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Inmigración: una jornada a la desilusión

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Inmigración: una jornada a la desilusión

Lauren Houmand

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Contenido
Introducción: La inmigración: una jornada a la desilusión 3
Conrado Espinosa: El sol de Texas 4
Luis Humberto Crosthwaite: La luna siempre será un amor difícil 5
Luis Alberto Urrea: The Devil's Highway 6
Juan Felipe Herrera: Borderbus 7
José Luis González: La carta 8
Graciela Limón: Los recuerdos de Ana Calderón 9
Obras Citadas 10

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Introducción: La inmigración: una jornada a la desilusión


Esta antología es una colección de literatura escrito por inmigrantes e hijos de

inmigrantes. Conrado Espinoza, Luis Humberto Crosthwaite, Luis Alberto Urrea, Juan Felipe

Herrera, José Luis González y Graciela Limón cuentan las historias desgarradoras de los

inmigrantes por medio de cuentos cortos, poemas y novelas. Es un género fascinante porque los

autores, aunque hayan emigrado, no han pasado por todas las cosas horribles que enfrentan los

protagonistas de sus cuentos, pero quieren llamar la atención a las injusticias y dificultades de las

personas que tienen que hacerlo. Aunque tengan mucho que los diferencian, todas las obras

tienen un tema en común: la desilusión del inmigrante.

Características de la literatura sobre la inmigración

La literatura escrita sobre la inmigración suele ser escrito por inmigrantes o hijos de

inmigrantes. Es un género de literatura muy emotivo porque involucra uno de los cambios más

grandes que una persona puede hacer en su vida. La cultura del país de donde uno viene llega a

ser parte de esa persona. El idioma, la comida, los costumbres, la arquitectura, las tiendas, las

normas sociales; un inmigrante tiene que dejar todo atrás para una oportunidad de tener una vida

con más seguridad económica o más seguridad en general. Los migrantes esperan que el viaje y

los sacrificios resulten en una vida más plena y por eso no se enfocan tanto en el peligro que

enfrentan.

Temas comunes

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Inmigración: una jornada a la desilusión

La literatura migratoria puede ser desde un perspectiva de emigración o inmigración; o

sea, puede enfocarse en el país de dónde vino el migrante o en el país donde ha llegado el

migrante. Muchas de las obras hablan de los dos países o lugares por otro tema común: la

vacilación entre el deseo de regresar al lugar de origen y el deseo de quedarse para intentar lograr

el éxito que perseguían al salir de su casa.

Otro tema común de este género es la valentía. Los autores escriben sobre los inmigrantes

con una veneración porque son valientes por dejar todo lo que conocen para salir adelante ellos

mismos o para ayudar a sus familias. Las historias se escriben como historias de caballeros

atrevidos y princesas afligidas para que los lectores se den cuenta de lo valientes que son los

migrantes. Es una manera de convencer a un lector que nunca ha tenido que enfrentar una

situación así que los migrantes no solo emigran por un capricho, sino porque algo les impulsa

hacerlo.

El tema en el que se enfoca la antología es la desilusión. Todos las obras de la antología

incluyen la desilusión. La desilusión es un sentimiento que cada humano enfrenta en alguna

etapa de su vida. Uno de las metas de los autores es que el lector puede sentir empatía hacia los

inmigrantes. Si el lector piensa en sus sueños rotos, comprenderá mejor la situación del

inmigrante.

Recursos Literarios

Un recurso literario a la cual mucho de los autores recurren es el presagio. Es posible que

en la vida real los migrantes escuchan consejos de amigos y de familiares diciendo que no deben

emigrar. Es diferente en la literatura porque el lector puede ver cuando un amigo está diciendo

que le va a ir muy bien pero está pensando en todo el peligro que el migrante va a enfrentar.

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Por medio de las imágenes, los lectores pueden imaginar las situaciones por las que pasan

los inmigrantes. Para la mayoría de los lectores, sería difícil imaginar cómo es cruzar el desierto

sin haber tomado agua ni comido nada por días, solo saber que si no sigue caminando, va a

morir, y si sigue caminando, es probable que muera también. Por eso es crucial que el autor

utiliza imágenes fuertes para que el lector pueda entender la dificultad que enfrentan los

inmigrantes.

