Cuestiones de Sociología economía y política

Clase 1:
Texto: Portantiero J.C: introducción a la sociología clásica. Durkheim y Weber.

El origen de las primeras ciencias sociales: Si bien los problemas y cuestiones referentes a las sociedades han tenido consideración por parte del hombre desde tiempos antiguos, no es hasta finales del siglo XIX cuando surge la disciplina destinada a ocuparse de dichos fenómenos específicamente, sin embargo su origen se encuentra entrelazado e influido por áreas de conocimiento que surgieron con anterioridad . Las formas organizativas de las sociedades de la Europa medieval, en las cuales la religión tenía el papel principal en la producción de verdad que encausa su desarrollo, no necesitaban de ciencias sociales que en particular dieran explicaciones o intentaran determinar los orígenes y destinos de las comunidades, ya que tanto destino como origen se encontraban prefijados, inamovibles o bajo intervención divina. Su existencia y veracidad no dependían de los hombres que habitaran el planeta. Les era ajena, puesto que no podían influir sobre ella, al mismo tiempo, que les era propia puesto que cada sujeto poseía una posición determinada y única dentro del mundo la cual, se recuerda, era imposible de cambiar. Con la llegada del Renacimiento, cuyo despliegue actúa como disparador para un posterior cambio en la autoridad dominante (del poder eclesiástico al burgués o secular), se vuelve necesario para el sector en ascenso crear un nuevo sistema de valores y representaciones del mundo que pusiera en tela de juicio al existente a la vez que postulara como válidas y verdaderas aquellas premisas de vida que tendieran a imponer y reproducir las causas de su poder. Así es como Maquiavelo sienta las bases para la ciencia política como tal, la cual es uno de los primeros campos de conocimiento secularizado, libre en teoría de toda influencia religiosa o filosófica, que además, condiciona y estipula las relaciones sociales. En ese sentido, son aquellos autores contractualistas (Montesquieu, Rosseau, Hobbes, Locke) quienes plantean las primeras formas de organización del poder y la sociedad bajo la esfera del capitalismo, en un contexto en el cual las condiciones de lo social y lo político no eran producto de la acción divina, sino una construcción humana y colectiva sobre la cual se podía tener algún tipo de injerencia. Son acuñadas así las ideas del contrato social y soberanía popular que con innumerables modificaciones sobrevivirán hasta la actualidad. Corresponde a la economía política ser la expansión de estos ideales hacia el plano económico, y gracias a los aportes de Adam Smith, William Petty y David Ricardo en esa área, se diagraman y postulan posiciones en cuanto a las relaciones entre sociedad poder y economía, configurando una escena donde, contrariamente a considerarse a ambas ciencias por separado, se las entendía como partes que poseían comunicación entre si y a su vez conformaban a una única ciencia social mucho mas amplia y abarcativa.

El origen de la sociología Durante el siglo XIX, se observa un despliegue de las capacidades, ideales y modelos socio-económicos del capitalismo, que irán expandiéndose conforme avance el siglo. Esta situación como se sabe, trajo aparejado un conflicto ineludible y que amenazaba con destruir la tranquilidad social necesaria para la vida que, sin importar sus deficiencias en otros aspectos, el antiguo régimen había conseguido mantener. La sociología aparece pues, a raíz de las problemáticas en las relaciones sociales que el modelo capitalista había generado. Sin embargo, contrariamente a lo que pueda llegar a intuirse, no fue intención de la primera sociología (o sociología clásica) generar un cambio radical en las sociedades, sino más bien, eliminar las deficiencias creadas (resentimiento del lazo social) y encausar el desarrollo del capitalismo. De ésta manera, a diferencia de las otras ciencias sociales (como la política y la económica) quienes nacen como las encargadas de generar los conceptos, ideas y preceptos con los cuales se regiría el mundo bajo el domino capitalista, la sociología aparece como un intento de conciliación de las diferencias creadas para reconstruir el orden social en decadencia el cual se veía fuertemente amenazado por la lucha de clases. Por lo que podría afirmarse que no fue objetivo de la primera sociología lograr una reestructuración de las relaciones sociales, sino realizar los cambios necesarios para arribar a los objetivos de estabilidad social de las clases dominantes. Distinto es el rumbo que toman la sociología y la economía Marxista de la época, aunque su consideración utópica y reformista no encaja dentro del resto de la sociología clásica, netamente conservadora. Para lograr su cometido, se basa en una ética positivista y cientificista en la que la realidad no debe de someterse a juicios de valoración o filosóficos, sino que debe de aceptarse tal cual es, para poder así convertirse en un idóneo objeto de estudio que pueda ser observado, medido, y tratado conforme corresponda. Es decir, se tratará de reducir las problemáticas, pero no se cuestionará el origen de las mismas. Con dichas condiciones (positivismo, organicismo, etc.) la sociología clásica se asemeja a las ciencias naturales como disciplina meramente científica. Sin embargo, conduce a una naturalización de las condiciones de la realidad, que adquieren un carácter dogmático, semejante al dominio teológico del anterior régimen al que desplazó. Por tanto, se la considera una ciencia principalmente conservadora del estado de cosas imperante. Tanto es así, que sin importar cuan disímiles sean los orígenes y medios postulados por los autores de la época, todos poseen el afán en común de reencausar las relaciones sociales a fines de perpetuar el régimen o como se verá en algunos casos, promover un regreso al anterior orden. Los primeros Autores Los ideales iluministas que dieron paso a la revolución francesa acabaron con el régimen monárquico y feudal a expectativas de terminar con la desigualdad y lograr un equilibrio social. A pesar de ello, el desarrollo de la civilización industrial capitalista no produjo tales resultados, sino que por el contrario desencadenó un conflicto social de magnitudes nunca antes vistas. Como reacción a tales hechos, algunos autores como De Bonald o Maistre proponían como medio para restaurar el orden social, el regreso al antiguo régimen feudal en el cual la religión era un elemento cohesivo que brindaba armonía a las sociedades. Si bien sus inquietudes fueron dejadas a un lado por los autores subsiguientes, éstos últimos tomaron el hecho de que debía existir un elemento de cohesión el cual fuera

común a la sociedad entera para poder lograr así la unidad y el restablecimiento del orden cívico. Tal es así que ese lugar fue conferido a la ciencia conforme a los preceptos de evolución y progreso tomados de teorías de las ciencias naturales de la época. Saint Simón, y luego Comte encaminarán el estudio de la sociología a un nivel increíblemente cientificista que determinará una atomización de los procesos y conocimientos que terminará por separarla de las otras ciencias sociales como la economía y la política. El vinculo que mantienen con el positivismo y las ciencias se observará perfectamente en Spencer quien se vale de la teoría Darwnista de la selección natural y supervivencia del mas apto para justificar el imperialismo británico a la vez que se dedica a consagrar los ideales del individualismo capitalista durante el período Victoriano con el propósito de encausar orden y progreso dentro de una lógica que tendiera a conservar las relaciones de poder existentes. Orden y progreso entonces, no serán fruto del azar ni de revoluciones violentas ni de un cambio en la forma de organización, sino que metódicamente tratada, una sociedad sería curada de sus dolencias específicas manteniendo una misma dirección. La dirección del capitalismo. En Alemania el camino que recorren los autores de la época se encuentra signado por una realidad social e histórica diferente a la que se vive en Francia e Inglaterra. No es difícil entender entonces porque sus métodos sean considerablemente dispares. El rechazo al cientificismo positivista y al Marxismo deriva en un abordaje historicista y comparativo el cual tiene en consideración básica a las relaciones entre los individuos como formadoras de la sociedad, aunque sus conclusiones de establecer cohesión social y de encontrar el paradigma que lo lograra son similares entre ambas corrientes.

