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Sobre la teoría frustración-agresión, las pruebas de laboratorio produjeron resultados

contradictorios donde a veces la frustración aumentaba la agresividad y a veces no. Una


frustración explicable sigue siendo frustrante, pero desencadena disminución de agresión que
una frustración que observamos como algo infundado.

Berkowitz, L. (1978) teorizo que: “La frustración produce ira, o sea una disposición emocional
para agredir, donde la ira aparece cuando alguien que nos produce frustración podría haber
elegido actuar de otra manera.” Según este autor esta teoría curiosa hacia demasiado énfasis
entre el vínculo entre frustración y agresión, así que considero que una persona frustrada está
principalmente susceptible a detonar cuando estímulos agresivos expulsan el “corcho”,
liberando así la ira embotellada. En ocasiones, el corcho ataca sin necesidad de tales estímulos,
pero esto está asociado con la agresión que se amplifican. Según estudios se ha encontrado que
la visión de un arma puede ser ese estimulo, especialmente cuando se percibe como material
de violencia y no de entretenimiento. En un experimento, los niños que acababan de jugar con
pistolas de juguete tuvieron mayor preferencia a derrumbar los bloques del otro niño. Así que
Berkowitz no se sorprende de que la mitad de todos los asesinatos en los Estados Unidos sean
ejecutados con armas de fuego manuales y que la presencia de estas en los hogares aumente
las posibilidades de matar a alguno de la casa que a un entrometido. El mismo autor reporta:
“Las armas de fuego no solamente permiten la violencia, sino que también la pueden estimular.
El dedo activa el gatillo, pero el gatillo también puede estar activando el dedo”.