y distinta variedad de
la historia y de la más reciente econorrúa. cultura latinoamericana."50 Atiende al medio físico, a la com-
Vista la complejidad del continente y las necesidades de posición étnica de la población, a la producción económica
indagaciones concretas en países o áreas más reducidas, tam- dominante, al sistema social derivado, a los componentes cul-
bién se ha avanzado en la microrregionalización, de la cual turales modelados y trasmitidos dentro de esos marcos, pero
son ejemplo los estudios citados de Julian Steward et aL, sobre sobretodo privilegia la expansión horizontal de una subcultu-
Puerto Rico. Con más razón se han aplicado a un país como ra (concepto sin el cual no puede hablarse de región) recono-
Brasil, cuyas dimensiones, variedad de condiciones ecológi- ciendo que establece comporta~entos, valores, hábitos, y
cas, componentes étnicos, factores históricos, producciones, que genera productos que responden al generalizado consen-
etc., han propiciado el desarrollo autónomo de culturas inter- so de los hombres que viven dentro de los límites regionales,
nas. El Brasil ha contado con una calificada aportación de an- sean cuales fueren sus posiciones dentro de la estructura
tropólogos nacionales y extranjeros, quizás la más alta con- social. Efectivamente, reconoce usos culinarios, manejos lin-
centración de estudios de este tipo en América Latina, lo que güísticos, creencias fundamentales, que impregnan por igual
nos ha deparado diversas taxonorrúas. Así, Wagley4 8 propuso
49 ,\[anuel Diegues Júnior, Etnia.r e mltura.r no Bra.ril, Río de Janeiro,
48 Charles Wagley, "Regionalism and cultural unity in Brazil" (Social Forces. CIViliza¡;:ao Brasileira, 1976 (S• ed.).
1948, X....'\VI), en Dw1ght B. Heath y RH::hard N. Adams (comps.),
Contempora!J' mlturer cmd soczeties ol L1tin Amenca. Nueva York, Random 50 Op. át., p. 14.
House, 1965, pp. 124-136.

Ángel Rama • 71
a los rruembros de la comumdad y perrruten que se reconoz- dad y cultura, escalonaron nueve tipos de subculturas que
can a sí rrusmos como mtegrantes de una subcultura reg10nal, pueden reordenarse en seis agrupaClones· 1J mdias tnbales; 2]
diferenCiándose u opoméndose a otras reg1ones 111d1as modernas; 3] campesmas; 4] y 5] plantaCiÓn de mgemo
Esta concepe1ón, prme1palmente culturalista, ha dado y plantaciÓn de fábnca; 6] citadmas; 7], 8] y 9] clase alta
paso progresivamente a una "tipología evolue1omsta" según metropolitana, clase media metropolitana y proletanado
la calificó Stnckon, 51 observando la mayor atenciÓn conced!- urbano. Como sus autores reconocen, vanas se encabalgan
da a la economía y a la estructura soe1al: "Los cntenos fue- debido a los distintos cntenos que se usan (rae1ales, sociales)
ron econórnícos y estructurales. Su teoría sostenía que la lo que ex1guía nuevas subdivisiones. También el reg1stro de
mterace1ón entre tecnología, med10 y economía era decisiva otros tipos eqmvalentes, como la cultura de la ganadería y la
para comprender sociedad y cultura." El eJemplo proporcio- mcorporaciÓn, en el capítulo urbano, de la cultura de la
nado por la taxonomía puertornqueña establecida por poblae1ón margmal que no puede eqwpararse al proletanado
Steward, observando los efectos de los d!versos sistemas pro- urbano y ya tampoco a la cultura rural de que procede.
ductivos (tabaco, caña de azúcar, café) en las conformaClones La mtroducoón de cntenos econórrucos y sociológicos,
culturales,- ha contnbmdo a evidenoar sus vínculos con las complementa la concepoón honzontal de las subculturas.
fuerzas externas, dentro del campo transculturador moderm- Les confiere espesor, verticalidad. Aun aceptando la comum-
dad/ tradiclOnalismo, que sostiene la totahdad dmármca de dad básica que presta la reg1ón, fija la eXtstencia de los stratta
Aménca Latina. Esto perrruttria agrupar las d!versas reg1ones, que se encuentran superpuestos en el rrusmo espae1o, defi-
sean cuales fueren las zonas de Aménca Latina donde son mendo las diferenCias entre los sectores que componen la
reconoe1das, dentro de tipos estructurales, que, dice Stnckon, soe1edad. Donde se hace flagrante es en las cmdades, pues la
"eran vistos como soe1edades emergentes resultantes de la reducciÓn de la honzontalidad, denvado del menor espacio
estructura cambiante de los grandes centros comerCiales e ocupado respecto a las reg1ones rurales, se compensa con una
mdustnales del mundo ocCidental". 52 EJemplo Sistemático lo ampliaCiÓn de la ,·erticalidad, la cual puede establecerse según
proporCionó la tipología estableCida por Charles Wagley y conceptos de clase, grupo, ocupae1ón, renta, educaCiÓn, etc y
Marvrn Hatns, 53 quienes a partir de la d1stinc1ón entre socie- también según las concorrutantes vanae1ones culturales que
cualqwera de esas clasificaoones perrrute av1zorar Aunque
también, en la cmdad nge la distribuCiÓn espaoal Oas colo-
51 Arnold Stnd.on, ''Anthropolog) m Laun r\menca", en Charle" Wagb mas, batnos, urbamzac1ones, casco central y suburbio, áreas
(comp ), Soaal wmce reJearch 011 Latw Ammw. NueYa York, Columbia
U nl\ erstl:) Pte~s, 1965, pp 125-16 7 res1denoales o mdustrlales, etc.) es sm embargo la vertical la
que adqmere pnmacía y fuerza el reconoorruento de los plu-
52 Art al, p 153
rales estratos Las clas1ficac10nes soc10lóg1Cas de éstos denvan
53 "A upolog' of Laun r\mencan >Ubcultures" (Amencan Anthropology,
de cntenos de economía y de ub1cae1ón en la ptrárrude social
LYII, núm J, par I, JUnio de 1955) ah01a en W,1gle,, The Latm Amencan tra
JzttOII. Clt mucho menos de los culturale~ que manepn los antropólo-

72 • R~¡;tomr, wltutas y lzteraturar Ángel Rama • 7 3
do la normal práctica que había ido constituyendo los burgos
gos. La coparticipación de varios estratos urbanos en las nor- medievales, a la ciudad se encomienda la tarea de modelar el
mas -siempre más estrictas y homogéneas- impartidas por la espacio circundante desde una concepción centralista y auto-
educación, el régimen de prestaciones y la dominación del ritaria. La ciudad no nace del medio ecológico; se impone a él
sector que los rige, no impide que registremos notorias dife- trasladando las normas que ni siquiera proceden espontá-
rencias en' el uso de este marco cultural general y por lo tanto neamente de la cultura de los países conquistadores, sino del
podamos reconocer la existencia de diferentes subculturas proyecto que lleva adelante una monarquía absoluta. Romero
que se superponen en el mismo espacio. Las creencias, com- observa que "el supuesto de la capacidad virtual de la ciudad
portamientos, intereses, gustos y opciones, ocupaciones y ideológica para conformar la realidad se apoyaba en dos pre-
hábitos, son marcadamente diferentes entre los distintos gru- misas. Una era el carácter inerte y amorfo de la realidad pre-
pos: el empresarial, el burgués rentista, la media clase funcio- existente. La otra era la decisión de que esa realidad suscitada
nal, los obreros industriales, los pequeños propietarios, los por un designio preconcebido no llegara a tener -no debía
estudiantes universitarios, la población marginal, etc. Es visi- tener- un desarrollo autónomo y espontáneo".54 Si efectiva-
ble en los productos culturales que usan para su satisfacción, mente lo tuvo, construyendo las poderosas culturas regiona-
en los modos de comunicación y los mensajes que con ellos les, fue debido a que la ciudad era incapaz de ejercer prác-
formulan, incluso en los repertorios lexicales que utilizan. ticamente la dominación sobre tan vasto hinterland, pero eso
Nuestra pionera dialectología que, aplicando el criterio antro- no significó que abandonara, ni en la Colonia ni en la
pológico horizontal, diseñaba los mapas lingüísticos america- República, ni por los administradores españoles ni por los
nos (Pedro Henríquez Ureña) ha debido dar paso a la socio- criollos que los sucedieron, su proyecto de imposición y
lingüística (Bernstein o Fishman), que encuentra en las ciuda- dominaciÓn. El proyecto centralista55 recién comienza a
des un campo privilegiado de investigación, fijando las cone- madurar a fines del XIX y triunfa en el X.."X, lo que da la seña-
xiones entre el habla y los grupos sociales. Ya Theodore lada colisión de la modernización, que ahora se apoya en
Caplow había señalado que "hay más variación cultural den- otras metrópolis que no Madrid, sobre las culturas tradiciona-
tro de la ciudad latinoamericana que en la mayoría de-las ciu- les internas.
dades de Estados Unidos o Europa", característica que arran-
Esa modernización se ejerce, aun más duramente, sobre
ca de los orígenes rrusmos de la ciudad fundada por los con-
la heteróclita composición cultural de la propia ciudad,
quistadores; más por los españoles que por los lusitanos ya
mediante un rígido sistema jerárquico. Para que éste se
que pusieron en práctica un designio civilizador con el cual
oponerse a esa variación cultural que anidaba incluso dentro
54 José Lms Romero, l...ctltiiOtlmérzca: las cwdades.J' lar ulea.r. :--IéXJco, S1glo
del recinto fortificado y que desde luego se extendía más allá
X...'G, 1976, p. 13
de sus murallas. Este designio, para el cual Romero ha acuña-
55 (]audJo \'el!s, The wttrallSt traditw11 oj Latz11 /lmmw. Pnnceton,
do la fórmula "ciudad ideológica", es el que ha de instaurar la
Princeton Unn·ersltY Press, 1980.
profunda marca hispánica en .el continente, porque invirtien-

Ángel Rama • 7 5
pudiera consolidar en el campo cultural se aplicó el patrón capacidad para evitar la incorporación a la enseñanza públi-
aristocrático que ha sido el más vigoroso modelador de las ca de las lenguas indias, a pesar de repetidas propuestas, o
culturas latinoamericanas a lo largo de toda su historia, para e\-itar el ingreso de formas peculiares del español ame-
cometiendo esa tarea a una élite intelectual, cuya importan- ricano a las aulas de la primaria. Pero también los estratos
cia en la época colonial es desmesurada y, a pesar de los ava- sociales y sus peculiares subculturas se han tornado visibles.
tares de la vida americana, lo ha seguido siendo hasta nues- Si en las ciudades se vuelve flagrante este corte vertical,
tros días. Es lo que en otro lado he llamado la "ciudad letra- nada justifica que no se lo encuentre también en las áreas
da" que fue la que, con confiscatorio exclusivismo, se apro- rut;ales que fueron el territorio privilegiado regionalista. Se lo
pió del ejercicio de la literatura e impuso las normas que la ve en las clases que reaparecen, aun bajo las formas paterna-
defmían y, por lo tanto, fijó quiénes podían practicarla. Salvo listas hacendarías que tienden a disolver o, mejor, a escamo-
pocos momentos, posteriores a fuertes conmociones socia- tear, la pirámide social y sus crueldades. Sólo la introducción
les (la Emancipación, la Revolución mexicana, la violencia de esta perspectiva sociocultural puede permitirnos recons-
inmigratoria en el sur, la reciente masiva emigración rural a truir con mayor rigor "el funcionamiento de la sociedad
las ciudades), es la "ciudad letrada" la que conserva férrea- regional, pues a los valores comunes que la impregnan a tra-
mente la conducción intelectual y artística, la que instrumen- vés de !-In largo proceso evolutivo, se agregarán los diferen-
ta el sistema educativo, la que establece el Parnaso de acuer- ciales clasistas o sectoriales que bocetarán subculturas den-
do a sus valores culturales. tro de una subcultura. Esta vía también ha sido transitada
El crecimiento de las ciudades y las citadas conmociones por la antropología reciente (véase la obra de Ricardo Pozas
sociales, aumentaron vertiginosamente los estatutos domina- en México) y puede medirse nítidamente en la apreciación,
dos y balancearon la acción homogeneizadora de la "ciudad admirativa pero crítica, que hace Darcy Ribeiro de la obra
letrada" sobre la sociedad intramuros: la expansión del teatro monumental de Gilberto Freyre, básica para la constitución
criollo en las ciudades del cono sur a fmes del XIX o de la legitimada de la cultura mulata brasileña pero afectada, como
novela de la revolución en las ciudades mexicanas al filo de anota su prologuista, de "miopía hidalga".56 Un ejemplo del
los años treinta de este siglo, señalan un desafío a las normas manejo de ambas coordenadas, horizontal y vertical, para el
con que estaba fijado el código literario, como má~ reciente- análisis de una subcultura regional, puede encontrarse en
mente la adscripción a la literatura de las canciones de la quien unió la condición de etnólogo a la de narrador, el
mezzomúsica (tangos, boleros) por sectores ya urbanizados. peruano José María Arguedas. Escribió Todas las sangres pro-
No por esto ha sido in\-alidada la "ciudad letrada" que en curando ofrecer un panorama completo, no sólo de las cla-
algunos casos ha sido capaz de adaptación y en otros ha sos- ses soe1ales de la sierra, sino de las formas culturales dentro
tenido el embate y mantenido sus normas, a lo cual contri-
buye su asiento en las instituciones educati\-as y su correla- 56 Prólogo a CtJa Grande y Senzala, Caracas, Btblioteca Avacucho, 1977, p.
ción con las metrópolts. Quizás nada lo re\'ele mejor que su - -
X..~'i'II.

7 6 • Re,giom.r. culturaJy lzteratura.r Ángel Rama • 77
de las cuales sus criaturas narrativas se articulaban. Sin
años después de los textos programáticos de Mariátegui, po-
embargo, aun en este aftnado ejemplo, se evidencia la supe-
drá comprobar José María Arguedas que "el movimiento
rior potencia integradora que caracteriza a la cultura regio- .
Amauta coincide con la apertura de las primeras carrete-
nal, incomparablemente más fuerte que la que puede vincu-
ras",57 esos impositivos caminos de la modernidad, aunque
lar a las diversas clases de una cultura urbana, por lo mismo
no necesariamente del progreso regional armónico del
que tiene un desarrollo histórico que puede remontars~ _a
país. 58
siglos y se ejerce sobre comunidades de muy escasa mo~ili­
Aunque parezca paradojal, es cierto que la reactivación del
dad social, donde los patrones de comportamientos han s!do
problema regionalista en América Latina fue consecuencia de
internalizados, convalidados y aceptados, de padres a hijos,
la modernización que comenzó a penetrar zonas apartadas,
durante generaciones. Sólo catástrofes, sólo la brusca inser-
inmovilizadas, o en decaimiento luego de uno de los habitua-
ción modernizadora, parecen capaces de evidenciar a la con-
les "boom and bust" de la economía continental. Aunque
ciencia las rígidas estratificaciones que sostienen el edificio
esto no pueda seguirse en su detallada progresión económica,
social regional.
hay dos índices fehacientes que se aprecian en el estricto
Tales despertadores conturbaron varias zonas regionales
campo intelectual: uno es la reacción defensiva que se genera
internas de América Latina en el período de entre ambas
en las regiones internas respecto a las capitales o ciudades
guerras. Algunas, como las de la serranía sur del Perú, vivían
dinámicas del país, la cual sólo se puede explicar por una agre-
en un estado de congelación, al margen de las renovaciones,
sión a sus valores tradicionales venida de esos centros del
lentas pero firmes, que se cumplian en el país y que alcanza-
país, tal como pudieron percibirla los habitantes '¿e la región;
ban a otras regiones internas (en 1922, un poeta de Ciudad
el otro es concomitante y deriva de esa reacción defensiva,
Trujillo, César Yallejo, escribe Tri/ce, que es un sacudimiento
pues no hubiera sido posible sin la existencia de un equipo
en la vida intelectual nacional) y cuya interpretación intelec-
intelectual con estimables niveles de preparación, capaz de
tual correría a cargo de una generación de jóvenes que asu-
recoger el desafío y oponerse a él entablando el debate en un
men las consignas indigenistas (Haya de la Torre, Mariátegui,
mismo plano. Tanto las teorizaciones indigenistas peruanas,
L. A. Sánchez, C. Vallejo, J. Sabogal) dotando al viejo regio-
como las negristas que se conocieron en la zona antillana coe-
nalismo nacional de un sentido social agresivo, como se vio
en el examen del tema efectuado por Mariátegui. Es signifi-
cativo que este aparato intelectual resultara estrictamente
57 José María Arguedas, "José Sabogal y las artes populares en el Perú",
contemporáneo de la modernización que comienza a ejer- en Folklore Amen.cano, Lima, IV, 4, 1956.
cerse desde la capital, trasladando a las regiones su régimen
58 Datos sobre los desequilibrios econórrucos de las regtones de América
económico, procurando la tan retrasada unificación bajo su Latina, en Comistón Económica para América Latina, L1 seg11nda década del
égida y trayendo como consecuencia la subversión de valo- desarrollo de las Nacione.r Unidas, Sesión XIII, Lrma, Perú, abril de 1969. tJaa
res culturales que el grupo Amauta idealizará sin tasa. Treinta consideración global del problema en Walter B. Stohr, El de.rarollo regional
en /lmé17á1 L1tina. E.<:periencias_y perspectit;as. Buenos Aires, SIAP, 1972.

78 • R~~iom.r, culturr!J)' literatum.r
Áng-el Rama • 79
táneamente (la obra de Fernando Ortiz, pero también la lite- las lecturas narrativas de García 1\fárquez, más radicalmente
ratura de Palés Matos, Nicolás Guillén, etc.), como el Primer vanguardistas que las que permitieron a Juan Rulfo adelan-
Congreso Regionalista de Recife, indican el desarrollo de tarse hacia su vía propia mediante la recurrencia a la narrati-
fuerzas autónomas capaces de oponerse a la dominación va rusa y nórdica europea, aunque ambos habrían de coinci-
homogeneizadora de las ciudades dinámicas o de sus vale- dir en un maestro norteamericano, William Faulkner, que no
dores extranjeros (ambos serán puestos en el mismo saco), por azar pertenece a un área cultural, la de la región
aunque no de inspirar tendencias separatistas que sólo se "Plantation-America" def1nida por Wagley y en la cual aso-
podían permitir las regiones modernizadas. En zonas aparen- ció zonas hispanoamericanas (fundamentalmente caríbicas)
temente sumergidas, destinadas a ser arrasadas por la acultu- con las norteamericanas sureñas. Se puede decir que no sólo
ración, surgen equipos de investigadores, artistas y escritores el equipo intelectual, sino las enteras regiones internas son
que reivindican la localidad y se oponen a la indiscriminada sacudidas por procesos modernizadores y que es a base de
sumisión que se les exige. La protesta de José María Arguedas ellos que desarrollan su discurso defensivo. Al mismo tiem-
no será distinta de la de José Lins do Rego, dentro del grupo po debe reconocerse que los equipos capitalinos cumplen
de Recife, aunque sean diferentes los productos artísticos. simultáneamente un vertiginoso avance, abastecidos por una
Si la aparición de estos intelectuales testimonia un cierto incorporación externa creciente y favorecidos por el uso de
desarrollo regional con peculiares neoculturaciones, capaces medios técnicos masivos que les aseguran mayor influencia
de disponer ya de ese "surplus" con qué sostener una capa y por ende dominación: es de esta época la aparición de la
social, adecuada y especializada, también testimoniará una radio, al tiempo que se amplían los circuitos de difusión cine-
agudización de los conflictos con las capitales modernizadas. matográfica. La aceleración del proceso modernizador y los
La dualidad debe registrarse·. En los textos que en la época incesantes desequilibrios que genera, han sido ilustrados por
escribe Gilberto Freyre y en los posteriores en que evocó el la historia contada por Lé>ri-Strauss de la construcción de la
período, 59 en su mismo proyecto de escribir Casa Grande e línea telegráfica brasileña hasta Cuiabas, inaugurada después
Smzala, es notoria la modernización internacional en que se de ímprobas hazañas en 1922, cuando el descubrimiento de
movía, esos vínculos con el vasto mundo intelectual que la radiotelegrafía (inalámbrica) la volvía obsoleta.60
codiCiaba ingenuamente, esa apropiaCiÓn de un aparato inte- El panorama, por lo tanto, está movido por un confhcto.
lectual moderno (Boas), a partir de los cuales puede enfren- No es la primera vez que se produce, y este de entre ambas
tar el debate con posibilidades de éxito. Eso mismo se vio en guerras repite el ya conocido del último tercio del XIX, el
cual a su vez repetía el de fines del XVIII del llamado perí-
odo emancipador. Sin embargo, en ninguno de los anterio-
59 Una rev1sión retrospecm·a en su presentaCiÓn del número de Diogéne
(París, núm 43, julio-septiembre de 1963) dediCado a "Problemes
d' Aménque Latine". °
6 Cl au d e L'en-
' S rrau~s. T111.rtes tropzqun,
' p ans, P 1on,
o . 19"J::>.
-

80 • Regio11es. cu!turas_y /iteralttras Ángel Rama • 81
Considero importante subrayar estas dos evaluaciones
res se dio una respuesta tan vigorosa y coherente. Las regio-
porque definen simultáneamente la permanencia y el cam-
nes contaron con un avisado equipo intelectual que interpre-
bio: no es un conflicto nuevo desde el momento que evoca
tó el conflicto, ya mediante teorizaciones, ya a través de
una sucesión iniciada con el conflicto por excelencia que fue
construcciones estéticas. Eso impidió que pudiera aplicarse
el de la superposición de la c;ultura hispánica a las america-
la típica política de tierra arrasada de la aculturación, con la
nas indígenas y cuya versión acriollada y regionalizada se dio
cual debutó en América la conquista hispano-lusitana en -el
con la dominación de la oligarquía liberal urbana sobre las
XVI. Más aún, debe considerarse significativo que en el
comunidades rurales bajo la República; es un conflicto
cauce de esta resistencia del X.,"{, se encuentre una valiosa
resuelto de distinta manera, donde no se produce una domi-
contribución que reexamina la conquista y colonización del
nación arrasadora y donde las regiones se expresan y afu-
XVI y trata de restablecer la oposición intelectual que fuera
man, a pesar del avance unificador. Se puede concluir que
entonces entablada por los intelectuales indios y que duran-
hay, en esta novedad, un fortalecimiento de las que podemos
te mucho tie~po pasó desapercibida. Paralelamente, los
llamar culturas interiores del continente, no en la medida en
investigadores europeos avisados procedieron a visualizar la
que se atrincheran rígidamente en sus tradiciones, sino en la
"otredad" que algunos evangelizadores habían entrevisto en
medida en que se transculturan sin renunciar al alma, como
pleno trauma de la conquista y procedieron a corregir el
habría dicho Arguedas. Al hacerlo robustecen las culturas
perspectivismo eurocéntrico.6 1 nacionales (y por ende el proyecto de una cultura lati-
noamericana), prestándoles materiales y energías para no
ceder simplemente al impacto modernizador externo en un
61 En la abundante btbliografía consagrada al punto, se destacan las con- ejemplo de extrema vulnerabilidad. La modernidad no es
tnbuciones mexicanas de Ángel l\Iaría Garibay y Miguel León-Portilla renunciable y negarse a ella es suicida; lo es también renun-
(1 'isió11 de los tJencidos, l\léxtco, UNAl\!1, 1954) en el redescubrimiento de la
ltteratura y la filosofía de los pueblos indígenas, y las contnbuciones andí-
ciar a sí mismo para aceptarla.
nas de Jesús Lara y José ~laría Arguedas. Una antropóloga, Laurette
Séjourné, ha dado fundamento actual al alegato sobre los indios (Antzguas 2. Co7!flictos del regionalismo con la modernización
cultura.r precolombinas, Madrid, Siglo X.."\:1 de España). En la misma línea el
\"Olumen de Nathan \Vachtel, Lc1 vision des vainctts. Les indien.r du Pérott devant
Este conflicto secular ha sido denominado de muy diversas
k1 co 11q11éte, espagnole. París, Gallimard, 1971. De su prólogo es esta observa-
ción: "Hay que esperar los tiempos contemporáneos, el fin de la hegemo- maneras a lo largo del tiempo. Fue inicialmente el de religión
nía europea y los movimientos de descolonización, para que el Occidente y moral católicas vs. paganismo y salvajismo indígenas.
adquiera conciencia de que las demás sociedades también existen, o sea Después tomó otros nombres: libertad de comercio contra
que tienen su historia particular, que no por fuerza sigue los pasos del
monopolio colonial; emancipación republicana contra colo-
modelo europeo. Con el avance de las ciencias antropológicas, sociológi-
cas, históricas, el mundo llamado 'subdesarrollado' (con respecto al niaje imperial; principio europeo contra principio americano
· Occtdente) surge en su origu1alidad y complejtdad: el campo de las cten- (Sarmiento); liberalismo contra conservadorismo; progreso
oas humanas sufre un Yuelco al caer el europeocentrismo."

Ángel Rama • 83
posmvo contra oscurantismo religioso y atraso indígena; concluye identificándolos con la nacionalidad o la reg10n,
pensamiento social revolucionario contra pensamiento re- puede ser ilustrada por la religión católica, que es la que
trógrado oligárquico. Desde hace dos décadas, es el conflic- cuenta con mayor tiempo de asentamiento y más honda
to de la modernización y el tradicionalismo, pero también penetrabilid~d popular. En el último tercio del XIX en que
del centro y la periferia, de la dependencia y la autonomía. se produjo la modernización positivista, llegó a ser el modo
Los equívocos del dualismo modernidad/ tradición no expresivo de las reivindicaciones rurales contra la acultura-
son mayores que los antiguos ni mezclan menos virtudes y ción violenta a que estaban siendo sometidas las poblaciones
perjuicios. Sin embargo ninguno se repite estrictamente, ni delas regiones internas (el trágico episodio de Canudos que
hay modo de que ningún contemporáneo pueda asumir contó Da Cunha en Os sertOes, 1902).
siempre el mismo puesto en las diversas dicotomías, pues lo El esquema puede ser visualizado como una constante
peculiar es el desplazamiento: la religión, que pertenecía al pulsión externa que a lo largo del tiempo pasa de periodos de
beligerante impacto externo, pasó a ocupar la defensa del intensificación a otros remansados, sucesivamente, presen-
campo interno desde el siglo XIX, oponiéndose a las ideo- tándose a cada nueva irrupción con un pertrechamiento inte-
logías que entonces visualizó como "foráneas"; lo mismo lectual y técnico renovado. Menos dinámica, pero no por eso
puede decirse del liberalismo a sólo dos siglos de su incor- menos evolutiva, es la línea de desarrollo tradicional de las
poración:La-reaparición de los dualismos se hace sobre nue- culturas internas del continente, en cuyo frente se juega la
vos niveles de desarrollo en cada uno de los campos: en los resistencia y la neoculturación. A pesar de que esta línea con-
internos o se registra una acumulación de potencialidad idio- lleva los patrones culturales generales de la unitaria cultura
sincrática y en los externos una intensificación expansiva de latinoamericana y, dentro de ella, de sus tres vertientes bási-
sociedades que han alcanzado una alta tecnología. cas, por largos períodos no alcanzó la unificación compacta
Ese desarrollo histórico sigue una persistente transcul- que parece en vías de conquistar en estas últimas décadas del
turación del campo interno y al mismo tiempo una fuerte ~y A eso se debe que fueran fragmentos de América, o sea
compartimentación y estratificación que transpone el con- las variadas culturas regionales, las que, independientemente,
flicto exterior/interior en uno que se juega internamertte, hacían frente a la pulsión modernizadora externa y cumplían
con ambos polos representados dentro del continente. La sus etapas de resistencia, recuperación de fuentes y neocultu-
distancia entre los cogollos de sociedades consumistas capi- ración. Esta fragmentación regionalista (en el caso de las cul-
talinas y las sociedades rurales pauperizadas, tipifica esa turas isleñas tan marcada) fue una de las causas de la debili-
bipolaridad dentro de América. Por su parte, el proceso dad y a ,~eces de la extremada fragilidad con que enfrentaron
transculturador se e\~idencia en los desplazamientos que la transculturación, encontrando la acción de poderosas fuer-
registran los corpus doctrinales al cabo de un extenso perío- zas externas que tendían a un arrasamiento de las culturas
do de acriollamiento, posterior al ingreso desde el exterior. internas. La pérdida de lenguas es su índice en las islas anti-
La transformación que sufren en ese acriollamiento, que llanas sometidas a sucesivas y variadas colonizaciones. Como

84 • Regione.r, mltttra.r_y lltem/ttra.r Angel Rama • 85
es índice de la capacidad de resistencia la conservación del
multiplicidad de formas culturales peculiares, ofrecen varia-
español en Puerto Rico, único país de América que consagra
das respuestas al impacto modernizador. Así, el insularismo
un día del año a la Fiesta de la Lengua.
antillano, como apuntamos, se reveló débil ante la fuerza de
En oposición a esta fragmentación de las culturas re-
las pulsiones externas, frecuentemente sostenidas militar-
gionales (que reproduce la fragmentación de países y, dentro
mente, y los "booms" económicos parciales provocados por
de ellos, la incomunicación de enormes extensiones por lar-
la demanda externa de productos (salitre, guano, caucho, etc.)
gos períodos) la pulsión modernizadora ha contado con nor-
originaron violentas y pasajeras modernizaciones, perci-
mas unificadoras, por debajo de las diversas culturas europe-
biéndose sus perjuicios preferentemente en las propias zonas
as que la conducían, sobre todo en los dos últimos siglos que
extractivas que recibieron la menor parte de los beneficios.
corresponden a la vida independiente de América Latina y al
Cuanto más aisladas se encontraban las regiones o subcultu-
desarrollo del capitalismo industrial e imperial que buscó
ras sobre las cuales se ejerció el impacto modernizador,
dominar al planeta. Las d1versas coyunturas de estas diversas
mayores fueron las aculturaciones, pues se contó con meno-
fuerzas han sido estudiadas por Ribeiro bajo las fórmulas de
res defensas y menor capacidad de adaptabilidad. Por lo
modernización refleja y actualización histórica.6 2
tanto, cuanto más integrada la nacionalidad y desarrolladas
Hemos reconocido en la modernización una básica uni- sus tendencias culturales propias, el proceso fue menos per-
dad derivada de la línea técnico-industrial que le ha conce- nicioso, permitió un avance armónico resguardando tradicio-
'
dido alto poderío y que arrastra una conformación cultural nes e identidad y adaptándolas a las nuevas circunstancias.
y una ideología específica. Sm embargo sus aplicaciones en No es el caso de establecer una tipología de los conflic-
América Latina y los efectos subsiguientes pueden ser muy tos culturales en América Latina, que rebasan el marco de
d1stintos, según las variables que la acompañan: épocas dis- este estudio, sino de diseñar una descripción de algunos
tintas, intensidad de su inseroón, tiempo de duración de la ejemplos, sobre todo en su expresión contemporánea, pues
pulsión, adaptabilidad a las circunstancias regionales, resis- ellos proporcionan el fondo cultural sobre el cual se han
tencia que encuentra o dmámica neoculturadora que pro- construido originales aportaciones narrativas en las ultimas
mueve, etcétera. décadas, dado que nuestro propósito es registrar los exitosos
También hemos reconocido una básica unidad de la cul- esfuerzos de componer un discurso literario a partir de fuer-
tura latinoamericana, pues sus tres principales vertientes han tes tradiciones propias mediante plásticas transculturaciones
sido fuertemente encuadradas por los patrones culturales que no se rinden a la modernización sino que la utilizan para
peninsulares (españoles y lusitanos). Sin embargo la extr~ma­ fines propios. Si la transculturación es la norma de todo el
da fragmentación de sus reg10nes con su correspond1ente continente, tanto en la que llamamos línea cosmopolita
como en la que específicamente designamos como transcul-
turada, es en esta última donde entendemos que se ha cum-
62 Op. Czt.. cap. "A Ctvtlizac;:ao Ocodenral e Nós".
plido una hazaña aun superior a la de los cosmopolitas, que

86 • Rt;gzolle.r, clflltmH_y /;lem!mal
ha consistido en la continuidad--histórica de formas cultura- ponentes pero, sobre todo, por reestructuración del íntegro
les profundamente elaboradas por la masa social, ajustá~do­ campo de las fuerzas que diseñan una cultura particular.
la con la menor pérdida de identidad, a las nuevas condicio- Sin embargo, para representar en este apartado ese con-
nes fijadas por el marco internacional de la hora. flicto, preferimos referirnos a una región mucho menos
a) Congeladas ett!tttras indígenas. El conflicto más grave, el de prestigiosa y más desatendida, que corresponde al corazón
solución más incierta, corresponde a la vieja y esclerosada de la América del Sur, a las culturas indias de la selva pluvial
compartimentación entre las culturas indias autóctonas y las amazónica instaladas sobre la red hidrográfica de los afluen-
aportadas desde la inicial conquista y colonización ibérica tes norteños del río Amazonas, en la región fronteriza de
que ha sido seguida por el traslado modernizador a otras Brasil, Colombia y Venezuela donde viven numerosas tribus,
metrópolis (Francia, Inglaterra, Estados Unidos, sobre todo) algunas aún poco conocidas, pertenecientes a diversas fami-
en los siglos posteriores. Su punto de mayor rigidez se lias lingüísticas y culturales. Estas tribús, especialmente las
encuentra en el área andina (Perú, Bolivia, Ecuador) aunque de la región colombiana del Uaupés-Caquetá y de los afluen-
también se revela en diferentes grados en otras zonas de fuer- tes del río Negro en el Brasil, reconocen diversas proceden-
te impregnación indígena (1v1éxico, Guatemala, Paraguay). En cias, pues sobre el primer estrato de la región, que habría
el caso andino, la ':rigidez cultural" <?Petó en ambos campos quedado representado por los actuales Nfakú, Waiká y
enfrentados, frustró los "intentos de- integración y condenó Xirianá, se habrían superpuesto las olas migratorias de los
tanto a la cultura autóctona como a la dominante española a Arawak del norte rlos \J.
actuales Baré ' Manao' Warekena '
autoabastecerse independientemente una de otra, lo que, Baníwa) y otras del oeste procedentes de la poderosa familia
como veremos, aumentó el mutuo arcaísmo y dificultó su Tukino que impregnó fuertemente el área y, según algunos
expansión creativa. Por tratarse del caso más antiguo y grave, antropólogos (Nimuendaju) dio origen a las culturas super-
será el que analizaremos en detalle, estudiando los compo- vivientes en la zona, de conformidad con sus dos alas: la
nentes culturales del área andina, la aparición de los agentes occidental de las tribus que viven sobre los ríos Napo y
de comunicación 0os mestizos), las diversas versiones ofreci- Putumayo y la oriental de la selva tropical brasileña del río
das por las partes, para concluir con el estudio de la obra Negro, con concentración en Sao Gabriel de Cachoeira.
narrat:lva de José María Arguedas como un paradigma de las Después de los documentados estudios de la primera
soluciones transculturadas, registrando, en la construcción de mitad del siglo (Koch-Grünberg, Curt Nimuendaju, Irving
su principal novela, Los ríos prqfundos: 1) las desculturaciones; Goldman,James Steward), en la última década se ha registra-
2) la selección de proposiciones extranjeras preferentemente do una considerable acumulación de investigaciones de la
elegidas entre las heterodoxias recusadoras de la moderniza- cultura tukana, entre las cuales ocupan un lugar relevante las
ción europea; 3) la búsqueda y descubruniento de elementos de Gerardo Reichel-Dolmatoff, a las que se han agregado los
culturales lnternos capaces de responder a la modernización; trabajos de los Hugh-Jones (Stephen y Christine) y Rubin
4) la neoculturación literaria por manejo de todos esos com- Wright. A todos ellos ha proveído de singular punto de refe-

88 • RE;f.?:LOIIe.r. ctt!turm )' lttem!ttmJ Angel Rama • 89
rencia la publicación en Brasil del libro de dos indios ,desana, era ya inalcanzable para el hombre actual de habla quechua")65
Umúsin Panlon Kumu y Tolaman Kenhíri, en una vers10n aunque la legítima y previsible producción india que resultó
portuguesa a cuya traducción contribuyó la antropóloga más habitual fue la que se hizo en el español americano, sobre
Berta Ribeiro: Antes o mundo nao existía. En el prólogo con asuntos sociales, políticos y literarios correspondientes al
que ella presenta el libro, señala que: "En la historia de la ancho cauce de la cultura criolla nacional. El más visible y pro-
antropología brasileña, ésta es la primera vez que protago- ductivo de sus representantes ha sido el aymara Fausto
nistas indígenas escriben y firman su mitología. Tolaman Reinaga, uno de los orientadores del Partido Indio de Bolivia,
Kenhíri, indio desana del clan del mismo nombre, y su sobre quien ha ejercido influencia el modelo del intelectual
padre, Umúsin Panlon Kumu, de 33 y 53 años de edad, res- revolucionario e indigenista del área andina.66
pectivamente, decidieron hacerlo para dejar a sus descen- Otra es la línea que practican los dos escritores indios
dientes el legado mítico de su tribu, convencidos de que, de amazónicos, en quienes se maniflesta la línea defensiva de
otra manera, se perdería o corrompería."63 una resistencia cultural que sin embargo no deja de eviden-
Su observación evoca un distingo hecho en 1928 por José ciar las profundas transculturaciones ya cumplidas. Antes de
Carlos Mariátegui acerca de la literatura indigenista de su considerar su libro, conviene anotar que el área a la que per-
época: "Es todavía una literatura de mestizos. Por eso se llama tenecen es de las más extensas y menos habitadas de los tres
-indigenista y no -indígena. Una literatura indígena, si debe países limítrofes en que está aposentada la cultura tukano a
venir, vendrá a su tiempo. Cuando los propios indios estén en la cual pertenecen. 67 Las _tribus se distribuyen a lo largo de
grado de producirla."64 El libro de los desana está producido
por indios y el significado raigal de esta procedencia queda
65 José María Arguedas, ''Taki Panva y la poesía quechua de la República",
acreditado por los asuntos míticos y legendarios que evoca, en Letras peruanas, Lm1.a, agosto de 1955, Año IY, núm. 12, p. 73.
más radicalmente indios que los de múltiples libros que con 66 Fausto Reinaga ha dedicado mucha atención a los problemas del inte-
posterioridad a Mariátegui fueron publicados en lenguas lectual, desde su Alcides Arguedas, La Paz, 1960, con especial desarrollo en
autóctonas de América por quienes eran indiosmestizados (es tres libros: E/ indio J' el cholaje, proceso a Í'emando Díez de Aledina, La Paz,
PlAlZK, 1964, y L..a "íntell~gentsia" del cholap bo/itJÚIIIo, La Paz, PlB, 1967, El
el caso del libro de poemas Taki Parwa, de Kilku Waraka indio y /o.r escritores de América, La Paz, PlB, 1968. El tono polémico de estos
-Andrés i\lencastre- que José María Arguedas encomió por libros y de sus numerosos trabajos doctnnales, ha motivado respuestas.
su dominio del idioma que estimó sólo comparable al del Entre éstas, Yéase Luis Antezana, E/ populiJmo mo/!oJ' la necesidad de comba-
tirlo, La Paz, 1970.
0/lantqy, sorprendido de su pericia: "Creíamos que tal dominio
67 Para la zona colombiana, Reichel-Dolmatoff señala- que la Comisaria
del \'aupés, creada en 1910, tiene un área de 100.000 kilómetros cuadra-
dos con una población de 14.000 habitantes, y que la Corrusaría del
63 /-lnteJ o 1111111do 11oo exLJtza. Sao Paulo, LiYraria Cultura Editóra, 1980, p. 9. Guainía, creada en 1963, tiene 78.000 kilómetros cuadrados con sólo 4.000
64 S zete
- en.rc!J'OJ _ae habitantes. \' éase Amazonia// cosmos. The Sexual al/(/ Religious Symbolism o( the
J - -•
wterpretaao11 J
ue '
10 reattrd'"1 pema11a. Caracas, Biblioteca Tukiino IndíaiiJ, Chicago, The University of Chicago Press, 1971, p. 9:
A~·acuchb, 1979, p. 221.

Ángel Rama • 91
90 • Regio;¡es. cult11ras_y litera!ltras
los ríos, especialmente en la zona de rápidos (cachoeiras), ra de óperas populares) con aprovechanúento de sistemas
con una laxa vinculación entre las "malocas" que habi~an. Su modernos de comunicación (preferentemente el cine que
número se ha reducido progresivamente, al punto que los estudió en sus años pasados en Sao Paulo cuando se espe-
que hablan la lengua desana no parecen superar hoy a los mil cializó en ciencias sociales) produciendo un complejo barro-
indi\-iduos. Sus contactos con las culturas occidentales han co, disonante, antiguo y a la vez muy sofisticado.
sido constantes, intensificándose desde la instalación en su En su libro A expressdo amazonense: do colonialismo ao neoco-
territorio, desde 1926, de la .Lv1isión salesiana, y han aumen- lonialismo, Marcio Souza dictamina que "la historia del
tado volviéndose peligrosamente disolventes desde los pro- Amazonas es la mas oficial, la más deformada, enclavada en
yectos de la carretera perimetral norte del Brasil. la más retrógrada y superficial tradición oficializante de la
La región conoció un efímero esplendor a fines del XIX historiografía brasileña" 68 y ataca esta situación desde el
y comienzos del :X.,.'( cuando el "boom" del caucho, que en ángulo de un escritor altamente modernizado que maneja
la literatura dio lugar a los informes de Euclides Da Cunha creativamente las categorías marxistas y las estéticas más
y a las imágenes del "infierno verde" que recorrió Arturo recientes: "El arte es una escritura peligrosa, un ejercicio de
Cova en La vorágine de José Eustasio Rivera. ·un sector mar- contramasacre, luchando· en el terreno en que se estableció
ginal, correspondiente a la zona del Marañón que rige el lenguaje del silencio, represivo y castrador".69
Iquitos, en el Perú, ingresó a la literatura en la novela de Registrando el etnocidio sistemático de la civilización
Mario Vargas Llosa La casa verde. Más recientemente, la occidental en su desplazamiento por el mundo, Marcio
Amazonia brasileña, que ya había sido asunto de muchos Souza apunta su fracaso tecnológico al llegar a los trópicos
libros de escritores pertenecientes a otras regiones del país, que va acompañado por el de los mtelectuales: "Lo mismo
ha revelado una productividad literaria mayor, la cual tradu- sucedió con los artistas civilizados, que nunca resolvieron
ce el afán de resguardar y acrisolar sus peculiares tradiciones. los enigmas dellenguaj~ regional." 70 Estas comprobaciones
Nadie lo ha expresado mejor que l\hrcio Souza (1946), conducen a reponer el ya viejo discurso americano opuesto
desde la publicación en 1976 de su folletín Calves_. imperador al eurocéntrico; que a lo largo de no menos de dos siglos se
do Acre y nadie ha procurado como él fundamentar esta acti- ha apoyado una y otra vez en el autoctonismo indígena: "Un
tud con un discurso histórico y teórico que revive en el conocimiento más detallado de las culturas ·autóctonas echa
Brasil la perspectiva cultural regionalista, cuya manifestación por tierra las viejas pretensiones etnocentristas. ¿Cómo tildar
en los años veinte ya hemos visto. Más que en las novelas, de bárbaras a culturas que han producido páginas literarias
donde maneja técnicas narrativas folletinescas emparenta-
bies con algunas usadas por García Márquez, la peculiaridad
de la producción literaria de Marcio Souza radica en la 68 A e:-..prusiio a!Jia'{OIIetJ.re, Sao Paulo, Ed1tóra Alfa-Omega, 1978, p. 17.
combinación de formas tradicionales (rituales o escenifica- 69 Op. át., p. 28
ciones indias, composiciones musicales y dramáticas a mane- 70 Op. át.. p. 34.

92 • Re!lione.r. cultura.r v /ztertt!Nt<t.r Ángel Rama • 93
nica. Lo reconoce el mismo Diegues ("la Amazonia es, pues,
como las reunidas por Nunes Pereira en Moronguetá, um fundamentalmente indígena, y esto constituye su caracterís-
Decameron Indígena? ¿Cómo calificar de primitiva una civiliza- tica más fuerte cGmo región cultural") 72 aunque está más
ción que reúne lo dionisíaco y lo apolíneo en una sola fuer- interesado que en esta continuidad cultural de siglos en los
za creadora? Entre los indios no hay separación entre traba-
productos de la miscigenación co~ _el portugués ~ con las
jo manual e intelectual, entre poeta y filósofo, entre vida y
poblaciones nordestinas, en la~ ac~v1~ades extractl~as (cau-
ser." 71 cho) y en la adopción de la cocma mdia, todo combmado en
Hacia ese conoc;imiento de las culturas autóctonas, tanto el molde de los patrones culturales occidentales que mode-
en la fuerza de su persistencia secular como en los procesos
lan al Brasil.
de gradual mestización, apunta el libro de Umúsin Panlon Sin embargo, esta inmensa región selvática, escasamente
Kumu y Tolaman Kenhíri, que corresponde al estrato inte- poblada, no sólo conserva uno de los hábitats me~os toca-
rior más profundo de las literaturas latinoamericanas, porque dos por Occidente que se conozcan en el mundo, smo tam-
está ligado a una lengua india, porque busca recuperar la bién una sociedad extraordinariamente conservadora de sus
visión mítica de una cultura e insertarla en la sociedad tradiciones sociales, económicas y culturales. Para entender ·
contemporánea que le es ajena, porque no es una mera los productos literarios que emergen en este profundo estra-
remanene1a arcaica que se adscribe al capítulo sobre "litera- to de las culturas americanas, es indispensable una breve
turas p"recolÜmbinas" sino una obra contemporánea produ- visión sumaria de sus características.
cida por ese segundo trauma que -freudianamente- revive el El resumen que en 1948 hacía Irving Goldman (a quien
primero originario y que es consecuencia del proceso debemos el más amplio informe sobre los Cubeos? 3 de las
modernizador en curso. tribus de la región del Uaupés-Caquetá, reconocía tres pro-
En su descripción de la Amazonia, Manuel Diegues pone cedencias (tukáno, arawak y caribes) de las cuales la más
el acento en la unidad cultural del hombre amazónico a extensa correspondía a no menos de 18 tribus tukino exten-
pesar de las diversidades de sus muy diversas actividades, didas en el cuadrilátero que tiene al norte el Guaviare, al este
con lo cual concede puesto central en la conformación cul- el Río Negro y el Guiainía, al sur el Caquetá y al oeste la
tural de la región a la mestización criolla básicamente regida muralla de los Andes. Los rasgos culturales de toda el área
por pautas portuguesas e Impregnada por el sustrato indíge-
eran sintetizados así por Goldman:
na. Los testimonios antropológicos del último medio siglo
han probado la pen·i\·encia de poderosos contingentes
indios que no pueden ser asimilados al "caboclo" amazóni- 72 :\Ianuel Diegues, Reg10es cultttrais do Bras1/, Rio de Janeiro, Centro
co que de hecho describe Diegues y han permitido acceder Brasileiro de Pesquisas Educac10nais INEP, 1960, p. 221.
a las fuentes originarias de la peculiaridad cultural amazó-
73 The Cubeo Jndia 11s of the North1ve.rt Amazon. Urbana, Umversity of Illinois
Press, 1963.
71 o'P· al.. p. J'7 .

Angel Rama • 9S
94 • RPoirmP r. ndtur/Jr 11 fj¡p¡nfllr/H
Destacan primero el cultiYo de la mand10ca amarga y la pesca,
intercambio qu~ permltlo a éste una inteligente lectura de
con la caza en segundo lugar; el uso de grandes casas multifa-
sus peculiares formas culturales.
miliares, constituyendo cada una un grupo de parentesco local,
en vez de aldeas; un complejo de ritos masculinos asociados· Los textos que Reichel- Dolmatoff transcribe son pocos,
con el culto a los antepasados, al que se ha refendo inadecua- grabados en sucesivas sesiones de trabajo y articulados en un
damente la literatura al respecto como yurupari; la existencia discurso coherente. Son muy diferentes de los que encontra-
de clanes patrilineales; máscaras pintadas de corteza y tejidos, mos en el libro de Tolaman Kenhíri, quien, a diferencia de
distribuidas desigualmente en la zona; bebida frecuente y pro- Antonio Guzmán, los escribió él mismo en lengua desana y
longada de chicha, siendo común la intoxicación; mascado de él mismo, con ayuda de Berta Ribeiro, los tradujo al portu-
coca pulverizada mezclada con cenizas de hoja y el uso de lia- gués. ?v1ientras Antonio Guzmán había llegado a vivir en
nas que producen VlSlones; el chamanismo asociado con el Bogotá y su educación le permitió ocupar puestos de maes-
jaguar y el notable acento en la brujería. La organización tribal
tro, Tolaman Kenhíri (en portugués Luis Lana) vive en la
es débil o no existe, y la autoridad investida es el líder del clan
aldea de Sao Joao sobre el río Tiquié, aprendió portugués en
o del grupo de parentesco local.74
la l'v1isión salesiana e inferimos que también ahí, aprendió a
Posteriores estudios no se han apartado demasiado de escribir el desana. El libro Antes o mundo náo existía está fu-
este sumario. Los desana, que viven en las riberas del Papurí mado por él y su padre (Umúsin Panlon Kumu = Firmiano
y del Tiquié, en la latitud de la línea equinoccial, habitan dis- Arantes Lana) pero éste, que nunca quiso aprender portu-
persas malocas de grupos familiares entre 20 y 100 personas gués aunque permitió que lo hicieran sus hijos, cumple el
y se caracterizan por las prácticas exogámicas con residencia puesto de informante, prevalido de los conocimientos que le
'ririlocal, lo que ha contribuido a los vínculos entre las diver- otorga el ser kumtt de su tribu, función educativa espiritual
sas tribus tukano. El mejor testimonio que poseíamos sobre emparentable con la de los pqyés, que ya en su libro Reichel-
su cultura procedía hasta el presente del excelente libro de Dolmatoff había establecido como la más alta en el conoci-
G. Reichel-Dolmatoff,7 5 gracias a un informante desana de miento de los mitos, la que autorizaba una sabiduría (mashí-
nacionalidad colombiana, Antonio Guzmán, que es quien doán) que permiúa la más profunda comprensión del signifi-
cuenta la cosmología y los mitos de la tribu del Vaupés a que cado de lo que, para la mayoría de la tribu, no eran ya sino
pertenecía, y quien mantuvo con Reichel-Dolmatoff el largo rituales_76 Berta Ribeiro señala en su introducción que de
todos sus hijos, es Tolaman Kenhíri quien está más apegado
a la tradición que representa su padre, al punto de haber
74 "Tnbes of the U aupes-Cagueta Region", en Julian H. Ste\vard (comp.),
heredado, mediante el aprendizaje correspondiente, el pues-
Handbook o/ South Amencan lndiuns. Washmgton, Smithsonian Instltution,
1948, pp. 763-764. to de kumu.

7 5 Destina; SÚJibolzsmo de los indios tukcino del r ~wpé.r, Bogotá, universidad de
-----·------
Los Andes, 1968. T raducc1ón ~nglesa orada: /lmazomc/11 rosm os, 1971.
76 ./lmazonian cosmos, cit., pp 249-252.

96 • R~gione.r. m!tttra.r_y literatura.r Ángel Rama • 97
Los motivos que le llevaron a escribir el libro son curio- modelo de mtelectual, representado por el antropólogo, un
sos: por una parte el deseo de resguardar tradiciones que típico agente de cont<J.cto cultural que en las últimas décadas,
estaban perdiéndose en el proceso de aculturación que está por obra de una generación joven marcada por los movi-
viviendo la zona; por la otra el sentimiento de que la apari- mientos tipo 68, sustituyó la neutral recolección de datos
ción del grabador permitía que "hasta muchachitos de 16 para estudios académicos, por una participación mayor en
años" comenzaran a registrar la memoria de los ancianos, los destinos de sociedades indias que vieron en proceso de
con peligro de que "todo mundo va a pensar que nuestra desintegración. La positiva revalorización de la herencia cul-
historia está errada, va salir todo desordenado''. De ahí la tural de las sociedades arcaicas hecha por esos antropólogos,
resolución de escribir él mismo lo que su padre aceptó dic- ha servido de modelo para la emergencia de éste que no
tarle, en unos cuadernitos de una raya que le proporcionó el puede designarse sirlo como un intelectual, un escritor,
padre Casemiro Beksta de la misión salesiana. Un orgullo de indio. Su producción es incomparablemente más interesante
autor, autor de libros, que Berta Ribeiro estimó cuando le y valiosa que la que han propiciado otras influencias educa-
conoció, ante la resistencia de hijo y padre a tr~nsformarse tivas ejercidas sobre los indios, como las procedentes de las
en informantes: ''Ambos alegarán que nosotros, antropólo- misione~ religiosas qoe, a pesar de los progresos en su per-
gos, vamos a sus aldeas, colectamos sus leyendas, estudia- cepción del problema cultural indio, no pueden sino corro-
rnos sus tradiciones y después publicamos nuestras obras en er su cosmovisión procurando sustituirla por la religión
Brasil y en Estados Unidos, mientras ellos, sus depositarios, occidental y las procedentes de los grupos políticos y socia-
ganan unos míseros presentes" de lo cual salió la resolución les que buscan la misma corrosión para sustituir una concep-
de Berta Ribeiro de ayudarlos a que el libro apareciera bajo ción mítica por una clasista y social de acuerdo con sus
sus nombres y que el copyright les perteneciera. diversas doctrinas.
Es aquí evidente una conciencia del libro y del autor, que Bajo la influencia del modelo antropológico se alcanza
obviamente no pertenece a las tradiciones culturales de la una forma de resistencia cultural, de preservación de identi-
tribu sino a las prácticas de la cultura brasileña, previsible- dad, la cual no deja de asemejarse a la que vanamente y trá-
mente conocidas a través del trato escolar, la cual es asumí- gicamente trataron de preservar los franciscanos milenaris-
da y manejada en contra de las imposiciones de esa cultura. tas en el primer siglo de la colonización (la obra del padre
La ambición de los autores se c1fró en que el libro volviera a Mendieta en la Nuevil España) forjando una quimera aisla-
la tribu y pudiera ser leído por los jóvenes que están perdien- cionista. Pero en la medida en que estos intelectuales indios
do los lazos culturales mternos, como un modo de contra- trabajan sobre un fondo c~ltural aún viviente, inmersos en
su máscaras sociales. No es por eso menor la transcultura-
balancear una educación que, como apunta la antropóloga,
ción que se percibe e!l su trabajo.
habla más de Grecia, Roma y la historia polític;l de Río de
La resistencia cultural que anima su libro transita ya por
Janeuo, que de los asuntos concretos de la vida desana y de
un nuevo sistema edocativo (y por ende sociocultural), por
su pasado. Pero es aquí tamb1én evidente la presencia de un

Ángel Rama • 99
98 • R~i{toner, mlturas y lttem/ttt<lf
el manejo de la escntura, por med10s de comunicación que, ginación los complejos códigos que se ponían en ejecución
por prestigiosos que nos parezcan en las sociedades moder- en las fiestas comunitanas. El atroz empobrecimiento que
nas, son bastante más pobres que los tradicionales de las implica la escritura, los prmcipios de la gramatología con su
sociedades arca1eas. La transnusión de los mitos de la crea- sistema de signos gráficos despojados de voz y de piel, se
ClÓn y los mitos explicativos de la realidad ambiente, se ejer- testimonia en este salto que ha hecho ingresar a un indio a
cía en las malocas desanas a través de dos fiestas colectivas los sistemas culturales modernos.
(dabucurí y cachirz) de las que participaban todos sus habitan- Por nuestra experiencia con un género literario pri-
tes y los moradores de malocas vecinas. Eran fiestas a las que vilegiado que desde Aristóteles oponemos a todos los demás
se asistía con pinturas ceremoniales, instrumentos mús1cos, géneros, el teatro, que hunde su~ raíces en el nto religioso,
atuendos especiales, donde se cumplía con un prefijado conocemos la enorme distancia que separa el espectáculo
ntual, se bebía, se danzaba y se recitaban los mitos con par- teatral de su partitura, es decir, de su texto, y podemos medir
ticipación de los kumu y pqyés que por lo común eran los la dificultad técnica extremada que encuentra el escritor para
ancianos de la tribu intensificándose ese clima comunitario insertar en el nivel gramatológico la presencia de los múlti-
'
por el uso de drogas, en particular elyq;é. 77 Es esta comuni- ples códigos que conforman la escena teatral (los gestos, las
dad orgámca que religa a una colectividad, alcanzando una entonaciones, las luces, los trajes, etc.). Conservamos ~1 texto
participación espiritual~ física, social, que maneja la plurali- de la adaptación escénica dialogada de la pantomima Juan
dad de energías emocionales y racionales de lGs seres huma- Moreira, que hizo Juan José Podestá, más que a partir del
nos, la que ahora resulta sustituida por un hombre que ya no folletín de Eduardo Gutiérrez, a partir de esa pantomima
habla a otro smo que escribe y escribe solitariamente con su realista; nuestro conocimiento histórico de cómo era ese
lápiz y papel, ambicionando que otros hombres lejanos e espectáculo puesto sobre la escena permite medir la enorme
igualmente solos lo lean y procuren reconstruir con su ima- distancia a que se encuentra el texto escrito y la suprema
pobreza expresiva que manifiesta.7 8 Puede inferirse algo
semejante del libro de Tolaman Kenhíri, respecto a los
modelos que conocemos por los testimonios antropológi-
77 Informactón en el cttado ltbro de Retche!-Dolmatoff, Amazomclll tOJIJIOJ.
cos. c;on un segundo empobrecimiento que podemos hacer
en el capítulo 5, ''SoClety and the supernatural", pp. 159-166. Tambtén
con otros libros del rmsmo autor, The shaman and tbe ;aguar: a stm61 ~~ nco·- derivar de las observaciones de Basil Bernstein acerca del
cotzCJ· dmgs amol'.._~ the l11dum oj Colomblll. Ftladelfia. Temple Um,·erstt}' Press, uso popular en la lengua de "códigos restringidos", "símbo-
1975; B~yond the ,\1t!l~y lr7<9': hallunl!a!or)' tmagery q/ the Tukcino Indum. Los los condensados", "roles colectivos", que no pueden sepa-
Angeles, UCLA Latln Amencan Center Publtcanons, 1978; y en algunos
de los E..tudzoJ cmtropológzco.r, Bogotá, Insututo Colombiano de Cultura,
1977, espee1almenre el brillante "Cosmología como análtsts ecológtco· una
perspecti,·a desqe la selva plunal", antenormente publtcado en :\[an 11 78 Lo he anal!zado en rm l!bro Lorgauchipolítzcor noplatenses. Lteratura_y socie-
(3), 1976. dad, Buenos Atres, Caltcanto, 1976.