El sentimiento general de las obras también juega un papel importante en convencer al

lector. En todas las obras la esperanza es evidente- tal vez es una esperanza de lo que viene o una

esperanza que tuvieron antes del punto culminante- pero hay esperanza. La inocencia de la

esperanza ayuda al lector a sentir empatía por el inmigrante.

Ejemplos de las características en la antología

La vacilación del inmigrante en querer quedarse y querer regresar es algo que no

entienden fácilmente alguien que no es inmigrante, por eso los autores incluyen este tema en sus

obras. Por ejemplo, en La luna siempre será un amor difícil, Balboa nunca quiso dejar Florinda.

Cuando llega, solo piensa en ella y en ganar dinero para casarse con ella. Con el lapso del

tiempo, conoce a otra mujer pero sabe que quiere regresar a Florinda. Es una metáfora por la

vacilación que enfrenta. Las dos mujeres son los dos países- Florinda es una mujer indígena y

mexicana y la mujer del imperio norteño es lo opuesto. Finalmente Balboa regresa a México pero

las cosas han cambiado- Florinda no está segura si quiere estar con Balboa. Representa como un

inmigrante llega a ser un híbrido o una mezcla de los dos países.

El tema de la valentía es aparente en The Devil's Highway. Casi toda la veneración que

ellos reciben por su valentía es en retrospección, porque la historia se trata del problema de

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Inmigración: una jornada a la desilusión

ignorar a los ciudadanos que requieren ayuda hasta que se mueran. El lector tiene que notar la

ironía de esa ignorancia para poder sentir compasión hacia los inmigrantes.

El presagio se nota en El sol de Texas. Están hablando de todo lo malo que podría

enfrentar pero solo se enfocan en lo bueno. Para el lector, debe ser obvio que el autor intenta

mostrar que no todo va a ser fácil para los inmigrantes, aunque ellos lo niegan.

Las imágenes en La carta del hombre pidiendo dinero para poder mandar su carta

despertarían un sentimiento de tristeza en el corazón del lector más frío. José Luis González

describe su apariencia y sus acciones detalladamente para que el lector pueda visualizar la

situación.

En Borderbus, la repetición ayuda a mostrar un sentimiento de pánico. Describe la policía

y como se va acercando. Describe la situación de los centros de detención de los inmigrantes.

Son situaciones que los lectores ven por fuera, y tener el narrativo de alguien que ve la situación

por dentro ayuda al lector a comprender el miedo que sienten y sus motivos por emigrar.

Conclusión

Muchos de los autores también son activistas que luchan por los derechos de los

inmigrantes. Son inmigrantes y conocen inmigrantes. Quieren que las personas sepan que los

inmigrantes no salen de sus casas por capricho, o por conocer lugares nuevos, o porque quieren

dañar a otras personas. Tienen sueños, tienen familias que necesitan comer, tienen miedo de que

los maten en sus propios países, en sus propios hogares. Si el mundo entendiera la desilusión que

enfrentan los inmigrantes, sentirían más empatía y más compasión. Como dice Juan Felipe

Herrera en Borderbus: La libertad viene desde muy adentro

allí reside todo el dolor de todo el mundo

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Inmigración: una jornada a la desilusión

el momento en que purguemos ese dolor de nuestras entrañas

seremos libres y en ese momento tenemos que

llenarnos de todo el dolor de todos los seres

para liberarlos a ellos mismos

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Conrado Espinoza
Conrado Espinoza fue un periodista, educador, y exiliado que huyó de México a los Estados

Unidos durante la Revolución Mexicana. (Kanellos) Su novela, El sol de Texas, relata la historia

de una familia mexicana que espera tener una vida mejor al llegar a los Estados Unidos. El

extracto que escogí demuestra la emoción que sentían antes de llegar a los Estados Unidos.

También presagia la desilusión que van a enfrentar al trabajar en Estados Unidos. Al final de la

historia quieren regresar a su tierra porque prefieren ser maltratados en su propia país que en otro

país.