Durkheim
Como partícipe de la primera ola sociológica es misión de Durkheim encaminar Francia hacia un orden social y moral similar al del antiguo régimen pero basándose en otros principios. Al percibir un resquebrajamiento en los lazos sociales de la sociedad industrial, el primer interrogante que le surge es como reestablecer dichos lazos que unen a un individuo a su comunidad. Plantea entonces que un individuo intrínsecamente no posee límites para sus aspiraciones ni reconoce las aspiraciones ajenas, por tanto, es menester que le sea brindado un límite moral que le indique hasta donde debe pedir y hasta donde debe brindar. Este límite no puede ser fijado por él mismo, sino que debe ser externo y debe de tener la autoridad moral suficiente como para ser respetado por el individuo. Es la sociedad entonces, la institución con dichos atributos, ya que, según Durkheim, “es el único poder moral superior al individuo y cuya superioridad es aceptada por éste”. Se recuerda que la sociedad en términos de Durkheim es una institución que incide sobre las consciencias de los individuos y cuya exterioridad, independencia y anterioridad con respecto a éstos la libera de toda influencia de los mismos. En términos de la relación individuo-sociedad Durkheim distingue dos tipos de “solidaridad” entre individuos, a saber: Solidaridad Orgánica: Se considera su carácter natural, espontáneo, no obligado y responde a las formas mas primitivas de relación entre los individuos, y se obtienen cuando éstos se saben poco diferentes entre sí, por lo que puede decirse que se construye a través de semejanzas.

Solidaridad Mecánica: Se establece como la solidaridad propia del modelo industrial, es de carácter obligatorio y supone de antemano una diferencia entre la naturaleza de los participantes, lo que, naturalmente le confiere una mayor predisposición a los conflictos. Es aquí donde la conciencia colectiva y moral de la sociedad, cuya exterioridad y posesión de creencias y valores comunes se recuerdan, debe fijar límites morales que tiendan a diluir o evitar los conflictos. El suicidio como modelo de las relaciones sociales y sus consecuencias Como análisis del grado de integración a los valores, creencias y límites impuestos por una sociedad en los individuos, Durkheim realiza un estudio sobre los suicidios tipificándolos y confiriéndoles relación directa con el grado condicionamiento social de los sujetos. Especifica tres tipos: Egoísta: Es el provocado por el menor grado de integración del individuo, aquellos que no sienten lazos de solidaridad social para con ellos. Altruista: Contrariamente al anterior, es aquel que por su fuerte grado de compenetración se siente profundamente herido al notar algún tipo de anomalía en los lazos de solidaridad lo que desencadena el impulso suicida. Anómico: Se observa en aquellos sujetos que no han podido soportar o aceptar los límites impuestos por la sociedad, aquel que aspira a más de lo que puede obtener. Como resumen final, se recuerda que dado el pensamiento positivista y cientificista de Durkheim, quien afirmara que sólo por medio de tratar a los hechos sociales como “cosas” la sociología podría ser emparentada con otras ramas de la ciencia, la objetividad y exterioridad de la institución social, le brinda a ésta un carácter natural y dado que posee una finalidad similar al orden estamental-religioso de la era feudal.

Weber
Partiendo desde un punto de vista opuesto al de Durkheim, Weber tomó como punto de partida para sus estudios en sociología al individuo al considerarlo como lo único capaz de tener intenciones y fines en sus acciones. Utilizando el citado método historicista y comparativo, promueve que no es sólo cuestión de un contexto económico que el capitalismo se halla impuesto como modelo de organización social en Europa, aludiendo a que otros pueblos atravesaron condiciones económicas similares y no arribaron al capitalismo. La diferencia era, que en ninguno de esos pueblos existió un conjunto de valores y creencias que determinaran a los actos de los individuos a ser de tal forma que impulsaran el desarrollo del sistema. En cambio, en Europa, los valores promovidos por el protestantismo y las alteraciones en los estilos de vida, comenzando por las acciones de los individuos sentaron base para la expansión capitalista. Según Weber las regularidades de la conducta humana se deben principalmente al reconocimiento por los actores de la existencia de un orden legítimo que les otorga validez. Dicha legitimidad puede estar garantizada por la tradición, por la entrega afectiva, por el acatamiento a valores absolutos o por la adhesión a la legalidad vigente.

Texto: Rosseau; El Contrato Social o principios de derecho político, Libro primero. Condiciones y características del Contrato Social Siendo parte de los autores contractualistas, Rosseau explicita los principios y condiciones necesarios para la correcta conformación de un cuerpo civil o estado mediante un contrato por el que los “contratantes” abandonan el estado de naturaleza para formar parte de una asociación cuyo fin es reemplazar una natural desigualdad de hecho por una instaurada igualdad de derecho. Utiliza como analogía de sociedad política a la familia al considerarla la primer y única asociación natural, Rosseau, establece que una vez que un sujeto ya no depende de sus progenitores para conservar su vida, y se encuentra en condiciones de proveerse sustento, éste ya no tiene obligación de convivir con sus padres., y a su vez éstos últimos tampoco tienen obligación de protegerle, si permanecen uno en compañía de otro es porque no lo hacen de manera natural, sino voluntaria. Al promover la creación de una asociación política entre los hombres, la opone al estado de naturaleza, y al del “derecho” del más fuerte, término al que vacía de contenido al sostener que sólo proviene de la fuerza física y cesa en cuanto ésta desaparece, por tanto no conforma un derecho ya que no se debe obedecer mas que por obligación. Concluyendo que, la fuerza no genera derechos y que sólo a través de convenciones entre poderes legítimos es posible generar tales derechos y obligaciones que funcionen como autoridad real entre los hombres. Contrastando a Grocio, Hobbes, Locke y otros autores, esboza argumentos por los cuales tampoco existe un “derecho” a la esclavitud ya que dentro de sociedades civiles éste implicaría algún tipo de convenio el cual resulta nulo en cuanto a sus condiciones mismas de conformación. “Hago contigo un convenio en perjuicio tuyo y en beneficio mío, que respetaré mientras me plazca y que tu acatarás mientras me parezca bien”. La necesidad de proceder a la conformación del cuerpo social se ve fundamentada por aquel instante en el cual para los sujetos libres su capacidad física no llegue a abarcar lo necesario para la supervivencia. Es allí donde mediante el pacto social, cada individuo relega su voluntad natural de poder hacer con los seres y posesiones del mundo lo que su instinto dicte, a cambio de que(al ser para todos los contratantes las mismas condiciones) el resto de los hombres abandonen su voluntad natural sobre él y sus posesiones. Todas estas fuerzas mancomunadas bajo la misma premisa dan vida a lo que Rosseau llama voluntad general o cuerpo moral colectivo o modernamente República, Estado, etc. Este acto de conformación del cuerpo social, genera en los contratantes una dualidad de condiciones, a saber, son súbditos del cuerpo social soberano del que evidentemente forman parte. Es decir, cada contratante tiene su deber como soberano frente a los súbditos y como súbdito frente al soberano. Si bien admite que una voluntad particular puede ser contraria a la voluntad general ejercida por el soberano, Rosseau afirma que si dicha condición se manifiesta en actos mediante los cuales sujetos gocen de su derecho de soberano pero rehúsen de su deber como súbditos, la permanencia de esta condición provocaría la ruina del cuerpo político y desharía el pacto social. Será en ese entonces el poder del soberano de someter las voluntades particulares a la voluntad general clave para la supervivencia y éxito del pacto social. En resumen, podría decirse que mediante el pacto social, los contratantes se deshacen de su libertad natural, la cual los habilita a poseer y someter a aquello que puedan mantener en esa condición, por una libertad civil convenida, la cual intrínsecamente posee una

limitación dictada por la voluntad general que garantiza las posesiones y derechos de cada uno de sus súbitos con respecto a otros súbditos y en relación a los no contratantes. “El contrato social sustituye con una igualdad moral y legítima lo que la naturaleza había podido poner de desigualdad física entre los hombres, que pudiendo ser desiguales en fuerza o en talento, se convierten en iguales por convención y derecho”.