100 • Regione.r, atlturas y lztemttmJJ Ángel Rama • 1 O1
rarse del contexto y que lo presuponen, aunque no lo regis- ción de los discursos anteriores remplazados por los nuevos
tran en la escritura. 79 mejor fundados, la literatura ha venido recibiendo una consi-
En esta transposición de un espectáculo compartido y derable masa de materiales que ha abandonado su originario
vivido por sus ejercitantes, cuyo modelo histórico fue el diti- cauce disciplinario, trasladándose a otro encuadre que le
rambo griego preanunciador de la tragedia (y cuyo modelo proporciona significación y valor perviviente. No hay en
contemporáneo "en la Amazonia brasileña puede rastrearse esto nada nuevo en la historia milenaria de la cultura. La lite-
en algunas piezas de Marcio Souza que parten de modelos ratura latinoamericana ha recibido la ingente masa de las
indígenas, como Tem piral/ha no piraruem y As folias do látex), 80 crónicas de la conquista y la colonización y la ha aceptado;
reconstruido ahora como un texto escrito, encontramos está ahora en camino de recibir la más ingente acumulación
subrepticiamente la permanencia del "informe antropológi- de la hagiografía, la catequística, la oratoria sacra y la histo-
co" como guía, lo cual apunta al predominio del nivel deno- riografía religiosa. También recibió el discurso religioso,
tativo y referencial del texto, por incapacidad para traducir ritual e historiográfico indígena (Popo! Vuh, Chilam Balam,
en él la pluralidad connotativa y ricamente simbólica del etc.) y muy tempranamente lo incorporó a la literatura debi-
espectáculo original. Con todo, debe reconocerse que la cos- do a su prestigio fundacional.
mogonía que cuenta Tolaman Kenhíri es más sutil, comple- Esta alta receptividad para la producción heterogénea del
ja y cargada de sugerencias que la que Antonio Guzmán pasado, no ha sido acompañada de una similar para la
comunicó a Reichel-Dolmatoff que, en el cotejo, parece res- mucho más amplia que en el último siglo ha hecho la antro-
ponder a una racionalización más avanzada y a una adapta- pología. El monumental corpus de mitos y leyendas recogido
ción más rigurosa al modelo "informe antropológico". por los antropólogos prácticamente no ha rozado a la litera-
Con todo, la mayor importancia del libro Antes o mundo tura, ni ha provocado el interés de los estudiosos contempo-
nao existia queda por decir, aunque ella implica proponer una ráneos, ni aun de aquellos que vienen proponiendo una
modificación, realmente urgente, en el habitual manejo de renovación del concepto de literatura pero siguen estudian-
las concepciones literarias. Por un deslizamiento derivado de do las que tradicionalmente se han llamado obras literarias,
la creciente especialización y tecnificación del discurso his- según la pauta cultista de esta indesarraigable "ciudad letra-
toriográfico, que se caractenza -como otras disciplinas cien- da" que rige al continente desde los albores de la coloniza-
tíficas o pretendidamente tales- por una incesante cancela- ción hasta hoy.
El libro Antes o mundo nao existia es una obra literaria y
pertenece de lleno a su órbita específica, incluso por esta
79 Véase Class, codes and control. Londres, Routledge and Kegan Paul, 1971-
1974, 3 vols.
transculturación que significa haber adoptado el libro como
vehículo de comunicación y haber asumido un modelo pro-
80 Tem ptran/;a no ptramen c.-'- As jolias do láte.Y. Río de jane1ro, Codecrí,
1978. \' éase tambtén su Teatro tndígena do Ama~OIICIJ. Río de Janeuo, cedente de los discursos intelectuales en vigor en la moder-
Codecrí, 1979. nidad. Al trasponer una fiesta ritual a un texto escolar y al

1()2 • Rel'fOIJCS, arl!llliiJ r /¡/emturar Ángel Rama • 103
mane¡ar las dos lenguas pnnopales (desana y porrugués) Vlduos, según doctrmas, todas, sm embargo, pecan de des-
para asegurar una comumcaoón ampha, de radio naoonal, atenClÓn para los aspectos estnctamente hteranos del men-
entra de lleno a la hteratura brasileña, dentro de un estrato sa¡e, los aspectos poéticos dma Jakobson, deb1do a que fi¡an
lím.tte en el espesor de la producoón llterana de cualqU1er elmterés en la comumcaClÓn de sigmficacwnes para some-
época. Era una obra en lengua milla, trasm1t1da oralmente y terlas luego a una lectura de símbolos en una suerte de eve-
por lo tanto fipda por la censura comumtana, situada den- mensmo. Tal concentraciÓn sobre s1gmficados, traducibles
tro y fuera de la histona, que registraba un género compues- además, ha s1do legmmada por Lév1-Strauss, lo que sm duda
to (palabras, ntmos, creencias, danzas, d1bu¡os, olores, sexo, ha revertido en la mayor eficac1a de su anáhsis lógico-estruc-
p1el) destinado a regular la v1da de la comumdad, es ahora un tural que mvesuga categorías, pero ha per¡ud1eado una esti-
texto con autores md1V1duales, en lengua portuguesa, del maCIÓn llterana y, por lo m1smo, una captaciÓn mtegral del
género relato mítico, que ha adqumdo marcados rasgos de la sentido.8 1 El d1~t1ngo que tesoneramente ha llevado adelan-
defm1c1ón cornente (ocCidental) de llteratura. te LéV1-Strauss separando la hteratura del rmto, decretando
El vasto con¡unto de esos matenales hteranos (un m1to la traductibilidad de este último para hacer descansar su ope-
es un cuento ha diCho Barthes) que usualmente son llama- ratindad en los haces de sigmficaClÓn desprendidos del
dos antropológiCos, está vlSlblemente mtermed1ado por las texto m1smo, no es obviamente conVIncente m se a¡usta a
re¡illas mtelectuales epocales y las pnrrutivas de los antropó- cualquier mensurae1ón hnguística de un mensa¡e. Es rmpen-
logos Basta comparar una recopilaCIÓn con otra, aun las sable un texto en que no cumplan una fune1ón los slgmfi-
refendas a la misma comumdad, basta con cote¡ar dos épo- cantes, m actúen sobre la producción del sentido Llegar a
cas distantes en la recolece1ón En estos últimos casos se ese plano de la mterpretaoón parece: por ahora excesivamen-
hacen nÍtidas las re¡illas culturales de cada época de te amb1c1oso, cuando rec1én se traba¡a en la determmac1ón
Oce1dente, tal como ocurre con las obras hteranas al cabo de de los códigos a base de los cuales se construyen los mensa-
pocas décadas de d1funilldas, en los pnmeros se puede esta- Jes Con todo, se ha avanzado lentamente en la aprec1ac1ón
blecer una tipología que tiene marcas de fábnca con nom- de las operacwnes psíqu1cas que pres1den su construcClÓn,
bres presug1osos· Frazer, Boas, Lévy-Bruhl, Mahnowsk.t, las que conocemos por la larga contnbuc1ón de la retónca.
Whorf, Lev1-Suauss, etc Estas re¡illa:, sufren modificac10n Los estud10s de Re1chel-Dolmatoff :,e hacen cargo, en la
cuando es un md10 qU1en compone el relato, pero no por eso med1da de lo posible, de estos problemas Su lectura apela a
desaparecen, por la me1dene1a que sobre cualqU1er md1V1duo los habituales métodos de srmbohzaoon, con una marcada
uenen los patrones culturales que lo ngen Inclmaoon fteud1ana, aunque afinándolos por la mcorpora-
Toda:, ellas tienden a establecer un mforme ob¡eti,·o, a CIÓn de la ttopología que le perrmte reconstruir las operac10-
encadenar coherentemente un d1scurso v aunque a partir de
estas rmposlCIOne:, que llamaríamos "antropológKamente 81
\'ea~ e ll!tlllopologtt •llltt!male Pall~, Plon, 1958 (cap XI, "La ~rrucrure
genéncas" uenden a divetslficarse según épocas, según mdi-
des ffi\ the,"), ,\,fytf,o/ol,tqlle• P,u1~, Plon, 196-1-, (t 1, Le o u el le qmt)

104 • Regtones. cultuws y lzteratu!al Angel Rama • 105
nes que deben recurrir a las metáforas o a las metonimias.82 Éstas, por ser las lenguas dominantes, se han transformado
De hecho, parte del reconocimiento de las represiones que en los vehículos por los cuales recibirnos buena parte de la
son componentes obligados de las culturas, observando su producción literaria indígena, como lo ejemplifica el esfuer-
acción sobre la producción de mensajes, es decir, sus enca- zo de Kenhíri, quien después de escribir en desana su libro
denamientos analógicos y sus desplazamientos sobre ele- lo tradujo al portugués, mientras que el texto mítico propor-
mentos contiguos, para lo cual debe rehacer el conocimien- cionado por Antonio Guzmán se ha formulado en español.
to minucioso del hábitat para aproximarse al significado de Berta Ribeiro ejemplifica cabalmente el problema al rese-
textos que muestran una muy alta contextualidad implícita. ñar su colaboración para traducir el texto desana al portu-
Su lectura es persuasiva y ha sido celebrada por Lévi-Strauss. gués. Optó por una traducción estrictamente literal, palabra
Sus limitaciones responden al casi insoluble problema lin- a palabra, para aquellos pasajes que el autor, Tolaman
güístico, tanto de los textos como del área en que se produ- Kenhíri, había dejado en desána en su propia traducción.
cen, los cuales pueden medirse por las dificultades que apun-
La traducción literal permite, según yo, inferir la estructura de
ta Berta Ribeiro para la traducción al portugués del original pensamiento de los Tucáno y el significado simbólico de
de Tolaman Kenhíri. expresiones como Tolaman Kenhíri ponlan, el clan al que per-
El desana -recordemos- es una lengua en vías de extin- =
tenecen los autores. Tolaman nombre propio; Kenhíri flo- =
ción hablada por no más de mil individuos dispersos en =
res o d1bujos que aparecen en los sueños; polan descendien-
malocas a lo largo de los ríos Tiquié y Papuri, la cual pertene- te. Antes, esta expresión había sido traducida por "hijos de las
ce al tronco tukano que manejan no menos de dieciocho tri- flores del sueño".83
bus del área (Goldman) y que oficia de lengua franca. Se suma El mismo problema lo encontraremos en las obser-
a otras di\·ersas familias lingüísticas (Arawak, Caribe, vaciones críticas de Arguedas sobre los poemas y canciones
\X'itoto) distribuidas en desperdigadas tribus, y a la difusión populares en lengua quechua, delimitando la zona irreducti-
del nheengatú, la "lingua geral" indígena introducida por los ble del encuentro cultural que está representada por la tra~
misioneros desde el XVIII, tomándola del tupi que encon- ducción lingüística. En él registraremos las mismas dificulta-
traron en las costas y en la cual aculturaron diversas tribus des que encuentra la antropóloga, cuando agrega: ''Aun así,
(en la región los \'V'arekena). Parece una algarabía lingüística, dejó de darme la traducción de algunas palabras ceremonia-
que se complica aún más debido a las prácticas exogámicas les que considera secretas, o cuyo equivalente en portugués
que trasladan a las mujeres a la residencia marital, y todavía desconocía.''
más si cabe por tratarse de una zona fronteriza en que se Lo que la barrera de la traducción revela es nuestra caren-
mezclan dos lenguas oficiales, el español y el portugués. cia de los códigos culturales que enmarcan los textos indíge-

----------- - -~-~

82 /lmazoman co..-moJ. PP- 93-9f 8)- o'P· al.
. P- _3~.)_

106 • Regioms. mlturaJ y /¡teraturaJ Ángel Rama • 107
nas, los cuales encarnan en las operaciones lingüísticas estric- nes en que la colonización se atuvo a la explotación extracti-
tas que sirven a la formulación del pensamiento y el senti- va y a las crecientes haciendas. Más aún en el largo período
miento, a la significación. Los productos literarios indios que que cubre el XVII y parte del XVIII hasta la reforma borbó-
pertenecen al cauce de la resistencia cultural son los que dise- nica y pombaliana, que sirvió para incubar el regionalismo y '
ñan los límites de la literatura en América Latina, pues mani- el separatismo. En algunos casos las divisiones administrati-
fiestan, como ninguna otra comunicación lingüística, la otre- vas -las Audiencias- sirvieron para consolidar regiones e
dad cultural. Por lo mismo postulan una nueva funcionalidad incluso para fraguar las futuras nacionalidades, pero aun den-
de la literatura, a la cual competería la integración de estos tro de éstas se repitió la rivalidad que las opuso a las capita-
discursos en un marco homogéneo. La literatura ha servido les virreinales, de tal modo que aun dentro de las Audiencias,
a múltiples funciones dentro del continente y (en el mundo) valiéndose de su ejemplo autonomista, se consolidaron regio-
y del mismo modo que en la Colonia fundó la occidentaliza- nes menores, favorecidas por las muy dificultosas comunica-
ción y en la República fundó la nacionalidad, bien puede fun- ciones que las religaban a sus centros dirigentes.
dar en este siglo los mensajes culturales, prestándoles la El mapa latinoamericano está construido a base de regio-
homogeneidad de su discurso. Ya·señalamos que la literatura nes y minirregiones, las cuales se acostumbraron, en perío-
ha ido devorando disciplinas ajenas, bastante más di- dos seculares, a desarrollar prácticas autónomas y endogámi-
vergentes de su ·naturaleza que el "informe antropológico" cas, a partir de: los componentes étnico-culturales, las activi-
que pertenece a la transcripción de las literaturas orales, por dades económicas que les proveían de subsistencia, una
lo tanto afín a las más libres construcciones del imaginario. adaptación no siempre cómoda al marco geográfico y una
laxa aceptación del orden suprarregional. La dominación
3. Regiones maceradas aúladamente real del territorio y su sujeción a los centros administrativos,
sólo se pondrá en ejecución severamente en el último tercio
Las peculiaridades de la conquista y colonización de América del siglo XIX dentro del proyecto modernizador y aun así
Latina son el origen de la multiplicidad de regiones que se serán muchas las regiones que hasta bien entrado el X.,'( con-
desarrollaron lentamente con escasos vínculos con los cen- serven su aislamiento y su peculiaridad cultural, largamente
tros \·irreinales, registrando marcadas tendencias separatistas sedimentada en los siglos transcurridos desde la conquista.
o al menos aislacionistas que les permitieron elaborar patro- En algunos de los actuales estados, estas condiciones,
nes culturales propios, frecuentemente muy arcaicos, a menu- históricamente fundadas, se \rieron acrecentadas por la
do producto de originales sincretismos, los cuales sir\·ieron extensión y por la configu¡ación geográfica: es el caso del
de asiento a fuertes tendencias localistas. El inmenso ternto- Brasil, Colombia, México, Bolivia, cuyo perül regionalista es
rio americano fue dominado en un escaso medio siglo, pero definitorio hasta el día de hoy, aunque cualquiera de los otros
esta dominación se consolidó en las ciudades que dificultosa- acepta nítidas divisiones regionales, aun los más pequeños.
mente regían su cercano hinterland sm tocar vastas extensio- Si son múltiples los índices para componer la definición de

108 • Re.,~ioms. Clf!tnra.r _y !ttera!tll<.t.r Angel Rama • 109
fuera, es sobre aquellos macerados interiormente que ejerce
cada una de las regiones (geográficos, económicos, históri-
su impulso. Pone en movimiento a la cultura estática y tradi-
cos, étnicos, sociales), todos ellos concurren al es tableci-
cionalista de la región enquistada, desafía sus potencia-
miento de peculiaridades culturales ' dentro de las cuales son .
lidades secretas reclamándoles respuesta, conmueve los
educados sus habitantes, especialmente en el período deci-
patrones rígidos extrayéndoles otros significados no co-
sivo de su infancia y adolescencia, al punto de que la mayo-
dificados con los cuales estructurar un mensaje válido para
ría de quienes abandonan sus regiones en la juventud y .se
la nueva circunstancia. La literatura que surge en el movi-
integran a centros urbanos o capitalinos, no pierden la marca
mi~nto conflictivo, no será por lo tanto ni el discurso cos-
profunda con que los ha moldeado su cultura regional, aun-
tumbrista tradicional (que es simple consecuencia de la acep-
que la combinen con otras influencias y otras prácticas. Es
tación del estado de minoridad dominada, en que se es sólo
la norma de los escritores que son absorbidos por las capi-
materia y pintoresquismo para ojos externos) ni el discurso
tales donde muchas veces cumplen su tarea literaria adulta,
modernizado (que también sería una aceptación sumisa con
sin que por eso puedan desligarse de sus orígenes y de los
equivalente cuota de pintoresquismo para ojos internos),
moldes culturales formativos. Claramente se la ve en los
sino una invención original, una neoculturación fundada
nar~adores que llamamos de la transculturación: Joao
sobre la interior cultura sedimentada cuando ella es arrasada
Guunaraes Rosa es indesarraigable de su i\linas Gerais,
por la historia renovadora. En la medida en que la cultura
como también lo es García Márquez del área costeña colom-
tiende a constituirse en una segunda naturaleza que define
biana o Juan Rulfo de Jalisco. Lo que no quiere decir que
aun mejor la interior constitución del grupo humano que la
ellos se conformen al estereotipo que se ha acuñado acerca
genera, podemos decir que la literatura que surge en esas
de sus regiones natales, lo que valdría como una negación
ocasiones de tránsito, encabalga la naturaleza y la historia,
del carácter productivo e inventiva de sus creaciones artísti-
más aún, las asocia dentro de una estructura artística que
cas que, como ya hemos anotado, postula un rescate de for-
aspira a integrarlas y equilibrarlas, conftriéndoles mediante
mas a Yeces desatendidas pero que pertenecen a la configu-
estas operaciones, una significación y una pervivencia: el
ración cultural de la región, las que ellos reelaboran en las
sentido de la historia se vuelve accesible a través del empleo
circunstancias derivadas del conflicto modernizador.
de las fuerzas culturales específicas de la comunidad regio-
Hablar de éste es ya hablar simplemente de la historia. Y
nal, y éstas se insertan en el devenir que la historia postula
es ésta la particularidad del nuevo regionalismo en América
aspirando a prolongarse sin perder su textura íntima.
Latina: corresponde a una instancia histórica en que son
Si el factor histórico puede ser bastante semejante en las
conmovidos los valores y comportamientos tradicionales
diversas regiones interiores latinoamericanas, en la medida en
que han venido singularizando una cultura, adquiriendo
que responde a la pulsión universal de la hora, a los niveles
estatus defmitorio gracias a la repetición. El conflicto
adquiridos por las metrópolis externas para su penetración
modernizador instaura el movi!Jliento sobre la permanencia,
ecuménica, en cambio la composición cultural regional maní-
pero aún más que los objetos o valores que transporta desde

Ángel Rama • 111
11 O • Ref!ioneJ. mlt11m.r v l!tem!!lra.r
fiesta una alta especificidad y una particulandad que difícil- Al vigor y fijeza de estos componentes culturales tra-
mente se rinden a las taxonorrúas que proponen sociólogos o dicionales, puede atribuirse la atención que los novelistas de
economistas. La mayoría de estas regiones tienen acusados la transculturación otorgaron a los arquetipos del poder de
rasgos rurales y son asociadas en algunas de las más afinadas la sociedad regional, y la muchas veces subrepticia y no que-
tipologías (Wagley) con relativa fortuna, pero aun el recono- rida atracción por las permanencias aristocráticas. Hay una
cimiento de los rasgos comunes que servirían para asociarlas visión patricia que subyace a las invenciones de José María
a otras del Tercer Mundo no alcanza para disolver un com- Arguedas, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Joao
ponente irreductible que pertenece a los orígenes étnicos, a la Guimaraes Rosa, la cual funciona sobre una oposición dile-
lengua, a las tradiciones, a las circuns'tancias siempre propias mática entre pasado y presente, donde los reclamos justos de
y originales de su desenvolvimiento. Podemos trazar relacio- la actualidad no logran empañar la admiración por los re-
nes entre Jalisco y I\1inas Gerais, en México y Brasil res- zagos de una concepción aristocrática del mundo que está
pectivamente, tal como los recogemos en la literatura de Juan siendo objeto de idealización. Ha sido detectada esa actitud
Rulfo o de Guimariies Rosa, podemos encontrar similares en el monumental libro de Gilberto Freyre, Casa Grande e
operaciones literarias y ejercicios comunes de un cierto ima- Senzala, que es uno de los capitales productos de la neocul-
ginario popular afín, pero jamás podríamos equiparadas turación regional del X.,'(, pero bajo manifestaciones concre-
estrictamente. Lo- original de cualquier cultura es su misma tas y artísticas puede reencontrarse en casi todos los escrito-
originalidad, la imposibilidad de reducirla a otra, por más fun- res citados: es el universo feudal de señores de la guerra al
damentos comunes que compartan. Esto hace su diferencia cual se incorpora Riobaldo en Gran sertao: veredas, cuya tesi-
con el factor histórico modernizador, al cual no se le recono- tura está emparentada con el imaginario desarrollo por la
ce el terco rasgo específico, interno, perviviente aunque en literatura de cordel, y este parentesco entre el universo de la
cambio se le reconoce a la cultura regional aunque se sea bien ficción literaria popular y el de los hombres que en la misma
crítico de ella. Para Juan Rulfo uno de sus rasgos nefastos es realidad ejecutan acciones similares da nacimiento a la nove-
el que hace que los pobladores "se consideraron dueños la de Ariano Suassuna A pedra do reino,· ese mismo orbe del
absolutos", pero es sobre este valor que construye su novela: pasado idealizado abastece la visión patricia en la cual surge
"Se oponían a cualquier fuerza que pareciera amenazar su la narrativa de García Márquez, construyendo la serie de sus
propiedad. De ahí la atmósfera de terquedad, de resentimien- austeros coroneles de la guerra de los mil días, quienes se
to acumulado desde siglos atrás, que es un poco el aire que ven forzados a presenciar la descomposición de los valores
respira el personaje Pedro Páramo desde su niñez." 8.f en que han edificado su cosmovisión por la aparición de "la
hojarasca" que es movida de un lado a otro por las apeten-
-- --------- cias económicas o por los intereses rapaces políticos y mate-
4
8 "Los muertos no tJenen tJempo 111 espacio (un diálogo con Juan riales de los grupos sociales pueblerinos.
Rulfo)':, en Joseph So_mmers, L1 llm-rati!Ja de ]11a11 Rt~!jo. f11terpretario11e.r mti-
ms. .\Iéx1co, Sep-Setentas, !974, p. 22.
No hay en esta visión una concepción clasista que apos-

112 • Regzones, cultura.rJ' /itera!ttra.r ·Ángel Rama • 113
taría al patriciado contra el populacho vulgar, sino una quien ocupa el puesto de mediador, porque esa es su función
opción cultural que reitera la que ya fue notoria en la moder- primordial en el proceso, y es él quien devuelve al relato esa
nización latinoamericana de fines del XlX cuando aparecie- función mediante personajes que desempeñan dentro del
ron esos mismos patricios enfrenta_?os a los inescrupulosos texto esa tarea. Todo el largo discurso de Riobaldo no es un
comerciantes. Hay en cambio una visión culturalista que monólogo, sino una comunicación a un "senhor" que por lo
defiende una tradición local, un sistema de valores austeros, tanto está presente dentro del texto, a cuyo conocimiento
un pasado que ha conformado a los hombres de la región, lo del medio puede recurrirse confiadamente, y sin embargo
que queda subrayado por la ruina económica en que se está- fuera, en ese límite que diseña la función mediadora. Es
encuentran y por los lazos estrechos que son capaces de des- interno y externo al mensaje porque está encabalgado entre
arrollar con el pueblo bajo que participa de la misma cultura. esa segunda naturaleza de la cultura y la irrupción de la his-
Esta atención por los señores es también visible en las toria modernizadora. La vaguedad con que a veces se· diseña
obras de Rulfo y Arguedas, aunque dentro' de parámetros al mediador apunta a su misma ambigüedad, a sus dobles
sociales más modernos y precisos. Tanto en Pedro Páramo comportamientos, a su vacilación entre un territorio y otro.
como en Todas las sangres (y antes en Diamantes)' pedernales) los Ya lo veremos en el personaje de Ernesto en Los ríos prqfun-
señores son capaces de una grandeza e incluso un desprendi- dos, donde se justifica cabalmente que se trate de un niño,
miento, que pertenece por entero a los C<;)mponentes cultura- pues permite los desequilibrios (imaginación/ operatividad)
les básicos en que han sido educados. Son ejemplos de esa y dispone de la plasticidad necesaria para moverse entre las
"resistencia" de que hablaba Guimaraes Rosa, la que no sólo fuerzas opuestas.
construye las visio~es patricias, sino también mueve la pluma El narrador se introduce en el relato como una de las
de los escritores. Pueden resultar condenados por el esquema fuerzas polares indispensables a la elucidación del esquema
ideológico de las obras pero no pueden sino ser admirados de transformaciones que los textos postulan. En la novela de
por algo que está incluso más allá de su poder o personalidad, Juan Rulfo la bipolaridad es constitutiva de la estructura
que es el sistema cultural propio que representan. narrativa, desde el momento que tenemos dos narradores
Estos personajes representan uno de los polos de un fundamentales, vinculados y opuestos: el narrador personal
esquema de fuerzas; el otro corresponde al narrador de las que es Juan Preciado contando desde su sepultura la historia
historias, frecuentemente un personaje, a veces un elemento de su reingreso a Comala y el narrador impersonal que se
externo a la obra al cual van dingidas las narraciones. Este concentra sobre la historia de Pedro Páramo y sus amores
narrador o este destmatario del relato, ocupa el papel de con Susana San Juan. Aunque las dos narraciones se entre-
mediador, uno de los "roles" característicos de los procesos cruzan e intercalan su distribución a lo largo de la novela no
de transculturación: en él se deposita un legado cultural y esconde sus posiciones opuestas y contrastadas: una abre la
sobre él se arquitectura para poder trasmitirse a una nueva nmrela, dominando toda su primera parte; otra va creciendo
instancia del desarrollo, ahora modernizado. Es el escritor dentro de esa primera narración, como un eco o redoble,

114 • Re<~ione.r, mltura.r_y lz!eratura.r Ángel Rama • 115
para dominar la segunda parte y clausurar la novela con el estructura igualmente discorde, en que la homogeneidad de
ritual del parncidio. la sangre no puede esconder la real heterogeneidad de los
Esta bipolaridad que organiza el texto es acompañada y seres, y es nada menos que la relación hijo/padre. Es ésta
subrayada por múltiples recursos literarios, los cuales se una relación que domina ásperamente la narrativa rulfiana
superponen a la articulación literaria básica establecida ("¡Diles que no me maten!", "No oyes ladrar los perros")
mediante la oposición gramatical: personal/ a personal. En el fraguada sobre la percepción de la diferencia y la ruptura, las
nivel manifiesto del texto esta oposición define la bipolari- cuales sólo alcanzan su más alta visibilidad cuando se refie-
dad de los narradores, pero es además duplicada en el plano ren a quienes están unidos por un vínculo estrecho y ningu-
del contenido porque coloca como objetos de cada enuncia- no mayor que el del lazo de sangre entre padre e hijo, con
ción a los dos términos opuestos hijo/padre que constitu- tesonera exclusión del término materno ("La herencia de
yen la clave significativa de toda la literatura rulfiana. El Matilde Arcángel"). Juan Preciado es el h1jo de Pedro
salto que se produce entre un relato personal y otro aperso- Páramo, el hijo que viene a buscar al padre no conocido. El
nal es, como ha visto Benveniste, el de una heterogeneidad encuentro inicial que sostiene es, sin embargo, con Abundio,
que ha sido enmascarada por los hábitos gramaticales, por otro hijo de Pedro Páramo que tampoco lleva el nombre del
las que diríamos las leyes lingüísticas que remedan las leyes progenitor (testimonio en la escritura del lazo de sangre) y a
de la sociedad, forzando una homogeneidad que no es tal quien cabe la muerte ritual del padre al finalizar la novela. La
pues la llamada tercera persona se enuncia fuera del estatu- continuidad y la ruptura son así jugadas simultáneamente. Se
to de persona: repite isotópicamente en todos los planos en que se subdivi-
de el texto literario, el mismo esquema: proceso de conti-
Por no implicar a ninguna persona, puedo adoptar no importa
qué sujeto o no lle\·ar ninguno, y este sujeto, expresado o no, nuación derivada y ruptura, homogeneidad aparencia! y
¡amás es planteado como persona. 8 5 heterogeneidad profunda, esfuerzo de reconstrucción del
ligamen familiar e imposibilidad de restaurarlo. El esquema
La novela opone así la persona a la no persona, en el apunta a la particular situación cultural en la cual Rulfo trata
campo de los narradores, en tanto que en el de los predica- de insertar la función mediadora, cuya dramaticidad y frus-
dos opone también dos seres distintos, con nombre v apelli- tración puede vincularse a la de Arguedas, pero en cambio es
dos distintos, Juan Preciado y Pedro Páramo. Pero éstos son, distinta de las soluciones que alcanzan Guimaraes Rosa o
sm embargo, hijo y padre, con lo cual la estructura de narra- García Márquez.
dores gramaticales y la estructura de enunciados en los que
Este último, que, recordemos, habla desde una región
se predica, respectivamente sobre uno y otro, reproduce una que se moderniza por encima del. centro capltalino que la
rige, ha de pri,·ilegwr la función escrituraría del mediador,
oponiéndola a la incesante pérdida de memoria que conde-
85 Emile Be11vemste, Problmm de ltl(gm.r/iq¡¡e génémle, París, GallimarJ,
196ü. p. 231. na a la incesante repetición. Es el papel que le confiere a

116 • R~i;tOlll'J, mlt11m.r J! lt!erat;m;.r Angel Rama • 11 7
Melquíades bajo el sistema de una escritura cifrada, la cual da del desarrollo casi autárquico de las grandes haciendas colo-
paso al desciframiento por Aureliano y a la constitución del niales. 87
discurso literario como absorción y cancelación del pasado ~n el punt~ opuesto a la serranía peruana, la región
cultural todo, para lo cual también debe introducir al cená- meXicana que tlene su centro en el estado de Jalisco ha sido
culo de jóvenes literatos de La Cueva y dentro de él inscri- caracterizada por la ausencia de componentes indios impor-
birse a sí mismo como el mediador, el que cree en la realidad tantes, remplazados por contingentes españoles que alli plas-
de la leyenda que se desmigaja en las memorias, el que recu- maron una cultura rural en condiciones de aislamiento. "El
pera así la tradición de una cultura, al menos centenaria, y le rasgo más notable, por el que esta región se distingue de
confiere nueva vida a través de un sistema modernizado México, es la ausencia de una tradición indígena, aun si aquí
ajeno a sus prácticas: la escritura de un libro. y allá se encuentran hábitos alimenticios e indumentarias
El "rol" del mediador es equiparable al del agente de conceptuadas como indígenas" dice Jean Meyer,ss y Luis
contacto entre diversas culturas y así estamos visualizando al González y González, en su espléndido libro sobre San José
novelista que llamamos transculturador, reconociendo sin de Gracia, agrega a esta aparente pureza racial un orgl.illo
embargo que más allá de sus dotes personales, actúa fuerte- consciente: "No hay indicios de que se hayan sabido y sen-
mente sobre él la situación específica en que se encuentra la tido mexicanos. El sentimiento de raza era más fuerte que el
cultura a la cual pertenece y las pautas según las cuales se sentimiento de patria. Aunque su cultura difería muy poco
moderniza. Aunque el punto lo analizaremos centralmente del estilo de vida de los indios de Mazamitla, se sentían orgu-
en torno a las ideas y creaciones de Arguedas, puede tratar llosos de su ascendencia española."89 Por último, Juan Rulfo
de mostrarse sumariamente otro ejemplo de esta original interpreta condenatoriamente esta conciencia de superiori-
neoculturación, referida a una zona bien distinta de la sierra dad, dentro de una subrepticia econornia del espíritu: "Pero
sur peruana como lo es la zona centro-oeste de l'v1éxico, que el hecho de haber exterminado a la poblaCión indígena les
reúne los estados de Michoacán, Jalisco, Colima y parcial- trajo una característica muy especial, esa actitud criolla que
mente los circunvecinos Guanajuato, Aguascalientes, hasta cierto punto es reaccionaria, conservadora de sus inte-
Zacatecas, Nayarit, zona que vivió en un aislamiento históri- reses creados."90
co prolongado, aunque tendió a organizarse autónomam.en-
te en torno a la Audiencia de Nueva Galicia, cuyas vicisitu- 87 \' éase Fran<_;ois Che\·a!ier, La .formación de los grandes lat~jimdios en lvfé:·áco,
des pueden seguirse en los libros de José López Portillo y 1Iéxico, 1956.
Weber8G y que económica y socialmente se plasmó a la par 88 Jean Meyer et al., Regiones)' auda des en Améáca Latma, México, Sep-
Setentas, 1973, p. 156.
89 Pueblo en vilo: microhistotÚI de Jan Jo.ré de Gracia, México, El Colegio de
8 6 \' éase La conquista de la 1\;uetJC/ Galicw. MéxiCo, 1935, La rebeltón de la ~\'léxico,
1979 (3• ed.), p. 45.
Nun•a Galiáa, Tacubaya, Instituto Panamencano de Geografía e Histona, 90 Joseph Sommers, op. cit.. p. 21.
1939.

Ángel Rama • 11 9
Sin embargo, esta región que sólo secundariamente atien-
Antonio Alatorre). Los distingue, ya no por la común proce-
de a uno de los componentes primordiales de la nacionali-
dencia cultural jalisciense, sino por la ubicación social dife-
dad mexicana, el ind1o, se ha constituido en la proveedora de
rente dentro del mismo complejo:
algunos de sus definitorios comportamientos. Al estudiar la·
región Jean Meyer dice que si se atreviera a las más descabe- Juan Rulfo nació en San Gabriel, Venustiano Carranza, en el
lladas hipótesis, consideraría "a Jalisco como un paradigma seno de una de las familias más ricas de la localidad. Externa el
pesimismo terrateniente de un grupo social arruinado por la
de la 'mexicanidad': charros, toros, machismo, un equipo de
Revolución, agravado aun por la historia particular de San
fútbol (el Guadalajat;a) donde n:unca ha jugado un extran-
Gabriel, que no se ha repuesto jamás de los daños causados
jero, la religiosidad, los cultos matrimoniales, el afran- por la guerra cristera. Arreola, de "una familia humilde de
cesamiento, etc.".91 Es evidentemente el estereotipo que Zapotlán el Grande (Ciudad Guzmán), participa a la vez del
canta el corrido (¡Ay Jalisco no te rajes!) pasible de severas <?Ptimismo de todos aquellos que viven una ascensión social y
correcciones, pero esa misma región ha proveído en este habitan en una ciudad pequeña dinámica. Por otra parte, Rulfo
último medio siglo a las letras mexicanas de algunos de sus vive en México y Arreola pasa la mayor parte del tiempo que
puede en su tierra natai.92
sagaces renovadores narrativos: Agustín Yáñez, Juan. José
Arreola, Juan Rulfo. Ellos proponen, más que una visión, A partir de la aceptación de las premisas que proporcio-
una revisión profunda de tal estereotipo: sin negarlo, lo sub- na Meyer, es sin embargo posible hacer otra int~rpretación,
vierten y le conceden otro sentido. Escarban en su interiori- aun dentro del ámbito de la sociología literaria, que apunta a
dad, redescubren los funcionamientos privativos que se ade- la distinta recepción del mensaje modernizador por parte de
cuan a las nuevas circunstancias históricas, proceden a su ambos escritores, es decir, a las opciones que hacen dentro
evaluación crítica y sin embargo, curiosamente, no hacen del amplio abanico de las literaturas extranjeras que les son
sino consolidarlo. El mismo Luis González y González re- propuestas por la modernidad, las que incluso pueden reli-
conoce su deuda, al escribir en 1968 su libro, "~on Agustín garse a su peculiar situación de ascenso o descenso dentro
Y áñez pot Alfilo del agua y Las tierras flacas, Juan José Arreola de los grupos sociales en que han surgido. Descartamos las
por La Jélia y Juan Rulfo por El llano en llamas y Pedro categorías optimismo/pesimismo que, aunque tienen inge-
Páramo". Por su parte Jean Meyer prefiere la contribución de nuo predicamento entre los cuadros políticos renovadores,
"la literatura y la vena popular", donde encuentra consigna- se han demostrado poco aptas para medir la excelencia artís-
dos los "rasgos de carácter" mejor que en las obras de alto tica de las letras universales, sobre todo cuando el reiterado
valor literario, y adelanta un curioso paralelo valorativo entre pesimismo de algunas obras y algunos escritores no ha sido
sino corroborado posteriormente por la historia. I\!Iás
Rulfo y Arreola, estrictos contemporáneos y partícipes de la
importante es la opción de modelos literarios, porque está
misma primera aventura literaria de la revista Pan (junto con

91 Op. cit.. p. 1+9.
9?- o'P· at.,
. p. 1-2
) .

Ángel Rama • 121
120 • Re~~ione.r, cultura.r)' lztera!I!JilJ
genéticamente orientada por los patrones culturales y las se ha dirigido a las figuras centrales de la vanguardia europea
posiciones sociales de los escritores. Es evidente la confian- que han respaldado la gran producción cosmopolita latinoa-
za de Arreola en las proposiciones vanguardistas europeas, mericana Ooyce, Woolf, Kafka, Musil) sino a los represen-
tal como ha examinado la crítica al considerar sus primeros tantes de una periferia europea que, medio siglo antes que
libros Varia invención (1949), Corifabulan'o (1952), Corifabulan·o los hispanoamericanos, hicieran la experiencia de una
total (1962) reconociendo la presencia del mismo l\'farcel modernidad que les venía de los grandes centros metropoli-
Schwob 93 que integra el Parnaso de las preferencias borgia- tanos. No se ha atendido suficientemente a este irregular
nas en el sur. Es posible ver en estos sutiles ejercicios de la comportamiento, que es sin embargo bien significativo, y
vida del espíritu que son ubicados diestramente en marcos conviene recoger diversas declaraciones de Rulfo sobre el
humanos y universales, una confianza imprecavida en las tema de las influencias literarias, en general coincidentes:
proposiciones intelectuales de la modernización, cuya fun- En 1959 confesaba a José Emilio Pacheco: "La escuela
damentación pretendidamente universalista es asumida sin alemana y nórdica de principios de siglo -que creó una rea-
recelo. Puesto en la misma circunstancia de las opciones lite- lidad, una perspectiva especial, basada en el vuelo de la ima-
rarias, Juan Rulfo se inclinará por la producción de la perife- ginación- me ha brindado uno de mis deleites preferidos.
ria europea de la zona nórdica (Noruega, Suecia, Dinamarca, He leído a Sillanpaa, a Bjornson, a Ian Mail, a Hauptmann y
pero también Finlandia e Islandia) correspondiente a dos al primer Hamsun. En ellos supe hallar los cimientos de mi
períodos sucesivos: el del fin del XIX y comienzos del .X..:\: y fe literaria. Sucesor de aquéllos, 'heredero de su manera de
el posterior de entre ambas guerras. Del mismo modo, su contar' es Halldór Laxness. Laxness reconstruye la epopeya
inclinación por las letras norteamericanas se dirigirá a la peri- islandesa, crea el Ka/eva/a de nuestros días."94
feria sureña representada por Faulkner en detrimento de la En 1974 era más explícito con Joseph Sommers, contes-
línea más urbanizada e industrializada neoyorkina que depa- tando a la pregunta sobre sus lecturas caóticas de juventud:
rará las vanguardias y la narrativa de Hemingway y dentro de "Entre ellas, las obras de Knut Hamsun, las cuales leí
las letras de lengua francesa, no serán los jefes más difundi- -absorbí realmente- en una edad temprana. Tenía unos
dos que educaron a los latinoamericanos (Valéry, Gide, catorce o quince años cuando descubrí este autor, quien me
1\Ialraux, Céline, Proust, Breton) los que prefiera, sino los impresionó mucho, llevándome a planos antes desconoci-
narradores de la tierra, cargados de aliento poético y de dos. A un mundo brumoso, como es el mundo nórdico, ¿no?
inquietud social: el suizo Charles-Ferdinand Ramuz y el can- Pero que al mismo tiempo me sustrajo de esta situación
tor de Manosque, Jean Giono. El escritor que para muchos luminosa donde vivimos nosotros, este país tan brillante,
inicia la escritura de vanguardia en la narrativa mexicana, no con esa luz tan intensa. Quizá por cierta tendencia a buscar

93 Emmanuel Carballo, Arreola_y Ru!Jo. Revtsta de la Universzdad de klé.xuo, t.
94 "Imagen de Juan Rulfo", lvléXtco en la Cultura, núm. 540, Méx1co, 1959.
\'III, núm. 7 , l\léxKo, marzo de 1954, recog¡do en Sommers, cit.

122 • Re_e,iones. culturm f' literatura.r Ángel Rama • 123
precisamente algo nublado, algo matizado, no tan duro y tan res de la vanguardia comiencen a remplazados y condenar-
cortante como era el ambiente en que uno vivía. Entonces, los al temporario olvido, del cual ahora han comenzado a
de los autores nórdicos, Knut Hamsun fue en realidad el emerger. Es la literatura de la periferia europea cuando
principio, pero después continué buscándolos, leyéndolos, comienza a recibir el impacto modernizador procedente de
hasta que agoté los pocos autores conocidos en ese uempo, París, Londres, Viena o Berlín. Si tuviera que caracterizar sus
como Bjornson, Jens Peter Jacobsen, Selma Lagerlof. Para rasgos comunes, tendría que decir: son asuntos
mí fue un verdadero descubrimiento Halldór Laxness, eso fundamentalmente de la vida rural en insignificantes pue-
fue mucho antes de que recibiera el premio Nobel. De modo blos y regiones desamparadas donde sin embargo surge una
que yo sentía una especie de simpatía hacia esos autores. Me intensa vida espiritual (la carrera de Olafur Kárason en la
daban una impresión más justa, o mejor, más optimista que tetralogía de Laxness La luz del mundo); son tensas persona-
el mundo un poco áspero como era el nuestro."95 lidades puestas en . situaciones límites las que el escritor
En 1966 le reitera a Luis Harss la misma serie de nom- construye, abusando a veces del patético o del absurdo,
bres, más los rusos (Andreiev y Korolenko) y confiesa: como en la serie de cuatro novelas iniciales de Hamsun
'
"Tuve alguna vez la teoría de que la literatura nacía en Misterios, Pan, Victoria, Hambre,· son rapsódicas animaciones
Escandinavia, en la parte norte de Europa, y luego bajaba al del paisaje puesto a vibrar al unísono con los personajes,
como en La saga de Costa Ber!ing de Selma Lagerlof; son elu-
centro, de donde se desplazaba hacia otros sitios."96
sivas, lacónicas, difíciles, "brumosas" como dice Rulfo, rela-
Es un repertorio literario que puede sorprender al lector
ciones afectivas y amorosas, sumergidas en la vivencia de la
actual pues reúne nombres que han desaparecido de su hori-
naturaleza, como en las dos notables novelas de Jacobsen,
zonte de lecturas y del que creo que incluso somos pocos
María Grubbe y Nie!s Lyhne; son durísimas relaciones huma-
los que lo hemos cultivado. (Es posible prever otros nom-
nas en que se expande la irracionalidad inesperada de los
bres que faltan en sus listas como Jensen o Strindberg, y es
temperamentos en pugna con formas extraordinariamente
posible que a ellos pudieran agregarse los maestros de la
rígidas de la vida social, como en las novelas de Strindberg
narratiYa de la tierra, Reymont, Andric, Kazantzakis, Panait
o de Bjornson (El padre),· son claras concepciones de la jus-
Istrati, y no es raro que, a pesar del hedonismo de estas lec-
ticia social y claras rebeliones contra el orden oprimente de
turas, no incluyeran también a K.ierkegaard, al menos la
la vida rural en que se prolongan ásperas jerarquías arcaicas,
fraudulenta edición del Diario de un sedttctor). Es la literatura
tal como construyó en sus novelas Laxness y teorizó en su
que domma los veinte y los treinta, cuyos autores habrán de
libro de ensayos, de 1929, El hombre del comtín,· son frecuen-
recoger incesantes premios Nobel antes de que los narrado-
tes respuestas ardientes a la modernización en curso asu-
'
miendo esquemas científicos (el darwinismo de Jacobsen) o
95 Op.. at.. pp. 17-18. las propuestas naturalistas, o las doctrinas socialistas (en
96 Los nuestro.r. Buenos Au·e,, Sudamencana, 1977 (7' ed ), p. 3 35
Ramuz) pero al tiempo defendiendo ácidamente la vida

124 • Regione.r. culturas y !tteratura.r Ángel Ram.t • 125
regional, sus criaturas, asuntos, amb1entes, como los únicos censo de población, en 1960 absorbía ya el 51% de éstas."97
legítimos; son obras de un realismo raigal, mayoritariamen- Como complementa .l\1eyer, esta emigración rural a las ciu-
te construidas en torno a sucesos reales en ambientes reales dades, que impone la pobreza y deja tras sí los pueblos aban-
conocidos de los autores y manejando rezagadamente la donados que la literatura ha descrito, no implica cambios
escritura de la escuela realista-naturalista francesa, pero culturales radicales, debido a las extremadas formas "de
impregnadas de un ímpetu lírico poderoso capaz de arras- resistencia, de enraizamiento" que los religa nostálgicamen-
trar situaciones y personajes y confundirlos con las desen- te a sus orígenes: "11ás que una simple nostalgia se trata de
cadenadas fuerzas naturales en un solo movimiento rapsó- una adhesión entrañable a su tierra, que forma parte de la
dico, lo que quizás se pudiera traducir con la conocida frase mentalidad colectiva."98 N o puede sorprender que el escritor
de Alí Chumacero de 1955 sobre Rulfo, hablando del también siga adherido al universo tenaz de que procede y
"adverso encuentro entre un estilo preponderantemente procure diseñar sobre él un tejido literario.
realista y una imaginación dada a lo irreal" son también Muchos de los temas, personajes y atmósferas que luego
obras en que cobra ciudadanía aceptada la lengua regional, se encontrarán en la obra de Rulfo, ya estaban apuntados en
en que incluso es enarbolada agresivamente contra las for- la novela de Agustín Y áñez Al filo del agua,· publicada en
mas internacionalizadas, a modo de asunción de una vida 1947, al filo también de la irrupción de la nueva literatura
adulta por la comunidad, tal como quedó ilustrado por la mexicana. Sin embargo no hay entre ellas ninguna común
adopción del '!JfJJorsk, por los escritores noruegos del XIX. medida artística. Yáñez hace una descripción blanda y sen-
Aún más importante que la filiación de la narrativa de tenciosa de una sociedad rural que observa con ojos lúcidos,
Rulfo dentro del marco de estas grandes influencias (cosa para la que no puede encontrar equivalencia en las estructu-
que ni siquiera se ha intentado aún) es el reconocimiento de ras narrativas. Separa a ambos autores el período que para
que ellas pertenecen a situaciones culturales emparentadas algunos mide la distancia entre dos generaciones (quince
con las que vivió un escritor mexicano nacido en Jalisco en años) pero más aún la concepción de la literatura. Y áñez
1918 y sometido al proceso de adaptación urbana (primero predica perspicazmente sobre un mundo; Rulfo construye
Guadalajara, luego México) en los cuarenta y los cincuenta, literariamente un mundo. La misma resolución de Y áñez, de
mientras construía su personalidad literaria y su obra narra- reconstruir la vida cerrada, oscurantista, constreñida y dura
tiva, una adaptación compartida con enormes poblaciones de un pueblo antes de 1910, le impide tomar cuenta del tem-
rurales. Como señala Hélene Riviere d'Arc, el crecimiento poral revolucionario que arrasó los cimientos de esa socie-
demográfico de Guadalajara superó al de otras muchas ciu- dad y que en la región centro-oeste y particularmente en
dades mexiCanas: "De 229.335 habitantes en 1940, la capital
de Jalisco pasó a 738.800 en 1960 y a 1.400.000 estimados 97 "Guadala¡ara y su regtón: mfluenctas y dtficultades de una metrópoLI
para 1970. :Mientras que en 1900 contaba con el 29% de la mexiCana", en Regwnesy cmdades e11 /lménca Latma, p. 171
población considerada como urbana en Jalisco, según el 98 Op. al.. p. 157.

126 • R(~~to11es. mlturas_y lztera!ttras Ángel Rama • 127
Jahsco, alcanzó una desmesurada prolongación a través de la parten los hombres de una determinada tradie1ón en una
guerra cristera, contemporánea de la infancia de Rulfo. Éste determinada circunstancia histórica que la trastorna. Esto ha
es hijo de otra sociedad, de otro tiempo histórico que repen- . sido alcanzado con tal esmero que Juan Rulfo ha pasado a
tinamente ha puesto en movimiento los tradicionales patro- . integrar una categoría a la que son afectas las jóvenes genera-
nes culturales. Los ha convulsionado, poniéndolos en vilo; ciones: el escritor a-intelectual, aquel ajeno al comercio criti-
mejor aún, ha desgarrado su apariencia para evidenciar las co y analítico, aquel trasfundido en voz espontánea del pue-
potencias embridadas que custodiaba o reprinúa. Es el pre- blo primario. Este gran mito romántico es, obviamente, falso,
visible efecto de una modernización cuya previa acción y no hace sino detectar, en sentido exactamente contrario, el
transformadora gradual puede seguirse en los estudios de avezado artificio de la composición artística rulfiana, cosa
econonúa, sociología, política o demografía. No son sino que conviene recordar pues al escamotear aparentemente al
indicadores de una transformación que repercute en el autor ("no es la voz del autor la que habla, son las voces de
campo cultural, donde adquiere máximo estruendo y genera los personajes" dice un critico) lOO no se hace sino intensificar
máxima sorpresa. El parsimonioso recuento de La Cristiada su presencia: dentro de la narrativa actual del continente hay
hecho por Meyer es tan ilustrativo de esta conmoción cultu- pocas escrituras tan nítidamente perfiladas y diferenciadas
ral como lo habían sido los dos libros de Luis González y como la de Rulfo tan individualizadas.
González. 99 "Es un lenguaje hablado"; "Quería, no hablar como se
La operación renovadora que cumple Rulfo, apelando a lo escribe, sino escribir como se habla"; ''Así oí hablar desde
que debe reconocerse como un giro reaccionario respecto a que nací en mi casa, y así hablan las gentes de esos lugares",
Arreola (el cual lo reconduce a sus propias fuentes culturales declara repetidamente el autor. El tenaz esfuerzo estilístico
amarrándolo temática, literaria y espiritualmente a ellas), ha que ello presupone lo corrobora un crítico que coteja las
sido muchas veces defmida por el propio autor y por sus crí- diferentes versiones de los cuentos:
ticos: se trata de una recuperación del habla popular, sustitu- "Las versiones de sus cuentos en El llano en llamas disminu-
yendo la escritura culta burguesa y de una reutilización de las yen el texto siempre, eliminan palabras, popularizan el lengua-
estructuras narrativas del contar popular. La diferencia fun- je, sin destruir la estructura ni realizar grandes cambios."101
damental con Yáñez es, por lo tanto, la evicción del autor y Hay unanimidad de la critica reciente acerca de este aspecto,
de su background intelectual, para asumir en cambio la visión oponiéndose a la primera recepción de las obras de Rulfo, acu-
del universo perteneciente a las formas culturales que com- sadas de escritura pobre. Los rasgos de esta habla popular seri-
an aproximadamente: simplicidad del léXIco que admite dialec-

99 L1 C.n.rttada, ;\féxJCo, S1glo X...'\], 1974, 3 ,·ols. Una síntesis en Apocafypre
100 Lws Harss, op. at., p 332.
el revo/utzo11 au ,\.Ie:xtqm: la guerra de.r Cmtero.r (1926-1929), París, Gallimard,
19 7 4 De Luis González y González, aparte dell!bro citado, Sahaayo. ;\fo- 101 Jorge Ruffinelli, El lugar de RJ¡!fo, México. Unn·ers1dad \'eracruzana,
rel!a, GobernaCIÓn del Estado de l\Ilchoacán, 1979 1980, p. 18.

128 • Regzones, culturas_y lzteralmm Ángel Rama • 129
una tendencia pronunciada al subjuntivo". "Todo pasa por
talismos y regionalismos con prudencia; construcción sintácti-
ca concisa con oportuno uso de frases hechas; tendencia lacó- los ojos, los oídos y la boca y es prodigioso el vocabulario de
nica y aun más, elíptica, en el mensaje lingüístico; tono menor estos hombres de quienes se dice que son silenciosos y que
y carencia de énfasis (salvo en los remedos caricaturescos de la· se divierten a fuerza de 'sentencias, agudezas, refranes, astu-
oratoria) homologando valores dispares del discurso eri una cías, chistes y estratagemas sutiles e ingeniosas, que causan
misma tesitura; apagamiento prosódico, tal como lo apuntan asombro y adrniración'."103
los contextos explicativos; tesonera prescindencia de cultis- Después de repertoriar las grandes palabras de una len-
mos y eliminación de la terminología intelectual. gua capaz de las formas abstractas, l~s cuales surgen espon-
Que esta lengua sea hoy percibida como la transcripción táneamente dentro del discurso revelando, más que una par-
del habla popular, reafirma la fuerza impositiva que tiene la ticular tendencia intelectualista, el uso colectivo de una len-
construcción lingüística de la literatura. No tardará mucho gua empedrada de términos abstractos, lo que no es otra
en reconocerse, simplemente, como la escritura de Rulfo. cosa que la gran tradición barroca que fue constitutiv.a del
Entonces se percibirá que, no empece el abastecimiento en español americano y que las regiones hispanizadas y aisladas
fuentes reales, estamos en presencia de la deliberada cons- han conservado tercamente hasta nuestros días del mismo
trucción de una lengua literaria. Para visualizarlo, puede ape- modo que han conservado formas artísticas estrictamente
larse a diversos testimonios que ha consignado Jean Meyer a barrocas y cultas (la espinela o décima), Jean Meyer habla de
lo largo de sus siete años registrando informes orales de "la vida fuertemente enraizada de una cultura popular asen-
campesinos jaliscienses o respuestas a sus cuestionarios tada sobre la Biblia, la tradición oral cristiana, los libros de
sobre la guerra cristera, los cuales ratifican lo que sabemos caballería y la poesía cortesana."104 Esta descripción es bas-
por otras vías acerca del español americano, sobre todo el tante diferente de la que los críticos ofrecen de la lengua
perteneciente a las zonas de profunda sedimentación autó- popular de Rulfo, y es además bastante persuasiva.
noma en las regiones hispanizadas desde la Colonia. "Este Pone en evidencia el tenaz esfuerzo de elaboración de
individualismo feroz y belicoso, es el del ranchero que vive una lengua literaria a partir de un habla popular dentro de la
aislado, que conserva la herencia de la lengua y la tradición cual se selecciona, elige, rechaza, hasta lograr una unificación
españolas (si los lingüistas quisieran poner manos a la obra, expresiva (que el autor ha seguido persiguiendo en las dife-
harían sabrosos descubrimientos ... )", decía Jean Meyer en
rentes ediciones) que no responde, como el propio Rulfo
uno de sus primeros tra._bajos de campo,lOZ y al finalizar La
dice, "a un lenguaje captado con una grabadora", sino a un
Cristiada, anota: "Su lenguaje suele ser hermoso y la cons-
perspectivismo interpretativo, a ese punto focal de la cosmo-
trucción tan correcta como el empleo de los tiempos, con

103¡.a e.nstzana, vor 3, p. 273.
102 RegzottCS)' czudades en Aménca Latzna, p. 158.
104 1btdem.