El sol de Texas
Sentían deseos de encontrar caras amigas, rostros que, al verlos, sonrieran anunciando un saludo
cariñoso. Todo les parecía extraño, el campo mismo, presentábaseles con cierto aspecto
inexplicable para ellos, les infundía respeto. Aquella red de caminos asfaltados como cuidadas
calles de ciudad, aquella sucesión de sementeras y sementeras perfectamente cultivadas, aquella
cadena de pueblecitos y ranchos con casas risueñas y limpias, dábales un escozor molesto,
sentíanse como en jardín donde hay que guardar siempre mucha compostura y añoraban la
libertad campesina en medio de la cual, lejos de la civilización, perdidos entre la serranía
abrupta, habían crecido y amado…
Del fondo de su espíritu, emergían las montañas azules y enormes de su tierra, los
bosques frondosos y terroríficos a fuerza de suntuosidad y ante la inevitable comparación, veían
todo esto como una naturaleza artificiosa, a la cual había de llegarse de puntillas,
cuidadosamente, para no maltratarla.
Cuando se cruzaba con ellos algún nativo, ya a caballo, ya en automóvil veíanlo
asombrados. Estos hombres grandotes, colorados, de pelo como jilote y ojos azules, infatuados
todos, causábanles más temor aún. A estos sí que veían hechos con toda la mano. Estos sí que
parecían, todos y cada uno, hombres potentes y nacidos para mandar. Quico, a cada nativo que
pasaba, preguntaba al chofer si era del ejército o de la política. Cuando sabía que era un
ranchero, un simple trabajador, quedábase asombrado. Era entonces cuando sus sueños tomaban
fuerza y cuando su lengua volvía a soltarse forjando proyectos y asegurando victorias. Sus
oyentes se contagiaban fácilmente y todos se echaban a soñar en la felicidad inmediata.
Sí, ya estaban seguros, ya iban entendiendo cómo aquel pueblo era trabajador y rico. Los
algodonales que circundaban el camino los saludaban con sus flores amarillas y rosa y veían en
aquello una sonrisa de riqueza.
Trabajarían fuerte, trabajarían como ninguno, juntarían muchos dólares y después…
¡quién sabe! ¡Había tantas cosas buenas por hacerse!
El anciano hizo una observación:
--¿Y cómo iban a hacer para entenderse?-- Ellos no sabían inglés.

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Inmigración: una jornada a la desilusión

--¿Qué va hombre! --contestó Quico apresuradamente--, eso se aprende pronto y si no se


aprende, mejor, lo mismo da. Hay intérpretes.
--Sí --contestó el viejo--, hay intérpretes, pero cobran, a nosotros nos dejaron casi sin
dinero. Apenas si tendremos para vivir unos ocho días.
--Y eso que, sobra, si luego habrá trabajo. ¿Si en llegando a San Antonio tendremos
dónde ganarnos muchos pesos!
Y Quico iba haciendo una relación de todos los trabajos que él sabía y tenía como
seguros y luego remataba contando como uno, dos, tres, muchos de sus paisanos, habían venido
también a correr la aventura y habían regresado rumbosos y gastadores, con buenos vestidos, con
muchos vestidos y hartos pesos.
--¡Como que al volver nos dan dos por uno! ¡Como que aquí cuando ganamos uno
hicimos dos! ¿No es cierto amigo? --preguntaba dirigiéndose al chofer.
El chofer contestaba con evasivas, luego se atrevía a poner algunas dudas pero terminaba
al fin asegurando lisonjeros éxitos.
Quico se atenía a lo último y quedábase un rato pensativo, sonriente, embelesado en el
panorama interior que su propia ilusión había forjado.
A poco rato reanudaba la plática:
--Lo que siento, lo único que siento un poquito es que aquí no usan el vino, ¡tan buen
Tequila de mi tierra! Habíase visto tíos más idiáticos. ¡Quitarle al hombre uno de sus mejores
gustos!
--Anda, sinvergüenza, mejor está así-- saltaba su mujer-- de ese modo no habrá copas
para los amigos y tendremos más dinero.
--Dices bien, vieja, más dinero, ¡a eso venimos!
Y el varón, volvía a callarse y a sonreír maliciosamente, acordándose cómo la noche
última, aquella que habíase pasado apenas y bajo cuya sombra estuviera aún en suelo mexicano,
habíase escabullido de la familia para ir a tomar unas copitas y a despedirse así de su tierra.
¡Claro que sí había echado su pisto! Tenía que despedirse bien de la patria, tenía que
saborear el buen mezcal ya que habría que aguantarse sin él algunos meses, quizá algunos años.
Porque, habrá que decirlo, Quico pensaba en la posibilidad de permanecer varios años en Texas.
Sabía él cómo dos o tres de sus amigos habían logrado hacerse de terrenos y eran ricos. ¿Por qué
no hacer él lo mismo? ¡Tener propiedades en Estados Unidos! ¡Cosa más buena!
Sí volvería a su tierra, pero cuando pasara la bola, claro que no iba a quedarse entre los
gringos. Eso no, su tierra antes que todo: pero volvería rico, traería suficiente dinero para
comprar un terreno; quizá pudiera hacerse de un parte de Los Guajes, quizá de todo qué caramba,
y ¡entonces sí!