Clase 2:
Texto: Marx K.; “Contribución a la crítica de la economía política”, “Manuscritos economía y filosofía”. Introducción Podría situarse al pensamiento Marxista como una alternativa contemporánea a los métodos conservadores de la sociología clásica, ya que, lejos de promover un modelo organicista basado en ideologías positivistas para subsanar el conflicto social y así permitir el desarrollo de una existente realidad “dada” conforme a las reglas ya establecidas por el capitalismo, Marx encuentra que las causas de dichas alteraciones en las relaciones sociales, es decir las relaciones de los hombres con los hombres, se originan ligadas a las características mismas del modelo de producción capitalista. Contrario en las bases a los estudios historicistas alemanes, el discípulo de Hegel, afirma que tanto las relaciones jurídicas como las de estado no pueden analizarse y comprenderse completamente mediante su evolución histórica, sino que se hayan relacionadas mucho más fuertemente a las condiciones materiales de vida. Condiciones que subordinadas a distintos modelos de organización social y de producción determinan la calidad de las relaciones sociales que los hombres tienen a lo largo de sus vidas, que a su vez, conforman la existencia de una conciencia social . En consecuencia se observa que el modo de producción vigente de la vida material de los hombres moldea su vida social, política e intelectual al determinar el tipo de relaciones que mantienen a lo largo de sus vidas. De esto se sigue que “no es la propia conciencia del hombre la que determina su ser, sino por el contrario, es su ser social (conciencia social) el que determina su conciencia”. Por estos motivos, serán sus estudios de economía política la base para su crítica al modelo vigente, ya que se recuerda, son las condiciones materiales de vida, signadas por los procesos económicos las que determinan los tipos de relaciones sociales prevalecientes determinando así la existencia y conciencia de los individuos. En tanto a los principios de la economía política existentes, esgrimirá que se ésta se vale de conceptos y fundamentos de los que no da cuentas de su origen, como por ejemplo la propiedad privada, la separación de trabajo capital y tierra, división del trabajo, etc., sino que los sabe como preexistentes para establecer a partir de ellos sus teorías, cuando lo que intentará probar Marx es que en muchos casos, no son preexistentes ni axiomas a partir de los cuales pueda fundamentarse y analizarse el modelo capitalista, sino que por el contrario son consecuencias de las condiciones materiales de vida que éste sistema impone.

Primer Manuscrito, el origen de la propiedad Privada En su primer manuscrito, Marx intentará relacionar al trabajo enajenado con la propiedad privada de manera en que sea ésta ultima fruto de la acción del primero, el cual es producto natural y necesario de las relaciones de trabajo en el modelo capitalista. Para comprender más fácilmente su razonamiento, será necesario encadenar y definir de manera lineal los conceptos que Marx propone para llegar a dicha conclusión. Sabiendo que Marx opone trabajo enajenado a una noción de trabajo en sí, será necesario entonces definir trabajo a fines de entender su posterior enajenación. Se considera trabajo a toda aquella actividad humana productiva y conciente cuya finalidad es ella en si misma y que como consecuencia de su realización, quien la lleva a cabo obtiene medios para proveerse sustento y prolongar su existencia al mismo tiempo que usa su resultado para responsabilizarse del mismo, y de ésta manera, tomar conciencia de su propia existencia. Según Marx, es en ésta actividad donde reside el carácter genérico de la especie humana, es decir, aquello que lo identifica como género y diferencia de las actividades vitales realizadas por los animales cuya única finalidad es prologar su existencia, en otras palabras, la actividad vital animal no se diferencia de la vida del animal ya que forman un todo no discriminable. En cambio, la actividad productiva humana es conciente y no sólo se limita a la mera subsistencia física, porque como se sabe el hombre es capaz de producir por gusto, belleza, diversión, etc. y así es como transformando la naturaleza que lo rodea, para luego contemplar su trabajo, al entenderlo como propio toma conciencia de su ser. Según Marx, bajo las relaciones de trabajo que nacen del capitalismo, ésta actividad de deshace y deja lugar a una versión enajenada de ella. En primer lugar el trabajo asalariado es externo al trabajador ya que no le pertenece puesto que otro se lo brinda, además la relación no es voluntaria sino forzada debido a que no representa un fin en si mismo, sino un medio para satisfacer necesidades que nada tienen que ver con esta actividad. Por lo tanto la finalidad de este tipo de trabajo no es la expresión creativa que conllevaría a la identificación del sujeto, sino sólo un medio para prolongar su existencia empleando el salario para conseguir víveres, similar a la actividad vital animal. Si la actividad propia de trabajar ya le es ajena al trabajador, también lo será el fruto de ella, es decir, el objeto o producto que lleve a cabo, así el trabajador es siervo de su objeto ya que en tanto que no le pertenece, le es necesario porque a partir de su elaboración obtiene medios de subsistencia. Sintiéndose entonces tanto la actividad trabajo como el objeto de trabajo ajenos al trabajador, éste, otorga su posesión a otro, ya que si a él no le pertenecen, a alguien mas han de pertenecer, y ése “alguien mas” no es mas que otro hombre que evidentemente no es él ni ningún otro en su misma situación. Resumiendo, si ni actividad ni fruto de la actividad trabajo son asimiladas como propias por el trabajador, éste encuentra nula la posibilidad de definirse como ser por medio de esa labor (alienación en cuanto al género humano), por lo tanto, no es él cuando esta en el trabajo y es él cuando no está en el trabajo. Entonces, si tanto la actividad como el resultado que de ella se obtiene no son realizadas por él ya que no le es posible reconocer su autoría, es natural que otorgue su posesión a otro ser, que será en todos los casos el capitalista o patrón o como se decida llamarle. Serán estas entonces, las causas de la noción y aceptación de la propiedad privada que no es algo preexistente a las relaciones de trabajo capitalistas, sino mas bien, resultado de ellas.

Texto: De Ipola E.; “Las Cosas del creer, creencia lazo social y comunidad política”

Introducción En un breve acercamiento a las causas de los orígenes de la sociología De Ipola reconoce dos vertientes; la primera es la que posiciona a la sociología como un emprendimiento fuertemente influido por pensamiento conservador cuya finalidad es restituir aquellos vínculos comunitarios y sociales que la Europa de la post revolución muestra rumbo a desaparecer dentro del caos de la organización de las sociedades burguesas. Es decir, la sociología habría surgido como ciencia cuyo objeto de estudio se encontraba camino a desintegrarse. Considerando la segunda vertiente, se podría tratar a la sociología como la ciencia de la modernidad por excelencia donde se forjan los conceptos y términos que constituyen a las sociedades modernas desde entonces y donde se desarrollan los elementos para lograr un desarrollo del sistema capitalista moderno. Sin importar cual sea la consideración, tal vez, lo más correcto sería no dejar de considerar ninguna, ya que ambas posturas albergan mayor o menor grado de veracidad. Con el objetivo de señalar algunas posturas contrapuestas en torno a la misma problemática, es decir, respecto de la desintegración del lazo social, el progreso del individualismo y la pérdida de una figura cohesiva que fomentara la solidaridad en las sociedades, De Ipola cita a Bonald, Le Bon y Durkheim cuyos escritos poseen desarrollos y propuestas disímiles aunque comparten su punto de partida y hasta de cierto modo, su finalidad.

Bonald
Muy apegado aún a las figuras cohesivas de la sociedad en el antiguo régimen, sépase, religión, feudalismo y sociedad estamental como un todo conjunto, Bonald no propone otra salida más que regresar a dicho orden, ya que aborrece la revolución y sus medios. Con una inclinación religiosa muy fuerte, considera que las sociedades no deben organizarse bajo ningún formato que proceda de algún tipo de intervención humana, cuya forma organizativa sea distinta de la monarquía feudal, que consideraba natural, así como al orden social que ésta promovía. Desestimaba que la moralidad y la ética pudieran ser forjadas por hombres, puesto que ésta era de orden divino y era dada. Contrario por consecuencia de ello, a los autores contractualistas a los cuales intenta refutar con análisis históricos y teológicos. Como señalaran posteriores analistas al margen de sus planteos “nostálgicos” y retrógradas, lo característico en Bonald y otros contemporáneos es que dicha añoranza se basa en una necesidad de poner en evidencia su descontento por el desgaste que a los lazos sociales y solidarios los hechos de la revolución y el cambio hacia el dominio burgués había provocado.