130 • Regiones, ctt!turas_y !tteraturas
Angel Rama • 131
contar dispersivo y derivativo que sirve de dramático marco
visión que es de nítida cualidad ideológica, el cual impone,
con una concepción ya enteramente modernizada, la unifi- de significación al cuento "Acuérdate" y cuya privativa
cación de todos los elementos componentes de la obra: len- manera de ramificarse horizontalmente, hasta perder a veces
gua, asuntos, personajes, escenarios, estructuras narrativas, su hilo conductor, ya se encontraba en las formas narrativas
imágenes, ritmos, sistemas expositivos, etc. Hay un tenaz ingenuas medie,·ales. Es el mismo régimen que organiza la
esfuerzo de empobrecimiento lexical, de preferencia por los exposición de "Anacleto 1-forones" o diálogos de Pedro
particulares concretos, de acentuación del laconismo y ·la Páramo. En todos los casos, la normal transparencia de un
elipsis, en oposición a los cultismos e intelectualismos tam- sistema de organizar (o desorganizar) el encadenamiento de
bién propios de la lengua popular o de los regímenes expo- la historia, ha sido sustituida por su activa presencia dentro
sitivos de tipo oratorio según los modelos (frecuentemente del relato como modo de significar a quien lo emite, del
religiosos) accesibles a una cultura ágrafa. Selecciones y mismo modo que se ha hecho con el léxico o la sintaxis vol-
rechazos responden a una precisa y nueva concepción de lo viéndoselo visible y literario para que se transforme en un
verosímil y a una determinada e igualmente nueva concepción recurso de composición. Es una operación que se asemeja a
de la mimesis, ambas marcadas por una modernización que la desconexión de elementos, propia de la escritura surrealis-
sólo cobra fundamento gracias a una perspectiva arcaizante, ta, que aunque extraída de la heteróclita yuxtaposición del
a un retorno a las fuentes, soñadas por una concepción mundo urbano, deviene transmisión de significados y por lo
antropológica del primitivismo. Son los tensores que rigen la tanto sirve para evidenciar una cosmovisión.
elección de materiales buscando su afinidad, su capacidad de Con estas anotaciones sumarias sobre la asombrosa tarea
empastar unitariamente. Es bien evidente en la absorción de artística de Juan Rulfo, buscamos ejemplificar dos cosas: la
las historias por las "voces" que las cuentan, trasmitiendo al presencia activa en una literatura, no sólo de asuntos sino de
conjunto su tonalidad homogénea, pero lo es también en la formas culturales específicas de una determinada región cul-
búsqueda de un equilibrio poético (y mottstruoso como decía tural americana y al mismo tiempo la tarea descubridora,
Arreola) que permite insertar en el mismo cuento -"Nos inventiva y original del escritor situado en el conflicto
han dado la tierra"-, la pregunta "Oye, Teban, ¿de dónde modernizador. Edifica una neoculturación que no es la mera
pepenaste esa gallina?" y la imagen surrealista "Alguien se adición de elementos contrapuestos, sino una construcción
asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol nueva que asume los desgarramientos y problemas de la coli-
y dice." sión cultural. Quizás no deberíamos olvidar nunca que el
Estas operaciones modernizadoras, en las cuales se per- escritor es, ante todo, un productor.
cibe la función mediadora y transculturadora, pueden regis-
trarse paralelamente en un campo más específico como es el
de las formas narrativas. También aquí hay recuperación de
sistemas peculiares del medio rural, como por ejemplo el

132 • Regiones. mlturas_ J' literaturas
Ángel Rama • 133
Segunda Parte
INTRODUCCIÓN
-------

En la primera parte demarcamos el problema cultural y lite-
rario que vivió la narrativa latinoamericana bajo el nuevo
impacto modernizador del siglo X..."X, con relación a la línea
transformadora de los escritores regionalistas que, aunque
cubiertos por la difusión esplendorosa que adquirieron los
escritores de la línea cosmopolita, cumplieron una ingente
modificación de los presupuestos de su arte y acometieron
una reinvención de las formas narrativas cuya originalidad y
cuya representatividad de los auténticos, generalizados pro-
blemas del continente, quizás no haya sido vista en toda su
amplitud.
En el área brasileña, que es donde se discutió activa-
mente el conflicto e incluso se ofreció de él una teorización
documentada, se presenció una serie de soluciones artísticas
originales, a las que contribuyeron narradores de muy distin-
tas regiones enfrentados a problemas culturales específicos.
Es evidente en la obra de José Lms do Rego, Graciliano
Ramos y Joao Guimaraes Rosa, entre los más robustos
narradores brasileños del X..."X, aunque sería posible incorpo-
rar el nombre de Mario de Andrade por la impostación de
su lvlaamaima. Junto a ellos hay una hsta bastante extensa, en
las diversas regiones que componen el mapa brasileño de
culturas, de los narradores que han encarado similares pro-
blemas en otras instancias del proceso modernizador, hasta

[137]
nuestros días. Por tratarse del país que constituyó primero su Estuvo teñida de los prejuicios políticos de los diversos ban-
base nacional sin que eso afectara la viva presencia autóno- dos, por lo cual pareció sorda a las manifestaciones cultura-
ma regional, es el Brasil el laboratorio más fecundo para el les particulares tan ricas del regionalismo peruano. Con todo
examen de estos conflictos y de sus originales soluciones. Jorge Basadre, con su habitual equilibrio, ya observaba: "El
N o faltó sin embargo en Hispanoamérica la acción regionalismo, entonces, resulta válido en cuanto significa
modernizadora externa, ejercida muchas veces a través de las comprensión, interés, ante los problemas del país; es decir,
versiones elaboradas en las capitales de los países. Hemos en cuanto se contribuye a contradecir la frase estulta 'Lima
diseñado sumariamente el caso de una zona dinimica como es el Perú y el girón de la Unión es Lima'. Otra importancia
la costeña y antillana de Colombia, en que surgió el grupo tiene entonces el regionalismo: combatir la influencia exclu-
literario de Barranquilla y la obra de Gabriel García sivista del modelo europeo, la importación sin examen de
Márquez, y también la zona centro-oeste de México en recetas surgidas ante realidades extrañas a la nuestra" .1
torno a Jalisco donde también surgió una promoción litera- La percepción fue entonces, y siguió siendo por mucho
ria igualmente renovadora y cuyo exponente nítido es Juan tiempo, 2 meramente política. En los diversos bandos, a pesar
Rulfo. de la cauta prevención de Basadre, se manejaron recetas
En la segunda y tercera parte de este libro queremos europeas transplantadas con entusiasmo y también con can-
estudiar una región donde los conflictos alcanzaron extre- dor, aun en intelectual tan partícipe de la realidad nacional
mada acidez, no sólo por el impacto renovador que acarreó como Mariátegui. Ese debate oscureció el aspecto que más
la modernidad que desde 1930 se introduce en ella, sino por nos interesa, el cultural, en el pleno sentido antropológico
la situación congelada y rígida en que se encontraban las for- del término, y sólo parsimoniosamente la generación poste-
mas culturales tradicionales. Se trata de la serranía sur perua- rior fue recuperando esta percepción y haciéndola valer.
na que admite su centro en la vieja ciudad imperial inca, Entre los intelectuales que contribuyeron a este nuevo
Cuzco, y que fue la bandera de combate de la generación rumbo, no hay duda de que ocupa un lugar protagónico José
indigenista de los años veinte y treinta, en la producción María Arguedas, como educador, como etnólogo, como
crítica de Yíctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Ma- escritor.
riátegui y Yíctor Andrés Belaúnde, para citar tres de las refle- Enfrentó la situación más compleja y aparentemente
xiones capitales, tanto intelectuales como políticas, en torno menos viable entre los múltiples congelamientos culturales
a un asunto que avivó el examen de la nacionalidad peruana
con un sentido moderno. En el año 1932, la Comisión de 1 Citado en Diógenes Y ásquez, Teoría regionali.rta y regionali.rmo peruano.
Constitución del Congreso Constituyente peruano trazó una (Estudio económico,poidzro. politico, ético), Trujillo, Editorial Cordillera, 1932.
demarcación política regional que encendió la polémica, 7
- Entre los l.tbros que mamfiestan una nueYa óptica, Indigwismo, clases socia-
resucitando una discusión que ya había conocido el XIX le.r y problema nacional, Lima, Centro Latinoamericano de Trabajo Social,
entre conservadores centralistas y liberales federalistas. 1979.
de las regiones internas de la América Latina y además reci- Si la segunda parte de este libro examina esos pasos pro-
bió de sus mayores un slillplismo doctrinal que no era apto gresivos que llevan de los problemas de una región ríspida a
para encontrar soluciones eficaces al conflicto cultural, sin, las soluciones culturales a un conflicto sin aparente desenla-
contar que las ya propuestas resultaron subvertidas por las ce y a las formas superiores en que el espíritu puede integrar
imprevistas modificaciones que se produjeron en la situación las fuerzas en acción y encontrarles una visión equilibrado-
de la región Cuzco-Apurimac De ahí la necesidad de revisar ra, la tercera parte se consagra al examen de una novela de
el problema del área cultural andina que, aunque extendién- Arguedas, Los ríos prtifundos, que entiendo está entre las gran-
dose a una vasta región y a diversos países sudamericanos des invenciones artísticas del continente, a la par de las mu-
asentados sobre la Cordillera, tiene su corazón en la serranía cho más difundidas piezas de la llamada nueva novela. No se
sur del Perú, y de registrar la evolución del pensamiento de intenta en los dos capítulos de esa tercera parte un examen
Arguedas sobre un asunto al que consagró la vida entera, exhaustivo de la novela, que por otra parte ha sido hecho en
hasta llegar al reconocimiento de las mediaciones mestizas una serie de libros que en los últimos años han dado prueba
entre las dos esferas culturales tan drásticamente separadas del crecimiento del interés crítico por Los ríos pr~fundos, sino
del país. Tipificó en este personaje oscuro, el mestizo, y en su una indagación que responde a las tesis expuestas en la pri-
gesta, un papel transformador que pareció réplica del que él mera parte del-libro: la construcción de formas artísticas
mismo· acometió en la antropología y en la literatura. desarrolladas a partir de la tradición cultural interior de
La evolución del pensamiento de Arguedas, apoyado en América Latina, esas forjadas por las comunidades enclaus-
un paciente examen de la vida indígena peruana, concurre a tradas de sus ricas regiones, al recibir el impacto de una mo-
una de esas operaciones mayores de la vida intelectuaL Que dernización que tiende a cancelarlas y contra la cual se levan-
Arguedas n~nca aspirara a darle especial brillo ni a plasmar ta el escritor, no para negarla vanamente, sino para utilizarla
sus aportaciones en severos estudios académicos, nada quita, al servicio de un redescubrimiento y reanimación del legado
a la originalidad de una pesquisa en torno a uno de esos pro- cultural que recibió desde la infancia y cuya supervivencia
blemas que más han extraviado que iluminado la vida inte- qmere asegurar.
lectual contemporánea: el funcionamiento del mito entre las En una época de cosmopolitismo _algo pueril, se trata de
sociedades latinoamericanas. Los intelectuales de gabinete demostrar que es posible una alta invención artística a partir
ciudadano se han despachado abundantemente sobre el de los humildes materiales de la propia tradición y que ésta
punto, mucho más de lo que lo hiciera un hombre como no provee solamente de asuntos más o menos pintorescos
Arguedas que lo examinó en etnólogo y lo vi,:ió en hom- sino de elaboradas técnicas, sagaces estructuraciones artísti-
' 'J '
bre iluminado. Por eso el examen de la sutil indagación cas que traducen cabalmente el imaginario de los pueblos
arguediana hacia la comprensión de la "inteligencia mítica" latinoamericanos que a la largo de los siglos han elaborado
puede considerarse una manera adulta, responsable y pro- radiantes culturas. Sustituyendo las tesis románticas que
fundá, de revisar este asunto capitaL reclamaban fidelidad a los asuntos, creyendo que con ellos

140 • J¡¡trod~tccióll Ángel Rama • 141
solos se podía traducir la nacionalidad, lo que se indaga en 111. EL ÁREA CULTURAL ANDINA
las novelas de los transculturadores es una suerte de fide-
lidad al espíritu que se alcanza mediante la recuperación de
las estructuras peculiares del imaginario latinoamericano,
revitalizándolas en nuevas circunstancias históricas y no
abandonándolas. Porque ellas son el más alto esfuerzo
inventivo de los pueblos americanos, el sistema simbólico en
el cual se expresa y se reconocen como miembros de una
comunidad, de hecho la más alta construcción intelectual y
artística de que son capaces los hombres. 1. E! área cultural andina

De los diversos conflictos culturales que en la América
Latina posterior a la primera guerra mundial reavivó, agudi-
zándolos, el impacto renovador de la modernidad que, pro-
cedente del exterior, resultaba traducido a las regiones inter-
nas por la mediación capitalina, ninguno se ofreció con per-
flies más enconados y por lo tanto con menores asideros
para intentar una transculturación que salvaguardara valores
locales, modernizándolos, que el registrado en el área andina.
Entendemos por tal área andina, no sólo el actual Perú,
que ha funcionado históricamente como su corazón, el
punto neurálgico en que se manifiesta con mayor vigor su
problemática, sino una vasta zona a la que sirven de asiento
los Andes y las plurales culturas indígenas que en ellos resi-
dían y sobre la cual se desarrolló desde la Conquista una
sociedad dual, particularmente refractaria a las transforma-
ciones del mundo moderno. Se extiende desde las altiplani-
cies colombianas hasta el norte argentino incluyendo buena
parte de Bolivia, Perú y Ecuador y la zona andina venezola-
na. Son tierras ecológicamente emparentables dentro de las
cuales se produjo la mayor expansión del Inkario lo gue ha
permitido a algunos autores, como Haya de la Torre, repo-

1 t1? • TntrnrluroÓJ!
114':\l
ner la idea del Tawantinsuyu con su capital natural en el nuando la política del imperio en algunas zonas Oa adopción
Cuzco, debido a la unidad lingüística y a la generalizada del quechua como lengua misionera para la evangelización),
homogeneidad cultural que logró imponer el Inkario en su pero fundamentalmente homologó a todas las culturas con
proceso imperial sobre las diversas culturas de la región, relación a un punto de vista nuevo que era el aportado por
antes de la llegada de los españoles. la cultura española, respecto al cual se disolvían las ingentes
A pesar de la tarea unificadora, la diversidad siguió persis- diferencias perceptibles entre las plurales culturas andinas
tiendo bajo el dominio férreo de los Incas, sobre todo en los indígenas. La misma cultura española funcionó en la región
lindes del imperio, en las zonas de tardía colonización, como como una unidad o, mejor dicho, extrajo de sus operaciones
se lo testimonia en la conservación de lenguas tribales o loca- colonizadoras una unidad interna que tampoco era propia
les (Ecuador), algunas de la importancia y vigencia contempo- de las fuentes variadas de que procedían los españoles con-
ránea del aymará (Bolivia), además de la invención de mani- quistadores, la que se fue fraguando a lo largo de la tarea
festaciones artísticas peculiares. Esa diversidad resulta todavía cumplida para establecerse, estructurar económicamente la
ampliada si agregamos aquellas sociedades indígenas que no región y componer el aparato administrativo pertinente. El
llegaron a ser dominadas, aunque pudieran haber recibido testimonio de este proceso de unificación interna de la cul-
algunas influencias de la cultura quechua cuzqueña, como es tura a lo largo de los siglos de l.a Colonia, se recoge hoy gra-
el caso de los chibchas o los taironas en Colombia, quienes cias a la similaridad de los comportamientos lingüísticos de
desarrollaron culturas autónomas, adecuadas a su hábitat, a toda el área indicada, donde se habla un español que mani-
sus bases económicas y a sus formas de convivencia. fiesta normas propias, sin tácticas, semánticas, lexicales, que
Esta pluralidad que la arqueología y la antropología le otorgan cierta unidad respecto :1l español de otras áreas
recientes se encargaron de desentrañar3 resultó trasmutada del continente. Así lo percibió Pedro Henríquez Ureña en su
en una unificación aparencia! por la acción del factor exter- mapa lingüístico hispanoamericano 4 y aunque sus iniciales
no representado por la Conquista y la colonización españo- proposiciones han tenido correcciones y enmiendas, éstas
las, tal como se manifestó, con diferentes inflexiones de no han invalidado la existencia de un área lingüística andina,
matiz, en toda el área. Ella englobó la variedad en una uni- claramente diferencial, que no es sino la expresión de la uni-
dad aparencia! Oos indígenas) e incluso la intensificó conti- dad que autoconquistó la cultura hispánica desarrollada en la
zona.
Durante siglos se consolidó allí un régimen de domi-
3 Julian Haynes Steward, Handbook of Joutb Ame1ican lndim!S, Washtngton,
nación donde una cultura extraña (de origen europeo) se
United States Go\-ernment Printi.ng Office, 1946-1959, 7 vols., tomo 2,
The Andean cil'ilzzotzom. En especial los artículos: "The Quechua in colo-
mal word'' (George Kubler); "The contemporary Quechua" (Bernard 4 Los ensayos de Pedro Henríquez Ureña sobre el tema en la Remsta de
i\ú.shkin); "The htstonc tribes of Ecuador" Oohn l\Iurra); "The Chtbcha" Ftlología EspC117ola. tomo \'III, 1921, pp. 358-361 y en la Bibliotew de
(!\. L. Kroebcr) y "The htghland rribes of southern Colombta" (Gregono Dwlectología Hi.rpanoal71elicana. t. IV, pp. 334-335 y t. \',p. 29.
Hernández de Alba).

144 • El tÍrea cultural andina Ángel Rama • 145
superpuso violentamente sobre las culturas autóctonas (indí- ral autóctona. Como ya señalara la crítica histórica, la región
genas) sin alcanzar no obstante a destruirlas '(al margen de andina no cumplió la revolución burguesa que se llevó a
las trasmutaciones raciales sufridas por las poblaciones andi- cabo en otras zonas del viejo imperio español (el Virreinato
nas originarias) y fracasando también en el intento ele asimi- del Río de la Plata, h Capitanía General de Chile) dando jus-
larlas, si alguna vez se lo propuso seriamente. La debilidad en tificación a la guerra de Independencia. El mantenimiento
toda el área, de la capa intermedia mestiza, sometida a los de la estructura económica generada bajo la Colonia (una de
dictámenes culturales del sector dominante al que remedó las razones por las cuales las clases superiores criollas se
con escasa originalidad, e incapaz durante siglos de traducir- opusieron al reformismo borbón, por lo cual sólo fue tem-
se en una cultura coherente y sistemática desarrollando una poraria su alianza con los intereses de la burguesía mercantil
literatura propia, acentuó la división dicotómica entre las' dos de los puertos), sirvió a la conservación de una estructura
culturas enfrentadas, relegando a las autóctonas supervivien- social afín y ambas concurrieron a dar asidero a la su-
tes a un conservatismo tradicional y folklórico que si por pervivencia de la cultura colonial bajo la República.6
una parte permitió una cierta respiración vital por otra no Si esta norma tiene aplicación generalizada a toda el área
hizo sino contribuir a su fácil manipulación.s andina, presenta sin embargo matices diferenciales que tie-
La República heredó la situación establecida por la nen que ver con el grado de desarrollo de las culturas autóc-
Colonia y la perfeccionó, situándola en un marco clasista. tonas y con su índice de población y concentración. Aun
Fue una clase social, heredera de las aristocracias locales dentro de un comportamiento similar es diferente la solu-
basadas en la propiedad de la tierra y en el trabajo servil, la ción que se alcanza en la Cundinamarca establecida sobre la
que aseguró la continuidad de la cultura hispánica de domi- antigua Bacatá, donde el sometimiento y la aculturación
nación, imponiéndose sobre una clase de trabajadores rura- alcanzaron altos niveles, 7 que la del corazón del Inkario
les, en su mayoría indios (pero también mestizos, aunque donde la resistencia indígena fue la mayor que se conoció en
éstos frecuentemente cumplieron las tareas de mayordomía América y donde por lo mismo la instalación española se
y de encuadre de los indígenas, actuando al sen·icio de los hizo con dificultad y generó esa curiosa alternancia de dos
señores y avanzando sólo tímidamente a los oficios) entre
quienes pervivió de diversos modos la vieja tradición cultu-
6 Sobre las actitudes de los diVersos grupos dominantes en el período de
la Independencia, ,-éase Pierre Chaunu, L'Amen"que et le.r Aménque.r, de la
5 Sobre los problemas de cultura y dependencia, el ensaYo de Aníbal préhistozre á 1/0JjOtii"S, París, 1964, y Tullo Halper:in Donghi, f-lút01ia contem-
porál!ea de /lménca J_atll/a, i\Iadrid, Alianza Edltonal, 1969.
Qui¡ano, "Cultura y donunación", en Dos tema.r pam el ert11dto de las teorías
7 Darcy Ribe~.ro (en su libro .Las /lméncas.y la cllJi!tzaaóll, Buenos A1res,
del subdesarrollo, Caracas, La Enseñanza \'in, 1973. \' éase también inter-
pretación del fenómeno cultural en los grupos soctales de los estratos Centro Editor, 1972, 2' ed.) explica como pueblo nue,·o a los grancolom-
bajos de la sociedad en Paul-Henrv Chombrat de Lauwe, fmagp de la mltu- bianos merced a la aculturacJÓn propiciada por las condiCiones mismas de
re, París, Payot, 1970. la cultura chibcha, que habría funcionado como "litera para señores".

146 • El área mltmcd andnw Ángel Rama • 147
capitales paralelas Luna y Cuzco A lo cual ha de agregarse haber sido propiCiada posltlvamente una IntegraCIÓn naCio-
que la d1v1s1Ón polítlca que remplazó a las demarcaciones nal que unplicaba un vasto esfuerzo de transculturaC1Ón, la
adrmmstratlvas españolas, de por sí bastante arbitrarias y cual fue recusada en cada uno de los tres grupos étmcos que
además acentuadas por la pugna de los caudillos de la conformaron el área (lo que teswnoma el fracaso de los
Independencia, redistnbuyó la umdad entre diVersas mestlzos llamados a contnbutr a esa tarea, quienes tardarán
Repúblicas, las cuales tuvieron comportarmen tos culturales siglos en acometerla) y al no operarse la transformaCIÓn de
diVergentes a lo largo de los siglos XIX y X ..'\: de acuerdo con las bases del sistema econórmco que sigUió respondiendo a
las onentactones de sus respectlvas capitales: así, la zona que formas atrasadas de explotaCIÓn agropecuaria y a la extrac-
quedó dentro de la República Argentlna ha de ser áspera- ciÓn de matenas prunas de acuerdo con las vanables deman-
mente Integrada, gracias al avance liberal del siglo XIX, a los das de la economía europea, se mmovillzó la creatlvidad y el
mandatos centralistas de Buenos Atres y sometlda, s1empre progreso de la zona en torno a fórmulas preeXIstentes. Estas
parcialmente, Siempre a la rastra, a sus d1ctámenes moderni- fatallnente, devinieron arcaiCas.
zadores; lo m1smo ocurnó en Venezuela con su reg¡ón occi- Es un teswnomo de la dialéctlca del amo y el servidor,
dental andma, aunque ya muy entrado el siglo LX. En cam- como no creo que pueda encontrarse otro Igual en el resto
biO la mayoría del área, que queda ba¡o los gobiernos con- del continente. SI el amo no sustituye al servidor pues nece-
servadores asentados en La Paz, Luna, Quito y Bogotá, se Sita de él (y la sola eXIstenCia del amo unphca la del servtdor)
ordena según los prme1p10s de una conUnUidad econórmco- y propiCia entonces su mera sumisiÓn, con lo cual comprune
soClal que la religa a la antlgua Coloma a la cual prolonga, en su capacidad creatlva transformándolo en el autómata que
flagrante dtscordanoa con el proceso umversal de la hora. recibe las órdenes, el amo se transforma a sí rmsmo en un
Tampoco busca otra salida, como se pretende que hizo el elemento equtvalente del sistema, simétnco de su siervo,
Paraguay de Franoa y de López, asptrando a un desarrollo hace de sí rrusmo el esclavo de ese régunen de surmstón y
naciOnal autárquico ba¡o un régunen paternalista y por lo por lo tanto se congela su propia capaodad creativa, se acan-
tanto no dependiente de la expansiÓn occidental sobre tona en la repeticiÓn de actltudes y valores. Él también es un
Aménca Latma La regtón andina s1n1.plemente se ennquece autómata, salvo que ermte las órdenes.
sobre el modelo ya estatuido La prolongaCIÓn de una ecÓnomía sermfeudal en Co-
El contragolpe de este comportarmento histónco fue la lombia, Ecuador, Perú, Bolivia, apro\'echando los con-
congelaciÓn por Igual de ambas culturas, enfrentadas dentro Ungentes sometidos de mdígenas o mestlzos, repercutiÓ en
de esquema!> clasistas -tanto la de ImpregnaCIÓn mdígena la orgamzaoón sooaJ y en la polítlca generando la parálisis
como la de unpregnaClÓn h1spanoeuropea- las que resulta- En mnguno de esos puntos se produ¡o la emergenCia de una
ron pare¡amente condenadas al estancamiento y a la repeti- concienCia naciOnal sostemda por una voluntad de futuro, tal
CIÓn de modelos anuguos. No fue sólo la cultura dominada como provocó en el mundo europeo la aportaciÓn de la bur-
la que se estancó, smo también la cultura dormnante Al no guesía ttansformadora que fue capaz de elaborar los gérme-

148 • él arm utllto 11 / andl!la Ángel R,tma • 149
nes de las nae1onalidades mm:ilizando los estratos tnfenores pae1dad para enfrentar las condlCiones de un mundo moder-
El tímido liberalismo de la zona fue una y otra vez vencido no y a parur de una fragmentaClÓn que se produce en la cul-
o dllmdo a través de pactos y conces10nes, a lo largo del siglo tura occidental con la emergenCla de nuevos grupos sociales
XIX, no pudiendo m siquiera extraer fuerzas de una revolu- Es en Lrma donde se eleva la funciÓn crítica, que no es más
ciÓn de IndependenCla que no había sido deseada ni necesi- que un med10 de regulae1ón de las deficienClas de cualqmer
tada por el estamento oligárqmco y cuyas consecuene1as fue- sistema, a un valor autónomo, mdependiente y soberano,
reproduciendo así las rmsmas características que d!eron naci-
ron, además, el empobreClmiento generalizado. De ahí que
la repeuda frase de José l\1artí acerca de que Nuestra rruento a la funClÓn crítica en la Europa del siglo XVIII ba¡o
Aménca "ha de salvarse con sus mdios" no nos parezca un el réglillen constnctivo desarrollado por la anstocraCla con-
lauguillo retónco smo una mtuiciÓn en que se apunta a esa tra la msurgencia burguesa, haciendo de ella un arma de des-
oscura mancomumdad de desunos, a esa mutua dependen- trucciÓn de una estructura mcapaz de adaptarse a los nuevos
oa que por no ser reconoe1da y trasmutada en una mtegra- requenrmentos de la sociedad. Peslffilsmo del presente (pero
ciÓn, cuando resultó requenda por la nueva estructuraClÓn pesrmismo extremado y arrasador) y optlffilsmo del Ideal
econórmca del mundo, el área andma pagó duramente (pero, optlffilsmo que se desbordaba en utopismo) fueron
La msumislÓn contra este sistema rígtdo, no podía smo las operac10nes básicas de la revisiÓn crítlCa, como ya está
pasar a través de sus condlC10nes Es una sene de mcesantes reconocido en el pensarmento de l\lanátegm qmen quizás no
rebeliones locales, desarttculadas, pro\·mcianas, anacrómcas, percibía hasta qué grado, tanto en él como en qmen él llama-
que suv1endo para ev1dene1ar lo msausfactono de la sltua- ra "el precursor", Manuel González Prada, la funciÓn crítica
ClÓn, srmultáneamente estaban teñidas de la ngidez acreatlva se articulaba dentro de las cond1c10nes culturales esta-
del sistema En el campo de la literatura la msumislÓn ha bleodas por la dialéctica del amo y el servidor y de ellas
pasado, en forma eqmvalente, a través del régimen del pan- extraía su acento, su requisltona, su formulaciÓn categónca,
fleto, la d1atnba, la reqms1toua, la denunCla, con una mgenua esa concesiÓn de plena autonomía confenda al cntlcismo y
confianza en los poderes de la palabra, subrepticiamente que ha de ser asumida por las generac10nes postenores
sacralizada Es el "MI pluma lo mató" de l\1ontalvo como un valor defimtono de la actividad mtelectual Se le ha
Ha) que destacar que en mnguna parte del área esa msu- vtsto reapatecer en el discurso mtelectual de l\laría Vargas
miSIÓn alcanzó la fuerza 1 la coherenoa que tuvo en la SOCle- Llosa.
dad peruana, por ser, como 1·a se apuntara, el punto donde Nmguno se equivocaba al señalar ese famoso "pus" que
todos los confuctos re1·elaban la mavor aspereza y donde las brotaba del cuerpo de la sociedad peruana (para apelar a la
conttadicClones del sistema resultaton más v10lentas De ahí metáfora apocalípuca de González Prada), aunque sus pro-
que hava stdo en la cmdad de Lrma donde se planteó la revi- posioones pudieran 1·emr revestidas de esa deformaciÓn que
:o,IÓn críuca del Sistema, a pattlr del momento en que éste aun en e} funClonamiento crítico lnttoducía el SIStema,)" que
demue!:>tra fehae1entemente (la guerra del Pacífico) su mea- un espíritu atempetado, buen conocedor de la hi'itona, Jorge

Angel Rama • 151
15() • él m ea wltma/ a!lcllllti
Basadre, pudo llamar "el progresismo abstracto". Lo que estos términos: "La historia del Perú en el siglo XIX es una
desde Manuel González Prada comenzó a formularse a fines historia de oportunidades perdidas y de posibilidades no
del siglo XIX y tlene desarrollo en sus discípulos Clorinda aprovechadas." 9
Matto de Turner o Fedenco More, lo que se impone en la A cualquiera de esas negaciones, Haya de la Torre y
década del veinte de este siglo con la obra de Haya de la Mariátegui las han de dotar de bases económicas y sociales
Torre, José Carlos 11ariátegm, César Vallejo, Luis E. nítidas, buscando la explicación de la parálisis en el sistema
Valcárcel, José Sabogal, Luis A. Sánchez y en el vasto movi- de explotación de la tierra y en la estructura social que sobre
miento indigenista de reiVindicación social, es el proceso al ella se aposenta. Ambos estuYieron dominados por una pre-
estancamiento andino. Ya habían contribuido a él, desde ocupación principalmente política, reivindicativa y práctica,
posiciones casi opuestas, hombres como Baldomero Sanín a cuyo servicio pusieron los textos en que analizaron la cul-
Cano y Alcides Arguedas, en Colombia y Bolivia, respectiva- tura peruana.
mente, y a él se plegaría la generación, nativista, criollista, Ese atraso de la cultura andina se traduce también en su
indigenista,"de la pnmera posguerra, según las demandas de aportación literaria durante el siglo XIX y aun antes,.si revi-
los diversos puntos de la zona. samos lo endeble de las transformaciones del siglo XVIII
Ése es el punto de partlda. Insatisfacción por el atraso, que en otras zonas mostró una aceleración histórica precur-
por el arcaísmo (en cuya determinación tnfluye el subrepti- sora de la Independencia. La pobreza de la contribución lite-
cio modelo europeo que se mane¡a), por la congelación de raria andina en el siglo de la República, responde, en toda el
las culturas que fragmentaba la unidad posible del país, una área, a la congelación sobre modelos pasados de una cultura
de las cuales, la indígena, será Idealizada sin medida, y la otra, de dominación que se negaba a forjar la unidad nacional mo-
que era la realmente conocida por esta pléyade intelectual, dernizada, o sea a los provenientes de la herencia española
juzgada stn apelación. Este principio negador puede formu- que allí siguió viviendo más que en otras áreas latinoameri-
larse de diversas maneras. Para Luis Alberto Sánchez, que canas.
habla desde el campo de la literatura: "En el Perú existió No se trata sólo de lo tardío de la incorporación román-
siempre una espeoe de rechazo, unplícito o expreso a toda tica y su aire desvaído (puesto que es general la pobreza del
novedad por ser nO\~edad, lo mismo en literatura que en romanticismo en América Latina) sino la adhesión nostálgi-
política, en pintura que en sociología; y, a continuación, un ca a una cultura en decadencia como la española de ese tiem-
retrasado frenesí."8 po cuya línea literaria tradiCionalista (Mesonero Romanos,
La misma idea puede expresarse, aplicada al campo his- Espronceda, el duque de Rivas, Castelar, l\lenéndez y
tónco, con la discreción que caractenza a Jorge Basadre, en Pelayo) siguió abasteciendo a los mejores talentos de la

8 Lut~ ,\lberto Sanchez, La lztt'lt:JIIIra pu1t<llla. Asunctón, Buenos Aires. 9
Jorge Basadre, i\1edttaaoner .robre el desi!IIO histónco del Pení, Ltma, Edtoones
Guatanta. 1')S l. t \'1, p 253 . H uascarán. 1 ')4 7, p. 139.

!52 • 1:1 círea mltural a11d111a Angel Rama • 153
el campo específico de la literatura, eso puede explicar tanto
reg1ón andina, dando pie a la designación "literatura colonia- las transformaciones que se venían produciendo en Chile
lista" que le habrán de aplicar sus enjuiciadores del siglo X.:Y
como la obra de Palma las que no se efectuaban en el Perú,
Proyectos como el purismo idiomático bogotano, como la_
preanunciando el desenlace que tendría la infaus~a gu~rra del
María del caleño Isaac, como la insólita aventura de escribir
Pacífico (1879-1881). Si bien es difícil comparur la 1dea de
los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes por un ecuatoriano
Mariátegui de que con González Prada se funda la peruanidad
del siglo XIX, Juan l\Iontalvo, o como la tímida solución
en la literatura, en cambio es evidente que con él comienza
pactista de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma o del
la "modernidad", que se ha de expresar bajo las especies
costumbrismo de Tomás Carrasquilla en la descendencia de
panfletarias que la misma rigidez cultural del medio_ estatuye.
José María de Pereda, no tienen equivalente en otras áreas
Ese rasgo lo transformará en maestro de los escntores del
culturales donde la reelaboración de la modernidad (roman-
siglo X.:"X, religándolo a su misma ofensiva modernizadora.
ticismo, liberalismo político, individualismo, librecambismo,
Por eso es correcto ver en su poesía los signos iniciales de
econonúas de exportación y muy pronto realismo, positivis-
un "modernismo", que obviamente no coinciden.con los del
mo, orden burgués y tecnificación) comenzó a cumplirse
rubendarismo con que se acostumbr¡¡ a interpretar ese movi-
muy pronto. Así se lo registra en el área brasileña o riopla-
miento artístico (como tampoco coincidieron los rasgos
tense, lo que facilitó la aparición de la obra de Sarmiento o
notoriamente "modernistas" de la poesía de José Martí),
de Machado de Assís, con las cuales nos incorporamos a un
permitiendo establecer la correcta orientación de la lírica
lenguaje narrativo que ya pertenece a la civilización contem-
posterior. Salvándose de la verbosidad imitativa del moder-
poránea. N o significa que ésos sean los únicos modelos
nismo peruano, tipificada en Chocano, ésta habrá de expre-
posibles de la creación artística ni tampoco que fatalmente
sarse tardíamente, ya en las inminencias de la incorporación
debieran corresponder a las normas culturales europeas del
futurista, en la depurada y rigurosa creación de José María
momento, sino que en el área andina no surgieron ni tampo-
Eguren (Simbólicas, 1911) que responde a la onda magisterial
co aparecieron otros, propios y originales, que delataran un
de González Prada.
índice de invención que por lo regular se equipara con el
En el área andina el modernismo poético fue tardío, débil
índice de movilidad de la sociedad.
y rigurosamente minoritario. La soluoón dada por Ricardo
Sea cual fuere la valoración que se asigne a la obra de
Jaimes Freyre fue la misma de Rubén Darío: incorporación
Ricardo Palma, cuya rehabilitación fue abierta por el propio
a otra área cultural, a un centro dinámico como era Buenos
Mariátegui haciendo de él un intérprete del demos limeño,
Aires. Se corrobora inversamente con la solución dada por
no hay duda de que en 1872 la "tradición peruana" es una
José Asunción Silva. El pistoletazo con que este esquivo
solución estética epigonal que todavía se abastece de la lite-
modernista pone fin a su vida en 1895, sm haber llegado a
ratura española romántica cuando no de los maestros del
ver ni siquiera organizada en libro su parva obra, pone fm
Siglo de Oro. Para esa fecha, el novelista chileno Blest Gana
también al intento de renovación del lenguaje poético
hacía diez años que había publicado el j\!Jartín Riva.r y, desde

Ángel Rama • 155
154 • E/ rirra mlt11ml andu~t.:
colombiano abandonándoselo a las pompas de Guillermo mación que implicaba el desarrollo capitalista, se comprimie-
\ralencia por no menos de treinta años. Y el fracaso político ron dentro de las fórmulas adquiridas por la Colonia, hacien-
de González Prada, la extremación individualista que se va do de la misma cultura española que les había dado vida,
acusando hasta el final de su vida, subraya tanto su terca mera remanencia folklórica. Por lo tanto, resultaron explota-
fidelidad a las ideas como la indigencia intelectual del medio, dos exactamente de la misma manera como ellos explotaban
la inexistencia, todaYÍa, de algo más que fuertes individuali- a sus indígenas, sin posibilidad de progresar y de ponerse al
dades rebeldes, o sea, un grupo social coherente. día, de adquirir fuerzas para alcanzar autonomía.
La genialidad de González Prada consistió en percibir el A pesar de las enmiendas y correcciones que Ivlariátegui,
vínculo que unía a dominadores y dominados tras la rígida desde otra perspectiva y otro tiempo, introduce en la prédi-
compartimentación en que creían estar separados. Vio con ca de González Prada, hay que convenir en la pasmosa luci-
_claridad 10 que el desprecio al indio por parte de los blancos dez de éste para detectar los exactos vicios de la cultura de
peruanos y el sojuzgamiento en que se lo mantenía, se halla- su época y recomendar las únicas soluciones que podían ser
ban repetidos, inversamente, por la misma valoración y el viables dentro de la sociedad en que vivía. Su ataque a
mismo sojuzgamiento en que los europeos tenían a los blan- Castelar y a las remanencias de una literatura pasatista, ape·-
cos peruanos, abriendo así la posibilidad de comprender a la gada al Virreinato, oponiéndole el examen del presente
cultura dominante como un callejón cerrado, vistos los dos histórico como cometido central, fue incorporada a'la car-
factores que la regían: la dependencia del exterior y el aisla- tilla de las nuevas generaciones. Su oposición frontal a la len-
miento respecto al interior. gua arcaizante, gozosa de la ornamentación palabrera, opo-
Al ser incapaz de integrar la nacionalidad, para lo cual niéndole una lengua pre~isa, destilada como un alcohol refi-
hubiera debido acceder a una vasta transculturación, no tenía nado, en la linea aristocrática del enciclopedismo (Voltaire)
detrás de sí a una nación. Ni siquiera se planteaba la necesi- ha de determinar los comportamientos poéticos de Eguren,
dad de forjarla como manera de asegurar su propia supervi- pero también el idioma riguroso y. acerado de 1\Iariátegui. Su
vencia en el mando. Obligada por el régimen de sumisión animadversión contra Palma es capital en este contexto:
establecido, a no ser sino la réplica homóloga del servidor en mientras la literatura continuara en la infinita acumulación
el hemisferio de la dominación, carecía de elementos dinámi- de cuentecillos, sea cual fuere su tema, su estilo y su lengua
cos con los cuales enfrentar el proceso de modernización (y (aunque éstos debían forzosamente ser, como el sistema
también de sujeción porque ambos venían conjugados) que narrativo aplicado, pasatistas) no habría manera de acceder a
procedía de Europa. Los blancos del área andina se transfor- las estructuras orgánicas de la novela que la burguesía euro-
maron en los mdios de los europeos: rechazaron la transfor- pea, a la hora de su triunfo en el siglo XIX, había logrado
imponer, estableciendo vastas maquinarias armónicas que
delataban la capacidad racionalizadora de la empresa liberal
lO ~Ianuel Gol17ález Prada, "Nuestros mdios'' en llrmu de !lfcha (1908),
. . ' acometida. En el paralelo terreno de las ciencias, sólo un
Buenos Aires, Amencaléc. 1946.

156 • El área mlt!tra/ al!dllla Ángel Rama • 15 7
cienufiosmo consagrado a la apltcac1ón del sistema raciona- una interpretación geocultural de Perú y Ecuador, dividién-
lista extremado, podía desarrollar formas mentales que se dolos en las regiones costeña y serrana (amén de la selváti-
adecuaran y propiciaran la construcción de una sociedad ca) si bien no consintió el progreso de cada una de ellas, pro-
moderna. Su afán rector es la modernización, su desespera- veyó de un sinnúmero de rasgos que, con las cautelas antro-
ción el atraso respecto a las regrones del sur (Chile, el Río de pológicas del caso, deberíamos llamar arcaicos, lo que tam-
la Plata) donde ve fructificar el nuevo modelo. bién puede traducirse como cercanos a las fuentes primige-
Las acciones de la cultura de dominación, en el área rio- nias o también como adentrados en comportamientos pro-
platense, eran exactamente las contrarias de las que caracte- fundos de América Latina.
rizaban a su homóloga andina. Mariátegui, que no se enga- A consecuencia de la rigidez, contra la cual insurgió la
ñaba acerca de los cometidos modernizadores que recaerían generación indigenista, se habían conservado numerosos
en quienes participaban de su pensamiento revolucionario rasgos de la cultura autóctona que revelaban ser todavía efi-
socialista, lo vio con toda claridad. La capital natural del área caces para su funcionalidad -pues de otro modo habrían ya
sur, Buenos Aires, se había asociado en estado de dependen- desaparecido- sirviendo a la identificación y comportamien-
cia a las puisiones externas, franco-británicas, asumiendo su to de una sociedad sometida. Eran, en cierta forma testimo-
proyecto universal de remodelación socioeconómica y par- nios del pasado que se guardaban en los estratos inferiores
cialmente lo adaptó a sus requerimientos locales. Para cum- fijando la coherencia social y dibujando una cosmovisión
plirlo trasladó coercitivamente sus imposiciones a las socie- indispensable para la existencia de un grupo humano. Pero
dades regionales, sometiéndolas a la fuerza. Pero al mismo eran también reservorios de imprevisible potencialidad si se
tiempo las impregnó de un conjunto de valores renovados los pudiera dinamizar con sentido creativo. A esa tarea se
que eran indispensables para su nuevo funcionamiento, para aplicó la generación indigenista, que tuvo numerosísimos
el papel que se le había asignado y. asimismo, clave de su portavoces periódicos, sobre todo en las provincias que asis-
posibilidad de progresar y aun romper la sujeción. tieron a un renacer de la vida intelectual, inagotables y ver-
bosas polémicas, generosos y líricos impulsos reivindicati-
2. Indigenismo del mesticismo vos, ejercicios algo primarios de arte y literatura. Alcanzó su
plena expresión teórica a través de la prédica de la revista
Si la rigidez de la dicotomía cultural andina habría de pretex- Amauta bajo la dirección de José Carlos Mariátegui.
tar la requisitoria contra el "colonialtsmo" también habría de El indio aparecía por cuarta vez en la historia de la
motivar, paralelamente, la idealización del indígena que ins- América conquistada como la pieza maestra de una reclama-
tauró una escuela de larga y nutrida trayectoria, el indigenis- ción: había sido primero la literatura misionera de la
mo, con especial predicamento en Perú, Bolivia y Ecuador (y Conquista; luego la literatura crítica de la burguesía mercan-
ecos en 1\·Iéxico) desde 1920 hasta 1950 aproximadamente. til en el período precursor y revolucionario que manejó
La rigidez de ambas culturas andinas, que incluso permitió como instrumento el estilo neoclásico; por tercera vez en el

158 • El área at!tural andma Ángel Rama • 159
período romántico como expresión de la larga lamentación puede darnos una versión rigurosamente verista del indio.
con que se acompañaba su destrucción, retraduciendo para Tiene que idealizarlo y estilizarlo. Tampoco puede darnos su
la sociedad blanca su autoctonismo; ahora, por cuarta vez, propia ánima. Es todavía una literatura de mestizos. Por eso
en pleno siglo X..'X, bajo la forma de una demanda que pre- · se llama indigenista y no indígena. Una literatura indígena, si
sentaba un nuevo sector social, procedente de los bajos debe venir, vendrá a su tiempo. Cuando los propios indios
estratos de la clase media, blanca o mestiza. Inútil subrayar estén en grado de producirla."ll
que en ninguna de esas oportunidades habló el indio, sino El indigenismo, como todo movimiento animado por
que hablaron en su nombre, respectivamente, sectores de la una pasión de justicia social que cuenta con bases legítimas,
sociedad hispánica o criolla o mestiza. Inútil también agre- habría de abarcar a muy distintas personalidades, orientacio-
gar que en todos los casos, fuera de la convicción puesta en nes artísticas, ftlosóficas o políticas, situaciones culturales o
el alegato en favor del indígena, lo que movía principalmen- niveles educativos. Prácticamente en él cabría todo lo que no
te ese discurso eran las propias reivindicaciones de los dis- fuera estricto y envejecido conservadurismo, por lo cual el
tintos sectores sociales que las formulaban, sectores minori- abanico inicial, que presenta va desde un lirismo pasatista
tarios dentro de cada sociedad, pero dueños de una intensa dentro de la idealización posromántica, como se presenta en
movilidad social y un bien determinado proyecto de progre- las obras de Luis E. Valcárcel, 12 hasta las posiciones que
so social, que engrosaban sus reclamaciones propias con las revelan la reciente incorporación a América Latina ele los
correspondientes a una multitud que carecía de voz y de socialismos según las plurales versiones de Haya de la Torre,
capacidad para expresar las suyas propias. Con esta afirma- Mariátegui, Hildebrando Castro Pozol3 quienes fueron los
ción no se busca disminuir al movimiento indigenista, al cual que en realidad le otorgaron contextura ideológica.
se debe la formación de una conciencia nueva acerca del tra-
ta.miento más justo a los descendientes de las culturas autóc-
11 José Carlos Mari á tegui, Siete ensqyos de interpretación de la realidad peruana
tonas y la recuperación, arqueológica, de un pasado muy (1928), Santiago, Editorial Universitaria, 1955, pról. Guillermo Rouillon,
rico, sino situarlo sociológicamente y comprender por lo p. 252.
tanto la especificidad de sus rasgos en las artes y en la litera- 12 De la nutrida obra de Luis E. Valcárcel y de sus tesis hay un resumen
tura, que fueron los campos donde dio sus mejores batallas. en Ruta mltttral del PertÍ, :\léxico, Fondo de Cultura Económica, 1945.
Aparte de su proclama, Tempestad en los Andes, Llffia, 1927, y de su Mimdor
Primero que nadie lo supo José Carlos ?viaríátegui. En su
indio (dos series), es 1IDportante su aportación de Cuentos y lryendas inkas,
febril recorrida de la literatura peruana, nos dice: "Y la Lima, Imprenta del Museo Nacional, 1939.
mayor injusticia en que podría incurrir un crítico sería cual- 13 De l\hriátegui los Siete ema_yos citados; de "Víctor Raúl Haya de la Torre,
quier apresurada condena de la literatura indigenista por su ¿A dónde tJa Indoaménca?, Santiago, Ercilla, 1936 (Y ed.), ). El cmtzimperialú-
falta de autoctonismo integral o la presencia más o menos moJ' el Apra, Santiago, Ercilla, 1936 (2• ed.); de Hildebrando Castro Pozo,
1\uestra comunidad wdigena. Lima, Del '!YIIu al cooperatwismo socialista, Lima,
acusada en sus obras, de elementos de artificio en la inter- 1936, y "Social and economic-political e\·olution of the communities of
pretación y en la expresión. La literatura indigenista no central Peru", en l-!cmdbook ql Sotrth Ameriwn Indiam, vol. 2.

160 • El área cttltural andwa Ángel Rama • 161
Pero si sometemos a un análisis, que ni siquiera sea valo- América Latina, que en- otras áreas había comenzado desde
rativo, sino meramente estimativo y defmitorio, según las antes su despliegue triunfal, hacia 191 O, y que una década
técnicas de la sociología del arte, a los productos aportados después ya había producido el arte de Manuel Rojas o
por la primera generación indigenista, donde caben las obras González Vera, el de Baldomero Fernández Moreno 0
de José Sabogal o Guayasamín en las artes plásticas, las de Alfonsina Storni, el de Ramón López Velarde, José Eustasio
Enrique López Albújar, Jorge Icaza o Jesús Lara en la narra..- Rivera, Rómulo Gallegos o Juana de Ibarbourou, la cuentís-
tiva, reconoceremos rápidamente la presencia de la nota tica de José Pedro Bellan o Monteiro Lobato, o sea la litera-
mestiza más que la india y esa misma nota será la que defina tura de las emergentes clases medias que en el continente
el triunfo más alto del movimiento, la novela de Ciro Alegría promoverán la democratización progresiva de sus países
El mundo es ancho y qjeno. Encontraremos, animando estas mediante un reformismo acelerado. Serán las que instauren
obras y confiriéndoles significado, esa cosmovisión que los principios de la Reforma universitaria en Córdoba pero
' '
generó una nueva capa social que se había desarrollado en también las capaces de desencadenar el movimiento made-
. los pueblos de las provincias y en las ciudades merced a los rista en la Revolución mexicana .
instrumentos educativos; permitieron ascender desde una Lo que estamos presenciando es un grupo social nuevo,
inicial situación en la parte baja de las incipientes clases promovido por los imperativos del desarrollo económico
medias, respondiendo a la convocatoria forzosa que hacía el modernizado, cuyo margen educativo oscila según las áreas y
débil proceso de modernización instaurado tras la primera el grado de adelanto alcanzado por la evolución económica, el
guerra mundial, ya necesitado de una implementación más cual plantea u_ttidas reivindicaciones a la sociedad que inte-
amplia y más capacitada. Pero al mismo tiempo esa clase gra.14 Como todo grupo que ha adquirido movilidad -según
había visto contenido su avance por las remanencias de la lo apuntara Marx- extiende la reclamación que formula a
estructura arcaica de la sociedad, que se oponía al proceso de todos los demás sectores sociales oprimidos y se hace intér-
modernización. Enfrentándose a ella, genera una reclama- prete de sus reclamaciones que entiende como propias, engro-
ción social y política que utiliza como instrumento de divul- sando así el caudal de sus fuerzas con aportes multitudinarios.
gación y de acción crítica a la literatura y al arte (lo que ya No hay duda de que se sentía solidario de los explotados, aun-
defme su nivel operativo) amparándose del indigenismo,
pero expresando en realidad al mesticismo. Un mesticismo que 14 En su fermenta! ensayo, ''Algunas características originales de la cultu-
sin embargo, no se atreve a revelar su nombre verdadero, lo ra mestiza en el Perú contemporáneo" (Rwista del j\¡fuseo Nacional, Lima, t.
que destaca la ambigüedad con que actuaba en su coyuntura :X..."XIII, 1954), Fran¡;:ois Bourricaud anota con agudeza: "El movimiento
emergente y los escasos recursos intelectuales que confor- indigemsta que exalta con más pasión que discernimiento el gran pasado
precolombino del Perú es un pr.oducto de esta inteligencia mestiza que
maban su equipaje al emprender su ascensión social.
expresa la protesta de gentes Instruidas, ambiciosas, descontentas, a quie-
Reconoceremos por lo tanto en este. indigenismo un nes la ~!ase afianzada de los propietarios niega toda oportunidad de pro-
ramal especializado de la literatura y el arte regionalistas de moción." (p. 169).

162 • El área mltuml andiJia Ángel Rama • 163
que también no caben dudas de que le sen-ían de máscara por- cosmovisión cultural que fue el dato implícito desde donde
que en la situación de esas masas la injusticia era aún más fla- se procedía a la creación y que por lo tanto estableció la
grante que en su caso propio, y además contaban con el inne- pauta de los textos que a ella respondían.
gable prestigio de haber forjado en el pasado una original cul- No tenemos ya por qué manejar las cautelas que reclama-
tura, lo que en cambio no podía decirse de los grupos emer- ba l\'Iariátegui para tratar críticamente de un movimiento
gentes de la baja clase media. Esas multitudes, por ser silencio- incipiente, aún en ciernes, y del que podían esperarse frutos
sas, eran si cabe más elocuentes, y, en todo caso, cómodamen- maduros en el futuro. Era incipiente en la fecha en que él
te interpretables por quienes disponían de los instrumentos escribía, a mediados de los veinte, pero ahora que han pasa-
adecuados: la palabra escrita, la expresión plástica. do cuarenta años y ha concluido su ciclo histórico ya no es
Quizás haya sido ésa la trampa que esterilizó los esfuer- una profecía sino un balance lo que corresponde hacer. Ese
zos cumplidos en las disciplinas artísticas por el movimien- balance le es adverso. Y si lo es, justamente se debe al equí-
to indigenista, reflejando así otros equívocos subterráneos voco que puso en juego, al consagrarse a personajes y asun-
en el campo de las ideas. Porque se trató de una literatura tos que correspondían al funcionamiento de una cultura
escrita por y para las bajas clases medias o mestizas en situa- dominada y reprimida para la cual sin embargo no tuvo per-
ción de ascenso y por lo tanto, ansiosas de una culturización cepción valorativa. Lo que ignoraron mayoritariamente fue
indispensable para el cumplimiento de su proyecto. Ese cir- la cultura indígena del presente, viva y auténtica bajo los
cuito cerrado transitaba sin embargo a través del tema indí- harapos materiales o la injusticia opresora. Y por la más sim-
gena, usado como elemento referencial y nunca como ele- ple de las razones, porque le parecía inexistente o inferior (y
mento que pudiera ser puesto a la prueba de la realidad dado de ahí el vertiginoso remontar del tiempo para mitificar el
que en ningún momento el público al que se dirigió el indi- pasado, el Inkario, recuperándolo sólo a él, o sea las le-
genismo estuvo compuesto de indios. Tampoco había pasa- yendas, en la cultura presente) en lo cual no hacían sino pro-
do eso con el Memoria! de Las Casas, tampoco con el Siripo bar en cuáles fuentes culturales se abastecían, que no eran
de Labardén, ni con el Tabaré de Zorrilla de San Martín, pues otras que las de la cultura de dominación, cuyo signo habían
todos ellos como el Huasipttngo de Jorge Icaza, fueron mate- mvertido. El movimi~nto indigenista vio y explicó a los
riales para el consumo de los integrantes de una misma cul- indios con los recursos propios de la recién surgida cultura
tura global, según los diversos estamentos en que fue situán- mestiza, que en puridad no era sino la hija bastarda de su
dose, hispánico, criollo o mesuzo, en los períodos sucesivos, padre, el eterno conquistador blanco, que en esos momen-
manejando un tema en cierta manera exótico cuya finalidad tos estaba consagrada a exigir reconocimiento y legitima-
hay que buscar, más que en el discurso explícito reivindica- ción, que le eran negados por su progenitor. De la cultura
tivo (haya sido moral, político, metafísico, social, en los res- dominante extrajo todos los elementos que consideraba úti-
pecuvos casos mencionados), en los recursos artísticos y les, sometiéndolos a un proceso de simplificación, es-
literarios puestos en juego, en las estructuras estéticas, en la clareciéndolos gracias a su contacto estrecho con el funoo-

164 • El área cultural andina Angel Rama • 165
namiento real de la sociedad en que vivía, o sea su áspero que logra adentrarse en algunos valores de la cultura indíge-
afán de supervivencia en un medio hostil. Eso le permitió na, genera una contradicción interna que frustra estética-
desinflar la retórica pomposa en que podían continuar mente la creación.
viviendo los Francisco García Calqerón o los José de la Riva- Retrospectivamente es visible la indigencia que ca-
Agüero y no se diga sus antepasados y eso le permitió tam- racterizó a la cultura mestiza del área andina cuando apare-
bién ser más indulgente para Palma. En el camino hacia su ció, como una equivalente de la cultura criollista o regiona-
legitimación, encontró una interpretación de la realidad que lista de otras zonas, aunque algo más tardía y asimismo es
hizo suya por su claridad y realismo, pero a la que también visible la rapidez con que se pertrechó y transformó hasta
simplificó. Se trata del marxismo, que en la época se ofreció adquirir un nivel adulto en pocas décadas, tiempo que está
con rasgos mecánicos y simplistas. Un hombre tan dotado exactamente medido por su abandono de la temática indige-
intelectualmente como Mariátegui, pudo homologar al nista, ya que una vez llegada a un dominio evolucionado de
comunismo con una religión, lo que parecería colocarlo en sus recursos que apuntaría al desarrollo social alcanzado, se
la descendencia del criticismo de Kautsky, pero no hacía la ve desembarazarse de la exclusiva indigenista y comenzar
sino asumir la concepción que podía formarse del socialis- a apropiarse de una realidad más variada donde ha de tener
mo científico un medio escasamente preparado, que comen- participación considerable la vida urbana. Muchas de sus
zaba a desarrollarse y aún mantenía enormes reservas de la soluciones artísticas iniciales pueden emparentarse con las
fe del carbonero para invertirlas en un nuevo santoral. de otras áreas, como la centroamericana y aun la mexicana
El equívoco de ese mesticismo disfrazado de indigemsmo es que estaban cumpliendo, en otros grados y con otros con-
el que nos permite comprender que, pasado ya el tiempo de flictos, evoluciones parecidas. Pero en cambio se distingue
su ebullicioso período polémico, una obra como Los de las áreas que hacia 1920 habían obtenido un avance
Sangurimas de José de la Cuadra pueda resultamos de más importante en el desarrollo interno de las capas medias o
plena verdad y eficacia artística que las novelas indigenistas habían contado con contribuciones por parte de miembros
de Jorge Icaza que en su momento alcanzaron una difusión de otros niveles más altos de la sociedad que se habían
poco menos que incomprensible hoy día. Porque la peque- integrado al movimiento: en éstas el vasto sector intermedio
ña novela del ecuatoriano logra ajustar la cosmovisión que ascendía mediante sucesiYas aportaciones intelectuales hasta
rige los instrumentos literarios y que responde a esa acepta- probar su capacidad para manejar con soltura los instrumen-
da y por lo mismo gozosa visión mestiza del mundo, a los tos heredados de las clases superiores. En cambio, el largo
asuntos, person'ajes, medio, puestos en funcionamiento en estancamiento andino habría de pagarse con una falta de
la obra, instaurando un orbe autónomo y armónico. preparación del grupo emergente mestizo que había vivido
J\!Iientras que en las obras de Jorge Icaza la colisión de en Situación de dependencia servil y recién ahora iniciaba su
ambos universos, que habría de hacerse tan flagrante desde propia recorrida histórica, o simplemente era forzado a ella
que José l'vÍaría Arguedas publlca sus cuentos y novelas en por las circunstancias de la modernizaciÓn.

166 • El áreu mltural andma Ángel Rama • 167
Que no obstante esta pobreza inicial, respondía a una po y una cultura abolidos. Tampoco estuvieron ausentes
expectativa que se fue haciendo cada vez más notoria, o sea quienes procedieron a una re interpretación de ese pasado a
a una irrupción social que se produjo a borbotones a lo largo la luz de las ideas más recientes hasta imponer un nuevo
de los años veinte, treinta y cuarenta, con suficiente vigor mito que quedó definido en el titulo de un libro famoso, El
como para absorber en su universo valorativo a otros secto- imperio socialista de los incas, pero que fue un lugar común del
res sociales intermedios, lo demuestra el éxito alcanzado por pensamiento político socialista, que vio en la supervivencia
el material literario que aportaron los primeros indigenistas del "ayllu" la llave para conectar las estructuras económicas
así como su estrecha vinculación con los productos de los arcaicas con las más modernas en un abrir y cerrar de ojos
regionalistas de otras zonas latinoamericanas. Perú vivirá en transitando milenios.
la década del cincuenta la serie de Festivales del Libro que Estas discordancias son las que explican la polémica
anegarán de papel impreso al país. Uno de los creadores de interna sostenida constantemente por los indigenistas y son
este sistema de ediciones populares masivas, .Nianuel Scorza, sobre todo las que proporcionan las fuentes del recio pensa-
será el que rematará epigonalmente la versión social del indi- miento de Mariátegui, quien en oposición a muchos desvarí-
genismo con un2. setie de novehs inici2.d2. con Redoble par os ide2.lizadores del p2.s2.do h2.bti de teivindic'd.t el 2.nilisis
Rancas (1970). económico y social del problema del indio, así como la fun-
En el Festival del Libro que en noviembre de 1957 orga- ción central de las vanguardias intelectuales capitalinas o
nizaron los editores limeños Mejía Baca y Villanueva, se edi- costeñas. Ambos temas son de hecho el mismo tema.
taron en tiradas de medio millón de ejemplares las obras de Del mismo modo que no admite la rígida dicotomía fija-
Jorge Icaza (Huasipungo), de López Albújar (Matalache), de da a partir del pensamiento de González Prada y desarrolla-
Cito Alegría (El mundo es ancho y qjeno) más los clásicos del da por Federico More, en un Perú costeño íntegramente
regionalismo: Cuentos de amor de locura y de muerte de Horacio condenable y un Perú serrano que custodia todos los valo-
Quiroga, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Los de abqjo de res, porque en ese caso estaría desconociendo "las reivindi-
Mariano Azuela. Algún periódico, que reseña el aconteci- caciones de una vanguardia que en Lima como en el Cuzco,
miento, se lamenta de que no se haya incluido también en Trujillo, en Jauja, representa un nuevo espíritu nacio-
Yanacuna de Jesús Lara. Efectivamente, sólo él faltaba. nal",IS del mismo modo no acepta ninguna solución del pro-
El indigenismo, por su misma amplitud y ambigüedad, blema indígena que repose en consideraciones éticas o cul-
había conjugado muy plurales aportaciones. También turales y pretenda sustituir las explicaciones fundamentales
Ventura García Calderón escribió por entonces cuentos que son de índole económica y sociaL Esto ha de constituir-
indigenistas (folkloristas) y no faltaron los imprudentes ide- se en el rumbo de su pensamiento, que no es sino amplia-
alizadores del pasado precolombino que, al entonar su ción del deslinde que efectuara González Prada entre pro-
himno exaltador, perdieron de vista la situación presente del
indio y llegaron a creer en la posible restauración de un tiem- Is s·te/e e//St!JOS... , op. a!·.. p. 1ss .

168 • El áretl ot!tural andina Angel Rama • 169
blema racial y problema social, respecto almdio. A esas mismas condiciones puede atribuirse que, en su
Ya en 1927, en el prólogo a Tempestad en los Andes de Luis afán de combatir las estériles -líricas o fraudulentas- expli-
E. Valcárcel, afirmaba drásticamente: "La reivindicación del caciones del problema indio que escamoteaban el hecho
indígena carece de concreción histórica mientras se mantie- central de su base económica, haya realzado este elemento
ne en un plano filosófico o culturaL Para adquirirla -esto es hasta perder de vista a los restantes que conforman a los
para adquirir realidad, corporeidad- necesita convertirs~ en grupos humanos. Se trata de otro ejercicio de esa simplifica-
reivindicación económica y política."16 ción operativa que apuntamos como peculiar de la cultura
Esa convicción la amplía en los Siete ensqyos y le confiere mestiza en su primer estadio, y que nace de las inmediatas
perfiles aún más drásticos: "Todas las tesis sobre el proble- necesidades de la educación y la acción del nuevo sector
ma indígena, que ignoran o eluden a éste como problema · sociaL Era y es evidente que el problema indio transita
económico-social son otros tantos estériles ejercicios teoré- obligadamente por su base económica (o sea la propiedad de
ticos -y a veces sólo verbales- condenados a un absoluto la tierra, los sistemas de explotación agrícola) pero también
descrédito. N o las salva a algunas su buena fe. Prácticamente era y es evidente que ella no agota las cuestiones que plantea
todas no han servido sino para ocultar o desfigurar la reali- la integración de una estructura cultural antigua a la sociedad
dad del problema. La crítica socialista lo descubre y esclare- presente, como quedará evidenciado cuando el sistema eco-
ce, porque busca sus causas en la economía del país y no en nómico capitalista comience a descongelar los grupos indí-
su mecanismo administrativo, jurídico o eclesiástico, ni en su genas estancados. Sin embargo Mariátegui habrá de insistir
dualidad o pluralidad de razas, ni en sus condiciones cultu- en su oposición a las interpretaciones "culturalistas": "Lo
rales y morales." 17 único casi que sobrevive del Taw:mtinsuyu es el indio. La
Como es sabido, Mariátegui alterna diversos sistemas civilización ha perecido: no ha perecido la raza. El material
interpretativos según los casos. No admitía, en el caso del biológico del Tawantinsuyu se revela, después de cuatro
indio, una explicación racial aunque sin embargo manejaba siglos, indestructible, y, en parte, inmutable."18
esos argumentos para analizar el factor negro de la costa, Si e\·identemente la cultura del Tawantinsuyu, en cuanto
descendiendo a consideraciones psicorraciales. Tales ambi- tal, había efectivamente desapareodo y era un desvarío pen-
valencias son consecuencia de un pensamiento polémico sar en su eventual resurrección, existía sin embargo, reem-
que funciona como respuesta a determmadas proposiciones, plazándola y religando a una comunidad viva con esa misma
construyéndose sobre la marcha, de manera premiosa y fuente, una estructura cultural que fue la que permitió la
urgida. supervivencia de los indios en ese carácter y no las aducidas
razones biológicas que incluso podrían jugar contra los razo-

16 Idem,
. p. 28.
17 Ídem, p 27. 18 Ídem. p. 253.

170 • El área m/tural andl!la Ángel Rama • 1 71
narnientos de l\lariátegui, vista la distinta evolución que han
los recursos estilísticos siguen siendo los mismos de la narra-
tenido históricamente las tasas demográficas de blancos,
tiva realista y descubrimos que el sustentáculo de la creación
mestizos e indios. El lazo que permitía vivir a una sociedad
postula el manejo de las coordenadas racionalizadoras, como
oprimida y que le confería esa singularidad que hizo de ella
en las fábulas de los dieciochescos (Iriarte, Samaniego) fi}an-
un legítimo motivo para la reivindicación contra la entera do las conexiones, las articulaciones y el comportamiento
estructura de dominación (social, económica, política, cultu- lingüístico. Ese realismo, además, nunca deja de ver en la
ral en su justo significado) radicaba justamente en la conser- narración, como motor de la acción, los factores económi-
vación de pautas culturales que podrían filiarse en el antiguo cos a cuya servidumbre se ordena la peripecia en un modo
Tawantinsuyu, comenzando por la lengua, aunque habían inmediato y simplista, lo que nos depara el general empo-
tenido transformaciones notorias. Pero en todo caso esas brecimiento de la visión del hombre. El parcial progreso que
comunidades disfrutaban de una cultura cuya funcionalidad implica la obra de Cito Alegría no hace sino evidenciar, por
se presentaba como evidente e imprescindible. contraposición, las limitacione~ que en las obras anteriores
·Si .bien en otros textos Mariátegui no deja de ser sensible (Icaza) testimonian una cosmovisión primaria y mecanicista
a esos valores y aun se presta, contra sus propios dictáme- de la realidad.
nes, a idealizarlos fuera de una objetiva y científica medición, Incluso cuando l\Iariátegui se insurge contra el cien-
en, general fue fiel a una interpretación exclusivamente tificismo del siglo XIX y contra las insuficiencias del racio-
socioeconórnica, que desdeñaba los restantes elementos nalismo, recogiendo visiblemente la polémica que agitaba en
componentes de la vida social, que incluso perdía de vista la ese momento al pensamiento europeo y cuyo balance esta-
capital importancia de una cultura, logrando así claridad, blecerá Georg Lukács, l9 incluso cuando le opone la funcio-
simplicidad, categoricidad, pero también mesticismo. nalidad del mito, repitiendo aquí también un lugar común de
Porque probablemente en ese modo de elegir unos elemen- la rebeldía irracionalista de las vanguardias europeas, afir-
tos y preferir otros lo que registramos es la óptica de una . mando que es para el hombre el único elemento "que posee
cultura distinta, la mestiza, y sus rejillas ordenadoras de la la preciosa virtud de llenar su yo profundo",20 está elaboran-
realidad. Sitial preferencial ocupaban en ella dos factores do una concepción del mito que se aproxima a la del "ideal"
conjugables; el realista y el econornicista, que no sólo vamos que utilizaron las filosofías racionales del siglo pasado. Tal
recogiendo a lo largo de los textos de Mariátegui sino tam- concepc10n también puede rastrearse en las literaturas de
bién en la narrativa del indigenismo y en las conformaciones
plásticas racionalizadas del arte indigenista. El realismo, en la
descendencia de la novela naturahsta europea, es la petición 19 Georg Lukács, El a.wlto ¿¡ la razón: la ITcfYCCtoria del irracionalumo de.rde
.5rhclllllg hasta Hitler, i\Iéx1co, Fondo de Cultura Económica, 1959.
de principios del arte indigenista, y cuando aparentemente
20 "El hombre y el mito", Lima, Mundial. 16 de enero de 1925, recogido
parece abandonarlo en beneficio de la reconstrucción de una
en E/ al!lla matw~il)' otra.r e.rtaaone.r del ho111bre de hqy, Lima, Empresa Ed1tora
leyenda popular .ini.pregnada de elementos del maravilloso, ,\mauta, 1950.