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Luis Humberto Crosthwaite

Luis Humberto Crosthwaite nació en Tijuana, México y vivió ahí por la mayoría de su vida antes

de mudarse a San Diego para ser periodista. Sus libros se tratan de la vida en la frontera entre

México y los Estados Unidos y de la inmigración. El tema principal de la parte de La luna

siempre será un amor difícil en la que me enfoqué es la valentía de Balboa. Muestra el lado de él

que tradicionalmente sería considerado "débil" en un caballero. No está seguro de haber tomado

la mejor decisión porque va a dejar a su mujer. Le teme a la muerte y a la migra. Él toma la

valiente decisión de seguir adelante en su búsqueda, para complacer a Florinda.

La luna siempre será un amor difícil


Al abrir la cajuela del carro de su tío Decoroso, en donde Balboa había cruzado La Frontera de la
Nueva España, todas las maravillas del mundo entraron y lo envolvieron como una inversa caja
de Pandora. No tenía duda: había descubierto El Dorado y su hazaña era mucho mayor que las de
Cortés, Pizarro, y su homónimo Núñez de Balboa, todas reunidas y analizadas por la historia.
En el mundo recién descubierto de nuestro conquistador, anuncios luminosos emergían
del suelo como nuevas estrellas. Las calles eran anchas y limpias. Excelsos supermercados se
alzaban repletos de víveres y cajeras simpáticas. LA gente era amable y para todo menester decía
“gracias” y por toda equivocación “compermiso” (o al menos así lo explicó Decoroso que se
había convertido en lengua como alguna vez Jerónimo de Aguilar y la Malinche).
“Ese es un anuncio de cigarros”, dijo su tío, y el sobrino conoció el tabaco por primera
vez.
“Ese es un hotel”, aclaró el tío, y su sobrino confirmó el devenir de amores
circunstanciales.
“Ese es un automóvil último modelo corriendo con rapidez por la carretera ocho cero
cinco”, y Balboa percibió la lujuria del materialismo, soñó por un instante con líneas de crédito y
cuentas de cheques, anheló un empleo con secretarias hermosas y vacaciones anuales en las islas
Caribe.
--Ahora comprendo, tío, que éste es el verdadero Nuevo Mundo, necesario de conquistar.
Decoroso lo entendió. Él también había visto por primera vez el Imperio Nortense y
había sentido las mismas emociones. Acompañado de Onelia, su fiel esposa, intentó descubrir y
conquistar, regir y glorificar, hasta que entendió: todo es un espejismo, nada es tan alcanzable
como parece.
El tío sonrió: todo es asequible, mijo, todo lo que quieras.
--Nomás cuídate de La Migra; son seres espeluznantes mitad hombre, mitad bestia…--y
para comenzar señaló el restaurant de comida mexicana:
“Fat Charlies: Mexican Cuisine, Enchiladas, Taquitos”.
Ahí estaba sy destino, su origen. El comienzo de su conquista: un altero de platos sucios.

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Luis Alberto Urrea


Luis Alberto Urrea nació en Tijuana a un padre mexicano y una madre americana. Ha ganado

varios premios por sus libros sobre la vida en la frontera y la inmigración, y su libro The Devil's

Highway era un candidato para el premio Pulitzer. Aunque no tuvo la experiencia de cruzar la

frontera caminando como los hombres en su historia, sus experiencias le ayudan a expresar los

sentimientos de los que han cruzado. The Devil's Highway cuenta la historia trágica de unos

hombres que querían ayudar a sus familias en tiempos difíciles. Vieron cómo las personas

regresaron con tanto dinero que era fácil arriesgar sus vidas para hacerlo ellos mismos.

Demuestra el sacrificio al que están dispuestos los inmigrantes a pasar si ese sacrificio ayuda a

sus familias.