Le Bon
Se lo considera un pensador social, antisocial y dicha contradicción queda en evidencia en tato que Le Bon no mostraba ni añoranza por el antiguo régimen ni preocupación por los lazos sociales deshechos, en cambio, se encontraba avocado a dirimir acerca de las multitudes tratando de hacer hincapié en su intrínseca maldad, su capacidad de ser conducida en cualquier dirección y en como dichas aglomeraciones de sujetos eran contrarias a la tranquilidad social necesaria para la vida.

Atribuirá a las multitudes la capacidad de desatar los instintos más crueles y salvajes del ser humano, y a los cabecillas, la capacidad de conducir a las masas hacia fines inescrupulosos. Contrario a la revolución francesa y a sus mentores a los cuales califica de cabecillas, intenta demostrar que aún aquellos avances que considera positivos a los que se llegaran luego de la revolución podrían haberse alcanzado por otros medios. Su ideología esconde un perverso concepto de control en las sociedades que ha sido utilizado en numerosas condiciones y es el considerar a las multitudes como un ser sospechoso y potencialmente criminal el cual debe de ser controlado y reprimido a favor del orden de la sociedad misma.

Durkheim
Cabe agregar a lo adjudicado a Durkheim que si bien su modelo es positivista y organicista, considera esto último en un grado mucho más complejo que autores anteriores, y se muestra contrario a otras corrientes contemporáneas tanto a contractualistas como Rosseau y a reformistas como Marx. Descarta que los conflictos sociales sean producto de la lucha de clases adjudicando su malestar al problema de los límites que es necesario imponer por parte de una autoridad que brinde cohesión a la sociedad para que finalmente se vea esto reflejado en la solidaridad orgánica, pero no propone una vuelta al anterior régimen sino que las soluciones deberán aceptar a la presencia de las condiciones que impone la modernidad y será cuando los valores de la ciencia, el positivismo, y la democracia formen parte del cuerpo social, que como se sabe es anterior y exterior a los individuos, y luego éste posea la fuerza moral para condicionar las relaciones de los hombres, que los conflictos se diluirán.

Texto: Giddens A.; “Reflexiones sobre el pensamiento social clásico contemporáneo” Política y sociología en el pensamiento de Max Weber A diferencia de otros pensadores de la política y la sociedad de su tiempo, Max Weber, no puede ser catalogado dentro de ninguna corriente específica surgida entonces al no avalar por completo algún conjunto de teorías y valores formulados por cualquiera de dichas vertientes ideologías. No es un conservador con intenciones retrógradas, tampoco un liberal, ni tampoco un socialista. Sin embargo, tomará de cada una de ellas aquellos preceptos que considere de utilidad para el desarrollo y consolidación de una nación alemana industrial y moderna, fruto de la expansión de la racionalidad, que logre estar a la altura de los países vecinos mas desarrollados por ese entonces como Francia e Inglaterra. No basará sus propuestas en consideraciones utópicas ni tampoco se apoyará sobre axiomas inamovibles producto de verdades absolutas propuestas y probadas por alguna ciencia, lo que claramente lo alejará en parte del Marxismo más reformista y del liberalismo cientificista sin por ello relegar por completo a alguna de estas doctrinas. Sus propuestas estarán siempre ligadas en sus cimientos al contexto alemán de la época y la finalidad a encausar su rumbo hacia la institución del industrialismo, la democracia y de un liderazgo capaz de evitar que el desarrollo progresivo de la burocracia destruya al estado. En resumen sus valoraciones no serán universalistas sino aquellas que mejor se adapten a alcanzar los fines que persigue dentro de un contexto que impone sus propias condiciones.

Contexto de la Alemania post Bismark Finalizado el período de Bismark, Alemania se encuentra unificada bajo un único poder estatal cuyo progresivo avance para lograr su cometido había debilitado el poder de la influencia política tanto de liberales como de socialistas del partido obrero. Además, desde el este dominado por los junkers (terratenientes latifundistas y conservadores, cuya influencia política era considerable) se producía una constante emigración de campesinos hacia el oeste que mostraba un incipiente desarrollo industrial. Weber veía esto como una consecuencia visible del declive de los ex señores feudales. Uniendo factores, Weber admite que, si la unificación alemana no encontraba pronto un sector en la sociedad que pueda liderarlo hacia el desarrollo de la industrialización como consecuencia natural de la complejización y el racionalismo, no habría manera de evitar que sea el mismo estado quien se destruya a él y a toda la nación a causa de el crecimiento desmedido y siempre dañino de la burocracia y el funcionariado. Se profundizará mas adelante en esta cuestión. Como puede observarse, Alemania mostraba diferencias notorias con aquellos países que para entonces habían alcanzado un desarrollo capitalista y se diferenciaba también del contexto socio-político que en dichas naciones habían favorecido e impulsado su nacimiento y posterior crecimiento. Las propuestas de Weber Será uno de sus objetivos primordiales impulsar el desarrollo y capacitación de una burguesía dominante que pudiera hacerse cargo del liderazgo de la nación. Contrastando con otros autores como Rosseau descreía de existencia de algún tipo de democracia que pudiera acabar con el dominio “del hombre sobre el hombre” y lo consideraba una utopía, además, rechazaba la idea de una democracia directa la cual solo podría tener éxito en pequeñas comunidades. Su mayor temor en cuanto a las deformaciones del estado provenía del crecimiento desmedido del poder de la burocracia facilitado por la ausencia de liderazgo luego de la caída de Bismark. Su propuesta para tratar de evitarlo sería el desarrollo de una democracia representativa mediante la cual a través de partidos de masa, líderes carismáticos y plebiscitarios sean consagrados por medio del sufragio universal a la labor de batir la rutina y el estancamiento propio de la burocracia, al proponer ideas nuevas y revolucionarias propias de la racionalidad-irracional del carisma. Sin embargo cabe aclarar que no por elegirla como forma de organización Weber la postulara como aquella más apta a pesar de todo contexto sino que “la forma de gobierno más apropiada para un momento dado no es más que una cuestión técnica que depende de las tareas políticas de la nación”. Por eso mismo, proponía que la labor del parlamente no sería otra mas que evitar la acumulación de poder por parte de dichos lideres carsmáticos. Acercándose al socialismo, Weber no desaprobaba por completo la intervención del estado en la cuestión económica (claramente esto lo distanciaba de los liberales) y creía que sería positivo someter bajo el control estatal a algunos sectores como la minería y los seguros, aunque no consideraba la socialización de toda la economía ya que “sin importar las faltas que la burguesía haya cometido en el pasado, especialmente los grandes industriales, Alemania no disponía de otra opción para tales fines más que cederles su recompensa necesaria (beneficio), sin embargo se debería terminar con su destructiva influencia política”.

Un contexto favorable, la ética protestante Basándose en su análisis histórico de las sociedades, Weber afirma que no son sólo las condiciones económicas favorables las responsables del desarrollo del capitalismo en Europa, y adjudica dicha distinción a un conjunto de valores que legitimaron un tipo de conductas y un moral que encajaba a la perfección con el desarrollo de los estadosnación como centros de poder absolutos y del capitalismo como sistema económico. Dichos valores se encontraban bajo la ética protestante del Calvinismo que a través de la ética religiosa fomentó la penetración del ideal del trabajo racional en la sociedad, además de legitimar al estado como una institución divina y absoluta capaz del monopolio del uso de la fuerza. El pensamiento sociológico de Weber Continuando con lo que expone Portantiero, Weber afirmaba que era posible extraer conclusiones de las acciones de los individuos (contrario a Durkheim) las cuales eran hasta cierto punto predecibles, no al punto de ser comparados con fenómenos de la naturaleza completamente objetivos, sino que al afirmar que si bien, las acciones poseían un cierto carácter subjetivo, existen ciertos patrones de regularidad que a su vez son los que dan vida a la sociedad ya que si producto de la irracionalidad las acciones de los hombres fueran completamente impredecibles la vida en sociedad sería imposible de realizarse. Por tanto, el hombre constituye el átomo de la sociedad, y como consecuencia de ellos cualquier afirmación hecha acerca de una sociedad puede ser analizada en términos individuales. Contrariamente a lo que los positivistas-racionalistas afirmaban, para Weber era imposible a partir del racionalismo establecer criterios de valoración y veracidad a posturas éticas y a valores, por los que civilizaciones de todas las épocas habían luchado por dar sentido e imponer. Será esta búsqueda por racionalizar y dar sentido a aquellos juicios y valores de por sí irracionales del mundo la labor y una constante lucha de corrientes tanto religiosas en la antigüedad como racionalistas en la modernidad. Entrará en juego aquí en el pensamiento político los líderes carismáticos cuya finalidad será, a través de su condición irracional, proveer del sentido a esos valores que no pueden ser definidos mediante el avance de la racionalidad. La forma en que Weber entiende el desarrollo de la racionalidad tendrá una fuerte influencia en su teoría acerca de cómo surge el capitalismo en Europa, a raíz de la homologación de una serie de valores propuestos por diferentes instituciones y que motivarán aquellas formas de conducta en los individuos necesarias para dicho desarrollo. La racionalización como proceso El concepto de “racionalización” que Weber propone, se hace de tres elementos que se interrelacionan constantemente, a saber: -“Intelectualización” o “desencanto del mundo”, es decir el cientificismo y la secularización del conocimiento como base para la generación de sentido. -Crecimiento de la racionalidad, interpretado como la persecución metódica de un fin a través de un cálculo cada vez más preciso de los medios adecuados. - Crecimiento de la racionalidad, en el sentido de la creación de valores éticos orientados sistemáticamente hacia objetivos fijos. Así pues, que Weber relaciona íntimamente a la intelectualización característica de capitalismo a un avance del racionalismo de la conducta humana cuyo despliegue