172 • El área mltural al!d!l!a Angel Rama • 17 3
las diversas aportaciones recibidas. Por eso constituía una
vanguardia donde fungió como un sucedáneo culto, dentro
palanca poderosa que podía conducir a los indios hacia el
de la estructura de la sociedad moderna, de un auténtico
progreso económico, social y también a su integración en la
pensar mítico al que ya era completamente ajeno el funcio-
cultura mestiza.
namiento psíquico del hombre modernizado. Por lo tanto
Quienes en esa época piensan los problemas desde el
era un intento de recuperación de valores que había pereci-
ángulo socialista, no dejan de especular sobre esta con-
do por el desarrollo de la sociedad industrial y que ya no
ducción y lo que ella implica de incorporación al proceso de
podía alcanzarse sino a través de reorganizaciones insufi-
modernización sobre bases no capitalistas. Con claridad lo
cientes aunque todavía capaces de suplirlos como fue visible
expresa Hildebrando Castro Pozo: "En la actualidad, el
en los movimientos de masas de entre ambas guerras.
indio por él mismo no sabría ni por varios decenios sabrá
Es propio de las culturas de grupos sociales emergentes,
resolver el problema de sus tierras ni mucho menos el de su
sea cual fuere su amplitud, riqueza o pobreza, la drástica
culturización. Hoy por hoy, necesita directores; y éstos no
imposición de sus peculiares rejillas interpretadoras de la
pueden ser otros que quienes más le amen y mejor le com-
realidad a los demás grupos sociales. Los interpretan merced
prendan, aquellos que no tengan interés premioso de defen-
a ellas y luego tratan de imponérselas para que con ellas
der clases y prerrogativas y que en cierta circunstancia no
aprecien los valores, proponiendo por lo tanto una generali-
sólo lleven aunado su porvenir al del indio sino además que
zada homogeneización del cuerpo social sobre la tabla valo-
no vivan de su explotación inmisericorde. Y este director
rativa que aportan. La cultura mestiza reclama de hecho la
racional e ideal, ya que de él ha partido la cruzada reivindi-
mestización global de la sociedad andina, incluyendo a los
cativa del indio, no puede ni debe ser otro que el mestizo."21
remanentes indígenas a quienes exalta pero a quienes pro:..
El realismo y el econornicismo, nacidos de la pugna
pone una aculturación profunda bajo su protectorado. Ésa
ascensional del mestizo en dura batalla con los intereses oli-
es la función educadora que cabe a las vanguardias. A un gárquicos, resultarán dos buenas explicaciones de la realidad
hombre político como Mariáregui no podía escapársele el
social de su tiempo, pero sólo en la medida en que ésta se
papel relevante de las vanguardias para desencadenar y
pliegue a los imperativos de la modernización, que son los
encuadrar un movimiento, capitalizando los descontentos
que abren nuevas perspectivas a los sectores bajos de la pirá-
generales a los efectos de poner en marcha a una nación
mide social. Esta cultura mestiza comienza a existir dinámi-
congelada. El lugar de la intelectualidad mestiza en esas van-
camente desde que entra en colisión con los detentadores
guardias se ofrecía como capital: disponían ya de una cierta
del poder, coyuntura que los mestizos descubren gracias a
educación, bastante superior a la de millones de indígenas;
los efectos de la modernización que son factores de avance
tenían una visión coherente r simple de sus intereses de
clase que veían coinodir con ios intereses de la nación; habí-
an logrado luego de muchos fracasos, estructurar una cos-
mO\'isión cultural propia que unificaba de modo coherente
21 Hildebrando Castro Pozo, op. cit.

Angel Rama • 17 S
17 4 • El área mltura! a11dmu
para disputar a las caducas clases dominantes su poder. Por Lo que en ese marco no está presupuesto es la valoración
ello la cultura mestiza, nacida a la sombra de las formas positiva de la cultura indígena. Está sí valorizado el hombre,
culturales de origen occidental propias de los conglomera- en cuanto entidad equiparable u homologable con el mesti-
dos dominantes, es de hecho hija de la modernización, pues zo, asociable aunque paternalmente a la empresa transfor-
ella facilita su despegue y merced a ella puede oponerse a los madora, pero no es igualmente dignificada una cultura que
poderes tradicionales. No se tratará únicamente de una se presenta fatalmente como arcaica para un pensamiento
modernización dependiente concentrada en las aportaciones modernizador, como una verdadera rémora en el proceso de
tecnológicas que descongelan y subvierten la estructura eco- avance. Desde el momento que no se produce tal legitima-
nómica preexistente, sino también un repertorio doctrinal ción intelectual, tampoco se enfrenta como problema la sal-
que permita interpretarla y ajustarla a las demandas específi- vaguardia de sus rasgos intrínsecos para un proceso de
cas del nuevo grupo social. De la misma fuente occidental transculturación como el que se avecina y pregona.
de donde procedió el liberalismo viene ahora el socialismo Conviene destacar que fueron sobre todo los líricos, los
que habrá de operar sobre un doble frente: por una parte ilusos, los soñadores, los poetas, los idealizadores impeniten-
convalida la modernización como recurso indispensable tes del pasado, quienes procedieron a esa valoración. No
para asegurar. el progreso de la nación y salvar el desequili- tenían bases reales para fundarla y eso autorizó las severas
brio en que ésta se encuentra resp"e"cto a los centros univer- reprimendas de los socialistas modernizadores, pero como
sales del poder, lo que implica la aculturación de las pobla- ellos valoraban la "otredad" cultural que también represen-
ciones indígenas para incorporarlas rápidament~ a la fuerza taba el indigenismo y sus proposiciones no reposaban sobre
productiva amplia y eficaz que una operación de este tipo el realismo ni el economicismo, pudieron cumplir su función
reclama con urgencia; por otra parte sirve para enfrentarse a idealizadora con libertad y aun desaprensión. Incluso dentro
la oligarquía a la que considera incapacitada para semejante de sus filas podían encontrarse espíritus pasatistas y
rarea histónca, buscando situar la empresa renovadora sobre retrógrados, movilizados por idearios inadecuados a las
circunstancias del presente, pero el "corpus" de sus escritos
otras bases soctales que el mesticismo se considera ya en
propagandísticos cumplió una función nada desdeñable.
posibilidad de dirigir. Se comprende entonces que la cultura
Contribuyó a que una generación posterior, mejor per-
mestiza incipiente descubriera en la modernización y en el
trechada intelectualmente, mejor informada de la realidad
socialismo los otros dos factores que, legitimando los bási-
porque ya comenzaba a tener que efectuar su transforma-
cos ya indicados, o sea el realismo y el economicismo, com-
ción, tomara en cuenta este elemento que los modernizado-
pletaran un panorama interpretativo de su situación y del
res despreciaban, la "cultura indígena", se aplicara a com-
papel que le cabía en el inmediato futuro. Los cuatro facto-
prenderla y conocerla de veras (y por ende a respetarla), bus-
res no son sino la exprestón, sobre diversos planos de la rea-
cando entonces las maneras de preservar sus rasgos al tiem-
lidad, de un. pusmo principio, lo que subraya la sim-
po de proceder a la transculturación. Esta generación ya no
plificación operati\·a que mueve su peñsamiento.

Ángel Rama • 1 77
1 7
r.. • ¡:::; 1 ,¡,.Ptl mltural andina
ignora que el destino del área está en manos de los mestizos, describen al indio como un ser de expresión pétrea, miste-
ni que la modernización es una condición ineludible cuyos riosa, inescrutable, feroz, comedor de piojos."22
efectos pueden ser catastróficos visto el atraso y la comparti- López Albújar, que naciera en 1872, fue un típico escri-
mentación de los países andinos, ni que ella transita por tor regionalista todavía muy dominado por los pro-
cambios radicales en la propiedad de la tierra y en su explo- cedimientos del naturalismo del siglo XIX (un Mariano
tación racional. Pero a la vez esta generación sigue creyendo Azuela, 1873, que no pasó por una revolución agraria o un
que las naciones tienen -usemos sin temor la palabra- un Quiroga, 1878, que no hubiera llegado a conocer la selva)
alma, un centro que establece la identificación y el destino de capaz de estructurar con destreza un cuento de horror
una comunidad, la cual alma se trasunta en la construcción como el "UshanamJampi" o contar pobremente una leyen-
de una cultura. Si la variación de las condiciones económicas da como "Las tres Jircas", aplicando en un ejemplo y otro
y sociales debe acarrear, obligadamente, cambios fundamen- una visión mecanicista de la realidad tal como correspondía
tales en esa cultura, que ellos no destruyan el centro de iden- a su método narrativo. Nada hay en estos textos que deve-
tidad ni los valores capitales que la basamentan. le "el alma del indio" aunque sí comportamientos que caen
Esa modificación puede ser apreciada cotejando dos lec- en la órbita del Código penal que López Albújar tenía moti-
turas de un mismo texto literario, por parte de dos represen- vos para conocer bien, lo que implica literariamente un
tantes principales de la primera y segunda generación de este recorte dentro de lo real para circunscribir los hechos
período. haciéndolos nítidos y a la vez una poda de significados al
Leyendo los Cuentos andinos (1920) de Enrique López trasladarlos del plano cultural en _que se producen y legiti-
Albújar, Mariátegui descubre en un costeño la capacidad rara man a otro donde pierden sus sobreentendidos. Esta opera-
para captar "el alma del quechua" y nos dice de esos cuen- ción literaria, que puede reencontrarse en múltiples textos
tos que aprehenden "en sus secos y duros caminos, emocio- indigenistas, repite la que observamos en las descripciones
nes sustantivas de la vida en la sierra y nos presentan algu- de la vida india que nos trasmitió mucha literatura eclesiás-
nos escorzos del alma del indio". l'vluy pocos años después tica o administrativa de la Colonia: los hechos culturalmen-
de esa lectura sitúa la que efectúa el joven José María te aceptables para la sociedad del Inkario se trasmutan en
Arguedas, quien tenía dieciocho años menos que el maestro: monstruosos salvajismos al ser trasladados a otros paráme-
"Entonces cuando llegué a la Universidad, leí los libros en tros culturales. Presenciamos entonces el funcionamiento
los cuales se intentaba describir a la población indígena: los de una cultura aplicada a interpretar los productos externos
libros de López Albújar y de \'entura García Calderón. i\Ie y objetivados de otra. De ahí que el indigenismo de López
s.entí__tatLindignado, tan extrañado, tan defraudado, que con-
sideré que era indispensable hacer un esfuerzo por describ1r
22 Ale¡andro Romualdo y José María Arguedas: "Poesía y prosa en el Perú
al hombre andino tal como era y tal como yo lo había cono- contemporáneo", en Pcii!OIWJ/a actual de la litera/11m latilloallmicana. ;'viadrid,
cido a través de una conviYencia muy directa [... ] Los dos Fundamentos, 1971.

178 • El area cultural andina Ángel Rama • 179
Albújar, como el de su ocasional apologista, José Carlos sito primordial: corroer los valores de la cultura dominante,
l'viariátegui, se nos devele como un mesticismo con límites precipitarlos en una crisis de descrédito, obligar a la naciona-
muy prec1sos. lidad a aceptar nuevas proposiciones. Pero en el mismo
No quiere decir esto que en cambio no sea mestiza la cul- momento en que conquista un radio social mayor que el
tura que maneja José María Arguedas. No podía ser de otra diseñado por las vanguardias y cenáculos intelectuales en
naturaleza aunque en él es perceptible cierto desvío hacia ese que se había desarrollado, sus proposiciones resultan enve-
sector social al cual sin embargo no ha dejado de considerar jecidas por los aportes de una nueva generación. Éste es el
el destinatario del futuro. Sólo que al pasar de una genera- momento en que surge la narrativa de José María Arguedas,
ción a otra se produce un ahondamiento de la visión. Ésta la poesía de Sologuren y Westphalen, la pintura de Fernando
ha resultado impregnada por valores que implíc'itamente de Szyslo, la crítica de Sebastián Salazar Bondy y Alberto
desdeñaban los conductores ideológicos del movimiento Escobar, la sociología de José Matas Mar o Carlos Delgado,
mestizo, apuntando así también a una inicial división dentro y la obra de tantos más. En el campo específico de las letras
de él que podríamos recorrer en otros aspectos de la vida puede servir de indicador "la antología La narración en el Perú,
nacional. que prepara Alberto Escobar23 porque se apoya en una
En el trasiego generacional se ha producido esta revisión nueva concepción de la literatura que permite ingresar las
que conduce al descubrimiento de zonas de la sensibilidad, narraciones tradicionalmente estimadas como literarias pero
del pensamiento, de la imaginación del indio, que eran igno- también el cuento folklórico, el fragmento documental e his-
radas. Con tal hallazgo se pone fm al primer indigenismo y tórico, el material de procedencia indígena o el que descien-
se promueve una literatura y un arte que no pueden signifi- de de manifiestas fuentes externas, buscando integrar todos
carse por esa palabra en la medida en que ella quedó signifi- los textos en una sola literatura. Es la misma proposición
cada por su planteo inicial, ni tampoco se podrá llamar indí- que tratará de integrar "todas las sangres" de la nación. Que
ge·na a secas, como dubitativamente especulaba Mariátegui, no es lo mismo que suplantar a unas por otras.
porque tampoco es una creación directa de los indios.
Quienes participarán de la empresa serán mestizos o blan- 3. Regionalismo y cultura
cos, indistintamente, el nivel de la tarea intelectual se jerar-
quizará y se especializará, surgirán sociólogos, antropólogos, Como Arguedas perteneció (al igual de Guimaraes Rosa, en
folkloristas que concurren a una sustentación adulta de los el Brasil) a la primera generación que surge con posteriori-
conocimientos y en particular la creación artística recobrará dad al planteo inicial del dilema vanguardismo-regionalismo
su autonomía y no servirá exclusivamente a los propósitos (del mismo modo que Juan Rulfo y Gabriel García Márquez
de una demanda social.
La década del oncuenta marca el triunfo del movimien-
to indigenista, lo que quiere decir que ha logrado su propó- 23 Alberto Escobar, La llt!ITcmÓII e11 el Pmí. Lima, Editorial Letras, 1955.

180 • El círea at!ttmil andi11(/ Ángel Rama • 181
pertenecerán a una segunda generación de esa misma línea En esa zona transcurre la nmez y adolescencia de
problemática, puesto que sus libros aparecerán mediados los Arguedas y constituye el escenario de sus obras. De ahí
años cmcuenta, o sea vein~e años después de los de sus ante- extrajo sus personajes y los conflictos de sus narraciones. En
cesores) resulta un directo heredero de sus conc~pciones, a la fecha en que Mariátegui hacía esta descripción (1928) y
la vez que le cabrá comprobar las modificaciones que el tenía entonces 33 años, José María Arguedas era un adoles-
tiempo (la modernización) 1rá introduciendo, con efectos cente de 17 años que vivía en esos lugares, donde había
quizás previstos pero en todo caso no vistos por los teo- pasado buena parte de su existencia, aprestándose para tras-
rizadores de la primera hora. ladarse a Lima.
La base regionalista sobre la que asienta vida, experiencia . Tres rasgos defmen este complejo regional, aunque sólo
y arte, Arguedas der1Va en línea recta de la redefinición del dos fueron los que se manejaron frecuentemente, para trans-
concepto efectuada por Mariátegui y en particular del mode- formarlo en un prototipo, en el pensamiento de los indige-
lo que le sirviera a éste para introducir sus modificaciones. nistas de los años veinte. Esos rasgos permitieron construir
Porque tanto la ya clásica tripartición de la geografía y la cul- un diseño claro y homogéneo que funcionará como patrón
tura andinas en costa, sierra y selva, así como la revaloracíón dentro de la vida intelectual peruana por un largo período.
de la cultura serrana en opos1eión a la costeña tipificada en Será una suerte de modelo, con respecto al cual serán medi-
la ciudad de Lima, respondió a una generalización teórica dos los escritores y filiadas sus obras. El propio Arguedas,
que se apoyaba en un determinado !TIOdelo regional: el cuando trata de explicar las diferencias que existen entre su
representado por la zona sur de los Andes peruanos, cuan- arte y el de Ciro Alegría, las atribuye a que este último había
do ellos se aproximan a la costa y parecen ahogarla con sus nacido en la sierra norte y describía a los personajes de esa
montañas. región, mientras él pertenecía a la sierra sur.25
Mariátegui decía que el regionalismo no es "en ninguna El primer rasgo es histórico-cultural. Se trata de la zona
parte tan sincero y profundamente sentido como en el sur y, en que se constituyeron los fundamentos de la civilización
más precisamente, en los departamentos de Cuzco, quechua y donde estuvo asentado el que para Wissler habría
Arequipa, Puna y Apurímac. Estos departamentos constitu- sido un típico "centro cultural" lo que explica el mayor
yen la más definida y orgánica de nuestras regiones. Entre grado de impregnación de determinados valores, según el
estos departamentos el intercambio y la vinculación mantie- punto más elevado a que pudo llevarlos una comunidad.
nen viva una vieja unidad: la heredada de los tiempos de la Refiriéndose a los departamentos de Cuzco, Apurímac y
civilización incaica. En el sur, la "región" reposa sólidamen- Ayacucho, decía en 1949 Arguedas que "constituyeron en la
te en la piedra histórica. Los Andes son sus bastiones."24 antigüedad el centro de difusión de la cultura quechua;
actualmente todos sus habitantes son de habla quechua y en

2 4 Szete ellft!)'Of. ... op. ut. 25 En "Poesía y prosa en el Perú contemporáneo", op. at., p. 199.

1R2 • El área rultural ,.mdtlla Ángel Rama • 183
ninguna otra región es más densa y profunda la superviven- regional. La tendencia a la interpretación positiva responde a
cia de la antigua cultura peruana".26 esa investigación intelectual acerca de lo auténtico americano
El segundo rasgo, que se combina estrechamente con el que recorrió el continente a partir de la tercera década del
anterior, es el correspondiente al hábitat, en lo que tiene que siglo, a la cual debemos una explosión de ensayos (desde
ver con las condiciones de aislamiento que durante siglos Samuel Ramos hasta Ezequiel Martínez Estrada) Y. las teori-
vinieron a funcionar como fortificaciones naturales. zaciones de movimientos como el nativismo, el indigenismo,
Mariátegui habla de "bastiones", lo que semánticamente tra- el negrismo que hicieron los equipos de las clases medias
duce bien su pensamiento. Arguedas, con objetividad cientí- emergentes, investigación que puede unificarse por la bús-
fica, explica esta situación: "Nunca cruzó una diligencia de queda de una intrahistoria latinoamericana conservada viva
Lima al Cuzco, ni de Lima a Trujillo o Arequipa. La locomo- en los estratos inferiores de la sociedad.
ción con tiros animales no era practicable ni en la costa ni en También en este capítulo Arguedas tiene una visión de
la sierra del Perú: el arenal suelto del desierto y los abismos tipo culturalista aunque no conservadora ni pasatista sino
de las cordilleras lo impedían. Los pueblos peruanos estu- atenta a las tendencias históricas que prefiguran el futuro.
vieron siempre aislados por la topografía invencible [... ] El Consciente de que ha de producirse un proceso de transcul-
aislamiento geográfico de los pueblos es la causa determi- turación (no hay ningún otro camino, como no sea la dehe-
nan te· del mayor poder e influencia que en el Perú tuvo y sa y las reservaciones para transformar las antiguas culturas
tiene la cultura nativa."27 en guetos) que es fatal a los efectos de alcanzar la unidad
El aislamiento geográfico es visto desde el ángulo de su nacional, registra ese aislamiento como una inesperada cola-
positividad y menos desde el que registra sus notorios perjui- boración que redujo las distancias entre las dos culturas,
cios. A él también se debe, obviamente, la remanencia de regí- atemperó la violencia de los previsibles choques, introdujo
menes socioeconómicos arcaicos y expoliadores que, nacidos una regulación intermediadora que facilitó un cierto ajuste
en la época del coloniaje cuando en cambio sí funcionó un entre los tiempos históricos de cada una de ellas.
mínimo sistema de comunicaciones para las necesidades del Ya lo había observado en 194 7: "El poder aislador de las
Imperio, entró en crisis al producirse la Independencia y acre- montañas fue un aliado de la cultura nativa, pues retardaba
centó el aislamiento y por ende una suerte de refeudalización el ritmo de penetración occidental, auxiliando a la retraduc-
ción de los caracteres culturales impuestos con mayor vio-
----------
lencia por la invasión: tal, por ejemplo, el caso de la religión
26 José ;vraría Arguedas, Cancione.r_)' mento.r delp¡¡eblo quechua, Luna, Editorial
y la infinita serie de complejos culturales que tienen su fun-
Huascarán, 1949, p. 9.
damento y eje en la religión y sus prácticas externas."28 El
2 7 José 2'daría Arguedas, "El complejo cultural en el Perú y el pnmer con-
greso Je peruamstas. (Lo incito, lo occidental y lo mestizo. Los prejuicios - ---- ---·-·---
culturales, la segregaoón social y la creación artística)", en /lméná1
28 Jo~é i\Iaría Arguedas y Francisco Izquierdo Rios, 1'viitos, leyendas_y mento.r
Ind{~ena. XII, México, 2 de abril de 1952, pp. 131-139.
pemano.r. Lima, 1947 (2• ed. Casa de la Cultura del Perú, 1970, pp 14-15).

184 • El c.írea mltural a11dina Ángel Rama • 185
hábitat, sin embargo, no sólo funcionó como muralla
nos cuentos recogidos de la tradición oral, Arguedas obser-
protectora. Tuvo una influencia manifiesta en la edificación
va que "describen las actitudes de los seres, el paisaje, las
de la cultura regional, en la medida en que ésta se presentó
mínimas circunstancias terrenas en que se mueven los per-
como una respuesta humana a las condiciones geográficas, sonajes, de tal modo, con tan asombrosa exactitud y profun-
c!llnáticas, etc., introduciéndoles modificaciones o aprove- didad, que la naturaleza física y el mundo vivo, animales,
chando sagazmente sus posibilidades. En la región, este hombres y plantas, aparecen con una ligadura tan íntima y
modelaje de la naturaleza se cumplió desde la época del vital, que en el mundo de estos cuentos, todo se mueve en
Inkario, con los cultivos en terraza, los sistemas de regadío,
una comunidad que podríamos llamar musical". 30
el desarrollo de determinadas siembras, la lucha constante
Es una ajustada definición del problema. Se trata de la
para la mejor utilización del agua.
instauración de una "comunidad musical" y no puede menos
Se trata de una región que a lo largo de un período varías
de evocarse la asociación que años después establecerá Lévi-
veces secular generó una estrecha asociación de la sociedad
Strauss entre los relatos de la mitología y las estructuras
y su hábitat: la primera procedió a una profunda impregna-
musicales. La realidad física y las invenciones culturales jue-
ción humana de la segunda, instaurando lo que los antropó-
gan, entrelazándose, según pautas armónicas que son tam-
logos llaman un ambiente, donde se equilibraron y conjuga-
bién formas del pensamiento, y construyen un universo
ron sus diversas aportaciones.29 No puede ser insólito, que armónico: la operación cultural básica es la de "concertar" la
los productos literarios de la cultura indígena (canciones, multiplicidad de elementos apelando a las más variadas
cuentos, leyendas, consejas) así como su religión y sus creen- estructuras formales, sobre todo cuando debe· recoger den-
cias morales, hayan integrado a la naturaleza dentro de su tro de ellas los datos provenientes del hábitat secular.
cosmovísíón, con suficiente coherencia y sistematización J\tlás que una suerte de animismo, que incluso en las cre-
para resistir el desgaste derivado de la penetración, aunque encias indígenas alterna con otras visiones (como se ve en
dificultada, de la cultura occidental. A imagen de lo que las metamorfosis de los "huascas':. y en las jerarquías fijadas
observamos en otras sociedades de asentamiento rural, en entre dioses creadores y "wamanis") hay aquí una valoración
esta región se levantó una estructura cultural que absorbió precisa del papel que juegan en la vida de las comunidades
íntimamente los rasgos del hábitat, adecuando el hombre a los elementos físicos: es apreciación de la potencialidad del
su medio. En ningún material es posible percibir mejor estas río o de la montaña, de su función en un orden natural bien
operaciOnes que en el acervo folklórico. Comentando algu- conocido, del lugar que les cabe a las plantas y a los anima-
les como partícipes de una tarea que cumplen conjuntamen-
te con los hombres. Todos estos elementos no se presentan
29 Una discusión sobre las dn·ersas res1s acerca de las relaciones del hábi-
tat,. la cultura en el libro de J\Ielville Herskovits, Aian and hts /J)Ork.r. Nueva escindidos de la especie humana, sino relacionados con ella,
Yo;k, A. I....:.Oopf, 1948 (trad. española, El hombre y .ms obras, México, Fon-
do de Cultura Económica, 1952). 30 Canciones y cumtos del pueblo quechua, op. cit.. pp. 67-68.

Ángel Rama • 187
acompañándolo de alguna manera en la edificación de la cul- cuencia de un reg1men de despotismo y servidumbre, con
tura. Por lo cual, si no hay animismo en Arguedas, tampoco una intensidad que es difícil reencontrar en otras regiones
podrá encontrarse ajenidad. andinas. Arguedas pudo, gracias a su investigación etnológi-
Uno de los rasgos de la cultura india que notoriamente ca, precisar el funcionamiento de este rasgo y su papel cons-
persiste en él, inserto en la cosmovisión infantil que a veces titutivo en la composición de una cultura. Su trabajo cienú-
utiliza, es el sentido integrador de vida humana y hábitat, de fico se sitúa treinta años después de los manifiestos de Haya
cultura y naturaleza, o sea la captación íntegra y armónica y Mariátegui, se enriquece con su experiencia adolescente en
-musical- de un ambiente. Lo confiesa el niño de Los ríos pro- el seno de las comunidades indígenas y se expresa en dos lar-
fundos: "¡Yo que senúa tan mio aun lo ajeno! ¡Yo que no podía gos estudios que consagró al valle del Mantaro y la ciudad de
pensar, cuando veía por primera vez una hilera de sauces her- Huancayo, pertenecientes a la sierra centraP2 y en un curio-
mosos, vibrando a la orilla de una acequia, que esos árboles so "Puquio revisited" donde procedió a examinar las trans-
eran ajenos! Los ríos fueron siempre mios; los arbustos que formaciones sobrevenidas en la región donde había pasado
crecen en las faldas de las montañas, aun las casas de los sus años de infancia. 33
pequeños pueblos, con su tejado rojo cruzado de rayas de cal; En el primer ejemplo de análisis de una sociedad _regio-
los campos azules de alfalfa, las doradas pampas de maíz."3l nal indiomestiza (Huancayo) descubre que se había efectua-
Remanehcia de una cosmovisión cuyos Grígenes in~ios do un proceso de incorporación de rasgos de la cultura occi-
pueden reconocerse pero que podemos encontrar, hoy día, dental que no fue en desmedro de la conservación y aun el
en numerosas sociedades rurales de América Latina, en sus desarrollo de los valores tradicion~les, de tal modo que un
usos y costumbres así como en sus espontáneas produccio- sensible mejoramiento económico, una utilización de la tec-
nes literarias. Son rasgos propios de las culturas regionales nología moderna, una libertad social considerable, no desfi-
de la ruralía más que una de las culturas específicamente braron la contextura original de una sociedad indígena ni sus
indias. Pero éstas los colorean con sus peculiares vislq!Jlbres
y traducen en ellos sus formas de pensamiento. 32 José l\faría Arguedas, "E,·olución de las comunidades indígenas. El
El tercer rasgo del complejo regional es el más para- nlle dell\fantaro y la ciudad de Huancayo: un caso de fusión de culturas
dójico. Éste no sólo responde a una cultura tradicional no comprometida por la acctón de las tnstituciones de origen colonial", en
autóctona resguardada, no sólo se adecua a un determinado ReiJÚ!a del i'v1tt.reo 1\'arional. Lima, t. X..,'{\'I, año 1957, pp. 78-151; "Folklore
del \'alle del l\fantaro (provrncias de Jauja y Concepción) Cuentos mági-
hábitat entretejiendo con él su cosmovisión, sino que res- co-realistas y canciones de fiestas tradicionales", en Folklore Amm·cano,
ponde a una determinada situación social. El modelo regio- Lima, I, 1, pp. 101-298.
nalista de los departamentos del sur peruano no habría 33 José María Arguedas, "Puqmo, una cultura en proceso de cambio", en
logrado su peculiar expresión si no fuera también conse- Rm.rta del A1u.reo 1"-:acwnal, Lima, t. X...\::\', año 1955, pp. 184-323. Recogrdo
postenormente en el ,·olumen colectiyo E.rtudios J·obre la mltttra actual del
Perú. Lima, UniYersiJad Nacional i-vlayor de San Marcos, 1964, pról. de
31 Los no.r projimdo.r, cap. \~ "Puente sobre el mundo" José i\L Arguedas.

188 • El área cultural cmdma Ángel Rama • 189
pautas culturales básicas. Esto es lo que le permite afirmar niente, que no tiene ambición mayor que la de reducir a la
que tal sociedad se ha convertido en "un foco de difusión condición de colonos a todos los indios de las comunidades,
cultural compensador de la 1nfluencia modernizante cosmo- colindantes o no colindantes suyas. El mestizo y el pequeño
polita ejercida por Lima" lo que por lo tanto la convierte en . propietario son mínimas fuerzas, necesariamente aliadas o al
un modelo regional cuya eficacia habrá de reconocerse servicio de los hacendados, pues no tienen otra forma de
mayo~ que el establecido por sociedades a la defensiva, acan-
continuar subsistiendo."34
·tonadas, tras los baluartes geográficos, en la conservación de
La positividad cultural que el indigenismo vio en estas
su pasado. Buscando las causas de esta excepcional situa-
comunidades, puesto que ellas sí habían resguardado la ori-
ción, las rastrea en el comportamiento a que se vieron for-
ginalidad de una cultura autóctona, mostraba su trágico
zados los conquistadores de la zona así como en los motivos
reverso: esa conservación era hija de una expoliación secular
que durante la Colonia llevaron a una asociación equilibrada
contra la cual combatía por otro lado el indigenismo, sin
de culturas donde la india no pasó por el sistema de someti-
plantearse las consecuencias del proceso de cambio. El indi-.
miento que es, en cambio, el que permite explicar lo ocurri-
genismo reclamó equiparación de derechos económicos,
do en los departamentos de la sierra sur peruana.
políticos y sociales, integración en el desarrollo del país,
De su análisis se desprende que es el sistema social impe-
aceptación de las normas modernizadoras y, para el sector
. rante el tercer rasgo que concurre a def1nir las culturas regio-
socializante, utilización de fórmulas cooperativistas o socia-
nales y que en el caso del modelo presentado por los indige-
listas de la producción. Es probable que la aplicación de
nistas de los años veinte, se trataba de una sociedad someti-
éstas tuviera efectos menos disolventes sobre las culturas
da, golpeada, que se había aferrado a su cultura tradicional
indígenas que las de los sistemas c'lpitalistas de desarrollo
para sobrevivir dentro del estrecho margen que se le tolera-
que fueron los que se pusieron en funcionamiento y cu~os
ba. Arguedas, que vivió dentro de ese modelo y en él se
efectos pudo examinar Arguedas en los años cincuenta. Ese
nutrió de los elementos que atesoraba, provenientes de un
fue el problema al que tuvo que hacer frente y que n_o habí-
pasado remoto y reelaborados a la luz de las circunstancias
an previsto los indigenistas de la generación antenor: los
contemporáneas, describe con nitidez la acción de este fac-
efectos que una descongelación socioeconómica brusca
tor social: "El cuadro de las comunidades del sur es muy
habría de tener sobre las culturas tradicionales.
diferente. La lucha de éstas contra la voracidad de los terra-
Este asunto vuelve una y otra vez en los escritos teóricos
tenientes vecinos y colindantes ha sido y es cotidiana y des-
de Arguedas y dado que son poco conocidos, pues el au~or
lgual. Y no existían en esas regiones sino dos fuerzas casi
nunca los reunió en libro, conviene transcribir sus concluslO-
nítidamente enfrentadas: la comunidad indígena, integrada
nes. Éstas cor;ttrlbuyen a quebrar el estereotipo que fue cre-
por analfabetos tenazmente mantenedores de sus antiguas
ado en torno a la figura de José María Arguedas (intuitivo,
costumbres y el hacendado, dueño de indios colonos que
trabajaban en forma prácticamente gratuita para el terrate-
34 "Evolución de las comumdades ... ", art. at.. p. 91.

190 • El área wltural amlma Ánrrel Rama • 191
primitivo y gemal, posesionado de la pasión de lo indígena¡ Capital, que ha triplicado su población en 20 años, se han
algo así como un indio que hablaba correctamente el espa~, convertido en células irradiantes de la cultura andina."36
ñol) y dan prueba de la lucidez y cabal conocimiento de los El citado es un texto del año 1952. En otro del año 1956,
problemas de su tiempo que lo caracterizaron y, por ende, d~­ con motivo de la muerte de José Sabogal, vuelve sobre el
la voluntariedad y coherencia de su proyecto trans~ punto: "Durante las últimas décadas de este siglo, la influen-
culturador. No respondió a la mera nostalgia del pasado, pi cia de la cultura moderna en las regiones andinas del Perú se
al oscuro pago de una deuda de gratitud, sino a una funda- hizo mucho más penetrante, como consecuencia de la aper-
da proposición intelectual acerca de cuál debía ser la misión tura de las vías de comunicación mecánica. Estas vías redu-
de un escritor peruano de su época y qué era lo que debía jeron el tiempo que duraban los viajes de la Capital a las pro-
hacer para contribuir a solucionar los problemas centrales de vincias y de la costa hacia la sierra y la selva, en proporcio-
su país. Una obra como Todas las sangres es tanto una novela nes revolucionarias. En treinta años el Perú saltó del sistema
como un programa de gobierno y su restante obra cumple de comunicación feudal al de las carreteras y aviones." 37
con los requerimientos de un servicio social en aquella zona La modernización se había instalado, por asalto, dentro
que pertenecía a sus conocimientos y capacidad. de los antiguos bastiones de los Andes. Ya las montañas no
Mariátegui no pudo ver lo que vio Arguedas, o sea los preservaban la llegada de las avanzadas de la cultura occi-
efectos que promovió la modernización de la época. Del dental ni servían para reducir el tiempo que la separaba de la
mismo modo que ocurrió con Claude Lévi-Strauss, quien indígena, a los efectos de una progresiva apropiación de ele-
fue uno de los últimos antropólogos en percibir, a la altura mentos nuevos. En esas condiciones, las culturas más tradi-
de 1935, el aislamiento en que estaban las regiones internas cionales, más puras, eran las que se revelaban más inermes
del BrasiPS antes de que fueran su"bvertidas por los planes para defenderse, las que se entregaban al proceso de acultu-
carreteros, Arguedas conoció la época de encierro defensivo ración que las despojaba de su identidad, celosamente custo-
y su transmutación. diada por siglos. No serán sólo los millares de serranos que
"Hace apenas unos veinte años que las antiguas áreas cul- se apelmazarán en las barriadas limeñas y a los cuales preten-
turales que fueron respetadas durante la administración dió consagrar su último libro Arguedas (El zorro de arriba y el
colonial, están siendo destrozadas y reordenadas por las zorro de aúqjo) sino las comunidades originarias donde mez-
carreteras [... ] Finalmente en estos años se observa un nuevo cladamente se registran influencias positivas y negativas:
acontecimiento demográfico que ha de influir de modo deci- mejoras materiales junto a desequilibrios abismales, pero
sivo en la futura configuración cultural del Perú: el traslado sobre todo la pérdida de sus raíces, la destrucción de un
constante y creciente de la población serrana hacia la costa, equilibrio cultural que no es remplazado por ningún otro
especialmente a Lima y a las otras ciudades [... ] En la gran
36 "El complejo cultural en el Perú ... ", art. át., pp. 136 y 137.
35 Claude LéYi-Strauss, Tri.rteJ tropiqms, París, Plon, 19 55, p. 109. 3 7 "]osé Sabogal y las artes populares", art. cit., p. 241.

192 • El círea mltuml andma Ángel Rama • 1 9 3
equivalente, el arrasamiento de una cosmovisión comunita- vanos investigadores, entre ellos el propio Arguedas en la
ria remplazada por el "individualismo escéptico" de la socie- región de Puquio, habiendo llamado poderosamente la aten-
dad burguesa contemporánea. ción de sociólogos y antropólogos.
Cuando veinte años después de abandonarlo, Arguedas Se trata del mito de Inkarrí (Inka rey) que por sus carac-
vuelve a Puquio, escenario de su infancia, ahora en calidad de terísticas ha nacido dentro de la Colonia, anudando elemen-
investigador antropológico, descubre que ya no es la "capital tos de la mitología prehispánica, algunos de los cuales se
de una zona agropecuaria anticuada, de tipo predominante- encuentran consignados en los textos del Inca Garcilaso de
mente colonial" sino que "se ha convertido en un centro la Vega, con otros que son de fecha posterior y que sirven
comercial de econonúa activa" y analiza esas modificaciones. para manifestarnos la persistencia de la autoafu:mación de la
Registra elevación de niveles económicos, desarrollo del sec- cultura indígena y de la esperanza que puso en su reinstau-
tor mestizo, disminución de la autoridad despótica de los ración sobre la antigua tierra del Inkario. El componente ori-
terratenientes, adaptación a técnicas modernas de produc- ginal del mito es el que refiere que la cabeza del héroe cultu-
ción, etc. También registra el de·sfibramiento de los valores ral, una vez muerto, ha sido enterrada, ya bajo la ciudad de
raigales y por lo tanto la desculturación, sin más, el vacío, Lima ya bajo la de Cuzco, pero que esa cabeza inmortal está
donde no cabe ni siquiera la posibilidad de una rearticulación operando la germinación de su propio cuerpo para que una
dentro de la cultura moderna· de dominación: "En lo que se vez que lo haya completado vuelva a reinar sobre los hom-
refiere a los naturales, observamos que este proceso va enca- bres y ·vuelva a ejercer su poder civilizador.39 Es evidente,
minado a la independencia respecto del despotismo tradicio- como lo ha hecho notar Bourricaud, que estamos en presen-
nal que sobre ellos ejercían y aun ejercen las clases señorial y cia de una reivindicación cultural por parte de un pueblo
mestiza; pero, al mismo tiempo, el proceso está descarnando sometido pero no vencido, puesto que en él sigue alentando
a los naturales de las bases en que se sustenta su cultura tra- la esperanza de su reinstalación en el poder. La cual se hará
dicional, sin que los elementos que han de sustituirlos aparez- sobre la misma tierra y no ya en el cielo que nos tienen pro-
can con nitidez. Siguen ahora, aparentemente, un camino
abierto hacia el individualismo escéptico, debilitados sus vín- 39 En el citado ensayo ("Puquio, una comunidad ... ") Arguedas da cuenta
culos con los dioses que regularon su conducta social e inspi- de las tres versiones que él y Josafat Roel Pineda recogieron. Esos textos
raron, armoniosamente, sus artes, en las que contemplamos y volvieron a ser publicados como introducción a un artículo de Francms
Bourncaud donde los somete a un análisis desde el punto de vista so~io­
sentimos una belleza tan perfecta como vigorosa."38 lógico ("El mito de Inkarrí", en Folklore America11o, Lima, IV, 4 de diciem-
Este proceso puede seguirse, utilizando como guía a las bre de 1956, pp. 178-187). Con el agregado de nuevos textos descubiertos
cosmovisiones culturales, merced a un mito generado por por otros invesugadores, incluso estudiantes universitarios, Arguedas pro-
cedió a un examen general del mito y sus variantes, conectándolas con los
diversas comunidades indígenas del Perú, recogido por diYersos tipos de poblaciones indígenas en que se los había descubierto
en su artículo "Mitos quechuas pos-hispámcos", en Amm-u, Lima, núm. 3:
julio-septiembre de 1967, pp- 14-18.
3 8 "P uquto,
. una comum.d ad ... " , art. czt.,
. p. 232 .

1(\/1 - ¡:,-¡
metido restaurando su cultura tradicional. IV. LA GESTA DEL MESTIZO
'
Tal como hace notar Arguedas en sus anotaciones, ese
mito tan significativo sólo es conocido en esa ciudad de
Puquio, que en sólo veinte años se ha trasmutado, por la
generación de los abuelos, los viejos o mayores de la socie-
dad. La generación intermedia, de los hombres entre 30 y 40
años, tiene algunas vagas y confusas noticias acerca del mito,
pero no es capaz de desarrollarlo orgánicamente ni percibir,
como hacen sus mayores, su alcance rebelde, mezclándolo El novelista peruano José María Arguedas ha opacado, hasta
frecuentemente con historias religiosas católicas. casi hacerlo desaparecer, al etnólogo peruano José María
La generación de los jóvenes lo ignora por completo. En Arguedas, de tal modo que su nombre, encabezando un con-
el proceso de aculturación registrado a lo largo de las últimas junto de ensayos de antropología cultural que rotan obsesi-
décadas, la pérdida de los valores culturales propios lleva vamente sobre la formación de una cultura propia, mestiza
también a la pérdida de las reivindicaciones comunitarias, y original, en que se revele la identidad profunda de sus pue-
que se sumen dentro de otras que pertenecen a las estructu- blos, puede comportar sorpresa para muchos lectores de sus
ras de clase de la sociedad modernizada. narractones.
Es en este punto que se puede medir la importancia de N o se trata, en este caso, de actividades escindidas, 'como
una transculturación y se puede comprender la insurgencia es habitual en la vida intelectual del continente: de un lado la
abrupta de Arguedas contra lo que él entendía como una vocación literaria, libre, no retribuida, sólo esporádica; del
"aculturación". El progreso de una sociedad, la elevación de otro la tarea profesional persistente y continua, destinada a
sus "standards" de vida, la adecuación a las exigencias de cumplir la demanda social retribuida (lo que Mallarmé llama-
una civilización tecnológica (conquistas positivas para los ba "les métiers qu'impose la societe a nos poetes") sino que
más), no debería acarrear la pérdida de la identidad, el arra- una y otra se despliegan como sendas paralelas, mutuamen-
samiento de las bases culturales sobre las cuales se edificó te complementarias e intercomunicadas, nacidas de un
una sociedad durante siglos, su nota distinta, su aporte a la mismo impulso creador que va adecuándose a las d~:spares
sociedad global humana. formas expresivas sin perder su unitaria fuente. No hay en
Es aquí donde se comprende cabalmente qué pretendió este caso compartimentación de las áreas del conocimiento,
hacer Arguedas con su obra. Él, como las montañas andinas, ni puede aludirse al consabido "violín" del artista, sino que
buscó resguardar una tradición, aquella que conformó para presenciamos la construcctón de una tarea intelectual como
él su universo mfantil más pleno, y reinsertarla dentro de las una totalidad de sentido. Éste se vierte a través de una plu-
culturas modernas de la dominación. Una tarea ciclópea a la ralidad de canales, entre los que podemos reconocer al
que debemos una ~bra ex~epctonal. menos tres, para hablar así de José María Arguedas escritor,

196 • El área mltural cmdma [197]
folklorista, etnólogo; cualquiera de ellos, incluido el narrati- sus presupuestos ideológicos. Sobre todo hará suyos: el eri-
vo, resultará insuficiente si con sólo sus datos pretendemos zado espíritu nacionalista y el sentimiento de la urgencia
entender la aventura intelectual del autor. transformadora que exigía el momento histórico.
Su entera existencia adulta, desde los juveniles veinte En el discurso que pronunció en octubre de 1968 al reci-
años cuando era estudiante de la Universidad de San 1-hrcos bir el premio "Inca Garcilaso de la Vega", Arguedas sinteti-
' zó, desde la perspectiva de una obra culminada y coronada y
en la década de los treinta, hasta su muerte en 1969 cuando
ya había sido profesor de esa misma Universidad, jefe de su cuando ya estaba resuelto a darse muerte, aquellos impulsos
Departamento de Etnología e integraba el plantel de la iniciales de su adolescencia que dieron significado a su vida:
Universidad Agraria "La Molina" dirigiendo su "No tuvo más ambición que la de volcar en la corriente de
Departamento de Sociología, está referida simultáneamente la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del arte y la
a la literatura, al folklore y a los estudios antropológicos, dis- sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado,
ciplinas para él interconectadas, en las cuales expresaba una debilitado o 'extraño' e 'impenetrable' pero que, en realidad,
núsma voluntad y un mismo proyecto intelectual, cuyas raí- no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por
ces no podían ser sino políticas y sociales. el desprecio social, la dominación política y la explotación
La precisa unidad de la vida de José María Arguedas deri- económica en el propio súelo donde realizó hazañas por las
va de su temprana elección de un área de la realidad y de una que la historia lo consideró un gran pueblo."40
filosofía que la interpreta. La primera puede limitarse en Desde esta inicial perspectiva reivindicadora en que tan
estos términos: situación de la cultura indígena, heredera de vivamente se respira el clima intelectual de la década antifas-
la cultura del Incanato, en el seno de la sociedad peruana cista, contando con la "gran rebeldía" y la "gran impaciencia
contemporánea y las vías indispensables para que contribu- por luchar, por hacer algo" propias de sus años juveniles, así
ya a la formación de una cultura nacional pujante, libre y como con la "teoría socialista" que "no sólo dio un cauce a
moderna, junto con las demás fuentes culturales del país. Tal todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía", se
opción implicaría la obligada inserción del joven intelectual traza el proyecto intelectual de José María Arguedas. Hoy
dentro de la corriente indigenista que había sido ya estableci- podríamos defmirlo, retrospectivamente, como un "servicio
da por los mayores, la cual se vería llamado a reelaborar de cultural" contribuyente a la formación de la nacionalidad
conformidad con las modificaciones que irían operando en peruana.
la estructura social y cultural del país. En cuanto a su flioso- Desde el año 1935, fecha de sus primeros escritos im-
fía, será heredera del pensamiento de Mariátegui. Arguedas portantes Oa publicación del libro de cuentos Agua, pero
asumirá un espíritu rebelde ' reivmdicativo de nítida militan-
)

cia social, que si bien no puede confundirse con la filosofía
marxista del maestro, tomará confiadamente de él muchos 40 "No soy un aculturado", Epílogo, en El zorro de arnbaJ' el {OITO de abcyo,
Buenos Au:es, Losada, 1971.
análisis socioeconómicos de la realidad peruana y aceptará

1 OQ • T _. _. •• ,. Lt ·····"··-.
también de sus artículos sobre la situación indígena) hasta primeros cuentos;tl no habría permitido en cambio un pro-
1969, fecha de su muerte, se extienden más de tres décadas greso del conocimiento de la realidad peruana ni le habría
donde la escritura literaria, la investigación de campo, el conferido ese lugar privilegiado que distingue a su obra adul-
estudio antropológico, las descripciones folklóricas, así ta, a saber, la amplitud generosa y lúcida de la visión, el
como las diversas tareas educativas y la administración de esfuerzo artístico e intelectual para abarcar la totalidad social
instituciones culturales, concurren todos por igual a los ~is­ del país y asumir su problemática más alta y compleja sin
mos Enes. El viejo principio romántico del "poeta civil" simplificaciones ni concesiones.
parece encarnar en él, incluso sin necesidad de apelar a las Veinte años después de su iniciación cultural en los años
más recientes y divulgadas consignas sobre el "poeta treinta bajo la sombra de la generación de Amauta, examinó
comprometido". Pero a diferencia de otros ejemplos críticamente sus dos primeras obras narrativas, Agua y Yawar
contemporáneos, más estruendosos aunque quizás también fiesta (1941), atribuyendo la distinta contextura de las dos,
menos permanentes, tal principio resultó acrisolado por una más que a su propia evolución intelectual, a su fidelidad a la
inmersión en lo real y en lo concreto, en la experiencia viva realidad que habría sidQ distinta en las fuentes de cada una
implicada por la convivencia dentro de una comunidad: si de ellas, o sea al principio de obediencia a la verdad históri-
ella confirmó, por un lado, los propósitos reivindicadores, ca por parte del escritor. Así, su primer obra, Agua, habría
también, por otro, los corrigió, enmendó y reorientó realís- nacido de ese odio puro "que brota de los amores universales;
ticamente. Tal autenticidad lo salvó de la retórica que en allí, en las regiones del mundo donde existen dos bandos
América Latina acecha a muchas expresiones reivindicativas. enfrentados con implacable crueldad, uno que esquilma y
N o sólo la dialéctica de lo concreto funcionó aquí gracias al otro que sangra". 42 Con lo cual la simplificación del enfren-
respeto que el intelectual tuvo por la lección de la realidad y tamiento que en esos cuentos se muestra, oponiendo la bru-
a la humildad con que acogió sus proposiciones, sino tam- talidad de los patrones feudales a la justicia del reclamo de
bién a la probidad del investigador que lo llevó a compulsar los indígenas, sería la consecuencia de una realidad igual-
sus primeras valoraciones -algo esquemáticas y algo román- mente simple y dicotómica, la que regiría en las "aldeas" de
ticas- procediendo a ajustarlas progresivamente de confor- la sierra. En el mismo texto Arguedas se apresura a mostrar
midad con el conocimiento más amplio, mejor fundado y que su segunda obra, la novela 1ázva~jiesta, abandona la con-
más reflexivo de la realidad peruana, que iba logrando a lo cepción esquemática y elemental de la sociedad peruana que
largo de sus estudios y experiencias concretas.
Su visión inicial fue dominada por la militancia y por la
41 Los de/ lg11a, y también los Cttento.r o/p¡dadoJ. Lima, EdiCiones Imágenes
urgencia con que entonces se la planteaba: la inminencia del
advenimiento del socialismo fue artículo de fe de los años y Letras, 1973, recogidos por José Lms Rouillon.
42 "La no\·cb v el problema de la expresiÓn hterana en el Perú", en ,~lar
treinta. Si esa pasión combatiente pudo encender el ascua de
del Sm~ Luna, ai1o II, ,·o!. III, núm. 9, enero-febrero de 1950. Ahora, como
una escritura ardorosa y rauda, tal como se encuentra en sus
apéndice de } énwrjie.rta. Buenos Aire~. Losada, 1974.

200 • La gesta del mestzzo Ángel Rama • 201
había manejado, pues en ella debe reflejar la vida de los genista que manejó la generacióq de Amauta y contra la cual
"pueblos grandes': y por lo tanto se ve en la obligación de debió manifestarse Arguedas, no a través de un enfrenta-
presentar no menos de cinco tipos de person.ajes, los cuales miento crítico sino mediante sucesivas correcciones v,, sobre
estima representativos de los cinco estratos o clases sociales todo, progresivas ampliaciones. En el cambio que él obser-
que le es dable distinguir en las capitales de provincia: indios, va, retrospectivamente, entre sus dos obras primeras (escri-
terratenientes tradicionales, terratenientes nuevos ligados a biendo desde la perspectin del año 1950), ya está claramen-
los políticos, mestizos bivalentes y por último los estudian- te apuntada la evolución de su pensamiento que, aunque
tes, igualmente oscilantes entre "su pueblo" y el orden social ref~rida sobre todo al campo de las artes, deriva en verdad

limeño que ha de engullirlos. (Es éste el esquema social que de su análisis sociológico del Perú que nunca dejará de ser
manejará en sus posteriores novelas pero que sobre todo se rector de su pensamiento.
evidenciará en Todas las sangres, desde la inicial distribución El modo con que se definirá respecto al indigenismo, del
de papeles entre los terratenientes don Bruno y don Fermín que estará dentro y fuera, tiene sus raíces en las ingentes alte-
hasta la culminante asignación al indio mestizado Demetrio raciones que se producen en las comunidades indígenas
Rendón Willka). peruanas al provocar un capitalismo modernizado su violen-
En este análisis de su novela, que no es muy diferente ta descongelación, y eso explica los acercamientos y los dis-
del que también de Yawar fiesta iniciara y luego abandonara tanciamientos del movimiento que lo caracterizan:44 Si por
el sociólogo francés Frans;ois Bourricaud,43 se transparenta una parte mantendrá siempre un enlace firme con las propo-
la concepción sociológica del arte que animó subterránea- siciones de Amauta, pudiendo rendir homenaje de gratitud a
mente siempre al escritor, la cual se puede filiar en la pode- Mariátegui aun en sus últimas páginas y si bien no dejará de
rosa influencia que ejerció sobre él la generación de Amauta construir novelas que siempre permiten, al margen de otras
con sus pautas interpretativas de literatura y arte. lecturas, una, nítida, de tipo social, mostrando a través de las
Efectivamente, es esa generación y en especial Mariátegui, criaturas particulares el comportamiento de amplias capas
quienes fijaron los criterios de "realismo", "tipicidad",
"reflejo de la estructura social" y "tendenciosidad ideológi-
ca" que corresponden a una aplicación bastante rígida de la 44 Sobre el problema del "indtgemsmo" con relaCIÓn a Arguedas, véase
preceptiva de Engels. Esta mecanicidad, que sirvió de base Tomás G. Escajadillo, "J\Ieditación preliminar acerca de José María
de sustentación al arte social de la década progresista que en Arguedas y el indigenismo", en Rmsta Pema11a de Cultura, Lima, núm. 13,-
el área andina inaugura César Vallejo con su novela El 14, diciembre de 1970; Sebastián Salazar Bondy, "La evolución del llama-
do indigenismo", en Sm; marzo-abril de 1965; Antonio Urcello, [oJé Mmia
Tungsteno (1931), apunta a la estrechez de la concepción indi- ./lrguedaJ: el !1//e/JO rostro del i11dio. Lima. Librería edJtonal Juan ;\{ejía Baca,
1974 (caps. "Indtanismo" e "Indigenismo"); la excelente re,·isión de la
4 3 "Sociología de una noYela peruana", en E/ Comercio. Lima, 1 de enero tesis dualista en Antomo Cornejo Polar, Los tii/Ú'ei"SOS 1/tiiTCJti!Jo.r de]oJ-é Aimia
/lt;guedas. Buenos Atres, Losada, 1974.
de 1958.

? ? Á no-Pl H "''"' • ?rr;
de la soc1edad peruana, 4 5 por otra parte no hará sino modi- la categoría de valor artístico y moral; su combatividad, que
ficar, enmendar o perfeccionar el vasto conjunto de princi- forzó la nota denotativa de cualquier texto reflriéndolo al
pios del indigenismo. discurso global de la sociedad; su conflanza en las ideologí-
Este término, indigenismo, quedó acuñado por la genera- as que, abundantemente producidas, enmascararon las ope-
ción posmodernista latmoamericana, siendo ella la que le raciones concretas de esta clase en avance dentro de la socie-
conflrió el significado con el cual fue aceptado en todo el dad; su eticidad que se tradujo en una permanente militan-
continente. Como en los ejemplos paralelos y contemporá- cia, todos esos rasgos pueden encontrarse en las novelas, las
neos del "negrismo" antillano y del "revolucionarismo" obras de arte, los estudios sociales o económicos, las consig-
mexicano, se trató de una formulación local, peculiar, referi- nas políticas de la época y unitariamente en el lenguaje que
da a la problemática cultural de la región, de esa tendencia utilizaron todos esos textos: tanto los Siete eJ?Sf!YOS, de
generalizada, regionalista, criollista, nativista, que se posesio- Mariátegui, como Matalaché de López Albújar o la pintura de
nó de América Latina con posterioridad al novecentismo José Sabogal.
modernista, desarrollándose en la década de los diez y los Este indigenismo es el que Arguedas debe revisar sin por
veinte: propuso una nueva apreciación de la realidad y del eso apartarse del movimiento. En "Razón de ser del indige-
funcionamiento de las sociedades del continente que estaba nismo en el Perú", que es un escrito póstumo del cual igno-
· modernizándose, a través de la óptica de los sectores de la ramos la fecha de composición, se explica. Comienza por
baja clase media en ascenso, quienes entablaban su lucha prescindir de la aportación que en el siglo XIX hizo Manuel
contra las consolidadas estructuras del poder. Su franco y González Prada (con guíen mantuvo siempre distancias)
rudo realismo; su aspiración a un reconocimiento sedicente- para referirse específlcamente al siglo ~"'<, dentro del cual
mente objetivo y aun documental del entorno; su poderoso establece tres períodos indigenistas: el correspondiente al
racionalismo clarificador; sus esquemas mentales simples, novecentismo donde tímidamente se aflrma la corriente en
contrastados, rotundos, que proponían interpretaciones sim- la obra que va construyendo Julio C. Tello en oposición al
ples pero eflcaces del mundo; su fuerza, que le otorgó una pensamiento "hispanista" de José de la Riva Agüe;o y Víctor
nota recia y áspera; su espontáneo emocionalismo elevado a A. Belaúnde, encontrándose sin embargo en todos el enco-
miástico reconocimiento de la antigua cultura inca que en
ese tiempo estaba siendo revelada por los hallazgos arqueo-
4-:> Entre los pnmeros planteos que subrayan este aspecto de Todas las san- lógicos y bibliográflcos (Paracas, 1-'Iacchu Picchu, Guarnan
gre.r. los artículos de Alberto Escobar, "La guerra stlencwsa en Toda.r las Poma de Ayala, etc.) el cual no va-acompañado por una para-
.wHgres", Rn'lJ!a Penttllla de Cultura. 5 de abril de 1965, ,. de José ~úguel
lela revaloración de la cultura md1a poshispánica; un segun-
Onedo, 'Tasto cuadro del Pen.i feudal", en Marcha, 1\Iontendeo, 8 y 16
de octubre de 1965. La btbl.tografía críuca posteoor ha desarrollado este do periodo, que es el central, acaudillado por José Carlos
planteo \' éase Glad,·s C. ;\farín, L 1 F.':f!ertettac/ amencana de .fosé Malia .Mariátegui, donde se impone de manera beligerante la
/lrg11edm. Buenos Atres, Fernando Carda Cambeu:o, 1973, y el citado flbro reivindicación soCial v económica del indw se insta a los
de A.ntomo Corne¡o Polar ' '

204 • La gesta de/!7Jesii{O Angel Rama • 205
escritores y artistas a tomar como tema el Perú contempo- su esfuerzo para subsanar las carencias anotadas. Al tiempo
ráneo y se genera una nutrida producción sobre el indio de conservar las demandas sociales, económicas y políticas
·miserable, maltratado y expoliado; "pasado el tiempo, esta del indigenismo de los Siete ensqyos, procurará perfeccionarlo
obra aparece como superficial, de escaso valor- artístico y con un me)or conocimiento de ia realidad y una ampliación
casi nada sobrevive de ella, pero cumplió una función social del enfoque sobre la sociedad peruana, nacido de una do-
importante", agrega Arguedas. Sin embargo, las mayores cumentación más firme. Este tercer indigenismo tendrá, por lo
obj~ciones no se refieren a la pobreza artística de este indige- tanto, una dominante nota "culturalista" y ya no rotará
nzsmo, que incluso podría haberse puesto a la cuenta de un exclusivamente sobre el indio, con lo cual su misma denomi-
período de aprendizaje tal como adujera Mariátegui, sino a nación empezará a ser cuestionable, 47 al punto que esta aper-
otros dos aspectos: la atención exclusiva y excluyente sobre tura hubiera podido presentarse como la verdadera funda-
el indio y su dominador, que se superpone a la dicotomía ción del período nacional, peruano, de la cultura del país, el
costa-sierra, generando la difundida tesis dualista del pensa- antecedente de las profundas modificaciones políticas y
miento crítico peruano,46 no rinde justicia a la mayor com- sociales que pronto habrían de introducirse.
plejidad de la estructura social del Perú, ni reconoce la Referido al tema restricto de la literatura, este indigenismo
importante contribución de nuevos sectores (mestizos) ni se defme con los siguientes términos: "La narrativa peruana
admite importantes matices diferenciales dentro de las clases intenta·, sobre las experiencias anteriores, abarcar todo ·el
enfrentadas (muy distintos tipos de comunidades indígenas, mundo humano del país, en sus conflictos y tensiones inte-
muy distintos tipos de terratenientes, etc.); los indigenistas, en riores, tan complejos como su estructura social y el de sus
segundo lugar, carecieron de un conocimiento serio acerca vinculaciones determinantes, en gran medida, de tales con-
de la cultura india (""Mariátegui no disponía de información flictos, con las implacables y poderosas fuerzas externas de
sobre la cultura indígena o india") por lo cual no fueron los imperialismos que tratan de moldear la conducta de sus
capaces de valorarla ni tampoco de reconocer humildemente habitantes a través del control de su economía y de todas las
los múltiples productos que ella generó (vestidos, instru- agencias de difusión cultural y de domimo político."48
mentos, clanzas, objetos de culto, utensilios, comidas, etc.) El concepto indigmismo visiblemente busca aquí alcanzar
así como la originalldad de sus creencias, costumbres, artes. una coincidencia con el concepto de perua~idad Esta modi-
El tercer período del indigenismo, el que es posterior a
l\Iariátegui y a Valcárcel y tendría como principales narrado- --------
47 En el cttado ensayo "La novela y el problema ... ", Arguedas conclu\·e
res. a Ciro Alegría y José María Arguedas, se distinguiría por
preguntando: "¿Y por qué llamar ind1gemsta a la literatura que nos mues-
tra el alterado y brumoso rostro de nuestro pueblo y nuestro propto ros-
46 \' éase el ensayo de Aníbal Quijano, "Naturaleza, sttuactón ,. tendencia tro así atormentado)"_

de la sociedad peruana contemporánea", en Pensamimto rrittco, La Habana, 48 "Razón de ser del wd!genismo en el Perú", en f 'isión del Perú, Lima,
mayo de 1968, núm. 16. junio de 1970, núm. 5.