The Devil's Highway


Five men stumbled out of the mountain pass so sunstruck they didn’t know their own names,
couldn’t remember where they’d come from, had forgotten how long they’d been lost. One of
them wandered back up a peak. One of them was barefoot. They were burned nearly black, their
lips huge and cracking, what paltry drool still available to them spuming from their mouths in a
salty foam as they walked. Their eyes were cloudy with dust, almost too dry to blink up a tear.
Their hair was hard and stiffened by old sweat, standing in crowns from their scalps, old sweat
because their bodies were no longer sweating. They were drunk from having their brains baked
in the pan, they were seeing God and devils, and they were dizzy from drinking their own urine,
the poisons clogging their systems.
They were beyond rational thought. Visions of home fluttered through their minds. Soft
green bushes, waterfalls, children, music. Butterflies the size of your hand. Leaves and beans of
coffee plants burning through the morning mist as if lit from within. Rivers. Not like this place
where they’d gotten lost. Nothing soft here. This world of spikes and crags was as alien to them
as if they’d suddenly awakened on Mars. They had seen cowboys cut open cacti to find water in
the movies, but they didn’t know what cactus among the many before them might hold some
hope. Men tore open their faces chewing saguaros and prickly pears, leaving gutted plants that
looked like animals had torn them apart with their claws. The green here was gray.
They were walking now for water, not salvation. Just a drink. They whispered it to each
other as they staggered into parched pools of their own shadows, forever spilling downhill before
them: Just one drink brothers. Water. Cold water!
They walked west, though they didn’t know it; they had no concept anymore of
destination. The only direction they could manage was through the gap they stumbled across as
they cut through the Granite Mountains of southern Arizona. Now canyons and arroyos shuffled
them west, toward Yuma, though they didn’t know where Yuma was and wouldn’t have reached
it if they did.

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Inmigración: una jornada a la desilusión

They came down out of the screaming sun and broke onto the rough plains of the Cabeza
Prieta wilderness, at the south end of the United States Air Force’s Barry Goldwater bombing
range, where the sun recommenced its burning. Cutting through this region, and lending its name
to the terrible landscape, was the Devil’s Highway, more death, another desert. They were in a
vast trickery of sand.
In many ancient religious texts, fallen angels were bound in chains and buried beneath a
desert known only as Desolation. This could be the place.
In the distance, deceptive stands of mesquite trees must have looked like oases. Ten trees
a quarter mile apart can look like a cool grove from a distance. In the western desert, twenty
miles looks like ten. And ten miles can kill. There was still no water, there wasn’t even any
shade.
Black ironwood stumps writhed from the ground. Dead for five hundred years, they had
already been two thousand years old when they died. It was a forest of eldritch bones.
The men had cactus spines in their faces, their hands. There wasn’t enough fluid left in
them to bleed. They’d climbed peaks, hoping to find a town, or a rider, had seen more landscape,
and tumbled down the far side to keep walking. One of them said, “Too many damned rocks.”
Pinches piedras, he said. Damned heat. Damned sun.
Now, as they came out of the hills, they faced the plain and the far wall of the Gila
Mountains. Mauve and yellow cliffs. A volcanic cone called Raven’s Butte that was dark, as if a
rain cloud were hovering over it. It looked as if you could find relief on its perpetually shadowy
flanks, but that too was an illusion. Abandoned army tanks, preserved forever in the dry heat,
stoof in their path, a ghostly arrangement that must have seemed like another bad dream. Their
full-sun 110-degree nightmare.

Men came home from the United States in cars, Some even had the latest models. new
Dodge Ram trucks, bright red, booming Eminem on their CD players. Business-minded fellows
could load up at a Texas Goodwill and sell the stuff for twice the price back home. They had
their trunks and back seats full of old TVs, radios, clothes, toys. Even guys driving rust-bomb old
Datsuns had stuffed them with CAre Bears and Walkmen, skateboards and bags of panties.
PEople would spends months worths of savings on a small used television or Christmas bike,
selling for cheaper than the new stuff in the unapproachable Mexican department stores. These
fellows offered handshake financing, too: they were, after all, cousins and neighbors and uncles
and boyfriends. They kept elaborate accounts in their heads, paid off a few pesos, or a meal, at a
time. When the drivers had sold all their wares, they put the old cars on the market, too.
Castoff and donated clothing could be sold in the segunda, a rolling flea market set up at
each wanderers house. Some hard workers picked trash at the border’s garbage dumps, fixed the
castoffs, and resold them at the segundas back home. It was a rural black market.
They built cement block additions to their tumbledown houses, added aluminum to the
thatch roofs. New clothes were signs of great success: satellite dishes, air conditioners,
boomboxes, guns, cattle, televisions, coffee makers, PCs, pigs. Some even got telephones. It was
unheard of. Villages all over Mexico were suddenly slotting into the Internet, watching CNN.
Families came back with babies who were supposedly American citizens.
The neighbors of these adventure-capitalists watched and wanted. Their children were
dying. Dengue fever had made its way up from the Amazon. Malaria was spreading again, and it