implicaba la división burocrática del trabajo a fines “perfeccionar los medios”, por tanto, aquellas propiedades alienantes o enajenantes del trabajo que Marx atribuía a la lucha de clases para Weber se originaban en el proceso de racionalización. Ahora bien, para Weber no existían posibilidades para los individuos de trascender y librarse de la subordinación que la especialización de las tareas imponía. El avance de tales conductas encerraba a las personas en lo que denominó “jaula de hierro”, jaula que se encontraba constituida por las condiciones técnicas y económicas de la producción mecanizada (burocratización), que a su vez se encontraba vinculado al desarrollo de sistemas jurídicos que conjuntamente contribuían a dar legitimidad a la preextensión y ejercicio del poder por los estados, cuya maquinaria de educación se encargaría de difundir los valores y el patrimonio cultural mas apto para su propio desarrollo (patriotismo, folklore, etc.). Cuestión de los líderes carismáticos será impedir que el desarrollo de las condiciones descriptas conlleve a la destrucción de la nación.

Clase 3:

Texto: Sennet R.; “La corrosión del carácter” Disposición y utilización del tiempo, noción de valores éticos, organización sistema de trabajo, creación de identidad y relaciones sociales son algunos de los puntos que Sennet toma como parámetros al comparar a dos generaciones de norteamericanos, encarnados en el ejemplo de un padre y su hijo, a fines de determinar aquellas modificaciones que el desarrollo del neocapitalismo introdujo no sólo en términos económicos o empresariales sino aquellas alteraciones que indujo en el seno de las relaciones primarias de la familia y en la formación de la identidad de los sujetos en la actualidad como consecuencia de las primeras. Con el final de la segunda guerra mundial, aquellas sociedades de los países mas desarrollados experimentaron un despliegue económico cuya estabilidad brindada por los gobiernos de estado de bienestar (con la maquinar sindical y demás características) se mantuvo por un período cercano a los veinticinco o treinta años. Es ésta la época en la que la vida del padre que Sennet cita toma lugar. Portero de un edificio, hijo de inmigrantes, se puede decir que no formaba parte de la elite norteamericana, sino que por el contrario se encontraba en una de las categorías más bajas. A pesar de ello, había logrado adquirir una casa, ahorrar, y pagar la educación universitaria para sus hijos. Se podría decir que el desarrollo de su vida era por demás lineal y predecible en tanto que fue aquel trabajo rutinario que tuvo de por vida, característico de la monotonía de la jaula de hierro encarnada en la burocracia estatal y el sistema de hipotecas, jubilaciones, sindicatos, etc. aquel que le hizo sentir a raíz de sus pequeños, atomizados y progresivos logros que él era, el “autor de su vida” otorgándole respeto por su propia persona. Aunque claro está, no por eso se estaría en presencia del “efecto recíproco” que Fitche pregona como la devolución del respeto recibido, ya que el padre confesaba no sentirse a gusto en el contacto con varios grupos sociales o raciales. Su hijo, pudo acceder a la educación universitaria, graduarse, obtener también un buen empleo, y cumplir lo que podría llamarse el sueño de movilidad social ascendente.

A diferencia del padre, el hijo ocupa una posición privilegiada en la escala social que lo coloca dentro del 5% con mayores ingresos de su país, pero si embargo, no todo es el maravilloso sueño del ascenso social para él. Habiéndose mudado varias veces ya sea por despido o por cambios en las direcciones laborales suyas o de su esposa, el hijo confiesa que a veces siente estar “perdiendo el control de su vida”. Instalado en las afueras de Nueva York realiza servicios de consultoría. Declara haber tenido que luchar para realizar tareas que nunca antes había imaginado para su vida laboral, y que lejos de poseer la certidumbre acerca de sus labores, puesto que es él su propio mandatario, se ve supeditado a una red de personas (clientes) a las que debe perseguir y las que debe de consentir hasta en su caprichos mas ridículos. Producto de las reiteradas mudanzas perdió contacto real con aquellas amistades que había sabido cosechar y su descontento se hace notar. Pero más allá de lo fugaz de sus amistades, las peores consecuencias, recaen sobre su familia. A raíz del poco contacto real que posee con sus hijos, encuentra dificultad a la hora de trasmitirles valores y enseñanzas que les sean de utilidad para la vida social y laboral. Pero algo sucede que refuerza dicha situación; aquella condición que el neocapitalismo afianzado en las comunicaciones instantáneas y la globalización impone por la cual se rechaza realizar emprendimientos a largo plazo ha generado una lógica de valores y comportamientos que, si por un lado resultan en una aceleración en los beneficios monetarios, por otro, no son los necesarios para el desarrollo de las relaciones sociales mas directas ni para la formación correcta de las identidades. Por lo tanto, podía afirmarse que si bien para aquella generación que experimentó la movilidad social ascendente el desarrollo lineal y los emprendimientos a largo plazo han quedado fuera de circulación, ésta nueva forma de organizar el tiempo, fragmentada y a corto plazo a destronado y corroído dentro de la esfera laboral a aquellas aptitudes y condiciones que como el respeto, la lealtad, el compromiso, etc. necesitan de un tiempo determinado para desarrollarse. Se sigue de ello, que los vínculos más delicados para su formación en cuanto a tiempo han sido intercambiados por otros cuya debilidad y condicionalidad son ahora las máximas para regir el mundo del trabajo. Dichos valores, como el desapego (a las instituciones por ejemplo), el trabajo de equipo, el debate abierto, la predisposición al cambio constante, etc. se oponen a aquellos otros que sirven para formar tanto a las relaciones personales como para la educación familiar, que de más está decir, que son parte del primer grupo de valores ya obsoletos. Además, algunas máximas como la cooperación de equipo y el debate ante toda situación generan en algunos casos un conflicto de autoridad en las familias, que confronta claramente con los modelos de formación familiar de antaño. En resumen, los continuos cambios a los que el ámbito laboral somete a los sujetos generan una sensación de incertidumbre constante que a diferencia de otras épocas en las que esa sensación fue parte de las vidas de los individuos, no es ahora un fenómeno ni un conflicto que tiende a resolverse lo que la causa, sino una forma de organizarse con sus prácticas, conceptos, valores y estilos de vida rige en la actualidad. La incertidumbre y la inseguridad se ha transformado en un estilo de vida, cuyas consecuencias, son notorias, y recaen tanto en la imposibilidad de aplicar una misma serie de valores éticos al trabajo y a la vida personal, (ya que los valores del buen ciudadano no son los del buen trabajador y viceversa) como en la elaboración de una linealidad en las historias de vida de cuya existencia e interacción con las de otros sujetos depende la correcta elaboración de una identidad.