Ángel Rama • 207
ficación, que distingue no sólo la narrativa de Arguedas res- indio, su visión dicotómica de la sociedad (indios y "mistis"),
pecto a la de López Albújar, sino también sus ensayos etno- su desvío hacia los mestizos. Éstos ~parecen en sus cuentos
lógicos respecto a los políticos de su maestro l\Iariátegui, es siempre al servicio de los señores y son figuras esquemáticas,
hija de un lento adentramiento en las modificaciones sustan- meramente ancilares del poder. No obstante, corresponderá
ciales que venían avizorándose en la sociedad peruana de la a Arguedas descubrir la positividad del estrato social mesti-
sierra y cuya eclosión se sitúa en las décadas posteriores a zo, será quien cuente con delicadeza su oscura y zigzaguean-
1930. te gesta histórica y mostrará cómo reelabora las tradiciones
De ahí nace la curiosa paradoja. El indigenismo arquetípico, artísticas que en un nivel de fijeza folklórica custo~iaban los
el de Amauta, fue, como vimos, la forma ideologizante que indios, introduoéndolas ahora en la demanda nacional.
asumió la conciencia mestiza que alimentó ese movimiento, El asunto fundamental de los ensayos etnológicos de
para procurarse un instrumento de lucha en su ascenso Arguedas será este personaje y esta clase intersticial: los exa-
social, presentándose como intérprete de la mayoría nacio- minó literaria y sociológicamente, después de haberlos des-
nal, aunque la excesiva acentuación de los valores ideológicos cubierto con esfuerzo. Los atendió más en el ensayo que en
indios no hizo sino traducir la interna debilidad intelectual la novela (aunque en ésta fue capaz de conferir rasgos mes-
del sector social que los generaba, su poca audacia para afir- tizos al idealizado Demetrio Rendón Willka de Todas las san-
mar los valores propios. La tercera generación "indigenista" gres) transformándose en su lúcido y ·comprensivo analista.
invertirá los términos de la paradoja de sus mayores: dispo- Cuando aludíamos antes a la dialéctica de lo concreto en la
niendo de un conocimiento mucho más amplio de la cultura experiencia intelectual de Arguedas, pensábamos en esta
indígena y apreciándola con fuerte positividad, aportará sin inversión de los términos del conflicto, que le permitió supe-
embargo, el descubrimiento del "mestizo" y la descripción rar las limitaciones del indigenismo de sus mayores, ade-
de su cultura propia, distinta ya de la "india" de que prove- cuándolo al proceso transformador de la sociedad.
nía. Este último indigenismo, el que hasta la fecha puede esti- No fue tarea fácil. El acercamiento de Arguedas al mes-
marse como el más cabal y mejor documentado, ha sabido tizo no se hizo sin inquietudes y suspicacias. Se sinti,ó recha-
realzar el papel central que cabe al "mestizo" en la formación zado por su desconcertante·ambigüedad y su aparente anti-
de la tantas veces ambicionada "nac10nalidad integrada" heroicidad. Lo vio en dependencia estrecha de los señores,
peruana, siendo sus miembros los que por primera vez han cumpliendo las faenas más indignas; vio también la veloci-
estudiado con atención esa curiosa figura que moti,·ara más dad con que podía trasladarse de uno a otro bando sin com-
.rechazos que alabanza, en especial de los apasionados propa- prometerse claramente con ninguno, pero sobre todo resin-
gandistas del indio de los años veinte. tlÓ en él su falta de moral. Se necesitaba mucha compren-
José María Arguedas se encontraba todavía muy cerca de sión para medir realisticamente la situación social del mesti-
ellos cuando inició su obra intelectual. Así lo prueba su zo, su viv1r en una tierra de todos los demás pero no suya,
manejo ·de la tesis dualista, su cerrada reiYindicación del lo que le obligaba a desarrollar condic10nes adaptables a am-

208 • L1 gesta del me.1t1zo Angel Rama • 209
bientes hostiles. Pero esos m1smos rasgos expl!can la aten-
dolo de la funciÓn de "cordero pascual", lo descnbió
CIÓn que concedió al persona¡e, que en 1950 ya percibía en
Arguedas Poco a poco ese mismo papel se lo confwó al
estos lúe1dos térrntnos "e Y cuál es el desuno de los mesti-
mestizo, persona¡e sm cuarteles de nobleza como el md1o de
zos en esas aldeas;¡ En estos uempos prefieren 1rse, llegar a '
escaso prestigio mtelectual o ético, pero que VIsta su destre-
L1ma, mantenerse en la capital a costa de los más duros
za, energía y capae1dad de adaptae1ón, se presentó como el
sacnfic1os; siempre será me¡or que convertirse en capataz
más v1able, el úmco capaz de salvar algo de la herene1a md1a
del terratemente y, ba¡o el silenciO de los e1elos altísimos,
en los difíciles trances de la aculturaC!Ón.
sufrir el odio extenso de los mdws y el despreci() Igualmen-
Para llegar al reconoc1rmento de la val!dez y de las virtu-
te mancillante del dueño. Ex1ste otra alternativa que sólo
des de la cultura mestiza que para la mayoría de los testlffio-
uno de milla escoge. La lucha es feroz en esos mundos, más
mos o era meXIstente o era muy vulgar y torpe, hubo que dar
que en otros donde también es feroz. Ergurrse entonces
un paso que era resistido: desprenderse de la evocaciÓn nos-
contra mdws y terratenientes, meterse como una cuña entre
tálgiCa del Incanato que arrastraba hac1a la desaunada espe-
ellos; engañar al terratemente afilando el mgemo hasta lo
ranza de una restaurac1ón punsta y en camb1o reconocer la
Inverosímil y sangrar a los millos, con el m1smo mgemo, suc-
cultura mdia mestizada poshispámca, lo que 1mpl!caba certi-
CIOnarlos más, y a mstantes confabularse con ellos, en el
ficar una extraordlnana capacidad de adaptaciÓn p~r parte
secreto más profundo o mostrando tan sólo una punta de
del pueblo quechua, demostrada a lo largo de la Coloma Esa
las ore¡as para que el dueño ae1erte y se lncl!ne a ceder, cuan-
plasticidad e mtel!genC!a para preservar los valores claves a
do sea menester."49
los que respondía su eXIstenCla e Identidad era la que tam-
En 1952, en el mforme que nnde sobre el Przmer Congreso
bién le había perm!tldo absorber mgentes contnbucwnes
Internaczonal de Peruamstas, ya está articulada la línea mterpre-
españolas (rehgión, tra¡es, mstrumentos, cultivos, fiestas)
tatlva· contranamente a la op1món negatn·a de Lms
reelaborándolas en el cauce propio tradicional.
Valcárcel, que h1e1era escuela, afirmará que el mestizo repre-
Con el reconocimiento de la cultura mdígena ba¡o la
senta una clase soe1al real, existente y numerosa, que ya
puede caracterizarse con bastante preciSIÓn, salvo que no ha Coloma y aun ba¡o la República que no hizo smo conunuar-
sido sufiC!entemente estudiada a pesar de ser elemento clave la, Arguedas se distancia de aquellos zndzgenzstas que sólo
de "las posibilidades y el desuno del pab" podían Yalorar almdio contemporáneo en razón de los ele-
En el pensarmento crítico de la época, ese papel de mentos ongmanos que le \"!eran conservar, así la lengua o
redentor que el marxismo atnbuyó al proletano, fue traslada- algunas formas artísticas, considerando perme1osas e 1n1pu-
do almd10 puro, almtegrante de los ay!ltts de la serranía del ras todas las Incorporaciones procedentes de la cul~ra espa-
sur y en el rmsmo sentido, Ideal!zándolo más s1 cabe y dotán- ñola Tal d1stanc1armento quedó certificado en repetidos epi-
sodws· Arguedas utlhzó y defendió el Idioma quechua tal
49 "I~a nO\ e1a\ e1 problema dt> la e-....pre~Jon lltetana en el Peru", Cll! czt
como lo mane¡aba espontáneamente la poblae1ón, o sea em-
pedrado de hispamsmos, opoméndose de este modo al

210 • La,f!..el!a del mertqo
purismo lingüístico de los académicos cuzqueños; Arguedas un estudio metódico, con mejor utilaje, de la totalidad social
condenó insistentemente las eYocaciones y "estilizaciones" del país, lo cual implicó una mayor atención por el mestiza-
de la época incaica, remedo de lo que él llamó el "monstruo- je. Si a partir de 1950 se acrecientan los estudios sobre este
so contrasentido",50 prefiriendo siempre el empleo de ins- sector, recuperándose al mismo tiempo períodos del pasado
trumentos, trajes, músicas, etc., contemporáneos, aunque en en que ya había comenzado disimuladamente su gesta, se
ellos fuera perceptible la influencia española. Tales elemen- debió a los intensos movimientos migratorios que acarrea-
tos componían una cultura viviente y actual y nada justifica- ron la incorporación masiva a la capit'al y a las ciudades
ba cancelarla en beneficio de la idealización de un pasado industrializadas de la costa, de una importante cantidad de
desaparecido. serranos. Paul Rivet llegó a ver, y según el testimonio de
De este ajuste sobre la cultura indígena surgió la posibi- Arguedas "con especial regocijo", la invasión de la ciudad de
lidad de pasar al reconocimiento de otra cultura que se deri- Lima por los indios, quienes aportaban su original for-
vaba de ella pero que implicaba un mayor grado de incorpo- mación cultural y quienes ingresaban, no bien instalados en
ración de elementos extraños, propios de la civilización occi- las miserables barriadas, a un proceso vertiginoso de trans-
dental: la mestiza. No fue un comportamiento intelectual cultur~ción. En los análisis del Instituto de Estudios
excepcional sino que representó lo que múltiples profesio- Peruanos, bajo la dirección de José Matos Mar, es posible
nales procuraron.: sociólogos, antropólogos, folkloristas, lin- seguir este sismo social que alteró notoriamente la composi-
güistas, varios de los cuales contaban con una preparación ción demográfica de la que fuera capital de la cultura coste-
académica más esmerada que la de Arguedas. En este tercer ña y punta de lanza de la dominación occidental sobre el
período indigenista, las ciencias humanas se consagraron a resto del territorio, la cual en sólo veinte años triplicó su
población. La misma historia contó Arguedas en algunos de
sus artículos sobre los "clubes" de serranos, sobre sus fies-
SO En un artículo pubhcado en El Comercio (suplemento dominrcal), Lima,
21 de jumo de 1962, bajo el título "El monstruoso contrasentido" dice tas en los coliseos 51 y en su última novela El zorro de arn"ba y
Arguedas: "Se adrruraba el arte anuguo de los mdígenas y dominaba a los el zorro de abqjo.
criollos y a los señores la com·icción total de yue entre los creadores de
tal arte, consagrado unl\·ersalmente por sab1os y críticos extranjeros, y el
indio }. mestizo actuales, había una ruptura absoluta de continuidad. La
transformaCIÓn impuesta por la sen,dumbre, desde la conquista, en el
esulo y en algunas técnicas del arte mdígena, era tenida como una ruptu- Sl 1) u ed en consu1tarse d 1versos arucu
· 1os pertenecientes
· a una cm1pana-
ra esencw.l en el espíritu, en la \'Íttualtdad del hombre anuguo r del ind10 que entabla en el año 1962, entre ellos, "Notas sobre el folklore peruano"
actual 'degenerado'. Esta conncoón que aún nge la mentalidad de una (3 de jumo), "Apuntes sobre folklore peruano" (8 de julto), ambos de El
buena parte del pueblo criollo \. de los seóores, consuruye el monstruoso Comemo. suplemento dommical, pero tambtén, "En defensa del folklore
contrasenudo. Ya mtentaremos probar cómo en ctertas artes, tales como mustcal andino" (L1 Pmua. Ltma, 19 de noviembre de 1944). "De lo
la música r la danza, el post-htspámco es más neo)' ,-asto que el anuguo, mágtco a lo popular, del vínculo local al nacional" (El Co111emo. suplemen-
porque asinuló \. transformó excelentes instrumentos de expresión euro- to donunical, 30 de JUniO de 1968), "Sah-ación del arte popular" (El
peos, más perfectos que los anttguos." Comen1o. suplemento dommical, 7 de diciembre de 1969).

:21 2 • La ,ge.rta del me.rti:{_o Angel Rama • 213
"El movltl1iento Amauta come1de con la apertura de las ra económica occidental) eran capaces de defenderse con
pnmeras carreteras"52 había consignado Arguedas, con lo posibilidades de éxito, remplazando sus viejas instituciones
cual databa claramente las modlficae1ones que, habiéndose indias por otras más modernas sin que eso acarreara pérdi-
operado en el país, constituyeron el "background" sobre el da de identidad, y aun permitiendo que forjaran soluciones
cual inscribió su tarea la generaClÓn del tercer período indi- originales. En cambio las comunidades pobres, o sea las que
genista. Más que desde un ángulo sociológico, Arguedas ve no habían accedido a ningún grado de mestización se desin-
el problema desde la perspectiva de una antropología cultu- tegraban velozmente: "Todo empieza a cambiar en la~ ciu-
ral: su preocupación es el resguardo de la identidad nacional, dades y aldeas próximas y ellos no pueden sostener ya
de los valores éticos y f.tlosóficos de la tradición indígena que siguiera su organización antigua. A cada heredero le corres-
entiende superiores (concepto de la propiedad, del trabajo, p onde frecuentemente no más de un surco de tierra. Nadie
de la solidaridad del grupo, de la naturaleza, del humanis- ' '
quiere ya, ni puede, desempeñar en esas comunidades un
mo). No es que para él la cultura mestiza sea superior a la cargo político y religioso. Las formas cooperativas del traba-
abroquelada cultura de las poblaciones indias del departa- jo, la organización de la familia, toda la estructura colonial
mento de Puno, sino que ella es una coyuntD;ra eficaz de pre- desaparece, pero convirtiendo al grupo humano en un caos:
servación parcial de aquellos valores, en tanto que los agru- sin autoridad sin fiestas sin tierras. No tienen ante sí otro
pamientos indígenas conservadores se encuentran en situa- ' '
camino que el de emigrar."53
ción más desamparada: incapaces de resistir el asalto que
A partir de esta comprobación amarga se construye el
promueve la cultura occidental burguesa y capitalista que
interés de Arguedas por el mestizo y se suceden sus estudios
viene de Lima dentro de los bastiones serranos, son conde-
' acerca de la zona del país en gue había pasado su infancia y
nados a la desintegración social y espiritual.
adolescencia y donde registra una temprana mestización que
En la obra de Arguedas abundan los testimonios sobre la
había deparado la armoniosa evolución de la cultura india
desintegración de las agrupaciones indias conservadoras que
por absorción del mensaje europeo en un plano de libertad.
han vivido a la defensi,·a durante siglos, por lo cual no
Son esos estudios: "Puquio, una cultura en proceso de cam-
pudieron desarrollar anticuerpos para enfrentar la acultura-
bio" donde se recoge una investigación cumplida en 1952 y
ción que, en pleno siglo L\.. y con los instrumentos técnicos
1956 v sobre todo su "Evolución de las comumdades mdíge-
propios de tal siglo, se desencadenan sobre ellos. \Tio clara-
nas" ~ue publicó en 1957 y que descriptivamente subtituló:
mente que las comunidades económicamente fuertes (que es
"El Valle dell\Iantaro y la ciudad de Huancayo: un caso de
lo mismo que decir: aquellas que ya tenían cumplido un pro-
fusión de culturas no comprometida por la acción de las ins-
ceso de mestización, Incorporando elementos de la estructu-
tituciones de ongen colonial." Por último un perspicaz exa-

52 En ''José Sabogal \' las artes populares en el Perú", en Folklore
A171mii111o, IY, 4, Ltma, 1956. 53 En "La soledad cósrruca en la poesía quechua", en Idea. núm. 48-49,
Lima, ¡ulto-dlctem bre de 1961.

214 • La J!,esla del llleJit{O
men del "arte popular religioso y la cultura mestiza de ha hecho referencia a la nota mestiza que signaría a la cultu-
Huamanga". Son sus más serias investigaciones sobre el ra del continente, en particular por aquellos autores que per-
tema: un resumen de sus conclusiones se puede encontrar en tenecen a zonas de formación de pueblos nuevos (según la
su ponencia "Cambio de cultura en las comunidades indíge- denominación de Darcy Ribeiro) como es el caso, para los
nas económicamente fuertes". estudios literarios, de Arturo Uslar Pietri. Sin embargo, esta
Sobre estas comprobaciones fundó su optimismo. Como etiqueta no ha venido acompañada de un estudio concreto
en el conocido texto de San Pablo, fue una resurrección que explique en qué consiste esa mestización en nuestra
comprobada la que dio sustento a su fe: "Debemos apuntar, América; cómo han operado las diversas influencias cultura-
sin embargo, que el caso de Mantaro es todavía una excep- les, qué ha sido recogido de las diversas tradiciones conflu-
ción en el Perú. Pero este acontecimiento feliz nos puede yentes y qué ha sido desechado, cuáles son los principios de
servir ahora de ejemplo vivo para el difícil estudio de la dife- estas operaciones y cuál su dinámica. La historia de la mes-
renciación cultural que existió siempre entre la sierra y la tización y el estudio de sus operaciones, está por hacerse.
costa, hecho que se acentuó cada vez más en la época A ella se han anticipado los ensayos de José María
moderna. Nos servirá también para el estudio del posible Arguedas que habrán de constituirse en perspicaces y utilísi-
proceso de fusión armoniosa de las culturas que ambas mos estudios de sociología del arte latinoamericano. Tal
regiones· representan;· fusión posible, puesto que en está condición no deriva de la dimensión teórica, aunque
región se ha realizado. Sin la aparición del caso del Alto Arguedas no dejó de utilizar con eficacia y prudencia las
l\Jantaro nuestra visión del Perú andino sería aún amarga y enseñanzas de los maestros de la antropología anglosajona
pesimista." 54 (Herskovitz, Linton, Grinberg, Beals, etc.), sino de una muy
Si en algún lugar se produjo la fusión, ella es posible en empírica capacidad para relacionar las obras de arte con sus
todas partes, podría haber dicho remedando la insignia de reales productores y sus reales consumidores, examinando la
Tylor adoptada por Lévi-Strauss con lo cual la tarea de inves- situación de éstos dentro de la estructura social, y fijando
tigación académica pierde su aparente gratuidad para consti- por último una asociación entre los temas, las formas y los
tuirse en parte de esa "antropología de urgencia" que moti- sistemas de fabricación del arte, para confrontarla con sus ·
vó la polémica de Arguedas en el X...'C.~VII Congreso de productores y sus receptores sociales. La fineza de obserYa-
Americanistas: estos conocimientos son las bases para el ción de Arguedas es asombrosa y a ella puede atribuirse la
establecimiento de una política de la cultura latinoamericana felicidad de sus muchas comprobaciones sobre el funciona-
y sobre ellos se asienta la construcción futura de esa cultura miento de la sociedad, los diversos estratos, sus intereses, y
integrada, necesaria, gozosamente mestiza. l\[uchas veces se sus conflictos. Arguedas desarrolló una habilidad consuma-
da para leer a la sociedad en las obras de arte, de tal modo
que sus estudios de campo consagran más espacio a este
54 ."La s1erra en e1 proces? de la cultura peruana", en 1...-tl Pren.1a Ltma, 2.J~
de sepnembre de 1953. · aspecto, que a los restantes de tipo sociológico, pudiendo,

216 • La ge.rta deii!Jestizo Ángel Rama • 217
mediante los datos de naturaleza artística interpretar al con- los crean, los cuales sirven para comprender las más secre-
junto social. Su conocimiento del folklore y su personal trato tas esperanzas de éstas, pero también para desmontar los
con las formas artísticas, le permitió ver que existía una simi- ocultos significados que esos mitos transportan. El fm de
litud entre determinadas conformaciones estéticas y muy esta investigación sobre el tema de Inkarrí, que puede leerse
precisas cosmovisiones de los grupos sociales. en los "Mitos quechuas poshispánicos", ilustra este ejercicio
En sus diversos estudios se irá especializando en detectar libre, empírico y sutil, de los métodos de la sociología del
los rasgos mestizos del arte, a los que rendirá su mejor aná- arte. En Arguedas, su espontáneo manejo, que nos revela su
lisis en las "Notas elementales sobre el arte popular religio- enlace con el pensamiento de Amauta, en nada disminuyó su
so y la cultura mestiza de Huamanga" (1951) con su estudio percepción y su degustación del arte. De este tema podría
del arte del "escultor" Joaquín López y de las transformacio- decirse lo mismo que él dice de su trato con las ideas socia-
nes que se van introduciendo en los "retablos" o "San listas: "¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien.
Marcos". El análisis de la evolución de este objeto de culto Pero no mató en mí lo mágico."56 El conocimiento de las raí-
y este producto de artesanía, a lo largo de la transformación ces sociales del arte, la carga ideológica que transporta y den-
que sufre la sociedad rural peruana, y la participación que en tro de la cual se forma, no empañó en él la emoción estéti-
esa evolución le cupo al mestizo, único apto para "realizar ca. Conocimiento social y arte marcharon juntos, sin dañar-
esta sincrética y armoniosa representación de símbolos de se, complementándose y enriqueciéndose, de tal modo que
religiones tan diferentes y antagónicas pues oficialmente una sus ensayos sobre etnología o sobre folklore se pueden, se
perseguía a la otra para destruirla" es un modelo del análisis deben, leer desde esa perspectiva integradora en que todo se
sociológico que hubiera aprobado Arnold Hauser. 55 funde armoniosamente.
Al mismo tipo de pesquisa corresponden sus estudios
sobre los mitos, un campo que no pudo ser desarrollado por
Arguedas lamentablemente, vista la excelencia de su estudio
del mito de Inkarrí al que consagró diversos artículos. La
importancia de este ensayo no radica sólo en la curiosidad y
riqueza significante del mito de Inkarrí, sino en la sagaz vin-
culación de las diversas formulaciones del mito con la
estructura social de quienes lo han generado, estableciendo
sistemas asociativos entre los mitos y las comunidades que

55 El mismo tema lo desarrolló en su artículo "Del retablo mágico al reta-
blo mercantil", en El Comercio, ,suplemento dominical, 30 de diCiembre de
1962 56 "N 0 soy· un aculturado... ", en E/ zorro de arriba J' el zorro de aba;o, op. cit.

218 • La y.,e.rta delmesti;ro Ángel Rama • 219
V. LA INTELIGENCIA MÍTICA

1. Concentración y reiteración

Una rara unidad distingue a la obra intelectual de José María
Arguedas respecto a la producción de su tiempo. Salvo la
novela testimonial El sexto (1961) en la cual contó su expe-
riencia carcelaria de 1937-1938 y salvo una escasa serie de
páginas sobre asuntos accidentales, su producción resulta
unificada por el manejo de una temática exclusiva. Eila rota
en torno al indio peruano y aspira poco a poco a reflejar, con
un criterio francamente nacionalista, a la totalidad socio-cul-
tural de su país cuyo estructurante, para Arguedas, no puede
ser otro que la cultura indígena. Pero además (porque de
otro modo podría confundírsele con escritores del indigenis-
mo social de la época del tipo del ecuatoriano Jorge Icaza) la
unidad se acentúa porque dicha temática es interpretada
-voluntaria, tercamente- a tra,rés de la cosmm-isión de las
comunidades indias, enfoque que Arguedas hizo suyo
inicialmente y luego amplió, trasladándolo a otros estratos
sociales de índole mestiza, donde estimó que aquella cosmo-
visión se prolongaba y aun revivificaba.
En un período histórico en que la variedad temática y
estilística comenzó a ser la norma de la producción artística
latinoamericana, Arguedas mostró, en cambio, una concen-

(221]
traciÓn absorbente, fi¡aoón poderosa y exclustva sobre un espontánea, su mtenso y relampagueante brillo pero también
terntono úmco de lo real, ¡unto a una VISIÓn Igualmente um- con su velocidad para agotarse y necesitar de ser sustinuda
tana r persistente de ese comple¡o temático. SI en su pnmer (sensaoón cuya posltlvidad rmpuso la sociedad mdustnal
libro de cuentos (Agua, 1935) y en su pnmera novela (Yawar burguesa al constrmr la modermdad), el segundo cnteno se
)Zerta, 1941) ya es vlSlble este comportarmento llterano, elu- mstala en el campo del conoclffilento, del cual extrae super-
sivo de las normas de la modermdad, la sene de relatos pos- sistenCia para tnSlStlr y vencer las diversas alturas en que pro-
tenores (Dzamantes y pedernales, 1954, La agonía de Rasu Ñztz, gresivamente se va colocando, en una tarea que rmplica un
1962 y Amor mundo, 1967) y de sus novelas (Los Rios prifun- avance literalmente tnagotable, características estas que son
dos, 1958, Todas las sangres, 1964 y El zorro de arrzba y el zorro diametralmente opuestas a las que smgulanzan la CivilizaCiÓn
de abq¡o, 1971) no hizo smo corroborar, con muy pequeñas europea (o atlántica) que se expandió vtctonosamente sobre
vanaoones (que lo fueron en el sentido de procurar un regts- Aménca Launa en el stglo XX.
tro más cercano a la totalidad sooal de la nación) tal concen- St clasificáramos a los escntores latinoamencanos de
traCión obsesiva Su coherencia, su stgmficado, se vuelven acuerdo con estos opuestos cntenos, podríamos establecer
más claros st se retntegra el sector literano de su producCIÓn un cuadro que debería registrar los dtversos matices, grados
tntelectual en el seno de los restantes sectores que practica- de mfluenCia, mayores trasmutaciones o comprormsos que
ra, sobre todo los ensayísticos sobre asuntos de antropolo- se produ¡eran entre los dos polos de fuerza propuestos: el
gía y folklore que le son estrechamente afines En éstos no que corresponde a la tnfluenCia permanente que procede de
sólo se reiteran los rmsmos temas y los rmsmos enfoques, los centros culturales externos, la cual aplica una preceptiva
stno que las condtciones peculiares del género le Imponen cultural modetna y dtspone para tratJ.srmurla de los eficaces
raoonallzarlos, en el mvel de su más emptnado esfuerzo tnstrumentos de una tecnología afín, y el que corresponde al
tntelectual, con una constante búsqueda de fundamentacto- repliegue sobre las trad1e10nes locales en aquellas soCiedades
nes y explicaciones para las posiCiones asurmdas a las que el avance de los centros externos ha rermtido al
Contra el cnteno de movilidad y vanaCIÓn por ID- rango de conservadoras, las que procuran preservar la con-
corporación de datos siempre nuevos, siempre cambiantes, unmdad e tdentidad de un grupo soCial apelando a medtos
esta obra tesumoma la fi¡eza y la concentraciÓn sobre un de comumcaoón pobres y trad1c10nales. St Jorge Lms
umverso que es acometido una y otra vez, como en sucesi- Borges puede ser situado en las vecmdades del prrmero de
vas olas, parcialmente repetitivas pero también parcialmente estos polos, es muy cerca del segundo que debe verse a José
diferenoales, en un esfuerzo cuyas características revelan María Arguedas.
tanto lo msondable del conoclffilento que ha sido propues- Tales rasgos de una producoón mtelectual pueden
to como el fracaso de las sucesivas acometidas para recorrer- conectarse con una problemática más amplia y comple¡a, de
lo íntegramente y agotarlo SI el pnmer cnteno tiene su asen- la cual no serían smo las mamfestacwnes superfiCiales, tra-
tarmento en el campo de la sensaciÓn, con su vivacidad ducoones eptdérrmcas de un funoonarmento mental pro-

222 • La mtelzsenua ll!lflw Angel Rama • 223
ne trayectonas entetas ~1empre le queda algo por reahzar
fundo donde puede detectarse el componente ongmal de la Lo rmsmo que los ntos, los rrutos son mtermznab!es " 57
cosmovisiÓn del escntor Aunque la entidad de este aspecto VIsto que una descnpe1ón de esta naturaleza corre el nes-
motivará un examen mas detemdo, ya se puede adelantar su go de aphcarse no sólo a las comumdades tnbales smo a
presencia en esta mamfestaClÓn superficial Pues no se trata muchos hombres mtegrados en las más desarrolladas soCle-
solamente de una concentractón sobre un reduodo grupo dades y también a sectores enteros de éstas Oo que nos per-
de asuntos, smo el sistema reiterativo que se les aphca, el cual rrutiría avizorar que el pensamiento mítico es una condiClÓn
los toma y retoma sm cesar, les mtroduce leves modtficaClo- supervtviente en cualqmera de las actuales soe1edades, prefe-
nes, los vuelve a relacionar con otros elementos que le mtro- rentemente dentro de aquellos estratos sumerg¡dos o apenas
ducen modificac10nes, los rearticula en estructuras que emergentes) resulta necesano señalar que las vías de un pen-
resultan perecederas y deben ser sustituldas por nuevas samiento mítico no son necesanamente contranas al
estructuras paroalmente surulares aunque tambtén com- funcionarmento de otros pensarruentos, no son necesana-
puestas de elementos d1st1ntos mente mág¡cas e 1rrac10nales y, como lo ha razonado Lévi-
Estas operaoones pueden emparentarse con el funciona- Strauss en La pense sauvage, pueden diferenClarse de las vías
rruento de una mentahdad 1rngada por un pensamiento míti-
de otro pensar, más por el campo a que se aphcan o por la
co, pareCiéndonos, si no operaoones prototíp1eas, al menos
manera de ordenar los datos reales, que por su espeoficidad
comportarruentos familiares del pensar mítico En el caso de
mental
Arguedas reencontramos algunas notas dtstlntivas de este
pensar, que es propto de las sooedades prurutlvas y también
2 El camzno de la transculturaczón
de las tradtcionales, pero mtegrado a órdenes dtstlntos y en
vistble pugna con otras formas del pensarruento Esta mez-
cla y dosificaoón podna exphcar las vanedades que se perCi- Arguedas parte de una vocaoón tetvmdicadora muy nítJ.da,
ben en su mseroón y lo cambtante de los productos que prácticamente de una militancia al serv1c1o de los pueblos
genera, pareoendo por eso remanenc1as más que articu- mdígenas secularmente expohados, prunero por los españo-
laciones constitutivas del func1onam1ento mtelectual les de la Coloma y luego por los peruanos de la Repúbhca,
En todo caso es posible aproxunar tales mamfes taoones pero al rrusmo tiempo tlene conciencia lucida de la proble-
de la defimc10n que h1c1e1a Lévt-Strauss en Lo crudo y lo cocz- mática andma a la que procura exammar con cnteno reahs-
do del pensat rrutico "doble carácter del pensamtento míti- ta, evttando las snnphficaoones o las pare1ahzac10nes La
co, de comod1r con su ob¡eto -del que forma una tmagen problemática andma rota para el en torno de un centro, la
homóloga- pero sm nunca consegUlr fund1rse con él, por cultuta mdígena estancada, lo que confiere su nnportanoa
evolucionar en otro plano La recurrenoa de los temas tra-
duce esta mezcla de tmpotenoa y tenactdad Indtferente a la 57 Claude Le 1 :::.rraus~, :llttologuar 1 I_J) uudo} lo coczdo, 1\Ie\.lco, Fondo de
partida o a la llegada francas, el pensamiento mítico no reco- Cultura Econonuca, 1968, p 15

Angel Rama • 225
capual a la s1tuaoón (soc1al económ1ca v políucaJ'\ del mdw' v de E~paña;:>" 59 No obstante ello, no obstante que a veces
' J

pero, debido a eso, también a los restantes sectores que con coloca en el m1smo bando a estudiantes, "m1stis" v mestizos
'
elmdígena se encuentran estrechamente 1mbncados su narrauva, así como su en~ayísuca, desbrozarán la comple-
Desde sus pr1meros esctltos percibe con clandad la ng¡- Jidad social Parte de la concepoón del hombre, y por analo-
dez de la estratificaciÓn social, aunque el esquema dicotÓffil- gía, del persona¡e na11at1vo, que fue generado por el pensa-
co pr1menzo de md10s y "m1sus" enfrentados pronto de¡ará rruento de la generaciÓn mdigemsta de Amauta, pues ésta
lugar a una v1s1ón más comple¡a de la esttuctura soCial, como mcorporó a Aménca Launa la visiÓn de la clase soe1al como
del régnnen de dommac1ón en que se fragua, d1sangwendo una entidad todopoderosa que sumergía y volauhzaba al
las diversas castas y clases del país Los efectos de talm¡usu- mdividuo, pomendo así fin a la concepciÓn liberal que per-
Cla los percibe sobre los stervos pero también sobre los fecCionó el modermsmo
señores en qmenes detecta, por obra del e¡erctclo de la doffil- Tanto en la teoría antropológica como en la praXIs narra-
nación, una disgregaCIÓn espmtual Por últnno va avizoran- u,~a, fueron tres los mveles en que podía situarse al hombre

do la contnbuciÓn de los sectores mtermed10s formados por (o al persona¡e)· encarado como un mdividuo, dueño de una
mesuzos La estructura tnparl:lta de mdws, cholos y blancos, sub¡euvidad más o menos cerrada pero en la que se produ-
que para un antropólogo actual "opera más como tres esta- cía el conoc1m1ento (apropiaciÓn y reelaborae1ón de la reali-
mentos SlmbiÓI:lcamente orgamzados que como una soCie- dad ob¡euva) y de donde surgía una voluntad de actuar que
dad mtegrada"58 Arguedas habrá de enfocarla no sólo en un se confundía con el \o, encarado como el m1embto de una
plano soCloeconóm1co, con aportaciones críucas que diver- clase social, remplazando los rasgos pnvauvos por los gené-
sifican este esquema demasiado estrecho, smo sobre todo en ncos del grupo o de la situaCIÓn que éste ocupaba dentro de
el más arduo de las smgulandades culturales de cada sector, la sociedad, en especial aquello~ fi¡ados por lo~ Imperativos
preCisando sus funCiones y los efectos que promueve económ1cos, por último encarado como Integrante de una_
No pierde de vista que es una estructura, cuyos diVersos cultura que mantenía fluctuantes relaCiones con el concepto
elementos están por lo tanto en mutua dependencia y que el de clase social, tendiendo a englobarlo graClas a la mtensidad
punto clave lo representa la situaCIÓn opr1mida de la cultura de las tradiciones 1 costumbtes que ella transportaba desde
mdígena, una ausencia que mamfiesta tal fuerza que es com- el pasado
prensible que Arguedas, aun reconociendo la comple¡Idad De las ttes concepCiones, la segunda signa al pensarmen-
social, \Lielve muchas vece~ a la concepoón diCotÓffilca· to tenovador delmdigemsmo de los años vemte (l\Ianátegw)
'\:Hasta cuándo durará la dualidad trágica de lo md10 ) lo y en literatuta genera las normas de la novela soClal-mdtgems-
occidental en estos países descendientes del Tahuantlnsuyo t,l de la epoca Ésta, cuyo modelo de mas eXIto lo tepresenta

es
:) Da re\ Rtbeu:o, L. r A.lmllwr J la mlllt::;mtOII, Bueno~ Au:e,, Centto F d1tot
59 "La noveL! \ el problema de Lt e-...pre~!On lJterana en el Peru", en Nlm
de Amenca l auna, 1972 (2' ed!c!on) del S111, LIIrla, año II, vol III, num 9, enero~febrero de 1950

:22(1 • J ./1 IJJfpfJaPJJil/1 n¡¡/u 1 Angel Rama • 227
Jorge Icaza, mane¡ará con preferenCia grandes frisos colecti- gicamente, a los datos genéricos de la clase social y el que se
vos representados por "los mdios" o, cuando se detenga en abastece, con mayor amplitud antropológica, de los compo-
los individuos, procurará sintetizar en ellos los rasgos genera- nentes culturales, recubriendo tanto al personaje como a la
lizantes de la clase social a que pertenecen, en su particular clase que integra. De este modo el personaje narrativo se
situación. Aunque Arguedas, en un texto crítico 60 duá haber- desplaza dentro de dos esferas, la clasista y la cultural, que no
se afiliado a esta visión clasista, sobre todo para su novela son enteramente coincidentes, las cuales lo dotan de un
'r.áwar jiesta, lo propio de su creaoón, su aporte original res- "ambiente" en que se disuelve todo trazado excesivamente
pecto al segundo momento mdigenista fue el descu- individualista. Funcionan como cajas de resonancia de tipo
brimiento, tras el concepto colectiYo de la clase que él no colectivo donde las acciones se justifican o corroboran. A
ignoró, del ser humano concreto: al Felipe Maywa que había partir de estas aproximaciones, podría interpretarse su con-
conocido en su infancia, al mak'tillo Pantalconcha, a don fesión, hecha en 1950: "En los pueblos serranos, el roman-
Mariano, construyendo una galería de persona)es vivientes ce, la novela de los individuos, queda borrada, enterrada, por
prójimos del lector. La misma posición la asumió un contem- el drama de las clases sociales. Las clases sociales tienen tam-
poráneo Ciro Alegría, quien teorizó el punto aduciendo que, bién un fundamento cultural especialmente grave en !=1 Perú
hasta la generación regionahsta, América Latina había desco- andino: cuando ellas luchan, y lo hacen bárbaramente, la
nocido al personaje individual, carencia que fue compensada lucha no es sólo impulsada por el interés económico; otras
por su generación retornando subrepticiamente a los mode- fuerzas espirituales profundas y violentas enardecen a los
los de la narrativa europea decimonónica.6 1 bandos; los agitan con implacable fuerza, con incesante e
La visión de Arguedas será más compleja que la de su ineludible exigencia."62
compatriota: no se retrotrae al personaje-individuo estable- Si el punto de partida de Arguedas fue reivindicativo, o
cido en el siglo XIX, aunque también en su caso fue el que sea reclamar para los sectores indios oprimidos sus legítimos
me¡or conooera por sus lecturas, sino que recoge de él algu- derechos, y si esto transita por un enfoque cultural, no puede
nos rasgos, eficaces para el diseño reahsta verosímll, los que menos que instalarse en la problemática de la transcultura-
reintegra dentro de dos conjuntos: el que responde, socioló- ción desde el momento que opera a partir de dos culturas,
-~-~~-----
una dominante y otra dominada, y a que ambas correspon-
60 Ídem. den a muy distintas especificidades y situaciones. De ahí el
papel protagónico que en su literatura fue conquistando,
6 1 Cuo Alegrí:1., "Notas sobre el personaJe en la novela hispanoamerica-
na", en L1 1/0l'Cia tberoamenca11a, .\Icmona del Qumto Congreso del progresivamente, un determinado tipo de mestizo: aquel que
Insututo InternaciOnal de Literatura Iberoamencana, Albuquerque, podríamos llamar el heredero piadoso (en oposición al rene-
Nue'l·o ,\léXIco, 1952. Dtce "La nm·ela htspanoamencana es un mmcnso
desplteguc de htstonas desarrollada;, en panoramas y sttuactone;, mil, que
tendría un exrraordmano relteve st no carecJera de lo que es elemento
62 "I~a nm·e1a y e1 pro bl ema ... " , art. al.
esenctal del género !. su prueba de fuego: el personaJe."

228 • La intelzgencza mitzw Angel Rama • 229
ratura operó para él como el modelo reduodo de la transcul-
gado), el que transporta a sus padtes desde un umverso a
turación, donde se podía mostrar y probar la eventualidad de
otro cumpliendo dentro de sí las trasmutacwnes necesanas
su realizactón de tal modo que si era postble en la literatura
para permlttrles la supervrvenoa
tambtén podía ser postble en el resto de la cultura Arguedas,
Ése fue el papel que desempeñó el persona¡e de VIrgilio,
por no ser gobierno, m poder político, 111 revoluciÓn, no~
Eneas, en la pnmera ctvilizaoón filial de la htstona, la pnme-
puede ub1ear en su me¡or vía al proceso de la transcul-
ra que recogtó la herenoa y la ttansrmtió respetuosamente;
turaoón, en camb10 hace lo que sí puede o ctee poder hacer,
es el mismo papel que Arguedas atnbuye a Demetno
apelando a todas sus energías· mostrar la transculturactón en
Rendón \V'illka, en el Perú transculturante del stglo L"X,
la literatura narrativa, realizar en él la escntura artística.
hactendo de él un magmficente Eneas amencano a qmen
Su literatura es toda mostractón y comprobactón de que
compete trasladar sobre sus hombros a su padre (la tradlCtÓn
es postble la fustón de las culturas, pero esas operactones no
cultural mdígena) para que anatgue en un nuevo suelo (en
sólo se sitúan al mvel de los asuntos (con lo cual no hubtera
una nueva estructura cultural, moderna y eficiente)
superado el estad10 alcanzado por la me¡or narrativa mdtge-
El escntor como bten decía Ché¡ov, no está obligado a
111sta, la de Ctro Alegría) 111 sólo al 111vel de los programas
resolver, en la literatura, los problemas que son pnvativos de
explicativos (con lo cual sus me¡ores dtseños, como Todas las
la sociedad Es sufioente con que sepa plantearlos bten, cosa
sangres, nunca superarían lo que explíCitamente dice en sus
que ya antes que Ché¡ov había sospechado Engels
ensayos antropológicos) smo que funoonan en la literatura
ObYtamente no es Arguedas qmen puede poner en práctica
rmsma, en el arte literano, en la escntura, en el texto. Sólo
la transculturaciÓn peruana, sólo le cabe exponerla lúoda-
alcanzándosela allí, en el cuerpo rmsmo de la creaciÓn, se
mente mostrando ese pnvllegtado momento en que su muy
podría dar prueba fehaCiente de la transculturactón
antiguo V lento desanollo sufnó de una aceleraoón mam-
SI era acometer una ardua empresa, por la amplitud y e:xt-
fiesta Pero para él este cometido no era sufictente Entendió
genoa del proyecto, tambtén parecía excesivo desafío habida
que la literatura podía funoonat como esas ?onas pnvtlegta-
cuenta del pertrecharmento mtelectual del autor. Su educa-
das de la realidad que el estudtó (el Valle del Mantaro) donde
ciÓn había sido desordenada, sus años u111Yersitanos dtficul-
se había alcanzado una mestizaoón feliz, o sea la que no
tosos e mterrumpidos (debtó traba¡ar, fue encarcelado) y
unplicaba la negaciÓn de los ancestws mdígenas pata podet
sólo tardíamente encaró una formactón sistemáuca En su
progresar, acutud que daba nacumento a ese demomo feliz
nda adulta cumplió estudws de su espectalidad en folklore y
que hablaba en quechua y en español, al cual se refinó en su
etnología ) aunque él por hurmldad desmerectó su capacita-
discurso "No soy un aculturado".6 1 Vtsta esa actitud, la lite-
CIÓn, demostró en su tarea entera solvenCia mtelectual y efi-
caces conoclffilentos, más sobre el funcwnamiento cultural
63 D !~cut ~o de recepnon del Ptenuo Inca Garcilaso de la \ ega, octubre concreto que sobre las teorías Instalado en el período de
de 196~, '\pend1ce de L/ ~011 o d{ (// uba J el {011 o de a/Ja¡o, Bueno~ Aue~, dpogeo del funoonalismo, sorteó sus msufioenctas porque
Lo~ada, 1971

• 1-
¿\ngel Rama • 231
no dejó de desarrollar una visión global, nacional y política, peruano no disponía de un _sector cultivado, suficientemen-
y porque además tuvo trato, mediante libros o mediante la te nutrido como para establecer una comunicación aceptable
enseñaza de los discípulos, con las figuras mayores de la entre las élites de evidente calidad que ya se habían fraguado
antropología anglosajona (Herskovits, Boas, Linton). y que se habían tonificado con la generación indigenista, y la
Puede aceptarse que su información literaria fue escasa o mayoría de una población relegada a niveles educativos bajos
poco sistemática, con las previsibles lagunas: no ha~· indicio y además poco dispuesta~ participar de un esfuerzo integra-
de que hubiera frecuentado los surrealistas o de que se dor. Ese sector masivo que ha logrado cierta educación (y
hubiera sumergido en la narrativa vanguardista. Pero dado que es mera consecuencia de cualquier proyecto de desarro-
que la creación no depende del grado de información del llo, burgués o proletario) apenas comenzaba a aparecer
autor, es pos1ble ponderar de otra manera estos niveles de cuando Arguedas inició su obra literaria: eso explica lo tar-
conocimiento. Así, puédese destacar la escasa presión que dío del reconocimiento nacional (Los ríos prifundos tardó casi
sobre él ejercieron los patrones artísticos externos a diferen- veinte años en reeditarse) y la ausencia de un público que
cia de lo ocurrido con otros latinoamericanos, los que llega- acompañara al escritor a lo largo de su obra. Por eso la ope-
ron a impedir ver y gozar de su propia realidad. Eso favore- ración transculturadora que intentará Arguedas sólo podía
ció su inclinación hacia un universo interno, humilde y con- asentarse en los círculos rebeldes (intelectuales, estudiantes)
creto, que existía" ·dentro .de fronteras y que hasta era poco del hemisferio de la cultura dominante, sin encontrar la con-
valioso para intelectuales de sus mismas ideas político-socia- trapartida en el hemisferio cultural dominado que se encon-
les. Supo dignificarlo artísticamente y jerarquizarlo intelec- traba marginado de los bienes espirituales y donde los secto-
tualmente. Tal instalación nacional -y hasta provinciana res mestizos, que habrían de ser los legítimos destinatarios
como él subrayó-6 4 le llevó a colmar su panorama con los del mensaje, todavía no habían accedido masivamente a un
materiales próximos y a establecer con solo ellos, sin otras horizonte artístico estimable.
coordenadas axiológicas, un sistema de valores artísticos. Hablando de sus orígenes literarios, dijo: "¡Describir la
Esta coyuntura es riesgosa porque por lo común arrastra a \'ida de aquella aldea, describirla d~ tal modo que su palpita-
un necio provincianismo donde se subvierten las jerarquías ción no fuera olvidada jamás, que golpeara como un río en
estéticas. Él dispuso, para evitarlo, del apoyo que le prestó la la conciencia del lector! Ése fue el ideal que guió todos mis
gran herencia cultural indígena, su pasado glorioso, su pre- trabajos, desde la adolescencia."6 5
sente todo de harapos reales. Contó además con su natural Como se ve, lo rige un enfoque transculturante: no cons-
fineza y cautela para apreciar el arte. truyó su obra para los indígenas, sino para los lectores que
A estas dificultades individuales se agregó que el medio pertenecían al "otro bando" y entre los cuales buscó reinser-

65 "Algunos datos acerca de estas no,·elas''. en OzaJJ/cl!lfes_y pcdemale.r. Ltma,
64 Pnmer Diano de El zorro de amha.... op. czt. Juan Me¡ía Baca \'P. L. \'illanueva, 1954.

232 • La iuteligwáa mitúu Angel Rama • 233
absoluto, su pensamiento y su arte, a las generaciones que
~ar, persuasiYamente, un conjunto de valores tenidos por
vendrán, ya signadas por ese cambio sustancial que se está
mfenores o espurios. En vez de compadecer al indio, o en
anunciando.
vez de pretender como los "cholos" limeños de 'láwar jiesta
que se integrara a los valores de la cultura dominante busca
hacer de él, a través de la literatura, un modelo que c~nquis­
3. La forma: el género novela y ellenguqje
te admiración. Para eso reinterpreta cada uno de sus actos
Si bien Arguedas apeló a los recursos regionalistas en boga,
dentro de la estructura cultural propia, porque sólo en ella
les introdujo sustanciales modificaciones manejando los resa-
pueden ser convalidados, relegando los defectos a la acción
bios de una lírica posmodernista pero sobre todo, y fue ésa su
pervertidora de los dominadores (terratenientes, gamonales,
fuente propia, las tradiciones arústicas de la cultura indigena.
sacerdotes, autoridades) de modo que asistimos al doble
A lo largo de esta empresa hizo una contribución, que creo
movimiento de justificacion y exculpación mediante la res-·
de magnitud, i algo no percibido en su entera latitud: la reno-
tauración de la inocencia dentro de la peculiar estructura cul-
vación, que es como decir el fortalecimiento, del sistema lite-
tural, cuyos mandatos -como es sabido- no tienen por qué
rario regional, gracias a la recuperación de una parte de los
coincidir con los de otras estructuras.
valores sumergidos que habrían de conferirle inesperada
La singularidad del proceso transculturante radica en su
potencialidad. En ese sentido su obra refrenda la operación
excepcionalidad. Un blanco se asume como indio, con el fm
vallejiana, porque manteniéndose apegada al sistema regional,
de socavar desde dentro la cultura de dominación para que en
lo dota de otras posibilidades descubiertas dentro de su seno.
ella pueda incorporarse la cultura indigena. Por lejana que
La dicotomía universalismo-pro\'incianismo, que durante
pueda parecer, se trata de una operación similar a la que Karl
décadas atormentó a los escritores latinoamericanos e hizo
l\hrx cumplió en lavar del proletariado europeo del siglo XIX
que muchos se extraviaran, que se le planteó a Mariátegui y
distinguiéndose de la burguesía en que había surgido y que,
a ·vallejo con tanto desgarramiento como para llevarlos a
como ha visto Karl Mannheim tiene esos rasgos drásticos de
abrazar ambos términos por igual, también rige el período
las conversiones del intelectual cuando ingresa a los -grupos
de casi cuarenta aii.os en que nace y se despliega la estética
sociales emergentes. Pero, dado que Arguedas contará con
de Arguedas. Éste vive dentro de un juego de espejos que lo
menos apoyos dentro de esos grupos de los que conquistó
remiten de un hemisferio al otro: pretende, en calidad de
Marx entre los cuadros proletarios incipientes, habrá de cum-
indígena, insertarse en la cultura dominante, apropiarse de
plir su cometido en el seno de la cultura de dominación exclu-
una lengua extraii.a (el español) forzándola a expresar otr~
sivamente, sin otros respaldos que los que pudiera prestarle el
sintaxis (quechua), encontrar los "sutiles desordenamientos
grupo intelectual afín, o sea la vanguardia renovadora.
que harían del castellano el molde justo, el instrumento ade-
Su obra se impregna así de un rasgo definitorio de todo
cuado", en fin, imponer en tierra enemiga su cosmovisión y
espíritu vanguardista: la futuridad. Se constituye íntegramen-
su protesta; simultáneamente está transculturando la tradi-
te en una apuesta a largo plazo y remite su cumplimiento

Angel Rama • 235
ción literaria de la lengua española llevándola a apropiarse de escala reducida que corresponde al artefacto construido por
un mensaje cultural indígena en el cual deberá caber tanto el hombre, de la macroestructura que debía generarse en la
una temática especítlca como un sistema expresivo. Como si operación transculturante para que nos proveyera de algo
fuera poco, tiene a sus espaldas la demanda umversalista que más que una adición frustrante de elementos disímiles o la
el incipiente vanguardismo ha planteado a la generación destrucción de unos remplazados por los otros. En la
regionalista, a la que debe dar respuesta. Es curioso compro- macroes tructura, a la que había de llegarse por la neocultu-
bar que encontró la solución en el "gestalismo" que en ración, deberían poder integrarse elementos disímiles (que
varios conceptos pretlgura nuestro estructuralismo. proceden de muy diversas y alejadas fuentes) con un margen
"¿Fue y es ésta una búsqueda de la universalidad a través apreciable de funcionalidad armónica: de tal manera que lo
de la lucha por la forma, sólo por la forma? Por la forma en concreto y particular de la cultura de un pueblo pudiera
cuanto ella signitlca conclusión, equilibrio alcanzado por la articularse con los conceptos de una cultura que se arroga,
necesaria mezcla de elementos que tratan de constituirse en por obra de los principios que le depararon su triunfo his-
una nueva estructura [... ] La universalidad pretendida y bus- tórico, la representación de la universalidad. Pero también, a
cada sin la desfiguración, sin mengua de la naturaleza huma- la inversa, que permitiera la inserción de los productos de
na y terrena que se pretendía mostrar; sin ceder un ápice a la esta última cultura en las estructuras de signitlcación de la
externa y aparente belleza de las palabras."66 sociedad indígena.
La forma, tal como la percibe Arguedas, funciona como En este nivel la forma debe entenderse como un sistema
el equilibrio de los contrarios. Resueh·e sobre el plano sim- literario autónomo donde se dan cita elementos de distintas
bólico de la creación artística las· tensiones que han sido culturas para convivir armónicamente e integrarse a una
engendradas por contradicciones que, si están instaladas en estructura autorregulada. Así la creación artística se sitúa en
la conciencia es porque son manifestaciones expresas de una el centro de la transculturación, decretándose a sí misma
contlictualidad cultural real y objetin. En esta línea, la como un sitio privilegiado en que se prueban sus posibilida-
forma aparece como una respuesta dialéctica a un conflicto des. Dado que Arguedas cumple con su literatura una expe-
y es evidente que la denominación "forma" es insuficiente riencia estrictamente individual, que no está respaldada ni
para abarcar la signitlcación del proceso. Como Jice acerta- traduce una experiencia de toda una colectividad en trance
damente, la forma es una "nueva estructura" que resuelve las de integrarse, él invierte los términos del proceso: como ya
oposiciones resultantes de una "mezcla de elementos", con apuntamos intenta editlcar la transculturación mediante la
lo cual la esrructura pecultar de la obra de arte (de la nm·ela obra de arte, ofreciéndola como su modelo simbólico, el
o el cuento en este caso) aparece como un homólogo, en la cual ha logrado convalidarse por ser la traducción de un ele-
mento intermedw de esta sucesión que es su propia con-
ciencia. En el citado discurso de recepción del Premio
66 "La novela\. el problema ... '', rtr!. al.. Garcilaso de la Vega, lo dijo explícitamente: "intenté conver-

Angel Rama • 23 7
tu en lengua¡e escnto lo que era como mdividuo· un víncu- ratura se le aparece como el punto donde se con¡ugan diVer-
lo Vl\'0, fuerte, capaz de um\~ersahzarse, de la gran naciÓn sas líneas de fuerza: su capaodad personal o su vocación, su
cercada y la parte generosa, humana de los opresores" 67 voluntad de proyectar la cultura mdígena en el seno de una
Esto permite medu la audaoa y al tiempo la soledad en sociedad que la rechaza, los campos que le consiente la
que se formula su proposiCIÓn: por más animada de espíritu estructura sooal dommante a un hombre de su procedencia
prosehtlsta que se nos aparezca, no de¡a de estar dmgida a Y educación, el púbhco afín sobre el cual es posible modu y
uno solo de los hermsfenos en pugna, el de la dommaoón. que ha vemdo Siendo desarrollado por la prédica del millge-
El autor queda defimdo como un "agente de contacto" de msmo.
un tipo muy Stt! generzs que estllno poco usual en estas apro- Dentro de este esquema de fuerzas podría mcluuse el
ximaclOnes de culturas· procede de la cultura hispámca género hterano al que apelará, la novela, por cuanto en un
peruana que, por ser la dommante, es la que mtroduce sus período histónco signado por la pubhcaoón de Tugsteno de
\"alores dentro de las culturas mdígenas sometidas, obligán- César Valle¡o, ese género se presenta como el vehículo apro-
dolas a aceptarlos con pérdida de los valores propios, y piado de una burguesía urbana en proceso de modermza-
simultáneamente recoge de ellas algunas m1ga¡as. Esta CIÓn al que por lo tanto puede echársele mano con posibili-
comumcaoón umlateralmnerte su signo en Arguedas: resul- dades de que nnda una eficaz actividad educadora.
ta absorbido por las culturas mdígenas, hace suyas sus com- Efectivamente, pudo haber recutndo a la poesía, género que
ponentes mtrínsecos y se transforma por lo tanto en un él cultivó esporádicamente y que constituía la forma prefen-
blanco aculturado por los md10s. da de la cultura mdígena, pero como no es para ella que
Todo resultaría claro \" simple SI aquí concluyera el pro- ermte su mensa¡e, stno para la cultura de domrnaoón, como
ceso: un agente de contacto que es devorado por una cultu- está Impulsado por un típiCo afán ffilSlOnero que no puede
ra mfenor, retnsertándose en ella. Ha habido numerosos restrmguse al campo de los estud10s folklóncos y etno-
caso~ en la htstona Pero el pwceso continúa· Arguedas
lógtcos, como tiene frente a sí a un grupo sooal nuevo, sur-
vuelve a la cultura de dom1nac1Ón y es dentro de ella que gido mtersticialmente dentro de la pequeña burguesía y que
efectúa su ascenso social a través de las articulac10nes mte-
cumple su tarea mtelectual, mane¡ando sus recursos especí-
lectuales (son umversltanos, funoonanos del terciano, etc.),
ficos y los mstrumento~ de dommaoón de gue dt~pone.
la novela se le ofrece como una ancha salida expresiva. Al
Por lo que ~abemos de su nda hmeña en el pnmer qum-
margen de lo que ella represente como vocaoón (y es evi-
quemo de los tremta, su yocaoón de escntor, a pesar de lo
dente que dado el acento lineo que distmgue sus narraoo-
oscuro de esa opoón en un hombre, nene que ver o ha sido
nes, esa \~ocaoón no resulta suficientemente explicita) hay en
condioonada por sm. propósitos transculturadores La hte-
esta opciÓn un Ingrediente social, una estlmaoón de las
posibilidades de ma) or repercusión e modenoa sobre un
6 - "~o ~01 un acultuudn", en f:/ :;o11o de a11tba op 111
determrnado púbhco lector.

')~Q - [ • .,f 1 ....... - t\ngel Rama • 2)9
Pero la asunción de la novela implica una básica operación un pensamiento de izquierda (en el cual se mezclaba libera-
transculturadora. El género, que en América Latina ha acom- lismo, progresismo, tímidos escarceos marxistas) sin modifi-
pañado el desarrollo de los sectores medios en su frustrada car demasiado notoriamente sus formas, apenas si simplifi-
ascensión al poder, revela condiciones peculiares que son cándolas en un régimen más marcadamente denotativo y
difíc~ente asimilables a los sistemas de pensamiento y a las lógico-racional. La beligerancia que ese pensamiento demos-
formulaciones artísticas de la cultura indígena peruana y en tró en cambio respecto a las formas posteriores de la nove-
general a todo tipo de sociedad rural como el que ella tipifi- la vanguardista, a las que interpretó como manifestaciones
ca. Por más que Arguedas llegue a organizar una novela apo- de la desintegración burguesa en el período imperialista, no
yándola en los textos de los "huaynos" populares, por más la ejerció respecto a las formas anteriores de la novela
que adecue la lengua para dar las equivalencias del quechua, correspondientes a la etapa de triunfo y expansión de la bur-
sin cesar tropieza con una conformación literaria que es radi- guesía europea. Las aceptó pasivamente y ni siquiera las uti-
calmente hostil a su proyecto. De tal modo que la batalla pri- lizó irónicamente como to hiciera uno de los grandes epígo-
mera (y la fundamental) se sitúa, como él reconociera, frente nos del siglo XIX, Thomas Mann. En tal comportamiento
a la forma. Ésta era la novela misma. De hecho acometerá la es posible discernir una secreta conexión cultural, la conti-
conquista de una de las ciudadelas mejor defendidas de la cul- nuidad de una determinada concepción de lo real y de las
tura de dominación, a tal punto ·que toda la narrativa social formas literarias apropiadas para traducirla, que sólo acepta
reivindicati\-a del indio no vaciló en utilizarla, manejando el variaciones de grado y no de sustancia, apuntando así a las
modelo que había sido ya estatuido por la novela regional y contradicciones que presentan los nuevos grupos sociales
limitándose a dotarlo de una inclinación social que simplificó que, sin embargo, pertenecen a la misma pauta cultural.
sus rasgos al extremo para que pudiera transportar significa- Las observaciones de Roland Barthes respecto al modelo
dos distintos a sus proposiciones ideológicas, aunque sin alte- de escritura del realismo socialista, pueden ser traídas a cola-
rar sus bases. Es éste un problema que escasamente fue per- ción, ya que la novela social latinoamericana trató de confor-
cibido por la crítica marxista (es probatoria tal falta de per- marse a esas pautas en la década del treinta, a partir de las
cepción en Lukács) y que tampoco puede ser reducido al proposiciones de la novela regionalista latinoamericana que
ámbito literario latinoamericano, puesto que ha regido la pro- era la manifestación de la pequeña burguesía en ascenso que
blemática de la supervivencia del género novelesco en todo el amanece con fuerzas hacia 191 O. "Esta escritura pequeño-
mundo, en especial en los países socialistas. burguesa -dice Barthes- fue retomada por los escritores
La noYela social latinoamericana de los treinta ni siquiera comunistas, porque, momentáneamente, las normas artísti-
se planteó este asunto como un problema, no discutió si cas del proletariado no pueden ser distintas de las de la
estaba operando con una de las formas predilectas de la cul- pequeña-burguesía (hecho por lo demás confor'me con la
tura occidental burguesa, limitándose a \-iolentarla para que doctrina), y porque el dogma del realismo socialista obliga
aceptara una ideología que respondía a las orientaciones de fatalmente a una escritura convencional, encargada de seña-

240 • l ~a l!l!el~[!,encia mítica Angel Rama • 241
lar bien visiblemente un contenido incapaz de imponerse sin moYisiones culturales. A lo largo de su ccmv1vencia con las
una forma que lo identifique."68 Tampoco en el Perú de la comunidades indígenas y en sus posteriores investigaciones
época se había desarrollado una específica cultura proletaria etnológicas, Arguedas observó la vastedad de los préstamos
Y ella estaba siendo representada por los sectores radicaliza- . de la cultura occidental a la indígena, atestiguando que ellos
no implicaban una modificación sustancial de la última: así,
dos de la pequeña burguesía que surgían dentro de la cultu-
la adopción de nuevos instrumentos musicales no acarreó
ra de do~nación aunque cuestionándola y apoyándose para
obligatoriamente la sustitución del repertorio tradicional de
e:a negatlva en los supuestos valores indígenas. Eso parece-
cantos, bailes y melodías, así la incorporación de p~labras
na comprobar la observación de Bourricaud acerca de los
"castellanas" no modificó la estructura sin táctica de la len-
ligámenes entre el movimiento indigenista en su formula-
gua quechua, etc. En estos casos la cultura india demostraba
~ión inicial y un sector mestizo emergente que enfrenta los
su fortaleza y coherencia al mantener su linea tendencial
mtereses de otro sector mestizo, éste dominante, manejando
básica, manejando dentro de ella, al servicio de las con-
el tema del indio como arma de la pugna del poder. Con lo
cual no resulta rozado realmente el tema del indio en las diciones propias del sistema cultural, los préstamos de otras
zonas. Para el caso de las palabras, dijo certeramente, en una
arte~ sino que es un argumento para una disputa que se cum-
de las tantas ocasiones en que se negó a aceptar las tesis
ple mternamente, dentro de la misma cultura, cuando un
puristas indígenas: "pues están allí, en el fondo del contexto
grupo social se ve detenido y paralizado por las estructuras
quechua, morfológicamente intocadas, pero transformadas a
económicas y sociales vigentes.69
la semántica quechua con el rigor absoluto de las conversio-
La prueba de que el indigenismo de Arguedas es distinto
nes químicas; consen·ando sus elementos v' virtudes , pero
del utilizado por los narradores sociales de su tiempo, de que
en su caso asistimos a un esfuerzo auténtico de afirmación formando parte de otra función, de otro universo"JO
de los valores culturales indios, se encuentra en los conflic- La situación im·ersa, de préstamos del estrato inferior al
tos formales que se le presentan cuando acomete el traspa- superior, es más compleja, sobre todo respecto a las inven-
so de esos valores a los de la cultura peruana oficial. Dentro ciones artísticas. La cultura oficial puede aceptar y aun
de ésta encuentra formas literarias como la novela regional y fomentar (de hecho lo hace constantemente) la incorpora-
soc1al que no puede manejar sin someterlas a prev1a modifi- ción de rasgos folklóricos (cerámicas, tejidos, danzas, can-
cación, comprobando que le ofrecen una terca resistencia ciones) que tienen su equi,·alencia dentro de la literatura en
que indica a las claras la distancia que hay entre ambas cos- las leyendas, cuentos populares, poemas, himnos religiosos,
etc. Ellos no se integran realmente a una cultura dominante

óR. Rolancl Bart~:s, "Escritura y revolución", en E/ grado cero de lo e.rmturo,
Mc:-.1co, Siglo ~"\:1, 1981 (S• ed.), p. 72.
70 José María ,\rguedas, Ctncto!le.r )' mento.r del p11eblo q11ec/Jua. L1ma,
69 r:·ran<;ms B ourncaud,
. "Algunas caracterÍsticas onginales de la cultura
Huescarán, 1949, p 11.
mesuza en el Perú" en RNúta del ;\]meo i\'arional, Lima, t. XXIII, 1954.