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Inmigración: una jornada a la desilusión

was worse than before- this new black blood malaria. Corruption, political violence, indigenous
revolution in the south. People in Veracruz were looking north, as inevitably as the rains came
and the mosquitos bit.
Enter Don Moi, recruiter for the northern Coyotes.

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Juan Felipe Herrera


Juan Felipe Herrera es el hijo de migrantes. Fue a las universidades de UCLA y Harvard y

recibió su MFA de la Universidad de Iowa. Fue el laureado de la poesía de California y de los

Estados Unidos y ha recibido varios premios por sus obras, incluyendo el Hungry Mind Award

of Distinction, premios del Latino Hall of Fame Poetry Awards, y un Pen West Poetry Award.

No ha publicado solamente poemas sino también cuentos cortos, novelas y libros para niños. Se

enfoca en el tema de la inmigración en su literatura y también se enfoca ella fuera de la literatura

como activista en nombre de los migrantes y comunidades indígenas. Se ha dicho que sus

poemas son más como murallas que cuentos narrativos por su tendencia a la simultaneidad.

La conclusión que saqué de este poema es que hay muchos inmigrantes que abandonan

sus hogares porque temen por sus vidas. Están dispuestos a arriesgar sus vidas, tener hambre y

sed por días, ver asesinatos y violaciones, todo para poder llegar a un lugar más seguro. Cuando

llegan aquí se les tratan como delincuentes. Los colocan en centros de detención de inmigrantes

que tienen pisos de concreto y recintos de eslabones de cadena como si fueran animales. Ellos

son llevados allí y permanecen allí, confundidos sobre lo que está sucediendo y lo que sucederá.

Juan Felipe Herrera hace un excelente trabajo al mostrar la emoción de los inmigrantes que

pasan por esta experiencia.

Borderbus
A dónde vamos where are we going
Speak in English or the guard is going to come
A dónde vamos where are we going
Speak in English or the guard is gonna get us hermana
Pero qué hicimos but what did we do
Speak in English come on
Nomás sé unas pocas palabras I just know a few words

You better figure it out hermana the guard is right there


See the bus driver

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Tantos días y ni sabíamos para dónde íbamos


So many days and we didn’t even know where we were headed

I know where we’re going


Where we always go
To some detention center to some fingerprinting hall or cube
Some warehouse warehouse after warehouse

Pero ya nos investigaron ya cruzamos ya nos cacharon


Los federales del bordo qué más quieren
But they already questioned us we already crossed over they
already grabbed us the Border Patrol what more do they want

We are on the bus now


that is all

A dónde vamos te digo salí desde Honduras


No hemos comido nada y dónde vamos a dormir

Where are we going I am telling you I came from Honduras


We haven’t eaten anything and where are we going to sleep

I don’t want to talk about it just tell them


That you came from nowhere
I came from nowhere
And we crossed the border from nowhere
And now you and me and everybody else here is
On a bus to nowhere you got it?

Pero por eso nos venimos para salir de la nada


But that’s why we came to leave all that nothing behind

When the bus stops there will be more nothing


We’re here hermana

Y esas gentes quiénes son


no quieren que siga el camión
No quieren que sigamos
Están bloqueando el bus
A dónde vamos ahora
Those people there who are they
they don’t want the bus to keep going
they don’t want us to keep going
now they are blocking the bus
so where do we go

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Inmigración: una jornada a la desilusión

What?