Diderot y Adam Smith, dos formas de entender la rutina El ejemplo que se desarrolló en la parte anterior, sirve como disparador para un interrogante: si acaso la sociedad moderna ya sea por imposición o por decisión rechaza el habituarse a una rutina (rutina que recordamos formó las vidas de muchos trabajadores a lo largo de la existencia del capitalismo y cuyo despliegue tomó dimensiones crecientes para culminar en los años dorados del capitalismo basado en el estado de bienestar) y la consecuencias negativas de dicho estilo de vida han sido analizadas (incertidumbre, desapego, conflicto de valores e identidad) cabe entonces la pregunta. Si el despliegue de vidas rutinarias dentro de un contexto que las avalara, dio como resultado progreso, estabilidad y seguridad a muchos sujetos, ¿Por qué se la califica como negativa en comparación con su ruptura y desaparición cuando muchos de los valores éticos y condiciones de vida que han desaparecido junto con ella, son aquellos que en la actualidad, ante su falta generan conflictos para la conformación de las relaciones sociales y el desarrollo de las identidades? Para aclarar un poco el porque de la concepción negativa acerca del trabajo rutinario y el consecuente estilo de vida que acarrea, se expondrán los pensamientos de dos autores que presentan ópticas distintas del mismo fenómeno. Diderot no considera a al rutina que caracteriza a la producción repetitiva como objeto nocivo que tienda a destruir el carácter, sino que, por el contrario, adjudica a la repetición de las tareas un tinte artístico mediante el cual, la simple ejecución en cadena de un acto repetidas veces brindaría por sobre éste un entendimiento y control a quien lo ejecuta cuya consecuencia directa sería una interiorización y perfeccionamiento de la tarea que a su vez brindaría un sentimiento de control sobre la actividad en sí. En cambio, Smith, quien entiende que para el adecuado desarrollo del a economía de mercado es necesaria si o si la división de las tareas laborales en porciones cada vez más mecánicas y específicas, postula que esa repetición lejos de interiorizar a quien la realiza con su tarea, es degradante al condenar al trabajador en cuestión a una labor tan aburrida a través de la cual perdería la noción de su esfuerzo y dedicación, acompañada de la pérdida sobre el control del tiempo de trabajo. Esta pérdida de control alcanzo su máximo desarrollo bajo los conceptos de racionalización cronometrada del tiempo propuestos por Taylor. Si el auge del Fordismo, sumado a los conceptos de Taylor ejemplifican a la perfección el cambio de la producción artesanal basada en obreros altamente calificados a cargo de numerosas tareas, hacia la producción en masa compuesta por numerosos obreros muy poco calificados a cargo de pocas tareas simples, se estaría mucho mas cerca de las ideas de Smith que de las de Diderot. Sin embargo, esa misma división del tiempo y las tareas que la producción que Smith ejemplificaba con una fábrica de clavos, fue escenario para que mediante el crecimiento de los organismos reguladores estatales, las organizaciones de trabajadores y sindicatos aquellos quienes habían perdido completamente el control sobre el ritmo de trabajo pudieran dirimir, pujar, y adquirir derechos que habían sido negados. Así que, si por ejemplo la determinación de una jornada tipo de trabajo obliga al trabajador a producir de principio a fin de la jornada, a diferencia de si trabajara por una cantidad estipulada de producción, la posibilidad de poder revalorizar y pujar por el valor de la jornada de trabajo hace de la situación escenario de una lucha de poderes, inexistente en las primeros años del capitalismo. En resumen, si bien la forma rutinaria de producción conlleva de alguna manera a los efectos descriptos por Adam Smith, sirvió como escenario bajo el cual pudo lograrse una estabilidad que protegiera a los sujetos y les brindara la posibilidad de organizar sus vidas.

Imaginar el desarrollo de situaciones donde la rutina desaparezca completamente en teoría parece contrario a la naturaleza humana, ya que a partir de un hábito es posible construir una alternativa, pero es éste hábito condición necesaria para la existencia de la alternativa. Es decir la necesidad o sentimiento de cambio surge a partir del conocimiento de una situación actual o hábito que se desea modificar, por lo tanto, sino existe ésta situación tampoco tendría porque existir la necesidad de cambiarla puesto que no se puede cambiar aquello que no existe. Además, en términos de relaciones humanas, es sabido que a partir del mantenimiento de ciertas condiciones y hábitos es que una gran porción de sentimientos y valores adquieren la madurez para desarrollarse, existir y así configurar la identidad de los individuos quienes si fueran desprovistos del tiempo necesario para desarrollar dichos sentimientos y valores, serían portadores de una contradicción dentro del seno mismo de la vida y es que tanto pertenecer como mantener una familia como tal implican si o si, el sostenimiento en el tiempo de un conjunto de condiciones de vida que como se observa, el rumbo que la economía neocapitalista amenaza con eliminar.

Clase 4:

Texto: Watzlawick P.; “¿Es real la realidad?” Del análisis del libro de E. Abbot, “Planolandia” el autor intenta resaltar a través de la metáfora la relatividad de la percepción de la realidad. Similar en algunos aspectos al mito de la caverna de Platón, aunque con mucho menos lugar para interpretaciones elitistas y oligárquicas, la historia de un mundo de dos dimensiones integrado por figuras geométricas y el posterior viaje de uno de sus habitantes (un cuadrado) hacia mundos de una y tres dimensiones, pone a éste protagonista en las dos posiciones posibles: por un lado, negar la posibilidad de otro estado de cosas y no tolerar a quien postula otra mirada, y por otro, el tener la seguridad de que los hechos y situaciones puedan interpretarse o entenderse de otro modo y no ser entendido ni tolerado por el resto de la comunidad. Así es que al proponer una mirada mucho más amplia y tolerante acerca de las visiones de la realidad, sosteniendo en la conciencia que pueden existir otras verdades a parte de las propias o las conocidas, Watzlawick, lo ve como un camino hacia la madurez humana para evitar que “nos entreguemos de nuevo al mundo inquisidor” y avivar las hogueras o chimeneas de un campo de exterminio.

Texto: Searle J.; “La construcción de la realidad social” Existen hechos objetivos del mundo que sólo existen por conveniencia entre los hombres, así como existen hechos que son independientes de toda voluntad humana, como las montañas, los ríos y los animales y no dependen de las opiniones, actitudes y sentimientos de quienes los observan, por lo tanto no se encuentran sujetos a subjetividad alguna. Estos hechos son denominados hechos brutos. Sin embargo, otros hechos del mundo como por ejemplo el dinero, las naciones, el matrimonio y demás, existen debido a que quienes los utilizan u observan dan cuentas de su veracidad y existencia, pero como puede verse, poseen cierto grado de subjetividad ya que si no existiera quien les diera sentido, simplemente no existirían. A diferencia de un árbol por ejemplo que existe sin importar si hay alguien para contemplarlo. Lo curioso es que dichas instituciones creadas por los seres humanos pueden dar lugar a hechos objetivos en el sentido de que no dependen de los observadores y sus actitudes ni puntos de vista para su existencia, por ejemplo, que un billete de diez pesos, sea un billete de diez pesos no depende de quien lo posee, además, será por siempre un billete de diez pesos. Un sujeto nacido dentro de las fronteras argentinas, (cuya existencia recordamos es una convención sujeta a cierto grado de subjetividad) es de nacionalidad argentino independientemente de sus actitudes y sentimientos, y además permanecerá siéndolo hasta que deje de existir como sujeto. A estos hechos que poseen un carácter objetivo pero que su existencia depende de otras instituciones humanas sujetas a cierto grado de relatividad, se los denomina hechos institucionales. Un hecho curioso es que estas convenciones humanas resultan a los hombres tan naturales y dadas como las montañas y los ríos. Sin embargo, a diferencia de aquellos hechos brutos que se definen por sus características intrínsecas (composición material, ubicación, etc.) los hechos de construcción humana se encuentran comúnmente mucho mas ligados a su función dentro de una realidad social determinada y no tanto a su composición. En cuanto dicha función desaparece, el identificarlos se vuelve una tarea mas complicada. Por ejemplo, ¿Qué diferenciaría a un trozo de papel de un billete, si no se tuviera en cuenta la función del dinero como tal? Dilucidar el origen y proceso de formación de dichas construcciones sociales será el objetivo primordial al que Searle se avocará en el texto. Asignación de funciones Se determinarán dos tipos de rasgos en relación a los objetos y hechos existentes en el mundo, a saber: serán rasgos intrínsecos de la realidad a aquellos objetos y hechos que existen a merced de la existencia de posibles observadores capaces de admirarlos u ejercer sobre ellos algún tipo de valoración. Por el contrario, serán rasgos relativos al observador a aquellos hechos u objetos que existen a raíz del ejercicio activo de un estado mental que un sujeto observador posee a través del cual les adjudica algún tipo de finalidad intencional o juicio de valor. Así pues, un objeto cualquiera, tiene ciertas características que le son intrínsecas (masa, estructura molecular) y otras que le son otorgadas de acuerdo a una finalidad particular que su observador les confiere. Queda claro entonces, que la asignación de una función cualquiera hacia un hecho u objeto es uno de los factores que diferencia un mero hecho bruto de un hecho construido por el hombre y que en todas las ocasiones, dicha función no es intrínseca al objeto, sino que responden a las necesidades o intenciones de quien se la adjudica. Es decir, las funciones no son intrínsecas al objeto sino que son relativas al observador ya