F\ngel Rama • 243
como partes dmármca~, componentes que se trasfunden a
La cane1ón popular se mcorpora de lleno a su narrauva,
una semántica nueva, ~tno que quedan relegados a un estra-
mvachendo cuentos y novelas, hasta el punto de que algunos
to mfenor y congelado de ella Sobre todo, porque como
parezcan llustrac10nes de un determtnado poema popular
sospechó el propiO Arguedas en sus exámenes de literaturas
Cumple una doble funciÓn la tradiCional de la novela reglO-
fol1Jóncas 71 en ese matenal se combma devanadas maneras nalista, que uuhza la canCIÓn o el dicho popular como ele-
la capacidad tn\·enuva popular con rmposiCwnes de la tnte- mento de tipificaClÓn y de ambientaciÓn realista, además, a
resada educación que despliega la cultura dorrunante para la manera de Brecht, como articulaCión del rmsmo relato al
cumplir su pto' ecto de ImposiCIÓn, así distorsiona en su que provee de una síntesis explicativa en el campo de sus sig-
beneficio el1magmano popular, aunque ello deba hacerlo a nificados supenores, que opera para las diversas secuencias
través de una muy confusa pugna de tendencias en que tal o pata la obra entera, desde otro plano que no es el del dis-
Imagtnano también procura expresarse soberanamente y curso narrativo específico Esto permite que el tema profun-
otras se pliegan a las cosmovisiones que se le Imponen para do de un cuento o una noYela pueda transitar, paralelamen-
volverlo a relegar al folklonsmo te al desarrollo de la narraciÓn, por la sene de "huaynos" que
Las formas ongmanas que la cultura md1gena ponía a rus- se mtercalan, los cuales lo retnterpretan lincamente al uem-
posiCIÓn del escntor etan la canCIÓn v '
el cuento
. folklónco po que lo trasladan a otro plano, de naturaleza stmbóllca,
Las que proponía la cultura domtnante eran la novela y el que es el que autonza la comumcaCIÓn con un umverso de
cuento dentro de los modelos establecidos ba¡o la doble diferentes valores. Apelando al "demomo de la analogía"
ad,·ocaCIÓn reg¡onalista ,. soe1al que a su ,·ez se filiaba en el que recorre tan gozosamente la obra de Arguedas, las can-
relato realista de la segunda rrutad del siglo XIX europeo Clones su ven como "e¡ es de traslación" para facilitar el pasa-
Dado que es a esta línea que se pliega la obra narrativa de ¡e de un campo cultural con sus formas artísticas estableCl-
Arguedas, debemos mfeur que la batalla de la forma, en su das a otro, más sugendo que presenuzado, en que ellas care-
pnmer embate, o sea en la opCIÓn genénca, se deCide en cen de vtrtualidad.
faYor de aquellas f01mas que ngen la cultura ocCidentaL Pero Por úlumo, las canCiones contnbuyen a potenClar la ten-
a parttr de tal eleccwn, obsen·aremos que promueve un tra- denCia línea que mvade el relato presunm·amente realista,
tarmento mtetno de esas formas que le mtroducen notonas dando la nota más alta de una gtaduaClÓn de tonalidades en
mod1ficaoones y que al rmsmo tiempo foi tifica esa operaciÓn que se sitúa la composiciÓn A e¡emplo de Ciertos géneros (la
con ayuda de elemento~ p10cedentes de la cultura autóctona tragedia gnega, la versiÓn operátlca que ofreoó el
Renacmuento) en la nauauva de Arguedas también se
encuentran tres diCoone:, diferentes del dl::.cur~o que ::.e eqUl-
71
To::.e \laua ,\rgueda-,, "Cuento~ mag1<.0 tealt-,ta-, \ c'lnctone~ de fie~ra-, libtan dent1o de una graduaClon armomca una es la natraClÓn
uadtcintule-,' , folklcnc ckl \ aUe del \lanraro prm metas de Jau¡ a 1 reali::.ta, otra es el pecuhat recttati\"O que tepre::.enta el diálogo
Loncepoon, t.n 1 o/{lou lmencmto, l1ma, 1ño I, num 1, nm tembte de
1951 de lo::, mdws o el mane¡ o de e::.a lengua arufictal cons trmda

,\nae] Rama • 2--1-5
24-t • Lu mtr!ty,uwa Jl!dtw b
sobre el español y que suTe a traducir el pensamiento indio,
ya en los diálogos, ya dentro de la propia narración, y por últi- lógico-racional, sino en términos de su aporte melódico o
mo la canción que está en el punto más alto de esta línea rítmico, de su exigencia armónica de tipo musical.
ascendente de tonalidades y que remata el conjunto propor- La rica irrigación de la poesía cantada popular en la obra
cionándole el aspecto de "ópera fabulosa" que lo distingue. -de Arguedas, no tuvo equivalente en un similar "aprovecha-
Esta organización de los materiales tiene una obvia equi- . miento del cuento folklórico: ni sus temas, ni sus recursos
valencia musical, que es la que permite rastrear en la forma estilísticos, ni sus estructuras, pudieron ser utilizadas por el
novela de Arguedas una sobrepticia estructura musical que escritor. Hay una distancia abismal entre las recopilaciones
sin duda hubiera complacido al Lév1-Strauss de Lo crudo J' lo folklóricas que hizo y su propia obra creativa, y aun dentro
cocido. En el capítulo IX ("Cal y canto") de Los ríos prifttndos, de ella ocupa un puesto marginal un texto como El stteiio del
las violentas acciones van pautadas dentro de un ordena- Pongo. Es cierto que en sus últimos y dificultosos intentos
miento que más que regirse por la mera hilación lógico- narrativos, puede entreverse su intención de encontrar un
racional de la escritura realista, atiende a sistemas repetitivos camino para que entrara a la narrativa el material de cuentos
y mitos: es el caso del tema de los zorros concupiscentes que
y evocadores que transporta la música, maneja la canción o
el canto de las calandrias como partes centrales de la sinta- salen de Dioses _y hombres de Httarocbirí para insertarse en su
xis narrativa, y concluye en esta confesión tan franca y com- novela póstuma. Pero la misma composición de ésta, el
probable: "J\.Iientras oía su canto, que es, seguramente, la ensamblaje de elementos tan disímiles como en ella se pro-
materia de que estoy hecho, la difusa región de donde me duce, no hace sino testimoniar la invencible dificultad que
arrancaron para lanzarme entre los hombres, vimos aparecer registraba para ese cambio, la resistencia que el género narra-
en la alameda a las dos niñas."72 tivo elaborado por él oponía a tales incorporaciones. No se
trata, claro está, de una incompatibilidad esencial entre la
Es posible otra lectura de sus novelas que no sea la que
cuentística folklórica y la narrativa occidental burguesa, pues
se rige por las andaduras actanciales, sino por este manejo
del mismo modo que ésta se impuso sobre aquélla, también
combinado de melodías y ritmos, donde los temas se repiten,
es pasible de volver a ser devorada por sus estructuras origi-
se contrastan, se alternan, dialogan o se suman en un coro.
nales: en el citado "Primer diario" de El zorro de aniba )' el
Es posible reconocer que su combinación de episodios
zorro de abí!Jó, Arguedas percibe lúcidamente la vinculación
narrativos, que pudiera parecer a una mirada ya regida por las
existente entre los episodios narrativos de Cien mios de soledad
normas del realismo, como torpe o deshllvanada, la adecua-
y el material folklórico recogido por el padre Jorge A. Lira
ción a un soterrado criterio musical que no mide situaciones,
de labios de su criada Carmen Taripha y no sólo por seme-
personajes, conflictos, en términos de su directo significado
jantes motivos novelescos, sino también por las maneras de
la hilación narrativa y por la admirable capacidad para enhe-
72 Lo.r Jio.rpmj1111do.r, Buenos A1res, Losada, 1951-l. pp. 159-160. brar lo fantástico y lo real dentro del mismo plano narrativo
de apariencia \·erosímil.

246 • La intd~iJ,CilíW míltre~
Ángel Rama • 24 7
Creo que la exphcaoón de esta pretenoón del cuento taxis y a un léxico quechuas, a otra smtaxts diferente como
popular en la narrativa de Arguedas es sl!Ilplemente hiJO de la española, quedó l!Ilphcado en su planteo lnlCtal vensta y
las normas artÍsticas de su tiempo de formaciÓn mtelectual disimulado tras él Dados los persona¡es por él eleg¡dos y las
Los modelos narrati\·os que encontró cuando mgresó a la SituaCiones en que los consideraba, el problema primero era
literatura le Impidieron obvtar el realismo y el pstcolog¡smo el de la lengua que deberían utilizar, toda vez que el lector
Imperantes, como en camb1o le fue más posible a García del relato, mayontanamente, hablaba español. Como es
.Márquez vemte y a Rulfo tremta años después cuando ya sabido, procuró armomzar dos elementos aparentemente
eran modelos menos coerotivos y en Aménca habían mgre- contradictonos: uno, al que se refinó en múltiples ocasiOnes,
sado las formas de la vanguardia europea Arguedas se sm- consistiÓ en la creaciÓn de una lengua artifiCial donde com-
tiÓ obligado, por la subyacente reclamaciÓn sooocultural de bmó un equivalente de la smtaxis quechua con la mcorpora-
su momento y su eventual público, para mane¡ar un concep- ctón dosificada de térmmos quechuas al español; otro, que
to del verosímil que se había l!Ilpuesto férreamente. El ms- quedó Impltcado por el antenor, consistiÓ en rearticular,
trumento a que apeló para reduor esa ImposiciÓn fue la ten- mediante esos elementos ltnguísticos de mvenc1ón ltterana,
dencia sub¡etiVIzadora, el empleo del narrador mño, la dis- un dtscurso mtelectual (pero también un Imagmano y una
torsión línea de una realidad mediante su tiummaoón en una sensibilidad) que testimomara las operaCiones mentales del
concienoa avizorante mdígena.
Aceptó la~ ImposiCiones de su momento, situándose apa- La consecuenCia de este arte combmatono, fue una lengua
renoalmente en la descendenCia de la novela regiOnal, pero española, pobre pero a la vez eficaz, una lengua fuertemen-
tuvo que corroer su ngor y dureza cuando se enfrentó a la te comumcante por una connotaciÓn ltterana marcada, que
mayor dltl.cultad de su proyecto literano que fue, como fue puesta al serviciO de mensa¡es muy nítidos, muy raCiona-
\·anas veces confesó y e"-plicó, ellengua¡e. les a pesar de las alusiOnes míticas o supersticiosas que en
El problema del lengua¡e de la novela fue considerado ellos abundan, arrebatadamente línea en muchos momentos
por Arguedas t::n un modo particulanzado y restrmg¡do, y s1empre capacitada como nmguna para la expresiÓn del
refendo a su dificultad para hacer que los persona¡es md10s sent1m1ento o las emociOnes poderosas. Puesto que no
hablaran en español, co~a que le 1e~ultaba chocante y con- hablan así lo<> md1os, n1 siqmera cuando chapurrean mala-
tradiC.tona con su expenenCla de quechms ta que los conociÓ mente el español, lo que así resultó constituida, fue una len-
y tiató en quechua Fue por lo tanto un planteo 1mcial de gua literana específica del habla de ciertos persona¡es de la
tipo realtsta· encontrar para ellos una lengua htetanamente nO\·ela, en un modo que parece remedar los sistemas expre-
\ erosímti pero al mismo tiempo una mvenoón enteramente SI\"OS del teatto tradtcional (la ópera chma es un buen e¡em-
:u tifioosa pues los md10s hablaban entre ellos quechua y no plo de la pernvencia de estos recursos) y por lo rrusmo con-
español El aspecto más comple¡o del pwblema, a saber tnbuyente a los efecto~ de distanCiarruento y de defmlCIÓn de
cómo trasladat la co~movt~Ión mdígena adaptada a una sm- los persona¡es

248 • Lt m!elzf!,emta 17Jt!ua Áncre] Rama • 249
Ya sea mediante una apelación al discurso poético, ya sea rigurosamente: 'Quién eres hora'. Yo he traducido: 'la hora
por la inserción de las canciones populares, ya sea por el uso en que no es posible aún ver el rostro de las gentes y es nece-
de estas estructuras lingüísticas diferentes de la corrientes de sario preguntar ¿quién eres?'. Los que hablan quechua han de
la lengua española, por estos múltiples caminos se rodeó un comprender que se trata de una versión exacta, pues la frase
lenguaje artificialmente elaborado que más que propio de los pin kanki hora contiene este pensamiento."73
indios, resultó el medio expresivo del género novela. El uni- Si bien es evidente que en la narrativa de Arguedas no se
verso de la representación que aporta la obra literaria, quedó encuentra el estilo de los cuentos folklóricos, tal como habí-
nítidamente distinguido del universo real del espectador, no amos apuntado, y si bien es asimismo evidente que en la tra-
empece la convicción de Arguedas acerca de que las palabras ducción que propone como ejemplo intenta reconvertir una
referían muy c¿ncretamente la realidad y no empece la pro- forma quechua a la estructura sintáctica y semántica españo-
jimidad humana en que fueron situados los personajes la evitando la equivalencia literal (letra a letra, que él llama
indios. Sin disminuir nada de sus condiciones ·visibles de literaria), es en cambio notorio que su lenguaje narrativo ha
verosimilitud y de veracidad, por esta vía Arguedas aportó a resultado embebido por formas peculiares de la sintaxis que-
la novela regionalista que se demoraba en la lengua mostren- chua, que sin duda son más notorias en los diálogos que en
ca de las convenciones realistas ya esclerosadas, una vital los tramos narrativos a cargo del personaje narrador. A esas
renovación que comenzó por reconocer que el lenguaje de la estructuras pertenece ese efecto poético muy moderno que
novela es una in\·ención específica de ella, un instrumento recorre el lenguaje de la novela y que sin percatado Argue-
artístico puesto al servicio de su naturaleza verbal.
das queda ilustrado en su ejemplo de traducción: los lectores
En un texto pocas veces mencionado, perteneciente a sus
estarán conformes en que la fórmula "Quién eres hora"
ensayos, Arguedas trata del problema de las traducciones del
tiene una intensidad, promueve una brusca asociación de
quechua al español, y dice de sus padecimientos en esta tarea,
cosas lejanas, como querían Réverdy y Breton para atrapar lo
lo siguiente: "Debo advertir que soy un narrador cuya lengua
poético, que falta en la larga frase explicativa en español.
materna fue y es aún el quechua. En las pocas novelas y
cuentos que he escrito se encontrará, con claridad sin duda,
4. La inteligencia mítica
un estilo diferente al muy original de las narraciones que-
chuas folklóricas que he traducido. Esto puede demostrar
que he permanecido fiel al contenido y a la forma de los La transformación del modelo narrativo realista que cumple
cuentos que traduje. He intentado una traducción fiel no lite- Arguedas no puede circunscribirse, como ya anotamos, al
raria. Pongamos un ejemplo: el narrador emplea más de una circunscrito problema del habla de los personajes indios
vez un giro característico del quechua para describir la hora,
de luz incierta, del crepúsculo: pin kanki hora. La traducción
73 José ;\Iaría Arguedas, "Cuentos religioso-mágicos quechuas de
literaria de la frase debería decir: 'La· hora quién eres' o más
Lucanamarca", en Folklore Ammcano, Lima, 1960-1961, año \'Ill-IX, núm.
8-9.
2SU • La illleli!lellcia mzíú''
dentro del relato. Si así fuera, estaríamos ante una reiteración lado refracta y desperdiga la realidad mediante los fragmen-
del sistema alternante r contradictorio de la novela regiona- tos de prosa lírica que, por el artilugio de una cosmovisión
lista latinoamericana que permitió la contigüidad del autor y infantil verista, abre el acceso a una cosmovisión mítica; en
del personaje dentro de compartimientos lingüísticos estan- ~lla la realidad es animada por las ideas latentes que sólo
cos, de tal modo que el relato implicaba un constante salto pueden manifestarse bajo formas simbólicas.
de una forma expresiva a otra, de una cultura a otra, de las Pero de todas las operaciones transculturadoras que ani-
cuales la del autor era decretada como la superior, adecuada man la invención de nuevas estructuras literarias en
a la norma académica y la del personaje popular la inferior Arguedas, ninguna, sea más singular y por otra parte más
propia de un habla que se ·definía como corrompida. N o es emparentable con las que signan a los restantes narradores
ésa la lección que se desprende de la narrativa arguediana. de la transculturación en América Latina, que la que corres-
La subjetivación generalizada de sus relatos (dependien- ponde al ordenamiento de los materiales a lo largo del eje
te de una visión por lo común infantil, en que se traducen las diacrónico del relato. Aparentemente estamos en presencia,
típicas operaciones intelectuales del niño que eluden la nor- en sus novelas, de un régimen acumulativo donde se suceden
matividad racional) y la inserción de un componente lírico diversos fragmentos que se anudan ocasionalmente por un
según diversas instancias que van de la descripción poética a personaje que los vive, que otras veces no cuentan con tal
la· canción popular, son dos· eficaces instrumentos de unifi- apoyatura y son vinculados por el ambiente ·o por los impre-
cación del relato mediante un lenguaje narrativo nuevo. vistos de una acción que se desperdiga dentro del relato.
Aquella lengua artificial creada para la expresión del indio Tal comportamiento tiene que ver con el problema de la
dentro de la novela, se extiende, más remansadamente, al unidad narrativa que es, en la historia del género, una con-
quista tardía. Se. impone al compás del desarrollo de las
resto de Ías obras: por un lado aviva al relato mediante una
estructuras de la civilización industrial moderna. Por eso
escritura tensa, entrecortada, rápida, donde la realidad se tra- ·
pasamos del régimen dispersivo de la novela medieval al
duce en un juego de pinceladas variadas y los hechos se des-
cargan sin preparación previa, como abruptas centellas, para
luego perderse velozmente en la confusión de sus efectos guedas en el prólogo a DwllJc!lltesJ' pedernales. Agua, Lima, Juan i\Iejía Baca
inmediatos, proceso este que es el que explica la diferencia y P. L \'illanue,·a, 1954: "Era necesario encontrar los sutiles desordena-
entre el cuento "Agua" donde el autor reconoció que había mientos que harían del castellano el molde justo, el instrumento adecua-
do. Y como se trataba de un hallazgo esténco, él fue alcanzando como en
logrado plasmar una realidad y los anteriores ejercicios cuen-
los suenos, de manera impreCisa. Logrado naturalmente para mí, para el
tísticos que dejó sin publicar aunque prácticamente recorrí- buscador. Seis meses después abrí las págmas del primer relato de Agua.
an los mismos asuntos y los mismos personajes/ 4 por otro Ya no había queJa. ¡Ése era el mundo! La pequeil.a aldea ardiendo bajo el
fuego del amor ~- del odiO, del gran sol y del silencto; entre el canto de los
pájaros natiYos guarecidos en los arbustos; bajo el cielo altísimo y m-aro,
14 hermoso pero crueL"
El texto que miC!almente encontramos en "La noYela y el problema de
la expresión literaria en el Perú" (art. rzt.) \'Ueh·e a ser republlcado por Ar-

Ángel Rama • 253
régimen acumulativo de la novela renacentista (las aventuras ciclo a líneas significativas y no un mundo arrojado, desple-
de un personaje) para por último, atra\~esando las vicisitudes gado, ofrecido". 7 5
peculiares del siglo XVIII que intenta diversos caminos Las discrepancias con ese modelo, que se traducen en el
(didáctico, epistolar, etc.) a la estructura que se ha ofrecido manejo de núcleos aparentemente independientes, que van
como prototípica y no es sino la solución romántico-realista de la descripción de un muro del Cuzco sin aparente inci-
ofrecida por el siglo XIX, donde se logra la unidad en torno dencia causal sobre el relato, a la atención por un trompo
al decurso \-ital_ orgánico de un personaje al cual se supedi- . infantil casi mágico (el "zumbayllu") en el cual se detiene y
tan medio, acción, restantes figuras, etc. Las ampliaciones concentra la acción, tiene que ver CO.f! el funcionamiento de
posteriores (familias, grupos sociales) no son sino aplicacio- otro plano cultural, de otros mecanismos psíquicos para la
nes del principio de unidad orgánica del siglo XIX a conjun- aprehensión de la realidad, que no son los que se manifies-
tos más amplios donde empieza a regir la ley social en susti- tan en las estructuras narrativas privativas del realismo. Ad.
tución de la ley psicológica individuaL E. Jensen, entre otros, han establecido las afmidades entre la
Esta última concepción narrativa fue la heredada por la experiencia poética y la mítica característica de los pueblos
novela regionalista y social latinoamericana y puede reen- primitivos: "No cabe duda alguna de que una poesía vivida
contrársela en algunos cuentos de Arguedas, sobre todo en como verdadera contiene una afttmación acerca de la reali-
su primera producción. A ella trató de retornar en Todas fas dad que no se deja experimentar por medio de una conside-
sangres para ofrecer un vasto friso sociológico del Perú, aun- ración lógico-causal." 76 Las peculiaridades del pensamiento
que no es de esa fuente que proceden las mejores virtudes mítico no postulan obligadamente su irracionalidad, como
de la obra. Pero en la mayoría de sus relatos cortos y en su ha demostrado Lévi-Strauss 77 pero sí un manejo de los
novela Los ríos profundos, o sea en el centro defmidor de su materiales a su disposición que concede amplia libertad sig-
original aportación, no es esa concepción la que registra- nificativa a múltiples rasgos de la realidad y concomitante-
mos, sino una especie de retorno al sistema acumulativo que mente una extremada utilización del principio analógico.
corresponde a etapas anteriores del desarrollo del género. Eso permite construir explicaciones del mundo a partir de
Ya se ha señalado en qué medida las exigencias de una núcleos de significación que se van repitiendo, ampliando y
composición musical priman sobre las que atienden a un modificando en diversas instancias de aplicación práctica a
desarrollo ordenado (y causalizado) de los acontecimientos otros campos o asuntos.
narrativos. Pero aun en un plano actancial, encontramos dis- ------
crepancias con la concepción prototípica de la novela realis- 75 Roland Barthcs, "La escritura de la nm~e]a", en op. cit., p. 36.
ta decimonónica, donde el narrador de tercera persona y el 7
6 Ad. E. Jensen, ,\J¡fo _y ot!to entre puebloJ· p1imitivoJ, :J\féx1co, Fondo de
encadenamiento de acontecimientos autónomos mediante Cultura Económica, 1966, p. 37.
el pasado simple, hacían que ella supusiera para Roland 77 Claude Lé,~i-Strauss. El petJ.Wmimto .ra!Jlt!Je, Mbaco, Fondo de Cultura
Barthes "un mundo construido, elaborado, separado, redu- Econónuca, 1964.

Ángel Rama • 255
254 • La intelige11ria mitira
La transcnpción de estas operaciones, en la novela argue- armonizarse, pero que fluyen paralelamente y fijan dos lec-
diana, se percibe en la acumulación de intensas, repentinas, turas simultáneas. La más rica, desde un punto de vista artís-
"iluminaciones", que son v1siones sincrónicas y estructura- tico, es la que responde a las operaciones de un pensamien-
das de una captación de lo real donde quedan implicadas . to mítico, aunque ella parecería incapaz de construir por sí
todas sus manifestaciones posibles. Estas "iluminaciones" se sola toda una estructura novelesca, al menos como la enten-
reiteran referidas a otros temas; allí son objeto de parciales demos en nuestra tradición occidental. Es aquí que concu-
correcciones y sobre todo de demostraciones de la ley ana- rren los modelos realistas del regionalismo social: ellos tie-
lógica que les permiten conectarse con zonas aparentemen- nen mayor incidencia en El sexto, en Todas las sangres, que en
te muy distantes. En Los ríos profundos, el primer capítulo, "El Los ríos prifundos y desde luego que en los cuentos -que perte-
viejo" funciona como un ejemplo de esta iluminación que se necen a un género más afín a esa irrupción gozosa de las
transforma en un módulo de aplicación posterior a diversas "iluminaciones".
circunstancias: toda la novela está ya en ese primer capítulo, Pero son éstas las que aseguran la originalidad de la obra
como en cierto modo, todas las significaciones profundas de de Arguedas. Su fuerza, pero también su carácter enigmáti-
Todas las sangres están en el asombroso y dostoievskiano capí- co, radican en la asociación que tienden con una configura-
tulo primero. La intensidad de la vivencia, la que en el siglo ción cultural que no nos es propia. Las percibimos como
pasado llamaríase "la in-spiración divina", calienta estas pri- "valores literarios", o sea incorporándolas a nuestro texto
meras repentinas aproximaciones a una interpretación del cultural habitual, pero podemos sospechar que sólo alcanzan
mundo, establece un modelo de entendimiento de sus facto- la plenitud de su significado si se relacionan con los elemen-
res y colma por sí misma la expectativa cognoscitiva. A par- tos componentes de otro texto cultural, un poco a la mane-
tir de él, asistiremos a un doble procesamiento: por una ra como Lévi-Strauss imagina el funcionamiento de los
parte se irá montando un encadenamiento causal de accio- mitos, viendo en ellos una "matriz de significación" que
nes y personajes según los requerimientos tradicionales de la remite siempre a otra matriz, incesantemente. "Y si se pre-
narrativa realista; por otra, insurgirán nuevas "ilu- gunta a qué último significado remiten estas significaciones
minaciones" que estarán conectadas o no con ese plano que se significan una a otra, pero que a fin de cuentas es sin
actancial, pero que permitirán otro desarrollo y otra inter- duda necesario que se remitan todas juntas a alguna cosa, la
pretación que para el autor es más profunda y que literaria- única respuesta que sugiere este libro es que los mitos signi-
mente es más dicaz. fican el espíritu que los elabora en medio del mundo del que
La noYela resultante queda encabalgada entre dos re-
forma parte él mismo." 78
gímenes de composición, entre los cuales, a pesar de su disi-
militud, es posible reconocer un equilibrio formal. De hecho
reencontramos, en el nivel de las formas literarias, la presen-
cia de dos configuraciones culturales distintas que tratan de
78 Claude Lévt-Strauss, Lo cmdo_y lo roádo, op. czt., p. 334.

256 • Lu mtelz~enáu mítiw Ángel Rama • 257
Tercera Parte
VI. LA NOVELA-OPERA DE LOS POBRES

fe deviens un opéra Jabuleux
C. APPOLINAlRE

1. Investigación artística e ideológica

Los tios prqfundos* es un libro mayor dentro de la narrativa
latinoamericana contemporánea y si al discurso crítico
peruano le llevó veinte año.s situar la obra en el puesto emi-
nente que le cabe dentro de las letras del país, al discurso crí-
tico latinoamericano le ha llevado otros tantos reconocer su
excepcionalidad, sin que todavía pueda decirse que ha logra-
do concederle el puesto que no se le discute a Pedro Páramo,
Ray¡¡efa, · Ficciones, Cien atlos de soledad o Gran sertao: veredas,
entre la producción de las últimas décadas.
La dificultad ha procedido de que, en una perspectiva
continental de la apreciación, los marcos sociopolíticos
nacionales o los marcos autobiográficos en que, al-
ternativamente, se ha hecho descansar la obra, deben ceder
paso a un marco estético que pueda v~lorar la novela en tanto

'~< Todas las citas de Los dos projimdo.í, mediante indicación de número de
capítulo y de página, remiten a la cdic1ón de la Biblioteca Aracucho,
Caracas, 1978 con prólogo de f..lario Yargas Llosa y cronología de E.
J\Iildred Merino de Zela.

[2611
in\'enoón artística original, dentro del campo competltlvo de que realzaba la proposición revoluc10naria contenida en la
las formas literarias contemporáneas de América Latina. escena de los indios que arrostraban la represión militar con
Las motivaciones de cualquier obra hterana son casi tal de oír la misa nocturna para salvar sus almas. Este eviden-
siempre múltiples, como son múltiples los mensajes que te intento de mostrar que aun los seres más sumisos y rendi-
transporta. Incluso entre ellas puede faltar -como percibió dos, los colonos de las haciendas, disponían de una fuerza
lúcidamente Hermann Broch- el propósito expreso de pro- capaz de hacerles enfrentar el coercitivo e injusto orden
ducir una obra de arte; pero la importancia y pervivencia de legal, enciende el último y esperpéntico capítulo de la nove-
ésta, responderá al significado artístico con que haya sido la. Sin desmerecer su importancia, debe reconocerse sin
construido. Es este "añadido" estético a las moti\Taciones embargo que esa "intención" era un lugar común de la narra-
básicas del autor, hayan sido religiosas, morales, políticas o tiva indigenista, que si en los primeros autores se manifestó
simplemente confesionales, el que articula los mensajes y les · con idealismo utópico, concluiría fundada en hechos históri-
confiere sentido. A veces discordando con el propio autor. cos en los cinco volúmenes de la serie Cantatas de Manuel
Entonces rozamos las fuentes profundas del perspectivismo Scorza que relatan las luchas revolucionarias recientes de los
Ideológico, las que iffipregnan y cohesionan la obra más allá sectores mdios del Perú. El puesto original de la novela de
de los discursos doctrinarios explícitos que contenga o de las Arguedas, no deriva por lo tanto de tales motivaciones doc-
intenciones voluntarias del autor. trinales, aunque ellas son evidentes y aunque su percepción
Diez años después de publicada su novela, Arguedas de ellas comporta un matiz diferencial respecto a las de otros
evocólla inquietud con que leyó los comentarios críticos ini- narradores de su tiempo, como Ciro Alegría.
ciales, preocupado porque ellos no detectaban "la intenciÓn Puede agregarse que, por haber aparecido esta novela
de la obra", hasta que apareció el análisis de César Lévano 2 dentro de una escuela literaria que se defmió a sí misma, con
criterio positivista, en torno a un asunto social concreto y a
una nulitanCla sociopolítica, resultó entorpecida la aprecia-
1 En Panorama de la actual lt!eratura lati11oamencana. La Habana, Casa de las ción de su singularidad estética; con el consentimiento del
Améncas, 1970.
autor, fue subsurmda dentro de marcos generales preestable-
2 "El contemdo feudal ele b obt::~ de .'\rgued::~s", en Tarem del tema'llmlfo cidos, los que, como si fuera poco, se prevalecían de la ense-
peruano, 1, Ltma, enero-febrero de 1960, ahora en César Lé-ano, Arguedas: ñanza de dos maestros mdiscutidos: Mariátegui para la teo-
1111 Jentumento trágico de la t·zda. Lima. Gráfica Labor, 1969: "e Acaso sería for-
ría y Yallejo para la praxis narratlva.3
zar demasiado la exéges1~ st ~e nera en este eptsocho de uno:, ex-hombres
\-uelto' a la nda por obra de la fe una como anuctpaoón de lo que serán Sin dejar de atender al debate intelectual que recorre el
capaces los tncltos, en este caso los sten·os de las hactendas, cuando ad-
quteran ese grado núntmo de conoenoa ~ esperanza que ~e requiere para 3 Una dtscustón del punto en Tomá:, G. Esca¡adillo. "1\Iechtaoón prelmu-
desafiar las balas y para apoderarse de una ctudad)" (p 64) \"éase tambtén nar acerca de José .\Iaría Arguedas \"el tndigemsmo", en Revz.rta Pemana de
"Correspondencta con H ugo Blanco". en / lma/11. 11, JJuna, dtoembre de C11ltura. 13-14, Ltma, choembre de 1976
1969

262 • I --ti !IO!'ela ópem de /o r pobres Ángel Rama • 263
pensamiento peruano entre 1920 y 1960, 4 ni a las correccio-
nes culturalistas que Arguedas le introdu¡o, 5 me parece indis- excluyente a vanos de sus críucos, sino también al mvel de
pensable abordar Los rios profundos desde una perspectiva las estructuras narrativas que organizan la materia novelesca.
estrictamente artística, sometiendo la obra a un doble análisis: Tal investigaoón parte del reconoCimiento de una níuda dts-
tmctón crítica entre los matenales utilizados por los autores,
A. Por un lado investigar qué hay en ella de invención
que en el caso de Arguedas fueron tan humlldes como las
formal que pudiera equipararse con la alcanzada en los años
botas viejas que usara Van Gogh como asunto de cuadros de
cincuenta y sesenta por los renovadores de la narrativa lati-
evtdente originalidad pictónca, y las operaciones intelectua-
noamericana, enfrentando esa "displicencia" con que algu-
les y literarias puestas en funcionarruento para construir una
nos de ellos vieron este libro que de hecho relegaron, den-
obra, que son las que le otorgan su particular significación.
tro de la gruesa dicotorrúa establecida por Vargas Llosa, a la
El manejo de asuntos y persona¡es rurales, las francas per-
"novela primitiva" anterior a una presunta nueva "novela de
cepciones sociales respondiendo a doctrinas que se articula-
creación" .6 El punto tuvo su aguda conilictualidad en el pri- ron en los años veinte en el continente, el aprovechamiento
mer Diario de El zorro de arriba y el zorro de abcyo1 cuando el de muchos recursos del reahsmo tradiCional, son rasgos que
propio autor afirmó que se hallaba desposeído de las moder- Arguedas comparte con Rulfo, aunque tanto en uno como
nas técnicas literarias puestas en práctica por Carpentier, en otro no pueden asirrularse a la novela social o a la novela
Cortázar, Fuentes, etc. Nuestra investigación nos obliga a de la tierra que florecieron en América simultáneamente con
estudiar la invención formal no sólo al nivel del manejo de el vanguardismo. Las perversas clasificaciones temáticas de
la lengua de los personajes indios en que obsesivamente la los críticos del regionalismo (Luis Alberto Sánchez, Manuel
situó el autor (tempranamente justipreciada en los ensayos Pedro González) han conduodo a este engaño del que es
de Vargas Llosa) 7 unponiendo la misma atención exclusiva y forzoso salir.
B. Por otro lado, la investigaoón deberá preguntarse
acerca de los vínculos de la invención artística arguediana
4 Carlos I. Degregom et al., Indzgenismo. da ses .raciales .Y problema nactonal. con la problemática intelectual, cultural, política, etc., del
Lima, Centro Latinoamencano de Trabajo SoCial, 1978.
autor, tanto la expuesta explícitamente en numerosos textos
S \' éase rm Introducción a José i\Iaría Arguedas, FormaaÓ/1 de una cultura ensayísticos, como la implícita acarreada por su peculiar cos-
!WC!OIIalzndoammcana. México, Siglo X.\], 1975.
mm·isión. Este lado de la invesugactón se sostiene sobre la
6 Un examen de estas 111terpretacwnes "dtsphcentes" en Antomo Cornqo hipótesis de que las formas se generan en el cauce de una
Polar, "José ~Iaría ,-\rguedas, revelador de una realidad cambtante", en
Ltera!tlli:l de la emanczpaaón htJpanoamei7Calla)' otro.1 f!IJ(!)'OJ; Luna, Umversidad
ideología, aunque eventualmente la superen y se desprendan
Mayor de San ~Iarcos, 1971. El ensayo de :-rano \'argas Llosa, "Nm·ela de ella, y que por lo tanto extste un vínculo entre las formas
pnrruUYa y novela de creaciÓn en Aménca Launa", en Retúta de Ú! artís tlcas y la percepción ideológica, pudténdose transttar de
Unl1ler.rzdad de Méx1co. X.\JII, 1O, :0.-Iéxico, ¡umo de 1969. una a otra. Descubrir lo específico, lo irreductiblemente pro-
7 M. Vargas Llos,l, "fosé ;\faría Aro-uedas descubre al md1o auténtico", en
. b pio, de una forma literana, implicaría encontrar un camino
f 'wón del Perú. 1, Luna, agosto de 1964.

Angel Rama • 265
264 • La 110J1ela-ópm' de los pobres
váhdo para desembocar en el núcleo donde la ideología del la producción literaria, de\-orado por la problemática cultu-
autor opera en modo particularizado, dentro de la ideología ral del conflictivo medio al que perteneció, ya que nos rehu-
del movimiento a que pueda haber pertenecido o de la época samos a ver en los padecimientos que confesó experimentar
en que vivió. Tanto esta invención estética como su equiva- desde 1944 sólo un asunto individual y personal. Esa forma
lente concepción ideológica, frecuentemente se esconden aparec1Ó como solución al dilema sobre el cual rotaba su me-
tras las apariencias manifiestas de la obra: del mismo modo ditación, tal como lo testimonian los múltiples escritos ensa-
que los asuntos tratados pueden dificultar la captación de las yísticos de esos años, de modo que se presentó como ade-
estructuras en que son traducidos artísticamente, del mismo cuada respuesta a una interrogación ideológica que buscaba
modo el discurso programático que hace el autor en sus conjugar muy dispares tendencias, haciéndolas funcionar
ensa)10s o dentro de su obra, puede entorpecer la captación disciplinadamente al servicio de un cambio espiritual y
del punto focal en que se instala su ideología. La cual, inclu- social. Con todo, yo no podría asegurar si la ideología guió a
so, puede haber sido oscura para él mismo. la forma artística o si la irrupción de ésta clarificó el enten-
Aceptando que es en la articulación estructural donde la dimiento de aquélla.
materia narrativa adquiere la plenitud del sentido estético,
donde esos materiales que pueden ser de uso colectivo o 2. La palabra-cosa de la lengua quechua
mostrenco, alcanzan una precisión dicente y comunicante, que
cabalmente expresa la orientación de una obra, tendremos A diferencia de cierta literatura de las últimas décadas latino-
que aceptar que en esa misma operación se resuelve nítida- americanas, Arguedas concibió su narrativa como exacto
mente la ideología. Es a esa conclusión que llegará este ensa- diagrama verbal de una realidad cuya patencia nunca puso en
yo: de conformidad con la investigación cumplida, presen- duda: así era la realidad y así exactamente la decían las pala-
ciaríamos en Los dos prqjimdos la invención de una forma bras, y prácticamente no había distancia entre ambos distan-
artística original, en el ni\-el de las citadas más importantes tes registros. El júbilo que testimonia su ensayo sobre la
de la narrativa latinoamericana actual. Incluso podríamos composición de A,g1ta_. 9 que siguiendo sus propias indicacio-
adjetivada de insólita, vista la audacia con que ha sido elabo- nes se ha visto naCido del certero hallazgo de la transposi-
rada a partir de mat~riales hurnildes, escasamente dignifica- ción de la sintaxis quechua al español, con mayor rotundidad
dos por las letras. Esa forma fue elaborada pacientemente a habla de otra cosa. Habla de ese descubrimiento privativo
lo largo de una décadail en la cual el autor acumuló numero- del escritor: la realidad ,-ive y resplandece en un universo de
sos trabajos de folklore y etnología, sintiéndose estéril para palabras mejor quizás que en las cosas mismas. Los proble-
mas con el referente que han sido detectados en una tenden-
K La datación del proce~o cream·o de Lo.r doJ projtmdo.r, puede segmrse en
\'\'tlliam Rowc, Collt!7hllrtoll a lli/cl lllhlwc~rajla de Jo.ré i\Ialia ·lrguedw·. Luna, 9 "c\lcrunos daros acerca de estas no,·elas", en Dwman/t'• . ypedema!e..-. Lima,
b
1969. ed. mimeográfica Juan I\le¡Ía Baca,. P. L. \'illanuen, 1954.

266 • 1..-et IIOJ'ela-ópel(t de /oJ pobre.r r\ngel Rama • 267
oa solipsista de las letras latinoamericanas actuales 10 no fue- Es sabido que la conciencia de la lengua en la literatura
ron registrados por Arguedas y ni siquiera tuvo conciencia se vio acrecentada en las últimas décadas entre los narrado-
de que pudiera extstir semejante conflicto, como lo testimo- res latinoamericanos, comprobaClÓn que no implica convali-
nia su escándalo ante las criteriosas apuntaciones de dar algunas candorosas teorías sobre la "novela del lengua-
Sebastián Salazar Bondy respecto a la distancia entre la pala- je" que han circulado fuera de todo rigor lingüístico, cuya
bra y la cosa.ll futilidad queda testirnomada tanto por su desconocimiento
Para él, como ratgalmente para la mayoría de los poetas, la del pasado literario como por su olvido de empeños riesgo-
palabra era la cosa, no meramente su significado representado sos en ese campo como fueron los de José María Arguedas
en un sonido. Sobre esa inextricable relación centró su medi- y Joao Guimaraes Rosa12 que guardan entre sí puntos de
tación, no sólo literaria, sino asimismo cultural. Esto puede contacto. Aunque mientras el brasileño trabajó sobre formas
percibirse como el estrato prerrenacentista del saber que escu- ~ialectales d~ una misma lengua, examinándolas a la luz de
driñó Foucault en el pensamiento europeo, pero también las lenguas extranjeras que dominó, el peruano se cir-
puede religarse a una concepción extensiva a las sociedades cunscribió a dos lenguas internas de América, superpuestas
primitivas o arcaicas y, más generalmente, a las comunidades y la vez ajenas.
rurales de las más diversas áreas culturales del planeta. Por su Buena parte de los problemas lingüísticos que enfren-
experiencia vital en la niñez, por su trabajo de folklorista y taron los narradores internaoonales de la hora, como
etnólogo en los años adultos, Arguedas estuvo íntimamente Borges o Fuentes, nacteron también de cotejos Diferenciales
vinculado a las comunidades ágrafas, donde la palabra, como entre el español y las lenguas extranjeras, concretamente el
privilegiado instrumento de elaboración cultural, se emplea inglés que, en este penodo, sustituyó al francés como lengua
con la reverencia y laconismo de un valor supenor, recono- desafiante de las hispánicas. La lengua propia, la maternal
ciéndosele capacidad en cantatoria, poder sobrenatural, alcan- española-americana, fue puesta en cuestión por la inglesa,
ce sacrahzador. Dado el bilingüismo hostil peruano en cuya aprendida y ejercitada como segunda, tal como les ocurriera
frontera vivió y dado que fue un escritor, es decir, un hombre
--·------
que trabaja con palabras, podía preverse su atención por ellas,
12 En su artículo "Gurmarles Rosa: 'Yo no le tengo nuedo a nadie"',
aunque quizás no en ese grado superlativo que le hizo trans-
i\rguedas teswno111a su admiraoón en estos térmmos: "Es suficiente con
formarlas en cla\~e sobre la que rotaría su empeño creativo.
eso, maJestuoso hermano Glllrnaraes, con no tenerle miedo a nadie, con
haber n\·tdo en el campo y en las cmdades ~ poder escnb1r, sin rruedo,
cómo es este mundo. Y mucho más, st se puede escnb1r con la pata de las
10 \"éase Jean Franco, ".\[odermzaCJÓn, reststenCJa \' reYoluC!Ón La pro~
hormtga,, con los troncos r flores de los árboles más grandes que sacan
ducC!Ón ilterana de le,, año' 'esenta"', en f-~ro71lllrl. 11. 3, Caraca~, enero~ Jugo hasta de los mfiernos. con la garganta de los animales tan diversos,
JUI110 de 19 7 7 tan mtsteno~os que andan por las cordtlleras ~- los bosques de
11 Pmmr eum1'1/tro de l!arradorcJ pemai/OI, ,-lrequtp<~ f 965. Ltma. Casa de la Latlnoaménca, ammales y flores que han reClbtdo polvo vemdo de todas
Cultura del Perú, 1')(íC) las uerras y de todos los ttempos, tal como u'ted sabía hacerlo."

Angel Rama • 269
en analíuca. Es una aplicaCIÓn de la que stempre he entendt-
a los poetas 111.odermsta::. con el francés, lo que en algunos
do como línea central de su pensanuento, naoda de su
casos (Octav10 Paz) llevó a teonzactones 111fundadas sobre la
desgarrada extstenoa: la percepciÓn de lo dtferente. Una
e\·entual mcapaodad referenCial del español. Aunque éste
expenenoa que en ese grado radtcal es dtfíctl encontrar entre
fue el modelo de un confucto generalizado, dentro de él se
los escntores latlnoamencanos de su uempo, a pesar de que
ofrectewn múluples sttuaoones dtferentes. Arguedas operó
cas1 todos fueron stgnados por slillllar problemáuca en una
sobre una s1tuac1ón mterna del contlnente, vtqa de stglos,
época marcada por los \rtolentos contactos 111ternaoonales y
que oponía la lengua de la conqutsta a la lengua autóctona de
la ráptda desprovmoamzaClÓn.
los dom111ados. Por eso su problema se aseme¡a más al de
Pero lo que s1empre sorprenderá en él -quten a la altura
Unamuno en España: adopoón de una lengua dom111ante (el
de 1958 dtsponía del pleno dommto de un español dtsctpli-
castellano) sustituyendo la maternal, regtonal y dom111ada, lo
nado y rítnuco, despo¡ado de toda retónca, dtestramente
que ya para Ortega y Gasset pernutía explicar la obsestón
flextble y lacómco como el portugués de Gracillano Ramos,
etunológtca del escntor vasco, su constante escudnñamten-
cautamente poético en la descendencia, stempre casttgada,
to de palabras que habían stdo aprendtdas y que por lo tanto
de Guualdes- es el stlenoo que guardó sobre los problemas
él obserYaba a la dtstancta, hurgando en sus stgmficados y
concretos de su mane¡o de esa lengua española la cual,
calzándolas en sus stgmficantes. Pero mientras Unamuno
como alguna vez recordó, htzo suya con tenaz esfuerzo.
e¡ercltará esta obsestón sobre el español-retrotayéndose por
Porque todos los problemas linguísucos de que él ha habla-
la línea de denyactón al latín y al gnego ongmanos- en un
do, en defimttva son tambtén del español no sólo del que-
tesonero esfuerzo de aproptaoón de la lengua aprendtda,
chua.
Arguedas se volverá 111qmsmvamente sobre la lengua mater-
El dtlema tmoal al que tuvo que hacer frente, aunque más
nal, s111 atreverse a cumph.r la m1sma tarea sobre el español,
arduo no fue dtsttnto en esencia de aquel que debteron con-
que fue s111 embargo la lengua en que prácticamente escnbtó
stderar los regtonalistas del pnmer tercto del stglo y tampo-
toda su obra literana. En tanto Unamuno se apropta de los
co fueron de naturaleza dtstlnta las soluciones que halló Se
mstrumentos de su edad adulta, tratando de clanficarlos por
trataba de dar 1r11postaoón Yensta al habla de persona¡es
el análisis, Arguedas vuelve por los fueros de la mfancta per-
populares mcorporados a una escntura reahsta· de Latorre a
dtda, en una ptácttca que admlte enconttaJa::. ad¡etlvaoone::.,
Gallegos, de fu\·era a Azuela, se lo logró medtante una estl-
desde 111 fanttl hasta ptadosa, desde 111terrogadora hasta ret-
lizactón de los modos dtalectales que, perrruuendo la com-
nnd1Cat1Ya.
prensiÓn por parte del público urbano al que las novelas se
Aunque cast todas sus observac10nes llnguísucas se refie-
dmgían, no empañaba la tlustón de realidad que se buscaba.
ren al quechua y no al español de Aménca, es obno que fue
No obstante, 111 los reg10nalistas, 111 Arguedas en su pnmer
éste el que le sunó de punto referenCial para detectar las s111-
período, perctbteron que fuera necesano procurar la unl-
gulaudades del quechua, para ob¡eu\·arlo 111telectuallnente en
ficactón llnguísuca de ::.us obras, ya fuera medtante el empas-
una conoenoa que, de meramente extstenoal, se transformó

Angel Rama • 271
270 • La llOt'ela ópera de los Pob~es
(e de conjunto, absorbiéndolo dentro de un habla campesi- americanizado, como norma rectora, 13 y emergiendo dentro
na d1alectalizada (que es lo que hará Rulfo), ya fuera median-
de él, diálogos en una lengua que, más que dialectal, resulta-
te la adopción de otra habla verista aunque urbana para el
rá artificial y que de hecho operará como una seiial: apunta
narrador, paralela a la de los personajes populares utilizados
a que el personaje que habla es indio o mestizo.
(que es lo que hizo Cortázar). Por eso, las obras de los regio-
Según Arguedas, él encontró una traslación de la sintaxis
nalistas, como los cuentos iniciales de Arguedas, deparan un
quechua a la lengua espaiiola. Poco importa, sin embargo, si
curioso desequilibrio lingüístico entre el habla de esos per:-
efectivamente es así, desde el momento que el texto se diri-
sonajes y el del narrador, cosa que tradujo, en el nivel de la
ge a un lector hispanohablante que, en principio, no conoce
lengua, el desequilibrio cultural y clasista que subyacía al
el quechua. Para él esos diálogos no son otra cosa que un
movimiento.
artificio convencional, el cual podría haber. sido sustituido
En sus primeros escritos Arguedas tratará de encontrar
por algún otro, incluso por el simple uso de un signo gráfi-
un habla verista y estilizada para los personajes, lo que habría
co al comenzar toda frase de un quechuahablante, escribién-
de resultarle bastante más difícil porque se trataba de indios
dola entonces en correcto castellano. Siempre la lengua
o mestizos que usaban el quechua y no dialectos del español
inventada por Arguedas. será percibida como un espaiiol
o del portugués. De los múltiples aspectos que comporta
rudimentario (que elimina artículos, usa abundantes gerun-
una lengua, se aplicó al examen de. dos, sin duda principales,
dios, prescinde de los reflexivos, conjuga mal los verbos o
como fueron la sintaxis y el léxico, cada uno de los cuales
los fuerza a una ubicación sintáctica desacostumbráda) o
presentaba problemas diferentes.
como una lengua artificial, similar a la hierática que es habi-
En el campo sintáctico, trató de transportar al español la
tual en los textos sagrados. Visto el contexto reivindicativo-
sintaxis quechua. En el plano literario, no en el lingüístico,
idealizador en que aparecen estos personajes, dentro de la
esta operación acarrearía una suerte de dialectalización '
generalizada ideologización indio-enista del movimiento ' es
semejante a la de los regionalistas, quienes fueron sus mode- b
esta percepción sacralizadora la que resulta subrayada por el
los cercanos en la década de los treinta. Pero también, como
uso de esta lengua así como por la estratégica incorporación
ocurrió con los regionalistas, ni sus narradores de primera
de algunas palabras quechuas con __ una significación ritual
persona que presumiblemente hablaban quechua también, ni
con más razón los de tercera persona de los que podría sos- (ycnwr;, danzak, !a_y'ka).
Consciente de los desequilibrios de este sistema sin por
pecharse que fueran hispanohablantes, quedaron sometidos
eso resolver persuasívamente el problema literario verista
a las leyes del verismo lingüístico que en cambio sí se exigía
que afrontaba, Arguedas lo abandonará en sus obras poste-
para los personajes populares quechuahablantes. En Agua,
en 'iénvarj!esta, en Diamante.l)' pedernales, reencontramos los
desequilibrios ya conoodos de los textos regionalistas: un 13 \"'ease cap. 2"l'L. ·
, \..ea tsmo 1· retonca narrattYa", en Sara Castro Klarén, El
castellano fluido,. a \"e.ces algo rígido, siempre fuertemente IJ/111/do 111c(gim de jo.rf ,Htllút / 1rg11cdm, Lima, Instituto de Esrudws Peruanos,
1973.

272 • Lallmda-ópera de lor¡;o/JreJ
Angel Rama • 273
riores. Seguirá así la misma vía de los narradores citados en
su generación (Rulfo, Cortázar) a la búsqueda de una inte- lidad de ser resuelto, ni siquiera en la forma parcial del sintác-
gración lingüística que empastaba unitariamente el relato. tico, dada la contradicción entre la opción del español como
Esta vía será continuada y reforzada por los narradores de lengua literaria y la exclusiva atención por las palabras que-
dmas que no tuvo equivalente en una atención paralela por
las generaciones siguientes. En Los rios prqfundos rige ya la
las españolas .. ~sto corrobora sus confesiones y disipa cual-
castellanización mediante un flexible castellano americaniza-
quier duda que pudiera haber originado: el español fue ~ara
do, al cual el autor incorpora frases o palabras quechuas oca-
él una lengua aprendida tardíamente y aceptada como obliga-
sionales, traduciéndolas entre paréntesis o en las notas al
do instrumento de comunicación intelectual, en tanto que el
calce. Los diálogos usan francamente el español indicando
quechua fue su lengua innata (entendiendo por t~l esa ~e que
en las acotaciones que se está hablando er: quechua. La
no se tiene memoria de haberla aprendido en la mfanoa, que
transposición sintáctica que se había propuesto inicialmente,
parece haber nacido junto con la vida en la boca del ser
había fracasado. Ni cumplía su propósito verista ni resguar-
humano) por lo cual quedó circundada de asociaciones afec-
daba la unidad lingüística del texto, aunque si desempeñaba
tivas y dotada de rica poliserrua. Todo lo que Arguedas ha
una función de indicador culwral de múltiple significación
predicado sobre las palabras quechuas, podría predicarlo un
según los autores y que en el caso de Arguedas apuntaba a
poeta de la lengua· española sobre las suyas. Los enlaces
altos y casi sagntdos valores tradicionales. Quedaban traza-
semánticos o las traslaciones homofónicas que registró (evi-
das por separado las dos ·das: o el uso del español o el alter-
dentes en sus explicaciones sobre y!!u-i!!a) se aplicaron exclu-
nativo del quechua. Ambas serán ejerotadas por Arguedas,
sivamente a palabras de su lengua materna, esa que de modo
la primera para las novelas y la segunda para algunos textos
exclusivo usó antes de la pubertad, lo gue hace previsible que
poéticos, dentro de una reforzada dignificación literaria de la
tales palabras conservaran vivamente la red de asociaciones
lengua quechua.
emocionales e intelectuales con que fueron empleadas duran-
Con todo, de este fracaso algo queda en la escritura de
te la infancia, que sus sonidos fueran capaces de absorber no
Los dos profundos. Puede percibirse que la experiencia de una
sólo otros sonidos analógicos o simplemente contiguos, sino
transposición sintáctica se ha desplazado del nivel lingüísti-
también imágenes, olores, sabores y hasta las concepciones
co al literario, vistos los rasgos que distinguen a esta novela
del uni\-erso que por esos carriles vienen a nosotros. Si tal es
de las obras anteriores: manejo rítmico, extraordinariamente
la experiencia de cualquier hablante con respecto a su prop1a
presto; precisión para utilizar las ehpsis; introducción de
lengua, a pesar de la disc1plina abstracta que el sistema edu-
modos poéticos emparentados con la poesía popular; hila-
cativo y el ejercicio intelectual adulto introducen posterior-
ción entrecortada de los episodios narrauvos; formas indi-
mente ~n ella, podrá inferirse con cuánta frescura esos pode-
rectas de acometer los desarrollos narrativos, etc.
res habrán de conservarse en un hombre que, llegado a la
El otro aspecto lingüístico a cuyo examen se aplicó
adolescencia, pasa a ejercitarse en otra lengua, con la cual
Arguedas, fue ellexical, aunque éste no tenía ninguna posibi-
cumplirá parte importante de su vida de relación.