He tardado 47 días para llegar acá no fue fácil hermana


45 días desde Honduras con los coyotes los que se—bueno
ya sabes lo que les hicieron a las chicas allí mero en frente
de nosotros pero qué íbamos a hacer y los trenes los trenes
cómo diré hermana cientos de
nosotros como gallinas como topos en jaulas y verduras
pudriéndose en los trenes de miles me oyes de miles y se resbalaban
de los techos y los desiertos de Arizona de Tejas sed y hambre
sed y hambre dos cosas sed y hambre día tras día hermana
y ahora aquí en este camión y quién sabe a dónde
vamos hermana fíjate vengo desde Brownsville dónde nos amarraron
y ahora en California pero todavía no entramos y todavía el bordo
está por delante
It took me 47 days to get here it wasn’t easy hermana
45 days from Honduras with the coyotes the ones that—well
you know what they did to las chicas
right there in front of us so what were we supposed
to do and the trains the trains how can I tell you hermana hundreds
of us like chickens like gophers in cages and vegetables
rotting on trains of thousands you hear me of thousands and they slid
from the rooftops and the deserts of Arizona and Texas thirst and hunger
thirst and hunger two things thirst and hunger day after day hermana
and now here on this bus of who-knows-where we are going
hermana listen I come from Brownsville where they tied us up
and now in California but still we’re not inside and still the border
lies ahead of us
I told you to speak in English even un poquito
the guard is going to think we are doing something
people are screaming outside
they want to push the bus back

Pero para dónde le damos hermana


por eso me vine
le quebraron las piernas a mi padre
las pandillas mataron a mi hijo
solo quiero que estemos juntos
tantos años hermana
separados
But where do we go hermana
that’s why I came here
they broke my father’s legs
gangs killed my son
I just want us to be together

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Inmigración: una jornada a la desilusión

so many years hermana


pulled apart

What?

Mi madre me dijo que lo más importante


es la libertad la bondad y la buenas acciones
con el prójimo
My mother told me that the most important thing
is freedom kindness and doing good
for others

What are you talking about?


I told you to be quiet

La libertad viene desde muy adentro


allí reside todo el dolor de todo el mundo
el momento en que purguemos ese dolor de nuestras entrañas
seremos libres y en ese momento tenemos que
llenarnos de todo el dolor de todos los seres
para liberarlos a ellos mismos
Freedom comes from deep inside
all the pain of the world lives there
the second we cleanse that pain from our guts
we shall be free and in that moment we have to
fill ourselves up with all the pain of all beings
to free them—all of them
The guard is coming well
now what maybe they’ll take us
to another detention center we’ll eat we’ll have a floor
a blanket toilets water and each other
for a while

No somos nada y venimos de la nada


pero esa nada lo es todo si la nutres de amor
por eso venceremos
We are nothing and we come from nothing
but that nothing is everything, if you feed it with love
that is why we will triumph

We are everything hermana


Because we come from everything

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Inmigración: una jornada a la desilusión

José Luis González


José Luis González emigró de la República Dominicana a Puerto Rico con su familia cuando

tenía solo cuatro años. Se licenció en la Universidad de Puerto Rico y más tarde obtuvo el

doctorado en México. En los años cuarenta se fue a vivir a New York pero poco después visitó

Checoslovaquia para participar en un congreso Marxista. Fue exiliado por sus creencias políticas

y por esto no regresó a los Estados Unidos, sino se mudó a México y llegó a ser ciudadano ahí.

En los años setenta pudo regresar a Puerto Rico y ahí escribió sobre la inmigración. Él es una

buena fuente para saber más de la experiencia de un inmigrante por sus experiencias. Aunque

este cuento corto se trata de una migración dentro del país, demuestra la desilusión que enfrenta

el inmigrante y cómo quiere proteger a su vieja de esta desilusión.

La Carta

San Juan, puerto Rico


8 de marso de 1947
Qerida bieja:
Como yo le desia antes de venirme, aqui las cosas me van vién. Desde que llegé enseguida
incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso bivo como don Pepe el alministradol de
la central allá.
La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues quiero buscarla en una de
las tiendas mejores. Digale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene
de ella.
Boy a ver si me saco un retrato un dia de estos para mandálselo a uste.
El otro dia vi a Felo el ijo de la comai María. El está travajando pero gana menos que yo.
Bueno recueldese de escrivirme y contarme todo lo que pasa por alla.
Su ijo que la qiere y le pide la bendision.
Juan

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel ajado y lleno de borrones y se lo guardó en el


bolsillo de la camisa. Caminó hasta la estación de correos más próxima, y al llegar se echó la
gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Dobló la mano
izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha con la palma hacia arriba.
Cuando reunió los cuatro centavos necesarios, compró el sobre y el sello y despachó la carta.
FIN