que se concretan a fines de realizar un determinado acto o de explicar cierto fenómeno por parte del sujeto usuario u observador consciente quien realiza la asignación. Debe hacerse sin embargo una distinción entre las funciones para una mejor compresión de las mismas. Cuando la asignación se produzca motivo de favorecer un fin o un propósito práctico, y se denominará agentiva. Cuando en cambio, una función se asigne a un objeto o proceso que ocurre de forma natural y que se descubre se denominará no agentiva. En resumen una función agentiva necesita para seguir sucediendo que la intención sobre el objeto de ser usado con tales fines se mantenga, en cambio una función no agentiva sucede sin que se tenga intencionalidad sobre el objeto. Concluyendo para este primer factor, se tiene, que el imponer funciones es una actividad conciente por parte de los observadores, relativa al observador, y está relacionada con las intenciones que se tiene sobre el objeto y no con las características intrínsecas del mismo, sin embargo poseen la cualidad de quedar ocultas e invisibles una vez impuestas. Se añade que existe dentro de las funciones agentitas un tipo especial en el que la función misma es simbolizar, representar o hacer valer otra cosa. Intencionalidad colectiva y reglas constitutivas Un segundo factor a considerar en la configuración de los hechos sociales, es la intencionalidad colectiva. Se considerará a la intencionalidad colectiva a aquella intencionalidad que un sujeto posee y comparte con otros a fines de realizar una acción común (asignar funciones a objetos, definirlos, etc.). Es decir, aquel accionar conciente que el individuo encara como parte de una acción mayor de la que forma parte. Así es que se denominará hecho social a cualquier hecho que implique alguna forma de intencionalidad colectiva. Serán una subdivisión de los hechos sociales, los hechos institucionales, en otras palabras, aquellos hechos que tienen sus fundamentos y bases en instituciones previamente creadas por sujetos. El tercer factor a tener en cuenta son las reglas constitutivas que unen a los hechos brutos de la naturaleza con los hechos institucionales creados por los hombres. En términos generales las reglas podrían clasificarse en dos grupos; el primero integrado por las reglas normativas o regulativas cuya finalidad es establecer algún tipo de regulación para una actividad o hecho preexistente, por ejemplo las normas de tránsito, lo regulan y establecen que puede y no hacerse, aunque sin embargo no determinan su existencia. El segundo grupo constaría de aquellas reglas que a la vez que existen crean la posibilidad de existencia a algún otro proceso u hecho. Es decir, no sólo regulan el desarrollo del proceso sino que determinan su existencia, así sería el caso por ejemplo de las reglas del fútbol, ya que si no se siguieran sus reglas, no se estaría jugando fútbol y se juega fútbol si y solo si se siguen las reglas que lo determinan. Resulta de la aplicación de conjuntos de reglas constitutivas el nacimiento de hechos sociales e institucionales. Constitución de los hechos sociales. Hechos institucionales Los hechos sociales más simples, implican tipos de conducta colectiva en los cuales simplemente un sujeto desarrolla una determinada función conciente de formar parte de una operación mas abarcativa. Algunos hechos De ésta manera, así como un individuo puede asignar una función agentiva a un objeto dado con un propósito determinado, un grupo de sujetos puede también asignar una función agentiva a un objeto de acuerdo a sus fines. Así determinarían por ejemplo utilizar un tronco de un árbol a modo de asiento para el grupo.

Distinto es cuando se desea aplicar una función que no puede llevarse a cabo sólo por las características físicas del objeto en cuestión, ya que en éste caso, el éxito de la función dependerá de la cooperación del grupo. Este tipo de actos siempre mantendrá la forma X vale como Y en C. La diferencia entre un hecho social simple (contemplar un evento deportivo, compartir asiento en algo que no lo es) de los hechos institucionales (el dinero, la propiedad, el matrimonio), es que para éstos últimos es necesaria la imposición colectiva de una función sobre entidades que no pueden cumplir dicho cometido sólo por sus características físicas sino que requieren de la imposición de un status adicional compartido, aceptado y mantenido por el colectivo que hacerlo posible. Lo que Searle propone es que los hechos institucionales existen dentro y gracias a la aplicación de reglas constitutivas que atribuyen condiciones sobre objetos u hechos que éstos no poseen dentro de sus características intrínsecas. Es decir, sólo serán reglas constitutivas aquellas preposiciones que confieran a los objetos o hechos de una capacidad para valer como representación de otro objeto o hecho que no poseen de manera natural a causa de sus características físicas innatas. Volviendo sobre la proposición X vale como Y en C tendríamos que serán reglas constitutivas aquellas que afirmen en el término Y una condición o función que X no puede cumplir por el mero hecho de ser X. Ejemplo: X (objetos que sean usados y sirvan para sentarse) valen como Y (sillas). Aquí no se trata de una regla constitutiva ya que cualquier elemento que sea X será Y por el mero hecho de ser X. En cambio: X (aquellos pedazos de papel emitidos por el banco central de la nación bajo la denominación de moneda de curso legal) valen como Y (elementos de intercambio). Como se ve, el mero hecho de ser X no es condición necesaria y suficiente para que sea Y, porque para ello depende de la existencia de varias instituciones y creencias compartidas de que se adjudiquen a ciertos pedazos de papel que cumplan con ciertas condiciones estipuladas que puedan ser usados como medio de intercambio. Lo que esto significa que el término Y debe adjudicar un nuevo status del que X carece. Otras consideraciones acerca de los hechos sociales e institucionales Todos los hechos institucionales se basan en algún hecho bruto. Un hecho institucional se mantiene mientras el status conferido por la regla de aplicación sea sostenido por el colectivo que lo instituyo. Aquellos quienes utilicen el hecho institucional no tienen porque ser concientes acerca del que porque de la validez del mismo, pueden reducirse a utilizarlo o adjudicarle otra explicación, pero mientras se recuerda, mantengan la relación X vale como Y en C, el hecho seguirá existiendo. En resumen: “La intencionalidad colectiva asigna un nuevo status a algunos fenómenos, un status con el que va una función que no puede ser cumplida meramente en virtud de los rasgos físicos intrínsecos del fenómeno en cuestión. Esa asignación crea un nuevo hecho, un hecho institucional, un hecho nuevo creado por acuerdo humano”.