27 4 • L! 110!-'ela-rípera de lo.r pobre.r
En el caso de Arguedas se reproduce una situación socio- parentesco fonético y una cierta comunidad de sentido con
lingüística, propia de todas las lenguas a las que el idioma la terminacióny//u" (VI, 52).
que domina despóticamente a la sociedad, obliga a retraerse 2. Además, el universo infantil percibe con mayor respe-
del consorcio público. En esos casos se transforman en len- to que el adulto la energía de las palabras. Pensamos que es
guas de la intimidad -familiar, grupal, vecinal, profesional- debido a que reconoce en ellas la cosa referida como presen-
impregnándose por lo tanto de la carga emotiva que tiende te, aunque dentro de una curiosa gama oscilatoria que va de
a desgastarse en las lenguas públicas. Es ésta la razón por la la sensación de que es un doble fantasmático que convoca a
cual los usuarios de una lengua pública se ven forzados a una la cosa, a la convicción de que la palabra la engendra directa-
constante tarea de invención lexical, semántica y hasta sin- mente. Aun en la vida adulta persiste esta asociación infan-
táctica, en el ámbito privado, para flexibilizarla y hacerla til, como se lo ve en el manejo del lenguaje obsc~no. Esa
buena conductora de la afectividad familiar o grupal. sabida potencialidad del insulto para provocar por sí solo
Las palabras de la lengua de 1~ infancia, conservan una una herida insoportable, sólo la reencontramos plenamente
arrolladora fuerza asociativa que es capaz de dar saltos mor- dentro de la lengua maternal: se disuelve en cambio en las
tales entre los más alejados puntos de la realidad, concitan- lenguas que nos son ajenas, donde los insultos se· transfor-
do imprevistas asociaciones de imágenes y recuperando man en los revólveres de caucho dalinianos. Esto hace com-
tiempos·que parecían,·más que olvidados, abolidos. Tres ras- prensible que los personajes de Los ríos prrgimdos cuando se
gos explican esta fuerza: insultan, usan el quechua y no el español. Esto resulta inefi-
l. Esas palabras siguen trabajando sobre un sistema ana- ciente para el lector al que se dirige el relato, que es un his-
lógico que atiende a las que en la vida adulta podríamos con- panohablante, pero el fuego de la palabra injuriosa, tanto
siderar cualidades secundarias de las palabras (visto que las para los personajes como presumiblemente para el autor,
traspasamos para comunicar un significado) pero que en la sólo se alcanza cuando se utiliza un término quechua: atatau-
infancia son primarias: los sonidos o fonemas .que las inte- ya, k 'aura, k 'echas. Lo mismo ocurre con las palabras que
gran. Abundantemente lo rewlan los exámenes freudianos excitan el horror hasta un grado paroxístico: apasankas,
de las sobredeterminaciones y desplazamientos lingüísticos apankoras, pero nunca arañas.
que operan en la mecánica del sueño. Los significantes flo- En su ensayo sobre e1 0/lantq)~ que es de 1952, Arguedas
tan libremente en esta lengua infantil y se enlazan según los explicó por qué le resultaba tan difícil traducir al españof
acoplamientos que rigen a los tropos, provocando impre\·is- algunos términos quechuas: "No es posible traducir con
tos engarces de sentido. No otra cosa dice cautamente equivalente intensidad la ternura doliente que su texto que-
Arguedas en su exposición sobre el \.'7!1/J/bayl/¡¡ del capítulo chua transmite. La repetición de los verbos que llevan en su
- fonética una especie de reflejo material de los movimientos
YI, fiJando primero un ligamen fonético que es e\·idente,
que en lo recóndito del organismo se producen con el penar,
entre illa e_ylltt, para pasar luego con menor seguridad a suge-
el sufrir, el llorar, el caer ante el golpe de la adversidad impla-
rir un ligamen incierto de los sigmficados: "esta voz illa tiene

Ángel Rama • 277
276 • La IIOJda-dpC'ra de lmpobreJ
cable, causan en el lector un efecto penetrante, porque los En el texto citado se nos dice que la fonética de los ver-
mismos términos están cargados de la esencia del tormento- bos refleja materialmente "los movimientos" que se produ-
so y tan ornado paisaje andino y de cómo este mundo exter- cen en los sentimientos, no los sentimientos propiamente
no vive, llamea, en lo interno del hombre quechua. Una sola dichos, y las palabras "están cargadas de la esencia" del pai-
unidad forman el ser, el universo y ellengua ... ".14 saje, no del paisaje propiamente dicho. Más que un régimen
En vanos textos, con diversos matices, Arguedas se refi- de unívocas transposiciones, lo que hace es aproximar
nó a esta conv1cción de que el lenguaje (quechua) está liga- diversos órdenes (o diversas estructuras) gracias a la ínter-
do a la vida subjetiva y a la realidad objetiva del hábitat serra- mediación h<?mologadora que prestan los esquemas rítmi-
no; en su expresión extremada llegó a hablar ("Diario I de cos o melódicos, lo que seguramente habría aprobado
Los zorros") de un enlace material. En el texto arriba citado Matila Ghyka. Sus observaciones podrían aplicarse, mejor
es más cauteloso y preciso: no afirma una homologación de que al 0/fantay, al poema de César Vallejo "Los heraldos
conciencia-objeto-lenguaje, sino una concertación, lo que negros", cuyo desarrollo semántico va acompañado de perí-
permitiría alcanzar la unidad como en una orquesta en la que odos rítmicos muy marcados, con repeticiones de los ver-
intervienen variados instrumentos. Esto permitiría filiar sus bos ser y saber estratégicamente colocados en las silabas
argumentos, más que en una concepción mágtca peculiar de tónicas.
sociedades tradicionales, en la descendencia del artepurismo Pero sean cuales fueren las vías por las cuales se alcanza
europeo y de la poesía simbolista, según la lección de las esa concertación -y trataremos de mostrar que es a través
"correspondencias" baudelairianas. Cuando en cambio se del ritmo y la melodía- lo primero es comprobar que para
inclina a la posición extremada, debe apelar a los ejemplos Arguedas en ella cumple un papel central la lengua. Él no
onomatopéyicos que sin embargo no son privativos del que- enlaza simplemente conciencia subjetiva y realidad objetiva,
chua. No es casualidad que Arguedas haya acentuado, con- sino que construye una tríada: ser, universo, lenguaje, lo que
tra toda verosrmilitud, el presunto carácter onomatopéyico implica conferirle a este último un puesto de igual jerarquía
de la lengua quechua, que su propia exposición sobre el :{!IJJJ- que al sujeto y al objeto. Entiendo que ese puesto clave se
bayl!u está lejos de probar, al margen de que sabemos que las debe a la peculiar dualidad del signo lingwstico, pues si en
onomatopeyas de los cantos de los mismos animales, tienen algunos de sus escritos parecería negada la concepción saus-
transcripoones fonéticas distintas en las d1stintas lenguas.l5 sunana de signo, en otros es subrepticiamente rescatada por-
que resulta indispensable en la concertación buscada.
3. Queda aún una tercera vinculación de palabra y cosa,
14 "0/la!ltar lo autóctono r lo oce1dental en el esulo de los dramas colo- a la que llamaríamos metonímica. No se trata ya de enlaces
males peruanos". en Letras. Pemmws. II. 8, Ltma. octubre de 1952. de significantes liberados, ni del poder de la palabra para
15 Un anáhsts del problema, en \'V'tlliam Rowe . .\ltto e tdeologío en la obra de reconstituir la cosa en el imaginario, reponiéndola con la
jos1: ¡\1ai7ÍI / l!J!.!Ieda.r. Luna, Instttuto Nac10nal de Cultura, 1979. plena intensidad y emotiv1dad viVidas en el pasado (el
"vecu" bretoniano), sino de que ella arrastra el contorno ceso de la trilla. Pero aprendí la letra y música de la can-
heterogéneo donde fue emitida, puede imantar los elemen- ción."16
tos que le fueron contiguos, espacialmente, o los que, aun- N o vio la trilla, pero esa letra y esa melodía, que recogió
que distante en el tiempo y en el espacio, le fueron asocia- puntualmente, convocan las imágenes con nítida precisión,
dos. Funciona como un punto focal, un aleph, que absorbe como si ellas las hubieran fijado sobre una pantalla.
un variado abanico de datos o imágenes. Al ser suscitada La palabra es aquí, nuevamente, música, es canto, ese del
nuevamente, los irradia sobre el distinto conjunto verbal en que dice en Los rio.r profundo.r, "que es, seguramente, la mate-
que reaparece, impregnando los demás términos con el ria de que estoy hecho, la difusa región de donde me arran-
tesoro que tenía acumulado. Como además se trata de una caron para lanzarme entre los hombres" (IX, 120).
palabra dicha y no escrita, esta capacidad evocativa se La palabra no es vista como escritura sino oída como
emparenta con la que tiene la música, aunque, como sabe- sonido. En una época en que la poesía ya se había tornado
mos, ésta la ejerce más libremente pues se halla desprendi- escritura, él siguió percibiéndola como fonema, vinculando
da de los significados precisos que comporta el signo lin- íntimamente las palabras con los marcos musicales. Huella
güístico. de su formación en el seno de comunidades ágrafas, pasión
Decenas de ejemplos lo ilustran en la novela arguediana: por el canto donde la palabra recupera su plenitud sonora,
'~t\.compañando. en voz baja la melodía de las canciones, me en Arguedas la palabra no se disocia de la voz que la emite,
acordaba de los campos y las piedras, de las plazas y los entona y musicaliza. Puede por eso decirse que su rmsma
templos, de los pequeños ríos donde fui feliz" (V, 38). Es la narrativa, más que una escritura, es una dicción.
melodía, la que le permite recuperar imágenes visuales. Del
mismo modo, en un episodio de su adolescencia que contó 3. Función de la tmí.rica_y del canto
en uno de sus ensayos: "En el pequeño valle donde está la
villa de Pampas, capital de la provincia de Tayacaja, colin- Cuando Arguedas siembra de canciones su novela, no está
dante por el sur con Huancayo, escuché de noche los can- incorporando simplemente bellos poemas folklóricos, aun-
tos de la trilla de alberjas; me acerqué a la era y pude ver que es consciente de que "la letra de las canciones quechuas
durante unos minutos el trabajo: un grupo de mujeres can- aprendidas en mi niñez eran tan bellas como la mejor poesía
taba a las orillas de la era: [transcribe aquí la canción]. Los erudita que estudié y asimilé en los libros, maravillado" .17
hombres molían con los pies la vaina seca de las alberjas al
compás. Era noche de luna y había una transparencia que
hacía resaltar, casi brillar, la figura de los árboles y de las 16 "Folklore del Valle del Mantaro", en Folklore AlllmÚIIIO, I, 1, Lima,
personas. La voz de las mujeres era la característica Je todas noY1embre de 1953, pp. 239-241.
las indias que entonan canciones rituales, agudísima. 17 "Canciones quechuas", en José ~Iaría Arguedas, .fo7orc.f e zndtos. Acerca
Entonces tenía 16 ai'i.os y no pude quedarme a ver el pro- de la mltllra qmchua, Buenos Aires, Arca/Calicanto, 1976, p. 183.

280 • La !lOl'e!a-ópera de los pobre.r Ángel Rama • 281
E_stá incorporando palabras cantadas, una simbiosis de sig- sus ensayos folklóricos. Pero aun sin ella, el lector no se
nificantes y significados que se ajusta y perfecciona por la llama a engaño: sabe que en esos momentos la novela está
tarea que cumple la pauta musical. A ésta cabe una función cantando. Se lo dice explícitamente el narrador, quien rodea
tanto en el estricto campo lingüístico como en el semántica a las canciones de datos que subrayan su radical condición
' musical: da noticia de los instrumentos, de las características
porque da tono, timbre, intensifica ciertas partes, las repite
en los estribillos, homologa diferentes textos mediante el rítmicas dé la composición, de cómo es interpretada, etc.
mismo fraseo musical, etc. Es eficaz moduladora de la poe-· Tiene clara conciencia de la dificultad que plantea la recep-
sía, en un grado superior al de las matrices métricas o rítmi- ción por el lector de las transcripciones musicales en textos
cas que de la música se han desprendido. literarios y trata de vencerla. Quiere que el lector oiga, como
La íntima asociación de la música y la palabra, Arguedas él, la canción.
la desta~ó en sus ensayos, hablando del "haravec" o poeta Se trata siempre de composiciones populares de tipo tra-
del antiguo Imperio de los Incas, que, como los trovadores, dicional, en su mayoría anónimas, pero que siguen siendo
era también músico: " ... su traducción exacta es la siguiente: usadas corrientemente. Son las canciones espontáneas del
'el que crea canciones para sí mismo, para cantarlas él pueblo. Las más frecuentes son los jarahuis y los huqynos. Los
mismo'; ambos términos debieron ser usuales para nombrar dos ;arabuis que transcribe aparecen en momentos de alta
a los poetas y músicos antiguos, a los compositores; pues en intensidad emocional: uno cuando Ernesto evoca su partida.
aquella edad la música, la poesía y la danza, especialmente la del qyllu donde pasó la infancia y otro cuando las mujeres
música y la poesía, formaban el mismo universo, nacían al desafían a los soldados. Según Arguedas a este tipo de com-
mismo tiempo, como la poesía quechua popular de hoy, en posición se le estimaba en el Imperio como a "la forma más
que la bella palabra brota ceñida a la música y debe su valor excelsa de la poesía y de la música". En un artículo
estético a su tierna y palpitante ingenuidad, alejada de todo inmediatamente anterior a la publicación de Los tios profundos,
recurso formal, de lo extra o antipoético."18 dice: " ... son cantos de imprecación. No los entonan los
Todas las veces que en el libro aparece el canto, éste hombres, sólo las mujeres, y siempre en coro, durante las
impone al autor una exigencia de la cual se había des- despedidas o la recepción de las personas muy amadas o
prendido ya en la narración y en los diálogos: la trans- muy importantes; durante las siembras y las cosechas; en los
cripción en lengua originaria. De ahí que siempre pro- matrimonios. La voz de las mujeres alcanza notas agudas,
porcione, en columnas paralelas, el texto quechua y su pro- imposibles para la masculina. La v1bración de la nota final
pla traducción española. Si hubiera poseído los recursos que taladra el corazón y trasmite la evidencia de que ningún ele-
el \'anguardismo había puesto en circulación, probablemen- mento del mundo celeste o terreno ha dejado de ser alcan-
te habría agregado la partitura musical, cosa que practicó en zado, comprometido por este grito final. Aun hoy, después
de más de veinte años de residencia en la ciudad, en la que
l8 ''0/lalltr:J'... ", art. al.. p. 130. he escuchado la obra de los grandes compositores occiden-

282 • La 170/Je!a-ópem de loJ po/;m· Ángel Rama • 283
Estas canciones cumplen una función central en el rela-
tales, sigo creyendo que no es posible dar mayor poder a la
to, pues están engranadas dentro del discurso narrativo, a
expresión humana."19
veces en su superficie argumental y otras veces en su decur-
Pero la mayoría de las canciones son !Jllqynos de distintas
so profundo. Son momentos de alta concentración emocio-
regiones del país, tanto antiguos como modernos. Su prima-
nal y artística, a manera de verdaderas "arias" que en dimen-
cía obedece al principio verista, pues se trata de la composi-
ción más popularizada del país y por lo tanto la previsible en siones reducidas y sobre una tesitura musical, czfran los signi-
las reuniones de las chicherías o de los alumnos del colegio, ficados que toda narración está obligada a desarrollar exten-
de quienes dice que hacen competencias llegando a cantar sivamente.
cincuenta huqynos. Pero no aparecen como rupturas dentro de una serie ver-
Además, esta predilección es convocada por la atracción bal que les seria heterogénea, tal como las maneja Bertolt
que ejerce su ritmo y que lo hace propicio al baile, tal como Brecht para producir el distanciamiento. Al contrario, discu-
lo ha evocado en uno de sus ensayos ("las pasñas que dan- rren dentro de un uso e.,'<traordinariamente amplio y variado
zan airosas, haciendo girar sus polleras y el rebozo, al com- de referencias musicales que nos permiten hablar de una
pás del wayno, en vueltas rápidas, pero siempre con un ritmo generalizada algarabía o armonía musical. La fuente de esos
ardiente, con una armonía de wayno que nunca se equivo- materiales es plural: es ante todo la naturaleza que Arguedas,
ca")20 y más aún, -por la condición de fraguador de la nacio- como buen conocedor, presenta como una estrepitosa serie
nalidad peruana que ve en él: "el huqy!as y el huqyno, mucho musical a la que concurren ríos, vientos, árboles, insectos,
más que esos objetos decorativos, están en caminó de con- pájaros; son también los artefactos de la cultura popular,
vertirse en patrimomo cultural, en vínculo nacionalizante de como es el caso del zumbqyllu; son también los mil sonidos
los peruanos". 21 Es una música que religa entre sí a todos los que acompañan la vida cotidiana, desde el repique de las
peruanos, y al tiempo los religa con sus orígenes prehispáni- campanas al tiroteo de las armas; son, sobre todo, las voces
cos, cumpliendo las dos condiciones fundamentales de la en sus mil registros. Todo esto se combina de un modo tan
aglutinación nacional: "como hace cuatro siglos, cinco insistente, complejo y alterno, que no encuentro otra com-
siglos, el wayno es la fuerza, es la voz, es la sangre eterna de paración para dar cuenta de esa multiplicidad de recursos
todas las fiestas del Perú del Ande".22 sonoros que sugerir la presencia de una orquesta la cual esta-
ría tocando a todo lo largo de la novela, acompañando la
vida pública y la privada de los personajes, duplicando meló-
19 "CanCiones quechuas", mi. at., p. 178. dicamente las referencias visuales habituales.
?O
- "F1esta en unta " , en .>enore.r
" - e m dw.r... , op. at. ", pp. 77 -78 . Creo que hay aquí una realista percepción del comporta-
21 "De lo mágico a lo popular. Del v-ínculo local al naCional", en Saiore.r e miento de los estratos populares, especialmente rurales, que
mdio.r .. . , op. at.. p 243. muestran una tendencia r!Ítlda a sentirse emrueltos en una
22 "Fiesta en tinta", art. al.. p.78. onda sonora de la cual participan, rechazando las formas del

284 • Lr ela-ópertr de lo.r pobre.r
II07 1
Ángel Rama • 285
silencio o la soledad individual, pero creo que es también un canción, debido a su doble naturaleza, similar a la del signo
procedimiento literario eficaz que dota a un texto, dicho más lingüístico: es un orden de palabras medidas y un orden de
que escrito, de un suntuoso despliegue de correspondencias notas musicales igualmente medidas, pero esta estricta
sonoras. La novela propone un doble musical que es el agen- . correspondencia no imposibilita la clara autonomía de las
te med1ador privilegiado entre la comunidad humana y el partes, las cuales son capaces de transportar mensajes distin-
reino natural, entre la conciencia subjetiva y el universo obje- tos, a veces temporalmente discordantes, como ya veremos.
tivo, puesto que ambos cantan siempre y pueden cantar al Efectivamente, la música cumple una función similar a la
unísono. En la medida en que cantan según ritmos y melo- de la matriz métrica, porgue establece una pauta rígida, casi
días, construyen el imprescindible pasaje para que ambos inamovible, donde se combinan dos rasgos: el tiempo largo
hemisferios puedan ajustarse mutuamente, puedan concer- y remoto, sin origen perceptible, del cual procede y gracias
tarse en una armonía, procuren, al fin, el ansiado orden uni- al cual nos religamos con el pasado, y la cualidad colectiva
versal. que la distingue por ser compartida y aun modelada por
En el reino natural, cada objeto es dueño de una voz, tal numerosos sectores de la sociedad, sobre todo populares.
como les ocurre a los humanos. Las voces naturales pueden Dentro de esa pauta inamovible se introduce, ajustándose a
armonizar entre sí, solamente, pero también pueden combi- ella, una letra, que siendo capaz de adaptarse a sus ritmos
narse con las humanas, en una concertación más amplia: fijos es capaz al mismo tiempo de conquistar la libertad de
"Hasta el interior de las chozas llega el ruido suave del trigal nuevos significados que expresan la situación contemporá-
seco, movido por el viento; es como un canto que durara nea de quien la inventa. Se obtiene así un equilibrio de com-
tó·da la noche. Y cuando el río está próximo, la voz del agua ponentes que habitualmente aparecen contradictoriamente:
se une a la de los trigales."23 "La voz de los internos, la voz por un lado el pasado y la colectividad, por el otro el presen-
del Padre; la voz de Antero y de Salvinia, la canción de las te y la individualidad. Describiendo a los cantores cholos de
mujeres, de las aves en la ~lameda de Condebamba, repercu- Namora, lo observa Arguedas: "Cantan en castellano,
tían, se mezclaban en mi memoria; como una lluvia desigual improvisando casi siempre las letras y todos con guitarra.
caían sobre mi sueño" (VIII, 89). Son cholos; de indios, les queda sólo la música y lo que ella
Todo ser, objeto o elemento natural, tiene voz propia . . e: " 24
s1gn1Ltca ....
("canta un propio cantar" decía Darío) y esa voz que procla- El puesto privilegiado que cabe a la canción en las ope-
ma su singularidad es el puente privilegiado para la eventua- raciones transculturadoras queda así evidenciado: salva el
lidad de que muchas o todas puedan concertarse. Dentro de pasado tradicional (indio) y permite la libertad creativa
tal totalidad homogénea, ocupa un puesto excepcional la (chola) del presente.

-----·----

23 "Lm \\";l\·ak", en So7ore.r etl!dzo.r .. .. op. al.. p. 125 24 "C arnaYa 1 en N
l amora " , en Senore.r
- •~> a·¡.. p. 0:~ 1.
e 111dtoJ·...• Or

286 • La IIOI'ela-ópera de los pobres Ángel Rama • 287
Es dentro de esa orquesta que Circulan las palabras; si
bien no son cantadas en el libro, sí son dichas, entonadas, usa para hablar en español ante las autoridades o sus alum-
percibidas como sonidos y pocas veces vistas como escritas. nos con el fin de desarrollar su destino de dominadores
(YIII, 98). Es así que percibe el diferente comportamiento
La oralidad, tan propia de la tradición poética hispanoame-
verbal de los adultos, observando de qué manera el odio
ricana mayor, envuelve a Los tios prifundos, aunque no acarrea
enciende a las palabras: "Yo era sensible a la intención que
los juegos homofónicos que para el mismo propósito utilizó
al hablar daban las gentes a su voz; lo entendía todo. Me
l\1iguel Ángel Asturias en otra área cultural americana. Tal
habría criado entre personas que se odiaban y que me odia-
dicción de las palabras se puede rastrear tanto en los diálogos
ban; y ellos no podían blandir siempre el garrote ni lanzarse
y monólogos, a los cuales el libro concede casi la mitad del
a las manos o azuzar a los perros contra sus enemigos.
texto, como en las narraciones que cubren la otra mitad.
También usaban las palabras; con ellas se herían, infundien-
Curiosamente, estos diálogos y monólogos transportan
do al tono de la voz, más que a las palabras, veneno, suave o
casi siempre mensajes nítidos mediante una correcta, y a la
violento" (IX, 160).
par flexible, articulación sintáctica. Visiblemente están pues-
Esas voces son tratadas en el libro con la misma aten-
tos al servicio de una comunicación intelectiva y aun pueden
ción musical que se presta a los instrumentos, viéndolas
incurrir en una grandilocuencia discursiva, como en la rara
como instrumentos de la significación: "con su voz delga-
sabiduría que posee en ocasiones al protagonista. Hay aquí da, altísima, habló el padre en quechua" (VIII, 90); "Se
una herencia del realismo europeo del siglo XIX que practi- expandió su garganta para pronunciar fúnebre y· solemne-
có una tesorera racionalización pero también podemos per- mente las palabras" (XI, 163); "los acompañantes de los
cibir, para no caer en la trampa de nuestro excluyente pers- muertos cantaban en falsetes himnos" (IX, 165); "Hablaba
pectivismo cultural, una herencia del manejo preciso, lacóni- al modo de los costeños, pronunciando las palabras con
co y parsimonioso de la lengua que es propio de las comu- rapidez increíble. Pero cantaba algo al hablar" (X, 147);
nidades ágrafas. Sin embargo, la significación nítida de esos "Hablaba en quechua. Las ces suavísimas del dulce quechua
diálogos y monólogos no se agota en su escritura, sino que de Abancay sólo parecían ahora notas de contraste, espe-
depende de la entonación con que son emitidos, siendo a cialmente escogidas, para que fuera más duro el golpe de los
veces sólo comprensibles si se los percibe en su circunstan- sonidos guturales ... " (VII,7 4).
cia. El niño Ernesto descubre pronto que los significantes La multiplicidad de músicas, canciones, sonidos, voces
son sensibles registros de los sentimientos, más allá de sus humanas que integran esta orquesta, son subsumidas dentro
unívocas significaciones, que se tiñen de las pasiones de tal de otra voz que se extiende mayoritariamente a la novela: es
modo que los mismos términos pueden significar distintas la del narrador que está diciendo, más que escribiendo la his-
cosas según cómo la \'OZ maneje los sonidos. Es así que des- toria. No empece la precisión lógica de su relato, éste se arti-
cubre la duplicidad del Padre Linares, cotejando la forma en cula sobre un ritmo agitadél, de rara presteza y variabilidad,
que habla en quechua a los colonos para someterlos y la que que le imprime un movimiento constante. Es un procedí-

288 • La IIOI'e/a-ópera de loJ pobreJ Ánael
o Rama • 289
caminos, y canta! (VI, 60). Y no bien dicho esto, irrumpe un
miento similar al que manejó Rulfo, reintroduciendo todas
texto en lengua quechua que lo que hace es exhortar a la
las voces de su novela Pedro Páramo, dentro de la voz del hijo-
joven a escuchar, no a leer: "Uyariy chay k'atik'niki siwar
narrador, aunque él le imprimió un habla marcadamente
k'entita ... Escucha al picaflor esmeralda que te sigue; te ha de
campesina mientras que Arguedas desarrolla un habla más
hablar de mí; no seas cruel, escúchale" (VI, 61).
culta y más india a la vez. A partir de la frase "Entramos al
La ascensión orquestal que vez tras vez crece dentro de
Cuzco de noche" del primer capítulo, el narrador principal,
la obra, se resuelve, en el más alto nivel, mediante la trans-
ya que no el único de la obra, ofrece su voz rememorante
posición sonora en un canto donde las voces se conciertan.
para reunir dentro de ella la dispersión de voces que han de
Lo que para Arguedas significaba esa culminación, queda
sucederse y entrecruzarse, lo que acarrea una solución litera-
dicho en su descripción de los himnos en las ceremonias
ria más ajustada y más homogénea que la practicada en Agua
funerales: "Las mujeres siguen gritando. La voz del coro
o Yawar fiesta.
cruza el cielo, vibra en la tierra, como el esfuerzo mayor
En resumen, las palabras de la obra aparecen situadas en
hecho por la voz humana para alcanzar los límites del
estratos superpuestos: en el nivel inferior, es una prosa espa-
mundo desconocido; la intención del canto se siente en todo
ñola explicativa y racionalizada, y en el nivel superior, la can-
su poder."25
ción en lengua quechua. Entre ambos niveles se distribuyen
Efectivamente, sólo ese canto coral es capaz de empastar
las diversas instancias intermedias; donde está la narración
la totalidad del universo visible y aun trascenderlo, haciendo
realista, la agilidad de los diálogos, la efusión lírica en prosa,
contacto con un trasmundo del cual sin embargo Arguedas
etc. A lo largo del libro se producen movimientos ascenden-
estuvo separado por un constitutivo agnosticismo. La nos-
tes o descendentes que recorren los diferentes estratos verba-
talgia del orden universal, que la injusticia y el desorden de
l~s o musicales, respondiendo a una fuerza ascensional que
la sociedad, no han hecho sino incentivar hast~ el paroxismo,
s111 cesar está empujando la materia hacia los niveles de la
encuentra su expresión en él.
prosa lírica o directamente al canto, pasando del castellano al
La música, y en particular la canción (por los caracteres
quechua. El episodio de la carta del capítulo VI proporciona
anotados), cumple así una función ideológica central, que
un modelo reducido de esos movimientos: se parte de un
podría reponernos un imprevisto neoplatonismo. Ella apare-
plano inicial regido por una escritura convencional y muerta,
ce como el modelo de un orden superior, aunque no divino
visiblemente palabras sobre un papel; se pasa a un segundo
sino natural, que establece la coincidencia y el equilibrio de
qu~ es aún de escritura pero con ritmo premioso y emocio-
una multiplicidad de factores concurrentes merced a que
nalismo comunicante; se desemboca entonces en la viva
todos pueden compartir una misma estructura rítmica y
habla del monólogo en alta voz, para por último saltar al nivel
máximo en que las insuficiencias percibidas en los anteriores
modos verbales son compensadas por el canto: "¡Escribir!
25 _"La muerte y los funerales", en S ello res e indios .... op .. cit., p. 150.
Escribir para ella era inútil, inservible. ¡Anda; espéralas en los

290 11 La IIOIJe!a-ópera de lo.> pobre.> Ángel Rama • 291
melódica. Restablece la unidad dentro de la diversidad. Es el tentáramos leer Los rios prr¿fundos, más que como una novela
modelo de lo "bello natural" que revive en Arguedas. El inserta en el cauce regionalista-indigenista (aunque obvia-
modo en que es capaz de integrar las fuerzas dispersas, mente superándolo) como una partitura operática de un tipo
queda manifiesto en el análisis a que sometió Arguedas el muy especial, pues tanto podía evocar las formas de la ópera
título del libro de poemas quechuas de Andrés Alencastre, pekinesa tr~dicional como los orígenes renacentistas floren-
Taki Parwa: tinos de su forma occidental, cuando fue inicialmente pro-
El título cautiva al lector de sensibilidad indígena. "Parwa" es puesta como una transcripción moderna de la tragedia grie-
el nombre propio de la flor del maíz, de ese penacho gris blan- ga clásica.
co, jaspeado, en que remata la planta. La adoración que sienten La importancia que tienen en la novela los componentes
los indios, y otros hombres de la sierra, por esta flor sin brillo, musicales y el poder significante que manifiestan, no son
de blanda luz, se sustenta no sólo en la particular belleza de las propios del género novela, según el canon occidental que
parwas que danzan tan leve y musicalmente en la cima de las toma cuerpo desde el siglo XVIII dentro de la impetuosa
colinas -una música armonizada por la naturaleza con el ruido
prosificación de los géneros literarios que caracteriza a la
de las hojas;-; la adoración a la flor es parte de la que se tiene
estética de la edad burguesa. La línea rectora de la sociedad
por el fruto antiguo, por el cereal milenario que ha alimentado
al hombre americano desde sus orígenes. "Taki" sabemos lo burguesa abandona la poesía en beneficio de la prosa, el uni-
que significa: c~nto y danza. "Taki panva" es una frase casi verso lírico en beneficio del realista y psicológico, sustituye
intraducible. Puede explicársele como he intentado hacerla, la oralidad por la escritura; en su. período de ascenso disuel-
pero no es posible una traducción fiel y exacta. No significa ve las concepciones mágico-religiosas remplazándolas por
canto al maíz, sino canto como la flor del maíz; pero flor del las analíticas-racionales y, extrayendo la narratividad del fol-
maíz es la más pobre traducción que puede hacerse de klore popular y colectivo, la pone al servicio del individuo en
"panva". Parwa es el único nombre propio de flor en quechua
el seno de la sociedad.
y está cargado de sentido musical y religioso.26
Curiosamente, la invención de Arguedas parte del último
modelo realista y racionalista en el período en que es asalta-
4. La ópera de los pobres
do por los sectores bajos ascendentes: la novela de crítica
social. El gran instrumento narrativo de la burguesía es asu-
En atención a todos estos elementos puestos en juego y a
mido por los grupos contestatarios imprimiéndole ciertas
sus peculiares aplicaciones, fue que propuse27 que in-
modificaciones indispensables, como fue la adopción de
parámetros colectivos o la conversión del personaje en tipo
26 "Taki Parwa y la poesía quechua de la República", en Letras penttma.r, representativo de la clase social, rasgos que aun pervivirán
IV, 12, Lima, agosto de 1955, p. 73. en la creación arguediana. Pero él introduce una rebelión
27 Por primera \·ez en el prólogo a Se!lore.r e tndzo.r, Buenos Aires, subrepticia contra el modelo, la cual tiene puntos de contac-
Arca/Calicanto, 1976. pp. 27-28. ' to con la ,-anguardia de entrambas guerras pero que, por no

292 • Lo noz;e/a-ópera de los polm.r
Ángel Rama • 293
haberla conocido y, sobremanera, por haber traba¡ado en el moderna, conservaron el equilibrado uso de individuos y
cerrado recinto de las culturas internas y populares perua- coro, proponiendo progresivamente plurales "personas"
nas, Arguedas no/habrá de seguir en sus lineamientos gene- individuales y plurales grupos corales dirigidos por corifeos,
rales. Digamos que cumple, a partir de ese último modelo entre los cuales se hacía más complejo y rico el conflicto dra-
que desciende a los sectores medios adquiriendo entre ellos mático. La misma alternancia la encontrarnos en la novela de
una particular y sabrosa aspereza, una retrogradación hacia Arguedas, siendo su rasgo llamativo la amplitud y destreza
los orígenes confusos del género, retornando hacia la recu- con que son incorporadas las masas corales Oas chicheras, los
peración de sus formas populares. Esa retrogradación puede colonos de las haciendas, los soldados) dada la flagrante
llamarse también revolución, si aceptamos la interpretación ausencia de ellas en las mejores novelas latinoamericanas
etimológica del término, según la cual deben ser recuperadas contemporáneas que trabajan sobre conflictos de individuos.
las fuentes primordiales cuando se procura un avance inven- El reproche que le dirige Vargas Llosa al afirmar que
tivo hacia el futuro. Parece nacida de la peculiar ambivalen- Arguedas había introducido en la literatura peruana una
cia de la situación cultural del autor, quien lee de pie, en un novedad consistente en "un mundo donde se borran los
patio universitario de Lima, fascinado, el Tungsteno de César individuos y los reemplazan como personajes los conjuntos
Vallejo, escritor a quien seguirá llamando su maestro en el humanos" no rige en Los ríos prrifundos, ni tampoco en Todas
final de su vida, compartiendo su pensamiento político, y a las sangres. La individualidad de los estudiantes del colegio
la vez vive atraído por una sociedad tradicional y rural, con- está asegurada por una sutil capacidad de composición e
servadora de ·muy antiguas formas pre-burguesas. Es en el incluso lo está la de personajes episódicos bocetados (el
cruce de una novela social y una ópera popular que se sitúa padre, el director del Colegio, el padre negro), aunque
Los río,r prqfundos y es ese carácter híbrido insólito lo que hace Arguedas no deja de sumar en cada uno de ellos los rasgos
su originalidad. específicos, privativos, de la individualidad, junto con la cua-
Los componentes, literarios e ideológicos, que proceden lidad de representantes de sectores sociales nítidamente dife-
de la novela social, han. sido perspicazmente revelados ya renciados. Pero a ese abanico de personajes, Arguedas agre-
por la crítica. Cabe agregar los que le vienen de esta subrep- ga ingentes conjuntos corales, brillantemente manejados, que
ticia fuente operática, que procede del venero de la cultura actúan separadamente. Son fundamentalmente tres: las chi-
popular en que un hemisferio del autor estaba sumergido, cheras que llevan a la cabeza a su corifeo, doña Felipa, los
mientras otro aceptaba, cambiándole su signo, una forma colonos y los hucryruros con su orquesta acompañante. Cada
nacida de la racionalidad burguesa, compartida por los cua- uno de los grupos es tratado de distinta manera: colectiva-
dros intelectuales de las clases medias y bajas que acometían mente, bajo un solo trazo homogéneo, los colonos;
el poder. armónicamente pero con matices diferenciales, las chicheras;
a] Jue,go alterno de personqjes individualesJ' personcges corales. De más pormenorizadas e individualmente, subrayando sus je-
sus orígenes, campesinos rituales, la tragedia griega y la ópera rarquías castrenses que introducen distintos estratos sociales,

294 • La nouela-ópera de los pobres Ángel Rama • 295
cumple una función mediadora en la construcoon de los
los soldados. Pero todos ellos comparten un régimen propio
diversos episodios y los otros personajes una función oposi-
de los coros operáticos: su agrupación bajo ropajes fantásti-
tora de distintos grados y matices.
cos donde más libremente funciona la nota imaginativa, sor-
b] Secuencias escénicas sucesivas. El modo de componer
prendente y aun irreal. Por esa presentación vivaz y coloris-
narrativo de Arguedas, no sólo evoca el orden sucesivo y
ta, adquieren una dimensión distorsionada y casi expresionis-
lineal que dis ringue a la tragedia y a la ópera, sino también
ta, dentro del relato. Ella es percibida por primera vez por el
las formas primitivas de la hilación cinematográfica antes de
narrador cuando descubre que los soldados son "disfraza-
la revolución cumplida por Griffits. La división en capítulos
dos" y que esas ropas de que van revestidos los vuelven más
es puramente aparencia!, desde la llegada a Abancay del pro-
aterradores aún que los danzak (IX, 155); la distorsión
tagonista, por cuanto ella encubre otra organización median-
adguier~ una nota fantasmagórica y sepulcral en el "epodo"
te escenas que el autor distingue utilizando espacios blancos.
de la novela que queda a cargo de los colonos que vienen en
Desde el capítulo VI (Zumbayllu) hay una continuidad de
las sombras a oír la misa de medianoche, antes de morir de
desarrollo temporal que enlaza un capítulo con el siguiente
peste, improvisando una letra de aquelarre para "la melodía
a través de una serie de escenas que se ordenan cronológica-
funeraria de los entierros" (IX, 185); el mismo manejo del
mente y que en su mayoría se inician con una información
coro, pero con una nota jubilosa, corresponde al coro de chÍ-
que establece día y hora en que los hechos han de ser conta-
cheras, cuyas vestiduras ·coloreadas son descritas con detalle
' dos. En ese capítulo VI, luego de la introducción teórica
se las oye repitiendo conjuntamente las órdenes de su jefe y
sobre las terminacionesy//u, ilfa, tendremos la siguiente serie:
por último emprenden una marcha que atraviesa el pueblo al
1, "En el mes de mayo trajo Antero el primer Z}tmbqyllu.: ..";
son de "una danza de carnaval", con lo cual, anota Ernesto,
2, "Oye, Ernesto, me han dicho que escribes como poeta.
"la tropa se convirtió en una compar~a" (VII, 77). Cada uno
Quiero que me hagas una carta -me dijo el Markask'a al-
de los coros va acompañado de estrepitosas músicas, ya can-
gunos días después del estreno de los Zftmbqyllus"; 3,
radas "a capella", ya reforzadas por una fascinante orquesta
"Después de la última lección de la mañana ... "; 4, "La cam-
de metales, como en el caso de los soldados.
panilla que tocaba durante largo rato anunciando la hora de
Aunque los coros van creciendo en importancia mediada
entrar al comedor..."; 5, "A las ocho y media tocaban la cam-
la novela, del capítulo VII al XI (cinco capítulos que son
panilla indicando la hora de entrar al dormitorio"; 6, "Al día
mucho más extensos que los seis iniciales), esto no se hace
siguiente me levanté muy temprano". El capítulo siguiente,
en detrimento de los personajes individuales gue van a
'VII "El motín" empalma con el mismo sistema, a continua-
alcanzar, en los mismos capítulos de la segunda parte, la
ción: 1, "Esa marrana, a la hora del recreo ... "; 2, ''A las doce,
coronación de sus particulares peripecias. El autor maneja
cuando los externos ... "; 3, "Tarde, al declinar el sol...".
alternativamente a unos y a otros, acercándolos a través de
La no\·ela está así construida por fragmentos gue adquie-
Ernesto y oponiéndolos a través de casi todos los demás
ren su relativa autonomía porque: se producen en un tiempo
personajes individuales, de tal modo gue el protagonista

Ángel Rama • 297
296 • La novela-ópera de los pobres
determinado, colocado rígidamente dentro de una serie cro- agitadamente, casi contradictoriamente con esta simplicidad
nológica lineal, de tal modo que uno sigue al otro con esca- secuencial.
so intervalo de tiempo; porque todos los fragmentos corres- e] Pluralidad de formas expresivas para las voces humanas. Lo
ponden exclusivamente a lo que puede saber, ver u oír, un que habría de ser patrimonio intransferible de la ópera
solo personaje protagónico que dispone de escasa movilidad moderna, saliendo de la imitación de la tragedia griega, sería
(y que incluso cuando evoca algo del pasado, lo hace desde la pluralidad de registros orales, según el tnayor o menor
una precisa circunstancia presente que el narrador subraya) acompañamiento musical. Junto al canto, ya individual, ya
y porque en su mayoría se trata de escenas, en el sentido tea- coral, y junto a la declaración que casi podía confundirse con
tral del término, o sea un espacio físico único donde se la simple dicción en alta voz del texto, tend:ríamos una terce-
hayan reunidos determinados personajes a quienes sucede ra forma intermedia entre aquellas dos, el recitativo, que uno
algo. Son escasas las ocasiones en que el narrador sigue un de sus inventores, Girolamo Mei, definía en el XVI como
desplazamiento libre del personaje Ernesto de un lado a otro "un alto modo ,di cantare che l' ordinario". Su función res-
(es el caso del capítulo X, Yawar Mayu) pues lo frecuente es ponderá a la necesidad de una mediación progresiva entre la
una escena fija, en la chichería, en uno de los patios del cole- declamación teatral y el canto pleno, que en la tragedia esta-
gio, en el dormitorio, en el paseo de Abancay, donde se pro- ba representada por la introducción de las dobles flautas que
duce un episodio con relativa autonomía. apoyaban la dicción rítmica del actor, a partir de la cual
La hilación cronológica detallada y lineal, la sucesión de podía pasar de manera gradual al caríto, sin que se percibie-
escenas en espacios fijos, la reducción de la visión a un per- ra el salto brusco respecto a la declamación. Se trataba de
sonaje único, ponen de manifiesto un primitivismo narrati- tres estratos fónicos que se superponían, facilitando el
vo, que llega a ser flagrante por la notoria incapacidad para ascenso de la voz al canto, los cuales canónicamente serán
expresar la simultaneidad de acciones en un mismo tiempo. aceptados por la ópera moderna y en forma más irregular
Ni siquiera contamos con el manejo candoroso e irónico que por las manifestaciones más populares (como la opereta y la
hace Lezama Lima de los convencionalismos de la novela zarzuela) que concederán la primacía al canto y a la dicción,
decimonónica ("¿Qué hacía mientras tanto... ?") sino con una en desmedro del recitativo.
rigurosa y ascética linealidad expositiYa, que rememora los A estas manifestaciones más populares se afilia la novela
problemas que casi todos los géneros (del dramático al de Arguedas: la tesitura general estará dada por la "dicción"
narrativo y al cinematográfico) han tenido en sus orígenes oral de las múltiples voces de los personajes, todas las cuales
para organizar la materia literaria. Un aura elemental, como están incorporadas a la voz de Alberto que narra y describe;
en los laude de Jacopone da Todi, como en la sucesión escé- en los momentos· privilegiados irrumpirá el canto, tanto en
nica de la tragedia primitiva, como en la ópera popular, sos- sus expresiones individuales, como "arias", como en las for-
tiene una materia narrativa donde las percepciones psicoló- mas corales. Pero no obstante esta tendencia, también es evi-
g1cas, sociológicas, líricas y realistas se agitan y reemplazan dente el uso de recitativos, en algunos anhelantes monólogos

298 • La IIO!Jela-ópera de los pobres Án~rel Rama • 299
de Ernesto, en las efusiones líricas que promueve el espectá-
En la música vocal hacemos dos lecturas o, más correcta-
culo de la naturaleza, en los exorcismos mágicos con que
mente, dos audiciones simultáneas: la que corresponde a los
procura comunicarse a la distancia, en las imprecaciones
signos lingüísticos que transportan una significación amplia-
contra los enemigos de los indios, en el encendido discurso
mente codificada y la que corresponde a las melodías o a los
cuando lo posee la pasión o el fervor.
ritmos que, en cambio, carecen del mismo preciso dicciona-
Los estratos fónicos operáticos tienen así una equi- rio de equivalencias. Estos dos órdenes de la comunicación
valencia literaria con las distintas formas que adopta la nove- están acordados pero no repiten las mismas cosas, y aun
la: en el nivel inferior, correspondiente a la dicción, estamos podría decirse que actúan sobre zonas diferentes, desencon-
ante una narración realista capaz de atender a las variadas tradas . .i\1ientras que la serie lingüística -narrativa o teatral-
conexiones explicativas del relato y el intercambio dialogado introduce el principio de la sucesión, la serie melódica intro-
de los personajes; en el nivel medio, equivalente a los modos duce el principio de la repetición.
rítmicos del recitativo y su relativo desprendimiento de una Podemos registrarlo en sólo dos aspectos de la ópera,
lengua hablada corriente, nos encontramos con la narración como muestras de un comportamiento generalizado: en la
poética constituida por una prosa imantada por comparacio- obertura y en el "aria". La obertura operática hace frecuen-
nes y metáforas, que se aplica preferentemente a la descrip- temente el recuento de los temas que se van a exponer a lo
ción lírica de la subjetividad o de la impecable belleza del largo de la obra, los cuales expresa separadamente de las
universo; en el nivel superior, el del canto, irrumpe la músi- palabras con que ellos reaparecerán dentro de la serie lin-
ca y las voces acordes a ella, tanto bajo las especies de la güística, de tal modo que cuando los reencontremos susten-
monodia como de la polifonía. Un lugar menos preciso tando las arias, recuperemos s\1 recuerdo exclusivamente
ocupa toda la prosa ensayística que existe dentro de la nove- mu_sical, al cual, otorgaremos un significado verbal entera-
la: por su función informativa correspondería al nivel infe- mente nuevo. A ello se agrega que esos temas musicales pue-
rior pero es frecuente que también se sume al intermedio den reaparecer en diversos momentos de la obra aplicados a
por la carga poética que a veces transporta. también diversos mensajes lingüísticos, con lo cual generan
Las tres maneras operáticas señaladas discurren dentro asociaciones musicales que fatalmente arrastran o imponen
de los cauces de una nm·ela de nítida imprenta social, esta- otras verbales.
bleciendo con ellos un contrapunto en el cual se puede hacer Tanto en Los dos prqfimdos, como en Todas las sallgres, es
perceptible el foco ideológico de la obra, que es el que bus- evidente la función de obertura musical que se concede a los
camos poner de manifiesto mediante este análisis de las for- capítulos iniciales: tienen muy escasa hilación con el poste-
mas artísticas. rior desarrollo argumental, son núcleos independientes,
La~ estructuras musicales se emparentan con las poéticas, extraordinariamente viYaces, donde se nos da, concentrada-
oponiéndose a las narrativas, por lo cual se le pueden aplicar mente, el conjunto dé temas profundos que reaparecerán
los razonamientos de Jakóbson sobre las matrices métricas. penódicamente en el texto y nutrirán los episodios narrati-

Angel Rama • 301
300 • I~t 1/0l'ela-dpera de los pobre.r
vos, siendo los religadores profundos de acontecimientos quecieron el sector de la mezzomúsica. En el capítulo X
algo deshilvanados que se organizarán gracias a la recurren- (Yawar Mayu) de Los dos profundos es un tradicional "jaylli" de
cía melódica. En ellos está dicho todo, de un modo concen- Navidad el que le sirve a una mestiza provocativa para insul-
trado de alta temperatura poética: son los temas profundos tar a los soldados reunidos en la chichería y ellos vacilan des-
que irrigarán, como verdaderos "ríos profundos", el acon- concertados ante esta alteración de los elementos tradiciona-
tecer de las vidas humanas. Estrictamente, la novela, en les. La frase de la novela con que se anuncia el canto, es alta-
cuanto a historia, comienza con el capítulo II de im- mente significativa: "La muchacha improvisaba ya la letra de
la danza; ella, como el bailarín y el músico, estaba igualmente
postación narrativa tradicional: allí se cuenta quién era el
lan,zada a lo desconocido" (X, 142). Sí, lanzada a lo desco-
padre, cuál la relación con su hijo, cómo deambulan por la
nocido, inventando la historia presente, incorporándose ella
sierra y cómo se ve obligado a dejarlo pupilo en un Colegio
como actor de la historia en su circunstancia, pero dentro de
de Abancay, el cual será el escenario de toda la novela. Pero
una estructura musical que conserva el pasado, recupera el
Los ríos prtjtmdos, en cuanto estructura musical, necesita del
mito incluso.
suntuoso capítulo I, con la entrada al Cuzco, la recuperación
Es esta doble lectura la que para Arguedas resolvía el
de los orígenes indios, el muro del Inca Roca que es un río
conflicto de la transculturación y es ella la que explica el júbi-
de piedras, la María Angola resonando eternamente por el
lo voluntarioso de su famoso discurso al recibir el Premio
valle y la opresiva estratificación social (desde el Viejo hasta
Inca Garcilaso. Él conocía bien el carácter mestizo de la cul-
el pongo) que se traslada a una distribución especial median-
tura peruana y no ignoraba su propio papel de agente trans-
te el sistema de los múltiples patios comunicados, que volve-
culturador, de modo que el problema está todo él remitido a
remos a reencontrar en el Colegio de Abancay.
las formas que adoptaría el proceso de mestización transcul-
En cuanto a las arias, ya hemos apuntado que la virtud de
turante en curso, procurando que no destruyera las raíces ni
la melodía tradicional es su capacidad para religamos con el
provocara la anomia de las comunidades rurales, pero que
pasado y al mismo tiempo permitimos reactualizarlo tampoco cegara las fuentes creativas y la plena incor-
mediante sustitución de su contenido verbal. En todas las poración a la historia.
épocas se ha operado este doble proceso que conserva una La equivalencia en la literatura, en cuanto forma, es la
identidad casi mítica y reintroduce en ella la historia, que es extraordinariamente original composición de la novela.
siempre novedad e invención. Todos los hombres de mi Estableció una pluralidad de lecturas del texto mediante el
edad, hemos cantado el repertorio de canciones populares uso de diversos niveles que a veces se separan pero que ver-
españolas que se retrotraen a los siglos XV y XVI, con letras tiginosamente de pronto convergen. Ellos corresponden a
referidas a la actualidad de la guerra civil de 1936-1939. Lo los estratos musicales, poéticos y realistas sobre los cuales
mismo hace Arguedas, quien, conviene no olvidarlo, -fue el zigzaguea la acción, pero además, corresponden a una doble
que contribuyó poderosamente a la enorme expansión de la y antitética formulación, la mítica y la histórica. No había
música folklórica mediante adaptaciones modernas que enri-

Ángel Rama • 303
3U2
leído las lúcidas precisiones de Godelier28 pero sabía sufi- Las orquestas que aquí tocan son las de indios (arpa, vio-
ciente de mitos como para no caer en las trampas que han lín, charango) o las bandas de los regimientos militares, o es
acechado a muchos escritores latinoamerica~os, de Austrias un rondín que se toca solitariamente, o es aún menos, el soni-
a Fuentes. Conocía las virtudes, pero también las trampas de do de u'n trompo al girar; lo que se canta son huaynos, him-
los mitos. Y fue un hombre de su tiempo, de su historia, con nos, jarahuis, carnavales. Los elementos ambientales proce-
una conciencia social democrática sin tacha. En los niveles den de la región: son los pájaros, las flores, los animales de la
del recitativo y del canto, funciona el mito, mientras que en zona rural, muy escasamente jerarquizados por el arte y la
los de la declamación y la narración funciona la historia, literatura y aun los recursos literarios, no van más allá de la
pero de pronto éstos ingresan a los más altos niveles sin que provinciana estilización que se intentó en los años veinte.
ni uno ni otro valor sean desvirtuados. Es una rara hazaña Sin embargo, toda esta pobreza está movida por una ener-
de la literatura. gía y por una belleza sin igual. Es un universo violento, en
Si no es una "beggar's opera" como la dieciochesca de constante pugna, cuya dinámica no cede un instante e impri-
Gray, es, al menos, una opera de pobres, como las que intenta- me su ritmo rapsódica a la narración. La tensión y la energía
ron entre ambas guerras Kurt Weil y George Gershwin, por- del texto es, como ha visto Dorfman,29 el estricto equivalen-
que está construida a partir de los materiales humildes que te del universo revuelto que se expone: en verdad, son ellas
componen una cultura popular; por momentos, se diría que las que lo crean por encima del nivel de la historia y de sus
con los desechos de grandes culturas, tanto la incaica como variadas peripecias. Tal fuerza se complementa con dos vir-
la española, conservados y elaborados en ese "bricolage" tudes mayores: la precisión y la transparencia. La acuidad de
que intentan las comunidades rurales con las migajas que la -mirada y la velocidad con que dispone los elementos de la
caen de la mesa del banquete de los señores. Toda la acción composición, van a la par con la precisión con que los recor-
transcurre en la pobreza, en la basura, en los harapos, en ta y distribuye. Todo se hace nítido, rápido, claro y agudo.
cocinas de indios, caminos lodosos, chicherías de piso de tie- Ninguno de los componentes pobres con que trabaja ha
rra, letrinas de colegios, baldíos, destartalados refectorios. sido recubierto de cosmética y, al contrario, se ha acentuado
Ningún indicio de educación superior, ni siquiera en los el desamparo y el horror. Todos son aceptados en su escue-
maestros de Abancar; ninguna presencia de las mayores cul- ta corporeidad y puestos al servicio de un ritmo y de una
turas de las que estos seres son los últimos desamparados melodía. Es justamente esta aceptación muda de una mate-
herederos y hasta en un personaje, Valle, la caricatura pro- ria no prestigiada pero fuerte, la que sostiene el resplandor
vinciana del intento de apropiarse miméticamente de ellas. espiritual de la obra. Da origen a una sunnwsa invención
artística, hace de una ópera de pobreJ una joya espléndida.
28 1\Iaunce Godelier, Ew11omia. jetzciJismo_y religzón en la.r .wriedade.r pnmitwa.r.
Madrid, Stglo A_"\:I, 197 4. Y éase cap. XIY ".\Ilto e htstona: reflexiones 29 Aricl Dorfman. ImagzllaÚÓII )' l!iole11aa e11 /I!Jifnca. Sanaago, Edttonal
sobre los fundamentos del pensamiento sah-aje". Um,·erstrana, 1970.

304 • La 1/0l'ela-ópem de lo.r po/Jre.r Angel Ram.a • 3!l5
VII. LOS RÍOS CRUZADOS, DEL MITO Y DE LA
HISTORIA - - - - - - - - - ----------

l. El contrapunto de los narradores

Si bien hemos afirmado la impregnación operática, de ópera
humilde y popular, que caracteriza a Los rio.r prrjimdos, no por
eso dejamos de reconocer lo obvio, que ella pertenece bási-
camente al género narrativo. Es, por lo tanto, una ópera
narrada. Lo cual nos remite al funcionamiento de los narra-
dores.
El autor ha apelado a dos narradores que, a modo de tru-
jamanes situados a ambos lados del escenario imaginario en
que discurre la acción, se encargan de relatarla. Dos narra-
dores y no uno como ha señalado insistentemente la crítica,
extraYiada por la aparencia! homogeneidad de la función
elocutiva del narrador. Efectivamente es fácil confundir
estos dos narradores porque sus perfiles no están delimita-
dos explícitamente, sus entradas no son anunciadas por nin-
guna referencia metalingüística y su especial autonomía sólo
puede detectarse por modificaciones en el manejo de la len-
gua y en el punto de vista narrativo que se utiliza.
Uno de ellos es el narrador principal, quien es un hom-
bre adulto que evoca una niñez de la cual está separado por
un largo lapso de no menos de treinta años. Como en el clá-

l307]
sico modelo establecido por La Divina Comedia, debe distin- clasificación de William Bull, 3U sobre el "retrospective
guirse este Narrador Principal del niño Ernesto protagonis- point", prefiriendo su vector cero, el "retro-perfect" del pre-
ta de los sucesos de la obra: este últuno está en el centro del ténto simple. Él rige las narraciones de los hechos y circun-
escenario y no es sino un personaje, obviamente protagóni- da los diálogos -_donde se repone el presente histórico de los
co, a quien le están sucediendo hechos que están fuera de sucesos- a través de las acotaciones, usando mayoritaria-
toda capacidad de pre,·isión y dominio, no sólo por la con- mente en el primer caso la convencional tercera persona y en
dición oscura e impreYisible que el futuro ostenta para todo el segundo tanto ella como la primera persona ("dijo", "me
ser humano sino además porque su reducida edad y, su esca- dijo", "le dije").
so poder hacen de él un testigo privilegiado pero, no un En frente de él hay sin embargo otro Narrador; que puede
agente que dirige los hechos. El Narrador Principal, que está distinguirse por una nota académica y una cultura amplia,
supuesto ser Ernesto llegado a la edad adulta, es alguien que pues abarca toda la del Narrador Principal pero se extiende
rememora, rescatando del pasado una serie de acciones cuyo más allá de sus límites merced a un conocimiento sistemático
encadenamiento y solución tiene obligadamente que cono- de la realidad peruana. Cumple una función más restringida
cer dado el puesto que ocupa en el decurso temporal. Él pues interviene menos en el relato, pero es una función de
cuenta desde fuera de las acciones que desarrolla la peripe- tipo cognoscitivo ya que a él le caben las informaciones gene-
cia, con una perspectiva que si bien privilegia la \risión del rales destinadas a completar y mejorar la comprensión del lec-
personaje Ernesto no deja de hacerse cargo, con un notorio tor respecto a los sucesos de la novela. J'viientras que el
margen de autonomía, de las visiones de los restantes perso- Narrador Principal es un doble de Ernesto con la distancia y
najes, debiendo por lo tanto dejarnos percibir la fundamen- el enriquecimiento dado por el tiempo transcurrido, que se
tación de esas visiones, cosa que hace manejando un no restringe a la órbita de la historia, el segundo tiene un pertre-
explícito encuadre sociológico según el cual los comporta- charniento intelectual más vasto y asume una notoria actitud
rmentos mdependientes de los personajes quedan situados educativa. Como ya dijimos, no es anunciada su presencia:
dentro de coordenadas clasistas o culturales. interviene repentinamente en el relato, casi sacándole la pala-
bra de la boca al Narrador Principal, cuando considera
Este Narrador Pnncipal utiliza las formas verbales pro-
indispensable aportar datos no conocidos por los lectores-
totípicas de la narración, pues mane¡a los tiempos pasados
oyentes. De ahí que éstos aparezcan presupuestos en sus in-
del mdtcativo. En algunas ocasiones se desliza al uso del pre-
tervenciones de un modo que no es perceptible en el relato
térito imperfecto, pero en la mayoría abrumadora de los
del Narrador Principal, quien slillplemente construye un uni-
casos se le \·e apegado al pretéri!o indefinido que le asegura
verso autónomo, sin un destinatano evtdente.
la máxtma distancia respecto a los sucesos que rememora,
con la constancia de la conclustón defimtlva de esos sucesos
que el tlempo verbal que utihza le asegura. Pero tanto si 30 \'V!lliam E Bull, Time. tenre and the ¡·erf¡,, -1 rt11dJ'
111 tbeoreltcal and applied
luwmtzcr. 1vtth partzmlar "ttentton to 5pan;Jh. BerkeleY, 1960.
mane¡a el imperfecto como el pasado srmple, trabaja, en la

Angel Rama • 309
3UR • Lo.r lior ll"'lé.(tNior, dt! Jllilo J' de la h!J!ona
El ingreso de este segundo Narrador que por sus inter- las escenas de la novela. En el capítulo II ("Los viajes") el
venciones se nos define como un etnólogo experto, está segundo fragmento corresponde a este Narrador
señalado en el nivel lingüístico por una alteración de las tesi- Secundario, a quien quizás convendría llamar Etnólogo,
turas temporales. En oposición al Narrador Principal, él uti- quien con entera independencia de la acción procede a expli-
liza preferentemente los tiempos verbales de presente, de tal car el comportamiento de las aves en los pueblos serranos,
modo que se adscribe a otro eje de orientación temporal, el utilizando todos los verbos en presente:
"point present". Si bien ambos narradores parten, obligada En los pueblos, a cierta hora, las aves se dirigen visiblemente a
y fatalmente, del "yo-aquí-ahora" y si bien ambos "dicen" lugares ya conocidos. A los pedregales, a las huertas, a los
más que "escriben" sus intervenciones, hay entre ellos fla- arbustos que crecen en la orilla de las aguas. Y según el tiempo,
grantes diferencias: 1, el primero se instala sobre un punto su vuelo es distinto ... etc., etc. (II, 20).
único situado en el pasado para contar algo que en ese punto
sucedió pero que ha quedado abolido por el tiempo transcu-
En el capítulo IV ("La hacienda"), como en el capítulo
rrido posteriormente, mientras que el segundo se adhiere a
VI ("Zumbayllu"), se concede al Narrador Secundario el pri-
un aspecto de lo real mucho menos determinado por las
mer fragmento, introductorio:
variaciones temporales, el cual por lo tanto puede percibir
como una constante y por lo mismo puede reencontrar, sin Los hacendados de los pueblos pequeños contrib.t!Jen con gran-
apreciable diferencia, en el presente; 2, el primero, como ya des vasijas de chicha y pailas de picantes para faenas comuna-
les. En las fiestas salen a las calles y a las plazas, a cantar huay-
anotamos, no presupone forzosamente un lector, beneficián-
nos en coro y a bailar. Caminan de diario con ... (I\~ 31).
dose de esa aparente neutralidad de la tercera persona del
pretérito, mientras que el segundo, por la nota didascálida de Y en cuanto al famoso texto sobre el "zumbayllu" que
sus intervenciones, ejerce una presión informativa que pos- abre el capítulo VI, antes de aparecer en la novela, ya había
tula la existencia de un lector concreto al que va dirigido el sido publicado como artículo etnológico diez años atrás.3 1
mensaje; 3, ambos manejan prosas radicalment~ diferentes, En otras ocasiones el Etnólogo interviene abruptamente
pues mientras la del primero es narrativa, la del segundo es como dentro de un paréntesis y la acción narrada es retoma-
fuertemente discursiva, como extraída de una clase, al punto da como si no hubiera habido interrupción, pero frecuente-
que la eliminación de todas estas intervenciones no afectaría mente esa abrupta inserción ha proporcionado la necesaria
en nada la hilación argumental del relato, aunque sí la com- información para la mejor valoración de los sucesos.
prensiÓn profunda de múltiples términos y situaciones. Dos ejemplos:
El autor ha combinado de distinta manera la parti-
opación de sus dos narradores. En varias ocasiones los ha
separado nítidamente, apelando a la división mediante espa- 3l "Acerca del intenso stgmficado de dos voces quechuas", en La Prensa.
CiOS blancos que también utilizó para independizar entre sí Buenos Au-es, 6 de jumo de 1948.