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Graciela Limón
Graciela Limón es la única autora de mi antología que no es inmigrante. Limón es de Los

Angeles y estudió en la Universidad Marymount y luego en la Universidad de las Américas en la

Ciudad de México. Limón es chicana y estudió sobre la literatura hispana y por eso puede ser

una voz para los inmigrantes. La parte de Los recuerdos de Ana Calderón que decidí incluir se

trata de la desilusión que enfrenta Ana al enterarse que su papá no le va a dejar seguir

estudiando. Tiene que meterse a trabajar en una maquila con otros inmigrantes. No logra el

sueño americano como esperaba aunque es muy inteligente porque aún en otro país tiene que

obedecer su papá.

Los recuerdos de Ana Calderón


--Miss Nugent, ya no puedo asistir a mis clases de lectura. Tengo que encontrar un
trabajo para ayudar a la familia.
--¿Cómo, Ana? ¿de qué me estás hablando? ¿Y qué ocurre con tus otros estudios…?
¿Quieres decir que también dejas las clases de la escuela secundaria?
--Sí.
La profesora se quedó sorprendida, incluso pasmada. Su mirada traslució su aprensión
ante la idea de que alguien como Ana debiera ser apartada del proceso de aprendizaje, alejada
antes de que hubiera siquiera empezado a conseguir lo máximo de ella misma.
--¡Pero... eso no puede ser! ¡Hablaré con tu padre…!
--No servirá de nada. Me dijo que ya ha sido lo bastante paciente conmigo, que esto
debería haber pasado hace mucho tiempo. Quizá tenga razón, Miss Nugent. Quiero decir que…
mire todo el tiempo que paso en casa leyendo, y… bueno….
--¿Bueno, qué, Ana? Mira, tienes talento. Dios te ha bendecido con algo especial. Tienes
cabeza. Cabeza. ¿Me oyes? Ahora bien, tienes que desarrollarla, y eso solo puede ocurrir aquí, en
el salón, en la biblioteca. --La profesora le puso las manos en los hombros y le dijo--:
Escúchame, Ana. ¿Cuántos años tienes?
--Diecisiete.
--Bueno, pues escucha lo que voy a decirte y recuérdalo bien. Si dejas de prepararte para
una vida que está destinada a ser mejor que la que tu familia dejó atrás, vivirás para lamentarlo.
Créeme. El trabajo puede esperar. De todos modos, ¿como han sobrevivido todos hasta ahora?
¿Qué es lo que ha cambiado de repente para que haga falta que dejes los estudios justo un par de
años antes de acabar? ¿Qué está pasando, Ana?
La muchacha se vio abrumada por las preguntas de su profesora y no pudo responder a
ninguna de ellas. Sabía que su vida estaba cambiando, que su curso se dirigía en aquel momento
a un lugar que ella no quería. Se sentía impotente, frustrada, pero no había nada que pudiera

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Inmigración: una jornada a la desilusión

hacer. Se dio cuenta de que no había forma de que Miss Nugent pudiera comprender, y cerró los
ojos porque se sintió incapaz de soportar la intensidad de su mirada.
--Tengo que hacer lo que él dice, Miss Nugent. Me va a correr de la casa si no.
--¿Hay algo que yo pueda hacer, Ana?
--No. No vale la pena.
Esta conversación tuvo lugar a principios de junio, y, a través de uno de los contactos de
Reyes Soto, Octavio y Ana empezaron como obreros en la maquila poco después. Al principio,
Ana se vio superada por las largas horas en las que tenía que trabajar al ritmo de la cinta
transportadora: nunca se detenía, ni por un momento, y muchas veces su movimiento constante y
ronroneo le producían náuseas. Hasta que se acostumbró a la máquina, le dolió la cabeza sin
cesar en las primeras semanas de trabajo en la línea de ensamblado, y una vez se sintió con el
estómago tan revuelto que tuvo que abandonar su lugar para ir al baño y vomitar. Al regresar, su
supervisor la reprendió y le hizo saber que se habían echado a perder varios zapatos por su
descuido.

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Inmigración: una jornada a la desilusión

Obras Citadas
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Urrea, Luis Alberto. The Devil's Highway: a True Story. Back Bay Books, 2014.

Crosthwaite, Luis Humberto. La Luna Siempre Será Un Amor Difícil. Ediciones Corunda, 1994.

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