Clase 5:

Texto: “La estructura y la lógica sociológica de Bourdieu” Al evitar una concepción estrictamente estrcturalista y objetivista o una completamente individualista, Bourdieu plantea en cambio, a la sociedad como escenario de un juego de fuerzas en el que interactúan y se influencian mutuamente dos ámbitos de desarrollo diferentes, pero relacionados. De ésta manera, abandona la dicotomía o contradicción entre modelos externalistas (como Durkheim) y mecanicistas individualistas, sin dejar de considerar al existencia de ninguno, sino por el contrario, integrándolos. Podría decirse entonces que Bourdieu propone un sistema bidimensional dentro del que puede hacerse una distinción que marca las características de cada estrato. Siendo lo que considera de un primer orden o de posiciones que refieren a las estructuras objetivas de generación de valores, de medios de apropiación de la distribución de los bienes culturales que sirven a fines de definir las tensiones externas (posiciones) que se reflejarán luego en las interacciones individuales. En tanto, el segundo orden refiere a los sistemas de clasificación y abarca a los esquemas mentales de los sujetos que funcionan a la manera de patrones simbólicos que operan como una matriz de percepciones, apreciaciones y acciones estructurantes sobre la individualidad e imprevisibilidad de sujetos sin ser el completo determinante de su conducta. Al tomar distancia de la completa exterioridad del código social y sin caer en el subjetivismo individualista Bourdieu deja espacio para en primera instancia valerse de los patrones generados en el primer orden y analizar su correspondencia y desarrollo dentro del segundo orden, para finalmente establecer las relaciones y regularidades existentes. Resulta evidente que para realizar una búsqueda de correspondencia entre patrones o corrientes es necesario primero conocer cual o cuales han de buscarse, por lo tanto es natural que en primera instancia se otorgue primacía a las estructuras que de alguna manera generan dichos patrones. En palabras de Bourdieu “existe una correlación entre estructuras sociales y las estructuras mentales, entre las divisiones objetivas del mundo social (particularmente los dominantes y dominados en los distintos campos) y los principios de visión y división que los agentes aplican”. Siguiendo el postulado de Durkheim acerca de que los sistemas cognitivos que operan en las sociedades primitivas derivan de su sistema social y los esquemas mentales subyacentes están moldeados a partir de la estructura social del grupo, Bourdieu va más allá al establecer que en las sociedades modernas, el fenómeno es en gran parte facilitado por instituciones como el sistema educativo, que a su vez las divisiones sociales se encuentran estrechamente vinculadas con los estados mentales siendo éstos últimos encarnación de las primeras en tanto que la exposición acumulativa a ciertas condiciones sociales genera en los sujetos un conjunto de reglas, disposiciones, valores y definiciones de mundo que son transportables y que finalmente hacen visibles las necesidades del entorno social al que pertenecen. Esta relación entre estructuras sociales y estructuras mentales no es a Bourdieu tan inocente ya que plantea que poseen una implicación política crucial, al interpretarlos como mecanismos de dominación (ideologías para Marx) que tienden a reproducir una aparente necesidad y naturalidad de establecer cierto orden social que no es más que el orden social del cual surgen.

De aquí puede verse, que los sistemas de representación social no son meramente reflejo de las relaciones sociales de dominación existentes, sino que ayudan a constituirlas en tanto que su existencia implica consecuentemente el desarrollo de un juego de luchas en los que cada sector intentará tomar el control sobre las estructuras cognitivas de los cuales dependen la formación de los esquemas mentales (Durkheim). Así es que, grupos y clases sociales se encuentran continuamente en un escenario de lucha por imponer aquellos patrones de evaluación del mundo de cuyas conclusiones y acciones se desprenda natural y necesariamente aquellas condiciones más favorables a su sector en particular. Bourdieu denominará entonces campo a aquel escenario de relaciones históricas entre grupos y posiciones relativas a cierta forma de poder (primer orden). En tanto que llamará habitus a como esas relaciones históricas se instalan en los individuos y bajo la forma de esquemas mentales de percepción, apreciación y acción (segundo orden). En resumen es el campo un escenario de conflicto y competencia en el que los distintos sectores desarrollan estrategias para imponerse en el dominio de la creación se significado tratando de asignar escalas de valores y de jerarquía propias dentro de las relaciones de poder. De aquí se entiende que cualquier modificación en como la propiedad y uso de los elementos y bienes generadores de sentido (cognitivos, culturales, etc.) genera un cambio en la estructura del campo el cual se vuelve dinámico a diferencia de otras concepciones estáticas acuñadas históricamente por corrientes sociológicas, y además plantea una interrelación entre habitus y campo que hace imposible la existencia de uno sin el otro ya que son parte de un mismo grupo de relaciones que dan forma a la sociedad.

Texto: Apple M.; “Cultura política y currículo” – Comiendo patatas fritas. A través de la narrativa de una experiencia personal, Apple desarrolla con una óptica específica lo que Bourdieu deja claro en sus escritos. Existen grupos de poder, que poseen intenciones y de cuya lucha con otros por imponerse como dominadores de la capacidad de asignar significados sobre el mundo (creencias, actitudes, valores, etc.) surgen relaciones de dominación dentro de las cuales está inmerso cualquier sujeto, ya sea como parte de un grupo con poder de imposición de verdad, o como parte de un grupo dominado en la lucha. Para Apple el grupo de los blancos capitalistas, ha impuesto históricamente no sólo su dominio económico-militar sobre el mundo sino la capacidad de generar sentido común dentro su grupo (Durkheim, Bourdieu) los cuales, naturalmente, tienen a su vez cierto grado de dominio cultural por sobre otros grupos oprimidos. Éste sentido común que influye sobre los conceptos, acciones y estructuras mentales como Bourdieu asegura, no tiene nada de inocente, y es un elemento político de gran importancia. Conocimiento es poder. En este caso Apple considerará que la educación formal tanto como el “sentido común” del hombre blanco han contribuido a esconder aquellas relaciones de dominación económico-sociales que hicieron posible el desarrollo de un estilo de vida que es característica única del grupo de la blanquedad (whiteness) y que para su mantenimiento implica necesariamente la ejecución de aquellas políticas que sostengan ciertas condiciones de pobreza, ignorancia, y necesidad

extrema en los países periféricos que son las que hacen posible la producción de esos bienes y servicios que definen a la sociedad de consumo típica de la blanquedad. Países que se autodenominan centrales, sabido es que poseen cierto grado de influencia por sobre las decisiones y rumbos económicos de aquellos otro países denominados periféricos, sin embargo la fisonomía y la forma en que se desarrollan, y los fines que persiguen son en mayor medida desconocidos para muchos de quienes contribuyen a sostenerlos, y esto es así porque conocer que para que un determinado bien pueda tener un precio accesible a una clase media blanca de un país central es necesario producir bajo una relación costo/precio final/ganancia del productor, que implican gastos en mano de obra, tierra, servicios, transporte extremadamente bajos que sólo pueden conseguirse en aquellos países en los que el estado de cosas no contempla educación, seguridad social, salud, nivel de empleo, equidad social, etc. plantearía un interrogante que complotaría contra el sostenimiento del sistema. De más esta aclarar entonces que serán aquellos países periféricos en los que el mito de la integración a la economía global y al mundo de la inversión extranjera traería la igualdad y la paz social que no pudo lograrse o no supo o quiso mantenerse históricamente, candidatos perfectos por cumplir al pie de la letra con las condiciones. Tomar conciencia de que una porción de papas fritas baratas implican la expulsión de nativos de sus tierras, relegarlos a la marginación y a la subsistencia dentro de un sistema que los mantiene a la raya de la existencia misma en un contexto donde no existen instituciones que los amparen, y en donde los estados soberanos hacen negociados a expensas de las condiciones de vida de sus habitantes que adquieren el status de “mano de obra desesperada”, y que del otro lado del océano son servidas por un empleado cuyas condiciones laborales son paupérrimas y su salario no se ve mucho mejor, no tiene porque conducir a la inmovilidad completa, sino en cambio, al interrogante de porque todas éstas relaciones permanecen en las sombras tanto del sistema educativo oficial, como de la política, de los medios de comunicación y natural y consecuentemente en el sentido común de los habitantes de los países centrales. La relación es simple, y obliga a remontarse a lo siguiente: tanto conocimiento como la circulación e imposición de un tipo de saber en detrimento de otros no es más que una faceta de la distribución del poder y la riqueza. Ya que funciona como plataforma de legitimación de un cierto conjunto de acciones y pensamientos que se ven reflejados en el sentido común, que, quiérase o no, contribuye y contribuyó a la dominación de género, de clase, de raza, etc. a través del consentimiento mas o menos conciente de dicha dominación.