31 O • Lo.r ríor cruzados, del1mto y de la hzstona Ángel Rama • 311
1. NP El sol caldeaba el patio. Desde la sombra de la bóveda \" "mundo comentado", en tanto que el segundo, que abarca
del corredor mirábamos arder el empedrado. -
el pasado simple, el imperfecto y el pluscuamperfecto,
NS El sol infunde silencio cuando cae, al mediodía al fondo
de estos abismos de piedra y de arbustos. No h~v árboles
corresponden al "mundo narrado". Es una distribución de
. ' tiempos verbales que basamenta dos diferentes modos de
mmensos.
NP Varios moscardones cruzaron el corredor de un extremo a comunicación lingüística, muy bien defmidos por la fórmu-
otro. i\Iis ojos se prendieron del vuelo lento ... (IX, 114). la de Benveniste -historia y discurso- pero que no implican
2. NP Cantaban, como enseñadas las calandrias, en las more- necesariamente que al pasarse de una a otra en una misma
ras. obra, debamos reconocer un cambio de "narradores". Hay,
NS Ellas suelen posarse en las ramas altas. sí, dos registros lingüísticos diferentes, en una primera y ob-
NP Cantaban, también balanceándose, en la cima de los pocos jetiva comprobación. Visto el uso de espacios blancos den-
sauces que se alternan con las moras.
tro de los cuales a veces circunscribe el autor los "discur-
NS Los naturales llaman tuya a la calandria. Es vistosa, de pico
sos", deducimos que era consciente de la distinta naturaleza
fuerte; huye a lo alto de los árboles. En la cima de los más
oscuros ... [etc., etc.]
y función que dentro de su novela desempeñaban Historia y
NP l\Iientras oía su canto que, es seguramente, la materia de Discurso. Aún puede agregarse que con frecuencia-la apari-
que estoy hecho, la difusa región· de donde me arrancaron para ción del Discurso, apoyado mayoritariamente sobre tiempos
· lanzarme entre los hombres; \rinios aparecer ... (IX, 119-20). verbales de presente, acarrea una modificación del trata-
miento verbal de la Historia. Ésta discurre, tanto en la narra-
Lingüísticamente, la distribución de la materia novelesca
ción con;o en las acotaciones del diálogo, sobre las formas
entre los dos narradores, se ajusta a los dos sistemas de
del pasado simple, pero e~ la inminencia del Discurso se
tiempos defmidos por Emile Benveniste32 y que él ha deno-
inflexiona hacia el. uso del imperfecto, generando así una
minado "historia" y "discurso", adscnbiendo al primero el
s~erte de gradación, -vi, veía, veo- que no responde a nor-·
aoristo, el imperfecto, el condicional, el pluscuamperfecto y
mas de concordancia, sino a deslizamientos progresivos
el prospectivo y al segundo el presente, el futuro, el pasado
entre las formas literarias protoúpicas de la Historia y las del
compuesto, aunque también el imperfecto y el pluscuamper-
Discurso.
fecto. Aunque con algunas variantes, es también la distribu-
En una segunda comprobación, creemos que los.dos sis-
ción de tiempos en dos grupos que ha propuesto Harald
temas lingüísticos referidos encajan en dos situaciones
\Veinrich,33 estableciendo que el primero, donde se reúnen el
narrativas paralelas de la novela, que nos permiten restaurar
presente, el pasado compuesto y el futuro, corresponden al
el con_cepto de dos narradores alternos, aunque con con-
ciencia de que el autor los maneja sin un estricto rigor, con
")
.L Emile Benvemsre, "Le relauons de temps dans le verse francais". en más espontaneidad que cálculo, permitiendo a veces borro-
Blllle/111 de la Joczété Linguistique de Pam; 54 (1959).
sos lindes entre ambos. Siendo el protagonista de la ~ovela
33 E.rtmdlfra )' j111món de lo.r tim;noJ en el /enouate 2\ladr~d Credos 1974
/~ <.:-.. J ' ' ' . un niño llamado Ernesto, y no José l\hría, el Narrador

.J 12 • LoJ nos crttzados, del mito.r de !t~ /Jt.rtotia
Ángel Rama • 313
ción poética. Semejan las intervenciones de un profesor o de·
Principal debe obligadamente ser un Ernesto llegado a la
edad adulta, quien evoca algunos episodios de su pasado. un ensayista, buen conocedor de todo el material narrado
Que Arguedas, como cualquier otro novelista, haya maneja- pero además capaz de interpretaciones, generalizaciones y
articulaciones que parecen fuera de la órbita del Narrador
do para el personaje percepciones propias y construido su
Principal. En algunas ocasiones, apela desenfadadamente a
historia con muchos materiales autobiográficos, nada resta a
textos ensayísticos que han sido escritos por José María
que evidentemente eludió la autobiografía y se propuso
Arguedas o parafrasea algunas de sus investigaciones etnoló-
crear un personaje autónomo a quien denominó (siempre
gicas publicadas en revistas especializadas. Curiosamente, es
me he preguntado por qué) Ernesto. La ficta independencia
este Narrador Secundario, que está a cargo de los Discursos,
del personaje Ernesto respecto al autor, repercute en el
el más reconocidamente cercano a José María Arguedas. A
narrador adulto, sobre cuyas circunstancias, vida, costum-
pesar de la objetividad de sus exposiciones, a veces es capaz
bres, educación, Arguedas guarda estricto silencio. Nada se
de hacer alguna referencia personal, como en un ejemplo del
dice nunca del Ernesto adulto que narra y que por este
capítulo VI, y entonces establece el punto de unión con el
mismo silencio y oquedad en que se le figura, es, austera y
Narrador Principal:
únicamente El Narrador, un personaje ficticio e incalificado
que inventa Arguedas para cumplir las funciones de narrar. NP Empecé a darme ánimos, a levantar mi coraje, dirigiéndome a
Está distanciado temporalmente del protagonista y a la vez la gran montaña, de la misma manera como los indios de mi
está consustanciado espiritualmente con él, todavía. Es sim- aldea se encomendaban, antes de lanzarse en la plaza contra los
toros bravos, enjalmados de cóndores.
plemente Ernesto adulto y aun su única función definitoria,
NS El K'arwarasu es el Apu, el Dios regional de rru aldea natl-
la capacidad de narrar, está prevista en el niño a· quien en el
va. Tiene tres cumbres nevadas que se levantan sobre una cade-
colegio se le pide que escriba las cartitas amorosas y se le na de montañas de roca negra. La rodean varios lagos en que
considera algo "poeta". viven las garzas de plumaje rosado. El cernícalo es el súnbolo del
Nada de lo poquísimo que podemos saber de este Er- K'arwarasu. Los indios dicen que en los días de Cuaresma salen
nesto adulto, acredita que a él se deban los Discursos y tam- como un ave de fuego, desde la Clma más alta, y da caza a los
poco existe en el texto una referencia explícita que lo confir- cóndores, que les rompe el lomo, los hace gerrur r los humilla.
me. Las intervenciones del Narrador Secundario no apare- TÍtela, brillando, relampagueando sobre los sembrados; por las
cen sometidas a las mismas obligaciones de la ficción narra- estancias de ganado, y luego se hunde en la me,·e. Los indios
invocan al K'awarasu únicamente en los grandes peligros.
tiva ni establecen la forzosa continuidad. que hay entre el
Apenas pronuncian su nombre el temor a la muerte desaparece.
protagonista Ernesto y el narrador Ernesto. Asumen por
NP Yo salí de la capilla s1n poder contener ya mi enar-
regla general un tono neutro, impersonal, que se opone fuer- decirruento. lnmeillatamente después que el Padre Director y
temente al enfoque personal del Narrador Principal. los otros frailes subieron al segundo piso, me acerqué a Ronllnel
Discurren como fuentes objetivas de la información sobre la y le di un puntapié suave, a manera de anunClo. (VI, 65).
realidad etnológica peruana, a veces con una sutil impregna-

Ángel Rama • 315
La independencia lingüística y literaria de ambos na- mas que el cambio. Son estos propósitos diferenciales los
rradores, converge en un punto unificante "mi aldea" que exigieron el uso de tiempos verbales específicos que los
donde, si no uno, son al menos, parientes. ' ' identificaran: la historia, el "mundo narrado", corresponde a
El significado que encuentro en el empleo de estos dos los tiempos pasados; el mito, que es raigalmente un "mundo
narradores, es similar y paralelo al que he observado en el contemplado", corresponde al presente eterno (como al
uso de la canción dentro de la novela, en cuanto la canción pasado compuesto o al futuro) que consolida supervivencia
es disociable entre una música que conserva íntegra la tradi- inalterable.
ción con su aire de eternidad y una letra que es capaz de tra- Ambos narradores atienden, en la novela, campos espe-
ducir las Circunstancias del momento original en que se pro- cíficos: uno narra todo lo que no puede ser resuelto directa-
duce. Tanto la función narrativa como la función del canto mente por el diálogo y el canto; el otro explica todo lo que
' considera necesario para comprender el relato que hace su
aparecen como capaces de integrar dos cauces escindibles.
Son artificios que establecen la juntura de dos vías separadas compañero y a él pueden ser atribuidas las traducciones de
Y aun antitéticas: por un lado el componente histórico (a sa- la mayoría de los textos en lengua quechua. Sin embargo,
ber, el accidente único, original, en que se· ejerce la libertad ninguno de ellos se introduce en la acción propiamente
creativa pero que por lo mismo no puede volver a repetirse dicha, a la que se le reconoce independencia. Ella es el
.igual una vez que ha concluido) y el componente mítico (en campo propio del personaje Ernesto niño.
el sentido con que lo define l'vfucea Eliade, en tanto remoto
pasado situado en la esfera de los orígenes, que se reactuali- 2. La línea de sombra
za constantemente sin que se produzca en él ninguna modi-
ficación apreciable, apareciendo como un ersatz cultural de la "Yo tenía catorce años" dice. No es un niño, es va un ado-
eternidad). lescente. Exactamente es un impúber que está ingresando a
Estas vías de la Historia y dell\fito corresponden, al nivel la pubertad, situado sobre una frontera tan afilada como
de los narradores, a la Historia y al Discurso que ejercen, una hoja de navaja y que ha sido comparada frecuentemen-
alternativamente, el Ernesto adulto y José Maria Arguedas te a un segundo nacimiento. Es el momento de la metamor-
etnólogo. l\Iientras el primero cuenta una serie de episodios fosis en que, según la clasificación de uso en el Colegio, se
que ocurrieron una vez en el tiempo preciso del pretérito pasa de menor a mayor, la cual se produce mediante el ejer-
simple y no volverán a repetirse, el segundo se consagra pre- cicio de la sexualidad. Es el momento en que el adolescen-
ferentemente al discurso sobre las aves las montañas los te reviste la toga viril e ingresa al mundo de los hombres.
' ' Ernesto está en ese punto, aterrado, balanceándose insegu-
significados de la lengua quechua, la música de los instru-
mentos populares, las celebraciones religiosas, todos esos ro entre el paso decisivo hacia adelante y la retracción hacia
elementos fijos a los cuales dedicó tantos escritos antropo- su anterior mundo conocido. Comparte la misma sabiduría
lógicos, registrando ·gustosamenté en éllos la ·permanencia insólita que puede encontrarse en las jóvenes impúberes de

316 • LoJ· rio.r crf.lzados, del ;mto )' de la /lirtona Ángel Rama • 31 7
las narraciones de Juan Carlos Onetti, aunque careciendo
e~ de la primera. Dada esta perspectiva sociológica, los suce-
de la paz y seguridad, de la confianza e implantación fu:me
Sivos enmarcamientos de la novela pueden verse como pro-
en la vida que las caracteriza. Al contrario, él existe en el
gresivas ampliaciones de un modelo reducido ofrecido por
vértigo, en la desesperaciÓn, en el horror. Tanto en el caso
el personaje protagónico; sus mismas tensiones se reprodu-
de Arguedas, como en el de Onetti, parece evidente la filia-
cen, aunque distribuidas entre diversos personajes, en el
ción dostoievskiana de esta problemática, aunque ella resul-
marco del Colegio; y éstas vuelven a ampliarse y a redistri-
tó suficientemente expandida en la novela europea del L"X,
buirse entre fuerzas sociales -en vez de meros personajes-
de Conrad a Joyce, como para admitir nutridos puntos de
en el pueblo de Abancay; por último, como un aura borrosa,
irradiación: Le grand lvieau!nes fue uno de los más difundi-
puede preverse que el pueblo de Abancay es también el
dos.
modelo reducido del funcionamiento de toda la sociedad
La demasiado sabida procedencia autobiográfica de los
peruana. Esta concepción está incrustada en el pensamiento
episodios de Los tios prifundos, ha distraído a lectores y críti-
de Arguedas desde Yawar fiesta y alcanzará su expansión
cos sobre el manejo a que Arguedas somete esos materiales
plena en Todas las sangres,· dentro de tal proceso de ajuste de
-tal como cualquier otro novelista- poniéndolos al servicio
una misma concepción de la novela, Los ríos prrfundos repre-
de un proyecto literario significativo. No se trata de hilvanar
sentan un punto intermedio y equilibrado donde Biografía y
particulares y restrictos sucesos de un período de la vida,
Sociografía juegan a partes iguales.
sino de organizarlos para que sirvan a un designio narrativo
El personaje de frontera, desgarrado entre dos he-
y por lo tanto concurran al establecimiento de una significa-
misferios, es la sociedad misma que se sostiene sobre un
ción.
precario equilibrio que se asegura con una despiadada vio-
Elegir a un personaje de frontera, oscila entre dos hemis-
lencia. A nivel individual el protagonista oscila entre la
ferios y que es consciente de la violencia del tránsito, impli-
infancia y la pubertad; a nivel social una mgente parte de los
ca una voluntariedad del autor y responde a su subrepticia
hombres, fundamentalmente los indios colonos de las
concepción (heredada de los regionalistas y del movimiento
haciendas, son mantenidos brutalmente en la infancia por
ideológico indigenista) de que existe un vínculo entre indivi-
los mestizos y mistis que ocupan el puesto dominante, tal
duo y sociedad, que al primero puede caberle una función
como lo percibe Ernesto: "En los pueblos donde he vivido
representatiYa de un conglomerado mucho más amplio, que
con mi padre, los indios no son erk 'es. Aquí parece que no
en él puede darse concentradamente un panorama socioló-
los dejan llegar a ser hombres. Tienen rmedo, siempre, como
gico. Para esta concepción, hombre y mundo no son simples
criaturas" (IX, 117).
antítesis al estilo romántico, sino vasos comunicantes: en el
Arguedas ha contado en algunos reportajes y a través de
individuo ,-emos reproducida, a un nivel existencial rico la
' los cuentos de Amor mundo su propio y conflictivo trato con
conflictualidad social. Biografía y Sociografía se manejan
la sexualidad que correctamente la crítica ha visto desde la
equilibradamente, ampliándose en la segunda la problemátl-
perspectiva de una obliterada educación conservadora cató-

318 • J...flr dos cruzados. de/mt!O)' de /a btS!OIW
Ángel Rama • 319
lica34 pero también ha reconocido 35 que en algunos cuentos ción a esa frontera que da acceso al hemisferio adulto, que es
("El ayla") supo ofrecer una visión libre y gozosa del sexo. el trato con la mujer, ya sexual ya sentimental. El "Peluca" le
Creo que esto último puede rastrearse también, menos explí- ofrece a Ernesto la opa: "Yo ahora te la daría, seguro, garan-
citamente, en Los ríos prqfundos, en la distinta combinación en tizado. Aprende ya a ser hombre" (X, 149). Es el ingreso a la
que aparecen sexo y violencia. La frontera que Ernesto debe sexualidad el que asegura preferentemente la calidad de adul-
traspasar es la del sexo, pero no es éste una entidad neutral, to. Dentro de este hemisferio se encuentran, desde el co-
ausente de connotación cultural. Para Ernesto, como para mienzo, en el Colegio, varios personajes -el Lleras, el Añuco,
los demás alumnos del Colegio, el sexo es la violencia y el el Peluca- que ·son defl11Ídos como "los malditos" porque en
desprecio, una fuerza incontenible que se inserta dentro de ellos se da asociado el uso de una sexualidad torpe, con la
una despótica concepción machista de la vida y se resuelve opa, junto con una constante brutalidad despótica en el trato
en una rígida dicotomía: por un lado el ejercicio corporal que de los menores. También pertenecen al hemisferio de los
queda simbolizado por los acoplamientos con la opa y por mayores otros alumnos, representados por el Valle, quienes
el otro la idealización espiritualizada representada por las ejercen una relación sentimental con las "señoritas" de
señoritas Salvinia-Alcira-Clorinda. En las dos vertientes se Abancay que no se postula obligadamente como sexual y
trata de un apropiamiento violento asumiendo la calidad de concomitantemente el desdén por los menores. Si los prime-
dueño, el cual traslada a las relaciones personales amorosas ros son vistos como "brutales" los segundos son vistos
el sistema de dominio que rige a la sociedad. Sexo, violencia como "falsos" por parte de Ernesto: "Gesticulaba, movía las
y propiedad, son una y la misma cosa en los valores cultura- manos con los dedos en evidentes posturas forzadas; las ade-
les de este grupo social, al cual pertenecen Ernesto y la lantaba hacia la cara de las niñas y aun su boca la adelantaba;
mayoría de los internos, aunque los comportamientos de debían sentirle su humano aliento" (X, 148).
cada uno de los integrantes varíen por razones no sólo indi- También son variados los grupos de integ~antes del
viduales sino sociales. hemisferio de los menores, aunque ya no definidos, por la
Hay un eje dáisorio que permite clasificar a los es- relación con la mujer. Todos éstos coinciden, sin embargo,
tudiantes del Colegio de Abancay en mayores y menores, en una expectativa sexual, más o menos confesa. El Ernesto
haciendo dos grupos con distintos comportamientos. El de los fervorosos dictámenes morales, vive tentado por el
Director lo reconoce: ''Además, éste es chico. Ustedes son cuerpo de la opa que llegó a ver desnudo: "¡Cómo temblaba
casi jóvenes" (XI, 160) pero lo experimentan todos en rela- yo en esas horas en que noche ella caía al patio interior, y los
Cielos y la tierra no podían devorarme a pesar de mis rue-
gos!" (X, 151). Y su relación distante y anímica con ella, está
34 Antomo C9rnejo Polar, LoJ· Jml/Jersos narratt/Jos de José 1\1aría Argtteda.r.
teñida de oscuro erotismo así como de afán de apropiación,
Buenos Aires, Losada, 1975.
que logra gracias a la muerte de ella, trasladándola entonces
35 ;\Iano \'argas Llosa, "José María Arguedas enrre sapos ~-halcones", en
a una figura espiritualizada, como las niñas de Abancay.
Los rio.rprojmtdo.r, Caracas, B1bhoteca i\yacucho, 1978.

320 • Lox rio.r crttzadox. delmito_y de la hi.rtona Ángel Rama • 321
Por lo tanto, si la frontera que da acceso a la hombría es Es ésta una concepción cultural del sexo y obviamente
la presencia de la mujer, el nuevo territorio ofrece en una no la única. Ernesto se rehúsa a aceptarla, a pesar de que el
versión dicotómica nítida que podríamos definir como deseo lo alebresta. Recae entonces en la -otra vía de la dico-
sexualidad y sentimentalidad, trabajando separadamente, no tomía, la espiritualización de modelos no nativos (rubias de
sólo según los casos individuales, sino también según los ojos azules) que no es sino la contrapartida de la brutalidad
estratos sociales a que pertenecen los alumnos, como se ve sexual-y que por lo tanto la contiene como su reverso fatal-
en la diferencia entre "malditos" y "falsos" que anotamos. y en el manejo del eje vertical de origen religioso (sobre todo
En esta serie de divisiones y subdivisiones vemos el manejo católico) que remite, por separado, la pureza a lo alto y la
de los valores culturales de una sociedad pero también, materialidad a lo bajo. /
conjuntamente, el característico modo de Arguedas de traba- Pero existe otra concepción del sexo y la vida, semejante
jar sobre diferencias y oposiciones, lo cual le lleva a procurar a la que Arguedas mostró en "El ayla", aunque no ha sido
ejemplos probatorios. suficientemente explicitada en la novela. Son las relaciones
En la novela, Ernesto no atraviesa la línea de sombra, libres de las chicheras con los parroquianos, impregnadas de
pero lo hace uno de sus compañeros del hemisferio, el mayor alta y sabrosa temperatura sensual y al tiempo de una alegría
de los menores y su amigo, Antera. Él se incorpora a los descontractada. En la escena tercera del capítulo X (''Yawar
mayores y pasa a contemplar a su antiguo compañero como Mayu") que rota en torno al papacha Oblitas y· es de los más
una "guagua", haciendo amistad con el fornido, franco y sano felices cuadros populares de la novela, se ofrece la silueta de
Gerardo. Esta transformación se ejecuta simultáneamente una de las mozas que atiende el negocio de doña Felipa, en
sobre los dos registros anotados -sexo y violencia- que de su ausencia: todos los datos concurren a mostrar una excita-
este modo quedan estrechamente vinculados como formas ción sensual de Ernesto ante los atractivos corporales de la
de acceso a la hombría. La mujer pasa a ser vista como un muchacha, con algunas repentinas timideces, pero sin ningu-
objeto de cacería al que progresivamente se domina: na sensación de pecado o de repugnancia. -"¡Caray, guapo!
"Gerardo ya tumbó una, en el Mariño. La hizo llorar, el ban- -dijo la moza. Tenía la cara sucia; sus pechos altos y redon-
dido. La probó" (XI, 157). Los estratos inferiores de indios dos se mostraban con júbilo bajo su monillo rosado." "Sus
son percibidos con mirada de amo capaz de reprimirlos por lindas caderas se movían a compás; sus piernas desnudas y
la fuerza: "Yo, hermano, si los indios se levantaran, los iría sus pies descalzos se mostraban sobre el sucio suelo, juvenil-
matando, fácil" (IX, 118). Ambos registros están estrecha- mente." El arpista observa su entusiasmo y lo aprueba soca-
mente vinculados a la propiedad, tal como lo complementa rronamente y luego el Cabo dirige a la moza "una frase sen-
Antera para explicarse ante Ernesto: "Pero a los indios hay sual, grosera" que sin embargo da lugar a una jocunda esce-
que sujetarlos bien. Tú no puedes entender, porque no eres na en que "reímos todos". Las dos vías separadas (sexo y
dueño" (IX, 118). La tríada de sexo, violencia y propiedad es sentimiento) que atormentan el ingreso al hemisferio adulto
así ~sumida ple~amente al entr~r ~1 hemisferio adulto. de los alumnos del Colegio, aquí se dan entreveradas, suma-

322 • Los rio.r cruzados, del mito y de la hzstona Ángel Rama • 323
das a la chicha y al baile y, sobre todo, establecidas en una Desde el momento que ese afán de compartir no con-
relación de hombre y mujer donde no parece haber domina- sigue fundamentos objetivos debido a la debilidad e infanti-
ción, apropiación, sino libre consentimiento de las partes: las lismo del personaje, se rnstaura el desajuste entre deseo y
chicheras aceptan o niegan los requerimientos de que son acción que rige su comportamiento desequilibtado. No .diri-
objeto y en un pintoresco fragmento, en que se desliza una ge ni ejecu~a ninguna acción de peso, limitándose a refractar-
confesión atribuible al Narrador Secundario, se afirma esta las y a otorgarles entonces un sentido. Su papel no puede
independencia femenina que hace llorar a más de un hom- definirse como pasivo, ya que es una concienci~n vilo que
bre: ''Varias mestizas atendían al público. Llevaban rebozos participa emocional e intelectualmente de la peripecia, pero
de Castilla con ribetes de seda, sombreros de paja blanquea- su acción no modifica los sucesos reales en un ápice. Esto
dos y cintas anchas de colores vivos. Los indios y cholos las vuelve a establecer una escisión a todo lo largo de la novela:
miraban con igual libertad. Y la fama de las chicherías se en el fon~do de ella discurren numerosos episodios, algunos
fundaba muchas veces en la hermosura de las mestizas que parcialmente encadenados como el motín de las chicheras
servían, en su alegría y condescendencia. Pero sé que la que acarrea la entrada del ejército, otros deshilvanados como
lucha por ellas era larga y penosa. No se podía bailar con los correspondientes a los diversos personajes del Colegio o
ellas fácilmente; sus patrones las vigilaban e instruían con su los correspondientes a una imprevisible y repentina peste; en
larga y mañosa experiencia. Y muchos forasteros lloraban en el primer plano, separadamente, existe en cambio una conti-
las abras de los caminos, porque perdieron su tiempo inútil- nuidad torrencial y confusa que está dada por la conciencia
mente, noche tras noche, bebiendo chicha y cantando hasta del personaje Ernesto y por su función testimonial. A ella
el amanecer" 01, 36). corresponde vincular entre sí sucesos con muy escasa rela-
Aunque hubiera sido más destacada esta solución alterna- ción (el Viejo, el padre, Cuzco, las chicheras, Abancay, los
tiva, no hay duda de que el mundo de los adultos se define colonos) articulándolos para que se integren en un discurso
en esta novela como en las de Onetti: es una degradación, subjetivo con sentido. Los componentes de la peripecia están
que cabe en una sola palabra, el poder. El poder con el cual visiblemente desintegrados, se suceden como núcleos inde-
oprimir o vejar, a los indios, a los pobres, a las mujeres, a los pendientes con poca hilación causal: el muro del palacio de
débiles, a los negros, a los-rebeldes, haciendo de todos ellos Inca Roca y la h1storia de la opa; los cortejos amorosos de las
criaturas sometidas. Tal conglomerado supera con mucho el adolescentes y el motín de las chicheras; el padre de Ernesto
escueto tema sexual, extensamente considerado en la novela, y el Hermano l'vliguel, negro; el Pachachaca y el zumbayllu,
y explica no sólo la retracción de Ernesto, sino también su etc. Es un desperdigamiento en que apenas parece intuirse
opción, que repite el verso marciano: "Con los pobres de la una vocación de muestreo de una totalidad social. Este frag-
tierra / quiero yo mi suerte echar." En Arguedas, como en mentarismo tiene algo de la típica narración episódica popu-
Martí, conserva viva una llama cristiana, mucho más podero- lar que se concentra en un núcleo sin establecer enlaces cau-
sa que lás otras animaciones políticas o sociales de la época. sales con otros núcleos, cercanos o lejanos, procurando

324 • Los rios cruzados, del mito y de la historia Ángel Rama • 325
alcanzar una articulación de la acción más general. Es en la
conciencia de Ernesto donde son sometidos a una tarea El padre Linares, esa vers1on provinciana del staretz
interpretativa, a veces racional y otras veces mágica, que per- Zosima, observa con inquietud la condición extraña y enaje-
mite que engranen unos con otros como las partes obligadas nada del personaje y la va defmiendo: es una criatura confu-
de una demostración. Concurren así a forjar un mensaje. sa, es un ser que desvaría, es un loco y un vagabundo, es
Es ésta la función primordial de Ernesto en la novela y francamente un demente. Puesto sobre una frontera inesta-
para que pueda ejercerla se le dota de algunos rasgos que en ble, el personaje alterna su afectividad y su razón, su erotis-
ocasiones parecen impuestos con chirriante volunta;ledad_36 mo y su idealismo, su rebeldía y su impotencia, su ternura y
A la violencia exterior corresponderá una violencia interior su odio. Por ese desequilibrio íntimo y por la violencia
de distinto signo, porque es amorosa y lírica; a la confusión demencial que lo mueve cada vez más, adquiere la calidad
que siembra el caos en la realidad social le cabrá compensa- operática adecuada para protagonizar la acción. Está en el
toriamente una clarividencia casi alucinada que por momen- centro de una escena por donde cruzan personajes secunda-
tos evocará la penetración de Aliocha en los Karamazov. ríos y masas de coristas respondiendo a acciones propias e
Desde sus primeros diálogos con el padre, en el Cuzco, hasta imprevistas, nada preparadas, las que se descargan re-
sus conversaciones de adulto con el Padre Lmares en el pentinamente. El fragmentarismo de la peripecia no está
sólo en la irresolución de los núcleos, sino también en su
Colegio, que a éste mismo sorprenden, Ernesto estará dota-
falta de antecedentes: las acciones explotan bruscamente,
do de una lucidez que no responde a los mecanismos del
sus transformaciones no son anunciadas, el humor de los
razonamiento intelectual o a la acumulación de informacio-
personajes es impredecible, repentinamente se generan vór-
nes, sino a una suerte de penetración fulgurante de las cosas.
tices que conmueven la totalidad y sin anuncio son luego
Por momentos habla y actúa como un "poseído". En la
aventad cs.
medida en que Arguedas se propone llevar la novela a una
Este funcionamiento repercute, constructivamente,
culminación de aquelarre, acentuando y desmesurando los
sobre el personaje, forzándolo a bracear para abarcar el con-
recursos hterarios de tipo realista para que alcancen una
junto, pero son los rasgos suyos los que contaminan la peri-
dimensión alucinante, mueve con frenesí al personaje y hace
pecia. Su tensión erizada, la desmesura de sus reacciones, la
de él un desaforado: de hecho es en la conciencia de éste
agitación y el desconcierto, dan la pauta de la acción nove-
donde conquista esa impostación expresionista, mucho más
lesca. Ante la lluvia de obuses cayendo sobre las trincheras
que en los sucesos del último capítulo.
de la primera guerra mundial, el poeta Guillaume
Appollmaire exclamaba: "Je deviens un opera fabuleux." Es
36 Los persona¡es de la novela reconocen la extraña capacidad de Ernesto Ernesto quien se transforma en una "ópera fabulosa" den-
para abordar los asuntos centrales: dice el Director "¿Por qué contigo tro de la gran partitura operática que es la novela. Es él quien
hemos de hablar de asuntos gra,·es?" v Antero: "Me has hecho hablar. No danza, canta, odia, grita, ama, corriendo sin cesar detrás de
sé por qué conngo se abre rru pensa~ento, se desata rru lengua."
los personajes y conjuntos para enlazarlos a todos con una

326 • Los ríos cruzados. del mito y de la f1úton·a
Ángel Rama • 327
dose reconocerlo aun en las sociedades más avanzadas,
lllterpretaoon que es, en defl!litiva, la interpretación de s1
separado o confundido con formas del pensamiento que ~a­
mismo que busca oscuramente.
mamos científico, del cual se distingue, no por sus mecams-
mos o formas abstractas, que son los mismos, sino por los
3. Los niveles de las concepciones míticas
distintos .campos y materiales con que trabaja.
Simultáneamente, el hecho de que la mayoría de las socieda-
Es evidente la importancia que reviste el pensamiento rrúti-
des incluyan muy diferentes grupos humanos, pertenecien-
co en Los ríos prtfundos, cosa que el propio autor ha recono-
tes a diversas estratificaciones educativas y sociales, nos con-
cido, como componente de su proyecto narrativo. Pero tam-
duce a prever que en ellas encontraremos manifestaciones
bién es evidente que para este punto ha habido demasiadas
diversas del pensamiento rrútico. Esto lo probó José M.
respuestas convencionales en los análisis críticos de que ha
Arguedas, observando que dentro del mismo grupo indio o
sido objeto, sobre todo por no respetar los tres niveles dife-
mestizo un mismo mito cambiaba de significación según la
renciales que pueden reconocerse en una obra literaria: el '
estratificación social de sus integrantes. 38 Arguedas en cam-
correspondiente a los materiales -mitos consolidados- que
bio no intentó examinar las concepciones núticas en funcio-
se recolectan de fuentes sociales externas a la obra; el pecu-
namiento dentro de los diversos estratos no indígenas, tarea
liar del funcionamiento de los personajes creados p~r la fic-
que generalmente está a cargo de los sociólogos, que a veces ·
ció~ narrativa; el correspondiente a la estructura general de
la enmarcan dentro del campo de la ideología, aunque no
la obra, por encima de los personajes inventados, el cual
haya diferencia esencial entre la falsedad ínsita del mito y la
puede emparentarse, aunque a veces también deslindarse,
de la ideología, al menos en la visión que de ésta nos ha
del propio autor y siempre revela conexiones con el pensa-
dado Karl Marx.
miento de grupos sociales de la época.
Cualquier sociedad, primiti-:a o desarrollada, antigua o
A esto se agrega la imprecisión en el manejo de la pala-
moderna, desarrolla su pensamiento mediante historias, cre-
bra "mito" o "pensamiento nútico", según las distintas con-
encias, doctrinas, que son sistemas interpretativos del
cepciones antropológicas en curso. Seguiremos aquí el cauce
, . S trauss 37 es t a- mundo, los que entiende legítimamente fundados en la rea-
general instaurado por la obra de Claude L ev1-
lidad que ha logrado conocer y dominar. En la medida en
bleciendo con anterioridad a nuestro análisis, una síntesis de
que "la experiencia humana se divide espontánea y necesa-
los pnncipios básicos que atenderemos. El pensa_miento
riamente en dos campos, lo que, en la naturaleza y la socie-
mítico no es una peculiaridad exclusiva de las soCied~~es
dad, está directamente controlado por el hombre, y lo que
arcaicas o primitivas o de culturas no occidentales, pud1en-

38 "Mitos quechuas pos-luspámcos". en Amam 3, Luna, JUho-sepuembre
3 7 Fundamentalmente en Elpen.ranmnto sal/){.ye, i\IéxJCo, FCE, 1965; El tote- de 1967, recog1do en Formaaón de 11/ltl cultura l!cmo¡¡a/ wdoamel?cana. i\1éx1co,
!li/Sil!O el/ la actualzdad, MéXJco, FCE, 1965 r en los tomos de las j\¡fttológtca.r, S1glo X-'-:1, 197 5.
México, FCE ~· S1glo X.'(I.

Ángel Rama • 329
328 • Los rios cruzados, del ?lllto_y de la /mtona
no está",39 esas historias, creencias o doctrinas parten de lo mc1on de Godelier: "los mitos nacen espontáneamente en la
conocido para fraguar explicaciones de lo desconocido e intersección de dos redes de efectos: los efectos en la concien-
incontrolado, aplicando los procedimientos con que operan cia de las relaciones de los hombres entre sí y con la natura-
en su realidad conocida a aquella ignorada y transponiendo leza, y los efectos del pensamiento sobre esos datos de repre-
a ésta sus materiales, sus conocimientos y sus sistemas de sentación a los que hace entrar en la maquinaria compleja de
relaciones. La lectura de los mitos primitivos nos dice sobre los razonamientos por analogía". 40
la sociedad que los generó, lo que la lectura de los actuales El funcionamiento del pensamiento mítico y los pro-
mitos sobre la vida en el espacio ultratetrestre (que ha des- ductos de éste, los mitos, aparecen de distinta manera en Los
arrollado el más voluminoso género literario del presente, la rios prr¿fundos, según los niveles del texto literario.
"science fi.ction") nos dice sobre la sociedad donde han sur- Los más evidentes son l<?s que proceden de la cultura
gido. Pero para los hombres primitivos como para -los india peruana, como remanentes contemporáneos, en el
modernos, estas historias funcionan como verdades y no seno de comunidades rurales, de una vasta mitología tradi-
aceptarían la connotación de "falsedad" que se ha agregado cional. Éstos son "mitos consolidados" que conocemos por
a los mitos desde su condenación por los griegos, al contras- los discursos del Narrador Secundario de la novela, por lo
tarlos con sus descubrimientos geométricos. Antiguos y que los personajes dicen haber aprendido en el seno de sus
modernos manejan mitos, pero no les llaman así; para ellos, grupos sociales originarios o por el comportamiento -expli-
los mitos son los que manejan los otros, menos civilizados. cado- de algunos personajes populares, como son los colo-
Por eso mismo, el mito, en cuanto tal, es transparente a nos. Nada de este material ha sido inventado por el escritor
quien lo ejerce y jamás lo vive como una falsedad, del mismo y aunque evidentemente ha seleccionado, dentro de un col-
modo que nadie vive su ideología como una falsa conciencia mado repertorio de materiales, los que resultaban más apro-
o una falsa racionalización, sino como una doctrina legítima piados para el desarrollo de su obra de ficción, se ha limita-
fundada en valores objetivos. Pero en el texto de los mitos do a transponerlos de la realidad a la novela. En todos estos
que, como ha dicho Barthes, no son otra cosa que cuentos, casos, de los que puede ser un buen ejemplo el mito de
historias, por lo tanto asimilables a textos literarios, quedan K'arwarasu, antes citado, del capítulo VI, el mito es contado
registrados tanto el sistema social que sirve de punto de par- abreviada y didácticamente, sometiéndolo así a un proceso
tida presupuesta a toda la elaboración mítica como el traba- analítico racional que pone en evidencia su osatura ideológi-
jo intelectual que articula todos los datos en un discurso ca. Es un mito explicado desde una perspectiva analítica y no
interpretativo coherente. Le: que nos permite adoptar la defi.- existencial. La novela figura que Ernesto cree existencial-
mente en ese mito y, por lo mismo, algo cambia en él al im-o-
39 l\faunce Godelter, "lvú.to e historia: reflexiones sobre los fundamentos
del pensam1ento salvaie", en Economía,jetzrlnsmo_y religzón en las sociedades pn·-
17//lzvas. ,\léxico, Siglo XXI, 1974, p. 371. 40 o'P· at... p. .J~77 .

330 • Los ríos cruzados, del tmto J' de la htst01ia Anrrel Rama • ))1
car a la montaña, pero el discurso del narrador lo sitúa a la VIII y en el IX, se narran dos escenas en que asistimos a la
distancia, como una creencia de indios, con lo cual deja de transmisión de mensajes a la distancia por medíos mágicos:
participar en ella: no es una fe compartida. son dos ejemplos nítidos de concepciones míticas infantiles,
El segundo nivel está representado por las concepciones quizás de procedencia india aquí, pero conocidas en socieda-
míticas de los personajes, en especial los alumnos menores des occidentales también las que modernamente han adop-
del Colegio de Abancay y, entre ellos, sobremanera, el prota- tado, como tantas otras concepciones mágicas, un disfraz
gonista Ernesto. Aunque algunas proceden de la fuente indí- científico bajo las formas de la telepatía. Lo singular de
gena anterior, no son reductibles a ella integralmente. ambas situaciones, es el debate que traban sus actores acer-
Primero porque reconocen una miscigenación ihtensa con ca de los medios a poner en práctica, descartando unos y
otras fuentes míticas, sobre todo las cristiano-católicas y adoptando otros según la mayor incorporación que hayan
segundo porque sobre ellas inciden en diversos grados coer- tenido a los conocimientos científicos. El acto mágico se
ciones que impone el proceso educativo, la procedencia realiza, con plenitud de fe, pero se adecua a esa ampliación
social del que las emite y la experiencia llevada a cabo en una del mundo conocido gracias a datos científicos. En el primer
sociedad civil. Es este nivel el que ha sido mejor y más insis- ejemplo, Antera afirma que la música y el mensaje pueden
tentemente estudiado por la crítica, con particular relación a subir al sol y corrige una creencia india: "Es mentira que en
Ernesto: Dentro de una perspectiva levistraussíana similar a el sol florezca el pisonay. ¡Creencias de los indios! El sol es
·la nuestra, lo ha hecho cabalmente Rowe en su excelente un astro candente, ¿no es cierto? ¿Qué flor puede haber?
libro.41 El riesgo de estos análisis radica en la extrapolación Pero el canto no se quema ni se hiela. ¡Un lqyk'a winku con
de la perspectiva rrútica-infantil d~ Ernesto a la totalidad de púa de naranjo, bien encordelado! Tú le hablas primero en
la novela. uno de sus ojos, le das tu encargo, le orientas al camino, y
Aun sin salir de este nivel de los personajes, deben real- después, cuando está cantando, soplas despacio hacía la
zarse las modificaciones que ellos aportan a la elaboración dJ.reccíón que quieres; y sigues dándole tu encargo. y el zum-
de concepciones rrúticas, que evocan las confesiones de los bq)'lltt canta al oído de quien te espera" (VIII, 94).
shamanes recogidas por antropólogos y examinadas por En el segundo ejemplo, Ernesto y Romero discuten
Léví-Strauss-+2 acerca de la tarea interpretativa y acondiciona- cómo hacer llegar el mensaje mediante el rondín, uno afir-
dora de los mitos cuando se produce una ampliación de la mando qt;te debe ser sobre otro cielo que el pesado de
zona de conocimientos de una comunidad. En el capítulo Abancay y otro que se puede transmitir por el agua y por la
sangre, a lo cual se agrega luego el consejo de Palacitos para
sacar del rondín la lata con la marca de fábnca para facilitar
-+ 1 Milo e 1deologia wla o/Jra de Jo.ré i\'iadc1 Arguedm. Lm1a, Insututo Nacwnal
la fluencia de la música. Son operac10nes de magia infantil,
de Cultura, 1979.
no necesariamente ,-inculables a fuentes indias, y que mues-
42 Antropologit~ eJirudural. Buenos Arres. EUDEBA, 1969
tran cómo se elaboran apelando ·al horizonte de sus conocí-

332 • Lo.r do.r cm::;:ado.r. de! llltto_y de !a hZJtona
Ángel Rama • 333
mientas que son postulados como objetivas comprobacio- Ese poder, sin embargo, no se restringe, como en los
nes de lo real. mitos indígenas, a una persona, sino que tiende a diluirse
Dado que los mitos traducen la armazón sociológica del entre varias que los ejercen como iguales depositarias de la
grupo que los inventa, es comprensible que en los mitos fuerza. Son más perceptibles los efectos del poder, su capa-
indígenas que nos son referidos en la novela, encontremos cidad coercitiva que origina el sufrimiento, que la persona
un sistema de relaciones personales, para lo cual las fuerzas que lo detenta. Para una novela escrita en el cauce de la
superiores deben ser figuradas de algún modo antropomór- narrativa indigenista no deja de sorprender que no aparez-
fico. Se trata del sistema propio de la comunidad, el que can nunca los dueños de las hacienda~ con colonos (salvo el
conoce y ejerce, el que por lo tanto trasmite al hemisferio paradigmático Viejo del capítulo inicial que oficia de obertu-
desconocido mediante un pensamiento analógico. En el ra), ni que aparezcan las autoridades civiles locales, ni que
nivel de los personajes, en cambio, aunque reencontramos tampoco aparezca el Comandante de la tropa enviada para la
vagas personificaciones, es mucho más llamativa que esa represión. Las instancias personales del poder se han diluido
presencia borrosa, la notoria ausencia de los dioses. Ni los y se expresan a través de formas colectivas -los dueños de
dioses del universo mitológico indio ni tampoco, lo que es haciendas- o a través de los servidores del poder -los solda-
aún más sorpresivo tratándose de alumnos de un colegio dos- que también forman una colectividad heteróclita. Hay
católico, los dioses cristianos. Lo que céde en la tarea de un poder personificado, no obstante: es el Director del
estos infantiles mitógrafos es la armazón sociológica indíge- Colegio, como habitualmente se denomina al Padre Linares,
na y la católica. Respecto a ellas se produce un deslizamien- y en su tratamiento, en la relación que los alumnos sostienen
to agnóstico, que no llega en ningún momento a una nega- con él, claramente se percibe una ambivalencia de sentimien-
ción, y la sustitución de sus personajes sobrehumanos por tos. Cuando nos acercamos a las personificaciones, ellas
fuerzas naturales poderosísimas, de oscura significación: el mueven encontradas reacciones, de odio y de amor, de
mejor ejemplo es el río Pachachaca, reverenciado como una repulsión por sus sinuosidades y acciones despóticas y de
potencia pero al mismo tiempo dotado -sobre todo por atracción por su paternal protección. No otra cosa ocurre
Antera y Ernesto- de una pluralidad de significados v de cuando percibimos la personificación de una fuerza natural,
comportamientos. Diría que esta concepción m.itificadora en el diálogo de Antera y Ernesto del capítulo IX sobre el
infantil está armonizada con su percepción de la realidad cir- río Pachachaca;
cundante, desde el ángulo de la minoridad y debilidad de -Yamos al río, "Markask'a" -le rogué en quechua. El
estos personajes: se trata del reconocimiento del Poder que Pachachaca sabe con qué alma se le acercan las criaturas; para
está por encima de ellos y los rige omnímodamente. La tría- qué se le acercan.
da que conducía al hemisferio adulto -sexo, violencia y pro- (.o.)
p~eda~-: no hacía si~o reconocer las. fo~mas del poder de la
-Si entras a él, no. Si desafías su corriente, no. Querrá arrastrar-
sociedad. te. Romperte los huesos en las piedras. Otra cosa es que le

334 • Los dos tTu:mdo.r. del tmto )' de la hz.rtol7·a Angel Rama • 335
hables con humildad desde la orilla o que lo mires desde el estas operaciones es visible un cambio sustancial de la
puente. estructura cognoscitiva sobre la que opera la magia: no son
(... ) mitos indios; son mitos de quienes pueden ser indios, mes-
-Pero en medio de la corriente asusta más; mejor dicho, allí tizos o blancos pero, con distinto grado, han abordado un
parece demonio. No es ese Señor que figura cuando lo con-
mayor conocimiento de la sociedad y la naturaleza y hablan
templas. Es un demonio; en su fuerza te agarran todos los espí-
desde otra armazón sociológica.
ritus que miran de lo alto de los precipicios, de las cuevas, de
los socavones, de la salvajina que cuelga en los árboles, mecién- Nos queda el tercer nivel, el de la estructura significativa
dose con el viento. ¡No has de entrar; no has de entrar! Yo, de la novela, el del autor o el de su medio sociaL Tanto en el
pues, soy como su hijo ... (IX, 119). agenciamiento de personajes y situaciones, como en la tarea
de los narradores, se nos ofrece otra instancia interpretativa,
Está bivalencia se extiende a las diversas apreciaciones
que no puede asimilarse pasivamente a la de los personajes,
del río en una novela que usa el término en su título, hasta el
haciendo de Ernesto el portavoz de José María Arguedas.
punto de dar lugar a una reflexión consagrada a estas des-
Son muchos los narradores que han trabajado sobre mitos o
concertantes oposiciones, procurando dar razón de la plura-
han construido personajes movidos por creencias mágicas.
lidad connotativa con que se usa: "¿Por qué en los ríos pro-
Baste citar a Asturias y a Carpentier. Pero en ellos y mani-
fundos, ~n estos abismo~ de rocas, _de arbustos y sol, el tono
fiestamente en Carpentier nadie ha pensado que las creen-
de las canciones era dulce, siendo bravío el tor~ente podero-
cias licantrópicas de los personajes de El reino de este mundo
so de las aguas, teniendo los precipicios ese semblante ate-
sean compartidas ni por la novela ni por el autor.
rrador? Quizá porque en esas rocas, flores pequeñas, tierní-
Deslizamientos de ese tipo se han producido, sin embargo,
simas, juegan con el aire, y porque la corriente atronadora
en la apreciación de Los ríos profundos y de Arguedas.
del gran río va entre flores y enredaderas donde los pájaros
Si se visualiza la obra completa de Arguedas parece casi
son alegres y dichosos, más que en ninguna otra región del
innecesario afirmar que ha trabajado siempre desde una
mundo" (X, 138).
No empece estos casos de personificación, la tendencia perspectiva realista y aun verista, aunque la haya inflexiona-
dominante de la imaginación mítica de los alumnos del do con ·un acento poético sensible y retenido. Ese realismo
Colegio es hacia el reconocimiento de fuerzas naturales que ha procurado al mismo tiempo un entendimiento social de
actúan respondiendo a un sistema de leyes de que se las la nacionalidad peruana que remata en Todas las sangres con
dota, respondiendo a esa instancia superior y enigmática que un vasto muestreo sociológico y en El zorro de arriba)' el zorro
es el Poder. De ahí que la mayoría de las apelaciones mági- de abqjo con una interpretación espiritual profunda de los
cas estén destinadas a dar fuerzas a la propia debilidad o a la conflictos que animan desde los orígenes hasta el presente
de los seres desvalidos y perseguidos (doña Felipa) para con- al pueblo peruano. El constante trato de Arguedas etnólogo
trarrestar el ejercicio arrancador del. Poder. Pero en todas con las culturas indias y mestizas, populares o tradicionales,
enriqueció su comprensión del funcionamiento nÍ.ítico de

336 • Los tio.r cmzado.l. del IJ/l!O_y de la hútorza Angel Rama • 337
los hombres de su país y es comprensible que haya traslada-
hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No
do estas percepciones a la creación de sus personajes. Más lo sé b1en. Pero no mató lo mágico.41 .
aún, es posible rastrear en sus ensayos, como en sus nove-
las, el reconocimiento de la energía contenida en esas cos- Más importante aún que su afiliación al pensamiento
movisiones que la racionalidad dominante en los grupos socialista, es la constancia del modo personal' vivencia! , con
ideológicos y políticos de la época desdeñaba y una que lo hizo suyo, lo que de eso pudo transformar en energía
reivindicación amorosa de las potencialidades que testimo- íntima al diseñar un orden del mundo y de la acción huma-
niaban. De eso a compartir tales creencias, hay mucho tre- na y cómo tal concepción "científica" de la sociedad no
cho que Arguedas no recorrió. Aun en sus más admirativas afectó su inclinación por lo mágico. Una posible lectura de
páginas sobre las costumbres y creencias indias no se este texto, a la luz de muchas páginas narrativas y ensayísti-
encuentra rastro de identificación con ellas, sino de respeto cas de Arguedas, diría que la teoría socialista se incorporó,
y de comprensión. en él, a una concepción mágica del universo, en una de esas
N o quiere decir esto que no fuera proclive a los proce- transformaciones que ya son bien conocidas en la historia y
sos de ideologización y de mitización. Un personaje como evolución del pensamiento socialista en nuestra época. No
Rendon Winka lo ilustra. Pero esos procesos partían de otra es necesario apelar a Kautsky, ni tampoco examinar el com-
fuente y trabajaban sobre otro campo del conocimiento, portamiento ideológico de muchos estratos populares, para
pasible de ser trasladado la zona oscura y desconocida. Si saber que nmchas veces el socialismo fue transformado en
admitimos 1:_1ue cualquier filosofía o doctrina, aun la funda- religión o en una creencia sincrética donde se mezclaron las
da con mayores visos de objetividad y de cientificismo, es más dispares, y aun las más contradictorias, pervivencias his-
pasible de una inflexión ideológica y aun de una mitización, tóricas. La difusión del socialismo por América Latina, Áfri-
podremos preguntamos si algo así no le ocurrió a Arguedas ca y As.ia está plagada de tales comprobaciones.
con los sistemas cognoscitivos que recogió del medio inte- Creo que así ocurrió con Arguedas. El socialismo no fue
lectual universitario de sus años juveniles y del ambiente para él simplemente una teoría ni un método, sino preferen-
impulsado por las ideas de Amauta y de su director, temente una creencia sostenida sobre una explicación per-
Mariátegui. En sus últimos años, al recibir el Premio Inca suasiva del funcionamiento de la sociedad. Gracias a él
Garcilaso de la Vega, reconoció esta influencia 'doctrinal rec- entendió el mundo, vio nítidamente su funClonarmento, las
tora pero también la forma aproximativa en que la hizo fuerzas que en él operaban y la fatalidad de un desenlace
suya. utópico en el cual más creía porque acarreaba la liberación
de los indios sometidos y ultrajados. Diría que sus tenden-
Fue leyendo a ~farx y después a Lentn que encontré un orden
permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un
cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía,
4 3 "No soy un aculturado", en Juan Larco (comp.), Recopliaaóll de te.Yto.r
le dio un destino y lo cargó aún más de fuerza por el mismo
.robre .José JVIanéi /l¡;guedas, La Habana, Casa de las Améncas, 1976, p. 432.

338 • Los !ÍOS cruzados, del mito)' de la IJt.rtona
Ángel Rama • .339
oas personales encontraron acomodo dentro del socialismo: conocimiento. Es la transposición mítica del socialismo que
su populismo, su afán reivindicativo, su sentimiento estre- hizo Arguedas y, en cierto modo, el grupo intelectual que
mecido de la justicia y del bien, incluso un sentimiento amo- efectúa la primera incorporación del pensamiento marxista a
roso cuyas fuentes son probablemente cristianas. El socialis- la vida nacional.
mo entró en su cauce personal y por él fue modelado. Lo tra- Desde esta perspectiva vuelve a ser comprensible y per-
bajó libremente, existencialmente, lo plasmó a sus impulsos suasiva, la explicación que siempre dio Arguedas de su nove-
interiores y, así trasmutado, percibió que cumplía fehaciente- la, visualizándola como una novela social de inmediata y rís-
mente con sus íntimos deseos. El socialismo, por lo tanto, -pida militancia.44 Desde su perspectiva, la rica incorporación
funcionó como un mecanismo eficaz para religar los dos de percepciones mágicas en los personajes, no era sino un
hemisferios culturales en que se movió Arguedas. Gracias a reconocimiento realista del funcionamiento de la cultura
él podía encontrarse una comunicación entre los hombres peruana popular y ella no alteraba una concepción social
avanzados del hemisferio occidental y los hombres que nítida proyectada por el autor, la cual descansaba en el mane-
seguían viviendo dentro del hemisferio tradicional pero en jo de las categorías sociales establecidas por el marxismo y
una situación de atroz sometimiento. Sus concepciones cul- de los mecanismos fatales de la transformación de la es-
turales eran diametralmente opuestas pero coincidían en una tructura social:
reclamación social y económica concreta que abría el cami- Es evidente en la novela la calidad representativa que se
no hacia una liberación de los sometidos y una eventual inte- le ha concedido a cada personaje, más allá de su propia con-
gración de una nación escindida. Pienso que no fue sólo ciencia de clase. Raras veces el personaje asume esta con-
Arguedas quien vivió así el socialismo en América Latina, ciencia, pero el autor atiende a que sus lectores perciban que
aunque pocos como él lo hicieron con tal frescura e inocen- hay un ligamen entre las ideas expresadas o los sentimientos
cia, con tal fervor y esperanza. puestos en juego y la procedencia social. Para evidenciarlo
Es éste el fundamento de la concepción mítica que trans- apela a una información puntual sobre la ubicación clasista
parenta por sí misma la novela, separadamente de los perso- de cada una de sus criaturas narrativas, aunque procurando
najes que contiene. Efectivamente, hay una concepción míti- que eso nada reste a su autonomía personal, salvo en el
ca que modela los materiales narrativos, que selecciona de ejemplo demasiado idealizado de Ernesto. De los muchos
un modo y no de otro, que articula los sucesos y les confie- adolescentes reunidos en el Colegio de Abancay, la novela
re significación. Esta concepción mítica poco tiene que ver atiende sólo a unos pocos, a los cuales individualiza con
con la de los indios o con la de Ernesto y sus compañeros nombres propios y cuyas acciones narra con suficiente
del Colegio de Abancay; maneja otra zona conocida de la extensión como para que alcancemos percepción clara de
realidad y otras doctrinas interpretativas, pero similarmente
las aplica a la zona desconocida donde actúan fuerzas com-
pulsaras, exorcizándolas y apropiándoselas mediante un 44 Lima, Casa de la Cultura del Perú, 1969.

340 • Los tio.r cruzados. drl !Jitloy de la h!J!Orla Ángel Rama • 341
que son caracteres individuales. Pero además, en todos los un carácter. El concepto clasista con que se trabaja se hace
casos, agrega una información sobre sus orígenes que incor- por lo tanto evidente.
pora una resonancia clasista a sus comportamientos particu- Además, a este subyacente cañamazo clasista, debe agre-
lares. Éstos expresarán el carácter particular y a la vez el garse otro, también de tipo general, interpretativo de la
comportamiento de la clase o grupo social dentro de la clase variedad regional peruana. Arguedas no sólo hereda una teo-
a que el personaje pertenece. La personalidad y las ideas de ría de las- clases sociales sino también una teoría geocultural
Valle, Lleras, el Añuco, serán distintas de las del Markask'a, del país, con lo cual la coordenada vertical que permite colo-
Palacitos o Romero, porque unos son mayores y otros car a las clases, superpuestas, según su estratificación en la
menores, pero después de tal división podremos hacer otra pirámide de la sociedad, se complementa con otra, horizon-
nueva entre ellos que claramente distingue a unos y otros tal, que las redistribuye según el mayor o menor grado de
por la continuidad que testimonian respecto a la clase de la modernización que a su vez se equipara a las regiones (costa,
cual proceden. Como el código que establece equivalencias sierra, selva) en que está dividido el Perú. La cogitación de
entre individuo y clase no es nunca explicitado, y como es Ernesto (X, 133) acerca de la extraña situación cultural del
posible prever el peso de la subjetividad con que lo visualiza indio Prudencia, amigo de Palacitos, quien aparece como
el autor, habrá siempre comportamientos que puedan no clarinetista en una orquesta militar, apunta a las alteraciones
resultar claramente comprensibles para el lector. Este inesperadas que el cruce de ambas coordenadas, social y
encontrará que Yalle, Antera, Palacios, Romero, apuntan geocultural, puede deparar. Entre los personajes es el caso
con bastante nitidez hacia ciertos funcionamientos clasistas de Gerardo, el costeño, de quien se hace amigo Antera,
pero podrá preguntarse en qué medida la irregular conducta abandonando la amistad con Ernesto y a qmen éste, sin
del Añuco está vinculada a la clase hacendaría de la cual pro- embargo, no puede percibir sino a través de una conflictiva
cede aunque como un bastardo. confusión de sentimientos, que es la misma que se reg¡stra
El equilibrio entre individuo y clase social puede sin en Romero, oscilando ambos entre una retracción de origen
embargo, y a pesar de esos reparos, pesquisarse entre los clasista y una aproximación admirativa por su comporta-
alumnos del Colegio. Pero ese equilibrio desaparece cuando miento franco y nada acomplejado.
pas:1mos a la intervención en la novela de las masas corales. El sistema de remisión de entes individuales a entes
En ellas predomina su calidad de representaciones de sociales proporciona la armazón sociológica de la cual parte
amplios conjuntos clasistas y se disminuye hasta desaparecer Arguedas, aunque, como vimos, no se maneja con un códi-
la nota individual. Aquí estamos ante la acción directa y fran-
go rígido, admite modificaciones entre diversas distribucio-
nes y no se aplica, flagrantemente, en el caso del protagonis-
ca de una clase social, se reconozca o no a sí misma como
ta, Ernesto, quien funciona como excepcionalidad respecto
tal y por lo tanto los individuos no alcanzan nunca suficien-
a sus orígenes de clase. Si la "armazón sociológica" percep-
te autonomía: como en el ejempllo mejor, ~1 ,de, doñ~ Felipa
tible tras los mitos indígenas apuntaba a relaciones persona-
entre las chicheras, encon-traremos una tipificación más que

Ángel Rama • 343
342 • I_.{).r lio.r cn.tzados. del mito)' de la /mtona
les e mterpretaba antropomórficamente las fuerzas supeno-
res, dotándolas de una total y capnchosa hbertad para con- forrmdad con el utopismo que Arguedas recoge de su con-
ceder amparo o negarlo, SI la "armazón SOC1ológtca" percep- cepciÓn sociahsta Puede decuse que es mverudo aquí el
tible entre los alumnos del Colegto en su tarea de rmozaciÓn signo del magtsteno cumplido por Lms Valcárcel en la cul-
reconocía la presenCia de fuerzas naturales que a veces se tura peruana: a la restauraciÓn de la edad de oro mdia en el
persomficaban pero que, sobre todo en el escenario social, pasado, se¡ sustituye la expectativa de su reahzaClÓn histónca
en el futuro El modo en que Arguedas leyó las versiones del
se diluían entre numerosos y le¡anos seres, la que podemos
rmto de Inkarri que conoe1era en estos años puede recupe-
reconocer en Arguedas es níudamente la estructura éle las
rarse en su asunciÓn del utopismo sooahstq..
clases sociales con una fuerza que denva de su viOlento
Las dos líneas se tienden paralelamente y, en la con-
apropiarmento de las capacidades producovas y conduce
ClenCia de Ernesto, son anrmadas por una enzada ansia
duectamente a la lucha de clases en que sólo la asoCiaCIÓn
revanchista. El adolescente capaz de testlmomar el más
disciphnada de los rmembros de los estratos mfenores puede
estremecido amor por las cnaturas desvahdas,. es el rmsmo
darles acceso a un futuro trmnfo.
cuyo corazón rebosa un odiO rmplacable contra los que e¡er-
Es éste el ongen de la v10lenC1a que dormna el panorama
cen la represiÓn y la crueldad. No le alcanza con su desapa-
de la novela Ella nace de la doilllllaCIÓn de una clase sobre
riCIÓn, pide también su padeclilllento, como se percibe en
otras clases, de su explotaCIÓn sistemática y es ella la que
sus rmagmac10nes acerca del destino del Lleras. La peste que
conClta la rebehón de los someudos apelando a la fuerza que
ataca a los colonos adqmere el srmbohsmo de un Poder con-
les proporCJona el número De conformidad con el sistema
tra el cual luchan los desheredados, del rrusmo modo que
reiterativo que preside la composiCIÓn de la novela y que
Ernesto y los menores han luchado contra el poder de "los
regtstra los sucesn-os acercarmentos a un núcleo sigmficatl-
malditos". La última frase de la novela eqmpara a la peste y
vo, perfecciOnando vez tras vez su cabal alcance, la obra
al Lleras como los vene1dos, los que serían llevados por el río
construye dos líneas paralelas en cada una de las cuales acu-
al país de los muertos, estableCiendo así la convergencia de
mula sucesivos levantarmentos de los sometidos contra los ambas vías de la lucha y la msurrecCIÓn
dormnantes· en la lmea que corresponde a la penpecia den- En cada una de ellas quedan sueltos elementos dispares·
tro del Coleg10, son las msurrecCiones de lo'i menores con- en la ~oe1al, ~on lo~ colonos, en la pnvada de lo~ estudiante~
tra "los malditos", o sea los mayores abusivos, que no sólo del Colegto, Ernesto Con fervor aceptará este último el
culrmnarán con la derrota de éstos smo también con el reco- anuncio del Duector de que deberá trasladarse a la haCienda
nocirmento de ~u pen-ersidad y extravío que se revela en sus de su tío, el VIe¡o, cuando se entera de que tiene ba¡o su
rm~etables destinos, en la línea de las penpeCias en la regtón poder centenares de colonos El utopismo que ha Ido arucu-
de Abancay, es la tebehón de las chiCheta~ seguida por la de lando los diVersos episodios de la novela en sus últimos capí-
los colonos atacados pot la peste, las cuales sm embargo no tulos, vuelve a funCionar aquí rehgando las dos líneas sepa-
alcanzan el tnunfo pero silo profetlzdn en el futuro, de con- radas Ernesto uá ahora a ocupar el puesto de anrmador de

3-+4 • Los 17or Cl!t{pdoJ del mzto) de la lurtoua Angel Rama • 345
la rebeldía ante los Colonos y, por lo tanto, irá a entablar un
combate que casi parece cósmico, con el Viejo, con el Poder
que sojuzga, tortura y mata. Como el Eugenio de Rastignac
enfrentado al poder que toda la ciudad de París simboliza, al
cual quiere conquistar, Ernesto parece decirse: "Maintenant,
a nous deux!". Es también el combate de David y Goliat que
estableció el modelo de un cambio sustancial de los poderes
en el mundo.
Una fiebre utópica recorre la agitación del último capítu-
lo. Es el momento en que el narrador de la novela parece ser
arrastrado por el vértigo del personaje. La temperatura emo-
cional del relato testimonia bien la participación del narrador
(y tras él de Arguedas) en una arrebatadora imagen mítica; es
la preYisión fulgurante de un combate en que la Historia,
como extenso repositorio de injusticia y sufrimiento, resulta
vencida por la instauración de un Mito radiante que instaura
el orden, la armonía, la justicia y la voluntad. A partir de una
teoría social manejada por un pensamiento mitizador, el
hemisferio oscuro de lo no conocido, que es tanto el Poder
como su Futuro, ha revelado la solución adecuada, se ha ren-
dido a la energía vital y mágica que conforma la fe de los
rebeldes.